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Friedrich A.

Von Hayek

El abuso de la razón
1952

El abuso de la razón 1
1-Influencia de las ciencia naturales
sobre las ciencias sociales

Durante la primera mitad del siglo XIX se manifestó una nueva actitud. El uso del
termino “ciencia” quedó siempre más reservado a las disciplinas físicas y
biológicas que justo en esa época, empezaron a crear, como sus puntos
específicos, un rigor y una certidumbre que la distinguían de todas las otras. Sus
éxitos fueron tan vistosos que rápidamente empezaron a un extraordinario
fascinación sobre los estudiosos de otras disciplinas, que empezaron a imitar la
enseñanza y el lenguaje de la nueva ciencia. Tuvo así inicio aquella tiranía que
los métodos y las técnicas de la Ciencia, en el sentido estrecho de término,
continúan a ejercer sobre otras disciplinas.
Desde hace 120 años esta ambición de imitar la Ciencia en sus métodos, en
lugar que en su espíritu, domina los estudios sociales pero nuestros
conocimientos no han mejorado mucho. De todas formas, no solamente aquella
ambición continua a desorientar y a desacreditar la actividad de las disciplinas
sociales, si no también renuevan los esfuerzo en preservar la misma dirección…
Hay también una puntualización que es importante hacer: los métodos que los
hombres de ciencias y los hombres sugestionados por los prodigio de las ciencias
de la naturaleza, han pretendido frecuentemente de exportar a las ciencias
sociales, no eran siempre aquellos de hecho utilizados por los científicos en el
ámbito específico de sus actividades si no, más bien, los que creían que ellos
utilizaban.
No es necesario decir que lo que diremos no es dirigido contra los métodos de la
Ciencia y su utilización en su ámbito, ni siquiera quiere generar la mínima duda
sobre su validez. De tal forma, para evitar cualquier equívoco, todas las veces
que tendremos que tratar, no con el espíritu desinteresado de la investigación
científica, si no con las imitaciones pedantes del método y del lenguaje de la
Ciencia, usaremos el término “cientificismo” o “cientismo” y de prejuicio
“cientista”. Son término del todo ignorados en Gran Bretaña, importados desde
Francia donde, en los últimos años, se ha generalmente empezado a usarlos en
el mismo sentido que lo utilizaremos en esta obra. Hay que tener presente que,
en el particular significado que le atribuimos, estos términos indican sin duda una
actitud que podemos definir anticientífica en el verdadero sentido de la palabra,
porque se realiza en una mecánica y acrítica aplicación en ciertas costumbres de
pensamiento a campos diferentes de aquellos en los cuales fueron formados. La
concepción cientista, al opuesto de aquella científica, no es un tipo de
acercamiento objetivo de la realidad, si no, ya prejuzgada desde el principio con
la pretensión de saber cual sea el método más apropiado para una investigación,
antes de haber tomado en consideración su contenido.

El abuso de la razón 2
2-Problema y método de las ciencias sociales

Tres fueron los obstáculos mayores al progreso de la ciencia moderna, la cual los
combatió sin solución de continuidad desde el momento que nació, en la edad
del Renacimiento.
El primero, pero no el mayor, de estos obstáculos consistió en la costumbre, por
diferentes razones adquirida por los estudiosos, de concentrar la atención sobre
todo a las opiniones de los demás: y esto no nada más porque era el objeto de
las disciplinas en ese entonces más adelantadas, como la teología y la
jurisprudencia sino, más que nada, por consecuencia del declino de la ciencia en
la edad medieval, se había enraizada la idea que el medio más seguro para
obtener la verdad en el mundo de la naturaleza fuera aquel de estudiar las obras
de los grandes hombres del pasado. Más importante era el segundo obstáculo,
determinado de la convicción que las “ideas” de las cosas fueran dotadas de una
cierta sustancia trascendental y que sólo moviéndose del análisis de ellas fuera
posible conocer la realidad general. El tercero, y tal vez el máximo obstáculo, fue
el hecho que los hombres empezaron a interpretar los eventos del mundo
externo a propia imagen y semejanza y a pensarlos animados por una mente
parecida a la de ellos. Por esto las ciencias de la naturaleza siempre se
encontraron frente a explicaciones fundadas sobre analogías de funcionamiento
con el espíritu humano a teorías “antropomórficas” o “animistas”, animadas a
buscar las huellas de algún “diseño” intencional, y satisfechas si podían deducir
la prueba de la activa presencia de una mente ordenadora…
Toda la historia de la ciencia moderna se presenta como el esfuerzo de una
continua emancipación de la clasificación innata de los estímulos externos, hasta
su completa liquidación, de tal forma que se puede decir que “la ciencia física ha
ahora alcanzado un estadio de desarrollo que hace imposible definir lo que
sucede en los objetos de la observación con un lenguaje adapto a entender
nuestras percepciones sensoriales. El solo lenguaje apropiado es aquel de la
“matemática”, es decir, de una disciplina elaborada para describir complejas
relaciones entre elementos que no tienen atributos afuera de sus relaciones.

El abuso de la razón 3
3-Carácter subjetivo de los datos de las ciencias
sociales

Antes de retomar el análisis de las consecuencias del cientismo en el estudio de


la sociedad, es oportuno proceder a un rápido examen del objeto específico de
los estudios sociales y de sus métodos. Esos estudios no tratan sobre las
relaciones entre las cosas, sino sobre las relaciones entre los hombres y las cosas
o de los hombres entre ellos: su objeto es constituido por las relaciones humanas
y sus fines son explicar los efectos no intencionales y no programados por ellos.
Es cierto que también hay problemas humanos que son insolubles por los
métodos de las ciencias naturales (epidemiología, algunas partes de la
antropología, de la genética, etc.) Cada vez que se tenga que ver con reflejos o
procesos inconscientes del cuerpo humano, no hay razón por no tratarlos
“mecánicamente”, al igual que procesos externos objetivamente observables.
Ellos tienen lugar sin que el interesado tenga conciencia o pueda modificar el
resultado.
Objeto específico de las ciencias sociales, strictu sensu, de aquellas que se
nombran también como “ciencias morales”, son las acciones conscientes o
voluntarias del hombre, es decir, aquellas que realiza un sujeto que haya
efectuado anteriormente una decisión entre diferentes alternativas posibles. Es
claro que en este caso, la situación es totalmente diferente. Nosotros sabemos
que los individuos pueden tener la misma reacción frente a estímulos diferentes;
o la misma reacción frente a diferentes estímulos. En realidad, los objetos de la
acción humana o social, no son “hechos objetivos” en la específica y estrecha
aceptación en el cual el término es usado en las Ciencias y se contrapone con las
“opiniones”, y por consiguiente, no pueden absolutamente definirse en términos
físicos. En el ámbito de las acciones humanas las cosas son aquellas que las
personas agentes creen que sean.
Es claro que esos conceptos no se pueden interpretar a la par de “hechos
objetivos”, es decir, como cosas consideradas en sí mismas, independientemente
de lo que piensan los hombres. Un análisis lógico cuidadoso de esos conceptos
nos permite de constatar que todos exprimen relaciones entre más términos (por
lo menos tres): un sujeto agente o pensante, un efecto pensado o deseado y un
objeto o una cosa en el sentido habitual del término…
Si en nuestras investigaciones sobre la sociedad contemporánea, las “leyes de la
naturaleza”, que tenemos que considerar como un dato, en cuanto influyen
sobre las acciones de los individuos, son más o menos las mismas que los
científicos de la naturaleza exponen en sus obras, y esto es, a nuestros fines,
simplemente accidental y no tienen que engañarnos sobre la radical diferencia
que estas leyes presentan en los dos diferentes campos. Lo importante por las
ciencias sociales no es que estás leyes de la naturaleza sean verdaderas o falsas
en sentido objetivo, sino que los hombres crean en ellas y entonces se

El abuso de la razón 4
comporten de acuerdo a esa creencia. Si en el actual conocimiento científico de
la sociedad que hacemos objeto de estudio, es incluida una creencia que el suelo
no da una buena cosecha si antes no se hayan realizados determinados rituales
o magias, el hecho para el sociólogo merece la misma importancia de cualquier
ley de la naturaleza que nosotros creemos correcta. De todas forma, las “leyes
físicas de producción” que encontramos, por ejemplo en la economía política, no
son leyes de la naturaleza en el sentido de las ciencias físicas, sino creencia de
los hombre en merito a su posibilidad de acción.
De lo que estamos diciendo, la confirmación más evidente nos la da entre las
ciencias sociales, aquella de la cual la teoría ha sido mayormente desarrollada: la
ciencia económica. No es exagerado afirmar que todos los progresos importantes
de la teoría económica, realizados en los últimos siglos, son representantes de
ulteriores pasos hacia la coherente aplicación del subjetivismo.1 Es evidente que
los objetos de la actividad económica no pueden ser definidos en términos
objetivos, sino solamente en relación a particulares finalidades humanas. Una
“mercancía”, un “bien económico”, un “alimento” o la “moneda” no se pueden
definir en términos físicos, sino nada más, con base en una idea que los hombres
construyen.

1 Este es un camino hacía el cual L.V. Mises, con extrema coherencia, fue precursor,
más que cualquier otro investigador, y sorprendente para muchos lectores, al punto
de parecer inaceptables, dado que él, en el desarrollo coherente de la impostación
subjetivista, se encontró en anticipo sobre sus contemporáneos. Probablemente los
tratos característicos de sus teorías, desde la teoría de la moneda (¡precursora en
1912!) a sus ideas sobre la economía matemática en general, hasta su crítica de la
planificación, se deben todos a este fundamental presupuesto subjetivista.

