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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES IZTACALA


ASOCIACIÓN MEXICANA DE PSICOLOGÍA SOCIAL
CONSEJO NACIONAL DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA
salud
y
sexualidad
Dr. JOSÉ NARRO ROBLES
RECTOR

Dr. SERGIO CHÁZARO OLVERA


DIRECTOR

Dr. CLAUDIO ANTONIO CARPIO RAMÍREZ


SECRETARIO GENERAL ACADÉMICO

M en C ÁNGEL MORÁN SILVA


SECRETARIO DE DESARROLLO Y RELACIONES INSTITUCIONALES

Dra. LAURA EVELIA TORRES VELÁZQUEZ


SECRETARIA DE PLANEACIÓN Y CUERPOS COLEGIADOS

LC ELISEO VENEGAS ALVARADO


SECRETARIO ADMINISTRATIVO

Dra. YOLANDA GUEVARA BENÍTEZ


JEFA DE LA DIVISIÓN DE INVESTIGACIÓN Y POSGRADO

MC JOSÉ JAIME ÁVILA VALDIVIESO


COORDINADOR EDITORIAL
universidad nacional autónoma de méxico
facultad de estudios superiores iztacala
división de investigación y posgrado

salud
y
sexualidad
Rolando Díaz Loving
Susana Robles Montijo
coordinadores

Rolando Díaz Loving


Silvia Susana Robles Montijo
Susana Xóchitl Bárcena Gaona
Guadalupe Rendón Ruezga
David Javier Enríquez Negrete
Ricardo Sánchez Medina
Isabel Reyes Lagunes
Diana Isela Córdoba Basulto
José Salvador Sapién López
Cecilia Elizabeth Gómez
Tania Esmeralda Rocha Sánchez
Marcela Tárano Vázquez-Mellado
Nélida Padilla Gámez
Georgina García Rodríguez
Angélica Romero Palencia
Melissa García Meraz
María Teresa Frías Cárdenas
Sofía Rivera Aragón
Cinthia Cruz del Castillo
Nancy Montero Santamaría
Gerardo Benjamín Tonatiuh Villanueva Orozco
Pedro Wolfgang Velasco Matus
autores
salud
y
sexualidad
Primera edición: 12 de diciembre de 2011

D.R. 2011 © UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO


Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán,
CP 04510, México, Distrito Federal.

FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES IZTACALA


Av. de los Barrios N.o 1, Los Reyes Iztacala, Tlalnepantla,
CP 54090, Estado de México, México.

ISBN 978-607-02-2777-6

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio


sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.

APOYO TÉCNICO

MC José Jaime Ávila Valdivieso


Cuidado de la edición

Dra. Susana Robles Montijo


Corrección de estilo y formación editorial

DG Elihu Gamboa Mijangos


Diseño de portada y preliminares

Libro financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), a


través del Fondo Sectorial en Salud y Seguridad Social, proyecto 14102; y por
la Sociedad Mexicana de Psicología Social (AMEPSO).

IMPRESO Y HECHO EN MÉXICO


Autores

Rolando Díaz Loving


Doctor en Psicología por la Universidad de Texas. Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores, Nivel 3. Docencia en licenciatura y posgrado
en la Facultad de Psicología de la UNAM. Jefe de la Unidad de
Investigaciones Psicosociales y de la División de Investigación y
Posgrado de la Facultad de Psicología de la UNAM.
E-mail: rdiazl@unam.mx

Silvia Susana Robles Montijo


Doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1. Docencia en
licenciatura y posgrado en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de
la UNAM. Jefa del Grupo de Investigación en Psicología y Salud Sexual
de la Unidad de Investigación Interdisciplinaria en Ciencias de la Salud y
la Educación, FES Iztacala, UNAM.
E-mail: susana@campus.iztacala.unam.mx

Susana Xóchitl Bárcena Gaona


Licenciada en Psicología por la Facultad de Estudios Superiores Iztacala,
UNAM. Becaria del Programa Apoyo a Proyectos de Investigación
e Innovación Tecnológica (IN303306) para la realización de su tesis
profesional. Estudiante del Programa de Doctorado en Psicología de
la Universidad Nacional Autónoma de México y becaria de CONACyT
para estudios de posgrado.
E-mail: psicologa_sbg@hotmail.com

Guadalupe Rendón Ruezga


Licenciada en Psicología por la Facultad de Estudios Superiores Iztacala,
UNAM. Estudiante del Programa de Doctorado en Psicología de
la Universidad Nacional Autónoma de México y becaria de CONACyT
para estudios de posgrado.
E-mail: grendon84@hotmail.com
David Javier Enríquez Negrete
Maestro en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Docencia en licenciatura en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala
de la UNAM y en posgrado en la Universidad Continental. Estudiante del
Programa de Doctorado en Psicología de la UNAM.
E-mail: denriqueznegrete@gmail.com

Ricardo Sánchez Medina


Maestro en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Docencia en licenciatura en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala
de la UNAM y en posgrado en la Universidad Continental. Estudiante del
Programa de Doctorado en Psicología de la UNAM.
E-mail: risame81@gmail.com

Isabel Reyes Lagunes


Doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Profesora Emérita de la UNAM, así como de Estudios de Posdoctorado
en la Universidad de Texas. Miembro del Sistema Nacional de
Investigadores, Nivel 3. Docencia en licenciatura y posgrado en la Facultad
de Psicología de la UNAM. Presidenta del Colegio Nacional de
Psicólogos y presidenta saliente de la Asociación Iberoamericana
de Evaluación y Diagnóstico Psicológico. Adscrita a la Unidad de
Investigaciones Psicosociales de la Facultad de Psicología, UNAM.
E-mail: reyesisa@yahoo.com.mx

Diana Isela Córdoba Basulto


Doctora en Antropología Médica por la Escuela Nacional de Antropología
e Historia. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1.
Docencia en la Carrera de Psicología en la Facultad de Estudios
Superiores Iztacala de la UNAM. Jefa del Grupo de Investigación Género,
Salud y Sexualidad (GESSEX) de la FES Iztacala, UNAM.
E-mail: dicordoba@hotmail.com

José Salvador Sapién López


Doctor en Antropología por la Escuela Nacional de Antropología
e Historia. Maestro en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma
de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1.
Docencia en la Carrera de Psicología de la Facultad de Estudios
Superiores Iztacala, UNAM. Tutor de maestría en la Escuela Nacional de
Enfermería y Obstetricia, UNAM. Coordinador del Comité de Bioética de
la Carrera de Psicología de la FESI, UNAM.
E-mail: josesapien@hotmail.com

Cecilia Elizabeth Gómez Montesinos


Licenciada en Psicología por la Facultad de Estudios Superiores Iztacala,
Universidad Nacional Autónoma de México.
E-mail: cecyvivir_negro@hotmail.com

Tania Esmeralda Rocha Sánchez


Doctora en Psicología Social por la Universidad Nacional Autónoma de
México. Especialista en Estudios de Género. Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores, Nivel 1. Docencia en licenciatura y posgrado
en la Facultad de Psicología de la UNAM. Adscrita a la Unidad de
Investigaciones Psicosociales de la Facultad de Psicología, UNAM.
Presidenta Electa de la Asociación Mexicana de Psicología Social.
E-mail: tania_rocha@unam.mx

Marcela Tárano Vázquez-Mellado


Estudiante de 9º. Semestre de la Licenciatura en Psicología en la
Facultad de Psicología de la UNAM. Becaria del proyecto PAPIIT
IN304311-3 “Factores individuales, sociales y culturales vinculados
al género que delimitan la salud mental, emocional y la autonomía
psicológica de las mujeres en la actualidad”. Colaboradora en
el Programa de Formación Profesional “Elaboración de talleres y
materiales para la Educación Sexual en niños” del PROSEXHUM en la
Facultad de Psicología de la UNAM.
E-mail: marcelatarano@gmail.com

Nélida Padilla Gámez


Maestra en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Terapeuta Familiar y de Pareja. Educadora Sexual por la Asociación
Mexicana de Salud Sexual y Sexología A.C. y Diplomada por el INAH
en Antropología y Sexualidad Humana. Docente en la Universidad
Iberoamericana. Actualmente realiza sus estudios de Doctorado en
Psicología en la Facultad de Psicología de la UNAM y colabora en la
Unidad de Investigaciones Psicosociales de la misma Facultad.
E-mail: nelidapg75@yahoo.com.mx
Georgina García Rodríguez
Doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Ayudante de profesor en el Posgrado de la Facultad de Psicología de la
UNAM, y Coordinadora de investigación en el Instituto de Investigación
de Familia y Población, A. C. Psicoterapeuta individual y de pareja, y
educadora sexual. Fundadora del Grupo de Estudios sobre
No-Monogamias. Adscrita a la Unidad de Investigaciones Psicosociales
de la Facultad de Psicología, UNAM.
E-mail: gina.garcia.rodriguez@gmail.com

Angélica Romero Palencia


Doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de
México. Docencia en licenciatura en la Universidad Autónoma de Hidalgo.
Miembro del grupo de Investigación Evaluación e Intervención
Transdisciplinaria en el proceso de salud-enfermedad y coordinadora de
laboratorios del área académica de Psicología de la Universidad
Autónoma de Hidalgo.
E-mail: aacrom@gmail.com

Melissa García Meraz


Estudios de doctorado y licenciatura en Psicología por la Universidad
Nacional Autónoma de México. Maestra y candidata a Doctor
en Humanidades, Línea Historia y Filosofía de la Ciencia por la
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa. Miembro del
Sistema Nacional de Investigadores, Nivel Candidato. Docencia en la
Licenciatura de Psicología del Área Académica de Psicología del Instituto
de Ciencias de la Salud de la UAEH. Líder del grupo de investigación
“Evaluación e Intervención transdisciplinaria del proceso salud-
enfermedad”, Universidad Autónoma del Estado de México.
E-mail: melissaunam@yahoo.com.mx

María Teresa Frías Cárdenas


Doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma
de México. Docencia en licenciatura en la Facultad de Psicología de
la UNAM. Académico visitante en la Universidad de California, Davis.
Adscrita a la Unidad de Investigaciones Psicosociales de la Facultad
de Psicología, UNAM.
E-mail: mayteaj@hotmail.com
Sofía Rivera Aragón
Doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma
de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 2.
Docencia en licenciatura y posgrado en la Facultad de Psicología,
UNAM. Secretaria Académica de la División de Investigación
y Posgrado, adscrita a la Unidad de Investigaciones Psicosociales de
la Facultad de Psicología, UNAM.
E-mail: sofiar@servidor.unam.mx

Cinthia Cruz del Castillo


Doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1. Docencia en
licenciatura y posgrado en la Universidad Iberoamericana. Coordinadora
del Área de Investigación del Departamento de Psicología de
la Universidad Iberoamericana.
E-mail: cinthia.cruz@uia.mx

Nancy Montero Santamaría


Estudiante de posgrado en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Adscrita a la Unidad de Investigaciones Psicosociales de la Facultad de
Psicología, UNAM.
E-mail: nancy.montero@gmail.com

Gerardo Benjamín Tonatiuh Villanueva Orozco


Maestro en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México,
Terapeuta familiar y de pareja. Diplomado en terapia de pareja con
enfoque sistémico. Ayudante de profesor y estudiante del doctorado en la
Facultad de Psicología, UNAM.
E-mail: tonatiuhv@hotmail.com

Pedro Wolfgang Velasco Matus


Licenciado en Psicología con mención honorífica por la Facultad de
Psicología de la UNAM. Becario del Proyecto PAPIIT IN305706-3
“Caracterización del lado negativo de la pareja (poder, celos, infidelidad
y solución del conflicto)” y del Proyecto PAPIIT IN304209
“Funcionamiento familiar en familias hispanas: factores individuales,
culturales y psicológicos”; ayudante de investigación del Sistema
Nacional de Investigadores del CONACyT, trabajando en la Unidad de
Investigaciones Psicosociales de la UNAM. Estudiante del Doctorado en
Psicología Social Ambiental de la UNAM.
E-mail: velasco.matus@gmail.com
Revisores

Dra. Miriam Teresa Domínguez Guedea

Profesora de Tiempo Completo del Departamento de Psicología y


Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sonora. Estudió la
Licenciatura en Psicología en la Universidad de Sonora (1990-1995). En
el año 2002 obtuvo el grado de Maestra en Psicología Social en la
Universidad Federal de Paraíba, Brasil, y en el 2005 obtuvo el grado
Doctora en Psicología en la Universidad de Brasilia, Brasil. A lo largo de
dieciseis años de ejercicio profesional, se ha dedicado a la investigación,
extensión y docencia en relación al campo de la psicología social y de la
salud, coordinando proyectos que implican la vinculación
interinstitucional, así como la formación de recursos humanos
especializados en las áreas de la salud comunitaria y del desarrollo
social. Actualmente funge como Líder del Cuerpo Académico “Salud en
grupos vulnerables” trabajando investigación básica y aplicada en las
siguientes líneas: Salud en grupos vulnerables, Promoción de hábitos
saludables, Medición y evaluación de programas en salud comunitaria,
Cultura y salud. También coordina el Equipo de Investigación y Acción
para Cuidadores Familiares de Adultos Mayores. Ambos grupos
académicos están adscritos a la Universidad de Sonora. Es Candidato a
Investigador Nacional en el Sistema Nacional de Investigadores. En el
año 2010 recibió la Distinción Rogelio Díaz Guerrero a la Investigación en
Psicología Social y Etnopsicología, otorgado por la Asociación Mexicana
de Psicología Social y Fundación Dr. Rogelio Díaz Guerrero. Ha recibido
dos financiamientos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
(CONACYT) para el desarrollo de su labor investigativa, uno de los
cuales fue otorgado como parte de su consolidación como Investigador
Joven. Los proyectos son: 1) Evaluación de características psicosociales
del paciente diabético adulto mayor para el diseño de programas de
apoyo a la adherencia terapéutica y el control glicémico. Proyecto 68843
financiado por el Fondo Sectorial de Investigación en Salud y Seguridad
Social SSA/IMSS/ISSTE-CONACYT, México, 2007. 2) Evaluación de un
modelo estructural de bienestar subjetivo en cuidadores familiares de
adultos mayores. Proyecto 99094, financiado por el Fondo Sectorial
Sectorial para la Educación SEP-CONACYT, México, 2008. En su
producción académica se integran publicaciones en revistas
especializadas e indexadas, artículos de divulgación científica, capítulos
de libros y diversas presentaciones en congresos.

Dra. Mirta Margarita Flores Galaz

Estudió la licenciatura, maestría y doctorado en Psicología Social en la


Facultad de Psicología de la UNAM. De 1982 a 1995 fue profesora de
licenciatura y posgrado en la Facultad de Psicología de esa institución
donde fue Secretario Técnico de la División de Estudios de Posgrado y
Jefe del Departamento de Psicología Social de la División de Estudios
Profesionales. Desde hace 17 años es Profesora Investigadora Titular C
de tiempo completo de la Facultad de Psicología de la Universidad
Autónoma de Yucatán, donde ha sido Coordinadora Académica de la
Especialización en Psicología Clínica Infantil y Jefa de la Unidad de
Posgrado e Investigación. Desde el 2000 es Coordinadora del Cuerpo
Académico de Psicología Social. Es Investigador Nacional Nivel II del
Sistema Nacional de Investigadores. Ha dirigido diversas tesis de
licenciatura y maestría. Es tutora externa del Doctorado en Psicología
de la UNAM. Sus principales investigaciones han sido sobre asertividad y
relaciones de pareja con una producción científica en diferentes
congresos internacionales y nacionales, artículos en revistas
especializadas y capítulos de libro. Publicó los libros: Asertividad: Una
alternativa para el manejo óptimo de las relaciones interpersonales
y Familia, crianza y personalidad: Una perspectiva etnopisológica, así
como también el Manual de la Escala Multidimensional de Asertividad.
Cofundó y presidió la Asociación Mexicana de Psicología Social. Fue
Secretaria Ejecutiva por México, Centroamérica y el Caribe de la
Sociedad Interamericana de Psicología (2005-2007). Actualmente es
Representante Nacional por México en la misma sociedad (2007-2009;
2009-2011; 2011-2013). Es miembro del comité editorial de la Revista
de Psicología Social y de la Personalidad, Revista Iberoamericana de
Diagnóstico y Evaluación Psicológica y Educación y Ciencia. En 2006
recibió el Premio Dr. Rogelio Díaz Guerrero a la Investigación
Psicosocial y Etnopsicológica. Cuenta con Reconocimiento de Profesor
con Perfil deseable PROMEP-SEP desde 1999 y con Reconocimiento
dentro del Programa de Estímulos al Desempeño Docente, nivel IX,
de 2002 a la fecha.
Dra. Julita Elemí Hernández Sánchez

Hizo sus estudios profesionales en la Facultad de Psicología de la UNAM.


Posteriormente, gracias a una beca otorgada por CONACYT, realizó
estudios de Doctorado en la Universidad de Texas en Austin, donde fue
merecedora de varios reconocimientos por su desempeño en la misma,
como el Round Table Fellowship y E.D. Farmer Scholarship. Asimismo,
fue reconocida como miembro de la Asociación de Honor en Educación
Kappa Delta Phi, Delta Chapter. A su regreso a la Ciudad de México, se
desempeñó como profesor Titular de la maestría en Psicología de la
UNAM y fungió como Secretaria Académica de Estudios de Posgrado de
la facultad de Psicología. En 1990, por petición de la Universidad Juárez
Autónoma de Tabasco, se traslada a ese estado para apoyar en la
creación de la Licenciatura en Psicología y decide quedarse a radicar en
Tabasco. Actualmente es profesora investigadora de la División
Académica de Educación y Artes en esta Universidad, en la que imparte
cursos en posgrado y licenciatura y coordina el programa Institucional
de género. Al mismo tiempo, mantiene colaboración con la UNAM como
tutora de estudiantes de doctorado y participando en investigaciones
interinstitucionales. A partir de 1993, se dedica al estudio de la violencia
de género en donde ha realizado diversas investigaciones, entre las que
destacan El perfil de la mujer golpeada en Tabasco y La actitud de
la mujer y su relación conla atribución de culpa a la víctima de violencia
doméstica. Por su desempeño académico y la investigación desarrollada
en el campo de género, la Doctora Hernández ha sido galardonada con el
premio al Mérito Académico en 1995 y el premio al Mérito Científico en
2000 y 2003. Asimismo, ha sido galardonada por el Consejo de Ciencia y
Tecnología de Tabasco (CCyTET) y la Secretaría de Educación por su
artículo Mujer y violencia en 2001. En 2010 se le otorgó la medalla del
Bicentenario del Benemérito de las Américas y recibió Distinción Rogelio
Díaz Guerrero a la investigación en Psicología Social y Etnopsicología
otorgada por la Asociación Mexicana de Psicología Social y la Fundación
Dr. Rogelio Díaz Guerrero. Ha participado en diversos congresos
nacionales e internacionales y es autora y coautora de más de 20
publicaciones tanto nacionales como internacionales, así como de varios
instrumentos de medición, entre los cuales destacan la escala para medir
Empoderamiento en Mujeres, la escala de Percepción hacia la Violencia
Intrafamiliar y la escala para medir el Ejercicio de los Derechos Humanos
en Mujeres Indígenas; todas con el patrocinio del Consejo Nacional
de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y el Instituto Nacional de Mujeres.
Fue presidenta del comité de becas de Programa de Mejoramiento del
Profesorado (PROMEP), así como evaluadora del Sistema del Golfo
de CONACyT. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de
Investigadores y del Sistema Estatal de Investigadores de Tabasco;
miembro de la comisión de evaluación de Fondo Mixto CONACYT-
TABASCO; evaluadora nacional registrada de CONACYT; fundadora
del Colegio Nacional de Psicólogos, de la Sociedad Tabasqueña de
Psicología y de la Asociación Tabasqueña de Mujeres Universitarias,
de la cual en la actualidad funge como presidenta.
Índice

Prólogo

Capítulo 1. Factores asociados a la conducta sexual


protegida: una revisión .............................................. 5
Susana Xóchitl Bárcena Gaona, Guadalupe Rendón
Ruezga y Silvia Susana Robles Montijo.

Capítulo 2. Teorías y modelos psicológicos sobre el estudio


de la salud sexual ....................................................... 49
David Javier Enríquez Negrete, Ricardo Sánchez
Medina y Silvia Susana Robles Montijo.

Capítulo 3. Apoyo y supervisión parental y conducta


sexual protegida ......................................................... 85
Ricardo Sánchez Medina, David Javier Enríquez
Negrete e Isabel Reyes Lagunes.

Capítulo 4. Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí:


otra mirada al cuerpo masculino............................... 109
Diana Isela Córdoba Basulto y José Salvador
Sapién López.

Capítulo 5. Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el


embarazo: protección de la salud materno-fetal ..... 129
José Salvador Sapién López y Cecilia Elizabeth
Gómez Montesinos.

Capítulo 6. Los motivos por los que mujeres y hombres


tienen sexo: ¿construyendo nuevas reglas? ........... 149
Tania Esmeralda Rocha Sánchez, Rolando Díaz
Loving y Marcela Tárano Vázquez-Mellado.

Capítulo 7. Atracción sexual y estrategias de


emparejamiento .......................................................... 181
Nélida Padilla Gámez y Rolando Díaz Loving.
Capítulo 8. El amor y la sexualidad en la pareja ......................... 203
Georgina García Rodríguez y Rolando Díaz Loving.

Capítulo 9. Del dicho al hecho: discrepancias entre la teoría


y la práctica de la infidelidad ..................................... 221
Angélica Romero Palencia, Melissa García Meraz y
Rolando Díaz Loving.

Capítulo 10. El efecto de la seguridad del apego sobre la


infidelidad sexual ........................................................ 245
María Teresa Frías Cárdenas, Rolando Díaz Loving
y Sofía Rivera Aragón.

Capítulo 11. Coerción sexual en el noviazgo: el papel de la


tradición y la cultura ................................................... 271
Melissa García Meraz, Angélica Romero Palencia y
Rolando Díaz Loving.

Capítulo 12. Los significados comunes de la pasión: una


comparación entre grupos de edad y sexo .............. 291
Cinthia Cruz del Castillo y Rolando Díaz Loving.

Capítulo 13. Aristas de la personalidad sexual: procesos


y reacciones ................................................................ 315
Sofía Rivera Aragón, Rolando Díaz Loving, Nancy
Montero Santamaría, Gerardo Benjamín Tonatiuh
Villanueva Orozco y Pedro Wolfgang Velasco Matus.
Agradecimientos

E
sta obra no hubiera sido posible sin la valiosa colaboración de los
autores que suscriben cada uno de los trece capítulos que
la conforman. A todos ellos expresamos nuestro profundo
agradecimiento, reconociendo sus importantes aportaciones para la
comprensión de la sexualidad humana y la promoción de la salud,
a través de las investigaciones científicas y de alta calidad académica
que desarrollan.

La revisión del contenido de una obra realizada cuidadosamente por


expertos en la materia, permite enriquecerla y garantiza su calidad
académica. Por ello, deseamos expresar nuestra gratitud y sincero
reconocimiento a las Doctoras Miriam Teresa Domínguez Guedea, Mirta
Margarita Flores Galaz y Julita Elemí Hernández Sánchez, por el tiempo
invertido en la revisión de cada capítulo, por sus valiosas sugerencias de
contenido y forma, así como por su amable disposición para colaborar en
este proyecto editorial.

También deseamos expresar nuestro agradecimiento al Consejo


Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y a la Asociación
Mexicana de Psicología Social (AMEPSO) por el apoyo financiero
otorgado para la publicación de esta obra.

Por último, expresamos nuestra gratitud a la Coordinación Editorial de la


FES Iztacala, y especialmente al MC José Jaime Ávila Valdivieso y al DG
Elihú Gamboa Mijangos por su paciencia y amabilidad mostradas durante
el proceso editorial.

Rolando Díaz Loving y Susana Robles Montijo


Diciembre de 2011.
Prólogo

S
alud y sexualidad son dos dimensiones de la existencia humana
cuya complejidad y trascendencia son tales, que históricamente
han movilizando el interés de diversas disciplinas científicas y
artísticas para su comprensión e inclusive, de acciones sociales
y gubernamentales para su control. Ambas dimensiones tienen profundas
implicaciones para el desarrollo humano y potenciarlas puede traer
posibilidades prometedoras para el bienestar de las personas y las
colectividades.

Como mecanismo de reproducción social, la cultura norma la


manifestación y ejercicio de la sexualidad haciendo de ella una construcción
que regula patrones de comportamiento y convivencia entre los
individuos, los cuales, a su vez, se traducen en características históricas-
socio-culturales que se conjugan con una multiplicidad de factores
biológicos, ambientales y económicos, perfilando condiciones
de salud y enfermedad en sociedades específicas. De esta forma, cultura,
sexualidad y salud, forman parte de un prisma en el que se reflejan y
refractan diversas trayectorias de desarrollo, no sólo a nivel individual,
sino también social.

Es en este enclave en que el Dr. Rolando Díaz Loving y la Dra. Susana


Robles Montijo integran el libro Salud y Sexualidad, situando a la
conducta sexual como parte de los factores asociados a enfermedades
importantes a nivel de salud pública, así como a otras características de
la cultura, personalidad y relaciones interpersonales que igualmente
impactan en la salud de las personas.

Con una visión interdisciplinaria e innovadora derivada de su amplia


experiencia en la investigación psico-social sobre sexualidad, el Dr. Díaz
Loving y la Dra. Robles reunieron valiosas contribuciones de investigadores
mexicanos cuyos estudios destacan el papel de la psicología social y de
la salud, de la psicología evolutiva, del desarrollo humano y de la
antropología médica, promoviendo así un debate enriquecido sobre las
múltiples influencias que se expresan en el ejercicio de la sexualidad
y sus vínculos con la salud.
El capitulado de Salud y Sexualidad inicialmente presenta
una revisión de datos epidemiológicos que permiten dimensionar
la problemática de la conducta sexual no protegida, seguida por una
revisión conceptual de teorías y aproximaciones psicológicas para el
análisis de la salud sexual. Posteriormente, estudios empíricos en
población nacional dan evidencia del papel de la cultura, la familia y las
diferencias individuales en el ejercicio de la sexualidad, demostrando
cómo aspectos de la cognición social, relaciones intergeneracionales y
sistemas conductuales, guían prácticas sexuales en relación a un
espectro de amplias implicaciones: cuándo, por qué, para qué, con
quién y de qué forma relacionarse sexualmente. Un último capítulo
discute acerca de la personalidad sexual y los aspectos biológicos,
evolutivos y socioculturales que contribuyen en su configuración, así
como la importancia de ésta en la salud física, emocional y sexual de las
personas.

El desarrollo del libro como un todo, ubica a la sexualidad el eje que


interseca abordajes de la psicología social y de la antropología médica
respecto a la salud entendida de manera integral, tanto en la base
biológica, registros epidemiológicos, manifestaciones conductuales e
influencias familiares y socioculturales. La relevancia de sus contenidos
se sustenta en la integración de referencias de teóricos que introdujeron
ideas pioneras sobre el tema, bien como estudios de reciente
publicación que marcan las tendencias actuales de investigación del
área. Asimismo cabe destacar que, aún y cuando la obra trata conceptos
y procedimientos altamente especializados, los autores logran transmitir
con claridad sus ideas, haciendo la información accesible a una
diversidad de lectores.

Siendo así, Salud y Sexualidad es ampliamente recomendable para


estudiantes, profesionales y académicos de áreas relacionadas con la
salud y las ciencias sociales –en especial de la psicología y sexología–,
pues remite a la reflexión acerca del estrecho vínculo que tienen entre sí
la salud física, emocional, sexual y las relaciones interpersonales,
abriendo panoramas investigativos de vanguardia a ser abordados
futuramente por usuarios de este material.

Finalmente resulta relevante destacar que, a pesar de que la


sexualidad es un indicador clave en el continuo salud-enfermedad,
ésta ha sido escasamente estudiada en México desde una óptica
integradora capaz de relacionar la dimensión biológica, psicológica,

2 Prólogo
familiar y la sociocultura; en este sentido, el tema salud y sexualidad
se vuelve un reto para ser analizado a nivel conceptual, empírico y
desde luego con fines prácticos en beneficio de la población mexicana.
De este modo, el presente libro atiende en forma brillante un tema de
sobrada importancia para nuestro país.

Miriam Teresa Domínguez Guedea


Diciembre, 2011.

Prólogo 3
Capítulo 1
FACTORES ASOCIADOS A LA CONDUCTA SEXUAL
PROTEGIDA: UNA REVISIÓN

Susana Bárcena Gaona


Guadalupe Rendón Ruezga
Silvia Susana Robles Montijo
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Universidad Nacional Autónoma de México

D
e acuerdo con Celis de la Rosa (2003), la adolescencia se ha
considerado una etapa relativamente exenta de problemas de
salud, ya que los adolescentes son el grupo de la población
mexicana que menos servicios de salud utiliza y en quienes menos
defunciones se presentan. Sin embargo, es durante esta etapa cuando
inicia la exposición a una serie de factores de riesgo que pueden dañar
su salud, tales como el consumo de alcohol, drogas y tabaco, consumo
inadecuado de alimentos y sexo sin protección. Tener prácticas sexuales
sin protección puede desencadenar diferentes problemas afectando la
salud sexual de los adolescentes, población altamente vulnerable de
padecer alguna Infección de Transmisión Sexual (ITS), incluido el
VIH/SIDA, o de presentar un embarazo no deseado (Encuesta Nacional
de Juventud, 2006). La evidencia muestra que las ITS entre los
adolescentes y jóvenes han ido aumentando en relación a otros grupos
de la población (Magis, Bravo, Gayet, Rivera & De Luca, 2008), siendo
las más frecuentes la gonorrea y el Virus del Papiloma Humano
(Encuesta Nacional de Juventud, 2006).

Las ITS pueden ser provocadas por virus, bacterias y parásitos; en el


caso de aquellas producidas por bacterias o parásitos, como la gonorrea,
sífilis, linfogranuloma venéreo (LGV), chancro blando y ladillas, pueden
ser tratables médicamente y curables; sin embargo, cuando las
infecciones son provocadas por un virus –por ejemplo, el Virus del
Papiloma Humano (VPH), el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH)
o el Virus del Herpes Simple (VHS)–, no son curables y sólo puede
tratarse médicamente la sintomatología ocasionada por la infección
(Perpiña, García & Pérez, 2001). Pérez (2004) señala que el
padecimiento de ITS puede provocar enfermedades graves e infertilidad
y, además, debido a que algunas suelen provocar úlceras (sífilis, herpes
genital y chancroide) e inflamación (gonorrea y clamidia), se vuelven un
canal que facilita la adquisición del VIH (Conde, 2009).

El VIH es el agente causante del Síndrome de Inmunodeficiencia


Adquirida (SIDA), que se caracteriza por la presencia de una amplia
variedad de enfermedades o infecciones oportunistas que se encargan
de atacar al sistema inmunológico, provocando en el organismo una
deficiencia en la capacidad de protección (Orzechowski, 2008). De
acuerdo con el Centro Nacional para la Prevención y el Control del
VIH/SIDA (CENSIDA, 2011), las estadísticas en México hasta
noviembre del 2010, señalan que el grupo de población más afectado
por VIH/SIDA es el que se encuentra entre los 30 y 44 años de edad
(47.7%), mientras que los jóvenes de entre 15 y 29 años de
edad (29.7%) representan el segundo grupo más afectado y, en su
mayoría, adquirieron el VIH por vía sexual (98.9% de los hombres y
99.6% de las mujeres).

El sexo sin protección también puede derivar en un embarazo no


deseado que, a edades tempranas, representa un severo problema
no sólo para las adolescentes, sino también para su futuro hijo, sus
padres y los servicios sanitarios y educativos (Oblitas & Becoña, 2000). El
matrimonio y la maternidad precoz disminuyen las posibilidades de
adquirir una educación escolarizada suficiente y, por lo tanto, las
oportunidades de desarrollo para los jóvenes son limitadas (Santos et al.,
2003). Adicionalmente, en muchas ocasiones el embarazo temprano
tiende a llevar a la joven a procrear un mayor número de hijos y en un
menor espaciamiento entre ellos, lo cual contribuye a elevar la fecundidad
general y la tasa de crecimiento de la población que, a su vez, de
acuerdo con el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE,
2006), genera un impacto demográfico en el país.

Las adolescentes embarazadas son sensibles a presentar alguna


ITS, y ello, a su vez, puede desencadenar en embarazos ectópicos,
prematuros, abortos espontáneos e infecciones congénitas (Calderón,
1999). Además, las madres muy jóvenes (especialmente las menores de
15 años) tienen una mortalidad materna mayor (Campero et al., 2006;

6 Salud y Sexualidad
Langer, 2002; Núñez et al., 2003) y corren mayor riesgo de ganar poco
peso durante el embarazo, así como de presentar anemia y
desproporción cefalopélvica (Langer, 2002; Núñez et al., 2003).

Aunado a lo anterior, las adolescentes embarazadas pueden ver el


embarazo como una fuerte amenaza que atenta contra sus planes y
proyecto de vida, por lo cual pueden llegar a tomar la decisión de
interrumpir el embarazo (González, Billings, Gasman & Rayas, 2002;
Menkes & Suárez, 2003). En México, exclusivamente en el Distrito
Federal, el aborto es legal bajo cualquier circunstancia, incluso de índole
económica o social (GIRE, 2007), en este sentido, las estadísticas
muestran que durante el periodo 2007-2009 se han practicado 20,017
abortos, de los cuales, la mayoría (68%) corresponden a mujeres de
entre 18 y 29 años (GIRE, 2009).

Estos datos proporcionan una visión general sobre la gravedad de


los problemas que afectan la salud sexual de los adolescentes y ponen
en evidencia que los jóvenes mexicanos no toman las medidas de
protección necesarias para el cuidado de su salud sexual, ya que tienen
relaciones sexuales no protegidas (Moreno, Robles, Frías & Rodríguez,
2003; Piña, González, Molina & Cota, 2003), aún cuando diversas
instituciones y organismos internacionales abocados al cuidado de la
salud (CENSIDA, 2004) han reconocido y difundido que el uso correcto y
consistente del condón es una medida que ayuda a prevenir los
problemas de salud sexual antes referidos.

La investigación desarrollada en el terreno de la salud sexual se ha


encaminado hacia la identificación de los factores que hacen más
probable que las personas tengan conductas sexuales saludables. Los
comportamientos preventivos para evitar la adquisición de alguna ITS
–incluido el VIH/SIDA– y un embarazo, pueden ir desde la abstinencia y
el sexo seguro (besos y caricias) hasta el sexo protegido (uso del
condón). En personas que tienen una vida sexual activa, la medida más
eficaz para el cuidado de su salud sexual es el uso correcto y consistente
del condón; ya que este protege contra la mayoría de las infecciones de
transmisión sexual y también es una barrera que ayuda a evitar los
embarazos (CENSIDA, 2010). Por ello, la investigación psicológica
encaminada hacia la prevención de estos problemas de salud sexual, ha
puesto especial interés en el estudio de los factores que hacen más
probale la ocurrencia de esta conducta preventiva.

Factores asociados a la conducta sexual protegida 7


Existen una gran variedad de teorías y modelos psicológicos que
buscan predecir la conducta saludable, en general, y la conducta sexual
protegida, en particular. Ejemplo de éstas son el Modelo de Creencias de
la Salud (Rosenstock, 1974), la Teoría de la Acción Razonada (Fishbein
& Ajzen, 1975), la Teoría de la Conducta Planeada (Ajzen, 1985, 1991),
la Teoría Cognitiva del Aprendizaje Social (Bandura, 1986) y el Modelo
Transteórico (Prochaska & DiClemente, 1983). Además, también se han
desarrollado teorías para entender específicamente la conducta sexual de
riesgo, como el Modelo de Reducción de Riesgo (Catania, Kegeles &
Coates; 1990) y el Modelo de Información, Motivación y Conducta
(Fisher, J. D. & Fisher, W. A., 1992), ambos elaborados durante la
década de los 90’s. En fechas más recientes, se han propuesto dos
modelos más, el Modelo Integral (Fishbein, 2000) y el Modelo del
Dominio Múltiple (Noar et al., 2006; Zimmerman et al., 2006). Algunos
de estos modelos son analizados por Enríquez, Sánchez y Robles en el
capítulo 2 de esta obra.

De acuerdo con Noar y Zimmerman (2005), gran parte de las


investigaciones orientadas a la prevención de conductas sexuales de
riesgo han estado basadas en el Modelo de Creencias de la Salud
(Rosenstock, 1974), en la Teoría de la Acción Razonada (Fishbein & Ajzen,
1975), la Teoría de la Conducta Planeada (Ajzen, 1985, 1991) y el Modelo
de Autoeficacia (Bandura, 1977, 1994). En un esfuerzo por entender de
manera integral los factores que están vinculados con el uso de protección
en las relaciones sexuales, Fishbein (2000) propuso el Modelo Integral de
Cambio Conductual (MICC), que contempla lo que la gente piensa sobre
usar condón (factores psicosociales) y lo que hace (factores conductuales);
así como la influencia que tienen el contexto o situación en la que ocurre la
conducta (límites ambientales), la cultura y los aspectos vinculados con
la personalidad del individuo (factores culturales y distales). Tomando
como criterio de organización los elementos de este Modelo Integral, en el
presente capítulo se describen diversos estudios que abordan el análisis
de factores psicosociales, conductuales, situacionales, culturales y distales
que se asocian con la conducta sexual protegida y otros comportamientos
sexuales preventivos.

Factores psicosociales

En el ámbito de la salud sexual se han llevado a cabo distintas


investigaciones con la finalidad de entender el papel que juegan
las creencias, actitudes, norma subjetiva, autoeficacia e intenciones

8 Salud y Sexualidad
vinculadas al uso del condón, así como los conocimientos sobre ITS y
VIH/SIDA, sobre la adopción de conductas sexuales de protección. Las
investigaciones señalan que las personas que tienen la intención de usar
condón es más probable que lo empleen, al igual que aquellas que
poseen actitudes favorables hacia su uso, que perciben que los otros
están de acuerdo en que lo usen, que se perciben capaces de poder
emplearlo y que poseen creencias positivas hacia su uso. En cambio, el
contar con conocimientos sobre ITS y VIH/SIDA no siempre se relaciona
con el uso del condón. En el cuadro 1.1 se ilustran algunos trabajos que
han abordado el estudio de estas variables psicosociales, la forma en
que las definen algunos autores y el principal resultado respecto a su
asociación con la conducta sexual protegida.

En cuanto a la asociación que existe entre intención y conducta, en


distintas investigaciones (Alfaro, Harada & Díaz-Loving, 2000; Bryan;
Kagee & Broadus, 2006; Fazekas, Senn & Ledgerwood, 2001) se ha
demostrado que las personas que tienen mayor intención de usar
condón, es más probable que lo usen. A su vez, la intención se ha
asociado con distintas razones para usar condón. Kvalem y Traeen
(2000) encontraron, en una muestra de 920 adolescentes, que entre
aquellos que tienen la intención de usar condón la principal razón para
usarlo tiene que ver con evitar un embarazo (64.2%), evitar una ITS
(4.9%), porque consideran que su acceso es sencillo (6.2%) o una
combinación de las opciones ya mencionadas (24.7%).

Algunos trabajos han reportado un efectodiferencial por sexo en la


intención de uso del condón. Por ejemplo, Alfaro, Harada y Díaz-Loving
(2000) encontraron que las mujeres tienen mayor intención de usar el
preservativo cuando experimentan temor de adquirir una ITS o de
infectarse por el VIH, mientras que en los hombres, la intención
incrementa cuando ellos se sienten capaces de cuidar su salud, cuando
cuentan con orientación positiva hacia el futuro y cuando consideran
importante lo que otros piensen de su propia conducta sexual protegida.

De acuerdo con la Teoría de la Conducta Planeada (Ajzen, 1985, 1991),


la intención de uso del condón es el principal predictor de la conducta y, en
cambio, las actitudes, norma subjetiva y autoeficacia percibida, determinan la
motivación y la fuerza de la intención para actuar. Algunas investigaciones
que abordan el estudio de las actitudes han arrojado resultados
contradictorios. En un estudio que contó con la participación de 261
adolescentes, se encontró que las actitudes se correlacionaron con la

Factores asociados a la conducta sexual protegida 9


intención de usar condón (Bryan, Kagee & Broaddus, 2006); sin embargo,
también se ha reportado una relación directa entre actitudes y la conducta
de uso del condón, en donde actitudes más positivas tienden a favorecer
su uso (Kalichman et al., 2002; Pack et al., 2001; Sieving, Bearinger,
Resnick, Pettingell & Skay, 2007).

Cuadro1.1. Factores psicosociales asociados al uso del condón.


Variable Definición Resultado Referencias
Intención Representación cognitiva de la Mayores Alfaro, Harada y Díaz-
prontitud con que una persona intenciones, Loving (2000); Bryan,
puede llevar a cabo un mayor uso Kagee y Broadus
comportamiento (Ajzen, 1991). del condón. (2006); Fazekas Senn
y Ledgerwood (2001).
Actitudes Representa el sentimiento favorable Positivas, Kalishman et al.
o desfavorable hacia algún objeto mayor uso (2002); Libreros,
estímulo (Ajzen & Fishbein, 1980). del condón. Fuentes y Pérez
Negativas, (2008); Pack et al.
menor uso (2001); Sieving,
del condón. Bearinger, Resnick,
Pettingell y Skay
(2007).

Norma Percepción sobre la presión social Positiva, Boer y Mashamba


subjetiva que ejercen las personas mayor uso (2005); Heeren,
significativas para efectuar o no una del condón. Jemmott, Mandeya y
conducta (Ajzen, 1991) Tyler (2007).

Autoeficacia Auto percepción de dominio sobre Mayor, Cabrera, Olvera y


alguna actividad (Bandura, 1999). asociada al Robles (2006);
uso del Kvalem y Traeen,
condón (2000).

Creencias Certeza o convicción que tienen las Más positivas Robles et al. (2006a,
personas en relación con la hacia el uso 2007a).
veracidad de alguna información del condón,
(Pepitone, 1991). mayor uso del
mismo.

Conoci- Nivel de información que posean No existe Anderson-Ellstrom y


mientos los individuos sobre VIH-SIDA y relación con Milson (2002); Bayés
otras ITS (Fisher & Fisher, 1992). el uso del (1989); Díaz-Loving
condón. (2002); Garside et al.
(2001); Robles y
Díaz-Loving (2011);
Trani et al. (2005).

10 Salud y Sexualidad
Un efecto diferencial de las actitudes por sexo y tipo de práctica sexual,
fue reportado por Robles et al. (2006a) con estudiantes universitarios
mexicanos; estos autores encontraron que considerar que el condón
disminuye la satisfacción sexual es un predictor del uso inconsistente del
condón en las relaciones vaginales de las mujeres y en las relaciones
orales de los hombres. En el mismo sentido, López, Vera y Orozco (2001)
encontraron, en 458 adolescentes, que los hombres (63%), a diferencia
de las mujeres (37%), consideran que el uso del condón disminuye
el placer sexual, de tal forma que esta actitud desfavorable hacia el uso
del preservativo se asoció con la conducta sexual no protegida.

Al igual que las actitudes, la norma social ha jugado un papel


importante en el desarrollo de la conducta sexual protegida. Esta variable
psicosocial resulta de especial interés, ya que durante la adolescencia los
jóvenes tienden a considerar de suma importancia lo que otros piensen
sobre lo que ellos hacen (Agha, 2002), y con frecuencia, el grupo de
amigos y las parejas suelen ejercer una influencia en el inicio de su vida
sexual (Fasula & Miller, 2006). En este sentido, existe evidencia científica
que muestra en población adolescente, una correlación significativa entre
la norma subjetiva y el uso del condón (Boer & Mashamba, 2005; Heeren,
Jemmott, Mandeya & Tyler, 2007); sin embargo, también se ha reportado
una relación entre norma subjetiva e intención de uso del condón. En un
estudio realizado con 203 adolescentes (Boer & Mashamba, 2005) se
presentó un reactivo que indicaba “Mis amigos piensan que yo debería
usar condón”, la misma pregunta se repetía para cada uno de los
siguientes grupos: pareja ocasional, pareja estable, padres, doctores y
campañas de salud pública; los resultados obtenidos apuntan a la
existencia de una relación positiva entre la intención que tienen los
adolescentes de usar condón y la norma subjetiva.

Además de la percepción que tienen los jóvenes sobre lo que otros


piensen de su propia conducta, también ha sido importante el estudio de
la percepción que ellos tienen sobre sus propias capacidades para lograr
comportarse preventivamente, esto es, la autoeficacia percibida para
ejecutar una conducta. De acuerdo con Bandura (1999), la autoeficacia
percibida para actuar de cierta manera, depende de las experiencias de
éxito y fracaso que se hayan vivido respecto a esa forma de actuar;
es decir, en la medida en que las personas ejecutan determinadas
actividades y obtienen éxito en ellas, aumenta la expectativa de dominio y

Factores asociados a la conducta sexual protegida 11


con ello las creencias de eficacia personal; lo opuesto sucede cuando se
fracasa en la ejecución de dichas actividades.

Al respecto, en un estudio realizado con jóvenes universitarios que


recibieron un entrenamiento conductual en el uso correcto del condón, se
encontró una correlación positiva entre la autoeficacia percibida para usar
correctamente el condón y para comprar condones y la habilidad para
usarlo correctamente (Cabrera, Olvera & Robles, 2006), es decir, aquellos
estudiantes que aprendieron a usar correctamente el preservativo fueron
los que se percibieron más capaces de usarlo en sus próximos
encuentros sexuales. Estos resultados apoyan los postulados de la teoría
de Bandura (1999), ya que la experiencia de haber aprendido a usar
correctamente el preservativo tuvo un impacto positivo en la autoeficacia
percibida para usarlo correctamente.

Por su parte, López (2001) investigó, en una muestra de 962


adolescentes, en qué medida la autoeficacia percibida para evitar
conductas sexuales de riesgo y la autoeficacia percibida para
usar condón se asociaban con la conducta de uso del del preservativo,
encontrando que las mujeres, comparadas con los hombres, se
perciben más autoeficaces para evitar conductas sexuales de riesgo
y fueron ellas las que obtuvieron puntuaciones significativamente
mayores que los hombres en su capacidad para decir no a propuestas
sexuales no protegidas. Por el contrario, los hombres presentaron
niveles significativamente mayores que las mujeres en la autoeficacia
percibida para usar condón, lo cual podría explicarse porque ellos, por
lo general, se encargan de colocar el condón masculino y esto les ha
permitido adquirir mayor experiencia que se ve reflejada en una mayor
percepción de dominio.

El hecho de que los hombres sean quienes colocan con mayor


frecuencia el condón también puede estar influido por las creencias que
ellos tienen sobre el uso del preservativo. El papel de las creencias
reviste vital importancia si se considera que son conceptos normativos
creados y fuertemente enraizados en grupos culturales, y que aluden a la
certeza o convicción que tienen las personas en relación con la veracidad
de alguna información, misma que puede ser verdadera o falsa, pero
independientemente de tal veracidad, las creencias siempre se asumen
como verdaderas (Pepitone, 1991). En este contexto, Robles et al.
(2007a) encontraron, en una muestra de 1168 estudiantes universitarios,
que los hombres están más de acuerdo que las mujeres en que son ellos

12 Salud y Sexualidad
los responsables de la protección durante la relación sexual, mientras que
las mujeres están más de acuerdo en que son ellas quienes debe solicitar
el condón a su pareja al tener relaciones sexuales. Así, en la medida en
que las creencias sean más positivas hacia el condón y se crea que tanto
hombres como mujeres son responsables de su uso, será más probable
que ocurra la conducta sexual protegida.

A diferencia de las creencias, los conocimientos hacen referencia


a la información específica que se tiene respecto a un tema. Todo
conocimiento está acompañado de un grupo de creencias, pero no todas
se fundamentan en conocimientos verdaderdos (Fishbein & Ajzen, 1975),
de ahí la importancia de conocer el papel que juega, en la conducta
sexual protegida, la información que las personas poseen respecto al
problema de salud que se desea prevenir.

A finales de la década de los 80’s –época en la que la epidemia del


VIH se desató–, la población mexicana contaba con poca o insuficiente
información sobre este fenómeno y sus implicaciones (Díaz-Loving,
2002). A partir de esta información, los encargados de la salud pública
pusieron en marcha estrategias que buscaban incidir en la prevención del
VIH a través de la aplicación de programas educativos que informaran a
la población sobre lo que es el SIDA, sus formas de transmisión y de
prevención. Las campañas lograron tener un impacto positivo en los
conocimientos sobre VIH/SIDA, sin embargo, el incremento en
conocimientos no estuvo acompañado por un aumento en las conductas
preventivas (Díaz-Loving, 2002). Estos hallazgos son consistentes con lo
expuesto en otras investigaciones con respecto a que los conocimientos
son necesarios para entender un fenómeno, pero no son suficientes para
cambiar una conducta de riesgo (Anderson-Ellstrom & Milson, 2002;
Robles et al., 2007a; Trani et al., 2005).

A veces la gente cree que está bien informada sobre la sintomatología


y los mecanismos de transmisión y prevención de ITS y en realidad
ocurre que sus conocimientos son erroneos. Por ejemplo, algunas
mujeres han reportado tener amplios conocimientos sobre infecciones de
transmisión sexual, pero ello se limita únicamente a identificar el nombre
de algunas ITS (Rouner & Lindsey, 2006). En el mismo sentido, Dávila,
Tagliafierro, Bullones y Daza (2008) y Navarro y Vargas (2004) reportaron
que muy pocos jóvenes cuentan con conocimientos adecuados sobre

Factores asociados a la conducta sexual protegida 13


VIH/SIDA y, particularmente en México, Robles y Díaz-Loving (2011)
también encontraron, en una muestra de adolescentes, un nivel muy bajo
de conocimientos sobre sintomatología, transmisión y prevención del
VIH/SIDA y otras infecciones de transmisión sexual. Si bien bien es cierto
que los conocimientos sobre VIH/SIDA por sí mismos no se traducen
en conductas sexuales preventivas (Robles et al., 2007a), resultan ser
una condición necesaria para que estas ocurran (Bayés, 1992). Por
ejemplo, si los jóvenes no tienen conocimientos sobre la forma en la que
se transmiten distintas ITS, ellos identificarán al condón únicamente como
un método anticonceptivo (Garside et al., 2001), y como tal, lo utilizarán
sólo inmediatamente antes de que ocurra la eyaculación (Crosby, Sanders,
Yarber, Graham & Dodge, 2002; Crosby, Sanders, Yarber & Graham,
2003), pero si saben que el condón previene de ITS y tienen conocimientos
sobre cómo usarlo para justamente prevenirlas, será más probable que
demuestren cómo se usa correctamente (Robles, Rodríguez, Frías,
Barroso & Moreno, en preparación).

Lo expuesto en este apartado resalta la influencia que ejercen diversos


factores psicosociales en la conducta sexual protegida. El uso del condón es
mas probable en aquellas personas que tienen la intención de usarlo, pero a
su vaz, la fuerza de la intención será mayor cuando se está motivado para
actuar preventivamente; esto ocurre cuando las personas tienen creencias,
actitudes y norma subjetiva favorables hacia el uso del condón, y cuando se
sienten capaces de usarlo. Sin embargo, hay evidencia empírica que
muestra la importancia que tienen diversos factores conductuales sobre el
desarrollo de esta conducta. Por ejemplo, Robles y Díaz-Loving (2008)
llevaron a cabo una investigación con adolescentes mexicanos, donde
encontraron que cuando se analiza el poder predictivo de las variables
psicosociales (creencias conductuales y actitudes hacia el uso del
condón) en comparación con variables de tipo conductual (comunicación
sobre temas sexuales y estilos de negociación), estas últimas son las que
predicen la frecuencia del uso del condón. Con base en ello, en el siguiente
apartado se abordan estudios que han evaluado el papel que juegan
variables conductuales en el desarrollo de la conducta sexual protegida.

Factores conductuales

El elemento conductual, de acuerdo con Fishbein (2000), ocupa un lugar


importante en el entendimiento de las conductas sexuales de protección,

14 Salud y Sexualidad
ya que se requieren habilidades y destrezas para poder ejecutar dichas
conductas. En este sentido, el hecho de que el uso del condón ocurra en
una relación sexual que involucra a dos personas, pone de manifiesto la
necesidad de investigar aspectos que permitan entender la dinámica de
la interacción sexual. En esta dinámica entran en juego la comunicación
que hay entre los miembros de una pareja, así como la forma en la que
negocian el uso del preservativo. Al respecto, la literatura muestra
que existe una asociación entre la comunicación que tienen los miembros
de la pareja sobre diversos temas sexuales y el uso del condón, así como
una relación entre la comunicación que los jóvenes tienen con sus padres
y el desarrollo de conductas preventivas; asimismo, muestra el papel que
juega la forma en la que los jóvenes logran establecer acuerdos con su
pareja sobre el uso del condón (negociación) y la importancia que reviste
el saber usarlo de manera correcta, sobre el desarrollo de la conducta
sexual protegida. En el cuadro 1.2 se ilustran algunos estudios que han
abordado estas variables de tipo conductual; se incluye una definición de
cada variable y el principal hallazgo respecto a la relación que guardan
con el uso del condón.

Cuadro 1.2. Factores conductuales asociados a la conducta


sexual protegida.
Variable Definición Resultado Referencias
Comunicación Expresión e A mayor frecuencia: DiIorio, Pluhar y
con padres intercambio de retardo en la edad de Belcher (2003);
sobre temas de información sobre debut sexual, uso del Frías, Barroso,
sexualidad temas sexuales condón en el primero y Rodríguez, Moreno
(Zamboni, Crawford en los últimos y Robles (2008);
& Williams, 2000). encuentros sexuales, Karofsky, Zeng y
menor número de Kosorok (2000);
parejas sexuales, Hutchinson (2002);
menor riesgo de Miller, Levin,
infectarse de VIH y un Whitaker y Xu,
desarrollo sexual más (1998); Moreno,
positivo. Robles, Frías,
Rodríguez y Barroso
(2010); Whitaker y
Miller, (2000).

Comunicación Habilidad para Mayor frecuencia, De la Barrera y Pick


sexual asertiva discutir y negociar el mayor uso del condón. (2006); Rickert et al.
con la pareja uso del condón con (2002); Zamboni,
una pareja sexual Crawford y Williams
(Noar, 2007). (2000).

Factores asociados a la conducta sexual protegida 15


Continuación…
Variable Definición Resultado Referencias
Estilos de Formas específicas El estilo de contender Jiménez (2010);
negociación del de comunicación (mujeres) y el estilo de Noar et al. (2002);
uso del condón que se utilizan para acomodación-evitación Robles y Díaz-
convencer a la (hombres), así como Loving (2006);
pareja de usar negarse a tener sexo, Robles, Frías,
protección (Robles & seducir a la pareja y Moreno, Rodríguez
Díaz-Loving, 2006). hacer la petición directa y Barroso (en
del uso del condón, revisión).
está asociado con el
uso del condón.

Habilidad para Uso del preservativo Menor habilidad se Grimley et al. (2005);
usar de tal forma que asocia con el contagio Robles et al. (2006b)
correctamente impida el de ITS.
el condón intercambio de El autoreporte del uso
fluidos genitales consistente del condón
(Robles et al., no significa que se use
2006b). correctamente.

La evidencia científica sostiene que los jóvenes que se comunican


frecuentemente con sus padres sobre temas de sexualidad retardan la
edad de su debut sexual (Karofsky, Zeng & Kosorok, 2000; Hutchinson,
2002), usan condón en su primera relación sexual (Moreno, Robles, Frías,
Rodríguez & Barroso, 2010) y durante sus últimos encuentros sexuales
(Atienzo et al., 2009), tienen menor número de parejas sexuales (Whitaker
& Miller, 2000), tienen menor riesgo de infectase de VIH y tienen un
desarrollo sexual más positivo (DiIorio, Pluhar & Belcher, 2003). Además,
hay estudios que señalan que tanto las características de los padres como
las del hijo son variables que influyen en la comunicación que los padres
tienen con sus hijos sobre el cuidado de su salud sexual (Byers, Sears &
Weaver, 2008); por ejemplo, aquellos padres que tienen un nivel escolar
elevado tienden a proporcionar mayor educación en salud sexual a sus
hijos (Eisenberg, Sieving, Bearinger, Swain & Resnick, 2005).

También se han reportado efectos diferenciales entre padres y


madres y sus hijos e hijas. Las madres, a diferencia de los padres, se
involucran más en la educación sexual de sus hijos, particularmente con
sus hijas (Meshke, Bartolomé & Zentael, 2002). En un estudio realizado
en México con estudiantes de secundaria y preparatoria, se encontró que
dichos estudiantes se comunican con mayor frecuencia con su mamá
sobre diferentes temas sexuales (56%) y, al hacer la distinción por sexo,
un porcentaje menor de mujeres (3.5%) hablan con su padre sobre

16 Salud y Sexualidad
dichos temas (Moreno et al., 2010). Las variables que, a su vez, se han
asociado con la forma en la que se comunican los padres con sus hijos
han sido el nivel de conocimientos sobre SIDA y sexo seguro, valores
basados en permisividad sexual, la edad de la primera relación sexual y
la experiencia personal que los adolescentes tienen con sus propios
padres sobre comunicación sexual (Lehr, Demi, Dilorio & Facteau, 2005).

Es probable que los padres que no se comunican con sus hijos estén
influenciados por algunos mitos y miedos con respecto a que hablar de
sexualidad incitará a sus hijos a iniciar su vida sexual (Givaudan & Pick,
2005). En cambio, existe evidencia científica que muestra que cuando los
hijos hablan con sus papás sobre temas de sexualidad es menos
probable que tengan la intención de tener sexo y más probable que
tengan la intención de usar condón (Frías, Barroso, Rodríguez, Moreno
& Robles, 2008).

En el caso de las características de los hijos, las investigaciones han


mostrado que los padres hablan con mayor frecuencia con sus hijas
adolescentes que con sus hijos (Dilorio et al., 2003). También se ha visto
que la edad de los hijos (adolescentes, preadolescentes y niños), el
desarrollo a la pubertad y los cambios físicos que implican este proceso
de desarrollo, están asociados con que los padres hablen con ellos sobre
sexualidad (Collins, 2003; Connoly, Craig, Colberg & Pepler, 2004). Al
respecto, Somers y Paulson (2000) señalan que posiblemente el hecho
de que los jóvenes tengan sexo se deba a una condición natural que se
manifiesta durante y después de la maduración biológica y cognitiva. En
el caso de la maduración temprana de los jóvenes, las manifestaciones
físicas de la pubertad pueden alertar a los padres sobre lo conveniente
que sería comenzar a hablar con sus hijos sobre sexualidad (Miller,
Norton, Fan & Christopherson, 1998).

El hecho de que los adolescentes muestren interés en las relaciones


románticas también se ha asociado con la comunicación que los padres
tienen con sus hijos, ya que a través de ésta se facilita la transmisión de
valores familiares que permiten prevenir conductas sexuales de riesgo
(Feldman & Rosenthal, 2000).

Algunos estudios han demostrado que cuando los padres hablan con
sus hijos sobre temas de sexualidad, generalmente abordan aspectos
que tienen que ver con los riesgos que existen cuando se tiene sexo sin
protección –como por ejemplo infecciones de transmisión sexual, SIDA y

Factores asociados a la conducta sexual protegida 17


embarazo–, formas de prevención (abstinencia), cambios biológicos
(menstruación) y temas referentes a las primeras citas (Lefkowitz
& Espinosa-Hernández, 2007). Parece ser que las mujeres, en
comparación con los varones, se comunican con mayor frecuencia con
sus padres, y los temas de los que hablan son: embarazos no deseados,
aborto y uso de pastillas anticonceptivas; lo cual sugiere que a los padres
les preocupa que sus hijas se embaracen y no tanto que sus hijos
varones participen en un embarazo (Bárcena, 2008). En el caso de
jóvenes que ya han tenido experiencia sexual, se ha reportado que
ellos hablan más con sus padres sobre los embarazos no deseados,
mientras que quienes no han tenido relaciones sexuales, el tema principal
que abordan es el VIH/SIDA (Frías et al., 2008).

El estilo que tienen los padres para hablar con sus hijos sobre temas
de sexualidad también se ha vinculado con conductas de riesgo. Por
ejemplo, en un estudio llevado a cabo con adolescentes, se encontró que
los jóvenes que reportaron que sus padres eran amigables, atentos y
abiertos, tuvieron menos probabilidades de involucrarse en conductas
sexuales de riesgo, en comparación con los jóvenes que reportaron que
sus padres tenían estilos agresivos o dramáticos (Lefkowitz, Sigman &
Au, 2002). Este hallazgo es entendible si se considera que dicha forma
de comunicarse puede fomentar conversaciones espontáneas y, con
mayor frecuencia, sobre sexualidad entre los adolescentes y sus padres
(Lefkowitz & Stoppa, 2006). De la misma manera, los mensajes que
los padres transmiten a sus hijos pueden contribuir a prevenir que ellos
tangan conductas de riesgo. En un estudio llevado a cabo con 118
mujeres, cuyo objetivo fue identificar la relación entre la comunicación con
padres y prevención de ITS, VIH/SIDA, se encontró que las adolescentes
tuvieron más conductas preventivas en la medida que se comunicaban
con sus madres sobre las presiones que a menudo suelen hacer las
parejas para tener relaciones sexuales, y con sus padres sobre la forma
de resistir esas presiones (Teitelman, Ractliffe & Cederbaum, 2008).

De acuerdo con lo anterior, queda claro el papel que juega la


comunicación entre padres e hijos en la adopción oportuna de conductas
de protección sexual. Sin embargo, cuando los jóvenes inician sus
relaciones románticas, también es necesario que se comuniquen con
sus parejas sobre temas sexuales, ya que ello hace más probable el
empleo del preservativo en sus relaciones sexuales (Barrera & y Pick,
2006; Rickert et al., 2002). Esta comunicación debe ser asertiva, que de
acuerdo con Flores y Díaz-Loving (2002), implica la expresión directa

18 Salud y Sexualidad
de sentimientos, deseos, derechos legítimos y opiniones de un individuo
sobre algún tema, sin violar los derechos de otras personas; en este
proceso de comunicación se deben asumir las consecuencias que
resultan de la expresión de tales sentimientos. En el mismo sentido,
Zamboni, Crawford y Williams (2000) llevaron a cabo un estudio en el que
definieron asertividad sexual como la habilidad para expresar y mantener
sentimientos sexuales, creencias e intenciones de tener sexo, y
encontraron que esta asertividad sexual, comparada con la comunicación
sexual en general, fue un mejor predictor del uso del condón.

En el contexto de la comunicación sexual asertiva, se ha estudiado el


papel que juega la negociación del uso del condón, la cual tiene que ver
con la habilidad para persuadir a la pareja de usar condón e implica un
conjunto de habilidades, más que una habilidad en particular. Una
persona puede mantener una conversación sobre sexo protegido con su
pareja pero esto es cualitativamente diferente de persuadir a una pareja
de usar condón (Noar, Morokoff & Harlow, 2002). De hecho, se ha
reportado que aprender a iniciar y mantener una conversación sobre
temas vinculados con el cuidado de la salud sexual hace más probable
que los jóvenes negocien asertivamente con su pareja el uso del
preservativo (Robles et al., 2007b).

A pesar de que la comunicación sexual asertiva se vincula con


conductas sexuales preventivas, Debro et al. (1994, en Noar et al., 2002)
señalan que existe un vacío en cuanto a la manera específica
que emplean hombres y mujeres para negociar el uso del condón,
y destacan la importancia de estudiar el uso de las siguientes estrategias
de negociación:

• Recompensa: la persona promete o provee consecuencias


positivas a su pareja si ésta usa condón.
• Coerción emocional: se trata de usar consecuencias afectivas
negativas si la pareja se rehúsa a usar condón.
• Información sobre los riesgos: consiste en exponer información a la
pareja sobre los riesgos que existen de adquirir una ITS o VIH si no
emplean condón.
• Seducción: implica utilizar componentes no verbales como despertar
deseo sexual en la pareja y así persuadirla de usar condón.

Factores asociados a la conducta sexual protegida 19


• Engaño: la persona emplea información falsa para hacer que su
pareja use condón.
• Negarse a tener sexo: implica advertir a la pareja que se rehusará a
tener relaciones sexuales si no usan condón.
• Conceptualización de la relación: la persona muestra comprensión
e interés en la pareja y en la relación con el fin de conseguir que su
pareja use condón.
• Autocrático: consiste en emplear la autoridad, señalándose experto
en el tema o de plano insiste en usar condón.
• Petición directa: La persona pide de forma directa a su pareja
emplear condón.

A partir de la identificación de estas estrategias, Noar et al. (2002)


llevaron a cabo una investigación, en donde parte de su objetivo
fue identificar la relación de las estrategias usadas por parejas
heterosexuales, determinando las diferencias por sexo. Los resultados
obtenidos permitieron identificar que las estrategias más efectivas
fueron: negarse a tener sexo, la seducción y la petición directa. En este
sentido, queda de manifiesto el papel que juega el acercamiento
afectivo que las personas tienen con sus parejas para lograr influir en
ellas. En el caso de la petición directa, esta fue la estrategia con más
altos puntajes y la que se consideraba menos manipuladora. En cuanto a
las diferencias entre hombres y mujeres, se encontró que las mujeres
tienden más a negarse a tener sexo, pedir usar condón de manera directa
a su pareja, informar sobre el riesgo de no usar condón, y mostrar interés
y comprensión hacia su pareja para que empleen condón.

Cabe señalar que la negociación del uso del condón tiene


implicaciones distintas para hombres y mujeres; ya que si el hombre desea
usar condón puede ser suficiente con que él decida colocarlo. Sin
embargo, en el caso de que el varón se rehúse a usarlo, la mujer podría
verse obligada a persuadir a su pareja para que lo usen. La literatura
refiere que las mujeres desempeñan un rol más activo en la negociación
del uso del condón, ya que ellas, a menudo, buscan convencer a sus
parejas para que usen condón, mientras que ellos, con mayor frecuencia,
buscan convencer a sus parejas para tener relaciones sexuales sin
protegerse (Carter, McNair, Corbin & Williams, 1999).

20 Salud y Sexualidad
Cuando uno de los miembros de la pareja no está de acuerdo en
usar protección, ambos se enfrentaran a un conflicto y la manera de
resolverlo podría depender del estilo que ellos usen para llegar a un
acuerdo sobre el uso de protección. Al respecto, Robles y Díaz-Loving
(2006) evaluaron los estilos de negociación del uso del condón que
empleaban estudiantes de secundaria y preparatoria, y la relación que
éstos tenían con la conducta sexual protegida, determinado las
diferencias por sexo y nivel de escolaridad. Los estilos de negociación
que describen estos autores son los siguientes:

• Estilo de colaboración-equidad: la persona se interesa en sus


propios beneficios y en los de su pareja, y ambos colaboran para
llegar a un acuerdo equitativo sobre el uso de condón.
• Estilo de acomodación-evitación: la persona centra su atención en
cubrir las necesidades e intereses de su pareja para evitar
conflictos, dejando de lado sus propios intereses; en este sentido, si
la pareja de un individuo decide no usar condón, este simplemente
se adapta a lo que su pareja disponga.
• Estilo de contender: la persona se centra en cubrir sus propios
intereses, sean estos los de querer usar o no condón, sin tomar en
cuenta la opinión de su pareja.

Los resultados de Robles y Díaz-Loving (2006) muestran que, tanto


hombres como mujeres, tienden a presentar un estilo de colaboración-
equidad con su pareja sexual, asociándose éste con el uso consistente
del preservativo; sin embargo, los hombres tienden más a ajustarse a lo
que su pareja les dice y las mujeres a imponer su punto de vista en el
terreno sexual. La asociación entre el estilo de colaboración-equidad y
el uso del preservativo tambén ha sido reportada por Jiménez (2010) en
adolescentes de secundaria y preparatoria.

Además de la importancia que tiene llegar a un acuerdo sobre usar


condón, resulta necesario que las parejas sepan emplear el preservativo
de manera correcta, pues de nada sirve lograr convencer a la pareja de
usarlo si no se sabe usarlo correctamente. Distintas investigaciones
(De Visser & Smith, 2000; Spruyt et al., 1998; Warner et al., 1998) han
identificado los errores en el uso del condón que ocurren con mayor
frecuencia: no colocar el condón antes de que ocurra el contacto genital,
o en el caso opuesto, iniciar el coito con condón y terminar sin él; también
está el hecho de que, antes de colocarlo, lo desenrollan por completo,

Factores asociados a la conducta sexual protegida 21


también abrir el empaque con objetos punzo cortantes y colocar el
condón del lado contrario. Las principales consecuencias de dichos
errores impiden que el condón proteja a la piel del contacto con sangre y
fluidos, además de que propician el rompimiento y deslizamiento del
condón, lo cual hace más probable la transmisión de alguna ITS.

En este contexto resulta necesario obtener información tanto del


autoreporte del uso del condón como de la habilidad para usarlo
correctamente. En un estudio realizado con 246 adolescentes que fueron
evaluados, mediante observación directa, en la habilidad para colocar y
retirar un condón de un modelo de pene para la enseñanza, se encontró
que esta habilidad es deficiente, tanto en hombres como en mujeres, ya
que del total de la muestra, únicamente el 2.4% consiguió realizar
correctamente todos los pasos que fueron evaluados, en promedio
lograron ejecutar correctamente tres de los ochos pasos contemplados en
la evaluación, donde el error más común consistió en no bajar el condón
antes de abrir el empaque (82.5%), haciendo probable que el condón se
rasgue al abrirlo; en cambio, la mayoría (90.2%) se preocupó por abrir el
empaque sin usar uñas o dientes (Bárcena, 2008). Esto lleva a la
necesidad de poner atención en la forma en la que se mide la conducta
de uso de condón (Robles, Frías, Rodríguez & Barroso, 2007), ya que se
ha demostrado que decir que se usa consistentemente no significa que
se sepa usar correctamente (Robles et al., 2006b). Incluso en un estudio
realizado por Grimley et al. (2005) con una muestra de jóvenes adultos
seleccionados de una clínica de especialidades en infecciones de
transmisión sexual, se identificó que la cuarta parte de la muestra
(n=1124) había reportado errores en el uso del condón, lo cual pudo
facilitar la adquisición de alguna ITS. Por ello resulta relevante que los
programas de intervención encaminados a la prevención del VIH/SIDA y
otras ITS, consideren el entrenamiento en la habilidad para usar
correctamente un preservativo, disminuyendo con ello la cantidad de
errores que pueden ocurrir en su uso cuando se tiene una relación sexual
con penetración (Rodríguez, Barroso, Frías, Moreno & Robles, 2009).

Parece ser, entonces, que de acuerdo con los estudios revisados en


este apartado, las habilidades conductuales tales como saber
comunicarse asertivamente con los padres y con la pareja sobre temas
de sexualidad, saber negociar el condón con un estilo de colaboración y
saber usar correctamente un preservativo, son variables que también
influyen en el desarrollo de la conducta sexual protegida. No obstante, de

22 Salud y Sexualidad
acuerdo con el Modelo Integral de Fishbein (2000), también resulta
necesario poner atención en las circunstancias específicas en las que
ocurre una relación sexual, las cuales tienen que ver con el tipo de pareja
con la cual se tienen dicha relación, el lugar en el que ocurre y
otras circunstancias que no se reflejan en los factores psicosiciales
ni conductuales que hasta este momento se han comentado. En el
siguiente apartado se revisan algunos estudos que han podido demostrar
el papel que ejercen estas variables contextuales o situacionales en la
predicción de la conducta sexual protegida.

