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I

b8 Épocl cor.¡re u porufure (1939_19g0)

Sanramarla, José, «Moteriales para una lectura de Ia


obra de Juao
Laue 4et Atre,sev,Ia, n.. I (1977).
S¡n: Villauueva, Santos, «Ios inciertos caoi¡os de la poesía
de oostsuera¡-
toSo a v¡ctd pozanco, ed., Nr¿eoe poetd,
del rcs*ryimienio, imbirc,'
celo¡a. 1976-
Senabre, fucatdo, ed,. Miguel Labotdeta, Obrus coxrpletas,
goza, 1912- Javalambrc,
«Ua poema de Misuel Labo¡derao, At uatio de-Estudios
-, Uniwersidad de Extremadura, Gíceres, 197g, pp, J-ll,
Filológicor, !,
.Seus,
.
Honero, Spaoish generation of 1936»,'Books abrcad, Norrllar., ekl4
homa, XIX_«The
(1945).
t"tiry;.rr, G., Los esrilos poéticos ex España desde 1900, Gredos, Madrld, lr,\NNY RuBro
Sierra de Cózar, 4., «Poesla en armas: Dionisio fudruejo y
Ia poéúca *del frr (; ARCI LAS O, « JWENTUD CREADORA»
Canp..de l'Atpa, i."' 48-49 lmarzo lg7Al, pp. í¡jSI---"
". ti.r::,
Jlrr¡on, (.,esar, «Bibliografía comenradc sobre
Juan Gil-Álbert,, Calle del Aitc,
Sevilla, n.. 1 (1977).
Slmpotiam. S_ytac,se (Estados Unidos), XXII (velano
d.icado a la genemción de 1936.
196g); extráordinario d§ Es Garcilaso, revista surgida en máyo de 1941, un punto de con-
Teia, M' Idea de la uida y de la mue e et la obra literoia versencia de provectos culturales distintos. No puede, por tanto,
de f osé Ltis Hi
dal ¿o, Tonelavesa, 197'6. habjarse de una única actitud «garcilasista», de una postura estética
Tello, Rosendo, «Claves circula¡es, eo Miguel Lábordeta,
Obra, corrlpletdr, !a. definida o exclusiva de determinado grupo El prcpio Garcla Nieto
v alambte, Zaagozq 197 2.
llrompson, D. N., Lexkon dnd poetic mcaxitg itt
como veremos, de la revista- dirá más tarde: «Más
the oi
poelr¡ -cofundadot,
u,r. ,,n movimiento en sí, lo que resultó Garcilaso fue un punto de
betg. tesis docto¡al, Universjdad de lllinois', 1977. '
_lbrre, ' Getnár, Nei-
Guillermo de. pertida conformador y vivificador. Como las posiciones eran distintas,
"La suoue.¡a oene¡ación' española de 1916», Cabalglrro,
_- Buenos Aires, n." I (octubre te45t. i, -,r"ho, los nombres, v muy vario e1 impulso creador de aquellos
Uceda, Julia,-«La t¡aición de los poetas sociales», icante¡a" garcilásista dio f¡utos de caracteri-
nas 1v 12.
lns a, n! 242 (196j), pági- í,.r-bra, oti-atot, la
Valv.erde, iosé M.., ed., Gabriel Celaya, poesías conpletar,
,"ción *uy diferente». También en su momento (1944), cíticos
1977.
Lair, Barcelo,,a,
.oao tot¿'Mr¡" de Cosslo reconocieron lo que estamos diciendo:
V"t
¿1"*j:^l:9*, a-Mieuel Labordeta , La escasa meriexda de los tigtes, uÑá ., ,tp".,o de orfeón 1o que tiene Garcilaso, sino de ca¡ttos
individuales y distintos. Asl, la poesía española actual no tendrá
!.^ro§, Darcero¡a, lyl).
Vitle¡a, L. A., «Sobre la poesía de Francisco Brines»,
gna 4.
