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2/3/2019 Doctrina

Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 60 - Numero 2 - Mes-Ano: 6_2018

Flexibilización procedimental o aplicación del principio pro


actione
Sergio Natalino CASASSA CASANOVA*

[-]
RESUMEN

En la Casación Nº 1260-2016-Arequipa se decidió declarar infundada la excepción de caducidad planteada en un


proceso de nulidad de cosa juzgada fraudulenta. Al respecto, el autor sostiene que el fallo es correcto, sin embargo,
no considera que estemos frente a un supuesto de flexibilización procesal (género de la flexibilización de plazos), sino
más bien en la aplicación del principio pro actione, esto es, la interpretación de la norma que conlleva la promoción del
derecho de acción y el adecuado desenvolvimiento del proceso judicial.

MARCO NORMATIVO

Código Civil: art. 1994 inc. 8.

Código Procesal Civil: arts. 146 y 178.

PALABRAS CLAVE: Cosa juzgada fraudulenta / Caducidad / Flexibilización procesal / Principio pro actione

Recibido: 20/04/2018

Aprobado: 25/04/2018

1. Nuestro Código Procesal Civil ha sido estructurado bajo un sistema de preclusiones “rígidas”, y muestra de ello es
el artículo 146: “Perentoriedad del plazo”. Sin embargo, en la resolución emitida por la Sala Suprema invita a la
reflexión si estamos frente a una “flexibilidad de los plazos” por parte de los jueces, o ante la aplicación del principio
pro actione. Para ello vamos a comentar sobre la flexibilización procedimental (género de la flexibilización de los
plazos) y luego de contrastarla con el conocido principio pro actione, concluir cuál fue aplicada al presente caso.

2. Con fecha 7 de diciembre de 2012, interponen demanda de nulidad de cosa juzgada fraudulenta contra el proceso
seguido ante el Noveno Juzgado Especializado en lo Civil, Expediente N° 1809-2008, en el que se emitió la sentencia
de fecha 26 de abril de 2011, declarando fundada la demanda en contra de Cofopri a efectos de que, reponiendo las
cosas al estado anterior a la violación, se integre al proceso a la recurrente y se le notifique con el contenido de la
demanda.

Al interior del proceso se interpone excepción de caducidad, señalando que la demanda se entabló fuera del plazo
previsto por el artículo 178 del Código Procesal Civil, es decir, once días después de vencido el plazo de seis meses.
Consideran que la demandante tuvo conocimiento de la sentencia el 22 de mayo de 2012 y que su demanda fue
interpuesta el 7 de diciembre de 2012.

En primera instancia, la excepción es declarada infundada, atendiendo a que el demandante tomó conocimiento de la
sentencia el 28 de mayo de 2012, por ello el término para interponer la demanda de nulidad de cosa juzgada
fraudulenta vencía el 28 de noviembre del mismo año. Sin embargo, en dicha fecha era imposible interponer la
demanda por la huelga de los trabajadores del Poder Judicial, la cual concluyó el 5 de diciembre de 2012. A este
plazo, hay que adicionarle el plazo de cinco días para interponer recurso de apelación contra la sentencia impugnada,
motivo por el cual, el plazo para interponer la demanda era el 10 de diciembre de 2012.

Apelada que fue la sentencia de primera instancia, la Sala Superior revoca la impugnada y reformándola declara
fundada la excepción de caducidad, nulo todo lo actuado y concluido el proceso. El argumento: i) el plazo de
caducidad no admite causal de interrupción o suspensión alguna, motivo por el cual, a la fecha de interposición de la
demanda, el plazo había vencido con 11 días en exceso; y, ii) durante toda la huelga había atención restringida en el
Centro de Distribución General.

Formulado que fue el recurso de casación, la Sala Civil Permanente de la Corte Suprema de Justicia de la República
(Cas. N° 1260-2016-Arequipa) declaró fundado el recurso de casación. Al margen de la argumentación utilizada, en
resumen: i) fija como fecha de inicio del plazo de caducidad el 28 de mayo de 2012; ii) el plazo (del artículo 178 del
Código Procesal Civil) se computa en meses; iii) cuando el referido día fuera inhábil, el plazo vence el primer día
siguiente hábil; iv) la inhabilidad debe ser extraordinaria, entre otras la imposibilidad de recurrir al tribunal peruano,
entre otros casos la huelga de los trabajadores del Poder Judicial; v) la huelga del Poder Judicial culminó el 5 de
diciembre de 2012, por lo que el primer día hábil era el 6 de diciembre de 2012; vi) se modifica el criterio rígido de
computar el vencimiento el 6 de diciembre considerando que el levantamiento de la huelga de los trabajadores del
Poder Judicial se trataba de una circunstancia que estaba fuera de la esfera de la atención absoluta del demandante,
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por lo que resultaría un exceso exigir a los usuarios de la administración de justicia que tengan pleno conocimiento de
este evento (que ni siquiera los propios trabajadores lo tienen), motivo por el cual la razonabilidad impone interdictar la
arbitrariedad y proponen una solución justa. En este caso, fue declarar fundado el recurso de casación y
consecuentemente confirmaron el auto de primera instancia que declaró infundada la excepción de caducidad.

