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La Institucionalización

de la Geografía en Córdoba

Contextos, instituciones, sujetos, prácticas


y discursos (1878 - 1984)

Gabriela Cecchetto | Perla Zusman


(Coordinadoras)
La institucionalización de la Geografía en Córdoba.
Contextos, instituciones, sujetos, prácticas y discur-
sos. 1878-1984 / Perla Brígida Zusman... [et.al.] ;
edición a cargo de Perla Brígida Zusman y Gabriela
Cecchetto. - 1a ed. - Córdoba: Universidad Nacional
de Córdoba, 2012.
244 p. ; 21x15 cm.

ISBN 978-950-33-0979-7

1. Geografía. 2. Estudios Intrerdisciplinarios. 3. In-


vestigación. I. Zusman, Perla Brígida II. Zusman,
Perla Brígida, ed. lit. III. Cecchetto, Gabriela, ed. lit.
CDD 910.701 1

ISBN 978-950-33-0979-7

Impreso en Argentina, Universidad Nacional de


Córdoba, 2012
A la memoria de nuestro amigo Pedro Navarro Floria,
quien debería haber escrito el prólogo de este libro
Índice

Introducción 9
Perla Zusman y Gabriela Cecchetto

Primera Parte: Cuestiones historiográficas

Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina


en el último cuarto del siglo XX 19
Guillermo Cicalese

Espacios nacionales y transnacionales en la historia disciplinar.


Hacia la comprensión de la circulación de los científicos
y su repercusión en el viaje de las ideas 55
Perla Zusman

Segunda Parte: Primeros pasos en la Institucionalización



Política y sociedad en Córdoba (1870-1930) 75
Javier Moyano

Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito académico
de la ciudad de Córdoba (1870-1920) 95
Gabriela Cecchetto

La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba


en el marco del proyecto territorial estatal. Planes de estudio y tensiones en
torno a las competencias profesionales (1892-1922) 113
Gabriela Cecchetto, Lisandro Barrionuevo
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio
provincial: la Geografía de la Provincia de Córdoba de Manuel
Río y Luis Achával (1905) 135
Nicolás Rabboni

Tercera Parte: Historia y Geografía en la última dictadura mi-


litar

Lecturas del pasado, del presente y del futuro: la legitimación


política de la dictadura de 1976 157
Marta Philp

Geopolítica y nacionalismo territorial. La cátedra de Geografía


Humana de la Escuela de Historia de la Universidad Nacional
de Córdoba y la legitimación de las prácticas de la dictadura
militar (1975-1984) 197
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino

Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino:


la Geografía Regional en el Profesorado de Geografía de la
Escuela Normal Superior Alejandro Carbó (1973-1983) 215
Natalia Astegiano

Los autores 239

8
Introducción

Perla Zusman
Gabriela Cecchetto

El debate sobre el objeto y utilidad de la Geografía en tanto disci-


plina parece no saldarse nunca. Distintas generaciones de geógrafos y
estudiantes de geografía siempre encuentran dificultades para explicar
las particularidades de su oficio a los no geógrafos. Además, en algún
momento de sus vidas, se cuestionan sobre las posibilidades que este sa-
ber ofrece para comprender los problemas del mundo que les toca vivir.
Sin embargo, en las últimas décadas, el giro espacial en las ciencias
sociales ha despertado un nuevo interés por este campo, por sus preocu-
paciones y objetos construidos históricamente. En este marco, pareciera
que aquellos elementos que por mucho tiempo han sido la causa de su
desconsideración por las miradas epistemológicas neopositivistas, son
ahora valorizados positivamente por las perspectivas posestructuralistas.
Es decir que mientras por mucho tiempo la Geografía fue descalificada
por considerarse un conocimiento demasiado abarcativo o que definía
su objeto en el ámbito de la interrelación entre la sociedad y la natura-
leza o entre la sociedad y el ambiente, este tipo de propuestas son vistas
hoy como un camino que permite superar las dicotomías que atraviesan
algunas de las discusiones en Ciencias Sociales.
Al mismo tiempo, algunos de los problemas que ocupan la agenda
académica y política actual, como la globalización o el medio ambiente,
parecerían contribuir a recuperar los modos en que la Geografía, a través

9
Perla Zusman y Gabriela Cecchetto

de su trayectoria, ha tematizado las formas de organización del mundo


y la relación de las sociedades con el medio.
Esta revalorización del conocimiento geográfico nos lleva a pregun-
tarnos ¿hasta qué punto las preocupaciones que llevaron a conformar el
cuerpo de conocimientos que hoy se conoce como Geografía son dis-
tintas de aquellas que derivaron en su consideración como saber útil a
los fines de los estados nacionales o de los imperios y a su consecuente
institucionalización en distintos ámbitos de enseñanza?
A partir de esta pregunta general es que nos propusimos indagar los
diversos caminos que llevaron a las distintas formas de institucionali-
zación de la Geografía en Córdoba. Esta indagación nos ha permitido
constatar, de manera semejante a la observada en otros contextos subna-
cionales e internacionales, la distancia entre lo que entendemos hoy por
Geografía de aquello que se entendía en el pasaje del siglo XIX al XX, o
en la década de 1970 en el marco de la dictadura militar. Mientras que
en el primer contexto la Geografía era asociada a un conjunto de saberes
útiles a los fines de exploración, mensura y representación territorial, en
el segundo era vinculada a la creación de un imaginario sobre el terri-
torio que fortaleciese la cohesión nacional en el marco de un proyecto
de país militarizado que, en algunas de sus facetas, buscaba acentuar el
conflicto con los países vecinos.
Pero, a la vez que este proceso de investigación nos permitió consta-
tar las semejanzas con otros procesos de institucionalización y concep-
ciones de la Geografía, también nos ayudó a identificar las diferencias y
especificidades asociadas a dinámicas políticas, económicas y científicas
particulares a la conformación de Córdoba como unidad subnacional
dentro del estado argentino. Desde la perspectiva más estrictamente
institucional la preexistencia de la universidad al proceso de conforma-
ción del estado, la conformación de la Academia Nacional de Ciencias
y la contratación de naturalistas alemanes para ejercer la docencia y ex-
plorar el territorio son algunos de los elementos que definen derroteros
distintos al de otros lugares del país.
Cabe destacar que los estudios sobre la Historia de la Ciencia o So-
ciología del Conocimiento desarrollados en el país, apenas se han in-
teresado en indagar sobre la situación de la Geografía en Argentina y
en Córdoba en particular. Incluso los trabajos más recientes como los

10
Introducción

de Miguel de Azúa (2010), Pablo Buchbinder (2005), Diego Hurta-


do Mendoza (2010) o Federico Neiburg y Mariano Plotkin (2004) no
incorporan a la Geografía entre los saberes cuya historia resulte inte-
resante pesquisar en el proceso de conformación del estado nacional o
en períodos posteriores. De la misma manera, en Córdoba abundan los
trabajos sobre la acción de los naturalistas a través de la Academia de
Ciencias (Vera de Flachs, 2002; Tognetti, 2005) pero la producción de
este conocimiento no se articula con el desarrollo de la Geografía como
disciplina.
De este modo, el libro que estamos presentando viene a cubrir un
vacío existente sobre el desarrollo de un saber que jugó un papel rele-
vante en el proceso de conformación estatal y nacional y en el proceso
de creación de cohesión nacional en la última dictadura militar tanto en
términos materiales como simbólicos.
Por otro lado, el texto busca dialogar y complementar los resultados
de investigación que se llevan adelante en el campo de la Historia de la
Geografía en el país desde la década de 1990 (Escolar, Quintero Pala-
cios, Reboratti, 1994; Quintero Palacios, 1995; Souto, 1996; Cicalese,
2007, 2009). Al igual que este conjunto de trabajos, el libro se adscribe
a la propuesta de Historia Social de la Geografía; así, nos interesó no
sólo abordar los distintos proyectos disciplinarios, los sujetos e intereses
que los impulsaban y los conflictos que se desarrollaron en torno a los
mismos, sino también comprender la relación entre el contexto político,
social, económico y epistemológico y la emergencia de dichos proyectos.
Pero a su vez, buscamos descentrar los análisis que reducen el desarrollo
disciplinar a los sucesos que tuvieron lugar en Buenos Aires para ofrecer
una visión más heterogénea sobre los avatares seguidos por el campo
científico en cuestión en Argentina.
La Institucionalización de la Geografía en Córdoba: contextos, institu-
ciones, sujetos, prácticas y discursos (1878 – 1984) se divide en tres partes.
Mientras que en la primera parte se discuten algunas cuestiones teórico-
-metodológicas asociadas a la historiografía de la Geografía, las otras
dos se centran en el estudio de dos coyunturas donde se constata el
desarrollo de instancias de institucionalización de la disciplina. Así, la
segunda parte se centra en los procesos que tuvieron lugar en la coyun-
tura de la formación nacional estatal y la tercera en las relaciones entre

11
Perla Zusman y Gabriela Cecchetto

la dictadura militar y la reformulación de una Geografía que fuese útil


a los intereses del gobierno de facto. Tanto la segunda como la tercera
parte están encabezadas por capítulos que nos introducen en el contexto
de la época y que nos ayudan a entender algunos de los procesos que se
analizan en los capítulos siguientes.
La primera parte, denominada Cuestiones Historiográficas, incluye
dos capítulos. En el primero, titulado “Notas sobre los relatos del pasado
de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX”, Guillermo
Cicalese presenta las distintas propuestas historiográficas utilizadas en
el contexto nacional desde la década de 1970 para relatar la historia de la
Geografía Argentina y, en muchas ocasiones, legitimar ciertos proyectos
político-epistemológicos. “Espacios nacionales y transnacionales en la
historia disciplinar. Hacia la comprensión de la circulación de los cien-
tíficos y su repercusión en el viaje de las ideas” es el título que Perla
Zusman ha dado a su contribución. A través de los aportes de los estu-
dios postcoloniales y las críticas al nacionalismo metodológico la autora
identifica las posibilidades que la perspectiva transnacional ofrece para
analizar los procesos de circulación de ideas en el período de expansión
imperial y de constitución de los estados nacionales.
La segunda parte se titula Primeros Pasos en la Institucionalización y
busca articular el proyecto político-territorial de conformación del esta-
do nacional y provincial con las tareas asumidas por los distintos saberes
sobre el territorio y que desembocaron en distintas instancias de la insti-
tucionalización de la Geografía. El apartado está conformado por cuatro
capítulos. En el primero, “Política y Sociedad en Córdoba (1870-1930)”,
Javier Moyano nos ofrece una aproximación a las transformaciones polí-
tico-territoriales, a la emergencia de nuevos actores sociales y a la trama
de alianzas políticas que van definiendo los proyectos estatales y provin-
ciales. En el segundo capítulo, “Prácticas y saberes sobre el territorio en
el ámbito académico de la ciudad de Córdoba (1870-1920)”, Gabriela
Cecchetto identifica algunas de las instancias políticas e institucionales
que estarían vinculadas a la definición de un campo de la Geografía en
Córdoba, tales como la acción de los naturalistas de la Academia de
Ciencias, la conformación del Instituto Geográfico Argentino y la for-
mación de la Carrera del Ingeniero Geógrafo. Una atención particular
merecen en este análisis los proyectos epistemológicos que cada una de

12
Introducción

estas instituciones otorgaban a la Geografía. Los avatares seguidos por


la Carrera de Ingeniero Geógrafo y sus planes de estudios merecen la
atención particular de Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo en
el capítulo titulado “La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universi-
dad Nacional de Córdoba en el marco del proyecto territorial estatal.
Planes de estudio y tensiones en torno a las competencias profesionales
(1892-1922)”. Finalmente, el último capítulo de la sección se titula “El
estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial:
la Geografía de la Provincia de Córdoba de Manuel Río y Luis Achával
(1905)”. En él, Nicolás Rabboni analiza la imagen generada por este
primer relato descriptivo de la provincia y su organicidad con el proyec-
to territorial provincial y nacional descrito por Javier Moyano. A través
de las posibilidades que, desde el punto de la vista de las elites dirigentes,
ofrecía cada una de las áreas de Córdoba para insertarse en el proyecto
agroexportador, Rabboni destaca las desigualdades regionales emergen-
tes.
El tercer apartado, Historia y Geografía durante la última dictadura
militar, nos brinda un panorama del papel que se le otorgó a los dis-
tintos relatos históricos y geográficos en la recreación de la comunidad
imaginada en el período en cuestión. El capítulo de Marta Philp “Lec-
turas del pasado, del presente y del futuro: la legitimación política de
la dictadura de 1976” nos ofrece una interpretación sobre las distintas
fases vivenciadas por el gobierno de facto y sobre el desarrollo de dis-
cursos por parte de instituciones educacionales y académicas cordobesas
como la Junta Provincial de Historia, la Universidad Nacional de Cór-
doba o la prensa local en apoyo al accionar de la dictadura militar. A
través de estos discursos, las instituciones mencionadas resignificaron
ciertas gestas, figuras y momentos del pasado argentino que sirvieron a
la reafirmación del proyecto nacionalista militar. En el artículo titulado
“Geopolítica y nacionalismo territorial. La cátedra de Geografía Hu-
mana de la Escuela de Historia de la Universidad Nacional de Córdoba
y la legitimación de las prácticas de la dictadura militar (1975-1984)”,
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino analizan los cambios de los con-
tenidos del programa de la Cátedra de Geografía Humana de la Carrera
de Historia de la Universidad Nacional de Córdoba. A partir de este
estudio buscan evaluar los esfuerzos realizados por la intervención mili-

13
Perla Zusman y Gabriela Cecchetto

tar en la Universidad para adecuar esta asignatura a los requerimientos


del nacionalismo territorial. De la misma manera Natalia Astegiano,
en su contribución “Enseñando la única (di)visión posible del territorio
argentino: La Geografía Regional en el Profesorado de Geografía de la
Escuela Normal Superior Alejandro Carbó (1973-1983)” se interesa por
entender el papel que le cupo a la Geografía regional en la creación de
esta conciencia territorial en el marco del Profesorado de Geografía de
la Escuela Normal Superior Alejandro Carbó, organizado en 1973. El
análisis de los capítulos de la sección nos permite deducir que mientras
la Geografía se ocupó de crear una cohesión interna a través de definir
un conjunto de enemigos (territoriales) externos (los países limítrofes e
Inglaterra a partir de la ocupación de Malvinas), pareciera que la histo-
ria se interesó por organizar dicha cohesión resaltando la existencia de
un enemigo interno que sólo las Fuerzas Armadas podrían apaciguar.
Algunos de los trabajos que incluimos en este libro son resultados de
investigaciones desarrolladas en el marco de los proyectos: “La Institu-
cionalización de la Geografía en Córdoba: Contextos, sujetos, prácticas,
discursos e instituciones (1878 – 1984)” y “Los Saberes sobre el Terri-
torio en el Proceso de Institucionalización de la Geografía en Córdoba
(1878-1984)”. En ambos proyectos se ha buscado analizar el proceso
de institucionalización de la Geografía en ámbitos universitarios y no
universitarios de la ciudad de Córdoba. Dentro de estos proyectos el re-
levamiento de fuentes de distinto tipo, tales como planes y programas de
estudio o textos de especialistas involucrados en los procesos analizados,
adquirió un papel fundamental para las interpretaciones que construi-
mos a través de los capítulos del libro.
No queremos finalizar esta introducción sin agradecer a Secretaría
de Ciencia y Técnica (SECYT) de la Universidad Nacional de Córdoba
por el apoyo brindado para realizar nuestra investigación y facilitar la
realización del libro que estamos presentando.

Bibliografía

Buchbinder, P. (2005), Historia de las Universidades Argentinas, Editorial


Sudamericana, Buenos Aires.

14
Introducción

Cicalese, G. (2007), “Ortodoxia, ideología y compromiso político en la geo-


grafía argentina en la década de 1970”. Biblio 3W, Vol.XII (767). [http://
www.ub.es/geocrit/b3w-767.htm].
Cicalese, G. (2009), “Geografía, Guerra y Nacionalismo. La Sociedad Ar-
gentina de Estudios Geográficos (GAEA) en las encrucijadas patrió-
ticas del gobierno militar, 1976-1983”. Scripta Nova, Vol. XIII (308).
[http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-308.htm].
De Asúa, Miguel (2010), Una gloria silenciosa. Dos siglos de ciencia en la Ar-
gentina. Ed. El Zorzal, Buenos Aires.
Escolar, M., Quintero S., Reboratti, C. (1994), “Geographical identity and
Patriotic Representation in Argentina”. En: Hooson, D. (ed) Geography
and National Identity in Argentina. Blackwell, Londres, pp. 346-366.
Hurtado Mendoza, D. (2010), La ciencia en Argentina. Un proyecto inconcluso
(1920-2000). Edhasa, Buenos Aires.
Neiburg, F., Plotkin, M. (2004), Intelectuales y expertos. La constitución del
conocimiento social en Argentina. Paidós, Buenos Aires.
Quintero Palacios, S. (1995), “Geografía y Nación. Estrategias educativas
en la representación del territorio argentino (1862-1870)”. Cuadernos
de Territorio, 7.
Souto, P. (1996), “Geografía y universidad. Institucionalización académica y
legitimación científica del discurso territorial en la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad de Buenos Aires”. Cuadernos de Territorio, 8.
Tognetti, L. (2005), “Explorar, buscar, descubrir. Los naturalistas en la Argen-
tina de fines del siglo XIX”, Ed. Universitas/ Ed. Facultad de Filosofía y
Humanidades, UNC. Córdoba.
Vera de Flachs, M. C. (comp.) (2002), La Ciencia Joven. Prosopografía y
producción de los académicos alemanes de la Universidad de Córdoba. 1870-
1890. Junta Provincial de Historia de Córdoba. Báez Editorial, Córdo-
ba.

15
Primera Parte
Cuestiones Historiográficas
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía
argentina en el último cuarto del siglo XX

Guillermo Cicalese

En su conocido discurso de 1919 sobre la ciencia como vocación,


Max Weber (1991) les recordaba a los estudiantes de la Universidad de
Munich que una de las certezas a que llevaba el oficio científico es que el
investigador tenía la seguridad de que los conocimientos que obtuviera,
así como sus perspectivas interpretativas, iban a ser superadas en algún
momento. En el futuro otros resultados darían por tierra con sus con-
clusiones y su tarea individual sería rápidamente olvidada con el paso
del tiempo.
Si bien las afirmaciones de Weber resultan muy plausibles, en la sin-
gularidad de las ciencias sociales hay autores y obras que resisten muy
bien el olvido, sobre todo aquéllos que han devenido en clásicos, siendo
reconocidos como los fundadores de una disciplina o de una corriente
de pensamiento destinada a permanecer. A diferencia de las ciencias
naturales, donde opera la eliminación de teorías del pasado por otras
nuevas, en las ciencias sociales existen diferentes motivos por los cuales
los clásicos pueden ser revisitados, para así obtener de sus reflexiones
fuentes de inspiración con el fin de reconsiderar puntos de vista teóri-
cos, medios de interpretación, programas académicos y conceptos útiles
para la producción de conocimientos en el presente. En el campo de la
Geografía es usual encontrarnos con estas prácticas, así ha ocurrido por
ejemplo con Paul Vidal de la Blache, Eliseo Reclus, Federico Ratzel, y
más recientemente en la geografía latinoamericana, con Milton Santos.

19
Guillermo Cicalese

Sin embargo, vamos a ver que no es la única manera de rescatar la


historia en los respectivos campos de conocimientos. Si bien es muy
usual, hay en la evocación del pasado de las respectivas ciencias distintos
abordajes que se justifican en motivos y fines no siempre coincidentes,
por lo que también su escritura adopta formas de expresión, de presen-
tación de los datos y figuras literarias diferentes. A lo largo del último
cuarto del siglo XX la historia de la Geografía argentina ha sido contada
–en forma global o con referencias fragmentadas- por distintos agentes
con puntos de vista heterogéneos. Los relatos que nos interesan recono-
cen sus orígenes en períodos relativamente recientes, producidos en el
transcurso temporal en el que el campo logra un grado de consolidación
importante. Con esto queremos decir que al inicio del siglo XXI nos en-
contramos en la Geografía argentina con instituciones con un desarrollo
notable en cuanto número de docentes - investigadores, proyectos de
investigación, publicaciones y programas de extensión, elementos que
hablan de un grado de autonomía académica relevante.
En este capítulo, nos proponemos reflexionar sobre los textos del
pasado disciplinario compuestos durante el proceso que llevó a la con-
solidación aludida1, tratando de satisfacer en lo posible cuatro interro-
gantes centrales.
En primer lugar, quiénes son los autores de los textos, distinguiendo
en la autoría si se trata de voces individuales o por el contrario asumen
la representación y la palabra de una corporación; en este último caso
procuraremos describir su posición en el campo.
En segundo lugar, qué motivaciones o fines –en algunos casos ma-
nifiestos y en otros implícitos- llevaron a los narradores a referirse al
pasado de la Geografía argentina, analizando cómo fue evaluado el de-
venir disciplinario por los distintos agentes, al resaltar o dejar de lado
los aportes a la ciencia, docencia o divulgación geográfica, teniendo en
cuenta si ese examen propone un “deber ser” para la Geografía, y fun-
damentalmente, si fue realizado desde posiciones más conservadoras, o
bien, más iconoclastas o críticas con el legado.
En tercer lugar, a qué géneros discursivos se ha echado mano para
el relato, es decir, si se trata de escritos argumentativos bajo normas
1
Tomamos en consideración los trabajos publicados entre los años 1974 y 2002 cuya autoría
pertenece tanto a agentes individuales como institucionales.

20
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

académicas estandarizadas (dentro de paradigmas cuantitativos o cuali-


tativos) y que pueden tener como corolario la propuesta de nuevos pro-
gramas académicos, o bien remembranzas con motivo de ritos y actos de
reconocimiento a figuras destacadas.
En cuarto lugar, no sólo nos parece relevante identificar el género
literario sino además la oportunidad en que se expuso el relato. Siendo
un poco más explícitos, vale la pena, por su significado y trascendencia,
esforzarnos por comprender la situación comunicativa, puesto que hace
a la potencialidad de lo dicho. La posición del emisor, el canal privile-
giado, los destinatarios y el contexto son factores que condicionan la
legitimidad, difusión y recepción del discurso.
Las respuestas que brindamos a los interrogantes antes planteados
fueron la base de las dimensiones de análisis que tomamos como instru-
mento privilegiado al encarar la lectura de los distintos relatos. Nuestro
afán es comentar brevemente y clasificar esas historias del pasado de la
Geografía argentina. Sin embargo, sabemos que son dimensiones ide-
ales de un camino exploratorio; documentados de la magnitud de la
empresa, somos conscientes de no haber podido cumplir con las exi-
gencias de una estricta taxonomía científica, ni que todo el universo de
narraciones haya sido exhaustivamente cubierto. Para abordar el estudio
hemos organizado los tipos de texto en cuatro grupos.
Las narraciones de las instituciones clásicas de la tradición geográfica
argentina, desde una mirada íntima y armónica, constituyen el primer
grupo. Para éste hemos tenido en cuenta organizaciones de afiliación
masiva, como la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (GAEA),
y otras, como la Academia Nacional de Geografía (ANG), cuyo ingreso
está sólo reservado a un elite de pares distinguidos con el título honorí-
fico de académico de número.
Un segundo grupo lo conforman los relatos disciplinarios de visión
internalista persiguiendo en ocasiones objetivos de examen y diagnósti-
co, balance de gestión institucional, autoevaluación y propuesta de pro-
gramas.
Un tercer grupo de narraciones asume una visión kuhniana sugirien-
do la necesidad de un nuevo plan que si bien estrictamente poco habla
del pasado, sí arroja su sombra connotativa sobre la marcha de la escuela
local y su devenir al poner el acento en un presente revolucionario. Estos

21
Guillermo Cicalese

relatos, internalistas, toman en cuenta de forma limitada factores exter-


nos al campo de conocimientos.
Finalmente el cuarto grupo engloba a los más recientes estudios so-
ciales de la ciencia geográfica, que se inician a fines de la década de
1980, siguiendo un enfoque externalista y con mucho impulso en los
programas de investigación de historia social radicados en el Instituto
de Geografía de la Universidad Nacional de Buenos Aires. De alguna
forma creemos que nuestro trabajo y examen de los relatos responde en
algunos puntos a esta mirada y a claves interpretativas profundizadas en
algunas facetas por los términos de comprensión que aporta la teoría de
los campos científicos de Bourdieu (2000, 2003).

El relato de las instituciones de la tradición geográfica

Los relatos institucionales a los que nos referimos son particular-


mente las comunicaciones que no responden, al menos en lo formal,
a las normas de un escrito científico; formato este último que desde
ya las organizaciones de este tipo también promueven a través de pu-
blicaciones y congresos. Estas organizaciones normalmente hablan a la
sociedad en nombre de un grupo o corporación, pero también lo hacen
en nombre del campo específico, presentándose como los poseedores
exclusivos de ese saber, y encontrando en sus actividades de promoción
comunitaria una afirmación de identidad para los académicos que se
nuclean en torno a éstas.
Los dirigentes de estas entidades se erigen en un cuerpo de conser-
vadores de las contribuciones y progresos de la ciencia, es decir, actúan
como biógrafos de las personalidades que distinguen y protectores de
las principales obras disciplinarias, comienzan a archivar los esbozos, a
interpretar, descifrar y “corregir” los textos fundacionales. La formación
de este tipo de organizaciones es un indicador de que se ha acumulado
suficiente material estratégico; a juicio de Bourdieu (2000), es la señal
más importante de la formación de un campo científico hasta entonces
inexistente y que logra preponderancia a través de una elite que busca
conservarse conservando. Si embargo, en el caso de la Geografía argen-
tina, la corporación más antigua, GAEA, es anterior a la instituciona-
lización de la Geografía en centros de investigación y educación supe-

22
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

rior, cumpliendo un rol preponderante en la unificación de los intereses


de campo y monopolizando la representación de los docentes (Escolar,
Reboratti, Quintero Palacios, 1994).
Estas historias son, a su tiempo y según los géneros empleados, es-
crituras que pueden realizarse bajo perfiles diferentes, pero en general
son de carácter intimista, como quien cuenta la historia de una familia
dedicada al avance de la ciencia geográfica a lo largo del tiempo. Los
textos realzan personalidades mediante calificativos épicos moralizan-
tes, narraciones conmemorativas de tono emotivo o cronologías austeras
ordenadas según los hitos de la ciencia, que exhiben los aportes de las
figuras destacadas siguiendo formatos de orientación positivista que po-
nen en relieve el progreso favorable de la disciplina.
En Argentina las dos instituciones más importantes en Geografía
han sido la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (GAEA) y la
Academia Nacional de Geografía (ANG), esta última mucho menos ac-
tiva y reconocida en la promoción de la ciencia y en la representación de
los titulados. Por el contrario, GAEA, fundada en 1922, se convirtió en
el referente principal y único en el campo tanto para la investigación y la
docencia, como para la defensa de los intereses corporativos. El caso de
la ANG es diferente; ella se conformó en 1956 y sólo logró su legaliza-
ción mucho después, a través de un decreto nacional. Fue muy resistida
por los geógrafos allegados a GAEA, que originalmente bloquearon su
aceptación como academia oficial. Es más, es un hecho revelador el que
la Academia haya comenzado a incorporar a algunos titulados y figuras
tradicionales muy tardíamente, en la década de 1980; de igual modo
destacamos lo tardío del reconocimiento póstumo al geógrafo Federi-
co Daus, a quien muchos de sus colegas no dudaban en calificar como
“el padre de la Geografía argentina” por su prolífica labor académica y
política.
En determinadas circunstancias, ambas organizaciones son interpe-
ladas o se sienten en la obligación de manifestarse sobre temas de interés
público, haciéndolo desde sus saberes específicos -que consideran más
o menos exclusivos- y en nombre del bien social2. Estas entidades emi-
2
A lo largo de su historia, tanto GAEA como la ANG se han expresado -ya sea bajo firma ins-
titucional o a través de sus miembros notables- en diferentes instancias. Por ejemplo, así lo han
hecho en ocasión de cambios en la legislación de enseñanza en los distintos niveles educativos,

23
Guillermo Cicalese

ten comunicaciones que responden a distintos motivos, entre los que


podemos citar las novedades de interés e informaciones generales para
los asociados, las conmemoraciones o aniversarios importantes, los obi-
tuarios u homenajes a las personalidades y los discursos y conferencias
magistrales de sus gestores culturales, como además, la publicación re-
gular de los balances de actividades y presupuestos de la gestión. El tipo
de escritura que difunden se basa en géneros diversos que guardan como
pauta común la conservación de los logros de la disciplina, recordando a
sus mentores, precisando las obras clásicas, y evidenciando un esfuerzo
notable por mostrar la necesidad de difundir los conocimientos geo-
gráficos de manera de resaltar y poner sobre el tapete su trascendencia
social.
De ambas instituciones, GAEA ha sido la preponderante duran-
te muchos años, con cierta hegemonía hasta la década de los años 80,
publicando o promocionando desde su fundación, boletines, anuarios,
obras de conjunto, enciclopedias, congresos de la especialidad y libros
de autor. Además ha otorgado regularmente premios y reconocimientos
cuya justificación incluye, a modo de racconto histórico, las biografías o
antecedentes académicos de los honrados3. Entre los géneros utilizados
por GAEA en sus ediciones periódicas podemos reconocer contenidos
conmemorativos, cronologías, obituarios, homenajes “post mortem” y
“en vida” y, fuera de esta modalidad, trabajos presentados en las Semanas
de Geografía y en ocasiones sumariadas en el boletín, cuando no se han
convertido en un compendio diferenciado.
Los textos conmemorativos y cronologías están dedicados perió-
dicamente a recordar los eventos y personalidades que promovieron la
fundación de GAEA. En ellos, el relato convierte a GAEA en un nom-
bre propio y un sujeto activo, entidad colectiva que se coloca por encima
de sus miembros y “que hace” la historia disciplinaria. En muchos de
estos escritos se reseña la labor de los precursores y continuadores de la
ciencia geográfica tanto a escala internacional como local. En el caso de

de problemas limítrofes o conflictos territoriales nacionales, o ante proyectos territoriales de


desarrollo nacional e incluso, de manera más reciente, ante cuestiones de deterioro ambiental.
3
La institución ha concedido a sus integrantes -de acuerdo a su antigüedad o mérito- la
categoría de socios honorarios o vitalicios, además de distintos premios y reconocimientos
a personas y organizaciones civiles por sus labores didácticas, de investigación y exploración.

24
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

los geógrafos argentinos más distinguidos ocurre que sus recorridos bio-
gráficos quedan en muchos casos inseparablemente unidos a la vida de
la institución. Normalmente responden a un modelo de diseño formal y
austero con hechos significativos consignados dentro de una perspectiva
temporal; entre estas expresiones paradigmáticas podemos mencionar
los libros aniversarios (GAEA, 1974; GAEA, 2002).
Tanto GAEA como AGN recurren a breves biografías como otro
género convencional, muy transitado tanto en boletines, anuarios o
incluso en ediciones dedicadas a la personalidad de un geógrafo. Las
semblanzas son sentidas afectivamente según los casos y ocasiones en
que se producen, en especial en los obituarios o necrológicas. La nota
distintiva es la cercanía entre el autor (un discípulo o compañero de
trabajo cercano) y el sujeto de la biografía, haciendo uso de un lengua-
je de enaltecimiento de la figura según la época, su carrera académica,
cualidades personales y aportes a la educación geográfica; son menos
frecuentes las biografías realizadas en vida. GAEA ha hecho uso de este
formato publicando compilaciones y boletines dedicados a homenajear
a sus miembros ilustres (GAEA, 1971; GAEA, 1979).
En los anales que publica regularmente la ANG, aparte de artículos
académicos, también son habituales las necrológicas y los homenajes en
vida a sus miembros. Dichas ediciones recogen los discursos de los actos
celebratorios, los recuerdos afectivos de discípulos, los textos de recono-
cimiento y trayectorias, todos escritos en un lenguaje florido y cuantioso
en adjetivaciones. Una especie particular de biografía -por su composi-
ción, motivación y fines- la constituyen las disertaciones de presentación
de los científicos que se van a incorporar a la Academia. Estos aspirantes
son presentados a la Academia por miembros plenos, referenciando sus
antecedentes curriculares y aportes que avalan y justifican su inclusión
(ANG, 1985a, 1985b; ANG, 2000a, 2000b).
Las formas del recuerdo que ejercitan instituciones como las que
hemos detallado resaltan unas individualidades sobre otras, distinguen
y marcan los momentos cruciales y los hitos importantes en los avances
de la Geografía, evocando los aportes y la labor de las figuras. Si bien
no se proponen directamente como investigaciones de ciencia histórica,
igualmente hablan del pasado ya que son relatos breves que contribuyen
a crear un espíritu de cuerpo en las comunidades, fomentando opinio-

25
Guillermo Cicalese

nes, esquemas de comprensión sobre períodos, instituciones y personas.


En otras palabras, inventan, alimentan y difunden colectivamente todo
un imaginario entre sus miembros.

El relato disciplinario interno con el fin de describir el “estado de


evolución de la ciencia” y propuesta de programas

A la voz de las instituciones clásicas que reproducen la tradición,


se suma otra alternativa representada por la palabra de un conjunto de
geógrafos que podríamos llamar “críticos”, aunque no en el sentido que
normalmente se utiliza en la epistemología de la Geografía para indicar
corrientes que abrevan en la cultura marxista, anarquista o que se mues-
tran contrasistémicas o heterodoxas4. A diferencia del tipo de narracio-
nes trabajadas en el apartado anterior, de carácter intimista, emotivo
y coloquial orientadas a un público amplio, éstas están escritas en un
lenguaje académico que se edita en sitios, libros, revistas o congresos de
la especialidad y se dirigen a sus propios pares como público principal.
Se trata de autores generalmente sobresalientes en un dominio en par-
ticular, con una larga experiencia en el campo, que cuentan en algunos
casos con buen capital político y académico, pero que por lo común son
ajenos al campo de la historia de la ciencia como especialidad. Decimos
que estos geógrafos son críticos porque buscan como meta -a través del
procesamiento de un tramo del pasado- un reporte “desde adentro” del
estado de la ciencia, presentando evaluaciones de tono diferente, ya sea
un diagnóstico interno de un centro de educación y o investigación, ya
sean conclusiones sobre tendencias y políticas convenientes a seguir en
el campo. Sus intenciones, en algunos casos explícitas, pueden transitar
por alguna de las metas mencionadas, además de la enunciación de los
principios ideales que no deberían perderse de vista en los programas
académicos, los mejores fines educativos a lograr mediante la enseñanza
y la necesidad de hacer conocer a las nuevas generaciones la labor reali-
zada por sus predecesores.
Este tipo de relato ha congregado a una serie de trabajos editados
en distintos momentos, pero empezaron a ser frecuentes sobre todo en
4
Para una discusión más amplia sobre las corrientes críticas o disidentes en Geografía se
puede consultar Zusman (2002).

26
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

la década de 1980 cuando las universidades nacionales y los centros de


investigación comenzaban a ser impactados por el advenimiento de la
democracia y la intervención del poder ejecutivo en las reparticiones
públicas. La imposición de estándares académicos obligó realizar eva-
luaciones sobre las mismas entidades y a reflexionar sobre ellas y sobre
el campo en su totalidad. Tanto los geógrafos tradicionales como los
innovadores tenían motivos para expresar sus opiniones. Los primeros,
para rescatar la tradición y los logros pasados para las generaciones veni-
deras, a la vez que justificar sus actividades que en algunos casos habían
sido puestas en vilo. Los segundos, para auspiciar los cambios ante las
nuevas políticas y asumir posiciones internas que adoptaban formatos
de producción científica similares a los de las academias estabilizadas del
primer mundo. De este modo, se imponían otras reglas de legitimación
académica que en la década de 1990 se afianzarían con los programas
nacionales tendientes a la promoción de la ciencia y la instrucción de
posgrado5.
Los autores que circunscribimos en esta visión no abordan el pasa-
do como un objeto independiente de estudio, sino que lo trabajan –en
general segmentándolo en etapas- como base para otros objetivos. Es
decir, sobre la base de la confección de datos expresados con guarismos,
de sucesos que son situados en períodos, y desde un punto de vista par-
ticular, desarrollan un diagnóstico, evaluación y balance de la discipli-
na. La metodología utilizada en muchos casos es preponderantemente
cuantitativa, en otros es triangulada con fuentes heterogéneas, e incluso
con apreciaciones personales fuertes de tipo informal o empírico pro-
venientes de la experiencia profesional del autor. Más allá de cualquier

5
En esta década se sanciona la Ley de Educación Superior (N°24.521-1995) que daría marco
al funcionamiento autogestionario de las casas de estudio aplicándose una serie de programas
nacionales a las universidades públicas que traería aparejada una profesionalización y estabi-
lización de las carreras de aquellos docentes dedicados a la investigación. Entre estas medidas
se pueden señalar las iniciativas que partieron de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la
Nación que permitieron el apoyo a carreras de posgrado como el FOMEC (Fondo para el
Mejoramiento de la Calidad Universitaria); y el Programa de Incentivos (Decreto 2427-1993)
a los docentes–investigadores, asociado a la jerarquización y remuneración del personal uni-
versitario y a la acreditación y financiamiento de proyectos y programas de investigación. Se
crea además la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (Nº 1.274 - 1996),
organismo autárquico externo a la universidad que regularmente ha otorgado fondos a los
proyectos seleccionados por evaluación externa.

27
Guillermo Cicalese

consideración, siempre parece prevalecer el manejo de instrumentos


cientométricos.
Hay que aclarar que la Cientometría6 surge dentro de la marea de
los enfoques operativos de la década de 1960, en el marco del auge de
las calculadoras y las bases de datos informatizadas. Su objetivo como
ciencia es “medir la producción científica” prestando su mayor atención
a la literatura científica y al descubrimiento de las “leyes del desarrollo
científico”, con una idea aplicada que permita tener los elementos nece-
sarios para gestionar y poner en práctica innovaciones. Pasado su impul-
so original y el optimismo que por entonces despertó, en un marco de
convicciones desarrollistas, su utilidad hoy queda más limitada a evaluar
la investigación y, sobre todo, a establecer una relación entre inversión y
resultados. Suele ser un recurso inestimable para los funcionarios, ya que
es una forma de “vigilancia epistemológica” al permitir una apreciación
de conjunto que muestra datos ilustrativos generales. Así, por ejemplo,
posibilita poner en evidencia cuáles son los subdominios centrales y pe-
riféricos en una disciplina, y la eficiencia de medidas públicas en el área
así como su impacto social y económico, reemplazando de esta manera
estudios más prolongados, profundos y costosos.
Refiriéndonos ya a los textos de este grupo ordenados cronológi-
camente, llama la atención el artículo de Ricardo Capitanelli (1981)7
expuesto durante el gobierno de la dictadura militar (1976-1983), quien
efectúa un análisis interno disciplinario examinando el aporte de ideas
de escuelas extranjeras para luego pasar a relevar la labor de las orga-
6
La disciplina surge animada por decididos intereses políticos en el contexto de competencia
entre las superpotencias por la obtención de logros científicos-técnicos. Su precursor fue Eu-
gene Garfield, un creador de bases documentales, quien fundó sucesivamente el ISI (Institute
for Scientific Information), el Science Citation Index (1963), el Social Sciencie Citation Index
(1973) y el Arts and Humanities Citation Index (1978). Estas bases contienen listados biblio-
gráficos de publicaciones científicas y permiten conocer cuáles son los autores y revistas más
citadas. Asimismo, se pueden detectar mediante estos datos el intercambio entre autores, la
evolución de los dominios y su producción. Desde 1979 disponen de una revista: Scientometrics.
7
El geógrafo pertenecía al centro de investigaciones de la Universidad Nacional de Cuyo, ins-
titución que había mantenido una continuidad en sus programas de docencia e investigación
así como de intercambio con la academia francesa, a pesar de las refundaciones universitarias
e inestabilidades políticas tan frecuentes en la Argentina. En la gestión de este centro fue muy
significativo el papel de Mariano Zamorano con su capacidad para construir redes sociales
de intercambios, además de su habilidad para crear capital institucional político y prestigio
académico.

28
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

nizaciones (institutos de las universidades y centros de investigación


nacionales). Mediante una aproximación cuantitativa ordena las inves-
tigaciones en el Instituto de Geografía de la Universidad de Cuyo entre
los años 1947 y 1977, por dominio. Tomando como fuente los boletines,
describe la evolución temporal considerando tres variables prioritarias:
la dedicación porcentual por ramas de la Geografía, el tipo de metodo-
logías aplicadas y el empleo de escalas espaciales diferenciadas. El autor
intercala además comentarios críticos sobre las cualidades y límites de
las grandes obras de síntesis de Geografía general argentina que en su
momento tuvieron amplia divulgación entre estudiantes y profesionales.
El artículo fue expuesto en unas jornadas de fuertes connotaciones
políticas, propias de la época, encuentro en el cual se abogaba por una
propedéutica geográfica tendiente a crear valores cercanos a la forma-
ción de la denominada por entonces conciencia territorial8. Si bien Ca-
pitanelli compartía genéricamente estos fines valorativos para la disci-
plina, su diagnóstico sobre las actividades de investigación resulta ser
un friso muy revelador del “estado” del campo disciplinario, escapando
específicamente del desarrollo que podría esperarse de este tipo de es-
crito. El autor expresaba una serie de reparos a las políticas estatales en
ciencia, señalando la forma arbitraria en que se distribuían los escasos
subsidios a los proyectos, la falta de preceptos básicos de calidad para su
selección, la inexistencia de una carrera profesional en las universida-
des, así como la irregularidad y poca trascendencia de las publicaciones
científicas existentes. Abogaba por una institucionalización de la ciencia
a la europea, opinión seguramente basada en su estadía y formación en
las altas casas de estudio francesas, ya que sostenía que las condiciones
generales reinantes reproducían una disciplina geográfica muy alejada
de los criterios de excelencia que debía tener.
Como vimos, Capitanelli había puesto buena parte de su mirada en
el estudio del Centro de Investigaciones de la Universidad Nacional de
Mendoza. Muy pocos años después, R. Gioja (1984), siguiendo el mis-
mo temperamento, lo aplica a los trabajos presentados en las Semanas
de Geografía durante los años 1972-1981. Este trabajo fue efectuado en
8
Estas jornadas habían sido organizadas por Oikos – Conicet hacia finales de la década de
1970. (Ver Randle, 1978). Para mayor información sobre las características ideológicas de las
instituciones mencionadas y el contexto histórico puede consultarse Cicalese (2007).

29
Guillermo Cicalese

el marco de la cátedra de “Teoría del Planeamiento” y publicado luego


de ser expuesto en uno de los encuentros de GAEA en un boletín de
esta Sociedad. El objeto de estudio seleccionado es significativo porque
los encuentros que convocaba GAEA eran instancias de concurrencia
masiva de docentes e investigadores de características únicas para la
época. Trabajando sobre el total de 390 artículos presentados, Gioja va
siguiendo la evolución temática, observando tanto el mantenimiento de
pautas tradicionales como los cambios, los enfoques epistemológicos y
metodológicos, los sitios y las regiones más estudiadas y los paradigmas
que servían de apoyatura. En base a los resultados obtenidos, el autor
sugiere que la tradición ideográfica encarada por la Geografía de los
lugares bloquea el compromiso con una Geografía más activa, por lo
que recomienda volcarse a una mayor aplicación de los métodos y téc-
nicas nomotéticas. Finalmente, y de manera un tanto ambigua, echa en
falta una “moral y ética geográfica” en los trabajos de Geografía Política;
recordemos que ya en la transición democrática las ideas cercanas al
nacionalismo territorial entraban en un descrédito creciente luego de la
experiencia de la dictadura militar en el terreno de sus prácticas exterio-
res con países limítrofes (Cicalese, 2009).
En 1987, también en un boletín de GAEA, un geógrafo extranje-
ro, Clarence Minkel, repasa la historia de la Geografía argentina, con
ánimo de diagnóstico y descripción, reconociéndola como una de las
tradiciones más ricas de América Latina. Muestra la influencia de co-
rrientes extranjeras y repasa las instituciones llamando la atención sobre
el trabajo de GAEA en el ámbito de la educación y la singularidad de su
agenda temática, en la que fueron cobrando trascendencia las cuestiones
de soberanía, definición de límites y de fronteras. El artículo concluye
en la necesidad de desarrollar el sistema de posgrados como forma de
lograr liderazgo técnico y mejorar las condiciones de empleo de los ge-
ógrafos en el mercado nacional.
Patricio Randle y Analía Conte (1999) publican en un boletín de
GAEA una historia de la Geografía argentina que originalmente se
había editado como parte de una compilación en Estados Unidos de
América9. En el texto se evidencia una preocupación, que queda clara
9
Es una versión resumida de la contribución originalmente publicada en A Century of Geo-
graphy in Latin America compilada por David Robinson (Universidad de Syracuse, Estados

30
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

en un breve encabezado y que se asemeja al que observaremos posterior-


mente en Mariano Zamorano: los geógrafos jóvenes que no se interesan
o no tienen oportunidad de saber quiénes hicieron Geografía antes que
ellos. Los autores recuperan precursores nativos y extranjeros y cultores
contemporáneos en la Argentina -a los que distinguen y valoran por
su nombre- y describen las funciones de las organizaciones clásicas, las
publicaciones periódicas, los institutos de Geografía universitarios y el
campo de la divulgación. En este último dominio los escritores destacan
algo novedoso, ya que en ese tiempo la divulgación geográfica no era
tomada en cuenta en los relatos disciplinarios, probablemente porque
ese material no era apreciado como propio de una Geografía definida
en términos científicos, a pesar de que muchos geógrafos participaban
asiduamente y desde los orígenes del campo en las colecciones destina-
das al mercado masivo (como autores, redactores, asesores o directores
de colección). Como corolario, Randle y Conte se muestran optimistas
sobre la prospectiva de crecimiento de la comunidad con la instituciona-
lización del estado de derecho -a pesar de sus señalamientos negativos
para con los cambios educativos que notaban como agobiantes para los
docentes-, aunque también deploran la constitución de un nuevo esta-
blishment en la Universidad Nacional de Buenos Aires, que reproducía
conductas no pluralistas10.
En 1992, en el Boletín de Estudios Geográficos de la Universidad Na-
cional de Cuyo, Zamorano publica los resultados de una indagación en
la que habían participado alumnos avanzados, en el marco de un se-
minario dictado en dicha Universidad. En el prólogo hace explícitos
los tres principios que lo llevaron a proponer la investigación: atenuar
el culto por la novedad, difundir los logros de los pioneros de la Ge-
ografía nacional, y señalar tendencias. Mediante técnicas cuantitativas
aborda los artículos científicos de los boletines publicados en distintos
segmentos del tiempo del Instituto Geográfico Argentino (IGA, 1881-
1910) y de GAEA (1922-1948), poniéndose como límite los años en
Unidos).
10
A partir de 1983, con el gobierno constitucional, comienzan a desarrollarse una serie de
iniciativas en el área de educación que se abren con la convocatoria al Congreso Pedagógico
Nacional y la intervención del Poder Ejecutivo en las instituciones universitarias y de in-
vestigación, en particular en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET).

31
Guillermo Cicalese

que se inicia la institucionalización universitaria de la Geografía a través


de centros y carreras. El autor identifica la evolución y mutación de
las perspectivas teóricas y de los temas, y las transformaciones que se
suceden en la preparación profesional de los que hasta entonces eran
denominados geógrafos.
Dentro de la categoría que estamos tratando hay otros trabajos que
responden más concretamente a las necesidades de la gestión científica.
Redactados bajo las modalidades de evaluación interna, ellos son efec-
tuados por los mismos gestores o investigadores de la casa, que se con-
vierten así en autores. En realidad no se trata de formas de evaluación
externa y calificación con cierta distancia e indiferencia del pasado, ya
que subsisten al momento de la escritura nexos laborales, compromisos
afectivos, así como consensos y fines compartidos por el grupo de refe-
rencia. Y por supuesto, también están en juego las políticas internas, el
desempeño de los administradores y la necesidad de mostrar su obra de
gobierno en la ciudad científica.
En los Anales de la Academia Nacional de Geografía, el mismo Za-
morano (2001) relata la trayectoria de la Geografía en la provincia de
Mendoza. Repasa la fundación de la Universidad Nacional de Cuyo
(1939) y la Sección de Estudios Geográficos (1947) señalando cómo
éste fue el comienzo que permitió salir de una “geografía desorienta-
da”, ya que diez años después la comunidad estaba en condiciones de
“alternar dignamente” con los países más evolucionados en la ciencia.
El autor –importante dirigente universitario y agente principal durante
muchos años en la gestión del instituto- reseña las redes académicas con
la embajada de Francia, la estadía de profesores franceses en la provin-
cia, la posgraduación de argentinos en el extranjero, y la labor teórica y
aplicada desarrollada por el instituto. Para Zamorano, con la década de
1970 se inicia la crisis de la Geografía clásica, acepción que se niega en
entender en clave despectiva, por el contrario, sostiene que “la Geografía
clásica confirió definiciones precisas y fundamentos sólidos a nuestra
ciencia, los cuales dejaron margen para las modificaciones sensatas, pero
impidieron extravíos muchas veces absurdos” (Zamorano, 2001: 52). Su
exposición concluye precisando los paradigmas con los que se trabajó en
el centro cuyano.

32
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

M. E. Furlani de Civit y M. J. Gutiérrez de Manchón (2001), con


un espíritu cercano al diagnóstico y propuesta académica, expresan que
las revisiones y autoevaluaciones de la labor de los geógrafos de Men-
doza son usuales, habiéndose efectuado en 1977, 1992 y 1997. Al volver
su vista atrás las geógrafas sostienen que hubo determinados tópicos
a los cuales la escuela local fue poco permeable, puntualmente los te-
mas educativos, las tendencias neohumanistas y las Geografías críticas
inspiradas en el marxismo. Siguiendo similar criterio, Josefina Ostuni
(2001) sistematiza el tipo de investigación que se hacía en Mendoza,
distinguiendo tres períodos y afirmando que, a partir de 1978, la buena
recepción fue preferencial para las corrientes cuantitativas y neopositi-
vistas, por lo que la adopción de la Geografía social con aspiraciones de
intervención socioespacial fue muy tardía.
Alfredo Bolsi (1991), en lo que denomina un primer estudio, da un
panorama muy completo y analiza las instituciones a las que llama la
“armadura científica”, empero, dejando en claro que el carácter de su
escrito es exploratorio porque no se han considerado las influencias ex-
ternas sobre la tarea científica, cuestión sobre la que se muestra muy
consciente. Estima que estas influencias son condicionantes, de ahí que
sostenga que su artículo vale como punto de partida. Bolsi estudia tres
tipos de publicaciones imponiéndose como norma básica el requisito de
que las mismas hayan mantenido una regularidad durante un período
largo. A partir de aquí examina los Boletines del IGA/Anales de GAEA,
los del Instituto de Estudios Geográficos de Cuyo (al que ya hicimos
referencia) y los del Instituto de Geografía de la Universidad Nacio-
nal de Tucumán en el lapso 1940-1980. Su enfoque es marcadamente
cuantitativo e internalista, con un repaso exhaustivo de cada institución
nacional. Sin embargo, de la lectura se desprende directamente lo que
el autor dice “queda por hacerse” en cuanto a otras dimensiones escla-
recedoras que un estudio de esta índole podría incluir. Admite que su
mirada es insuficiente, evocando en términos generales a las intoleran-
cias institucionales, las difíciles condiciones de la vida intelectual en la
década de 1970 y las irracionalidades y vaivenes políticos en los ámbitos
universitarios.
Ya en forma más reciente Carlos Reboratti (2001), en una reunión
que efectúan habitualmente los departamentos de Geografía del país,

33
Guillermo Cicalese

hace una breve referencia a lo acontecido disciplinariamente con el fin


de efectuar un diagnóstico y recomendaciones. Al pasado inmediato lo
califica como de “inmadurez institucional”, dominado por la ausencia de
un sistema científico nacional, por la realización de pesquisas sólo ani-
madas por la voluntad de sus participantes y por la escasa relevancia de
los resultados, a lo que adiciona la carencia de un sistema de evaluación
de calidad en que pudieran desenvolverse las ciencias. La totalidad de
estos factores –a su parecer- conformó durante mucho tiempo las con-
diciones propias de las ciencias sociales en la Argentina. Sostiene que el
retorno a la democracia acarreó importantes cambios en la mentalidad
de las comunidades académicas. Estos cambios se acentuaron en la dé-
cada de 1990, cuando se estabilizó la carrera del docente-investigador
en las universidades públicas mediante reglas específicas, imponiéndose
un modelo de funcionamiento hasta entonces inexistente (ver nota 5).
Luego de un estudio bibliométrico de la producción de los investigado-
res geógrafos, de la conformación de grupos, y de los proyectos y formas
de difusión de resultados, llega a la conclusión de que existe una fuerte
resistencia a aceptar las normas generalizadas sobre las pautas profe-
sionales que rigen en otros cuerpos académicos, recomendando ciertas
prácticas más adecuadas y usos sobre los que se debería avanzar para
mejorar la calidad de la producción.
Como notamos, el conjunto de investigaciones que examinamos an-
teriormente y el tratamiento parcial o los pareceres sobre el pasado de
la Geografía tenían como meta efectuar un “estado de la ciencia” y pro-
puestas. Los principios de la filosofía positivista han influido en alguna
medida en la concepción de estos trabajos, en cuanto que sus diagnósti-
cos parecen apoyarse en la necesidad de estudiar el progreso, las conti-
nuidades, los retrocesos y los cambios en la Geografía. En algún punto
se rescata la creencia evolutiva de Thomas Kuhn. Empero, un mayor
énfasis en esta dirección se observa en los trabajos que tratamos en el
siguiente apartado, donde verificamos cómo la perspectiva kuhniana fue
adoptada parcialmente en las explicaciones generales, y sobre todo, tiñó
valorativamente ciertas interpretaciones recientes de lo que ocurre en el
presente de la ciencia geográfica.

34
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

Los paradigmas como interpretación indirecta de la historia de la


Geografía Argentina

A la clasificación de relatos sobre los medios y fines para contar


la historia de la Geografía argentina habría que agregar otro enfoque
que entre sus objetivos no persigue específicamente intereses históricos,
sino más bien otros de orden epistemológico y que han permeado en
alguna medida los puntos de vista tratados en el título anterior. La idea
de paradigma es empleada readecuándola al particular devenir de la
disciplina, no desprendiéndose de algunas de sus cargas valorativas, más
allá de que en ocasiones no se utilice explícitamente el término para-
digma para exhibir las corrientes, tendencias o escuelas de pensamiento
en Geografía.
Esta organización de los contenidos ha sido propia de los manuales
más usuales que rescatan las contribuciones y aportes de cada paradig-
ma, recorriendo para cada uno de ellos su agenda de temas prioritarios,
la manera de formular los objetivos y los problemas, sus modelos de
respuestas (metodologías, técnicas y pactos epistemológicos con otras
disciplinas), y en menor medida las instituciones desde donde se han
expresado y su contexto histórico. La consulta a estos textos se gene-
ralizó en la Argentina –sobre todo los de autoría de geógrafos españo-
les- como compendios de enseñanza en las carreras del profesorado y
licenciatura en Geografía a partir de la década de 1980.
Libros como los de Horacio Capel (1981), José Estébanez (1982),
y Josefina Gómez Mendoza, Julio Muñoz Jiménez y Nicolás Ortega
Cantero (1982) sin duda han guiado de manera significativa el ordena-
miento didáctico de las lecturas de las materias introductorias y teóricas
específicas. En algunos casos se resalta el esfuerzo de los autores por
plantear la configuración histórica del pensamiento geográfico, sus eta-
pas vitales, los textos más influyentes e incluso las posiciones más con-
trastadas. Tienen en común la utilización de un lenguaje y un registro
muy comunicable, el esfuerzo por la explicación y la ejemplificación, la
construcción de glosarios e identificación de precursores, como así tam-
bién la búsqueda de un lector estudiante o al menos lego en la materia.
Ciertamente, su valor pedagógico ha sido apreciado, ya que los menta-
dos geógrafos trazaron en parte el talante de socialización de los futuros

35
Guillermo Cicalese

graduados mediante la exhibición de los clásicos, los temas y aspectos


teóricos de la disciplina, incluso de lo que no se inscribe o se rescata en
la tradición.
En virtud de la transposición de los contenidos y de la necesidad
de la enseñanza, es probable que el ordenamiento kuhniano abone una
visión de lo acontecido un tanto sucesiva, donde cada paradigma –ine-
xorablemente unido a su época - es superado por el emergente en una
concepción lineal y siempre progresiva. Esta sistematización tiene ven-
tajas didácticas que son notables, ya que proporciona una lectura de la
historia disciplinar a través de un efectivo plan de clases, donde la his-
toria puede ser dictada con coherencia y consistencia, diríamos que casi
sin fisuras, a los legos. De esta manera construye modos de razonar de
un indudable aire de familia, transmitiendo una jerga que es propia, pero
dando una imagen estereotipada de los conflictos internos normalmente
más localizados en el terreno de la ideas científicas que en el control de
las instituciones en el campo microsocial, y obviando en ocasiones la
riqueza del contexto. Sin embargo, su capacidad explicativa reside en co-
adyuvar a la tarea teórica al transmitir la variedad de armas intelectuales
con que la Geografía cuenta para abordar los problemas del presente.
La idea kuhniana de paradigma domina en los manuales a la hora de
darle sentido a la construcción pasada de la disciplina, si bien con una
concepción bastante flexible en relación al planteo original. Los reparos
a esta idea aplicada a las ciencias sociales son muy precisos en cuanto se
fundan en las singularidades de sus fines cognitivos y estructura epis-
temológica (Follari, 2000). Estas observaciones son equiparables por lo
menos a las ramas de la Geografía Humana. Ciertamente, también en
la comunidad de geógrafos los límites del concepto han sido trabajados
por distintos autores, incluso por aquéllos que con anterioridad lo ha-
bían utilizado. Gómez Mendoza (1986) tempranamente llevó adelante
la crítica a la utilidad de la estructura paradigmática para el análisis del
devenir de la ciencia geográfica y con mucha precisión delineó sus lími-
tes interpretativos, así como los intereses políticos que subyacían detrás
de esta adaptación, manifestando que a la postre devino en confusa y
mistificadora.
La aplicación kuhniana comenzó a utilizarse en Geografía en 1967
en la primera edición de la obra La geografía y los modelos socioeconómicos

36
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

de Richard Chorley y Peter Haggett (1971), geógrafos que se enmarca-


ban, a partir de sus opciones epistemológicas, en la corriente conocida
como Geografía Teorética (también denominada neopositivista, cuan-
titativa o analítica). Chorley y Hagett son los que en su momento van a
caracterizar la “grave crisis” del paradigma tradicional, al que reprobaban
por estar enraizado en lo “inventarial y clasificatorio”, para sustituirlo
por el nuevo basado en la construcción de modelos:

“En la actualidad, se distingue entre las humanidades, que


tratan de lo que tiene carácter único y no recurrente, y las
ciencias que buscan el establecimiento de conclusiones ge-
nerales para los acontecimientos y procesos repetitivos. La
geografía contemporánea atraviesa por este abismo aparente
que hay que salvar o, de lo contrario, se producirá la des-
membración de la disciplina tal como existe hoy” (Chorley y
Hagett, 1971:10).

