Вы находитесь на странице: 1из 4

LAS CONSECUENCIAS DE UN PRESENTE GRIEGO

Cuando Oscar Gustavo ingreso al Colegio, donde se iba a desarrollar el Torneo de Ajedrez
Inter-Escolar, sintió un miedo tenue que se iba incrementando a medida que veía a los participantes con
sus entrenadores analizando partidas de ajedrez de la elite mundial. Niños de todas las edades y
diferentes instituciones educativas se reúnen anualmente para participar en el evento más importante de
su ciudad. Todos ellos jugaran un extenuoso torneo en busca de una vacante para el Campeonato
Nacional. Hay bullicio de niños y correrías de los organizadores. El local es grande y moderno,
ambientado con motivos ajedrecísticos. Grandes carteles acerca del torneo con fotos de los grandes
Maestros del Ajedrez de todos los tiempo, tabla de posiciones con la lista de los participantes, fotos del
ganador del campeonato pasado recibiendo el trofeo por el orgulloso director, grandes piezas plásticas
de los trebejos en cada ángulo del gran salón de juego que es rodeadas por aulas y al norte la oficina
del director con un gran ventanal de cristal transparente y en el centro del recinto todas las mesas de
ajedrez, relojes y planillas de juego para anotar las jugadas. Todo listo para inician el evento.
Un niño está solo y no tiene entrenador: Oscar Gustavo. El es un niño alegre y divertido. Sus ojos
vivaces y su sonrisa siempre a flor de labios hacen de él un niño agradable. Es el menor de su familia.
Como ya les dije que no tiene entrenador por ser representante de una escuela estatal. El fue clasificado
para el torneo de una manera diferente a las particulares: el tutor del aula pregunta quien sabe jugar
ajedrez y los niños que desean jugar levantaban la mano e inmediatamente y ya están clasificados para
el torneo anual. El siempre es el único que participa de su escuela. Los otros centros particulares deben
realizar largos torneos clasificatorios para representar a su institución educativa.
Oscar Gustavo había jugado el año pasado por un solo motivo: Mónica, la niña más linda de
una escuela privada frente a la de él, es su inspiración. Los dos son los enamorados más inocentes y
extraños que existen en su mundo de ilusión y fantasía. Ellos se gustan, sus miradas y sonrisas tímidas
les arrancaban un suspiro cuando entran o salen de sus propias escuelas. Nunca habían entablado una
conversación ni un hola había pronunciado sus labios. Solo sonrisas y cómplices miradas los
emocionan. La participación de Oscar Gustavo en el anterior torneo de ajedrez fue decepcionante. Su
motivación a participar en este torneo, fue la humillación que sufrió en la competición pasada. El fue
ridiculizado por el grupo de jugadores del colegio de Mónica. Cuando jugó los cuartos de final. Un
niño gordo y feo le tendió una trampa en el medio juego de la partida dándole de regalo un caballo que
sin dudar Oscar Gustavo lo tomo en el acto. Todos los que veían la partida creían que era un descuido
del jugador al perder la pieza. Mientras que el niño gordo y feo frente de el se reía diciéndole que ese
caballo era un presente griego. Oscar Gustavo recordó cuando su hermana le leía emocionada la
historia de la Iliada y la Odisea antes de dormir. Grandes batallas, cíclopes, dioses y héroes esforzados
lo hacía emocionar. La cruenta guerra termino precisamente por el regalo de un caballo de madera
llamado Caballo de Troya. La combinación en el tablero se dio en pocas jugadas y Oscar Gustavo se
rindió. Todo hubiera quedado allí sin menor remordimiento; pero el niño gordo y feo se burlo de el a
carcajadas con sus compañeros que miraban la partida. Mónica era testigo de ello. Ella lo miraba con
compasión mientras el Oscar Gustavo lloraba de rabia y vergüenza.
