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LA GRAN ASPIRACI�N

1. Date placer hasta conseguir una erecci�n fuerte pero sin llegar al punto de No
Retorno (qu�date de
treinta segundos a un minuto del punto donde normalmente eyacular�as).
2. Deja de estimularte y descansa un momento para recuperar el control. Despu�s
contrae el m�sculo
PC firmemente alrededor de la pr�stata curvando tambi�n los dedos de los pies.
3. Inspira y absorbe la energ�a sexual desde el perineo hacia el ano y la columna
apretando
fuertemente los gl�teos.
4. Contrae los m�sculos anales en oleadas elevando la energ�a hacia la columna
�como si estuvieras
bombeando los frenos de tu autom�vil� y toma una breve inspira ci�n en cada
ocasi�n. El
movimiento de balancear la espalda, como si estuvieras cabalgando, tambi�n te
ayudar� a elevar la
energ�a por la columna.
5. Cuando la energ�a alcance la base del cr�neo, aseg�rate de que tienes la
barbilla ligeramente
contra�da para ayudar a elevarla desde la columna hasta la cabeza.
6. Gira los ojos como si estuvieras mirando hacia la parte alta de la cabeza; esto
te ayudar� a llevar la
energ�a hasta la coronilla.
7. Cuando has bombeado la energ�a hasta la coronilla, ya has realizado una Gran
Aspiraci�n. El
estado de la erecci�n servir� para saber en qu� medida has tenido �xito en esta
pr�ctica: a medida
que aspiras la energ�a desde los genitales y la elevas por la columna, la erecci�n
debe disminuir.
8. Rep�telo de 3 a 6 veces m�s.
9. Despu�s de haber bombeado la energ�a hasta la coronilla nueve veces, utiliza la
mente, los ojos y
todos los sentidos para hacerla girar en espiral dentro de tu cerebro, nueve,
dieciocho o treinta y
seis veces, primero en una direcci�n y despu�s en la otra. Cuando hayas acabado de
girar en
espiral, descansa un rato y experimenta la deliciosa sensaci�n de energ�a en tu
cerebro, que suele
sentirse como calidez y hormigueo, como si fuera un miniorgasmo.
10. Cuando sientas el cerebro lleno, t�cate el paladar con la lengua y permite que
la energ�a fluya
hacia abajo por el canal anterior hasta el entrecejo, la nariz, la garganta, el
coraz�n, el plexo solar
y finalmente hasta el ombligo, donde puede ser almacenada.