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EL SIGLO XVII Y EL NACIMIENTO DE LA PEDAGOGÍA - Clermont Gauthier. En GAUTHIER, C y TARDIF, M.

A pedagogía.Petróplis, Editora Vozes, 2014. (Traducción de la cátedra.)

Algunos factores que influyen en la aparición de la pedagogía y sus consecuencias


Los efectos combinados de los cuatros factores mencionados precedentemente (la Reforma
Protestante, la Contrarreforma Católica, el nuevo sentimiento en relación a la infancia y el problema
urbano causado por los jóvenes) se tradujo, por un lado, en un notable aumento del número de
alumnos con la llegada a la escuela de los hijos de las clases bajas, de los niños errantes y de las madres
jóvenes y, por otro lado, en un aumento del número de escuelas.

entre 1575 a 1625 en Polonia se encuentra la mayor densidad de escuelas parroquiales urbanas y
rurales, además de instalarse una primera red de colegios y academias jesuitas. También en Inglaterra
las asociaciones en favor de escuelas alcanzan el apogeo y, en Francia, los colegios de los jesuitas tienen
una popularidad creciente y albergan más de 40.000 alumnos. al haber muchos más niños de edades
diferentes que frecuentan la escuela durante períodos de tiempo más largo, eso no deja de crear
problemas pedagógicos porque, hasta entonces, era utilizada una pedagogía en singular; esto es, una
pedagogía en que el maestro recibía sucesivamente a los alumnos (que son pocos en su clase) y en que
el único saber pedagógico verdaderamente establecido consistía en conocer la materia enseñada.
Ahora, la llegada de un mayor número de niños a la escuela, con frecuencia más asidua, se torna
reveladora de la insuficiencia de los métodos de enseñanza.

Esto significa que enseñar a grupos de niños era difícil y que el maestro tenía que enfrentar muchos
problemas de disciplina, de motivación, de organización de la clase, etc. De este modo, más que el
dominio del contenido, esa tarea exigía la instalación de un verdadero sistema de reglas y procedimientos,
sistema que deriva de englobar la totalidad de la vida de la clase.
para resolver esos problemas de enseñanza que los maestros de escuela emprenderán la búsqueda de
soluciones. La solución consiste en aquello que aquí llamamos pedagogía, esto es, el establecimiento de
un método y de procedimientos detallados y precisos para dar clase. Esos procesos implican la
consideración de la organización del tiempo, del espacio, de los contenidos a ser vistos, de la gestión
disciplinar; en suma, se trata de un método que rige la totalidad de la vida escolar.

¿Qué es, por lo tanto, la pedagogía? Es un discurso y una práctica de orden que pretende
contraponerse a toda forma de desorden en la clase. La cuestión pedagógica entonces es cómo enseñar
a grupos de niños (del pueblo) durante un período continuo, en determinado lugar y haciéndolo de modo
que ellos aprendan un acervo mayor de conocimientos, más rápido y en mejores condiciones.
hecho, enseñar era apenas una cuestión de contenido, que se limitaba a exigir al maestro el dominio de
la materia sin que fuese obligado a recibir una formación. El docente aprendía con un colega, o por lo
general, era dejado a su propio arbitrio.

Pero, a partir del momento en que ocurren problemas de enseñanza ciertos docentes comienzan a
reflexionar sobre su oficio, a codificarlo. Se percibe que el mero domino del contenido ya no bastaba y el
aprendizaje del oficio precisaba de una formación específica. En el fondo, se comenzó a comprender
que la enseñanza es un oficio especializado, que exige la formalización y el aprendizaje de un código. Se
atribuye a Charle Démia una de las primeras tentativas de formación de maestros.

