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REVERENCIA POR LO QUE ES SANTO

LECTURA BÍBLICA: Tema a Jehová toda la tierra; teman delante de él todos los habitantes
del mundo. (Sal. 33: 8).
HIMNO INICIAL: 22 Jehova esta en su santo templo
INTRODUCCION
Otro don que debería ser cuidadosamente fomentado es el de la reverencia (La Educación,
pág. 237).
¡Cuán apropiado sería que jóvenes y ancianos ponderasen las palabras de la Escritura que
demuestran cómo debe considerarse el lugar señalado por la presencia especial de Dios! El
ordenó a Moisés, al lado de la zarza ardiente:" "Quita tus zapatos de tus pies, porque el
lugar en que tú estás, tierra santa es." "(Exo. 3: 5.)
Jacob, después de contemplar la visión del ángel, exclamó:" "Ciertamente Jehová está en
este lugar, y yo no lo sabía . . . . No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo." "(Gén.
28: 16, 17.)
Los santos ángeles se han disgustado debido a la forma irreverente en que muchos han
usado el nombre de Dios, el gran Jehová. Los ángeles mencionan el sagrado nombre con la
mas reverencia, velando siempre sus rostros cuando pronuncian el nombre de Dios; y el
nombre de Cristo es tan sagrado para ellos que lo repiten con la más grande de las
reverencias.-T1 410.

LA REVERENCIA POR SU NOMBRE


Los santos ángeles se han disgustado debido a la forma irreverente en que muchos han
usado el nombre de Dios, el gran Jehová. Los ángeles mencionan el sagrado nombre con la
mas reverencia, velando siempre sus rostros cuando pronuncian el nombre de Dios; y el
nombre de Cristo es tan sagrado para ellos que lo repiten con la más grande de las
reverencias.-T1 410.
También se debería mostrar reverencia hacia el nombre de Dios. Nunca se debería
pronunciar ese nombre con ligereza o indiferencia. Hasta en la oración se debería evitar su
repetición frecuente o innecesaria. "Santo y temible es su nombre" (Salmo 111: 9). Los
ángeles, al pronunciarlo, cubren sus rostros. ¡Con cuánta reverencia deberíamos
pronunciarlo nosotros que somos caídos y pecadores! (Id., pág. 238).
Vi que el santo nombre de Dios debe usarse con reverencia y temor. Las palabras Dios
Todopoderoso son expresadas juntas y empleadas por algunos en oración de una manera
descuidada y negligente, que le desagrada. Los tales no comprenden a Dios ni a la verdad,
pues si lo comprendieran no hablarían con tanta irreverencia del Dios grande y temible,
que pronto los ha de juzgar en el día postrero. Dijo el ángel: "No las unáis; porque terrible
es su nombre." Los que se dan cuenta de la grandeza y la majestad de Dios, pronunciarán
su nombre con santa reverencia. Él mora en luz inaccesible; ningún hombre puede verle y
vivir. Vi que estas cosas tendrán que ser comprendidas y corregidas antes que la iglesia
pueda prosperar.
Nunca debemos mencionar con liviandad los títulos ni los apelativos de la Deidad . Por la
oración entramos en la sala de audiencias del Altísimo y debemos comparecer ante el con
pavor sagrado. Los ángeles velan sus rostros en su presencia. Los querubines y los
esplendorosos y santos serafines se acercan a su trono con reverencia solemne. . .

"No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al
que tomare su nombre en vano." Exo. 20: 7.

Este mandamiento no sólo prohibe el jurar en falso y las blasfemias tan comunes, sino
también el uso del nombre de Dios de una manera frívola o descuidada, sin considerar su
tremendo significado. Deshonramos a Dios cuando mencionamos su nombre en la
conversación ordinaria, cuando apelamos a él por asuntos triviales, cuando repetimos su
nombre con frecuencia y sin reflexión. "Santo y terrible es su nombre" (sal. 111: 9). Todos
debieran meditar en su majestad, su pureza, y su santidad, para que el corazón comprenda
su exaltado carácter; y su santo nombre se pronuncie con respeto y solemnidad.- PP 314.
REVERENCIA POR LA PALABRA DE DIOS
Deberíamos reverenciar la Palabra de Dios. Deberíamos mostrar respeto hacia el volumen
impreso y no darle usos comunes ni manosearlo descuidadamente. Nunca debería ser
citada la Escritura en broma, ni parafraseada para decir una agudeza. "Toda palabra de Dios
es acrisolada"; "como plata refinada en horno de tierra," siete veces acrisolada" (Prov. 30:
5; Sal. 12: 6) (Ibid.).