Ixsula, a? 33g (197j), p6- el carácter, que tantas veces hemos visto en el predominio de una
Vivanco, Luis Feljpe, Intrcdxcciórl a la poerio española
vol.II,
cot tehrporát ea,
.*r.i", ¿" tesultado de una combinación qulmica, o más simple-
Guadarama, Mad¡id, 197 4. mente ¡e una mezch homogénea, sino el de una suma aritmética en
-,.ed., Donisio Ridruejo, H¿rl¿ h lecba, Agular, Mad¡id. 1961. que los sumandos serán cada poeta y cada poema»'
rñdurarD, l.¡aDc,sco, ed., Gloria FoetÉs, Antoloeia poéti.a
Jaoés, Barcelona, 1972,.
lgr| 1969, plaza e. De todas formas, hablar, como hace Garcla Nieto, de «canteta»'
o incluso hablar de corriente al referirse a Garcilaso, no deja de ser
aorraa,o poa cuanto las tendenciás {undamentales que conlluyen
en la
revista, aun siendo distintas, no son en absoluto conttadictorias'
Podría hablarse incluso de iniciativas que se complementan Para
definir un estilo compleio pero coherente. Dicha complejidad tiene su

Fanny Rubio, La¡ ¡eoi¡t¿¡ Doéticas españolns (1»9'197'), Turner' Madrid'


1976, pp. 10&1u.

ri
740 LA POESíA «GARCILASO» t l4l
origen en el propio grupo fundador. dencia- y una poética colectivisita ---cuando se piensa la poesla
José García Nieto (nacido
Oviedo en 1914), «miciJo en el culto
á* U ."r"f-,lrn,]iii'p".
pura de Jorge Guillén. pedro de_ Lorenzo
como comunicación o identificación con una mayorla, de la que sería
¡roesla fpr.riir.lr'¿. é¡."."1r, ejemplo tanto el Miguel Hemández de Viento del pueblo como el
1917), director e¡ 1942 del Diario Vasco, d. ¡r" a;;;;,;;& Dionisio Ridruejo áe Poesía en artnas-. Por ello, el «árte por el
rector rambién desde 1942 de Sí, suplemento l¡ir^ri.'Á."Á_¡0", arte» es un atte de minorías que se plantea ptoblemas individuales,
poeta y novelista, a quien habría que definir sublimaciones, evasiones de la realidad, y diflcilmente puede expresar
,itrlirtr, .orrt.rrio
a un arte demasiado intelectivoi quería Laber "o.o u' Ciraoro otra cosa que sentimientos personales extraídos de una realidad
^p"rrrai l.r,lr" n .
como subtítulo el lema <<La c¡eación como p"náiiri.l.i concreta. Se podrla concluit, aunque no dogmáticamente, que Ia
vuelta, partidario de una estética a" .o.butq' rrrt"".jíl"rJ.L'"r.ll- <<poesía purar>, el <<arte por el arte», cumple o puede cumplir una
tica, de un «nuevo estilo» prlírico-heroico-relig;;-;;;'ir*, ""r.- función de soporte ideológico de una situación dada, de no ser tan
conlzada por Giménez Caballero_y- pJasmada por
Alfaro o fudrul¡o. eflmera y de tan corta influencia la poesía. Aunque como hecho
Por último, Jesús Juan Garcés (Márid, i;1;1,-*,.r.."","""i1r0. objetivo, puede prescindirse de esta consideración subjetiva.
1944 al cuerpo jurfdico de la Armada, *.,
esteticistas, pero también puente hacia una
á;;;;;;;;i;;l;;.", Entre los antecedentes de la revistá Gdrcilaso se cuentan las
estética mrís ñ;..-*' distintas colabotaciones de sus cuatro fundádores, desperdigadas por
configuran, pues, Garcilaso: *ur,. po.-.i'u.*r, periódicos y tevistas de aquellos años inmediatamente posteriores a
_^- Tr,
pof -,::d.n.r"s
un lado,.y «nuevo por otro. Separar radical;ente una u 1919. Sobre todo en la tevista Juuentad, «Semanario de combate
^estilo»,
y clasificar y encuadrar a los poetas en u¡a u otra del SEU», que dirigla Jesús Revuelta, y en donde publicaron poemas
:]t?,r.rd:::,i:
es,Iabor drticil y no muy científica. Ambas se encuentmn en
cada Jesús Juan Garcés y José García Nieto, este último oltico literario
mtaDorador en la. revista, aun cuando acabe por predominar de la revista, donde ¡edactaba la sección «Círculo haz». También
una
oe tas dos tendencras, .bsta dialéctica entre el ..arte por Pedro de Lorcnzo colaboraba en ella, del que destaco un artlcr¡lo-
el arte» v el
arte polltico va a presidir la cultu¡a «oficial» de i"i-i", epístola a Gerardo Diego en la sección «Las artes y las letras», titu-
*l.lr".
