Вы находитесь на странице: 1из 21

NTRODUCCIÓN:

Es virtualmente imposible encontrar un libro calvinista que no cite algo acerca de Romanos 9 por lo menos cien veces. Aquello que la Tierra Santa representa para judíos e islámicos, Romanos 9 lo representa para los calvinistas. Es difícil dimensionar la importancia única que Romanos 9 representa para ellos, pues este es el único capítulo de la Biblia en que algún escritor inspirado parece estar abogando una doctrina de predestinación particular individual a la salvación.

El texto habla sobre Dios amando a Jacob y odiando a Esaú (v.13), sobre Él usar de misericordia sobre quien quiere (v.15), sobre eso no depender del esfuerzo humano (v.16), sobre Dios endureciendo el corazón del Faraón (v.18) y sobre “vasos de ira” (v.22), preparados para destrucción. Parece impactante para alguien que no posee el resto de la Biblia o que no analiza Romanos 9 dentro del contexto de la propia epístola a los romanos. Aisladamente y sin exegesis, cualquiera podría mismo pensar que Pablo estaba describiendo una predestinación individual e incondicional aquí.

Por esa misma razón, yo invito a todos los lectores a leer la epístola a los romanos completamente antes de concordar con cualquier cosa que un arminiano o calvinista escribe sobre Romanos 9. No se deje convencer fácilmente por un discurso calvinista o Arminiano, asegúrese de averiguar el contexto por usted mismo. Si así lo hiciere, irá descubrir que desde el comienzo de la epístola uno de los principales asuntos era la salvación de Israel. Pablo comienza un tema, abría un paréntesis y retomaba ese mismo tema después. Era una costumbre de él, presente en casi todas sus epístolas, y en especial, presente en la carta a los romanos.

:

• Pablo inicia la epístola diciendo que el evangelio “es poder de Dios para salvación a todo aquel

que cree; í , y también al griego.” (1.16). él también dice que “tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, í y

también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, í y también al griego” (2.9, 10). Tengan en cuenta que el foco primero de Pablo es siempre el pueblo judío.

• Después de decir que Dios juzgará a ambos (judíos y gentiles), él responde a la pregunta: ¿Qué

ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? (3.1) de la siguiente manera:

“Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios. ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? De ninguna manera” (3.2-4). En otras palabras, a partir de ahí el comienza a exponer í. Él abre un paréntesis para tratar de la cuestión del pecado, del capítulo 3 al 8, pero retoma este mismo asunto más adelante, en el capítulo 9.

• En el capítulo 9, Pablo í. Él lamenta por los israelitas que se volvieron incrédulos, diciendo: “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, ú ; ” (9.1-4).

• En seguida, Pablo expone una vez más las ventajas de los judíos, diciendo que: “de los cuales

son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.” (9.4-5).

Después de eso, él expone a un interlocutor oculto que puede pensar que esas promesas de

Dios hacia el pueblo judío fallaron, y que ellos perdieron la elección y su lugar en la gloria, ya

que muchos de ellos rechazaron a Cristo. Pablo dice entonces: “No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas” (9.6). Él prosigue diciendo que los judíos que creen en Cristo son descendientes de Abrahán así como los gentiles que también creen, permaneciendo en ellos la elección. O sea: que la elección de Israel permanece subsistiendo en el “Israel de la promesa”, en contraste al “Israel de la carne” (9.6-8).

• Para reforzar este punto, él traza una analogía entre Israel e Ismael. Aunque ambos fuesen

descendientes naturales de Abrahán, Dios decidió hacer su pacto solamente con los descendientes de Isaac (9.7-9). Lo mismo ocurrió con los hijos gemelos de rebeca. Aunque tanto

Jacob como Esaú fuesen descendientes naturales de Isaac, Dios decidió establecer su pacto solamente con la descendencia de Jacob (9.10-13). Estos ejemplos fueron ilustrativos para mostrar que, ya en los tiempos del Antiguo Testamento, Dios era soberano para escoger con quien él iría querer hacer un pacto.

• Después de refutar la idea de que Dios sería injusto por escoger soberanamente con quien

establecería un pacto (9.14-22), él concluye la idea de que, como Dios es soberano para establecer su pacto con quien él quiere, él decidió extender un nuevo pacto para los “hijos de la promesa”, en una Nueva Alianza que alcanza a todos los que creen, tanto de los judíos como de

los gentiles (9.24-33).

• Él sigue diciendo que desea la salvación de Israel: “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi

corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación” (10.1), y dice que “¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera” (11.1), porque “también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín” (11.1). Entonces, en el siguiente verso, dice Pablo:

“No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel…?” (Romanos 11.2)

Como vemos, estos que Él “ ó” se trata del pueblo de Israel, que, en el concepto paulino, ahora alcanzaba no a la totalidad de la descendencia natural de Abrahán, sino a los hijos de la promesa, que incluye judíos y gentiles que creen. Él añadió las palabras “desde antes conoció” como una referencia a Amós 3.1, 2, que dice que de todas las familias de la tierra Dios solo conocía a Israel:

“Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, , contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así: ; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades.” (Amós 3.1, 2)

Por esta razón, para Pablo, las promesas y el pacto de Dios con Israel en la Antigua Alianza permanecían subsistiendo en la Iglesia, en aquellos judíos y gentiles que creen, siendo receptores de las promesas a Abrahán. Los que Él “desde antes conoció”, que antes se aplicaba apenas a los israelitas según la carne, ahora se aplica a los israelitas de la promesa, y en ellos permanece la elección de Israel. Todo el foco de la cuestión se resume en el hecho de que la elección de Israel no fue revocada, pero se cumple en la Iglesia. Nada tiene que ver con una predestinación fatalista individual de una persona en la eternidad.