La interrogante que deseamos despejar, a propósito del presente caso, es si nos encontramos frente a un supuesto
de “flexibilización procesal de los plazos” o ante la aplicación del principio pro actione. Para ello, una aproximación
fugaz sobre la “flexibilización procedimental” nos ayudará a despejar la incógnita.

3. Podemos empezar con una idea simple: “un médico en oportunidades practica tratamientos diferentes a sus
pacientes para tratar una misma enfermedad. La razón: no todos los pacientes responden de la misma forma ante un
mismo tratamiento, frente a una misma enfermedad”. Si esto es así, ¿por qué una estructura rígida procesal puede
solucionar (eficazmente) la multiplicidad de situaciones posibles que los sujetos de un proceso tienen? Sobre esta
idea se construye la “flexibilización procedimental”, teniendo en cuenta que el proceso debe adecuarse a la realidad
del derecho material, vale decir que el procedimiento previsto en la ley para determinado proceso debe atender a las
finalidades y naturaleza del derecho tutelado. En palabras más simples: se procura adecuar el proceso a las
particularidades del caso concreto.

Esta noción se ha visto plasmada legislativamente en Brasil, a propósito de su nuevo Código Procesal del 2015, en
donde lo introducen novedosamente en el artículo 190. En este caso, les confieren a las partes el poder de
autorregular o modificar su procedimiento, ajustando a las particularidades del caso concreto. Queda más que claro
que la concepción de este código es diferente a la nuestra, pues este parte de una concepción democrática
participativa, en donde se ha estructurado un modo de permitir mayor valorización de la voluntad de los sujetos
procesales, confiriéndoles la oportunidad de autorreglamentar sus situaciones procesales, lo cual no sucede con
nosotros.

La idea parte de comprender la necesidad de obtener en la práctica una tutela jurisdiccional efectiva, a través de la
flexibilización procedimental, obviamente esta se tiene que dar en respeto a las garantías procesales fundamentales
de isonomía, derecho al contradictorio, una amplia defensa y seguridad jurídica. Hay que tener en cuenta que la
flexibilización procedimental no generará decisiones ilegítimas, pues consideremos que una adaptación procedimental
con respeto a las garantías procesales no perjudica, muy por el contrario, contribuye a una efectiva tutela
jurisdiccional.

Nuestros amigos lectores se preguntarán si esta alteración del procedimiento legal podría comprometer la
predictibilidad del procedimiento legalmente establecido, pudiendo ser sorprendidos por actos o decisiones
imprevisibles o, llegado el momento, por actos arbitrarios. Sin embargo, consideramos que no comprometería el
debido proceso en sí, en tanto y en cuanto se respete el derecho al contradictorio previo, la predictibilidad estaría
[1]
asegurada .

Inclusive, véase que podríamos poner en contraposición a los principios de adaptabilidad de los procedimientos
versus la seguridad jurídica, lo cual tendría que ser sometido –necesariamente– a un juicio de ponderación en donde
se envuelva a la garantía de la efectividad de la tutela jurisdiccional: en este sentido, si consideramos que la
flexibilización procedimental causa perjuicio a la seguridad jurídica; y la flexibilización procedimental busca conseguir
una tutela jurisdiccional efectiva (cualificada) y, consecuentemente, garantía del acceso a un ordenamiento más
efectivo y eficaz; la relevancia de la garantía al acceso a un ordenamiento jurídico de este tipo justifica el eventual
perjuicio a la seguridad jurídica. Con ello, la obtención plena al acceso de un ordenamiento jurídico efectivo y eficaz,
por su especial predicado de ser una garantía fundamental que asegura la realización de todos los derechos,
justificaría comprometer eventualmente (de ser el caso) a la seguridad jurídica.

La naturaleza instrumental del proceso debe amoldarse a las particularidades de la causa, no pudiendo el derecho
material ser prisionero del proceso, ya que eso dificultaría la tutela judicial; es por ello que por la flexibilización
procedimental, los sujetos procesales pueden eliminar en la práctica actos innecesarios, desprovistos de relevancia
que conducen apenas a burocratizar el proceso retardando así su tramitación. Adicionalmente, de propiciar mejoras
en el procedimiento en las particularidades de la concreta controversia, eliminando actos procesales innecesarios, la
flexibilización del procedimiento permite inclusive (he aquí el tema que nos aboca) la alteración de los plazos
procesales, a fin de propiciar una tramitación mucho más célere.