Llegar a conoetar la función ideológica q.. ¿"*rnp.¡J'Ji
.'"r* lado «Una fecha paru nuesna generación: 19)6», y en el que se
el ¿rte», en este momento no es taiea f?cil, sobrá io,
-.u"'nJ..
situaba su promoción (los nacidos enue 1910 y 1920: Cela, Garcia
,oá. r"
a toda cosra el dogmatismo y .t m..ani.ir^o.-r;;;r., Serrano, Ridruejo, Azcoaga, Garcia Nieto, J. L. Cano y J. J. Garcés)
^O:t::_:lrd:r
en plmer lugar, no desenfoca¡ la cuestión. y no olvidar en relación con otras promocíones que se aglutinaron en torno al
momento que nos estamos ¡efuie_ndo a una tarea
.n nin*i,
.omo Ia poéiíca, año 1936.
esencialme¡re de minorías y de «éliteso ,i.-pr. _rntuo Algunos artículos de José Garcla Nieto en luoentud merecen una
tos excepcionales que no son del case. En
; ñ;"-
i.grodo lrg^r, lu Do;ri, atención especial en tanto que pueden calificarse como los primeros
orcral de esros años es un fenómeno de clases presupuestos <rgarcilasistas». En <<Manifiesto urgente a los poetas»
medias, y.omo t"l,
profundamente pequeñoburgués, y,u;.,o. i"iriri.l-ni., diú: <... Sin ir conta
esto ni conha aquello por sistema, para no
oes tdeologrcos determinados. De todas formas,
i
r^.. _"1-
hay que distinmir dar entada al tópico de la tebeldla que hemos detenido a golpe de
entre una poética indívidualisra _en Iu qu" ,. .rr.íujr. di.h;;;"- servicio y obediencia, sin desviar actitudes y atendet ocios de los
que no disfrutamos porque el trubajo y la acción nos queman en las
1. «Rótulo y signo (Garcilaso y "Juventud creadora") ___<omentará entrañasrr. Poesla-acción que no será, sin embargo, lo que definirá
renzo- aportados por José Garcla'ñeto, que desplazaban
De Lo-
a mi Larra, ¡latuml_ con más claridad a7 Garcla Nieto que conoceremos en Garcilaso y
mente, y. recortaban mi griro de "La creación
.o¡n. out.io,i"_"f ,"., .l'rl con postedoridad, áunque nos da las claves de una de las posturas
Ia fórmuta
Iás ,
poérica, pero. l^ p*, ij.ii
había tiempo. lugar ni olma 'o¡,
á" d;#,"il "i,Íí;"}ru:": que convergen en la revista. En ese artlculo afirmará también, jus.
9:-li1,N9
o,osi lo rhportánre e¡a andar...» p. de Lorenzo Coni;b;'.';;i..
para It chas intestinas.

1944).