Factores contextuales o situacionales

Las habilidades de comunicación y de uso adecuado del condón juegan


un papel fundamental en el cuidado de la salud sexual. Sin embargo,
estas pueden verse afectadas por el contexto o situación particular en la
que se da el comportamiento sexual (Fishbein, 2000). Por ejemplo, se ha
encontrado que el uso del condón depende del tipo de práctica sexual
que se realice (sexo vaginal, anal, oral), del tipo de pareja con la cual se
tienen relaciones sexuales (regular, ocasional), del nivel de implicación
afectiva que se tenga con la pareja sexual, así como de aspectos
relacionados con estados disposicionales de las personas, como el haber
consumido alcohol, haber ingerido alguna droga o estar muy excitados.
En el cuadro 1.3 se ilustran algunas investigaciones que han abordado el
estudio de estos factores contextuales o situacionales y su vinculación
con el uso del preservativo.

Cuadro 1.3. Factores contextuales o situacionales


vinculados al uso del condón.
Variable Definición Resultado Referencias
Tipo de Ocasional: Compañero(a) a Pareja ocasional, mayor Fishbein y
pareja quien se contacta uso del condón. En Jarvis (2000);
sexual esporádicamente, o bien, se le estudiantes Gebhardt,
trata por primera vez. (Robles universitarios Kuyper y
et al., 2010). mexicanos, es más Greunsven
Regular: Compañero(a) con el frecuente el uso del (2003); Robles
cual existe un vínculo afectivo y condón con pareja et al., 2007a;
con quien se lleva un regular. Williams et al.
determinado tiempo de convivir (2001).
como pareja (Robles et al.,
2010).

Factores asociados a la conducta sexual protegida 23


Continuación…
Variable Definición Resultado Referencias
Amor Se caracteriza por la sensación Influye de manera Goldmeir and
romántico de confianza, además de negativa en la decisión Richardson
experimentar atracción y el de usar condón (2005).
hecho de considerar a la pareja
un amigo (Seiffge-Krenke,
2003).

Implicación Conjunto de cogniciones, Mayor consistencia en Avilés (2009).


afectiva con afectos y conductas vinculadas el uso del condón en
la pareja con la atracción física, el mujeres que sienten
romance, el amor pasional, la amor pasional por su
negociación y el compromiso pareja.
de la relación de pareja (Díaz-
Loving & Sánchez-Aragón,
2002).

Factores Son aquellos que pueden hacer El no tener un condón a Piña;


disposiciona- más o menos probable un la mano, no encontrar González,
les comportamiento, por ejemplo, un momento oportuno Molina y Cota
el uso del condón; entre estos para tener un encuentro (2003); Piña y
factores se encuentran el grado sexual, así como estar Dávila (2008);
de excitación e ingesta de muy excitado y haber Rodríguez y
alcohol y drogas (Rodríguez & consumido alcohol, se Díaz-
Díaz-González, 2011). asocian negativamente González,
con el uso del condón. 2011).
Tipo de Considerando que las La práctica en la que se Robles et al.
práctica relaciones sexuales hacen reporta mayor uso del (2007a).
sexual referencia a la práctica entre condón es la de
dos individuos en donde se da penetración vaginal; en
algún tipo de contacto sexual, el sexo anal los
es posible identificar al menos hombres reportan más
4 tipos de prácticas: sexo su uso que las mujeres.
vaginal, sexo anal, sexo oral y
masturbación en compañía
(Robles & Díaz-Loving, 2011).

Actualmente los jóvenes llevan a cabo relaciones sexuales con


diferentes tipos de parejas, entre las cuales se ubica la pareja ocasional o
eventual –llamada en algunos casos “free”–, en donde la relación está
basada únicamente en la obtención del placer mediante mutuo acuerdo y
sin la exigencia de compromisos dentro de la relación (Secretaria de
Educación del Distrito Federal, 2008), o bien, es entendida como el
compañero(a) con quien no necesariamente se tiene un vínculo afectivo y
se contacta esporádicamente, o se le trata por primera vez (Robles &
Díaz Loving, 2011). En contraste con este tipo de relación, se encuentran

24 Salud y Sexualidad
las relaciones que se dan con pareja regular, también identificadas como
pareja primaria, principal, exclusiva, cercana y estable (Bauman &
Berman, 2005), en las cuales el énfasis está puesto en la cercanía, la
exclusividad y el romanticismo, o bien, se considera como aquella con
la cual existe un vínculo afectivo y con quien se lleva un determinado
tiempo de convivir como pareja (Robles & Díaz-Loving, 2011).

En distintas investigaciones se ha encontrado que los jóvenes


reportan tener relaciones sexuales en mayor medida con la pareja regular
que con parejas ocasionales (Gebhardt, Keyper & Greusven, 2003;
Meekers, 2003) y son los hombres los que suelen mantener con mayor
frecuencia relaciones con pareja ocasional, en comparación con las
mujeres, quienes suelen tener con mayor frecuencia relaciones sexuales
con su pareja estable (Lescano, Vazquez, Brown, Litvin & Pugatsh,
2006). De acuerdo con distintas investigaciones, la frecuencia del uso del
condón también cambia dependiendo del tipo de pareja sexual. Por
ejemplo, se ha documentado que los jóvenes usan condón con mayor
frecuencia cuando se trata de una pareja ocasional que cuando tienen
relaciones con su pareja estable o regular (Fishbein & Jarvis, 2000;
Gebhardt, Keyper & Greusven, 2003). La explicación que se ha dado a
dicha relación tiene que ver principalmente con el papel que juega la
implicación emocional con la pareja, ya que es posible que los jóvenes no
perciban riesgos con su pareja estable, mientras que con una pareja
ocasional se tenga la percepción de peligro por desconocer su historia
sexual y ello facilita el uso del condón (Bayés, Pastells & Tuldrá, 1996).
Sin embargo, en una investigación realizada con jóvenes universitarios
(Robles & Díaz-Loving, 2007), se reportó que no existen diferencias en
el uso del condón por el tipo de pareja, ya que estos jóvenes señalaron
que sus parejas ocasionales eran generalmente sus amigos, lo cual lleva
a suponer que existe un grado de implicación emocional similar entre
ambos tipos de pareja en la medida en que las parejas ocasionales no son,
para estos jóvenes, personas desconocidas.

Algunos investigadores (Fortenberry et al., 2002) se han preocupado


por conocer cuál es el tiempo que debe pasar para que una pareja sea
considerada como estable, el resultado señala que son suficientes 21
días para que se considere estable una relación, de tal forma que
a partir de este tiempo, la frecuencia del uso de protección empieza a
declinar (Civic, 2000), es decir, el uso del condón deja de ser importante
cuando ya se está enamorado de la pareja sexual. Además, el condón no
es visto como un objeto que contribuya positivamente a la intimidad de la

Factores asociados a la conducta sexual protegida 25


relación, por el contrario, se percibe como algo que la contamina al
asociarlo con encuentros ocasionales e infidelidad (Baylis, 2001). Por ello,
de acuerdo con Katz et al. (2000), las parejas tienden a pensar que
siendo fieles el riesgo de adquirir una ITS es nulo, pero no consideran
que si bien la fidelidad se da mientras dure la relación, esto no garantiza
la inexistencia del riesgo de contagio de alguna ITS con las parejas
anteriores (monogamia serial).

Es importante destacar, además de los aspectos anteriores, que el


desarrollo y formación de relaciones románticas y sexuales inicia durante el
periodo de la adolescencia (Regan et al., 2004), y durante este periodo
el amor romántico se caracteriza por la sensación de confianza, además de
experimentar atracción y considerar a la pareja como un amigo (Seiffge-
Krenke, 2003). De acuerdo con Goldmeir y Richardson (2005), las
emociones y conductas asociadas con el amor romántico pueden afectar
de manera negativa la toma de decisiones en el terreno de la protección
sexual, es decir, estar enamorado hace más probable que no se use el
condón. Sin embargo, contrario a este hecho se ha encontrado, en una
muestra de adolescentes mexicanos, que antes de que los adolescentes
tengan su primera relación sexual, el amor romántico se asocia con la
intención de usar condón, pero una vez que ya se ha iniciado la vida
sexual, el uso de protección sexual no depende de estar enamorados o
sentir amor pasional por la pareja (Díaz-Loving & Robles, 2009).

Además del estado afectivo que se puede experimentar durante el


amor romántico, existen aspectos de naturaleza biológica y ambiental que
pueden inhibir el uso del preservativo y que han sido considerados como
factores disposicionales biológicos y del ambiente que facilitan o impiden
la ocurrencia de la conducta sexual protegida. Por ejemplo, encontrarse
excitado y haber consumido alcohol ha sido un factor disposicional de
naturaleza biológica que ha estado asociado al uso inconsistente del
preservativo (Piña & Dávila, 2008; Rodríguez & Díaz-González, 2011);
también se ha señalado que altos niveles de excitación sexual en
compañía de poca inhibición sexual, se asocia con conductas sexuales
de riesgo, tanto en hombres como en mujeres (Bancroft et al., 2004;
Carpenter, Janssen, Graham, Vorst, & Wicherts, 2008). Respecto a
factores disposicionales del ambiente, se ha encontrado que no disponer
de un condón en el momento del encuentro sexual, o bien, el momento
oportuno en que ocurre la relación sexual, ha estado asociado con el uso
inconsistente del preservativo (Piña, González, Molina & Cota, 2003).
Estos factores de naturaleza disposicional, resultan ser particularmente

26 Salud y Sexualidad
importantes en el contexto de la prevención de ITS y embarazos no
deseados, ya que entran en juego una serie de elementos que deben
ser estudiados para lograr que las disposiciones biológicas no impidan
el desarrollo de conductas sexuales protegidas. Al respecto, Henderson
et al. (2005) señalan que el uso del condón es una conducta racional y
es incompatible con la pasión irracional del sexo. Posiblemente,
anticiparse a estas circunstancias específicas a través del desarrollo de
habilidades interpersonaes de planeación, sea una vertiente a seguir en la
investigación sobre los factores que impiden o facilitan el uso del
preservativo (Díaz-Loving & Robles, 2009).

Finalmente, el tipo de práctica sexual se ha considerado como otro


factor conductual que también ha estado vinculado al uso de protección
(Robles et al., 2007a). Este aspecto resulta importante resaltarlo porque
el tipo de práctica sexual que una persona realiza constituye un factor
que altera la vulnerabilidad biológica de un organismo, ya que actúa
como un elemento que facilita la entrada del VIH al organismo. De
acuerdo con Cohen y Miller (1998) y Edwards y Carne (1998), la práctica
de sexo anal es la que más riesgo tiene de transmisión del VIH, seguida
del sexo vaginal y en tercer lugar el sexo oral. A pesar de ello, distintos
estudios muestran, en poblaciones heterosexuales, que el uso del condón
es más frecuente cuando se tienen relaciones con penetración vaginal
que cuando se tiene sexo con penetración anal (Gurman & Borzekowski,
2004; Robles et al., 2007a). Estos hallazgos sugieren la necesidad de
analizar por qué el uso del preservativo, en parejas heterosexuales,
difiere dependiendo del tipo de práctica sexual que se realice. Al respecto
Robles, Piña y Moreno (2006) encontraron, en mujeres universitarias, que
el uso inconsistente del condón cuando se tiene sexo con penetración
vaginal, ocurre porque ellas tienen una actitud desfavorable hacia su uso;
en cambio, cuando tienen sexo con penetración anal el uso inconsistente
del condón ocurre cuando no han investigado la historia sexual de su
pareja. El que las mujeres de este estudio desconozcan a la pareja con la
que tienen relaciones sexuales, puede llevarlas a tener sexo anal para
evitar un embarazo y no sea importante usar protección, es decir, el
preservativo se usa más como un método anticonceptivo que como una
forma efectiva de prevención de posibles ITS.

Lo expuesto anteriormente permite orientar la mirada hacia aquellos


elementos de carácter contextual o situacional que de alguna manera,
facilitan o impiden que ocurra la conducta sexual protegida.

Factores asociados a la conducta sexual protegida 27


Factores socioculturales y de personalidad

Los elementos que Fishbein (2000) ha identificado como factores distales


también aportan información sobre el entendimiento de las conductas
sexuales de riesgo. Entre dichos factores distales se encuentran aspectos
socioculturales como la pobreza, el nivel socioeconómico y educativo
bajo, la exposición a medios, los estereotipos de género, y aspectos
vinculados con la personalidad. En el cuadro 1.4 se ilustran ejemplos de
investigaciones que han abordado estas variables.

Cuadro 1.4. Variables socioculturales y de personalidad vinculadas a


conductas sexuales de riesgo.
Variable Definición Resultado Referencia
Pobreza Condición en la que las Mayor pobreza incrementa Broche,
personas tienen escasos la incidencia de ITS; el bajo Martín, Soler y
ingresos económicos y nivel socioeconómico está Alonso, (2009);
acceso insuficiente a relacionado con menor Caballero y
servicios básicos (López, frecuencia de uso del Villaseñor,
2007). condón, tener muchas (2001);
parejas sexuales, inicio Hallman,
temprano de la vida sexual y (2005); Risbud
pocas oportunidades de (2005).
negociar el condón con la
pareja sexual actual.

Nivel Cada una de las etapas Cuando hay bajo nivel Menkes y
educativo que forman la educación educativo, los jóvenes Suárez (2003);
de un individuo tomando muestran pocos Snelling et al.
como base un promedio conocimientos sobre (2007).
de edad determinada. El VIH/SIDA y uso del condón;
cual al finalizar se le en las mujeres hay una
otorga un certificado de menor planeación de la
acreditación del nivel en relación sexual y una edad
cuestión (Secretaría de más temprana en la
Educación Jalisco, 2009). iniciación sexual.

Exposición a Frecuencia en la que los Exposición a contenido Brown et al.


medios adolescentes ven sexual, alto riesgo de inicio (2006);
programas con contenido sexual a edades tempranas, Bleakley,
sexual (Vargas, Barrera, progreso en la actividad Hennessy,
Burgos & Daza; 2006). sexual, mayor riesgo de un Fishbein y
embarazo, mayor número Jordan (2008);
de parejas sexuales y mayor Chandra et al.
frecuencia de encuentros (2008);
sexuales. Wingood et al.
(2001).

28 Salud y Sexualidad
Continuación…
Variable Definición Resultado Referencia
Estereotipos Generación de Promueven González y
de género expectativas o comportamientos de riesgo Sánchez
suposiciones sobre un en hombres y mujeres. (2002).
individuo basadas en su
pertenencia a un grupo o
una categoría (Zarate &
Smith, 1990).
Personalidad Características de una Perfiles de personalidad Atkins (2008).
persona que son estables orientados al bajo control se
a través del tiempo asocian con mayor número
(Noar, 2007). de encuentros sexuales sin
protección.

Por ejemplo, se ha visto que la pobreza se ha vinculado de diversas


formas con incidencia del VIH/SIDA. Por una parte, impacta de manera
negativa en la disposición de recursos financieros que resultan cruciales
para la implementación de programas de salud (Merson et al., 2001), y
limita el acceso al sistema educativo, lo cual también impacta en la
escasa información que posen las personas sobre el cuidado de su salud
sexual (Barros et al., 2001).

Otra forma de referirse a la pobreza es como nivel socioeconómico


bajo, el cual ha sido estudiado en relación con el uso del condón. Para
ello, Caballero y Villaseñor (2001) realizaron una investigación con
adolescentes mexicanos de 15 a 19 años, donde encontraron que
aquellos que pertenecen a un estrato socioeconómico bajo reportaron
menor uso del condón en sus relaciones sexuales, en contraste con los
adolescentes de estratos socioeconómicos alto y medio, por lo que el
estrato socioeconómico fue el predictor más importante de la conducta
sexual protegida. Este hallazgo coincide con el de Broche, Martín, Soler y
Alonso (2009), con adolescentes de un sector popular en Venezuela.

Aunado a lo anterior, el nivel socioeconómico bajo ha sido asociado


con otras conductas sexuales de riesgo como el inicio temprano de
la vida sexual, tener muchas parejas sexuales, bajo uso del condón
en la última relación sexual, así como con altas posibilidades de que la
primera experiencia sexual sea forzada físicamente y no planeada, así
como pocas oportunidades de negociar el uso del condón con la pareja
sexual actual (Hallman, 2005).

Factores asociados a la conducta sexual protegida 29


Asociada a la condición de pobreza, se encuentra el nivel educativo
que tienen las personas, y que también está asociado con prácticas
sexuales no protegidas. En este sentido, Snelling et al. (2007) evaluaron la
relación entre información sobre VIH/SIDA, uso del condón y nivel
educativo en mujeres de países con nivel socioeconómico bajo y medio,
encontrando que a menor nivel educativo, las mujeres reportan bajos
índices de conocimientos sobre VIH-SIDA y uso del condón. Mientras que
en México, Menkes y Suárez (2003) reportaron que en las mujeres, un
nivel bajo de escolaridad se asocia con un menor conocimiento y uso de
métodos anticonceptivos, una menor planeación de la relación sexual y
una edad más temprana en la iniciación sexual (15 años de edad, en
promedio), lo que hace que las adolescentes de estos grupos sociales sean
más vulnerables al embarazo y a las infecciones de transmisión sexual.

Por otro lado, se encuentra la influencia de los medios de


comunicación, ya que los programas con contenido sexual que muestran,
logran impactar en la conducta sexual de los espectadores. Los patrones
de conducta que dictan los modelos sociales a través de los medios de
comunicación son indudablemente una gran fuente que nutre la forma en
la que las personas se comportan. Desde hace más de cuatro décadas,
Bandura, Ross, D. y Ross, S. (1963) señalaban que los medios masivos
de comunicación, particularmente la televisión, puede servir como un
importante recurso para el comportamiento social.

Actualmente, los medios de comunicación han tenido un gran


desarrollo tecnológico y son amplias y diversas las maneras de transmitir
mensajes de comunicación sobre la forma en que se espera que la gente
se comporte con respecto a su género, el tipo de creencias que son
apropiadas en un contexto cultural y las actividades que son adecuadas
en función de la edad de las personas (Valls-Fernández & Martínez-
Vicente, 2007) e incluso se ha encontrado que a través de la televisión se
pueden enseñar diferentes técnicas amorosas, alterar las reglas sexuales
y fomentar las prácticas sexuales de una sociedad (Bandura, 1986).

En cuanto al contenido de la televisión que aborda el


comportamiento sexual y romántico de los adolescentes, se han llevado a
cabo distintas investigaciones con el propósito de analizar dicho
contenido, los resultados revelan que el contenido sexual de los
programas de televisión es pocas veces visualmente explícito (Fox,
Santos & Vargas-Trujillo, 2004), y emite mensajes que exageran la
importancia de la actividad sexual en las relaciones de pareja, sugiere

30 Salud y Sexualidad
que las relaciones sexuales ocurren de forma espontánea y romántica y
están exentos de cualquier riesgo y responsabilidad (Ward, 2002).

De acuerdo con Gruber y Grube (2000), los mensajes que se emiten


en la televisión pueden afectar a cualquier grupo de edad. Sin embargo,
los adolescentes son especialmente vulnerables debido a que se
encuentran en un periodo de desarrollo en el que los roles de género, las
actitudes y los comportamientos sexuales se están modelando. En este
sentido, se ha encontrado que los adolescentes obtienen de la televisión
modelos sobre las relaciones románticas y tienden a usar dicha
información para comportarse en sus primeras experiencias de noviazgo
(Fox et al., 2004).

La exposición a medios con contenido sexual ha estado asociada con


conductas sexuales de riesgo, como lo es el debut sexual a temprana
edad. Brown et al. (2006) encontraron que la exposición a contenido sexual
en la música, películas, televisión y revistas acelera la actividad sexual de
los adolescentes e incrementa el riesgo de iniciar a edades tempranas su
actividad sexual.

En la misma línea, Bleakley, Hennessy, Fishbein y Jordan (2008)


encontraron que los adolescentes de entre 14 y 16 años sexualmente
activos, están expuestos, con mayor frecuencia, a contenido sexual y
dicha exposición hace más probable el progreso en su actividad sexual.
También los jóvenes con altos niveles de exposición a programas de
televisión con contenido sexual, tienen mayores probabilidades de tener
un embarazo antes de los veinte años, en comparación con los jóvenes
que tienen niveles bajos de exposición (Chandra et al., 2008). De igual
forma, gran exposición a videos de música rap y películas clasificación
“C” están asociadas con el hecho de tener múltiples parejas sexuales,
mayor frecuencia de encuentros sexuales y obtener resultados positivos
en las pruebas de detección de ITS (Wingood et al., 2001).

Es posible entender la relación entre exposición a medios con


contenido sexual y el comportamiento sexual de los jóvenes a partir de
los estereotipos que son promovidos en los medios, en donde se
proporciona una guía de comportamiento para cada género y se exhiben
personajes idealizados a quienes los adolescentes pueden imitar y con
quienes se pueden identificar. De tal forma que los comportamientos
sexuales adecuados para los hombres implican que tengan múltiples
parejas, mientras que para las mujeres, tienen que ser atractivas,

Factores asociados a la conducta sexual protegida 31


pero conservar su virginidad. Estas expectativas de género pueden
derivar en comportamientos que atentan contra la salud. En el caso de
los hombres, es probable que se resistan a pedir información sobre salud
sexual por temor a la crítica social, ya que a menudo los adultos esperan
que tengan mayor información que la en realidad poseen (Lamas, 1996).
En el caso de las mujeres, es probable que se abstengan de pedir
información sobre uso de anticonceptivos y negociar el uso del condón
por temor a que la gente sospeche que tienen vida sexual activa
(Sanders et al., 2006).

Con el objetivo de cumplir con la expectativa de conservar la


virginidad, hay mujeres jóvenes que creen que pueden mantenerla si
tienen relaciones sexuales anales (Caricote, 2006), sin embargo, estas
prácticas pueden hacerlas más vulnerables a la infección por virus de
inmunodeficiencia adquirida (Camacho, 2002). De tal manera que los
estereotipos de hombres y mujeres pueden restringir el acceso a
la información, entorpeciendo la comunicación y promoviendo
comportamientos sexuales de riesgo en formas diferentes, pero igualmente
peligrosas (González & Sánchez, 2002).

La personalidad, a diferencia de los estereotipos, se refiere a las


características distintivas que posee cada individuo e implica además, la
presencia de un modo habitual de comportamiento (Furr, 2009). En un
estudio que tuvo como objetivo conocer la relación entre el tipo de
personalidad durante la infancia con el comportamiento sexual en la
adolescencia, participaron 1219 adolescentes, quienes fueron evaluados,
en un primer momento, a la edad de cinco y seis años con una prueba
que permitía identificar tres perfiles distintos de personalidad: a) Flexibles:
eran aquellos niños con habilidades para regular sus emociones, que a
menudo estaban de buen humor y que se involucraban con otras
personas con facilidad; b) Rígidos: eran los niños más tímidos, poco
tolerantes a situaciones estresantes y además, eran más propensos a la
ansiedad; c) Bajo control: eran los niños que tendían a presentar
hiperactividad, impulsividad y agresión. En un segundo momento, los
mismos participantes fueron evaluados a la edad de 17 o 18 años, en
esta ocasión se les entregó un instrumento de auto informe que permitía
conocer aspectos relacionados con su comportamiento sexual. Los
resultados indicaron que los sujetos que en la infancia tuvieron perfiles de
personalidad orientados al bajo control, durante la adolescencia
reportaron mayor número de encuentros sexuales sin protección (Atkins,

32 Salud y Sexualidad
2008). Un interesante análisis sobre la relación entre personalidad y
conducta sexual de riesgo se presenta en el capítulo 13 de esta obra.

Es claro, entonces, que si se desea conocer aquello que hace más


probable que los adolescentes y adultos jóvenes se protejan al tener
relaciones sexuales, debe tomarse en consideración el papel que
juegan la cultura, los estereotipos que de ella emanan, el nivel educativo
y socioeconómico de la población bajo estudio, la influencia de
los medios de comunicación y, por supuesto, la propia personalidad
de los individuos.

Conclusiones

El embarazo no deseado, y como consecuencia de ello el aborto, así


como las infecciones de transmisión sexual, constituyen problemas de
salud pública que afectan de manera importante a adolescentes y adultos
jóvenes mexicanos. Estos problemas pueden prevenirse evitando tener
relaciones sexuales no protegidas. El uso correcto y consistente del
condón ha mostrado ser la conducta sexual más efectiva para prevenir
estos problemas de salud sexual en personas que tienen una vida sexual
activa. Sin embargo, se ha visto que a pesar de las fuertes campañas
para promover el uso del condón, emprendidas en México por el Centro
Nacional para la Prevención y el Control del VIH/SIDA, una proporción
importante de jóvenes mexicanos no lo usan. Por ello, resulta importante
conocer la investigación psicologica que ha dirigido sus esfuerzos hacia
la comprensión de los factores que hacen más probable que los jóvenes
se protejan al tener relaciones sexuales.

Los estudios revisados en este capítulo aportan información


relevante sobre diferentes elementos que deben tomarse en
consideración para comprender por qué los jóvenes presentan
conductas sexuales que ponen en riesgo su salud. La diversidad de
factores que se entremezclan ponen de manifiesto la complejidad de las
relaciones interpersonales en general, y de las relaciones de pareja, en
particular, y sugieren ir más allá de la mera promoción del uso del
condón. Es indispensable poner atención en lo que la gente piensa y
conoce sobre los problemas que pueden afectar su salud sexual, pero
también es necesario orientar los esfuerzos hacia el aprendizaje de
habilidades específicas que, de acuerdo con los estudios aquí
analizados, hará más probable que los jóvenes actúen preventivamente.

Factores asociados a la conducta sexual protegida 33


Si todo ello se analiza considerando las circunstancias específicas que
viven los jóvenes y su contexto educativo y sociocultural, se podrá tener
una mejor comprensión de este fenómeno.

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Factores asociados a la conducta sexual protegida 47


Capítulo 2
TEORÍAS Y MODELOS PSICOLÓGICOS SOBRE EL
ESTUDIO DE LA SALUD SEXUAL

David Javier Enríquez Negrete


Ricardo Sánchez Medina
Silvia Susana Robles Montijo
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Universidad Nacional Autónoma de México

D
e acuerdo con el Centro Nacional para la Prevención y Control del
VIH/SIDA (CENSIDA, 2005), el uso del condón es una de las
formas más efectivas para prevenir la infección por el Virus de
Inmunodeficiencia Humana (VIH) y otras Infecciones de Transmisión
Sexual (ITS), siempre y cuando no se comentan errores en el momento
de emplearlo y se utilice en todas y cada una de las relaciones sexuales,
es decir, se use de manera consistente. Las estadísticas reportadas por
CENSIDA (2010) ponen de relieve que en México más del 90% de los
casos acumulados de SIDA han sido por vía sexual, lo que lleva a
pensar que gran parte de la población mexicana: 1) no está utilizando el
condón como un método de barrera/protección contra el VIH/SIDA; 2) lo
están usando inconsistentemente; y/o, 3) está siendo erróneamente
utilizado, lo que favorece que el condón se rompa y sea más probable la
transmisión de este virus o de alguna otra ITS.

En este contexto, la investigación psicológica desarrollada en el


campo de la prevención del VIH/SIDA y otras ITS, ha dirigido su
atención hacia el uso del condón como la conducta clave que debe
estudiarse, buscando determinar, bajo la lógica de ciertos modelos
conceptuales, las variables que están asociadas con este
comportamiento preventivo (Robles, 2005). En la literatura
especializada sobre el tema se pueden ubicar diversas teorías y
modelos que buscan explicar o predecir la conducta del uso del condón,
y también se pueden encontrar algunas dirigidas al cambio conductual,
es decir, a cambiar conductas de riesgo a preventivas. De acuerdo con
Noar (2005), entre las teorías y modelos que han generado mayor
investigación empírica respecto a la conducta sexual de
riesgo/preventiva se encuentran el Modelo de Creencias de Salud
(Rosenstock, 1974), el Modelo de Autoeficacia basado en la Teoría
Cognitiva del Aprendizaje Social (Bandura, 1977, 1986, 1994),
la Teoría de la Acción Razonada (Ajzen & Fishbein, 1980), la Teoría de
la Conducta Planeada (Ajzen, 1985), el Modelo de Información,
Motivación y Habilidades Conductuales (Fisher & Fisher, 1992) y
el Modelo Integral (Fishbein, 2000).

En este capítulo se describen las características generales de los


modelos antes referidos, presentando ejemplos de investigaciones
empíricas que ilustran en qué medida los constructos que se definen en
cada modelo predicen la conducta sexual protegida.

Modelo de Creencias de Salud (MCS)

En los años cincuenta, la teoría y desarrollo del Modelo de Creencias de


Salud creció simultáneamente con la necesidad de solucionar los
problemas prácticos que eran el principal motivo de preocupación de
los servicios de Salud Pública de los Estados Unidos (Rosenstock,
1974), y surgió como una propuesta para explicar la escasa
participación de los ciudadanos en los programas de prevención de
diversas enfermedades (Rosenstock, Strecher & Becker, 1994), por
ejemplo, lograr que la gente aceptara someterse a pruebas para
detección de cáncer cérvicouterino, prevenir enfermedades dentales,
fiebre reumática, polio e influenza, entre otras (Rosenstock, 1974).
Posteriormente, en los años sesenta, Irwin Rosenstock continuó con el
trabajo para desarrollar el modelo y ampliarlo (Latorre & Beneit, 1992).

Desde este modelo, la conducta sexual preventiva depende, en un


primer momento, de qué tanto una persona valora una meta específica
(por ejemplo, evitar la infección por el VIH/SIDA) y del juicio que haga
sobre una conducta particular que le permitirá alcanzar dicha meta (por
ejemplo, valorar la utilización del condón como la mejor opción para
protegerse del VH/SIDA) (Robles, 2005). En un segundo momento, se
tiene que considerar que para llevar a cabo la conducta de usar el
preservativo en las relaciones sexuales, la persona tiene que percibirse
en riesgo de infectarse del VIH/SIDA (susceptibilidad percibida) y valorar
la gravedad que implica estar enfermo de SIDA (severidad percibida).

50 Salud y Sexualidad
Si el individuo se percibe como vulnerable ante el VIH/SIDA y valora la
enfermedad como grave (susceptibilidad percibida + severidad percibida
= percepción de amenaza), entonces la persona considerará llevar a
cabo un comportamiento específico para reducir el riesgo de infección por
este virus, por ejemplo, usar condón (percepción de los beneficios de la
acción); y al mismo tiempo, valorará los obstáculos (costos de la
conducta) relacionados con el uso del preservativo (percepción de las
barreras para la acción), por ejemplo, sentir pena al solicitarlo a la pareja,
tener que interrumpir las caricias para colocarlo, buscar una farmacia
para comprar el preservativo, etcétera. Sin embargo, cuando los
beneficios percibidos por usar preservativo son mayores que los costos o
las barreras, entonces el comportamiento sexual preventivo estará en
condiciones de presentarse. Finalmente, se considera la autoeficacia
percibida, es decir, qué tan capaz se siente la persona para llevar a cabo
con éxito el comportamiento requerido (usar el condón)
para producir los resultados esperados, en este caso, prevenir la
infección por el VIH/SIDA (percepción de los beneficios de la acción +
percepción de las barreras para la acción + autoeficacia percibida =
expectativas sobre la reducción de la amenaza) (Rosenstock et al., 1994).
En resumen, para que ocurra un cambio en la conducta de riesgo de una
persona, debe sentirse amenazada por sus patrones de comportamiento
actuales y creer que un cambio de cierta clase será beneficioso llevando
a un resultado positivo y a un costo aceptable, pero también debe
sentirse competente para llevar a cabo el cambio, es decir creer que usar
condón lo previene del VIH y sentirse capaz de usarlo en sus relaciones
sexuales. Cabe señalar que tanto la percepción de amenaza como las
expectativas sobre la reducción de la amenaza van a depender de
las características sociodemográficas de la persona en cuestión, tales
como su nivel de estudios, edad, sexo, raza, entre otras (Rosenstock et al.,
1994). En la figura 2.1 se ilustra este modelo.

La evidencia empírica muestra que la susceptibilidad percibida, la


percepción de las barreras para la acción y la autoeficacia, están
estrechamente relacionadas con el comportamiento sexual preventivo.
Por ejemplo, DiClemente, Salazar y Crosby (2007), después de hacer
una amplia revisión de estudios sobre el tema, concluyeron que a mayor
percepción de riesgo, menor frecuencia de conductas sexuales de riesgo.
Sohn y Chun (2007) reportaron que la percepción de las barreras para la
acción es diferente para hombres y mujeres, los varones consideran que
usar condón en las relaciones sexuales es molesto, y ambos sexos
valoraron que el uso del preservativo requiere de apoyo por parte de la

Teorías y modelos psicológicos 51


pareja, disminuye el placer sexual, es menos emocionante y romántico,
aparte de que es vergonzoso comprarlos en la farmacia. Otras barreras
que impiden el uso del condón hacen referencia a factores culturales
como roles de género (Bauman, Karasz & Hamilton, 2007), a la confianza
que se tiene con el compañero sexual (si me tienes confianza como
pareja entonces para qué usamos el condón si te soy fiel) y a la presión
que ejerce la pareja para no usarlo. Estas barreras que impiden el uso del
condón también han sido estudiadas bajo las categorías de razones o
motivos para usar o no usar el preservativo (Amado, Vega, Jiménez &
Piña, 2007; Moreno, Robles, Frías & Rodríguez, 2003; Piña, Lozano,
Vázquez & Carrillo, 2010; Urquidi & Piña, 2005).

Figura 2.1. Modelo de Creencias de Salud (Rosentock, Strecher


& Becker, 1994).

De acuerdo con Moreno y Roales-Nieto (2003), el MCS presenta


ciertas incongruencias entre sus variables; por ejemplo, a pesar de que
las personas consideren al VIH/SIDA como una enfermedad grave, esto
no quiere decir que se sientan vulnerables de contraer el virus y, por

52 Salud y Sexualidad
lo tanto, la percepción de vulnerabilidad es muy baja, de tal forma que no
hay acciones para reducir la amenaza (Moreno & Roales-Nieto, 2003).
Sin embargo, a pesar de ello, el modelo ha aportado los cimientos de
cómo las creencias juegan un papel importante para que se dé un
determinado comportamiento, aunque es necesario ubicarlas dentro de
un contexto más amplio y probablemente así se logre comprender cómo
y qué creencias se relacionan con el comportamiento sexual.

Modelo de Autoeficacia (MA)

La Teoría Cognitiva del Aprendizaje Social fue propuesta por Albert


Bandura en la década de los años setenta y explica el funcionamiento
humano en términos de una triada de causación recíproca que contiene
los siguientes elementos: 1) determinantes personales (factores
cognitivos, afectivos y biológicos); 2) conducta; y, 3) influencias
ambientales; estos elementos operan como determinantes que
interactúan entre sí (Badura, 1994). De esta teoría se derivó el Modelo
de Autoeficacia para explicar el comportamiento sexual preventivo
(Bandura, 1994, 1999).

En términos generales, lo que propone el MA es que la conducta


sexual preventiva depende de las creencias que tiene un persona acerca
de sus capacidades para ejecutar una conducta específica y lograr con
éxito un resultado deseado (autoeficacia percibida), en otras palabras,
qué tan capaz se percibe la persona para poder utilizar un condón en sus
relaciones sexuales para prevenir el VIH/SIDA (Bandura, 1994).

Esta percepción de eficacia, a su vez, va a depender de: 1) el nivel


de información que tiene la persona: permite hacer conscientes los
riesgos que implican tener una relación sexual sin preservativo, ya que la
información favorece la percepción de riesgo y vulnerabilidad ante una
infección por el VIH/SIDA (Bandura, 1994); 2) expectativas de resultados:
la persona valora las consecuencias del comportamiento a realizar, por
ejemplo, la persona puede considerar que usar el preservativo lo protege
del VIH/SIDA, y también protege a su pareja; y, 3) las intenciones meta:
son las metas que se propone alcanzar un individuo (prevenir el contagio
por el VIH/SIDA) y hace referencia a la valoración de los medios para
llegar a la meta; por ejemplo, el individuo puede valorar que tiene una
buena comunicación con su pareja y que puede hablar abiertamente
sobre la posibilidad de usar condón, además de considerar que

Teorías y modelos psicológicos 53


tiene confianza con su compañero sexual para solicitar el preservativo y
evitar el VIH/SIDA (Bandura, 1999).

Los estados emocionales también afectan la autoeficacia percibida,


es decir, el estado de ánimo afecta la forma en la cual una persona
juzga sus capacidades e interpreta sus reacciones en el momento de la
ejecución. El estado de ánimo positivo fomenta la autoeficacia y el
estado de ánimo negativo la reduce; por ejemplo, una persona que
se siente ansiosa y estresada por ser la primera vez que usa un condón,
es posible que interfiera esta reacción emocional y fisiológica para que
no lo use de manera correcta (Bandura, 1999). Todas estas variables
se engloban en los determinantes personales cognitivos, afectivos
y biológicos.

En los determinantes conductuales se pueden ubicar los planes para


la acción, que hacen referencia a la planeación que lleva a cabo una
persona para ejecutar la conducta sexual preventiva; ejemplo de ello
puede ser planear el siguiente encuentro sexual en un lugar privado, con
la idea de contar con el tiempo y la intimidad suficiente para usar el
condón de forma correcta y sin presiones de que alguien llegue a
interrumpir o a molestar a la pareja. Una vez planeada la acción, la
persona estará en condiciones de autoregular su conducta (control de
la acción) para dirigir su comportamiento a la prevención del VIH/SIDA,
que es la conducta de interés (acción a favor de la salud). Respecto a las
influencias ambientales, se encuentran las barreras y recursos externos,
que hacen referencia a los elementos implicados en las situaciones y que
influyen en el comportamiento de la persona, por ejemplo, estar bajo los
efectos de drogas o alcohol que interfieran con el uso correcto del
preservativo, que la pareja se niegue a usar condón y presione para no
utilizarlo, tener un encuentro sexual espontáneamente con un
desconocido y no se cuente con el lugar adecuado para llevar a cabo la
relación sexual y no tengan condones, etcétera (Bandura, 1994, 1999;
Robles, 2005). En la figura 2.2 se ilustra este modelo.

Los hallazgos de diversos estudios muestran que la autoeficacia


percibida para utilizar el preservativo ha resultado ser un buen predictor
de la conducta sexual preventiva (DiClemente, Salazar & Crosby; 2007;
Elifson, Klein & Sterk, 2008; Robles, 2005; Robles et al., 2006), por este
motivo Fisher y Fisher (2000) afirman que las creencias de autoeficacia
determinan como la gente siente, piensa, se motiva y se comporta.

54 Salud y Sexualidad
Figura 2.2. Modelo de Autoeficacia (Bandura, 1999).

Por otro lado, también se ha documentado que la autoeficacia puede


tener un efecto diferencial por sexo, por ejemplo se ha encontrado que
los hombres, comparados con las mujeres, tienen mayor nivel
de autoeficacia percibida para usar el preservativo en sus relaciones
sexuales (Farmer & Meston, 2006; Fernández-Esquer, Atkinson,
Diamond, Useche & Mendiola, 2004; Meekers & Klein, 2002).Otros
estudios se han centrando en determinar las variables que predicen la
autoeficacia percibida para usar el preservativo, y los resultados
muestran que el sexo (Fernández-Esquer et al., 2004), el nivel educativo
(Elifson, Klein & Sterk, 2008; Fernández-Esquer et al., 2004; Meekers &
Klein, 2002), tener una actitud favorable hacia el uso del condón (Farmer
& Meston, 2006; Robles, 2005), las barreras percibidas para el uso del
preservativo (Farmer & Meston, 2006), la comunicación sexual con la
familia (Elifson, Klein & Sterk, 2008) y con la pareja (Claire, Hugh & Kirk,
2003; Farmer & Meston, 2006) y la experiencia sexual (Farmer & Meston,
2006; Robles, 2005) son buenos predictores de la autoeficacia percibida
para usar el preservativo.

Teorías y modelos psicológicos 55


El MA aporta al campo de la prevención del VIH cómo el percibirse
como capaz de realizar una conducta preventiva (uso del condón) se
asocia con actitudes positivas e intenciones de querer usarlo en su
próxima relación sexual; sin embargo, el creer que uno es capaz de usar
el condón en las relaciones sexuales, no necesariamente es un indicador
de que las personas lo usen; por lo tanto se considera importante que las
personas se sientan capaces de poder realizar una conducta, pero es
necesario entrenar habilidades para que realmente lo lleven a cabo
(Farmer & Meston, 2006).

Teoría de la Acción Razonada (TAR)

Esta teoría propuesta por Fishbein y Ajzen (1975) es una teoría general
del comportamiento humano que establece la forma en la que se
relacionan las creencias, actitudes e intenciones de una persona con su
conducta. El modelo propuesto a partir de esta teoría indica una relación
causal entre las creencias y la conducta del individuo. De modo que la
conducta de usar el condón en una relación sexual está en función de
tener la intención de usar el preservativo, es decir, de percibir
la posibilidad de usarlo en el futuro, por ejemplo, usarlo en la próxima
relación sexual (Ajzen & Fishbein, 1980).

La intención está articulada con dos elementos, la actitud hacia la


conducta y la norma subjetiva, es decir; a) los sentimientos que permiten
generar valoraciones como favorable-desfavorable, positivo-negativo
hacia la conducta de usar condón (actitud hacia la conducta); y, b) la
percepción de la persona respecto a la presión social para llevar a cabo o
no la conducta de usar el preservativo (norma subjetiva). Tanto la actitud
como la norma subjetiva dependen de dos elementos adicionales. La
actitud depende de las creencias que un individuo tiene respecto de las
consecuencias de su comportamiento (por ejemplo, yo creo que si uso
condón prevengo un embarazo no deseado pero también evito
contagiarme del VIH) y las evaluaciones de esos resultados (por ejemplo,
esto es positivo porque aun soy muy joven para tener un hijo y porque no
conozco la historia sexual de mi pareja). Por otro lado, la norma subjetiva
depende de las creencias normativas de ciertos individuos o grupos y
la motivación para llevar a cabo la conducta y ajustarse a dicha
normatividad (por ejemplo, si los amigos cercanos a una persona
consideran que usar condón es un acto de responsabilidad y hablan bien
de quienes se protegen utilizando el preservativo, entonces es probable
que dicha persona se sienta motivada a realizar la conducta de usar

56 Salud y Sexualidad
condón en sus relaciones sexuales) (Fishbein, Middlestadt & Hitchcock,
1994). En resumen, desde esta teoría se plantea que el comportamiento
de una persona está en función de las intenciones que tenga de realizar
dicho comportamiento; las intenciones, a su vez, están en función de la
actitud que tiene la persona para realizar el acto en cuestión y de
la norma subjetiva. En la figura 2.3 se ilustra este modelo.

Figura 2.3. Modelo basado en la Teoría de Acción Razonada


(Ajzen & Fishbein, 1980).

El estudio de White, Terry y Hogg (1994) muestra la relación entre


las actitudes y la norma subjetiva con la intención de usar condón con
una pareja sexual nueva en estudiantes universitarios con experiencia
sexual. Estos autores describieron cómo la norma subjetiva y las
actitudes son predictores de la intención de usar el condón en
las relaciones sexuales con parejas sexuales recientes. De acuerdo con
los hallazgos reportados por Bryan, Schindeldecker y Aiken (2001) y
Schaalma et al. (2009), la intención para usar el preservativo ha
resultado ser el mejor predictor del comportamiento sexual preventivo y
dicho hallazgo se confirma con los meta análisis realizados por
Albarracín, Johnson, Fishbein y Muellerleile (2001) y Sheppard,
Hartwick y Warshaw (1988).

Teorías y modelos psicológicos 57


Por otra parte, cuando en el análisis de predicción no se incluyen las
intenciones de usar el condón, las actitudes favorables o positivas hacia
el condón resultan ser el mejor predictor del comportamiento sexual
preventivo (Farmer & Meston, 2006; Gómez & Marín, 1996; Robles, 2005;
Robles, Piña & Moreno, 2006). También se ha demostrado que las
actitudes positivas de los padres y los amigos hacia al uso del condón
influyen en los adolescentes para que éstos tengan una actitud favorable
hacia el uso del condón, haciendo más probable su uso en encuentros
sexuales futuros (Sánchez & Muñoz, 2005). Finalmente, se pueden ubicar
estudios respecto a la norma subjetiva, como el realizado por Bosompra
(2001), quién describió cómo la intención de usar preservativo está
relacionada con lo que la pareja, los amigos y los padres consideran
adecuado (usar condón en las relaciones sexuales es lo que esperan
estas personas del individuo); este resultado coincide con lo reportado
por Kaplan, Sallis y Paterson (1993).

La TAR representa una de las teorías que se ha utilizado para


explicar el comportamiento sexual de riesgo, ofrece un modelo en el que
no sólo se considera lo que la persona percibe de la enfermedad o de su
comportamiento, asimismo desde esta teoría se ha generado
investigación que trata de predecir que variables se asocian con el
comportamiento preventivo, e inclusive existe gran evidencia empírica
que demuestra cómo las intenciones han resultado ser el mejor predictor
del uso del condón; aunque autores como Ajzen (1985) menciona que
existe un elemento importante a considerar entre las intenciones y la
conducta, surgiendo así la Teoría de la Conducta Planeada (TCP).

La Teoría de la Conducta Planeada (TCP)

Esta teoría fue propuesta por Ajzen en la década de los ochentas y


considera que la conducta puede ser explicada con los mismos
elementos de la TAR, siempre y cuando se incluya el constructo
denominado control conductual percibido, el cual afecta directamente a la
intención e indirectamente a la conducta (Ajzen, 1985).

El control conductual percibido hace referencia a las valoraciones


individuales sobre la facilidad-dificultad de llevar a cabo la conducta
preventiva. Esta valoración está relacionada con los recursos de
la persona (por ejemplo, si la persona cuenta con el dinero suficiente para
comprar un condón, si hay una farmacia cerca y si es capaz de solicitarlo
para su compra) y/o oportunidades que el individuo posee para realizar el

58 Salud y Sexualidad
comportamiento sexual preventivo (por ejemplo, si se presentó la
posibilidad de tener relaciones sexuales con un desconocido, o si existe
la posibilidad de negociar el condón antes del encuentro sexual); así, el
control conductual percibido, junto con la evaluación de los recursos
personales y las oportunidades de llevar a cabo la conducta, afectarán
directamente la intención de usar el preservativo, y la intención, a su vez,
se relacionará con el comportamiento sexual preventivo o de riesgo
(Fisher & Fisher, 2000).

Este constructo agregado a la TAR es clave, ya que de éste depende


la intención para llevar a cabo o no la conducta sexual preventiva; la
intención de usar el preservativo tiene mayores probabilidades de ocurrir
cuando una conducta o situación está bajo el control del individuo.
En consecuencia, el modelo derivado de esta teoría, incluye el constructo
denominado control conductual percibido como un predictor de la
formación de la intención y de la acción (Adams & Bromley, 1998; Fisher
& Fisher, 2000; Glanz, Rimer & Lewis, 2002). En la figura 2.4 se ilustra
este modelo.

Figura 2.4. Modelo basado en la Teoría de la Conducta Planeada


(Ajzen, 1985).

Al comparar los modelos derivado de la TAR y de la TCP para


determinar los mejores predictores de la intención de usar el condón,
Lugoe y Rise (1999) reportaron que en el caso de la TAR los mejores

Teorías y modelos psicológicos 59


predictores fueron la actitud, seguida de la norma subjetiva;
posteriormente se incluyó en el análisis de predicción el control
conductual percibido, ubicándose como el mejor predictor de la intención,
seguida de la norma subjetiva y posteriormente las actitudes. Este
resultado es apoyado por Adams y Bromley (1998); Ben Natan, Danilov y
Evdokimovitz (2010); Fishser y Fisher (2000); Glanz, Rimer y Lewis
(2002) y por el meta análisis realizado por Albarracin et al. (2001).

Como ya se mencionó, la TCP, a diferencia de la TAR, incluye el


control conductual percibido entre las intenciones y la conducta
preventiva; esto sugiere que una persona atribuye su comportamiento
a la valoración que hace sobre sus acciones, es decir, puede tener la
intención de usar condón, pero para que logre usarlo, va a depender de
cómo perciba la situación, por ejemplo puede creer que para usar
el condón va a depender de la situación, es decir si hay disponibilidad de
condones o si lo sugiere la pareja, o depende de él mismo, es decir
independientemente de la situación que ocurra, la persona hará todo lo
posible por usar el condón; a esto se le conoce como locus de control (a qué
atribuye lo que hace, a algo externo o interno). Sin embargo, en el contexto
de los mexicanos se ha encontrado que las personas tienden a responder
en función de la situación, lo que hace difícil utilizar este modelo para
explicar el comportamiento sexual en nuestra población.

Modelo de Información, Motivación y Habilidades Conductuales

Hasta el momento, los modelos presentados muestran que las


variables cognitivas influyen en el comportamiento sexual; sin embargo,
existen otros modelos que, además de estas variables, incluyen
habilidades conductuales. El Modelo de Información, Motivación
y Habilidades Conductuales (IMB, por sus siglas en inglés) propuesto
por Fisher y Fisher (1992) considera que los cambios en la conducta
sexual están influidos por tres determinantes fundamentales: la
información, la motivación y las habilidades conductuales. El componente
de información hace referencia al conocimiento que se tiene sobre qué
tiene que hacer para estar saludable, por ejemplo qué sabe sobre
prevención, transmisión y sintomatología del VIH/SIDA; la motivación,
conformada por actitudes acerca de la prevención del VIH/SIDA, como
por ejemplo el uso del condón, influencia de las normas sociales (qué
percibe de las personas significativas), la vulnerabilidad percibida de
contraer VIH, la percepción de los costos-beneficios de prevenir del VIH;
todos estos elementos en su conjunto se relacionan con la motivación

60 Salud y Sexualidad
de las personas para realizar un determinado comportamiento, en este
caso, para que usen condón en sus relaciones sexuales.

El tercer componente tiene que ver con las habilidades conductuales


que cuando se poseen es más probable que la conducta se lleve a cabo,
en cambio cuando se carece de dichos repertorios es más probable que
la conducta no se realice. Algunos ejemplos, son la habilidad
de comunicarse asertivamente con la pareja, de negociar el uso del
condón con la pareja, comprar condones o realizarse pruebas de VIH; en
este componente la autoeficacia juega un papel importante puesto que
parten de la premisa de que es necesario creer que uno tiene la habilidad
conductual para establecer comportamientos preventivos.

Por lo tanto, desde este modelo se plantea que para que una
persona decida usar un condón en sus relaciones sexuales, debe tener
información sobre por qué debe usar condón; debe estar motivado para
usar condón (actitudes favorables hacia el uso del condón, considerarse
vulnerable para contraer la enfermedad, que los amigos consideren
adecuado el uso del condón), y, además, debe tener las habilidades
conductuales necesarias para lograr usar el preservativo (p.e. saber
negociar con la pareja el uso del condón, saber usarlo correctamente,
etcétera). En la figura 2.5 se ilustra este modelo.

Figura 2.5. Modelo de Información, Motivación y Habilidades


Conductuales (Fisher & Fisher, 1992).

Teorías y modelos psicológicos 61


Partiendo del modelo IMB, Jaworski y Carey (2001) evaluaron una
intervención para reducir el riesgo de las infecciones de transmisión
sexual en mujeres en edad escolar; encontraron que cuando se da
información acerca del VIH y se complementa con variables como
la motivación y el entrenamiento en habilidades conductuales, se hace
más probable un comportamiento sexual preventivo; resultados similares
fueron reportados por Tulloch, McCaul, Miltenberger y Smyth (2004).

Es importante resaltar que este modelo no sólo se utiliza para


describir cómo una persona llega a tener un comportamiento
determinado, sino que ha sido utilizado en la implementación y
desarrollo de programas de intervención demostrando que cuando
se combinan los tres elementos (información, motivación y habilidades
conductuales) se tienen resultados más favorables que cuando se
manejan sólo uno o dos componentes.

Modelo Integral (MI)

El Modelo Integral propuesto por Fishbein (2000) integra los modelos ya


antes mencionados en uno sólo; este modelo tiene la virtud de
incorporar dos nuevos elementos que pueden cambiar el valor
predictivo de las intenciones; habilidades conductuales (habilidades de
comunicación sexual con la pareja, de negociación del uso del condón o
para usarlo correctamente) y límites ambientales, los cuales hacen
referencia a: a) el tipo de persona bajo estudio, es decir, jóvenes
universitarios, hombres que tienen sexo con hombres, personas que
viven con VIH, sexoservidoras, entre otros; b) tipo de persona con la
cual se relacionan sexualmente (pareja regular, pareja ocasional,
etcétera); y, c) el tipo de práctica sexual que se realiza (sexo vaginal,
anal, oral o masturbación).

Además de estos elementos, Fishbein (2000) propone una serie de


variables distales, que de manera indirecta, afectarán el valor predictivo
de las intenciones, algunos ejemplos de estas variables son las
características demográficas, como edad, estatus socioeconómico;
aspectos culturales (raza, sexo), personalidad de la persona, emociones
y haber estado expuesto a situaciones de intervención (haber
participado en programas de prevención de VIH). En la figura 2.6 se
ilustra este modelo.

62 Salud y Sexualidad
Figura 2.6. Modelo Integral (Fishbein, 2000).

Rhodes, Stein, Fishbein, Goldstein y Rotheram-Borus (2007) llevaron


a cabo un estudio en el que encontraron que las variables antes
mencionadas se relacionan de acuerdo como se plantea en el Modelo
Integral; asimismo, también se ha encontrado que las intervenciones
diseñadas con base en dicho modelo son efectivas para reducir
comportamientos sexuales de riesgo (Gallegos, Villaruel, Loveland, Ronis
& Zhou, 2008).

El MI al incluir las variables más importantes que los otros modelos


consideran para explicar o predecir el comportamiento sexual, y sobre
todo al incluir las habilidades conductuales y los límites ambientales,
enriquece y complementa la forma de abordar la investigación sobre la
prevención del VIH/SIDA.

MODELOS ALTERNATIVOS

Los modelos descritos anteriormente comparten una serie de


características, por ejemplo, están centrados en un nivel individual, es
decir, toman en cuenta el nivel de conocimientos que se posee, las
percepciones, valoraciones, intenciones, actitudes, motivaciones y
creencias de un individuo respecto a una situación particular para llevar a

Teorías y modelos psicológicos 63


cabo una conducta específica (usar condón, negociar el condón, negarse
a tener relaciones sexuales, etcétera). Sin embargo, existen otras
propuestas de modelos que, además de considerar los aspectos
psicosociales del comportamiento, también incluyen variables
contextuales asociadas al comportamiento sexual.

Se sabe que cuando en el análisis de la conducta se considera al


contexto, se puede generar una interpretación diferente sobre la conducta
sexual preventiva (Mooney & Sarangi, 2005; Vélez-Pastrana et al., 2005;
Voisin, DiClemente, Salazar, Crosby & Yarber, 2006). Gonçalves
Câmara, Castellá Sarriera y Carlotto (2007) consideran que
es fundamental describir y conocer los factores relacionados con los
contextos en los cuales los adolescentes se desenvuelven y se
relacionan sexualmente, ya que ello permite entender las condiciones
bajo las cuales las variables psicosociales y conductuales surgen y
se mantienen. Uno de los contextos que resultan más importantes en la
vida de una persona son las relaciones familiares (Minuchin, 1974), y
desde el punto de vista de Davis (1974), el comportamiento sexual debe
de analizarse a partir de los aspectos normativos de la sexualidad y de
cómo los grupos de individuos (amigos, hermanos, familia, etcétera)
influyen en dicha normatividad para que el individuo se comporte, regule
y exprese su sexualidad en la sociedad.

En este sentido, la familia cumple un papel importante en el proceso


de socialización y de control en el individuo, o en palabras de Davis
(1974), en el proceso de “socialización sexual”, en el cual, el grupo intenta
inculcar aspectos normativos (sociales y culturales) sobre el
comportamiento sexual en la persona. Diversos estudios han destacado
el papel mediador que tienen la familia (Hovell et al., 1994; Sieverding,
Adler, Witt & Ellen, 2009; Stulhofer, Graham, Bozicevic, Kufrin
& Ajdukovic, 2009) y la cultura (Cianelli et al., 2008; Duffy, 2005; Ida &
Zena, 2000; White, 2008; Williams, Ramamurthi, Manago & Harawa,
2009) en el comportamiento sexual preventivo, por lo que su influencia no
puede ser ignorada. En este sentido, tanto las variables psicosociales y
conductuales, como el contexto familiar y el cultural, son elementos que
deben de tomarse en consideración en el estudio de los factores
que predicen y explican la conducta sexual protegida. En concordancia
con ello, se han desarrollado propuestas dentro del campo de estudio de
la salud sexual, que buscan involucrar estas variables en el análisis
e interpretación de la conducta sexual preventiva. En el siguiente

64 Salud y Sexualidad
apartado se describen brevemente dos modelos psicológicos que pueden
vincular, de manera congruente, el contexto cultural y el familiar con la
conducta sexual preventiva.

Modelo Ecológico (ME)

Urie Bronfenbrenner es el creador del Modelo Ecológico, y de manera


general, parte del supuesto de que los ambientes naturales (ambiente
ecológico) son la principal fuente de influencia sobre la conducta humana y
concibe al ambiente ecológico como un conjunto de estructuras que están
seriadas y estructuradas en cuatro niveles: 1) microsistema; 2) mesosistema;
3) exosistema; y, 4) macrosistema (Bronfenbrenner, 1987).

Es importante resaltar que Bronfenbrenner estuvo interesado en el


estudio del desarrollo del niño; sin embargo, su visión de cómo la
persona está en interacción en diferentes estructuras o niveles que
conforma el ambiente ecológico, ha sido retomado en diferentes
contextos y uno de ellos está relacionado con la conducta sexual. Cabe
destacar que el modelo no propone variables específicas a evaluar, sino
ambientes particulares donde se pueden ubicar diversas variables
asociadas al comportamiento sexual. Los niveles de análisis y las
estructuras que se propone en diferentes investigaciones considerando
el ME se describen a continuación.

El nivel micro (microsistema) se refiere al contexto más inmediato de


la persona y corresponde al patrón de actividades, roles, relaciones
interpersonales que la persona experimenta en un entorno determinado
en el que participa. Dadas las características de los elementos que
definen este nivel, algunos ejemplos, son: a) patrón de comportamiento
sexual, es decir lo que hacen en el terreno sexual, como la edad del
debut sexual, uso y consistencia del condón, número de parejas
sexuales, frecuencia de relaciones sexuales, tipo de práctica y pareja
sexual (Enríquez, Sánchez, & Robles, 2005); b) conocimientos que tiene
respecto a la prevención y transmisión del VIH/SIDA (Robles, 2005);
c) actitudes e intenciones para usar el condón (González, 2009);
d) autoeficacia para usar condón (Vargas & Barrera, 2002); e) creencias
sobre el uso del condón (Enríquez & Sánchez, 2004); f) autoestima, se ha
encontrado que una autoestima alta se asocia con el uso del condón en
relaciones sexuales (Van Horne, Wiemann, & Berenson, 2009); y

Teorías y modelos psicológicos 65


g) comunicación que establece la pareja sobre temas sexuales y sobre la
negociación de comportamientos preventivos (Auerbach & Coates, 2000).

El nivel meso (mesosistema) comprende las interrelaciones de dos


o más entornos en los que la persona participa activamente, por ejemplo,
la familia, el grupo de pares y la comunidad en donde vive. Respecto a la
familia se considera que cuando ésta se involucra en las actividades que
realizan los hijos y cuando existe una mejor comunicación entre padres
e hijos, éstos tienden a tener comportamientos sexuales preventivos
(Henrich et al., 2006; Okafor & Holder, 2005); algunas variables
familiares, son: a) estructura familiar, refiere si la persona vive con uno o
ambos padres (Kim, 2007); b) apoyo familiar, que indica el tipo de apoyo
recibido por parte de la familia, principalmente de los padres en términos
emocionales, financieros y de información recibida (Van Horne et al.,
2009); c) monitoreo y supervisión parental, es decir, cuánta participación
existe del padre o la madre en el cuidado de los hijos (Voisin et al., 2006);
y d) comunicación entre padres e hijos, es decir, si hablan de sexualidad
o de relaciones sexuales (Chapman & Werner-Wilson, 2008).

Otro contexto que se considera en este nivel (mesosistema) es el


grupo de pares, ya que los amigos influyen en los adolescentes para
tener o no comportamientos preventivos, partiendo de la idea de que
puede existir presión social de los compañeros para realizar cierto tipo de
conductas, como por ejemplo el tener relaciones sexuales desprotegidas;
esta presión por parte de los amigos se puede ubicar como norma social
del grupo de pares (Ayoola, Nettleman, & Brewer, 2007). Finalmente,
otros contextos considerados en este nivel son la escuela, el trabajo y la
comunidad en donde viven, estos son significativos en la medida en que
repercuten en su comportamiento sexual; por ejemplo, el recibir
información en la escuela sobre sexo seguro, o si en la comunidad en
donde vive hay mayor incidencia de VIH/SIDA o de embarazos no
deseados (Brendgen, Wanner & Vitaro, 2007; Padilla et al., 2010).

El nivel exo (exosistema), se refiere a los sistemas que no están


directamente relacionados con el adolescente pero que lo afectan de
manera indirecta. Por ejemplo, a) situación laboral de los padres, tiene un
influencia sobre el monitoreo y supervisión parental, ya que cuando se
tiene una gran cantidad de horas laborando es menos probable que los
padres tengan tiempo para supervisar lo que hacen sus hijos (DiClemente

66 Salud y Sexualidad
et al., 2007); y b) el nivel de escolaridad de los padres, bajos niveles de
escolaridad se ha asociado con el comportamiento sexual de riesgo
de los hijos (Vélez-Pastrana et al., 2005).

El nivel macro (macrosistema) lo configuran los factores


socioeconómicos, ideológicos y culturales en los que se desenvuelve la
persona, y todos los individuos de su sociedad que afectan o pueden
afectar transversalmente a los sistemas de menor orden (micro, meso y
exo). En la literatura revisada generalmente se evalúa este nivel en
términos de estatus socioeconómico (Corcoran & Franklin, 2002) y la raza
(Knowlton, Buchanan, Wissow, Pilowsky & Latkin, 2008), la crítica
fundamental es que evaluar un nivel macro sólo con ingresos y raza no
es representativo de la cultura; por lo que se propone incluir en este nivel:
a) premisas socioculturales, entendidas como aquellas que norman y
gobiernan los sentimientos, las ideas, la jerarquización de las relaciones
interpersonales, así mismo estipula los tipos de papeles sociales que hay
que cumplir, las reglas de interacción de los individuos en tales papeles,
los dónde, cuándo, con quién y cómo desempeñarlos; que en el contexto
del terreno sexual pueden guiar dicho comportamiento (Díaz-Guerrero,
1994); b) partiendo de las premisas socioculturales, la cultura entreteje
las creencias relacionadas con el papel que hombres y mujeres juegan en
la sociedad, dando lugar a los estereotipos de género (Rocha-Sánchez &
Díaz-Loving, 2005); particularmente en el tema que nos atañe, cuál es el
comportamiento sexual que socialmente se le permite a un hombre y a
una mujer; y, c) influencia de los medios de comunicación; asociados con
el comportamiento de los adolescentes, particularmente referente a la
información que reciben de la televisión, radio e internet sobre sexualidad
(Voisin et al., 2006).

Con base en este modelo, se plantea que para que una persona
tenga comportamientos preventivos, se requiere analizar no sólo lo que
ocurre en cada uno de estos niveles, sino la interacción entre niveles; por
ejemplo, para que una persona use condón en sus relaciones sexuales
se tiene que indagar sobre cuál ha sido su patrón de comportamiento
sexual habitual, la información que posee sobre prevención del VIH/SIDA,
lo que percibe en torno a contagiarse de VIH, los contextos en los que
tiene relaciones sexuales, si son bajo la influencia de alcohol, drogas, el
tipo de pareja (ocasional/estable), la comunicación de la y con la pareja,
la vinculación entre comportamiento sexuales con la familia y los amigos;
así como la influencia cultural que recibe la persona para tener o no

Teorías y modelos psicológicos 67


comportamientos preventivos, por sólo mencionar un ejemplo de algunos
microsistemas involucrados. En la figura 2.7 se ilustra este modelo.

Figura 2.7. Modelo Ecológico aplicado a la prevención del VIH/SIDA.

Desde este modelo, Vélez-Pastrana, González-Rodríguez y Borges-


Hernández (2005) identificaron los factores asociados con el inicio temprano
de las relaciones sexuales, dividiéndolos en cuatro niveles: uno individual
(características personales como uso de alcohol, cigarrillos o sustancias,
actitudes y autoestima), un nivel familiar (características familiares, como
monitoreo y supervisión parental), un nivel extrafamiliar (que incluye a los
amigos y a la escuela) y finalmente, un nivel macro que tiene que ver con
las características del desarrollo comunitario y social; al evaluar a
adolescentes, estos autores encontraron diferencias entre los que han
iniciado una vida sexual activa y los que no, en donde la supervisión de los
padres se relaciona con el comportamiento sexual de los hijos.

En otro estudio, Voisin, DiClemente, Salazar, Crosby y Wiliam (2006)


evaluaron los niveles del modelo asociados con las infecciones de

68 Salud y Sexualidad
transmisión sexual. Las variables que se ubican en el microsistema
fueron actitudes para tomar el riesgo, trastornos conductuales y uso de
sustancias; como parte del mesosistema consideraron el monitoreo
parental, soporte familiar, normas de riesgo del grupo de pares y contacto
escuela-profesor); finalmente, en el exosistema y el macrosistema
consideraron roles de género/dominancia masculina, violencia de la
comunidad e influencia de los medios.

Las investigaciones que retoman el modelo ecológico para explicar el


por qué la personas tienen un comportamiento de riesgo señalan la
importancia de que cualquier problemática que se desee estudiar es
indispensable tomar en cuenta el contexto bajo el cual ésta ocurre; esto
por varias razones, primero porque al relacionar la situación-problema
con el contexto, permite no atribuir el problema a la persona, puesto que
el medio contribuye a que se desarrolle; esto no quiere decir que el
individuo no es responsable de lo que hace; más bien esta visión aporta
elementos que permitan generar estrategias de intervención en donde
pueda aplicar nuevos estilos de relación que le permitan hacer frente
cualquier condición que se le presente dentro de su contexto (Pedraza,
2009; Pinto & McKay, 2006).

Lo importante, desde esta perspectiva es que se pueda contar con la


mayor cantidad de información posible para una mejor comprensión del
fenómeno puesto que en un primer momento al conocer aquellas
variables que se asocian con el comportamiento sexual, será posible
diseñar estrategias que estén encaminadas a reducir el comportamiento
sexual de riesgo; no se trata de trabajar con todos los niveles por igual
sino de contemplar y enfatizar en aquellos que realmente tengan un
impacto directo sobre la conducta sexual.

Modelo Estructural Familiar (MEF)

Este modelo fue propuesto por Salvador Minuchin (1974) y provee un


marco de referencia para organizar los elementos que conforman una
familia, así como los procesos que se generar al interior de ésta
(Jennings & Wartella, 2004). Los procesos del sistema familiar se reflejan
en su estructura, la cual puede ser analizada a partir de la organización
jerárquica de subsistemas (Ochoa de Alda, 1995). A continuación se
describen de forma breve cada uno de estos subsistemas.

Teorías y modelos psicológicos 69


1) El subsistema individual incluye el concepto de sí mismo y contiene
los determinantes personales-históricos del individuo en el contexto.
2) El subsistema fraterno lo conforman los hermanos, es el espacio
donde el individuo experimenta relaciones con sus iguales; en este
contexto, y a partir de la relación con los hermanos, se aprende a
resolver conflictos, negociar y cooperar.
3) El subsistema parental está centrado en las tareas de socialización
con los hijos, sin embargo, conforme van creciendo los hijos, éstos
ganan contacto con fuerzas socializantes extra familiares (amigos,
la pareja, etcétera), por lo que los padres buscan adaptarse a estas
nuevos agentes de socialización, incrementando el control y la
orientación hacia sus hijos; por eso, los padres requieren el uso de
la autoridad, ya que no pueden ejercer sus funciones ejecutivas a
menos que dispongan del poder necesario para hacerlo.
4) El subsistema conyugal lo conforma la pareja, su función es generar
un espacio psicosocial propio y fungir como un sostén emocional
para la pareja (Minuchin, 1974; Minuchin & Fishman, 2004).

En cada uno de los subsistemas se incluyen los estilos y cualidades


de las relaciones entre los miembros que conforman la familia, a su vez,
estas relaciones familiares tienen reglas que establecen de qué manera,
cuándo y con quién relacionarse en determinados contextos y con qué
comportamientos (Steinglass, 1987). Estas formas de relación son
mantenidas principalmente por reglas culturales y sociales que gobiernan
la organización familiar y dictan las funciones, lo que se espera y la forma
de relacionarse entre los miembros de la familia, por ejemplo, se espera
social y culturalmente que los padres monitoreen (Jacobson & Crockett,
2000) y supervisen (Palacios & Andrade, 2008) a los hijos para evitar que
se encuentren en situaciones potenciales de riesgo. El MEF, al igual que
el ME, no fueron creados para trabajar exclusivamente en el terreno
sexual, de hecho el MEF es un modelo clínico que permite trabajar un
sinfín de problemas clínicos y de salud; sin embargo, se ha adaptado
para ayudar a explicar el comportamiento sexual de riesgo mediante el
análisis y vinculación de las variables ubicadas en cada uno de los
subsistemas familiares. En la figura 2.8 se ilustra este modelo.

Un ejemplo de cómo analizar el comportamiento sexual preventivo


desde este modelo es el siguiente: la conducta sexual preventiva estaría
en función de las intenciones de usar condón (Albarracín et al., 2001; Ben
Natan et al., 2010) y de la habilidad que tenga la persona para

70 Salud y Sexualidad
comunicarse sexualmente con su pareja (Noar et al., 2006; Pérez & Pick,
2006) y para negociar el preservativo (Robles & Díaz Loving, 2006;
Tschann et al., 2010). La intención estaría relacionada con el nivel de
conocimientos que una persona posee sobre VIH/SIDA, ya que al tener
información el individuo valorará los riesgos y su propia conducta
(Catania, Kegeles & Coates, 1990). Estas variables pueden ser ubicadas
en el subsistema individual, sin embargo, éstas están en relación con
otros factores ubicados en otros subsistemas.

Figura 2.8. Modelo Estructural Familiar (Minuchin, 1974).

Por ejemplo, una fuente de información respecto al VIH/SIDA son los


padres, ya que éstos hablan con sus hijos (comunicación sexual padres-
hijos) respecto al uso del condón y al contagio del VIH/SIDA, esto como
una manera de prevenir comportamientos sexuales de riesgo en sus hijos
(Chapman & Werner-Wilson, 2008; Hutchinson, 2002). La comunicación
sexual con la pareja, por su parte, también estaría relacionada con la
comunicación sexual que entablan padres e hijos, ya que los hijos al
hablar con sus padres respecto al VIH/SIDA tienen la posibilidad de
obtener información (conocimientos sobre VIH/SIDA) que sirva de guía
para hablar con la pareja y brindar argumentos en pro de la conducta
sexual preventiva. Los padres al ser modelos de los hijos, tienen

Teorías y modelos psicológicos 71


una influencia directa al modelar diversas conductas (Hovell et al., 1994)
como las habilidades comunicativas, de tal forma que los hijos las pondrán
en juego en el momento de charlar con su pareja sobre temas sexuales
(relación entre el subsistema parental y el subsistema individual).

Comunicarse con la pareja también podría depender de la cercanía


con los hermanos (relación entre el subsistema individual-subsistema
fraterno) y de los estilos parentales (relación entre el subsistema parental-
subsistema individual). Los hermanos mayores pueden modelar con
facilidad comportamientos y actitudes en sus hermanos menores (Diop-
Sidibe, 2005; Kowal & Blinn-Pike, 2004; Minuchin, 1974), y estos
elementos se verán reflejados en la relación de pareja (por ejemplo, en la
forma de comunicarse con la pareja, de negociar o de resolver
un conflicto por no querer usar el condón). Cuando los hermanos se
comunican y comparten aspectos de su vida íntima, se genera una
atmosfera de confianza, que hace estrecha la cercanía entre ellos
(Enríquez & Sánchez, 2011), favoreciendo el modelado y el aprendizaje
por parte de los hermanos menores.

