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siglo veintiuno editores,sa
cEr¡o oEt AGUA 2¿8, MEXICO 20, D F

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sigloveintiunoargentinaeditores,sa
sigloveintiunode colombia,ltda
Av. 30. 17-73 Pn¡ ER PISO. ¡OGOIA, D.t. COIOTAüA

traducción del inglés de gabriel iriarte núñez


portada de feüpe valencia

primera edición en español, abril de 1988


@ siglo XXI editores de colombia ltda.
ISBN 958-606-016-0

preparación litográfica, impresión


y encuadernación
tercer mundo editores

impreso y hecho en colombia


printcd and made in colombia
,,gl-Eg/gf
PREFACIO A LA EDICION EN ESPAÑO

CAPITULO I: HISTORIOGRAFIA LATI


MOVIMIENTO OBRERO

CAPITULO 2: CHILE
Singularidad de la historia chilena,4T; e
ra del salitre, 50; La vida y el trabajo en
ción obrera en el norte, 76 ; cristalizació
ta,90; trayectoria de la izquierda chilena
toria de Chile, 108

CAPITULO 3: ARGENTINA
El enigma de la historia de Argentina, 11
dor, 116 ; la promesa del desamollo econó
moülización obrera, 136; el curso anóm
obreros de la carne y el ascensodel pero
mo,224

CAPITULO 4. VENEZUELA
Historiografla de un pasado turbulento,
creación de un proletariado petrolero, 260
un pals,273; fundación de un orden liber
temporánea de Venezuela, 319

CAPITULO 5: COLOMBIA
Orlgenes de un sistema polltico partidist
cat'etera,349 ; los trabajadores del café
ro,367; la Violencia y la civilización caf
contemporánea de Colombia, 430

CAPITULO 6: ACERCA DE LOS LIMITES


MESA DEL ENFOQUE

t7l
CAPITUW 5. COLOMBIA

"Del radicalismo al orden, de la infancia a la edad


madura. del desorden ala estabilidad, de la anárqui·
ca subjetividad a la mesurada y fría objetividad. he
ah! las transformaciones históricas que el café pro.
duce en Colombia. Los pequeños productores, los
propietarios que han cultivado, ellos mismos, la tie­
rra, han triunfado. La paz y la tranquilidad reinan en
Colombia".

Luis Eduardo Nieto Arteta


El café en la sociedad colombiana
(publicado p6stumamente en 1958)

Las lineas citadas arriba, escritas en marzo de 1948 por un imaginativo y


perceptivo historiador colombiano, parecían en ese momento captar la
esencia de la historia moderna de Colombia. En los primeros años del
siglo XX, luego de casi un siglo de inestabilidad politica e incertidumbre
económica, Colombia se embarcó en cuatro décadas de·orden politico y
crecimiento económico sin precedentes. El auge de la economía cafete.
ra, afirmó Nieto Arteta, marca esta transición culminante de la vida na­
cional y explica la profunda transformación social, cultural y politica que
permitió que de. una Colombia pobre, caótica y violenta surgiera un país
próspero, estable y democrático (1).
Un mes después de que Nieto terminara su ensayo, turbas de gentes
humildes destruyeron el centro de Bogotá, la capital de la nación (2). El
9 de abril, o el Bogotazo, tal como se lo conoce fuera de Colombia, fue la
más espectacular expresión urbana de un vasto fenómeno social, princi­
.
'

palmente rural,que convulsionó la sociedad p'ol más de una década a


partir de 1946. Antes que llegara a su fin, habia cobrado la vida de cerca
de doscientos mil colombianos, la mayoría trabajadores agrícolas .. La
violencia civil de mediados del siglo XX movilizó a los colombianos en un
conflicto fratricida, comparable por su destructividad y duración a la

1. Luis Eduardo Nieto Arieta, El ClaN en la sooiedacl colombiana, Bogotá, 1958.


2. Anteo Quimbaya, El problema de la tierra en Colombia, Bogotá, 1967, hace énfasis en lo iróni­
co del moDlento en que Nieto escribe su ensayo.

(827 ]
328 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

Revolución Mexicana de 1910-1917. Empero, a düerencia de aquella otra cía de decenas de miles de
gran guerra civil de la historia latinoamericana del presente siglo, el con­ zonas cafeteras. No obstall
flicto colombiano se resiste a ser comprendido como una revolución so­ propietarios únicamente C(l
cial. Los colombianos lucharon entre si bajo las banderas de dos partidos progreso socio-económico,
políticos tradicionales, el liberal y el conservador, formados un siglo los elementos especialment
atrás como expresiones de intereses opuestos de las clases dominantes. rrollo capitalista colombian
De la contienda no se derivaron reformas económicas o sociales explíci­ ducción. de la eConomía caJ
tas. Lejos de ello, el conflicto produjo simplemente un acuerdo entre los valores culturales, conserva
líderes de los dos partidos para compartir el poder politico nacional. aseguraron la viabilidad de
Los colombianos expresan en términos simples su concepción colecti­ económicos delliberalisma,
va de tan violento proceso social. Lo llaman La Violencia. Este nombre obrero poderoso, de ideolog
genérico describe más que explica. Sin embargo, capta la esencia de lo gresista a los problemas del
que le ocurrió a la sociedad colombiana, justo a mediados del siglo XX, De esta manera, la infhl
mucho mejor que las racionalizaciones acomodaticias expuestas por la como un conjunto único de r
mayona de los dirigentes colombianos durante el conflicto y que las tor­ rias, puede explicar los ras.
pes teonas ex post facto de muchos investigadores. La singular evolu­ moderno de Colombia de 1<
ción social de Colombia en el siglo XX no se ajusta fácilmente a las pau­ grandes de América Latina.
tas explicativas de la ciencia social convencional, sean conservadoras, del papel del café en la fol'Ilt
corporativistas, liberales o marxistas. La Violencia ha desconcertado a lograron explicar a fondo e
los estudiosos de la historia colombiana y demolido las predicciones de estudios, escritos en los añ~
uno de los mejores entre ellos, Luis Eduardo Nieto Arteta (3h menudo perspicaces. Empe
El problema del análisis de Nieto no fue su énfasis en la importancia venido demostrando, en lo j
de la economia cafetera, ni su comprensión intuitiva de la forma como el Nieto Artéta de 1948 cae det
café cambió la dinámica de la historia del pals. En un estudio anterior pretación análoga del desan
intenté demostrar cómo dicho enfoque podria derivar en una explicación otro intelectual, socializado E
sistemática de la transformación de la vida económica y politica del pats daMesa.
a comienzos del siglo, una transición marcada por la última y más gran­ La obra más importanted
de de las contiendas civiles del siglo XIX, la Guerra de los Mil Dias (4). nación colombiana, publicad
La gran debilidad de la visión de Nieto - más fácil de captar retrospecti­ liriea del carácter nacional y
vamente y con la ayuda de las nuevas contribuciones a la historiografía lismo colombiano. El libro C.(iI
del pals..:.... radicó en no haber sabido apreciar las fuerzas populares alta­ fía del país, un recuento algo
mente perturbadoras generadas por la expansión cafetera. Durante las je étnico y el amalgamiento.(
tres décadas posteriores a 1920, tales fuerzas sociales actuaron de mane­ cías socioeconómicas durantA
ra compleja para erosionar el consenso de la clase dominante. A la larga, gar a una sorprendente e ~
hallaron expresión social, única y trágica, en La Violencia. La dinámica del país ha producido una adl
de todo este proceso estuvo moldeada por el rasgo particular de la econo­ tro del ambiente americano, \
mia cafetera que Nieto destacó acertadamente en su ensayo: la existen-

"El hecho dominante en la ecoJl¡


S. La mejor dellClÍpción de la Violencia, un libro que expresa BU naturaleza en términos vivos y a zación de 'vertiente'. Por muchi
veces sensacionalistas, es el best seDer de Germán Guzmán, Orlando FaIa Borda y Eduardo (.. ;) sin lograr vencer la enetniS
Umafia Luna, La VioleDCla ea Colombia, Bogotá, 1962. Un sofi8ticado y sistemático estudio
sobre la Violencia, que contiene un excelente resumen critico de la ya voluminosa literatura ción en proporciones insostembl
sobre la materia, es Paul Oquist, VIoleucla, conflldo y poIítIea ea Colombia, Bocotá, 1978. La con buen éxito para la salud, pe!
importante contribución de Oquist se discute en detalle más adelante. ses en lo general de zonas fértüel
4. Charles W. Beqrquist, Café ,conflidoeDCelombJa,l886-1910, MedelHn,l98l.
BIA COLOMBIA 829

otra cia de decenas de miles de productores y propietarios pequeños en las


:on­ zonas cafeteras. No obstante, mientras que Nieto veía a los pequeños
l SO­ propietarios únicamente como un bastión de la estabilidad política y el
idos progreso socio-económico, en realidad sirvieron también para reforzar
ligIo los elementos especialmente iI\Íustos y. en últimas patológicos del desa­
ltes. rrollo capitalista colombiano. L~s singulares relaciones sociales de pro­
.lici­ ducción de la eConomia cafetera dieron pie a un sistema hobbesiano de
~ los valores culturales, conServaron un sistema político arcaico y destructivo,
aseguraron la viabilidad de un capitalismo fiel a los principios político­
ecti­ económicos delliberallsmo e impidieron la formación de un movimiento
abre obrero poderoso, de ideología clasista, capaz de hallar una solución pro­
;'
le lo gresista a los problemas del desarrollo colombiano.
XX, De esta manera, la influencia de la economía cafetera, considerada
or la como un conjunto único de relaciones de clase cambiantes y contradicto­
I tor­ rias, puede explicar los rasgos peculiares que distinguen el desarrollo
rolu­ moderno de Colombia de los patrones históricos de las otras naciones
pau­ grandes de América. Latina. Infortunadamente, los grandes intérpretes
)ras, del papel del café en la formaci6n de la historia moderna de Colombia no
.do a lograron explicar a fondo esta influencia. Sus.. populares e influyentes
té de estudios, escritos en los años treintas y cuarentas, eran imaginativos y a
menudo perspicaces. Empero, como sus críticos contemporáneos han
lDcia venido demostrando, en lo fundamental eranenga;ñosos. El e~yo de
no el Nieto Arteta de 1948 cae dentro de esta, categoría, al i~l que lainter­
erior pretación análoga del desarrollo colombiano articulada mucho antes por
lción otro intelectual, socializado en el corazón de la zona cafetera, Luis L6pez
lpais de Mesa.
gran­ La obra más importante de López de Mesa, De cómo se ha formado la
s (4). nación colombiana, publicada por vez primera en 1934, es una alabanza
;;e<:ti­ lirica del carácter nacional y una afirmación contundente de su naciona­
fl'8.fia lismo colombiano..El libro combina una lúcida descripción de la geogra­
alta- fia del pais, un recuento algo imaginativo, y a veces racista, del mestiza­
telas je étnico y el amalgamiento cultural y un amplio examen .dekls tenden­
Mne­ cias socioeconómicas durante los períodos colonial y nacional, para lle­
arga, gar a una sorprendente e inspiradora conclusión. .l.a evolución histórica
lmica del pais ha producido una adaptación altamente encomiable y única den­
cono­ tro del ambiente americano, una "civilización de vertiente" .
isten­
"El hecho dominante en la economia nacional es que esta república tiene UDa civill~
ivos ya zaci6n de 'vertiente'. Por mucho tiempo ensay6 el progreso de las llanuras dIidas
!lduardo (... , sin lograr vencer la enemistad del trópico que debilitaba y diezmaba· la pobla­
estudio ción en proporciones insosterubles. En las altas mesetas frias situ6setainbién (... '
teratura con buen éxito PfU'8.la salud, pero con insignificante progreso por carecer estos pai­
1978. La ses en 10 general de zonas fértiles, de aguas abundantes, de conexiones comerciales
830 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

adecuadas y ( ..• ) de artieul08 exportables con que aUmentar una civilización holga­
de la voluntad de los peque
da.

A todo esto vino a remediar la conquista de la vertiente" .


un grado cada vez mayor d
glO, la mayoría de los prodt
diciones materiales abyecta
Esta zona ecológica, que más o menos coincide con tierras apropia­ zona~ cafeteras reflejó los :
das para el cultivo del café, está localizada en las vertientes intermedias dUCCl6n centrada en la fanij
templadas de las tres cadenas de los Andes, al occidente de Colombia. tasas de natalidad compeDE
De acuerdo con López de Mésa, fue alli que surgió - especialmente en la abrieron paso al célebre Cl'E
Cordillera Central, foco de la economia cafetera en el siglo XX- un nue­ Las relaciones de prodl
vo tipo racial que combinó la herencia indigena, negra y predominante­ presión demográfica defirW:
mente blanca europea y logró colonizar las selvas virgenespara la agri­ en oeaBiones violenta por el
cultura de subsistencia y de exportación. En estas vertientes se desarro­ arrendatarios y pequeños 1
lló una sociedad vigorosa y expansiva, caracterizada polla difusión am­ menudo combinadas en UDa
plia de la propiedad de la tierra y de los valores comerciales (5). dos en un combate constan
Los ensayos de López de Mesa y Nieto Arteta prestaban un aspecto comerciantes por mejorar 8l
atractivo y progresista a las duras realidades sociales del desarrollo de la ción: .A medida que la mejOl
economía cafetera. Sostenian ambos con acierto que la expansióh de la familiares se subdividían p4
economía exportadora dé café habia éreado las condiciones que· permi­ mentaba o las oportunidade:
tieron salir a Colombia del estancamiento económico y elca08 politico naba. tanto más desesperada
del siglo XIX; que la propiedad de la tierra se difundió considerablemen­ Sm embargo, en lo funda
te en las principales y más dinámicas áreas cafeteras, lo que dio orlgena tadora creó enormes barrera
una clase numerosa de propietarios-operadores independientes en el colectiva y las acciones de ch
cultivo del grano, y que en las zonas cafeteras los valores capitalistas se ños prDpietarios cafeteros. PI
habían esparcido ampliamente, desarrollando una vigorosa y expansiva se y mejorar su posición com
sociedad y fOljando una •• civilización" única. zos resultaron ineficaces. C(l
Pero López de Mesa y Nieto Arteta decidieron ignorar o mistificar pendian cada vez más de lOE
otros aspectos básicos del desarrollo sustentado en el café, bien conoci­ apoyo para sus luchas indíri
dos por buena parte de la clase dominante en los años treintas y cuaren­ es cierto, gobernaban la Dad(
tas. La acumulación de capital en el sector más importante de la econo­ des capitalistas que dominabt
mia colombiana dependía de relaciones de producción e intercambio que de una economía exportadora
explotaban despiadadamente a los trabajadores dei ·café y a los peque­ laborales y crediticias del gob
ños y medianos productores. La capacidad del pals para incrementar la reses de los grandes productc
producción cafetera y conseguir una mayor participación en el deprimido los trabajadores y los peque
mercado mundial durante la crisis de los aftos treintas -así como su podian usar sus afiliaciones p
capacidad para alcanzar un récord impresionante de industrialización su situación. y dadas las conc:
por sustitución de importaciones durante el mismo perlodo- dependió de sus aspiraciones a una vida
logias capitalistas de los dos p
5. Luis López de Mesa, De cómo Be ha formaclo la DaciÓll eolombiena, MedeWD, )870. La cita es
D~ esta manera, tanto la clase
de las pp. 40-41. Resulta sorprendente que en su propósito nacioualista, 811 eafoque totalizador bSJadores manipulaban en su
y su preocupflCión por las dimensiones culturales de la agriculiura de expoñación, el ensayo de pleja dinámica politica explica
López de M~8& prefigure intentos similares y mucho mAs conocidos de otros eetudioeos latinoa­ tradicionales y la lógica silen
mericanos por captar la esencia de la evolución histórica nacional durante la Depresión mun­
dial, Compárense los clásicos braeilefios y cubanos: Gilberto Freyte. ea. pende e senzala,
politico a mediados del siglo.
Río de Janeiro, 1933; y Fernando Ortiz. Contrapunteo cubano del tabaco 1 elazúear, La Rabe­ Tres años después de la Pt
08,1940. Mesa, el socialista y científico ¡
COLOMBIA 331

de la voluntad de los pequeños productores y sus familias de someterse a


un grado cada vez mayor de explotación. Por ello, a 10 largo de este si­
glo, la mayoría de los productores de café han vivido y trabajado en con­
diciones materiales abyectas. El vigoroso crecimiento demográfico de las
1- zonas cafeteras reflejó los imperativos sociales domésticos de una pro­
LB ducción centrada en la faniilla e intensiva en trabajo. Las astronómicas
l. tasas de natalidad compensaban los alarmantes indices de mortalidad y
la abrieron paso al célebre crecimiento demográfico de dichas regiones.
Las relaciones de producción en las áreas cafeteras y la incesante
? presión demográfica definieron los· términos de una lucha permanente y
l­ en ocasiones violenta por el control de la tierra. Trabajadores, aparceros,
e>­ arrendatarios y pequeños propietarios -estas situaciones de clase a
n- menudo combinadas en una misma persona o familia- estaban enreda­
dos en un combate constante entre sl. y con los grandes .propietarios y
to comerciantes por mejorar su posición económica y evitar la proletariza­
la ción. A medida que la mej or tierra era apropiada y las pequeñas fincas
la familiares se subdividían por la herencia, o la tasa de explotación au­
lÍ­ mentaba o las oportunidades de progreso disminuian, esa lucha·se tor­
co naba tanto más desesperada y violenta.
,n- Sin embargo, en lo fundamental la estructura de la economía expor­
la tadora creó enormes barreras, reales y subjetivas, para la organización
el colectiva y las acciones de clase de parte de los trabajadores y los peque­
se ños propietarios cafeteros. Pese a sus esfuerzos creativos por organizar­
lva se y mejorar su posición como clase, para la gran mayoría estos esfuer­
zos resultaron ineficaces. Como resultado, los productores de café de­
~ar pendían cada vez más de los partidos tradicionales en la búsqueda de
.ci­ apoyo para sus luchas individuales. Los partidos liberal y conservador,
en.. es cierto, gobernaban la nación en beneficio de los intereses de los gran­
110­ des capitalistas que dominaban las finanzas, la producción y el comercio
tue de una economía exportadora basada en el café. Y las políticas agrarias,
lla­ laborales y crediticias del gobierno favorecian sistemáticamente los inte­
lla reses de los grandes productores y exportadores de café. Sin embargo,
los trabajadores y los pequeños productores cafeteros con frecuencia
..
Ido
!su podían usar sus afiliaciones partidistas para mejorar significativamente
Ión su situación. Y dadas las condiciones de su trabajo, así como el carácter
lió de sus aspiraciones a una vida mejor, para muchos trabajadores las ideo­
logias capitalistas de los dos partidos tradicionales tenían cierto sentido.
De esta manera, tanto la clase dominante como decenas de miles de tra­
bajadores manipulaban en su provecho el sistema partidista. Tan com­
pleja dinámica política explica la prolongada hegemonía de los partidos
tradicionales y la lógica silenciosa de la crisis catastrófica del sistema
político a mediados del siglo.
Tres años después de la publicación del ensayo seminal de López de
Mesa, el socialista y científico social colombiano Antonio Garcia empren­
332 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

dió la tarea de sacar a la luz el lado oscuro de la Arcadia cafetera "lopez­ vos como resultado de conspi
mesiana". En su muy detallada Geografía económica de Caldas, publi­ te y de traiciones a las masas
cada por primera vez en 1937, Gareía puso en evidencia las relaciones contribuciones izquierdistas
sociales de explotación que yacían bajo la engañosa superficie de la te­ tipo de interpretaciones. Se t
nencia "democrática" de la tierra enla,produccibn cafetera. Demostró izquierda, a distraer la atenci
cómo los sistemas de tenencia, trabajo, intercambio y crédito en la prin­ racionalizar estrategias opor
cipal región cafetera de Colombia apenas permitian sobrevivir a la mayo­ que benefician el potencial P(
ría de los pequeños productores. Expuso las pésimas condiciones mate­ y más influyente libro de Gm
riales en que vivía y trabajaba la mayoria de los productores cafeteros, colombiana, publicado en 19
demostró la alta incidencia de enfermedades endémicas en la zonacafe­ Desdeñando el peso de la evi(
tera y analizó la relación entre la prostitución y la pobreza en pueblos y so politico que culminó en La
ciudades de la región (6). tada. Concluía su estudio con
Desde el punto de vista empírico, la obra de Gareía era muy superior militar, conservadora y popull
al ensayo de López de Mesa y a la continuación,escrita por Nieto Arteta. Inspirados por la obra de
Sin embargo, desde el punto de vista conceptual, el análisis de García creído fácil poner en evidencu
padecía de serios defectos. Ni en su estudio elásico de 1937, ni en sus nes de López de Mesa y Nieto
obras posteriores sobre la historia politica y socioeconómica del .país, nacional. Han mostrado cómo
pudo García sistematizar la peculiar dinámica politica· de los 'problemas matizar y a dar expresión lite]
sociales que tan bien habia descrito. Se le escaparon las singulares im­ cultural fabricado en los años
plicaciones de las relaciones weteras de producción en la cultura de la para apuntalar su hegemonía
clase obrera y la lucha social, así como la incidencia de la estructura lombiana (8). La idea de una:
peculiar de la economía exportadora de café sobre la evolución económi­ mica, edificada con base en le
ca y política del país. Gareía basó su interpretación de la historia moder­ cafeteras, fue respaldada, a c(
na de Colombia. en la idea simplista de que la ,pobreza y la explotación en cafeteros, cuidadosamente di
la sociedad capitalista automáticamente engendran la revolución social. Nacional de Cafeteros, el greJ
Esta suposición mecánica y economicista, muy difundida en la ciencia bia. DichOs censos tendían a (
social liberal y marxista en Colombia y en otras latitudes, no resulta muy ciales en el cultivo del café y i
útil para explicar el cambio social en sociedad alguna. Y esparticutar­ miles de fincas cafeteras pequ
mente engañosa cuando se aplica a la historia moderna de Colombia. La Arteta pusieron en práctica su
explotación capitalista en este país, especialmente en el sector.cafetero, llantez analitica para desarrol
con más frecuencia reforzaba las instituciones conservadoras y los valo­ original reinterpretación del sq
res individualistas, antes que fomentar los de' carácter radical y colecti­ Sin embargo, al rechazar el
vo', con más frecuencia consolidaba el statu quo social y político, antes . Mesa y Nieto Arteta, la izquiE
que amenazar con transformarlo progresivamente. Poseedor de un intI­ poderoso y original avance IIlei
mo conocimiento de la explotación social en la zona cafetera pero enfren­ A pesar de sus implicaciones i
tado a la trayectoria conservadora de la historia colombiana moderna, comprender el rasgo peculiar d~
García resolvió su dilema intelectual y político no reexaminando sus pro­ nocer la naturaleza dialéctica d
pias suposiciones sobre el nexo entre la explotación y la transformación cos e intelectuales producidos t:
socialista, sino haciendo que la historia del· país apareciera más revolu­ tos positivos, la izquierda se pl
cionaria de lo que era en realidad. Explicó el fracaso de las Í\1erzas refor­
mistas populares en su intento de propiciar cambios sociales significati­
7. Antonio Garcta, GaitáD '1 el probIemali
F1uharty deaarroll6 la tesis de Ga.n:la I
6. Antonio Garcia, Geopafía eeoDÓmica de CeIchuJ, 2&. ed., 8oFtá, 1978. Las citas subsiguienf;es Militar,- Rule ud tIIe Social RevoIutioa
118 refieren a esta edición.
8. Un buenejemploe8 el estudio de Anteo
COLOMBIA 333

vos como resultado de conspiraciones reaccionarias de la clase dominan­


te y de traiciones a las masas por parte de sUs lideres reformistas. En las
contribuciones izquierdistas a la historiografia .colombiana abunda este
tipo de interpretaciones. Se tiende a exagerar la fortaleza histórica de la
izquierda, a distraer la atención de las causas básicas de su debilidad ya
racionalizar estrategias oportunistas que a largo plazo más perjudican
que benefician el potencial político de las fuerzas populares. El segundo
y más influyente libro de García, Gaitán y el problema de la -revolución
colombiana, publicado en 1955, ilustra cada una de estas tendencias.
Desdeñando el peso de la evidencia histórica, Garcia interpretó el proce­
so politico que culminó en La Violencia como una revolución social abor­
tada. Concluía su estudio con una apasionada defensa de una dictadura
lor militar, conservadora y populista (7).
ta. Inspirados por la obra de Garcia, investigadores de izquierda han
da creído fácil poner en evidencia la tendencia de clase en las interpretacio­
rus nes de López de Mesa y Nieto Arteta sobre el impacto del café en la vida
us, nacional. Han mostrado cómo la obra de ambos autores se limita a siste­
~ matizar ya dar. expresión literaria y respetabilidad intelectual a un mito
lID- cultural fabricado en los años veintes por la cláse dominante del país,
1) la para apuntalar su hegemonía ideológica y política sobre la sociedadco­
álra lombiana (8). La idea·de una sociedad progresista, democrática y diná­
.m­ mica, edüicada con base en los pequeños propietarios de las vertientes
ier­ cafeteras, fue respaldada, a comienzos de 1932, por una serie de censos
~en cafeteros, cuidadosamente diseñados, encargados por la Federación
clal. Nacional de Cafeterós, el gremio bipartidista más poderOso de Colom­
Dcia bia. Dichos censos tendían a oscurecer la realidad de las relaciones so­
pmy ciales en el cultivo del café y <lemostraban la existencia de decenas de
¡dar­ miles de fincascafeteraspequeñás y medianas. López de· Mesa y Nieto
l. La Arteta pusieron en práctica su considerable capacidad literaria y subri­
tero, llantez analítica para desarrollar esa información y convertirla en una
valo­ original reinterpretación del significadQ de la historia colombiana.
leeti­ Sin embargo, al rechazar el contenido de clase de la obra de López de
mtes Mesa y Nieto Arteta, la izquierda ha tendido también a desestimar el
I Ínti­ poderoso y original avance metodológico y conceptual implicitoen ella.
fren­ A pesar de sus implicaciones ideológicas, su obra encierra la virtud· de
~rna, comprender el rasgo peculiar de la historia moderna de Colombia y reco­
, pro- nocer la naturaleza dialéctica de los cambios sociales, culturales, politi­
ación cos e intelectuales producidos por el café en el país. Al negar estos pun­
¡volu­ tos positivos, la izquierda se privó de los mejores medios para orientar
refor­
licati­
7. Antonio Gareia, Gaitálll el problema deJa re'VOluci6a eo1ombiaDa, Bogotá, 1956. Vemon Lee
Fluharty desarroll6 la tesis de Gareia para los lect.ores ingleses en su Dance 01 ihe MJDiODS.
pUentes Military Rule and ihé Socialllevolutioa iD Colombia, 1930·1956, Pittsburgh, 1957.
8. Un buen ejemplo e8 el estudio de Aateo Quimbaya citado en la nota 2.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA

su propio análisis. Se privó de la oportunidAd de hacer por la clase obre­


de e~p?rtación demostraron se:
ra lo que López de Mesa y Nieto Arteta hicieron tan eficazmente por la
movm:uento obrero y las trad
clase dominante: comprender cómo el café transformó la historia colom­ ayudar a la izquierda a concent
biana y poner dicha comprensión al alcance de la clase a la que se quena raleza excepcional de la historü
servir. de una senda propia, hacia un (l
Desde mediados del siglo, el curso mismo de la historia de Colombia
Pese a que la izquierda hub
ha revelado sin ambages las deficiencias de la concepción de López de
principal función de Colombia 4
Mesa y Nieto Arteta. La Violencia se burló de los lugares comunes dé
go de este siglo, particularrne
Nieto Arteta sobre la estabilidad poJítica de la nación promovida por el
moderno desarrollo económico
café. La bárbara intensidad que asumió el conflicto en las zonas cafete­
ducir café para la exportación.']
ras demolió la Jírica descripción "lopezmesiana" de la civilización de
vertiente.
más que cualquier otro grupo s
nación colombiana.
Empero, la forma poJítica tradicional en que La Violencia estalló se
canalizó, yen buenta parte, finalizó; puso también de relieve la evidente
debilidad de la interpretacibn izquierdista de la historia moderna de C~ ORIGENES DE UN SISTEMA POLITI(
lombia. Al igual que Antonio García, la mayoria de los izquierdistas han
tratado de hacer aparecer la historia colombiana del siglo XX más rev~ Es la evolución política de Cololl
hicionaria de lo que es. Han aplicado versiones prosaicas de la teoria s~ claramente su historia moderna
cial universal, en un vano intento por explicar la historia moderna de una América Latina. Las disirnilitude
formación social cuya singular estructura y anómalo desarrollo histórico ras. Puede señalarse la notable
claman por un análisis original. A diferencia de García, sin embargo, política de los dos Partidos polí1
quien fue pionero en el estudio del movimiento laboral en la producción mantener el statu quo social las
cafetera, la mayoría de los izquierdistas han preferido enfocar su aten· d~moc~áticas, as1 como la ec~ol
ción sobre los "proletarios reales": los obreros petroleros y bananeros, hi~caPlé en el fracaso de tercero
los obreros industriales y del transporte y la minoría de obreros cafeteros q~llerda ma~ista corno de la den
cuya posicibn excepcional les permitió organizarse de manera colectiva. e~ercer una Influencia significativ
La historia de cada uno de estos sectores de la clase obrera colombiana ~ mode~ del pais. O bien pue<l
es muy Ímportante. No obstante, su significación plena solo aparece en CIa de medIados del siglo un conf
relación con el determinante primario del patrón de la moderna historia tradicional y no a una l~ca soci
laboral y nacional de Colombia. Es el estudio del destino organizativo y decir lo mismo. Cada una de estl
de la trayectoria poJítica de los trabajadores cafeteros lo que le da unidad de~~dad histórica del movirnienl
a la historia del movimiento obrero colombiano y hace comprensible la . política.
historia general del pais durante el siglo XX.
. El análisis del desarrollo ecoI
Afortunadamente, estudios recientes de investigadores colombianos tIene que entenderse a la luz de h
han reexaminado ciertos aspectos de la influencia del café en la vida na­ No es suficiente dar por sentado el
cional, haciendo posible que se inicie una revaluación del significado de XIX, pa!'8 luego mostrar cómo esi
la producción exportadora de café para el movimiento obrero y para la económico en el siglo XX (9). Una
historia del pals. Una mayor apreciación de dicha influencia puede hacer
que la izquierda colombiana y de otras naciones abandone el intento de
confeccionar una historia revolucionaria de corte conservador y empren­
9. Esta es la estrategia I!leguida, por ejemplo, J!
da la tarea más diflcil de comprender en forma precisa el pasado. Puede Garcés, Deaarrouo JKÜfco '1 desarroDo
estimular a la izquierda a dejar a un lado las analogias espurias entre 1.972, demuestra el fracaso de los tMcerosecA
Colombia y paises como Cuba, Chile y Nicaragua, donde las economias riografta del siglo XIX Di explicar la.
en esa centuria.
natur!:
:.oBTRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 835

lDÍdAd de hacer por la clase obre-­ de exportacibn demostraron ser más propicias para el fortalecimiento del
a hicieron tan eficazmente por la movimiento obrero y las tradiciones politicas revolucionarias. Puede
~é transformb la historia colom­ ayudar a la izquierda a concentrarse en la'comprensibn de cbmo la natu­
lnce de la clase a la que se quería raleza excepcional de la historia colombiana puede guiar el pais, a través
de una senda propia, hacia un orden social más progresista.
mismo de la historia de Colombia Pese a que la izquierda hubiera deseado que fuera de otro modo, la
ms de la concepcibn de Lbpez de principal funcibn de Colombia en el sistema capitalista mundial a lo lar­
burlb de los lugares comunes de go de este siglo, particularmente durante los años formativ-os de su
ica de la nacibn promovida por el moderno desarrollo econbmico, político e institucional, ha sido la de pro­
.b el conflicto en las zonas cafete­ ducir café para la exportacibn. Los trabajadores dedicados a esta tarea,
ezmesiana" de la civilizacibn de más que cualquier otro grupo social, forjaron la historia moderna de la
nacibn colombiana.
na! en que La Violencia estallb se
lISO también de relieve la evidente
lista de la historia moderna de Co­ ORIGENES DE UN SISTEMA POIJTICO PARTIDISTA
a mayoría de los izquierdistas han
:olombiana del siglo XX más revo­ Es la evolucibn política de Colombia en el siglo XX lo que diferencia tan
,ersiones prosaicas de la teoría so­ claramente su hi~toria moderna'de los patrones de los demás paises de
~xplicar la historia moderna de una América Latina. Las disimilitudes pueden expresarse de distintas mane-­
:ora y anbmalo desarrollo histbrico ras. Puede señalarse la notable supervivencia y continuada hegemonia
iferencia de Garcia, sin embargo, política de los dos partidos políticos que comparten el compromiso de
ovimiento laboral en la produccibn mantener el statu quo social, las instituciones republicanas y las formas
tes han preferido enfocar su aten­ democráticas, así como la economia politica capitalista. Se puede hacer
hincapié en el fracaso de terceros partidos reformistas - tanto de la iz­
~8 obreros petroleros Y bananeros,
1;e y la minorla de obreros cafeteros quierda marxista como de la derecha corporativista- en su intento por
ejercer una influencia significativa y duradera en la direccibn de la histo­
b organizarse de manera colectiva.
ria moderna del pais. O bien puede subrayarse la dinámica de La Violen­
, de la clase obrera colombiana
cia de mediados del siglo, un conflicto que obedecib a una lbgica política
.igJniñcación plena solo aparece en
del patrón de la moderna historia tradicional y no a una lbgica social moderna. Son diversas maneras de
estudio del destino organizativo y decir lo mismo. Cada una de estas características es una secuela de la
cafeteros lo que le da unidad debilidad histbrica del movimiento obrero organizado y de la izquierda
~olc)ml)ía)lO Y hace comprensible la
política.
El análisis del desarrollo econbmico y social moderno de Colombia
de investigadores colombianos tiene que entenderse a la luz de la anbmala política tradicional del pais.
la influencia del café en la vida na­ No es suficiente dar por sentado el sistema político que emergib del siglo
una revaluacibn del significado de XIX, para'luego,mostrar cbmo estructurb y canalizb el cambio social y
el movimiento obrero y para la econbmico en el siglo XX (9~. Una interpretacibn adecuada del moderno
de dicha influencia puede hacer
naciones abandone el intento de
de corte conservador y empren­ 9. Esta es la estrategia seguida, por ejemplo. por Oquist en el estuc:Uo citado en la nota 3. Joan E.
en forma precisa el pasado. Puede Gam\s, DeearroIlo poIítieo '1 desarroBo eeonómieo. Loe C8II08de ChIle '1 Colombia, Madrid
lado las analogias espurias entre
l~72, demu~ el ~ de.los terceros partidos en este siglo, pero no 101ft evaluar la histo:
riografia del siglo XIX m exp1icat la naturaleza excepcional del desarroBo polltico de Colombia
y Nicaragua, donde las economias en esa ceniuria.
336 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

curso hi~tbrico de Colombia debe explicar la dinámica peculiar de la polí­ que atraviesan el occidente el
tica que heredb el país del siglo XIX, y después mostrar cbmo dicho sis­ de los dos grandes valles fIu1
tema político se perpetub en la centuria siguiente. En la prbxima seccibn por estas cadenas montañ~
trataré de probar que el café contribuye a explicar la curiosa preserva­ españoles fundaron las grand
cibn del sistema político tradicional de Colombia en el presente siglo. En piedad privada, típicas del col
esta seccibn afirmo que la explicacibn de la formacibn de tal sistema Empero, a diferencia de o
debe empezar por comprender los rasgos especiales del desarrollo social rrollb como una sociedad agt
del país en el perlodo colonial y en el siglo XIX. principales centros de poblac
marltimo y sus sistemas de tn
muy poco merced a la magnit
pografia montañosa de la zon
las regiones altas con los nos;
Enel montañoso tercio occidental de lo que hoyes Colombia, los españo­ ñas embarcaciones impulsad~
les se enfrentaron a sociedades indigenas menos populosas y más atra­ entre el centro de la colonia, el
sadas culturalmente que las asentadas en los Andes centrales y meridio­ siglo XIX - y aun entonces d
nales y en Mesoamérica, pero más gtandes y con una agricultura más comenzaron a producir bienes
desarrollada que la de las tierras bajas tropicales y las planicies templa­ el lastre de la geografia en el d
das de Norte y Suramérica. La guerra, las enfermedades europeas y la La produccibn de metales ¡:
imposicibn, por parte de los conquistadores espaiioles, de sus demandas so diferente. El oro, extraído e
laborales y sus patrones de uso de la tierra· diezmaron las póblaciones virtib a la colonia en la princip
indigenas en toda·América. Estas fuerzas eliminaron la base material y Nuevo Mundo. No obstante, €
la autonomia cultural de los pueblos indigenas del occidente de Colom­ de oro, así como la cantidad dl
bia durante el período coloniaL Allí, en contraste con las áreas del Nuevo dores enrolados en la produce
Mundo habitadas por civilizaciones precolombinas más desarrolladas. cibn con las grap.des colonias
muy pocas comunidades aborlgenes sobrevivieron al choque con el colo­ Perú. Los depbsitos colombianl
nialismo español. Sin embargo, a diferencia de las culturas indigenas de ca fueron explotados durante .
cazadores y recolectores de las tierras bajas y las planicies que enfrenta­ Independencia primordialmelll
ron la colonizacibn europea, la población indigena del occidente colom­ oro ejercib una significativa in
biano no fue virtualmente exterminada. Cuando la declinante curva tructura social y el desarrollo
demográfica de la sociedad colonial de Colombia se recuperb en el siglo Colombia durante ambos perío
xvn los indigenas aportaban la mayor porcibn de la herencia genética mesurada importancia de la mi
deln~evo tipo étnico que conformb la mayorla de la poblacibn colombia­ pales colonias españolas prodt
na. Cuatro siglos de colonialismo español en el centro de Colombia produ­ Colombia colonial y decimonbn:
jeron una sociedad más o menos densamente poblada, étnicamente mes­ El eje principal del desaqo
tiza y unificada poruna.cultura hispánica común (10). lombia colonial se hallaba en h
La sociedad colonial de· Colombia se desarrolló sobre la base de pa­ de la Cordillera Oriental. Allí, f
trones de asentamiento bien establecidos en la regibn antes de la Con­ Bogotá, y sobre la base de la m
quista. Los españoles fueron atraídos por la mano de obra indigena, las del norte de Suramérica, los es
fértiles tierras y el clima saludable de las regiones templadas de las
montañas, en especial de la más oriental de las tres cordilleras andinas
11. Las estadísticas de la producción colon
XIX de Vicente Restrepo, astan conVE
10. Eetostemas sontratad08.en estudios cuidadosos 1 detaJladoe por Jaime Ju:andUo Uribe. Para Historia ecoaó~ de Colombia, 184l
una exposición breve 1 smtéticavéase su "Etapes1 sentido de la hist;ori&4e. Colo.l:OOia", en tante material y análísis éri la primara
Mario Arrubla et al., Colombia hoy, 2a. ed., Bogotá, 1978, pp. 15-61. mente cenada de la economía colombil
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA SS7

Jlicar la dinánrlca peculiar de la poli- que atraviesan el occidente colombiano de sur a norte, y de las cuencas
y después mostrar cómo dicho sis­ de los dos grandes valles fluviales, el Magdalena y el Cauca, definidos
I
ria siguiente, En la próxima seCCl'ón por estas cadenas montañosas (Véase el Mapa 5.1). Fue al1i donde los
luye a explicar la curiosa preserva­ españoles fundaron las grandes haciendas ganaderas y agrícolas de pro­
le Colombia en el presente siglo. En piedad privada, tipicas del colonialismo hispánico.
Ión de la formación de tal sistema Empero, a diferencia de otras colonias españolas, Colombia se desa­
sgos especiales del desarrollo social rrolló como una sociedad agraria en buena medida autosuficiente. Sus
siglo XIX. principales centros de población estaban localizados lejos del comercio
marítimo y sus sistemas de transporte y comunicaciones se desarrollaron
muy poco merced a la magnitud de los obstáculos que presentaba la to­
pografia montañosa de la zona. Agrestes caminos de mulas vinculaban
las regiones altas con los ríos; estos últimos, navegables solo en peque­
110 que hoy es Colombia, los españo­ ñas embarcaciones impulsadas con fuerza humana, eran el único lazo
genas menos populosas y más atra­ entre el centro de la colonia, el mar y la metrópoli europea. Solo hasta el
las en los Andes centrales y meridio­ siglo XIX - y aun entonces de modo muy precario-, los colombianos
grandes y con una agricultura más comenzaron a producir bienes agrícolas para la exportación, y a aligerar
jas tropicales Y las planicies templa­ el lastre de la geografía en el desarrollo económico del país.
rra, ·las enfermedades europeas .y la La producción de metales preciosos para la exportación fue un proce­
tadores españoles, de sus demandas so diferente. El oro,extraído en las cordilleras Central y Occidental, con­
'la tierra diezmaron las poblaciones virtió a la colonia en la principal región aurífera del imperio español del
nerzas eliminaron la base material y Nuevo Mundo, No obstante, el volumen y el valor de las exportaciones
s indigenas del occidente de Colom­ de oro, así como la cantidad de capital invertido y el número de trabaja­
:en contraste con las áreas del Nuevo dores enrolados en la producción del metal, eran escasos en compara­
ÍJ precolombinas más desarrolladas, ción con las grandes colonias productoras de plata de Nueva E1ipaña y
t sobrevivieron al choque con el colo­ Perú. Los depósitos colombianos de oro en el alto y medio Valle del Cau­
,erencia de las culturas indigenas de ca fueron explotados durante los períodos de la Colonia' e inicios de la
lS bajas y las planicies que enfrenta­ Independencia primordialmente con esclavos negros. La producción de
ilación indigena del occidente colom­ oro ejerció una significativa influencia en la composición étnica, la es­
tinada. Cuando la declinante curva tructura social y el desarrollo económico de esta importante región de
t de Colombia se recuperó en el siglo Colombia durante ambos períodos. Sin embargo, a diferencia de la des­
~yor porción de la herencia genética mesurada importancia de la minería en el desarrollo social de las princi­
fla mayoría de la población colombia­ pales colonias españolas productoras de plata, el impacto del oro en la
~añol en el centro de Colombia produ­ Colombia colonial y decimonónica fue de importancia secundaria (11).
psamente poblada, étnicamente mes­ El eje principal del desarrollo económico, social y politico de la Co­
tpica común (lO). lombia colonial se hallaba en la sociedad agraria, densamente poblada,

~
se..desarrolló SObre. la base de pa­ de la Cordillera Oriental. AI1i, a 2.500 metros de altura, en la Sabana de
'dos en la región antes de la Con­ Bogotá, y sobre la base de la más desarrollada civilización precolombina
. por la mano de obra indigena, las del norte de Suramérica, los españoles establecieron el centro adminis­
de las regiones templadas de las
p.ental de las tres cordilleras andinas
~. 11. Las estadisticasde la producción colonial de oro en Colombia, basadaa en estimativos del siglo
XIX de Vicente Restrapo, estan convenientemente resumidas en William Paul MeGreevey,
~ '1 detallados por Jaime Janumno Uribe. Para Historia eCODÓmica de Colombia, 1845-1930, Bogotá, 1975, Tabla 7; MeGreevey aporta bas­
~~ y sentid.o de la historiada ColoIllbia". en en
tante material y aDállsis la primera parte de su libro para demostrar la naturaleza relativa­
l' Bogotá, 1978, pp. 16-61. mente cerrada de la economis colombisna a fines del periodo colonial. .
!
338 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

trativo de la Colonia. Santa .


en la capital de Colombia y
dente de Suramérica. DesdE
cía el norte, hacia las frias
Cordillera Oriental, hastá .bl
alto grado autosuficiente, Qll
ficada y jerárquica en el sur 1
Boyacá), más fluida y dem(
Santander) - se convirtió en
a través de esta región densll
ciente por donde el cultivo d
la sociedad colombiana modE
VENEZUELA te la segunda mitad del siglo
del grano había cubierto la (
crecimiento, la tradicionalpr
--."""'.'.'.
....\ ...,........... , ..., ra Oriental se vio gradualme
gró una unidad efectiva (12) •
Dos rasgos distinguen el
COLOMBIA otras colonias importantes dE
ción étnica y cultural relativa
tivo aislamiento del sistema
racterísticas era absoluta. Pe)
ca que asumen en Colombia 1
gicas generadas por el violen
poración gradual a un orden
siglo XIX.
Después de· la IndependeJ
les y los conservadores, surgit
., nueva nación. Los liberales y :
ECUADOR
grado de su compromiso con 1,
que cimentaban el sistema cal
naban el desarrollo exitoso de
res lucharon en torno al paJ)4
1.000.2.000 m de altitud
(zona OIÍeIera) fuente de crédito, garante del
de la legitimidad de la clase d(

12. Antes de 1886,las divisiones adminiI


PERU A partir de esa fecha se han llamado
problemas planteados por el cambio
des politicas a las que perteneció Col
Mapa 5.1. Colombia. Localización de la zona cafetera y los departamentos a princi­ lombia formó el núcleo del Virreinato
pios del !dglo XX. .
de la Gran Colombia (que incluía lo q¡
dencia. Luego de la separación de V
tuvo tres cambios de nombre hastaq
blica de Colombia. Panamá se separó
· LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 339

trativo de la Colonia. Santa Fe de Bogotá estaba destinada a convertirse


en la capital de Colombia y en la ciudad más grande del norte y el occi­
dente de Suramérica. Desde allí el colonialismo español se extendió ha­
cia el norte, hacia las frias tierras altas y los valles interandinos de la
Cordillera Oriental, hastá la actual Venezuela. La sociedad agraria, en
alto grado autosuficiente, que se desarrolló en esta región - más estrati­
ficada y jerárquica en el sur (actuales departamentos de Cundinamarca y
Boyacá), más fluida y democrática en el norte (Santander y Norte de
Santander) - se convirtió en el centro de la Colonia. Fue·principalmente
a través de esta región densamente poblada y económicamente autosufi­
dente por donde el cultivo del café, que estaba destinado a transformar
la sociedad colombiana moderna,se difundió hacia otras regiones duran­
VENEZUELA te la segunda mitad del siglo XIX .. Ya aLfinal del siglo, cuando el cultivo
del grano había cubierto .la Cordillera Central y empezado su explosivo
crecimiento, la tradicional primacía de los departamentos de la Cordille­
.'.'. ra Oriental se vio gradualmente socavada. El pals, por primera vez, lo­
~.
\".,........... , ..., gróuna unidad efectiva (12).
Dos rasgos distinguen el desarrollo colonial de Colombia del de las
otras colonias importantes del imperio español en América: la composi­
ción étnica y cultural relativamente homogénea de la sociedad y su rela­
tivo aislamiento del sistema económico mundial. Ninguna de estas ca­
racteristicas era absoluta. Pero cada una ayuda a explicar la forma políti­
ca que asumen en Colombia las tensiones sociales, económicas e ideoló­
gicas generadas por el violento proceso de la descolonización y ~ incor­
poración gradual a un orden mundial capitalista e industrial durante el
siglo XIX.
Después de la Independencia, dos fuerzas contendientes, los libera­
les y los conservadores, surgieron en el seno de la clase dominante de la
nueva nación. Los liberales y los conservadores se dividieron en torno al
grado de su compromiso con los principios de la economia política liberal
que cimentaban el sistema capitalista mundial en el siglo XIX y condicio­
naban el desarrollo exitoso dentro de él. Los liberales y los conservado­
res lucharon en torno al papel de la Iglesia, .importante latifundista y
fuente de crédito, garante del control social sobre las clases populares y
de la legitimidad de la clase dominante en el orden mercantil-colonial de

comienzos 12. Antes de 1886, las divisiones administrativas primarias de Colombia se denominaban estados.
de siglo A partir de esa fecha se han llamado departamentos. En el texto también he simplificado los
problemas planteados por el cambio de nombres y de fronteras jurisdiccionales de las entida­
des politicas a las que perteneció Colombia. Originalmente parte del Virreinato del Perú, Co­
Da cafetera y los departamentos a princi· lombia formó el núcleo del Vmeinato de la Nueva Granada en el siglo XVIII y de la República
de la Gran Colombia (que induialo que hoy son Venezuela y Ecuador) después de la Indepen­
dencia. Luego de la separación de Venezuela y Eroadoren la década de 1830, la república
tuvo tres cambios de nombre hasta que en 1886 adoptó su actual denominación oficial, Repú­
blica de Colombia. Panamá se separó de Colombia en 1903.
840 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

España. Se enfrentaron sobre la cuestión de la rapidez con que debía la única exportación import
abolirse la esclavitud; la forma de alienar las tierras públicas e indíge­ bienes agrícolas que tratare:
nas; las condiciones en las cuales se debían contratar los empréstitos El violento conflicto civi
extranjeros; el carácter de las instituciones educativas públicas y.priva­ Cauca durante la transiciÓl
das; la naturaleza de los sistemas monetario, bancario y tributario; y el dencia, destruyó gradua.bm
grado de centralización política y administrativa. Estos asuntos fueron dependía la producción col(
definidos por los esfuerzos de los liberales por transformar la tierra y la del oro revivía lentamente, :
mano de obra en mercancías que pudieran combinarse libremente con el y recurriendo a nuevos mod
capital para un uso productivo en una economía mundial estructurada ciones de oro del país en el
según los principios del libre comercio y la división internacional del tra­ Central, en la enorme regió
bajo. nes antioqueñas era produci
Esta lucha intestina de la élite en torno de los principios de la econo­ talistas nacionales y extranj
mía política liberal no se dio solamente en Colombia. Como hemos visto tivamente modernas. Las e
en capítulos anteriores, fue típica de las antigUas colonias ibéricas en el pocas docenas hasta cientos
Nuevo Mundo. En algunos países latinoamericanos los liberales encon­ cuales laboraban por tempol
traron una resistencia conservadora más poderosa y sostenida que en dades agrícolas durante el n
otros; en algunos los resultados económicos de sus reformas tuvieron un ría de la fuerza de trabajo ]
éxito más inmediato que en otros. En cada sociedad latinoamericana, las pequeños mineros independ
cuestiones dominantes de la economía política liberal se vieron compli­ gachas de maiz que conforml
cadas de maneraespecíficR y a menudo contradictoria por la lucha de comprendían alrededor de e
clases, los intereses y lealtades regionales y las ambiciones personales del oro que hubo en Antioqui
de los líderes políticos y sus clientes. Por todas estas razones, la lucha XIX. 10s mazamorreros d~
por consolidar los principios de la economía política liberal generó una altamente móvil con el fin de
historia de conflicto y compromiso dentro de la clase dominante especifi­ ciales que se hallaban a lo lar
ca de cada una de las distintas formaciones sociales y entidades políticas las faldas de la Cordillera Ce]
de América Latina. En Colombia los detalles específicos -e· incluso descendientes de esclavos o :
algunos de los principales puntos de viraje- de este proceso violento sistemas de trabajo prevaled
están oscurecidos en la historiografía tradicional y aún no han sido ple­ quizá una tercera parte de eU
.. namente elaborados (13). Pero lo que distingue la versión colombiana de sin capital o maquinaria, util
las historias paralelas del siglo XIX en otras repúblicas latinoamericanas con las cuales extraían una el
resulta claro: de una parte, la naturaleza prolongada e inconclusa de la quia durante el siglo XIX. Al
lucha; de otra, la profundidad de la politización popular. las minas, los mazamorreros f
La lucha en tomo a los principios de la economía política liberal no se lo general en parcelas de sub
resolvió en Colombia sino a comienzos del siglo XX, debido principal­ las agrestes montañas que rec
mente a la incapacidad de la nueva nación para superar el patrón de Los mazarnorreros colomi
desarrollo agrario aislado establecido durante el período colonial. A lo proveian y recolectaban el pr
largo del siglo XIX, los colombianos no lograron expandir las exportacio­ desempeñaron importantes ~
nes de bienes primarios a la economía mundial. Esto sucedió con el oro, antioqueña durante el siglo J(
estuvo el célebre éxodo de a
13. Buenos análisis recientes son Antbony MacFarlane, "From Co1onyto Nation: Tbe PoliticaJ
Economy of Colombia During tbe FirstHalf of tbe Nineteentb Century", en C. Abel y C. 14. Roger Brew, El delJUl'OUo eoooómle
Lewis, eds., LatiD America, ECODOmic Imperialism 8Dd the 8tate; y Paul Oquist, Violencia tá, 1977, aporta la mejor discusi6n df
(citado en la nota 3), Capitulo 3. Por nueva historiografia quiero decir estudios analltic08 ati­ de trabajo son tomadas de las pp. ti
nentes a los aV8Dces de las ciencias sociales. exportaciones de oro y en las exporta
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 341

tión de la rapidez con que debía la única exportación importante de la Colombia colonial, ast como con los
mar las tierras públicas e indíge­ bienes agrícolas que trataron de producirse para el mercado mundial.
debían contratar los empréstitos El violento conflicto civil y de clase que se desató en el alto Valle del
ones educativas públicas y. priva­ Cauca durante la transición a un orden liberal después de la Indepen­
!etano, bancario y tributario; y el dencia, destruyó gradualmente el sistema de ,trabajo esclavista del que
linistrativa. Estos asuntos fueron dependía la producción colonial de oro. En la medida en que· la mineria
mes por transformar la tierra y la del oro revivía lentamente, fue desplazándose hacia otro foco geográfico
!ran combinarse libremente con el y recurriendo a nuevos modos de producción. La mayoría de las exporta­
l economía mundial estructurada ciones de oro del país en el siglo XIX fueron extraídas de la Cordillera
y la división internacional del tra­ Central, en la enorme región de Antioquia. El grueso de las exportacio­
nes antioqueñas era producido por pequeñas y medianas empresas capi­
i>mo de los principios de la econo­ talistas nacionales y extranjeras que usaban maquinaria y técnicas rela­
e en Colombia. Como hemos visto tivamente modernas. Las compañías mineras empleaban desde unas
¡S antigúas colonias ibéricas en el pocas docenas hasta cientos de trabajadores asalariados, muchos de los
noamericanos los liberales encon­ cuales laboraban por temporadas en las minas y retornaban a las activi­
MS poderosa y sostenida que en dades agricolas durante el resto del año. Sin embargo, la inmensa mayo­
nicos de sus reformas tuvieron un ría de la fuerza de trabajo minera de Antioquia estaba compuesta por
ada sociedad latinoamericana, las pequeños mineros independientes. Llamados mazamorreros debido a las
l política liberal se vieron compli­ gachas de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores
do contradictoria por la lucha de comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros
nales y las ambiciones personales del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo
Por todas estas razones, la lucha XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura
mOlDÍa política liberal generó una altamente móvil con el fin de aprovechar los depósitos auriferos superfi­
tro de la clase dominante especifi­ ciales que se hallaban a lo largo de miles de quebradas y rios aislados en
pnes sociales y entidades políticas las faldas de la Cordillera Central. La mayoria de los mazamorreros eran
I detalles especificos -e incluso descendientes de esclavos o mestizos que habían huido de los onerosos
)viraje- de este proceso violento sistemas de trabajo prevalecientes en la agricultura de las tierras altas i
tradicional y aún no han sido ple­ quizá unatercéra parte de ellos eran mujeres. Trabajaban prácticamente
listingue la versión colombiana de sin capital o maquinaria, utilizando bateas de madera talladas a mano,
¡otras repúblicas latinoamericanas con las cuales extraían una cuarta parte del oro exportado desde Antio­
eza prolongada e inconclusa de la quia durante el siglo XIX. Al igual que los trabajadores asaIariados en
'tización popular. las minas, los mazamorreros a menudo se dedicaban a la agricultura, por
la economía política liberal no se lo general en parcelas de subsistencia ganadas a las selvas vírgenes de
del sigló XX, debido principal­ las agrestes montañas que recoman en busca de oro (14).
ción para superar el patrón de Los mazamorreros colombianos, así como los comerciantes que los
durante el periodo colonial. A 10 proveían y recolectaban el producto de su trabajo para la exportación,
lograron expandir las exportacio­ desempeñaron importantes papeles en la transformación de la sociedad
mundial. Esto sucedió con el oro, antioqueña durante el siglo XIX. En el centro de dicha transformación
estuvo el célebre éxodo de agricultores antioqueños desde los asenta­