Debiera enseñarse a los niños que respeten cada palabra que procede de la boca de Dios.
Los padres han de magnificar siempre los preceptos de la ley de Dios delante de sus hijos,
mostrando obediencia a esa ley y viviendo ellos mismos bajo los requerimientos de Dios. Si
los padres son poseídos por un sentimiento de lo sagrado de la ley, con seguridad esto
transformará su carácter convirtiendo su alma (Review and Herald, 10-5-1898).

REVERENCIA EN LA CASA DE DIOS(TEMPLO)


"Mis sábados guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia: Yo Jehová." (Lev. 19: 30,
RVA.)

Dios es santo y sublime; y para el alma humilde y creyente, su santuario terrenal, el lugar
donde su pueblo se reúne para adorarlo, es una puerta del cielo. El canto de alabanza, las
palabras pronunciadas por los ministros de Cristo, son los elementos que Dios ha destinado
a la preparación de un pueblo para la iglesia del cielo, y para el culto superior.
Cuando los adoradores entran en el lugar de la reunión, deben hacerlo con decoro, pasando
quedamente a sus asientos... La conversación común, los cuchicheos y las risas no deben
permitirse en la casa de culto, ni antes ni después del servicio. Una piedad ardiente y activa
debe caracterizar a los adoradores.

Si algunos tienen que esperar unos minutos antes de que empiece la reunión, conserven un
verdadero espíritu de devoción meditando silenciosamente, manteniendo el corazón
elevado a Dios en oración, a fin de que el servicio sea de beneficio especial para su propio
corazón, y conduzca a la convicción y conversión de otras almas. Deben recordar que los
mensajeros celestiales están en la casa. Todos hemos perdido mucha dulce comunión con
Dios por nuestra inquietud, por no fomentar los momentos de reflexión y oración...

LOS HIJOS, LOS NIÑOS EN EL TEMPLO


Muchos . . . no tienen verdadero aprecio por el carácter sagrado de las cosas eternas. Casi
todos necesitan que se les enseñe a conducirse en la casa de Dios. Los padres no deben sólo
enseñar, sino ordenar a sus hijos que entren en el santuario con seriedad y reverencia (Joyas
de los Testimonios, tomo 2, pág. 199).
Padres, es vuestro deber tener a vuestros hijos en perfecta sujeción, habiendo dominado
todas sus pasiones y mal genio. Y si los niños son llevados al culto, debiera hacérseles saber
y entender dónde están: que no están en casa, sino donde Dios se encuentra con su pueblo.
Y debiera mantenérselos tranquilos y sin jugar, y Dios volverá su rostro hacia vosotros para
encontraros y bendeciros.
La casa de Dios es profanada con frecuencia y el sábado es violado por los hijos de los
observadores del sábado. En algunos casos aun se les permite correr por la casa, jugar,
conversar y manifestar su mal genio en las mismas reuniones donde los santos debieran
rendir culto a Dios en la belleza de la santidad. Y el lugar que debería ser santo, y donde
debería reinar una quietud santa, y donde debiera haber un orden perfecto, limpieza y
humildad, se convierte en una perfecta Babilonia, "confusión". Esto es suficiente para
provocar el desagrado de Dios y ahuyentar su presencia de nuestras asambleas (Review and
Herald, 19-9-1854).
Ud. debiera enseñar a su hijo a obedecer como le obedecen a Dios los hijos de Dios. Si se
mantiene esta norma, una palabra suya tendrá peso cuando su hijo esté inquieto en la casa
de Dios. Pero si los niños no pueden ser reprimidos, si los padres sienten que la restricción
se parece mucho a una extorsión, el niño debiera ser sacado de la iglesia inmediatamente.
No se debiera dejarlo para que distraiga la mente de los oidores con sus charlas y carreras.
Dios es deshonrado por la forma descuidada en que muchos padres están con sus hijos en
la iglesia (Carta 1, 1877).

