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EL COMPONEDOR DE CUENTOS

Mariano Silva y Aceves

Los que echaban a perder un cuento bueno o escribían uno malo lo enviaban al
componedor de cuentos. Éste era un viejecito calvo, de ojos vivos, que usaba unos
anteojos pasados de moda, montados casi en la punta de la nariz, y estaba detrás
de un mostrador bajito, lleno de polvosos libros de cuentos de todas las edades y
de todos los países.
Su tienda tenía una sola puerta hacia la calle y él estaba siempre muy
ocupado. De sus grandes libros sacaba inagotablemente palabras bellas y aun
frases enteras, o bien cabos de aventuras o hechos prodigiosos que anotaban en
un papel blanco y luego, con paciencia y cuidado, iba engarzando esos materiales
en el cuento roto. Cuando terminaba la compostura se leía el cuento tan bien que
parecía otro.
De esto vivía el viejecito y tenía para mantener a su mujer, a diez hijos
ociosos, a un perro irlandés y a dos gatos negros.

EPITAFIO

Carlos Díaz Dufoo II

Extranjero, yo no tuve un nombre glorioso. Mis abuelos no combatieron en Troya.


Quizá en los demos rústicos del Ática, durante los festivales dionisiacos, vendieron
a los viñadores lámparas de pico corto, negras y brillantes, y pintados con las heces
del vino siguieron alegres la procesión de Eleuterio, hijo de Semele. Mi voz no
resonó en la asamblea para señalar los destinos de la república, ni en
los symposia para crear mundos nuevos y sutiles. Mis acciones fueron oscuras y
mis palabras insignificantes. Imítame, huye de Mnemosina, enemiga de los
hombres, y mientras la hoja cae vivirás la vida de los dioses.

LOS RELINCHOS

Alfonso Reyes

Se han poblado de relinchos las calles, el campo y los desmontes vecinos. ¡Gran
fiesta para los caballos! Casi ni les ha faltado la alegría a los dioses: comer carne
humana.
Los relinchos.
¡Potros piafantes de la vida! En la mitología y la pintura, el mar y la luz y los
vientos y los santos vienen a caballo.
¡Potros piafantes de la muerte! En la superstición y la pintura, la guerra y la
peste y el diablo y las cosas fatídicas vienen a caballo pisando cráneos.
Los relinchos.
Hay relinchos que van al paso, de gran parada; otros, incómodos, que trotan;
relinchos ligeros, que galopan; y relinchos desgarrados que huelen a viento y a
pólvora. Dejan regueros de chispas en el aire. Hay relinchos extáticos, de estatua
de bronce que canta con el sol.
Los relinchos suben desde la calle burguesa, como llamaradas de selva
virgen. O como recuerdos del vivac. (La tienda, la noche, los dados sobre el tambor.)
Suben, y rompen con sus pezuñas las vidrieras, y se andan por toda la casa. Nos
abren el corazón con sus tajos metálicos.
Cohetes del alma del caballo, unos corren por el suelo como buscapiés. Otros
suben, rectos, y estallan como una palmera momentánea de oro.
Los relinchos.

GARZA BLANCA

Roberto López Moreno

No hay más nubes que las que forman las garzas blancas cuando surcan los cielos
salinos de las costas. En el municipio de Acapetahua se pueden encontrar por
millares. Descienden de sus alturas para alimentarse de peces y camarones
cumpliendo en esa forma con el binomio cielo-mar.

LIBERTAD

Juan José Arreola

Hoy proclamé la independencia de mis actos. A la ceremonia sólo concurrieron


algunos deseos insatisfechos, dos o tres actitudes desmedradas. Un propósito
grandioso que había ofrecido venir envió a última hora su excusa humilde. Todo
transcurrió en un silencio pavoroso.
Creo que el error consistió en la ruidosa proclama: trompetas y campanas,
cohetes y tambores. Y para terminar, unos ingeniosos juegos de moral pirotécnica
que se quedaron a medio arder.
Al final me hallé a solas conmigo mismo. Despojado de todos los atributos de
caudillo, la medianoche me encontró cumpliendo un oficio de mera escribanía. Con
los últimos restos del heroísmo emprendí la penosa tarea de redactar los artículos
de una dilatada constitución que presentaré mañana a la asamblea general. El
trabajo me ha divertido un poco, alejando de mi espíritu la triste impresión del
fracaso.
Leves e insidiosos pensamientos de rebeldía vuelan como mariposas
nocturnas en torno de la lámpara, mientras sobre los escombros de mi prosa jurídica
pasa de vez en cuando un tenue soplo de marsellesa.