Delante de todo el contexto de la epístola, nos percatamos que claramente el tema de Romanos 9 óó, í ó . Los calvinistas sacan a Romanos 9 groseramente de su contexto para engañar la mente de los más ingenuos para que ellos piensen que el asunto allí tratado es la predestinación individual de un ser humano en la eternidad, lo que es un crimen en contra de la exegesis. Solamente los incautos pueden dejarse convencer por una interpretación tan superficial, que viola todo el contexto de la epístola a los romanos.

Pablo no está diciendo que usted o yo fuimos individualmente predestinados al cielo y que otras personas fueron rechazadas por Él, pero sí que Israel fue escogido por el Señor y que Dios no revocó dicha elección, pues ella permanece en el “Israel de Dios” (Gl 6.16), la Iglesia. Todos los versos de Romanos 9 giran alrededor de ello, y por esa razón, analizaremos parte por parte, para confirmar esa interpretación lógica y contextual que derrumba a las pretensiones calvinistas.

ACOB Y ESAÚ:

El pasaje más utilizado de Romanos 9 en la defensa de la predestinación individual es ciertamente el verso 13, que dice que Dios amó a Jacob pero “aborreció” a Esaú [1]. La mayor parte de los calvinistas hoy en día interpreta este texto como si tratara de la propia persona de Jacob y Esaú, yendo en contra de la interpretación ortodoxa histórica de que Jacob allí era una representación del pueblo de Israel y Esaú de los edomitas. Una prueba evidente de que Pablo estaba tratando de las de Jacob (Israel) y Esaú (Edom) es que desde el Génesis eso ya era aceptado. Dios dijo a Rebeca:

“y le respondió Jehová: , Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.” (Génesis 25.23)

Pablo sacó la analogía de Jacob y Esaú de una aceptación común entre los hebreos de que Jacob representaba a la ó de Israel y Esaú representaba a la ó de Edom, dicha tradición ya provenía desde el Génesis. Sobre eso, Norman Geisler dijo:

“Aquí, Dios no está hablando del Jacob, sino a respecto de la ó de Jacob (Israel). En Génesis, cuando la predicción fue hecha (25.23), fue dicho a Rebeca: ‘Dos hay en tu seno, y dos serán divididos desde tus entrañas; (…) y el mayor servirá al menor’. Así,

la referencia aquí no es a la elección , sino a una elección , de una nación

la nación escogida de Israel” [2]

El propio texto en que Pablo hace mención, al decir que “está escrito” (v.13), se refiere no a Esaú como persona, sino a la nación de Edom. Pablo hacía mención al texto de Malaquías, que dice:

“Profecía de la palabra de Jehová , por medio de Malaquías. Yo , dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y é , ú í, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto. Cuando : ‘ , pero volveremos a edificar lo arruinado’; así ha dicho Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre. Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel.” (Malaquías 1.1-5)

Como vemos, el texto del antiguo testamente del cual Pablo hace mención se refiere no a la persona de Esaú o Jacob, pero a las naciones, o sea, sus descendientes. La advertencia no era contra la persona de Jacob (que ya había muerto hace siglos), sino contra Israel (v.1). Por eso, dijo Dios que siempre , , refiriéndose a toda la nación. Con Edom,

sucede lo mismo: , , para referirse a toda la nación y no

a la persona de Esaú. Jacob y Esaú, en aquel contexto, eran meras representaciones de las naciones de Israel y Edom.

Hasta mismo el calvinista J. Oliver Buswell lo admitió cuando dijo:

“En este caso el comentario con el que Pablo concluye la referencia a Jacob y Esaú coincide con la opinión de que la ‘elección’ que es aquí comentada es una elección para el linaje mesiánico, y no una elección de un individuo para la vida eterna (…) En el pasaje de Malaquías de la cual Pablo cita estas palabras, el profeta está claramente refiriéndose no al individuo Esaú, sino al pueblo de Edom que había sido un pueblo pecador y rebelde, puesto que se permitía que fuesen, de acuerdo con las promesas de Dios, considerados dentro de la alianza de Dios con Israel. No hay nada en el relato de Génesis que indica que Esaú, cuando Jacob volvió para su tierra natal, no era un sincero adorador.” [3]

Otra fuerte evidencia de que Pablo no estaba hablando de la persona de Jacob y de Esaú es que el texto dice que Jacob sería de Esaú:

“(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: ‘ á ’. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Romanos

9.11-13)

El problema para los calvinistas es que ú . Por el contrario: si alguien puede haber sido considerado “siervo” del otro, fue Jacob de Esaú, y no Esaú de Jacob. En Génesis, vemos que Jacob se consideraba ú:

“Y alzó sus ojos y vio a las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado .” (Génesis 33.5)

“Y Esaú dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y Jacob respondió:

El hallar gracia en los ojos de ñ.” (Génesis 33.8)

Jacob tanto se consideraba “siervo” de Esaú que se prostró siete veces al suelo delante de él, algo que solamente era hecho por el inferior a un superior, por un siervo a un señor:

“Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano.” (Génesis 33.3)

