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ANDRE SANTOS ESPINOZA

PRINCIPIO DE NO NEGOCIACION CON TERRORISTAS.

Posterior a los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, los negociadores profesionales


no han guardado silencio sobre el tema del terrorismo. El autor Roger Fisher abordó esta
pregunta en su obra Getting To Yes, y en enero de 1992, el Negotiation Journal publicó un
número especial llamado Reflexiones sobre la guerra en el Golfo Pérsico. Las ideas
encontradas en estas publicaciones son tan válidas después del ataque del World Trade Center
como lo fueron para el terrorismo de los años 80 y principios de los 90.

En respuesta a la pregunta, si debemos negociar con los terroristas, Roger Fisher responde con
un rotundo sí, porque cuanto mejor sea nuestra comunicación, mayores serán nuestras
posibilidades de ejercer influencia. ¿Pero no negociar con alguien cuyo comportamiento
aborreces no le otorga una legitimidad que antes no tenía, y por lo tanto recompensa la
actividad criminal? ¿Esto no fomentará más el mal comportamiento porque significa que
hemos dado a la presión? Según Fisher, puede conferir un poco de legitimidad, pero este
efecto se puede minimizar al involucrar a personal de nivel relativamente bajo o no
gubernamental en las conversaciones iniciales. El efecto podría eliminarse si tuviéramos una
política de negociación con alguien. Con tal política, nadie podría alcanzar un estatus especial
solo porque se abrieron las negociaciones.

Lo que es mucho más cierto e importante es que una negativa a negociar indica rechazo de la
otra parte, y el rechazo crea graves obstáculos físicos y psicológicos para la resolución de
problemas, porque impide que se produzca una comunicación clara y garantiza la capacidad de
defensa y la resistencia al cambio. Simplemente debemos dejar claro que una decisión de
negociar no significa aceptar el comportamiento de la otra parte. De hecho, podemos amar a
nuestros enemigos y odiar lo que hacen, pero para demostrarlo debemos actuar de manera
amorosa aceptando su humanidad lo suficiente como para negociar beneficios mutuos. Cada
lado no necesita obtener más que aquello a lo que tiene derecho. Y debemos recordar que,
independientemente de cómo respondemos, no hay resultados garantizados, excepto que los
acuerdos forzados son siempre muy inestables.

No necesitamos aceptar sus valores o su conducta. Lo que sí aceptamos es que la humanidad


que se encuentra debajo merece el debido proceso y se da cuenta de que podemos estar al
menos parcialmente equivocados en nuestras percepciones y conclusiones (debido a los
estereotipos, el sesgo de atribución, la proyección, la desinformación, los datos inadecuados,
etc.). De acuerdo con Fisher y Brown en su libro Reunidos de 1988, deberíamos considerar a
todos los demás como iguales, es decir, “igualmente humanos, igualmente atrapados en la
situación, igualmente autorizados para tener derechos, y igualmente autorizados a tener
cualquier interés y opinión tomados en cuenta”. cuenta "(Fisher & Brown, p. 160). En realidad,
ese es un nivel de aceptación bastante mínimo. Pero, ¿no debería el enemigo tener que dar
algo para este tipo de aceptación? No, la negociación sobre la aceptación es como la
negociación sobre la disculpa: la aceptación solo es efectiva cuando se da libremente, no
cuando se retiene. Es coercitivo utilizar la aceptación como un chip de negociación; genera
desconfianza y ayuda a afianzar aún más una relación defensiva y adversa.

En la situación ecuatoriana, la medida del gobierno en no negociar con terroristas provocó la


pérdida de la vida de los 3 periodistas secuestrados dada la inexperiencia, la falta de método y
capacidad del gobierno en manejar situaciones de operaciones terroristas pese a que tenemos
una frontera conflictiva con Colombia.