El abuso de la razón 5
4-Método individualista y “compositivo” de las
ciencias sociales

Las particulares dificultades que las ciencias sociales encuentran, y muchos de


los errores actuales sobre las mismas, derivan del hecho que las ideas aparecen
en ellas con dos roles totalmente diferentes: uno, como parte del objeto de
estudio y otro como teorización respecto a ello. Mientras en las ciencias naturales
el contraste entre objeto de la investigación y la explicación que damos, coincide
con la habitual distinción entre ideas y hechos objetivos, en las ciencias sociales
es necesario introducir una distinción entre ideas constitutivas, que son parte
integrante de los fenómenos que queremos explicar y las ideas que nosotros
mismos, o las personas de las cuales queremos explicar las acciones, podemos
habernos hecho respecto a esos fenómenos. Estas últimas ideas no son
generadoras de estructuras sociales, sino teorías alrededor de las estructuras
mismas.
El peligro que en lugar de los “hechos” se pongan las “opiniones” (o las teorías)
es siempre presente en las ciencias sociales, y el no haber sabido evitarlo ha
tenido efectos negativos en ellas, como en las ciencias de la naturaleza; pero es
un peligro que se manifiesta en un plano diferente. El verdadero contraste es
entre ideas que, por el hecho de ser profesadas por las personas, se vuelven
generadoras de fenómenos sociales y de ideas que la gente cree respecto a
ellos. Es fácil demostrar que se trata de dos distintas clases de ideas…
Es de extrema importancia distinguir limpiamente las opiniones motivantes o
constitutivas por un lado, y las concepciones especulativas o explicativas que los
individuos han elaborado respecto a los “conjuntos”: el riesgo de confundirlas es
muy grave y siempre presente. Son las ideas que la mente popular ha elaborado
a propósito de entes colectivos como “sociedad” o “sistema económico”,
“capitalismo” o “imperialismo”, etc., que en las ciencias sociales el investigador
tiene que considerar como teorías provisionales, abstracciones populares, que no
tienen que confundir con los hechos. Abstenerse coherentemente de tratar como
si fueran “hechos” estas pseudo-entidades, y tomar sistemáticamente los
movimientos desde los conceptos por los cuales los hombres son inducidos a la
acción, y no desde los resultados de sus teorizaciones sobres las acciones: este
es el trato característico del individualismo metodológico que es íntimamente
ligado al subjetivismo de las ciencias sociales. El enfoque “cientista”, al contrario,
que rechaza tomar los movimientos de las concepciones subjetivas que motivan
las acciones y los individuos, cae regularmente en el error que se propone evitar;
de hecho, termina tratando como entidades reales esos agregados que son
simples abstracciones y generalizaciones populares. Del hecho que son las
concepciones y las opiniones de los individuos, aquellas de las cuales tenemos
conocimiento directo y que constituyen los elementos a partir de los cuales
tenemos que reconstruir los fenómenos más complejos, deriva otra importante

El abuso de la razón 6
diferencia entre los métodos de las disciplinas sociales y de las ciencias de la
naturaleza. En las ciencias sociales, son las actitudes de los individuos las que
constituyen los elementos primarios de los cuales se deben servir para
reconstruir, por medio de las combinaciones, los fenómenos complejos, es decir
para reproducir los resultados de las acciones personales, que conocemos mucho
menos, procedimiento, este, que muchas veces lleva a descubrir, adentro de los
fenómenos complejos, la existencia de principios de coherencia estructural que
no fueron identificados por la observación directa. Las ciencias físicas, por el
contrario, toman necesariamente por base de partida los fenómenos naturales
complejos, y procediendo para atrás, buscan identificar los diferentes elementos
que los componen. El lugar que el hombre, en cuanto individuo, ocupa en el
cosmos es tal por lo cual él, por un lado, percibe los fenómenos relativamente
complejos, que luego subordina al análisis, mientras, por otro lado, se presentan
como datos los elementos simples que concurren a la formación de aquellos
fenómenos complejos que no puede subordinar a la observación en su conjunto.2
Mientras el método de las ciencias de la naturaleza es, por este aspecto,
analítico, aquello de las ciencias sociales es compositivo o sintético…
Cuando por medio del análisis escudriñamos el pensamiento de los individuos en
el ámbito de las ciencias sociales, no queremos, de ninguna manera, explicar
aquel pensamiento sino, simplemente, de distinguir los posibles tipos de
elementos que hay que tomar en cuenta en la construcción de los diferentes
modelos. Es un error, muchas veces generado por una poco rigurosa forma de
expresarse de los estudiosos de las ciencias sociales, creer que sea trabajo
específico el explicar la acción consciente. Esta explicación, admitiendo sea

2 Los elementos últimos a los cuales debe de buscar la interpretación teórica exacta
de los fenómenos naturales son “átomos” y “fuerzas” o “campos”, cada uno de ellos
no son de naturaleza empírica. Nosotros no podemos conceptualizar los “átomos”, y
es solamente en virtud de una imagen, que logramos representar las fuerzas
naturales, por lo cual de los efectos entendemos únicamente las causas primarias, a
nosotros desconocidas, de la realidad. De aquí nacen las enormes dificultades que se
encuentran por una interpretación exacta de los fenómenos naturales en su última
etapa. Diferente es la situación en las ciencias sociales exactas. Aquí los elementos
últimos de nuestro análisis, los “individuos humanos y sus actividades”, son de
naturaleza empírica y, por lo tanto, las ciencia sociales se encuentran en gran
ventaja sobre las ciencias naturales. Los “límites del conocimiento de la naturaleza”
y la dificultad que de ellos derivan por una comprensión teórica de los fenómeno
naturales, en verdad no existen por la investigación exacta en el terreno de la
ciencias sociales. Cuando A. Comte sostiene que la “sociedad” es como un organismo
real, es decir como organismos de tipo más complejos que aquellas naturales, y
define su interpretación teórica un problema científico incomparablemente más
arduo y complejo, comete un grave error. Su teoría sería justa nada más por
aquellos estudiosos de las ciencia sociales, los cuales quedan ancorados al insensato
propósito de querer examinar los fenómenos inherentes a la sociedad, en clave no
específicamente sociológica, sino naturista-atomista.

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posible encontrarla, es competencia del campo de la psicología. Para las ciencias
sociales las varias modalidades de la acción consciente representan los “datos”,
que deben nada más disponer ordenadamente, para utilizarlos para sus fines. La
actitud que, por falta de términos más apropiados, llamaremos “objetivismo”, es
típica de la forma cientista de estudiar el hombre y la sociedad. Ello ha
encontrado su más característica expresión en los varios tentativos realizados
para eliminar del campo de las ciencias sociales nuestro conocimiento subjetivo
del funcionamiento de la mente humana: tentativos que en varias formas
influenciaron casi todas las partes de los estudios sociales. Desde la negación
formulada por Comte, de la posibilidad de la introspección a los varios tentativos
de instituir una “psicología objetiva”, hasta el “behaviorismo” de J.B. Watson y el
“fisicalismo” di O. Neurath, un gran grupo de estudiosos ha buscado de liberarse
de aquella forma de conocimiento que se origina en la “introspección”.

El abuso de la razón 8
5-El objetivismo cientista

Las grandes diferencias metodológicas, que existen entre las ciencias de la


naturaleza y las ciencias sociales, nos hacen entender por cuales motivos el
científico de la naturaleza, que estudia las obra de los sociólogos, obtenga
frecuentemente la impresión de tener que ver con personas que habitualmente
cometen todos los pecados mortales que ellos, con mucho escrúpulo, trata de
evitar, y llegue a la conclusión que no exista una ciencia de la sociedad que
satisfaga sus exigencia. De esta constatación, el tentativo de crear una nueva
ciencia de la sociedad, conforme a su concepción de Ciencia, el paso es corto.
Las últimas cuatro generaciones han efectuado continuos tentativos en este
sentido y, aunque no hayan nunca conseguido los resultados esperados y
tampoco hayan logrado dar vida a aquella continuidad de tradición que
contradistingue cada disciplina válida, estos tentativos son frecuentemente
retomados por personas que esperan revolucionar el pensamiento social.
Aunque, muchas veces, sean esfuerzos aislados, presentan características
comunes que es necesario analizar. Es oportuno agrupar estas características
metodológicas bajo denominaciones comunes de “objetivismo”, “colectivismo” y
“historicismo”, que corresponden a “subjetivismo”, “individualismo” y “teoricidad”
de las disciplinas sociales más progresivas…
Es necesario poner en evidencia una consideración que es implícita en toda
nuestra argumentación, y es que, por cuanto derive de la concepción de la física
moderna, es sin embargo poco familiar. Podemos enunciarla así: deben
considerarse actos clasificadores realizados por nuestro cerebro, no nada más
aquellas entidades mentales que definimos como “conceptos” o “ideas”, y que
comúnmente se definen como “abstracciones”, pero todos los fenómenos
mentales, las percepciones sensoriales y las imágenes, de la misma forma que
“conceptos” e “ideas”. Con esto, decimos lo de siempre que, las calidades
percibidas por nosotros, no son propiedades de los objetos, sino modalidades
según las cuales (individualmente o colectivamente como especie) hemos
aprendido a clasificar o agrupar los estímulos externos. Percibir significa asignar
a una categoría o a categorías ya conocidas; no podríamos nunca percibir algo
completamente diferente de lo que hemos ya percibido en el pasado. Es un error
común, pero peligroso, aquel de creer que las cosas, tratadas por nuestros
sentidos o por nuestra mente como perteneciente a la misma categoría, deban
tener en común alguna otra cosa, además de solamente aquella de ser
catalogados de la misma forma en nuestra mente…
La idea, implícita en la jerarquía de las ciencias de Comte y de otras
concepciones análogas, que las ciencias sociales deban de alguna forma
“fundarse” sobres las ciencias físicas, y que no podremos esperar en el éxito
hasta cuando estas últimas no se hayan desarrollado al punto de tratar los
fenómenos sociales en términos físicos, en el “lenguaje de la física”, es,

El abuso de la razón 9
entonces, totalmente equivocada. El problema de la explicación de los procesos
mentales mediante los procesos físicos es totalmente diferente en las ciencias
sociales: ello es tema de la psicología fisiológica. Pero resuelto o no este
problema, para las ciencias sociales el punto de partida tiene que ser constituido
sobre las entidades mentales dadas, independientemente del hecho que
sepamos o no las modalidades de su formación.
Casi tan importante como las varias formas de “behaviorismo”, y estrechamente
conectada con ello, es la tendencia, común en el estudio de los fenómenos
sociales, de querer descuidar todos los fenómenos “simplemente” cualitativos y
concentrar la atención, según el modelo de las ciencias naturales, sobre los
aspectos “cuantitativos”, sobre lo que es medible… Lo que un famoso filósofo ha
recientemente dicho de la psicología, es válido, también para las ciencias
sociales, y es demasiado fácil “precipitarse a medir algo, sin saber bien que cosa
sea lo que estamos midiendo o que sentido tenga la medición de ello. Bajo este
aspecto, algunas medidas recientes tiene la misma validez lógica de la afirmación
platónica que un soberano justo es 729 más feliz que un soberano injusto”3.
Con la tendencia a considerar los objetos de la actividad humana según sus
atributos “reales”, en lugar de tratarlos así como aparecen a las personas
agentes, es íntimamente conectada a la propensión a conceptualizar el sociólogo
como un ser dotado de una súper-mente, de una especie de inteligencia
absoluta, que lo exime de su primer deber, que es aquel de tomar en
consideración lo que saben los hombres, por parte de quien estudia sus
acciones.

