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Hª Contemporánea de América Grado en Historia

Los movimientos nacional populares (populismos) en América


Latina, 1940-1960: el peronismo argentino

La actual Argentina fue en un principio un lugar desatendido dentro del imperio colonial
hispanoamericano. A diferencia de México y Perú, la región del Río de la Plata carecía
de metales preciosos, a pesar de su nombre. Tampoco tenía una población nativa estable.
Los indios eran escasos y nómadas, por lo cual los españoles no dispusieron de una fuente
de trabajo abundante. Su mayor recurso era la fertilidad de su tierra, una de las más ricas
del mundo. Otra ventaja era la situación de Buenos Aires, que le permitiría convertirse en
un gran puerto si se realizaba el dragado necesario. El puerto sirvió en gran medida para
canalizar el rentable mercado de contrabando por la Suramérica española.
1. La lucha por la nación
Las décadas siguientes a la independencia contemplaron una batalla entre argentinos por
la dirección que debía tomar el desarrollo económico de su nuevo país.
 Una facción la constituían los «unitarios», principalmente de la provincia (y
ciudad) de Buenos Aires. Querían nacionalidad Buenos Aires para convertirla en
una base desde la cual se redujeran las barreras provinciales al comercio para abrir
todo el país al tráfico internacional.
 El segundo grupo era el «federalista», formado por gente del interior. Estaban de
acuerdo con nacionalizar Buenos Aires, pero querían repartir su recaudación por
aduanas entre todas las provincias.
 Al tercer grupo también lo llamaban «federalista», pero era diferente: sus
miembros eran de la provincia de Buenos Aires y se oponían a la nacionalización
de la ciudad portuaria, porque significaba la pérdida del monopolio provincial
sobre sus ingresos aduaneros. También eran partidarios del libre comercio.
El conflicto entre los tres grupos continuó durante las décadas de 1830 y 1840. Al final,
el asunto lo decidió uno de los famosos dictadores de América Latina: Juan Manuel de
Rosas. Poseía una presencia física imponente, capaz de intimidar a los rudos gauchos, y
obtuvo el gobierno de su provincia en 1829. Era un ardiente federalista de Buenos Aires
y, lo que es más importante, poseía el carisma militar y los seguidores para lograr su
objetivo de someter a los caudillos rivales «para que nadie de esta raza de monstruos
quede entre nosotros», según declaró.

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Para su mala fortuna, había logrado suscitar una poderosa alianza opositora en la que se
incluían Brasil y Uruguay, así como el general Justo José de Urquiza, que estaba al mando
de las fuerzas que lo vencieron en 1852. De inmediato, Rosas se exilió en Inglaterra. A
pesar de su caída ignominiosa, había conseguido crear la unidad de Argentina con unas
provincias tan dispares. Desde el momento de su derrota se convirtió en una figura
legendaria. Los nacionalistas lo adoptaron como prototipo del patriota argentino que
buscaba el desarrollo nacional contra las fuerzas extranjeras, deseosas de evitar que el
país se convirtiera en una nación plena.
Durante su etapa, muchos intelectuales argentinos, como Domingo Sarmiento y Esteban
Echeverría, huyeron del régimen represivo. Estos intelectuales soñaban con el día en que
pudieran hacerse con el control de Argentina y conducirla hacia el camino del gobierno
representativo liberal. Con la caída de Rosas en 1852 llegó su oportunidad. Se hizo con
el poder Justo José de Urquiza. Comenzó convocando una asamblea constituyente, que
promulgó una constitución en 1853, seguidora fiel del ejemplo estadounidense. Iba a
haber un sistema federal, con un presidente elegido por un colegio electoral, cuyos
miembros serían designados a través del voto popular. La provincia de Buenos Aires, en
protesta por la nacionalización de la ciudad en la nueva constitución, rehusó unirse a la
nueva confederación. Al ser vencida en una breve guerra civil en 1859, se la forzó a
capitular. Dos años después, volvió a alzarse con Bartolomé Mitre a la cabeza y se hizo
con el control de la confederación.
Hacia 1880 Argentina entró en un periodo notable de crecimiento económico sostenido.
