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Temas de sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social Julio Bordas Martínez José Carlos
Temas de sociología criminal.
Sociedad, delito, víctima
y control social
Julio Bordas Martínez
José Carlos Baeza López
Carmen Alba Figuero

Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

JULIO BORDAS MARTÍNEZ JOSE CARLOS BAEZA LÓPEZ CARMEN ALBA FIGUERO

UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

COLECCIÓN MÁSTER (2660301MR01A01) TEMAS DE SOCIOLOGÍA CRIMINAL. SOCIEDAD, DELITO, VÍCTIMA Y CONTROL SOCIAL

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© Julio Bordas Martínez, Jose Carlos Baeza López y Carmen Alba Figuero. Con la colaboración del Instituto Universitario de Investigación sobre Seguridad Interior

ISBN: 978-84-362-6154-7 Depósito legal: M-13.513-2011

Primera edición: marzo de 2011

Impreso en España - Printed in Spain

Julio Bordas, Jose Carlos Baeza, Carmen Alba

 

Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

  Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social
 

ÍNDICE

 

1

LA VIABILIDAD DE LA SOCIOLOGÍA COMO CIENCIA

5

1.1. ¿Qué es la sociología?

5

1.2. Las formas de conocimiento no científico

8

1.3. El nacimiento de la ciencia

11

1.4. El método científico

13

1.5. La viabilidad de la Sociología como ciencia

14

1.5.1. Problemas derivados del objeto material de

23

 

1.5.2. Problemas derivados de la perspectiva

24

1.5.3. Problemas derivados del carácter humano y social de los sociólogos.

26

 

2.

LA SOCIEDAD CALIDOSCÓPICA ACTUAL

30

2.1. Los cristales del calidoscopio

30

2.2. El cilindro del calidoscopio

31

2.3. El giro del calidoscopio

31

2.4. El incremento del riesgo y los nuevos problemas de seguridad

33

 

3.

Delincuencia real y miedo al delito en España

37

3.1. Algunos paradigmas explicativos de la delincuencia

37

 

3.2. La delincuencia real en España según los datos policiales, judiciales y penitenciarios

40

3.3. El problema del registro de los datos de criminalidad

53

3.4. La delincuencia proyectada por los medios de comunicación social

58

3.5. El miedo percibido por la opinión pública

60

4.

El terrorismo como delito y el delito de terrorismo

66

 

4.1. El concepto de terrorismo

66

4.1.1. El terrorismo político o «modelo

 

67

4.1.2. El terrorismo religioso o «modelo mercurial»

70

 

4.1.3. El terrorismo de Estado o «modelo

74

4.1.4. El terrorismo pseudodiplomático interestatal o «modelo hipócrita» .

76

 

4.1.5. El terrorismo bélico o «modelo guerrillero»

77

4.2. El terrorismo desde el Derecho internacional humanitario. La tesis:

el terrorismo es un delito transnacional sometido imprescriptiblemente a la jurisdicción universal

78

4.3. El terrorismo desde el Derecho penal internacional. La antítesis: el terrorismo no es un delito de derecho penal Internacional porque no está tipificado en el Estatuto de Roma y está prohibida la analogía

84

4.4. El terrorismo desde el Derecho penal clásico. La síntesis: el terrorismo como asociación ilícita que comete un concurso de delitos comunes, muchos de ellos de forma continuada, con fines rebeldes y agravados por la perfidia y el terror

87

 

3

 

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5. La metamorfosis de las víctimas y su papel en el proceso penal

94

 

5.1. La evolución del papel de las víctimas en el proceso penal

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5.2. Las características sociodemográficas de las víctimas

97

5.3. La metamorfosis cualitativa de las víctimas

106

5.3.1. Consecuencia

107

5.3.2. Consecuencias clínicas

 

108

5.3.3. Consecuencias

económicas

 

109

5.3.4. Consecuencias ideológicas

 

109

5.4. La oferta de servicios policiales a las víctimas

110

 

5.5. La oferta de servicios judiciales a las víctimas

114

6. Consecuencias de las demandas de seguridad en general y de las víctimas en particular en el Derecho penal

118

6.1. El Derecho penal de la resistencia

 

118

6.2. La expansión del Derecho penal

 

122

6.2.1. El Derecho penal autoritario

 

122

6.2.2. El Derecho penal revolucionario

124

6.2.3. El Derecho penal del enemigo

125

6.2.4. El Derecho penal actuarial

127

6.3. La expansión del Derecho administrativo sancionador

128

 

6.4. La expansión del Derecho civil de daños

130

6.5. La contracción al Derecho penal conciliador

133

6.6. Expansión y endurecimiento del Derecho penal en España desde 1995 hasta 2007

136

 

Conclusiones

157

Bibliografía utilizada

160

 

4

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social 1 LA VIABILIDAD DE LA

Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

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LA VIABILIDAD DE LA SOCIOLOGÍA COMO CIENCIA

1.1. ¿Qué es la Sociología?

La Sociología es la ciencia que aplica el método científico para conocer «la estruc- tura, los procesos y la naturaleza de la sociedad humana en general» 1 con la intención de explicar y predecir los fenómenos sociales, dentro de un contexto histórico determinado y «a partir de marcos teóricos interpretativos adecuados y de conceptos analíticos perti- nentes» 2 , de forma que el conocimiento así obtenido sea comprobable empíricamente, aun- que su verificación descanse en la imposibilidad de su falsación en lugar de su verificación experimental, por cuanto que los fenómenos sociales no son susceptibles de ser estudiados en condiciones caeteris paribus 3 , dado el carácter humano e histórico de los mismos.

El objeto material de la Sociología es, pues, la sociedad, y dicho objeto nos permite distinguir entre ciencias naturales y ciencias sociales.

Como señala Giddens:

Igual que el resto de las «ciencias» sociales, la Sociología es una disciplina cien- tífica en el sentido de que implica métodos de investigación sistemáticos, el análisis de datos y el examen de teorías a la luz de la evidencia y de la discusión lógica. El estudiar seres humanos, sin embargo, es diferente de observar los sucesos del mundo físico, y ni el marco lógico ni los descubrimientos de la Sociología pueden entenderse adecua- damente desde las comparaciones con la ciencia natural. 4

En este sentido resulta ilustrativa la distinción que realiza Piaget entre Biología y So- ciología:

La diferencia entre la explicación sociológica y la explicación biológica (estriba

en que) mientras que ésta (la biología) se ocupa de las transmisiones internas hereda- das y de los caracteres determinados por ellas, la explicación sociológica se ocupa de

las transmisiones exteriores o interacciones externas entre individuos (

explicará por qué la mentalidad de un pueblo depende mucho menos de su raza que de su historia económica, del desarrollo histórico de sus técnicas y de sus representacio-

). Así es como

1 S. Giner: Sociología, Ed. Península, Barcelona, 1971, p. 10.

4 A. Giddens: Sociología, Ed. Alianza, Madrid, 1991, p. 55.

5

2 J. F. Tezanos: La explicación sociológica: una introducción a la Sociología, Ed. UNED, Madrid, 1996, p. 33.

3 M. Beltrán: «Cinco vías de acceso a la realidad social» en: M. G. Ferrando, J. Ibáñez y F. Alvira: El análisis de la rea- lidad social: Métodos y técnicas de investigación, Ed. Alianza, Madrid, 2000, p. 38.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social nes colectivas ( mográfico están

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nes colectivas (

mográfico están estrechamente subordinados al sistema de valores. 5

).

Así es, por otra parte, como los aspectos biológicos del fenómeno de-

Si el objeto material de la Sociología es la sociedad, su objeto formal es la perspec- tiva que adopta y esto es lo que la distingue del resto de las ciencias sociales.

El estudio de los fenómenos sociales no es exclusivo ni original de la Sociología, sino que, por el contrario, lleva produciéndose durante siglos en disciplinas como la Filosofía, la Historia, la Ciencia Política, la Geografía, el Derecho, la Economía, la Psicología, la An- tropología, la Biología, etc. En este contexto científico, la Sociología es la última de las ciencias sociales y no es la mayor ni la más importante, sino una ciencia más, especializada en el vínculo social que mantiene unida a la sociedad y sus consecuencias institucionales y de acción social.

Como señala Nisbet:

Del mismo modo que la química moderna se interesa por lo que ella misma llama el vínculo químico, buscando las fuerzas que mantienen unidos a los átomos formando

las moléculas, también la Sociología investiga las fuerzas que permiten a los seres hu- manos (de origen biológico) mantenerse unidos en «moléculas sociales» donde se ha-

Vemos a los seres humanos

únicamente en los roles, estatus y modos de interacción social que constituyen el ma- terial de la sociedad humana. Y todos estos roles, estatus y modos de interacción son sociales; es decir, pertenecen a un orden de realidad que es tan sólido y diferenciable como los átomos con los que trabaja el físico, las moléculas y las sustancias de los quí- micos, y los tejidos y órganos de los biólogos. 6

llan prácticamente desde el momento de su concepción (

).

De este modo, los vínculos sociales: «no pueden reducirse a relaciones entre inter- subjetividades animadas de intenciones o motivaciones, porque ellas se establecen entre condiciones y posiciones sociales y tienen, al mismo tiempo, más realidad que los sujetos que ligan». 7

Si Piaget evidenciaba las diferencias entre las ciencias naturales y las Ciencias So- ciales comparando la Biología con la Sociología; Elster ejemplifica las diferencias dentro de las Ciencias Sociales comparando la Economía con la Sociología. En este sentido se- ñala que

una de las más persistentes divisiones registradas en las ciencias sociales es la opo- sición de dos líneas de pensamiento convenientemente asociadas con Adam Smith, por una parte, y con Emile Durkheim, por otra; se trata del homo aeconomicus y del homo sociologicus. Se supone que el primero de ellos está guiado por la racionalidad instru- mental, en tanto que la conducta del segundo está dictada por normas sociales. El pri- mero se ve «atraído» por la perspectiva de futuras recompensas, en tanto que el segundo es «empujado» desde atrás por fuerzas (culturales) casi inertes. 8

En consecuencia, la Sociología, aunque distinta de la Biología y de la Economía, también considera que los hechos sociales están determinados y sometidos a leyes que los

5 J. Piaget: Estudios Sociológicos, Ed. Ariel, Barcelona, 1983. pp. 19-22.

6 R. Nisbet: Introducción a la Sociología. El vínculo social, Ed. Vicens Universidad, Barcelona, 1982, p. 43.

7 P. Bourdieu, J. C. Chamboredon y J.C. Passeron: El oficio de sociólogo, Ed. Siglo XXI, Madrid, 1994, p. 33.

8 J. Elster: El cemento de la sociedad, Ed. Gedisa, Barcelona, 1991, p. 119.

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hacen regulares, predecibles y explicables, pero esta determinación es cultural y está en- cauzada estructuralmente de forma que el comportamiento de los hechos sociales no sólo se explica por su interés económico, por la socialización individual, por la lucha por el poder o por la satisfacción de los instintos o de las necesidades biológicas, sino que de- pende de las condiciones culturales y estructurales, de las condiciones sociales en las que se desarrollan los acontecimientos y en las que interactúan los actores; lo cual explica los comportamientos antieconómicos en el mercado, las conductas desviadas respecto de lo aprendido durante el proceso de socialización, la represión, incluso jurídica, de determi- nados comportamientos instintivos o naturales, o la escisión entre el mundo social y el mundo político institucional.

Por todo ello, no debemos considerar a la Sociología como una ciencia enciclopé- dica que trata de compendiar al resto de las ciencias sociales, ni como una ciencia residual que estudia lo que las demás ciencias sociales dejan de lado, ni, tampoco, una ciencia de los remedios, aplicación práctica de una especie de «ingeniería social»; sino como una mera ciencia especializada que considera que los grupos sociales no se comportan al azar, sino que se comportan propulsados por su subcultura dentro de un entramado plural y je- rarquizado de escenarios sociales en los que cada uno desempeña su papel no sólo en fun- ción de lo aprendido en el proceso de socialización, sino también en función de las características del escenario social y su desigual distribución, así como por lo que espera la audiencia, los otros, y el tipo de identidad cultural que con ellos tengan.

Después de haber definido el concepto de Sociología, conviene evitar errores con- ceptuales aclarando lo que no es la Sociología.

a) La Sociología no es una ciencia natural, porque el comportamiento de los hom- bres, integrados inseparablemente en la sociedad, no está sometido principal- mente a las leyes de la naturaleza sino a las leyes fragmentadas y cambiantes de la sociedad en la que se encuentran inmersos, siendo muy difícil experimentar con grupos humanos a fin de verificar las hipótesis de los sociólogos debido al ca- rácter histórico de las sociedades humanas y al componente de libertad de sus miembros.

b) La Sociología no es una recopilación enciclopédica de las ciencias sociales, sino que sólo es una más de ellas, con la peculiaridad de que en lugar de considerar como factor determinante del comportamiento humano el interés económico ra- cional, el instinto o el poder, etc., considera que el comportamiento humano, den- tro de los grados de libertad que proporciona la misma sociedad, está condicionado por la cultura y encarrilado por la estructura social en la que se desarrollan las interacciones sociales.

c) La Sociología no es una ciencia residual que trata de aquellos temas que no de- sean estudiar las otras ciencias sociales, sino que tiene su propia perspectiva par- ticular y está especializada en el vínculo social, que mantiene unidos a los grupos humanos; en las instituciones sociales, que suponen tanto un reflejo cristalizado de los valores de su cultura como la organización del ejercicio de unas funciones vitales para la sociedad; y en las acciones e interacciones sociales que se desarro- llan en la sociedad y que regeneran dinámicamente la cultura dominante.

d) La Sociología no es la ciencia de los remedios, por cuanto que al no aceptar la existencia de leyes naturales que regulen el comportamiento humano, tampoco

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puede esperar que de la aplicación de sus conocimientos se derive una especie de «ingeniería social» que haga funcionar la sociedad a la perfección, «como un reloj», ya que el funcionamiento de la sociedad depende de ella misma y de sus miembros que, haciendo uso de su influencia dentro de una correlación plural de poderes, legitimados de a cuerdo con los procedimientos históricos domi- nantes, conducen la sociedad independientemente de los conocimientos de la Sociología.

e) La Sociología no es un estado de opinión sobre la sociedad como pudiera dedu- cirse del hecho de que muchos conocimientos sociológicos coincidan con el sen- tido común, ni como consecuencia de que muchos sociólogos emitan sus opiniones particulares a través de los medios de comunicación social, ni como consecuencia del pluralismo paradigmático de la Sociología, que podría dar la im- presión de una mera discusión académica sobre la sociedad; sino que la Sociolo- gía tiene un único método científico que utiliza con igual rigor desde cualquier escuela paradigmática, aunque sus intereses e ideologías les lleven a elegir dife- rentes objetos sociales de estudio, les lleve a adoptar perspectivas especializadas en un aspecto del objeto en vez de en otro, o les lleve a desarrollar diferentes téc- nicas de investigación social, de cuya utilidad y aplicación se han derivado, a veces, nuevas especialidades sociológicas.

f) La Sociología no es una ciencia sin objeto de estudio abarcable como conse- cuencia de la subjetividad inalienable del sociólogo, del carácter dinámico e his- tórico del acontecer humano, de la pluralidad de culturas existentes en la tierra y de los grados de libertad social de las personas; sino que la Sociología dispone de un objeto de estudio comprensible ya que el comportamiento de las «cosas socia- les» no responde al azar, como si se tratara de partículas subatómicas en un espa- cio browniano, sino que está condicionado por la sociedad en la que se desenvuelven. El objeto de la Sociología es la sociedad y su conocimiento es posi- ble mediante la aplicación del método científico.

1.2. Las formas de conocimiento no científico

Conocer, del latín cognoscere, equivale a averiguar mediante el ejercicio de las fa- cultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.

Como señala Tamayo:

Conocer es enfrentar la realidad; todo conocimiento es forzosamente una rela- ción en la que aparecen dos elementos relacionados entre sí; uno cognoscente, llamado sujeto, y otro conocido, llamado objeto. Esta relación implica una actividad en el sujeto, la cual es la de aprehender el objeto, y la del objeto es simplemente la de ser aprehen- dido por el sujeto. Es, pues, el sujeto quien determina la relación con el objeto, y por tanto determina esa actividad de conocer y puede entrar en relación con el objeto de di- ferentes maneras, lo cual hace que la actividad de conocer fluctúe entre el conocimiento vulgar y el conocimiento científico. 9

9 M. Tamayo: El proceso de la investigación científica, Noriega Editores, México, 1994, p. 19.

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El conocimiento vulgar ha sido, durante la mayor parte de la historia, la única forma de conocimiento. Antes de la formalización del método científico los sujetos se aproxima- ban a los objetos y no sólo los comprendían, sino que su comprensión, equivocada o no, producía consecuencias reales.