~Iane, "From Colony to Nation: Tbe Polítical

=
e Nineteenth Century", en C. Abel y C. 14. Roger Brew. El desarroUo eeooómieo de Aatioquia desde la iDdependeneia huta 1920, Bogo­
ud the S&ate; y huI Oquist, Violencia tá, 1977, Ilporta la mejor discusión de la mineria antioqueiia del oro. Las cifras sobre la fuerza
. quiero decir estudios analiticos ati- de trabajo son tomadas de las pp. 52-58; las relativas a la participación de Antioquia en las
Ii exportaciones de oro yen lils exportaciones totales de Colombia, de las pp. 131-32.
342 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

mientos de las tierras altas hacia las vertientes vírgenes de la Cordillera embargo, es posible leer 51
Central. Dentro de esta frontera agrícola en avance hacia el sur surgie­ basado desde la perspectivl
ron millares de pequeños labradores, dedicados en un principio a la agri­ otra clase engendrada en la
cultura de subsistencia.Y, luego, a medida que avanzaba el siglo XIX, al Los pequeños agricultores y
cultivo del café. El desarrollo de la frontera agrlcola,tan familiar para en busca de las Oportunidad
los norteamericanos, resulta extraño en la historia de América Latina. te de oro debilitaron los sisil
Debido a que la colonización antioqueña contribuyó a imprimir a la eco­ de la agricultura tradiciona
nomía exportadora de café sus especiales rasgos sociológicos y puesto para los comerciantes y la DE
que aparece íntimamente conectada con la industrializaciótl de Antio­ producción de oro al extranj.
quia en el siglo XX, constituye un hecho de gran significación no solo tera y luego desarrollaron la
para la historia de la zona, sino también para la del país en su conjunto. S? importancia potencial par.
Alvaro López Toro fue el primero en desarrollar sistemáticamente la ClanteS sacaron provecho de
tesis de que la dinámica de la colonización antioqueña y del desarrollo mocrática de los trabajadOl'1
moderno de Colombia,basado en el café, estuvieron íntimamente rela­ hacerlo. erigieron una estrucl
cioll8dos con la evolución de la economia exportadora de oro en la re­ de subsistencia de los peque]
gión. En un brillante ensayo, publicado en 1970, afirmaba que la produc­ tación- se desarrollaría en u
ción de oro para la exportación, en los siglos xvm y XIX,generó un de­ Entonces, si bien pueden
sequilibrio crónico entre la dinámica economía minera de la región y su una influencia decisiva direc
estancada agricultura tradicional. Sostuvo que había surgido una pode­ ciedad.antioqueña (y úitimal1
rosa clase de mercaderes, que balanceó tal desequilibrio por medio del impacto a corto plazo result
comercio. Estos comerciantes suministraban al difuso sector exportador básicamente cerrado deldesa
alimentos, herramientas y ropa, y recolectaban el oro con destino a los Hacia las últimas décadas de
mercados externos. La acumulación de capital por parte de los comer­ portaciones anuales de oro col
ciantes les permitió a éstos desplazarla influencia social, cultural y polí­ niveles que poryez primera SE
tica de los grandes latifundistas dedicados a la agricultura tradicional en más de ISO mil onzas puras va
las tierras altas cerca de Medellín, la capital regional. Los comerciantes oro (16). Las exportaciones (
comenzaron a organizar la colonización de la frontera a principios de .la menos dos tercios de todas la­
década de 1820 y recabaron el apoyo del gobierno para la distribución de siglo XIX y alcanzaron entre ;
tierras vírgenes en las vertientes. Buena parte de tales tierras fueron a colombianas durante la segUl
parar a manos de pequeños propietarios. Posteriormente, los comercian­ valor total de todas las exporúi
tes fomentaron la transición de la agricultura de subsistencia al cultivo les e.ra de origen agrícola aum
del café en las áreas recién colonizadas. Luego aprovecharon su control del siglo XIX. Entre las ~08tri
sobre las finanzas y el intercambio para apropiarse del excedente de la XX,: el valor total del comercil
economía cafetera e invertirlo en el desarrollo industrial(lS). a~enas superior (si es que lo j
El ensayo seminal de López Toro analizó este notable proceso históri­ Clon durante el mismo períod<
co particularmente desde la perspectiva de la clase comerciante. Sin

15. Alvaro López Toro, Mipación y cambio social en Antioqula, Medellin, uno. La descripción 16. Estas cifras, tomadas de los estimati
• (' VI
clásica del proceso es James J, Parsons, Laeolonbación anUoClQeAaen el oeeidente de Colom­ DÓDUea CItado en. la nota 11), no mcll
bia, Medellin, 1950. Frank Safford, "Significado de los antioqueiios en el desarrollo económi­ llegado a ser hasta una. cuarta plUte eh
co colombiano", en Anuario Colombiano de Historia SodaIy Cultura, 3, 1965, pp. 44-69, hace 17. Esta es la conclusión a que llega José
énfasis en la importancia del oro en el desarrollo de Antioquia y cuestiona. la extraiia tesis de construir el patrón del comercio e::rterj
la "privación cultural" popularizada por Everett Hagen, Eleambio social_ Colombia, Bogo­ lombianas en el siglo XIX" en Miguel
tá, 1963. Aspectos de esta tesis de López Toro han sido corroborados a través de investigación biana, B~gotá, 1980, pp. 99-142. La 01
primaria por parte de Roger Brew, cuya obra se cita en la nota 14, Y Ann Twinam, MiDeroll, vos antenores de McGreevey relativO!
comerciantes y agrieultorell, Medellin. pero SUs conclusiones confinnan la t4
COLOMBIA 343
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA

embargo, es posible leer su ensayo y los datos históricos en que está


ertientes vírgenes de la Cordillera
basado d~de la perspectiva complementaria y más fundamental de la
ola en avance hacia el sur surgie­
otra clase engendrada en la economía exportadora de oro de Antioquia.
:ledicados en un principio a la agri­ Los pequeños agricultores y trabajadores que salieron de las tierras altas
dida que avanzaba el siglo XIX, al
~ontera agricola, tan familiar para
en busca de ~~ oportunidades que brindaba la producción independien­
te de oro debIlitaron los sistemas de explotación de la tierra y el trabajo
en la historia de América Latina.
día contribuyó a imprimir a la eco­
de la agricultura tradicional. Los mazamorreros crearon un mercado
iales rasgos sociológicos y puesto para los comerciantes y la necesidad de un mecanismo que canalizara la
producción de oro al extra~ero. Los mazamorreros desbrozaron la fron­
con la industrialización de Antio­
!ICho de gran significación no solo teray luego desarrollaron las herramientas culturales que demostraron
su impo$ncia potencial para la agricultura de subsistencia. Los comer­
~n para la del pais en su co~unto.
ciant;es sacaron provecho de tales desarrollos,producto de la lucha de­
en desarrollar sistemáticamente la
mocrática de los trabajadores antioqueños por mejorar sus vidas. Al
meión antioqueña y del desarrollo
hacerlo, erigieron una estructura legaly poütica en la cual la agricultura
café, estuvieron íntimamente rela­
de. ~ubsistencia de los pequeños productores -y más tarde la de expor­
emía exportadora de oro en la re­
taclón- se desarrollarla eI\ la Cordillera Central.
f() en 1970, afirmaba que la produc­
s siglos xvm y XIX, generó un de­ Entonces, si bien puede, mostrarse cómo la producción de oro ejerció
economía minera de la región y su una .influencia decisiva, directa y duradera sobre el desarrollo de la so­
~ieda4antioqueña (y últimamente de toda la sociedad colombiana), su
stuvo que había surgido una pode­
~p.acto a corto plazo resultó insuficiente para transformar el patrón
ceó tal desequilibrio por medio del
basl~e~te .cerrado del desarrollo agrario del pais durante el siglo XIX.
iStraban al difuso sector exportador
Hacmlas ultlmas décadas de ese siglo, el volumen y el valor de las ex­
reolectaban el oro con destino a los
de capital por parte de los comer­ portaciones anuales de oro colombiano volvieron a alcanzar los modestos
ni~eles que p~r vez primera se habían obtenido en el siglo xvm, un poco
t la influencia social, cultural y poli­
mas de 150 nnlonzas puras valoradas en cerca de tres millones de pesos
tados a la agricultura tradicional en
oro (16). LfiS exportaciones de oro de Anijoquia comprendían más o
~ capital regional. Los comerciantes
~enos dos tercios de todas las exportaciones de oro del pais durante el
ibn de la frontera a principios de la SIglo X:pc y alcanzaron entre ellO y el 25 % detadas las exportaciones
del gobierno para la distribución de
colombIanas durante la segunda mitad de dicha centuria. Empero, el
lena parte de tales tierras fueron a
valo~ total de todas las exportaciones de Colombia, el grueso de las cua­
~os. posteriormente, los comercian­
de subsistencia al cultivo les e~a de origen agrícola, aumentó solo irregular y lentamente a lo largo
Luego aprovecharon su control del SIglo XIX. Entre las postrimerias del siglo xvm y el comienzo del
apropiarse del excedente de la XX,el valor total del comercio exterior de Colombia creció a una tasa
a~nas superior (si es que lo fu~) al crecimiento demográfico de la na­
industrial( 15).
¡r;¡Wl:llU.V este notable proceso históri­
CIón durante el mismo período (17). A fines del siglo XIX, la población
de la clase comerciante. Sin
16. Esta:'~. tomadas de los estimativos de Restrepo y resumidas en McGreevey, Historia eco·
eD Antioquia, MedelHn, lino. La d8llcripción
DÓ_ (CltadO en la nota 111. no incluyen el contrabando, el cual, según Brew. puede haber
IdoDiizacióu antloqueAa eu el oocideute de Colom· llegado a ser hasta una cuarta parte de las exportaciones oficiales de oro.
los antioqueños en el desarrollo ecoIlÓmi­ 17. Esta es .la conclusión a que llega José Antonio Ocampo luego de un agotador esfuerzo por re­
Social y Cultura, 3, 1965, pp. 44-69, hace
co~el~atró~ del ~ercio ~xlerior de Colombia en el siglo XIX, "Las impodaciones co­
de Antioquia y cuestiona la extraiía tesis de l~bUUlu en el SIglo XIX • en M¡guel Urrutia et al., Ell8Ilyossobre historia ecoDÓmica colom·
Hagen, El eambio lIOCial eu Colombia. Bogo­ buma,&,gotá, 1980, pp. 99-142. La obra de Ocampo corrige ciertos upectos de los estimati­
sido corroborados a través de investigación vos antenores de McGreevey relativos al comercio exterior del pais durante el siglo puado
cita en la nota 14, y Ann Twinam, Mineros, pero sus conclusiones confirman la tesis, desarrollada eft la Segunda Parte de la obra d~
LOS TRABAJADORES EN LA HiSTORIA COLOMBIA

colombiana, de cerca de cuatro millones de personas, era la tercera de ma política precisa asumida·
Suramérica en tamaño, pero las exportaciones per cápita del pais figura­ la expansión de economias e
ban entre las más bajas de todo el hemisferio (18). damentos de gobiernos naci~
Dentro de esta estructura de secular estancamiento de las exporta­ nes del consenso y lahegeme
ciones tomó forma la turbulenta e inconclusa historia política de la Co­ sive en naciones como Venez
lombia del siglo XIX (19). En términos generales, la suerte política de los do plenamente ni las economJ
partidos liberal y conservador, así como el destino de la economía políti­ tes de la economía política 1
ca liberal, corrió pareja con la suerte de la agricultura de exportación. El conservadoras reaccionarias l
auge tabacalero del tercer cuarto del siglo suministró una tenue base sucedió en Colombia. En este
material a los gobiernos liberales guiados por comerciantes, los cuales ras opuestas a la economia pe
lograron un precario control del Estado durante las décadas de 1850 y peso de una sociedad agraria
1860 Y transformaron las principales instituciones del pals de acuerdo ficialmente por el desarrollo E
con los principios de la economía política liberal. El valor de las exporta­ de vida independiente.
ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Así, el auge y la quiebra,;
Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de exportación estructuraron
de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· longado siglo XIX. Los ciclos
dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda riodo de hegemonía liberal du
.' .
de la demanda y los precios de las otras exportaciones colombianas dis­ dinario resurgimiento de las
tintas al oro (principalmente la quina), minó fatalmente la base material, guientes. De esta manera, el
la fuerza política y la influencia ideológica del liberalismo. Durante la agricultura de exportación peI
década de 1860 "JI 1870 los liberales lograron derrotar a las fuerzas con­ élites liberal "JI conservadora. ,
servadoras insurgentes en el campo de batalla. En 1885, en el punto más colombiana adquirió una vkb
bajo de la depresión de la agricultura de exportación, el partidO liberal, dinámica únicas dentro de los
dividido y desacreditado, apenas ofreció una resistencia simbólica a la El rasgo más notable del !
restauración conservadora. largo del siglo XIX fue el alto
El ascenso al poder, en 1886, de un régimen conservador empeftado entre las facciones de la clase t
en restablecer los privilegios de la Iglesia "JI en llevar adelante políticas participación fue el resultado
económicas y monetarias radicalmente opuestas a los intereses de im­ movilizar a las fuerzas popular
portadores y exportadores, y reñidas con la ortodoxia económica liberal Su disposición a actuar de tal
del mundo occidental invirtió la dirección de la historia colombiana del dad de las dos facciones para j
siglo XIX. A partir de entonces "JI hasta comienzos del siglo XX, Colombia la sociedad colombiana. Ante
siguió una senda política anómala dentro del patrón de la historia gene­ viable, los recursos del Estado1
rallatinoamericana de fines del siglo XIX. A partir de 1880, eh todos los vos para inclinar la balanza del
otros paises importantes de América Latina (Ohile y Argentina sonbue­ dientes. Sin embargo, la conql
nos ejemplos) gobiernos dedicados a los principios de la economía políti­ dependian de la capacidad de t:l
ca cosmopolita liberal se consolidaron en el poder. Sea cual fuere la for- rales o apelando a la guerra. Y,
un amplio respaldo popular. La
nos "JI a los trabajadores agric~
McGreevey. de que la economia colombiana no logró responder din6micamente al desafio del sociedad colombiana, sin mayo
desarrollo exportador a lo largo de todo el siglo XIX,
18. En 1971 McGreevey ca1euló unas exportaciones promedio per cápita anuales para fines de la
cierto que, aJo largo de las ioo
década de 1890 de solo unos cuatro dólares actuales: Historia eeoDÓIDiea (citado en la nota 111. la. clase don;únante. colombiana
Cuadro 13. nic<>s ,alineamientos horizontal.
19. El análisis de la pol1tica del siglo XIX reseñado en el resto de esta sección 118 desarrolla y docu­
menta en Calé y eouflieto, citada en la nota 4. Aqui no intento recapitular por completo el
duración e intensidad de la vi.
argumento deSarrollado en dicho boro. control s9C.ial. En tales oportwI
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 345

nes de personas, era la tercera de ma poJiticaproosa asumida·porestoe"regímenes, todos ellos dirigieron


taciones per cápita del pais figura­ la expansión de economias exportadoras viables, construyeron los fun­
tlisferio (18) . damentos de gobiernos nacionales efectivos y ampliaron las institucio­
darestancamíento de las exporta­ nes del consenso y la.begemonia ideológica de la clase dominante. Inclu­
conclusa historia poJitica de la Co­ sive en naciones como Venezuela, en donde aún no se habían consolida­
9 generales, la suerte poJitica de los do plenamente ni las economías ~xportadoras ni el Estado, los. proponen­
no el destino de la economía poJiti­ tes de la economia pQJitica liberal no ñleron obligados por las fuerzas
:le la agricultura de exportación. El conservadoras reaccionarias a adoptar una posición defensiva, tal como
11 siglo suministró una tenue base sucedió enColombia. En este pais, el p9(ierío de las fuerzas conservado­
lados por comerciantes, los cuales ras opuestas a la economia poJitica liberal reveló, a fines del siglo XIX, el
Ido durante las décadas de 1850 y peso de una sociedad agraria tradicional afectada solo temporal y super­
J instituciones del pais de acuerdo ficialmente por el desarrollo económico exportador durante casi un siglo
t.ica liberal. El valor de las eXPorta­ de vida independiente.
~pequeño enclave del Magdalena Así, el auge y la quiebra, y el fracaso a largo plazo, de la agricultura
H'omediar entre dos y tres millones de exportación estructuraron la historiapoJitica delpais durante su pro­
:el colapso de la economia exporta­ longado siglo XIX. Los ciclos agrícolas de exportación definieron el pe­
!)Cha, simultáneamente con la caida riOdo dehegemonialiberal durante el tercer cuarto del siglo y el extraor­
ras exportaciones colombianas dis­ dinario resurgimiento de ·las fuerzas 'conservadotas en las décadas si­
r; minó fatalmente la base material, guientes. De esta manera, el efímero éxito y el duradero fracaso de la
I>lógica del liberalismo. Durante la agricultura de exportación perpetuaron e intensüicaron la lucha entre las
ograron derrotar a las fuerzas con­ élites liberal y conservadora. Y como resultado de este proceso la poJitica
le batalla. En 1885, en el punto más colombiana adquirió una vida y una lógica propias, una. forma y una
l de exportación, el partido liberal, dinámicaúmcas dentro de los paises de.laregión.
eció una resistencia simbólica a la Elrasgo más notable d~l sistema poJiticoformado en Colombia a lo
largo d~l siglo XIX fue el alto.nivel de participación popular en la lucha
un régimen conservador empeñado entre las facciones de la clase dominante por el control del Estado, Dicha
~lesia y en llevar adelante pollticas participación fue el resultado de la ,voluntad de los Jideres poJiticos de
ate opuestas a los intereses de im­ movilizar a las fuerzas populares en la batalla por la hegemonia poJitica.
icon la ortodoxia económica liberal Su· disposición a actuar de tal manera reflejaba la continuada incapaci­
itción de la historia colombiana del dad de· las dos facciones para imponer su voluntad sobre el coI\iunto de
la comienzos del siglo XX, Colombia la sociedad colombiana, Ante la ausencia de un desarrollo exportador
~ntro del patrbn de la historia gene­ viable, los recursos del Estado,detadas maneras escasos, fueron decisi­
~m. A partir de 1880, en todos los vos para inclinar la balanza del poder entre. los sectores poJiticos conten­
fLatina (Chile y Argentina son bue­ dientes, Sin embargo, la conquista y preservación del poder del Estado
.os principios de la economia pollti­ dependian de la capacidad de derrotaf a los rivales por los medios electo­
~ en el poder. Sea cual fuere la for­ rales o apelando a )aguerra. Y. a su turno, dicha capacidaddependia de
un amplio respaldo popular. Las élites poJiticas movilizaron a los artesa­
l nOs y a los trabajadores agrícolas, quienes constituian el grueso de la
~ logró responder din6micamente al desafio del sociedad colombiana, sin mayor temor de las consecuencias sociales, Es
~XIX. cierto que, a.)olargo de las incesantes y mortíferas luchas del siglo XIX,
les promedio per cápita anuales para fines de la la clasecd.~nte colombiana se enfrentó.ocasionalmente con embrib­
iuaÍes: Historia ecoDÓmiea tcitado en la nota 11).
nicoscalin~ientos horizontales de clase, o con la evidencia de que la

r.
~eD el resto de esta sección se desarrolla y
Aqul DO
docu­
intento recapitular por completo el
duracitIDeintensidad de la violencia civil amenazaban con ·destruir el
control soQal. Entale$oportunidades, las facciones de la élite olvidaron
346 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

rápidamente sus diferencias y se unieron para eliminar la amenaza con­ resultado de intereses regio
tra su dominación de clase. Sin embargo, esas ocasiones fueron muy minante. :una de las dos role
poco comunes y con el tiempo prácticamente todas las tensiones· sociales escala municipal, gamonal8l!
fueron encauzadas a través de los canales cliente listas de los dos gran­ laban el poder económico y J
des partidos politicos. Al menos en parte, dicho desenlace reflejaba la tribuir favores, lo mismo qUI
relativa homogeneidad étnica y cultural de la sociedad agraria precapita­ la justicia. Incluso al nivel d
lista de Colombia. Al contrario de lo que ocurrió en México, por ejemplo, pio colombiano, los pequeñ(
en Colombia las fuerzas populares no gozaron de una base colectiva étni­ ciÓD politica bien podian bt
ca o cultural sobre la cual construir una identidad separada y una con­ urbanos del partido opuesto
cepción independiente del m u n d o . . !
tes o pequeños propietarios,
Los dirigentes politicos recurrieron a diversos medios para movilizar Estas eran, entonces, la
a las clases populares, que dieron su sangre en la interminable lucha politico único forjado en un ;
entre las facciones elitistas. Ellos iban desde la coerción económica di­ economia política liberal, en
recta sobre los trabajadores rurales dependientes hasta los llamamientos génea aún aislada en buena ¡:
ideológicos en nombre de los valores cristianos y los ideales democráti,.. giódelsiglo XIX con una poi
cos que compartian las clases populares. Incluían promesas de ayuda dos opuestos, cimentados COl
paternalista la posibilidad de prebendas clientelistas y la facultad de sellados con sangre en ciento
impartir justicia en las cortes. En tiempos dificiles y de conmoción civil ciones de contieIlda civil.
la simple oportunidad de cambiarla certidumbre de la pobreza y la inse­ Pero si bien es cierto que
guridad personal por las fortunas de la guerra fue una· motivación que ba a las facciones elitistas I
indujo a los trabajadores rurales a alistarse en uno u otro ejército o en las para su lucha inconclusa por
fuerzas guerrilleras locales. . . siones populares por mediO!
Las élites politicas y sociales,no eran, sin embargo, los únicosbenefi­ resultaba enteramente funci(]
ciarios potenciales de la lucha p:elitica sectaria, ni las clasespopulare~ nante. Periódicamente altel'll
sus exclusivas victimas. Miembros individuales de la élite podian perder económico y la acumulación p
la vida o su fortuna material Em la contienda civil. Miembros de los estra­ taba la maniobrabilidad de lo
tos más bajos podian mejorar sus posibilidades de vida participando·en búsqueda del consenso en tor:
la lucha política. Pero únicamente los elementos de la clase dominante conjunto. La intensidad de la
.. podianconfiar en mejorar tanto sus fortunas individuales como la posi­ telismo y el legado de lá. gue
ción de su sector de clase en la lid entorno de los principios liberales y la partidistas y oportunistas de L
hegemonia politica. modo, el sistema político colo!
La movilización de los estratos sociales populares en la crónica gue: lución histórica hacia el compt
rra civil polarizó gradualmente la· sociedad colombiana en dos bloque~ no a los principios de la econOI
multiclasistas opuestos. Para los miembrOS' de·la c~trab~adora,·la. La catástrofe que sufrió el
afiliación politica se decidiaalrededor de cuestiones tan concretas y ra­ plena la peligrosa amenaza qu
cionales como el acceso a la tierra o la protección fisa. Pero Wla. vez que ba el sistema politico que ella 1
una persona mataba en nombre de uno de los partidos, o veía cómo sus de 1890, el tan elusivo COnsellll
amigos o parientes eran despojados por parte del otro, .la .lealtad hacia la tica liberal que habían dividide
colectividad politica se convertiaen algo más complejo, abstracto y emo­ finalmente al alcance de ~ lIUl
cional. Con el tiempo. la identificación con uno u otro partido.sehizo plicaron por cinco entre 1886
hereditaria. Las lealtades politicas pasaban de padres' a hijos como un medio millón de sacos de 60 kil
conjunto de cálculos materiales y racionales, y d~ recuerdos de hazañas pesos oro (20). Durante este p
e injusticias trascendentales. La afiliációnpartidisfaempézóa creal'una
peculiar geografia politica en Colombia. En cada departamentó, y como
20. Estas son estádlstieas oficiales del,
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 34'1

'On para eliminar la amenaza con­ resultado de intereses regionales, sociales y económicos de la clase do­
U'go, esas ocasiones fueron ~uy minante,:una de las dos colectividadespoliticas lograba el predominio. A
nente todas las tensiones socudes escala municipal, gamonales locales, liberales o conservadores, manipu­
ales clientelistas de los dos gra n - laban el poder económico y los vínculos con el partido nacional para dis­
me dicho desenlace reflejaba la tribuir favores, lo mismo que los beneficios del control sobre la policía y
¡l d~ la sociedad agraria precapita.. la justicia. Incluso al nivel de las veredas, las subdivisiones del munici­
le ocurrió en México, por ejemplo, pio colombiano, los pequeños propietarios o los aparceros de una filia­
rozaron de una base colectiva étni­ ción politica bien podian buscar el apoyo de los políticos y abogados
na identidad separada y una con­ urbanos del partido opuesto en su lucha contra los grandes terratenien­
tes o pequeños propietarios vecinos.
1 a diversos medios para movilizar Estas eran, entonces, las caracteristicas esenciales de un sistema
1 sangre en la interminable lucha político único forjado en un siglo de conflicto inconcluso en torno de la
n desde la coerción económica di­ economía politica liberal, en una sociedad agraria culturalmente homo­
pendientes hasta los llamamien~ génea aún aislada en buena parte del mercado mundial. Colombia emer­
cristianos y los ideales democrátl!­ giódelsiglo XIX COn una politica profundamente dividida en dos parti­
U'eS. Incluían promesas de ayuda dos opuestos, cimentados con lazos clientelistas y lealtades hereditarias
adas clientelistas y la facultad de sellados con sangre en cientos de campos de batalla durante tres genera­
npos dificiles y de conmoción civil ciones de contieDda civil.
artidumbre de la pobreza y la inse­ Pero si bien es cierto que el sistema politico colombiano suministra­
,la guerra fue una motivación que ba a las facciones elitistas rivales poderosos instrumentos partidistas
tarse en uno u otro ejército o en las para su lucha inconcluS8por la hegemonia, y si bien canalizaba las ten­
siones populares por mediospoliticos; tradicionales, de ningún modo
an sin embargo, los únicos benefi­ resultaba enteramente funcional para las necesidades de la clase domi­
• ~ectaria, ni las clases populares. nante. Periódicamente alteraba la vida civil y estorbaba el desarrollo
divitluales de la élite podian perder económico y la acumulación privada. Creó una dinámica propia que limi­
tienda civil. Miembros de los estra­ taba la maniobrabilidad de los políticos y las facciones moderadas en la
llibilidades de vida participando en búsqueda del consenso en tomo de .cuestiones vitales para la clase en su
iII elementos de la clase dominante conjunto. La intensidad de la politización popular, la dinámica del clien­
fortunas individuales como la posi­ telismo y el legado de la guerra civil recompensaban a los ,lideres más
k>mo de los principios liberales Y Itl partidistas y oportunistas de las dos colectividades tradicionales. De este
modo, el sistema político colombiano retardó y complicó siempre la evo­
~les populares en la crónica gue:­ lución histáricahacia el compromiso dentro de la clase dominante en tor­
~iedad colombiana en dos bloque~ no a los principios de la economía política liberal.
~mbrOS' de la clase trab~adora, la. La catástrofe que sufrió el país a fines del siglo XIX reveló en forma
.,. de cuestiones tan concretas y ra;.. plena la peligrosa amenaza que para los intereses de la élite representa­
~ protección fisica. Pero una vez que ba el sistema político que ella misma había moldeado. Durante la década
filo de los partidos, o veia cómo sus de 1890, el tan elusivo CQnsenso sobre las cuestiones de la economía polí­
~ parte del otro,.la lealtad hacia la tica liberal que hablan divip.idoa la élite a lo largo del siglo pareeia estar
más complejo, abstracto y emo­ finalmente al alcance de la mano. Las exportaciones cafeteras se multi­

=
~
I
. ón con uno u otro partidO..s.e hizo
ban de padres' a hijos como un
onales, y d~ recuerdos de hazañas
. ció..n partidista empezó a crear una
' . En cada departamento, y como
plicaron por cinco entre 1886 y 1896, Y en el último año superaron el
medio millón de sacos de 60 kilos por un valor de más de diez millones de
pesos oro (20). Durante este periodo, reformadores liberales bipartidis­

20. Estas son estadlsticas oficiales del gobierno. Repúb1J.ea de Colombia. Ministerio de lndus­

I
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

tas, unidos por sus intereses en la econom1a exportadora de café, se opu­ zó sus rasgos sociales más
sieron al régimen conservador sectario que habia consolidado su control la economía exportadora di
sobre el Estado durante la crisis de la agricultura de exportación en la aquélla que radican las CIl
década de 1880. Pero sus esfuerzos concertados por institucionaüzar·re­ l~mbia en este siglo, y la I
formas económicas y politicas y alejar 'la· posibilidad de un nuevo conflic­ sistema pol1tico destructivc
to civil terminaron en el desastre. Una agudacaida en los precios mun­
diales del café hundió al país en la crisis en las postrimerias del siglo.
Los reformadores liberales moderados perdieron el control de sus res­ DESARROLLO DE UNA ECON()
pectivos partidos a manos de lideres extremistas sectarios y la nación fue
conducida una vez más a la guerra civil. La gran contienda que compro­ Estimulada por un dinámic
metió ala sociedad colombiana entre 1899 y 1902 fue el mayor conflicto lombiana ha mostrado un h
civil librado en Colombia o en cualquier otro país latinoamericano duran­ ticamente insuperado por
te el siglo XIX. Culminó, luego de cien mil muertos, con la derrota mili­ siglo. La base fundamenta
tar de las fuerzas liberales. Colombia entrÓ en el nuevo siglo con su toda­ anterior a la mitad del sigl<l
via modesta econom1a de exportación cafetera en crisis, y con la lucha en tructura favoreció la acumu
tomo de los principios de la econom1a pol1tica aún sin resolver. pansión incluso durante la
Solo después de la guerra pudieron surgir victoriosos los reformado­ treintas. Sin embargo, la ex
res liberales bipartidistas. La lucha desacreditó a los dirigentes extre­ económico del pals durante
mistas de ambos partidos y dejÓ una secuela de destrucción humana y paso más allá de la estructm
económica sin precedentes, un caos monetario, un incipiente colapso del res de las otras grandes nac
control social de la élite y, con la separación de Panamá en 1903, la des­ de Colombia no ha sido oh]
membración del país. Después de la guerra, primero en el marco de una sus principios de economía
gradual recuperación y luego de una notable expansión de la econom1a organizada. A lo largo del pr
exportadora de café, los sectores moderados de ambos partidos lograron de las cambia~tes oportunid
superar la dinámica partidista del sistema político e institucionalizar los ral dentro de un sistema mm
principios politicos y económicos liberales que han guiado desde enton­ miento económico y, al miSil
ces el desarrollo de la sociedad colombiana. nomia cultural de las fuerzru
Finalmente, luego de casi un siglo de guerra civil y de frustrado de­ los principios liberales y soca
sarrolloexportador, la sociedad colombiana se estabilizó politicamente fe cultural de la clase dominant
inició la fase dinámica del desarrollo exportador que por tanto tiempo mer punto, o sea, CÓmo la est
habia sido escamoteado a los dirigentes liberales. La amarga y prolonga­ promovió de manera directa
da transición del siglo XIX al consenso elitista y al desarrollo económico haya ,sido aclarada la estruc1
exportador dejÓ, no obstante, un poderoso legado politico. Dio a los co­ establecida la influencia dir
lombianos un sistema politico único que ha perdurado para influenciar desarrollo económico del paJ
todos los aspectos de la sociedad hasta el presente. más amplia y compleja de la
El café abrió pronto el camino de una nueva era de· consenso de la café y la historia politica de 1
clase dominante, estabilidad politica y desarrollo exportador. Mas no del movimiento obrero coloml
transformó el sistema politico heredado del siglo XIX. En cambio, refor­ el destino organizativo de los

trias, Memoria, 1931, Bogotá, 1927. p. 228. El volumen real y el valor de las exportaciones de
café pueden haber sido más altos. EstimativoS mayores en más de 20% fueron ~os por
funcionarios consulares británicos. Véase el Cuadro 8 en William Paul McGreevey, "The Las exportaciones cafeteras d
Transition ro Economic Growth in Colombia". en Roberto Cortés Conde y Shane Hunt (eds.l. rante llledio siglo a partir de 1
The EIport Seetor and EeoDomie DevelopmeDi iD LailD Ameliea, por publicar . depresión de fines del siglo}
t.OS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 349

omia exportadora de café, se opu­ zó sus rasgQS sociales más destructivos. Es en la especial estructura de
que habia consolidado su control la economía exportadora de café yen las fuerzas sociales generadas por
agricultura de exportació~ en la aquélla que radican las causas del· anómalo desarrollo politico de Co­
ttcertados por institucionalizar ~e­ lombia en este siglo, y la razón principal de la terca persistencia de un
!lposibilidad de un nuevo conflic­ sistema político destructivo forjado en las luchas de la centuria pasada.
aguda caída en los ~recios ~n­
rsis en las postrimenas del SIglo.
¡ perdieron el control de ~s res­
DESARROLLO DE UNA ECONOMIA CAFETERA
:tremistas sectarios Y la nacIón fue Estimulada por un dinámico sector exportador de café, la economía co­
il. La gran contienda que comI?ro­ lombiana ha mostrado un historial de crecimiento y diversificación prác­
l899 y 1902 fue el mayor conflicto ticamente insuperado por otros paises latinoamericanos durante este
r otro PIDS latinoamericano du~~­ siglo. La base fundamental de este dramático crecimiento económico
!1 mil muertos, con la derrota mIli­
anterior a la mitad del siglo fue un sector exportador, cuya especial es­
~ntró en el nuevo siglo con su toda­ tructura favoreció la acumulación doméstica de capital y fomentó la ex­
:afetera en crisis, y con la lucha en pansión incluso dunmte la crisis de la economía mundial en los años
politica aún sin resolver. treintas. Sin embargo, la explicación plena del impresionante desarrollo
n surgir victoriosos los reformado­ económico del pais durante las tres últimas décadas se encuentra a un
lesacreditb a los dirigentes extre· paso más allá de la estructura exportadora. A diferencia de sus congéne­
secuela de destrucción humana y res de las otras grandes naciones de América Latina, la clase dominante
,onetario, un incipiente colapso del de Colombia no ha sido obligada en décadas recientes a comprometer
¡ración de Panamá en 1903, la des­ sus principios de economía política ante la presión de la clase obrera
nerra, primero en el marco de u~ organizada. A lo largo del presente siglo, ha logrado sacar plena ventaja
,n,otable expansión de la econOmIa de las cambiantes oportunidades brindadas al desarrollo capitalista libe­
erados de ambos partidos lograron ral dentro de un sistema mundial en evolución. El café promovió el creci­
tema político e institucionalizar los miento económico y, al mismo tiempo, inhibió la organización y la auto­
rales que han guiado desde enton­ nomía cultural de las fuerzas populares que en otros lugares desafiaron
~iana. d los principios liberales ysocavaron la legitimidad politica y el monopolio
t) de guerra civil y de frustrado e­
cultural de la clase dominante. Esta sección echa una breve ojeada al pri­
~iana se estabilizó politicam~nte (? mer punto, o sea, cómo la estructura de la economía exportadora de café
~ exportador que por tanto tIempo
promovió de manera directa el desarrollo económico delpais. Una vez
es liberales. La amarga y prolon~­ hayaosido aclarada la estructura· de la economía exportadora de café y
• elitista y al desarrollo económICO establecida la influencia directa de las exportaciones del grano en el
. legado politico. Dio a los ~o­
desarrollo económico del PIDS, podremos concentramos en la cuestión
ha perdurado para iIifluenclar
más amplia y compleja de la relación entre la" economía exportadora de
el presente. café y la historia política de la nación. Esta gira en tomo del desarrollo
una nueva era de consenso de la del movimiento obrero colombiano, el cual, a su tumo, está definido por
y desarrollo exportador .. Mas no el destino or{Janizativo de los trabajadores en la producción cafetera.
del siglo XIX. En cambIO, refor­

'VOlumen real y el valor de las exportaciones de


UWlYOI'ElS en más de 20 %. fueron registrados por Las exportaciones ca(eteras de Colombia, crecieron dramáticamente du­
Cuadro 8 en William Paul McGreevey, "The
en Roberto Cortés Conde y Shane Hunt (eda.), raIlte J)ledio siglo.a partir de 1900. En 1905 se habian recuperado ya de la
LadD Ameriea. por publiear. depresión de fines del siglo XIX y. de la dislocación de la guerra, para
348 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

tas, unidos por sus intereses en la economiaexportadora de café, se opu­ zó SUB rasgOS sociales más
sieron al régimen conservador sectario que habia consolidado su control la economía exportadora d4
sobre el Estado durante la crisis de la agricultura de exportación en la aquélla que radican las ca
década de 1880. Pero sus esfuerzos concertados por institucionalizar re­ l~mbia en este siglo, y la r.
formas económicas y politicas y alejar la posibilidad de un nuevo conflic­ SIstema politico destructivo
to civil terminaron en el desastre; Una aguda ca1da en los .precios mun­
diales del café hundió al palsen la crisis en las postrimer1as del siglo.
Los reformadores liberales moderados perdieron el control de sus res­ DESARROLLO DE UNA ECONO;
pectivos partidos a manos de lideres extremistas sectarios yla nación fue
conducida una vez más a la guerra civil. La gran contienda que compro­ Estimulada por un dinámiC(
metió a la sociedad colombiana entre 1899 y 1902 fue el mayor conflicto lombiana ha mostrado un hi
civil librado en Colombia o en cualquier otro país latinoamericano duran­ ticamente insuperado por e
te el siglo XIX. Culminó,luego de cien mil muertos, con la derrota mili­ siglo. La base fundamental
tar de las fuerzas liberales. Colombia entro en el nuevo siglo con su toda­ anterior a la mitad del siglo
via modesta economía de exportación cafetera en crisis, y con la lucha' en tructura favoreció la acumul
tomo de los principios de la econoínia politicaaún sin resolver. pansión incluso durante la j
Solo después de la'guerra pudieron surgir victoriosos los reformado­ treintas: Sin embargo, la eXI
res liberales bipartidistas. La lucha desacreditó a los dirigentesextre­ econÓlDlco del pals durante
mistas de ambos partidos y dejó una secuela de destrucción humana y paso más allá de la estructun
económica sin precedentes, un caos monetario, un incipiente colapso del res de las otras grandes naci4
control social de la élite y, con la separación de Panamá en 1903, la des­ de Colombia no ha sido obli
membracioo delpais. DespuéS de la guerra, primero en el marco de una sus principios de economía J
gradual recuperación y luego de una notable expansión' de la economia organizada. A lo largo del pre
exportadora de café, los sectores moderados de ambos partidos lograron de las cambian~s oportunida
superar la dinámica partidista del sistema politico e institucionalizar los ra~ dentro de un sistema munl
principios politicos y económicos liberales que han guiado desde enton­ lDlento económico y, al mism
ces el desarrollode la sociedad colombiana. nomía cultural de las fuerzas
Finalmente, luego de casi un siglo de guerra civil y de frustrado de­ los principios liberales ysoca,
sarrollo exportador, la sociedad colombiana se estabilizó politicamente f' cultural de la clase dominante
inició la fase dinÁmica del desarrollo exportador que por tanto tiempo mer punto, o sea, CÓmo la estr
habia sido escamoteado a los dirigentes liberales. La amarga y prolonga­ promovió de manera directa e
da transición del siglo XIX al consenso elitista y al desarrollo económico haya ,sido aclarada la estructt
exportador dejó, no obstante, un poderoso legado politico. Dio a los co­ establecida la influencia dire
lombianos un sistema politico único que ha perdurado para 'irtfluenciar desarrollo. económico del pai~
todos los aspectos de la sociedad hasta el presente. más amplia y compleja de la r
El café abrió pronto el camino de una nueva era de consensO de la café yla historia política de la
clase dominante, estabilidad politica y desarrollo exportador. Mas no del mov,imiento obrero colomb
transformó el sistema politico heredado del siglo XIX. En cambio, refor­ el qestino organizativo de los tl

trias, Memoria, 1927, Bogotá, 1927, p. 228.. El volumen real y el valor de las exportaciones de
café pueden haber sido más alt,os. Estimaüvoa mayores en mAs de 2O~. fueron ~. por
funcionarios consulares británicos. Véase el Cuadro 8 en William Paul McGreevey, "The La~ exp0rt:aciones cafeteras de
Transition toEconomic Growth in Colombia". en Roberto Cortés Conde y Shane Hunt (eda.), ra~te D;ledlO siglo a partir de 19
TheExport Seetor ud Ecoaomie Developmeat iD LaiiIl Amerial. por. publiear.
depresión de fines· del siglo Xl
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 349

omia exportadora de café, se opu­ zó sus rasgos sociales más destructivos. Es en la especial estructura de
que habia consolidado su control la economia exportadora de café y en las fuerzas sociales generadas por
agricultura de exportación en la aqué~ que radican las causas del anómalo desarrollo poJitico de Co­
ncertados por institucionalizar re­ l~mbIa en este siglo, y la razón principal de la terca persistencia de un
a posibilidad de un nuevo conflic­ sIStema político destructivo forjado en las luchas de la centuria pasada.
agudacaida en los precios mun­
isis en las postrimerias del siglo.
I perdieron el control de sus res­ DESARROLLO DE UNA ECONOMIA CAFETERA
:tremistas sectarios y la nación fue Est~ulada por un dináDlico sector exportador de café, la economia co­
il. La gran contienda que compro­ l?mbIana ~ mostrado un historial de creciDliento y diversüicación prác­
L899 y 1902 fue el mayor conflicto t~camente msuperado por otros países latinoamericanos durante· este
r otro pats latinoamericano duran­ Siglo. La base fundamental. de este dramático creciDliento econóDlico
'1 mil muertos, con la derrota mili..
anterior ala Dlitad del siglo fue un sector exportador, cuya especial es­
~ntrb en el nuevo siglo con su toda­
tructura favoreció la acumulación doméstica de capital y fomentó la ex­
~afetera en crisis, y con la lucha en
paI?-sión incluso. durante la crisis de la economía mundial en los años
¡tOlitica aún sin resolver. tremtas; Sin embargo, la explicación plena del impresionante desarrollo
D surgir victoriosos los reformado­
econÓmico del país durante las tres .ú1timas décadas se encuentra a un
tesacreditb a los dirigentes extre­ paso más allá de la estructura exportadora. A diferencia de sus congéne­
·séCuela de destrucción humana y res de las o~ras gran~es naci~nes de América Latina, la clase doDlinante
onetario,un incipiente colapso del de Col?m~l!1 no ha Sido obligada en décadas recientes a comprometer
ración de PanamA en 1903, la des­ sus pr:mclplos de economía poJitica ante la presión de la clase obrera
uerra, primero en el marco de una orgamzada.. A lo largo del presente siglo, ha logrado sacar plena ventaja
.notable expansión de la economia de las cambIantes oportunidades brindadas al desarrollo capitalista libe­
~rados de ambos partidos lograron
raldentro de un sistema mundial en evolución. El café promovió. el creci­
lema político e institucionalizar los
Dlie~to económico y, al mismo tiempo, inhibió la organización y la auto­
rales que han guiado desde enton­ norm~ ~l~ral. de las fuerzas populares que en otros lugares desafiaron
)Íana. los pnnclplos liberales y socavaron la legitimidad politiCé. y el monopolio
~ de guerra civil y de frustrado de­
cultural de·la clase doDlinante. Esta sección echa una breve ojeada al pri­
íbiana se estabilizó poJiticamente f' mer punto, o sea, cómo la estructura de la economía exportadora de café
• exportador que por tanto tiempo
promo~ió de manera directa el desarrollo econóDlico del país. Una vez
as liberales. La amarga Y prolonga­ haya"sld~ acla~da la e~tru~tura de .la economía export8:dora de café y
\o elitista y al desarrollo económico establecida la mfluencl,8 dIrecta de las exportaciones del grano en el
!aroso legado político. Dio a los ca­
desarrollo econóDlico del país, podremos concentramos en la cuestión
bue ha perdurado para iIifluenciar
más amplia y compleja de lá relación entre la' economia exportadora de
11 el presente. café yla historia política de la nación. Esta gira en tomo del desarrollo
f una nueva era de consenso de la del moyimieIlto ?b~ro colombiano,.el cual, a su tumo, está definido por
J y desarrollo exportador. Mas no
el destino orgamzatlvo de los trabajadores en la producción cafetera.
~o del siglo XIX. En cambio, refor­
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fVolutnlm real y el valor de las exportaciones de
~_'''''''''' en más de 20% fueron registrados por Las expon:aci~mes ca~eteras de Colombia. crecieron dramáticamente du*
8 en William huI McGreevey, "The
Roberto Cortés Conde y Sbane Hunt (ede.', raJ:lte I?edio sl~lo.a partir de 1900. En 1905 se habían recuperado ya de la
LatiD Amerles, por publicar. depreSión de fines·del siglo XIX y¡ de la dislocación de la guerra, para
350 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA. COLOMBIA

alcanzar niveles conseguidos por vez primera a mediados de la década


de 1890, es decir, cerca de medio mill6n de sacos de 60 kilos por año.
Desde entonces, un alza gradual en los precios mundiales (lO centavos
por libra en 1910, 15 centavos en 1920 y un récord de 28 centavos en
1926) estimul6 el explosivo crecimiento de la economia cafetera del pals. GRAFICOS.l
En ocho años, en 1913, las exportaciones llegaron al mill6n de sacos;
ocho años después, en 1921, subieron a dos millones. En 1930, mientras EXPORTACIONES CAfETERAS
EN EL MERCADO DE NUEVA Y(
que los precios mundiales caían vertiginosamente, las exportaciones
alcanzaron los tres millones de sacos. Ocho años de depresi6n mundial,
durante los cuales los precios del grano promediaron los 10 centavos por
libra (yen algunos años cayeron a 8 centavos por libra), no se tradujeron
en una caída sino más bien en un incremento de un mi1l6n de sacos para
llegar a los cuatro millones en 1937 ~ Las exportaciones alcanzaron los 80
NOTA: Los precios de 1913­
cinco millones de sacos en 1943, y solo después la tasa de aumento decli­ son para la clase Manizales
nó. Pese a los precios récord entre 1945 y 1956, no fue sino en 1953 cuan­ 70
do las exportaciones superaron los seis millones de sacos, nivel en el que -<
permanecieron hasta los años setentas (El Gráfico 5.1 .resume' las ten­ c:t:
dencias en el volumen y el valor de las exportaciones cafeteras de Co­ ~60
lombia entre 1870 y 1970). Las exportaciones de café crecieron a una tasa ~
superior a 7% anual en las décadas de 1910 y 1920, y 5% durante la
Depresi6n de los años treintas (21) . ~50
.El rápido crecimiento del valor de las exportaciones cafeteras estimu­
16 un enorme incremento del comercio exterior del país entre 1905 y Éi40
CIl
1909 el valor anual de las exportaciones e importaciones colombianas ~
promedi6 alrededor de 26 millc:mes de d6lares; para el perlodo 1925-1929
dicho valor logr6 un promedio de 200 millones, o sea, un aumento de
~30
I"l
Q
ocho veces. En las tres primeras décadas del siglo, a.pesar de la conside­
rable expansi6n de las exportaciones de oro, banano y (a partir de 1925) 20
petr61eo, las ventas de café al exterior pasaron del 40 a más del 70 % del
valor de todas las exportaciones. Este porcentaje disminuy6 un tanto 10 ~
debido a la fuerte caída de los precios del café durante la Depresi6n,
.N'"
pero en los años cuarentas subi6 de nuevo a cerca del 70%, y en los aftos .r'\
cincuentas se aproxim6 alBO %. Los impuestos de aduana a las importa­ r' I
1880 1890 1900
ciones, que aumentaron gracias al incremento de las exportaciones cafe­ 19
teras, aportaron una considerable proporci6n de los ingresos guberna­
mentales dura.nte la primera mitad del siglo XX. Solo entre 1912 y1928,
el ingreso fiscal ordinario (excluidos los empréstitos) pas6 de 14 a 61 mi­
llones de pesos. Los impuestos adu.aneros aportaron dos terceras partes
de los ingresos oficiales al comienzo de este perlodo y entre un tercio y la Fuentes: 1870-1945, RobertCarlyle Bey!
Trends, 1740-1940", Disertac:j¿
IV del Apéndice; 1946-70 Fe
Comercial. '

21. José Antonio <>campo y Santiago Montenegro, •'La eriais mundial de loe dos treinta en Co·
IIombia" mabajo leido en la ool1ferencia "The Effeetsofthe 1929 DepreesIon OD Latin Amerl·
ca'" St. Anthony's College. Oldord, septiembre 20-23 de 1981, p. 14.
COLOMBIA 351
l.OS TRABAJADORES EN LA HISTORIA,

,rimera a mediados de la década


:ón de sacos de 60 kilos por año.
e precios mundiales (lO centavos
O y un récord de 28 centavos en
.de la economia cafetera delpais. GRAFlC05.1
)nes llegaron al millón de sacos; EXPORTACIONES CAFETERAS DE COlOMBIA Y rRECIOS DEL CAFE COLOMBIANO
l dos millones. En 1930, mientras EN EL MERCAOODE NUEVA YORK, 1870-1970
I;Íginosamente, las exportaciones
Ocho años de depresión mundial,
),promediaron los 1O centavo~ por
~tavos por libra), no se tradUJeron
Imento de un millón de sacos para
'Las exportaciones alcanzaron los 80 NOTA: Los precios de 1918-45 8
liespués la tasa de aumento decli­ son para la clase Manizalee
;y 1956, no fue sino en 1953 cuan­ 70 7
I Úrillones de sacos, nivel en el que
ís (El Gráfico 5.1 resume las ten­
:lS exportaciones cafeteras de Co­
~
:360 6 ~i

¡clones de café crecieron a una tasa ~ r&l


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de 1910 y 1920, Y 50/n durante la ~50
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:io exterior del país entre 1905 Y
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dólares; para el período 1925-1929


Pmillones, o sea, un aumen~ de
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las del siglo, a pesar de la conslde­


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tle oro, banano y (a partir de 1925)
~ pasaron del 40 a más del 70 % del
!te porcentaje disminuyó un ~nto 10 1
tos del café durante la DepreSión,
~evo a cerca del 70 %, y en los aftos
tnpuestos de aduana a las importa­ 1880 1890 1900 1910 1920 1980 1940 1950 1960
~emento de las exportacionescafe­
bJ,orción de los ingresos guberna­
~l siglo XX. Solo entre 1912 y 192~,
bsempréstitos} pasó de 14 a 61 MI­
!leros aportaron dos terceras partes Fuente&: 1870-1945, Robert'Carlyle Beyer, "The Colombian Coffes Industry: Origine and Major
le este período y entre un tercio y la Trendll, 1740-1940",Disertaciónpara Ph.D., UDiversityofMinneeota, 1947. CuadrosIy
IV del Apéndice; 1946-70, Federaeión Nacional de Cafeteros de Colombia. División
Comercial.