," C*r¡tiro,'ii iZ't'^ir.,t ti6cándose de su pasado de inlluencias:

6. vroúq&ñ
-
142 LA POESfA t4,
«GARCILA§O» i
Estamos tarados, sl, teriblemente at¡avesados por modos, modas y
primer número de la rcvista. Esta antologla, realizada pot Pe&o Lo-
escuelas que arín nos arasran, remgiendo los últimos frutos de su laboi
dest¡uctora y negativa. Y caemos todavía diariamente renzo, asistido de José Garcla Nieto, fue el más inmediato antece'
de partc
de la culpa nuest¡a buena fe en los falsos maestros--sálvenos
en esa poesla bur- dente de 1¿ revista.
guesa del pasar, que hacemos de piel afuera, eo ura posición iemenina y No podemos desconocel el papel que Garcilaso cumplió en su
diletante a la que se opone lotundamente nuest¡o estilo. momento, precisamente por su ca¡áctff de revista abierta. Segrln Dá.
maso Alonso, García Nieto es el artlfice de esta labot y del médto
En otro t¡abaio de la misma, García Nieto declarará enfrentados de la revista como aglutinadota de u¡os nombres de todo tiPo que
Ia seguridad y el coraie a lo decadente, erpresando el temor a que pesarlan más tarde en la poesla española. «Si la ¡evista Garcilaso ha
<<nuestra poesla actual no responda "todavla" a la época en que vi- podido llevar ya años de labor fecunda; si en ella se han podido reu-
vimos y a la esencia que por nosotros cor¡e». Este autor, calificado nir l¿s voces más dispates, encauzándose hacia un ¡emanso momen-
por Vicente Gaos, además de como verdadero poetá, como un «iefe, táneo dento de esta torrentera pequeña, violenta y poco l.impia
un buen caudillo de poetas», pedirá desde las páginas de luoentad a de la vida üteraria española, casi todo se debe a la caba.llerosidad, a
sus colegas, escribir con «amor, aitalidad y nasculixidad, en vuesfto la simpatla y al talento de José García Nieto.»>
verso ... sin sutilezas mentales, sin manquedades groseras, sin es- Por su parte, Jesús Revuelta, recién vuelto en 1943 de la Di-
carbar cenagosos fondos freudianos, sin hospedarse en nieblas bec" visión Azul, representante de la otta tendencia que definirla a Gar-
quetianas tampoco»; ataque clarlsimo al sur¡ealismo y demás ten. cilaso, escribía en un artlculo en El Español: <<Como fidelidad a un
dencias vanguardistas de anteguerra.2 A pesar de su <<renacentismo» tiempo decisivo y dferenciado, a unas vivencias sugetentes de Po-
o <<neoclasicismo», muchos poetas pretenderán ser revolucionarios sibilidades artísticas y a una misión nacional alineada exactamente
sin ver que el momento cultural que les tocó vivir y que contri- entre el pasado y el {uturo, pretendo destacar esta necesidad de lo
buyeron a crear era enemigo de cualquier <(exceso», de cualquier polltico en nuestra lite¡atura», Define Revuelta las bases Para una
<rinnovación», como queda claramente definido en las páginas de estética colectiva, si bien encotsetándola demasiado en unos moldes
ABC por José María Pemán con las siguientes palabras: muy rígidos que rechazan cualquier <<moral divergente» y que con-
tradicen su afirmación de no preconizar e1 servicio del a¡te a una
Si toda generación ioven ha de hacer un poco de revolución, de escán- política, Por otra parte, ya veremos cómo la poética áe Garcilaso
dalo_ y de ismo, creo que siempre habrá que agradecerle a ésta que su no seguirá decididamente pot este camino, si bien su estética huirá
¡evolución haya sido la de la intransigencia métrica y su escándalo el de
de lo «decadente», término contrapuesto a un fácil optimismo visi-
la rlgida disciplioa; habrá que agradecer que su ztrzo, agresivo y parti-
dista, se lo hayan puesto al nomb¡e del poeta más amado de los varones
ble en cualquier número de la ¡evista.