Oscar Gustavo había aprendido los movimientos de los trebejos mirando a su padre jugar
interminables horas de luchas con sus amigos que llegaban a cualquier hora a casa. Lo que le gustaba al
niño era los apuros de tiempo y el uso del reloj de ajedrez. Cada jugador se apresuraba a efectuar su
jugada y presionar el dispositivo que tenía un reloj para cada jugador que paraba su tiempo después de
cada jugada e iniciaba la del adversario. Las piezas caían sobre tablero en la premura del tiempo. Si las
agujas del reloj llegaban a cero perdía la partida.
Su padre nunca les enseño a jugar al juegos de las figuras esbeltas y extrañas. Él lo aprendió a
fuerza de ver a su padre jugar al ajedrez. Papa es serio, indiferente y casi no le presta atención. Solo su
hermana adolescente lo atiende con amor. Ella lo llama “cosita linda”. Su hermana le comenzó a
enseñar cómo se leían las partidas de ajedrez donde solo aparecían letras y números que indicaban cada
jugada de los grandes maestros de ajedrez. Ella le explicaba con mucha paciencia. Los sistemas de
apertura, defensa, estrategia y la táctica. Eran horas y horas, libros y libros, jugadas tras jugadas, jaque
y jaques hasta llegar al jaque mate…
Mónica es mayor que el por un año. Cuando Oscar Gustavo la vio, creyó ver a Elena que
muchos valientes héroes murieron por ella en la cruenta guerra de Troya. El pensaba ser el Príncipe
Paris que algún día la robaría y originaria una funesta guerra que duraría años. El lucharía hasta morir
con el niño gordo y feo a causa de la afrenta. Lucharía como el valiente héroe Aquiles contra Hector.
Lo retaría a una lucha que comenzaría al amanecer y terminaba cuando la noche cubría con su manto
funebre. Su amada Mónica lo vería luchar como un gran héroe esforzado. Ella se merecía todo. Hasta
su vida lo daría por ella. Todas las niñas bellas suspirarían por el pero su amor era solo para su amada
Mónica. Al niño gordo y feo que se burlo de el seria el próximo en morir. Lo iba humillar. Su cuerpo lo
pasearía desnudo para que sea la vergüenza de todos. La víctima le pediría perdón por burlarse de el en
una partida de ajedrez. Oscar Gustavo pediría permiso a su amada Mónica para matarlo o perdonarle
vida pero como ella es dulce y de noble sentimientos le pediría perdonarle la vida…

Inicial la primera ronda. Sistema todos contra todos y el que tiene más puntos es el campeón a
representar en el Torneo Nacional de Ajedrez. Un lindo trofeo para el ganador. Oscar Gustavo está
nervioso. Sus manos comienzan a sudar intensamente. Tiene como adversario a un niño delgado con
anteojos que lo observa con desconfianza pero el busca a Mónica. Ella se acerca y le dice: “buena
suerte, Oscar Gustavo”. El sonríe ruborizado pero feliz. Suspira. El árbitro de la competencia poner en
marcha los relojes y se inicia la lucha. Después de pocos minutos hay ganadores y perdedores. Oscar
Gustavo ha perdido por una pieza por mirar a cada momento a Mónica. Su situación es crítica.
Recuerda que debe jugar con mucha calma y no desesperarse. El otro está obligado a vencer. Solo
esperar que se lance al ataque y aprovechar el contra-ataque. Es la última partida de la primera ronda y
el tiempo se termina para ambos. Todo depende de un jaque y mate o que el reloj llegue a cero. Los
nervios del niño de antojos es desesperante que tiene una pieza más en el tablero. Ha llegado una final
de peón más rey contra el rey solitario de Oscar Gustavo. Si el peón llega a la octava corona a dama y
todo está perdido para Oscar Gustavo. El tiene que lograr que su rey llegue a la octava antes que el
peón y el rey adversario lleguen a séptima horizontal. Después de unos lances lo impide y es empate.
