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Ensayo de los síndromes más comunes en el adulto mayor.

Introducción:

Casi todas las personas adultas mayores son emocionalmente saludables, aunque en el plano

psicológico se pueden presentar ciertos cambios en la memoria, el aprendizaje, la atención,

la orientación y la agilidad mental. No obstante, la educación, la cultura y la experiencia

adquirida durante la vida constituyen una buena base para reentrenar o reaprender las

habilidades que van disminuyendo.

Así también, la vejez puede ser una época de realización, de agradable productividad y de la

consolidación de habilidades y conocimientos. Sin embargo, los recursos emocionales de esta

etapa con frecuencia disminuyen debido a muchas crisis y tensiones acumuladas, a las que

las personas deben enfrentarse y que pueden ser el detonador de algún problema de salud

mental.

Algunos de estos retos pueden ser:

 Vivir con una enfermedad crónico-degenerativa que obliga a modificar su

independencia y

 formas de vida activa.

 La pérdida de la pareja, de algún amigo o de algún miembro de la familia.

 Aislamiento y soledad.

 Un escaso ingreso económico.

 Modificación del lugar que ocupaba en la familia como pareja, líder o proveedor.
Síndromes en el Adulto Mayor.

Las enfermedades mentales o emocionales pueden manifestarse de muchas maneras, por lo

que en ocasiones es difícil reconocerlas. Se confunden con dolencias o enfermedades físicas.

También pueden ser negadas por la familia y los amigos, o mal interpretadas como una parte

normal. El adulto mayor enfrenta la realidad del envejecimiento en medio de una sociedad

que practica la marginación social de los adultos mayores, sintiéndose a sí mismo como

alguien que ya no cuenta mucho para los demás, aún en la familia, ya no se diga en la

sociedad.

Ahora bien, las psicopatologías del adulto mayor a comparación de las otras poblaciones se

presentan de manera distinta. En primer lugar la Demencia que es un deterioro cognitivo

que puede ser amnesia, afasia, apraxia y agnosia, su deterior funcional radica en la

dificultad para realizar las actividades día a día

La enfermedad de Alzheimer es causada por la acumulación de placas beta-amiloides en la

corteza cerebral/materia gris. Existen cambios de ánimo y la personalidad, delirios,

alucinaciones y trastornos del sueño.


En otro punto la Depresión en el adulto mayor es una alteración del humor en donde la

tristeza es patológica, desproporcionada, profunda, abarcando la totalidad del ser. Pierde el

interés y la ilusión de vivir, se siente incapaz de hacer lo que antes hacía o le gustaba, y

viene acompañado de alteraciones del sueño, apetito, síntomas somáticos, contenido de

pensamiento e interfiere gravemente con la calidad de vida.

De igual forma existen los síndromes geriátricos que son enfermedades casi propias o

específicas de los mayores, como las caídas o la inmovilidad; pueden ser mucho más

frecuentes en ellos que en cualquier otro grupo de población, como las úlceras por presión

(llagas de cama); o pueden ser frecuentes a cualquier edad, pero con características

específicas en su evolución, diagnóstico y tratamiento en los mayores (como la desnutrición

o las neumonías).

Entre las características más predominantes de la depresión mayor se encuentran la escasa

expresividad de la tristeza, la tendencia al retraimiento y aislamiento, dificultad para

reconocer los síntomas depresivos, deterioro cognitivo frecuentemente asociado., culpa

excesiva etc. También hipocondría, delirios, irritabilidad, polipatología, agitación o retardo

psicomotor.

Los factores de riesgo se generalizan en tres áreas, el área psicosocial que se ve amenazada

por muerte del conyugue o ser querido (muertes acumuladas), enfermedad médica o

quirúrgica, incapacidad (enfermedad) pérdida de funcionalidad (jubilación, cambio de roles

etc.) Y el escaso soporte social, que se define como el total abandono de sus redes de apoyo

o familiares.
Los factores de riesgos biológicos se resumen en: envejecimiento cerebral, genética y sexo,

enfermedades relacionadas como Hipertensión arterial, Diabetes mellitus etc.

Otros de las síndromes más predominantes en el adulto mayor es el “Delirium o Síndrome

Confusional Agudo”, es un síndrome clínico común en hospitales (tras cirugías) y en

residencias más común en adultos mayores (30%). Se caracteriza por alteraciones en la

atención, conciencia, alteración cognitiva adicional, alteración del comportamiento.

El síndrome de confusión agudo o delirio corresponde es un desorden cognitivo, no

necesariamente una demencia, muy frecuente en las personas mayores y que se caracteriza

por una alteración del estado mental que se produce de forma aguda, pero que es reversible.

En ocasiones puede ser un signo de una función cerebral comprometida o una enfermedad

grave, pero también una complicación secundaria a una enfermedad o a su tratamiento. Pese

a ser reversible, si no se diagnostica y trata adecuadamente puede derivar en un daño cerebral

permanente e incluso en la muerte.