3 M.R. Cohen Reason and Nature, pág. 305.

El abuso de la razón 10
6-El colectivismo del acercamiento cientista

Íntimamente ligado con el “objetivismo” del acercamiento cientista es su


colectivismo metodológico, su tendencia a tratar algunos “conjuntos” como
“sociedad” o “economía” o capitalismo” (como “etapa” histórica determinada) o
una particular “industria” o “clase” o “nación” como objetos dados, de los cuales
podemos descubrir las leyes, observando su comportamiento como “conjunto”.
Mientras el acercamiento especifico subjetivista de las ciencias sociales empieza
de nuestro conocimiento desde “dentro” de estos conjuntos sociales, desde el
conocimiento de los comportamientos individuales que constituyen la estructura,
el objetivismo de las ciencias de la naturaleza trata de considerarlos desde
“afuera”. (Justamente se volvió una de las primeras máximas, que el
investigador de fenómenos sociales aprende, o tendría que aprender, aquella de
no hablar nunca de una “sociedad” o de un país que operan o se comportan de
una determinada forma, sino de pensar siempre y exclusivamente en términos
de individuos agentes). Esos “conjuntos” nunca nacen de nuestra observación,
dado que todos son “constructos mentales” nuestros…
El acercamiento colectivista a los fenómenos sociales nunca fue tan exaltado
como por el fundador de la sociología, Auguste Comte, que afirmó que, como en
biología, “también aquí los conjuntos son mucho mejor conocidos y más
inmediatamente accesible de las partes que los componen” 4 . Veremos que
Comte y muchos otros estudiosos, consideran los fenómenos sociales como
conjuntos dados, también en un sentido diferente. Ellos sostienen que los
fenómenos sociales, pueden ser entendidos en su concreta realidad
“exclusivamente” tomando en consideración la totalidad de las cosas que ese
pueden encontrar en los límites de un determinado ámbito espacio-temporal, y
que es imposible entender algunas partes o aspectos como sistemáticamente
conectados entre ellos. Entonces, la argumentación equivale a la negación de la
posibilidad misma de una teoría de los fenómenos sociales de aquella, por
ejemplo, elaborada por la ciencia económica, con la obvia consecuencia de la
aceptación inevitable de aquello que fue equivocadamente definido el “método
histórico” con el cual, el colectivismo metodológico es estrechamente ligado.

4 A Comte, Cours de philodophie positive, vol IV, pág. 258.

El abuso de la razón 11
7-Cientismo e historicismo

…Por lo tanto los conjuntos único que el historiador estudia no son dados como
entidades individuales, come unidades naturales de las cuales él puede, con la
observación, descubrir sus connotaciones; son, en realidad, construcciones
obtenidas empleando aquel tipo de técnica que es sistemáticamente desarrollada
por las ciencias teóricas de la sociedad.
La concepción ingenua que considera los complejos estudiados por la
historiografía como conjuntos dados, induce naturalmente a creer que la
observación pueda revelarnos las “leyes” de desarrollo de esos conjuntos. Este
pensamiento es uno de los puntos más característicos de aquella historia
cientista que, bajo el nombre de historicismo, ha buscado dar unas bases
empíricas a una teoría de la historia o (usando el término de filosofía en su
antiguo significado de “teoría”) a una “filosofía de la historia”, y de fijar el orden
necesario de sucesiones de bien definidos “estadios” o “fases”, “sistemas” o
“estilos”, que se siguen unos a otros, en la historia. Esta concepción, por un
lado, se esfuerza en descubrir leyes justo donde, por la naturaleza misma de las
cosas, no se pueden encontrar, es decir en la sucesión de los únicos y
particulares fenómenos históricos.
La creencia que la historia humana, que es el resultado de la interacción de
innumerables mentes humanas, tenga que obedecer a leyes simples, accesibles
a la mente humana es hoy largamente creída, de tal forma que muy pocos se
dan cuenta de la exorbitante creencia que implica. En lugar de dedicarse
pacientemente al humilde trabajo de reconstrucción, a partir de los elementos de
los cuales tenemos conocimiento directo, de las estructuras que, en su
complejidad y unicidad, encontramos en el mundo, y e lugar de reconstruir los
cambios que se verifican en los conjuntos, empezando por los cambios que
tienen lugar entre los elementos que los componen, los autores de estas
pseudoteorías de la historia se creen capaces de encontrar, gracias a un atajo
mental, la intuición directa de las leyes según las cuales se mutarían estos
conjuntos, considerados como objetos de la percepción inmediata. A pesar de su
naturaleza equivocada, estas teorías evolutivas han conquistado la imaginación
pública mucho más de lo que logró nunca hacer los resultados de un autentico
estudio sistemático de la historia. Las “filosofías” o “teorías” de la historia
llegaron a ser realmente el “vicio predilecto” del XIX siglo. Da Hegel a Comte y,
más que nadie, por Marx hasta Sombart y Spengler, estas falsas teorías lograron
dominar como las representativas de los resultados de las ciencias sociales y,
difundiendo la creencia que un dado “sistema” deba seguir, por necesidad
histórica, a un nuevo y diferente “sistema”, han ejercido una profunda influencia
sobre la evolución social. Esas teorías han podido conseguir este resultado
también gracias a su semejanza con el tipo de leyes elaboradas por las ciencias

El abuso de la razón 12
de la naturaleza; y en una época en las que esta últimas llegaban a ser el
parámetro y paradigma con base al cual se medía toda empresa intelectual.

El abuso de la razón 13
8-Formaciones sociales finalísticas

Las instituciones que se forman espontáneamente son “útiles” porque representan las
premisas puestas como fundamento de cualquier ulterior desarrollo del hombre, aquellas
que le otorgan los poderes con que el hombre dispone. Si la afirmación de Adam Smith
que “ el hombre en sociedad constantemente persigue finalidades que no hacían parte
de sus intenciones”, se volvió una fuente inacabable de irritación para todos los hombres
de mentalidad cientista y es probablemente la mejor expresión del problema central de
las ciencias sociales. Carl Menger, arrancando donde había llegado Adam Smith, se
preguntó, extendiendo y clarificando el sentido de la pregunta de Smith “cómo es
posible que instituciones que sirven para el bien común y la cual importancia es
fundamental a los fines de su desarrollo, nazcan sin que una común voluntad sea la
fundadora de su nacimiento” queda hasta ahora “un problema fundamental y tal vez el
más importante de las ciencias sociales”.
Si, por otro lado, la naturaleza y de la existencia misma de este problema el hombre
tiene tan poca conciencia, esta es directa consecuencia de la confusión que se hace
alrededor del verdadero significado de la expresión: las instituciones humanas son
hechas por el hombre. Aunque ellas sean, en un cierto sentido, hechas por el hombre,
por ser exclusivamente producidas por las acciones humanas, sin embargo pueden no
ser un resultado deliberado o intencional. Desde este punto de vista hasta el término
“institución” puede producir confusión, por ser ligado a la idea de algo que se instituye
de forma voluntaria. Sería útil limitar el uso de este término a ciertos instrumentos de
naturaleza particular como, por ejemplo, en el caso de aquellas leyes e instituciones que
se forman en una función específica y, el término “formaciones” para indicar aquellos
fenómenos que, como la moneda y el lenguaje, no son intencionalmente producidos por
el hombre. Desde la creencia que todo cuanto no es producido por el hombre siguiendo
un proyecto consciente no pueda ser útil, es fácil pasar a la creencia que, siendo todas
las “instituciones” producidas por el hombre, es posible al hombre rediseñarlas como
mejor lo desea. Entonces, dado que no son producidas por la voluntad consciente del
hombre, sino dependen de una multiplicidad de acciones individuales que no son sujetas
a nuestro control, no podemos ni siguiera tener la certeza de poderlas mejorar, o por lo
menos igualar, la eficiencia por medio de una cualquiera organización fundada sobre la
dirección consciente de las decisiones individuales. Nada más en la medida en la que
nos damos cuenta del juego de fuerzas espontaneas, podemos esperar de servirnos y de
modificar el funcionamiento con apropiadas adaptaciones de las instituciones que son
parte de un contexto más amplio. Pero hay una diferencia esencial en el tentativo de
utilizar e influenciar de esta forma los procesos espontáneos y el tentativo de sustituirlos
con una organización exclusivamente fundada sobre el control consiente.
Nosotros presumimos sin razón cuando nos figuramos integralmente la civilización
humana como el producto de la razón consciente o del intencional propósito de los
hombres, cuando pensamos que se pueda recrear o perpetuar por un propósito
deliberado, lo que hemos construido sin saber que cosa estábamos construyendo.
Muchas de las mayores realizaciones humanas no son el resultado de un pensamiento
consciente y aún menos el producto del deliberado coordinamiento de los esfuerzos de
muchos individuos, sino de un proceso en el cual el individuo desempeña un rol que no
puede nunca enteramente comprender. Ellas son superiores al individuo precisamente

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porque resultan de una combinación de conocimientos muchos más amplio de aquellas
que una sola mente pueda dominar.
Una prueba aún más significativa de la congénita debilidad de las teorías colectivistas, la
podemos ver en la extraordinaria paradoja por la cual, creyendo que la sociedad es algo
“más” de la mera agregación de todos los individuos que la componen, sus creyentes
terminan con una acrobacia mental, con abrazar la tesis según la cual, para poder
preservar la cohesión de este ente mayor, hay que quitarlo del control consciente, es
decir, en última análisis al control de aquella que no puede ser que la mente de un único
individuo. Queda, en práctica, que la teoría del colectivista que exalta la razón de los
individuos y pretende subordinar todas las fuerzas de las sociedad a la dirección de una
sola mente soberana, mientras es la teoría del individualista que reconoce cuanto
limitados sean los poderes de la razón de los individuos y, es por esto, que él se hace
promotor de la libertad, sabiendo que ella es el único medio idóneo para garantizar la
actuación de todo la potencial riqueza del proceso inter-individual.

El abuso de la razón 15
9-Dirección “consciente” y crecimiento de la razón

La general demanda de un control o de una dirección “consciente” de los


procesos sociales es una de las actitudes más características de nuestro tiempo:
en esto, más claramente que en cualquier otro cliché, se exprime el peculiar
carácter de la época.
La creencia que los procesos conscientemente guiados sean necesariamente
superiores a cualquier proceso espontaneo es, en realidad, una extravagante
superstición. Sería más justo decir, como ha afirmado Whitehead, en otro
contexto, que “la civilización mejora por medio de la extensión del número de
operaciones que se puedan realizar sin pensar”.
En la medida en la cual tales procesos logran dar vida a un ordenamiento que no
se habría podido realizar por medio de directivas conscientes, cualquier tentativo
de subordinar tales directivas, equivale necesariamente a reducir la capacidad de
realizar una actividad social a la modesta capacidad de una mente individual.
Podemos darnos cuenta más claramente del real significado de esta universal
demanda de control consciente en su manifestación más ambiciosa: nos
referimos a la demanda de ejercer un control consciente sobre la evolución de la
misma mente humana. Esta idea temeraria, representa el límite extremo al cual
el hombre se ha dejado transportar por los éxitos de la razón en la conquista del
mundo externo y ha llegado a ser un trazo tan típico del pensamiento
contemporáneo, que encontramos su presencia hasta en sistemas de ideas que,
a primera vista, parecerían muy diferentes entre ellos y, a veces, hasta
antagónicos…
Aquellos que profesan esta doctrina, de derivación Hegeliana o positivista, se
constituyeron en grupos diferentes, cada uno de los cuales se considera
totalmente diferentes y absolutamente superiores a los otros; sin embargo, es
común a todos ellos, pensar que la mente humana llegó a una etapa en la que
pueda trascender a sí misma. Esta presunción de poder incrementar los poderes
de la mente humana guiándole conscientemente el crecimiento, tiene como
fundamento la teoría que presupone de poder proporcionar una teoría integral
de tal crecimiento, teoría que presupone dotados de una súper-mente a aquellos
que la profesan…

El crecimiento de la mente humana se presenta, en su forma más general, como


el problema central, común a todas las ciencias sociales y es comprensible que
justo al interno de ellas más fuertemente lo contrastan. Del choque emergen dos
actitudes, diferentes e irreconciliable: por un lado, la esencial humildad del
individualismo, que se esfuerza de comprender cuanto mejor puede los principios
que de hecho han consentido a los esfuerzos de los individuos de integrarse y
formar nuestra sociedad, y, de tal comprensión, espera poderse servir para
instaurar condiciones que fomenten ulteriores progresos; y, por la otra, la Hybris
(soberbia) del colectivismo, que aspira a la dirección consciente de todas las
fuerzas de la sociedad.