sensatos, clásicos y acadéroicos,
El diario lnlorruaciones saluda¡á como un hecho ¡evolucionado
la aparición de Garcilaso. El autor del artlculo, José Marla de Vega,
En abril de 1943, un mes antes de la aparición áe Garcilaso, de6¡i¡á así este movimiento poético:
aparece en El Español una antología de poetas bajo el eplgrafe de
Este brote creciente de la juvenil creación está capitaneado por un
«Juventud creadora»>, nombre de la tertulia litera¡ia dei ia{é Gi- cuadrunvirato que nos recuetda, en el ní.mero, la ma¡ch¿ fascista sobre la
ión [...]. La mayoúa de los autores serrín los que aparezcan en el Ciudad Ete¡na. Como en ella, el principio es la acción, que nuesro tiem-
po prefiere a la contemplacióo estática y siemp¡e llorosa. Sucumbe la año-
2, En otro artlculo esc!íto después de la aparición de la ¡evista. di¡á: «y el ranza a ñarros del ímpetu, y cada soneto es uo alma perfecta, cumplidora
¡roeta a Dios- se encont¡aba mejor eotre las Eglogas de Garcilaso que de una misió¡ de servicio. Nosot¡os nos figuramos la sombta de Garcilaso,
a lás -gracias
pu€¡tas herhéticás adrede, de ve¡tanucos imperceptibles, de las tltiÁas capitán y 1»eta, estremece$e de alegrla ante esta testautación de su nom-
fo¡mas del "da-da" o del "su¡¡ealismo"» («Nuestro ilasicismo», ylgo, !\lnela, bre, invocado por las almas jóvenes.
2r-xt-1943).
744 LA PoEsfa «GARCILASO 145
'>

Creemos, sin embatgo, que se sobreestimaron en su mome¡to ciet- revistas de anteguerra de Ge¡ardo Diego.) En ella se inclulan iuegos
tas coüiotaciones y sugerencias pollticas en tomo al fenómeno gar- poéticos de Rosales, Adriano del Valle, Manuel Machado, asl como
cilasista. Su «politicismo» no 1o eta de una manera directa, como una «Gale¡la de tettatos» compuestos en irónicos sonetos. En e§ta
lo entendieron los que identificaron la revista con sus editoriales o sección, que desaparece con frecuencia, se inició en su númeto 4la
el nombre de dete¡minados colaboradores. polémica con la ¡evista Cisneros.
No todas las voces fueron de alaba¡za ttas la aparición de la Los colaboradores habituales de Gatcilaso fueron los nombres ya
rcvista. Garcilaso tuvo también sus detractores, entre los que hay mencionados en la antologla de Pedro de Lorenzo publicada en El
que destacar la actitud c¡ltica de la revista Cisneros. En su número Español. Puesto que detallar número a número los sumarios de la
6 se decía: putficación serla reiterativo, dada la frecuencia de tepetíción de los
mismos, seguiremos el c¡iterio de analizar sólo 1o significativo, aña'
Nada logrado, nada madu¡o. Inte¡esante, sin embargo, todo, po¡que
descubre, ingenuamente, las devociones y preferencias de la juventud es-
diendo las noevas firmas que aprirezcan, sobre todo en las dos páginas
pañola que va ¿ la Universidad y se afana en cosas de alcurnia. ¿Y qué cenüales de cada númeto en las que se recogen colabo¡aciones an'
es 1o que estos jóvenes prefieren? A prioera vista se ve que casi todos tológicas de un solo autor, y que exp¡esan 1as preferencias estéticas
se inclinan a la méuica tradicional; miden los versos y los encajan en áe éarcilaso. La elección del tltulo de la revista se debla, en pala'
estofas regulares. Hay octosflabos, eudecasílabos, alejandrinos. Hay ro- bras de Garcla Nieto, a que <<estéticamente tocaba con nuestlos an-
mances, ütas y décimas. Y sonetos, muchos souetos, Demasiados sonetos. tiguos postulados, emotivamente se unla a mis mejotes años por
Tóledo, gráfica y eufónicamente también me satisfacla». Garcilaso
Desde el primer nimeto, Garcilaso apá¡ece con una estructura llevaba el lema en contraportada «Siempre ha llevado y lleva Garci-
muy cuidada, dividida en poesla y prosa, dist¡ibuida en secciones lasor>, que da también título al primer editorial, no fltmado, peto
poéticas que permanecerán fijas algunas que desaparecen- que se debe a la pluma de uno de los fundadores: Jesús Rewelta'
-salvo
a lo largo de su trayectoria. Estas secciones recogerán con i¡tención Este eütorial responde además a 1a postula e§tética de su autor,
antológica composiciones de autores clásicos (en <<La vencedora gente la necesidad de un arte polltico, acomodado al momento histó¡ico.