Los siguientes rondas son más duras pero el está concentrado en todo. Recuerda a su papa como
manejaba los apuros de tiempo, como complicaba la partida, como sacrificaba las piezas para lograr
ganar tiempos importantes.
Victoria tras victoria Oscar Gustavo llega a ser segundo en la tabla con medio punto menos por su
empate en la primera ronda (un punto por partida ganada y medio punto por el empate). El líder e
invencible del torneo es el niño gordo y feo que lo humillo el torneo pasado y que gana sin tregua y sin
compasión. El “killer” como lo llaman sus amigos. El entrenador está orgulloso de este niño que tantas
victorias ha dado a la institución educativa. El director y padres de familia lo felicitan por su arduo
trabajo que le ha dado grandes frutos a nivel nacional. El entrenador sorprendido ve a Oscar Gustavo
como gana sus partidas. No puede creer que un niño de escuela nacional este ganando a jugadores
fuertes ‘suerte de principiantes’ se dice.
Llega la gran final: Oscar Gustavo con el niño gordo y feo. Oscar Gustavo lleva las piezas
negras y mira con odio a su adversario. El otro lo mira y se ríe con sus amigos que se han abarrotado a
la mesa de los lideres. Gustavo lo quiere aniquilarlo. Hacerlo sufrir, humillarlo, avergonzarlo y
desaparecerlo en el tablero. Se comienza los primeros movimientos y la lucha esta en el centro del
tablero. Oscar Gustavo tiene que defenderse por llevar las piezas negras. En el medio juego, la partida
ya está igualada. Mónica le sonríe y él se ruboriza como siempre. Oscar Gustavo, por favor,
concéntrate se dice a sí mismo. Su hermana siempre se lo decía también “Piensa Gustavito, piensa
Gus” . Llegan a un final con igualdad. Después de unas jugadas Oscar Gustavo lleva ventaja. Todos los
profesores comentan la partida. Se preguntan quién es el niño extraño que juega bien. Sigue la ventaja
decisiva de Oscar Gustavo. El director llama al entrenador al su oficina que esta frente a la mesa donde
juega Oscar Gustavo que puede ver como el director recrimina al entrenador por esa partida decisiva
desfavorable. El entrenador cabizbajo y nervioso no atina a decir ninguna palabra. En conclusión, si no
se clasifican este año será un caos para el colegio y reclamos de los padres de familia. Director y
entrenador regresan a la sala de juego para ver la final. Han pedido acordonar la mesa donde se decide
la final por el gran tumulto que se ha producido y los comentarios y murmullos. Oscar Gustavo ve
como ese niño gordo y feo sufre, suda y quiere llorar. Oscar Gustavo es el ganador del torneo. El quiere
gritar soy el mejor. Reírse de todos… Hace su jugada magistral. Un sacrifico de Dama y dos jugadas
más es mate inevitable. Todo sorprendidos hacen un coral “ohhhh!!!” Oscar Gustavo llama al árbitro
para ir al baño. Permiso concedido. Cuando regresa del baño, ve al entrenador sorprendido mirando la
partida. El entrenador y director lo miran de soslayo cuando Oscar Gustavo regresa a la mesa de juego.
Se sienta y le sonríe al niño gordo y feo. No hay escapatoria, la victoria es clara. Después de la jugada
del adversario, el asesinato al rey blanco es inevitable pero mira de nuevo al nervioso entrenador del
niño gordo y feo. Mira a Mónica. Su adversario con lagrimas trata de abandona ante la muerte evidente.
