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Análisis de La última niebla


de María Luisa Bombal

Luis Felipe Díaz


Departamento de Estudios Hispánicos
Universidad de Puerto Rico, Río Piedras
Notas para Espa 3212
(Ver Sílabo Espa 3212)

Cuando María Luisa Bombal (1910-1980) publica La ultima niebla


(1935) no solo se inicia un nuevo ciclo en la novela chilena sino de
la narrativa hispanoamericana en general. Eduardo Mallea, Agustín
Yáñez, Alejo Carpentier, Miguel A. Asturias, Jorge Luis Borges,
Arturo Uslar Pietri, son pocos de los nombres más resonantes en ese
proceso. Pero los críticos tienden a no prestar la requerida atención a
María Luisa Bombal en su contribución al cambio de la literatura
latinoamericana de la época. Junto a los mencionados escritores (y
muchos otros), Bombal contribuyó a la creación de la nueva narrativa
moderna y vanguardista latinoamericanas, exponiendo técnicas
dentro de perspectivas de género muy poco reconocidas
anteriormente, incluso por el innovador vanguardismo de los años
20. El monólogo interior y lo subconsciente, el contrapunto temporal
y espacial (las nuevas cronotopías de la consciencia en su soledad
frente al mundo), el perspectivismo del discurso de la mujer y su
narrar homodiegético, el feminismo latinoamericano en su fase inicial
moderna, los nuevos modos de metaforizar que desarticulan la
mentalidad androcéntrica y su manera de relacionar elementos
binarios: como realidad-fantasía, vida-muerte, patriarcal-matriarcal,
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luz-oscuridad, fuera-adentro, amor lícito-amor ilícito. Todos estos


aspectos adquieren singulares matices en La última Niebla. Muchas
de estas técnicas ya para 1935 eran practicadas en la narrativa, pero
no con la singularidad y claridad que lo realizara María Luisa Bombal.
Su obra se aleja del neo-realismo tradicional y el naturalismo
que aún permanecían en las letras de entonces y anticipa un tipo de
literatura fantástica, que para muchos desembocará en el “realismo
mágico” varias décadas después (según planteado en parte por
Seymour Menton (El cuento hispanoamericano, México, FCE, 1964).
Las obras paradigmáticas más mencionadas con anterioridad son La
vorágine (1924), Don Segundo Sombra (1926), Doña Barbara (1929),
El Señor Presidente (iniciada su escritura en 1923), La serpiente de
oro (1935).
También en el campo del vanguardismo lírico los más
nombrados son César Vallejo con Trilce (1923), Pablo Neruda con
Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) y
Residencia en la tierra (1933-1935), Vicente Huidobro con su
manifiesto “Non Serviam” de 1914 y el largo poema Altazor (1931),
Jorge Luis Borges y su Fervor de Buenos Aires, 1923), Luis Palés
Matos con Tuntún de pasa y grifería (1937).
Las mujeres no estuvieron tan significativamente presentes en
la escritura de finales del siglo XIX en Latinoamérica, como en
Europa. Pero para principios del siglo XX aparecerán Gabriela Mistral
(1889-1957; premio Nobel de literatura en 1945), Delmira Agustini
(1886-1914), Juana de Irbarbourou (1895-1979) Alfonsina Storni
(1892-1938) entre muchas otras. En Puerto Rico destacada es la
figura de Julia de Burgos (1914-1953) mediante Poemas en veinte
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surcos (1938) y Canción de la verdad sencilla (1939).


La expesiones de estas poetas representan la diversa toma de
posesión ante un espacio semántico dominado por los hombres
durante toda la modernidad hasta principios del siglo XX. La mujer de
principios de este siglo ingresa en un proceso de concientización de
su propia identidad y de la complejidad de moldear para el mundo su
escritura, de crear su subjetividad lírica desde el sentir de su género
y de su problemática social específica. Con la llegada de la
modernidad vanguardista, sobre todo, y con la influencia del
pensamiento liberal de la sociedad industrial —y la aparición de la
ciudad y sus nuevas formas de articular relaciones humanas en
culturas cada vez más burguesas y modernas—, las mujeres
buscarán maneras de expresar su particular sensibilidad y definición
identitaria frente al discurso de los hombres (la diferencia, la
otredad).
De relevancia son también las definiciones del movimiento
vanguardista en el mundo hispánico de esta época realizadas por
Guillermo de la Torre en Literaturas europeas de vanguardia, (1925)
y José Ortega y Gasset en “La deshumanización del arte” (1924).
Ramón María del Valle Inclán publica en 1925 una importante novela
vanguardista que alude a las dictaduras latinoamericanas en todo su
sentido esperpéntico (Tirano Baderas). Sin embargo, la critica
literaria dominada por los hombres no le concedió la ubicación
pionera a la propuesta de la obra de Bombal (tampoco a La
amortajada, 1936). Obras Completas de María Luisa Bombal (2000),
compilada por Lucía Guerra (citada más adelante), con su
“Introducción”, ha representado un paso al frente en este aspecto.
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En La última niebla importante resulta el desarrollo de la trama


y el argumento, junto a la tensión dramática, ligados estos aspectos
a la atmósfera lírica, la visión poética del mundo; todo intrincado con
el rechazo de la protagonsita al domino ejercido por los hombres. El
lirismo se funde con el acontecer narrativo, y da margen a la fusión
de la fantasía y del ensueño, pero siempre entroncado con una
problemática real que pese a su psicologismo fantasioso no deja de
ser algo neo-realista en su técnica narrativa, pues siempre persigue
el mundo del afuera con coherencia y seguimiento mimético. Pero
con una voz homodiegética la narradora sigue un hilo argumental
muy subjetivo e interno, sin mayores rupturas diegéticas. No es una
obra enteramente fantástica ni de las rupturas narrativas al nivel
formal que ofrecen, por ejemplo, El señor presidente de Miguel Angel
Asturias o Tirano Banderas de Valle Inclán.
Para el alcance de esas nuevas técnicas, Bombal se vale del
monólogo interior, de los estilos directo e indirecto libres y de la
capacidad de mantenerse en una mímesis neo-realista (tendente al
psicologismo feminista, entendido dentro de la época de los años
30). La obra sí ofrece luego de la mitad del relato, ciertas elipsis
narrativas interesantes que apuntan a la incertidumbre de la
protagonista y al estilo de diario tan propio de la escritura de una
mujer atormentada y desilucionada al no poder compaginar lo
imaginado con lo concebido por lo demás.
Para Fernando Alegría en Historia de la novela
hispanoamericana (México: Ediciones Andrea: 1974) La última niebla
dejó una huella notable porque apareció en un momento en que el
criollismo estaba en franca decadencia y comenzaban a surgir las
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corrientes neo-realistas. La obra de Bombal es más bien surrealista,


pese a mantener un estilo bastante mimético, junto a un discurso
singularmente poético, dado a lo sorpresivamente subconsciente de
la mujer y sus ensueños. En los años que Bombal vivió en Francia
(1923-1931) se nutrió de nuevas corrientes literarias vanguardistas
cargadas de sensualismo y de sexualidad en cuanto a lo feminista
(es seguidora de Virginia Woolf). Según Gómez Gil allí la influye
mucho Marcel Proust, en la técnica y en la preeminencia de lo
sensorial e intellectual, también T. Mann (Historia crítica de la
literatura hispanoamericana, Ne YorK: Row, Holt, Rinehart and
Winston, 1968).
En una entrevista dice Bombal “...me atrevo a decir que no sólo
rompí e incité a romper con la narrativa naturalista criollista en la
literatura chilena sino también con la narrativa de igual naturaleza de
algunos otros de nuestros países latinoamericanos. Quiero decir con
esa literatura que es sólo “descripción” de un existir, hechos y
vicisitudes. Sí, creo haber insinuado y hecho aceptar en nuestra
novela aquel otro medio de expresión: el de dar énfasis y primera
importancia no a la mera narrativa de hechos sino a la íntima,
secreta historia de las inquietudes y motivos que los provocaran ser
o les impidieran ser (Entrevista por Marjorie Agosín 1977).
Importante resulta entender el feminismo de Bombal en el contexto
crudamente machista de los años 30 y no en la época posterior
cuando la mujer ha desarrollado un lenguaje antipatriarcal mucho
más agudo y militante y ya respaldado por una compleja teoría
feminista.
El movimiento surrealista en Chile específicamente nace en
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1938 con la formación del “Grupo Mandrágora”. Sin embargo, María