Siguiendo las pautas de cómo se habían sustituido los paradigmas


en el pasado, estos geógrafos prescribían un rumbo para disipar las –a su
juicio- “anomalías” que los viejos estándares de problemas y soluciones
no resolvían. Entre las tareas de los que se plegaran a este movimiento,
eran ineludibles: la definición del tema central, la concepción de datos
congruentes, la expansión de la teoría mediante ecuaciones predictivas y
la cuantificación de las orientaciones cualitativas.
Los partidarios de esta tendencia entendían que pugnaban con la
ortodoxia regional. Sobre todo en los países angloamericanos estaban
convencidos de encontrarse inmersos en un paradigma revolucionario, y
por lo tanto, en un tiempo de avance que iba a dotar finalmente a la Ge-
ografía de una teoría de la cual adolecía. R Stoddart y O. Granö (1982)
hablan -con razón- de una recepción acrítica de la idea de paradigma.
Efectivamente, la mirada de Kuhn no fue originalmente destinada a
contar la historia sino a argumentar y justificar a favor del paradigma
emergente. De hecho pone en mejor posición a los “revolucionarios”
frente a los “conservadores”, dejando en un polo connotado negativa-
mente a los que se resisten a las innovaciones, y reflejando una imagen
heroica de los primeros. Por su parte, Olcina Castos y Baños Castiñeira

37
Guillermo Cicalese

(2004) expresan que la mirada paradigmática, sobre todo a partir de la


“revolución cuantitativa”, reproduce la imagen de corrientes estancadas
frente a otras renovadoras, apelando exageradamente a su inconmensu-
rabilidad y contraste entre tendencias.
En la Argentina ha sido habitual el empleo temprano del enfoque
paradigmático para describir las contribuciones de la Geografía, sobre
todo en aquellos geógrafos que abordaban el tema con la preocupación
de la transposición rápida de las actualizaciones teóricas a los conteni-
dos de la enseñanza11. Mucho más difícil ha sido la utilización del mo-
delo para explicar la historia de la Geografía argentina. Su imposibilidad
ha estribado en que resulta inadecuado replicar los análisis globales en
lo local, sobre todo cuando aquéllos se refieren a universos académicos
de países centrales que han contado –en muchos casos- desde los inicios
del siglo XX con el desarrollo de instituciones científicas, culturales y
educativas financiadas regularmente, con campos académicos autóno-
mos y relativamente estabilizados en una carrera superior, y donde ha
sido proverbial la variedad y densidad de diversas escuelas nacionales.
Por otra parte, en Argentina, la escuela regional fue dominante du-
rante muchos años y la no recepción de otras corrientes, más que para
relacionarse con “innovaciones teóricas puras”, encuentra sus causas en
otros motivos. La infecundidad de la visión paradigmática se fundamen-
ta en dos razones: por un lado, poderosos condicionantes de corte ideo-
lógico que bloquearon la posibilidad de innovación en la comunidad, y
por el otro, sistemas estructurales de investigación que se mantuvieron
por un tiempo prolongado en un estado muy limitado. Se generaron
resistencias a cambios en instituciones tradicionales y desconfianza ante
determinadas ideas, además de un ámbito poco propenso a perspectivas
alternativas e inercia en cuanto a las fórmulas probadas. Esta situación
se mantuvo por lo menos hasta entrada la década de 1980. Entonces,
si bien la marcha paradigmática no pudo explicar satisfactoriamente el
devenir local, sí corresponde recordar que en muchos casos se utilizó el
término para significar a las escuelas locales con su carga valorativa.

11
Este es el caso del libro de Durán, Daguerre y Lara (1993). Estas geógrafas estaban preocu-
padas por incorporar los enfoques renovadores en la Geografía académica al conocimiento de
los docentes de nivel medio y a la enseñanza de las ciencias sociales.

38
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

Es así que las referencias fragmentarias a las escuelas locales proyec-


tan la imagen de estancamiento y progreso kuhniano, por ejemplo al
hablar de la producción científica o citar la cuestión paradigmática con
respecto a la enseñanza. Autores como Gustavo Buzai (1999, 2001) re-
toman estas ideas, no tanto con la pretensión de analizar un segmento
temporal del pasado, sino más bien por un interés en promover una
renovación epistemológica. Buzai caracteriza la coyuntura presente de la
Geografía como revolucionaria, en un ciclo que vislumbra como regular
en el tiempo, siendo la actual fase propicia para el cambio. Estamos, a
juicio del autor, ante la emergencia del paradigma geotecnológico que
cambia la visión de la realidad y lleva a la Geografía hacia la creación de
uno nuevo.

“La Geografía actual recibe un impacto positivo de la Geo-


tecnología y la encuentra en una nueva ubicación en el con-
texto de las ciencias como productora de soluciones socio-
espaciales a las demandas del contexto total, pero no se ve
afectada cumpliendo un rol pasivo sino que muestra una gran
actividad creando también este mundo que al mismo tiempo
lo transforma. La geotecnología deja de ser un simple sistema
de herramientas de análisis espacial y nutrida de conceptos
geográficos llega a convertirse en una interfase con notable
carga teórica” (Buzai, 2001:11).

Si bien el autor da cuenta del optimismo progresista propio de la


versión kuhniana con respecto a las ventajas que aviva esta “nueva Ge-
ografía” o de esta “segunda revolución cuantitativa en la Geografía ar-
gentina12”, se separa de la concepción de que la revolución es planeada
y provocada por un grupo de científicos reflexivos y conscientes que
deciden poner en marcha un programa antagónico al reinante y en
competencia con otros. Más bien el vector de cambio es externo a la
comunidad a la cual invade, no surge de las filas de los geógrafos, sino
12
Lucero (2004) comparte el mismo optimismo al comentar el congreso de Geografía Cuanti-
tativa que se realizó en Buenos Aires en ese mismo año, como un resurgir de la tendencia que
había sido demonizada durante años por las otras corrientes. Plantea la necesidad de divulgarla
en la educación de los más jóvenes y formarlos en esta tendencia que estima desempeñará un
rol esencial en los cambios tecnológicos del presente.

39
Guillermo Cicalese

que la posibilidad de emergencia de un nuevo paradigma en los terri-


torios propios está más vinculada a una aceptación y sagaz utilización
de instrumentos desarrollados en otros campos a partir de las recientes
transformaciones tecnológicas.
Las ideas y categorías de Kuhn causaron una reformulación trascen-
dente en los estudios sobre la ciencia, con reacercamientos e hibrida-
ciones provechosas entre la Epistemología, la Historia y la Sociología.
A partir de entonces, en forma gradual se multiplicaron los programas
constructivistas, entendidos éstos en sentido lato. Es decir, se trata de
programas que ven a la ciencia como una construcción y producto cul-
tural, abrevando en distintas escuelas e inspirados en la Sociología del
Conocimiento, pero desistiendo de las improntas de sesgo positivista
que cargaban en sus enunciaciones primigenias las Ciencias Humanas.
A propósito, Hebe Vessuri (1993b) ha descripto cómo hacia finales del
siglo XX se produjo un cambio profundo en los acercamientos teóricos
para comprender las ciencias, abordajes que comprometieron simultá-
neamente a las facetas intelectuales, ideológicas y profesionales, y a par-
tir del cual afloran los denominados estudios sociales de la ciencia, que
ampliaron el horizonte de las pesquisas con una visión más politizada,
reparando en lo contextual y superando los enfoques internistas.

Los estudios sociales de la ciencia geográfica en la Argentina

Hacia principios de la década de 1990 en la Argentina comenzaron


a ver la luz una serie de estudios sobre la historia de la Geografía local
que, por sus características epistemológicas y miradas interpretativas y
críticas, se enmarcaron en lo que antes hemos denominado estudios
sociales. Esta corriente de trabajos estuvo animada por los cambios ins-
titucionales que se dieron con la transición democrática en el país en
los organismos de investigación y universidades nacionales, particular-
mente en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técni-
cas (CONICET) y en las universidades nacionales. La intervención del
gobierno constitucional en las instituciones educativas superiores llevó
a un cambio político significativo en estos entes, lo cual animó nuevas
búsquedas en este terreno.

40
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

La apertura de un espacio de reflexión no sólo estuvo vinculada a


mudanzas institucionales. La renovación comunitaria que se operó en
parte incentivó rejuvenecidas inquietudes de tipo teórico, sobre todo en
las nuevas generaciones que justamente echaban de menos la existencia
de una teoría y conceptos fuertes en la disciplina y sobre todo en la
escuela tradicional. Este déficit sobre el cual se especulaba, llevó a plan-
tear una demanda firme de estudios históricos genéticos más concretos
(Escolar, 1989). Inmersos en una perspectiva multidisciplinaria por la
triangulación de autores, bibliografía y disciplinas, e incluso rescatan-
do experiencias críticas de otros países13, los geógrafos asumieron -sin
restricciones epistemológicas y prestando poca atención a los límites
disciplinarios acostumbrados- el estudio de los aspectos contextuales
de la producción geográfica mediante un abordaje más abarcador. Hasta
entonces, los estudios propiamente históricos de la Geografía habían
sido predominantemente internalistas y más reservados a relatos de las
instituciones geográficas, observando a la ciencia como si ésta se engen-
drara a sí misma, independientemente de otros factores. Por el contrario,
estos primeros estudios pusieron el acento en la indagación sobre los
aspectos ideológicos, como la naturaleza de las vinculaciones de la dis-
ciplina y la comunidad en convergencia con aristas culturales, políticas e
institucionales de mayor complejidad.
Otro aspecto a resaltar es que el estudio del pasado de la Geografía
argentina cobra entidad por sí mismo. Nos explicamos: se aplican las

13
Tiene mucha importancia en estos artículos la influencia bibliográfica de las escuelas críticas
angloamericanas, los aportes que se hacían en la revista española Geocrítica fundada en 1976 y
dirigida por Horacio Capel, y las contribuciones de la geografía radical brasileña, sobre todo
de parte de Milton Santos. T. Glick (1994a, 1994b) afirma que hasta mediados de los 80 no
existía en la geografía angloamericana capacidad de crítica y autoanálisis, sólo se abrió camino
una historiografía realista con una lógica mordaz con respecto a las líneas tradicionales cuando
logró construirse una mirada desmitificadora. H. Vessuri (1993a), examinando la trayectoria
intelectual de Capel, expresa que con un pequeño grupo de investigadores logró mostrar una
identidad cognitiva y profesional; con una posición poskuhniana crítica de los mitos tradicio-
nales se instaló en la naciente corriente –por esos tiempos- de los estudios sociales de la cien-
cia; tocando temas como la institucionalización disciplinar, la formación de los practicantes,
las estrategias de defensa de los intereses corporativos y cómo éstos condicionaron la difusión
de la ciencia en la sociedad. La revista, surgida luego de la muerte de Francisco Franco y en los
inicios del proceso hacia la transición democrática, provocó un revuelo entre los profesores,
siendo muy resistida por parte del cuerpo docente, no así entre los estudiantes quienes le die-
ron una recepción entusiasta (Garcia Ramon, 2005).

41
Guillermo Cicalese

reglas del método histórico social con un predominio de técnicas cuali-


tativas, poniendo en primer plano el análisis del discurso de las fuentes
primarias con el fin de comprender el desenvolvimiento de organiza-
ciones y personalidades. Es decir, el pasado se constituye en objeto de
estudio prioritario y no sirve –al menos directa y explícitamente- a
otros propósitos. Vimos que en otros enfoques la recurrencia al desen-
volvimiento histórico tributa a un diagnóstico presente y a sugerencias
basadas en un “deber ser” de la Geografía y su comunidad académica.
Hay además, en relación a los trabajos que se habían desarrollado hasta
entonces, un contenido empírico diferente, pues se hace un recorte de
segmentos temporales más cortos y una focalización en las instituciones
tradicionales. En suma, en estos artículos no existe la ambición de rele-
var la historia larga de la Geografía en todas sus escuelas y entidades, ya
que hay un acotamiento no sólo temporal, sino también temático que
se identifica con las sociedades más formales y estables de la ciencia y
la educación. En los párrafos subsiguientes comentamos la naturaleza
y los aportes de algunas de las investigaciones realizadas en esta línea.
Entre los trabajos podemos resaltar el análisis institucional de Mar-
celo Escolar, Silvina Quintero Palacios y Carlos Reboratti (1994), en los
que demuestran cómo el rol creciente de la Geografía en la educación
estuvo asociado al movimiento de los discursos estatales en la Argenti-
na. En sus inicios esa prosa engendró una forma particular de poder es-
tatal y de disciplinamiento social que prohijó tres “Geografías” y saberes
funcionales que contribuyeron a ese fin y que se pueden rastrear en los
escritos de la elite intelectual que gobernaba el país. La primera esgrimi-
da por el modelo liberal republicano como medio de autoconservación,
la segunda amalgamada con la ampliación del proyecto que se basada en
las distribución de los beneficios sociales del modelo antedicho, y la ter-
cera resuelta a desarrollar un discurso ajeno al racionalismo y dispuesta
a brindar a las masas una unidad de creencias más afines a las doctrinas
religiosas.
La identidad territorial asumía en los discursos un primer plano, te-
niendo sus brazos ideológicos culturales en los institutos geográficos. Es
en la década de 1950 cuando definitivamente la Geografía se institucio-
naliza en la universidad, lo que evidencia la construcción de redes políti-
cas de influencia de sus miembros y un campo de conocimientos que lo-

42
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

gró justificarse más allá de los fines formativos que perseguía la nación.
Esta función le tocó al discurso regional exclusivo de los geógrafos, mar-
cando límites disciplinarios concretos, además de revelarse -cuestión no
menos importante- como una descripción científica objetiva y veraz del
territorio. Es en esta etapa, dicen los autores, cuando GAEA consolida
la representación de todo el campo disciplinario, unifica preocupaciones
teóricas y congrega las demandas de los docentes que en aquel momento
ya habían tomado el control de la Sociedad.
Tomando como objeto de estudio un período anterior al de la ins-
titucionalización que mencionamos en el párrafo anterior, Zusman
(1997a, 2001) desarrolló las primeras investigaciones sobre la institu-
ción más tradicional de la Geografía Argentina: GAEA14. En dos tra-
bajos sucesivos Zusman analiza la personalidad de su presidenta Elina
González Acha de Correa Morales, y los orígenes institucionales de
GAEA, segmentando su estudio entre 1922 y 1940. La institución nace
en 1922 en la búsqueda de un compromiso colectivo de carácter edu-
cativo que proclama doctrinariamente la necesidad de ampliar las bases
de los sentimientos patrióticos a los civiles. En sus bases fundacionales
se expresan metas en consonancia con el proyecto del estado nacional,
entre éstas la “nacionalización” de la población. Con el tiempo ejecuta
acercamientos a reparticiones burocráticas públicas y pone en marcha
prácticas tendientes al reconocimiento corporativo de la disciplina y su
comunidad docente.
Centrado en la institucionalización de la Geografía en la Universi-
dad Nacional de Buenos Aires que acontece con la creación de los insti-
tutos de investigación y la carrera del profesorado, el trabajo de Patricia
Souto (1996) se plantea como problema central: ¿cuáles son las condi-
ciones externas e internas que llevan a un saber a institucionalizarse?
A partir de este interrogante, examina las primeras cátedras dictadas
bajo la denominación de Geografía en la universidad, la biografía de
sus titulares, los programas, la impronta de los discursos geopolíticos
y fisiográficos que arraigaron también en otras entidades. Su atención

14
Zusman (1997b) también ha investigado los objetivos fundacionales, el desarrollo y los cam-
bios políticos en la Asociación de Geógrafos Brasileños en el marco histórico de los proyectos
de la elite paulista y la influencia de los fundadores de la escuela regional francesa en el origen
de la escuela local.

43
Guillermo Cicalese

se localiza en los académicos notables, seleccionados no sólo por sus


contribuciones cognitivas a la enseñanza, sino además, por sus desem-
peños en redes sociales y políticas del período anterior a la creación
de las carreras de Geografía universitaria15. Souto describe la biografía
de algunos geógrafos que se encontraban frente a las primeras cátedras
en institutos superiores y universidades, centros de investigación y que
desempeñaron tareas de gestión política. En particular puntualiza sobre
el protagonismo de Federico Daus en el terreno cognitivo, pero también
como importante funcionario gubernamental y de núcleos académicos
internacionales. Andrés Barsky (2001) y Federico Fritzche (1993) dedi-
can a este geógrafo sendos artículos. Barsky explora el sentido y origen
del concepto de región en la Argentina y el rol que le cupo a Daus en la
transposición del pensamiento vidaliano a la geografía nacional. Coin-
cidentemente con otros juicios a los que ha sido expuesta la escuela re-
gional, sobre cómo se ideó el término región hasta convertirse en objeto
realmente existente y no como una noción intelectual, el autor dilucida
cómo las regiones argentinas –en el marco de una visión positivista- se
diseñaron a partir de la convergencia de la fisiografía alemana y su apor-
te de las denominadas regiones naturales, y el posibilismo francés que
agregó y ponderó los datos propiamente humanos del territorio.
Fritzche (1993) pone la lupa crítica en la obra posiblemente más
popularizada de Daus: Geografía y unidad argentina16, argumentando
cómo la descripción, entrelazada en base a claves regionalistas y al de-
terminismo ratzeliano, lleva a delinear y delimitar a las regiones argen-
tinas. Así, se supone a la nación o la comunidad en sus lazos culturales
y territoriales como preexistente al estado. Para Daus el estado no es un
hecho jurídico novedoso o una forma de dominación moderna que se
impone e inventa la comunidad coaccionando simbólica y materialmen-
te para lograr su dominio, sino que es el territorio quien ha sido y es
sujeto constitutivo de la identidad nacional, se erige mediante su centro
geográfico y sus “fronteras naturales” en pivote que contribuye a la unión
de los pobladores.

15
Este texto resultó útil para nuestro trabajo puesto que resume las distintas perspectivas de
las reconstrucciones disciplinarias, con una apropiada crítica a las visiones lineales, anacrónicas,
teleológicas y de manual.
16
Geografía y unidad argentina. Nova. Buenos Aires, 1957.

44
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

Silvina Quintero Palacios (1995, 2002) ha analizado cómo la repre-


sentación de la Argentina en los orígenes de los programas de Geografía
ha servido a la formación y consolidación del estado nacional en la se-
gunda mitad del siglo XIX. También ha trabajado el papel del discurso
regional en la Argentina durante la primera mitad del siglo XX. Si bien
el primer trabajo parece estar impulsado por los cambios que se desatan
con la nueva legislación sobre educación federal17, y en esto la autora
es explícita en cuanto a la necesidad de estudiar los contenidos tradi-
cionales, el tratamiento del tema encuentra entidad por sí mismo, más
allá de sus presuntas aplicaciones. Para Quintero Palacios el proyecto de
constitución de una identidad nacional es la clave para descifrar varia-
dos aspectos del devenir disciplinario, de la construcción de su espacio
discursivo y de la preeminencia de la Geografía en los planes escolares.
En esta misma línea, Quintero Palacios (1999) indaga sobre los tex-
tos de enseñanza en los niveles primarios y secundarios. Quintero Pala-
cios participa con su contribución en la compilación que coordina Luis
Alberto Romero (2004), en donde un conjunto de cientistas sociales
ponen bajo análisis los libros de textos de Historia, Geografía y Educa-
ción Cívica con la finalidad de desentrañar su influencia en la formación
de una escala de valores, mediante la creación de opiniones, pareceres y
miradas sobre lo propio y lo ajeno. El capítulo dedicado a la Geografía
indaga sobre la mirada uniforme que tuvieron los textos entre 1940 y
1980, exhibiendo la carga ideológica de los manuales detrás de térmi-
nos que sólo parecen ser conceptuales y objetivos en la representación
espacial18. Los contenidos escolares en su persistencia, desaparición o
mudanza son vistos bajo el prisma explicativo de los trastornos políticos
globales en el país, la sinuosa marcha de las instituciones y las pugnas
más acotadas al campo de la Geografía.

17
En 1993 se aprobó la Ley de Federal Educación (N° 24.195) que significó en los hechos no
sólo un cambio en los niveles educativos y diseños curriculares hasta entonces existentes, sino
también una renovación de los contenidos a enseñar en la Geografía escolar y una innovación
editorial de textos educativos.
18
Un aporte temprano en este terreno proveniente desde fuera de la comunidad de geógrafos
fue el de Carlos Escudé (1989), especialista en el área de las relaciones internacionales, quien
examinó el manejo de los contenidos de los textos clásicos de enseñanza de la Geografía ar-
gentina criticando su concepción basada en el nacionalismo territorial.

45
Guillermo Cicalese

En otro trabajo, Quintero Palacios (2002) se dedica a analizar el


discurso regional en su origen, continuidades y cambios a través de tres
etapas. Muestra cómo agentes individuales y colectivos cumplieron roles
significativos, tanto en el desarrollo de su construcción cognitiva como
dentro de redes de influencia política y social. El discurso regional en la
Argentina se impuso en sus orígenes no sólo por la influencia de la lite-
ratura decimonónica, sino a partir de 1940 por el peso de las ideas euro-
peas de la escuela de las monografías regionales de Francia. Las distintas
formas de ese discurso a lo largo del tiempo, cargaron connotaciones y
sentidos sobre la naturaleza del territorio nacional y sobre la imagen de
los grupos sociales que lo habitaban. La autora vincula además esta visión
con el rol de la principal corporación geográfica (GAEA), los disensos
en su seno, y la labor de sus miembros más notables a través de los planes
oficiales educativos y textos, perspectiva que no sólo logró finalmente
imponerse en la enseñanza, sino que también tendrá ascendiente luego
en los futuros proyectos de desarrollo regional.
Si bien esta corriente de indagaciones se inició con un impulso muy
fuerte, no presenta actualmente un subcampo muy denso en cuanto a
publicaciones y dedicación de investigadores. No se tradujo en trabajos
que exploraran, desde esta perspectiva, distintos procesos instituciona-
les en otros centros del país19. Sí hay que decir que, enraizados en este
abordaje, se iniciaron una serie de trabajos sobre institutos geográficos
y cartográficos, y sobre la producción que éstos realizan de datos terri-
toriales, y de su significación ideológica e histórico-política, dando a luz
a una atrayente serie de estudios sobre la representación cartográfica20.

19
Actualmente los proyectos que se desarrollan dentro de esta perspectiva son: La institucio-
nalización de la disciplina geografía en Córdoba: contextos, sujetos, prácticas, discursos e instituciones
(1878 - 1984) dirigido por Perla Zusman y codirigido por Gabriela Cecchetto (Facultad de
Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba), el Programa de Historia
Social de la Geografía, bajo la dirección de Silvina Quintero Palacios (Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires), y a partir del año 2005 los proyectos del
grupo Instituciones de la Geografía dirigido por quien suscribe (Facultad de Humanidades en la
Universidad Nacional de Mar del Plata).
20
En relación a los aportes más recientes, consultar el libro publicado a raíz del I Simposio
Iberoamericano de Historia de la Cartografía. Ver Lois (2006).

46
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

Consideraciones finales

Hemos visto que los relatos sobre el pasado de la Geografía argentina


han sido realizados con distintas intenciones, intereses y puntos de vista,
ya sea por autores individuales como institucionales. Buscamos localizar
estas narraciones con el objeto de comprenderlas más ampliamente en
su contexto temporal y situacional, es decir, describiendo el momento
histórico y los lugares académicos de producción de los escritos de ma-
nera de puntualizar las condiciones sociales en que se redactaron.
Distinguimos primariamente cuatro grupos de relatos: las conme-
moraciones y pequeñas historias de las sociedades tradicionales; los en-
foques que toman tramos del pasado para diagnosticar el presente de
la ciencia geográfica; y aquellos autores que dentro de esta corriente
pronostican cambios revolucionarios en la disciplina. Como último gru-
po describimos los presupuestos teóricos de aquéllos que en los últimos
años empezaron a tomar la historia social de la Geografía argentina
afianzando una mirada más politizada de sus instituciones, sus compro-
misos políticos, y ampliando la escala a factores externos que las visio-
nes más reduccionistas desplazaban a un papel menor o consideraban
excepcionalmente.
Desde hace unos años, los estudios sociales de la Geografía nos han
provisto de los términos conceptuales para nuestras investigaciones; in-
cluso, como hemos dicho, el examen sobre los relatos está entramado en
este punto de vista. Ciertamente no suele ser una visión bien aceptada
-sobre todo cuando de períodos recientes se trata- por aquéllos que son
más proclives a entender la evolución de la ciencia de modo indepen-
diente de factores sociales y políticos. El riesgo de nuestro enfoque y
de sus resultados es que se encuentran en una delgada línea entre la
comprensión intelectual y una recepción que puede coronar en una mi-
rada cercana al maniqueísmo moral, condición esta última que puede
obnubilar el conocimiento significativo de situaciones específicas. Qui-
zás también podemos pensar que estos estudios circulan entre ciertas
convicciones posmodernas que hacen una apuesta fuerte a la relatividad
de los valores, a la no existencia de la objetividad y a una idea de una
construcción artificiosa de la verdad. Muy por el contrario, creemos que
en estos casos se trata de las posiciones constructivistas más extremas.

47
Guillermo Cicalese

Paradójicamente, encaramos nuestras pesquisas para conocer los facto-


res externos que influyen y se entrometen inevitablemente en las formas
de conocer de la Geografía, probablemente esta empresa nos ayude a
ser más conscientes de los límites en el esfuerzo por la búsqueda de
objetividad.
Las sociedades tradicionales y sus narraciones han cumplido funcio-
nes que hoy no resultan tan efectivas en la construcción de una memoria
para el presente, sobre todo ante el surgimiento de otros valores cultu-
rales muy diferentes a aquéllos que le dieron origen. Pero también han
emergido otras entidades bajo modalidades de comunicación diferentes
con otros modelos de establecimiento de jerarquías y de corrección po-
lítica. No hay que descartar en este devenir el hecho de que reciente-
mente se han concentrado en las universidades nacionales los recursos
económicos y simbólicos orientados a la investigación y enseñanza, sitio
donde comienzan a promoverse otros relatos. Los abordajes del pasado
midiendo el progreso de la ciencia geográfica continuarán seguramente
haciéndose más precisos conforme los datos cuantitativos e indicadores
se hagan más sofisticados y el sistema de recolección se perfeccione.
Asimismo, seguirán siendo esgrimidos como argumento de avance o
bien de estancamiento de la ciencia y como consecuente planteo de pro-
gramas académicos innovadores.
En cuanto a los estudios sociales de la Geografía si bien creemos que
cumplen un rol esclarecedor al mostrar cómo la producción científica
-con menor o mayor grado de autonomía- procesa internamente las de-
mandas o presiones provenientes desde campos sociales, políticos, eco-
nómicos y o tecnológicos, suponemos que pueden enriquecer aún más
el saber social. En cuanto se gane en detalle y sutileza para establecer la
naturaleza de estas interrelaciones, el aporte de estos estudios puede ser
capital no sólo en términos de comprender la historia de la ciencia ge-
ográfica, sino además para develar y reflexionar sobre los compromisos
actuales que asumimos los que hacemos Geografía.

48
Notas sobre los relatos del pasado de la Geografía argentina en el último cuarto del siglo XX

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53
Espacios nacionales y transnacionales en la historia disci-
plinar. Hacia la comprensión de la circulación de los cien-
tíficos y su repercusión en el viaje de las ideas

Perla Zusman

El objetivo de este trabajo es reflexionar sobre las formas en que se


han realizado investigaciones sobre Historia de la Geografía en algunos
países de Latinoamérica, más precisamente sobre el papel que ha jugado
el recorte nacional estatal en el análisis de los procesos de institucio-
nalización disciplinaria. A partir de las contribuciones recientes de los
estudios de las migraciones transnacionales y de los estudios poscolo-
niales, buscamos complementar el análisis en términos de constitución
de espacios científicos nacionales con una propuesta que tome en cuenta
la constitución de un espacio transnacional de producción de conoci-
miento por donde circulan científicos tanto de países centrales como
periféricos. Ello nos lleva a desechar la situación de atraso del conoci-
miento producido en el contexto de formación de los estados nacionales
y, a partir de aquí, comprender la posición de los países latinoamericanos
en el sistema mundo. Es esta situación la que explica cierta división de
tareas en el proceso de producción de conocimiento entre el centro y la
periferia hacia finales el siglo XIX y principios del siglo XX. Finalmen-
te, el reconocimiento de un campo científico transnacional nos lleva a
plantear algunos desafíos epistemológicos que podrían incorporarse en
futuros estudios en el área de Historia Social de la Geografía.

55
Perla Zusman

Los análisis de Historia de la Geografía de carácter nacional

Desde la década de 1980, tanto en el ámbito europeo como latinoa-


mericano, se ha avanzado en el análisis del proceso de institucionaliza-
ción de la Geografía en los distintos contextos nacionales1.
Entendemos al proceso de institucionalización como la instancia a
través de la cual la Geografía- en tanto saber sobre el territorio- habría
adquirido cierta autonomía temática y metodológica. Esta autonomía
se habría acompañado de la instalación de la disciplina en distintos es-
pacios de enseñanza (primaria, secundaria, institutos del profesorado o
universidades). Este proceso, a su vez, fue promovido y consolidado a
partir de la organización de ciertas instituciones como las Sociedades
Geográficas, las Asociaciones de Geógrafos o los Consejos Nacionales
de Geografía2.
En la búsqueda por superar las propuestas internalistas3, muchos de
estos trabajos constataron que la institucionalización estuvo asociada
a necesidades de construcción del estado y de la nación (y, específica-
mente, al papel que le cupo al territorio tanto en su sentido material
como simbólico en este proceso) (Capel, 1977; Berdoulay, 1995; Escolar,
Quintero Palacios, Reboratti, 1994; Hooson, 1994; Moraes, 2002; Nu-
nes Pereira, 2003; Lois, 2006; Bomfim, 2007; Mastricchio, 2008).
En este marco, la institucionalización no se comprende como un
proceso de acumulación de conocimiento que deriva en el alcance de
una autonomía disciplinar (una especie de pasaje de un período de
1
No conocemos muchos estudios respecto a la institucionalización de la Geografía en el con-
texto asiático o africano. Respecto al caso asiático destacamos los aportes de Takeuchi (1994,
1999) sobre la institucionalización de la Geografía en Japón.
2
Para el caso argentino podríamos agregar la creación del Instituto Geográfico Militar (1904)
o en el brasilero el establecimiento del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (1937).
Un análisis a escala latinoamericana puede llevarnos a tomar en cuenta la formación del Ins-
tituto Panamericano de Historia y Geografía (1928) organizado en la VI Conferencia Pana-
mericana celebrada en Cuba.
3
Nos referimos a aquellas historias de la Geografía elaboradas a partir de presentar una su-
cesión de autores, de corrientes y/ o de conceptos. Dicha sucesión, muchas veces, supone que
a través del tiempo se puede observar un progreso en el conocimiento científico. Así, la acu-
mulación de un conjunto de problemas, objetos y conceptos habrían desembocado, de forma
teleológica, en la concepción de la Geografía que maneja el autor de la historia en cuestión
(Ver Hartshorne, 1979). Estudios que buscan reconstruir comunidades científicas o institucio-
nes también entran dentro de esta perspectiva (Ver Cecchetto, 2006; Mendoza Vargas, 2001).

56
Espacios nacionales y transnacionales en la historia disciplinar

ciencia prenormal a ciencia normal, en términos kuhnianos) sino que


responde a necesidades de tipo político4. Ciertos análisis de la década
de 1990 también permitieron comprender que no sólo los procesos de
formación estatal nacional sino también la segunda expansión colonial
contribuyeron a la institucionalización de las disciplinas a nivel univer-
sitario (Claval, 1994; Soubeyran, 1994; Nogué y Villanova, 1999).
A su vez, estas propuestas de carácter externalista5 buscaron superar
el anacronismo de partir de la concepción presente de la Geografía para
comprender sus características pasadas, y se orientaron a entender qué
se entendía por Geografía en cada contexto histórico6.
En general podemos afirmar que estos análisis implicaron la des-
naturalización de algunos aspectos asociados al orden que instituyó el
Tratado de Westfalia (1648), por el cual el estado se transformó en la
unidad básica sobre la cual se tejen y han tejido las relaciones inter-
nacionales. Al desvendar el compromiso de la Geografía con el estado,
se reconstruye su papel en la formación de los valores nacionales, en la
construcción de una comunidad imaginada a partir de la idea de territo-
4
Y, por sobre todo, de tipo político territorial, lo cual llevó a Escolar (1995) a reconocer una ín-
tima vinculación entre la Historia de la Geografía y la Geografía Histórica (o entre el proceso
de institucionalización de la Geografía y los procesos de formación territorial).
5
El término hace referencia a aquellas historias que articulan las producciones científicas con
el contexto político, social y/o epistemológico. Existen una gran variedad de formas de llevar
adelante esta articulación. Una variante consiste en asociar procesos históricos con las perspec-
tivas sobre el medio (Osorio Machado, 1995) o con conceptos que se tornan hegemónicos en
la disciplina (Moraes, 1983; Capel, 1981). Otra variante sería aquella planteada por Moraes
(1988) bajo el nombre de ideologías geográficas. Consistiría en analizar la presencia de ciertas
ideas caras a la tradición de la Geografía en el discurso de intelectuales o políticos en determi-
nadas coyunturas y su influencia en la creación de la realidad social (particularmente en el deli-
neamiento de políticas territoriales). Esta propuesta no se distanciaría de aquella planteada por
Livingstone al interesarse por el papel que la Geografía jugó en las sociedades pasadas, sobre
los usos políticos, religiosos y económicos que de ella hicieron ciertos grupos sociales, quiénes
se beneficiaron de estos usos y quiénes perdieron (Livingstone, 1992). Se pueden identificar
también otras propuestas que vincularon biografías de autores con los contextos históricos e
institucionales (Barros, 2001; Adas, 2006).
6
En este sentido queremos destacar la potencialidad de la idea de formación discursiva de M.
Foucault (1987). Por ejemplo, ella nos permite comprender al conjunto de saberes sobre el
territorio como una formación discursiva donde participan tanto los conocimientos descrip-
tivos (resultados de relatos de viajes de exploración o de estudios de tipo corológico) como
conocimientos que se deriven de la medición territorial (producción cartográfica, geodésica,
matemática o de carácter astronómico). No todos estos saberes pasaron a formar parte del cor-
pus de conocimiento que conformaría la Geografía que se institucionaliza en las universidades.

57
Perla Zusman

rio (frente a la inexistencia de otro tipo de elementos de cohesión social


como los religiosos, étnicos o lingüísticos). A la vez, se pone en cuestión
el carácter “dado” del territorio y de la nación y la correspondencia di-
recta entre estado-nación-población y territorio.
Sin embargo, casi todos los análisis sobre el proceso de institucio-
nalización disciplinar han partido y siguen partiendo de considerar el
contexto nacional estatal (muchas veces en formación) como el único
posible y válido para estudiar estos procesos. Aún cuando se reconozcan
los aportes de los procesos coloniales a la institucionalización de la Ge-
ografía en Francia, por ejemplo, el recorte básico para el análisis sigue
siendo el contexto de estado francés7.
Los especialistas en migración transnacional Andreas Wimmer y
Nina Glick Schiller (2002) han destacado que este tratamiento deriva
en lo que ellos denominan el nacionalismo metodológico, es decir la
aceptación de que la nación/el estado/la sociedad es la forma social y
política natural del mundo moderno. Si bien estos autores distinguen
tres formas de nacionalismo metodológico, a nosotros nos interesa ex-
plorar las implicancias de una de ellas8 en la investigación en Historia
Social de la Geografía: aquella que considera a los estados nacionales
continente natural de la producción de discursos y, particularmente, de
aquellos elaborados desde las ciencias sociales. Dentro de este marco, se
comprende, por ejemplo, la definición de escuelas nacionales de Geo-
grafía (la francesa, alemana, británica, estadounidenses o brasilera). Son
las relaciones interestatales entre escuelas -mediadas por viajes de cier-
7
El estudio de Gómez Mendoza, Ortega Cantero y García Álvarez (2003) sobre la influencia
e integración de la escuela francesa y alemana sería un antecedente a tener en cuenta en este
tipo de análisis propuesto.
8
Wimmer y Schiller hacen referencia también a las propuestas de la teoría social que evitan
relacionar la modernidad con el proceso de construcción nacional. Así, para Marx, Durkheim,
Weber y Parsons la organización de una sociedad moderna guiada por el pensamiento racional
llevó a la desaparición de elementos que escapaban a dicha racionalidad como era las dife-
renciaciones nacionales o étnicas. “En este marco, el nacionalismo se vinculaba a los primeros
estadios de la evolución social, un estadio que era concebido como transitorio en el camino a la
construcción de una sociedad racional y moderna. El nacionalismo y el patriotismo serían su-
perados por el internacionalismo proletario (Marx o Engels) o por “el ideal humano” pospatri-
ótico (Durkheim)” (Wimmer, Schiller, 2002: 302). El otro tipo de nacionalismo metodológico
se asocia a la territorialización del imaginario de la ciencia social y a la reducción de los análisis
de los procesos a los límites de los estados nacionales, diferenciándolos de los que tienen lugar
en otros estados nacionales y dejando de lado las conexiones interestatales.

58
Espacios nacionales y transnacionales en la historia disciplinar

tos sujetos (de Latinoamérica a Europa o de Europa a Latinoamérica)-


las que definen por ejemplo, las Geografías modernas de las distintas
naciones latinoamericanas9.
La ruptura con este nacionalismo metodológico implicaría entonces
la concepción de espacios de producción de conocimientos transna-
cionales a través de los cuales se mantienen relaciones transfronterizas
regulares, sistemáticas y sostenidas en el tiempo (Portes, 2001). Así, la
intensidad y las modalidades de los intercambios - viajes y contactos
transfronterizos regulares (por ejemplo a través de la celebración de
congresos)- se convierten en elementos determinantes del fenómeno.
La base de estos espacios transnacionales son las redes académicas (cru-
zadas también por relaciones familiares, de amistad, de conocimiento
de la producción) a través de las cuales circulan personas, ideas, teorías,
muestras de materiales obtenidos en trabajo de campo, instrumentos de
medición u otro tipo de equipamientos y bibliografía.
En síntesis, desde nuestro punto de vista, el proceso de instituciona-
lización nacional de las distintas disciplinas es concomitante al proceso
de conformación de espacios científicos transnacionales10. De hecho,
puede constatarse una gran circulación de científicos en el momento
de creación de los estados nacionales latinoamericanos simultáneo a la
segunda expansión imperial. Científicos alemanes, franceses, italianos,
norteamericanos visitan o se instalan temporaria o definitivamente en
los países latinoamericanos. A su vez, los sectores de las elites libera-
les que buscan contribuir a la formación de las comunidades científicas
locales participan en las actividades de investigación y divulgación e in-
tercambio de conocimiento que se desarrollan en los países centrales o
en foros internacionales.
9
Los relatos biográficos que se han construido acerca de estos sujetos mediadores general-
mente enfatizan la labor institucional y sus aportes conceptuales en el país “de llegada” desde
donde se está construyendo la interpretación del proceso de institucionalización. Desde esta
perspectiva se analiza el papel de la denominada “misión francesa” en el caso de la institu-
cionalización de la Geografía en Brasil o del papel de los alemanes en algunas instancias de
institucionalización de la Geografía Argentina.
10
Algunos estudios de literatura, historia e historia de la tecnología hablan de un “giro trans-
nacional”. “Influida en parte por la toma de conciencia de los efectos de la globalización y el
multiculturalismo, esta aproximación afirma que muchos fenómenos históricos superan los
límites del Estado-nación” (Herran, Simon, 2009: 155). En este marco, la nación se convierte
en “un parámetro histórico más” (Herran, Simon, 2009: 155).

59
Perla Zusman

Dos naturalistas incorporados en las redes científicas transnacionales:


Gustave Niederlein y Francisco Pascacio Moreno

A partir de nuestras investigaciones sobre el proceso de formación


territorial y el proceso de la institucionalización disciplinar en Argenti-
na podemos ilustrar las afirmaciones realizadas en el apartado anterior.
Para ello seguimos la trayectoria diferenciada de dos naturalistas incor-
porados en la estructura administrativa nacional-estatal, hacedores del
proyecto territorial argentino, e insertos en el campo científico transna-
cional.
El primer caso corresponde a Gustave Niederlein (1858-1924)11.
Este naturalista llega a Argentina en calidad de botánico junto a un gru-
po de científicos alemanes que participaron en el proceso de institucio-
nalización de las ciencias naturales en Argentina y en el de apropiación
territorial (Tognetti, 2005). De hecho, Niederlein participa en dos tareas
claves en el proceso de formación territorial: la expedición científica que
acompaña a la Campaña del desierto comandada por Julio Argentino
Roca (1879) y la Comisión designada para definir en el terreno los lí-
mites con Brasil (1886). Su actuación en la organización de muestras
en exposiciones universales se inició con su preparación de la muestra
forestal argentina para la exposición de Paris. Desde su accionar como
Inspector Nacional de Agricultura12 organizó la muestra que represen-
taría a Argentina en la Exposición Internacional de Chicago (1894),
lo cual lo llevaría a contactarse con el creador del Museo Comercial
de Filadelfia William Powell Wilson. A partir de su designación como
naturalista de este museo recorrió Centroamérica, recolectando mate-
riales para dicha institución. En 1900 su reputación internacional era
tal que participó en numerosos congresos celebrados en el marco de la
Exposición de Paris, particularmente aquellos vinculados a la Geografía
Comercial, a la Botánica y a la Sociología Colonial.
11
Gran parte de la información sobre la trayectoria de este naturalista alemán fue obtenida
de la Foja de Servicio de Don Gustave Niederlein en la República Argentina (Biblioteca
E.Tornquist, Buenos Aires).
12
Durante este período también actuó al servicio de algunas empresas colonizadoras llevando
adelante reconocimientos de los territorios de Misiones, Chaco y Formosa, por ejemplo, para
el Baron Hirsch.

60
Espacios nacionales y transnacionales en la historia disciplinar

Luego de la exposición de 1900 el gobierno francés le solicitó la cla-


sificación de las exhibiciones permanentes del Museo Colonial de Paris.
Niederlein se unió a la secretaría general de las colonias francesas en una
expedición a los territorios de ultramar y estaba comenzando a asesorar-
los en la preparación de la exhibición francesa de Hanoi en 1902 cuando
el departamento de Guerra del Estados Unidos lo contrató para trabajar
en la Comisión que organizaría la exhibición de Filipinas con la que se
representaría a esta reciente adquisición colonial estadounidense en la
exposición de San Luis (1904)13. Niederlein es considerado por Rydell
(1984: 118) como un científico orientado al avance del Imperialismo
occidental14. A partir de esta trayectoria, Niederlein puede ser concebido
como un científico que construye, desde su experiencia en Argentina, el
capital cultural que le da ingreso al mundo científico transnacional. Nie-
derlein combina un entrenamiento en la realización de exploraciones a
áreas no incorporadas al capitalismo, en la selección de materiales y en
la organización de colecciones a ser expuestas en exhibiciones interna-
cionales.
El otro caso corresponde al naturalista y político argentino Francisco
P. Moreno (1852-1919). Francisco P. Moreno fue director del Museo de
Historia Natural de la Plata, coleccionista de cráneos y piezas arqueo-
lógicas y explorador de la Patagonia. Participó como perito oficial en el
litigio con Chile por la definición de las fronteras y presentó la posición
argentina frente al laudo arbitral de la Reina de Inglaterra.
A partir de la acción de H. Burmeister, Moreno entró en contacto
con redes internacionales de intercambio de objetos científicos e in-
formación. Es esta misma red la que le abrió las puertas para publi-
car en revistas prestigiosas de antropología de la época como la Revue
d’Antropologie y el Bulletin de la Société d’Antropologie entre los años de

13
La exhibición de Filipinas fue una de las más destacadas de la Exposición de San Luis. La
misma estuvo compuesta por 100 edificios en las que residieron por ocho meses 1100 filipinos
representativos de diferentes etnias (Rydell, 1984; Philippines Exposition Board,1903).
14
Niederlein señala que los certámenes internacionales servían a los fines de incentivar el co-
mercio entre los países y a asegurar la prosperidad económica. “Como la prosperidad y el por-
venir político de cada nación dependen hoy del grado de participación en el comercio inter-
nacional, ninguna nación civilizada puede abstenerse de tomar parte en los grandes concursos
internacionales, sin sufrir en el porvenir serios perjuicios en su vida económica” (Departamento
Nacional de Agricultura, 1891: 108).

61
Perla Zusman

1874 y 1880 (Farro, 2009). Tanto a través de sus colecciones como de


sus trabajos escritos, Moreno se incorporó a los debates de la época
sobre la antigüedad, la unidad o diversidad del tipo humano americano
y sobre la posibilidad de que el origen de la humanidad se hallara en la
Patagonia (Quijada, 1998; Quijada, 2005)15.
En el año 1899, en ocasión de acompañar a Londres a la delega-
ción argentina que defendería la posición de este país frente al arbitraje
británico respecto de la disputa limítrofe con Chile, Moreno dictó una
conferencia en la Royal Geographical Society sobre los “avances” en mate-
ria de exploración en la Patagonia. Esta conferencia sería publicada en
la revista de dicha Sociedad en dos entregas (Moreno, 1899a; Moreno,
1899b).
En su conferencia, Moreno describió sus actividades de exploración
realizadas en la Patagonia desde 1882 hasta 1897. Si bien se mostró
heredero de los trabajos de Charles Darwin, Robert Fitz Roy u Otto
Norderskjöld, su estudio completaba la obra de sus antecesores en la
medida que ofrecía una visión detallada de la geomorfología y geología
patagónica, desde la meseta hasta la región cordillerana, y desde los ríos
Limay y Neuquén hasta el Estrecho de Magallanes (sin diferenciar la
Patagonia pretendida por chilena de la pretendida por argentina).
Sin embargo, sus objetivos también fueron otros. En primer lugar,
Moreno deseaba romper con la visión de inhabitabilidad ofrecida por
los viajeros ingleses, para priorizar la difusión de las condiciones que la
región ofrecía para el desarrollo de la vida humana16. A tal fin se detuvo
en el proceso de desaparición de la población indígena y en su sustitución

15
Según Quijada, los cráneos obtenidos por Moreno en la provincia de Buenos Aires y en
la Patagonia septentrional fueron objeto de interés de reconocidos antropólogos de la época
como los franceses Paul Broca y Armand Quatrefages y el alemán Rudolf Virchow. El hecho
de que los cráneos “de los grupos extintos presentaran una acentuada dolicocefalia, mientras
que los patagones actuales eran braquicéfalos” apoyaba la postura de Broca para quien la mayor
dolicocefalia no era una muestra de cercanía en el tiempo, sino de mayor antigüedad. Broca
consideraba posible que el hombre americano fuera más antiguo que el europeo (representado
por el hombre de Neanderthal o de Cromagnon). Ello apoyaba la postura de Moreno y de
otros naturalistas argentinos como F. Ameghino, según quienes el patagón antiguo se situaba
en el origen de la humanidad (Quijada, 1998: 24-27).
16
Para Escudé y Cisneros (2000) la conferencia también formó parte de la estrategia empren-
dida por la representación argentina de divulgar la posición de este país en relación al conflicto
con Chile en distintos foros británicos.

62
Espacios nacionales y transnacionales en la historia disciplinar

por la colonización con población blanca (Río Gallegos, Santa Cruz,


poblaciones galesas, 16 de octubre). Moreno también mostró las posibi-
lidades que presentaba el área para la cría de ganado ovino y los proyec-
tos en marcha para la extensión de una red de regadío y de extensión del
ferrocarril desde Puerto San Antonio (idea ya contemplada en 1834 por
Fitz Roy). En segundo lugar, Moreno consideraba que su conocimiento
científico sobre la Patagonia no ofrecería beneficios sólo al desarrollo del
campo de la producción de conocimiento del nuevo estado nación sino
también a la ciencia internacional. Así, afirma:

“Muy pocos países son tan apropiados para el estudio del vul-
canismo o de los movimientos de la Tierra (…) la formación
de las llanuras argentinas ahora conocidas bajo los nombres
de Pampa o Patagonia son problemas que esperan su solución
(…) así como la investigación sobre el origen y desarrollo de
los animales y plantas (…), cuyos fósiles (…) llenarán mu-
chos de los grandes vacíos que existen en el conocimiento de
la evolución vital en la Tierra (…) La fisiografía tiene mucho
para ganar del estudio de los procesos de formación de los
rasgos presentes de esta parte de la Tierra; será difícil encon-
trar otro país donde la acción del hielo pueda ser tan fácil-
mente estudiada, así como también los fenómenos de erosión
y denudación” (Moreno, 1899b: 373).

Situar entonces a la Patagonia en el mapa del mundo occidental17


permitiría también contribuir a los proyectos científicos internacionales,
sea a través de los trabajos específicos que tenían lugar en ella o median-
te los aportes que, desde su estudio, podrían realizarse a la producción
de teorías totalizadoras sobre las dinámicas de la naturaleza o sobre la
evolución del hombre.
Moreno representa así a los científicos de países periféricos que cir-
culan por distintos recortes estatales para demostrar su comulgación con

17
Una de las personas que participa en el debate posterior a la intervención de Moreno con-
sideró que el aporte específico de su presentación fue el de “llenar el vacío que se poseía a
nivel europeo sobre las características físicas de la región de la cordillera patagónica” (Moreno,
1899b: 374).

63
Perla Zusman

las ideas de civilización (propias del mundo europeo) y sobre esta base
construir su capital simbólico.
Las trayectorias y redes de estos dos especialistas, hacedores del
proyecto territorial argentino, nos llevan a deducir que el conocimiento
producido en América Latina no estuvo atrasado respecto al europeo en
la medida que estos intelectuales mantenían relaciones con los círculos
intelectuales del centro, participaban de las prácticas científicas que se
desarrollaban allí y tenían amplio conocimiento de las discusiones del
mundo científico de la época.

Prácticas transnacionales, economía-mundo y conocimientos híbridos

Una lectura que intente situar las prácticas transnacionales a la altura


de las nacionales podría derivar en la reivindicación de un universalis-
mo científico, es decir en la consideración de que la actividad científica
está “fuertemente sujeta a un circuito mundial que aporta conocimiento
válido no afectado por las fronteras nacionales y relativamente indepen-
diente de esta contextualización” (Mantegari, 2003: 39).
Sin embargo, desde nuestro punto de vista, las prácticas científicas
no pueden despojarse de las relaciones con la economía mundo en que
se insertan, y -particularmente en América Latina (en términos de Mig-
nolo, 2003a)- están afectadas por la diferencia colonial. Esto implica
que en el proceso de producción de conocimiento, las condiciones y po-
sibilidades que se ofrecen a los países centrales no son las mismas que se
les presentan a los países periféricos. Así, en el momento de la segunda
expansión colonial y de formación de los estados nacionales latinoame-
ricanos, las elites científicas situadas en la periferia asumían el papel que
debían cumplir en la geopolítica del conocimiento18: contribuir a que

18
Siguiendo el punto de vista de la especialista en Historia de la Ciencia portuguesa Nélia
Dias, Máximo Farro sostiene que, durante el siglo XIX, existió una organización del trabajo
científico que diferenciaba aquellos que recolectaban información de aquellos otros que la sis-
tematizaban e interpretaban. “Los primeros desarrollaban sus actividades en espacios abiertos
como gabinetes, laboratorios y museos. Así, en el caso de la antropología, los corresponsales
enviaban cráneos y objetos hallados en lugares tan remotos como Indonesia, Africa, Australia
o Patagonia, adjuntando por escrito las condiciones en que los obtuvieron y realizando medi-
ciones con los instrumentos diseñados en Europa. Los antropólogos de Francia y Alemania
los estudiaban e interpretaban en las reuniones de discusión en Paris y Berlín, publicando

64
Espacios nacionales y transnacionales en la historia disciplinar

las teorías locales europeas se tornasen globales (Mignolo, 2003b). La


recolección de elementos representativos del suelo, fauna, flora, de la ar-
queología o de la paleontología, contribuía al desarrollo de las distintas
propuestas teóricas sobre los orígenes de la tierra, la evolución de las es-
pecies o sobre los orígenes del hombre, y a llenar los espacios en blanco
de los mapamundis europeos19.
Si aceptamos entonces la relevancia de las contribuciones prove-
nientes de la ciencia periférica para fundamentar las interpretaciones
teóricas europeas, sería también preciso comprender que el conocimien-
to producido no es sólo resultado de las prácticas europeas, sino que
es fundamentalmente híbrido (elaborado con los aportes del centro y
de la periferia). Aceptar que la producción de conocimiento es híbrida,
implica también reorientar la perspectiva de análisis y equiparar episte-
mológicamente la producción teórica con la recolección de información
y con los procedimientos de análisis20.

Las teorías viajeras y no viajeras: dos desafíos en la agenda de la historia


disciplinar

La ruptura con el nacionalismo metodológico y la concepción de


espacios de producción de conocimientos transnacionales abre el ca-
mino para tematizar también el proceso de circulación de teorías y de
ideas y para pensar la geopolítica del conocimiento en relación a esta
circulación.
Específicamente en su libro El mundo, el texto y el crítico, E. Said
sostiene que las ideas y las teorías viajan de una persona a otra, de una

luego los resultados en revistas especializadas y en libros, o los exhibían en las instituciones a
su cargo” (Farro, 2009: 64).
19
Otro caso que ilustra nuestra propuesta pero que escapa al contexto espacio temporal es-
cogido para nuestro análisis es el proceso que llevó al geógrafo Isaiah Bowman a formular
su teoría sobre el frente pionero. Para otorgarle cierto carácter global a su interpretación,
Bowman precisó contar con colaboradores que estudiasen los procesos de colonización que
estaban teniendo lugar en tierras no incorporadas plenamente al capitalismo en la década de
1930 (Ver Robic, 2006).
20
Creemos que la teoría actor-red puede ofrecer herramientas para explorar el carácter híbrido
del conocimiento que planteamos arriba y para situar a la teoría en igualdad de condiciones
con el conjunto de elementos heterogéneos (humanos y no humanos) que participan en la
producción de conocimiento (Latour, 2001).