Antes de que la epistemología, la neurofisiología y la cibernética trataran de explicar el proceso del conocimiento y antes de que el método cartesiano estableciera las reglas para la dirección de la mente aplicadas al conocimiento científico, los sujetos conocían los objetos de su entorno, los explicaban, los relacionaban e incluso predecían su ocurrencia.

Como señala Friedrichs:

Los progenitores del homo sapiens pudieron por primera vez establecer genera- lizaciones conceptuales susceptibles de ser compartidas con sus semejantes y transmi- tidas de generación en generación (…). Esta conducta «adaptativa» implica generalizar de un estímulo primario a otro, y la generalización basada en la experiencia empírica es la actividad fundamental de la ciencia. 10

Aquellos sistemas, aunque produjeran conocimientos, no seguían el método cientí- fico y solían fundamentarse en tres principios: la fe, la autoridad y la experiencia.

La fe produce un conocimiento basado en una creencia sobre la existencia de un ser o seres superiores que regulan los sucesos de la vida natural o social de tal forma que es su intervención la que produce o evita dichos acontecimientos, de donde se derivarían cier- tos rituales propiciatorios para atraer el favor de los dioses.

Como las creencias religiosas y mágicas —señala Lienhardt— comprenden definicio- nes de orden físico, intelectual y moral, parte de la práctica religiosa consiste en intentar des- cubrir relaciones existentes entre ese orden y los sucesos y situaciones de la vida humana. 11

En este sentido, las creencias producen un «conocimiento» que debemos distinguir del conocimiento científico. Como diferencia Giddens:

Primero, la ciencia opera dentro de una concepción del mundo que trata los acontece- res de la «naturaleza» como el resultado de fuerzas impersonales (en vez de personales como ocurre con la magia)… Segundo, la ciencia institucionaliza la presentación pública, dentro de comunidades profesionales, de unos modos por los cuales se formulan teorías y se realizan observaciones… Pero religión y magia raramente buscan su autotransformación racional sobre la base de la recepción crítica de observaciones documentadas… Por fin, religión y magia, con frecuencia… incluyen formas de actividad que son ajenas a la ciencia occidental:

incluyendo el culto de un ceremonial regularizado… 12

La crítica científica de la fe descansa en el criterio ilustrado de que creer no es lo mismo que saber, como demuestra la construcción de cualquier oración en la que cambiemos un verbo por otro. La fe no es un conocimiento científico sino que como señala Ágnes Heller:

Se trata de un sentimiento que acompaña a comportamientos humanos (…). Cuando un hombre se casa con una muchacha después de haberla visto sólo dos veces porque «sabe que será feliz» con ella, es evidente que este saber no se basa ni en la ex-

10 R. Friedrichs: Sociología de la Sociología, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1977, pp. 204 y 205.

11 G. Lienhardt: Antropología social, Ed. F.C.E., México, 1966, p. 226.

12 A. Giddens: Las nuevas reglas del método sociológico, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1997, pp. 167 y 168.

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periencia, ni en la reflexión, sino en el pensamiento intuitivo, donde el sentido de la certeza cumple una función de primer plano. 13

La certidumbre sustituye a la verdad.

La autoridad, como fuente de conocimiento, emana del crédito que se da a una per- sona en determinada materia y que puede descansar en su poder efectivo, para que se im-

ponga su voluntad como un hecho material, o en su prestigio y respetabilidad, que induce

a

Tanto la autoridad basada en el poder como la autoridad fundada en el prestigio han sido, durante siglos, una fuente de presunto conocimiento sobre la respuesta correcta a las cuestiones planteadas por la observación de determinados sucesos o sobre la forma más adecuada de resolver los problemas de ellos derivados. El procedimiento basado en

creer que lo que sostiene es cierto y de innecesaria verificación.

la autoridad transfiere la responsabilidad de las respuestas no a un ser sobrenatural sino

a

La experiencia, en fin, es el conocimiento ordinario que se adquiere con la práctica. Este conocimiento, como señala Bunge:

un ser humano cuyo arbitrio resulta aceptable.

Puede desarrollarse en alguna de las tres direcciones siguientes: i) Conocimiento técnico: es el conocimiento especializado, pero no-científico, que caracteriza las artes y habilidades profesionales. ii) Protociencia, o ciencia embrionaria, que puede ejem- plificarse en el trabajo cuidadoso, pero sin objeto teorético, de observación y experi- mentación. iii) Pseudociencia: un cuerpo de creencias y prácticas cuyos cultivadores desean, ingenua o maliciosamente, dar como ciencia, aunque no comparten con ésta ni el planteamiento, ni las técnicas, ni el cuerpo de conocimientos. 14

No obstante, el conocimiento no científico, aunque antiguo como el hombre y en modo alguno riguroso, no es una forma de conocimiento que se haya extinguido en el ám-

bito de los seres humanos; sino que convive con el método científico a la hora de explicar

predecir el comportamiento y de este conocimiento derivar las consecuencias de algunas decisiones tomadas al efecto.

Esta coexistencia del método científico con otros procedimientos de conocimiento se manifiesta entremezclada incluso en la misma vida de los científicos profesionales que se atienen al método y al contraste de sus opiniones con la experiencia real y con la opinión de sus colegas en sus jornadas laborales y, sin embargo, recurren a explicaciones no cien- tíficas y obran en consecuencia cuando hablan de asuntos ajenos a su profesión. Como se- ñala Bertrand Russell:

y

El método científico, a pesar de su sencillez esencial, ha sido obtenido con una gran dificultad, y aún es empleado únicamente por una minoría, que a su vez limita su aplica- ción a una minoría de cuestiones sobre las cuales tiene opinión. Si el lector cuenta entre sus conocidos a algún eminente hombre de ciencia (…). Consúltele sobre partidos políti- cos, teología, impuestos, corredores de rentas, pretensiones de la clase trabajadora y otros temas de índole parecida, y es casi seguro que al poco tiempo habrá provocado una ex- plosión y le oirá expresar opiniones nunca comprobadas con un dogmatismo que jamás desplegaría respecto de los resultados bien cimentados de sus experiencias de laboratorio. 15

13 A. Heller: Sociología de la vida cotidiana, Ed. Península, Barcelona, Op. cit. pp. 348 y 349.

14 M. Bunge: La investigación científica, Ed. Ariel, Barcelona, 1969, p. 54.

15 B. Russell: La perspectiva científica, Ed. Sarpe, Madrid, 1983, pp. 27 y 28.

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1.3. El nacimiento de la ciencia

El conocimiento científico basado en la observación, el establecimiento de hipótesis y la verificación, respetando los principios de la evidencia, el análisis, la causalidad y la ex- haustividad, es relativamente moderno en comparación con la historia escrita de la hu- manidad y su alumbramiento no fue rápido ni fácil. Hay cierto consenso en considerar entre los fundadores o padres de la ciencia a tres astrónomos: Copérnico (1473-1543), que formuló matemáticamente la cosmología heliocéntrica que lleva su nombre; Galileo (1564- 1642), fundador de la cinemática e iniciador del método experimental; y Kepler (1571- 1630), que enunció las leyes del movimiento elíptico de los planetas.

En este sentido Bertrand Russell concreta que:

El método científico, tal y como lo entendemos, aparece en el mundo con Gali- leo, y en menor grado con su contemporáneo Kepler (…). Fueron Kepler y Galileo los que establecieron el hecho de que la tierra y otros planetas giran alrededor del sol. Esto había sido afirmado por Copérnico, y por ciertos griegos (Aristarco de Samos). 16

El nacimiento de la ciencia fechado aproximadamente en el siglo XVI, estuvo prece- dido por algunos destacados precursores como Leonardo da Vinci (1452-1519), que no sólo aportó una serie de experimentos mecánicos, ópticos y químicos, que sólo podemos considerarlos como protociencia, sino que, principalmente, aportó un cambio de pers- pectiva en la aproximación al conocimiento de los objetos de estudio combinando todos los conocimientos existentes para solucionar problemas prácticos; y como Giordano Bruno (1548-1600), que pagó con su vida sus opiniones religiosas y cosmológicas.

Antes de Leonardo y Bruno, debemos destacar otros tres predecesores del pensa- miento científico como son Alberto Magno (1193-1280), Tomás de Aquino (1225-1274) y Guillermo de Occam (1290-1349) quienes recuperaron el conocimiento aristotélico per- dido y paulatinamente fueron estableciendo la necesidad de separar la fe de la razón.

Si Alberto Magno, Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, Leonardo da Vinci y Gior- dano Bruno pueden ser considerados precursores del conocimiento científico encarnado por Copérnico, Galileo y Kepler, René Descartes (1596-1650), fundador del Racionalismo y autor del celebérrimo Discurso del método, puede ser considerado el filósofo que esta- blece las reglas del método científico.

Merece la pena detenerse y recordar las reglas para la dirección de la mente que es- tablece Descartes en su Discurso:

El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él que, aun aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, no acostumbran a desear más del que tienen. En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más bien atestigua ello que el poder de bien juzgar y de distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que se llama el buen sentido o la razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y asimismo, que la diversidad de nuestras opi- niones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino solamente de que conducimos nuestros pensamientos por diversas vías y no consideramos las mismas cosas. Pues no basta tener la mente bien dispuesta, sino que lo principal es aplicarla bien. 17

16 Ibídem, p. 32.

17 R. Descartes: Discurso del método, Ed. Orbis, Barcelona, 1983, p. 43.

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Para aplicar bien nuestra mente, continúa Descartes:

No hay más que dos puntos que considerar, a saber: nosotros, que conocemos, y los objetos, que deben ser conocidos. En nosotros hay solamente cuatro facultades que pueden servirnos para ese uso: son éstas: el entendimiento, la imaginación, los sentidos y la memoria. Ciertamente sólo el entendimiento es capaz de percibir la verdad; no obs- tante, debe ser ayudado por la imaginación, los sentidos y la memoria, para no des- cuidar al azar nada de lo que se ofrece a nuestra industria. 18

Para utilizar las herramientas del entendimiento, la imaginación, los sentidos y la memoria en el conocimiento de un objeto, debemos atenernos, según Descartes, a cuatro principios:

El primero, no aceptar nunca cosa alguna como verdadera que no la conociese evidentemente como tal, es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la preven- ción y no admitir en mis juicios nada más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese ocasión alguna de ponerlo en duda. El segundo, di- vidir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuera posible y como se requiriese para su mejor resolución. El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y fáciles de conocer para as- cender poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más complejos, su- poniendo, incluso, un orden entre los que no se preceden naturalmente. Y el último, hacer en todas partes enumeraciones tan completas y revistas tan generales que estu- viese seguro de no omitir nada. 19

En definitiva, los Principios de evidencia, análisis, causalidad y exhaustividad son los que perfilaron el nacimiento de un nuevo método para conocer los objetos que nos cir- cundan, tanto naturales como sociales, y que denominamos ciencia. Este nuevo método es el que se impondría paulatinamente en el ámbito del conocimiento, tanto para seguirlo como para criticarlo y matizarlo, llegando sus ecos hasta el mundo cotidiano actual con- virtiéndose en parte sustancial de la cultura dominante, por lo menos en el mundo mo- derno occidental.

Como señala Salustiano del Campo:

Los valores culturales en vigor durante este periodo fueron: el racionalismo —con el desarrollo de la lógica y la matemática—; el empirismo —con su hincapié en la ob- servación y en la experimentación—; el método lógico experimental —combinación de los elementos anteriores—; la creencia en la legalidad —tanto en la naturaleza como en la sociedad, que no es sino una parte de aquella—; el pragmatismo —la utilización del conocimiento para la transformación del mundo más que para la obtención de la sa- biduría per se—; el ascetismo característico de la vocación científica; el escepticismo frente a la autoridad y a la tradición; y finalmente, el individualismo. 20

La ciencia no sólo se constituyó en un procedimiento formal, sino en un «valor» re- flejado en la estructura social a través de instituciones y políticas científicas.

18 Ibídem, p. 199.

19 Ibídem, pp. 59 y 60.

20 S. del Campo: La Sociología científica moderna, Ed. Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1969, p. 53.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social 1.4. El método científico Como

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1.4. El método científico

Como señala Russell:

Para llegar a establecer una ley científica existen tres etapas principales: la pri-

mera consiste en observar los hechos significativos; la segunda, en sentar hipótesis que, si son verdaderas, expliquen aquellos hechos; la tercera, en deducir de estas hipótesis consecuencias que puedan ser puestas a prueba por la observación. Si las consecuen-

En el es-

cias son verificadas se acepta provisionalmente la hipótesis como verdadera

tado actual de la ciencia, ni los hechos ni las hipótesis están aislados: existen dentro del cuerpo general del conocimiento científico. 21

Mario Bunge desarrolla estos pasos en el camino que supone el método científico:

Distinguimos, efectivamente, la siguiente serie ordenada de operaciones:

1. Enunciar preguntas bien formuladas.

2. Arbitrar conjeturas, fundadas y contrastables con la experiencia, para contes- tar a las preguntas.

3. Derivar consecuencias lógicas de las conjeturas.

4. Arbitrar técnicas para someter las conjeturas a contrastación.

5. Someter a su vez a contrastación esas técnicas para comprobar su relevancia y la fe que merecen.

6. Llevar a cabo la contrastación e interpretar sus resultados.

7. Estimar la pretensión de verdad de las conjeturas y la fidelidad de las técnicas.

8. Determinar los dominios en los cuales valen las conjeturas y las técnicas, y formular los nuevos problemas originados por la investigación. 22

El procedimiento, conceptualmente hablando, resulta sencillo: a partir de una teoría o unos conocimientos preexistentes, la observación de un hecho suscita o estimula una «pregunta» que exige resolución, mediante la teoría ya conocida o mediante una aproxi- mación científica a su resolución, empezando por sentar una hipótesis plausible sobre la respuesta adecuada a los problemas o interrogantes derivados de la observación de un hecho y su verificación empírica de donde se obtendría, en caso de ser positiva, su de- mostración, de tal manera que la hipótesis se transformaría en ley, que interactuaría con las otras leyes «regenerando» la teoría de la que partía, y así indefinidamente.

Desde esta perspectiva metodológica, los planteamientos del Círculo de Viena son es- clarecedores y nos van a servir de punto de partida. Como señalan Juan Antonio Cañas y Javier Fernández:

Podemos considerar dos aportaciones básicas o fundamentales del Círculo de Viena, como son:

1. La división sistemática y excluyente de todos los enunciados en analíticos y sintéticos. Los analíticos son propios de la Lógica y las Matemáticas, y su ver-

21 B. Russell: La perspectiva científica, op. cit. p. 59.

22 M. Bunge: La investigación científica, op. cit., pp. 25 y 26.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social dad o falsedad se comprueba

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dad o falsedad se comprueba utilizando métodos lógicos (Ciencias Formales). Los sintéticos conllevan información sobre el mundo en que vivimos, son ve- rificables (Ciencias Empíricas), y su test consiste en el recurso a la experien- cia. Todo enunciado fuera de estos dos es una proposición sin sentido.

2. La Verificación es el criterio único que divide lo significativo de lo que no tiene significado al tiempo que sirve para establecer la demarcación entre enuncia- dos científicos y no-científicos. 23

Esta verificación, como sistema de demarcación científica en el campo de las cien- cias empíricas, fue rechazada por Popper, para quien:

El criterio de demarcación inherente a la lógica inductiva —esto es, el dogma po- sitivista del significado o sentido— equivale a exigir que todos los enunciados de la

ciencia empírica sean susceptibles de una decisión definitiva con respecto a su verdad

o su falsedad (

las teorías

estas consideraciones nos sugieren que el

criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de la verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas. Dicho de otro modo: no exigiré que un sistema cientí- fico pueda ser seleccionado, de una vez para siempre, en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes y pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico. 24

Esto quiere decir que han de tener una forma tal que sea lógicamente

posible tanto verificarlos como falsarlos ( no son nunca verificables empíricamente (

).

).

)

Ahora bien; en mi opinión (

)

Para Popper:

La ciencia no es un sistema de enunciados seguros y bien asentados, ni uno que avanzase firmemente hacia un estado final: Nuestra ciencia no es conocimiento (epis- teme): nunca puede alcanzar la verdad, ni siquiera el sustituto de ésta que es la proba- bilidad (…) La ciencia nunca persigue la ilusoria meta de que sus respuestas sean definitivas, ni siquiera probables; antes bien, su avance se encamina hacia una finali- dad infinita —y sin embargo alcanzable—: la de descubrir incesantemente problemas nuevos, más profundos y más generales, y de sujetar nuestras respuestas (siempre pro- visionales) a contrastaciones constantemente renovadas y cada vez más rigurosas. 25

Estas contrastaciones rigurosas deben de seguir los siguientes cuatro procedimientos:

En primer lugar, se encuentra la comparación lógica de las conclusiones unas con otras (para asegurar la coherencia del sistema) (…). Después, está el estudio de la forma lógica de la teoría (para evitar tautologías) (…). En tercer término, tenemos la comparación con otras teorías (para asegurarse de la innovación que supone la teoría sometida a contrastación) (…). Y finalmente, viene el contrastarla por medio de la apli- cación empírica de las conclusiones que pueden deducirse de ella. 26

De esta forma, podríamos resumir la teoría de Popper sobre el avance científico di- ciendo que se produce como consecuencia del surgimiento de teorías atrevidas y por la

23 J. A. Cañas y J. Fernández: Metodología de las ciencias sociales, Ed. Universidad de Córdoba, Córdoba, 1994, pp. 133 y 134.

