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INDICE

siglo ventiuno editores, s.a. de c.v.


CERRO DEL AGUA 248, DELEGACION COYOACAN. 04310 MÉXICO. D.F.

siglo veintiuno de españa editores, s.a.


PRINCIPE DE VERGARA, 78 2° DCHA., MADRID. ESPAÑA

Prólogo

PRIMERA PARTE

EUROPA OCCIDENTAL

1. El Estaco absolutista en Occidente


2. Clase y Estado: problemas de periodización
3. España
4. Francia
5. Inglaterra
6. Italia
7. Suecia

SEGUNDA PARTE

EUROPA ORIENTAL

1. El absolutismo en el Este
2. Nobleza y monarquía: la variante oriental
3. Prusia
portada de anhelo hernández 4. Polonia
5. Austria
primera edición en español, 1979 6. Rusia
decimoquinta edición en español, 1998
7. La Casa del Islam
© siglo xxi de españa editores
en coedición con
© siglo xxi editores, s.a. de c.v CONCLUSIONES
isbn 968-23-0946-8

primera edición en inglés, 1974 DOS NOTAS

© nlb
título original: lineages of the absolulisl state A. El feudalismo japonés
B. El «modo de producción asiático»
derechos reservados conforme a la ley
impreso y hecho en méxico/printed and made in mexico
Indice de nombres
PROLOGO

El objeto de esta obra es intentar un análisis comparado de la


naturaleza y desarrollo del Estado absolutista en Europa. Sus
límites y su carácter general como meditación acerca del pasado
se explican en el prólogo del estudio que le p r e c e d e A h o r a sólo
es preciso añadir algunas consideraciones específicas sobre la
relación de la investigación emprendida en este volumen con
el materialismo histórico. Este libro, concebido como un estudio
marxista del absolutismo, se sitúa deliberadamente entre dos
planos diferentes del discurso marxista que, con frecuencia,
permanecen a considerable distancia el uno del otro. Ha sido
un fenómeno general de las últimas décadas que los historiado-
res marxistas, autores de lo que es ya un impresionante corpus
de investigación, no siempre se hayan interesado por las cues-
tiones teóricas planteadas por los resultados de sus trabajos.
Al mismo tiempo, los filósofos marxistas que han intentado
clarificar o resolver los problemas teóricos básicos del materia-
lismo histórico se han situado con frecuencia muy lejos de los
temas empíricos concretos formulados por los historiadores.
Aquí se ha realizado un esfuerzo por explorar un nivel inter-
medio entre esos dos. Es posible que tal intento sólo sirva como
ejemplo de lo que no debe hacerse. Pero, en cualquier caso, la
finalidad de este estudio es examinar el absolutismo europeo
1 simultáneamente «en general» y «en particular»; es decir, tanto
las estructuras «puras» del Estado absoluto, que lo constituyen
como una categoría histórica fundamental, como las variantes
«impuras» que presentan las específicas y diversas monarquías
de la Europa posmedieval. En buena parte de los escritos mar-
xistas de hoy, estos dos órdenes de realidad están normalmente
separados por una gran línea divisoria. Por una parte, se cons-
truyen, o presuponen, modelos generales «abstractos», no sólo
del Estado absolutista, sino también de la revolución burguesa
o del Estado capitalista, sin ninguna preocupación por sus va-
riantes efectivas. Por otra, se exploran casos locales «concre-
tos», sin referencia a sus implicaciones e interconexiones recí-
procas. Indudablemente, la dicotomía convencional entre estos

1
Passages from Antiquity to feudalism, Londres, 1974, pp. 7-9. [Tran-
siciones de la Antigüedad al feudalismo, Madrid, Siglo XXI, 1979, pp. 1-3.]
2 Prólogo Prólogo 3

procedimientos se deriva de la extendida creencia de que la t a m b i é n en la precedente discusión sobre el feudalismo. E s t o


necesidad inteligible sólo radica en las tendencias más amplias es algo que n o puede darse sin más p o r supuesto, ya que, si
y generales de la historia, que operan, p o r decirlo así, por bien la división e n t r e E u r o p a occidental y oriental es u n lugar
«encima» de las múltiples circunstancias empíricas de las insti- c o m ú n intelectual, r a r a vez ha sido o b j e t o de u n a directa y
tuciones y hechos específicos, cuyo curso o f o r m a real es en sostenida reflexión histórica. La producción más reciente de
buena medida y p o r comparación, resultado de la casualidad. t r a b a j o s serios sobre historia europea ha corregido hasta cierto
Las leyes científicas —en el caso en que tal concepto se acep- p u n t o el tradicional desequilibrio geopolítico de la historiogra-
te—, se mantienen sólo para o b t e n e r categorías universales: fía occidental, con su característico olvido de la mitad oriental
los o b j e t o s singulares se consideran como pertenecientes al del continente. Pero todavía queda un largo camino hasta alcan-
á m b i t o de lo fortuito. La consecuencia práctica de esta división zar un razonable equilibrio de interés. Con todo, lo u r g e n t e no
es que los conceptos generales —tales como Estado absolutista, es t a n t o u n a m e r a paridad en la c o b e r t u r a de a m b a s regiones
revolución burguesa o Estado capitalista— se convierten fre- c u a n t o una explicación c o m p a r a d a de su división, u n análisis
cuentemente en algo tan lejano de la realidad histórica que de sus diferencias y u n a estimación de la dinámica de sus inter-
d e j a n de tener toda fuerza explicativa, m i e n t r a s que los estudios conexiones. La historia de E u r o p a oriental n o es u n a m e r a y
particulares —confinados a períodos o áreas delimitados— no m á s pobre copia de la de E u r o p a occidental, que podría yuxta-
pueden desarrollar o clarificar ninguna teoría global. La pre- ponerse al lado de ésta sin a f e c t a r a su estudio; el desarrollo
misa de este t r a b a j o es que no existe en la explicación histórica de las regiones más «atrasadas» del continente a r r o j a u n a insó-
ninguna línea divisoria entre lo necesario y lo contingente que lita luz sobre las regiones más «avanzadas», y con frecuencia
separe entre sí dos tipos de investigación: la «larga duración» saca a la superficie nuevos p r o b l e m a s q u e permanecían ocultos
f r e n t e a la «corta duración» o lo «abstracto» f r e n t e a lo «con- d e n t r o de ella p o r las limitaciones de u n a introspección pura-
creto». La división se da tan sólo e n t r e lo que se conoce —ve- m e n t e occidental. Así pues, y al c o n t r a r i o de la práctica normal,
rificado p o r la investigación histórica— y lo que se desconoce, la división vertical del continente e n t r e Occidente y Oriente se
pudiendo a b a r c a r esto último t a n t o los mecanismos de los he- toma a lo largo de todo el libro como u n principio central q u e
chos singulares como las leyes de f u n c i o n a m i e n t o de e s t r u c t u r a s organiza los materiales de la discusión. Dentro de cada zona
completas. En principio, ambos son igualmente susceptibles de h a n existido siempre, p o r supuesto, grandes diferencias socia-
u n adecuado conocimiento de su causalidad. (En la práctica, les y políticas q u e aquí se c o n t r a s t a n e investigan en su espe-
los testimonios históricos que han llegado hasta nosotros pue- cífica entidad. La finalidad de este procedimiento es sugerir
den ser tan insuficientes o contradictorios que no p e r m i t a n u n a tipología regional q u e pueda ayudar a clarificar las diver-
f o r m u l a r juicios definitivos; pero ésta es o t r a cuestión: de do- gentes trayectorias de los más i m p o r t a n t e s estados absolutistas
cumentación y no de inteligibilidad.) Uno de los principales pro- de E u r o p a oriental y occidental. Tal tipología podría servir pre-
pósitos del estudio aquí e m p r e n d i d o es, p o r tanto, i n t e n t a r man- cisamente p a r a indicar, a u n q u e sea sólo en f o r m a de esbozo
tener s i m u l t á n e a m e n t e en tensión dos planos de reflexión que, ese tipo plano conceptual intermedio que se pierde t a n t a s ve
de f o r m a injustificable, han estado divorciados en los escritos ees, y no sólo en los estudios sobre el absolutismo, sino tambiér
marxistas, debilitando su capacidad p a r a f o r m u l a r u n a teoría en otros muchos temas, e n t r e las genéricas construcciones teó
racional y controlable en el campo de la historia. ricas y los particulares casos históricos.
El v e r d a d e r o alcance del estudio que sigue se manifiesta en
tres anomalías o discrepancias respecto a los t r a t a m i e n t o s orto- E n tercer lugar, y p o r último, la selección del objeto de este
doxos del tema. La p r i m e r a de ellas es que aquí se concede estudio —el E s t a d o absolutista— ha d e t e r m i n a d o u n a articu
m u c h a m á s antigüedad al absolutismo, como ya estaba implí- lación t e m p o r a l diferente a la de los géneros ortodoxos de his
cito en la naturaleza del estudio que ha servido de prólogo a toriografía. Los marcos tradicionales de la producción h i s t ó r i a
éste. En segundo lugar, y d e n t r o de los límites del continente son países singulares o períodos cerrados. La gran mayoría di
explorado en estas páginas —Europa—, se ha realizado u n sis- la investigación cualificada se lleva a cabo d e n t r o de los confi
temático esfuerzo para d a r un t r a t o equivalente y complemen- nes nacionales; y cuando u n t r a b a j o los sobrepasa p a r a alcanza:
tario a sus zonas occidentales y orientales, tal como se hacía u n a perspectiva internacional, n o r m a l m e n t e toma c o m o f r o n t e r ;
u n a época delimitada. E n a m b o s casos, el t i e m p o histórico n<
2 4
2 Prólogo Prólogo 5

parece p r e s e n t a r n o r m a l m e n t e ningún p r o b l e m a : t a n t o en los aquí considerados, c o m o c o n t e m p o r á n e o s de las diversas fases


