Вы находитесь на странице: 1из 6

FASES DE LA RESPUESTA SEXUAL HUMANA

Fases

Fase de deseo sexual


La estimulación de los impulsos
sexuales es diferente para cada
sexo, aunque comparte el origen
psíquico para activar la respuesta
sexual: los pensamientos son
inducidos por las percepciones
sensoriales, durante esta fase,
principalmente a través de la
visión, que estimulan áreas del
cerebro relacionadas con la
fantasía e imaginación. A su vez
existen conexiones con centros de
control hormonal que
secretan testosterona y hormona luteinizante, capaces de incrementar el deseo
sexual.
Durante esta fase no se observan cambios orgánicos evidentes. Sin embargo, la
fase de deseo o apetito sexual debe ocurrir para que un individuo se predisponga
a la actividad sexual, en la mayoría de casos, no en todos.
Fase de excitación
La excitación es la primera fase, y puede desencadenarse por una enorme
variedad de estímulos: la visión de un cuerpo desnudo, una caricia, olores, la
pronunciación o audición de ciertas palabras y un largo etcétera. Aún no hay
evidencia sobre un estímulo capaz de excitar específicamente a hombres o
mujeres, pero la idea convencional atribuye al varón el ámbito de lo visual y a la
mujer un espectro sensorial más amplio (tacto, mirada, palabra, gestos), aunque
faltan pruebas concluyentes que confirmen la creencia popular.
Durante la excitación, el pene se agranda, endurece y eleva, volviéndose erecto.
En la mujer, la vagina se lubrica y dilata, al igual que la vulva.
Fase de meseta
En esta etapa la respiración está entrecortada, el pulso cardíaco aumenta y todos
los efectos de la excitación se desarrollan. También aparece el rubor
sexual(enrojecimiento notorio en el área del pecho y rostro). La tensión muscular
aumenta. Al aproximarse el orgasmo (inmediatamente posterior a la fase de
meseta) es habitual una sensación de apremio por descargar la tensión sexual
acumulada.
Si la excitación desaparece durante la meseta o se interrumpe la llegada del
orgasmo, pueden producirse sensaciones molestas. El hombre experimenta ligero
dolor en los testículos y la mujer, congestión a nivel genital.
Hombres
Cuando la fase de excitación llega hasta su punto máximo, todos los cambios se
mantienen en su nivel más alto durante un cierto tiempo llamado «meseta»,
proporcionando una agradable sensación de placer. El varón puede notar una
especie de presión o calor en la zona de la pelvis, que está provocada por el
estrechamiento de los vasos sanguíneos, especialmente en las vesículas
seminales y la próstata. Durante este momento de aparente calma, la tensión
muscular se incrementa, el ritmo cardiaco y la respiración se aceleran y aumenta
la presión sanguínea.
La duración de esta fase es muy variable. Hay parejas que la prolongan
voluntariamente por medio de juegos amorosos, para conseguir una mayor
satisfacción.
Mujeres
Los cambios alcanzados en la fase anterior de excitación se mantienen e
intensifican también en la mujer durante un cierto tiempo. Quizás la variación más
significativa es que el clítoris se retrae de nuevo bajo la membrana que lo recubre
(capuchón), haciéndose menos accesible. Poco a poco, los niveles de excitación
se van incrementando para preparar la llegada del orgasmo. Los pechos
aumentan de tamaño y la areola se dilata. La vagina sigue expandiéndose.
Aumenta la congestión vascular en los labios menores. Los labios mayores se
separan aún más. Algunas mujeres presentan manchas rojizas por algunas zonas
del cuerpo. Este fenómeno es conocido como «rubor sexual» y no debe
preocupar, pues obedece a un aumento de la circulación sanguínea bajo la piel.
Fase del orgasmo

El orgasmo surge tras las fases de


excitación y meseta. Las pulsaciones
cardíacas y la respiración llegan a su
máxima frecuencia e intensidad. Se
produce una gran tensión muscular y
contracciones involuntarias del
miembro viril, de los músculos
vaginales y del esfínter anal. En el
varón habitualmente se produce la
eyaculación. Se produce dilatación
pupilar fugaz. Además de la
respuesta física, se produce una
respuesta emocional muy variada y específica de cada individuo como
manifestación de placer: suspiros, gritos, gruñidos, llanto o risa, aunque también
puede haber orgasmo sin manifestaciones emocionales elocuentes.
CICLO MENSTRUAL

¿Qué es el ciclo menstrual?