24 K. R. Popper: La lógica de la investigación científica, Ed. Tecnos, Madrid, 1985, pp. 39 y 40.

25 Ibídem, pp. 259-262.

26 Ibídem, p. 32.

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competencia entre éstas por sobrevivir en un mundo de contrastaciones en el que las teo- rías que pueden explicar más cantidad de fenómenos y resisten mayor número de pruebas empíricas son las que sobreviven, en términos que nos recuerdan a la teoría de Darwin 27 sobre el origen de las especies.

Frente a esta concepción lineal, competitiva y teleológica de Popper, que supone una competición individual y constante en pos de una verdad provisional y manifiestamente in- alcanzable, Kuhn proporciona un esquema interpretativo de la evolución de la ciencia ba- sado en los «paradigmas científicos» que no se ven arrastrados desde el futuro, sino que parten de un pasado estable y sólido, de una «ciencia normal» desde la que se produce, como consecuencia de una «crisis», la evolución de los paradigmas.

Como señala Kuhn:

Ciencia normal significa investigación basada firmemente en una o más realiza- ciones científicas pasadas, realizaciones que alguna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior. 28

A este fundamento es a lo que Kuhn denomina «paradigma» y aunque reconoce uti- lizarlo en veintidós sentidos diferentes, nosotros vamos a utilizarlo en el sentido de que «es lo que los miembros de una comunidad científica comparten, y, recíprocamente, una co- munidad científica consiste en hombres que comparten un paradigma» 29 . Paradigma este que se materializa en alguna teoría, en algunas técnicas y en algún logro ejemplar, que tenga la suficiente fuerza y vigor como para mantener su solvencia científica; pero sin ago- tarlo, permitiendo la continuación de nuevas investigaciones, sirviendo, además, como una especie de fotografía del rompecabezas terminado que se tiene que recomponer.

Cuando la profesión no puede pasar por alto ya las anomalías que subvierten la tradición existente de prácticas científicas, se inician las investigaciones extraordina- rias que conducen, por fin, a la profesión a un nuevo conjunto de compromisos, una base nueva para la práctica de la ciencia. Los episodios extraordinarios en que tienen lugar esos cambios de compromisos profesionales son los que se denominan revolu- ciones científicas. 30

Juan Antonio Cañas y Javier Fernández nos resumen los postulados de Kuhn:

1. Los miembros de una tradición científica disponen de un paradigma común.

2. En la Ciencia Normal no se comprueban las teorías.

3. El éxito de un paradigma es al principio en gran parte una promesa de éxito.

4. La actividad del científico normal consiste en resolver rompecabezas dentro de un mismo paradigma. Los rompecabezas pueden derivar en anomalías y éstas en cri- sis. Pero crisis y anomalías no bastan para derribar un paradigma.

5. Los problemas de la configuración y de la corroboración carecen de objeto.

6. No existen observaciones neutrales independientes de toda teoría.

27 Ch. Darwin: El origen de las especies; Ed. Sarpe, Madrid, 1983.

28 T. Kuhn: La estructura de las revoluciones científicas, Ed. F. C. E. México, 1975, p. 33.

29 Ibídem, p. 271.

30 Ibídem, p. 27.

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7.

Una teoría nunca se rechaza debido a un experimento crucial.

 

8.

La incapacidad para hallar una solución desacredita sólo al científico, no a la teoría.

9.

Rechazar un paradigma sin poner al mismo tiempo otro en su lugar significa re- chazar la ciencia misma.

10.

Un paradigma no se abandona debido a experiencias adversas sino sólo cuando ya hay otro candidato dispuesto a ocupar su lugar.

11.

Los partidarios de paradigmas distintos no pueden establecer ningún contacto ló- gico entre sí, sino que hablan sin entenderse o utilizan argumentos circulares.

12.

Paradigmas distintos no son comparables entre sí.

13.

Las teorías que se suceden en el curso de una revolución científica son incomparables.

14.

La teoría suplantada en el transcurso de una revolución científica no es reducible a la teoría suplantadora.

15.

Las anomalías y las crisis no concluyen después de reflexiones continuadas, sino con un fenómeno relativamente repentino, que se parece a un cambio psicológico. 31

En definitiva, para Kuhn, la historia de la ciencia no es una búsqueda constante de la verdad por la que compiten las diferentes teorías, sobreviviendo sólo aquellas que pro- ducen más información o soportan mayor número de comprobaciones, sino que, a partir de una situación de preciencia, un paradigma (teoría, ejemplo y técnica) se instituciona- liza (socializando a sus miembros y a sus discípulos) dando paso a un periodo de ciencia normal (acumulativa y unidireccional) cuyas anomalías puede resolver el propio para- digma o, en su defecto, abocar a una situación de crisis que daría paso a un nuevo para- digma que al consolidarse cristalizaría en otra época de ciencia normal, rescribiéndose desde el principio la historia de la ciencia, y así sucesivamente.

Como dice Losee, Kuhn mantiene que:

 
 

la lógica de falsación popperiana no es aplicable al caso del rechazo de un paradigma. No se desestima un paradigma sobre la base de una comparación de sus consecuencias con los elementos de juicio empíricos; sino que el rechazo de un paradigma es más bien una relación triangular en la que están involucrados un paradigma establecido, un paradigma rival y los elementos de juicio observacionales. La ciencia pues entra en un periodo revolucionario cuando surge un paradigma alternativo prometedor. 32

 

En una posición sintética a las de Popper y Kuhn podemos encontrar a Imre Laka- tos y su teoría de los «Programas científicos»:

 

Consistentes en reglas metodológicas que nos indican los caminos que tenemos que evitar (heurística negativa) y aquellos que tenemos que seguir (heurística positiva) (…). Todo programa de investigación científica está caracterizado por un «núcleo cen- tral» (con sus enunciados básicos y las hipótesis a partir de las cuales se desarrolla el programa). La heurística negativa prohíbe toda maniobra que vaya contra el corazón del programa. En su lugar, podemos inventar «hipótesis auxiliares» que formen un cin- turón de protección alrededor del corazón que distraigan hacia ellas las maniobras de

31 J. A. Cañas y J. Fernández: Metodología de las ciencias sociales, op. cit. pp. 154 y 155.

32 J. Losee: Introducción histórica a la Filosofía de la Ciencia, Ed. Alianza, Madrid, 1981.

 

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ataque (…). Los programas de investigación, además de su heurística negativa están ca- racterizados por una heurística positiva (…). La política investigadora y el orden de las investigaciones, organizado en mayor o menor medida, es la heurística positiva de los programas de investigación (…). La heurística positiva es la que salva al científico de la confusión de un mar de problemas. 33

Es decir, para Lakatos, como para Kuhn, la evolución de la ciencia es colectiva, au- toestimulada y considera que una teoría científica no es refutada por la observación o por un hecho crucial, sino por el triunfo de una teoría rival. De igual modo considera, coinci- diendo en este caso con Feyerabend, que el «territorio» de la ciencia está influido por el am- biente político y social.

Efectivamente, para Lakatos: «La demarcación entre ciencia y pseudociencia no es sólo un problema interno de la filosofía (metodológico), sino que tiene una vital impor- tancia social y política». 34

No obstante, Lakatos acusa a Kuhn de psicologismo y defiende la necesidad de algún tipo de falsabilidad o posible refutación empírica de los postulados científicos para poder darlos provisionalmente como válidos, aunque con un procedimiento más sofisticado que el de Popper. Como indica el mismo Lakatos: «La falsabilidad sofisticada se diferencia de la falsabilidad ingenua tanto en sus reglas de aceptación, como en sus reglas de falsación o eliminación». 35

Mientras que para el falsacionismo ingenuo cualquier teoría experimentalmente fal- sable es aceptable como científica, para el falsacionismo sofisticado una teoría es acepta- ble como científica sólo si tiene un aumento de contenido empírico corroborado con respecto de su predecesora, además de ser falsable.

Mientras que para el falsacionismo ingenuo cualquier teoría falsada por cualquier enunciado observacional que entre en conflicto con ella queda rechazada como científica, para el falsacionismo sofisticado una teoría queda falsada y rechazada como científica sólo si la nueva teoría propuesta tiene más contenido empírico que la anterior, si dicho ex- ceso de contenido empírico queda corroborado y si incluye todo aquello de la teoría ante- rior que no queda refutado.

Por su parte, Feyerabend, recoge el relativismo de Kuhn y Lakatos y lo lleva a posi- ciones extremas con su anarquismo epistemológico, cuyo enunciado, en mi opinión, tiene una carácter más dramático que sus consecuencias reales, por cuanto que aunque contex- tualice cualquier ciencia en su cultura y éstas cambien en el tiempo y en el espacio, no dejan de ser tales en su tiempo y en su espacio. El planteamiento de Feyerabend le lleva a una des- calificación general del método científico y a una defensa del oportunismo metodológico.

Efectivamente, sostiene que en un mundo complejo cualquier investigador sólo ten- drá éxito si es un oportunista metodológico sin contemplaciones e, inspirándose en Lenin, recomienda que todo investigador debe renunciar al deseo de seguridad que proporcio- nan, por ejemplo, la claridad y la precisión y:

33

pp. 47-50.

I. Lakatos: The methodology of scientific research programmes, Ed. Cambridge University Press, Cambridge, 1978,

34 Ibídem, p. 1.

35 Ibídem, p. 31.

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ser capaz de entender y aplicar no sólo una metodología particular, sino cualquier metodología y variación de ella que pueda imaginar (…) y estar preparado para pasar de una a otra de la manera más rápida e inesperada (…). La ciencia como realmente la encontramos en la historia es una combinación de tales reglas y de error. De lo que se

sigue que el científico que trabaja en una situación histórica particular debe aprender

reconocer el error y convivir con él (…). Ahora bien, el error (…) depende de las cir- cunstancias (…) el propio error es un fenómeno histórico. 36

a

Junto a la renuncia al método científico y a la contextualización de la ciencia com- puesta por un pluralismo metodológico plagado de errores, Feyerabend descalifica la cul- tura científica señalando que se trata de un proceso de socialización desarrollado en las siguientes etapas:

Primeramente se define un dominio de investigación. A continuación, el dominio

se separa del resto de la historia y recibe una lógica propia. Después, un entrenamiento completo en esa lógica condiciona a aquellos que trabajan en el dominio en cuestión para que no puedan enturbiar involuntariamente la pureza (léase esterilidad) que se ha conseguido. En el entrenamiento, una parte esencial es la inhibición de las intui- ciones que pudieran hacer borrosas las fronteras (…). Es obvio que tal educación, tal compartimentación, tanto de los dominios del conocimiento como de la consciencia, no puede reconciliarse fácilmente con una actitud humanitaria (…) «comprime como

el

pie de una dama china» (…) [En cambio] Los niños usan palabras, las combinan, jue-

gan con ellas hasta que atrapan un significado que hasta ese momento ha permane- cido fuera de su alcance (…). No hay razón para que este mecanismo tenga que dejar de funcionar en el adulto (…) 37 .

En estas circunstancias —continúa Feyerabend—, puede hacerse una de las dos cosas siguientes. Se puede dejar de apelar a estándares permanentes que permanezcan obligatorios a través de la historia, y que gobiernen cada periodo singular de desarro- llo científico y cada transición de un periodo a otro. O se pueden retener tales están- dares como un ornamento verbal, como un monumento a tiempos más felices en los que era posible llevar una empresa tan compleja y catastrófica como la ciencia con unas pocas reglas simples y «racionales». Parece que Lakatos quiere elegir la segunda alternativa. 38

Fragmentación y cambio vertiginoso parecen ser características del mundo y de la ciencia actual ante los que Feyerabend adopta criterios intuitivos y espontáneos de ob- tención del conocimiento, pero sin método, o, mejor dicho, con su método, que consiste en no temer al caos en el que penetra mediante la utilización de su «epistemología anar- quista» que recuerda al solfeo de una banda de jazz.

La aceptación de la pluralidad de teorías y observaciones (el principio de «prolifera- ción»), el rechazo del dogmatismo científico (la libertad metodológica y el no-sometimiento a normas rígidas), y el principio de tenacidad (las ideas que se contienen en las teorías deben mantenerse aún cuando estas teorías no queden plenamente contrastadas por la

P. K. Feyerabend: Contra el método: Esquema de una teoría anarquista del conocimiento, Ed. Orbis, Barcelona, 1984, pp. 12 y 13.la importancia que tiene para el educador, y especialmente para el psicopedagogo, el conocimiento de las investigaciones que se han producido en los últimos años en Neuropsicología.

36

37 Ibídem, pp. 15-22.

38 Ibídem, p. 101.

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realidad), son ideas subyacentes en los trabajos de Feyerabend acerca de la metodología científica. Siguiendo el citado principio de proliferación, propone inventar y elaborar teo- rías que sean inconsistentes con el enfoque generalmente aceptado, aún en el supuesto de que aquél esté firmemente apoyado en los hechos. Así, el conocimiento científico se basará en la construcción de nuevos conceptos que en el momento de su formulación estén en contradicción con la teoría imperante.

Como ya hemos visto, el método científico de pensar no ha sido el único a lo largo de la historia, e incluso, aún siendo el que produce más «verdad» y más control sobre la producción de dicha verdad, presenta, no obstante, tres flancos relativamente débiles: des- cansa en axiomas indemostrables, está sujeto a las circunstancias ambientales, básica- mente culturales, en las que se aplica y, como consecuencia de la complejidad de los objetos de su estudio, ha derivado hacia formas complejas de pensar:

En primer lugar y como señalan W. J. Goode y P. K. Hatt:

El método científico descansa en unas bases no científicas o axiomas epistemo- lógicos por todos aceptados. He aquí algunas de estas «bases no científicas de la cien- cia». El mundo existe (…). La verdad es que filosóficamente, cabe la posibilidad de negar su existencia. Sin embargo, la ciencia se basa en la afirmación de que esta ase- veración elemental es cierta, y sostiene, además, que el mundo es un mundo físico (…). Podemos conocer el mundo. Esta proposición no es más demostrable que la del supuesto de la existencia del mundo. Tiene que ser verdad, debido a que deseamos que lo sea (…). Conocemos el mundo por medio de nuestros sentidos. La ciencia da por su- puesto que podemos conocer el mundo por conducto de nuestros distintos órganos de los sentidos (…). No hay otro modo de conocerlo (…). Los fenómenos están relacio- nados causalmente (…). Las afirmaciones anteriores son postulados fundamentales de la ciencia. No se les puede probar, pero son «verdad» debido a que queremos que lo sean. 39

En segundo lugar, ni el mundo ni la ciencia se han percibido y comprendido siempre de igual modo, sino dentro de un contexto histórico y desde una cultura determinada. Como recuerda Karl Popper:

La Sociología del conocimiento arguye que el pensamiento científico y, en parti- cular, el pensamiento referente a asuntos sociales y políticos, no se desarrolla en un vacío absoluto sino dentro de una atmósfera socialmente condicionada (…). Puede con- siderarse la Sociología del conocimiento como la versión hegeliana de la teoría kan- tiana del conocimiento, pues prolonga las líneas de la crítica kantiana de lo que podríamos denominar teoría «pasivista» del conocimiento. Nos referimos con esto a la teoría de los empiristas hasta Hume (…) que afirma que el conocimiento nos llega a tra- vés de nuestros sentidos (…) y que la mejor forma de evitar el error es adoptar una ac- titud enteramente pasiva y receptiva. Contra esta teoría receptacular del conocimiento, Kant arguyó que el conocimiento no es un conjunto de dones recibidos por los senti- dos (…); sino, en gran medida, el resultado de nuestra actividad mental (…) Kant dejó bien sentado que no es posible partir de la nada y que debemos encarar nuestra tarea equipados con un sistema de supuestos previos que no han sido sometidos a la prueba de los métodos empíricos de la ciencia (…) Kant creía que era posible descubrir el único

39 W. J. Goode y P. K. Hatt: Métodos de investigación social, Ed. Trillas, México, 1976, pp. 31 y 32.

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conjunto verdadero e inmutable de categorías inmutables de nuestro bagaje intelec- tual, es decir, la «razón» humana. Esta parte de la teoría kantiana fue dejada de lado por Hegel, quien a diferencia de Kant, no creía en la unidad del género humano. Así, enseñó que el bagaje intelectual del hombre estaba sujeto a continuas modificaciones y for- maba parte de su patrimonio social (…). La Sociología del conocimiento (…) bajo la in- fluencia de Marx, subraya que el desarrollo histórico no produce un «espíritu nacional» uniforme, como sostuvo Hegel, sino más bien varias «ideologías totales», a veces opues- tas, dentro de una misma nación, de acuerdo con la clase, el estrato o el hábitat socia- les de aquellos que los sustentan. 40

En este mismo sentido y como señala Molina Montoro:

Desde Mannheim viene aceptándose que los antecedentes próximos de la Socio- logía del conocimiento se articulan en torno a dos grandes líneas de pensamiento: la «Ilustrada» y la «Romántica» (…). La «Ilustración» posee una idea lineal del progreso y hace de la crítica del «prejuicio» y del engaño de los poderosos su objetivo principal. Confía plenamente en la existencia de una naturaleza humana básicamente idéntica en todo tiempo y lugar, que los individuos, libres de obstáculos intelectuales y políticos, pueden desarrollar plenamente actuando conforme a una razón universal (…). El «Pen- samiento Romántico», en cambio, concibe la sociedad bajo la metáfora del «orga- nismo»: las sociedades no resultan de la deliberación y acuerdo de los individuos; sino que los anteceden, y sólo en el complejo seno de las instituciones y costumbres que las articulan cobran los individuos sentido, incluso humanidad. Las sociedades son reali- dades históricas y, por tanto, los individuos también lo son (…). Es una abstracción sin sentido hablar de derechos individuales atemporales y universales al margen de la his- toria de las sociedades concretas. 41

En este último contexto «romántico», un caso especialmente significativo de con- textualismo y relativismo es el del «Programa Fuerte de la Escuela de Edimburgo», de Bloor y Barnes, que, influidos por Hegel, Marx, Durkheim, Kuhn y Feyerabend consideran que no sólo la ciencia es una institución social, sino que el conocimiento es un producto social de naturaleza semejante a las creencias generalmente aceptadas en un tiempo y lugar determinados.