Durante la vida de Jacob, Esaú siempre fue el más rico y poderoso. Esta condición solo se invirtió

con sus , los edomitas, que se volvieron , los israelitas, que de hecho vinieron a ser mucho más poderosos que Edom. Por tanto,

el texto bíblico indudablemente está refiriéndose a la n a c ͟ ó ͟ n ͟ ͟

i

͟

de

͟ Edom (Esaú), y no a la propia persona de Jacob y Esaú, de lo contrario Pablo estaría invirtiendo

la condición de siervo y de señor, y, consecuentemente, cometiendo un disparate bíblico. Fue

por eso que John Wesley escribió:

de Israel (Jacob) y a la n a ͟ c ͟ ó ͟ n ͟ ͟

i

͟

“El pasaje es innegablemente clara, que ambas escrituras [versículos 12 y 13] tratan, no de las personas de Jacob y Esaú, sino de sus descendientes; los israelitas; descendientes de Jacob y los edomitas; descendientes de Esaú. Solamente en este sentido es que el ‘mayor’ (Esaú) ‘sirvió al menor’; no en su persona (pues Esaú jamás sirvió a Jacob), sino en su posteridad. La posteridad del hermano mayor sirvió a la posteridad del hermano menor” [4]

Dicha interpretación lógica y consistente, de que Pablo no estaba refiriéndose a la persona de Jacob, sino a la nación de Israel (que era el nombre de Jacob), fue la interpretación ortodoxa predominante en la Iglesia por dos milenios, hasta que en pleno siglo XXI tenemos el disgusto de oír calvinistas desinformados afirmando que dicha interpretación “es un chiste, es una hermenéutica de malabarismos decir que Romanos 9 no está hablando de la persona de Jacob y de la persona de Esaú”. [5]

Es realmente lamentable que las personas no estudien el contexto y hablen de lo que

desconocen. Si el pastor calvinista Thomas Santos (autor de dicha frase bárbara) estudiase por

lo menos (algo que él por supuesto no lo hizo) se daría

cuenta de que í ú. Él dijo:

“Lo que dice: ‘amé a Jacob’ [Ml 1.2], se refiere a toda la descendencia del patriarca, la cual Malaquías opone a los descendientes de Esaú” [6]

Como vemos, el propio Calvino reconocía que la referencia era a los descendientes de Jacob.

Pero él no fue el único calvinista que lo admitió. Sanday y Headlam dijeron que “en el original al cual Pablo se refiere, Esaú es simplemente un sinónimo de Edom” [7]. En la misma línea, Berkouwer, también calvinista, dice que “está cada vez más siendo aceptado que este pasaje no

se trata primeramente de establecer un locus de praedestinatione como un análisis de elección

o rechazo individual, sino, preferiblemente, [trata de] ciertos problemas que surgen en la historia de la salvación” [8].

El calvinista Russel P. Shedd es otro que refuta a la teoría de que Romanos 9.13 se refiere a las

propias personas (Jacob y Esaú). Él dijo que “no se refiere a los individuos, sino a las naciones

8.14; 1Rs 22.45)” [9]. Delante de todo eso, es una gran distorsión bíblica afirmar que Pablo abogaba una especia de elección individual en Romanos 9.13. El asunto, como mostramos delante de todo el contexto, ó a la luz de la soberanía de Dios, que tiene el derecho de escoger con quien Él quiere establecer un pacto.

[1] En este texto, “amar” y “aborrecer” es un hebraísmo para “aceptar” y “rechazar”. Dios aceptó a la nación de Israel (la escogió como propiedad suya en los tiempos del Antiguo Testamento) y rechazó a la nación de Edom, así como a los demás gentiles, que no fueron escogidos como la nación elegida de Dios. De hecho, aunque los calvinistas en general crean que Dios tiene un amor menor hacia los no-elegidos, son pocos los que creen que Él los “aborrece”, como lo dice el texto. La mayoría reconoce que aquí se trata de un hebraísmo para aceptación o rechazo. Es por eso que la NVI (versión brasileña) traduce por “rechazar”, en vez de “aborrecer”, mismo teniendo tendencias calvinistas.

[2] GEISLER, Norman. Eleitos, mas Livres: uma perspectiva equilibrada entre a eleição divina e o livre-arbítrio. Editora Vida: 2001, p. 96.

[3] J. Oliver Buswell, A Systematic Theology of the Christian Religion (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1962), vol. 2, p. 149.

[4] John Wesley, “Predestination Calmly Considered,” em The Works of John Wesley, Vol. 10, Letters, Essays, Dialogs and Addresses (Grand Rapids: Zondervan, n.d.), p. 237.

[5] Pr. Thomas Tronco dos Santos fue el autor de la frase mencionada en el texto. Dicha citación se encuentra en el debate en portugués: Se o calvinismo está errado, como entender Atos 13:48,

Disponible en:

<http://www.internautascristaos.com/videos/debates/calvinismo>

além

de

outros

textos?

[6] Institutas, 3.21.7.

[7] Sanday e Headlam, Romans, p. 245.

[8] G. C. Berkouwer, Studies in Dogmatics: Divine Election (Grand Rapids: Eerdmans, I960), p.

212.

[9] Bíblia Sheed de Estudo.

A MISERICORDIA DE DIOS:

El próximo punto de Pablo en su discurso de Romanos 9 es si esa elección corporativa es justa o injusta. Él dice:

“¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice:

‘Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca’. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9.14-16)

Hemos visto que Dios decidió establecer un pacto con la descendencia de Isaac y no con la de Ismael (vs.7-9) y con la descendencia de Jacob y no de Esaú (vs.9-13), que sería un preludio de la elección soberana de Dios donde Él, en la Nueva Alianza, establece un Nuevo Pacto con todos aquellos que creen, incluso de entre los gentiles (vs.24-33). ¿Sería Dios injusto por decidir establecer un Pacto con uno y no con el otro? ¿Sería Dios injusto por escoger a los hijos de la promesa en vez de los hijos naturales (v.8)? La respuesta de Pablo es clara: ¡no!