El abuso de la razón 16
Puede ser, en realidad, que la misión más difícil y de primaria importancia para la
razón humana, sea aquella de entender racionalmente sus propias limitaciones.
Es esencial, por el crecimiento de la razón, que, como individuos, nosotros
tengamos que ceder a las fuerzas y obedecer a los principios que no podemos
esperar de entender integralmente y de los cuales, sin embargo, depende el
desarrollo y hasta la preservación de nuestra sociedad. Históricamente este
resultado fue alcanzado bajo la influencia de diferentes fes religiosas y por la
presión de tradiciones y supersticiones, que indujeron los hombres a someterse a
aquellas fuerzas, apelando a sus emociones en lugar que a su razón. La etapa
más peligrosa, en el crecimiento de la civilización, puede tal vez ser aquella en el
cual el hombre es inducido a considerar todas esas tendencias como
supersticiones y rechaza aceptar y someterse a todo lo que no se logra
comprender racionalmente. El racionalista, con la razón insuficiente a hacerle
entender estas limitaciones de los poderes de la razón consciente y desprecia
todas las instituciones y las costumbres que no han tenido un origen intencional,
puede llegar a ser el destructor de la civilización que sobre de ellas se funda.
Podemos aquí solamente esbozar otro campo en el cual esta misma tendencia,
típica de nuestra época, se manifiesta: aquel de la obligación moral. En este
campo, objeciones análogas vienen presentadas contra la observancia de
cualquier norma general y formal, la cual “racionalidad” no sea explícitamente
demostrada. Pero la exigencia que cada acción tenga que ser juzgada con base
en una completa exploración de todas sus consecuencias, y no según una regla
general, nace de la incapacidad de entender que la sumisión a normas
generales, expresadas en términos de circunstancias inmediatamente acertadas,
es la única forma en que el hombre, con su limitada sabiduría, pueda coexistir la
libertad con un mínimo indispensable orden. La aceptación general de normas
formales es, sin duda, la única alternativa hasta ahora descubierta por el
hombre, a la obligación de seguir una dirección impuesta por una voluntad
individual.
Sin embargo, hasta que no lograremos llevar a cabo una construcción racional,
cada rechazo general de aceptar normas morales vigentes, simplemente porque
no se han demostrado racionalmente su validez (esto es diferente de un crítico
que piense de haber descubierto, a propósito de una situación particular, una
norma moral mejor y sea listo a desafiar la desaprobación general) equivale a
destruir los fundamentos mismos de nuestra civilización.

El abuso de la razón 17
10-Ingenieros y planificadores

El ideal de control consciente de los fenómenos sociales ha hecho sentir más


fuerte su influencia en campo económico. La popularidad que la “planificación
económica” actualmente encuentra, es una consecuencia directa del predominio
ejercido por las ideas cientista, que examinamos en las páginas precedente.
En los años más recientes, esta propensión de aplicar el tecnicismo ingenieril a la
solución de problemas sociales ha sido explicita como nunca5; expresiones como
“ingeniería política” y “ingeniería social” son palabra de uso corriente, hoy de
moda, y caracterizan la forma de ver del actual generación, de su preferencia de
manifestar un “control consciente”. En Rusia hasta los artista parecen orgulloso
del rol de “ingeniero de las almas” atribuido a ellos, por Stalin. De estas fórmulas
podemos hacernos una idea de la confusión que reina a propósito de la
fundamental diferencia entre la actividad del ingeniero y aquella, mucho más
amplia, de las organizaciones sociales…
El ingeniero tiene el control completo del particular sector en el cual opera, lo
examina en todos sus aspectos relevantes y tiene que tratar con “cantidades”
conocidas. Por cuanto trate el aspecto estrechamente ingenieristico de su
trabajo, el no se encuentra adentro de un proceso social, en el cual operan
también otras personas, que pueden tomar decisiones independientes, sino vive
en un mundo separado y exclusivamente suyo. La aplicación de la técnica que
manda, de las reglas generales que aprendió, presupone, el conocimiento
completo de datos objetivos; por otro lado, aquellas regla se refieren a
propiedades objetivas de las cosas y pueden ser aplicadas nada más después de
que sean entendidas y sometidas al control de una única mente todas las
relativas circunstancias particulares de tiempo y de lugar. Es decir, la técnica

5 Aún una vez, una de las mejores ejemplificaciones de esta tendencia nos la
proporciona K. Mannheim, Man and Society in Age of Renconstruction, 1940, pág.
240-244, donde explica que “el funcionalismo ha hecho su primera aparición en el
campo de las ciencias de la naturaleza y podría ser definido como el punto de vista
técnico. Solo recientemente fue extendido a la esfera social… La extensión de esta
concepción tecnicista desde las ciencias de la naturaleza al mundo de las acciones
humanas, era destinada a provocar un profundo cambio del mismo hombre… La
concepción funcional no considera más las ideas y las normas morales como valores
absolutos, sino como productos del proceso social que puede, si es necesario, ser
cambiados gracias a la intervención de la ciencia combinada con la praxis política…
La extensión de la doctrina de la supremacía de la técnica que he ilustrado en
este libro, es, a mi juicio, inevitable… el desarrollo de la técnica de la organización
no es más que la aplicación de conceptos técnicos a las formas de cooperación. Un
ser humano, considerado como parte de la máquina social, es, adentro de ciertos
límites, estabilizados en sus reacciones por adiestramiento y la educación, y todas
sus actividades de reciente adquisición, son coordinadas según un determinado
principio de eficiencia, adentro de un contesto organizado”.

El abuso de la razón 18
trata con situaciones típicas, definidas con base a hechos objetivos, no trata con
problemas relativos a la búsqueda de recursos necesarios o de determinar el
diferente grado de importancia o de prioridad de las diferentes necesidades. Él
está acostumbrado a operar en el mundo de las posibilidades objetivas,
independientemente de las particulares condiciones de tiempo y lugar y en base
del conocimiento de aquellas propiedades de las cosas, que permanecen siempre
y en todo lugar idénticas y que no se modifican con el cambio de las particulares
situaciones humanas. El ideal del ingeniero, que siente sea condicionado por la
presencia de fuerzas económicas “irracionales”, se funda sobre su conocimiento
de las propiedades objetivas de las cosas y se presenta como un optimum
simplemente técnico y de validez universal. Él difícilmente se da cuenta que su
preferencia por particulares métodos es nada más la consecuencia de su
familiaridad con un cierto tipo de problemas, y se justifica nada más bajo ciertas
particulares situaciones, en el ámbito de la actividad social. El “optimum técnico”
del ingeniero, en general, se identifica simplemente con el método que sería
deseable adoptar si la disponibilidad de capital fuera ilimitadas o, si el interés del
dinero fuera cero: en estas condiciones, el objetivo normal sería obtener el más
elevado coeficiente posible de transformación de los input en outputs.
La aplicación de las técnicas de ingeniería a la entera sociedad presupone que
quien la dirige posea, de esta última, el mismo conocimiento completo que el
ingeniero tiene de su limitado sector de actividad. La planificación económica
centralizada no es más que la aplicación de los principios de la ingeniería al
conjunto de la sociedad, con base en el presupuesto que sea posible esta
centralización integral de todos los conocimientos necesarios 6 . La mentalidad
ingenieril, y casi toda nuestra generación, tiene fuerte antipatía hacía las
actividades comerciales y una fuerte preferencia para la “producción”, frente a
una actividad que generalmente se define como “distribución”. En comparación a
la actividad del ingeniero, la del comerciante es mucho más “social”, es decir,
presenta un más alto grado de compenetración con la libre actividad de otros
hombres. Su específico conocimiento es casi por entero un conocimiento de
particulares circunstancias, tanto de tiempo como de lugar, y una técnica que
trata de individuar esas circunstancias en un determinado campo. Sin embargo,
aunque ese conocimiento no sea ni de tipo que se pueda expresar en enunciados
generales, ni del tipo que se pueda adquirir una vez por todas y, aunque en una
época dominada por la Ciencia, sea considerado como un conocimiento de orden
inferior, desde el punto de vista de la utilidad práctica, no es menos importante
de aquella científica. Este tipo de conocimiento no trata de calidades
permanentes de las diferentes clases de cosas, como aquella que estudia el

6 Esto es totalmente claro en las mentes de sus hacedores y es demostrado por la


popularidad que entre los socialistas, desde Saint-Simon a Marx y Lenin, exaltaban
la frase que la sociedad tiene que gobernarse como se gestiona una única fábrica. “la
sociedad completa será entonces una sola grande oficina y una sola fábrica con
paridad de trabajo y remuneración”.

