Вы находитесь на странице: 1из 5

RESEÑA DEL CAPÍTULO III, La significación

Klinkenberg, Jean- Marie, 1944 - Manual de Semiótica general / Jean- Marie


Klinkenberg - Bogotá: Fundación Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano,
2006. CAPÍTULO III La significación.

Esta reseña contextualiza una sección del libro Manual de Semiótica general,
específicamente el capítulo III denominado La Significación, de allí se desprenden
los aspectos como comunicación y significación; y el sentido y su descripción.
Ahora bien, por semántica se entiende el estudio del significado en el lenguaje. Y
el estudio del significado debe dar cuenta de cuál es la relación del lenguaje con el
mundo, de qué manera se entrelazan las palabras con la realidad. Pero ese
vínculo del lenguaje con el mundo no es algo tan simple, porque de las palabras
con el mundo no se lleva a cabo de un modo inmediato, sino a través del uso
significativo de las palabras. Conocemos el significado cuando somos capaces de
usar correctamente las palabras.

En cuanto a lo abordado en el contenido del capítulo, respecto a la comunicación y


significación se puede deducir que no es posible aislar los signos de los códigos
que les dan su estatus, ni estos códigos de los canales por los que sus signos
transitan, y que ya no es posible aislar estos códigos de los contextos en los
cuales se actualizan. Además de lo dicho anteriormente, la comunicación y la
significación son el objeto principal de la semiótica.

Ahora bien recogiendo lo más importante se puede decir que la comunicación y la


significación son dos conceptos independientes, pues lo que rige a una
significación es el código, debido a esto se dice que no hay comunicación sin
significación. Aunque cabe resaltar que en ocasiones hay excepciones ya que
existen circunstancias donde hay comunicación sin significación, es decir el caso
se reduce a una secuencia acción/reacción, a un ciclo estimulo/respuesta, un claro
ejemplo seria una luz intensa que obliga a cerrar los ojos.

Por otro lado semiótica se enfoca primordialmente en las comunicaciones donde


hay actualización de una significación o también llamada la comunicación
semiótica, así pues se plantea que puede haber comunicaciones sin significación y
significación sin comunicación, tomando como fuente la teoría del señor Sigma
nos indica que el signo permite categorizar conceptos tales como bien vs mal,
pero que la categorización en si misma será diferente para cada uno de los dos
personajes. Un claro ejemplo seria una libreta telefónica, allí hay números que
nunca se han utilizado, pero la significación está presente pues los números
corresponden a alguien y comunicación, es decir la llamada no ha tenido lugar.
Recapitulando comunicación sin significación, significación sin comunicación, pues
se sabe que son dos conceptos independientes pero aun y así se interfieren
constantemente. Allí surge una interrogante, ¿Cómo atribuye el receptor en una
comunicación una significación precisa a una señal percibida?, en solución a esta
pregunta un ejemplo sería el de la luz roja que significa obligación de detenerse,
pero desarrollar dicha solución se requiere de tres tiempos, el primero se
denomina la decisión semiótica. El segundo la significación potencial y el tercero la
significación actual.

Profundizando cada tiempo y tomando como referencia el ejemplo ya dicho


anteriormente, en base a la decisión semiótica se dice que la luz roja no puede
significar algo para alguien, pero en caso dado si soy yo quien le atribuye una
significación y se hace como una comunicación entre yo usuario de la vía y un
emisor que puede ser la administración de transito, se logra decir que esta
decisión está ligada a un doble conocimiento, uno seria el conocimiento a cierto
código teniendo en cuenta la sociedad a la cual pertenezco donde la luz roja
significa parar y dos el conocimiento de la circunstancias en la cual esta
significación es válida, porque en otros contextos la misma luz no tendría la
significación observada, y también importante aclarar que la luz roja debe ubicarse
en un lugar preciso y a una altura determinada para que la señal de pare sea
receptada y aplicada de buena manera.