Esta identificación entre conocimiento-creencia descansa en un relativismo metó- dico, que trata de evitar el etnocentrismo advirtiendo que unas culturas y otras son esen- cialmente semejantes en su naturaleza; en un relativismo moral, que sostiene que no hay normas morales universales, eternas ni necesarias y por tanto no podemos establecer con- ceptos como los de bondad o justicia fuera de un contexto cultural determinado; y en un relativismo cognitivo que elimina un rasgo decisivo de la ciencia como es el de verdad, al identificar conocimientos con creencias.

Es en el supuesto de este relativismo cognitivo respecto del que reacciona Molina Montoro señalando dos argumentos en contra de la relatividad de la verdad:

En primer lugar, la afirmación presupone una identificación injustificada entre la certeza y la verdad. Es decir; una cosa es la convicción o certidumbre con que un in- dividuo o grupo de individuos sostiene una creencia, y otra es el carácter verdadero (o

40

K. R. Popper: La sociedad abierta y sus enemigos, Ed. Paidós, Barcelona, 1998, pp. 382 y 383.

A. M. Molina Montoro: El « Programa Fuerte » de la Sociología de la ciencia, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1999, pp. 45 y 46.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social falso) del enunciado que formula

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falso) del enunciado que formula esa creencia (…). El significado de un enunciado sin- tético (o sea, con la especificación de las circunstancias espaciotemporales del estado de cosas al que se refiere) el enunciado es verdadero o falso sin más. El segundo argu- mento tiene carácter trascendental: la noción intuitiva de verdad (de los enunciados) es realista y absoluta (…). Todo nuestro hablar sobre algo presupone esta noción, y sin ella sería completamente ininteligible, completamente vacuo: si no suponemos que lo que decimos sobre algo puede ajustarse o no a ese algo (o sea, ser verdadero o falso), no tiene ningún sentido que digamos nada. 42

En tercer lugar, y aún habiéndose demostrado esenciales las formas cartesianas de pensar en el arranque de la ciencia, la evolución del objeto de estudio, la necesidad de adaptar nuestro pensamiento y nuestro lenguaje a la nueva situación creada por la evi- dencia empírica, nos lleva, como señala Heisenberg 43 , a la necesidad de soportar incerti- dumbres, indeterminaciones, conflictos y fenómenos aleatorios, que, como continúa argumentando Morin, derivan en la formulación del pensamiento complejo a partir de los tres principios enunciados por este sociólogo francés:

El primero es el principio dialógico (…) (que hace referencia a la complementa- riedad de los contrarios). Orden y desorden son dos enemigos: uno suprime al otro pero, al mismo tiempo, en ciertos casos colaboran y producen la organización y la so- ciedad (…). El segundo principio es el de recursividad organizacional (…). Un proceso

recursivo es aquel en el cual los productos y los efectos son, al mismo tiempo, causas

y productores de aquello que los produce (…). La sociedad es producida por las inter-

acciones entre individuos; pero la sociedad, una vez producida, retroactúa sobre los in- dividuos y los produce. Si no existiera la sociedad y su cultura, un lenguaje, un saber adquirido, no seríamos individuos humanos. Dicho de otro modo, los individuos pro- ducen la sociedad que produce a los individuos (…). El tercer principio es el principio hologramático. En un holograma físico, el menor punto de la imagen del holograma contiene la casi totalidad de la información del objeto representado (…). Cada célula de nuestro organismo contiene la totalidad de la información genética de ese organismo (…) (El individuo y el sociólogo) no solamente son parte de la sociedad, sino que, más aún, sin saberlo, están poseídos por toda la sociedad (…) 44

Dentro del escenario de la complejidad, Francisco López Rupérez reformula los prin- cipios cartesianos:

El paradigma de la complejidad, en tanto que filosofía científica, no rechaza de

plano, como inservibles, los preceptos del Discurso; sino que viene a destacar sus lími- tes de validez y nos alerta ante el hecho de que su aplicación confiada pueda convertir

a aquellos en auténticas trampas para el pensamiento, en verdaderos obstáculos para la comprensión de nuestra realidad natural y social.

Frente al precepto de la evidencia, la complejidad asume la incertidumbre como

Frente al principio de fragmentación,

la complejidad acepta que el todo es más (o menos) que la suma de las partes aislada- mente consideradas y apela a la noción de emergencia para explicar un orden de realidad que surge de la interacción entre los elementos aun cuando no pueda reducirse a cada uno

rasgo consustancial a los sistemas complejos (

).

42 Ibídem, pp. 277 y 278.

43 F. M. Heisenberg: Physique et philosophie, Ed. Albin Michel, París, 1975.

44 E. Morin: Introducción al pensamiento complejo, Ed. Gedisa, Barcelona, 2001, pp. 105-108.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social de ellos. Frente a la

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de ellos. Frente a la causalidad lineal, postulada por el precepto causalista, el pensamiento

Frente al precepto de ex-

haustividad, la complejidad asume la esencial incompletud del conocimiento y el papel de nuestras representaciones como aproximación limitada y parcial a lo real. 45

La base axiomática de la ciencia, su dependencia del ambiente social, la complejidad de los objetos de estudio y la carga de error e incluso incertidumbre que soporta la ciencia; más su coincidencia con otras formas de conocimiento en querer construir reproducciones conceptuales de los hechos, no desmerecen el esfuerzo por encontrar un procedimiento ra- cional y objetivo de obtener conocimientos como es el caso del método científico.

complejo admite la preeminencia de la causalidad circular (

).

En consecuencia, señala Bunge:

La ciencia no pretende ser verdadera ni, por tanto, final e incorregible (…). Lo que afirma la ciencia es i) que es más verdadera que cualquier otro modelo no cientí- fico del mundo; ii) que es capaz de probar, sometiéndola a contrastación empírica, esa pretensión de verdad; iii) que es capaz de descubrir sus propias deficiencias, y iv) que es capaz de corregir sus propias deficiencias (…). En cambio, las especulaciones no-

científicas acerca de la realidad: i) no suelen plantear cuestiones propias y limpiamente formuladas, sino más bien problemas que ya contienen presupuestos falsos o insoste- nibles; ii) no proponen hipótesis ni procedimientos fundamentados y contrastables, sino que ofrecen tesis sin fundamento y generalmente incontrastables, así como medios incontrolables para averiguar su verdad; iii) no trazan contrastaciones objetivas de sus tesis y de sus supuestas fuentes de conocimiento, sino que apelan a alguna autoridad; iv) consiguientemente no tienen ocasión alguna de contrastar sus conjeturas y proce-

no suscitan problemas, pues todo su in-

dimientos con resultados empíricos (

terés es más bien terminar con la investigación. 46

En lugar de comenzar un camino interminable, orientado por unos valores y por una ética, que, de acuerdo con Merton 47 , debe cumplir con cuatro imperativos institucionales:

);

v) (

)

1.

2.

4.

5.

El «Universalismo», como sistema basados en criterios impersonales y libre de prejuicios.

El «Comunismo», en el sentido de que todos los hallazgos de la ciencia deben con- siderarse patrimonio de la sociedad.

El «Desinterés», por cuanto que el científico debe guiarse por su curiosidad y afán de conocimientos y no por criterios egoístas y parciales.

El «Escepticismo», que establece un sistema organizado de duda sistemática con- siderando que todo conocimiento alcanzado es meramente provisional.

1.5. Viabilidad de la Sociología como ciencia

Como señala Rodríguez Ibáñez, con quien compartimos su declaración de princi- pios partidaria del carácter científico de la Sociología:

45 F. López Rupérez: Preparar el futuro: La educación ante los desafíos de la globalización, Ed. La Muralla, Madrid, 2001, pp. 49 y 50. Ahí, la importancia que tiene para el educador, y especialmente para el psicopedagogo, el conocimiento de las investigaciones que se han producido en los últimos años en Neuropsicología.

46 Ibídem, pp. 46 y 47.

47 R. K. Merton: Teoría y estructura sociales, op. cit., p. 67.

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La reflexión sobre el concepto y método de la Sociología constituye un empeño que suele zozobrar entre los cultivadores de la disciplina. Hay quienes consideran esa tarea tan abismática que prefieren concentrarse en las investigaciones concretas en que estén incursos. Otros, por el contrario, abusan del intento, dedicándose agónica y casi autofágicamente a él, por entender que la ciencia de la sociedad se halla todavía huér- fana de un estatuto epistemológico sólido. 48

Esta doble situación de quitar importancia al carácter científico de la Sociología u ob- sesionarse hasta el punto de paralizar la actividad de los sociólogos mientras que se dilu- cida su naturaleza científica o no, ha llevado a los sociólogos a una especie de complejo de inferioridad respecto de las demás ciencias.

No obstante, debemos reconocer que hay razones para preguntarse sobre el carácter científico de la Sociología como consecuencia de la naturaleza de su objeto de estudio, de la perspectiva metodológica de la Sociología y del carácter humano de los sociólogos que investigan la sociedad; pero también podemos encontrar razones para justificarlo.

1.5.1. Problemas derivados del objeto material de estudio

1.5.1.1. La sociedad no se rige por las leyes físicas de la naturaleza sino por sus pro- pias leyes por lo que el objeto de estudio resulta ser su propio demiurgo, se- parándose así, por su objeto, de las ciencias naturales.

Esto no implica, como señalan Berger y Luckmann:

Que la Sociología no sea una ciencia (…). Lo que sí implica es que la So- ciología se ubica junto a las ciencias que tratan del hombre en cuanto hom- bre (…). Una consecuencia importante de esta concepción reside en que la Sociología debe desenvolverse en diálogo permanente con la historia y la fi- losofía y si así no sucede pierde su propio objeto de investigación. Este objeto es la sociedad como parte del mundo humano, hecho por hombres, habitado por hombres y que, a su vez, forma hombres en un proceso continuo. 49

1.5.1.2. Las leyes sociales que rigen en la sociedad se refieren a su cultura, pero no existe una sola cultura humana sino que cambia en el tiempo, en el espacio y en las diferentes «comunidades» que socializan a sus miembros. Como se- ñala Aron: «Los individuos se ofrecen a la observación sociológica sólo so- cializados: hay varias sociedades, no una sociedad, y la sociedad global está formada por una multiplicidad de sociedades. 50

Esto no quita para que en cada una de esas múltiples sociedades sus miem- bros estén homogeneizados y frecuentemente conformados. Para A. Schutz, que el científico natural tenga una teoría y una metodología:

No «significa» nada para las moléculas, átomos y electrones, que hay en él (y en su objeto de estudio). En cambio, los hechos, sucesos y datos que

48 J. E. Rodríguez Ibáñez: La perspectiva sociológica: Historia, teoría y método, Ed. Taurus, Madrid, 1989, p. 15.

49 P. Berger y T. Luckmann: La construcción social de la realidad, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1984, pp. 232 y 233.

50 R. Aron: La etapas del pensamiento sociológico, Ed. Siglo Veinte, Buenos Aires, 1970. Vol. I. p. 12.

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aborda el especialista en ciencias sociales tienen una estructura completa- mente distinta. Su campo de observación, el mundo social, no es esencial- mente inestructurado. Tiene un sentido particular y una estructura de significatividades para los seres humanos que viven, piensan y actúan dentro de él. Éstos han preseleccionado y preinterpretado este mundo mediante una serie de construcciones de sentido común acerca de la realidad cotidiana y esos objetos de pensamiento determinan su conducta, definen el objeto de su acción, los medios disponibles para alcanzarlo; en resumen, les ayudan a orientarse dentro de su medio natural y sociocultural y a relacionarse con él. Los objetos de pensamiento construidos por los expertos en ciencias sociales, se refieren a los objetos de pensamiento construidos por el pensamiento de sentido común del hombre que vive su vida cotidiana entre sus semejantes, y se basa en estos objetos. 51

1.5.1.3.

La sociedad está compuesta por individuos a los que no podemos conside- rar átomos o moléculas de la sociedad a la que pertenecen, aunque hayan sido socializados en su interior, por cuanto que disponen de grados de li- bertad, facilitados y garantizados por la misma sociedad, a partir de los cua- les pueden no comportarse conformadamente a los patrones dominantes en una sociedad concreta.

Como señala Giddens:

Dado que el entorno cultural en el que nacemos y alcanzamos la ma- durez tiene tanta influencia en nuestro comportamiento, podría parecer que carecemos de individualidad o de voluntad propia (…). El hecho de que desde el nacimiento hasta la muerte estemos inmersos en la interacción con otros, condiciona, sin ninguna duda, nuestra personalidad, nuestros valores y el comportamiento que desarrollamos: Pero la socialización también es el origen de nuestra propia individualidad y de nuestra libertad. 52

1.5.2. Problemas derivados de la perspectiva sociológica

1.5.2.1.

La Sociología es una ciencia pluriparadigmática en la que coexisten dife- rentes escuelas con perspectivas concretas, específicas y diferentes de las de otros colegas y algunas veces se encuentran incomunicadas entre sí, por lo que resulta más difícil que en otras ciencias los periodos kuhnianos de «Ciencia Normal», caracterizados por el carácter incontestable, sistemático y acumulativo de los conocimientos. Como explica Juan del Pino Artacho 53 , los sociólogos están separados por sus ideologías.

En el cuadro siguiente podemos reflejar la aplicación de diferentes concep- tos de paradigma a la Sociología:

Este pluralismo paradigmático, que descansa fundamentalmente en el cruce del eje «consenso»/«conflicto», con el eje «interacción individual»/«norma-

51 A. Schutz: El problema de la realidad social, Amorrortu, Buenos Aires, 1974, pp. 37 y 38.

52 A. Giddens: Sociología, op. cit., pp. 118 y 119.

53 J. del Pino Artacho: La teoría sociológica, Tecnos, Madrid, 1990, p. 45.

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tiva social», no impide que todos ellos apliquen el método científico a un mismo objeto de estudio desde la perspectiva sociológica, puesto que lo que cambia son los aspectos del objeto en los que se especializan, las técnicas de investigación social que desarrollan y la valoración social de las conclusio- nes que obtienen; pero aunque no se relacionen, no tienen por qué ser con- tradictorias sus consecuencias.

La Sociología vive, desde antiguo, una escisión entre la teoría sociológica de origen francés y la práctica sociológica desarrollada en Estados Unidos, oca- sionando una gran incomunicación cotidiana, que se concreta en el despre- cio de los teóricos por los profesionales y en el secretismo de los profesionales a la hora de comunicar sus avances tecnológicos a la sociedad (los sociólogos están separados por sus intereses). Como señala R. Aron:

La sociología norteamericana que, a partir de 1945, ejerció influencia dominante sobre la expansión de los estudios sociológicos, en Europa y en todos los países no comunistas, es esencialmente analítica y empírica» 54 , en lugar de teórica y macrosociológica, y se ha especializado en estudios ecoló- gicos, electorales, sobre consumo y sobre criminalidad; mientras que la so- ciología teórica europea, ha nacido, tal y como ha subrayado Garmendia, «como Sociología Industrial 55 .