Desde la expulsión de Rosas, los liberales habían disfrutado del poder el tiempo suficiente
para establecer las bases de la rápida integración del país en la economía mundial. Ahora
su dirigente era el general Roca, héroe de la «Conquista del Desierto». El simbolismo
difícilmente podía mejorarse: el combatidor de los indios presidiendo la europeización de
una república suramericana.
2. Visión general: crecimiento económico y cambio social
El éxito económico argentino del periodo 1880-1914 se basó en su capacidad para
proporcionar los bienes agrícolas que necesitaba el mundo industrial del Atlántico Norte.
Con la Revolución Industrial, Europa Occidental, en especial Inglaterra, se estaba
convirtiendo en un importador neto de productos alimenticios. Argentina tenía una
ventaja comparativa a producir dos artículos clave: carne y trigo. Gracias a un recurso
natural, Argentina estaba muy bien dotada para proveer de productos alimenticios: sus
pampas se contaban entre las tierras más fértiles del mundo. Pero carecía de otros dos
factores esenciales, capital y fuerza de trabajo. Inglaterra, su principal cliente, envió
pronto capital en forma de inversión en el ferrocarril, los muelles, los almacenes de
embalaje y los servicios públicos. También llegó en forma de compañías inglesas que se
ocuparon de los embarques, los seguros y la banca. Casi toda la infraestructura del sector
de exportación estaba financiada por los británicos.
El otro factor económico que faltaba era la fuerza de trabajo. Su solución también vino
de Europa, pero no de Inglaterra. Los tan necesitados trabajadores llegaron del sur de
Europa, sobre todo de Italia. Entre 1857 y 1930 Argentina recibió una inmigración neta)
de 3´5 millones. De estos inmigrantes, alrededor de un 46% eran italianos y un 32%
españoles.
La movilidad de esta fuerza de trabajo inmigrante fue un ejemplo de manual. Se
contrataba y despedía a los trabajadores por estrictos motivos económicos, lo que generó
un considerable movimiento de obreros de ida y vuelta entre Italia y las pampas argentinas
(que les ganó el nombre de «golondrinas»). También había un flujo constante entre la
ciudad y el campo, y Buenos Aires solía atraer una gran parte de los extranjeros.

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En este periodo también surgió una pequeña industrialización, que no supuso una
amenaza para la orientación básica hacia la agricultura de exportación de la economía. La
mayor parte de la industria se dedicaba a procesar productos del campo, como lana y
carne de vaca, lo que llevaba a sus dueños a identificar sus intereses con los de la
agricultura. Los inmigrantes llegaron primero a las estancias, pero luego se trasladaron a
las ciudades.
Así, la economía argentina entró en su «edad de oro», un periodo de prosperidad en
aumento, basada en la exportación de carne y trigo, y en la importación de artículos
manufacturados. Pero el país pagó un precio por este éxito. Su integración en la economía
mundial significó que las intensas fluctuaciones externas tuvieran severas repercusiones
internas. Un descenso de la demanda europea de productos alimenticios produjo una
disminución de las exportaciones, que pudo provocar una depresión en toda la economía
argentina. Por lo tanto, la Depresión golpeó con fuerza a Argentina.
El crecimiento de la exportación-importación también creó desigualdades internas, en
especial entre las distintas regiones geográficas. Mientras que la prosperidad bendecía a
las pampas y Buenos Aires, las partes del interior se estancaban. En el sector rural, los
ricos estancieros construían elegantes chalets, mientras que los arrendadores de granjas
nacidos fuera del país y los trabajadores nativos desplazados arrastraban una existencia
magra. En las ciudades, en Buenos Aires en particular, los aristócratas, elegantemente
ataviados, se reunían en clubs de estilo europeo, mientras que los trabajadores luchaban
por proteger a sus familias de la inflación que parecía siempre ir por delante de sus salarios.
También hubo tensiones en el ámbito cultural. Esto se debía a que el flujo de inmigrantes,
la mayoría concentrado en Buenos Aires, había acentuado el antiguo contraste que se
daba entre la capital cosmopolita, densamente poblada y europeizada, y la sociedad tosca,
orientada hacia la ganadería, del vasto interior escasamente poblado.
