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Avances en la comprensión de la Estructura Molecular de la Materia Orgánica del

Suelo: Implicaciones para las Interacciones en el ambiente

Markus Kleber, Mark G. Johnson

Resumen

Adoptamos un enfoque histórico para explorar cómo los conceptos la química y la


naturaleza física de la materia orgánica del suelo ha evolucionado con el tiempo.
Enfatizamos los logros conceptuales y analíticos en la investigación de la materia orgánica
en dos décadas y demuestran cómo estos acontecimientos incrementaron el escepticismo
hacia el concepto de humificación y cuestionan la utilidad de "sustancias húmicas" definidas
y preparadas artificialmente como modelos de fracciones de materia orgánica del suelo de
importancia para el mismo. Identificamos algunas de las preguntas todavía abiertas sobre
la materia orgánica, y señalamos las direcciones futuras de investigación que son
susceptibles de refinar esos conceptos de la naturaleza fisicoquímica de la materia orgánica
del suelo que ponemos ante el lector hoy.

1.Introducción

La dinámica del carbono del suelo, y específicamente, la cuestión de qué determina la


longitud de tiempo que un átomo de carbono asimilado permanece en el suelo antes de ser
respirado y liberado en la atmósfera, son fundamentales para el bienestar de la humanidad
por tres razones principales. En primer lugar, existe incertidumbre sobre cómo las grandes
cantidades de carbono del suelo van a responder al cambio climático (Heimann y
Reichstein, 2008). En segundo lugar, las crecientes temperaturas medias de la atmósfera
han impulsado los intentos de almacenar más C orgánico en los suelos durante más tiempo,
eliminando así el CO2 de la atmósfera y haciendo que la atmósfera se enfríe o, al menos,
mitigando el futuro calentamiento (Lal, 2004). Por último, son necesarios los niveles bien
equilibrados de materia orgánica del suelo (SOM) para la liberación de nutrientes y la
actividad biológica y, por lo tanto, la capacidad de los suelos de sostener la agricultura y
alimentar a la creciente población humana (Stewart et al., 2007).
Los beneficios agrícolas de la materia orgánica vienen con la penosa pérdida de masa
porque la materia orgánica es más beneficiosa, biológicamente, cuando se descompone
por actividad microbiana (Janzen, 2006). En consecuencia, la gestión del recurso SOM de
una manera que optimiza la fertilidad del suelo y maximiza la producción agrícola fue el
gran motor histórico para la investigación de las características de rotación de SOM. Los
primeros experimentos publicados sobre la rotación de la materia orgánica fueron
realizados por Jethro Tull (1751), quien estableció que la labranza frecuente con arados
podía sustituir al estiércol o el cultivo continuo de trigo, acelerando así la mineralización de
la materia orgánica a través de una mayor aireación (Warkentin, 2000).
1.1. Estructura molecular y rotación de carbono en suelos

¿Qué nos hace pensar que la rotación de la materia orgánica debería estar vinculada a la
química y la estructura física? Diferencias morfológicas significativas entre las capas
enriquecidas en materia orgánica de diferentes tipos de suelo se pueden observar
fácilmente y pueden relacionarse empíricamente con variaciones en los patrones
macroscópicos de acumulación y decaimiento de la materia orgánica (Feller et al., 2003).
De tales observaciones empíricas históricas, un paso lógico conduce a la hipótesis de que
la naturaleza física y química de la MOS debería ser control de las tasas de ciclación del
carbono del suelo. Aquí encontramos el mayor desafío intelectual del estudio que la MOS
tiene para ofrecer: la necesidad de conciliar la percepción de larga data de que la SOM es
de algún modo "Dinámico" y "refractario" al mismo tiempo, y la cuestión de cómo tal
dualidad debe reflejarse en sus propiedades químicas y físicas.
La naturaleza dinámica de SOM es inmediatamente obvia para cualquiera que opta por
cultivar pero no fertilizar y lo hace durante varios años. El resultado será un rápido
agotamiento de la materia orgánica. Sin embargo, después de algún tiempo, la disminución
del contenido de materia orgánica se acercará a un nuevo nivel de equilibrio que es
considerablemente menor que la del inicio del experimento. La manera más obvia y
sugerente para explicar esta observación de manera mecanicista es asumir que algunos
materiales orgánicos son muy difíciles de descomponer para microorganismos debido a
algunas características moleculares especiales. Pero hay son otras explicaciones
igualmente plausibles. Alguna materia orgánica puede ser inaccesibles a los
descomponedores debido a la estructura agregada de los suelos, o puede adsorberse en
minerales y, por lo tanto, protegerse contra ataque enzimático. Ninguna de estas
explicaciones requiere que la materia tenga una estructura molecular particularmente
refractaria. La primera revisión moderna de la investigación sobre la biodegradación
microbiana enumeró cuatro hipótesis que cuenta la resistencia postulada del humus o
componentes orgánicos específicos a la descomposición (Alexander, 1965): (1) El humus
se forma a partir de derivados de lignina, que se combinan con amino, péptido o
constituyentes de proteína, el complejo que sirve para proteger los aromáticos y los
nitrogenados componentes de la descomposición. (2) Es un polímero resistente o
policondensado de moléculas aromáticas, como la fenólica, la quinona o tipos de
aminoácidos aromáticos. (3) Los componentes carbonosos se representan menos
susceptibles como resultado de su adsorción sobre superficies y dentro de las capas de
minerales de silicato. (4) El humus se preserva debido a la formación de complejos estables
entre sus constituyentes orgánicos y cationes trivalentes.
Sin embargo, en el siglo XIX, cuando se realizó por primera vez que SOM parece decaer
de una manera algo contradictoria ['' la destructibilidad de esta tierra vegetal es un hecho
innegable ", de Saussure, 1804 en contraposición a “el Humus muestra una constancia tan
extraordinaria que se puede considerar indestructible", Hoppe-Seyler, 1889, las citas son
extractos de Waksman, 1936], la implicación de los procesos de agregación y adsorción en
el volumen de la materia aún no se conocía. Así, la noción de que la SOM consiste en
algunas partes con una estructura molecular que se descompone fácilmente y otras partes
(es decir, amorfo oscuro, compuestos de humus) cuyas propiedades moleculares las hacen
refractarias, podrían evolucionar con el tiempo hacia el paradigma de que las sustancias
húmicas son los materiales orgánicos más resistentes al ataque microbiano (Brady y Weil,
2008). Esta comprensión tácita de SOM representa una pieza de información fundamental
que se enseña a los estudiantes de pregrado en cursos introductorios en la ciencia del
suelo.

1.2. Enfoque conceptual y objetivos

Junto con un número creciente de colegas científicos (Guggenberger, 2005; von Lu¨tzow et
al., 2006; Wershaw, 2000), consideramos que los currículos de ciencias del suelo pueden
haber influido en nuestro pensamiento colectivo acerca de la descomposición de SOM hacia
una aceptación acrítica del paradigma de la humificación. Esta formación temprana ha
plantado en la mayoría de nosotros la convicción de que hay una enigmática fracción
"refractaria" dentro de la SOM. Nos preocupa que la dependencia de la existencia de
fracciones "inherentemente estables" dentro de la SOM pueda afectar seriamente el
desarrollo de conceptos para desarrollar modelos robustos de rotación de carbono en el
suelo.
Aquí abordamos este tema adoptando un enfoque histórico para explorar cómo conceptos
de la naturaleza física de SOM han evolucionado con el tiempo. Hacemos hincapié en los
logros conceptuales y analíticos en la investigación de la materia orgánica en las últimas
dos décadas y demostramos cómo estos desarrollos han llevado a un mayor escepticismo
hacia la utilidad del concepto de humificación y los cuestionamientos de la existencia de
"sustancias húmicas" artificialmente definidas y preparadas artificialmente como modelos
de fracciones de SOM en suelos reales. Identificamos algunas de las preguntas aún
abiertas sobre materia orgánica y anticipamos futuros descubrimientos y avances que
probablemente refinarán los conceptos de la naturaleza fisicoquímica de SOM que
presentamos al lector hoy. Tomando un punto de vista subjetivo, hacemos
recomendaciones para abordar lo siguiente:

a) ¿Cómo se debe conceptualizar la naturaleza química y física de la SOM en áreas de


investigación futuras, tales como el secuestro de carbono en el suelo, el cálculo de los
tiempos de residencia de carbono en el suelo y los modelos de ciclo de carbono?
b) ¿Cómo debe presentarse la naturaleza física de la SOM en los contextos educativos y
en la literatura educativa?

2. El suelo es un sistema acuoso

La vida, es decir, la capacidad de grupos de moléculas de crecer, reproducirse, proceso de


energía y evolución, requiere un mecanismo para separar reacciones bioquímicas
individuales de su entorno caótico mediante la creación de compartimentos que
proporcionan entornos controlables para aplicaciones de procesos bioquímicos específicos.
Los entornos terrestres están sujetos regularmente a adiciones de agua meteórica, esto es,
a las aplicaciones de un disolvente polar, la cual requiere la presencia de permeabilidad,
pero pieles hidrófobas y cutículas evitan que el contenido de células vegetales y
microbianas se disuelva bajo la lluvia. El grupo de las membranas que separan estos
compartimentos celulares del disolvente circundante es un proceso indirecto e implica una
característica de la molécula de agua que se llama polaridad.

2.1. El agua como agente de la organización estructural

La electronegatividad (EN) es la propiedad de un átomo para atraer densidad de electrones


a sí misma o para retirar electrones de otros átomos. Una característica interesante de la
molécula de agua es que está hecha de dos elementos que tienen una gran diferencia en
EN. El oxígeno [EN = 3.5] es el segundo elemento más electronegativo del universo (junto
al flúor [EN = 4.1]), mientras que el hidrógeno [EN = 2.2] ocupa una posición intermedia en
la escala EN (todos los valores EN según Allred y Rochow , 1958). Como consecuencia,
los electrones en la molécula de agua se concentran cerca del oxígeno, dejando el átomo
de hidrógeno agotado en la densidad electrónica. Una molécula con una distribución de
electrones desigual, que tiene regiones o polos con diferente carácter electrostático, se
llama polar (Fig. 1).

Las moléculas polares que se disuelven fácilmente en el agua se llaman hidrofílicas. Tales
moléculas se deslizan fácilmente en la solución acuosa debido a que las regiones
parcialmente cargadas atraen moléculas de agua tanto o más de lo que se atraen entre sí.
Moléculas apolares hechas de elementos con EN uniforme no tienen una distribución de
electrones desigual (es decir, combinaciones de C [EN = 2,5] y H [EN = 2,2] como en
alcanos). Se dice que tales moléculas son llamadas a ser hidrófobas. Las moléculas
hidrófobas no se disuelven, y además, si se sumergen en el agua se encuentran empujados
juntos en grumos, hojas, o glóbulos (es decir, las membranas y las micelas que permitieron
que las primeras células primitivas tuvieran una bioquímica organizada), ya que las
moléculas de agua tratan la segunda ley de la termodinámica.
Figura 1. La molécula polar de agua. Los electrones se concentran alrededor del oxígeno
más electronegativo. Símbolos d – y d+ indican cómo la carga parcial (la capacidad de
ejercer una fuerza atractiva o repulsiva) se divide desigualmente entre ciertas áreas de la
molécula.

La segunda ley establece que la energía espontáneamente tiende a fluir solo estando
concentrada en un lugar para difundirse o dispersarse y extenderse fuera, no viceversa.
Así, todos los sistemas deben moverse hacia un estado de energía uniforme = desorden
máximo =entropía máxima. La entropía es una medida numérica de cuánto ha progresado
este proceso de salida tardía. La segunda ley siempre forzará a los componentes de un
sistema = (moléculas de agua, fragmentos orgánicos, superficies minerales) para
organizarse de una manera que alcanza la máxima entropía. En un sistema bioquímico
acuoso que contiene biomoléculas grandes y poco manejables, la forma más fácil de lograr
esto es incrementando el desorden entre las pequeñas y más móviles moléculas de agua
presentes.

El agua no se percibe normalmente como un material particularmente bien ordenado con


un gran potencial de desorden adicional, pero esta impresión es engañosa.
El agua líquida es en efecto una fase relativamente bien ordenada debido a la fuerzas
atractivas entre moléculas de agua individuales que se llaman enlaces de hidrógeno.
Cuando el hidrógeno privado de electrones se enfrenta a un área de alta densidad
electrónica en otra molécula, por ejemplo, un oxígeno electronegativo o molécula de
nitrógeno, puede formar un denominado enlace de hidrógeno (Figura 2). Si lo hace con
otras moléculas de agua, se crea un armazón ordenado de moléculas de agua (Fig. 3).

En las proximidades de los restos orgánicos hidrófobos, las moléculas de agua muestran
una dinámica de orientación mucho más lenta que el líquido en volumen y, por tanto, tienen
una movilidad muy reducida, lo que conduce a una disminución de la entropía (Rezus y
Bakker, 2007). Utilizando la teoría de partículas escaladas, la fuerza impulsora de la
agregación de moléculas apolares a través de interacciones hidrofóbicas fue determinada
como la tendencia del agua a reducir la superficie de la cavidad del soluto (Jackson y
Sternberg, 1994), reduciendo así el número total de agua en un estado "congelado" de baja
entropía en la capa de solvatación.
Así, la segunda ley de la termodinámica forza a las moléculas no polares dentro de racimos
reduciendo el número de moléculas de H2O asociadas a la superficie y maximizando el
número de moléculas de H2O en la solución de volumen (Figura 4).
Figura 2 Los enlaces de hidrógeno se forman entre moléculas de agua polares. Las
moléculas polares tienen áreas de baja densidad electrónica (d+) y áreas de alta densidad
electrónica (d-).

Figura 3 Los enlaces de hidrógeno crear un marco ordenado de las moléculas de agua.

Las implicaciones de este mecanismo para el destino y la estructura de la SOM son de gran
alcance. SOM se define como el componente no vivo de la materia orgánica en el suelo
(Trumbore, 1997), lo que implica que se deriva de plantas y animales vivos. Todos los
organismos, grandes y pequeños, simples o complejos, comparten la necesidad de separar
los procesos bioquímicos críticos de la vida de interferir la influencia externa por medio de
membranas, paredes y otras características estructurales que, para ser funcionales, deben
ser insolubles en el solvente polar que es omnipresente en la superficie de la tierra: el agua
líquida. Una mirada rápida de la ventana en un día lluvioso demuestra convincentemente el
hecho de que los tejidos vegetales exteriores no son solubles en agua, y es fácil demostrar
que la mayoría de la basura vegetal entra en el ciclo de descomposición en una forma que
no es soluble en agua , es decir, como un material fuertemente hidrófobo.
Figura 4 El mecanismo de interacción hidrófoba entre dos compuestos orgánicos apolares.
El trastorno aumenta cuando las moléculas apolares se agrupan en un sistema acuoso.
No existe ningún enlace químico, y la interacción resultante no persistirá si se elimina el
disolvente polar.

2.2. El efecto de la descomposición sobre la solubilidad acuosa

Los descomponedores en suelos aerobios aprovechan la ubicuidad del segundo más


poderoso aceptador de electrones conocido en el universo: oxígeno [EN = 3,5]. La oxidación
de los compuestos orgánicos procede de una manera que separa los electrones de los
núcleos de átomos de carbono reducidos en los materiales vegetales y cerca de los núcleos
de los átomos de oxígeno, dando lugar a la formación de grupos funcionales que contienen
oxígeno como el grupo hidroxilo el grupo carboxilo (-COOH). El recién agregado, el oxígeno
- que contienen grupos funcionales son polares y por lo tanto transmiten una carga negativa
parcial en solución acuosa. El carboxilo puede incluso llegar a ser completamente ionizado,
dependiendo del pH de la solución del suelo. Por lo tanto, estos grupos confieren solubilidad
en agua y carga eléctrica local a las moléculas que los contienen.
A medida que los materiales vegetales hidrófobos entran en la cadena de descomposición,
se oxidan cada vez más y adquieren un mayor número de grupos funcionales que contienen
oxígeno, lo que los hace cada vez más soluble en agua. Como consecuencia, la molécula
o fragmento de planta en descomposición se vuelve progresivamente menos hidrófobo
hasta que se descompone completamente en CO2 o ha adquirido tantos grupos funcionales
polares que puede disolverse en agua. Mientras que en esa etapa intermedia de
hidrofobicidad decreciente, moléculas orgánicas que son parcialmente hidrófobas y
parcialmente hidrófilos se llaman anfifílicos. Los ácidos grasos en las membranas de la
célula se citan a menudo como ejemplos clásicos de moléculas anfifílicas mientras que las
proteínas son un ejemplo para las macromoléculas anfifílicas.
Para resumir, observamos que la materia orgánica en los suelos puede ocurrir en tres
diferentes formas con respecto a su comportamiento hacia un solvente polar:

(a) Algunos materiales orgánicos, como ácidos orgánicos de bajo peso molecular y los
hidratos de carbono monoméricos son hidrófilos y totalmente solubles en los solventes
polares. Esta propiedad facilita enormemente su movilidad en el medio ambiente del suelo
mediante procesos de difusión y flujo a granel y los hace candidatos para la absorción
rápida, mineralización y lixiviación.

b) Los residuos estructurales de plantas y animales tienden a ser hidrófobos, porque su


finalidad biológica es crear compartimentos que permitan el progreso no perturbado de
numerosas reacciones bioquímicas diferentes.
Si se sumergen en un disolvente polar, estos materiales se agruparán debido a las
interacciones hidrofóbicas impulsadas por la entropía (interacciones hidrofóbicas:
moléculas se comportan como si estuvieran intentando minimizar el contacto con moléculas
de agua polares). Esto impide su movilidad dentro del sistema y, como también restringe la
accesibilidad a las enzimas, retarda la descomposición.