~. "la crisis mundial de loe dos treinta en Co­


l:Éffe.ets of ibe 1929 Depression on LatiD Ameri­
~ 20-23 de 1981, p. 14.
352 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA

mitad durante los años veintes y treintas. Ya en los años cuarentas los
ingresos aduaneros empezaron a ser sobrepasados por los impuestos nuevos trabajadores libres, 1
directos en el presupuesto nacional (22). ron entre los primeros y a b
La notable expansión de la econonúa exportadora de café permitió nización de sindicatos ~ra l
que el gobierno colombiano se convirtiera en un principal receptor del Entre tanto, los capitali
flujo de capital financiero proveniente de la banca de Nueva York en los mente en la economía colom
años que precedieron a la Gran Depresibn. Los préstamosnorteamerica­ te de Estados Unidos, se e
nos a entidades oficiales de Colombia, más de la mitaq de ellos a los que, a diferencia del café, n
departamentos y municipios (especialmente los de las regiones produc­ dependian de una sofisticad~
toras de café); totalizaron alrededor de 260 millones de dólares en los enclave bananero ubicado el
años veintes. Ningún pais latinoamericano experimentó una tasa tan donde la United Fruit Coml1
rápida de crecimiento en el valor de las inversiones extranjeras durante rante las primeras décadas I
dicha década. La indemnización de Estados Unidos por la pérdida de ción petrolera, concentrada
Panamá -25 millones de dólares- pagada a CQlombia en anualidades cerca del puerto de Barranca
en los años veintes y gastada en la construcción de ferrocarriles vino a la Standard Oil de Nueva J
sumarse al flujo de capital foráneo (23). ' para la exportación a partir (
Los créditos externos impulsaron una revolución en el transporte del vada de Estados Unidos en C
pais. La red ferroviaria, la mayor parte de la cual estaba al servicio del cantidad menor en la produce
tro millones de dólares a VI
comercio cafetero, se duplicó entre 1913 y 1929; el número de pasajeros
bananeros y petroleros de PI'
y el volumen de carga transportados en estas lineas férreas crecieron
llares de obreros hacia fines
ocho veces durante el mismo período. En 1913 prácticamente no existian
tribuian con un pequeño po
carreteras adecuadas para el tráfico de automóviles y camiones; en 1929
exportaciones, los cuales seg¡
ya contaban con cerca de 1.500 kilómetros. Se construyeron grandes sis­
temas de cable aéreo para sacar el café de la Cordillera Central y bajarlo no contribuia con 6 % del val<
a los ríos Magdalena y Cauca. A partir de 1919 entró en servicio el trans­ años veintes, la época de m
porte aéreo con el fin de unir a las principales ciudades colombianas. La 17 % durante el mismo perlo
·construcción en gran escala de sistemas de transporte y de otros prQYec­ enclaves exportadores extmn
tos financiados con préstamos extranjeros para instalar servicios .. de llaron condiciones muy favol1l
energía eléctrica, teléfono y alcantarillado, asl como edificios públicos en donde ellos realizaron una se
en las principales ciudades, estimularon la economía en su conjunto y ron temporalmente las bases
crearon decenas de miles de empleos fuera de la agricultura. Entre los años veintes (24).
.. Mientras que el crecimien
de café y el impacto de su VE
ingresos fiscales y la inversiól
22. E.nos inc1uhm un modesto impuesto a las importaciones, establecido en 1936.· Una fuente de camente, las caracterlsticas e
información estadlstica sobre el comercio en los aflos veintes es José Alberto Pérez Toro "La
gran depresión de 1930 en Colombia", en Comercio Exterior, 12:11, noviembre de i980, fetera en el curso del siglo ni
pp. 3-76. Las estacllirticas sobre el presupuesto nacional y las fuentes de ingresos guberna­ discusión en torno de la naCÍ<
mentales se hallan resumidas en Jesús Antonio Bejarano, "Fin de la eeonomia exportadora" p.rooucción cafetera. Aunque
en Cuadernos Colombianos, Nos. 6, 7 Y8, 1976, Cuadros 24 y 25, pp. 292-93. '
23. Un examen de las mversioru:s de EstIJdos Unid08en Colombia durante este per1odo es J. Fred Clón de propietarios extranje
Rippy, TheCapitalWsodColombla, Durham, N.C., 1981, (latraduc:clóDen~lse titula todos los observadores coincÍ(
El capital nol1eamericaDo ,la pe_tracióD ~eD Colombia, MechDin. 19701. Para un insignificante (y pudo haber"
análisis detallado reciente de estas tendencias, basado en documentos de primera mano de la
Misión Keromerer, que ayudó a reorganizar las finanzas colombianas a principios de los atíos ocurrió a fines de la década d~
vemtes, véase Paul Drake, "The Origins of United States Economic Supremacy in South Ame­
rica: Colombia's Dance of the Millions, 1923-33", Trabajo No. 40, Latin American Program,
The Wllson Center, Washington, D.C., 1980, pp. 1-77.
24. Las cifras contenidas en estos párraf
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

ltaS. Ya en los años cuarentas los nuevos trabajadores libres, los del transporte ferroviario y fluvial figura­
sobrepasados por los impuestos ron entre los primeros y, a la larga; los que más éxito tuvieron en la orga­
).
nia exportadora de café pernntló
.. nización de sindicatos para mejorar los salarios y las condiciones de vida.
Entre tanto, los capitalistas extranjeros también invertian directa­
tiera en un principal receptor del mente en la economía colombiana. Tales inversiones, casi exclusivamen­
de la banca de Nueva York en los te de Estados Unidos, se concentraron en actividades de exportación
lión. Los préstamos norteamerica­ que, a diferencia del café, requerian· de grandes infusiones de ~pital y
l, más de la mitaq de ellos a los
dependían de una sofisticada tecnologla. Un ejemplo de lo antenor era el
:nente los de las regiones produc­ enclave bananero ubicado en la costa del Caribe, cerea de Santa Marta,
le 260 millones de dólares en los donde la United Froit Company amplió rápidamente la producción du­
ricano experimentó una tasa tan rante las primeras décadas del siglo. Lo mismo sucedió con la produc­
lB inversiones extranjeras durante
ción petrolera, concentrada primordialmente en el Magdalena Medio,
:stados Unidos por la pérdida de cerca del puerto de Barrancaben:neja. AlU, la Tropical Oil, subsidiaria de
ligada a Colombia en anualidades la Standard Oil de Nueva Jersey, empezó a producir comercialmente
!lStrucción de ferrocarriles, vino a para la exportación a partir de 1925. Entre 1913 y 1929, la inversiónpri­
vada de Estados Unidos en Colombia, la mayol parte en el petróleo y una
l~ revolución en el transporte del cantidad menor en la producción de banano y oro, aumentó de dos o cua­
e de la cual estaba al servicio del tro millones de dólares a veinte millones. Los enclaves exportadores
13 y 1929; el número de pasajeros bananeros y petroleros de propiedad extranjera empleaban a varios mi­
en estas Uneas férreas crecieron llares de obreros hacia fines de los años veintes; sin embargo, solo con­
En 1913 prácticamente no existian tribuían con un pequeño porcentaje de los ingresos de Colombia por
,automóviles y camiones; en 1929 exportaciones, los cuales seguían siendo dominados. por el ~fé (el bana­
b'os. Se construyeron grandes sis­ no contribuía con 6 % del valor total de las exportacIones a fmales de los
1 de la Cordillera Central y bajarlo
años veintes, la época de mayor producción; el petróleo con cerca de
de 1919 entró en servicio el trans­ 17% durante el mismo periodo; los metales preciosos con 5%). En los
~cipales ciudades colombianas. La
enclaves exportadores extranjeros de banano y petróleo los obreros ha­
¡g de transporte y de otros proyec­ llaron condiciones muy favorables para la organización colectiva. Fue alU
ojeros para instalar servicios de donde ellos realizaron una serie de espectaculares huelgas que sacudie­
~do, así como edificios públicos en ron temporalmente las bases del orden poUtico del pals a fines de los
ron la economía en su conjunto y años veintes (24).
'fuera
[
de la agricultura. Entre los Mientras que el crecimiento cuantitativo de la economía exportadora
de 'café y el impacto de su veloz expansión en el comercio exterior, los
ingresos fiscales y la inversión extranjera pueden ser medidos estadísti­
_:ionEIS, establecido en 1936. Una fuente de camente, las caracteristicas estructurales'asumidas por la economia ca­
es José Alberto Pérez Toro, "La fetera en el curso del siglo no pueden fijarse tan fácilmente, No existe
Exterior, 12:11, noviembre de 1980,
y las fuentes de ingresos gubema­ discusión en torno de la nacionalidad de la propiedad de los medios de
iBe.íIIlJ:8DO, "Fin de la eoonomla exportadora", proouccibn cafetera. Aunque no hay estadísticas para medir la propor­
iLUJlUnm 24 y 25, pp. 292-93.
ción de propietarios extranjeros en las fincas cafeteras de Colombia.
Colombia durante este perlodo es J. Fred
,1931, (la.traduecilm enespafiol se titula todos los observadores coinciden en que, a pesar de que aquélla no era
en Colombia, M_ll1n. 1970). Para un insignificante (y pudo habet: aumentado en ciertos periodos,. tal como
en documentos de primera mano de la ocurrió a fines de la década de 1920), jamás fue muy extendida. La abro­
I fina'...... colombianas a principios de los años
I'I'Q ;;,¡.a~.." Economic Supremacy in South Ame­
, Trabajo No. 40, Latin American Program,
1-77. 24. Las cifras contenidas en estos púTaf08 son de Rippy, The Capitdst8. pp. 177-78, 152.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

madora proporción de fincas cafeteras colombianas, tanto grandes como total de fincas cafeteras y UIll
pequeñas, quedaron en manos nacionales. grandes fincas cafeteras, COIl
Otra cosa distinta es el problema de la concentración de la propiedad tos cientos de ellas con más e
en la industria cafetera. Debido a que este asunto forma el núcleo del 2% de las fincas, perotenian
mito sobre la civilización de los pequeños propietarios y del debate sobre Los encargados del cense
su influencia económica y política en el desarrollo nacional, aclararlo optaron por no explorar la el
resulta vital para comprender la historia moderna de Colombia. Sin evaluación del censo, los fun
embargo, en 'vista de que este problema ha sido oscurecido deliberada­ feteros expresaron sorpresa:
mente por la clase dominante colombiana y malinterpretado sistemática­ de la propiedad cafetera, que
mente por muchos investigadores izquierdista, la tarea no resulta senci­
lla. Debe iniciarse con un análisis critico de la principal fuente disponible "Todos estos datos interesantes
para los historiadores,los controvertidos censos cafeteros de las décadas la industria cafetera no solo es e
, . de mediados del siglo XX. nacional, sino que constituye a
que por la indole misma de su (1
El primero de estos censos cafeteros sistemáticos, publicado en 1932,
rabIe de proporcionar trabajo a(
demostraba aparentemente que la estructura de propiedad de los me­ ños, va realizando por si sola, el
dios de producción cafetera en Colombia era ampliamente difusa (Véase propiaciones, el fenómeno de la,
el Cuadro 5.1). Tal censo mostraba que de las 149.348 fincas cafeteras
tabuladas, eI87%, que contenía alrededor de 50% del total de arbustos,
En efecto, cualquiera de
eran 'pequeñas, con menos de 5 mil cafetos. Las fincas un tanto más
haber sido poseida y operada
grandes, que poseían de 5 mil a 20 mil árboles, comprendian el 11 % del propietario ausentista, arren~
ma persona, familia extensa (J
contadas por separado.
CUADRO 5.1 La incapacidad para afron1
PROPIEDADES CAFETERAS CLASIFICADAS SEGUN NUMERO DE ARBOLES EN LOS
censo cafetero parcial de 193~
PRINCIPALES DEPARTAMENTOS CAFETEROS DE COLOMBIA, 1982 rios estudiosos en años recie
que la propiedad en la zona e
Número de fincas con las siguientes cantidades de árboles lo que los datos censales de 1
.. Departameato
Mel108de De5.001.
6.000 árboles 20.000
De20.001. De60.001. Más de
60.000 100.000 100.000
No. total
depropied.
los millares de trabajadores Cf
y menos de 5 mil árboles erar
Antioquia 28.589
buena parte de su tiempo en I
24.434 3.531 518 65 41
Caldas 36.475 3.411 260 23 5 40.174 último, que las formas preca}J
Cauca 12.194 283 - - - 12.477 eran la norma en la producció
Cundinamarca 12.474 922 257 68 91 13.812 ras décadas del siglo. Todos e:
N. de Santander 5.128 2.416 352 88 38 7.972
Santander 1.500 1.128 303 51 68 3.045 pero al mismo tiempo engañOE
Tolima 9.610 2.670 369 62 60 12.771 A medida que el cultivo dE
Valle 18.477 1.514 71 3 4 20.069 número de pequeñas fincas ca
Otros deptoe. 9.264 1.046 96 14 19 10.439
menos ésta es la conclusión qt
TOTALES 129.556 16.921 2.226 324 821 149.348 los censos cafeteros de 1932 y
pletb para dos de los principal
Porcentaje de

fineas
86.75% 11.33% l.49% 0.22% 0.21%
ca y Tolima (Véase el Cuadro i
Porcentaje de mero de árboles cultivados en
árboles 48.79% 24.67% 12.57% 5.51% 8.46%

Fuute: Censo Cafetero, BoletÚl de Eatadiatiea, 1: 5, febrero de 1933, p. 122. 25. Editorial, "El cen80cafetero", en BI
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - ----._­

LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 866

B colombianas, tanto grandes como total de fincas cafeteras y una cuarta parte de los árboles. Por último, las
ISles. grandes fincas cafeteras, con más de 20 mil árboles cada una (unos cuan­
le la concentración de la propiedad tos cientos de ellas con más de 100 mil árboles) representaban apenas el
le este asunto forma el núcleo del 2 % de las fincas, pero tenían la otra cuarta parte de los árboles.
ños propietarios y del debate sobre Los encargados del censo prefirieron tabular la cantidad de fincas y
n el desarrollo nacional, aclararlo optaron por no explorar la estructura o tenencia de la propiedad. En la
storia moderna de Colombia. Sin evaluación del censo, los funcionarios de la Federación Nacional de Ca­
lma ha sido oscurecido deliberada­ feteros expresaron sorpresa y gran satisfacción por el grado de división
ianay malinterpretado sistemática­ de la propiedad cafetera, que decian observar en las estadtsticas.
uierdista, la tarea no resulta senci­
ico de la principal fuente disponible "Todos estos datos interesantes y verdaderamente sorprendentes demuestran cómo
dos censos cafetel'Ol!J de las décadas la industria cafetera no solo es el factor fundamental y decisivo en nuestra economia
nacional, sino que constituye a la vez un elemento admirable de equilibrio social,
que por la indole misma de su organización y circunstancia excepcionalmente favo­
'os sistemáticos, publicado en 1932, rable de proporcionar trabajo adecuado y casi permanente a las mujeres y a los ni­
structura de propiedad de los me­ ños, va realizando por si sola, en forma automática, sin necesidad de leyes ni de ex­
Ibia era ampliamente difusa (Véase propiaciones, el fenómeno de la división de la propiedad" (25).
lUe de las 149.348 fincas cafeteras
ledor de 50 % del total de arbustos, En efecto, cualquiera de las fincas enumeradas en el censo podía
cafetos. Las fincas un tanto más haber sido poseída y operada por la misma persona, administrada por un
i1 árboles, comprendtan el 11 % del propietarioausentista, arrendada o sujeta a aparcerla. Aún más, la mis­
ma persona, familia extensa o compañia podia poseer varias de las fincas
contadas por separado.
La incapacidad para afrontar la cuestión de la tenencia, repetida en el
censo cafetero parcial de 1939, ha sido interpretada cinicamente por va­
~ SEGUN NUMERO DE ARBOLES EN LOS
I\OS DE COLOMBIA, 1932
rios estudiosos en años recientes. Dichos observadores han sostenido
que la propiedad en la zona cafetera estaba mucho más concentrada de
lentes cantidades de árboles lo que los datos censales de 1932 y años subsiguientes dejaban ver, que
~20.00la I De60.00la Mea. No. total
los millares de trabajadores cafeteros que cultivaban una o dos hectáreas
UOO 100.000 100.000 depropied. y menos de 5 mil árboles eran labriegos miserables obligados a trabajar
buena parte de su tiempo en grandes haciendas cafeteras vecinas y, por
618 6ó 41 28.589
5 40.174
último, que las formas precapitalistas de tenencia y sistemas de trabajo
t 260 23
12.477 eran la norma en la producción cafetera de Colombia durante las prime­
257 68 91 13.812 ras décadas del siglo. Todos estos puntos, como veremos, son correctos,
352 38 38 7.972 pero al mismo tiempo engañosos.
303 51 63 3.045
369 62 60 12.771 A medida que el cultivo del café se expandió en los años treintas, el
71 3 4 20.069 número de pequeñas fincas cafeteras se extendió considerablemente. Al
96 14 19 10.439 menos ésta es la conclusión que debe sacarse de una comparación entre
: los censos cafeteros de 1932 y 1939, el último de los cuales solo se com­
i2.226 324 321 • 149.348
I pletó para dos de los principales departamentos cafeteros, Cundinamar­
,l ca y Tolima (Véase el Cuadro 5.2). A juzgar por el incremento en el 00..
~ 1.49% 0.22% 0.21%
r mero de árboles cultivados en tales departamentos durante este interva­
¡12.67% 5.51% 8.46%

!6, febrero de 1933, p. 122. 25. Editorial, "El censo cafetero", en Boletín de Eetadístiea 1:5, febrero de 1933, p. 117.
856 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

CUADRO 5.2 otros dos departamentos e


PROPIEDADES CAFETERAS CLASIFICADAS SEGUN NUMERO DE ma, que en 1932 tenían la n
ARBOLES EN CUNDINAMARCA YTOLIMA, 1982 Y 1989 ras (26). Solo Cundinamal
13.749 fincas respectivamel
Número de fincas con las siguientes cantidades de árboles
.. .. ........ _­ nal en el número de fincas E
~
_
~
.
_
~
~
~._-

MeDOS de De5.ool De2&.ool De60.ool Más de No. total de 1.732 fincas, Caldas, COI
5.000 a 20.000 I a 60.000 a 100.000 100.000 de pmpledad taron en su conjunto el U %
árbole& I
I se operó en los depaname
Cundinamarca
solo el 15 % del café colombi
1932 12.474
922 2.57 68 91 13.812 Mucho más importante (
1939 25.826 3.874 406 76 88 30.270 el hecho de que por vez pril
Tolima

1932 9.610 2.670


369 62 60 12.771 de los arreglos de tenencia
. , 1939 22.555 5.021 511 68 62 28.217 datos se encuentran resumi(
censo de CEPAL utilizó una
Fuente: Cuadro 5.1, y "Censo Caf~tero en los Departamentos de Cund1namarca y ToUma", Bole­
tm de Estadistica, No. 24, abril de 1948, p. 62. CUADRO 5.3

NUMERO Y PRODUCCION DE FIN


lo de siete años, la producción 4e café probablemente se incrementó en 1955
cerca de 75%. Du~nte el mismo periodo, sin embargo, el número de fin­ Tamdode No. di
cas cafeteras se duplicó en ambos departamentos. El Cuadro 5.2 revela la fiaca ftucae
que aumentó el número de fincas de todos los tamaños, excepto el de las
grandes, o sea, las que reunian entre 60 mil Y 100 mil árboles o más. En Hasta 1~-~ ~----+-_ ....­
Cundinamarca la tasa más rápida de incremento se dio en la categoria de (menos de 2.500 árboles 77.24
1.1 a 10 has .
5 mil a 20 mil árboles; en el Tolima, en las fincas pequeñas (menos de 5 (2.500 a 25.000 árboles) 123.71!
mil árboles). El censo de 1939, también llevado acabo, como el anterior, 10.1 a 50haa
por la Federación Nacional de Cafeteros, nada dice en forma directa (25.000 a 125.000 árboles 1l.42!
50.1 a 100 has
acerca de la propiedad de estos miles de fincas pequeñas, medianas y (125.000 a 250.000 árboles)
grandes. Al igual que el censo de 1932, oculta el problema de la tenen­ 100.1 a 200 has
cia. (250.000 a 500.000 árboles) 79
El siguiente censo, efectuado en 1955 bajo los auspicios de la Comi­ Más de 200 has
(más de 500.000 árboles) 51
sión Económica para América Latina y la Organización para la Agricultu­ Totales 212.970
ra y la Alimentación de las Naciones Unidas, se basó en una amplia y
representativa muestra de fincas cafeteras. Como los anteriores. censos, Fuente: Comisión Económica para Amé
la Agricultura y la AlimentacióJ
el de CEPAL seguía mostrando el carácter difuso de la producdón cafe­ dad y perspectivas. l. Colombia
tera en Colombia. Estimaba que había 214.270 fincas cafetera~ en pro­
ducción, más 20.204 nuevas fincas con arbustos de menos de tres años
de edad que aún no producían. Ello significaba un aumento de 65.122 26. Absal6n Machado, El café. De Ja apa
fincas con relación al censo cafetero nacional de 1932. El número de fin­ 93. Las cifras menos formales sobre
cas en producción creció en todos los departamentos entre 1932 y 1955. Monsalve en 1925, muestran que el]
en estos departamentos data por lo J]
Empero, los grandes incrementos no se registraron en la Cordillera Cen­ bargo, también creció el número de g
tral, en los principales departamentos productores de café (Caldas, An­ 27. ~daptadodeICuadro 12, p. 26, deJa.
tioquia y Valle), en donde según todos los observadores las pequeñas Clón de las Naciones Unidas para la A
fincas eran históricamente más comunes. Se dieron, en cambio, en los Problesaas de la productividad ., pen
1958. (En adelante citado como CEPA
.os TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 35'1

otros dos departamentos cafeteros importantes, Cundinamarca y Toli­


ma, que en 1932 tenían la mayor concentración de grandes fincas cafete­
IEGUN NUMERO DE ras (26). Solo Cundinamarca y Tolima, con incrementos de 13.808 y
~2Y 1939
13.749 fincas respectivamente, abarcaron el 42% de la expansión nacio­
tes cantidades de árboles nal en el número de fincas entre 1932 y 1955; Antioquia, con un aumento

:;- ~:=r~~ ¡:~

de 1. 732 fincas, Caldas, con 4.021, y Valle, con 1.420, apenas represen­
taron en su conjunto el11 % de dicho incremento (el resto del incremento
se operó en los departamentos de menor producción, que produjeron
solo el 15% del café colombiano en 1955) (27).
91 13.812 Mucho más importante que la anterior información, sin embargo, era
68
76 88 30.270 el hecho de que por vez primera el censo de CEPAL aclaró el problema
de los arreglos de tenencia en la economia cafetera colombiana. Estos
60 12.771
62 28.217
datos se encuentran resumidos en los Cuadros 5.3 y 5.4. Debido a que el
censo de CEPAL utilizó una medida de tamaño de las fincas distinta de
rtamentos de Cundinamarca y Tolima", Bole­
CUADRO 6.8
82~
NUMERO Y PRODUCCION DE FINCAS CAFETERAS COLOMBIANAS SEGUN TAMARO.
1966
probablemente se incrementó en
{lo, sin embargo, el número de fin­ TllIIldode
lartamentos. El Cuadro 5.2 revela la finca
dos los tamaños, excepto el de las
Hasta 1 ha
50 mil y 100 mil árboles o más. En (menos de 2.600 árboles 77.245 86.3% 19.129 6.3%
lcremento se dio en la categoría de 1.1 a 10 has
n las fincas pequeñas (menos de 5 (2.600 a 26.000 árboles) 128.719 68.1 207.689 67.9
n llevado a cabo, como el anterior, 10.1 a60has
(26.000 a 126.000 árboles 11.429 6.4 108.687 80.3
eros nada dice en forma directa 60.1 a 100 has
s de 'fmcas pequeñas, medianas y (126.000 a 260.000 árboles) 447 0.2 13.784 8.9
i2 oculta el problema de la tenen­ 100.1 a 200 has
,' (260.000 a 600.000 árboles) 79 4.426 1.2
Más de 200 has
1955 bajo los auspicios de la .Comi­ (más de 600.000 árboles) 61 I ­ 4.996 1.4
~ la Organización para la Agncultu­ Totales ..-----'----2~~~~ __100.0%_ _..;.. 338.661 100.0%
rUnidas, se basó en ~na amplia y Fuente: Comisión Económica para América Latina y la Organización de las Naciones Unidas para
Iteras. Como los antenoreEJ censos, la Agricultura y la Alimentación. El café en América Latina. Problemas de la p:oductivi·
. difuso de la producclón cafe­ dad y perapectlvas. l. Colombia y ElSatvador, Cuadro 18, p. 30, Ciudad de México, 1958.
214.270 fincas cafeteras en pro­
arbustos de menos de tres años
26. Absalón Machado, El ca1'é. De la aparcería al capitalismo, Bogotá, 1977, Ver Cuadro l. pp. 90­
~ignltl.cat)a un aumento de 65.122 93. Las cifras menos formales sobre el tamaño de las fincas cafe&el'll8, recogidas por Diego
¡a.",~'''«u de 1932. El número de fin­ Monsalve en 1925, muestran que el rápido crecimiento de las fincas cafe&el'll8 más pequefías
ldet,artam4:mUlS entre 1932 Y 1955. en estos departamentos data por lo menos de los años veintes.· Durante ese periodo, sin em­
registraron en la Cordillera Cen­ bargo, también creció el número de grandes fincas.cafetel'll8. aunque a una tasa menor.
27. Adaptado del Cuadro 12, p. 26, de la Comisión Económica para América Latina Y la Organiza­
productores de café (Caldas, An­ ción de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. El eafé en América LatiDa.
los observadores las pequeñas Problemas de la productividad f perspectivas. l. Colombia 1 El Salvador, Ciudad de México,
Se dieron, en cambio, en los 1968. (En adelante citado como CEPAL, El ca1'é).
358 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

CUADRO 5.4 operadores, probablemente


PORCENTAJE DE FINCAS PRODUCTORAS DE CAFE EN COLOMBIA SEGUN TIPO DE des familiares. El Cuadro 5
ADMINISTRACIONy TAMARo, 1955 decenas de miles.
Huia1ha 1.1. lObas 10.1.50bas Más de Naturalmente resulta ri.
[meDOS de [2.500 a [25.000 a 50bas ca de la importancia de los
2.500 árboles] 25.000] 125.000] [Más 1932 y 1939. Es muy posibl
de 125.000]
difundida en 1932 y que la 8'
Propietario administrador 87.7% 77.9% 57.1% 14.3% leciera mucho más en el pe~
Administrador 2.0 4.6 17.2 71.4
Aparcero 6.3 16.8 24.3 14.3 demostró lo que los censos I
t
", Administración por contrato 3.9 0.7 1.4 - ~al de Cafeteros habían dad
tierra estaba muy difundida
FueDte: La misma del Cuadro 5.4, Cuadro 23, p. 33. ~as pequeñas fincas familiar
Importante de dicha produc
período que va de 1932 a 11
los censos cafeteros anteriores (hectáreas en vez de número de árboles), colombiana también estaba;
he colocado entre paréntesis en los cuadros una medida equivalente en des de fincas familiares OPI
árboles. El censo calculó en Colombia un promedio de unos 2.500 árbo­ modo, la trayectoria hist6ril
les por hectárea (28). durante estas décadas condu
La información crucial sobre la tenencia, sepultada en una pequeña ~ent~a! significa pasar por ~
tabla del censo de 1955, revela la amplia presencia de pequeños y media­ ImplíCItos en los censos de loe
La propiedad de los medios'
nos productores en la economía cafetera colombiana a mediados del si­
glo. Establece asimismo con ayuda de alguna información adicional, la Colombia era nacional y, aun~
importancia de las fincas poseídas y operadas por familias en la produc­ gada. Cada una de estas car
ejercieron un influjo profund
ción del café. Los estimativos del tamaño de fincas familiares viables
varían en Colombia entre 5 mil y 20 mil árboles, o sea, 2 a 8 hectáreas ~ada una de ellas tuvo tambil
(29). Por supuesto, el tamaño de las fincas es apenas un criterio. La via­ na económica de la nación a tI
bilidad depende del tamaño de la familia y de su estructura demográfica, Debido a su especial estru
de la fertilidad de la tierra, de la edad de los arbustos, del grado de en­ fluencia muy positiva sobre e
deudamientode la familia, de la cantidad de tierra dedicada· a la produc­ de que la propiedad de las un
ción no cafetera, del precio del café y otros productos, etc. Sin embargo, ~l y estuviera distribuida ent
en fincas menores de dos hectáreas muy pocas familias caficultoras po­ blanos significó que buena pa
dían sostenerse, incluso en condiciones óptimas, y algunos de sus miem­ sas generadas por las exporta(
bros tendrían que trabajar para otros fuera de la parcela. Esta informa­ de un comienzo, sin embargo,
ción significa que el grueso de las fincas a que se refiere el Cuadro 5.4 en I
na parte de la expansión cafe
r~s, tostadoras y distribuidoral
el tamaño 1.1 a 10 hectáreas, 78 % de las cuales eran poseídas por sus
ma, ~nglaterra y, cada vez mál
porCIón del valor agregado al
28. CEPAL, El café, Cuadro 17, p. 29. La densidad de los árboles de café, en general mucho más
procesado en pueblos y ciudadl
alta en la Cordillera Oriental, variaba ampliamente. Este procedimiento se usa para realzar la y vendido en los mercados con~
comparabilidad de las cifras de los censos e ilustrar tendencias generales. go, ninguna de estas activida~
29. Las mejores discusiones de este problema que he tenido'la oportunidad de conocer son Ri­ neo.
chard Loxley Smith, "Los Cafeteros: Social and Economic Development in a Colombian Coffee
Municipio", disertación para Ph.D., University of Oregon, 1974, pp. 88-92; y en el Capitulo 3 Los colombianos poseían la
de Nicolás Buenaventura, "Proletariado agrícola", en Estudios Marxistas, 1, abril-junio de llamadas trilladoras, donde los
1969, pp. 1-85.
dos y seleccionados en las finca
os TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 359

operadores, probablemente eran fincas poseidas y trabajadas por unida­


des familiares ..El Cuadro 5.3 sugiere que en 1955 tales fincas sumaban
CAFE EN COWMBIA SEGUN TIPO DE decenas de miles.
Naturalmente resulta riesgoso proyectar esta información vital acer­
la 10 hall 10.la 50 has Más de
50 has
ca de la importancia de los pequeños propietarios sobre los censos de
.500. [25.000 •
,.000] 125.000] [Más 1932 y 1939. Es muy posible que la propiedad estuviese mucho menos
de 125.000] difundida en 1932 y que la aparcería, todavia importante en 1955, preva­
77.9% 67.1% 14.3% leciera mucho más en el período anterior. Pero el censo cafetero de 1955
4.6 17.2 71.4 demostró lo que los censos previos levantados por la Federación Nacio­
l6.S 24.3 14.3 nal de Cafeteros habían dado a entender. Mostró que la propiedad de la
0.7 1.4
tierra estaba muy difundida en la producción cafetera de Colombia y que
----- las pequeñas fincas familiares conformaban la unidad más numerosa e
importante de dicha producción. Parece probable que durante todo el
período que va de 1932 a 1955 la propiedad en la producción cafetera
colombiana también estaba diseminada y que existían grandes cantida­
as en vez de número de árboles), des de fincas familiares operadas por sus propietarios. De cualquier
ldros una medida equivalente en modo, la trayectoria histórica de la producción cafetera en Colombia
ro promedio de unos 2.500 árbo­ durante estas décadas condujo a tal resultado en 1955. Negar este rango
central significa pasar por alto los hechos históricos más importantes
encia, sepultada en una pequeña implícitos en los censos de los años treintas y confirmados en el de 1955.
a presencia de pequeños y media­ La propiedad de los medios de producción en la economía cafetera de
ra colombiana a mediados del si- Colombia era nacional y, aunque altamente desigual, estaba muy disgre­
alguna información adicional, la gada. Cada una de estas caracteristicas, como veremos más adelante,
leradas por familias en la produc­ ejercieron un influjo profundo en la historia política y laboral del país.
laño de fincas familiares viables Cada una de ellas tuvo también importantes implicaciones para la histo­
lil árboles, o sea, 2 a 8 hectáreas ria económica de la nación a través del siglo XX.
lcas es apenas un criterio. La via­ Debido a su especial estructura, la economía cafetera ejerció una in­
ia y de su estructura demográfica, fluencia muy positiva sobre el desarrollo económico nacional. El hecho
de los arbustos, del grado de en­ de que la propiedad de las unidades de producción cafetera fuera nacio­
iad de tierra dedicada· a la produc­ nal y estuviera distribuida entre decenas de miles de ciudadanos colom­
,tros productos, etc. Sin embargo, bianos significó que buena parte del excedente económico y de las divi­
IUY pocas familias caficultora~ po­ sas generadas por las exportaciones de café permanecia en el país. Des­
s óptimas, y algunos de sus mlem­ de un comienzo, sin embargo, comerciantes extranjeros financiaron bue­
fuera de la parcela. Esta informa­ na parte de la expansión cafetera en Colombia. Compañías importado­
~s_ a que se refiere el Cuadro 5.4 en / ras, tostadoras y distribuidoras extranjeras, con base en Francia, Alema­
~ las cuales eran poseídas por sus nia, Inglaterra y, cada vez más en Estados Unidos, capturaron la mayor
porción del valor agregado al café desde que salía de la finca para ser

'
r
de los árb.oles de café, en general mucho más
nte. Este procedimiento se usa para realzar la
procesado en pueblos y ciudades de Colombia, hasta que era embarcado
y vendido en los mercados consumidores del Atlántico Norte. Sin embar­
go, ninguna de estas actividades era monopolizada por el capital forá­

= r tendencias generales.
he tenido la oportunidad de conocer son ID­
Economic Development in a Colombian Coffee
.
neo.
Los colombianos poseían la mayoría de las plantas de descascarado,
t
ofOregon 1974, pp. 88-92; Y en el Capitulo 3

r
la". en E:nudi08 Marxlstas, 1, abril-junio de llamadas trilladoras, donde los granos de café, ya semiprocesados, seca­
dos y seleccionados en las fincas, eran despojados de su cáscara aperga­
360 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

minada, clasificados por trabajadoras llamadas escogedoras y empaca­ remitidas al exterior, coneer
dos para la exportación. El gobierno colombiano llegó a poseer la mayo-­ consumo de bienes suntuari,
ria de los ferrocarriles (algunos construidos con capital colombiano, ción cafetera colombiana SE
otros financiados con empréstitos extranjeros) que transportaban el café pequeños propietarios, espe4
desde las laderas hasta el rio Magdalena y desde el Valle del Cauca has­ ampliaron el mercado de bie
ta el mar en Buenaventura, el puerto del Pacifico que llegarla a mover el plo, una demanda por mejol
grueso de las exportaciones cafeteras del país luego de la apertura del las despulpadoras manuales
Canal de Panamá en 1914. Los colombianos compartían la propiedad de por las prendas nacionales dE
las compañías de navegación a vapor que transportaban el café a lo largo la mayorla de los trabajado!
del rlo Magdalena hasta Barranquilla, el principal puerto colombiano ideas parecen confirmarse el
sobre el Caribe. Ya desde la década de 1890, los comerciantes colombia­ tas de los principales depart
nos crearon casas de exportación e importación, dedicadas principal­ dustrialización de Antioquia,
mente al comercio del grano, en Nueva York y algunas ciudades euro-­ desempeñó un papel muy rE
peas. En los años veintes, en vista de que firmas importadoras de Esta­ glo (31).
dos Unidos amenazaban con monopolizar el comercio cafetero doméstico Otros investigadores, sin l
, .j e internacional, grandes productores y exportadores colombianos se los minifundistas cafeteros, a
i organizaron de manera efectiva con el fin de lograr un mayor control dos y autosuficientes como ¡:
J sobre la economia cafetera del país. La Federación Nacional de Cafete­ trial. Sostienen que el impres]
ros, establecida en 1927, actuó en forma decidida en los años treintas y del pais desde los años veinte
cuarentas para controlar el precio interno del grano y conceder crédito a tructura de la economía cafet.
los productores. La Federación construyó instalaciones para almacenar y doméstica de capital en una
procesar café y desarrolló agresivos programas para asegurar una cali­ extrema desigualdad en el ac
dad alta y uniforme de las exportaciones cafeteras, ampliar el mercado monopolio comercial sobre le
internacional del café colombiano y, por último, crear una marina mer­ argumentos, cuya importancif
cante, la Flota Mercante Grancolombiana, establecida en los años cua­ económico del país aún neces:
rentas junto con Venezuela, que garantizara la participación colombiana y no mutuamente excluyentes,
en el mercado internacional de transporte del café. Con estas medidas ción, procesamiento y comerci
los capitalistas colombianos consiguieron captar las ganancias genera­ ra la acumulación en manos dE
das en la producción, el procesamiento y el transporte del grano; La par­ cado doméstico para la prQdu(
ticipación del capital extranjero en tales operaciones era significativa, - siendQ un buen ejemplo la
mas los capitalistas colombianos lograron aprovechar una parte impor­ vinculados simultáneamente a
tante y creciente de las oportunidades que la industria brindaba para la no y al desarrollo de la indus
acumulación de capital (30). difusión geográfica de la prodt
Muchos estudiosos de la historia económica de Colombia han subra­ te simple y su difuso patrón dA
yado la contribución de la producción cafetera en pequeña escala al de­ un mercado nacional y la creac
sarrollo económico del país en el siglo XX. Al contrario de lo que sucedi6 horizontales" que el econorrlli
en muchas otras economias exportadoras de América Latina, señalan los
investigadores, donde inicialmente la mayor parte de las ganancias eran
, 31. William Paul McGreevey desarrolló s
• toria de Cuba por Fernando Ortiz en II
económica, citada en la nota 11. La h
30. Para más detalles sobre estos temas véanse Roben Cadyle Beyer, "The Colombian Coffee económica del PIÚs se plantea de man
Indust.ry: Origina and Major Trends, 1774-1940" ,disertación para Ph.D., University of Min­ dio "La inflación en Colombia en la d
nasota, 1947; Marco Palacios, El café en Colombia 1850-1970, México, 1983; Y Bennett Euge­ 5, 1975, pp. 43-139.
ne Koffman, "The National Federation of Coffee-Growers oí Colombia", disertación para 32. La exposición más sistemática de esta
Ph.D., University of Virginia, 1969. 1930, Bogotá, 1977.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA 361

llamadas escogedoras y empaca­ remitidas al exterior, concentradas en pocas manos o dilapidadas en el


olombiano llegó a poseer la mayo­ consumo de bienes suntuarios importados, las utilidades de la produc­
struidos con capital colombiano, ción cafetera colombiana se hallaban ampliamente distribuidas. Los
:mjeros) que transportaban el café pequeños propietarios, especialmente los que poseían fincas familiares,
aa y desde el Valle del Cauca has­ ampliaron el mercado de bienes y servicios básicos. Crearon, por ejem­
el Pacífico que llegaría a mover el plo, una demanda por mejoras sistemas educativos para sus hijos, por
del país luego de la apertura del las despulpadoras manuales que toda pequeña finca cafetera requería y
.ianos compartian la propiedad de por las prendas nacionales de algodón y las sandalias de fibra que usaba
¡ue transportaban el café a lo largo la mayoría de los trabajadores cafeteros en los años cuarentas. Estas
l; el principal puerto colombiano
ideas parecen confirmarse en las tasas de alfabetismo relativamente al­
,1890, los comerciantes colombia­ tas de los principales departamentos cafeteros como Caldas y en la in­
importación, dedicadas principal­ dustrialización de Antioquia, un proceso en el que el capital extranjero
va York y algunas ciudades euro­ desempeñó un papel muy reducido hasta después de mediados de si­
que firmas importadoras de Esta­ gI0(3U.
i1:ar el comercio cafetero doméstico Otros investigadores, sin embargo, han descartado la importancia de
¡ y exportadores colombianos se los minifundistas cafeteros, a quienes consideran demasiado empobreci­
el fin de lograr un mayor control dos y autosuficientes como para estimular una nueva demanda indus­
i8 Federación Nacional de Cafete­ trial. Sostienen que el impresionante despliegue del desarrollo industrial
na decidida en los años treintas y del país desde los años veintes fue el resultado de la otra cara de la es­
mo del grano y conceder crédito a tructura de la economía cafetera, de la oportunidad para la acumulación
ryó instalaciones para almacenar y doméstica de capital en una economía cafetera caracterizada por una
.rogramas para asegurar una cali­ extrema desigualdad en el acceso a los medios de producción y por un
nes cafeteras, ampliar el mercado monopolio comercial sobre los medios de intercambio (32). Estos dos
lor último, crear una marina mer­ argum~ntos, cuya importancia relativa como estimulos para el desarrollo
liana, establecida en los años cua­ económico del país aún necesita estudio empírico, son complementarios
\tizara la participación colombiana y no mlltuamente excluyentes. Es probable que la estructura de produc­
¡Jorte del café. Con estas medidas ción, procesamiento y comercialización en la economía cafetera fomenta­
~ron captar las ganancias genera­
ra la acumulación en manos de capitalistas nacionales y ampliara el mer­
t> y el transporte del grano. La par­ cado doméstico para la prQducción agrícola e industrial. Los capitalistas
~les operaciones era significativa, -siendo un buen ejemplo la familia Ospina, de Antioquia- estaban
kron aprovechar una parte impor­ vinculados simultáneamente a la producción y comercialización del gra­
r que la industria brindaba para la no y al desarrollo de la industria manufacturera. Al mismo tiempo, la
difusión geográfica de la producción cafetera, su tecnología relativamen­
~conómica de Colombia han subra­ te simple y su difuso patrón de producción estimularon el desarrollo de
~cafetera en pequeña escala al de­ un mercado nacional y la creación de los' 'vinculos traseros, delanteros y
!xX. Al contrario de lo que sucedió horizontales" que el economista norteamericano Albert Hirschman fue
~s de América Latina, señalan los
~ayor parte de las ganancias eran
31. William Paul McGreevey desarrolló sistemáticamente estas ideas (primero aplicadas a la his­
t toria de Cuba por Fernando Ortiz en la obra citada en la nota 51 en el Capitulo 9 de su Historia
ecollÓmica, citada en la nota 11. La impOrtancia de los pequeños cultivadores en la evolución
económica del pata se plantea de manera persuasiva en la obra de Hugo López. Véase su estu­
Carlyle Beyer, "The Colombian Coffee
dio "La inflación en Colombia en la década de 108 veintes" , en Cuadernos Colombianos, No.
disertación para Ph.D., University of Min­
5, 1975, pp. 43-139.
1850·1970, México, 1983; y Bennett Euge­
'lI~,-ur'Owenl of Colombia", disertación para 32. La exposición más sistemática de esta concepción es Mariano Arango, Café e industria, 1850·
1930, Bogotá, 1977.
362 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA
el primero en observar en Colombia y que posteriormente desarroll6 en
una célebre explicaci6n de los potenciales desiguales de desarrollo de las nio Bejarano en un importa
diferentes economías exportadoras (33). una transformaci6n cualitatl
na. Durante los años veinte~
Sin embargo, históricamente la estructura y dinámica de la economía tura doméstica y de exportal
exportadora de café en Colombia tuvieron un impacto más rico y comple­ de ferrocarriles y carreteras
jo sobre el desarrollo econ6mico d~ lo que sugiere cualquiera de estas trial, socavó las relaciones d
posiciones ideales. Por ejemplo, fue un incremento en el consumo de la ban en la agricultura colomlJ
clase obrera de las regiones productoras de café lo que contribuy6 a ha­ cafetero. Este proceso, anal
cer posible que Colombia se convirtiera en importante receptor de capi­ tremendas implicaciones, ql
tal financiera extranjero en los años veintes. El pago del flujo de emprés­ sarroBo econ6mico capitalist
titos externos contratados por los gobiernos nacional, departamentales y vilizaci6n de los trabajadoref
municipales durante los años veintes estaba garantizado por los ingresos domi.nante y desat6 la lucha :
, , de los impuestos indirectos sobre los artículos de consumo masivo. Los colombiana en los años trein
'. gobiernos departamentales, principales beneficiarios de tales présta­
mos, garantizaban el pago con dineros provenientes de los impuestos
sobre el tabaco, los licores y el sacrificio de ganado; por su parte, el go­
tas.
Sin embargo, mientras e
proceso de dislocación social
bierno nacional pagaba los créditos externos con ingresos aduaneros, el cafetera continuó estimuland
grueso de los cuales era generado por la importanci6n de los textiles que ci6n de la economía na.cional.
consumía la clase trabajadora. Como hemoS visto, los empréstitos exter­ ca caída en los precios mund:
nos fueron invertidos en la construcci6n de sistemas de transporte y en men de las exportaciones cafE
obras públicas. Los créditos estimularon, así, el desarrollo econ6mico en Diaz Alejandro, quien ha COI
dos formas. Contribuyeron a unificar un mercado nacional para los pro­ mías latinoamericanas duran
ductos agrícolas, los materiales de construcción y las manufacturas na­ indicadores de la cuantía de h
cionales. Y. ampliaron el mercado nacional creando decenas de miles de de la regi6n en el período que
empleos relativamente bien pagados para trabajadores que antes hablan 100) (35).
laborado en la agricultura y subsistido en buena parte al margen de la
economía monetaria. Gracias al rápido crecimiento del sector exportador
de café y a los préstamos extranjeros que éste hizo posible, el producto
nacional bruto per cápita de Colombia se expandió en la segunda mitad 34. Bejarano, "El fin de la economia ex'
.de los años veintes a una tasa superior al 5 % anual. Durante el mismo pretaclón del impacto que la expansi
relaciones sociales de producción E
período, 1925-1929, la producci6n industrial creció casi en 20%, mien­ notables a la historiografia colomblm
tras que la inversión de capital en la industria aumentó en casi 50%, di­ no.sugiere que las contradicciones dE
ferencia que cre6 un exceso de capacidadinstalada que se transformó en ~emtes ysefialadas en los escritos de
sustituci6n de importaciones con el advenimiento de la Depresión inter­ Jeron a la transformación de la ecoDO!
tas,?l ensayo resulta engañoso. Est
nacionaL po~ca de la "república señorial" co
Mas el cambio económico fomentado por la economía exportadora de sociales y económicas de los años tre
café no fue simplemente cuantitativo. Tal como lo demostr6 Jesús Anto­ gues1a industrial nacional como la del
el desarrollo exportador de las primel
d?S frentes: primero, la necesidad de
~; segundo, la necesidad de diluir
b8.J-?ora rural insurgente. Estas CU~
33. Albert Hirschman, "A Generalized Linkage Approach to Development, with Special Referen­ secci,ó~ del ensayo. Las cifras del par:
ce to Staples". en Economic Developm.ent and Cultural Change, 25, suplemento, 1977, CoD11sión Económica para América L
pp. 67-98. McGreevey señala la conexión entre la experiencia de Hirschman como consultor México, 1957.
económico en Colombia y su pensamiento acerca de la articulación de las econom1as exporta­ 35. Carlós F. Diaz Alejandro "Algunas
doras en "The Transition" (citado en la nota 20). 1920-1950", Cuadro 1, p. 202, en Mig
lombfana, Bogotá,l980.
o.BAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

steriormente desarrolló en nio Bejarano en un importante ensayo publicado en 1975 (34). precipitó
iguales de desarrollo de las una transformación cualitativa en la naturaleza de la economia colombia­
na. Durante los años veintes, la demanda de mano de obra en la agricul­
y dinámica de la economia tura doméstica y de exportación, en obras públicas como la construcción
impacto más rico y comple­ de ferrocarriles y carreteras y en el reducido pero pujante sector indus­
ugiere cualquiera, de estas trial, socavó las relaciones de producción precapitalistas que predomina­
mento en el consumo de la ban en la agricultura colombiana, especialmente en el importante sector
:afé lo que contribuyó a ha­ cafetero. Este proceso, analiZado en mayor detalle más adelante, tuvo
nportante receptor de capi­ tremendas implicaciones, que van más allá de su significado para el de­
~l pago del flujo de emprés­ sarrollo económico capitalista de la nación. Provocó la primera gran mo­
tacional, departamentales Y vilización de los trabajadores rurales, comprometió la unidad de la clase
~arantizado por los ingresos domJnante y desató la lucha social y política que convulsionó la sociedad
os de consumo masivo. Los colombiana en los años treintas y culminó en la Violencia de los cuaren­
leficiarios de tales présta­ tas.
lIenientes de los impuestos Sin embargo, mientras obraba de esta manera para impulsar este
~ado; por su parte, el go­ proceso de dislocación SOCial y política en los años treintas, la economia
I con ingresos aduaneros, el cafetera continuó estimulando el crecimiento económico y la diversifica­
Jrtanción de los textiles que ción de la economía nacional. Tal como hemos visto, a pesar de la drásti­
visto, los empréstitos exter­ ca caída en los precios mundiales d~l café durante la depresión, el volu­
sistemas de transporte Y en men de las exportaciones cafeteras siguió creciendo rápidamente. Carlos
el desarrollo económico en Díaz Alejandro, quien ha comparado el comportamiento de las econo­
~do nacional para los pro­ mías latinoamericanas durante la crisis mundial, aporta los siguientes
ción y las manufacturas na­ indicadores de la cuantia de las exportaciones para los principales países
reando decenas de miles de de la región en el periodo que media entre 1932-33 y 1952-53 (1928-29 =
lbajadores que antes habían 100) (35).
,uena parte al margen de la
mento del sector exportador
9te hizo posible, el producto
34. Bejarano, "El fin de la economia exportadora" (citado en la nota 22}. Una rica y sólida inter­
:pandió en la segunda mitad pretación del impacto que la expansión cafetera tuvo sobre la demanda de mano de obra y las
~% anual. Durante el mismo relaciones sociales de producción, el ensayo de Bejarano es una de las contribuciones más
~ creció casi en 20 %, mien­ notables a la historiografia colombiana del siglo XX. No obstante, en la medida en que Bejara­
no sugiere que las contradicciones del desarrollo capitalista colombiano, reveladas en los años
~ia aumentó en casi 50 %, di­ veintes y señaladas en los escritos de intelectuales progresistas como Alejandro L6pez, condu­
~talada que se transformó en jeron a la transformación de la economia politica bajo los.reglmenes liberales de los años trein­
hlento de la Depresión ínter­ tas, el ensayo resulta engañoso. Estos intelectuales quizá deseaban poner fin a la economia
polltica de la "república señorial" conservadora, mas el cambio polltico de 1930 y las poUticas
~·la economía exportador~ de sociales y económicas de los años treintas reflejaban no tanto el ascenso al poder de una bur­
guesía industrial nacional como la defensa de los intereses de una clase dominante formada en
~mo lo demostró Jesús Anto­ el desarrollo exportador de las primeras décadas del siglo y enfrentada en 1930 a un desafio en
dos frentes: primero, la necesidad de ajustarse a los imperativos económicos de la crisis mun­
dial; segundo, la necesidad de diluir la amenaza social y poUtica planteada por una clase tra­
bajadora rural insurgente. Estas cuestiones se discuten con más profundidad en la siguiente
sección del ensayo. Las cifras del parágrafo anterior, citadas por Bejarano, p. lJ56, son de la
ito Development, with Special Referen­ Comisión Económica para América Latina, El desarrollo eoouómico de Colombia, Ciudad de
¡mral Change, 26, suplemento, 1977, México, 1957.
leriencia de Hirschman como consultor 35. Carlos F. Diaz Alejandro, "Algunas notas sobre la hiatoria económica de América Latina,
larticulación de las economias exporta- 1920-1950", Cuadro 1, p. 202, en Miguel Urrutia et al., EDIIIIl1oBlobre hiBtoria ecoDÓmica co·
lombiana, Bogotá, 1980.
364 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

1932-33 1938-39 UM8-49 1962-63 "Colombia, debido a la enOrJlll


tiplicidad de los cultivos que Iu
Argentina 85 70 57 41 muy favorable para resistir Wl
Brasil 93 162 175 183
Colombia 100 132 160 177 gran parte de la cosecha de caJ
Chile 36 87 97 89 población cafetera contará con
México 49 44 58 su subsistencia" (38).
Venezuela 145 368 491

Ospina se oponía de esta 1


En realidad, estas cifras, que incluyen todas las exportaciones, sub­ portaciones cafeteras ya un I
estiman el papel del café en el volumen creciente de las exportaciones del mundo, para limitar las l
colombianas durante los años treintas, una década en que las exportacio­ gado a destruir cientos de m
nes de banano y petróleo (especialmente el segundo) cayeron por de bajo vano intento por aumentar e:
de los niveles previos a la Depresión (36)_ mayor productor mundial d
El impresionante desempeño de la econonúa cafetera de Colombia toda su producción en el mel'l
durante la Depresión se explica en parte por la naturaleza de la produc­ rior al del café brasileño. En
ción cafetera. El árbol del café es una planta perenne que empieza a pro­ en el mercadonorteamerical
ducir unos tres años después de ser sembrado. La variedad .comúnmente pasó de 23.1 % entre 1925 y 1!
cultivada en Colombia hasta hace pocos decenios, la arábiga, alcanza su la parte brasileña de dicho ml
... máxima producción a partir de los doce años, aproximadamente. Luego, de Colombia se debió parciah
aunque su producción disminuye lentamente, un cuidado apropiado bien estuvo relacionado con el prO(
puede hacerlo rendir otros diez o incluso veinte años. Entonces, en cierta de recolección y procesamien
medida, el incremento posterior a 1930 puede explicarse por la madurez ductores, así como con las pol
y continuada productividad de los árbóles sembrados durante el periodo ros, que puso en práctica med
de altos precios que precedió a la crisis mundial. formemente alta de las export
Aun así, el cultivo del café también se expandió rápidamente en Co­ El volumen' creciente de
lombia durante la Depresión. El censo cafetero de 1939 reveló un incre­ durante los años treintas estin
mento de 89 % sobre el número de árboles cultivados· en Cundinamarca y aportó las divisas necesarias
en 1932; para el Tolima el aumento fue de 57% (37). Tal expansión se vio primas industriales. El crecu:
favorecida en parte por la devaluación monetaria, una política defendida sempeñó así un papel importl
por los grandes cultivadores de la Federación Nacional de Cafeteros. dustrial, que aumentó en los Il
La razón principal de la expansión cafetera durante lós años treintas las otras grandes naciones de J
radica, sin embargo, en las relaciones sociales de producción del sector el siguiente crecimiento prom
cafetero. Dicha expansión giraba en torno de la capacidad de los peque­ ducción manufacturera en los
ños productores para soportar la disminución del ingreso por sus labo­ rante el periodo 1929-1939: Ar
res, de su voluntad para explotarse a sí núsmos y a sus familias a fin de c?rr~spondiente a 1927-39); (
producir más café, no obstante el exiguo valor en el mercado.Escribien­ SIguIentes diez años, 1939-49,
do en 1934, el presidente de la Federación Nacional de Cafeteros y futu­
ro presidente del país, Mariano Ospina Pérez, señaló la esencia de la
superioridad competitiva de Colombia en un mercado mundial que sufría 38. D:
su informe al VI Congreso de Cal
de sobreproducción y bajos precios. (CItadO en la nota 21), pp. 22-28.
39. Ocampo, "Comentarios" Cuadro 5 J
40. Las técnicas colombianas'de reco~
~ Federación exigfa que los exporta~
36. Véase José Antonio Ocampo, "Comentarios", Cuadro 3, p. 216, en Miguel Urrutia et al., Clones en grano de inferior calidad 1Ia
EDIJ8101!1I1Obre historia ecoDÓmica colombiana. do al consumo nacional. Sobre el ~~
37. Boletín de Estadística, No. 24, abril de 1943, p. 60. Koffman, "The National Federation"
STRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 365

1962·53 ':C?l?mbia. debido ~ la enonne parcelación de sus propiedades cafeteras y a la mul­


1948·49
tipliCidad de los cultivos que hay dentro de cada plantación.de café está en situación
57 41 muy favorable .para resistir una lucha de precios. Aun suponiendo que se perdiera
175 lSS gran p~ de la cosecha de café o que el precio de éste baje considerablemente, la
: 160 177 poblaCión cafetera contará con parte apreciable de los productos que necesita para
i
97 89 su subsisteneia" (38).
44 58
368 491
Os~ina se oponía de esta manera a la poHtica de restricciones a las ex­
portaCIOnes cafeteras y a un pacto con Brasil, el mayor productor de café
in todas las exportaciones, sub­ del mundo, para limitar las exportaciones. Mientras que Brasil fue obli­
f creciente de las exportaciones
gado a destruir cientos de miles de sacos de café a partir de 1930 en un
~a década en que las exportacio­
vano intento por aumentar el precio mundial, Colombia, por entonces el
rel segundo) cayeron por debajo
mayor productor mundial de café suave, pudo vender prácticamente
.economía cafetera de Colombia ~a su produ~ción ~n ~l mercado mundial a un precio ligeramente supe­
nor al del cafe brasIleno. En consecuencia, la participación colombiana
~ por la naturaleza de !a produc­
en ~l mercado norteamericano, con creces el más importante del orbe,
~nta perenne que empIeza a pro­
paso de 23.1 % entre 1925 y 1929 a 30.4% entre 1933 y 1937. Entre tanto
prado. La variedad comúnmente
la parte br~sileña d~;dicho.mercado cayó de 61.8% a 51.9% (39). El éxi~
:decenios, la arábiga, alcanza su
de Colombl~ se debIO parCIalmente al clima y a los suelos, pero también
~os, aproximadamente. Luego,
estuvo relaCIOnado con el proceso cuidadoso e intensivo en mano de obra
¡ente, un cuidado apropiado bien de recolecci~n y procesamiento del café por parte de los pequeños pro­
! veinte años. Entonces, en cierta
ductores, aSlcomo con las políticas de la Federación Nacional de Cafete­
uede explicarse por la madurez
p.'
ros, que puso en práctica medidas efectivas para asegurar la calidad uni­
~s sembrados durante el período formemente alta de las exportaciones cafeteras del país (40).
pundial. El .volumen creciente de las exportaciones cafeteras de Colombia
~e expandió rápidamente en Co­
durant~ los ~o.s treintas estimuló la demanda económica dentro del país
~fetero de 1939 reveló un incre­
y ~porto.las dlv~sas necesarias para importar bienes de capital y materias
~les cultivados' en Cundinamarca
pnmas mdustnales. El crecimiento de las exportaciones cafeteras de­
le 57% (37). Tal expansión se vio semp~ñó así un papel importante en el desarrollo de la producción in­
~onetaria, una política defendida
dustnal, que aumentó en los años treintas a una tasa más veloz que en
ación Nacional de Cafeteros.
las ?tr~s grande~ n~ciones de América Latina. Díaz Alejandro suministra
~fetera durante los años treintas
el SI~llente creCImIento promedio porcentual anual del valor de la pro­
IOciales de producción del sector
duccIOn manufacturera en los principales países latinoamericanos du­
~o de la capacidad de los peque­
rante el pe~odo 1929-1939: Argentina, 3.1; Brasil, 5.0; Chile, 3.3 (cifra
¡nución del ingreso por sus labo­
c?rr~Spondlente a 1927-39); Colombia, 8.8; México, 4.3. Durante los
I mismos y a sus familias a fin de SIguIentes diez años, 1939-49, el desempeño industrial de Colombia fue
b valor en el mercado. Escribien­
ión Nacional de Cafeteros y futu­
~ Pérez, señaló la esencia de la
~n un mercado mundial que sufría 38. ~ su informe al VI Congreso de Cafeteros, citado en Ocampo y Montenegro "La ....
(citado en la nota 21),pp. 22·23. ' CrISIS,
39. Ocampo: "Comen~6s", Cuadro 5, p. 218, en Urrutia et al., EDllllY08 (citado en la nota 35).
40. Las técDlCa~ colo~~l8Das de recolección y procesamiento se discuten en la siguiente sección.
~ Federación e~ q~ los exportadores de café depositaran un porcentaje de sus exporta­
fCuadro 3, p. 216, en Miguel Urrutia et al., ciones en grano de ~fenor calidad, llamado pasilla, en sus bodegas. Este café estaba destina­
do al consumo nacional. Sobre el origen y desarrollo de la Federación y sus pollticas véase
Koffman, "The National Federation" (citado en la nota 30). '
10.
·.­