A comienzos del siglo XX, este dogma liberal fue puesto en tela de juicio por una nueva
generación de escritores nacionalistas como Ricarda Rojas que, según sus palabras, quería
«despertar a Argentina de su cama». Una de las obras más famosas dentro de la tradición
del nacionalismo de Rojas fue Radiografía de la Pampa (1933), de Ezequiel Martínez
Estrada, una extensa denuncia de la elite argentina por haber tratado de disfrazar la
realidad de su país con los aderezos de la civilización europea.
Uno de los efectos sociales más cruciales de la expansión argentina resultó ser algo que
no sucedió: el país nunca desarrolló un campesinado. La Conquista del Desierto de la
década de 1870 casi eliminó a la población india y la tierra se distribuyó en seguida en
grandes extensiones que se dedicaron a la cría de ganado y la siembra de grano. Este
hecho tendría implicaciones de largo alcance. Significó, por ejemplo, que la reforma
agraria nunca se convirtiera en un asunto vital y simbólico como lo fue en países tales
como México. Los primeros esfuerzos por organizar la fuerza laboral argentina se vieron
influidos por los precedentes europeos. En las décadas de 1870 y 1880, anarquistas y
socialistas europeos exiliados comenzaron una organización vigorosa y en 1895 se fundó
el Partido Socialista.
3. El sistema político: consenso y reforma
Los políticos liberales conocidos después como la “Generación de 1880”este sistema
político parece haber servido de forma admirable a los intereses agroexportadores que
sacaron beneficios de la expansión posterior a 1880. La expansión de la prosperidad
ayudó a alimentar el descontento político entre tres grupos:
1. Los latifundistas.
2. Las viejas familias aristocráticas.
3. Los miembros de la clase media acomodada excluidos del poder político.

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Estos tres grupos unieron sus fuerzas para crear el Partido Radical. En 1890, justo cuando
el país entraba en una breve pero severa crisis económica, intentaron una revuelta armada.
Un acuerdo acabó con la rebelión, pero algunos líderes intransigentes fundaron la Unión
Cívica Radical (UCR) dos años después. Al no poder lograr un progreso electoral debido
al fraude practicado de forma rutinaria por los políticos del gobierno, recurrieron a la
revuelta armada dos veces más, pero ambos intentos fracasaron.
No todos los oligarcas apoyaron la posición gubernamental de excluir a los radicales del
poder. Un ala más ilustrada ganó en 1911, cuando el presidente Roque Sáenz Peña
propuso una reforma electoral. De este modo, la reforma electoral de Sáenz Peña extendió
el voto a los ciudadanos frustrados del sector medio. De inmediato, los radicales bien
organizados capitalizaron las nuevas reglas y consiguieron que su veterano dirigente,
Hipólito Yrigoyen, fuera elegido presidente en 1916.
La crisis sobrevino en 1918-1919, cuando todo el mundo occidental fue sacudido por
oleadas de huelgas. En Argentina, los obreros se levantaron por el reducido poder
adquisitivo de sus salarios, causado por la inflación de la primera guerra mundial. El
gobierno de Yrigoyen decidió que había de actuar con firmeza y los resultados fueron la
reposición de 1910. Un movimiento civil paramilitar ultraderechista, la Liga Patriótica
Argentina, propició la histeria antiobrera, explotando de forma efectiva el miedo de las
clases media y alta al desafío popular.
El movimiento obrero no desapareció. Aunque se batió a los anarquistas y se debilitó a
los sindicalistas, dos corrientes ideológicas más aparecieron entre los trabajadores
argentinos: el socialismo y el comunismo.
A pesar de lo innovadora que resultó la reforma electoral de Sáenz Peña para su tiempo
en América Latina, siguió dejando algunas limitaciones básicas del sistema político.
Restringir el sufragio a los ciudadanos varones, no sólo excluía a todas las mujeres;
también dejaba fuera al menos a la mitad de los varones adultos debido a que muchos
eran aún ciudadanos extranjeros.
La tensión en la esfera política se vio exacerbada por la quiebra económica mundial de
1929, aunque a Argentina no la golpeó con tanta dureza o tan pronto como a otros países.
Sin duda, la Depresión expuso la debilidad del sistema político, pero no fue suficiente por
sí sola para causar un golpe de Estado.
4. Los militares atrasan el reloj
El 6 de septiembre de 1930, una coalición de mandos militares y aristócratas civiles
expulsaron al presidente Yrigoyen basándose en que su gobierno era ilegítimo. Luego
establecieron un régimen provisional.