El abuso de la razón 19
ingeniero, sino el conocimiento de particulares situaciones humanas. Y es justo
en su calidad de persona que debe tener en cuenta estos hechos, que el
mercado se encontrará siempre en conflicto con los ideales del ingeniero, e
interfiere con sus planes y es, por lo tanto, siempre objeto de su antipatía. El
problema de asegurar un uso eficiente de nuestros recursos, se reduce a aquello
de saber como ese conocimiento de las particulares circunstancias del momento
puedan ser mas eficazmente utilizadas; es el trabajo específico de quien planea
un orden racional de la sociedad el de encontrar un método que asegure la
mejor utilización posible de estos conocimientos extremadamente fraccionados.
Se elude simplemente el problema cuando se identifica, como normalmente
sucede, con aquel del uso eficiente de los recursos “disponibles” para satisfacer
las necesidades “existentes”. Ni los recursos “disponibles” ni las necesidades
“existentes” son hechos objetivos, como lo son los que encuentra el ingeniero en
su campo específico: nunca pueden ser conocidos en cada detalle importante por
un único ente planificador. Recursos y necesidades prácticamente existen nada
más por el hecho que hay alguien que las conoce y serán conocidos siempre por
el conjunto de los interesados incomparablemente mejor que por la autoridad,
aún la más competente. Estos conocimientos no pueden ser conscientemente
utilizados por medio de su integración en un conjunto coherente, sino solamente
en el cuadro de un sistema que delegue las decisiones particulares a aquellos
que de esos conocimientos tienen posesión, y que tengan las informaciones que
los pongan en condición de poder utilizar de forma mejor aquellos conocimientos
particulares que nada más ellos tienen. Es justo esta la función que realizan los
diferentes “mercados”. Aunque los individuos interesados conozcan nada más
una pequeña parte de todas las posibles fuentes de proveerse o de la utilización
de un cierto producto, sin embargo ellos, de forma directa o indirecta, son tan
estrechamente entrelazados entre ellos, que los precios registran los resultados
netos de todos los cambios de una cierta relevancia, relacionados con la
demanda y la oferta. Si se quiere entender su función, tanto los precios como los
precios, se deben considerar como instrumentos idóneos a comunicar, a cuanto
son interesados, la información necesaria, en forma abreviada y condensada. El
hecho que ninguna mente individual pueda conocer más que una fracción de los
que es conocido al conjunto de todas las mentes de los otros individuos, fija los
límites precisos del alcance de los mejoramientos que una dirección consciente
puede conseguir, en comparación con los resultados de las acciones sociales no-
conscientes. Pero que de algo –que no nada más funciona sin necesidades de
particulares controles, pero que tampoco es el efecto de un diseño intencional-
pueda derivar resultados positivos, que tal vez ni seríamos capaces de conseguir
de otra forma, es una conclusión que el científico natural difícilmente quiere
aceptar. La gran desgracia de nuestra generación es que la dirección emprendida
por sus intereses, por el increíble desarrollo de las ciencias naturales, no es la
más idónea a facilitar la comprensión de aquel más vasto proceso del cual, como
individuos, somos nada más una parte, o a permitirnos asumir consciencia del
tributo que aportamos al esfuerzo común, aún sin dirigirlo nosotros mismos o

El abuso de la razón 20
hacerlo dirigir a otros. Para poder entender todo esto es necesario un esfuerzo
intelectual cualitativamente diferente de aquel que el control de las cosas
materiales necesita; un esfuerzo al cual la educación tradicional de carácter
humanista podía por lo menos servir para empezar, pero, los tipos
predominantes de educación, parecen siempre menos idóneos a prepararnos a
este fin. Cuanto más avanza nuestra civilización técnica y cuanto más
ampliamente el estudio de las cosas, en cuanto distinto de aquel de los hombres
y las ideas, tanto más profunda se hace la brecha entre dos tipos diferentes de
mentalidad: aquella del hombre que tiene la suprema ambición de transformar el
mundo en una enorme máquina, que quisiera ver moverse con la simple presión
de un botón, en conformidad con sus propósitos; y aquella del hombre que el
mayor interés es el desarrollo de la mente humana en todos sus aspectos, del
hombre que, en el estudio de la historia y de la literatura, de las artes o del
derecho, ha aprendido a considerar los individuos como parte de un proceso en
el cual su participación no es guiada, sino espontanea; y en el cual colabora a la
creación de algo más grande de todo lo que él es o de cualquier otra mente
individual podrá nunca planear. Y esta consciencia de ser parte de un proceso
social, esta conciencia de los modos en el cual se realiza la interdependencia de
los esfuerzos individuales, que una educación exclusivamente fundada sobre la
Ciencia o sobre la tecnología, es dramáticamente inadapta a proporcionar.
Concluyendo, es importante recalcar que las críticas hasta aquí desarrolladas
tienen como único y exclusivo blanco el mal uso de la Ciencia, no el científico en
su particular campo, sino la aplicación de su ámbito mental a campos extraños a
su competencia específica. No hay conflicto entre nuestras conclusiones y
aquellas de la Ciencia correctamente entendida. La lección más importante a la
cual llegamos es idéntica a aquella que uno de los más agudos estudiosos del
método científico ha enunciado: “la gran lección de humildad que nos dio la
ciencia, es que nunca podremos ser ni omnipotentes o omniscientes y es la
misma lección que nos han dado todas las grandes religiones: el hombre no es y
nunca será el Dios frente al cual tendrá que arrodillarse”7.

7 M.R. Cohen, Reason and Nature, 1931, pág. 449. Es significativo que una de las
figuras de primer plano en el movimiento del cual estamos hablando, el filósofo
alemán Ludwing Feuerbach, haya escogido como lema el principio contrario, homo
homine Deus.

El abuso de la razón 21
11-L´école polytechnique fuente de la “Hybris”
cientista
El hombre nunca encuentra un error más grave de aquel que comete cuando se
obstina a empujarse siempre más adelante, al infinito, por el camino gracias al
cual ha cosechado sus mayores éxitos. Por otro lado, nunca el orgullo por las
conquistas de las ciencias de la naturaleza y confianza en la omnipotencia de sus
métodos fueron más legítimos que en el periodo comprendido entre el final del
XVIII y el principio del siglo XIX, cuando además la sola París hospedaba casi
todos los grandes científicos de la época. Y es justo en París donde nacieron las
dos grandes corrientes que transformaron las ciencias sociales: el socialismo
moderno y aquella especie de moderno positivismo que llamaremos cientismo,
naciendo justo por influencia del grupo de científicos e ingenieros de profesión
que trabajaban en la nueva institución que encarna como ninguna otra este
espíritu, L´Ecole Polytechnique. Es conocido que el Iluminismo francés fue
caracterizado por un general entusiasmo por las ciencias de la naturaleza, como
nunca se había visto en el pasado, y que el mismo Voltaire promovió el culto de
Newton, que luego sería elevado por Saint-Simon a un ápice casi ridículo. En
Clairault y d´Alembert, los más grandes matemáticos de la época, junto con
Euler, Newton tuvo dignos sucesores, a los cuales siguieron Lagrange y Laplace,
genios de análoga grandeza. Con Lavoisier, no nada más el fundador de la
química moderna, sino también un gran fisiólogo, y en menor grado con Buffon
en la biología, empezó el primado de Francia en todas las partes de las ciencia
de la naturaleza.
La Enciclopedia fue un grandioso intento de unificar y vulgarizar las conquista de
las nuevas ciencias. D´Alembert tuvo el mérito de haber preparado el camino de
aquella revolución por medio de la cual, hacía el final del siglo, su discípulo,
Lagrange, logró liberar la mecánica de todas las residuales intrusiones de la
metafísica, reformulándola toda, sin más referencia a causas últimas o a fuerzas
escondidas, sino simplemente describiendo las leyes de conexión de múltiples
efectos entre ellos. Ningún ejemplo se encuentra en toda la historia de la ciencia
más representativo de la tendencia de fondo de toda una época o que haya
tenido una influencia o un valor simbólico mayor…

De tres puntos de vista las consecuencias directas de la Revolución presentaron


particulares intereses por nuestro tema. En primer lugar, el colapso integral de
las instituciones vigentes requirió una aplicación inmediata de todo el saber que
se configuraba, como manifestación concreta de aquella Razón que había sido
elevada al rango de Diosa de la Revolución. En uno de los nuevos periódicos
científicos que nacieron con el Terror, se podía leer: “La revolución destruyó
todo. Gobierno, moral, costumbres, todo tiene que ser reconstruido. ¡Qué
ocasión extraordinaria para los arquitectos! ¡Qué magnifica oportunidad para
emplear las agudas y nobles ideas, hasta ahora relegadas en el mundo de las
especulaciones abstractas!; de contar con tantos materiales, que no se pudieron

El abuso de la razón 22
utilizar en el pasado y de rechazar otros, que habían sido por siglos sólo unos
obstáculos que se debían forzosamente usar”. La segunda consecuencia de la
Revolución, aunque de breve durada, fue la destrucción del viejo sistema
educativo y la creación de otro totalmente nuevo, que ejerció una influencia
profunda sobre la forma de ver y sobre las concepciones generales de toda la
siguiente generación. La tercera fue la fundación del´Ecole Polytechnique.
La Revolución había barrido el viejo sistema de los colegios y de las
universidades, fuertemente fundado sobre la educación clásica y, después de
algunos experimentos de breve durada, los sustituyó en el 1795 con las nuevas
écoles centrales, que llegaron a ser las únicas sedes de educación secundaria. En
conformidad con el espíritu predominante, y por una violentísima reacción contra
las viejas escuelas, la enseñanza de los nuevos institutos quedó casi
exclusivamente limitado a las materias científicas. Saint-Simon describió este
cambio en 1812 o en 1813: “de este punto de vista, la diferencia entre la
situación de hace apenas treinta años y la actual es tal que, mientras en aquellos
no lejanos días, quien quería saber si una persona había recibido una educación
superior, preguntaba: ”¿Conoce bien a los autores griegos y latinos?”, hoy la
pregunta es: “¿Es bueno en matemáticas?. ¿Está actualizado sobre las
conquistas de la física, de la química de la historia natural, es decir de las
ciencias positivas y de aquellas que se basan en la observación?”.
Así llegó una entera generación para la cual quedó como un libro cerrado aquella
enorme reserva de sabiduría social que es la gran literatura de todas las edades,
el único medio por el cual se trasmite el conocimiento que, de los procesos
sociales, tuvieron las mejores inteligencias de la humanidad. Por primera vez en
la historia hizo su aparición aquel nuevo tipo humano que, como aquel producido
por la Realscule alemana y otras instituciones análogas, llegaría a ser tan
importante e influyente en el tardo Ochocientos y en el Novecientos: el
“especialista técnico”, que se piensa instruido porque cursó difíciles materias,
pero que posee escasos o ningún conocimiento de la sociedad, de la vida y de su
evolución, de sus problemas y de sus valores, todos conocimientos que nada
más los estudios de la historia y de la literatura pueden darnos…
Nada puede proporcionarnos una idea de este clima, como la presumida idea de
Laplace sobre la elaboración de una fórmula universal, que expresó en una
célebre frase de sus Essai Pholosophique sur les probabilités:
“una mente que en un momento dado conociera todas las fuerzas que animan la
naturaleza y la posición de todos los cuerpos que la componen, si fuera lo
suficientemente amplia para incluir en su análisis todos estos datos, podría
sintetizar en una sola fórmula los movimientos de los más grandes cuerpos del
universo y de los más pequeños átomos; nada sería incierto para ella, futuro y
pasado serían igualmente presentes frente a su mirada”8.