Del carácter sagrado que rodeaba el santuario terrenal, los cristianos pueden aprender
cómo deben considerar el lugar donde el Señor se encuentra con su pueblo. Ha habido un
gran cambio, y no en el mejor sentido, sino en el peor, en los hábitos y costumbres de la
gente con referencia al culto religioso. Las cosas preciosas y sagradas que nos relacionan
con Dios, están perdiendo rápidamente su influencia y son rebajadas al nivel de las cosas
comunes. La reverencia que el pueblo tenía antiguamente por el santuario donde se
encontraba con Dios en servicio sagrado, ha desaparecido mayormente. Sin embargo, Dios
mismo dio el orden del servicio, ensalzándolo muy por encima de todo lo que tuviese
naturaleza temporal (Id., pág. 193).

Es demasiado cierto que la reverencia por la casa de Dios ha llegado casi a extinguirse. No
se disciernen las cosas y los lugares sagrados, ni se aprecia lo santo y lo exaltado. ¿No falta
en nuestra familia la piedad ferviente? ¿No se deberá a que se arrastra en el polvo el alto
estandarte de la religión? Dios dio a su antiguo pueblo reglas de orden, perfectas y exactas.
¿Ha cambiado su carácter? ¿No es el Dios grande y poderoso que rige en el cielo de los
cielos? ¿No sería bueno que leyésemos con frecuencia las instrucciones dadas por Dios
mismo a los hebreos, para que nosotros, los que tenemos la luz de la gloriosa verdad,
imitemos su reverencia por la casa de Dios? Tenemos abundantes razones . . . . para ser aun
más reflexivos y reverentes en nuestro culto que los judíos. Pero un enemigo ha estado
trabajando para destruir nuestra fe en el carácter sagrado del culto cristiano (Joyas de los
Testimonios, tomo 2, pág. 198).

La casa es el santuario para la familia, y la cámara o el huerto el lugar más retraído para el
culto individual; pero la iglesia es el santuario para la congregación. Debiera haber reglas
respecto al tiempo, el lugar y la manera de adorar (Id., pág. 193).
Debiera haber un lugar sagrado, como el santuario de la antigüedad, donde Dios se
encuentre con su pueblo. Ese lugar no debiera usarse como comedor ni como oficina, sino
sencillamente para el culto de Dios. Cuando los niños asisten a la escuela en el mismo lugar
donde se reúnen para rendir culto en el sábado, no se puede hacer que sientan la santidad
del lugar y que entren en él con sentimientos de reverencia. Se mezclan de tal manera lo
sagrado y lo común que es difícil distinguirlos.

Por esta razón, la casa o santuario dedicado a Dios no debiera convertirse en un lugar
común. Su santidad no se debiera confundir ni mezclar con los sentimientos comunes de
todos los días o de la vida comercial. Debiera haber un solemne temor reverente en los
adoradores cuando entran en el santuario, y debieran dejar tras sí todos los pensamientos
mundanos comunes, pues ése es el lugar donde Dios revela su presencia. Es como la cámara
de audiencia del gran Dios eterno. Por lo tanto, el orgullo y la pasión, la disensión y la
egolatría, el egoísmo y la avaricia, que Dios denuncia como idolatría, son inapropiados para
tal lugar (Manuscrito 23, 1886).

REVERENCIA EN EL CULTO DIVINO, SERMON


Antes del culto
Cuando los adoradores entran en el lugar de reunión, deben hacerlo con decoro, pasando
quedamente a sus asientos. Si hay una estufa en la pieza, no es propio rodearla en una
actitud indolente y descuidada. La conversación común, los cuchicheos y las risas no deben
permitirse en la casa de culto, ni antes ni después del servicio. Una piedad ardiente y activa
debe caracterizar a los adoradores.

Si algunos tienen que esperar unos minutos antes de que empiece la reunión, conserven un
verdadero espíritu de devoción meditando silenciosamente, manteniendo el corazón
elevado a Dios en oración, a fin de que el servicio sea de beneficio especial para su propio
corazón y conduzca a la convicción y conversión de otras almas. Deben recordar que los
mensajeros celestiales están en la casa. Todos hemos perdido mucha dulce comunión con
Dios por nuestra inquietud, por no fomentar los momentos de reflexión y oración. La
condición espiritual necesita ser reseñada con frecuencia, y la mente y el corazón atraídos
al Sol de justicia.