A su vez, la cercanía entre hermanos dependería en cierta medida


de los estilos parentales, ya que éstos pueden tener impacto en la forma
en cómo se relacionan los hermanos entre sí, por ejemplo, los padres con
estilos parentales sumamente autoritarios e impositivos facilitarán un
mayor acercamiento entre hermanos (alianza) para buscar apoyo ante
situaciones que producen estrés (Minuchin, 1974; Minchin & Fishman,
2004), como lo serian las altas exigencias y la rigidez de padres
autoritarios e impositivos. Al afianzar esta cercanía mejorará la
comunicación y la atmosfera de confianza entre los hermanos,
favoreciendo el aprendizaje de las habilidades comunicativas que
posteriormente se pondrán a prueba con la pareja.

Los estilos parentales también impactaran en la comunicación sexual


con la pareja, ya se ha descrito como los padres son una fuente de
información (conocimientos sobre VIH/SIDA) para sus hijos cuando éstos
se comunican sexualmente con ellos (comunicación sexual padres-hijos),
sin embargo, estos actos comunicativos también tienen la intención de
mantener contacto y control con sus hijos, de tal forma, que la
comunicación se convierte en un medio, en una forma en la cual los
padres ejercen el control a través de monitorear a sus hijos por medio de
charlas y debates que entablan en torno a la sexualidad, lo que les

72 Salud y Sexualidad
permite también involucrarse afectivamente con ellos; en este sentido, se
vinculan los estilos parentales con la comunicación (control-supervisión a
través de la comunicación) (Huebner & Howell, 2003).

Es a través de estos actos comunicativos que los padres alertan,


informan, buscan prevenir y controlar las acciones de sus hijos. Lo
anterior lleva a suponer que los padres con estilos parentales impositivos
no se prestarán a tener una comunicación abierta y receptiva con sus
hijos, o un padre con un estilo de supervisión bajo o poco involucrado
afectivamente con sus hijos, probablemente no le interese saber cuáles
son las dudas o inquietudes de sus hijos en torno a la sexualidad. Lo
anterior también repercute en cómo los hijos se comunican con su pareja,
ya que éstos tomaran como modelos a los padres para comunicarse con
su novio/novia, ya sea impositiva o superficialmente de acuerdo a como
el padre se relacione con ellos (relación entre el subsistema parental-
subsistema individual). Esto podría explicar por qué hay adolescentes
que se comunican con mayor o menor frecuencia con su pareja
(Chapman & Werner-Wilson, 2008; Hutchinson, 2002) y por qué algunos
estilos de negociación son más o menos impositivos, o más colaborativos,
o más directos o indirectos (Lam, Mak, Lindsay & Russell, 2004; Otto-Salaj
et al., 2008; Robles & Díaz Loving, 2011; Tschann et al., 2010).

Respecto al subsistema conyugal, cabe destacar que las habilidades


de comunicación o negociación que desarrollan los hijos con sus parejas,
van a estar influenciadas por el comportamiento de los padres, ya que
éstos fungen como modelos de sus hijos respecto de sus relaciones
conyugales (Hovell et al., 1994).

Finalmente, las variables culturales como los estereotipos de género


estarían asociadas a los estilos parentales. La relación entre las variables
culturales y la familia es estrecha, ya que son los padres los agentes
sociales encargados de transmitir la cultura a sus descendientes, esto
es posible, gracias a las relaciones que los padres establecen con sus
hijos. Los aspectos culturales relativos al comportamiento sexual también
son transmitidos de padres a hijos (Greer Litton, 1980), y de diversas
formas los padres señalarán qué se espera de sus hijos como hombres y
mujeres en el terreno sexual, en un contexto social y cultural (estereotipos
de género). Estos estereotipos delimitarán los comportamientos, las
características e incluso los pensamientos y emociones que son
adecuados para cada ser humano, con base a esta red de estereotipos o
ideas consensuadas (Rocha-Sánchez & Díaz-Loving, 2005). Estas

Teorías y modelos psicológicos 73


prescripciones harán o no más probables que un hombre o una mujer se
expongan a situaciones de riesgo de acuerdo con los que espera
culturalmente de su comportamiento sexual (Williams, Ramamurthi,
Manago & Harawa, 2009; Wolffers, 1997).

De esta forma, el comportamiento sexual preventivo estaría


relacionado con factores individuales, fraternos, parentales, conyugales y
culturales. Cabe destacar que al igual que el Modelo Ecológico, el MFE
no propone variables específicas a evaluar, sino establece los
subsistemas implicados en la familia que afectan el comportamiento
individual y es a partir de las características y propiedades de dichos
subsistemas que el investigador puede proponer una serie de variables
asociadas al comportamiento sexual y que pueden ser ubicadas y
organizadas en cada nivel de análisis (subsistema individual, fraterno,
parental, conyugal o sistema cultural) para explicar o predecir el
comportamiento.

Conclusiones

La investigación encaminada a prevenir problemas de salud sexual ha


logrado determinar diversos elementos que hacen más probable que un
individuo lleve a cabo conductas sexuales protegidas. Según Noar
(2007), hay modelos que resultan ser más adecuados para explicar y
predecir el comportamiento sexual preventivo y otros que son más
apropiados para el cambio conductual, es decir, para favorecer
intervenciones encaminadas a cambiar conductas potencialmente
riesgosas a conductas sexuales preventivas. En ocasiones es posible
hacer una combinación de modelos para obtener resultados
satisfactorios, siempre y cuando los modelos partan del mismo marco
teórico, por ejemplo, modelos como MCS, MA, TAR y TCP parten de
teorías conductuales (Noar, 2007; Wight, 2008).

En términos generales, los factores que han estado asociados a la


conducta sexual del uso del condón han sido de orden individual
(Albarracín et al., 2001; Elifson, Klein & Sterk, 2008; Farmer & Meston,
2006; Robles, 2005; Robles et al., 2006); de esta forma, los niveles de
conocimientos que una persona posee, las actitudes, las creencias, los
valores e intenciones de llevar a cabo las acciones, se ubican como
elementos centrales para predecir el comportamiento del individuo. La
interpretación de lo que una persona hace, percibe, piensa y siente,
podría cambiar al considerar el contexto familiar y el cultural en el que el

74 Salud y Sexualidad
individuo se encuentra inmerso. Esto lleva a resaltar el papel mediador
que tienen la familia (Sieverding, Adler, Witt & Ellen, 2009; Stulhofer,
Graham, Bozicevic, Kufrin & Ajdukovic, 2009) y la cultura (Cianelli et al.,
2008; Duffy, 2005; Ida & Zena, 2000; Williams, Ramamurthi, Manago &
Harawa, 2009) en el comportamiento sexual preventivo, por lo que su
influencia no puede ser ignorada.

En ocasiones, se evalúan algunas variables familiares o culturales


para comparar entre grupos (Baumer & South, 2001; Miller, Forehand
& Kotchick, 1999; Upchurch et al., 1999) o sin especificar de qué
modelo parten (Miller & Bingham, 1989; Miller, Forehand & Kotchick,
1999; Miller & Moore, 1990; Upchurch et al., 1999), lo que favorece
entender la variable implicada en el comportamiento sexual, pero
no su relación con otras variables, no solamente en el orden individual,
sino también en el familiar y cultural. Por tanto, la elección de un
modelo teórico que contemple estos factores, es fundamental en la
comprensión de la conducta sexual, ya que éste permitirá entender
las relaciones de los elementos a partir de ciertas categorías
conceptuales, favoreciendo una interpretación de los resultados
consistente y congruente.

Interpretar la conducta sexual de riesgo a partir de los niveles


individual, familiar y cultural podría representar un medio para
generar investigación y dar cuenta de cómo, por qué y bajo qué
circunstancias los individuos optan por la práctica de uno u otro tipo
de conducta.

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Teorías y modelos psicológicos 83


Vélez-Pastrana, M., González-Rodríguez, R., & Borges-Hernández, A.
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Wolffers, I. (1997). Culture, media, and HIV/AIDS in Asia. The Lancet,
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84 Salud y Sexualidad
Capítulo 3
APOYO Y SUPERVISIÓN PARENTAL Y CONDUCTA
SEXUAL PROTEGIDA

Ricardo Sánchez Medina


David Javier Enríquez Negrete
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Universidad Nacional Autónoma de México

Isabel Reyes Lagunes


Unidad de Investigaciones Psicosociales
Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

A
lgunas investigaciones sobre la prevención del VIH/SIDA
mencionan que, para abordar esta problemática, es importante no
sólo trabajar con el individuo, sino que se debe de considerar el
papel que juega la familia, principalmente los padres; ya que éstos
transmiten valores, emociones, afectos, pensamientos, actitudes,
creencias, usos y tradiciones (Acosta, 2003; Ruiz, 2004).

Autores como DiClemente, Salazar y Crosby (2007) analizaron


diversos estudios científicos entre los años de 1990-2003, identificando
algunas variables familiares y su relación con el comportamiento sexual
de riesgo. En el caso de la relación con los padres se ubicaron tres
variables fundamentales: comunicación entre padres e hijos, actitudes
parentales y monitoreo o supervisión de los padres. Sin embargo,
otros autores como, Van Horne, Wiemann y Berenson (2009) mencionan
que el apoyo de los padres también juega un papel importante en el
comportamiento sexual de los hijos.

En esta línea, investigaciones centradas en evaluar el papel que


juegan los padres dentro del comportamiento sexual de los hijos, han
encontrado que cuando se involucran en las actividades que realizan los
hijos y cuando existe una mejor comunicación, éstos tienden a tener
comportamientos sexuales preventivos (Henrich, Brookmeyer, Shrier &
Shahar, 2006; Okafor & Holder, 2005); asimismo se ha encontrado que a
mayor apoyo de los padres, los hijos retardan la edad de debut sexual, y
en aquellos que tienen una vida sexual activa es mayor la frecuencia del
uso del condón (Van Horne et al., 2009). El monitoreo o supervisión
parental, también se ha asociado con el retardo de la edad de debut
sexual en los hijos (Voisin, DiClemente, Salazar, Crosby & Yarber, 2006).

Es importante resaltar que los adolescentes prefieren hablar sobre


sexualidad con sus amigos y obtener información a través de los medios
de comunicación (Juárez & Gayet, 2005; Mathew, Shugaba & Ogala,
2006); una explicación de esta situación es que los adolescentes no
confían en sus padres y consideran que no existe una buena
comunicación padre-hijo (Calderón & Alzamora, 2006); estos estudios
enfatizan que, para lograr efectos sobre el comportamiento sexual de los
hijos es necesario incluir a los padres, puesto que la evidencia empírica
ha demostrado que una buena comunicación entre padres e hijos
(Chapman & Werner-Wilson, 2008; Henrich et al., 2006) y un buen
soporte y monitoreo parental (DiClemente, Salazar & Crosby, 2007;
Vélez-Pastrana, González-Rodríguez & Borges-Hernández, 2005) se
asocia con conductas sexuales preventivas.

Los estudios anteriores demuestran como un alto nivel de monitoreo


parental o un buen apoyo se vincula con conductas sexuales preventivas,
y un bajo nivel se asocia con conductas sexuales de riesgo; sin embargo,
es importante plantear algunas precisiones con respecto al constructo y
su evaluación, ya que de esto dependerá su medición y, por ende, los
resultados obtenidos:

a) Perspectiva de quién contesta el instrumento: es importante


considerar quién contesta el instrumento de evaluación, ya que las
respuestas estarán en función de su percepción y esto puede variar
de padres a hijos (Laursen & Collins, 2004). La mayor parte de los
estudios evalúan el monitoreo parental a partir de los autoinformes
de los hijos (Nagamatsu, Saito & Sato, 2008).
b) Edades y rango de tiempo para la evaluación: Jacobson y Crockett
(2000) hicieron un análisis de diversos estudios que evaluaron el
monitoreo parental y llegaron a la conclusión de que, gran parte de
la literatura, se centra en un grupo de edades, cuando la propuesta
sería evaluar diferentes rangos de edades y comparar los resultados,

86 Salud y Sexualidad
ya que consideran que los resultados pueden variar a partir de la
etapa que esté viviendo el hijo, centrándose principalmente en hijos
pequeños o adolescentes; asimismo es importante considerar
el tiempo. Por otro lado, es importante preguntar por el periodo de
tiempo e inclusive la frecuencia en el cual se lleva a cabo el monitoreo
(meses, años), ya que según Fishbein y Pequegnat (2000) el tiempo
es un factor que afecta el autoreporte en términos de la validez.
c) Diferencias por género: según el análisis realizado por Jacobson y
Crockett (2000), en la literatura se pueden encontrar diferencias del
impacto del monitoreo parental dependiendo de si los hijos son
hombres o mujeres. La literatura sugiere que hay una asociación
más fuerte entre el monitoreo parental y las conductas de niñas que
de niños; sin embargo, puntualizan que estas diferencias también
pueden ser debidas al tipo de variable que se evalúa, como por
ejemplo la conducta sexual (Geri, Helen, Erin & Fred, 2002).
d) Evaluación respecto a la figura paterna y materna: es fundamental
evaluar el monitoreo y el apoyo con respecto al padre y la madre, ya
que normalmente se le da mayor importancia a la madre, pero se
han encontrado diferencias cuando se evalúan por separado
(Stulhofer, Graham, Bozicevic, Kufrin & Ajdukovic, 2009).
e) Contexto de evaluación: diversas investigaciones que evalúan las
variables familiares parten de contextos norteamericanos (Atzaba-
Poria & Pike, 2008; Baptiste, Tolou-Shams, Miller, Mcbride & Paikoff,
2007; Bersamin et al., 2008; Hutchinson, 2002), y aquellas
investigaciones con población mexicana (Calderón & Alzamora,
2006; Carrera, Lameiras & Rodríguez, 2007; Ruiz, 2004; Sánchez &
Muñoz, 2005) utilizan para su evaluación la traducción de
cuestionarios y escalas que no corresponden a la cultura mexicana.

Con base en lo anterior, es necesario crear instrumentos que


permitan evaluar cómo es la percepción de los jóvenes sobre el apoyo y
supervisión que creen tener de sus padres y, con base en ello, construir
un instrumento sobre la percepción del apoyo y supervisión parental en
jóvenes que permita relacionar aquellos factores que se vinculan con el
comportamiento sexual, principalmente con el uso del condón.

Por lo tanto, el objetivo del presente trabajo fue construir y validar


psicométricamente un instrumento sobre apoyo y supervisión parental y
su relación con el uso del condón. La construcción del instrumento se

Apoyo y supervisión parental 87


llevó a cabo en dos fases, la primera tiene que ver con la construcción del
instrumento y la segunda con su validación. A continuación se presentan
el método y resultados de cada fase.

FASE 1. CONSTRUCCIÓN DEL INSTRUMENTO

MÉTODO

Participantes

Población universo. Jóvenes entre los 18 y 24 años de edad, solteros y


que vivan con sus padres.

Muestra. 78 universitarios, de los cuales se descartaron 7 quedando la


muestra conformada por 71 participantes. 46% hombres con una edad
promedio de 21 años (SD=2.49) y 54% mujeres con una edad promedio
de 20 años (SD=2.13). Estudiantes de las siguientes carreras: 17%
filosofía, 13% psicología, 11 % letras hispánicas, 10% medicina,
7% arquitectura, 6% ciencias de la comunicación, 6% de ingeniería, 4%
derecho, 4% geografía, 4% historia, 4% pedagogía, 4% trabajo social,
3% lengua y literatura, 3% letras clásicas, 1% bibliotecología, 1%
estudios latinoamericanos y 1% letras modernas.

Procedimiento de selección de la muestra. Se realizó un muestreo por


conveniencia (Kerlinger, 2002). Se invitó a participar en el estudio a
jóvenes que se encontraban en una explanada frente a una biblioteca en
una universidad.

Criterios de inclusión. Jóvenes que viven con sus padres con el objetivo
de poder comparar las variables familiares sobre el uso del condón en
relaciones sexuales y su relación con el apoyo y supervisión parental.

Criterios de exclusión. Presentar una patología aparente que les impida


responder los instrumentos, que sean casados y que no respondan
completo el instrumento.

Tipo de estudio

De acuerdo con la clasificación de Méndez, Namihira, Moreno y Sosa


(2001), este estudio fue prospectivo, transversal, descriptivo y
observacional.

88 Salud y Sexualidad
Variables

Apoyo familiar. Apoyo recibido por parte de la familia en términos


emocionales, financieros y de información recibida (Van Horne
et al., 2009).

Supervisión parental. Conjunto de comportamientos que implican


atención y no perder de vista las actividades de los hijos (Vélez-
Pastrana, González-Rodríguez & Borges-Hernández, 2005).

Instrumentos de evaluación

Se utilizó la metodología de redes semánticas naturales modificadas


(Reyes-Lagunes, 1993). Se utilizaron 5 estímulos: apoyo de mi mamá,
apoyo de mi papá, supervisión de mi mamá y supervisión de mi papa;
adicionalmente, se incluyó un distractor que fue apoyo de mi pareja. Los
estímulos fueron presentados en orden aleatorio. Las instrucciones
fueron: Define con la mejor claridad y precisión a las palabras o frases
que se te presentan, mediante el uso de mínimo cinco palabras que
consideres están relacionadas con las palabras o frases; puedes utilizar
verbos, adverbios, sustantivos, adjetivos, entre otros; es muy importante
que sólo sean palabras procura no usar artículos, ni preposiciones; una
vez que termines la lista, el siguiente paso es numerarlas en función de la
importancia o cercanía que consideres tiene, donde 1 corresponde a la
más cercana o más importante y continuas con la numeración.

Procedimiento

A los estudiantes que se encontraban cerca de la explanada, se presentó


el evaluador y se les invitó a participar en la investigación en la que se
buscaba conocer acerca de la familia, se hizo énfasis en la participación
voluntaria y en la confidencialidad de la información. Aquellas personas
que deseaban participar se les entregaban el instrumento y se les
explicaba la forma de responder, aclarando las dudas relacionadas con lo
que debían hacer; en promedio los participantes tardaron 15 minutos en
responder. Una vez finalizada la aplicación de los instrumentos se les
agradeció su participación.

Apoyo y supervisión parental 89


RESULTADOS

Percepción del apoyo de la madre

En la figura 3.1 se presenta la distancia semántica cuantitativa sobre el


apoyo de la madre en mujeres, encontrando que las palabras definidoras
tienen el siguiente orden: amor, incondicional, confianza, comprensión,
buena, siempre, amigable, importante, cariñosa, indispensable,
comunicación, consejos y constancia. En cambio para los hombres, las
definidoras son: dinero, amor, buena, incondicional, necesario, constante,
educación, confianza, comprensión, protección, cariño, ayuda, moral,
agradecimiento, importante, alimento y consejos (figura 3.2).

amor
constancia 100 incondicio…
consejos confianza
50

comunica… comprensi…
0

indispens… buena

cariñosa siempre
importante amigable
Figura 3.1. Percepción de las mujeres sobre el apoyo de la madre.

dinero
100
consejos amor
alimento 80 buena
60
importante 40 incondicional
20
agradecim… necesario
0
moral constante

ayuda educación
cariño confianza
protección comprensión

Figura 3.2. Percepción de los hombres sobre el apoyo de la madre.

90 Salud y Sexualidad
Como se puede observar, uno los puntos importantes tanto para los
hombres como para las mujeres sobre el apoyo de la madre, es el amor,
la incondicionalidad, la confianza y la comprensión; y aquellos aspectos
afectivos que resaltan son cariño, protección y confianza. Tanto hombres
como mujeres incluyen que el apoyo es importante, necesario y está
presente siempre.

Percepción del apoyo del padre

En lo que se refiere al apoyo del padre, en el caso particular de las


mujeres, las palabras definidoras son: económico, comprensión,
educación, incondicional, confianza, amor, bueno, cariño, comunicación,
constante, mucho, excelente, cercanía y siempre (figura 3.3). En la figura
3.4 se presentan las definidoras sobre el apoyo del padre en hombres, las
palabras son: dinero, bueno, ninguno, confianza, educación, necesario,
amor, familia, regaños, poco y consejos.

economico
siempre100 comprensión
80
cercania 60 educación
40
excelente 20 incondicional
0
mucho confianza

constante amor
comunicac… bueno
cariño

Figura 3.3. Percepción de las mujeres sobre el apoyo del padre.

Como se puede observar, en lo que se refiere al apoyo del padre, a


pesar de que el aspecto económico es la que tiene el mayor peso
semántico sobre el apoyo del padre, seguido de educación y confianza,
existen diferencias entre hombres y mujeres; particularmente los
hombres mencionan ninguno, poco y regaños; en cambio las mujeres
mencionan bueno, cariño y mucho; como se puede observar, para las
mujeres el apoyo del padre está en términos más afectivos en
comparación con los hombres.

Apoyo y supervisión parental 91


dinero
100
consejos bueno
80
60
poco 40 ninguno
20
0
regaños confianza

familia educación

amor necesario

Figura 3.4. Percepción de los hombres sobre el apoyo del padre.

Percepción de la supervisión de la madre

En la percepción que tienen las mujeres sobre la supervisión de la madre,


el mayor peso semántico se encuentra en las siguientes palabras:
comprensión, apoyo, amor, comunicación, regaños, buena, confianza,
importante, cercanía, tolerancia, responsabilidad, preocupación,
autoridad, cuidado y consejos (figura 3.5).

comprensión
consejos100 apoyo
80
cuidado amor
60
autoridad 40 comunicac…
20
0
preocupac… regaños

responsab… buena
tolerancia confianza
cercania importante

Figura 3.5. Percepción de las mujeres sobre la supervisión de la madre.

92 Salud y Sexualidad
En el caso de los hombres (figura 3.6), la percepción que tienen
sobre la supervisión de la madre, las definidoras son: buena, constante,
comprensión, cariño, necesaria, sobreprotectora, libertad, educación,
importante, molesta, apoyo, diversión, cuidadosa, atenta, adecuada,
tolerante, tiempo y útil. En lo que se refiere a la supervisión de la madre,
tanto hombres como mujeres la consideran como buena, constante,
comprensión, cariño; las mujeres incluyen regaños, cuidados y consejos,
mientras que los hombres hablan de molesta, libertad y educación.

buena
100
util constante
tiempo 80 comprensión
tolerante 60 cariño
40
adecuada 20 necesaria
0
atenta sobreprote…

cuidadosa libertad
diversión educación
apoyo importante
molesta

Figura 3.6. Percepción de los hombres sobre la supervisión de la madre.

Percepción de la supervisión del padre

Sobre la percepción de la supervisión del padre, en la figura 3.7 se


presentan las palabras reportadas por las mujeres, encontrando que las
definidoras son: apoyo, comprensión, confianza, buena, libertad, ninguna,
comunicación, amigable, preocupación, cercana, familia, regaños, mala y
tolerancia.

Para el caso de los hombres, la percepción que tienen sobre la


supervisión del padre, las definidoras se muestran en la figura 3.8. Las
palabras que asociaron son: ninguna, importante, apoyo, buena, constante,
necesario, atención, educación, respeto, liberal, estricta, comprensión,
ausente, formación, poca, amor, falta, protección y responsabilidad.

Apoyo y supervisión parental 93


apoyo
tolerancia100 comprensión
80
mala 60 confianza
40
regaños 20 buena
0
familia libertad

cercana ninguna
preocupac… comunicac…
amigable

Figura 3.7. Percepción de las mujeres sobre la supervisión del padre.

ninguna
100
responsab… importante
protección 80 apoyo
falta 60 buena
40
amor 20 constante

poca 0 necesario
formación atención
ausente educación
comprensión respeto
estricta liberal

Figua 3.8. Percepción de los hombres sobre la supervisión del padre.

Tanto hombres como mujeres mencionan que, la supervisión del


padre se asocia con apoyo, comprensión, importante, necesaria; sin
embargo, a pesar que los dos mencionan ninguna, en el caso de
los hombres ocupa el primer lugar y en las mujeres el sexto lugar; lo
que habla de la poca supervisión que puede existir por parte de los
padres hacia los hijos, principalmente cuando estos son varones. Por el
lado de las mujeres, ellas hablan de confianza, comunicación y
preocupación, mientras que los hombres de constante, necesaria,
atención y respeto.

94 Salud y Sexualidad
Finalmente, con base en los resultados obtenidos sobre la
percepción que tienen los jóvenes sobre el apoyo y supervisión del padre
y de la madre, se diseñaron y construyeron los instrumentos de medición,
tomando como base las palabras definidoras ya antes mencionadas.

FASE 2. VALIDACIÓN DE INSTRUMENTOS

MÉTODO

Participantes

Población universo. Jóvenes entre los 18 y 24 años de edad, solteros y


que vivan con sus padres.

Muestra. Se trabajó con 435 universitarios, 27.8% hombres y 72.2%


mujeres, con una edad promedio de 21.05 años (SD=5.711). El 91.3%
eran solteros, 89.9% con orientación heterosexual, 23% de segundo
semestre, 31.3% de cuarto semestre, 27.8% de sexto semestre y 17.7% de
octavo semestre. El 63.8% viven con ambos padres, 11.2% viven solos o
con la pareja; el resto viven con la madre (22.4%) o con el padre (2.8%). El
89% (386) cumplió con los criterios de inclusión abajo referidos.

Selección de la muestra. Se realizó un muestreo por conveniencia


(Kerlinger, 2002). Se acudió a los salones de estudiantes universitarios;
se solicitó apoyo al profesor en turno, previa autorización se le solicitó al
grupo su participación en la investigación.

Criterios de inclusión. Jóvenes que viven con sus padres con el objetivo
de poder comparar las variables familiares sobre el uso del condón en
relaciones sexuales.

Criterios de exclusión. Presentar una patología aparente que les impida


responder los instrumentos, que sean casados y que no respondan
completo el instrumento.

Variables e instrumentos

Sociodemográficas. Se diseñaron 6 reactivos para obtener información


sobre el sexo de los participantes (masculino/femenino), edad (años
cumplidos), estado civil (soltero, casado, unión libre), orientación sexual

Apoyo y supervisión parental 95


(homosexual, bisexual, heterosexual), con quién viven (solo/a, con tu
padre, con tu madre, con ambos padres, con tu pareja) y si vive su papá
y su mamá (si/no).

Apoyo familiar. Apoyo recibido por parte de la familia en términos


emocionales, financieros y de información (Van Horne et al., 2009). Se
diseñaron 16 reactivos que evalúan la frecuencia del apoyo recibido,
tanto por parte de la madre (apoyo materno) como del padre (apoyo
paterno), en un periodo de tres meses. Los reactivos se encuentran en
una escala tipo Likert con valores de 1 (nunca) a 5 (siempre).

Supervisión parental. Conjunto de comportamientos que implican


atención y no perder de vista las actividades de los hijos (Vélez-Pastrana
et al., 2005). Se diseñaron 17 reactivos que evalúan la frecuencia de la
supervisión recibida, tanto de la madre (supervisión materna), como del
padre (supervisión paterna), en un periodo de tres meses. Los reactivos
se encuentran en una escala tipo Likert con valores que van de
1 (nunca) a 5 (siempre).

Uso del condón en relaciones sexuales. Hace referencia al haber


utilizado el preservativo al tener una relación sexual con penetración
vaginal (Robles & Díaz Loving, 2011). Se diseñaron dos reactivos para
evaluar el uso del condón en la primera y última relación sexual con
opciones de respuesta dicotómica (si/no).

Procedimiento de aplicación

Se contactó a profesores de diferentes semestres de licenciatura, se les


explicó el objetivo de la investigación y se les pidió autorización para
aplicar los instrumentos en los grupos que tenían a cargo. Aquellos
docentes que accedieron, se acordó fecha para la aplicación. Una vez
en las aulas, a los alumnos se le explicó el objetivo de la investigación y
se les solicitó apoyo para participar en la investigación; se hizo énfasis
en el anonimato, confidencialidad de la información y en la participación
voluntaria. Aquellas personas que desearon participar se les entregaron
los instrumentos, se les explicó la forma de responder aclarando las
dudas; en promedio tardaron en responder 45 minutos. Una vez
finalizada la aplicación de los instrumentos se les agradeció por su
participación.

96 Salud y Sexualidad
Procedimiento de validación

Poder discriminativo de los reactivos. Se obtuvo la suma total de los


reactivos que constituyen el instrumento diseñado para cada escala:
apoyo familiar (16 reactivos) y supervisión parental (16 reactivo). Este
análisis se realizó considerando al padre y a la madre por separado. A
través de un análisis de frecuencias se identificaron las puntuaciones que
se obtuvieron en el cuartil más bajo (percentil 25) y en el más alto
(percentil 75). Con base en ello, se crearon dos grupos (bajo y alto) y cada
reactivo fue sometido a una comparación de medias entre ambos grupos
por medio de la prueba t de Student para muestras independientes.

Análisis factorial. Aquellos reactivos que sí discriminaron entre los grupos


antes referidos, se sometieron a un análisis factorial utilizando el método
de Componentes Principales con Rotación Varimax.

Consistencia interna. Después de que se identificaron los factores de


cada escala, se procedió a calcular el alfa de Cronbach para la escala
total y para cada factor identificado. Los valores de este coeficiente
oscilan entre 0 y 1; entre más se acerque dicho valor a 1 se puede
afirmar que hay mayor consistencia interna. Se considera que existe una
buena consistencia interna cuando el valor del Alfa de Cronbach es
superior a 0.7 (Arribas, 2004).

RESULTADOS

Validación de las escalas de apoyo materno y apoyo paterno

En la tabla 3.1 se muestran los resultados obtenidos para determinar el


poder discriminativo de cada reactivo para la escala de apoyo materno. Se
observa que, en todos los reactivos, las diferencias en las medias obtenidas
entre los grupos con puntuaciones bajas y altas fueron estadísticamente
significativas, excepto el reactivo 12, por lo tanto, se decidió eliminarlo en
esta fase; los demás se sometieron al análisis factorial.

En la tabla 3.2 se muestran los resultados obtenidos para determinar


el poder discriminativo de cada reactivo para el instrumento de apoyo
paterno, se observa que en todos los reactivos, las diferencias en las
medias obtenidas entre los grupos con puntuaciones bajas y altas fueron
estadísticamente significativas, por lo tanto, no se eliminó ningún reactivo
y todos se sometieron al análisis factorial.

Apoyo y supervisión parental 97


Tabla 3.1. Poder discriminativo de cada uno de los reactivos de la
escala de apoyo materno.
Gpo. Gpo.
Reactivo Bajo DE Alto DE t gl p
n= 106 n= 106
1 3.35 1.033 4.87 0.392 -14.150 134.645 .000
2 3.08 0.963 4.90 0.336 -18.377 130.195 .000
3 2.72 1.169 4.70 0.650 -15.250 164.229 .000
4 3.36 1.189 4.97 0.167 -13.837 109.124 .000
5 3.19 1.088 4.92 0.280 -15.825 118.861 .000
6 2.99 1.065 4.97 0.167 -18.930 110.142 .000
7 2.71 1.069 4.80 0.446 -18.622 140.420 .000
8 2.59 1.021 4.90 0.363 -21.860 131.146 .000
9 3.35 1.435 4.59 0.826 -7.746 167.669 .000
10 2.97 1.055 4.98 0.137 -19.443 108.524 .000
11 2.82 0.993 4.93 0.285 -21.054 122.190 .000
12 2.64 1.347 2.86 1.207 -1.236 210 .218
13 3.02 1.138 4.71 0.690 -13.067 172.959 .000
14 3.42 1.032 4.94 0.232 -14.881 115.611 .000
15 3.20 0.999 4.95 0.213 -17.682 114.523 .000
16 2.95 1.174 4.92 0.312 -16.628 119.775 .000

Tabla 3.2. Poder discriminativo de cada uno de los reactivos de la


escala de apoyo paterno.
Gpo.
Gpo.
Bajo
Reactivo DE Alto DE t gl p
n=
n= 99
202
1 2.75 1.119 4.82 0.388 -23.518 277.391 .000
2 2.75 1.093 4.64 0.597 -16.053 299 .000
3 2.57 1.140 4.68 0.636 -20.494 294.100 .000
4 2.75 1.250 4.90 0.303 -23.115 244.827 .000
5 2.75 1.200 4.76 0.476 -20.660 289.498 .000
6 2.42 1.068 4.58 0.671 -21.391 280.975 .000
7 2.46 1.120 4.59 0.639 -20.957 292.238 .000
8 2.43 1.225 4.56 0.717 -18.910 289.712 .000
9 3.15 1.555 4.77 0.620 -12.819 289.937 .000
10 2.41 1.067 4.68 0.620 -23.281 290.522 .000
11 2.32 1.046 4.52 0.734 -21.108 263.132 .000
12 2.13 1.290 2.69 1.226 -3.583 299 .000
13 2.56 1.285 4.64 0.749 -17.620 290.246 .000
14 2.85 1.261 4.89 0.347 -21.376 255.330 .000
15 2.53 1.172 4.85 0.437 -24.809 284.283 .000
16 2.36 1.134 4.79 0.558 -24.872 298.988 .000

98 Salud y Sexualidad
Se aplicó la prueba KMO para determinar la adecuación muestral,
resultando significativa (KMO= 0.953, p<.001); una vez con este resultado
se procedió con el análisis factorial. La escala de apoyo materno mostró
un factor único que explica el 57.9% de la varianza total, agrupándose
sólo catorce reactivos de los dieciséis originales (tabla 3.3). La
consistencia interna de la escala fue de Alfa=0.94. Algunos de los
reactivos que se agruparon en esta escala son: amoroso, cariñoso,
constante, confianza, comunicativo, amistoso.

Tabla 3.3. Validez conceptual y consistencia interna de la


escala de apoyo materno.
Reactivo Carga factorial
10 Amoroso 0.812
6 Cariñoso 0.804
15 Constante 0.803
16 Confianza 0.801
11 Comunicativo 0.799
2 Amistoso 0.786
7 Comprensivo 0.784
14 Importante 0.770
8 Con consejos 0.761
4 Incondicional 0.758
1 Indispensable 0.732
5 Necesario 0.701
13 Protector 0.616
3 Educativo 0.614
Varianza explicada =57.095%
Alfa de Cronbach =0.94

Al aplicar la prueba KMO para determinar la adecuación muestral en


la escala de apoyo paterno, también resultó significativa (KMO= 0.964,
p<.001). En la tabla 3.4 se muestra el resultado del análisis factorial
aplicado a esta escala, en la cual se observa un único factor que explica
el 67.4% de la varianza y una consistencia interna de Alfa=0.96,
quedando la escala conformada por quince reactivos de los dieciséis
originales. Algunos reactivos que conforman esta escala son
incondicional, constante, importante, amoroso, confianza, entre otros. A
diferencia de la escala de apoyo materno, en este instrumento sí se
incluye el aspecto económico.

Apoyo y supervisión parental 99


Tabla 3.4. Validez conceptual y consistencia interna de la
escala de apoyo paterno.
Reactivo Carga factorial
4 Incondicional 0.878
15 Constante 0.876
14 Importante 0.869
10 Amoroso 0.861
16 Confianza 0.851
1 Indispensable 0.835
6 Cariñoso 0.835
7 Comprensivo 0.835
5 Necesario 0.832
2 Amistoso 0.825
11 Comunicativo 0.819
3 Educativo 0.791
8 Con consejos 0.764
13 Protector 0.762
9 Económico 0.663
Varianza explicada =67.470%
Alfa de Cronbach =0.96

Validación de las escalas de supervisión materna y supervisión paterna

En la tabla 3.5 se presentan los resultados obtenidos para determinar el


poder discriminativo de cada reactivo en la escala de supervisión
materna; en donde las diferencias en las medias obtenidas entre los
grupos fueron estadísticamente significativas y todos fueron sometidos al
análisis factorial.

Tabla 3.5. Poder discriminativo de cada uno de los reactivos del


instrumento de supervisión materna
Gpo. Gpo.
Reactivo Bajo DE Alto DE t gl p
n= 169 n= 116
1 3.28 1.205 4.41 0.791 -9.530 282.500 .000
2 3.13 1.193 4.69 0.624 -14.366 266.763 .000
3 2.41 1.066 3.90 0.972 -11.945 283 .000
4 3.81 1.160 4.68 0.613 -8.226 267.771 .000
5 2.25 1.113 3.70 1.128 -10.699 283 .000
6 2.17 1.143 3.18 1.139 -7.379 283 .000
7 2.24 1.307 3.45 1.253 -7.778 283 .000
8 3.61 1.176 4.61 0.707 -8.970 278.691 .000
9 3.68 1.202 4.83 0.462 -11.254 232.382 .000
10 2.26 1.151 2.84 1.201 -4.077 283 .000

100 Salud y Sexualidad


Continuación…
Gpo. Gpo.
Reactivo Bajo DE Alto DE t gl p
n= 169 n= 116
11 3.11 1.097 4.61 0.629 -14.671 275.291 .000
12 3.21 1.097 4.72 0.541 -15.298 260.269 .000
13 3.31 1.244 4.76 0.569 -13.273 251.851 .000
14 2.08 1.182 3.97 1.038 -13.869 283 .000
15 3.07 1.158 4.56 0.772 -13.027 282.800 .000
16 2.38 1.118 4.01 1.075 -12.235 283 .000
17 3.74 1.151 4.80 0.479 -10.718 241.175 .000

En la tabla 3.6, se presentan los reactivos del instrumento de


supervisión paterna, en donde se observa que en todos los reactivos
existieron diferencias significativas, por lo cual se decidió que todos
entraran al análisis factorial.

Tabla 3.6. Poder discriminativo de cada uno de los reactivos del


instrumento de supervisión paterna.
Gpo. Gpo.
Reactivo Bajo DE Alto DE t gl p
n= 248 n= 110
1 2.69 1.242 3.99 1.027 -10.319 249.761 .000
2 2.88 1.289 4.73 0.573 -18.779 355.992 .000
3 2.30 1.234 4.02 1.004 -13.900 253.573 .000
4 3.58 1.383 4.65 0.711 -9.631 348.536 .000
5 2.26 1.244 3.42 1.214 -8.173 356 .000
6 2.02 1.190 2.85 1.240 -6.012 356 .000
7 2.25 1.321 3.43 1.364 -7.675 356 .000
8 2.93 1.308 4.40 0.869 -12.548 302.983 .000
9 3.18 1.344 4.61 0.705 -13.178 346.402 .000
10 2.22 1.235 2.85 1.356 -4.276 356 .000
11 2.58 1.177 4.27 0.877 -15.086 275.315 .000
12 2.78 1.228 4.55 0.698 -17.286 334.892 .000
13 2.92 1.343 4.56 0.807 -14.277 324.827 .000
14 1.82 1.057 3.75 1.228 -14.314 183.719 .000
15 2.51 1.273 4.11 1.044 -12.491 251.864 .000
16 1.94 1.104 3.56 1.275 -11.606 184.583 .000
17 3.16 1.399 4.73 0.540 -15.248 351.076 .000

Para la escala de supervisión materna se aplicó la prueba KMO para


determinar la adecuación muestral, resultando significativa (KMO= 0.925,
p<.001); lo cual indica que el tamaño de la muestra es adecuado para el
análisis factorial que se desea realizar (tabla 3.7).

Apoyo y supervisión parental 101


Tabla 3.7. Validez conceptual y consistencia interna del instrumento de
supervisión materna.
Carga factorial
Número de reactivo y factores
1 2
Factor 1. Supervisión positiva
9 Por amor 0.822
12 Cuidadosa 0.809
17 Responsable 0.796
1 Comprensiva 0.795
8 Confiable 0.795
15 Dar consejos 0.794
4 Con respeto 0.786
2 Protectora 0.703
13 Sobre mi educación 0.693
Sobre mis amigos 0.492
16
Factor 2. Supervisión negativa
7 Imponiendo su autoridad 0.814
5 Limitante 0.796
6 Con regaños 0.781
10 Molesta 0.726
3 Estricta 0.701
Sobreprotectora 0.532
14
Valores Eigen: 6.188 3.725
Varianza explicada: 36.39% 21.91%
Alfa de Cronbach: 0.91 0.82
Varianza explicada total=
58.31%
Alfa de Cronbach total= 0.84

Como se puede observar, el análisis factorial aplicado al instrumento


de supervisión materna explica el 57.9% de la varianza total, resultando
dos factores. En el primer factor se agruparon diez reactivos que
explicaron el 36.39% de la varianza; tales reactivos están relacionados
con una supervisión positiva, se agruparon reactivos tales como por
amor, cuidadosa, responsable, comprensiva, confiable, dar consejos, con
respeto, protectora, sobre mi educación y sobre mis amigos. El segundo
factor estuvo formado por 6 reactivos que refieren a una supervisión
negativa, se incluyen reactivos tales como imponiendo su autoridad,
limitante, con regaños, molesta, estricta y sobreprotectora, el cual explicó
el 21.91% de la varianza (tabla 3.7). La consistencia interna de toda la
escala fue de Alfa=0.84; para cada uno de los dos factores los valores
obtenidos fueron de 0.91 y 0.82, respectivamente.

102 Salud y Sexualidad


En la escala de supervisión paterna, la prueba KMO resultó
significativa (KMO=0.936, p<.001); los resultados del análisis factorial se
muestran en la tabla 3.8, toda la escala explica el 65.25% de la varianza.
Al igual que en la escala de supervisión materna, resultaron dos factores.
En el primer factor se agruparon once reactivos que explicaron el 43.78%
de la varianza; tales reactivos están relacionados con una supervisión
positiva, los reactivos se refieren a una supervisión responsable,
confiable, por amor, cuidado, protegerme, comprensiva, dar consejos,
entre otros. El segundo factor estuvo formado por cinco reactivos que
refieren a una supervisión negativa, se incluyen reactivos tales como
imponiendo su autoridad, con regaños, limitante, molesta y estricta, dicho
factor explicó el 21.47% de la varianza. La consistencia interna de toda la
escala fue de Alfa=0.90; para cada uno de los dos factores los valores
obtenidos fueron de 0.94 y 0.88, respectivamente.

Tabla 3.8. Validez conceptual y consistencia interna del instrumento de


supervisión paterna.
Carga factorial
Número de reactivo y factores
1 2
Factor 1. Supervisión positiva
17 Responsable 0.88
8 Confiable 0.868
9 Por amor 0.853
12 Cuidado 0.851
2 Protegerme 0.843
1 Comprensiva 0.831
4 Con respeto 0.788
15 Dar consejos 0.757
13 Sobre mi educación 0.756
11 Con preocupación 0.664
16 Sobre mis amigos 0.534
Factor 2. Supervisión negativa
7 Imponiendo su autoridad 0.851
6 Con regaños 0.843
5 Limitante 0.803
10 Molesta 0.802
3 Estricta 0.759
Valores Eigen: 7.433 3.650
Varianza explicada: 43.78% 21.47%
Alfa de Cronbach: 0.94 0.88
Varianza explicada total= 65.25%
Alfa de Cronbach total= 0.90

Apoyo y supervisión parental 103


Uso del condón: apoyo y supervisión parental

Al comparar el grupo de personas que usaron condón en su primera


relación sexual con aquellos que no lo usaron, únicamente se
encontraron diferencias significativas entre los grupos en el factor único
de apoyo materno (t= 2.476, p<.05) y en supervisión materna en el factor
positivo (2.277, p<.05); lo que indica que cuando los jóvenes perciben
apoyo materno y se sienten supervisados de manera positiva, es más
probable que usen condón en su primera relación sexual. En el caso del
apoyo y supervisión por parte del padre no se encontraron diferencias
significativas entre los grupos.

Asimismo, cuando se buscaron diferencias entre aquellos que usaron y


no usaron el condón en la última relación sexual para cada escala y factor,
no se encontraron diferencias significativas en ninguno de los grupos.

DISCUSIÓN

Con base en los resultados antes descritos, la estrategia de Redes


Semánticas Naturales Modificadas (Reyes-Lagunes, 1993) resultó útil
para recabar información sobre el apoyo y supervisión que perciben los
jóvenes de sus padres; ya que con base en las palabras definidoras con
mayor peso semántico se consideraron fundamentales para la
construcción del instrumento.

Como se puede observar, los instrumentos para evaluar el apoyo y la


supervisión del padre y de la madre muestran propiedades psicométricas
favorables. En el caso particular de las escalas que evalúan apoyo se
obtuvieron alfas mayores a 0.90; y en las escalas que evalúan
supervisión se obtuvieron alfas mayores a 0.84.

Cada uno de los reactivos tuvo un buen poder discriminativo, excepto


el reactivo 12 de la escala de apoyo materno, ya que a pesar de que con
regaños fue una de las palabras definidoras para representar el apoyo de
la madre, no resultó significativa al momento de diferenciar los grupos
con puntajes altos y bajos; en el caso del apoyo paterno, todos los
reactivos tuvieron diferencias significativas entre los grupos con puntajes
altos y bajos.

104 Salud y Sexualidad


En las escalas de supervisión paterna y materna resultaron para
cada una de ellas dos factores, uno que tiende hacia aspectos positivos
(amor, cuidadosa, responsables, entre otros), y otro que tiende hacia
aspectos negativos (imponiendo autoridad, limitante, molesta, entre
otros). Sólo la palabra sobreprotección fue ubicada en un factor diferente;
para el caso de la supervisión de la madre, se ubicó en el factor negativo,
mientras que en la supervisión paterna se encontró en el factor positivo;
lo cual resalta la importancia de evaluar el papel que juegan los padres
por separado, ya que si se pregunta por el apoyo y supervisión en
general puede cambiar la perspectiva e inclinarse hacia alguno de los
padres (Stulhofer et al., 2009).

El análisis que se realizó para determinar en qué medida el apoyo y


supervisión paterna y materna se relacionan con el uso del condón en la
primera y última relación sexual, mostró que, cuando los jóvenes perciben
apoyo y supervisión de la madre de forma positiva, es más probable que
usen condón en sus relaciones sexuales; resultado que ha sido
demostrado en diversas investigaciones (Henrich et al., 2006; Okafor &
Holder, 2005; Van Horne et al., 2009). Sin embargo, el apoyo y
supervisión del padre no resultó ser significativo en aquellos que usaron
condón en su primera y última relación sexual; esto probablemente se
deba a que en la primera y segunda fase de esta investigación una gran
cantidad de participantes respondieron que no había apoyo o supervisión
por parte de su padre. Lo anterior permite resaltar el hecho de que es
necesario crear estrategias encaminadas a incorporar al padre en las
actividades que realizan los hijos, puesto que hay evidencia que
demuestra que su participación es fundamental para el desarrollo de ellos
(Pleck, 2007; Seginer, 2006); y para el tema que nos atañe en que los
jóvenes tengan un comportamiento sexual sin riesgo.

Finalmente, los hallazgos descritos muestran la necesidad de contar


con instrumentos de evaluación confiables y válidos, ya que de esa
forma, los resultados que se obtengan podrán encaminarse a crear
estrategias para la prevención del VIH/SIDA, ITS y embarazos. Los
resultados generados a partir de estos instrumentos indican que, un
componente importante de los programas preventivos deberá incluir la
participación de los padres, sobre todo del padre, para que apoyen y
supervisen a sus hijos y éstos, a su vez, tengan comportamientos
saludables.

Apoyo y supervisión parental 105


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Apoyo y supervisión parental 107


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108 Salud y Sexualidad


Capítulo 4
DOLOR, GENITALIDAD Y VASECTOMÍA SIN
BISTURÍ: OTRA MIRADA AL CUERPO MASCULINO

Diana Isela Córdoba Basulto


José Salvador Sapién López
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Universidad Nacional Autónoma de México

S
on diversos los motivos por los que los varones pueden presentar
dolor o molestias en su aparato urinario o genital (González,
Vázquez, Delgadillo & Moreno, 2008). Algunos están relacionados
con: 1) malformaciones congénitas (Sebastián & Zarante, 2006);
2) infecciones por bacterias, hongos o virus; 3) inflamación en testículos;
4) enfermedades o padecimientos cuyo tratamiento requiere, además de
fármacos, la intervención quirúrgica; 5) accidentes relacionados con la
actividad laboral o con actividades deportivas de contacto; 6) traumatismos
ocasionados en riñas; y 7) juegos, bromas y maldades que implican
pellizcos, machucones y lanzamiento de objetos, cuya intención es
provocar además de dolor, la burla de la persona que lo recibió.

De acuerdo con la International Association for the Study of Pain


(IASP, 1986), se define al dolor como una experiencia sensorial y
emocional desagradable, asociada con un daño tisular, real o potencial, o
descrita en términos de dicho daño. Sin embargo, la experiencia
y referencia sobre el dolor, también contempla aspectos subjetivos que
no siempre son claramente identificables por el mismo individuo y por
otros hacia los cuales se les habla sobre el dolor propio. A partir de esto,
la búsqueda de bienestar y alternativas para eliminar el dolor, requiere de
atención multidisciplinaria, ya que en la experiencia de dolor participan
aspectos biológicos, psicológicos y socioculturales.

Si bien, puede decirse que el dolor en general es una experiencia


desagradable, también encontramos que en ciertas circunstancias y
formas de relación entre varones lo que se busca es provocar
intencionalmente dolor, y una forma de hacerlo es lesionando la zona
genital masculina, lo cual es una práctica común mas no por ello tendría
que ser aceptable; sin embargo, entre los varones estas experiencias
pueden formar parte de su vida cotidiana e influir en el momento que se
realiza una exploración médica o cirugía del área genital.

El área genital masculina es una de las partes corporales en donde


se han centrado una multiplicidad de significados que rebasan la parte
funcional dependiendo del sujeto, la situación y el contexto. A la
genitalidad masculina se le ha asignado, además de la relevancia como
un medio de obtención de placer sexual, connotaciones de poder,
identidad, seguridad, burla, humillación, formas de expresión,
comparación entre varones y exaltación, entre otras.

Para entender cómo es que las experiencias en relación con la


genitalidad masculina y sus significados, pueden interferir o dificultar el
acudir a las consultas médicas, revisiones físicas, realización de
exámenes para diagnóstico y apego a las indicaciones terapéuticas, es
necesario revisar también cómo la participación del personal del sector
salud es importante, no sólo para atender las necesidades sobre la salud
sexual reproductiva y no reproductiva de los varones, sino también para
comprender cómo los tipos de relación que se establecen entre médico y
paciente pueden ser una pauta importante en el cuidado de la salud
sexual de los varones.

Hablemos brevemente de la vasectomía sin bisturí:

Es un método quirúrgico por medio del cual se interrumpe e impide el


paso de los espermatozoides a través de los conductos deferentes,
logrando de esta manera que durante la eyaculación no haya presencia
de espermatozoides y, por lo tanto, se elimine la posibilidad de una
fecundación. La técnica de la vasectomía sin bisturí actualmente es la
más empleada por varias razones, entre estas encontramos que
disminuye los riesgos y complicaciones durante y después de la cirugía,
se puede realizar de forma ambulatoria y en el consultorio, lo cual reduce
costos (Córdoba, Sapién, Valdepeña, Patiño & Castellanos, 2011).

Antes de la cirugía, se requiere de una consulta médica preoperatoria


para: a) evaluar, mediante la historia clínica, si el hombre que lo solicita,
reúne las condiciones médicas señaladas por la Norma Oficial Mexicana

110 Salud y Sexualidad


de Planificación Familiar (Secretaría de Salud, 2004) y b) por medio de la
exploración física también se evalua e identifica la presencia de ambos
conductos deferentes (derecho e izquierdo), el tipo de escroto (laxo,
corto, hipoplásico, dismórfico, etcétera) y se confirma o descarta la
existencia de patología intraescrotal (hernia, varicocele, hidrocele, quiste
de cordón, etcétera) o cutánea (micosis, foliculitis, heridas, psoriasis,
etcétera), que pudiera interferir con la intervención; como lo señala
Narváez (2004), también es necesario conocer si existen antecedentes
que pudieran estar asociados a infertilida. Asimismo, también se puede
tener la confirmación de alguna cirugía previa en el área genital que
pudiera contravenir a la indicación del empleo de la vasectomía como
método anticonceptivo. En general se puede hacer una evaluación de la
complejidad de cada caso.

Se pueden presentar casos en los que durante la exploración médica


los varones se sientan vulnerables al estar con su área genital desnuda
para la revisión médica preoperatoria y principalmente el día de su
cirugía, y lleguen a presentarse expresiones verbales de dolor,
movimientos de las piernas a manera de cubrir los testículos, e incluso
poner la mano encima de los testículos como una forma de protección
para evitar que se pueda tener contacto con esta parte de su cuerpo,
obstaculizando la exploración física por parte del equipo de salud que lo
está atendiendo en el consultorio.

Para realizar la cirugía empleando la técnica de Li (Stockton, Davis &


Bolton, 1992), se utiliza anestesia local, se realiza una pequeña punción
con una pinza especial en el tercio superior del rafé escrotal (línea media
que divide la bolsa escrotal) y es a través de este pequeño orificio que se
realiza toda la cirugía; en pocos casos se requiere cerrar la herida con
sutura. En algunas ocasiones el paciente puede sentir una ligera tracción
del conducto deferente, lo cual puede ser semejante a un calambre en la
zona púbica, incluso en la parte baja del abdomen; esto se debe a que la
longitud de los conductos deferentes es de aproximadamente 30 cm y en
esta área del cuerpo es por donde se encuentra ubicada la parte superior
de los deferentes. La molestia desaparece en cuanto se deja de
manipular el conducto. Con la finalidad de interrumpir e impedir que
vuelvan a pasar los espermatozoides a través de los conductos
deferentes se realiza el corte de un segmento de entre 1 y 2 cm de cada
conducto deferente y posteriormente se realiza algunas de las siguientes
opciones: ligadura, simple o doble, de los extremos proximales en donde
se hizo el corte de los cabos; interposición de conductos; presión con una

Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí 111


pinza en la parte proximal al corte; electrofulguración de los cabos; y
colocación de una grapa especial; también se pueden utilizar dos
opciones a la vez. Primero se realiza el procedimiento –ya sea del lado
derecho o izquierdo– y luego se concluye de forma contralateral. Al
finalizar la cirugía es suficiente para el cierre de la pequeña herida unir
ambos lados de la piel del escroto y colocar un pequeño parche o tape. Al
ser tan pequeña la herida, no suele dejar cicatriz.

Es importante señalar que se requiere del uso de algún método


anticonceptivo alternativo hasta que se lleve a cabo la confirmación de la
esterilidad en el varón. La vasectomía no previene de infecciones
o enfermedades de transmisión sexual, pues es únicamente un método
anticonceptivo, y requiere, para la realización del procedimiento, de la
autorización y firma del consentimiento informado. Es una decisión
voluntaria y debe ser un procedimiento de elección personal, ya que
representa un cambio definitivo en la vida sexual masculina y en su
capacidad de reproducción, pasando a ser ahora una sexualidad no
reproductiva. Por tanto, el uso de este método de anticoncepción, y
el procedimiento quirúrgico, puede decirse que es una cirugía de elección
por voluntad propia, en donde no está orientada a cambios estéticos,
pero si funcionales.

El objetivo del presente trabajo fue reportar las experiencias de dolor


genital en varones y sus opiniones sobre su vasectomía sin bisturí.

METODOLOGÍA

Participaron 25 hombres que tenían entre 26 y 50 años de edad,


acudieron por paternidad satisfecha a un hospital público del sector salud
en la Ciudad de México, para que se les realizara el procedimiento de
vasectomía sin bisturí de enero a junio de 2008. Se empleó la
observación participante, y se realizaron notas de campo para recuperar
las opiniones en relación a su genitalidad y la cirugía. Todos firmaron el
documento de consentimiento informado y se emplearon seudónimos
para mantener el anonimato de los participantes.

RESULTADOS Y ANÁLISIS

La edad de los participantes estuvo entre los 26 y 50 años, con la


siguiente distribución: 6 de 26 a 30 años, 13 de 31 a 40 años y 6 de 41
a 50 años. Las ocupaciones fueron: 8 empleados administrativos,

112 Salud y Sexualidad


5 policías, 4 profesores, 3 comerciantes, 2 taxistas, 1 abogado,
1 técnico electrónico y 1 arquitecto. En cuanto al estado civil, el 84%
eran casados y el 16% vivían en unión libre. El tiempo que tenían
viviendo con la pareja varió de 1 a 21 años, distribuidos de la siguiente
manera: 5 de 1 a 5 años, 10 de 6 a 10 años, 7 de 11 a 15 años, 6 de 6 a
20 años y 1 de 21 años.

A continuación se presentan las opiniones de los varones sobre sus


experiencias de dolor y opiniones de sus genitales a partir de la
vasectomía. Los datos están divididos de acuerdo a las etapas que implica
el procedimiento total para la realización de la vasectomía sin bisturí.

Lo que ocurre en la revisión preoperatoria

Durante la exploración física se pudo observar que llegan a presentarse


situaciones en las que hay una anticipación del dolor en el área genital, y
desde el punto de vista del paciente es una experiencia dolorosa y así lo
expresa por medio de quejas verbales, gestos y movimientos; algunos
presentan enojo con el personal médico que lo va a revisar o que lo está
revisando. Veamos dos ejemplos:

a) Me duele porque creo que me duele, aunque no me toques.

Aquí encontramos que la idea del dolor y el temor a sentirlo llevó a Víctor a
anticipar la experiencia de dolor e imaginar que el médico le estaba
ocasionando esta sensación, aún y cuando no se estaba haciendo
contacto con su cuerpo:

El paciente está acostado en la mesa en donde se va a


realizar la exploración médica. Mientras el médico se
pone los guantes estériles para realizar la exploración
física, le dice a Víctor: se descubre por favor, necesito
que baje su pantalón y bóxer; se acerca a la mesa de
exploración y comenta: lo voy a revisar.
Víctor: ¡Ay, ay, me duele, me duele!
Médico: ¿qué le duele?
Víctor: ¡cómo que qué! pues mis testículos (en tono de
enojo y reclamo).
Médico: pues si todavía no lo toco.
Víctor: ¿de veras?, es que sentí dolor y creí que ya me
estaba revisando.

Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí 113


Otro caso fue el de Manuel. Igualmente está sobre la mesa de
exploración y su área genital está descubierta para la exploración física
por parte del urólogo. La revisión inició en el pene.

Manuel: ¡Espérese, espérese, que me duele!


Urólogo: ¿le duele el pene?
Manuel: ¿el pene? ¿Que no me está apretando mis
testículos?
Urólogo: no, le estoy revisando primero el pene.
Manuel: es que sentí que era en los testículos y sentí
como que me dolía.

Como podemos ver, en estos casos la expresión de que hay dolor


pudiera interpretarse de varias maneras: como una anticipación a lo que
se cree que se va a sentir a partir de experiencias previas de dolor
testicular; como una forma de prevenir que quien lo va a revisar le vaya a
causar dolor y antes de que esto suceda se manifiesta una queja como
una forma de defensa; o bien, se tuvo la sensación subjetiva de dolor y
esta fue manifestada ante el médico, quien en todo caso deberá
considerar que el paciente a quien está atendiendo puede tener
antecedentes de haber recibido algún golpe o accidente en donde su
experiencia de dolor testicular va a estar presente durante la exploración
física, y probablemente también durante el procedimiento quirúrgico y
seguramente durante su recuperación postoperatoria.

Sin embargo, la ocupación de los varones también es un elemento


importante a considerar, ya que algunos han pasado por situaciones en
donde están expuestos continuamente a golpes, como es el caso de
policías y judiciales de este estudio que fueron los que tenían más
experiencias, propias y ajenas, de patadas y golpes en los testículos y,
por lo tanto, se muestran con mayor reserva y desconfianza sobre las
revisiones en esta zona de su cuerpo. Algunos no dicen nada, pero
durante la exploración presentan sudor, movimientos bruscos de las
piernas y la cadera (brincos) que interrumpen la exploración que se está
realizando. Hay otros que piden que se les avise cuando ya se va a iniciar
la exploración, para prepararse para sentir y aguantar el dolor, como fue
el caso de Omar: Usted me avisa cuando ya me vaya a revisar, para ya
estar preparado porque de seguro me va a doler mucho y pues estar listo
para poder aguantarme.

114 Salud y Sexualidad


Es aquí donde es necesario indagar un poco más sobre los
antecedentes del paciente para conocer y anticipar algunas reacciones
que pudieran requerir de atención psicológica que brinde atención
emocional antes, durante y después del procedimiento quirúrgico.

b) Con la mano en el pene durante la revisión médica.

Algo que también se llega a presentar es que cubran el pene con la


mano, lo cual dificulta su revisión de tal forma que el médico considera
necesario solicitarles a los pacientes que retiren su mano y la pongan
a los costados; pero después de que se revisa el pene y se pasa a los
testículos, nuevamente vuelven a cubrirlo con la mano, lo cambian de
posición, aprietan, jalan y en algunos casos, pareciera un juego
de estimulación rápida el que se presenta. Lo cual de igual manera
coincide con las formas de tocamientos, frotamientos y estimulaciones
que llegan a realizar los varones cuando están con ropa. Pero en el
consultorio, se acompaña de algunos comentarios como:

Raúl: Es que me da pena que me vea.


Mauricio: Me da frío.
Alberto: Mi pene no es muy grande.
Oscar: No me gusta que me toque otro hombre, aunque
sea médico.
Alejandro: Es el único que tengo y hay que cuidarlo, no
sea que se le vaya a pasar la mano.
Jonatan: Leí que era en los testículos, ¿me va a revisar
también mi pene?
Luis: ¿qué, tengo algo raro en mi pene?

Aquí es claro que el consultorio sigue siendo un espacio más de


formas de relación intragenérica e intergenérica, en donde
independientemente de que se acude a una revisión médica, la
preocupación por el tamaño del pene continúa estando presente y, por el
tipo de exploración que se realiza, el varón que está en el consultorio
como paciente queda en una situación de aparente “desventaja” al dejar
expuesta su genitalidad ante hombres y mujeres, que aunque forman
parte del servicio y atención en urología y la observación y manipulación
del pene y testículos sea algo que es parte de la rutina cotidiana y con la
finalidad de atención médica, para el paciente esta experiencia no es
común; por lo tanto, el que esta parte de su cuerpo sea vista por otros,

Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí 115


médicos y enfermeras, lleva a los varones a poner en juego los
aprendizajes y creencias en relación a la genitalidad masculina, entre los
que se encuentran el orgullo, el deseo de que exista una buena imagen y
opinión sobre su pene y testículos, que van más allá de sólo el
funcionamiento fisiológico, poniendo en juego connotaciones de poder y
dominio subjetivo del otro a través de la manipulación y el sentido que se
le puede otorgar a esta, como indicadores de que no sólo es el pene, sino
que es el falo, símbolo de poder. Asímismo, los tocamientos y
estimulaciones en el pene aún dentro del consultorio pueden denotar, por
otra parte, que siguen teniendo su rol de varones dominantes a pesar de
estar en una situación que pudiera ser desventajosa por el hecho
de tener que exponer sus genitales para revisión por motivo de una
cirugía de elección, a diferencia de otras situaciones en donde es por
alguna patología. Esto sitúa a los varones que acuden a solicitar la
atención en el servicio de urología para la vasectomía, en condiciones de
ejercer su sexualidad de forma más activa y frecuente sin el riesgo de la
fecundación, demostrando que no acatan las instrucciones de qué hacer
o no hacer de parte de otro varón, como lo es el médico.

El rasurado genital o la depilación

Se solicita que para el día de la cirugía el varón se presente con todo el


vello genital y pubiano rasurado. Para varios pacientes es una sorpresa
porque han dejado crecer este vello desde la adolescencia sin haber
hecho ninguna modificación o recorte y menos haberlo rasurado. Pero
para otros, es algo que no causa conflicto porque comentan que les gusta
traerlo recortado o depilado porque es más cómodo y estético desde su
punto de vista, ya que permite que ellos y su pareja puedan ver el pene y
los testículos sin nada que los oculte.

Jaime: Pues yo acostumbro traer el vello recortado o sin


nada de pelo, me gusta más, es más higiénico, no te
acaloras tanto y se ve más bonito, y creo que hasta se
te ve más grande el pene, bueno eso digo yo y mi
pareja también.
Isaac: No pensé que me fueran a pedir eso, es que
nunca me he hecho nada, y no se como hacerlo, le voy
a pedir a mi esposa que me ayude, ella debe saber
porque a ella se lo hicieron cuando nacieron los bebés.

116 Salud y Sexualidad


Arturo: Es una zona muy delicada, a ver si no me corto,
yo creo que voy a empezar desde mañana para ir
haciéndolo poco a poco, porque va ser raro verme otra
vez como adolescente sin nada.

Si bien para unos varones la preocupación es el aspecto estético, lo cual


coincide con Fuentes (2008), quien demuestra la preocupación en el
cuidado del cuerpo masculino, para otros lo importante es la sensibilidad
y las precauciones que deberán tener en su área genital, más que en el
área pubiana.

Deseo de aumentar el tamaño del pene

En algunos casos los varones han llegado a expresar su inquietud y


deseo de hacer algunos cambios respecto al tamaño o apariencia de su
pene, pues consideran que es una buena oportunidad aprovechar que
están en un consultorio de urología. Estos fueron sus comentarios:

Samuel: Oiga, ¿y se puede hacer algo para tener el


pene más grande?
Luis: Yo estoy a gusto con el tamaño de mi pene, no crea
que no, pero ¿es posible que me dé algo o me haga algo
para que aumente unos cuantos centímetros más?
Juan: Una duda, ¿es cierto que con la vasectomía me
va a crecer mi pene?

Preocupación por cambios en el semen y la eyaculación

Otra preocupación que llegan a manifestar es referente a presentar


cambios en el semen, y las dudas giran alrededor de cambio de color,
consistencia, olor, cantidad y sensación durante la eyaculación, así como a
dejar de eyacular y no volver a experimentar el placer sexual con su pareja:

Martín: A mí no me da miedo la operación, lo que quiero


saber es si voy a seguir eyaculando.
Mario: Y entonces ahora que me operen ¿cómo va a
ser mi semen, va a ser como agua, así delgadito, o de
qué color se hace? Porque conozco a unos
compañeros que también son policías que ya se
operaron pero pues esas cosas no las comenta uno
entre hombres.

Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí 117


Jesús: Una pregunta, ¿y ahora que ya me operen para
dónde se va a ir el semen, va a salir o para dónde se
va? A mi papá lo operaron de la próstata y me contó
que ya no volvió a eyacular. Y pues él me aconseja y no
quiere que me opere porque dice que me va a pasar lo
mismo.

Dentro de la construcción de la masculinidad es evidente que se va


aprendiendo a discriminar cuáles son los temas de los que si se habla
entre varones, pero los comentarios anteriores nos permiten confirmar
que estos temas en los que hay quejas, dudas sobre posibles cambios
que suponen se pueden presentar alrededor de la vasectomía,
probablemente sean interrogantes que no van a compartir con otros
varones, aun y cuando sepan que otros les pueden hablar a partir de su
experiencia y preguntar sobre el funcionamiento sexual o sobre aspectos
relacionados con la eyaculación y el semen. En casos como este, en
donde creen que va a haber un cambio desfavorable, puede ser más
difícil de comentar entre varones por ser temas que no son de presunción
sino todo lo contrario. Y en casos en los que sí se comentan, puede
ocurrir, de acuerdo con lo señalado por Enríquez et al. (2004), que la
información recibida no sea la mejor, como ocurrió en el caso de Jesús, a
quien su padre le informa sobre otro tipo de cirugía, en donde
la eyaculación retrógrada puede estar presente después de una
prostectomía radical transuretral.

Que la cicatriz no se vea

Existen cicatrices que se presumen y son motivo de orgullo, que


demuestran ante los otros que han sido hombres valientes, que han
librado peleas y para algunos son “trofeos de guerra”. Pero hay cicatrices
que es preferible que sean lo menos visibles para los demás. No
obstante, para varios varones este tipo de cicatriz es muy importante que
sólo ellos sepan que la tienen, porque consideran que de esa manera les
será fácil ocultar que se han realizado la vasectomía. Por ejemplo:

Esteban: Oiga doctor, ¿me puede hacer una de esas


cirugías en las que no se ve la cicatriz, para que no se
note que me operé?
Jorge: ¿Y me puede hacer algo después para que la
cicatriz no se vaya a ver? Porque si no, pues se me van
a ver mis testículos así como con una rajada y no sea

118 Salud y Sexualidad


que me vayan a decir ¿cómo que ya tienes rayita?, es
que en el trabajo a veces nos revisan, así yo sé que me
la hice pero pues sólo yo.

Imaginaciones sobre lo que está ocurriendo a partir de experiencias


de mujeres

Es claro que para varios varones existe una asociación entre


intervenciones quirúrgicas y posibles cicatrices en el área genital, con ser
mujer, como comenta Arturo al médico:

Arturo: Oiga ya me cortó y ¿me rajó todo verdad? Sentí


como me estaba cortando. ¿Y es así de grande como
cuando le cortan a las mujeres para que nazcan los
bebés? Yo ya ví cómo es porque estuve cuando nació
mi hijo
Médico: ¿Qué dice que sintió?
Arturo: Pues que me estaba cortando todo.
Médico: Yo creo que usted está muy nervioso porque
no le he cortado nada, no se corta nada y mucho
menos como usted dice que sintió, todavía no empieza
la cirugía. Lo que pudo haber sentido es que escurrió el
jabón líquido con el que se le está haciendo el aseo
antes de empezar la cirugía.

La experiencia de haber presenciado una episiotomía es


trasladada al momento de su cirugía, e incluso puede llevar a imaginar
que algo indeseable está ocurriendo en su cuerpo.

Dolor y el procedimiento quirúrgico

Antes de la anestesia hubo comentarios por parte de quienes ya han sido


anestesiados por diversos motivos: acudir al dentista, alguna traumatismo
por riñas callejeras, accidentes automovilísticos, jugando football
americano, o alguna cirugía: apendicectomía, circuncisión, rinoplastía o
colecistectomía.

La mayoría dijeron tener temor a la aplicación de la anestesia y a


sentir dolor en el momento de la introducción de la aguja, pero que de
todas formas podían ser capaces de aguantar eso aunque fuera
desagradable. También hubo varones que expresaron tener miedo a las

Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí 119


jeringas y a las inyecciones, que les angustiaba tener que pasar por esa
experiencia y que se sentían “nerviosos”. Pocos de ellos mencionaron
que esto incluso no los había dejado descansar la noche anterior a su
cirugía. Esteban dijo: ya me estaba arrepintiendo de venir porque no me
gustan las inyecciones. En cinco casos preguntaron si era posible que
mejor se les pusiera anestesia general para quedarse dormidos y no
sentir nada porque son “muy nerviosos” y no deseaban sufrir. Todos los
varones mostraron una reacción de incomodidad en el momento de
sentir la introducción de la aguja. En el caso de algunos esto fue
pasajero, pero otros, al sentir la infiltración del anestésico, reaccionaron
diciendo: ¡me está doliendo!, ¡ay, para qué vine! ¿falta mucho? ¡no sé
para qué acepté! ¿ya mero? Algunos más realizaban movimientos con
las piernas con la intención de “eliminar” lo que les estaba provocando
la molestia, presentándose también los casos en donde apretaban la
mano de la psicóloga que estaba junto a ellos, cerraban y apretaban los
ojos, la boca, mordían la sábana que los cubría. Uno de ellos llevó un
pedazo de tela para apretar y morder (mantita de su hijo) y otros
presentaron sudoración y temblor facial. Cabe señalar que además del
equipo de urología, estuvo una psicóloga presente atendiendo las
necesidades de tipo emocional que presentaron los pacientes para
facilitar el procedimiento quirúrgico a través del empleo de técnicas de
relajación y esclareciéndoles sus dudas durante la cirugía. Ante esto los
varones reportaron haber disminuido su temor y ansiedad y sentirse
bien atendidos por el hecho de haber una persona del equipo de salud
que se dedicara solamente a atender su estado emocional en un
momento tan importante para ellos.

