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Introducción a la clínica psicoanalítica, de Lucas Boxaca y Luciano Lutereau

Buenos Aires, Ed. Letra Viva, 2012

Una de las virtudes de esta introducción a la clínica psicoanalítica es su fuerza performativa. No


describe la clínica psicoanalítica desde el exilio universitario, sino que la despliega en el ejercicio mismo
de su explicación. Tensa lo que se dice hasta hacerlo decir. Habla de una práctica al mismo tiempo que la
practica. No objetiva al ser hablante, le hace lugar, y con él, el clínico se hace lugar.

Sus autores, todavía jóvenes pero ya experimentados, no se tientan con el cognitivismo involuntario
de los que ya saben, ese saber que retira al sujeto para volverlo objeto de conocimiento. Ensayan la
enseñanza de Freud en sus textos, la de Lacan en su seminario, y lo hacen desde una posición de
analizante que les permite saber no saber, preguntar, volver a los maestros para revisar lo que han dicho,
y actualizarlo. La clínica psicoanalítica era para Lacan interrogar todo lo que Freud ha dicho, e interrogar
al analista, ponerlo en el banquillo, incitarlo a que dé sus razones, que confiese sus interpretaciones, sus
maniobras, el juicio íntimo que se reserva en el ejercicio de su acto, y que registre de algún modo la respuesta del analizante a su
intervención, que extraiga algunas consecuencias dichas o lógicas que den razón u orientación a su práctica.

Es el espíritu que encontramos en esta introducción que proponen Lucas Boxaca y Luciano Lutereau. Su lectura es útil, es
placentera, y justo cuando por ser placentera podría resultar aburrida, sorprende. Encontré en ella la sorpresa trivial del recuerdo,
que permite revivir parcialmente algo ya sabido, pero también la sorpresa de esa verdadera novedad que es la repetición, el
reencuentro de algo ya experimentado, pero no todavía articulado ni analíticamente disuelto.

La aprehensión propiamente clínica de los autores se apoya en el arte de las distinciones, que aplican a los conceptos, a los
procedimientos, a la lectura, a la elaboración del caso clínico. Lo que se dice en un análisis es interrogado discerniendo lo dicho
del acto de decirlo.

En su estilo, Boxaca y Lutereau se hacen cargo de ese real del que se ocupa el psicoanálisis, el reus, el culpable del que el
término “real” deriva etimológicamente –¿es preciso repetirlo para recordar con qué real confronta el psicoanálisis?–, por lo cual
hablar del sujeto del síntoma resulta una suerte de pleonasmo, ya que el sujeto que interesa en la clínica psicoanalítica, el sujeto
moralmente dividido, es él mismo el síntoma a tratar, es el analizante que se encuentra con el analista, si lo hay, hasta devenir
intratable.

Gabriel Lombardi

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