Luisa Bombal se relacionaría con esas técnicas y novedades
literarias mucho antes que éstas llegaran a Chile. En la novela La
última niebla se dan las características surrealistas (vanguardistas)
que en parte mencionamos. Muchos escritores chilenos como
Vicente Huidobro, Juan Emar, entre otros, eran fuertes admiradores
de la cultura francesa y siguieron las ideas vanguardistas de la
época. Se muestran bien enterados de las ideas de Tristan Tzara,
Paul Éluard, André Breton, por ejemplo. (Gerald J. Langowski: 1982).
Nos advierte Eva María Valero, algo que ya hemos mencionado,
en su El desconcierto de la realidad en la narrativa de Ma. Luisa
Bombal. Y es que esta novelista no debe ser vista dentro del
feminismo de hoy día. En una ocasión Bombal dice palabras que no
deben sorprender pues son propias de su época. Al respecto nos
indica la mencionada critica: “La actitud de María Luisa Bombal se
alejaba por tanto de la nueva ideología feminista para ratificar los
planteamientos, a la postre machistas, de la alta burguesía
latinoamericana a la que pertenecía, tal y como manifestó en
numerosas entrevistas o en su Testimonio autobiográfico: “Claro que
siempre el hombre y la mujer han sido muy diferentes. El hombre es
intelecto, sabe más [...] mientras la mujer es puro sentimiento. Yo
creo que el amor es lo más importante en la vida de una mujer... La
mujer es puro corazón, a diferencia del hombre que es materia
gris...» (Ibid., p. 342). Universidad de Alicante. No 16, 2003, p. 13).
Sabemos que partir de Simone Beauvoir (1908-1986) las
diferencias de géneros no son vistas de manera tan dicotómica y no
se le confiere ventaja al hombre en cuentiones de liderato e
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inteligencia. En El segundo sexo (1949) La pensadora francesa,


Beauvoir, expuso planteamientos teóricos para las nuevas visiones
feministas que se convirtieron en criterios clásicos del pensamiento
de mediados del siglo XX, y expone la condición socio-cultral de la
mujer y analiza las distintas manifestaciones de la opresión
masculina. Plantea que al excluirse la mujer de los procesos de
producción y confinarla al hogar y a las funciones reproductivas, ésta
pierde vínculos sociales fundamentales y con ellos la posibilidad de
ser libre en la sociedad. Beauvoir analizó la situación de género
desde la visión de la biología, el psicoanálisis y el marxismo, criticó
los mitos femeninos y reclamó una abierta liberación de la mujer.
Para ella la lucha para la emancipación de la mujer era distinta, pero
paralela a la lucha de clases, por lo que el principal problema que
debía afrontar el "sexo débil", el “otro”, no solo era ideológico sino
también económico. El pensamiento de Bombal carece de estos
criterios radicales. Beauvoir además de feminista era socialista.
Bombal era una mujer apartada de luchas ideológicas y de
consciencia anti-burguesa.
Si bien hay semejanzas entre la obra de María Luisa Bombal y la
narrativa y las ideas de Virginia Woolf (nos dice Lucía Guerra
Cunningham), no existe, como en la escritora inglesa, una denuncia
explícita de la situación de la mujer durante las décadas de los años
veinte y treinta. En su obra, como Bombal misma afirma en
testimonios personales, se omite el compromiso social, la actitud
revolucionaria o la rebelión efectiva. En gran medida nuestra autora,
en su mentalidad burguesa, era anti-revolucionaria. Su óptica gira en
torno a una dimensión mítica y arquetípica de la mujer, cuya
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alienación social repercute en un ahondamiento en sus atributos


misteriosos y ancestrales. En este sentido, la problemática planteada
a través del tratamiento conflictivo de la mujer es llevada a la
desarmonía entre el Ser y el Mundo (algo ya cercano al
existencialismo y a la antropología y psicoanálisis de los arquetipos).
Sobre estos aspectos amplios nos ha dicho el crítico
Langowski que: “Los problemas del hombre del siglo veinte,
causados en mayor parte por los adelantos científicos y tecnológicos,
el aparente fracaso de las instituciones democráticas y una reciente
duda de la existencia de Dios, trajeron como consecuencia el
nacimiento de una nueva sensibilidad, que se caracterizaba por una
debilitada confianza en los poderes racionales del ser humano. Tal
creencia encontró su expresión en el surrealismo”. Todo esto cobra
amplia magnitud con los movimientos vanguardistas, que María
Luisa Bombal seguía muy bien luego de sus experiencias
intelectuales en París. Por esa razón sigue a André Bretón (1896-
1966) en sus manifiestos que exhortan al artista a romper con la
matriz de la existencia lógica, dando más evidencia a lo que ocurre
en los sueños y no a racionalizar enteramente las acciones de
acuerdo a sucesos en estado de vigilia. Breton creía que los sueños
no debían ser un mero paréntesis en la existencia, sino un suceso
que adelantara el conocimiento del ser en sí mismo. (Gerald
Langowski. (“María Luisa Bombal, La última niebla, 1935”, El
surrealismo en la ficción hispanoamericana. Madrid: Gredos, 1982).
La obra de Bombal encuedra con el surgimiento de estos nuevos
procesos paradigmáticos en la historia de la humanidad en el siglo
XX.
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La última niebla trata de la historia de una mujer que se casa


con su primo Daniel, tras éste haber perdido a su primera y amanda
esposa. Suceso importante a principios de la obra son las fugas de la
protagonista a lugares fuera de la casa, tras ser ignorada
sexualmente y maltratada en lo verbal por su marido. En una de sus
fugas cree encontrase con otro hombre con quien sostiene una inicial
relación sexual y luego cree ser su amante. Se trata de su imaginaria
respuesta, con la cual responde a ser sólo un reemplazo en la vida
de su marido (quien acaba de enviudar), y quien la utiliza como un
instrumento para no sentirse solo y para cumplir con las normas de la
sociedad. La protagonista sueña, tras la niebla de la razón, y en
contraste con la realidad concreta, que con un amante cumple todos
sus deseos, que le dan a su vida una razón vital y sexual de ser.
Una trama que, un tanto apartada, acompaña a la de la
protagonista es la de Regina, quien sí poeee un amante, y termina
suicidándose. La protagonista también a finales de la obra, y al saber
que tal vez toda su aventura de amante ha sido producto de su
imaginario, intenta culminar con su vida, lanzándose frente a un auto.
Pero su acción suicida, es impedida por su esposo, sin hacer éste
pregunta alguna. Finalmente, la protagonista entiende que su
aventura con el amante ha sido un autoengaño y trata luego de
proseguir “normalmente” con su vida.
Tras reconocer esta trama resulta importante comprender qué
significaba el irrumpir de esa manera frente a los cánones literarios
de la época y los valores sociales, con estas temáticas y técnicas.
Como señala Lucía Guerra, la mujer en esa época (primera mitad del
siglo XX), estaba frente a una realidad ambivalente en la cual tenía y
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no tenía “cuarto propio”, en los términos de Virginia Woolf. A pesar


