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Marxismo vs.

Nacionalsocialismo
En el sitio counter-currents.com se publicó el pasado Agosto el siguiente
análisis que se basa principalmente, como dice, en dos capítulos de la
segunda parte de Mein Kampf, el libro de Hitler. El autor de este texto hace
un contrapunto entre las dos visiones de mundo que estaban enfrentadas
cuando surgió el Führer en la escena política, y que al día de hoy parecen
ser, en último término, y por los abusos de los globalistas e
inmigracionistas y del marxismo cultural en general, las concepciones
definitorias en una situación que se va haciendo insostenible.

La Lucha entre Raza e Internacionalismo

"El conflicto que se está produciendo en cuanto a la verdadera visión


del hombre y el mundo será planteado como tema más bien por hombres
de tipo profético que por dogmatizantes y filósofos" (Heinrich Weinel,
Richard Wagner and Christianity, 1903).
A través de todo su libro, Mein Kampf, Hitler describe lo que él llama
una concepción del mundo, o Weltanschauung. En su sentido habitual, la
palabra básicamente significa cosmovisión, pero cuando Hitler usa el
término está significando una idea social, filosófica y política omni-
abarcante que se ha organizado políticamente, que contiene ideas sobre
economía, Historia y sobre la naturaleza y destino del hombre. Hay dos
concepciones del mundo fundamentales, según Mein Kampf: una que era
dominante en los años '20, a saber, el marxismo, al que Hitler también se
refiere como concepción del mundo internacionalista y de la
socialdemocracia, y la otra que es con la cual él procuraba sustituírla, que
es el Nacionalsocialismo, también referido como la concepción del mundo
basada en la raza. Ambas concepciones son mayormente abordadas en los
capítulos 1 y 5 del segundo volumen de Mein Kampf. Este ensayo es
principalmente, pero no exclusivamente, un comentario sobre aquellos dos
capítulos, y de cómo dichas dos cosmovisiones son presentadas.

La situación en la cual se encontraba Hitler en los años '20 era en


algunos aspectos mejor que la situación actual en la que se encuentra la
Derecha, y en otros sentidos peor. Lo que era peor era la amenaza
inmediata de los comunistas, su violencia organizada y el enorme poder
que ellos tenían sobre la sociedad alemana (para no mencionar a otras). La
inestabilidad política y el espectro de una revolución dirigida desde la
Rusia soviética hacían precaria la vida en Europa. Sin embargo, el
etnocentrismo era mucho más prevaleciente entonces, y las ideas
nacionalistas tenían mucho apoyo popular. Hoy, el espectro del marxismo
ha perdido su filo. No hay ningún partido marxista organizado a punto de
hacerse con el poder [en EE.UU.]. La poderosa cosmovisión que Hitler
describe ya no está. Sin embargo, el marxismo se ha hecho más sutil y lo ha
impregnado todo en nuestra cultura. A éste correctamente lo llamamos
Marxismo Cultural. La semilla de la antigua cosmovisión está todavía allí,
haciendo lo que mejor hace: disolviendo la cultura europea, esperando su
posibilidad para organizarse, esperando a un nuevo mago negro.

Podemos llamarnos afortunados, porque lo que queda de la antigua


concepción del mundo es sobre todo manifestado en términos de crítica
negativa. Una cosmovisión no puede ser conducida a la victoria por
intelectuales degenerados que son muertos vivientes, y eso nos da una
pausa. Mientras el estado general de la Derecha hoy es abismal e
incoherente, aparte de la Derecha etno-nacionalista, la Izquierda está
similarmente desorganizada.

Por supuesto, detrás del Marxismo Cultural, tal como en el marxismo de


antaño, hay judíos en grandes cantidades. Pero lo que sucedió después de
la creación de Israel en 1948 y que aumentó el anti-judaísmo en la Unión
Soviética en los años '50 fue que muchos judíos desertaron del movimiento
marxista internacionalista y se unieron al movimiento anticomunista, o se
hicieron neoconservadores. Tener un país parece que reduce el entusiasmo
por el internacionalismo. Esa división dentro de la judería organizada
habría sido una gran bendición si la Derecha no hubiera llegado a ser aún
más descabellada y corrupta.

Pero "la hora está madura y allá está el camino", dijo Virgilio. No
podemos dejar que la desquiciada y acobardada Derecha nos distraiga.
Debemos simplemente dejar de considerarla, a menos que ella venga a
nuestro lado. La Derecha identitaria y etno-nacionalista representa un gran
nuevo despertar. Una nueva concepción del mundo para el siglo XXI está
naciendo.