LA HUMILDAD PREMIADA

Julio Torri

En una universidad poco renombrada había un profesor pequeño de cuerpo,


rubicundo, tartamudo, que como carecía por completo de ideas propias era muy
estimado en sociedad y tenía ante sí brillante porvenir en la crítica literaria.
Lo que leía en los libros lo ofrecía trasnochado a sus discípulos la mañana
siguiente. Tan inaudita facultad de repetir con exactitud constituía la desesperación
de los más consumados constructores de máquinas parlantes.
Y así transcurrieron largos años hasta que un día, en fuerza de repetir ideas
ajenas, nuestro profesor tuvo una propia, una pequeña idea propia luciente y bella
como un pececito rojo tras el irisado cristal de una pecera.

LA MOSCA QUE SOÑABA QUE ERA UNA ÁGUILA

Augusto Monterroso

Había una vez una Mosca que todas las noches soñaba que era un Águila y que se
encontraba volando por los Alpes y por los Andes.
En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un
tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado
grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras
demasiado fuertes; bueno, que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto
sobre los ricos pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como sufrir a
conciencia dándose topes contra los vidrios de su cuarto.
En realidad no quería andar en las grandes alturas, o en los espacios libres,
ni mucho menos.
Pero cuando volvía en sí lamentaba con toda el alma no ser un Águila para
remontar montañas, y se sentía tristísima de ser una Mosca, y por eso volaba tanto,
y estaba tan inquieta, y daba tantas vueltas, hasta que lentamente, por la noche,
volvía a poner las sienes en la almohada.

LA ESFINGE DE TEBAS

René Avilés Fabila


La otrora cruel Esfinge de Tebas, monstruo con cabeza de mujer, cabeza de león,
cuerpo de perro y grandes alas de ave, se aburre y permanece casi silenciosa.
Reposa así desde que Edipo la derrotó resolviendo el enigma que proponía a los
viajeros, y que ea el único inteligente de su repertorio. Ahora, escasa de ingenio, y
un tanto acomplejada, la Esfinge formula adivinanzas y acertijos que los niños
resuelven fácilmente, entre risas y burlas, cuando el fin de semana van a visitarla.

ORUGANANDA

Lazlo Moussong

El gusano salió de su meditación iluminado por la conciencia de que su Yo era


indestructible, que era sustancia integrada a la existencia total y, por lo tanto, en el
supuesto imposible de que él desapareciera, el universo se conmocionaría e
iniciaría un proceso encadenado de aniquilación. Sereno, pues, trepó al pavimento
para cruzar la carretera.

CIRCE

Raúl Renán

Gracias a mi mente que se mantuvo humana, a salvo de los hechizos de la diosa,


logré escabullirme, y al llegar a las afueras cayó sobre mí un puerquero que me
sometió venciendo mis chillidos.

CATEDRAL

Raúl Renán

La palabra catedral necesitó de otras palabras para erguirse firme. Llegó y se instaló
con su séquito organizado. Los arquitectos vieron, midieron, sintieron. ¡Gratuito! No
saben que las palabras tienen sus leyes de equilibrio; tampoco lo sabe el pueblo
que un día tuvo necesidad de palabras lapidarias para edificar una manifestación y
sin parar mientes echó mano de los sustentos de catedral por lo que ésta se
derrumbó sin quedar letra sobre letra.
LAS CINCO DE LA TARDE

Nellie Campobello

Los mataron rápido, así como son las cosas desagradables que no deben saberse.
Los hermanos Portillo, jóvenes revolucionarios, ¿por qué los mataban? El
camposantero dijo: "Luis Herrera traía los ojos colorados colorados, parecía que
lloraba sangre". Juanito Amparán no se olvida de ellos. "Parecía que lloraban
sangre".
A los muchachos Portillo los llevó al panteón Luis Herrera, una tarde
tranquila, borrada en la historia de la revolución; eran las cinco.