866 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

casi tan impresionante. Las cifras son Argentina, 3.5; Brasil, 7.2; Chile, ción de la industria colom}
4.8; Colombia, 6.7; México, 7.5 (41). dustrial , el café ha servid<J
Las razones de tan extraordinario crecimiento de la industria colom­ pesada. Ha seguido sumin
biana durante la crisis mundial son complejas. José Antonio Ocampo ha volumen de bienes de capil
mostrado que la capacidad industrial excesiva, la devaluación, el protec­ tria y para pagar la deuda E
cionismo tarifario, la demanda creciente y la capacidad de importar bie­ largo del proceso de expan:
nes de capital y materias primas jugaron todos su papel. Si bien el auge relativo de Colombia en hl
cafetero anterior a 1929 explica con amplitud el exceso de capacidad dependido también de la dE
1 ':,1
industrial del pais a comienzos de la crisis mundial, la presión de la de la impotencia de la izqt
Federación Nacional de Cafeteros contribuye a elucidar las polfticas de fuesen impedimentos men<J
devaluación. La creciente demanda nacional (incluida, como anota la clase dominante colombJ
Ocampo, la voluntad de la masa de consumidores de comprar manufac­ cómo ocurrió tal fenómeno
turas nacionales de calidad inferior) y la capacidad relativamente alta años veintes, durante la cus
para importar, guardan ambas relación directa con la expansión de la ra vez poderosas organizad
producción cafetera durante la crisis mundial. Dicha expansión, a su den establecido.
vez, obedeció .en gran parte a la naturaleza difusa de la producción y la
propiedad de la tierra en la economia cafetera.
Cuando las condiciones de guerra llevaron a Colombia a unirse a un LOS TRABAJADORES DEL CAF]
acuerdo internacional con Estados Unidos y Brasil para controlar el volu­
men y el precio del comercio cafetero, el país había robustecido signifi­ Contrariamente a las asevero
cativamente su participación en el mercado norteamericano. Dicho dad del movimiento obrero
acuerdo, suscrito en 1940, aseguró a Colombia su mercado estadouni­ inmigración europea ni a 10l
dense, pero mantuvo los precios artificialmente bajos, a tiempo que la gencia izquierdista (42). La
guerra estimulaba la demanda. El acuerdo privó así a la economia co­
lombiana y a su industria de una gran porción de divisas durante la con­
42. El argumento de que la ausencia d4
tienda. Sin embargo, al terminar la guerra y quedar sin vigencia el y autonomia política del movimient
acuerdo cafetero internacional, los precios del grano se dispararon a al­ Marco Palacios, El populismo en I
turas sin precedentes en 1946, y permanecieron en dicho nivel por un pudo la clase obrera adquirir inda¡:
en buena parte la falta de corriente
decenio (Véase el Cuadro 5. 1). La demanda interna y las divisas genera­ del.Cono Sur, que habrian aportad(J
das por el auge cafetero de la posguerra estimularon el rápido crecimien­ lÓgIcamente su especificidad de claJ
to de la industria colombiana, tal como había sucedido en los años vein­ Que la inmigración europea no infl~
obreros latinoamericanos queda ch
tes. En medio de un gran conflicto civil en las regiones cafeteras, las ~erte de Suramérica surgió en ChiJ¡
exportaciones de café - y consecuentemente el ingreso de divisas al ~al; una ~e las izquierdas más.dé
. , la mfluencJa de los inmigrantes eul
,.. pais- continuaron creciendo en la época de posguerra . resto de América Latina, la influen
'. No obstante, a partir de la guerra, el destino del desarrollo económi­ europeos anarquistas, socialistas y e
co del pais ha dependido tanto de un legado indirecto de evolución social obrero. Sin embargo, tal influencia
estimulado por el café a lo largo del siglo XX, como de la contribución formas decisivas qUj:l cada uno de eS!
men~ en la importancia de la idenW
directa de la producción cafetera al desarrollo económico nacional. En ~xpli~~ la .frustración del desarroIIo
décadas recientes, Colombia, al igual que otros paises latinoamericanos, Identificación en términos material
tradicional dado. el
,4'
ha tenido que ajustarse a una nueva división del trabajo en el sisre.ma
~ ~rsI?ectiva comparativa también
capitalista mundial. La descentralización de la industria manufacturera diV1SlOmsta y deSltructivo de buena 11
en la economia mundial ha promovido la expansión y la desnacionaliza­ ne~ de ~uchas de las contribuciones
la lZqwerda colombiana no fue una I
v~remos, resultaria dificil demostrar
41. Dlaz Alejandro, "Algunas notas" lcitado en la nota 35), Cuadro IV, p. 203. mIembros del Partido Comunista Col
COLOMBIA 367
\ABAJADORES EN LA HISTORIA
ción de la industria colombiana. Dentro de este patrón de desarrollo in­
l1tina, 3.5; Brasil, 7.2; Chile, dustrial, el café ha servido como el sustituto colombiano de la industria
pesada. Ha seguido suministrando las divisas para comprar el creciente
triento de la industria colom­
volumen de bienes de capital y materias primas requeridas por la indus­
as. José Antonio Ocampo ha
tria y para pagar la deuda externa que ha crecido considerablemente a lo
va la devaluación, el protec­
largo del proceso de expansión económica de la posguerra. Pero el éxito
la ~pacidad de importar bie­
relativo de Colombia en la ejecución de este modelo de desarrollo ha
dos su papel. Si bien el auge
dependido también de la debilidad organizativa del movimiento obrero y
itud el exceso de capacidad
de la impotencia de la izquierda política. El café garantizó que ambos
is mundial, la presión de la
fuesen impedimentos menores para los planes desarroUistas liberales de
lye a elucidar las pol1ticas de
la clase dominante colombiana en la posguerra. Con el fin de apreciar
ional (incluida, como anota
cómo ocurrió tal fenómeno, tenemos que retroceder a la época de los
tridores de comprar manufac­
años veintes, durante la cual los obreros colombianos fojaron por prime­
capacidad relativamente alta
ra vez poderosas organizaciones e iniciaron su lucha por cambiar el or­
irecta con la expansión de la
den establecido.
l1dial. Dicha expansión, a su

il difusa de la producción y la

era.
LOS TRABAJADORES DEL CAFE y EL DESTINO DEL MOVIMIENTO OBRERO
LI'on a Colombia a unirse a un

y Brasil para controlar el volu­


Contrariamente a las aseveraciones de muchos investigadores, la debili­
laiS habia robustecido signifi­
dad del movimiento obrero colombiano no es atribuible ni a la falta de
reado norteamericano. Dich,?
inmigración europea ni a los errores comúnmente imputados a la diri­
ombia su mercado estadouDl­
gencia izquierdista (42). La historia del movimiento obrero colombiano
lmente bajos, a tiempo que la

lo privó así a la economía co­

cibn de divisas durante la con­


42. El argumento de que la ausencia de inmigración europea explica la falta de conciencia de clase
~rra y quedar sin vigencia el
y autonomla politica del movimiento obrero colombiano se plantea enérgicamente por parQ¡ de
Marco Palacios, El POPUÜ8mo ea Colombia, Medellin, 1971, p. 29. "El hecho es que nunca
s del grano se dispararon a al­
pudo la clase obrera adquirir independencia organizativa e ideológica ( ... 1A esto contribuyó
tecieron en dicho nivel por un
en buena parte la falta de corrientes migratorias similares a las experimentadas en los paises
'a interna y las divisas genera­
del Cono Sur, que habrlan aportado una coloración progresista y tal vez capaz de definir ideo­
lógicamente su especificidad de clase, y formas modernas de cultura politiCa" .
litimularon el rápido crecimi~n­
Que la inmigración europea no influyó de manera tan simple el desarrollo de los movimientos
abia sucedido en los años vem­
obreros latinoamericanos queda claro desde ~ Perspectiva comparativa. La izquierda más
fuerte de Suramérica surgió .en Chile, en donde el papel de los inmigrantes europeos fue mar­
¡en las regiones cafeteras, las
ginal; UDa de las izquierdas más débiles del contjnente se desarroll6 en Argentina, en donde
p.ente el ingreso de divisas al
la influencia de los inmigrantes europeos fue abrumadora. EnColombia, al igual que en el
tle posguerra. . resto de América Latina, la influencia de las ideologias obreras europeas y de los activistas
europeos anarquistas, socialistas y comunistas fue importante en el desarrollo del movimiento
lestino del desarrollo económl­ obrero. Sin embargo, tal influencia se vio condicionada por la estructura exportadora en las
30 indirecto de evolución social formas decisivas qu~ cada uno de estos ensayos busca ilustrar. Palacios hace énfasis correcta­
b XX, como de la contribución mente en la importancia de la identificación obrera con los partidos politicos tradicionales para
explicar la frustración del desarrollo de los pattidos de izquierda. He tratado de analizar dicha
~llo económico nacional. En identificación en términos materiales y de clase antes que aceptarla como un artefacto cultural
!Qtros paises latinoamericanos, tradicional.dado.
fsión del trabajo en el sis~ma La perspectiva comparativa también puede actuar como correctivo del voluntarismo excesivo,
de la industria manufacturera divisionista y destructivo de buena parte del análisis marxista. Al contrario de las afirmacio­
nes de muchas de las contribuciones marxistas citadas en esta sección, el fracaso histórico de
\expanSión y la desnacionaliza­ la izquierda colombiana no fue una simple consecuencia de un liderazgo inadecuado. Como
veremos, resultarla dificil demostrar que los marxistas colombianos -o, especificamente los
miembros del Partido Comunista Colombiano- fueron más culpables de no liderar bien que
35), Cuadro IV, p. 203.
868 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA

- su tardía gestación, su explosiva y efímera fuerza a fines de los años


veintes y comienzos de los treintas, su institucionalización y domestica­ vistas y represivos del Es1
ción por parte de los gobiernos liberales entre 1930 y 1945 Y su represión política clientelista tradicHJ
en los años de la Violencia, a partir de 1945- obedece a una dinámica aliados de la izquierda poi
profundamente enraizada en la estructura de la economia cafetera. luchas colectivas iniciales a
Entre 1920 y 1950 muchos trabajadores y pequeños productores cafe­ reformadores corporativisU
teros gradualmente lograron salir victoriosos en la batalla por liberarse Por último, al ganar su
de los opresivos sistemas laborales precapitalistas y conseguir el control pequeños productores cafet
de los medios de producción cafetera. Persistieron en esta lucha a lo lar­ crediticia de la economía de
go de tres decenios, en los que se alternaron diez años de bonanza eco­ gradualmente su control sol
nómica, diez de depresión y diez de auge. Durante estos tres decenios, monopolio sobre los medio
los conservadores y liberales se alternaron en el control del Estado del café consiguieron un m¡
.
nuentras que pequeños partidos progresistas de la izquierda ganaron
' medios de producción solo JI
terreno para luego derrumbarse. El cambio económico y polltico obligó a te por medio del control cal
los trabajadores cafeteros a adaptar sus tácticas a fin de obtener mayo­ portante pero al mismo tiel
café, bien avanzada a media
res ventajas durante el curso de la lucha. Inexorablemente, sin embargo,
lo ideológico, 10 político y 10
a medida que avanzaban hacia sus metas, iban abandonando las estrate­
dos de izquierda aún no han
gias colectivas que les habían otorgado sus primeras victorias. A un gran
costo para sí mismos y para su sociedad, la lucha colectiva de los trabaja­ décadas de impresionante d
dores cafeteros de~eneró en una lid privada e individual sancionada por lista de la producción agricc
la política tradicional. La transformación de su lucha significó que, inevi­ zando la izquierda a trascenc
tablemente, los trabajadores se enfrentaran entre sí, y dejó en libertad a La debilidad del movimi
sus opresores de clase para forjar un nuevo consenso ideológico y políti­ neos tiene sus orígenes en 1
co y consolidar exitosamente el orden capitalista industrial de la posgue­ cafeteros en las tres décad8l
rra. contienda no estuvo determil
De esta manera, al ganar la lucha por la tierra, los trabajadores cafe­ una c~se obrera no tocada 1
teros perdieron la batalla por transformar la sociedad capitalista explota­ cuenCla de la timidez ni de l~
dora en la cual laboraban. En cambio, contribuyeron a modernizar dicha d.e la izquierda colombiana. 'I
sociedad y a reforzar los valores e instituciones liberales sobre los que slmple de estllltegias partÍ(
descansaba. Con el logro de sus triunfos individuales ayudaron incons­ represivas llevadas a cabo p
cientemente a destruir el poder de un movimiento obrero organizado en
el que potencialmente eran el sector más importante. Con ellanguideci­ 43. Este es el argumento expuesto por 1
miento de sus organizaciones .colectivas, los sindicatos de sus primeros ral de Colombia, que se concentra el
car la trayectoria h'beral del mov:imJ
aliados en los enclaves exportadores foráneos, en el transporte y en la ~e8Crita en la nota 42, estas obras I
industria manufacturera quedaron a merced de los designios corporati­ IZquierda y la exitosa institucionaliz¡
rección izquierdista sino a la acertac
plo, la obra de Miguel Urrutia Deve
sus colegas de otros países. Empero, ese es el argumento expuesto en Iá historia oficial del 1969, es una inteligente defe~a de
~o comunista, Treinta doe de lucha del Partido Comwdsta de Colombia, Bogotá, 1960, Y relaciones laborales en Colombia. E
desarrollado en la popular y por lo demás penetrante historia del movimiento obrero colombia­ obreros entregaron sus tendencias p
no escrita por el autor comunista Edgar Caicedo, Historia de las luchas sindic8les eD CoIom· do a los esfuerzos del partido h'beraI
bia, 3a. ed., Bogotá, 1977, pp. 57-fU. Los izquierdistas como Caicedo con frecuencia aluden a ~e los cuu:entas. Estos esfuerzos fue
~ importB;lcia de la pequeña propiedad en ~Iombia. Reconocen; asimiamo, el poder de la liberales Vl8-a-vis la derecha. Los lib
ideologia liberal sobre la clase obrera colombuma, pero no explican por qué estos obstáculos a obrero y a la izquierda a fin de mant
la influencia izquierdista han sido tan desmesurados en ese pals. Tampoco exploran el signifi. Aparte del problema especial plante.
cado de cada uno de ellos para la historia de la izquierda colombiana y su estrategia para el abo~ en este ensayo, puede argtl
futuro. reformistas dentro de su propio pan
mente debldoa su alianza con el mm
i)8 TRABAJADORES EN LA HISTORIA COWMBIA 869

lmera fuerza a fines de los años vistas y represivos del Estado. Cuando empezaron a gravitar hacia la
nstitucionalización y domestica­ politica cliente lista tradicional de los partidos liberal y conservador, sus
entre 1930 Y 1945 y su represión aliados de la izquierda politica que hablan organizado y defendido sus
1945- obedece a una dinámica luchas colectivas iniciales abandonaron la lid y entregaron su suerte a los
ra de la economía cafetera. reformadores corporativistas del partido liberal.
res y pequeños productores cafe­ Por último, al ganar su batalla por la tierra, los trabajadores y los
riosos en la batalla por liberarse pequeños productores cafeteros dejaron intacta la estructura comercial y
apitalistas y conseguir el control crediticia de la economía del café. Los capitalistas domésticos cambiaron
ersistieron en esta lucha a lo lar­ gradualmente su control sobre los medios de producción cafetera por un
oaron diez años de bonanza eco­ monopolio sobre los medios de intercambio cafetero. Los trabajadores
ge. Durante estos tres decenios, del café consiguieron un mayor control sobre el proceso de trabajo y los
tUlron en el control del Estado, medios de producción solo para ser explotados más eficiente y fácilmen­
~sistas de la izquierda ganaron te por medio del control capitalista sobre el comercio del grano. La im­
lbio económico y politico obligó a portante pero al mismo tiempo pirrica victoria de los trabajadores del
B tácticas a fin de obtener mayo­ café, bien avanzada a mediados del siglo, dej6 un legado conservador en
l. Inexorablemente, sin embargo, lo ideológico, lo politico y lo institucional que la clase obrera y los parti­
lB, iban abandonando las estrate­ dos de izquierda aún no han podido superar. Solo ahora, después de tres
sus primeras victorias. A un gr~n décadas de impresionante desarrollo industrial y reorganización capita­
1 la lucha colectiva de los trabSJa­ lista de la producción agrlcola (incluido el cultivo del café), está empe­
l~ada e individual sancionada por zando la izquierda a trascender esa barrera.
tn de su lucha significó que, inevi­ La debilidad del movimiento obrero y de la izquierda contemporá­
:aran entre sí, y dejó en libertad a neos tiene sus orígenes en las luchas democráticas de los trabajadores
uevo consenso ideológico y politi­ cafeteros en las tres décadas posteriores a 1920. El resultado de dicha
apitalista industrial de la posgue­ contienda no estuvo determinado por los orígenes étnicos y culturales de
una clase obrera no tocada por la inmigraci6n europea. No fue conse­
ror la tierra, los trabajadores cafe­ cuencia de la timidez ni de los errores poHticos comúnmente señalados
f¡ar la sociedad capitalista explota­ de la izquierda colombiana. Tampoco, tal como veremos, fue el producto
eontribuyeron a modernizar dicha simple de estIlltegias particularmente inteligentes, manipuladoras o
~ituciones liberales sobre los que represivas llevadas a cabo por elementos de la clase dominante (43).
los individuales ayudaron incons­
rmovimiento obrero organizado en
43. Este es el argumento expuesto por las otras investigaciones importantes sobre la historia labo­
~s importante. Con ellan~ideci­ ral de Colombia, que se concentra en la relación entre los trabajadores y el Estado para expli­
lIlS los sindicatos de sus pnmeros car la trayectoria hberal del movimiento obrero. A diferencia de la versión comunista oficial
J~áneos, en el transporte Y en l~ descrita en la nota 42, estas obras atribuyen, en mayor o menor medida, la cooptaciÓn de la
izquierda y la exitosa institucionaJir.ación liberal del movimiento obrero no al fracaso de la di­
perced de los designios corporatl­ rección izquierdista sino a la acertada direeción de la clase dominante colombiana. Por ejem­
plo, la obra de Miguel Urrutia, Development of &he CoIombiaD Labor Movement, New Haven,
1969, es una inteligente defensa de las instituciones corporativas liberales que hoy rigen las
argumento expuesto en la historia oficial del relaciones laborales en Colombia. Encomia cada uno de los pasos en virtud de los cuales los
Com1Ulista de Colombia, Bogotá, 1960, Y obreros entregaron sus tendencias pol1ticas radicales y consiguieron el apoyo del Estado debi­
historia del movimiento obrero colombia­ do a los esfuerzos del partido hberal, que estuvo en el poder en los aftos treintas Ycomienzos
de las luebu siDdicales en Colom­ de los cuarentas. Estos esfuerzos fueron consecuencia de la debilidad pol1ti.ea de los gobiernos
como Cakedo con frecuencia aluden a liberales via-a-via la derecha. Los liberales progresistas otorgaron concesiones al movimier.to
Reconocen, asimismo, el póder de la obrero y a la izquierda a fin de mantenerse en el poder y llevar a cabo su misión reformi.st.a.
no explican por qué estos obstáculos a Aparte del problema especial plantesdo por la dinámica clienteJista de la polltica colombiana
ese pais. Tampoco explorán el signifi­ abordada en este ensayo, puede arg(Urse mis plausiblemente que la debilidad de los liberales
izquierda colombiana y su estrategia para el reformistas dentro de su propio partido y vis-A-via la oposición conservadora se dio preciaa­
mente debidoa su alianza con el movimiento obrero y la izquierda, un paso que a1gunos libe­
370 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

Giró en tomo de los rasgos especiales de las relaciones sociales de prcr Las relaciones sociales :
ducción en el motor de la economia colombiana antes de 1950. Fue el más antiguas, que se deS8l
resultado de las esperanzas democráticas y la persistencia ciega de los XIX. Conocemos más a fon
hombres y mujeres que produdan el café. situada al suroriente de B~
fundadas a fines del siglo 1
protestas obreras durante 1
Comúnmente, a los trabaj
denominados arrendatario/!!
La producción cafetera, tal como se desarrolló en Colombia a finales del parcela o pequeña porción I
siglo XIX y principios del XX, dependia de una desconcertante variedad familia podian sembrar cult
de sistemas de trabajo y de tenencia de la tierra, que compartían una car para la subsistencia, cr
caracteristica central. Tendian a confundir la clara dicotomia capitalista casa, por lo general una estl
de propiedad y trabajo asalariado libre. La secuela cultural e ideológica bio, el arrendatrio era obli~
de los peculiares arreglos de tierras y trabajo en la producción cafetera tierras de la hacienda, usu
radicó en la formación de una clase obrera rural en las zonas cafeteras, tamaño de la parcela, su loo
escindida entre las aspiraciones individualistas del pequeño capitalista y ticas de la hacienda, la oblig
los valores colectivos democráticos forjados en la lucha por el cambio unos cuantos dias al mes ha
social avanzado. Casi siempre, en la mayor parte de los lugares, prevale­ trabajo obligatorio de los an
cieron las aspiraciones capitalistas individuales (44). por lo general a una tasa inft
en la región. Los arrendatari
ques de la hacienda y mucho
rales estaban dispuestos a dar como miembros progresistas de una elase dirigente amenazada males pastaran en las tierras
por la insurgencia rural descrita más adelante. El cientifico politico ~ Daniel Péeaut sos­
tiene en su libro PoUtiea f sindiealiamo en Colombia, Bogotá, 1973, que la "lógica liberal" del Además de estos trablija(
movimiento obrero colombiano se desarrolló a partir de la incorporación gradual y limitada de familias en las propiedades I
los trabajadores organizados bajo los gobiernos h'berales de los afi.os treintas Yeuarentas. Co­ currla a jornaleros o (más @
mo uno de 1011 pocoII estudiosos del movimiento obrero colombiano que ha visto su hi8toria libremente su'trabajo a los g
desde una perspectiva comparativa, Péeaut reconoce que esta dinámica liberal se desarrolló a
causa del "continuado potencial exportador" del paja, SU "industrializacl6n limitada" y la eran contratados temporalml
"debilidad de Isus) clasell populares" . Sin embargo, es:plica dicha debilidad no como una fun­ mano de obra. Muchos eran
ción de la estructura de la econouda cafetera, que es a donde deberla eondueirlo su interés por
la posición de Colombia en la economia capitalista mundial y su es:tenaión a la teorla de la
densamente pobladas tierra~
se
CEPAL; por el contrario, concentra completamente en la cambiante politica de las facciones chad08 por contratistas de bl
de la clase dominante y el papel pasivo de una clase obrera que él define excluyendo su como cafetera subtropical por unas
ponente más importante, la fuerza laboral cafetera. Por último, Manuel Moncayo y Fernando y mayo. Alojados en toscas
Rojas, quienes escriben desde una perspectiva InaI'J:Ísta en BU obra Luehas obreru f política
laboral en Colombia, Bogotá, 1978, conciben el movimiento obrero del paja como una victima salario, .los voluntarios recibh
de los efectos cada vez más amplios de la legislación corporativista de los gobiernos tanto con· tidad de cuartillas (cajas de m
servadorall como liberales. Su eJ:haustivo análisis de los propóllitosde esta legislación es una d~ café maduro) que recogie
importante contribución. Pero Pllesto que no abordan el problema de por qué el corporativis­
mo liberal fue comparativamente exitoso en Colombia, uno queda con la impresión de que la Clentes a las familias de los tn
clase dominánte colombiana simplemente era más inte1igente que, digamos, la de Chile. Cada sumaban a los. obreros temp
uno de estos estudios realza la comprensión de los vinculos entre los obreros organizados y el también eran contratados pro
cambio politico e institucional, pero ninguno percibe la lucha de los trabajadores como el mo­
tor primario que impulaa estos cambios. Ninguno concibe la incorporación corporativista libe­ tarea que se llevaba a cabo po
ral del movimiento obrero colombiano desde la perspectiva compaI1ltiva de la formación de de los arbustos, que aumenta
una clase obrera en una economía periférica distinta de las otras del Hemillferio. ' ción.
44. La mejor y más sistemática discusión de las relaeiones sociales de producción en la economía
cafetera de Colombia en las primeras décadas del siglo XX es la obra de Absalón Machado, El Finalmente, los propietari
café lcitado en la nota 26). Véase también el rico maWriaJ publicado por Palaeios, El café en Cundinamarca establecieron
Colombia (citado en la nota 30). especialmente durante los pel
os TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 371

le las relaciones sociales de pro­ Las relaciones sociales más atrasadas eran las de las·zonas cafeteras
lombiana antes de 1960. Fue el más antiguas, que se desarrollaron en la Cordillera Oriental en el siglo
:as y la persistencia ciega de los XIX. Conocemos más a fondo los detalles de tales relaciones en el área
~é.
situada al suroriente de Bogotá, donde las enormes haciendas cafeteras
fundadas a fines del siglo pasado se convirtieron en el foco de grandes
protestas obreras durante los años veintes y comienzos de los treintas.
Comúnmente, a los trabajadores permanentes de estas propiedades,
denominados arrendatarios o estancieros, se les otorgaba el uso de un~
l8lTollb en Colombia a finales del parcela o pequefta porción de tierra. En la parcela, el arrendatario y su
l de una desconcertante variedad familia podían sembrar cultivos como maíz, plátano, yuca y cañ.a de azú­
le la tierra, que compartian una car para la subsistencia, criar aves de corral y ganarlo, y construir una
:ulir la clara dicotomia capitalista casa, por lo general una estructura modesta hecha de bahareque. A cam­
• La secuela cultural e ideológica bio, el arrendatrio era obligado a trabajar cierto número de dias en las
trabajo en la producción cafetera tierras de la hacienda, usualmente en los cafetales. Dependiendo del
rera rural en las zonas cafeteras, tamaño de la parcela, su localización, la calidad de sus suelos y las prác­
lualistas del pequeño capitalista y ticas de la hacienda, la obligación laboral del arrendatario podía ir desde
rjados en la lucha por el cambio unos cuantos dias al mes hasta casi todo el mes. En los años veintes el
»,or parte de los lugares, prevale­ trabajo obligatorio de los arrendatarios en la hacienda era remunerado,
viduales (44) . por lo general a una tasa inferior al salario corrieJlte para el trabajo libre
en la región. Los arrendatarios también disfrutaba.n de acceso a los bos­
ques de la hacienda y muchos tenian derecho a que uno o más de sus ani­
rogresistas de uua clase dirigente amenazada males pastaran en las tierras de la hacienda.
:l cientlfico politico frand!i Daniel Pécaut sos­ Además de estos trabajadores permanentes, que sumaban cientos de
lbiI, Bogotá, 1973, que la "lógica U~~al" del familias en las propiedades más extensas, la gran hacienda cafétera re­
Irtir de la incorporaci6n gradual y limitada de
liberales de los dos treintas y cuarentas. Co­ cuma a jornaleros o (más gráficamente) voluntarios, quienes vendían
~ obrero colombiano que ha. visto su historia libremente su'trabajo a los grandes capitalistas cafeteros. Tales obreros
¡noce que esta dinámica bberal se desarrolló a eran contratados temporalmente en los periodos de mayor demanda de
lel pais, su "industrialización limitada" y la
lrao. explica dicha debilidad no como uua fun­ mano de obra. Muchos eran pequeftos agricultores empobrecidos de las
l8.e!I a donde deberla conducirlo su interés por densamente pobladas tierras altas de Cundinamarca y Boyacá. Engan­
lista mundial y su extensión a la teorla de la chados por contratistas de las grandes propiedades, bajaban a la zona
Jneme en la cambiante politi.ca de las facciones cafetera subtropicalpor unas pocas semanas durante la cosecha de abril
I:lase obrera que él define eltCIUyendo. su.com­
lera. Por último, Manuel Moncayo y Fernando y mayo. Alojados en toscas barracas y alimentados como parte de su
imamsta en su obra Ltacbas obreras '1 ~ca salario, los voluntarios recibian usualmente pago a destajo según la can­
¡movimiento obrero del paIs como una victima tidad de cuartillas (cajas de madera en que cabian alrededor de 50 libras
\ción corporativista de los gobiernos q¡nto con­ de café maduro) que recogieran. Mujeres y niños, a menudo pertene­
~ de los propósitos de esta legislación es .u~
cientes a las familias de los trabajadores permanentes de la hacienda, se

~
el problema de por qué el corporatíVls­
.... ia, unO queda con la impresión ~e que la sumaban a los. obreros temporales durante la cosecha. Los jornaleros
.. inteligente que, digamos, la de Chile. Cada
vInculos entre los obreros organizados y el también eran contratados para el desyerbe o limpieza de los cafetales,
... fue la lucha de los trabajadores como el mo­ tarea que se llevaba a cabo por lo común dos veces al año, y para la poda
o concibe la incorporación corporati~ bbe­ de los arbustos, que aumentaba la productividad y facilitaba la recolec­
~
..~va comparativa de la formació
• te. de las otras del Hemisferio.
.. n de ción.
. s sociales de producción en la economia Finalmente, los propietarios de las grandes haciendas cafeteras de
1 siglo xx. es la obra de Absalón Machado, El Cundinamarca establecieron relaciones con otro tipo de trabajadores,
maWrial publicado por Palacios, El café en
especialmente durante los periodos de expansión del cultivo. Se trataba
i
I
372 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

de los colonos, trabajadores que accedían a abrir nuevas tierras para el cas inherentes al trámite dE
cultivo del café bajo contrato con los hacendados. Normalmente, el colo­ cian los grandes terratenienl
no se comprometía a sembrar y cultivar árboles de café durante un nú­ local y su propensión a emp
mero determinado de años, por lo general tres o cuatro, hasta cuando cuencia para los pequeños c
empezaron a producir. Durante ese tiempo él y su familia podían cultivar fuerza de trabajo dependienj
productos de subsistencia entre los cafetos. Al final del periodo vendía El control de facto por pa
los árboles, a un precio especifico por cada uno, y las demás mejoras, rra inculta en las zonas cafet4
tales como árboles de banano o plátano (a menudo empleados para dar te mediante los contratos de I

sombrio a los cafetos), parcelas de caña de azúcar y yuca, la casa, etc., y cualquier reclamo o pretensi
f. renunciaba explícitamente a todo reclamo sobre la tierra. Tal renuncia, dos a conceder al hacendado
'.
estipulada en los contratos de venta de los nuevos arbustos, era de tras­ nuevos precisamente cuandc
cendental importancia para el hacendado (45). bra empezaba a dar frutos I
Las grandes haciendas cafeteras de Cundinamarca y otras regiones grandes terratenientes la bas
se fundaban con frecuencia con base en títulos de propiedad vagos o títulos de propiedad sobre nt
imperfectos. Alcanzaban tamaños tan considerables porque usurpaban caso Esta doble y tremenda i
las tierras públicas o baldíos. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, sobre tierras públicas y prival
las tierras públícas eran otorgadas a los individuos principalmente sobre lídad de convertirse en prod
la base de certificados a menudo expedidos años antes por gobiernos colonos de ambos tipos. Los (
acosados financieramente, que buscal?an descargar sus obligaciones solo después de luchar. Mucl
para con soldados, contratistas de obras públicas y acreedores. Con fre­ enredaban en prolongadas di
cuencia los certificados eran adquiridos con grandes descuentos por se decidían en su contra. Los
comerciantes y grandes terratenientes, quienes los utilizaban para ase­ terratenientes para abrir nue,
gurarse los títulos de propiedad sobre enormes porciones de tierras pú­ dos a renunciar a cualquier re
blícas. El régimen de tierras contemplaba asimismo la adjudicación de de tratar de sobreponerse a bl
tierras públicas a otro tipo de colonos, llamados también estancieros. fiar su control sobre las autori
Las leyes, expedidas primordialmente bajo los gobiernos liberales de la les. Como veremos, el probleJ
década de 1870, estipulaban la enajenación de baldíos en beneficio de adquirir una propiedad por me
los pequeños agricultores que ocupaban y cultivaban tierras de propie­ díos pasaron a hacer parte de 1
dad nacional. Quienes pudieran probar que hablan ocupado y usado la las grandes haciendas cafetel'l
tierra por un número determinado de años podían aspirar a una conce­ do, en los años veintes y treint
sión de tierra varias veces más grande que la parcela en que se habian clases en la producción cafetel
asentado. En realidad, como Catherine LeGrand ha demostrado en un taron la mayor movilización de
extenso estudio acerca del tema, casi toda la tierra distribuida, situada lombia.
en buena parte en las laderas de la zona cafetera, fue adjudicada a gran­ En las zonas cafeteras recie
des terratenientes. Aún más, los beneficiarios de estas concesiones tan laborales y de tenencia eran tíll
mal definidas con frecuencia proceOian, ilegalmente pero con éxito, a favorables a los trabajadores. l'
ampliar sus posesiones mucho más allá de los límites de los títulos origi­ independientes, pequeñas y m
nales. Tal proceso a menudo los enfrentaba con ocupantes que reclama­ te), sino que las haciendas ca
ban derechos sobre las tierras públicas en su calidad de colonos. Pero los general trabajadas por aparcer~
costos legales, los requerimientos de inspección y las demoras burocráti­ zo de tierra para cultivar produl
dores asumían la responsabili
45. Muestras de estos contratos de la década de 1890 se examinan en Bergquist, Coffee and Con­
fIici (citado en la nota 4), pp. 29-32. Antonio Garcla encontró 8ITeglos eimiIares en Caldas en 46. Catberine LeGrand, "From Public w
los años treintas: Geografía (citado en la nota 6), p. 311. flict in Colombia, 1870-1936", disertac
~ TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 373

n a abrir nuevas tierras para el cas inherentes al trámite de adjudicación, así como el control que ejer­
~n<iados. Normalmente, el colo­ clan los grandes terratenientes sobre las autoridades politicas y la policla
árboles de café durante un nú­ local y su propensión a emplear la violencia, resultaban fatales con he­
ral tres o cuatro, hasta cuando cuencia para los pequeños colonos, que eran incorporados después a la
;>o él y su familia podían cultivar fuerza de trabt\io dependiente de las haciendas cafeteras (46).
tos. Al final del periodo vendia El control de facto por parte de los grandes latifundistas sobre la tie­
ada uno, y las demás mejoras, rra inculta en las zonas cafeteras se convertía en dominio de jure, en par­
(a menudo empleados para dar te mediante los contratos de colonización descritos arriba. Al renunciar a
le azúcar y yuca, la casa, etc., y cualquier reclamo o pretensión sobre los baldios, los colonos eran forza­
10 sobre la tierra. Tal renuncia, dos a conceder al hacendado un doble favor. Abandonaban los cafetales
os nuevos arbustos, era de tras­ nuevos precisamente cuando su intensa labor en el desmonte y la siem­
)(45). bra empezaba a dar frutos en la primera cosecha. Y aportaban a los
Cundinamarca y otras regiones grandes terratenientes la base legal -la tierra cultivada- para adquirir
n títulos de propiedad vagos o títulos de propiedad sobre nuevas y enormes porciones de tierras públi­
onsiderables porque usurpaban cas. Esta doble y tremenda injusticia, que violaba el espíritu de la ley
el siglo XIX y comienzos del XX, sobre tierras públicas y privaba a los trabt\iadores cafeteros de la posibi­
individuos principalmente sobre lidad de convertirse en productores independientes, pesaba sobre los
iidos años antes por gobiernos colonos de ambos tipos. Los que ocupaban terrenos públicos se rendian
,an descargar sus obligaciones solo después de luchar. Muchos se negaban a salir y con frecuencia se
I públicas y acreedores. Con fre­ enredaban en prolongadas disputas legales que, casi invariablemente,
~ con grandes descuentos por se decidían en su contra. Los que celebraban contratos con los grandes
quienes los utilizaban para ase­ terratenientes para abrir nuevas tierras al cultivo del café y eran obliga­
normes porciones de tierras pú­ dos a renunciar a cualquier reclamo, ya eran conscientes de la inutilidad
lba asimismo la adjudicación de de tratar de sobreponerse a las pretensiones de los hacendados y desa­
llamados también estancieros. fiar su control sobre las autoridades politicas, judiciales y policivas loca­
.ajo los gobiernos liberales de la les. Como veremos, el problema de los títulos defectuosos y el sueño'de
dón de baldios en beneficio de adquirir una propiedad por medio de la posesión y el uso efectivo de bal­
rt y cultivaban tierras de propie­ dios pasaron a hacer parte de la memoria colectiva de los trabt\iadores de
,que habian ocupado y usado la las grandes haciendas cafeteras en Cundinamarca y el Tolima. Y cuan­
~os podian aspirar a una conce­ do, en los años veintes y treintas, se alteró el balance de poder entre las
flue la parcela en que se habian clases en la producción cafetera, fueron estos dos asuntos los que desa­
'~rand ha demostrado en un taron la mayor movilización de trabt\iadores rurales en la historia de Co­
... a la tierra distribuida, situada lombia .
etera, fue adjudicada a gran­ En las zonas cafeteras recientes de la Cordillera Central, los arreglos
. .os de estas concesiones tan laborales y de tenencia eran típicamente más modernos y a menudo más
\, ilegalmente pero con éxito, a favorables a los trabt\iadores. No solo'eran comunes las fincas familiares
~ los límites de los títulos origi­ independientes, pequeñas y medianas (como se estudiará más adelan­
~ba con ocupantes que reclama­ te), sino que las haciendas cafeteras medianas y grandes eran por lo
~ su calidad de colonos. Pero los general trabt\iadas por aparceros y arrendatarios. A cambio de un peda­
~ción y las demoras burocráti­ zo de tierra para cultivar productos de subsistencia y café, estos trabaja­
dores asumían la responsabilidad de sembrar y cosechar un número
~ examinan en Bergquist, Coffee ud Con­
,. eDC01ltro arreglos similares en Caldas en 46. Catherine LeGrand, "From PubUc Lands Into Prívate Properties: Landholding and Rural Con­
íSll. flict in Colombia, 1870-1936", disertación para Ph.D., Stanford University, 1980. ,
374 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

especifico de arbustos (repartidos según la cantidad de miembros pro­ cafetera colombiana despu~
ductivos que cada familia pudiera aportar, a una tasa calculada de 1.000 fue el desarrollo y la persill
por trabajador adulto). Los aparceros de estas haciendas recibian una ter de la vida y el trabajo en
parte de la cosecha, usualmente la mitad, a cambio de cultivar, cosechar lIada. En la experiencia co14
y procesar el' café que producian; si no lo despulpaban y secaban reci­ ductores de café reside la ft
bían menos, a veces una tercera parte de la cosecha. En ciertos lugares conciencia politica que infl1J
eran obligados, además, a trabajar un determinado número de dias en miento obrero colombiano}
las tierras de la hacienda, con el salario vigente en la región. En otras El secreto de la crecient
localidades se les exigia compartir con el propietario una porción, casi miliares en Colombia radic~
siempre una cuarta parte, de los cultivos que produclan en sus parcelas La adecuada producción de I

de subsistencia. Tal como Absalón Machado y otros lo han demostrado, ni de grandes inversiones di
en los años veintes existian muchas variedades de aparcerla y arrenda­ fisticada. Pero sí de conside
miento tanto en la Cordillera Central como en la Oriental, algunas más las fases del cultivo y procl
onerosas que otras. Tales acuerdos, por lo general verbales antes de los grandes productores increm
años cuarentas, se resisten a una investigación sistemática por parte de virtiendo en grandes máqui
los mstoriadores. Incluian arreglos especificos para el procesamiento del y secadoras que quemaban
café, el acceso a los pastizales de la hacienda, estipulaciones sobre avan­ estas inversiones solo dísm
ces crediticios, etc. Todos se basaban en el principio de que a cambio del que en general se llevaban n
acceso a la tierra, el aparcero o arrendatario tenia que entregar al terra­ ducción cafetera hasta medú
teniente una porción del producto de su trabajo. En unos cuantos casos ros dependian de herramiez
los aparceros contribuían con un porcentaje del capital comprometido en ingenioso de los recursos nat
la producción cafetera (47). de la fuerza de trabajo de to
En la Cordillera Central y, con el tiempo, también en la Oriental, las competir exitosamente con 1<
pequeñas y medianas fincas familiares constituyeron el grueso de las Desde hace una centuria
unidades de producción. Iban desde minúsculas parcelas, incapaces de valido de simples herramie~
satisfacer las necesidades de subsistencia de la familia, hasta empresas múltiples tareas necesarias 1
más o menos grandes que dependian del trabajo asalariado durante la
cosecha y de arreglos de aparcerla o arrendamiento para el cultivo de la
tierra familiar durante el resto del año. Sin embargo, en estas fincas, por plo de estas difundidas tendencias,
10 general el pequeño propietario y su familia aportaban la mayor parte ción de la tierra en el sector weter<
del trabajo en la producción de cultivos de subsistencia y de café.' Duran­ sistemas capitalistas en los decenio
más importante que surge de los e
te la primera mitad del siglo XX, como ya hemos visto, las pequeñas fin­ viabilidad de la pequeña finca famí
cas de propiedad familiar, operadas por los miembros de la familia, se de los pequeños productores de mel
convirtieron en el puntal de la industria cafetera. marxista ortodoxa es Carol Smith ...
ing tbe Masses?" (trablijo no PUbul
El patrón de vida y de trabajo de las pequeñas fincas familiares es ces, Stanford, 1981).
sistemáticamente ignorado en la literatura sobre las relaciones sociales 49. Incluso en una fecha tan tardía COJll(
de producción en la economia cafetera de Colombia. Inspirados por la za de trablijo representaba más de
CEPAL, El café, Cuadro 74, p. 81.1
teorla marxista, muchos investigadores presuponen la continua diferen­ los costos laborales estaban incluid(
ciación de productores "campesinos", unos pocos grandes capitalistas y des (más de 50 hectáreas) gastaban .
una mayorla proletarizada (48). Tal proceso es notorio en la economia miento, 8% versus 9,4%, pero más E
50. Con las excepciones anotadas, la ma
do en experiencias personales. Mi c~
tores colombianos de café empezó el
47. Además de las fuentes de la nota 44, véase la sucinta discusión sobre Caldas, en Garcla, Geo­ de los Cuerpos de paz a un municipi(
grafíalcltadoen la nota 61, pp. 310-11. de promover técnicas agrlcolas mod~
48. El admirable e instructivo estudio de Absalón Machado (citado en la nota 26) es un buen ejem- (ahora prohibido en Estados Unidos 1
S TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 875

la cantidad de miembros pro­ cafetera colombiana después de 1950. Pero antes, el rasgo sobresaliente
r,a una tasa calculada de 1.000 fue el desarrollo y la persistencia de la pequeña finca familiar. El carác­
e estas haciendas recibian una ter de la vida y el trabajo en dichas fincas amerita nuestra atención deta­
, a cambio de cultivar, cosechar llada. En la experiencia colectiva de estos numerosos e importantes pro­
lo despulpaban y secaban reci­ ductores de café reside la fuente de los valores culturales y de una cierta
~ la cosecha. En ciertos lugares conciencia política que influyó profundamente en el desarrollo del movi­
leterminado número de días en miento obrero colombiano y en la historia moderna del pals.
. vigente en la región. En otras El secreto de la creciente preponderancia de las pequeñas fincas fa­
~l propietario una porción, casi miliares en Colombia radica en la naturaleza del proceso de producción.
I que producían en sus parcelas La adecuada producción de café de alta calidad no requerla en Colombia
.ado y otros lo han demostrado, ni de grandes inversiones de capital ni de la aplicación de tecnologia so­
edades de aparcerla y arrenda­ fisticada. Pero sí de considerables inversiones de mano de obra en todas
mo en la Oriental, algunas más las fases del cultivo y procesamiento. Ya desde la década de 1890 los
lo general verbales antes de los grandes productores incrementaban la eficiencia de sus operaciones in­
igación sistemática por parte de virtiendo engrandes máquinas despulpadoras que funcionaban a vapor
!ificos para el procesamiento del y secadoras que quemaban productos petroleros importados. Empero,
Inda, estipulaciones sobre avan­ estas inversiones solo disminuían marginalmente los costos laborales,
,el principio de que a cambio del que en general se llevaban más de tres cuartas partes del costo de la pro­
ario tenia que entregar al terra­ ducción cafetera hasta mediados del siglo XX (49). Los pequeños cafete­
trabajo. En unos cuantos casos ros dependían de herramientas y máquinas rudimentarias, del empleo
.aje del capital comprometido en ingenioso de los recursos naturales y fuentes de energia, y del uso pleno
de la fuerza de trabajo de todos los miembros de la familia con el fin de
mpo, también en la Oriental, las competir exitosamente con los grandes productores del grano.
! constituyeron el grueso de las Desde hace una centuria, los pequeños cafeteros colombianos. se han
lnúsculas parcelas, incapaces de valido. de simples herramientas de hierro y acero para cumplir con las
~ia de la familia, hasta empresas múltiples tareas necesarias para la supervivencia (50). Desde un princi­
leltrabajo asalariado durante la
~ndamiento para el cultivo de la
~in embargo, en estas fincas, por plo de estas difundidas tendencias. Tan preocupado se muestra por demostrar la concentra­
ción de la tierra en el sector cafetero y la evolución de sistemas de trabajo precapitalistas hacia
~milia aportaban la mayor parte sistemas capitalistas en los decenios anteriores a 1960, qUé no logra hacer énfasis en el hecho
~e subsistencia y de café. Duran­ más importante que surge de los cellSO!l cafeteros que analiza: el crecimiento y persistente
ra hemos visto, las pequeñas fin­ viabilidad de la pequeña finca familiar. Un lúcido resumen del debate sobre la diferenciación
de los pequeños productores de mercancías y, al mismo tiempo, un fuerte desafio a la posición
~r los miembros de la familia, se marxista ortodoxa es Carol Smith, "Does a Commodity Economy Enrich the Few While Ruin­
¡cafetera.. .. ing the Masses?" (trabajo no publicado, Center for Advanced Study in the Behavioral Sclen­
~ pequeñas fmcas fallllb.ares es ces, Stanford. 1981).
49. Incluso en ~ fecha tan tardla como 1955 el censo cafeiero de la CEPAL estimaba que la fuer­
~ra sobre las relaciones sociales za de trabajo representaba mas de 75% del costo de la producción cafetera en Colombia:
I de Colombia. Inspirados por la CEPAL, El café, Cuadro 74, p. 81. Este era un promedio para todas las fincas. La mayorla de
, presuponen la continua diferen­ los costos laborales estaban incluidos en el cultivo y no en el procesamiento. Las fincas gran­
des (mas de 50 hectáreas) gastaban menos que ías pequeñas (1 a lO hectáreas) en el procesa­
pROS pocos grandes capitalistas y miento, a% versus 9.4 %, pero más en el cultivo, 76% ver8US 68.4 %.
lOCaso es notorio en la economía 50. Con las excepciones anotadas, la mayor parte del material de las siguientes páginas está basa­
do en experiencias personales. Mi contacto con la cultura y la historia de los pequeños produc­
tores colombianos de café empezó en 1963 cuando fui asignado por dos años como voluntario
I
rtadiscusión sobre Caldas. en Garcla, Geo· de 108 Cuerpos de paz a un municipio cafetero del noroccidente de Cundinamarca. Encargado
de promover técnicas agrícolas modernas, participé en la difusión de pesticidas como Aldrin
~ (citado en la nota 26) es un buen ejem- (ahora prohibido en Estados Unidos por sus propiedades cancerlgenas) y de semillas hibridas
878 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

pio, la limpieza de la tierra en las boscosas laderas se bas6 en técnicas frágil ecología de las vem.
primitivas tales como el empleo de hachas y quemas en el desmonte. A el pequeño productor eml
partir de los años cuarentas, cuando los tractores y buldóceres se hicie­ práctica de sembrar cultive
ron comunes en la construcci6n de carreteras y en la agricultura comer­ tos daba un uso completo a
cial, el escarpado terreno de la zona cafetera sigui6 impidiendo el uso de cientemente denudado. La
maquinaria en la limpia y cultivo de las tierras. La limpieza de cafetos y y proteger la maduración d
otros cultivos en la zona cafetera aún se lleva a cabo con azadones y pa­ grandes rafces de los árbolE
las de metal. Los agr6nomos colombianos, educados en las técnicas agri· veían materia orgánica a la
colas del mundo desarrollado, a menudo ridiculizan la forma como los guraba la maduración lenta
pequeños cafeteros siembran sus cultivos en hileras verticales a lo largo sino que retardaba el crecí
h' de las laderas. A diferencia de la aradura que sigue las curvas de nivel, cuado de nutrientes y prol
dicho procedimiento allana el camino a la erosión y los derrumbes que cerdos y aves dé corral forr
constituyen el flagelo del cultivo de ladera. Como arar estas pendientes, nar insectos y fertilizar 108
incluso con fuerza animal, es casi que imposible, los pequeños agriculto­
res colombianos saben que al sembrar verticalmente, la ardua labor de El cultivo y coseéha de ]
cultivar entre las hileras desyerbando con la pala puede efectuarse man­ mano de obra y exigían la pI
teniendo el cuerpo casi erecto, mientras se sube la ladera. La siembra se y los adolescentes varoneS
lleva a cabo con una herramienta precolombina ligeramente modificada, cafetales, que eran las labo)
el barretón, cuya aguda y pesada punta se halla incrustada en un mango peñaban un papel important
largo y recto. El barretón forma un hueco en el suelo para enterrar gra­ maduraba - una prolongadf
nos de maiz, plantones de café o caña de azúcar. Las otras herramientas la cosecha era recolectada el
indispensables del pequeño agricultor cafetero son la peinilla y el ma· jo intenso. Los granos eran I
chete, más grande y pesado, usados para desmalezar los campos que se les de manufactura colombl
preparan para el cultivo, limpiar la hierba de los pastizales y abrir cami­ don~e ferme~taban hasta qt
nos. La peinilla se emplea para cortar y arreglar la guadua, el bambú se dIsolvía. Después los gra¡
gigante que forma la base de las construcciones cafeteras; recoger palo proceso que a menudo tomal
micha, una fronda silvestre usada para techar; tallar mangos de herra­ cafetera se efectuaba en invil
mientas y soportes de madera para albardas, y realizar una infinidad de esparcidos en grandes band
tareas, desde cosechar plátano hasta cortar leña. Aunque la mayoria de dían cubrirse o entrarse cuan
los agricultores cafeteros en capacidad de hacerlo poseían una escopeta jo de sus delgadas cáscara
o un rifle, y más recientemente una pistola, la peinilla sigue siendo el mujeres y niños, que separa1
arma corriente en las zonas cafeteras. Protegida en su vaina, un estuche defectuoso, denominado cac
de cuero decorado, pende de la cintura de casi todo hombre adulto en las la finca o era vendido a preci
áreas rurales de las regiones cafeteras, al alcance de la mano para ser resto era empacado en sacos
usada en las diversas labores cotidianas. para ser transportado a lo lar,
Las técnicas del cultivo en pequeña escala se ajustan admirablemen­ tables por las lluvias, hasta
te al terreno, se adecúan a los escasos recursos de capital y previenen la horas. Allí, el café podía ser ~
compañías exportadoras o co
Federación Nacional de C¿fet
como las de maiz, desarrolladas para la agricultura colombiana en granjas experimentales fi­ pales pueblos cafeteros contl
nanciadas por la Fundación Rockefeller. En los últimos dos la sabidurla convencional en el
mundo desarrollado relativa al uso de qu1mlcos en la agricultura y la esperanza de la llamada plantas descascaradoras done
"Revolución Verde" han sido sometidas a una critica demoledora. 108 pequei\os cultivadores apergaminada del café produ
de café siempre han estado en capacidad de suministrar, a quienes estén dispuestos a escu­
char. información bastante completa sobre el uso adecuado y eficiente de los recursos agrlco­
las.
~ TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA 377

las laderas se basó en técnicas frágil ecologia de las vertientes cafeteras. Hasta hace poco era raro que
lB y quemas en el desmonte. A el pequeño productor empleara fertilizantes y pesticidas quimicos. La
;ractores y buldóceres se hicie­ práctica de sembrar cultivos de subsistencia intercalados entre los cafe­
eras y en la agricultura comer­ tos daba un uso completo a la tierra y contribuia a estabilizar el suelo re­
era siguió impidiendo el uso de cientemente denudado. La costumbre de sembrar árboles para sombrío
ierras. La limpieza de cafetos y y proteger la maduración de los cafetos presentaba varias ven~as. Las
Ueva a cabo con azadones y pa- grandes rafces de los árboles ayudaban a evitar la erosión; las hojas pro­
I educados en las técnicas agri­ veian materia orgánica a las plantas de arábiga. La sombra no solo ase­
; ridiculizan la forma como los guraba la maduración lenta de los granos, factor importante en su sabor,
, en hileras verticales a lo largo sino que retardaba el crecimiento, garantizando asi un suministroade­
11 que sigue las curvas de nivel, cuado de nutrientes y prolongando su productividad. Al permitir que
la erosión y los derrumbes que cerdos y aves de corral forrajearan en los cafetales, se ayudaba a elimi­
1i. Como arar estas pendientes, nar insectos y fertilizar los plantlos.
posible, los pequeños agriculto­ El cultivo y coseéha de los arbustos requerían una gran cantidad de
oerticalmente, la ardua labor de mano de obra y exigian la plena participación de la familia. Los hombres
n la pala puede efectuarse man­ y los adolescentes varones desmontaban, sembraban y limpiaban los
!le sube la ladera. La siembra se cafetales, que eran las labores pesadas. Las mujeres y los niños desem­
)mbina ligeramente modificada, peñaban un papel importante en la cosecha. El café era recogido cuando
le halla incrustada en un mango maduraba - una prolongada y dispendiosa labor-, aunque el grueso de
:o en el suelo para enterrar gra­ la cosecha era recolectada en el curso de unas cuantas semanas de traba­
~ azúcar. Las otras herramientas jo intenso. Los granos eran despulpados en pequeñas máquinas manua­
:afetero son la peinilla y el ma­ les de manufactura colombiana, luego lavados en un tronco ahuecado
ifl desmalezar los campos que se donde fermentaban hasta que la peHcula mucosa que envuelve el grano
)a de los pastizales y abrir cami­ se' disolvia. Después los granos se preparaban para el secado al' sol, un
y arreglar la guadua, el bambú proceso que a menudo tomaba varios dias pues por 10 general la cosecha
ucciones cafeteras; recoger palo cafetera se efectuaba en invierno (los meses de lluvias). Los granos eran
techar; tallar mangos de herra­ esparcidos en grandes bandejas planas de madera que fácilmente po­
trdas, y realizar una infinidad de dian cubrirse o entrarse cuando llovia. Los granos secos, verdosos deba­
Irtar leña. Aunque la mayoría de jo de sus delgadas cáscaras apergaminadas, eran seleccionados por
de hacerlo poseian una escopeta mujeres y niños, que separaban los granos rotos o imperfectos. El café
~la, la peinilla sigue siendo el defectuoso, denominado cacota, se destinaba al consumo doméstico en
rotegida en su vaina, un estuche la finca o era vendido a precios reducidos en las poblaciones vecinas. El
~e casi todo hombre adulto en las resto era empacado en sacos de arpillera y cargado en mulas o caballos
•, al alcance de la mano para ser para ser transportado a lo largo de escarpados caminos, a veces intransi­
,,
tables por las lluvias, hasta pueblos que en ocasiones distaban varias
~sca1a se ajustan admirablemen­ horas. Alli, el café podia ser vendido a tenderos, a representantes de las
lecursos de capital y previenen la compamas exportadoras o, con el tiempo, a los funcionarios locales de la
!
Federación Nacional de Cafeteros. Hasta los años cuarentas, losprinci­
Ita colombiana en granjas experimentales fí­ pales pueblos cafeteros contaban con una o dos trilladoras, pequeñas
~lt.imos aftos la sabidutia convencional en el plantas descascaradoras donde grandes máquinas removian la cáscara
In la agricultura y la esperanza de la llamada apergaminada del café producido tanto por los pequeños como por los
Ik.ica demoledora. Los pequetios cultivadores
~. a quienes estén dispuestos a escu­
¡ adecuado y eficiente de los recursos agrico­
f
878 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

grandes cultivadores, y donde los granos eran secados por completo y con leña y bagazo - tallos
sometidos a un proceso final, muy intensivo en mano de obra (51). producia la panela, tortas
En todas las fincas cafeteras familiares el café era solo uno de los por la clase obrera colombi
muchos cultivos. En las más pequeñas constituían incluso un cultivo de en décadas recientes. Tam
importancia secundaria (52). El pequeño productor cafetero buscaba ba la base de las bebidas
ante todo alimentar a su familia. El plátano y los diversos tipos de bana­ plio consumo popular. La
no, la yuca y la arracacha (un tubérculo de la familia de la mandioca), el enormes jarras de barro, s
maíz y los frijoles eran los alimentos básicos. El maíz, a menudo cultiva­ de bajo contenido de alco~
do mediante técnicas de roza y quema en terrenos apartados de la finca y realizaban los trabajos pes
tomados en arriendo con tal propósito, se utilizaba en sopas y en una va­ marse, en alambiques C8SE
riedad de tortas" especialmente en la blanca arepa sin sal, y consumido los sostenidos esfuerzos de
con gran gusto, antes de madurar, como mazorca. El maíz permitia a las gar a los fabricantes de lic
familias criar gallinas, patos, pavos y cerdos, fuentes primordiales de monopolio gubernamental
proteína animal en las fincas cafeteras. Estos animales eran sacrificados privados interesados en e~
en las reuniones sociales y en algunas fiestas religiosas. El resto del sas, la producción casera de
tiempo las sopas y las harinas eran acompañadas de pequeñas porciones do buena parte del mercad(J
de carne salada o cerdo que se compraban semanalmente en las aldeas. caña de azúcar picada tam
Solo las familias más prósperas podian darse el lujo de criar ganado de mulas allí donde los pastos
leche o de engorde. Los agricúltores cafeteros. tampoco cultivaban le­ cerdos y los pavos, también
gumbres. Sembrab,an ají, pero los pocos vegetales que consumian ducida al hervir el jugo de
- tomate, cebolla, ajo, cilantro y papa, al igual que condimentos como que excedían las necesidade
sal y comino- se traían del pueblo. Muchos cultivadores sembraban ba de los demás bienes agrl
árboles de cítricos y mango y complementaban su dieta, especialmente ñas fincas familiares, eran,
en zonas cafeteras recientes, con una variedad de frutos y vegetales sil­ rientes, o llevados al merca~
vestres, animales de monte, aves y peces. Los productos vegetales sil­ Los pequeños agriculton
vestres también se utilizaban en la rica tradición de remedios caseros, de ción doméstica de textiles, e
los cuales dependían las familias para curar heridas o enfermedades. campesinas de otros secton
Por último, muchas familias, en particular las que habitaban las zo­ de los pequeños agricultores
nas bajas y cálidas, cultivaban también caña de azúcar. Esta era cose­ xvm y XIX, que elaborabar
chada a lo largo del año durante las pausas del ciclo laboral del café, el en otras regiones, y los hi1.ac
maíz y otros productos de subsistencia. La técnica de la cosecha se ase­
mejaba a la del café. Solo se cortaban los tallos maduros de la planta
de Boyacá . y Cundinamarca
un COIDlenzo de prendas ind
.
para ser procesados en pequeñas prensas de madera, hierro o acero lla­ das, para cubrir sus necesida
madas trapiches, movidos tradicionalmente con fuerza animal y, en y las niñas confeccionaban a
tiempos recientes, con pequeños motores diesel. .El jugo se cocía en una ta que el uso de máquinas in
serie de cubas sobre un gran horno de barro, cuyo fuego era alimentado fundió en décadas recientes.
cer sus pantalones de algodó
que aún continúa en nuestr(
51. A comienzos del siglo XX algunos de los más grand,s productores ten1an plantas descascara­ sandalias de fibra (alpargatal
doras en sus propiedades. Para la década de los cuarentas,la creciente efieacia de la selección
realizada por máquinas redujo en forma drástica el número de escogedoras empleadas en las cho son hechos en las fábria
trilladoras. La mayor inversión en maquinaria también fomentó la centralización del procesa­ mente entre las familias más
miento en grandes ciudades y redujo el número de triIladoras en funcionamiento. vestido.
52. Capitulo IV de CEPAL, El calé (citado en la nota 27), suministra UD examen amplio de la natu­
raleza diversificada de la producción agricola y ganadera en las finC8B cafeterJs de Colombia Las familias tradicionalm.
según tamaiio. Véanse especialmente los Cuadros 24 a 29. les muchos otros articulos qm
t\BAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 879