de que Bombal había escrito en una época en que las mujeres sí
podían tener acceso a ciertos grupos intelectuales, aún se
consideraba el rol femenino dentro de una perspectiva
extremadamente masculina, patriarcal y machista. En tal sentido, la
novedad que presentan las escritoras, además de ser rupturista, es
de una nueva visión que continuaría a lo largo del siglo XX y
cambiaría la historia de la humanidad. Esta nueva representación de
la mujer, ya no es como una otredad social, de la cual se hablaba
desde una mirada masculina y androcéntrica (falogocéntrica, dice
Julia Kristeva hoy día), representa una reescritura de su propio
devenir. Sobre todo, la mujer no se presenta ya como parte del
simbolismo de un proyecto nacional en la escritura latinoamericana.
No es una alegoría de lo que les ocurre a los hombres en su
sobrevalorado devenir cultural como en Doña Barbara o Los de
abajo. En estas obras escritas por hombres, las alegorías nacionales
y categorías político-metafóricas de lo femenino y lo masculino se
tendían a filtrar en la andro-semántica oculta del discurso literario. Se
aludía a la mujer connotándola como lo foráneo, lo excéntrico, la
frivolidad, lo pasivo; mientras que al hombre se le designa la fuerza,
el proyecto, el dominio. (Ver “Introducción a La última niebla”
(Santiago: Editorial Andrés Bello, 2000). En esta novela de Bombal la
alegoría alude a los sucesos intrínsecos del sentir de la mujer, a una
metáfora de su posición dentro del acontecer del mundo dominado
por hombres como Daniel. Pero en la novela Daniel se desplaza a
una actancia secundaria, confiérendosele singular protagonismo a la
mujer en su genuino sentir y existenciario.
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Para Patricia Espinosa “la escritura de Bombal contiene


vínculos con la tendencia que predominó las primeras dos décadas
del siglo XX en la narrativa de mujeres; sin embargo no se liga con el
criollismo. La estructuración patriarcal impuesta a las escrituras de
mujeres por el relato moderno impone la separación entre el espacio
de lo público y lo privado; la subordinación versus la emancipación,
el logos versus la intuición, la sensibilidad, el onirismo y la
exploración de la conciencia. El discurso modernizador que privilegió
el progreso y el dominio de la naturaleza construye un femenino
asimilado a ésta, pero excluido del sistema de dominio y poder: el
logos. La escritura para las mujeres se convierte en un acto de
subversión, constitución de identidad.” (Acta Literaria Nº 31 (9-21),
2005. Patricia Espinosa H., La última niebla de María Luisa Bombal:
excentricidad, desacato y eroticodad en el devenir identitario
femenino”. Pontificia Universidad Católica de Chile.
(peh@puc.cl)http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-
68482005000200002&script=sci_arttext).
Con La última niebla Bombal hibridiza el espiritualismo de
vanguardia, corriente que predominó en la escritura de mujeres de
las tres primeras décadas del siglo XX y que privilegiaba la
interioridad, el alma y la vida psiquica como fuente de inspiración a
unos distintos niveles. Bombal desplaza a un nuevo estatuto el
imaginario y sus metáforas, y lo transgrede mediante una escritura
en la cual ofrece a lo femenino una diferente mirada (para el lector).
Y aún cuando la perspectiva de un yo femenino y su mundo interior,
su diálogo con el entorno natural de cuño neo-romántico siguen
constituyéndose en ejes del relato, la posición desde donde el sujeto
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habla es definitivamente otro al anterior a la publicación. La escritura


como práctica de continuas rupturas en la fragmentada historia
literaria de mujeres en Chile tiene en La última niebla un momento
transcendental, para críticos como Patricia Espinosa. Este primer
texto de Bombal, se convierte en un engranaje, un ensamblaje, un
espacio, un continuo devenir más que un lugar de certezas, de
finalidades o teleologías. Se trata de reconocer la ambigüedad en la
existencia humana, dentro del sentir de lo feminimo. Bombal se sirve
del lenguaje como una estrategia que no designa una identidad
específica, sino que potencializa el devenir “otro”, el devenir en otras
palabras desde una voz extranjera en su propia patria: la del
lenguaje en cuanto su relación Realidad-Niebla, consciente-
subconsciente, vida-muerte. En este sentido, no se trataría sólo de
aspectos feministas sino de una nueva identidad del ser moderno en
la sociedad que se acerca más, a mi entender, a lo existencialista.
Nos dice, además, Patricia Espinosa: “La última niebla pone en
escena por primera vez en la historia narrativa chilena de mujeres a
la mujer como discurso marginal que busca su identidad a partir de la
propia enunciación. Palabra del otro disperso, descentrado,
ejecutando violencia respecto a la voz de la hegemonía masculina.
Las primeras tres décadas literarias en Chile constituyeron un
período ejemplar en tanto configuración de la palabra de aquel otro.
El pobre campesino, marginal urbano, la mujer, se constituyeron en
figuras que poco a poco fueron articulando su propia discursividad. El
texto de Bombal se inserta perfectamente en este paradigma;
estamos ante una voz de mujer que se debate entre el
silenciamiento, las determinaciones históricas sobre su condición
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femenina, la censura al otro, el temor a la diferencia y la posibilidad


de hablar desde un lugar propio. Mujer como identidad en crisis que
accede al sentido y lo guarda en la memoria, como lugar sagrado
que le permitirá asumir la degradación corpórea, la rutina de lo
cotidiano. Hay desgaste, pérdida a nivel externo, pero también
ganancia en el universo privado. Estamos ante una sujeto sometida a
sucesivas revoluciones en el proceso de constitución de su yo.”
La niebla, nos sugiere el critico Cedomil Goic, se presenta como
el punto más alto en la significación simbólica de la obra. Constituye
un significante mediante el cual se diluye lo real, se inmoviliza de
muerte, de los objetos, acecha como un peligro oculto, ataca, se
estrecha contra la casa, se infiltra en todos los ámbitos, todo lo
deshace, ahoga, esfuma, tamiza y envuelve; nada escapa a su poder
funesto (182).
A nuestro entender, además de ser una metonimia de la pulsión
de muerte (son muchas las imágenes de la muerte en la novela), se
trata del Imaginario femenino de la cultura que para esa época ya no
se puede contener y emplea a una escritora como Bombal para
expresarse y convertirse en una realidad metafórica visible aunque
sea desde la locura (la niebla). Esto es de esa manera a pesar de
que toda la transgresión quede al final en mero intento y en una
desilusión para la protagonista, quien en realidad deseaba encontrar
al hombre de sus sueños. Es una novela en que la mujer se enfrenta
al Orden Simbólico acaparado por los hombres, al “Nombre-del
Padre” y su metáfora fálica que impone el Complejo de Edipo de la
cultura patriarcal y subyuga lo femenino al silencio, al no-lenguaje, a
la muerte. La niebla es un signo de transgresión, es la inevitable
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aparición del inconsciente y del Deseo de la mujer en su más


cercana relación con la naturaleza, con su cuerpo, con su
pensamiento, su Eros e inevitable acompañante Tanatos. La mujer
se inicia así en reconocer su genuino y solo cuerpo sexual y se
dispone a comunicarlo mediante sus nuevas metáforas del
subconsciente (de la niebla). De ahí el narcisismo de principios de la
obra (el placer de reconocer la belleza de su propia corporeidad) y de
lo fantasmático del habitat que la rodea (tanto en el campo como la
ciudad) y del hombre del Deseo cuyo goce conlleva deseo de muerte
(Roland Barthes le llama la jouissance). No se puede obtener el
placer del hombre, pero se obtiene el goce del texto femenino. Es
como la mujer que realmente desea del hombre solo la obtención de
un hijo.
Pero habría que tener presente la valoración del motivo de la
niebla en una entrevista realizada a María Luisa Bombal, en 1977, en
la cual señala de su propia novela —pues nos proporciona pistas de
la interpretación que tal vez quiere comunicar el escritor de una obra
y también porque sirve para evita una sobreinterpretación. Al
preguntársele qué relación veía entre la música y la niebla y el
sentido de esta última en cuanto al ambiente psicológico expuesto en
su narrativa, contesta: “La música así como la niebla significan, son
para mí... silencio. Un silencio que acalla en nosotros ese mundo de
banalidades, obligaciones y dolores de la vida cotidiana... para
dejarnos momentáneamente oír y escuchar ese canto
cuidadosamente escondido dentro de nuestro mundo interior” (en
Klahn & Corral 556- 557).
En síntesis se puede sostener que, como matriz de sentido, la
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narrativa bombaliana muestra una pugna entre lo femenino y