Dios no sería injusto, porque, en primer lugar, Él es soberano para escoger con quien establecerá un pacto y con quien no lo establecerá. Si Dios escogió a una nación y no a otra, o a un grupo corporativo y a otro no, eso hace parte de la soberanía de Él. Una vez más, eso no se resume a individuos en la eternidad. Pablo permanece tratando del mismo tema, de la elección de Israel. El punto aquí es que la elección (corporativa) no depende del esfuerzo humano, sino de la misericordia de Dios.

Abrahán no pidió a Dios para que Él estableciese un pacto con sus descendientes. Jacob no hizo ninguna buena obra mientras estaba en el vientre de su madre para que Dios estableciese un pacto con su descendencia y no con la de Esaú. Dicha elección no es de acuerdo con una “presciencia” de hechos futuros, ni por obras, ni depende en ninguna medida del deseo o del esfuerzo humano. Depende total y exclusivamente del deseo y de la voluntad de Dios, únicamente.

Él no escogió a Israel por prever buenas acciones o por ser el mejor de todos los pueblos; por el contrario, es dicho que Israel era la menor de todas las naciones, la más insignificante. La descripción bíblica sobre eso, dicha por el propio Dios es impactante:

“Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más

que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos” (Deuteronomio 7.6-7)

Esa elección, de hecho, no dependió del esfuerzo humano. Eso era una previa de su punto a favor de la inclusión de los gentiles en el grupo corporativo (Iglesia). Pablo estaba disputando con judíos fanáticos que creían que solo los judíos podrían ser salvos y que Dios no podría extender la elección hacia nadie más, solamente para los descendientes naturales de Abrahán. Ellos se exaltaban y decían con orgullo: “nuestro padre es Abraham” (Jn 8.39).

Para que Pablo cambiase ese concepto de descendencia natural en favor de la descendencia espiritual, era necesario probar que Dios era soberano en la historia para establecer un pacto con quien Él quisiese, y que eso no depende de la voluntad del hombre, sino solamente de la misericordia de Dios. Por eso, si Dios decide extender su pacto hacia los gentiles a través de una descendencia de Abrahán, Él es soberano para tanto y puede hacer conforme su deseo. Era este el punto aquí.

Cuando Pablo dice que Dios ejerce misericordia con quien Él quiere, él no está refutando a una posición arminiana de misericordia disponible para todos, bajo la condición de creer (en relación

a la salvación). Por el contrario, él está refutando a la visión de misericordia limitada propagada

entre los judíos de que Dios solo podría ejercer misericordia sobre ellos, de modo que nunca la gracia se extendería a los gentiles. Si Dios decide mantener alguien endurecido (en el caso, el Israel de la carne), o ejercer misericordia sobre quien antes no tenía un pacto con Él (el Israel de

la promesa), Él lo puede hacer sin tornarse “injusto”.

Es muy importante destacar que esa misericordia, como apunta todo el contexto, dice al respecto al pacto con Dios, que antes solamente los israelitas tenían, pero hoy, todos los que creen (de cualquier nacionalidad) poseen. Dicha misericordia no se refiere a la ó. Nadie realmente cree que todos los seres humanos no-israelitas que vivieron en la época de la Antigua Alianza fueron para el infierno. Dios estableció una alianza con Israel, pero no limitó la salvación

a Israel. Así como ni todos los israelitas eran salvos, ni todos los no-israelitas eran no-salvos.

Por eso, cuando la cuestión era la misericordia de Dios en relación a la salvación, Pablo deja muy claro, dos capítulos después, que , y no apenas sobre

algunos:

“Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” (Romanos

11.32)

Pablo aquí está hablando de la misericordia de Dios a través de la obra de la cruz, en disponer salvación a todos los hombres. El “todos”, en este contexto, no puede significar “algunos”, si no

rompería toda la lógica contextual. Los propios calvinistas creen que todos los hombres del mundo, individualmente, pecaron y desobedecieron a Dios. Consecuentemente, la secuencia del verso que dice que Dios tiene misericordia de “todos” no puede significar otra cosa sino cada persona del mundo, aquellas que también estaban incluidas en el “todos” que pecaron y desobedecieron a Dios. De otra forma, Pablo estaría diciendo lo siguiente:

“Porque Dios sujetó a todas las personas del mundo en desobediencia, para tener misericordia apenas sobre algunos pocos elegidos.” (Epístola de seudo-Pablo “Calvinsta”, a los Arminianos,

11.32)

Es lógico que el verso exige que el todos sea todos, sin excepción. Todos, sin excepción, estuvieron bajo el pecado; y a todos, sin excepción, fue direccionada la misericordia de Dios. Por tanto, cuando la cuestión era la salvación individual, Pablo era enfático: , . Pero, cuando la cuestión era la elección corporativa, esa misericordia se extendía solamente hacia algunos: aquellos que Él quiere.

De hecho, Dios podría haber escogido cualquier otra nación, pero escoger a Israel. El querer de Dios fue la única cosa que importó en este caso. Dios también podría, de la misma forma, establecer un nuevo pacto con los mismos hijos naturales, pero escogió a los hijos de la promesa, los que creen, y no los incrédulos. Dios fue soberano en esta escoja. La “misericordia” aquí dice respecto al pacto corporativo, no de individuos a la salvación a la condenación.

Es por esa razón que creemos que personas no-israelitas podrían ser salvas en el tiempo del Antiguo Pacto, y personas israelitas podrían ser condenados también en aquella época. Salvíficamente hablando, la extensión de la misericordia de Dios alcanza a todas sus criaturas [10]. Corporativamente y en términos de elección para un pacto, la misericordia estuvo apenas sobre los israelitas en la Antigua Alianza y está apenas sobre la Iglesia en la Nueva Alianza.