«anticuados» estudios narrativos c o m o en los «modernos» estu- del absolutismo en E u r o p a . Sus fechas son las m i s m a s ; sus
dios sociológicos, los hechos y las instituciones aparecen baña- tiempos están separados. La desconocida y desconcertante his-
dos en u n a temporalidad más o menos continua y homogénea. toria de las sucesivas revoluciones burguesas n o nos atañe ahora;
Aunque todos los historiadores son n a t u r a l m e n t e conscientes el p r e s e n t e ensayo se limita a la naturaleza y desarrollo de los
de que el ritmo de cambio es distinto según los diversos niveles estados absolutistas que f u e r o n sus antecedentes y sus adver-
o sectores de la sociedad, la conveniencia y la c o s t u m b r e dictan sarios políticos. Dos estudios posteriores t r a t a r á n específica y
f r e c u e n t e m e n t e que la f o r m a de un t r a b a j o implica o conlleva sucesivamente de la cadena de las grandes revoluciones burgue-
un m o n i s m o cronológico. Es decir, sus materiales se t r a t a n sas —desde la rebelión de los Países B a j o s h a s t a la unificación
como si c o m p a r t i e r a n un común p u n t o dé p a r t i d a y u n a conclu- de Alemania— y de la e s t r u c t u r a de los estados capitalistas con-
sión c o m ú n enlazados por un simple t r a m o de tiempo. En este t e m p o r á n e o s que finalmente, tras u n largo proceso de evolución
estudio no hay tal medio temporal u n i f o r m e , p r e c i s a m e n t e por- ulterior, emergieron de ellas. Algunas de las implicaciones teó-
que los tiempos de los principales absolutismos de E u r o p a ricas y políticas de los a r g u m e n t o s adelantados en el p r e s e n t e
—oriental y occidental— f u e r o n e n o r m e m e n t e diversos, y esa volumen a p a r e c e r á n con toda claridad en esos estudios.
misma diversidad es constitutiva de sus respectivas naturalezas Quizá sea precisa u n a última p a l a b r a sobre la elección del
como sistemas de Estado. El absolutismo español s u f r i ó su Estado c o m o t e m a central de reflexión. En la actualidad, c u a n d o
p r i m e r a gran d e r r o t a a finales del siglo xvi en los Países Ba- la «historia desde abajo» se h a convertido en u n a consigna
jos; el absolutismo inglés fue d e r r i b a d o a mediados del si- t a n t o en los círculos marxistas c o m o en los no marxistas, y h a
glo x v n ; el absolutismo f r a n c é s d u r ó hasta el final del si- p r o d u c i d o considerables avances en n u e s t r a c o m p r e n s i ó n del
glo x v i n ; el absolutismo prusiano sobrevivió hasta finales del pasado, es necesario recordar, sin embargo, u n o de los axiomas
siglo xix; el absolutismo ruso sólo f u e d e r r o c a d o en el siglo xx. básicos del materialismo histórico: la lucha secular e n t r e las
Las amplias diferencias en la cronología de estas grandes estruc- clases se resuelve en ú l t i m o t é r m i n o en el nivel político de la
t u r a s correspondieron inevitablemente a u n a p r o f u n d a diversi- sociedad, y n o en el económico o cultural. En o t r a s palabras,
dad en su composición y evolución. Y como el o b j e t o específico m i e n t r a s las clases subsistan, la construcción y destrucción de
de este estudio es todo el espectro del absolutismo europeo, los estados es lo que cierra los cambios básicos en las relacio-
ninguna temporalidad singular p u e d e cubrirlo. La historia del nes de producción. Una «historia desde arriba» —una historia
absolutismo tiene m u c h o s y yuxtapuestos comienzos, y finales de la i n t r i n c a d a m a q u i n a r i a de la dominación de clase— es, p o r
escalonados y dispares. Su unidad f u n d a m e n t a l es real y pro- tanto, n o m e n o s esencial que u n a «historia desde abajo». En
f u n d a , pero no es la de un continuo lineal. La duración com ¡ efecto, sin aquélla ésta acabaría teniendo u n a sola cara, a u n q u e
pleja del absolutismo europeo, con sus múltiples r u p t u r a s y f u e r a la cara m e j o r . Marx escribió en su m a d u r e z : «La libertad
desplazamientos de u n a región a otra, condiciona la presenta- consiste en convertir al E s t a d o de ó r g a n o que está p o r encima
ción del material histórico de este estudio. Por tanto, aquí se de la sociedad en u n ó r g a n o c o m p l e t a m e n t e s u b o r d i n a d o a ella,
omite el ciclo completo de los procesos y sucesos que aseguraron y las f o r m a s de E s t a d o siguen siendo hoy más o menos libres
el t r i u n f o del m o d o de producción capitalista en E u r o p a t r a s en la medida en que limitan la "libertad" del Estado.» Cien
los comienzos de la época m o d e r n a . Cronológicamente, las pri- años después, la abolición del E s t a d o continúa siendo u n o de
m e r a s revoluciones burguesas acaecieron m u c h o antes de las los objetivos del socialismo revolucionario. Pero el s u p r e m o
últimas m e t a m o r f o s i s del absolutismo; sin embargo, para los significado que se concede a su desaparición final testimonia
propósitos de este libro, son categorialmente posteriores, y se todo el peso de su previa presencia en la historia. El absolutis-
considerarán en un estudio subsiguiente. Así pues, aquí n o se mo, p r i m e r sistema estatal internacional en el m u n d o m o d e r n o ,
discuten ni exploran fenómenos f u n d a m e n t a l e s como la acumu- todavía n o ha agotado en m o d o alguno sus secretos o sus lec-
lación originaria de capital, el comienzo de la r e f o r m a religiosa, ciones p a r a nosotros. El o b j e t o de este t r a b a j o es c o n t r i b u i r a
la f o r m a c i ó n de las naciones, la expansión del imperialismo ul- u n a discusión de algunos de ellos. Sus errores, equivocaciones,
t r a m a r i n o o el advenimiento de la industrialización, a u n q u e carencias, solecismos e ilusiones p u e d e n d e j a r s e con toda tran-
todos ellos se incluyen en el á m b i t o f o r m a l de los «períodos» quilidad a la crítica de u n debate colectivo.
PRIMERA PARTE

EUROPA OCCIDENTAL
1. EL ESTADO ABSOLUTISTA EN OCCIDENTE

La larga crisis de la economía y la sociedad europeas d u r a n t e


los siglos xiv y xv puso de manifiesto las dificultades y los lími-
tes del m o d o de producción feudal en el p o s t r e r p e r í o d o me-
d i e v a l ¿ C u á l f u e el resultado político final de las convulsiones
continentales de esta época? En el t r a n s c u r s o del siglo xvi
apareció en Occidente el E s t a d o absolutista. Las m o n a r q u í a s
centralizadas de Francia, Inglaterra y E s p a ñ a r e p r e s e n t a r o n u n a
r u p t u r a decisiva con la soberanía piramidal y f r a g m e n t a d a de
las formaciones sociales medievales, con sus sistemas de feudos
y estamentos. La controversia acerca de la naturaleza histórica
de estas m o n a r q u í a s persiste desde que Engels, en u n a f r a s e
célebre, d e t e r m i n ó que eran el p r o d u c t o de u n equilibrio de clase
entre la vieja nobleza feudal y la nueva burguesía u r b a n a :
«Sin embargo, p o r excepción, hay períodos en que las clases
en lucha están tan equilibradas (Gleichgewicht halten), que el
p o d e r del Estado, c o m o m e d i a d o r aparente, adquiere cierta
independencia m o m e n t á n e a respecto a u n a y otra. En este caso
se halla la m o n a r q u í a absoluta de los siglos x v n y XVIII, q u e
m a n t e n í a a nivel la balanza (gegeneinander balanciert) e n t r e
la nobleza y el e s t a d o llano» 2 . Las múltiples reservas de este
> p a s a j e indican cierta inseguridad conceptual p o r p a r t e de En-
gels. Pero u n detenido examen de las sucesivas formulaciones
t a n t o de Marx como de Engels revela que u n a concepción simi-
lar del absolutismo fue, de hecho, u n rasgo relativamente per-
m a n e n t e en sus obras. Engels repitió la m i s m a tesis básica de
f o r m a m á s categórica en o t r o lugar, s u b r a y a n d o que «la con-
dición f u n d a m e n t a l de la antigua m o n a r q u í a absoluta» era «el
equilibrio (Gleichgewicht) e n t r e la nobleza t e r r a t e n i e n t e y la