(c) El oxígeno es abundante en ambientes aeróbicos y la descomposición oxidativa se


establece muy rápidamente si la humedad y la temperatura no son limitantes.
Como la oxidación es el proceso dominante de degradación de la materia orgánica y como
añade grupos funcionales polares / iónicos que contienen oxígeno a las moléculas
orgánicas en descomposición, es justo suponer que la mayoría de los fragmentos SOM se
transforman rápidamente de un estado hidrofóbico puro y adquieren rápidamente
propiedades anfifílicas.

3. Evolución de los conceptos de SOM

Para el ojo del observador, la SOM se presenta como una sustancia sin estructura. Desde
el momento en que el hombre comenzó a practicar formas rudimentarias de agricultura, era
evidente para quienes trabajaban suelo que esta sustancia era crucial para la fertilidad del
suelo. El origen de la materia orgánica es igualmente obvio: las observaciones que pueden
repetirse en cualquier huerto actual muestran que las características reconocibles de los
detritos orgánicos, ya sea de la hojarasca de la planta en descomposición o del estiércol
aplicado al suelo convertido en el tiempo a un color oscuro, amorfo SOM. Hace casi 2000
años, la escritora romana Columella había recomendado ". . . podemos cosechar mayores
cosechas si la tierra es acelerada nuevamente por el estiércol frecuente, oportuno y
moderado "(Columella, AD 70). El término clásico para el material oscuro y amorfo que hace
los suelos fértiles es la frase latina "humus". El diccionario da las siguientes traducciones
para el humus y las palabras latinas relacionadas:

humus -i f. [suelo, tierra, suelo]; humi, [en el suelo]; meton., [tierra, país].
humilis -e [en o cerca del suelo, bajo, poco profundo]. Transf., De rango, etc., [humilde,
pobre, insignificante]; de carácter, [abyecto o sumiso]; del lenguaje, [media, sin elevación].
Adv. humilitro, [humilde, mezquino, abyectadamente].

Humilitas -atis f. [proximidad al suelo, lowness; superficialidad]. Transf., Insignificancia,


oscuridad; sumisión, abyección].

Así, en latín, el término humus abarca todo el suelo, no sólo su orgánicos (Manlay et al.,
2007).

3.1. Los enfoques históricos para definir el humus / SOM

El primero en reconocer públicamente el humus / SOM como un componente suelo, más


que como un tipo de suelo "taxonómico" particularmente fértil fue Wallerius en el año 1761;
definió el humus como " materia orgánica descompuesta" (Waksman, 1936), pero las ideas
predominantes sobre la naturaleza del humus / SOM eran todavía vagas en ese momento.
Sin embargo, la contribución de Wallerius proporcionó hipótesis que podrían ser probadas
con la evolución temprana de métodos de la ciencia a finales del siglo XVIII y principios del
XIX.
Una de estas hipótesis fue la "teoría del humus de la nutrición de las plantas" (Russell,
1950), que puede verse como un intento temprano de desarrollar una explicación
mecanicista de las correlaciones observadas entre contenido de materia y alta fertilidad del
suelo. El carbono del humus fue pensado para ser una importante fuente de carbono para
las plantas, hasta que Sprengel (Sprengel, 1826) mostró que las sales solubles en el humus
eran los nutrientes reales (van der Ploeg et al., 1999). A comienzos del siglo XIX, las
escuelas y academias se habían establecido en toda Europa, probablemente motivado no
sólo por la curiosidad científica, sino también por las hambrunas terribles como las que
golpeó en 1816, '' el año sin verano '' (Engvild, 2003). Esta ha dado lugar a un aumento de
la actividad de investigación agrícola y a un incremento en la opinión entre los primeros
científicos acerca de la naturaleza química del humus / SOM, de tal manera que el término
"humus" no siempre fue usado para designar las misas sustancias o preparados orgánicos
(Waksman, 1936). Diferentes concepciones resultaron de una amplia gama de diferentes
enfoques experimentales y observaciones.
Por ejemplo, se observó que la SOM no es una sustancia homogénea; incluso cuando se
recoge de una mayor profundidad del suelo puede contener algunas partes cuyas
características morfológicas reconocibles indicaban diferentes estados de procesamiento.
Cantidades de diferentes tipos de vegetación, como pastizales, bosques de coníferas,
produjeron SOM con características distintas y diferentes propiedades, especialmente con
respecto a la morfología y la acidez.
El estiércol animal resultó ser más eficiente como una enmienda al suelo cuando se aplicó
después de algún período de maduración, lo que sugiere que su estado envejecido o más
descompuesto podría ser físicamente o químicamente diferente del estado crudo. De
particular importancia fue el hecho de que las primeras preparaciones químicas (es decir,
extracciones) se intentaron a finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX y se descubrió
que sólo extraían partes de materia, dejando un residuo detrás de aquello que era
presumiblemente diferente de los materiales en el extracto.
Estas y otras observaciones similares llevan a numerosas y sugerencias sobre la mejor
manera de definir el humus / SOM. Mientras algunos de los científicos aplicaron el término
humus a la SOM como un todo, otros lo usaron para determinadas fracciones de la SOM
total, dependiendo de su antecedentes e intenciones de observación. Una fascinante
variedad de definiciones ha sido compilado ya en 1936 por Waksman (Waksman, 1936, p.
aún hoy no existe todavía una definición unánime de humus / SOM dentro de la comunidad
de suelos. Claramente, esta falta de una aceptación general, la definición estandarizada es
un obstáculo importante para cualquier intento de desarrollar un modelo por la naturaleza
física y química de la SOM. Aunque el problema ha sido señalado y explicado anteriormente
en publicaciones muy visibles (Baldock y Nelson, 2000; MacCarthy et al., 1990), la cuestión
persiste. Hay tantos conceptos y percepciones de humus y SOM como hay científicos y
libros de texto. Decidimos seguir la sugerencia de Waksman (Waksman, 1936) '' el humus
debe ser usado para designar la materia orgánica como un todo '' y usar los términos SOM
y humus sinónimamente.

3.2. Extracción alcalina: El procedimiento que moldeó nuestra vista de SOM

Pocas disciplinas científicas han sido gobernadas en la misma medida por un solo
procedimiento de preparación química, ya que la investigación de SOM ha sido influenciada
por el procedimiento de extracción alcalina. Durante casi dos siglos, un baño en un líquido
fuertemente alcalino fue una de las primeras cosas que sucedió a cada muestra de suelo
cuyo componente de materia orgánica debía ser estudiado en detalle. Vale la pena
considerar cómo evolucionó esta práctica, qué hace mecánicamente a los componentes de
la SOM y cómo sus resultados han influido en nuestros conceptos de la naturaleza física y
química de la SOM.
El manuscrito que modeló los modelos tradicionales de la naturaleza física y química del
humus / SOM fue publicado por Francois Charles Achard (1786), hijo de inmigrantes
hugonotes franceses a Berlín, que en ese momento el tiempo era la capital de Prusia
religiosamente liberal. Achard era un discípulo del químico A. S. Marggraf que había
descubierto antes la presencia del azúcar en la remolacha. La curiosidad científica de
Achard era ilimitada, por un tiempo director de la clase de física de la Academia de Ciencias
de Berlín, donde investigó todo tipo de problemas científicos. Desarrolló un método de
platino y formas de mejorar el cultivo de plantas de tabaco en Prusia (Mueller, 2002). En
algún momento la composición de la turba excitó su curiosidad. Él informa que la más
profunda de tres capas de turba en un depósito cerca Berlín fue la mejor y la capa superficial
fue la peor ('' ... .zum Gebrauch die schlechteste '' - menos adecuado para cualquier uso).
A continuación, ofrece un todos los experimentos que emprendió para investigar las
diferencias en la composición de las tres capas de turba ('' ... Vuesuche, die ich gemacht
habe um die Bestandteile des Torfes zu untersuchen '' - experimentos que hice a examinar
los componentes de la turba). Uno tiene la impresión de que él muy sistemáticamente aplicó
todos los diferentes medios de extracción, digestión, y la preparación que tenía disponible
en su laboratorio. Entre otras cosas calizó la turba, la trató con HCl, mezcló el residuo con
carbonato y se fundió la mezcla, se añadió ácido sulfúrico, se destiló una mezcla de turba
y agua, y determinó cuantitativamente la evolución del CO2 al quemar la turba.
Incluso hervía la turba y la probaba, comentando su amargura ('' ... Ubeberbleibsel
schmeckte sehr amargo '' - el remanente era de un muy sabor amargo). El 10º
procedimiento (de un total de 14) de su repertorio fue la aplicación de una solución de KOH,
que disolvió un poco más de la mitad de la turba en la primera capa. El residuo seco era
mucho más oscuro que la turba original. La adición de ácido sulfúrico al extracto produjo un
color café oscuro precipitado. La aplicación de un disolvente orgánico (aceite de turpentine)
condujo a una ligera coloración del disolvente, pero no disolvió una cantidad significativa de
la turba. Achard aplicó este programa a las tres capas de turba y concluyó, sobre la base
de sus resultados, que los tres consistían en el mismo material básico ("... der der Torf von
allen drey Lagen aus einerlei Grundstoff bestehe" las tres capas son del mismo producto).
Tras la finalización del manuscrito, Achard volvió su atención a la extracción de azúcar de
las remolachas y dejó a sus pares para hacer frente a tres ideas fundamentales:

(i) La turba no se disuelve en agua corriente ni en un disolvente orgánico (aceite de


turpentine).
(ii) La adición de H + (es decir, ácido fuerte) al agua no aumenta la solubilidad de la turba.
(iii) Aproximadamente la mitad del material de turba (40-60%) es soluble cuando se añade
OH- (es decir, base fuerte) al sistema.

La implicación de las conclusiones de Achard es que la materia orgánica debe poseer


características que influyen en su solubilidad en agua y son capaces de responder a la base
más fácilmente que al ácido. Estas características se denominan comúnmente grupos
funcionales. Los grupos funcionales cargados se forman combinando un elemento de
atracción de electrones fuertemente EN, como el oxígeno [EN = 3.5], con uno que tiene
menos potencia para atraer un electrón, como el hidrógeno [EN = 2.2]. Esto crea una
distribución de electrones desigual dentro del grupo funcional y hace que la molécula sea
polar. Moléculas que son, polar se sienten atraídos por las cargas distribuidas
irregularmente dentro de la molécula de agua polar y viceversa. La glucosa (Tabla 1), por
ejemplo, tiene grupos hidroxilo (OH) polares abundantes que pueden atraer moléculas de
agua. Cuando se aplica glucosa cristalina al agua, las moléculas de glucosa son atraídas
por el agua y entran en solución. Una vez en solución, las moléculas permanecen en
solución porque se encuentran rodeadas de moléculas de agua. Una capa de moléculas de
agua atraídas por otra molécula se denomina cáscara de hidratación (una cáscara de
hidratación y una jaula de agua difieren en que las moléculas de una jaula de agua son
atraídas entre sí, pero no a la molécula apolar que rodean). Una forma particularmente
eficaz de atraer moléculas de agua es a través de grupos funcionales que no son sólo
polares, sino ionizados.
En este caso, con la adición de la base, un protón ha sido perdido o ganado por el grupo
funcional, lo que cambia el desequilibrio de electrones en el grupo funcional hasta el punto
en que se crea una carga real (Figura 5).
Esto hace que el grupo funcional ahora cargado sea un atractor mucho más potente para
moléculas cargadas de forma opuesta (o polarizadas), y por lo tanto la ionización de un
grupo funcional es una manera de aumentar masivamente la capacidad de un compuesto
orgánico para atraer moléculas de agua polares y disolverse. Y esto es lo que Achard hizo.
Su experimento mostró que los grupos funcionales en la turba en descomposición eran de
un tipo que no podía ser ionizado por la aplicación de ácido (Fig. 6).

Sin embargo, los grupos funcionales en la turba podrían ser ionizados por la aplicación de
la base. Este resultado nos permite hacer inferencias sobre la naturaleza de los grupos
funcionales presentes en la turba en descomposición. Para reaccionar con la base, estas
partes funcionales, o mejor, los grupos funcionales deben tener la capacidad de disociar un
protón. La capacidad de disociar un protón se llama acidez, y es por esta razón que los
materiales que se extrajeron mediante la aplicación de la base se denominan
tradicionalmente "ácidos" (es decir, ácidos orgánicos). Así, el experimento de Achard
demostró que la materia orgánica tiene partes que pueden desarrollar carga y son capaces
de atraer o repeler algo.
La fuerza molar exacta de la solución de KOH utilizada por Achard para su primera
extracción histórica no se conoce. Los autores contemporáneos (Adani et al., 2009; Mikutta
et al., 2009) usan NaOH con concentraciones entre 0,1 y 0,5 molar, dando valores de pH
del orden de 13 y superiores para el agente de extracción (pHNaOH = 14 + log [mol l-1]).
Después de la extracción con la base, el procedimiento requiere que la solución se
acidifique a pH 1,5. Es ilustrativo examinar cómo los grupos funcionales orgánicos más
abundantes responden a tales valores de pH. Un vistazo a la Tabla 1 muestra que elevar el
pH a un valor cercano a 13 ioniza todos los grupos funcionales que contienen oxıgeno con
un pKa por debajo de 13, lo que da como resultado una solubilidad mucho mayor de tales
moléculas.
En consecuencia, dicho tratamiento disuelve cualquier compuesto orgánico que lleva
suficientes grupos funcionales que contienen oxígeno para crear una cáscara de agua
continua alrededor de la molécula o cuya parte no polar es lo suficientemente pequeña para
ser movida a solución. También muestra que los grupos amino no están ionizados en este
pH, haciendo que no respondan al tratamiento. Esta es una explicación mecanicista para la
observación de nitrógeno heterocíclico en extractos alcalinos, ya que dicho nitrógeno sería
"llevado a lo largo" como parte de moléculas cuya solvatación resulta de grupos funcionales
ionizados que contienen oxígeno, mientras que el propio amino N no se ve afectado por el
procedimiento de extracción.

La Tabla 1 ilustra el principio de la extracción alcalina. Moléculas no polares (por ejemplo,


alquil-C, aromáticos policondensados sin sustitución) no se extraen por base. Las
moléculas anfifílicas, es decir, que tienen un segmento no polar combinado con un
segmento polar / ionizable (como los ácidos grasos), responderán dependiendo de las
proporciones relativas de los no polares frente a los polar / parte ionizable. Algunos
compuestos, como el etanol, no ionizan, pero son lo suficientemente pequeños para que la
polaridad de su grupo funcional de alcohol proporcione solubilidad en el agua independiente
del pH.
Con esta información se observa que el procedimiento de extracción alcalina es más eficaz
en moléculas de solvatación que tienen grupos funcionales que contienen oxígeno con
valores de pKa por debajo del pH de la solución de extracción.
Por lo tanto, la eficiencia de extracción depende del número, tipo y calidad (es decir,
posición estérica, pKa) de los grupos funcionales, pero es de otra manera inespecífica con
respecto a la química de lo que está en el otro lado de la funcional, siempre y cuando el
grupo polar no tenga que introducir en solución una sección no polar que sea demasiado
larga o demasiado grande. El mecanismo obvio que aumenta la proporción de grupos
funcionales que contienen oxígeno en las biomoléculas más grandes es la descomposición
aeróbica.
La adquisición de grupos funcionales que contienen O lleva tiempo, lo que significa que los
materiales más oxidados indican una etapa de descomposición más avanzada. Esto se
demuestra por el aumento de las edades de los radocarbonos de los extractos alcalinos en
relación con el total del suelo (Campbell et al., 1967). Sin embargo, este aparente aumento
de la edad no puede necesariamente ser interpretado como una indicación de propiedades
químicas o termodinámicas estables. Por el contrario, el hecho de que los compuestos
orgánicos estén acumulando grupos funcionales que contienen oxígeno implica que han
sufrido procesos de descomposición. Por lo tanto, la aparente "edad" de los extractos
alcalinos no puede utilizarse para apoyar la noción de que estas sustancias son
"refractarias". Finalmente, el procedimiento de extracción alcalina no puede extraer
completamente la SOM, porque la SOM contiene compuestos orgánicos que no son
ionizados por extracción alcalina, y por consiguiente no se disuelven.

3.3. Sustancias húmicas: constituyentes verdaderos de humus / SOM, preparaciones


artificiales o artefactos?