. La pedagogía como nuevo saber metódico sobre la enseñanza en las escuelas


Un método inspirado en la naturaleza

Enseñar es más que la simple administración de un contenido, dividirlo en secuencias y transmitirlo; es


también preocuparse por el educando. La enseñanza implica un movimiento en dirección al otro, el
alumno, para comprenderlo, apoyarlo, darle aquello que precisa. Esto supone, pues, un método que va
más allá de las simples consideraciones respecto de la materia y que se interesa por aquel al que el
maestro se dirige. En cuanto la enseñanza se aplicaba a algunos niños simultáneamente y de manera
episódica, no había problemas propiamente dichos, pues el maestro estaba suficientemente cerca de
sus alumnos para ajustarse, de ser necesario, y dirigir los eventuales problemas. Pero, a partir del
momento en que el alumno deja de ser tratado en singular y se torna un grupo permanente, todo
cambia y es entonces que hay razones para encontrar un método para dirigir ese colectivo.

enseñar todo a todos” implica no limitarse al contenido, ni trabajar según el modo del preceptorado,
sino hacer que “todos” tengan acceso al contenido independientemente de sus diferencias individuales,
Comenius esboza ya un programa completo de pedagogía que solo se conjuga en plural y exige un
método: la aplicación de un orden cuidadosamente elaborado, a fin de garantizar que los alumnos
aprendan un acervo mayor de conocimiento, más deprisa y en mejores condiciones.

Para los pedagogos del siglo XVII la naturaleza nos da el método. Vemos en eso, sin duda, la influencia
de las ideas del Renacimiento. La naturaleza, enemiga del desorden, se esfuerza para ordenar todo para
que todo sea normalmente enseñado y aprendido de manera rápida y precisa. Batencour (1669), D.
Démia (s.d.) y los jesuitas siguen la misma orientación. Por ejemplo, vemos a Batencour afirmar que
“todo lo que es de Dios es según el orden”. En suma, el método en pedagogía se inspira entonces en la
naturaleza y esta, obra divina, es perfecta a los ojos de los pedagogos del siglo XVII internamente
organizada, sin casualidad. La pedagogía, como método inspirado en la naturaleza, intenta de este modo
conjurar el desorden en todas sus formas. Y desde el método dirigir los acontecimientos de acuerdo con
la pretensión de Comenius, con un resultado infalible.

Las características del método

Vimos que la pedagogía es esencialmente método, esto es, orden y control meticulosos de todos los
elementos de la clase

El dominio del grupo: la enseñanza simultánea


, la enseñanza simultánea implica que el maestro pueda ver al conjunto de alumnos de un solo vistazo, a
fin de mantenerlos bajo su control en mejores condiciones. Situándose frente a la clase, frente a los
alumnos, muchas veces sobre un pequeño escalón llamado tarima, el maestro puede dar su clase, sus
instrucciones a todos sus alumnos para la ejercitación del mismo trabajo y, con una simple mirada,
controlar el funcionamiento del grupo. Si bien esa forma de enseñanza ya estaba presente, por ejemplo,
en la Edad Media en las universidades, no se encontraba en las pequeñas escuelas, tal vez porque el
reducido número de alumnos no la justificase. Efectivamente, el maestro de escuela del siglo XV o XVI
enseñaba de modo individual recibiendo en su mesa a los alumnos,

La enseñanza simultánea supone varios elementos que no estaban reunidos anteriormente que los niños
con las mismas capacidades sean agrupados. Eso es ahora posible, después de que existe la preocupación
por la educación de la infancia y, particularmente, de los hijos del pueblo, pues las clases son más
numerosas. para que la enseñanza simultánea se concrete, es preciso que cada niño disponga de un
ejemplar del mismo libro y no solo que lo tenga el maestro, como ocurría anteriormente; ese solo fue
posible con la invención de la tipografía, por intermedio de la cual el libro se torna cada vez menos un
objeto de lujo Un mayor acceso a lo escrito modificó la manera de enseñar. Con la enseñanza simultánea,
se tiene ahora una alternativa seria para poner fin a la escuela desorganizada y ruidosa

