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Alumno: Sergio

INTRODUCCIÓN

A continuación presentamos un caso de taquilalia en un niño de 10 años de edad.


En primer lugar, proporcionamos los datos relativos a la entrevista con los padres, niño
y tutora, para pasar posteriormente a describir el proceso de evaluación e intervención
en Sergio. El niño manifiesta características tales como: habla rápida, articulación
imprecisa, sustituciones y omisiones de fonemas, sílabas y palabras, ritmo defectuoso,
etc.

El proceso de evaluación se centra fundamentalmente en tres aspectos: determinar


el grado de ansiedad rasgo y estado de Sergio, descartar la presencia de depresión del
niño y realizar un análisis cualitativo y cuantitativo de su habla ante diferentes tareas.
Asimismo, la intervención se centra en cuestiones tales como: adecuar su función
respiratoria, aumentar la movilidad de la zona oral, tratando con ello de conseguir una
mayor agilidad motriz en los órganos implicados en los fonemas que articula
defectuosamente, adecuar el tono muscular, fundamentalmente en los órganos que
intervienen en la fonación, y reducir el flujo del habla del niño.

Para disminuir el flujo del habla del niño utilizamos un procedimiento de


reeducación que se estructura en tres etapas: en primer lugar, el niño debe aprender por
imitación un patrón de habla más lento a partir de la lectura de textos (técnica de
seguimiento), a continuación debe detectar los errores que comete a partir de textos
leídos y la posterior escucha de la grabación del mismo (corrigiéndose), y por último
hay que conseguir la transición del patrón de habla lento en lectura al lenguaje
conversacional, logrando con ello una mayor inteligibilidad.

ANAMNESIS

Datos relativos a la entrevista con la madre

Sergio es un niño de 10 años de edad que acude al centro a petición de la madre, la


que manifiesta que su hijo tiene disfluencias durante la conversación, (disfemia).

El niño presenta esta conducta lingüística desde que comenzó a hablar con cierta
fluidez, no atribuyéndose causa alguna a dicha manifestación. La madre tampoco parece
recordar modificaciones temporales en el habla de su hijo desde las etapas iniciales del
desarrollo de su lenguaje hasta el momento actual, aunque en el último año parece haber
aumentado la rapidez de su habla. Según ella, el niño siempre ha hablado muy deprisa.

La madre solicita ayuda en este momento para solucionar la dificultad de su hijo


por dos razones:

1) En casa aprecian un aumento en el curso de la palabra de Sergio durante


el último año, acude a casa triste, menos comunicativo que antes y no acepta las bromas
que le hacen sus padres y su hermana sobre su forma de hablar (antes cuando sustituía
un fonema por otro y cambiaba contenido de lo que deseaba expresar, todos los
miembros de la familia bromeaban sobre ello, incluido Sergi).
2) En el centro escolar le sugieren que acuda a un especialista, puesto que el
habla de su hijo es cada vez más ininteligible y el niño comienza a manifestar conductas
desadaptativas en el colegio (tendencia a aislarse, interacciones mínimas, reducción de
las intervenciones comunicativas del niño en las actividades grupales y modificaciones
en el rendimiento escolar).

El habla del niño es entendida en casa, aunque en estos últimos meses les cuesta
más comprenderle (lo atribuyen a que está más nervioso). Antes había días en los cuales
S. hablaba más lentamente, en cambio ahora esto no ocurre.

La madre opina que aunque su hijo no exterioriza su preocupación, Sergio está


sufriendo porque cada vez es más consciente en el colegio (a través de las burlas y el
rechazo de otros niños) del problema que tiene. Asimismo, nos comenta que el niño ha
aceptado positivamente acudir al centro a recibir ayuda.

La unidad familiar está compuesta por la madre de 44 años de edad, el padre de 50


años y dos hijos mayores de 21 y 28 años respectivamente. Los datos relativos al
embarazo y al parto son normales. En cuanto a la evolución del lenguaje mencionar que
durante las etapas iniciales no pronunciaba la /r/, posteriormente paso a pronunciarla de
forma muy marcada y a los cuatro años la corrige totalmente (dato que no coincide con
la posterior evaluación). Según la madre, en la actualidad no presenta ningún defecto
articulatorio y dispone de un vocabulario amplio. Durante la entrevista se nos informa
de un antecedente familiar con una manifestación lingüística similar a la de Sergio. La
abuela materna, cuando era niña hablaba muy deprisa y sustituía unos fonemas por
otros.