Nosotros debemos seguir nuestro trabajo. Se lo debemos a la posteridad.


Es nuestro deber sagrado.

¿Qué Es una Concepción del Mundo?

Según Hitler, una cosmovisión es mucho más que un partido político


que trabaja dentro del sistema de los partidos políticos democráticos. Las
cosmovisiones

«...son intolerantes y no pueden ser satisfechas asumiendo el papel de


ser "un partido entre otros". Ellas arrogantemente exigen para sí mismas
el reconocimiento completo y exclusivo, y una transformación completa
de la vida pública de modo que se someta a sus criterios».
La cosmovisión no tolera la situación existente y procura suprimirla, si
ella no se conforma a su voluntad. Los partidos políticos comprometen sus
principios, pero "las cosmovisiones nunca se comprometen". Mientras que
los partidos políticos por igual acomodan sus opiniones a las de sus
adversarios a fin de ser agradables, "una cosmovisión proclama su propia
infalibilidad". Mientras que el programa de un partido puramente político
se conforma a lo que es considerado válido para conseguir el éxito en la
siguiente elección, "el programa de una cosmovisión es una fórmula que
declara la guerra contra un orden existente, un estado existente de cosas,
y una cosmovisión existente". Hitler admite que es difícil decir dónde está
la diferencia entre una cosmovisión religiosa y una política.

Las dos concepciones del mundo, el marxismo internacional y el


Nacionalsocialismo basado en la raza, están diametralmente opuestas una
a otra. Para Hitler, la primera conduciría a la destrucción de la
Humanidad, pero la segunda a su salvación. En los años '20 el marxismo
ya llevaba tiempo establecido, estaba bien organizado y bien financiado,
pero la idea basada en la raza, a pesar de tener apoyo popular, estaba
desorganizada y no tenía ningún objetivo claro. Muchos partidos y grupos
en el llamado movimiento Völkisch competían por el apoyo de los
nacionalistas alemanes. Hitler pensó que la desunión de la Derecha ante un
frente marxista unido era una situación mortal. Él vio como su misión unir
a los nacionalistas alemanes, dar a la cosmovisión basada en la raza un
objetivo claro y práctico, y organizarla políticamente de modo que pudiera
luchar contra el marxismo de frente.

La Visión Marxista del Mundo

«El objetivo último del marxismo es y siempre será la destrucción de


todos los Estados nacionales no-judíos» (Adolf Hitler).

En el primer volumen de Mein Kampf Hitler describe cómo él se hizo


política y racialmente consciente en Viena. Trabajando en un empleo de
construcción, recuerda cómo fue acosado por miembros de un sindicato.
Cuando él comenzó a investigar la naturaleza y los objetivos de los
sindicatos leyendo sus panfletos políticos, periódicos y discursos,
lentamente comprendió qué era el marxismo:

«Cuando comencé a entender, el temor y el horror se arrastraron


sobre mí. Vi una enseñanza compuesta por ego y odio, que según la ley
matemática podría muy bien conducir a la victoria, pero luego conduciría
al final de la Humanidad también».

Los marxistas se enfocaban en las clases obreras con una promesa de un


mejor futuro, pero Hitler veía aquello como una "enfermedad disfrazada
como virtud social y amor al prójimo, una enfermedad de la cual la
Humanidad debe liberar la Tierra, o la Tierra sería liberada pronto de la
Humanidad". Durante su tiempo en Viena, Hitler también se dio cuenta de
"la conexión entre esta doctrina de la destrucción y la naturaleza de un
pueblo". Aquel pueblo eran los judíos. Hitler escribió acerca de cómo el
judío simula tener compasión por la grave situación de las clases obreras, y
cómo el judío ha estudiado sus problemas reales y reconocidos a fin de
ganar su confianza. El judío entonces "despierta el deseo del cambio. Con
astucia infinita, él agita la necesidad de justicia social, un deseo innato
que duerme dentro de cada ario". Una vez que las clases obreras son
inflamadas con la pasión,

«...el judío la convierte en odio hacia aquellos más afortunados, y pone


el sello de una cosmovisión muy especial en la batalla; él construye una
filosofía diseñada para corregir la injusticia social. Él funda la doctrina
marxista».