1m secados por completo y con leña y bagazo -tallos molidos y secos de caña. De esta manera se
n mano de obra (51). producia la panela, tortas de azúcar morena ampliamente consumidas
el café era solo uno de los por la clase obrera colombiana hasta que el azúcar refinada se abrió paso
¡tuían illcluso un cultivo de en décadas recientes. También se producia la mielo melaza, que forma­
Iroductor cafetero buscaba ba la base de las bebidas alcohólicas fermentadas y destiladas, de am­
, los diversos tipos de bana­ plio consumo popular. La miel, mezclada con agua y un iniciador en
,familia de la mandioca). el enormes jarras de barro, se convertia en guarapo, una bebida agridulce
El maíz, a menudo cultiva­ de bajo contenido de alcohol consumida a lo largo del día por quienes
-enos apartados de la finca y realizaban los trabajos pesados bajo el sol. El guarapo podia transfor­
izaba en sopas y en una va­ marse, en alambiques caseros, en aguardiente anisado o en ron. Pese a
arepa sill sal, y consumido los sostenidos esfuerzos de los funcionarios públicos por multar y casti..
:orca. El mm permitia a las gar a los fabricantes de licor destilado no producido ni gravado por el
)8, fuentes primordiales de monopolio gubernamental, y pese a la propaganda de los empresarios
!l animales eran sacrificados privados interesados en expandir el mercado de la cerveza y las gaseo­
Itas religiosas. El resto del sas, la producción casera de guarapo y aguardiente continuó satisfacien­
adas de pequeíias porciones do buena parte del mercado rural de bebidas hasta hace poco tiempo. La
emanalmente en las aldeas. caña de azúcar picada también complementaba la dieta de caballos y'
e el lujo de criar ganado de mulas alli donde los pastos eran limitados. Estos arumaIes, &Si como los
~ros tampoco cultivaban le- cerdos y los pavos, también eran alimentados con la cachaza, la nata pro­
vegetales que consumían ducida al hervir el jugo de la caña. Los productos de la caña de azúcar
goal que condimentos como que excedían las necesidades domésticas, al igual que todo lo que sobra­
lOS cultivadores sembraban ba de los demás bienes agricolas y ganaderos producidos en las peque­
han su dieta, especialmente ñas fincas familiares, eran vendidos o intercambiados con vecillos y pa­
lad de frutos y vegetales sil­ rientes, o llevados al mercado del pueblo.
Los productos vegetales sil­ Los pequeños agricultores cafeteros nunca se dedicaron a la produc­
ción de remedios caseros, de ción doméstica de textiles,como tradicionalmente lo hacian las familias
heridas o enfermedades. campesinas de otros sectores de la economía colombiana. A diferencia
lar las que habitaban las zo­ delos pequeíios agricultores tabacaleros de Santander durante l~s siglos
~ de azúcar. Esta era cose­ xvrn y XIX, que elaboraban telas en sus hogares para ser distribuidas
¡del ciclo laboral del café, el en otras regiones, y los hiladores y tejedores de lana de las tierras altas
~nica de la cosecha se ase­ de Boyacá y Cundinamarca, los agricultores del café dependieron desde
¡tallos maduros de la planta un comienzo de prendas industriales de algodón, irucialmente importa­
le madera, hierro o acero lla­ das, para cubrir sus necesidades de vestuario. Sin embargo, las mujeres
te con fuerza animal y. en y las niñas confeccionaban a mano muchos de sus·propios vestidos, has­
lesel. El jugo se cocía en una ta que el uso de máquinas importadas de coser, movidas a pedal, se di­
~, cuyo fuego era alimentado fundió en décadas recientes. Por'lo general los hombres mandaban ha­
! cer sus pantalones de algodón en las sastrerlas de los pueblos, práctica
que aún continúa en nuestros días, pese a que ahora las camisas, las
PrPctuctores telrlan plantas descasca:a ­ sandalias de fibra (alpargatas), los zapatos de cuero y las botas de cau­
~, la creciente eficacia de la selección choson hechos en las fábricas del pais. Los niños pequeños, especial­
~ero de escogedoras empleadas en las
tioment6 la centralización del procesa­ mente entre las familias más pobres, todavia usan muy poco o nillgún
~ en funcionamiento. vestido.
iministra un eumen amplio de la natu­ Las familias tradicionalmente elaboraban con materias primas loca­
Ira en las fincas cafete~ de Colombia
les muchos otros articulos que consumían o usaban en su trabajo. Algu­
a9.
S80 LOS TRABAJADORES EN LA JiISTORIA COLOMBIA

nos cultivaban fique para producir fibra y tejer cuerdas. La mayoría reco­ otra labor doméstica impor
lectaba enredaderas para amarrar las vigas de guadua de galpones y siempre por las mujeres, SE
puentes colgantes. Los trabajadores cafeteros converttan las grandes y quebradas y nos. Sin emba
redondas calabazas del árbol de. totumo en fuertes cuencos para beber y la amplitud de los cafetaleE
elaboraban con ellas cucharones, desnaw.dores y recipientes. Las muje­ costumbre obviamente cont
res tejan diversas fibras naturales, sacadas de una gran variedad de también es responsable en ~
plantas, para manufacturar canastas, colchones y los famosos sombreros de agua y hace vulnerables I
de jipijapa o panamás que Colombia antiguamente exportaba en cantida­ caminan descalzos, a los ptl
des al mundo industrializado. Las mujeres hacían velas y jabón con el suelo tales como el anquil(J
cebo comprado a los carniceros de las poblaciones. Empacaban atados como la insidiosa amiba. Cf
de panela y almuerzos frlos en grandes hojas cortadas de los platanales. sufren de parasitismo intesti
Con el tiempo, las familias cafeteras empezaron a depender cada vez de la población del municipl
más de la compra de mercancías manufacturadas en las ciudades. Em­ contró que un sorprendente
pleaban tejas de hierro corrugado, cemento para pisos y tanques de pro­ ancilostomiasis. Antonio Ga)
cesamiento del café, productos derivados del petróleo para lámparas y una rica fuente de estadistic
motores de trapiche, y recipientes de plástico para recoger el grano. fetera, descubrió allí, en 193
También comenzaron. a adquirir diversos bienes de consumo importa­ En algunas regiones cafeten
dos, incluidos relojes y radios transistores. Sin embargo, aún hoy son démicas hasta décadas reciel
notables la autosuficiencia y la "frugalidad de la mayorla de las familias namentales coordinados por 1
de la zona cafetera, así como el uso creativo de los recursos naturales. mosquito del cual depende Sl
Para un viajero proveniente de lasfrlas tierras altas, parecerla a pri­ tasas de natalidad como de )
mera vista que los trabajadores cafeteros habitaran en un paraíso sub­ han sido más altas que las d
tropical. Las cadenas montaftosas sé extienden en lontananza hasta don­ rural, aunque más pobre, goz
de alcanza la vista. Al descender unos mil metros desde tierra fria, las Hasta hace. pocos años, lI
primeras vertientes cafeteras aparecen en toda su exuberancia de vege­ más visitaba un médico. Las
tación, exhibiendo las múltiples tonalidades delverde -árboles de som­ las sobanderas masajeaban b
brlo y cafetales, bosques de.guadua y parches de caña de azúcar y maíz ras, las rezanderas eran solici
recién sembrado- , yel púrpura, naranja y rojo de cámbulos, gualanda­ ticos y oraciones encaminadOE
yes y acacias y otros árboles florecidos •.A medida que uno baja hacia la que, según se decía, eran la <:
tierra caliente, la fragancia y el color de los naranjos y cafetos en flor, los los trabajadores cafeteros em
buganviles y las orquídeas silvestres e'mbriagan los sentidos. Pero en seros con medicinas modem
esta tierra de eterna primavera surge una realidad humana y social que médicos, las facilidades sanitf
con frecuencia no es hermosa. El clima benigno que acaricia la lujuriante yoría de los trabajadores pobr l
vegetación de las vertientes produce toda una variedad de insectos y de la medicina popular para t
enfermedades tropicales que minan la salud del hombre. Los habitantes Los trabajadores cafeteros
viven en condiciones materiales primitivas, y la realidad social y politica gión un alivio para la enferme<
de su existencia es muchas veces degradante y vil. a misa los dias de mercado y
Las condiciones sanitarias en la mayorla de las fincas cafeteras fami­ firmación y los servicios fu~en
liares son deplorables y solo en los últimos años han mejorado un poco. viduos. Aunque muchos homb
A pesar de lo rudimentaria, la vivienda no presenta mayores problemas
sanitarios. Las paredes de guadua rajada permiten la circulación de aire 53. Machado, El café (citado en la nota l
y los pisos de tierra se barren fácilmente con escobas caseras hechas con (citado en la nota 6), pp. 217-18; sobl
manojos de ramas. Los alimentos se cocinan en un hogar alto a fuego cha tan tardía como 1955 el censo call
abierto y algunas fincas poseen hornos de barro. El lavado de la ropa, la las fincas cafeteras entre 1 y 10 hectí
letrina. CEPAL, El café, Cuadro 61, JI
'J.'RABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 381

tejer cuerdas. La mayoría reca­


otra labor doméstica importante que, como la cocina, es desempeñada
~ de guadua de galpones y
siempre por las mujeres, se hace a mano, a menudo en las orillas de las
~ convertían las grandes y
quebradas y nos. Sin embargo, en casi todos los minifundios cafeteros,
~ fuertes cuencos para beber y
la amplitud de los cafetales hace las veces de una vasta letrina. Dicha
nores y recipientes. Las muje­
costumbre obviamente contribuye a reponer la fertilidad del suelo, pero
¡das de una gran variedad de
también es responsable en gran parte de la contaminación de las fuentes
~ones y los famosos sombreros
de agua y hace vulnerables a los trabajadores, muchos de los cuales aún
uamente exportaba en cantida­
caminan descalzos, a los parásitos intestinales que se trasmiten por el
~s hadan velas y jabón con el
suelo tales como el anquilostoma, lo mismo que a parásitos acuáticos
~laciones. Empacaban atados
como la insidiosa amiba. Casi todos los habitantes de la zona cafetera
las cortadas de los platanales.
sufren de parasitismo intestinal. En 1920, un médico que tomó muestras
~pezaron a depender cada vez
de la población del municipio cafetero de La Mesa, Cundinamarca. en­
~adas en las ciudades. Em­
contró que un sorprendente 95 % de la gente sufría de anemia tropical o
~ para pisos y tanques de pro­
ancilostomiasis. Antonio Garda. cuya Geograña Económica de Caldas es
~del petróleo para lámparas y
una rica fuente de estadísticas sanitarias sobre el corazón de la zona ca­
flástico para recoger e.l grano.
fetera, descubrió allí, en 1937, una incidencia similar de la enfermedad.
S bienes de consumo Importa­
En algunas regiones cafeteras la malaria y la fiebre amarilla fueron en­
fes. Sin embargo, aún hoy son
démicas hasta décadas recientes, cuando importantes programas guber­
namentales coordinados por las Naciones Unidas erradicaron en parte el
~ de la mayoría de las familias

po de los recursos natur~les. ~


mosquito del cual depende su propagación. Tradicionalmente, tanto las
~ tierras altas, parecena a pn­

tasas de natalidad como de mortalidad de los departamentos cafeteros


Í8 habitaran en un parÚ!o sub­
han sido más altas que las de otras áreas del país, donde la población
~nden en lontananza hasta don­

rural, aunque más pobre, gozaba de mejor salud (53).


,uJ. metros desde tierra fría, las
Hasta hace pocos años, la mayoría de los trabajadores cafeteros ja­
.n toda su exuberancia de vege­
más visitaba un médico. Las comadronas se encargaban de los partos,
las sobanderas masajeaban las torceduras graves y trataban las fractu­
des del verde -árboles de som­

~hes de caña de azúcar y maíz

ras, las rezanderas eran solicitadas pata elaborar pociones y recitar cán­
11 y rojo de cámbulos, gualanda­
ticos y oraciones encaminados a liberar a los niños de los malos espíritus
~ medida que uno baja hacia la
que, se~n se decía, eran la causa de la diarrea crónica. Con el tiempo,
los naranjos y cafetos en flor, los
los trabajadores cafeteros empezaron a complementar sus remedios ca­
~brlagan los sentidos. Pero en
seros con medicinas modernas. Pero incluso hoy día son escasos los
la realidad humana y social que
médicos, las facilidades sanitarias y los suministros de drogas; y la ma­
Íenigno que acaricia la lujuriante
yoría de los trabajadores pobres aún dependen de sus propios recursos y
~ una variedad de insectos y
de la medicina popular para tratar sus dolencias.
JUud del hombre. Los habitantes
Los trabajadores cafeteros tradicionalmente han buscado en la reli­
ras, y la realidad social y poJitica
gión un alivio para la enfermedad y el dolor. Las mujeres todavia asisten
lante y vil.
a misa los días de
.
mercado. y los rituales católicos del bautismo ' la con­
Dría de las fincas cafeteras fami­
firmación y los servicios funerarios marcan la vida de casi todos los indi­
nos años han mejorado un poco.
viduos. Aunque muchos hombres son escépticos en cuanto al destino de
¡no presenta mayores problemas

¡. permiten la circulación de aire


53. M.achado, El café ~citado en la nota 26), p. 51. Sobreancilostomiasis véase Garcia, Geografía
(Cltadoen la nota 6). pp. 217-18; sobre tasas de natalidad y mortalidad, pp. 202-3. En una fe­
~ con escobas caseras hechas con

cha tan tan:l.íacomo 1955 el censo cafetero de la CEPAL estimaba que menos del 8% de todas
:.einan en un hogar alto a fuego
las fincas cafeteras entre 1 y 10 hectáreas tenian cuarto de bafio y solo un 8.5 % contaban con
ae barro. El lavado de la ropa, la
letrina. CEPAL. El café, Cuadro 61, p. 75. ­
382 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

las exacciones financieras de la Iglesia, que cobra por sus servicios y fre­ La lucha constante por e
cuentemente solicita contribuciones especiales, y expresan dudas sobre chas tensiones. Conseguir
la moralidad sexual de muchos sacerdotes, la mayoria, tanto liberales grande mejor, era la meta d
como conservadores, comparten una fe en lo sobrenatural, no solo en. el es a menudo despachada en
Dios cristiano sino en los poderes especiales de los muertos, y mantIe­ pulso anacrónico e irracional
nen un compromiso vago con el dogma de la Iglesia. Por ejemplo, siguen nos", junto con otros valor,
temiendo que mueran los niños no bautizados y procuran confesarse sociales precapitalistas (56).
cuando se hallan al borde de la muerte. de mercancias, los minifum
Pese a que la familia nuclear santificada por los lazos del matrimonio corriente de la historia. Pero
católico era más común en las zonas cafeteras que en otras áreas del control de la tierra en los dec
campo colombiano, much~s pareJas que cohabitaban, particularmente detenninante· más significat
entre las familias más pobres, no se hallaban casadas formalmente. La durante el siglo XX. Es, asu
mayoria de quienes hoy mantienen uniones informales sostienen que solo una expresión especifia
son muy pobres para costear una ceremonia matrimonial decen~e, acon­ dores de todas las sociedadee
tecimiento que tradicionalmente se acompaña d~, abundante~ vIan~as y dir cómo y cuándo debe hao
bebida y.de una fiesta de más de un día de. ?Uraclon. En los anos vem~es valor del trabajo propio. Aun4
un investigador descubrió una fuerte relaclOn entre el alza de los precIOS veía limitada por las relación
del café. y la mayor frecuencia de matrimonios en el departamento de exportadora, poseer una fin,
Antioquia. En las nuevas y florecientes zonas cafeteras, en dond~ los
alcance de muchos trabajado:
migrantes y los trabajadores estacionales proveIÚan de otras regJ.o~~s
Estos perseguían dicha metl
del país, los varones adultos sobrepasaban con creces. a .la p~blaclOn
medios indíviduales, pero ta
femenina adulta, un hecho que contribuyó a la notable mCIden~la de la
esfuerzos colectivos, favorecí«
prostitución y las enfermedades venéreas (54). Los lazos mantales no
nales a fines de los años veint4
impedían que algunos agricuJtores, especi~lmente ,los más prós~eros,
la atención de muchos estudí<J
tuviesen hijos ilegítimos y mantuviesen UnIones mas o menos abIertas
gias individuales, ignoradas 1
con otras mujeres. Algunos hombres dividían su tiempo y sus recursos
más prosaicas, pero fueron ls
entre dos o más familias. La complejidad de las relaciones sexuales y de
en las relaciones sociales de II
los lazos formales e informales entre las parejas a menudo generaba con­ del siglo y ejercieron la influel
flicto entre los cónyuges y sus parientes, en especial en tomo a herencias vimiento obrero y la historia p4
e hijos ilegítimos. La seducción o el abuso de mujeres por parte de hom­
Los trabajadores cafeteros
bres que no sosteIÚan a sus familias o las maltrataban daba? lugar a ~a­ nian una propiedad con métoc:i
ves actos de violencia entre los parientes varones de la mUjer agraVIada
vas y hacerse a los títulos a tI
y los supuestos ofensores. Estas disputas configuran tan solo un aspec~
zarse para obligar a los grandl
de la profunda corriente subterránea de tensiones y conf~ctos que ~
caracterizado la vida social en las zonas cafeteras, especIalmente alli a vender; o comprar tierra en
donde las pequeñas fincas son numerosas (55). más común. Como hemos visú
rras públicas en la zona cafeter
cía a los grandes terrateniente
54. Garc18, Geogt'afía 'citado en la nota 6), Capitulo IV, aporta una excelente discusión acerca ~e
18 importancia de la familia en la producción cafetera en pequeña escala. Sobre la frecuenCls
del matrimonio y la edad a la cual lo efectuaban comúnmente los hombres (más tarde) y las población cafetera de Colombia es el
mujeres 'más pronto) en Caldas en los años treintas, véanse. p~. 194;'96; sobr,: el ~to.porcen­
taje de varones solteros en la fuerza de trabajo cafetera y la. mCldenClB de la prostitución y las
Quindto, Bogotá, 1979. Más adelante
56. Esta posición, central tanto en el peJ
enfermedades en Caldas, véanse pp. 209 Y 223-25. La relación entre los precios del café y los como de los marxistas ortodoxos, ins¡
de los trabajadores rurales migrantes
matrimonios se plantea en Diego Monsalve, Colo~bia.caletera. Barcel~na, 1~7. .
55. La mejor obra publicada sobre las fuentes de conflicto mterpersonal y v101enClB polltica en una lás Buenaventura. Véase su obra "1
pp. 3-32. Esta obra se discute en deta}
l'RABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 383

! cobra por sus servicios y fre­ La lucha constante por el control de la tierra yace en el fondo de di­
18.1es, y expresan dudas sobre chas tensiones. Conseguir una propiedad, a título libre, cuanto más
s, la mayoría, tanto liberales grande mejor, era la meta de todo trabajador cafetero. Dicha aspiración
lo sobrenatural, no solo en el es a menudo despachada en la literatura marxista y liberal como un im­
les de los muertos, y mantie­ pulso anacrónico e irracional supuestamente heredado por los •'campesi­
a Iglesia. Por ejemplo, siguen nos", junto con otros valores culturales tradicionales, de formaciones
izados y procuran confesarse sociales precapitalistas (56). Es cierto que como pequeños productores
de mercancías, los minifundistas cafeteros estaban nadando contra la
a por los lazos del matrimonio corriente de la historia. Pero negar la dinámica de su exitosa lucha por el
~teras que en otras áreas del control de la tierra en los decenios que antecedieron a 1960 es ignorar el
cohabitaban, particularmente determinante más significativo de las téndencias históricas nacionales
¡ban casadas formalmente. La durante el siglo XX. Es, asimismo, no reconocer que esa contienda fue
nes informales sostienen que solo una expresión específica de las metas compartidas por los trabaja­
da matrimonial rlecente, acon­ dores de todas las sociedades: el deseo de controlar su propia vida, deci­
laña de abundantes viandas y dir cómo y cuándo debe hacerse el trabajo y apropiarse por entero del
; duración. En los años veintes valor del trabajo propio. Aunque en Colombia la propiedad de la tierra se
ión entre el alza de los precios veía limitada por las relaciones de crédito e intercambio de la economía
nonios en el departamento de exportadora, poseer una finca familiar viable constituía un objetivo al
zonas cafeteras, en donde los alcance de muchos trabajadores cafetero!:! en la primera mitad del siglo.
s provenían de otras regiones Estos perseguían dicha meta en forma incesante, principalmente por
[)an con creces a la población medios individuales, pero también valiéndose de la organización. Sus
'ó a la notable incidencia de la esfuerzos colectivos, favorecidos por condiciones estructurales excepcio­
¡g (54). Los "lazos maritales no nales a fines de los años veintes y prin.cipios de los treintas, han llamado
~cialmente los más prósperos, la atención de muchos estudiosos de la historia colombiana. Sus estrate­
uniones más o menos abiertas gias individuales, ignoradas por la mayoría de los investigadores, eran
¡man su tiempo Y sus recursos más prosaicas, pero fueron las que produjeron los principales cambios
de las relaciones sexuales y de en las relaciones sociales de la producción cafetera en la primera mitad
I8rejas a menudo generaba c~n­ del siglo y ejercieron la influencia más profunda sobre el patrón del mo­
8n especial en tomo a herenCIas vimiento obrero y la historia política del país.
~ de mujeres por parte de hom­ Los trabajadores cafeteros sin tierra adquirían, acrecentllban y soste­
¡maltrataban daban lugar a gra­ nían una propiedad con métodos div.ersos. Podían colonizar tierras nue­
I varones de la mujer agraviada vas y hacerse a los títulos a través de procedimientos oficiales; organi­
tconfiguran tan solo un aspecy> zarse para obligar a los grandes terratenientes a dividir sus haciendas y
~ tensiones y conflictos que ha a vender; o comprar tierra en el mercádo. Esta última estrategia era la
18 cafeteras, especialmente allí más común. Como hemos visto, la política de distribución oficial de tie­
~ (55). rras públicas en la zona cafetera, incluso en la Cordillera Central, favore­
cía a los grandes terratenientes. Con el correr del tiempo, la lucha que
I'~aporta una excelente discusión acerca ~e
r& en pequeña escala. Sobre la frecuencIa población cafetera de Colombia es el interesante estudio de Jaime Arocha, La violencia en el
ánmente los hombres (mAs tarde) y las Quindío, Bogotá, 1979. Más adelante se discute en mayor detalle.
1m, véanse pp. 194-96; sobre el ~to.porcen­ 56. Esta posición, central tanto en el pensamiento de los teóricos liberales de la modernización
ittera y la.incidencia de la prostItución y las como de los marxistas ortodoxos, inspira el análisis de otro modo .penetrante de las actitudes
l La relación entre los precios del café y los de los trabajadores rurales migrantes contemporáneos, desanollado bajo la dirección de Nico­
~eafetera. Barcelona,I927. lás Buenaventura. Véase su obra "Los temporeros" , en Estudios Manisías. No. 9, 1975,
~ interpersonal y violencia politica en una pp. 3-32. Esta obra se discute en detalle en la parte final de este ensayo.
384 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

un observador denominó acertadamente "la batalla del hacha contra el ducción. Muchos minifundi~
papel sellado" era ganada por los grandes terratenientes, los comercian­ vable en las posesiones ajeI
tes y los profesionales. La parcelación de grandes haciendas cafeteras piches, los pastos y los bose
como resultado de la lucha colectiva de los trabajadores dependientes, Los grandes terratenientes ~
como se verá más adelante, afectó a varios latifundios y a unos pocos carecían de una propiedad
miles de trabajadores cafeteros y sus familias en importantes regiones obligación o el desacuerdo se
de Cundinamarca y Tolima. Sin embargo, ninguno de estos procesos rras arrendadas o de aparee
puede explicar la fragmentación general de la propiedad en todas las litigios entre vecinos. Los pe
zonas cafeteras que muestran los datos censales y las estadísticas de que el ~argen entre éxito J
tenencia en los años cincuentas. denuncIaban a sus vecinos pe
La búsqueda de una pequeña propiedad significaba para las familias les o por los daños causados
de los trabajadores cafeteros una lucha de toda la vida en la que el inge­ ban las cercas y comían o daí
nio, el trabajo duro y una buena dosis de suerte jugaban su papel. El ros se veían estimulados por
ingenio implicaba cultivar con éxito una amplia gama de relaciones, des­ vecharse de sus rivales en e
de la escogencia de esposa y de buenos padrinos para los hijos, hasta la creían que la acción pasarla i
capacidad de ganarse la simpatía de parientes,amigos, comerciantes, tear a los terratenientes parte
terratenientes, jefes poJiticos locales y funcionarios del gobierno. Los Otros intentaban alterar los
miembros de las familias socialmente móviles tenían que equilibrar los medidos y vagamente delimJ
gastos en obsequios materiales y una cierta liberalidad en la hospitali­ referencias a piedras y árboli
dad brindada a los individuos estratégicos con la necesidad desesperada constante con sus vecinos u
de ahorrar y acumular. Tal dilema los involucraba en un complicado y medida para triunfar de s~ h
siempre cambiante cálculo social que mantenía en vilo a las familias ca­ control efectivo de las autoric
feteras, en especial a los jefes del hogar, a lo largo de sus vidas. Todos capaces de intimidar a los del
los miembros de la familia tenían que cooperar y trabajar duro para cum­ guían amedrentar a sus vecinc
plir con las múltiples tareas agrícolas, artesanales y de construcción midad y el valor, tenían las m
doméstica requeridas para operar adecuadamente la pequeña finca. Una canzar la vejez y adquirir, amJl
familia sana bendecida con hijos, que conseguía tomar tierra en arriendo De esta manera, los que tI
o en aparcería en épocas de baja en los precios internacionales del grano dramatizados en el microcosm
y que luego, cuando los nuevos cafetos entraban en plena producción, se ideología capitalista y cristiana
beneficiaba con el alza de los precios, quedaba en condiciones óptimas na fortuna al trabajo duro, la iI
para salir adelante en la lucha por acumular capital y comprar tierra. Las de su familia. Si fracasaban SE
familias que sufrían la pérdida o incapacidad parcial de uno o de ambos rivales o lo atribuían ai destino
padres, carecían de hijos o invertían en un momento inoportuno del im­ caban con los valores capitalis
predecible ciclo de los precios mundiales, casi con absoluta seguridad por los partidos liberal y conse
fracasaban en la búsqueda de una propiedad. U na familia afiliada a uno ambas colectividades tradício:
de los dos grandes partidos políticos en un municipio en el que el otro coincidencia entre la ideología I
partido o una facción rival detentaban la mayoría, podía ser hostilizada m~ndo social generada por la e
por vecinos, comerciantes y funcionarios locales, pero veía invertida la tebsta de la política y la compel
situación una vez que su propio partido ganaba el control de la política los asuntos locales eran apuntal
nacional y de los asuntos locales. ~sfuerzo por crear un campo d
En la lucha por sobrevivir y acumular tierra suficiente para asegurar mtereses. Por medio de la fideU
su independencia, las familias cafeteras se encontraban en constante y a o ? sus facciones, los trabajadol1
menudo violenta competencia con sus vecinos, fueran grandes o peque­ ahados estratégicamente situad,
ños propietarios. En parte la razón radicaba en la estructura de la pro­ seguir un pedazo de tierra. Que
385
rRABAJADORESEN LA HISTORIA

'la batalla del hacha contra el ducción. Muchos minifundistas dependían no solo del uso de tierra culti·
v~ble en las posesiones ajenas, sino también del acceso al agua, los tra·
terratenientes, los comercian·
t grandes haciendas cafeteras
plches, los pastos y los bosques situados fuera de sus propias parcelas.
)8 trabajadores dependientes,
Los grandes terratenientes dependían del trabajo de aquellas gentes que
los latifundios y a unos pocos carecían de una propiedad familiar viable. El incumplimiento de una
rilias en importantes regiones obligación o el desacuerdo sobre el valor de las mejoras realizadas en tie·
o, ninguno de estos procesos rras arrendadas o de aparcerla podían provocar agravios y prolongados
de la propiedad en todas las litigios entre vecinos. Los pequeños agricultores, precisamente debido a
censales y las estadísticas de que el margen entre éxito y fracaso era tan estrecho constantemente
denunciaban a sus vecinos por supuestas violaciones d~ contratos verba­
ld significaba para las familias les o por los daños causados por cerdos, mulas y ganado que traspasa­
~. toda la vida en la que el inge· ban las cercas y comían o dañaban las cosechas. Los agricultores cafete­
e suerte jugaban su papel. El ros se veian estimulados por la situación a utilizar el ingenio para apro­
mplia gama de relaciones, des· vecharse de sus rivales en cualquiera oportunidad. Incluso robaban si
,adrinos para los hijos, hasta la creían que la acción pasarla inadvertida. La mayoria trataba de escamo­
tear a los terratenientes parte de su porción en los arreglos de aparcería.
rientes, amigos, comerciantes,
Otros intentaban alterar los linderos, que por lo general estaban mal
~ncionarios del gobierno. Los
jviles tenían que equilibrar los medidos. y vag~ente delimitados en las escrituras de propiedad· por
~rta liberalidad en la hospital¡'
referenCIas a pIedras y árboles o al curso de los riachuelos. En la riña
8 con la necesidad desesperada
constante con sus vecinos, un pequeño agricultor dependía en buena
medida para triunfar de su hombrla y taeto. En las áreas alejadas del
lvolucraba en un complicado y
lIltenía en vilo a las familias ca­ control efectivo de .las autoridades civiles y eclesiásticas, quienes eran
,a lo largo de sus vidas. Todos capaces de intimidar a los demás o de lograr su respeto, los que conse­
,perar y trabajar duro para cum­ guían amedrentar a sus vecinos o impresionarlos por medio de la ecuani­
artesanales Y de construcción midad y el valor, tenían las mejores posibilidades de sobrevivir para al­
idamente la pequeña finca. Una canzar la vejez y adquirir, ampliar y conservar una propiedad. ,
lseguia tomar tierra en arriendo De esta manera, los que trabajaban en la producción del café veían
recios internacionales del grano dramatizados en el microcosmos de sus vidas los principales mitos de la
ntraban en plena producción, se ideología capitalista y cristiana. Si alcanzaban el éxito, atribuían la bue­
llledaba en condiciones óptimas na fortuna .al trabajo duro, la inteligencia, la frugalidad y la virtud moral
llar capital y comprar tierra. Las de su familia. Si fracas~ban, se reprochaban a si mismos; culpaban a sus
~idad parcial de uno o de ambos rivales o 10 atribuían al destino. Como pequeños propietaríos se identifi­
un momento inoportuno del im­ caban con los valores capitalistas. y cristianos· defe~didos y propagados
~s, casi con absoluta seguridad
por los partidos liberal y conservador. Sin embargo, su lealtad para con
ambas colectividades tradicionales no era un simple resultado de la
edad. Una familia afiliada a uno
\un municipio en el que el otro coincidencia entre la ideología de la clase dominante y la concepción del
~ mayorla, podía ser hostilizada
mundo social generada. por la experiencia cotidiana. La estructura clien­
s locales, pero veia invertida la telista de la política y la competencia entre los partidos por el control de
!ganaba el control de la política los asuntos locales eran apuntaladas por los pequeños propietarios en su
i, esfuerzo por crear un campo de relaciones jerárquicas favorable a sus
,
rtierra suficiente para asegurar intereses. Por medio de la fidelidad a uno u otro de los grandes partidos
o a sus facciones, los trabajadores del café se aseguraban un conjunto de
~ encontraban en constante Y a
~os, fueran grandes o peque­ aliados estratégicamente situados en lalucha por acumular capital y con­
~ en la estructura de la pro­ seguir un pedazo de tierra. Que dicha afiliación también les creara con­
386 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

flietos con una serie de rivales con afiliaciones distintas no debilitaba su familia veía, a la muerte de
partidismo. En una estructura local de poder completamente a merced herencia, y también cómo SI
de la política partidista, para uno resultaba mejor abrazar la causa ~e caba ampliar su magra hen
uno de los posibles triunfadores que mostrarse neutral, expuesto y SID ducción familiar independiE
aliados en ese mundo hobbesiano. La victoriá del partido o facción pro­ Algunos observadores SI
pios podia significar el no reclutamiento para el ejército de un hijo ado­ vida y de trabajo de la peqw
lescente, la protección policial efectiva frente a vecinos beligerantes y !a míticos valores antioqueños
solución favorable de las disputas legales. A un pequeño productor mas enUbano, Tolima, en mediJ
acomodado le reportaba el acceso a puestos oficiales o la educación se­ y anticomunista J. A. Osori!
cundaria para los hijos, una decisión favorable en tomo a la construcción la pobreza materiál, el dete]
de un .camino o cualquiera de otros muchos favores politicos o lega­ ral de los pequeños propieta
les '57). be la virtud de corregir el ro1
Entollces, para salir adelante, un pequeño agricultor cafetero de!>ia clase dominante acerca de b
convertirse en una especie de renacentista rural con una comprenslón lombia. Pero Osorio degrada
maquiavélica de la política y la naturaleza humana. Tema que ser diestro su lucha por el control de la j
en las artes de la agricultura, la criade animales, la construcción yla de condescendencia moral, (
mecánica elemental; también un astuto juez de los hombres y un maes­ relaciones y valores cultural~
tro de la sicologia humana. Pero a diferencia de los tipos urbanos ideales ña producción cafetera. Si bi,
de las primeras sociedades capitalistas del Mediterráneo, era primor­ Osorio desentrañó en parte !
dialmente un trabajador que no dependia del manejo de los medios de teriales actuantes en esta SO(
intercambio, sino del control de los medios de producción y del proceso
laboral en la lucha por la supervivencia y la acumulaciónde capital. En la "Eran el trabajo y la labranza 1
medida en que fuera capaz de movilizar y coordinar la inteligencia y el dad y era éste lo que tergiversa:
músculo de una familia grande, y mientras mantuviera a raya a sus riva­ las ancestrales tendencias nM
les y resultara favorecido por las fuerzas naturales, económica& y politi­ generación se habia embrutedd
cas ajenas a su propio control, lograria el objetivo de adquirir y mantener tales. se entregaba a reproducir
que. dejaba languidecer la inicU
una propiedad. Como hemos visto, en la producción cafetera de lapri­ a la tierra, reaIizaban transacci.o
mera mitad del siglo ni la gran inversión de capital ni el manejo de la. tec­ ejercian la hO$pitalidad COIl graJ
nología avanzada eran suficientes para compensar el uso ineficiente y el bu pomposamente la 8Upremac
control deficiente de la fuerza de trabajo en las grandes haciendas cafe­ blecia UDa solidaridad espontáJl
teras. En consecuencia, muchas familias sin tierra s1.Qetasa contratos de propiciaba la intensidad del esñJ
arrendamiento o aparceria conseguian mejorar su posición a costa de los cos artificiales COIl tendencia al
virtud tratabu de engañarse en
grandes terratenientes. Pero el pequeño agricultor, lo mismo que el comenzaban a traficar en propie
grande en la primera mitad del siglo, era incapaz de revolucionar los
medios de producción cafetera. Su éxito dependia de la capacidad de
Al contrario de lo que afil
movilizar la fuerza de trabajo de su familia. La ironia social de ese estado
queños propietarios no estabi
de cosas sin embargo,residia en que el éxito de una familia socialmente
ción ni deshumanizados por 1
móvil du~ante un ciclo vital socavaba la posibilidad de perpetuar el éxito
ron como clase y emergieron 4
en el siguiente ciclo;l;o mismo.que Sisifo, la familia que era capaz de que, ,a pesar de los enormes 1
acumular una modesta porción de tierra durante la vida de un jefe de sus facultades y potenciales h
de la lucha reforzaron su in
57. Una rica fu~nte de infot;nlaé~n sobre la mecánica del.c1ientelismo pol.itieo tradicional en un
municipio eafetéto eS Steffen Walter Schmidt. "PoHticaI CHenteHsm in Colombia", diserta­
ciónpara Ph.D., ColumblaUniversity, 1972.
58. J. A. Osorio Lizarazo, La COIIeCha. N
,TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 387

ones distintas no debilitaba su familia vela, a la muerte de éste, cómo se fraccionaba este recurso por la
Dder completamente a merced herencia, y también cómo se repetia la lucha a medida que cada hijo bus­
Iba mejor abrazar la causa de caba ampliar su magra herencia para convertirla en una unidad de pro­
~e neutral, expuesto y sin ducción familiar independiente y viable.
¡Orla del partido o facción pro­ Algunos observadores solo destacan, en el conjunto de este patrón de
~ el ejército de un hijo ado­ vida y de trabaijo de la pequeña producción cafetera, la corrupción de los
tate a vecinos beligerantes y la miticos valores antioqueños. En su novela La cosecha, que se desarrolla
~. A un pequeño productor más en Libano, Tolima, en medip de la Depresión, el intelectual reaccionario
~s oficiales o la educación se- . y anticomunista J. A. Osorio Lizarazo ofrece una sórdida descripción de
table en tomo a la construcción la pobreza material, el deterioro físico, la estupidez. y la decadencia mo­
¡ehos favores políticos o lega~ ral de los pequeños propietarios cafeteros y sus familias. La novela exhi­
¡ be la virtud de corregir el romanticismo rosa de la visión difundida por la
¡ue60 agricultor cafetero debla clase dominante acerca de la vida popular en el corazón cafetero de Co­
~ rural con una comprensión lombia. Pero Osorio degrada a los trabajadores cafeteros y deshumaniza
Ihumana. Tenia que ser diestro su lucha por el control de la tierra. En un cínico pasaQe,. tipico de su tono
¡animales, la construcción y la de condescendencia moral, Osorio alude a varios rasgos presentes en las
tez de los hombres y un maes­ relaciones y valores culturales fomentados por la estructura de la peque­
tia de los tipos urbanos ideales ña producción cafetera. Si bien exageró y captó solo uno de sus aspectos,
~l Mediterráneo, era primor­ Osorio desentrañó en parte su unidad y los vinculos con las fuerzas ma­
Il del manejo de los medios de teriales actuantes en esta sociedad.
Í>s de producción y del proceso
la acumulación de capital. En la "Eran el trabajo y la labranza los factores que establecla el sentimiento de propie­
\oy' coordinar la inteligencia y el dad y era éste lo que tergiversaba la masculinidad errante de los primeros colonos y
lB mantuviera a raya a sus riva­ las ancestrales tendeneiasnómadas. que los impulsaron .··la conquista. La nueva
generación se habia embrutecido con el predominio absoluto de los instintos elemen­
:naturales, económicas y políti~ tales, se entregaba a reproducirse pasmosamente, como los mmnos árboles del bos­
Objetivo de adquirir y mantener que, dejaba languidecer la iniciativa. Los hombres se vegetaJizaban de puro pegados
,.producción cafetera de lapri­ a la tierra, real.iut.ban transacciones en las cuales procuraban estafarse mutuamente,
le capital ni el manejo de la tec­ ejereian la ho$pitalidad ~ gran amplitud, se embriagaban los domingos y cultiva­
~mpensar el uso ineficiente y el ban pomposamente la supr(U1l8.C. salvaje deJ sexo. La uniformidad de la lucha esta­
fen las grandes haciendas cafe­ blecia una solidaridad espontánea, quebrantada, sin embargo, por el egoismo que
propiciaba la intensidad del esfuerzo. Los hijos eran un pretexto para crear parentes­
~dn tierra sujetas a contratoS de cos artificiales con tendencia al provecho personal, hacléBdose compadres. Y en tal
~jorar su posición a costa de los virtud trataban de engañarse en pequeAas transacciones de machetes o de bueyes y
[O 'agricultor , lo mismo que el comenzaban a traficar en propiedades" (58).
Ira incapaz de revolucionar los
~ dependía de la capacidad de Al contrario de lo que afirma Osorio Lizarazo, la mayoria de los pe­
la. La iroma social de ese estado queños propietarios no estaban ni fisicamente destruidos por la produc­
~xito de una familia socialmente ción ni deshumanizados por la lucha en procura de la tierra. Sobrevivie­
lOBibilidad de perpetuar el éxito ron como clase y emergieron en parte victoriosos gracias precisamente a
fe, la familia que era capaz de que, a pesar de los enormes' obstáculos,. desarrollaron de manera plena
¡ durante la vida de un jefe de sus facultades y potenciales humanos. Si bien es ciertO que los términos
de la lucha reforzaron su individualismo, su receptividad al mensaije
~.d.elcli.entelismo polWco tradicional en U1l
~ Clientelism in Colombia". diserta-
58. J. A. OsorioLizarazo. Laeoeecha, Manizales.l936, p. 66.
888 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

ideológico de la clase dominante y su conformidad con la politica cliente­ trario de lo que aconteció el
lista de los partidos tradicionales; si los hicieron renuentes a la organiza­ Colombia se hallaba limita
ción colectiva y a la ideologia de izquierda y los condujeron inexorable­ tua, particularmente entre 1
mente hacia un conflicto fratricida, no fue porque se hubieran vuelto que en distintos momentos
menos humanos después de esa experiencia. Obedeció más bien a que nos llevaron a cabo podero
su enorme energia e inteligencia fueron canalizadas por los imperativos ciones callejeras por el par,
estructurales de su existencia hacia una dinámica individualista y des­ después de la Primera Gue
tructiva, más allá de su control. Fue precisamente el éxito lo que selló el permanentes, orientadas al
destino de los pequeños productores como clase y asegUró el decaimien­ los salarios. El tardio desa!':
to de las fuerzas populares durante los años treintas y cuarentas. Dicho como el de Venezuela, refl~
proceso destruyó el potencial de un movimiento obrero insurgente, llevó cos del país con la economía
a la cooptación de la izquierda politica y culminó en la Violencia de me­ Sin embargo, bajo el ím
diados del siglo. movimiento obrero colombÚl
Guerra Mundial, en el maro
las protestas obreras estall81
del país. En enero de 1918, li
ros del transporte fluvial y fe
La historia de los obreros colombianos durante los años veintes y trein­ ron una huelga general que
tas, en especial la movilización de los trabajadores cafeteros, ha sido puertos de Cartagena y Santl
contada y vuelta a contar cada vez con mayor sofisticación por los histo­ nión pública a lo largo y anc
riadores colombianos (59). Antes de la Primera Guerra Mundial, al con­ del estado de sitio en litoral,
que regulaba la actividad hu
59. Entre los estudios generales que tratan. estos acontecimientos dentro del contexto. más amplio
de la legislación laboral posj
del movimiento obrero, los de Urrutia (Development, citado en la nota 43} y Pécaut (Política y enclave bananero de la Unite
smdicalismo, citado en la nota 43}son los más importantes. Una buena historia narrativa de la mer pliego de peticiones. En
protesta popWar e ll C9lombia, escr:i~ por un dirigente comunista que desempeil6 un papel
destacado en las luchas obreras de los aiios veintes y treintas, es Ignacio Torres Giraldo, Los Costa, una serie de pequeñl
mconforDles, 5 vole., Bogotá, 1978. Las contribuciones recientes a la literatura sobre la gran ciudades del país y varias g
huelga bananera de 1928 incluyen Fernando Botero y Alvaro Guzmán Bamey, "El enclave mento de Cundinamarca, cen
agricolaenlazona bananera de Santa Marta", en Cudemos Colomblanoe, No. 11, 1970, pp.
309-89: Judith White, Historia de UDa ignomiDia: La UD1ted Fruit Co. en Colombia, Bogotá,
que fuera aprobada una legis;
1978, Y Catberine LeGrand, "Colombian Transformations: Peaaanta and Wage Laborers in
tbe Santa Marta Banana Zone, ·1900-1931)", trabajo presentado al Encuentro de la Asociación
60. La historia de estas protestas merec
. de Estudios Latinoamericanos, Washington, D.C., 1982. Sobre la movilizaci6n de los trabaja­
ta histórico y comparativo los artes
dores cafeteros véase especialmente la obra pionera de Hermes Tovar, El f.IIIOVimiento ~­
un pals, en términos relativos, den
smo en Colombia, Bogotá, 1975: El café, de Machado (citado en la nota 26} y El café en Colom­
más, sus protestas parecen seguir u
bia, de Palacios (citado en la nota 30}; los libros de Pierre Gilhodes, Las luchas agrarias en ron las barreras al comercio exterk
Colombia, Bogotá, 1974, Gloria Gaitán, Colombia: La lucha por la tierra en la década del trein­
mente la posición de los artesanos. ]
ta, Bogotá, 1976, Dario Fajardo, Violencia y desarroUo, Bogotá, 1979, Y Gonzalo Sánchez G.,
a fines del siglo XVIII, yen los acont
Las ligas campesmas en Colombia, BOgotá, 1977; el capitulo "Land Use and Land Reformin
bien conocido aunque poco investigl
Colombia" en Albert Hiraebman, Joumeys Towud Progre. . New York, 1965, pp. 131-213; el
zaron una revuelta en gran eacals el
testimonio del dirigente comunista Victor J. Merehán, "Datos para la historia social, económi­
auge cafetero debieron perjudicar SI
ca y del movimiento agrario de Viotá", en Estudiol Maniatas. No. 9, 1975, pp. 105-16; el aná­
tamn violentamente en Bogotá, esta
lisis de la lucha por la tierra en el Tolima realizado por Alejandro Caballero, "Violencia y es­
prar en el extranjero uniformes pl1l
tructura agraria", en Estudios Marxistas, No. 12, 1976, pp. 1)-31; Yel trabajo reciente de Mar­ malestar de los artesanos durante el
co Palacios, "La propiedad agraria en CundiD.amarca, 1880-1970", presentado en la Confe­ motin urbano llamado el Borotazo,
rencia sobre el Mundo Rural Colombiano, Fundación Antioquefta para los Estudios Sociales, Gonzalo Sánchez, Loe "BoIe.heviq1lel
Medellin, 1981. Sabremos más acerca de la naturaleza de la movilizaci6n obrera en las gran­ en 1893 se pueden encontrar alguno!¡
des haciendas cafeteras tan pronto se baya completado la disertación de Michael Jiménez, 1886-1904", disertación para Ph.D.,
que se haDa en preparación en la Universidad de Harvard. 1919 véase Urrutia, Development(ci1
6 TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 389

formidad con la política cliente­ trario de lo que aconteció en Chile y Argentina, la organización obrera en
lideron renuentes a la organiza­ Colombia se hallaba limitada a unas cuantas sociedades de ayuda mu­
da y los condujeron inexorable­ tua, particularmente entre los artesanos de las grandes ciudades. Pese a
fue porque se hubieran vuelto que en distintos momentos, desde el siglo XIX, los artesanos colombia­
mcm. Obedeció más bien a que nos llevaron a cabo poderosas protestas políticas y violentas demostra­
:eanalizadas por los imperativos ciones callejeras por el pan y la dignidad del trabajo (60), no fue sino
t dinámica individualista y des­ después de la Primera Guerra Mundial cuando crearon organizaciones
~isamente el éxito lo que selló el permanentes, orientadas al mejoramiento de las condiciones de trabajo y
)O clase y aseguró el decaimien­ los salarios. El tardío desarrollo del movimiento obrero colombiano, así
mos treintas y cuarentas. Dicho como el de Venezuela, refleja la naturaleza limitada de los lazos históri­
ÍIniento obrero insurgente, llevó cos del país con la economía mundial.
culminó en la Violencia de me­ Sin embargo, bajo el ímpetu de la expansiva economía cafetera, el
movimiento obrero colombiano empezó a florecer. Al finalizar la Primera
Guerra Mundial, en el marco del auge mundial del movimiento sindical,
las protestas obreras estallaron en los tres principales puertos caribeños
del país. En enero de 1918, los anarcosindicalistas, con el apoyo de obre­
ros del transporte fluvial y ferroviario y de artesanos urbanos, organiza­
iurante los años veintes y trein­ ron una huelga general que sacudió a Barranquilla y se extendió a los
trabajadores cafeteros, ha sido puertos de Cartagena y Santa Marta. Las huelgas estremecieron a la opi­
atayor sofisticación por los histo­ nión pública a lo largo y ancho de Colombia, provocaron la imposición
Primera Guerra Mundial, al con­ del estado de sitio en litoral, llevaron al gobierno a promulgar un decreto
que regulaba la actividad huelguística, un precedente para buena parte
de la 1egislaciónlaboral posterior, y estimularon a los obreros del gran
.tecimientos dentro del contexto más amplio enclave bananero de la United Fruit, en Santa Marta, a presentar un pri­
tat, citado en la nota 43) y Pécaut (Politica y
~rtantes. Una buena historia narrativa de la mer pliego de peticiones. En 1919, la permanente agitación laboral en la
.nts comunista que desempeftó un papel Costa, una serie de pequeñas huelgas de artesanos en las principales
:es y treintas, es Ignacio Torres Giraldo, Los ciudades del país y varias grandes huelgas ferroviarias en el departa­
~nes recientes a la literatura sobre la gran
tero y Alvaro Guzmán Bamey, "El enclave mento de Cundinamarca, centro político y económíco del país, forzaron a
~ Cuadernos ColombiaDos, No. 11, 1970, pp. que fuera aprobada una legislación que regulaba los conflictos laborales.
r. La United Fruit Co. en Colombia, Bogo~,
Ormations: Peasants and Wage Laborers m
~ presentado al Encuentro de la Asociación 60. La historia de estas protestas merece un estudio mucho más profundo. Desde un punto de vis­
~.¡ 1982. Sobre la moWización de los trabaja­ ta histórico Y comparativo los artésanos eran extraordinariamente importantes en Colombia,
~ de Hermes Tovar, El movimiento campe­ un PIÚB. en términos relativos, densamente poblado con una economia bastante cerrada. Es
~ (citado en la nota 26) y El café en Colom­ más, sus protestas parecen seguir un patrón: se dieron cuando las iniciativas liberales reduje­
~ de Pierre Gilhodes, Las luehAs agrarias en ron las barreras al comercio exterior o cuando la veloz expansión exportadora minó súbita­
~; La lucha por la tierra en la década del trein­ mente la posición de los artesanos. El papel de los artesanos en la revuelta de los Comuneros,
a fines del siglo xvm, yen los8Contecimientos poUticoa de principios de la década de 1850 es

~
o Bogotá, 1979, Y Gonzalo Sánchez G.,
; el ca~itulo "Land Use and Land Reform in bien conocido Ilunque poco investigado en la historiografta colombiana. Los artesanos organi­
. ProgrelS, NewYork, 1966, pp. 131-213; el zaron una revuelta en gran escala en Bogotá, en .1893, cuando los efectos iniciales del primer
, "Datos para la historia social, econbmi­ auge cafetero debieron perjudicar seriamente su nivel de vida. En 1919 de nuevo Se manifes­
Marxistas, No. 9, 1975, pp. 106-16; el aná­ taron violentamente en Bogotá, esta vez en protesta contra la decisión gubernamental de com­
por Alejandro Caballero, "Violencia y es­ prar en el extranjero uniformes para el ejército. Finalmente, no resulta improbable que el

t!:
•. Í976, pp. 6-31; Y el trabajo reciente de Mar­
, 1880-1970", presentado en la Come­
~ Antioqueña para los Estudios Sociales,
~ de la movilización obrera en las gran­
malestar de los artesanos durante el auge cafetero posterior a 1946 haya contribnido al gran
motln urbano llamado el Bogotazo, en abril de 1948. El mejor examen de este problema es
Gonzalo Sánchez, Los "Bolcheviq\les" del Ubaao. Bogotá, 1976. Sobre los eventos de Bogotá
en 1893 se pueden encontrar algunos detalles en Bergquist, "Coffee and Conflict in Colombia,
~letado la disertación de Michael Jiménez, 1886-1904". disertación para Ph.D.• Stanford University, 1973, pp. 74-76. Sobre los heehos de
~arvard. 1919 véase Urrutia, Development ¡citado en la nota 43), pp. 62-64.
390 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

Las leyes, sancionadas en 1919 y 1920, restringian la actividad huelguis­ trabajadores más jóvenes}
tica ala simple negativa pacifica a trabajar,€ o ntemplaban la deportación te 500 millones de árboles
de extranjeros que fomentaran o participaran en desórdenes, estable­ como se dijo antes, los con
cian mecanismos para la conciliación· y arbitramento de los conflictos ces asignaban cerca de mil
industriales y prohibian las huelgas en los servicios públicos, incluido el de familias que supuestam
transporte, en que era obligatorio el arbitramento. Con esta legislación y de productos de subsistenc
el establecimiento, en 1923, de una Oficina del Trabajo, la clase domi­ necesarias para cosechar
nante colombiana trató de someter a su control la nueva oleada de huel­ cálculo de unos 500 mil trai
gas que sacudió a la sociedad en la inmediata posguerra (6U.Las leyes po a la producción cafeten
parecieron cumplir el objetivo durante la breve depresión de posguerra. todavia puede ser alto dadl
Pero demostraron ser ineficaces en el marco. de la espectacular expan­ de Caldas, particularment«
sión basada en elcafé que sobrevino a mediados y finales de los años obstante, sea cual fuere el]
veintes. A partir de 1923 un movimiento obrero insurgente aprovechó las ral era muy grande en la prc
condiciones favorables para la organización y la protesta obreras. Las veintes se multiplicó rápida
huelgas masivas estallaron primero en los enclaves exportadores de pro­ También hubo un rápid(
piedad extranjera, para luego extenderse amenazadoramente hasta el otros sectores de la econom
corazón mismo del sector exportador de café. pezaron a sentirse plenamel
La demanda sin precedentes de mano de obra creó una importante ro. Los obreros de la constr
condición favorable para la lucha obrera. La expansión del empleo en la los enclaves extranjeros de
producción cafetera. fue el elemento más significativo de este proceso. artesanal e industrial aume)
Ya en 1906, cuando las exportaciones cafeteras apenas alcanzaban me­ Rugo López estima que solo
dio millón de sacos al año, la Revista·Nacional de Agricultura estimaba 140 mil trabajadores. López
que había 12 mil trabajadores permanentes y 100 mil ocasionales en la 42 % se dio en la 8gricultun
producción cafetera. En 1914, cuando la producción del grano se habia ci6n, 8 % en la minería yalr
duplicado y se estaba viviendo una considerable expansión, la. misma comercio y el transporte (63
fuente dio un estimativo de 80 mil trabajadores permanentes y 240 mil la agricultura tradicional, at
ocasionales (62). No se dispone de estimativos de la fuer~ de trabajo por salarios para oficios no (
cafetera en los años veintes. Es probable que la tendencia, ya evidente jornaleros agrícolas. Los gr
en los cálculos de 1914, se encaminaba hacia una mayor dependencia de mantenido su posición en e
los trabajadores permanentes (aparceros, estancieros y pequeños pro­ obra más o menos hasta 192
pietarios), quienes ocupaban una parte de su tiempo en la producción ganancias empezaron a desp
del cafe a lo largo delaño y desempeñaban la mayoria de las labores en en quejas acerca de la •• escal
la época de cosecha. Si se proyectaran los estimativos de 1914, quizá desesperados y en ocasiones
exagerados, a los últimos años de la década de los veintes, cuando las nistro de fuerza de trabajo be
exportaciones cafeteras casi se habían triplicado, se llegarla a una cifra implantar el trabajo forzado
aproximada al millón de trabajadores -casi una octava parte de la po­ nes de café, atraer inmigran
blación del país- ocupados total o parcialmente en la producci6n cafete­ en los proyectos de obras pút
ra. Un estimativo más conservador de la fuerza laboral del sector resulta cionalla más fuertemente gol
de calcular el número de trabajadores adultos (o el equivalente adulto de insistían en denominar la •• E*
su
car propia incapacidad de
61. Estos IlUC8I1/OS son presentados con cierto detalle en I1rrutia, Dev............ (citado en la nota dicioneslaborales y salarial~
43), Capliulo 6. Esta legislacl6n, oomotoda la ley laboral colombiana, 88 8IIC1ldriAa.da efeeti.va­
mente por BU CODieDido de clase en Moneayo y Rojas Lacbu obre.... (citado en la nota 48),
Capitulo 1.
62. Citado en Bejarano, "Fin" (cltadoenla nota 22), p. 258. 68. L6pez. "La Inflación" (citadoenle:
• TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA 891

letringian la actividad huelguis­ trabajadores más jóvenes) necesarios para cosechar los aproximadamen­
!Ir, contemplaban la deportación te 500 millones de árboles en producción a fines de los años veintes. Tal
lparan en desórdenes, estable- como se dijo antes, los contratos prevalecientes en Caldas en ese enton­
I arbitramento de los conflictos ces asignaban cerca de mil arbustos al cuidado de cada trabajador adulto
iN' servicios públicos, incluido el de familias que supuestamente dedicaban parte de su tiempo al cultivo
tramento. Con esta legislación y de productos de subsistencia y desempeñaban también todas las labores
~ina del Trabajo, la clase domi­ necesarias para cosechar los cafetos. Este procedimiento nos da un
~ntrolla nueva oleada de huel­ cálculo de unos 500 mil trabajadores dedicados la mayor parte del tiem­
¡tdiata posguerra (61). Las leyes poa la producción cafetera a fines de los años veintes, estimativo que
l breve depresión de posguerra. todaVÍa puede ser alto dada la menor productividad de los árboles fuera
~o de la espectacular expan­ de Caldas, particularmente en las fincas de la Cordillera Oriental. No
:mediados y finales de los años obstante, sea cual fuere el número absoluto, es claro que la fuerza labo­
¡obrero insurgente aprovechó las ral era muy grande en la producción cafetera y que a lo largo de los años
~ón y la protesta obreras. Las veintes se multiplicó rápidamente.
~ enclaves exportadores de pro­ También hubo un rápido incremento en el número de trabajadores en
rae amenazadoramente hasta el otros sectores de la economía, en especial a partir de 1925, cuando em­
¡Café. pezaron a sentirse plenamente los efectos del influjo de capital extranje­
~ de obra creó una importante ro. Los obreros de la construcción pública y privada, del transporte, de
t. La expansión del empleo en la los enclaves extranjeros del petróleo y el banano y de la manufactura
~. significativo de este proceso. artesanal e industrial aumentaron por millares durante los años veintes.
iafeteras apenas alcanzaban me­ Hugo López estima que solo entre 1925 y 1928 la fuerza laboral creció en
lacional de Agricultura estimaba 140 mil trabajadores. López calculó que de estos nuevos empleos más de
~ntes y .100 mil ocasionales en la 42% se dio en la agricultura, 11 % en la industria, 12% en la construc­
la producción del grano se había ción,8% en la minería yalrededor de 26% en el sector del gobierno el
~iderable expansión, la misma comercio y el transporte (63). La mayoria de estos obreros prov~nían' de
~adores permanentes y 240 mil la agricultura tradicional, atraídos por m:e;ores condiciones de trabajo y
~tivos de la fuerza de trabajo por salarios para oficios no calificados que duplicaban a veces los de los
~le que la tendencia, ya evidente jornaleros agricolas. Los grandes productores de café parecen haber
lhacia una mayor dependencia de mantenido su posición en esta creciente competencia por la mano de
ros, estancieros Y pequeños pro­ obra.~s o menos hasta 1927. Pero cuando los precios mundiales y sus
ganancIas empezaron a desplomarse después de ese año, prorrumpieron
~ de su tiempo en la producción
~an la mayoria de las labores en en quejas acerca de la ••escasez de mano de obra" y pusieron en marcha
IOS estimativos de 19.14, quizá desesperados y en ocasiones curiosos esquemas para aumentar el sumi­

