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= EL FANTASMA DEL CINE ROXY issues som my razonables. En wo cellos me enconnaba en Sesset Boulevard, ‘ale sombra de unos doles, experando un ‘H amarilo pard tr a almorzar No eparcca ting tax aril, todas os coches que pa {aan poral ern de 1918 ¥entonces meds jer nal gue esté aq de planion espe eed wn taxt amarillo, puesto qe estoy te endo un sueo de 191» Desputs de esta r= ein, me fi andando hasta el restaurant |Aumnep Hincioocs EE cine seg Hichoock, por Frangols Truffaut Es quan donno que i eig clr LV. Fo eS _-Y a partir de esta escona —dijo el escritor=, cen el preciso instante en que el enano cabezudo Yestido de boy'scout parpadea nervioso ¢ inicia sa ‘scalada politico montserratina hacia las cumbres de la patria con la mochila a la espalda, aclama- do por el gentio que le arroja flores y calderilla, fentonces es cuando aparece la pierna desmuda y uminosa de Isy/Miriam Hopkins balanceéndose al borde del lecho en sostenida sobreimpresion, ‘lo largo y ancho de toda la secuencia yen to- dos los planos siguientes, el muslo inmortal dela puta Ivy pendulando en la pantalla como una dul- fe amendaa venérea o como una romdntica pes dilla de felicidad con su liga negra y sus chaneros purulentos, perturbando asi la clamorosa ascen- ‘Sidn patriotera y floral del enano parpadeante, hhasta que aparece la palabra FIN; “"fstis loco —dijo el director—. Olvidalo, no pienso rodar ninguna de tus calenturas infantiles. wt, Calenturas? Te estoy hablando de la histo- ria contempordnea de este pats. * SHlablame del vagabundo bajo Ia luvia, en la posguerra, pee-Entonces concédeme un respiro y bebamos algo. ‘Empufando sendos boligrafos de punta Fina, las ‘earas tapadas con pafiuelos negros como si fue- tan aatracar un baneo 0 asaltar un tren (en rea- Tidad no pueden verse el uno al otro) colaboran 8 por tiltima vez el escritor y el director de cine en. cl guidn original de una pelicula que no deberia rodarse jams, cuando, en una pausa moderada- mente aicohélica, solicitada por el novelista, éste ‘evoca la época feliz de sus aventuras infantiles con la pandilla en los espesos y ardientes cines de ba- rio. Programa doble, No-Do y paja, recuerda: Aquel tronante gallinero con bancos de madera el paleo lateral izquierdo cuya pringosa baran- dilla yo cabalgaba y espoleaba en la penumbra pplateada, galopando disparando dentro fuera de Ja pantalla al mismo tiempo estoy en «Arizona» con DestryiJames Stewart y la guapa Frenchie! ‘Marlene Dietrich con su peca junto a la boca y suntuosos parpados de seda advierte el peligro en el Saloon y le salva la vida a Destry rides again interponiéndose entre él-y la bala, muriendo en sus brazos vestida de puta del Oeste. —Maldito literato —grufé el director—. Mal- dito mirén de cine malo. En ese palo fantdstico qué ola a méados a servin —prosiguié el Ieraio sn inmutarse——he Sst nor into dl mundo yada nos haciamos paas durante la proyeceon, Una tarde, Juanito Maré, que sempre vei la pelicu. Ienfundado en su vig chubasquero con eapu cha, selaestuvo meneando cada vez queen la pan. tall sparen Ella Raines un arta de ojos er des venéreos que hacia peliculas malas de ess aque a tino te'gistn y amt “4 El director asinti, impaciente Bueno, vamos a seguir trabajando. —La Dama Desconocida. Cuando la preciosa Bla cruzaba las rodillas enfundadas en medias color de humo, velamos la mano verdinegra de Juanito deslizarse por debajo del chubasquero ‘como una serpiente. jo me has odo? Por favor. Como quieras. —Asi no acabaremos nunca. —Me proponia simplemente estimular tu escasa imaginaeién visual, regis “Bien. ¢Donde éstabamos? Ab, si. —Por ejemplo, habia pensado la emocionante ‘escena del térrido casibeso entre Susana y el va- undo en el cine, justo en el momento en que Stier a neversileneamnente bre pte, —¢Casibeso? ¢Empieza a nevar dénde..? —En la platea del Roxy y en la sesion de tarde, hace muchos ats. O mejor, no empieza: ellos en Ia butaca se casibesan, plano picado y entonces desde arriba, entre remolinos de copos blancos, ‘yernos en torno a ellos toda la platea ya nevada, Silenciosa y fantasmal, belisima, El director dio un punetazo sobre la mesa —E1 inconveniente, mi querido y reputado na- rrador —dij irritado y confuso— es que el Roxy ya no existe, Lo derribaron, ‘Se desploma en la. plaza Lesseps la fachada del cine en medio de una roja polvareda, el techo se ‘abate sobre el patio de butacas, el escenario per- ‘manece erguido un instante, se rasgan y despren- 8