65
Perla Zusman

situación a otra y de una época a otra. El pasaje por distintos contextos


puede derivar en que estas ideas y teorías sean aceptadas, resignificadas
o resistidas. Esta afirmación nos conduce a repensar, desde otro ángulo,
la relación entre la producción del conocimiento entre centro y periferia.
En este caso, estamos poniendo en cuestión ya no el supuesto atraso
del conocimiento de la periferia respecto del centro sino la supuesta
adopción pasiva de las propuestas provenientes del centro en la periferia.
Si consideramos que los científicos de países periféricos adoptaron una
posición activa frente a la llegada de estas teorías, tenemos que explorar
los distintos tipos de relaciones que pueden entablarse con los conoci-
mientos viajeros21.
La propia reflexión de Said lleva a Mignolo a pensar, por oposición,
que la diferencia colonial hace que muchas teorías producidas en la pe-
riferia lleven adelante un viaje de corta trayectoria22 o carezcan de la po-
sibilidad de viajar23, que se planten donde han nacido y allí permanezcan
(Mignolo, 2003b: 248)24. En este sentido, podríamos pensar en rescatar
estas teorías no viajeras en nuestros análisis, una propuesta que forma
parte de la perspectiva de los estudios poscoloniales latinoamericanos.

21
Por ejemplo, algunos especialistas argentinos o brasileros se han relacionado de forma
ecléctica con la producción del conocimiento geográfico europeo. Así, muchos autores de la
Geografía argentina y brasilera, en lugar de adscribirse a una única postura representativa de
la Geografía Moderna hacia inicios del siglo XX, prefirieron considerarse continuadores de
todas aquellas perspectivas que se consideraban más adelantadas de la época. Al respecto ver
Zusman, Nunes Pereira (2000)y Zusman (2001). El análisis de las notas de presentación de los
textos clásicos de la Geografía, generalmente elaboradas por autores locales, puede sernos útil
a la hora de entender la significatividad de dichos textos en los contextos que son traducidos
y editados.
22
Agradezco la sugerencia de Bruno Viotto de analizar la circulación de ideas entre los pa-
íses de la propia periferia. Algunos avances en este sentido fueron realizados por el trabajo
de Quintero, Dufour, Iut (2009) en el que discute la formación de la Geografía Crítica en
Argentina y Uruguay. Las relaciones entre la Geografías argentina y brasilera en la década de
1980, que se consustanciaron en la organización de dos congresos de Geografía Crítica (1988
y 1990) podrían ser objeto también de este tipo de abordaje.
23
Un tratamiento extenso merece el papel de las traducciones en el estímulo del viaje. Al res-
pecto ver Garcia Ramon (2003) y Ortiz (2009).
24
También sería posible identificar teorías/ideas que son desarrolladas por académicos de los
países centrales durante sus estancias en los países periféricos pero que, aparentemente, no
afectan las formulaciones teóricas que éstos elaboran ya que se las concibe como posturas que
no pueden tornarse globales. Un análisis orientado desde esta perspectiva respecto a la obra de
Deffontaines puede encontrarse en Zusman (1999).

66
Espacios nacionales y transnacionales en la historia disciplinar

En síntesis, la posibilidad de yuxtaponer análisis de carácter nacional


con otros que articulan las relaciones académicas transnacionales, nos
permite multiplicar las formas de entender los procesos de producción,
circulación, difusión y recepción de ideas y particularmente, entender los
procesos de transculturación25 en el campo científico.
Concebir un campo científico transnacional también nos ayuda a
comprender que los procesos de producción de conocimiento están
atravesados por la geopolítica del sistema mundo. Ello entonces nos lle-
va a reconocer que la colonialidad del poder está presente en el propio
proceso de producción de conocimiento en América Latina. Esto nos
permite comprender por qué ciertas teorías tienen más posibilidades de
viajar que otras o, en términos del propio Mignolo, de dejar de ser locales
y tornarse globales. La crítica a estos procesos nos abre el camino para
construir una agenda de investigación en la Historia de la Geografía que
ponga en juego procesos de producción de conocimiento nacionales con
transnacionales y que contribuya a producir conocimientos fronterizos.

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25
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transculturación. Inspirado en las aportaciones del escritor cubano Fernando Ortiz, Mignolo
sostiene que la transformación cultural implica “procesos complejos y multidireccionales” en
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71
Segunda Parte
Primeros pasos en la Institucionalización
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

Javier Moyano

Transformaciones sociales y reordenamientos espaciales en Argentina

Durante la segunda mitad del siglo XIX tuvo lugar en Argentina


un proceso que combinó la articulación de un mercado interior inte-
grado a la economía mundial capitalista, el inicio de la construcción
de un estado nacional, y una mediana modernización que contribuyó a
la emergencia de una sociedad radicalmente diferente de la que había
sucedido a la crisis del orden colonial. En esta etapa se produjo la defini-
tiva configuración territorial de la Argentina, así como el surgimiento de
la región pampeano litoraleña, consolidada en su estructura productiva
como eje articulador del nuevo espacio nacional. A esta región, integra-
da por las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, y el sur y
este de Córdoba, se incorporaron, tras ser arrebatadas a las poblaciones
originarias, extensas áreas que cobraron importancia económica ante la
creciente demanda internacional de alimentos y materias primas. Fuera
de ese espacio más dinámico, en el resto del país hubo provincias, como
la norteña Tucumán y la occidental Mendoza, que se integraron como
polos secundarios mediante la producción agroindustrial destinada a los
centros urbanos de las áreas agroexportadoras.
Paralelamente, el estado en construcción llevó adelante una tarea
tendiente a establecer una normativa jurídica uniforme, y a fortalecer su
capacidad de hacer cumplir tales disposiciones. Un hito en ese proceso
fue, desde principios de la década de 1860 y tras varios años de conflictos

75
Javier Moyano

armados internos, la vigencia en todo el territorio de la constitución na-


cional sancionada en 1853, la cual consagraba un conjunto de derechos
y garantías, estipulaba muchas de las atribuciones de la administración
federal, y contribuía a la articulación del mercado interno al prohibir a
las provincias el cobro de impuestos de tránsito. Las prescripciones le-
gales establecidas por la carta magna se complementaban con la sanción
del Código Civil en 1871. Al mismo tiempo, la nacionalización de la
aduana, también en la década de 1860, permitía la expansión de recursos
y funciones del estado central.
A través de la acción del estado y de la intervención de inversionistas
extranjeros y argentinos, también fueron significativos los avances en lo
relativo a disponibilidad de nuevas tierras, mano de obra, crédito e infra-
estructura básica en materia de transportes, comunicaciones y servicios
públicos. La incorporación de tierras al proceso productivo fue garanti-
zada por la acción militar en la denominada “campaña del desierto” de
1879. La disponibilidad de mano de obra dependió de la afluencia de la
inmigración ultramarina, la cual se afincaría en las grandes ciudades y en
las áreas rurales de la Pampa Húmeda, en donde comenzaba el proceso
de formación de colonias agrícolas. El tendido de la red ferroviaria, ini-
ciado en 1857 con un modesto ramal, se incrementó luego progresiva-
mente, facilitando el crecimiento de las exportaciones agropecuarias, la
unificación de un territorio antes fragmentado y el transporte de tropas
en caso de revueltas en las provincias. El desarrollo de las comunicacio-
nes se complementaría con la expansión de la red telegráfica. También
se promovió, desde las instancias estatales, la construcción de símbolos y
valores comunes, orientados a alcanzar mayor homogeneidad entre una
población que, además de no contar con fuertes identidades comparti-
das de larga duración, experimentaba un sostenido aluvión inmigratorio.
Esas transformaciones se acentuaron luego de 1880. El estado na-
cional amplió su aparato administrativo, expandió sus actividades de
promoción del desarrollo mediante la inversión pública, y se hizo cargo
de funciones –como el registro de las personas y la atribución de celebrar
matrimonios- anteriormente en manos de la Iglesia Católica. Amarra-
dos con los desarrollos señalados, otros significativos cambios tuvieron
lugar durante las tres décadas que siguieron a 1880. De la mano del
incremento de las exportaciones agropecuarias, el crecimiento económi-

76
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

co fue, durante los cincuenta años que precedieron a la primera guerra


mundial, uno de los más acelerados del mundo en un lapso tan prolon-
gado. Vinculado con lo anterior, fue significativa, como consecuencia de
la inmigración, la expansión demográfica en las áreas urbanas y rurales
de la región pampeana. Los centros urbanos modificaron su fisonomía
y estructura, y ello incluía un mediano desarrollo industrial, y la emer-
gencia de sectores medios y de una incipiente clase obrera. En las zonas
rurales del área pampeano litoraleña se multiplicaba la formación de
colonias agrícolas y de poblaciones al costado de vías férreas, cuya ex-
pansión se aceleró luego de 1880. Como consecuencia de ello, también
en las áreas agropecuarias surgieron nuevos actores sociales.

Córdoba: economía y sociedad en el proceso de configuración territorial


de la Argentina

Ubicada sobre la ruta que unía el Alto Perú con Buenos Aires, a
fines del período colonial se había conformado, alrededor de la ciudad
de Córdoba, una región doblemente articulada con el norte y el sur. Un
mundo rural y otro urbano integraban esta región. El primero era la base
de la actividad productiva que proveía de mulas a la minería altoperua-
na, y de cueros y textiles domésticos que se remitían hacía Buenos Aires.
El segundo era la sede de una de las pocas universidades del virreinato
rioplatense, la cual sería formadora de muchos dirigentes políticos tras
la independencia, y era también el lugar de residencia de empresarios
mercantiles que controlaban gran parte del tráfico comercial e influían
de manera decisiva sobre la producción ganadera y artesanal.
Tras la independencia, los nexos de la economía cordobesa con Bue-
nos Aires tendieron paulatinamente a reforzarse, para convertirse en
predominantes con la expansión de la actividad ganadera orientada ha-
cia mercados ultramarinos. Aunque algunas áreas cordobesas quedaron
relegadas al no lograr adaptar su estructura productiva a las cambiantes
demandas del mercado internacional, la orientación atlántica de la eco-
nomía provincial no era una novedad cuando, durante la segunda mitad
del siglo XIX, tuvo lugar la definitiva configuración del espacio nacional
argentino y, dentro de éste, de la dinámica región agroexportadora de la
Pampa Húmeda. Algunas áreas de la provincia se integraron a esta re-

77
Javier Moyano

gión, mientras que otras articularon sus actividades con ella, con lo cual
Córdoba participó del proceso de crecimiento económico y demográfico
experimentado por las áreas pampeanas durante las últimas décadas del
siglo XIX y primeros años del XX.
En el último cuarto del siglo XIX tuvo lugar en Córdoba una con-
siderable expansión hacia el sur y hacia el este. Tras la “campaña del
desierto” se incorporaron al espacio provincial amplios territorios que
se integraron a la región pampeana, la cual también incluyó áreas cor-
dobesas anteriormente ocupadas pero hasta entonces escasamente po-
bladas y explotadas. Poco después tuvo lugar una acelerada apropiación
privada de las nuevas tierras, en las cuales se desarrollaron la actividad
ganadera, mediante la formación de estancias, y la agricultura, a través
del establecimiento de colonias. Este último proceso, más tardío que en
la vecina provincia de Santa Fe pues recién se generalizó en la década de
1890, requirió de masivos contingentes de inmigrantes y de un rápido
desarrollo de las comunicaciones a partir del tendido de vías férreas. Re-
lacionados con la expansión agropecuaria, con la inmigración extranjera
y con el desarrollo de los medios de transporte, en la Pampa cordobesa
se fueron consolidando centros urbanos, algunos de ellos de reciente
fundación (Marcos Juárez, San Francisco en el este, Villa María en el
centro sur) y otros establecidos a fines del período colonial (Río Cuarto
en el sur; Bell Ville).
Con las áreas “nuevas”, coexistió en Córdoba una subregión extra-
pampeana, en su mayor parte de antigua ocupación. Fue variable el grado
de articulación de las diversas áreas que integraban esta subregión con
el espacio pampeano y, en consecuencia, fue también variable el nivel de
las transformaciones operadas. En esta subregión, predominantemente
rural y con escasa población extranjera, coexistían establecimientos ga-
naderos, cuya producción se destinaba a la ciudad de Córdoba y a las
provincias del oeste y el noroeste, con pequeñas explotaciones agrícolas
que producían para el consumo local o para mercados próximos. En
contraste con el sur y el este provincial, la fundación de colonias agrí-
colas fue excepcional, y fue mucho más modesto el nivel de actividad
económica y el grado de acumulación del empresariado. También a dife-
rencia del área pampeana, a finales del siglo XIX muy pocas poblaciones
del norte y el oeste provincial superaban los mil habitantes.

78
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

Los reordenamientos espaciales convertían a la ciudad de Córdoba


en uno de los principales polos de atracción de áreas emergentes, aun-
que éstas también se articulaban directamente con los grandes centros
urbanos de Buenos Aires y Santa Fe. La capital provincial experimentó,
desde las últimas décadas del siglo XIX, un sostenido crecimiento de-
mográfico, un significativo proceso de recepción de migrantes externos
e internos, y un mediano desarrollo de industrias. Asimismo, aunque
insuficiente en función de las demandas de una población en expansión,
fue importante el impulso gubernamental a la dotación de obras de in-
fraestructura urbana. La estructura y fisonomía de la capital provincial,
hasta entonces fuertemente influida por el pasado colonial, experimen-
taba modificaciones, lo cual contrastaba tanto con una más acelerada
transformación de las ciudades puerto de la región pampeana como con
el mucho más moderado proceso de cambio en las capitales provinciales
extrapampeanas.
El imbricado conjunto de procesos de configuración espacial, expan-
sión económica y desarrollo de instancias estatales tuvo consecuencias
sobre el tipo de sociedad que se gestaba. Mientras algunas tendencias
previas se acentuaban, en ocasiones modificando parcialmente ciertos
rasgos, también se introducían nuevos elementos. Entre las tendencias
que se reforzaban se destacaba la importancia, en tanto fuentes de poder
social y político, de las profesiones liberales, las actividades mercantiles y
la propiedad territorial. Mientras la incidencia de las profesiones libera-
les se debía al persistente carácter de ciudad universitaria desempeñado
por la capital provincial, la consolidación de la posición social de comer-
ciantes y propietarios rurales obedecía a que, si bien en la Pampa cordo-
besa la presencia de terratenientes y mercaderes de la capital provincial
fue minoritaria en relación con la de hombres de negocios porteños y
santafesinos, la expansión territorial y productiva abría un nuevo y mu-
cho más dinámico frente donde los empresarios locales podían operar,
lo cual fortalecía la posición económica de los mismos.
Entre los aspectos novedosos destacaba el surgimiento de nuevos
actores, tanto en las áreas de más reciente poblamiento como en la ciu-
dad de Córdoba. Como consecuencia del crecimiento económico y del
desarrollo de centros urbanos que tal crecimiento estimulaba, a fines
del siglo XIX y principios de XX operaba en el sur y este provincial un

79
Javier Moyano

emergente y poderoso empresariado local, con inversiones agropecuarias,


mercantiles y en algunos casos también industriales. Al mismo tiempo,
las nuevas poblaciones constituían un campo de actuación para pro-
fesionales que se radicaban en ellas. Un tercer actor emergente fue el
colono agricultor, mayoritariamente arrendatario o aparcero. Estos acto-
res, con relaciones alternativas de colaboración y conflicto con el poder
político provincial, encontraron en un incipiente asociacionismo y en la
política municipal dos ámbitos privilegiados de participación.
En la ciudad de Córdoba, las transformaciones de fines del siglo XIX
daban origen a una sociedad urbana más compleja, al mismo tiempo que
tensiones propias de la expansión demográfica y de la diversificación
social generaban una mayor conflictividad entre actores locales. Parale-
lamente, en el marco de un proceso de disputa entre clericales y liberales
en torno a las iniciativas de laicización de instituciones estatales, el sur-
gimiento, desde la década de 1870, de núcleos políticos y estudiantiles
liberales generó nuevos frentes de disputa en una ciudad en la que el
peso de la tradición católica, y de la formación recibida en una universi-
dad hasta entonces poco permeable a las novedades, influía fuertemente
sobre gran parte de las élites.

La política argentina en las últimas décadas del siglo XIX y primeras


del XX

Hacia 1880, en Argentina se había alcanzado un orden político es-


table que garantizaba un acelerado crecimiento económico, una mayor
consolidación de instituciones estatales y una significativa moderniza-
ción social. Al mismo tiempo, los grupos gobernantes adquirían una po-
sición de predominio que les permitió preservar el poder durante más de
tres décadas, mediante el control de una maquinaria de fraude, coerción
y patronazgo, la renovación permanente de pactos entre la dirigencia, y
la recurrente cooptación de opositores moderados.
Ese régimen engendró sus impugnadores entre la dirigencia que ha-
bía sido excluida, y/o rechazaba las iniciativas laicistas del gobierno o las
características de un ordenamiento que asignaba a la participación polí-
tica un papel meramente instrumental. Las críticas provenían, además,
de sectores sociales surgidos como consecuencia de transformaciones

80
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

promovidas por los grupos gobernantes. La revolución de 1890 permi-


tió una primera convergencia de una parte de esos sectores, e instaló el
problema de la legitimidad del régimen en el centro del debate. Parale-
lamente, nacía el radicalismo, agrupación partidaria que, a diferencia de
los actores protagónicos hasta ese momento, era independiente de los
recursos del estado. El régimen sobrevivió dos décadas a esa crisis, pero
se había desencadenado un movimiento sin retorno, que se agudizaría
a principios del siglo XX con la deserción de una parte de los sectores
gobernantes, el deterioro definitivo de las relaciones entre el oficialismo
y grupos de oposición moderada, una más sólida reorganización del ra-
dicalismo, cuyo ascendiente sobre la población crecía, y el incremento de
la conflictividad social.
En 1912 fue sancionada la reforma del sistema electoral argentino.
La nueva legislación garantizaba la efectividad del sufragio al resguardar
su carácter secreto mediante el cuarto oscuro, disponer su obligatorie-
dad, adoptar el padrón militar como registro de votantes, y determinar
la supervisión de los comicios por la justicia federal. La ley prescribía,
además, la integración de la oposición al juego parlamentario mediante
el sistema de lista incompleta, por el cual la mayoría obtenía dos tercios
de los escaños y la primera minoría el tercio restante. Aunque limitante
de la participación de las minorías en comparación con el sistema pro-
porcional, esta segunda modificación contrastaba con el hasta entonces
vigente sistema de lista completa, por el cual la agrupación vencedora
obtenía la totalidad de las bancas puestas en juego en una elección.
El régimen político se modificaba radicalmente, aún cuando ello
coexistiera con cambios paulatinos y poderosas inercias. El sistema se
tornaba competitivo, pues la disputa por alcanzar el gobierno o esca-
ños legislativos dependía de elecciones libres. Como consecuencia de la
obligatoriedad del voto y de la movilización estimulada por las garantías
a partidos y votantes, también se expandía la participación electoral. Esa
transformación incidía sobre otras cuestiones relativas al funcionamien-
to del sistema político, como las posibilidades de acceso de las diferentes
agrupaciones políticas al gobierno federal o a los gobiernos provinciales1

1
Las provincias adoptaron -tempranamente en muchos casos- disposiciones similares a las de
la ley Sáenz Peña.

81
Javier Moyano

y a escaños parlamentarios, las relaciones entre agrupaciones oficialistas


y opositoras, el peso relativo de diversos recursos en la lucha política, etc.
El cambio en el marco normativo en materia de elecciones interac-
tuó con las transformaciones sociales que experimentaba el país duran-
te la segunda década del siglo XX. Para sectores ajenos a las élites, la
competencia política generó canales de expresión y representación de
intereses mucho más amplios que los existentes antes de 1912, obli-
gando a los gobernantes a tomar en cuenta múltiples demandas, en un
marco en el que la conflictividad social, producto de la crisis generada
por la dislocación del sistema económico internacional tras el estallido
de la primera guerra mundial, adquiría niveles sin precedentes en el país.
Ante la desocupación, caída de los salarios reales y carestía, confluyeron
protestas de obreros y clases medias urbanas, tanto en la ciudad de Cór-
doba como en otros centros urbanos de la región pampeana. También
fue significativa la actuación de movimientos estudiantiles y agrarios.
Los primeros protagonizaron en Córdoba los sucesos de la reforma
universitaria en 1918. Los segundos desarrollaron, en las provincias de
Santa Fe y Córdoba, las huelgas de arrendatarios de 1912 y numerosas
acciones reivindicativas durante el resto de la década.
Una vez trazada esta breve síntesis sobre las transformaciones en el
sistema político argentino, cabe preguntar cuál fue el papel de la provin-
cia de Córdoba en estos procesos.

La política cordobesa antes de 1912

Durante las décadas previas al pacto del ochenta, tuvieron lugar en


Córdoba permanentes disputas entre grupos vinculados con “partidos”
que actuaban a escala nacional. Era el caso de los federales, alineados
con Justo José de Urquiza, presidente argentino entre 1854 y 1860, y de
los liberales, partidarios de Bartolomé Mitre, primer mandatario nacio-
nal entre 1862 y 1868. Los liberales cordobeses se dividirían, posterior-
mente, en nacionalistas y autonomistas, los primeros alineados con Mi-
tre y los segundos con Adolfo Alsina, líder de los autonomistas porteños
(Cárcano, 1963: 65-68).
La correlación de fuerzas entre tales contendientes experimentó di-
versas modificaciones. Por ejemplo, mientras los mitristas, tras dominar

82
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

la provincia durante más de un lustro, sufrieron un rápido eclipse luego


de la muerte, en 1873, del gobernador Félix de la Peña, los autonomistas,
quienes ese año conquistaban el gobierno provincial, eran desplazados
del mismo cuando, un año más tarde, el presidente Nicolás Avellaneda
imponía como primer mandatario cordobés a un dirigente de su con-
fianza.
En 1877, al morir el gobernador electo Climaco de la Peña, las tro-
pas federales al mando de Julio A. Roca, entonces comandante de fron-
tera (indígena) en el sur provincial, habían impedido que el Colegio
Electoral se reuniera para elegir sucesor, garantizando así el acceso de
Antonio del Viso, vicegobernador electo al cargo vacante (Melo, 1970:
154). De este modo accedía al gobierno provincial un grupo liderado
por Del Viso y por Miguel Juárez Celman, ambos dirigentes de ide-
ología liberal. El primero fue gobernador entre 1877 y 1880, mientras
que el segundo fue su ministro de gobierno y su sucesor en la primera
magistratura provincial en 1880. El nuevo oficialismo local promovió,
desde Córdoba, la constitución de la “Liga de Gobernadores” que en
1880 patrocinó la candidatura presidencial de Roca. Oriundo de la pro-
vincia de Tucumán, Roca iniciaba su camino hacia la primera magistra-
tura a partir de Córdoba pues, además de la utilización de su cargo en
el ejército para incidir en la sucesión gubernativa provincial en 1877, se
había emparentado, a través de su matrimonio, con una poderosa familia
cordobesa. La provincia de Córdoba se sumaba, de ese modo, al “núcleo
de estados rectores” que desde 1853 integraban, dado el peso nacional
de sus dirigentes, las provincias de Santa Fe y Entre Ríos (Botana, 1994:
34; Cornblit, Gallo, O’Connell, 1965: 44; Melo, 1970: 152-154).
Posteriormente Miguel Juárez Celman logró neutralizar, con la co-
laboración de Roca, la influencia de Antonio Del Viso. Ministro del
Interior durante la presidencia de Roca, Del Viso pretendía suceder al
militar en la primera magistratura nacional, pero Roca eclipsó su figura
tras desplazarlo de su cargo. De este modo Juárez Celman, sucesor de
Del Viso como gobernador provincial, se convirtió en único líder del
grupo que, integrado por jóvenes dirigentes liberales, fue predominante
en Córdoba durante casi toda la década de 1880. El juarismo alcanzó
predicamento nacional y articuló, con vistas a la sucesión presidencial de
1886, una coalición de camarillas regionales dentro del Partido Auto-

83
Javier Moyano

nomista Nacional (PAN). La alianza obtuvo apoyo de Roca, presidente


saliente, y consiguió ubicar a Juárez Celman en la primera magistratura
federal. Así, los dos primeros presidentes del régimen del ochenta esta-
ban especialmente vinculados con Córdoba.
El papel cumplido en la génesis del régimen potenció el protago-
nismo nacional de los dirigentes cordobeses. Muchos de ellos ocuparon
cargos federales entre 1880 y 1916, aunque ese protagonismo mermó
tras la revolución de 1890. Durante los treinta años que siguieron a
1880, otros factores contribuyeron a fortalecer esa posición. Córdoba
fue el distrito numéricamente más importante entre aquellos cuyos go-
biernos provinciales se encolumnaron con el oficialismo federal en todas
las elecciones presidenciales realizadas entre 1880 y 1910. La cantidad
de electores presidenciales cordobeses sólo era superada por la provincia
de Buenos Aires y, en 1904 y 1910, por la Capital Federal. Pero, a di-
ferencia de Córdoba, los electores de estos últimos distritos no siempre
apoyaban a los postulantes avalados por los mandatarios nacionales sa-
lientes. Así, los electores cordobeses, designados en comicios en los que
el papel de los gobiernos provinciales era decisivo, contribuyeron con
su voto al control de la sucesión ejercido por las autoridades nacionales.
Sin embargo, la posición de las diferentes camarillas del PAN en
la provincia distaba de ser estática. La división, al promediar la década
de 1880, de la dirigencia nacional del PAN entre partidarios de Roca y
de Juárez Celman repercutió en Córdoba, principal base de operacio-
nes del juarismo y una de las más importantes del roquismo. En 1886,
antes de la ruptura entre ambos grupos, había sido elegido gobernador
el roquista Ambrosio Olmos, postergando las aspiraciones de Marcos
Juárez, hermano de Miguel Juárez Celman. La titularidad del ejecutivo
quedaba en manos roquistas pero el juarismo tenía mayoría legislativa,
mientras que Marcos Juárez era confirmado, al asumir Olmos, como
jefe de policía de la provincia, cargo que desempeñaba desde el gobier-
no del juarista Gregorio Gavier (1883-1886). Cuando se desencadenó
abiertamente la disputa nacional entre juaristas y roquistas, los primeros
atacaron a Olmos y en 1888 lo destituyeron a través de un juicio político
implementado por la Legislatura provincial (Potter, 1979: 131; Sánchez,
1968: 246-256; Vera de Flachs, 1986: 9-14). En las siguientes eleccio-
nes, efectuadas en 1889, Marcos Juárez era designado gobernador. Sus

84
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

partidarios, agrupados en el poderoso club “El Panal”, controlaron en-


tonces casi todos los recursos institucionales en la provincia.
Pero la crisis de 1890 afectó seriamente a la política cordobesa. Mo-
vimiento predominantemente porteño, la revolución potenció el papel
de conglomerados de camarillas liderados por dirigentes de Buenos Ai-
res. Eran los casos del nuevo presidente Carlos Pellegrini, de Bartolo-
mé Mitre y de Bernardo de Irigoyen. Sucesor de Juárez Celman en la
primera magistratura, Pellegrini había intervenido en los acuerdos de la
década del ochenta, pero ahora se convertía en pieza clave del régimen.
Mitre lideraba los grupos opositores que, al pactar con el oficialismo, ga-
rantizaban la futura gobernabilidad. Irigoyen encabezaba a aquellos sec-
tores del radicalismo que no habían adherido al acuerdo con el gobierno
pero que, a diferencia de otros miembros de su partido, eran permeables
a negociar con el oficialismo.
En contrapartida, los sucesos de 1890 atenuaron, como señala An-
saldi, el peso de la dirigencia cordobesa en el concierto nacional (Ansal-
di, 1994: 711), debido al contundente retroceso del juarismo. Aunque en
la primera mitad de la década de 1890 algunos cordobeses, como Calix-
to de la Torre, ministro del presidente Luis Sáenz Peña, ocuparon cargos
federales, sólo el retorno, en 1898, de Roca a la presidencia argentina
incrementó, para antiguos y nuevos roquistas cordobeses, las posibilida-
des de volver a desempeñar funciones en el gobierno nacional. Fueron
los casos de Felipe Yofre, ministro del Interior de la segunda presidencia
de Roca; Julio Astrada, director de Correos y Telégrafos, Ponciano Vi-
vanco, presidente del Consejo de Educación, Felipe Centeno, subsecre-
tario del ministerio del Interior. Pero mientras en 1880 Córdoba había
constituido la principal plataforma de lanzamiento para su carrera pre-
sidencial, en los noventa Roca era ya un dirigente con presencia nacional
consolidada. Luego de 1890 había sido Roca el principal artífice de la
estabilidad posrevolucionaria en las provincias, lo cual le había permiti-
do reforzar vínculos con la mayoría de los oficialismos locales. El lento
fortalecimiento en Córdoba constituyó para Roca sólo una parte de una
estrategia más amplia para retornar a la primera magistratura. Por ello,
aunque abría espacios, la segunda presidencia de Roca no significaba un
desembarco de dirigentes cordobeses en el gobierno federal de la misma
envergadura que el ocurrido en 1880.

85
Javier Moyano

La posición de las diversas camarillas en la estructura de poder local


también sufrió cambios. La dimisión de Juárez Celman como presi-
dente debilitó gravemente las bases de sustentación de su hermano, el
gobernador cordobés Marcos Juárez, obligándolo a renunciar a su cargo.
La revolución provocó, además, el retiro definitivo de Juárez Celman de
la actividad política. Sus seguidores tomaron diferentes caminos, pues
mientras algunos se incorporaron al roquismo, otros mantuvieron po-
siciones de mayor independencia que no excluían eventuales acuerdos
con sus rivales. Pero en contraste con una tendencia a desaparecer como
grupo con presencia nacional, las ligas juaristas tuvieron permanente
actuación en Córdoba en esa nueva etapa. Paralelamente al retroceso
del juarismo se fortalecieron camarillas mitristas y clericales, opositoras
durante la década de 1880 y partícipes del movimiento de impugna-
ción al régimen en 1890, las cuales demostraron capacidad de convocar
manifestaciones masivas y de recurrir a la violencia. Tras la revolución,
tales ligas fluctuaron, al igual que los juaristas, entre el acuerdo con el
roquismo y el paso a la oposición.
Los sucesos de 1890 contribuyeron, además, a la recuperación de las
posiciones roquistas. Fortalecido por la incorporación de juaristas, in-
cluido el vicegobernador Eleazar Garzón, sucesor de Marcos Juárez en
la primera magistratura provincial, el roquismo promovió una “política
de conciliación” con otras ligas. No logró, sin embargo, que en el corto
plazo su posición de predominio se afianzara plenamente en Córdoba,
y en las elecciones gubernativas de 1892 y 1895 debió ceder a fuerzas
aliadas los principales cargos en el ejecutivo provincial. Recién en 1898,
año en que Roca retornó a la presidencia de la nación, la asunción como
gobernador de Donaciano del Campillo, antiguo juarista convertido en
roquista luego de 1890, consolidó al roquismo como conglomerado pre-
dominante en la provincia. No obstante, nuevos desafíos pronto erosio-
narían tal fortaleza.
En efecto, la política regional influyó sobre la crisis del orden oli-
gárquico. Los dirigentes cordobeses, partidarios o adversarios de las po-
líticas reformistas, cumplieron un papel destacado durante la primera
década del siglo XX. El acceso, en 1904, de Figueroa Alcorta a la vice-
presidencia argentina significó para los juaristas cordobeses, entonces
opositores en la provincia, la recuperación de un protagonismo nacional

86
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

por años postergado. Ese proceso experimentó un nuevo salto cuando,


al morir Manuel Quintana en 1906, Figueroa asumió como presidente.
Si bien el recorrido que había conducido a Figueroa a la posición alcan-
zada no partía de una posición predominante en la política local, pues
Córdoba sería uno de los últimos reductos del PAN, un juarista cordo-
bés se convertía en la principal figura antiroquista del país.
¿Cómo evolucionó, en ese contexto, la posición de las diferentes ca-
marillas locales? El PAN estuvo al frente del gobierno provincial hasta
que, en 1909, el parlamento nacional autorizó la intervención federal
a la provincia. Este hecho aceleró, según Botana, el derrumbe a esca-
la nacional del roquismo, que perdía uno de sus principales centros de
operaciones (Botana, 1994: 231). Ese desenlace fue precedido por un
paulatino proceso de fortalecimiento local, mediante la convergencia
de diversas camarillas opositoras y el abandono de las filas oficialistas
por parte de otras ligas, de una alianza antiroquista, proceso que generó
condiciones favorables para la ofensiva federal contra los gobernantes
cordobeses.
En ese proceso, iniciado hacia 1900 con la fuga a la oposición de
un sector de ex juaristas, liderados por Figueroa Alcorta, quien pocos
años antes había sido gobernador provincial con el aval de Roca, pueden
desagregarse varios momentos. En el primero, entre 1900 y 1904, se in-
crementó la inestabilidad de los acuerdos entre los grupos gobernantes
pues fueron recurrentes el establecimiento y ruptura de compromisos
entre el gobernante PAN y otras camarillas, pero el roquismo contro-
laba tanto el gobierno nacional como el provincial2, a la vez que se veía
favorecido por la posibilidad de concertar alianzas alternativas con las
restantes fuerzas conservadoras3 (juaristas y clericales), fuertemente dis-
tanciadas entre sí por cuestiones ideológicas. De ese modo, las disiden-
cias no implicaban una amenaza al predominio roquista.
En el segundo, entre 1904 y 1906, el roquismo mantenía sus posicio-
nes en la provincia4, pero el gobierno federal era presidido por Manuel
2
En esta etapa gobernaron la provincia los dirigentes roquistas Donaciano del Campillo
(1898-1901) y José M. Álvarez (1901-1904).
3
Si bien la elección del término “conservador” puede ser objeto de controversias, denominaré
de ese modo a las fuerzas políticas que, antes y después de la sanción de la ley Sáenz Peña,
agrupaban a las élites beneficiarias del régimen político anterior a 1912.
4
Esta etapa coincide con el gobierno del roquista José V. de Olmos (1904-1907).

87
Javier Moyano

Quintana. Aunque hubo acuerdos de coexistencia, basados en el respe-


to al status quo, con el amenazante gobierno nacional, la posición del
oficialismo cordobés ya no era tan cómoda como antaño. La distancia
que el nuevo mandatario nacional tomó de su antecesor favoreció las
primeras experiencias de convergencia de los antiroquistas cordobeses.
El figueroísmo, los grupos católicos y un pellegrinismo que, tras reclutar
a sectores de origen juarista, comenzaba a organizarse en Córdoba, bus-
caron ubicarse bajo el ala del gobierno federal. La tendencia a la unidad
opositora, que relegó a un plano secundario las diferencias entre clerica-
les y ex juaristas, afectó la capacidad roquista de concertar acuerdos con
grupos confesionales cuando pasaban a la oposición los juaristas, y con
éstos si se rompía la alianza con los primeros.
El tercer momento, entre 1906 y 1908, coincidió con la primera eta-
pa de la presidencia de Figueroa Alcorta5. El nuevo mandatario atacó al
PAN, pero en un primer momento aspiraba a ganar la adhesión de los
gobiernos provinciales por lo que su relación con los roquistas cordo-
beses fluctuó entre recurrentes tensiones y el establecimiento de inesta-
bles compromisos. Incluso la sucesión gubernativa de 1907 se definió a
partir de un acuerdo entre el oficialismo federal y el provincial, al igual
que la confección de la lista de diputados nacionales tras la disolución
del congreso, decretada por Figueroa en 1908. De todos modos, esta
etapa se caracterizó por el fortalecimiento en la provincia del figueroís-
mo, grupo que finalmente aglutinó a todas las camarillas conservadoras
rivales del PAN; y por una mediana retracción del roquismo, el cual,
sin embargo, era aún la fuerza política más poderosa en Córdoba, pues
eran roquistas quienes llegaron a desempeñarse como gobernadores y la
mayoría de los parlamentarios.
En un cuarto momento, entre 1908 y 1909, el roquismo local, cuya
relación con el oficialismo federal sufrió un progresivo deterioro que
impidió la posibilidad de renovar anteriores acuerdos de coexistencia,
resignó sus posiciones en la municipalidad de Córdoba y en el gobierno
provincial. Luego de que una alianza opositora -que obtuvo la adhesión
de amplios sectores sociales disconformes con las políticas fiscales del
oficialismo, la participación del conjunto de las fuerzas conservadoras
5
Esta etapa coincidió con el último tramo del mandato del gobernador José V. de Olmos, y con
la primera etapa de la gestión gubernativa de José Ortiz y Herrera, también roquista.

88
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

rivales del roquismo, y un moderado apoyo del gobierno federal- desalo-


jara al PAN del municipio capitalino a principios de 1909, Figueroa Al-
corta se decidió a promover la intervención federal a la provincia. Cabe
concluir que aunque, hacia 1900, los enfrentamientos entre roquistas
y figueroistas cordobeses se presentaban como la renovación del juego
pendular de alianzas que el PAN establecía con otras fuerzas conserva-
doras, las consecuencias del enfrentamiento trascenderían ampliamente
ese juego pendular, pues el golpe de gracia contra las posiciones ro-
quistas en Córdoba sería dado por una intervención federal durante la
presidencia de Figueroa Alcorta.
Tras concretarse la intervención federal en agosto de 1909, una coa-
lición de conservadores, rivales del roquismo, vio allanado su camino a
la gobernación provincial. En la etapa transcurrida entre el desalojo del
roquismo del gobierno y la sanción de la ley Sáenz Peña tuvieron lugar
sucesivos intentos de estabilizar una alianza oficialista que reuniera a la
mayoría de los conservadores cordobeses, condición imprescindible para
afrontar la irrupción en la arena electoral del radicalismo, partido que,
tras el dictado de la nueva legislación, abandonaba su anterior estrategia
abstencionista.

La política cordobesa tras la sanción de la ley Sáenz Peña

Tras la reforma electoral de 1912, los conservadores argentinos for-


maron partidos provinciales con “fuertes tendencias centrífugas” (Gallo,
1994: 11-13) debido al previo eclipse de la unificadora figura de Roca y,
luego de 1916, a la pérdida de los recursos federales que utilizaban para
dirimir disputas. El éxito de esas agrupaciones para afrontar el desafío
del radicalismo fue variable.
En Córdoba, en donde una convención constituyente adaptó la carta
magna a la nueva normativa federal pues estableció garantías a la emi-
sión del sufragio similares a las de la ley nacional y dispuso la presencia
de la minoría en la cámara baja, los grupos dirigentes del régimen oli-
gárquico tuvieron mayor éxito que a nivel nacional en su desempeño
electoral luego de 1912. Conservadores y radicales alternaron en el con-
trol de la administración provincial durante los tres lustros en que, tras
el acceso de Yrigoyen a la presidencia argentina en 1916, el radicalismo

89
Javier Moyano

estuvo al frente del gobierno federal. Aunque sus triunfos electorales


eran ajustados, los primeros tuvieron preponderancia, pues los radicales
sólo gobernaron la provincia entre 1916 y 1919, y entre 1928 y 1930.
(Cárcano, 1963: 214; Sánchez, 1968: 189; Ortiz, 1992)
Varias etapas pueden distinguirse en ese proceso. Entre 1912 y 1916,
los conservadores mantuvieron el control del gobierno cordobés. Ante
los comicios gubernativos de fines de 1912, la mayor parte de las cama-
rillas conservadoras confluyeron en una alianza, la Concentración Po-
pular, que postuló como candidato a gobernador al dirigente liberal Ra-
món J. Cárcano. Esta alianza venció ajustadamente al radicalismo, que
también había incorporado a antiguos conservadores. Aunque una parte
de la dirigencia aún fluctuaba en sus adhesiones políticas, comenzaba
a definirse un sistema de partidos polarizado entre el radicalismo y la
nueva alianza conservadora que dejaba atrás su fragmentación anterior.
A principios de 1914, los grupos que habían participado en la Concen-
tración Popular fundaban el Partido Demócrata.
La creación de ese partido no alcanzó para frenar el triunfo radical
en las elecciones gubernativas de fines de 1915, pocos meses antes de las
presidenciales que ungieron a Yrigoyen como primer mandatario nacio-
nal. Pero los radicales, que habían cedido las candidaturas a gobernador
y vicegobernador a dirigentes clericales con pasado conservador, sufrie-
ron una escisión poco tiempo después. La división lesionó las posibili-
dades radicales de consolidarse como partido oficialista. Otros factores
que erosionaron la posición del nuevo oficialismo local fueron su falta
de respuesta ante los conflictos sociales originados por la crisis econó-
mica de 1914, y su postura recalcitrante ante la escalada de disputas
ideológicas que precedieron y sucedieron a la reforma universitaria de
1918. En los comicios gubernativos de fines de 1918, los conservadores
recuperaban el control de la administración provincial.
La victoria demócrata en 1918 implicó que, por primera vez, la pro-
vincia tendría un gobierno conservador en un país administrado por
radicales. Esa situación se prolongó hasta 1928, cuando los radicales re-
cuperaron el gobierno de Córdoba. En la etapa transcurrida entre 1919
y 1928 se distinguen varios momentos. Entre 1919 y 1921 se mantuvo
una mediana paridad en el caudal electoral de demócratas y radicales,
aunque dado que la legislación asignaba al partido derrotado sólo un

90
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

tercio de los diputados y prescribía la representación de un sólo sena-


dor por departamento, los demócratas consiguieron una cantidad mu-
cho mayor de escaños legislativos que sus rivales. Entre 1921 y 1924,
el radicalismo reeditó su estrategia de abstencionismo electoral. En ese
lapso, el radicalismo sólo postuló candidatos en comicios para designar
diputados nacionales y electores presidenciales. Por ello los demócratas
controlaron los espacios institucionales sin enfrentar desafíos electorales
de peso. Tras el abandono radical, con motivo de la reglamentación de
algunos artículos constitucionales reformados en 1923, de su política
abstencionista en el transcurso de 1924, demócratas y radicales volvían
a polarizar las preferencias ciudadanas cuando se efectuaban comicios.
Si bien el Partido Demócrata se impuso en las elecciones de gobernador,
no pudo repetir similar resultado en las legislativas de 1925, resignando
su mayoría en las cámaras. En 1928 el radicalismo triunfaba en comicios
gubernativos y accedía por segunda vez al gobierno provincial, a cuyo
frente se mantuvo hasta el golpe militar de 1930.
¿Cuál fue el lugar de los dirigentes cordobeses en el concierto nacio-
nal luego de 1912? La paridad de fuerzas, así como la importancia rela-
tiva de Córdoba derivada de su número de electores presidenciales y di-
putados federales, convirtieron a la provincia en un territorio de disputa
entre radicales y conservadores. De ello derivó una fuerte articulación
entre política provincial y nacional, y una significativa proyección de di-
rigentes cordobeses sobre espacios federales. La atención sobre Córdo-
ba de la dirigencia nacional fue permanente en el caso del radicalismo,
organizado de manera más centralizada que las inestables alianzas fe-
derativas que establecían las fuerzas conservadoras. Incluso en 1912 los
radicales, en su discurso público, presentaban a los comicios cordobeses
como campo de experimentación del ejercicio pleno de la ciudadanía,
y como el inicio de una tendencia de alcance nacional que sería difícil
detener (Revista Argentina de Ciencias Políticas, 1912: 348). En tanto,
el conservador Partido Demócrata participó, manteniendo autonomía
organizativa, en coaliciones conservadoras nacionales en las tres eleccio-
nes presidenciales que tuvieron lugar entre 1916 y 1930.
A partir de esa situación, dirigentes cordobeses tuvieron protago-
nismo nacional, tanto entre los radicales como entre los conservadores.
Entre los radicales, Elpidio González fue titular de diferentes carteras

91
Javier Moyano

durante las dos presidencias de Yrigoyen; Eufrasio Loza, dirigente con


pasado conservador y gobernador de Córdoba entre 1916 y 1917, fue
ministro de Obras Públicas durante la gestión presidencial de Alvear; y
Carlos Rodríguez, también antiguo dirigente conservador, fue ministro
de Agricultura al final del primer gobierno de Yrigoyen. Además de la
integración de cordobeses en los gabinetes ministeriales de Yrigoyen
y Alvear, dos de los tres vicepresidentes designados entre 1916 y 1930
eran oriundos de la provincia. Elpidio González fue vicepresidente de la
nación entre 1922 y 1928, mientras que Enrique Martínez desempeñó
similares funciones entre 1928 y 1930.
Entre los conservadores, Rafael Núñez, gobernador de Córdoba en-
tre 1919 y 1921, fue uno de los dos candidatos a vicepresidente que la
alianza opositora levantó en 1922, mientras que Julio A. Roca (hijo),
gobernador entre 1922 y 1925, presidió el Partido Demócrata Progre-
sista que en 1916 enfrentó al radicalismo en elecciones presidenciales, y
la “Coalición de Derechas” que en los comicios presidenciales de 1928
apoyó a los candidatos alvearistas que competían con Yrigoyen, y fue
titular del bloque de diputados nacionales conservadores en la década de
1920. En 1931, en las primeras elecciones presidenciales que siguieron
al golpe de estado de 1930, Roca sería designado vicepresidente de la
Nación.
La incidencia nacional del éxito o fracaso electoral en Córdoba era
percibida por los actores. Por ejemplo, en un documento de la Confe-
deración de Partidos de Derecha, previo a las elecciones cordobesas de
1928, se afirmaba que una derrota en Córdoba pondría fin a la contien-
da por la presidencia.6 Todo ello favorecía las posibilidades de dirigentes
cordobeses de convertirse en figuras nacionales.

A modo de conclusión

Durante la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX


tuvieron lugar un conjunto de transformaciones espaciales, económicas,
sociales y políticas en el actual territorio argentino. Con la definitiva

6
Archivo General de la Nación, Fondo Julio A. Roca (h.), s./f.

92
Política y sociedad en Córdoba (1870-1930)

configuración de un espacio nacional confluyeron un acelerado proceso


de crecimiento económico, de modernización y diversificación social,
conjuntamente con la instauración y crisis de un ordenamiento político
de tipo oligárquico. La provincia de Córdoba ejerció un papel protagó-
nico en ese proceso, pues una parte de su territorio formó parte de la
dinámica región pampeana, experimentando por ello las consecuencias
del crecimiento económico y de la complejización de las estructuras so-
ciales, mientras que, durante varias décadas, sus dirigencias políticas in-
cidieron de modo significativo en las disputas por el poder que tuvieron
lugar a escala nacional.

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Revista Argentina de Ciencias Políticas (1912) Tomo IV.

94
Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito acadé-
mico de la ciudad de Córdoba (1870-1920)1

Gabriela Cecchetto

Introducción: Preguntas y abordajes

¿De qué manera se fueron construyendo saberes sobre el territorio


en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba? ¿Cómo se desarrolla-
ron los procesos de producción de la narrativa territorial que fueron
constituyendo estos saberes, y sentando las bases para la instituciona-
lización de la disciplina geográfica a diferentes niveles? ¿Qué contexto
hizo posible el desarrollo de esos procesos? ¿Hacia dónde apuntaron sus
primeros intereses en investigación y docencia? Y a su vez, ¿qué aporta-
ban los saberes sobre el territorio a los procesos económicos, políticos y
sociales en curso durante la segunda mitad del siglo XIX?
Estas preguntas, y muchas otras, son las que enmarcan este trabajo,
que se interesa en las condiciones en que se van construyendo los saberes
sobre el territorio en Córdoba, cómo éstos se fueron institucionalizando
en la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba (ANC) y en otros
ámbitos científicos, y en qué medida estos saberes aportaron y legitima-
ron la construcción de una narrativa territorial sobre el estado-nación.

1
Parte de estas ideas fueron desarrolladas en la ponencia La construcción de prácticas y saberes
geográficos en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba, 1870-1920, presentada en las Primeras
Jornadas Nacionales de Historia de Córdoba, CIFFyH, UNC. Córdoba, 7 y 8 de mayo de
2009.

95
Gabriela Cecchetto

A partir de la lectura de textos de autores que desde un abordaje


postcolonial analizan los procesos históricos latinoamericanos (Lander,
2000; Dussel, 2000; Mignolo, 2000; Coronil, 2000; Escobar, 2000), se
intenta ensayar respuestas a los interrogantes planteados en el marco de
los estudios de la Historia Social de la Geografía, línea de trabajo que
se ha preocupado por indagar el proceso de institucionalización de la
Geografía en el contexto de los proyectos imperiales y de los procesos
de formación estatal nacional (Smith, Godlweska, 1994; Godlweska,
1999; Hooson, 1994; Escolar, Quintero Palacios, Reboratti, 1994; No-
gué, Villanova, 1999; Driver, 2001; Smith, 2003; Moraes, 2002).
Influenciados por la obra de Michel Foucault, los geógrafos postco-
loniales han trabajado la tríada espacio, conocimiento y poder, que se
constituye en uno de los fundamentos con que abordan los procesos
socio-espaciales. Las investigaciones desde la perspectiva postcolonial
demuestran la influencia que habría tenido el interés por la apropiación
de los territorios coloniales en las distintas instancias de instituciona-
lización de la Geografía en las metrópolis. En esta perspectiva se des-
taca el papel del conocimiento como forma de construcción de poder.
Al mismo tiempo, el foco en el conocimiento ha permitido también
reflexionar sobre los modos en que las imaginaciones geográficas pro-
ducen mundos sociales: cómo los individuos y las comunidades se en-
tienden a sí mismas y a sus relaciones con los demás sobre/a través del
espacio (Said, 2002; Atkinson, Jackson et al, 2005).
A la vez, los estudios de la Historia Social de la Geografía se pro-
ponen reconstruir el proceso de formación disciplinar en relación con el
contexto social de referencia, relacionando la producción geográfica de
la realidad social con la producción social de la Geografía como institu-
ción y discurso autónomo (Escolar, 1996:64). Varios de estos estudios se
orientaron a analizar el compromiso de las instituciones geográficas en
el proceso de formación del estado, buscando historizar el discurso aca-
démico, ciertas perspectivas teóricas y sus articulaciones, las estrategias y
prácticas corporativas y políticas, a la vez que pretendieron desentrañar
cómo se va consolidando una propuesta de legitimación científica ins-
titucionalizada, “una historia de lo que se dice sobre la naturaleza na-
cional, una historia geográfica de la formación territorial de los estados
nacionales” (Escolar, 1996:141).

96
Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba

Es entonces desde estos abordajes que nos proponemos pensar los


procesos de producción de conocimientos sobre el territorio que co-
mienzan a sistematizarse en discursos y prácticas específicas, y que es-
tarán en la base de los intentos de conformación de la Geografía como
campo disciplinar autónomo en el ámbito de la Universidad Nacional
de Córdoba.
Esta perspectiva nos permite hacer foco no solo en las instituciones
científicas propiamente dichas sino en su producción, en tanto consi-
deramos esta producción como parte de un entramado geopolítico de
época – la división del mundo en dominantes y dominados, en centro y
periferia, y la construcción del territorio estatal en el nivel nacional, en-
tramado que tiene como fundamento al discurso de la modernización y
del progreso (Navarro Floria, 2007). En consecuencia, el proceso que se
busca analizar en este trabajo se inscribe en el proyecto colonialista occi-
dental caracterizado por sus agentes como civilizatorio. Esta contextua-
lización contribuye a explicar la complejidad de las prácticas espaciales
desarrolladas por las instituciones científicas en general y geográficas
en particular, en el marco de la apropiación de los nuevos espacios y del
sometimiento de las poblaciones que habitaban dentro de esos espacios
al orden estatal.
Las elites liberales ilustradas que se consolidan en el poder luego del
período de organización nacional en nuestro país, perseguían incorporar
al país en el proyecto civilizatorio y moderno.
Entender este proyecto, y las acciones tendientes a su implementa-
ción, nos lleva a pensar el concepto de modernidad, y el discurso asumi-
do por las elites burguesas que organizaron los estados nacionales pe-
riféricos. Desde una perspectiva poscolonial, Edgardo Lander sostiene
que esta idea se constituye en un “eje articulador central”, en una noción
que está atravesada por cuatro dimensiones básicas

“que se articulan de manera compleja: 1) la visión universal


de la historia asociada a la idea del progreso…;2) la ‘naturali-
zación’ tanto de las relaciones sociales como de la ‘naturaleza
humana’ de la sociedad liberal-capitalista; 3) la naturalización
u ontologización de las múltiples separaciones propias de esa
sociedad; y 4) la necesaria superioridad de los saberes que

97
Gabriela Cecchetto

produce esa sociedad (‘ciencia’) sobre todo otro saber” (Lan-


der, 2000:22).

En este sentido, el autor sostiene que la asunción por parte de los


grupos dominantes locales del modelo eurocéntrico con eje en las ideas
de modernidad, progreso y ciencia (Lander, 2000:16) se manifiesta en la
búsqueda de “la superación de los rasgos tradicionales y premodernos”
que obstaculizaban el progreso y la transformación de la vieja sociedad
colonial según el modelo de las sociedades liberales-industriales de la
segunda mitad del siglo XIX, instalado como la expresión más avanzada
de la civilización; “(…) un metarrelato universal que lleva a todas las
culturas y a los pueblos desde lo primitivo, lo tradicional, a lo moderno
(…) es por ello el modelo que define a la sociedad moderna” (Lander,
2000:23). Así, cobra sentido el planteo de Walter Mignolo, quien - ana-
lizando la propuesta de Aníbal Quijano- señala que la formación de los
estados nacionales operada a comienzos del siglo XIX en América no
constituyó “un momento de superación de la colonialidad del poder,
sino de su rearticulación, colonialidad del poder que atravesó (y atra-
viesa) todo el proceso de formación estatal nacional, resemantizando
la diferencia colonial (…) creando una estructura de poder (bautizada)
como colonialismo interno” (Mignolo, 2000:18).
Por otra parte, Fernando Coronil desarrolla la categoría de mo-
dernidad subalterna. Retomando los análisis de Henri Lefebvre sobre
construcción social del espacio, y sus concepciones del espacio como
producto de las relaciones sociales, de la naturaleza y de la tierra como
territorio, Coronil sostiene que en la medida en que los paradigmas do-
minantes de la modernidad afirman la primacía del tiempo sobre el es-
pacio y de la cultura sobre la naturaleza, el espacio se convierte en esce-
nario inerte en el cual tienen lugar los eventos históricos, y la naturaleza
en material pasivo con el que los humanos hacen su mundo. Dejando
fuera a la naturaleza en la caracterización teórica de la producción y del
desarrollo del capitalismo y la sociedad moderna, se está igualmente
dejando al espacio fuera de la mirada de la teoría.

“Al hacer abstracción de la naturaleza, de los recursos, del es-


pacio y de los territorios, el desarrollo histórico de la sociedad

98
Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba

moderna y del capitalismo aparece como un proceso interno,


autogenerado, de la sociedad europea, que posteriormente
se expande hacia regiones “atrasadas”. En esta construcción
desaparece del campo de visión el colonialismo como dimen-
sión constitutiva de estas experiencias históricas. Están au-
sentes las relaciones de subordinación de territorios, recursos
y poblaciones del espacio no europeo” (Coronil en Lander,
2000: 35, los destacados corresponden al original).

Así, se invisibiliza la presencia del mundo periférico y sus recursos


en la constitución del capitalismo. Reintroducir el espacio, y fundamen-
talmente hacer visibles las dos exclusiones esenciales implicadas por la
ausencia del espacio: la naturaleza, y la territorialidad como ámbito de
lo político, permite ver “al capitalismo como proceso global, más que
como proceso auto-generado en Europa, y permite incorporar al campo
de visión a las modernidades subalternas” (Coronil en Lander 2000: 36,
los destacados corresponden al original) y reconocer la periferia como
el sitio de la modernidad subalterna.
Desde este lugar crítico, puede pensarse el proceso de exploración,
descripción y clasificación de los territorios a la luz de la taxonomía
moderna como un proceso transcultural de los centros imperiales y las
periferias colonizadas. Esto permite comprender cómo las elites y los
saberes científicos modernos que se impusieron en los nuevos estados-
nación fueron funcionales a un proceso de “división internacional de la
naturaleza (…) base material para la división internacional del trabajo”
(Coronil en Lander, 2000: 36-37).

Estados-nación en construcción e invención del territorio nacional

En este contexto de unificación del mundo2, se incluyen los esfuer-


zos de los gobiernos de las nuevas repúblicas periféricas dirigidos a
elaborar elementos discursivos de legitimación de su poder. Como en
todos los países de formación colonial, los procesos de conquista estatal

2
Los autores poscoloniales, particularmente Walter Mignolo (2000, 2003) parten de la idea de
“sistema mundo” de I. Wallerstein aunque la interpelan, desarrollando los planteos de sistema
mundo moderno/colonial, de modernidad subalterna y de diferencia colonial.

