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LA CONSOLIDACIÓN DEL MODELO ISI

(1944-1955)

LA NOCIÓN DE “ETAPA FÁCIL” DEL ISI

Luego de finalizada la segunda guerra mundial, la economía uruguaya asiste a un período de


crecimiento excepcional. Entre 1944 y 1955 el PBI per cápita crece promedialmente a una tasa del 5% anual y
el PBI lo hizo a una tasa del 6.8% acumulativo anual. Las cifras anteriores permiten afirmar que este período
comprende la segunda “edad de oro” de la economía durante el siglo XX.
La reconstrucción de la economía internacional, favorecida por los acuerdos de Bretton Woods y la
rápida recuperación de la economía europea, tuvieron efectos positivos sobre los mercados de productos
primarios que se tradujeron en el incremento de los precios. Gracias a ello, los términos de intercambio y el
poder de compra de las exportaciones de Uruguay crecieron aceleradamente entre 1044 y 1955 (a pesar de lo
cual los volumenes exportados permanecieron estancados).
Por el aumento de precios internacionales que presentaba el panorama mundial, y la apertura comercial
y el incremento de productos primarios desde Europa que impulsaban los acuerdos de Bretton Woods, los
gobiernos de Batlle Berres, Martínez Trueba y los colegiados, desplegaron políticas orientadas a estimular
decididamente la industrialización. Ello requirió de fuertes transferencias de recursos desde el sector
exportador (particularmente el ganadero) hacia los sectores orientados a la producción del mercado interno, la
industria, los servicios y las actividades empresariales del Estado.
Los resultados de ese incremento en la transferencia de recursos fueron positivos: el numero de
establecimientos y empleos industriales aumenta en ambos casos a más del doble entre 1936 y 1955, mientras
que la producción total en el mismo período crece a más del triple.
El sector de la actividad económica que lideró el crecimiento durante este período fue el de la industria
manufacturera, la cual por el crecimiento en su producto bruto a una tasa promedio de 7.8% anual, según la
opinión de Oddone, sumado al estancamiento productivo de la ganadería, creció de un 22% en 1944 a un 28%
en 1955 en la composición del PBI.
Del mismo modo, el otro sector que también presenta evidencias de crecimiento elevado es el de la
construcción, en tanto esta nueva intervención del Estado generó una mayor demanda del mismo para la
construcción de obras públicas, como los establecimientos industriales.
En los inicios del modelo ISI, las importaciones seguian marcando un predominio notorio de los bienes
de consumo -históricamente mayoritarios en un pais con escasa industrialización- entre 1935 y 1939. En
cambio esos bienes descienden, ubicándose en un 22% en 1955 lo que demuestra un incremento en la
producción de esos bienes. También aumentaron las materias primas y combustibles (más estos últimos) por
la demanda que de estos hace el parque industrial y automotriz y también se incrementan los bienes de capital,
ya que la maquinaria y repuestos eran necesarios en un modelo industrial.
Visto esto, parece haber sido exitoso el modelo, al menos hasta 1955, período que Gabriel Oddone
define como la "etapa de crecimiento fácil" del modelo ISI, en la cual se avanza en la sustitución de
importaciones de bienes de consumo final, cuya producción no es intensiva en capital y menos en tecnología.
EL CONTEXTO INTERNACIONAL