[10] Es lógico que el hecho de la misericordia salvífica de Dios extenderse a todas las criaturas no significa que todas las criaturas serán salvas, y sí que todas las criaturas pueden ser salvas; estos es, que Dios posibilitó y dispuso salvación a todos, teniendo misericordia de cada individuo en particular, pero eso no significa que este individuo será forzado a creer para ser salvo, pues él aún tiene que recibir y aceptar la gracia preveniente, y aún puede rechazarla o rehusarla.

ENDURECIMIENTO DE FARAÓN:

Pablo prosigue su discurso diciendo:

“Porque la Escritura dice a Faraón: ‘Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra’. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.” (Romanos 9.17-18)

Calvinistas tienen la costumbre de usar este versículo para probar que hay ciertas personas “predestinadas” a la salvación y que hay otras personas que son “endurecidas”, que ellos creen que se refiere a la predestinación a la perdición. Calvino insistentemente se utilizó de este versículo en el intento de probar que los no-elegidos son activamente endurecidos por Dios durante toda su vida para que ellos nunca sean salvos. Otros usan este verso en el intento de impugnar el libre-albedrío, diciendo que Dios actuó contra la voluntad del Faraón.

Pero, ¿tendrán sentido algunas de dichas afirmaciones calvinistas? Siguiendo la lógica de Pablo, lo que él estaba diciendo era que Dios no tiene cualquier necesidad u obligación de establecer un pacto con todo el mundo, sino que Él escoge quien Él quiere. Entonces, Pablo usa el ejemplo de Faraón como un caso de alguien que no fue escogido para una alianza con Dios. Hasta porque, ¿quién era Faraón? Era la autoridad máxima de todo Egipto. Dios prefirió, por su propia voluntad, establecer un pacto con Moisés y a favor de los israelitas, y no con Faraón y a favor de los egipcios. Dios fue soberano y auto determinante en esta decisión.

Pero eso aún no resuelve la cuestión del endurecimiento. Calvinistas usan este verso en favor de una contra-elección. Los “endurecidos” serían aquellos que Dios predestinó al infierno. Si es así, entonces ellos tendrían que explicar de qué modo los discípulos de Jesús fueron lanzados al infierno, ya que la Biblia relata en cierta ocasión que ellos estaban con sus corazones endurecidos:

“Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.” (Marcos 6.52)

Por tanto, si los calvinistas creen que había “predestinados” (a la salvación) entre los discípulos de Jesús, ellos tendrán que olvidarse del argumento de que el endurecimiento implica en una contra-predestinación, o en una predestinación para perdición. Lo mínimo que ellos tendrían que reconocer es que este endurecimiento puede ser algo , y no permanente, así como los discípulos que estaban endurecidos en aquella ocasión, pero tuvieron sus corazones transformados después.

Si es así, entonces el endurecimiento de Faraón en nada favorece a la tesis de la predestinación incondicional de individuos a la perdición. Eso es una exegesis muy mal hecha, que obligaría, según la lógica, a mandar a los discípulos de Jesús al infierno. El corazón de Faraón í haber

sido transformado después, así como los corazones de los discípulos lo fueron, con excepción de Judas, que prefirió continuar endurecido.

Pero eso todavía no responde a una cuestión central: ¿de qué forma Dios endureció el corazón de Faraón? Y ¿eso no va en contra del libre-albedrío? Paradójicamente, es un calvinista que nos da la mejor respuesta (arminiana) sobre eso. R. C. Sproul, calvinista convicto a tal punto de decir que los que no son deterministas son ateos, fue el mismo que dio una de las mejores explicaciones sobre el endurecimiento de Faraón, en plena concordancia con el pensamiento arminiano, en contra de lo que él considera “hipercalvinismo”. Él dijo:

“El endurecimiento activo envolvería la intervención directa de Dios en lo más profundo del corazón de Faraón. Dios irrumpiría en el corazón de Faraón y criaría en él un mal adicional. Esto garantiría que Faraón produciría el resultado que Dios estaba procurando (…) El endurecimiento pasivo es una historia totalmente diferente. El endurecimiento pasivo envuelve un juicio divino sobre el pecado que ya está presente. Todo lo que Dios tiene que hacer para endurecer el corazón de una persona cuyo corazón ya es desesperadamente malo es ‘entregarla a su pecado’. Encontramos este concepto de juicio divino por toda la Escritura” [11]

Después él afirma:

“No es que Dios ponga su mano sobre ellas para crear el nuevo mal en sus corazones; Él meramente remueve de ellas su santa mano de restricción, y deja que hagan su propia voluntad (…) todo lo que Dios tenía que hacer para endurecer más a Faraón era remover su brazo. Las inclinaciones malignas de Faraón hicieron lo demás” [12]

En otras palabras, en lo que hasta mismo los calvinistas más sensatos están de acuerdo es que este endurecimiento de Faraón tuvo como punto de inicio el corazón del propio Faraón, y que Dios apenas “lo entregó” a esta condición de endurecimiento, lo que sería un endurecimiento pasivo y no activo. Faraón fue el agente activo de su propio endurecimiento.

Pero ¿encontramos este concepto en la Biblia?