Sprengel (1787-1859) puede no haber sido el primero en usar el término "ácidos húmicos",
pero fue posiblemente el que lo estableció como un término científico en su trabajo para
refutar la teoría del humus (Sprengel, 1826), que asumía que la SOM era un nutriente
vegetal importante. La ciencia del suelo continúa luchando con las definiciones de los
diversos constituyentes de SOM. Más de 100 años después de Sprengel, el futuro Premio
Nobel Selman Waksman atribuyó la confusión sobre la naturaleza química y física de las
sustancias húmicas al hecho de que los científicos dispuestos a aplicar técnicas
experimentales modernas no se dieron cuenta de que las sustancias húmicas extraídas son
un producto de los medios de extracción y no constituyentes verdaderos de la SOM.
Escribe: "Uno puede sentirse justificado al abandonar sin reservas toda la nomenclatura de
«ácidos húmicos». Comenzando con los "humins". . .y terminando con. . .'ácido fúlvico.'
Estas etiquetas designan, no compuestos específicos, sino simplemente ciertas
preparaciones que puede haber sido obtenidos por procedimientos específicos "(Waksman,
1936, p.62). Con esta afirmación, Waksman implica que las sustancias húmicas obtenidas
por extracción alcalina son químicamente y físicamente diferentes de los materiales
orgánicos que realmente ocurren en el suelo. Otros argumentos en apoyo de la noción de
que los materiales creados por la extracción alcalina (es decir, las sustancias húmicas) no
existen en esta forma en el suelo han sido ofrecidos por Baldock y Nelson (2000), que
señalan (i) la capacidad altamente sospechosa de la materia orgánica extraíble alcalina
para representar la verdadera composición de toda la fracción orgánica del suelo, (ii) la
aparente falta de una relación entre el funcionamiento biológico de la materia orgánica C
en suelos y su capacidad de extracción en reactivos alcalinos, (iii) diferencias en las
características químicas mostradas por las moléculas orgánicas extraídas en comparación
con las de los mismos materiales existentes en suelos en un estado adsorbido, y (iv) la
creación de artefactos durante el procedimiento de extracción (Baldock y Nelson, 2000).
Este último punto se relaciona directamente con el postulado de Waksman de que los
materiales representados por preparaciones alcalinas y comúnmente definidas como
"sustancias húmicas", no existen en la naturaleza. Numerosos autores (para trabajos
históricos, véase Flaig et al., 1975, p.25) han señalado la capacidad de extracciones
alcalinas para (i) disolver materiales vegetales aún no degradados (Zuman y Rupp, 1995,
2006), (ii) inducir alteraciones químicas tales como hidrolizaciones o reacciones de
condensación (Flaig y col., 1975, Head y Zhou, 2000, Tatzber et al., 2007) o (iii) para permitir
que los materiales orgánicos se oxiden por el aire (Swift y Posner, 1972).
Además, también se sabe que los minerales de silicato se disuelven a pH elevado y se han
utilizado diversos tratamientos alcalinos para promover la disolución mineral (Hashimoto y
Jackson, 1960; Sauer et al., 2006). Así, la extracción alcalina no sólo modifica el estado de
protonación de los grupos funcionales que contienen oxígeno y escinde los restos de
lignina, sino que también interfiere con las asociaciones mineral-orgánicas modificando la
reactividad de la superficie mineral a través de procesos de disolución, liberando materia
orgánica que previamente fue absorbida sobre superficies minerales y creando superficies
de minerales frescos para la sorción de otros compuestos orgánicos que han sido
previamente libres. Hasta donde sabemos, una publicación experimental que muestra que
los materiales extraídos con álcali (= sustancias húmicas) de hecho ocurren como tal en
suelos naturales aún no se ha publicado. De hecho, lo contrario es cierto: Kelleher y
Simpson (2006) y Lehmann et al. (2008) al utilizar la RMN y la espectroscopia de sincrotrón,
respectivamente, no pudieron encontrar evidencia de la existencia de distintas moléculas
húmicas en suelos.

Llegamos a la conclusión de que existe una buena razón de extremo cuidado cuando la
evidencia experimental del trabajo con sustancias húmicas definidas clásicamente se utiliza
para inferir la naturaleza física y química de la SOM. Los científicos reconocen cada vez
más este problema y han respondido proponiendo nuevas definiciones para enfatizar la
diferencia física y química entre las preparaciones de sustancias húmicas alcalinas
artificiales y los productos naturales de descomposición amorfa. Baldock y Nelson (2000)
sugirieron redefinir el término "sustancias húmicas" para abarcar todos los materiales
orgánicos que no pueden ser colocados en una de las categorías de biomoléculas
conocidas. Un grupo internacional de geoquímicos propuso llamar a los materiales
orgánicos en descomposición amorfos en los sistemas terrestres y marinos, “el componente
molecular no caracterizado de la materia orgánica no viviente en entornos naturales” o MUC
(Hedges et al., 2000).
Muchas publicaciones recientes sobre la estructura física y química del humus / SOM
(Piccolo, 2001; Sutton y Sposito, 2005; Wershaw, 2004) o las interacciones mineral-
orgánicas (Kleber et al., 2007), han utilizado información estructural y química obtenida de
extractos alcalinos (es decir, sustancias húmicas) para hacer inferencia sobre el
comportamiento del humus / SOM como un todo. Sin embargo, si las "sustancias húmicas"
no ocurren en la naturaleza, entonces esta práctica de usar extracciones alcalinas para
caracterizar SOM se vuelve problemática y las inferencias hechas de extracciones alcalinas
para determinar la estructura física y química del humus / SOM deben ser reevaluadas.
En este momento, la situación es muy poco clara. Si bien existe una gran inercia dentro de
la comunidad científica para seguir usando el término "sustancias húmicas", existe un
entendimiento entre los inicios de que los materiales creados por las extracciones alcalinas
son altamente sospechosos, como von Luštzow et al. (2006) declaró enfáticamente:
"Abandonamos términos como el humus, la humificación y las sustancias húmicas. ..
porque estas definiciones clásicas derivan de procedimientos de fraccionamiento
operacionales tradicionales que se basan en propiedades de solubilidad". El dilema se
ilustra mediante un ejemplo tomado de un reciente libro de texto sobre química del suelo.
Sposito (2008, pág. 70) afirma que "las sustancias húmicas son compuestos orgánicos en
el humus. . Las propiedades químicas de las sustancias húmicas se investigan a menudo
después del fraccionamiento del humus basado en las características de solubilidad. El
problema es que (i) si las sustancias húmicas son el resultado de varias extracciones que
no existen en la naturaleza, entonces es engañoso sugerir que "las sustancias húmicas son
compuestos orgánicos en el humus", y (ii) si las sustancias húmicas se definen como
"moléculas orgánicas con estructuras químicas que no permiten que sean colocados en
categorías de biopolímeros "(Baldock y Nelson, 2000), entonces no es posible identificar
sus propiedades basadas en un procedimiento de aislamiento que sólo apunta a grupos
funcionales específicos y se sabe que mejora la descomposición de algunas de las
biomoléculas (por ejemplo, lignina) . De cualquier manera, esto es mucho más que una
disputa académica sobre la nomenclatura. Los científicos usan " sustancias humicas" para
investigar el transporte de electrones entre metales (por ejemplo, hierro, arsénico) y
microorganismos, lo que implica que estas extracciones alcalinas operativas son
procuradores válidos para SOM (Bauer y Kappler, 2009). Modelos de rotación del carbono
del suelo para aplicaciones agrícolas y las predicciones globales se basan en modelos
como Rothamstead C (Figura 7), que explícitamente considera una fracción "húmica"
(Jenkinson et al., 1991; Kaonga y Coleman, 2008; Liu et al., 2009). Lo más crítico son las
nociones del tipo en que los procesos de humificación pueden crear sustancias
macromoleculares poliméricas húmicas que resisten la descomposición debido a su
complejidad (Brady y Weil, 2008), ya que tales ideas históricas forman la base mecanicista
de modelos contemporáneos de, por ejemplo, la sensibilidad a la temperatura de la
descomposición de la materia orgánica (Davidson y Janssens, 2006).
Figura 7 Estructura del modelo de carbono de Rothamsted. Tanto DPM como RPM se
descomponen para formar CO2, BIO y HUM. BIO y HUM se descomponen para formar más
CO2, BIO y HUM. DPM, material vegetal descomponible; RPM, planta resistente material;
BIO; biomasa microbiana; HUM, materia orgánica humificada; OIM material orgánico inerte.
Después de Coleman y Jenkinson (1996).

El valor pKa indica el pH al cual el grupo funcional respectivo existe como 50% en la forma
ionizada y 50% en su forma no ionizada. Las situaciones en las que el grupo funcional está
predominantemente en forma ionizada (definida arbitrariamente como la región en la que el
valor absoluto de la diferencia entre pH and pKa _> |2|) se indican en negrita. Los estados
de disociación intermedia (DpH-pKa <| 2 |) se indican como pares y se establecen en
cursiva. La solubilidad de una molécula en agua aumenta con el número de grupos
funcionales polares / ionizados. Leonardita: amarillo a marrón oscuro o rara vez negro de
carbón que se formó de turba en las profundidades y temperaturas bajas inferior a 100° C
(Westall et al., 1995).
Figura 5 La adición de un protón no ioniza los grupos carboxilo en la turba. Por
consiguiente, la atracción de las moléculas de agua opera sólo a través de la polaridad que
conduce a Solubilidad limitada de turba en agua. R, resto orgánico unido al grupo funcional.

Figura 6 La adición de una base fuerte ioniza los grupos carboxilo en la turba, creando
atracción de moléculas de agua que contribuyen a la formación de una concha de
hidratación y a mayor solubilidad en agua. R, resto orgánico unido al grupo funcional.

4. El dilema húmico, como un elemento de conceptos contemporáneos de SOM (materia


orgánica del suelo).

Hoy día, la gran cantidad de sugerencias de como representar y definir la materia organica
del suelo SOM, parecen converger en 2 principales enfoques: uno es funcional, mientras
que los otros son intentos para usar propiedades físicas y químicas del SOM como criterios
de definición. Estos datos son presentados en la tabla 2. El vínculo entre estos enfoques
diferentes es la suposición conjunta de procesos de transformación bióticos o abióticos, con
frecuencia se designan “vías de humificación”, creando la fracción “humus” dentro de la
materia organica del suelo, que se supone es resistente a la descomposición, y se piensa
que compone “sustancias húmicas”. Esta resistencia del humus se conjetura por:
A) Interpretaciones incompletas de datos de radiocarbon (e.g., ver Tabla 1 en Falloon
and Smith, 2000) donde el radiocarbon viejo es interpretado como evidencia de la
naturaleza refractaria de la materia orgánica. Sin embargo, el hecho de que un compuesto
orgánico no contenga mucho 14C no significa necesariamente que sea químicamente y
termodinámicamente estable. No hay ninguna razón por la que una molécula de glucosa
que se compone exclusivamente de 12C debe descomponerse más lentamente que una
molécula de glucosa que contiene uno o más átomos de 14C.
B) Las observaciones estructurales realizadas sobre los extractos alcalinos, los cuales
presentan la evidencia descrita anteriormente, no son representativas de la SOM ya que
son fracciones orgánicas alteradas químicamente y dejaron de ser componentes in situ de
SOM.

En general, estas teorías tempranas asumen que el proceso de humidificación crea una
macromolécula polimérica de sustancias húmicas que son resistentes a la descomposición
por su estabilidad química inherente.
Tabla 2 los 2 mayores conceptos de materia orgánica del suelo (SOM), frases por Trumbore
(1997), Bradly y Weil (2008), y Trumbore (2009)
Concepto funcional Concepto fisicoquímico
La SOM se define como un componente de materia orgánica no viviente en el suelo. Existe
un acuerdo general de que la SOM contiene al menos tres grupos identificables de C:
exudados de raíz y componentes rápidamente descompuestos de camada vegetal fresca
(pool “activo”); materia orgánica estabilizada que persiste en el suelo durante varios miles
de años (pool “pasivo”); y el pobremente definido “intermedio” o “lento” poll C el que tiene
tiempos de rotación en rango de año o de centurias. (Trumbore, 1997, 2009). “El término
general materia orgánica del suelo (SOM) abarca todos los componentes orgánicos de un
suelo: (1) biomasa viva, (2) tejidos muertos identificables y (3) una mezcla amorfa de tejidos
no vivientes, denominada humus del suelo. El componente de humus se divide en dos
compartimentos: (i) sustancias nohumicas identificables químicamente y (ii) sustancias
húmicas” (Brady and Weil,
2008).
Fundamento para la estabilidad de SOM. La fuente final de materia orgánica en suelos es
el CO2 fijado por plantas, incluyendo hojas desechadas, raíces y sus exudados. La
actividad de la fauna edáfica (especialmente las comunidades fungi y microbial)
metabolizan algunos substratos y trasforman otros en compuestos orgánicos más
resistentes los cuales son referidos colectivamente como humus. (Trumbore, 1997).
Fundamento para la estabilidad de SOM. Las sustancias húmicas se caracterizan
por estructuras aromáticas de tipo anillo que incluyen polifenoles (numerosos compuestos
fenólicos unidos entre sí) y poliquinonas comparables, que son aún más complejas. Debido
a su complejidad, son considerados como los materiales orgánicos más resistentes al
ataque microbiano (Brady y
Weil, 2008).

4.1 naturaleza polimérica y complejidad de las “substancias húmicas”


Piccolo (2001) señaló que la resistencia de las sustancias húmicas al ataque microbiano se
ha atribuido a su estructura macromolecular polimérica compleja, y de hecho esta visión
representa información proporcionada en los libros de texto actuales (Brady y Weil, 2008,
p.510). En sentido estricto, los términos macromolécula y polímero definen dos conceptos
claramente distintos.
Son muchos polímeros que no son macromoléculas y muchas moléculas grandes que no
califican composicionalmente como polímeros de los materiales de los que están hechas.
Como el sentido original del término polímero no carga ninguna referencia a su tamaño
molecular, el químico alemán Hermann Staudinger, el químico alemán Hermann Staudinger
consideró necesario acuñar la palabra macromolécula (Staudinger utilizó originalmente el
término Hochmolekulare Verbindungen - compuestos de alto peso molecular) en 1922 para
describir las moléculas de la cadena orgánica enlazadas covalentemente grandes que
contienen más de 103 átomos (Jensen, 2008). Hoy en día, la definición oficial (IUPAC,
2006) del término macromolécula no incluye el número de átomos. La IUPAC define la
macromolécula (molécula polimérica) como "una molécula de alta masa molecular relativa,
cuya estructura comprende esencialmente la repetición múltiple de unidades derivadas, en
realidad o conceptualmente, de moléculas de baja masa molecular relativa".
2 notas de definición de IUPAC:
1. En muchos casos, especialmente para polímeros sintéticos, se puede considerar
que una molécula tiene una masa molecular relativa elevada si la adición o eliminación de
una o de algunas de las unidades tiene un efecto despreciable sobre las propiedades
moleculares. Esta afirmación fracasa en el caso de ciertas macromoléculas para las cuales
las propiedades pueden ser críticamente dependientes de detalles finos de la estructura
molecular.
2. Si una parte o la totalidad de la molécula tiene una masa molecular relativa elevada
y comprende esencialmente la repetición múltiple de unidades derivadas, en realidad o
conceptualmente, de moléculas de baja masa molecular relativa, puede ser descrita como
macromolecular o polimérica, o por polímero usado adjetivalmente.
Se recomienda al lector que tenga en cuenta esta definición al seguir el debate sobre el
tamaño y la naturaleza polimérica de los materiales orgánicos en los suelos (Piccolo, 2001;
Sutton y Sposito, 2005; Swift, 1999). Según la definición de la IUPAC, las moléculas
pequeñas pueden perfectamente ser polímeros, y una molécula hecha de muchos
monómeros relativamente pequeños puede calificar como una macromolécula incluso
cuando su peso molecular absoluto no es espectacular. Como consecuencia, la
macromolécula, la naturaleza polimérica y el alto peso molecular son argumentos ambiguos
para apoyar o rechazar ciertos conceptos de estructura molecular, ya que la misma
molécula puede en teoría ser polimérica pero sólo por tener un peso molecular modesto.
Una analogía entre polímeros y materiales orgánicos en suelos que se encuentra con
bastante frecuencia en las publicaciones es la noción de materiales orgánicos del suelo que
tienen un "esqueleto" similar al de un polímero lineal, con grupos funcionales y / o cadenas
laterales que se ramifican en la columna vertebral (Ellerbrock et al., 2005, Mikutta et al.,
2009).
El concepto de una estructura macromolecular de sustancias húmicas se remonta al trabajo
de Kononova (1961), que combinó informes anteriores de preparaciones húmicas alcalinas
de alto peso molecular (Flaig, 1958) con observaciones históricas de que los precursores
simples podían sintetizarse en materiales similares a los húmicos (Maillard, 1916, 1917)
para postular por primera vez que "las sustancias húmicas son compuestos específicos de
alto peso molecular de naturaleza compleja" (Kononova, 1961). En ese momento esta
suposición parecía ser perfectamente razonable. En 1958, Kononova había participado en
el VII Congreso de la Sociedad Internacional de Ciencias del Suelo, donde Flaig (Flaig,
1958) presentó un artículo que estimaba los pesos moleculares de las sustancias húmicas
entre 30.000 y 50.000 (Da) con diámetros de coloides esféricos entre 8 y 10 nanómetros.
Si tal evidencia se ve en contexto con el surgimiento de la ciencia del polímero que provoca
el descubrimiento de numerosos materiales poliméricos (por ejemplo, cloruro de vinilo en
1927, Poliestireno y Nylon en 1930 y Polietileno en 1941) que presentan una fuerte
resistencia a la descomposición microbiana, es fácil ver por qué la idea de "procesos de
polimerización que crean macromoléculas húmicas resistentes" era tan convincente en ese
momento. Todos sabemos de las experiencias de la vida cotidiana que los materiales
altamente polimerizados son difíciles de descomponer, especialmente cuando están
completamente reticulados; contienen ningún, o pocos, enlaces múltiples; y tienen muchos
anillos aromáticos y pocos grupos metileno (Mark y Atlas, 1965).
Esta evaluación histórica es importante porque proporciona la base para el continuo modelo
de calidad de la materia orgánica de Bosatta y Agren (1999), quienes afirman que "la calidad
de la materia orgánica es el número de pasos enzimáticos necesarios para liberar como
dióxido de carbono a un átomo de carbono a partir de un compuesto orgánico. Cuanto
mayor es el número de pasos (cuando mayor es la complejidad) menor es la calidad del
átomo de carbono. '' Una consecuencia inmediata de esta suposición es, por tanto, que la
velocidad de descomposición de sustratos de baja calidad (que son complejos) tendrán una
mayor dependencia de la temperatura que los sustratos de alta calidad, que requieren
pocos pasos enzimáticos para la descomposición. Esta idea forma el núcleo mecanicista
de los conceptos actuales de la formación de SOM (Fig. 8) que postulan que la sensibilidad
a la temperatura de SOM a la descomposición es mayor para materiales más humificados,
es decir, más complejos y por tanto más recalcitrantes (Davidson y Janssens , 2006).
Lo anterior deja claro que la cuestión de la complejidad, es decir, la cuestión de si la SOM
está al menos parcialmente compuesta de estructuras poliméricas macromoleculares es de
gran importancia para los supuestos de la respuesta del carbono orgánico del suelo a las
condiciones ambientales cambiantes. Concluimos que los supuestos existentes sobre la
complejidad molecular de SOM (Bosatta y A gren, 1999, Davidson y Janssens, 2006)
necesitan ser revisados porque se basan en inferencias extraídas de investigaciones de
proxies inadecuados (extractos de suelos alcalinos, Mao et al. , 2001). Sin embargo,
también observamos que hay evidencia acumulativa que sugiere la presencia de especies
poliméricas en SOM (LeBoeuf y Weber, 2000a, b, Schaumann, 2006a, b). Una explicación
casi trivial de esto puede ser que la naturaleza crea perpetuamente cuatro clases
principales de biopolímeros (lignina, celulosa, proteínas, ácidos nucleicos) y los combina en
estructuras altamente complejas (lignocelulosas, glicoproteínas, glicolípidos, cutinas,
suberinas, etc.) que dependiendo del tiempo, es probable que ocurra en todos los suelos
vivos (Burdon, 2001).