8 Laplace, Essai Pholosophique sur les probabilités, 1814, París.

El abuso de la razón 23
12-La mayéutica ideal di Henri de Saint-Simon
Durante su visita a Suiza apareció la primera publicación de Saint-Simon. En el
1803 fueron publicados en Ginebra le Lettres d´un habitant de Genève à ses
contemporains, un pequeño opúsculo donde el culto volteriano de Newton era
apoyado, pero con increíbles exorbitancias. El libro empezaba con la propuesta
de empezar los trabajos frente a la tumba de Newton, para financiar el proyecto
de formar un “Consejo de Newton” con tres matemáticos, tres físicos, tres
químicos, tres fisiólogos, tres Littérateur, tres pintores y tres músicos. Los
veintiuno científicos y artistas, representando todo el genero humano, bajo la
presidencia del matemático más votado entre ellos, tenían que llegar a ser los
representantes de Dios en tierra, que habrían exonerado al papa, los cardenales
y los obispos, porque no entenderían la ciencia divina, a ellos confiada por Dios,
que un día transformará la tierra en un paraíso. ¿Por qué es necesaria esta
“nueva organización social”, como la llama Saint-Simon por primera vez, en un
manuscrito del mismo periodo? Porque aún estamos sujetos a hombres que no
entienden las leyes generales que gobiernan el universo. “Se necesita que los
fisiólogos eliminen los filósofos, los moralistas y los metafísicos, de la misma
forma que los astrónomos y los químicos eliminaron a los alquimistas”. Todo esto
fue revelado a Saint-Simon por el mismo Dios, que anuncia a su profeta haberle
puesto al lado Newton para iluminar a los habitantes de todos los planetas. La
revelación concluye con la célebre frase que inspiró a toda la doctrina saint-
simoniana: “todos los hombres trabajaran; serán considerados como los
trabajadores encargados de una única oficina, que dirigirá sus esfuerzos para
guiar la inteligencia humana en conformidad con la divina providencia. El
Consejo Supremo de Newton dirigirá los trabajos”.
El Consejo de Newton es conceptualizado como si fuera un comité editorial de
una grande y nueva Enciclopedia, encargado de sistematizar y unificar todo el
saber humano que “debe de ser ahora examinado y coordinado desde el punto
de vista del fisicismo”. Este “fisicismo”, no es un nuevo método científico general
sino, tiene que llegar a ser una nueva religión, aunque al principio, nada más
compartido por las clases cultas. Esto debe de representar la tercera etapa de la
evolución de la religión que pasa desde el politeísmo a través del deísmo, para
llegar finalmente al fisicismo.
En el verano del 1817 el joven politécnico Auguste Comte, el primero y más
grande del grupo de ingenieros, que luego habrían saludado a Saint-Simon como
su maestro, se volvía su secretario. Desde aquel momento hasta la muerte de
Saint-Simon, ocho años más tarde, la historia intelectual de los dos hombres será
intrínsecamente unida.

El abuso de la razón 24
13-La física social: de Saint-Simon y Comte
La cosa más increíble de todas, en la carrera de Saint-Simon, fue la gran
fascinación que ejerció, especialmente hacía el final de su vida, sobre muchos
jóvenes, algunos de ellos mucho más intelectualmente dotados, que por años lo
proclamaron su líder, dieron coherencia y orden a la formulación de sus
pensamientos, y que sus carreras intelectuales fueron totalmente condicionados
por él. Esto es aún más claro en el caso de Auguste Comte, aunque se haya
quejado más tarde, a propósito de la “desgraciada influencia personal que
eclipsó mis esfuerzos personales”…
En el Parable, Saint-Simon demuestra que en primer lugar, si la Francia fuera
privada de golpe de cincuenta entre sus mayores científicos, de los cincuenta
mejores ingenieros, artistas, poetas e industriales, cada posibilidad de vida
civilizada sería destruida. Sin embargo, si una tragedia igual sucediera a un
mismo número de aristócratas, de dignitarios del estado, de personajes de la
corte y altos miembros del clero, revela lo intrascendente que sería esa
circunstancia sobre la prosperidad de Francia.
La dirección de la sociedad tiene que ser responsabilidad de los “industriales”,
término que comprende todos los que realizan una actividad productiva. Deberán
estar integrados en tres órganos diferentes: la Chambré d´Intention, constituida
por 200 ingenieros y 100 artistas, que deberían elaborar los planes de todas las
iniciativas; y de la Chambré d´Examination, constituida por 100 físicos y 100
matemáticos, que deberían vigilar la ejecución de las obras. Uno de los primeros
trabajos del nuevo parlamento, consistiría en elaborar una nueva ley sobre la
propiedad, que debería “ser fundada sobre bases idóneas a favorecer la
producción en la máxima medida posible”. Por otro lado, si la contribución de
Comte son aún pocas ideas, que no se encontrasen en los precedentes trabajos
de Saint-Simon, ahora, sin embargo, se presentan con una fuerza que este
último nunca pudo lograr. Encontramos, reforzada aún con mayor necesidad,
que al viejo poder espiritual le siga “el poder científico y positivo”; un progresivo
adelantamiento de la ciencia hacia la etapa positiva, lograran llegar también la
filosofía, la moral y la política, haciendo así posible la realización de un nuevo
sistema social de dirección científica, y la acostumbrada molestia por la libertad
de pensamiento en cuanto antagonista con la idea de poder espiritual. Nueva es
la especial relevancia atribuida al rol de la “nueva clase que ocupa una posición
intermedia entre los hombres de ciencia, los artistas y los artesanos, es decir la
clase de los ingenieros” y es símbolo de la nueva unión entre poder espiritual y
temporal que “preparará el camino para la llegada de esta dirección unitaria de
la sociedad”. En esta empresa común los hombres ya no serán súbditos, sino
asociados y coparticipes: por la primera vez encontramos aquí la afirmación que
no habrá necesidad de un “gobierno” sino solamente de una “administración”. A
la contribución de Comte, Saint-Simon se limitó a aportar, al final de la segunda
carta, un característico llamado a los científicos y en particular a los artistas los
cuales, en su verdadera función de “ingenieros de las almas”, como lo

El abuso de la razón 25
proclamará más adelante Lenin, tienen que poner en marcha toda su
imaginación “para ejercer sobre las masas un empuje, capaz de obligarlas a
marchar con firmeza en la dirección indicada y a obedecer a sus líderes naturales
en la realización de esta grande cooperación”. Tenemos aquí un ejemplo de las
futuras teorías sobre la función social de las artes.
En la exposición de su Systéme industriel (1821) el tema principal es constituido
por “las medidas para terminar la revolución”. Él, no se preocupa más de
esconder sus antipatías hacía los principios de libertad y hacía todos aquellos
que, defendiéndola, contrastan la realización de sus planes. “La vaga y
metafísica idea de libertad … impide la acción de las masas sobre el individuo y
es un obstáculo al desarrollo de la civilización y la organización de un sistema
bien ordenado”.
Saint-Simon ve de forma mucho más lúcida que la mayoría de los socialistas
después de él, que la organización de la sociedad hacía un fin común, que
constituye la finalidad de todos los sistemas socialistas, es incompatible con la
libertad individual y necesita la existencia de un poder espiritual capaz de “ fijar
la dirección hacía la cual deben converger todas las fuerzas de la nación”.
Auguste Comte contribuyó a dar ulterior difusión a estas doctrinas, que
representaban un verdadero volumen titulado “Plan por las operaciones
científicas necesarias a la reorganización de la sociedad”, que fue republicado
dos años después (1824) con el título más ambicioso de “Systeme de Politique
Positive”, “título prematuro que, sin embargo, indicaba exactamente las
finalidades” de su trabajo, como Comte mismo precisó treinta años después. En
realidad es, tal vez, la pieza más significativa del conjunto de publicaciones de
las cuales nos estamos ocupando. En esta primera exposición el “sistema
positivo” no es más que una brillante reformulación de la doctrina de Saint-
Simon. Comte tiende ulteriormente a extremar su odio por el dogma de la
libertad de conciencia, que representa el gran obstáculo para la reorganización.
Como en astronomía, física, química y fisiología, no se encuentra nada de
parecido a la libertad de conciencia, así la presencia de esta última, es
meramente transitoria y destinada a desaparecer, cuando la política se habrá
elevado a rango de una ciencia de la naturaleza y será precisado un corpus en su
verdadera y definitiva doctrina. Esta nueva ciencia, la physique sociale, es una
parte de la fisiología. La política se encamina hacia su metamorfosis en una
ciencia positiva, en conformidad con la ley de las “tres etapas”, que ahora es
formulada en su forma definitiva: “cada rama del saber debe necesariamente
pasar por tres etapas o “etapas teóricas”: la etapa Teológica o fantástica; la
etapa Metafísica o abstracta; y finalmente la etapa Científica o positiva” que
representa la etapa definitiva de la sabiduría en todas sus formas.

El abuso de la razón 26
14-La religión de los ingenieros: Enfantin y los saint-
simonianos
El curso de lecciones que los saint-simonianos dictaron en 1829 y 1830, en su
forma que conocemos, se articuló en dos partes y constituyen el más importante
trabajo publicados por Saint-Simon o de algunos de sus discípulos, y es uno de
los grandes “cambios” de la historia del socialismo. Los textos publicados de las
clases, fueron escritos por H. Carnot, sobre la base de las notas tomadas por él y
por otros, y es probablemente a él a quien l´Éxposition debe su elegancia y
vigor.
El libro se presenta como un vasto panorama filosófico de la historia y de la “ley
del desarrollo de la humanidad como la expresó el genio de Saint Simon” que,
fundado sobre el estudio del genero humano como un “ser colectivo”, y nos
aclara su destino. Esta ley nos indica que el curso de la historia se caracteriza
por un alternancia de etapas orgánicas y de etapas críticas: en aquellas
orgánicas, “todos los aspectos de la actividad humana queda ordenada, previstos
y coordinados por una teoría general”; mientras, en aquellas críticas, la sociedad
se presenta como un aglomerado de individuos aislados en competencia entre
ellos. El destino último hacia el cual caminamos es una etapa caracterizada por el
desaparecimiento de cualquier antagonismo entre los hombres, en el cual, a la
explotación del hombre por parte del hombre, llegará la etapa de una
cooperación y armónica acción de los hombres sobre la naturaleza. Pero a esta
etapa terminal, en la cual será “realizada la sistematización de los esfuerzos”, “la
organización del trabajo” para un fin común, se llegará de forma gradual. Esta
progresiva disminución de los antagonismos entre los hombres, que constituye el
aspecto esencial de este proceso que llegará al final en una “asociación
universal”, implica una constante “disminución de la explotación del hombre por
parte del hombre”, fórmula que constituye el leitmotif de toda la Exposition.
Mientras el positivo adelantamiento hacia la asociación universal se manifiesta
con el cambio de las etapas de familia, de la ciudad, de la nación y de la
federación de las naciones con una misma fe e iglesia comunes, la disminución
de la explotación es determinada por la transformación de las relaciones entre
las clases. Desde la etapa en la cual se practicaba el canibalismo con los
prisioneros, a través de la esclavitud y la servidumbre, hasta las presente
relaciones entre las clases, se realizó una disminución de la intensidad de la
explotación. Todavía, la humanidad, continua a ser dividida entre dos clases, los
explotadores y los explotados y existe aún una clase proletaria de desheredados
y una burgués. Abel Transon puntualiza frente a los jóvenes del politécnico: “el
campesino y el obrero ya no son ligados al hombre o a la tierra, no son sujetos
al látigo como un esclavo, su trabajo les pertenece más que al esclavo, pero la
ley sigue siendo despiadada con ellos. No todo el fruto de su trabajo les
pertenece. Ellos deben compartirlo con otros hombres que no le son de ninguna
utilidad. En breve, no tienen ya frente a ellos patrones o Señores, sino
burgueses. Propietarios de la tierra o del capital, el burgués los usa a su gusto y