Pero un estudio más cercano del marxismo muestra que su intención es


de hecho "extremadamente maligna" ya que el objetivo del marxismo es
simplemente "imposible de llevar a cabo", como muchas "buenas
personas" han observado. Hitler describe la doctrina marxista como "una
mezcla inseparable de razón y sinrazón, pero siempre organizada de
modo que sólo las partes absurdas puedan ser puestas en práctica y
nunca las partes de razón". Uno de los problemas fundamentales que él
vio en el marxismo era su absoluta negación del valor del "individuo y de la
nación y su sustancia racial", razón por la cual "destruye los fundamentos
básicos de toda civilización humana". Hitler entonces declara que éste es

«...el verdadero centro de la cosmovisión marxista, si ese producto de


una mente criminal puede ser llamado una "cosmovisión". La destrucción
de la individualidad y de la raza remueve el obstáculo primario que
impedía la dominación por parte del hombre inferior, el judío».

Hitler creía que si negábamos que las razas varían en sus poderes
creativos, aquello conduciría a una negación de los desiguales poderes
creativos de los hombres individuales. Pero el objetivo último sería "la
creación de una tiranía de las finanzas internacionales mundiales", con lo
cual él estaba aludiendo a la Judería. Él explicó posteriormente que "la
doctrina judía del marxismo niega el noble objetivo de la Naturaleza, y
pone a la masa y el peso muerto de los números en el lugar del privilegio
eterno de la fuerza y el poder". El marxismo niega la personalidad
individual, la nación y la raza, y por lo tanto priva a la Humanidad de los
elementos esenciales necesarios para mantener la civilización y para la
supervivencia. "Como un fundamento del universo, el marxismo sería el
final de cualquier orden concebible por el hombre. El resultado de aplicar
tal ley podría ser sólo el caos", escribe Hitler. Él luego hace una triste
predicción: "Si, mediante su fe marxista, el judío conquista los pueblos de
este mundo, su corona será la muerte y la destrucción de toda la
Humanidad. La Tierra se movería otra vez deshabitada por el espacio
como lo hizo hace millones de años".

Para conseguir su objetivo, el marxismo primero tiene que socavar el


antiguo orden. Hitler lo describió así:

«[El marxismo] comenzó su trabajo constructivo practicando la crítica,


y ha continuado durante setenta años. ¡Y qué destructivo ha sido! Esa
cáustica crítica siguió hasta que la constante corrosión del ácido debilitó
al viejo Estado y lo llevó al colapso. Sólo entonces comenzó el así llamado
"trabajo constructivo" del marxismo».

Esto suena muy familiar. El marxismo no fue creado en el vacío. Sólo


podría nacer en un mundo que ya estaba decayendo y estaba ya infectado
por ideas similares. Hitler describe el papel de Karl Marx así:

«El propio marxismo internacional es sólo la transformación, hecha


por el judío Karl Marx, de una cosmovisión hacía mucho tiempo existente,
en una concreta profesión política de fe. Sin el preexistente y difundido
fundamento de tal veneno, el asombroso éxito político de esa doctrina
nunca habría sido posible. Entre millones de personas, Karl Marx fue el
hombre que, con el ojo certero de un profeta, reconoció que los venenos
esenciales para su plan estaban ya en el pantano de un mundo que decaía
lentamente. Él separó e identificó aquellos venenos, como un hechicero de
magia negra, para hacer una solución concentrada que él podría usar
para acelerar la destrucción de las naciones libres en esta Tierra. Todo
eso fue hecho para servir a su raza».

Hitler dice que las clases privilegiadas, o burguesas, son también


culpables del éxito del marxismo porque ellas nunca se preocuparon por
los trabajadores y se opusieron incluso a la mejora más leve de su
condición. Él veía eso como un crimen imperdonable contra su propio
pueblo, y aquello condujo a los trabajadores a los brazos abiertos de los
marxistas, quienes simulan preocuparse por los trabajadores y sus
necesidades. La resistencia por parte de la clase privilegiada es también
inútil, porque

«La doctrina marxista es el condensado extracto del alma intelectual


de la cosmovisión universal de hoy que es reducido a una forma
concentrada. Sólo por esta razón cualquier lucha contra ella por parte de
nuestra clase privilegiada es imposible, y yo diría incluso que tal lucha
sería ridícula. El mundo de la clase privilegiada ya está saturado con
todos estos venenos marxistas».