En resumen, esta flexibilización procedimental promete generar beneficios al procedimiento, sea por observar las
peculiaridades de las demandas y sujetos procesales, promoviendo la adecuación del derecho procedimental a las
necesidades del específico conflicto llevado a la justicia, o bien generar economía de tiempo. Se entiende que la
adecuación, celeridad y economía contribuyen para la eficiencia de la prestación jurisdiccional.

4. En el caso brasilero, la flexibilidad procedimental puede venir de dos maneras: judicial y voluntaria. En el primer
caso, la posibilidad del juez de proceder en ajustar procedimentalmente la causa, se encuentra condicionada al
respeto del contradictorio y a la amplia defensa de las partes. En este caso, el juez tiene el deber de aplicar el
ordenamiento jurídico atendiendo a los fines sociales y las exigencias del bien común para resguardar y promover la
dignidad de la persona humana y observar entre otros postulados la eficiencia en la prestación jurisdiccional.

Por otro lado, la flexibilización procedimental puede ser voluntaria, lo cual se desprende de los artículos 190 y 191,
cuando acogen la llamada “cláusula general de negocios jurídicos procesales”, para asimilar fuentes jurídicas
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autónomas, que permitan la inmediata participación y elaboración de normas por los sujetos procesales. De hecho,
los artículos mencionados otorgan margen a las partes para la elaboración de contratos procesales y calendarización
[2]
de procedimientos . En estos casos conjuntamente con el magistrado, pueden programar el trámite procesal desde la
fijación de hechos a determinados actos procesales que serán practicados.

La concesión a las partes de la libertad para conducir la marcha procesal no representa la adopción de una postura
“neoprivatista”, considerando que la autonomía de las partes será procesal, no absoluta. Estos negocios procesales
[3]
tienen límites , pues debemos considerar que el proceso civil es un instituto de Derecho Público y dispone de
contornos y garantías de orden constitucional que no pueden ser objeto de transacción entre las partes, por ejemplo:
no se puede fijar calendario procesal que no observe las garantías fundamentales del contradictorio, tampoco es
posible alterar el orden cronológico para proferir sentencia.

5. Por otro lado, ya nuestro Tribunal Constitucional en la causa STC Exp. Nº 649-2013-PA/TC ha ratificado que este
principio:

[E]xige que la aplicación de una disposición que anida una pluralidad de normas [significados interpretativos], todas
ellas compatibles con la Constitución, se realice conforme a aquella que mejor optimiza el ejercicio y goce del derecho
fundamental de naturaleza procesal que pueda estar en cuestión.

Con esto, siendo concretos, lo que se busca es evitar que el excesivo formalismo o falta de razonabilidad en la
exigencia de un requisito que impida el pleno ejercicio del derecho de acción en busca de tutela jurisdiccional. Este
principio, como bien sabemos, busca el “favorecimiento” al derecho de acción como componente del derecho a la
tutela jurisdiccional.

El caso bajo comentario no se trata de una “flexibilización de los plazos”, sino de una interpretación o aplicación de la
norma procesal, desde un punto de vista teleológico, para favorecer el acceso a la justicia, impidiendo una aplicación
literal e irracional en el caso concreto.

6. Recordemos que el artículo 146 de nuestro actual Código expresa que “los plazos previstos en este Código son
perentorios. No puede ser prorrogado por las pares con relación a determinado actos procesales. La misma regla se
aplica al plazo judicial. A falta de plazo legal, lo fija el juez”. Este artículo es parte del sistema de preclusiones que
nuestro Código ha estructurado y que, inclusive, se sostiene que “estos plazos son ‘perentorios’, entendido como
‘improrrogables’, si podrían (en potencia) ser discrecionalmente ‘reducidos’ por el juez” (Ariano, 2013, p. 59). Pero
véase que en ningún punto se autoriza al juez a “prorrogar” los mismos (con o sin consentimiento de las partes).

Con esto, y desarrollado muy superficialmente lo que se debe entender por “flexibilización procedimental” (como
género de una flexibilización en los plazos puede estar contenida como especie) podemos llegar a la conclusión de
que el presente caso no se trata de uno en donde la Sala aplicó esta técnica procesal. De hecho, hubiera sido
arbitraria. Lo que entendemos que sucedió, y así lo considera la propia Sala Suprema, fue la aplicación del principio
pro actione para dar una interpretación teleológica de los supuestos de “suspensión” de plazos (art. 1994, inc. 8 del
Código Civil), en sentido que le da al caso concreto una oportunidad “real” al demandante que se ve afectado con las
paralizaciones de los trabajadores del Poder Judicial por huelga, de no poder ejercer su derecho de acción en la
forma oportuna.