' Véase su análisis en Passages from Antiquity to feudalism, Londres,


1974, que precede a este estudio. [Transiciones de la Antigüedad al feuda-
lismo, Madrid, Siglo XXI, 1979.]
' The origin of the family, prívate property and the State, en K. Marx
y F. Engels, Selected Works, Londres, 1968, p. 588 [ E l origen de la fami-
lia, la propiedad privada y el Estado, en K. Marx y F. Engels, Obras
escogidas, Madrid, Akal, 1975, II, p. 339); K. Marx y F. Engels, Werke,
volumen 21, p. 167.
Europa occidental
10 El Estado absolutista en Occidente 11
3
burguesía» . Evidentemente, la clasificación del absolutismo h a n debatido el p r o b l e m a de la naturaleza social del absolutismo
como m e c a n i s m o de equilibrio político e n t r e la nobleza y la h a s t a n u e s t r o s días. Evidentemente, u n a solución correcta de
burguesía se desliza a m e n u d o hacia su designación implícita este p r o b l e m a es vital p a r a n u e s t r a comprensión de la transi-
o explícita en lo f u n d a m e n t a l como u n tipo de E s t a d o burgués ción del feudalismo al capitalismo, y de los sistemas políticos
en cuanto tal. Este deslizamiento es evidente, sobre todo, en el que la caracterizaron. Las m o n a r q u í a s absolutas i n t r o d u j e r o n
propio Manifiesto comunista, en el que la función política de unos ejércitos y u n a burocracia p e r m a n e n t e s , u n sistema nacio-
la burguesía « d u r a n t e el período de la m a n u f a c t u r a » se carac- nal de impuestos, u n derecho codificado y los comienzos de u n
teriza sin ninguna solución de continuidad c o m o «contrapeso m e r c a d o unificado. Todas estas características parecen ser emi-
(Gegengewicht) de la nobleza en las m o n a r q u í a s feudales o ab- n e n t e m e n t e capitalistas, y como coinciden con la desaparición
solutas y, en general, piedra angular (Hauptgrundlage) de las de la servidumbre, institución nuclear del primitivo m o d o d e
grandes m o n a r q u í a s » 4 . La equívoca transición desde «contra- producción feudal en Europa, las descripciones hechas p o r Marx
peso» a «piedra angular» aparece también en otros textos. Engels y Engels del a b s o l u t i s m o c o m o u n sistema estatal q u e repre-
p u d o referirse a la época del absolutismo como la era en que senta un equilibrio e n t r e la burguesía y la nobleza, o incluso
«la nobleza feudal f u e obligada a c o m p r e n d e r que el período u n dominio abierto del m i s m o capital, h a n p a r e c i d o con m u c h a
de su dominación social y política había llegado a su fin» 5 . frecuencia plausibles. Sin embargo, u n estudio m á s detenido
Marx, p o r su parte, a f i r m ó r e p e t i d a m e n t e que las e s t r u c t u r a s de las e s t r u c t u r a s del E s t a d o absolutista en Occidente niega
administrativas del nuevo E s t a d o absoluto eran un i n s t r u m e n t o inevitablemente la validez de tales juicios. El fin de la servi-
específicamente burgués. «Bajo la m o n a r q u í a absoluta», escri- d u m b r e n o significó p o r sí m i s m o la desaparición de las rela-
bió, «la burocracia n o era m á s que el medio p a r a p r e p a r a r la ciones feudales en el campo. La identificación de a m b o s fenó-
dominación de clase de la burguesía». Y en o t r o lugar a f i r m ó menos es u n e r r o r común, p e r o es evidente q u e la coerción pri-
q u e «el p o d e r estatal centralizado, con sus órganos omnipoten- vada extraeconómica, la dependencia personal y la combinación
tes: el ejército p e r m a n e n t e , la policía, la burocracia, el clero del p r o d u c t o r i n m e d i a t o con los i n s t r u m e n t o s de producción, n o
y la m a g i s t r a t u r a —órganos creados con arreglo a u n plan de desaparecieron necesariamente c u a n d o el excedente r u r a l d e j ó
división sistemática y j e r á r q u i c a del t r a b a j o — procede de los de ser extraído en f o r m a de t r a b a j o o de entregas en especie
tiempos de la m o n a r q u í a absoluta y sirvió a la naciente socie- p a r a convertirse en r e n t a en dinero: m i e n t r a s la p r o p i e d a d
dad burguesa como u n a r m a poderosa en sus luchas c o n t r a el agraria aristocrática c e r r ó el p a s o a u n m e r c a d o libre de tierras
feudalismo» 6 . y a la movilidad real de la m a n o de o b r a —en o t r a s palabras,
Todas estas reflexiones sobre el a b s o l u t i s m o eran m á s o m i e n t r a s el t r a b a j o n o se separó de las condiciones sociales
menos f o r t u i t a s y alusivas: ninguno de los f u n d a d o r e s del ma- de su existencia p a r a t r a n s f o r m a r s e en «fuerza de trabajo»—,
terialismo histórico hizo j a m á s u n a teorización directa de las las relaciones de producción rurales continuaron siendo feuda-
nuevas m o n a r q u í a s centralizadas que surgieron en la E u r o p a les. En El capital, el m i s m o Marx clarificó este p r o b l e m a en su
del Renacimiento. Su exacto significado se d e j ó al juicio de las correcto análisis teórico de la r e n t a del suelo: «La t r a n s f o r m a -
generaciones siguientes, y, de hecho, los historiadores marxistas ción de la r e n t a en t r a b a j o en la r e n t a en p r o d u c t o s n o altera
en absoluto, económicamente hablando, la esencia de la r e n t a
5
Zur Wohnungsfrage, en Werke, vol. 18, p. 258. [Contribución al pro-
de la tierra [ . . . ] E n t e n d e m o s aquí p o r r e n t a en d i n e r o [•••]
blema de la vivienda, en Obras escogidas, I, p. 636.] la r e n t a e m a n a d a de u n a m e r a t r a s m u t a c i ó n f o r m a l de la r e n t a
4
K. Marx y F. Engels, Selected Works, p. 37 [Obras escogidas, I, p. 24]; en productos, del m i s m o m o d o que esta m i s m a era sólo la r e n t a
Werke, vol. 4, p. 464. en t r a b a j o t r a n s f o r m a d a [ . . . ] La b a s e de esta clase de renta,
5
Vber den Verfall des Feudalismus und das Aufkommen der Bourgeoi- a p e s a r de acercarse a su disolución, sigue siendo la m i s m a q u e
sie, en Werke, vol. 21, p. 398. En la frase aqui citada, la dominación «polí-
tica» es expresamente staatliche. en la r e n t a en p r o d u c t o s que constituye el p u n t o de partida.
6
La primera formulación procede de The Eighteenth Brumaire of Louis El p r o d u c t o r directo sigue siendo, como antes, poseedor here-
Bonaparte, en Selected Works, p. 171 [El dieciocho Brumario de Luis ditario o, de alguna otra manera, tradicional del suelo, y quien
Bonaparte, en Obras escogidas, I, p. 340]; la segunda es de The civil war
in France, en Selected Works, p. 289 [La guerra civil en Francia, en Obras
debe tributarle al terrateniente, en c u a n t o p r o p i e t a r i o de la tie-
escogidas, vol. 1, p. 539], rra, de su condición de t r a b a j o más esencial, u n t r a b a j o for-
Europa occidental El Estado absolutista en Occidente
12
zado excedentario, es decir, t r a b a j o impago, efectuado sin equi- de dominación de la b u r g u e s í a » L a nueva f o r m a del p o d e r
valente, en la f o r m a de p l u s p r o d u c t o t r a n s f o r m a d o en dine- nobiliario estuvo determinada, a su vez, p o r el desarrollo de la
ro» 7 . Los señores q u e continuaron siendo propietarios de los producción e i n t e r c a m b i o de mercancías en las formaciones so-
medios de producción f u n d a m e n t a l e s en cualquier sociedad ciales de transición de la p r i m e r a época m o d e r n a . Althusser h a
preindustrial f u e r o n , desde luego, los nobles terratenientes. Du- especificado c o r r e c t a m e n t e su c a r á c t e r en este sentido: «El ré-
r a n t e toda la t e m p r a n a edad m o d e r n a , la clase económica y gimen político de la m o n a r q u í a absoluta es tan sólo la nueva
políticamente d o m i n a n t e fue, pues, la misma que en la era me- f o r m a política necesaria p a r a el m a n t e n i m i e n t o del dominio y
dieval: la aristocracia feudal. E s t a nobleza s u f r i ó u n a p r o f u n d a explotación feudal en u n período de desarrollo de u n a econo-
m e t a m o r f o s i s d u r a n t e los siglos siguientes al fin de la E d a d mía de m e r c a d o » 9 . Pero las dimensiones de la t r a n s f o r m a c i ó n
Media, p e r o desde el comienzo h a s t a el final de la historia del histórica que e n t r a ñ a el advenimiento del a b s o l u t i s m o n o deben
absolutismo n u n c a f u e desalojada de su dominio del p o d e r ser minimizadas de ninguna m a n e r a . Por el contrario, es fun-
político. damental c o m p r e n d e r toda la lógica y la i m p o r t a n c i a del cam-
bio decisivo en la e s t r u c t u r a del E s t a d o aristocrático y de la
Los cambios en las formas de explotación feudal que acaecie-
propiedad feudal que p r o d u j o el nuevo f e n ó m e n o del abso-
ron al final de la época medieval n o f u e r o n en absoluto insig-
lutismo.
nificantes; p o r el contrario, son precisamente esos cambios los
q u e modifican las f o r m a s del Estado. El absolutismo f u e esen- El feudalismo c o m o m o d o de producción se definía origina-
cialmente eso: un aparato reorganizado y potenciado de domi- riamente p o r u n a unidad orgánica de economía y política, para-
dójicamente distribuida en u n a cadena de soberanías fragmen-
nación feudal, destinado a m a n t e n e r a las m a s a s campesinas en
tadas a lo largo de toda la f o r m a c i ó n social. La institución de
su posición social tradicional, a p e s a r y en c o n t r a de las m e j o r a s
la s e r v i d u m b r e c o m o m e c a n i s m o de extracción del excedente
que habían c o n q u i s t a d o p o r medio de la amplia conmutación
fundía, en el nivel molecular de la aldea, la explotación eco-
de las cargas. Dicho de otra f o r m a , el E s t a d o absolutista n u n c a
nómica y la coerción político-legal. El señor, a su vez, tenía q u e
f u e u n á r b i t r o e n t r e la aristocracia y la burguesía ni, m u c h o
p r e s t a r h o m e n a j e principal y servicios de caballería a u n señor