La clase privilegiada también está dedicada ya a una cosmovisión


similar a la marxista, de la que se diferencia sólo en su grado. La clase
privilegiada ya es marxista, pero, en concordancia con su propio carácter
débil, piensa que puede controlar y dominar al movimiento y permanecer
encima de él. Ésa es una ilusión, ya que "el verdadero marxismo trabaja
día y noche para entregar el mundo en las manos del judío". Los partidos
políticos burgueses están tan ocupados con la usual política de partidos y
con mantener sus asientos en el Parlamento, inconmovidos por ideales
más altos, que ante el marxismo ellos no representan una posibilidad: "El
campo de políticos de la clase privilegiada no puede sacar la suficiente
fuerza espiritual de esa clase de autoindulgente comportamiento para
luchar contra el poder organizado del marxismo". Esos engañosos
"vendedores de aceite de serpiente, que se supone que representan a la
raza blanca" usan el grito de batalla de la democracia occidental contra
una doctrina que está diseñada para destruír la democracia. Poco saben
ellos que "el marxismo es un medio para un fin, y ese fin es la destrucción
de la Democracia Occidental mediante la paralización del cuerpo
político". Hitler agrega: "...cuán loco era pensar que uno puede resistir a
la conquista mundial judía con los instrumentos de la democracia
occidental".

La Visión Nacionalsocialista del Mundo

«Hasta 1920 no había ninguna bandera que se opusiera al marxismo,


al menos ninguna que hubiera representado su opuesto directo como
cosmovisión» (Adolf Hitler).

Incluso aunque el marxismo internacionalista sea a la vez falso y


criminal en su naturaleza, es exitoso porque enfrenta sólo una resistencia
débil, desunida y desorganizada desde la Derecha. Hitler escribe:

«La cosmovisión marxista, que es liderada por una unificada


organización principal, se enfrenta a un revoltijo de visiones
contrapuestas que hace poca impresión en el frente unido del enemigo. La
victoria no puede ser conseguida con armas tan débiles. Sólo cuando a la
cosmovisión internacionalista que es políticamente conducida por el
marxismo organizado se le oponga una concepción basada en la raza y
que esté igualmente unificada e igualmente organizada e igualmente bien
conducida, van estos dos campos a encontrarse en un terreno parejo, y
ahí es cuando la victoria estará con el campo que tiene la verdad eterna
de su lado».

Ante una concepción del mundo políticamente bien organizada como el


marxismo, la resistencia que es tímida y defensiva, que trata de adherirse a
las reglas del orden existente, y que trata de mantener su respetabilidad,
está obligada a perder. Tiene que ser igualmente valiente y estar a la
ofensiva:

«A la vez que un lado, armado con todas las armas de una


cosmovisión, aun cuando sea absolutamente criminal, se prepara para el
ataque contra un orden existente, el otro lado puede resistir con éxito sólo
si se cubre con la forma de una nueva fe, en nuestro caso, política, y
reemplaza los slogans de una defensa débil y cobarde por el grito de
guerra de un ataque valiente y brutal».

Ninguna verdadera resistencia contra el avance del marxismo


organizado puede ser esperada de los actuales partidos políticos. Ellos
están cómodos con el sistema y no cambiarán voluntariamente. De hecho,
el cambio "es imposible porque ellos están siendo dirigidos por judíos,
judíos aquí y judíos allá y judíos por todas partes". Hitler añade:

«Si se permite que los acontecimientos actuales se desarrollen libres de


obstáculos, el resultado final será la realización de la profecía pan-judía,
y el judío devorará los pueblos de la Tierra y se convertirá en su amo...
Un partido conducido [por el judío] puede luchar sólo por intereses judíos,
y éstos no tienen nada en común con las necesidades de los arios».

Hitler previó que habría una gran apatía contra el cambio de parte de
aquellos que tienen intereses creados en el sistema presente, y él temió que
el Partido Nacionalsocialista también sucumbiera a aquel destino,
sintiéndose cómodo con el sistema democrático y así terminando como
sólo un partido entre muchos. Lo que el joven movimiento
nacionalsocialista necesitaba era algo comparable al celo del cristianismo
temprano:

«El cristianismo nunca podría haber estado contento simplemente con


construír su propio altar. Se sentía llevado a destruír los altares paganos.
La fe sólo podría crecer cuando no hubiera ninguna controversia, y
realmente creció a partir de esa intolerancia fanática. De hecho, la
intolerancia es absolutamente indispensable para el crecimiento de
cualquier fe».