99
Gabriela Cecchetto

del espacio contribuyeron a acentuar el peso del factor territorial - “en


tanto que la colonización es en sí misma un proceso de relación entre
la sociedad y el espacio”- en la formación estatal (Escolar, 1996). La
invención del territorio fue necesaria entonces no sólo a los fines econó-
micos sino también a los fines simbólicos. Dentro del proyecto político
de construcción del estado, su formación y consolidación acarreaba la
apropiación excluyente y exclusiva de un determinado ámbito geográfi-
co y su defensa en el campo internacional como ámbito de dominación
diferenciado de otras unidades nacionales – estatales (Escolar, 1996).
A la vez, y frente a la carencia de formas sociales de identidad y
unidad previas, la tarea de construir el estado-nación argentino precisó
de la configuración de una forma simbólica de cohesión social. En este
contexto, y al igual que en otros países de América Latina, el territo-
rio aparecía no sólo como elemento pasible de adquirir los atributos de
nacionalidad sino como referente para la construcción de la nación3. A
través de los discursos sobre el territorio, el estado conquistador presen-
taba en una misma propuesta, “un proyecto para las élites, un horizonte
referencial unificador de todo el pueblo y también una justificación de
la unidad nacional (…) que en sí misma legitima al estado” (Moraes,
1991: 168-169).
En este marco, se consideraba que el progreso en el campo de las
ciencias (junto con el de la técnica, las industrias y las artes) permitiría
situar a la Argentina en la escena internacional a través de sus avances en
materia económica y cultural, avances que conllevaban la necesidad de
reconocer y consolidar efectivamente su autoridad sobre los territorios
considerados “propios”. Así, los grupos dominantes debieron recono-
cer, ocupar, y colonizar estos territorios, y en este marco se explican las
acciones destinadas a fomentar la producción de conocimiento acer-
ca de los distintos aspectos de su realidad social y natural: colectando,
inventariando, clasificando, midiendo, sistematizando analíticamente,
exponiendo literariamente, representando textual y figurativamente los

3
En el marco de este enfoque, adoptamos la concepción de nación como comunidad imaginada,
como definición de lo público inclusiva de las dimensiones intangibles de la realidad; la nación
como una comunidad política que se imagina inherentemente limitada y soberana (Anderson,
2006).

100
Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba

resultados de la exploración, cartografiando su propio territorio y clasi-


ficando las reservas de recursos humanos y naturales.
De hecho, durante el siglo XIX el estado apoyará las actividades de
investigación y reconocimiento del territorio y de los recursos, en mayor
o menor grado, brindando protección, subsidios, aval institucional y
apoyo personal a diversos sujetos particulares o a instituciones científi-
cas. De este modo, las instituciones científicas de las nuevas formaciones
estatales del siglo XIX se incorporan al proceso y al proyecto colonialista
mundial, reproduciendo la matriz discursiva y práctica de las sociedades
del hemisferio norte e intercambiando con ellas conocimientos y reco-
nocimientos. Como instituciones del imperialismo de la época, las ins-
tituciones científicas latinoamericanas fueron doblemente funcionales:
a la promoción del proceso de apropiación territorial en sus diferentes
dimensiones en el ámbito del estado-nación (colonialismo interno) y al
proceso colonialista mundial.
En este marco, las instituciones geográficas “constituyeron el lugar
privilegiado de la socialización del saber geográfico, de su aplicación
práctica y de su transmisión intelectual” (Capel, 1977:10), y fueron es-
tablecimientos legitimadores de la expansión territorial de los Estados,
generando un saber territorial práctico cercano a la planificación (Zus-
man, 1996), y volcado en un relevamiento estadístico y cartográfico que
constituiría el primer gran sistema de información nacional fundado en
la racionalidad de la idea de progreso y en la representación de un espa-
cio neutro y homogéneo que permitiría codificar y controlar la realidad
social (Escolar, 1996).
Analizar cómo se va construyendo el territorio de los estados na-
ciones y la narrativa sobre los mismos, y cómo los saberes sobre el ter-
ritorio y las instituciones asociadas a la Geografía van consolidando y
formalizando esas prácticas y discursos, permitiría entonces pensar la
disciplina como el “campo disciplinario legitimador de las nacionalida-
des, de los proyectos nacionales, de los sentimientos patrióticos y de las
identidades espaciales, sistematizando, escolarizando y naturalizando la
reflexión estatal sobre la identidad territorial” (Moraes, 1991: 166-167).
A la vez, este enfoque parece apropiado para entender lo que el abordaje
postcolonial plantea como instancia necesaria para desnaturalizar los
procesos de conformación de discursos sobre el territorio y la identi-

101
Gabriela Cecchetto

dad nacional. En efecto, “la ficción nacionalista argentina acerca de la


naturalidad del territorio estatal (…) construida en el siglo XIX en fun-
ción de la conquista y de los conflictos limítrofes con los países vecinos,
contribuyó a encubrir la historicidad, intencionalidad, multicausalidad y
problematicidad del proceso de conformación territorial” (Navarro Flo-
ria, 2007:21).

Saberes sobre el territorio, saberes geográficos y Geografía en la


Universidad Nacional de Córdoba

Por otro lado, la coincidencia entre un ámbito geográfico de domi-


nación del estado y el ámbito geográfico de extensión de la nación sólo
pudo ser producida a partir de acciones políticas y culturales explícitas
de las élites que conformaban los cuadros directivos del estado que esta-
ba construyendo formas de identidad colectiva sustancializadas (Escolar
,1996). Llevar adelante el conjunto de tareas que exigía la conformación
material y simbólica del territorio planteaba la necesidad de contar con
especialistas adecuados para eso. Las ciencias naturales se constituían en
un marco epistemológico que otorgaba cientificidad a esa construcción.
Así, la propuesta de las ciencias positivas y de una universidad mo-
derna que desarrollara investigación científica era requerida por las élites
burguesas dominantes. La generación de discursos legitimados científi-
camente, necesaria para la consolidación del nuevo estado y para llevar
a cabo el proceso de formación material de territorio, requería, como ya
hemos planteado, la recopilación de los antecedentes de reconocimiento
territorial hechos en el período virreinal, por un lado, y la exploración
e igual recopilación de toda la información existente referida a las ca-
racterísticas físicas y potencialidades económicas de este territorio, por
el otro. Finalmente, era necesaria la sistematización del conocimiento
obtenido en las actividades anteriormente señaladas, útil no sólo a los
fines de la valorización económica sino también a los fines de construir
las argumentaciones que servirían para la defensa de las pretensiones
territoriales (cartografía, relatos de viajes) (Zusman, 1996:31).
Es en este contexto que, hacia la década de 1870, un conjunto de es-
trategias político institucionales llevaron a la instauración de un proyec-
to académico en Córdoba tendiente a modernizar el conocimiento

102
Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba

científico producido en esta ciudad. El proyecto hacía pie en la Univer-


sidad Nacional de Córdoba, a la sazón única universidad manejada por
el flamante gobierno nacional, y se proponía favorecer la investigación
y formación en las áreas consideradas las más avanzadas en la época en
Europa y que se asociaban al campo de las ciencias exactas y naturales.
La ciudad y su universidad tuvieron así un papel destacado en la confi-
guración del proyecto científico moderno, en el marco de la propuesta
política y cultural delineada por Domingo Faustino Sarmiento durante
su presidencia (1868-1874).
El desarrollo de los conocimientos en las ciencias naturales se nutría
del reconocimiento del terreno, de la conformación de colecciones de
especies de la fauna y de la flora y del registro estadístico de los procesos
geológicos y climáticos. Ya hemos visto que estas mismas actividades
se articulaban con los intereses políticos del estado en formación, que
se orientaban a apropiarse del territorio pretendido de dominación y a
identificar sus potencialidades económicas, tanto en términos que im-
plicasen la inserción de las regiones exploradas en el proyecto agroex-
portador como en términos que tendieran a desarrollar una propuesta
de minería que permitiera, también por esta vía, incorporarse al merca-
do internacional (Zusman, 2007; Cicercchia, 2006).
Diversos sujetos y saberes (geológicos, mineralógicos, topográficos,
hipsométricos, botánicos y zoológicos) contribuyeron entonces a la pro-
ducción de un conocimiento utilitario sobre el territorio. En este mar-
co epistemológico se va delineando el proyecto de institucionalización
de la Geografía en la Universidad Nacional de Córdoba, una disciplina
que, en el contexto internacional y según los propios intelectuales de
la época, “empieza a despertar la atención general y que alcanzará un
desarrollo colosal dentro de poco tiempo” (IGA, 1882: 286).
Indagar en este proceso hace necesario recurrir a fuentes diversas, no
necesariamente consagradas como geográficas desde el proyecto discipli-
nar moderno, para interpretar los procesos de formación territorial. Es
dentro de este contexto que se diversifican los referentes empíricos. Des-
de los relatos de viajeros y viajeras hasta las representaciones pictográfi-
cas, pasando por los discursos de naturalistas, militares, médicos higie-
nistas y las cartografías, son pasibles de ser sometidos al análisis en tanto
confluyen en la producción material y representacional del territorio.

103
Gabriela Cecchetto

A partir de este enfoque, y de las líneas de trabajo que se derivan del


mismo, retomo las preguntas con que inicié el capítulo, y me planteo
cómo empieza a configurarse el cúmulo de saberes sobre el territorio
que irán penetrando en las diversas instituciones científicas, haciendo
foco en la Universidad Nacional de Córdoba, y de qué manera éstos
comienzan a institucionalizarse. En este marco, es posible destacar tres
ejes significativos de trabajo: los viajes de exploración y reconocimiento
llevados adelante por los recién llegados naturalistas, la apertura de la
filial Córdoba del Instituto Geográfico Argentino (IGA) y la organiza-
ción de la Carrera del Ingeniero Geógrafo.

Los viajes de exploración y reconocimiento.

Los viajes son una práctica espacial que ha ocupado tradicionalmen-


te un lugar central en el quehacer geográfico; ellos han creado y confi-
gurado conocimiento sobre el territorio de diversas maneras. Los viajes
de exploración son uno de los tópicos dominantes de la Geografía, “en
tanto ésta se ocupa centralmente de producir información sobre ‘otros
lugares’” (Crang, 2005:35). Estudiar los relatos y las representaciones
territoriales construidas desde los viajes permite abrir la reflexión sobre
varias cuestiones: en primer lugar, las nociones de expediciones y viajes
de campo sugieren una línea de trabajo continuo que está permanente-
mente poniendo en juego la noción de acumulación de conocimiento
sobre un mundo “extraño”; más aún, es el viaje el que otorga validez a
ese conocimiento. En segundo lugar, permite hacer foco en los vínculos
de la Geografía y sus instituciones con el imperialismo. Por último, nos
plantea también la posibilidad de pensar no sólo en los lugares recorri-
dos, sino en el modo en que su conocimiento configura nuestra noción
de los viajeros, centrarnos no tanto en los objetos de conocimiento sino
en los sujetos que están produciendo esos saberes (Crang, 2005: 35).
Teniendo en cuenta estas ideas, es que destacamos la importancia de
estudiar los resultados de los viajes de exploración llevados adelante por
los naturalistas de la Universidad Nacional de Córdoba, como insumo
fundamental para analizar la relación entre las tareas de estos científicos
y el proyecto de apropiación territorial del estado nación.

104
Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba

La creación -a partir de 1869- de un área de estudios de ciencias


naturales dentro de la Universidad Nacional de Córdoba, cuyo objetivo
era relevar, inventariar e investigar los recursos naturales y la diversidad
biológica del territorio nacional, trajo aparejada la necesidad de reco-
nocer el territorio: viajar, explorar y cartografiar. Esta área de estudios,
que luego devendrá la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas (1878),
estuvo sostenida desde sus inicios por científicos extranjeros provenien-
tes de universidades alemanas. En el contrato que firmaban los investi-
gadores se estipulaba la necesidad de efectuar viajes de reconocimiento
y exploración del territorio. Así, estos viajes fueron una práctica soste-
nida desde sus inicios (1871); los científicos contratados comienzan a
realizarlos de forma casi voluntaria y al margen de cualquier estructura
orgánica, reproduciendo una modalidad muy difundida en los ámbitos
de investigación científica europea. A su vez, la caracterización y siste-
matización de todos los aspectos “naturales” del territorio iba asociada a
la confección de mapas y de atlas que permitieran sintetizar la informa-
ción reunida sobre cada especialidad (Tognetti, 2004).
Entre 1871 y 1900 se realizan casi 50 exploraciones, organizadas
desde la Universidad Nacional de Córdoba.
De acuerdo a los intereses del estado y de los propios científicos,
los objetivos de los viajes eran diversos: caracterizar el territorio en sus
distintos aspectos, identificar las especies nuevas (y la procedencia de
las conocidas pero cuyo origen se ignoraba, catalogar las especies para
registrar aquellas con valor comercial), brindar asesoría técnica sobre
aspectos de interés público, estudiar la calidad de materiales a emplearse
en grandes obras (Tognetti, 2004: 60). Al interés del gobierno nacional
por una descripción física completa y precisa del territorio de los nue-
vos estados se sumaba el propio interés de los científicos por descubrir
ejemplares “exóticos” (Tognetti, 2004:62).
Las exploraciones se expanden por el pretendido territorio de domi-
nación4. De acuerdo a la sistematización hecha por Tognetti, la mayoría
se efectuaron en la propia provincia de Córdoba, en la región serrana,
cuyo aislamiento relativo pese a la proximidad con la ciudad, la hacían
muy conveniente a la hora de buscar material original y de adquirir
4
A partir de los boletines y otras publicaciones de la ANC, Tognetti identifica y describe los
viajes de cada científico a diferentes regiones del país (Tognetti, 2004: 89 - 120).

105
Gabriela Cecchetto

entrenamiento para viajes más prolongados y complicados. De hecho,


los primeros estudios de la diversidad biológica comienzan con excur-
siones cerca de la Ciudad de Córdoba que los científicos realizan du-
rante los fines de semana mientras van adaptándose al nuevo lugar. Los
viajes a la precordillera y a la cordillera siguen en importancia a los de
Córdoba, en tanto que la región noreste convoca pocas pero importan-
tes exploraciones.
En este campo adquiere importancia el análisis de las modalidades,
destinos, itinerarios y objetivos de los viajes. Los relatos que se producen
a partir de los mismos, van consolidando discursos sobre el territorio
reconocido, definiendo “objetos” o instalando cuestiones geográficas es-
pecíficas. Indagar en este eje de trabajo hará necesario analizar detalla-
damente la secuencia y los relatos hechos por los viajeros.

La apertura de la filial Córdoba del Instituto Geográfico Argentino

Los viajes de exploración empiezan a instalar cierto interés por cons-


truir espacios de intercambio, reflexión y discusión sobre cuestiones que
en la época se llamaron geográficas. Éstas daban cuenta de la preocupa-
ción de ciertos grupos por ligar saberes sistematizados sobre el territo-
rio con cuestiones como la legitimación de los proyectos nacionales, los
sentimientos patrióticos y las identidades espaciales, en un proceso de
naturalización de la reflexión estatal sobre la identidad territorial (Mo-
raes, 1991).
En este marco, y en un contexto donde la exploración es vista como
fundamental para estimular el “progreso” argentino, la formación de una
institución que se “encargue de la exploración y descripción de territo-
rios, costas, islas y mares adyacentes a la República Argentina aparecía
como imperativa” (Zusman, 1996:31).
A instancias del abogado Estanislao Zeballos se organiza en 1879 el
Instituto Geográfico Argentino (IGA), apenas unos meses antes de la
campaña al desierto. Aparte del objetivo primordial de explorar y des-
cribir territorios, el IGA planteaba como otro propósito explícito el de
la promoción del establecimiento de secciones filiales en todo el país,
la publicación de una revista, y el asesoramiento al gobierno nacional
(Zusman, 1996:32).

106
Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba

En línea con estos propósitos, en 1882 se crea la filial Córdoba del


IGA, organizada bajo la dirección del ingeniero prusiano Arturo Seels-
trang, miembro de la Academia Nacional de Ciencias y docente de la
Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas. En su primera asamblea del
21 de octubre de 1882 participaron Oscar y Adolfo Doering, Eugenio
Bachman, Luis Brakebusch, Jorge Hieronymus, Arturo Seelstrang, el
Dr. Guzmán y los Ingenieros Tedin y Arana, así como también “astró-
nomos de nuestro observatorio y otros que han levantado a su última
perfección la ciencia matemática y geográfica” (IGA, 1882:390, el des-
tacado es nuestro). Es interesante señalar el predominio de naturalistas,
ligados a instituciones académicas de origen extranjero en la sede Cór-
doba, a diferencia de la composición del IGA Buenos Aires, donde pre-
dominaban militares y estaban ausentes los naturalistas. En este marco,
la adscripción de numerosos académicos al IGA Córdoba constituye un
aporte específico a esta sociedad geográfica (Cecchetto, 2005:15).
En el discurso inaugural de la institución el propio presidente Ar-
turo Seelstrang expresa su concepción de la Geografía, próxima a las
propuestas ratzelianas en la medida que supone el estudio de las carac-
terísticas del medio, sus habitantes y las relaciones de adaptación de las
poblaciones al medio (Zusman, Cecchetto, Valiente, 2008:8).

“(…) a los objetos de esta ciencia, no basta la enumeración


de los ríos y sierras que posea un país, ni el conocimiento de
la posición de los pueblos y de sus medios de comunicación;
es menester también darse cuenta de sus pobladores y de las
costumbres de ellos, de las fuentes de subsistencia, y de los
productos de su industria. (…) cómo cada nación llegó a formar
ese conjunto de modales y de caracteres que la distinguen de las
vecinas, bajo las condiciones especiales de su suelo, de su clima y
demás accesorios que influyen sobre el desarrollo de la vida huma-
na. (…) como nos hemos propuesto propagar con todos los
medios a nuestro alcance el estudio y reconocimiento de este
país, es evidente que no hay que limitarnos solo a su geografía
propiamente dicha, sino que de igual modo tenemos nuestras mi-
ras a las costumbres de sus habitantes actuales y á los objetos que
atestiguan la vida doméstica y el estado de cultura de los poblado-
res antiguos.” (IGA, 1882: 392, el destacado es nuestro).

107
Gabriela Cecchetto

Un año después se crea, dentro del Instituto, la Oficina Cartográfica


de Córdoba dirigida por el propio Seelstrang, con el objetivo de dotar
al país de una carta geográfica “lo más exacta posible” (IGA, 1883:156).
Por tal motivo, la Comisión Directiva del Instituto Geográfico Argen-
tino resolvía:

“Art. 1. Proceder a la impresión del Atlas Geográfico de la


República sobre la base de los trabajos verificados por la
Oficina Cartográfica del “Instituto Geográfico Argentino”,
y bajo la dirección de la Comisión encargada de la construc-
ción del Mapa General de aquella” (IGA, 1883:156).

La producción de un Atlas de la República Argentina5 se constituía


en una forma de inventariar los conocimientos que se poseían sobre el
territorio nacional y de poder ejercer el dominio (al menos nominal)
sobre aquellos ámbitos no totalmente incorporados al estado. Su dis-
ponibilidad fue vista como instrumento de gobierno, junto con el censo
y el catastro. A partir de la cartografía se constituía también una ima-
gen homogénea y uniforme del espacio que contribuía a la creación de
la comunidad imaginada de la nación (Zusman, Cecchetto, Valiente,
2008:9).
Al igual que en otras organizaciones de este tipo, es posible entender
el ámbito del IGA, y específicamente su filial Córdoba, no sólo como
un establecimiento legitimador de la expansión territorial de los Esta-
dos, sino también “de socialización del saber geográfico, de su aplicación
práctica y de su transmisión intelectual” (Capel, 1977:10).

5
El Atlas estuvo constituido por 20 mapas: uno de América del sur, dos de la República
Argentina y luego un conjunto de cartas de las provincias y territorios nacionales. La primera
entrega fue realizada en el año de 1885 y la obra se finalizó en 1892 (Goicoechea, 1970:17).

108
Prácticas y saberes sobre el territorio en el ámbito académico de la ciudad de Córdoba

La Carrera de Ingeniero Geógrafo

A partir de la creación, en 1892, de la carrera de Ingeniero Geógrafo,


en el marco de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, apa-
rece lo que puede considerarse ya un sujeto geógrafo identificable en el
país6 con un perfil profesional orientado al registro de las características
del terreno a través de instrumentos de precisión.
La experiencia institucional del Ingeniero Geógrafo será analizada
en mayor profundidad en el capítulo siguiente, por lo que en esta instan-
cia interesa caracterizar de modo general su perfil profesional. Mendoza
Vargas (2001); Moncada Maya, Escamilla Herrera (2003) han discutido
largamente el papel los ingenieros geógrafos en la tarea de demarcación
del ámbito geográfico de dominación de los estados. La carrera de inge-
niero geógrafo contaba con una tradición, y había tenido carácter emi-
nentemente tecnológico y de aplicación de técnicas en la construcción
de sistemas de fortificaciones y grandes complejos infraestructurales en
general ya durante la época colonial (Villar, 1992).
En algunos países latinoamericanos el curso de ingeniero geógrafo
se conformó después de los procesos de independencia, y la actuación de
los ingenieros geógrafos fue “imaginada como (la del) especialista para
el conocimiento del territorio a través de la instrumentación, aplicación
y precisión” (Mendoza Vargas, 2001: 126). En el marco académico, se
dio cabida a la profesión del ingeniero geógrafo como el especialista del
territorio, responsable del diseño y la creación del mapa. De hecho se
consideraban como atributos profesionales de esta especialidad la ela-
boración de mapas topográficos, la determinación de coordenadas con
valores universales, el desarrollo de trabajos asociados a la determinación
de límites internacionales. Estos trabajos se sumaban a la necesidad de
apoyar el reconocimiento del territorio, la activación de la industria y
explotación de los recursos económicos.
De esta manera, hacia 1900 se delinearían en la Universidad Na-
cional de Córdoba o en ámbitos asociados a ella, como el IGA, dos
formas de reconocimiento territorial asociadas a dos maneras de produ-
6
Experiencias similares en la época tuvieron lugar en la Universidad de Buenos Aires, en
1878 [http://www.fi.uba.ar/institucional/index.php?m=135], y en la Universidad Nacional de
la Plata, en 1907 (Villar, 1992).

109
Gabriela Cecchetto

cir conocimiento sobre el territorio. Mientras que la primera presenta


un carácter descriptivo, utilizando centralmente los procedimientos de
exploración, inventario y la colección para su desarrollo, en la segunda
habrían utilizado el relevamiento a través de la medición, a través de
procedimientos de carácter geométrico y matemático (Zusman, Cec-
chetto, Valiente, 2008). En este marco, podría entonces plantearse que
distintos sujetos se adscribieron a cada una de estas líneas y fueron de-
sarrollando propuestas epistemológicas diferenciadas en un proceso que
va configurando lentamente la tradición disciplinar en el ámbito de la
Universidad Nacional de Córdoba.

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112
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Na-
cional de Córdoba en el marco del proyecto territorial es-
tatal. Planes de estudio y tensiones en torno a las compe-
tencias profesionales (1892-1922)

Gabriela Cecchetto
Lisandro Barrionuevo

Contextos, instituciones y saberes

Indagar sobre la institucionalización de la Geografía en la Universi-


dad Nacional de Córdoba supone reconstruir un largo y atípico proceso
que comienza en el último tercio del siglo XIX y se concreta recién a co-
mienzos del siglo XXI, dando cuenta de un desarrollo diferenciado del
que se siguió en la mayoría de las universidades nacionales que cuentan
con la especialización disciplinar.
En este marco, explorar cómo se insertan los saberes sobre el territo-
rio en el proyecto político y académico implementado en Córdoba entre
fines del siglo XIX y comienzos de siglo XX supone identificar el modo
en que ellos -desarrollados a partir del reconocimiento e investigación
de los recursos naturales y de la diversidad biológica- van teniendo ex-
presión institucional y académica.
Hacia 1870, la necesidad de conformar el estado nacional (con la
consiguiente subordinación de las autonomías provinciales), va acom-
pañada por acciones claras encaminadas a organizarlo institucional y
jurídicamente, de modo de consolidar el régimen de gobierno de sesgo

113
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

liberal. A la vez, el proceso de integración del territorio de pretendida


dominación acompaña estrechamente este proceso. La consolidación
de estado con nuevas instituciones y recursos acrecentó las condicio-
nes para afianzar su dominación en regiones recientemente apropiadas
y, recíprocamente, la incorporación de nuevas tierras a la producción
permitía la obtención de fuentes de recursos que aportaban a la consoli-
dación institucional del estado. En este sentido, al tiempo que avanzaba
el proceso de unificación del estado nacional se profundizaba la moder-
nización de la economía y la sociedad. En algunas regiones del país esta
modernización estaba ligada a la difusión de una producción de tipo
capitalista, y a una nueva forma de integración al mercado internacional,
centrada en la agroexportación. En este contexto, la elite liberal argenti-
na de la segunda mitad del siglo XIX consideraba que la incorporación
de Córdoba al proceso de formación del territorio del estado nación
podría realizarse a través de la extensión de infraestructuras materiales
como el ferrocarril y el telégrafo. Ello aseguraría la participación del es-
pacio provincial, en primer lugar, en el comercio exterior, conectándolo
con los puertos de Buenos Aires y Rosario; en segundo lugar, lo tornaría
receptor de los productos comerciales del interior y puerto de salida de
los bienes del interior al mercado externo. Pero el tendido ferroviario
también incentivaría la colonización agrícola con características capi-
talistas, particularmente en las regiones sudeste y este de la provincia
(Cicerchia, 2006: 51).
En este marco, hacia fines de la década de 1860, un conjunto de es-
trategias político institucionales motorizadas por Domingo F. Sarmien-
to, a la sazón Presidente de la Nación, llevaron a la instauración de un
proyecto académico en Córdoba tendiente a modernizar el conocimien-
to científico producido en esta ciudad. Con este dispositivo, Sarmiento
ponía en juego en Córdoba - y en su Universidad (única bajo la jurisdic-
ción del gobierno nacional)- su propuesta para el desarrollo del interior
del país. En efecto, Sarmiento le asignaba a Córdoba el papel de ser el
centro de su proyecto político-cultural. En este contexto, a lo largo de
la década de 1870 se produce la creación y consolidación de institucio-
nes como la Sociedad Entomológica Argentina, la Sociedad Zoológica
Argentina (1873), el Observatorio Astronómico Nacional (1871), la Fa-

114
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

cultad de Ciencias Físico-Matemáticas (1876) y la Academia Nacional


de Ciencias (1878)1.
Así, se ponía también en evidencia el lugar estratégico que Sarmien-
to le atribuía a la ciencia moderna para el desarrollo económico del país.
En efecto, promover la modernización del conocimiento significaba de-
jar de lado el saber escolástico2 y favorecer la investigación y formación
en las áreas consideradas las más avanzadas en ese momento en Europa,
y que se asociaban al campo de las ciencias exactas y naturales, a la vez
que, desde la academia, se promovía la formación de profesores de cien-
cias para la enseñanza media y superior.
El desarrollo de los conocimientos en las ciencias naturales se nutría
del reconocimiento del terreno, de la conformación de colecciones de
especies de la fauna y de la flora y del registro estadístico de los procesos
geológicos y climáticos. Pero estas actividades se articulaban con los in-
tereses políticos del estado en formación. Estos intereses se orientaban
a apropiarse del territorio pretendido de dominación y a identificar sus
potencialidades económicas, tanto en términos que implicasen la inser-
ción en el proyecto agroexportador como en términos que tendieran a
desarrollar una propuesta de minería que permitiera, también por esta
vía, incorporarse al mercado internacional (Zusman, Cecchetto, Valien-
te, 2008:6).
En este contexto se entiende que entre los propósitos explícitos de la
creación de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba estuvieran,
además de la formación científica y la de profesores para la enseñanza de
las Ciencias, el de la exploración del territorio nacional “y hacer conocer
las riquezas naturales del país” (Garzón, 1951:44).
Este último objetivo será luego ampliado en un trabajo publicado
en el Boletín del Instituto Geográfico Argentino. En efecto, en 1882, los
científicos alemanes Luis Brackebusch y Arturo Seelstrang, en su artí-
culo “Ideas para la exploración científica del Noroeste de la República”,
reconocían que el fin inmediato de los viajes de exploración era produ-
cir un conocimiento que sirviera para poner en valor el territorio. Esta
1
Las condiciones de creación y funcionamiento de ambas instituciones han sido rigurosa y
exhaustivamente investigadas por Luis Tognetti (2005).
2
Dando lugar, en palabras de Cicerchia, al “proceso secularizador más importante de la historia
argentina” (Cicerchia, 2006:95).

115
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

puesta en valor permitiría sacar al país del atraso, objetivo que, desde el
punto de vista de los autores, no se habría logrado plenamente con la
extensión del ferrocarril (Brackebush y Seelstrang, 1882: 313, citado en
Tognetti, 2005: 102).
Es desde esta perspectiva que Tognetti (2005: 103) destaca la re-
levancia de los viajes de los científicos que formaban parte de la red
de instituciones académicas de la ciudad de Córdoba. Específicamente
estos viajes se orientaron a identificar áreas donde podrían encontrarse
minerales (como el carbón de piedra) que pudieran satisfacer las necesi-
dades energéticas del país, a realizar asesorías técnicas para suministrar
agua a ciudades, a catalogar especies de la fauna y la flora con valor
comercial y a analizar las condiciones de las áreas sobre las cuales se
extenderían las vías del Ferrocarril Central del Norte. Diversos sujetos
y saberes contribuyeron entonces a la producción de un conocimiento
utilitario sobre el territorio. En este marco epistemológico se va deli-
neando el proyecto de institucionalización de la Geografía (Cecchetto,
2005; Zusman, Cecchetto, Valiente, 2008).

Los ingenieros geógrafos

Teniendo en cuenta las necesidades de reconocimiento territorial y


de extensión de infraestructuras (ferrocarriles, canales de regadío, cami-
nos y represas), es posible entender que sea en el campo de las ingenierí-
as donde se desarrolla y sostiene durante 30 años la primera carrera con
rótulo geográfico en la Universidad Nacional de Córdoba3. En 1892 se
abre la carrera de Ingeniero Geógrafo, ligada al desarrollo de la Carrera
de Ingeniero Civil, en el marco de un proceso de consolidación y diver-

3
La enseñanza de la Geografía en la UNC es mencionada por Germán Burmeister en su
gira de reconocimiento por la Ciudad de Córdoba. Burmeister señala que en esta universidad
se dictan las materias: Jurisprudencia, Teología, Matemáticas, Derecho Canónico, Filosofía y
Gramática. Además, afirma que algunos docentes extraordinarios enseñan Idiomas modernos,
Pintura y Geografía. Burmeister señala esta situación al quejarse del carácter poco teórico y
el peso de la Teología que tiene la enseñanza en la institución (Burmeister, 1943, II:63, los
destacados son nuestros).

116
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

sificación de las especialidades en ingeniería iniciado hacia 1880 en la


Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la UNC4.
Este proceso se afirma a partir del desplazamiento ocurrido en estas
unidades académicas, “creadas para abarcar el conjunto de las disciplinas
relacionadas con las ciencias naturales en las que entre 1870 y 1890 pre-
dominó el interés por el conocimiento científico mismo”, pero en las que
hacia fines de siglo se “produjo un giro hacia los conocimientos técnicos
y las aplicaciones de la ciencia” (Tognetti, 2009:1). Citando a Palermo,
Luis Tognetti recupera el interrogante sobre la relación entre la emer-
gencia del campo profesional y la construcción del estado nacional, y
cómo el auge de las obras públicas fomentadas desde nuevas agencias de
gobierno se vincularían con el desarrollo de las especialidades de la inge-
niería en el marco universitario (Palermo, 2006:12 en Tognetti, 2009:2).
En este sentido, estas especialidades, y específicamente la de inge-
niero geógrafo, fueron vistas por las elites políticas latinoamericanas del
siglo XIX como fundamentales para la construcción de los nuevos es-
tados, que contaban con grandes extensiones a las que debían recono-
cer, inventariar y poner en producción, dotándolas de la infraestructura
necesaria.
La carrera de ingeniero geógrafo contaba con una tradición, y había
tenido carácter eminentemente tecnológico y de aplicación de técnicas
en la construcción de sistemas de fortificaciones y grandes complejos in-
fraestructurales en general ya durante la época colonial (Villar, 1992:11).
A partir del siglo XIX, para poder apropiarse del territorio, los nuevos
estados latinoamericanos en su proceso de conformación buscaron crear
condiciones necesarias para efectuar las llamadas “mejoras materiales”
para incorporarse al capitalismo mundial. En este contexto, la carrera
de ingeniero geógrafo fue pensada y diseñada desde el campo de las
especialidades productivas, impulsoras del llamado “progreso técnico”.
Mendoza Vargas afirma que, en el caso de México, el ingeniero geógrafo
aparecía como el técnico de gobierno de alta precisión encargado de la
medición de superficies agrícolas y haciendas, del trazado y alineación
de nuevos caminos, del tendido de ferrocarriles y líneas telegráficas. Se
planteaba como un “nuevo campo disciplinar, como profesión especiali-
4
En este sentido, Luis Tognetti (2009:1) plantea que este proceso fue común a la generalidad
de las facultades de ciencias de aquella época.

117
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

zada, responsable de la traducción y legibilidad del territorio a la lógica


del nuevo Estado” (Mendoza Vargas, 2001:111).
En el marco académico de dicho país, se concibió al ingeniero
geógrafo como el especialista del territorio, responsable del diseño y la
creación del mapa del territorio nacional. De hecho se consideraban
como atributos profesionales de esta especialidad la elaboración de ma-
pas topográficos, la determinación de coordenadas con valores univer-
sales y el desarrollo de trabajos asociados a la determinación de límites
internacionales. Estos trabajos se sumaban a la necesidad de apoyar el
reconocimiento del territorio, la activación de la industria y explotación
de los recursos económicos (Mendoza Vargas, 2001:126).
En nuestro contexto, la tradición ligada a las ciencias exactas aparece
en sintonía con la tradición de ingenieros (geógrafos y militares) que se
desarrollaba en Francia, en los cuales se inspiran los planes de estudio de
esta carrera (Tognetti, 2009:2). Entendida esta especialidad como disci-
plina de claro corte científico-técnico, e incluso instrumental, es posible
pensar que la nueva carrera se haya propuesto como campo que asumía
la formación de especialistas en la realización de trabajos cartográficos,
en el marco de un contexto político y económico que hacía necesario
que las agencias estatales, entre ellas la Universidad, se ocuparan de la
tarea de confección de las cartas del nuevo estado y de los territorios
ocupados o por ocupar. En este sentido, los planes de estudio que se
ensayarán a lo largo de la existencia de la carrera parecieran también
vincularse a la intención de aportar a la formación de este nuevo grupo
técnico-profesional que tuviera incumbencias en tareas de apropiación
territorial como el diseño y extensión de infraestructuras (caminos, fer-
rocarriles, diques, etc.).
En este marco es posible entender el desarrollo y el perfil que los
ingenieros geógrafos tienen en el conjunto de las primeras carreras
científico-técnicas de la Universidad Nacional de Córdoba: básicamente
ingenieros, encargados de desarrollar una mirada al territorio con fines
de apropiación. En la línea que señala Reguera Rodríguez, podríamos
hablar de una “ingeniería geográfica sin geógrafos” (según la concepción
que hoy tenemos de esta disciplina), que ofrecía una formación enfocada

118
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

en y representada por la astronomía, la geodesia, la geometría, las mate-


máticas y la cartografía5.
A la vez, la formación del ingeniero geógrafo supuso “una experien-
cia jurídica, académica y profesional que puede ser denominada como
el primer momento del proceso de institucionalización de la geografía
europea (…)” (Mendoza Vargas, 2001:114). En consonancia con este
planteo, puede afirmarse que, en el ámbito de la UNC, el desarrollo de
esta carrera supone efectivamente el primer ingreso de una carrera autó-
noma con denominación geográfica al ámbito universitario y un primer
nivel de institucionalización, a partir de la formación de lo que los es-
pecialistas coinciden en considerar sujetos geógrafos (Escolar, Quintero
Palacios, Reboratti, 1994).
Teniendo en cuenta estos elementos, se plantea el interés por abordar
esta experiencia centrada en un enfoque ligado a las Ciencias Exactas,
dentro del campo de las ingenierías, y distante de la tradición universita-
ria de las facultades de Ciencias Naturales, junto a Geología o Biología,
o de las facultades de Letras, junto a Filosofía o la Historia6.

La carrera de Ingeniero Geógrafo de la Universidad Nacional de


Córdoba

En 1879, una vez estabilizados los mecanismos de inserción de la


Facultad de Ciencias Físico Matemáticas en la UNC y discernidas las
funciones de esta unidad académica respecto de las de la Academia Na-
cional (Garzón, 1951:296), se aprueba la formación en las especialida-
des en Ingeniería Civil, Arquitectura y Agrimensura, estas dos últimas

5
A partir del estudio del caso español, Reguera Rodríguez reconoce en la “Geografía de los
Ministerios”, o sea aquella que “mira al territorio -tierras, bosques, aguas, minas- con fines de
apropiación”, como un primer nivel de institucionalización de la Geografía, aunque “sin geó-
grafos” (Reguera Rodríguez, 1998:40).
6
Los criterios con que se pensó la formación del ingeniero geógrafo en Córdoba, al menos
en sus inicios, parecen diferenciarla de aquellos que guiaron la formación de los egresados en
la Universidad Nacional de La Plata entre 1907 y 1912. Aunque también daba cuenta de un
encuadre científico-técnico, el plan de estudios de esta orientación en la Universidad Nacional
de La Plata respondía a una tradición teórica mucho más vinculada al naturalismo y donde
se incorporaban algunas disciplinas de denominación geográfica (Villar, 1992:8-11). Esto la
diferencia desde sus orígenes con la experiencia de la UNC, en la que están ausentes el perfil
formativo en Geografía y la raíz naturalista.

119
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

como carreras que se completaban cursando sólo una parte del progra-
ma de Ingeniería Civil. La propuesta se va consolidando y se diversifica,
y con la reforma del plan de estudios de 1892, se contemplan nuevas
especialidades: maestro de obras, ingeniero arquitecto, ingeniero geó-
grafo, ingeniero mecánico e ingeniero civil (Garzón, 1951:299).
Si bien la búsqueda e interpretación de la documentación que se
refiere a esta especialidad en la Universidad Nacional de Córdoba pre-
senta no pocas dificultades, es posible desarrollar un primer abordaje a
través del seguimiento de los distintos planes de estudio que se fueron
planteando durante el funcionamiento de esta carrera, planes que en su
mayoría involucraron no sólo a esta especialidad, sino que supusieron
modificaciones en el plan de estudio general para todas las especialida-
des en ingeniería.

El período inicial: Primer plan de estudios (1892 – 1900)


La carrera se inicia con un primer plan de estudios que da cuen-
ta de su adscripción al campo de la ingeniería, orientada al reco-
nocimiento y lectura del territorio y a la capacitación y adiestra-
miento en distintos niveles de representación espacial: cartogra-
fía, agrimensura, topografía y geodesia, y acreditando en menor
medida algunas materias que permitían operaciones más liga-
das al inventario y la clasificación, como botánica y mineralogía.
Según este plan, la carrera de Ingeniero Geógrafo estaba formada por
las siguientes materias (Garzón, 1951:289-290).

-Año preparatorio: Aritmética, Introducción al Álgebra Su-


perior, Cosmografía y Geometría, Trigonometría. Dibujo
General.; - 1º Año: Análisis Algebraico, Geometría Analí-
tica, Topografía I, Geometría Descriptiva I, Física General,
Dibujo ornamental y lavado de planos; -2º Año: Cálculo In-
finitesimal, Geometría Descriptiva II, Topografía II, Física
General, Química inorgánica, Botánica (estudios especiales
de Flora Argentina), Dibujo Topográfico; -3º Año: Ingenie-
ría, Geodesia, Química Orgánica, Física Industrial, Mine-
ralogía teórica y técnica, Dibujo Topográfico, Agrimensura
legal.

120
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

Posteriormente, un reacomodamiento de materias da lugar a un se-


gundo plan de estudios en 1900.
Ambos planes compartían materias con las especialidades de inge-
niero civil, ingeniero mecánico e ingeniero arquitecto. Posteriormente se
incluirían las necesarias para las orientaciones en agrimensura y topo-
grafía. Sin embargo, y a pesar de estar perfilada en un campo que podía
cubrir varias demandas de la época, la orientación no parece consolidar-
se. En efecto, hasta 1900, la especialidad registró escasos alumnos y egre-
sados7. Su perfil pareció quedar desdibujado frente a los agrimensores
(formados entre 1877 y 1892 en la UNC o habilitados por el gobierno
de la provincia de Córdoba) quienes, con menor cantidad de materias y
de años de estudio y un mercado de trabajo más definido y en expansión,
encontraban rápidamente salida profesional, ya que la demanda social
era muy variada y amplia para trabajos de mensuras en estancias, límites,
campos, urbanizaciones y obras públicas (Tognetti, 2004:181).

Reforma del plan de estudios de 1906


La situación se modifica visiblemente en 1906 con el nuevo plan
de estudios de Ingeniería. Siempre dependiente del plan de estudios
“maestro”, el de ingeniero civil, que era a su vez el más largo y comple-
to, el plan de 1906 no significaba sin embargo una innovación sustan-
cial de la especialidad en ingeniero geógrafo, sino que el mayor cambio
consistía en la supresión de la especialidad Agrimensura en el plan de
estudios de la Facultad. La misma quedaba absorbida por la Ingeniería
Geográfica, lo cual suponía que esta especialidad monopolizaba la oferta
de formación para quienes se interesaban en la Agrimensura. A partir
de esta estrategia el número de inscriptos y egresados se incrementa
notablemente y puede afirmarse que se consolida la orientación, incre-
mentándose visiblemente el número de alumnos y egresados entre 1906
y 1918 (Ver gráfico I).
El plan de estudios de 1906 se organizaba de la siguiente manera:

7
AGHUNC, Libro de Grados Nº 3 y Nº 4. Entre 1892 y 1900 sólo se contabilizan 9 egresados.
El 18 de junio de 1896 se otorgó el primer título de grado de la carrera a Elías Senestrari,
quien a partir de 1905 se desempeñará como docente de Construcciones Civiles (Tezanos
Pintos, 1939:846).

121
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

-1º Año: Aritmética, Introducción al Álgebra Superior y Tri-


gonometría, Cosmografía y Geometría plana y del espacio,
Física General I, Botánica especial (flora argentina), Dibujo
General; - 2º Año: Análisis Algebraico y Geometría Analí-
tica, Física General II, Química orgánica, Geometría Des-
criptiva I, Topografía y Teoría de los instrumentos, Dibujo
topográfico y lavado de planos; -3º Año: Cálculo Infinitesi-
mal, Geometría Descriptiva II, Física Industrial, Mineralo-
gía y Geología, Química analítica, Dibujo ornamental. -4º
Año: Hidráulica. Geodesia. Ingeniería y Agrimensura legal
(Garzón, 1951:301).

En 1917 se suprimen los títulos de Ingeniero Arquitecto e Ingeniero


Geógrafo, que se reemplazarán por los de Arquitecto y Agrimensor. Sin
embargo, la carrera se reabre en 1918, con un nuevo plan de estudios
(Garzón, 1951:304-305).

Reforma del plan de estudio de 1918


El nuevo plan general de estudios contemplaba nuevamente la carre-
ra de Agrimensor, que se completaba con el cursado de los 3 primeros
años en Ingeniería Geográfica, en tanto para acceder al título de Inge-
niero Geógrafo debía cursarse un año más. Así, quedaban diferenciadas
las formaciones, y se posibilitaba la titulación de agrimensor al tercer
año de estudios, con concentración de materias prácticas en estos tres
primeros cursos, y la de ingeniero geógrafo con un año más de cursado,
en el que prevalecían enfoques más teóricos, y a la vez, incluía algunas
asignaturas con denominación geográfica.

-1º año: Trigonometría e Introducción al Análisis, Comple-


mentos de Álgebra y Álgebra superior, Geometría proyectiva
y descriptiva, Química tecnológica y elementos de Analíti-
ca, Dibujo lineal y a pulso; -2º año: Geometría Analítica y
Cálculo Infinitesimal I, Mineralogía y Geología, Topografía,
Botánica, Dibujo Topográfico y lavado de planos I; - 3º año:
Geometría Analítica y Cálculo Infinitesimal II, Geodesia,
Construcción de Caminos, Legislación (Agrimensura legal),
Dibujo Topográfico y lavado de planos II; -4º año: Mecánica

122
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

racional, Geodesia Práctica y Astronomía Práctica, Geofísica


y Meteorología. Geografía Política y económica, Cartografía y
Dibujo Cartográfico (Garzón, 1951:305, los destacados son
nuestros).

En efecto, recién en esta última reforma aparecen por primera vez


materias que reciben el rótulo de Geografía y que se autonomizan del
plan general de las ingenierías. Las asignaturas Geofísica y Meteoro-
logía y Geografía Política y Económica (Garzón, 1951: 305) eran ma-
terias ligadas a lo que en los círculos científicos de la época se sostenía
como especificidad de la Ciencia Geográfica (Cecchetto, 2005:14)8.
El plan de 1918 incluía un cúmulo de materias que apuntaban a for-
mar un ingeniero geógrafo con competencias como topógrafo, ingeniero
civil y agrimensor. Sin embargo, al dejar de monopolizar la formación
en Agrimensura, vuelve a enfrentarse con el problema original: aumenta
la matrícula en la carrera de agrimensor y la de ingeniería geográfica cae
proporcionalmente.
Por otro lado, y siguiendo a Mendoza Vargas, si el trabajo tradicional
del ingeniero geógrafo era “levantar los grandes planos, trazar las coorde-
nadas principales, fijar la posición de los lugares no como lo (hacían) los
topógrafos sin considerar la forma esférica de la tierra sino teniendo en
cuenta dicha forma” (Mendoza Vargas, 2001:126), puede pensarse que,
al ocuparse los agrimensores de las tareas más requeridas, el perfil de
esos especialistas quedó ligado a la necesidad de desempeñar puestos en
comisiones del gobierno, ligados no solo a la cartografía sino también a la
construcción de infraestructura. Pero esta función entra en competencia,
a partir de 1904, con los ingenieros militares, que van asumiendo la pro-
ducción cartográfica del estado, en tanto se va consolidando el proceso de
monopolización de esta última en manos del Instituto Geográfico Mi-
litar9. Es probable que la especialidad de ingeniero geógrafo en la Uni-
versidad Nacional de Córdoba, primera en profesionalizar la formación
8
Ese mismo año, el Doctorado en Ciencias Naturales incluye, por primera vez, una materia
con rótulo Geográfico: Geografía Física y Biológica, en el cuarto año de formación (Garzón,
1951:305).
9
“En un contexto donde la “cartografía, junto a la estadística, tuvo una importante función
‘nacionalizante’ en el período de consolidación y determinación de los límites externos”
(Mazzitelli Mastricchio, 2006:39).

123
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

cartográfica en el país, no haya podido asumir el control de esta tarea, y


no haya logrado configurarse como la corporación técnico-profesional
de la que hablábamos en párrafos anteriores, en un contexto donde co-
menzó a homologarse el acto mismo de producir cartografía con el de
“servir a la patria” (Lois, 2004), quedando a cargo de los militares dicho
trabajo, por la economía que representaba y la familiaridad del personal
del ejército con el territorio (Mazzitelli Mastricchio, 2006). La actividad
del ingeniero geógrafo comienza a estar más vinculada a otras tareas de
apropiación territorial como el diseño y construcción de infraestructura.
En 1922, se suprime la carrera, y algunas de sus materias específicas
son absorbidas por los planes de estudio de Ingeniería Civil y Agrimen-
sura10.

La materia Geografía Política y Económica

Como se explicitó antes, es en el marco de la convivencia entre la


Carrera de Agrimensor y de Ingeniero Geógrafo que se incorpora la
asignatura Geografía Política y Económica, en el Plan de Estudios de
1918. Ya hemos visto que esta materia, a cargo del Profesor Ingeniero
Enrique Faure, compartía su año de dictado con Mecánica racional, Geo-
desia Práctica y Astronomía Práctica, Geofísica y Meteorología y Cartografía
y Dibujo Cartográfico, siendo una de las dos únicas asignaturas con rótu-
lo geográfico dictadas en esta carrera durante toda su existencia”11.
A través del archivo de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y
Naturales (antes Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas) se ha teni-
do acceso a un conjunto de libros de temas en el que se registraron las
asistencias docentes y los temas dictados por cada uno de los profesores
10
Cartografía y Dibujo cartográfico se transforman en Topografía II e integran el plan de
estudios de 3º año de Ingeniería Civil y Agrimensura, en tanto Topografía I pasa a integrar las
materias de 2º año de Ingeniería Civil. Dibujo Topográfico y Lavado de planos I es absorbida
en las materias de 1º y 2º año de Agrimensura (Garzón, 1951: 306). La topografía aparece
como especialidad autónoma en 1925: los topógrafos egresaban de la escuela profesional anexa
de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Matemáticas (Tezanos Pintos, 1939:835-836).
11
El Ingeniero Horacio Enrique Faure desarrolló una importante labor en el trazado y la
construcción del Ramal C-25 del Ferrocarril General Manuel Belgrano, que atraviesa lo que
en ese momento era el Territorio Nacional de Formosa. Este proyecto se llevó adelante entre
1909 y 1914, y luego, a partir del final de la década de 1920. Hoy, una localidad de Formosa
lleva el nombre de este ingeniero.

124
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

de las distintas cátedras de la facultad durante parte de los años 1921 y


1922. De esta forma se reconstruyó parte del programa de la asignatura
Geografía Política y Económica (Barrionuevo, 2010). Los registros con
los que se cuenta brindan datos que van desde el 21 de junio de 1921 al
20 de junio de 1922, es decir, el último año en que se dictó la materia.
Es por esto que el programa reconstruido no puede ser considerado
como algo que pueda dar cuenta del funcionamiento de la asignatura
durante todo el período en que fue dictada.
Según los registros de 192112, podemos ver que los temas estaban
organizados de acuerdo a bolillas. Si hiciéramos un punteo de estos te-
mas, podríamos armar la siguiente lista para la segunda mitad de 1921:
-Bolilla X: Petróleo.
-Bolilla XI: Industrias.
-Bolilla XII: Industrias Nacionales.
-Bolilla XIV: Recursos fiscales
-Bolilla XV: Elementos del progreso.

En el libro se mencionan otros temas, pero no es posible definir en
qué bolilla temática estaban incluidos: “Cultivos industriales”, “La mi-
nería”, “La ganadería” y “Mataderos”.
Respecto al libro de temas correspondiente a la primer mitad de
1922, y siguiendo la misma lógica que se utilizó para el del año anterior,
se podría encontrar la siguiente organización temática.
-Bolilla I: Generalidades.
-Bolilla II: Límites internacionales aún en litigio.
-Bolilla III: Vías fluviales de comunicación.
-Bolilla IV: Ferrocarriles.

Además de la organización de los ejes temáticos, se tuvo en cuenta


la cantidad de clases dedicada a cada tema, para, a partir de ella, indagar
acerca de cuáles eran las cuestiones consideradas más importantes en el
dictado de la materia. En general, a cada bolilla se le dedicaron una o
dos clases, sin embargo, “Petróleo” y “Ferrocarriles” se desarrollaron, por

12
A.G.H.F.C.E.F.yN. Libro de asistencias y temas de clase. Facultad de Ciencias Físicas y
Naturales. 1921-1922.

125
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

lo menos, en cuatro y seis clases respectivamente13. Estas últimas dos


temáticas aparecerían entonces como centros temáticos gravitatorios,
concentrando notoriamente mucho más tiempo de dictado.
Si se consideran también los contenidos ubicados dentro de la bolilla
“Ferrocarriles”, es decir “Ferrocarriles en explotación, clasificación de la
red ferroviaria, líneas férreas internacionales y ley de fomento de terri-
torios”, se observa que la cuestión del tendido de líneas férreas adquiere
central importancia en la materia, lo cual, podría pensarse, se inscribe
en un conjunto de políticas sostenidas por el gobierno nacional para la
introducción de vastas superficies del territorio pretendido a la lógica
del capitalismo mundial. Esto hace pensar en una Geografía Política y
Económica al servicio de los intereses del estado, comprometida con los
proyectos de desarrollo material y puesta en producción de los nuevos
territorios conquistados.
En esta línea se inscribe el tema de clases “Ley de fomento de terri-
torios”, punto donde se cruzan tanto la trayectoria personal de Enrique
Faure, los proyectos estatales y la delineación de un perfil profesional
para el ingeniero geógrafo. La ley N° 5.559 de Fomento de los Terri-
torios Nacionales de 1908 tenía como fin impulsar la mejora de infra-
estructuras para completar la colonización de los llamados territorios
nacionales del Noreste y de la Patagonia. A partir de la aplicación de
esta ley fue que se extendió el Ramal C-25 del Ferrocarril General Ma-
nuel Belgrano, proyecto en el cual trabajó el docente de la cátedra. Por
el contrario, en el programa de la materia, o al menos en la parte re-
construida, parece hacerse poco hincapié en temas referidos al gobierno
del territorio del país, a sus fronteras o a los conflictos internacionales
(sólo en la bolilla II). Pareciera ser que la asignatura Geografía Política
y Económica se centró prioritariamente en dar cuenta de la explotación
o no de los recursos naturales de los que el país disponía, y en brindar
ciertos conocimientos acerca de los elementos necesarios para lograr el
desarrollo14.
13
Decimos “por lo menos” ya que la última clase que figura en el libro de temas de 1922 cor-
responde a la terminación de la bolilla IV “Ferrocarriles”. No es posible determinar si en dicha
clase se terminó de dictar el tema o si se extendió algunas clases más, como se vio en otros
casos.
14
Según Rhein (1982), el concepto de desarrollo dentro de las corrientes liberales de mediados
del siglo XIX era un sinónimo del desarrollo industrial, y operaba como factor y consecuencia

126
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

Cabe destacar que, en el marco del análisis realizado, la asignatura


Geografía Política y Económica era, tal vez, una materia más corta que
las demás. En el año 1922, las firmas de Faure empiezan a figurar a par-
tir del 4 de abril (momento alrededor del cual comienzan a registrarse
las clases de las otras materias) todos los martes y jueves a las ocho de la
mañana, pero recién el 16 de mayo comienza a dictarse la materia bajo
el tema “Generalidades”. Es decir, que las clases de esta materia comen-
zaban casi seis semanas después del dictado de las otras asignaturas15.
Como se ha señalado, en 1922 se suprime la carrera de Ingeniero
Geógrafo de la oferta académica de la Facultad. Pero como se ha visto
a través del análisis de los libros de grado, recién en 1925 se recibe el
último ingeniero geógrafo por lo que, se supone, la materia se siguió
dictando un tiempo más allá del cierre de la carrera. A pesar de esto,
Geografía Política y Económica es una de las pocas materias que no es
absorbida por otra carrera, y en fuentes consultadas figura como “cátedra
suprimida por cambio de carrera en 1922 por modificación del plan”
(Garzón, 1951:264). Tampoco se ha encontrado información que señale
que Faure haya sido posteriormente designado en alguna otra cátedra
de la Facultad.

Los Ingenieros Geógrafos egresados de la Universidad Nacional de


Córdoba

Trabajos anteriores (Cecchetto, 2007; Cecchetto, Barrionuevo, 2009)


han ido reconstruyendo el desarrollo de la especialidad y el perfil de
sus estudiantes y egresados. A partir de éstos, intentaremos dar algunas
precisiones sobre el interés que concitó la Ingeniería Geográfica en la

del desarrollo moral.


15
Además, se dictaron muy pocas clases. De hecho, entre el 21 de junio de 1921 y el 20 de
junio de 1922 se dictaron solamente veintiocho clases. Cinco clases se suspendieron por falta
de alumnos. Cabe señalar que Geografía Política y Económica era cursada por muy pocos
estudiantes. Era una materia del último año, y, de acuerdo a los registros de egresados que
tuvo la carrera durante 1921, 1922, 1923 y 1924 (ocho, seis, dos y cero respectivamente), se
puede pensar que los alumnos de la misma no fueron muchos. Otro factor a tener en cuenta
al hablar de las pocas clases impartidas, son las repetidas inasistencias de Faure durante el
período estudiado: trece en total. De ellas, once se debieron a licencias que podrían asociarse
a su desempeño profesional.

127
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

Universidad Nacional de Córdoba. Entre 1896 y 1925, la Universidad


acredita la titulación de 209 ingenieros geógrafos. Aproximadamente la
mitad de ellos son oriundos de la provincia de Córdoba, en tanto el resto
proviene de las otras provincias y de países extranjeros.
La estrecha conexión entre la matrícula de ingeniería geográfica y
la presencia o ausencia de la opción formativa como agrimensor en la
UNC puede apreciarse si se discriminan los egresados por año, y a la vez,
se los compara con la matrícula de agrimensura en los años en que ésta
funciona como carrera (ver Gráfico I).

Gráfico I: Comparación entre egresados agrimensores e ingenieros geógrafos


(1882-1930)

Fuente: Cecchetto, Barrionuevo (2009:16).