La evolución psicomotriz es normal. No se aprecia ningún dato relevante. Sergio


es diestro, hábil manualmente, el modo de ejercicio de la atención es normal, su
orientación temporo-espacial adecuada y el nivel de grafismo, apropiado. Según la
madre, la escritura de su hijo es correcta, no comete errores de sustitución ni de omisión
de sílabas y/o palabras, es inteligible y no existe desorganización en la escritura de las
frases. La lectura del niño es la adecuada para su edad cronológica, el curso de la
palabra no es tan rápido como en lenguaje oral y por tanto comete menos errores de
sustitución y omisión.

La madre describe a Sergio como un niño algo tímido pero alegre (siempre
riendo), un poco inquieto, con tendencia a preocuparse en exceso por las cosas, nada
perfeccionista, con facilidad para hacer amigos y al que le gusta formar parte del grupo,
pero no que le dirijan.

Nos parece significativo resaltar que durante la entrevista con la madre de Sergio,
ésta manifiesta una notable velocidad al hablar, aunque desconocemos si es el patrón
habitual de interacción con el niño.

Datos relativos a la entrevista con el niño

Durante la primera entrevista con Sergio apreciamos, en lenguaje conversacional,


rapidez excesiva del habla (taquilalia), omisión de sonidos y sílabas (lo que dificulta la
inteligibilidad del discurso del niño), las pausas en el discurso son escasas, la
articulación imprecisa de algunos sonidos consonánticos y cierta inquietud motriz. No
percibimos en ningún momento desorganización en el discurso del niño, ni una
producción de la voz defectuosa, aunque en ocasiones es algo nasal. Inicialmente nos da
la impresión de que Sergio comete algún proceso de sustitución de un sonido por otro
en fonemas afines.

Sergio nos comenta que tiene conciencia de su dificultad y que ha intentado


controlarse para no hablar tan deprisa, sin conseguirlo. Asimismo, afirma que antes no
le importaba, pero actualmente en el colegio se burlan de él. El niño nos manifiesta su
deseo de cambiar de colegio.

Datos relativos a la entrevista con la Tutora

Antes de comenzar la evaluación del niño decidimos entrevistarnos con su Tutora


con la finalidad de constatar la información que nos facilita la madre y comprobar
cuáles son las dificultades que experimenta el niño en el centro. Desde el comienzo del
curso escolar, el rendimiento escolar del niño ha disminuido considerablemente y cada
vez experimenta mayores dificultades para relacionarse con sus compañeros. La tutora
opina que Sergio evita todas aquellas situaciones en las que tiene que interaccionar con
otros niños porque piensa que se van a reír de él. Lo que no acaba de entender es el
motivo por el cual Sergio ha comenzado a comportarse de esta manera en este momento
y no en cursos anteriores.

EVALUACIÓN

Como objetivos de la evaluación nos planteamos los siguientes: determinar el


grado de ansiedad estado y rasgo de Antonio, descartar la presencia de depresión en el
niño y analizar el habla del niño ante diferentes tareas.

Evaluación de la ansiedad y de la depresión

Para determinar el grado de ansiedad estado y rasgo de Sergio, utilizamos el


Cuestionario de Ansiedad Estado / Rasgo en niños.- STAIC (Spielberger y cols., 1990).
Los resultados podemos verlos en la tabla 1.

Evaluación del habla (análisis cuantitativo y cualitativo)