Después de la anestesia, el proceso quirúrgico transcurre sin


dificultades en la mayoría de los casos. Hay varones que están en alerta
acerca de todo lo que está pasando durante la intervención y quisieran
estar observando qué está ocurriendo. Unos preguntan si pueden estar
sentados o semirecostados. Otros dicen que les gustaría que se
colocara un espejo para poder estar observando qué les están
haciendo, o al menos que si existe la posibilidad de que alguien les
narre detalladamente qué está pasando. También hay a quienes les
hubiera gustado filmar su cirugía.

Se hacen comentarios en relación a la desconfianza sobre qué tipo


de cambios o transformaciones pudiera haber en relación a sus genitales.

120 Salud y Sexualidad


Humberto: Va a ser la única ocasión en la que esté
pasando por esta situación y quiero saber exactamente
qué es lo que me están haciendo.
Joel: Quiero saber cómo eran antes y cómo estaban
mis testículos y mi pene antes de la cirugía y saber
cómo van a quedar con la vasectomía.

Por último, y lo más importante para dos de ellos, era constatar que
no se fuera a realizar una cirugía que atentara en contra de su virilidad,
como lo expresa Carlos: quiero ver, no sea que me vaya a hacer la
jarocha y David: me gustaría estar viendo para que no me lo vayan
a mochar (haciendo referencia al pene).

Cuando se les dice a los pacientes que no es posible que adopten


una posición diferente porque la cirugía se realiza estando ellos
acostados y las razones del porqué es conveniente esa posición, quedan
más tranquilos; les da mayor confianza saber que el pene quedó sujeto y
que en los testículos tampoco se hace nada, que la intervención es en los
conductos deferentes.

Otro momento durante la cirugía en el cual llegan a manifestar dolor,


incomodidad y molestias, es cuando se realiza la tracción del conducto
deferente para realizar la ligadura, y esto es lo que expresan en general
varios de los varones: ay, es como un calambre, siento como cuando me
dieron una patada, ay, me está doliendo, pero acá arriba, ay, falta mucho,
es como un balonazo, se siente como cuando te peleas y te pegan, es
como cuando te pegan los amigos, así sentí cuando una vez me dieron
un rodillazo. Aquí podemos confirmar que este tipo de dolor ya lo
han experimentado en otras ocasiones y que el recuerdo de las
situaciones nos permite ver que algunas sí tienen qué ver con el tipo de
relaciones interpersonales que se establecen entre varones.

El dolor postoperatorio

Una gran preocupación tanto del médico como del paciente es el control
del dolor postoperatorio. Las indicaciones de los cuidados se le explican
al paciente en repetidas ocasiones con la finalidad de aclarar sus dudas,
a fin de evitar complicaciones y disminuir molestias estando en su casa.
Sin embargo, la percepción de dolor es variable entre personas. El apego
a las indicaciones médicas no siempre se da. Cabe destacar que algunos

Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí 121


varones anteponen la realización de actividades recreativas como andar
en motocicleta o bicicleta, viajes a la playa y la asistencia a compromisos
sociales como bautizos, cumpleaños y festejos escolares, el consumo de
alcohol y alimentos irritantes o con alto contenido de grasa, como
situaciones que no desean dejar de realizar, pues consideran que esto es
más importante que los cuidados postoperatorios que deben tener, ya
que dicen que como hombres no pueden quedar mal, andarse quejando y
menos mencionar que su inasistencia, incumplimiento o negación se
debe a una cirugía por vasectomía. Veamos sus comentarios:

Omar: Pues no me voy a poder estar poniendo el hielo,


ya había quedado en ir a una fiesta en Hidalgo y ni
modo que ahora me eche para atrás o que ande
quejándome por haber venido a operarme, pues yo
creo que no me va a pasar nada, me tomo mis
medicinas y yo creo que con eso salgo bien.
Ignacio: Ya había planeado mis vacaciones a Veracruz,
y yo dije junto mis días de descanso, me opero y me
voy a la playa, al fin que si me sé aguantar el dolor y si
no, con unos alcoholes a uno se le olvida, jajaja.
José: Yo ando en bici y quedé con unos amigos de ir a
una competencia, tal vez si me vaya a molestar un
poco, pero yo creo que voy como había quedado, me
pongo el suspensorio y ya después si me siento mal,
pues me voy a mi casa a descansar.

Para ellos no es posible posponer actividades recreativas,


compromisos con familiares o amigos, está primero el quedar bien ante
los demás y sobre todo porque no desean que se enteren que el motivo
de su ausencia o incumplimiento se debe a la vasectomía.

Veamos cuáles fueron algunos casos en los que sí siguieron las


indicaciones y preguntaron sobre otros cuidados que ellos consideraban
podrían necesitar:

Miguel: Entonces me pongo mi suspensorio, me tomo


mis medicinas, una para el dolor y la otra para evitar
infección, me voy a poner hielo 15 minutos cada hora, de
6 a 8 horas durante 2 días, no comer irritantes ni grasas
y vengo a revisión cuando me dio cita, no debo cargar

122 Salud y Sexualidad


cosas pesadas ni hacer esfuerzos, y no debo manejar
hoy. ¿Tengo que subir las escaleras hacia atrás?
Pedro: No debo cargar cosas pesadas ¿verdad?,
¿puedo cargar a mi bebé? Es que siempre para
dormirse yo lo cargo. Pero si me dice que no, entonces
que lo cargue su mamá.
Jose Luis: Voy a hacer todo lo que me dijeron, es más,
le voy a pedir a mi suegra que se lleve a los niños todos
estos días a su casa, porque como voy a estar
acostado, para que no me hagan ruido ¿me voy a
poder levantar para ir al baño?

Es importante aclararles que sí es necesario seguir las indicaciones


postoperatorias, pero que no son los cuidados tan especiales como
cuando es una cirugía mayor.

Comentarios de los hombres sobre sus genitales después de la


vasectomía

Algunos pacientes señalaron que tal vez continuarían con la práctica del
rasurado del vello genital, porque les había agradado la apariencia. La
mayor queja fue la comezón que les causaba el crecimiento nuevamente
del vello genital. Uno de ellos contó que su hermano le había sugerido
“ponerse cremita o aceitito para el kiwi”, pero como no comprendía a qué
se refería, le pidió aclaración y le explicó que cuando le creciera
nuevamente el vello en los testículos, comparara la fruta que lleva ese
nombre con sus testículos y entonces lo entendería. Con el comentario
anterior podemos ver que con algunos varones con los que se tiene
confianza, sí comparten el hecho de asistir a la vasectomía y aún entre
los consejos que se dan entre ellos para aminorar las posibles molestias,
persiste el sentido de burla sobre la apariencia como consecuencia del
rasurado genital.

Suspensión de las relaciones sexuales durante la recuperación

También se preguntó a los pacientes acerca de la frecuencia de sus


relaciones sexuales. Muestran preocupación cuando se les dice que
después de la cirugía deberán suspender las relaciones sexuales hasta
que acudan a revisión médica y que posterior a esta revisión se les darán
las indicaciones para reanudar su actividad sexual. Aquí llama la atención
cómo el sólo hecho de mencionarles que no tendrán relaciones sexuales

Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí 123


es un motivo de varias exclamaciones de inconformidad y desacuerdo
que indican que es una actividad que lamentan mucho tener que dejar de
realizar. Sin embargo, cuando se contrasta la frecuencia de las relaciones
sexuales con el tiempo señalado de abstinencia postoperatoria, se puede
ver que en muchos casos es mayor el tiempo que reportan de no tener
actividad sexual regularmente que el tiempo que se les pide que
suspendan sus relaciones sexuales, ya que por lo general solamente se
pide que sean siete días de abstención.

“Ahora sí ya soy Canderel”

La finalidad de la vasectomía sin bisturí es conseguir un método de


control definitivo sobre la capacidad de fecundar. Por eso la obtención del
resultado de azoospermia por medio de la espermatobioscopia, que es
la prueba de laboratorio que indica que ya no están pasando
espermatozoides en el semen, es motivo de gusto en todos los varones,
de ahí que se puedan escuchar frases como la mencionada por Javier:
¡Ahora sí ya soy Canderel, porque endulzo pero no engordo!

Confirmación de la esterilidad

La confirmación de la esterilidad sigue siendo una preocupación desde el


punto de vista médico, ya que el porcentaje de varones que se realizan
este estudio es relativamente bajo y no asisten de forma regular a
consulta de control, por lo que en la fecha en la que se revisa al paciente
para darle las indicaciones sobre el estudio que se requiere para
corroborar que se ha conseguido la esterilidad se hace énfasis en
la importancia de verificar el resultado y, por último, se les vuelve
a comentar que solamente es un método de anticoncepción y el riesgo de
contraer infecciones de trasmisión sexual sigue estando presente si no
se tienen las debidas precauciones.

Reflexiones finales

Como podemos ver, la decisión de los varones por el uso de un método


anticonceptivo definitivo, conlleva una serie de experiencias que implican
cambios en su condición de individuos con capacidad reproductiva a no
reproductiva, los cuales se relacionan con la masculinidad, sus
aprendizajes y limitaciones ante la expresión de emociones y angustias
ante el hecho de realizarse una cirugía de bajo riesgo, pero que no por
ello deja de ser novedosa, sorprendente y, en algunos casos, incómoda,

124 Salud y Sexualidad


dolorosa, preocupante y atemorizante en el sentido señalado por
Córdoba, Valdepeña, Patiño, Sapién y Rosas (2007); estos autores, en su
estudio sobre los temores de los hombres a quienes se les realizó la
vasectomía, encontraron que dentro de los temores principales por parte
de los hombres estaba la pérdida de su virilidad y masculinidad, lo cual
los lleva a reflexionar sobre su paternidad, sus relaciones de pareja y el
ejercicio de su sexualidad ahora sin la preocupación de un embarazo,
que en varios casos favorece la satisfacción sexual con su pareja.

Si bien la vasectomía sin bisturí es una cirugía voluntaria, es


innegable que requiere de un acoplamiento a una nueva condición
biológica, psicológica y social en el varón y su pareja sexual (Córdoba,
Mercado & Sapién, 2010). El paso de los varones a la esterilidad
voluntaria implica para ellos una gran responsabilidad, ya que puede
confundirse con inmunidad ante infecciones o enfermedades
de transmisión sexual, lo cual podría hacerlos más vulnerables a
contagios y transmisión a sus parejas sexuales. Por lo que coincidimos
con Enriquez, Sánchez y Robles (2005) en la importancia de
proporcionar información oportuna y adecuada en cuanto a los factores
de riesgo a los que pueden estar expuestos los varones si realizan
prácticas sexuales sin protección de infecciones de transmisión sexual y
recomendar el uso del condón como un método de prevención.

Dado que la cicatríz de la cirugía por motivo de vasectomía sin


bisturí, no es perceptible, permite que los varones decidan informar o no
a la pareja sobre su nueva condición reproductiva. Esto concuerda con
lo planteado por De Keijzer (1999) y Figueroa (2006) en cuanto a que es
necesario revisar obligaciones y derechos sexuales y reproductivos de los
varones. Existen diferentes prácticas de riesgo en donde queda expuesta
no sólo la salud sexual de los varones sino también la de las personas
con quienes comparten su vida sexual.

Por otro lado, las experiencias de dolor que han tenido los varones
quedan inscritas, grabadas en su cuerpo y en sus recuerdos, formando
parte de aquél y de éstos, siendo así que para algunos hombres las
formas de manipulación que se realizan en el área genital para el
procedimiento quirúrgico y que les causa molestias o dolor, pudieran ser
interpretados como actos violentos, con todas las reservas que esto
puede tener, ya que como mencionan Ervitri, Castro y Sosa (2007), aquí
están presentes el papel que tienen las construcciones genéricas en
cuanto a la sexualidad masculina y las ideas sobre la violencia sexual.

Dolor, genitalidad y vasectomía sin bisturí 125


Las experiencias con la vasectomía permiten a los varones mirar su
cuerpo de forma diferente. Su cuerpo es ahora un cuerpo que ha sido
compartido sexualmente con sus parejas, pero a partir de la vasectomía,
también es un cuerpo que ha sido tocado y alterado en su función
reproductiva por otro varón, generalmente un urólogo. Estar en la cirugía
puede hacerlos conscientes o no de su delicadeza y su debilidad ante el
dolor genital y, a la vez, el reconocimiento de su vulnerabilidad y
significados en torno a su genitalidad y mirarse de forma distinta a como
han acostumbrado hacerlo. Al darse cuenta que requieren de cuidado
durante el rasurado genital para no lastimarse, o cuando miran el parche
en el escroto y esto les recuerda que hay una herida, se genera en
algunos desconfianza de poder retirárselo ellos solos en el domicilio por
temor a lastimarse o sangrar, y es aquí en donde su valentía es puesta
en entredicho, por lo que algunos prefieren esperar a que sea el médico
quien lo retire, aún cuando esto contravenga las indicaciones recibidas. Si
bien en otros momentos o situaciones la audacia, aparente insensibilidad
o desvergüenza masculina, es algo que los podría caracterizar, en el
espacio de la salud sexual, y directamente cuando se trata de cirugías en
su área genital, muestran que independientemente del género al que se
pertenezca, el dolor y el sufrimiento están presentes y el equipo médico
debe tomarlo en consideración para su atención y proporcionar las
mejores condiciones para la atención y recuperación de los pacientes.

Para concluir, los significados sobre el cuerpo, las experiencias de


dolor realistas e imaginadas y numerosas imprudencias de los varones
con respecto a sus genitales y su salud sexual y reproductiva, ilustran
algunas de sus debilidades en torno a su virilidad y masculinidad. No
debemos olvidar que el dolor también está presente en los varones, que
se debe continuar con la educación sobre los cuidados en su salud
sexual reproductiva y no reproductiva, que existen hombres que acceden
de manera voluntaria a la vasectomía sin bisturí y son ellos los nuevos
hombres que están formando parte de las nuevas masculinidades en
nuestra sociedad.

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126 Salud y Sexualidad


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128 Salud y Sexualidad


Capítulo 5
IDEAS Y PRÁCTICAS SEXUALES DE LOS
HOMBRES EN EL EMBARAZO: PROTECIÓN
DE LA SALUD MATERNO-FETAL

José Salvador Sapién López


Cecilia Elizabeth Gómez Montesinos
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Universidad Nacional autónoma de México

E
s común que mujeres y hombres reduzcan la frecuencia de sus
relaciones sexuales durante el período de embarazo que están
viviendo. Esta disminución en la frecuencia de relaciones sexuales
y la adopción de nuevas posiciones sexuales se vuelven más
prominentes con el avance del embarazo y la aproximación inminente del
parto (Aslan G., Aslan D., z lyar, spahi & Esen, 2005; Brtnicka, Weiss &
Zverina, 2009; Onaha, Iloabachiea, Obib, Ezugwuc & Ezea, 2002;
Von Sydow, 1999).

En la medida en que los varones conciben el cuerpo femenino


preñado como un cuerpo que requiere un trato especial y esmerado de
parte de ellos y del médico ginecoobstetra (Sapién, 2006; Sapién &
Córdoba, 2010), será factible que los cambios mencionados en el
comportamiento sexual de los varones, y otros cambios que pudieran
darse en éste durante el embarazo de sus compañeras, se vinculen con
las condiciones fisiológicas cambiantes del embarazo que ya han sido
descubiertas, pero también de modo fundamental con determinadas
ideas, concepciones o creencias masculinas acerca del desarrollo fetal,
el coito y el parto, aún si estas ideas fueran contrarias a una visión
médica y sanitaria.

Por su parte, esas ideas masculinas sobre la relación existente entre


embarazo, sexo y parto podrían ser congruentes con una cultura sexista
que asigna papeles de género desiguales –es decir, con derechos,
obligaciones y privilegios subyacentes distintos y hasta opuestos–, y
específicos para los varones con respecto a los procesos reproductivos
(Cazés, 2000; De Beauvoir, 1997; Lagarde, 1997; Rubin, 1986).

Por ello, el objetivo del presente estudio fue conocer y analizar las
ideas que expresan los hombres en virtud de las cuales transforman su
comportamiento erótico y sexual con la compañera durante el embarazo.

Se hipotetizó que los varones decrementan la frecuencia y cambian


la forma de su comportamiento sexual en distintas características a través
del embarazo, en relación con diferentes ideas o formas de pensar de su
parte, unas de las cuales se relacionan con la salud maternal y fetal y
otras con bases morales o del sentido común.

Se empleó la metodología cualitativa porque es idónea para obtener


relatos acerca de las prácticas sexuales de los varones en el embarazo y
de sus ideas al respecto. Se eligió uno de estos métodos, la entrevista
semiestructurada, ya que permite la recolección de datos y la
revaloración de los significados de las prácticas de los individuos (Castro,
1996; Martínez & Leal, 1998; Rivas, 1996; Sapién & Córdoba, 2011b;
Sapién, Córdoba & Salguero, 2010; Tarrés, 2004; Taylor & Bogdan, 1996;
Vela, 2004).

MÉTODO

Participantes

En el estudio se incluyó a 10 hombres cuyas edades estaban comprendidas


entre los 20 y 49 años. Provenían principalmente del centro del país y
residían en el Distrito Federal y zona conurbada. En su mayoría eran
casados. Sus niveles escolares y ocupaciones laborales fueron diferentes. El
principal criterio para que participaran en el estudio fue que tuvieran al
menos un descendiente. Estos datos se muestran en la tabla 5.1.

Negociación. Los varones fueron invitados personalmente a participar en


la investigación y relatar sus experiencias y maneras de pensar en torno al
encuentro y unión conyugal con la madre de su o sus hijos, el origen,
desarrollo y desenlace de los procesos de embarazo en que estuvieron
implicados y, con mayor énfasis, en torno a su vida sexual en este período.

130 Salud y Sexualidad


Tabla 5.1. Datos generales de los varones que participaron en el estudio.

Nombre Edad Origen Reside Religión Edo. civil Estudios Ocupación Hijos

Distrito Distrito
Andrés 31 Católica Casado Licenciatura Jefe administrativo Hijo de 11 meses
Federal Federal
Distrito Distrito Empleado
Juan 31 Católica Casado Secundaria Hijo de 6 meses
Federal Federal nocturno
Edo. de Edo. de Supervisor en 2 hijas: de 8 y de 4
Alberto 32 Católica Casado Secundaria
México México abarrotes años
Distrito Distrito Hijo de 4 años, hija de
César 35 Católica Unión libre Carrera técnica Repara sinfonolas
Federal Federal 1 año
Edo. de Edo. de
Axel 27 Católica Padre soltero Secundaria Cargador Hijo de 9 años
México México
Edo. de Edo. de Ejecutivo de un Hijo de 6 años e hija
Tadeo 36 Católica Casado Bachillerato
México México banco de 4 años
Edo. de Edo. de Técnico 2 hijos: de 4 y de 2
Bruno 30 Católico Unión libre Bachillerato
México México electricista años
2 hijas: la primera
Edo. de Trabajos
Rafael 20 Veracruz Cristiana Casado Secundaria falleció, la otra tiene
México esporádicos
1 año
Edo. de Maestro de la Hijo de 30 años, hija
Leo 49 Hidalgo Cristiana Separado Primaria
México biblia de 27 años

Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el embarazo


Edo. de Edo. de Empleado de una Hijo de 11 años e hija
Alfonso 33 Cristiana Casado Bachillerato
México México empresa de 3 años

131
Se les prometió un uso científico y confidencial de la información que
proporcionaran y que sus nombres reales serían cambiados por
pseudónimos, todo lo cual se cumplió.

Instrumento. Se construyó un guión temático para obtener los datos


generales y abordar con cada participante los tópicos de interés de la
presente investigación.

Procedimiento de entrevista. Los varones fueron entrevistados de


manera individual de conformidad con el formato conversacional propio
de la entrevista semiestructurada. Cada varón fue entrevistado en el lugar
que propuso, donde se sintió a gusto y pudo desenvolverse con confianza
y libertad al expresarse acerca de los tópicos seleccionados. Aunque el
tema principal de la investigación fue el comportamiento y las
experiencias sexuales del varón durante el embarazo de su cónyuge,
primero se abordaron datos generales y los temas de sus noviazgos y la
formación de la pareja con su cónyuge, con el fin doble de contextualizar
la información central buscada y de establecer un rapport significativo y
relativamente prolongado. Fueron suficientes una o dos sesiones de
entrevista para cubrir los distintos tópicos. La duración de las sesiones
fue variada. Asimismo, las entrevistas fueron grabadas con el
consentimiento verbal explícito de los participantes. Los datos sobre
el procedimiento aparecen en la tabla 5.2.

Tabla 5.2. Lugar, número y duración de las sesiones de entrevista


con los participantes.
Sesiones de
Nombre Lugar Duración
entrevista
Andrés Su oficina 1 46 minutos
Juan Habitación de un amigo 1 48 minutos
Alberto Casa de un amigo 1 1 hora, 17 minutos
César Su casa 1 1 hora, 50 minutos
Axel Casa de un amigo 1 70 minutos
Tadeo Casa de un amigo 1 45 minutos
Bruno Su cocina 1 90 minutos
1ra: 45 minutos
Rafael Oficina de un templo 2
2da: 30 minutos
1ra: 54 minutos
Leo Salón de un templo 2
2da: 25 minutos
Alfonso Salón de un templo 1 70 minutos

Codificación de la información. Se revisaron repetidamente los


discursos de los participantes para abstraer y ejemplificar tanto las

132 Salud y Sexualidad


prácticas sexuales de los varones durante los embarazos como sus
ideas al respecto. A partir de ello se definieron categorías, las cuales se
usaron como rubros de organización y clasificación de los hallazgos,
como se aprecia en la siguiente sección.

RESULTADOS

A continuación se describen las prácticas sexuales de los varones


durante el embarazo de sus compañeras y sus ideas subyacentes en
distintos rubros.

Cambio del comportamiento sexual de los varones con el inicio del


embarazo. Fue común que los varones redujeran la frecuencia de sus
relaciones sexuales e hicieran cambios en la periodicidad de éstas
(Andrés y Alberto) o les hicieran adaptaciones en su forma (Tadeo) en
cuanto se enteraron de que su compañera se encontraba embarazada:

Andrés: Por el saber que estaba embarazada y por el ritmo


de trabajo ya no eran tan constantes, si acaso una o dos
veces a la semana.
Alberto: Cuando ya vimos lo del doctor y nos dijo que estaba
embarazada pues ya fue así de “Pues ahorita te esperas,
¿no?, para tener…”. Sabes que está embarazada, ya no la
vez igual, te enfocas más en el embarazo.
Tadeo: Nos abrazábamos, nos acariciábamos y se empezaba
a dar natural, tenía ganas ella de estar conmigo y yo con ella
y ya empezábamos a tener relaciones… Nada más que
cuidábamos no aplastar el estómago.

Disminución de las relaciones sexuales por debilidad y cansancio.


Como se observó, en algunos hombres la intensificación de su actividad
laboral y la contribución que hicieron a las tareas domésticas en el
embarazo –por su intención de contar con recursos económicos más
constantes y seguros y de proteger el bienestar y salud de la gestante y
el feto– provocaron en ellos fatiga, lo cual mermó su disposición al coito:

Juan: Trabajo de noche entonces llegaba a la casa a hacer los


pendientes que había porque ella ya no podía hacer nada…
Entre hacer el quehacer, hacer la comida y trabajar y todo
créeme que quedaba muy poco tiempo para agarrar y “¿Cómo

Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el embarazo 133


estas” y todo eso, o como dice uno “Ya ni ganas de…” porque
yo terminaba totalmente agotado.
Axel: Yo tenía que darle duro al trabajo porque nos íbamos a
casar y llegaba más cansado... Haz de cuenta, teníamos
relaciones los primeros tres meses y después por allí del
cuarto mes ya no tuvimos relaciones.
Axel: Le digo “Ahorita no queremos tener relaciones, ya nada
más nos acariciamos”… Esto lo hacíamos cada tercer día y
es que yo llegaba bien cansado, ya llegaba y (ella) me
preparaba de cenar y todo, nos íbamos a acostar y nos
quedábamos bien dormidos.

Disminución del sexo en el embarazo por falta o decremento del


deseo sexual. Los varones pueden describirse a sí mismos como
carentes de deseo sexual por características personales perdurables
(Andrés) o como pacientes de un nivel muy bajo en éste por
circunstancias o cambios físicos que se asocian a la gestación y a los
propios procesos de vida (César). Por esta falta de deseo, dejaron fuera
al coito como medio de relación con la compañera embarazada:

Andrés: La sexualidad no es lo primordial para mí… Yo


puedo vivir un mes sin tener sexo y no pasa nada, o sea, ni
me masturbo ni nada.
César: En mi caso sí bajó mucho la libido… Los años pasan y
la historia de vida pesa… También creo que fue porque esas
cuestiones de si es niño o niña sí cambian… Yo no sabía que
iba a ser niña, nos enteramos hasta por el sexto mes…. Ya
sabes, el pretexto, ¿no?

Sin embargo, la falta de deseo sexual no explica del todo estos


cambios en el comportamiento sexual de los varones; pueden tener
deseo sexual y eso no basta para tener relaciones sexuales en el
embarazo:

Alberto: Creo que el hombre como que tiene más deseos


sexuales que una mujer, pero yo no le comenté nada.

Disminución o eliminación de las relaciones sexuales para no


lastimar a la mujer embarazada o al feto. Los varones expresaron
abiertamente que sus temores de lastimar a la compañera o al feto los

134 Salud y Sexualidad


llevaron a disminuir parcial o totalmente la frecuencia de sus relaciones
sexuales durante el embarazo. El vientre crecido fue una de las
principales señales de alerta para ellos:

Alberto: Como no le ves la panza en los 3, 4 primeros meses


dices “¿Si estará embarazada, no estará embarazada?...
Pero cuando empieza el cuarto, quinto y sexto mes ya
empieza a notarse y dices “Hay que cuidarte, no te vayas a
caer, te vayas a lastimar, te vayas a golpear la panza”… Y
más por lo riesgoso que era (el embarazo).
Entrevistadora: ¿Por qué decidieron no tener sexo? Axel:
Porque ya se le veía más la panza… Ella tenía miedo de que
la fuera a lastimar.

El coito vaginal en el embarazo puede ser eliminado por el varón y


la compañera con el propósito de conservar un embarazo que les fue
difícil de obtener, aunque sea con base en ideas del sentido común,
como sucedió con José, quien contó:

(1) Nuestro móvil en ese tiempo fue para tener mejor al bebé,
para no perderlo, ¡tantos años y como dicen por una
calentura perderlo! Dije “No, prefiero a mi hijo, prefiero
aguantarme en no tener relaciones a perder algo que durante
años he estado esperando”.
(2) Ya habíamos buscado y buscado y nada, entonces ella
quedó resentida en ese aspecto… Empieza a decir la gente
muchas cosas y ella agarró “Hay que suspenderlas, ¿no?”,
“Pues para mí está bien –le digo– por aquello que dicen que
si los picas abres la puerta y se salen más fácil”.

Trato erótico a la mujer y posiciones sexuales con ella para no


dañarla ni perjudicar la salud del feto. El desarrollo del embarazo y la
gestación es tan notorio y valioso para los varones que optan por
suavizar sus formas de tocar a la compañera y de vincularse erótica y
sexualmente con ella para no perjudicar su salud y la del feto:

Alfonso: En el embarazo sentía feo que la pudiera lastimar o


lastimar al bebé... (Las posiciones sexuales) cambian porque
hay temor de que vaya a pasar algo con ambos.

Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el embarazo 135


Alberto: Te enfocabas más a lo del embarazo… Dices “Esto
es nuevo y hay que tratar de cuidarlo y de no tocarle mucho
la panza, ¿no?, porque a lo mejor la estoy lastimando”.
César: Yo decía “Voy a tener cuidado de no lastimarla”,
porque la verdad sí llega un momento en que me pongo muy
eufórico y hasta brusco soy.

Conforme avanzaba el embarazo y éste se iba aproximando al


término, los varones modificaron su comportamiento sexual dando más
lugar a las caricias eróticas, adoptando posiciones y movimientos que no
presionaran el vientre, ni introdujeran el pene con fuerza y profundidad en
la vagina y evitando formas coitales poco comunes:

Tadeo: Yo la abrazaba, la apretaba hacia mí, le tocaba sus


pechos, su vagina y ella me acariciaba y ya se daba la
relación… La trataba de penetrar, yo atrás, ella adelante y
acostados porque buscábamos no aplastar su estómago
cuando ya tenía un poco más de tiempo y estaba grande.
Bruno: Era ella sentada arriba de mí para cuidar esos
aspectos, o parados… Esas dos posiciones fueron las que
pusimos… El erotismo cambió en lo que es el sexo oral
porque ella se sentía incómoda, obvio… Ella cambió conmigo
en el aspecto de que ella sí me lo hacía a mí, pero yo no a
ella… Le decía “Tenemos que hacerlo con cuidado, pues tú
eres la que va a hacer a mi hijo, la que lo tiene”.
César: Ya nos costaba más trabajo, pero seguían siendo
placenteras… Era por atrás, aunque no anal, no nos gustan
casi esas ondas (risas).
Axel: Yo lo hacía con más precaución para no lastimarla, o
sea, ya no le daba vueltas... Ella siempre estaba arriba en el
embarazo… Le besaba el cuello, empezaba con sus pechos,
todo, luego con su parte (vagina) que también la besaba, me
quedaba (quieto), luego ella empezaba conmigo, lo mismo
también, luego me la subía… Era con tranquilidad, se paraba,
le decía “Despacio, súbete arriba de mí con cuidado”.
Rafael: Ya no se pueden adoptar las mismas pociones, por el
tamaño de su vientre, le estorba, le duele… Que ella esté
arriba de frente, esa ya no, o de que yo esté arriba de ella,
tampoco. Era de lado estando acostados, ella de espaldas…
La de parados, también ella dándome la espalda yo tras de

136 Salud y Sexualidad


ella sujetándola de los pechos o abrazándola y eso, no
penetraba todo porque le llegaba a doler su vagina… Lo
teníamos que hacer con más cuidado, sin tantos movimientos
o jalones, y acostados y ella de lado… Me gustaba más
cuando ella se subía arriba de mí y yo acostado y ella
sentada, pero a ella le gustaba más de lado porque ni la
lastimaba ni le dolía.

Ante estos cambios en el comportamiento sexual por el embarazo se


identifican dos posturas opuestas acerca de las sensaciones o el placer
que experimentan los hombres: el sexo empeora (Axel) o mejora (Rafael):

Axel: (El sexo) es mejor cuando no está embarazada, pues


puedes hacerlo con más movilidad, puedes girar todo, es una
experiencia muy chida, pero hacer el amor, tener sexo (en el
embarazo) es difícil, siempre sientes que puedes lastimarla,
miedo a pegarle al bebé o cosas así.
Rafael: Me pedía que yo la excitara más antes de la
penetración... Se volvió más exigente y a la vez sensible, lo
hacía con más delicadeza, ya sin rudeza… Era un poco más
despacio, tranquilo, lo disfrutábamos más todo, yo digo que el
sexo se disfruta más cuando una mujer está embarazada.

Rafael dio testimonios de algunos cambios en los significados


masculinos atribuidos al cuerpo preñado (1) y en el erotismo (2), conforme
avanza el embarazo:

(1) Sus pechos se agrandaron, pero yo no podía verla así


como deseándolos sino que la veía muy bonita o maternal…
Yo entendía que era por su embarazo, por la leche que se le
acumulaba… Una de sus tías me dijo que le chupara sus
senos para que le formara sus pechos para que estuvieran
listos para el bebé, pero no se lo hice porque cuando se le
hace pezón a la mujer y después termina la lactancia y su
embarazo, le queda muy grande el pezón.

(2) Probé su leche por curiosidad, “¿A qué sabe?”, y a veces


porque se le salía la leche al penetrar cuando estábamos en
el acto… Se le salía un chorrito y nos daba risa porque me
caía en la cara, o se le hacía bolas y tenía que sobársela

Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el embarazo 137


hasta que empezaran a trabajar las glándulas mamarias, ya
se salía y me daba a probar con la mano.

Eliminación del sexo al final del embarazo. Fue común que al final del
embarazo los varones redujeran de manera pronunciada o tendieran a
eliminar las relaciones sexuales que incluyen la penetración, aún en
contra de su propio deseo sexual:

Andrés: Nuestras relaciones siguieron hasta el séptimo u


octavo mes… Ella ya sufría bastante, o sea, ella hizo mucho
estómago, entonces ya no podíamos, ya la lastimaba, o yo a
veces intuía, no sé, a lo mejor ignorancia mía, que podíamos
lastimar al bebé.
Alberto: Como a los 7, 8 meses creo ya como que necesitas
tener o te nace tener relaciones pero en ese momento no
puedes… Y masturbarte no tiene una buena lógica.
Bruno: Los últimos dos meses antes de que naciera el bebé
no hubo nada, más que una vez.
Leo: Pocas relaciones sexuales. Decían que ya no se puede
de los seis meses en adelante porque lastimabas al bebé.
Alfonso: Seguíamos teniendo relaciones hasta el octavo mes,
y ya después (decidimos) no tener relaciones.

Sin embargo, a pesar de que los varones no practiquen el coito con


sus compañeras al final del embarazo, pueden seguir sintiendo y
mostrándoles su afecto, atracción y erotismo:

Alfonso: Nos dormíamos juntos, yo la abrazaba, la besaba en


la boca… Le acariciaba la espalda, la pancita… No teníamos
una relación sexual pero sí había caricias, todo lo de ella me
gustaba, todo, cara, manos, cabello.

Rechazo a la solicitud de la mujer embarazada de tener sexo. Las


ideas contra las relaciones sexuales en el embarazo y las
preocupaciones o temores a causar daño a la compañera y al feto son
tan definidos e inflexibles en algunos hombres que ellos rechazan parcial
o absolutamente las peticiones y reclamos de sexo de parte de sus
cónyuges:

138 Salud y Sexualidad


Axel: Ella tenía ganas de hacer el amor y yo le decía “No,
como que te voy a lastimar”. “No”, que no, me decía… Yo le
decía “No, es que no sé cómo está tu vientre, todo”, y ella
“Vamos a hacer el amor”, yo “Órale”… Yo no quería, no tenía
ganas, por lo mismo que ya se le marcaba más su panza.
Andrés: Ella sí quería, pero yo le comentaba que yo no sabía
si podíamos lastimar al bebé… Ella me decía que no… En
una ocasión llegamos a tener, pero yo ya nada más estaba
pensando en que no la fuera a lastimar… Para mí ya no era
satisfactorio.
Alfonso: Se dio cuenta de que yo ya no quería estar con ella,
pero lo platicamos, ¿Sabes qué?, pues no quiero que le pase
nada al bebé o a ti”.
Bruno: Había momentos en que ella me decía “Reacciona,
todavía soy mujer, todavía tengo eso, ¿no?”, yo “Pues vamos
a hacerlo con cuidado”… Yo le decía “Así va a ser de aquí
hasta que nazca, porque así va a ser, dime ignorante, dime lo
que quieras pero así va a ser, no quiero que nada interfiera
con el embarazo.

Los varones pueden resistirse también, imponiendo su criterio, a


practicar algunas posiciones sexuales pedidas por sus compañeras.
Contó César:

A ella le gustaba mucho la del misionero, entonces yo le


decía “Ay, no”, es que yo sentía la panza del bebé y sentía
que la apachurraba… Ella me decía “Es que no la estás
apachurrando” y yo “Es que yo sí siento”… Entonces mejor
se volteaba y ya seguíamos”.

Infrecuencia del coito ante los malestares, indisposición o rechazo


de la compañera embarazada. Existen ocasiones en que disminuyen las
relaciones coitales en el embarazo, en respuesta de los varones al estado
de salud o condición física y/o psicológica de la cónyuge y a la
comunicación o conflictos de pareja:

Bruno: Se le hinchaban más las piernas, le daban ascos, se


enfermaba más seguido, entonces ya era prácticamente “Es
que no puedo, estoy mala”… La cuestión también de “Ay,
ahora no tengo ganas. No me molestes”.

Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el embarazo 139


Axel: A ella la sentía fría… Cuando estábamos de novios lo
hacíamos por puro placer… Cuando estuviera embarazada
yo esperaba que lo hiciéramos con más amor porque iba a
tener un hijo mío, pero no… Me decía “Pero si quieres te
hago venir de otra forma para que tú te sientas bien”, le digo
“Si tú quieres”… Para que no me fuera con otra mujer ella me
hacia sentir bien… Ella me masturbaba… Me hacía sexo oral
y sí me hacía venirme, y yo sí sentía rico, pero también me
sentía mal por no hacerla sentir bien.
Rafael: Lo que me gustaba más de ella era su pancita, me la
pasaba tocándola, acariciándola o sobándola y me gustaba
verle su pancita, olerla, y de mi parte había excitación, pero
nada más de mi parte, porque de ella casi no, porque se
volvió más sensible, más maternal, por lo mismo se resistía a
la excitación.
Rafael: Le dio la infección como dos o tres semanas, y como
hicimos las cuentas la infección me la pasaba y yo se la
pasaba si no usábamos condón, pero mejor decidimos no
tener, lo hicimos hasta que se le quitó la infección.
Leo: Ella me decía “Es que tú estás loco, ¡cómo me agarras
tú así!” Porque yo la agarraba (desde atrás) como veía a los
animales. Hasta allí comprendí que no es así… Siempre que
yo intentaba me decía “Déjame, no me agarres, no te
quiero”… Yo era el que quería un hijo y ella no. Me decía “No
quiero nada de ti”… No había amor, cariño… Cada quien se
dormía por su lado de la cama, hasta que nació el bebé…
Eso del embarazo fue como tipo violaciones para ella, y para
mí ahora sí que triste o a veces enojado… (Las relaciones
sexuales fueron) a fuerzas, yo nunca le llegué a pegar y ella
era la que me rasguñaba todo mi cuerpo, lo que alcanzara,
pellizcos, y así recibí a todos mis hijos. También recibía
palabras que duelen internamente, me decía “Desgraciado”,
era su palabra… Cuando ella se embarazaba tardaba
semanas en que se le quitara ese enojo y ya mejor no la
tocaba.

Disminución de las relaciones coitales por los significados


atribuidos al feto y sus movimientos. Efectivamente, los fetos,
concebidos como bebés e hijos, son valiosos para los varones a través

140 Salud y Sexualidad


del embarazo, incluso cuando no son deseados por la mujer gestante (la
ex cónyuge de Leo):

Alberto: El sentimiento que tienes hacia ella es más cariñoso,


ya no nada más es de una sola persona sino de dos
personas, tanto de ella como del bebé.
Tadeo: Íbamos a las consultas con el médico para ver cómo
el bebé iba evolucionando.
Axel: Yo ya sabía que era niño porque nos fuimos a hacer un
ultrasonido y ya nos dijo el doctor “Mira, aquí está su
penecito”, como que el bebé estaba abierto de patitas… Fue
a los seis meses, sentí bien bonito, porque siempre un
hombre va a querer tener un hombre, el primero.
Bruno: Yo le decía “Gracias por lo que traes adentro, por
tomarte el tiempo”. Nunca le dije “Me gustas porque estás
embarazada”, tal vez porque apartaba mucho el bebé de lo
que es ella.
Leo: Se movió el bebé. Ella me dijo “Mira ya estoy
embarazada”. Yo sentí bien bonito “¡Qué bueno que Dios nos
concedió un bebé!”, pero ella me dijo “No lo quiero tener, yo
te decía que no te metieras conmigo”.

En congruencia con lo anterior, los varones que tuvieron


percepciones, imaginaciones y actuaciones con el feto como si éste ya
fuera un bebé, modificaron en distinto modo y grado su comportamiento
sexual con la compañera en los últimos meses de embarazo:

Axel: Que ella esté arriba de mí y que el bebé se empiece a


mover, sí se siente bien bonito, y sí, cuando está embarazada
la ves más maternal, la madre de tu hijo, más tierna que
cuando no está embarazada.
César: Yo le decía al bebé “Le voy a hacer el amor a tu
mamá” y le platicaba y todo eso ¿no?, y “No te vayas a
enojar”, y el otro empezaba a patalear.
Alfonso: En el octavo mes, ya de las últimas veces que
teníamos relación, se sentía el movimiento del bebé y se
sentía raro… Ya no nos gustaba… Yo sentía que estábamos
afectando al bebe, como que yo lo estuviera lastimando, que
ya no fuera agradable para él, que sintiera feo, como si a mí

Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el embarazo 141


me estuvieran picando con un dedo, me estuvieran
molestando… Sí tenía apetito sexual pero, por lo mismo que
estaba embarazada, si bajó. Era un sentimiento, algo que me
conmovía a no tener la relación con mi esposa.

Bruno destacó porque se dirigió al feto para poder disminuir su deseo


y excitación sexual: “Yo lo que hacía era pues hablarle a mi hijo para
distraerme, no pensar en eso”.

Rechazo intrínseco del hombre por el sexo en el embarazo. En


ciertos casos los varones se resisten a tener sexo en el embarazo,
incluso sexo extramartital (Axel), en virtud de sus creencias
incuestionables sobre su abstinencia sexual en este período:

Bruno: Nunca me ha gustado depender del sexo y menos en


el embarazo, se me hace muy estúpido, “¡Oye, tu esposa
está embarazada!”. Se me hace como muy urgido,
depravado, que sí llego a tener mis momentos débiles, pero
digo “Así es esto, me tengo que aguantar”.
Alfonso: Hay algo raro en el cuerpo, porque pues realmente
los senos se hicieron para amamantar a los bebés… Yo la
dejé de tocar en esa parte, podía abrazarla, besarla, todo su
cuerpo. Besaba sus senos, pero con menos frecuencia…
Cuando dejó de estar embarazada todo fue normal.
Alfonso: Lo que no es normal es que hay un ser vivo dentro
de ella durante el embarazo… Si nosotros nos hubiéramos
preparado desde un principio, y hacer las cosas como son,
quizá hubiera sido algo mejor para nosotros y no hubiera sido
nada raro, porque es una etapa.
Axel: Una vez mi mamá me dijo “Vete de parranda, yo sé que
tienes necesidad, pues eres hombre”. Yo le dije “No, jefa,
¿cómo cree?, no quiero a otra, yo estoy con Juana y a ella la
quiero, me aguanto y ella se aguanta, es lo justo”. En una
ocasión unas amigas se me insinuaron y como yo les dije “No
quiero sexo ahorita”, ellas me dijeron “¿Qué, eres puto, o
qué?”, yo “No, pero no quiero ahorita nada” y de verdad no
hice nada.

142 Salud y Sexualidad


Discordancia en el deseo sexual de la pareja. Varones y mujeres
embarazadas pueden estar en disonancia en cuanto a sus deseos y
necesidades sexuales. Esto sucedió con Alfonso:

Cuando yo quería, ella ya no quería... De repente uno o el


otro tenía deseo, pero se puede decir que no estábamos en
el mismo tono… Si yo me iba a trabajar en la noche, cuando
regresaba estaba cansado y si ella tenía ganas, ese deseo,
pues yo no, yo lo que quería era dormir, descansar, o
viceversa, si yo tenía ese deseo, la agarraba en un mal
momento, con un mareo o que ella no tenía ganas.

Asimismo, Axel y su compañera, extremadamente celosa, disentían


respecto de algunas conductas eróticas, en la medida en que él tenía
deseo sexual y ella no, pero ésta quería evitar que él buscara placer
sexual extramarital. Narró Axel:

(1) Yo le decía “Nada más no me vayas a acariciar mi pene”,


ella “¿Por qué?, ¿otras viejas ya te lo tocaron?”, siempre bien
celosa, ¿no? Le digo “Es que no quiero que me pongas
cachondo y, la verdad, voy a tener ganas”.

(2) Ella me dijo “Oye, pero si ya no vamos a tener relaciones


¿te vas a ir con otras mujeres”, yo “No”. “¿Seguro?”, me dice.
Yo “Sí, te voy a esperar”, y ella “Ah, bueno”

(3) Ella me decía, no sé, cada tercer día “¿Ya no me vas a


acariciar?, ya has de tener a otra que has de acariciar bien
rico”… Ya yo empezaba a acariciarla para que no molestara.

Cuando la distancia afectiva y sexual entre los miembros de la pareja


es abismal, un hombre –como Leo, con deseo sexual no siempre
satisfecho, y que es rechazado por su cónyuge–, puede recurrir al
autoerotismo en el embarazo:

Leo: Mi deseo sí seguía, pero a mí me dijeron “Cuando no


pueda, hágase la masturbación”, eso lo supe aquí en México,
los chavos, los amigos, y yo la mera verdad sí la practiqué
para no estar con ella (su exposa) y lastimar.

Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el embarazo 143


Sexo en el embarazo y consejo médico. Cuando los varones y sus
compañeras tuvieron dudas o sospechas en torno a los perjuicios del
sexo sobre el embarazo avanzado y el feto más desarrollado, pidieron
asesoría profesional. La opinión médica les permitió, como a Alfonso,
tener sexo más tranquilos y adoptar prácticas sexuales menos riesgosas:

(1) A los seis meses del embarazo acudimos abiertamente


con el doctor y preguntamos ¿Cómo le hacemos para tener
relaciones?... Nos dijo que lo mejor era que yo estuviera
abajo y mi esposa arriba para que yo no la lastimara… De allí
comenzamos a practicar sólo esa posición.

(2) El médico nos dio indicaciones… (Dijo) que cuando


nosotros llegamos a tener una relación el bebé se sentía
protegido, sentía nuestro cariño y afecto hacia él, y lo
hacíamos de esa forma.

No obstante, los consejos del médico también pueden conducir a la


pareja a suspender las relaciones sexuales. Dijo Bruno: A partir de los
siete meses ya no hubo nada, por la recomendación del ginecólogo…
Nos decía “Miren, sí pueden pero tienen que ser muy cuidadosos, el
producto ya está grande.

DISCUSIÓN

El embarazo, en tanto proceso fisiológico, comienza con la fecundación y


causa pronto estragos en las mujeres. Pero, el rótulo de embarazada,
sellado por el diagnóstico médico, dio pauta a los varones involucrados
para que resignificaran el cuerpo preñado de la cónyuge como un cuerpo
que les merecía un trato distinto y esmerado (Sapién, 2006; Sapién &
Córdoba, 2010), lo cual enseguida ejerció un influjo en la relación de
pareja y el comportamiento sexual. Es decir, la idea o certeza masculina
acerca de la existencia del embarazo constituyó enseguida una directriz
fundamental del comportamiento sexual.

En marcado contraste con algunos nigerianos, cuya cónyuge


cursaba un embarazo, los cuales fueron estudiados por Lawoyin y Larsen
(2002) y Lawoyin, Osinowo y Walker (2004), en la presentes investigación
se encontró que ningún participante buscó ni practicó actividad sexual
con otras mujeres (novias estables o nuevas, esposas de otros y

144 Salud y Sexualidad


trabajadoras sexuales), durante la gestación de su descendiente. Esta
tendencia al comportamiento monogámico en el embarazo, exhibida por
los varones de nuestro estudio, fue hallada por estos autores
principalmente en varones de más edad o pertenecientes a niveles
socioeconómicos más elevados.

El embarazo de la compañera, concebido por los participantes como


una condición biológica intrínsecamente delicada y socioculturalmente
valiosa (Sapién, 2006; Sapién & Córdoba, 2010), los inspiró en adelante a
protegerlo haciendo ajustes para ello a su comportamiento sexual:
relaciones sexuales más esporádicas y empleo de posiciones sexuales
más seguras para la mujer y el feto, cambios que se pronunciaron
conforme avanzaba el embarazo, crecía el vientre preñado, era más
grave la sintomatología fisiológica y psicológica del embarazo, se
complicaba la salud materna y fetal, se presentanban amenazas de
aborto o de nacimiento prematuro y se aproximaba el parto (Aslan et al.,
2005; Brtnicka et al., 2009; Onaha et al., 2002; Von Sydow, 1999).

Sin embargo, el presente estudio, de corte cualitativo en el sentido


planteado por diversos autores (Castro, 1996; Martínez & Leal, 1998;
Rivas, 1996; Sapién & Córdoba, 2011b; Sapién et al., 2010; Tarrés, 2004;
Taylor & Bogdan, 1996; Vela, 2004), permitió identificar que el
comportamiento sexual de los varones durante el embarazo se
transforma en varias de sus dimensiones, características o variables, no
sólo en la frecuencia del coito y en las posiciones sexuales. Los varones
practicaron las relaciones sexuales en el embarazo con más lentitud y
menos rapidez, fuerza y rudeza en los movimientos y contactos sexuales
implicados; animaron preferentemente el empleo de posturas que
disminuyeran o evitaran la presión del vientre y el feto; realizaron
penetraciones pene-vagina más lentas y suaves y menos fuertes,
frecuentes y profundas; incorporaron una gama de caricias y palabras
complementarias o sustitutas del coito con la pareja, las cuales fueron
consideradas por ellos como tiernas, suaves, cálidas, amorosas y
sensuales; dieron lugar a conductas, manipulaciones y estímulos
placenteros que las compañeras o ellos mismos improvisaron para
compensar o contener el deseo, placer o satisfacción sexual de estos
últimos, quienes como hombres solieron privilegiar o sobrevalorar el coito
sobre otras relaciones eróticas que no incluían directamente sus genitales
(Valdés, Sapién & Córdoba, 2004; Córdoba, 2005).

Ideas y prácticas sexuales de los hombres en el embarazo 145


Podría afirmarse, de modo más abstracto, que estos cambios del
comportamiento sexual de los hombres se vuelven más notorios en
función de los hechos concretos del desarrollo y la delicadeza o gravedad
del embarazo de la compañera, pero definitivamente –lo que es de relieve
en este estudio– se ven mediatizados por sus propias experiencias
previas y en este período y por sus ideas o significados de origen cultural
y autobiográfico sobre lo que es la pareja, el sexo, el embarazo, el parto,
la paternidad, la maternidad y la familia, y la relación que conciben entre
todos estos elementos.

Aunque varias formas de participación de los varones y su


comportamiento sexual durante el embarazo de la compañera han tenido
consecuencias prácticas positivas para llevar a buen término los procesos
de gestación uterina, todavía persisten en ellos algunas dudas explícitas
y ciertas creencias socioculturales no sustentables sobre el embarazo y el
trabajo de parto y acerca del vínculo de ambos y con el coito, lo mismo
que modos infructuosos de afrontarlos, que sugieren que ellos, y no sólo
sus compañeras, requieren de asesoría por parte de educadores
perinatales a fin de que practiquen comportamientos sexuales y de otro
tipo y asuman actitudes más saludables y solidarios en este período
(Allen & Fountain, 2007; Brown, Bradford & Ling, 2008; Sapién &
Córdoba, 2011a).

Finalmente, si bien fue posible mostrar la importancia que para los


hombres tienen sus ideas sobre la relación existente y conveniente entre
el sexo y el embarazo como sustento de su comportamiento sexual
intencional en este período, este tema todavía requiere de mayor
indagación.

REFERENCIAS

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146 Salud y Sexualidad


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148 Salud y Sexualidad


Capítulo 6
LOS MOTIVOS POR LOS QUE MUJERES Y
HOMBRES TIENEN SEXO: ¿CONSTRUYENDO
NUEVAS REGLAS?

Tania Esmeralda Rocha Sánchez


Rolando Díaz Loving
Marcela Tárano Vázquez-Mellado
Unidad de Investigaciones Psicosociales
Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

E
studiar la sexualidad humana se hace indispensable si se toma en
consideración que las interacciones sexuales entre las personas
pueden favorecer la cercanía en las relaciones de pareja y el
sentirse bien con uno mismo y con la pareja. Tal como ha sido sugerido
en la literatura (Sprecher, 2002) los sentimientos de satisfacción con los
aspectos sexuales contribuyen en la satisfacción general que se tiene con
la relación afectiva y con la estabilidad que puede lograrse a través del
tiempo. Empero, también es cierto que en la misma medida en la que el
tener relaciones sexuales puede provocar reacciones positivas en las
personas y vivirse de una forma reforzante y estimulante, en algunos
casos las reacciones pueden llegar a ser negativas y provocar estrés,
insatisfacción y conflicto (Impett, Peplau & Gable, 2005).

Es interesante, pero ante la pregunta de por qué las personas tienen


sexo o hacen el amor, parece que pese a su relevancia ha sido poco
estudiado, entre otras cosas porque se piensa que las respuestas son
muy obvias; la gente tiene sexo para experimentar placer, para expresar
amor o para reproducirse (Buss & Meston, 2010). En un estudio realizado
por Buss y Meston en el 2007 con alrededor de cuatro mil personas en
estados unidos, lo que identificaron fue que había un aproximado de 237
motivaciones sexuales diferentes, que implicaba aspectos tan triviales
como el estar aburrido, aspectos positivos como querer sentirse bien con
uno mismo, motivaciones altruistas asociadas con la posibilidad de que la
otra persona se sintiera bien e incluso también aspectos de venganza
como el querer castigar a la pareja (ver Buss & Meston, 2010). Una de las
conclusiones que los autores hacen en su estudio es que aunque la
motivación sexual es un tema por demás complejo y fascinante,
desafortunadamente ha sido poco explorado.

Las aproximaciones iniciales al estudio de la sexualidad humana se


han caracterizado por ignorar los aspectos motivacionales involucrados
con la conducta sexual (ver Impett, Peplau & Gable, 2005). Quienes han
intentado aproximarse a este aspecto, lo han hecho de una forma parcial y
simplista, dando una orientación primordialmente biológica. En la
actualidad existe una mirada más incluyente en tanto las teorías
motivacionales han incorporado una variedad de incentivos entre los que
se mencionan aspectos tanto externos al individuo como factores
específicos que se involucran con las relaciones íntimas (ver Basson,
Leilblum & Brotto, 2003).

En la revisión realizada por Impett et al. (2005) se muestran varios


estudios empíricos que reflejan la variedad de razones por las cuales las
personas se interesan en el sexo, más allá del placer físico y sexual que
éste provoca. Básicamente lo que los autores reportan como más
frecuente son los deseos de reproducción, el placer de la pareja, la
promoción de la intimidad en una relación que se valora, para descargar la
tensión sexual, para obtener experiencia sexual, para prevenir conflictos en
la relación, para experimentar una sensación de conquista y para
impresionar a los pares (p.e Hill & Preston, 1996). Sin embargo, los
estudios han sido realizados varios años atrás y en poblaciones que no son
equiparables a nuestro contexto cultural.

Aunado a lo anterior, también se ha indicado que una de las


principales limitaciones en el estudio de las motivaciones sexuales ha sido
la carencia de un marco conceptual bajo el cual entender y estudiar tal
fenómeno. En ese sentido uno de los marcos teóricos que ha resultado ser
un eje en la comprensión de la conducta sexual humana ha sido el
paradigma socioevolutivo. Bajo tal perspectiva, existen fuerzas básicas que
promueven la conducta sexual en hombres y mujeres, a saber la
sobrevivencia y la reproducción. La literatura al respecto de este tema es
extensa y dentro de los hallazgos más importantes destaca el hecho de

150 Salud y Sexualidad


que se considera que los seres humanos son “medianamente” polígamos
con una tendencia a la monogamia serial, justo en pro de asegurar un
mayor potencial reproductivo (García & Reiber, 2008). Se asume también
que los hombres son más sexuales que las mujeres en gran medida por el
proceso de inversión diferencial que involucra para hombres y mujeres el
tener sexo; en el primer caso, entre más relaciones o vínculos sexuales se
tengan, se garantiza la posibilidad de tener más progenie y el costo o
inversión que implica para los hombres tal proceso es mínimo en
comparación con lo que resulta para las mujeres, quienes desde esta
mirada se preocuparían más por hacer una selección de pareja adecuada
en tanto garantice que puede hacerse cargo de la progenie y tiene los
genes adecuados para asegurar la sobrevivencia y adaptación de los hijos.

Cuando se alude a las razones y motivos por los cuales las personas
tienen sexo casual, la postura socioevolutiva ofrece explicación en términos
de los varones, quienes, como ya se dijo, tienen una mayor tendencia a
buscar más vínculos sexuales a corto plazo, asegurándose únicamente de
que las mujeres tenga potencial reproductivo y ellos inviertan poco en el
proceso, a menos que exista el interés de criar a los hijos (Buss, 2003).
Pero en el caso de las mujeres, como sugieren García y Reiber (2008), es
mucho más difícil explicar tal proceso, es decir, ¿por qué las mujeres
buscan sexo casual? Al menos desde la mirada tradicional se asumiría que
las mujeres buscan relaciones a largo plazo que precisamente garanticen
la posibilidad de tener los recursos y la protección para su progenie.

En el estudio realizado por Buss y Meston (2010), a partir del cual


entrevistaron a mujeres en un lapso de cuatro años, se hace evidente la
diversidad de motivaciones implícitas y explícitas por las que las mujeres
llegan a tener relaciones sexuales. De acuerdo a sus hallazgos se
evidencia que por cada razón que impulsa a las mujeres a tener r
elaciones sexuales, puede haber experiencias de éxito y de fracaso. Las
mujeres actualmente parecen rescatar su lado sexy y su sexualidad, pero
los objetivos que buscan a través del sexo parecen no ser siempre
logrados. Dentro de las motivaciones sexuales reportadas se indica que
muchas de éstas rebasan los dictados biológicos. En el estudio
mencionado, las mujeres aseguraban que el sexo era empleado para
no sentirse solas, para tener una mejor autoestima o como una forma de
experimentar a Dios. Asimismo, también, y de manera contraria al dictado
de que “las mujeres tienen sexo por amor”, en el estudio expuesto muchas
mujeres simplemente tenían sexo por que era agradable.

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 151
Considerando lo anterior, uno de los hechos más importantes dentro
del tema de la conducta sexual seguramente es el que la mayoría de los
comportamientos sexuales de hombres y mujeres en la actualidad suelen
alejarse de las expectativas e implicaciones que tiene el dimorfismo
sexual (García & Rieber, 2008). Es decir, más allá de estos lineamientos
socioevolutivos, resulta fundamental considerar que el sistema de
emparejamiento y de establecimiento de vínculos sexuales entre hombres
y mujeres tiene una alta dependencia al contexto específico, aunado a
que presentará variaciones según el tipo de relación de la que se hable (a
corto o largo plazo). En ese sentido, es factible que dada la complejidad
del contexto y la forma en la que socialmente ha evolucionado el proceso
de emparejamiento, muchos de los lineamientos socioevolutivos quedan
de lado o se vuelven menos relevantes a la hora de explicar este tipo de
conductas. Como lo sugieren García y Rieber (2008),la conducta sexual
se coloca justo en una intersección entre la biología (incluyendo
anatomía, fisiología, neurología y endocrinología), psicología y normas
culturales, así como la accesibilidad y facilidades que se dan en torno a la
posibilidad de establecer relaciones románticas y reproductivas.

Por lo tanto, la forma en la que actualmente hombres y mujeres


establecen vínculos sexuales resulta una posibilidad interesante justo
para comprender de qué manera la forma en la que han sido socializados
desde el género y las condiciones contextuales de una cultura como la
mexicana, pueden permear en los motivos y razones que llevan al
establecimiento de estas relaciones. Cabe aclarar, como lo sugieren
García y Rieber (2008), que aunque puede haber cambios importantes en
torno a las innovaciones culturales y tecnológicas, lo cual promueve que
haya un repertorio conductual más amplio, la estructura de fondo o la
base de nuestras motivaciones puede no presentar cambios tan
drásticos. Los autores proponen, por ejemplo, que aunque los
supermercados han sustituido el proceso de cacería, eso no ha quitado la
base motivacional de la conducta de alimentarse. En ese sentido, es
interesante pensar cómo es que actualmente se vive el hecho de tener
sexo ante la creciente apertura que existe en el campo de la sexualidad,
el mayor empoderamiento de las mujeres, la autoapropiación de sus
cuerpos, el impacto de las innovaciones reproductivas y anticonceptivas
que han disociado el asunto de la sexualidad y la reproducción y la
presencia de una mayor conciencia sobre la posibilidad de elegir, a la par
de las transformaciones y el impacto que todo lo anterior ha tenido
también en la identidad de los varones.

152 Salud y Sexualidad


Aunque la mirada evolutiva sugiere que dado el sexo de las personas
existen patrones de comportamiento esperados, en realidad tanto hombres
como mujeres parecen buscar intimidad, sexo y amor. En el estudio
realizado por García y Rieber (2008) se muestra que los hombres también
buscan algo más que sexo, aunque por supuesto suelen tener más
encuentros a corto plazo, como ya se dijo, por el bajo costo y el alto
beneficio que involucra para ellos. No obstante, al mismo tiempo también
se muestra que sólo un 8% de las mujeres en encuentros casuales busca
obtener una relación a largo plazo, aunque los costos para ellas sí son más
elevados. Por otra parte, en el análisis que los autores realizan sobre las
etapas en la historia de vida aludiendo, por ejemplo, a la distancia que
existe entre la menarca y el primer acto de reproducción, se señala que en
las últimas décadas esta distancia se ha incrementado y esto abre un
panorama para más oportunidades y exploración en la vida sexual. De
manera puntual indican que en la actualidad muchos hombres y mujeres
tienen sexo solo por “tener sexo”. Y esto se ve apoyado porque en el
contexto cultural, actualmente ya existe una mayor apertura hacia la
socialización sexual de los jóvenes (Ward, 2003).

Ante los planteamientos previos, cabe aclarar que no se trata de


abortar o dejar de lado el paradigma socioevolutivo, pues sin lugar a dudas
ha contribuido a un fuerte campo de investigación y comprensión de la
sexualidad humana (ver Strout, 2006), empero, es factible que no esté
tomando en consideración las experiencias sexuales que actualmente
pueden tener las personas, sobre todo las mujeres. Es decir, debe
recordarse que el crecimiento personal, social y profesional de las mujeres
ha llevado a que se abran las posibilidades en materia de cómo vivir su
sexualidad y, en mucho, ésta parece alejarse de paradigmas reproductivos.

En una propuesta reciente y novedosa, Impett et al. (2005) sugieren


que el paradigma teórico “aproximación-evitación” podría ser útil en la
comprensión de los motivos por los que la gente tiene sexo. De acuerdo a
los autores, varias teorías que aluden al proceso motivacional sugieren que
existen dos clases de sistemas, un sistema que tiene que ver con la
aproximación o “apetitivo” y otro que se vincula a la evitación o “aversivo”.
Dichos sistemas se considera que se encuentran presentes en una misma
persona y que actúan de manera independiente. Los datos que apoyan la
existencia de estos sistemas independientes se basan en mecanismos
neurales. Básicamente a lo que estos sistemas aluden, es que en el
proceso de autoregulación, los individuos pueden enfocar su atención en
promover estados positivos (esto se vincularía con el sistema de

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 153
aproximación) y otras personas se enfocarían en evitar estados negativos
(es decir, emplean el sistema de evitación). En el contexto de la motivación
sexual, lo que Impett et al. (2005) sugieren es que la gente puede llegar a
tener sexo por motivos vinculados a la búsqueda de resultados positivos,
como por ejemplo, búsqueda de placer personal, la felicidad de su pareja o
el fortalecer la intimidad en una relación de pareja. En tanto, algunas
personas pueden tener sexo porque pretenden evitar resultados negativos,
como puede ser no querer sentirse frustrados sexualmente, evitar que la
pareja pierda el interés en la relación o evitar un conflicto en la pareja.

Este planteamiento se vuelve muy interesante en la posibilidad de


comprender la forma en la que los motivos para tener sexo y el sexo en sí
mismo se colocan como mediadores en el vínculo de pareja. Los autores
refieren que el paradigma de aproximación-evitación rara vez ha sido
empleado para estudiar la sexualidad humana y cuando se ha empleado,
se ha hecho más bien para evaluar la conducta sexual de riesgo y no otra
clase de impacto, como puede ser el bienestar generado. Las personas
pueden vivir experiencias emocionales muy diversas en función de los
motivos que tuvieron para vincularse sexualmente con alguien. La
propuesta es que si se vinculan sexualmente con alguien por motivos “de
aproximación” (p.e. tener placer físico), entonces la experiencia es vivida
como algo reforzante y esto puede influir en una mayor satisfacción e
identificación empática con la pareja. Pero si la persona se involucra
sexualmente por motivos “de evitación” (p.e. evitar un conflicto en la
relación, evitar que la pareja se enoje o para sobrellevar nuestras
emociones negativas) es posible que esto, más que generar alivio, conlleve
a una mayor ansiedad.

En un estudio piloto realizado por Impett (2000, en Impett et al., 2005)


se hace evidente que las personas que tienen sexo por motivos de
aproximación suelen experimentar más sentimientos de excitación, amor y
pasión en comparación con quienes al tener motivos de evitación lo que
suelen experimentar es enojo, vergüenza y miedo. Asimismo, el autor
reporta que los participantes que indicaron tener sexo para satisfacer las
necesidades de su pareja reportaron una mayor satisfacción en la relación,
en tanto quienes aludieron al sexo como una forma de evitar tensión y
prevenir que su pareja perdiera interés, reportaron una menor satisfacción.

Por lo tanto, las motivaciones que las personas tienen para decidir
tener sexo con alguien parecen ser cruciales en la posibilidad de
experimentar una mayor satisfacción, cercanía y menor conflicto o todo lo

154 Salud y Sexualidad


contrario, dependiendo de si lo que se busca es fomentar aspectos
positivos (sistema de aproximación) o bien lo que se pretende es evitar
problemas (sistema de evitación). Uno de los hallazgos más interesantes al
respecto del estudio (Impett et al., 2005) es que al evaluar qué funcionaba
como mejor predictor del bienestar individual y en la pareja, y tomando en
cuenta la frecuencia con la que las personas tenían sexo y el deseo sexual
que experimentaban, los motivos sexuales se colocaron como predictores
significativos del bienestar.

La pregunta que queda en el aire es si los hombres y las mujeres al


final de cuentas llegan a tener sexo o “hacen el amor” por razones
parecidas. Responder no es tan sencillo, pues si bien se ha indicado que,
por una parte, existen patrones de carácter evolutivo que podrían ser
responsables de las formas y manifestaciones diferenciados de la
conducta sexual entre ambos grupos (Buss, 1994, 2003; Buss & Smith,
1993), también resulta cierto que dada la complejidad del entorno social y
cultural y la relevancia que este tipo de factores tiene en la conducta
humana, hombres y mujeres parecen no seguir necesariamente dichos
lineamientos. Y es que en ese sentido, el sexo biológico, es decir, la
configuración corpórea de las personas y su funcionamiento biológico, no
son suficientes para dar respuesta a tal proceso. Al respecto, en la
literatura sobre conducta sexual se ha indicado que también existen
factores de orden sociocultural que resultan fundamentales en la
compresión de la misma. De acuerdo con Levine (2002), la cultura,
a través de los aspectos religiosos e instituciones como la familia o la
escuela, proporciona guías de comportamiento que son internalizadas y
que favorecen el que las personas desarrollen un estilo de ser, incluso
en el ámbito de lo sexual, de tal suerte que la cultura programa la
mente sexual y se convierte en parte importante de la motivación sexual
(Levine, 2002, p. 48).

Dentro de los parámetros socioculturales se encuentra precisamente


todo lo que compete a la construcción de las personas como hombres y
mujeres más allá de lo biológico, es decir, a partir del género o de la
construcción sociocultural que se hace de los cuerpos biológicos.

Género, socialización y motivación sexual

Existen diversos estudios en torno al comportamiento sexual que refieren


que los hombres buscan tener sexo como una forma de gratificación
sexual o placer, en tanto, las mujeres suelen buscar sexo para promover

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 155
mayor intimidad y ganar aprobación por parte de la pareja (Cooper,
Shapiro & Power, 1998; Hill & Preston, 1996). Lo anterior es relevante
porque los estudios sobre la sexualidad humana han dado pauta a
entender la manera en la que se intercepta la construcción social de los
géneros con la conducta sexual.

De igual manera, en la literatura se ha señalado que la motivación


sexual en los hombres es más o menos continua, en tanto para las
mujeres es de carácter cíclico o discontinuo, al mismo tiempo que el
deseo sexual en los hombres aparentemente es mayor y perdura más
tiempo en comparación con las mujeres (Buss, 1994, 2003; Buss &
Smith, 1993; Levine, 2002).

En torno a los motivos específicos que hombres y mujeres pueden


tener para involucrarse en la actividad sexual, en investigaciones previas
se ha hecho manifiesto que los hombres tienen sexo para aliviar la
tensión sexual, por el deseo que experimentan, por búsqueda de placer
individual o bien por brindar placer a su pareja y también por el deseo de
conquistar, en tanto las mujeres tienen sexo por expresar amor,
compromiso o cercanía emocional hacia la pareja. Este tipo de
tendencias parece tan evidente que se ha llegado a afirmar
que efectivamente los hombres aspiran al sexo en primera instancia
como una posibilidad de dar pauta al amor, en tanto las mujeres priorizan
el amor como una posibilidad para dar lugar al sexo (Levine, 2002). Sin
embargo, como se mencionó anteriormente, los estudios más recientes
refieren que este patrón puede estar cambiando, y que tanto hombres
como mujeres pueden tener sexo sólo por tener sexo (García & Rieber,
2008; Impett & Peplau, 2003). Sin embargo, esta posibilidad puede estar
supeditada a la rigidez del entorno en términos de la apertura y
permisividad sexual, así como en función del apego que las personas
tienen o no a los roles sexuales que estipulan la forman en la que debe
vivirse este tipo de eventos.

Por ejemplo, en el estudio realizado por Impett et al. (2005) se detectó


que no había diferencias estadísticamente significativas en torno a qué tipo
de motivos empleaban más hombres y mujeres, recurriendo ambos tanto al
sistema de aproximación como al de evitación. Empero, al analizar las
motivaciones concretas, sí encontraron que las mujeres tienden a indicar,
de manera más frecuente que los hombres, tener sexo para expresar
afecto hacia su pareja. Este patrón es interesante y coincidente con la idea
de que las mujeres emplean el binomio sexo-amor, en tanto los hombres

156 Salud y Sexualidad


simplemente recurren al sexo sin que necesariamente este involucre amor.
Este aspecto parece estar fundamentado en la manera diferencial en la
que hombres y mujeres son socializados. Tal como lo sugiere Szas (1998),
existen comportamientos sexuales que son directamente interpretados
como reafirmadores de la identidad de varones y de mujeres, dando de
una u otra forma legitimidad a su existencia. Es decir, en nuestra sociedad
el género y la sexualidad están determinados de forma cultural, en el
sentido de que como parte del entrenamiento que mujeres y varones
reciben para vivirse como tales, se establecen ideales sexuales, que
se traducen precisamente en prácticas, símbolos, normas,
representaciones sociales y valores que dan sentido a la satisfacción de los
impulsos sexuales, a la reproducción y al relacionamiento entre las
personas como seres sexuados (De Barbieri, 1992).

Herrera y Campero (2002) sugieren que en la medida en la que se


ha establecido una relación de poder entre mujeres y varones, siendo
unos los dominados y otros los dominadores, a la vez que se han
asignado a las mujeres al ámbito de lo privado y a los hombres al ámbito
público, la sexualidad no ha estado exenta de tal esquema, de tal forma
que la dominación masculina implicó también la necesidad de controlar
las capacidades reproductivas, productivas y sexuales de las mujeres. En
ese sentido, durante mucho tiempo ha imperado el ideal sexual femenino
tradicional, bajo el que se esperan ciertos comportamientos y actitudes en
las mujeres que precisamente garanticen el control de la reproducción,
por ejemplo la virginidad antes del matrimonio, pasividad, no
reconocimiento o no expresión del deseo sexual, obligación de complacer
a la pareja más allá de su propio deseo, fidelidad sexual a la pareja y una
orientación de la sexualidad vinculada a la procreación. Por su parte, el
ideal de la masculinidad involucra que el hombre ante todo debe ser
heterosexual, activo, tener múltiples conquistas sexuales, no necesitar
saber sobre sexo porque lo sabe todo, tiene un impulso incontrolable que
debe satisfacer de inmediato y es invulnerable (Herrera & Campero,
2002). Aunado a ello, las autoras también señalan que la sexualidad
femenina está ampliamente ligada a las nociones del amor romántico, de
tal manera que su sexualidad la viven siempre vinculada a lo afectivo, lo
que en ocasiones puede hacer que no vivan de forma más libre su vida
sexual.