masculino que se representa mediante la lucha de lo consciente y lo
subconsciente de la cultura, prestándose más atención a lo segundo.
El mundo racional (consciente) aparece representado por Daniel y,
como se mencionó anteriormente, éste no está descrito de la manera
tan poética como se presenta el mundo onírico de la protagonista
(inconsciente). El mundo de la fantasía y el imaginario es descrito de
una forma casi mágica y mítica y se revela como contradiscurso de lo
masculino. Adquiere sentido pleno como respuesta de una parte (la
metonimia) al todo de la realidad dominada por los hombres (la
metáfora patriarcal del Nombre-del-Padre).
La niebla juega un imperante rol en todo este proceso ya que
representa un escape de la protagonista hacía lo desconocido e
instintivo, como proceder que posee sentido misterioso y significativo
para la protagonista en cuanto mujer. Pero todo ello implicándose, no
obstante, el peligro de acercarse a la muerte y la nada que pueden
representar el amor tal vez más en su sentido transgresor de lo
social que en lo intrínseco (de ahí el suicidio de Regina). “La región
de lo inconsciente se concibe como desconocida y misteriosa, y así,
Bombal prefiere describirla en un ámbito de niebla” (Langowski 46).
Se puede apuntar a que el elemento de la niebla es parte de un
lenguaje simbólico que se convierte en la exteriorización del estado
anímico del personaje principal. Finalmente resulta de importancia
este elemento ya que se puede comparar a una cortina que separa,
de manera muy fina, dos ambientes que dividen el mundo descrito
por la autora. (Ver: “Binariedad del espacio en la última niebla de
María Luisa Bombal” de Fernanda Urrea,
16

fernanda.utoledo@gmail.com Universidad Andrés Bello


(http://www.cuadernosdeletras.net84.net/especial_2009/12%20-
%20binariedad.pdf)
Francine Masiello esboza la problemática que caracteriza la
novela feminista de vanguardia frente a la estética mundonovista. El
rechazo de uno de los pilares básicos que sustenta a la sociedad
patriarcal —el hogar, la casa familiar—, constituye uno de los rasgos
que perfila su estudio. El mito de la casa acogedora se desvanece
tras el entramado poético de la lluvia, el viento y la niebla que azotan
el hogar burgués. (En “Texto, ley, transgresión: especulación sobre la
novela (feminista) de vanguardia" (Revista Iberoamericana). Julio-
Diciembre 1985, vol. Ll, Núms. 132-133, pág. 810). Ya en la lírica de
las poetas, al principio mencionadas, se trasluce mucho de este
aspecto toponímico.
Ver: Llurba Ana María, “El mundo mágico de María Luisa
Bombal. Gramma. Noviembre, 2002.
http://www.salvador.edu.ar/gramma/36/6-13.pdf); Sandez, Mariana.
“El deseo y la otredad en La última niebla de María Luisa Bombal,
http://www.salvador.edu.ar/gramma/36/22-30.pdf) y González García,
Angel, Escritos de arte de vanguardia, 1900/1945. Madrid: Istmo,
2003. He empleado la edición de Lucía Guerra (y su “Introducción”),
Obras Completas, Barcelona: Editorial Andrés Bello, 2000. En cuanto
la ideas feministas refiero a mis estudiantes a las páginas 318-333
de mi libro Modernidad, postmodernidad y tecnocultura actual (San
Juan: Publicaciones Gaviota, 2011).
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http://dementiapsictica.blogspot.com/2009/06/la -
ultima-niebla.html

Ciccava B. La última niebla

María Luisa Bombal es una escritora chilena que nace en Viña del
Mar el 8 de junio de 1910. Su vida estará marcada por un exilio
“voluntario” que la llevará a vivir en Francia, Argentina y Estados
Unidos. Su biografía ha sido bastante variada en su juventud
mostrando, según la biografía de Agata Gligo (1985), a una jovencita
que vive en Viña del Mar hasta la muerte de su padre para luego
viajar y educarse en Francia, específicamente en Notre Dame de
l’Assomption y en la Sorbona. Luego regresa a Chile, en la década
de los años 30, y comienza a interactuar con los escritores e
intelectuales de época. Sin embargo, es en su estadía en Argentina
cuando escribe y publica La última niebla en el año 1934.
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La última niebla es el enfoque de este trabajo, que se plantea como


una propuesta de lectura hermenéutica, considerando todos los
niveles por los que se debe transitar, para luego llegar a un análisis
satisfactorio y coherente de la obra literaria. Por lo tanto son varias
las interrogantes preliminares sobre esta obra. Comenzaremos a
dilucidarlas y tratar de abarcar el texto en su máxima amplitud.
Sin duda La última niebla es la novela que rompe con la tradición
realista de la literatura en Chile. Este quiebre define a la novela
dentro de las características de lo que se llama el surrealismo
hispanoamericano. Este movimiento de vanguardia se comienza a
gestar en América gracias al movimiento surrealista que promueve
André Breton en Francia. El movimiento surrealista nace en Chile en
1938 con la formación del “Grupo Mandrágora”, sin embargo, cabe
señalar que María Luisa Bombal está al tanto de las técnicas y
novedades literarias mucho antes que éstas llegan a Chile. Así
también hay que señalar que en la novela La última niebla se dan
todas las características surrealistas que revisaremos más adelante.
El surrealismo hispanoamericano es uno de los cuantos
movimientos que llegó a América, traído tanto por intelectuales
hispanoamericanos como europeos, para comenzar a renovar las
formas estéticas que imperaban en el siglo anterior. Todos estos
ismos se agruparán en la denominación de vanguardia literaria en
América. Así muchos de los escritores chilenos como Vicente
Huidobro, Juan Emar, María Luisa Bombal, entre otros, son
admiradores de la cultura francesa y siguen las ideas rupturistas de
los vanguardistas de la época. De manera que ellos leen o están
enterados de las ideas de Tristan Tzara, Paul Éluard, André Breton,
etc. (Gerald J. Langowski: 1982, pág. 23-24).
La última niebla es una novela, o novela corta, que irrumpe en
el panorama literario tras su publicación maravillando tanto a los
críticos como escritores de la época. Cedomil Goic señala que la
novela anticipa los cambios que se venían gestando en la literatura
hispanoamericana en cuanto a la sensibilidad pues es, recordemos,
el neorrealismo lo que impera en la literatura hispanoamericana y
chilena de la época (Goic, 1991: 167). Goic señala que la publicación
de La última niebla es significativa porque inicia propiamente la
literatura contemporánea en Chile, aunque no sostiene que ésta se
inicia con el surrealismo, pero cree que los conceptos y técnicas
surrealistas son más adecuados al gusto del escritor contemporáneo
que las técnicas realistas del siglo pasado. (Gerald J. Langowski:
19

1982, pág. 43).

Los problemas del hombre del siglo veinte, causados en mayor


parte por los adelantos científicos y tecnológicos, el aparente
fracaso de las instituciones democráticas y una reciente duda de
la existencia de Dios, trajeron como consecuencia el nacimiento
de una nueva sensibilidad, que se caracterizaba por una
debilitada confianza en los poderes racionales del ser humano. Tal
creencia encontró su expresión en el surrealismo” (Gerald J
Langowski: 1982, pág. 43-44).