No hemos profundizado aún en los perfiles profesionales que efec-


tivamente desarrollaron los graduados. Sobre la base de algunas pocas
trayectorias, podría pensarse que el ejercicio de la agrimensura fue la
actividad central, así como el desempeño como ingenieros civiles (com-
pletando o no la formación que exigía el cursado de dos años más para la
titulación en Ingeniería Civil). Nos proponemos en próximos trabajos
ampliar esta pesquisa a mayor número de graduados, profundizándola
en cada caso.

128
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

Hay sí una inserción posible para un pequeño grupo de egresados,


sobre todo a partir de 1918, que hemos comenzado a analizar. En efecto,
fundamentalmente a partir de la reforma de ese año, y ligado al gran nú-
mero de egresados ocurrido con los planes anteriores, se produce el in-
greso de algunos de ellos a la planta docente de la Facultad de Ciencias
Físico-Matemáticas. Siguiendo estos ingresos, podemos observar que la
mayoría de los cargos docentes asumidos por los ingenieros geógrafos
de la UNC son ocupados entre 1918 y 1921, por una cohorte asociada
a los planes de estudio de 1900 y 1906 16. En principio esto podría verse
como un relevo respecto de los profesores extranjeros que desde la fun-
dación de la Facultad habían ocupado la mayoría de las cátedras.

Algunas consideraciones finales

A lo largo de su desarrollo, la carrera de ingeniero geógrafo concitó


un interés ambiguo en la Universidad Nacional de Córdoba, a pesar
de la amplia gama de competencias que esta formación ofrecía y de las
reformas y adecuaciones hechas a su plan de estudios en consonancia
con un proceso similar seguido por todas las especialidades en inge-
niería. Su temprana aparición, y un programa de estudios con fuerte
carga en aspectos profesionales de aplicación práctica, no bastaron para
garantizar su continuidad. Al hablar de ambigüedad, hacemos referen-
cia al relativamente elevado grado de reclutamiento que la misma logró
durante los años en que la formación fue pensada muy próxima a la de
los agrimensores, y el descenso en la matrícula al momento en que los
planes de estudio vuelven a incluir la carrera de Agrimensura.
Es posible que la errática suerte de la convocatoria de esta especia-
lidad haya tenido relación con la también ambigua definición del perfil
del ingeniero geógrafo, que sostuvo una propuesta a medio camino entre
la Agrimensura y la Ingeniería civil. Cuando esta situación intenta defi-
nirse, la Ingeniería Geográfica pierde convocatoria y desaparece. En este
sentido, podemos hablar de un proyecto trunco que deviene en el cierre
de la carrera, diferenciándose del seguido por la carrera de Agrimensura,
que siguió funcionando y se fue consolidando, y de la trayectoria similar
16
Ingresan diecisiete docentes, que ocupan veintitres cátedras (Cecchetto, Barrionuevo,
2009:17).

129
Gabriela Cecchetto y Lisandro Barrionuevo

que es posible observar en la carrera de Topografía. En este sentido,


puede entonces hablarse de una fuerte tensión entre lo que se planteaba
como el perfil del ingeniero geógrafo (siguiendo la tradición de la es-
pecialidad) esto es, un profesional que pudiera dar cuenta institucional-
mente de la preocupación por el reconocimiento, lectura y apropiación
del pretendido territorio de dominación del nuevo estado, y el perfil que
efectivamente desarrolló en la Universidad Nacional de Córdoba, ligado
a la formación en Agrimensura, y pensado para monopolizar efectiva-
mente esta formación, disputándosela a las agencias gubernamentales
(Tognetti, 2009:8).
A la vez, la Ingeniería Geográfica pareciera haber quedado atrapada
entre dos campos, el del espacio plano y el del espacio curvo, el primero
disputado por los agrimensores y el segundo monopolizado por los mili-
tares a través del Instituto Geográfico Militar. Dos campos que estarían
hablando de dos lógicas. Por un lado, la del estado nacional, ligado a la
necesidad de reconocer, inventariar un terreno incierto, apropiarse de
él y ponerlo en producción, y por otro lado, la lógica de las burguesías
provinciales ligadas al negocio inmobiliario, e interesadas por lo tanto
en las actividades de división y parcelamiento de tierras para la venta.
A partir de estas consideraciones, es posible plantearse entonces que
la definición de la carrera de ingeniero geógrafo estaría vinculada a la
institucionalización de un cuerpo de herramientas que sirvieran para
parcelar, legalizar, “estriar” (Deleuze, Guattari, 2008) el territorio (re)
conocido, en una segunda fase de apropiación efectiva del mismo, pos-
terior a la que habían inaugurado los científicos y exploradores de la
Academia Nacional de Ciencias y de la UNC, en su tarea de generar una
serie de saberes que abrían un terreno incierto.
Finalmente, surgen también algunas consideraciones que compleji-
zan los interrogantes y enriquecen el análisis. A partir del estudio de la
institucionalización de la Ingeniería Geográfica, y teniendo en cuenta
las consideraciones desarrolladas al comienzo del trabajo, es posible re-
conocer la convivencia entre distintos saberes sobre el territorio en la
Universidad Nacional de Córdoba. Así, se podrían identificar distintos
proyectos epistemológicos ligados a la Geografía que coexisten, ya sea
aquellos de carácter más descriptivo y que buscan indagar la relación
entre sociedad y medio desde una perspectiva ratzeliana (Zusman, Cec-

130
La carrera de Ingeniero Geógrafo en la Universidad Nacional de Córdoba

chetto, Valiente, 2008), como plantea Seelstrang en su discurso inaugu-


ral de la Sección local del Instituto Geográfico Argentino, o bien los que
consideraban que la matemática, la geometría, la geodesia y la topogra-
fía son las fuentes de producción de este saber, convicción evidenciada
en los planes de estudio de la Carrera de Ingeniero Geógrafo de la Uni-
versidad Nacional de Córdoba.

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(Figueroa Alcorta, 1895:VI)

Introducción

La construcción de los estados modernos involucró la producción


de imágenes sobre el territorio y el desarrollo de saberes especializados
que acompañaron su construcción material. Para el caso argentino suele
considerarse que el período que va entre 1852 y 1914 es cuando se dan
las transformaciones materiales decisivas en el territorio en términos de
extensión, límites internacionales y organización interna, transforma-
ciones que configuran el país a lo largo del siglo XX (Quintero Palacios,
2002).
El presente trabajo se propone explorar la conformación de relatos
sobre el territorio cordobés, tomando como fuente el texto de Manuel
Río y Luis Achával: Geografía de la Provincia de Córdoba (1905). La
investigación analiza las descripciones con las que se van configurando
imágenes geográficas diferenciadas para las distintas áreas de la pro-
vincia e interpreta el papel que estas imágenes juegan en el momento
de diseñar las estrategias y modalidades de incorporación provincial al

135
Nicolás Rabboni

modelo de organización económica propuesto por el estado nacional. A


su vez, se hace foco en las fundamentaciones utilizadas para justificar la
demarcación del territorio provincial y para legitimar dicha demarcación
en el contexto nacional. Además, se busca identificar y analizar aquellos
argumentos que legitiman la incorporación real y potencial de la provin-
cia al modelo agroexportador imperante en Argentina y a la dinámica
socioeconómica del país.

La obra y sus autores

La producción de la Geografía de la Provincia de Córdoba tiene lugar


entre fines del siglo XIX y principios del XX. Por la ley No 1373, apro-
bada por la Legislatura Provincial en 1895, se encarga la redacción de
la obra1 a los ingenieros Manuel Río y Luis Achával, y mediante la Ley
No 1608 de 1902 se autoriza el pago de los honorarios correspondientes
a los autores, los cuales serían costeados con la venta de tierras fiscales2.
Luis Achával y Manuel Río fueron dos conspicuos representantes de
la elite provincial: egresados del Colegio Nacional de Monserrat e inge-
nieros graduados en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad
Nacional de Córdoba, integraron la Academia Nacional de Ciencias,
llegando Achával a presidirla desde 1931 hasta su muerte en 1938.
Ambos fueron docentes de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas
y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba. Luis Achával fue
decano de dicha Facultad3 por dos períodos, entre 1913 y 1917, y en ese
carácter4, vicerrector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC)
durante un período entre 1914 y 1918 (UNC. Archivo General e His-
tórico, Serie Doc. L. 77, Fojas 228 de 1914).

1
Esta obra se realiza por encargo del entonces gobernador de Córdoba Figueroa Alcorta
(1895-1989), quien luego se desempeñaría como vicepresidente (1904-1906) y presidente de
la Nación (1906-1910).
2
“(…) que los honorarios sean abonados con el producido de la venta de tierras fiscales, en
vez de ‘sobrantes de presupuesto’ como determinaba el P. Ejecutivo” (Palabras del Diputado
Malbrán, en: Provincia de Córdoba. Actas de Sesiones de la Cámara de Diputados, Tomo
1902, Sesión del 14 de Julio de 1902).
3
UNC. Archivo General e Histórico, Serie Documentos, Libro 76, Fojas 84 de 1913.
4
En esos momentos, para ser electo rector o vicerrector los aspirantes debían ser decanos de
alguna unidad académica.

136
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

En la administración pública provincial detentaron altos cargos:


Manuel Río organizó y presidió la Dirección Provincial de Estadísticas
entre 1899 y 19115, y Achával se desempeñó sucesivamente como Mi-
nistro de Obras Públicas, de Hacienda y como Presidente del Tribunal
de Cuentas de la Provincia de Córdoba.
A su vez, Manuel Río llegó a ser Secretario de Redacción del dia-
rio Los Principios y además trabajó en el diario El Porvenir. También
fue secretario y presidió El Ateneo de Córdoba, espacio de discusiones
culturales creado en 1894 e integrado por miembros de la UNC ( Junta
Provincial de Historia, 2005:16).
Estamos hablando así de dos integrantes de la elite provincial que
llegaron a ocupar cargos fundamentales dentro del ámbito académico y
político, cargos que la elite reservaba sólo para sus miembros más repre-
sentativos (Ansaldi, 1997; Chaves, 1997).
La publicación de la Geografía de la Provincia de Córdoba responde
a la necesidad de promocionar el territorio provincial6. Esto queda cla-
ramente evidenciado en los términos en que las autoridades del Poder
Ejecutivo Provincial realizan este encargo, que reviste para ellas “de
carácter urgente y de utilidad incalculable para Córdoba” (Figueroa Al-
corta, 1895:V, el destacado es nuestro)7:

“Es menester una obra de propaganda y de vulgarización, que


nos dé á conocer la tierra que habitamos, para saber, como
consecuencia, cuál es la dirección material que debemos dar á
nuestra actividad; que nos diga el puesto que ocupamos en el globo
y en nuestra patria, no sólo con relación á la extensión y po-
blación, sino también, á lo que tanto y quizás más nos inte-
resa: la riqueza natural que nos ha tocado en suerte. Saber lo que
tenemos, es, en cierto modo, saber lo que seremos, ya que por una
5
Manuel Río fallece en ese año.
6
El Senador Torres: “Adujo también consideraciones de un orden general insistiendo en que
era necesario hacer cualquier sacrificio en favor de la inmigración y de las nuevas industrias
que vendría a favorecer directamente la obra”. En: Provincia de Córdoba, Actas originales de
Sesiones de la Cámara de Senadores. Tomo 1895. Sesión del 9 de septiembre de 1895.
7
El fragmento corresponde al mensaje del gobernador Figueroa Alcorta a la Legislatura
Provincial que acompaña el proyecto de publicación de la obra Geografía de la Provincia
de Córdoba en 1895. Provincia de Córdoba. Copiador Actas de Sesiones de la Cámara de
Diputados. Tomo 1894 – 1895. Sesión del 31 de Agosto de 1895.

137
Nicolás Rabboni

ley natural el hombre no puede sustraerse al medio en que


vive, y respecto del cual acciona y reacciona constantemente”
(Figueroa Alcorta, 1895:V, el destacado es nuestro).

Se trata entonces de dar a conocer los resultados de las actividades


de exploración y apropiación del territorio, que se implementarán en
Córdoba a través de dependencias que se están creando al interior del
propio estado provincial, como la ya mencionada Dirección General de
Estadística de la Provincia que organizó Manuel Río en 1899, o me-
diante instituciones funcionales a él. Tal es el caso de la organización
de un área de estudios de ciencias naturales dentro de la Universidad
de Córdoba a partir de 1869 y la apertura de la filial Córdoba del Insti-
tuto Geográfico Argentino (1882)8, entre otras. En este marco, relevar,
inventariar y analizar constituyen una secuencia lógica y metodológica
de operaciones por las cuales se ponía en juego el instrumental técnico
y conceptual disponible asociado a la apropiación del espacio, se estruc-
turaba una representación del espacio y del tiempo y se organizaba la
realidad regional misma (Navarro Floria, 2007:58).
De esta manera, los distintos saberes sobre el territorio que se pro-
dujeron desde estas instituciones legitimaron los proyectos nacionales
– provinciales. Ellos contribuyeron a la apropiación, sistematización, y
naturalización de la reflexión estatal sobre la identidad territorial (Mo-
raes, 1991:166-167, en Navarro Floria, 2007:14). La Geografía de la
Provincia de Córdoba daba cuenta así de los avances tanto en términos
científicos como en términos de conocimiento de las características te-
rritoriales de la provincia que se habían realizado a través de las acciones
del estado nacional y provincial.

8
Los fundadores y referentes de estas instituciones son los científicos que llevan adelante la
investigación en las ciencias naturales en Córdoba. Ellos son los responsables de los viajes de
exploración y reconocimiento de los recursos naturales y la diversidad biológica del territorio
nacional. Ellos integran la Academia Nacional de Ciencias y son docentes de la recién
inaugurada Facultad de Ciencias Físico Matemáticas (Cecchetto, 2005:2), además son los
máximos referentes bibliográficos de la Geografía de la Provincia de Córdoba (Río y Achával,
Vol. I: XXIII – XXIX).

138
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

La inserción en el modelo productivo

Durante los años en que la Geografía de la Provincia de Córdoba está


siendo producida, la Argentina está inserta plenamente en el sistema ca-
pitalista mundial y conforma su estructura económico social con base en
un modelo agroexportador que no ha sido homogéneo en su desarrollo,
ni geográfica ni temporalmente (Chaves, 1997:15). Así, se evidencia el
desigual crecimiento de las regiones por la distinta capacidad de res-
puesta a la demanda y a las ventajas comparativas que ofrecen sus fac-
tores de producción, distinguiéndose un mayor desarrollo en la región
pampeana por la calidad de sus tierras.
Y es a esta región a la que Manuel Río y Luis Achával darán mayor
relevancia en su relato, destacando a lo largo de toda la obra la pertenen-
cia de la provincia a esta área: “El territorio de la Provincia de Córdoba
presenta el aspecto de una extensa llanura (...)” (Río y Achával, Vol I:
7), aunque puntualizando elementos singulares en el territorio cordobés
que simbolicen diferencias con el resto de la llanura pampeana y le pro-
porcionen carácter único a la provincia: “[poseer gran parte del sistema
orográfico central y las depresiones de la Mar Chiquita y las Salinas
Grandes] (...) contribuyen á dar una fisonomía peculiar al territorio de
Córdoba y á distinguirlo de los inmediatos, exceptuándolo, al propio
tiempo, de la monotonía pampeana” (Río y Achával, Vol I: 7).
Teniendo en cuenta el momento histórico y aludiendo a condiciones
“propias” del suelo de la provincia de Córdoba es que estos ingenieros
plantearán como actividad económica central para la provincia la de la
producción agroexportadora, actividad que ya venía implementándose
en algunas áreas del territorio cordobés.
En el apartado destinado a la Agricultura, los autores relevan el total
del área cultivable, en tanto la tierra es el principal y más dinámico fac-
tor de producción en el modelo agroexportador, y a partir de su exten-
sión señalan las posibilidades que se avizoran para el futuro

“De las cifras consignadas, dedúcese que el área aprovechable


para el cultivo extensivo de los cereales y la alfalfa, aún supo-
niéndola limitada á los Departamentos del Este, Sur y algu-
nos del Centro, comprende nueve millones de hectáreas, es

139
Nicolás Rabboni

decir, más de la mitad del territorio de la Provincia; y que sólo


una quinta parte de esa superficie, –alrededor de 1.800.000
hectáreas,– se encuentra actualmente bajo el arado.(…) El
desarrollo de dichos cultivos, á pesar de la rapidez con que
ha venido operándose en los últimos años, tiene, pues, vas-
to campo para continuar en la misma forma durante mucho
tiempo” (Río y Achával, Vol. II: 4).

El cuadro del Anexo I -elaborado a partir de información obtenida


del texto de Río y Achával- nos ofrece una idea acabada sobre la super-
ficie de la provincia incorporada a la producción agraria. Este cuadro
distingue, dentro de la superficie total por Departamento, aquella que
se encuentra en condiciones de ser cultivada, la que efectivamente está
siendo utilizada con fines agrarios y la superficie montuosa. La compa-
ración permite observar que la extensión en producción es todavía limi-
tada, ya que sólo poco más del 10 % del territorio provincial está siendo
utilizado con fines agrícolas. Esta cifra se duplicaría si tuviéramos en
cuenta la zona en condiciones de ser cultivada. Tales niveles porcentua-
les se elevan notoriamente en el caso del departamento Colón, próximo
a la Ciudad de Córdoba y del de Marcos Juárez, en el extremo sudeste
de la provincia, y muy cercano al puerto de Rosario.
El límite en la extensión de las áreas de producción agrícola está
marcado por los altos costos de transporte que poseen los productores
para el traslado de la materia prima hacia los puertos. Por lo tanto, los
autores señalan constantemente que, para el proyectado desarrollo agrí-
cola de la región, deberían mejorarse las condiciones de movilidad de la
mercancía (Río y Achával, Vol. II: 347-354).
La diferencia principal con la actividad ganadera está marcada por la
escasa necesidad de inversión y mano de obra que aquella requiere, fac-
tores que le permiten mayor capacidad de acumulación y la convierten
en el sector más dinámico y en la punta de lanza hacia las nuevas tierras.
Estas observaciones se desprenden del análisis y comparación de los
ítems IV-Agricultura y VII- Ganadería, ambos incluidos en el Volumen
II. En ellos Río y Achával plantean que el desarrollo de la ganadería es
más sólido y antiguo, aventajando a la agricultura. Cabe destacar que los
autores destacan el claro crecimiento que evidenciaba el sector agrícola.

140
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

Sin embargo, debido a los costos de transporte: “... los cultivos cuyos
productos se destinan a la exportación, no dan, como veremos al tratar
de cada uno de ellos en particular, resultados remunerativos, más allá
de cierta distancia de las estaciones del ferrocarril” (Río y Achával, Vol.
II:5).
En su obra, Río y Achával dan cuenta de la existencia de 268 colo-
nias agrícolas para 1902 (Río y Achával, Vol II: 163 y ss.), pero dada la
extensión del territorio de la provincia, estos asentamientos no alcan-
zan la magnitud deseada. Desde el punto de vista comercial, ellas no
se relacionan directamente con las casas exportadoras, sino a través de
intermediarios:

“Las operaciones comerciales relativas á ella [agricultura],


se efectúan en su mayor parte con las grandes casas de los
puertos exportadores y con los acopiadores establecidos en
los mismos centros de producción, los cuáles se entienden,
por lo común, directamente con los mercados del extranjero”
(Río y Achával, Vol. II:348)9.

El análisis del área pampeana cordobesa hilvana un relato sobre el


espacio provincial que, legitimado desde el campo científico, no ocultará
su declarada intención utilitaria o publicitaria, tal como lo expresase el
gobernador Figueroa Alcorta. En este sentido, la Geografía de la Pro-
vincia de Córdoba va a dar cuenta de una provincia que se encuentra en
camino de insertarse en el modelo agroexportador a partir del espacio
que está dando a la actividad agrícola, una actividad en expansión, y sus
autores demuestran la necesidad de que el estado provincial promueva
dicha actividad mediante obra pública.

9
Es posible entender estos mecanismos en el marco de lo que Chaves plantea al señalar la falta
de vínculos cooperativos entre los agricultores. Este hecho va a ir acentuando progresivamente
la acumulación de capital en un sector de intermediarios comerciantes que son, a la vez,
habilitadores y, en muchos casos, propietarios de grandes extensiones (Chaves, 1997:21-31).
En consecuencia, la producción extensiva vive de las ganancias generadas por ese comercio
externo, y por lo tanto con pocos incentivos para arriesgar el capital en generar otros tipos de
producción que dinamicen la oferta de trabajo (Gómez, Rabboni, 2004; Chaves, 1997: 21-31).

141
Nicolás Rabboni

Las serranías cordobesas y su promoción económica

En Argentina el turismo comienza a desarrollarse en las últimas dé-


cadas del siglo XIX ligado al turismo de elite, en tanto sólo es practi-
cado por los sectores sociales más acomodados de la población quienes,
emulando comportamientos sociales de grupos europeos con los que se
identifican, comienzan a viajar con fines turísticos hacia algunos lugares
del país. El turismo se convierte en una práctica que forma parte, en
definitiva, de los hábitos y costumbres que se definen como “civilizados”
y que establecen claras distinciones respecto de quienes no lo practican
(Bertoncello, 2006:319-320). La valorización turística de determina-
dos lugares se produce merced a la transformación de rasgos específi-
cos en atractivos turísticos, y es llevada a cabo por actores sociales con-
cretos e intencionados que intervienen en estos procesos (Bertoncello,
2006:318). Este es uno de los aspectos centrales del desarrollo turístico:
la construcción social de destinos, establecerlos como lugares atractivos,
interesantes, agradables y originales y dotarlos de infraestructura y ser-
vicios para los potenciales visitantes y, a su vez, publicitarlos (Troncoso,
Lois, 2003). Es en el marco de estas consideraciones que nos interesa
explorar la Geografía de la Provincia de Córdoba e indagar los argumen-
tos con que se va construyendo una propuesta turística para algunas
áreas de la provincia.
La promoción del área serrana como destino turístico10 va a ser
acompañada por las justificaciones de tipo paisajísticas en principio, su-
madas a consideraciones acerca de los efectos positivos para la salud que
las sierras y sus aires proporcionarían:

“Uno de los mayores atractivos de la región serrana, lo ofre-


cen esas hermosas quebradas por cuyo fondo de rocas erodidas

10
Recordemos que en la primer obra encargada por el gobierno argentino: Descripción
Geográfica y Estadística de la Confederación Argentina de Victor Martín de Moussy no sólo no se
hace referencia a las cualidades paisajísticas de las serranías cordobesas sino que únicamente se
la menciona como posible proveedora de minerales: “La sierra de Córdoba guarda numerosos
yacimientos de metales: cobre, plomo, plata, hierro y magníficos mármoles. Estas riquezas
minerales recién se explotan en pequeña escala, por falta de brazos y capitales” (de Moussy,
2005: 188). Para un mejor análisis de dicha obra se puede consultar el trabajo de Silvina
Quintero Palacios (2002).

142
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

(sic) se deslizan arroyos caprichosos, entre márgenes cubier-


tas de yerbas y helechos, bajo la perpetua sombra de los ár-
boles seculares, y en las cuales encuentran reposo los sentidos y
esparcimiento el ánimo con los mil encantos de una naturaleza
hospitalaria: ambiente fresco y puro, aromatizado por las saluda-
bles emanaciones de las plantas medicinales; aguas cristalinas y
rumorosas; rincones intactos á los cuales no llegó jamás una
racha de viento, ni un dardo de sol; zumbidos de insectos
y trinos de pájaros atraídos también allí por la soledad y el
silencio (…)” (Río y Achával, Vol. I:12, el destacado es nues-
tro).

Si bien este proceso de inserción de las serranías cordobesas como


ámbito destinado al turismo ya se estaba produciendo,

“La afluencia de enfermos y veraneantes, es actualmente una


de las principales fuentes de recursos del Departamento,
siendo sus consecuencias inmediatas la valorización de la
propiedad, el aumento de la edificación, la demanda de los
artículos de consumo y el mantenimiento de varias produc-
tivas industrias, entre las cuales se cuenta la hotelera, que ha
alcanzado el gran desarrollo que demuestran los espléndidos esta-
blecimientos levantados sobre la línea del F. C. C. y Noroeste”
(Río y Achával, Vol. II:538, el destacado es nuestro).

será a partir de estos años cuando cobrará mayor impulso con la


construcción de grandes hoteles de lujo que inclusive aspiran al mercado
europeo: el Hotel Edén de La Falda es erigido en 1898, y con el correr
de los años va a adquirir renombre internacional y recibirá visitantes de
todo el mundo. Otro hotel importante se inaugura en 1907: el Sierras
Hotel de la localidad de Alta Gracia, en el departamento Santa María.
Observemos cómo describen Manuel Río y Luis Achával dicha loca-
lidad para comprender cuál es el impulso que el turismo recibe en la
región:

“Alta Gracia, (1.500 hab.). Estación del F. C. C. A. (50 km.


de Río Segundo, 19 horas de Buenos Aires); cabecera del

143
Nicolás Rabboni

departamento, pintorescamente situada sobre los faldeos bajos


de la Sierra Chica, á 40 kilómetros al sud de Córdoba. Es
una de las estaciones sanitarias y veraniegas más renombradas y
concurridas de la Provincia, y, recientemente, ha crecido mu-
cho su importancia, como centro comercial é industrial, por
la explotación de varias canteras. Tiene edificación moderna,
calles limpias y bien trazadas, buenos hoteles, municipalidad
con 5000 pesos de renta, iglesia parroquial, escuelas, juzgado,
comisaría, oficinas de correo, telégrafo y registro civil, etc. La
sierra vecina ofrece deliciosos parajes y exuberante vegetación.”
(Río y Achával, Vol. II:571, el destacado es nuestro).

Esta descripción cobra mayor relevancia si la comparamos con las


caracterizaciones que Manuel Río y Luis Achával van a efectuar de otras
localidades importantes de la Provincia. Por ejemplo la que realizan de
Marcos Juárez del Departamento homónimo, en plena zona pampeana:

“Marcos Juárez.– (3.500 hab.). Estación del F.C.C.A. (439,7


km. de Buenos Aires). Situada en medio de una extensa y rica
región agrícola y ganadera (...) ha prosperado con rapidez, con-
virtiéndose en un centro de activo movimiento comercial e
industrial. (...) Marcos Juárez tiene los elementos morales y ma-
teriales propios de las poblaciones de su importancia en nuestra
campaña: iglesia parroquial, escuelas, asociaciones nacionales
y extranjeras, un periódico, juzgado de paz letrado, comisaría,
oficinas de correo, telégrafo y registro civil; fuertes casas de
comercio, agencias y sucursales de Bancos, seguros y cambios,
hoteles, talleres mecánicos, etc. Las calles y plazas son espa-
ciosas y limpias (…)” (Río y Achával, Vol. II:614, el destaca-
do es nuestro).

Aquí podemos notar las claras distinciones que los autores van a rea-
lizar de las diferentes áreas de Córdoba. Así también podemos observar
cómo la elección de los datos que van a consignarse hacen referencia a
lo expresado por el gobernador Figueroa Alcorta respecto de “cuál es
la dirección material que debemos dar á nuestra actividad” (Figueroa
Alcorta, 1895).

144
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

En el primer caso, el de Alta Gracia, observamos la alusión a la regi-


ón serrana próxima a la localidad y el atractivo de su naturaleza. Tambi-
én se hace referencia a las distancias que la separan, no sólo de la Capital
provincial, sino también de la ciudad de Buenos Aires, datos relevantes
para los visitantes temporales.
En el segundo caso, el de Marcos Juárez, se privilegian los aspectos
ligados a la producción agropecuaria y a sus “elementos morales y mate-
riales” que lo convertirían en un lugar propicio para asentarse de forma
definitiva.
La importancia que Manuel Río y Luis Achával confieren al área
pampeana y serrana de la provincia contrasta con lo que van a plantear
sobre las regiones Norte y Oeste de Córdoba, cuyo régimen climático,
caracterizado por escasas precipitaciones y un tipo de suelo muy pedre-
goso y poco profundo, las convierte en áreas poco aprovechables para
la agricultura extensiva como la pampeana, a la vez que “sus paisajes”
no ostentan “un clima delicioso y reconstituyente” (Río y Achával, Vol.
I:13), por tanto no reúnen los “elementos, condiciones y atractivos que
se exigen de esas regiones privilegiadas donde se busca la reparación
de las fuerzas consumidas por las agitaciones de la vida urbana” (Río y
Achával, Vol. I:13-14). En este sentido, nótese la caracterización que se
realiza de la población principal del Departamento Río Seco: Villa de
María.

“Poblaciones principales.– Villa de María ó Río Seco.– (400


hab.).– Cabecera del Departamento. Está unida por una car-
retera con la estación Deán Funes del F.C.C.C. Tiene iglesia
parroquial, escuela elemental de ambos sexos, juzgado de paz,
comisaría oficinas de correo, telégrafo y registro civil. Fun-
dada por Sobremonte en 1797, no conserva hoy ni rastros
de su antigua importancia.” (Río y Achával, Vol. II:478, el
destacado es de los autores).

Adviértase la diferencia de las caracterizaciones ante los mismos da-


tos consignados (iglesia, comisaría, escuelas, etc.) que aquí son solamen-
te mencionados, mientras que para el caso de Marcos Juárez representan
“elementos morales y materiales”. Tampoco se observa en Villa de María

145
Nicolás Rabboni

referencia alguna, por ejemplo, a “sus calles y plazas”, ni tampoco existe


alusión alguna a las distancias que la separan de los centros urbanos
importantes (Córdoba y Buenos Aires), como se lo hace en el caso de
Alta Gracia. A su vez, es evidente la mayor preocupación por describir
los departamentos agrícolas en primer lugar, y luego los “turísticos”, en
tanto aquellos que no tendrían posibilidades de insertarse en el modelo
económico vigente son trabajados de manera mucho más escueta, con-
trastando la cantidad de páginas que se dedica al tratamiento de cada
uno de estos departamentos. Así, a Unión y San Justo (incorporados
en la región agropecuaria) se les confieren 14 y 13 páginas respectiva-
mente, a los departamentos serranos de Punilla y Santa María 10 y 8
respectivamente, mientras que a los de Minas y Sobremonte, sólo 4 y 5
respectivamente.
De este modo, la Geografía de la Provincia de Córdoba configura una
imagen de una provincia desigual, con áreas con potencialidades para
insertarse en el modelo productivo (sea a través de la producción agríco-
la o de la práctica turística) y otras que por sus características climáticas
y por no poder insertarse en el modelo productivo agrícola pampeano,
están naturalmente predestinadas a quedar relegadas en la economía
provincial.

La unificación territorial

Como venimos expresando, estas elites dirigentes que se consolida-


ron luego del proceso de organización estatal o provincial, debieron de-
finir el ámbito excluyente y exclusivo de dominación estatal y provincial
a la vez que reconocer, ocupar, y colonizar ese territorio pretendido de
dominación.
Pero este proceso de definición del territorio estatal acarreó también
la defensa de las pretensiones en el campo internacional como ámbi-
to de dominación diferenciado de otras unidades nacionales - estatales
(Escolar, 1996: 97). En el caso de la delimitación de los territorios pro-
vinciales dicha justificación debía plantearse en el marco de litigio con
las otras provincias.
De hecho, es en este período que las antiguas provincias, que a la
sazón van a ser las ya definidas en la Confederación, lucharán entre ellas

146
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

para establecer los límites interprovinciales. La Geografía de la Provincia


de Córdoba de Río y Achával nos ofrece un panorama del carácter de
estos conflictos, de las formas de resolución adoptadas y de aquellos que
quedaban pendientes por dirimir.
Para la resolución de los conflictos de límites interprovinciales se
recurría a distintas vías. Así, en ciertos casos se apela al poder judicial:
“La divisoria con la Provincia de Santa Fe ha sido fijada de acuerdo con el
fallo de la Suprema Corte de la Nación, dictado el 18 de Marzo de 1882”
(Río y Achával, Vol. I:3, el destacado es de los autores) y en otro caso
se apela al Poder Ejecutivo: “En cuanto al límite occidental con San Luis,
el 26 de Noviembre de 1883, el General Julio A. Roca, Presidente en-
tonces de la República, constituído (sic) en árbitro por las provincias de
Córdoba y San Luis para decidir la cuestión pendiente de límites, falló
declarando (...)” (Río y Achával, Vol. I:4, el destacado es de los autores).
Ciertas pujas, al momento de la finalización de la redacción de la
“Geografía de la Provincia de Córdoba” no habían sido del todo resuel-
tas, es decir que los conflictos estaban aún en curso: “El límite con San-
tiago del Estero está actualmente en discusión” (Río y Achával, Vol. I:2-3,
el destacado es de los autores). En otras situaciones la definición de la
divisa interprovincial no había sido todavía considerada tema prioritario
a tratar entre las provincias involucradas: “El límite con la Provincia de
Catamarca lo forma igualmente la línea media de las Salinas Grandes.
No ha sido aún trazado en el terreno, pues ambas provincias no han
celebrado convenio alguno en el que se establezcan los términos de sus
jurisdicciones” (Río y Achával, Vol. I:6, el destacado es de los autores).
Aclaramos que no siempre las demarcaciones implicaron un litigio
de partes, en ocasiones se llegaba a acuerdos entre las legislaturas de am-
bas jurisdicciones: “Las provincias de Córdoba y de La Rioja reconocen
por mutuo convenio y de hoy para siempre, como línea divisoria de sus
respectivos territorios (...)” (Río y Achával, Vol. I:5).
Las líneas divisorias entre las provincias se establecieron a partir
de puntos de referencia definidos en los acuerdos o en las instancias
de arbitraje. Generalmente, estos puntos de referencia se apoyaban en
elementos observables en el terreno. La unión entre los mismos se es-
tablecía por líneas rectas imaginarias que podrían ser o no paralelos y
meridianos. Para graficar mejor este punto hacemos alusión al fallo de

147
Nicolás Rabboni

la Corte Suprema de Justicia de marzo de 1882 que pone fin al conflicto


entre las provincias de Santa Fe y Córdoba:

“Que son límites de la Provincia de Córdoba y Santa Fe entre


sí, una línea recta que partiendo de la cabecera del arroyo de las
Mojarras, corte el paralelo de treinta y cuatro grados, veintitrés
minutos –divisorio con Buenos Aires– medio grado antes del
meridiano quinto de esta ciudad (...)” (Río y Achával, Vol. I:3,
el destacado es nuestro).

La justificación de la provincia de Córdoba como una unidad terri-


torial, como un cuerpo integrado e indivisible, no sólo vino acompañada
en la “Geografía de la Provincia de Córdoba” por las referencias legales,
sino que además estuvo ligada a referencias de carácter físico:

“(...) los numerosos arroyos desprendidos de la zona mon-


tañosa, reunidos luego en las corrientes más caudalosas que
surcan la llanura, dan lugar á la formación de un sistema hidro-
gráfico de la Provincia, y en alguna manera, sirven también
para fundar la demarcación política de este Estado argentino en
las condiciones permanentes de una verdadera división geo-
gráfica” (Río y Achával, Vol. I:7, el destacado es nuestro).

Son estas referencias físicas las que, a nuestro entender, privilegiarán


los autores a lo largo de la obra para naturalizar la unidad provincial,
otorgar al territorio cordobés un carácter excepcional y así ‘convertirlo’
en el lugar “más propicio para el desarrollo de la vida y el ejercicio de la
actividad humana” (Río y Achával, Vol. II:19-20).

Conclusiones preliminares

En un contexto en el que se está produciendo el crecimiento econó-


mico provincial a partir de la expansión de la actividad agropecuaria y, a
la vez, se está consolidando una clase dirigente con proyección nacional11,

Para un mejor desarrollo de las relaciones hacia el interior de las elites provinciales, los
11

mecanismos de acceso al poder y sus implicancias, ver Botana (1986).

148
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

el estado provincial se plantea la necesidad de producir una Geografía


de Córdoba que permita conocer y dar a conocer las potencialidades que
las diferentes zonas del territorio provincial presentan. Estas potencia-
lidades sólo van a pensarse ligadas al modelo económico imperante. A
partir de la inserción en la economía agroexportadora se realizará una
valorización diferencial de las distintas áreas de la provincia. Así, las
zonas sur, sudeste y central del territorio son valorizadas por ser produc-
toras directas de materias primas para la exportación, mientras que las
serranías cordobesas, a partir de sus cualidades climático-ambientales
para el descanso, son consideradas proclives al asentamiento de empren-
dimientos hoteleros o de reposo. En lo que respecta a las áreas norte y
oeste, al no poseer “atributos especiales”, sólo serán mencionadas como
partes de la provincia, pero no implicarán mayor atención.
Sin embargo, más allá de esta valorización diferencial de las distintas
áreas de la provincia, su unidad estaba garantizada por ciertas caracte-
rísticas físicas, particularmente hidrográficas.
Pero, en verdad, la unidad provincial estaba siendo definida a partir
del establecimiento de los límites provinciales, un proceso que estaba
teniendo lugar en el momento de la escritura de la Geografía de la Pro-
vincia de Córdoba. Esta construcción política, legitimada por criterios
científicos, será también reflejada por una Geografía que buscaba cons-
truir una imagen excluyente y exclusiva de la provincia.
Esta Geografía de la Provincia de Córdoba no sólo cobra interés por la
minuciosa descripción y consecuente difusión que realiza de las poten-
cialidades de la provincia, sino que, a su vez, va a marcar el estado de si-
tuación en que se encuentra el territorio de la provincia en sus diferentes
áreas o zonas con relación a las dificultades que cada una de ellas posee
para la extensión de la actividad productiva. Estos señalamientos, sin
embargo, constituyen preocupaciones que están presentes en la agenda
estatal, en tanto los estados nacional y provincial han comenzado a im-
plementar acciones para remontar dichas dificultades, como la construc-
ción de ferrocarriles, la extensión de telégrafos, la venta y el poblamiento
de tierras.

149
Nicolás Rabboni

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150
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

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Río, M., Achaval, L. (1905), Geografía de la Provincia de Córdoba. Compañía
Sud-Americana de Billetes de Banco, Buenos Aires.

151
Nicolás Rabboni

Anexo i
Extensión de la superficie cultivada, cultivable y montuosa por De-
partamento en la Provincia de Córdoba. Campañas 1903-1904 (Valores
absolutos y relativos).

% de la
superfi-
cie del
depar-
tamen-
Departa- Superficie Superficie Superficie Superficie
to en
mento Total Cultivable cultivada montuosa
relación
a la su-
perficie
provin-
cial
% del
Total en Total Total en
en  área
  Hectá- % en Hec- % Hectá- %  
Hectáreas culti-
reas. táreas reas
vable
Del sur                  

Unión 1380587 1300000 94,16 330000 23,90 25,38  s/d   7,91


Juárez
1346003 1300000 96,58 195000 14,49 15,00  s/d   7,71
Celman
Río Cuarto 1868729 1700000 90,97 140000 7,49 8,24 s/d   10,70
General
1413360 1300000 91,98 70000 4,95 5,38 s/d   8,09
Roca

Del este                  

Marcos
1035053 1000000 96,61 438000 42,32 43,80 s/d   5,93
Juárez
San Justo 1438000 1200000 83,45 300000 20,86 25,00 s/d   8,24

Del centro                  

Tercero
495864 400000 80,67 100000 20,17 25,00   s/d   2,84
Abajo
Tercero
465720 350000 75,15 100000 21,47 28,57 60000 12,88 2,67
Arriba
Río Segundo 543151 450000 82,85 90000 16,57 20,00 25000 4,60 3,11
Santa María 310677 60000 19,31 10000 3,22 16,67 150000 48,28 1,78
Colón 288962 20000 6,92 13000 4,50 65,00 100000 34,61 1,65
Río Primero 570893  s/d   11000 1,93   100000 17,52 3,27
Totoral 409063   s/d   13000 3,18   150000 36,67 2,34

152
El estado cordobés y la construcción de un relato del territorio provincial

La Capital 57600   s/d   14000 24,31     s/d   0,33

Del oeste                  

Minas 400208 s/d   3000 0,75   200000 49,97 2,29


Pocho 298990 s/d   5000 1,67   150000 50,17 1,71
San Alberto 370640 s/d   6000 1,62   180000 48,56 2,12
San Javier 148337 s/d   6000 4,04   70000 47,19 0,85
Calamuchita 519903 s/d   6000 1,15   300000 57,70 2,98
Punilla 245572 s/d   5000 2,04   100000 40,72 1,41
Cruz del Eje 712820 s/d   9000 1,26   700000 98,20 4,08

Del norte                  

Río Seco 1043288 s/d   3000 0,29   220000 21,09 5,97


Sobremonte 586198 s/d   2000 0,34   280000 47,77 3,36
Tulumba 811469 s/d   8000 0,99   180000 22,18 4,65
Ischilín 575012 s/d   5000 0,87   250000 43,48 3,29
La Mar
125000             0,72
Chiquita
                   
La Provincia 17461099 9080000 52,00 1882000 10,78 20,73 3345000 19,16 100,00

Elaboración propia en base a datos de Río y Achával (1905).

153
Tercera Parte
Historia y Geografía en la última dictadura militar
Lecturas del pasado, del presente y del futuro: la legitima-
ción política de la dictadura de 1976

Marta Philp

Sobre continuidades y rupturas

En 1977, un diario local se refería al desfile militar del 25 de mayo


como el “Desfile de la Victoria”, en una Córdoba ya pacificada y que
prometía retomar poco a poco el camino de su tradición democrática,
recurso clave de su pasado, su presente y su futuro. Situados en este clima
de época, este trabajo se propone reconstruir los usos del pasado durante
la última dictadura militar, atendiendo a las relaciones existentes entre
historia, política y memoria, dado que consideramos que las distintas
operaciones de memoria -homenajes, conmemoraciones- constituyeron
y constituyen escenarios privilegiados para conocer diferentes períodos
históricos1. Durante un gobierno que planteaba la necesidad de fundar
un nuevo orden, diferentes actores como el gobierno provincial, las ins-
tituciones oficiales productoras de historia, como la Junta Provincial de
Historia, la Universidad Nacional de Córdoba, a través de algunos de
sus integrantes y la prensa, en su papel de difusora de los diversos usos
del pasado pero también como productora, participaron del proceso de
construcción de nuevas lecturas del pasado para legitimar el presente y
el futuro político imaginado.

1
Este trabajo se basa en algunos de los problemas discutidos en mi tesis de doctorado en
historia, publicada por la UNC. Ver: Philp (2009).

157
Marta Philp

Es importante recordar que las periodizaciones establecidas siguien-


do el orden dado por los cambios de gobierno tienen el defecto de ocul-
tar las continuidades. Es un lugar común plantear un corte a partir de
1976, fundado en la ruptura del orden constitucional pero, en el caso
de Córdoba, el golpe policial conocido como Navarrazo, en febrero de
1974, al poco tiempo de asumido el gobierno peronista elegido en 1973,
cuestiona esta periodización y nos hace pensar en la continuidad de un
proceso que tiene a este hecho como punto de partida de la profundiza-
ción del autoritarismo y del uso de la represión por parte del estado. Los
meses antes del golpe del 24 de marzo de 1976, diversas organizaciones
ligadas al peronismo manifestaban su apoyo al gobierno de Isabel, preo-
cupado por reducir a la oposición política. Tal fue el caso de las solicita-
das de la CGT y las 62 organizaciones, de la agrupación “De Pie junto a
Isabel”, del Triunvirato Normalizador-Interventor del Movimiento Na-
cional Justicialista-Distrito Córdoba, de la Juventud Sindical Peronista2.
Un telegrama enviado por un dirigente peronista al Congreso Nacional
Justicialista expresaba las ideas básicas que fundaban tal apoyo. Se afir-
maba: “Ante la parálisis ficticia institucional creada por círculos liberales
marxistas consideramos y apoyamos incondicionalmente a la heredera
de nuestro líder, compañera Isabel, futuras elecciones en Córdoba (...)
Apoyo de las instituciones básicas de nuestro ser nacional: 62 organi-
zaciones, Fuerzas Armadas, Iglesia Católica. Cumpliendo con el legado
latinoamericano y tercermundista de San Martín, Rosas y Perón”3. En el
mismo tono, el rector de la Universidad Nacional de Córdoba, al clau-
surar un curso de orientación vocacional, decía que “sólo la bandera azul
y blanca tiene cabida en la Universidad”. En este escenario, se sucedían
los secuestros de obreros, profesionales, estudiantes, la prensa consigna-

2
La agrupación “De Pie junto a Isabel” se conformó en diciembre de 1975 y estaba integrada
por el intendente de Córdoba, José Coronel, José Manuel de la Sota, Haydée Giri, Juan
Facundo Quiroga, entre otros. Proponían la reelección presidencial y afirmaban que “el país
no tendrá revolución sin Isabel”. Diario de Córdoba, 31-12-1975, p. 7; Diario de Córdoba, 19-1-
1976, p. 5. La Juventud Sindical Peronista en un documento justificaba la medida de limitar el
ingreso a la UNC de los alumnos extranjeros, tomada por el rector Menso, como una defensa
del ser nacional. Diario de Córdoba, 2-3-1976, p. 5.
3
El telegrama llevaba la firma de Orlando Zabala, secretario general de las organizaciones
“Unión y verticalidad” y “20 de noviembre” (Día de la Soberanía). Diario de Córdoba, 8-3-1976,
p. 5.

158
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

ba la cantidad de extremistas abatidos y la prohibición de una marcha


de silencio organizada por la Comisión de Familiares de Secuestrados y
Desaparecidos mientras los partidos opositores destacaban la ineptitud
del gobierno para “cuidar la vida humana” y los bancarios, obreros de la
planta industrial de material ferroviaro Materfer y mecánicos anuncia-
ban jornadas de “trabajo a tristeza” 4.
En el ámbito militar, también había una acentuada defensa del ser
nacional y una condena de la subversión. En Córdoba, en el inicio del
curso lectivo de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea, se afirma-
ba: “(...) Donde haya subversión y desorganización social, el hombre de
armas debe estar pronto para reencauzar el proceso desviado. Donde la
República corre el extremo peligro de dejar de ser la Argentina de San Mar-
tín y Belgrano, para ser la tierra de sectores o de grupos, cualquiera ellos
sean, el hombre de armas tiene la ineludible vocación y el irrenunciable
deber de salvarla cueste lo que cueste (...) Nuestra patria se ve acosada
por ideologías foráneas, apátridas e inhumanas, que buscan sojuzgarnos
quitándonos nuestros principios y nuestros ideales, creando confusión y
caos, sembrando terror y muerte” 5. Este discurso fue el que se impuso
a partir del golpe militar del 24 de marzo de 1976, que, como señala
Quiroga (2005), buscaba su legitimación invocando la teoría del “vacío
de poder”, el argumento del “caos económico y social” y el peligro de
la “subversión terrorista”, aspectos que conducirían a la “disolución de
la Nación” y a la “anarquía”. Como alternativa a esta crisis, el “Proceso”
se proponía fundar un nuevo orden donde los militares ocuparan un
lugar central. El comunicado del III Cuerpo de Ejército, con sede en
Córdoba, que invitaba a la prensa a presenciar y dar testimonio de la
quema de libros, es sólo uno de los indicadores de la voluntad fundacio-
nal del nuevo régimen. Se decía al respecto: “documentación perniciosa
que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana a fin de que no
queden ninguna parte de estos libros para que con este material se evite
continuar engañando a nuestra juventud sobre el verdadero bien que re-
presentan nuestros símbolos nacionales, nuestra familia, nuestra iglesia

4
Sobre la marcha del silencio, ver Diario de Córdoba, 23-1-1976, p. 1. Documento conjunto de
los partidos opositores, ver Diario de Córdoba., 19-3-1976, p. 9. Sobre “trabajo a tristeza”, ver
Diario de Córdoba, 22-3-1976, p. 3.
5
Discurso del Comodoro Pitaro. Diario de Córdoba, 6-3-1976, p. 5, los destacados son nuestros.

159
Marta Philp

y en fin, nuestro más tradicional acervo espiritual sintetizado en Dios,


Patria y Hogar” 6. Esta consigna ocupaba un lugar central en el imagi-
nario militar y era invocada tanto por los altos jefes como por los que
cumplían tareas represivas en los distintos centros clandestinos. Cum-
plía la función de recordar, por una parte, la centralidad de la religión
católica -y sus principios- para la organización de la nación al tiempo
que excluía a quienes no la profesaban y por otra parte, a través de una
identificación de la patria con los valores tradicionales, señalaba a los
enemigos del orden deseado.
A principios de 1976, una resolución rectoral aprobó el “Plan ten-
tativo de Extensión Cultural elaborado por la Facultad de Filosofía y
Humanidades, en colaboración con los Departamentos de Extensión
Universitaria, de Bienestar Estudiantil y de la Dirección de Publica-
ciones Universitarias que tendrá aplicación en barrios de la ciudad de
Córdoba y ciudades y pueblos del interior”. El mismo sería conducido
por el Decano de la FFyH, Carmelo Felauto. En la resolución se decía:
“Visto la imperiosa necesidad de que los servicios que presta la UNC
lleguen con amplitud al pueblo de nuestra provincia; que la concep-
ción cristiana y doctrinaria del Movimiento Nacional Justicialista no
concibe a la Universidad aislada, encasillada en el orgullo, la vanidad y
la soberanía de clases sino como institución de todo el pueblo a quien
debe servir permanentemente y que debe estar integrada en forma total
y absoluta al quehacer de la Nación; que la Universidad debe ser vigía
permanente de la argentinización de la cultura en defensa de los altos
intereses de la Patria haciendo penetrar en las inteligencias de todos los
argentinos la luz de la cultura nacional, popular, para forjar así la Argen-
tina grande por la generosidad de los sentimientos, por la potencialidad
de los bienes que Dios le ha prodigado, por el espíritu esforzado y por
el temple criollo de sus hijos y por su contribución científica al progreso
de la cultura y la integración de los pueblos” 7.
6
Comunicado del III Cuerpo de Ejército que convocaba a la prensa para presenciar “la
incineración de un abundante material literario secuestrado en distintos procedimientos
realizados en Córdoba”. El escenario de la operación fue el Regimiento de Infantería
Aerotransportada 14, Camino a La Calera. Diario de Córdoba, 30-4-1976, p. 1, los destacados
son nuestros.
7
El Programa se titulaba “Embajada Cultural” y proponía, entre otras actividades, el dictado
de conferencias sobre Historia Argentina y de Córdoba e Historia del pensamiento argentino.

160
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

Después del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la ley 21.276


prohibió “en el recinto de todas las universidades la actividad que asuma
forma de adoctrinamiento, propaganda, proselitismo o agitación de ca-
rácter político, gremial, docente, estudiantil y no docente”; “toda viola-
ción a dicha norma debe ser sancionada en forma inmediata y enérgica
puesto que de otro modo carecería de eficacia concreta”. En función de
la misma, el Delegado militar en la UNC resolvió que no serían admi-
tidos como personal de ninguna dependencia de la universidad quienes
desarrollaran algunas de las actividades prohibidas en el artículo siete de
la citada ley; al mismo tiempo, las medidas tomadas serán puestas en co-
nocimiento de todas las universidades del país8. Esta ley de la dictadura
coexistió con la ley universitaria del peronismo de 1974 que preveía, en
su artículo 58, el pase a comisión de los docentes concursados o interi-
nos por razones reorganizativas9.
Una resolución referida a la reestructuración organizativa del co-
legio universitario Manuel Belgrano ejemplifica claramente la impor-
tancia que el “Proceso de Reorganización Nacional” (PRN) le otorgaba
a la “formación de las almas”, en el sentido planteado por Murilo de
Carvalho (1997) 10. La misma daba cuenta del “Juicio crítico sobre el
Nuevo Plan de Estudios”, realizado por el Interventor de la Institución,
Teniente (RE) José Angel Coelho, con un equipo de educadores. Afir-
maba: “Llego a la conclusión de que se trata de un instrumento aparen-
temente híbrido en lo que a ideología se refiere pero que si así fuera abre
las puertas a que cualquier personal docente poco escrupuloso siembre
en las jóvenes mentes de los niños y adolescentes cualquier idea foránea
de tinte ateo- marxista. Es un programa sin Dios y sin Patria. Sin Dios,
porque nada hay que esté dirigido a la formación del espíritu; es cienti-
ficista por los cuatro costados; quiso ser humanista y se quedó en ello, en
querer y lo poco de humanista que tiene, no alcanza a equilibrar siquiera
a la abundancia y exceso de un cientificismo ateo-marxista. Y sin Patria,
porque de los ocho años de estudio sólo en uno, el octavo, que podrá
Resolución Nº 194, 19/2/1976, Resoluciones Rectorales, UNC, Tomo 1.
8
Resolución Nº 89, 9/4/1976. Resoluciones Rectorales. Delegación militar. Tomo 1.
9
Varias resoluciones dan cuenta de dicha coexistencia. Ver: Resolución Nº 285; 29/4/1976;
Resolución Nº 307 /308, 3/5/1975. Delegación Militar. Tomo 2.
10
Este historiador brasileño se refiere a la disputa de la “formación de las almas” en el marco
de los procesos de legitimación de los regímenes políticos.

161
Marta Philp

ser rendido libre por aquellos que así lo deseen para poder cumplir con
el Servicio Militar obligatorio, tiene una pincelada de formación en la
dirección últimamente apuntada, en la Formación Histórica (Historia
argentina) y en Formación Política (Instrucción Cívica). Estadística-
mente de un total de 351 hs. semanales para los ocho cursos, sólo 10
hs. semanales están dedicadas a una formación argentinista y ello, como
veremos más adelante con bastantes restricciones” 11. La preocupación
por la argentinización de la cultura continuó vigente a lo largo del PRN.
El peronismo, que había asumido esta tarea, señalando y combatiendo
los obstáculos para el desarrollo del “ser nacional”, será indicado en la
nueva etapa como uno de los peligros a conjurar.
Sirvan estos ejemplos de indicadores, de huellas, que nos alertan
acerca de las continuidades entre un gobierno constitucional-el tercer
gobierno peronista- y uno militar. Continuidades que se evidencian en
la permanencia de una preocupación: “la formación de las almas”. En el
siguiente apartado reconstruiremos algunas de las operaciones de me-
moria que aspiraban a instalar determinadas lecturas del pasado, del
presente y del futuro.

La “formación de las almas” y la memoria oficial del proyecto fundacional

En 1976, la conmemoración madre, la del 25 de mayo, alcanzó par-


ticular relieve. El ministro de gobierno de la provincia, coronel Miguel
Angel Marini expresaba que “nuestra querida Argentina está enferma
de enfrentamientos, odios, mentiras, de demagogia y de política con minús-
cula (...) Nuestro país ha sido mal seleccionado por la subversión porque
aquí no se dan las condiciones de ausencia de valores morales, de some-
timiento y de miseria y dependencia que han hecho posible su propa-
gación y asentamiento en otras partes de la tierra” 12. La celebración del
Día del Ejército, el 29 de mayo, fecha compartida en los años anteriores
con el Cordobazo, fue el escenario para volver a definir el enemigo del
presente. Así, uno de los oficiales del III Cuerpo de Ejército destacaba:
“El Ejército ha salido hoy de sus cuarteles y está en operaciones pero no
11
Resolución Nº 399, 10/5/1976. Delegación Militar. Tomo 2. El nuevo plan de estudios de la
Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano había sido implementado en 1970.
12
La Voz del Interior, 26-5-1976, p. 4, los destacados son nuestros.

162
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

en combate como ayer con un enemigo franco y leal, como los extranjeros
y los indios. Hoy lucha contra bandas armadas que detentan ideologías
extrañas al ser nacional que pretenden satelizar a nuestra Patria a poten-
cias extranjeras. Este Ejército nacional, invicto, profundamente católico,
que sirve sólo al interés de la Patria y que siempre siguió a la Bandera
azul y blanca con el sol americano derrotará también a éstos impidién-
doles que dividan al país y destruyan a la Nación” 13.
Durante el año siguiente al golpe militar, los discursos que identifi-
caban al enemigo se multiplicaron. Cada conmemoración, cada home-
naje era la ocasión propicia para ejercer esta función pedagógica sobre
una sociedad considerada víctima de la subversión. En el discurso de
apertura del ciclo lectivo de la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica,
se planteaba: “la lucha debe continuar, no sólo hasta que el último sub-
versivo sea eliminado sino hasta que hayamos superado las causas que
nos llevaron al borde del caos, hasta tanto los corruptos, los delincuentes
económicos, los dirigentes irresponsables, los ideólogos que generaron y
ahondaron dichas causas sean borrados en forma total y definitiva porque
mientras así no ocurra no habremos afianzado la victoria total y defini-
tiva que la Patria espera” 14.
Juan Manuel de Rosas, figura clave del revisionismo histórico y re-
significada dentro del peronismo como integrante de una trilogía jun-
to a San Martín y Perón, continuaba siendo objeto de homenajes. En
Córdoba, una Comisión de Homenaje a la memoria del presidente de la
Confederación Argentina organizó una misa en la Iglesia La Merced y
una conferencia sobre Rosas y su tiempo. Con motivo del centenario de
su fallecimiento, se fijó 1977 como el Año del Restaurador, se anunció
la realización de concursos escolares, de un congreso revisionista medi-
terráneo y de un gran acto para el 20 de noviembre, Día de la Soberanía,
con el fin de “exaltar ante las generaciones presentes la figura de uno de
los más ardientes defensores del ser nacional”. Así también la figura de Ro-
sas se sumaba a la tan mentada reafirmación del ser nacional propuesta

13
La Voz del Interior, 29-5-1976, p. 9, los destacados son nuestros.
14
Diario de Córdoba, 12-3-1977, p. 5, los destacados son nuestros. Una nota de la revista Somos
hablaba de la infiltración marxista en los colegios. Además planteaba fuertes críticas a “los
que olvidaron el caos mayo 1973/marzo de 1976 y exigen un milagro en 11 meses”. Diario de
Córdoba, 7-3-1977, p. 6.