El ciclo menstrual o ciclo sexual femenino es el
proceso que prepara al útero de la mujer para el
embarazo todos los meses, mediante el desarrollo
de los gametos femeninos y una serie de cambios
fisiológicos. Se considera un ciclo contando desde
el primer día de un periodo o menstruación hasta
el primer día del periodo siguiente.
La primera menstruación, también conocida
como menarquia, es el día en el que se produce el
primer sangrado vaginal con origen menstrual en
una mujer, y supone la señal de que su cuerpo ya
es fértil y está capacitado para que
los óvulos sean fecundados para dar lugar a
un cigoto que posteriormente se convertirá en
el feto. Esta primera hemorragia menstrual de la mujer se produce durante la
pubertad, y está considerada como el evento central de este periodo. A partir de la
menarquia lo natural sería que se sucedan los ciclos menstruales con regularidad,
aunque es habitual que durante los primeros meses o de sangrado haya
irregularidades en cuanto a la frecuencia y en cuanto a la cantidad del periodo.

Fases del ciclo menstrual femenino:

Menstruación
La menstruación o periodo es el sangrado mensual de una mujer. Durante la
menstruación, el cuerpo femenino está liberándose de las células de recubrimiento
del útero. La sangre menstrual fluye de este a través de una abertura en el cuello
uterino, y abandona el cuerpo a través de la vagina. La cantidad de sangre que se
pierde está en torno a los 35 ml, pero es normal que vaya de entre 10 hasta 80 ml. Lo
más común es que los periodos menstruales duren de tres a cinco días, aunque al
igual que el ciclo menstrual completo y el volumen de sangre, también esta cifra
puede variar ligeramente dependiendo de cada mujer, y puede oscilar entre dos y
siete días.
Preovulación
La preovulación es la fase que se produce tras la menstruación y, como indica su
nombre, antes de la ovulación. En ella, el ovario produce
unas hormonas llamadas estrógenos, que se encargan de hacer que uno de los
óvulos que se encuentran en su interior madure. Normalmente se da entre los días 6
y 13 del ciclo, aunque pueden variar incluso en la misma mujer, debido a una gran
variedad de factores que van desde la pérdida de peso al estrés emocional, a
enfermedades, al exceso de ejercicio o incluso la dieta.
Ovulación
Durante esta fase, el óvulo completa el proceso de maduración y es trasladado desde
el ovario en el que estaba alojado hasta el útero, a través de una de las trompas de
Falopio. Los niveles hormonales aumentan y ayudan a preparar el recubrimiento del
útero para el embarazo; por este motivo la mayor probabilidad de embarazo de una
mujer es durante los tres días antes de la ovulación o en el mismo día de la ovulación.
Postovulación
En caso de que la fecundación del óvulo no se haya producido, dicho óvulo acaba
involucionando y es expulsado en la próxima menstruación. Tras la postovulación
empieza un nuevo ciclo menstrual.
Duración del ciclo menstrual
El ciclo menstrual promedio tiene una duración de 28 días, aunque puede ser algo
más corto o algo más largo, llegando a variar de 21 a 45 días, dependiendo de cada
persona y de su cuerpo.
El periodo en el que la mujer es más fértil y, por tanto, la probabilidad de que sus
óvulos sean fecundados y se quede embarazada, es mayor durante varios días
previos a la ovulación, este día, y uno o dos días después. En ciclos normales,
estos días fértiles suelen corresponderse con la segunda semana y el comienzo de
la tercera.
Cuando con la edad los ciclos menstruales no se suceden y la mujer deja de
menstruar tiene lugar la menopausia, su último sangrado. Aunque la edad a la que
se produce es diferente en cada mujer, tanto por genética como por factores
ambientales, por lo general tiene lugar entre los 45 y los 55 años.
Los trastornos asociados a los ciclos menstruales son comunes. Las mujeres pueden
tener distintos problemas, desde dolor (dismenorrea, a menudo acompañada de
cólicos fuertes) hasta sangrado abundante o anormal y periodos ausentes
(amenorrea).