Una vez aplicadas las dos pruebas estandarizadas, realizamos la evaluación del
habla del niño a través de diferentes tareas: la lectura de un texto sencillo y conocido
por el niño (texto escolar), la lectura de un texto desconocido para el niño pero accesible
para su nivel lector (literatura juvenil), la lectura de un texto de mayor complejidad
lectora a la exigida para un niño de la edad de Sergio, la lectura de un texto sencillo y
conocido para el niño en voz alta y en voz baja, la repetición de frases de menor a
mayor complejidad emitidas previamente por el evaluador. La narración de una historia
por parte del niño a partir de material visual. Al niño se le presentan varias tarjetas con
dibujos, para que las ordene y nos cuente con ellas una historia con sentido), la
definición de palabras por parte del niño. La respuesta a preguntas que le realiza el
evaluador (relacionadas con intereses y aficiones del niño tales como el baloncesto y los
perros) y a través del lenguaje espontáneo del niño durante las sesiones de evaluación.
Asimismo, puesto que la madre nos comenta en la entrevista que el niño no comete
errores en escritura, decidimos que el niño narre por escrito algún suceso ocurrido el día
anterior (escritura espontánea) y le dictamos un texto adecuado para su edad (texto
escolar).

El registro cuantitativo y cualitativo del habla de Sergio se realiza sobre una


muestra de 100 palabras. Nuestro objetivo general es determinar el nivel de
inteligibilidad del niño en lenguaje oral, lectura y escritura. Las sesiones se registran en
vídeo para un posterior análisis más completo y preciso del patrón de habla del niño. El
estudio de la grabación nos permite establecer la línea base a partir de la cual podemos
ir constatando los avances de Sergio una vez puesta en marcha la intervención.

Los resultados del análisis cuantitativo y cualitativo del habla de Sergio indican
que el niño presenta una elevada velocidad lectora, siendo mayor la velocidad cuando el
texto es conocido para él. El niño comete mayores errores cuando el texto es sencillo,
conocido y realiza la lectura en voz alta. El porcentaje de errores es del 9%, que
corresponde con la omisión de fonemas y sílabas (por ej., pe.o por pero;
despedi..a por despediría; tuv.ese por tuviese), y con la sustitución de fonemas
(por ej., la sustitución de la /s/ por un sonido parecido a la /f/: Guftavo por Gustavo;
filla por silla). En tareas de lectura también detectamos las siguientes
manifestaciones: el niño omite varias de las pausas que debe realizar para una adecuada
lectura de los textos que se le presentan, escasa movilidad de la zona oral (lo que
dificulta la correcta pronunciación de la /l/ y la /s/), rotacismo velar (por ej., carreta y
jardín), tono de voz elevado en la mayoría de las ocasiones (cuando le pedimos que
realice una lectura en voz baja presenta notables dificultades), ritmo irregular y
defectuosa coordinación respiratoria (respiración superficial).

En escritura espontánea el porcentaje de errores es del 6% (omisiones de sílabas y


palabras: por ej., el domingo estuve en casa de .. amigo Luis jugando con la
videoconsola omite mi), no existiendo desorganización en la misma, y en la tarea de
dictado los errores son aún inferiores (por ej., creerán que me ..capé por creerán que
me escapé).

En la expresión oral del niño es donde se detectan mayores dificultades,


fundamentalmente en las tareas de narración, definición y lenguaje espontáneo, donde el
porcentaje de errores se sitúa entre el 13-15% (omisiones de fonemas, sílabas y
conjunciones (omisión de la o y de la y; ..e por que), y sustituciones en menor
medida). De nuevo apreciamos un tono de voz elevado, escasa movilidad al hablar que
dificulta la inteligibilidad, rotacismo velar (con las vocales /a/ y /e/, y después de
consonante: por ej., alrededor y carretera), distorsión de la /l/ (antes de un sonido
consonántico y en sinfón: por ej., imposible y soltarse), imprecisión articulatoria de la
/s/ (nasalizándola o convirtiéndola en /f/, fundamentalmente en posición inicial: por ej.,
sueño), un ritmo defectuoso, deficiente coordinación respiratoria, utilización ocasional
del aire residual, constante tensión muscular en la cara y uso frecuente de la palabra
entonces, como comodín, durante el discurso. La velocidad oral es aún superior a la
velocidad lectora.

En la actividad conjunta de Sergio con su familia es donde apreciamos una mayor


taquilalia. El patrón de habla familiar es rápido, pero sin llegar a ser disfuncional. El
grado de ininteligibilidad en ese momento es mayor que en cualquiera de las actividades
anteriores (en el 17% de las palabras comete errores). Destacan fundamentalmente las
omisiones de fonemas y sílabas, el rotacismo velar, y en menor medida las
sustituciones.