menos, u n i n s t r u m e n t o de la naciente burguesía c o n t r a la aris- s u p r e m o que reclamaba el dominio ú l t i m o de la tierra. Con la
tocracia: f u e el nuevo caparazón político de u n a nobleza ame- conmutación generalizada de las cargas p o r u n a r e n t a en dinero,
nazada. Hace veinte años, Hill r e s u m í a así el consenso de u n a
generación de historiadores marxistas, ingleses y rusos: «La ' Christopher Hill, «Coment», Science and Society, xvn, 4, otoño de
m o n a r q u í a absoluta f u e u n a f o r m a diferente de m o n a r q u í a feu- 1953, p. 351 [La transición del feudalismo al capitalismo, cit.]. Los tér-
dal, distinta de la m o n a r q u í a de e s t a m e n t o s feudales que la minos de esta afirmación deben tratarse con mucho cuidado. El carácter
precedió, p e r o la clase d o m i n a n t e continuó siendo la misma, general y caracterizador de una época del absolutismo hace inadecuada
cualquier comparación formal entre él y los regímenes locales y excep-
exactamente igual que u n a república, u n a m o n a r q u í a constitu- cionales del fascismo.
cional y u n a dictadura fascista p u e d e n ser todas ellas f o r m a s ' Louis Althusser, Montesquieu, la politique et l'histoire, París, 1969,
página 117 [Montesquieu, la política y la historia, Madrid, Ciencia Nueva,
1968, p. 97]. Aquí se selecciona esta formulación por ser reciente y repre-
' El capital, Madrid, Siglo XXI, 1975-1979, libro n i , vol. 8, pp. 110, 113, sentativa. La creencia en el carácter capitalista o cuasi capitalista del
114. La exposición que hace Dobb de este problema fundamental, en su absolutismo puede encontrarse todavía, sin embargo, de forma ocasional.
réplica a Sweezy, en el famoso debate de los años cincuenta sobre la Poulantzas comete la imprudencia de clasificarlo así en su, por otra
transición del feudalismo al capitalismo, es lúcida e incisiva: Science and parte, importante obra Pouvoir politique et classes sociales, París, 1968,
Society, xiv, 2, primavera de 1950, pp. 157-67, especialmente 163-4 [el con- páginas 169-80 [Poder político y clases sociales en el Estado capitalista,
junto del debate, con algunas aportaciones más actuales, se recoge en Madrid, Siglo XXI, 1972, pp. 202-211], aunque sus términos son vagos y
Rodney Aitton, comp., The transition from feudalism to capitalism, Lon- ambiguos. El reciente debate sobre el absolutismo ruso en las revistas
dres, NLB, 1976; trad. cast.: La transición del capitalismo al feudalismo, históricas soviéticas revela algunos ejemplos aislados similares, aunque
Barcelona, Critica, 1977]. La importancia teórica del problema es evidente. cronológicamente más matizados; véase, por ejemplo, A. Ya. Avrej, «Russ-
En el caso de un país como Suecia, por ejemplo, los habituales estudios kii absoliutizm i evo rol' v utverzhdenie kapitalizma v Rossii», Istoriya
históricos todavía afirman que «no hubo feudalismo», a causa de la ausen- SSSR, febrero de 1968, pp. 83-104, que considera al absolutismo como «el
cia de una servidumbre propiamente dicha. Por supuesto, las relaciones prototipo del Estado burgués» (p. 92). Los puntos de vista de Avrej fueron
feudales predominaron en el campo sueco, de hecho, durante toda la criticados con dureza en el debate posterior, y no expresan la tendencia
última era medieval. general de la discusión.
El Estado absolutista en Occidente 15
14 Europa occidental
tórico. El efecto final de esta redistribución del p o d e r social
la unidad celular de la opresión política y económica del cam- de la nobleza f u e r o n la m a q u i n a r i a de E s t a d o y el o r d e n jurídico
p e s i n a d o se vio gravemente debilitada y en peligro de disolu- absolutistas, cuya coordinación h a b r í a de a u m e n t a r la eficacia
ción (el final de este camino sería el « t r a b a j o libre» y el «con- del dominio aristocrático al reducir a u n c a m p e s i n a d o n o ser-
t r a t o salarial»). El p o d e r de clase de los señores feudales quedó, vil a nuevas f o r m a s de dependencia y explotación. Los estados
pues, d i r e c t a m e n t e amenazado p o r la desaparición gradual de monárquicos del Renacimiento f u e r o n , ante t o d o y sobre todo,
la servidumbre. El resultado f u e u n desplazamiento de la coer- i n s t r u m e n t o s modernizados p a r a el m a n t e n i m i e n t o del dominio
ción política en u n sentido ascendente hacia u n a cima centra- nobiliario sobre las m a s a s rurales.
lizada y militarizada: el E s t a d o absolutista. La coerción, diluida Al m i s m o tiempo, sin embargo, la aristocracia tenía que
en el plano de la aldea, se concentró en el plano «nacional». El a d a p t a r s e a u n nuevo antagonista: la burguesía mercantil que
resultado de este proceso f u e u n a p a r a t o r e f o r z a d o de p o d e r se había desarrollado en las ciudades medievales. Ya se ha visto
real, cuya función política p e r m a n e n t e era la represión de las que f u e precisamente la intromisión de esta tercera presencia
masas campesinas y plebeyas en la base de la j e r a r q u í a social. lo que impidió que la nobleza occidental a j u s t a r a cuentas con
Esta nueva m a q u i n a r i a de Estado, sin embargo, estaba inves- el campesinado al m o d o oriental, esto es, aniquilando su resis-
tida p o r su propia naturaleza de u n a fuerza coactiva capaz de tencia y encadenándolo al señorío. La ciudad medieval p u d o
d e s t r u i r o disciplinar a individuos y grupos dentro de la m i s m a desarrollarse gracias a la dispersión j e r á r q u i c a de la soberanía
nobleza. Como veremos, la llegada del absolutismo n u n c a fue, en el m o d o de producción feudal, que había liberado a las eco-
p a r a la propia clase dominante, u n suave proceso de evolución, nomías u r b a n a s de la dominación directa de u n a clase domi-
sino que estuvo m a r c a d a p o r r u p t u r a s y conflictos extremada- n a n t e rural 1 0 . E n este sentido, c o m o ya hemos visto, las ciu-
m e n t e duros en el seno de la aristocracia feudal, a cuyos inte- dades n u n c a f u e r o n exógenas al f e u d a l i s m o de Occidente. De
reses colectivos en ú l t i m o t é r m i n o servía. Al m i s m o tiempo, el
c o m p l e m e n t o objetivo de la concentración política del p o d e r en 10
El famoso debate entre Sweezy y Dobb, con las contribuciones de
la cúspide del o r d e n social, en u n a m o n a r q u í a centralizada, f u e Takahashi, Hilton y Hill, en Science and Society, 1950-53 [La transición
la consolidación, p o r d e b a j o de ésta, de las unidades de pro- del feudalismo al capitalismo, cit.], es hasta ahora el único tratamiento
piedad feudal. Con el desarrollo de las relaciones mercantiles, marxista sistemático de los problemas fundamentales de la transición del
la disolución de los lazos primarios e n t r e la explotación eco- feudalismo al capitalismo. En un importante aspecto, sin embargo, este
debate gira en torno a un problema falso. Sweezy argumentó (siguiendo
nómica y la coerción político-legal c o n d u j o n o sólo a u n a cre- a Pirenne) que el «primer motor» de la transición fue un agente «externo»
ciente proyección de esta última sobre la cúspide m o n á r q u i c a de disolución, esto es, los enclaves urbanos que destruyeron la economía
del sistema social, sino también a u n fortalecimiento compen- agraria feudal por la expansión del intercambio mercantil en las ciuda-
satorio de los títulos de propiedad que garantizaban aquella des. Dobb replicó que el impulso hacia la transición debe situarse dentro de
las contradicciones de la propia economía agraria, generadoras de una
explotación. E n o t r a s palabras: con la reorganización del sis- diferenciación social del campesinado y de la expansión del pequeño pro-
t e m a político feudal en su totalidad, y la disolución del sistema ductor. En un ensayo posterior sobre el mismo tema, Vilar formuló ex-
original de feudos, la propiedad de la tierra tendió a hacerse plícitamente el problema de la transición como un problema de determi-
progresivamente menos «condicional», al t i e m p o que la sobe- nación de la correcta combinación de cambios agrarios «endógenos» y
comerciales-urbanos «exógenos», a la vez que insistía por su parte en la
ranía se hacía correlativamente m á s «absoluta». El debilita- importancia de la economía mercantil atlántica del siglo xvi: «Problems
m i e n t o de las concepciones medievales de vasallaje se desarrolló in the formation of capitalism», Past and Present, 10, noviembre de 1956,
en a m b a s direcciones: m i e n t r a s confería a la m o n a r q u í a unos páginas 33-34. [«El problema de la formación del capitalismo», en Creci-
poderes nuevos y extraordinarios, emancipó las propiedades de miento y desarrollo, Barcelona, Ariel, 1974.] En un importante y reciente
estudio, «Town and country in the transition to capitalism» [New Left
la nobleza de sus tradicionales limitaciones. En la nueva época, Review, 93, septiembre-octubre de 1975; incluido también en La transición
la propiedad agraria a d o p t ó silenciosamente u n a f o r m a alodial del feudalismo al capitalismo, cit.], John Merrington ha resuelto esta anti-
(para u s a r u n t é r m i n o que habría de volverse anacrónico en nomia demostrando la verdad básica de que el feudalismo europeo —lejos
de constituir una economía exclusivamente agraria— es el primer modo
u n clima jurídico t r a n s f o r m a d o ) . Los m i e m b r o s individuales de de producción de la historia que concede un lugar estructural autónomo
la clase aristocrática, que perdieron progresivamente los dere- a la producción y al comercio urbanos. En este sentido, el crecimiento
chos políticos de representación en la nueva era, registraron de las ciudades en el feudalismo de Europa occidental es una evolución
avances en la propiedad, como reverso del m i s m o proceso his- tan «interna» como la disolución del señorío.
El Estado absolutista en Occidente
17
16 Europa occidental