163
Marta Philp

en medio de la información oficial que afirmaba la derrota subversiva en


el campo armado pero a la vez planteaba los riesgos de la infiltración en-
tre la población. En este clima, en Córdoba se evocó el primer aniversa-
rio del gobierno militar con la presencia de Menéndez y del gobernador
Chasseing en la Plaza de Armas del Comando del III Cuerpo. Rafael
Videla, desde el ámbito nacional, declaraba que la meta del Proceso era
la unidad cívico-militar. Diferentes notas en la prensa local reproducían
afirmaciones planteadas en el nuevo escenario político referidas al papel
de las Fuerzas Armadas en la refundación de la República, a la necesidad
del diálogo, al peligro de la subversión mental. Una pregunta se hacía
presente en medio de las supuestas certezas: ¿sería posible gestar otra
generación de políticos? Dicha pregunta surgía ante el pedido de re-
nunciamiento patriótico formulado por Videla como un paso necesario
para formar una nueva dirigencia de las fuerzas cívicas.
En 1977, la conmemoración del 25 de mayo en Córdoba sumó a
los rituales habituales, una mayor presencia militar. Se agregaron clases
alusivas de los distintos institutos militares, como el Liceo Gral. Paz y
la Escuela de Aviación, en establecimientos escolares. Uno de oradores
afirmaba que “vestir el uniforme significa obligación de velar por la in-
tegridad de la Patria, la defensa de sus instituciones, sus tradiciones, su
historia, sus símbolos siendo precisamente tras esos símbolos y su con-
tenido que todo soldado se mueve hasta el sacrificio” 15. El gobernador
de Córdoba también instaba a meditar sobre la obligación que como
argentinos tenemos para lograr la grandeza de la Patria. La celebración
de este hito fundacional no escapaba a las líneas básicas del discurso
militar que pretendía situarse por encima de las diferencias ideológicas.
El concepto de patria era uno de los ejemplos más claros de esta preten-
sión. En este sentido, el ministro de Economía de la provincia, general
Giner, expresaba que “la Patria no es sólo el perímetro territorial que
delimita la soberanía, no es tampoco el conjunto de los hechos pasados
y la sucesión de los hechos futuros. Es un vínculo espiritual que une a los
15
Las escuelas que recibieron las clases alusivas fueron: Ortiz de Ocampo, Gabriela Mistral,
Santo Tomás y Jerónimo Luis de Cabrera. El orador era el comodoro F. Pitaro, director de la
Escuela de Suboficiales de Aeronáutica. La Voz del Interior, 25-5-1977, p. 11. Un ejemplo más
de la militarización de la sociedad fue el reemplazo de maestros que renunciaban por soldados,
a iniciativa del III Cuerpo de Ejército con jurisdicción en diez provincias. La Voz del Interior,
9-6-1977, p.12.

164
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

individuos con la influencia de la sensibilidad e ideología particular de


cada pueblo (...) Nosotros, argentinos de hoy, no supimos valorar ese legado
de nuestros próceres. Frente al accionar de la subversión, perdimos la nitidez
de nuestros ideales y naufragamos intoxicados por la apatía, por la tergiver-
sación de valores, por la influencia de ideologías foráneas. Y no nos dábamos
cuenta que en ese naufragio perdíamos también a la Patria (...) Los
pueblos necesitan aprovechar sus experiencias dolorosas (...) Una nueva
y ardua lucha, la de recuperar el alma honorable de la Patria. En esa tarea
está comprometida la acción de las Fuerzas Armadas quienes frente al
caos de la subversión oponen el objetivo de una Argentina renovada (...)
Nuestro pabellón repudia el internacionalismo ateo y el odio clasista,
el materialismo aplastante para que las generaciones nuevas se forjen
en la exaltación de Dios e ideal de Patria” 16. Desde esta perspectiva, se
planteaba que el ciclo de Mayo, el de la Revolución de 1810, está his-
tóricamente cerrado pero virtualmente no ya que sus objetivos seguían
vigentes, traducidos en el siglo XX como defensa del ser nacional. Esta
idea de Patria como expresión del alma de la nacionalidad estaba pre-
sente en todas las conmemoraciones.
El Día del Ejército (29 de mayo) tuvo su acto central en el Colegio
Militar en Buenos Aires, presidido por Videla. Sin embargo, se otorgó
un lugar especial a Tucumán; allí, en Tafí Viejo se recordó el combate en
la localidad de Manchala contra la subversión. La fecha fue también el
escenario de un nuevo homenaje a Aramburu, en el séptimo aniversario
de su muerte, a cargo de la Comisión permanente de homenaje y contó
como orador a Adelmo Montenegro, de Córdoba. En el Día del Ejérci-
to no sólo la propia institución intentaba legitimar a través de los discur-
sos sus tareas actuales sino que la prensa rescataba en sus editoriales la
especial significación que adquiría esta conmemoración y la del Día de
la Patria. Las calificaba como muestras del reencuentro entre las Fuerzas
Armadas y la ciudadanía. El Desfile del 25 de mayo era descripto como
el “Desfile de la Victoria” en una Córdoba que “es hoy el símbolo de una
vasta región pacificada, apagados ya los estruendos de la subversión y el
desencuentro social. Situados en Córdoba, “ciudad de una larga y honda
tradición democrática (...) este periodismo cordobés quiere ofrecer hoy

16
La Voz del Interior , 27-5-1977, p. 13, los destacados son nuestros.

165
Marta Philp

al Ejército como homenaje su disposición moral a la tarea de reconstruc-


ción democrática de la república. Comprende este diario que las leyes
de la guerra no son las mismas de la democracia pero no puede menos
que exigir que sean las leyes de la democracia las que orienten el futuro
argentino”. En las notas sobre el Ejército, un periódico local hace suyas
las definiciones presentadas por la propia institución. Así, al anunciar la
conmemoración de la fecha, se refería al Ejército como el que “consolidó
la independencia, cruzó los Andes, liberó otros pueblos del continente,
participó de la organización nacional, ganó miles de leguas en el de-
sierto para la civilización (...) Hoy, la institución que lucha airosa contra
la delincuencia subversiva, celebra jubilosa la fecha”. Como parte de la ce-
lebración se anunciaba una ceremonia pública en el Parque Sarmiento
a la que había sido invitada toda la ciudadanía donde hubo puestos de
exhibición de materiales de guerra, vehículos blindados y motorizados
en los que pasearon niños de hasta 14 años y se realizaron tiros con
munición de fogueo, entre otras actividades. El periódico destacaba la
masiva presencia de la ciudadanía en este “pequeño gran acto que no
fue de exhibicionismo de fuerza sino el comienzo del reencuentro de la
gente común con sus hombres de armas” 17.
Así como en el ámbito nacional, Videla afirmaba que el Ejército era
uno de los más firmes defensores de una auténtica democracia repre-
sentativa, único sistema compatible con la dignidad del ser nacional, en
Córdoba, Menéndez decía que “esta vez sí vamos a edificar una democra-
cia netamente argentina” y destacaba respecto al Día del Ejército: “Cum-
plimos años. Los cumpleaños se festejan en casa pero hemos preferido
salir para festejarlo en medio de nuestro pueblo y en las calles que he-
mos recuperado para la paz y la tranquilidad del pueblo (...) este pueblo
y estas calles son las que pretendió disputarnos la subversión. Venimos
hoy a demostrar que dominamos nosotros las calles y que contamos
con la adhesión de nuestro pueblo”. Además, agregaba “no voy a hablar
de historia porque vosotros conocéis la historia del Ejército que es la
historia de la Patria y segundo, porque hoy estamos escribiendo historia”.
La situación actual era evaluada como el producto de “casi 50 años de
traspiés de la democracia argentina” y anunciaba su modernización pero

17
La Voz del Interior, 29-5-1977, pp. 22 y 23, los destacados son nuestros.

166
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

sin cambiar la filosofía de nuestros valores nacionales, herencia histórica,


patrimonio y tradición religiosa, jurídica y política18.
El Día de la Bandera, otra de las efemérides patrias, fue destacado
como fecha memorable de la argentinidad. El capellán del Ejército exal-
tó la fidelidad de Belgrano a la religión y a las armas, “aunando virtudes
de ciudadano y militar, virtudes que necesita la Argentina en el Proceso
de Reorganización”. En la jura a la bandera, en el contenido de ese com-
promiso figuraba “el exterminio total a los delincuentes subversivos marxis-
tas leninistas” incluyendo entre ellos a “los que pretenden combatir, a los
ideólogos, a los delincuentes económicos y a todos ellos que haciendo
uso de la palabra pretenden corroer al pueblo argentino”. En Córdoba,
se afirmaba en el acto, con la presencia de Menéndez y Chasseing, que
jurar fidelidad a la bandera significaba “estar dispuesto, como lo estuvie-
ron nuestros antecesores que jamás perdieron una guerra, a cobijar a su
pueblo para que viva su verdadera libertad sin que enemigos internos ni
externos ni totalitarismos trasnochados amenacen su felicidad” 19. Otra
de las fechas clásicas, el 9 de julio, Día de la Independencia, fue celebra-
da con un desfile militar y un simulacro de combate en campos del Hi-
pódromo; significativamente, en un contexto definido por un lenguaje
de guerra, donde el general Menéndez llamaba a los soldados a “Vencer
o morir”, consigna utilizada también por algunos grupos armados de
izquierda, los ejercicios de combate cuerpo a cuerpo representaban dos
compañías, una, que copaba una posición y otra, integrada por “delin-
cuentes subversivos” 20.
En este clima de lucha contra la subversión fue homenajeado el Gral.
San Martín, en Córdoba, ante la presencia de numeroso público y de
agrupaciones gauchescas, uno de los oradores planteaba que “en esta
ciudad donde las Fuerzas Armadas y la población, para ejemplo del mundo,
aniquilan a las bandas marxistas, venimos a evocar a San Martín en una
jornada de paz y tranquilidad quien desde el bronce nos indica el derro-
tero de la libertad y de la gloria”. Por otra parte, el ministro de Bienestar
Social de la provincia, en respuesta a “los actuales paladines de los dere-

18
La Voz del Interior, 30-5- 1977, p. 11; La Voz del Interior, 2-6-1977, p. 13, los destacados son
nuestros.
19
La Voz del Interior, 21-6-1977, pp. 6 y 12, los destacados son nuestros.
20
La Voz del Interior, 11-7-1977, p. 6. La Voz del Interior, 15-7-1977, p. 5.

167
Marta Philp

chos humanos”, citaba a San Martín para justificar la actuación militar:


“Los medios se agotan según el carácter de los males y cuando peligra la
salvación de la Patria, todo es justo, menos dejarla perecer” 21.
En Córdoba, otras instituciones se sumaban al accionar oficial. La
UNC invitaba a funcionarios nacionales a sus actividades académicas
relacionadas con temas que preocupaban a la nación y la provincia. Así,
Díaz Bessone, ministro de Planeamiento, participó del acto de clausu-
ra de un curso de postgrado en Planeamiento en un momento en que
el gobierno provincial discutía el PLANDECOR (Plan de Desarrollo
para Córdoba) pensando en el período 1977-200022. Además del plane-
amiento, la UNC, a través de su Facultad de Filosofía y Humanidades,
en este contexto de una “Córdoba símbolo de una región pacificada”,
según las palabras de uno de los diarios locales, era el espacio donde
algunos filósofos analizaban el tema de la libertad23. Por su parte, la
Junta Provincial de Historia, y específicamente su presidente y uno de
los miembros más representativos, Efraín U. Bischoff, se hacía presente
con sus evocaciones de figuras históricas de un pasado lejano como Juan
Bautista Bustos, Alejo Guzmán y Roque Ferreyra recordados a través
de relatos que respondían en gran medida a las características que debe
reunir todo buen historiador según el imaginario social dominante24.

21
La Voz del Interior ,18-8-1977, pp. 3 y 5, los destacados son nuestros.
22
La Voz del Interior, 4-11-1977, p. 4; La Voz del Interior, 6-11-977, p. 4.
23
La Voz del Interior, 9-11-1977, p. 4.
24
La Junta Provincial de Historia se creó en 1941, como filial de la Academia Nacional de
Historia, fundada en 1938. En 1977 era presidida por Efraín Bischoff, quien también era
miembro de la Academia Nacional de Historia, del Instituto Nacional Belgraniano y de la
Junta de Historia Eclesiástica Argentina, entre otras instituciones. Un homenaje realizado
en el año 2002 a este reconocido historiador destacaba que ha escrito más de 100 títulos
entre libros y folletos, tres tomos de la Historia de la Provincia de Córdoba, centenares de
artículos periodísticos y participado en miles de audiciones en radio y televisión desde 1931.
En la misma ocasión, Félix Luna, reconocido historiador y divulgador de la historia, también
rindió homenaje a Bischoff en un texto que lleva por título “Nuestro Obispo”, en referencia
a la etimología del nombre que significa obispo u hombre con autoridad. Allí destaca lo que
considera el principal ejemplo que ha dado el cronista cordobés: “poner a la historia de su
Córdoba amada al alcance de todos”. Señala: “En diarios y libros, en revistas y publicaciones, en
conferencias y disertaciones, con un lenguaje suelto y abierto, ha ido abriendo los tiempos pasados
al conocimiento de los suyos, y por su prosa han transcurrido personajes, procesos, situaciones y
hasta curiosidades que se fueron incorporando al patrimonio espiritual de sus lectores, dádivas que
regaló incansablemente a través de lo más diversos medios”. Ver: Luna (2002), los destacados
son nuestros.

168
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

1978, el año del bicentenario del nacimiento de San Martín se ca-


racterizó por una gran cantidad de iniciativas provenientes de diversos
sectores, ligadas a la figura del Libertador. En los primeros meses, una
nota periodística lo describía como guerrero de la libertad, destacando
su perfil moral, dado por el sentido de misión que dio a su vida; su
naturaleza eminentemente militar, “el guerrero por antonomasia” y su
papel como forjador de soldados. En esta definición, se rescataba que
su misión fundamental “no es el juego político, aunque a veces deba
hacer política, sino proteger, amparar, defender, morir por los demás”.
La interpretación clásica de San Martín situado más allá de las dife-
rencias internas estaba presente en esta caracterización, como también
una concepción despectiva de la política ligada a los pequeños intereses
y no a los grandes objetivos de la Patria25. Una de las instituciones que
ocupaba un lugar privilegiado en la gestión de la memoria del héroe
máximo era el Instituto Sanmartiniano, creado el 5 de abril de 1933,
fecha del aniversario de la batalla de Maipú, en la sede del Círculo
Militar. En 1944 fue oficializado con el nombre de Instituto Nacional
Sanmartiniano y en 1945 pasó a depender del Ministerio de Guerra26.
En este año del bicentenario del nacimiento del prócer, conmemorado
fervorosamente por el PRN, el presidente del Instituto Sanmartiniano
de Buenos Aires, honró en Bélgica al héroe máximo al tiempo que or-
ganizaba actos para rendir homenaje a los caídos en la lucha contra la
delincuencia subversiva27. Al mismo tiempo, Videla exaltaba sus virtu-
des al inaugurar el Congreso de Sociedades Bolivarianas en la Capital
Federal. Citando a Bartolomé Mitre, autor de la consagrada Historia
de San Martín y de la emancipación sudamericana, declaraba que “tuvo
la virtud de la moderación y el desinterés y antepuso siempre el bien
25
La nota se titulaba “El guerrero de la libertad”, su autor era Felipe Hang. La Voz del Interior,
1-3-1978, p. 16.
26
El Instituto fue creado por iniciativa de José Pacífico Otero, quien lo presidió hasta su
muerte en 1937. En 1941, su viuda, Manuela Stegmann de Otero, donó una casa a construir
especialmente, reproducción de la que ocupara San Martín en Grand Bourg entre los años
1834-1848. La Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, durante la gestión de Basilio
Pertiné, cedió un terreno para su construcción, siendo inaugurada la nueva sede en el año 1946.
Actualmente, el Instituto depende de la Secretaría de Cultura de la Nación y cuenta desde el
año 1993 con una Comisión Argentina de Historia Militar. Ver: Instituto Nacional Sanmarti-
niano. [http://www.i-n-sanmartiniano.com.ar].
27
La Voz del Interior, 1-11-1977, p. 1.

169
Marta Philp

público al personal”. Afirmaba que existían dos maneras de honrar a los


grandes hombres que forjaron nuestra libertad: “una, retórica y superfi-
cial, consiste en revestir de grandilocuencia el homenaje a sus memorias
(...) la otra, que este Congreso encarna y a la que adhiero, se nutre del
respeto por la verdad del pasado y de sus grandes gestores y busca examinar
las posibilidades históricas que de sus ejemplos se desprenden” 28. La figura de
San Martín fue disputada en todos los períodos históricos y por actores
de diferentes tendencias ideológicas. Durante los primeros años setenta,
una figura como Agustín Tosco reclamaba su derecho a homenajear a
San Martín e instaba a seguir su camino. Durante la última dictadura
militar, la exaltación de sus valores militares fue la tendencia dominante
dentro del imaginario oficial manifestado por los militares en el po-
der y por los actores e instituciones que consensuaban su accionar. La
imagen de San Martín como guerrero también era rescatada en la IV
Feria Internacional del Libro, que coincidente con el bicentenario del
nacimiento del prócer, dedicaba un lugar preponderante a la bibliografía
y documentación vinculada con su vida y con su obra. En ese ámbito, se
destacaba la prioridad que San Martín dio al libro, al igual que Belgrano,
Sarmiento, el Gral. Paz, Mansilla, quienes “alternaron entre el fragor de
los combates y el esfuerzo intelectual” 29.
En Córdoba, en un mensaje difundido por la red provincial de radio,
se evocaba un nuevo aniversario del arribo al país de San Martín, inte-
grante de la Patria y sus símbolos, “el muro donde se estrellarán las inge-
nuas pretensiones de quienes traten de vulnerar los principios de vida de
la Nación Argentina”, destacados como lo más sagrado por el secretario
de Cultura y Educación de la provincia, en la inauguración del ciclo
lectivo30. La figura de San Martín era resignificada como la de un héroe
eminentemente guerrero en un momento en que la Junta militar en el
poder fundamentaba su legitimidad en la victoria contra la subversión.

28
El tema central del congreso era la integración latinoamericana a través del pensamiento de
San Martín y Bolívar. Lo presidía el general de división Ubaldo Comini. La Voz del Interior,
2-3-1978, p. 14; La Voz del Interior, 3-3-1978, p. 14, los destacados son nuestros.
29
En la Feria del Libro, Videla aseguraba que “no escribirá sus memorias y que su libro de
cabecera es todo lo referido a San Martín”. La Voz del Interior, 6-3-1978, p. 10; La Voz del
Interior, 11-3-1978, p. 14.
30
La Voz del Interior, 10-3-1978, p. 19; La Voz del Interior, 14-3-1978, p. 17.

170
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

En la conmemoración del segundo aniversario del acceso al poder de


la Junta Militar, en Córdoba, al igual que en el resto de las provincias,
se dio lectura al mensaje del gobierno central que ratificaba el restable-
cimiento de la democracia aunque se insistía que el Proceso no sería
breve. La ceremonia, presidida por el general Menéndez, comenzó con
la revista de efectivos y contó con la presencia de las autoridades pro-
vinciales, del arzobispo Primatesta y de los rectores de la Universidad
Nacional de Córdoba (UNC) y de la Universidad Católica de Córdoba
(UCC), entre otros. La editorial de un diario local afirmaba que el ob-
jetivo de pacificación se ha logrado en proporciones altamente satis-
factorias y que “la acción desplegada por las Fuerzas Armadas contra
el aparato subversivo ha cosechado valiosos frutos que hoy se expresan
en la desaparición casi total de este flagelo (...)”. Además, destacaba el
retorno a las sanas prácticas administrativas, el destierro del peculado y
el reencuentro con las normas éticas y morales como la base a partir de
la cual podría construirse el futuro institucional de la República31.
Esta nueva etapa planteada en el II aniversario del PRN, cuyo pro-
pósito último era restablecer una democracia representativa, republicana
y federal adecuada a los tiempos y los reclamos del progreso del pueblo
argentino, puede explicar el homenaje realizado en el 125º aniversario
de la jura de la Constitución Nacional donde, ante la presencia de man-
datarios provinciales, altos jefes militares, autoridades eclesiásticas, fun-
cionarios y público, el gobernador de Santa Fe manifestaba que “hasta
que no se obtengan los objetivos fijados no habrá salida de compromiso
o forzada interesadamente por cuanto las experiencias vividas están muy
frescas aún como para permitir que el sacrificio de tantas vidas sea es-
téril”, además, agregó, “Las Fuerzas Armadas salieron para preservar la
integridad de la nación y de sus habitantes ante la tentativa demencial de
su destrucción y salieron apoyadas por el legado de aquellos constituyentes de
1853”. En este mensaje no se impugnaba a la constitución sino a los go-
bernantes que la habrían distorsionado. Desde esta perspectiva, todavía
se necesitaba del “Proceso de Reorganización Nacional”. En Córdoba,
donde el general Menéndez apelaba al pueblo argentino, el cual -según
su perspectiva- no sólo comprendía sino que compartía la lucha contra
31
La nota destacaba como aspecto favorable la anunciada participación de los civiles en la
gestión de gobierno. La Voz del Interior, 28-3-1978, p. 11; La Voz del Interior, 29-3-1978, p. 18.

171
Marta Philp

la subversión (“de no ser así, no se puede triunfar”, afirmaba), el gobier-


no y la oposición se disputaban la propiedad de la Constitución Nacio-
nal, marginada desde 1976 y rehabilitada como un recurso necesario
para legitimar la nueva etapa del PRN. Una nueva etapa que intentaba
exhibir la unidad de las Fuerzas Armadas frente al gran desafío nacional
pero que, sin embargo, dejaba entrever algunos de los vicios de la “vieja
política”, caracterización que los militares en el poder hacían de la clase
dirigente.
En Córdoba, durante la conmemoración del 25 de Mayo, en la Plaza
San Martín, el orador, el ministro de gobierno, coronel Miguel Angel
Marini, insistía en las diferencias de este “Proceso de Reorganización
Nacional” y el resto de los gobiernos, dadas por un auténtico interés de
servir a la Patria, sin apetencias de poder. Cumpliendo con las directivas
enunciadas a nivel nacional, señalaba que cuando se den las condicio-
nes este proceso desembocaría en una democracia estable. El acto era
el escenario para invitar a “volver nuestra mirada hacia el pasado para
buscar en los ejemplos y en la patriótica gesta de los que hoy recordamos
la fortaleza, la fe y la perseverancia necesaria para el cumplimiento de
los objetivos que la Patria nos impone”. Su alocución terminaba con un
homenaje a todos los que cayeron en defensa de la Patria, “legítimos de-
positarios del glorioso legado histórico” 32. Mayo, como hito fundacional
del pasado nacional era disputado por los distintos sectores políticos. El
pasado se disputaba porque estaba en pugna el presente. La celebración
del Día del Ejército, el 29 de mayo, fue realizada en otro escenario, el
Parque Autóctono; las razones de tal elección son explicadas por el ge-
neral Menéndez, quien afirmaba que “hemos querido formar aquí, al pie
de la estatua del Gral. Paz, el más grande táctico de nuestra historia y a
pocos metros de donde se desarrolló el último choque con delincuentes
subversivos en Córdoba, para festejar, respaldados por nuestras viejas
y recientes historias de triunfos sistemáticos, un nuevo aniversario del
32
El coronel Miguel Angel Marini fue ministro de gobierno de la provincia de Córdoba
desde marzo de 1976 hasta diciembre de 1977. Desde ese lugar tuvo responsabilidad en los
Centros Clandestinos de Detención (C.C.D.) llamados D2 (de la Policía de Córdoba), Casa
de Hidráulica, el Embudo y Unidad Penitenciaria Nº 1. Paralelamente fue subjefe del Area
311 y como tal participó en el control de los C.C.D. Hospital Militar, La Ribera, Malagueño,
La Perla. Ver: Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas. [ http://www.
famdesapcba.org.ar].

172
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

Ejército Argentino”. Sin embargo, planteaba, la lucha no ha terminado,


“el Ejército vigila las otras formas de lucha del marxismo (...) los subversivos
nunca más se van a reintegrar a la vida argentina (...) Por traidores han
dejado de ser argentinos y no pertenecen más a nuestra sociedad”. Desde esta
perspectiva, el Ejército era presentado como el garante para el regreso
a la democracia, para el logro de la estabilidad y tranquilidad, “para que
no resurja el veneno marxista en nuestro país” 33. En Buenos Aires, Vi-
dela rendía homenaje al teniente general Aramburu y rescataba la his-
toria del Ejército argentino, eje protagónico de la organización nacional,
avanzada y custodio de la acción civilizadora, cualidades que le habrían
permitido al Ejército, junto a las otras Fuerzas Armadas, salir victorioso
de la lucha contra la subversión y asumir las responsabilidades de poner
en marcha el “Proceso de Reorganización Nacional” 34.
A las conmemoraciones del pasado lejano y reciente se sumaban los
festejos por el campeonato mundial de fútbol. Una nota periodística,
titulada “Las Fuerzas Armadas, el pueblo y la organización nacional”
planteaba que los festejos del 25 de junio de 1978, fecha en que Argen-
tina se consagró campeón del mundo, eran el reverso del cordobazo, de
mayo de 1969. El mundial 78, se afirmaba, “actuó como un factor catár-
tico, removió profundas fibras inconscientes del pueblo argentino, mos-
tró una imagen de unidad, alegría y solidaridad. Todos los símbolos y las
actitudes tenían un claro sentido integrador”. En cambio, el 29 de mayo
de 1969 “estallaron al unísono todos los elementos de desintegración
social: lucha de clases, contestación a las autoridades, enfrentamiento
generacional, cuestionamiento religioso, crisis familiar, desintegración
nacional, el interior en rebeldía contra el litoral portuario”. Según el
autor de la nota, algunos analistas sostenían que desde los festejos del
Centenario, en 1910, no se advertía en la Argentina la existencia de una
mística nacional. La nota culminaba planteando que el país requería
ganar el mundial de la paz, de la justicia y el bienestar35.
En este clima de festejos dado por el triunfo del mundial 78, Cór-
doba celebraba sus 405 años de historia, los hitos que se rescataban
se relacionaban con su pasado lejano: Sobremonte, Mayo, Caseros, el
33
La Voz del Interior, 28-5-1978, p. 21, los destacados son nuestros.
34
La Voz del Interior, 29-5-1978, p. 7.
35
La Voz del Interior, 2-7-1978, pp. 8 y 9.

173
Marta Philp

80, el siglo XX; significativamente, un periódico local afirmaba que “la


historia reciente no requiere enunciación ante la falta de perspectivas
para apreciar los hechos en su verdadera dimensión y ante la presencia
de heridas aún no cicatrizadas” 36. Este criterio no fue el que primó, en
otra ocasión, para caracterizar el 25 de mayo de 1973 como una grave
amenaza para la historia del país.
Una de esas conmemoraciones clásicas, el 9 de julio, mostraba los
nexos que se establecían entre el pasado lejano, aunque vigente, y el
presente. Un comunicado del III Cuerpo de Ejército establecía que la
misma “deberá exaltar la unión entre el pueblo y su Ejército luego de
que los argentinos demostraran recientemente su espíritu de trabajo en
una justa deportiva de trascendencia mundial”. “La independencia la
defiende y la realiza cada argentino, cada día en todos los lugares del
país”, rezaba la invitación al acto realizada por el gobierno de Chasseing,
quien afirmaba que “el especial momento que viven los argentinos, no
tiene dueño”. El mismo día, la prensa local también dejaba constancia
de la inauguración del vagón cultural del Ejército en Capital Federal, en
una estación del F.F.C.C. Gral. Urquiza, provisto de modernos equipos
(cine, audiovisual, instalaciones para espectadores, bibliotecas). El mis-
mo estaba destinado a recorrer e irradiar su acción cultural en localida-
des de las provincias de Corrientes y Misiones, para acercar a pobladores
alejados de las ciudades importantes, expresiones culturales y de conoci-
miento útiles a la formación de la conciencia nacional37.
La consolidación de la nacionalidad era una de las preocupaciones
centrales durante el gobierno impuesto el 24 de marzo de 1976 y, en ese
proceso, San Martín representaba una guía para el pueblo argentino.
En Córdoba, en el año del bicentenario de su nacimiento, la Dirección
de Historia, Letras y Ciencias, editaba un libro sobre su presencia en
Córdoba38, se dictaban cursos y se proyectaban filmes que establecían
nexos entre su figura y el destino de la juventud actual. El periodismo
36
La Voz del Interior, 5-7-1978, p. 6.
37
La iniciativa fue realizada a partir de una estrecha colaboración entre la Secretaría de
Cultura de la Nación y la empresa de Ferrocarriles Argentinos. Incluía conferencias, cursos de
actualización docente. La Voz del Interior, 6-7-1978, p. 8.
38
El autor del libro, titulado: San Martín en Córdoba era Efraín Bischoff. Asistieron a la
presentación el ministro de gobierno, coronel Marini, asiduo orador en los actos oficiales,
el comodoro Guillamondegui, secretario de cultura y educación, el presidente de la Junta

174
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

era invitado por la secretaría de Cultura y Educación de la provincia


para presenciar la proyección privada del film “La juventud de Córdoba
dijo presente”; la misma documentaba el desfile de escolares realizado
en mayo de 1978 en homenaje al bicentenario de San Martín y en re-
cuerdo de su visita a Córdoba. Se proyectó junto con otro film, Jesús de
Nazareth y estaba destinado a las escuelas. Se presentó ante 400 alum-
nos en la cancha de Instituto, uno de los clubes de fútbol de Córdoba39.
El nombre del prócer máximo era una cita obligada en los discursos de
los gobernantes.
Si San Martín era la figura permanentemente invocada, también hi-
cieron su entrada al calendario de las conmemoraciones, hechos relacio-
nados con el accionar del Ejército a lo largo de la historia nacional. La
llamada “Conquista del desierto” era uno de ellos; el gobierno nacional
formó una comisión de homenaje, para celebrar su centenario en 1979;
la misma debía elaborar los programas de carácter nacional y provincial
para honrar esta gesta histórica y estaba presidida por el ministro del
interior, Albano Harguindeguy. La integraban representantes de insti-
tuciones dedicadas al estudio de la historia y la gestión de la memoria
como el presidente de la Academia Nacional de la Historia, Enrique
Barba; el director de Estudios Históricos del Ejército, coronel Piccinalli,
el presidente de la Asociación de Expedicionarios al Desierto, general
de brigada Elbio Anaya, el secretario de la Junta de Historia Eclesiásti-
ca, R.P. José Brunet; el director del Archivo de la Nación, César García
Belsunce y el presidente de la Comisión Nacional de Museos, Monu-
mentos y Lugares Históricos, Julio César. Entre los fundamentos de
esta iniciativa se citaban: “la necesidad de rendir homenaje al estadista,
al legislador, al soldado, al colono, a la sangre derramada, al sacrificio y a
la civilización, a la tierra conquistada y como siempre, a la Patria (...) los
argentinos debemos hundir las raíces en el pasado para poder proyec-
tarnos en el futuro y no para recordar errores” 40. En el aniversario de la

Provincial de Historia, Ignacio Tejerina Carreras, entre otros. La Voz del Interior, 1-8-1978,
p. 17.
39
El film fue rodado en la casa de Caroya en Jesús María, y contó con la producción general de
Julio Serbali, de Cine Press. La Voz del Interior, 4-8-1978, p. 17.
40
La Voz del Interior, 4-8-1978, p. 14. La Academia Nacional de la Historia fue creada en 1938.
El mismo año, el gobierno creó la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares
históricos, presidida desde su creación hasta 1946 por Ricardo Levene. Por su parte, la Junta de

175
Marta Philp

Fuerza Aérea, el desafío de la conquista del desierto era comparado a


la conquista del aire y del espacio. En ese escenario, el brigadier Agosti
destacaba que “la Patria es el único partido de todos (...) entendemos
por Patria una tradición integrada, un suelo compartido, creencias si-
milares pero sobre todo la conciencia de un futuro común. No es un
recuerdo melancólico del pasado sino un proceso permanente”. Otro
acontecimiento, el Día de la Reconquista de Buenos Aires de manos de
los ingleses, también ligado a la idea de conquista y recuperación, era
conmemorado en todo el país41. Poco tiempo después, se anunciaba la
formación de una Comisión Nacional de Homenaje a la Generación del
ochenta; en Córdoba, la integraban Carlos Melo, Juan Filloy, Alfredo
Poviña, Carlos Morra, Carlos Luque Colombres, entre otros, definidos
como “ciudadanos dispuestos a promover el homenaje a aquel conjunto
de brillantes individualidades” 42.
Finalmente, después de una serie de actos que lo anticiparon, llega-
ba el día del homenaje al Padre de la Patria. En la ceremonia central,
realizada en Buenos Aires y presidida por Videla y la Junta militar, el
presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, general de división Jo-
aquín Aguilar Pinedo, denunciaba a los “pseudohistoriadores, delirantes
de café que han desmontado la figura del Libertador” y expresaba su
respeto por los “auténticos historiadores”. El accionar de “esos agentes
de la historieta” era comparado con el de quienes intentaban paralizar al
país que “por fin se ha puesto de pie hacia su destino manifiesto”. “Ese
destino”, afirmaba, “es el jalonado por la filosofía del Libertador, es decir:
cristiano sentimiento del deber y del honor, firmeza para custodiar nues-

Historia Eclesiástica Argentina se fundó en 1942 por iniciativa del Episcopado Argentino. No
siempre fue presidida por religiosos, sino que entre sus presidentes se contaron profesionales
de la historia como el profesor Vicente Sierra. Sobre la misma, ver: Junta de Historia Ecle-
siástica Argentina, [http://www.jhea.org.ar]. Un aspecto a destacar son las fluidas relaciones
existentes entre los miembros de las distintas instituciones. Por ejemplo, el coronel Piccinali,
director de Estudios Históricos del Ejército, también integraba esta Junta al tiempo que era
académico de número de la Academia Sanmartiniana al igual que Enrique Barba, presidente
de la Academia Nacional de la Historia. Ambos ingresaron a la misma en 1978 mientras que
el Profesor José Astolfi la integraba desde 1960.
41
El acto central se realizó en Chaco. Agosti también afirmaba que “no aceptamos que la
historia sea un libreto predeterminado que se escriba al impulso de la lucha de clases sociales
(...)”. La Voz del Interior, 11-8-1978, p. 13; La Voz del Interior, 12-8-1978, p. 13.
42
La Voz del Interior, 24-9-1978, p. 8.

176
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

tras fronteras espirituales y fisico-geográficas (...)”. En su discurso instaba


a “mantener vigente nuestro más caro legado sanmartiniano, puesto al
servicio de nuestra reserva fundamental, la familia argentina, la mejor
capacitada para enfrentar con solvencia el nihilismo hedónico que propone el
sutil y artero –delincuente terrorista- agresor de nuestros tiempos; y también
la que proveerá las fuerzas que nos capaciten para guardar celosamente
nuestras fronteras”(Pinedo, 1978) 43. En Córdoba, el acto central se re-
alizó en Villa María y tuvo entre sus principales oradores al presidente
de la Asociación Sanmartiniana44. Por su parte, el homenaje del Ejér-
cito Argentino, publicado en la prensa, citaba una frase del prócer: “No
aprobaré jamás que un hijo del país se una a una nación extranjera para
humillar a su patria”. 45 En un contexto en que el Ejército identificaba a
los enemigos de la nación, a la antipatria, con los aliados del comunismo
internacional, la elección de la frase era significativa.
Así como en la conmemoración de San Martín se acusaba a los
“pseudohistoriadores” de falsear el pasado lejano, uno de los periódicos
locales exhibía una actitud muy difundida en la prensa durante la dicta-
dura militar. Un editorial, titulado “La Historia falseada”, hacía referen-
cia a la campaña antiargentina y la ADEPA (Asociación de Entidades
Periodísticas Argentinas) ofrecía su cooperación al gobierno para en-
frentar este nuevo flagelo46. Algunas revistas del mundo del espectáculo
también se hacían eco de esta campaña de desprestigio y llamaban a
colaborar con la Patria bajo el título “La Patria llama. Tucumán 78”.
En Córdoba, una conferencia en el Banco Social planteaba los aspectos
socio-psicológicos del Mundial 78 y evaluaba el triunfo deportivo como
“un profundo revés a las campañas que orquestaron organizaciones sub-
versivas en torno a inexistentes situaciones en el país” 47. En el mismo
43
Destacado nuestro. Aguilar Pinedo presidió el Instituto desde 1977 hasta 1983. En el año
1984 fue nombrado como presidente el general de brigada Manuel Laprida, quien ocupó ese
cargo durante todo el gobierno de Alfonsín.
44
La Voz del Interior, 24-9-1978, p. 8.
45
La Voz del Interior, 18-8-1978, p. 9.
46
La ADEPA, entidad a la que pertenecía el periódico local La Voz del Interior, ofrecía
colaborar en la proyección de filmes que demostraban cómo se alteraba maliciosamente la
realidad argentina en el exterior. La Voz del Interior, 25-8-1978, p. 18; La Voz del Interior, 26-
8-1978, p. 15.
47
La revista era Siete Días. La Voz del Interior, 8-9-1978, p. 9. La conferencia estuvo a cargo del
profesor Ventura Cordero de la FFyH de la UNC. La Voz del Interior, 3-9-1978, p. 8.

177
Marta Philp

sentido, un número importante de docentes de la UNC remitía una nota


de protesta a la embajada de EE. UU. en Argentina “ante la actitud del
gobierno norteamericano consistente en una política de incomprensión
y desafío a la lucha de nuestro país por su libertad y el derecho al ho-
nor y la tranquilidad de su pueblo”. Algunos de los fundamentos de la
nota eran los siguientes: “Ante su derrota esos guerrilleros y activistas
huyeron del país buscando nuevas directivas, no sin antes pasar por los
EE. UU. para sembrar la confusión a los que escucharon su prédica con
ingenuo candor, supina ignorancia o encubierta complicidad (...) Co-
menzó entonces la conocida campaña antiargentina por los Derechos
Humanos con implicancias tales como el intento de boicot a eventos
deportivos o congresos científicos (...)”48. Estos datos constituyen in-
dicios importantes para analizar el lugar de la sociedad argentina en la
formación del consenso a la dictadura.
En 1979, el gobierno conmemoraba su III aniversario con Videla
como presidente y con una creciente expectativa de los demás actores
políticos frente a la tan proclamada marcha hacia la democracia. Cór-
doba tenía nuevo gobernador, el general Adolfo Sigwald, pero desde
1976 el hombre fuerte de la provincia era el general Menéndez, del III
Cuerpo de Ejército. Como ya era una tradición en el PRN, en todos sus
aniversarios se leía el mensaje de la Junta militar y después se procedía
al desfile. En el mundo de las conmemoraciones, si 1978 fue el año del
Libertador, 1979 fue el de la llamada “Conquista del Desierto”; la me-
moria oficial de la dictadura, construida desde el presente, comparaba
este acontecimiento del pasado lejano, la lucha contra el indio, con la
reconquista de la Patria en peligro de caer en manos de la subversión.
En Córdoba, se anunciaba que se rendiría un homenaje a la “Campaña
del desierto”, presidido por el general Menéndez, en La Carlota, una
localidad del sur provincial que cuenta con un fuerte vestigio de la lu-
cha contra el indio49. El calendario de conmemoraciones establecido
48
La mayor cantidad de firmas pertenecía a docentes de la Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales. La Voz del Interior, 11-10-1978, p. 5; La Voz del Interior, 14-10-1978, p. 5.
49
La Voz del Interior, 5-5-1979, p. 19. Otro homenaje evocaba en Bahía Blanca, pcia. de Buenos
Aires, la “expedición al desierto” ante el histórico Fuerte Argentino, lugar de llegada del general
Roca el 1 de mayo de 1979. La Voz del Interior, 7-5-1979, p. P. 13. En Córdoba, la “Fundación
para el Progreso de la Educación” organizaba una comisión de historia sobre la “Conquista
del Desierto”, finalizada entre 1879 y 1912, fecha de la reconquista de El Chaco. La misma

178
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

por la historiografía liberal y difundido en las instituciones educativas


era cuestionado por autores situados dentro del revisionismo histórico.
Tal era el caso de Fermín Chávez, invitado a Córdoba para referirse a
la figura de Mariano Fragueiro, caracterizado como un ilustre cordobés
rescatado del olvido que, según el conferencista, hoy es más actual que
nunca por su concepción social de las finanzas, su idea de la distribu-
ción de capitales, entre otros temas. Afirmaba que “para el liberalismo
iluminista la historia argentina es una suma de éxitos ininterrumpidos
con victorias sucesivas sobre la barbarie, la historia argentina empieza
el 25 de mayo de 1810 y lo que está detrás nada tiene que ver con lo
argentino. Es una utopía pero está escrita y se enseña en las escuelas” 50.
Sin embargo, la perspectiva de Chávez no era la dominante; el gobierno
militar acudía al pasado construido por la historiografía tradicional que
diseñó un modelo histórico que funcionaba bajo el signo del progreso
como destino manifiesto; los cuestionamientos al mismo eran consi-
derados meros accidentes en esta marcha inevitable. La subversión era
uno de ellos. La película documental “Ganemos la paz”, mostraba “las
secuencias principales de la acción subversiva desarrollada por las ban-
das delincuentes terroristas entre 1970 y 1976”. Esta construcción de
memoria rescataba hitos como el asesinato de Aramburu, del general
Sánchez -del II Cuerpo de Ejército-, de los gremialistas Vandor y Rucci,
de la primera y segunda llegada de Perón al país, detalles inéditos del
25 de mayo de 1973 cuando “Plaza de Mayo se convirtió en un esce-
nario de muerte y destrucción”. Finalmente, reseñaba la presencia de
las Fuerzas Armadas a partir del 24 de marzo de 1976, su lucha contra
la delincuencia terrorista, especialmente en Tucumán, y “otros hechos
exitosos que contribuyeron a su erradicación total” 51.
En la Córdoba de la dictadura, la mayoría de las conmemoraciones
seguía el modelo diseñado por la historiografía nacional fundada por
Bartolomé Mitre. La Junta Provincial de Historia, reproducía y traducía
este modelo para la realidad provincial. Es decir, se respetaba el calen-
proponía la realización de trabajos con alumnos en el Instituto Secundario Saúl Taborda. La
Voz del Interior, 13-5-1979, p. 31.
50
Fermín Chávez fue invitado por el Instituto de Estudios Históricos “Mariano Fragueiro”, la
conferencia se desarrolló en el Centro Comercial e Industrial de Córdoba. La Voz del Interior,
11-5-1978, p. 7.
51
La película duraba 25 minutos. La Voz del Interior, 11-5-1978, p. 17.

179
Marta Philp

dario establecido a nivel nacional pero se rescataban hechos y personali-


dades propios de Córdoba o con una incidencia especial en la provincia.
Como ejemplo, pueden citarse los homenajes a Fray Mamerto Esquiú,
al general Juan B. Bustos, al general Paz, entre otros. El interés por San
Martín y su paso por Córdoba era un intento de establecer una mirada
de los próceres desde los intereses locales52. Cuando el gobierno de la
provincia establecía las pautas oficiales en materia de cultura y educa-
ción, entre los objetivos del plan cultural se fijaban: “la promoción de la
tradición cordobesa a través de la puesta en valor de los monumentos
de interés provincial, la valoración y conservación de los documentos
que testifican el paso de los hombres y hechos que fueron forjando el
ser provincial, la formación y difusión de autores cordobeses, la valora-
ción y difusión de personalidades provinciales, el desarrollo y cultivo
de los valores nacionales mediante la recordación de los fastos de la
nacionalidad y el recuerdo de los próceres que forjaron la patria, la recor-
dación de símbolos patrios y la difusión de su significado, la apertura a
las grandes corrientes del pensamiento universal cuando no afecten los valores
trascendentales del hombre”. Estos objetivos tenían como garantía última
la presencia de Dios como “fuente potenciadora de toda manifestación
del espíritu” 53.
En 1979, el 25 de mayo, la conmemoración madre, la del nacimiento
de la Patria, fue el escenario elegido para recordar la importancia de no
volver al pasado reciente, amenaza que podría abjurarse si el gobierno
militar no realizaba salidas políticas apresuradas. El nuevo ministro de
gobierno de Córdoba afirmaba que “tenemos muy frescas en nuestras
memorias las vidas inmoladas para rescatar al país de la anarquía”. En su
alocución, asociaba la lucha reciente contra la subversión a la “Conquista
del Desierto” 54. En vísperas del acto, el general Menéndez se refirió al
futuro político de la nación, declarando que el próximo presidente de la

52
Algunos integrantes de la Junta Provincial de Historia ( JPH), organismo de asesoramiento
del gobierno provincial en cuestiones históricas, tenían fluidas relaciones con el gobierno
provincial, que alentaba sus actividades y la difusión de su producción. Un ejemplo era la
publicación del texto de Bischoff sobre San Martín. La Voz del Interior, 12-5-1979.
53
La Voz del Interior, 17-5-1978, p. 19, los destacados son nuestros.
54
El ministro de gobierno durante la gobernación de Sigwald era el coronel Oscar Jouan. La
Voz del Interior, 27-7-1979, p. 25.

180
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

nación sería un militar y alertando sobre la persistencia de los ideólogos


del marxismo55.
La democracia estaba en cuestión a fines de los años setenta. Para el
“Proceso” existían dos grandes peligros para la democracia: la subversión
y la demagogia, representada ésta última en la figura de Perón. Si el dis-
curso oficial abundaba en promesas en torno a la marcha a la democracia,
a la participación de las “fuerzas cívicas”, un editorial periodístico plan-
teaba varias preguntas al respecto. “¿Restaurar o instaurar la democracia?
¿Volver a la democracia de masas de los primeros gobiernos peronistas,
que eran en realidad dictaduras encubiertas ya que desconocían los prin-
cipios esenciales del régimen republicano?”. Desde esta construcción de
la memoria, el gobierno de Illia era presentado como el modelo a seguir
para una Argentina que debatía acerca de los derroteros de su destino56.
Diversos sectores políticos coincidían en señalar a la democracia como
una experiencia iniciada en la Argentina pero tergiversada a lo largo del
siglo XX. En un pasaje ya citado, el general Menéndez planteaba que el
modelo de 1853 y las aspiraciones de Juan Bautista Alberdi habían sido
traicionados; la subversión y la demagogia, encarnada en los líderes de
los partidos políticos, fundamentalmente el peronismo, eran sus mayo-
res enemigos. En esta imagen de la democracia perdida, tanto sectores
militares como de los partidos políticos destacaban al proyecto de la
Generación del ochenta como un buen comienzo. Desde el gobierno se
formaban Comisiones de Homenaje a “estas individualidades brillan-
tes”, la prensa local publicaba notas resaltando este momento histórico,
como modelo a seguir en medio de la crisis actual57. También el Centro
de Estudios Históricos (CEH), creado en 1978 y dirigido por el Prof.
Carlos Segreti, organizó unas jornadas sobre la citada generación, donde
55
La Voz del Interior, 24-5-1979, p. 23.
56
La Voz del Interior, 26-7-1979, p. 18.
57
Una nota titulada “A 65 años de la muerte de Sáenz Peña. El aristócrata del voto popular”,
escrita por Raúl Faure, destacaba el papel de este “ilustre vástago de la generación del 80,
que modeló la Argentina moderna, cerrando su ciclo con la sanción de la ley electoral que
aseguró la libertad y el secreto del voto y la representación de las minorías (...) Fortaleció la
nacionalidad en base a la democracia”. La Voz del Interior, 5-8-1979, p. 14. Por su parte, otra
editorial destacaba el homenaje a la Generación del 80 ya que “su obra debe ser conocida
y valorada sin sectarismos partidistas o ideológicos ya que las mejores lecciones del pasado
ayudan siempre en las circunstancias críticas de una nación”. La Voz del Interior, 25-8-1979,
p. 10.

181
Marta Philp

estuvo presente el presidente de la Academia Nacional de la Historia,


Prof. Enrique Barba 58.
La historia ocupaba un lugar importante como recurso de legiti-
mación del presente, fundamentalmente la historia lejana, fructífera en
ejemplos a seguir. Así como se evocaba la “Campaña del Desierto”, en
el año de su centenario, otros hechos como la Reconquista de Buenos
Aires habían sido reincorporados al calendario de las conmemoracio-
nes. En Córdoba, un orador militar afirmaba que “la memoria histórica
es el alma de la Patria”. Se establecía un paralelo entre la Reconquista
de 1812 y la de la historia reciente, donde el enemigo fue “la guerrilla
apátrida y nihilista”. Esta vez la Reconquista había sido obra de “una
generación heroica que ganó la batalla en el terreno cívico-militar y que
en forma permanente la gana día a día en otros campos”. Desde esta
perspectiva, el mejor homenaje consistía en ser fieles depositarios de
la gloria que nos legaron aquellos héroes para que “la Patria de hoy y de
siempre sea la razón de vivir y la razón por la cual morir” 59. Esta fórmula
se repetía como un ritual en todas las conmemoraciones; en Buenos
Aires, en la evocación de San Martín, el héroe máximo, el presidente
del Instituto Nacional Sanmartiniano destacaba, en el escenario de la
Plaza Mayor, “síntesis de fe cristiana, victoria y libertad”, su mandato su-
premo: “defender nuestro sistema de libertad” frente a las “experiencias
foráneas” al tiempo que planteaba la conveniencia de revitalizar las vir-
tudes esenciales que nutrían “el formidable bagaje que nos ha legado el
General San Martín pues constituyen los blancos preferidos de aquellos
que artera e insidiosamente, agitando las banderas de pseudas redencio-
nes y presuntos derechos, alientan a los impacientes, sorprenden a los

58
La Voz del Interior, 1 y 25-8-1980. El acto de clausura tuvo como orador al capitán de
navío (R) Enrique González, miembro de la Comisión Directiva del Instituto Belgraniano.
Esta institución fue fundada en 1944 y su primer presidente fue el historiador Enrique De
Gandía. En 1992, mediante el Decreto Nº 1435, el Poder Ejecutivo Nacional lo oficializó
con el nombre de Instituto Nacional Belgraniano, fijándole como su finalidad primordial
la exaltación y divulgación de la personalidad del Gral. Manuel Belgrano, por lo que tiene
bajo su responsabilidad la organización de los actos nacionales oficiales en su homenaje. En
Córdoba, existe actualmente una sede del Instituto Belgraniano y su presidente es Pedro
Bustos Peralta. El historiador Efraín Bischoff es miembro de esta institución. Ver [http://
www.manuelbelgrano.gov.ar.] También pueden consultarse: Anales del Instituto Belgraniano
Central, Buenos Aires, 1979, en la Biblioteca de la FFyH, UNC.
59
La Voz del Interior, 11-8-1979, p. 21, los destacados son nuestros.

182
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

ingenuos, cautivan a los desmemoriados y comercian espúreamente con


los mezquinos con el propósito de vengar la drástica derrota hace poco
sufrida, y consecuentemente sumergir a la república en la antítesis de lo
que preconiza la filosofía política del Libertador, es decir, fe cristiana,
digna libertad, justicia, independencia y soberanía” 60. Un telegrama de
Pinochet saludaba la celebración y resaltaba el espíritu americanista. En
Córdoba, un orador militar afirmaba ante autoridades provinciales, de la
UNC y de la UCC, que “la Nación del Gran Capitán está en marcha y
nada ni nadie podrá detenerla (...) recordarlo es revalidar el sentido de
la argentinidad” 61.

La historia ejemplar como modelo para el presente y el futuro

A principios de octubre de 1979, los diarios anunciaban que se había


superado la crisis militar; el general Menéndez, que se había sublevado
en septiembre, depuso su actitud. Un editorial titulado “Las lecciones
de la crisis militar” sintetizaba la situación del momento; destacaba que
“los hechos de Córdoba han sido un llamado de atención sobre la de-
bilidad del Proceso y sobre la necesidad de que el gobierno, las Fuerzas
Armadas y la civilidad comiencen un diálogo sincero, profundo y directo
respecto a los grandes problemas de la nación” 62.
El gobierno presentó en diciembre de 1979 las Bases políticas, cen-
tradas en dos puntos fundamentales: el diálogo como instrumento para
construir consenso en torno al orden autoritario y la necesaria renovación
de la clase dirigente. El gobernador Sigwald declaraba que en dichas
bases está la Argentina que deseamos. Como plantea Quiroga (2005:
50), los militares en el poder establecían que el nuevo orden político se
fundaría en una solución pactada, consensual, con las fuerzas políticas
existentes para confluir en una convergencia cívico-militar. Pero no to-
dos serían invitados a dialogar, se excluiría a quienes, a criterio de los
militares, fomentaran ideologías totalitarias, la lucha de clases, la pro-

60
Ver Pinedo, 1979. Ver también La Voz del Interior, 18-8-1979, pp. 13 y 19.
61
La Voz del Interior, 18-8-1979, pp. 13 y 19. El editorial de La Voz del Interior se refería a una
“supuesta imposición del gobierno militar para concurrir a los actos de San Martín”. La Voz del
Interior, 23-8-1979, p. 12.
62
La Voz del Interior, 1-10-1979, p. 1; La Voz del Interior, 3-10-1979, p. 8.

183
Marta Philp

piedad colectiva de los medios de producción, el personalismo, etc; en


esta operación de identificación de los enemigos del camino propuesto,
el populismo y la demagogia eran las palabras elegidas para nombrar a
los excluidos del futuro orden político.
En Córdoba, algunos profesores universitarios, entre los que se contó
a Alfredo Rossetti63, de Derecho y Alberto Caturelli64, de Filosofía, fue-
ron invitados a dialogar. Este último expresaba que “el Proceso de Re-
organización Nacional debe ser largo, no apresurarse” dado que “si bien
la lucha contra la subversión terminó en el campo de las armas, el mar-
xismo aún persiste con su accionar en la cultura y la educación”. Ambos
manifestaron su adhesión a los principios doctrinarios que figuraban
en las Bases políticas y coincidieron en la necesidad de profundizar un
avance en el área educativa65. Por su parte, representantes de la Cámara
Argentina de la Construcción también participaron del diálogo, donde
defendieron los principios de la libre empresa y de subsidiariedad del
estado y plantearon la necesidad de la participación de todos, salvo “los
corruptos, subversivos y totalitarios”, en una democracia fuerte, estable
y representativa. La prensa local anunciaba el diálogo con la Fundación
para el Progreso de la Medicina y con la Fundación Mediterránea; ésta

63
Alfredo Rossetti era integrante de la Academia de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba,
fundada en 1941 durante el rectorado del ingeniero Rodolfo Martínez. Su primer presidente
fue Sofanor Novillo Corvalán. En este espacio confluían abogados dedicados al derecho (Pe-
dro Frías, José Buteler, Alfredo Rossetti), la filosofía (Ernesto Garzón Valdez), la sociología
(Alfredo Poviña) o la historia (Carlos Luque Colombres, Carlos Melo, Roberto Peña, Fer-
nando Martínez Paz). Ver: Anales de la Academia de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, años
1970, 1972, 1977, 1978, 1979, 1980. También [http://www.acader.unc.edu.ar].
64
En varias de sus publicaciones, el profesor Caturelli abordaba el tema de la subversión.
Demostrativo de esta preocupación es el texto de Caturelli y Díaz Araujo (1977). Un trabajo
presentado en las I Jornadas de reflexión, creación y debate. A 25 años del Golpe, marzo de 2001,
FFyH, UNC, llama la atención sobre la ilustración de la tapa donde se muestra a “un pulcro
intelectual al que se le ha formado una laguna mental marxista, todo él cruzado por el brazo
en alto armado con un fusil. Dibujado en la contratapa, encontramos una ilustración de
Mikael: firme arcángel-guerrero que empuñando una larga espada reposa sus pies sobre la
ciudad que custodia y vigila”. El Padre Alberto Ezcurra, director del Seminario de Paraná, en
la presentación del libro en cuestión, destacaba que “el marxismo, definido a lo largo del trabajo
como “la teología de Caín”, no es un problema de estómagos vacíos, sino de cerebros y almas
vacías”. Ver: Arbe y Barrionuevo (2001).
65
Los profesores citados, junto a Alberto Boixadós, concurrieron a título personal y no en
representación de partido alguno. La Voz del Interior, 31-5-1980, p. 9.