Sí, lo encontramos, bíblicamente, ó ó ó ó. Veamos algunos casos:

“Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.” (Éxodo 8.15)

“Mas ó ó ó, y no dejó ir al pueblo.” (Éxodo 8.32)

B. W. Johnson correctamente observa:

“Cinco veces es dicho de él que él mismo endureció, o tornó pesado su corazón (Ex 7.13; 7.22; 8.15; 8.32; 9.7), antes de la vez cuando es finalmente dicho que Dios lo endureció (Ex 9.12), y mismo después de eso es dicho que él endureció a si mismo (Ex 9.34). Así él inicialmente cerró su propio corazón a los llamados de Dios, hasta que finalmente Dios, como castigo por su rechazo obstinado de lo derecho, lo entregó a su loca insensatez y le alejó su juicio” [13]

A la luz de los datos bíblicos, la conclusión de Calvino de que “el consejo secreto de Dios es la causa del endurecimiento” [14] es completamente errónea. Faraón fue la causa y el responsable por su propio endurecimiento, y Dios apenas lo ó a esta condición. Dios no actuó el libre-albedrío de Faraón, pero é del libre-albedrío de él. Faraón no era un buen hombre, buena gente, amigable, con un buen corazón, lleno de benignidad y compasión y completamente dispuesto a dejar que toda su mano-de-obra forzada dejase su país porque un esclavo egipcio y un fugitivo estaban gentilmente pidiéndolo.

Por el contrario: como alguien dijo cierta vez, el Faraón era el “Hitler” de la antigüedad. Él no tenía un buen corazón dispuesto a dejar libremente que los israelitas huyesen. Dios respetó el libre-albedrío de Faraón y lo entregó a esta condición. Faraón ya era orgulloso, soberbio e impío mucho antes de Moisés y Arón comenzar toda la historia. Fueron sus escojas que lo llevaron a eso, y no “el consejo secreto de Dios”. Dios no hace el hombre impío; es el propio hombre se hace impío (Ec 7.29). Dios nunca actuó en contra al libre-albedrío de Faraón.

Como dijo John Murray, “el endurecimiento de Faraón, no olvidemos, revístese de carácter judicial. Presupone la entrega al mal y, en el caso de Faraón, particularmente a la entrega al mal de su auto-endurecimiento” [15]. Esta “entrega” de la parte de Dios es lo mismo que Pablo escribió a los romanos, cuando dijo que “Dios ó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos” (Rm 1.24). No es que Dios haya determinado que ellos cometiesen actos inmundos, sino que, por tanto resistieren a la gracia, esta gracia se alejó de ellos, de modo que ahora ellos están “entregados” a este fin.

Norman Geisler y Thomas Howe son otros que tratan de esta cuestión en su “Manual de Dudas, Enigmas y ‘Contradicciones’ de la Biblia”. Ellos escribieron:

“Dios no endureció el corazón de Faraón contrariamente a lo que el propio Faraón por su libre voluntad determinó. La Escritura deja claro que Faraón endureció su corazón. Ella declara que ‘el corazón de Faraón se endureció’ (Ex 7.13), que Faraón ‘continuó de corazón endurecido’ (Ex

8.15) y que ‘el corazón de Faraón se endureció’ (Ex 8.19). Nuevamente, cuando Dios envió la plaga de las moscas, ‘aún esta vez endureció Faraón el corazón’ (Ex 8.32). Esta frase, o una equivalente, es repetida vez tras vez (cf. Ex 9.7; 34-35). De hecho, excepto cuando Dios dijo lo que sucedería (Ex 4.21), Faraón fue quien endureció su propio corazón primeramente (Ex 7.13; 8.15; 8.32 etc.), y solo más tarde Dios lo endureció (cf. Ex 9.12; 10.1; 20, 27): Además, el sentido en que Dios endureció el corazón de Faraón es semejante al modo por el cual el sol endurece el barro o derrite la cera. Si Faraón hubiese sido receptivo a las advertencias de Dios, su corazón no habría sido endurecido por Dios. Pero cuando Dios daba reposo de cada plaga, Faraón tomaba ventaja de la situación. ‘Ex 8:15 Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.’ (Ex 8.15)” [16]

En seguida, ellos montan una tabla donde explican en qué sentido que Dios “endureció” el corazón de Faraón: (en la imagen)

Además, Laurence Vance hace una importante observación:

“Si el decreto de la reprobación era eterno, ¿qué hacía Dios cuando estaba endureciendo el corazón de Faraón en el tiempo y en varias ocasiones si él ya fue predestinado al infierno? ¿Él estaba haciendo más firme su reprobación y condenación?” [17]

De hecho, la cuestión del “endurecimiento de Faraón” es un problema mucho más grande para los calvinistas que para los arminianos. Si todo ya fue pre-determinado por Dios en la eternidad, entonces no hay cualquier razón o lógica en endurecer el corazón de alguien que ya fue predestinado a pecar e ir para el infierno. No hay como volver este decreto “más cierto”, y por eso sería inútil cualquier forma de endurecimiento activo en alguien que ya estaba de todas formas predestinado a tomar aquellas actitudes, y que no podría hacer nada de sí mismo para luchar contra ellas.

Es muy importante observar que en casi todas las veces donde la Biblia muestra alguien “ciego” o “endurecido”, ella pone el propio hombre como siendo el agente activo. Lucas, por ejemplo, escribió en Hechos:

“Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres. Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero é , maldiciendo el Camino delante de la multitud” (Hechos 19.6-9)

Como vemos, los hombres causaron su propio endurecimiento, rehusándose a creer, resistiendo a la gracia que les era ofrecida. De la misma forma, él dice:

“Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Vé a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis; Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyeron pesadamente, , Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane.” (Hechos 28.25-27)

El texto no dice que Dios les cerró los ojos, sino que ellos cerraron sus ojos. Jesús también dijo lo mismo, citando el mismo texto de Isaías:

"De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, ; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.” (Mateo 13.14,

15)

Otras veces este endurecimiento parte de Satanás, pero solamente porque encuentra un corazón receptivo a ello en el hombre. Por eso Pablo escribe que “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2Co 4.4). El “dios de este siglo” es, obviamente, Satanás. Por tanto, las personas endurecen a sí mismas cuando aceptan el endurecimiento instigado por Satanás. Dios apenas las entrega a este fin cuando, después de repetidas veces, ellas se resisten a la gracia.