Sin embargo, la cultura no es estática sino dinámica, y en la


actualidad se enfrentan cambios que han llevado también a una mayor
apertura en el campo de la sexualidad. Una de las aportaciones al

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 157
respecto es lo que sugieren Leiblum y Sachs (2002), quienes
precisamente señalan que al igual que los varones, las mujeres también
buscan excitación, variedad y estimulación sexual. Sobre todo las
mujeres jóvenes quieren placer, aunque es cierto que al final quieren algo
más porque precisamente en la identidad femenina se enfatiza el
protegerse más que el experimentar placer. No obstante lo anterior, la
autora sugiere que en la última mitad del siglo, las mujeres al tener un
mayor acceso educativo, han incrementado y cambiado sus expectativas
en torno a tener una pareja. Hoy las mujeres tienen una mayor posibilidad
de vivirse con la sensación de libertad, deseo y elección. Dentro las
posibilidades, hoy es factible elegir trabajar de tiempo completo o medio
tiempo, ir a la escuela, tener sexo casual, cohabitar con una pareja
hombre o mujer. Y al parecer el prospecto de una vida reproductiva en
donde el sexo se convierte en un vehículo para tener un hijo o una familia
es una meta distante para muchas mujeres y hombres. En contraste a lo
que plantearía una mirada socioevolutiva, muchas mujeres no buscan en
la cama a cada hombre guapo o atractivo que ven, sino que hay muchos
otros factores involucrados en la decisión de acostarse o no con alguien.
Inclusive las autoras sugieren que las mujeres jóvenes reportan tener
sexo tanto por razones positivas como negativas, por ejemplo: pasar un
rato agradable, sólo de paso, porque les gusta la persona, por obtener
una mejor calificación, por amor, porque estaba tomada y sola, porque
estaba caliente o porque estaba buscando pasar un buen rato.

Por supuesto, existen diferencias en la forma en la que las mujeres


viven su sexualidad; de acuerdo con Szas (1998), en la medida en la que
las mujeres tienen menos acceso a recursos se hace evidente que su
sexualidad está restringida a pautas tradicionales tales como el
mantenerse ajenas a su propia sexualidad. En cambio, si las mujeres han
tenido más posibilidades, gozan de mayor movilidad social, alternativas
de residencia, acceso al trabajo extradoméstico y a una mayor
escolaridad, entre otras cosas, definitivamente experimentan y viven otras
normas respecto a la sexualidad.

Es relevante comentar que de acuerdo con Wallen (en Grahanm,


2002) el contexto social ejerce mucho mayor influencia sobre la
motivación sexual de las mujeres en comparación con los hombres. Y
esto explicaría porqué ante los dictados de género tradicionales, el amor
podría mantenerse como una factor crítico para las mujeres a la hora de
tener sexo, empero, también resulta novedoso conocer qué otras causas
hoy en día están vinculadas a este hecho.

158 Salud y Sexualidad


En el contexto de nuestra cultura destaca el trabajo realizado por
García (2007), quien construyó una escala de motivación sexual,
detectando que existen razones tanto para involucrase sexualmente
como razones para evitarlo. Dentro de las primeras ubicó que las
personas aluden al deseo, al placer físico generado, a la posibilidad de
expresar afecto, a la atracción interpersonal experimentada y también la
presencia de factores contextuales o situacionales que facilitan la acción,
como es un ambiente adecuado o tener una pareja sexual, en tanto en
las razones para evitarlas se encuentra la falta de deseo sexual, una
vinculación deficiente con la pareja y la presencia de obstáculos
personales y situaciones como pueden ser la tristeza, la inseguridad, las
presiones cotidianas o la falta de un compañero sexual. Al realizar
comparaciones con respecto al sexo de los participantes, la autora
detectó que las mujeres, en comparación con los hombres de su estudio,
presentaron con mayor frecuencia los inhibidores sexuales que tenían
que ver con una vinculación deficiente y con la falta de deseo, pero al
mismo tiempo, también las mujeres reportaron con mayor frecuencia los
factores promotores del vínculo sexual asociados con la expresión
afectiva, la atracción interpersonal, el deseo sexual y la presencia de
facilitadores. Este estudio ofrece un primer panorama en el contexto de la
cultura mexicana de cuáles son las razones por las que hombres y
mujeres llegan a tener sexo, empero deja abiertas muchas interrogantes
respecto a si las razones empleadas por ambos grupos obedecen a un
sistema de aproximación o de evitación, así como el papel que puedan
jugar otras variables vinculadas con la vida sexual de las personas (por
ejemplo: número de parejas, tipo de relación, tiempo en la relación y
práctica sexual [relaciones sexuales con sólo hombres, sólo mujeres o
ambos sexos]).

Indiscutiblemente, estudiar los motivos por los cuales las personas


tienen sexo se vuelve relevante en tanto este parece ser un factor crucial
en la predicción del grado de satisfacción que se puede experimentar en
la relación, así como en términos de la posibilidad de tener un
rompimiento en la relación (Impett et al., 2005). Por tal motivo, en la
presente investigación 1 se tuvo como objetivo explorar de manera directa

1
Esta investigación está en proceso a nivel nacional, actualmente no se cuenta todavía
con toda la información y algunas de las variables que son de interés para analizar
como prácticas sexuales, escolaridad, estado civil, tipo de relación y diferencias según
los contextos socioculturales no son incluidos en el presente capítulo. Únicamente
se presentan los hallazgos con los cuales se dispone hasta el momento en la Ciudad

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 159
qué tipo de motivos ofrecen hombres y mujeres para tener relaciones
sexuales, cómo describen sus encuentros sexuales en función de esos
motivos y qué vinculo tienen los motivos que externan con el número de
parejas que han tenido, el tiempo en la relación y la edad de los
participantes.

MÉTODO

Participantes

Los participantes incluyeron 54 hombres (con un rango de edad de 20 a


56 años) y 71 mujeres (con un rango de edad de 18 a 52 años). Aunque
la media de edad fue de 30 años (DE de 10.07), cabe aclarar que la
moda se situó en los 21 años. En relación con la escolaridad, el 66.4%
tenían una licenciatura, 20% tenían preparatoria y el resto se distribuyó
entre primaria y secundaria. En el momento actual, 62.4% refirieron ser
solteros y 22.4% casados, 8% indicó estar en unión libre y 6.4% estaban
divorciados o separados.

Dentro de la descripción general de su conducta sexual se identificó


que el número de parejas sexuales promedio en el último año de su vida
fue de 2 parejas, en tanto el promedio de parejas sexuales en toda su
vida es de 6. En términos de con quién han tenido relaciones sexuales,
un 54% lo ha hecho sólo con hombres, 38.4% sólo con mujeres y 7.2%
con hombres y con mujeres. En cuanto al tipo de relación que refirieron
tener, predominante mencionaron “noviazgo” (28.8%), aunque también
fueron identificadas “relaciones abiertas” (5.6%), matrimonio (22.2%),
“ninguna en especial” (27.2%), unión libre (6.4%) y el resto se distribuyó
en relaciones “casuales” y “libres”. En promedio los participantes refirieron
alrededor de 5 años con su pareja actual.

Instrumento

Se empleó un cuestionario de preguntas abiertas, elaborado ex profeso


para la investigación. Basado en la técnica de asociación libre se pidió a

de México y dada la distribución de la muestra que conforma este estudio, se han


excluido análisis de algunas de las variables socio demográficas y de aspectos
vinculados con el historial de conducta sexual de los y las participantes.

160 Salud y Sexualidad


los y las participantes que indicaran las 10 razones por las cuales habían
tenido relaciones sexuales a lo largo de su vida y en una siguiente
sección se les pidió que describieran, según el motivo más importante
para ellos, cómo había ocurrido el hecho. A la par se anexaron preguntas
de carácter socio demográfico (sexo, edad, escolaridad y estado civil), así
como preguntas vinculadas con su conducta sexual (número de parejas
sexuales en el último año, número de parejas sexuales en toda su vida,
práctica sexual con hombres, con mujeres o con ambos, tiempo en la
relación actual y tipo de relación).

RESULTADOS

¿Qué tipo de motivos sexuales refieren hombres y mujeres?

Con el propósito de identificar qué tipo de motivos refieren hombres y


mujeres se llevó a cabo un análisis de contenido inicial a partir del cual se
crearon categorías generales y representativas de las respuestas
proporcionadas por los participantes. Los datos fueron reanalizados a
partir de tales categorías identificando qué tipo de motivos fueron más
frecuentes para los hombres y para las mujeres. Las respuestas de los
participantes fueron codificadas en un formato binario (ausencia-
presencia) para ser analizados estadísticamente con el programa SPSS.

Partiendo de este primer propósito de identificar los motivos sexuales


más frecuentes se hizo un análisis descriptivo que a continuación se
presenta. En el caso de los hombres (tabla 6.1) los motivos sexuales
mencionados con mayor frecuencia aluden al amor, el apetito sexual, el
placer y uso de alcohol como las primeras razones, seguido de un
segundo grupo de factores ligados a la atracción que se puede
experimentar por alguien, la curiosidad, el deseo de complacer a la pareja
(motivos altruistas) o la necesidad de divertirse (lúdico) y, en un tercer
grupo, con menor frecuencia se encuentran cosas vinculadas con la
mejora del yo (por autoestima, por sentirme realizado, por ser guapo),
la simple concurrencia de factores que facilitan la relación sexual (lugar,
espacio, persona con quien hacerlo, etcétera) hasta aspectos que
involucran el juego (perder una apuesta) o la rutina.

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 161
Tabla 6.1. Motivos sexuales reportados de mayor a menor
frecuencia por parte de hombres.
MOTIVOS SEXUALES n FRECUENCIA
Amor 54 31
Apetito sexual 54 30
Placer 54 28
Alcohol y fiesta 54 23
Ganar experiencia 54 18
Atracción 54 14
Curiosidad 54 13
Motivos altruistas 54 13
Afecto 54 12
Emociones positivas 54 12
Lúdico 54 11
Mejora del yo 54 9
Emociones negativas 54 9
Por mantener o mejorar la relación 54 9
Fines reproductivos 54 9
Conveniencia 54 8
Presión social 54 8
Facilitadores externos 54 7
Voluntad y temperamento 54 6
Apuesta 54 3
Machismo 54 3
Evitar emociones negativas 54 2
Conquista y seducción 54 2
Forzada / obligación 54 2
Costumbre y rutina 54 2
Ingenuidad 54 2
Error 54 1
Preferencia sexual 54 1
Infidelidad 54 1

En contraste, las mujeres (tabla 6.2) refieren como motivos más


frecuentes para tener relaciones sexuales en primera instancia el amor, el
placer y el apetito sexual; en un segundo conjunto mencionan la atracción
física y sexual, la curiosidad, la búsqueda de emociones en la relación
como la unión, la intimidad, la confianza y la felicidad (emociones
positivas), al mismo tiempo que se tiene sexo por la relación, sea para
propiciar un mayor crecimiento de la misma o simplemente porque la
relación lo exige (mantener o mejorar la relación); también porque se
busca ganar experiencia y hay afecto, sin dejar de lado la diversión; y en
un último conjunto las mujeres también aluden a la búsqueda de
complacer a la pareja, estar bajo los efectos del alcohol, la conveniencia,

162 Salud y Sexualidad


la presencia de factores externos que lo propician, y resulta interesante
que no se menciona ni la preferencia sexual, el machismo, las apuestas o
por error.

Tabla 6.2. Motivos sexuales reportados de mayor a menor


frecuencia por parte de mujeres.
MOTIVOS SEXUALES n FRECUENCIA
Amor 71 54
Placer 71 46
Apetito sexual 71 42
Atracción 71 27
Curiosidad 71 22
Emociones positivas 71 20
Por mantener o mejorar la relación 71 19
Ganar experiencia 71 18
Afecto 71 17
Lúdico 71 16
Motivos altruistas 71 13
Voluntad y temperamento 71 11
Alcohol y fiesta 71 9
Emociones negativas 71 6
Conveniencia 71 6
Facilitadores externos 71 5
Costumbres y rutina 71 4
Mejora del yo 71 4
Evitar emociones negativas 71 4
Fines reproductivos 71 4
Forzada y por obligación 71 4
Presión social 71 4
Conquista y seducción 71 2
Infidelidad 71 1
Ingenuidad 71 1
Preferencia sexual 71 0
Machismo 71 0
Error 71 0
Apuesta 71 0

Al realizar una “ji cuadrada” (χ2) para evaluar las diferencias que eran
estadísticamente significativas en los tipos de motivos reportados por
ambos sexos, se encontró que básicamente hay 5 motivos principales en
los que hombres y mujeres pueden diferir. Como se muestra en la tabla 3,
las mujeres apelan más al amor como un motivo importante (χ2=4.90, gl=1;
p=.027), en tanto son los hombres quienes en mayor medida aluden al
tener sexo con fines reproductivos (χ2= 4.00, gl=1; p=.045), tenerlo por

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 163
efecto del alcohol y la fiesta (χ2=14.413, gl=1; p=.000), por las apuestas o
juegos, y, finalmente, por aspectos ligados con el yo (sentirse galanes,
necesitados de autoestima o valorados gracias al sexo) (χ2=4.00, gl=1;
p=.045). Sin lugar a duda, las mujeres, entonces, siguen dando una gran
importancia a la parte afectiva, en tanto los hombres refieren factores de
carácter externo e interno, predominando la cosmovisión del sexo como
algo que queda fuera de los afectos y la voluntad y se coloca más en
perseguir un fin o dadas las circunstancias “externas”.

¿Cómo se asocian entre sí los motivos que dan hombres y mujeres y qué
tipo de agrupaciones de motivos resultan similares o disímiles entre
hombres y mujeres?

Con el propósito de explorar de qué manera los motivos sexuales


reportados por hombres y mujeres se asocian entre sí y dan idea de la
forma en la que ambos grupos forman esquemas mentales sobre el tema,
se realizaron dos análisis; en primer lugar, se hizo una correlación de
similitudes (empleando la medida de Russell y Rao) entre los diferentes
motivos proporcionados por hombres y mujeres, y, posteriormente, se llevó
a cabo un análisis de conglomerados jerárquicos empleando el método de
concordancia simple para detectar de qué manera los diferentes motivos
dados por hombres y mujeres se agrupaban dando idea de las cosas que
se acercan o alejan más al pensar en por qué se tiene sexo.

En términos del vínculo que existe entre las diferentes variables en


hombres y en mujeres se encontró lo siguiente. Entre los motivos que los
hombres dan para tener sexo destaca que la menor distancia entre sí la
guardan las siguientes razones: amor (r=.569), apetito sexual, placer,
ganar experiencia y por efecto del alcohol y la fiesta. Al observar
los diferentes vínculos entre todos los motivos, el amor es un motivo
que aparece ligado al resto de razones otorgadas por los hombres,
aunque llama la atención que la medida de similitud de amor con amor se
encuentra en un nivel intermedio (r=.569). También se hizo evidente en el
análisis que existen diversos motivos que se colocan como razones
únicas para tener sexo por parte de los hombres, a saber, los hombres
pueden tener sexo específicamente por el deseo de mantener o mejorar
la relación, con un fin reproductivo, por una apuesta o bien por el resto de
motivos que no obedecen necesariamente a los ya mencionados
anteriormente. Siendo más específicos, en el análisis se observó que
cuando los hombres tienen sexo por amor, este motivo se acerca a otras
razones tales como placer (r=.294), apetito sexual (r=.353), querer

164 Salud y Sexualidad


obtener experiencia (r=.235), efecto del alcohol y la fiesta (r=.196), fines
reproductivos (r=.157) o por lograr experimentar emociones positivas
como felicidad o unión (r=.157), acercándose también en menor medida
razones tales como el afecto (r=.118), atracción hacia la pareja (r=.118),
curiosidad (r=.118) o conveniencia (r=.118). Cuando el motivo principal
para tener sexo es el placer, se acercan a éste otras razones tales como
el placer en sí mismo (r=.529), el amor (r=.294), el ganar experiencia
(r=.235), por efecto de alcohol y fiesta (r=.216) y por motivos altruistas
que abarcan la complacencia de la pareja o la búsqueda de bienestar del
otro (r=.176). Si el motivo inicial es el apetito sexual, éste se acerca a
razones como el amor (r=.353), efecto del alcohol y la fiesta (r=.235), el
placer de tener sexo (r=.216), motivos altruistas (r=.176) y con mayor
distancia, la curiosidad (r=.118) y la búsqueda de emociones positivas
(r=.118). Tal vez destaca que es cuando lo hacen por efecto del alcohol
que el amor guarda una mayor distancia (.196), aunque sigue
apareciendo como algo que se vincula junto con el placer (r=.216) y el
apetito sexual (r=.235), entre otras cosas.

Para las mujeres, en cambio, lo primero que llama la atención es que


en general existe una menor distancia entre la mayoría de los motivos,
haciéndose evidente que si una mujer hace el sexo por amor, este motivo
se acerca a razones como el placer (r=.493), el apetito sexual (r=.479), la
atracción (r=.254) o la curiosidad (r=.254), la experiencia (r=.211) y el
compromiso (r=.211), sin dejar de lado la búsqueda de motivos altruistas
(r=.169) y de emociones positivas (r=.169), así como el lado lúdico (r=.155).
Si el motivo principal se coloca en la atracción, entonces se acercan
razones tales como el placer (r=.268), el amor (r=.254), el apetito sexual
(r=.254), la curiosidad (r=.155) y la búsqueda de emociones positivas
(r=.127). Cuando el motivo principal se traduce en el placer, este motivo se
aproxima de forma importante al placer en sí mismo (r=.648), seguido del
amor (r=.493) y del apetito sexual (r=.380), de la atracción (r=.268) y de la
curiosidad (r=.225), sin dejar fuera la experiencia (r=.197), el compromiso
(r=.169), la búsqueda de emociones positivas (r=.169) y el lado lúdico
(r=.155). Finalmente, otro patrón interesante en el caso de las mujeres es
que cuando el principal motivo es el apetito sexual, este se acerca de
forma importante a razones tales como el amor (r=.479), el placer (r=.380),
la atracción (r=.254), la curiosidad (r=.183), la experiencia (r=.169), el
compromiso (r=.169) y por supuesto, una razón lúdica (r=.127). Con
índices de similitud más pequeños, se encontró también que si las mujeres
tiene sexo por ganar experiencia, entonces motivos tales como el amor
(r=.211), el placer (r=.197) y apetito sexual (r=.169) se acercan a esta

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 165
razón. O bien, si la razón principal gira en torno a motivos altruistas o
búsqueda de emociones positivas, en ambos casos, se acercan otros
motivos como son el amor (r=.169, r=.169, respectivamente), al apetito
sexual (r=.127, r=.155, respectivamente). Se hace más evidente hacia el
grupo de mujeres que del de hombres, que hay una mayor similitud entre
los motivos que se dan para tener sexo. Es decir hay una mezcla de todo.
Empero existen motivos que son suficientes por sí mismos y que guardan
una gran distancia con el resto de motivos, a saber, fines reproductivos,
apuestas, emociones negativas como el despecho o la venganza, la
mejora del yo, la presión social y el resto de motivos que quedan en la lista.

Partiendo de estos datos que aluden a la similitud existente entre los


motivos, el siguiente paso fue el análisis de conglomerados para delimitar
que tipo de motivos suelen congregarse, en grupos de motivos para tener
sexo, tanto en los hombres como en las mujeres. Para ejecutar el análisis
de conglomerados, únicamente fueron incluidos los motivos que
presentaron una mayor frecuencia para cada grupo (hombres y mujeres)
con la finalidad de poder obtener información que realmente representara
la forma en la que los motivos se agrupan para cada sexo.

En el caso de los hombres se obtuvieron de inicio tres agrupaciones


que reflejan la mayor proximidad entre los motivos reportados; un primer
grupo alude a la voluntad o el deseo de tener sexo junto con el que se
presenten factores facilitadores; en un siguiente grupo se congrega el
tener sexo por perder o ganar una apuesta y dada la presión social; y en
el último grupo de estos tres, se acercan los motivos que involucran el
establecimiento o mantenimiento de la relación de pareja junto con la
búsqueda de un fin reproductivo. En el siguiente conjunto de grupos que
guardan mayor cercanía se encuentran otros tres grupos, en el primero
se acercan la voluntad y la presencia de emociones negativos como son
el despecho o la venganza, en el siguiente conglomerado se juntan la
apuesta y la diversión y en el tercero de este grupo se acercan el
establecimiento o mantenimiento de una relación con la búsqueda de
unión, felicidad y cercanía o confianza. A partir de estas agrupaciones, lo
que se empieza a ver es una mayor distancia del resto de motivos dados
por hombres. En un siguiente nivel puede observarse que la voluntad, las
emociones negativas y la mejora del yo (aludir a que tener sexo te hacer
sentir bien contigo mismo, tienes sexo porque eres guapo o atractivo, o
levanta tu autoestima) se congregan en un grupo. A su vez, estos motivos
podrían, en un siguiente nivel, guardar un vínculo con las apuestas y
el lado lúdico.

166 Salud y Sexualidad


Los motivos que más se alejan del resto se colocan en orden de
menor a mayor distancia y son el afecto, la curiosidad, la atracción, el
ganar experiencia, el efecto del alcohol y hasta el final, el placer y el amor
en conjunto con el apetito sexual (figura 6.1).

Figura 6.1. Análisis jerárquico de conglomerados de los motivos sexuales


indicados por hombres.
Dendrograma (método de concordancia simple)

Distancia entre las variables


C A S O 0 5 10 15 20 25
Motivos Num +---------+---------+---------+---------+---------+

VOLUNTAD 19 
FACILITA 20  
EMONEGAT 13  
MEJORAYO 14  
CONVENIE 18  
APUESTA 12   
PRESOCIA 15   
LUDICO 11   
RELACION 8   
FINREPRO 9   
EMOPOSIT 17  
ALTRUIST 16  
AFECTO 2   
CURIOSID 6   
ATRACCIO 3   
EXPERIEN 7   
ALCOHOLF 10   
PLACER 4  
AMOR 1 
APETITOS 5 

Para el caso de las mujeres, el análisis de conglomerados sugiere


una mayor independencia entre los motivos otorgados para tener sexo
(figura 6.2). Los motivos más próximos se colocan en un grupo que recoge
la voluntad con la ingenuidad. En un siguiente nivel, un grupo que junta la
voluntad con los efectos del alcohol, motivos que en un siguiente nivel
podrían asociarse con la búsqueda de motivos altruistas. Luego
encontramos otra serie de agrupaciones en diferentes niveles en las que
se observa por ejemplo un vínculo entre la presencia de afecto o cariño (no
indicado como amor hacia la pareja) y la búsqueda de establecimiento o
mantenimiento de la relación, hasta llegar a aquellos motivos que se alejan
de forma importante del resto, a saber la atracción combinada con la

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 167
curiosidad, posteriormente el amor combinado con el apetito sexual y
finalmente como motivo independiente el placer de tener sexo.

Figura 6.2. Análisis jerárquico de conglomerados de los motivos sexuales


indicados por mujeres.
Dendrograma (método de concordancia simple)

Distancia entre las variables


C A S O 0 5 10 15 20 25
Motivos Num +---------+---------+---------+---------+---------+

VOLUNTAD 13 
INGENUID 14  
ALCOHOLF 9  
ALTRUIST 11  
LUDICO 10  
EXPERIEN 7  
EMOPOSIT 12  
AFECTO 2  
RELACION 8   
ATRACCIO 3  
CURIOSID 6  
AMOR 1  
APETITOS 5  
PLACER 4 

Para ambos grupos parecen existir motivos que están altamente


vinculados entre sí y que aluden a aspectos no afectivos sino colocados
en factores de carácter externo como el uso de alcohol, las
circunstancias o la búsqueda del bienestar del otro, de la misma forma
que existen motivos que parecen actuar de forma más independiente y
que de una y otra manera retoman aspectos afectivos como el amor, así
como factores más biológicos o disposicionales que se vinculan con el
apetito sexual y el placer.

Vínculo entre los motivos otorgados por hombres y mujeres y variables


sociodemográficas y de historial de conducta sexual

Finalmente, y en consideración a que el tener sexo está acotado por un


contexto cultural y situacional, se hizo necesario ahondar en la forma en
la que los motivos dictados por hombres y mujeres se asociaban con
aspectos ligados a la edad, el número de parejas sexuales, tanto a lo
largo de toda la vida como en el último año, así como el tiempo que
tenían en su última relación. Como se indicó previamente, existen otras

168 Salud y Sexualidad


variables de interés a explorar, empero, dado el carácter inconcluso de
esta investigación, únicamente es posible reportar por el momento los
hallazgos hasta ahora mencionados y los que a continuación se detallan.

A lo largo de los análisis y en congruencia con la literatura, se hace


evidente una justificación diferenciada entre las razones que dan
hombres y mujeres ante el hecho de tener sexo (independientemente del
marco conceptual bajo el cual se deseen interpretar dichos hallazgos),
motivo por el cual se hizo por separado para cada grupo un análisis de
correlación utilizando el coeficiente de Spearman entre las variables ya
mencionadas al principio de este apartado y los diferentes motivos
otorgados por ambos grupos.

Tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres existen


motivos muy peculiares y concretos que se vinculan de forma directa tanto
con la edad como con las variables que competen a su relación.
Específicamente para los hombres, lo primero que se hace evidente es que
en la medida en la cual han tenido más número de parejas tanto en el
último año como a lo largo de su vida, el motivo vinculado al apetito sexual
decrece como explicación de por qué tienen sexo (r=-.293, r=-.296,
respectivamente). En el mismo sentido, aquellos hombres que refieren
haber tenido más parejas a lo largo de toda su vida tienden a reportar
en menor medida como motivo fundamental la búsqueda de experiencia
(r=.297). La idea de tener sexo como una forma de establecer y mantener
la relación también decrece conforme se tienen más parejas en el último
año. Este patrón es semejante cuando se alude a tener sexo por fines
reproductivos, empero, de acuerdo con los datos, entre más edad tiene la
población entrevistada y llevan más tiempo en su relación de pareja actual,
más se busca tener sexo para fines reproductivos.

Al parecer, en la medida en la que los hombres han tenido más


parejas a lo largo de toda su vida parecen encontrar otros beneficios al
hecho de tener sexo, pues según los resultados se encuentra una relación
positiva entre el número de parejas y el dar como motivos para tener
sexo evitar emociones negativas (r=.295), buscar una mejora o
mantenimiento del yo –autoestima, bienestar consigo mismo, etcétera–
(r=.372) y hacerlo por motivos altruistas, como lo es el complacer a la
pareja o hacer que se sienta feliz la pareja (r=.313).

Como corolario de esta sección, también destacó que a mayor


tiempo en la relación, la conveniencia se vuelve un motivo importante

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 169
para tener sexo (r=.364), de la misma manera en la que aspectos
ligados al machismo (tener sexo por sentirme viril) se incrementan
conforme la población entrevistada tiene mayor edad (r=.347) o mayor
tiempo en su relación (r=.405). 2

Para las mujeres, los hallazgos mostraron un patrón muy diferente.


En la medida en la cual reportan haber tenido más parejas a lo largo de
toda su vida, el tener sexo parece cobrar un lugar más lúdico,
colocándose este motivo como algo importante (r=.462), aunque
también es un motivo que decrementa en aparición si las mujeres tienen
mucho tiempo en su relación actual (r-.382). Por otra parte, también es
cierto que en la medida en la que las participantes entrevistadas tienen
más edad, el sexo deja de hacerse por curiosidad (r=-.249). Y aparecen,
entonces, motivos como el compromiso o fin reproductivo, ya que
ambas razones se presentan más conforme las mujeres tienen más
edad (r=.389, r=.320, respectivamente) y más tiempo en su relación
(r=.320, r=.346, respectivamente). También se hace evidente que si se
han tenido muchas parejas en el último año, el evitar experimentar
emociones negativas (por ejemplo, soledad, tristeza, etcétera) decrece
como motivo para tener sexo (r=-.234). Y, finalmente, si han tenido
demasiadas parejas a lo largo de toda su vida, el vivir el sexo como algo
forzado o que realizan por obligación incrementa (r=.303).

Estos hallazgos sugieren que en la posibilidad de explicar por qué


hombres y mujeres tienen sexo, también se ven involucrados los
mandatos culturales, aunado a los comportamientos socio-evolutivos,
de manera que, como se dijo al inicio del capítulo, la conducta sexual es
una intersección entre factores tanto individuales como externos. Con el fin
de comprender si el esquema bajo el cual ambos sexos dan explicación a
su conducta se vincula con el sistema de aproximación-evitación
presentado al inicio del capítulo, y propuesto como una explicación
alternativa en la comprensión de las motivaciones sexuales, el siguiente
paso fue reanalizar todos los datos a partir de dicho planteamiento.

Los motivos sexuales de hombres y mujeres analizados cualitativamente


desde el paradigma de aproximación-evitación

Se dijo anteriormente que al menos desde una mirada teórica la gente


puede hacer las cosas por diferentes razones, pudiendo catalogarse en

2
Todas las correlaciones presentadas fueron estadísticamente significativas con un
nivel de significancia de .01.

170 Salud y Sexualidad


dos tendencias generales, aquellas razones cuyo fin último tienen que ver
con la búsqueda de resultados positivos (sistema de aproximación)
dentro de los cuales pueden abarcarse motivos tales como la búsqueda
de placer personal, la felicidad de la pareja o el querer fortalecer la
intimidad de una relación. O bien, también es posible que la gente haga
algo con el afán de evitar resultados negativos (sistema de evitación), en
donde pueden incluirse aspectos como no querer sentirse frustrados, evitar
que la pareja pierda interés o bien evitar que haya conflicto en la relación.

Si pretendiéramos analizar desde esta mirada los motivos otorgados


tanto por hombres como por mujeres, podríamos generar la matriz inicial
que se muestra en la tabla 6.3.

Tabla 6.3. Motivos sexuales reportados por hombres y mujeres que son
coincidentes con el sistema de aproximación-evitación.
MOTIVOS VINCULADOS AL MOTIVOS VINCULADOS AL
SISTEMA DE APROXIMACIÓN SISTEMA DE EVITACIÓN
• Amor • Establecimiento y
• Afecto mantenimiento de la relación
• Placer • Apuesta
• Apetito sexual • Evitar emociones negativas
• Curiosidad • Emociones negativas
• Ganar experiencia • Presión social
• Establecimiento y • Motivos altruistas*
mantenimiento de la relación*
• Lúdico
• Mejora del yo
• Motivos altruistas*
• Emociones positivas
• Conveniencia
• Machismo
*Motivaciones sexuales que pueden tener un fin de aproximación y evitación a la vez.

Sin embargo, existen varios motivos que no parecen ser fácilmente


identificables dentro de este sistema, ya que según las respuestas de los
participantes, no apuntalan a un fin concreto sino que se dan como algo
más circunstancial y externo, por ejemplo, atracción, alcohol y fiesta,
presión social, voluntad y temperamento, facilitadores externos, conquista
y seducción e infidelidad. O bien, también existen motivos que aunque

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 171
persiguen un objetivo no dejan en claro cuál es el fin último, si de
aproximación o evitación, por ejemplo, fin reproductivo, tener sexo
forzado o por obligación, tener sexo por preferencia sexual, por
ingenuidad o por error.

Aunado a ello, y según se observa en la tabla 3, algunos motivos


pueden ser puntuados en los dos sistemas dependiendo el fin que se
persigue. Cuando se analizaron a detalle las respuestas que dieron los y
las participantes en la descripción del evento, se hacía mención, por
ejemplo, de tener sexo por la categoría “establecimiento y mantenimiento
de la relación” y dentro de esta se podía aludir a tener sexo para evitar
que la relación terminará (sistema evitación), o bien, tener sexo para
lograr que la relación creciera (sistema aproximación). Lo mismo ocurrió
con la categoría “motivos altruistas” en tanto, se podía aludir al hecho de
buscar que la pareja estuviera satisfecha (sistema aproximación), o bien,
se tenía sexo para evitar que la pareja se aburriera (sistema evitación).

Por otra parte, conforme analizamos los motivos y las respuestas a


detalle, se hizo evidente que las motivaciones sexuales no sólo pueden
ubicarse en un sistema de aproximación-evitación, sino también dentro
de un cuadrante que alude a lo individual, a lo relacional y a lo contextual,
tal como se expone en la siguiente matriz (tabla 6.4). Haciendo esta
separación es posible recategorizar algunos de los motivos que
inicialmente quedaron fuera del esquema de aproximación y evitación.

Tabla 6.4. Motivos sexuales reportados por hombres y mujeres que aluden a
aspectos individuales, relacionales y contextuales que se interceptan
con el sistema de aproximación-evitación.
MOTIVOS SEXUALES APROXIMACIÓN EVITACIÓN
INDIVIDUALES • Placer • Evitar
(motivación de • Curiosidad emociones
beneficio personal) • Ganar experiencia negativas
• Mejora del yo • Emoción
• Emociones positivas negativa*
• Apetito sexual
• Lúdico
• Preferencia sexual*

172 Salud y Sexualidad


Continuación…
MOTIVOS SEXUALES APROXIMACIÓN EVITACIÓN
RELACIONALES • Amor • Establecer o
(motivación que busca • Afecto mantener la
el beneficio de la • Establecer o relación
pareja o la relación) mantener la relación • Motivos
• Motivos altruistas altruistas
• Emociones positivas

CONTEXTUALES • Facilitadores • Presión social


(responden a una externos • Apuesta
demanda externa al • Alcohol y fiesta* • Forzada y
individuo o a la • Conveniencia* obligada*
relación) • Machismo*
• Costumbre y
rutina*
*Motivaciones sexuales que según las descripciones hechas por los y las participantes podrían
reubicarse dentro de un sistema de aproximación-evitación.

De acuerdo con el planteamiento que se hace en esta segunda


recategorización, lo que puede decirse es que hay motivaciones sexuales
que innegablemente se colocan como factores individuales, cuyo objetivo
es obtener un beneficio físico o emocional directamente para el individuo,
y que se colocan en el sistema de aproximación justamente porque se
sitúan en la búsqueda de un beneficio que puede ir desde satisfacer el
apetito sexual hasta experimentar un sentimiento de bienestar o
autoestima. Por supuesto, también es posible en esta misma intersección
ubicar la evitación de emociones negativas que, de acuerdo a lo
reportado por los y las participantes, aludía primordialmente a evitar el
sentimiento de soledad y tristeza. Y nos parece que es factible
tentativamente colocar también aquí el tener sexo por emociones
negativas, en tanto involucran una forma en la que el individuo descarga
su malestar emocional (por ejemplo, enojo) recurriendo al sexo como una
forma de venganza o desquite. La preferencia sexual es colocada en este
cuadrante porque en las respuestas y descripciones detectadas los
participantes aludían al sexo como una forma de saber si tener prácticas
homosexuales era plenamente satisfactorio o lograr autoconocerse.

En el cuadrante relacional, las motivaciones definitivamente persiguen


como fin el generar o promover un beneficio hacia la relación de pareja o la
pareja en sí misma, recurriendo a motivos que involucran el demostrar el

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 173
amor a la pareja (amor), hacerla sentir bien, deseada o complacerla
(motivos altruistas) o buscando que la relación crezca (establecimiento o
mantenimiento de la relación). Por supuesto, es factible que estos motivos
también persigan como objetivo el evitar problemas en la relación o con la
pareja y por ello pueden ser ubicados en el sistema de evitación. En las
respuestas otorgadas por los y las participantes, se aludía, por ejemplo, el
hecho de querer contentar a la pareja o evitar la rutina haciendo cosas
diferentes para tener relaciones sexuales.

Finalmente, el cuadrante contextual se vuelve muy interesante


porque ciertamente existen motivos que según la mirada de los y las
participantes parecen estar por encima de su propia conciencia
o voluntad. Varios participantes aludieron a tener sexo y pasarla bien
pero debido a que estaban alcoholizados o simplemente porque estaban
en un lugar donde podían tener sexo y tenían a lado una persona que los
provocó o se les insinúo. Es factible que pueda ubicarse “tentativamente”
a este tipo de motivos dentro del sistema de aproximación en tanto desde
la voz de los y las participantes resultó una experiencia benéfica y
agradable, empero también se dieron casos en donde bajo las mismas
circunstancias los participantes aludieron a tener sexo y no sentirse bien
con ello; por ejemplo, un participante indicó “nos propusimos ponerla
borracha y tuve sexo con ella, pero al final no la pasé bien”, o bien, otro
participante indicó que tuvo sexo después de beber alcohol porque era la
mejor forma de bajar la “peda”.

También se incluyeron aquí motivos como el de conveniencia,


porque los participantes aludieron a tener sexo para tener donde dormir o
para obtener dinero. Y en términos de factores externos, pero que
pueden tener un fin de evitación, lo que consideramos aquí es que tanto
la presión social, como las apuestas, el tener relaciones forzadas
o relaciones que obedecen a la monotonía y costumbre, o bien, a
lineamientos normativos como el machismo, más que buscar un beneficio
propio o acercamiento con la pareja, tienen como fin evitar la presión
ejercida por otros, sea porque se perdió una apuesta, porque la pareja
demanda tener sexo y se quiere evitar que siga molestando con los
mismo, o porque está en juego la virilidad o la sensación de sentirse
realizada según los parámetros socioculturales.

Sin lugar a duda, reanalizar las motivaciones sexuales no sólo bajo el


sistema de aproximación-evitación sino, además, con esta división entre
lo que persigue un fin individual, un fin relacional o un fin contextual,

174 Salud y Sexualidad


posibilita un entendimiento diferente de la conducta sexual, ya que abre la
puerta para la consideración de factores motivacionales que se colocan
en un locus de control interno y aquellos que se colocan en un locus de
control externo. Seguramente la experiencia y la consecuencia de tener
sexo por razones apegados a nuestros deseos versus a razones
externas, también puede incidir en el bienestar o malestar experimentado
por los y las participantes.

DISCUSIÓN

Como se ha indicado desde el principio de este capítulo, resulta


fundamental comprender las motivaciones implícitas y explícitas que
giran en torno a la conducta sexual, pues en mucho parece que de éstas
dependen la forma más ó menos satisfactoria con la que puede vivirse el
vínculo sexual en los seres humanos. Si bien es cierto que algunas de las
respuestas otorgadas por los y las participantes sobre por qué tienen
sexo, parecen “obvias” en tanto, como se dijo en un principio, aluden a
las pautas derivadas de la evolución de la especie que marcan la
búsqueda de placer como precursor e incitador a las prácticas necesarias
para lograr la reproducción y, como contraparte, la expresión de afecto
con su papel fundamental de lograr la protección, en los resultados que
aquí se presentaron también se hace evidente las múltiples formas en las
cuales estos motivos pueden agruparse, y además también se refleja que
existen otras motivaciones que rebasan lo que hasta ahora se ha
indicado en la literatura, por ejemplo tener sexo por aspectos
situacionales, por alcohol, por costumbre y rutina, por presión social, por
apuestas, etcétera. Es decir, se abren nuevas posibilidades y
manifestaciones culturales respecto a la manera en la que hombres
y mujeres están pensando sus formas de vincularse sexualmente.

De manera general los resultados arrojados reflejan que para los


hombres los principales motivos para tener sexo se colocan en el amor, el
apetito sexual, el placer y por efecto del alcohol, en tanto para las mujeres
lo que destaca primordialmente es el amor, el placer, el apetito sexual, la
atracción, la curiosidad y la búsqueda de emociones positivas. En varios
sentidos estos resultados son coincidentes con el estudio realizado por
Buss y Meston (2007) al identificar que existen motivos diferenciados
para ambos sexos. Empero, nuestros hallazgos también se muestran en
coincidencia con la actual mirada teórica (Basson et al., 2008) respecto a
la insuficiencia de una mirada biológica y determinista sobre el

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 175
comportamiento sexual. Básicamente los motivos aportados por hombres
y mujeres no sólo refieren componentes de carácter evolutivo sino
también socio-normativo, es decir, también se evidencian pautas de
comportamiento dictadas socialmente que regulan la forma en la que
ambos sexos viven su sexualidad. Evidentemente el placer físico y sexual
no constituyen el único motor para tener relaciones sexuales, y si bien
hay coincidencia en los principales motivos que son reflejados por los
estudios citados a lo largo de este capítulo (a saber; reproducción, placer
de la pareja, promover intimidad, descargar tensión sexual, obtener
experiencia sexual, experimentar conquistas o impresionar a los pares),
también es cierto que el contexto sociocultural se vuelve fundamental en
la consideración de los hallazgos.

Es notorio que en la población que estudiamos, imbuida en una


visión cultural centrada en relaciones interpersonales llevaderas y en el
bienestar del grupo sobre el individuo, existen un sinnúmero de
motivaciones ligadas a lo situacional y la presión externa, reflejando un
aspecto característico de nuestra cultura que tiene que ver precisamente
con el predominio de un locus de control externo acogido en un contexto
donde se refuerza la orientación colectiva más que la individual, es decir,
el bienestar de los otros o la importancia de complacer a otros antes que
a nuestros propios deseos, de forma tal que incluso aquellos motivos
situados en el campo de lo relacional parecen obedecer en mucho a una
búsqueda de complacencia externa más que personal. Esto incluso en
una muestra de jóvenes con educación de media a superior, que se
inclina hacia el individualismo.

No obstante, también es cierto que se puede observar una mayor


tendencia en nuestros participantes hacia el reconocimiento del sexo
como algo que involucra placer y no sólo obedece a un fin reproductivo.
Lo anterior se hace evidente sobre todo con las mujeres, quienes en
menor proporción aludieron al sexo con fines reproductivos, comparadas
con los hombres. Estos datos son coincidentes con el estudio de Buss y
Meston (2010) y reflejan precisamente el impacto de la transición social e
ideológica en las mujeres, misma que ha dado pauta a una
reconsideración de la sexualidad como algo que puede tener fines
placenteros y lúdicos. Nuevamente parece evidenciarse que los
lineamientos biológicos parecen ser insuficientes, aunque llama la
atención que para los hombres el sexo siga cubriendo una función
reproductiva. Cabe aclarar al respecto, como se menciona previamente,

176 Salud y Sexualidad


que el contexto sociocultural parece tener un mayor impacto en la
transición de las mujeres que en la de los hombres.

A lo largo de los análisis realizados se refleja la necesidad de


comprender que efectivamente las motivaciones sexuales están
supeditadas también al contexto no solo sociocultural sino también
relacional y a la propia historia del individuo. De tal suerte que, como lo
indican García y Rieber (2008), es innegable la intersección existente
entre lo biológico, lo psicológico y lo cultural. Esto justamente se evidencia
al tratar de reanalizar los datos desde el enfoque de aproximación y
evitación y darnos cuenta de que existen motivos que quedan no incluidos,
o bien que se abren otros cuadrantes o ejes de análisis, y que
precisamente aluden al aspecto individual, al relacional y al socio-cultural.

Volvemos a insistir en la relevancia que tiene comprender claramente


las motivaciones involucradas en el comportamiento sexual, pues de eso
depende la forma en la que se puede vivir la relación. En el caso de
nuestros resultados, es crucial analizar y poner bajo la mesa de la
discusión las implicaciones que tiene para ambos sexos el detectar tantos
motivos asociados a factores contextuales y externos que parecen llevar
a hombres y a mujeres a vivir sus cuerpos y su sexualidad de forma ajena
e inconsciente a sí mismos. Parece también que en este sentido se vuelve
fundamental la idea de analizar el contexto social en el que vivimos, tal
como lo plantea Ward (2003, en García y Rieber, 2008), las tendencias en
las motivaciones sexuales están ligadas a la mayor flexibilidad o no que
exista en el contexto bajo el que se desenvuelven los individuos.

En ese mismo sentido, y como lo refiere Levine (2002), la cultura


juega un papel crucial en la delimitación de la conducta sexual. Si bien es
cierto que muchos de los motivos reportados por los participantes de este
estudio pueden reflejar algunos de los patrones socioevolutivos básicos
sugeridos en la literatura (Buss, 2003), no puede obviarse el hecho de
que estos patrones conductuales son traducidos en normas y patrones
de conducta internalizados por los individuos. Es decir, como sugiere
Levine (2002), hay una programación mental respecto al sexo y por ello
pueden complejizarse las explicaciones en torno a la conducta sexual.

Con lo anterior, lo que queremos precisar, entonces, es que aunque


a lo largo del capítulo se alude a los contrastes entre hombres y mujeres
respecto a sus motivaciones sexuales, es necesario reconocer los
cambios y tendencias en ambos géneros. Las mujeres muestran sí, una

Los motivos por los que mujeres y hombres tienen sexo 177
prevalencia en la idea del binomio amor-sexo, empero también se
refleja la búsqueda de placer, su alejamiento del propósito reproductivo
y retoma elementos asociados al propio bienestar. En el caso de los
hombres, aunque en la literatura se sugiere que lo hacen por disminuir
la tensión, complacer a la pareja o conquistar, también se observa que
existe una búsqueda del sexo como una manera de expresar el afecto y
sentirse amados.

Nuevamente insistimos en no obviar el contexto sociocultural y en


ese sentido, vale la pena repensar qué tanto nuestros datos reflejan una
mayor apertura o flexibilidad por parte del contexto. Debe recordarse que
hay aspectos ligados a la conducta sexual que se intersectan con la
identidad de género de hombres y mujeres, haciendo más compleja
la posibilidad de desentramar los lineamientos sociales de las voluntades
individuales. En tal mirada, aunque el amor juega un papel importante para
ambos, siguen siendo más mencionado por las mujeres y su vínculo con el
resto de motivos es más consistente que lo que es para los hombres,
siendo en todo caso más común para este segundo grupos la mención de
motivos vinculados a la funcionalidad y practicidad de la situación.

No debe descartarse en el análisis la relevancia de las características


de la población estudiada, es una población predominantemente joven y
con una escolaridad que rebasa el promedio dentro de nuestro país. Sin
lugar a duda, estos son aspectos que sesgan la forma en la que hombres
y mujeres pueden estar viviendo y explicando su vida sexual, empero, sí
vale la pena mencionar, tal como los resultados lo sugieren, el impacto
que puede tener la edad, el tiempo en la relación o el número de parejas
sexuales respecto a las motivaciones otorgadas. Tal vez lo que más
llama la atención es que precisamente la gente joven entre más crece
más tiende a mirar el sexo como con un fin reproductivo y deja de lado
aspectos asociados al alcohol, la fiesta o los factores externos, dicho de
otra manera, va siendo posiblemente más dirigido a un fin concreto y
de una u otra forma podría suponerse que conforme crecen van
desarrollando un locus de control más interno que externo, obedeciendo
entonces sus motivaciones a fines más personales que sociales.

Como corolario, queda claro, aun con una muestra sesgada en edad
y educación en un ecosistema tradicional colectivista, que aún hay
vestigios de las motivaciones originales de reproducción y protección que
han marcado la evolución de la especie. Empero, la dialéctica de
biológica y cultura se deriva en variadas formas que no responden a la

178 Salud y Sexualidad


naturaleza. Es así que este estudio aún no está concluido, existen
muchas interrogantes a considerar dentro del mismo. Creemos que la
sexualidad está cambiando, que los hombres y las mujeres están
reaprendiendo a vivir sus cuerpos y sus deseos desde una mirada
diferente, empero, aún hay factores de orden individual, social y cultural
que pueden poner en riesgo a las personas y hacer que sus procesos de
vinculación sexual no siempre sean exitosos. Vale la pena indagar más al
respecto de este fenómeno.

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180 Salud y Sexualidad


Capítulo 7
ATRACCIÓN SEXUAL Y ESTRATEGIAS DE
EMPAREJAMIENTO

Nélida Padilla Gámez


Rolando Díaz Loving
Unidad de Investigaciones Psicosociales
Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

L
os seres humanos pasamos la mayor parte del tiempo en contacto
con otros humanos. Compartimos casi todo en compañía de
personas cercanas, llámese familia, amigos y compañeros
de trabajo. Desde los tiempos de nuestros ancestros que escalaban
árboles y comenzaban a caminar erguidos en las planicies de África,
hemos vivido nuestras vidas con otros grupos humanos, cazando en
grupos, cocinando, comiendo juntos y criando a los niños en conjunto con
otras familias. Derivado del proceso evolutivo, los humanos somos
entonces seres excepcionalmente sociables y gregarios; de casi todos los
fenómenos estudiados en las ciencias sociales y conductuales, son las
relaciones cercanas y el poderoso impacto que ejercen en la salud física
y psicológicalo que ha interesado y motivado a muchos investigadores a
comprender este fenómeno. Las experiencias afectivas y cognoscitivas
se manifiestan básicamente en función de relaciones interpersonales. El
“yo” incluyendo los valores, disposiciones y tendencias conductuales son
delineadas por las relaciones cercanas.

Desde esta perspectiva, se enmarca la importancia que tienen los


vínculos en la vida de las personas; en la infancia son los padres y
hermanos los que cumplen esta función de afecto y cuidado, ya en la vida
adulta se van desarrollando otro tipo de relaciones que suplen estos
vínculos primarios, como lo pueden ser los amigos y sobre todo la pareja.
De tal forma que la pareja tiende a cubrir ciertas necesidades de
afiliación, protección, afecto, cuidado, compañía, reproducción y
continuidad de la especie, convirtiéndose en una parte fundamental en la
sobrevivencia saludable del ser humano, ya que contribuye en el
bienestar físico, psicológico y social de los individuos. Aquí radica la tan
importante función que tiene la pareja en la vida de las personas.

Pero ¿cómo se constituye una pareja?, ¿cuáles son los elementos


que determinan que se elija a una u otra persona?, ¿qué características
se ven implicadas en la elección?, ¿qué conductas se llevan a cabo para
conseguir un compañero(a)?, ¿porqué con algunas personas solo se
establecen relaciones breves y con otras personas relaciones más largas
y estables?, ¿qué determina elegir a cierta persona y emparejarse? Estas
son algunas preguntas que se han hecho los investigadores en las
ciencias naturales, sociales y las de la conducta (Buss & Schmitt, 1993,
2007; Díaz-Loving, 1999, 2010; Fisher, 1992, 2004; Gangestad, Haselton
& Buss, 2006; Gil Burmann, Peláez & Sánchez, 2002; Kenrick, Sadalia,
Groth & Trost, 1990; Quilodrán & Sosa, 2004). De hecho, como señala
Fisher (1992), biología y cultura van de la mano; las diferencias culturales
y de contexto a contexto inciden en la variación de estas conductas y
características, incluso cuando tienen una base biológica, la cultura
parece determinar los cómo, dónde y con quién emparejarse.

En efecto, de una dialéctica entre directrices derivadas de la


evolución y patrones erigidos desde la socio cultura, las características o
cualidades físicas, la atracción, las conductas y estrategias, pueden
presentar ciertos matices en función del ecosistema específico en donde
se desarrollen. Por ejemplo, en un estudio transcultural realizado por
Buss (1989) en 37 culturas de todo el mundo sobre las preferencias de
rasgos en hombres y mujeres, se señala la valoración de rasgos como la
castidad, mostrando que existe mayor similitud entre hombres y mujeres
de una misma población que entre los miembros del mismo sexo de
poblaciones distintas, deduciendo que estos resultados deben estar
influidos por factores socioculturales particulares de cada población. No
obstante, la edad requerida y el atractivo físico buscado en la futura
pareja, eran rasgos coincidentes en la mayoría de las poblaciones y por
tanto se ajustaban a las predicciones de la psicología evolucionista.
Asimismo, las mujeres de todas las culturas daban más importancia que
los hombres a una buena condición financiera, así como crecimiento y
ambición laboral en la pareja, con la única excepción de la población
española, que no presentó diferencias significativas entre hombres

182 Salud y Sexualidad


y mujeres. Según Buss (1989), estos excepcionales resultados de la
población española podrían deberse a las condiciones particulares de
España o a la muestra analizada.

En este sentido, la psicología evolucionista ha desarrollado en los


últimos años aspectos teóricos sobre la elección de pareja en
los humanos, la cual propone una serie de hipótesis en relación a las
preferencias de hombres y mujeres que buscan una pareja (Buss &
Kenrick, 1998). Como los costos de la crianza son muy altos y de larga
duración, las mujeres buscarán colaboración en el cuidado paternal y
valorarán en el varón la entrega familiar, estabilidad, los recursos
económicos (que aumentan con la edad), la ambición y el estatus social
(capacidad de ganar dinero).

Los psicólogos evolucionistas, con base en diversas pesquisas,


propusieron que el atractivo físico es un indicador de salud y fecundidad,
y por ello los individuos atractivos concedían un mayor potencial
reproductor a aquellos que les eligieran como pareja. Así, los varones
preferirán mujeres con rasgos indicadores de un alto valor reproductor y
fertilidad (p.ej. hasta los 24 años) y buscarán juventud y buena salud por
ser cualidades que permiten tener más hijos (Kenrick, Sadalia, Groth &
Trost, 1990). Considerando que la ovulación es un fenómeno que no se
nota a simple vista en la mujer, con base en la teoría de la inversión
parental de Trivers (1972), se postula que en el proceso de la selección
natural se habrán favorecido mecanismos por los cuales el hombre
aumente la probabilidad de la certeza de su paternidad, lo cual se derivó
en normas socioculturales que evitan la promiscuidad de la mujer a través
de premisas socioculturales que prescriben la fidelidad sexual y castidad.

De acuerdo con los modelos teóricos basados en la biología


evolutiva sobre la inversión parental en la crianza y la selección sexual
(Trivers, 1972), los factores que influyen en la elección de pareja sexual
de los mamíferos son distintos en función del sexo, básicamente porque
la inversión en tiempo y energía en la reproducción (principalmente
debidas al tiempo de gestación, lactancia y transporte de las crías) es
muy superior en las hembras que en los machos. Este costo reproductor
propicia que las hembras sean más selectivas en las demandas de la
posible pareja, mientras que los machos invertirán más en características
cualitativas y conductas que aumenten las posibilidades de ser elegidos
como pareja.

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 183


En este sentido, Buss y Schmitt (1993) proponen la teoría de las
estrategias sexuales basada en la teoría de Trivers (1972), en la cual se
plantea que hombres y mujeres crean un complejo repertorio de
estrategias que se llevan a cabo en la elección de pareja. Una estrategia,
dentro de la colección, es el compromiso en una relación a largo plazo,
típicamente marcado por el cortejo, con un alto nivel de inversión, la
emoción del amor y la dedicación de recursos durante un largo periodo
de tiempo con el fin de crear una relación estable y la posibilidad de tener
descendencia. Por otra parte, dentro del repertorio también se encuentra
el de las relaciones a corto plazo, definidas como un breve encuentro
sexual como los encuentros de “una sola noche”. Entre la estrategia
de breves romances y la de relaciones a largo plazo se encuentran
algunas intermedias.

De acuerdo con esta teoría, hombres y mujeres buscan


determinadas características en sus parejas potenciales dependiendo de
si su estrategia es una relación a corto plazo o a largo plazo. Por ejemplo,
en una relación a largo plazo los hombres buscarían signos de fertilidad y
valor reproductivo tales como juventud y apariencia física, mientras que
las mujeres buscarían status, a través de la madurez y los recursos (Buss
& Schmitt, 1993). En contraparte, en las relaciones a corto plazo también
existirían diferencias dada la inversión parental, ya que las mujeres
tendrían poco que ganar mientras que los hombres obtendrían grandes
beneficios de reproducción. Derivado de estos postulados, Buss (1994)
define dichas estrategias como métodos para lograr objetivos y medios
para resolver problemas. De acuerdo con este autor, el sexo y el amor
son intrínsecamente estratégicos, ya que la elección de pareja nunca es
al azar, ni se atrae indiscriminadamente, ni se vence a los rivales por
aburrimiento, sino que los seres humanos diseñan estrategias para
resolver problemas concretos para tener éxito a la hora de emparejarse.
Así, cada estrategia se ajusta a un propósito adaptativo específico, como
identificar a un compañero deseable o superar a la competencia al
momento de atraerlo. Detrás de toda estrategia hay mecanismos
psicológicos subyacentes, como la preferencia por un tipo de pareja en
particular, sentimientos amorosos, deseo sexual o celos.

Las estrategias de búsqueda de pareja se traducen en patrones


psicológicos específicos y adecuados para distintos ecosistemas. Cada
mecanismo psicológico es sensible a la información o las señales de
mundo exterior, como los rasgos físicos, los signos de interés sexual o las
indicaciones de infidelidad potencial. A su vez, estos mecanismos son

184 Salud y Sexualidad


sensibles a la información del propio individuo y sus habilidades. La
mayoría de las veces estas estrategias no son planificadas
conscientemente, a la hora de elegir pareja pueden surgir una diversidad
de mecanismos de cualquier índole, como por ejemplo activarse el deseo
sexual sólo con el sudor de la otra persona. Con base en lo anterior, se
intenta mostrar la importancia que tiene para el ser humano el
permanecer al lado de otras personas formando relaciones afectivas y
cercanas, de esto se infiere que a través del tiempo la pareja se ha
convertido en un aspecto trascendental en la vida de los individuos, ya
que es justo con ésta que se logra el éxito reproductivo, la transmisión de
genes y la sobrevivencia de la especie humana.

Por otro lado, se han realizado algunos estudios que refieren como
la selección sexual y la elección de pareja es diferente para hombres y
mujeres –aunque también se observa esto en otras especies– dado que
la inversión parental es distinta para cada sexo. En este sentido,
retomando la teoría de Trivers (1972), los hombres buscarán más
variedad sexual para replicar sus genes a un costo relativamente bajo.
En cambio, las mujeres son más selectivas puesto que pueden
embarazarse de un hombre que no se comprometa o no invierta en su
descendencia, esto tendría un costo muy alto. Existe una vasta literatura
que evidencia que las mujeres son menos ansiosas que los hombres a
participar en sexo promiscuo. Por ejemplo, Clark y Hatfield (1989)
hicieron un experimento en donde tenían un confederado y una
confederada que preguntaba a los estudiantes de una universidad lo
siguiente: ¿Salimos esta noche?, ¿Quieres venir a mi departamento?
y ¿Quieres acostarte conmigo? Aproximadamente la mitad de las
mujeres dijeron que sí a tener una cita, pero sólo el 3% fue receptiva de
ir con un hombre a su apartamento y ninguna dijo sí a ir a la cama con
el confederado.

Cuando estas preguntas se les hicieron a los hombres, más de la


mitad aceptó tener una cita, casi el 70% estaban dispuestos a ir con ella
a su departamento y más del 70% respondió que sí a irse a la cama con
la confederada. Buss y Schmitt (1993) también encontraron que los
estudiantes varones deseaban tener más sexo antes de tener una
relación, que las mujeres. Además de estar más dispuestos a tener sexo,
los hombres quieren tener sexo con más parejas que las mujeres. Lo
cual apoya la teoría de la inversión parental, los hombres son menos
selectivos en su elección de pareja. Estas diferencias hacen que el
emparejamiento sea distinto para hombres y para mujeres.

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 185


Con la finalidad de ahondar en este fenómeno en el contexto del
ecosistema aportado por la cultura mexicana, se realizaron una serie
de estudios que tuvieron como objetivo conocer las particularidades que
provee el contexto en cuanto a los elementos implicados en el
emparejamiento, desde lo físico hasta lo conductual, es decir, qué tipo
de características físicas y de personalidad, así como las estrategias que
utilizan las personas para acercarse a una potencial pareja y emparejarse
en la cultura mexicana.

MÉTODO

Participantes

Para llevar a cabo este estudio, la muestra estuvo conformada por 50


participantes heterosexuales de ambos sexos con escolaridad de
educación media superior y superior, con edades comprendidas entre los
20 y 40 años.

Instrumento

Para acceder a la información en este estudio se realizó un cuestionario


abierto, con formato de auto aplicación, con las siguientes preguntas:
¿Cuando buscas pareja, en qué características te fijas: físicas y rasgos
de personalidad o carácter?, así como ¿en qué te fijas para establecer
una relación a corto plazo (por ejemplo, un romance de una noche o un
free)?; ¿en qué te fijas para establecer una relación a largo plazo
(por ejemplo, una relación con fines matrimoniales o de mayor
compromiso)? Así como las preguntas correspondientes a las estrategias
de emparejamiento: ¿Qué cosas haces (conductas, acciones, actitudes,
etcétera) para acercarte a alguien que te gusta?, ¿Qué cosas de las que
haces sí te han funcionado?, ¿Cuáles no te han funcionado? y ¿Por qué?
Se les solicitó a los participantes que respondieran a las preguntas de la
manera más clara y sincera posible, cuyo objetivo es conocer cómo son
las relaciones de pareja, destacando la importancia del anonimato y
confidencialidad de sus respuestas.

RESULTADOS

Con base en la información obtenida se listaron las características más


importantes y que presentaron mayor frecuencia en cuanto a las

186 Salud y Sexualidad


características físicas y psicológicas, a continuación se muestra la
información obtenida.

En cuanto a las Características físicas (tabla 7.1), para las mujeres


de 20 a 30 años se encontró que cuando buscan pareja se fijan
principalmente en los ojos, es el rasgo que presenta mayor frecuencia y
entre sus particularidades se mencionó que fueran bonitos, grandes
y lindos.

Tabla 7.1. Características físicas mujeres y hombres de 20 a 40 años.


Mujeres Hombres
20-30 años 31-40 años 20-30 años 31-40 años
Ojos Limpieza Ojos Cuerpo sano
Estatura Más grande que yo Pompas y estético
Labios/boca Ojos Busto Delgada
Rostro/cara/facciones Manos grandes Estatura Sonriente
Complexión Labios/boca Piernas Busto
Higiene/limpieza Cabello Cuerpo Caderas
Color de piel Complexión delgada, Manos Nalgas
Manos media o robusta Complexión Guapa
Sonrisa Alto delgada Con manos
Delgado/atlético Buena presentación Piel suave cuidadas
Dientes Atractiva
Estética
Rostro

Otro rasgo que presentó mayor frecuencia fue la altura o estatura,


casi con la misma frecuencia que los ojos. Es decir que para las mujeres
de este rango de edad la altura y los ojos son los rasgos o características
más importantes al momento de emparejarse. Aspectos igual de
importantes o que refieren la misma frecuencia son: la higiene y limpieza,
la complexión, de preferencia delgados ó atléticos no musculosos.

La boca, los labios y los dientes limpios y bonitos también son


aspectos a resaltar, así como el rostro, cara o facciones así como una
linda sonrisa. También se mencionó que es importante una piel sana así
como el color de ésta, predominando el gusto por las pieles morenas y
trigueñas. El tipo de cabello también es importante, predominando el
cabello rizado y en menor frecuencia, largo. Otro aspecto que se
mencionó en repetidas ocasiones son las manos, que estén limpias,
suaves y grandes. En menor frecuencia, se mencionaron los brazos, las
pompas y los lunares.

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 187


En lo que refiere a las mujeres de 31 a 40 años se mencionó lo
siguiente: De igual forma que para el grupo anterior, las mujeres de este
rango de edad mencionaron que los aspectos más relevantes son los
ojos, los labios/boca, las manos grandes y cabe destacar que una vez
más la limpieza es un tema de importancia. Así también se mencionó que
es muy importante que sea más grande, no se especificó si de edad o de
estatura. Que sea de complexión delgada o de complexión media o
robusta, alto y con buena presentación y se exprese de manera
adecuada, características que tienen que ver con el aspecto físico social.
También es importante una sonrisa agradable, que huela rico y tenga
brazos fuertes.

En el caso de los hombres de 20 a 30 años se encontró que se fijan


predominantemente en los ojos y en las pompas y en el busto, así como
en la estatura, piernas, cuerpo, manos, complexión delgada/esbelta, piel
suave, atractiva, estética y en el rostro.

En cambio para los hombres de 31 a 40 años los aspectos


importantes en la pareja son: principalmente que sea delgada y sonriente,
con un cuerpo sano, completo, estético, equilibrado y proporcionado, de
complexión delgada y agradable físicamente. Así también se mencionó
que los pechos, caderas y nalgas son aspectos relevantes en la elección
de pareja. Por otra parte, que sea guapa, arreglada, el color de cabello y
que esté largo, el tono de piel preferentemente morena, rostro agradable,
y con manos cuidadas. Cabe mencionar que los hombres también
mencionaron que los dientes es una característica importante.

Finalmente, en este rubro las características físicas más deseables a


corto plazo que mencionaron tanto hombres como mujeres se encontró
que los ojos, la higiene y las nalgas, seguidamente del aroma, la sonrisa
y los labios. Ya en tercer lugar se encuentra la higiene y por último el
aroma (tabla 7.2).

Tabla 7.2. Características físicas a corto y largo plazo, ambos sexos.


A corto plazo A largo plazo
1º Ojos, higiene, nalgas 1º Higiene, ojos
2º Aroma, sonrisa, labios 2º Sonrisa, aroma,
3º Higiene 3º Higiene-aroma
4º Aroma 4º Complexión

188 Salud y Sexualidad


Lo anterior se muestra congruente con lo encontrado en otros
estudios en donde lo importante para un encuentro casual o de corta
duración son aspectos más relacionados con la apariencia y la atracción
sexual como la higiene-aroma, las nalgas, sonrisa-labios aspectos que
sugieren belleza y estimulan el deseo sexual.

En el caso de las características a largo plazo se encontró que, en


primera instancia, la higiene es lo más importante así como los ojos.
Seguidamente de la sonrisa y el aroma que va de la mano con la higiene,
finalmente es deseable fijarse en la complexión, como ya se mencionaba
en el grupo de los hombres que es un aspecto muy importante. De tal
forma la higiene se torna importante para una relación duradera, puesto
que se convivirá con la higiene y aroma de la persona por más tiempo.
Los rasgos que indican belleza no mostraron mayor relevancia.

En cuanto a las características psicológicas o de personalidad


plasmadas en la tabla 7.3, en el caso de las mujeres entre 20 y 30 años,
las características o rasgos psicológicos importantes en el emparejamiento
son: el rasgo de mayor demanda es la inteligencia y el respeto, seguido
de la simpatía, honestidad, educación, responsabilidad y que sea
cariñoso. También se mencionó que es importante el carisma, que sea
buen conversador, analítico, alegre, optimista, no intelectual, viajador,
curioso del mundo, sociable, fiel, cuidador, emprendedor, confiable y
buen amigo. Así como, amable, con buen sentido del humor, paciente,
arrogante, seguro, divertido, que haga reír y que sea positivo.

Tabla 7.3. Características psicológicas o de personalidad en


mujeres y hombres de 20 a 40 años.
Mujeres Hombres
20-30 años 31-40 años 20-30 años 31-40 años
Inteligencia Inteligencia Inteligencia Inteligencia
Respeto Sinceridad Alegre Simpatía
Simpatía Amable Divertida Honesta
Honestidad Valores Simpática Amable
Educación Honesto Buen humor Alegre
Responsabilidad Maduro Solidaria Empática
Cariñoso Artista Empática Relajada
Carisma Fiel Honesta Divertida
Buen conversador Tolerante Tranquila Altruista
Analítico Divertido Libre Valores
Alegre Alegre Responsable Sociable
Optimista Buen conversador Sociable Segura de sí misma
Sociable Coherente Extrovertida Con carácter
Fiel, etc. Sensible, etc. Responsable, etc.

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 189


En lo que refiere a las mujeres de 31 a 40 años se encontró que los
rasgos o características psicológicas importantes en la elección de pareja
son: de igual forma se encuentra que la inteligencia y la sinceridad son
los rasgos más apreciados en las mujeres de este rango de edad.
Posteriormente, que sea amable, con valores, honesto, maduro,
caballeroso, atento, que posea sensibilidad artística, que se entregue al
amor, sea fiel, tolerante, divertido, alegre, buen conversador, sin miedo al
amor y coherente en ideas y acciones.

En cuanto a los hombres entre 20 y 30 años las características


psicológicas importantes son, en primera instancia la inteligencia, además
que sea alegre, divertida y simpática. En segunda instancia, buscan que
la mujer tenga un buen sentido del humor, que sea solidaria, empática,
honesta, tranquila, libre, responsable, sociable, extrovertida, sensible,
tierna, sincera y con valores.

En lo que toca a los hombres de 31 a 40 años se encontró de igual


forma que la inteligencia, es el rasgo con mayor frecuencia, seguido de la
simpatía, honestidad y amabilidad. Con menor frecuencia se mencionó
que es importante que sea alegre, empática, relajada, divertida, altruista,
con valores, sociable, segura de sí misma, de carácter decidido,
responsable, con valores familiares, buen carácter, respetuosa,
cuidadosa, cariñosa, agradable, con educación y temperamento fuerte.

Respecto a los aspectos deseables a corto plazo para hombres y


mujeres (tabla 7.4), el rasgo de personalidad de mayor importancia es la
inteligencia, así como que sea una persona divertida, cariñosa y con buen
humor. Como se puede observar, son características que sirven para
pasar un buen rato con la persona. Divertirse y pasarla bien. En cambio
en las características requeridas a largo plazo, se tiene de igual forma
que la inteligencia es importante, pero acompañada de fidelidad, seguida
de respeto, trabajo, cariño y madurez. Aspectos que hacen referencia
principalmente a la estabilidad emocional que puede proporcionar
una persona trabajadora, respetuosa, cariñosa y madura.

De lo cual se puede concluir que para una relación de corta duración


no es tan importante fijarse en valores o sentimientos, lo importante es
pasarla bien con alguien que sea divertido y agradable. Confirmando
la hipótesis que refiere la importancia de emparejarse con alguien de
mayor estabilidad.

190 Salud y Sexualidad


Tabla 7.4. Características psicológicas o de personalidad
a corto y largo plazo, ambos sexos.
A corto plazo A largo plazo
1º Inteligencia 1º Inteligencia, fidelidad
2º Divertido(a) 2º Respetuoso(a)
3º Cariñoso(a) 3º Trabajador(a)
4º Buen humor 4º Cariñoso(a), Madurez

Una vez establecida la gama de características físicas y


psicológicas enfatizadas por hombres y mujeres al seleccionar una
posible pareja a corto o largo plazo, se procedió a indagar sobre las
estrategias utilizadas para lograr dicho emparejamiento. Para analizar las
respuestas de la muestra en cuanto a las estrategias, se realizó un
análisis de contenido a las respuestas vertidas con el programa Atlas ti
versión 5. Con la ayuda de este programa se hicieron códigos para
agrupar la información obtenida. En primera instancia se identificaron 25
códigos, a continuación se presentan dichos resultados con ejemplos de
cada categoría por orden alfabético en la tabla 7.5.

Tabla 7.5. Estrategias de emparejamiento en hombres y mujeres


de 20 a 40 años.
Código o
Clave Ejemplo de estrategia Frecuencia
categoría
Aprendizaje Aprendizaje …pueda conversar de 3
cualquier tema, me enseñe
cosas nuevas…
Estrategia a ECP- afecto Compatibilidad… 8
corto plazo: comunicación En la forma de ser de la
afecto persona…
comunicación Que tengamos buena
relación…
Estrategia a ECP-atracción Me agrade físicamente… 22
corto plazo: sexualidad En su apariencia …
atracción Haya química entre los dos…
sexualidad Me guste físicamente…
Estrategia a ECP- Empatía, respeto, 6
corto plazo: características independencia…
características personalidad En el carácter, la
de personalidad…
personalidad En la forma de pensar, de
actuar…

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 191


Continuación…
Código o
Clave Ejemplo de estrategia Frecuencia
categoría
Estrategia a ECP-no tengo No suelo establecer relaciones 11
corto plazo - así…
no tengo No tengo romances o free…
(estrategia a No he tenido esa
C.P) experiencia…

Estrategia a ELP-afecto En el compromiso que ambos 22


largo plazo: comunicación pongamos…
afecto Que tengamos cosas en
comunicación común…
Podamos tener una buena
relación.
Estrategia a ELP-atracción Que me guste físicamente… 9
largo plazo: sexualidad Que haya atracción mutua…
atracción En el apoyo, la química…
sexualidad

Hombres: H1CP- H2CP Entablar conversación… 5


afecto- afecto Interesarme en sus cosas…
comunicación comunicación Buscar un tema en común…

Hombres: no H1CP- H2CP Tomar alcohol… 5


funciona no funciona El presumir a las mujeres les
choca.
Verme muy insistente…

Hombres: H1SP- H2SP Escucho, saludo, me 2


afecto afecto intereso…
comunicación- comunicación
estrategia estrategia
activa activa.