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial a partir de 1939 los países latinoamericanos se
enfrentaron a problemas políticos y económicos comunes, ya que sus fuentes de suministro, sus mercados de
exportación, empresas de transporte y servicios financieros quedaron amenazadas. Con el inicio de la guerra,
América Latina pierde no solo al mercado alemán sino tambien gran parte del europeo, que constituían el 30%
de las exportaciones totales y significaban un volumen igualmente importante de importaciones. Entre los
mercados que se perdieron, no se encontró el británico, que de todos modos se limitó a la exportación de
bienes primarios esenciales: petróleo, azúcar, carne, cereales y lana, pero no cobre o tabaco, y aunque el
precio de las exportaciones aumentó, los ingleses establecieron duras formas de pago que pretedían preservar
las reservas de libras y de oro que se tenían y no quedar desfinanciados para enfrentar la guerra.
A su vez, la producción británica y por lo tanto las exportaciones de Inglaterra hacia América Latina
también se redujeron, empezando a sentirse a partir de 1941 cuando los ataques directos con Alemania fueron
mayores, a causa de la economía de guerra, el alto costo de los transportes marítimos por la querra naval en el
Atlántico y las destrucciones en los complejos fabriles británicos que la guerra significó.
El principal problema económico para América Latina fue la acumulación de excedentes de exportación
cuyos precios descendieron inevitablemente, como el trigo, el maíz, el café, el cacao, el azúcar y las bananas,
o las pieles, los nitratos, los metales, el algodón y la madera, que también bajaron pero en menor medida. Los
países más afectados por esta situación fueron los que tenían un comercio más dependiente con Europa que
con Estados Unidos, como Argentina o Chile, entre otros.
Japón intentó sacar provecho del bloqueo europeo y así asegurarse un aprovicionamiento de materias
primas esenciales; para esto, ratificó y realizó también nuevos acuerdos de comercio con Argentina, Uruguay,
México, Chile, Perú y Brasil, pero el problema radicó en que Japón no era capaz de proporcionar los bienes de
consumo y de capital que América Latina necesitaba y que Europa históricamente había proporcionado. En
1941 el vínculo comercial con Japón se corta debido al cierre del Canal de Panamá implementado por Estados
Unidos y el enfrentamiento formal de estos países debido al ataque a la bahía de Pearl Harbor.
El ataque a Pearl Harbor significó la entrada formal de Estados Unidos a la guerra, comprendiendo que
la alianza con América Latina no solo debía ser política y estratégica, sino también económica , algo que
manejaba ya desde 1940 cuando en varias conferencias interamericanas planteó: a) la conformación de un
mercado interamericano de producción, exportación e importación que tendría a Estados Unidos como
principal cliente; b) que a cambio, Estados Unidos proveería de bienes de consumo y de capital a las
economías latinoamericanas en sustitución de Europa; c) y la inversión de las empresas norteamericanas en
los países en que sus producciones fueran claves para el desarrollo productivo. La consecuencia de esto fue
que si bien las exportaciones de Estados Unidos a América Latina crecieron en altos niveles, las exportaciones
de América Latina a Estados Unidos promediaron en un volumen considerablemente menor, generando una
balanza comercial desfavorable.
Cuando la guerra tomó un carácter más general, muchos de los países latinoamericanos se propusieron
dar su total apoyo a Estados Unidos, siendo varios los convenios comerciales firmados entre la potencia y
países como México, Perú, Bolivia, Chile y hasta Brasil, exceptuando de este flujo de beneficios económicos
con Estados Unidos a los países del Cono Sur, que mantuvieron más bien históricamente un estrecho lazo con
las grandes potencias europeas, como fue el caso del gobierno argentino de Perón y Gran Bretaña.

¿Qué representó la Segunda Guerra Mundial para la economía latinoamericana?

Siguiendo las ideas de Thorp, la guerra significó otro golpe para el modelo productivo basado en la
exportación, que evidenció la vulnerabilidad de los países latinoamericanos a, por un lado, la disponibilidad
de importaciones y de transporte, y por otro, a la inestabilidad de los mercados de productos primarios a causa
de los conflictos políticos mundiales. “Cabe ver estos golpes acumulativamente: el resultado del último golpe
fue que los países más grandes del continente estuvieron por fin preparados para responder a la creciente
sensación de la necesidad de una fuente endógena de dinamismo”. Paradójicamente, no por esto aumentó la
autonomía latinoamericana, sino que por el contrario, este suceso estuvo más bien acompañado por un
crecimiento abrumador de la influencia de Estados Unidos, generando si se quiere, más dependencia.

En cuanto a la industria, se dio que por un lado la falta de artículos importados provenientes de Europa
fomentaba la producción interna del país, pero por otro, esta se vio a su vez limitada por la falta de bienes de
capital (maquinaria y repuestos, etc.) que también dependían de Europa, lo que tuvo como resultado una
continuación del proceso industrializador durante el período de la Segunda Guerra Mundial pero con una
inclinación a los bienes de capital y a los insumos básicos, en algunos países. En este período algunos países
profundizaron un proceso de producción y exportaciones de productos industrializados.