Figura 8 Diagrama de pools de propiedades conceptuales de las reservas de carbono


subterráneas en dos modelos bien conocidos. Los modelos CENTURY (Parton et al., 1987)
y RothC (Jenkinson, 1990) definen cada uno tres pooles discretos de carbono del suelo en
el suelo mineral que se encuentran aproximadamente a lo largo de una continua
descomposición y MRT en el suelo. La sensibilidad a la temperatura de la descomposición
de las formas más recalcitrantes de C es objeto de debate reciente. Gran parte de esta
confusión se debe al hecho de que las agrupaciones recalcitrantes son mezclas de
compuestos simples que tienen MRT largas debido a la protección física o química de la
descomposición y compuestos más complejos que tienen una baja reactividad inherente y
requieren alta energía de activación para la descomposición. Reimpreso con permiso de
Macmillan Publishers Ltd: Nature, Sensibilidad a la temperatura de la descomposición del
carbono del suelo y retroalimentación al cambio climático, 440 (7081), pp. 165-173,
Davidson y Janssens, 2006.

4.2 Aromaticidad de la SOM.


La visión tradicional de la descomposición y la "humificación" de los residuos orgánicos en
los suelos incluía una pérdida de materiales proteínicos y de hidratos de carbono y una
acumulación de materiales "húmicos" que contenían una alta proporción de carbono
aromático (Haider et al., 1975). En la actualidad, la opinión de que los compuestos
aromáticos se acumulan en el curso de la humificación es seriamente cuestionada por
muchos autores (Baldock et al., 1997, Gleixner y otros, 2002, Marschner et al., 2008) en la
medida en que existen dudas sobre la preservación selectiva de cualquier tipo de
compuesto orgánico (Bol et al., 2009). Sin embargo, la idea de que un proceso de
humificación concentra los anillos aromáticos en la SOM sigue siendo ampliamente
aceptada, hecho que se refleja en las definiciones de libros de texto (Brady y Weil, 2008),
así como en estructuras modelo publicadas para materiales "húmicos" (Schulten and
Leinweber, 2000, Schulten y Schnitzer, 1997a).
Ahora reconocemos que las estructuras aromáticas no están concentradas y no se forman
estructuras de anillo aromático policondensado durante los procesos de descomposición
(Baldock et al., 1997, Marschner et al., 2008). Una reconsideración de estos puntos de vista
a partir de los años 60 nos permite entender por qué los científicos llegaron a creer que los
procesos de humificación crearon estructuras moleculares recalcitrantes. La publicación de
referencia que relaciona la aromaticidad con el tiempo de rotación fue presentado por
Campbell et al. (1967). La inferencia hecha en este artículo se basó en la absorción de la
luz. Como los extractos alcalinos son de color amarillo a marrón, deben contener sistemas
conjugados de electrones resonantes capaces de absorber luz azul (Hedges, 1988), por lo
que su color oscuro es una primera indicación de que la SOM puede contener cantidades
apreciables de compuestos aromáticos.
Un procedimiento operativo temprano introducido por Kononova (1961) midió la
aromaticidad comparando la absorbancia de la luz a 465 nm (E4, luz azul) con la de 660
nm (E6, luz roja) y se sugirió indicar el grado de condensación de los anillos aromáticos,
porque los anillos aromáticos policondensados absorben más luz a 660 nm que los
sistemas de anillos con un menor grado de condensación. Campbell et al. (1967)
observaron una relación inversa entre la relación E4 / E6 y la concentración de radiocarbono
de los extractos alcalinos e interpretaron estos resultados como una indicación de que el
material más antiguo, más "humificado", era más condensado y más aromático.
Esta hipótesis condujo al desarrollo de dos teorías que forman la base de los conceptos
actuales de la composición química de la SOM. La primera teoría postula que los procesos
de humificación conducen a una acumulación de productos más condensados y altamente
aromáticos que se sintetizan durante la descomposición y que el grado de aromaticidad
(proporción E4 / E6) provee un índice en la medida en que la materia orgánica ha sido
"humificada", es decir, a la cual ha progresado la descomposición. La segunda teoría
postula que los procesos de humificación crean estructuras moleculares que son
recalcitrantes y que estas moléculas recalcitrantes son altamente resistentes a la
descomposición y por lo tanto pueden sobrevivir durante largos períodos en los suelos.
Aunque ya es evidente que los compuestos aromáticos no experimentan ningún tipo de
preservación selectiva, haciendo que la primera teoría sea obsoleta (Baldock et al., 1997,
Bol et al., 2009, Gleixner et al, 2002, Marschner et al. 2008), la aromaticidad de los
materiales orgánicos sigue siendo ampliamente utilizada como índice para la "humificación"
(Dieckow et al., 2009, Kalbitz et al., 2000, Ohno, 2002, Ohno et al., 2007, Zsolnay et al .,
1999). Sin embargo, es importante reconocer el hecho de que la tecnología de vanguardia
ha detectado de hecho altas concentraciones de compuestos aromáticos en extractos
alcalinos (Hatcher et al., 1981, Schnitzer et al., 1991). El examen de los espectros de RMN
(Hatcher et al., 1981) y los patrones de difracción de rayos X (Schnitzer et al., 1991)
presentados por estos autores sugieren inmediatamente una alta probabilidad de que las
estructuras aromáticas presentes en estas muestras se deban a la presencia de carbono
negro (BC), un producto aromático de combustión incompleta y que no es el resultado de
procesos de descomposición naturales. Si bien fué desconocido en el momento en que se
llevaron a cabo los primeros estudios sobre la aromaticidad de la materia orgánica entre
1960 y 1980, la evidencia sugiere que el BC está presente hasta cierto punto en la mayoría
de los suelos (Haumaier y Zech, 1995; Rodionov et al., 2006; Schmidt et al., 1999,
Skjemstad et al., 1996, 2002). Kononova (1961), por ejemplo, propuso el uso de
proporciones de ácido húmico-ácido fúlvico como indicadores químicos para la estabilidad
del humus. Este parámetro parece ser muy prometedor, especialmente porque puede estar
relacionado con condiciones climáticas que se sabe que influyen en la intensidad de los
procesos de descomposición. Pero el tipo de vegetación (plantas esteparias con alta
producción de biomasa subterránea) y las condiciones climáticas (verano caliente y seco,
invierno frío) que conducen a la acumulación de gruesos horizontes A en los suelos
chernozémicos también favorecen los incendios episódicos de vegetación con la
producción concomitante de materia orgánica carbonizada (Rodionov et al., 2006). Esto
proporciona una explicación para los altos contenidos de BC en suelos de pastizales en
todo el mundo (Rodionov et al., 2010), que es completamente independiente de cualquier
escenario de humificación. La Figura 9 ilustra cómo las relaciones de ácido húmico a ácido
fúlvico en un gradiente Norte-Sur en Rusia parecen reflejar condiciones climáticas para la
descomposición de materia orgánica (Orlov y Sadovnikova, 2005). La Figura 10 ilustra las
grandes cantidades de BC en suelos chernozémicos rusos.
Lo que observamos aquí es que el clima es la razón probable para la concentración de
ácidos húmicos en los suelos chernozémicos, y no debido a su vinculación con los procesos
de "humificación", sino porque la sequedad del verano promueve incendios de vegetación
e insumos de BC. La hipótesis de que concentraciones elevadas de ácido húmico puede
transmitir una alta estabilidad frente a la descomposición puede ser correcta en este caso.
Esto no se debe a que las síntesis secundarias han producido ácidos húmicos estables,
sino porque los materiales policondensados de BC son un sustrato de baja prioridad para
microorganismos.
Figura 9 Composición de la materia orgánica en un gradiente norte-sur procedente de Rusia
(1 ¼ de norte y 12 ¼ de sur), expresada como grado de humificación aproximada por la
relación de carbono en ácidos húmicos sobre carbono en ácidos fúlvicos y mostrada como
función de la actividad biológica. Datos de la Tabla 3 en Orlov y Sadovnikova (2005).

Figura 10 Existencias de carbono orgánico del suelo (SCO) y carbono negro (BC) en 28
perfiles representativos del suelo (principalmente en suelos Mollisoles o de Chernozemic)
de la estepa rusa, las Grandes Planicies de los Estados Unidos, la Pampa argentina, las
llanuras de Manchuria en China y la región de Chernozem en el centro de Alemania. Figura
de Rodionov et al., 2010.

Las publicaciones que demuestran la relativa "labilidad" de los restos aromáticos derivados
de la lignina han existido durante varias décadas, y casi todos los suelos superficiales han
visto en algún momento adiciones de BC aromático. Sin embargo, grande parte de la
comunidad científica utiliza índices de humificación basados en aromaticidad para derivar
una medida para el estado de descomposición de SOM que luego fue usada como medida
para la calidad del suelo. Esto ilustra una desconexión entre las comunidades científicas
que trabajan para entender la química de la SOM sobre una base mecanicista y las que
están más preocupadas con las cuestiones aplicadas de la gestión de la tierra y tienen una
necesidad de métricas operacionales.

4.3 relacionando la estructura molecular de la materia orgánica con la dinámica de la


rotación de carbono
4.3.1. La paradoja de la materia orgánica "estable pero dinámica"
Hemos demostrado anteriormente que la historia de los descubrimientos científicos puso a
la comunidad científica en el camino de centrarse en algunas propiedades químicas de la
materia orgánica para explicar la lenta rotación de algunos materiales orgánicos. El punto
de partida lógico en cualquier investigación sobre el origen de estas sustancias
hipotéticamente estables es un examen de las características de rotación de los
precursores de plantas orgánicas de SOM. La evidencia empírica del monitoreo de los
horizontes A y O del suelo a lo través del tiempo sugiere que los cuatro grupos principales
de materiales orgánicos (lignina, celulosa y hemicelulosas, lípidos y proteínas) se
descomponen sin mucha dificultad cuando se agregan al suelo como una cama vegetal,
aunque a diferentes tasas. Un pedazo de madera tiende a necesitar más tiempo para la
descomposición completa que una hoja caída. Pero el examen de cualquier perfil de suelo
ilustra que incluso las capas de plantas leñosas desaparecen durante un período de tiempo
mientras que una fase orgánica amorfa oscura parece persistir, si no para siempre, por lo
menos mucho más que los fragmentos vegetales en descomposición.
La sugerencia general de esta evidencia morfológica parece ser la de un proceso de
síntesis: los materiales de hojarasca de plantas relativamente lábiles parecen ser
transformadas y resintetizads en algo diferente, un material que tiene nuevas propiedades
químicas que le permiten soportar la descomposición más eficazmente que el material
precursor original de la planta. Tal como se documenta en los textos de Waksman (1936) y
Kononova (1961), los científicos aceptaron fácilmente la idea y la tradujeron a preguntas e
hipótesis científicas. ¿Podría ser que la parte estable de la SOM era refractaria porque uno
o más procesos de síntesis secundaria creaban moléculas nuevas, químicamente distintas?
¿Los extractos alcalinos oscuros de Achard de la tierra, los brebajes de azúcar oscuro de
Braconnot y las preparaciones de azúcar morena de Maillard no constituyen un apoyo
abrumador para la existencia de una vía de síntesis secundaria?

Figura 11 Transformación de capas de plantas inalteradas en materia orgánica de suelo


oscuro y amorfo con profundidad en un suelo de bosque ácido. Las capas dan la impresión
de que parecen estar desapareciendo con el tiempo, mientras que el material negro amorfo
parece quedarse. Imagen de Mark G. Johnson.
Los dos puntos más importantes de la crítica de este enfoque se plantearon desde el
principio. Van Bemmelen (1888) concluyó que las preparaciones alcalinas, es decir, los
proxies utilizados por los científicos para probar las hipótesis, eran (i) no realimente
sustancias químicas sino derivados amorfos y coloidales de sustancias vegetales, y
Waksman (1936) (ii) no particularmente estable, escribiendo en la página 87 de su libro: "la
literatura sobre humus contiene afirmaciones de que los humins son altamente resistentes
a la descomposición. . . se añadieron a los suelos y se midió su descomposición. . . los
resultados apuntan a una completa falta de justificación del supuesto. "Estas palabras
dejaron a la comunidad científica subestimada. Scheffer y Ulrich (1960) definieron las
sustancias húmicas como "la primera, en el medio ambiente, un producto final relativamente
estable de la materia orgánica después de la terminación de los procesos vitales" e incluso
autores contemporáneos (Orlov y Sadovnikova, 2005) sostienen que "Los procesos
controlados termodinámicamente y cinéticamente conducen a la formación de ácidos
húmicos, representando las formas más estables de sustancias orgánicas''
la mayoría de los miembros de la comunidad científica estaban convencidos de la
plausibilidad de esta justificación y utilizaron la idea del proceso de síntesis secundaria (o
humificación) de las sustancias húmicas como plataforma para profundizar en la estructura
y propiedades que controlan la rotación de la SOM.

4.3.2. El radiocarbono y el paradigma de "lo que es viejo debe ser resistente a la


descomposición"
Si bien los orígenes del paradigma que establece que los procesos de humificación crean
estructuras moleculares que son recalcitrantes y por lo tanto viven desde el siglo XIX, el
concepto recibió un fuerte apoyo cuando se hizo técnicamente posible determinar la
concentración de isótopos 14C radioactivos en materiales orgánicos. Dado que la tasa de
desintegración radiactiva es una constante física, las mediciones de las concentraciones de
14C permiten al observador calcular el tiempo transcurrido desde que el compuesto en
cuestión ha dejado de fijar el CO2 de la atmósfera. Para organismos y partes de
organismos, esto ocurre en el momento de la muerte. Sin embargo, los suelos experimentan
una corriente continua de insumos orgánicos que no han muerto todos al mismo tiempo. La
madera en un árbol puede tener cientos de años antes de que entre al suelo. Por el
contrario, el fotosintato bombeado por debajo del suelo por un árbol para alimentar
micorrizas simbióticas puede haber sido sintetizado hace solo unas horas (es decir, el
fotosintato actual). En general, la SOM es una mezcla compleja de sustancias que abarca
una gama extrema de propiedades moleculares, por lo que existe muchas razónes para
esperar que los fragmentos orgánicos y los productos de descomposición en los suelos
difieran ampliamente en su contenido de radiocarbono.
Aquí surge el problema, que mientras que SOM puede ser realmente mejor representado
por una distribución continua de tiempos de residencia (Trumbore, 1997), las distribuciones
continuas son difíciles de restringir con mediciones de campo. Una estrategia para restringir
una población heterogénea es dividirla en subfracciones que comparten suficientes
características físicas o funcionales para permitir que sean tratadas como homogéneas.
Clark y Paul (Clark y Paul, 1970), quienes propusieron que los componentes orgánicos del
suelo debían ser vistos como pertenecientes a una de tres fracciones cuando se
consideraban dinámicamente: 1) residuos de plantas en descomposición y la biomasa
asociada que se vuelcan al menos una vez cada pocos años; (2) metabolitos microbianos
y componentes de la pared celular que se estabilizan en el suelo y poseen una vida media
de 5-25 años; y (3) lo que ellos llamaron las fracciones resistentes, que pensaban estar
compuestas de componentes húmicos que oscilaban entre la edad de 250 a 2500 años. Su
sugerencia de que la SOM contiene una fracción que se está volviendo extremadamente
lenta fue ampliamente desarrollada sobre la base de la datación por radiocarbono de las
extracciones alcalinas, es decir, comparando una edad media de 14C para el respectivo
extracto alcalino con su índice de humificación basado en aromática (Campbell et al. al.,
1967).