Hombres: sí H1SP- H2SP Sinceramente interesarme en 1


funciona sí funciona ella…
Invitarla a salir…
Platicar, preguntar, cuidar mi
imagen…

192 Salud y Sexualidad


Continuación…
Código o
Clave Ejemplo de estrategia Frecuencia
categoría
Mujer: afecto- M1CP-M2CP Conversar, interesarme … 8
comunicación Afecto Sonreír, hablar alegremente…
comunicación Llamar por teléfono, hacer
citas…
Mujer: M1CP-M2CP Generalmente no hago nada… 9
estrategia Estrategia El mostrarme desinteresada…
pasiva pasiva Soy demasiado tímida…

Mujer: no M1CP-M2CP Hablar de cosas personales… 4


funciona No funciona Dar detalles significativos …
afecto afecto Los celos, la posesividad…

Mujer: M1CP-M2CP Vestirme bien… 3


sexualidad Sexualidad Coquetear con bromas…
atractivo físico atractivo físico
Mujer: sí M1CP-M2CP Cruzar miradas… 5
funciona Sí funciona Darme la oportunidad de
escuchar...
Mujer: M1CP-M2CP Mirar a los ojos… 3
Si funciona Si funciona La mirada, la sonrisa…
sexualidad sexualidad
coqueteo coqueteo

Mujer: M1SP-M2SP Acercarme e iniciar una 11


Afecto Afecto plática…
comunicación comunicación Hablarle, invitarlo a salir…
Intercambio miradas,
sonrisas...
Mujer: M1SP-M2SP Soy muy tímida… 4
Estrategia Estrategia No dar suficiente tiempo…
pasiva pasiva No hago mucho, sólo charlar…

Mujer: M1SP-M2SP Mirarlo fijamente, tal vez 4


No funciona No funciona porque se intimidan…
estrategia Estrategia Actitud seria o sangrona…
activa activa Lanzarme muy rápido hacia la
persona…

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 193


Continuación…
Código o
Clave Ejemplo de estrategia Frecuencia
categoría
Mostrarse * Usualmente soy como 12
como se es: siempre…
autenticidad Ser yo misma sin fingir…
Ser uno mismo…
Nada en particular, sólo ser
como soy…
Protección * Que sean atentos, 16
afectiva respetuosos…
El apoyo mutuo, la química…
Que se establezca un proyecto
en común…
Que nos entendamos, seamos
buenos amigos…
Recursos * Educación, cultura, 8
protección sentimientos…
Sentir que puedo construir y
materializar muchas cosas con
la persona…

Con base en la información que se presenta en la tabla 7.5, se puede


observar que el aprendizaje es una estrategia de selección, esta
estrategia refiere a que para algunas personas es importante que la
pareja les pueda enseñar o aportar algo y por ende se muestra como un
criterio de emparejamiento.

En lo que toca a las estrategias a corto plazo se tienen varias


categorías, entre las que se encuentran: afecto, comunicación, atracción
sexual, características de personalidad, así como el no tener una
estrategia a corto plazo; esto revela que algunas personas prefieren no
emparejarse en relaciones fugaces o de corta duración.

En las estrategias a largo plazo, se encontró que también es


importante el afecto, la comunicación, atracción sexual y características
de personalidad.

A su vez se encontraron tres grandes categorías que se presentaron


tanto en las estrategias a corto plazo, como en las de largo plazo, tanto
en hombres como en mujeres. Estas son: mostrarse como se es; esta

194 Salud y Sexualidad


alude a no tratar de fingir o ser otra persona que no se es. Por otro lado
se encuentran las estrategias de protección afectiva y recursos, las
cuales aluden a la necesidad de afecto y protección que se busca
satisfacer en la pareja, así como a la búsqueda de una estabilidad en
cuanto a recursos se refiere.

Finalmente se hizo una distinción entre hombres y mujeres en cuanto


a las estrategias utilizadas, de las cuales se encontró que para los
hombres: el afecto y la comunicación, son estrategias activas (ejemplo:
escucho, me intereso por ella, etcétera). Por otra parte, se encontró que
de las estrategias que los hombres refieren no les funcionan, se tiene
que: tomar alcohol, presumir, o ser muy insistente son estrategias poco
adecuadas para emparejarse. En cambio; invitarla a salir, sincerarse
con la pareja, platicar, etcétera, son estrategias que son evaluadas
como efectivas.

En cuanto a las mujeres se observó que el afecto y la comunicación


son estrategias de gran importancia y de las más utilizadas para
emparejarse, sin embargo, algunas pueden ser poco o nada funcionales.
Además se identificaron estrategias pasivas, en donde las mujeres
reportan no hacer nada y dejar que el hombre sea el que corteje o se
acerque, así como estrategias activas que no funcionan, como: mirar
fijamente o lanzarse muy rápido hacia la persona.

También se puede observar que existen diversas estrategias de


emparejamiento que se comparten, ya sea por sexo o por grupos
de edad, como la autenticidad; esta categoría refiere a la importancia de
mostrarse como se es, no fingir ni tratar de ser otra persona que no se es.
Otra estrategia compartida por sexo fue la de protección afectiva, que
refiere a una necesidad propia de los seres humanos de ser protegidos y
acompañados afectivamente. Finalmente, la estrategia de protección
y recursos, también compartida por sexo, se refiere a la necesidad de
compartir tanto lo emocional como lo social, se busca cierta estabilidad y
la visualización de un proyecto de vida en común.

Por otra parte, en cuanto a las estrategias utilizadas a corto y largo


plazo se encontró que a corto plazo las estrategias tienen más la
intención del acercamiento físico, propiciando una conversación o
buscando algún tema en común, para que a través de dicha interacción
se pueda continuar con el coqueteo e intercambio de miradas (tabla 7.6).
En cambio, las estrategias de largo plazo destinadas a establecer una

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 195


relación de mayor compromiso o estabilidad se utilizan otras conductas
encaminadas a lograr una intimidad emocional, más que física y sexual,
con la persona.

Tabla 7.6. Estrategias de emparejamiento a corto y largo plazo,


ambos sexos.
A corto plazo A largo plazo
1º Acercarse físicamente 1º Ser respetuoso(a), Iniciar una
2º Iniciar una conversación conversación, mirar a los ojos.
3º Buscar un tema en común 2º Ser yo mismo(a)
4º Coquetear 3º Interesarme en sus cosas
5º Mirar a los ojos 4º Ser atento(a)

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Con base en los resultados obtenidos, se puede observar que hombres y


mujeres buscan rasgos o características distintas al momento de
emparejarse. Así también los aspectos elegidos cambian en función
de una edad a otra, mientras en edades más tempranas se buscan
características más efímeras (principalmente en lo psicológico), en
edades más tardías se buscan más rasgos que representen sobre todo la
estabilidad, ya que el proceso de evaluación de la potencial pareja es
mucho mayor pues supone que se convivirá con esa persona más
tiempo. Por ejemplo, en un estudio realizado por Waynforth y Dunbar
(1995, en Gil, Peláez & Sánchez, 2002), se encontró que los rasgos de
mayor relevancia en cuanto al atractivo físico son términos que hacen
referencia a la belleza, salud y vitalidad, como son deportista, atlético/a,
musculoso/a, atractivo/a, guapo/a, bello/a, bien parecido/a, buena
apariencia, presencia o figura, mono/a, saludable, alto/a, pequeño/a,
delgado/a, rollizo/a, menudo/a, joven, vital, dinámico. En esta
investigación se observó que las personas entrevistadas fueron más
específicas en los rasgos, puesto que detallaron características muy
particulares de cara y cuerpo. Sin embargo, se hace referencia a que la
potencial pareja posea una cara bonita, ojos bonitos, también se
menciona el rostro, las facciones y la complexión generalmente delgada,
manos, sonrisa, etcétera.

En el caso de los hombres se mencionan características más


relacionadas al atractivo sexual como, nalgas, estatura, cadera, busto,
que sea una mujer atractiva, piel suave, manos cuidadas y con un cuerpo

196 Salud y Sexualidad


sano y estético. Lo cual nos refiere a lo encontrado por Buss et al. (1990)
y Buss y Schmitt (1993), donde los hombres buscarán mujeres con
características que muestren salud y atractivo. Este estudio puso de
manifiesto una diferencia de género en los gustos románticos. Cuando se
evalúan potenciales parejas, los hombres manifestaron una mayor
tendencia a elegir a mujeres que ofrecían signos visuales de juventud y
belleza. En promedio, los hombres de todo el mundo se casan con
mujeres tres años más jóvenes que ellos.

Mientras que las mujeres, buscarán hombres con mejores recursos y


que puedan ofrecer estabilidad. En cuanto a las características a corto y
largo plazo refieren la importancia del aroma en la pareja, al igual que el
experimento realizado por Wedekind (1995, en Fisher, 2004), donde se
les pidió a varias mujeres que olieran las camisetas sudadas de un grupo
de hombres y dijeran qué olor les parecía más sexy. Ellas eligieron las
camisetas de los hombres cuyos sistemas inmunitarios eran distintos al
suyo pero al mismo tiempo compatible. A un nivel neuroquímico, estas
mujeres se sentían atraídas por individuos que potencialmente les podían
ayudar a producir una descendencia genéticamente más variada.
Probablemente esta característica esté hablando de una elección
realizada a niveles más instintivos que sociales. Que de acuerdo a las
teorías evolucionistas, sería una forma de asegurar una trasmisión de
genes exitosa.

Por otra parte, se encuentra que hombres y mujeres buscan


personas con las que puedan sentirse bien y compartir ya sea un instante
de sus vidas o un largo periodo, en este caso particularmente con la
pareja. Por tanto, además de la inteligencia y algunos valores como el
respeto, la sinceridad, educación, honestidad y amabilidad, la simpatía,
buen humor, alegría y afecto son aspectos altamente buscados en la
potencial pareja. Estos datos coinciden con lo reportado por Waynforth y
Dunbar (1995, en Gil, Peláez & Sánchez, 2002), en donde se identificaron
términos que hacen referencia al buen carácter y estabilidad en la vida
familiar como son comprensivo/a, emocionalmente estable, maduro/a,
noble, responsable, formal, buena disposición, buen carácter, cariñoso/a,
gustan niños o vida familiar, hogareño/a, bueno/a cocinero/a, o amo/a de
casa. De hecho, hombres y mujeres generalmente se sienten atraídos por
personas que comparten su sentido del humor, con valores sociales y
políticos similares, y por individuos que comparten sus mismas creencias
sobre la vida en general (Byrne, Clore & Smeaton, 1986). Los

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 197


antropólogos llaman a esta propensión humana a sentir atracción por
personas parecidas a nosotros mismos como “emparejamiento por
concordancia positiva” o “emparejamiento por adecuación” (Fisher, 2004).

Cabe mencionar que en uno de los estudios clásicos que se realizó


con diez mil personas de treinta y siete sociedades distintas, los
científicos pidieron a hombres y mujeres que hicieran una lista de
dieciocho características, ordenadas en función de su importancia para
elegir una pareja (Buss et al. 1990). Ambos sexos situaron en primer
lugar el amor o la atracción mutua. Que fuera formal, estable y con
madurez emocional y de un carácter agradable. Tanto hombres como
mujeres dijeron también que elegirían a alguien amable, inteligente,
educado, sociable, sano e interesado en el hogar y la familia. Como se
puede ver, las personas en general tienden a considerar a las mujeres
guapas (y a los hombres guapos) personas cálidas, inteligentes, fuertes,
generosas, sociables, educadas, atractivas, interesantes, seguras desde
el punto de vista financiero y socialmente populares (Dion & Dion, 1988).

Tratando de explicar las discrepancias culturales, los psicólogos


evolutivos insisten que aún en la actualidad los hombres
subconscientemente también prefieren la juventud y la belleza porque tiene
ventajas reproductivas. Las mujeres jóvenes de piel suave, dientes
blancos como la nieve, ojos brillantes, pelo resplandeciente, músculos
firmes, un cuerpo ágil y una personalidad atractiva, tienen una
probabilidad mayor de ser sanas y enérgicas, cualidades muy
importantes para dar a luz y criar a la descendencia. Una piel clara
y suave y unos rasgos faciales infantiles también indican niveles elevados
de estrógenos que pueden contribuir a la reproducción.

Por otra parte, se ha encontrado que las mujeres se sienten más


atraídas por los hombres altos, quizás porque los hombres de gran
estatura tienen más probabilidades de adquirir prestigio en los negocios y
en la política y pueden proporcionar una mejor defensa personal. A las
mujeres les gustan los hombres con una posición desahogada –un signo
de dominio– y que tengan además confianza y seguridad en sí mismos.
Las mujeres se muestran más proclives que los hombres a elegir para
una relación duradera a un compañero que sea inteligente. Y las mujeres
prefieren a los hombres con buena coordinación, fuertes y valientes,
como se muestra en la literatura y en las leyendas de todo el mundo
(Fisher, 2004).

198 Salud y Sexualidad


Con las vicisitudes culturales, los hombres mexicanos enfatizan que
el respeto que siente un hombre por sí mismo esté más íntimamente
ligado con su estatus laboral y social dentro de la comunidad. Algunos
hombres también muestran una mayor tendencia a sacrificar su salud,
seguridad y tiempo libre para adquirir categoría. Los hombres saben de
forma intuitiva que para atraer a mujeres jóvenes, sanas y enérgicas
deben intentar mostrarse intrépidos, fuertes y poderosos.

De manera adicional, en los datos arrojados en esta investigación


sobre las diferencias por sexo, se identificaron varias categorías entre las
que se encuentran las que funcionan y las que no funcionan, entre estas
últimas se torna importante subrayar la estrategia de “tomar alcohol”,
“presumir a las mujeres” o “ser insistente” que los hombres expresan no
funciona. Al respecto sugiere Fisher (1992) que el cortejo humano es un
proceso de seducción. La cautela durante el cortejo es un elemento que
no debe echarse de menos puesto que si en este proceso se muestra
desesperación al comienzo de este, puede perder la oportunidad de
emparejarse. El que se acerca demasiado, toca antes de tiempo o habla
en exceso, probablemente será rechazado. En cada fase del ritual, si los
implicados no responden correctamente, el cortejo fracasa. De tal forma
que, al parecer, los hombres todavía están obligados a hacer un mayor
“esfuerzo de emparejamiento” a fin de ganar el juego de cortejo. Por
ejemplo, les preocupa elegir las palabras adecuadas para cortejar a una
posible pareja. En cambio, para las mujeres lo esperado es distinto
puesto que son ellas las que envían las señales de proceptividad, es
decir, la señal de que es el momento de acercarse, en el que se está
disponible y receptiva al cortejo. Esto se muestra en casi todas las
especies (Fisher, 1992).

Dichas señales en las mujeres comienzan principalmente con


lenguaje no verbal, tales como un ligero movimiento de cuerpo, una
sonrisa o mirada de reojo, coqueteos, jugueteo con su cabello, etcétera.
No obstante, existen algunas culturas como la mexicana en donde aún
permanece un estigma acerca de la audacia femenina en el cortejo; en
donde se espera que sean los hombres los que seducen y las mujeres
sólo receptoras pasivas y sometidas a la iniciativa masculina. Con los
datos obtenidos se corrobora que aún persisten ciertos prejuicios acerca
de la iniciativa femenina en el emparejamiento, en el presente estudio se
encontró que las estrategias activas utilizadas por las mujeres, entre las
que se mencionaron “mirarlo fijamente” o “dejar que el otro se acerque”,
se evalúan como no efectivas. De lo anterior se concluye que la elección

Atracción sexual y estrategias de emparejamiento 199


de pareja es un fenómeno interesante de abordar puesto que en el
emparejamiento no sólo influyen factores individuales (rasgos de
personalidad, características físicas, conductas, estrategias, actitudes,
etcétera), sino también aspectos socioculturales que matizan dicho
proceso.

En esta serie de circunstancias, todo parece indicar que los


compañeros se seleccionan primero en función de la necesidad de
apareamiento, que se registra con base en la proximidad, donde la
atracción física desempeña un papel significativo al inicio de la relación,
seguida gradualmente de la atracción afectiva e intelectual, permitiendo a
los miembros de las parejas comenzar a identificar compañeros
homógamos. Sin embargo, hoy en día es frecuente encontrar en los
criterios populares con respecto a la elección de pareja, la opinión de que
la gente se casa con quien lo desea, no siempre opera de esta manera.

Como corolario, se destaca que la extensión de las posibilidades


para elegir pareja está circunscrita, por ejemplo, a un espacio delimitado
por el ambiente donde el sujeto ha crecido y se desenvuelve, así como
por la educación, la familia, el ambiente sociocultural, las condiciones
económicas, geográficas y políticas (Padilla Gámez & Díaz-Loving, 2002),
dejando claro que la elección de pareja es un proceso complejo en el que
hombres y mujeres se conducen bajo la influencia básicamente de
factores biológico-evolutivos y psicológicos que determinan en gran
medida el surgimiento de una relación de pareja.

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202 Salud y Sexualidad


Capítulo 8
EL AMOR Y LA SEXUALIDAD EN LA PAREJA

Georgina García Rodríguez 3


Rolando Díaz Loving
Unidad de Investigaciones Psicosociales
Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

E
l ser humano requiere de vincularse con los demás tanto para
sobrevivir como para desarrollarse de manera eficiente, de ahí que
tenga necesidades afectivas de diferente naturaleza que buscan
concretarse a través de diversas fuentes. Según la taxonomía de López
Sánchez (2009), estas necesidades pueden agruparse en tres grandes
rubros: 1) la necesidad de seguridad emocional, que se satisface
primordialmente a través de las relaciones de parentesco o familiares; 2)
la necesidad de pertenencia, la cual se solventa mediante relaciones que
se establecen con los iguales y con los miembros de la comunidad, y se
cristaliza en los vínculos de amistad; y 3) la necesidad amorosa y sexual,
la cual se satisface con la pareja.

La pareja, entendida como el vínculo entre dos personas que


comparten afectividad, intercambio erótico y proyecto de vida común,
tiene sus bases en el proceso amoroso, ya sea en la forma transitoria y
exaltada del enamoramiento, o en la forma más estable y consolidada del
amor (Barrios Martínez, 2005), por lo que el amor puede considerarse
como el elemento que funda las parejas sexuales-románticas (Regan,
2000) y las consolida. El vínculo de pareja construye un escenario de
convivencia interpersonal en el que se hace posible resolver las
necesidades afectivas de contacto, compañía, entrega, comunicación,
apoyo, seguridad e intimidad emocional, así como las necesidades
sexuales implicadas en el deseo, la atracción y la seducción (en un nivel

3
Cualquier comunicación relacionada con esta publicación favor de dirigirse a:
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sutil o menos explícito) y en la experiencia del contacto físico (intimidad
corporal) y del placer sexual (en un nivel más evidente o explícito). De
esta manera, en la vida en pareja se hace posible integrar la experiencia
afectiva del amor con el intercambio erótico-sexual, las cuales puede
vivirse en la cotidianidad de manera simultánea o no.

El amor, en el contexto del vínculo de pareja y en contraste con la


afectividad que se vive en otra clase de vínculos (familiares, filiales,
amistosos), se define en buena parte por la presencia del componente
sexual, expresado en forma de deseo, excitación, atracción, actividad y/o
satisfacción sexual (Bogaert & Sadava, 2002; Regan 1998, 2000;
Sternberg, 1990), los cuales suelen presentarse de manera explícita o
implícita en varios grados, dependiendo de factores individuales (por
ejemplo edad, rasgos de personalidad), relacionales (por ejemplo
duración, satisfacción con el vínculo) y culturales (por ejemplo valores
sociales, nivel de individualismo). Puede afirmarse que el amor de pareja,
se le llame enamoramiento, amor romántico, pasional o erótico, requiere
de lo sexual para ser visto y vivido como tal. Amor y sexo funcionan así
como sistemas que se relacionan, retroalimentan y potencializan entre sí,
a través de los variados efectos que tienen tanto en los propios individuos
como en la interacción que establecen.

A pesar de que existen innumerables formas de estar en las


relaciones de pareja, es posible identificar patrones o tipos relativamente
estables que permiten describir y explicar la forma de vivir los vínculos
amorosos y/o sexuales (López-Sánchez, 2009). Desde las ciencias
sociales, se han propuesto varias tipologías de los estilos amorosos,
destacando la que surge de la teoría de los colores del amor de
Lee (1977) por inscribirse en la posmodernidad, al descartar la noción
de que existe una sola forma de estar en las relaciones de pareja, que
hay una forma más deseable de amar o un deber ser que cumplir
(López-Sánchez, 2009).

Para Lee (1977), los estilos de amor refieren la forma personal y


social de concebir (ideologías) y manifestar –a través de conductas,
formas, metas particulares– el amor hacia la pareja. Los estilos de amor
guían así las actitudes y comportamientos que se tienen hacia las
personas que se aman, moldeando las experiencias de pareja que se
viven (Frey & Hojjat, 1998). Para Lee (1977), los estilos amorosos
se adquieren a través de la experiencia y, consecuentemente, no son
estáticos, pues varían en una misma persona a lo largo de la vida y

204 Salud y Sexualidad


pueden cambiar cuando se cambia de situación y/o de pareja. Haciendo
uso de términos en latín, Lee (1977) propone tres estilos de amor
primarios o básicos: eros, ludus y storge, y tres secundarios: manía,
pragma y agápe (que surgen de la combinación de los anteriores)
(figura 8.1), los cuales se describen a continuación.

Manía

Eros Ludus

Ágape Pragma

Storge
Figura 8.1. Estilos de amor de Lee (1977).

• Eros: Se caracteriza fundamentalmente por el deseo y la atracción


sexual. En quienes predomina esta forma de amar, las relaciones
de pareja se establecen con base en el deseo sexual y la atracción
sexual explícita, lo que le da al vínculo un fuerte contenido
pasional. La persona predominantemente erótica suele tener gran
autoestima y autoconfianza, le da gran importancia a la apariencia
física en su compañero(a), busca la consumación sexual
constantemente, y valora el amor pero no está obsesionado con él
(deja que las cosas fluyan). Según López Sánchez (2009), este
estilo amoroso es altamente valorado en la actualidad, ya que
culturalmente se le otorga gran peso a la pasión y a preservar la
monogamia, mientras se mantenga la atracción y la vida sexual
sea rica. No obstante, este tipo de amor suele ser fugaz y
transitorio, por lo que difícilmente evoluciona a un amor estable
(Barrios Martínez, 2005).

El amor y la sexualidad en la pareja 205


• Ludus: Es un estilo de amor en donde predomina el juego de la
seducción, la pasión amorosa y el disfrute de las relaciones
sexuales; las relaciones que se establecen suelen carecer de
intimidad, compromiso y expectativa a futuro, por lo que suelen
ser efímeras pero placenteras y alegres. Un aspecto clave de este
estilo amoroso radica en que se considera válido establecer
relaciones con varias personas de manera simultánea. En opinión
de López Sánchez (2009), a pesar de que tiene numerosas
personas lo practican –sobretodo entre los varones pero cada vez
más también entre las mujeres– este estilo amoroso no goza de
buena consideración social, desde la normativa monogámica.

• Storge: En este estilo de amor prevalece el afecto, la intimidad y el


compromiso duradero; las relaciones tienden a desarrollarse
lentamente con base en la compatibilidad de actitudes y valores, y
el entendimiento que existe entre los miembros de la pareja, lo
que les brinda una sensación de seguridad, tranquilidad,
camaradería y solidez. Los amantes predominantemente
amistosos no le otorgan mayor peso al apasionamiento, por lo que
la apariencia física de la pareja y la satisfacción sexual no resultan
elementos fundamentales.

• Pragma: Surge de la combinación de los estilos storge y ludus. Se


caracteriza porque la búsqueda y elección del compañero(a), así
como la construcción de la relación de pareja, se basan en el
análisis y la planeación racional que aseguren el cumplimiento de
las necesidades y expectativas personales. Las personas
pragmáticas valoran tener una pareja estable, y pueden disfrutar
de la sexualidad, aunque la relación sea práctica, sosegada y baja
en pasión. En la actualidad –según López y Sánchez (2009)– este
estilo aparece frecuentemente (sobretodo en las mujeres), aunque
suele ser criticado por la exaltación que predomina en torno a la
pasión; si existe reciprocidad, este tipo de amor puede
evolucionar en uno más profundo.

• Manía: Combina los estilos ludus y eros. El amor se manifiesta de


una forma pasional, obsesiva, delirante, caótica, demandante,
insaciable, posesiva y celosa, sobretodo en ausencia de la pareja.
El amante maníaco suele vigilar y controlar a la pareja, por la
desconfianza y ambivalencia que siente. Se trata de personas
muy dependientes de su pareja, que muestran una constante

206 Salud y Sexualidad


preocupación por su relación, exigen pruebas de amor y tratan de
forzar el compromiso. Según Barrios Martínez (2005), este estilo
amoroso es una mezcla de éxtasis y agonía, dependiendo del
estado de ánimo del individuo y de la necesidad de atención;
ansiedad y depresión surgen cuando esto no se logra.

• Ágape: Surge de la mezcla de los estilos storge y eros.


Representa una manera paciente, altruista, desinteresada,
bondadosa y generosa de comportarse hacia la pareja, quien es
considerada como prioritaria, por quien se hacen sacrificios y a
quien se trata de complacer. En el amante agápico predominan
tanto la pasión amorosa como la renuncia absoluta y la entrega
desinteresada; se trata de una forma de amar idealista en la que
se da todo por la pareja. En opinión de Barrios Martínez (2005),
esta es la forma de amar más difícil de encontrar, aunque puede
ser factible. Esta forma de amar es altamente valorada pues
mezcla y hace compatibles el deseo, la atracción y el
enamoramiento con los vínculos de apego y amistad, mostrando
una disponibilidad total para tomar en cuenta a la pareja y
quererla por lo que es (López Sánchez, 2009).

Desde la perspectiva de los colores del amor, lo que resulta decisivo


para el éxito de las relaciones es encontrar a una persona que tenga el
mismo estilo de amor (semejanza máxima) o un estilo de amor lo más
cercano posible (semejanza relativa) –es decir, la compatibilidad entre los
miembros–; mientras tanto, las relaciones entre personas con estilos
opuestos o distantes tendrían un mal pronóstico, por la incompatibilidad
que conllevan.

Aunque puede haber amor sin sexo y sexo sin amor (Barrios
Martínez, 2005; Regan, 1988, en Hendrick & Hendrick, 1998), teóricos
e investigadores sociales coinciden en que el amor y la sexualidad –
aunque experiencias distintas en términos cualitativos– están
íntimamente relacionados (Aaron & Aaron, 1991; Giraldo, 2002; Hendrick
& Hendrick, 1986). En la última mitad del siglo XX, el vínculo entre amor y
sexo se materializaba socioculturalmente mediante el estándar de
‘abstinencia’ –el sexo es inapropiado antes del matrimonio– y en el ‘doble
estándar’ –el sexo antes de matrimonio es más aceptado en hombres
que en mujeres– (Reiss, 1960, 1967, en Sprecher, Christopher & Cate,
2006). Actualmente, el nexo entre amor y sexo se plasma en la premisa
de permisividad con el criterio del afecto, la cual señala que el sexo es

El amor y la sexualidad en la pareja 207


permisible en una relación siempre y cuando haya afecto, siendo
ampliamente más aceptada que la premisa de permisividad sin el criterio
del afecto, bajo la que el sexo es aceptable independientemente de la
cualidad emocional de la relación (Reiss, 1967, en Sprecher, Christopher
& Cate, 2006). Estas premisas socioculturales en torno al sexo permean
considerablemente las actitudes de los individuos, llevándolos a
considerar el sexo premarital, el sexo en los primeros encuentros y el
sexo casual menos aceptable –y hasta reprochable– que el sexo
emocional, el sexo en las relaciones formales y/o comprometidas y
el sexo marital, lo cual ha sido demostrado empíricamente en estudios
sobre permisividad (Hendrick & Hendrick, 1987, en Sprecher, Christopher
& Cate, 2006) y orientación sociosexual (Simpson & Gangestad, 1991).

Algunos investigadores sociales se han interesado en explorar la


relación que existe entre los estilos amorosos y las actitudes y prácticas
sexuales. Hendrick y Hendrick (1986) encontraron que los estilos
amorosos se asocian a las actitudes sexuales; específicamente
la permisividad sexual se relaciona positiva y fuertemente al estilo lúdico,
y moderadamente y en sentido negativo con los estilos agápico y
amistoso. Frey y Hojjat (1998, en Hendrick & Hendrick, 1986) postulan
que el tipo de amor que una persona tiene puede llevarla a involucrarse
en diferentes formas de actividad sexual; estos autores encuentran que
los estilos de amor amistoso, erótico, pragmático, maníaco y agápico se
relacionan de manera positiva con un estilo o guión sexual orientado
hacia la intimidad, mientras que el estilo de amor lúdico se asocia de
manera negativa con dicho estilo sexual. García Rodríguez y Anaya
González (2004) encuentran –en una muestra mexicana– que los estilos
de amor pragmático y erótico se asocian con un mayor número de
parejas sexuales, con la falta de exclusividad sexual y con una
orientación sociosexual no restringida o permisiva (tener relaciones
sexuales sin que sean necesarios el compromiso y la intimidad). Además,
observan que el estilo de amor pragmático se relaciona de manera
negativa con la edad del debut sexual y que el estilo de amor amistoso se
contrapone con la falta de exclusividad sexual.

En el marco de la sociocultura mexicana contemporánea, el


propósito de este trabajo fue conocer la relación que existe entre la
vivencia del amor y la sexualidad en la vida adulta. Con tal fin, se llevó
a cabo un estudio correlacional en el que se explora la asociación que
existe entre los estilos de amor propuestos por Lee (1973) y una serie de
prácticas sexuales, en una muestra de hombres y mujeres adultos.

208 Salud y Sexualidad


MÉTODO

Participantes

En el estudio participó una muestra no representativa de 209 adultos


mexicanos residentes de la Ciudad de México. El 37% de dichos sujetos
eran varones y el 63% mujeres; su edad fluctúo entre los 19 y 61 años,
mostrando una media de 33.5 años. El 98% de los sujetos se identificó
como heterosexual, el 1% como homosexual y el 1% como bisexual. La
tabla 8.1 muestra las características sociodemográficas principales de los
participantes. En cuanto al estatus de pareja de los integrantes de la
muestra, el 48% vivía con su pareja (ya sea en matrimonio o en unión
libre), el 30% tenía una relación de noviazgo, el 11% tenía una pareja
ocasional y el 11% no estaba involucrado con nadie al momento del
estudio. Para la conformación de la muestra, se utilizó un muestreo no
probabilístico de tipo accidental.

Tabla 8.1. Características sociodemográficas de la muestra.


Nivel
Escolaridad % Ocupación % socioeco % Estado civil %
-nómico
Licenciatura 54 Profesionista 31 Medio 66 Soltero(a) 44
Estudios 15 Empleado 24 Medio- 17 Casado(a) 37
técnicos alto
Posgrado 13 Estudiantes 17 Medio- 17 Unión libre 8
bajo
Preparatoria 11 Docencia/ 11 Alto 0.5 Separado(a) 5
investigación
Secundaria 5 Hogar 9 Bajo 0.5 Divorciado(a) 5
Primaria 1 Comercio 4 Viudo(a) 1

Instrumentos

Para recolectar los datos se utilizaron dos cuestionarios cerrados y un


indicador, los cuales se describen a continuación.

a) Inventario de Estilos de Amor (Ojeda García & Díaz-Loving, 2010): Se


trata de un instrumento de autoreporte previamente validado en
población mexicana, que consta de 30 reactivos –en su versión corta–

El amor y la sexualidad en la pareja 209


distribuidos equitativamente en 6 factores: (1) Amistoso (storge), (2)
Agápico (ágape), (3) Lúdico (ludus), (4) Erótico (eros), 5) Pragmático
(pragma) y (6) Maniaco (manía) (tabla 8.2). El instrumento utiliza un
formato de respuesta tipo Likert de cinco puntos –de totalmente en
desacuerdo (1) a totalmente de acuerdo (5). Cabe señalar que en el
caso de que los sujetos no tuvieran pareja en ese momento, las
instrucciones señalaban que respondieran de acuerdo a su
experiencia en su última relación.

Tabla 8.2. Factores que componen el Inventario de Estilos de Amor


(Ojeda-García & Díaz-Loving, 2010).
Consistencia No. de
Factores Definición
interna reactivos
Amistoso El amor se desarrolla lentamente y α=.95 5
tiende a formarse un compromiso a
largo plazo, que incluye amistad,
afecto, entendimiento mutuo,
compatibilidad y seguridad.
Erótico Se basa en la atracción física hacia α=.92 5
la pareja, con la que se busca
principalmente goce y consumación
sexual, dándole gran importancia a
la apariencia física ideal.
Lúdico Considera al amor como un juego α=.92 5
temporal para compartirse con varias
personas a la vez, carece de
compromiso, intimidad y estabilidad.
Agápico Representa una manera altruista, no α=.85 5
egoísta y generosa de comportarse
hacia la pareja, quien es
considerada como la mayor prioridad
y por la que se hacen sacrificios para
complacerla lo más posible.
Pragmático Se basa en el análisis, planeación, α=.82 5
búsqueda, elección y construcción de
una relación romántica basada en un
perfil específico que cumpla las
necesidades y expectativas
personales.
Maniaco Se manifiesta de una forma α=.85 5
obsesiva, demandante, posesiva
y celosa de amar a la pareja, a
quien se observa y controla
constantemente.

210 Salud y Sexualidad


b) Indicador de Parejas Sexuales: Para conocer el número de parejas
que se han tenido a lo largo de la vida, se utilizó una pregunta abierta:
¿Con cuántas personas diferentes ha tenido relaciones sexuales en
toda su vida?

c) Inventario de Conducta Sexual (García Rodríguez, 2007): Se trata de


un instrumento de autoreporte –construido y validado en población
mexicana– que está conformado por un total de 70 reactivos
distribuidos en cinco dimensiones: (1) Contacto sexual, (2) Seducción,
(3) Autoerotismo, (4) Contacto físico, y (5) Variantes sexuales. Estos
factores explican el 49.5% de la varianza total de la escala; la
confiabilidad total del instrumento presenta un coeficiente α de Cronbach
=.9599 (tabla 8.3). Este inventario emplea una escala de respuesta de
siete puntos que va desde nunca (1) hasta más de una vez al día (7),
para evaluar la frecuencia con la que la persona ha realizado una serie
de conductas sexuales durante los últimos dos meses.

Tabla 8.3. Factores que componen el Inventario de Conducta Sexual


(García-Rodríguez, 2007).
Consistencia No. de
Factor Definición
Interna reactivos
Contacto Conductas que implican toca- α = .94 25
sexual miento físico íntimo, incluye al
preludio sexual, el tacto de los
genitales y el sexo coital y oral, así
como elementos de fantasía y
comunicación sexual.
Seducción Conductas de arreglo personal, α =.88 15
cortejo y conquista, encaminadas a
gustar y atraer a los demás.
Autoerotismo Conductas que implican estimu- α =.88 12
lación y gratificación sexual de
manera individual.
Contacto Conductas que propician el acer- α =.86 10
físico camiento o proximidad física entre
las personas.
Variantes Actividades que implican circuns- α =.84 8
sexuales tancias, interacciones, estímulos u
objetos sexuales particulares y poco
convencionales.

El amor y la sexualidad en la pareja 211


Procedimiento
Los participantes respondieron de manera individual, voluntaria,
informada y confidencial los instrumentos descritos, junto con una ficha
sociodemográfica.
RESULTADOS
En primer lugar, se presentan los resultados del análisis descriptivo de los
estilos de amor y las prácticas sexuales (tabla 8.4).
Tabla 8.4. Análisis descriptivo de las variables.
Desviación
Factores Media Mediana Moda Rango
estándar
Estilo amistoso 3.90 4.00 3.80 1-5 0.71
Estilo erótico 4.35 4.60 5.00 2.80-5 0.71
Estilo agápico 1.97 1.80 1.00 1-3.60 0.75
Estilo pragmático 2.83 2.80 2.60 1-4 0.60
Estilo lúdico 1.81 1.40 1.00 1-4.20 0.80
Estilo maníaco 1.98 1.90 1.80 1-3.40 0.65
Contacto físico 4.79 5.00 6.10 1-7 1.49
Contacto sexual 3.14 3.06 2.88 1.04-6.12 1.17
Seducción 3.18 3.07 2.40 1-6.47 1.26
Autoerotismo 1.90 1.71 1.50 1-4.5 0.79
Variantes sexuales 1.26 1.00 1.00 1-4.63 0.52
Parejas sexuales 7.66 3 1 1-132 14.98

Con el fin de conocer la asociación que existe entre los estilos de


amor y las prácticas sexuales, se llevó a cabo un análisis de correlación
de Pearson entre los seis factores del Inventario de Estilos de Amor
(Ojeda-García & Díaz-Loving, 2010), el indicador único de parejas
sexuales y los cinco factores del Inventario de Conducta Sexual (García-
Rodríguez, 2007), cuyos resultados se presentan en la tabla 8.5.

Tabla 8.5. Correlaciones entre los estilos de amor y las prácticas


sexuales.
Contacto Contacto Seduc- Auto- Variantes Parejas
Factores
físico sexual ción erotismo sexuales sexuales
Amistoso .221** .187* .133 .036 -.056 -.032
Erótico .282** .395** .304** .156* -.022 .019
Agápico -.029 .086 -.085 -.069 -.018 -.030
Pragmático .169* .123 .181* .034 .055 .038
Lúdico .021 .211* .149* .289** .203** .235**
Maníaco -.137 -.140 -.018 -.069 .018 -.053
*p< .05, **p< .01

212 Salud y Sexualidad


DISCUSIÓN

La relación de pareja representa una de las fuentes de felicidad y


bienestar más grande para los individuos, pues en ella confluyen la
intimidad emocional y sexual que se enriquecen a través de la amistad, el
apego y los cuidados mutuos (López-Sánchez, 2009), llegando a
convertirse en la principal vía por la que el ser humano satisface sus
necesidades emocionales, sobretodo en la juventud y la vida adulta.
Tanto las personas como la cultura popular tienden a asociar de manera
intuitiva el amor y el sexo, y a pensarlos en el marco de una relación. Son
las ciencias sociales las que se han ocupado de mostrar teórica y
empíricamente la naturaleza de esta asociación. En este contexto, la
presente investigación tuvo como propósito explorar la relación que
guardan los estilos amorosos y las prácticas sexuales de individuos
adultos, en el contexto de la sociocultura mexicana urbana.

Los resultados de este estudio indican que el estilo de amor erótico


es el que predomina entre los participantes, seguido por el estilo
amistoso, lo que refleja las dos distinciones en torno al amor que han
predominado en la literatura e investigación psicológicas: el amor
pasional y el amor de compañía (Fehr, 1993; Hendrick & Hendrick, 1986).
Los participantes señalan que los componentes sexuales de la atracción
y la consumación sexual, así como los aspectos de la intimidad
emocional y la convivencia, son los que mejor describen su forma de
expresar el amor de pareja, en la que se hacen confluir los estados
emocionales intensos y transitorios de la pasión y el enamoramiento con
los estados más estables y duraderos del afecto, el apego y el
compromiso (Hatfield & Rapson, 2006).

El contacto físico no genital –besar, abrazar, tomar de la mano,


acariciar– es la conducta sexual practicada con mayor frecuencia,
seguida de la seducción y las relaciones sexuales propiamente dichas. El
contacto físico constituye en el ser humano una vía primordial para
expresar el afecto entre las personas, así como su potencial erótico, por
lo que suele estar presente en gran parte de los vínculos interpersonales,
y no es exclusivo de las relaciones de pareja; de ahí que es la práctica
que los participantes reportan con mayor frecuencia (casi tres veces a la
semana). Las conductas encaminadas a atraer y conquistar a la pareja, así
como las relaciones sexuales –coitales y orales– son practicadas por los
participantes cada quince días. Este patrón coincide con lo encontrado en

El amor y la sexualidad en la pareja 213


una muestra de adultos mexicanos por De la Peña (2001), quien describe
que el 40% de las personas suelen tener relaciones sexuales menos
de una vez por semana. La seducción y las relaciones sexuales muestran
un patrón de ocurrencia sumamente similar, lo que sugiere que se trata
de conductas que, si bien son distintas, tienden a ir de la mano.

Los participantes de este estudio reportan haber tenido –en


promedio– alrededor de siete parejas sexuales a lo largo de su vida, no
obstante, la mayoría señala haber tenido una sola pareja sexual. En un
estudio realizado con población adulta mexicana, Díaz-Loving (1993, en
Pick, Givaudan & Díaz-Loving, 1994) encontró que casi el 30% había
tenido una sola pareja sexual a lo largo de su vida, mientras que el 40%
indicaron haber tenido cuatro o más. Cabe mencionar que el número
de parejas sexuales fue el aspecto que mostró mayor variabilidad entre
los participantes, lo que nos habla de la diversidad y capacidad de
autogestión propias de la sexualidad humana.

Los resultados señalan que los estilos de amor amistoso, erótico,


pragmático y lúdico –cuatro de los seis que Lee (1977) propone– se
asocian de manera significativa a alguna(s) de las dimensiones del
comportamiento sexual, lo que da cuenta de la asociación que existe
entre la experiencia del amor y la sexualidad. Esta relación ha sido
teóricamente sustentada por diversos autores desde diversas
perspectivas teóricas, desde la evolutiva (Buss, 1985) hasta la
sociocultural (DeLameter, 1991), destacando el papel que ambos
fenómenos juegan en la supervivencia de la especie, el desarrollo integral
y el bienestar del individuo, y la formación de vínculos y redes sociales.

En primer lugar, los índices de correlación encontrados indican que


entre mayor sea el estilo de amar erótico, se tendrán con mayor
frecuencia conductas sexuales, específicamente contacto físico (no
genital), contacto sexual, actividades de seducción y prácticas
autoeróticas. Por definición, el amante erótico busca sobretodo el goce y
la consumación sexual generadas a partir de la atracción física y la
pasión (Lee, 1977), lo que genera un despertar psicofisiológico, aumenta
la atracción interpersonal y la interacción sexual (Sternberg, 1990), por lo
que resulta congruente que entre más se tenga este estilo al amar,
también sean más las conductas sexuales que se lleven a cabo como
formas primordiales de expresión del amor. Hendrick y Hendrick (1998)
ya habían postulado que el amor pasional favorece la frecuencia de la

214 Salud y Sexualidad


interacción sexual, lo que se comprueba empíricamente en este estudio.
En este sentido, Fisher (2004) explica que el amor pasional o erótico
aumenta la probabilidad de copular (por la motivación sexual que
desencadena), pero también la actividad sexual puede despertar la
pasión (por las sustancias químicas que se segregan). Como se
mencionó anteriormente, el ingrediente sexual –en cualquiera de sus
formas– es parte fundamental del amor erótico o pasional, distinguiéndolo
de otros tipos de amor (Fisher, 2004; Regan, 2000), lo que pareciera
corroborarse con los datos ofrecidos por esta investigación. Por último,
las correlaciones significativas que mostró tener el estilo de amor erótico
con casi con todas las conductas sexuales, puede servir también
como indicador de la validez concurrente del Inventario de Conducta
Sexual (García-Rodríguez, 2007), así como del Inventario de Estilos de
Amor (Ojeda-García & Díaz-Loving, 2010).

En segundo lugar, mientras mayor sea el estilo de amor amistoso


que se tenga, mayor será la frecuencia con la que la persona tenga
contacto físico (no genital) y contacto sexual. La tendencia a desarrollar
relaciones duraderas que incluyan afecto, entendimiento mutuo,
confianza, compatibilidad y seguridad, puede favorecer un clima
interpersonal propicio para el acercamiento físico y sexual; a su vez, la
actividad sexual es capaz de generar entre las personas un lazo íntimo.
Se sabe que la atracción interpersonal, ingrediente fundamental del
encuentro sexual, puede producirse gracias a la cercanía, la familiaridad,
la proximidad y el compartir que existe entre las personas (Sternberg,
1990). El tamaño de las correlaciones que se presentan en el estilo
amistoso, es menor al de las del erótico, lo que confirma que el amor de
compañía del que hablan Hendrick y Hendrick (1998), cuyo contenido es
muy similar al del amor amistoso de Lee (1977), se vincula con menor
intensidad al comportamiento sexual. El amor amistoso es menos sexual
que el erótico, sin dejar de tener un componente sexual, por lo que los
aspectos pasionales de la atracción, el deseo y la consumación sexual se
vuelven menos relevantes a la hora de relacionarse con la pareja.

En tercer lugar, pudo observarse que en la medida en que el estilo


amoroso lúdico sea mayor, mayor será también la frecuencia con las que
las personas tengan contacto sexual, conductas de seducción, conductas
autoeróticas y prácticas sexuales atípicas (por ejemplo, uso de
pornografía), así como mayor será el número deparejas sexuales que
se tengan a lo largo de la vida. Los correlatos encontrados apoyan

El amor y la sexualidad en la pareja 215


la conceptualización del amor lúdico que hace Lee (1977), ya que la
persona que así manifiesta su amor, tiende a compartir su amor con
varias personas a la vez y a darle importancia al componente erótico, lo
que favorece un mayor número de parejas sexuales (con las que
probablemente se mantienen niveles bajos de compromiso e intimidad) y
una frecuencia más elevada de prácticas sexuales (debido a lo novedoso
y excitante de cada relación). En apoyo a lo encontrado en este estudio,
Fisher (2004) comenta que lo lúdico en el amor se vincula al deseo sexual
liviano, lo que suele aumentar la probabilidad de interactuar sexualmente
con varias personas.

En cuarto lugar, los datos revelan que entre mayor sea el estilo
amoroso pragmático, mayor serán el contacto físico (no genital) y las
conductas de seducción que se practiquen. En este sentido, Fisher
(2004) señala que lo pragmático al amar no se relaciona con el ejercicio
de la sexualidad; sin embargo, lo hallado en este estudio sugiere que el
amor pragmático podría tener que ver con expresiones sexuales sutiles o
menos explícitas –como lo serían el contacto físico no genital y la
seducción. García-Rodríguez y Anaya-González (2004) reportaron que el
estilo pragmático se relaciona con la falta de exclusividad sexual, con un
mayor número de parejas sexuales y con una sociosexualidad más
abierta (permisividad), fenómenos que requieren de la ocurrencia previa
de conductas de seducción y contacto físico. Si el amante pragmático
busca principalmente cubrir sus necesidades y expectativas personales
(Lee, 1977), podría pensarse que el contacto físico y la seducción le
sirven como vías socialmente aceptadas para satisfacer sus necesidades
sexuales, con la ventaja de que estas prácticas pueden llevarse a cabo
con diversas personas y en distintos tipos de relaciones, y no
necesariamente implican intimidad física ni emocional. Por último, hay
que notar que los estilos amorosos agápico y maniaco no mostraron
asociación alguna con ninguna de las conductas sexuales ni con el
número de parejas sexuales, lo que probablemente obedece que la
sexualidad no constituye un elemento fundamental en ninguna de estas
formas de vivir al amor.

En la cultura occidental, la sexualidad está sumamente ligada a la


intimidad (Weeks, 2000). A pesar de que el amor pareciera prescribirse
como requisito para involucrarse sexualmente con alguien, los hallazgos
de esta investigación señalan que no todas las formas de amar (estilos
amorosos) se relacionan por igual con la frecuencia con la que ocurren

216 Salud y Sexualidad


las diversas conductas sexual y con el número de parejas sexuales que
se tienen. No obstante, dado que tanto el amor como el sexo tienen
el poder de crear fuertes lazos entre las personas y sus efectos se
potencializan entre sí, es de esperarse –como lo indican los hallazgos de
esta investigación– que se trate de experiencias fuertemente relacionadas
entre sí, sobre todo cuando se contextualizan en la relación de pareja.

El amor y sexualidad son factores que contribuyen crucialmente en la


formación y el mantenimiento de las relaciones de pareja, impregnando el
curso de su ciclo vital. Según López-Sánchez (2009), los motivos
sexuales y afectivos son los principales responsables tanto de la
vinculación en pareja como de la desvinculación, lo cual está mediado por
el papel decisivo que juega la satisfacción. Empíricamente esto se ha
demostrado por las asociaciones encontradas entre la satisfacción con
la relación de pareja y la similitud o compatibilidad de estilos de amar
(Lee, 1977; Hendrick & Hendrick, 1992) y la reciprocidad en el amor
(Yela-García, 2000) –en cuanto a la intensidad o el grado de la pasión, la
intimidad y el compromiso (Sternberg, 1990)–, así como con la similitud
en deseos, necesidades y actitudes sexuales (Ochoa & Vázquez, en Yela-
García, 2000), y con la frecuencia y la variedad con la que se tienen
relaciones sexuales (Hendrick & Hendrick, 1992). En futuras investigaciones
se podrán continuar explorando las formas en que el amor y la sexualidad se
entrelazan y retroalimentan, así como el poder que éstos tienen para regular
y hasta predecir diversos aspectos de funcionamiento individual –como la
autoestima, la felicidad, el bienestar subjetivo y la salud– e interpersonal –
como la comunicación, la negociación y la resolución del conflicto.

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El amor y la sexualidad en la pareja 217


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El amor y la sexualidad en la pareja 219


Capítulo 9
DEL DICHO AL HECHO: DISCREPANCIAS ENTRE LA
TEORÍA Y LA PRÁCTICA DE LA INFIDELIDAD

Angélica Romero Palencia


Melissa García Meraz
Universidad Autónoma de Hidalgo

Rolando Díaz Loving


Unidad de Investigaciones Psicosociales
Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

A
l estar en la base de la reproducción, las relaciones amorosas
entre los seres humanos son tan antiguas como el ser humano
mismo, la sensación de “las mariposas en el estómago” ha existido
desde nuestros antepasados y siempre se ha manifestado. De hecho, la
mayoría de los seres humanos en uno o varios momentos de sus vidas
han estado involucrados en alguna relación amorosa, siendo evidente la
importancia que tienen tanto en las sociedades, como en los individuos.
La combinación de evolución biológica y cultural deviene a que en la
actualidad, la relación de pareja puede llegar a ser una de las relación
más cercanas que se tenga en la vida, ya que la mayoría de los seres
humanos a partir de la adolescencia empiezan a experimentar este tipo
de relación y generalmente las viven a lo largo de toda su existencia. En
este sentido, la antropóloga Helen Fisher (1992) afirma que nueve de
cada diez seres humanos no solo tienen relaciones cercanas derivadas
de la necesidad reproductiva, sino que contraen matrimonio al menos una
vez en la vida como vestigio de la necesidad de protección, lo que nos
indica la trascendencia de este tipo de relación en el mundo social.

No obstante en las relaciones de pareja, el amor pasional y


romántico del inicio, y su consecuente amor de compañía no es lo único
que existe. Suele resultar problemático que por diversos factores tales
como el tiempo, el estilo de amor, el tipo de apego, etcétera, este tipo de
relaciones se vean deterioradas, o modificadas y no alcancen el
prometido amor eterno. Es así que en la sociedad occidental, al
desvanecerse el compromiso social y religioso, casi el 50% de los
matrimonios se divorcian, sin contar los matrimonios que continúan
casados pero que ya no sostienen una relación satisfactoria, o las
relaciones que no se encuentran legalmente reglamentadas, pero que
existen y también se disuelven o entran en conflicto.

A este respecto cabe resaltar que hoy en día el propósito del


matrimonio ha pasado de obligación social a una elección personal
(Campbell & Wright, 2010). En el pasado, la mayoría de personas se
casaban por razones económicas, políticas y sociales, mientras que hoy
muchos lo hacen por amor (Coontz, 2005; Pinsof, 2002). Este cambio ha
hecho que el matrimonio y en general las relaciones de pareja
comprometidas sean más inestables porque cuando el amor se
desvanece, como inevitablemente lo hace (Kurdek, 1999), las personas
suelen buscar nuevas parejas. Cabe destacar que aunque el propósito
del matrimonio ha cambiado con el tiempo, la definición del matrimonio no
lo ha hecho. Concepciones civiles siguen haciendo hincapié en el
compromiso monógamo y de por vida a una persona, y esto crea
incongruencia en la forma en que el matrimonio se define y se práctica
(Campbell & Wright, 2010). En otras palabras, las personas provenientes
de culturas occidentales principalmente definen el matrimonio como
exclusividad sexual permanente, pero muchos son infieles y se divorcian.
Bajo estas circunstancias, es obvia la importancia de estudios referentes
a las relaciones de pareja, no sólo para conocerlas mejor y descubrir su
funcionamiento, sino también para tener la oportunidad de brindar a los
enamorados expectativas reales y satisfactorias para el futuro, pues
como lo manifiesta Díaz-Loving (2010) la importancia e influencia de las
relaciones íntimas en la sobrevivencia, evolución y significación de los
seres humanos, requieren de teorización e investigación sistemática, a fin
de desentrañar sus secretos y verdades (p.14).

Tanto desde la perspectiva evolutiva como de la socio-cultural,


muchos estudios muestran la tendencia que existe en los seres humanos
del mundo entero para tener varias parejas sexuales y/o emocionales a lo
largo de la vida, e incluso de manera simultánea (Atkins, Baucom &
Jacobson, 2001; Blow & Hartnett, 2005; Schmitt & Buss, 1996, Van der
Berghe, 1979). Empero, a pesar de parecer un fenómeno biológico
natural, las relaciones sexuales fuera de la pareja denominada primaria o

222 Salud y Sexualidad


formal han sido reguladas, prohibidas y en muchos casos castigadas por
las estructuras sociales, principalmente las occidentales a partir del
establecimiento de la herencia, la sucesión de bienes y la propiedad
privada cuyo origen se remonta a la Grecia Clásica y el Imperio Romano
(Fisher, 1992). Un ejemplo de este tipo de regulaciones se observa
claramente en el hecho de que en la actualidad la fidelidad sexual es la
norma más fuerte que gobierna el matrimonio occidental, donde cerca del
99% de las personas casadas esperan exclusividad sexual de parte
de sus parejas (Treas & Giesen, 2000; Schmitt et al., 2003).

Como podemos observar, las relaciones comprometidas en nuestra


sociedad generalmente llevan consigo una expectativa de exclusividad.
Esta expectativa es tan fuerte, que pensar en una relación o incluso en
sexo con otra persona, el coqueteo con otro y la intimidad física pero no
genital, usualmente provocan culpa y secreto. Sin embargo, a pesar de
las expectativas de fidelidad de la mayoría de las instituciones culturales
del occidente y de las sanciones sufridas por aquellos cuya infidelidad se
llega a descubrir, la mayoría de los individuos (aun los más sinceros)
encuentran imposible deshacerse, en el mejor de los casos, de todos sus
pensamientos de infidelidad. De hecho, para muchos la idea de intentar
erradicar dichos pensamientos de su consciente es una ambición útil pero
poco sofisticada (Levine, 2003).

Al analizar las formas del apareamiento sexual y emocional, se


hace evidente que las relaciones extra pareja pueden presentarse en
muchas representaciones, entre las que destacan los llamados
matrimonios abiertos, los swingers y los amoríos o romances. Los dos
primeros no se pueden considerar infidelidades, ya que existe un acuerdo
claro y abierto en la pareja que permite este tipo de relaciones. La última
forma de relacionarse fuera de la pareja formal es el romance o amorío,
que se refiere a las relaciones sexuales o emocionales fuera del
compromiso íntimo de la relación sin la aprobación de la pareja, es decir,
violando un acuerdo y una norma de exclusividad (Bunnk & Bringle,
1991). Únicamente este tipo de relación será la que consideremos en
este capítulo como infidelidad.

La infidelidad, es una actividad que implica el secreto, por lo tanto


las estadísticas y estudios epidemiológicos sobre su incidencia son
difíciles de realizar; sin embargo, de acuerdo con los estudios accesibles,

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 223


todos ellos extranjeros, se presentan datos de prevalencia de la
infidelidad:

• Anthanasiou, Shaver y Trais (1970) encontraron que un 40% de


los hombres casados y un 36% de las mujeres casadas, habían
tenido una relación extramarital.
• Lobby (1977, en Zumaya, 1994) plantea que, aproximadamente
en un poco más del 75 % de todos los matrimonios, alguno de los
cónyuges era infiel.
• Harmatz y Novac (1983) encontraron que el 50% de los hombres
y el 26% de las mujeres han tenido un amorío al llegar a la edad
de 40 años.
• Thompson (1983) concluyó que la probabilidad de que al menos
uno de los miembros de la pareja en el matrimonio tuviera una
relación extramarital alguna vez se encuentra entre el 40 y el 76%.
• De acuerdo con Steen y Price (1988), el 59 y el 70% de los
hombres y aproximadamente el mismo número de mujeres han
experimentado alguna relación fuera del matrimonio.
• Fisher (1992) reporta que en las sociedades occidentales, más
del 50% de las personas casadas han estado involucradas en una
infidelidad.
• Wiederman y Hurd (1999) encontraron que el 68% de las mujeres
y el 75% de los hombres habían tenido alguna forma de relación
extra pareja en algún momento de su vida.

Constatando la alta probabilidad de aparición, la infidelidad se ha


convertido en un aspecto importante dentro del estudio de la relación de
pareja. Las determinantes y consecuencias de su ocurrencia se han
catalogado en primera instancia como un fenómeno que se presenta por
problemas dentro de la relación. Balfield y McCabe (2001) encontraron
que, las intenciones o deseos de infidelidad se correlacionaron de
manera negativa con el compromiso hacia la relación y de manera
positiva con la insatisfacción, la infidelidad previa y el apoyo social. A su
vez, se encuentra que también impacta en la calidad de las relaciones de
pareja (Bonilla, 1993). Por ejemplo, un estudio mostró que del 26% de los
casos de terapia marital, el sexo extramarital fue considerado como uno
de los mayores problemas (Sprenkle & Weis, 1978). De hecho, Charny y
Parnass (1995) afirman que, de acuerdo con los terapeutas, en más de la

224 Salud y Sexualidad


mitad de los casos que acuden a terapia por una relación extramarital,
ésta tiene un impacto negativo en la relación, incluyendo altos niveles de
sufrimiento y el divorcio. Por su parte, de acuerdo con Humphrey (1986),
aunque el sexo extramarital no tiene una aprobación social general, casi
el 50% de los clientes que acuden a terapia marital y familiar buscan
ayuda concerniente a actividades de sexo extramarital en uno o ambos
miembros de la pareja. Incluso, no se trata de un evento aislado, Betzig
(1989) en un estudio de 160 culturas encontró que la infidelidad fue la
razón de divorcio más frecuentemente citada, y en otros estudios acerca
del divorcio en parejas, las relaciones extramaritales consistentemente
fueron indicadas como una razón frecuente de divorcio (Burns, 1984).

Dada la trascendencia para las parejas y su frecuencia, resulta


inevitable realizar estudios rigurosos en torno de este fenómeno.
Tres perspectivas son particularmente relevantes para entender las
condiciones bajo las cuales la infidelidad puede ocurrir: la perspectiva
biológica, la perspectiva psicológica y la perspectiva sociológica.
Estas teorías tienen bases firmes e investigación básica y, en los años
recientes han llegado a ser las más desarrolladas, las más extensas y
las perspectivas más fructíferas para el estudio de las relaciones
cercanas (Buunk & Dijkstra, 2000).

Desde la perspectiva biológica resalta la teoría evolutiva que


plantea la infidelidad como parte de nuestras estrategias evolutivas.
Afirma que las relaciones sexuales extramaritales son con frecuencia un
componente secundario y complementario de nuestra tácticas mixtas de
apareamiento: debido a que las criaturas que cambian con regularidad
son biológicamente menos vulnerables a las bacterias, virus y demás
parásitos que las atacan, de esta forma, el tener varias parejas sexuales
implicaría descendencia con diferente carga genética y por lo tanto una
mayor probabilidad de trascender de generación en generación (Díaz-
Loving, Rivera & Flores, 2010; Fisher, 1992). Esta teoría se complementa
con la teoría de la inversión parental que postula que la mujer requiere de
una mucho mayor inversión parental que el hombre, lo que influirá en sus
estrategias de reproducción (Trivers, 1972). Esta teoría plantea que las
mujeres invierten en relaciones a largo plazo, virtualmente por su
necesidad absoluta de producir recursos que ayuden a que sobreviva
su descendencia, mientras que para los hombres, la opción que existe es
invertir lo mínimo (sólo el acto sexual). En consecuencia, los hombres
desarrollarían una tendencia más fuerte que las mujeres para estar
abiertos al sexo extra pareja ocasional, de manera más o menos

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 225


independiente al estado de su relación marital, y así mismo, los hombres
pueden ser menos selectivos que las mujeres al escoger a sus parejas
para tales encuentros casuales (Buss, 1994; Symons, 1979).

Otros psicólogos evolutivos han sugerido que el sexo extra pareja


podría tener beneficios reproductivos considerables también para
las mujeres (Fisher, 1992). Primero, ellas podrían tener amoríos con
varios hombres para crear confusión acerca de la paternidad de su
descendencia y, por lo tanto, provocar la inversión de múltiples
hombres. Segundo, las mujeres podrían hacer un compromiso entre los
genes de los hombres y la posibilidad de sobrevivencia en la siguiente
generación. A mayor cantidad de candidatos mayor diversidad de genes
y, por tanto, mayor probabilidad de permanencia genética de generación
en generación. Una última estrategia se relaciona con el status de la
pareja. De acuerdo con esta estrategia, las mujeres casadas con
hombres de bajo estatus y debilidad podrían tener una gran oportunidad
al involucrarse en una relación extra pareja, con otro hombre más
atractivo o de mayor estatus que supuestamente incrementaría el status y
la calidad de genes de su descendencia (Baker, 1996).

Por otra parte, desde la perspectiva psicológica algunos investigadores


han otorgado importancia también a aspectos motivacionales para el
involucramiento en una infidelidad. Cuando la relación primaria
es incapaz de llenar ciertas necesidades del individuo, él o ella se
encontrarán más motivados a buscar llenar este vacío o necesidad a
través de alguna relación extra pareja. Ya que de acuerdo con Pittman
(1994), en la mayoría de las situaciones de infidelidad no se busca una
alternativa al matrimonio, sino un suplemento. Bajo esta postura, dentro
de las relaciones de pareja existen necesidades que se encuentran
comúnmente incluidas como parte de las relaciones románticas, tales
como la intimidad, la compañía, la seguridad y el compromiso emocional
(Levinger, 2010), y parecería probable que un vacío en alguna de estas
áreas pudiera acarrear problemas a la relación, tales como una alta
susceptibilidad a la infidelidad (Lewandowsky & Ackerman, 2006).
Entonces, un amorío puede ser particularmente probable en las relaciones
caracterizadas por una baja dependencia y un bajo compromiso hacia la
relación formal o primaria (Levinger, 2010). Como consecuencia, Johnson
y Rusbult (1989) y Levinger (2010) encontraron que los individuos con
bajo compromiso son más abiertos al contacto con personas atractivas
del sexo opuesto, mientras que los altos en compromiso tienden a
rechazar compañeros potencialmente atractivos. Rusbult y Buunk (1993)

226 Salud y Sexualidad


encontraron que la carencia de satisfacción, alternativas atractivas y
bajas inversiones en la relación (bajo compromiso), contribuyen a la
intención de tener amoríos o romances. En su conjunto, los niveles de
satisfacción y compromiso se combinan para determinar los patrones
de exclusividad o infidelidad. Es por ello que Drigotas, Safstrom y Gentilia
(1999), basados en el modelo de la inversión, encontraron que factores
de la relación tales como una baja satisfacción, una alta calidad de
parejas alternativas y bajo compromiso y baja inversión, predecían en
gran medida la implicación en una relación extra pareja durante una
separación corta.

Finalmente, la perspectiva sociológica establece que las normas


culturalesy los valores prescriben las reglas bajo las cuales operan las
personas (McGoldrick, Preto, Hines & Lee, 1991, p. 546, en Penn,
Hernández & Bermúdez, 1997). Bajo esta condición, la infidelidad no se
trata de una relación triádica, sino que es un cuarteto formado por el rival,
el miembro de la pareja objeto de deseo (ejecutor), el componente de la
relación víctima de infidelidad (receptor) y la comunidad, cuya función es
vigilar el cumplimiento de las reglas, fomentando las conductas que van a
favor de las mismas e inhibiendo los comportamientos que la contradicen
(García, Gómez & Canto, 2001). Nuestra cultura es la encargada de
determinar qué situación es amenazadora, cuándo esa situación es
realmente un peligro y en qué condiciones se requiere la manifestación
de emociones y conductas (Hupka, 1981). Normas y valores suponen
afiliaciones y ejercicios de roles que asignan maneras esperadas de
controlar las relaciones de pareja (Díaz-Loving, Rivera, Sánchez, Ojeda &
Alvarado, 2010) y la infidelidad (García, Gómez & Canto, 2001).

Hombres y mujeres, debido a la variedad de aprendizajes


experimentados en su vida, desarrollan diferentes actitudes acerca de las
conductas adecuadas dentro de una relación de pareja (Díaz-Loving,
Rivera & Sánchez, 2010). Estas actitudes son factores importantes para
el entendimiento de las respuestas que hombres y mujeres tienen ante
potenciales crisis en su relación (Cann, Mangnum & Wells, 2001). Y es
justo en esta perspectiva dónde el género toma importancia. Se supone,
desde esta perspectiva, que hombres y mujeres actúan de acuerdo a los
conceptos de feminidad y masculinidad dominantes en su cultura, grupo
social o familiar y el género es, por tanto, una construcción social
responsable de las creencias aprendidas sobre el papel de los hombres y
las mujeres (Díaz-Loving et al., 2010; Hupka & Bank, 1996).

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 227


Los efectos de normas, valores y creencias culturales queda
claramente establecido en los trabajos de Lake y Hills (1980) y Strean
(1986), quienes resaltan que el incremento del comportamiento infiel
vinculándolo con una forma de adaptación a la cultura y características de
las sociedades actuales en las cuales las experiencias extramaritales son
vivenciadas como un patrón de conducta favorecido por los preceptos y
costumbres y donde el hecho de ser un secreto le confiere mayor
atracción. Así, los hombres necesitan jactarse de sus aventuras en
presencia de otros hombres, las madres adiestran a sus hijos
inconscientemente para la aventura pasajera, permitiéndoles desde
jovencitos rebasar límites y demostrar su capacidad de conquista;
conducta que se presenta incluso una vez realizado el matrimonio, donde
lo que importa es ser pícaro y salir bien librado (Strean, 1986).

Resumiendo las tres posturas teóricas, Romero, Rivera & Díaz-


Loving (2010) postulan que la decisión de involucrarse en una relación
extra pareja por parte de una persona podría depender principalmente de:

a. Los patrones sexuales que tenga, propios de sus genes y su


química personal.
b. Los niveles de satisfacción y compromiso con la relación primaria
percibidos.
c. Los conceptos y actitudes que la persona tenga hacia la
infidelidad.
d. El rol y los estereotipos de género introyectados, aprendidos a
través de procesos de socialización y endoculturación propios de
su cultura y sociedad.

Con la finalidad de explorar estas hipótesis se realizó un estudio cuyo


objetivo principal consistió en encontrar diferencias significativas por sexo
y papel jugado en una relación de infidelidad en las dimensiones de:
deseo de infidelidad emocional y sexual, concepto de infidelidad, motivos
de infidelidad y consecuencias de la infidelidad.

MÉTODO

Participantes

En este estudio participaron 1200 voluntarios, mayores de 18 años, 600


hombres y 600 mujeres, con un promedio de edad de 35 años y un rango
de 18 a 65 años, involucrados actualmente en una relación de pareja

228 Salud y Sexualidad


heterosexual, que tenía en promedio una duración de 4 años. Estos
participantes habían jugado diferentes papeles en su relación de pareja.
El 36% reportó que al menos en una ocasión le había sido infiel a su
pareja actual, a este grupo se le denominó ejecutores de infidelidad. El
29% reportó que al menos en una ocasión su pareja le había sido infiel, a
este grupo se le denominó receptores de infidelidad. El 35% dijo no haber
sido infiel ni haber sufrido infidelidad por parte de su pareja, a este grupo
se le denominó sin vivencia de infidelidad (figura 9.1).

Ejecutores de
35% 36% infidelidad
Receptores de
infidelidad
Sin vivencia de
29% infidelidad

Figura 9.1. Porcentaje de Infidelidad de la muestra.

Instrumentos

Para obtener la información necesaria en este estudio se empleó un


cuestionario cerrado que constaba de dos partes: la primera era una ficha
sociodemográfica, que contenía datos como: sexo, edad, escolaridad,
estado civil y vivencia previa de infidelidad. La segunda parte del
cuestionario la conformaba el Inventario Multifacético de infidelidad. Este
inventario consta de cuatro subescalas:

 Subescala de Conducta Infiel: Esta escala obtuvo su validez de


constructo mediante un análisis factorial de componentes
principales, con rotación ortogonal tipo varimax, del cual se
eligieron cuatro factores con un valor propio mayor de 1, los
cuales explicaban el 70.16% de la varianza. La versión consta de
48 reactivos y cuenta con un Alpha total de 0.984.

 Subescala de Motivos de Infidelidad: Esta escala obtuvo su


validez de constructo mediante un análisis factorial de
componentes principales, con rotación ortogonal (varimax) para
obtener la validez de constructo de la subescala, del cual se

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 229


eligieron siete factores con un valor propio mayor de 1.5, los
cuales explicaban el 62.8% de la varianza. La versión consta de
73 reactivos y cuenta con un Alpha total de 0.982.

 Subescala de Concepto de Infidelidad: Esta escala obtuvo su


validez de constructo mediante un análisis factorial de
componentes principales, con rotación ortogonal (varimax) para
obtener la validez de constructo de la subescala, del cual se
eligieron seis factores con un valor propio mayor de 1, los cuales
explicaban el 69.81% de la varianza. La versión consta de 44
reactivos y cuenta con un Alpha total de 0.967.

 Subescala de Consecuencias de Infidelidad: Esta escala obtuvo


su validez de constructo mediante un análisis factorial de
componentes principales, con rotación ortogonal (varimax) para
obtener la validez de constructo de la subescala, del cual se
eligieron dos factores con un valor propio mayor de 1.5, los cuales
explicaban el 46.8% de la varianza. La versión consta de 13
reactivos y cuenta con un Alpha total de 0.772.

Procedimiento

Dichas escalas se aplicaron a la muestra. Se les pidió a los participantes


que respondieran a la escala de la manera más clara y sincera posible
aclarando, que el cuestionario formaba parte de una investigación cuyo
objetivo era conocer cómo son las relaciones de pareja. Asimismo se
destacó el anonimato de las respuestas y se les indicó que las respuestas
no serían catalogadas como buenas o malas, correctas o incorrectas, con
el fin de dar confianza a los participantes.

RESULTADOS

Para examinar los resultados obtenidos se realizó un análisis factorial de


varianza para encontrar diferencias significativas, tanto en el sexo de los
participantes como en su vivencia previa de infidelidad, y en la interacción
de estas dos variables con respecto a su deseo de infidelidad emocional
y sexual, su concepto de infidelidad, sus motivos de infidelidad y las
consecuencias que le atribuían a la infidelidad.