Esta separación no invalida a la Sociología sino que, por un lado, la conduce por senderos distintos a partir de planteamientos macrosociológicos o mi- crosociológicos y, por otro, ralentiza su desarrollo como consecuencia de la incomunicación, no de la invalidez, de sus conocimientos: muchas empresas multinacionales y muchos gobiernos disponen de información sociológica de la máxima calidad, pero la mantienen en secreto de acuerdo con sus intere- ses atentando, en mayor medida, contra el ethos que contra el método so- ciológico.

1.5.2.3. La Sociología no dispone de herramientas o de conocimientos antropológi- cos suficientes como para elaborar sistemática y dinámicamente teorías pro- visionales sobre la subcultura de cualquier «comunidad» estudiada, ni de herramientas y conocimientos informáticos suficientes como para almace- nar, destemporalizar, desterritorializar, segmentar, analizar, reagrupar e in- terrelacionar los datos sociológicos mediante análisis multivariable, experimentando informáticamente mediante simuladores sus teorías dentro de una subcultura concreta (los sociólogos disponen de herramientas ex- tremadamente rudimentarias en comparación con los médicos, por ejem- plo, en cuanto a sus ayudas al diagnóstico o a los equipos terapéuticos).

En este sentido, R. Boudon 56 se muestra optimista al considerar que el desarrollo de las matemáticas prestará un servicio determinante para el desarrollo de las ciencias humanas estimulado por el desarrollo de las nue-

54

55

56

R. Aron: La etapas del pensamiento sociológico, Ed. Siglo Veinte, Buenos Aires, 1970, vol. I, p. 11.

J. A. Garmendia, M. Navarro y F. Parra Luna: Sociología industrial y de la empresa, Ediciones Aguilar, Madrid, 1987, p. 231.

R. Boudon: «Modelos y métodos matemáticos» en R. Boudon et al.: Corrientes de la investigación en las ciencias so- ciales, Ed. Tecnos, vol. I, Madrid, 1981, pp. 81 y 82.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social vas tecnologías, el aumento de

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vas tecnologías, el aumento de la demanda de estudios sociológicos, el des- arrollo de nuevas técnicas de recogida y tratamiento de datos, el aumento de la formación matemática de los sociólogos y la mejora generalizada de las es- tadísticas públicas.

La Sociología es una ciencia cargada de prejuicios sociales, fundamental- mente por su propia responsabilidad, debido a que nació postulándose como la ciencia natural de la sociedad, la ciencia de las ciencias y la ciencia de los remedios; lo que no sólo suponía un grave error metodológico, sino que pro- vocaba el rechazo de la comunidad científica, manifestándose, en cualquier caso, como subdesarrollada en comparación con otras ciencias más asentadas.

Es muy posible —explican Berger y Kellne— que la confianza primi- tiva, así como las grandes esperanzas que abrigaron los sociólogos estuvieran desencaminadas. Pero también lo está la desmoralización actual. Existen bue- nas razones para creer que la Sociología es, y seguirá siendo, un enfoque vá- lido y hasta importante de la realidad de la vida humana colectiva (…). Desde sus orígenes, la Sociología ha sido una disciplina muy peculiar ya que descu- bría su objeto al tiempo que los métodos para estudiarlo: al comienzo, la So- ciología no fue simplemente un enfoque nuevo para el estudio de la sociedad, sino parte componente del descubrimiento del fenómeno «sociedad» en cuanto tal (…). Esta finalidad «arregladora» de la Sociología, por descontado, se debe a su vinculación con los ideales de la Ilustración, con la aspiración de establecer un orden social más racional y supuestamente más humano. 57

1.5.2.4.

1.5.2.4.

La Sociología utiliza la probabilidad como sucedáneo de verdad y la correla- ción como sucedáneo de causalidad estando sus estudios cuajados de errores.

Efectivamente, la probabilidad, la correlación y el error pueden ser conside- rados problemas desde una perspectiva ingenua y cerrada de la ciencia, pero si constituyen un obstáculo para las ciencias sociales: «También lo son —como señala Tezanos— en otras disciplinas como la Astronomía y la Geo- logía, que no por ello dejan de ser consideradas como ciencias». 58 La proba- bilidad entendida como frecuencia, la correlación entendida como distancia más que como explicación causal y el error, son herramientas fundamentales para analizar y comparar la evolución de los fenómenos sociales y obtener conclusiones provisionales dentro de un margen de error conocido y deter- minado. Como decía Bertrand Russel: «Si un hombre os dice que posee la verdad exacta sobre algo, hay razón para creer que es un hombre equivocado. Toda medida cuidadosa científica se da siempre con el error probable. 59

1.5.3. Problemas derivados del carácter humano y social de los sociólogos

1.5.3.1. Los sociólogos son personas que han sido socializadas en una «comunidad» determinada, que pertenecen a un «paradigma» concreto, con su ideología

57 P. L. Berger y H. Kelner: La reinterpretación de la Sociología, Ed. Espasa, Madrid, 1985, pp. 36-41.

58 J. F. Tezanos: La explicación sociológica: una introducción a la Sociología, op. cit., 1996, p. 469.

59 B. Russell: La perspectiva científica, op. cit., pp. 63 y 64.

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e intereses particulares y que no pueden desprenderse de su cultura, valores incluidos, a la hora de desarrollar su trabajo.

Como sostiene Tezanos:

Se considera que tanto el ethos científico (…) como los propios requi- sitos de la lógica de investigación científica, deberían ser capaces de «activar» los mecanismos autocorrectores suficientes como para que toda indagación efectuada a partir de tales planteamientos quedara prevenida contra los ries- gos del subjetivismo y de la deformación (…). No obstante, la experiencia con- creta demuestra que los prejuicios y los valores extra-científicos pueden penetrar en el mundo científico de muchas formas, desde la misma elección preferente de unos temas sobre otros, hasta la fijación más o menos rígida de prioridades en función de metas políticas, desde las sutiles formas de esta- blecimiento de redes de control e influencias por escuelas (…) hasta el desa rrollo de mecanismos ideológicos de exclusión y ostracismo. 60

Para evitar la desviación personalista del sociólogo, Schutz propone que el científico distinga entre su trabajo profesional y su actividad personal; Ha- bermas propone distinguir entre conocer y valorar; Merton sugiere la exclu- sión de los campos de estudio que atenten contra los valores del propio sociólogo y, en definitiva, Gouldner 61 considera que una Sociología libre de valores sólo es un mito weberiano que queda evidenciado como tal como consecuencia de la gran cantidad de maneras en que puede ser entendido este postulado: los sociólogos no pueden elegir lo que estudian, no pueden hacer juicios de valor ni expresar sentimientos sobre su objeto de estudio, ni deducir valores del conocimiento obtenido sobre ello, ni sobre su desarrollo y aplicaciones. La regla de oro consiste en la exigencia de un medio ambiente social o, para ser precisos, de un régimen político democrático, que haga viable la investigación sociológica con libertad.

1.5.3.2.

Los sociólogos no se ponen de acuerdo sobre si el comportamiento de los he- chos sociales está condicionado básica y fundamentalmente por la propia sociedad en la que se desarrollan o son consecuencia del agregado de com- portamientos individuales.

En este sentido Duverger recuerda que:

Las ciencias sociales estudian los grupos humanos, las colectividades:

el hecho social es, ante todo, un hecho colectivo, es decir, un hecho común a varios individuos. Pero toda colectividad es un conjunto de relaciones entre in- dividuos y, en definitiva, las acciones colectivas son pensadas y llevadas a cabo por unos hombres. De ahí la oposición existente, desde el origen de la Socio- logía, entre dos tendencias: la primera acentúa el carácter colectivo y consi- dera a los grupos como realidades propias y distintas de los individuos que los componen; la segunda, por el contrario, insiste en el hecho de que son éstos los que piensan y actúan, y reduce lo colectivo a lo interindividual (…). El pro-

60

J. F. Tezanos: La explicación sociológica: una introducción a la Sociología, op. cit., pp. 522 y 523.

A.W. Gouldner: «El antiminotauro. El mito de una Sociología no valorativa», en: La Sociología actual: renovación y crítica, Ed. Alianza, Madrid, 1979, pp. 17 y 18.

61

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blema ha perdido, en la actualidad, gran parte de su dureza, y la mayoría de los sociólogos procuran evitar los excesos tanto del comunitarismo como del psicologismo (…). La fenomenología y la filosofía existencialista facilitaron esta evolución haciendo comprender que cada conciencia no se conceptuaba por separado y que la conciencia del yo no es separable de la conciencia del tú y de la conciencia del nosotros. 62

Por su parte, Rodríguez Ibáñez señala que:

Para nosotros, esas dimensiones son ya a estas alturas viejas conocidas; se trata, por una parte, de la dimensión normativo-estructural (Gesellschaft), y, por otra, de la intersubjetivo-comunitaria (Gemeinschaft), las cuales —lo sabemos también perfectamente— se presentan entremezcladas en toda oca- sión. 63

1.5.3.3. Los sociólogos padecen cierto complejo de inferioridad respecto de otros profesionales como consecuencia de la imprecisión del conocimiento de las funciones de su ciencia y de su deseo frustrado de ser científicos naturales o, concretamente, ingenieros sociales. Este problema ha sido justificado por E. Nagel 64 , entre otros autores, como consecuencia de las dificultades espe- cíficas que afectan a las ciencias sociales y que se concretan, sobre todo, en la dificultad para establecer leyes generales que puedan servir como instru- mentos para la explicación sistemática y la predicción fiable.

No obstante, Merton, con un planteamiento claramente optimista, dirá que:

Vivimos en una época en que algunas de las ciencias físicas han alcan- zado una precisión relativamente grande (…) ante eso, muchos científicos so- ciales lo han tomado como norma para la autoaprobación. Quieren, comprensiblemente, comparar sus bíceps con los de sus mayores (…) y cuando se hace evidente a todos los que lo vean que ni tienen aquellos el po- deroso físico ni descargan los golpes mortales de sus hermanos, los jóvenes se afligen llenos de desesperanza (…). Entre la Física del siglo XX y la Sociolo- gía del siglo XX hay miles de millones de horas-hombre de investigación cons- tante, disciplinada y acumulativa. 65

El método científico aplicado a la sociedad, como explica Juan del Pino Ar- tacho:

)

No trata de penetrar en la totalidad del objeto, sino que sustituye ese ob-

jeto (

convierte en hechos de conocimiento o data, que reflejan aspectos o dimen- siones de la realidad total con el propósito de poner orden en la experiencia por medio de su clasificación, su descripción o, en última instancia, de la bús- queda de una legalidad (determinista o probabilista) ínsita a la que se cree responde el comportamiento de esos hechos empíricos o de las cosas tal y

El método científico reduce los hechos empíricos, los selecciona y los

62 M. Duverger: Métodos de las Ciencias Sociales,Ed. Ariel, Barcelona, 1981, pp. 36-41.

63 J. E. Rodríguez Ibáñez: La perspectiva sociológica: Historia, teoría y método, op. cit., p. 289.

E. Nagel: La estructura de la ciencia. Problemas de la lógica de la investigación científica. Editorial Paidós, Barce- lona, 1989. p. 456.

64

65

R. K. Merton: Teoría y estructura sociales,Ed. F.C.E., México, 1984, pp. 16 y 17.

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como aparecen en la vida corriente. Este proceso de conversión de los hechos empíricos en hechos de conocimiento con el propósito de construir teorías científicas puede tener uno de estos objetivos: poner orden en la experiencia clasificando o describiendo los hechos empíricos (teorías descriptivas), bus- car las causas de los hechos para, a través de ello, detectar la legalidad que rige su acontecer (teorías axiomáticas) o enjuiciar críticamente dichos hechos (te- orías críticas). 66

Como señala Bunge:

Diferenciando entre el método general de la ciencia y los métodos es- peciales de las ciencias particulares hemos aprendido lo siguiente: primero, que el método científico es un modo de tratar problemas intelectuales, no cosas, ni instrumentos, ni hombres; consecuentemente, puede utilizarse en todos los campos del conocimiento. Segundo, que la naturaleza del objeto de estudio dicta los posibles métodos especiales del tema o campo de investiga- ción correspondiente: el objeto (sistema de problemas) y la técnica van de la mano. La diversidad de las ciencias está de manifiesto en cuanto que atende- mos a sus objetos y sus técnicas; y se disipa en cuanto que se llega al método general que subyace a aquellas técnicas. 67

A

gía es una ciencia relativamente joven que estudia los conceptos de los fenó-

pesar de todos los recelos y problemas, podemos sostener que la Sociolo-

menos sociales aplicando el método científico en su fase de evolución actual,

y

cultura y estructura en la que se desarrollan, y aunque las culturas y sus ins- tituciones cambien en el tiempo, en el espacio y en las diferentes comunida- des, dicho cambio implica siempre no sólo una deshomogeneización, sino, simultáneamente, una re-homogeneización de los comportamientos sociales, lo que los hace cognoscibles dentro de un margen de error, explicables y pre- decibles en términos de probabilidad y relacionables los unos con los otros.

que ello es posible porque los sucesos sociales están condicionados por la

El carácter pluriparadigmático y la influencia de los valores en la Sociología

y

sino que enriquece, los aspectos estudiados de la realidad social y desarrolla la disciplina metodológica de los sociólogos, que con el paso del tiempo de-

los sociólogos, o el grado de libertad social de los individuos no impide,

berán incorporar la matemática en soporte informático como herramienta de clasificación, análisis y proyección de os fenómenos sociales de tal forma que sean tan explicables y predecibles como los fenómenos meteorológicos.

J. Pino Artacho: «Sobre la prueba de las teorías en Sociología», en S. del Campo: Estructura y cambio social, Ed. C.I.S., Madrid, 2001, p. 103.

66

67

M. Bunge: La investigación científica, op. cit., p. 38.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social 2 LA SOCIEDAD CALIDOSCÓPICA ACTUAL

Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

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LA SOCIEDAD CALIDOSCÓPICA ACTUAL

En la sociedad global actual todos los hechos sociales, ya sean la salud, la tecnología, el arte, las finanzas, la política, el consumo o el terrorismo, etc., tienden a expandirse in- terrelacionadamente, como explica Melucci 68 , hasta los confines del planeta y, al mismo tiempo, experimentan una fragmentación y un cambio constantes que, sin embargo, no im- pide que cada uno de ellos se materialice localmente, tal y como explica Robertson 69 va- liéndose del neologismo «glocalización».

Esta evolución de la sociedad, tan fragmentada y cambiante, realza el papel del in- dividuo que aparentemente se presenta como un átomo aislado en un océano de átomos

cuya conducta se nos antoja aleatoria y sólo explicable por la matemática discreta como

si se tratara de partículas subatómicas en un espacio browniano.

Pero lo cierto y verdad es que, a pesar de la telúrica fragmentación de las institucio- nes y de los vertiginosos cambios, los seres humanos no estamos atomizados, sino que vi- vimos actualmente en una especie de sociedad calidoscópica 70 , en la que debemos distinguir entre los cristales, el cilindro y el giro del calidoscopio:

2.1. Los cristales del calidoscopio

Los diferentes cristales del calidoscopio están formados por tres dimensiones que son los distintos mundos en los que viven los seres humanos: el ecosistema social, donde viven los hombres y las mujeres corrientes, homogeneizados por sus subculturas; el mer- cado, donde habitan e interactúan competitivamente los productores y los consumidores guiados por el interés en satisfacer sus necesidades y expectativas, y las instituciones polí- ticas, donde viven los ciudadanos abstractos regulados por el derecho.

La primera dimensión está definida por el mundo social, que es el ecosistema más pe- queño y natural donde vive una población en un territorio, al que transforma, para sobre- vivir, mediante su organización, tecnología y lenguaje, es decir, mediante su cultura, inicialmente transmitida por las familias, la cual sirve a las personas como motor de su conducta dentro de una estructura social estratificada.

La segunda dimensión es el mundo económico, guiado principalmente por el interés

y en el que habitan los «productores» y los «consumidores». El mundo económico es el

más grande, tecnológico, internacional y global de todos ellos. El mundo económico se concreta en el mercado y se constituye en el campo de juego habitual de las empresas que pretenden obtener el máximo beneficio al mínimo coste adaptando su oferta a la demanda en mejores condiciones que la competencia.