Uno de los motivos por los que se


produce esta ausencia del periodo son
ciertos métodos anticonceptivos,
aquellos que están basados en
hormonas, que pueden afectar hasta
al 50 por ciento de los ciclos. También
la lactancia materna, sobre todo
cuando se da el pecho con frecuencia;
es la llamada amenorrea lactacional.

Es habitual que la menstruación afecte a otros sistemas del organismo de la


mujer. Por ejemplo, en el caso de aquellas mujeres que padecen alguna
enfermedad neurológica, esta puede empeorar durante el ciclo menstrual.
También hay estudios que han demostrado que puede interferir en la epilepsia y la
función de las hormonas tiroideas.
FECUNDACIÓN

El embrión (nombre que recibe el futuro bebé


durante los tres primeros meses de embarazo) es
fruto de la unión de dos gametos (células sexuales),
uno que procede de la mujer (el óvulo) y otro del
hombre (el espermatozoide). El embarazo es fruto
de esa unión, es decir, de la fecundación, un
proceso que parece sencillo pero que entraña más
complejidad de la que asumimos.

Para entender mejor cómo se produce el sorprendente proceso que nueve meses
más tarde dará lugar a un bebé, veamos antes cómo se produce el milagro de la
fecundación.

Cómo se produce la fecundación


1. Los espermatozoides buscan el óvulo
Durante el coito, los espermatozoides penetran en la vagina. Al no convenirles el
medio ácido de ésta, emigran hacia el cuello (un medio alcalino más
favorable), atraviesan el útero y llegan a las trompas de Falopio en un par de
horas. Allí pueden sobrevivir de 48 a 72 horas (fuera de la mujer viven menos de
24 horas). Es decir, la fecundación puede producirse dos o tres días después
del encuentro sexual.

De los cientos de millones de espermatozoides que contiene el semen, apenas un


centenar consigue llegar hasta el óvulo (el resto se agota y muere) y solo uno
de ellos logrará entrar en su interior y fecundarlo. Cuando ocurre, la membrana del
óvulo, hasta entonces permeable, altera su estructura química y cierra el paso al
resto de espermatozoides.

2. Unión de un óvulo y un espermatozoide


Al unirse con el óvulo, el espermatozoide pierde la cola y fusiona su núcleo
con el del gameto femenino. De esta simbiosis nace la primera célula del bebé:
el huevo fecundado o cigoto, que contiene una información genética única: desde
el color de ojos hasta la estatura aproximada que tendrá el nuevo ser humano.

3. Viaje del huevo al útero

 Empujado por los impulsos musculares de la trompa y la ayuda de unos


cilios vibrátiles (una especie de pelillos) que hay en ella, el huevo
fecundado inicia un viaje de tres a cuatro días hacia el útero.
 A las pocas horas de la fecundación se divide en dos células y en el
camino continúa desdoblándose en partes iguales.
 Cuando llega a la cavidad uterina consta de 16 células y se parece a
una mora (mórula).
 No anida de inmediato, porque aún no ha alcanzado el desarrollo
necesario, sino que permanece libre dos o tres días (sufriendo nuevas
modificaciones) antes de implantarse en la mucosa uterina.

4. Implantación del óvulo

 La implantación tiene lugar siete días después de la fecundación, es


decir, 21 ó 22 
 días después del inicio de la última regla.
 El huevo se sitúa sobre el endometrio y se adhiere fuertemente a él como
una ventosa.
 La capa exterior excava una especie de nido y forma el
trofoblasto, una membrana que luego dará origen a la placenta, que nutrirá
al bebé durante su estancia en el útero. A partir de ese momento,
el desarrollo del embrión es constante y los cambios se suceden hora a
hora hasta el día del parto.

5. Las hormonas señalan a la mujer que algo ocurre


Una o dos semanas después de la nidación, las hormonas comienzan a mandar
señales que sugieren a la mujer que algo ha cambiado en ella: náuseas, cierta
fragilidad emocional... Estos primeros síntomas de embarazo, que llenan de
alegría a muchas parejas, en realidad solo son un pequeño reflejo de la increíble
transformación que ha empezado a acusar el organismo femenino.