= da de los veintes, cuando las nistro de fuerza de trabajo barata y dependiente. se idearon planes para
riplicado, se llegaría a una cüra implantar el trabajo forzado de delincuentes juveniles en las plantacio­
~:i una octava parte de la po­ nes de café, atraer inmigrantes asiáticos y emplear maquinaria pesada
•. .. ente en la producción cafete­ en los proyectos de obras públicas. Sin embargo, fue la agricultura tradi­
,.. fuerza laboral del sector resulta cionalla más fuertemente golpeada por lo que los grandes terratenientes
ldultos (o el equivalente adulto de insistía~ en denominar la "escasez de brazos". Con ello querían signifi­
car su propia incapaCidad de atraer y conservar trabfÓadores en las con­
f
~ en Urrutia, J)evelopmeDt (citado en la nota
diCiones laborales y salariales que habían ofrecido en el pasado. Las
, laboral colombiana, el escudri6ada efectiva­
IIlojaa Luehas obreru (citado en la DOÚl 43),
68. López, "La inflación" (citado en la nota 31), p. 95.
¡.P.258.
392 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

grandes propiedades dedicadas a la producción de alimentos cedían tra­ los más considerables par
bajadores a los sectores del café, la construcción y el transporte. Los de 1925. especialmente·el
pequeños productores de pan coger abandonaban la tierra en busca de marca y el norte y oriente (
salarios más altos en el mercado nacional de trabajo. En consecuencia, a la clase dominante que ja
mientras crecía la demanda de alimentos por parte de una clase obrera A la postre, las grande~
con mayor capacidad adquisitiva, la produ.cción para el consumo domés­ tinuada militancia de los o
tico se estancó o disminuyó. Y la presión sobre los víveres se intensificó probablemente influyeron:
aún más cuando muchos productores de café, tanto pequeños como UnitedFruit suspendieran
grandes, en vista de los extraordínarios niveles de los precios del grano, otros lugares (66). Cualqui
destinaron cada vez más tierra y trabajo al cultivo del café y menos al de obrero militante en tal "P!'
alimentos. La inflación de los precios fue el resultado lógico de todas aunientb muy lenta y capri
estas tendencias. Aunque las importaciones de alimentos se multiplica­ nes de banano cayeron dé
ron por seis entre 1922 y 1928, y se aprobó una ley de emergencia para veintes a cinco millones en
eliminar las barreras tarifarias que pesaban sobre muchos alimentos convertido ell un gran expc:
importados. los precios de los víveres y el costo de la vida se elevaron diendo la producción de b
vertiginosamente (64) .
habrla sido distinta. Los" a
Esta situación dual -la extraordinaria demanda de trabajo y el tosto
como sus aliados entre los I
creciente de los alimentos y otros articulos- dio a los obreros el poder y
la determinación para realizar un gran esfuerzo, individual y colectivo, mentos más combativos d4
encaminado a cambiar sus condiciones de vida. Principalmente como fue inmortalizada en una obra a
consecuencia de sus esfuerzos individuales -la presión que ejercían a60e de soledad. No existe una fu
sobre los patronos mediante millares de decisionés indjviduales paI:a la zona bananera sobre los ·coJom
exigir mejores términos laborales o para dejar el trabajo y buscar mejo­ cióD bananera de Colombiá se di
ezploraron en los capitulos de eaIi
res salarios y condiciones-, a lo largo de la década aumentaron 19S salli­ tan e:lcepcioDlll en la experiencia
rios reales y en muchas áreas mejoraron las condiciones laborales. Los ta marxista socializado en el cora
patria.
esfuerzos colectivos de los obreros fueron menos exitosos a ·c9i'to plazo. 66. Las compafilas petroleras que 0Il
Pero sus huelgas y organizaciones influenciaron de manera decisiva: el complejidad de la Iegislacl6n pet
curso de la historia nacional en las décadas posteriores a 1930. Dichas go~iemoy las pretensiones de los
importancia de laliltima considel'l
huelgas estallaron primero y en forma espectacular en l<?s enclaves d~l. ante funcionarios del Departame
petróleo y el banano. Allí las condiciones de vida y de trabajo se comlJí­ 1948. Esa! e:rpre8Ó la pertnanenU
naron con las explosivas dimensiones culturales, étnicas y nacionalistas nos, en especial "su determinaci
empÍ'esa "no aceptarla esto" y q
de la empresa capitalista extranjera para favorecer la organización colec­ Abogó por una suspensión de tod4
tiva bajo una dirección marxista. Los obreros del petróleo y luegQ los ~el didamente"pára contener los eXC81
banano lanzaron las grandes huelgas que culminaron·en la infame ma­ lo de Estado, sept. 13, 1948, USl
que las enfermedades en sus planJ
tanza de quizá mil trabajadores bananeros cerca de Santa Marta. en di­ a ampliar su producción en Améri
ciembre de 1928.. Ha sido la peor masacre en la historia del movimiento bananera colombiana también des
obrero colombiano (65). Los trabajadores cafeteros enfrentaban obstácu­ bia olJ'lPlÍZaron otra gran huelga
ción. El arreglo negó a los obret'Ol
destajo, pero les concedió sustaD
acuerdo permitieron al gobierno ti
64. La informaci6n cuantitativa sobre precios y salarios aparece en Bejarano, "Fin" (citado en la tos de los obreros bananeros, pero
nota 22), pp. 406-9, Y en López, "La inflación" (citado en la nota U), p. 100. Véase también la huelga aparecen en El Espeeú
Miguel Urrutia 1 Mario Anubla, CompeDdio de estad. . . . biefórieaa de Colombia, Bogotá, ibId., diciembre 24, 1934, pp. 1,3:
1970. valor de todas las eJ:pOl'taciones el
65. Estas grandes huelgas, particularmente la-huelga bananera de 1928, han cobrado mucha im­ 15% entre 194511949,1eI14% e
portancia en la historiografla laboral de Colombia y en la iconografla de la izquierda colombia­ 2 y 4%, respectivamente, en los m
na 1, dehberadamente, trato de disminuir su importancia en esta reseAa. La huelga bananera la nota 111, Cuadro 26, p. 207.
~ TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 893

f,lcción de alimentos cedian tra­ los más considerables para organizarse. Empero, poco a poco, a partir
~rucción y el transporte. Los de 1925, especialmente en las grandes haciendas del sur de Cundina­
~donaban la tierra en busca de marca y el norte y oriente del Tolima, lanzaron el mayor desafio colectivo
~ de trabajo. En consecuencia, a la clase dominante que jamás haya presenciado Colombia.
, por parte de una clase obrera A la postre, las grandes huelgas en los enclaves extranjeros y la con­
~cción para el consumo domés­ tinuada militancia de los obreros en la producción petrolera y bananera
:sobre los víveres se intensificó probablemente influyeron para que la Standard Oil de Nueva Jersey y la
le café, tanto pequeños como UnitedFruit suspendieran sus óperaciones en el país y se trasladaran a
p,veles de los precios del grano, otros lugares (66). Cualquiera que hubiese sido el papel del movimiento
~ cultivo del café y menos al de obrero militante en tal Proceso, la p~oducción petrolera de Colombia
Je el resultado lógico de todas aumentó muy lenta y caprichosamente a partir de 1980 y las exportacio­
~s de alimentos se multiplica­ nes de banano cayeron de diez millories de racimos a fines de los años
bó una ley de emergencia para veintes a cinco millones en el decenio siguiente. Si Colombia se hubiera
~ban sobre muchos alimentos convertido ep. un gran exportador de crudo o hubiera cQntinuado expan­
¡el costo de la vida se elevaron diendo la producción de banano, la historia de su movimiento obrero
habria sido distinta. Los activistas comunistas de ambos enclaves, así
~ demanda de trabajo y el costo como sus aliados entre los obreros fluviales y portuarios, fueron los ele­
18- dio a los obreros el poder y mentos más combativos del mO\'imientoobrero a lo largo.de los años
~sfuerzo, individual y colectivo,
~de vída. Principalmente $!omo fue imnortalizada en una obra del gran novelista colombiano GabrielOarcIa Márquez, Cien
BIes -la presión que ejercían afto8 de soledad. No existe una fuente 1l'JÚ supfiiva acerca del iI;npaclo cultural de la vida en
~ decisiones individuales pa~ . la zona bananera sobre los'colombianos que la vivieron. El ~nto obrero en la produc­
ción bananera de ColombiB se desarrolló en condiciones estruc:tul'álés similares a las que se
,dejar el trabajo y buscar mejo­ exploraron en loe capitulos de este Ubro sobre Chile '1 Venezuela. Peto el enclave bananero fue
~la década aumentaron 19S aala­ tan excepcional en la experiencia de la clase obrera colombiana como la ob~ del gran novelis­
ta JlUlnista socia1izadq en el. corazón de la zona bananera lo e8 en la tradición literaria de su
• las condiciones laborales. Los patria.
~menos exitosos ac9'rto plazo. 66. Las compaftias petroleras que operaban ell Colombiá se quejaban continuamente de que la
¡mciaron de manera decisiva: el complejidad de la legislación petrolera del pala, la indeciai6n de las polit.icas petroleras del
gobierno.)' las pretensiones de los obreros colombianos eran obstáculos para su expansión. La
pas posteriores a 1930. Dichas importancia de iáultima consideración'se revela en forma evidente en los comentarios hechos
spectacular en los enclaves del. ante funcionarios del Departamento de Estado por un ejecutivo de la Texas Petroleum en
• de vída y de trabajo se comoí­ 1948. Este expresó la permanente frustración de la compaiila con los trabajadores colombia­
nos,.en especial "su determinación de compartir el manejo de la compafúa". Indicó que la
lturales, étnicas y nacionalistas empÍ:'esa "no aceptarla esto" y que "se retirarla de Colombia antés que someterse a ello".
Javorecer la organización colec­ Abogó por una suspensión de todos los préstamos a Cólombia si $U gobierno no actuaba deci­
I1ros del petróleo y luego los Q.el didemente pára contener los excesos.de los obreros. Me1llOdlndum Restringido, Departamen­
to de Estado, sept. 13, 1948, USNAlDS 821.504/9-1348, Por su parte, la United Fruit alegó
le culminaron·en la infame roa­ que las enfermedades en sus plantaciOnes de la zona bananera colombiana la hablan obligado
os cerca de Santa Marta, en di­ a ampliar su producción en América Central. Pero la permanente agitación laboral en la zona
~ en la historia del movimiento bananera colombiana también desempefló un papel. En 193410s obreros bananeros de Colom­
f cafeteros enfrentaban obstácu­
bia olJJ81lÍZaron otra gran huelga contra la comparua, y el gobierno liberal aceptó la media­
ción. EÍ arreglo Beg6 a los obreros su principal exi,pncia, la abolición del sistema de pago a
dest.aQo, peró les concedió sustanciales beneficios 8álarialeB y de otro tipo. Los términos del
acuerdo permitieron al gobierno liberal minar el control de los comunistas sobre los sindica­
• aparece en BejánmO, "}'in" (citado en la tos de los obreros bananeros, pero también desagradaron a los empresarios. Las peticiones de
lado en la nota 31" p. 100. Véase también la huelga aparecen en El Eepeetador, Bogotá, diciembre 11, 1934, pp. 1 Y 3; el arreglo en
~ biatórleu de Colombia, Bogotá, ibid., diciembre 24, 1934, pp. 1,3)' 6. Las exportaciones de petróleo representaban el 17% del
valor de todas las exportaciones colombianas entre 1925 y 1929; el 20% entre 1935 y 1939; el
bananera de 1928, han cobrado mucha im­ 16% entre 1945 Y 1949.yel 14% entre 1955 y 1969. Las e~iones de banano eran el 6, 5,
:en la ieonografIa de la izquierda colombia­ 2 Y 4 % , respectivamente, en los mismos perlf¡Klos. McGreevey, Hiatoria eeoDÓIIlica (citado en
rtIDeia en esta reseful. La huelga bananera la nota 11), Cuadro 26, p. 20'1.
394 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA
treintas y cuarentas (67). Sin embargo, fue el café, más que cualquiera
de los otros bienes de exportación, el que ,continuó impulsando la econo­ dispuestos a hacer conees
mía colombiana después de los años veintes. Y fue la lucha de los traba­ hacerlas, dados los extram
jadores del café la que decidió el destino del movimiento obrero colom­ propias ganancias. SimulU
biano. el alto precio del café y de
Los trablijadores de las grandes haciendas del surorien~ de Cundi­ más tiempo al cultivo de Sll
namarca comenzaron a presionar desde 1918 en procura de mejores con­ sus excedentes alimenticiCl
diciones. Sin embargo, no fue sino a fines de los años veintes,una vez actividades, lo mismo que.
que la demanda de mano de obra se volvió en su favor, cuando se embar­ las tierras de la hacienda·
caron en la lucha progresiva y gradual para liberarse primero de los arre­
,
teman otra alternativa. '
glos precapitalistas blijo los cuales trablijaban y conseguir luego el con­ Esta dinámica requien
trol de la tierra. Esta lucha colectiva, que se prolongó hasta mediados de fue analizada en forma elO(
los años treintas y aun hasta más tarde, obedeciQ a una dinámica dife­ Trablijo (68) y se puede ini
rente de la que presidió la movilización de los trablijadores proletariza­ ron los trablijadores de UD!
dos de los enclaves foráneos, el transporte y la industria. Si bien, al igual hacer llegar a los registros
que las otras contiendas, ésta dio sus primeros pasos con esfuerzos co­ Hermes Tovar, Absalón Ml
lectivos por mejorar las. condiciones de trablijo y aumentar los beneficios de algunas haciendas de ,
nas peticiones ya en 1925
económicos del mismo, desde un principio fue más compleja y potencial­ . reducir la jornada'
vlenda;
mente más peligrosa para los intereses de la clase dominante que las li­
bradas en el seno de la familiar estructura de las relaciones industriales disminuir las obligaciones
capitalistas. Y mientras que las organizaciones de los trabajadores asala­ trabajo no remunerado de 11
riadosfueron rápidamente minadas por la calda de los precios interna­ puladas en 108 contratos y,
cionales del café a partir de 1928 y el advenimiento de la Gran Depresión dataríos sin una justa com]
-circunstancias que conllevaron la suspensión·del crédito·externo, se­ exigencias de los arrendata
veras restricciones en el gasto público y la construcción de obras publi­ tera de Fusagasugá, Cundí
cas, y una precipitada disminución de la actividad económica-, estas der fuera de la hacienda, el
mismas condiciones intensificaron aUn más· la lucha de los trabajadores en sus parcelas, 'pago de la I
cafeteros en las grandes haciendas y la tornaron m:ás radical en su conte­ rra cada tres años blijo la st
nido y más violenta en los métodos. f~';' cibn de 108 términos legale!
Ocurrió asi por varias razones. La bonanza cafetera de mediados de despojados legalmente de :
los veintes y la natural demanda de mano de obra allanaron el camino normas legales para el pag(
para que los trablijadores del café obligaran a los propietarios de las por infracciones a las oblig¡
grandes haciendas a liberalizar los términos blijo los cuales laboraban acuerdo para trablijar VOIUl
los trablijadores dependientes. Los grandes productores de café estaban cientes, en las tierras de la

67. Los funcionarios que informaban sobre el movimiento obrero colombiano a menupo destaca­ 68. Véase, por ejemplo, el análisis el
ban este hecho y a veces lo relacionaban con una explicación racial de la combatividad relativa lT08, director de la Oficina del Tn
de los trabajadores del país. Al informar sobre el VI Concreso ~ los Trabll,jadores Colombís­ ea, fechada el4 de enero de 1929
nos, efectuado en la ciudad de Bucaramanga, cerea del enclave petrolero en diciembre de pp. 1-11. La migración urbana T J
1943, el cónsul norteamericano anotaba que a pesar de la ostensible mayoria liberal entre los hablan creado una escasez c~ j
delegados, un comUDista de la %ODa bananera, Carlos Arias, habla sido elegido presidente del la escasez de brazos,las estancias
Congre80. "El número relativamente grande de delegados y participantes de color, en su a hacer una verdadera competenc
mayona de las regionestosteras, visibles (... 1en todas las reuniones del congreso, reflejó la e? C&8OS de quedar la estancia grB'
conciencia social de este grupo racia1 Y SU fuerza·en el movimiento obrero colombiano". J. runguno, el arrendatario se resist
Brook Havron al Departamento de Estado, diciembre 10 de 1943, USNAlDS821.5OI142. (p. SI.
69. Machado, Elealélcitadoenlanot¡
i)S TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA 896
fue el café,más que cualquiera dispuestos a hacer concesiones, para exPandir la producción. Y podían
e;(lOIltinuó impulsando la acono­ hacerlas, dados los extraordinarios niveles de los precios del grano y sus
itas. y fue la lucha de los traba­ propias ganancias. Simultáneamente, los arrendatarios, estimulados por
l) del movimiento obrero colom­
el alto precio del café y de los.alimentos domésticos,dedicaban cada vez
má!l'tiempo al cultivo de sus parcelas y a vender en el mercado su café o
¡andas del suroriente de Cundi­ sus excedentes alimenticios. Los terratenientes cafeteros toleraron tales
1918 en procura de mejores con­ actividades, lo mismo que la reducción de facto del tiempo de trabajo en
aes de los años veintes,una vez las tierras de la hacienda, pues, al menos que aplicaran la violencia, no
ió en su favor, cuando se embar­ tenían otra alternativa.
ara liberarse primero de los arre­ Esta dinámica requiere una investigación detallada. Sin embargo,
¡Qaban y conseguir luego el con­ fue analizada en forma elocuente por los investigadores de la Oficina del
e se prolongó hasta mediados de Trabajo (68) y se puede inferir de las exigencias colectivas que articula­
~, obedeció a una dinámica d!fe­ ron los trabajadores de unas cuantas grandes haciendas y que lograron
.,de los trabajadores proletanza­ hacer llegar a los registros públicos. Por ejemplo, gracias al trabajo de
~y la industria. Si bien, al igual Hermes Tovar, Absalón Machado y otros, sabemos que los trabajadores
.rimeros pasos con esfuerzos co­ de algunas haciendas de Quipile, Cundinamarca, presentaron tempra­
..abajo y aumentar los beneficios nas peticiones ya en 1925, tendientes a mejorar la alimentación y la vi­
~ fue más compleja y potencia~­ vienda; reducir la jornada de los trabajadores contratados libremente;
de la clase dominante que las li­ disminuir las obligaciones nacidas de la renta de la tierra; poner fin al
LIla de las relacione~ industriales trabajo no remunerado de los arrendatarios en tareas distintas a las esti­
~ciones de los trabajadores asala­ puladas en los contratos y, por último, suspender la expulsión de arren­
r b,l caída de los precios intema­ datarios sin una justa compensación por las mejoras (69). En 1927 las
~~riimiento de la Gran Depresión exigéncias de los arrendatarios de "El Chocho", enorme hacienda cafe­
Bpensión del crédito extemo~ s~­ tera de Fusagasugá, Cundinamarca, fueron más allá: libertad para ven­
y la construcción de obras pubh­ der fuera de la hacienda, el café y los productos alimenticios cultivados
l la actividad económica-, estas en susparcelas,pago de la renta en dinero, fijación de la renta de la tie­
lnás la lucha de los trabajadores rra tada tres años bajo la supervisión de inspectores laborales, estipula­
~maron más radical en su conte­ ción de los términos legales bajo los cuales podían ser los arrendatarios
,'5.'.~
despojados legalmente de la tierra que ocupaban,establecimiento de
H>nanza cafetera de mediados de nortnaslegales para el pago de las mejoras y eliminación de las multas
lano de obra allanaron el camino por infracciones a las obligaciones contractuales. Asimismo exigian un
ligaran a los propietarios de las acuerdo para trabajar voluntariamente, pero con los salarios prevale­
tminos bajo los cuales laboraban cientes, en las tierras de la hacienda; la jornada laboral seria la estable­
pdes productores de café estaban
I
r"~
~mo obrero colombiano a me?~do desta~a­ 68. Véase. por ejemplo, el análisis extraordinariamente claro en la circular de J. R. Hoyos Bece­
nos, director de la Oficina del Trabajo, a los principales cultivadores de café de Cundinamar­
IeJpJicación racial de la combatiVIdad relati:va ca, fechada el 4 de enero de 1929, en BoleUil ele la otlciDa'de1 Trabajo, 1:1, agosto de 1929,

~
Congreeo de los Trab.;adores Colomb1&.­
pp.l~ll. La migra.cl6n urbana., la demanda de mano de obm en las obras plÍblieu, indicó.
rta del enclave petrolero en diciembre de
hablan creadp UIllil8Sl;:a84i\Z crit4:a de mano de obra en las ~es ~endas cafeteras. "Dada
de la ostensible mayoria liberal entre los la escasez de brazos, las estancias -relativamente grandes- de 108 arrendatarios han venido
. Arias, habia sido elegido presidente del a hacer una verdadera competencia a las haciendas. Tal competencia llega al ememo de que
, .delegados Y participantes de color, en su
.todas las reuniones del congreso, reflejó la en casos de quedar la estancia gravada con exiguo arrendamiento, a veces prácticamente sin
ninguno, el arrendatario se resiste atrabajar en la hacienda a precio eomún de la región"
1- «1 el movimiento obrero colombiano". J. (p. 5).
lAbre 10 de 1943, USNAlDS 821.50/142. 69. Machado, El café (citado en la nota 26), pp. 247-48.
[
398 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

cida por el gobierno en las· obras públicas; los trabajadores estaríancu.,. do IQ,ano del único medio€
bi~rtos por las leyes nacionales r.elativasa accidentes laborales; serían ganada por su fuerza labol
provistos de avios para protegerse de la lluvia; los que carecieran de en las parcelas y la venta",
madera en sus· parcelas tendrían acceso a los bosques de la hacienda y. expulsar de su tierra a los
por último, el hacendado le entregaría a cada arrendatario una copia e~ confiaban en eliminar de UI
crita de los términos del arriendo y los contratos. De igual modo, los cer en sus propiedades WUI
arrendatarios notificaron a los propietarios que el hecho de formular es­ diente.
tas demandas nO los hacía renunciar a ningún derecho o prerrogativa Sin embargo, alllevarJ
que leyes futuras pudieran agregar a sus •• derechos como trabajado­ zaron con obstáculos que.1
res". y. finalizaban sus peticiones con la exigencia más· reveladora de les. Estos reaccionan frentA
todas: los reclamantes acon$ejaban a los propietarios que si no podían despidiendo a los obreros q
acceder a estas demandas, se elaboraría un plan de modo que los arren­ o condiciones de trabajo m
datarios pudieran dos usualmente a un mero
trancon otros desempleaC
"adquirir en propiedad, por intermedio de un banCo, bipotecas Y amortJzaciones oportunidad para vender S1
acostumbrados para los casos, los lotes de tierra que boy tienen en ~ndan:Uen· vechan este ejército de obre
to" (70).
laboral con niveles salarialt
explotación. Pero los hacen
Ninguna de tales peticiones logró abrirse paso de manera inmeQiata mucho menos dependientes
y los trabajadores de haciendas se vieron forzados a insistir por mucho damente enraizados en la pe
tiempo hasta conseguir la última de ellas. Pero las demandas r~velan los años veintes. muchos de
una dinámica de la lucha de clases en las grandes propiedades cafeteras, pequeños capitalistas, culti,
que en el momento de máximo auge del café favoreció en formadeeisiva cional e internacional eaco
al movimiento obrero. ellos buscaron principalmell
A partir de 1928, cuando los·precios del grano cayeron y la demanda fortalece!: su posición como
de mano de obra disminuyó, los hacendadOs. cafeterospasaroJj. a laofen­ ban a retornar a su antigua
sivatSin embargo, por, la naturaleza especial de la producción cafetera una batalla crónica entre am
en las grandes propiedadesi la depresión económica del pms no les ayu­ das, que se hizo más intensa
dó a voltear en su favor laIncha contra los trabajadores. Por el contrario, A primera vista, parecerl
sus desesperados esfuerzos por apuntalar su posición solo fottalecieron empleadores de trabajo libl'l
la dete~nación de lostratiajadores, que ampliaron sus orga.niuciones ayudado a los hacendadds a
y¡.radicaHzaron sus demandas. En procura· de subsistencia,
La caída de loS precios del grano amenazaba la viabilidad econótnica que se destacaban los que ha
de las grandes haciendas cafeteras y poma en peligro la existencia mis­ regresaron al campo. Los ha
ma de-los hacendados como clase. Agobiados por las hipotecas y deudas flujo de trabajadores ansitl80
en que habían incurrido durante la expansión cafetera (71), los hacenda­ ron sus esfuerzos por expubN
dos afrontaban unacreeiente competencia por parte de los pequeños remplazarlos por una fuerza .1
productores familiares, mas eficientes que ellos dentro de .sus propias Sin embargo, varios facto
haciendas, y se veían presionados por los salarios más altos alas que raron además combativas a.lli
aspiraban los trabajadores libres. Y trataron de resolver el dilema echan­ rios en las haciendas cafetera
sición de los arrendatarios, (
dI. Algunos, que en los años .
70. Tovar, El~to (citado en la nota 59'. pp. 76-80. .
71. Este es un tema recurrente en toda la literatura. Véase especialmente Palacios, El calé eD mente la liberalización de las
ColombIa, (citado en la nota 30). desarrollar ingeniosas táctica
COLOMBIA 397
tRABAJADORES EN LA HISTORIA

h'los trabajadores estarlan eu­ do mano del único medio disponible: atacar la aqtonomia recientemente
t:accidentes laborales; serlan ganada por su fuerza laboral depéndiente. Al prohibir el cultivo de café
Huvia; los que carecieran de en las parcelas y la venta de productos agricolas fuera de las haciendas y
los bosques de la hacienda y, expulsar de su tierra a los arrendatarios récalcitrantes, los hacendados
ida arrendatario una copia es­ confiaban en eliminar de un golpe a sus competidores y volver a estable­
bntratos. De igual modo, los cer en sus propiedades una fuerza de trabajo barata, abundante y depen­
r'que el hecho de formular es­ diente.
InI6n derecho o prerrogativa Sin embargo, al llevar a cabo esta estrategia, los hacendados trope..
~ "derechos como trabajado­ zaron con obstáculos que .no suelen enfrentar los capitalistas industria­
¡exigencia más reveladora de les. Estos reaccionan frente a las depresiones económicas simplemente
propietarios que si no podian despidiendo a los obreros que se niegan a aceptar reducciones salariales
n plan de modo que los arren­ o condiciones de trabajo más desventajosas. Tales obreros son arrastra­
dos usualmente a un mercado de trabajo deprimido, donde se encuen­
j trancon otros desempleados, todos buscando desesperadamente una
¡banco, hipotecas y amortizaciones oportunidad para vender su trabajo y sobrevivir. Los industriales apro­
tr,a que hoy tienen en &rrendamien­ vechan este ejército de obreros desempleados para reconstituir su fuerza
laboral con niveles salariales regresivos y en condiciones más duras de
explotación. Pero los hacendados cafeteros hadan frente a trabajadores
rae paso de manera inmediata mucho menos dependientes de la venta de su fuerza de trabajo y profun­
~ forzados a insistir por mucho damente enraizados en la posesión de la tierra. Aún peor, hacia fines de
•. Pero las demandas revelan los años veintes, muchos de los trabajadores dependientes eran también
irandes propiedades cafeteras, pequeños capitalistas, cultivadores de productos para los mercados na­
~é favoreció en forma decisiva cional e internacional en, control efectivo de la tierra. Si antes de 1927
ellos buscaron principalmente liberalizar las condiciones laborales para
~l grano cayeron y la demanda fortalecer su posición como productores independientes, ahora se nega­
~ cafeteros pasaron a la ofen­ ban a retornar a su antigua situación de dependencia. El resultado fue
~ de la.producciÓn cafetera una batalla crónica entre ambas clases en muchas de las grandes hacien­
!.eeonómica del pals no les ayu­ das, que se hizo más intensa a medida que la Depresión se desarrollaba.
¡trabajadores. Por el contrario, A primera vista, parecerla que la solución puesta en práctica por los
f,SU posición solo fortalecieron empleadores de trabajo libre en otros sectores de la economía hubiese
t ampliaron sus orga.nb:aciones ayudado a los. hacendaddscafeteros a resolver· sus problemas laborales.
En procura de subsistencia, muchos obreros desempleados, entre los
~ba la viabilidad económica que se destacaban los que hablan sido despedidos de las obras públicas,
la en peligro la existencia mis­ regresaron alcampo. Los hacendados trataron de sacar ventaja de este
lQ.OS por las hipotecas y deudas flujo de trabajadores ansiosos de empleo y de tierra. Así que intensifica­
sión cafetera (71), los hacenda­ ron sus esfuerzos por expulsar arrendatarios Indisciplinados e intentaron
~ por parte de los pequeños remplazarlos por una fuerza de trabajo más barata y obediente.
!'te ellos dentro de sus propias Sin embargo, varios factores impidieron el éxito del proyecto y gene­
~. salarios más altos a los que raron además combativas alianzas de clase entre jornaleros y arrendata­
ron de resolver el dilema echan­ rios en las haciendas cafeteras. El más importante de ellos, la terca opo­
sición de los arrendatarios, cuyo desalojo resultó extremadamente difi­
cil. Algunos, que en los años veintes habían aprendido a exigir colectiva­
110. mente la liberalización de las condiciones laborales, se unían ahora para
:Véase especialmente Palacios, El café en
l. desarrollar ingeniosas tácticas e impedir los desalojos. ~egún la estrate­
COLOMBIA
398 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA

gia que sirviera mejor a sus intereses, se movilizaban como trabajado­ tácticas organizativas e ic
res, arrendatarios o colonos y recuman al Estado apelando a tres cuer­ soc~edad capitalista. Emp
pos diferentes de leyes. O bien organizaban huelgas de trabajadores y zaClón de los medios de PI
arrendatarios, o bien argumentaban que la tierra que ocupaban y .culti­ esfuerzos de activistas sO(
vaban en las grandes haciendas en realidad formaba parte de la propie­ bajadores cafeteros a orga
dad pública. La última estrategia colocaba en aprietos a los hacendados, do por las virtudes de la (
puesto que sus títulos eran a menudo imperfectos, y amenazaba con piedad siguió predominan,
hacerles perder· sus propiedades de acuerdo con la ley de terrenos bal­ dores cafeteros (74).
díos. La segunda estrategia no solo les presentaba a los hacendados Lo anterior no significa
numerosos problemas legales, sino tambi~n dificultades financieras in­ res cafeteros hubieran teni
solubles. Quizá podían expulsar a unos cuantos arrendatarios y pagarles lista lanzada contra ellos 4
las mejoras~ tal como lo estipulaba la ley. Pero a causa de sus problemas la 11!cha contra sus trabaj~c
financieros, no podían cancelarles a todos, lo que era bien sabido por batlvos. En realidad ocurrí.
~stos. que en consecuencia se aprovechaban de la situación. Por último,
control que ejercían sobre 1
los paros laborales no eran neutralizados con la contratación de nuevos manera·violenta y efectiva.
trabajadores asalariados libres. Incluso con las tasas salariales decre­ en huelga y los expulsaba 1
cientes de principios de los años treintas, la mayoría de los hacendados negaban a aplicar las leyes,
no podían producir con un sistema de remuneración libre. Como produc­ Las· reclamaciones de los .
tores ineficientes, habian podido.sostenerse, pagando hasta cien veces ~blica caían en oídos sord(
menos por su nómina, gracias al sistema de. trabajo dependiente que dIO en la burocracia naciona
prevalecía en las grandes propiedades en los años veintes (al menos ~ste des terratenientes aterroI"ÍZl
fue el estimativo calculado por el director de la Oficina del Trabajo luego a los trabajadores y sus far
de inspeccionar los libros de algunas haciendas en los años trein­ sus árboles de café y soltabe
tas) (72). Aún más, los arrendatarios descubrieron la manera de contra­ subsistencia.. A comienzos I

rrestar la amenaza que significaban los trabajadores reci~n contratados. entre trabajadores organiza
Intimidaban a los trabajadores que se mostraban dispuestos a aceptar eran comunes en las zonas,
contratos laborales onerosos y convencian a los demás a umrseles. La e~ varias partes del Tolima.
primera táctica resultó exitosa, pues los dueños ·no ofrecian protección a sIempre sallan perdedores (
los trabajadores nuevos y leales en la vasta extensión de sus aisladas bían muerto numerosos tral
propiedades. El ~ito de la segunda reflejaba el objetivo común de todos más resultaron heridos y mi
los trabajadores del café, quienes anhelaban tener acceso a la tierra para años de trabajo arduo.
cultivar alimentos en condiciones favorables, y la salida más favorable Pero persistieron. Arroja
era la de ser dueños de la propiedad. Los jornaleros, como eventuales che a sitios diferentes y seu
colonos, se sumaban a los arrendatarios y reclamaban una parcela en las das para deSCUajar selva e iJ
grandes extensiones de,tierra inculta (73J. Como algunos de los trabaja­ estatus de colonos. Los lotef
dores que retornaban a las haciendas ya tenian experiencia con organi­ sido encarcelados eran aten(
zaciones obreras y habiansidoexpuestos a ideologias izquierdistas, es­ gos. Los trabajadores expuls
tas alianzas embrionarias de jornaleros y. arrendatarios germinaban con los que estaban mejor organi:
Enfrentados a la crecientf;:
saban cumplir con sus oblig¡
72. J. V. Combariza al Ministro de lDdustrias, Bogotá, junio 20 de ·1930, en BoIetin de la O&eina ción, los hacendados empezal
delTrabajo,l:7,juniode 1930,p. 414. '
73. Hacia mediados de 1930, el director de la Oficina del TraWdo declaró .que. en los dos o tres
afios anteriores el problema planteado por los trabajadores .que reclamaban estatua de colonos 74. "Las masas trabajadoras a quieD~
en las grandes haciendas cafeteras hablaaumeÍltado en proporciones considérablés. exten$iones de tierra ocupadas por 1
COLOMBIA 399
~ TRABAJADORES EN LA HI9l'ORIA
tácticas organizativas e ideas sistemáticas acerca .de la i:qjusticia de la
e movilizaban como trabajado­ sociedad capitalista. Empero, las ideas marxistas respecto a la sociali­
tlEstado apelando a tres cuer­ zación de los medios de producción no pudieron echar raíces. Pese a los
ban huelgas de trabajadores y esfuerzos de activistas socialistas y comunistas, que ayudaron a los tra­
la tierra que ocupaban y culti­ bajadores cafeteros a organizarse y trataron de orientar su lucha abogan­
tad formaba parte de la propie­ do por las virtudes de la colectivización, la meta de conseguir una pro­
a en aprietos a los hacendados, piedad siguió predominando en las mentes de la mayoria de los trabaja­
imperfectos, y amenazaba con dores cafeteros (74).
~rdo con la ley de terrenos bal­ Lo anterior no significa que a fines de los años veintes los trabajado­
~ presentaba a los hacendados res cafeteros hubieran tenido mucho éxito en derrotar la ofensiva.capita­
rién dificultades financieras in­ lista lanzada contra, ellos) o que los hacendados se vieran impotentes en
¡antos arrendatarios y pagarles la lucha contra sus trabajadores, cada vez mejor organizados y más com­
Pero a causa de sus problemas bativos. En realidad ocurrió lo contrario. Los hacendados se valieron del
.os, lo que era bien sabido por control que ejercían sobre la poJitica local para defender sus intereses de
ban de la situación. Por último, manera violenta y efectiva. La policía local arrestaba a los arrendatarios
I con la contratación de nuevos en huelga y los expulsaba fisicamente de la tierra. Alcaldes y jueces se
:con las tasas salariales decre­ negaban a aplicar las leyes que regulaban la indemnización por mejoras.
f, la mayoria de los hacendados Las reclamaciones de los trabajadores sobre las tierras de propiedad
mmeración libre. Como produc­ pública caían en oídos sordos en las localidades y se atascaban sin reme­
erse,pagando hasta cien veces dio en la burocracia nacional.·Bandas de matones al servicio de. los gran­
!la de. trabajo dependiente que des terratenientes aterrorizaban a arrendatarios y colonos y amenazaban
lles años veintes (al menos éste a los trabajadores y sus familias, incendiaban sus viviendas, destnllan
r de la Oficina del Trabajo luego sus árbOles de café y soltaban el ganado de la hacienda en sus cultivos de
haciendas en los mos trein­ subsistencia. A comienzos de los treintas las confrontacionetl armadas
ICllbrieron la manera de contra-­ entre trabajadores organizados y administradores y policías locales ya
nhajadores recién contratados. eran comunes en las zonas cafeteras··del suroriente de Cundinamarca y
IDOStraban dispuestos a aceptar en varias partes del Tolima. Los trabajadores, pobremente armados, casi
tan a los demás a unirseles. La siempre saJian perdedores de esta desigual confrontación. En 1933 ha­
duefíos no ofreclan protección a bian muerto numerosos trabajadores en la lucha por la tierra. Cientos
vasta extensión de sus aisladas más resultaron heridos y millares fueron despojados del fruto de largos
üaba el objetivo común de todos años de trabajo arduo.
Iban tener acceso a la tierra para Pero persistieron. Arrojados de sus parceIas,se movilizaban de no­
~les, y la salida más favorable che a sitios düerentesy se unían con los arrendatarios de otras hacien­
~ jornaleros, como. eventuales das para descuajar selva e iniciar de nuevo el cultivo, afirmando así su
, reelamaban una parcela en las estatus de colonos. Los lotes de tierra perwnecientes a los que habían
••; Como algunos de los trabaja­ sido encarcelados eran atendidos p'Or sus familias o por vecinos o ami­
~'tenían experiencia con organi-, gos. Los trabajadores expulsados de una hacienda buscahan.unirse con
Js a ideologías izquierdistas, es­ los que estaban mejor organizados en otras y reemprendian la lucha.
~·arrendatarios germinaban· con Enfrentados a la creciente insurgencia de los trabajadores, que rehu­
,~
saban cumplir con SUs obligaciones laborales y entorpecían la produc­
ción, los hacendados empezaron a recurrir con mayor frecuencia al Esta­
~,junio 20 de 1930, en BoIeiID de la Oficina

del Trabajo declaró que en los dos o tres 74. "Las masas trabajadoras a quienes cobijllesta situación, son de un enonne volumen, y las
que reclamaban estatue de colonos extensiones de tierra ocupadas por ellas se cuentan por mUes de hectáreas". Ibid., p. 416.
cm proporciones considerables. .
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

do. Culpaban a los agitadores subversivos de la inquietud reinante, lla­ celas. En la medida en qll
maban al ejércitó para reimplantar el orden en sus propiedades y organi­ temas laborales precapiu
zaban poderosos grupos de intereses para coordinar la ofensiva contra cafetera de Cundinamam
los trabajadores, influir en la opinión pública y presionar a los funciona­ des dispersas de produce
rios del gobierno con el fin de que< solucionaran de manera eficaz sus tores, que se tornó cada
problemas laborales. A lo largo del,~riodo de agitación en las haciendas conjunto. Y con este caml
cafeteras, más o menos entre 1925 f1935, la correlación de fuerzas poli­ elemento más explosivo, ¡
ticas en el país favoreció decisivamente los intereses de los terratenien­ acomodarse, lo mejor que
tes como clase. Algunos funció'narios oficiales intentaron convencéra los
servadoras de la sociedad.
hacendados de que hicieran concesiones e intentaron mediar en el con­
flicto. Esos funcionarios señalaron las virtudes conservatizantes de la Sin embargo, ni las im
parcelación y urgieron a*los grandes cultivadores de Cundinamarca a mI en las haciendas cafetE
que imitaran a sus colegas de 'la Cordillera Central, dejando la produc­ obrero colombiano impHcil
ción de café a los pequeiíos, propietarios y concentrando sus energ1as en el resto de la economía el
el control del comercio y las finanzas del grano. Pero la solución de los mienzos de los treintas. I
problemas laborales en las f!irandes propiedades, lograda poco apoco partir de la Primera Guen
por medio de cambios básicos en la ley nacional de tierras y lasirístitu­ durante la bonanza cafeter
ciones crediticias, guardó celosamente los intereses de'clase de los gran­ taculares huelgas dirigida
des terratenientes. Y si bien durante un tiempo los trabajadores cafete­ enclaves exportadores forá
ros organizados' hallaron 'aliados en el movimiento obrero, y aunque jadores del café en las gnu
hubo sindicatos qué los apoyaron y pequeños partidos reformistas y de mas de la capital a fines de
izquierda que defendieron sus intereses en la prensa y algunas veces fes poHticos tanto de la izqtl
hasta en el Congreso, las victorias parciales conquistadas a mediados de miento obrero y de la am
los años treintas se decidieron pri~cipa1mente en el terreno de los he­ para la. socie<iad capitalista.
chos, como resultado de sus propios esfuerzos. guerra mundial, primero I
Sin embargo, el 'movimiento laboral insurgente de las grandes ha­ marxistas canalizaron poJiti
ciendas cafeteras en los años veintes y treintas siempre tuvo unsignifi­ firmar esta percepción.
cado profundamente cónservador, cuyas verdaderas dimensiones se Entre tanto, la clase dor
pu.sieron lentamente aldeseúbierto, en la 'medida en que los trabajado­ mera a un antagonista de dA
res del café avanzaban en' sU lucha por el control de la tierra. Gracias a la medios eficaces para aplasb
iniciativa gubernamental y privada, bancos oficiales adquirieron una fundamente en torno a la (
tras otra las grandes prOpiedades cafeteras, focó de la protesta laboral Hasta ahora se ha investigac
colectiva desde 1925. Sus propietarios fueron plenamente compensados aquel crucial periodo de la h
y la tierra fraccionada en pequeñas parcelas y vendida a los cultivadores zas bipartidistas que habían
de café que la trabajaban. En algunos casós los hacendados se vieron nómicas liberales - nortes I
obligados a financiar la parcelación, pero con resultados idénticos. Los desde 1910- empezaron a I
trabajadores se convirtieron en pequeños 'propietarios y, al igual que la safio de un movimiento obre
mayoria de la fuerza de tmbajo cafetera en el resto del país, encontraron que más teman aquellos ref
mejor expresadas sus aspiraciones en los valores liberales de la cultura conservadores, era la polariz
dominante y satisfechas sus necesidades a través de la dinámica cliente­ que reaccionario y represivo,
lista de la politica tradiciol18.l. Efectivamente canalizada desde un co­ servador, y un movimiento s
mienzo hacia la lucha legal, la protesta de los trabajadores del café se viO' alianza entre el movimiento
entonces sublimada en el esfuerzo tenaz de los pequeños propietarios do liberal. Tal polarización I
por pagar los créditos a los bancos y terratenientes y mantener ,sus par-
TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 401

de la inquietud reinante, ~­ celas. En la medida en que las enormes haciendas que dependían de sis­
len sus propiedades y orgam­ temas laborales precapitalistas fueron siendo eliminadas, la producción
ilcoordinar la ofensiva contra cafetera de Cundinamarca y Tolima evolucionó hacia un patrón de unida­
~ca y presionar a los funciona­ des dispersas de producción poseidas y operadas por pequeños produc­
ionaran de manera eficaz sus tores, que se tornó cada vez más típico de la economia cafetera en su
1) de agitación en las haciendas coI\iunto. Y con este cambio, el movimiento obrero fue despojado de su
'la correlación de fuerzas poli­ elemento más explosivo, a comienzos de los años treintas, y obligado a
lB intereses de los terra~nien­ acomodarse, lo mejor que pudo" al abrumador peso de las fuerzas con­
des intentaron convencer a los servadoras de la sociedad.
! intentaron mediar en el con­ Sin embargo, ni las implicaciones conservadoras de la protesta labo­
Irtudes conservatizantes de la ral en las haciendas cafeteras, ni la debilidad congénita del movimiento
ltivadores de Cundinamarca a obrero colombiano implicitas en las relaciones sociales de producción en
ra Central, dejando la produc­ el resto de la economia cafetera eran obvias en los años veintes y co­
r concentrando sus energias en mienzosde los treintas. El rápido desarrollo del movimiento obrero a
grano. Pero la solución de los partir de la Primera Guerra Mundial, la explosiva movilización laboral
!)iedades, lograda poco ,a p~o durantela bonanza cafetera de mediados de los años veintes, las espec­
acional de tierras y las lnstltu­ taculares huelgas dirigidas por lideres sindicales izquierdistas en los
5intereses de clase de los gran­ enclaves exportadores foráneos y la creciente organización de los traba­
tiempo los trabajadores cafete­ jadores del café en las grandes haciendas de Cundinamarca y en cerca­
movimiento obrero, y aunque nías de la capital a fines de los añós veintes, todo ello convenció a los je­
leños partidos reformistas y de fes politicos tanto de la izquierda' como de la derecha del poder del movi­
• en la prensa y algunas veces miento obrero y de la amenaza revolucionaria que éste representaba
les conquistadas a mediados de para la. sociedad capitalista. El hecho de que en los años posteriores a la
mente en el terreno de los he­ guerra mundial, primero los partidos socialistas utópicos y luego los
erzos. marxistas canalizaron politicamente el movimiento obrero ayudó a con­
I insurgente de las grand~s ~­ firmar esta percepción.
reintas siempre tuvo un SignÜI­
as verdaderas dimensiones se Entretanto, la clase dominante colombiana, enfrentada por vez pri­
medida en que los trabajado­ mera a un antagonista de clase organizado y politizado, empezó a buscar
¡ control de la tierra. Gracias a la medios eficaces para aplastar el movimiento laboral. Pero se dividió pro­
oficiales adquirieron una fundamente en torno a la disyuntiva de represión masiva o reformas.
foco de la protesta laboral Hasta ahora se ha investigado muy poco esta escisión de la élite durante
plenamente comp.ensados aquel crucial periodo de la historia de Colombia. Ya desde 1920 las fuer­
y vendida a los cultlva~ores zas bipartidistas que habían consolidado las instituciones politicas y eco­
los hacendados se vieron nómicas liberales - nortes del desarrollo exportador basado en el café
con resultados idénticos. Los desde 1910- empezaron a contemplar alternativas para afrontar el de­
propietarios y, al igual que la safío de un movimiento obrero radical por medio de la reforma sociaL Lo
el resto del pals, encontraron que más temian aquellos reformadores moderados, tanto liberales come
valores liberales de la cultura conservadores, era la polarización de la política colombiana entre un blo
a través de la dinámica cliente­ que reaccionario y represivo, dirigido por el ala derecha del partido con
IU.U'cu.1V canalizada desde un co­
servador, y un movimiento socialista y revolucionario, formado por una
los trabajadores del café se vias alianza entre el movimiento obrero marxista y el ala izquierda del parti­
de los pequeñ.ospropietarios do liberal. Tal polarización podía desatar de nuevo la hegemonía partí­
Irratenlentes Y mantener sus par-
402 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

dista y la guerra civil que habían obstruido el programa capitalista de la toria de Colombia entre 1~
élite colombiana en las postrimerías del siglo XIX (75). la mira desde la perspecti,
Pese a que dicha coalicibn revolucionaria se vio en últimas frustrada, imperativos encarados por
los temores de los sectores moderados se anticiparon al desarrollo de la enredada en las cambiante
historia de Colombia en las siguientes tres décadas. No obstante los de­ en evolucibn.
cisivos esfuerzos de los reformadores bipartidistas, que lograron el con­ Hacia finales de los añ<J
trol del gobierno en 1930, al comienzo de la crisis mundial, y pusieron cibib la insurgencia laboral
en marcha una legislacibn tendiente a ampliar e institucionalizar el mo­ ca y política. Ahora resulu
vimiento obrero, la clase dominante se dividib en forma irrevocable en fortaleza de dicho movimie
tomo a la cuestibn de cbmo enfrentar la insurgencia obrera. Mientras la gente de la época preser
que la dirigencia progresista del partido liberal optó por ganarse el movi­ obrero pleno de fuerza, pr
miento obrero e institucionalizarlo por medio de modestas reformas y Para 1926 el movimiento 01
una legislacibnlaboral corporativista, los jefes reaccionarios del partido cibn nacional bajo el lider
conservador se oponían a cada paso a las concesiones que se hacían a las PSR. El PSR, un partido lW
fuerzas populares. En las postrimerías de los años veintes, . los liberales veteranos cuadros socialista
agitaron el tema de la represibn de la izquierda y el movimiento obrero compuesta principalmente I
para desacreditar a los gob.iernos conservadores, escindir al partido con­ gib las grandes huelgas en 1
servador y triunfar en las elecciones de 1930. A su tumo, los conservado­ les de los años veintes. En 11
res esgrimieron las concesiones hechas por los gobiernos liberales al rriendo el país, promoviend
movimiento obrero ya los comunistas en los años treintas y principios de los obreros en multitudinal
los cuarentas para desacreditar y dividir al partido liberal y reconquistar
el poder en 1946.
.
poblaciones cafeteras, lo mi:
nsma del más popular de 14
Existe una extraña lbgica en este patrbn de gobierno alternado entre revela en cierto modo el ton<J
las facciones de la clase dominante en las tres décadas posteriores a tisa e hija de una distinguid
1920. Se trata de una lbgica no captada del todo por las interpretaciones llín, María Cano se preocup(
que destacan la personalidad de ciertos líderes políticos preeminentes, bres. Para fines de los años v
la dinámica del sistema político partidista y los eventos fortuitos que obreros rebeldes y en una on
parecen marcar con un sello indeleble el curso de la historia política. trabajadores que acudían a e
Tampoco se trata de una lbgica muy estrechamente relacionada con los des simples de su recién des
cambios macroeconbmicos y sociales (tales como las tasas de industriali­ nes los obreros respondían a I
zacibn y urbanizacibn y los cambios en el analfabetismo y la circulacibn dando al Partido Socialista y
de peribdicos), tan importantes en los modelos explicativos de los tebri­ cia social. La bautizaron" la f
cos liberales de la modernizacibn. Finalmente, es una lbgica cuyos tér­ ria de Colombia" (77).
minos fundamentales no se hallan definidos en los enfoques marxistas
que pretenden ver en el ascenso del partido liberal al poder, en 1930, el Los temores de clase que
surgimiento de una burguesia industrial (76). La comprensibn de la bis­ rios conservadores del gobiel1
movimiento obrero y la retb!
años veintes, parecían confir
76. Véase, por ejemplo, las reveladoras cartas de Eduardo Santos, Luis Cano YL. E. Nieto Caba­
ocurrieron en la poblacibn del
llero a Carlos E.Restrepo, Bogotá, junio 20 de 1920, y de Carlos E. Restrepo a Eduardo San­
tos, Luis Cano y L. E. Nieto Caballero, MedelUn,junio 80 de 1920, publicadas en José Fernan­
do Ocampo, Colombia Siglo xx. Vol. 1, Bogotá, 1980, pp. 314-21. .
77. Ignacio Torres Giraldo, compajiero «
76. Ilustrativo de los dos primeros enfoques es el estudio informativo de RobertDix sobre la pol1ti. les, quien posteriormente se convirti
ea colombiana del siglo XX, Colombia: Tbe Polldeal DimeuOIl8 01 Chanp. New Haven, 1967;
un ejemplo interesante y particularmente inteligente del último es &jarano, •'Fin" (citado en tacado analista de la historia laboral
época e interpreta con ISÍmpatia el ca
la nota 22).
nante biografta Maria Cano: ApoetoI
'RABAJAOORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

el programa capitalista de la toria de Colombia entre 1920 y 1960 solo emerge con claridad cuando se
lo XIX (76).
la mira desde la perspectiva del movimiento obrero y de los fluctuantes
ti se vio en últimas frustrada,
imperativos encarados por una clase dirigente periférica profundamente
.nticiparon al desarrollo de la
enredada en las cambiantes realidades de un sistema capitalista mundial
décadas. No obstante los de­
en evolución.
rtidistas, que lograron el con­
Hacia finales de los años veintes la clase dominante de Colombia per­
la crisis mundial, y pusieron
cibió la insurgencia laboral como una amenaza a su hegemolÚa ideológi­
,liar e institucionalizar·el mo­
ca y política. Ahora resulta fácil ver, en retrospectiva, que el alcance y
ridió en forma irrevocable en
fortaleza de dicho movimiento eran en realidad bastante limitados. Pero
insurgencia obrera. Mientras
la gente de la época presenciaba a diario la novedad de un movimiento
eral optó por ganarse el movi­
obrero pleno de fuerza, promesas radicales y entusiasmo desbordado.
edio de modestas reformas y
Para 1926 el movimiento obrero había adquirido cierta unidad y direc­
efes reaccionarios del partido
ción nacional bajo el liderazgo del Partido Socialista Revolucionario,
)ncesiones que se hacían a las
PSR. El PSR, un partido marxista afiliado al Comintern, fue creado por
los años veintes, los liberales
veteranos cuadros socialistas y disidentes liberales. Su jefatura máxima,
lierda y el movimientQ obrero
compuesta principalmente por tipógrafos y periodistas, organizó y diri­
dores, escindir al partido con­ gió las grandes huelgas en los enclaves exportadores a mediados y fina­
10.. A su tumo, los conservado­
les de los años veintes. En 1927 los líderes del PSR se encontraban reco­
;»ar los gobiernos liberales al
rriendo el país, promoviendo la organización sindical y radicalizando a
)S años treintas Y principios de
los obreros en multitudinarias manifestaciones en puertos fluviales y
1partido liberal y reconquistar
poblaciones cafeteras, lo mismo que en las principales ciudades. El ca­
risma del más popular de los oradores del PSR, la joven Maria Cano,
,n de gobierno alternado entre
revela en cierto modo el tono de la insurgencia obrera del momento. Poe­
as tres décadas posteriores a
tisa e hija de una distinguida familia de periodistas liberales de Mede­
11 todo por las interpretaciones
lIín,Marla Cano se preocupó muy pronto por los sufrimientos de los po­
ideres políticos preeminentes,
bres. Para fines de los años veintes se había convertido en símbolo de los
ta y los eventos fortuitos que
obreros rebeldes y en una oradora capaz de electrizar a las multitudes de
1 curso de la historia política.
trabajadores que acudían a escuchar su apasionada retórica y las verda­
~hamente relacionada con los
des simples de su recién descubierto marxismo. En estas manifestacio­
s como las tasas de industriali­
nes los obreros respondían a su entusiasmo con una pasión similar, salu­
¡ analfabetismo y la circulación
dando al Partido Socialista y el advenimiento de una nueva era de justi­
kielos explicativos de los teóri­
cia social. La bautizaron "la flor del trabajo", "la flor roja y revoluciona­
!lente, es una lógica cuyos tér­
ria de Colombia" (77).
k:los en los enfoques marxistas
Los temores de clase que se agitaron en las mentes de los funciona­
ldo liberal al poder, en 1930, el
rios conservadores del gobierno por causa de la creciente insurgencia del
176). La comprensión de la his­ movimiento obrero y la retórica revolucionaria del PSR a fines de los
años veintes, parecían confirmarse con acontecimientos como los que
, ocurrieron en la población del Libano, Tolima, en 1929. Gonzalo Sánchez
~ Santos, Luis Cano y L. E. Nieto Caba­
~. y de Carlos E. Restrepo a Eduardo San­
30 de 1920, publicadas en José Fernan­
77. Ignacio Torres Giraldo, compaftero de Maria Cano durante estas memorables giras naciona­
n, pp. 314-21.
iDfurmativo de Robert Dix sobre la pol1ti­
JI)lmeDllÍOD8ofChan¡e, NewHaven, 1967;
,delúltimoes Bejarano, "Fin" (citado en
les, quien posteriormente se convirtió en dirigente del Partido Comunista de Colombia y des­
tacado analista de la historia laboral de Colombia, capta de manera efectiva el ambiente de la
época e interpreta con simpatia el carácter y el desarrollo intelectual de su objeto en su fasci~
,. nante biografia Maria Cano: Apostolado revolucionario, Bog0t6., 1972.
404 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

ha mostrado que en ese excepcional municipio cafetero los artesanos hicieron que el Congreso
crearon una importante cultura revolucionaria en los años veintes. Publi­ castigar a los marxistas 1
caron peribdicos radicales, bautizaban a sus hijos en el "Santo Nombre los obreros en huelga; Iru
de la Humanidad Oprimida" y en 1929 se dedicaron a organizar a los tra­ individuales y sus dirigen
bajadores del café en las zonas rurales para la toma violenta del poder en su conjunto. Y expuso I
estatal (78). La fracasada insurrección, en la que tomaron parte los tra­ ataques en tomo a su mora
bajadores del Libano a mediados de 1929, tuvo eco apenas en dos o tres El más apasionado de 11
poblaciones a lo largo del tio Magdalena y fue'pronto aplastada por las tico liberal cuyo asesinato
fuerzas gubernamentales. Formó parte de un plan absolutamente im­ el Congreso portando una
practicable, desarrollado por los Jíderes marxistas y liberales radicales atónitos representantes, a
del PSR encaminado a la toma del poder en co!ijunción con una revuelta durante la masacre de obre
simultá~ea en Venezuela (79). Los sucesos del Líbano estaban lejos de de la United Fruit, en 1928.
representar un efectivo desafío inmediato para ,el orden capitalista o Los lideres tradicionale:
para la estabilidad del gobierno conservador. Pero les confirmaron a vimiento laboral insurgentE
muchos lideres politicos, tanto de la izquierda como de la derecha. el fria y en términos más cale
potencial radical del movimiento obrero. Aquellos que aún duda~~ solo López Pumarejo, pública l'
teman que volver la mirada a los trabajadores cafeteros de CundJJ?-amar­ aprovechara la oportunidad
ca y ciertas regiones del Tolima. que ocupaban las mayores haCIendas mento inteligente y progr~
del país, cuestionando las bases de la ley de tierras y confrontando de conocimiento de las justas a
manera exitosa y casi a diario a las fuerzas represivas del Estado en esa forma, argumentaba, E
municipios situados a unos cuantos kilómetros de Bogotá. izquierda y quizá lograría h1
En los últimos años de la década de los veintes, los gobiernos conser­ quista del pleno poder nacio
vadores respondieron al desafío del movimiento laboral principalmente Fue de esta manera com
recurriendo a la represión. Insistían en que la rebeldia de los trabajado­ fines de los años veintes des
res era simplemente el producto de una vasta conspiración bolchévique e dor, alentó a la izquierda 1
modernizar su filosofia socü:
Aún más, con el advenimier.
78. El pequetio pero brillante horo de Sánchez, Loe "BoIcheviqllee" (citado en la nota 60), recu­
pera parte del ritual y de la concepción del mundo de los artesanos revolucionariOlJ.del L~ano, que significaba el movimien
un municipio que a fines de los 8ÍIOS veintes ocupaba el tercer lugar en la produeción n~clonal otras naciones, la fuerza or~
de café. El sincretismo cultural presente en los esÑerros de estos artesanos por consolidar su
solidaridad colectiva y foljar una visión alternativa del mundo en una cultura catllliea se pone
porte y de los enclaves extra
de relieve en las siguientes palabras, recitadas en el rito bautismal de una nífta (pp. 78-79): declinación económica, 18 in:
más ímpetu y llevó la amer
"Tu misión imprime un sello especial a ti misma y a tus semejantes, pues vienes a abrir la cafetera de Colombia.
ruta de un nuevo orden social, y a marchar hacia el porvenir en que el advenimiento de una
nueva vida descansará sobre la Justicia emanada del Espiritu Socialista. Caminará!! por la Sin embargo, fue un peli
senda del ideal de Justicia y esqui.ré.s (sic) de la servidumbre con el pensamiento cobarde de clase dominante, yuxtapuest
que 'este mundo asi lo hemos encontrado y as1 lo dejaremos'. Tendrás fe en la Justicia Yamor cialaboral, el que desató y
a la humanidad. Antes que ser esdava, que se alumbre con tu cuerpo encendido el festin de la
tirania. Eres fruto gestado en las entraiías de tu Madre buena y parte de la nueva genera~ón trasferencia de poder que col
h"bertada por el esfuerso (sic) del proletariado. Oye ia.plegaria del modemo obrero: de la tira­ Estado por primera vez en ca:
nta, como de la peste Y del hambre, Libranos, aunque haya necesidad de sacrificar nuestra conservador demostró su ine
propia existencia" .