hecho, la condición f u n d a m e n t a l de su existencia f u e la «desto- técnicos decisivos, q u e echaron los f u n d a m e n t o s del Renaci-
talización» única de la soberanía en el m a r c o del p o d e r político- m i e n t o europeo, se c o n c e n t r a r o n en la segunda m i t a d del si-
glo xv, y f u e entonces, hacia 1470, c u a n d o al fin cedió en Francia
económico del feudalismo. De ahí la resistencia de las ciudades e I n g l a t e r r a la secular depresión agrícola.
d e Occidente a lo largo de la p e o r crisis del siglo xiv, q u e
• r r u i n ó t e m p o r a l m e n t e a t a n t a s familias patricias de las u r b e s E s t a f u e p r e c i s a m e n t e la época en que acaeció, en u n país
mediterráneas. Los Bardi y Peruzzi se h u n d i e r o n en Florencia, t r a s otro, u n r e p e n t i n o y simultáneo resurgimiento de la auto-
m i e n t r a s Siena y Barcelona decaían; p e r o Augsburgo, Génová ridad y la u n i d a d políticas. Desde lo m á s h o n d o del t r e m e n d o
y Valencia iniciaban precisamente su ascenso. D u r a n t e la depre- caos feudal y de las convulsiones de las guerras de las Rosas,
sión feudal se desarrollaron i m p o r t a n t e s industrias u r b a n a s , ta- de la guerra de los Cien Años y de la segunda guerra civil de
les como del hierro, el papel y los textiles. Considerada a dis- Castilla, las p r i m e r a s m o n a r q u í a s «nuevas» se irguieron, prác-
tancia, esta vitalidad económica y social actuó como u n a inter- ticamente al m i s m o tiempo, d u r a n t e los reinados de Luis XI
ferencia objetiva y constante en la lucha de clases p o r la tierra, en Francia, F e r n a n d o e Isabel en España, E n r i q u e VII en In-
y bloqueó cualquier solución regresiva que p u d i e r a n darle los glaterra y Maximiliano en Austria. Así, c u a n d o los estados
nobles. Es significativo, en efecto, q u e los años t r a n s c u r r i d o s absolutistas q u e d a r o n constituidos en Occidente, su e s t r u c t u r a
e n t r e 1450 y 1500, que presenciaron los p r i m e r o s pasos de las estaba d e t e r m i n a d a f u n d a m e n t a l m e n t e p o r el r e a g r u p a m i e n t o
m o n a r q u í a s absolutas unificadas de Occidente, f u e r a n t a m b i é n feudal c o n t r a el campesinado, t r a s la disolución de la servidum-
los años en q u e se superó la crisis larga de la economía feudal bre; p e r o estaba sobredeterminada s e c u n d a r i a m e n t e p o r el auge
gracias a u n a nueva combinación de los factores de producción, de u n a burguesía u r b a n a que, t r a s u n a serie de avances técni-
e n t r e los que, p o r vez p r i m e r a , j u g a r o n u n papel principal los cos y comerciales, estaba d e s a r r o l l a n d o ya las m a n u f a c t u r a s
•vanees tecnológicos específicamente urbanos. El c o n j u n t o de preindustriales en un volumen considerable. Este i m p a c t o se-
inventos q u e coincide con el gozne situado e n t r e las épocas c u n d a r i o de la burguesía u r b a n a sobre las f o r m a s del E s t a d o
«medieval» y «moderna» es d e m a s i a d o bien conocido p a r a vol- absolutista f u e lo que Marx y Engels i n t e n t a r o n c a p t a r con los
ver a discutirlo aquí. El descubrimiento del proceso seiger p a r a erróneos conceptos de «contrapeso» y «piedra angular». De he-
• e p a r a r la plata del mineral de cobre r e a b r i ó las m i n a s de cho, Engels expresó la v e r d a d e r a relación de fuerzas con bas-
E u r o p a central y provocó u n nuevo f l u j o de metales en la eco- t a n t e exactitud en m á s de u n a ocasión: al h a b l a r de los nuevos
nomía internacional; la producción m o n e t a r i a de E u r o p a cen- descubrimientos m a r í t i m o s y de las industrias m a n u f a c t u r e r a s
tral se quintuplicó e n t r e 1460 y 1530. El desarrollo de los caño- del Renacimiento, Engels escribió que «a esta gran transfor-
nes de bronce convirtió a la pólvora, p o r vez p r i m e r a , en el mación de las condiciones económicas vitales de la sociedad n o
a r m a de guerra decisiva, y r e d u j o a p u r o a n a c r o n i s m o las de- siguió e m p e r o en el acto u n c a m b i o correspondiente de su
fensas de los castillos señoriales. El invento de los tipos móviles articulación política. El orden estatal siguió siendo feudal
p r o d u j o la llegada de la i m p r e n t a . La construcción de galeones m i e n t r a s la sociedad se hacía cada vez m á s burguesa» 1 2 . La
de tres mástiles y con timón a p o p a hizo los océanos navega-
bles p a r a las conquistas u l t r a m a r i n a s 1 1 . Todos estos inventos
que serán, en una época posterior, los grandes temas filosóficos de la
Ilustración. . . w _ .
12
" Sobre cañones y galeones, véase Cario Cipolla, Guns and sails in Anti-Dühring, Moscú, 1947, p. 126 [Anti-Duhring, en Max y Engels,
the early phase of European expansión, 1400-1700, Londres, 1965 [Cañones Obras, vol. 35, Barcelona, Crítica, 1977, p. 108]; véanse también las pá-
A " , \ ¿ V a / ? m e r , a fase de la exP™sión europea, 1400-1700, Barcelona ginas 186-7 [p. 169], donde se mezclan formulaciones correctas e incorrec-
Ariel, 1967]. Sobre la imprenta, las reflexiones recientes más audaces tas Hill cita estas páginas en su «Comentario» para exculpar a Engels
aunque dañadas por la monomanía habitual en los historiadores de la
tecnología son las de Elizabeth L. Eisenstein, «Some conjectures about de los errores del concepto de «equilibrio». En general, es posible encon-
the impact of pnnting of Western society and thought: a preliminary trar textos de Marx y Engels en los que se define el absolutismo de forma
report», Journal of Modern History, marzo-diciembre de 1968 pp 1-56 v más adecuada que en los textos citados anteriormente. (Por ejemplo, en
«The advent of printing and the problem of the Renaissancd», Past and el mismo Manifiesto comunista hay una referencia directa al «absolutismo
Present, 45, noviembre de 1969, pp. 19-89. Los descubrimientos técnicos
más importantes de esta época pueden considerarse, en cierto sentido feudal»: Selected Works, p. 56 [Obras escogidas, I, p. 33]; véase también
como variaciones dentro de un mismo campo, el de las comunicaciones' el artículo de Marx «Die moralisierende Kritik und die kntisierende Mo-
Afectan, respectivamente, al dinero, el lenguaje, los viajes y la guerra' ral» de 1847, en Werke, vol. 4, pp. 347, 352-3.) Difícilmente podría ser de
otra forma, dado que la consecuencia lógica de bautizar a los estados
absolutistas como burgueses o semiburgueses serla negar la naturaleza
16 Europa occidental El Estado absolutista en Occidente 19