Con respecto al deseo de infidelidad, en el caso de los hombres se


encontraron diferencias significativas por miembro infiel de la pareja

230 Salud y Sexualidad


(ejecutor, receptor y sin vivencia previa de infidelidad). Tanto en el deseo
de infidelidad sexual, como en el deseo de infidelidad emocional, los
hombres ejecutores de infidelidad desearon más la infidelidad tanto
sexual como emocional, en comparación con los demás grupos; sin
embargo, cabe destacar que tanto los hombres como las mujeres que
dijeron ser receptores de infidelidad (es decir, aquellos que aceptaron que
al menos en una ocasión su pareja les había sido infiel), resultaron tener
más deseo de infidelidad, en comparación con los hombres y las mujeres
que reportaron no haber tenido alguna vivencia previa de infidelidad
(figura 9.2).

100
80 H Ejecutores

60 M Ejecutoras
H Receptores
40
M Receptoras
20
H Sin infidelidad
0
Deseo de Infidelidad Deseo de Infidelidad M Sin infidelidad
Emocional Sexual

Figura 9.2. Promedio de deseo de infidelidad de la muestra.

También cabe destacar que todos los grupos reportaron deseos de


infidelidad emocional y sexual superiores al 30%, independientemente
de su edad o su tiempo de relación. Este porcentaje en los grupos de
hombres y mujeres infieles incluso se acerca mucho o supera el 50%, lo
que indicaría un deseo latente de variedad emocional o sexual en
muchas de las personas encuestadas. En lo que respecta a los motivos
de infidelidad, se detectó un efecto del sexo en el factor de sexualidad
[F(1, 1194)=12.414, p=.000], efectos del miembro infiel de la pareja en las
siete dimensiones y una interacción significativa de sexo por miembro
infiel en la dimensión de venganza [F(2, 1194)=3.28, p<.05].

Para analizar los efectos de la interacción se realizaron dos análisis


de varianza simples para detectar diferencias en el motivo de infidelidad de
venganza en hombres ejecutores de infidelidad, receptores de infidelidad y
sin vivencia previa de infidelidad, y en mujeres ejecutoras de infidelidad,
receptoras de infidelidad y sin vivencia previa de infidelidad.

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 231


Las mujeres ejecutoras de infidelidad reportaron que serían infieles
como una forma de venganza hacia su pareja primaria más que
cualquiera de los grupos. Los hombres que han tenido alguna experiencia
previa de infidelidad (receptores y ejecutores) reportaron que serían
infieles como una forma de venganza y agresión hacia su pareja más que
aquellos hombres que no habían tenido alguna experiencia previa
de infidelidad (figura 9.3).
100
90
80
H Ejecutores
70
M Ejecutoras
60
50 H Receptores
40 M Receptoras
30 H Sin infidelidad
20
M Sin infidelidad
10
0
Venganza
Figura 9.3. Promedio del motivo de infidelidad de agresión
en la muestra.

También se detectó que los hombres de la muestra serían infieles


por una búsqueda de placer o variedad sexual, en comparación con las
mujeres (figura 9.4).
100
90
80 H Ejecutores
70
M Ejecutoras
60
50 H Receptores
40 M Receptoras
30
H Sin infidelidad
20
10 M Sin infidelidad
0
Búsqueda de variedad sexual
Figura 9.4. Promedio del motivo de infidelidad de búsqueda
de variedad sexual en la muestra.

232 Salud y Sexualidad


Así mismo, se detectaron diferencias significativas en todos los
motivos de infidelidad dependiendo de la vivencia previa de infidelidad y
de manera independiente del sexo de los participantes. Los participantes
que se habían reportado como ejecutores de infidelidad puntuaron
significativamente más alto que los receptores de infidelidad y estos, a su
vez, puntuaron más alto que los que no han tenido vivencia de infidelidad
en los motivos de: insatisfacción en la relación primaria, sexualidad,
ideología/normas, impulsividad, apatía y agresión. Finalmente, se detectó
también que los individuos infieles puntuaron más alto en el motivo de
inestabilidad emocional y social que los otros dos grupos, entre los cuales
no se observó diferencia significativa en este factor (figura 9.5).

100
Ejecutores
80
Receptores
60 Sin infidelidad

40

20

0
InsatisfacciónInestabilidad Ideoloía Impulsividad Apatía

Figura 9.5. Promedio de motivos de infidelidad de la muestra.

Con respecto al concepto de infidelidad, para el caso de los hombres no


se encontraron diferencias significativas por miembro infiel de la pareja
(ejecutor, receptor y sin vivencia previa de infidelidad). En el caso de las
mujeres se encontraron diferencias significativas por miembro infiel de la
pareja (ejecutor, receptor y sin vivencia previa de infidelidad) en los factores
de trasgresión a la relación [F (2, 618) = 6.002, p < .01], sentimiento de
pérdida [F(2, 618)=4.67, p<.01], insatisfacción [F(2, 618)=6.05, p<.01] y amor
hacia otra persona [F(2, 618)=15.06, p<.001] (figura 9.6).

Las mujeres ejecutoras de infidelidad conceptúan la infidelidad más


como amor hacia una nueva pareja y menos como una trasgresión a la
relación primaria, en comparación con los otros grupos (receptoras y sin
vivencia previa), mientras que las mujeres receptoras de infidelidad, es
decir, aquellas a quienes su pareja les había sido infiel, conceptúan la

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 233


infidelidad más que las mujeres infieles, como un sentimiento de pérdida
y como inseguridad del que la lleva a cabo (figura 9.6).

100
80 Infieles
60 Receptores
40
Sin infidelidad
20
0
Trasgresión a Sentimiento de Insatisfacción Amor hacia
la relación pérdida otro(a)
Figura 9.6. Conceptos de infidelidad de las mujeres de la muestra.

Para las Consecuencias de Infidelidad, se detectó que en general se


percibieron más consecuencias negativas que positivas para la relación
formal o primaria a partir de un evento de infidelidad. También se
encontraron diferencias significativas tanto en las consecuencias
negativas de la infidelidad [F(2, 1197)=6.890, p<.001], como en las
consecuencias positivas de la infidelidad [F(2, 1197)=65.75, p=.000]. Los
participantes que no habían tenido vivencia de infidelidad fueron los que
más consideraron que este acto acarrea consecuencias negativas para la
relación, seguidos por los receptores de infidelidad y encontrándose más
bajos los ejecutores de infidelidad. Contrariamente, se detectó que los
participantes ejecutores de infidelidad fueron los que más consideraron
que la infidelidad podía acarrear consecuencias positivas para la relación,
seguidos por los receptores y encontrándose más bajos aquellos
individuos sin vivencia previa de infidelidad (figura 9.7).
100 Ejecutores
80 Receptores
60 Sin infidelidad
40
20
0
Consecuencias negativas Consecuencias positivas para
para la relación la relación
Figura 9.7. Promedio consecuencias de infidelidad de la muestra.

234 Salud y Sexualidad


DISCUSIÓN

A partir de estos hallazgos se pueden enfatizar inferencias importantes.


El deseo de infidelidad (sexual y emocional), se presenta de manera
diferente en los individuos, dependiendo del sexo que tengan y de las
vivencias previas de infidelidad que acarrean. Quienes han tenido alguna
vivencia previa de infidelidad, tienden más a desear ser infieles, que
aquellos que no han tenido alguna experiencia de infidelidad (Romero et
al., 2010). Lo anterior concuerda con los postulados de Hunt (1969) y
Wolfe (1982), quienes encontraron que las personas que habían tenido
amoríos generalmente tienen sentimientos positivos acerca de las
relaciones extramaritales. Los resultados a este respecto probablemente
se deban a que la infidelidad otorga actividades inovadoras tales como
sexo estimulante, comunicación intensiva y crecimiento personal
(Atwater, 1982), que pueden ser una alternativa atractiva ante una
relación rutinaria o desgastada por el paso del tiempo.

Tal como lo han reportado la mayoría de las investigaciones en el


pasado, los hombres tienden más a ser infieles (o al menos a reportarlo
más) y a desear serlo que las mujeres (Anthanasiou, Shaver & Trais,
1970; Fisher, 1992; Harmatz & Novac, 1983; Romero et al., 2010;
Wiederman & Hurd, 1999), sin importar si la infidelidad es de tipo sexual o
emocional, lo cual sustenta las perspectivas evolutiva sociocultural. De
acuerdo con Lake y Hills (1980) y Strean (1986), las experiencias
extramaritales son vivenciadas como un patrón de conducta favorecido
por los preceptos y costumbres, y donde el hecho de ser un secreto le
confiere mayor atracción.

En lo que respecta a las causas de la infidelidad, la literatura


referente a las relaciones extra pareja, ha dado la venganza como una
razón tradicional en la conducta de infidelidad entre parejas casadas
(Bonilla, 1993; Buss & Shackelford, 1997; Johnson, 1972), en el presente
trabajo se detectó que la insatisfacción, la apatía, la impulsividad y la
búsqueda de variedad sexual podrían motivar la infidelidad más que
la venganza.

Aquellos participantes que contaron con alguna ejecución de


infidelidad en el pasado (ejecutores), sin importar su sexo, serían infieles
por cualquier motivo, más que los otros grupos (receptores y sin vivencia
previa de infidelidad). Lo que indica que el haber sido ejecutor de
infidelidad en el pasado inclina a las personas a tener una actitud positiva

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 235


hacia la infidelidad y, por tanto, a ser más susceptibles de llevarla a cabo
por cualquier motivo (Hunt, 1969; Romero et al., 2010; Treas & Giesen,
2000; Wolfe, 1982).

Los hombres y las mujeres con alguna vivencia previa de infidelidad


(ejecutores o receptores) reportaron que serían infieles por venganza
contra la pareja primaria, más que los hombres y mujeres sin vivencia
de infidelidad. Esto podría indicar que la infidelidad como una agresión se
presentaría más en quienes tengan algún referente previo de esta
conducta (ya sea que su pareja les haya sido infiel en el pasado o que
ellos hayan sido infieles), probablemente a manera no sólo de desquite,
sino también de término de la relación, ya que de acuerdo con Buunk
(1987), quienes experimentaron infidelidad y terminaron después de la
infidelidad, reportaron mas que su propia infidelidad, y la de sus parejas
fue motivada por una agresión (venganza) hacia su pareja primaria. Así
mismo, se detectó que los hombres, más que las mujeres (sin importar si
han tenido o no vivencia previa de infidelidad), serían infieles por una
búsqueda de placer o variedad sexual, lo que concuerda con lo planteado
por la teoría evolutiva, donde dada la inversión parental que requiere un
hombre versus una mujer para su reproducción y el mantenimiento de
sus genes en las siguientes generaciones, el hombre tendería más que la
mujer a la búsqueda de variedad sexual y las relaciones a corto plazo, al
mismo tiempo que mantiene otras relaciones (Schmitt et al., 2003) y que
también se encuentra apoyado por la teoría socicultural, dentro de la cual
se predica que el hombre siempre debe encontrarse dispuesto en el
ámbito sexual, debe contar con amplia experiencia y debe tener varias
relaciones simultáneas sin demasiado involucramiento a nivel emocional.

En las diferencias en cuanto al concepto y connotación de la


infidelidad el género retoma importancia, dado que los resultados
muestran que es en las mujeres en donde existen mayores diferencias,
en los hombres no hubo diferencias significativas. De hecho, las mujeres
ejecutoras de infidelidad conceptúan la infidelidad menos como una
trasgresión a la relación (falsedad, deshonestidad, desinterés hacia la
relación primaria) y más como amor hacia una nueva pareja
(comprensión por parte de una nueva pareja, cariño y amor hacia otro),
en comparación con los otros grupos. Por tanto, podemos suponer que
dados los altos costos sociales que implica para la mujer una infidelidad,
aquellas mujeres que se involucran en este tipo de relación lo hacen por
el alto beneficio que les implica esta nueva relación, sobre todo en
términos emocionales.

236 Salud y Sexualidad


Por su parte, las mujeres receptoras conceptuaron la infidelidad más
como un sentimiento de pérdida (tristeza, soledad, vacío) y como
inseguridad de la persona que la lleva a cabo (baja autoestima, cobardía,
confusión, egoísmo). Cabe destacar que las mujeres ejecutoras atribuyen
una connotación menos negativa a la infidelidad, sobre todo centrándose
en una interacción con una nueva pareja, mientras que las mujeres
receptoras de infidelidad se centraron más en conceptuar este acto en
términos de características negativas de la persona infiel. Probablemente
el fenómeno de la atribución y el sesgo del observador estén implicados
en esta percepción, pues quienes han sido receptoras de infidelidad
tienden a vivenciarse más como víctimas de las circunstancias o de su
pareja, mientras que las ejecutoras tienden a percibirse más como
agentes de cambio que como victimarios.

De acuerdo con la teoría de la atribución, la víctima o receptor de


infidelidad sería más propenso a hacer atribuciones de la conducta de su
pareja (ejecutor de infidelidad) y a que la naturaleza de estas atribuciones
influenciara su respuesta ante esta infidelidad (Hall & Fincham, 2006).
Así, las atribuciones ante la infidelidad que promueven el conflicto, es
decir, aquellas atribuciones internas, globales y estables (Romero, 2007),
parecerían más lacerantes para la relación (promoviendo conductas
destructivas como el rompimiento e incrementando la tendencia de
conductas negativas recíprocas por parte del compañero). Como se
puede observar, cuando las mujeres han vivido alguna infidelidad por
parte de su pareja, tenderán más a atribuirla a su compañero como una
característica de personalidad constante y estable, lo que promovería
consecuencias negativas para la interacción (Romero, 2007).

Como se detectó en los resultados relacionados con las


consecuencias de infidelidad, aquellos participantes que habían sido
ejecutores de infidelidad, percibían más consecuencias positivas y menos
negativas a partir de este acto para la relación primaria, seguidos por
los que habían sido receptores de infidelidad. Esto no sólo reafirma la
actitud positiva hacia la infidelidad de quienes ya han sido infieles en el
pasado (Treas & Giesen, 2000), sino que muestra el impacto negativo en
la conceptuación de la infidelidad en quienes han sido receptores
de infidelidad.

Si unimos el concepto de infidelidad y las consecuencias percibidas a


partir de un acto de infidelidad, en los individuos que han sido receptores
de infidelidad, encontraríamos atribuciones internas, globales y estables,

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 237


en cuanto al concepto y la connotación de la infidelidad. Estos hallazgos
serían congruentes con el modelo de atribución propuesto por Hall y
Fincham (2006), donde los individuos que hagan atribuciones internas,
globales y estables parecerán promover conductas destructivas, como el
rompimiento de la relación, e incrementarían la tendencia de conductas
negativas recíprocas por parte del compañero (consecuencias negativas
de la infidelidad), tales como la infidelidad como medio de venganza o
agresión, pudiendo generar con esto incluso el fenómeno de la profecía
auto-cumplida.

A pesar de estas diferencias es importante hacer notar que la


influencia de los paradigmas más tradicionales y extremistas del mundo
occidental (en donde se perciben más consecuencias negativas y menos
positivas a partir de una infidelidad), se observan fehacientemente en los
individuos que no han tenido una vivencia de infidelidad (Romero et al.,
2010). Esto muestra que la vivencia previa de infidelidad desmitifica el
hecho y puede crear una actitud menos negativa hacia la infidelidad, tanto
en el concepto que se tenga de este acto, como en la connotación que se
le atribuya y en las consecuencias que se perciban a partir de este acto.

Conclusiones

A grandes rasgos se detectó que la vivencia previa de infidelidad puede


influir en la actitud y susceptibilidad que se tenga ante esta conducta. En
general, quienes hayan sido receptores de infidelidad, percibirán más
consecuencias negativas y menos consecuencias positivas para la
relación primaria (a partir de una infidelidad) y tendrán un concepto de
infidelidad más negativo (centrado en las características de personalidad
del ejecutor de infidelidad) que los ejecutores de infidelidad. Asimismo,
los receptores de infidelidad tenderán más a ser infieles por venganza, y
serán más infieles que aquellos que no han tenido una experiencia previa
de infidelidad.

Queda señalado entonces, que quienes no han tenido una


experiencia previa perciben este fenómeno como más negativo y lo
cometerían menos que los que lo han experimentado en alguno de sus
múltiples papeles. Estos resultados muestran que la vivencia de una
infidelidad posee una carga emocional muy alta, ya sea para repetir en
algún otro momento esta actividad (en el caso de los ejecutores) o para
realizarla a modo de venganza contra la pareja (en el caso de los
ejecutores y receptores hombres y las ejecutoras mujeres). Como lo

238 Salud y Sexualidad


expresa Pittman (1994), la infidelidad tal vez no sea lo peor que un
cónyuge pueda hacerle al otro, pero sí puede ser lo más desconcertante
y desorientador y, por eso, el medio más probable de destruir el
matrimonio (o la unión) no necesariamente por su aspecto sexual, sino a
causa del secreto, el engaño, la traición y la mentira.

En este trabajo se pone de relieve la incongruencia entre las


creencias y las prácticas de las personas en las relaciones de pareja.
Incongruencia que se puede resolver a nivel interno, interpersonal y
contextual. A nivel interno, las personas pueden preguntarse si la
monogamia y el compromiso de toda la vida es la mejor opción para ellos.
Algunos podrían concluir, a través de un profundo discernimiento, que su
personalidad, sus impulsos, sus antecedentes familiares, o sistema de
creencias generales son poco inclinados hacia una relación permanente
tradicional. Otras personas podrían encontrar que su edad los pone en
mayor riesgo de infidelidad o divorcio, por ejemplo si son muy jóvenes, y
podrían considerar posponer una unión permanente algunos años más.
Por lo menos mediante la participación en la reflexión propia, las
personas pueden analizar objetivamente las opciones acerca de si deben
o no casarse, y/o si se demoran en su elección de contraer matrimonio,
por ejemplo.

Desde el nivel interpersonal, si los individuos prefieren contraer un


matrimonio legal, pueden no inclinarse hacia el compromiso de la
monogamia de por vida, pueden trabajar con sus parejas para identificar
una definición adecuada de lo que significa estar casados, ser fieles,
etcétera. Los que prefieran las definiciones tradicionales que enfatizan el
compromiso de monogamia para toda la vida pueden prometerse trabajar
tan duro como sea posible para que su relación funcione y para
protegerla de la infidelidad y el divorcio. O bien pueden establecer sus
propias reglas acerca de lo que es estar casados y ser fieles. Incluso
pueden preferir opciones como una relación abierta con reglas propias,
creadas y asumidas responsablemente por ambos miembros de la
pareja. Asimismo, hay que mantener los acuerdos y estar dispuesto
a negociarlos cuando ya sean obsoletos, no se puede suponer que lo que
se acordó durante el noviazgo será válido a los 5 o 20 años de
matrimonio o unión libre. Se debe mantener la disposición a hablar
claramente de las inquietudes y emociones y necesidades que se tengan
para obtener resultados satisfactorios para ambos miembros de la pareja
(Díaz-Loving & Rivera, 2010).

Discrepancias entre la teoría y la práctica de la infidelidad 239


Al nivel contextual la infidelidad como tradicionalmente se le ha
llamado, tiene la capacidad de mostrar que al día de hoy las normas y
reglas sociales no proporcionan las capacidades o habilidades para que
la gente alcance la satisfacción; en muchos casos entorpecen esta
capacidad a través de estereotipos, esquemas e ideas acerca del
comportamiento “correcto” del ser humano, sin proporcionar una
educación para la vida integral que incluya educación acerca de la
sexualidad del ser humano y sus derechos, habilidades de comunicación,
negociación y seguridad que facilitarían la interacción de los miembros de
la pareja dentro de sus relaciones amorosas (Archer, 2010) para que
sean, ellos y ellas, los miembros de la pareja quienes establecieran sus
compromisos y límites, sin ser juzgados o etiquetados por una sociedad
que no conoce sus circunstancias.

Finalmente, para todos los seres humanos un aprendizaje de suma


importancia es el del respeto a la libertad, tanto propia como de los
demás, así como a la diversidad. Si se alcanza a entender que no existen
“buenos” y “malos”, sino diferentes, se podrá lograr un mayor respeto y
con ello una mayor honestidad en las relaciones, dando como resultado
una mayor adaptación en lo colectivo y una mayor sensación de bienestar
en lo particular y mayor fidelidad, sea lo que esto signifique para cada
pareja, pues disminuirá la necesidad de mentir para quedar bien o para
ser aceptado y se exaltará la comunicación, la comprensión y la
honestidad como pilares del desarrollo de todas las personas.

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244 Salud y Sexualidad


Capítulo 10
EL EFECTO DE LA SEGURIDAD DEL APEGO
SOBRE LA INFIDELIDAD SEXUAL

María Teresa Frías Cárdenas


Rolando Díaz Loving
Sofía Rivera Aragón
Unidad de Investigaciones Psicosociales
Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

Conceptos básicos de la teoría del apego

S
egún la teoría del apego (Bowlby, 1969/1982, 1973, 1980), el ser
humano nace equipado con cinco sistemas conductuales: apego,
apoyo, exploración, sexo y afiliación; encaminados a mejorar sus
probabilidades de sobrevivencia y éxito reproductivo. Aunque todos
sirven a la misma meta supraordinada, cada sistema cuenta con un
objetivo y estrategias específicas para cumplirlo. La función particular del
sistema de apego es proteger al individuo de las amenazas del ambiente
y conservar un estado de equilibro emocional manteniendo la proximidad
con otro organismo más capacitado para enfrentar las amenazas del
ambiente, llamado figura de apego. Bowlby (1973) propuso que el
funcionamiento de este sistema se basa en un conjunto de creencias
formadas a partir de la eficacia con que la primera figura de apego
resolvió las necesidades de apego durante la infancia, llamadas modelos
de funcionamiento interno. Un cuidador sensible y responsivo a las
necesidades del individuo favorece la creencia de que el individuo es
merecedor de la protección y afecto de los demás (modelo del sí mismo
positivo) y que los otros son personas confiables, que le brindarán el
apoyo que se merece cuando los necesite (modelo de los otros positivo).
Estas evaluaciones positivas promueven el sentido de seguridad del
apego, una sensación dominante de que el mundo es un lugar seguro,
que las figuras de apego son útiles cuando se acude a ellas y que es
posible explorar el ambiente e interactuar con otras personas de forma
efectiva y disfrutable. Si, por el contrario, la figura de apego responde de
manera inconsistente a las necesidades del individuo, siendo algunas
veces intrusiva y otras negligente, el individuo tiende a considerarse poco
merecedor del afecto y protección de los demás (modelo del sí mismo
negativo). Finalmente, si el cuidador es negligente ante las necesidades
del individuo, éste introyecta una desconfianza generalizada en la
disponibilidad y buena voluntad de los demás (modelo del otro negativo).

De acuerdo con Bartholomew y Horowitz (1991), estos modelos


de funcionamiento interno también pueden ser entendidos en términos de
ansiedad y evitación del apego. Quienes hacen una evaluación negativa
del sí mismo generan altos niveles de ansiedad hacia las relaciones
interpersonales, pues el bajo valor que se atribuyen los mantiene
constantemente preocupados por la posibilidad de sufrir el abandono de
sus seres queridos y ver terminada su relación. Por otro lado, quienes
hacen una evaluación negativa de los demás desarrollan altos niveles
de evitación de la intimidad, ellos eluden la cercanía en sus relaciones y
se esfuerzan por desarrollar y mantener su autonomía a bien de prevenir
una nueva experiencia de rechazo. Bartholomew y Horowitz propusieron
una tipología de cuatro estilos de apego, resultantes de la evaluación ya
sea positiva o negativa de estas dos dimensiones. Se dice que las
personas con un sentido de valoración personal y expectativas positivas
de los otros sostienen un estilo de apego seguro. Aquellos que mantienen
un sentido de poca valoración personal y hacen una evaluación positiva
de los otros luchan por la aceptación de los otros y tienen un estilo de
apego preocupado. Por el contrario, las personas con un estilo de apego
temeroso sostienen un sentido de poca valoración personal y la creencia
de que los otros son personas poco confiables y no están disponibles,
llevándolos a protegerse a sí mismos eludiendo la cercanía emocional
con los demás. Finalmente, las personas con un estilo de apego evitante
mantienen un sentido aparente de alta valoración personal combinada
con una disposición negativa hacia los demás. Ellos también se protegen
del rechazo y además de evitar la cercanía emocional, a la vez que
mantienen un alto sentido de independencia e invulnerabilidad.

A partir de la confianza prolongada en las figuras de apego emergen


diferencias estables en las habilidades de enfrentamiento (Bowlby, 1973;
Shaver & Mikulincer, 2002; Shaver & Mikulincer, 2007). La seguridad del
apego favorece un enfoque de enfrentamiento constructivo basado en el

246 Salud y Sexualidad


uso de estrategias de regulación primaria. Estas estrategias están
basadas en la seguridad (Bowlby, 1969,1973) e incluyen un fuerte sentido
de maestría y agencia (Kobak & Sceery, 1988; Shaver & Mikulincer,
2002). La meta principal de este conjunto de estrategias es construir los
recursos del individuo para mantener su salud mental, incluso en
situaciones donde la figura de apego está ausente o no es posible recibir
apoyo. El sentido de seguridad que predomina le permite al individuo
movilizar el apoyo de las personas con recursos o perspectivas
adicionales y reducir sus niveles de estrés. Dicha seguridad también
agiliza la resolución del problema, pues permite reconocer que cierto
curso de acción no tuvo éxito y necesita ser modificado a bien de resolver
la situación, tolerar la ambigüedad e incertidumbre, revisar las creencias y
estrategias erróneas sin excesivas críticas sobre sí mismo, abrir la mente
a nueva información y flexibilizar los planes para lidiar con el problema de
forma realista (Mikulincer & Shaver, 2007; Shaver & Mikulincer, 2002;
Shaver & Mikulincer, 2007).

Por otro lado, ante una figura de apego poco sensible y responsiva,
el fracaso de la búsqueda de la proximidad como un medio para aliviar el
estrés se hace evidente y se desarrollan estrategias de regulación
emocional secundarias. Las personas con altos niveles de ansiedad
tienden a adoptar estrategias de hiperactivación; caracterizadas por
la exageración de las señales de amenaza, dificultad para diferenciar
entre contextos inocuos y amenazantes, actitud rígida hacia la
incertidumbre e intensos esfuerzos por mantener la proximidad con las
figuras de apego (Shaver & Mikulincer, 2002; Shaver & Mikulincer, 2007).
La hiperactivación transforma la solución del problema en algo irrelevante
e incluso podría involucrar el deseo de perpetuar las situaciones
problemáticas, pues la solución del problema diluye la imagen de una
persona indefensa e incompetente, dando como resultado la pérdida de
atención y apoyo de las figuras de apego (Shaver & Mikulincer, 2007).
Por otro lado, las personas altas en evitación tienden al uso frecuente de
estrategias de deactivación, caracterizadas por la negación de sus
necesidades de apego, inhibición de la búsqueda de proximidad,
supresión de las amenazas que podrían activar el sistema de apego y
determinación a manejar el estrés sin ayuda. Al desviar la experiencia
consciente de las emociones desagradables (lo que Bowlby, 1980, llamó
exclusión defensiva), los evitantes previenen la integración de los eventos
negativos en sus estructuras cognoscitivas, limitando la posibilidad de ser
usados efectivamente en el procesamiento de la información y alcanzar
una solución del problema efectiva (Shaver & Mikulincer, 2007). A través

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 247


del tiempo, este tipo de exclusión defensiva distorsiona las percepciones
y recuerdos de las experiencias de apego, generando concepciones más
pesimistas de lo que se esperaría tomando en cuenta las características
objetivas de sus ambientes sociales (Fraley, Garner & Shaver, 2000).

Apego en la edad adulta

Bowlby (1969/1982, 1973, 1980) aseguró que los modelos de


funcionamiento interno guían las relaciones interpersonales a lo largo
de la vida. El autor también afirmó que cuando las necesidades de apego
están satisfechas, el individuo dispone de recursos suficientes para
dirigirlos a actividades de exploración, intercambio sexual, afiliación y
apoyo a otros; sin embargo, al percibir una amenaza su sistema de apego
se activa, las actividades de otros sistemas se suspenden y la atención
se redirige al restablecimiento del balance emocional. Lo anterior significa
que las dinámicas del sistema de apego permean el funcionamiento de
los demás sistemas y que la activación de este sistema prioritario inhibe o
distorsiona la activación de otros sistemas conductuales (Bowlby,
1969/1982). Basados en estos principios, Hazan y Shaver (1987)
propusieron que las relaciones románticas establecidas durante la vida
adulta también podían ser entendidas como relaciones de apego y que el
funcionamiento cotidiano del amor romántico involucra tres sistemas
conductuales: apego, apoyo y sexo.

El sistema conductual sexual

El rol fundamental de la seguridad del apego sobre la regulación de las


emociones, la conducta orientada a la meta y el intercambio interpersonal
puede tener efectos positivos adicionales sobre el funcionamiento del
sistema sexual. Las técnicas de regulación emocional efectivas de las
personas seguras les permiten mantener un estado mental confortable y
relajado durante las actividades sexuales y estar libres de preocupaciones
que interfieran con el desarrollo de un acto sexual disfrutable. El sentido
de seguridad también favorece la apertura cognoscitiva y la exploración
relajada de nuevas posibilidades, permitiendo la exploración sexual
compartida. Además, su disposición y habilidad para balancear sus
preocupaciones con las de los demás les permite moverse flexiblemente
de una posición a otra en el circunflejo interpersonal durante el sexo
(Mikulincer & Shaver, 2007).

248 Salud y Sexualidad


El sistema sexual se activa automáticamente ante el reconocimiento
y la evaluación subjetiva de una pareja atractiva, interesada sexualmente
y presumiblemente fértil, con el fin de mantener un intercambio genital
(Fisher, 1998). Desde la perspectiva evolutiva, la función principal del
sistema sexual es transmitir los genes a la siguiente generación a través
del intercambio genital con una pareja del sexo opuesto (Mikulincer,
2006). Desde esta perspectiva, la atracción sexual es un motivador que
conduce a los individuos a buscar oportunidades de corto o largo plazo
con una potencial pareja sexual (Buss, 1999, en Mikulincer, 2006). Esta
perspectiva no logra explicar las motivaciones de la orientación
homosexual, ya que no es el objetivo del presente capítulo no serán
analizados, pero debe mencionarse que tales motivaciones ya han sido
documentadas desde la perspectiva del apego, el lector puede encontrar
algunos ejemplos en Mikulincer y Shaver (2007).

Ya que la atracción sexual y el apego son sistemas motivacionales


discretos y funcionalmente independientes, las relaciones sexuales
frecuentemente ocurren sin lazos afectivos y las relaciones afectivas
entre adultos no siempre están acompañadas de deseo sexual. Sin
embargo, el proceso de formación de una relación de pareja adulta es
frecuentemente iniciada con deseo y atracción, y los sentimientos
asociados con la atracción son componentes poderosos del amor
romántico. Más allá de su tremenda importancia en las etapas iniciales
del amor romántico, el sistema sexual juega un rol muy importante en la
consolidación y mantenimiento de relaciones románticas a largo plazo
satisfactorias (Mikulincer, 2006). Las disfunciones en este sistema son
fuentes principales de conflicto relacional que pueden originar dudas
sobre el amor de la pareja, incrementar las preocupaciones sobre la
relación y el interés en parejas sexuales alternativas y, finalmente,
erosionar el lazo afectivo y destruir la relación (Sprecher & Cate, 2004).

Las disfunciones del sistema sexual, como las de otros sistemas,


pueden ser conceptualizadas en términos de estrategias de hiperactivación
y deactivación. Ante el uso de las estrategias de hiperactivación el
individuo puede sobre-enfatizar la importancia de las actividades
sexuales dentro de una relación y adoptar una actitud hipervigilante hacia
las señales de activación sexual, atracción y rechazo de sus parejas.
La activación crónica de sus sistemas sexuales va acompañada por la
preocupación exagerada sobre el atractivo sexual, la capacidad de
satisfacer las necesidades sexuales de la pareja y las respuestas de la
pareja al atractivo sexual de sí mismo. Estas preocupaciones pueden

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 249


provocar intentos intrusivos y agresivos de convencer al otro de tener
sexo, lo cual a su vez puede generar el rechazo y la exacerbación de la
disfunción del sistema sexual (Mikulincer, 2006). En contraste, las
estrategias de deactivación se caracterizan ya sea por la inhibición del
deseo sexual y una actitud erotofóbica o de evitación del sexo, o bien por
un enfoque superficial del sexo que lo disocia de la amabilidad e intimidad.
Las estrategias de deactivación pueden involucrar la negación de las
necesidades sexuales, distanciamiento o desprecio de la pareja cuando
expresa interés sexual, supresión de pensamientos y fantasías sexuales,
represión de recuerdos sexuales e inhibición de la activación sexual y el
disfrute orgásmico (Mikulincer, 2006).

Asociaciones hipotéticas entre los sistemas de apego y sexual

Mikulincer y Shaver (2007) propusieron que, ya que el sexo comúnmente


está envuelto del amor romántico, el cual teóricamente involucra el
funcionamiento de los sistemas de apego y apoyo, la atracción y el logro
del placer sexual pueden estar acompañados de sentimientos de calidez
y afecto hacia la pareja, quien puede ser considerada como una figura de
apego, un receptor de cuidados, o ambos. Según Hazan y Shaver (1987)
las diferencias en el funcionamiento del sistema de apego, surgidas
durante la infancia temprana, podrían influenciar los parámetros del
sistema sexual, que se manifiesta en una época más avanzada
del desarrollo, cuando los cambios hormonales generan la posibilidad de
establecer un contacto genital. Bajo estas circunstancias, se esperaría
que la satisfacción de las necesidades de apego de las personas seguras
les dejara recursos cognoscitivos y afectivos disponibles para detectar las
señales de atracción y activación sexual de sus parejas, y les permitiera
percibir con precisión los intereses sexuales del otro y, por lo tanto,
involucrarse en sexo genital mutuamente satisfactorio (Shaver & Hazan,
1988). Sus creencias positivas de los demás promovería la imagen de las
parejas sexuales como afectuosas y bienintencionadas, lo que les
permite disfrutar la intimidad sexual. Además, sus modelos positivos de sí
mismo apoyarían los sentimientos de ser estimado y deseado durante las
actividades sexuales y ayudarían a mantener el sentido de confianza en la
habilidad para satisfacer las necesidades sexuales propias y de la pareja.
Estas representaciones mentales positivas les permitirían relajar sus
defensas y estar menos preocupados con su ejecución sexual, la cual,
cuando es combinada con el disfrute de la cercanía, conduce a
la liberación sexual y maximización del placer sexual (Mikulincer &
Shaver, 2007).

250 Salud y Sexualidad


Más allá de apoyar la intimidad, apertura y satisfacción sexual, el
sentido de seguridad probablemente inclina a la persona a establecer una
relación de pareja a largo plazo, más que perseguir relaciones cortas con
varias parejas anónimas. En relaciones previas con figuras de apego
apoyadoras, los seguros han aprendido que la intimidad y el entendimiento
y cuidado mutuos son altamente gratificantes y mutuamente benéficos para
las relaciones. Comparados con los inseguros, es más probable que se
hayan desarrollado en un hogar considerado y con figuras de apego
proveedoras de seguridad, y es menos probable que hayan vivido el
divorcio de sus padres o presenciado violencia doméstica. También es
menos probable que ellos mismos estén divorciados y en promedio son
más capaces de alterar la jerarquía de sus figuras de apego, de manera
que una pareja romántica remplaza a un padre como figura de apego. De
este modo, es más probable que los seguros busquen y encuentren a
una pareja romántica y/o sexual con quien puedan satisfacer sus deseos
sexuales dentro de una relación de pareja a largo plazo (Gillath &
Schachner, 2006).

Esto no significaría que los seguros nunca disfruten el sexo sin


compromiso o que necesariamente equiparen el sexo con el amor
romántico. Ya que ellos generalmente poseen un sentido de valor
personal estable y auténtico, no necesitarían usar el sexo como un medio
para sentirse queridos, admirados o aceptados. Si lo desean, podrían
tener sexo simplemente por el placer que eso significa, el cual en
ocasiones podría llevarlos más allá de los lazos de una relación de
compromiso. Al hacerlo, mantendrían un entendimiento preciso de sus
propios motivos y las consecuencias de su relación para ellos mismos y
sus parejas y serían capaces de sintonizar sus deseos y actividades
sexuales en la dirección que ellos mismos elijan, incluyendo, pero no
limitando, la creación de una relación romántica a largo plazo
mutuamente satisfactoria (Mikulincer & Shaver, 2007).

De hecho, probablemente los inseguros tengan más problemas


sexuales y menos capacidad para disfrutar del sexo sin conflictos. La
incomodidad de los evitantes con la cercanía y sus representaciones
negativas de los demás podrían interferir con la intimidad psicológica y
sensibilidad interpersonal en situaciones sexuales. Ellos estarían
dispuestos a involucrarse en un intercambio sexual sin ninguna intención
de establecer una relación a largo plazo, o incluso con la convicción de
que no quieren la carga de una relación de compromiso. En otras
palabras, la evitación estaría asociada con ciertos niveles de erotofobia

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 251


(temor y alejamiento del sexo), abstinencia sexual o preferencia por el
sexo impersonal y sin compromiso. Además, la frecuente confianza de los
evitantes en el distanciamiento como una estrategia de regulación
emocional y sus problemas con la exploración y la apertura cognoscitiva,
haría especialmente probable que negaran sus necesidades sexuales
o inhibieran su deseo en lugar de explorar lo que su pareja quiere o
necesita y hablar abiertamente de los problemas interpersonales que
surgen durante las relaciones sexuales. Ya que las estrategias de
deactivación están asociadas con una confianza extrema en el
autocontrol y la exageración de la autoimagen defensiva, las personas
evitantes usarían el sexo para maximizar el control sobre una pareja,
ganar prestigio social o fortalecer su autoestima, todo sin mayor
consideración por los sentimientos de la pareja. De manera egoísta,
la conducta sexual del evitante se centraría en sus propias necesidades y
sería insensible a los deseos sexuales de su pareja. Paradójicamente, la
evitación del apego promovería la promiscuidad sexual motivada por
inseguridad, narcisismo o deseo de elevar la imagen personal y obtener
reconocimiento. El tipo de auto-promoción utilizado durante el cortejo
sexual ocurriría en ausencia de un intenso deseo sexual y sin mucho
disfrute del sexo en sí mismo (Schachner & Shaver, 2004). Para ellos una
alternativa de actividad sexual sin involucramiento interpersonal sería la
masturbación, una actividad solitaria que elimina las preocupaciones
sobre la intimidad, vulnerabilidad, cooperación y coordinación con otra
persona (Mikulincer & Shaver, 2007).

Así mismo, es probable que la ansiedad del apego esté asociada con
un estilo de aproximación hacia la sexualidad complejo y ambivalente. Ya
que el sexo es una ruta obvia a la cercanía e intimidad, los ansiosos
podrían sostener una actitud positiva hacia el sexo y usarlo como un
medio para resolver sus necesidades de seguridad y amor no resueltas.
Sin embargo, mientras se concentran en sus propios deseos de
protección y seguridad, podrían tener problemas para responder con
precisión a los deseos y preferencias de una pareja sexual. Su imagen
negativa de sí mismos, sus preocupaciones acerca del rechazo y la
desaprobación y sus dificultades regulatorias podrían dificultarles el
estado de relajamiento y apertura sexual, haciendo menos intenso
el placer sexual. Para ellos la activación sexual podría estar acompañada
de preocupaciones y dudas sobre su atractivo sexual, el grado en que
son queridos y valorados, su habilidad para satisfacer a su pareja y
percepción de falta de sensibilidad y responsividad de su pareja para
resolver sus deseos sexuales. Su intenso deseo de cercanía generaría un

252 Salud y Sexualidad


tipo de conducta sexual intrusiva y favorecería el sexo sin protección
(por ejemplo, no usar condón) mientras persiguen la intimidad emocional,
lo cual puede ser mortal para ellos mismos y sus parejas. Además, su
posición preocupona y dependiente de sus relaciones generaría
problemas de comunicación sobre el sexo, falta de asertividad sexual y
un incremento en la vulnerabilidad de sufrir coerción sexual. Esto significa
que consentirían arreglos y actividades que les desagradan para evitar la
desaprobación de sus parejas (Mikulincer & Shaver, 2007).

Asociaciones empíricas entre los sistemas de apego y sexual

Varios estudios han apoyado la hipótesis de la relación inhibitoria entre la


evitación del apego y la activación del sistema sexual. Un grupo de
adolescentes evitantes reportaron haberse involucrado en algunas
conductas sexuales no coitales antes de iniciar el intercambio y haber
tenido sexo con menor frecuencia después del debut sexual que sus
coetáneos menos evitantes (Tracy, Shaver, Albino & Cooper, 2003).
Aunque los evitantes sostienen relaciones sexuales con menor
frecuencia, se masturban más frecuentemente, una actividad en solitario
que se adecua a la concepción de auto-confianza compulsiva propuesta
por Bowlby (1980). También se observan algunos efectos de interacción
entre la evitación y los roles tradicionales de género sobre la conducta
sexual. Aunque hombres y mujeres evitantes reportan tener sexo con
menor frecuencia, los hombres evitantes se involucran en actividades
sexuales con mayor frecuencia si sus parejas son ansiosas; mientras que
las mujeres evitantes rehuyen más el sexo si sus parejas hombres son
ansiosos (Bogaert & Sadava, 2002).

Se observa un efecto similar sobre la ansiedad del apego. En los


hombres la ansiedad del apego se asocia con menos actividad sexual
durante un periodo de seis meses (Feeney et al., 2003, en Mikulincer &
Shaver, 2007) y mayor edad al momento del debut sexual (Gentzler &
Kerns, 2004); mientras que en las mujeres se relaciona con mayor
probabilidad de haber tenido sexo durante la adolescencia (Cooper,
Shaver & Collins, 1998) y menor edad al momento del debut sexual
(Bogaert & Sadava, 2002; Gentzler & Kerns, 2004). De acuerdo con
Davis et al. (2006), estos hallazgos pueden ser explicados por la
deferencia de los ansiosos a las necesidades de sus parejas, combinadas
con los roles tradicionales que se asignan a las tareas de iniciación de las
relaciones sexuales a los hombres, más que a las mujeres. Davis et al.
(2006) encontraron que tanto hombres como mujeres altos en ansiedad

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 253


sacrificaban más sus propias necesidades sexuales y se acomodaban
a las necesidades de sus parejas, probablemente debido a su intenso
deseo de aceptación, amor y aprobación. Como resultado, cuando las
mujeres ansiosas se acomodan a las necesidades de los hombres, alcanzan
una tasa de actividad sexual similar a lo que los hombres prefieren,
mientras que los hombres ansiosos se acomodan a las necesidades de
sus parejas mujeres, y es más probable que inhiban su sexualidad en línea
con rol de género tradicional femenino.

Actitudes hacia el sexo casual y sin compromiso

Más allá de abstenerse sexualmente, los evitantes parecen construir


actividades sexuales en formas que hacen improbable la interdependencia
e intimidad. En varios estudios se ha encontrado que la evitación del
apego se asocia con actitudes más positivas hacia el sexo casual (p.e.
Brennan & Shaver, 1995; Gentzler & Kerns, 2004; Schmitt, 2005). Los
evitantes también están más interesados en el sexo sin emociones y tienen
sexo con extraños y relaciones de una sólo noche con mayor frecuencia
(Bogaert & Sadava, 2002; Cooper et al., 1998). Es interesante que
una actitud similarmente positiva hacia el sexo casual también se ha
encontrado en mujeres ansiosas (Bogaert & Sadava, 2002; Feeney et al.,
2000), quizá debido a su tendencia a acomodarse a las preferencias de
sus parejas sexuales hombres (Mikulincer & Shaver, 2007). La evitación
del apego también se ha asociado con el “robo de pareja” y la disposición
a “ser robado” en relaciones a corto, pero no a largo plazo. Es interesante
que estas asociaciones entre evitación y promiscuidad sexual no fueron
explicadas por diferencias en apetito sexual, lo cual no fue mayor en los
altos en evitación que en sus contrapartes, señalando la posibilidad
de que estas diferencias se deban a algún otro ingrediente de la evitación
que los atrae a relaciones de corto plazo (Schachner & Shaver, 2002).

Las personas evitantes muestran preferencia por las relaciones


sexuales de corto plazo y menos por las de largo plazo, comparado con
los menos evitantes (Gillath & Schachner, 2006). Esto se adecua a las
suposiciones de Belsky, Steinberg & Draper (1991), quienes señalaron
que los niños que sufrieron maltrato y una crianza insensible no sólo
desarrollan un estilo de apego inseguro, sino también una preferencia por
estrategias de relación de corto plazo, lo cual pone énfasis sobre el sexo
casual y la reproducción más que en compromiso relacional y la
paternidad. Estos resultados también se adecuan al estudio de E. M. Hill
et al. (1994), quienes mostraron que las personas inseguras, especialmente

254 Salud y Sexualidad


las evitantes, habían experimentado relativamente baja inversión
parental, lo que favoreció la introyeccción de actitudes evitantes similares
hacia la paternidad y la preferencia por el sexo a corto plazo. Rholes et al.
(2006) también mostraron que los adultos jóvenes evitantes deseaban
menos tener hijos o pensaban menos que serían buenos padres. Por el
contrario, las personas con ansiedad del apego mostraron una fuerte
preferencia por estrategias de relación de largo término, presumiblemente
debido a su deseo de amor confiable, aceptación y protección (Gillath &
Schachner, 2006). Aunque algunas veces tienen relaciones tan
duraderas como las de los seguros, es más probable que los rechacen a
ellos que a las personas con cualquier otro estilo de apego, esto como
resultado de la presión de sus parejas por brindarles más amor, intimidad
y compromiso (Mikulincer & Shaver, 2007).

La experiencia subjetiva de la actividad sexual

Tanto la ansiedad como la evitación del apego se asocian con menos


emociones positivas y más emociones negativas durante el sexo
(Birnbaum, 2007; Birnbaum, Reis, Mikulincer, Gillath & Orpaz, 2006),
altos niveles de ansiedad sexual (Davis et al., 2006), bajos niveles de
excitación sexual, intimidad y placer (Birnbaum, 2007) y evaluaciones
menos positivas de sus propias cualidades sexuales (Cyranowski &
Andersen, 1998). Sin embargo, mientras las personas evitantes tienden a
negar la importancia del sexo y fracasan al expresar sentimientos de
amor y afecto por sus parejas durante el sexo (Birnbaum, 2007; Birnbaum
et al., 2006), los ansiosos expresan un fuerte deseo de involucramiento
emocional con sus parejas durante el intercambio sexual (Birnbaum et al.,
2006) y tienen una orientación erotofílica hacia el sexo (Bogaert &
Sadava, 2002). La evitación del apego parece estar asociada con una
concepción negativa del sexo, mientras que la ansiedad del apego está
asociada con una orientación ambivalente, en el cual los sentimientos
aversivos coexisten con excitación sexual y fuertes deseos de sexo y
amor (Mikulincer & Shaver, 2007).

Las inseguridades del apego también están relacionadas con


experiencias orgásmicas menos frecuentes en las mujeres, menos
satisfacción sexual (Birnbaum, 2007) y mayor insatisfacción con el control
durante las actividades sexuales (Davis et al., 2006). Sin embargo,
ansiosos y evitantes difieren en aspectos específicos elicitados por la
insatisfacción sexual. Los ansiosos califican más altos en medidas
de insatisfacción emocional durante el sexo, reflejando su tendencia a

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 255


equiparar el sexo con el amor y sus dificultades para satisfacer sus
deseos irrealistas de aprobación y afecto extremos (Davis et al., 2006).
D. Davis y sus colegas también encontraron que los individuos ansiosos
fueron más probables de usar el sexo como un barómetro del estatus
de su relación (“Cuando mi pareja no quiere tener sexo, me preocupa que
todavía me ame”), el cual a su vez explica su falta de satisfacción durante
el sexo. En contraste, los evitantes se muestran más insatisfechos con
los aspectos físicos del sexo, quizá reflejando no sólo sus estrategias de
distanciamiento de los aspectos emocionales de la actividad sexual, sino
también sugiriendo que el sexo sin interés e involucramiento completo es
insatisfactorio.

Motivos sexuales

La orientación del apego también afecta las razones de una persona para
tener sexo (Mikulincer & Shaver, 2007). Mientras que los adolescentes
altos en ansiedad tienen sexo para evitar el rechazo de sus parejas, los
evitantes reportan que su primer intercambio sexual fue motivado por el
deseo de perder la virginidad, cuyo objetivo pudo ser incrementar su
autoestima o la aceptación de sus pares, más que acercarse
psicológicamente a su pareja (Tracy et al., 2003). Durante la edad adulta,
los ansiosos señalan el deseo de fortalecer la cercanía, asegurar a la
pareja, reducir el estrés y manipular a la pareja. Los evitantes tienen sexo
por razones de auto-afirmación, como encajar en su grupo social, ceder a
la presión de sus pares y poder alardear al respecto (Schachner &
Shaver, 2004), más que para fortalecer la cercanía y asegurar la relación
con sus parejas (Davis et al., 2004). En ellos se observa una tendencia al
sexo casual y sin compromiso motivado por el deseo de prestigio y auto-
afirmación logrado a través de actividades sexuales, libres de cualquier
deseo de intimidad (Cooper et al., 2006). Cooper et al. (2006) también
encontraron algunas diferencias por sexo en los efectos longitudinales de
la ansiedad sobre las conductas y motivos sexuales. Por un lado, las
mujeres con altos niveles de ansiedad del apego reportaron haber
tenido sexo durante la adultez temprana para fortalecer su autoestima
y satisfacer a sus parejas; irónicamente, también reportaron más
infidelidad sexual. Por otro lado, los hombres ansiosos reportaron mayor
uso del sexo para fortalecer su autoestima o enfrentar emociones
negativas durante la adolescencia y menos infidelidad sexual durante la
adultez temprana. Estos hallazgos sugieren que minimizar la intimidad y
ganar prestigio social y poder parecen ser motivos importantes que
gobiernan las relaciones sexuales de los evitantes; mientras que los

256 Salud y Sexualidad


ansiosos son conducidos por el deseo de mantener a su pareja, evaluar
la atracción y afecto que inspiran y someterse a los deseos del otro. En
ambos casos, estas motivaciones parecen interferir con las relaciones
sexuales satisfactorias, libremente elegidas y mutuamente reguladas.

Autoconfianza, comunicación y exploración sexual

La inseguridad del apego podría erosionar la confianza del individuo en


su atractivo y potencia sexual (Mikulincer & Shaver, 2007). La ansiedad
y evitación del apego se relacionan con pobres evaluaciones sobre la
habilidad para satisfacer las propias necesidades sexuales (Tracy et al.,
2003), baja autoestima (Shafer, 2001) y una percepción pobre del
atractivo físico y la sensualidad personales (Bogaert & Sadava, 2002;
Shafer, 2001). Las dimensiones de ansiedad y evitación del apego se
asocian con un locus de control externo relacionado al sexo que incluye
la sensación de que las relaciones sexuales son controladas por la
pareja o factores situacionales; mientras que la ansiedad del apego se
relaciona con baja autoevaluación sobre la habilidad para negociar un
encuentro sexual (Feeney et al., 2001), fuertes preocupaciones sobre la
ejecución sexual (Birnbaum et al., 2006) y ansiedad ante la posibilidad
de perder a las parejas sexuales (Schachner & Shaver, 2002). Quizá
todo esto explique porqué es más probable que las mujeres ansiosas se
sometan a cirugías cosméticas para incrementar su atractivo físico
(Davis & Vernon, 2002).

La investigación también indica que la inseguridad del apego se


asocia con inhibición de la exploración y comunicación sexual abierta
(Mikulincer & Shaver, 2007). Tanto ansiedad como evitación se asocian
con poca disposición para experimentar sexualmente dentro de una
relación romántica (Hazan et al., 1994) y expresar abiertamente
necesidades y preferencias sexuales (Davis et al., 2006), poca
disponibilidad para hablar abiertamente sobre sexo seguro,
anticonceptivos y otros temas sexuales con su pareja, mientras que la
ansiedad se asocia con reactancia a hablar con la pareja sexual sobre
temas relacionados con VIH. Sin embargo, la ansiedad y evitación del
apego se relacionan de forma diferente con la disposición a discutir temas
sexuales. En los hombres la evitación se relaciona positivamente con
discusiones sobre transmisión de enfermedades sexuales, mientras que
la ansiedad se relaciona negativamente con discusiones sobre el uso de
anticonceptivos (Feeney et al., 2000).

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 257


Prácticas de sexo seguro

La ansiedad del apego interfiere con el sexo seguro (Mikulincer & Shaver,
2007). Los adultos ansiosos sostienen creencias negativas sobre el uso
del condón (p.e. son aburridos y reducen la intimidad), lo usan poco, se
involucran frecuentemente en actividades sexuales desviadas y dolorosas
(masoquismo), perciben bajo riesgo de contraer VIH y están poco
dispuestos a modificar sus prácticas sexuales riesgosas (Bogaert &
Sadava, 2002), como consumir alcohol y drogas antes del sexo (Feeney
et al., 2000), y en ellos se observan tasas elevadas de embarazos no
deseados durante la adolescencia (Cooper et al., 1998). Al parecer, esto
señala que el deseo de los ansiosos de acercarse a sus parejas sexuales
esperando no “apagarlas” los conduce a poner en riesgo su propia salud
y la de sus parejas (Mikulincer & Shaver, 2007).

Las personas altas en evitación reportan actitudes más positivas


hacia el uso del condón y es más probable que lo utilicen (Feeney et al.,
2000). Sin embargo, su disposición a tener sexo casual con extraños sin
hablar sobre sus historias sexuales ni las de sus parejas algunas veces
puede resultar en prácticas sexuales de riesgo. Esta posibilidad es
reforzada por la tendencia de los hombres evitantes a usar alcohol y
drogas en situaciones sexuales, probablemente para reducir la tensión
que les genera la cercanía física (Feeney et al., 2000; Tracy et al., 2003).

Coerción sexual

La inseguridad del apego se ha relacionado con tácticas sexuales


coercitivas, tanto en el perpetrador como en la víctima (Mikulincer &
Shaver, 2007). Altos niveles de ansiedad y evitación del apego se
relacionan con coerción física hacia la pareja sexual y más
involucramiento en sexo consensuado, aunque no deseado (Gentzler &
Kerns, 2004; Tracy et al., 2003). Mientras las mujeres ansiosas aceptaron
el sexo no deseado más frecuentemente para reducir los conflictos
relacionales y evitar el rechazo y abandono, las evitantes tienen sexo no
deseado para evitar las discusiones íntimas y la auto-divulgación sobre
los problemas de la relación (Impett & Peplau, 2002). También existe
evidencia de que la ansiedad y evitación del apego en los hombres están
asociados con el uso de la fuerza física y otras estrategias coercitivas en
el contexto de las relaciones sexuales (Tracy et al., 2003). Al parecer, los
hombres ansiosos, quienes tienen dificultad para articular sus fuertes
deseos de amor, atención y tranquilidad, la conducta sexual coercitiva

258 Salud y Sexualidad


puede ser un medio para ganar o recuperar la proximidad con una pareja
a quienes ellos perciben como poco confiable o insuficientemente
responsiva (Brassard et al., 2007). En el caso de los hombres evitantes,
la coerción sexual puede ser una herramienta para gratificar su necesidad
de autoafirmación y dominancia (Davis et al., 2004) y evitar la intimidad
emocional durante el intercambio sexual (Mikulincer & Shaver, 2007).

Gratificación sexual

Las experiencias sexuales gratificantes tienen el poder de reducir las


preocupaciones relacionales de las personas con altos niveles de
ansiedad. Por otro lado, las relaciones entre los sentimientos asociados al
sexo y la calidad de la relación percibida un día después de la actividad
sexual son más fuertes entre las personas con altos niveles de ansiedad
y más débiles entre las personas con altos niveles de evitación. El usual
afecto negativo y las evaluaciones de la calidad de su relación de los
ansiosos fueron notablemente más débiles los días siguientes a
intercambios sexuales positivos. Aunque este efecto se observa en
hombres y mujeres, existen algunas diferencias por sexo. Las
evaluaciones de las mujeres ansiosas sobre la calidad de sus relaciones
fueron afectadas principalmente por los sentimientos que experimentaron
durante el intercambio sexual, mientras que el simple hecho de tener
sexo influyó las evaluaciones de los hombres ansiosos. Esto sugiere que
para los hombres ansiosos el sexo en sí mismo tiene un efecto saludable
sobre la evaluación de sus relaciones (Birnbaum et al., 2006).

Infidelidad

Las diferencias en los estilos de apego proporcionan un contexto útil para


entender factores asociados con el desarrollo, mantenimiento y disolución
de las relaciones románticas, tales como la infidelidad (Amidon, 2008),
que implica una relación interpersonal eventual o continua, generalmente
secreta, que se da además de la relación convenida explicita o
tácitamente, con implicaciones emocionales y sexuales y que generan
problemas en la relación primaria (Díaz-Loving & Rivera-Aragón, 2003).
La infidelidad se ha asociado positivamente con factores como la
capacidad de disociar el sexo del amor, actitudes más positivas hacia el
intercambio fuera de la relación primaria (Weis & Felton, 1987; Weis &
Slosnerick, 1981) y un bajo deseo de intimidad emocional (Weis & Felton,
1987). Algunos de estos factores predisponentes se observan en los
adultos con un estilo evitante, quienes muestran una probabilidad más

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 259


baja de mantener un intercambio sexual por razones de intimidad (Cooper
et al., 2006) y evitan las conductas que facilitan el contacto emocional
durante la relación sexual, como abrazarse y otras formas de expresar
afecto (Fraley, Davis & Shaver, 1998; Mikulincer, 2006). Además, el estilo
evitante se ha relacionado consistentemente con el estilo de amor lúdico
(Mikulincer & Shaver, 2007) que según Lee (1977, en Mikulincer & Shaver,
2007), gusta de tener varias parejas y muestra bajo compromiso.

El presente estudio

La revisión teórica y los datos empíricos que aquí se plasman arrojan un


panorama claro sobre el patrón de conducta sexual del estilo preocupado.
Ellos desean lograr el compromiso mutuo en relaciones románticas a
largo plazo, pero ya que constantemente perciben poca disponibilidad del
otro para satisfacer estos deseos, tienden a mantener relaciones
sexuales con diferentes parejas de relación en búsqueda de la intimidad
y aceptación que tanto desean. Sin embargo, los datos recabados hasta
ahora sobre la pauta de conducta sexual de los evitantes han sido
contradictorios. Por un lado, su tendencia a evitar la intimidad emocional
en sus relaciones parece estar asociada con bajos niveles de actividad
sexual; sin embargo, también existen datos que señalan un incremento
en el contacto sexual con diferentes parejas de relación como un intento
por cuartar la intimidad emocional en la relación primaria (Amidon,
2008). Parece que independientemente de la frecuencia con la que
establecen un intercambio sexual, los evitantes sostienen actitudes más
positivas hacia las relaciones extra pareja (Weis & Felton, 1987; Weis &
Slosnerick, 1981). Ya sea con un aumento o disminución de la actividad
sexual, se sugieren importantes implicaciones de la tendencia a eludir la
intimidad emocional de los evitantes sobre sus parejas. Es probable que
su reactancia a establecer una conexión con sus compañeros ocasione
que sus compañeros románticos establezcan relaciones secundarias
para satisfacer su deseo sexual y necesidad de afiliación. Estos datos
señalan la importancia de estudiar las intenciones y creencias que
subyacen a la conducta sexual, además de la actividad sexual en sí
misma. Con base en lo anterior, el objetivo del presente estudio fue
conocer si existen diferencias en las conductas de infidelidad sexual, las
intenciones de llevarla a cabo y las actitudes hacia las relaciones extra
pareja de las personas con diferentes estilos de apego y sus parejas.
Estos datos mejorarían el entendimiento de la experiencia de las
relaciones románticas de los individuos con diferentes estilos de apego y
sus parejas.

260 Salud y Sexualidad


MÉTODO

Participantes

El estudio se llevó a cabo con 200 participantes (93 hombres y 107


mujeres) de 18 a 56 años (M= 24.3, DE=5.3). De ellos sólo el 1% contaba
con estudios máximos de primaria, 6% secundaria, 12% bachillerato, 77%
licenciatura y 8% posgrado. El 78% eran solteros, 15.5% casados, 2.5%
divorciados y sólo un 3% vivía en unión libre. Finalmente, la duración de su
relación de pareja iba de 1 a 30 años (M=3.46, DE=3.785).

Instrumentos

Se utilizó la escala de infidelidad desarrollada por Díaz-Loving y Rivera-


Aragón (2010), que cuenta con 46 reactivos con un formato de respuesta
Likert de cinco puntos que van desde 1 totalmente en desacuerdo hasta 5
totalmente de acuerdo. El análisis de los resultados para este estudio
sugiere que el instrumento se organice en cinco factores: infidelidad
sexual ejercida por el individuo (p.e. He tenido relaciones sexuales con
alguien además de mi pareja), infidelidad sexual ejercida por la pareja
(p.e. Mi pareja ha tenido relaciones sexuales con otras personas), intención
de sí mismo a mantener una relación secundaria (p.e. He pensado en
buscar una nueva relación amorosa), intención de la pareja a mantener
una relación secundaria (p.e. Mi pareja ha pensando en buscar una nueva
relación amorosa), otras conductas de infidelidad ejercidas por sí mismo
(p.e. He besado en la boca a otras personas además de mi pareja), otras
conductas de infidelidad ejercidas por la pareja (p.e. Mi pareja ha besado
en la boca a otras personas además de mí) y actitud de sí mismo hacia la
infidelidad (p.e. Creo que es bueno siempre tener otro amor por si acaso).

Para evaluar la variable estilo de apego se emplearon las viñetas de


apego adulto de Bartholomew y Horowitz (1991) adaptadas a la población
mexicana por Sánchez-Aragón (2000). El instrumento cuenta con cuatro
viñetas, cada una de las cuales representa el patrón de emociones y
conductas características de cada estilo. El participante debe marcar la
viñeta que mejor lo describe.

Hipótesis

A continuación se presentan las hipótesis estadísticas en su carácter


alterno:

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 261


H1: Habrá diferencias significativas en los reportes de
intención de infidelidad, infidelidad sexual, actitudes hacia
la infidelidad y otras conductas de infidelidad física según
el estilo de apego.
H2: Habrá diferencias significativas en los reportes de
intención de infidelidad, infidelidad sexual y otras
conductas de infidelidad física percibidas en la pareja
según el estilo de apego.

Procedimiento

Los participantes fueron abordados en diferentes espacios públicos como


parques, centros comerciales y escuelas públicas. Se pidió su
participación voluntaria y se garantizó la confidencialidad de sus
respuestas. Únicamente se contó con la participación de los individuos
que hubieran tenido al menos una relación de pareja. No se ofreció
ninguna recompensa a cambio.

RESULTADOS

En la tabla 10.1 se presentan los estadísticos descriptivos de todas las


variables comprendidas en el estudio.

Tabla 10.1. Estadísticos descriptivos.


Alfa de # de
Variable Media D.E. Sesgo Curtosis
Cronbach reactivos
Edad 24.30 5.30 1.97 6.71
Escolaridad 3.77 .66 -1.80 4.00
Estado civil 1.33 .79 3.26 11.58
Tiempo de relación 3.46 3.78 3.62 17.59
YO sexual 10.40 5.20 .17 -1.25 .83 4
PAREJA sexual 12.43 5.37 .18 -.78 .86 5
YO intención 14.48 6.07 .21 -.85 .79 6
PAREJA intención 11.76 4.69 .19 -.62 .81 5
YO actitud 20.45 6.48 .33 -.34 .70 8
YO conducta 17.42 8.15 .42 -.87 .86 8
PAREJA conducta 18.25 7.93 .28 -.87 .90 8

262 Salud y Sexualidad


Diferencias de medias

Se realizaron análisis de varianza de una sola vía para probar las


hipótesis. Una serie de análisis de varianza según el estilo de apego
arrojó diferencias significativas únicamente en la intención del compañero
a establecer una relación extra pareja [F(3, 196)= 3.39, p=.019]. Pruebas
post hoc LSD mostraron que la media del estilo seguro (M=10.59) fue
significativamente menor que las medias del estilo preocupado (M=13.10)
y temeroso (M=13.34).

Para una serie de análisis diferente se agruparon los estilos


preocupado y seguro por ser caracterizados por bajos niveles de
evitación, y en un segundo grupo se colapsaron los estilos temeroso y
evitante, ya que les caracterizan altos niveles en la misma dimensión.
Con esta nueva variable se analizaron las diferencias de medias a través
de pruebas t, los resultados apoyan las hipótesis 1 y 2 (tabla 10.2).
Los altos en evitación reportan más intenciones de involucrarse en una
relación extra pareja, así cómo más conductas de infidelidad tales como
besarse y acariciarse, que sus contrapartes con bajos niveles en
esta dimensión.

Tabla 10.2. Diferencias por nivel de evitación en todos los factores


de infidelidad.
Variable Medias
dependiente Baja evitación Alta evitación t p
Yo sexual 9.85 10.85 1.35 .17
Pareja sexual 12.34 12.50 .20 .84
Yo intención 13.51 15.28 2.06 .04
Pareja intención 11.65 11.84 .28 .77
Yo actitud 19.63 21.12 1.62 .10
Yo conducta 16.12 18.48 2.05 .04
Pareja conducta 17.95 18.50 .48 .63

De igual manera se agruparon los estilos seguro y evitante con base


en los bajos niveles de ansiedad que ambos sostienen, y en un grupo
diferente se reunieron los estilos preocupado y temeroso pues ambos
muestran altos niveles de ansiedad. Nuevamente, los resultados apoyan
las hipótesis 1 y 2 (tabla 10.3). Los altos en ansiedad reportan más
infidelidad sexual y más intención de infidelidad por parte de sus parejas.

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 263


Tabla 10.3. Diferencias por nivel de ansiedad en todos los factores
de infidelidad.
Medias
Variable dependiente Baja ansiedad Alta ansiedad t p
Yo sexual 10.43 10.34 .11 .90
Pareja sexual 11.89 13.56 2.05 .04
Yo intención 14.32 14.82 .54 .58
Pareja intención 11.08 13.20 3.04 .00
Yo actitud 20.60 20.14 .46 .63
Yo conducta 17.28 17.70 .33 .73
Pareja conducta 17.57 19.70 1.78 .07

DISCUSIÓN

El patrón general de resultados se ajusta al marco teórico. El estilo


seguro reportó menos infidelidad de su pareja que el preocupado y
temeroso, quienes son similares en los altos niveles de ansiedad
relacionada al apego que sostienen (Bartholomew & Horowitz, 1991).
Dicha ansiedad los mantiene centrados en sus propias necesidades de
apego (Mikulincer, Shaver & Gillath, 2002) y resta sus capacidades para
dirigir su atención hacia las demandas de los demás (Bowlby,
1969/1982), incrementando en ésta última la probabilidad de buscar
satisfacer su necesidad de dar y recibir intimidad en una relación extra
pareja (Duba et al., 2008).

Por otro lado, el estilo evitante reportó creencias más positivas hacia
la infidelidad que el seguro, pero éstas no se tradujeron en más
conductas de infidelidad. Por un lado, las creencias positivas del evitante
representan el componente cognitivo de las actitudes menos
constructivas hacia el amor romántico que sostienen (Mikulincer &
Shaver, 2007) y a pesar de que tales creencias se han documentado
como un factor que hace más probable el involucramiento en relaciones
extra pareja (Weis & Felton, 1987; Weis & Slosnerick, 1981), puede ser
que para el evitante incluso el acercamiento mínimo necesario para
establecer una relación física representa una amenaza de intimidad,
como lo sugieren sus bajos niveles en formas de amor eróticas (Doherty,
Hatfield, Thompson & Choo, 1994, en Mikulincer & Shaver, 2007).

Aunque la distinción de los cuatro estilos no arrojó diferencias en la


escala total de infidelidad, sí se encontró una diferencia significativa al

264 Salud y Sexualidad


comparar seguridad versus inseguridad del apego. Este resultado refleja
que de manera general, la inseguridad del apego interfiere con el
compromiso y la satisfacción en las relaciones románticas (Mikulincer &
Shaver, 2007), pero lo hace a través de formas distintas. Por ejemplo, las
transgresiones dentro de la relación de pareja (p.e. infidelidad) tienen
significados y efectos diferentes entre los diferentes estilos de apego,
exacerbando las inseguridades propias de cada uno. En los estilos con
altos niveles de evitación (temeroso y evitante) acentúan las visiones
negativas sobre los demás y las relaciones, mientras que en los estilos
con altos niveles de ansiedad (preocupado y temeroso) exacerban las
visiones negativas de sí mismo. En respuesta a dicha transgresión, los
evitantes incrementan su distancia de la pareja, niegan la importancia del
evento, es menos probable que acepten el remordimiento de sus parejas
y tienden más a actuar destructivamente, agravando la tensión y el
conflicto en la relación. Por otro lado, los ansiosos responden a la
transgresión con estrés agudo y visiones negativas de sí mismo a largo
plazo. Estos patrones de respuesta al conflicto han sido asociados con
resultados negativos sobre el bienestar y satisfacción con la relación
(Mikulincer & Shaver, 2007). Como puede verse, las pautas de apego
(expectativas, conductas y consecuencias) tienen importantes efectos
sobre las relaciones románticas, incluyendo el campo de la exclusividad.
Este enfoque señala la posibilidad del cambio de estas pautas a través
de la modificación de los modelos de funcionamiento interno (Mikulincer
& Shaver, 2007).

Además, como un medio para comprobar sus expectativas


negativas, las personas con estilos de apego inseguros tienden a
relacionarse con otros también inseguros, quienes muestran menos
compromiso en su relación y efectivamente se comportan de formas
negativas (Mikulincer & Shaver, 2007). Aunque la explicación anterior se
adecua a los resultados, debe mencionarse que los estilos preocupado y
temeroso también son similares en los altos niveles de sensibilidad al
rechazo que sostienen, asociados a su ansiedad (Downey & Feldman,
1996). Esta sensibilidad les lleva a interpretar negativamente la conducta
de sus parejas, incluso en situaciones ambiguas y mínimamente negativas
(Collins, 1996), haciendo posible que sus respuestas a la escala de
infidelidad reflejara sus expectativas negativas, más que la realidad de la
conducta de sus parejas. Por lo tanto, futuros estudios deberían incluir el
reporte de las parejas para conocer si los altos reportes de infidelidad
recibida de las personas inseguras se deben a la conducta real de sus
parejas o a sus expectativas negativas. A pesar de que esta explicación

El efecto de la seguridad del apego sobre la infidelidad sexual 265


se descarta, debe recordarse que los inseguros cuentan con figuras de
apego que efectivamente se comportan de formas más negativas hacia
ellos, aunque sus percepciones son incluso más pesimistas que la
realidad que les rodea (Collins & Feeney, 2004).

No obstante la congruencia entre el marco teórico y los resultados


obtenidos, deben reconocerse las limitaciones del estudio. En primer
lugar, la especificidad del estado civil y el corto tiempo de relación de la
muestra estudiada limitan la generalización de los resultados a adultos
jóvenes solteros. Es probable que factores como la habituación y rutina
que comúnmente se presentan en individuos casados y con una larga
historia de relación tuvieran un efecto positivo sobre la intención y
consumación de relaciones extra pareja incluso en las personas con un
sentido adecuado de la seguridad del apego y eliminara las diferencias
encontradas en este estudio. También es probable que la relativa
seguridad que logran las personas con ansiedad del apego a través del
matrimonio se viera reflejada en expectativas más positivas sobre el
compromiso de sus parejas con ellos y su relación y se asociara con
una disminución en el reporte de la intención y conductas de infidelidad
sexual de sus parejas. Por todo lo anterior es necesario repetir los
estudios con personas en diferentes etapas del desarrollo individual y
de su relación. A pesar de estas limitaciones, el presente estudio arroja
un sustento sólido sobre el efecto de la seguridad del apego sobre el
sistema conductual sexual.