La observación de la vejez encaja tan bien con la teoría dominante de las sustancias
húmicas estables, la comunidad científica en su conjunto nunca cuestionó la conclusión de
que "lo viejo es viejo porque es molecularmente recalcitrante". Han pasado por alto al
comienzo de la era del radiocarbono es que la cantidad de radiocarbono en una molécula
no está mecánicamente ligada a la descomposición. Un organismo descomponedor es
indiferente al contenido en 14C de una molécula orgánica, lo que significa que la
concentración de 14C dentro de una molécula orgánica no está en absoluto relacionada
con su estabilidad química y termodinámica. En otras palabras, una hebra de celulosa que
contiene algo de 14C tiene la misma probabilidad de descomponerse que una pieza similar
de celulosa que esté hecha exclusivamente de 12C, pero si está fechada por el método de
radiocarbono, la que tiene un 14C aparecería como joven mientras que el hecho
exclusivamente de 12C aparentaría una mayor edad. Así, cuando Campbell et al. (1967)
postuló la existencia de una fracción resistente de materia orgánica en los suelos, sin darse
cuenta dió un paso muy adelantado en dos niveles. En primer lugar, utilizaron un poder
operativo (extracciones húmicas alcalinas) que no existe en los suelos en forma similar. En
segundo lugar, asumieron que el contenido bajo de radiocarbono era la consecuencia de la
recalcitrancia molecular provocada por una cierta propiedad molecular, es decir, una alta
aromaticidad.
Tal era su confianza en la verosimilitud de su inferencia de que nunca se les ocurrió a los
autores demostrar que sus preparaciones eran realmente capaces de resistir la
descomposición. Ellos simplemente abrazaron la noción predominante del humus
termodinámicamente estable (Kononova, 1961, Scheffer y Ulrich, 1960) y concluyeron que
lo que es viejo debe ser refractario, y la razón mecanicista para la supuesta resistencia a la
descomposición se tomó como la aromaticidad de la material.
Esto tuvo enormes implicaciones. El concepto de fracciones funcionales de la materia
orgánica fue tan atractivo que se adaptó como la plataforma para los primeros modelos de
rotación de carbono del suelo que se desarrollaron cuando las computadoras comenzaron
a convertirse en una herramienta fácilmente disponible en los laboratorios de ciencia
(Jenkinson y Rayner, 1977; Paul, 1981). La idea de una fracción molecularmente resistente
sigue creciendo en los principales modelos de simulación actuales (Falloon y Smith, 2000)
y puede considerarse como el fundamento de nuestra comprensión actual de la naturaleza
dinámica de la SOM (Torn et al., 2009, Trumbore , 2009) y su aplicación al modelado del
ciclo de C.
Desafortunadamente, la asunción automática de que "lo que es viejo es antiguo porque es
refractario" nunca ha sido sometida a pruebas rigurosas. Hoy en día, la capacidad de los
preparados alcalinos para soportar la descomposición en suelos ha sido probada con el
resultado de que su tiempo de rotación es menor a 10 años (Qualls et al., 2003; Tatzber et
al., 2009). De forma similar, hay evidencia acumulativa de que la SOM “vieja” (por
radiocarbono) puede contener proporciones significativas de carbono químicamente y
termodinámicamente lábil (Sollins et al., 2006). La descomposición no conduce
necesariamente a una mayor aromaticidad (Baldock et al., 1997). Pero lo más importante
para un concepto actualizado de la naturaleza dinámica de SOM es la comprensión de que
la accesibilidad y las interacciones sorpresivas con las superficies minerales pueden
proporcionar una poderosa protección contra la descomposición, incluyendo explícitamente
carbohidratos, proteínas y otros materiales supuestamente "lábil" (Buurman et al. , 2007,
Derrien et al., 2006, Kiem y Koegel-Knabner, 2003, Kleber et al., 2005, Mikutta et al., 2006,
2007. Rasmussen et al., 2005, 2006, 2007, Spielvogel et al. Wattel-Koekkoek y Buurman,
2004, Wattel-Koekkoek et al., 2003).
4.4 modelo de sustancias húmicas apoderado para la SOM.
Las primeras investigaciones indicaban que la formación del humus tiene lugar en la
naturaleza mediante un proceso específico de "humificación" mediante el cual los residuos
vegetales son transformados en sustancias de color oscuro, o humus "(Waksman, 1936).
Es obvio que la investigación sobre la existencia de procesos de "humificación" biótica o
abiótica sólo tiene sentido si las sustancias húmicas son entidades que sí existen
naturalmente en el suelo. Así, la base de la investigación sobre el concepto de humificación
es la suposición de que una sustancia húmica, tal como un ácido húmico, es una entidad
identificable que posee una estructura química general vagamente definida que es creada
por una o más vías de humificación bioquímica.
Aunque Waksman (Waksman, 1936) y otros hicieron todo lo posible para señalar la
naturaleza operativa de extractos y preparaciones alcalinas, el grueso de la comunidad
científica siguió el razonamiento de Kononowa, quien afirmó en su libro clásico: "En la
actualidad no existen motivos para dudar de que las sustancias húmicas son compuestos
de alto peso molecular "(Kononova, 1961), p. 84. En consecuencia, durante el reciente
período de investigación de los procesos de humificación entre 1960 y 1990, las sustancias
húmicas no se consideraron productos artificiales formados durante el tratamiento áspero
del suelo con álcali y ácido fuerte, pero se creían de origen natural, sustancias químicas
identificables con las siguientes propiedades insignia: (i) color oscuro indicativo de alta
aromaticidad (Hatcher et al., 1981; Schnitzer et al., 1991), (ii) alto peso molecular y (iii)
resistencia inherente a la descomposición (Aiken et al. al., 1985). Estimulado por las teorías
presentadas por Kononova, un gran esfuerzo internacional para elucidar la bioquímica de
la humificación ganó impulso a principios de los años sesenta y produjo una enorme
literatura (ver reseñas de Haider et al., 1975, Huang, 2000, Stott y Martin, 1990) sobre
métodos para sintetizar materiales poliméricos de color oscuro, que típicamente se
descomponen más lentamente que sus materiales precursores monómeros (Tablas 3 y 4,
página 48 en Stott y Martin, 1990).
El hecho es que los científicos lograron en los laboratorios reproducir algunas de las
características que observaban en las preparaciones húmicas artificiales, se tomó como
prueba de que habían tenido éxito en reproducir los mecanismos que operaban en la
naturaleza. Tal fue el nivel de confianza dentro de la comunidad científica que no hubo
prácticamente ninguna crítica durante este período en cuanto a la conveniencia de usar
artefactos de extracción (definidos operativamente como sustancias húmicas) como proxies
para la reconstrucción de procesos naturales. Incluso hoy en día, la confianza acrítica en la
utilidad de las extracciones alcalinas para la investigación de los procesos de renovación
del carbono en los suelos sigue estando muy extendida dentro de la comunidad científica
(Pinton et al., 2009).
Los intentos de recrear las sustancias húmicas y los procesos de humificación en el
laboratorio pueden dividirse en tres estrategias, incluyendo (i) el tratamiento de materiales
precursores orgánicos con ácido o álcali (Braconnot, 1819; Maillard, 1916), lo cual produce
un precipitado oscuro que es soluble en álcali. Este proceso se considera demasiado
artificial para representar los procesos naturales del suelo, pero influyó en algunas de las
primeras teorías de la humificación. Las posibilidades más realistas para una modificación
química de materiales orgánicos en productos de síntesis secundaria (ii) reacciones de
síntesis enzimática / biótica y (iii) reacciones de síntesis catalizadas por superficies
minerales. La configuración experimental para la investigación de estas reacciones de
síntesis es sencilla: a partir del supuesto de que las substancias húmicas son poliméricas,
aromáticas y recalcitrantes, los científicos han creado sistemas de laboratorio que
probablemente conducirían a productos con las características. Los primeros trabajos se
centraron en reacciones catalizadas enzimáticamente, con la suposición de que la
humificación es en gran medida un proceso mediado microbialmente. Las revisiones de
este trabajo fueron proporcionadas por Flaig et al. (1975) y Haider et al. (1975).
Típicamente, los monómeros fenólicos se disuelven en un tampón de fosfato ajustado a un
pH casi neutro y se añade una enzima oxidante, más a menudo polifenoloxidasas o
tirosinasas (Haider y Martin, 1975; Naidja et al., 1998).
Se ha llevado a cabo una multitud de experimentos de laboratorio siguiendo el mismo
esquema básico (Ahn et al., 2006), recientemente con un enfoque más aplicado a la
transformación de contaminantes fenólicos (Gianfreda et al., 2006; Iamarino et al. al., 2009).
Las polifenoloxidasas se producen naturalmente en las plantas y en la microbiota. No hay,
sin embargo, ninguna información acerca de cómo un organismo descomponedor se
beneficiarıa del gran gasto de recursos (por ejemplo, energıa, carbono y nitrógeno) para
fabricar la enzima con el fin de sintetizar un polımero recalcitrante. Las actividades de
polifenoloxidasas libres en la solución del suelo son probablemente insignificantes debido
a que estas enzimas son de corta vida (Nannipieri y Landi, 2000). Por lo tanto, las catálisis
enzimáticas de los polímeros en el ambiente del suelo tienen un problema de plausibilidad:
¿Cómo se beneficiaría un organismo descomponedor al desarrollar la estrategia de producir
enzimas que luego catalizan la formación de macromoléculas recalcitrantes? La visión
alternativa sería que las enzimas catalizadoras se hacen para fines no relacionados con la
transformación de la materia orgánica. Ellos serían inadvertidamente liberados en el medio
ambiente para participar en la humificación de manera aleatoria y accidental. Encontramos
que ninguna opción es muy convincente.
Otra diferencia importante entre las catálisis bióticas y abióticas es que en las reacciones
catalizadas enzimáticamente el O2 funciona como un aceptor de electrones, mientras que
en las reacciones catalizadas con minerales, los propios minerales catalíticos (a menudo
óxidos pedigénicos o filosilicatos que contienen hierro oxidado) funcionan como aceptor de
electrones de eficacia catalítica porque el catalizador mineral se está utilizando en el curso
de la reacción, mientras que el suministro de oxígeno atmosférico es ilimitado. Por último,
en las catálisis abióticas, la adsorción de productos de reacción sobre superficies minerales
puede limitar rápidamente el grado de poli condensación, favoreciendo la formación de
componentes con menores grados de condensación de anillos aromáticos y pesos
moleculares más bajos en comparación con los generados en presencia de enzimas
(tirosinasa, Naidja et al., 1998).
Llegamos a la conclusión de que los intentos de recrear los materiales húmicos en el
laboratorio están defectuosos por un error fundamental. Lo que sucede en la naturaleza no
está adecuadamente representado por preparaciones alcalinas, pero las propiedades de
estas preparaciones alcalinas, principalmente alta aromaticidad, y macromolecularidad se
han utilizado para guiar experimentos de síntesis.

El camino a seguir es (i) evitar procedimientos de extracción interferentes, (ii) investigar la


naturaleza molecular de la descomposición de materia orgánica con técnicas no
destructivas, (iii) evaluar si hay evidencia de productos de síntesis únicos, y (iv) tratar de
determinar las rutas metabólicas que conducen a la formación de tales productos.
Comenzamos este capítulo con una cita del libro de Waksman (1936). También encontró
las palabras correctas para cerrarlo: ''. . . El húmus no es un producto intermedio de la
descomposición. . y tampoco un producto final de la descomposición, como creían algunos
químicos, que trataron de establecer la naturaleza química de este producto final por su
extracción con álcalis y precipitación con ácidos "(Waksman, 1936, p.88).

4.5. Nitrógeno orgánico: N-Heterociclos como indicadores de los procesos de humificación


Cuando las muestras de suelo se someten a un procedimiento de extracción como la
hidrólisis ácida, se obtiene un residuo no hidrolizable que contiene cantidades apreciables
de nitrógeno (Janel et al., 1979; Plante et al., 2006). La resistencia de algunos de los N
orgánicos al procedimiento de hidro- lisis ácida relativamente brutal se puede ver
conjuntamente con la observación de que sólo alrededor del 1 al 3% del nitrógeno orgánico
se mineraliza sobre una base anual (Bremner, 1967). Se puede suponer que las dos
observaciones están causalmente relacionadas y que pueden existir formas de nitrógeno
en suelos que son particularmente estables frente a ataques tanto químicos como
biológicos porque tienen una estructura molecular particular, que los hace no hidrolizables.
Sin embargo, esta suposición no es plausible porque los compuestos orgánicos de
nitrógeno de las capas vegetales y de los restos fúngicos y microbianos (aminoácidos,
proteínas, ácidos nucleicos, etc.) no tienen la reputación de ser particularmente resistentes
a la descomposición. Por lo tanto, para apoyar una relación causal entre la resistencia a la
hidrólisis y la rotación lenta, uno o más mecanismos deben estar en el lugar que puede
explicar la formación de N orgánico recalcitrante de los precursores lábiles predominantes
en los suelos.
Se ha propuesto una variedad de mecanismos para explicar la estabilidad percibida del
nitrógeno orgánico en los suelos, incluyendo la inaccesibilidad física en los poros, la
adsorción a las superficies minerales, las reacciones de adición de N inorgánico a otras
moléculas orgánicas (Stevenson, 1982). De particular interés en este contexto es la
sugerencia de que las moléculas precursoras lábiles podrían estar sujetas a alteraciones
químicas en formas más recalcitrantes a través de reacciones de polimerización con otros
constituyentes orgánicos del suelo (Bremner, 1967). La última opción era candidata para
una explicación mecanicista para apoyar una relación entre las propiedades químicas y la
rotación lenta de nitrógeno orgánico desde los tiempos en que se observó por primera vez
que las sustancias nitrogenadas de color oscuro formadas por tales reacciones mostraban
similitud con extractos alcalinos (Braconnot, 1819, Flaig et al., 1975, Kononova, 1961). Esta
teoría recibió apoyo en los años 60 cuando se observó que parte del nitrógeno en los
polímeros formados por reacción de monómeros aromáticos con aminoácidos no se disolvió
mediante el procedimiento de hidrólisis ácida (Bremner, 1967). Ciertamente, esto parecía
encajar perfectamente con uno de los conceptos más antiguos para la formación de
sustancias húmicas, la "teoría de la azúcar-amina" que implicaba la reacción de Maillard.
En esta vía, los monosacáridos y compuestos amino se recombinan a través de reacciones
de condensación abiótica que dan lugar a la formación de polímeros nitrosos marrones o
melanoidinas que contienen pirrol, piridina y otros residuos N-heterocíclicos (Essington,
2003).