[11] SPROUL, Robert Charles. Eleitos de Deus. Editora Cultura Cristã: 1998, p. 106.

[12] SPROUL, Robert Charles. Eleitos de Deus. Editora Cultura Cristã: 1998, p. 107.

[13]

<http://www.arminianismo.com/index.php/categorias/diversos/artigos/15-b-w-johnson/18-

bw-johnson-romanos-9>

B.

W.

Johnson,

The

People’s

New

Testament.

Disponível

em:

[14] Institutas, 3.23.1.

[15] John Murray, Romanos, 1ª edição (São José dos Campos: Editora Fiel, 2003), p. 391

[16] GEISLER, Norman; HOWE, Thomas. Manual popular de dúvidas, enigmas e 'contradições' da Bíblia. São Paulo: Editora Mundo Cristão, 1999.

[17] VANCE, Laurence M. O outro lado do calvinismo

OS VASOS PARA DESHONRA:

Continuando la lectura, Pablo dice:

“Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó:

¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?” (Romanos 9.19-24)

Pablo comienza refutando a un interlocutor oculto que podría pensar que Dios es injusto por escoger a una nación y no a la otra, a un grupo y no al otro, por dictar las reglas del juego. Si Dios escogió establecer un pacto con un grupo y no con otro, ¿por qué este que no fue escogido debe ser considerado culpable? Si no fue de la voluntad soberana de Dios que él estableciese un pacto con otro pueblo, nadie podría resistir a esta voluntad soberana.

Pablo sabía bien la consecuencia de este pensamiento, pues estaba por concluir su argumentación en favor de la inclusión de los gentiles en un Nuevo Pacto, a partir de una descendencia espiritual de Abrahán, en vez de una descendencia natural. Pero, si Dios decidió “endurecer” (entregar al endurecimiento) un grupo de israelitas incrédulos y ejercer misericordia sobre otro grupo (la descendencia espiritual de Abrahán, que incluye a los gentiles), ¿Él no estaría siendo injusto por eso?

Pablo ya había respondido esa cuestión en el verso 14, diciendo “en ninguna manera” (v.14) Dios sería injusto por eso. Aquí él comienza refutando este pensamiento mostrando que, en primer lugar, nada somos para cuestionar a Dios (v.20). En seguida, él pasa a contra-argumentar dicha tesis, haciendo una analogía con el alfarero y el vaso. Si el alfarero tiene el derecho de hacer un vaso para un fin y otro vaso para otro fin, cuanto más Dios tendría tal derecho.

Eso significa que Dios tiene el derecho de hacerlo si es que lo quisiese, pero no significa que Dios así ó actuar. El siguiente verso (v.22) aclara aún más lo que Pablo estaba diciendo, los vasos preparados para la destrucción. Eso implica, lógicamente, que Dios es longánimo para con ellos, “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2Pe 3.9). Pablo no necesitó entrar en más detalles acerca de este punto porque él ya lo había hecho en el capítulo 2, cuando dijo:

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2.4, 5)

En otras palabras, como Pablo ya había dicho a ellos, esa paciencia y longanimidad de Dios, en soportar los incrédulos por mucho tiempo, . Eso derrumba la tesis calvinista de que esos vasos para deshonra ya estaban predestinados a la muerte eterna. Si así lo fuese, Dios no estaría buscando guiarlos al arrepentimiento.

Lo que Pablo está diciendo es que la razón por la cual Dios es longánimo para con los incrédulos es porque Él les está dando tiempo para que se arrepientan. Si no se arrepintieren, ellos serán condenados por la propia “dureza” y por su “corazón no arrepentido” (v.5), que se rehúsa a arrepentirse, y no porque Dios los haya destinado a este fin. Norman Geisler también destaca este texto y dice:

“Ese pasaje sugiere que los ‘vasos de ira’ son objeto de la ira porque se rehúsan a arrepentirse. Ellos no están deseosos de traer honra a Dios, de forma que se vuelven objeto de la ira de Dios. Eso es evidente por el hecho de que son soportados por Dios con gran paciencia (Rm 9.22). Eso sugiere que Dios estaba esperando pacientemente por su arrepentimiento” [18]

Laurence Vance añade que “vasos son hechos vacíos, y traen honra o deshonra (2Tm 2.20) conforme lo que es puesto en ellos. Dios no crea nadie honroso o deshonroso” [19]. En otras palabras, existe la posibilidad de que alguien que es un “vaso para deshonra” (un incrédulo de entre los israelitas, en aquel contexto) se vuelva un “vaso para honra”, caso se arrepienta de sus pecados y crea en Cristo. Hay por lo menos otros tres textos bíblicos que dejan este concepto claro. Uno de ellos es del propio Pablo al escribir a Timoteo, diciendo:

“Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, , á , santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” (2aTimoteo 2.20, 21)

Él no dice que “alguno” un vaso para honra. Por el contrario: dice que (i.e, del pecado) á (¡verbo en el futuro!) un vaso para honra. Esto obviamente implica que un vaso de deshonra, que hoy vive en el pecado, puede venir a arrepentirse y un vaso para honra. Eso también está nítidamente presente en un texto del profeta Jeremías, donde esa analogía es hecha por Dios:

“Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda.

Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según

le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. é, é í , y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. , , é í .” (Jeremías 18.1-10)

El punto de Pablo en Romanos 9.21-24 es exactamente el mismo, incluyendo el uso de la misma analogía, de Jeremías 18.1-10. Dios dice que puede remodelar los israelitas así como el alfarero hace con el vaso de barro, dependiendo de las actitudes de los propios israelitas. En otras palabras, si ellos obedecieren a Dios, Él los convertirá en vasos para honra; sin embargo, si alguien hiciere lo que Dios desaprueba, se tornará un vaso para deshonra.