En 1930, los mandos militares llegaron a la conclusión de que el único modo de acabar
con el desastre político era revisar las reglas del juego.
Aunque estaban de acuerdo en este punto, discrepaban en lo demás. Una facción,
encabezada por el general Agustín R Justo, quería el retorno del sistema oligárquico de
los días anteriores a la reforma de Sáenz Peña. Pensaban que sólo Yrigoyen y los radicales
habían abusado del sistema electoral. Si se los alejaba de la política, el poder revertiría a
los aristócratas y desaparecería el espectro de la lucha de clases. Otra facción, encabezada
por el general José F. Uriburu, sugería una solución más arrasadora: el establecimiento
de un Estado corporativo semifascista. Consideraban que el problema no era Yrigoyen o
los radicales, sino el mismo intento de ensayar la democracia en Argentina. Aunque
Uriburu dirigió el gobierno provisional en 1930, el grupo de Justo acabó ganando.
Su salud le obligó a dejar el cargo en 1940. Su sucesor, Ramón Castillo, recurrió a la
técnica de la oligarquía sitiada cuando se enfrentó a las elecciones: poner votos falsos en
las urnas.

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La política argentina estaba tomando un camino que no aparecía en ningún otro país
importante de América Latina. Mientras los militares se iban haciendo con el control del
sistema político, aumentaba la conciencia de clase entre los trabajadores. En realidad, los
comentaristas políticos de Estados Unidos y Europa Occidental consideraban a Argentina
un importante caso para probar la habilidad de una república del Nuevo Mundo para
ajustarse a los conflictos sociales inherentes a la industrialización y el desarrollo.
Entra en escena Juan Perón. Nacido en la clase media, había alcanzado el grado de coronel
en el ejército argentino. En reconocimiento por su cooperación se convirtió en secretario
de Trabajo, un puesto de poca importancia que transformó en un bastión de fortaleza.
Utilizando tanto el palo como la zanahoria, Perón engatusó a los trabajadores industriales:
a los grupos de trabajadores veteranos, así como a los nuevos; a los residentes urbanos de
toda la vida y a los emigrados recientes del campo. De este modo, hizo del movimiento
sindical un recurso propio y en parte por esta influencia se convirtió después en ministro
de la Guerra y vicepresidente de la nación. Ganó las elecciones presidenciales de 1946
con una sólida mayoría del 54%, a pesar de la indiscreta resistencia del Departamento de
Estado estadounidense, que le denunció por sus simpatías pro fascistas, y a pesar de la
oposición combinada de todos los partidos políticos nacionales. Durante este periodo,
Perón empezó a depender del instinto político de su amante y después esposa, Eva Duarte.
Antigua actriz de radio.
5. El peronismo y Perón
Una vez instalado como presidente, Perón procedió a poner en práctica los principios
corporativistas adoptados por los oficiales del GOU 1. Ahora se organizaría Argentina
según los grupos de ocupación: industriales, agricultores, trabajadores. En la cima de esta
jerarquía estaría el Estado. El gobierno actuaría como el árbitro final en caso de conflicto
entre los grupos. Se dictó un Plan Económico de Cinco Años y sé otorgó a un poderoso
y nuevo instituto de comercio exterior (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio
o IAPI) el monopolio estatal sobre las exportaciones de los cultivos agrícolas clave.
Había hecho la campaña para la presidencia con una nota nacionalista y populista:
«Argentina era un país de toros gordos y peones desnutridos», así describió su país en
1946. Prometió promocionar soluciones verdaderamente argentinas mientras canalizaba
a los trabajadores la recompensa psicológica y material que se les había negado
injustamente. Su gobierno no perdió tiempo en recompensarlos. Perón continuó las
tácticas que había estado perfeccionando desde que ocupó la secretaría de Trabajo en
1943: la estimulación de huelgas que luego el gobierno resolvía en favor de los
trabajadores. Los trabajadores urbanos argentinos experimentaron una mejora
pronunciada en su nivel de vida.
Perón también hizo buena su promesa de reducir la influencia extranjera en la economía.