El siguiente tiempo es la significación potencial, este indica que la luz roja no


siempre significa un pare, es decir, no es universal. Al signo le atribuimos una
significación en el curso de una comunicación particular. El código provee
entonces unas significaciones potenciales, de un muy alto grado de generalidad,
que se van a distinguir de la significación actual. En el lenguaje y siguiendo a
Ferdinand de Saussure, fundador de la lingüística moderna, es habitual distinguir
la lengua del habla. La lengua es el componente colectivo del lenguaje, la
propiedad común de todos aquellos que practican un código dado, es un producto
social que se impone de manera general a todos los individuos permaneciendo
exterior a ellos. Por el contrario el habla es el componente individual del lenguaje,
es el acto por el cual nos apropiamos de la lengua, de allí se comprenden dos
componentes, uno colectivo de alcance general donde los signos no tienen un
valor más que potencial y un componente individual donde se actualizan de
manera particular las potencialidades de la primera.

Finalizando los tiempos, el tercero que es la significación actual, es allí donde


solamente hay comunicación afectiva, la significación se debe al contexto, el cual
provee informaciones complementarias que permitirán funcionar al mensaje.
Retomado el ejemplo de la luz roja, si el objetivo es significar y comunicar la
información pare, la luz no solo debe satisfacer las condiciones ya dichas (color,
dimensión, lugar, altura, etc.), sino también presentarse a una cierta categoría de
receptores precisada por su estatus y por su situación precisa en el tiempo y el
espacio. Se dirá entonces que la comunicación semiótica o transmisión de una
significación actual precisa atribuida a una señal percibida, proviene de la lección
de las significaciones contextuales operan en las significaciones posibles de tal
señal.

Con respecto a la significación como condición de la comunicación, se puede


determinar que las circunstancias contextuales son elementos de significación que
intervienen en el funcionamiento de las comunicaciones, pero no son hechos de
comunicación, es decir, no son comunicaciones intencionales, en base a la
situación de la luz roja se presenta la situación de que hay que llegar a tiempo a la
oficina, lo cual influye en que esta situación es necesaria para actualizar la
significación de la luz roja. Entonces es imposible describir el funcionamiento de
un código sin hacer intervenir unas reglas contextuales codificadas, así pues se
evidencian dos clases de significaciones las que prevén el código propuesto y
aquellas que aclara el contexto. Podemos concluir de esto que no se pueden
separar los hechos de verdadera comunicación y los hechos de significación o de
simple manifestación de sentido.

Según algunos teóricos han insistido sobre la distinción entre los hechos para
producidos para comunicar y los fenómenos no producidos expresamente para
comunicar, donde el primer tipo de hecho la significación seria central y el
segundo seria accesoria, en otros casos los defensores de la semiología de la
comunicación tienden a evitar el termino mismo del signo y a reemplazar esta
noción por la pareja de indicios y señales. Los indicios son para ellos todos los
hechos perceptibles que remiten a cualquier cosa que no está, mientras que las
señales son unos indicios convencionales, producidos expresamente para
manifestar al receptor una intención del emisor.

La significación se halla en todas partes, desde el momento en que se proyecta un


valor sobre alguna cosa, allí se desencadena un proceso de significación, pero
para que esto sea válido y pueda elaborarse, es necesario disponer de una
semiótica de la significación. Por consiguiente al lado de de la semiótica de la
lengua que estudia las señales de tránsito o los jeroglíficos, la semiótica de la
significación es un sistema de significación y, por tanto, un código cuando existe
una posibilidad establecida convencionalmente para generar funciones semióticas;
dicha posibilidad normalmente es aprovechada por un sistema de comunicación
para producir físicamente expresiones. Con esto podemos afirmar que todo acto
comunicativo se apoya en una competencia preexistente; de esta forma se puede
comprender por qué, antes de abordar una semiótica de la comunicación, el curso
de semiótica se inicia con los argumentos de la semiótica de la significación
basada en la teoría de los códigos.