TESEO

José de la Colina

Días y noches y años dando vueltas con la espada oxidándosele en la mano buscó
al monstruo en el laberinto y murió de hambre y fatiga sin saber que allí no había
más monstruo que el mismo Laberinto.

NOCTURNO

Felipe Garrido

--Hace tanto tiempo --me dijo al oído, jadeante todavía, y se acodó a mi lado,
desnuda como el viento.
Sombras sobre sombras; una línea de luz en las caderas. Sus ojos brillaban
en secreto. Comencé a besarle las axilas; bajé a mordiscos por el perfil de la luna;
me detuve en las corvas; la escuché suspirar.
--Sígueme soñando --le supliqué---. No vayas a despertar.

PARA ESCOGER

Guillermo Samperio
A Rubén Bonifaz Nuño

Las coladeras son bocas con sonrisas chimuelas. Las coladeras han perdido los
dientes de tanto que las pisamos. Sin coladeras la vida sería demasiado hermética.
Las coladeras están a nuestros pies. Las coladeras son las bocas de fierro de la
ciudad. Las pobres coladeras están ciegas. Las coladeras son pura boca. Las
coladeras se ríen de los nocturnos solitarios. De coladera en coladera se llega a la
colonia Roma. Las coladeras son amigas de los borrachos. Por las coladeras se
entra al otro Distrito Federal. Las coladeras envidian a las ventanas. Las ventanas
nunca miran a las coladeras. Las coladeras son simpáticas, aunque eructen muy
feo.

DEFORMACIÓN EDITORIAL

Mónica Lavín

Al cumplir sesenta y cinco años comprendió la revelación. Nunca tendría la


oportunidad de una segunda edición de su vida, revisada, corregida y aumentada,
por lo que en lugar de testamento redactó una fe de erratas.

¿QUÉ TIENE ELLA?

Ethel Krauze

Es amada por hombres en total madurez y en total eminencia. ¿Qué tiene ella? Ellos
gozan amándola, sin desesperación y sin codicia. Lo confiesan sonrientes, sin
urgencia, con alegría. ¿Qué tiene ella? Sabe cada uno que no es el único, pero
saben que son felices por ese amor que les despierta. ¿Qué tiene, pues?

EL TRADUCTOR DE LA MÚSICA

Sergio Golwarz

Un famoso musicólogo chino, tan familiarizado con la estética musical de Oriente


como con la de Occidente, y dolido de que sus paisanos no comprendieran ni se
emocionaran en absoluto con la música europea más reputada, decidió traducir las
fugas de Bach a la música china: intentó trasladar el lenguaje musical de Juan
Sebastián al lenguaje musical de sus compatriotas.
Trabajó con empeño, poniendo al servicio de su tesón todos sus
conocimientos de ambas culturas, que no eran pocos, pero su obra no obtuvo el
menor éxito. Según exegetas, había sido en ella demasiado "notarial", y lo que se
necesitaba era una conversión, una traducción "musical". Pero ellos también se
equivocaban: las fugas de Bach debieron permanecer inmutables; quienes debían
haber sido traducidos eran los chinos.

DIÁLOGO AMOROSO

Sergio Golwarz

--Me adoro, mi vida, me adoro... a tu lado me quiero más que nunca; no te


imaginas la ternura infinita que me inspiro.
--Yo me adoro muchísimo más..: ¡con locura!; no sabes la pasión que junto
a ti siento por mí.
--No puedo, no puedo vivir sin mí...
--Ni yo sin mí...
---¡Cómo nos queremos!
--Sin que yo ame la vida no vale nada...
--Yo también me amo con toda mi alma, sobre todo a tu lado...
--¡Dame una prueba de que te quieres!
--¡Sería capaz de dar la vida por mí!
--Eres el hombre más apasionado de la tierra...
--Y tú la mujercita más amorosa del mundo...
--¡Cómo me quiero!
--¡Cómo me amo!