TRATAMIENTO

Una vez realizada la exploración y dadas las dificultades que presenta Sergio nos
planteamos los siguientes objetivos de cara a la intervención: reducir el flujo del habla
del niño, adecuar su función respiratoria, aumentar la movilidad de la zona oral al
hablar, tratando de conseguir con ello una mayor agilidad motriz en los órganos que
intervienen en la articulación de aquellos fonemas que emite de forma imprecisa y
adecuar el tono muscular, fundamentalmente en los órganos que intervienen en la
fonación.

Antes de comenzar el tratamiento, decidimos mantener una entrevista con los


padres, en la cual les informamos sobre los resultados de la evaluación, los objetivos de
la intervención y les proporcionamos algunas orientaciones tales como: que se esfuercen
por hablar de forma más pausada y clara (pero evitando utilizar un lenguaje
infantilizado), que dejen al niño el tiempo suficiente para que responda a las preguntas
que le formulan (que eviten formular varias preguntas a la vez), que eviten repetir las
palabras del niño tal y como él las pronuncia, y se les proporcionan pautas para que
practiquen en casa junto con el niño praxias y ejercicios de respiración y relajación (que
aprenderán posteriormente durante las sesiones). Asimismo, aprovechamos la entrevista
para implicar a los padres de Antonio en el proceso de intervención, de manera que les
sugerimos la presencia de uno de ellos (alternativamente) en las sesiones de tratamiento.

De nuevo mantenemos una breve entrevista con la Tutora con la finalidad de


hacerle saber los resultados de la evaluación y los objetivos del tratamiento con el niño,
pretendemos con ello implicarla en cierta medida en el proceso de intervención, de
manera que pueda ayudarnos en la generalización de los pequeños logros que podamos
ir consiguiendo con Antonio. Inicialmente, no le proporcionamos orientaciones puesto
que no deseamos interferir en la dinámica escolar y que el niño reciba un tratamiento
diferencial respecto a otros compañeros.

El tratamiento se lleva a cabo a través de dos sesiones semanales de 45 minutos


aproximadamente. La estructura de las mismas es muy similar, dedicamos espacios de
10-15 minutos a distintas actividades relacionadas con cada uno de los objetivos de la
intervención. Dado el grado de implicación del niño en el proceso terapéutico,
utilizamos como medida de logro la grabación de su habla, de esa manera S. puede ir
comprobando sus avances y recaídas día a día (registrándolas en un gráfico que
elaboramos con su ayuda).

Sesiones 1ª a 4ª

Durante las cuatro primeras sesiones nos centramos en la intervención sobre


aspectos que a priori pueden favorecer el proceso de reeducación del habla de Sergio:
adecuar la respiración y el tono muscular de Antonio, mediante ejercicios de
coordinación respiratoria y de relajación.

Antonio debe tomar conciencia de su propia respiración, para ello decidimos


realizar con él ejercicios de respiración nasal, bucal y silbante, tales como: inspiración
nasal lenta y profunda, retención del aire, y espiración por la boca; inspiración nasal
lenta, retención del aire y espiración bucal rápida y continua; inspiración nasal lenta,
retención del aire y espiración bucal en tres o cuatro tiempos; los mismos ejercicios pero
con una inspiración nasal rápida; técnica de respiración alternante (utilizando para las
inspiraciones y espiraciones alternativamente cada fosa nasal); realizar el mismo tipo de
ejercicios respiratorios pero realizando las espiraciones de manera silbante (lenta,
rápida, fuerte, débil, en varios tiempos, ampliando la duración de la espiración, etc.).

Cómo técnica de relajación utilizamos el entrenamiento en relajación progresiva


de Jacobson (1938) (el entrenamiento básico). Para la relajación de los músculos de la
cara y cuello: frente (con los ojos cerrados, levantar las cejas tanto como le sea posible);
parte alta de las mejillas y nariz (apretar los ojos y arrugar la nariz con fuerza);
mandíbulas y barbilla (apretar los dientes y llevar las comisuras de la boca hacia atrás);
cuello (empujar la barbilla hacia abajo, contra el pecho, y a la vez intentar evitar que no
toque el pecho). Estos cuatro pasos los acompañamos de algunos más: labios (sonreír de
manera forzada, notar cómo se tensan los labios y mejillas, y relajar la cara muy
lentamente; apretar los labios con fuerza, proyectarlos hacia fuera, notar la tensión en
los labios e ir relajando los labios poco a poco; y por último, repetir el mismo ejercicio,
pero proyectando los labios a la derecha y a la izquierda); lengua (apretar con fuerza la
lengua contra el cielo de la boca, notar la tensión en la boca, en la lengua y en los
músculos de debajo de la mandíbula y dejar caer la lengua lentamente). Para la
relajación global de Antonio, utilizamos el resto de pasos del entrenamiento básico de
Jacobson.