El Nacionalsocialismo no está preparado para compartir su lugar con


otra concepción de mundo. Sólo participa en el proceso parlamentario
democrático a fin de destruírlo. Nunca puede apoyar a un régimen o un
estado de cosas que condena y que pretende destruír: "se siente obligado a
luchar contra el actual estado de cosas y el mundo entero de ideas hostiles
que pertenecen a aquel orden, por cada medio posible hasta que consiga
la caída de su enemigo". Hitler enfatiza que no puede haber ninguna
controversia. No debe haber ninguna libertad de interpretar la doctrina.
Tiene que ser fija y absoluta, y debe exigir la lealtad absoluta de sus
miembros:

«Una doctrina de una cosmovisión no puede luchar y ganar si permite


una libertad ilimitada para que cualquiera interprete su sentido. Sólo
puede luchar y ganar si está claramente definida en la forma limitada y
consolidada de una organización política».

La cosmovisión sólo puede conducir sus ideas a la victoria si logra unir a


la mejor gente de su tiempo "en una vigorosa organización combativa".
Dado que no todos son filósofos, ciertas ideas principales de la cosmovisión
tienen que ser usadas como la base para una declaración de fe, de modo
que ellas sean más fácilmente comprendidas por los miembros del
movimiento. Eso es también para sub-rayar que las ideas centrales no
están abiertas a la discusión. En las propias palabras de Hitler, ellas deben
presentar "cualidades de manera breve, precisa, como slogans, que las
hagan convenientes como una doctrina de fe para un nuevo
compañerismo de hombres".

El Nacionalsocialismo, o cosmovisión racialista, "reconoce la


importancia del componente racial de la Humanidad. En principio, ve al
Estado sólo como un medio para conseguir un fin, y su fin es la
preservación de la existencia racial de la Humanidad". Apenas tiene que
ser dicho hoy que esta doctrina no proclama que todas las razas son
iguales, pero Hitler todavía sentía la necesidad de decir eso. Aquello fue
probablemente en respuesta a acusaciones de parte de la Derecha
monarquista o tradicionalista, la que recibe su parte de reprensión en Mein
Kampf. Hay que tener presente que el propio nacionalismo se originó
como un movimiento izquierdista en Europa, en un momento en que la
Derecha todavía se oponía a él desde el punto de vista del sistema
monárquico y aristocrático. Según Hitler, la desigualdad entre las razas
también implica la desigualdad entre los individuos:

«En principio, reconoce la idea aristocrática de la Naturaleza y cree en


la autoridad de esta ley hasta para la última criatura individual. El
racialismo reconoce que las razas tienen valores diferentes y que hay
valores diferentes de hombres individuales».

Hitler llama a la cosmovisión basada en la raza una obligación de honrar


"la voluntad universal de la Naturaleza que gobierna el universo". El
honrarla "da como resultado la fuerza organizativa del racialismo y no la
fuerza desorganizadora del marxismo".

Los más altos ideales de la Humanidad están, según Hitler,


intrínsecamente ligados a una raza en particular: la raza aria. Él escribe:

«La cultura y la civilización humanas en este planeta son inseparables


de la existencia del ario. Su extinción o su ruina traería de vuelta al
planeta una vez más las épocas bárbaras e incivilizadas. A los ojos de
cualquier cosmovisión basada en la raza, socavar la existencia de la
cultura humana mediante la destrucción del grupo que la sostiene, es el
crimen más repulsivo posible».
Así, la doctrina del marxismo es un enemigo de la Humanidad, ya que
procura suprimir a la única raza que es capaz de mantener la cultura
humana y la civilización, mientras que la concepción basada en la raza está
en armonía con "la voluntad profunda de la Naturaleza".

Pero aunque una cosmovisión sea totalmente correcta y esté de acuerdo


con la voluntad eterna de la Naturaleza, no puede ser exitosa a menos que
sea claramente definida y entendida, y esté representada por un partido
político cuyos miembros estén dispuestos a dar sus propias vidas por la
idea. Hitler escribe:

«Incluso una cosmovisión que sea totalmente sana y del mayor valor
para la Humanidad nunca tendrá ningún valor práctico y nunca formará
las vidas de la gente hasta que sus principios se hayan convertido en la
bandera de un movimiento combativo... Los conceptos generales debe ser
moldeados en un programa político, y una concepción general del mundo,
en una fe política definida».