Si cuando la gente entra en la casa de culto tiene verdadera reverencia por el Señor y
recuerda que está en su presencia, una suave elocuencia en el silencio. Las risas, las
conversaciones y los cuchicheos que podrían no ser pecaminosos en un lugar de negocios
comunes, no deben tolerarse en la casa donde se adora a Dios. La mente debe estar
preparada para oír la Palabra de Dios, a fin de que tenga el debido peso e impresione
adecuadamente el corazón.

Cuando el ministro entra, debe ser con una disposición solemne y digna. Debe inclinarse en
oración silenciosa tan pronto como llegue al púlpito y pedir fervientemente ayuda a Dios.
¡Qué impresión hará estos Habrá solemnidad y reverencia entre los oyentes. Su ministro
está comulgando con Dios; se está confiando a Dios antes de atreverse a presentarse
delante de la gente. Una solemnidad desciende sobre todos, y los ángeles de Dios son
atraídos muy cerca. Cada uno de los miembros de la congregación que teme a Dios, debe
también unirse en oración silenciosa con él, inclinando su cabeza, para que Dios honre la
reunión con su presencia y dé poder a su verdad proclamada por los labios humanos.

Cuando se abre la reunión con oración, cada rodilla debe doblegarse en la presencia del
Santo y cada corazón debe elevarse a Dios en silenciosa devoción. Las oraciones de los
adoradores fieles serán oídas y el ministerio de la palabra resultará eficaz. La actitud inerte
de los adoradores en la casa de Dios es un importante motivo de que el ministerio no
produce mayor bien. La melodía del canto, exhalada de muchos corazones en forma clara y
distinta, es uno de los instrumentos de Dios en la obra de salvar almas. Todo el servicio
debe ser dirigido con solemnidad y reverencia, como si fuese en la visible presencia del
Maestro de las asambleas.
Durante el culto.

Cuando se habla la palabra, debéis recordar, hermanos, que estáis escuchando la voz de
Dios por medio del siervo que es su delegado. Escuchad atentamente. No durmáis por un
instante, porque el sueño podría haceros perder las palabras que más necesitáis, - las
palabras que, si las escucharais, salvarían vuestros pies de desviarse por sendas
equivocadas. Satanás y sus ángeles están atareados creando una condición de parálisis de
los sentidos, para que las recomendaciones, amonestaciones y reproches no sean oídos; y
para que, si llegan a oírse, no produzcan efecto en el corazón ni reformen la vida. A veces
un niñito puede atraer de tal manera la atención de los oyentes que la preciosa semilla no
caiga en buen terreno ni lleve fruto.
Algunas veces los jóvenes tienen tan poca reverencia por la casa y el culto de Dios, que
sostienen continua comunicación unos con otros durante el sermón. Si pudiesen ver a los
ángeles de Dios que los miran y toman nota de sus acciones, se llenarían de vergüenza y se
aborrecerían a sí mismos. Dios quiere oyentes atentos. Era mientras los hombres dormían
cuando Satanás sembró la cizaña.
Estoy alarmada cuando veo a los niños y jóvenes de padres religiosos tan descuidados en
cuanto al orden y decoro que debieran observarse en la casa de Dios. Mientras los siervos
de Dios están presentando las palabras de vida a la congregación, algunos leen, otros
murmuran y ríen. Sus ojos están pecando al distraer la atención de los que los rodean. Este
hábito crecerá e influirá en otros, si se permite que continúe sin ser frenado.

Después del culto

Cuando se pronuncia la oración de despedida, todos deben permanecer quietos, como si


temiesen perder la paz de Cristo. Salgan todos sin desorden ni conversación, sintiendo que
están en la presencia de Dios, que su ojo descansa sobre ellos y que deben obrar como si
estuviesen en su presencia visible. Nadie se detenga en los pasillos para conversar o charlar,
cerrando así el paso a los demás. Las dependencias de las iglesias deben ser investidas con
sagrada reverencia. No debe hacerse de ellas un lugar donde encontrarse con antiguos
amigos, y conversar e introducir pensamientos comunes y negocios mundanales. Estas
cosas deben ser dejadas fuera de la iglesia. Dios y los ángeles han sido deshonrados por la
risa ruidosa y negligente, y el ruido que se oye en algunos lugares.