La cultura politi.ca aparentemente excepcional del Libano requiere más explicaciones. El mu­
nicipip estaba mucho más aislado del mercado nacional que otros condados cafeteros simila­ SO. Esta interesante carta abierta de al
res; se trataba de una isla tradicionalmente h"beral rodeada de municipios conservadores. las que L6pez destaca el mal manej
79. Véase el Capitulo 4 de este volumen. para la revolución social en Coloml
Están reproducidas en Ocampo, Col
~ABAJAOORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 405

lícipio cafetero los artesanos hicieron que el Congreso aprobara leyes draconianas para perseguir y
Pa en los años veintes. Publi­ castigar a los marxistas revolucionarios. Reprimieron violentamente a
lB hijos en el "Santo Nombre los obreros en huelga; mas la represión, eficaz contra algunas huelgas
edicaron a organizar a los tra­ individuales y sus dirigentes, no fue muy exitosa contra el movimiento
fa la toma violenta del poder en su conjunto. Y expuso a los regímenes conservadores a permanentes
la que tomaron parte los tra­ ataques en tomo a su moralidad y credenciales nacionalistas.
tuvo eco apenas en dos o tres El más apasionado de los opositores era Jorge Eliécer Gaitán, el polí­
¡fue'pronto aplastada por las tico liberal cuyo asesinato en 1948 desatb el Bogotazo. En 1929 entró en
~ un plan absolutamente im­ el Congreso portando una pequeña calavera. Pertenecía, aseguró a los
larxistas Y liberales radicales atónitos representantes, a un niño asesinado por soldados colombianos
~ conjunción con una revuelta durante la masacre de obreros bananeros en huelga, en las instalaciones
$ del Líbano estaban lejos de de la United Fruit, en 1928.
p para ,el orden capitalista o Los líderes tradicionales del partido liberal reaccionaron ante el mo­
kdor. Pero les confirmaron a vimiento laboral insurgente, ya al final del auge cafetero, de una manera
derda como de la derecha, el fria yen términos más calculados. El futuro presidente liberal, Alfonso
~uellos que aún duda~~n solo López Pumarejo, pública y candorosamente abogó en 1928 porque se
~es cafeteros de CundlIJ,amar­ aprovechara la oportunidad de convertir el partido liberal en un instru­
paban las mayores haciendas mento inteligente y progresista para la denuncia de la represión y el re­
l de tierras y confrontando de conocimiento de las justas aspiraciones de los trabajadores. Actuando en
zas represivas del Estado en, esa forma, argumentaba, el partido podria evitar ser eclipsado por la
Itros de Bogotá. izquierda y quizá lograria lanzar a sus dirigentes democráticos a la con­
veintes, los gobiernos conser­ quista del pleno poder nacional por primera vez en medio siglo (80).
lniento laboral principalmente Fue de esta manera como la insurgencia de los obreros colombianos a
le la rebeldia de los trabajado­ fines de los años veintes desconcertb y desacreditb al régimen conserva­
~ta conspiración bolchevique e dor, alentb a la izquierda revolucionaria y obligó al partido liberal a
modernizar su filosofía social y a redescrubrir su vocación de gobierno.
, Aún más, con el advenimiento de la Gran Depresión, la amenaza social
~viques" (citado en la nota 60), recu­ que significaba el movimiento obrero no desapareció. Si bien, como en
:.Ios artesanos revolucionarios del Libano,
I 'el tercer lugar en la producción nacional
otras naciones, la fuerza organizada de los obreros urbanos, del trans­
Irzos de estos artesanos por consolidar su porte y de los enclaves extranjeros fue socavada a partir de 1928, por la
!el mundo en una cultura católica se pone declinación económica, la insurgencia de Jos trabajadores del café ganó
rito bautismal de una nifla (pp. 78-79): más ímpetu y llevó la amenaza al corazón de la tradicional burguesía

'g;.
i a tus semejantes, pues vienes a abrir la
l porvenir en que el advenimiento de una

.
el Espiritu Socialillta. Caminarás por la
. umbre con el pensamiento cobarde de
" Tendrás fe en la Justicia y amor
cafetera de Colombia.
Sin embargo, fue un peligro más inmediato para los intereses de la
clase dominante, yuxtapuesto al problema a largo plazo de la insurgen­
cia laboral, el que desató y solucionó la crisis política de 1930 con la
, con tu cuerpo encendido el festln de la trasferencia de poder que colocó a un gobierno liberal en la dirección del

~
buena y parte de la nueva generación
plegaria del modemo obrero: de la tira­
Estado por primera vez en casi medio siglo. A partir de 1928, el gobierno
ue haya necesidad de sacrificar nuestra conservador demostró su incapacidad para mantener el flujo de capital

~
ano requiere más explicaciones, El mu­ 80. Esta Interesante carta abierta de abril 25 de 1928 y una subsiguiente de mayo 28 de 1928, en
que otros condados cafeteros simi1a­ las que López destaca el mal manejo financiero del régimen conservador y sus implicaciones
eada de municipios conservadore!'. para la revolución social en Colombia, ilustran la Interpretación adelantada en esta sección.
Están reproducidas en Ocampo, Colombia (citado en la nota 75), Vol. 1, pp. 332-45.
r'
406 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

extranjero de inversión en la economía del país. La inversión foránea neras y PUSo en marcha 1
para promover el desarrollo nacional era la columna central de las insti­ industrialización del país
tuciones económícas y políticas liberales levantadas por la coalición bi­ cas se comprenden mejor
partidista después de 1910. La suspensión abrupta de los empréstitos sía industrial nacional", ~
extranjeros a partir de 1928 no solo amenazaba la prosperidad económí­ cultivadores y exportadOJ
ca inmediata del país, sino que socavaba las bases de toda la estructura todos con intereses de cl
social, institucional e ideológica del desarrollo exportador del país poste­ oportunidades derivadas (
rior a 1910. Acontecimientos ulteriores revelarian que la cesación del
crédito externo obedeció a causas cuya solución desbordaba la capacidad Las iniciativas liberale
de la clase dominante o de los dos partidos políticos. Pero en la mente de los años treintas y comíe]
esta misma perspectiva. r
los contemporáneos era el régimen conservador, irónicamente el que pliar el mercado nacional)l
más éxito había tenido en la historia del país para atraer inversiones ex­ ciente en la agricultura. S4
tranjeras a mediados de los años veintes, el que ahora cargaba con toda naza social encarnada por
la culpa de la crisis de crédito externo a medida que la depresión mun­ ción laboral de 1931 abrió
dial se agudizaba. Am, además de las criticas contra sus ineficaces y re­ cionalización del movimíer
presivas políticas laborales,el régimen conservador llevaba a cuestas la enclaves exportadores. El e
carga política de una crisis económica que escapaba a su control. El par­ entre 1930 y 1945, buscab~
tido se hundió y se dividió por causa del doble desafio a su hegemonía
obreros y disminuir los COl
política, y las elecciones de 1930 fueron ganadas por una coaliciónbipar­
tidista dominada pOr los liberales y dirigida por los principales arquitec­ yes creaban normas para el
tos del orden institucional establecido en 1910. La plataforma del Partido taban y restringían el dere(
Liberal victorioso proclamaba "puertas abiertas al capital extranjero" y capital y el trabtijo por me
afirmaba que ., la agricultura es el eje· y el fundamento de nuestra vida ción, mediación y arbitram4
nacional". La elección del candidato liberal a la presidencia, conocido De igual modo, la refon
por su contacto íntimo con banqueros norteamericanos, se fundó en la de los años treintas y aprob
esperanza de que Olaya lograria inducirlos a reabrir las compuertas de la nar el conflicto rural entre
inversión extranjera en Colombia (81). legalizaba el statu quo en e
El gobierno, que llegó al poder en 1930, dominado por los liberales,
abrió un amplio frente con el propósito de encarar el doble desafio eco­
nómico y del movimiento obrero que enfrentaba la élite colombiana des­ 82. De nuevo, el hecho de que la eo
de el comienzo de la Gran Depresión. No obstante, en el frente económi­ afios treintas promoviÓ el crecimi<
co, Olaya se vio obligado gradualmente, por la situación mundial, a re­ sla industrial como un intento eh
considerar su compromiso con los principios liberales ortodoxos y sus con frecuencia eran las mismas ¡:
nuada depresión mundial y la inSl
esperanzas de revivir la inversión extranjera en gran escala. Lo mismo nos, por el estilo de Alfonso Lópe
que otros regímenes liberales de América Latina durante la crisis mun­ asumlan una posición frente al D
dial, el de Colombia abandonó a regañadientes el patrón oro, suspendió ~ Argentina, no tanto porque
smo porque, al contrario de lo qu
los pagos de la deuda externa, devaluó la moneda, elevó las tarifas adua­ activo que amenazaba el fundon
mos, la ley de reforma agraria pr
mente no para transformar la inl
. amenaza social que existla contra
81. Sobre la plataforma véase la breve discusiÓn en Bergquisi, Café J eoaflIclo (citado en la nota 83. Acerca de la intención de estas le·
4', pp. 266-57. Las credenciales especiales del candidato presidencial Enrique Olaya Herrera veIopmeat(citado en la nota 43),1
se ponen de relieve en el expHcito discurso sobre los problemas ecoDÓmioos Afrontados por el 43', Capitulo 2, y Pécaut, Política
país que pronunció ante lo más granado de la élite colombiana en el Jockey Club de Bogotá, estas interpretaciones reconoce b
diez dias antes de las elecciones. Está reproducido en Oeampo, Colombia (citado en la nota ~entro de todo ese proceso, ni la u
75', Vol. 1, pp. 345-60. na.'
'I'RABAJAOORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 407

lel paíS. La inversión foránea neras y pUSo en marcha una serie de poHticas tendientes a fomentar la
acolumna central de las insti­ industrialización del país en los años treintas. Sin embargo, esas poHti­
levantadas por la coalición bi­ cas se comprenden mejor no tanto como la obra de una IlÚtica "burgue­
,n abrupta de los empréstitos sía industrial nacional", sino como la respuesta práctica de los grandes
~ba la prosperidad económi­ cultivadores y exportadores de café, los banqueros y los industriales,
las bases de toda la estructura todos con intereses de clase bastante compatibles, a las exigencias y
~llo exportador del país poste­ oportunidades derivadas de la crisis de la econollÚa mundial (82).
~velarían que la cesación del Las iniciativas liberales relativas a los asuntos laborales y agrarios en
~cibn desbordaba la capacidad los años treintas y comienzos de los cuarentas deben ser vistas desde
Ipoltticos. Pero en la mente de esta misma perspectiva. N o fueron diseñadas principalmente para am­
íervador, irónicamente el que pliar el mercado nacional y promover una producción capitalista más efi­
rus para atraer inversiones ex­ ciente en la agricultura. Se concibieron ante todo para eliminar la ame­
'el que ahora cargaba con toda naza social encarnada por un movimiento obrero insurgente. La legisla­
~dida que la depresión mun­ ción laboral de 1931 abrió el camino a una rápida organización e institu­
¡cas contra sus ineficaces y re­ cionalización del movimiento laboral en el transporte, la industria y los
mservador llevaba a cuestas la enclaves exportadores. El cuerpo de la legislación laboral, perfeccionado
¡escapaba a su control. El par­ entre 1930 y 1945, buscaba eliminar el potencial revolucionario de tales
¡doble desafio a su hegemonía obreros y disminuir los conflictos en las relaciones industriales. Las le­
lnadas por una coaliciónbipar­ yes creaban normas para el reconocimiento legal de los sindicatos, acep­
da por los principales arquitec:, taban y restringían el derecho de huelga y regulaban el conflicto entre el
1910. La plataforma del Partido capital y el trabajo por medio de complejos procedimientos de concilia­
biertas al capital extranjero" Y ción, mediación y arbitramento supervisados por el Estado (83).
el fundamento de nuestra vida
~ral a la presidencia, conocido De igual modo, la reforma de la ley de tierras, redactada a principios
~mericanos, se fundó en la
de los años treintas y aprobada en el Congreso en 1936, procuraba elimi­
~ a reabrir las compuertas de la
nar el conflicto rural entre terratenientes y trabajadores. En esencia,
legalizaba el statu quo en el campo. Validaba los títulos sospechosos de
~O, dominado por los liberales,
te encarar el doble desafio eco­
ientaba la élite colombiana des­ 82. De nuevo, el hecho de que la economiapoUtica aplicada por los reglmenes liberales de los
Obstante, en el frente económi­ afios treintas promovió el crecimiento industrial revela no tanto el ascendiente de una burgue­
sla industrial como un intento de exportadores, banqueros e industriales (que en Colombia
Ipor la situación mundial, a re­ con frecuencia eran las mismas pereonas) por promover sus intereses de cIase ante la conti­
~ipios liberales ortodoxos y sus nusda depresión mundial y la insurgencia de los trabajadores rurales. Los liberales colombia­
~era en gran escala. Lo mismo nos, por el estilo de Alfonso López, hijo de uno de los mayores exportadores de café del pals,
asumian una posición frente al movimiento obrero distinta a la de sus colegas de naciones
... Latina durante la crisis mun­ como Argentina, no tanto porque representaran mejor los intereses industriales emergentes,
lientes el patrón oro, suspendió sino porque, al contrario de lo que pasaba en Argentina, enfrentaban un movimiento obrero
¡moneda, elevó las tarifas adua­ activo que amenazaba el funcionamiento del sector exportador mismo. Al final, como vere­
mos, la ley de reforma agraria promulgada durante la presidencia de López sirvió principal­
mente no para transformar la ineficiente estructura agraria del pais, sino para eliminar la
. amenaza social que existia contra los intereses de los grandes terratenientes.
argquist, Café 1 eoDfIicto (citado en la nota 83. Acerca de la intención de estas leyes véanse las interpretaciones alternativas de Urrutia, De­
didato presidencial Enrique Olaya Herrera velopmeot (citado en la nota 43', Parte m; Moncayo y Rojas, Luc:has obreras (citado en la nota
~ problemas económicos afrontados por el 43', Capltul02, y Pécaut, Política 1 sindicalismo (citado en la nota 43', Parte ll. Ninguna de
, colombiana en el Jockey Club de Bogotá, estas interpretaciones reconoce la importancia del movimiento de los trabajadores rurales
!o en Ocampo, Colombia (citado en la nota dentro de todo ese proceso, ni la unidad esencial ent..'I'E! la ley laboral y la ley de reforma agra­
ria.
408 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

muchos latifundistas y regularizaba procedimientos para definir las tie­ nistas en el frente laboral
rras públicas y distribuirlas entre los colonos (84). gresista delliberalismo-­
Las iniciativas legales, cuya expresión filosófica fue la reforma cons­ en la 1ínea de las directiVli
titucional de 1936, se vieron complementadas por un conjunto de po1íti­ ron a estos resultados. Si
cas encaminadas a refrenar el potencial revolucionario y la au tonomia cepción·a menudo llevanf
del movimiento obrero. Se trató de un esfuerzo significativo y muy exito­ rico de la izquierda coloml
so para eliminar la insurgencia laboral en las grandes plantaciones de razgo.Quienes arguyen q
café por medio de programas de parcelación impulsados o apoyados por tencial de un movimiento
el gobierno (85), iniciativas para contener la organización sindiCal de nomia exportadora de cafl
izquierda en el campo y en las ciudades afiliando a los trabajadores a sin­ conservadora de la prote~
dicatos dominados por el liberalismo (86), y medidas para promover la cafete·ras (que conforma)¡
lealtad del sindicalismo a los gobiernos liberales a través del reconoci­ obrero a comienzos de los
miento oficial y I8 subvención del gobierno a la primera central obrera el fracaso de los esfuerzos
nacional, la Confederación de Trabajadores de Colombia, crc (87). En al sector más importante
el centro de todas estas iniciativas liberales estaba la po1ítica, formaliza­ ción, el transporte y el pro
da en 1936, de alianza con el Partido Comunista, la más impQrtante fuer­ Los comunistas y los di
za politica del movimiento obrero en los años treintas y principios de los dista Revolucionaria, UNl
cuarentas y descendiente directo del Partido Socialista revolucionario. gllieron organizar la pro~
La decisión del Partido Comunista de ligar su destino a los reforma­ en los años treintas. El PI
dores corporativistas del Partido Liberal en 1936 tuvo serias repercusio­ numerosas ligas de trabaji
nes en el desarrollo del movimiento obrero. Dicha determinación, que tarios y colonos sumaban Íl
continuó siendo una politica oficial del partido hasta finales de los cua­ mediados de los años trein
rentas a menudo es interpretada por la moderna izquierda colombiana mente de ampliar su base
como ~n error lamentable. De acuerdo con esta concepcÍón,el cambio en uniendo las ligas campesm
la táctica de los comunistas condenó al fracaso el desarrollo de un movi­ y procesamiento del café, t
miento obrero fuerte y autónomo, lo tomó dependiente del favor oficial y exportadora del pais. Entli
a partir de 1945 hizo más vulnerables las organizaciones obreras al ata­ ron su energía a la organiz
que de la derecha (88). Tal como veremos, la aquiescencia de los comu­ tras una serie de intentos ti
sobre la Cordillera Central
84. La ley de tierras redactada en 1933 durante el cl1max de la insurgencia laboral en las hacien­ y el procesamiento, en en
das cafeterns favo,recla más los derechos del co~ y era más drúti.ea en su definición de tie­ muchos de sus modernos e
rras de do,minio público que la ley promulgada en 1936, luego de que la o,la de co,nflictos rura­ de los años treintas tuvo la
les se habla encrespado,. Para una discusión a1.respecto véase LeGrand, "From PublicLands"
(citado, en la nota 46). de su debilidad, y también,
85. Detalles sobre las parcelaciones pueden encontrarse en Palacios "La propiedad agraria" Los resul~os de los a
(citado, en lanota 59', pp. 64 y 85. De las 71 haciendas afectadas por conflic&os laborales regis­ nantes. Es cierto que la lue:
trados por la Oficina del Trabajo entre 1925 y 1930, 41 ~D eventualmente parceladas. Para
1936 el Banco Agrlcola Hipotecario. el gobierno, de Cundinamarca y el gobierno nacional ha­
blan financiado la parcelación de 28 haciendas cafeteras. Po,steriormente aument61a parcela­
ción part.icula:r financiada a menudo, por el Banco Agrlcola Hipotecario,. Fria co,mo, denuncia del •'browd,
86. Un completo recuento de estas actividades sindicales anticomunistas escrito por un o,rganiza­ mo socialdem6crata del jefe del ]
dor de muchas de ellas es Julio, Cuadras Caldas, Comunismo eriolIo y liberalfsmo autéc:tono, do, Colombiano interpretó de ma
Sa. ed., Bogotá, 1938. tuaI apéndice del partido liberal.
87. Para-mayo,res detalles sobre este problema, asi como la cuestión más amplia de la alianza b"be­ partidos comUQistas de América
raI con el partido, co,munista y la reacción de los conservadores y la Iglesia, véase Alvaro Tira­ uniformemente desastrosos pan¡
do, Mejla, Aspectóe poIítieoa del primer BObiemo de AUOIISO López Pumarejo, 1934-38, Bogo­ el crecimiento de los partidos COl
tá,I981. de su respaldo, histórico a la poüt
88. De acuerdo co,n la interpretaci6n oficial del Partido Comunista, formulada durante la Guerra culpa a Browder y a losllderes dE
tRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 409

limientos para definir las tie­


nistas en el frente laboral y la alianza informal del partido con el ala pro­
)S (84).
gresista del liberalismo- politicas que colocaron al partido de Colombia
filosófica fue la reforma cons­
en la línea de las directivas internacionales del Comintem- contribuye­
das por un conjunto de politi­
ron a estos resultados. Sin embargo, los que defienden la anterior con­
revolucionario y la autonomía
cepción a menudo llevan su acusación demasiado lejos. El fracaso histó­
~rzo significativo y muy exito­
rico de la izquierda colombiana no fue simplemente un problema de lide­
~ las grandes plantaciones de
razgo. Quienes arguyen que así fue, tienden a sobrestimp.r]a fuerza po­
~n impulsados o apoyados por
tencial de un movimiento obrero constrefiido por la estructura de la eco­
tr la organización sindical de
nomía exportadora de café, ignoran la dinámica tanto progresista como
liando a los trabajadores a sin­
conservadora de la protesta deJos trabajadores en las grandes haciendas
• y medidas para promover la cafeteras (que conformaban, el sector más combativo del movimiento
berales a través del reconoci­ obrero a comienzos de 1M años treintas) y no aprecianru la magnitud ni
lO a la primera central obrera elfracaso de los esfuerzos de la izquierda, antes de 1936, para organizar
~s de Colombia, CTC (87). En al sector más importante de la economía colombiana, o sea, la produc­
/3 estaba la politica, formaliza­ ción, el transporte y el procesamiento de café.
lDista, la más importante fuer­ Los comunistas y·los disidentes de la efímera Unión Nacionallzquier­
~~ treintas y principios de los dista Revolucionaria. UNIR, dirigida por Jorge Eliécer Gaitán, consi­
'o Socialista revolucionario. guieron organizar la protesta obrera en las grandes haciendas cafeteras
ligar su destino a los reforma­ en los años treintas. El Partido Comunista fomentó la organización de
in 1936 tuvo serias repercusio­ numerosas ligas de trabajadores rurales en las quejornaleros~ arrenda­
Iro. Dicha determinación, que tarios y colonos sumaban fuerzas,en lalucha por el c.ontrol de la tierra. A
rlido hasta finales de los cua­ mediados de los años;.treintaslos activistascomurustastrataron valiente­
~oderna izquierda colombiana mente de ampliarcSU ~8e organizativa entre los trabajadores cafeteros,
~ esta concepción, el cambio en uniendo las ligas campesinas COn los sindicatos de obreros del transporte
lCa80 el desarrollo de un movi­ y procesamiento del café, una gran alianza en el corazón de la economía
¡dependiente del favor oficial y exportadora del pais.Entre 1934 y 1936 los. cuadros comunistas dedica­
iOrganizaciones obreras al ata­ ron su energiaa la organÍzaci4n de. una Huelga Nacional Cafetera, que,
1, la aquiescencia de los comu­ tras una serie de intentos fallidos, logró finalmente despegar: en Caldas,
sobre la Cordillera Central, en el momento culminante de la recolección
yelprocesamiento, en enero y febrero de 1935. Así, a düerencia de
iI de la insurgencia laboral en la.a bacien­
r era máa drástica en su definición de tie­ muchos de S,US .Q;lodernos criticos,la izquierda colombiaD$ de mediados
!lI6, luego de que la ola de conflictos rura­ de los años treintas tuvo la virtud de reconocer dónde radica~ la esencia
~ véase 1eGrand, "From Public Landa" de su debilidad, :y también el coraje ,y la resolución de intentar superarla.
,
~ en Palacios "La propiedad. agraria"
Los result.IW.os de los anteriores esfuerzos no fueron muy impresio­
" afectadas por conflictos laborales regia­
nantes. Es cierto que la luchada lostrab~adores del café desembocó en
'1fueron eventualmente parceladas. Para

~amarca y el gobierno nacional ba­

leras. Posteriormente aumentó la pa.reela­

trleola Hipotecario.
Fria como denuncia del "browderismo" (llamado asl por la supuesta influencia del reformis­
.. anticomunistas escrito por un organiza­
mo socialdemócrata del jefe del Partido Comunista de Estados Unidos), la dirección del Parti­
INDUDWmn criollo yllberalismo autóctono,
do Colombiano interpretó de manera incorrecta la linea internacional y se convirtió en UD vir­
tual apéndice del partido libel'!ll. En.efecto, pollticas ainillares fueron adoptadas por todos los
o la cuestión más amplia de la alianza libe­ partidos com~ de América LatiQ en el decenio posterior a 1936, y SUB resultados fueron
ÍIervadorea y la Iglesia, véase Alvaro Tira­ unifon:nemente desastrosos para el desarrollo del movimiento obrero latinoamerical1o y para
• AJfoDBo López Pumarejo, 1934·38, Bogo­ el crecimiento de los partidos COln~.· En vez de evaluar crlticamente el siguifieado pleno
de 8U respaldo histórico a la polltica exterior de la UDilm Soviética, el partido prefiere echar la
"Comunlsta, formulada durante la Guerra culpa a Browder y a los lideres de los otros parlid08 naciona1ea de la époea.
410 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

logros organizativos pennanentes en algunas localidades. Pero la pro­ aumento de 40% en los ss
testa involucró apenas una pequeña minoria de municipios. En el resto, rucal remunerado. Estipu
la batalla por la tierra fue decidida por la iruciativaindividual y por la rra deberían tener derech
lucha partidista dentro de los límites de la política tradicionaL Más aún, neros políticos debían ser
incluso allí donde los activistas comunistas y liberales disidentes alcan­ derecho de los trabajador.
zaron los mayores éxitos, como en Viotá y Fusagasugá, al suroriente de diente (92). En algunas le
Cundinamarca, los términos del triunfo gradualmente socavaron la posi­ ducción del café se uniere:
ción de la izquierda. Cuando los trabajadores cafeteros se hicieron a la al procesamiento del gran
tierra, dejaron de ser una fuerza promotora del cambio revolucionario de alianza fue raro. En Cm!
social y político. Los organizadores comunistas, más consecuentemente la huelga fueron desaten<
comprometidos con la transformación·social que los disidentes liberales rección del partido a fineS'
de la UNIR, durante los años tteintas'enfrentaron el dilema ideológico y blar sus esfuerzos en 193f
político entre los objetivos de los trabajadores cafeteros de la base, por zación de las mujeres en bI
una parte, y su propio compromiso incondicional~on las virtudes de la A mediados de los añ
colectivización, por la otra. A mediados de·la décadahabian sido obliga­ zona cafetera. La mayoría
dos á abandonar sus esfuerzos por organizar a los voluntarios sin tierra de una. Se trataba por ¡¡
en oposición a los arrendatarios que· los empleaban, ya reconocer en empleaban desde una doo
cambio el hambre de tierra que unia a ambos·grupos en oposición a los dades de los departament
hacendados cafeteros. Sin embargo, eran claramente conscientes de la reira, tenían varias trillade:
influencia ronservatizanteimplicita en la conquista de la parcelación; Y más de cien trabajadores.
combatieron enérgicamente para reconciliar en alguna fonna los resulta­ de 3.500 trabajadores Iab
dos de la victoria en la lucha por la tierra con su propia visión de un futu­ eran escogedoras (94).
ro colectivista para el país. "Hay que sentirnos dueños de la tierra", in­ Las escogedoras, que
formó en1935 un organizador de Viotá a los lectores del periódico nacio­ más explotados del país, hl
nal del partido,EIBolcheviqlle, "peN> sentirnos dueños no por tener la horas en otras. En las pIaI
posesíón,sino sentirnos dueños para saber defenderla" (89). Para 1938 bajo a destajo, se sentaba1
el partido se había resignado a apoyar plenamente el principio de la par­ lando,·en un plano inclina(
celación y se dedicó a criticar las· condiciOnes usurarias ofrecidas· a los granos por seleccionar. Co
trabajadores por el gobierno líberal y los bancospúblícos y privados (90). kilos de granos seleccionac
La actitud del partido en torno a la parcelación no era' simplemente una mente un bulto y medio dE
consecuencia de su alianza con el liberalismo a partir de 1936; era una escogedora más veloz era 1
respuesta directa a la realidad de los objetivos de las bases laborales. hombres en la industria url
Los límites del impulso organizativo de la izquierda se pusieron de entre la mitad y dos tercer
relíeve en las Huelgas Cafeteras Nacionales de mediados' de los treintas. destajo, muchas adolesceI
Planeadas con mucha anticipación, las huelgas buscaban atraer a "coge­ supervisaban la produccióJ
dores, escogedoras, arrieros y trabajadores de la producción y el proce­ o mal. Si alegaban que se
samiento del café" (91). Las peticiones de la huelga de 1934 incluían un calidad de un lote de café, 1
entero antes de cancelarle.

89. El Bolehevlque, Bogotá, marzo 24, 1935, p. 4. La incapacidad de los comunistaBottOOoxos de


apreciar teórica y poUticamente las dimensionés universales yprogresietas del control de los 92. El BoIehevique, sept. 22, 1934,1
trabagadores cafeteros sobre el proceso produetrvo continúa vigente en la era· cOntemporánea. 93. Las excepciones anotadas fuerol
Exan:Uno:lIUS implieacionesen detalle en la parte final del ensayo. . 94. Las cifras sobre el número de tri:
90. Tierra, enero 14, 1938, pp. 3 y8. raI de esiadíBtieu, Bogotá, 1931
91. El Bolchevique, agosto 4,1934, p. l. pp. 136-37.
rRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 411

nas localidades. Pero la pro­ aumento de 40% en los salarios, jornada de ocho horas y descanso domi­
ia de municipios. En el resto, nical remunerado. Estipulaban que los trabajadores en posesión de tie­
iniciativa individual y por la rra deberían tener derecho a cultivar cualquier producto, que los prisio­
política tradicional. Más aún, neros políticos debian ser puestos.en libertad y que se debía reconocer el
~ y liberales disidentes alcan­ derecho de los trabajadores cafeteros a organizarse de manera indepen­
fusagasugá, al suroriente de diente (92). En algunas localidades los trabajadores vinculados a la pro­
¡dualmente socavaron la posi­ ducción del café se unieron con los obreros urbanos del sector dedicado
Il'eS cafeteros se hicieron a la al procesamiento del grano para apoyar dichas demandas. Pero tal tipo
ll'8. del cambio revolucionario de· alianza fue raro. En casi todas partes los llamados de los comunistas a
istas, más consecuentemente la huelga fueron desatendidos, hecho públicamente admitido por la di­
u que los disidentes liberales rección del partido a fines'de 1934 (93). No obstante, el PC resolvió redo­
mtaron el dilema ideológico y blar sus esfuerzos en 1935 y se concentró primordialmente en la organi­
)res cafeteros de la base, por zación de las mUjeres en las trilladoras.
licional con las virtudes de la A mediados de los años treintas existian cuarenta trilladoras en la
la década habian sido obliga­ zona cafetera. La mayoría de las poblaciones grandes contaba con más
lar a los voluntarios sin tierra de una. Se trataba por lo general de pequeños establecimientos que
~mpleaban, y a reconocer en empleaban desde una docena hasta varias decenas de trabajadores. Ciu'­
bos grupos en oposición a los dades de los departamentos cafeteros, como Medellín, Manizales y Pe­
Iclaramente conscientes de la reíra, tenían varias trilladoras grandes, cada una de las cuales empleaba
"nquista de la parcelación. Y más de cien trabajadores. Una fuente estimaba que en 1936 había cerca
~r en alguna forma los resulta­ deS.500 trabajadores laborando en las trilladoras. Alrededor de 85%
msu propia visión de un futu­ eran escogedoras (94).
Irnos dueños de la tierra", in­ Las escogedoras, que se hallaban entre los trabajadores cafeteros
is lectores del periódico nacio­ más explotados del pats, laboraban a destajo en algunas trilladoras y por
itirnos dueños no por tener la horas en otras. En las plantas másantiguas,donde predominaba el tra­
t defenderla" (89). Para 1938 bajo a destajo,se sentaban en pequeñas mesas de madera e iban regu­
¡amente el principio de la par­ lando,en un plano inclinado que se hallaba enfrente de ellas, el flujo de
Mes usurarias ofrecidas a los granos por seleccionar. Con un pago de unos 40 centavos por bulto de 70
lncospúblicos y privados (90). kilos de granos seleccionados, solo la más diestra podía escoger diaria­
¡ción no era simplemente una mente un bulto y medio de café de alta calidad. El salario máximo de la
~mo a partir de 1936; era una escogedora más veloz era todavía menor que el sueldo promedio de los
!'Vos de las bases laborales. hombres en la industria urbana y la mayoría de las escogedoras ganaban
~ la izquierda se pusieron de entre la mitad y dos terceras partes de dicho salario. Las trabajadoras a
~de mediados de los treintas. destajo, muchas adolescentes,estaban a merced de los capataces que
igas buscaban atraer a" coge­ supervisaban la producción y decidían si la tarea se estaba haciendo bien
ís de la producción y el proce­ o mal. Si alegaban que se habían eliminado muy pocos granos de mala
[la huelga de 1934 incluían un calidad de un lote de café, podían obligar a la empleada a repasar el lote
~ entero'antes de cancelarle. En las trilladoras las escogedoras no podían
f
~
J,pacidad de los comunistas ortodoxos de
92. E1 Bolchevique, sept. 22,1934, p. l.
~rsales y progresistas del control de los
93. Las excepciones anotadas fueron los municipios de Florida, Restrepo y Vioté..
Irtinúa vigente en la era contemporánea.
94.. Las cifras sobre el número de trilladoras yel tamaño de la fuerza laboral son de Anuario geDe­
ldelensayo.
¡
ral de estadísticas, Bogotá, 1936, tal como se dan en Machado, El calé (citado en la nota 26),
pp. 136-37. .
412 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

acostumbrarse .a la vertiginosa rapidez deltrabajo en la cinta transporta­ cocinas colectivas. VariOl


dora que pasaba frente a ellas el café sin seleccionar. Algunas, según febrero de 1935 en choql
afirmó luego una escogedora, habitualmente tomaban drogas para ca~ mujeres fueron golpeada
mar su estbmago. Otras veían su sueldo reducido por los frecuentes cor­ fueron cazados y llevadOt!
tes de electricidad en las plantas. El aumento en la rata de trabajo y las cafeteras. Los informes SE
máquinasdescascaradoras veloces y eficientes· aumentaron varías veces de hacer énfasis en estas.i
la productividad de las escogedoras en las trilladorasm.eeanizadas. Sin res· varones y a atizar el ¡
embargo, los salarios en estas plantas eran apenas superiores a los jor­ queña burguesía. Las muji
nales promedio en aquellas trilladoras en donde el proceso de selección de tratar de "estrangular'
no era mecanizado (95). dora en huelga. Y los COI
Tanto los activistas comunistas como los de la UNIR participaron a fuego a una gran trillador
principios de 1935 en las huelgas de las trilladoras de Pereira, Chinchi­ ga (97).
ná, Montenegro, Filandia, Manizales, Santa Rosa y Palestina, importan­ En las huelgas, las eSCi
tes poblacionescafeWras. Las peticiones de los trabajadores usualmente ríal de los obreros del tr81
buscaban aumentos salariales, jornada de ocho horas y compensación de sus sindicatos realizar(
por accidentes indUf~triales,. de acuerdo con la legislación. Pero· también dos, ofrecieron sus salone~
exigian mejoras en la organización del trabajo y en las condiciones labo­ tas de la represión guben
rales. En Pereira, por ejemplo, las trabajadoras a destIQo reclamaban el prensa comunista y Uniri5
derecho a elegir a los operadores de las máquinas descascaradoras que fueron solo varones; las m\
determinaban el volumen y la calidad de los granos para seleccionar. Este respaldo, unido a la 4
También pedian empezar más temprano el trabajo, a las seis de la mafia­ algunas huelguistas conse.
na; demandaban una reducción en las multas por el tiempo perdido du­ trilladoras de la Cordillera
rante los cortes de electricidad en las plantas; insistían en que a las obre­ Sin embargo, tan pronto ce
ras no se les ordenara. cargar pesados sacos de café, y declaraban que pidieron a las activistas y 1
necesitaban instalaciones sanitarias más limpias y de mejor calidad (96). capaces de proteger sus COl
Las mujeres· que participaban en los ceses laborales enfrentaron la bre de 1935, Antonio Garci
oposición masiva de los propietarios de las trilladoras y de los funciona­ de escogedoras en todo CI:
rios locales. Los patronos despedían alas sospechosas de pertenecer al fuerza de trabajo de escOj
sindicato, recurrian a .loekouts, amenazaban con descascarar su café fue­ señalaba Garcia en su enCl
ra de Colombia y apelaban a los funcionarios de los ferrocarriles para bían constituido el grueso d
reducir tarifas con el fin de transportar el café sin procesar a trilladoras Las razones del fracaso
de áreas no afectadas por la agitación laboraL Los funcionarios guberna­ tos rasgos estructurales de
mentales, en especial los alcaldes, prohibian las reuniones de las esco­ Colombia. U na vez que el (
gedoras en huelga y enviaban a lapolicia a dispersar los piquetes, arres-, casi indefinidamente antes
tar a los activistas, romper las reuniones sindicales· y desmantelar las cascarar. Como las trillado
exportadores trasladaban E
actividad huelguística. Por
96. La información de este párrafo es tomada de la admirable descripción de Antonio García de la especialmente vulnerables
evolución de la maquinaria de procesamiento, las técnicas de selección y los salarios en Geo·
grafia (citado en la nota 61, pp. 457-68 Y 326-31; de una extraordinaria entrevista con una diri­
huelgas. Las mujeres que 1
gente sindical de las escogedoras, de diecisiete años de edad, Lilla González, publicada en El
Bolchevique, febrero 16, 1936; Y de una entrevista personal con BArbara González, una vete­
rana escogedora y INdcmera (supervisora), quien empezó a trabajar en una trilladora de MaDi­ 97. Descripciones bastante detalladt
zales a los doce dos y pasó más de 40 trabajando en trilladoras no sindicaUzadas de esa ciu­ un semanario gaitanista publieac
dad, de Chinchiná y Santa Rosa (Chinchiná, agosto 16, 1980). dicos comunistas y uniristas cita(
96. UNIRlSMO, Bogotá, enero 31,1935, p. 2; El Bolcheviqlle, febrero 2,1935, p. 2. iador.
RABAJAOORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 418

t'abajo en la cinta transporta~ cocinas colectivas. Varios obreros fueron asesinados durante enero y
seleccionar. Algunas, según febrero de 1935 en choques entre huelguistas y policias. Decenas de
te tomaban drogas para cal­ mujeres fueron golpeadas o arrestadas. Los sindicalistas comunistas
ucido por los frecuentes cor­ fueron cazados y llevados en jaulas ante los tribunales en las ciudades
ltoen la rata de trabajo y las cafeteras. Los informes sensacionalistas de los principales diarios, lejos
ltes aumentaron varias veces de hacer énfasis en estas injusticias, contribuían a atemorizar a los lecto­
trilladoras mecanizadas. Sin res varones y a atizar el anticomunismo de la clase dominante y la pe­
apenas superiores a los jor­ queña burguesia. Las mujeres huelguistas fueron acusadas por la prensa
Onde el proceso de selección de tratar de "estrangular" a un camionero que llevaba café a una trilla­
dora en huelga. Y los conspiradores comunistas, culpados de prender
~ de la UNIR participaron a fuego auna gran trilladora que se incendió totalmente durante lahuel­
Qadoras de Pereira, Chinchi­ ga (97).
l.Rosa y Palestina, importan­ En las huelgas, las escogedoras recibieron apoyo estratégico y mate­
'los trabajadores usualmente rial de los obreros del transporte y los artesanos organizados. Algunos
ocho horas y compensación de sus sindicatos realizaron huelgas de solidaridad, otros donaron fon­
lla legislación. Pero también dos, ofrecieron sus salones para reuniones o protegieron a las huelguis­
¡Qo y en las condiciones labo­ tas de la represión gubernamental De acuerdo con los informes de la
loras a destajo reclamaban el prensa comunista y unirista, las victimas de los disparos de la policla
lqUÍDaS descascaradoras que fueron solo varoneSj las mujeres sufrieron heridas de sable y de garrote.
los granos para seleccionar. Este respaldo, unido a la determinación de las escogedoras, permitió a
I;rabajo, a las seis de la mafta- . algunas huelguistas conseguir modestos aumentos salariales en ciertas
;as por el tiempo perdido du­ trilladoras de la Cordillera Central durante los primeros meses de 1935.
lB; insistían en que a las obre­ Sin embargo, tan pronto .como terminaron las huelgas, los patronos des­
pe de café, y declaraban que pidieron a las activistas y los sindicatos recién creados se mostraron in­
npias y de mejor calidad (96). capaces de proteger sus conquistas tan duramente ganadas. En noviem­
~ses laborales enfrentaron la bre de 1935, Antonio Garcla anotó que solo existían dos organizaciones
,trilladoras y de los funciona­ de escogedoras en todo Caldas. Ambas agrupaban apenas a18% de la
lospechosas de pertenecer al fuerza de trabajo de escogedoras en el departamento. Un año antes,
!l.condescascarar su café fue­ señalaba Garcla en su encuesta, las organizaciones de escogedoras ha­
nos de los ferrocarriles para bían constituido el grueso de los sindicatos de Caldas.
mé sin procesar a trilladoras Las razones del fracaso organizativo se desprenden en parte de cier­
al. Los funcionarios guberna­ tos rasgos estructurales de la producción y el procesamiento del café en
liD las reuniones de las esco­ Colombia. Una vez que el café había sido secado, podía ser almacenado
pispersar los piquetes, arres­ casi indefinidamente antes del descascaramiento, o exportado sin des­
¡Sindicales y desmantelar las cascarar. Como las trilladoras se hallaban tan dispersas, cultivadores y
exportadores trasladaban el café hacia poblaciones no afectadas por la
,~
,. actividad huelguística. Por último, las escogedoras parecen haber sido
~le de8eripción de AntoDio Gareia de 1a
especialmente vulnerables a las tácticas antisindicales y a los rompe­
~ de selección y los salarios en Geo·
huelgas~ Las mujeres que perdían su trabajo, por estar al cuidado de su
~ extraordinaria entrevista con una diñ­

le edad. lJlia González, publicada en El

~ con B6rbara González, una vete­

iI6 a trabajar en una trilladora de Maní­


97. Descripciones bastante detalladas de estas huelgas aparecen en las páginas de Pluma Libre,
Irmadoras no siru.ticalizadas de esa ciu­
un semanario gaitanistá publicado enPereira, en La Voz de Caldas IManizales), en los perió­
[1980).
dicos comunistas y uniristas citados anteriormente y en el importante diario b'beral, El Espec­
¡ue, febrero 2,1936, p. 2.
tador.
414 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA

familia, carecían de la movilidad geográfica de que dísponia la mayorla de la élite colombiana err
de los hombres. Más aún, la maquinaria moderna que empezó a instalar­ ral corporativista y a la rt
se en las trilladoras a principios de los años treintas reducía la demanda minaba la Segunda Gue1
de mano de obra en 50%. En efecto, Antonio García supone que el moti­ planteados al capital pOI
vo de las huelgas de 1984 y 1985 pudo haber sido la racionalización de la tomaban forma, surgió Ul
producción y la disminución de los empleos disponibles para las escoge­ biana en el sentido de q
doras (98). Sea como fuere, aunque las escogedoras no abandonaron la treintas se habían conve1
lucha por organizarse, incluso hoy en día continúan careciendo de sindi­ nismos (101).
catos (99). Entre 1944 y 1946, las
De este modo, los esfuerzos organizativos de la izquierda en la eco.. tica por los regímenes li1
nomia cafetera no lograron prosperar. Al igual quela,vasta mayoria de parte revocadas. Sobre h
los trabajadores cafeteros rurales, las escogedoras demostraron ser muy miento obrero rural desm
dificiles de organizar en sindicatos. Asimismo fueron indiferentes a los sionaron leyes que reviv
llamados electorales de comunistas y uniristas a lo largo de los años dependencia en las' gran¿
treintas. Los comicios parlamentarios de comienzos de 1985, poco des­ los ·terratenientes de las p
pués de la huelga cafetera, revelaron el grado de lealtad de la Colombia colonos. Los autorizaba el
rural hacia los partidos tradicionales. Salvo unos cuantos núcleos de apo.. de productos de subsiste:
yo, tales como los municipios de Aracataca, en el corazón de la zona las mejoras. y exigía qUE
bananera, y Viotá, un área excepcional de la zona cafetera, el respaldo diatamente después de ql
electoral de los comunistas siguió siendo minúsculo en el campo (100). A 1945 otorgaba a los trabajj
la UNffi de Gaitán no le fue mejor en las áreas rurales, yen 1985 declaró riales y por primera vez ct1
la abstención electoral, para luego decidir la disolución del partido y el cial, de modo que no pud
regreso a las toldas liberales. Así, a mediados de los años treintas, no huelguistas del esquiroláj
solo el partido comunista, cuya actividad puede explicarse por las direc­ nos no podían celebrar nu
trices internacionales, sino también la UNIR, cuya decisión no puede drásticamente el poder de
serlo, optaron por unir fuerzas con el partido liberal. Al menos en parte, por encima del de indust
las determinaciones de ambos partidos fueron motivadas por su fracaso Ampliaba notablemente L
organizativo y político en la zona cafetera. Ninguno logró movilizar una que la huelga estaba prol
poderosa corriente obrera capaz de subvertir la hegemonia política de mientos de conciliación y I
los partidos tradicionales en el corazón de la ecomomia colombiana. regulaciones pertinentes a
A fines de los treintas ya había sido eliminada la amenaza planteada roso y combativo de Colo
por el movimiento laboral insurgente. Ello obedeció más ala debilidad obrero, el Sindicato de Ob1
intrinseca del movimiento obrero colombiano y a la dinámica de la vida el gobierno cuando a fines
social y política en la economia cafetera, que a las reformas e iniciativas plan de' distnbución de
de los regímenes liberales a partir de 1980. Pero ante el aparente éxito bros (l08).
de las reformas agraria y laboral del liberalismo, importantes segmentos

98. Las observaciones de Garcla son de Geopafia (citado en la nota 6), pp. 336 Y314. El mak!rial 101. Desde la perspectiva de un Il101
que logré deillCUbrir no apoya, sin embargo, su idea llamativa sobre las motivaciones de los ral de escoger a Eduardo Santo
huelguistas. Este problema, lo mismo que el aná1isis de todas estas huelgas, merece mucho el periOdo 1938-42, ni el curso 11
más investigación. ilegitimidad, ni la tenaz resiste
99. Por ejemplo, una iIr1portante huelga orlJllllizfttiva abarcó las trilladoras de Honda, Tolúna, a 1946 aparecen en la enigmática
mediados de 1944. Aunque consiguió incrementos lJ8lariales a cono plazo, no pudo asegurar bberal que trata este periodo.
102. Machado, El ca:N (citado en la [
protección para el personalsindiealizado y, en consecuencia, los sindicatos no perduraron.
100. El BoIehe'rique suministró resultados electorales y comentario en mayo 25, 1935, p. 4. 103. A finales de los áftOs treintas,
contaba con 39 sindicatos afiIial:
'RABAJAOORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 416

l de que disponia la mayoria de la élite colombiana empezaron a quitar su apoyo a la legislación labo­
Mierna que empezó a instalar­ ral corporativista y a la reforma de la ley de tierras. Y a medida que ter­
I treintas reducía la demanda minaba la Segunda Guerra Mundial, y los imperativos y oportunidades
lo Garda supone que el moti­ planteados al capital por la restauración del orden hberal internacional
ir sido la racionalización de la tomaban forma, surgió un consenso dentro de la clase dominante colom­
I disponibles para las escoge­ biana en el sentido de que las reformas laboral y agraria de los años
:ogedoras no abandonaron la treintas ~habían convertido en costosos e inclusive peligrosos anacro­
ontinúan careciendo de sindi­ nismos (101).
Entre 1944 y 1946, las politicas laborales y agrlcolas puestas en prác­
~os de la izquierda en la eco­ tica por los regímenes liberales de la década anterior fueron en buena
gual que la vasta mayoria de parte revocadas. Sobre la base de los altos precios del café y un movi­
~edoras demostraron ser muy miento obrero rural desmovilizado, los grandes cultivadores de café pre­
smo fueron indiferentes a los sionaron leyes que revivieron y extendieron los sistemas laborales de
ristas a lo largo de los años dependencia en las grandes propiedades. La Ley 100 de 1944 protegía a
~omienzos de 1935, poco des­ los terratenientes de las pretensiones de los aparceros que se declaraban
ado de lealtad de la Colombia colonos. Los autorizaba en los contratos de aparceria a prohibir el cultivo
•unos cuantos núcleos de ap().. de productos de subsistencia. Estipulaba el rápido avalúo y el pago de
.ca, en el corazón de la zona las mejoras. Y exigía que los trabftiadores abandonaran la tierra inme­
!la zona cafetera, el respaldo diatamente después de que expirasen los contratos (102). La Ley 6a. de
lÍnÚsculo en el campo (lOO). A 1945 otorgaba a los trabftiadores organizados crecientes beneficios mate­
eas rurales, yen 1935 declarb riales y por primera vez cubria a los lideres sindicales con un fuero espe­
-la disolución del partido y el cial, de modo que no pudiemn ser despedidos. También protegía a los
iados de los años treintas, no huelguistas del esquirolaje, al declarar que durante la huelga los patro­
ruede explicarse por las direc­ nos no podían celebrar nueV4>s contratos de trabftio. Pero la ley limitaba
NIR, cuya decisión no puede drásticamente el poder de los sindicatos al hacer del sindicato de base,
do hberal. Al menos en parte, por encima del de industria, la unidad fundamental de la ley laboral.
eron motivadas por su fracaso Ampliaba notablemente la definición de los servicios públicos, en los
. Ninguno logró movilizar una que la huelga estaba prohibida. Y extendía el alcance de los procedi­
Jn"tir la hegemolÚa poli tica de mientos de conciliación y arbitramento obligatorios. De acuerdo con las
la ecomomia colombiana. regulaciones pertinentes a los servicios públicos, el sindicato más pode­
lminada la amenaza planteada roso y combativo de Colombia y bastión comunista en el movimiento
~ obedeció más a la debilidad obrero, el Sindicato de Obreros del Transporte Fluvial, fue aplastado por
lUlO y a la dinámica de la vida el gobierno cuando afines de 1945 se lanzó a la huelga en defensa de un
Jne a las reformas e iniciativas plan de distribución de los empleos disponibles entre sus miem­
O. Pero ante el aparente éxito bros (lOO).
~mo, importantes segmentos