EL DETERGENTE

Luis Humberto Crosthwaite

La señora me lleva al supermercado, me da a oler las lechugas y me dice cuál es el


mejor detergente. Imita a un comercial de televisión: ella de pronto estará en todos
los canales como si fuera informe de gobierno. Do you understand?
Quitamanchas, antigrasa, limpia impurezas, permite ser feliz porque te da
amor y canciones de John Lennon. Su nueva fórmula no deja ese sentido pastoso
en la ropa, cura el cáncer pero no se lo digas a nadie, edifica naciones libres de
racismo, pone en bancarrota a los noticieros, te hace sonreír porque tiene un aroma
suave a recuerdos pasados.
Es el mejor detergente, the very best.
--Está bien, está bien, me ha convencido.
A la hora de pagar, la cajera es sonriente y cortés.
Regresamos a la casa y la señora pone un brazo, dos brazos a mi alrededor.
Regresamos a casa y la señora prepara una ensalada, me abraza y lava mi
ropa con el buen detergente.

EL FUEGO ETERNO

José Emilio Pacheco

A las seis de la mañana se escucharon disparos en la aldea ocupada por los


cristeros. Contra el muro de la iglesia yacían los cadáveres de un profesor rural y
tres agraristas capturados la noche anterior.
Varias mujeres embozadas se acercaron al pelotón de fusilamiento. Una anciana
preguntó al capitán si los muertos tuvieron tiempo de confesarse. El capitán
respondió que en efecto, el padre Acevedo los había asistido en sus últimos
momentos.
La anciana arrojó contra el empedrado la jarra de leche que llevaba en las
manos y dijo furiosa: --Qué lástima, qué lástima: ahora no van a arder en el fuego
eterno.

ESCRITURA POLICIAL

Raymundo Ramos

El astro brillaba enceguecedor sobre la superficie. El reflejo cinabrio calcinaba la


cuenca de los ojos, se metía por la raíz del nervio óptico hasta los árboles
venenosos del cerebro y estallaba en pirotecnias de colores. Sólo era posible verlo
así en la superficie pulida de la cuba musgosa. La sombra se interponía entre el
disco de oro y la refracción de la luz, permitiendo observar únicamente la aureola
anémica sobre el líquido. La mano sumergía la bola de pelos en el agua: nariz chata,
boca grande y orejas acirueladas; la sumergía hasta la base del pescuezo; el pecho
desnudo y las muñecas alambradas a la espalda; cuarenta, cincuenta segundos,
después minutos interminables y el regreso a los límites del aire: los pulmones
despedazaban sus alveolos en microhemorragias y la membrana del bofe se
distendía como parche de tambor templado con torcedores; dentro el agua violeta
de gelatinas placentarias se arremolinaba sobre los orificios apretados a punto de
ceder o estallar.
--Apaguen la luz y sáquenlo del agua, porque si se ahoga menos va a cantar
--dijo el director del penal. Arsacio era una ruina trabajada a conciencia. No murió
de inmediato. Antes confesó crímenes extravagantes y conspiraciones políticas.
Sólo entonces tuvo un oportuno paro cardiaco. Se conoce --en El grado cero de la
escritura-- el contenido eternamente represivo de la palabra "orden". Es lo que llama
Roland Barthes "la escritura policial".

MAESTRO INÚTIL

Alejandro Jodorowski

Caminó por esa ciudad en la que todos los habitantes se apresuraban a entrar
temprano en su casa para que no los sorprendiera el toque de queda. Tenía infinitas
respuestas, pero no encontró a nadie que quisiera hacerle una pregunta.

EL GRAFÓGRAFO

Salvador Elizondo

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también
puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que
escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome
recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto
escribir que me veía escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto
escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo
imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que
había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

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