184
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

última puso en escena uno de los principios con los que justificaba su
accionar, el afianzamiento del federalismo66.
Desde diversos sectores consustanciados con los objetivos del PRN
se planteaba la necesidad del surgimiento de una nueva generación que
heredara su filosofía. En una reunión promocional del Partido Nacional
del Centro, se destacaba la presencia de jóvenes. Por otra parte, decanos
de la UNC reunidos con el gobernador, después de afirmar que “el tipo
de lucha que se dio en la guerra contra la subversión no puede tener
otras características por su naturaleza”, destacaban la importancia del
papel de la juventud no comprometida con los errores anteriores, como
fuente de surgimiento de nuevos dirigentes políticos67. En su visita a
Córdoba, Videla planteaba que “el Proceso pretende dejar descenden-
cia pero es necesario generarla”. En un teatro del Libertador colmado,
reafirmaba que el relevo presidencial no cambiaría los objetivos ya que
el gobierno no concebía la democracia sin partidos políticos serios y
responsables. Decía: “Hoy tenemos orden, ofrecemos autoridad que no
debe confundirse con autoritarismo, exhibimos paz y progreso. El Pro-
ceso tiene legitimidad en su origen, la tiene en su destino que es im-
plantar una democracia auténtica y tiene legitimidad de tránsito porque
devolvió la paz, el progreso y la dignidad”. Además destacaba que “el
Proceso tiene intacta su fuente de poder que es la cohesión de las Fuer-
zas Armadas y legitimidad de consenso por lo que fue, es y piensa ser”.
En oposición a este diagnóstico, Menéndez, ex – comandante del III
Cuerpo, recordaba al gobierno las asignaturas pendientes: la reducción
del estado, la federalización del país, la modificación de las reglas cívicas
y de la educación, bases para poder construir una “democracia para cien
años” 68.
66
Los representantes de la Cámara Argentina de la Construcción fueron Demetrio Brusco,
Vito Roggio y Ricardo Romero Díaz. La Voz del Interior, 11-7-1980, p. 9. Los miembros de la
Fundación para el Progreso de la Medicina que participaron del diálogo eran el Dr. Ranwell
Caputo, Eduardo de Arteaga, Agustín Caeiro y José Pérez. La Voz del Interior, 17-7-1980, p.
9. Los Principios, 19-7-1980, p. 7. En representación de la Fundación Mediterránea, creada
en 1977, asistieron Fulvio Pagani, Humberto Petrei, Domingo Cavallo y Castro Garayzábal.
67
Los decanos participantes fueron: Aldo Cima (Derecho); Alfredo Poviña (Facultad
de Filosofía y Humanidades); Reinaldo Colomé (Ciencias Económicas) y Luis Valle
(Arquitectura). La Voz del Interior, 2-8-1980, p. 9.
68
La Voz del Interior, 5-8-1980, p. 1; La Voz del Interior, 6-8-1980, p. 1. Videla también visitó
el III Cuerpo de Ejército, comandado por Bussi; allí recorrió el Museo de la lucha contra la

185
Marta Philp

En un contexto donde el discurso oficial proclamaba la derrota de la


subversión a la vez que alertaba sobre su interminable y peligrosa pre-
sencia en todas las esferas de la sociedad, los homenajes y conmemora-
ciones eran los espacios donde se fortalecía este imaginario dominante.
En 1979, en Córdoba, en la evocación del general José María Paz, el
orador, director del Liceo militar del mismo nombre, destacaba que “lo
más importante de él no está en haber sido soldado de la independencia
sino de la guerra civil porque allí floreció su más grande ambición que
no fue otra que terminar con la barbarie de Rosas y dar Patria, Liber-
tad y Constitución al país”. Se establecía un paralelo entre los tiempos
vividos por el general Paz y los actuales, donde “la Patria se encuentra en
manos mercenarias” 69. En esta situación, se necesitaba el fortalecimiento
de los valores tradicionales, de la religión; Videla era invitado a inaugu-
rar el “Primer Congreso Mundial de Filosofía Cristiana”, realizado en
Embalse, provincia de Córdoba. Allí, el profesor de Filosofía, Alberto
Caturelli, destacaba la necesidad de renovar los conceptos de la filosofía
cristiana70.
Para el gobierno militar, la idea de gobierno fuerte cobraba legiti-
midad a la luz de la historia. Como ya señalamos, si 1979 fue el año
del centenario de la “Campaña del desierto”, 1980 lo fue de una genera-
ción destacada como modelo no sólo por los hombres de gobierno sino
por diversas instituciones dedicadas a la historia. En Córdoba, se había
conformado una Comisión de Homenaje integrada por el gobernador
y los intendentes de la ciudad capital, Villa María y Río Cuarto, los
presidentes de las Academias de Ciencias, Derecho e Historia, donde
figuraban historiadores como Luque Colombres, Roberto Peña, Efraín
Bischoff, Alejandro Aliaga Moyano y José Ferreyra Soaje, entre otros.

subversión, donde se exponía material bibliográfico, fotografías, reproducciones, uniformes,


“elementos secuestrados a las bandas subversivas”. Entrevista a Menéndez del semanario
porteño La semana. La Voz del Interior, 23-8-1980, p. 5.
69
La Voz del Interior, 23-10-1979, p. 9. Otros próceres eran evocados por instituciones de la
provincia. Nos referimos a Juan Bautista Bustos. La Junta Provincial de Historia organizó
las Primeras Jornadas de Estudios Históricos sobre Bustos, “fiel exponente del federalismo
argentino”. Las mismas fueron presididas por Carlos Luque Colombres, director de la Escuela
de Historia y del Instituto de Estudios Americanistas de la UNC y se expusieron trabajos de
Ana Inés Ferreyra, Emiliano Endrek y Marcela González. La Voz del Interior, 18-10-1979, p.
13. La Voz del Interior, 21-10-1979, p. 9, los destacados son nuestros.
70
La Voz del Interior , 19-10-1979, p. 1; La Voz del Interior, 24-10-1979, p. 9.

186
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

En homenaje a “una de las generaciones más talentosas y fecundas de


la historia” se organizaron actos en el Colegio Monserrat y en la UNC,
donde estudiaron integrantes de la misma71. Así, a un mes fecundo en
conmemoraciones se sumaba la de esta generación en un país tan ne-
cesitado de modelos nacionales frente a la irrupción de las “ideologías
foráneas”. Uno de los diarios locales afirmaba que “la República Argen-
tina ha celebrado este año el centenario de la “generación del ochenta”,
sin pompas, casi austeramente, y con una inocultable nostalgia por la
grandeza perdida. Aquella nación que a principios de siglo se había con-
vertido en la primera de Sudamérica y una de las cinco más importantes
del mundo, ha retrocedido mucho en estos cien años (...) fue durante la
etapa 1880-1930 que se formó la Argentina moderna: próspera, urbana,
liberal. Aquel medio siglo de oro se derrumbó en 1930”. A partir de es-
talectura de la historia, el periódico establecía los nexos entre el pasado
y el presente; así decía: “Cien años después, otra Argentina quiere vivir
una nueva época de transición a la democracia y el progreso material y
cultural” y reconocía que “aunque las dificultades de esta empresa son
desmesuradas, las reservas del pueblo argentino son igualmente inmen-
sas y constituyen la mejor defensa contra los peligros de una regresión
histórica” 72. En esta comparación, el diario ponía en escena dos mitos
arraigados en diversas lecturas históricas: el de una edad de oro y el de
un pueblo dotado de todas las virtudes.
El pasado era un recurso clave en este combate por las ideas, y las
conmemoraciones y homenajes eran los medios a través de los cuales
se manifestaba esta lucha. Nuevamente, la generación del ochenta era
invocada, desde el oficialismo, como modelo del sistema republicano a
establecer, “inmune a los ataques de las fuerzas subversivas y a las ten-
taciones de la demagogia”. Utilizando una imagen de la medicina, el
ministro de justicia de la nación señalaba que “el país requiere de un pe-
ríodo de convalecencia para alcanzar el nivel de su total recuperación y
es menester que todos empeñemos nuestras energías, así como lo hicie-
ron los gigantes de la generación fundadora en épocas difíciles y cargadas

71
La Voz del Interior, 18-5-1980, p. 13. La comisión provincial estaba presidida por Felipe Yofre
Pizarro. Los Principios, 5-10-1980, p. 5.
72
“¿El año de la transición”, Balance y perspectiva, Suplemento extraordinario de La Voz del
Interior, 21-12-1980.

187
Marta Philp

de acechanzas” 73. Un nuevo homenaje al prócer máximo fue el escena-


rio donde el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, Aguilar
Pinedo, exaltó el proyecto sanmartiniano, “dotado de alta política y de
una filosofía dinámica de permanente actualidad, apto para enfrentar
con éxito otras propuestas signadas por el materialismo dialéctico y otro
tipo de totalitarismos”. El secretario de cultura de la nación se dirigió a
la población a través de un programa de televisión difundido por canal
7, auspiciado por el Comando en Jefe del Ejército, la Asociación Scout
y la Unión Católica Argentina74. En Córdoba, se conmemoraba a San
Martín, héroe indiscutido de la nacionalidad y también se construía la
memoria del pasado reciente75. En los predios de la Exposición rural en
el campo La Perla, donde después se dio a conocer el funcionamiento
de un centro clandestino de detención durante la dictadura, el coman-
do del III Cuerpo de Ejército dejaba habilitado el Museo Móvil de
la lucha contra la subversión. La Iglesia ocupaba un lugar clave en la
exaltación de los valores de occidente en una época en que se evocaba
reiteradamente la agresión marxista. Desde ese lugar, organizó la cele-
bración Mariana, auspiciada por el III Cuerpo y los gobiernos provincial
y municipal, con la presencia de unos cuarenta y cinco mil niños en el
estadio Córdoba76.
Diferentes sectores insistían en el fortalecimiento del ser nacional.
Desde un oficio, el de historiador, el presidente de la Junta Provincial de
Historia, Ignacio Tejerina Carreras, destacaba, al inaugurar el “Primer
Congreso de Historia de la Gobernación de Tucumán”, que la misma
era “el punto de partida para la reconstrucción de la verdadera historia
argentina, aquella que ha fijado hondamente la esencia del ser nacional”.
En el Congreso se difundió un mensaje de Videla a la institución cor-

73
En octubre se realizó un homenaje a Miguel Juárez Celman, integrante de la citada
generación, en la Academia Nacional de Ciencias, presidida por Telasco García Castellanos;
en noviembre se llevó a cabo otro acto en la UNC, siendo el orador Carlos Luque Colombres.
Los Principios, 5-10-1980, p. 5, los destacados son nuestros.
74
La Voz del Interior, 18-8-1980, p. 1.
75
En Córdoba, el orador en el homenaje a San Martín fue Ignacio Tejerina Carreras,
presidente de la Junta Provincial de Historia. El diario Los Principios cronicaba el acto de la
siguiente manera: “Jornada de intenso patriotismo que sirvió para ratificar la unión del pueblo
argentino”. Los Principios, 18-8-1980, p. 6.
76
La Voz del Interior, 31-8-1980, p. 11.

188
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

dobesa77. Al poco tiempo, en el marco de las “II Jornadas de Historia de


Córdoba”, se afirmaba que “los estudios históricos adquieren hoy una
dimensión pragmática para la comprensión del ser nacional” 78. Otras
voces, enroladas dentro de la amplia caracterización de revisionismo
histórico se hacían oír en Córdoba; la prensa consignaba el intento frus-
trado de una conferencia de José María Rosa sobre la política argentina
en los últimos cuarenta y cinco años y la presencia de Abelardo Ramos
para dar a conocer su libro La era del peronismo79.
La enseñanza de la historia y sus contenidos también eran objeto
de la preocupación oficial. El ministro de Educación, Llerena Amadeo,
destacaba la necesidad de modificar los programas de historia vigen-
tes en la escuela secundaria; proponía una nueva periodización de la
historia nacional, desde la Confederación argentina hasta la derrota de
la subversión80. El Comando del III Cuerpo había organizado, con los
ministerios de educación de las provincias de su jurisdicción, una cam-
paña titulada “El niño, la escuela y el ejército” con el objetivo de “llevar
al conocimiento de los alumnos de las escuelas pre-escolares y primarias
los aspectos más significativos de la historia del arma, sus actividades
actuales y proyección a la comunidad”. Desde el Ejército también se

77
En el congreso expusieron sus trabajos: E. Bischoff, E. Endrek, A. M. Martínez de Sánchez,
Norma Galván, Eduardo Gould, Dora Celton, Héctor Lobos, Carlos Bustos Argañaraz, C.
Luque Colombres, Carlos Mayo y Beatriz Solveira de Báez. La Voz del Interior, 6-9-1980, p. 9;
La Voz del Interior, 7-9-1980, p. 9. Es de destacar que eran fluidas las relaciones entre algunos
miembros de la Junta Provincial de Historia y la Academia de Derecho y Ciencias Sociales de
Córdoba; su director, Alfredo Poviña presentó el libro de Luque Colombres, integrante de la
JPH, sobre los orígenes históricos de la propiedad urbana de Córdoba (s. XVI- XVIII). La Voz
del Interior, 25-9-1980, p. 7.
78
Palabras del presidente de la Junta Provincial de Historia , Tejerina Carreras. Varios de sus
miembros ocupaban cargos en la administración oficial, tal era el caso de Alejandro Moyano
Aliaga y Carlos Bustos Argañaraz, que se desempeñaban como subsecretarios de cultura de la
provincia y la municipalidad respectivamente; por su parte, Carlos Luque Colombres ocupaba
el decanato de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC. En las citadas jornadas, un
panel, integrado por Edmundo Heredia, Jorge Emiliani, Efraín Bischoff, Luque Colombres y
Tejerina Carreras, se refirió a la destrucción de las fuentes documentales. La Voz del Interior,
4-10-1981, p. 11.
79
La conferencia de J.M. Rosa fue organizada por la Agrupación de Médicos Justicialistas
de Córdoba, no se consignan las causas de su suspensión. La Voz del Interior, 1-10-1981, p. 7.
Abelardo Ramos había sido candidato a presidente por el Frente de Izquierda Popular (FIP)
en 1973. La Voz del Interior, 8-10-1981, p. 9.
80
La Voz del Interior, 9-9-1980, p. 4.

189
Marta Philp

participaba activamente en la construcción de la memoria. El general


Bussi, al presentar el Museo móvil de la lucha contra la subversión en
la muestra agro-industrial de Tucumán, un espacio significativo para la
historia reciente, afirmaba que “compatriotas frágiles de memoria pa-
recen olvidar hoy lo que ocurrió ayer en el suelo patrio” 81. Destacaba
que, a través de esta iniciativa, se pretendía “testimoniar a la comunidad
tucumana, protagonista importante de nuestro acervo histórico, quiénes
fueron y qué pretendieron hacer los delincuentes terroristas que un día
no muy lejano intentaron encaramarse en el poder para, desde allí, soca-
var los pilares básicos de nuestra sociedad y trastocar el sistema de vida
de los argentinos” 82.
El rescate de la juventud se ligaba a la necesidad de formación de una
conciencia nacional. Desde la UNC, se realizó un ciclo de conferencias
regionales sobre Defensa nacional donde se destacaba que la misma no
encerraba un concepto bélico ni era sinónimo de planes militares sino
que se fundaba en tres intereses vitales: soberanía, unidad y patrimonio
histórico. Un curso de perfeccionamiento docente, titulado “La proble-
mática educativa en la realidad nacional”, co-organizado por Gendar-
mería y algunos profesores de la Escuela de Ciencias de la Educación
de la UNC, daba cuenta de los nexos que se establecían entre la edu-
cación y la formación de la tan mentada conciencia nacional83. Desde
el gobierno central se sostenían argumentos similares para plantear la
incorporación de la asignatura Formación moral y cívica en los planes
de nivel medio: “es deber del gobierno superior de la Nación asegurar
a la sociedad argentina su continuidad histórica y velar por la vigencia
de los valores sustentados por nuestra nacionalidad” 84. En esta tarea, los
instrumentos eran diversos: desde las conferencias hasta la difusión del
folklore nacional.
Cada nuevo aniversario del 24 de marzo de 1976, la Junta militar
recordaba el carácter fundacional del PRN e instaba a los argentinos a
ejercer la memoria. En su mensaje del V aniversario decía: “No se pue-
81
La Voz del Interior, 26-9-1980, pp. 5 y 7; La Posición, 26-9-1980, p. 7.
82
La Posición, 26-9-1980, p. 7.
83
La Profesora a cargo del curso era Electra de Herrera. La Voz del Interior, 15-10-1980, p. 7.
El Director de la Escuela de Defensa Nacional era el brigadier Piastrellini. La Voz del Interior,
28-10-1980, p. 9.
84
La Voz del Interior, 30-12-1980, p. 5.

190
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

den ni se deben olvidar las causas que motivaron la intervención de las


Fuerzas Armadas aquel 24 de marzo de 1976. El propósito perseguido
era y es clave: restituir los valores esenciales que sirven de fundamento a
la conducción integral del estado, enfatizando el sentido de moralidad,
idoneidad y eficiencia imprescindible para reconstituir el contenido de
la imagen de la nación; erradicar la subversión y promover la actividad
integral de la vida nacional, basada en el equilibrio y la participación
responsable de los distintos sectores, todo ello con el fin de asegurar la
posterior instauración de una democracia republicana, representativa y
federal adecuada a la realidad y exigencia de evolución y progreso del
pueblo argentino”. En el mensaje se aludía a los logros de la empresa; se
afirmaba: “Hoy nadie puede discutir que reina en la sociedad argentina,
al amparo de Dios, la tranquilidad, el orden y la seguridad. Se piensa,
se expresa, se estudia y se trabaja en paz (...) Vamos hacia una Repúbli-
ca”. Si en marzo de 1980, cuando Videla anunciaba el diálogo político,
sostenía que “vivir sin política es estar a la deriva”, al año siguiente des-
tacaba que “la política debe ser instrumento al servicio de la Nación y
no un medio para la satisfacción de parcialidades”. Desde el PRN, este
retorno de la política debía diferenciarse claramente de la “política real-
mente existente” identificada con el populismo y la demagogia. En este
sentido, se afirmaba: “la búsqueda del consenso no significará caer en el
halago fácil ni en el recurso demagógico” 85.
En diciembre de 1981, los diarios consignaban que más de tres mil
personas habían asistido al acto de la Multipartidaria en Buenos Aires
que reclamaba la normalización política. Los partidos políticos ya es-
taban nuevamente en escena disputándole el monopolio del poder al
gobierno militar al tiempo que mostraban diferentes maneras de con-
cebir la salida política. Mientras el radicalismo construía su imagen de
paladín de la democracia y tomaba la iniciativa de la Multipartidaria, el
peronismo añoraba y rescataba la figura de Perón como único garante
del orden en la Argentina contemporánea. Pero los partidos no eran los
únicos protagonistas de la esfera pública. Fortalecidos al calor de la re-
presión y del terrorismo de estado, los organismos de derechos humanos
85
En Córdoba, la evocación, presidida por el general de brigada Ovidio Pablo Ricchieri, se
realizó en la Plaza de Armas del III Cuerpo de Ejército. La Posición, 24-3-1981, p. 1. El titular
del Diario de Córdoba de la misma fecha decía: “Junta: mensaje de Fe” (p. 1).

191
Marta Philp

ya eran actores centrales en el nuevo mapa político que había comen-


zado a diseñarse a partir de la crisis del proyecto fundacional, ocupaban
las calles, expresaban sus demandas. En Córdoba, al igual que en el resto
del país, en el marco de la conmemoración del Día internacional de los
Derechos Humanos, la Comisión de Familiares de Desaparecidos pedía
la aparición con vida y la libertad de todos los detenidos por razones po-
líticas y gremiales. Sin embargo, la transición hacia la democracia, más
que como respuesta a las demandas internas, se acelerará al ritmo de una
guerra, la de Malvinas, símbolo central de la soberanía en el imaginario
histórico argentino.
El año 1981 había terminado con la asunción de un nuevo presi-
dente militar, el general Leopoldo F. Galtieri, en medio de un contexto
político donde los diferentes actores civiles y militares jugaban sus cartas
para el futuro del país. A partir de la ocupación de las Islas Malvinas el
2 de abril de 1982, la unidad nacional comenzó a ser un valor esgrimido
desde diferentes sectores políticos para legitimar su posición frente a la
recuperación de las islas, símbolo de la soberanía. El gobierno militar la
invocaba como un recurso para legitimar su papel como actor principal
en el camino hacia la democracia, lugar que no pretendía compartir con
el resto de los sectores. Las Malvinas pasaron a ocupar el centro de la es-
cena. Desde diversas instituciones se organizaban actos de “reafirmación
de la soberanía”; a un mes de “la recuperación soberana de las Islas Mal-
vinas”, la Municipalidad de Córdoba realizaba un acto; el arzobispado
de Córdoba resaltaba que desde un principio la Iglesia había asumido
su tarea de evangelización en las islas; la Delegación de Asociaciones
Israelitas Argentinas (DAIA), filial Córdoba exhortaba a la comunidad
judía a contribuir al Fondo Patriótico86; los sindicalistas promovían una
campaña de recepción de donativos; la Unión Cívica Radical manifesta-
ba su solidaridad y el Partido Justicialista de la Capital Federal llamaba
a conformar una “monolítica unidad nacional, detrás de la azul y blanca,
que será la carta de triunfo frente a la agresión”; el rector interino de la
UNC, Carlos Luque Colombres, expresaba su solidaridad al presidente

86
El Fondo Patriótico Malvinas Argentinas fue creado por la Junta Militar por el decreto N°
753/82 del 15 de abril de 1982. Entre sus objetivos manifiestos se contaba la aceptación de
donaciones para los soldados que peleaban en Malvinas. Finalizada la guerra y la dictadura, se
conoció que las mismas no habían llegado a destino.

192
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

de la nación, con la lucha en defensa de la soberanía; el Movimiento de


Afirmación de la Soberanía (MAS), presidido por Menéndez, daba una
conferencia sobre Malvinas. La prensa informaba sobre las graves pér-
didas del enemigo pero también de los que parecían meros accidentes,
como el hundimiento del Crucero Gral. Belgrano, en el camino hacia
el triunfo argentino. Las leyendas que acompañaban a las fotos de los
soldados hablaban de su alto grado de preparación87.
La guerra justa era el tema de una reunión organizada por el Insti-
tuto de Derecho Internacional Público de la Facultad de Derecho de la
UNC donde disertó el Prof. Alberto Caturelli de la FFyH88. Diferentes
sectores sociales y políticos daban su apoyo a la iniciativa militar; en
Córdoba, el MAS, presidido por el general Menéndez también hizo de
Las Malvinas una guerra justa. En esta ciudad, al igual que en la mayoría
de las del país, se realizó un operativo titulado “Córdoba para Las Mal-
vinas”, destinado a recaudar dinero a beneficio del fondo patriótico. Este
operativo consistió en una transmisión radial y televisiva, en un festival
deportivo y en la distribución de cintas patrias en la zona céntrica. En
el Pabellón Argentina de la UNC, escenario del operativo, se leyó el
mensaje de Galtieri que afirmaba: “Como en todas las grandes epopeyas
de la historia patria, Córdoba está presente” 89. Una foto en el diario,
que mostraba a soldados argentinos, iba acompañada con la siguiente

87
En el acto organizado por la Municipalidad, el orador fue el Licenciado en Historia,
Armando Duarte, profesor de Historia de América en la FFyH de la UNC. La Voz del Interior,
2-5-1982, p. 7; L. P., 2-5-1982, p. 5; La Voz del Interior, 3-5-1982, pp. 6 y 7. La editorial de La
Voz del Interior, dirigido por Adelmo Montenegro, también se refería a las Malvinas como “un
fin irrenunciable”. La Voz del Interior, 6 -5-1982.
88
La Voz del Interior, 2-6-1982, pp. 6 y 7. La presidenta de la Sociedad Argentina de Filosofía,
Lic. Judith de González Achával, destacaba que “a partir de Las Malvinas la historia inicia un
nuevo e inédito rumbo”. La Voz del Interior, 3-6-1982, p. 7. También bajo el argumento de la
guerra justa, el Prof. Baquero Lascano dictó una conferencia, organizada por la Coordinadora
de Trabajadores de Luz y Fuerza, titulada “Legitimidad y consecuencias de la acción argentina
en las Islas Malvinas”. La Voz del Interior, 7-6-1982, p. 7. Finalizada la guerra, nuevamente el
citado profesor, junto al brigadier Justo González, participó de un ciclo cultural organizado
por el club Talleres; se refirió al análisis jurídico de la soberanía de las Islas Malvinas. La Voz
del Interior, 4-7-1982, p. 7.
89
La Voz del Interior, 5-6-1982, p. 7; La Voz del Interior, 6-6-1982, p. 7. Suplemento especial
de Los Principios titulado “Córdoba para las Malvinas. Las hormigas mueven montañas”, La
Posición, 13-6-1982.

193
Marta Philp

leyenda: “demostrando excelente estado anímico, soldados argentinos se


dirigen a relevar a sus compañeros en el frente” 90.
“La guerra justa” de Malvinas culminó con una derrota que era la del
propio régimen militar que había perdido el primer lugar en las decisio-
nes sobre el rumbo del país.
En marzo de 1983, el gobierno militar anunciaba el llamado a elec-
ciones. Menéndez, el hombre fuerte de Córdoba, manifestaba que el
próximo gobierno constitucional debía cumplir con las tareas que no
realizó este gobierno: instaurar “una democracia perdurable y perma-
nente como era nuestro objetivo el 24 de marzo y que el Proceso no
logró”. Además, hipotetizaba sobre las interrupciones a la vida demo-
crática: “se deben a la falta de adecuación a las reglas cívicas y a la falta
de un proyecto nacional, de lo que debe ser la Argentina” 91. El gobierno
militar en retirada, después de la guerra de Malvinas, alegaba para su
defensa esta eterna identificación con la nación mientras anunciaba la
presentación de un informe sobre la “lucha antisubversiva”.
El 31 de octubre de 1983 los diarios titulaban “Alfonsín presidente”.
Los primeros días de diciembre se asistía a la proclamación legislativa
de los candidatos triunfantes y se disolvía la Junta militar. “Recupera-
mos la nación para la vida, la justicia y la libertad”, anunciaba Alfonsín
al asumir la primera magistratura el 10 de diciembre. En Córdoba, el
gobernador electo Eduardo Angeloz convocaba a la ciudadanía a vivir
en libertad y democracia. Una publicidad en la prensa decía: “Córdoba.
Hoy asume el pueblo” 92. Nuevamente diferentes lecturas del pasado, del
presente y del futuro ocuparán el espacio público ordenado en torno a
una palabra omnipresente: democracia, invocada como un fin en sí mis-
mo, para conjurar los peligros de la dictadura.

90
La Voz del Interior, 7-6-1982, p. 4.
91
La Voz del Interior, 1-3-1983, p. 4.
92
La Voz del Interior, 12-12-1983, p. 1. El diario informaba que después de la asunción se haría
una fiesta popular en la Plaza de la Intendencia. La iniciativa seguía la propuesta de Alfonsín
que había dispuesto el reemplazo de las funciones de gala por fiestas populares donde el pueblo
pudiera festejar la reconquista de la democracia. La Voz del Interior, 10-12-1982, p. 9.

194
Lecturas del pasado, presente y futuro: la legitimación política de la dictadura de 1976

Bibliografía

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unc.edu.ar].
Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas. [http://www.
famdesapcba.org.ar].

195
Marta Philp

Instituto Nacional Belgraniano. [http://www.manuelbelgrano.gov.ar].


Instituto Nacional Sanmartiniano. [http://www.i-n-sanmartiniano.com.ar].
Junta de Historia Eclesiástica Argentina. [http://www.jhea.org.ar].

196
Geopolítica y nacionalismo territorial.
La cátedra de Geografía Humana de la Escuela de Histo-
ria de la Universidad Nacional de Córdoba y la legitima-
ción de las prácticas de la dictadura militar (1975-1984)1

Eugenia Cavanagh
Lucas Palladino

Introducción

Durante el período del último gobierno de facto (1975-1982) exis-


tieron pocas asignaturas con denominación geográfica en la Universidad
Nacional de Córdoba. Una de ellas fue la cátedra de Geografía Humana,
la cual funcionaba en la Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía
y Humanidades. Intervenida por los militares, dicha cátedra se tornó
un espacio central desde el cual no sólo se promovieron las propuestas
teóricas en boga en la Geografía conservadora argentina, sino también
la idea, difundida por el estado, del nacionalismo territorial.
En este capítulo presentamos los avances de nuestra investigación
sobre los contenidos impartidos por la cátedra de Geografía Humana de
la Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la
UNC durante el período 1975-1984. Particularmente indagamos sobre
el papel que dicha cátedra desempeñó en el mismo período para, a partir
de ahí, comprender el rol de la Geografía en tanto saber que reúne un
conjunto de discursos sobre el territorio.
1
Versiones preliminares de este texto fueron presentadas en diversos congresos. Al respecto,
ver Cavanagh, Palladino, Schvartz (2009) y Cavanagh, Palladino (2009).

197
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino

Al igual que otros trabajos de este libro, nuestra investigación se en-


marca dentro de la propuesta de la Historia Social de la Geografía (Es-
colar, 1996), la cual busca comprender el papel de las instituciones, las
prácticas, los discursos y los sujetos en sus contextos de actuación. Desde
esta perspectiva se comprenderá la significatividad de las acciones disci-
plinarias en el marco de la historia social, política y económica en la que
éstas se desarrollan (Livingstone, 1992)2.
Nuestro estudio se basa en el análisis de los programas de la cátedra
de Geografía Humana correspondientes al período comprendido entre
los años 1975 y 1984. Se trata de articular los contenidos impartidos por
dicha asignatura con las instancias históricas de institucionalización y el
contexto sociopolítico de la época.
En particular nos interesa indagar en los motivos que llevan a in-
corporar en el programa de la materia las problemáticas vinculadas a
la Geopolítica nacional: ¿qué relaciones pueden establecerse entre esta
práctica y el contexto histórico, social y político?, ¿qué relaciones pueden
plantearse entre los contenidos de la cátedra y los discursos nacionalistas
de base territorial en boga en aquel momento en la Geografía y en la
sociedad?

Antecedentes políticos y académicos: sujetos, instituciones y prácticas


en la propagación del nacionalismo de base territorial

Durante la década de 1990 en la Argentina se realizaron diversos


estudios que analizaron el compromiso de las instituciones geográficas
en el proceso de formación del estado. Así, estos estudios reconocen
que estas instituciones habrían contribuido a la construcción del terri-
torio tanto en términos materiales como simbólicos (Quintero, 1995;
Escolar, Quintero Palacios, Reboratti, 1994; Zusman, 1996). A su vez,
las distintas instancias de institucionalización de la Geografía (profe-
sorados, carreras de Ingenieros Geógrafos, enseñanza de la Geografía
a nivel secundario y universitario) habrían mostrado cierta organicidad

2
Según Livingstone (1992), es necesario superar la perspectiva internalista de la Geografía
(que se olvida del contexto) aunque sin tampoco caer en reduccionismos externalistas (como
aquel que sitúa las prácticas como mero reflejo de condiciones materiales).

198
Geopolítica y nacionalismo territorial

con los proyectos estatales en distintas coyunturas (Souto, 1993; Cec-


chetto, 2005).
Sin embargo son escasos los estudios que tratan específicamente el
papel de las distintas prácticas geográficas (geografía enseñada en dis-
tintos niveles, prácticas territoriales llevadas adelante por el estado) y
de las instituciones involucradas (Sociedades Geográficas, Instituto
Geográfico Militar, cátedras de Geografía universitarias, Institutos del
Profesorado, entre otros) en el último gobierno de facto (1976-1983).
Los trabajos recientes de Guillermo Cicalese (2007, 2009) nos ofre-
cen elementos para articular la coyuntura comprendida entre 1975 y
1982 con las producciones de la Geografía. Así Cicalese, en su artículo
“Ortodoxia, ideología y compromiso político en la geografía argenti-
na de la década de 1970”, analiza las relaciones que se establecieron al
interior de la Geografía argentina en la época del último gobierno de
facto. Este estudio nos permite comprender, en primer lugar, el papel
clave que se le otorgó a las universidades nacionales en el “Proceso de
Reorganización Nacional”, en el marco de un escenario político inesta-
ble. En segundo lugar, nos ayuda a entender las prácticas y las redes de
relaciones que se tejieron entre los actores, y las pujas que se desarrolla-
ron al interior del campo científico3 de la Geografía en esta etapa4. En
este sentido el autor concluye que el resultado de esta lucha habría con-
tribuido a la consolidación de una visión ortodoxa de la Geografía que
estaba caracterizada por implantar el enfoque de la Geografía Regional
basada en el positivismo. “Con la administración militar, geógrafos or-
todoxos cristalizarían sus posiciones académicas y políticas. El campo
devendría en aparato, se cortaría toda posibilidad de relación dialógica
en un clima de detracción de ideas, mientras miembros de los sectores
tradicionales asumirían significativos roles en instituciones educativas,
de investigación y del gobierno nacional” (Cicalese, 2007: 9).

3
En el sentido teórico, Cicalese nos brinda un marco de análisis basado en la idea de “campo
científico” que propone Pierre Bourdieu (2003), el cual utilizaremos para nuestro estudio de
caso.
4
Esta puja, en el campo científico de la Geografía argentina, estaba caracterizada por un lucha
entre quienes el autor denomina “ortodoxos” (conservadores y dominantes que imponían su
visión de la Geografía) y “heterodoxos” (nuevas generaciones de geógrafos que disputaban el
proyecto institucionalizado al poner en duda los pilares del discurso de los opositores) .

199
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino

Posteriormente, en “Geografía, Guerra y Nacionalismo. La Socie-


dad Argentina de Estudios Geográficos (GAEA) en las encrucijadas
patrióticas del gobierno militar, 1976-1983”, Cicalese profundiza en el
análisis de las modalidades de producción de conocimiento geográfico
en instituciones como la Sociedad Argentina de Estudios Geográfi-
cos (GAEA) y la Carrera de Geografía en la Universidad Nacional de
Buenos Aires en el período 1976-1983. Para el autor, la producción de
GAEA respondía a las demandas de otros campos sociales, en particular
del político5. Así, esta institución cumplía un rol en la formación, difu-
sión y creación de la conciencia territorial.
Cabe destacar que entre 1976 y 1982 la Geografía académica produ-
jo una serie de libros que parecerían acompañar las prácticas territoriales
llevadas adelante por la dictadura militar. Tal es el caso de los textos
compilados por Patricio Randle y editados por Oikos Tau en la obra:
La conciencia territorial y su déficit en la Argentina actual. Los trabajos
contenidos en estos volúmenes discuten el concepto de conciencia terri-
torial y consideran que muchos de los problemas que enfrentaba el país
se debían a la poca conciencia que tenía la población sobre el territorio.
La discusión presentada en estos textos nos permite inferir que la Ge-
ografía universitaria se dedicó a producir y reproducir un conjunto de
discursos que sirvieron para legitimar las acciones del estado6.
Sumado a esto, existen otros indicios que permiten indagar sobre la
relevancia de la cuestión territorial en las prácticas estatales del período
en cuestión. En efecto, el nacionalismo de base territorial habría actuado
como elemento de cohesión social frente a la poca legitimidad política
y social con la cual contó el gobierno militar. En este sentido, los con-
flictos con los países limítrofes y la colonización de las áreas construidas
en el imaginario como vacío de población ocuparon un lugar funda-
mental (Patagonia y Chaco). Estas preocupaciones promovieron dis-
tintas políticas territoriales, desde aquellas conocidas bajo el nombre de
Marchemos hacia las fronteras, que incentivaron a que los estudiantes de
5
La Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (GAEA), creada en 1922, es una institución
vinculada a la investigación y difusión de conocimiento geográfico del país. Según afirma
Cicalese (2009), ha llegado a convertirse en la asociación más representativa de la Geografía
argentina, ya que logró incorporar a gran parte de los docentes de esta disciplina.
6
Además de Randle, el término conciencia territorial ha sido utilizado por geógrafos como
Federico Daus, Raul Rey Balmaceda y Servando Ramón Dozo, entre otros.

200
Geopolítica y nacionalismo territorial

colegios secundarios de las ciudades del país entraran en contacto con


los alumnos de escuelas localizadas en zonas fronterizas, hasta aquellas
que promovieron el poblamiento y la construcción de infraestructura en
la Patagonia y en el Chaco. Las políticas de promoción industrial en
Tierra del Fuego o la censura cartográfica llevada adelante por el IGM
también formaron parte de estas acciones. De hecho, el nacionalismo
de base territorial y las prácticas territoriales asociadas sirvieron de base
para legitimar la ocupación de Malvinas del año 1982.
En síntesis, sostenemos que este nacionalismo de base territorial
habría sido vehiculizado por la producción de cierto tipo de discursos
geográficos y habría contribuido a silenciar/reprimir los conflictos que
se vivían al interior de la sociedad argentina. En este sentido, podríamos
entender la cátedra de Geografía Humana que estudiamos como uno
de los espacios desde donde se (re)produjeron contenidos que habrían
legitimado el nacionalismo territorial del período.

La cátedra de Geografía Humana durante la dictadura militar: sujetos


y prácticas

“Los docentes fueron, durante estos años, designados en función de su adhesión a


los principios esgrimidos por la dictadura.
En el ámbito de las humanidades y las ciencias sociales los miembros del cuerpo
docente se caracterizaban, en términos generales, por su afinidad con la derecha
más reaccionaria.”
Pablo Buchbinder (2005: 210)

El golpe militar de 1976 significó un momento de cambios y tensio-


nes políticas en la Universidad Nacional de Córdoba. Ese año la Uni-
versidad fue intervenida por los militares. En su interior, las diferentes
facultades y cátedras cambiaron directivos, reemplazados por profesores
que se ajustaron a las órdenes de los militares. Así, la Facultad de Filoso-
fía y Humanidades permaneció cerrada durante el primer cuatrimestre
de 1976, motivo por el cual la asignatura de Geografía Humana no
fue dictada. A partir de aquí, hubo una serie de cambio de profesores

201
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino

y planes de estudios en dicha cátedra que a continuación detallaremos


año por año7.
En primer lugar, es cesanteado el que hasta ese momento había sido
el titular de la cátedra, el Profesor Roberto Augusto Miatello8. A su
vez, desde el año 1975, se había abierto una cátedra paralela, a cargo
del profesor Pedro J. Mansilla9, luego director interino de la Escuela de
Historia de la Facultad10. En el segundo semestre de 1976 ingresa el Lic.
Juan Carlos Ferrer de San Martín, dictando un cursillo con el nombre
de “Introducción a la Geopolítica”. En lugar de Miatello, el interventor
militar de la Universidad Nacional de Córdoba designó a Ferrer San
Martín para que se hiciera cargo de la cátedra de Geografía Humana,
conjuntamente con Antonio Legeren11. A partir de 1977 y hasta 1984,
Ferrer y Legeren se desempeñaron respectivamente como profesor ad-
junto interino y jefe de trabajos prácticos de la cátedra, quedando a cargo
del dictado de la materia. De hecho, estos cargos no fueron concursados.
En 1984, luego de la vuelta a la democracia, Roberto Miatello recupera
la cátedra, para la cual presenta un programa diferente al vigente.
Un análisis de los programas de la asignatura12 correspondientes al
período en estudio, nos lleva a constatar que no se observan grandes
diferencias entre los contenidos impartidos por Miatello antes de 1977
y aquellos que comienzan a enseñarse a partir de ese año. En efecto,
7
Tal como recuerda Buchbinder (2005), en las universidades nacionales la policía y las fuerzas
armadas controlaban estrictamente el acceso a los predios universitarios.
8
Roberto Miatello era profesor de Geografía egresado del Profesorado Joaquín V. González
de la ciudad de Buenos Aires. Liberal y de pensamiento desarrollista, trabajó como profesor de
Geografía en el Liceo Militar de Córdoba.
9
Según las entrevistas realizadas a ex alumnos, Mansilla habría estado ligado ideológicamente
al peronismo conservador, y sostenía un discurso nacionalista de derecha. Cabe destacar
que Mansilla fue titular de una cátedra de la Universidad Nacional de Córdoba hasta la
proscripción del peronismo en 1955. Con el tercer gobierno peronista es reincorporado en la
Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades como titular de una cátedra de
Geografía paralela a la de R. Miatello.
10
No poseemos datos acerca del período en que Mansilla fue director de la Escuela de Historia,
sin embargo en el programa de Geografía que presenta en 1975 firma como Director.
11
Sabemos hasta el momento que Ferrer no era ni geógrafo ni historiador, y que habría hecho
una licenciatura ligada a la administración y las ventas. Por su parte, A. Legeren era Licenciado
de Historia y ya integraba la cátedra como Jefe de Trabajos Prácticos, cargo en el que fue
ratificado.
12
Es necesario aclarar que no serán considerados en el análisis los programas de la cátedra
paralela de 1975.

202
Geopolítica y nacionalismo territorial

tanto los nombres de las unidades como los contenidos, eran simila-
res en general. Entonces, tanto los contenidos de los programas como
la bibliografía propuesta para su desarrollo permiten reconocer que la
Geografía Humana vidaliana y la perspectiva regional, adecuada al país
a partir de la visión de Daus, orientaban la perspectiva de la cátedra. A
su vez, la Geografía económica ocupaba un destacado lugar. De alguna
manera, ello nos llevaría a deducir que habría un interés de articular el
estudio regional con el análisis de las economías regionales13.
Sin embargo, hacia 1980 el programa presenta un cambio que con-
sideramos relevante. En efecto, se introduce un nuevo ítem dentro del
programa: “Breve reseña sobre Geopolítica”, presentado o justificado
como “Desarrollo analítico del último tema de la unidad 3”14 (deno-
minada “Geografía política, Histórica y Geohistoria”). A continuación
analizaremos las implicancias institucionales y políticas de esta inclusión.

La (im)posición  de la Geopolítica en los programas de estudio. El


análisis de los programas

“Las casas de estudio fueron distribuidas entre las distintas fuerzas militares (…)
Solo en mayo de 1976 fueron separados de sus cargos (…) trescientos profesionales
entre docentes y no docentes en la [Universidad] de Córdoba (…)
Desde organismos vinculados con las FFAA se supervisaba el diseño de los pro-
gramas y las bibliografías.”
Pablo Buchbinder (2005: 208 y 210)

Decíamos antes que en el segundo cuatrimestre de 1976 se dicta


un “cursillo” nuevo (equivalente a un seminario) a cargo del Lic. Juan
Carlos Ferrer San Martín quien, hasta entonces, no formaba parte de la
estructura de la cátedra de Miatello pero que ahora firma como “Prof.
Adj. de Geografía Humana”. Este cursillo recibe la denominación de

13
La bibliografía de los programas cita a autores como Vidal de la Blache, Federico Daus, Earl
Case, además de Alfonso Arnolds (Geografía Económica argentina), Carlo Cipolla (Historia
Económica de la Población Mundial), Max Derriaux (Tratado de Geografía Humana), Bruno
Deffelipe (Geografía Económica argentina), Aldo Ferrer (La Economía Argentina), Horacio
Giberti (Historia Económica de la Ganadería argentina), Patricio Randle (Geografía Histórica y
Planeamiento y Evolución Urbanística) y Raúl Rey Balmaceda (Geografía Regional).
14
De esta forma figura escrito en el programa.

203
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino

“Introducción a la Geopolítica” e instala temáticas del siguiente tenor:


“teoría del espacio vital”, “la inteligencia estratégica, la acción psicológi-
ca”, “la geopolítica como síntesis vital”, “el espacio aéreo”, “la guerra, la
nueva o actualizada configuración del enemigo, la guerrilla”, “formación
geopolítica, educación para la observación”. La bibliografía “nueva” que
apoya el desarrollo de estos temas incluye textos de Oswald Spengler
(La Decadencia de Occidente), Carl von Clawsewitz (De la Guerra) y Pier-
re Celerier (La Geopolítica o Geoestrategia), y también propuestas más
vernáculas como las del Coronel Jorge E. Atencio (¿Qué es la geopolíti-
ca?), entre otras.
En 1979 dentro del programa de la cátedra de Geografía Humana
y como parte de la 3ª Unidad, conjuntamente con la Geografía política,
histórica y Geohistoria, aparecen las siguientes temáticas “Génesis y de-
sarrollo de la Geopolítica. La Geopolítica como ciencia humanística.
Ubicación geopolítica del país”. Acompañando esta nueva incorporaci-
ón temática aparecen en la bibliografía los textos de J. Atencio, P. Ce-
lerier, J. Vicens Vives, el Coronel Justo P. Briano, Halford Mackinder y
Oswald Spengler.
Como ya hemos señalado, en 1980 se afirma esta tendencia. En efec-
to, bajo la aclaración de que se incluyen como “Desarrollo Analítico del
último tema de la Unidad III (breve reseña sobre Geopolítica)”, apare-
cen en el programa de la materia cuatro nuevas unidades15, las cuales,
con algunas modificaciones, reproducen básicamente los contenidos del
cursillo de “Introducción a la Geopolítica” dictado en 1976.
También resulta curioso el hecho de que en este programa se intenta
modificar la denominación de la cátedra. En efecto, aparentemente los
docentes a cargo de la misma (Antonio Legeren y Juan Carlos Ferrer)
buscan sustituir el titulo Geografía Humana por el de Geografía Hu-
mana y Geopolítica sin que medie cambio de plan de estudios o trámite
alguno. El intento por cambiar el nombre de la asignatura y la frustra-
ción de tal pretensión se constata en el hecho de que en el programa de
1980 se observa la denominación “Geografía Humana y Geopolítica”
tipeada, y luego, las palabras “y Geopolítica” tachadas a mano. A ello hay

Estas unidades eran las siguientes: “10°- El conocimiento geopolítico, 11°- Condicionamientos
15

y estímulos geográficos ,12°- Situación geopolítica de la Argentina, 13°- Formación


geopolítica”.

204
Geopolítica y nacionalismo territorial

que agregar que al final, con firma irreconocible de alguna autoridad de


la época, dice “Testado: `y Geopolítica-debe suprimirse del título”. En
esa línea, en la bibliografía se incorpora el texto de un reconocido autor
de la Zeitschrift für Geopolitik, Otto Maull (socio del geopolítico segui-
dor de las ideas del nacional socialismo Albretch Haushofer). Además
se hace mención a un curso de la cátedra de Defensa Nacional de los
años ´40 dictado por Coronel Atencio en la Universidad de La Plata.
En 1981 las cuatro unidades geopolíticas se incorporan en la Unidad
3, “Geografía política, Histórica y Geohistoria”, manteniéndose, en tér-
minos generales, la misma bibliografía.
En el programa del año 1982, año del conflicto por Malvinas, irrum-
pen, con el subtítulo de “GEOPOLÍTICA” al final del programa, cuatro
unidades “nuevas”, las Nº 10, 11, 12 y 13, que no son más que las mismas
del programa de 1980, y que antes estaban incluidas en la Unidad III .
La bibliografía es exactamente la misma que la del programa de 1981.
En 1983, luego de la derrota de Malvinas, con la salida democrática
ya a la vista, se mantiene idéntico el programa16 pero cambia radical-
mente la bibliografía, ya que, llamativamente, se retiran todos los autores
geopolíticos.
De 1984 se conservan dos programas. El primero, idéntico (fotoco-
pia) al de 1983, con el agregado al inicio “Fecha de presentación: 20 de
febrero de 1984”, en el que Ferrer figura como Profesor Titular y Le-
geren como Profesor Adjunto. El segundo tiene fecha de presentación
el 5 de abril de 1984, está firmado por Miatello como Profesor Titular,
y en él, Ferrer figura como Profesor Adjunto. Este último programa
había sido totalmente modificado y renovado, y presentaba una biblio-
grafía diferente y extensísima. Ya no figuran las unidades geopolíticas,
y la temática geopolítica integra nuevamente la Unidad III junto a la
“Geografía Política, Histórica y Geohistoria”. En este marco se discuten
temas como “El Atlántico Sur y los conflictos actuales: el Beagle y las
Malvinas”.

16
A lo largo de todos estos años el programa estuvo firmado por Legeren y Ferrer, ambos
responsables de la cátedra, pero ahora, en 1982, por primera vez Ferrer San Martín figura
como “Profesor Titular”.

205
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino

Lo no dicho entre la Geografía Política y Geopolítica

“Rechazada por la Geografía (y por la Ciencia Política) [la geopolítica después


de la 2ª Guerra Mundial] se vuelve instrumento pseudocientífico para formula-
ciones de políticas de poder autoritarias en países del Tercer Mundo (como Brasil
y Argentina), prácticamente restringido a los círculos militares. Se vuelve, más
propiamente, una disciplina militar y, crecientemente, una simple subsidiaria de
la política estratégica.”
Wanderley Messias da Costa (1992: 230)

Como planteamos en el ítem anterior, el estudio de los programas


de la cátedra de Geografía Humana de la Facultad de Filosofía y Hu-
manidades de la UNC evidencia que entre los años 1976 y 1982 la Ge-
opolítica pasa a ser uno de los temas al que se desea otorgar cada vez
más importancia. Si relacionamos este interés por enseñar Geopolítica
dentro de la cátedra de Geografía Humana con el desarrollo del nacio-
nalismo territorial en la época podemos otorgar otra dimensión a los
programas analizados.
En primera instancia es posible dar cuenta de un conjunto de presen-
cias que se articulan con otras ausencias. Así, a la vez que visibilizamos
la presencia cada vez más destacada de la temática Geopolítica dentro
de los programas, y la incorporación de nuevas bibliografías que estaban
de acuerdo con la misma, observamos la omisión del debate (frecuente
en la historia de la Geografía) sobre los términos de Geografía Política
y Geopolítica. Este debate tradicionalmente se ha dirimido a través del
recurso de otorgarle el status de ciencia a la Geografía Política, mientras
que se ha reservado a la Geopolítica el carácter de saber aplicado del es-
tado17. Esta discusión disciplinar, sin embargo, es omitida en los progra-
mas de estudio de la cátedra. Precisamente, no se registran distinciones
entre los términos Geografía Política y Geopolítica; los temas y los con-
tenidos impartidos en las unidades hablan solamente de “Geopolítica”.
Sin embargo, esta distinción sí se hace explícita en los programas pre-

17
Mientras la Geografía Política estaba asociada al “conjunto de estudios sistemáticos más
afectados a la geografía y restrictos a las relaciones entre el espacio y el Estado”, la Geopolítica
se vinculaba a “la formulación de teorías y proyectos de acción que se interesan por las
relaciones de poder entre los Estados y las estrategias de carácter territorial para los territorios
nacionales y extranjeros” (Messias da Costa, 1992: 16, la traducción es nuestra).

206
Geopolítica y nacionalismo territorial

sentados por Roberto Miatello, tanto en 1975 como en 1984. En ambos,


la unidad 3 se denominaba “Geografía política, Geografía Histórica,
Geopolítica y Geohistoria”. Nos preguntamos entonces por qué motivo
se le otorga una importancia distintiva y fundamental a la Geopolítica
en los programas de estudio durante la etapa de la dictadura militar, lo
que no ocurre con los documentos presentados con la recuperación de la
democracia (representada por la reincorporación de Roberto Miatello).
Los cambios en el plan de estudios y la omisión del debate discipli-
nar entre los dos términos mencionados nos permiten inducir que existe
un intento de asentar y legitimar el conocimiento de la Geopolítica en la
cátedra. Para esta aseveración nos apoyamos en Messias da Costa (1992)
quien plantea que la “omisión” del debate entre Geopolítica y Geografía
Política en la esfera académica no es ingenua, ya que la mención y el
conocimiento de la primera permite dar lugar a la disimulación y a la
estrategia con fines políticos y militares. Se trata entonces de concebir a
la Geopolítica como existente y real pero sin reconocer elementos que
permitan pensarla en términos epistemológicos, y es por esta razón que
se invisibiliza el debate con la Geografía Política.
El peso de la Geopolítica también se constata por la presencia de tex-
tos escritos por militares (quienes, además, sostenían la necesidad de en-
señar Geopolítica) en los programas. Se trata de adecuar un saber produ-
cido en ámbitos militares y extra-académicos para poder ser incorporado
en la esfera universitaria, con los fines de generar conciencia territorial.
Si la Geopolítica “en tanto ideología de Estado, no debe ser inter-
pretada como un conocimiento generado exclusivamente por el Esta-
do”, y aparece además como un saber que podría “estar siendo formado
en múltiples espacios de investigación, incluidos los de la Universidad”
(Messias da Costa, 1992:15, la traducción es nuestra) podemos decir
que la Universidad (a través de la cátedra de Geografía Humana) estaba
jugando un papel clave en su difusión. Esto no significa afirmar que era
escenario de producción de discursos, pero sí un ámbito de reproducción
o difusión de aquellos elaborados, por ejemplo, por destacados miem-
bros de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos18.
18
En su estudio sobre las prácticas políticas de GAEA, Cicalese (2009: 10) destaca que en
el contexto de la dictadura “aparecen numerosos trabajos donde la tónica parece estar más
centrada en un deber ser y en recomendaciones apoyadas en principios políticos de actuación”.

207
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino

Ya hemos señalado que Cicalese (2009) demuestra claramente cómo


los geógrafos más destacados de GAEA (Raúl Rey Balmaceda, Ser-
vando Dozo, Patricio Randle, Federico Daus y Horacio Difrieri, entre
otros), llevaron adelante a partir del gobierno militar, una práctica ac-
tiva de discursos y declaraciones en las que dieron a conocer su postura
respecto a los conflictos limítrofes, cuestiones de las que se preocupa la
Geopolítica. Entre otras razones, estos temas eran puestos en foco “(…)
por (…) sus entendimientos (tácitos o explícitos) con los sectores más
conservadores de la sociedad, y (…) por su mentalidad afín a un ideario
de doctrinas tradicionales” (Cicalese 2009: 5). Tanto el estudio de los
conflictos de límites con los distintos países vecinos, como las preocu-
paciones por la ocupación de la Patagonia o Chaco y la defensa de los
intereses argentinos en las Islas Malvinas o en la Antártida, estaban
vinculados a la idea de crear conciencia territorial, es decir, contribuir a
la difusión de un nacionalismo de base territorial. Esta forma de nacio-
nalismo (usado por las clases conservadoras argentinas desde el período
de formación del estado-nación) supone al territorio como elemento
básico de la construcción de la cohesión social (Cavalieri, 2004)19. A
partir de esto, se consideraba necesario concientizar a los ciudadanos
sobre la existencia de ciertos ámbitos geográficos que es necesario cuidar
especialmente para asegurar y preservar la identidad nacional.
Así, los cambios en los programas de la cátedra de Geografía Hu-
mana parecen también relacionarse con las preocupaciones de GAEA:
“Las cuestiones limítrofes con Chile, el problema de las cuencas hi-
drográficas compartidas con otras naciones, y aún el tema de las Islas
Malvinas (...)” (Cicalese, 2009: 16). Por ejemplo, en 1980, cuando se
consolida la presencia de la Geopolítica, una de las unidades del progra-
ma de Geografía Humana pasa a tratar los siguientes temas: “Situación
geopolítica de la Argentina. Espacio vital: el Virreinato del Río de La

19
Pablo Cavalieri (2004) sostiene que en la década de 1880 el territorio fue un elemento clave
en la construcción de la comunidad imaginaria argentina. De hecho menciona que criterios
como la lengua, la raza o la cultura eran insuficientes para fundar la nacionalidad. En este
contexto, se conforma una corriente cultural que considera al Virreinato del Río de la Plata
como el “molde natural” del territorio argentino. De esta manera, era posible leer el proceso
de constitución del país como una serie de “pérdidas” territoriales causadas por la acción
balcanizadora de Inglaterra, por la hábil acción diplomática de Brasil y Chile y por la falta de
manejo diplomático de las delegaciones negociadoras argentinas.

208
Geopolítica y nacionalismo territorial

Plata. Antecedentes geopolíticos en la Historia Argentina. Guerra de


liberación y guerra de la independencia. El actual espacio argentino. El
mar. Los archipiélagos. La Antártida. La peninsularidad argentina. El
espacio aéreo. El Atlántico Sur”. El recorrido histórico-territorial reali-
zado por esta unidad refleja las preocupaciones geopolíticas del período,
las que constituían la base del nacionalismo territorial.