El abuso de la razón 27
los deja en la mano de los trabajadores sólo a condición de obtener una renta,
apropiándose de una parte del precio del trabajo, renta de la cual viven él y su
familia. Y mirando con los ojos del futuro, aquel título es totalmente ilegitimo y
sin valor, porque abandona a la voluntad de una clase privilegiada todos aquellos
a los cuales los padres no les dejaron en herencia ningún medio de producción”.
Según l´Éxposition el nuevo orden será realizado gracias a la “transferencia al
estado, que será una asociación de trabajadores, el derecho de propiedad hoy
exclusivo a los miembros de la familia. Los privilegio de nacimiento, que bajo
muchos aspectos, ya recibieron fuertes temblores, ahora tienen que
desaparecer”.
“Si, como nosotros sostenemos, la humanidad camina hacia una etapa en la cual
todos los individuos serán clasificados con base en la capacidad y remunerados
con base en el trabajo, es evidente que el derecho de propiedad, así como
actualmente se configura, será abolido, porque dando a una clase la posibilidad
de vivir del trabajo de otros, sin desempeñar ninguna actividad, se perpetua la
explotación de una parte de la población, y justo de la parte más útil, que
trabaja y produce, a beneficio de una parte que nada más disipadora”.
Para dar otra prueba de la profunda influencia ejercida sobre el pensamiento
moderno de los saint-simonianos, es suficiente recordar que gran influencia
tuvieron en todos los idiomas europeos. “Individualismo”, “industrial”,
“positivismo” y “organización del trabajo”, son términos que se encuentran por
primera vez en l´Éxposition. El concepto de “lucha de clase” y la oposición entre
“burguesía” y “proletariado”, en el significado técnico específico de los términos,
son creaciones saint-simonianas. El mismo término “socialismo”, aunque si no se
encuentra en l´Éxposition (que usa para el mismo significado “agrupación”),
aparece, por primera vez, nada más un poco después en la revista saint-
simoniaca “Globe”.
Si damos una rápida mirada historia posterior de la escuela, o más bien de la
“iglesia” saint-simoniana, podemos darnos cuenta en lo que se transformó y
entenderemos porque su influencia inmediata no haya sido mayor, o mejor
dicho, porque aquella influencia no fue más claramente sentida. La razón de todo
esto es que bajo la influencia de Enfantin, la doctrina de convirtió en una
religión; los factores sentimentales y místicos tuvieron prevalencia sobre los
científicos y racionales, exactamente como sucedió al final de la vida de Saint
Simon y, después, también le sucedió a Comte.
La revolución de julio de 1830, los tomó de sorpresa, pero ingenuamente
convencidos que habrían alcanzado el poder. Una de las consecuencias de la
revolución sobre sus doctrinas, consistió en hacer concesiones a las tendencias
democráticas del tiempo. El socialismo autoritario de los orígenes, empezó así su
temporánea asociación con la democracia liberal. Las razones de este nueva
orientación, fueron ilustradas por los saint-simonianos con una asombrosa
franqueza, raramente igualada por los socialistas de las siguientes generaciones:
“nosotros pediremos libertad de religión, para que la única religión pueda ser
más fácilmente reconstruida sobre las ruinas del pasado religioso de la

El abuso de la razón 28
humanidad…libertad de prensa, porque es la condición sine qua non para la
sucesiva institucionalización de un legitimo sistema de dirección del
pensamiento; libertad de enseñanza, para que nuestra doctrina pueda más
fácilmente difundirse y llegue a ser, un día cercano, la única universalmente
profesada y amada; la destrucción de los monopolios, como medio para llegar a
la definitiva organización de todo el aparado industrial”9

9Organisateur, vol II, pág. 202,213, citado por C.Charlety, Historire du Saint-
Simonisme, 1931, pág. 83.

El abuso de la razón 29
15-La influencia saint-simoniana
El interés preeminente de nuestra investigación no es definir los límites de la
influencia ejercida por los individuos o por los grupos. Para nosotros es mas
significativo poder demostrar que situaciones parecidas hayan hecho nacer ideas
similares también en otros lugares, sin la influencia de los saint-simonianos. Sin
embargo, todos los estudios de movimientos contemporáneos parecidos,
produciéndose en zonas diferentes, demuestran siempre la existencia de íntimas
conexiones con los prototipos franceses.
Las influencia en Inglaterra se hicieron sentir también en campo literario. El
mayor divulgador de estas ideas fue Thomas Carlyle, que también tradujo y trató
de publicar una introducción anónima, el Nouveau Christianisme, de Saint-Simon.
El constituye el primer caso de los muchos que encontraremos, en los cuales,
con extrema facilidad se fundieron a influencia saint-simoniana o comtiana con la
alemana. Más conocida es la influencia que ejercitaron sobre J.S. Mill, en su
autobiografía describe como “los escritores que me proporcionaron un ejemplo
de un nuevo modo de pensar, que se armonizaba con mis ideas preexistente, a
las cuales otorgaban una forma de pensamiento científico. Yo ya consideraba los
métodos de las ciencias físicas como un modelo adapto también para la política.
Pero el beneficio mayor que yo obtuve de las formas de pensar que los saint-
simonianos y de Comte me daban el ejemplo, fue aquel de alcanzar una claridad
de visión, nunca antes lograda, alrededor de las características de una época de
transición, también en las concepciones dominantes y de no confundir más las
características morales e intelectuales, de una época como la nuestra, con las
calidades perenes de la humanidad.”
Por otro lado, si se excluye a Francia, en ningún otro país, la doctrina saint-
simoniana, despertó más interés que en Alemania….
La influencia más importante fue con los jóvenes hegelianos, y en particular con
el más influyente de ellos, Ludwig Feuerbach, en el cual encontramos
íntimamente ligados positivismo y hegelismo y que habría profundamente
influidos las ideas de Marx y Engels…
La observación, frecuentemente repetida, por los estudiosos alemanes, de que
muchas partes de la doctrina de Marx, y en particular la teoría de las luchas de
clases y varios aspectos de la interpretación de la historia, presentan una
relación aún más estrecha con Hegel, es más significativa, si se tiene presente
que la influencia ejercida da Saint-Simon, fue anterior a la ejercida por Hegel…
Entre los primeros socialistas franceses, el único que se mantuvo independiente
del saint-simonismo, fue el contemporáneo Charles Fourier, el cual con Robert
Owen y Saint-Simon, generalmente es considerado uno de los tres fundadores
del socialismo.
Se puede concluir que alrededor de 1840, las ideas saint-simonianas habían
dejado de ser patrimonio exclusivo de una escuela particular, y se habían vuelto
la base común de todos los movimiento socialistas.

El abuso de la razón 30
Las ideas saint-simonianas tuvieron profundas influencias también en Italia en
Mazzini, sobre el entero movimiento de la joven Italia, sobre Pellico, Gioberti y
Garibaldi y otros, y sobre personajes tan diferentes como A.Strimberg en Suecia,
A. Herzen en Rusia y muchos otros en España y Sur América.
Es importante otra directa consecuencia de la enseñanza de los saint-
simonianos: los fundadores del socialismo moderno contribuyeron de forma
relevante a otorgar al capitalismo continental la peculiar forma que lo
caracteriza; “el capitalismo monopólico” o “capitalismo financiero”, que se
desarrolló por la íntima conexión entre banco e industria (complejos industriales
organizados por bancos en calidad de grandes accionistas de empresas
asociadas), el rápido desarrollo de las sociedades por acciones y las grandes
empresas de trenes, son por mucho creaciones saint-simonianas.
Amplísima fue su influencia en Francia, donde Saint-Beuve definió al emperador
Napoleón III un “Saint-Simon a caballo”.
Y por primera vez encontramos la expresión de “socialismo científico” a propósito
de la obra de Saint_Simon, el cual “había consagrado toda su vida a la búsqueda
de la nueva ciencia”.

El abuso de la razón 31
16-Sociología: Comte y sus sucesores
La característica más importante de la carrera intelectual de Comte es el hecho
de que siempre fue un matemático, y como matemático de formación también lo
fue de profesión. Por la mayor parte de su vida su única fuente de ingresos fue
la actividad de maestro en la Ecole Polytechnique, pero siempre le fue negado el
nombramiento de profesor, al cual él aspiraba. Las repetidas decepciones y las
confrontaciones causadas por sus recriminaciones, que al final lo privaron
también de las modestas posiciones alcanzadas, explican de alguna forma su
cada vez mayor aislamiento y su declarado desprecio por gran parte de los
científicos contemporáneos, y por la casi total indiferencia que causó su obra
durante casi toda su vida, aunque, por gran parte de forma indirecta, su
influencia fue entre las más fuertes del siglo XIX, por lo menos respecto a los
estudios sociales.
Toda la filosofía de Comte se funda sobre su famosa ley de las tres etapas, que
ya encontramos en sus primeros trabajos. Su misión resulta para él determinada
por esta ley: todas las ciencia más sencillas, como la física, química y la biología,
ya alcanzaron un estadio positivo, y es por consiguiente tarea de Comte hacer
llegar a la misma meta la ciencia suprema del genero humano y de cumplir, así,
el desarrollo de la mente humana. En sustancia el problema central es para él
aquel de la continua y gradual emancipación desde la interpretación
antropomórfica de todos los fenómenos, que las ciencia consiguen cuando llegan
al estadio positivo.
El estadio metafísico no es en realidad más que la fase de disolución del estadio
teológico, la fase crítica en la cual el hombre ha renunciado a una visión
personalista, que lo induce a buscar la presencia de espíritus y de divinidades en
todos los fenómenos, pero se limita a substituirlos por entidades abstractas,
también totalmente extrañas a una verdadera ciencia. En la fase positivista se
desecha cualquier tentativo de explicar los fenómenos, por medio de sus causas,
es decir a la forma de producción de ellos, y se busca enunciar las leyes que
mandan su coexistencia y sucesión; es decir, para usar una expresión moderna
aún no utilizada por Comte, en la fase positiva, la tarea de la ciencia es
“describir” las interacciones de los fenómenos según las leyes generales e
inmutables.
“Existe necesariamente –escribe- una fundamental diferencia entre el conjunto
de la filosofía inorgánica y la del conjunto de la orgánica. En el primero, en el
cual la solidaridad entre los fenómenos es mínima se puede influenciar muy poco
el estudio del objeto, nosotros tenemos que explorar un sistema en los cuales los
elementos singulares son conocidos mejor que su conjunto, y normalmente
resultan observables de forma directa. Sin embargo, en el segundo, donde el
objeto principal es representado por el hombre y por la sociedad, el
procedimiento opuesto es muchas veces más racional, dado que es consecuencia
del mismo principio lógico, de que conocemos mucho mejor de las artes
singulares, el conjunto, que es accesible más directamente”. Esta sorprendente