Sesiones 5ª a 10ª

De la quinta a la décima sesión dedicamos los primeros 10-15 minutos a los


ejercicios de respiración y relajación aprendidos en las sesiones anteriores y
comenzamos con la realización de ejercicios que favorezcan la movilidad oral y
faciliten la correcta articulación del niño.

Para favorecer la movilidad oral, en primer lugar masajeamos la cara, nariz, labios
y cuello del niño (intentando con ello adecuar el tono muscular). A continuación,
realizamos con Antonio ejercicios que favorecen la movilidad (gestos faciales y praxias
bucofaciales), de manera que éste pueda adquirir la agilidad y coordinación necesarias
para la articulación correcta. Y por último realizamos los ejercicios articulatorios con
aquellos fonemas en los que constatamos la imprecisión articulatoria de S. durante la
exploración: /l/, /s/ y /ř/. Cada ejercicio de colocación se acompaña de un ejercicio
respiratorio que favorezca la articulación correcta (por ej., en el caso de la /l/, sentados
frente al espejo realiza una inspiración nasal débil, apoya la lengua en los incisivos
superiores, empujándola con fuerza hacia fuera, hace una pequeña pausa y pronuncia la,
la, la, mientras realiza una espiración débil y larga). A partir de la séptima sesión, una
vez practicada la colocación correcta de los fonemas, pasamos a realizar ejercicios de
repetición, con la finalidad de afianzar los progresos articulatorios.

Antes de finalizar las sesiones el niño visiona la grabación de los ejercicios de


repetición, de esa manera Antonio va apreciando las modificaciones en su
pronunciación día a día (medida de logro) y va aumentando las expectativas de
autoeficacia frente a la resolución del problema.
Sesiones 11ª a 15ª

El tratamiento sobre el flujo del habla de Antonio no comienza hasta la onceava


sesión. Es en este momento, tras apreciar ciertos progresos articulatorios en el niño,
cuando decidimos comenzar la intervención sobre dicho aspecto. Para disminuir el
patrón de habla de S. utilizamos algunas de las estrategias descritas por Simkins y cols.
(1973), Daly y Burnett (1996), St. Louis y Myers (1997) para el tratamiento y manejo
de la taquilalia (como una de las manifestaciones de la taquifemia), aunque realizando
modificaciones relativas al contenido de las actividades a realizar con el niño.

A partir de este momento, todas las sesiones comienzan con ejercicios


respiratorios, de relajación de cara y cuello y de movilidad de la zona oral. A
continuación comenzamos con la técnica de seguimiento ante la lectura de textos.
Sangorrín (1988) describe como tratamiento para reducir la velocidad del habla
(taquilalia) en personas con taquifemia, el seguimiento de la lectura en voz alta de un
modelo (terapeuta), puesto que el ritmo más lento facilita la precisión y claridad
articulatoria. La velocidad excesiva del habla (taquilalia) y la ininteligibilidad del
discurso de S., hace que nos planteamos que el niño aprenda por imitación un patrón de
habla más lento (realizando las pausas correspondientes a los signos de puntuación), con
una articulación más precisa y una tasa respiratoria correcta (inspiraciones suaves al
comienzo de la emisión y espiraciones mientras habla). En primer lugar, el seguimiento
lo realiza sobre textos desconocidos para él, para posteriormente pasar a textos más
sencillos y conocidos. Uno de los padres (dependiendo de quién de ellos acuda a la
sesión) actúa de terapeuta durante un breve espacio de tiempo en el que S. debe realizar
el seguimiento de su lectura, de esa manera los padres aprenden un ritmo de habla más
lento y favorecemos entre ellos una interacción comunicativa más funcional.