recogida», como se le llamaba) y de poetas extanieros. En la primera Comenzaba asl: «En el cuarto centenario de su muerte (1916\ ha
se publican poemas del renacentista Alonso de Ledesma, el licenciado comenzádo de nuevo la hegemonía de Garcilaso. Murió militarmen'
Ba¡ahona de Soto, de la escuela sevillana del xvr; José Iglesias de la te como ha comenzado nuesua presencia c¡eadora. Y Toledo, su
Casa, Lope de Vega, Juan del Encina, el marqués de Santillana, cuna, está ligada también a esta §egunda reconquista, a ese §egundo
Agusdn de Salaza¡ Torres y Francisco de Aldana, «El Divi¡o». En ..oriirni.nto hirpánico, a esta segunda primavera del endecasllabo».
la sección de autotes extmñieros se comienza con autores ,aponeses Tras esta justificación de Garcilaso como santo y seña de un movi-
y alemanes [Shimasaki Toson, n.o 1; Theodor Storm, n.o 2, y Rilke, miento poético, no ignora que <<el tiempo nos limita en un sistema
n." 111, y se sigue con ingleses [Rudyard Kipling, n.' 3, y Charles de coordenadas, y que la actitud, la voz y el ¡itmo son siempre pro-
David Ley, n.o 91, argentinos lArmando Villar, n.' 4], colombianos ducto de la circunstancia nacional»' Pot último, se manilesta anta-
[Germán Pardo Garcla, n.o 5], franceses [Frangois Monod, n.' 6; gónico de la estética encarnada por la revista Caballo Vetde paru la
Pieme Emmanuel, n.' 10, y J. Supervielle, n.' 181, húngaros [Ady Poesla, rcvista que para Relr-relta, en las Páginas de Informaciones,
Endre, n.o 71, italianos [Alessandro Parronchi, n.o 8] y portugueses era «una ganga heterogénea de sociologla, demagogia y colectivismo,
[Fernando Pessoa y Albero de Sarpe, n.' 11]. Ora sección, incluida donde hablan de amalgamarse el a¡te al servicio del pueblo, y '.. la
en la última página de la tevista, era «Humor y poesía cada díar, consigna de la función estatal de las Bellas Ates». Editotial éste en
cuyo título jugaba con el lema juanramoniano <<Amor y poesía, cada el quá se advierte una tensión con el resto de la revista definida pot
día», (Eugenio de Nora dirá en Cisnercs que se ttata en esta sección su «apoliticismo». En la pugna latente que existió en Garcilaso, desde
de una imitación de las páginas de humor áe Carmen y Lola, las su gestación, entrc la <(Juventud creado¡a» y la «creación como pa'
146 LA PoEsfa «HIJOS DE LA IRA» : 147

triotismo", triunfó la pdmera, es decir, la tendencia de Garcla Nieto, de la ira fite una especie de ferremoto, que subvirtió las capas poé'
a quien Revuelta achacaba que no terminase de «ver claramente el ticas e hizo luz los est¡atos lateotes de que nadie hablaba'
porvenir de la poesla heroica,>. Pese a que el grupo inicial de Garci- Hiios de la "flo."r
ira ^la en ot¡a parte- «rompe violentamente con
-áiiimos
el formalismo, i¡rumpe virulento en el marasmo poético y sacude
laso (José Fe¡nando Aguirre, Revuelta, Romero Moliner y Jesús Juan
Garcés), forjados en lecturas de Kierkegaard, Spengler, Ortega, Una- las conciencias, transformando esa poesía de plegarias e imprecacio'
muno, Nietzsche, Max Schelet, D'Annunzio y Madnetti, congregados nes generales a la divinidad en confesión profunda, tremenda en algún
en torno a una experiencia polltica concteta estancia iuvenil en ."ro, uorqr. no tremendista,r. Y señalábamos el libro de Dámaso
-la
el Madrid republicano durante la guema civil y su actitud conraria como el virdadero inicio de la poesla actual española, más humana y