La tercera dimensión es el mundo político, que es en el que viven los ciudadanos mo- vidos por sus intereses y encauzados por un entramado jurídico que canaliza las interac-

68 A. Melucci: «La experiencia individual y los temas globales en una sociedad planetaria» en P. Ibarra y B. Tejerina:

Los movimientos sociales, Ed. Trotta, Valladolid, 1998, p. 354.

69 R. Robertson: Globalization: Social Theory and Global Cuture, Ed. Sage, London, 1992.

70 J. Bordas: «La sociedad calidoscópica actual»; Documentación Social, n.º 139, Madrid, diciembre, 2005.

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ciones entre las personas físicas y jurídicas y que resulta de las relaciones de poder entre las fuerzas políticas existentes. El mundo político es un mundo formal cuyo poder reside en ser el demiurgo de la naturaleza artificial de la que hablaba Hobbes 71 .

2.2. El cilindro del calidoscopio

El cilindro del calidoscopio actúa como contenedor, mundo comunicativo o «infos- fera» y es el que reorganiza simbólicamente a los tres mundos solapados de carácter social, económico y político, en el que habitan los «espectadores-consumidores» en tanto que in- dividuos anónimos, aislados, distantes, dispersos, heterogéneos socialmente y homoge- neizados culturalmente que conforman la audiencia de los medios de comunicación, entendidos como empresas que utilizan la tecnología de los diferentes canales de comu- nicación para difundir simultáneamente, a gran velocidad y en una gran extensión, men- sajes idénticos, unilineales e irreversibles, entre grandes cantidades de población a la que dotan de una opinión sobre los temas que les sugieren en su orden del día, transformando al «público» en «masa».

En este sentido, una vez atomizados y abstraídos, los hombres y las mujeres son re- agrupados como «espectadores-consumidores» en un mundo comunicativo, con su cul- tura de «Aldea Global» como la enunciaba McLuhan 72 , cada vez más artificial y virtual, donde vive una masa cuya heterogeneidad social dentro de cada ecosistema produce la multisegmentación bipolarizada de la que habla Tezanos 73 .

La multisegmentación bipolarizada, como evolución del sistema clasista de estrati- ficación social, se refiere a una gran cantidad de ejes de desigualdad y a la concentración de la población en sus extremos en lugar de en las posiciones intermedias lo que se mani- fiesta dentro del mundo social en desigualdades y exclusiones en función del sexo, la edad, el hábitat, el nivel de estudios, el lugar de nacimiento, etc.; dentro del mundo económico según la propiedad, los ingresos, la ocupación, etc.; y por lo que se refiere al mundo polí- tico en función del poder y del prestigio.

2.3. El giro del calidoscopio

Para que este conjunto de mundos solapados pase de ser un rompecabezas a ser ca- lidoscopio hace falta que se cumplan dos requisitos: que se alivie la presión de los frenos que hacen estables las sociedades, la fuerza moral de la que hablaba Berkeley 74 , y que la innovación tecnológica imprima movimiento al giro del calidoscopio.

Por lo que se refiere a la liberación de los frenos sociales, es decir, que la cultura y las instituciones sociales que operan como fuerza de la gravedad centrípeta y estabilizadora pierdan presión, podemos apreciarlo tanto desde una perspectiva microsociológica como desde una perspectiva macrosociológica.

71

T. Hobbes: Antología: Del ciudadano Leviatán, Ed. Tecnos, Madrid, 1965.

M. McLuhan: La aldea global: transformaciones en la vida y los medios de comunicación en el siglo XXI, Ed. Planeta, Barcelona, 1994.

72

73 J. F. Tezanos: La sociedad dividida, Ed. Biblioteca nueva, Madrid, 2001. pp. 171 y ss.

74 G. Berkeley: De Motu; Ed. Universidad Complutense, Madrid, 1993.

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Desde una perspectiva microsociológica podemos observar la desregularización so- cial de instituciones tan importantes como la familia, la escuela, la empresa, el derecho y la gramática. Tal como advierte Giddens:

de todos los cambios que ocurren en el mundo, ninguno supera en importancia a los que tienen lugar en nuestra vida privada —en la sexualidad, las relaciones, el matri- monio y la familia—. Hay una revolución mundial sobre cómo nos concebimos a nos- otros mismos y cómo formamos lazos y relaciones con los demás. 75

Desde una perspectiva macrosociológica podemos advertir, con U. Beck 76 , la paula- tina implantación a escala planetaria del anarquismo mercantil del Estado mínimo que se manifiesta en la liberación del capitalismo transnacional de los corsés del trabajo y del Es- tado, sindicatos y consumidores incluidos, y en el sometimiento constante de la política a la economía por la amenaza de las empresas de instalarse o trasladarse, de contratar o despedir, de invertir o descapitalizarse, etc., en función de las facilidades financieras, im- positivas, infraestructurales, etc. que les ofrezcan los Estados.

Por lo que se refiere al motor que induce el movimiento a la sociedad actual, ese papel lo desempeña la tecnología 77 y concretamente las innovaciones en el campo de la in- geniería genética, informática, de telecomunicaciones, aeroespacial, agrícola, robótica, la farmacología, etc., que han producido durante los últimos cincuenta años más innovación tecnológica que en toda la historia de la humanidad. Gracias a la combinación de las tele- comunicaciones y la informática, la tecnología no sólo se aplica a la resolución de proble- mas o a la producción de bienes y servicios sino, también, y esto resulta determinante, a la producción de conocimientos tal y como explica Castells 78 , permitiéndonos soñar con una especie de máquina del movimiento continuo, absolutamente rechazada por los prin- cipios de la termodinámica en el mundo de la naturaleza, pero que podría razonablemente ser viable en el mundo social a partir del principio de libertad de transmisión de conoci- mientos basado en el conocido aforismo de Tomas Jefferson, según el cual: «Quien recibe de mí una idea adquiere mayor instrucción sin por ello hacerme más ignorante; es como quien enciende su vela en la mía: recibe luz sin dejarme a oscuras». 79

Esta sociedad calidoscópica, a pesar de su veloz fragmentación multiplicada apa- rentemente por una especie de «efecto doppler» 80 , no conduce en modo alguno a un «mo- vimiento browniano» 81 donde las personas se comporten aleatoriamente como si fueran partículas subatómicas, sino que, por el contrario, esas mismas personas y los múltiples grupos sociales a los que pertenecen experimentan una doble homogeneización cultural que actúa como fuerza centrípeta, compensando en cierta medida la fuerza centrífuga de la división y el cambio social.

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A. Giddens: Un mundo desbocado, Ed. Taurus, Madrid, 2000, p. 65.

U. Beck: ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, Ed. Paidós, Barcelona, 1998, pp. 16 y 17.

J. F. Tezanos, J. Bordas, R. Sánchez Morales y A. López: Estudio Delphi sobre tendencias científico tecnológicas 2002, Ed. Sistema, Madrid, 2003

M. Castells La era de la información. Economía, sociedad y cultura, vol. I. La Sociedad Red, Ed. Alianza, Madrid, 1998, p. 196 y ss.

Carta de Th. Jefferson a Isaac McPherson en contra de la patente de las ideas, escrita en Monticello a 13 de agosto de 1813. http://www.red-bean.com/kfogel/jefferson-macpherson-letter.html

80 http://www.sc.ehu.es/sbweb/fisica/ondas/doppler/doppler.html

81 http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_browniano

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Hay una primera homogeneización cultural, de la que hablaba Malinowski 82 , muy particular y ceñida a cada sociedad, que aprieta mucho pero respecto de pocos y funda- mentales asuntos, como los relacionados con la lengua, la familia, la religión, el clima, la gastronomía, el sexo, la vivienda, el vestido, etc., y, en definitiva, todo lo relacionado con el folklore, que aunque cambie, no desaparece nunca.

Hay una segunda homogeneización cultural mundial, la McDonalización según Rit- zer 83 , que abarca mucho pero aprieta poco, que hace referencia a valores como la tecno- logía, el individualismo, el hedonismo, la competitividad, el consumerismo, el crédito y el interés, que se refiere al «estilo de vida americano», y que utiliza los medios de comuni- cación como canal de distribución para realzar los atributos de la sociedad de masas, que tanto despreciaba Ortega y Gasset 84 , y conformar a sus miembros.

Mientras que la heterogeneidad y desigualdad social, manifestada en diferencias de rol y estatus por género, edad, hábitat, ocupación, ingresos, nacimiento, estudios, necesi- dades, expectativas y estilos de vida, opera como un tornado alejando, centrifugando y je- rarquizando estratificadamente todo lo que se lleva por delante, según su peso social; la doble homogeneización cultural genera un movimiento centrípeto que actúa como fuerza de la gravedad conformando y estructurando a los grupos sociales, a veces desencajada- mente por las aristas de las diferentes subculturas.

De las tensiones entre esta centrifugación social y la centripetación cultural surgen conflictos sociales, tanto nacionales como internacionales que, algunas veces son positivos e innovadores para la sociedad, pero que, otras veces, generan riesgos que provocan cierta inseguridad en la vida de la gente en relación con la salud, el medio ambiente, el empleo, el tráfico, las finanzas, etc., y, también, como es el caso que nos ocupa, respecto de la se- guridad ciudadana objetiva y subjetivamente.

2.4. El incremento del riesgo y los nuevos problemas de seguridad

En esta sociedad calidoscópica fragmentada y cambiante, con homogeneidades cul- turales que en vez de caducar cada época histórica caducan varias veces en la misma ge- neración, da la sensación de que las personas nos comportamos aleatoriamente como partículas subatómicas sólo previsibles mediante la matemática discreta.

Como hemos adelantado, esta sensación se debe al vértigo que produce la desregu- larización social combinada con la innovación tecnológica provocando mayor sensibili- dad a los crecientes riesgos reales más una avalancha de riesgos imaginarios que al ser repartidos homogéneamente por los medios de comunicación los percibimos como si le pu- dieran suceder a cualquiera (cuando ciertamente los riesgos se materializan sólo en de- terminadas circunstancias y los padecen determinadas personas) y como si hubiera una probabilidad alta de padecer la victimación correspondiente (cuando la probabilidad de pa- decerla es muy baja) y, en consecuencia, nos produce mucho miedo.

Como señala U. Beck:

82 B. Malinowski: Una teoría científica de la cultura, Ed. Sarpe, Madrid, 1984.

83 G. Ritzer: La McDonalización de la sociedad, Ed. Ariel, Barcelona, 1999.

84 J. Ortega y Gasset: La rebelión de las masas, Ed. Orbis, Barcelona, 1983, p. 42.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social El movimiento que se pone

Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

El movimiento que se pone en marcha con la sociedad del riesgo se expresa en la frase: ¡Tengo miedo! En lugar de la comunidad de la miseria aparece la comunidad del miedo. En este sentido, el tipo de la sociedad del riesgo marca una época social en la que la solidaridad surge por miedo y se convierte en una fuerza política.» 85 Es el peso de la incertidumbre, el «miedo líquido» del que habla Z. Bauman cuando explica que «el miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vín- culos, sin anclas, sin hogar ni causas nítidas; cuando nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entrevista en todas partes, pero resulta im- posible de ver en ningún lugar concreto. «Miedo» es el nombre que damos a nuestra in- certidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que hay que hacer —a lo que puede y no puede hacerse— para detenerla en seco, o para combatirla

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Esta asociación entre incertidumbre, riesgo y miedo nos lleva a la paradoja de que la gente no sea consciente de donde están realmente la mayoría de los riesgos tanto poten- ciales como reales: el tabaco, el alcohol, la cocina del hogar, el botiquín, el automóvil, el puesto de trabajo y seguramente las personas conocidas del barrio a dos kilómetros a la re- donda son los fenómenos más arriesgados de nuestra vida. 87

No obstante, lo que he querido demostrar sustituyendo el concepto de sociedad del riesgo del que habla U. Beck por sociedad calidoscópica es que, aunque vivimos en un pro- ceso de atomización y aislamiento de personas asustadas, los ecosistemas sociales básicos, por fragmentados que sean externamente y por mayor que sea su desigualdad social in- terna, se mantienen conformados y su subcultura, por cambiante que sea, sigue ejerciendo un papel de fuerza de la gravedad que mantiene unidas a las personas y hace explicable, predecible y regulable su comportamiento.

Desde esta perspectiva, la primera consecuencia sería que por cambiante que sea la sociedad y por débiles que sean las instituciones, mientras existan patrones culturales (im- prescindibles para la supervivencia de la especie humana) subsistirán sus consecuencias valorativas y normativas de forma que sobrevivirá el Derecho.

La segunda consecuencia obligaría a un estudio sistemático y cotidiano de la socie- dad y su evolución para conocerla y, después, ajustar los mecanismos jurídicos necesarios para la resolución de conflictos adaptándolos tantas veces como sea necesario pero sin cambiar la esencia de cada uno de ellos.

Mientras que la dirección comercial de la industria de la moda invierte ingentes can- tidades en estudios de mercado o la industria farmacéutica fomenta costosos ensayos clí- nicos; mientras que los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas asignan grandes partidas presupuestarias a sistemas de ayuda al diagnóstico o la Dirección General de Trá- fico invierte importantes cantidades en campañas de publicidad; resulta que el aspecto de la sociedad que afecta a la inseguridad se estudia con muy poca frecuencia, claridad, ho- mogeneidad y profundidad por lo que no se tiene clara la «perspectiva de la demanda», lo cual se agudiza policial y judicialmente debido a que ambas instituciones sólo tiene una «perspectiva de la oferta», creándose una especie de brecha que separa las demandas de la sociedad de la oferta institucional, dando a los medios de comunicación social una opor-

p. 79.

85 U. Beck: La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad; Ed. Piados, Barcelona, 1998, p. 56.

86 Z. Bauman: Miedo líquido; Ed. Piados, Barcelona, 2007, p. 10.

87 J. Bordas: «El miedo al delito y la expansión del Derecho penal»; Cuadernos de la Guardia Civil, n.º 41, Madrid, 2010,

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tunidad de oro para ocupar el hueco y hacer pasar por real lo que ellos incluyen ideológi- camente en el orden del día de sus mensajes.

La tercera consecuencia, que es la que nos interesa, consiste en la necesidad de adap- tar la oferta de justicia a la demanda de seguridad de la sociedad sin dejarse arrastrar por los medios de comunicación, sin perder el rigor, las garantías y las especialidades propias de las distintas ramas del Derecho, pero con la suficiente rapidez y solvencia.

Desarrollando esta última consecuencia debemos comenzar por reconocer que junto al riesgo real y tradicional de que la población sea víctima de algunas infracciones, que re- almente están aumentando en la actualidad, empiezan a surgir nuevos tipos de riesgos:

Los tres aspectos de la sociedad del riesgo que a Blanca Mendoza 88 , siguiendo a Se- elmann, le parecen más significativos por sus repercusiones en la configuración de un nuevo Derecho penal del «control global» son los siguientes:

I) La innovación tecnológica y su globalización, derivada de su aceleración en el tiempo y expansión en el espacio, produce un incremento vertiginoso, desorde- nado y, a veces, aleatorio de sucesos de lo que se deduce un aumento del riesgo en términos actuariales. La peculiaridad de dicho incremento del riesgo es que no deviene del cambio climático o del movimiento de las plataformas continentales, ni tan siquiera procede de epidemias de gripe o de erupciones volcánicas (que todo contribuye a la sociedad del miedo); sino que procede del hombre y, por tanto, el nuevo y masivo incremento del riesgo es artificial.

II) Aunque el incremento del riesgo acelerado, expandido y generalizado sea artifi- cial y de origen humano, no por ello resulta más fácil identificar al responsable del mismo puesto que el poder de las instituciones políticas está desvanecién- dose, tanto internacional como nacionalmente, en beneficio de la desregulariza- ción social en general y del anarquismo mercantil del Estado mínimo en particular, por lo que resulta difícil encargar a alguna institución encontrar al res- ponsable de determinados niveles de inseguridad por cuanto que puede que dicho órgano no tenga autoridad, potestad ni competencia alguna; que los hechos a juz- gar no hayan sucedido todavía, ni sea fácil relacionarlos causalmente con la puesta en peligro de un bien jurídico protegido; que incluso el supuesto bien ju- rídico no haya sido definido como tal y, lo que es peor, que el presunto responsa- ble sea inidentificable. Es decir, no se trata sólo de la tradicional dificultad derivada de la inimputabilidad de las personas jurídicas ni de la imposibilidad de achacarles la puesta en peligro de un bien jurídico cuando ni ha sucedido el hecho ni está claramente identificado el bien jurídico protegido, sino que el pro- blema va más allá al resultar difícil establecer la responsabilidad de un culpable de los riesgos derivados de un hecho que no ha ocurrido o que resulta de la com- binación aleatoria de retales de otros hechos inocuos aunque sea estadísticamente probable que su interacción ocasionen un problema, como ocurre con los fura- nos y las dioxinas. En este contexto desregulado y de apariencia aleatoria se tiende a utilizar la probabilidad como sucedáneo de verdad y la correlación como sucedáneo de causalidad.