amenaza del m a l e s t a r campesino, tácitamente constitutiva del mentaristas», m á s p r e o c u p a d o s p o r la aplicación c o n t e m p o r á n e a


E s t a d o absolutista, se vio así a c o m p a ñ a d a siempre p o r la pre- de las n o r m a s legales r o m a n a s que p o r el análisis académi-
sión del capital mercantil o m a n u f a c t u r e r o d e n t r o del c o n j u n t o co de sus principios teóricos, y que, en el proceso de a d a p t a r el
de las economías occidentales, p a r a m o l d e a r los contornos del derecho r o m a n o a las condiciones d r á s t i c a m e n t e t r a n s f o r m a d a s
p o d e r de la clase aristocrática en la nueva era. La f o r m a pecu- de su tiempo, c o r r o m p i e r o n su prístina f o r m a limpiándolo a la
liar del E s t a d o absolutista en Occidente se deriva de esta doble vez de sus contenidos particularistas B . P a r a d ó j i c a m e n t e , la mis-
determinación. m a infidelidad de sus trasposiciones de la j u r i s p r u d e n c i a latina
Las f u e r z a s duales q u e p r o d u j e r o n las nuevas m o n a r q u í a s «unlversalizó» a ésta al s u p r i m i r las n u m e r o s a s p a r t e s del dere-
de la E u r o p a renacentista e n c o n t r a r o n u n a sola condensación cho civil r o m a n o que e s t a b a n e s t r i c t a m e n t e relacionadas con
jurídica. El resurgimiento del derecho romano, u n o de los gran- las condiciones históricas de la Antigüedad (por ejemplo, su
des movimientos culturales del período, correspondía ambigua- exhaustivo t r a t a m i e n t o de la esclavitud) M. A p a r t i r de su pri-
m e n t e a las necesidades de las dos clases sociales cuyo p o d e r
m e r r e d e s c u b r i m i e n t o en el siglo x n , los conceptos legales ro-
y categoría desiguales dieron f o r m a a las e s t r u c t u r a s del E s t a d o
manos comenzaron a extenderse g r a d u a l m e n t e hacia el exterior
absolutista en Occidente. En sí mismo, el conocimiento renovado
de Italia. A finales de la E d a d Media, ningún país i m p o r t a n t e
de la j u r i s p r u d e n c i a r o m a n a d a t a b a ya de la B a j a E d a d Media.
de E u r o p a occidental e s t a b a al margen de este proceso. Pero
El e n o r m e desarrollo del derecho c o n s u e t u d i n a r i o n u n c a había
la «recepción» decisiva del derecho r o m a n o —su t r i u n f o jurí-
s u p r i m i d o el r e c u e r d o y la práctica del derecho civil r o m a n o
en la península q u e poseía su m á s larga tradición, Italia. Fue dico general— ocurrió en la era del Renacimiento, correlativa-
precisamente en Bolonia donde Irnevio, «antorcha del derecho», m e n t e con la del absolutismo. Las razones económicas de su
había comenzado de nuevo el estudio sistemático de las codi- p r o f u n d o i m p a c t o f u e r o n dobles y r e f l e j a b a n la contradictoria
ficaciones de Justiniano, a comienzos del siglo x n . La escuela de naturaleza del m i s m o legado original r o m a n o .
glosadores p o r él f u n d a d a r e c o n s t r u y ó y clasificó metódicamen- Económicamente, la recuperación e introducción del dere-
te el legado de los j u r i s t a s r o m a n o s p a r a los cien años siguien- cho civil clásico favoreció, f u n d a m e n t a l m e n t e , el desarrollo del
tes. Su o b r a f u e continuada, en los siglos xiv y xv, p o r los «co- capital libre en la ciudad y en el campo, p u e s t o que la gran
nota distintiva del derecho civil r o m a n o había sido su concep-
y la realidad de las propias revoluciones burguesas en Europa occidental ción de u n a propiedad privada absoluta e incondicional. La con-
Pero no hay duda de que, en medio de una confusión recurrente ei cepción clásica de la propiedad quiritaria se había h u n d i d o
sentido principal de sus comentarios iba en la línea del concepto del prácticamente en las oscuras p r o f u n d i d a d e s del p r i m e r feuda-
«contrapeso», con el deslizamiento concomitante hacia el de la «piedra an- lismo. Como se h a dicho antes, el m o d o de producción feudal
gular». No hay ninguna necesidad de ocultar este hecho. El inmenso res-
peto político e intelectual que debemos a Marx y a Engels es incompatible se definía precisamente p o r los principios jurídicos de u n a pro-
con ninguna piedad hacia ellos. Sus errores —a menudo más reveladores piedad «escalonada» o condicional, que servía de c o m p l e m e n t o
que las verdades de otros— no deben eludirse, sino que deben ser iden- a su soberanía f r a g m e n t a d a . Este e s t a t u t o de la p r o p i e d a d se
tificados y superados. Hay que hacer, además, otra advertencia. Durante a d a p t a b a bien a la economía a b r u m a d o r a m e n t e n a t u r a l q u e
largo tiempo ha estado de moda despreciar la contribución relativa de
Engels a la creación del materialismo histórico. Para aquellos que todavía
se inclinan a aceptar esta noción recibida, es necesario decir tranquila u
y escandalosamente: los juicios históricos de Engels son casi siempre Véase H. D. Hazeltine, «Román and canon law in the Middle Ages»,
superiores a los de Marx; poseía un conocimiento más profundo de la The Cambridge Mediaeval History, v, Cambridge, 1968, pp. 737-41. El cla-
historia europea y una percepción más precisa de sus sucesivas y más sicismo renacentista habría de ser muy crítico, consecuentemente con la
notables estructuras. En toda la obra de Engels no hay nada que pueda obra de los comentaristas.
compararse con las ilusiones y prejuicios de los que en ocasiones fue 14
«Pero debido a la aplicación de ese derecho a hechos jurídicos ente-
capaz Marx en el campo de la historia, como en la fantasmagórica Secret ramente diversos, desconocidos por la Antigüedad, se planteó la^tarea de
diplomatic history of the eighteenth century [La diplomacia secreta
Madrid, Taller de Sociología, 1979], (No es necesario insistir en la supre- "construir el hecho jurídicamente, sin contradicción ninguna", y esa
macía de la contribución global de Marx a la teoría general del materia- preocupación pasó casi de modo absoluto al primer plano y, con ella,
lismo histórico.) La estatura de Engels en sus escritos históricos es, pre- apareció la concepción del derecho ahora dominante, como un complejo
cisamente, lo Que hace oportuno llamar la atención sobre sus errores compacto de "normas", lógicamente exento de contradicción y de l a u -
específicos.
nas, que debe ser "aplicado"; y esa concepción resultó ser la única decisiva
para el pensamiento jurídico.» Weber, Economy and socicty, II, p. 855
[Economía y sociedad, México, FCE, 1974, I, p. 6¿5],
16 20
16 Europa occidental
El Estado absolutista en Occidente 13
emergió en la E d a d Oscura, a u n q u e n u n c a f u e c o m p l e t a m e n t e Pero n o había aquí t a m p o c o ningún m a r c o u n i f o r m e de teoría
idónea p a r a el sector u r b a n o q u e se desarrolló en la economía ni p r o c e d i m i e n t o legales. La superioridad del derecho r o m a n o
medieval. El resurgir del d e r e c h o r o m a n o d u r a n t e la E d a d p a r a la práctica mercantil en las ciudades radica, pues, n o sólo
Media condujo, pues, a u n esfuerzo de los j u r i s t a s p o r «solidi- en sus claras nociones de propiedad absoluta, sino t a m b i é n en
ficar» y delimitar los conceptos de propiedad, inspirados p o r sus tradiciones de equidad, sus cánones racionales de p r u e b a
los preceptos clásicos a h o r a disponibles. Uno de estos intentos y su hincapié en u n a j u d i c a t u r a profesional, v e n t a j a s q u e los
f u e el descubrimiento, a finales del siglo x n , de la distinción tribunales consuetudinarios n o r m a l m e n t e n o eran capaces de
e n t r e dominium directum y dominium utile p a r a explicar la p r o p o r c i o n a r 1 7 . La recepción del derecho r o m a n o en la E u r o p a
existencia de u n a j e r a r q u í a de vasallaje y, p o r tanto, de u n a renacentista fue, pues, u n signo de la expansión de las relacio-
multiplicidad de derechos sobre la m i s m a tierra 1 5 . O t r o f u e la nes capitalistas en las ciudades y en el c a m p o : económicamente,
característica noción medieval de «seisin», concepción interme- respondía a los intereses vitales de la burguesía comercial y
dia e n t r e la «propiedad» y la «posesión» latinas, que garantizaba m a n u f a c t u r e r a . En Alemania, país en el que el i m p a c t o del
la protección de la p r o p i e d a d c o n t r a las apropiaciones casuales derecho r o m a n o f u e m á s dramático, p o r q u e sustituyó a b r u p t a -
y las reclamaciones conflictivas, a la vez q u e m a n t e n í a el prin- m e n t e a los tribunales locales, en el p r o p i o h o g a r del derecho
cipio feudal de los múltiples títulos p a r a el m i s m o objeto; el consuetudinario teutónico, d u r a n t e los siglos xv y xvi, el í m p e t u
derecho de «seisin» n u n c a f u e exclusivo ni perpetuo 1 6 . La reapa- inicial p a r a su adopción tuvo lugar en las ciudades del s u r y el
rición plena de la idea de u n a p r o p i e d a d p r i v a d a absoluta de oeste, y provino desde a b a j o a través de la presión de litigantes
la tierra f u e u n p r o d u c t o de la p r i m e r a época m o d e r n a : hasta u r b a n o s p o r u n derecho j u r í d i c o claro y profesional 1 8 . Sin em-
q u e la producción y el i n t e r c a m b i o de mercancías n o alcan- bargo, este derecho f u e a d o p t a d o m u y p r o n t o p o r los príncipes
zaron u n o s niveles s e m e j a n t e s o superiores a los de la Anti- alemanes, y aplicado en sus territorios en u n a escala m u c h o
güedad — t a n t o en la agricultura c o m o en las m a n u f a c t u r a s — , m a y o r y al servicio de fines m u y diversos.
los conceptos jurídicos creados p a r a codificarlos no p u d i e r o n
e n c o n t r a r de nuevo su propia justificación. La m á x i m a de su- Porque, políticamente, el resurgir del derecho r o m a n o corres-
perficies solo cedit —propiedad de la tierra singular e incondi- pondía a las exigencias constitucionales de los E s t a d o s feuda-
cional— volvió a ser p o r segunda vez u n principio operativo les reorganizados de la época. De hecho, n o puede h a b e r ningu-
(aunque todavía n o dominante) en la propiedad agrícola, pre- na d u d a de que, a escala europea, el d e t e r m i n a n t e principal de
cisamente a causa de la expansión de las relaciones mercantiles la adopción de la j u r i s p r u d e n c i a r o m a n a radica en el giro de
en el campo, que h a b r í a n de caracterizar la larga transición del los gobiernos m o n á r q u i c o s hacia el i n c r e m e n t o de los p o d e r e s
feudalismo al capitalismo en Occidente. E n las m i s m a s ciuda-
des, había crecido e s p o n t á n e a m e n t e d u r a n t e la E d a d Media u n " La relación del anterior derecho medieval con el romano en las
ciudades todavía necesita considerable investigación. El relativo avance
derecho comercial relativamente desarrollado. En el seno de la de las normas legales que rigen las operaciones en commenda y el co-
economía u r b a n a , el i n t e r c a m b i o de mercancías había alcanzado mercio marítimo en la Edad Media, no es sorprendente: el mundo ro-
u n considerable d i n a m i s m o en la época medieval y, en algunos mano, como ya hemos visto, carecía de compañías empresariales y abar-
aspectos i m p o r t a n t e s , sus f o r m a s de expresión legal estaban caba a un Mediterráneo unificado. Por tanto, no había ninguna razón
para desarrollar ni las unas ni las otras. Por otra parte, el temprano
m á s avanzadas que sus mismos precedentes r o m a n o s : p o r ejem- estudio del derecho romano en las ciudades italianas sugiere que lo que
plo, en el derecho p r o t o m e r c a n t i l y en el derecho marítimo. en tiempos del Renacimiento aparecía como práctica contractual «me-
dieval» podría haberse inspirado originariamente en preceptos legales
derivados de la Antigüedad. Vinogradoff no tieme ninguna duda de que
15 el derecho contractual romano ejerció una influencia directa en los códi-
Sobre esta discusión, véase J.-P. Lévy, Histoire de la proprieté, gos de negocios de los burgueses urbanos durante la Edad Media: Román
París, 1972, pp. 44-6. Otra consecuencia irónica de los esfuerzos por encon- law in mediaeval Europe, pp. 79-80, 131. En la Edad Media, la propiedad
trar una nueva claridad jurídica, inspirada por las investigaciones me- inmueble urbana, con su «posesión libre», siempre estuvo más cerca de
dievales en los códigos romanos, fue, naturalmente, la aparición de la las normas romanas que la propiedad rural, como es obvio.
definición de los siervos como glebae adscripti.
16 " Wolfgang Kunkell, «The reception of román law in Germany: an
Sobre la recepción del concepto de seisin, véase P. Vinogradoff, interpretation», y Georg Dahm, «On the reception of Román and Italian
Román law in mediaeval Europe, Londres, 1909, pp. 74-7, 86, 95-6; Lévy, law in Germany», en G. Strauss, comp., Pre-Reformation Germany, Lon-
Histoire de la propriété, pp. 50-2. dres, 1972, pp. 271, 274-6, 278, 284-92.
16
16 Europa occidental
El Estado absolutista en Occidente 23
centrales. Hay que r e c o r d a r que el sistema legal r o m a n o com-
p r e n d í a dos sectores distintos y a p a r e n t e m e n t e contrarios: el p r i m e r sistema político de la E u r o p a feudal que utilizó en
derecho civil, q u e regulaba las transacciones económicas e n t r e s r a n escala la j u r i s p r u d e n c i a r o m a n a con la codificación del
los ciudadanos, y el derecho público, que regía las relaciones derecho canónico en los siglos x n y X I I I . La a f i r m a c i ó n de u n a
políticas entre el E s t a d o y sus súbditos. El p r i m e r o era el jus, plenitudo potestatis del p a p a d e n t r o de la Iglesia estableció el
el segundo la lex. El c a r á c t e r j u r í d i c a m e n t e incondicional de la precedente p a r a las pretensiones posteriores de los príncipes
propiedad privada, consagrado p o r el primero, e n c o n t r ó su seculares, realizadas a m e n u d o , precisamente, c o n t r a las des-
equivalente contradictorio en la naturaleza f o r m a l m e n t e abso- orbitadas aspiraciones religiosas. Por o t r a p a r t e , y del m i s m o
luta de la soberanía impe ial ejercida p o r el segundo, al menos m o d o que los abogados canonistas del p a p a d o f u e r o n los que
desde el Dominado en adelante. Los principios teóricos de este construyeron e hicieron f u n c i o n a r sus amplios controles admi-
imperium político f u e r o n los que ejercieron u n a influencia y nistrativos sobre la Iglesia, f u e r o n los b u r ó c r a t a s semiprofesio-
u n a atracción p r o f u n d a s sobre las nuevas m o n a r q u í a s del Rena- nales adiestrados en el derecho r o m a n o quienes p r o p o r c i o n a r o n
cimiento. Si la revitalización de la noción de propiedad quiri- los servidores ejecutivos f u n d a m e n t a l e s de los nuevos estados
taria traducía y, simultáneamente, promovía el crecimiento monárquicos. De f o r m a característica, las m o n a r q u í a s absolu-
general del i n t e r c a m b i o mercantil en las economías de transi- tas de Occidente se a s e n t a r o n en u n cualificado e s t r a t o de
ción de aquella época, el resurgimiento de las prerrogativas legistas que proveían de personal a sus m a q u i n a r i a s administra-
a u t o r i t a r i a s del Dominado expresaba y consolidaba la concen- tivas: los letrados en España, los maltres des requétes en
tración del p o d e r de la clase aristocrática en u n a p a r a t o de Es- Francia, los doctores en Alemania. I m b u i d o s en las doctrinas
t a d o centralizado que era la reacción noble f r e n t e a aquél. El r o m a n a s de la a u t o r i d a d del príncipe p a r a d e c r e t a r y en las con-
doble m o v i m i e n t o social inserto en las e s t r u c t u r a s del absolu- cepciones r o m a n a s de las n o r m a s legales unitarias, estos buró-
tismo occidental e n c o n t r ó así su concordancia jurídica en la cratas-juristas f u e r o n los celosos defensores del centralismo
reintroducción del derecho r o m a n o . La f a m o s a máxima de Ul-
real en el crítico p r i m e r siglo de la construcción del E s t a d o
piano quod principi placuit legis habet vicem, «la voluntad
absolutista.
del príncipe tiene fuerza de ley»— se convirtió en u n ideal cons-
La i m p r o n t a de este c u e r p o internacional de legistas, más q u e
titucional en las m o n a r q u í a s renacentistas de todo el Occiden-
cualquier o t r a fuerza, f u e la q u e romanizó los sistemas jurídicos
te La idea c o m p l e m e n t a r i a de que los reyes y príncipes
de E u r o p a occidental d u r a n t e el Renacimiento. Pues la trans-
e s t a b a n ab legibus solutus, o libres de las obligaciones legales
anteriores, p r o p o r c i o n ó las bases jurídicas p a r a a n u l a r los pri- formación del derecho r e f l e j a b a inevitablemente la distribución
vilegios medievales, ignorar los derechos tradicionales y some- del p o d e r e n t r e las clases poseedoras de la época: el absolutis-
t e r las libertades privadas. mo, en cuanto a p a r a t o de E s t a d o reorganizado de la dominación
nobiliaria, f u e el a r q u i t e c t o central de la recepción del derecho
En o t r a s palabras, el auge de la p r o p i e d a d privada desde r o m a n o en E u r o p a . Incluso allí donde las ciudades a u t ó n o m a s
abajo, se vio equilibrado p o r el a u m e n t o de la a u t o r i d a d pública iniciaron el movimiento, como en Alemania, f u e r o n los prínci-
desde arriba, e n c a r n a d a en el p o d e r discrecional del m o n a r c a . pes quienes se a p o d e r a r o n de él y lo domesticaron; y allí d o n d e
Los estados absolutistas de Occidente apoyaron sus nuevos fi- el p o d e r real f u e incapaz de i m p o n e r el derecho civil, como en
nes en precedentes clásicos: el derecho r o m a n o era el a r m a Inglaterra, éste n o p u d o e c h a r raíces en el m e d i o u r b a n o E n
intelectual más poderosa que tenían a su disposición p a r a sus
característicos p r o g r a m a s de integración territorial y centralis- 20
El derecho romano nunca fue adoptado en Inglaterra, a causa, espe-
m o administrativo. De hecho, n o f u e accidental que la única cialmente, de la temprana centralización del Estado anglonormando, cuya
m o n a r q u í a medieval que lograse u n a completa emancipación de unidad administrativa hizo a la monarquía inglesa relativamente indife-
las a t a d u r a s representativas o corporativas fuese el papado, rente a las ventajas del derecho civil durante su difusión medieval;
véanse los pertinentes comentarios de N. Cantor, Mediaeval history, Lon-
dres 1963, pp. 345-9. A comienzos de la época moderna, las dinastías
Tudór y Éstuardo introdujeron nuevas instituciones jurídicas de derecho
" Un ideal, pero en modo alguno el único: como veremos, la com- civil (Cámara estrellada, Almirantazgo, Cancillería), pero en último ter-
pleja práctica del absolutismo estuvo muy lejos de corresponder a la mino fueron incapaces de prevalecer sobre el derecho consuetudinario:
máxima de Ulpiano. tras los fuertes conflictos entre ambos a principios del siglo xvn, la
revolución inglesa de 1640 selló la victoria del último. Para algunas refle-
16 16 Europa occidental 25
El Estado absolutista en Occidente