Las consecuencias económicas de la guerra para América Latina

Hacia mediados y finales de la década del 40, Estados Unidos dominaba la escena económica mundial y
su presencia en América Latina era mucho mas fuerte que en el período de entre guerras, incrementando un
50% de su capacidad productiva, produciendo más de la mitad de los bienes manufacturados mundialmente y
concentrando un tercio de las exportaciones mundiales mientras que solo consumía una décima parte, lo que
hacía que Estados Unidos fuera institucional y económicamente capaz de brindarle el apoyo financiero
necesario a Europa para recuperarse de la destrucción de la guerra. Esto se lograría, según los dirigentes
norteamericanos, controlando la estabilidad económica y el comercio libre, porque de esa forma se intentaría
buscar la estabilidad de los países que utilizando mecanismos de libre comercio pudieran comprar los
productos norteamericanos, creando los marcos institucionales necesarios para llevarlo a cabo en 1944 con los
acuerdos de Bretton Woods, y con la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como
órganos competentes. Estas instituciones, que permitirían acrecentar la influencia económico-financiera de
Estados Unidos mediante una dolarización de la economía mundial, se mantuvieron enfocadas, al igual que el
gobierno norteamericano, en la reconstrucción de Europa lo que generó ciertos lazos de dependencia
diplomática y militar entre los países en el marco de la Guerra Fría, como evidenciaba el Plan Marshall de
1947. Es por esto que América Latina no era un punto central de interés ni en términos económicos ni
políticos, y si bien los lazos de dependencia comercial y financiera habían crecido, estos se concentraron en
determinados países o regiones como la región del Cribe o México. Así el comercio entre algunos países y
Estados Unidos se incrementó luego de la segunda guerra, disminuyendo el que se tenía con Europa, como las
regiones tradicionales anteriores y otras como Brasil y Chile, uno por el azúcar y el café por el caucho y el
otro por los metales respectivamente. Del mismo modo y como ya mencionado, algunos países,
principalmente los del Cono Sur, como es el caso de Argentina, se mantuvieron discretos en cuanto al interés
por el comercio con Estados Unidos mientras que sus lazos tradicionales con las potencias europeas se
mantuvieron estrechos, como fue también el caso de Uruguay.
Hacia 1945, si bien Estados Unidos ansiaba la instauración de una política de completo liberalismo en
América Latina, eliminando las barreras arancelarias y la intervención estatal para promover la entrada de los
productos y capitales norteamericanos a la región, como plantea en la Conferencia Interamericana en México
D.F de ese mismo año, los países latinoamericanos al no sentir con seguridad que sus exportaciones fuesen a
tener colocación segura en Estados Unidos, no accedieron al acuerdo. De todos modos, la potencia
norteamericana sí consigue que se firme el “Acta de Chapultepec” en la cual se condenaban los excesos del
nacionalismo, aunque en América Latina la opinión a favor del proteccionismo se había hecho más fuerte,
dándose que en los hechos, para la década del 40 y 50 se profundizaran las políticas económicas de protección
comercial, participación estatal de empresas y servicios y una estricta protección industrial, como sucede en
Argentina, Brasil y Uruguay.
Estos países, se enfocaron en iniciar medidas proteccionistas y dirigistas que tendían a servir de
incentivo a las industrias, tanto estatales como privadas, las cuales tomaron un papel mayormente significativo
en sus economías. Todas las políticas económicas tendientes a beneficiar al sector industrial encaradas luego
de la segunda guerra mundial estuvieron fomentadas principalmente por la mejora en los términos netos de
intercambio. Esto es que, si bien entre 1940 y 1945 los términos de intercambio se redujeron sutilmente en
América Latina con respecto a 1939, luego de finalizado el conflicto con la necesidad de materias primas
desde Europa, los precios mostraron una tendencia al alza muy significativa lo que llevó a la acumulación de
reservas por parte de los países, que podían ser transferidas a los sectores industriales.
Para concluir: algunas apreciaciones finales sobre el proceso económico latinoamericano entre 1949 y
1955
A causa del aumento en los términos de intercambio, los países latinoamericanos vieron a partir de la
década del 30 y en adelante aumentar sus reservas, lo cual dado que este era el “alimento” principal del
desarrollo productivo industrial nacional, América Latina se encontró a sí misma en una situación idílica de
prosperidad.
Por otra parte, la Segunda Guerra Mundial, según Thorp, trajo efectos positivos y negativos. Por un
lado, contribuyó a los ingresos de exportación sobre todo en aquellos países productores de materias primas.
Pero por otro lado, no había en qué gastar esas reservas puesto que la producción y exportación de bienes de
consumo y tecnología estaba casi paralizada. Del mismo modo, si bien la falta de artículos importados
provenientes de Europa fomentaba la producción interna del país, esta se vio limitada por la falta de bienes de
capital (maquinaria e insumos) que también dependían de Europa. Todo esto impidió que el crecimiento
sustentado en la industrialización sustitutiva de importaciones continuara su expansión.
La presencia de Estados Unidos fue ambigua. Por un lado presionó a la región para que se adhiriera al
sistema opuesto al de las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) pretendiendo una colaboración
económica que solo podía prometer a América Latina una mayor dependencia. Y luego, con el fin de la guerra
se vincula estrechamente con los países que lo proveían de materias primas o mercados importantes para sus
productos, abandonando al resto y mirando más hacia Europa.
La relación con el capital extranjero en esta época también tuvo momentos buenos y malos. Por un
lado, las políticas marcadas por la ISI, principalmente en los países que más la desarrollaron, fue nacionalista
(caso de Argentina) donde las inversiones se repartían entre el Estado y los inversores locales. El discurso de
muchos gobernantes incluso, pretendía marcar distancia de las influencias del capital extranjero. Sin embargo,
cuando la nueva baja de los términos de intercambio se produjo a mediados de los años 50, los países que
dependían en mayor medida de las reservas provenientes del comercio exterior debieron abrirse al capital
transnacional y así generar nuevas fuentes de empleo y producción. Esto claro, condujo a la acentuación de la
dependencia y no resolvió en gran medida la crisis que se aproximaba. Solo los países con mercados internos
grandes (como Brasil, México o Argentina) o con producciones internas estratégicas (como Venezuela, Chile
y en parte Perú) pudieron sortear, no sin dificultades, los embates más grandes de la crisis que se aproximaba.