88 B. Mendoza: El Derecho penal en la sociedad del riesgo; Ed. Civitas, Madrid, 2001, pp. 25 a 30.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social III) Junto al incremento vertiginoso

Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

III) Junto al incremento vertiginoso de riesgos derivados de actividades artificiales humanas y a la dificultad para identificar al responsable, aparece un tercer pro- blema, políticamente muy grave, consistente en el crecimiento de la sensación subjetiva de inseguridad independientemente de la presencia o no de riesgos re- ales o probables. Como señala U. Beck:

Por otra

parte, la auténtica pujanza social del argumento del riesgo reside en la pro-

En la sociedad del riesgo el pasado

pierde la fuerza de determinación para el presente. En su lugar aparece como «causa» de la vivencia y de la actuación presente el futuro, es decir, algo que no existe, construido, ficticio 89 ;

yección de amenazas para el futuro

Por una parte, muchos peligros y destrucciones ya son reales

lo que se traduce en una demanda masiva, desordenada e infundada de seguri- dad en todos los órdenes de la vida: seguridad e higiene en el trabajo, seguridad en el empleo, seguridad en las pensiones, seguridad de los medicamentos, segu- ridad de las operaciones quirúrgicas, seguridad en las cocinas de los hogares, seguridad de los juguetes, seguridad alimentaria, seguridad de Internet, seguri- dad de las construcciones, seguridad en los transportes, seguridad de las teleco- municaciones, seguridad medioambiental, seguridad del tráfico, seguridad financiera, seguridad ciudadana, etc., y todas ellas multiplicándose exponen- cialmente unas a otras como demanda indeterminada e indefinida de seguridad y cuya mayor o menor frustración real o previsible conforma una sociedad del miedo, que según entiende Silva Sánchez 90 , aparece como una metáfora de la inseguridad vital generalizada que exige tréboles de cuatro hojas, patitas de co- nejo o mucho «nuevo» Derecho penal simbólico y autoritario que prediga ac- tuarialmente y prevenga administrativamente el delito hasta disminuir no ya la inseguridad, sino el miedo de la sociedad, tan explotado, en opinión de Susana Soto 91 , por los medios de comunicación social y por los políticos.

89 U. Beck: La sociedad del riesgo, op. cit., pp. 39 y 40

90 J. M.ª Silva Sánchez: La expansión del Derecho penal: Aspectos de la política criminal en las sociedades postindus- triales; Ed. B de F, Buenos Aires, 2006, p. 30.

91 S. Soto Navarro: «La influencia de los medios en la percepción social de la delincuencia»; Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, septiembre, 2005; www.criminet.urg.es, p. 37.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social 3 DELICUENCIA REAL Y MIEDO

Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

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DELICUENCIA REAL Y MIEDO AL DELITO EN ESPAÑA

3.1. Algunos paradigmas explicativos de la delincuencia

Las principales teorías que explican las causas del crimen tienen que ver con las di- ferencias y con la desigualdad.

Las diferencias económicas y culturales provocan cierta estratificación jerárquica de la sociedad generando la correspondiente desigualdad y, en algunos casos, la exclusión so- cial de los grupos que han quedado más abajo.

En un intento por evitar la exclusión más que por vengarse de haber sido excluidos, estos grupos pueden reaccionar con conductas institucionalmente desviadas y, en algunos pocos casos, derivar en una conducta delictiva de acuerdo con la tipificación penal dise- ñada desde el poder establecido. Es decir, las diferencias económicas y culturales, al estra- tificarse, generan desigualdad y ésta produce conflictos sociales que pueden terminar en conductas socialmente desviadas y, algunas pocas veces, en comportamientos criminales.

Estas teorías sobre como la integración o no de la diferencia y la desigualdad gene- rada pueden producir conductas criminales tienen dos manifestaciones fundamentales:

las teorías biológicas y las teorías sociológicas.

La explicación biológica, trasnochada e infundada, considera que los grupos dife- rentes tienen unas características anatómicas, fisiológicas, antropológicas y raciales que les hacen inferiores y peores que el resto de la población, lo cual les convierte en criminales potenciales, como es el caso de los inmigrantes, que por su presunta rareza se transforman en una población de riesgo, debido a que sus características biológicas peculiares y lige- ramente diferentes podrían conducirles irremediablemente al delito.

Esta correlación tiene tan poca capacidad explicativa como el horóscopo e ignora que el corte de pelo, el diseño del pantalón o el color del jersey explican mucho más la con- ducta de los jóvenes que el color de la piel o la configuración del cráneo.

La explicación sociológica del crimen puede abordarse a su vez desde otros dos gran- des paradigmas: el paradigma interaccionista y el paradigma positivista.

Desde el paradigma interaccionista, se considera que el crimen no existe, que no es una cualidad intrínseca de la conducta del delincuente, que no es una «cosa» que se pueda explicar, prever y corregir, como consideran el resto de los sociólogos, sino que el crimen es una mera atribución del estatus de criminal a una conducta de la que se deriva el eti- quetamiento de una persona por parte de los poderes establecidos, su correspondiente «eco» en los medios de comunicación y su subsiguiente resocialización en un centro pe- nitenciario.

Desde este punto de vista, entre los que destacan Goffman 92 y Becker 93 , la conducta delictiva no depende de la naturaleza del delincuente ni de la maldad de sus actos, sino de

92 E. Goffman: Estigma, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1970.

93 H. S. Becker: Outsiders. Studies in the Sociology of Deviance, The Free Press, New York, 1963. pp. 9 y ss.

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La detención provoca la reincidencia. Des- La prisión fabrica Ad- 94 3 8
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que la cultura dominante se haya materializado en una ley que tipifica una conducta como delictiva y de que los órganos policiales seleccionen al delincuente, no sólo por sus hechos sino también por sus circunstancias, y que los jueces los estigmaticen mediante sentencia firme como delincuentes lo que, precisamente, es lo que les resocializa y convierte en au- ténticos criminales, ya que es el momento en el que el desviado acepta y aprende su «rol social de delincuente», su papel de «villano» en la «obra de teatro», convirtiéndose en una especie de profecía que se cumple a sí misma, máxime si tenemos en cuenta la enorme frecuencia con la que los delincuentes han sido previamente víctimas de delitos.

Como matiza Foucault, dentro de esta teoría:

El delincuente se distingue del infractor por el hecho de que es menos su acto que

su vida lo pertinente para caracterizarlo

pués de haber salido de prisión, se tienen más posibilidades de volver a ella; los con-

denados son, en una proporción considerable, antiguos detenidos

indirectamente delincuentes al hacer caer en la miseria a la familia del detenido

mitamos que la ley está destinada a definir infracciones, que el aparato penal tenga como función reducirlas y que la prisión sea el instrumento de esta represión. Enton- ces hay que levantar un acta de fracaso

El problema de esta perspectiva sociológica consiste en que exculpa de su responsa- bilidad al delincuente echándole toda la culpa a la sociedad, como hacía Tarde en sus plan- teamientos originales.

Desde el paradigma positivista, los sociólogos, a partir de la consideración del crimen como un «hecho social normal», cuya inexistencia demostraría un control social patológico que privaría a la sociedad de los efectos positivos de la desviación social, como son la in- novación y el incremento de la cohesión social; se esfuerzan en encontrar la etiología del crimen fuera de la persona del criminal, buscándola en la sociedad, a fin de encontrar la forma de explicarlo, predecirlo y controlarlo.

Dentro de esta perspectiva hay autores que han hecho hincapié en diferentes facto- res sociales como determinantes o explicativos del hecho criminal. Para unos, como el matrimonio Glueck 95 , el origen del hecho criminal o el factor fundamental y que en mayor medida lo explica es, dicho sea en términos de análisis multivariante, la familia y la so- cialización de sus miembros; para otros, como Thomas y Znaniecki 96 , la causa del crimen es la desorganización social generada dentro de los grupos de inmigrantes como conse- cuencia de la disminución de la influencia de las reglas sociales sobre la conducta de los miembros del grupo, lo cual produce incertidumbre y tensión entre la generación más vieja y desconexión por parte de una segunda generación de inmigrantes que abandona los valores tradicionales e intenta adaptarse a los de la comunidad de acogida sin lograrlo muchas veces. Para Durkheim 97 y Merton 98 , desde planteamientos estructural-funciona- listas, el origen del crimen se encuentra en la anomia, como combinación de la pérdida de valores con la carencia estructural de los medios necesarios para alcanzar los objeti-

94 M. Foucault: Vigilar y castigar, Ed. Siglo XXI, México, 1976, pp. 255 y ss.

95 S. H. Glueck y E. L. Glueck: Unraveling Juvenile Delincuency, Harvard University Press, Cambridge- Mass. 1957.

W. Thomas y F. Znaniecki: The Polishpeasant in Europe and America, Ed. University of Illinois Press, Chicago, 1984, pp. 80 y ss.

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97 E. Durkheim: El suicidio, Ed. Akal, Madrid, 1995, pp. 262 y ss.

98 R. K. Merton: Teoría y estructura sociales, Ed. F.C.E., México, 1984, pp. 241-247.

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vos culturalmente plausibles, cosa que ocurre especialmente en las clases sociales menos favorecidas.

Para los sociólogos ambientalistas o con enfoque ecológico, el crimen tiene que ver con el ecosistema social, entendido como la interacción de una población con su cultura correspondiente en un territorio determinado en el que tiene que coexistir con otras po- blaciones de diferente cultura.

La desviación, en este sentido, se manifiesta como un choque entre poblaciones de diferentes culturas sedimentadas en diferentes estratos con desigual poder, prestigio y ri- queza y con una concentración espacial en lugares determinados, que como Lind 99 explica, pueden terminar convirtiéndose en una concentración espacial tipo «gueto», caracterizada por la homogeneidad cultural de su población, o en una concentración espacial tipo «slums», caracterizada porque además de ser un barrio pobre se trata de poblaciones cul- turalmente desconectadas y desorganizadas.

Para Park, Burguess y McKenzie 100 las ciudades crecen mediante anillos concéntri- cos tal y como infirieron a partir del ejemplo de Chicago. Dentro de esta estructura radial los ecólogos del crimen definen dos zonas especialmente criminógenas: la primera sería la que separa el casco antiguo de la ciudad y su primer ensanche y, la segunda, estaría si- tuada en los extrarradios marginales de la ciudad o zonas chabolistas.

Junto a la familia, la anomia y el barrio como circunstancias explicativas del hecho cri- minal, otros sociólogos apuestan por el conflicto social como origen del crimen y dentro de las teorías conflictuales podemos distinguir entre los que consideran que se trata de un con- flicto cultural prácticamente generacional y los que consideran que se trata de un conflicto de intereses entre grupos sociales con desiguales recursos para alcanzar los objetivos sociales.

Para los que consideran que el crimen depende de un choque entre subculturas, dicho fenómeno resulta del enfrentamiento organizado de un grupo contra el conjunto de la so- ciedad, fundamentalmente jóvenes de clase baja, como consecuencia de su frustración para alcanzar los objetivos perseguidos por las clases medias. Esta frustración se manifiesta, desde la perspectiva clásica de Cohen 101 , en conductas criminales gratuitas, maliciosas y destructivas, amparadas en una subcultura determinada definida no por la peculiaridad de sus valores, creencias o símbolos, sino por la inversión de los valores de la cultura domi- nante, lo que no constituye una subcultura propiamente dicha, sino una contracultura.

Para los que consideran que el crimen depende de un conflicto social (fundamental- mente económico) entre grupos con intereses contrapuestos y estatus sociales superpues- tos, el comportamiento desviado es una reacción al desigual e injusto reparto del poder económico, político y cultural. Para estos sociólogos, desde Dahrendorf 102 , el consenso so- cial no existe y lo estadísticamente normal es el conflicto y el cambio estimulado por la ten- dencia a la igualdad en sociedades endémicamente desiguales que sólo consiguen disminuir provisionalmente la tensión del conflicto mediante la coerción de los poderosos sobre los débiles.

99 A. Lind: «The ghetto and the slum» en Social Forces, n.º 9 (december), 1930, pp. 206-215.

100 R. Park, Burguess y McKenzie: The City, The University of Chicago Press, Chicago, 1928. p. 51.

101 A. K. Cohen: Delinquent Boys. The Culture of the Gang. The Free Press, New York, 1955. pp. 26 y ss.

R. Dahrendorf: «Out of Utopia: Toward a Reorientation of Sociological Analysis», en American Journal of Sociology, n.º 64, pp. 126 y 127.

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Distinguir entre cultura y estructura social y entre proceso de socialización y pro- ceso de producción es un mero artificio intelectual por cuanto que todo ello es sociedad y nadie vive fuera de ella. Es decir, la explicación de un fenómeno social como es el crimen sólo puede estar, lógicamente, en otro fenómeno social sin que aceptemos como explica- ción ningún hecho natural ni sobrenatural; y ese fenómenos social explicativo del fenó- meno social explicado no tiene por qué estar constreñido a una sola perspectiva.

En consecuencia, las causas del crimen sólo son sociales, pero son plurales y están interrelacionadas, aunque lo más frecuente es que sea la desigualdad económica, política o cultural, la que genere una estratificación que superponga a unos grupos sobre otros y tienda a someter y a marginar a los más bajos en la jerarquía social lo que les lleva, en al- gunos casos, a una conducta desviada que les permita alcanzar unos objetivos que les están vedados mediante conductas conformadas.

En este contexto, los inmigrantes pobres, no los turistas extranjeros, corren el riesgo de que la exclusión y la marginación social les ponga en la pista del delito como procedi- miento para sobrevivir. Como advierte Tezanos,

de los tres principales elementos de contexto que conforman el mapa de riesgos de exclusión social —carencias laborales, falta de vivienda y de recursos materiales y dé- ficit en las redes sociales de apoyo—, muchos emigrantes acumulan «vulnerabilidades» en todos ellos. 103

3.2. La delincuencia real en España según los datos policiales, judiciales y penitenciarios

Partiendo del paradigma positivista, en su versión estructural-interaccionista, consi- deramos que el delito, desde una perspectiva integrada, es un hecho social estadísticamente normal, y que los delincuentes no lo son por su enfermedad o peculiaridad clínica, antropo- lógica, psicológica, genética o moral, sino que, como mucho, tienen un perfil socioeconó- mico, demográfico y actitudinal más frecuente, han experimentado un proceso de aprendizaje de su actuación peculiar y se han desarrollado en determinado contexto social concreto. Para profundizar en la genealogía, clasificación y evolución de la historia de la te- oría criminológica nos hemos valido del magnífico libro elaborado por Abel Téllez Aguilera 104 .

Aunque la conducta desviada tiene una etiología social y un etiquetamiento político, su materialización se debe a la combinación de una disminución del control social infor- mal y del control moral personal, que convierte a una persona normal en un infractor po- tencialmente motivado; y al aumento de las oportunidades delictivas, ya sea por aumento de los objetos victimables disponibles como por disminución de la guardia y custodia de los mismos. Cuando concurren las circunstancias del incremento de las oportunidades para delinquir con la disminución del control de los objetos victimables se multiplican los delitos como explica magistralmente Alfonso Serrano 105 .

La conducta desviada es estadísticamente normal por cuanto que se refiere a deter- minados comportamientos que difieren en un tiempo y lugar determinado de los arqueti-

103 J. F. Tezanos: «Inmigración y exclusión social» en Papeles de Economía Española, n.º 98, 2003, p. 230.

104 A. Téllez Aguilera: Criminología; Ed. Edisofer, Madrid, 2008.

105 A. Serrano Maíllo: Oportunidad y delito; Ed. Dykinson, Madrid, 2009.

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social pos sociales dominantes y se

Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social

pos sociales dominantes y se manifiestan como faltas de educación, faltas de solidaridad, faltas administrativas, faltas penales o delitos, siendo estos dos últimos casos los que tie- nen relevancia jurídico-penal por estar tipificados como sancionables en un tiempo y lugar determinados, de tal forma que el crimen, llegado el caso, podría tener, además de sus con- sabidos efectos perversos, unos efectos positivos desde el punto de vista tanto inmunoló- gico como innovador para lo sociedad que la padece.

Esta normalidad de la delincuencia nos lleva a desdramatizarla en España y adver- tir que su evolución ha estado caracterizada por el incremento de las faltas contra el pa- trimonio y por haber pasado de una tasa de 40 infracciones por 1.000 habitantes en 1990 a otra de 53 infracciones por 1.000 habitantes en 2008 (vid. gráfico n.º 1).

por 1.000 habitantes en 2008 (vid. gráfico n.º 1). Gráfico 1. Evolución de la tasa de

Gráfico 1. Evolución de la tasa de criminalidad en España (delitos + faltas conocidos por la policía por 1.000 hab.). FUENTE: Ministerio de Interior a partir de datos del CNP, GP, Mossos, PAV y FORALES.