Textos en Contextos

“La Geopolítica clásica de fines del siglo XIX, las metáforas biológicas más crudas
del determinismo geográfico, la mentalidad militarista, los principios de la Doc-
trina de Seguridad Nacional y el nacionalismo corporativo se van a hacer notar
en forma velada, sutil o bien en lenguaje llano en las manifestaciones, declaracio-
nes y ponencias de los geógrafos.”
Guillermo Cicalese (2009:5)

Como hemos mencionado, el análisis de los programas de la cátedra


de Geografía Humana nos permite pensar que no hubo un accionar
ingenuo e inocente en la incorporación de la Geopolítica en los pro-
gramas.
Si bien aquí no profundizamos en los posibles vínculos entre los
profesores Ferrer San Martín y/o Legeren con los miembros de GAEA,
u otros posibles vínculos con la militancia nacionalista de la época, o
con los represores locales, no subestimamos la funcionalidad de los cam-
bios de los contenidos de los programas al accionar de la dictadura. La
participación de Ferrer de San Martín en un evento en Córdoba en el
que también disertaron miembros de las fuerzas armadas apoya nuestra
hipótesis20.
Hemos descripto cómo, con posterioridad al golpe de estado del 24
de marzo de 1976, el titular de la cátedra de Geografía Humana, Ro-
berto Miatello, es cesanteado, y su lugar es ocupado por un agente que
trabajó claramente en el objetivo de imponer la Geopolítica en la en-

20
En su disertación Ferrer muestra y defiende la “proyección cenital equidistante elaborada en
el año 1975 por la Marina” (Ferrer de San Martín, 1980: 193), con centro en Buenos Aires, la
misma que Rey Balmaceda proponía para reemplazar aquella presente en los mapamundis más
usuales (Cicalese 2009). Cabe destacar que a través de la proyección cenital se lograba situar a
la Argentina en el centro del mapa del Cono Sur.

209
Eugenia Cavanagh y Lucas Palladino

señanza universitaria. La Geopolítica fue adquiriendo mayor presencia


y extensión. Así en el ´76 se hizo presente en un cursillo optativo, en el
´79 como parte de una unidad existente, en el ´80 a través cuatro unida-
des nuevas (con el lapsus descripto de intentar cambiarle el nombre a la
cátedra), hasta que en el ´82, con el programa presentado pocos meses
antes de la Guerra de Malvinas, el proyecto madura íntegramente (el
tipo de bibliografía incorporada refleja también esta maduración). Lue-
go de la derrota de Malvinas, desaparece la bibliografía específica, y en
el ´84, con el retorno de la democracia y el reintegro de Miatello, se deja
de incorporar la temática en los programas21.
Si bien resulta apresurado hablar de correlaciones directas entre el
contexto sociopolítico y el accionar académico de los sujetos estudiados,
sí se puede hablar claramente de una organicidad entre las tareas de cre-
ar una conciencia territorial y los objetivos políticos planteados por las
prácticas territoriales del estado en el marco del nacionalismo territorial.

Consideraciones finales

El análisis de los programas de la cátedra de Geografía Humana cor-


respondientes al período comprendido entre 1975-1984 nos sugiere una
serie de consideraciones y también algunas líneas para seguir trabajando.
En primer lugar, constatamos la relevancia que fue adquiriendo la
Geopolítica dentro de los programas del período en cuestión. En este
contexto se evidencia, por un lado, la intención de otorgar legitimidad a
la Geopolítica al considerarla una Ciencia Humana22 y el requerimiento
de ser enseñada en espacios universitarios, y por el otro, la preocupación
por asociarla al tratamiento de las temáticas vinculadas a la descripción
de aquellos aspectos del territorio argentino que, en tanto “espacios vita-
les” de la nación, precisaban ser cuidadosamente defendidos. Era enton-
ces necesario concientizar a los ciudadanos sobre aquellos ámbitos que
se pretendían cuidar para preservar la identidad nacional.
En segundo lugar las entrevistas exploratorias y lecturas también
nos permiten pensar que pudieron existir estrechos vínculos entre los
21
Ferrer San Martín se mantuvo en la cátedra con el cargo de Profesor Adjunto hasta el
llamado a concurso de su cargo, 2 años más tarde.
22
De hecho, algunos programas la presentan como una ciencia humanística.

210
Geopolítica y nacionalismo territorial

profesores de la cátedra de Geografía Humana y la sociedad geográfica


hegemónica de la época, GAEA. Esta sociedad, partidaria de ideas con-
servadoras, y estrechamente vinculada al estado, fomentaba y promovía
en sus congresos y publicaciones la creación de una conciencia territo-
rial. En este marco, consideramos que la cátedra de Geografía Humana
modificó temáticas y bibliografías de acuerdo a la voluntad política de
dicha institución. Sin embargo, las relaciones entre GAEA y la Cátedra
todavía no fueron profundizadas, motivo por el cual consideramos que
la realización de entrevistas a ex alumnos o a profesores que dictaban
clases en esta época nos podría ayudar a otorgar mayor densidad a nues-
tra hipótesis. La indagación sobre el papel de los mismos profesores en
congresos, seminarios, cursos, en otras cátedras de la misma universidad
o de otras universidades también ayudaría a comprender la articulación
de estos docentes con otros intelectuales que estaban participando en la
producción de discursos orgánicos al nacionalismo territorial.
Los resultados de nuestra investigación nos permiten comprender,
por un lado, el papel de la cátedra de Geografía Humana ligada a la pro-
pagación de las ideologías del estado, a través del nacionalismo de base
territorial. Por otro lado, nos permiten entender que estas ideologías
reflejaban la visión hegemónica al interior del campo de la Geografía, de
rasgos fuertemente conservadores y funcionales al estado.

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213
Enseñando la única (di)visión posible del territorio ar-
gentino: la Geografía Regional en el Profesorado de Ge-
ografía de la Escuela Normal Superior Alejandro Carbó
(1973-1983)

Natalia Astegiano

Introducción

En este capítulo nos proponemos indagar acerca del papel de la pro-


puesta regional en la formación de los docentes de enseñanza media de
Geografía en Córdoba, particularmente en el profesorado de Geografía
de la Escuela Normal Superior Alejandro Carbó, a partir del análisis de
los planes y programas de estudio correspondientes al período compren-
dido entre los años 1973-1983.
A partir de lo planteado por Daniel Pinkasz (1992), consideramos
que la Escuela Normal y los Institutos del Profesorado surgen como
ámbitos de formación docente para el nivel primario y medio, dentro
de la conformación del Sistema Educativo Argentino. Según dicho
autor, desde el nacimiento de estas instituciones, el rol del docente se
encuentra condicionado más por las funciones de reproducción del co-
nocimiento que por las de producción del mismo.
En este sentido, resulta necesario estudiar el papel de los profesora-
dos de Geografía como centros de enseñanza que contribuyeron y con-
tribuyen a reproducir ciertos discursos legítimos acerca del territorio
(Escolar, 1996)1. En efecto, en estos ámbitos, la enseñanza de la Geogra-
1
Hasta este momento no se conocen muchos estudios relacionados a los Institutos de
Formación Superior en Geografía de nuestro país. Algunos avances sobre la formación del

215
Natalia Astegiano

fía se presentó como una herramienta fundamental para la construcción


de una identidad nacional, ya que la misma era considerada como una
de las disciplinas que contribuía a la formación de los valores nacionales.
Este conocimiento permitía la construcción de representaciones subje-
tivas asociadas a los procesos de apropiación territorial. En un contexto
donde la diversidad social y cultural no podía garantizar la unidad de la
nación, el territorio aparecería como un elemento clave para asegurarla
(Moraes, 1991).
La división del país en regiones geográficas complementarias y que
conformaban un todo armónico (el territorio de la nación Argentina),
se tornó la representación hegemónica de la Geografía en los Institutos
del Profesorado del país.
En este marco, y a partir de estos supuestos, en este trabajo se ana-
lizará la forma en que los planes y programas de estudio de la Escuela
Normal Superior Alejandro Carbó articularon la propuesta regional,
convirtiéndola en la única representación geográfica posible del territo-
rio nacional para la enseñanza media en el período en cuestión.
Así, el capítulo se divide en tres partes. En un primer apartado, se
contextualizará el rol de los Institutos del Profesorado en relación a la
propuesta de las Escuelas Normales nacionales, vinculado a determi-
nadas circunstancias sociopolíticas de la época. Luego, se profundizará
en algunas de las perspectivas del discurso regional, a partir de las pro-
puestas de dos referentes de la Geografía en los Institutos del Profe-
sorado: Federico Daus y Raúl Rey Balmaceda. Por último, se analizará
la presencia de este tipo de discursos sobre el territorio en los planes y
programas del Profesorado de Geografía de la Escuela Normal Supe-
rior Alejandro Carbó.

Instituto Nacional del Profesorado en 1905 bajo la gestión del Ministro de Educación Joaquín
V. González pueden observarse en el trabajo de Escolar, Quintero Palacios, Reboratti (1994) y
en el estudio de Villar (1992) sobre la formación del Profesorado en la Universidad de la Plata.
Un estudio más reciente es el de Silvia Busch (2010), que analiza los planes de estudio del
profesorado Joaquín V. González en el período comprendido entre 1971- y 2005. Un avance
sobre el estudio de la Geografia en la Escuela Normal Superior Alejandro Carbó puede verse
en Valiente, Astegiano (2008).

216
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

El Profesorado en la Escuela Normal Alejandro Carbo en contexto

El Instituto del Profesorado de la Escuela Normal Alejandro Car-


bó encuentra su origen en los antiguos profesorados de las Escuelas
Normales Nacionales, las cuales se constituyeron en una estrategia del
estado para ordenar y conducir la heterogeneidad de las instituciones
educativas existentes (Brumat, 2000:6).
En tanto herederos de las propuestas ideológicas y pedagógicas de
las escuelas normales, estas instituciones se caracterizaron por la pree-
minencia de una pedagogía de corte autoritario, centrada en el docente
como representante del estado, y de una nueva ideología protectora de la
república y de la educación común y libre (Brumat, 2000:6).
El normalismo tuvo sus bases en el positivismo, el naturalismo y en
el cientificismo.

“El establecimiento de métodos y patrones de enseñanza es-


quemáticos contribuyó a convertir a la formación docente en
la transmisión de una “tecnología formalizada” más que en
el aprendizaje de conocimientos y técnicas fundamentadas y
contextuales” (Birgin et al en Brumat, 2000:6).

Las Escuelas Normales del país proporcionaban un sistema de co-


nocimientos acorde a las necesidades de la educación común del país y
otros referidos a cómo los futuros maestros debían enseñar y qué apti-
tudes deberían poseer para ejercer la docencia. Asimismo, contaban con
una Escuela Modelo de Aplicación que, a la vez que ofrecía instrucción
primaria, funcionaba como espacio de práctica de los métodos pedagó-
gicos y contribuía al aprendizaje del manejo de las escuelas (Brumat,
2000:7).
La tradición pedagógica del normalismo implicó una transformación
de las fronteras culturales y un modo de ascenso social para las clases
medias. En este sentido, la docencia se tornó en una forma de acceder
a conocimientos y a posibilidades laborales nuevas (Brumat, 2000:7).

“La Escuela Normal (…) tenía como objetivo fundamental


la educación del ciudadano dentro de un modelo político li-

217
Natalia Astegiano

beral; se organizó alrededor de la pedagogía tradicional que


entendía a la escuela pública como espacio de inculcación de
los valores de la “civilización” y construcción de lo público
y situaba al docente en el rol de apóstol –adelantado de la
cultura- para transmitir esos valores” (Southwell, 1997:144-
145).

Podemos decir que los profesorados que se conformaron dentro de


las Escuelas Normales asumieron la función social y política otorgada a
estos últimos centros en la sociedad.
En el año 1884 se fundó la Escuela Normal de Maestras en Córdo-
ba, la cual en 1913, bajo ley de presupuesto de la nación, pasó a denomi-
narse Escuela Normal de Profesores. En 1930, el curso del profesorado
destinado a la formación de docentes para enseñanza secundaria fue
suspendido, y a partir de 1931 se recuperó el objetivo inicial de for-
mación de maestros, recibiendo la denominación de Escuela Normal
Alejandro Carbó. En 1937, se restableció el Instituto del Profesorado.
En 1957 se crean los profesorados de Castellano, Literatura y Latín,
Matemática, Física y Cosmografía. A principios de la década de 1960, se
inaugura el Profesorado de Jardín de Infantes y hacia la década de 1970
se crea el de Enseñanza Primaria. Posteriormente, en 1973, se incorpo-
ran los profesorados de Geografía, y de Química y Merceología.
En 1988 los profesorados especializados del país se independizan
de las antiguas escuelas normales, constituyéndose el Instituto Nacio-
nal de Estudios Superiores (INES). Así, los profesorados de la Escuela
Normal Superior Alejandro Carbó pasan a formar parte del Instituto de
Formación Docente Simón Bolívar. En la Escuela Normal Superior Dr.
Alejandro Carbó continúan funcionando los bachilleratos de educación
media y a partir del año 1995, el Instituto de Formación Docente Si-
món Bolivar es transferido a la Provincia de Córdoba, en el marco del
traspaso de los centros educativos del Poder Ejecutivo Nacional a las
Provincias (Brumat, 2000:7-8).
Según Davini (1998) en las décadas de 1960 y 1970, época en que
se organiza el Profesorado de Geografía en la Escuela Normal Superior
Carbó, se produjo un cambio en la concepción del modelo pedagógico.
Como afirma Southwell (1997), la Escuela Normal Superior incorporó

218
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

los nuevos valores de la época, cuyo objetivo era la formación de recursos


humanos para la modernización del país en el nuevo modelo desarrollis-
ta. Así, se pasa de una perspectiva de pedagogía científica al servicio del
desarrollo social a un modelo que concibe a la educación y al trabajo
como el control instrumental en las reglas técnicas del hacer. En este
contexto, el docente es visto como ejecutor de diseños “eficientes” cuyo
objetivo era generar aprendizajes verificables de determinados conteni-
dos en los alumnos (Southwell, 1997: 144-145).
El golpe de estado de 1976 representó la intensificación del control
ideológico, con el objetivo de disciplinar a la sociedad a partir de la
restauración del orden, jerarquías y autoridad. La conducción educativa
de la época estuvo orientada hacia la restauración de los valores tra-
dicionales (Davini, 1998:64). El propio gobernador de la provincia de
Córdoba, Carlos Chasseing (1976-1979), consideraba que los docentes
tenían la responsabilidad de inculcar los valores de la Patria, la familia y
Dios (Philp, 2009: 173). La restauración del autoritarismo pedagógico
tradicional implicó también la expulsión de docentes, el control de los
contenidos de enseñanza, la regulación de la apariencia de docentes y
estudiantes.
En este contexto, los grupos más conservadores encontraron en cier-
tas Escuelas Normales el lugar para retomar la disciplina del normalis-
mo y establecer un límite frente a los cambios propuestos en los últimos
años. Quizás esta orientación pedagógica y el interés del régimen por
exaltar la idea de patria asociada a un suelo compartido (Philp, 2009),
podría explicar la centralidad que adquirió la propuesta regional en el
Profesorado de Geografía de la Escuela Normal Superior Alejandró
Carbó.

La propuesta regional en Argentina

Hacia la década de 1950 en Argentina, la propuesta regional se pre-


sentó como un cuerpo conceptual que otorgaba especificidad a la Geo-
grafía en el contexto de las Ciencias Humanas. La región se constituyó
en el objeto a partir del cual la disciplina podía individualizarse como
saber científico (Escolar, Quintero Palacios, Reboratti, 1994). A partir
de este reconocimiento científico, la disciplina será incorporada dentro

219
Natalia Astegiano

de la enseñanza secundaria como una de las “materias de formación


científica” y no sólo como una asignatura que contribuye a la formación
histórico-social del país.
Cabe destacar la distinción que Silvina Quintero Palacios realiza
entre el concepto de región y el de regionalización, entendiendo a esta
última como “un modo de organizar diferencias identificadas en un
territorio, y de inscribir modalidades de visualización y de narración de
esas diferencias”. Asimismo, la regionalización tiene como objetivo defi-
nir “umbrales” (Quintero Palacios, 2002: 4), bajo un ejercicio clasificato-
rio. A partir de estos umbrales se establece qué elementos se incorporan
dentro de una región y cuáles son excluidos de la misma.
A lo largo de la historia disciplinar la regionalización se ha tornado
en un mero ejercicio, dejándose así de lado la reflexión sobre el sentido
político y cultural de la práctica misma de regionalizar. En este sentido,
y siguiendo a Quintero Palacios, consideramos que la regionalización
vinculada a un territorio estatal opera como “dispositivo de diferencia-
ción geográfica”, al organizar intervenciones de actores de manera per-
durable y al crear una fijación de los límites que ella determina (Quin-
tero Palacios, 2002: 4).
Dos propuestas teóricas de Geografía Regional coexistieron en el
país en la época de formación del Profesorado de Geografía en la Escue-
la Normal Superior Alejandro Carbó, las cuales orientaron la enseñanza
en esta institución: la de Federico Daus, construida sobre la Geografía
regional de Vidal de la Blache, y la de Raúl Rey Balmaceda, basada en
la Geografía regional de Richard Hartshorne. De hecho, los textos de
ambos autores aparecen como bibliografía básica en los programas de
Geografía Regional de este profesorado.
Federico Daus2 (1901-1988) fue uno de los mayores exponentes del
discurso regional en el país. Su propuesta tuvo como fundamento los

2
Federico Daus estudió Geografía en Instituto Nacional del Profesorado Secundario, egresando
de esta institución en 1922. En 1933 fue representante nacional en la Unión Geográfica
Internacional y luego Secretario del Comité Nacional de Geografía, órgano dependiente del
Ministerio de Defensa. Durante el primer gobierno peronista llegó a ocupar el cargo de
delegado del gobierno argentino ante la Asamblea General del Instituto Panamericano de
Geografía e Historia (1940, 1950, 1952), de vicedirector del Colegio Nacional de Buenos
Aires (1946-1949) e interventor en el Consejo de Nacional de Educación (1947-1949). Se
desempeñó como presidente de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, GAEA, en

220
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

primeros estudios regionales de Paul Vidal de la Blache (1845-1918)


(Ozouf-Marigner, Robic, 2007)3, cuya Geografía Regional planteaba un
objeto, un método y un trabajo específico para la disciplina, por lo cual
se presentó como una herramienta que otorgaba unicidad a la Geografía
y legitimidad en el marco de las ciencias.
Sobre la base epistemológica de las ciencias naturales, la escuela vi-
daliana buscó “estudiar las expresiones cambiantes que adopta según los
lugares la fisonomía de la Tierra” (Vidal de la Blache, 1913, en García
Álvarez, 2006: 30). A pesar de que Vidal de la Blache incorporó a su
análisis el resultado de la acción humana en el paisaje, su estudio no se
centró en la acción social en sí misma, porque consideraba que “la geo-
grafía es una ciencia de los lugares, no de los hombres” (Moraes, 1990:
67).
Para dicho autor, las necesidades humanas se encuentran condi-
cionadas por la naturaleza, en tanto que su satisfacción se halla en las
condiciones del medio. En relación a esto, cobra importancia en su pro-
puesta el concepto de géneros de vida, el cual refiere al conjunto de
técnicas, hábitos, usos y costumbres que el hombre crea a partir de las
características del entorno. La diversidad de medios y condicionantes
físicos explicaría entonces la existencia de diferentes géneros de vida
(Moraes, 1990:68-69).
Desde la escuela vidaliana, la región fue considerada como entidad
que representaba la síntesis e integración de los aspectos humanos y fí-
sicos del paisaje. Ella era expresión de la relación posible entre ciertos
géneros de vida y los ambientes naturales (Moraes, 1990:68).
En su libro Geografía y Unidad Argentina, Federico Daus sigue los
postulados vidalianos. Este texto, como ya hemos señalado, aparece
como obligatorio en la mayor parte de la bibliografía de los programas

dos períodos (1949-1957 y 1965- 1981). A su vez, en 1949 asumió como decano de la Facultad
de Filosofía y Letras de la UBA (Souto, 1993; Quintero Palacios, 2002:18). Un análisis sobre
las regionalización de Federico Daus puede encontrarse en Fritzche (1993) y Barsky (2000).
3
Marie Vic Ozouf Marigner y Marie Claire Robic (2007) diferencian el carácter marcadamente
naturalista de las primeras divisiones regionales de Vidal de la Blache de aquellas que
comienza a elaborar a partir de 1910, en las que otorga relevancia a los procesos económicos,
especialmente a la circulación y al papel de la ciudades. La Geografía regional argentina se
inspirará en los primeros trabajos de Vidal, particularmente en Tableau de la géographie de la
France (1903).

221
Natalia Astegiano

del profesorado Alejandro Carbó entre los años 1973 y 1983. En él, su
autor se propone estudiar la vinculación existente entre los “factores ge-
ográficos” y la unidad argentina, principalmente a partir de la identifica-
ción de los aspectos físicos que habrían influido en la configuración del
estado nacional. Asimismo, Daus considera el análisis regional como el
método que permite el estudio de la “causalidad que une la existencia del
hombre con el ambiente natural en el que se desarrolla” (Daus, 1957:14).
Para el autor, la heterogeneidad de los elementos físicos que com-
ponen el estado argentino permite identificar diversas individualidades
que son las regiones geográficas. Dichas individualidades dan lugar a
diferentes formas de vida que confluirían en la unidad nacional.
Daus define a la región geográfica como un espacio coherente de la
superficie terrestre en el cual confluyen ciertos rasgos importantes que
brindan condiciones análogas para la vida del hombre. En el análisis no
son relevantes los aspectos particulares sino el carácter total de la región,
que surge de la interrelación de todos sus caracteres significativos.
De esta manera, “(…) las áreas geográficas consideradas como re-
giones individuales se caracterizan por una localización de fenómenos
particulares especialmente antropogeográficos que son una resultante
de un cúmulo de condiciones físicas, biológicas y, también, parcialmente
antropogeográficas preexistentes” (Daus, 1957:160).
Daus distingue en el territorio de la Argentina ocho regiones: La
Pampa, Sierras Pampeanas, Cuyo, Noroeste, Chaco, Mesopotamia, Es-
tepa y Patagonia (Daus, 1959:12) (Ver figura 1). A pesar de las pro-
fundas diferencias entre las mismas, desde su punto de vista existe una
fuerte unidad en el conjunto. Esta unidad estaría otorgada por la posi-
ción nuclear de una región y la acción de ciertos “factores4” que otorgan
cohesión a las regiones entre sí. En este sentido, La Pampa se carac-
terizaría por “su posición nuclear y su capacidad antropogeográfica y
productiva” (Daus, 1959:15).

4
El término factor ha sido muy utilizado en el campo de las ciencias exactas y
naturales para dar cuenta de explicaciones de tipo causal. El término ha sido de uso
generalizado en la Geografía hasta mediados de la década de 1950.

222
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

División Regional de Argentina propuesta por Federico Daus (1957)

Fuente: Rey Balmaceda (1972)

223
Natalia Astegiano

Los factores que habrían permitido otorgar cohesión a distintas re-


giones entre sí serían los centros de enlace interregional, las franjas de
transfiguración5 y los caminos y las rutas que a lo largo de la historia
contribuyeron a la conformación de la unidad nacional. Así, la unidad
nacional es

“(…) el proceso histórico con el que se la ha logrado (…) la


ciega estructura jurídica que la sujeta, la organización eco-
nómica de complementación regional que la vivifica, la co-
munión espiritual que la torna creadora y, en la base de todo
ello, el cuadro natural y el grado de adaptación del hombre
al medio geográfico que hicieron posible su florecimiento es-
pontáneo. De esa unidad nacional, surgen las formas de vida
propias” (Daus, 1957: 21).

que darían lugar a las diferentes regiones que constituyen el país. Las re-
giones son fundamentales en la integración y en la conformación de los
estados, en tanto que en la unidad funcional del territorio actúan como
“órganos de un ser animado” (Daus, 1957:21). Vemos entonces que des-
de la perspectiva de Daus, unidad nacional y división regional son dos
términos que forman parte de un mismo proceso, el de construcción del
territorio nacional.
El concepto de región geográfica implica entonces el reconocimien-
to de la existencia de una entidad física “verdadera” y “objetiva”, con una
singularidad particular que el geógrafo podría visualizar, delimitar y es-
tudiar. El conjunto de regiones, a su vez, conformaría el territorio nacio-
nal, siguiendo el modelo de un mosaico, donde cada una de ellas enca-
jaría perfectamente. El territorio nacional se definiría entonces como un
“conjunto de articulaciones entre naturalezas y sociedades particulares”
(Quintero Palacios, 2002: 11). La diversidad existente entre las diferen-
tes regiones resultaría de los modos diferentes en que se relacionan las
sociedades con el espacio.

5
Daus define a las franjas de transfiguración como zonas que se encuentran en los límites
entre una región y otra, que son aptas para el poblamiento urbano, lo cual contribuye a la
interrelación entre regiones. Por ejemplo, la Ciudad de Córdoba se constituye en una franja de
transfiguración entre la Pampa y las Sierras Pampeanas (Daus, 1957:168).

224
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

Resulta interesante constatar entonces que, desde la perspectiva de


Daus, las diferentes unidades regionales –resultado de la división cien-
tífica basada en los rasgos físicos- consolidaban la integración nacional.
Estos “espacios alternativos a las divisiones provinciales” (Quintero Pa-
lacios, 2002: 5) formaban parte de la (di)visión legítima del territorio
en tanto presentaban un carácter científico, diferenciado de la unidades
provinciales, pensadas como (di)visiones políticas del territorio del es-
tado nacional.
Hemos señalado que otro representante del discurso regional en
nuestro país fue Raúl Rey Balmaceda (1930-1988), profesor y licen-
ciado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos
Aires6.
Su propuesta estuvo más relacionada a la corriente regionalista del
geógrafo estadounidense Richard Hartshorne (1899-1992) que a la
geografía vidaliana propiamente dicha. Hartshorne consideraba que la
Geografía debía estudiar las interrelaciones entre fenómenos heterogé-
neos que darían lugar a diferentes áreas únicas en la superficie terrestre.
Es decir que la Geografía analizaría, entonces, la variación de las áreas
(Moraes, 1990: 87-88). A la vez consideraba que, aunque la Geografía
General y Regional representaban diferentes niveles de análisis de los
elementos, la Geografía Regional era la que le garantizaba especificidad
al conocimiento disciplinar y la diferenciaba de otros tipos de conoci-
mientos.
Sobre la base de estas ideas, Rey Balmaceda escribió su libro Geogra-
fía regional. Teoría y aplicación (1972), dirigido especialmente a docentes
de Geografía de la escuela media.

6
El geógrafo Raúl Rey Balmaceda fue miembro activo de GAEA, y a lo largo de su trayectoria
académica fue ocupando distintos cargos en dicha institución (prosecretario en 1965, secretario
en 1966, vicepresidente entre 1985-1988 y presidente en tres períodos, 1988-89; 1989-93;
1997-98). Fue también investigador de carrera del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET) y por muchos años titular de la cátedra Teoría y Método
de la Investigación Geográfica en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Se desempeñó
asimismo como titular de Geopolítica III en la Escuela Superior de Gendarmería Nacional
y fue académico de número en la Academia Argentina de Geopolítica y en la Academia
Argentina de Asuntos Internacionales. Los debates sobre las cuestiones de límites y frontera y
los litigios con los países vecinos ocuparon la mayor parte de sus trabajos, los cuales reflejaron
un acentuado nacionalismo territorial (Cicalese, 2007).

225
Natalia Astegiano

En su texto Balmaceda presenta a la región como un verdadero ins-


trumento de acción del estado y como método apropiado para el estu-
dio de la “realidad geográfica” dentro del aula. Asimismo, afirma que “el
método específico de la geografía es el método de la geografía regional”
(Rey Balmaceda, 1972:33).
A nuestros fines cabe destacar la propuesta que elabora para la en-
señanza de la Geografía en el aula. En un primer momento, conside-
ra la necesidad de adquirir un conocimiento vinculado a la Geografía
General con el objetivo de conocer el mundo contemporáneo. En un
segundo momento, sobre la base de esta Geografía General, el alumno
sería introducido a la Geografía Regional del país.
La diferenciación entre dos grandes ramas de la Geografía, una
General y una Regional, encontraría su fundamento en que la primera
tendría por objeto el estudio de hechos que se repiten y que pueden ser
agrupados en conjuntos o sistemas. De esta manera la Geografía Ge-
neral permitiría el estudio de “cada sistema constituido por individuos
geográficos semejantes”, con la posibilidad de arribar a conceptos de va-
lidez universal (Rey Balmaceda, 1972:17). Los contenidos de esta Ge-
ografía General estarían relacionados con el estudio separado de cada
uno de los componentes de la superficie terrestre, llevado adelante por
la geomorfología, la hidrografía, la climatología, la biogeografía (fito y
zoogeografía) y la geografía humana.
El estudio separado de cada uno de los componentes de la superficie
terrestre permitiría definir regiones genéricas. Así, ellas eran una delimi-
tación derivada de la homogeneización de un aspecto geográfico deter-
minado (por ejemplo, clima). Desde la perspectiva de Rey Balmaceda,
las regiones genéricas pueden repetirse; no son reales, porque los hechos
geográficos no existen aislados como tales, sino que son construcciones
analíticas y son simples, porque tienen en cuenta un solo elemento de la
superficie terrestre.
Rey Balmaceda destaca el riesgo que la Geografía como disciplina
podría asumir al estancarse en estudios de tipo general. Por tal motivo, la
Geografía Regional se presenta como el camino para lograr la “síntesis”
que le daría “cientificidad”, a partir del estudio de “hechos reales únicos”:
las regiones geográficas.

226
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

Las regiones geográficas son, para este geógrafo, un ámbito de la


superficie terrestre individualizado, con ciertos rasgos fundamentales
“de conformidad entre los elementos que la componen”, los cuales po-
seen “perdurabilidad” y contigüidad. El postulado que orienta esta pers-
pectiva, según el autor es “la unidad en la diversidad” (Rey Balmaceda,
1972:23).
Asimismo, Rey Balmaceda considera que, a pesar de las diferentes
posturas existentes en torno a las divisiones regionales, se pueden iden-
tificar una serie de consensos entre los geógrafos argentinos, discutidos
en la XXXII Semana de la Geografía celebrada en San Juan7 en 1970.
Entre ellos nos interesa destacar los siguientes:
-“(…) la región geográfica es una realidad, que corresponde a una
parte de la superficie terrestre identificada dentro de un marco espacial
definido, en el cual existen rasgos de homogeneidad genérica de los cua-
les derivan su cohesión interna y su unidad funcional” (Rey Balmaceda,
1972:112).
- las regiones geográficas se caracterizan por su unicidad, dimensión
en escala subcontinental, coherencia, contigüidad, carácter antrópico y
posibilidad de división en subregiones.
-“(…) los elementos del medio físico desempeñan todavía un pa-
pel muy importante en la determinación de las regiones geográficas de
nuestro país” (Rey Balmaceda, 1972:113).
-los aspectos económicos adquieren importancia en su delimitación.
-las regiones geográficas argentinas serían: Mesopotamia, Chaco,
Noroeste, Sierras Pampeanas, Cuyo o Andes Centrales, Pampa y Pa-
tagonia.

La propuesta de la Geografía Regional proporcionaría al alumno


una problemática científica singular y le brindaría una “visión sinóptica”
de la realidad, la cual -a partir del establecimiento de ciertas correlacio-
nes- permitiría explicar las relaciones de causalidad entre los hechos de
la superficie terrestre.

7
Las primeras Reuniones Nacionales de Geografía son organizadas por GAEA en los años
1931 y 1935. Ellas atrajeron fundamentalmente a investigadores, aunque también concurrieron
algunos profesores de geografía. La concurrencia de docentes será masiva a partir de 1936,
cuando comienzan a recibir la denominación de Semanas de Geografía.

227
Natalia Astegiano

Rey Balmaceda considera que, para poder aplicar la propuesta re-


gional dentro del aula, es necesario que las unidades regionales sean
estudiadas teniendo en cuenta los siguientes aspectos:
1) El legado físico-biológico: descripción sucinta de los elementos
físicos (relieve, clima, hidrografía) y biológicos (flora y fauna) de la re-
gión, que son los aspectos perdurables del paisaje.
2) La impronta humana: proceso de poblamiento y características
de la instalación actual, uso de la tierra, ciudades más importantes y sus
funciones, condiciones de cohesión interna y elementos dinámicos del
paisaje.
3) La coyuntura: caracterización actual de la región y explicación de
sus problemas económicos. Relación con el contexto nacional e interna-
cional. Aquí el alumno precisa comprender la realidad regional como un
todo, y distinguir la unicidad en la diversidad.
Si analizamos comparativamente las perspectivas de Daus y de Rey
Balmaceda, podemos arribar a la conclusión de que ambas consideran a
la propuesta regional como un discurso legítimo sobre el territorio ar-
gentino (Escolar, 1996). Ambos plantean a la región como instrumento
de acción del estado. Asimismo, las divisiones regionales que proponen
no concuerdan con las divisiones político-administrativas del país, pero,
en su conjunto, conforman la totalidad del territorio nacional.
Sin embargo, sus propuestas difieren en el plano ontológico y me-
todológico. En la propuesta de Daus subyace un planteo político que se
demuestra en el interés por demostrar el carácter natural de la unidad
nacional, explicándola a partir de la existencia de las regiones que se
complementan entre sí y de la confluencia de factores físicos y “antro-
pogeográficos”. En este sentido, el interés por conformar un discurso
sobre la unidad nacional adquiere preeminencia sobre cualquier interés
de describir alguna región en particular.
En cambio, Rey Balmaceda propone ejes principales para la confor-
mación de un método regional general. Su preocupación está centrada
en proponer una metodología particular que brinde a la Geografía el ca-
rácter de ciencia, pero que a la vez contribuya a la formación de los alu-
mnos en los valores nacionales a partir del conocimiento del territorio.
En esta metodología los aspectos físicos se combinan con los humanos
y también con los económicos.

228
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

Rey Balmaceda recupera la división teórica entre Geografía General


y Regional, la cual debe comprenderse a partir del contexto de disputa
de la época dentro del campo de la Geografía, donde la propuesta clá-
sica estaba siendo desplazada por nuevas corrientes de análisis. Richard
Hartshorne propone esta división para presentar a la región como área
de combinación particular de leyes generales a partir de las cuales se rige
el espacio (García Álvarez, 2006:34).
Podemos retomar la definición realizada por Quintero Palacios
(2002) acerca de la regionalización, en tanto Rey Balmaceda focaliza su
análisis en la metodología adecuada para la definición de los umbrales
de las regiones geográficas. Es decir, que se centra en establecer aquellos
elementos que serían los más pertinentes para definir las regiones, de-
jando de lado la reflexión acerca de las implicancias políticas y culturales
del ejercicio mismo de regionalizar.
Asimismo, realiza una descripción detallada acerca de cómo imple-
mentar esta metodología dentro de la currícula escolar, con el fin, por un
lado, de difundir una manera particular de aprehensión del territorio y
de crear una única imagen sobre el mismo y, por el otro, para asegurar la
cientificidad e identidad disciplinar.

A partir del análisis de las posturas de F. Daus en Geografía y Unidad


Argentina y de R. Rey Balmaceda en Geografía Regional. Teoría y Apli-
cación podemos constatar que la concepción regional logra establecer un
discurso territorial que está fundamentado en una supuesta neutralidad,
basada en una naturalización de las regiones como partes de un estado-
-nación. Sobre la base de esta argumentación científica, se podría en-
tonces develar “lo verdaderamente regional en la naturaleza de las cosas”
(Escolar, 1992:14).

El análisis del Plan y Programas del Profesorado de Geografía del


Alejandro Carbó.

El Plan de estudios de Geografía en el profesorado Alejandro Carbó


es aprobado en 1963. Sin embargo, la apertura de la carrera tiene lugar
diez años después, en marzo de 1973. Dicho Plan se mantiene vigente

229
Natalia Astegiano

en todo el período bajo análisis, siendo modificado recién a fines de la


década de 1980.
Según el Plan de 1963, la carrera constaba de una duración de cuatro
años. Los alumnos cursaban ocho materias por año, con excepción del
último en que debían aprobar siete. La mayoría de las materias cur-
sadas eran específicas a la carrera8. En este apartado analizaremos los
programas de estas asignaturas específicas, en tanto que nuestro eje es
el estudio la influencia de la Geografía Regional en la formación del
Profesorado.
El análisis del Plan de estudio nos lleva a constatar que en el pri-
mero y segundo año la mayor carga horaria se destina a las materias de
Geografía General9 (46 % de horas sobre el total de horas de cursado de
todas las materias, 75 % en relación a materias específicas) y en el tercero
y cuarto a las Geografías Regionales10 (35% sobre un total de horas de
cursado de todas las materias, y 60% sobre un total de horas de materias
específicas).
Esta propuesta de organización de Plan de estudios seguiría la línea
planteada por Raúl Rey Balmaceda sobre la metodología adecuada para
adquirir los conocimientos geográficos. Como vimos anteriormente,
para este autor el conocimiento de las Geografías Generales resultaba
indispensable para recibir la formación regional, a la que se llegaba en
los últimos años, en los que se recibía la formación específica para el
ejercicio de la profesión. Ello se observa puntualmente en el hecho de
que la última materia del Plan de estudio sea llamada Seminario de la
Ciencia Geográfica. Ésta se presentaba como una instancia de inves-

8
Las asignaturas no específicas que se dictaban eran: Filosofía General, Elocución, Pedagogía
General, Psicología educacional y técnicas de investigación, Psicología de la adolescencia,
Didáctica General, Legislación y organización escolar, Metodología especial y observación,
Sociología, Metodología y práctica de la enseñanza.
9
Consideramos materias específicas de corte General a: Geografía Física I, Introducción
a la Geografía Económica, Geografía Matemática, Geografía física II, Geografía Humana
I (Demogeografía), Geografía Económica General, Geografía Humana II, Geografía
Económica y Política Argentina y Fotointerpretación geográfica.
10
Consideramos materias específicas regionales a Geografía de África y Oceanía, Geografía
de América y Antártida, Geografía de Asia, Geografía de Europa, Geografía física Argentina,
Geografía Regional de la Argentina, Seminario de la Ciencia Geográfica e Historia de la
Ciencia Geográfica.

230
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

tigación y análisis regional, en la que el alumno podía aplicar todo lo


aprendido durante los cuatro años de cursado.
El seminario estaba orientado a guiar a los alumnos en la elabora-
ción de un trabajo integrador sobre una localidad de la Provincia de
Córdoba. Esta investigación, a su vez, funcionaba como una especie de
trabajo final del profesorado.
En los programas del seminario, el estudio geográfico es presentado
como “holístico” y la metodología aplicada es de “investigación siste-
mática”, es decir que, “los alumnos aplicarán sobre el terreno, frente a
los hechos concretos, todos los conocimientos analíticos de Geografía
General, siguiendo el orden clásico”. Según la propuesta de Rey Balma-
ceda, el estudio precisará de los conocimientos de la Geografía General,
para luego llevar “a cabo la correlación de los fenómenos, elaborándose
una síntesis geográfica sobre el espacio estudiado”, es decir constituir la
síntesis regional.
Pero entre las primeras materias de corte general y el seminario de la
Ciencia Geográfica, los futuros docentes de enseñanza media recibían
formación en distintas disciplinas que los aproximaban al método y a la
conceptualización regional.
En primer lugar, observamos que algunas de las materias que hemos
considerado como Geografías generales también ofrecían una aproxi-
mación regional. Tal es el caso por ejemplo de Geografía Física, donde
los contenidos aparecen organizados en bolillas y cada bolilla corres-
ponde a una región11.
La presencia de una división regional en una asignatura meramente
física, puede explicarse porque en última instancia, la región geográfica
era identificada con la región natural (García Álvarez, 2006: 29). Asi-
mismo, se puede observar que en cada bolilla el estudio de cada región
culminaba con un trabajo práctico que consistía en el mapeo de dicha
región. De hecho, la representación cartográfica permitía la yuxtaposi-
ción de los distintos elementos físicos del área, lo cual era interpretado
como la posibilidad de leer visualmente la integración y síntesis regional.

11
Así el programa proponía el abordaje de las regiones del Noroeste, de las Sierras Pampeana,
de la Precordillera de La Rioja, San Juan y Mendoza, de la Andina, Pampeana, Chaqueña,
Mesopotámica y Patagónica.

231
Natalia Astegiano

En segundo lugar, el estudio de la organización del mundo también


se realizaba en clave regional. Veamos por ejemplo, el caso de la asigna-
tura Geografía de África y Oceanía, en la que una primera bolilla pre-
senta una descripción general del continente (límites, geología, relieve,
climas, hidrografía, biogeografía, población; Geografía social, histórica
y política; economía y regiones geográficas) para luego dar lugar a una
descripción detallada de cada región12. Asimismo, el análisis de cada re-
gión comienza por la descripción de aspectos físicos para luego culminar
con algunos aspectos relacionados a la población y economía.
Lo mismo sucede con las asignaturas Geografía de América y An-
tártida, Geografía de Europa y Geografía de Asia13. En todos estos
programas se regionalizan las áreas de estudio, entendiendo a la región
geográfica como el abordaje que permite llevar adelante la instancia de
integración. Asimismo, se presenta una división como la única posible
para el estudio de dichos territorios. Por ejemplo, en el programa de
Geografía de África y Oceanía, los contenidos de la bolilla nº 4 son
“Geografía Regional de África. Integración y análisis de cada región en
sus aspectos físicos, biológicos y humanos; organización político-social
y económico”; lo mismo se observa en el programa de Geografía de
Europa, donde se plantea como objetivo comprender los “factores de
diferenciación regional”
En tercer lugar, la asignatura de cuarto año, Geografía Regional Ar-
gentina, ofrecía no solo elementos teóricos-metodológicos que apoya-
ban la realización de estudios regionales, sino que también proponía la
aplicación de la propuesta regional para el análisis del territorio argen-
tino. Veamos por ejemplo los contenidos que se propone desarrollar en
la Bolilla 1:

12
La división regional de los continentes seguía el siguiente orden: África del Norte, África
continental, África Centro- Ecuatorial, África Centro- Ecuatorial, África Oriental, África del
Sur. Oceanía: Australia y Nueva Zelanda.
13
La división regional de los continentes seguía el siguiente orden: América y Antártida:
América Latina, América del Sur, América Central Istmica, América Central, Archipiélago
Antillano, México, América Anglosajona y Antártida. En Europa: Europa Occidental, Europa
Central, Europa Mediterránea y Europa Oriental. En Asia: Asia del Sudoeste o Cercano
Oriente, Subcontinente indopaquistano, Asia del Sudoeste, Extremo oriente y Rusia Asiática
o Asia soviética.

232
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

Bolilla 1: Geografía Regional.1. Teoría: La formación de la


Geografía. Las dicotomías de la Geografía. Tendencia ecoló-
gica y corológica. Geografía General y Regional. 2. Método:
El método geográfico. Historia del concepto de región. Mé-
todo para definir regiones geográficas formales y funciona-
les.3. Aplicación: Distintos conceptos de espacio. El estudio
geográfico del espacio. Delimitaciones regionales de la Re-
pública Argentina.

En esta bolilla se retoma la distinción de Rey Balmaceda entre


Geografía General y Regional, entre regiones formales y funcionales.
Por último se propone una delimitación del territorio argentino en las
únicas regiones geográficas posibles, aquellas propuestas por Federico
Daus14: Región del Noroeste, Región de las Sierras Pampeanas, Región
de Cuyo, Región Chaqueña, Región Pampeana, Región Mesopotámica
y Región Patagónica.
A su vez, se sigue el mismo procedimiento para el estudio de cada
región. En un primer momento se distinguen sus aspectos físicos, que
definirían las posibilidades de desarrollo de ciertas actividades econó-
micas. Cada estudio regional, siguiendo la propuesta vidaliana, finaliza
con una “síntesis”.
Esta lógica de aproximación a la cuestión regional constata la afir-
mación de Jacobo García Álvarez (2006), para quien los estudios regio-
nales buscaban garantizar el aprendizaje en diferentes “ramas” genera-
les y a su vez, lograr relacionar diferentes elementos físicos-naturales e
históricos-culturales mediante la “síntesis”. En este sentido, la propuesta
regional se planteó como la mejor manera para preservar la unidad de la
disciplina, al combinar la Geografía Física y Humana.
Cabe destacar que en todos los programas analizados, la región no es
solo una forma de abordaje sino una entidad real con “personalidad”, a
partir de la cual se pueden deducir perfiles productivos o modos de vida.
Es decir, se considera que ciertos rasgos naturales definen las posibili-
dades productivas y los modos de vida de un ámbito determinado. Se
dejan de lado los procesos históricos y sociales (que involucran también
los cambios tecnológicos que podrían redefinir las condiciones produc-
14
Con excepción de la estepa que es incluida en la región Patagónica.

233
Natalia Astegiano

tivas dadas por los elementos físicos) y las relaciones de poder en que se
construye ese espacio. En síntesis son las condiciones naturales las que
definen el protagonismo de cada región en las economías nacionales.

Conclusión

Resulta interesante retomar algunos supuestos epistemológicos


subyacentes en el análisis regional, señalados por Quintero Palacios
(2002:15) y que nosotros consideramos que se hacen presentes en los
análisis regionales planteados en las distintas materias del Profesora-
do de Geografía Alejandro Carbó. Por un lado, todos los programas
plantean una única división regional posible, universal, con regiones
singulares integradas dentro de la totalidad. Así, la naturaleza origina-
ria del territorio se constituye a partir de la complementación entre las
diferentes regiones. Por otro lado, la división regional aparece como una
división científica, y por lo tanto objetiva, que no sigue la división de las
provincias construida política e institucionalmente.
Consideramos que aunque la propuesta regional se haya constituido
en la representación única posible del territorio en la enseñanza hacia
década de 1950, en el período analizado ha permitido mantener ciertos
intereses de representación patriótica del estado nacional, presentándose
como un discurso aparentemente “neutral” (Escolar, Quintero Palacios,
Reboratti, 1994:34-35). La creación de un imaginario sobre la diferen-
ciación geográfica contribuyó a organizar y simbolizar determinadas in-
tervenciones del estado nacional, y a su vez, estableció una cierta fijación
geográfica de los límites impuestos por la regionalización (Quintero
Palacios, 2002: 4).
Como explica Bourdieu, “las clasificaciones prácticas siempre están
subordinadas a las funciones prácticas y orientadas para la producción
de efectos sociales” (Bourdieu 1989:112, la traducción es nuestra). En
tal sentido, toda clasificación describe una realidad que, al mismo tiem-
po, está produciendo al crear una representación y una delimitación de
la misma. Es decir que toda clasificación implica una lucha por la im-
posición de una definición legítima de las divisiones del mundo social.
Dichas divisiones, al ser aplicadas al conjunto del grupo, producen un
sentido y un consenso sobre la identidad del grupo, que a su vez hacen

234
Enseñando la única (di)visión posible del territorio argentino

a la realidad y a la unidad del grupo. (Bourdieu, 1989:113). Todo “(…)


acto de conocimiento, en tanto poder simbólico, por afirmarse en el re-
conocimiento, produce la existencia de aquello que enuncia.” (Bourdieu,
1989:114). El discurso regionalista se constituye como un discurso “per-
formativo” en tanto impone una definición legítima de las fronteras y,
como todo acto de categorización, ejerce un poder por sí mismo en tan-
to instituye una realidad a partir de la “revelación” y de la “construcción”
implantada del discurso objetivado (Bourdieu, 1989:116).
En este sentido, la geografía regional funciona como un discurso que
“apela a la distinción, nominación y ordenamiento de entidades sub-na-
cionales para ofrecer interpretaciones de conjunto sobre el territorio y
la sociedad de un país” (Quintero Palacios, 2002: 2). Cada región posee
ciertas diferencias en relación a la totalidad, y por ello ocupa un deter-
minado lugar –único e inamovible- dentro de la configuración social y
territorial del país.
La regionalización en Argentina llevada adelante por Daus fue pro-
ducto de una elaboración conceptual previa, en el sentido de que se te-
orizó a las regiones como objetos preconstruidos, dejando de lado el
sentido político y cultural del ejercicio mismo de regionalizar. Dicha
regionalización implicó tanto un modo de organizar las diferencias exis-
tentes en un territorio, como un discurso y un modo de narración de
dichas diferencias (Quintero Palacios, 2002: 3-4).
Estas diferencias -llevadas a la enseñanza- fueron utilizadas como
estrategias de integración y jerarquización de los diferentes sectores so-
ciales que las regiones simbolizaban. De allí la importancia de definir
con rigidez los umbrales de cada región, por los cuales habría diferencia
hacia fuera y similitud hacia el interior (Quintero Palacios, 2002: 4).
Las desigualdades económicas y sociales se convierten, mediante esta
propuesta, en diferencias espaciales.
Esta definición del territorio nacional tomó como base aspectos na-
turales para la explicación de los diferentes modos de vida en la sociedad
y contribuyó a la propagación de valores nacionales unificados. Arti-
culada a un contexto particular donde el control ideológico y el auto-
ritarismo pedagógico se orientaron hacia la restauración de los valores
tradicionales, ocultó las diferencias sociales y las luchas de poder en
la construcción del territorio. En particular, la propuesta regional fue

235
Natalia Astegiano

útil en la década de 1970 al régimen militar, el cual, según Marta Philp


(2009), perseguía consolidar un ser nacional concebido como objeto en
constante peligro de ser diezmado.
Esta perspectiva pareciera cobrar relevancia en un contexto socio-
político en el cual la defensa del “ser nacional” se configuró como eje
del “Proceso de Reorganización Nacional”, proyecto que se autodefinió
desde un principio como auténtico defensor de la Patria y como garante
del regreso a la democracia. Como señala Marta Philp (2009), la con-
solidación de la nacionalidad constituyó una de las cuestiones centrales
de dicho proyecto. “Desde el ámbito militar se establecía una relación
directa con la defensa del territorio nacional pero también con la con-
solidación del ser nacional, en un contexto evaluado como de peligros
constantes para el mismo” (Philp, 2009: 232).
Los profesorados, en tanto herederos de la formación educativa aso-
ciada a las escuelas normales, se tornaron espacios de reproducción y
difusión de los valores de civilización. En este contexto la Geografía
se convirtió en el “vehículo para la socialización de las ideologías ter-
ritoriales dominantes” (García Álvarez, 2006:60) donde el énfasis en la
complementariedad y la unidad territorial servirían a los fines de ocultar
los conflictos sociales del momento.
Podemos decir entonces que el discurso regional se constituyó en
un saber legítimo dentro del campo de la Geografía en general y en
el profesorado Alejandro Carbó en particular, donde se consolidaron
estrategias de legitimación y reproducción en torno a una determinada
manera de definir y dividir el territorio nacional.

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238
Los autores
Natalia Astegiano. Estudiante de la carrera de Geografía en
la Universidad Nacional de Córdoba. Miembro del Equipo de
Investigación: “Los Saberes sobre el Territorio en el Proceso de
Institucionalización de la Geografía en Córdoba (1878-1984)”,
Secyt-UNC 2010-2012.

Lisandro Barrionuevo. Estudiante de la carrera de Geografía en


la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente se encuentra
trabajando en el proyecto de investigación “Ingeniería geográfica
y técnicas de gobierno en el comienzo del siglo veinte. Posibles
relaciones entre la trayectoria académica y la actividad profesional
de Enrique Faure” becado por el CIN. Miembro del Equipo de
Investigación: “Los Saberes sobre el Territorio en el Proceso de
Institucionalización de la Geografía en Córdoba (1878-1984)”,
Secyt-UNC 2010-2012.

Eugenia Cavanagh. Estudiante de la carrera de Geografía en


la Universidad Nacional de Córdoba. Ex-Becaria del Programa
Escala en el Departamento de Geografía de la Universidad de
San Pablo. Miembro del Equipo de Investigación: “Los Sabe-
res sobre el Territorio en el Proceso de Institucionalización de
la Geografía en Córdoba (1878-1984)”, Secyt-UNC 2010-2012.

Gabriela Cecchetto. Licenciada en Historia por la Universidad


Nacional de Córdoba. Profesora Titular regular de Introducción
al Pensamiento Geográfico, Departamento de Geografía de la
Universidad Nacional de Córdoba, Doctoranda en Estudios So-
ciales Latinoamericanos, Centro de Estudios Avanzados (Uni-

239
versidad Nacional de Córdoba). Co-directora del proyecto “Los
Saberes sobre el Territorio en el Proceso de Institucionalización
de la Geografía en Córdoba (1878-1984)”, Secyt-UNC 2010-
2012. Sus temas de interés son la Historia y la Epistemología
de la Geografía y particularmente el desarrollo de la carrera del
Ingeniero Geógrafo en la Universidad de Córdoba (tema de su
tesis doctoral).

Guillermo Cicalese. Magister en Ciencias Sociales con Mención


en Economía por la Universidad de Mar del Plata. Actualmente
se desempeña como Docente de la Carrera de Geografía en la
Universidad de Mar del Plata (Teoría y Método de la Investi-
gación, Seminario de Recursos Oceánicos). Sus temas de interés
son: Consumo, Ocio, Turismo y Urbanización en Mar del Plata
e Historia de la Geografía con énfasis en el análisis del papel
de las Instituciones Geográficas en Argentina en la consolida-
ción del nacionalismo territorial. Actualmente dirige el proyecto:
“Hablar en nombre de la Geografía Argentina. Las instituciones
tradicionales y nuevas de la Geografía  ante la refundación de las
academias de ciencias,  1955-1973”.

Javier Moyano. Licenciado en Historia por la Universidad Na-


cional de Córdoba. Magister en Partidos políticos por el Centro
de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba.
Doctor en Historia por El Colegio de México. En la actualidad
se desempeña como Profesor adjunto en la cátedra de Historia de
América II en la Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía
y Humanidades, y en el Área de Estudios Sociales de América
Latina en el Centro de Estudios Avanzados, ambas dependientes
de la Universidad Nacional de Córdoba.

Lucas Palladino. Licenciado en Geografía por la Universidad


Nacional de Córdoba. Jefe de Trabajos Prácticos de la Cátedra
Epistemología de la Geografía, Departamento de Geografía de la
Universidad Nacional de Córdoba. Doctorando en Ciencias An-
tropológicas (Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad
240
Nacional de Córdoba). Miembro del Equipo de Investigación:
“Los Saberes sobre el Territorio en el Proceso de Institucionali-
zación de la Geografía en Córdoba (1878-1984)”, Secyt-UNC
2010-2012. Sus temas de interés son: la historia y epistemología
de la Geografía y los procesos de comunalización de los come-
chingones en la Ciudad de Córdoba (este último es el tema de su
tesis de licenciatura y tesis doctoral).

Marta Philp. Magister en Ciencias Sociales por FLACSO-Mé-


xico y Doctora en Historia por Universidad Nacional de Cór-
doba. Actualmente se desempeña como Profesora adjunta en la
Escuela de Historia y en el Centro de Estudios Avanzados de la
Universidad Nacional de Córdoba. Es autora de dos libros: En
nombre de Córdoba. Sabattinistas y peronistas: estrategias políticas
en la construcción del Estado (Ferreyra Editor, Córdoba, 1998) y
Memoria y política en la historia argentina reciente: una lectura des-
de Córdoba (Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba,
Córdoba, 2009). Ha publicado gran cantidad de artículos sobre
historia reciente e historiografía.

Nicolás Rabboni. Licenciado en Historia por la Escuela de His-


toria de la Universidad Nacional de Córdoba. Funcionario de la
Dirección de Patrimonio Cultural de la Secretaria de Cultura
de la Provincia de Córdoba. El tema de su tesis fue: “Las elites
dominantes y la construcción del territorio cordobés. Una apro-
ximación desde la “Geografía de la Provincia de Córdoba” de
Manuel Río y Luis Achával (1895-1905)”. Miembro del Equipo
de investigación “Los Saberes sobre el Territorio en el Proceso de
Institucionalización de la Geografía en Córdoba (1878-1984)”
Secyt-UNC 2010-2012, Doctorado en Historia (Facultad de Fi-
losofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba).

Perla Zusman. Profesora de Geografía por la Universidad de


Buenos Aires, Magíster en Integración de América Latina por
la Universidad de San Pablo (Brasil) y Doctora en Geografía
Humana por la Universidad Autónoma de Barcelona (España).

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Actualmente es miembro de la Carrera de Investigador del CO-
NICET, en la categoría de adjunta con sede en el Instituto de
Geografía de la Universidad de Buenos Aires. Es representante
argentina en la Comisión “Historia de la Geografía” de la Unión
Geográfica Internacional. Directora del proyecto “Los Saberes
sobre el Territorio en el Proceso de Institucionalización de la Ge-
ografía en Córdoba (1878-1984)”. Secyt-UNC 2010-2012. Sus
trabajos de investigación se desarrollan en el campo de historia
del pensamiento geográfico, los procesos de formación territorial
y las geografías culturales. Ha publicado varios artículos y com-
pilado varios libros en relación a estas temáticas.

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Este libro se terminó de imprimir
en octubre de 2012 en la
ciudad de Córdoba, Argentina.