El neorrealismo es una generación marcadamente social,


comprometida con las injusticias sociales y tremendamente tocada
por la guerra mundial. Por lo tanto, presenta mundos de contestación
y descontento. De manera que, los surrealistas no obtienen un
reconocimiento inmediato porque los lectores de la época aún no
están habituados al cambio estético y/o de sensibilidad.
También es importante señalar qué significaba que una mujer
irrumpiera o rompiera con los cánones literarios de la época. Como
señala Lucía Guerra la mujer en esa época, primera mitad del siglo
XX, estaba frente a una realidad ambivalente en la cual tenía y no
tenía “cuarto propio” en los términos denotativos y valorativos de
Virginia Woolf. A pesar de que María Luisa Bombal había escrito en
una época en que las mujeres sí podían tener acceso a ciertos
grupos intelectuales aún se presentaba el rol femenino desde una
perspectiva masculina, en términos patriarcales, por lo tanto, la
novedad que presenta la escritora, además de ser rupturista, es la
nueva visión que ofrece de la mujer. Esta nueva representación de la
mujer ya no como un “otro” social, del cual se habla desde una
mirada masculina, sino como una reescritura de su propio devenir.

A pesar de que María Luisa Bombal declaraba no haber


participado activamente en los movimientos feministas de la
época, sus textos ponen de manifiesto una representación de la
mujer desde una perspectiva que coincide con los postulados de
Victoria Ocampo. En los márgenes de los modelos surrealistas y
de la vanguardia en general, elabora un espacio propio en el cual
la mujer deja de ser musa y mujer esculpida en un relieve para
convertirse en personaje de una problemática que devela, en
parte, la circunstancia de la mujer latinoamericana durante la
20

primera mitad del siglo XX” (Lucía Guerra: 2000, pág. 14)

Ese era, de manera general, el contexto en el cual se publicó la


obra en 1934. Ahora bien, de qué se trata la novela. Podemos decir,
grosso modo, que La última niebla trata de una protagonista, cuyo
nombre nunca es develado, que se casa con su primo Daniel que
acaba de enviudar. A partir de esta situación se nos presenta un
personaje que vive una rutina infeliz e insatisfecha. Consecuencia de
esto es que comienza a soñar con un amante imaginario que sí le da
todo el placer que su marido le niega. Paralelamente, como situación
antitética, se presenta la pareja de Regina y Felipe que se muestran
como cómplices y amantes perfectos. Justo lo que la protagonista no
puede conseguir con su marido. Así comienza a vivir una aventura
ilícita con su amante que no existe hasta, finalmente, darse cuenta
que los años han pasado y ella se ha vuelto vieja.
El tiempo de escritura de la novela data de 1934, cuando la
autora venía de París, donde el surrealismo era la escuela
dominante. Luego vivió en la casa de Pablo Neruda y cultivó amistad
con Jorge Luis Borges, quien también muestra influencia surrealista
en su obra (Jaime Hagel: 1987, pág. 106- 107). Como se ha
señalado anteriormente la contextualización histórica es que La
última niebla marca un nuevo rumbo en la literatura chilena. El
tiempo de recepción de la obra ha ido cambiando a medida que se
reedita y relee la obra. Jaime Hagel señala que la obra en su tiempo
fue tildada de “literatura de evasión” y que María Luisa Bombal de
“escritora no comprometida” por todo lo que habíamos señalado de
que el neorrealismo estaba tremendamente marcado por un
descontento social. Esta denominación fue hecha por los críticos de
izquierda, mientras los de derecha la tildaron de inmoral. Hagel
señala que no se debe olvidar la moral victoriana que había en esos
tiempos en Chile. También cabe señalar el estudio de Amado Alonso,
publicado en 1938, en el cual el filólogo español se resiste a leer un
despertar en la sexualidad de la protagonista cuando ésta se baña
desnuda en el estanque del parque (Jaime Hagel: 1987, pág. 107).
Sin embargo, hoy se han hecho relecturas de La última niebla desde
muchas perspectivas. Sólo por mencionar algunas Lucía Guerra ha
hecho una análisis desde la perspectiva del género, así también
Cedomil Goic ha analizado la novela desde qué variaciones
ficcionales presenta (perspectiva más teórica o estructural de la obra)
y así suma y sigue la lista de investigaciones que se hacen de la
21

novela ahora vista como una innovación estética y no una falta de


compromiso y moral a las costumbres sociales.

Análisis ficcional.

A continuación corresponde analizar la obra literaria desde el punto


de vista ficcional, es decir, a partir de la técnica narrativa. Es
necesario señalar qué características presenta el surrealismo francés
e hispanoamericano de manera general para entender por qué esta
obra trasciende en términos de la técnica narrativa.
El surrealismo comienza históricamente en 1924 y su principal
gestor es André Breton. Al principio comienza como una continuación
del dadaísmo, pues Breton antes perteneció a este ismo, para luego
ser oficialmente considerado como un movimiento de vanguardia.
Algunos rasgos generales del surrealismo se caracterizan por una
época del sueño. Recordemos que Freud postula que los sueños se
manifiestan en el inconsciente. Por lo tanto los estudios de Freud
abrieron innumerables caminos de expresión para los surrealistas.
Otra característica del surrealismo es que:
“En el primer manifiesto de Bretón se exhortaba al hombre a
romper con la matriz de la existencia lógica, dando más fe a lo que
ocurre en sus sueños y a que no se atuviera a racionalizar
enteramente sus acciones durante las horas de estar despierto.
Breton creía que los sueños no debían ser un mero paréntesis en
nuestra existencia, sino un instrumento que adelantara el
conocimiento de nosotros mismos” (Gerald J. Langowski: 1982,
pág.44- 45).
Por lo tanto el surrealismo propone que la realidad se subordine al
sueño y para esto ellos desarrollan espacios ambiguos y duales,
entre el sueño y la vigilia. Además en términos de escritura ellos
siguen una especie de “corriente de consciencia” que debe
ejemplificar lo mejor posible el inconsciente del sujeto.
Por otra parte el surrealismo hispanoamericano toma algunos
postulados de Breton y los adapta a su literatura. En primer lugar
cabe señalar que se produce un cambio de narrador en la literatura
de vanguardia hispanoamericana. Recordemos que el realismo
ocupó un narrador que se caracterizaba por mantener una distancia
del mundo que narraba, es decir, narraba las cosas de la forma más
objetiva y positivista posible. Esto está en plena sintonía con los
postulados de Emile Zola, y su novela experimental, en la cual
22

señalaba que el narrador, escritor en el círculo histórico, debía ser un


científico social y describir por medio de la razón todo lo que veía lo
más fiel a la realidad pudiera. En cambio en la narrativa surrealista
hispanoamericana se produce un drástico cambio, sobre esto
Cedomil Goic señala que “nos hallamos ante un narrador que ha
renunciado desde el principio a ejercer dominio sobre el mundo
narrativo que presenta (1991, pág. 169)”. Además otra característica
es que existen “vacíos” en la narración que el propio lector debe
llenar. Esto supone que el texto exige a un lector cómplice y atento,
que no puede dejar pasar detalles por alto. Por otra parte “El
narrador renuncia a la omnisciencia y al dominio consciente y activo
del universo, limitándose al actual, a un presente que se desplaza a
la par de las modificaciones de la conciencia del narrador” (Goic:
1991, pág. 170). Dicho de otra manera, estamos frente a un narrador
que ahora es capaz de dudar de la realidad, decir “yo no sé esto” o
“no estoy seguro si realmente este suceso pasó” y esto supone
también un desplazamiento del saber que antes estaba centrado
porque el narrador naturalista siempre sabía todo lo que acontecía y
mantenía un orden del mundo que le presentaba al lector.
Otra característica que propone el surrealismo es que existe
una realidad interior marcada por el sueño. Esto es lo que los
surrealistas franceses llamaron la “surrealidad”, un espacio ficcional
que está oscilando entre el sueño y la vigilia y que constantemente
confunde al lector.
Ahora bien, cabe preguntarse ¿qué rasgos ficcionales, es decir,
de las técnicas narrativas se pueden encontrar en La última niebla?
Comenzaremos por describir quién narra la historia. La narradora de
esta novela es una mujer, cuyo nombre nunca se menciona, que nos
cuenta su vida. Estamos en presencia de un narrador autodiegético,
es decir, es un narrador que enuncia el discurso porque vivió la
historia como protagonista. Así estamos siempre leyendo la historia
desde su subjetividad y es ella quien nos señala sus dudas,
reflexiones y acciones que realizan los demás personajes. Por otra
parte la focalización de este narrador es interna pues desde donde
narra es desde su interior, estamos leyendo una historia que pasa
sólo por sus ojos y nos manifiesta lo que pasa en su consciencia
“Vivo agobiada por la felicidad. Ignoro cuáles serán los proyectos de
mi amigo, pero estoy segura de que respira muy cerca de mí” (La
última niebla: 2000, pág. 75). Estamos frente a un narrador en
primera persona que es la protagonista de la historia y nos cuenta su
23

propia versión de los hechos. El narrador en primera persona, yo,


adopta un punto de vista subjetivo y sólo nos narra desde su
subjetividad. La siguiente cita ejemplifica muy bien el tipo de narrador
que ofrece la novela:

Mi dolor de estos últimos días, ese dolor lancinante como una


quemadura, se ha convertido en una dulce tristeza que me trae a
los labios una sonrisa cansada. Cuando me levanto, debo
apoyarme en mi marido. No sé por qué me siento tan débil y no sé
por qué no puedo dejar de sonreír” (La última niebla: 2000, pág.
65)

El personaje principal, del cual no sabemos su nombre, es la


mujer de Daniel, que se presenta a sí misma como una mujer que se
casó con su primo porque la mujer de éste murió. En la novela hay
una escena que nos ejemplifica muy bien cómo son miradas las
mujeres que después de cierta edad no se casan “- ¿Sabes que has
tenido una gran suerte al casarte conmigo? [Pregunta Daniel] – Sí, lo
sé- replico cayéndome de sueño. -¿Te hubiera gustado ser una
solterona arrugada, que teje para los pobres de la hacienda?” (La
última niebla: 2000, pág. 57”. De la siguiente cita se pueden
desprender algunos datos ya que todo lo que sabemos de los
personajes se da por sus acciones o sus conversaciones y no por
descripciones exactas de quienes son. En primer lugar se trata de
una mujer que se ha casado por “gracia” o favor de su primo Daniel,
lo cual supone que nunca conoció el amor o al menos no se casó por
amor. En segundo lugar se puede señalar que este personaje vive en
una hacienda la cual sugiere una posición económica, más bien
acomodada. Como sabemos la hacienda fue una relación económica
y social que tenía como finalidad tener inquilinos que trabajaran para
un dueño que les daba un trozo de terreno para que vivieran pero
que tenían, por obligación, que trabajar para el propietario de la
hacienda. Otros rasgos de la protagonista se ven en la novela, se
nos presenta un personaje sumamente dependiente,
económicamente, de su marido Daniel. Además se presenta como un
sujeto que vive una realidad insatisfecha porque “Mi marido me ha
obligado después a recoger mis extravagantes cabellos; porque en
todo debo esforzarme en imitar a su primera mujer, a su primera
mujer que, según él, era la mujer perfecta” (La última niebla: 2000,
pág. 60). Desde esta perspectiva la protagonista, en la primera parte
24

de la novela, se muestra como un individuo que debe luchar contra el


fantasma de la antigua mujer de Daniel y esto, precisamente, la
frustra porque no es a ella a quien ama su esposo sino a una muerta
que ya no existe. Como consecuencia de esto la protagonista
experimenta una desilusión aún mayor que tiene que ver con la
sexualidad de la cual no puede ser partícipe de forma plena:

Mi cuerpo y mis besos no pudieron hacerlo temblar, pero lo


hicieron, como antes, pensar en otro cuerpo y en otros labios.
Como hace años, lo volví a ver tratando furiosamente de acariciar
y desear mi carne y encontrando siempre el recuerdo de la muerta
entre él y yo. Al abandonarse sobre mi pecho, su mejilla,
inconscientemente, buscaba la tesura y los contornos de otro
pecho. Besó mis manos, me besó toda, extrañando perfumes y
asperezas familiares. Y lloró locamente, llamándola, gritándome al
oído cosas absurdas que iban dirigidas a ella” (La última niebla:
2000, pág. 78).

Como vemos el fragmento es bastante decidor en cuanto a la


relación que la protagonista lleva con su marido y que la hace sentir,
como mujer, poco amada y así también poco realizada. Jaime Hagel
señala que para escapar a esta realidad que vive el personaje debe
recurrir al instrumento de la imaginación. Por lo tanto estamos frente
a un personaje que a partir de lo que vive comienza a construir una
realidad paralela que habita en sus sueños. “La búsqueda de la
pasión amorosa en el sueño es para ella la posibilidad de vivir
intensamente la esa vida que la realidad le escamotea” (Hagel: 1987,
pág. 103).
Los personajes secundarios son Daniel, el esposo de la
protagonista, Felipe, su hermano, Regina, esposa y amante de
Felipe y, finalmente, al amante de la protagonista. Mientras que como
personajes terciarios se pueden señalar a la madre de Daniel, a
Andrés, el pequeño que “ve” al amante de la protagonista en el
estanque y a su padre.
Daniel, el esposo de la protagonista, es un hombre golpeado por la
pérdida de su primera esposa que debe, más que nada por deber,
casarse con la protagonista pero que sufre por su primer amor. “Al
entrar al dormitorio [Daniel] suelta la lámpara y vuelve rápidamente la
cabeza a la par que una especie de ronquido que no alcanza a
reprimir le desgarra la garganta. Le miro extrañada. Tardo un
25

segundo en comprender que está llorando” (La última niebla: 2000,


pág. 57). El personaje no es descrito físicamente, sino que se
presenta por sus acciones. Podemos inferir que es un hombre
tremendamente machista, racional y ordenado que vive la vida
monótonamente (Hagel: 1987, pág. 104).
Regina si es presentada físicamente y además se presenta como la
antítesis de la protagonista. Primero centrémonos en la descripción
física que nos presenta la protagonista:

Regina se pone de pie, cruza con lentitud el salón, se allega a mí


casi hasta tocarme. Tengo muy cerca de mí su cara pálida, de una
palidez que no es en ella falta de color, sino intensidad de vida
como si estuviera siempre viviendo una hora de violencia interior”
(La última niebla: 2000, pág. 61)
“Regina se ha quedado dormida sobre el diván. La miro. Sus
rasgos parecen alisarse hacia las sienes; el contorno de sus
pómulos se ha suavizado y su piel luce aún más tersa” (La última
niebla: 2000, pág. 63).

Sobre esta descripción física nos parece muy acertada la


opinión metafórica que hace Lucía Guerra sobre Regina señalando
que Regina es la imagen de la vampiresa del cine de los años veinte
y treinta. Regina en su palidez de intensa pasión, nos hace evocar la
figura seductora quien al cruzar el salón para dirigirse al piano
“sonríe a su amante que envuelve en deseo cada uno de sus pasos”
(Lucía Guerra: 2000, pág. 32). En efecto, Regina es una mujer que
vive en la realidad el éxtasis del placer que la protagonista sólo
puede evocar en sueños y es esta interpretación que hace Guerra la
que nos sugiere también al vampiro como símbolo sexual ya que el
acto de sobrevivir de los vampiros es por medio del placer para
asesinar a sus víctimas. Sin embargo, la figura de Regina se traduce
en su palidez apasionada como símbolo de la lujuria y todo lo que la
protagonista no es.
Finalmente Felipe es un personaje que no incide mucho en la
historia, al menos no en la visión de la protagonista, no hay muchas
descripciones de él salvo que va a cazar con su hermano al bosque y
que más tarde es víctima de la infidelidad de Regina.
El “personaje” secundario del que sí se hace una descripción
física es el amante. El cual tampoco tiene un nombre definido, junto
con la protagonista de la novela. De él se señala en la novela una
26

escena que es la del acto sexual propiamente tal en donde la


protagonista lo describe físicamente primero de una manera bastante
vaga “Es joven; unos ojos muy claros en un rostro moreno y una de
sus cejas levemente arqueada, prestan a su cara un aspecto
sobrenatural. De él se desprende un vago pero envolvente calor” (La
última niebla: 2000, pág. 67).
Luego nos presenta una descripción más precisa sobre el
personaje:

Él está nuevamente frente a mí, desnudo. Su piel es oscura, pero


un vello castaño, al cual se prende la luz de la lámpara, lo
envuelve de pies a cabeza en una aureola de claridad. Tiene
piernas muy largas, hombros rectos y caderas estrechas. Su
frente está serena y sus brazos cuelgan inmóviles a lo largo del
cuerpo” (La última niebla: 2000, pág. 68)

Lucía Guerra señala, en el prólogo, a las obras completas de


María Luisa Bombal que esta figura masculina se feminiza por medio
de la denotación “Dulce y preciosa carga que pesa sobre mis
muslos” en contraposición a la denominación de hombre, según la
tradición patriarcal, como símbolo del machismo y virilidad imperante
en esa época (incluso si se compara con la figura de Daniel). En
palabras de Lucía Guerra:

María Luisa Bombal modifica radicalmente esta axiología atribuida


a lo sexual, no solo por representar la escena antes citada [la del
acto sexual] desde una perspectiva femenina, sino también
porque reconfigura al personaje masculino designándolo como
“dulce y preciosa carga”, expresión que en el código criollista
feminiza al hombre” (Lucía Guerra: 2000, pág. 18).

En cuanto al espacio que nos presenta la novela podemos


decir que es mayoritariamente un espacio abierto porque la
protagonista está continuamente en el exterior de la casa, en la
ciudad y en algunas ocasiones en la casa. Se hace una descripción
del espacio natural y pocas veces de la casa o de un ambiente
cerrado, encontrando descripciones sólo de la casa de la madre de
Daniel y de la casa del amante.
La descripción que se hace del exterior, a menudo, es bastante
poética y onírica. Hay un ambiente dual que oscila entre el sueño,
27

marcado por la niebla, y la vigilia. Así se presenta un desplazamiento


de la realidad más concreta, en términos de si es o no verosímil,
hacia una realidad real pero que cobra carácter imaginario. En La
última niebla se rompen los límites de lo real y se sugiere una
binariedad de la realidad. Por una parte está presente una realidad
interior que podríamos relacionarla al sueño y otra realidad exterior
que corresponde a la vigilia. Entre estas dos realidades es donde
deambula la protagonista, deteniéndose a veces en el umbral.
Ejemplo de esta binariedad de mundo se encuentra presente en el
texto: “Mi único anhelo es estar sola para poder soñar, soñar a mis
anchas. ¡Tengo siempre tanto en que pensar! Ayer tarde, por
ejemplo, dejé en suspenso una escena de celos entre mi amante y
yo” (La última niebla: 2000, pág. 72).
Entonces el lector no sabe, a primera vista, si la única
existencia es la concreta porque ambas realidades se mezclan. No
se sabe en qué realidad está la protagonista porque la realidad
concreta está degradada por la niebla. La protagonista está en el
umbral entre una realidad interna, concreta, real y una realidad
interna, la del sueño y del inconsciente.
A continuación revisaremos algunos rasgos que identifican la
realidad de la protagonista y otros de la “surrealidad” en vive y cómo
se reconoce en la novela esta binariedad del espacio ficcional. En el
caso de la realidad “concreta” en la novela se puede señalar que
está marcada por una descripción menos poética que la onírica
porque precisamente se necesitan menos metáforas para significarla.
Si consideramos que la realidad ficcional se sustenta sólo en el
lenguaje, porque es ónticamente homogénea, nos parece claro que
para mostrar un espacio inconsciente se necesita de un lenguaje
más poético y rico en metáforas. Un ejemplo de la realidad de la
protagonista es “La madre de Daniel ha hecho abrir el gran comedor
y encender todos los candelabros sobre la larga mesa de familia
donde, en una punta, nos amontonamos, entumecidos” (La última
niebla: 2000, pág. 64-65). Por otra parte se presenta la otra realidad
en donde se sumerge la protagonista que siempre, cabe
mencionarlo, tiene a la niebla como componente principal:

La niebla se estrecha, cada día más, contra la casa. Ya hizo


desaparecer las araucarias cuyas ramas golpeaban la balaustrada
de la terraza. Anoche soñé que por entre las rendijas de las
puertas y ventanas se infiltraba lentamente en la casa, en mi
28

cuarto, y esfumaba el color de las paredes, los contornos de los


muebles y se entrelazaba a mis cabellos, y se me adhería al
cuerpo y lo deshacía todo, todo… ” (La última niebla: 2000, pág.
64).

Así asistimos a un extraño fenómeno que nos muestra que a


veces la ensoñación penetra a la realidad y ésta se ve
continuamente degradada por la niebla, confundiéndola.
Sobre el tiempo de la novela se puede señalar que el
acontecer es desde la juventud de la recién casada hasta su vejes.
Prueba de esta vida está constantemente aludida, desde el momento
que se casan hasta pequeños comentarios que los presenta la
protagonista “Pasan los años. Me miro al espejo y me veo,
definitivamente marcadas bajo mis ojos, esas pequeñas arrugas que
sólo me fluían, antes, al reír” (La última niebla: 2000, pág. 70). Así
también pasan años y la protagonista nos señala “Llega el día de
nuestro décimo aniversario matrimonial” (2000: pág. 73) para
señalarnos más adelante que pasan los años y se reconoce como
una vieja mujer que ha perdido su vida.
La estructuración temporal de la novela, la trama, está
compuesta por una primera parte que corresponde a la de la
juventud de la protagonista, en donde se casa con su primo Daniel,
hasta la noche en que conoce a su amante. Se puede señalar que la
novela presenta muchos vacíos temporales, de meses, días e incluso
años en donde se retoma la narración. La segunda parte de la novela
corresponde a las divagaciones de la protagonista con su amante, la
escena del estanque en donde su amante aparece en un carruaje, el
aniversario de su matrimonio, el Accidente de Regina, etc.
Llegando casi al final de su vida, su vejes, en donde nos
señala que ha elegido vivir la realidad junto a su esposo para “llevar
a cabo una infinidad de frivolidades amenas; para llorar por
costumbre y sonreír por deber” (La última niebla: 2000, pág. 95).
Jaime Hagel señala que “El tiempo es personaje importante en
esta novela. Es él quien saca de su engaño, más que la aclaración
de su marido y las palabras de la señora en la casa de la supuesta
aventura. El tiempo es quien gana la batalla al mostrarse, una vez
más inexorable” (Hagel: 1987, pág. 106).

