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La primera infancia constituye una etapa fundamental en el proceso y desarrollo de la formación de la personalidad,

lo cual ha sido analizado con profundidad en los capitulos anteriores. Al ser esto así, es obvio que la atención, el
cuidado y la educación de los niños en estas edades revista una importancia crucial. Es por eso que en la mayoría de
los países, en unos en mayor grado y nivel de atención que en otros, se promueva un sistema de influencias
educativas organizado y dirigido a la formación de estos niños que están en esta edad tan significativa de la vida.
Surge así el concepto de educación de la primera infancia, de la educación infantil, como un sistema con fines y
objetivos de garantizar el cumplimiento de las demandas sociales respecto a la educación de estas nuevas
generaciones.

En principio, y evitando caer en imprecisiones, se hace indispensable analizar el problema de la terminología, de


cómo denominar a los sistemas educativos en estas edades, que históricamente han asumido diferentes acepciones
en dependencia de la tradición, el desarrollo científico educativo, el desarrollo histórico-social, las influencias
teóricas de las diversas escuelas psicológicas, entre otros factores. De esta manera es posible, si bien no ponerse
totalmente de acuerdo sobre los términos a adoptar, al menos en alcanzar un consenso que permita la
comunicación.

Así, cualquier programa de estimulación verdaderamente científico no solamente debe considerar la acción sobre el
componente sensoperceptual, cognoscitivo, afectivo y motor, sino también lo sociomoral, lo estético, la formación
de hábitos y organización de la conducta, los motivos, entre otros tantos aspectos, y que tienen su base primigenia
muchos de ellos en estas etapas bien tempranas del desarrollo. Y enfocarse para todos los niños de una sociedad
dada, independientemente de que, por las diferencias individuales, unos alcanzarán un nivel de logros diferente a los
otros, pero partiendo de las mismas oportunidades.