Frecuentemente, las personas mayores, en especial las que presentan algún tipo de demencia

en mayor o menor grado, pueden sufrir un síndrome de confusión agudo secundario a alguna

patología, generalmente infecciosa. Sin embargo, en ocasiones también puede ser el único

síntoma producido por un infarto de miocardio.

Entre el 10 y el 60% de las personas mayores que son hospitalizadas pueden sufrir un

síndrome de confusión agudo o delirio, ya sea en el momento del ingreso o durante su

estancia en el hospital. Del mismo modo, sólo el 25% de los pacientes que presentan delirio

tienen una demencia, mientras que el 40% de aquéllos que tienen demencia sufren un

síndrome de confusión agudo.


Factores de riesgo del síndrome de confusión agudo o delirio

Aunque las manifestaciones clínicas del síndrome de confusión agudo pueden ser muy

diferentes en cada caso, existen distintos factores que implican una predisposición a sufrirlo:

 El riesgo aumenta con la edad.

 Pérdida de vista y/o oído.

 Enfermedad crónica física o mental preexistente (Parkinson, demencia, depresión,

etc.). La demencia aumenta 2-3 veces el riesgo.

 Reacciones adversas a drogas, incluido el alcohol.

 Factores ambientales como el exceso de estímulos, la falta de sueño el cansancio, etc.

 Trauma o cirugía reciente (especialmente de cadera).

 Insuficiencia renal o hepática, infecciones y otras patologías.

Hay que tener en cuenta que el síndrome de confusión agudo suele ocurrir en personas con

enfermedades graves, por lo que se asocia a un elevado grado de mortalidad, a una estancia

hospitalaria más prolongada y a un mayor riesgo de institucionalización. Si los pacientes no

recuperan su condición cognitiva habitual al cabo de unos tres meses, ello puede ser signo de

la progresión de una demencia previa pero que aún no se había manifestado.


El tratamiento de base debe dirigirse al control de la enfermedad que ha producido el

síndrome de confusión agudo, aunque las alteraciones conductuales propias del delirio

pueden tratarse farmacológicamente.

Es muy importante no confundir la demencia senil con los trastornos propios del

envejecimiento natural pues, aunque en el proceso de envejecimiento las personas suelen

tener una disminución de la memoria a corto plazo así como una pérdida de la vitalidad, sus

funciones psicológicas no sufren alteraciones. La demencia senil por su parte, puede traer

consigo alteraciones tan graves que interfieran en las actividades laborales o sociales del

paciente. La enfermedad de Alzheimer es un tipo de demencia senil del cual hablaremos

específicamente en otro post.

Los síntomas de la demencia senil son:

 Ansiedad

 Aislamiento social

 Alteraciones de la conducta, se puede presentar violencia, irritabilidad, depresión,

llanto

 Labilidad afectiva, respuestas inapropiadas a los estímulos emocionales como llantos

o risas desproporcionadas

 Desorientación espacial y temporal, sensación de estar perdido en lugares familiares,

sobre todo por las noches

 Disminución de la atención, atención débil, dificultad para enfocar la atención, apatía


 Delirio, ideas paranoides, alucinaciones visuales, auditivas o sensoriales (escuchar

voces, ver cosas que no están o sentir muchos insectos por todo el cuerpo)

 Trastornos del lenguaje que se presentan en ecolalias (repetición constante e

irrelevante de una misma frase), pararrespuestas (responder con algo muy diferente a

lo que se preguntó), plática monótona, lenguaje pobre, afasia o verborrea

 Trastornos del juicio, dificultad para resolver preguntas o decisiones simples,

cambios sexuales como exhibicionismo o masturbación

 Trastornos de la memoria, en la fijación y evocación de sucesos recientes y antiguos

 Incontinencia urinaria y/o fecal

 Trastornos motores, apraxia, incapacidad o dificultad para caminar, vestirse, realizar

labores manuales, torpeza de movimientos con tendencia a caerse

 Deterioro del pensamiento abstracto, agnosia, falta de reconocimiento de objetos

cotidianos u olvido de sus nombres


Conclusión:

Es importante conocer las causas y características de los síndromes para que en el plano de

lo profesional y laboral como enfermeras estemos conscientes de las necesidades y desarrollo

de los síndromes de los pacientes. La información es poder, pero al mismo tiempo es

responsabilidad y no ser ignorantes a la hora de conocer sobre un tema importante dentro del

desarrollo de la adultez tardía.


Referencias:

Dirección General de Equidad y Desarrollo Social (2016). Manual de prevención y


autocuidado para las personas adultas mayores. Secretaría de Desarrollo
Social del Gobierno del Distrito Federal.

American Psychological Association (2014) Manual Diagnostico y Estadístico de los


Trastornos Mentales. Quinta Edición – Editorial Médica Panamericana.