En 1946, el banco central fue reorganizado para aumentar el control sobre los activos
monetarios de propiedad extranjera. En 1948, Argentina nacionalizó el ferrocarril de
propiedad británica, que seguía siendo el corazón del sistema de transportes nacional.
También fueron nacionalizadas la compañía de teléfonos y las instalaciones del muelle
que pertenecían a los franceses.
Eva Perón también surgió como una fuerza política por derecho propio. Rechazada por
las matronas de la sociedad (señoras gordas) que siempre habían monopolizado las
carreras políticas de las primeras damas anteriores, «Evita» constituyó su propia
fundación en 1948. Desde su monumental edificio de mármol distribuía dinero y ayudas
en persona y rápidamente formó un cortejo fanático y leal. Su carisma complementaba al
de su marido y juntos lograron levantar una maquinaria política imponente.
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Grupo de Oficiales Unidos o Grupo Obra de Unificación

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En 1948 parecía que los peronistas tenían un camino fácil, era la realización de la «Nueva
Argentina» que Perón había prometido.
Este éxito fue pronto ensombrecido por problemas económicos. El año 1949 trajo el
primer déficit del comercio exterior desde la guerra y redujo las reservas de divisas a un
peligroso nivel. Una severa sequía disminuyó la producción de artículos exportables.
Perón se topó con las realidades económicas que habían permanecido ocultas durante los
primeros años de la posguerra. Los precios mundiales para las exportaciones argentinas
estaban cayendo; los de las importaciones, especialmente los de los artículos
manufacturados, subían.
Perón reaccionó ante la crisis económica de 1949 aportando un nuevo ministro de
Finanzas, que lanzó un programa de estabilización ortodoxo. Perón estaba determinado a
controlar la economía y reanudar lo antes posible su ambiciosa política social.
El comienzo de la crisis económica coincidió con su decisión de estrechar su control
político. Su primer problema era la Constitución argentina de 1835, que prohibía la
reelección del presidente. ¿Podía dudarse de que Perón quería otros seis años de mandato?
Los peronistas hallaron el modo. Enmendaron la Constitución no sólo para permitir la
reelección del presidente. En 1951 Perón fue reelegido Entonces se fundó un Partido
Peronista, que contó como uno de sus órganos centrales con un Tribunal Disciplinario del
Partido.
Sin embargo, Perón fue vencido en un frente político. Al hacer la campaña para la
reelección en 1951, quiso que Evita fuera su candidata a la vicepresidencia. Su influencia
política había aumentado considerablemente, ya que muchos trabajadores la habían
identificado como el corazón del peronismo. Pero los militares no cedieron: se negaron a
aceptar la posibilidad de que una mujer pudiera acceder a la presidencia y convertirse en
su comandante en jefe. El veto militar a su candidatura presagió un golpe mayor. Evita
cayó enferma y finalmente no pudo ocultar el hecho de que estaba muriendo de cáncer.
Murió en julio de 1952, privando a Perón de una compañera política que se había
convertido en alguien tan importante como él.
Mientras tanto, el severo plan de austeridad del ministro de Finanzas Alfredo Gómez
Morales comenzaba a producir resultados en 1952. Perón y sus consejeros optaron
entonces por un segundo Plan de Cinco Años.
En 1954, los radicales peronistas tomaron otro pilar del orden tradicional: la Iglesia. Se
legalizó el divorcio y todos los colegios parroquiales se pusieron bajo el control del
Ministerio de Educación. El año de 1955 trajo consigo manifestaciones masivas contra la
Iglesia, orquestadas por los peronistas. Sus multitudes quemaron varias iglesias famosas
de Buenos Aires. El Vaticano se desquitó excomulgando a todo el gabinete del gobierno,
incluido Perón.
De hecho, el gobierno peronista estaba fuera de control. La cruzada anticlerical no podía
proporcionar bastante fruto político para justificar el efecto destructor en el público,
incluidos algunos fieles peronistas. Y lo que es más importante, la repulsiva batalla con
la Iglesia había proporcionado una oportunidad a los enemigos de Perón dentro del
ejército. Muchos oficiales que se habían sentido molestos por diversos aspectos del
peronismo se convencieron entonces de que estaba dispuesto a destruir el país. En
septiembre de 1955, los conspiradores militares movilizaron sus fuerzas y presentaron a
sus antiguos compañeros un ultimátum: rendirse o enfrentarse a la guerra civil. Perón,
dado tan a menudo a la retórica extremista, no tuvo estómago para un baño de sangre.