El objetivo del movimiento es el éxito en el mundo real, de modo que la


fe política debe no sólo servir al ideal sino además incluír los medios
necesarios para luchar y conseguir la victoria. Esto significa que el que
desarrolla un programa, y que declara la idea intelectual del movimiento,
debe estar asociado con un político que tenga la suficiente perspicacia
práctica para darle forma a la idea en un plan alcanzable (a menos que, por
supuesto, ellos sean el mismo hombre). Hitler no cae en la trampa del
inútil idealismo altruísta:

«Un ideal eterno que es la estrella guía de la Humanidad debe


ajustarse de modo que tenga en cuenta las debilidades inherentes en el
hombre debido a la imperfección humana general, y sólo entonces puede
evitar el fracaso en el instante en que comienza».

El fundador de la idea necesita a alguien que conozca el espíritu y el


carácter de la gente y que sea capaz de comunicar un claro entendimiento
de los fundamentos de la idea e inspirar a la gente a la acción para que la
idea pueda convertirse en una realidad. Para eso, "ellos deben trabajar
juntos a fin de extraer lo que es humanamente posible para los pequeños
mortales desde el reino de los ideales y de la verdad eterna y darle una
forma que pueda ser usada en la lucha". El éxito permanece o se diluye
según cuán exitosa sea la transformación de la idea en un plan práctico, es
decir, en una cosmovisión sólida y realizable. La comprensión de Hitler de
su propia cosmovisión y su conocimiento de la gente y de cómo
comunicarse con ella lo llevó a incluír una asombrosa y aparentemente
auto-cumplida profecía:

«Partiendo de una muchedumbre de millones de personas que


individualmente tienen al menos algún entendimiento de estas verdades,
y de unos cuantos que pueden entenderlas totalmente, debe surgir un
hombre que pueda formar principios claros y sólidos como roca. Ese
hombre creará una fuerza a partir de la cambiante marea del
entendimiento que existe en las amplias masas, y esa fuerza será tan
fuerte que no podrá dudarse de ella. Él debe luchar para hacer exclusiva
la verdad de esas ideas, de modo que nadie pueda ser considerado para
continuar con su lucha sino hasta que él logre crear una roca firme a
partir de la voluntad del hombre, y una sólida creencia surja de un
mundo de ideas inestables y de libre flujo. El derecho de tomar tal acción
proviene de la necesidad, y el derecho del hombre particular a tomar esa
acción está justificado por su éxito».

Pensamientos Finales

Las palabras de Hitler en cuanto a que "el objetivo último del marxismo
es y siempre será la destrucción de todos los Estados nacionales no-
judíos" son tan verdaderas ahora como alguna vez antes. Ellas son
eternamente verdaderas. Aunque la cara del marxismo haya cambiado
desde una doctrina económica y una dictadura al [no tan] sutil Marxismo
Cultural de hoy, su objetivo sigue siendo el mismo. El interés al que sirve es
el mismo. ¿O debería yo decir: la gente a la que sirve es la misma? La idea
de una Estrategia Grupal Evolutiva planteada por Kevin MacDonald es
muy provechosa para la adquisición de una buena y científica comprensión
de esto.

Incluso aunque la judería organizada se haya dividido en dos facciones


principales —la Izquierda liberal y la Derecha neoconservadora—, esa
división es sólo aparente. El objetivo último de ambos movimientos sigue
siendo el mismo. Su única diferencia está en los medios empleados para
dicho fin, pero no en el fin mismo. Ellos también se diferencian del
marxismo sólo en cuanto a los medios. El objetivo final es y siempre ha
sido la destrucción de los países del hombre Blanco, las naciones Blancas, y
de todo lo que más queremos.

Sólo mire lo que la mayor parte de los movimientos políticos


predominantes considera como no negociable. Ellos pueden diferenciarse
en asuntos como economía, ecología, planificación urbana, intervenciones
extranjeras, cuestiones sociales, etcétera, y se comportan en gran medida
correctos y corteses al debatir aquellos asuntos. Pero cuando se plantean
las cuestiones de inmigración, o repatriación, o peor aún, de raza, el humor
inmediatamente cambia. Ellos sienten la presencia de un enemigo, un
enemigo existencial, y retroceden con horror, y reaccionan con odio. Éstos
son pensamientos que no pueden ser pronunciados en presencia de ellos.
Éstos son pensamientos que según ellos deben ser destruídos. La
supervivencia del bien, el mal lo considera detestable.

Nos estamos acercando al punto en el cual nadie de la Derecha puede


afirmar no haber oído qué es lo que estaba en juego. Son nuestras vidas,
nuestras vidas colectivamente, políticamente, y por ello existencialmente, y
cada vez más gente está dándose cuenta de esto.–

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