Nuevamente, observamos que los científicos se basaron en gran medida en extracciones


alcalinas artificiales al intentar investigar los detalles del mecanismo postulado. Se pensó
que el N en moléculas heterocíclicas era el producto de un proceso de humificación,
especialmente la ruta de azúcar-amina que implicaba la reacción de Maillard. Por lo tanto,
cuando se observó nitrógeno heterocíclico, su existencia se tomó como evidencia de que
un proceso de humificación del tipo Maillard estaba realmente operando y transformando
los precursores N orgánicos lábil en una sustancia húmica estable, que contenía N. Los
ejemplos modernos para esta línea de pensamiento se pueden encontrar en la obra de
Vairavamurthy y Wang (2002) y Mahieu et al. (2000), que basaron sus hallazgos y sus
conclusiones en el examen de extractos alcalinos, pero no en la investigación de muestras
naturales de suelo. Sin embargo, existen diversas indicaciones de que la presencia de N-
heterociclicos en los suelos debe considerarse independiente de cualquier teoría de la
humificación.
En primer lugar, Schulten y Schnitzer (1997b) reportan que, en contraste con el concepto
original, el nitrógeno no hidrolizable no es resistente a la descomposición. Se encontró que
el N no hidrolizable se redujo a amoníaco por actividad biológica (Ivarson y Schnitzer, 1979).
Keeney y Bremner (1964), Meints y Peterson (1977), Ottow (1978) y Zhuo et al., (1995)
Han presentado pruebas adicionales de la biodegradabilidad del N no hidrolizable. La
oxidación química leve convirtió hasta el 59% de las fracciones de N no hidrolizables de
varios materiales húmicos a NH3 y otros gases N (Schnitzer y Hindle, 1980), ilustrando
además que esta forma de N se descompone fácilmente
En segundo lugar, la idea de que la reacción de Maillard podría desempeñar un papel
importante en la formación de macromoléculas poliméricas recalcitrantes en suelos ha sido
ampliamente discutida por Burdon (Burdon, 2001). Burdon encontró que la alta sensibilidad
de la reacción de Maillard a condiciones de reacción específicas hacía altamente
improbable que este esquema fuera un proceso relevante en la mayoría de los suelos.
En tercer lugar, existe una creciente evidencia de que los N-heterociclos que fueron
identificados en muchos suelos son en su mayoría de origen pirogénico (Almendros et al.,
2003; Knicker et al., 2005, 2008). Otras fuentes potenciales de N-heterociclos son las bases
purinas en ácidos nucleicos, y los metabolitos secundarios sintetizados de plantas para una
variedad de propósitos (Leinweber et al., 2009). Ninguna de estas fuentes está relacionada
con los procesos tradicionales de "humificación". El hecho de que los N-heterociclos tienden
a enriquecerse en las fracciones de tamaño más pequeño de los suelos (Mertz et al., 2005),
donde parecen ser más resistentes con el tiempo, sugiere que su preservación en el
ambiente del suelo es probablemente una cuestión de protección de interacciones
minerales-orgánicas.
Resumimos que la ruta propuesta para la síntesis de aminas de azúcar para la formación
de sustancias húmicas heterocíclicas ha sido refutada convincentemente (Burdon, 2001).
La supuesta estabilidad inherente de los N-heterociclos naturales (por ejemplo, bases de
purinas, etc.) contra la descomposición nunca ha sido demostrada de manera concluyente,
mientras que varias fuentes informan sobre la biodegradabilidad del N. El N heterocíclico
pirogénico dentro de la materia orgánica carbonizada experimentará una rotación lenta
debido a las propiedades específicas del BC que es un constituyente. Este efecto, junto con
la protección en las interacciones mineral-orgánicas, proporciona una explicación
satisfactoria para la rotación lenta observada de N-heterociclos en los suelos. No hay
necesidad de invocar vías de humificación y sustancias húmicas enigmáticas para justificar
la existencia de N-heterociclos en los suelos. La presencia de N-heterociclos en sustancias
húmicas artificiales está muy probablemente ligada al hecho de que el procedimiento de
extracción alcalina no ioniza grupos amina, pero obviamente ioniza grupos OH y COOH que
pueden formar parte de N-heterociclos parcialmente descompuestos y oxidados a partir de
ácidos nucleicos y otras biomoléculas. Así, el N heterocíclico incrustado en moléculas más
grandes con abundantes grupos funcionales que contienen oxígeno tiene una mayor
probabilidad de ser extraído que el nitrógeno en los grupos amino (Tabla 1).
Los puntos de vista presentados anteriormente están en desacuerdo con la posición de
algunos científicos (Huang y Hardie, 2009; Jokic et al., 2004a-c) que postulan que hay un
gran volumen de trabajo que documenta la policondensación y polimerización de
biomoléculas simples, por enzimas y minerales del suelo, conduciendo a la formación de
sustancias humificadas. Dado que estos catalizadores son ubicuos y las biomoléculas de
sustrato están fácilmente disponibles, se ha afirmado que estas reacciones ocurren en el
ambiente natural (Huang y Hardie, 2009). Animamos al lector a hacer un estudio
comparativo de los estudios presentados por Burdon (2001) y Jokic et al (2004b).
Burdon muestra que la reacción de Maillard es favorecida en sistemas alcalinos que
contienen altas concentraciones de reactivos potenciales. Sin embargo, como se mencionó
en Essington (2003), los suelos alcalinos no contienen mayor cantidad de sustancias
húmicas que los suelos ácidos y las concentraciones de azúcares y aminoácidos libres en
los suelos son en general muy bajas. Jokic et al. (2004b), sin embargo, hizó una reacción
de una solución 0,05 molar de glucosa y glicina en presencia de 2,5 gramos de un
catalizador de óxido de manganeso a 45° C en un baño de agua oscilante durante 15 días,
ajustándose el pH a 7. Después de este tratamiento, se realizó una extracción alcalina y se
aisló ácido fúlvico. Se demostró que este ácido fúlvico contiene nitrógeno heterocíclico y se
llegó a la conclusión de que una fracción significativa del componente N orgánico de los
depósitos superficiales se puede formar por condensación abiótica, catalizada por
minerales de azúcares y aminoácidos. Respetuosamente sugerimos que esta afirmación
sería mucho más fácil de aceptar si el experimento hubiera sido realizado a una temperatura
de 10° C, a concentraciones ambientales de glucosa y glicina, en un medio poroso
agregado con un contenido de humedad igual o inferior a la capacidad de campo y nitrógeno
heterocíclico recién sintetizado identificado en la materia orgánica nativa y no en un extracto
alcalino.

4.6. Estructura molecular: Ensamblaje supramolecular o macromolécula?.


A principios de los años setenta, en un momento en que se suponía que el humus del suelo
estaba compuesto por macromoléculas alcalinas extraíbles y aún no había sido respondido,
los científicos encuentran que en la estructura química general de los materiales húmicos,
se comenzó a notar que las sustancias húmicas mostraron una sorprendente flexibilidad de
forma y tamaño cuando eran expuestos a variaciones en el pH y la concentración de
cationes. Por ejemplo, Wershaw y Pinckney (1971, 1973) utilizaron la dispersión de rayos
X de ángulo pequeño para estudiar la agregación de fracciones de ácido húmico del suelo
en función del pH, tanto agregación como de desagregación acurren cuando el pH fue
alterado. MacCarthy y Mark (1976) y Ryan y Weber (1982) primeros en mostrar cómo la
adición de cationes metálicos para diluir ácido fúlvico aumento de la agregación. Mientras
algunos científicos intentaron explicar el comportamiento dinámico de la macromulecula
hunica como consecuencia de su estructura como “bobina flexible" (Essington, 2003), la
realización comenzó a demostrar a que "las sustancias húmicas no son moléculas únicas,
sino más bien asociaciones de moléculas oríginarias"(Schnitzer, 1978, p.46).

4.6.1. La teoría de las asociaciones intermoleculares.


La comprensión de que las sustancias húmicas no son moléculas únicas, sino asociaciones
de moléculas coincidió con la llegada de una nueva química, que proporcionó el marco
teórico para explicar la existencia de estructuras moleculares relativamente grandes
compuestas de pequeñas subunidades unidas no covalentemente. En 1987, el Premio
Nobel de Química fue otorgado a D.J. Cram, J.-M. Lehn y C. J. Pedersen por su desarrollo
de lo que hoy es uno de los campos más activos y en expansión de la investigación química,
y para que Lehn acuñó el término química "supramolecular". La química supramolecular es
la ciencia de las asambleas moleculares; describe entidades organizadas de mayor
complejidad que resultan de la asociación de dos o más especies químicas mantenidas
mayoritariamente por fuerzas intermoleculares no covalentes. Si un sistema desordenado
de componentes preexistentes forma una estructura o patrón organizado como
consecuencia de una interacciones locales entre los componentes mismos, se dice que se
autoensamblan (Lehn, 1995). La fuerza motriz para el autoensamblaje es la optimización
de la entropía máxima mediante la dispersión de energía en todo el sistema y así obedecer
la segunda ley de la termodinámica. El primero en aplicar la idea de autoensamblaje de los
materiales orgánicos dispersos dentro del suelo en solución acuosa al interior de las
estructuras supramoleculares tipo micela fue Wershaw (Wershaw et al., 1977), quienes más
tarde refinaron esta idea inicial en un desarrollado modelo molecular (Wershaw, 1986, 1993,
1994, 1999) que incluyó una detallada estructura de asociación mineral-orgánicas
(Wershaw et al., 1995, 1996a, b). La justificación para tratar la materia orgánica como
fragmentos anfipaticos en los suelos (Fig. 12) insertos en supramoleculas estructurales (Fig.
13), (Wershaw, 1999) que corresponden a: los materiales orgánicos en suelos se forman
principalmente por despolimerización enzimática y oxidación de plantas en biopolímeros.
Estas reacciones transforman los compuestos aromáticos originalmente no polares y los
componentes lipídicos de plantas en moléculas anfipáticas, es decir, moléculas que
contienen por separado una parte hidrófoba (no polares) e hidrófila (polares)
independientes o en regiones. Las partes no polares de las moléculas están compuestas
por segmentos inalterados de polímeros vegetales y las partes polares por grupos de ácido
carboxílico. Estas sustancias anfipáticas forman membranas de agregados minerales en
sus superficies además de agregados miceliares en solución. Las superficies exteriores de
estos agregados son hidrófilos, y los interiores se forman separadamente fases hidrofóbicas
y líquidas. Al empujar las sustancias afipáticas en agregados la solución el suelo alcanzara
un estado más alto de entropía por que podrá tener más moléculas de agua en estado
desorganizado. (compare la Fig. 4).

Figura 13 Ejemplo para un montaje supramolecular de moléculas anfifílicas:


Fosfolípidos ensamblados en estructuras similares a membranas cuando se sumergen en
un solvente.

4.6.2. Degradación o síntesis secundaria: Repercusiones de gran alcance Con su aplicación


de la química supramolecular a los materiales orgánicos en los suelos, Wershaw
proporcionó un fuerte apoyo a la degradación por concepto de la transformación de la
materia orgánica en los suelos, que habían sido desechadas por Kononova (1961) en favor
del concepto sintético competidor. El concepto degradativo sugiere que las macromoléculas
biológicas se degradan para dar lugar a fragmentos que tienen características estructurales
y de composición que pueden estar relacionado con sus moléculas originarias. El concepto
sintético supone que macromoléculas húmicas son polímeros de pequeñas moléculas
orgánicas precursoras liberadas de los procesos de metabolismo de la flora y fauna del
suelo, y de otros productos de descomposición de macromoléculas naturales tales como
proteínas, polisacáridos y lignina (Hayes y Swift, 1990). Como se ilustra en Tabla 3, ambos
conceptos conducen a modelos moleculares fundamentalmente diferentes para SOM.

Todas las principales características funcionales atribuidas a la SOM sobre la suposición


de que las sustancias húmicas son polímeros, altamente aromáticos y recalcitrantes que
pierden su base mecanicista, cuando un nuevo modelo estructura es aplicado. Las
diferencias entre los dos modelos se pueden ilustrar aún mejor mediante la comparación
de dos representaciones gráficas. Figura 14 muestra el modelo clásico de SOM como una
mezcla de biomoléculas nohúmicas y productos macromoleculares de síntesis secundaria.
En los capítulos anteriores hemos presentado varios argumentos en apoyo de la posición
de que la los materiales creados en el curso de los tratamientos alcalinos no representan
los compuestos orgánicos que realmente ocurren en los suelos. Figura 14 deja claro que la
idea clásica de SOM consistía en "sustancias húmicas" pierde su fundamento tan pronto
como esta propuesta es aceptada.

TABLA. 3. Breve descripción de modelos competidores para la naturaleza física de SOM

El modelo de polímero húmico:


Las moléculas componentes de SOM son producidos por síntesis secundaria de reacciones
de productos de degradación. Esta suposición ha llevado a modelos en que las moléculas
NOM son representados como grandes, polímeros covalentemente unidos (''húmicos'') con
estructuras químicas únicas que son diferentes de los materiales de inicio.

Estructura molecular
Los fragmentos están unidos fuertemente por enlaces covalentes.

Implicación para la estabilidad


El modelo de polímero húmico implica la inherente existencia a descomposición, también
llamada sustancias reclacitrantes.
El modelo de agregado molecular:
SOM se compone de parte de la degradación de polímeros de plantas. Esta "nueva visión"
ha resultado en el desarrollo de modelos en los que NOM es compuesto por (supra)
moléculas de agregados de productos de degradación que han sido mantenidos por
interacciones entrópicas y/o uniones no covalentes.

Estructura molecular
Los fragmentos anfipáticos se autoensamblan a través de débiles interacciones entrópicas
con moléculas de agua.

Implicación para la estabilidad


El modelo de agregado molecular no proporciona una razón estructural para la estabilidad
intrínseca frente a la descomposición.
El modelo de agregados moleculares más reciente (Fig. 15) propuesto por Wershaw (2004)
y apoyado por un número creciente de científicos (Burdon, 2001; Piccolo, 2001; Sposito,
2008; Sutton y Sposito, 2005), supone que no hay productos de síntesis secundaria y que
la mayoría de la materia orgánica consiste en fragmentos orgánicos relativamente
pequeños. Esta visión interfiere con importantes creencias establecidas dentro de la
comunidad cientifica. Por ejemplo, las definiciones clásicas de las sustancias húmicas
mencionan su refractaria naturaleza o resistencia intrínseca a la descomposición. Una de
las explicaciones a ser recalcitrante es su condición de polímero macromolecular presentes
en las sustancias (moléculas) húmicas. Si los fragmentos SOM no son poliméricos de gran
tamaño macromolécular, entonces pierden su reconocida recalcitrancia o la propiedad debe
ser explicado de otra manera. Por lo tanto, una diferencia fundamental entre el concepto de
"Polímero Húmico" y el modelo de "Agregado Molecular" es que este último no invoca la
creación de fases refractarias con tiempo de renovación extendido. De hecho, las pruebas
experimentales definidas en el pasado reciente no sólo identifica moléculas húmicas
distintas incluso dentro de las preparaciones alcalinas (Kelleher y Simpson, 2006), esto
también muestra que las sustancias húmicas (también aquellas obtenidas por extracción
alcalina) se descomponen rápidamente (Tatzber et al., 2008).

Figura 14 Materia orgánica del suelo de acuerdo con el modelo ''Humic Polymer''.
Reproducido de Baldock y Nelson, 2000; Oades, 1989, con permiso de Taylor y Francis.

Figura 15 Modelo conceptual de la materia orgánica del suelo basado en el modelos


''Agregado Molecular” (Wershaw, 2004): Tenga en cuenta que la categoría ''sustancias
húmicas '' no se utiliza en este modelo.

Significativamente, el modelo de agregado molecular se mostró válido para los lixiviados de


compost obtenidos sin el uso de álcali o cualquier otro agente de extracción además del
agua (Wershaw et al., 1995, 1996a, b). Desde el punto de vista de la plausibilidad general,
el '' Agregado Molecular '' modelo es una teoría mucho más convincente, ya que permite
reducir la emisión de carbono al bajar un gradiente termodinámico hacia CO2 en vez de
requerir complejas y enigmáticas síntesis para crear intermediarias fases recalcitrantes de
macromoleculares. Hasta este punto, ningún autor se ha presentado para presentar una
explicación termodinámica convincente de por qué un descomponedor organismo invertiría
la energía para sintetizar una macromolécula termodinámicamente estable como producto
intermedio en la vía de la descomposición.

La pregunta acerca del modelo molecular correcto para la SOM es intensa (Burdon, 2001;
MacCarthy, 2001; Piccolo, 2001; Swift, 1999) y a veces ferozmente debatido. (Haider, 1999,
2000, Schulten y Schnitzer, 2000). Cualquier investigación futura que implique las funciones
y la dinámica de la SOM, ya sea motivada por la agricultura o de forma más general a
razones biogeoquímicas, tendrán que hacer una suposición sobre la naturaleza molecular
de SOM. De momento se reduce a una decisión entre el tradicional modelo de Polimeros
húmicos o el moderno modelo de agregados Moleculares. Una extremadamente importante
implicación del Modelo de Agregado Molecular es que podría eliminar productos complejos
y aquellos recalcitrantes de síntesis "húmicos" con alto activación de energías que están en
el centro de las teorías actuales que explicar la dependencia de la temperatura (Bosatta y
A ° gren, 1999, Davidson y Janssens, 2006) para la descomposición de SOM.

4.7. Transiciones Vítreas y la Estructura molecular de SOM


Se ha planteado (Schaumann, 2006a) que algunos argumentos en la discusión con
respecto a la estructura molecular "correcta" de la SOM puede haber sido derivados del
trabajo con extractos alcalinos (Conte y Piccolo, 1999), cuyo composición parecía haber
sido algo parcial en favor de la Molecular Modelo agregado. Este punto de vista se combinó
con pruebas de adsorción propiedad de las sustancias húmicas (preparaciones alcalinas)
que sería explicada por la existencia de algún tipo de matriz polimérica. Al conducir
experimentos de adsorción de moléculas orgánicas apolares con alguna preparación
alcalina LeBoeuf y Weber (1997) encontraron que la adsorción de fenantreno se explicó
mejor mediante contribuciones simultáneas tanto de adsorción como de fenómenos de
partición. El hecho de que su ácido húmico tuviera una punto de transición vítrea se tomó
como indicación de que contenía goma, el primero actuando como una superficie sólida con
adsorción finita y estos últimos actúan como medio de partición. En una publicación de
seguimiento LeBoeuf y Weber (2000a) desarrollan esta analogía entre SOM y polímeros
sintéticos, lo que sugiere que las matrices orgánicas de suelos y sedimentos deben dividirse
en dos categorías que manifiestan mecánicamente diferente comportamiento de adsorción,
es decir, una matriz o domino amorfo, gel- “suave carbono'' y una matriz o dominio de
carbono duro condensado, similar a un vidrio.