101. Desde la perepectiva de un movimiento obrero desmovilizado, ni la decisión del partido h'be­
~en la nota 6), pp. 336 Y314. El material ral de eseoger a Eduardo Santos en vez de Darlo Echandia como candidato presidencial para
rllamativa sobre las motivaciones de los el periOdo 1938-42, ni el curso ams conservador del segundo gobiemo de López y su creciente
~ de todas estas huelgas, merece mucho ilegitimidad, ni la tenaz resistencia de la jerarquia del partido a la candidatura de Gaitán en
1946 aparecen en la enigmática luz que sobre estos hechos arroja a menudo la historiografia
~ las trilladoras de Honda, Tolima, a liberal que trata este periodo.
~ a corto plazo, no pUdo asegurar 102. Machado, El eai'é(eitado en la notal, pp. 881-48.
~,los sindicatos no perduraron. 108. A finales de los álios tteintas y comienzos de los cuarentas esta federación industrial, que
j!mlentario en mayo 26, 1936, p. 4. contaba con 89 sindicatos 8filiados, se empéfl6 en una valiente lucha contra las compafUas de
418 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

La profunda división del partido liberal a mediadoede loe afios cua­ ción al candidato oficial d
rentas, que lo escindió en la campaña electoral de 1946 y permitió a los apoYada y luego aprovech
conservadores recuperar el control del gobierno, reflejaba en buena do conservador. Los COnsel
medida la falta de un consenso elitista en torno a la conveniencia de con­ didato cuyos antecedentes
tinuar aplicando las politicas de reforma laboral y social de los años cafetera y la industria lo h
treintas. Dicha división fue sellada y a la vez complicada por la politica partidos. El candidato coru
de Jorge Eliécer Gaitán. Luego de haber fracasado en su empeño por rio pero dividido; Gaitán ~
organizar un movimiento rural reformista y de regresar al partido liberal ocupó el tercer lugar (104).
a mediados de los años treintas, Gaitán construyó poco a poco una co­ Al igual que el liberali:
rriente poJitica de masas en las prlncipalesciudades del país, especial­ bién el movimiento obrero
mente en Bogotá. Estas ciudades empezaron a crecer a medida que los fundamente divididos por
servicios urbanos y la industria manufacturera se extendian, y las tensio­ liberal. Cuando los lideres
nes politicas y sociales se intensificaron a partir de 1930. Gaitán ()Írecia a corporativista que habían II
las capas urbanas más pobres y a la clase media precaria una atractiva los comunistas se escindiE
concepción de lo que estaba mal en la sociedad colombiana, asi eomo un seguir brindado su apoyo B
vago programa reformista. Dividió a la sociedad eolombiana entre el ral. De esta manera, la p;
puebloy la oligarquía, entre el pN8 naeiODaly el pN8 político. La enorme abrió el camino a la restaur
masa indiferenciada del país nacional (en el que Gaitán incluía a todos un retomo a la represión d
excepto a la élite económica y politica' trabajaba, se sacrificaba y lucha­ que, al dividir el movimien1
ba, pero sin obtener recompensa en un sistema social totalmente injusto. La represibn del movim
Gaitán encamaba en su programa y su persona, en su estilo político conservadores cada vez má:
demagógico y su oratoria apasionada y a menudo violenta la esquizofre­ y principios de los cincuentl
nia social e ideológica de la clase media. Defendia los principios de la to de una oleada de huelgas
propiedad privada, el trabajo duro, la justicia social y la moralidad públi. car a Colombia en una posi
ca. Su mensaje también llegaba a la clase obrera urbana, desorganizada tranjera, fue respaldada po
y carente de una visión autbnomade su verdadero lugar en la sociedad. tradicionales. Esta politica I
Esta clase había sido socializada en los valores liberales y la moral católi­ atacó directamente el podel
ca de una cultura dominante apuntalada por J,a dinámica de una sociedad expedidos en 1948 exigían
de pequeños productores de café. Sin embargo, estaba menos sujeta a nes sindicales, minaban la J
las prácticas clientelistas que mantenían a casi todos los trabajadores dos por causa de sus activú
rurales en el redil de los partidos tradicionales. Gaitán ganó miles de tados cuando procedían en É
seguidores en las ciudades, aprendió a manipular a las masas urbanas vo, y no de los tribunales; }
de manera creativa y eficaz y decidió, luchando contra grandes obstácu­ en los servicios públicos. A I
los, lanzar una campaña presidencial independiente, en 1946, en oposi­ sión especial para redactal
1950. Este sistematizb las i
años anteriores y añadió o
transporte fluvial y tres presidentes Hberales, para preservar su poder y proteger los puestos como fundamento de la org¡
de sus miembros ante. la disminución de la carp de rio. Dicha disminuci6n reflejaba los cre­ las huelgas en los servicios 1
cientes problemas de navegación l;I!.uaados por el cieno de las vertientes cefeterail el'Oliona­
das yla creciente competencia de sistemas a1rtemativos de tl'an8porte terrestre. Para la ver­
la facultad de declarar ilega
sión del sindieato sobre esa lucha véase "Manifiesto de Fedenal". El DIado PopaIar,Bogo­
ti, junio 20, 1945, pp. 3-4. Los funcionarios norteamericanos observaron con cuidado las acti­
vidades de este sindicato dirigido por co:murúatas. Nel80n R. Parle al Secret$rio de,Eetado, 104. La mayoria de las icless de este I
BarranquiIla, oct. 19, 1940, USNAIDS 821.5041111; Lane al See.retariode Estado; Bogotá, re~ de Gaitán y el BotP
oct. 21, 1942, YSNAIDS 821.604/129; James D. Bell, "Special Repcnt on Colombian Confe. son Wisconsin, 1985. He hecho é
deration of Workera", agosto 14,1945, USNAlDS821.604/8-1446. Hsis polltico que en manos de Bn
COLÓMBIA 417
WAJADORES EN LA HISTORIA

i8 mediados de los años cua­ ción al candidato oficial del partido liberal. Su estrategia fue primero
oral de 1946 y permitió a los apoyada y luego aprovechada por los elementos.más sectarios del parti­
l)biemo, reflejaba en buena do conservador. Los conservadores, a último momento lanzaron un can­
rno a la conveniencia de con­ didato cuyos antecedentes de clase y estrechos víncul~ con la economía
~boral y social de los años cafetera y la industria lo hacían aceptable a las élites politicas de ambos
¡ez complicada por la politica partidos. El candidato conservador derrotó a un partido liberal mayorita­
fracasado en su empeño por rio pero dividido; Gaitán obtuvo la mayoría de los votos urbanos pero
ide regresar al partido liberal ocupó el tercer lugar (104).
~truyó poco a poco una co­
Al igual que el liberalismo, a mediados de los años cuarentas tam­
l ciudades del pals. especial­ bién el movimiento obrero y el Partido Comunista se encontraban pro­
1m a crecer a medida que los fundamente divididos por los cambios en la poJitica laboral de la élite
"rase extendían. y las tensío­ liberal. Cuando los lideres del liberalismo abandonaron el reformismo
.-m de 1930. Gaitán ofreda a corporativista que habían practicado en los años treintas. los sindicatos Y
los comunistas se escindieron en tomo al problema de si debían o no
¡media precaria una atractiva
ldad colombiana. asi como un seguir brindado su' apoyo a la dirección oficial de su antiguo aliado libe­
lOCiedad colombiana entre el ral. De esta manera, la politica antisindical del gobierno liberal, que
aJy el país político. La enorme abrió el camino a la restauración conservadora de 1946, no solo significó
·el que Gaitán incluia a todos un retomo a la represión del movimiento obrero y de la izquierda, sino
iNl.iaba, se sacrificaba y lucha­ Que, al dividir el movimiento laboral, facilitó también dicho proceso.
~ma social totalmente ir\iusto.. La represión del movimiento obrero se intensificó con los gobiernos
ítersona, en su estilo politico conservadores cada vez más reaccionarios de fines de los años cuarentas
¡.anudo violenta la esquizofre­ y principios de los cincuentas ..Esa politicalaboral, .aplicada en el contex­
Defendia los principios de la to de una.oleada de huelgas en la posguerra con el claro objetivo de colo­
Pía social y la moralidad públi­ car a Colombia en una posición ventejosa para reiniciar la inversión ex­
bbrera urbana, desorganizada tranjera, fue respaldad. por el Iider~go modera¡do de los dos partidos
~rdadero lugar en la sociedad. tradicionales. Esta politica se desarrolló en dos frentes. En el primero se
pras liberales y la moral católi­ atacó directamente el poder del movimiento obrero organizado. Decretos
~ ~ dinámica de una sociedad expedidos en 1948 exigían la aprobación gubernamental de las reunio­
bargo, estaba menos sujeta a nes sindicales, minaban la inmunidad de los lideres sindicales despedi­
:a casi todos los trabajadores dos por causa de sus actividades gremiales (los patronos solo eran mul­
bnales. Gaitán ganó miles de tados cuando proce~n en esta forma) y colocaban en manos del Ejecuti­
IMÍpuIar a las masas urbanas vo, y no de los tribunales,la facultad para declarar ilegales las huelgas
lando contra grandes obstácu­ en los servicios públicos. Amediados de 1948 el gobierno creó una comi­
lpendiente, en 1946, en oposi­ sión especial para reda~tar el nuevo Código LQ,boral, promulgado en
1950. Este sistematizó las iniciativas·laborales restrictivas de los cinco
años anteriores y añadió otras. Estableció el sindicato único de base
~ su poder .,.proteger los puestos
como fundamento de la organiza~ión lab:oraL Amplió las restricciones a
, do. Dicha dismiDuci6n reflejaba los ere­ las huelgas en los servicios públicos, otorgó definitivamente al Ejecutivo
~ de Ju vertientes ealeteraa eroeiona­ la facultad de declarar ilegales tales hú~lgas y abrió nuevas compuertas
f¡hos de traDsporte terrestre. Para la ver­
~ de Fedenal"•• DIarIo PopuIu, Bogo­
lericancIB obeervaron con cuidado las acti­
I NelIon K. Park al Sec:reterio de Estado, 104. Le. mayorla. de las ideas de este párraf9 se planteaD. ereativamente en un importante estudio
11. Lana al Secretario de Estado, Bogotá, reWdoniata de Gaitán y el Bogot.azo por Herbert Braun. The ÁlllllI8IÓDa&ion of GaitáD, Madi­
Ni. "Special R.epoR OD Colombian Confe­ son Wlsconsin,l9$ó. He h.echo énfasis en las cn.eaiones contexiuales., socialea de un aná­
lisis poUüco que en manos de Braun es sicológico y cultural •
•21..604/8-1445.
418 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA

para el arbitramento obligatorio. Una importante novedad del Código surgente en la década de
residió en la prohibición de las tomas de plantas. Además. ciertas nor­ mundial (1980-45). Sin ~
mas relativas a los contratos colectivos estipulaban que los trabajadores haberlo previsto plename
debían renunciar' a los beneficios de, los contratos existentes cuando a la cuestión laboral, así e
negociaran nuevas convenciones. Por último. la política laboral del go­ tradicionales, sirvieron ac:l
bierno eliminó las restricciones al paralelismo sindical, .innovación vital
nante. B~o el corporativi:
para poder llevar adelante la ofensiva en el segundo frente de las inicia­ obrero perdió combativid
.tivas laborales de la posguerra, es decir, el estímulo a un nuevo tipo de ley. Con las iniciativasre¡
sindicalismo.
cuarentas, el movimiento '
Según la nueva filosofia, típica de las tendencias que surgían en
a la impotencia política e
Occidente lOs obreros abandonarían sus preocupaciones políticas y cual.
quiera as~iración a controlar el proceso de producción, a cambio de una
ambos partidos observahl
obrero a fines de los años 4
participación en los beneficios de la productividad. Promovido en Colom­
comunista, limitado a PI1l
bia por la Iglesia Católica, por el gobierno y por muchos industriales, el
por líderes burocráticosr
nuevo sindicalismo se desarrolló bajo la protección legal concedida al Estado. Un movimiento 01
sindicato de base por las nuevas leyes laborales. A finales de los años exitosa de Colombia al ordo
cuarentas y comienzos de los cincuentas las organizaciones obreras fie­ Pero la aplicación coon
les a estos principios. agrupadas bajo el tutelaje de una nueva central, la cia y se retardó casi una ti
Unión de Trabajadores Colombianos, UTC, lograron dominar la activi.­ la élite y la alternación en E
dad sindical en el floreciente sector industrial de la economía de posgue­ 1946 contribuyeron a desm
rra. La UTC, la más grande centralde Colombia desde los años cincuen­ de clase por medios politic
tas, consiguió pronto aprobación y apoyo de los funcionarios del gobier­ gradualmente una dinámic
no de Estados Unidos, como también de la dirección conservadora de las ses de la: clase dominante. 1
principales federaciones obreras norteamericanas (l05). dicionales dio rienda suelú
A fines de los años cuarentashabia concluido el período de la historia lombiano. A medida que el
colombiana caracterizado por la aparición de un movimiento obrero in­ les politicos tradicionales,
del poder fueron saliéndos
tanto liberales como conser
105. El coneenao de opinión en el gabinete bipartidista de Mariano Ospina acerca de la necesidad
de "confrontar" al movimiento ob~ro colombiano y oon~ la "dell18,lÓgiCa, antiecoDÓmica los dos partidos, como la Dl
y anticient1fica legislaciónsocw y laboral" está ~gistrado en ún despacho confidencial de en un conflicto politico violE
Willard L. 8eaulac al Secretario de Estado, Bogotá, sept. 16, 194.8, USNAeDS 82l.604/9­ apenas un impedimentoteJ
1648. 8eaulac IIOlicltó un Informe sob~ la po1tti.calaboral del goblernorecordando al ministro
del Exterior un argumento que antes habiaexpuesto a otros funcionarios colombianoe: que capitalista liberaL Para la
un inadecuado tratamiento de los problemas laborales que encaraban laS compaft1a.s estadou­ conocida como la Violencia
nidenses "planteaba el inCerrogantedesi Colombia me~ recibir.préstamos de los Estados ble.
Unidos". El documento de 8eaulac fue redactado tres dias despUés del memorándum que
contiene laS sugerencias de la Tropical Oil sob~ SWI problemas laborales citado en. la nota
66. Acerca de laS leyes laborales. véasé Moncayo y Rojas, Luchas obrens (citado en la nota
431, Capitulo 3. Sob~ la génesis y expansión de la UTC véase Urrutia, quien. h;aee énfasis.en
LA VIOLENCIA Y LA CIVIL,C
la distancia de ésta del partido conservador y encomia su orientación economictsta y apollti.ca
(Developmellt, citado en la nota 43, Cap~o 121, y James Backer, quien rastrea SWI vinculos La Violencia, definida como
con la Iglesia, "La historia de la influencia de la Iglesia IIOb~ el sindica)jlIDo.~l?mbiano", la sociedad éolombiana entf;
Razóll' Fábula, No. 22, noviembre-d.iciemb~ de 1970, pp. 6-27. Contactos 11lICwes ent~ co y uniforme. Asumió dife
funcionarios norteamericanos y los consejeros calÓlicos de la UTC IOn ~velados en JOM C.
Wiley al Secretario de Estado,feb~ro 28 de 1946 y enero 21 de 1946, USNAlDS821.504/2­ abarcaba sectores de la soci
2846 y 821.504/1-2146, ~spectivamente. Un examen critico de laS eetad1sticas IIObre el nú­ dos décadas. La primera, la
mero de afiliados de la UTC es Alvaro Delgado, "En torno de la crisis de la UTC", Estudioa cia fue el período comprenc
Marxistas, No. 9, 1975, pp. 33-65.
vida más de tres cuartas par
IRABAJAOORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 419

ortante novedad del Cbd.igo surgente en la década de los veintes y por la crisis del sistema capitalista
Ílantas. Además, ciertas nor­ mundial (1980-45). Sin que ningún lider o facción políticos pudieran
pulaban que los trabajadores haberlo previsto plenamente, la desunión de las élites poJiticas en tomo
contratos existentes cuando a la cuestión laboral, así como la alternación en el poder de los partidos
110 la politica laboral del go­ tradicionales, sirvieron admirablemente a los intereses de la clase domi­
¡m~ sindical, innovación vital nante. Bajo el corporativismo liberal de los años treintas el movimiento
:.segundo frente de las inicia­ obrero perdió combatividad y fue institucionalizado de acuerdo con la
l estímulo a un nuevo tipo de ley. Con las iniciativas represivas del conservatismo, afines de los años
, cuarentas, el movimiento obrero, debilitado y domesticado, fue reducido
~ tendencias que surgían en a la impotencia politica e ideológica. Virtualmente todos los lideres de
¡eocupaciones politicas y cual­ ambos partidos observaban una actitud unificada hacia·el movimiento
producción, a cambio de una obrero a fines de los años cuarentas. Deseaban un movimiento obrero no
tividad. Promovido en Colom­ comunista, limitado a practicar un sindicalismo economicista, dirigido
~ por muchos industriales, el por lideres burocráticoo responsables y eficazmente controlado por el
~rotección legal concedida al Estado. Un movimiento obrero de esta laya garantizarla la integracióin
larales. A finales de los años exitosa de Colombia al orden capitalista mundial de la posguerra.
~ organizaciones obreras fie­ Pero la aplicación coordinada de este consenso tropezó con la Violen­
¡elaje de una nueva central, la cia y se retardó casi una década. Paradójicamente, si bien la división de
~, lograron dominar la activi.­ laélite y la alternación en el poder de los partidos tradicionales en 1980 y
IÍal de la economía de posgue- . 1946 contribuyeron a desmovilizar a los obreros y a canalizar .el conflicto
~bia desde los años cincuen­ de clase por medios poJiticos tradicionales, ese mismo proceso adquirió
.e los funcionarios del gobier­ gradualmente una dinámica no muy fuacional ni siquiera para los intere­
tdireccibn conservadora de las ses de laelase dominante. La alternación en el poder de los partidos tra­
lricanas (105). dicionales dio rienda suelta al potencial sectario del sistema poJitico co­
duido el perlodo de la historia lombiano. A medida que el conflicto de clase era encauzado por los cana­
l de un movimiento obrero in­ les politicos tradicionales, poco a poco los eventos políticos y el control
del poder fueron·· saliéndose de las manos de los dirigentes moderados
tanto liberales como conservadores. A fines de los años cuarentas, tanto
~ Mariano Ospina acerca de la necesidad los dos partidos; como la mayorla del pueblo se encontraban enredados
:oorregirla "deJll8&Ógica, antiecoDÓmica en un conflicto politico violento. Para la clase dominante la Violencia fue
lPstrado en Un despacho confidencial de
~, sept. 16, 1948, USNAeDS 82l;?O~/9- apenas un impedimento temporal en la institucionalización de un orden
capitalista liberal. Para la clase obrera, la aterradora conmoción civil

~Jtres
al del gobiemo recordando al mmistro
. a otros funcionarios colombianos: que conocida como la Violencia resultó ser un desastre profundo y perdura­
que encaraban las compaftias estadou­
,Inerecla recibir.préstamos de los Estados ble.
dlas después del memcrindum que
~ problemas laborales citado en la nota
rJlojas, Luchas obrera (citado en la ,nota LA VIOLENCIA Y LA CIVILIZACION CAFETERA
véase Urrutia, quien hace énfaBls en
BU orientación economicista ., apolitica La Violencia, definida como el perlodo de conmoción civil que trastornó a
Backer, quien rastrea BUS vinculos
. sobre el sindicalismo colombiano" , la sociedad colombiana entre 1946 y 1966 no fue un fenómeno social úni­
970, pp. 6-27, Contac&OB iniciales entre co y uniforme. Asumió diferentes dimensiones y matices a medida que
, de la UTC son revelados en John C. abarcaba sectores de la sociedad con mayol' o menor intensidad durante
enero 21 de 1946, USNAlDS 821.50412­ dos décadas. La primera, la más importante e intensa fase de la Violen­
~. critico de las estadisticas sobre el nú­
rtomo de la crisi8 de IaUTC", Estudios cia fue el período comprendido entre 1946 y 1958, cuando perdieron la
vida más de tres cuartas partes de sus casi doscientas mil victimas. Este
I
420 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

periodo fue el más "poJitico" y "tradicional" de todas SUS fases. Cual­ hizo más "económica" )
quiera que fueran sus otros motivos, los bandos en lucha l'ácionalizaron na ría , '. Entre 1958 y 19E!
sus acciones en los términos de la contienda tradicional entre los parti­ cimiento económico reJa
dos liberal y conservador por el control del poder político. Durante este cayeron abatidas a caus
lapso de tiempo el pals fue gohernado'por un régimen conservador cada colombiano hizo frente a
vez más sectario y'violentoen la búsqueda de la hegemonía política yla cafeteras centrales y, apl
implantación del orden público. Los liberales impugnaron dicho poder dos Unidos, emprendió 1
en una gran sublevación urbana, el Bogotazo, y en el campo de .batalla, orientación marxista en 4
especialmente en las planicies ganaderas del Meta y Boyacá, aLoriente tro y el sur del país (l06).
de la capital. Pero la resistencia liberal más importante y perdurable, Como se ve, la Viole
caracteristica de la·confrontación política en la zona cafetera del país, se rasgos sociales, polítiCOfl
dio a través de grupos armados ad hoc y bandas guerrilleras que ataca­ dos décadas. La compleji
ban a los conservadores y. alas fuerzas represivas del Estado en comba­ recer su unidad esencial
tes esporádicos. Todo es.teperiodo se caracterizó por un crecimiento ec~ te, un fenómeno social qt
nómico muy rápido, favorecido por precios extraordinariamente altos del ta Y clientelista del siste
café, y marcado por la inflación y la caida de los salarios reales de los tra­ fenómeno social que se d
bajadores rurales y urbanos. . en las regiones cafeteras
A mediados de 1953, el gobierno conservador fue derrocado por un interrelacionadas (107).
golpe militar que contó con el apoyo de los lideres. moderados de ambos El potencial de confr(
partidos. El régimen militar consiguió pacificar buena parte del país del sistema político colol
apelando a medidas políticas conciliatorias, a la proclamación de una dos partidos tradicionale
amnistía general para aquellos liberales dispuestos a deponer las armas puntos de viraje, protago
y a un vago programa de reforma social. Sin embargo, para 1956 el régi­ virtud de vitales imperat
me militar se habia convertido en una dictadura abierta. Su programa de muerte de las bases parti
reforma política y social había asumido:un diseño y una justificaeiónfor­ localidades. La política el
malmente corporativistas que amenazaban las instituciones políticas y filosóficos y los intereses
económicas liberales del pais. El gobierno se encontró inmerso en una tienda. Tenía que ver COl
crisis económica y fiscal provocada poruna dramática disminución de.los pudiera esgrimir en la ha
precios del café. Y tuvo que enfrentar un recrudecimiento delconf1icto proletarización. Desde un
partidista en el campo, que fue incapaz de controlar. En 1957 los jefes vo ligada íntimamente a b
liberales y conservadores civiles se unieron para poner .fina la dictadura dad, el acceso al empleo J
e institucionalizar una solu.ción política a la Violencia, y acordaron com­ ley. Los intereses que est
partir por igual el poder políücoy todos los puestos públicos. Guiado por mayoria de los colombiano
esta fórmula, el país retomó al régimen civil en 1958. A partir de enton­ obligó a las bases locales 1
ces y durante dieciséis años, liberales y conservadores se alternaron en
la presidencia y en la burocracia. Los acontecimientos de 1957 y 1958
cerraron el periodo de la Violencia propiamente dicha. Durante esta 106. Para un tratamiento claro y de1
bia (citado en la nota 76). 0quiJ
segunda fase, menos intensa que la primera, y que.V8 de 1954 a 1957, de la diversidad de la Violencil
murieron alrededor de 16 mil personas. El acuerdo político entre los par­ la periodizacl6n utilizada aqut
tidos eliminó la excusa partidista para la violencia, cimentó el consenso eúen80 pero véase, además de
en el seno de la clase dominante y restauró buena parte de la autoridad phy on La Violencia in Colom
1973, pp: 3-44. La mejor obra Si
efectiva de las instituciones políticas. ny Meertens. Budoleros. gam
La política tradicional desempeñó un papel directo muy reducido en 107. En la literatura sobre el tema E
el tercero y menos intenso delos periodos de la Violencia, cuando ésta se evidencia cualitativa pero ningt!
cimiento muy limitado y parcial
RABAJAOORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 421

d" de todas sus fases. Cual­ hizo más "económica" y "criminal" y, enpiertasál'eas, más "revolucio­
,ndos en lucha racionalizaron naria". Entre 1958 y 1966, un período de bajos precios del café y de cre­
la tradicional entre los parti­ cimiento económico relativamente lento, entre 17 mil y 18 mil personas
'poder poJítico. 'Durante 'este cayeron abatidas a causa de la Violencia. Durante esta fase el ejército
In régimen conservador cada colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas
!de Ia hegemonía política y la cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta­
lles impugnaron dicho poder dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de
.zo, yen
el campo de batalla,.
lel Meta y Boyacá, al, onente
orientación marxista en ciertas regiones aisladas y montañ'OSfts del cen­
tro y el sur del pais (106).
Iás importante y perdurable, Como se ve, la Violencia fue un proceso con muchas facetas, cuyos
!tIa zona cafetera del pais, se rasgos sociales; poJíticos y geográficos fueron cambiando a lo largo de
andas guerrilleras que ataca­ dos décadas. La complejidad de la Violencia, sin embargo, no debe oscu­
rresivas del Estado en comba­ recer su unidad esencial. Fue principalmente, aunque no exclusivamen­
lerizb por un crecimiento eco­ te, un fenbmenosOcialque obedecia a la dinámica exclusivista, partidis­
extraordinariamente alt08 del ta y clientelistadel sistema poJítico tradicional de Colombia. Y fue un
e los salarios reales de los tra­ fenómeno social que se dio principalmente, aunque no exclusivamente,
en las regiones cafeteras. Ambas caracteristicas unificadoras se hallan
ervador fue derrocado por un interrelacionadas (107). _
dideres moderados de ambos El potencial de confrontación civil violenta inherente a la dinámica
~ buena parte del pais, del sistema poHtico colombiano fue desatado por la alternación de los
Is, a Ia proclamación de una dos partidos tradicionales en el poder, en 1930 y 1946. EstoBcruciales
ispuestos a deponer las armas puntos de viraje, protagonizados por Hderes bipartidistas moderados en
in embarga, para 1956 el régi­ virtud de vitalesimperativos/oe clase, desataron una lucha de vida o
&ra abierta. Su programa de muerte de las bases partidistas por el control exclusivo del poder en las
diseño y una justificación for­ localidades. La poJítica en el campo no versaba en tomo de los ideales
n las instituciones poJíticas y filosóficos y los'intereses de clase y sectoriales de los partidos en con­
ti se encontró inmerso en una tienda. Tenia que ver con los recursos poHticos y personales que uno
¡dramática disminución de los pudieraesgrintir en la batalla por mejorar BU posicibn social y evitar la
:;recrudecimiento del conflicto proletarización. Desde un comienzo, la contienda en los municipios estu­
~;controlar.En 1957 los jefes vo ligada íntimamente a la lucha por la·tierray otras f()l'lIU[s de propie­
Ji para poner fin a la dictadura dad, el acceso al empleo y al crédito y la protección de la policla y de la
!el Violencia, y acordaron com­ ley. Los intereses que estaban enjuego en las áreas rurales, donde la
~,puestos públicos~ Guiado por mayoria de los colombianos aún vivia en los años cuarentas y cincuentas,
fril en 1958. A partir de enton­ obligó alas bases lOcales a respaldar a los lideres nacionales más secta­
~nservadores se alternaron en
IQntecirníeIltos de 1957 y 1958
106. Para'untratamiento claro y detallado de las poUticas de todo este periodo véase Dix, Colom­
dicha. Durante esta bIa{eitadoen'la nota 76). Oquist, Violencia (citado en'la nota 3), swninistra un buen análisis
y que va de 1954 a 1957, de la diversidad de la Violéncia y dÍllas cifras del número de v1etimas que be adaptado para
...LU''''......u poJítico entre los par­ laperíodiZacmn utilizada Ilqui; Véll8esu Tabla VI-1, p. 322. El material sobre la Violencia es
extenso pero véase, además de Oquist, la resefta de Russell W. Ramsey, "Critica1 Bibliogra­
VIOlenCIa, cimentó el consenso phy on La Violencia in Colombia'" LatID American Reaeareh Review, 8:1. Primavera de
buena parte de la autoridad 1973, pp. 3-44. La mejor obra sobre la Violencia después de 1968 es Gonzalo Sánchez y Don­
ny Mee1'tens, Bando1el'08,gamoDáles J eampesiDoe, Bogotá, 1983.
107. En la literatura sobre el tema existe un consenso en tomo a la primera proposición, mucha
directo muy reducido en evidencia cualitativa pero ningún análisis sistemático para respaldar la segunda y un recono­
la Violencia, cuando ésta se cimiento muy limitado y parcial de la tercera.
422 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

rios y oportunistas, dispuestos a utilizar su poder y su talento con propó­ los pequeños propietari(
sitos exclusivamente partidistas. Cuando éstos consolidaron su control dores de las grandes fin.
sobre los partidos, sobre el gobierno, como en el caso del partido en el permaneciendo en predil
poder, y emplearon su influencia con fines partidistas, se intensificó el dos, sedientos de tierra.
circulo vicioso de la lucha a nivel local. Ello condujo inexorablemente a la segundos estaban meno
intimidación violenta y la resistencia entre bloques opuestos, algunos donde la violencia era eru
respaldados por el peso de las instituciones del Estado, otros obligados a propiedades a los comen:
resistir de cualquier manera, para sobrevivir. El abuso de la autoridad a los pequeños propietari
gubernamental y la resistencia desembocaron lentamente en la ruptura las regiones azotadas pOI
del gobierno efectivo tanto a escala local como nacional. Los crímenes o los lisiados sicológicami
contra los individuos y la propiedad, perpetrados por los funcionarios del control social, de la al
locales, la policia y el ejército y justificados por el partidismo, quedaban zar y torturar a sus víctim
en la impunidad. La retaliación era frecuente y sus autores lograban a pitaciones, mutilaciones J
menudo escaparse. Con la ruptura de la autoridad y el control social en ron en la prensa de la ép<
los poblados, la lucha por el lucro individual se convirtió en una pesadilla laron las pasiones partidi
de usurpación de tierras, latrocinio y extorsión. Los métodos degenera­ consolidar su poder dentr
ron de la persuasión cortés y sutil a las amenazas armadas, el incendio sensacionalistas contribu'
de viviendas y los asesinatos brutales. La Violencia empezaba en una violencia - coerción econi
región y se alimentaba de sí misma. Parientes, amigos y copartidarios propósitos personales y ]
cobraban los crímenes vengándose en las familias y amigos de los su­ centes".
puestos autores, o simplemente en los vecinos que se identificaban con Los aspectos políticos I
el partido político opuesto. Con frecuencia alcanzaban ansiados objetivos de sus expresiones más rn
materiales y saldaban viejas deudas sociales y arraigados resentimientos mo que a muchos estudio
personales (l08). y sociales de fondo. Sin e
La mayoría de las personas que vivían en las regiones afectadas por cosa fue la máxima expre!
la Violencia no participaron en ninguno de estos actos; pero muchos tra­ rra y la movilidad social e:
taron de aprovechar la situación en una forma u otra. Usurpaban las tie­ tas esta lucha se había ton
rras abandonadas por las víctimas o las compraban a blijo precio. Los que había sido a principio
terratenientes mantenían grupos armados para protegerse y compraban que las tierras aptas para E
a precios ridículos las posesiones de los atemorizados arrendatarios, te apropiadas y puestas al
aparceros y pequeños propietarios. También ocurría lo contrario, aun­ de la drástica disminución
que en general tal fenómeno no haya sido reconocido en la literatura cafeteras a partir de la mitl
sobre la Violencia. Los grandes terratenientes se encontraban en una subdivisión de las fincas I
situación menos desesperada porque contaban con más alternativas que que éstas fueran menos 1

108. Muchos de estos temas, dolorosamente fauúliares para todos aquellos que han vivido en las 109. Los cambios en la tenencia de :
zonas cafeteras son tratados con lucidez por JaiJ:De Arocba en La VIoIeaeia ea el QulDcUo (ci­ de un estudio sistemático. AUIl
tado en la nota 55). Este libro es un estudio antropológico del. hcmúcidio en los principales úl~ fases de la Violencia, PI
municipios cafeteros del Quindio, la región del antiguo departamento de Caldas que hoy es el especialmente durante las priD
área más nueva y productiva de la zona cafetera de Colombia. Sobre lo que el autor denomina caso de Vergara, Cundinamare
"la impunidad institucionalizada" , véase p. 16; sobre el conflicto entre vecinos en defensa propietarios. Allí el conflicto p
de la propiedad, pp. 100-101; sobre la lucha por la tierra como motivo de confrontaciones vio­ nacional a partir de 1948 provo
lentas, pp. 140-41; sobre la politización de la policla lof:al y la militarización del gobierno local de propiedad de una familis liIM
durante la época de la Violencia, pp. 146-47; sobre la intimidación electoral, pp. 148-49; so­ fue vendida en pequeflas pareel
bre la confusión entre partidismo poUtico, la lucha por el beneficio personal y el deseo de pequeftos propietarios COD8e1'Vll
defender la dignidad y el honor propios, p. 141. trativ08 véase Sánchez y Meertli
'BABAJAOORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 423

poder y su talento con propó­ los pequeños propietarios y los trab~adores sintierm. Los administra­
tatos consolidaron su control dores de las grandes fincas teman poco que ganar y mucho que perder
!) en el caso del partido en el
permaneciendo en predios amenazados por t.rabajadores de ambos ban­
I partidistas, se intensificb el
dos, sedientos de tierra. En consecuencia, tanto los primeros como los
condujo inexorablemente a-la segundos estaban menos sujetos al terror y a la inseguridad en áreas
, bloques opuestos, algunos donde la violencia era endémica. Muchos vendian a cualquier precio sus
I del Estado, otros obligados a
propiedades a los comerciantes locales, a sus aparceros y arrendatarios o
lvir. El abuso de la autoridad a los pequeños propietarios vecinos (109). Solo unas cuantas personas de
.ron lentamente en la ruptura las regiones azotadas por la violencia -los criminales y los depravados,
como nacional. Los crimenes o los lisiados sicolbgicamente por la violencia- se valieron de la ruptura
petrados por los funcionarios del contl'ol social, de la autoridad legal y del orden politico para aterrori­
IPorelpa~mo, quedaban zar y torturar a sus victimas y llevar a cabo los asesinatos masivos deca­
mte y sus autores lograban a pitaciones, mutilaciones y crimenes sexuales que tanta atencibn ~ibie­
,toridad y el contl'ol social en ron en la prensa de la época. Pero los lideres politicos sectarios manipu­
II se convirtib en una pesadilla laron ~s pasiones partidistas, inflamadas por tales informaciones, para
rsibn. Los métodos degenera­ consolidar su poder dentro de los partidos. Y a nivel local estos informes
:p.enazas armadas, el incendio sensacionalistas contribuyeron a racionalizar formas más civilizadas de
1 Violencia empezaba en una violencia -coercibn econbmica y aplicacibn de instrumentos legales con
pntes, amigos Y copartidarios propbsitos personales y partidistas-, practicadas por las gentes "de­
! familias y amigos de los su­ centes".
cinos que se identificaban con Los aspectos politicos de laViolencia y el cubrimiento sensacionalista
alcanzaban ansiados objetivos de sus expresiones más bestiales distraian a los contemporáneos, lo mis­
~s y arraigados resentimientos mo que a muchos estudi0S6Sp08teriores, de las dimensiones materiales
y sociales de fondo. Sin embargo, la Violencia, más que cualquier otra
~
;en las regiones afectadas por cosa fue la máxima expresibn poJitica de la permanente lucha por la tie­
t estos actos: pero muchos tra­ rra y la movilidad social en la zona cafetera. A fines de los años cuaren­
t1'Dl8. u otra. Usurpaban las tie­ tas esta lucha se había tornado más desesperada y menos colectiva de lo
¡compraban a b~o precio. Los que había sido a principios del decenio anterior. Más·desesperada por­
J para protegerse y compraban que las tierras aptas para el cultivo del café ya habían sido casi totalmen­
• atemorizados arrendatarios, te apropiadas y puestas a producir. Aquí puede radicar la causa principal
~ién ocurria lo contrario, aun­ de la drástica disminucibn en la tasa de crecimiento de las exportasiones
reconocido en la literatura cafeteras a partir de la mitad del siglo. Más desesperada quizá porque la
se encontraban en una subdivisibn de las fincas familiares por medio de la herencia hicieron
con más alternativas que que éstas fueran menos rentables, en momentos en que la creciente

en La VIoteDdae.
todos aquelloa que han vivido en las
el ~ ~ci­
~Igieo del homicidio en los principales
109. Los cambios en la tenencia de la tierra en las zonas cafeteras durante la Violencia requieren
de un estudio sistemAtico. Aunque la evidencia apunta a la concentra.ci6n de la tierra en las
últim~ fases de la Violencia, puede ser que también se haya dado una difusión significativa,
PI de1P8rt;ammto de Caldas que hoy es el especialmente durante las pnmeras etapas. Mi conocimiento pel'llOlllll as1 lo confirma en el
lCoJ¡ombia. Sobre lo que el autor denomina caso .de Vergara, Cund.inamarca, ~municipio con una mayoria con.servadora de pequefl.oe
el conflicto enUe vecinos en defensa propietarios. Alli el conflicto partidista local y la hegemonia poUtica conservadora a eacala
nacional a partir de 1948 provocaron la pérdida por venta de la mayor parte de un latifundio
......',.. "'.......v motivo de confrontaciones vio­

lo!:al y la militarl.zaci(m del gobierno local de propi~d de una familia liberal, los Silvas, en el área nororienta1 del municipio. La tierra
la intimidación electoral, pp. 148-49; so­ fue vendida en pequefias parcelas en ténninos favorables a los arrendatarios y aparceros y a
pequel.os propietarios COD8ervadores de otras partes del municipio. Para otros ejemplos ilus­
por el beneficio pereonal y el deseo de
trativos véase Sánchez y Meertens, .Baadoleroe {citado en la nota 1(6).
424 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

competencia por tierras aptas· para. el cultivo del café se intensificaba y ca del partido a partir 4
se hacía más difícil consolidar fincas familiares viables. Así se explica en planteada por el mom
parte la disminución. en el número de pequeños productores entre las años treintas, la direccill
postrimerias de los años treintas y comienzos de los cincuentas que se certada por la pérdida (
aprecia en los datos de los censos cafeteros. Más desesperada, por últi­ gente que caracterizó a s
mo, pues al final de los años cuarentas los pequeños productores y los y comienzos de los CU8.l'I
trabajadores cafeteros ya no eran tan autosuficientes como lo habían entre los partidos tradic
sido dos décadas atrás. Dependían más de artículos adquiridos en el rección conservadora re'
mercado para satisfacer sus necesidades vitales y sembraban en café tie­ movimiento obrero y la
rrasque antes usaban para la producción de alimentos. En consecuen­ UNIR de Gaitán abandOl
cia, con la inflación de la posguerra se les hizo más dificil alimentarse a en el sector exponadory
sí mismos. Sin embargo, los altos precios del café los seguían llevando, cibn, dejaron a los trabaj
lo mismo que a los grandes cultivadores, a dedicar aún más ,tierra a la cas alternativas frente a 1
producción de café (110). Los trabajadores sin tierra y losmigrantes eran der sus intereses y alcaru
los más vulnerables a la inflación. Totalmente dependientes del mercado Aún no existe un estl
para sobrevivir, carecían tanto de los medios organizativos para presio­ que la Violencia fue prin
nar a los patronos por salarios más altos como del acceso a la tierra para ras. Tal proposición es al
satisfacer sus necesidades de subsistencia (111). y cualitativa que existe Sl
La lucha se hizo más individualista.porque los trabajadores cafeteros, fue mucho más que un co
en los años cuarentas, fueron privados en las localidades del apoyo de yb acontecimientos tan d
las organizaciones colectivas y a nivel nacional de los. partidos de izquier­ nos Orientales, la eviden
da que en los años treintas habian tratado de orientar su lucha. Tales da, desde un principio, •
orgQ.nizacionesnunca estuvieron muy arraigQ.das en las áreas rurales y las zonas cafeteras. El est
en la década de 1930 ejercieron más influencia.fuera de la zona cafetera cia infortunadamente no
de la Cordillera Cen~al, área que se convirtió en el foco principal de la ducción cafetera. En esa i
Violencia a partir de 1948. Sin embargo la existencia de los partidos de municipios que se encontJ
izquierda nacionales a comienzos de los años treintas había significado u otro de los partidos trae
mucho, pues enviaron organizadores a regiones aisladas y coordinaron cia que aquellos en donde
actividades a escala nacional; .sus peribdicos recogian y difundían· una era más débil o donde exu
información alternativa y proyectaban una visión diferente de la reali­ Esa evidencia cuantitatiVl
dad; utilizaban los tribunales y el Congreso para defender los derechos este ensayo, de que la ViE
de los trabajadores organizados y a sus líderes. Cqmo ruidosos campeo­ lucha por el control políti(
nes del movimiento obrero, contribuyeron a forzar a la dirección liberal a demostrado cuantitativam
que procediera lenta y cautelosamente a consolidar la hegemonia politi­ los liberales eran fuertes
padecer la Violencia a paJ
manos del partido conserv
110. Esta última es la tesis central planteada p<)l' Arocha para. explicar la Violencia de fines de los
correlación entre la comPE
afios cuarentas. Su argumento es ngestivo pero carece de una bMe estadistica sólida. Véase rosos municipios con esea
La VioIeDda (citado en la nota 55). pp. 31-34. de violencia; y muchos ot
111. En esta muestra Arocha descubrió que los trabajado.res sin tierra figur$ban como instigado­ activo escenario de la com]
res y victimas de las confrontaciones violentas más frecuentemente que loe pequeAos propie­
tarios; pero que el margen dedifereneia era mayor entre los instigadores. También descu­
brió que un alto pon:entfije de victimas de actos violentos eran recién llegados al municipio
(~ VioIe.a., pp. 90-911. Sobre la base de .su investigación, S6nchez 7 Meertens coneluyen
que los jefes de las pandillas de bandidos eran usualmente peque60s plOpietarios, mientras 112. Oqujet, VioleDda (citado en la
que sus seguidores eran por lo general ~adoressin tierra. luaclón de Oquist de la calidad
COLOMBIA 4215
WlAJADORES EN LA HISTORIA
ca del partido a partir de 1930. Y solo cuandodisminuyb la amenaza
~ del café se intensificaba Y planteada por el movimiento obrero y la izquierda a comienzos de los
~8viables. Así se explica en años treintas, la direccibn conservadora, inicialmente dividida y descon­
~eños productores enire las certada por la pérdida del poder, adoptb la actitud partidista intransi­
lOS de los cincuentas que se gente que caracterizb a su faccibn dominante a fines de los años treintas
l.Más desesperada, por últi­ y comienzos de los cuarentas. A partir de 1985, sin embargo, la lucha
¡pequeños productores y los entre los partidos tradicionales se intensificb a nivel nacional y .una di­
~ficientes como lo habian reccibn conservadora revitalizada orientb su artilleria pesada contra el
~ artículos adquiridos en el movimiento obrero y la izquierda. Cuando el Partido Comunista y la
des y sembraban en café tia­ UNIR de Gaitán abandonaron la dificil tarea de organizar a los obreros
le alimentos. En consecuen­ en el sector exportador y se pasaron al campo liberal en busca de protee­
lizo más dificil alimentarse a cibn, dejaron a los trabajadores cafeteros no sindicalizados con muy po­
el café los seguían llevando, cas alternativas frente a los canales partidistas tradicionales para defen­
idedicar aún más tierra a la der sus intereses y alcanzar sus metas.
inüerra y los migrantes eran Aún no existe un estudio cuantitativo que demuestre con precisibn
$e. dependientes del merca?o que la Violencia fue primordialmente un fenbmeno de las zonas cafete­
pe orgamzativos para presIO­
ras. Tal proposicibn es ampliamente apoyada en la literatura descriptiva
loo del acceso a la tierra para y cualitativa que existe sobre la materia. Pero debido a que la Violencia
~.ll). fue mucho más que un conflicto civil en las regiones cafeteras, que inclu­
De los trabajadores cafeteros, yb acontecimientos tan dispares como el Bogotazo y la lucha en los Lla­
las localidades del apoyo de nos Orientales, la evidencia cualitativa tiende a oscurecer en qué medi­
~l de los partidos de izquier­
da, desde un principio, la Violencia fue principalmente un producto de
~ de orientar su lucha. Tales
las zonas cafeteras. El estudio cuantitativo más sistemático de la Violen­
~gadas en las áreas rurales y
cia infortunadamente no analiza el problema de su relacibn con la pro­
¡nciafuera de la zona cafetera duccibn cafetera. En esa investigacibn, Paul Oquist demuestra cbmo los
~b en el foco principal de la
municipios que se encontraban bajo la firme hegemonia electoral de uno
, existencia de los partidos de u otro de los partidos tradicionales fueron menos propensos a la Violen­
.os treintas habia si~icado cia que aquellos en donde el control del partido liberal o del conservador
giones aisladas y. coor~hnaron era más débil o donde existía una competencia aguda entre ambos (112).
~os recogían Y difundían ~ Esa evidencia cuantitativa respalda la idea, desarrollada a lo largo de
Q. visibn diferente de la reali­
.0 para defender los derechos
este ensayo, de que la Violencia estaba directamente relacionada con la
lucha por el control politico a nivel local. También la respalda el hecho,
(eres. Como ruidosos campeo­ demostrado cuantitativamente por Oquist, de que los municipios en que
.. forzar a la direccibn liberal ~ los liberales eran fuertes electoralmente se hallaban más propensos a
JOnsolidar la hegemonía polítl­ padecer la Violencia a partir de 1946, cuando el control politico pasb a
manos del partido conservador. No obstante, como lo reconoce Oquist, la
correlacibn entre la competencia electoral y la Violencia es débil: nume­
¡' upJica:r la Violencia de fines de los rosos municipios con escasa competencia politica vivieron altos niveles
~de una base estadist.ica. sólida. Véase de violencia; y muchos otros que no sufrieron esta calamidad eran un
l.es sin tierra figuraban como instiga~o­
frecuentemente que los peque60s prople­
activo escenario de la competencia politica.
.. entre loe Instigadores. Taml>ién d~~­

l.
DlentolJ eran recién negados al mUDlClplO
lJtigaei6n Sánchez'y Meertens concluyen
talmente ~e60s propietarios, mientras
tierra.
112. Oquist, Violenela (citado en la nota 3), Cuadro n-24, p. 8&. No reviso aquila cuidadosa eva­
luación de Oquist de la calidad de sus estadlsticas ni su def'iniclón de términos.
LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
COLOMBIA
Oquist no trató de cotejar en sus estadísticas la distribucibn geográfi­
ca de.las muertes causadas por la Violencia con laproduccibn·cafetera en 1955, todos ellos ubi
por municipios. Si lo hubiera hecho, muy seguramente habría encontra­ Antioquia y Tolima- ()
do correlaciones muy altas entre ambas. Esta suposicibn surge al exami­ número de muertes atri
nar las estadísticas agregadas sobre la distrlbucibngeográfica de las ros más antiguos y men
muertes causadas por la Violencia según departamentos, que presenta. siguen en víctimas. y ~
Oquist, y el volumen de la producción cafetera por departamentos que se tantes figuran como focl
deriva del censo cafetero de 1955. El Cuadro 5.5 presenta datos de muer­ intensidad no se correÜl
tes durante el periodo 1946-57, cuando la Violencia fue más intensa y la produccibn cafetera e
obedecla más nitidamente a la diIÚlmica partidista tradicional. Las principales ano)
En este Cuadro se aprecia una correlacibn muy estrecha entre las La incidencia relativaml
principales regiones productoras de café y el número de lllÜertes de la cia en Boyacá y Meta. d
Violencia. Los departamentos de la Coste. Atlántica (Magdalena, Bolívar flejan la naturaleza e~CE
y Atlántico) y las altiplanicies meridionales (Nariño), donde la produc­ donde los liberales de ~
cibn de café siempre ha sido insignificante. no figuran como focos desta­ locales para enfrentar al
cados de violencia. Los .tr~s departamentos cafeteros más importantes la. Cundinamarca un d4
dido a una posici~ intel
vamente bajo de muerte
zacibn colectiva entre I
CUADRO 5.5 muertes registradas en l
MUERTES ATRIBUIDAS A LA VIOLENCIA EN COLOMBIA, 194&57,
nalmente, aunque antes
Y PRODUCCION CAFETERA,l955, SEGUN DEPARTAMENTO menor de muertes en COl
café, después de 1958 su
la Violencia es mucho~m
Muertes atribuida. a la Violencia Producci6n cafetera
riodo la Vi~lencia se limij
Deputamento Muertes Departameato ToneJ.aclas ductores de café, los más
1948-57 pales productores de 1951
Antiguo Caldas 44.:;J55 Caldas 117.202
ToUma 30.912 Antioquia 59.600
Antioquia 26.115 ToUnia 56.075 CUADRO 5.6
Santander (NO!te) 20.886 Valle 50.(J42
Santander (Sur) 19.424 CundiDamarea 28.547 MUERTES ATII
Valle 13.106 Huila 15.498 1958-66, SEGUN
Meta 5.842 Santander (Norte) 10.484
Boyaeá 5.359 Santander (Sur, 9.582 ))ep¡u1ameato
Huila 4.111 Cauea 9.484
Cundinamarc:a 4.037 Todos los demás 12.719 ToUma
(Bogoté) 2.586 Valle
Cauea 2.236 Antiguo Caldo
Todos los demál deptos. y Antioquia
unidades administrativas Huila
menores 2.386 Santlulder (Norte
Santander (Sur,
Cauca
Fueatea: Paul Oquist, VioleaeJa, conflicto y poIitIca ea Colombia, Bogoté, 1978. Cuadro VI-2, Cundinamarca
p. 322; Comisión Económica para América Latina y la Organización de las Naciones Meta
Unidas para la Agricultura y la Alimentación, El c:afé ea América Latina. Problemas de Beyaeá
la produetJvidad y perspectiva. l. Colombia y El Salvador, Ciudad de México, 1968,
Cuadrp n, p. 25.
Fuente: Oquiat,'
~AJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA 421

/Cas. la distribución geográfi­ en 1955, todos ellos ubicados en la Cordillera Central-Antiguo Caldas,
~con la producción cafetera Antioquia y ToJima- ocupan el primero, el tercero y el segundo lugar en
¡guramente habría encon~~ número de muertes atribuidas a la Violencia. Dos departamentos cafe~
~ suposición surge alexaDll­ ros más antiguos y menos importantes en 1955, los dos Santanderes, les
.mbución geográfica de las siguen en victimas. Y todos los demás departamentos cafeteros impor­
~partamentos, que presenta. tantes figuran como focos destacados de la Violencia, aunque su relativa
lf8. por departamentos que se intensidad no se correlaciona JIllJiy estrechamente con su importancia en
~ó.5 presenta datos de muer­ la producción cafetera (Valle, Huila,. Cundinamarca y Cauca).
Niolencia fue más intensa y Las principales anomalias de esta correlación resultan instructivas.
ttJ.dista tradicional. La incidencia relativamente al~.deasesinatos relacionado con la Violen­
clón muy estrecha entre las cia en Boyacá y Meta, departamentos de escasa producción cafetera, re­
,el número de múertes de. la flejan la naturaleza excepciona:! de laViolencia en los Llanos Orientales,
~ntica (Magdalena, Bo1ivar donde los liberales de la Cordillera Oriental se unieron a copartidarios
,,(Nariño), donde la produc­ locales para enfrentar al ejército colombiano en operaciones a gran esca­
:aofiguran como focos desta­ la. Cundinamarca, un departamento cafetero que en 1955 babía descen­
~ cafeteros más importantes dido a unaposicióp intermedia en la produción, sufrió un número relati­
vamente bajo de muertes. El hecho puede refleJf,lr el legado de la organi­
zación colectiva entre los trabajadores cafeteros del suroriente. Las
muertes registradas en Bogotá son principalmente las del Bogotazo. Fi­
nalmente, aunque antes de 1958 el Valle sufrió un número relativamente
jOMBIA, 194&-57, menor de muertes en comparación con los otros grandes productores de
rAMENTO café, después de 1958 suposición entre los departamentos que padecían
la Violencia esri:xu~ho-;m4saltll. (Ve~'elCuad.ro S.G).Durante este pe­
Producción cafetera riodo la Violencia se limitO étlsi exclusivamente a los departamentos pro­
r . ductores de café, los más violento~uie los cuales fueron los cuatro princi­
Toneladas
,"'eato pales productores de 1955, todos localizados en la Cordillera Central. Sin
117.202
59.600
~
f 56.075
CUADRO 5.6
50.042 MUERTES ATRIBUIDAS A LA VIOLENCIA EN COLOMBIA,
~ 28.547
15.498
1968-66, SEGUN DEPARTAMENTO

a...IN0rt81 10.464 Muertes


det{Sl!r1 9.582
9.484 Tollina 5.251
joeclem6s 12.719 Valle 5.016
Antiguo Caldas 8.606
Antioquia 2.127
Huila 733
San*der(N,ltel 849
Santander {Sur'
Cauea . 457
.Cundinamarca 334
tIl ColoDlbia. Bogotá, 1978, Cuadro VI·2, M~ta 166
Latina y la Organización de las Naciones Boyacá 142
~. El café en América LatiDa. Problemas de
~ l El Salvador, Ciudad de México, 1958,
Fuente: Oqulst, VIolenda, Cuadro VI·S, p. 323
428 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA COLOMBIA

embargo, dentro de esta región, la intensidad relativa de la Violencia se que el comportamiento


trasladó desde Caldas y Antioquia hacia los departamentos de Tolima y implacables. Pocos trat
Valle, más al sur. to colectivo y cooperati
Estos dos últimos departamentos también encabezan la lista de la contrario, vieron confir
clasificación según el número de parcelas o lotes de tierra abandonados vaciones viles de sus co
como resultado de la Violencia (Véase el Cuadro 5.7). Las estadisticas A menudo la Violen
publicadas por Oquist son, como él lo anota, menos confiables que sus manera no muy clara o
datos sobre muertes. Las parcelas en cuestión incluian al parecer fincas dominante contra la clru
poseidas y trabajadas por las victimas, asi como tierras que éstas teman ble debido al efecto que
en arriendo u ocupaban cOn contratos deaparceria y trabajo dependien­ partir de 1946, la ViolE
te. Los datos sugieren que el abandono de tierras fue más común en mismo que para la ClasE
aquellas áreas más duramente afectadas por la violencia en la fase pos­ política de la clase don
terior a 1957. En muchos departamentos hay poca relación entre la rela­ dejó impotentes en lo i~
tiva intensidad de la violencia (medida según muertes) y el abandono de civil que asoló el campo
tierras. Sin embargo, las cifras tienden a confirmar la difundida suposi­ dores en una cruel y COI!
ción de que la Violencia estuvo acompaftada de grandes cambios en la trabajadores rurales COI
tenencia de la tierra, cambios que se limitaron en gran medida a los prin­ señó a depender de los
cipales departamentos cafeteros. sus aspiraciones matero
sospecha mutua entre lo
do de los trabajadores n
CUADRO 5.7 dad de las ciudades facil
PARCELAS ABANDONADAS A CAUSA DE LA VIOLENCIA ción de muchos pequeñl
EN COLOMBIA, 1946·66, SEGUN DEPARTAMENTO ciones de producción cal
bién fomentó el crec~
flujo de una nueva fuem
Valle 98.400 ra. Estos trabajadores, i
Tolima 54.900 vidualistas, debian mostJ
Cundinamarca 50.400
nuevo sindicalismo y apc¡
Slllltander (Norte) 38.400
Antiguo Caldas 36.800 Pero las interpreta.ci(
Huila 27.100 lencia a la insidiosa COD!
Santander 26.600 complejidad causal de dj
DoyacA 26.400
Antioquia 16.200 y una inteligencia única 1
Cauca 3.000 dece con el registro histl:
Todos los demÁS 14.648 inteligencia de la clase ti
Fuete: Oquiat, VioIeDeia, Cuadro VI-4, p. 323. no fueron llevados por e:
costoso para su clase y ps
ban inmersos en un dran
La magnitud de la tragedia que padecieron los trabajadores rurales cia de sus explotadores, 1,
durante la Violencia no puede medirse solamente con estas cifras. Por ca de la Violencia por t
cada muerte, había decenas de personas laceradas emocional y sicológi­
camente por un proceso que carecía de un significado social y filosófico
trascendente. Para estas victimas, para los que fueron despojados de sus 113. La expresión más clara y má
posesiones y aun para los que obtuvieron ganancias materiales en medio Iédica ele la cIemoeracia, Do¡
Torres, Orlando FaJa Borda l
de la confusión, la experiencia confirmó en sus mentes la concepción de en la nota 3), pp. 25-30.

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