al Frente Popular-, preconizaba una meación polltica, su llnea no auténtica.1
se adueñará de Garcilaso, y sl la de un agregado posterior al grupo: El mismo Dámaso era muy consciente de la actitud revolucionaria
Gatcla Nieto. que inüoducla su libro' Antes de dar a conocer sus nuevos poe-
mas, tenla buen cuidado de prevenir al oyente: no debla esperar en
ello, belt.z" ni nada semeiante, sino confesión since¡a. Con ttbelleza»
quería decir los ¡esultados de la actitud preciosista: elegancias ex'
quisitas, léxico brillante, tomasoles metafórico§, etc. Recuerdo que
Eurrro Ar.lncos L¡,on,rcr¡ ,rna tard" dominguera de aquel invierno, de cielo claro y frío y con
bemido futboleró al fondo, después de habe¡ leldo un distinguido
HIJOS DE LA IRAEN 1944 poeta sus últimos sonetos más o menos conceptistas, Dámaso sacó
unos cuantos folios, no sé ya si cuadriculados o a rayas, con algunas
tachaduras, y, advirtiendo que no había huido de expresiones «feas»
Creo que fue a fines de la primavera de 1944 cuando apareció en ni de prosalimos, se puso a leedos al poeta: «Madrid es una ciudad
las librerlas Hijos de la ira, cuyos poemas, parcialmente, ya habían de mái de un millón de cadáveres» (y 1o que sigue). El poeta comen-
ci¡culado desde meses antes entre los amigos de Dámaso. Se esperaba tó, más o menos: «¡Es sorprendente!» (sobre todo, ras sus propios
el libro con impaciencia, por ser quien era su autor, y po¡ su tltulo, versos). Y es que tenlamos el oldo y el alma tan hechos al sonetito,
que sonaba a algo extaño e inquietante. La cútíca de periódico y a las octavas, á los interminables trenes de mensajerlas en tercetos,
de ¡evista acusó en seguida la sorpresa producida por el libro. Se y a las bellas palabms como.<tosa» o «má¡mol», que casi no podía-
asistla entonces al proceso, comenzado en los años inmediatamente mos ,orpech"r que sin esttofas y con palabras «feas» como «lamprea»
anteriores, de agotamiento de las últimas secuelas del purismo y del y <(c¿ballon€s» y «piltrafa» se consiguiese poesla, y encima, poesla
neoclasicismo: dominaba en la poesla española peninsulat el preciosis- que se ahincaba muy dentro nuestro. Efa sorprendente, sl, pero tenfa
mo, tanto en las formas estróficas como en la selección del vocabula- que ocurrit fotzosamente: la rehumanización de la poesía.
rio, que amparaba imagineías de muy dudosa sinceddad de conte- Ya supongo que algún poeta dirá que a¡tes de Hiios de la ira él
nido. La veta humana auténtica de los vieios maesÍos Unamuno y habla utilizado la palabra <z p^till^» o se habla queiado de veras
Antonio Machado no ¡eb¡otaba en ningrín poeta nuevo, y las impu- de la ca¡coma que nos corroe a todos, en un poema que se publicó
rezas dolo¡idas de un León Felipe eran prácticamente desconocidas. en una revista de Vitigudino. En efecto, el viraie estaba €n el ¿m'
En este ambiente de retórica clasista y <<divinista» (aunque censu- biente, y acá y allá apuntaba en uno u oüo poeta joven (siempre hay
rado desde ciertas tevistas como Espadaña), la publicación de Hlps
1, [Para una apreciación de Hiios de la ba' dert¡¡o de la obra global de
Emilio Alatcos Llorach, Euays ! estudiot literutiot, Júcar, Maclrid, 1976, Dámaso Alooso y en la perspectiva de los ot¡os poetas de cu gene¡ació¡, véase
pá,gt,j$ 14L.145, HCLE, \¡If, 9.'J