El mira al niño gordo y feo con una sonrisa de satisfacción. Con su mirada parece decirle sufre, así
quería verte. Mira al entrenador con nostalgia. Mira que todos lo están mirándolo. Es el campeón. Solo
dos jugadas mas y gritarle al niño gordo y feo: jaque y mate. No es un caballo de Troya lo que te he
sacrificado: es a la propia Elena a quien la inmolo. “Ya Gus, hazlo” parece decirle Monica. Cuando va
a realizar el movimiento que le dará la victoria, mira al entrenador que ya no mira el tablero sino al
director que esta de mal humor. Una sola jugada puede cambiar las emociones de los protagonistas y
espectadores. Piensa. Que piensa Gus para hacer una jugada lógica y simple o quieres hacer sufrir mas
a tu adversario que sus lagrimas comienzan a brotar y correr por sus mejias. Mira a Monica que le
sonríe. Mira al entrenador de nuevo. Piensa con la pieza en la mano y hace un movimiento malo que
lleva a su propia derrota. “No!!!, Oscar Gustavo, por que lo hiciste” le diría su hermana que no pudo
asistir. Todas son jugadas buenas y conducen a una victoria fácil pero Oscar Gustavo ha jugado la mala.
Error definitivo. Al niño gordo y feo le aparece una sutil sonrisa y gana la partida. Oscar Gustavo mira
al entrenador que es felicitado por el director y los padres de familia. Otro año más en el nacional.
Jubilo total en el salón de juego.
Oscar Gustavo se acerca con una sonrisa tímida a Mónica y le dice “hola”. Mónica le regala un
dulce beso en la mejía. No lo puede creer: UN BESO!!! Es el mejor premio que ganar el Campeonato
de Ajedrez, se piensa con resignación. Su satisfacción de ver llorar a niño gordo y feo fue un placer
maravilloso para su ego. Oscar Gustavo sale del colegio con Monica pero no está triste. “Como ha
sufrido ese gordo y feo” le dice a Monica, con una malévola sonrisa. Se sientan los dos en la vereda del
frente del colegio y conversan de otras cosas pueriles.
Salen todos… Por último el director y el entrenador del niño gordo y feo. El director le propone
ir a su casa a celebrar la clasificación a los juegos Nacionales. El entrenador le dice que no, mirando a
Oscar Gustavo que conversa emocionado con Monica. El director llama a Monica: ‘vamos a casa,
amor’ y ella va al auto del Director. Por la ventana del vehículo, Monica agita la mano diciéndole
“Adiós” Gustavo también agita sus manos con una inmensa alegría. Oscar Gustavo se acerca al
entrenador y le dice: “ como estuve?” El entrenador le dice “vamos a casa” y lo coge de la mano con
delicadeza y cariño. Oscar Gustavo sonríe al sentir la grande mano que sujeta la suya. Es la primera vez
que lo hacia. El entrenador le pregunta por qué hizo la jugada tan mala que le costó la partida. Él le
dice que no vio la jugada ganadora. El entrenador le responde que todas las jugadas conducían a la
victoria menos la que hizo. Oscar Gustavo le dice:
“papa, quiero jugar contigo”.
El entrenador sonríe.
“Di que si, siiii!!!, insiste Oscar Gustavo: “jugamos con reloj” mientras sus ojos empiezan a brillar de
emoción.
El entrenador le dice tiernamente: “mejor te invito un helado, Gus”.
Oscar Gustavo le responde: “papa, después del helado jugamos ajedrez?”
El entrenador asiente con la cabeza.
“Papa, yo juego con blancas, ya!!!”.
“Está bien, Gus” dice el entrenador resignado.
“Conocías a Monica” le pregunta su padre.
“Si, es mi amiga” dice tímidamente.
“Es bonita, Gus”.
Gustavo sonríe avergonzado.
“Te gusta verdad”.
“No fastidies, papa”.
“Ahhh, te pille” sonríe sarcásticamente papa.
Risas y voces se escuchan como un eco lejano mientras padre e hijo desaparecen a lo largo de la
calle solitaria bromeando y siempre cogidos tiernamente de la mano.

Oscar Ventura Rodriguez


Alta mar del Mediterráneo Septiembre 2016.