La gestión del tiempo


En la escuela el maestro debe dirigir el empleo del tiempo. El horario es cuidadosamente preparado de
modo que, desde la llegada de los alumnos hasta su salida, no hay ningún tiempo muerto en el día. Las
actividades se suceden rápidamente: entrada, plegaria, comida, clase, misa, catecismo, etc. La ociosidad,
“madre de todos los vicios”, es vista como una fuente de desorden; conviene, pues, ocupar a los niños en
todo momento. Ninguna etapa del día es dejada al azar: todo es previsto, cronometrado, aprovechado.
Cada actividad se desarrolla en una hora determinada, al mismo tiempo para evitar la coincidencia entre
ellas

La gestión del espacio


El maestro también debe administrar el espacio: “para evitar la confusión y el bochinche en la escuela,
cada niño debe tener su espacio
En primer lugar, varias recomendaciones afectan a la escuela en general: esta debe ser un lugar cerrado
al mundo exterior, para evitar cualquier distracción que pudiera causar desorden. debe estar
preferentemente apartada de la vecindad o, según La Salle ), la escuela no debe tener ventanas a menos
de dos metros del suelo. Cada uno de los alumnos en particular tendrá su lugar fijo y ninguno de ellos
deberá cambiarse del suyo, a no ser por orden y consentimiento del inspector de las escuelas.

Esa división del espacio es reglamentada según toda una serie de criterios precisos. Los primeros son los
alumnos más adelantados, los que estudian latín; después, otros lugares son previstos para aquellos que
aprenden a escribir; finalmente, de cada lado del aula, se instalan aquellos que leen sin escribir. A esas
grandes categorías se suman subdivisiones, lugares atribuidos según las capacidades, según la riqueza

La dirección del niño


La postura
El siglo XVII instituyó un verdadero código de las posturas. Se dice que una mala postura es señal de
relajamiento ); lo exterior es imagen de lo interior. También se sostiene que un cuerpo con buena postura
es la expresión de un alma fuerte. Los alumnos adoptan determinada postura durante las clases, otras
durante las plegarias, una tercera para los ejercicios de escritura, otra para la lectura

Los desplazamientos

No solo la postura es objeto de un control minucioso, sino también los desplazamientos. En primer
lugar, los desplazamientos de los alumnos en el exterior del aula (o de la escuela) se ejecutan en orden,
en fila. Cada alumno tiene un lugar que le es designado siguiendo criterios precisos (por ejemplo, según
el tamaño, de menor a mayor). La fila se convierte en el método por excelencia para dirigir los
desplazamientos: Los alumnos de los grados inferiores saldrán antes que sus compañeros de los grados
superiores; los de los inferiores saldrán durante los cánticos. Los alumnos saldrán de sus aulas y de la
escuela de dos en dos, cada uno tomando a su compañerito, que le será asignado por el maestro.