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270 Salud y Sexualidad


Capítulo 11
COERCIÓN SEXUAL EN EL NOVIAZGO: EL PAPEL
DE LA TRADICIÓN Y LA CULTURA

Melissa García Meraz


Angélica Romero Palencia
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

Rolando Díaz Loving


Unidad de Investigaciones Psicosociales
Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

D
oña Mary tiene casi cien años, le gusta contar la historia de su
vida, de hecho tiene buena memoria. Recuerda a sus padres y a
sus amigos de la infancia; la vida en el campo, la tranquilidad, el
sonido de la hierba y el calor del sol de mediodía sobre su rostro. La vida
era dura, la vida del campo exigía trabajo constante, poca comida y
pocas oportunidades de salir adelante. Recuerda también su vida de
casada, las jornadas en la milpa e, incluso, cuando conoció a su esposo.
Ella no lo conocía bien, de hecho, el día que la raptó fue la segunda
ocasión que lo había visto. La primera vez fue en el pueblo, él estaba
comprando algo y ella regresaba de la jornada, apenas si había cruzado
una mirada con él, no una sonrisa no, que hubiera pensado la gente, que
hubiera pensado él. La segunda vez, recuerda, ya es historia, llegó por la
noche a su casa, se metió a la fuerza, se la llevó en contra de su
voluntad, nadie pudo hacer nada, todos estaban durmiendo. Sólo uno de
sus hermanos se despertó con un sobresalto y salió a ayudarla. Recibió
una bala en la pierna durante la persecución, una herida que hasta el día
de su muerte lo hizo cojear.

A la mañana siguiente las cosas se arreglaron, sus padres pidieron


que al menos se casaran. Ella no quería, quería regresar a su casa,
quería regresar a su vida, pero ya no era posible, ya era tarde, ya no se
podía hacer nada, ahora era una mujer y lo mejor que podía pasarle era
casarse, así no se enfrentaría a sus padres ni a su familia entera a la
deshonra. El matrimonio, entonces, estaba pactado.

Historias de este tipo llegan a nosotros a través de la historia oral.


Historias que nos indican que la libre elección de pareja marital no ha sido
siempre una regularidad. Para nosotros, quizás estás historias suenen
sacadas de la ciencia ficción o de la literatura, pero lo cierto es que en
nuestro país en el pasado, muchas jóvenes conocieron a sus esposos a
través de este tipo de prácticas que no eran sancionadas por la ley y que,
en cambio, eran vistas como parte de la norma y la cultura (Díaz-Loving,
en prensa). Tan es así que se reportan algunos casos en los cuales los
hombres recurrieron al rapto de mujeres para casarse con ellas. Fuera
del consentimiento de las jovencitas, los hombres lograban concertar un
matrimonio a través de este tipo de estrategias. En muchos casos, el
rapto y la violación sexual de muchas jóvenes de escasos recursos
fueron subsanados o reparados con la promesa del agresor de casarse
con la víctima. El matrimonio, finalmente, era una reparación a la
violación y secuestro de la víctima que ya no podía regresar a su casa, ya
había tenido relaciones sexuales con el sujeto en cuestión, había dejado
de ser “doncella” o “virgen” y ya no podía casarse con alguien más.

La situación es tal que es hasta el 30 de enero del presente año, que


los diputados locales en el Estado de México aprobaron la reforma de
diversas leyes encaminadas a prevenir y castigar la violencia en la familia y
contra las mujeres. Señalan que la violación y el rapto de una mujer no
podrán –de ahora en adelante–repararse con el matrimonio, sino que serán
castigados como abuso sexual y como secuestro, respectivamente (Poder
Legislativo del Estado de México, 2011). La referencia hacia el estado de
México no es gratuita, ya que en la actualidad se presenta como uno de los
estados donde existen más casos alarmantes acerca de la violencia sexual
y doméstica, así como de asesinatos hacia mujeres y niñas.

Al lado de estas tesis de agresión y abuso en el plano de la


sexualidad, en la actualidad también se piensa en una sexualidad más
libre, desinhibida, desvinculada de la reproducción y del matrimonio. De
hecho, los datos arrojados por el INEGI con referencia al CENSO 2010,
exhiben una tesis que ya era predecible. De manera constante, los datos
muestran que existe una disminución en la tasa de fecundidad en las
mujeres mexicanas pasando de un 2.9 en 2000 a un 2.4 en 2010, así
como una disminución del matrimonio en un 17% y un aumento de la

272 Salud y Sexualidad


unión libre de 7% en el 2000 a un 14% en el 2010 (Sojo, 2011). Creando
así, una nueva construcción de la vida en pareja. A través de los datos,
se muestra que las personas eligen nuevas formas de vivir en pareja y
la sexualidad se muestra como desvinculada del matrimonio y de la
procreación. Bajo esta visualización, la sexualidad se convierte en
una actividad más desinhibida, abierta, libre y placentera; abierta a la
experiencia y desvinculada de la tradición; con la pregunta de si esto
incluye una difusión de la responsabilidad de sus consecuencias físicas y
psicológicas. De hecho, se ha argumentado que en la vida contemporánea
existe una mayor apertura y apoyo hacia la unión libre y otro tipo de
uniones tales como las parejas sin domesticidad común –parejas que
tienen distinta residencia pero que tienen una relación de compromiso y
estabilidad en que viven una relación pero en aposentos separados,
mejor conocidas en inglés como Parejas Living Apart Together LAT–
(García & Martínez, 2010). Así como un mayor apoyo hacia las relaciones
sexuales previas y fuera del matrimonio y el permanecer soltero (Axinn &
Thornton, 2000; Thornton & Young DeMarco, 2001).

Es así que la idea de la sexualidad y la libre elección en el inicio de la


interacción sexual, en contraposición a la presión o coacción, se vuelven
temas relevantes. Es decir, en una época moderna inundada por la
búsqueda de la pluralidad y la libertad, con una sexualidad liberada de
la procreación y del matrimonio ¿hombres y mujeres entran en relaciones
sexuales consensuales?, ¿las personas inician una interacción sexual
con plena conciencia de sus implicaciones?, ¿es una decisión individual,
consciente e informada? o por el contrario, las personas y, en especial,
los jóvenes ¿inician la interacción sexual bajo presiones y chantajes? En
una sociedad que muestra cambios sorprendentes –apoyando la unión
libre y el sexo fuera del matrimonio– y que al mismo tiempo conserva
alegatos que culpabilizan a las víctimas de abuso sexual, recriminando su
forma de vestir, condenando el aborto moral, social y legalmente en
algunos estados y el pasado sexual de una persona pone en entredicho
la veracidad de sus denuncias, las preguntas quedan en el aire.

Es por ello, que el presente capítulo explora el tema de coerción


sexual en el noviazgo. La tesis de la sexualidad libre y expresiva se
confronta con el inicio de la interacción sexual y como jóvenes
universitarios perciben que se puede presionar a una persona con el
objetivo de iniciar un intercambio sexual. El capítulo presenta postulados

Coerción sexual en el noviazgo 273


teóricos y hallazgos empíricos sobre ambos temas en población
universitaria de la ciudad de Pachuca, Hidalgo.

De la libre sexualidad a la coerción y el abuso sexual

En la época actual se percibe la sexualidad como más abierta, más libre y


desligada de la tradicionalidad y la moralidad del pasado, con ello, se
habla de un consenso acerca del inicio y el mantenimiento de las
relaciones sexuales. Es decir, hombres y mujeres deciden cuando tener
una vida sexualmente activa. Incluso, se habla de asertividad dentro del
intercambio sexual; hombres y mujeres inician una vida sexualmente
activa con plena conciencia de sus derechos y obligaciones (García-
Rodríguez & Díaz-Loving, 2010). De esta manera, se entiende que las
personas ingresamos en un intercambio sexual sabiendo lo que implica
esta interacción. Lo anterior no significa que las personas conozcan hacia
dónde va la relación de pareja, ya que éstas implican una suerte de
interacción que implica la experiencia continua. Rara vez las personas
inician una relación sabiendo hacia donde irá y si esta terminará en una
relación fugaz o una relación estable o de matrimonio. Muchas relaciones
pueden iniciarse con una expectativa a futuro y terminar en un tiempo
corto y viceversa, sin embargo, el inicio de la interacción sexual sí
conlleva tanto el conocimiento como el consentimiento. Al iniciar una
interacción sexual se habla de que hombres y mujeres están en plena
conciencia de porqué entran a esta interacción sexual, con pleno
conocimiento de la sexualidad y de sus consecuencias.

La salud sexual implica que los individuos tienen la capacidad de


disfrutar y expresar su sexualidad. Esta capacidad no se da en el vacío
sino que trae consigo ciertas responsabilidades. La libre expresión de
la sexualidad se da bajo la protección de enfermedades de transmisión
sexual, embarazos no deseados, coerción, violencia y discriminación.
De acuerdo con Sierra, Santos, Gutiérrez-Quintanilla, Gómez y Dolores
(2008), la salud sexual es definida como la capacidad de los individuos
para poder disfrutar y expresar su sexualidad. Además señalan
que existen cinco aspectos que definen la idea de salud sexual: sexo
seguro, sexo agradable e informado, sexo basado en la autoestima,
perspectiva positiva de la sexualidad humana y respeto mutuo en las
relaciones sexuales. Bajo esta perspectiva, las personas entrarían a
interacciones sexuales basadas en el respeto y bajo la protección de
enfermedades sexuales. Además, implica asumir derechos y
responsabilidades sobre la sexualidad. Por ejemplo, el hecho de que

274 Salud y Sexualidad


las personas poseen la capacidad asertiva para iniciar una relación
sexual bajo libre elección y, sobretodo, que tienen la capacidad de pedirle
a la pareja que utilice condón durante el intercambio sexual.

Además, de manera constante, se ha puesto creciente interés sobre


la violencia en los más jóvenes. Si bien, la violencia doméstica, es decir,
el abuso del hombre hacia la mujer en el contexto de la cohabitación
ha sido reconocido y atacado, en la actualidad se enfatiza también la
importancia de la experiencia de violencia y conflicto dentro de las
relaciones de noviazgo (Cienfuegos & Díaz-Loving, 2010). Muchos
autores han enfatizado esta situación evidenciando que la violencia
sexual es un hecho frecuente dentro de las citas de noviazgo, conocido
en inglés como "Date rape". Este tipo de abuso puede darse tanto en una
relación seria como en una casual, por ello puede ser una cita casual,
a ciegas o en relación formal de noviazgo, por lo que el victimario podría
ser un amigo, un compañero, estudiante, compañero del trabajo, o
incluso compañero de viaje (Jejeebhoy & Sarahbott, 2005).

Algo que parece claro de la transición de las premisas tradicionales a


las actuales en torno a la sexualidad, es que el proceso no es ni
equilibrado ni racional. Los tabús, mitos y falta de conocimiento permean
a todos los sectores sociales, particularmente los más vulnerables.
Aunado a ello, y a pesar de la defensa de la libre elección de pareja y
la sexualidad libre, recreativa y responsable, lo cierto es que el abuso
sexual dentro y fuera de la vida conyugal es un tema frecuente, alarmante
y rechazable en todos sus contextos. Por ejemplo, la Encuesta Nacional
de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2006)
reporta que en el 2003, 47 de cada 100 mujeres de entre 15 años y más
que viven en pareja reportan sufrir violencia emocional, mientras que 8 de
cada 100 reporta violencia sexual por parte de su pareja. En el caso
de Hidalgo, el 5.6 % de 26,240 mujeres que contestaron la Encuesta
Nacional sobre Violencia contra las Mujeres (2003) reporta haber sufrido
violencia sexual por parte de su pareja. En el caso de las mujeres jóvenes
de entre 15 y 29 años de edad, 46 de cada 100 reportan haber sido
objeto al menos de un incidente de violencia por parte de sus parejas.
Los datos de violencia por parte de la pareja, colocan al estado de
Hidalgo en el noveno lugar sólo por debajo del Estado de México, Jalisco,
Colima, Durango, Tabasco, Puebla, Morelos y Aguascalientes (INEGI,
2010). Aún cuando se han tratado de implementar acciones en contra
de la violencia y así asegurar a las mujeres y hombres una vida libre de
violencia, lo cierto es que las ofensas y agravios hacia ambos géneros

Coerción sexual en el noviazgo 275


aún son muy altos, y en el caso de las mujeres constituyen una violencia
de género más evidente. La situación es tal, que muchos de los
homicidios cometidos en nuestro país tienen un tinte de género. De
acuerdo con la diputada Teresa Incháustegui Romero (2011), en el caso
de las mujeres, más de la mitad del total de los homicidios se dan en el
ambiente privado, dentro de sus casas, a manos de sus parejas o
conocidos, a veces incluso llamados como “crímenes pasionales”. Este
tipo de crímenes están atenuados porque el victimario “estaba cegado por
la pasión”, lo cual constituye una defensa que tiene de trasfondo un
desequilibrio de género. En muchos casos, el asesinato se da en la casa
de la víctima como consecuencia de los celos, el control y el abuso sexual.

En los Estados Unidos, Abbey, Thompson, McDuffie y McAuslan


(1996) realizaron un estudio con 1,160 mujeres y 814 hombres con el
objetivo de investigar diferentes experiencias sexuales a través de
diferentes instrumentos. Los estudios mostraron que al menos 59% de las
mujeres han sufrido al menos un incidente de asalto sexual a edades de
14 años o más. En específico, el 2% de las mujeres reportan que fueron
obligadas al contacto sexual, a conductas tales como besos y caricias,
26% ha experimentado coerción sexual, tales como presiones verbales
para obtener sexo, 8% experimentó un intento de violación y 23%
experimentó un abuso sexual. Dentro de estos abusos, el 95% fueron
cometidos por una persona conocida, 55% por una persona con la cual
estaban en una cita. El uso de alcohol también está presente, en el 28%
de los casos tanto él como ella estaban bajo los efectos del alcohol, en un
16% él estaba borracho y en un 2% solo ella. Del total, un 26% de los
hombres reconocieron haber realizado un acto de asalto sexual, ya sea
de coerción o violación. Los datos mostraron que 2% habían forzado
hacia el contacto sexual, 14% habían cometido coerción sexual, 1% tuvo
tentativa de violación y un 9% cometieron el hecho. Los datos también
apuntaban a que en la mayoría de las ocasiones (94%) estos hombres
conocían a las víctimas –de hecho 58% de los asaltos ocurrieron durante
una cita–. Otros datos nacionales en los Estados Unidos indican que al
menos 7% de las mujeres entrevistadas, cuyas edades van de los 17 a
los 23 años, han sido coaccionadas, sobre todo en aquellas que iniciaron
la interacción sexual antes de los 13. En el caso de los hombres entre 15
y 25% han sido coaccionados a tener sexo no deseado (Hill, 2009). Bajo
la visualización de una sexualidad libre, recreativa y placentera, datos
como los anteriores nos llenan de cuestionamientos acerca del inicio de
la interacción sexual y el uso de técnicas como la coerción sexual.

276 Salud y Sexualidad


Coerción sexual en el noviazgo

En 1989, Lois Pineu escribió un artículo innovador que mostraba como el


intercambio sexual sin consentimiento podía darse aún cuando existiese
la amenaza o la ejecución directa de daño físico. De acuerdo a la autora,
este tipo de circunstancia evidenciaba que en algunas ocasiones las
personas, y en especial las mujeres, iniciaban relaciones sexuales sin su
consentimiento y que podía hablarse incluso de abuso. El análisis de
Pineau intentaba mostrar un criterio para que se pudiese hablar de sexo
consensual y que no existiese ningún tipo de coacción para iniciarlas. La
situación que observaba la autora era tal, que declaraba que de acuerdo
a la ley era extraordinariamente difícil poder distinguir entre un asalto,
seducción, sumisión y diversión. De hecho, muchos estudios acerca de la
coerción sexual incluyen tanto estrategias que podrían ser clasificadas
dentro de la violación o abuso sexual tales como el uso de la fuerza física,
hasta estrategias relacionadas a la seducción tales como vestir de
manera sexy y coqueta.

En el caso de la coerción sexual se define como la utilización


de diversas estrategias tales como la intimidación, amenaza, o fuerza
física con el objetivo de obtener un intercambio sexual (Hill, 2009). De
acuerdo con Spitzberg (1998), la definición de coerción sexual no siempre
es clara. En muchos sentidos depende de las actitudes y el esquema
cultural de referencia. Algunos aspectos que son considerados por ciertos
teóricos no son relevantes para otros. De acuerdo con el autor, quizás lo
más relevante es que la coerción sexual puede ser equiparada al sexo no
consensual y, por tanto, se encuentra completamente en la posición
contraria al sexo consensual. Bajo este esquema, siendo complejo para
los especialistas indicar con claridad cuáles son los límites entre
consenso, coacción y coerción, la realidad para jóvenes queda en el
limbo, haciendo indispensable una educación sexual integra y anterior a
cualquier encuentro sexual.

Para Hill (2009) a través de los años se ha dado una confusión entre
los términos de sexo no consensual, coerción sexual y violencia sexual,
aunque las definiciones aún son heterogéneas y ambiguas. Sin embargo,
lo que cierto es que representan un continuo de conductas que van desde
la amenaza, violencia verbal, contacto físico no deseado hasta en
situaciones extremas el uso de la fuerza física. Aunque muchas veces
estos términos se sobrelapan; por ejemplo, la violación sexual está
caracterizada principalmente por la amenaza o uso de la fuerza física,

Coerción sexual en el noviazgo 277


mientras que en la coerción sexual lo predominante es el uso de
estrategias psicológicas para presionar a la víctima. Sin embargo, las
amenazas de uso de la fuerza física son parte de la violencia emocional,
mientras que algunos teóricos han afirmado que en el caso extremo
la coerción sexual implica la amenaza de daño físico e incluso el uso de la
fuerza, por lo que los límites entre la violación y la coerción no son claros.

La coerción sexual también es diferente al abuso sexual dentro de


las citas (date rape) el cual es un abuso sexual que se da por parte de un
conocido o un novio, alguien con quien se tiene una relación casual o con
quien se tiene una primera cita o un cita a ciegas (Turner, 2003). En este
caso, hablamos de violación sexual caracterizada principalmente por la
amenaza o utilización de daño físico hacia la víctima que se da en el
contexto de una cita. El abuso dentro de las citas de noviazgo es más
frecuente en mujeres que tienen de 12 a 18 años. De igual manera es
más frecuente en mujeres que se encuentran estudiando (Turner, 2003).

La coerción sexual no es un tipo de abuso evidente, de hecho


muchos acordarían en no clasificarla como un tipo de abuso, sobre todo
cuando está caracterizada por los chantajes, persistencia verbal
o promesas que no se piensan cumplir. De hecho, muchos chicos y
chicas estarían de acuerdo con que la coerción sexual no es una forma
de violencia sino que es una forma “natural” en cómo se da una
interacción sexual. Bajo la idea de que en muchas ocasiones las mujeres
si desean iniciar los encuentros sexuales pero no lo admiten por pena y
vergüenza y se les tiene que “convencer”.

Es así que las personas perciben que culturalmente es necesario


que los hombres sean los encargados de proponer el inicio de las
relaciones sexuales y las mujeres sean las encargadas de rechazar o
resistirse a estos abusos. En México el dicho versa “el hombre propone y
la mujer dispone”. Lo mismo sucede en el caso de la violación sexual. En
1959, Levine afirmaba que la definición de violación sexual debía
contener un componente claramente cultural, la violación era definida
como una desvalorización cultural que implicaba el uso de la coerción,
por parte del hombre, con el objetivo de lograr una interacción sexual con
una mujer. Bajo este patrón, las normas culturales dictaban lo que se
percibía en esos momentos como coerción. Esta visión implicaba que
la amenaza o ejecución de violencia física no era suficiente para definir
una violación. Acciones más sutiles por supuesto no eran consideradas,
ya que las personas que ejecutan las leyes o tienen el poder son quienes

278 Salud y Sexualidad


deciden que es considerado como coerción o violación. De hecho esto ha
provocado que la distinción entre el sexo normal y la violación sea un
tanto borrosa, al punto que las motivaciones para la violación parecen
indistinguibles al lado de las motivaciones sexuales (Muehlenhard,
Danoff-Burg & Powch, 1996).

Resultados empíricos: estudiantes universitarios de la Ciudad de


Pachuca, Hidalgo

Bajo la perspectiva de que el inicio de las relaciones sexuales puede


darse bajo la presión o coacción se decidió trabajar con un grupo
de jóvenes universitarios de la Ciudad de Pachuca con el objetivo de
identificar las tácticas que reconocen utilizan chicos y chicas como
coerción sexual. La muestra estuvo constituida por un total de 214
participantes que en el momento del estudio se encontraban inscritos en
algún campus universitario de la Ciudad de Pachuca. Del total, 53.27%
(114) eran mujeres y 46.72% (100) eran hombres. La media de edad de
las mujeres fue de 20. 57 años y la de los hombres fue de 21.11 años.

Para obtener la información se utilizó la técnica de redes semánticas


propuesta por Reyes-Lagunes (1993). De acuerdo con la técnica de
las redes semánticas se redactaron cuatro estímulos que fueron
colocados en la parte superior de hojas tamaño esquela. Una vez que los
participantes leían cada uno de los estímulos debían anotar las primeras
cinco palabras que les vinieran a la mente, después debían asignarles
un número en orden de importancia, donde 1 era lo más importante, 2 el
segundo más importante y así sucesivamente hasta llegar a 5. Los
estímulos fueron los siguientes:

1. ¿Qué hace un chico para presionar a una chica para tener


relaciones sexuales?
2. ¿Qué hace una chica para presionar a un chico para tener
relaciones sexuales?

Las respuestas fueron capturadas en hojas de cálculo del programa


EXCEL, cuidando el orden en el cual fueron asignadas por los
participantes. La técnica de redes semánticas tiene como propósito ya
sea la obtención del significado psicológico de un constructo, así como
la obtención de las manifestaciones conductales relacionadas a una
pregunta (Reyes-Lagunes, 1993). Por ejemplo, al poner la palabra
“matrimonio” pueden obtenerse una serie de características que definirían

Coerción sexual en el noviazgo 279


el significado psicológico del constructo. En cambio, al utilizar una
pregunta con los términos ¿qué hace?, y ¿qué debe hacer? Se busca
obtener las conductas relacionadas a tanto a la coerción como a las citas
de noviazgo.

Una vez capturadas las respuestas se procedió a agrupar aquellas


que eran muy similares y aquellas que podían estar en una sola
categoría. Por ejemplo, muchas personas describían chantajearla con
dejarla, con abandonarla o sólo chantajes. Todas estas respuestas fueron
agrupadas en una sola categoría. Posteriormente se sumaron todas las
frecuencias de respuestas multiplicando aquellas que estaban en primer
lugar por diez, el segundo lugar por nueve y así sucesivamente. De esta
manera se ponderaron las respuestas y se obtuvo la sumatoria
denominada peso semántico.

De acuerdo con la literatura existen tendencias diferenciales en


hombres y mujeres al aproximarse a una posible pareja sexual, es decir,
pueden utilizar distintas tácticas de coerción sexual (Craig, 2009). Por
ello, fue muy importante realizar una comparación entre las respuestas de
los chicos y las chicas.

La tabla 11.1 muestra las respuestas dadas por hombres y mujeres


acerca de las tácticas que utilizan los chicos cuando presionan a una
chica para tener relaciones sexuales. Las categorías muestran
situaciones reportadas en otros estudios tales como el uso de sustancias,
chantajes, amenazas, caricias y tocamientos que no se desean
(agrupados bajo la categoría de seducción no deseada).

Tabla 11.1. Respuestas dadas por hombres y mujeres con referencia a las
tácticas utilizadas por los chicos
¿Qué hace un chico para presionar a una chica para tener relaciones
sexuales?
MUJERES P.S. HOMBRES P.S.
Sustancias: emborracharla, 418 Chantajes: "como mujer tienes 721
drogarla que cumplir" "¿me quieres?" "no
me amas" "si me quisieras"
"prueba de amor"
Chantajes: "si me quieres” 400 Amenazas: "te dejaré" "buscaré 528
"prueba de amor" “no me a otra" "terminaremos"
quieres” “hay otra

280 Salud y Sexualidad


Continuación…
¿Qué hace un chico para presionar a una chica para tener relaciones
sexuales?
MUJERES P.S. HOMBRES P.S.
Seducción no deseada: 309 Seducción no deseada: busca 350
excita, estimula, provoca, contacto físico, caricias
tocarla seductoramente, exageradas, cuerpo a cuerpo,
cuerpo, besa, se pone encima manosea, todo el tiempo intenta
de ella cuando ella no quiere seducirla, besa
Amenazas: dejarla, 303 Fuerza física: golpea, usa la 289
abandonarla, buscar a otras, ir fuerza, agredirla, por la fuerza
al table dance
Insiste verbalmente: habla 208 Miente engaña, dice mentiras 202
constantemente del tema, solo
de eso
Fuerza física: golpea, usa la 207 Insiste verbalmente: habla 200
fuerza constantemente del tema, solo
de eso
Miente: engaña, dice mentiras 139 Manipula 171
Obliga 131 Obliga 135
Alejarse 120 Presiona 133
Presiona 107 Sustancias: emborracharla, 130
drogarla
La lleva a algún lugar referente, 96 Insinúa disimuladamente 109
solitario, oscuro, motel
Insinúa 71 La lleva a lugares solitarios, 107
propicios, su casa, aislarla en
una cita, encerrarla en un cuarto
Racionaliza: hacerle ver que 64 Racionaliza: dice "es normal" 71
es normal/ por el tiempo juntos/ "llevamos tiempo juntos" "algún
pasar al siguiente nivel/todas día lo harás"
sus amigas lo han hecho
Decir palabras bonitas, dulces 62 Regala cosas 59
Acosarla 55 Declaraciones de amor: " te 52
amo" "eres el amor de mi vida"
Grita 51 Cariñoso, detallista 46
Convence 48 Acosarla 37
Manipula 44 Se lo pide directamente 33
Se lo pide directamente 39 Dice cosas bonitas, dulces 30
Regala cosas o dinero 38 Celos 23

Coerción sexual en el noviazgo 281


Continuación…
¿Qué hace un chico para presionar a una chica para tener relaciones
sexuales?
MUJERES P.S. HOMBRES P.S.
Declaraciones de amor: "te 34 Controla 20
amo"
Promesas: le promete cosas 33 Enamora, conquista 20
que no piensa cumplir, promete
fidelidad, cosas materiales
Enojándose 32 Paga 20
Celos 27
Coquetea 26
Ruega 26

Tanto hombres como mujeres afirman que los chicos presionan a


través de una seducción que no es deseada por la persona. Las mujeres
mencionan que esta seducción está caracterizada por estimulación,
provocación, tocar seductoramente y ponerse sobre ella, en cambio los
hombres mencionan el contacto físico, caricias exageradas, manoseos y
la tendencia constante a intentar seducir. En ambos casos, esta
seducción se percibe como exagerada, recurrente y no deseada. Otros
resultados son consistentes con la literatura anglosajona. Los chicos
pueden presionar a través de la utilización de razonamientos tales como
hacerle ver que es algo normal, que todo mundo lo hace, que ya es
tiempo de pasar al siguiente nivel hasta la justificación de que en algún
momento tendrá que hacerlo.

La simple descripción de las respuestas de los participantes da un


primer acercamiento a la confusión generalizada que existe en la
conceptuación de lo que implica que un hombre se acerque a una mujer.
Aparecen creencias, actitudes, motivos, emociones, justificaciones,
atribuciones, normas y patrones conductuales vinculados al fenómeno.
Cabe resaltar, que en el enjambre de manifestaciones hay un acuerdo de
los sexos en que los hombres usan tácticas que incluyen chantajes,
mentiras, seducciones y menciones de amor. Otras estrategias incluyen
el mentir, amenazar con abandono, chantajear con la famosa “prueba de
amor” o con cuestionar si en realidad se ama a la persona. Lo anterior
parece claramente una demostración de una postura colectivista en
la que las emociones y el apego al no hacer sentir mal al otro, la
abnegación y el interés por el mantenimiento de una interacción afable

282 Salud y Sexualidad


son utilizados como herramientas de influencia social. Otro elemento
interesante es la alusión al alcohol, lo cual puede llevar a una atribución
externa, quitando la responsabilidad de la acción a la persona, lo cual es
congruente con la postura cultural en el mexicano descrita por Díaz-
Guerrero (2008). Esto claramente confronta los datos de Estados Unidos,
una cultura individualista en la que la postura de influencia social es
aludiendo a la racionalidad o a la fuerza física.

En la tabla 11.2 aparecen las categoría obtenidas para el estímulo


¿Qué hace una chica para presionar a un chico para tener relaciones
sexuales? En este caso aparecen categorías muy similares a las
anteriores. La seducción también se presenta, sólo que en este caso,
los hombres hacen referencia a que la chica los seduce enfrente de otros
hombres, ante lo cual, todos se darían cuenta. De igual manera, las
chicas mencionaron que se da una provocación o insistencia hacia el acto
sexual. En el caso de la presión que ejercen las mujeres sobresale el
hecho de cuestionar a los chicos acerca de su orientación sexual, con
afirmaciones tales como “no eres hombres” o diciéndole que es “gay”.

Tabla 11.2. Respuestas dadas por hombres y mujeres con referencia a las
tácticas utilizadas por las chicas.
¿Qué hace una chica para presionar a un chico para tener relaciones
sexuales?
MUJERES P.S. HOMBRES P.S.
Seducción no deseada: incita, 706 Seducción no deseada: 877
provoca, excita, besa lo seduce frente a otros, se le
insistentemente, se le avienta, se pega, se le encima, da besos
desnuda insistentemente, toca, insinúa,
baila, Vestirse
provocativa/sexy
Amenazas: con hacerlo con otro, 280 Chantajes: "no me quieres" 406
con irse, con suicidarse "si me quisieras" " voy a
buscar a alguien más"
"prueba de amor"
Chantajes: "no me quieres" "si 265 Amenazas: dejarlo, matarse 280
me quisieras" "prueba de amor"
Sustancias: emborracharlo 252 Manipula 156
Miente: engaña, dice muchas 174 Cuestiona su sexualidad 149
mentiras
Sustancias: emborracharlo 146

Coerción sexual en el noviazgo 283


Continuación…
¿Qué hace una chica para presionar a un chico para tener relaciones
sexuales?
MUJERES P.S. HOMBRES P.S.
Cuestiona su sexualidad: 77 Acosa 135
“no eres hombre” “gay”
Acosa, acorrala 72 Miente: engaña, miente 219
Insiste 70 Lo dice abiertamente 99
Sustancias: drogarlo 68 Presiona 89
Invita a su casa cuando no hay 68 Golpes 89
nadie, a un motel, a un lugar
solitario
Manipular/manipuladora 66 Coquetea 73
Coquetear 65 Celos 63
Presiona 62 Invita a su casa cuando no 67
hay nadie, a un motel, a un
lugar solitario
Lo dice abiertamente 56 Insiste verbalmente: habla 61
de eso todo el tiempo
Insiste verbalmente: habla de 52 Ruega, suplica 61
eso todo el tiempo
Golpes 50 Obligarlo 56
Obligarlo 38 Convence 55
Celos 36 Insulta 54
Insulta 30 Sustancias: drogarlo, 52
emborracharlo
Lo busca 29 Cariñosa 46
Ofender 29 Acaricia 40
Reta 28 Humillarlo 40
Se le insinúa a otro 27 Enoja 30
Condiciona 22 Llora 29
Humillarlo 22 Habla bonito 26
Lo hace sentir mal 26
Promesas: "estaremos, 26
quiero estar contigo para
siempre" " te compraré cosas"

Dentro de los resultados se observan categorías reportadas por la


literatura tales como las amenazas, mentiras, insistencias, promesas

284 Salud y Sexualidad


falsas de amor eterno, declaraciones de amor, chantajes como la “prueba
de amor”, invitarlas a lugares donde no hay nadie o donde se puede dar
la ocasión tales como hoteles o lugares solitarios.

DISCUSIÓN

La coerción sexual es poco reconocible ya que se encuentra muy


vinculada con otros aspectos que, por un lado, se encuentran dentro de la
libre expresión de la sexualidad y, por el otro, se encuentran muy
vinculados a la violación. Muchos estarían de acuerdo en afirmar que las
tácticas directas tales como golpear o amenazar con hacerlo estarían
catalogadas como una violación. El mismo trato puede dársele al uso de
alcohol y drogas con la intención de disminuir la resistencia de la víctima.
En cambio, las estrategias indirectas, tales como el contacto físico y
la seducción, se encuentran claramente dentro de la práctica de la
sexualidad humana. ¿Qué es lo que las aleja de ella?, que no son
deseadas o aceptadas. Por ejemplo, en el caso de los chicos, ellos
afirmaron que la “seducción” implicaba que la chica se le insinuara
enfrente de otros, ante lo cual ellos no podían negarse. Eso implicaría
poner en duda su masculinidad. Esta seducción no deseada se convierte
en coerción sexual cuando se presume que un “verdadero hombre” no
debería negarse ante la seducción de una mujer. La cultura popular nos
indica “a quién le dan pan que llore” indicando que ningún hombre podría
llorar o negarse ante algo que se le está “ofreciendo”.

Todos estaríamos de acuerdo en que la seducción es una parte


fundamental del inicio de la interacción sexual, la coerción en este caso
se presenta cuando la seducción es desvinculada de una interacción de
mutuo acuerdo y se presenta en un contexto donde el objetivo es
presionar a una persona que no desea la interacción. El contacto físico
insistente en este contexto es parte de la coerción sexual. Sin embargo,
ante los patrones tradicionales de comportamiento dentro de las citas,
está claro que las mujeres siempre deben “resistirse” y que el papel de
los hombres es convencerlas. Entonces ¿cuál es la división entre estos
patrones tradicionales y la coerción sexual? Recordemos el análisis de
Pineau (1989): “la línea entre la seducción, el romance y la violencia es un
tanto tenue”. Si las chicas tienen como principio negarse, entonces es claro
que se les tiene que convencer. Si tienen como papel “resistirse”
entonces un “no” –ante el contacto físico– puede en realidad ser un sí, y

Coerción sexual en el noviazgo 285


es entonces, cuando las cosas se complican. Se puede justificar el abuso
diciendo que en realidad una negativa quería decir en realidad que sí se
deseaba la interacción sexual. La situación es más grave cuando en
muchas ocasiones no se desea el intercambio sexual pero la víctima no es
capaz de decir que “no” de manera explícita por el miedo que le provoca la
situación, y esto va más allá. Varias investigaciones han demostrado que
existen actitudes tradicionales que justifican el abuso sexual (Spitzberg,
1998; Turner, 2003). Es decir, ante la denuncia de una chica de abuso
sexual, a veces se argumenta que la chica en realidad no tiene un daño
inminente, que no se resistió lo suficiente, que si sus gritos no fueron
escuchados, entonces no fue violación. Esta actitudes que justifican el
abuso implican que mucha veces un “no” no se percibe como tal.

De acuerdo con Vázquez y Castro (2008) muchas personas no


perciben que las presiones y chantajes para tener sexo sean un tipo de
violencia sexual. La insistencia de los chicos para que las chicas “se
entreguen”, también ha sido llamado “sexo bajo presión”, el cual se da
porque las mujeres sienten culpa por no aceptar lo que los chicos quieren
o porque tienen miedo de que las dejen (Velázquez, 2004, en Vázquez &
Castro, 2008). Lo mismo sucede en el caso de las estrategias
relacionadas a la caballerosidad. Es difícil pensar en la interacción entre
una pareja si no existen comportamientos dulces o caballerosos de parte
del chico y quizás también de parte de la chica, sin embargo, en estas
situaciones esa caballerosidad es fingida, se utiliza con el objetivo
de aparentar un sentimiento que no se tiene en realidad. Como tal se
relaciona de manera cercana a la mentira y la manipulación.

De hecho, entre los aspectos que contribuyen a la posibilidad de


coerción sexual se encuentran los mitos acerca de la violación, las
creencias de que la pareja es inferior por alguna razón, la idea de que
estar en una relación de compromiso privilegia al sexo, y las
características de personalidad tales como ser dominante, inestable, falta
de control de impulsos, ser socialmente dominante y tener creencias
tradicionales acerca de los roles de hombres y mujeres (Díaz-Loving,
Rivera & Flores, 2010; Hill, 2009). A través de los resultados se
confirmaron varias de las dimensiones encontradas en la literatura, que
van desde la violencia física, promesas, amenazas y chantajes, hasta las
promesas que no se piensan cumplir (Muehlenhard & Cooks, 1988;
Muehlenrd & Schrag, 1991; Saldívar & Romero, 2008; Spitzberg, 1998).

286 Salud y Sexualidad


La coerción sexual, por tanto, se define como el uso de estrategias,
tácticas o artilugios tales como las amenazas de abandono, chantajes
relacionados a dudar acerca del amor de la otra persona, declaraciones
falsas de amor, mentir acerca de los sentimientos y actitudes amables y
caballerosas, utilizar comportamientos seductores que no son deseados
por la otra persona o que buscan intimidarla frente a otros, promesas
falsas sobre el futuro y el uso de alcohol, utilizados por hombres y
mujeres, con el objetivo de obligar o presionar a una persona, amigo(a),
conocido(a), desconocido(a) o novio(a) a tener relaciones sexuales.
Dentro de esta definición dejamos fuera la amenaza o utilización de
fuerza física, aún y cuando chicos y chicas las mencionaron, es mejor
ubicarlas dentro de la violación sexual, dejando en el caso de la coerción
solo aquellas estrategias de tipo emocional. Tratando, con ello, de marcar
la división entre coerción y abuso sexual.

Quizás lo más adecuado sería que hombres y mujeres entraran a


relaciones sexuales más libres pero también más conscientes, basadas
en el consenso y el conocimiento. Para Spitzberg (1998), el “ser
consciente de la relación sexual” significa que la relación se da en base al
consentimiento y la libre elección. El consentimiento implica que ambos,
hombre y mujer, saben lo que va a suceder, han consensado acerca de la
situación y tienen toda la información implicada en ella. La libre elección
implica que ambos tienen la decisión de decidir si quieren o no vincularse
sexualmente. Dado que los ingredientes esenciales de un consentimiento
son el conocimiento y la libre elección, no puede darse bajo una situación
de poder, como con un jefe o un supervisor, e incluso, un profesor.
Tampoco se puede estar bajo la influencia de una droga o bajo la presión
del otro. La conciencia y la salud deben estar en un equilibro óptimo. La
pregunta es cómo lograr estas situaciones, se requiere de una
reconstrucción social integral. De manera idílica, todos los seres
humanos deberíamos en este campo de la sexualidad, y en todos los
ámbitos de la vida, tener la misma oportunidad y acceso al conocimiento
que nos hará libres. Empero, la realidad es muy diferente, se tendrá que
iniciar el camino a la sexualidad libre y consensual con educación
temprana, sin sesgos egoístas.

No importa qué tipo de relación se tenga, siempre se debe esperar el


consentimiento, sin embargo entre más tiempo lleve la pareja es menos
probable que el consentimiento sea verbal. Humphreys (2007) menciona
que las personas perciben que cuando una pareja lleva mucho tiempo
saliendo y mantienen relaciones sexuales, la actividad sexual es más

Coerción sexual en el noviazgo 287


aceptable, se presupone que ya existe un consentimiento, aunque no sea
verbalmente explícito. Complicando con ello, el tema del consenso. Aún
cuando reconocer el consentimiento en una pareja puede involucrar
muchos aspectos, lo cierto es que siempre debe existir por parte de
ambos miembros, implicando la voluntad y la comunicación, aún cuando
no sea verbal.

Eliminando las ambigüedades de la relación sexual, hombres y


mujeres estarían en relaciones sexuales libres y placenteras pero
también más conscientes, protegidas, seguras y responsables. Quizás la
concientización de estos roles tradicionales permitan que en el futuro sea
más aceptable que las mujeres muestren su interés por el sexo, de
manera asertiva y protegida sin que por ello se perciba que no buscan
una relación formal.

Quizás y aún y cuando la cultura nos dicte aquellas normas y


patrones que son adecuados dentro de la cita, lo cierto es que los roles
de género, las formas y modos de vivir en pareja se están transformando.
Así, tendremos la oportunidad de disfrutar de los comportamientos
afectuosos y gentiles dentro de las citas y de la seducción pero sin su
utilización bajo situaciones de coacción, mentira o manipulación. Con ello,
podríamos evidenciar si estamos en la era de la modernidad y la libertad
sexual o, sí aún nos encontramos bajo los patrones tradicionales de
comportamiento entre hombres y mujeres y, como decía Díaz Guerrero
(2008), aún nos encontramos bajo las garras de la cultura.

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290 Salud y Sexualidad


Capítulo 12
LOS SIGNIFICADOS COMUNES DE LA PASIÓN:
UNA COMPARACIÓN ENTRE GRUPOS
DE EDAD Y SEXO

Cinthia Cruz del Castillo


Universidad Iberoamericana

Rolando Díaz Loving


Unidad de Investigaciones Psicosociales
Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

“El amor romántico parece ser un factor clave en la calidad de vida


siendo fuente tanto de las más grandes alegrías como de los más
grandes problemas como la depresión, la furia, el acoso, el
suicidio y el homicidio” (Ellis & Malamuth, 2000).
“En los últimos 10 años (1997-2006) el reporte de crimen
ha documentado la ocurrencia de 1,285 homicidios que
sucedieron en triángulos amorosos o en crímenes
de pasión” (Ragatz & Russell, 2010 p.341).

¿D e qué magnitud pueden ser las emociones experimentadas


cuando se está apasionado por alguien o por algo? ¿Acaso
los individuos asocian aspectos negativos a la pasión o son
sólo las características positivas las que lo acuñan? ¿Cuáles son las
variables que los individuos sujetan a la pasión? ¿Son la edad y el sexo
variables que hacen una diferencia en la conceptuación de la pasión?

En el intento de tener algunas respuestas a las interrogantes


planteadas, se iniciará este capítulo indicando que la pasión se ha
definido como una fuerte inclinación hacia una actividad que es
agradable, importante y a la que se le invierte tiempo (Vallerand,
Blanchard, Koestner & Gagné, 2001). Partiendo de esta definición
pueden ser múltiples las actividades por las que los individuos pueden
apasionarse, tal como se observa en las siguientes investigaciones:
la pasión por los deportes (Stephan & Deroche, 2009); la pasión por las
compras (Wang & Yang, 2008); la pasión por las apuestas (Lafreniere,
Vallerand, Donahue & Lavigne, 2009); la pasión por el internet (Tosun &
Lajunen, 2009) entre muchas otras.

De manera independiente a la actividad por la que los individuos


experimenten pasión, la pasión puede sentirse de dos maneras: obsesiva
ó armoniosamente (Vallerand, Blanchard, Koestner & Gagné, 2001). Los
que experimentan la pasión obsesivamente sienten urgencia por realizar
la actividad y difícilmente pueden resistir el hacerla, por lo que viven entre
la necesidad por cometer lo que les produce pasión o sus obligaciones en
otros contextos de la vida, de este modo generalmente experimentan
sensaciones negativas, durante y después, asociadas a la práctica de su
pasión y a conductas intensas, extrañas y/o desviadas que experimentan
(Schaeffer, 2000). Mientras que los que sienten pasión armoniosa pueden
escoger libremente el involucrarse en la actividad y tienen control sobre
ella, causando que la actividad pasional esté en armonía con las
actividades y responsabilidades de otros contextos de la vida y se espera
que su ejecución resulte en consecuencias positivas.

Además de todas las actividades por las que los seres humanos
pueden apasionarse no se puede ignorar la pasión sentida hacia otra
persona conocida como pasión romántica y descrita y estudiada por
variadas disciplinas (Aron & Aron, 1991; Westermarck, 1921) y que se
caracterizará en este capítulo. Para su descripción vale la pena indicar
que para algunos autores la pasión romántica es producto de la
interacción entre la biología, la personalidad y la sociedad (Jankowiak,
1995, en Hendrick & Hendrick, 2000), representa los impulsos vinculados
al romance, a la atracción física, a la actividad sexual (Madey &
Rodhgers, 2009), a besar y a acariciar, al deseo sexual, a la felicidad, a
euforia, al afecto, al interés y a la preocupación por el otro (Swensen,
1972), así como conductas orientadas a metas, gran motivación y
energía, atención focalizada (Fisher, 1998); empero, que también se ha
asociado con estados de depresión, de dificultades para dormir y para
concentrarse (Dion & Dion, 1973), falta de apetito (Fisher, 1998) y de
emociones y conductas intensas, extrañas y desviadas (Schaeffer, 2000),
pensamientos obsesivos acerca del amado, atracción exacerbada
durante la adversidad en la relación (Fisher, 1998).

292 Salud y Sexualidad


La pasión romántica también ha sido considerada como una etapa
dentro de un patrón que propone un continuo, que varía en los niveles de
acercamiento y de alejamiento hacia la pareja (Díaz-Loving, 1999). Las
etapas de este vaivén en las relaciones son: extraño, conocido, amistad,
atracción, pasión, romance, compromiso, mantenimiento, conflicto,
alejamiento, desamor, separación y olvido. Los individuos pueden vivir las
etapas en desorden y no todos pasan todas las etapas señaladas.
Específicamente la etapa pasional se caracteriza por una relación muy
cercana y, al igual que para Madey y Rodhgers (2009) y Swensen (1972),
para Díaz-Loving (1999) existe una respuesta fisiológica y cognoscitiva
muy intensa, lo que a su vez genera entrega y desesperación; es una
etapa plena, vital, de enamoramiento y romance y se caracteriza por su
irracionalidad, se idealiza a la persona y existe la necesidad de estar
cerca del otro constantemente. Al igual que para Díaz-Loving (1999), para
Baumeister y Bratslavsky (1999) la pasión romántica está relacionada a
los cambios en nuestras relaciones, ya que en el enamoramiento todo es
nuevo y la intimidad apenas está apareciendo, por lo que la pasión es
probablemente muy alta; sin embargo, una vez que la relación se ha
establecido y la novedad se pierde, la pasión desciende lentamente. El
decline de la pasión se ha asociado al paso del tiempo en el matrimonio y
a la edad, sin embargo se ha encontrado que las personas que se casan
por segunda vez incrementan la frecuencia de las relaciones sexuales al
inicio de la relación (Call, Sprecher & Schwartz, 1995), por lo que la edad
no parece determinar la declinación de la pasión sino más bien el hecho
de que la excitación decae conforme el tiempo, considerando que la
excitación física se determina por el número de pulsaciones y
la respiración. De hecho, en cuestión de una entropía señalada por la
naturaleza, se torna imposible mantenerse excitado siempre por los
costos energéticos que ello implica y en el caso del amor romántico el
cerebro se habitúa a los altos niveles de feniletilamina (FEA), considerado
como el estimulante natural asociado con la pasión romántica (Foster,
Witcher, Campbell & Green, 1998), lo cual conlleva a que la sensación
producto de la estimulación por parte de la pareja poco a poco ya no será
tan intensa (Liebowitz, 1983). En cuanto a la duración del estado pasional
en la mayoría de las especies de mamíferos y de aves, el estado de
atracción es muy breve, pudiendo durar desde sólo minutos hasta horas,
días o semanas (Fisher, 1998), mientras que en los humanos el
mecanismo neural de la atracción está más desarrollado para así poder
sentar las bases fisiológicas del amor pasional (amor obsesivo o amor
romántico) que son necesarias para lograr suficientes encuentros
reproductivos en una pareja como para asegurar la procreación . Para los

Los significados comunes de la pasión 293


etólogos la atracción está agrupada con el impulso sexual y lo llaman
estado conductual-fisiológico “proceptividad”. Los neurotransmisores
asociados con la atracción pasional son la dopamina y la norepinefrina o
una combinación de estas (Liebowitz, 1983) y el amor romántico,
además, puede estar asociado con el decremento de la serotonina
(Fisher, 1998).

Además de las características que se han indicado en torno a la


pasión, también esta última, así como la intimidad, el cuidado, el apego
(Rubin, 1973; Hendrick & Hendrick, 1986; Sternberg, 1986), la sexualidad
y el compromiso (Beach & Tesser, 1988; Shaver, Hazan & Bradshaw,
1988; Solomon, 1988) se han citado dentro de los componentes
principales del amor. Más aún la pasión aparece como uno de los
componentes de Eros en el continuo Eros-Agape (Yela, 2000), el cual
subyace a la gran mayoría de las tipologías del amor. En este continuo,
Eros nace de las carencias, los deseos y las necesidades súbitas, es de
naturaleza fugaz y se asocia a la seducción, la sensualidad, la idealización,
la obsesión y por supuesto a la pasión. Mientras que Ágape surge de las
capacidades propias, es de naturaleza estable y se asocia al altruismo, la
amistad, el cariño, la aceptación, la ternura, la entrega, la generosidad
y el afecto. De esta forma, las dos pulsiones necesarias para la
sobrevivencia de la especie, reproducción y protección, encuentran salida.

Al ser considerada la pasión como uno de los componentes


principales del amor no es de sorprender que también la pasión figure en
las distintas teorías taxonómicas del amor. En la teoría de los Estilos de
Amor de Lee (1973) –retomados por Hendrick y Hendrick (2006)– uno de
los seis estilos de amor es eros o amor pasional, mientras que los otros
cinco son: amistoso, ludus (amor sin compromiso), pragmático (amor
calculador), ágape (amor altruista) y manía (amor obsesivo); estos estilos
moderan la experiencia del enamoramiento e influyen en la rapidez con
que las personas se apasionan y/o enamoran y están relacionados
a características de personalidad. Eros, por ejemplo, se ha relacionado
positivamente a la agradabilidad y a la extroversión y negativamente
al neuroticismo.

En la teoría de los Tipos de Amor de Berscheid (2006) –que plantea


cuatro tipos de amor– un tipo es el amor romántico, pasional o erótico y
está ligado al deseo sexual, los otros tres tipos de amor son: el
apego/cariño, el amor compasivo y el amor de compañía. Cada tipo de
amor puede activarse por distintas causas y es posible experimentar más

294 Salud y Sexualidad


de un tipo de amor en una relación. Para Berscheid el estar enamorado
implica más de un tipo de amor: amistad, simpatía y atracción sexual.

La Teoría Duplex del Amor de Sternberg (2006) contiene dos


subteorías, la teoría triangular del amor y la teoría del amor como historia
distinta. La teoría triangular del amor plantea que son tres los
componentes del amor: la pasión, la intimidad y el compromiso, la
geometría de triángulo del amor depende de la cantidad de amor (tamaño
del triángulo) y del balance del amor (forma del triángulo) y de la
combinación de los tres elementos surgen ocho diferentes tipos de amor.
El amor pasional, por ejemplo, se compone de intimidad y de pasión. La
teoría del amor como una historia (Sternberg, 1998) es el resultado de la
interacción de atributos personales y del ambiente; de este modo, cada
persona tiene su propia historia de amor y el éxito de la relación
dependerá de la similitud o compatibilidad de las historias personales
entre los miembros de la pareja. Por ejemplo, la historia de cuento de
hadas que involucra a un príncipe y a una princesa.

Después de introducir y reafirmar la forma en la que la pasión es un


elemento dentro de las teorías taxonómicas del amor, es relevante
retomar, como ya se señalaba en un inicio, que el deseo y la actividad
sexual han sido reconocidos con frecuencia como parte importante del
amor pasional (Baumeister & Bratslavsky, 1999; Madey & Rodhgers,
2009; Swensen, 1972). Al respecto, ya Hatfield y Rapson (1987)
señalaban que el amor pasional y el deseo sexual están fuertemente
relacionados, ya que el amor pasional es el vivo deseo de unión y el
deseo sexual es el vivo deseo de unión sexual, de hecho para Berscheid
(1988) el amor pasional es un 90% deseo sexual no satisfecho, no
consumado. En cuanto a este tópico Sprecher (1985, en Hatfield &
Rapson, 1987) investigó a 779 jóvenes que iniciaban sus relaciones
románticas, y encontró que tanto en hombres como en mujeres, el amor
pasional por sus parejas correlacionó en .49 con la excitación sexual
sentida hacia ellas. Por su parte, Regan, Kocan y Whitlock (1998) afirman
lo señalado por Hatfield y Rapson, ya que encontraron que la mayoría de
los adultos jóvenes piensan espontáneamente en deseo sexual al definir
el hecho de estar enamorados y consideran que las personas que no
desean al otro sexualmente no están enamoradas. De manera similar,
Regan (1998) pidió a hombres y mujeres un listado de las características
de estar enamorados y del amor apasionado, dentro de esta lista el
deseo sexual apareció como la segunda característica más frecuente
(65.8%), mientras que las conductas sexuales como besar fueron

Los significados comunes de la pasión 295


mencionadas por el 10% de los participantes, tocar y abrazar por el
17.5% y la actividad sexual por el 25%; por lo que la conducta sexual no
parece ser tan fundamental para el amor pasional como lo es el deseo
sexual. De acuerdo con Regan (1998) el experimentar eventos
interpersonales positivos como felicidad y satisfacción se asocia con
sentir deseo sexual que, a su vez, disminuye la probabilidad de
experimentar eventos interpersonales negativos como la infidelidad. Para
Trudel (1991) la calidad de la relación está relacionada con el deseo
sexual, ya que las parejas casadas utilizan el deseo sexual como
indicador del ajuste general de la relación y específicamente el
decremento o a la ausencia de deseo experimentado por uno o por
ambos miembros de una pareja se interpreta como un problema.
Apoyando lo señalado por Trudel (1991), Regan (2000) indica que el
deseo es uno de los componentes de la sexualidad que está
cercanamente relacionado con el amor pasional, por lo que el amor
pasional es, en parte, dependiente de sentir deseo. Así, el deseo sexual
es esencial para mantener una relación de pareja y sin deseo las
personas no se sienten involucradas ni comprometidas con la pareja,
independientemente de su nivel de actividad sexual, por lo que el deseo
es posiblemente el índice más importante de la calidad de la relación.

De acuerdo con otras explicaciones a las ya revisadas, los


sentimientos de amor pasional resultan de ser estimulados y de etiquetar
tal estimulación como amor sentido hacia una persona (Berscheid &
Walster, 1974), esto es, que para que una persona experimente una
emoción debe ser estimulada fisiológicamente e interpretar esa excitación
en términos emotivos (Schachter, 1964). La excitación o estimulación
puede originarse de distintas fuentes, puede ser resultado de algo que
tenga que ver con la otra persona o, de manera alterna, una persona
puede ser excitada en presencia de otro por razones que tienen
muy poco o nada que ver con la otra persona. Por ejemplo, una persona
puede haberse ejercitado o haber visto una película de terror antes de
entrar en contacto con la persona hacia la cual es posible sentirse
atraída; los hombres pueden experimentar excitación emocional al ver
una película de terror, pero dado que culturalmente no es bien visto que
los hombres sientan miedo, se está propenso a etiquetar de manera
equivocada la excitación como pasión hacia la mujer sentada a su lado.

Siguiendo con el postulado de la expresión de la pasión como


emoción, pero desde una orientación sociológica, se plantea que existen
influencias, reglas o normas sociales en la expresión de la emociones y

296 Salud y Sexualidad


que cada sociedad establece para situaciones particulares (Shott, 1979).
De este modo, la experimentación de emociones inconsistentes con
las reglas sociales originará que los individuos intenten cambiar la
emoción inadecuada y la ajusten a la regla social, ya sea suprimiendo
la emoción inapropiada, evocando una emoción nueva o exagerando una
emoción que no es lo suficientemente intensa (Hochschild, 1983). Como
todas las reglas, las normas, las creencias y vocabularios prevalentes de
una emoción son aprendidos por los miembros de cada grupo cultural
(Gordon, 1990); en este sentido las emociones son actitudes o creencias
aprendidas a través de los procesos de socialización y la calidad de la
emoción está definida por las prácticas lingüísticas y los juicios morales.
Como ejemplo, Blumstein y Schwartz (1990) presentaron una visión
constructivista del deseo sexual e indicaron que la categoría de deseo no
existe y más bien es la cultura la que crea el entendimiento acerca de
cómo las personas son sexuales y determina qué tipo de personas serán
objetos del deseo. En relación a lo anterior un estudio realizado por
Simon (1989) encontró que las reglas emocionales del amor romántico
en adolescentes del sexo femenino de entre 12 y 13 años son: que el
amor romántico es heterosexual, que las relaciones románticas son
importantes más no son todo en la vida, que no se debe sentir emociones
románticas por más de un muchacho a la vez (monogamia serial) y que
no se debe sentir emociones románticas por un muchacho que ya tiene
pareja (exclusividad). En relación a esto Berscheid y Walster (1974)
señalaron que es más probable sentirse románticamente atraído a los que
son físicamente atractivos y hacia aquellos que tienen actitudes similares,
una religión similar o un nivel educativo similar porque se nos enseña que
ese tipo de personas son las más apropiadas para esas emociones.

De acuerdo con Clark y Reis (1988), la mayoría de las experiencias


emocionales surgen en un contexto social y especialmente en el contexto
de las relaciones íntimas. Al respecto, Schwartz y Shaver (1987) pidieron
a un grupo de sujetos que describieran una experiencia emocional,
incluyendo sus antecedentes, su expresión conductual y las técnicas de
enfrentamiento, y encontraron que la mayoría de las experiencias
emocionales descritas tienen sus antecedentes en las relaciones
cercanas. Por ejemplo, el miedo fue descrito como consecuencia de la
amenaza por la pérdida de una relación; la tristeza fue causada
frecuentemente por la muerte de la pareja, el rechazo de una persona o
por el fin de una relación; el enojo se produjo por la pérdida del respeto
o por un insulto; y la alegría fue causada por recibir reconocimiento o por
ser objeto de afecto. Denzin (1984) argumentó que todas las emociones

Los significados comunes de la pasión 297


son interpersonales, que cada emoción tiene a otro como referente y que
las emociones surgen de actos sociales que involucran a la persona o
dirigen a la persona hacia otros. Para Lieberman y Hatfield (2006) el amor
pasional es un universal cultural, pero reconocen que los valores
culturales particulares influyen el significado exacto atribuido al término de
amor. Por ejemplo, establecen que el concepto de amor romántico se
ajusta bien dentro de la cultura individualista como la americana, pero no
tanto en la cultura colectivista como la china, en donde las personas
esperan tomar en cuenta no solo sus sentimientos sino también sus
obligaciones hacia otros como hacia sus padres. Las autoras indican que
las diferencias entre las culturas occidentales y las orientales están
disminuyendo debido a que los jóvenes han adoptado más patrones
típicos de las culturas occidentales, como son la aprobación de la
equidad de género en cuanto al amor, el sexo y el casarse por amor, más
que participar en matrimonios arreglados, así como también adoptan
mecanismos para evitar la endogamia. Para Dion y Dion (2006) las
creencias que las personas sostienen acera de las relaciones de los
individuos con los grupos influyen en el entendimiento del amor; en
las sociedades individualistas el matrimonio es una elección de amor y el
individualismo está asociado con una visión relativamente permisiva del
amor, la visión del amor en las culturas colectivistas se asocia a la
amistad y a metas altruistas y enfatiza el cuidado y el cariño.

En la misma secuencia de ideas, Aron y Aron (1991) indicaron que el


amor romántico no es una emoción sino un sistema de motivación
diseñado para construir y mantener una relación íntima con la pareja.
Estos autores distinguen las emociones de las motivaciones, indicando
que las motivaciones son sistemas cerebrales orientados a la planeación
y la persecución de un deseo o necesidad elegida. A esto Fisher (2004)
agrega que el amor romántico es un sistema de motivación primaria
y un impulso fundamental de apareamiento –entendiendo impulso como
un estado neural que vigoriza y dirige la conducta para cubrir
necesidades biológicas para sobrevivir o reproducirse. De acuerdo
a Pfaff (1999), la pasión o amor romántico comparte muchas
características con los impulsos básicos y, como todos los impulsos
básicos, la atracción romántica es fugaz y cambia rápidamente, se enfoca
en una recompensa específica, es extremadamente difícil de controlar y
está asociada con una actividad elevada de dopamina central; a
diferencia de todas las emociones primarias que tienen posturas faciales
características, la pasión romántica no está asociada con ninguna
expresión facial particular.

298 Salud y Sexualidad


En cuanto a las diferencias entre los hombres y las mujeres se ha
reportado que las mujeres asocian la compañía con el amor, mientras
que los hombres la pasión con el amor. Las mujeres sostienen una visión
amistosa del amor y son más pragmáticas, los hombres reportan, más
que las mujeres, enamorarse a primera vista y albergan más creencias y
actitudes románticas como que el amor verdadero dura para siempre
(Fehr, 2006), por lo que se enamoran más rápido que las mujeres
(Hatfield & Sprecher, 1986), y aprueban más el jugueteo y el amor sin
compromiso (Hendrick & Hendrick, 2006); las mujeres suelen ser más
cautelosas que los hombres cuando se trata de amor. Estos prototipos
que se refieren a cómo las personas piensan qué típicamente es el amor,
tienen implicaciones en las relaciones, y se ha mostrado que cuando las
características de amor que son prototípicas son violadas, el amor se
percibe como alterado (Fehr, 2006). Se ha reportado que las parejas con
una visión prototípica del amor reportan más satisfacción en la relación y
más amor al otro. Parece que las personas tienen un entendimiento
común del significado del amor en términos de su parecido a un conjunto
de características prototípicas, aunque existen algunas diferencias entre
las culturas (Aron, Fisher & Strong, 2006).

Dada la importancia de la pasión en la vida de los individuos y debido


a la influencia de la cultura en la conceptualización de las emociones y los
significados, se vuelve relevante conocer cómo caracterizan la pasión
distintos grupos de mujeres y hombres mexicanos y si los significados
varían dependiendo de la edad y escolaridad de los individuos o, más
bien, se observan patrones similares de respuestas.

MÉTODO
Muestra

Participaron 600 estudiantes, de los cuales, 200 fueron alumnos de


secundaria, 200 de preparatoria y 200 de licenciatura; en todos los casos
la mitad fueron hombres y la mitad mujeres. Mediante la técnica
de Redes Semánticas (Reyes-Lagunes, 1993) se exploró el concepto de
pasión. Los participantes recibieron una hoja con el estímulo “pasión” a
partir del cual escribieron las primeras cinco palabras que vinieran
a su mente y posterior a listarlas las jerarquizaron de la más cercana a la
más lejana.

Los significados comunes de la pasión 299


RESULTADOS

Los resultados se analizaron por escolaridad y por sexo, esto es, que
primero se presentan las definidoras dadas por las mujeres de manera
separada, las que cursan secundaria, preparatoria y licenciatura, y
posterior a las tablas separadas se presenta una figura que contiene las
coincidencias de los tres grupos de mujeres. Del mismo modo se
presentan los resultados de los hombres, agregando, además, otras
cuatro figuras que agrupan a todos las mujeres y los hombres de
secundaria, a todos las mujeres y los hombres de preparatoria, a todas
las mujeres y los hombres de licenciatura y una última que agrupa tanto
a las mujeres como a los hombres de los distintos niveles de escolaridad.

En el caso de las mujeres de secundaria (tabla 12.1) la pasión la


asocian en primer lugar al amor y después a indicadores ligados a lo
sexual, como el deseo, la atracción y el sexo; además del sexo indican
otras conductas como besar, acariciar y abrazar; también lo asocian con
consecuencias como la entrega, la satisfacción y el placer,
principalmente, y con algunos aspectos de intimidad como la ternura, el
romance, la ilusión y la comprensión.

Tabla 12.1. Definidoras de pasión dadas por


mujeres de secundaria.
Amor 100%
Deseo 31.4%
Atracción 24.1%
Sexo 23.3%
Cariño 22.6%
Besos 17.1%
Querer 16.3%
Entrega 14.6%
Caricias 13.8%
Comprensión 12.3%
Ternura 11.6%
Satisfacción 10.9%
Romance 8.0%
Respeto 7.4%
Abrazos 6.8%
Ilusión 6.1%
Placer 5.2%
Sentimiento 5.2%
Confianza 5.1%
Fuego 4.8%

300 Salud y Sexualidad


Las mujeres de preparatoria (tabla 12.2), al igual que el grupo
anterior, refieren que la pasión en primer lugar es amor, y del mismo
modo que las mujeres de secundaria, ligan aspectos de sexualidad a la
pasión; también aparecen las asociaciones a indicadores conductuales
como los besos y las caricias; además del amor, aparece la ternura,
el afecto y los sentimientos en general, y resalta la aparición de la
sensualidad y del término de pareja.

Tabla 12.2. Definidoras de pasión dadas por


mujeres de preparatoria.
Amor 100%
Deseo 51.1%
Atracción 37.4%
Sexo 32.6%
Cariño 27.6%
Besos 17.5%
Entrega 17.3%
Caricias 14.8%
Ternura 6.6%
Satisfacción 16.0%
Respeto 7.9%
Placer 9.9%
Sentimiento 8.9%
Confianza 10.2%
Pareja 18.5%
Gusto 11.5%
Afecto 7.1%
Sensualidad 5.7%
Fuerza 4.4%
Sinceridad 4.4%

En el grupo de mujeres de licenciatura (tabla 12.3) las definidoras más


frecuentes son las mismas que en los otros dos grupos de mujeres, sin
embargo, a diferencia de los otros grupos para las mujeres mayores
desaparece el respeto, la confianza y la sinceridad y en su lugar aparece el
fuego, la intensidad y la locura. Resalta en este grupo mayor congruencia
entre los indicadores.

En la figura 12.1 se muestra que los tres grupos de mujeres


coinciden en doce definidoras, la mayoría ligadas a emociones y
sentimientos que a aspectos ligados a la sexualidad, acordes a las
expectativas de la cultura en cuanto al amor romántico con un menor
matiz sexual.

Los significados comunes de la pasión 301


Tabla 12.3. Definidoras de pasión dadas
por mujeres de licenciatura.
Amor 100%
Deseo 46.2%
Atracción 47.7%
Sexo 44.5%
Cariño 12.6%
Besos 12.6%
Entrega 14.3%
Caricias 13.2%
Ternura 15.5%
Satisfacción 20.7%
Romance 12.8%
Sentimiento 11.8%
Fuego 9.4%
Pareja 14.5%
Gusto 8.8%
Fuerza 9.3%
Emoción 18.5%
Rojo 9.1%
Intensa 8.4%
Locura 7.1%

Amor
Senti-
Deseo
mientos

Satisfac-
Atracción
ción

PASIÓN
Ternura Sexo

Caricias Cariño

Entrega Besos

Figura 12.1. Indicadores comunes de pasión en los tres


grupos de mujeres.

302 Salud y Sexualidad


Por su parte, los hombres de secundaria (tabla 12.4) consideran que la
pasión también es sinónimo de amor y está vinculada a aspectos de
atracción y sexualidad. Sobresale que, a diferencia de las mujeres
de secundaria, aparece la excitación y la aventura como elementos de
la pasión.

Tabla 12.4. Definidoras de pasión dadas por


hombres de secundaria.
Amor 100%
Deseo 42.2%
Sexo 38.1%
Entrega 22.4%
Cariño 17.6%
Atracción 16.9%
Besos 15.5%
Caricias 12.9%
Sentimientos 11.7%
Pareja 9.3%
Querer 8.9%
Respeto 7.0%
Fuerza 6.6%
Apasionado 6.4%
Excitación 5.9%
Emoción 5.5%
Todo 4.9%
Aventura 4.4%
Fuego 4.2%
Trabajo 4.2%

Para los hombres de preparatoria (tabla 12.5), la pasión también es


producto de la expresión de amor y está ligada a lo sexual, muestra
similitudes con los descriptores indicados por las mujeres de preparatoria
y se observa un mayor equilibrio en los aspectos emocionales,
conductuales y de expectativas. Destaca la obsesión y el desenfreno que
asocian a la pasión este grupo de hombres.

Tabla 12.5. Definidoras de pasión dadas por


hombres de preparatoria.
Amor 100%
Deseo 35.2%
Sexo 31.1%
Entrega 29.4%
Cariño 26.4%
Atracción 22.1%

Los significados comunes de la pasión 303


Continuación…
Besos 7.3%
Caricias 7.1%
Sentimientos 14.8%
Pareja 10.3%
Querer 6.2%
Respeto 8.1%
Romance 15.5%
Ternura 11.2%
Comprensión 11.2%
Satisfacción 9.6%
Placer 7.7%
Obsesión 6.2%
Mujer 6.0%
Desenfreno 5.8%

Finalmente, las definidoras indicadas por el grupo de hombres con


licenciatura (tabla 12.6) son similares a las del grupo de hombres de
preparatoria, y resalta que no sólo mencionen la pareja, sino el concepto
de mujer, como importante para la pasión.

Tabla 12.6. Definidoras de pasión dadas por


hombres de licenciatura.
Amor 100%
Deseo 43.0%
Sexo 39.6%
Entrega 21.7%
Cariño 21.7%
Atracción 32.4%
Sentimientos 18.1%
Pareja 21.2%
Respeto 7.6%
Fuerza 13.4%
Romance 11.4%
Comprensión 11.4%
Placer 14.1%
Obsesión 7.1%
Mujer 10.1%
Necesidad 15.2%
Relación 15.0%
Gusto 10.3%
Calor 9.6%
Unión 8.0%

304 Salud y Sexualidad


En la figura 12.2 se muestra las definidoras que coinciden en los tres
grupos de hombres, mostrando menos definidoras comunes, en
comparación que el grupo de mujeres; además del sexo, no figuran otros
indicadores conductuales y se muestra un equilibrio entre las emociones
y las sensaciones experimentadas.

Amor

Respeto Deseo

Pareja Sexo

PASIÓN

Senti-
Entrega
mientos

Atrac-
Cariño
ción

Figura 12.2. Indicadores comunes de pasión en los tres grupos de hombres.

La figura 12.3 contiene las definidoras en común de los que cursan


la secundaria, hombres y mujeres, y destacan los indicadores
conductuales asociados a la sexualidad.

La figura 12.4 agrupa las definidoras mencionadas tanto por las


mujeres como por los hombres de preparatoria que indican como de
manera separada cada vez más equilibrio en cuanto a las emociones y
lo sexual.

Los significados comunes de la pasión 305


Amor
Fuego Deseo

Senti-
Sexo
mientos

Respeto PASIÓN Entrega

Querer Cariño

Atrac-
Caricias ción
Besos

Figura 12.3. Indicadores comunes de pasión en mujeres y


hombres de secundaria.

Amor
Pareja Deseo

Atrac-
Placer ción

Sexo
Respeto

PASIÓN
Satisfac- Entrega
ción

Senti- Cariño
mientos

Ternura Besos
Caricias

Figura 12.4. Indicadores comunes de pasión en mujeres y


hombres de preparatoria.

306 Salud y Sexualidad


La figura 12.5 muestra las definidoras de las mujeres y de los
hombres que cursan la licenciatura que indican la importancia del
romance, de los sentimientos y el cariño además de los aspectos
sexuales.

Amor

Gusto Deseo

Senti- Atrac-
mientos ción

PASIÓN
Romance Sexo

Fuerza Cariño

Pareja Entrega

Figura 12.5. Indicadores comunes de pasión en mujeres y


hombres de licenciatura.

En la figura 12.6 se concentra las definidoras comunes entre todos


los grupos y sigue pesando más los aspectos sentimentales y de
expectativas romántica más que los componentes sexuales y fisiológicos
de la pasión.

Los resultados de esta investigación muestran que los significados


comunes de pasión (figura 12.6) y que aparecen en los tres grupos, sin
importar la escolaridad ni el sexo, son siete: tres vinculados al amor, a la
intimidad y otros tres asociados al deseo, al sexo y a la atracción. Parece
notarse un equilibrio entre lo evolutivo y lo cultural, resaltando además
sólo el lado positivo o armónico de la pasión, sin figurar el lado negativo u

Los significados comunes de la pasión 307


obsesivo de ésta indicado por Vallerand, Blanchard, Koestner y Gagné
(2001). También llama la atenció