LOS PILARES DEL DESARROLLO DEL ISI

El rol del Estado.


El Estado jugó un papel muy importante en cuanto a la industrialización del país construyendo un cierto
soporte institucional para respaldar las políticas económicas, afianzando y ampliando la intervención estatal.
Los motivos para que estas políticas estatistas se consolidaran son varios, pero pueden dividirse en dos
grandes ramas; en el panorama interno, el triunfo del batllismo en 1942 le otorgaba a la práctica política una
justificación y una base ideológica propia del mismo partido colorado. Y por otro lado, se encuentra lo que
respecta al panorama internacional, que presentaba una marcada tendencia a resaltar la presencia estatal activa
como eslabón fundamental en la dinamización de la economía.
De esta manera, políticas como el Contralor de Exportaciones e Importaciones, los tipos de cambio
múltiples, las empresas públicas y la fijación de precios en productos de primera necesidad, se consolidaron y
ampliaron. Durante este período se debe agregar a lo anterior: i) un aumento de la discrecionalidad en el
manejo de la política monetaria (a partir de 1947); ii)la generalización del uso de tipo de cambios múltiples
para fomentar exportaciones (1949); iii) el establecimiento de los Consejos de Salarios (1943); iv) la
continuidad de la esfera productiva del Estado (a partir de 1947); v) el progresivo protagonismo del Estado
demandante de la mano de obra desocupada y; vi) la extensión de las prestaciones sociales por parte de un
sistema de seguridad social crecientemente complejo.
La extensión de la esfera productiva del Estado fue caracteristica de este periodo. En 1947 se creó la
Administración Municipal de Transporte (AMDET) por la cual el Estado, a través de la Intendencia de
Montevideo se hacía cargo del transporte urbano compitiendo con la ya existente CUTCSA. Se habían
importado de Inglaterra ómnibus con el objetivo de proveer de unidades a dicha empresa. La misma llegó a
tener más de mil unidades que abarcaban lineas de transporte por todo Montevideo. En 1948 se nacionalizó la
empresa de aguas corrientes, creándose las obras Sanitarias del Estado (OSE) y se nacionalizó la última y más
grande empresa de ferrocarriles que quedaba en la órbita privada británica, creándose oficialmente la
Administración de Ferrocarriles del Estado (AFE). A partir de ese momento el Estado tenia el cien por ciento
del transporte ferroviario del Uruguay, proceso que se había iniciado con el primer batllismo en 1915. Por
último, otro de los hechos más destacados de la esfera productiva del Estado durante este período fue la
estatización de PLUNA, la línea aérea de bandera nacional, en 1951.