A pesar de este crecimiento de la delincuencia, debemos recordar que España está 17,5 puntos por debajo de la media europea (vid. gráfico n.º 2), nivel que en España sólo alcanzan actualmente las Comunidades de Madrid y Baleares (vid. gráfico n.º 3).

Según los datos ofrecidos por el Ministerio del Interior, podemos indicar que, sobre una media de 1.864.514 infracciones al año, entre 1993 y 2006, en 2004 se produjeron 2.119.991 infracciones, en 2005 se registraron 2.221.865 infracciones, y en 2006 se alcan- zaron las 2.267.723 infracciones, 55% faltas y 45% delitos. La inmensa mayoría de estas in- fracciones (82%) son contra el patrimonio.

Durante el año 2007 las infracciones registradas por el Cuerpo Nacional de Policía y por la Guardia Civil alcanzaron 1.882.642 infracciones a las que si sumamos las registra- das por la Ertzaintza, los Mossos y la Policía Foral de Navarra llegamos a los 2.398.742 in- fracciones, que supone un incremento de cerca del 6%.

En el caso de 2008, las infracciones registradas por el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil fueron de 1.858.197 y llegaron hasta los 2.437.377 añadiéndoles las de- nuncias registradas por la Ertzintza, los Mossos y la Policía Foral de Navarra, lo que

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Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social Gráfico 2. Tasa de infracción
Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social
Gráfico 2. Tasa de infracción en 2007 por países (por 1.000 hab.). Fuente: Ministerio del Interior a partir
de datos del CNP, GP, Mossos, PAV y FORALES. (*) Los datos de España y Francia son de 2008.
Gráfico 3. Tasas de infracciones en 2006 por Comunidades Autómanas (por 1.000 hab.).
Fuente: Ministerio del Interior a partir de datos del CNP, GP, Mossos, PAV y FORALES.
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supone un incremento anual de 1,5% de la criminalidad en España. Es decir, durante los años 2007 y 2008 la delincuencia en España ha seguido creciendo, sobre todo en el caso de las faltas contra en patrimonio, a pesar, eso sí, de que haya disminuido relativamente en la parte del territorio nacional gestionada por el Ministerio del Interior.

En nuestro caso concreto, el incremento de la inseguridad ciudadana se debe a la interacción de varios factores como la desorganización social de la que hablaba Hirschi 106 en un contexto social desregulado, máxime en situaciones de «cristales rotos» como las definían Wilson y Kelling 107 en desarrollo del experimento de Cimbardo con los coches abandonados en el Bronx y en Palo Alto; en los antiguos ensanches de las ciudades como ya sostenían Park, Burguess y McKenzie 108 , donde surgen oportunidades para delinquir como medio de promoción social tal y como advertían Shaw y Mckay 109 , agudizado todo ello, como lamenta Touraine 110 , por una situación de alto desarrollo económico moral- mente descompensado; que lleva especialmente a los jóvenes varones, como explica Fa- rrington 111 y a los hijos de los inmigrantes 112 , a una frustración relativa, en los términos de Gurr 113 , en la que su alto narcisismo, tal y como lo enunció Freud 114 , estimulado publici- tariamente en la sociedad de consumo, se ve insatisfecho.

Como aclaran Palermo y Mastronardi 115 , el trastorno narcisista puede afectar al 6% de la población clínica y se caracteriza por una personalidad egocéntrica, superficial, me- galómana, disfrutadora, arrogante, intransigente y carente de empatía, de admiración por los demás y de sentimiento de culpa.

La frustración sistemática, irreversible y previsible de sus expectativas, por ser des- medidamente altas y por carecer estructuralmente de los medios sociales para alcanzarlas, les puede llevar a una situación anómica, cargada de desmoralización y frustración, en los términos de Durkheim 116 y Merton 117 , que les vacía, les hace perder la confianza en los va- lores transmitidos por sus padres, les lleva a perder la conciencia entendida, según Gun- trip 118 , como nuestra propia voz hablando con nosotros mismos con la voz de nuestro padre o de nuestra madre, es el super-yo hablando con él yo y valorando su comportamiento, au- tocontrolándolo.

Esta falta de conciencia les conduce al descontrol y les provoca una actitud destruc- tiva con ellos mismos, mediante las drogas, la anorexia, las sectas, etc., o contra los demás, rompiendo escaparates y mobiliario urbano por el mero desahogo de destruir los símbolos de una clase media que no les hace hueco para prosperar; estallando, algunas veces, en el

106 T. Hirschi: Causes of Delinquency; University of California Press, Berkeley, 1969.

107 J. Q. Wilson y G. L. Kelling: Broken Windows; Atlantic Monthly, n.º 249. Washington, 1980. Pp. 29 a 38.

108 R. Park, Burguess y McKenzie: The City, The University of Chicago Press, Chicago, 1928. p. 51.

109 C. R. Shaw y H. D. McKay: Juvenile delinquency and urban areas; University of Chicago Press, Chicago, 1942.

A. Touraine: «La sociedad desestructurada» en M. Castells, A. Giddens y A. Touraine: Teorías para una nueva so- ciedad, Ed. Fundación Marcelino Botín, Madrid, 2002, pp. 30 y 31.

110

D. P. Farrington: «Age and Crime» en VV. AA.: Crime and Justice : A Review of Research, vol. VII; Ed. Tony and Morris, Chicago, 1986.

111

112 J. Bordas: «La inmigración y la delincuencia en la España actual» en Sistema, n.º 190 y 191 enero de 2006, pp. 347-383.

113 T. R. Gurr: Why Men Rebel; Princenton University Press, Princento. 1970.

114 S. Freud: Introducción al narcisismo y otros ensayos; Ed. Alianza, Madrid, 2005.

115 G. Palermo y V. Mastronardi: Il profilo criminologico; Giufree Editore, Milano, 2005, p. 24.

116 E. Durkheim: El suicidio, Ed. Akal, Madrid, 1995, pp. 262 y ss.

117 R. K. Merton: Teoría y estructura sociales, Ed. F.C.E., México, 1984, pp. 241-247.

118 H. Guntrip: Estructura de la personalidad e interacción humana, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1965, p. 124.

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vandalismo del que hablaban Cohen 119 y Beck 120 o, en el peor de los casos, dando paso, al fundamentalismo del que habla Castells 121 y a la idiotez moral en los términos de Bilbeny 122 , que facilita el tránsito de la delincuencia común al crimen organizado y al terrorismo 123 .

De acuerdo con Elliott 124 , influido por las teorías del control social de Gottfredson y Hirschi 125 por un lado y de Sampson y Laud 126 por otro; de la teoría de la frustración según la interpretación de Agnew 127 y de la del aprendizaje según Akers 128 , heredera de la teoría de la asociación diferencial de Sutherland 129 , la delincuencia es el resultado conjunto de vínculos débiles a grupos y normas convencionales y de vínculos sólidos a personas y gru- pos desviados, que suceden en una zona concreta, dotada de su correspondiente subcul- tura o contracultura, y cuyo desarrollo se facilita por una sociedad caracterizada por el fuerte crecimiento de la población gracias a un saldo migratorio positivo, abundante y va- riopinto; por un régimen democrático y pluralista respetuoso con la libertad y los dere- chos humanos; y por su prosperidad económica que en el caso de España la sitúa entre las naciones más desarrolladas del mundo y con un Índice de Desarrollo Humano envidiable. Es decir, los mismos contextos sociales que promueven la libertad, la prosperidad, la cul- tura, la innovación y la libertad son los que generan sus propios residuos en forma de de- lincuencia moderna, máxime dentro de una sociedad del riesgo donde cada vez hay menos autocontroles morales y menos eficaces controles sociales informales.

Tal como explicaba Garland para Estados Unidos, fácilmente extrapolable a España,

el impacto de la modernidad tardía en las tasas de delito fue multidimensional e in- volucraba: 1) más oportunidades para cometer delitos; 2) menos controles situaciona- les; 3) un incremento de la población en riesgo y 4) una reducción en la eficacia del control social y del autocontrol como consecuencia de los cambios en la ecología social y en las normas culturales. El boom del consumo durante las décadas de posguerra puso en circulación una masa de bienes portátiles de alto valor que pasaron a ser nue- vos blancos atractivos para el robo. Este incremento exponencial en la cantidad de mer- cancías circulantes generó, naturalmente, un aumento correspondiente de la cantidad de oportunidades para el delito. Al mismo tiempo, hubo una reducción de los contro- les situacionales en la medida en que las tiendas se hicieron cada vez más de «autoser- vicio», los vecindarios densamente poblados fueron reemplazados por grandes áreas suburbanas o anónimos bloques de edificios, las áreas del centro de las ciudades se vol- vieron centros de entretenimiento sin residentes y cada vez más casas bien provistas

119 A. K. Cohen: Delinquent Boys. The Culture of the Gang. The Free Press, Nueva York, 1955.

120 U. Beck: «La revuelta de los superfluos» El País 27 de noviembre de 2005, p. 15.

121 M. Castells: La era de la información: Economía, sociedad y cultura, op. cit., p. 29.

122 N. Bilbeny: El idiota moral, Ed. Anagrama, Barcelona, 1993.

123

124

J. Bordas: «La personalidad del terrorista en la sociedad calidoscópica actual», Revista de Policía y Criminalística, n.º 18, Buenos Aires, abril de 2007, pp. 12 y ss.

D. S. Elliott: «The assumption that theories can be combined with increased explanatory power: theoretical inte- grations» en Theoretical methods in Criminology; Ed. Sage, Beverly Hills, 1985.

125

126

127

128

129

M. R. Gottfredson y T. Hirschi: A general theory of crime; Stanford University Press, Stanford, 1990.

R. J. Sampson y J. H. Laub: Crimen in the making. Pathways and turning points though life; Harvard University Press, Cambridge, Mass. 1993.

R. Agnew: «Foundation for a general strain theory of crime and delinquency» in Criminology, 30. University of Maryland, 1992.

R. L. Akers: Social learning and social structure: a general theory of crime and deviance; Northeastern University Press, Boston, 1998.

E. H. Sutherland: Ladrones profesionales; Ed. La Piqueta, Madrid, 1988.

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En pocos 130 , 4 5
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quedaban vacías durante el día mientras esposas y maridos salían a trabajar

años, la difusión del automóvil generó un nuevo blanco, altamente atractivo para el de-

lito, disponible en todas las calles de la ciudad, en todo momento, durante el día y la noche, muchas veces completamente desprotegido. Los robos de y en vehículos auto- motores rápidamente se convirtieron en una más de las principales categorías de deli-

tos contra la propiedad

Más o menos al mismo tiempo se generó un cuestionamiento

de las autoridades tradicionales, una relajación de las normas que gobernaban las con-

ductas en el campo de la sexualidad y del consumo de drogas y la generalización de un

estilo de cuidado de los niños más permisivo y expresivo

de donde se deduce un previsible incremento de la delincuencia y la necesidad tanto de di- señar nuevas estrategias de seguridad compartidas con la familia y la escuela, como el in- cremento de las inversiones públicas en seguridad y justicia.

Pasando de los delitos conocidos a los delincuentes detenidos, podemos decir que en 2005 (vid. tabla 1) se registraron 391.144 detenciones, la mitad por razones administrativas y la mitad por motivos penales, entre los que destacamos, por su singularidad, los robos con fuerza en las cosas, los hurtos, tráfico de estupefacientes, robos con violencia y lesiones.

Los principales atributos de los detenidos son su edad: el 56% son menores de 30 años, el sexo: el 88% son hombres, su reincidencia (37%) y su residencia en las zonas ur- banas de Madrid, Cataluña, Valencia, Baleares, Canarias y Andalucía.

Por lo que se refiere al lugar de nacimiento, la mitad de los detenidos son españoles y la mitad son extranjeros, pero de esta mitad de extranjeros el 50% no fueron detenidos por falta o delito penal alguno sino sólo para información o por mera infracción adminis- trativa.

Además, en el epígrafe de extranjeros tenemos que distinguir entre los ciudadanos co- munitarios, los turistas y los inmigrantes y dentro de los inmigrantes tenemos que clasifi- carlos por las grandes culturas que los han socializado, como la iberoamericana, la árabe, la de los países del este o la china, ya que dichas subculturas son las que van a permitir- nos explicar y predecir la conducta de estas personas en interacción con la subcultura y la estructura social española.

Los inmigrantes son una masa grande de población de muy variada procedencia y cultura que emigra de un territorio donde padece problemas económicos, políticos, am- bientales, sanitarios, etc., a otro territorio donde espera instalarse y prosperar, general- mente con la intención de volver a su lugar de origen en mejores condiciones, tal y como hacíamos los españoles durante los años sesenta tanto dentro de nuestras fronteras como en el extranjero.

Los inmigrantes, como tal, no son un grupo social, ni primario ni secundario, puesto que no tienen conciencia de grupo, no tienen los mismos valores, creencias, hábitos y sím- bolos; no tienen las mismas normas jurídicas, ni la misma historia, ni comparten los mismos objetivos políticos o económicos. En consecuencia, los inmigrantes sólo son una categoría de análisis por lo que no deberíamos hablar de inmigrantes en general ya que su conducta va a estar determinada por subculturas que son diferentes en origen y, por ello, la conducta de los marroquíes, los colombianos o los rumanos va a tener explicaciones diferentes.

130 D. Garland: La cultura del control; Ed. Gedisa, Barcelona, 2005, pp. 160 y 161.

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  Temas de Sociología criminal. Sociedad, delito, víctima y control social  
 

Tabla 1. Características de los detenidos en España en 2005

 
 

MOTIVO

 

DE LA

DETENCIÓN

MENORES

18

18-20

21-30

 

31-40

41-50

51-64

MAYORES

64

T0TAL

Robos con fuerza en cosas

3.553

3.796

8.321

 

6.249

2.041

408

71

24.439

Robos con violencia

3.501

2.684

4.872

 

3.485

1.009

196

43

15.790

Tirones

404

401

722

 

437

95

13

5

2.077

Sustración

1.217

1.545

3.140

 

2.635

724

99

12

9.372

en

vehículos

   

Sustracción

2.906

2.352

4.240

 

2.636

878

207

29

13.248

de

vehículos

   

Hurtos

2.449

2.507

7.426

 

4.653

1.708

579

100

19.422

Otros contra

1.439

2.216

8.523

 

6.745

3.147

1.385

198

23.653

el

patrimonio

   

Homicidio

     

asesinato

100

137

494

 

357

223

96

36

1.443

Lesiones

1.169

1.840

5.082

 

3.375

1.775

682

217

14.140

Otros contra

     

las personas

536

1.333

9.853

 

11.937

7.215

2.766

812

34.452

Estupefacientes

592

1.905

7.164

 

4.488

2.123

734

134

17.140

Contra la

347

411

1.736

 

1.529

895

503

215

5.636

libertad

sexual

     

OTROS EN GENERAL (incluye reclamados y Ley Extranjería)

4.360

21.076

91.194

 

57.131

25.964

8.986

1.621

210.332

TOTAL

22.573

42.203

152.767

 

105.657

47.797

16.654

3.493

391.144

 

N A C I O N A L I D A D

 

Españoles

16.503

19.783

57.151

 

56.039

32.204

12.955

2.972

197.607

Extranjeros

6.070

22.420

95.616

 

49.618

15.593

3.699

521

193.537

 

A N T E C E D E N T E S

 

Antecedentes

4.986

12.408

48.742

 

47.958

22.229

6.115

1.005

143.443

Sin antecedentes

     

penitenciarios

17.587

29.795

104.025

 

57.699

25.568

10.539

2.488

247.701

 

S E X O

 

Hombres

19.819

36.721

132.784

 

93.784

42.813

14.986

3.188

344.095

Mujeres

2.754

5.482

19.983

 

11.873

4.984

1.668

305

47.049

Fuente: Ministerio del Interior a partir de datos del CNP, GP, Mossos, PAV y FORALES. (*) Los datos de España y Francia son de 2008.

   

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6

 

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Tabla 2. Detenidos extranjeros en España en 2007 por nacionalidad

 

PAÍSES

DELITOS

FALTAS

 

TOTAL

%

POBLACIÓN

%

 

Alemania

1.036

44

1080

1%

164.405

3,6

Bélgica

347

12

359

0,35

31.412

0,7

Francia

1.512

113

1.625

1,86

100.408

2,23

Reino Unido

2.065

63

2.128

1,94

31.412

7

Italia

1.100

61

1.161

1,26

135.108

3

Holanda

399

7

406

0,40

44.398

1

Polonia

1.117

97

1.214

1,17

61.464

1,36

Portugal

2.075

52

2.127

1,96