La conducta
Además de la postura y de los desplazamientos del niño, las escuelas del siglo XVII ejercen un
verdadero sistema de vigilancia. La base de ese sistema consiste en no dejar nunca al alumno solo y hacer
que sea siempre vigilado, también simbólicamente. Ese sistema se compone, en primer lugar, de
dispositivos de vigilancia que pueden ser utilizados por el maestro. Batancour (1669) habla de prever, en
la arquitectura escolar, una pequeña ventana llamada “celosía”, desde donde sería posible vigilar a los
alumnos desde el exterior sin ser visto. Pensamos también en la silla elevada, llamada “tribuna”, que
permite ver a todos los alumnos de un solo vistazo. La vigilancia también puede ser hecha por los oficiales
de la clase, esto es, por alumnos especialmente designados para tomar nota de los nombres de los
contraventores y denunciarlos al maestro. Ellos constituyen los alcahuetes oficiales, que de cierta forma
sustituyen al maestro en ausencia de este.
el sistema de vigilancia se refina a tal punto que se recurre al propio Dios. “El ojo de Dios te ve”; “Dios te
vigila”. Es aquí que vemos aparecer lo que llamamos vigilancia simbólica permanente, que se pone en
juego a través de imágenes sacras, ilustrando, entre otros temas, a Jesús crucificado o el juicio final o el
infierno.
Para dirigir mejor la conducta de los alumnos, además del sistema de vigilancia, se modificó la estructura
de castigos y recompensas. La idea básica es introducir racionalidad en esas prácticas Las penas son
graduadas según la gravedad del delito y toman un carácter de humillación. Se habló mucho de la crueldad
en la escuela durante la Edad Media. Aquí, se recomienda a los maestros que no se dejen llevar por sus
emociones. Si ellos castigan, debe hacerlo sin cólera ni pasión, con distanciamiento, con una seriedad de
padre.
El castigo corporal no es abolido, pero ahora es la última medida de una serie gradual de castigos. En el
siglo XVII se prefiere sustituir los castigos corporales por penitencias que buscan humillar al alumno: gorro
de burro, banco de la deshonra, banco de los ignorantes o copias de textos.
Del mismo modo, las recompensas no son las mismas. Por lo contrario, en vez de dedicarse a
manifestaciones de afecto, a gestos amistosos, el maestro no debe dejarse dominar por la pasión del
momento, sino recompensar con racionalidad
Los pedagogos del siglo XVII también instauran una serie de registros (los catálogos) “bien establecidos”
para “mantener el orden en las escuelas” y que se añaden a los sistemas de vigilancia
, el catálogo de recepción, en el que son escritos los nombres de todos los alumnos admitidos en la
escuela, del inicio a fin de año; en segundo lugar, el catálogo de los cambios de la lección, que permite
anotar la lección donde está cada alumno en escritura, aritmética, etc.; en tercer lugar, el catálogo de las
órdenes de lección, que permite mantener al día todos los nombres de los alumnos por orden de lección;
en cuarto lugar, el catálogo de las buenas y malas cualidades de los alumnos, que permite trazar el retrato
personal de cada niño, su personalidad, su comportamiento; en quinto lugar, el catálogo del banco, que
permite registrar los atrasos o ausencia de los alumnos que se sientan en el mismo banco.

Además de tener establecido un sistema de vigilancia y una nueva estructura de las penas y de
recompensas, los pedagogos del siglo XVII implementaron un verdadero sistema de emulación, cuyo
primer paso consiste en confiar responsabilidades a los oficiales. La lista de oficiales es larga, incluye
intendentes, explicadores, vigilante, lectores, recitadores de plegarias, oficiales de escritura, encargados
de tinta y de papel secante, barredores, acarreadores de agua, porteros, tesoreros, visitantes, porta
rosarios, porta aspersores, señaleros, inspectores, observadores, distribuidores y recolectores de papel.
El sistema de emulación también se ejerce por la competencia entre alumnos. La competición puede hacer
dentro de un grupo designado para el mismo banco, donde el primer lugar es reservado para el mejor
alumno y así sucesivamente hasta el último

La organización de los saberes


que la escuela siempre fue organizada en torno a los saberes a trasmitir, dicha organización es objeto
de especificación y formalización desde hace varios siglos. En primer lugar, el territorio de los saberes a
trasmitir fue dividido. Para las escuelas, tres órdenes de saber fueron delimitados: en primer lugar, la
formación cristiana; en segundo lugar, el domino de los rudimentos (leer, escribir, contar); y, en tercer
lugar, el perfeccionamiento de las costumbres, la civilidad.