Análisis fictivo
29

Como lectura interpretativa de la novela se puede señalar que esta


plantea varias interpretaciones. Ya se han hecho lecturas que
proponen que la novela es una búsqueda de lo absoluto y que esto
se encontraría sólo en el umbral entre dos realidades: una real y otra
imaginaria. Quisiéramos plantear una interpretación más o menos
aproximada. Existe una constante pugna entre la racionalidad y la
irracionalidad en la narrativa bombaliana, es decir, una constante
contraposición entre las fuerzas telúricas de la naturaleza y la
racionalidad lógica del hombre. Desde esta perspectiva podemos
señalar que la novela propone, por medio de la degradación de la
realidad, una dualidad y a la vez dos extremos que no logran
conciliarse. En una entrevista la autora señala que:
“Todo cuanto sea misterio me atrae. Yo creo que el mundo olvida
hasta qué punto vivimos apoyados en lo desconocido. Hemos
organizado una existencia lógica sobre un pozo de misterios. Hemos
admitido desentendernos de lo primordial de la vida, que es la
muerte. Lo misterioso es para mí un mundo en el que me es grato
entrar, aunque sea con el pensamiento y la imaginación” (Lucía
Guerra. Obras completas: 2000, pág. 10).
De esta cita se pueden desprender muchas cosas. En primer
lugar está presente la binariedad de mundo que presenta la autora, y
el surrealismo, entre el sueño y la vigilia. María Luisa Bombal llama
misterio a lo que se contrapone a lo racional y positivista. De esta
forma cobra mucha importancia la valoración que tienen las
protagonistas bombalianas porque ellas siempre tienen rasgos que
las vincula con el mundo del misterio. En el caso de La última niebla,
la protagonista es un sinónimo de irracionalidad porque vive en una
ensoñación que está en completa sintonía con el inconsciente.
Además es un personaje que vive fascinado por la naturaleza y es
capaz de entregarse a ella desatando sus pasiones más
animalescas. Si queremos comparar esta figura femenina e irracional
con su esposo Daniel podemos establecer que él representa toda
esta realidad lógica, el hombre como sujeto vinculado a la razón, a la
civilización, a todo lo estructuradamente racional.
El motivo de la niebla es el que más se destaca en la novela,
no así el único. Nos parece muy acertada la opinión de Cedomil Goic
cuando señala que la niebla adquiere diferentes significancias en el
transcurso de la historia. Al principio de la novela la niebla aparece
como una cortina que transporta a la protagonista al sueño, a la
ensoñación de una realidad que corre, paralelamente, con la realidad
30

concreta.
“Parece que me hubieran vertido fuego dentro de las venas. Salgo al
jardín, huyo […] Me acomete una extraña languidez. Cierro los ojos y
me abandono contra un árbol. ¡Oh echar los brazos alrededor de un
cuerpo ardiente y rodar con él, enlazada, por una pendiente sin fin…!
Me siento desfallecer y en vano sacudo la cabeza para disipar el
sopor que se apodera de mí” (La última niebla: 2000, pág. 61).
De la cita anterior se puede apuntar que la niebla se presenta
como una evasión a la realidad, al hastío de la protagonista, a la
insatisfacción de su vida sin amor gatillada por la presencia de
Regina y su amante. Generalmente, en la novela, la niebla se interna
en los ambientes como una exteriorización del inconsciente de la
protagonista, es decir, la niebla invade los lugares cuando el
personaje principal cruza el umbral entre la realidad concreta que
vive ella y el espacio interior, de ensoñación. De esta manera un
fenómeno físico como es la niebla se filtra por medio de espacios,
como la casa por ejemplo, cargando se subjetividad el relato,
presentándose como un manto que cubre la realidad y la señala
como una realidad “imaginada”. Da la impresión de que la niebla
invade todo en la primera parte del texto, etapa en la cual la
protagonista se siente más infeliz, cargando todo de significancia.
Además hace desaparecer elementos del mundo real concreto
nublando todo, señalando un espacio dado a los placeres y deseos
de la protagonista, lo que en psicoanálisis se conoce como el Ello.

La niebla se estrecha, cada día más, contra la casa. Ya hizo


desaparecer las araucarias cuyas ramas golpeaban la balaustrada
de la terraza. Anoche soñé que por entre las rendijas de las
puertas y ventanas se infiltraba lentamente en la casa, en mi
cuarto, y esfumaba el color de las paredes, los contornos de los
muebles y se entrelazaba a mis cabellos, y se me adhería al
cuerpo y lo deshacía todo, todo… ” (La última niebla: 2000, pág.
64).

Cedomil Goic señala sobre la niebla que el punto más alto en


la significación de la niebla es que posee una presencia
omniabarcadora que diluye lo real, inmoviliza de muerte los objetos,
acecha como un peligro oculto, ataca, se estrecha contra la casa, se
infiltra en todos los ámbitos, todo lo deshace, ahoga, esfuma, tamiza
y envuelve; nada escapa a su poder funesto (1991: 182).
31

Otra valoración del motivo de la niebla se encuentra en una


entrevista hecha a María Luisa Bombal, en 1977, en donde nos
parece interesante lo que ella señala de su propia novela porque
esto nos da pistas de la interpretación que tal vez quiere comunicar
el escritor de una obra y también porque sirve para esquivar una
sobreinterpretación
A María Luisa Bombal se le pregunta qué relación hay entre la
música y la niebla y se señala esta relación en cuanto al ambiente
psicológico que ella incluye en su narrativa a lo cual ella señala:

MLB: ¡Ésa sí que es una pregunta no tan sólo compleja sino


además, capciosa… por lo personal! Trataré sin embargo
contestarla. La música así como la niebla significan, son para
mí… silencio. Un silencio que acalla en nosotros ese mundo de
banalidades, obligaciones y dolores de la vida cotidiana… para
dejarnos momentáneamente oír y escuchar ese canto
cuidadosamente escondido dentro de nuestro mundo interior” (Mis
novelas (1977): 1991, págs. 556- 557).
Finalmente cabe señalar el tipo de mundo que propone esta
autora y las innovaciones en el plano fictivo que inserta el
surrealismo a la literatura Hispanoamericana Contemporánea. Las
propuestas en el plano fictivo que propone la novela tienen que ver
con la diferente visión que se ofrece de una realidad, en donde se
empieza a transmutar en una realidad imaginaria y enmascarada en
donde los límites de lo real a menudo se ven borrosos. La binariedad
de mundo plantea un plano de la vigilia y el sueño. Así se van
generando mundos en donde se empieza a especular porque existe
una inseguridad humana en donde la concepción del mundo es
similar a un laberinto en el cual a veces el sujeto se encuentra
perdido en un pueblo infernal, como Comala por ejemplo en Pedro
Páramo, o en una realidad nebulosa, como en el caso de La última
niebla.
Se puede apuntar, de manera general, que la novela presenta
un mundo ficcional verosímil, según la teorización de Tomás
Albaladejo Mayordomo, pues si bien existe una ensoñación ésta no
escapa de los límites de lo real, se mantiene como una ficción que es
aceptada por el lector y es creíble. Además La última niebla propone
otras calificaciones de mundos posibles. La primera tiene que ver
con el mundo natural en donde éste es de carácter doxástico que es
el mundo de la probabilidad o de la opinión. Es propio del mundo de
32

la fantasmalidad en donde asistimos, por ejemplo, a la “existencia”


de un amante que a menudo se señala, por el marido de la
protagonista, como un fantasma:

¿Su voz? ¿Cómo era su voz? No la recuerdo ¿Por qué no la


recuerdo? Palidezco y me siento palidecer. Su voz no la
recuerdo… Porque no la conozco. Repaso cada minuto de aquella
noche extraordinaria. He mentido a Daniel. No es verdad que
aquel hombre me haya hablado.
-¿No te habló? Ya ves, era un fantasma…”
(La última niebla: 2000, pág. 82).

Así también está presente el mundo social, de manera general


pues no es el trasfondo de la historia, el mundo axiológico, categoría
que se puede evidenciar en la novela correspondería al mundo
subjetivo e instalado en el sujeto. Ejemplos sobran en una narración
vanguardista, de la generación surrealista, que se construye desde el
sujeto y su subjetividad.
Finalmente se presenta de manera patente y protagónica el
mundo personal. La categoría de mundo egológica corresponde a la
realidad imaginaria que el sujeto, en este caso la protagonista de La
última niebla construye desde sí. Es el mundo de la consciencia de la
cual afloran deseos, frustraciones, etc.
En síntesis La última niebla supone una lectura compleja, que
en los tiempos en que se leyó, junto con la mayoría de textos
surrealistas, no fue valorada de manera inmediata, es más se tildó
esta novela de “literatura de evasión”. Desde este punto de vista hay
una variación en la recepción del texto, siendo posteriormente
analizada de acuerdo con una compleja gama de recursos que
sugiere la novela. Es por estas razones, cambios, rupturas e
innovaciones que merece ser un texto analizable, por su genialidad y
visión de mundo que plantea.

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