Una "transición vítrea" es un fenómeno físico asociado con la transición de un material


polimérico desde un estado rígido o vítreo hacia una flexible, goma al aumentar la
temperatura. Al momento de exhibir la transición vítrea, una sustancia será parcialmente
cristalina y parcialmente amorfa en su estructura molecular. La temperatura de transición
vítrea puede entonces verse como la temperatura a la cual el grado de reticulación
(polímeros se unen en cadenas tridimensionalmente formando una especie de red) dentro
del polímero es sustancialmente reducido. Observación de una transición vítrea en SOM
significa que el material orgánico contiene estructuras poliméricas. Si bien estamos de
acuerdo con Schaumann (2006a) que ni macromoléculas poliméricas ni moléculas
pequeñas pueden y deben ser excluidas como componentes de SOM, no creemos que la
observación de transiciones vítreas sea un argumento en apoyo de un proceso de síntesis
secundario que puede formar macromoléculas '' húmicas ''. La presencia de
macromoléculas y polímeros en la SOM está bien documentada (Burdon, 2001). Chilom y
Rice (2005) mostró que los lípidos pueden formar cristalitos, y que las transiciones vítreas
observado en los materiales del estudio fueron en realidad el derretimiento del cristalitos
presentes en la fracción lipídica. Zhang et al. (2007) desarrolló un índice diagenético
(porosidad en rocas carbonatadas) para mostrar que las temperaturas de transición vítrea
en materiales están estrechamente relacionados con las características químicas de las
muestras, así como influenciadas por el índice diagenético o alteraciones térmicas. Dada la
ubicuidad de materiales térmicamente alterados (carbón, hollín) así como las
biomacromoleculas derivadas de vegetales (lípidos cristalinos), encontramos que hay
buenas razones por qué la SOM podría exhibir un comportamiento de transición vítrea sin
un proceso de "humificación" de síntesis secundaria.

5. RECONCILIACIÓN DE CUATRO SIGLOS DE LA INVESTIGACIÓN SOM.

El aspecto amorfo y oscuro de la SOM del suelo es similar en todo el mundo. Los seres
humanos no tienen el equipo sensorial para detectar CO2, el verdadero producto final de
cada proceso de descomposición aeróbica. Así ha sido una acostumbre interpretar SOM
como el producto final y universal de la descomposición. Esta creencia ha fundamentado la
"iniciación educativa que prepara y licencia a estudiantes en esta práctica profesional "en
este sentido Thomas Kuhn (1962) y durante varios siglos, la ciencia se ha esforzado
encontrar razones mecanicistas por qué SOM deben ser estable en el medio ambiente.

En un principio, se introdujo un procedimiento de extracción operacional (Achard, 1786) que


creó los materiales (sustancias húmicas) químicamente indefinida, pero tenía algunas
propiedades que eran específicas a tipos taxonómicos de suelo (Kononova, 1961). Los
pioneros del radiocarbono del suelo encontraron que estos materiales se agotan en 14C
(Campbell et al., 1967) y concluyó que esta observación apoyaba el paradigma los procesos
de "humificación" han creado macromoléculas orgánicas "estables" fuera de materiales
lábiles precursores de desechos de plantas.

La corriente principal de la ciencia, representada por la larga lista de libros para enseñar la
ciencia del suelo (por ejemplo, Brady y Weil, 2008), ha optado por promover la idea de la
SOM como un producto estable (recalcitrante, refractario) de síntesis secundarias, y este
concepto ha encontrado su camino hacia el modelo de ciclo del carbono en el suelo (por
ejemplo, RothC, CENTURY) donde influye en cómo nuestro proyecto de los efectos de la
gestión y el cambio climático cambia la SOM. Sin embargo, esta visión tradicional de la
SOM descuida el hecho de que la materia orgánica es una ''Anomalía termodinámica por
encima que hace caer energía libre que cae en todos los lados dispersando ingredientes
estables tales como dióxido de carbono, agua, nitrato, y fosfato '' (Hedges et al., 2000) y,
es por lo tanto, inherentemente inestable en presencia de un poderoso aceptor de
electrones como O2. Es ampliamente conocido que el verdadero producto final de la
descomposición es el CO2, y se ha presentado en páginas anteriores el concepto popular
de SOM como inerte, biológicamente resistente que no ha sido probada. Todas las pruebas
disponibles señalan que los residuos vegetales se deterioran con bastante rapidez en
suelos aerobios con temperatura, y se transforman más o menos completamente, incluso
una fracción de la lignina. El carbón recién incorporado es triturado a través de varios
procesos y es respirado o entra en los cuerpos de los microbios (biomasa microbiológica
del suelo). Los restos de microbios y hongos, ya sea como fragmentos de paredes celulares
o como moléculas individuales, se adhieren a superficies minerales y protegerse de la
descomposición por centenaria a milenarias escalas de tiempo. Lo que es viejo no es
necesariamente viejo porque es estable, como lo presume el pionero del radiocarbono a
principios de los años sesenta del siglo XX. Sorprendente (Mikutta et al., 2007), protección,
la agregación (Salome' et al., 2010), la oclusión y la no utilización facultativa (Ekschmitt et
al., 2008) permiten aparentemente la inestabilidad de materiales orgánicos para persistir,
dando explicaciones clásicas como viejas, obsoletas y enigmáticas ''vías de humificación ''.

5.1. ¿Qué es, qué no es SOM?


1. Conceptualmente, SOM es una mezcla de compuestos orgánicos en varias etapas
de descomposición. No hay suficiente evidencia para apoyar la supuesto de que los
procesos de síntesis secundaria (humificación) crean macromoléculas poliméricas
recalcitrantes en cantidades relevantes.
2. Químicamente y físicamente, las propiedades de SOM dependen del estado
factores definidos por Jenny (1941) y por lo tanto varían entre los tipos taxonómicos del
suelo.
• Una variable importante relativa a la naturaleza física de la SOM es la intervención
antropogénica, que comprenden materiales tan diversos como pesticidas, residuos
municipales, carbón y hollín.
• Los compuestos macromoleculares y cristalinos se producen en SOM (Schaumann,
2006a), sin embargo, estos representan biomoléculas y sus productos de descomposición
(Burdon, 2001) o tienen un origen diagenético / pirogénico (Zhang et al., 2007). Específicas
Estructuras moleculares "húmicas" no se han encontrado hasta la fecha (Kelleher et al.
2006; Lehmann et al. 2008).
• Los productos del procedimiento de extracción alcalina (sustancias húmicas) son
diferentes de la materia orgánica natural y no deben utilizarse proxies (compuesto que se
transforma con facilidad en otro más estable) para la dinámica de la materia orgánica.
• Los fragmentos moleculares se representan mejor como anfípáticos (Sutton y
Sposito, 2005), con la descomposición oxidativa añaden el oxígeno que está en los grupos
funcionales como dominios no polar de la molécula y es como progresa la descomposición,
aumentando así la solubilidad acuosa.

5.2. ¿Cómo afectan los supuestos físicos los modelos físicos de SOM? sobre los
mecanismos?
5.2.1. Implicaciones de la anfifilicidad
Antes de la aparición de técnicas de imágenes de alta resolución con espectroscopia como
la microscopía de rayos X (STXM), las interacciones orgánicas se conceptualizaron
típicamente como bidimensionales, tratando la matriz mineral como sorbente y suponiendo
que los polímeros húmicos para representar el sorbato (Leinweber y Schulten, 1999a,
Stevenson, 1985). Mecánicamente, los primeros modelos representaron complejos organo-
minerales como asociaciones de grandes polímeros húmicos multifuncionales con
superficies minerales mediante una amplia gama de mecanismos de unión (figura 16).

En las dos últimas décadas, se ha hecho evidente que tal modelo no puede explicar una
variedad de características dinámicas de los complejos mineral-orgánicos (Kleber et al.,
2007). Ahora hay métodos disponibles que pueden mirar directamente a la química de SOM
con resolución nanométrica. Cuando emplea STXM acoplado con espectroscopia de
estructura fina de absorción de borde cercano (NEXAFS), Lehmann et al. (2008) fueron
capaces de demostrar que las moléculas con la misma química que los obtenidos en una
extracción alcalina de suelo fueron no detectable en todo el suelo. En cambio, la materia
orgánica en los suelos se encontró en formas moleculares identificables y distintas, como
las microbianas y biopolímeros vegetales no sólo en mezclas complejas, sino también en
complejos arreglos espaciales. Estos compuestos produjeron formas similares a el extracto
alcalino, pero individualmente eran muy diferentes en las características moleculares del
extracto de suelo alcalino.

Dos ejemplos a continuación ilustran cómo un modelo conceptual que asume SOM
consisten en una mezcla de fragmentos anfipáticos móviles en lugar de macromoléculas
poliméricas sirve mejor para explicar la observaciones de datos recientes.

Figura 16 Modelo de un complejo mineral-orgánico constituido por una matriz mineral de


silicato y un complejo de materia orgánica del suelo ligado de ácidos húmicos, con
carbohidratos lábiles, óxidos de Fe pedogénicos y cationes de álcali y de álcali de tierra.
Imagen corresponde a la Fig. 9 en Leinweber y Schulten (1999a). Reimpreso de Journal of
Pirrolisis Analítica y Aplicada, 49 (1-2), P. Leinweber, H. -R. Schulten, Avances en pirólisis
analítica de la materia orgánica del suelo, Pg: 25.1999 Copyright (1999), con permiso de
Elsevier.

5.2.1.1. Repelencia al agua de los suelos que Horne y McIntosh (2000) atribuyeron cambios
estacionales en la humectabilidad del suelo a la existencia de múltiples, diferentes leyes
funcionales de la materia orgánica sobre granos arenosos. En su modelo, una capa interior
de compuestos más hidrófobos está cubierta por una capa de compuestos de ácido
anfipático. Cuando el suelo es mojable, el material hidrófobo es eficáz, especialmente si la
superficie exterior está bien hidratada. La repelencia del agua ocurre cuando los
compuestos hidrófobos que componen el capa interna están más expuestos. Esto puede
estar relacionado con la humedad estacional diferencias a través de una combinación de
factores: durante la estación húmeda, la capa externa estará bien hidratada, los
compuestos anfipáticos serán dispuestos de tal manera que tienen sus porciones polares
orientadas hacia fuera, el anión carboxilato predominará, y los grupos hidrofóbicos serán
efectivamente seleccionados por grupos más hidrófilos. Con el inicio de la temporada
húmeda, una superficie externa más hidrófoba se desarrolla como los compuestos
anfipáticos cambian de orientación, los grupos carboxilato son protonados, y la contracción
de la "pantalla de superficie" anfipática expone el interior de la capa hidrófoba. En una
contribución reciente, Diehl et al. (2009) demostró que los cambios en la disposición de las
moléculas orgánicas tras las variaciones contenido de humedad que fueron postulados por
Horne y McIntosh (2000) son detectables Ellos concluyeron que los cambios en la
repelencia resultan de la interacción entre (i) el contenido de agua impulsa los cambios,
probablemente inducidos por los cambios en la distribución a microescala de la humedad y
el grosor de la película de agua, y (ii) cambios en la superficie química de la SOM,
promovidos por la reorientación de mitades anfipáticas (Diehl et al., 2009).

5.2.1.2. Variaciones en los tiempos de rotación basados en el 14C sin fracción física. La
densiométria de fluidos proporciona un medio para separar los suelos en fracciones
basadas en la densidad de partículas. El C orgánico en las fracciones densas (por ejemplo,>
1,65 kg L-1) de los suelos es comúnmente visto estrechamente asociado con minerales y
típicamente más agotado en 14C que el material de fracción ligera, que no está íntimamente
ligado a los minerales (Trumbore y Zheng,1996). Sin embargo, Trumbore (1997) informa
que el residuo después de repetidos hidrólisis de la materia orgánica asociada a los
minerales en ácidos y bases contienen algo de carbono de ciclo rápido. Cuando Swanston
et al. (2005) trazó una atmosfera de 14C en un ecosistema forestal, se dieron cuenta de
que los 14C apareció no sólo en la fracción ligera, sino también en la fuerte asociación
mineral en la fracción densa. Interpretaron esta observación como indicando la existencia
de al menos dos grupos diferentes de C en la fracción órgano-mineral: un grupo más
antiguo, más estable de C, y a más joven, más rápido el ciclo del C. Dichas dinámicas son
más fáciles de conciliar cuando SOM abarcan moléculas orgánicas que son móviles debido
a un tamaño pequeño y su naturaleza anfifílica, permitiendo que se arreglen en estructuras
supramoleculares flexibles por interacción con el disolvente polar agua y otras moléculas
orgánicas sorbidas.

5.2.2. Mineral: Las interacciones orgánicas son más probable microbiológicamente mediar
Iniciado en gran parte por el trabajo de Chenu y colaboradores (Chenu y Plante, 2006;
Chenu y Stotzky, 2002) y apoyado por recientes imágenes y el trabajo de espectroscopía
de rayos X (Lehmann et al., 2007, 2008; Wan et al., 2007), una visión funcional de la
dinámica de la rotación de carbono a microescala ha ganado la tracción en los últimos años
que va más allá del sorbent-orgánico mineral, idea de años anteriores. En este punto de
vista, las dos dimensiones del concepto de suelo como un sistema compuesto del
adsorbente (mineral superficie) y adsorbante (materia orgánica del suelo) se ha extendido
a una dimensión tridimensional vista del suelo consistente en una multitud de
microestructuras mineral-orgánicas formadas alrededor de coloidales a subcoloidales del
tamaño de los núcleos de materia orgánica, especialmente microbios/fragmentos celulares
de hongos que son acompañado de algunos materiales de tipo cola extracelular como
polisacáridos y proteínas. Esta opinión está respaldada por abundantes pruebas de que
partes de las superficies minerales no están cubiertas por materia orgánica (Arnarson y
Keil, 2001; Kahle et al., 2002; Mayer y Xing, 2001; Ransom et al., 1998), un hecho que es
difícil de conciliar cuando se conceptualiza la matriz mineral como adsorbente y SOM como
un adsorbato que se disuelve y/o se suspende en la solución del suelo. La aplicación del
fraccionamiento de densidad secuencial mostró un aumento de la firma microbiana en los
materiales orgánicos con aumento en el grado de asociación mineral (Sollins et al., 2006).
Observación directa utilizando técnicas de RMN de vanguardia (Simpson et al., 2007)
mostraron que la SOM era predominantemente de origen microbiano, ya sea en forma de
material conservado o células intactas. El Carbono estabilizado sobre fracciones minerales
se evaluó que tenía una composición distinta relacionada más, a procesos microbiológicos,
materia orgánica relacionada a los compuestos relacionados con plantas (Grandy y Neff,
2008). Todos estos informes son más fáciles de conciliar con los procesos activos de
asociación microbiano-mineral que con la adsorción de una mezcla aleatoria de materiales
orgánicos disueltos o suspendidos en la solución del suelo.
5.2.3. Modelos de rotación de SOM y estabilización del carbono del suelo. Hemos
presentado pruebas convergentes (Bol et al., 2009, Marschner et al., 2008; Mikutta et al.,
2006) que la Estabilización SOM no está bien explicada por la clásica que un proceso de
humificación crea sustancias húmicas recalcitrantes que luego se resisten a la
descomposición. La SOM antigua puede contener proporciones de carbono químicamente
y termodinámicamente lábil (Trumbore, 1997). Esta perspectiva cuestiona la importancia
general del mecanismo de estabilización de recalcitrancia (Sollins et al., 1996) como
requisito previo para la renovación larga de SOM. Sin embargo, los modelos de simulación
predictiva han tratado históricamente los grupos de carbono que gira lentamente como
carbono "refractario" (Falloon et al., 2000). Modelos predictivos como CENTURY y RothC
típicamente crear varios pools de materia orgánica funcional asignando diferentes
constante de descomposición a materiales de insumos orgánicos basados principalmente
concepto de recalcitrancia (Jenkinson, 1990, Parton et al., 1987). La transferencia de
carbono del grupo de ciclo rápido al interior de grupos con una rotación progresivamente
más larga es conocida como consecuencia de procesos de humificación que conducen a la
preservación de sustancias refractarias (McGill, 1996; Parton et al., 1994).

Así, aunque el contenido de arcilla se reconoce como otro control sobre el volumen de
negocios tiempo, los modelos ponen un fuerte énfasis en el supuesto de que las la rotación
lenta y muy lenta resulta de la recalcitrancia de los materiales humificados. Sin embargo,
potenciales de retroalimentación del sistema global del suelo al calentamiento climático
probablemente será muy diferente si el carbono contenido en el grupo de carbono del suelo
pasivo es inherentemente resistente a la descomposición o en su lugar un sustrato listo
para descomponedores estabilizados sólo por su asociación con superficies minerales. Esta
ilustra por qué la naturaleza física y química de la SOM es un problema y por qué es
insatisfactorio utilizar categorías operacionales derivadas de procedimientos arbitrarios de
extracción como proxies para la caracterización de los materiales orgánicos en suelos.

5.3. El lado positivo de los extractos alcalinos y la sustancia húmica Preparaciones:


Aplicaciones prácticas.
Mientras que las sustancias húmicas obtenidas mediante el procedimiento de extracción
alcalina son pobres proxies para la estructura química general de la SOM, que tienen un
gran potencial para ser desarrollados en ingeniería orgánica natural absorbentes para
aplicaciones medioambientales con considerables valor. Mecanicamente, se forman grupos
carboxilo durante el proceso enzimático y despolimerización oxidativa de biopolímeros
vegetales (Essington, 2003), aumentando la solubilidad y extractibilidad de los materiales
orgánicos como el progreso de la descomposición. El procedimiento de extracción alcalina
estándar (usando NaOH 0,1 M) ioniza todos los grupos funcionales que contienen oxígeno
en sustancias orgánicas que tienen valores de pKa por debajo de 13. Esto incluye no sólo
más alcohol y fenól-OH, pero también prácticamente todos los grupos carboxilo. Por lo
tanto, el procedimiento de extracción alcalina selecciona compuestos con abundantes
grupos funcionales que contienen oxígeno. La naturaleza anfipática de estas moléculas les
permite interactuar con homólogos no polares y polares, especialmente cuando los
materiales precursores son ricos en restos aromáticos. Estudios empíricos han demostrado
que las preparaciones alcalinas puede utilizarse en una sorprendente variedad de
aplicaciones prácticas, que van desde crecimiento de plantas que promueve enmiendas de
suelo sobre aplicaciones de remediación de suelos a la sofisticada tecnología biomédica.

