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ATIS

Papi quería que me distinguiera.

La sombra del mandato crecía y crecía por las noches, con las escalas ambiguas de la duermevela.

Para solucionarlo, decidí ser radical, esto es, atacar el problema por la raíz. Oculté un cuchillo
debajo de la almohada. El cuchillo era curvo, o yo lo recuerdo curvo por el frenesí de mi
determinación.

Cuando el mandato se irguió, pasadas las tres de la madrugada, di el zarpazo con la diestra, mi
mano hábil, de abajo hacia arriba, para mejor dibujar el tajo.

Del desangre me salvó mami, que entraba por la noches a verificar cuando no estimular mi sueño.

Ahora ya soy una criatura distinguida. Papi está contento.

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