Durante las sesiones doce y trece continuamos con la técnica de seguimiento en


lectura, pero a diferencia de la sesión anterior, el adulto (terapeuta o padre) abandona
progresivamente la lectura del texto para que sea S., sin apoyo, el que prosiga la tarea
con el patrón de habla aprendido (lento, marcando las pausas, con una respiración
coordinada y una articulación adecuada). Como estrategia para que el niño reduzca el
patrón de habla cuando éste aumenta, le decimos que en el momento que perciba una
mayor rapidez lectora o aumenten los errores, haga una breve pausa, cuente hasta 5
mientras realiza varias inspiraciones y espiraciones lentas y profundas, y a continuación
comience a leer volviendo al principio de la frase. A continuación escuchamos la
grabación, anotamos los errores (dejando que sea el niño el que detecte los errores de
pronunciación e intente corregirse) y medimos el flujo del habla de S.

Durante las sesiones catorce y quince, iniciamos una nueva actividad. Puesto que
S. ha mejorado notablemente su patrón de habla en lectura, decidimos utilizar textos con
oraciones no muy extensas para comenzar el proceso de transición de la lectura al
lenguaje oral. El terapeuta lee la primera frase del texto en voz baja (pero audible para
S.) de una manera lenta y articulada, posteriormente repite la frase mirando a S. y por
último es el niño el que la emite a la misma velocidad que el terapeuta. En la segunda
frase del texto ocurre lo contrario, el niño la lee con un patrón de habla normal pero a un
bajo volumen, a continuación se la repite al terapeuta y por último es éste el que la
emite mientras mira el niño. Terapeuta, niño y padres se alternan en la realización de
dicha actividad.

Sesiones 16ª a 19ª

Durante las sesiones dieciséis a dieciocho utilizamos los diálogos de una obra de
teatro infantil para la transición de la lectura al lenguaje oral. De esa manera, terapeuta,
niño y padre/madre interpretan a distintos personajes de la obra, e interaccionan con un
patrón de habla adecuado y similar al contexto real (también utilizamos cómics para
realizar esta actividad con S.). Al niño se le proporciona la misma consigna que recibió
en lectura, es decir, que en el momento que perciba un habla más rápida o un mayor
número de errores, respire profundamente durante unos segundos y comience de nuevo
a hablar desde el principio. De nuevo al finalizar las sesiones escuchamos la grabación,
anotamos conjuntamente los errores y S. realiza las correcciones pertinentes.

Es precisamente, al finalizar estas sesiones cuando decidimos mantener una


reunión con la tutora, la cual nos informa de pequeños cambios en la actitud del niño. S.
se muestra más risueño que en los últimos meses. Le pedimos que preste atención a la
lectura del niño (si sigue un patrón de habla lento y articulado durante la lectura de
textos). Asimismo, le sugerimos que si la lectura del niño es adecuada, lo haga portavoz
en alguna de las actividades grupales que realiza (con la finalidad de apreciar si el niño
va mejorando en el proceso de transición de la lectura al lenguaje oral).

A la sesión diecinueve acuden los cuatro miembros de la familia (previa solicitud).


Inicialmente les pedimos que realicen la misma tarea que en las sesiones anteriores
(diálogos), actuando cada uno de ellos como un personaje y el evaluador como
observador. A continuación abandonamos la sala y dejamos que la familia interaccione
espontáneamente. A través de la grabación comprobamos que la familia ha disminuido
notablemente su patrón de habla, respetándose parcialmente los turnos de palabra. A
partir de este momento decidimos distanciar las sesiones (una semanal) para poder ir
comprobando si los avances de S. se afianzan y generalizan al contexto familiar y
escolar.