5.3.1. Extractos alcalinos (sustancias húmicas) como enmiendas del suelo


Los materiales orgánicos obtenidos por el procedimiento de extracción alcalina pueden
tener efectos beneficiosos sobre el crecimiento de las plantas. Una revisión exhaustiva del
laboratorio respectivo y experimentos de campo ha sido presentado recientemente por
Nardi et al. (2009). Estos autores distinguen tres áreas donde una influencia de las
preparaciones de alcalinidad sobre el crecimiento de las plantas se han mostrado. Estos
son (i) cambios morfológicos en las plantas (Nardi et al., 2002), (ii) mejora el uso eficiente
de nutrientes y (iii) los efectos de las preparaciones alcalinas (ácidos húmicos) sobre las
propiedades bioquímicas generan la glicólisis (Nardi et al., 2007). Aunque los efectos
beneficiosos, la indeterminada naturaleza química de las preparaciones alcalinas se
considera un obstáculo en un enfoque más mecánico en la comprensión de las relaciones
causales (Nardi et al., 2009)

5.3.2. Extractos alcalinos en la remediación de suelos


5.3.2.1. Inmovilización de contaminantes orgánicos y metales pesados Si, añadido al suelo,
las preparaciones alcalinas de materiales orgánicos en descomposición pueden adsorber y
así inmovilizar compuestos tanto orgánicos como inorgánicos, como hidrocarburos
aromáticos policíclicos y metales pesados. Por ejemplo, Perminova et al. (2001)
encontraron una reducción en la toxicidad de carbohidratos aromáticos polinucleares (HAP)
sobre Daphnia magna en presencia de sustancias alcalinas de extractos húmicos. Ellos
fueron capaces de demostrar la eficiencia de desintoxicación correlacionada con el uso de
preparaciones alcalinas aromáticas. En un intento por reducir la movilidad de los elementos
actínidos en el medio ambiente, Shcherbina et al. (2007) usaron derivados húmicos
enriquecidos con quinonoides para complejo y/o reducir Np (V) presente en solución. Estos
"diseñadores de humics" son agentes reductores esencialmente derivados que pueden
servir como componentes reactivos de una nueva tecnología de remediación basada en
humic. Conceptos similares son evidentes en los intentos de desarrollar "sorbentes
orgánicos naturales modificados" para aplicaciones ambientales (Tang et al., 2008, Weber
et al., 2006). Un reciente revisión (Perminova y Hatfield, 2005) ofrece una evaluación el
concepto de "diseñador de humics" para remediar ambientes contaminados.

5.3.2.2. Preparaciones alcalinas como tensioactivos. Los extractos de suelos alcalinos


tienen propiedades similares a los tensioactivos debido a su naturaleza química anfipática.
Esta los hace capaces de movilizar ciertos contaminantes. Conte et al. (2005) fueron
capaces de demostrar que un extracto de leonardita alcalina podría utilizarse en lavados de
un suelo contaminado con la misma eficiencia que el de los tensioactivos que presentan
cierto grado de toxicidad biológica. De forma similar, también se ha demostrado que los
extractos afectan a la dispersión de nanomateriales en ambientes acuosos. La presencia
de materiales de extractos alcalinos mejoró en gran medida la dispersión de Fullerenes
(C60) y la dispersión proceso se aceleró aún más por la luz solar (Li et al., 2009). Chappell
et al. (2009) demostraron que los nanotubos de carbono se estabilizaron en suspensión a
una medida variable por la adición de diferentes tipos de extractos alcalinos.

5.3.3. Aplicaciones biomédicas de preparaciones alcalinas


Se ha demostrado que los extractos alcalinos en diversas formas poseen propiedades
antibacterianas, antiulcerogénicas, antialérgicas y antiinflamatorias (Schepetkin et al.,
2002). Recientes experimentos in vitro han demostrado que ciertos tipos de extractos
alcalinos (por ejemplo, humato de potasio) pueden inhibir la producción de citoquinas
inflamatorias. Películas hechas de extractos alcalinos se ha dispuesto capa por capa como
autoensamblaje fue presentada como una membrana plausible para implantar sensores de
glucosa (Galeska et al., 2001). Ensamble basados en ácidos húmicos son blandos y
flexibles, cualidades que son importante para minimizar el daño tisular. Las películas se
consideraron biocompatibles ya que los estudios in vivo en ratas indicaron sólo reacciones
tisulares leves.

5.3.4. Los extractos alcalinos tienen un futuro en tecnología, no en biogeoquímica


Concluimos con las observaciones que incluso la pequeña selección de aplicaciones de los
extractos alcalinos presentados aquí demuestra el potencial para el desarrollo de materiales
por ingeniería orgánica natural por fuera de extractos SOM. Un requisito previo para el éxito
será continuar con esfuerzos para aumentar el conocimiento sobre la naturaleza química
de los extractos alcalinos según la influencia del procedimiento de extracción y una mejor
comprensión de la mecánica de sus interacciones dentro de los sistemas ambientales. Sin
embargo, no se recomienda el uso de extracciones alcalinas (a.k.a. sustancias húmicas)
como proxies de SOM natural en futuros estudios de biogeoquímica del suelo.

6. PERSPECTIVAS PARA EL FUTURO

Como científicos interesados en llegar a una comprensión más completa de SOM y los
factores que controlan su estabilidad y desestabilización reconocemos que estamos sobre
los hombros de muchos otros científicos que han conducido la investigación sobre SOM
durante los últimos dos siglos. El propósito en escribir este trabajo fue considerar sus
numerosas contribuciones a la luz de los acontecimientos más recientes. Nunca fue nuestra
intención impugnar el trabajo de nadie, sino construir sobre sus trabajos y tratar de
enmarcarlo para enfatizar de manera constructiva las ideas nuevas y emergentes acerca
de que es y lo que no es SOM.

6.1. ¿Cuáles son las implicaciones para la investigación futura?


Si bien tenemos un buen panorama general de lo que es la SOM, queda mucho por
entender, por ejemplo, los procesos que la alteran y cambian, y los factores que afectan su
estabilidad. Es emocionante, sin embargo, considerar los avances que se están llevando a
cabo en la investigación de SOM. Con cada publicación se obtiene información que
confirma las teorías anteriores o conduce a la desarrollo de nueva información. Con las
tecnologías actualmente disponibles, se están publicando cada vez más artículos sobre la
naturaleza y la química de la SOM y los factores que afectan su estabilidad y rotación. El
uso de múltiples técnicas de medición simultánea proporciona los medios para "ver"
simultáneamente muchas características de SOM (Lehmann et al., 2008). Algunas técnicas
incluso permiten realizar mediciones en una muestra de suelo completa, e in situ, y podría
ser la forma ideal de ver procesos del suelo. Sin la capacidad de ver demasiado lejos en el
futuro, es difícil saber exactamente dónde se llevará a cabo la investigación sobre SOM en
los próximos 10-20 años. Es emocionante contemplar los avances que tendrán lugar como
científicos que continúan su investigación y los nuevos científicos con sus propias
investigaciones. Sin embargo, es importante no pasar por alto los métodos antiguos y los
datos que proporcionan. Por ejemplo, la espectroscopia infrarroja ha estado presente por
mucho tiempo. Un acoplamiento nuevo FT-IR (Fourier infrarrojo transformado) como
instrumentos computacional tienen software de interpretación y cuantificación espectral
como una poderosa herramienta para ''ver'' los componentes de SOM y los efectos de varios
tratamientos sobre ellos. Los estudios en columnas de lixiviación (Simple), pueden
proporcionar mucha información sobre la sorción (Retención de una sustancia por otra
cuando están en contacto) y el movimiento de elementos orgánicos a través de los suelos.
Los isótopos estables (por ejemplo, 13C 15N 18O) y los isótopos radiactivos (es decir, 14C)
pueden proporcionar ideas sobre el ciclo, procesamiento y tiempo de residencia de SOM.

Además de la financiación y el acceso a instrumentos sofisticados, existen pocas


limitaciones en el futuro de la investigación de SOM. Dependerá de la creatividad de los
científicos que trabajan en esta área y su conocimiento del pasado y presentar de la
investigación. También dependerá de su capacidad para evaluar la investigación necesaria
para resolver problemas del mundo real. Como se verá más adelante, hay importantes
problemas ambientales y sociales que debe resolverse mediante la comprensión de la SOM
y cómo manejarlos y apropiarse de ellos. Los científicos del suelo, los agrónomos, los
químicos del suelo y los científicos ambientales necesitan asociarse y definir los problemas
y reunir los datos necesarios para resolverlos. Creemos que la solución a una serie de los
problemas se encontrara en una comprensión más completa de la SOM.

6.2. ¿Cuáles son las posibles implicaciones ambientales?.


Uno de los mayores problemas ambientales actuales es el cambio climático global. Se
piensa que las causas son antropogénicas, pero la variación natural no puede pasarse por
alto (IPCC, 2007). Cualquiera que sea la causa, el tema central es que las mayores
concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero es causado por el aumento
de la temperatura a nivel de la superficie mundial (IPCC, 2007). El dióxido de carbono es
un gas de efecto invernadero que se produce al quemar combustibles fósiles y por
descomposición de material vegetal y oxidación de SOM. Sobre una base anual, la fijación
del CO2 atmosférico por las plantas y la producción de CO2 a través de la respiración de
las plantas y la oxidación de la SOM está aproximadamente en equilibrio (Schlesinger y
Andrews, 2000). Sin embargo, esto ha ido cambiando a medida que los suelos se
mantienen en agricultura continua y los bosques están siendo arrasados por el desarrollo
urbano y la agricultura.
Los suelos son el mayor depósito de carbono no fósil terrestre. Es estimado que los suelos
del mundo tienen aproximadamente 1500 Pg de carbono orgánico al interior del primer
metro (Schlesinger y Andrews, 2000). La atmósfera tiene 750 Pg de carbono como CO2.
La vegetación global tiene aproximadamente 560 Pg de carbono orgánico. Una parte clave
de la pregunta sobre el cambio climático, cuál será el efecto de un régimen climático más
cálido en el gran stock de carbono del suelo? Será conducir la creciente oxidación de SOM?
¿Esto causará una retroalimentación positiva con la atmósfera, es decir, una atmósfera más
cálida conduce a una gran oxidación del carbono del suelo que conduce a una atmósfera
más caliente? Comprender los factores que estabilizar la SOM puede conducir a mejores
estrategias de manejo del suelo que ayudan a mantener los niveles actuales de SOM o
formas de aumentar la cantidad de carbono mantenidos en suelos.

Un tema relacionado es la capacidad de utilizar modelos de simulación para predecir los


efectos futuros de los estresores ambientales como el cambio climático. Numerosos
modelos de ciclos de carbono, tanto por encima como por debajo, dependen de una
comprensión precisa del ciclo del carbono. Mientras no haya modelos perfectos, esto
dependerá en gran medida del conocimiento de SOM que los científicos del suelo y los
químicos proporcionan. Un ''modelo'' incorrecto de SOM conducirá a una simulación
incorrecta de lo que sucederá con SOM. Las implicaciones de esto podría ser grande. Es
imperativo que como disciplina participemos en este trabajo y contribuir al desarrollo de una
imagen exacta de cómo SOM se acumula y se pierde.

Otra área que perfila la investigación es la cuantificación de los servicios que SOM
proporciona a las personas. Aunque un poco extraño, en principio, en los servicios
ecosistémicos son ''La salida funcional o procesos del ecosistema que apoyan
(directamente o indirectamente) el bienestar humano o tienen el potencial de hacerlo en el
futuro" (EPA, 2006). Siguiendo esta definición, SOM proporciona servicios ecosistémicos.
Por ejemplo, es bien sabido que los suelos con alto contenido de materia orgánica son
menos probables de erosionar (viento o agua) que los suelos con bajo contenido de materia
orgánica. Esto es un "servicio" que proporciona SOM. SOM imparte otros servicios tales
como la capacidad de intercambio catiónico, como nutrientes, mejora la inclinación del
suelo, infiltración almacenamiento de agua. También ayuda en la sorción y degradación de
plaguicidas y tiene un papel en el aislamiento y degradación de los residuos, así como en
la limpieza del agua. La capacidad de cuantificar los servicios ecosistémicos soportados
por SOM probablemente tiene un papel importante en la protección futura del medio
ambiente y donde las tierras deben tener capacidad de gestión y desarrollo. Esto dependerá
de una comprensión de SOM y los factores que controlan su acumulación o pérdida.

6.3. ¿Hay implicaciones para la agricultura y la sostenibilidad?


SOM tiene una serie de funciones distintas en la agricultura como hemos descrito. Es
importante para el suelo, el suministro de nutrientes y sus ciclos, la infiltración del agua, el
abastecimiento y la biodiversidad. Al mismo tiempo, también tiene un papel en la
sostenibilidad de los sistemas naturales. La sostenibilidad es un término que se parece
mucho a la definición de servicios ecosistémicos, sino que va más allá en que representa
la capacidad de un sistema para mantener la oferta de servicios. Por ejemplo, ¿cuánto
tiempo puede el suelo ser utilizado en agricultura continua? La respuesta depende de
muchas cosas, pero es bien sabido que mantener el estado de SOM mantendrá este suelo
en producción más grande que sí el suelo se agotara en su materia orgánica. Lo mismo
ocurre con la producción forestal y con todos los demás a los cuales los suelos proporcionan
servicios.

Con una creciente población mundial y un suministro cada vez menor de fósiles
combustibles aumenta la presión sobre los suelos para proporcionar más alimentos, fibra y
agua potable limpia que nunca antes (Lal, 2009). Cada vez es más importante que los
suelos se gestionen de manera que se mantengan el stock de SOM. Esto significa que los
residuos orgánicos deben incorporarse en los suelos Los cultivos deben cultivarse en
rotaciones que incluyan leguminosas. No solo la buena gestión de la SOM ayuda a sostener
la agricultura, también ayudará a mantener el carbono en el suelo y puede conducir a la
captura adicional que reduce la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

6.4. ¿Cómo debería ser la "Nueva Visión" de la naturaleza física de SOM presente en
entornos educativos y de literatura.
Es importante que los estudiantes que están siendo capacitados en la ciencia del suelo, la
agronomía, la ecología, la ciencia ambiental y la ingeniería civil tengan una idea precisa de
SOM. Como personas que dependerán de su conocimiento de los suelos y SOM como
tomadores decisiones y diseñaran sistemas de remediación, u otras aplicaciones, deberán
conocer la mejor información posible para su beneficio. Es probable que beneficie también
a quienes dependan de las decisiones y juicios del profesional científico o ingeniero. La
información necesaria por alguien que está tomando un curso introductorio en suelos con
el fin de convertirse en un administrador de tierras, puede ser diferente de alguien que está
siendo capacitado para ser un químico del suelo, sin embargo, ambos necesitan
información actualizada. Es hora de que los textos introductorios comienzan a incorporar
información actualizada sí los estos textos deban seguir siendo utilizados. Una vez que la
información obsoleta es apropiada en la mente de un estudiante, es difícil reemplazarlo por
información, especialmente si esta es más compleja. Esto es perjudicar a los estudiantes al
no proporcionarles información actual que les deja en desventaja ya que necesitarán utilizar
la mejor información cuando en base a ella deberán hacer gestión o tomar decisiones
ambientales.

Para continuar con la controversia sobre la naturaleza química y física de SOM, ¿cómo se
debe presentar esta información a principiantes? Nosotros recomendar que se incluya una
perspectiva histórica sobre la lo que hemos presentado aquí. A partir de ahí, la información
adicional que se basa en los primeros trabajos y lleva a los estudiantes a construir
conceptos modernos y comprensión de SOM. Nos damos cuenta que el grado de esta
información que se proporcione debe ser ajustado a la audiencia ya que los estudiantes de
pregrado y postgrado tendrán diferentes niveles de necesidad. Éste no es ciertamente un
tema simple a cubrir, pero queremos desafiar y alentar a los instructores, profesores y
autores de libros de texto para proporcionar una imagen o idea lo más completa posible
acerca de SOM para que la siguiente generación de profesionales del suelo este bien
preparada para tomar decisiones o para llevar la investigación sobre la SOM al siguiente
nivel.

Descargo de responsabilidad: La información contenida en este documento ha sido


financiada (o en parte) por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos. Ha
sido sujeta a revisión por la División Nacional de Salud y el Laboratorio de Investigación
Occidental en Ecología y efectos Ambientales que aprobó su publicación. La aprobación no
significa que el contenido refleje las opiniones de la Agencia, no menciona nombres
comerciales ni productos comerciales que constituyan respaldo o recomendación de uso.