Aceptó el ultimátum y se retiró, refugiándose en una cañonera paraguaya que lo condujo
a un exilio.
6. La administración militar

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Cuando el general Perón huía por el ancho río, cambió el talante de Argentina. ¿Dónde
estaban los trabajadores ansiosos por proteger a su dirigente? ¿Qué había sido de la
enorme maquinaria política? ¿Cómo pudo un puñado de militares bloquear tan fácilmente
a la clase trabajadora? En realidad, Perón no había sido derrotado. Se había marchado.
Partió bajo coacción, pero no hizo ningún esfuerzo por movilizar a sus seguidores contra
los hombres de uniforme. El vacío repentino creado por su partida era indicativo: ni Perón
ni el peronismo habían terminado.
El general que se convirtió entonces en presidente fue Eduardo Lonardi, un moderado
que quería evitar una política revanchista que mantuviera unidos a los peronistas. Pero
los militares de línea dura se impacientaron con su planteamiento conciliatorio:
demandaban medidas más severas. En noviembre, depusieron a Lonardi e instalaron al
general Pedro Aramburu como presidente provisional. Los celosos antiperonistas
tuvieron entonces la oportunidad de depurar todo lo peronista. El partido fue proscrito,
los funcionarios peronistas, despedidos, y todo fragmento de propaganda peronista se
convirtió en ilegal.
En julio de 1957, Argentina celebró sus primeras elecciones desde la caída de Perón. Las
dos facciones radicales consiguieron un número casi igual de escaños en la asamblea
constituyente, que de inmediato restauró la Constitución de 1853. Pero los diputados se
peleaban y se marchaban tan a menudo que la asamblea fue finalmente disuelta.
No obstante, los militares estaban resueltos a pasar a un gobierno civil. Celebraron una
elección presidencial en febrero de 1958 y el vencedor fue Frondizi, que había montado
una campaña abiertamente nacionalista. Para lograrlos, hizo un trato con los peronistas,
prometiéndoles algunas medidas de corte peronista y la disposición a trabajar para que su
partido recobrara la legalidad
7. Vuelta al poder de los peronistas
Cámpora, elegido presidente en 1973, no había dejado dudas acerca de que sólo era un
sustituto hasta que Perón pudiera regresar y participar en unas nuevas elecciones. A pesar
de su débil personalidad, su gobierno emprendió una política económica nueva y atrevida.
Había sido diseñada en esencia por la CGE (Confederación General Económica), una
asociación empresarial argentina, y su primer objetivo era estabilizar los precios para
luego incrementar los salarios de los trabajadores hasta que supusieran la parte de la renta
nacional que habían alcanzado en el primer periodo peronista. Se iba a hacer mediante:
1) Una subida salarial única.
2) Una congelación de precios pactada por el gobierno, los sindicatos y la industria.
3) Una congelación salarial de dos años.
4) Un conjunto de medidas destinadas a mejorar los ingresos reales de los
trabajadores.
Obviamente, esto requería una cooperación extraordinaria de todos los grupos de presión.
El gobierno de Cámpora parecía haber negociado el acuerdo en el Pacto Social que
proponía y que fue formalmente ratificado tanto por la CGT como por la CGE. Estableció
un pacto paralelo con los productores rurales (excepto con los ganaderos, rabiosamente
antiperonistas) que ofrecía incentivos en precios, impuestos y créditos a cambio de la
promesa de doblar la producción agrícola para 1980.
Como todo argentino y observador extranjero podía comprobar, las posibilidades de éxito
no eran elevadas. La violencia política aumentaba sin cesar pues las guerrillas rechazaron
con desdén el nuevo régimen peronista y mediante los secuestros y asesinatos trataban de

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desestabilizar el frágil equilibrio político. Otra desventaja más eran la edad y salud de la
antigua figura carismática a cuyo alrededor debía edificarse el nuevo consenso social:
Perón ' tenía sesenta y siete años y una salud menguada.
Las nuevas elecciones presidenciales se programaron para el mes de septiembre. Ahora
Perón tuvo éxito con una táctica política que había fracasado en 1951: consiguió que su
esposa Isabel fuera nombrada para la vicepresidencia.