Frente a eventos que imposibilitan el ejercicio regular del derecho de acción, la interpretación debe ser elástica y
razonable, siempre favoreciendo a este derecho. Considerar que el día 5 culminó la huelga y el plazo vence (si o si) al
día siguiente, cuando muchas veces este “levantamiento” de las paralizaciones de las labores del Poder Judicial no es
de público conocimiento (ni siquiera de los propios trabajadores) puede ser considerado arbitrario.

Inclusive, podemos apreciar que este tema ha exigido un pronunciamiento expreso desde el foro académico para que
se plasme en el derecho positivo. Mediante Resolución Ministerial N° 0070-2018-JUS, de fecha 5 de marzo de 2018,
se publicó el Proyecto de Reforma del Código Procesal Civil presentado por el Grupo de Trabajo encargado de revisar
y proponer mejoras al referido cuerpo legal, constituido mediante Resolución Ministerial N° 181-2017-JUS,
conjuntamente con su exposición de motivos, en el portal institucional del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
En este caso, la propuesta de modificación, de nuestro “rígido” artículo 146, viene de la siguiente manera:

Artículo 146.- Perentoriedad del plazo

Los plazos previstos en este Código son perentorios. A falta de plazo legal, lo fija el juez. El plazo judicial podrá ser
prorrogado por el juez siempre que medien causas justificadas, a solicitud de cualquiera de las partes.

Los plazos para las actuaciones de las partes pueden ser prorrogados por acuerdo de ellas con autorización del juez.

El consejo ejecutivo dispone de manera excepcional que los plazos vencidos durante el periodo de huelga de los
servidores del Poder Judicial, desastre natural o conflicto social de notoria gravedad, que impida el acceso a las sedes
jurisdiccionales para la presentación de los escritos de las partes, se regularicen hasta dentro de tres días de
reanudadas las laborales jurisdiccionales. Este plazo es improrrogable.

Esto demuestra que este caso no ha sido aislado, y que lejos de mantener un sistema de preclusiones rígidas, lo que
se viene proponiendo –al margen del Derecho comparado– es un sistema más elástico, sin llegar al sistema brasilero

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antes comentado, en favor del derecho de las partes a la efectividad de la tutela jurisdiccional.

Referencia bibliográfica

Ariano, E. (2013). Hacia un proceso civil flexible: Crítica a las preclusiones rígidas del Código Procesal Civil peruano
de 1993. Lima: Ara Editores.

__________________

* Abogado por la Universidad de San Martín de Porres (USMP). Magíster por la Pontificia Universidad Católica del
Perú con mención en Derecho Procesal. Profesor de pregrado en la USMP y en la Universidad Tecnológica del Perú.
Miembro del Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal. Asociado al Estudio Martínez & Torres-Calderón
Abogados.

[1]
Es el ejercicio pleno del contradictorio quien le confiere legitimidad a la flexibilización procedimental y, por tanto, no
compromete la seguridad jurídica. Al final, cuando las variaciones procedimentales cuentan con una participación de
las partes en pleno contradictorio, no se puede alegar que el procedimiento no era previsible. Sin embargo, hay que
tener en cuenta que, como excepción, solo se podría relativizar la exigencia del contradictorio cuando las
modificaciones procedimentales fueran favorables para ambas partes.
[2]
Mediante la calendarización procedimental, se permite a las partes conocer la posible duración del proceso como
previsión cronológica del momento en que se debe emitir sentencia. El calendario procesal, según el Código brasilero,
normalmente se relaciona con la práctica de los actos instructorios e inclusive para los postulatorios, decisorios y de
ejecución. Este calendario es siempre negocial, motivo por el cual, al constituir un negocio jurídico procesal
plurilateral, existe la necesidad de que todas las partes y el juez intervengan en él. Una observación a este punto, es
que el calendario procedimental no debe ser fijado unilateralmente, pues esto constituiría una arbitrariedad, la cual no
es permitida.
[3]
Dentro de los límites que podemos identificar que los negocios procesales no pueden atentar contra el equilibrio
entre las partes (igualdad procesal), tampoco pueden disponer del derecho objeto del proceso; deben respetar la
observancia de las reglas, principios, derechos y garantías fundamentales del proceso. No obstante a estas
limitaciones, no se puede negar la gama de posibilidades que las partes disponen en el Código brasilero, como por
ejemplo: pactar la ausencia de recurso, consignar plazos diversos a los legalmente fijados (menores o mayores),
establecer cuales pruebas serán producidas y dispuestas en la actividad probatoria, tratar sobre los efectos
concedidos a cada recurso, atenuar las reglas de preclusión, etc.

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