El Banco República.
En materia de politica monetaria, el BROU estaba autorizado desde 1939 a emitir moneda contra el
redescuento de documentos privados (titulos de deuda, por ejemplo) en su poder. Este instrumento se utilizaba
con el fin de poder emitir moneda para pagar esos títulos y así descontarla de la deuda pública total. Esta
politica generaba inflación debido a la mayor disponibilidad de moneda en el mercado. Por eso no se utilizó
pese a que la ley lo permitia. Además entre 1939 y 1947, la segunda guerra mundial había provocado una
acumulación importante de divisas, por lo que el Estado no tuvo necesidad de aplicar el sistema. A partir de
1947, se autorizó al BROU a emitir moneda contra títulos o papeles de deuda públicos lo que llevó a una
mayor flexibilidad de la emisión monetaria y asi disponer de mayores recursos para hacer frente al costo que
representaban subsidios a las industrias, el pago de salarios y jubilaciones, entre otros costos. A lo largo de los
años cincuenta la emisión prácticamente se triplicó. Dice Oddone sobre esta política monetaria: "La mayor
flexibilidad en el manejo de la politica monetaria derivada de lo anterior, permitió que los gobiernos hicieran
un uso discrecional de los recursos públicos. Estos fueron usados para el aumento de la masa salarial del
sector publico, para atender a la mayor demanda asociada a las prestaciones de la seguridad social y para hacer
efectivos los subsidios a las actividades protegidas”.

El intervencionismo y la política de transferencia de recursos.


Como vimos, la reconstrucción de la economía internacional se tradujo rápidamente en una mayor
demanda y en el aumento de los precios de los productos primarios, por lo que los términos de intercambio
aumentaron considerablemente y con ello las reservas del Uruguay. Es por esto que el Estado se propone
entonces desplegar políticas de corte intervencionista y dirigista orientadas a estimular la industrialización.
Para esto fue necesario aplicar políticas de transferencia de recursos desde el sector exportador (sobre todo el
ganadero) hacia los sectores orientados a la producción interna, la industria, los servicios y las actividades
empresariales del Estado.

EL ESTABLECIMIENTO DEL “ESTADO BENEFACTOR”

Concepto y aplicación en Uruguay.


En 1942 se retornó a la versión original del modelo social batllista. Tras un periodo conservador que
podemos ubicar entre 1916 y 1942, en el que las leyes sociales fueron escasas debido a la presión de los
grupos empresariales y su influencia en el gobierno, retornó el batllismo al poder. Esto hizo que se retomara
"la versión originaria de la matriz ballista en las politicas sociales”.
La ideología Neobatllista tuvo una prédica fuerte en lo que respecta a la relación entre el capital y el
trabajo. Su discurso fue orientado con el objetivo de remarcar el protagonismo que tuvo el batllismo a lo largo
de la historia en la materia, y la importancia que la conciliación entre capital y trabajo tenía en la paz social.
Sin embargo, el discurso Neobatllista fue a su vez un tanto ambiguo, en tanto si bien se evidencia una
inquietud frente a los problemas sociales y se utiliza un lenguaje obrerista, sostiene un discurso conservador
del sistema imperante, formulando solamente la distinción entre el buen y el mal uso del capital. La función
del Estado captada por el Neobatllismo debía ser la de intervenir para lograr la redistribución de la riqueza de
forma equitativa y efectivizar el objetivo de la paz social, presentando notorias diferencias con la ideología de
los industriales, ya que tendió a proteger los intereses de la clase obrera con un objetivo netamente político
por la necesidad natural de obtener votos. Luis Batlle sostiene en algunos de sus discursos:

“Sé además que la clase trabajadora es la que forma el pueblo y sé también


que la riqueza la forman los trabajadores y por lo tanto debe ser compartida
también por ellos. Cuando se amasa la riqueza entre el capitalista y el trabajador,
lo que se produce es de todos y tiene que repartirse con equidad para que no exista
el que lo tiene todo y el que no tiene nada, porque eso no es ni la tranquilidad, ni la
paz, ni la justicia; eso es la arbitrariedad y con arbitrariedad no podemos asegurar
la paz social”.
Que el gobierno debe actuar “en el deseo de acercar a lasfuerzas social y
económicas que distantes entre ellas y en opinión podrían provocar la lucha de
violentas perturbaciones, y los hechos dicen que las masas populares oprimidas
reaccionan fuertemente y la preocupación de los gobernantes debe estar en alejar
con mano firme esa opresión para que no estalle esta temida lucha […]”.
Y "Creemos que por encima de las clases sociales está el hombre sin
distinción de raza, naciones, clases o creencias, que por su sola condición humana
tiene derecho a la Libertad Politica y a la Seguridad Social. Eso no quiere decir no
reconocer los conflictos de clases. La lucha de clases nace de la injusticia de clases.
Se nutre con el desmedido afán de ganancias de quienes buscan en los factores de
desequilibrio de las condiciones económicas, puntal para el logro de mayores
beneficios. Combatimos la lucha de clases porque entraña la siembra de odios. Pero
lucharemos contra la diferencia de clases, por una igualdad sin trampas
monopolistas y una abundancia económica fundamentada en la totalidad del precio
del trabajo humano. La Seguridad Social se ha conciliado teóricamente con la
Libertad Politica y ese privilegio de la extrema derecha o la mentira pública de la
falsa izquierda son los últimos manotazos del ahogado en las olas de la Revolución
de Nuestro Tiempo”.

Esa concepción de la "Revolución de nuestro tiempo", marca en primer lugar una interpretación de la
realidad del momento que vivía el mundo: guerra fria, mundo bipolar, comunismo avanzado. Sin embargo, la
propuesta Neobatllista lo que pretendía era acercarse a un camino de igualdad social, que había trazado el
primer batllismo. Esa "revolución" debia llevarse a cabo con características particulares y adaptándola al
Uruguay, sin hacer temblar los cimientos de las bases sociales tradicionales, que el Neobatllismo -y como
también hizo el primer batllismo- no buscó modificar.
Así establecimiento del “Estado Benefactor” esta estrechamente relacionado con la idea de “justicia
social” basada en el principio de redistribución de la riqueza. El otro principio que sostuvo este “estado de
bienestar” del neobatllismo fue el de absorción de mano de obra. De esta forma, la ampliación de la esfera
productiva del Estado sumada a esta política de captación de la mano de obra desocupada, hizo aumentar la
cantidad de funcionarios estatales a casi el triple, pasando de 58.000 en 1941 (2,9 por 100 de la población total
del país) a 165.000 en 1955 (7.1 por 100 de la población total). Además, durante los años cincuenta se
aprobaron una serie de medidas tendientes a consolidar este régimen de contratación. En 1951 se sancionó la
ley de inamovilidad de funcionarios de la administración central y en 1956 un esquema similar para los
funcionarios de las empresas estatales.
El aumento de funcionarios públicos debe ser visto desde una doble perspectiva. En primer lugar, el
Estado necesitaba más funcionarios debido a la ampliación de sus funciones económicas y administrativas,
pero también era un gran captador de mano de obra en tiempos de crisis. Esto se vio principalmente en los
años treinta cuando la crisis comenzó a generar consecuencias en el país. Captar esa mano de obra desocupada
era fundamental para crear un mercado interno dinámico que pudiera absorber, mediante el consumo, la
producción generada por la creciente industria nacional. Una segunda óptica, puede ser la que expresa los
intereses politicos en el reparto de empleos públicos. El Estado y su capacidad de absorción de empleo
estaban al servicio de los intereses políticos del momento. Cuando se acercaban las elecciones, el aumento de
funcionarios en las empresas públicas o la administración central se hacia notar, convirtiendo al Uruguay en
“una oficina pública con vista al mar” según Mario Benedetti, por este “clientelismo” que los gobiernos
hicieron del empleo público.
Entre tanto, en 1953 se aprobó un plan de incentivos para el retiro de funcionarios estatales con el
objetivo de generar nuevas vacantes y poder continuar con la contratación sin saturar el sistema. Para
mediados de los 40 casi todos los grupos sociales (trabajadores rurales y domésticos incluidos) tenían ya
acceso a la jubilación, aumentando hacia mediados de los 50 a poco más del triple. Incluso en 1951 se
sanciona la “ley madre” que permitía a cualquier mujer mayor a los 40 años jubilarse, independientemente de
si había aportado o no al sistema. El aumento del número de los pasivos puede interpretarse, a demás del fin
social declarado, de dos maneras. Primero, como una forma desde las políticas públicas de dar sostén al
consumo interno que el modelo ISI requería. Segundo, como parte del creciente uso del Estado con fines
“clientelísticos” por parte de los partidos.
Entre estas fueron tomadas otras medidas que luego analizaremos, como la creación de los Consejos de
Salarios y las asignaciones familiares.
Así, esta situación de prosperidad creada por el crecimiento de los precios internacionales durante y
después de la segunda guerra mundial hizo que retornara un estado protector de los débiles, un Estado
Benefactor que se caracterizó por su asistencialismo, providencialismo y capacidad de anticipación a las
demandas sociales.
Las medidas que lo consolidan en Estado Benefactor en Uruguay.
A demás de las políticas de redistribución y de captación de mano de obra, este “Estado Benefactor”
aplica en este período varias medidas directas que lo ayudan a constituirse como tal.
Así, por ley de 1943 durante la presidencia de Amézaga, se crean los llamados Consejos de Salarios.
Estos comienzan a funcionar entre 1944 y 1945, por el cual se ban integrando todas las actividades
empresariales. Los consejos de Salarios consistían en un sistema tripartito de negociación, donde intervenian
los representantes de los trabajadores, representantes patronales y del Estado que actuaban como mediadores.
El objetivo de estos consejos era arbitrar la fijación de los salarios de forma de atender una equitativa
distribución del ingreso. Además, esa distribución contribuía también, a la consolidación del poder de compra
de los asalariados el cual servia de base para la colocación de la producción industrial en el mercado interno.
En 1945 se creará también dentro del marco de la seguridad social un salario familiar, con las llamadas
las asignaciones familiares que en los años cincuenta se universalizarán. Los fundamentos respondían no solo
a la clásica concepción batllista del Estado de principios de siglo que Luis Batlle pretendió reivindicar, sino
también a las bases doctrinarias predominantes en Europa Occidental basados en las politicas keynesianas de
redistribución de riqueza y de "Welfare State" que estaban dando resultado.
La salud pública y la educación pública fueron otros puntos importantes en los que este estado se
propuso mejorar, dándose la ampliación de las policlinicas y hospitales por un lado, y la generalización de
escuelas y liceos como la educación hasta los 16 años, por otro, en los años cuarenta y cincuenta.