En el frente económico, el ingenioso programa emprendido por Cámpora parecía
funcionar bien. A comienzos de 1973, hubo un auge económico alimentado por las altas
ganancias de la exportación, ya que los precios mundiales de la carne subieron y la
producción de grano aumentó. Pero 1974 trajo problemas. El incremento del precio del
petróleo de la OPEP desequilibró la balanza de pagos. Además, algunos sindicatos no
pertenecientes a la CGT consiguieron nuevos acuerdos salariales, en violación del «pacto
social». Varios sindicatos de la CGT siguieron su ejemplo.
No se sabe si su magia podría haberle valido de nuevo con los trabajadores, ya que murió
en julio de 1974. La presidenta era ahora Isabel. Isabel no era Evita, como su inseguridad
e indecisión ya habían hecho patente. La Presidente asumió el cargo mientras los
peronistas disputaban agriamente. Querían conseguir influencia sobre la aterrorizada
mujer que había accedido a los deberes presidenciales.
La economía corría sin control. La inflación se disparó en 1975, mientras la espiral
salarios-precios cogía velocidad. Ese año también resultó desastroso para las
exportaciones, ya que la cosecha fue desilusionante y se complicó con una nueva traba
del Mercado Común Europeo sobre la carne importada. Las reservas de divisas cayeron
más de un 50%.
El deterioro de la economía se vio acompañado por el aumento de la violencia en la
política. Las guerrillas continuaban sus deliberados ataques provocadores a la policía y el
ejército, cometiendo algunos asesinatos dramáticos. La derecha respondía a través de
organizaciones igualmente violentas, como la Alianza Anticomunista Argentina. La
presidenta estaba aterrorizada, era totalmente incapaz de ejercer el poder y cada vez se
sentía más confusa. Había una pregunta en el aire: ¿cuándo la expulsarían los militares?
Su mandato concluía en 1977 y parecía que el ejército estaba determinado a dejarle
concluirlo. Si tomaban el poder, adquirirían la responsabilidad formal de encargarse del
desorden económico. Era mejor que siguiera en su puesto, ya que además había dado
carta blanca a las fuerzas de seguridad en su guerra contra las guerrillas. Al retenerla
como presidenta, tenían la apariencia de la legitimidad civil. Y quizás hubiera otra
motivación más. Puede que el ejército hubiera decidido dejar que la situación nacional se
volviera tan violenta y la economía tan caótica que nadie dudara de la necesidad de que
el ejército lo solucionara. Si era así, para marzo de 1976 ya lo habían conseguido. En el
golpe mejor precedido de Argentina, los hombres de uniforme pusieron a La Presidente
en detención domiciliaria (se la investigaría por corrupción) y una vez más un gobierno
elegido desapareció de la Casa Rosada.
Cuando las fuerzas armadas decidieron movilizarse contra Isabel, estaban determinadas
a imponer una solución burocrático-autoritaria que durase. Bajo el general Jorge Rafael

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Videla, el régimen emprendió una perversa campaña contra la oposición, conocida de


forma alternativa como «guerra sucia» o «guerra santa».
Bibliografía
Un aspecto a destacar de la transcendencia de Perón es como en momentos en los que
Argentina esta sumida en una dictadura, al mismo tiempo, debido a la fama del grupo
Queen, comienzan las negociaciones para que estos tacarán en Argentina en 1981. El
mánager del grupo, Jim Beach en el video Queen "Days Of Our Lives 2", afirma que en
la reunión con el general Eduardo Viola este le comento: “¿Cómo puedo permitir que 50
mil jóvenes vayan a un estadio, donde no puedo controlarlos? ¿Qué pasa si alguien grita
Viva Perón en medio de un concierto de Queen?”. Finalmente aceptaron, eso sí, con un
gran control policial y del ejército.
 Th. Skidmore Historia contemporánea de América Latina: América Latina siglo XX.
Barcelona 1999, págs. 80-126
 Nueva Historia Argentina (tomo 8), Los años peronistas 1943-1955 (compilado por J.C.
Torre). Bs As 1998
 La carta de Perón a Evita (11 octubre 1945)
 Video de youtube: Discurso de Perón el 17 de octubre de 1945