La formación cristiana
Se trata de influenciar profundamente a los alumnos, de elevar su alma, de instruirlos correctamente
sobre las verdades de la religión. La escuela del siglo XVII no modifica esa función original; ella continúa
modelando al buen cristiano, creyente y fiel practicante. Es la misma idea, tanto para los católicos como
para los protestantes. Los maestros de escuela, como vimos, son uno de los instrumentos
fundamentales de la Reforma y la Contrarreforma. Los tratados de pedagogía –siendo escritos, en su
mayoría, por religiosos– reservan un gran espacio a la enseñanza de la religión. En general, el énfasis se
hace sobre tres vertientes de la formación cristiana: el catecismo, la misa diaria y las plegarias
El domino de los rudimentos
en el siglo XVII, se comienza a favorecer cada vez más el aprendizaje de la lengua materna , la
escritura asume una importancia capital. Es preciso, pues, ser capaz de escribir y de escribir bien, en el
sentido de tener dominio de la caligrafía. Los tratados de pedagogía contienen mil y una precisiones
sobre la postura del cuerpo, sobre cómo asegurar la pluma, las técnicas de recortar las plumas de ganso,
etc Contar es el último aprendizaje escolar y se hace siempre en relación con la vida cotidiana. Se
enseña a contar con fichas y con otros objetos familiares

El perfeccionamiento de las costumbres: la civilidad.


Desde el siglo XVI, la civilidad se convierte en un tema escolar con la Reforma Católica, el aprendizaje
de la civilidad se torna accesible a un mayor número de personas.

El siglo XVII marca la aparición de un nuevo orden escolar


es realmente en el siglo XVII que se encuentra el mayor número de indicaciones precisas para los
docentes respecto a la organización de la enseñanza en el aula; y que se elaboran los primeros
enunciados de un saber pedagógico, saber que se sitúa en un nivel diferente al de las doctrinas, de las
concepciones teóricas, tal como las encontramos expuestas, por ejemplo, en las obras de Erasmo y de
Rabelis.
Los pedagogos del siglo XVII buscan, más bien, organizar la práctica escolar. Así, los protestantes, bajo el
estímulo de Ratichius producen una Introducción general a la didáctica o arte de enseñar. Más tarde,
Comenius (1952) escribe Didactica Magna. Tratado del arte universal de enseñar todo a todos. Hecho
nuevo, esos tratados de pedagogía no son obra de una élite intelectual sin relación con la enseñanza. Al
contrario, para escribir tratados de pedagogía tan precisos sobre la manera de enseñar, era necesario
haberse esforzado personalmente en la práctica del oficio durante años; son discursos pedagógicos
construidos en el terreno del aula, por docentes experimentados y para docentes. Esos pedagogos
explicitan su saber pedagógico, su saber en la acción, fruto de muchos años de experiencia en la
enseñanza.
Fundamentalmente, como vimos, ese nuevo saber pedagógico puesto en práctica tiene como objetivo
eliminar la casualidad y el desorden, fuente de pecado, regulando cada aspecto de la enseñanza. Esa
pedagogía, tanto del lado católico como del protestante, quiere someter a los cuerpos y las almas a las
buenas costumbres, haciendo de cada niño un individuo civilizado, instruido y cristiano.
Es por eso que los tratados de pedagogía del siglo XVII nos parecen fundadores de un nuevo orden.
Ellos son, así, el signo manifiesto de una nueva preocupación e inauguran un método para dar clase. Esos
tratados son concebidos para definir las acciones del maestro en la enseñanza de grupos de niños del
pueblo. No se limitan a consejos para uso de un preceptor, ni una perspectiva individual; traspasan la
lógica del contenido
El método para enseñar la pedagogía, instaurado en el siglo XVII, se difundió con bastante fidelidad. La
pedagogía, así instituida, se constituye poco a poco como tradición. Las habilidades de los maestros son
después trasmitidas a sus sucesores que, a su vez, las legan a aquellos que los suceden. De este modo se
cristaliza progresivamente un código uniforme de saber-hacer, una tradición pedagógica compuesta de
un conjunto de respuestas, prescripciones, ritos cuasi sagrados a reproducir