Volviendo nuevamente a la comunicación cabe decir que las significaciones


contextuales pueden tener varios valores diferentes para el emisor y el receptor y
en consecuencia, las significaciones determinadas por ellos pueden ser
divergentes. Estos valores varían en función de la proximidad subjetiva, temporal o
espacial de estos hechos y de la concepción de que ella tiene los participantes.
Por ejemplo, si le digo a un compañero: dame un lápiz rojo y el lápiz esta en el
pupitre sin que él lo sepa, entonces no podría adivinar de que estoy hablando, de
esta manera la comunicación fracasara. Por el contrario, si él tiene un lápiz visible
sobre su pupitre lo tomara en consideración y la estructuración espacial el
contexto lo habrá incluido en ello, permitiendo el éxito de la comunicación, en
palabras más especificas el éxito comunicativo se dará cuando las significaciones
precisas dadas a la señal por el receptor y el emisor coincidida y por el contrario el
fracaso comunicativo es la no coincidencia de los significaciones o bien la
ambigüedad: incertidumbre del receptor, considerándose que el error también
puede estar bien el signo o bien en el contexto.

Retroalimentando, el signo es definido como alguna cosa que se pone en lugar de


otra, pero lo que permite comunicar es otra cosa con economía y seguridad, por
ejemplo la palabra bosque es más fácil manipular que el mismo objeto al que ser
refiere, en fin todo esto nos lleva a tratar de distinguir diferentes elementos cuya
presencia es necesaria para que haya signo, (el stimulus, el significante, el
significado y el aferente) esto es denominado modelo tetradicó del signo.

Definiendo cada uno de los elementos es importante aclarar que cada uno de
estos no pueden definirse sino en relación con los otros, inicialmente el stimulus
es la cara concreta del signo, lo que en la comunicación lo vuelve transmisible por
el canal, en dirección de uno de nuestros cinco sentidos así pues el sujeto entra
en relación con el signo. En relación con el significante el stimulus se vuelve físico,
este depende de una semiótica muy conocida como la lengua, donde por ejemplo
en la lengua el stimulus es el sonido, pero el sonido físico realmente emitido o
percibido remite a un sonido idealizado al que llamamos fonema. Ahora bien el
significado se define como la imagen mental suscitada por el significante y
correspondiente al referente. Es una primera aproximación, la representación que
nos hacemos de una clase de cosas y al igual que el significante, el significado es
un modelo, una abstracción que define la homogeneidad de una clase de objetos
que, sin embardo, pueden ser irreductibles a los otros, ejemplo la palabra
estudiante remite al hecho de ser estudiante, pero no existe, simplemente es una
calificación aplicable a una multitud de individuos. Después de esto hablaremos de
una relación entre un plano del contenido y un plano de la expresión, allí el
referente es aquello de lo que se trata en un proceso de comunicación o de
significación dado, es decir que el referente es particular o una actualización del
significado, otro aspecto es que este no es necesariamente real ni concreto,
ejemplo sabemos cómo son los unicornios, aunque no creamos en su existencia.
Como hemos podido constatar, los diferentes elementos del signo se llaman el
uno al otro: un stimulus no es un stimulus semiótico sino porque actualiza el
modelo que es el significante; un significante no existe como tal (con el status de
significante) sino porque entra en asociación con un significado; un referente no
tiene es estatus sino porque hay un significado que permite clasificarlo en una
clase. Es la relación entre estos elementos lo que forma el signo, “jamás hay signo
si no es para alguien”, para uno o más individuos que hacen parte de una
sociedad y de una cultura dad y viven en tiempo dado.

El esquema ya nombrado es el tetrádico, pero sin embargo otra representación es


la del triangulo semiótico, la diferencia entre los dos modelos no es solamente una
cuestión de claridad o d elegancia en la presentación. Se refiere a dos
concepciones bastante diferentes de la significación. El modelo tetrádico insiste en
el parentesco del significante y el significado por otra. En cambio el modelo
triádico, por su parte no hace que aparezca claramente la distinción entre estos
dos tipos de experiencia y parece sugerir que el sentido es dependiente del
referente.

En conclusión podemos decir que el lenguaje nos permite conocer, pensar y


hablar de la realidad natural o social que nos rodea; nos permite aprehender y
transmitir la cultura generada por una sociedad. Es utilizado por el ser humano
para interpretar esa realidad natural o social y poderla transformar en significación.
De esta manera, el lenguaje es un instrumento por medio del cual aprendemos a
significar y a expresar lo significado. Y la significación es la razón de ser de
cualquier proceso semiótico o lingüístico.