La relación entre el Estado Benefactor y el Modelo ISI.


Como vimos, las medidas adoptadas por el Estado en este período fueron variadas y a pesar de que el
mero objetivo social pudo haber estado presente, la mayoría de ellas presentaron a su vez, evidencias de haber
sido aplicadas como forma de estimular o sostener indirectamente el modelo industrializador.
Por un lado las políticas económicas del “Estado Empleador”, pueden ser vistas como estrategia para
acrecentar o mantener artificialmente el mercado interno que la industria de sustitución de importaciones
requería, en tanto que el Estado ocupara un numero creciente de personas, al igual que sucedía con el sistema
de seguridad social y jubilaciones, generaba que estas aumentaran su capacidad de compra y consumo,
invirtiendo y haciendo de sostén al consumo interno que el modelo ISI requería.
En segundo lugar, es posible especular que con los Consejos de Salarios se busco que fueran utilizados
como instrumento para mantener un poder adquisitivo y de compra real de los salarios que permitiera a las
industrias sustitutivas de importaciones contar con un mercado cautivo. Como se comentó, la industria
presentaba una concentración elevada, lo que se traducía en un escaso número de empresas por rama de
actividad. Ello facilitaba una fijación casi, cuando no directamente, monopólica de los precios finales de los
productos de consumo. De este modo, los salarios relativamente elevados podían ser fácilmente trasladados al
precio final.
LA CRISIS DEL MODELO ISI
(1955-1958)

EL CONTEXTO INTERNACIONAL

ANÁLISIS DE INDICADORES MACROECONÓMICOS QUE DEMUESTRAN LA CRIS