Padres, elevad la norma del cristianismo en la mente de vuestros hijos; ayudadles a


entretejer a Jesús en su experiencia; enseñadles a tener la más alta reverencia por la casa
de Dios y a comprender que cuando entran en la casa del Señor deben hacerlo con corazón
enternecido y subyugado por pensamientos como éstos: "Dios está aquí; ésta es su casa.
Debo tener pensamientos puros y los más santos motivos. No debo abrigar orgullo,
envidias, celos, malas sospechas, odios ni engaño en mi corazón; porque vengo a la
presencia del Dios santo. Este es el lugar donde Dios se encuentra con su pueblo y lo
bendice. El Santo y Sublime, que habita la eternidad, me mira, escudriña mi corazón, y lee
los pensamientos y los actos más secretos de mi vida."

Las críticas hechas al sermón

La mente delicada y susceptible de los jóvenes forma su concepto de las labores de los
siervos de Dios por la manera en que sus padres las tratan. Muchas cabezas de familias
hacen del culto un asunto de crítica en casa, aprobando algunas cosas y condenando otras.
Así se critica y pone en duda el mensaje de Dios a los hombres, y se lo hace tema de
liviandad. ¡Sólo los libros del cielo revelarán qué impresiones hacen sobre los jóvenes estas
observaciones descuidadas e irreverentes! Los niños ven y comprenden estas cosas mucho
más rápidamente de lo que pueden pensar los padres. Sus sentidos morales quedan mal
encauzados, cosa que el tiempo nunca podrá cambiar 200 completamente. Los padres se
lamentan por la dureza de corazón de sus hijos, y por lo difícil que es despertar su
sensibilidad moral para que respondan a los requerimientos de Dios.

Pero los libros del cielo llevan, anotada por una pluma que no se equivoca, la verdadera
causa. Los padres no estaban convertidos. No estaban en armonía con el cielo ni con la obra
del cielo. Sus ideas bajas y comunes del carácter sagrado del ministerio y del santuario de
Dios se reprodujeron en la educación de sus hijos. Es de dudar que alguno que haya estado
durante años bajo la influencia agostadora de tal instrucción doméstica pueda ya tener una
reverencia sensible y alta consideración por el ministerio de Dios y por los agentes que él
designó para la salvación de las almas. Debemos hablar de estas cosas con reverencia, con
lenguaje decoroso y delicada susceptibilidad, a fin de demostrar a todos los que se asocian
con nosotros que consideramos el mensaje de los siervos de Dios como mensaje dirigido a
nosotros por Dios mismo.

CONCLUSION
A Dios se le debe reverenciar grandemente; todo el que verdaderamente reconozca su
presencia se inclinará humildemente ante él, y como Jacob cuando contempló la visión de
Dios, exclamará: "¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta
del cielo." (Gén. 28:17.)

Los discípulos de Cristo deben precaverse hoy contra la tendencia a perder el espíritu de
reverencia y temor piadoso. Las Escrituras enseñan a los hombres cómo deben acercarse a
su Hacedor, a saber con humildad y reverencia, por la fe en un Mediador divino. El salmista
declaró:

"Porque Jehová es Dios grande;" Y Rey grande sobre todos los dioses. . . . "Venid, adoremos
y postrémonos; "Arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor." (Sal. 95: 3, 6.)

Jacob, después de contemplar la visión del ángel, exclamó:" "Ciertamente Jehová está en
este lugar, y yo no lo sabía . . . . No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo." "(Gén.
28: 16, 17.)
Aunque Dios no mora en templos hechos por manos humanas, honra con su presencia las
asambleas de sus hijos. Prometió que cuando se reuniesen para buscarle, para reconocer
sus pecados, y orar unos por otros, él los acompañaría por su Espíritu. Pero los que se
congregan para adorarle deben desechar todo lo malo. A menos que le adoren en espíritu
y en verdad, así como en hermosura de santidad, de nada valdrá que se congreguen. Acerca
de tales ocasiones el Señor declara:" "Este pueblo de labios me honra; mas su corazón lejos
está de mí. Mas en vano me honran." (Mat. 15: 8, 9.) Los que adoran a Dios deben
adorarle"en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le
adoren." (Juan 4: 23.)

"Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra."(Hab. 2: 20.)