Está perfectamente claro que no había idea de un vaso que ya está fijamente determinado como siendo para honra o para deshonra, como si Dios hubiese desde la eternidad definido quien

estaría en el cielo y quien estaría destinado al infierno. Ningún vaso ya estaba predeterminado

a ser para honra o predeterminado a ser para deshonra. Los vasos se tornaban para honra o deshonra en función de las actitudes de cada uno.

Siendo así, un vaso para honra podría volverse para deshonra, así como uno para deshonra podría purificarse del pecado y volverse un vaso de honra. Vance tenía razón cuando dijo que “cuando un hombre está reservado, apuntado, u ordenado para condenación, es siempre por causa de algo que él hizo, no por un decreto eterno de reprobación” [20]

La analogía con los vasos de barro es completamente opuesta a lo que enseñan los calvinistas. Pablo no estaba de ninguna forma enseñando que Dios determinó en la eternidad que alguien sería un vaso para honra y otra persona sería un vaso para deshonra, y que no hay nada que estos vasos puedan hacer para cambiar eso. Por el contrario: a la luz de la enseñanza tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, tal analogía nos muestra que Dios respeta las libres decisiones del hombre para moldear o remodelar un vaso, de modo que tanto la conversión como la apostasía son posibles.

Los vasos para honra están “preparados para la gloria”, si es que no se apartan y se vuelvan vasos para deshonra. De la misma forma, los vasos para deshonra están “preparados para la destrucción”, si es que no se arrepientan y se vuelvan vasos para honra. Es este el concepto bíblico, que difiere de forma radical de la teología calvinista, donde vasos para honra y para deshonra ya son definidos desde la eternidad y son conceptos fijos, inmutables, que jamás podrán ser remodelados para que se vuelvan otra cosa, contrariando garrafalmente los textos bíblicos (Jr 18.1-10; 2Tm 2.20, 21; Rm 11.17-24).

Otro texto que nos muestra de forma clara que el concepto de “vaso para honra” o “vaso para deshonra” no es algo fijo está también en la misma epístola a los romanos. Pablo les dijo:

“Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, á. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; ú é á . Y aun ellos, , á , . Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿á á é, , á ?” (Romanos 11.17-24)

Pablo traza aquí otra analogía, que es muy semejante a la analogía de los vasos de barro. Él deja claro, una vez más, que los que fueron “injertados” y hoy hacen parte del Cuerpo de Cristo (los vasos para honra) de la misma forma que los judíos incrédulos (vasos para deshonra) fueron cortados. Él también dice que aquellos que fueron cortados (vasos para deshonra) (haciéndose vasos para honra) si no continuaren en la incredulidad.

La tabla comparativa ilustra muy bien lo que fue dicho: (en la imagen)

El problema del calvinista es que él lee todo de forma aislada, superficial, no respetando el contexto y las reglas de la exegesis. ¡Si él se preocupase en leer el contexto general, se percataría que sus interpretaciones distorsionadas hace mucho tiempo ya fueron refutadas por el propio apóstol Pablo, y en la misma epístola a los romanos!

Mucha cosa de lo que Pablo escribió en Romanos 9 él ya había abordado antes o volvió a abordar después, explicando mejor sus analogías. Pero el calvinista que saca Romanos 9 de su contexto

de forma absurda y lo interpreta de acuerdo con los ojos de su teología no se da cuenta de eso. Como consecuencia de eso, él comete disparates exegéticos que no se comparan con nada en la teología. Una lectura superficial, liviana y aislada en Romanos 9 puede parecer que algo favorece al calvinismo. Una lectura seria, honesta y exegética refuta el propio calvinismo.

[18] GEISLER, Norman. Eleitos, mas Livres: uma perspectiva equilibrada entre a eleição divina e o livre-arbítrio. Editora Vida: 2001, p. 106

[19] VANCE, Laurence M. O outro lado do calvinismo.

[20] VANCE, Laurence M. O outro lado do calvinismo.

ONCLUSIÓN:

El apóstol Pablo concluye su pensamiento en Romanos 9 de la siguiente forma:“¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; Y el que creyere en

él,

(Romanos 9.30-33)

no

será

avergonzado.”

Como hemos visto, la conclusión de todo el discurso de Pablo no era que Dios predestina un individuo al cielo y otro al infierno, pero sí que la elección de Israel era irrevocable y que hoy permanece en el Israel de la promesa, que es la descendencia espiritual de Abrahán, que incluye

los israelitas que creen y los gentiles que creen lo que nosotros llamamos de ekklesia, la Iglesia,

el

Cristo.

místico

Cuerpo

de

Fue esa la conclusión de Pablo, y fue eso lo que él argumentó al largo de todo aquel capítulo. Nunca una predestinación individual a la salvación o perdición estuvo en juego en Romanos 9, pues no era este el punto de Pablo, no era a eso que él quería llegar. Siempre lo que estuvo en juego fue la elección de Israel a la luz de la inclusión de los gentiles en el Nuevo Pacto una elección corporativa. El calvinista que intenta quitar Romanos 9 de su contexto para defender una especie de predestinación individual a la salvación, o es ignorante o deshonesto. [21]

[21] Obviamente que ni todos los calvinistas son ignorantes en relación a Romanos 9, porque ni todos creen que Pablo estaba tratando de predestinación individual a la salvación allí. Charles Hodge, por ejemplo, dijo que “el apóstol tiene en vista la incredulidad de Israel y la longanimidad con que Dios tolera esta incredulidad” (Romans, p. 321).