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3.1. Estado Nacional Mediatizado.

3.2.1. Causas y consecuencias.


Durante la Guerra de los Mil días (1899-1902), los grupos populares mayoritarios dentro
del liberalismo pugnaban por la autonomía federal y el respeto a la soberanía. Los
propietarios conservadores y liberales estaban interesados en la construcción del Canal,
aún a costo de la soberanía y no se preocuparon por las reivindicaciones sociales
planteadas por los primeros.

El resultado fue la independencia de 1903, con indudables antecedentes socioeconómicos,


políticos, sociales y culturas que la justifican plenamente, pero mediatizada por la alianza
de los sectores dominantes con el imperialismo.

El protectorado y la intervención llevaron


al dominio canalero de EE. UU., pasando
inclusive por encima de las aspiraciones de
la propia burguesía comercial.

Lo anterior queda claramente establecido


con las contradicciones que se presentan entre la supuesta defensa de la soberanía
panameña por parte de la oligarquía en el poder y las reiteradas soluciones de
intervención yanqui durante los primeros treinta años de vida independiente.

La respuesta popular fue la organización y lucha social y antiimperialista de los


trabajadores canaleros y panameños que culminan en el Movimiento Inquilinario de 1925,
el rechazo al Tratado de 1926 y la organización de sindicatos y partidos de izquierda.

El ascenso de los grupos medios se reflejará en el Movimiento Acción Comunal que


enmarca el Golpe de Estado de 1931, el Tratado de 1936, y el primer gobierno de Arnulfo
Arias en 1941, de abiertas fricciones con EE. UU. Además, de la década de los 40, la
constitución del Frente Patriótico y la Federación de Estudiante de Panamá, posibilitan el
rechazo del Convenio Filos-Hines, sobre bases militares, de 1947.
Los espacios de lucha en el tiempo contra la oligarquía y el imperialismo se acortan. Lucha
social y nacional se entrelazan. El tratado de 1955, favorable a la oligarquía, lleva a los
movimientos del 58 y 59 en defensa de la soberanía, a las guerrillas del Tute en 1959 y a la
gran huelga bananera de 1960.

En 1964, el imperialismo interviene en Panamá y asesina a 21 panameños. A partir de


entonces se acelera el enfrentamiento definido. En una época de relativo auge económico
los problemas se agudizan: los empleados públicos, estudiantes, maestros y profesores, los
obreros se lanzan a la calle. La crisis política no se hace esperar. En 1968 los militares
toman el poder y, luego de un año de represión popular, los cambios sociales en la
compasión del Estado posibilitan medidas populares y el rechazo de las pretensiones
oligarca-imperialistas.

A partir de 1970, se rechazan las pautas negociadoras vigentes con EE. UU. Y se exige la
eliminación de las causas de conflicto. Así mismo, la unidad nacional para enfrentar al
imperialismo va acompañada de una constitución (1972), un nuevo Código de Trabajo
progresista, nuevas leyes de Vivienda y amplia participación popular, junto a una nueva
política exterior en el marco del No Alineamiento.

Las condiciones en Panamá y la solidaridad internacional permiten la firma y ratificación


de los Tratados Torrijos-Carter. Ellos no satisfacen todas las aspiraciones panameñas, se
legalizan las bases militares, pero establecen
los fundamentos de la real independencia
política y son un eslabón más hacia la
independencia económica. Pero traen
aparejados graves problemas.

En efecto, la crisis económica y el


endeudamiento externo permitieron la
incursión de algunos sectores oligarcas en el
gobierno y la cesión, en áreas claves de la economía, a su favor; los sectores populares
cargaron con la unidad en aras de la soberanía: se reforma la constitución en 1978 y 1983,
se mediatiza el Código de trabajo, se destruye la reforma educativa y finalmente, un
gobierno apoyado por EE. UU. Y el FMI llega al poder en 1984.