el proceso s o b r e d e t e r m i n a d o de r e n a c i m i e n t o de lo romano, la mente en regiones m o n t a ñ o s a s que se especializaban en pro-


presión política de los E s t a d o s dinásticos tuvo la primacía: las veerlos- los suizos f u e r o n los gurkas de los p r i m e r o s tiempos
exigencias de «claridad» m o n á r q u i c a d o m i n a r o n a las de «se- de la E u r o p a m o d e r n a . Los ejércitos franceses, holandeses, es-
guridad» mercantil 2 1 . Aunque todavía e x t r e m a d a m e n t e imper- t a ñ ó l e s austríacos o ingleses incluían a suabos, albaneses, sui-
fecto e incompleto, el crecimiento en racionalidad f o r m a l de zos irlandeses, galeses, turcos, h ú n g a r o s o italianos 2 3 . La razón
los sistemas legales de la p r i m e r a E u r o p a m o d e r n a f u e o b r a social más obvia del f e n ó m e n o m e r c e n a r i o fue, p o r supuesto,
p r e p o n d e r a n t e m e n t e , del a b s o l u t i s m o aristocrático. la n a t u r a l negativa de la clase noble a a r m a r en m a s a a sus
El principal efecto de la modernización jurídica fue, pues propios campesinos. «Es p r á c t i c a m e n t e imposible a d i e s t r a r a
el r e f o r z a m i e n t o del dominio de la clase feudal tradicional. La todos los súbditos de u n a república en las a r t e s de la guerra,
a p a r e n t e p a r a d o j a de este f e n ó m e n o q u e d ó r e f l e j a d a en toda V al m i s m o t i e m p o conservarlos obedientes a las leyes y a los
la e s t r u c t u r a de las m o n a r q u í a s absolutas, construcciones exó- magistrados», confesaba Jean Bodin. «Esta fue, quizá, la prin-
ticas e híbridas cuya f a c h a d a «moderna» traicionaba u n a y otra cipal razón p o r la que Francisco I disolvió los siete regimientos,
vez u n s u b t e r r á n e o arcaísmo. E s t o puede verse con toda cla- cada u n o de 6.000 infantes, que había creado en este reino» 2 4 .
ridad en el estudio de las innovaciones institucionales q u e anun- A la inversa, podía confiarse en las t r o p a s mercenarias, desco-
ciaron y tipificaron su llegada: ejército, burocracia, impuestos, nocedoras incluso de la lengua de la población local, p a r a extir-
comercio, diplomacia. Podemos p a s a r revista b r e v e m e n t e a cada p a r la rebelión social. Los Landsknechten alemanes se enfrenta-
u n a de ellas. Se h a señalado con frecuencia que el E s t a d o abso- ron con los levantamientos campesinos de 1549 en Inglaterra,
lutista echó los cimientos del e j é r c i t o profesional, que creció en la zona oriental del país, m i e n t r a s los a r c a b u c e r o s italianos
i n m e n s a m e n t e en t a m a ñ o con la revolución militar introducida aseguraban la liquidación de la rebelión r u r a l en la zona occi-
en
J ° n S ' g l O S X V I y X V n p o r M a u r i c i o de Orange, Gustavo Adolfo dental; la guardia suiza ayudó a r e p r i m i r las guerrillas de bolo-
y Wallenstein (instrucción y línea de i n f a n t e r í a p o r el holandés- ñeses y camisards de 1662 y 1702 en Francia. La i m p o r t a n c i a
carga de caballería y sistema de pelotones p o r el sueco; m a n d ó f u n d a m e n t a l de los mercenarios desde Gales a Polonia, cada
único vertical p o r el checo) * Los ejércitos de Felipe II conta- vez m á s visible desde finales de la E d a d Media, n o f u e sim-
ban con unos 60.000 h o m b r e s , m i e n t r a s que los de Luis XIV plemente u n expediente provisional del a b s o l u t i s m o en el des-
cien anos después, tenían hasta 300.000. Tanto la f o r m a c o m o la p u n t a r de su existencia, sino que lo m a r c ó hasta el m i s m o mo-
función de esas t r o p a s divergía e n o r m e m e n t e de la que más m e n t o de su desaparición en Occidente. A finales del siglo x v m ,
adelante sería característica del m o d e r n o E s t a d o burgués No incluso después de la introducción de la recluta obligatoria en
constituían n o r m a l m e n t e u n e j é r c i t o nacional obligatorio, sino los principales países europeos, h a s t a dos tercios de cualquier
u n a masa mixta en la que los mercenarios e x t r a n j e r o s desem- ejército «nacional» podían e s t a r f o r m a d o s p o r soldadesca ex-
p e ñ a b a n u n papel constante y central. Estos mercenarios se t r a n j e r a asalariada 2 5 . El e j e m p l o del a b s o l u t i s m o p r u s i a n o —que
reclutaban, significativamente, en zonas que q u e d a b a n f u e r a del c o m p r a b a y secuestraba su m a n o de obra f u e r a de sus f r o n t e r a s
p e r í m e t r o de las nuevas m o n a r q u í a s centralizadas, frecuente- utilizando la s u b a s t a y la leva p o r la fuerza— es u n r e c u e r d o
de que no había necesariamente u n a clara diferencia e n t r e
xiones sobre este proceso, véase W. Holdsworth, A history of English ambos.
law, iv, Londres, 1924, pp. 284-5. vngnsn Al m i s m o tiempo, sin embargo, la función de estas vastas y
21
Estos son los dos términos utilizados por Weber para señalar los nuevas masas de soldados era t a m b i é n c l a r a m e n t e diferente de
respectivos intereses de las dos fuerzas interesadas en la romanización la función de los posteriores ejércitos capitalistas. H a s t a a h o r a
«Por regla general, los funcionarios aspiran a la "claridad"; las capas
burguesas a la segundad" de la aplicación del derecho.» Véase su exce-
ÍocLad8TepnpaC62W0]n ECOn my
° and socie
'y- PP- M7-8 [Economía y " El ensayo de Victor Kiernan, «Foreing mercenaries and absolute
monarchy», Past and present, 11, abril de 1957, pp. 66-86 reimpreso en
" Michael Roberts «The military revolution, 1560-1660», en Essays in T. Aston (comp.), Crisis in Europe, 1560-1660, Londres, 1965, pp. 117-40,
aT¡\ Londr eS
, ' 1 9 6 7 ' PP- 195 " 225 - es un libró fundamental es un estudio incomparable del fenómeno mercenario, al que poco se
Gustavus Adolphus: a history of Sweden, 1611-1632, vol. n Londres 1958 ha añadido después.
24
páginas 169-89. Roberts quizá sobrevalora el crecimiento cuantitativo dé Jean Bodin, Les six livres de la République, París, 1578 p. 669.
los ejércitos en esta época. 25
Walter Dorn, Competition for empire, Nueva York, 1940, p. 83.
26
16 El Estado absolutista en Occidente 16
16 Europa occidental

n o existe ninguna teoría marxista de las cambiantes funciones , i a de u n confín a o t r o del continente sin s u f r i r p o r ello
sociales de Ja g u e r r a en los diferentes modos de producción. nineuna dislocación. Los linajes angevinos podían g o b e r n a r indi-
No es éste el lugar p a r a e s t u d i a r ese tema. Con todo, puede f e r e n t e m e n t e en Hungría.. Inglaterra o Nápoles; los n o r m a n d o s