Sesiones 20ª a 25ª

Para que S. pueda afrontar gradualmente las situaciones problemáticas en las que
se produce una mayor aceleración del habla, durante las sesiones veinte a veinticinco
ponemos en práctica la técnica de desensibilización sistemática: confeccionamos junto
con el niño una lista jerárquica de situaciones que le predisponen a la taquilalia (para S.
todas se producen en el contexto escolar), a continuación realizamos los ejercicios del
entrenamiento en relajación progresiva de Jacobson ya aprendidos (tensión – distensión)
y por último ensayamos simbólicamente cada una de las situaciones, de manera que el
niño puede imaginarse a sí mismo hablando lentamente (exitosamente) en un contexto
que anticipa como problemático. S., a lo largo de estas sesiones va valorando su tensión
ante cada una de las situaciones hasta lograr en cada una de ellas un nivel aceptable.
Asimismo, practicamos dentro de las sesiones cómo afrontar cada una de estas
situaciones, de manera que S. puede controlar el ritmo del habla utilizando la misma
consigna que le proporcionamos para la lectura de textos y para la tarea de transición de
la lectura al lenguaje oral (hacer una pausa en su discurso, inspirar y espirar lenta y
profundamente mientras cuenta hasta cinco, y comenzar de nuevo a hablar). Durante la
sesiones comprobamos que S. anticipa cada vez antes la taquilalia (sin necesidad de que
se lo hagamos notar) y pone en marcha la estrategia de respiración para evitar éste.

Como esperábamos, durante las sesiones el niño progresa adecuadamente y los


avances comienzan a apreciarse en el centro escolar. Según la tutora, la lectura y el
habla de S. en el aula es similar a la del resto de sus compañeros y ha mejorado su
rendimiento escolar. En cambio, el niño sigue experimentando ciertas dificultades para
interaccionar con los compañeros fuera del aula (conductas de evitación, aislamiento y
agresividad).

Se distancian las sesiones a quincenales y posteriormente a mensuales, el patrón


de habla del niño se normaliza casi por completo, pero las dificultades con los
compañeros no remiten. Actualmente, S. se encuentra escolarizado en otro centro, y
según los padres no experimenta dificultades comunicativas ni sociales. Los padres
deciden cambiarlo de colegio dadas las dificultades que sigue experimentando S. a nivel
relacional. Temen que a consecuencia de ello su habla pueda presentar una recaída,
volviendo a manifestar de nuevo taquilalia.

CONCLUSIÓN

A modo de conclusión, destacar la eficacia del procedimiento terapéutico utilizado


en el caso de taquilalia infantil expuesto. Durante la intervención combinamos varias de
las técnicas que se utilizan para el tratamiento de los trastornos de la fluidez verbal
(actividades respiratorias, el entrenamiento en relajación progresiva de Jacobson, la
técnica de seguimiento, la retroalimentación y autocorrección a partir de un texto leído,
técnicas para la transición de la lectura al lenguaje oral y la técnica de desensibilización
sistemática) con actividades que facilitan la correcta articulación del niño (masajes,
gestos faciales, praxias bucofaciales, ejercicios de colocación y ejercicios de
repetición).

Mediante este caso podemos comprobar el impacto de la familia y la escuela en el


proceso terapéutico. La actitud familiar positiva, colaboradora e implicada en la
actuación sobre S. garantizó la consecución de los logros de éste, incrementando la
eficacia del niño ante su problema y facilitando la intervención y generalización de los
avances conseguidos. Por su parte, la coordinación con el centro escolar (concretamente
con la tutora de S.) ayudo en la búsqueda de soluciones y la planificación de estrategias
de intervención de manera conjunta.

Dada la edad de S., la conciencia del problema por parte de este, la motivación
que muestra por superar la dificultad que presenta y la disponibilidad para colaborar en
el proceso terapéutico, fijamos desde el primer momento con él las condiciones en las
que desarrollaremos la intervención. La edad del niño y la preocupación que
experimenta por lo inadecuado de su habla, hacen que perciba con bastante exactitud
cuáles son las situaciones en las que su patrón de habla se acelera.

A través de la descripción de este caso deseamos resaltar que en ocasiones la


autoimagen del niño puede alterarse como consecuencia de las reacciones de los demás
(burlas, criticas, desprecio, etc.), originando actitudes (baja autoestima, temor
anticipado a situaciones comunicativas, retraimiento, conductas de evitación,
frustración, agresividad, desvalorización, etc.) que dificultan el afianzamiento y la
generalización de los logros conseguidos en el contexto terapéutico.

Asimismo, vemos que una vez resuelta la demanda inicial (la taquilalia y el habla
ininteligible), persisten otras dificultades psicosociales en el niño que requieren un
abordaje terapéutico diferente.

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