El abuso de la razón 32
afirmación, que en el caso de los fenómenos sociales, el conjunto es mejor
conocido que las partes, se presenta como un axioma, sin mayores aclaraciones.
Se trata de una afirmación de la mayor importancia para la comprensión de la
nueva ciencia de la sociología, que Comte creó y sus sucesores adoptaron. Su
importancia es aún mayor por el hecho que gran parte de los estudios que tratan
los fenómenos con este criterio, son los que llamamos “cientistas”.
Comte también sostenía que “la evolución del genero humano es gobernado por
leyes tan precisas como aquellas que determinan la caída de los cuerpos”. La
historia debe de transformarse en ciencia, y la esencia de una ciencia, es su
capacidad de predicción.
La singularidad de esta formulación, más que nada en su versión comtiana, está
en el hecho que, por cuanto explícitamente admita que la interacción de las
mentes individuales puedan producir algo que por algunos aspectos pueda ser
superior a lo que una sola mente pueda realizar, sin embargo, atribuye a la
misma mente, no nada más el poder de “entender” este desarrollo como un
todo, de descubrir el principio con base en el cual obra el curso que debe de
seguir, si no también el poder controlarlo y dirigirlo y, por consiguiente, de
mejorar su no incontrolado funcionamiento.
Esta idea, por la cual la mente humana puede, en un cierto sentido, trascender a
sí misma, ha sido una componente fundamental de gran parte de la sociología,
hasta nuestros días, y en ella tenemos que encontrar las raíces (o por lo menos
una de sus raíces: la otro es de Hegel) de aquella moderna Hybris que ha
encontrado su perfecta expresión en la llamada “sociología del conocimiento”.
El sistema de Comte se parece al posterior socialismo autoritario de matriz
prusiana más que a aquello que tradicionalmente se considera el socialismo. Así,
cuando Comte afirma que, en la sociedad futura, la “inmoral” concepción de los
derechos individuales desaparecerá porque habrán nada más deberes, es decir,
que en la nueva sociedad no habrán personas privadas, si no nada más habrán
funcionarios estatales de categorías y grados diferentes, y finalmente cuando, en
la parte conclusiva del primer esbozo del futuro ordenamiento, él reconoce que
“en la más secreta intimidad de nuestro corazón todos sabemos que es dulce
obedecer”. Podríamos encontrar a casi todas sus afirmaciones de este tipo,
idénticas declaraciones de los teóricos alemanes que elaboraron los fundamentos
intelectuales de las doctrinas del Tercer Reich.
De todas formas, nada resume mejor esta fase final del pensamiento de Comte
que el célebre epigrama de Thomas Huxley, que la definió un “catolicismo sin
cristianismo”.
Por otro lado, por la aplicación de la curva normal o “gaussiana” al análisis del
error de los datos estadísticos, Quetelet debe de ser considerado como el
fundador de la estadística moderna.

El abuso de la razón 33
17-Comte y Hegel
Cuando no compartimos más las premisas implícitas de épocas pasadas, nos es
relativamente fácil individuarlas. Pero es diferente la situación, cuando esas ideas
constituyen el substrato de modos de pensar de edades a nosotros más
cercanas: en esos casos, muchas veces ni siquiera tenemos conciencia de las
ideas fundamentales comunes a sistemas de pensamiento aún opuestos. La
importancia de este fenómeno puede ser decisiva porque, como dijo Bernard
Bosanquet “en el mundo del pensamiento, los extremos se pueden encontrar
tanto en el error como en la verdad”. Errores de este tipo muchas veces se
transforman en dogmas, simplemente porque son compartidos por varias
corrientes culturales en polémica entre ellos sobre todas las otras cuestiones
vitales, y pueden seguir siendo los fundamentos implícitos del pensamiento hasta
cuando ya cayeron en el olvido las teorías sobre las cuales luchaban los
pensadores que los habían desarrollados. Cuando esto ocurre, la historia de las
ideas adquiere una gran importancia práctica: puede ayudarnos a mirar que tan
ampliamente nuestro pensamiento sea condicionado por factores de los cuales
no nos damos cuenta de forma explicita.
Es mi propósito llamar la atención sobre el hecho que nos encontramos en una
situación parecida, más precisamente sobre el hecho que, en el campo de la
sociología, algunas orientaciones, características no nada más de la segunda
mitad del siglo XIX, si no también del nuestro, han sido provocados por la
convergencia de fondo de dos pensadores que normalmente se consideran de
orientación absolutamente antitéticas: el “idealismo” alemán de Georg Wilhelm
Hegel y e “positivista” francés Auguste Comte…
Para mi estas concordancias, no son ocasionales, si no sistemáticas y su
influencia sobre las ciencias sociales han sido mucho más importantes de los que
se ha querido admitir. En sustancia, aunque Comte fue 28 años más joven de
Hegel, nosotros debemos considerarlos, a todos los efectos, contemporáneos, de
tal forma que es legítimo pensar tanto a la posibilidad de la influencia de Comte
sobre Hegel como de Hegel sobre Comte. Aún más sorprendente es el hecho de
que normalmente nunca se llamó la atención sobre el increíble número de
autores de primer plano que han mezclado, en sus pensamientos, ideas de
origen hegelianas y comtianas. Para nombrar nada más los más importantes,
será suficiente recordar que en la lista encontramos Karl Marx, Friedrich Engels y
probablemente Ludwig Feuerbach en Alemania; Ernest Renan, Hyppolyte Taine e
Emile Durkhein en Francia y Benedetto Croce y John Dewey.
Si es cierto que la crítica es válida nada más cuando el crítico siente por el tema
contestado por lo menos un mínimo de simpatía en relación con Hegel, porque ni
de este mínimo me siento dotado. Hacia él sentí siempre, no nada más lo que
dijo su máximo admirador inglés, cuando afirmó que su filosofía “es una
búsqueda de pensamiento tan profunda que resulta casi totalmente
incomprensible”, si no también aquello que constató John Stuart Mill, el cual

El abuso de la razón 34
“encontró por experiencia directa…que su conversación ejercita una influencia
corruptora sobre el intelecto del interlocutor”…
Por la parte que más nos interesa, la herencia cartesiana pasó da Hegel y Comte,
por medio de Montesquieu, D´Alembert, Turgot y Condorcet en Francia; Herder
Kane y Fichte en Alemania. Pero aquellos que en estos pensadores eran
simplemente puntos ocasionales y estimulantes, llegaron con Hegel y Comte, el
fundamento de los máximo sistemas de su tiempo. No quiero no reconocer la
grande aportación hecha por Cartesio (Descartes) al pensamiento moderno, pero
como pasó con muchas ideas fecundas, llega muchas veces el momento en que
ellas, en el empuje del éxito, terminan por se aplicados en sectores en los cuales
su aplicación no tiene ninguna legitimidad. Y es justo lo que, en mi opinión,
sucedió con Hegel y Comte.
Igual que Hegel, Comte trata como “universales concretos” aquellas estructuras
sociales que de hecho nosotros llegamos a conocer nada más a través de
composición o reconstrucción partiendo de los elementos que los constituyen
que son normalmente conocidos, y Comte hasta rebasa a Hegel en sostener que
nada más la sociedad como un todo es real, mientras el individuo es pura
abstracción…
Por lo que ha mi me toca, tengo poco que añadir al análisis magistral que de
este historicismo ha hecho mi amigo Karl Popper, salvo que Comte y el
positivismo tenga por lo menos la misma responsabilidad de Platón y Hegel.
Se podría demostrar que también han influenciado el arte no menos que la
antropología y la filología. Y la extraordinaria popularidad que han tenido las
“filosofías de la historia” en los últimos cien años, teorías que atribuyen al
proceso histórico un “sentido” inteligible y pretenden de saber prever el futuro
destino del genero humano, es sustancialmente debido a esta dúplice influencia
de Hegel y Comte. Más importante es el hecho que por ambos la historia lleva
aun éxito predeterminado, es decir, puede ser interpretada teleológicamente
como una sucesión de fines, uno a la vez realizados.
Este determinismo histórico, implica necesariamente un absoluto fatalismo: el
hombre no puede cambiar el flujo de la historia. En un sistema así concebido no
hay lugar para la libertad: para Comte la libertad es la “racional sumisión al
dominio de las leyes naturales”, es decir, de aquellas que él considera como
leyes naturales e inviolables del desarrollo; para Hegel, ella se identifica con la
consciente aceptación de la necesidad. Y como ambos posen el secreto de la
“definitiva y permanente unidad intelectual”, hacia la cual, según Comte, la
evolución tiende, o de la “verdad absoluta”, en el sentido de Hegel da a la
expresión, ambos revindican el derecho de imponer una nueva ortodoxia. Hay
que recalcar que ambos pensadores manifestaron la misma antipatía hacía la
Grecia de Pericles y hacia el Renacimiento, y la misma admiración por Federico el
Grande.
Es singular el hecho que ni Hegel ni Comte logren a hacer entender como la
interacción de los esfuerzos individuales pueda producir algo que supere la
misma capacidad de entendimiento de los individuos. Mientras Adams Smith y

El abuso de la razón 35
los otros individualistas escoceses del siglo XVIII, aún si hablaban de “mano
Invisible”, habían logrado proporcionar una explicación de este fenómeno, todo
lo que Hegel y Comte han sabido darnos se reduce a una misteriosa fuerza
teleológica.
Y mientras el individualismo del siglo XVIII, en la sustancial humildad de sus
aspiraciones, se proponían de identificar, con al máxima precisión posible, los
principios según los cuales los esfuerzos individuales se mezclan para dar vida a
una civilización, con la finalidad de descubrir cuales sean las condiciones más
favorables a un crecimiento mayor Hegel y Comte llegaron a ser la principal
fuente de aquella hybris colectivista que aspira a la “dirección consciente” de
todas las fuerzas de la sociedad.

Es imposible acabar un argumento tan amplio, pero creo haber presentado


pruebas suficientes de la validez del tema central de mi argumentación: es decir
que nosotros vivimos, aún sin saberlo, bajo la influencia de ideas que se han
vuelto consustanciales con el pensamiento moderno, por la simple razón que las
considerábamos los fundadores de aquellas que se pensaban fueran dos
corrientes de pensamiento antagonistas. En este campo nosotros nos dejamos
aún, en gran medida, guiar por ideas viejas de por lo menos cien años, del
mismo modo que el siglo XIX se dejó guiar por el siglo XVIII. Pero mientras las
ideas de Hume, Voltaire, Adams Smith y de Kant produjeron el “liberalismo” del
siglo XIX, las de Hegel y de Comte, de Feuerbach y de Marx han producido los
“totalitarismos” del siglo XX.

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