a f i r m a r s e que la guerra era, posiblemente, el m o d o más racional en Antioquía, Sicilia o Inglaterra; los borgoñones en Portugal
y m á s rápido de que disponía cualquier clase d o m i n a n t e en el o Zelanda; los luxemburgueses en las tierras del Rin o en Bo-
feudalismo p a r a expandir la extracción de excedente. Es cierto hemia" los flamencos en Artois o Bizancio; los H a b s b u r g o en
que ni la productividad agrícola ni el volumen del comercio Austria, los Países B a j o s o España. En esas variadas t i e r r a s
q u e d a r o n estancados d u r a n t e la Edad Media. Para los señores, no era preciso q u e señores y campesinos c o m p a r t i e r a n u n a len-
sin embargo, crecían muy l e n t a m e n t e en comparación con las gua común. N o existía solución de continuidad e n t r e los terri-
repentinas y masivas «cosechas» que producían las conquistas torios públicos y los dominios privados, y el m e d i o clásico p a r a
territoriales, de las que las invasiones n o r m a n d a s de Inglaterra su adquisición era la guerra, encubierta de f o r m a invariable
o Sicilia, la toma angevina de Nápoles o la conquista castellana b a j o reclamaciones de legitimidad religiosa o genealógica. La
de Andalucía f u e r o n sólo los ejemplos más espectaculares. E r a guerra n o era el «deporte» de los príncipes, sino su destino. Más
lógico, pues, que la definición social de la clase d o m i n a n t e allá de la limitada diversidad de caracteres e inclinaciones
feudal fuese militar. La específica racionalidad económica de la individuales, la guerra les atraía inexorablemente como u n a ne-
guerra en esa formación social es la maximización de la rique- cesidad social de su estado. Para Maquiavelo, c u a n d o estudia
za, y su papel no puede c o m p a r a r s e al que desempeña en las la E u r o p a de comienzos del siglo xvi, la última n o r m a de su
f o r m a s desarrolladas del m o d o de producción que le sucede, ser era u n a verdad tan obvia e inevitable como ta existencia
d o m i n a d o p o r el ritmo básico de la acumulación del capital y del cielo p o r encima de sus cabezas: «Un príncipe, pues, n o
p o r el «cambio incesante y universal» (Marx) de los f u n d a m e n - debe tener o t r o o b j e t o ni o t r o pensamiento, ni cultivar o t r o
t e s económicos de toda formación social. La nobleza f u e u n a arte m á s q u e la guerra, el o r d e n y la disciplina de los ejércitos,
clase t e r r a t e n i e n t e cuya profesión era la guerra: su vocación p o r q u e éste es el único a r t e que se espera ver ejercido p o r el
social n o era u n m e r o añadido externo, sino u n a función intrín- que m a n d a »
seca a su posición económica. El medio normal de la competen-
Los estados absolutistas r e f l e j a b a n esa racionalidad arcaica
cia intercapitalista es económico, y su e s t r u c t u r a es típicamente
en su m á s íntima e s t r u c t u r a . E r a n m á q u i n a s construidas espe-
aditiva: las p a r t e s rivales pueden expandirse y p r o s p e r a r —aun-
cialmente p a r a el c a m p o de batalla. Es significativo que el pri-
que de f o r m a desigual— a lo largo de u n a misma confrontación,
m e r i m p u e s t o regular de á m b i t o nacional establecido en Fran-
p o r q u e la producción de mercancías m a n u f a c t u r a d a s es ilimita-
da p o r naturaleza. Por el contrario, el medio típico de la con- cia, la taille royale, se r e c a u d a r a p a r a financiar las p r i m e r a s
frontación interfeudal era militar y su e s t r u c t u r a siempre era, unidades militares regulares de E u r o p a , las compagnies d'or-
potencialmente, la de un conflicto de s u m a nula en el c a m p o donnance de mediados del siglo xv, cuya p r i m e r a u n i d a d estaba
de batalla, p o r el que se perdían o ganaban cantidades fijas compuesta p o r aventureros escoceses. A mediados del siglo XVI,
de tierras. E s t o es así p o r q u e la tierra es un monopolio n a t u r a l : el 80 p o r 100 de las r e n t a s del E s t a d o español se destinaban
sólo se puede redividir, pero no extender indefinidamente. El a gastos militares. Vicens Vives p u d o escribir que: «el impulso
o b j e t o categorial de la dominación nobiliaria era el territorio, hacia la m o n a r q u í a administrativa a la m o d e r n a se inicia en el
independientemente de la comunidad que lo habitase. Los perí- occidente de E u r o p a con las grandes operaciones navales em-
m e t r o s de su p o d e r estaban definidos p o r la tierra como tal, y prendidas p o r Carlos V c o n t r a los turcos en el Mediterráneo
no p o r el idioma. La clase d o m i n a n t e feudal era, pues, esencial- occidental en 1535»27. Hacia mediados del siglo x v n , los desem-
m e n t e móvil en u n sentido en que .a clase d o m i n a n t e capitalista bolsos anuales de los principados del continente, desde Suecia
n u n c a p u d o serlo después, p o r q u e el m i s m o capital es par exce-
24
llence internacionalmente móvil y p e r m i t e que sus propietarios Niccoló Machiavelli, II Principe e Discorsi, Milán, 1960, p. 62 [El
estén fijos nacionalmente; pero la tierra es nacionalmente in- Principe, Barcelona, Bruguera, 1978. p. 140],
" J. Vicens Vives, «Estructura administrativa estatal en los siglos xvi
móvil y los nobles tienen que v i a j a r p a r a t o m a r posesión de y xvn», XI Congrés International des Sciences Historiques. Rapports, iv,
ella. Cualquier b a r o n í a o dinastía podía, así, t r a n s f e r i r su resi- Gotemburgo, 1960; ahora reimpreso en Vicens Vives, Coyuntura económica
y reformismo burgués, Barcelona, Ariel, 1968, p. 116.
16 29
16 Europa occidental El Estado absolutista en Occidente

hasta el Piamonte, se dedicaban p r e d o m i n a n t e e invariablemente, fortunas a Carlos V en su h o r a de necesidad después de la


en todas partes, a la p r e p a r a c i ó n o sostenimiento de la guerra, derrota de Ceresole, de a c u e r d o exactamente con el modelo de
i n m e n s a m e n t e más costosa entonces que en el Renacimiento. las tradiciones feudales 3 1 . Esos tenedores de cargos, que proli-
Un siglo después, en las pacíficas vísperas de 1789, y de a c u e r d o f e r a r o n en Francia, Italia, España, Gran B r e t a ñ a u Holanda,
con Necker, dos tercios del gasto del E s t a d o f r a n c é s se dedi- podían e s p e r a r o b t e n e r u n beneficio de h a s t a el 300 o el 400
caban todavía a las fuerzas militares. Es evidente que esta por 100 de su compra, y posiblemente m u c h o más. El sistema
morfología del E s t a d o no c o r r e s p o n d e a la racionalidad capita- nació en el siglo xvi y se convirtió en u n soporte financiero
lista; r e p r e s e n t a el r e c u e r d o a m p l i a d o de las funciones medie- f u n d a m e n t a l de los Estados absolutistas d u r a n t e el siglo x v n .
vales de la guerra. Por supuesto, los grandiosos a p a r a t o s mili- Su c a r á c t e r g r o s e r a m e n t e p a r a s i t a r i o es evidente: en situaciones
tares del ú l t i m o E s t a d o feudal n o se m a n t u v i e r o n ociosos. La extremas (de la que es u n e j e m p l o Francia en la década de 1630)
p e r m a n e n c i a virtual del conflicto internacional a r m a d o es u n a podía costar al p r e s u p u e s t o real en desembolsos (por arrenda-
de las notas características de todo el clima del absolutismo: miento de impuestos y exenciones) casi t a n t o como le propor-
la paz f u e u n a meteórica excepción en los siglos de su domina- cionaba en remuneraciones. El desarrollo de la venta de cargos
ción en Occidente. Se ha calculado que en todo el siglo xvi fue, desde luego, u n o de los m á s llamativos s u b p r o d u c t o s del
sólo h u b o veinticinco años sin operaciones militares de largo i n c r e m e n t o de monetarización de las p r i m e r a s economías mo-
alcance en E u r o p a 2 8 ; y que en el siglo x v n sólo t r a n s c u r r i e r o n dernas y del relativo ascenso, d e n t r o de éstas, de la burguesía
siete años sin grandes guerras entre estados 2 9 . Esta sucesión mercantil y m a n u f a c t u r e r a . Pero la integración de esta última
de guerras resulta a j e n a al capital, aunque, c o m o veremos, en en el a p a r a t o del Estado, p o r medio de la c o m p r a privada y de
último t é r m i n o contribuyera a ellas. la herencia de posiciones y honores públicos, t a m b i é n p o n e de
La burocracia civil y el sistema de impuestos característicos manifiesto su posición s u b o r d i n a d a d e n t r o de u n sistema polí-
del E s t a d o absolutista n o f u e r o n menos paradójicos. Parecen tico feudal en el que la nobleza constituyó siempre, necesaria-
r e p r e s e n t a r u n a transición hacia la administración legal racional mente, la cima de la j e r a r q u í a social. Los officiers de los parla-
de Weber, en contraste con la jungla de dependencias particu- m e n t o s franceses, que jugaron al republicanismo municipal y
laristas de la B a j a E d a d Media. Al m i s m o tiempo, sin embargo, a p a d r i n a r o n las m a z a r i n a d a s en la década de 1650, se convir-
la burocracia del Renacimiento era t r a t a d a como u n a propiedad tieron en los m á s acérrimos defensores de la reacción nobiliaria
vendible a individuos privados: i m p o r t a n t e confusión de dos en la de 1780. La burocracia absolutista reflejó, y al m i s m o
órdenes que el E s t a d o burgués siempre ha m a n t e n i d o diferen- tiempo frenó, el ascenso del capital mercantil.
ciados. Así, el m o d o de integración de la nobleza feudal en el Si la venta de cargos f u e u n m e d i o indirecto de o b t e n e r
E s t a d o absolutista que prevaleció en Occidente a d o p t ó la f o r m a rentas de la nobleza y de la burguesía mercantil en t é r m i n o s
de adquisición de «cargos» 3 0 . El que c o m p r a b a p r i v a d a m e n t e beneficiosos p a r a ellas, el E s t a d o absolutista gravó también, y
u n a posición en el a p a r a t o público del E s t a d o la a m o r t i z a b a p o r sobre todo, n a t u r a l m e n t e , a los pobres. La transición económica
medio de la corrupción y los privilegios autorizados (sistema de las prestaciones en t r a b a j o a las rentas en dinero vino acom-
de honorarios) en lo que era u n a especie de caricatura moneta- pañada, en Occidente, p o r la aparición de impuestos reales p a r a
rizada de la investidura de u n feudo. En efecto, el m a r q u é s del financiar la guerra que, en la larga crisis feudal de finales de
Vasto, g o b e r n a d o r español de Milán en 1544, p u d o solicitar a los la Edad Media, ya f u e r o n u n a de las principales causas de los
poseedores italianos de cargos en esa ciudad que ofrecieran sus desesperados levantamientos campesinos de la época. «Una ca-
dena de rebeliones campesinas dirigidas claramente c o n t r a los
" R. Ehrenberg, Das Zeitalter der Fugger, Jena, 1922, i, p. 13. impuestos estalló en toda E u r o p a [ . . . ] No había m u c h o que
29
G. N. Clark, The seventeenth century, Londres, 1947, p. 98. Ehrenberg, elegir e n t r e los saqueadores y los ejércitos amigos o enemigos:
con una definición ligeramente distinta, ofrece una estimación algo más unos se llevaban tanto como los otros. Pero entonces apare-
baja, veintiún años.
30
El mejor estudio de conjunto de este fenómeno internacional es el
de K. W. Swart, Sale of offices in the seventeenth century, La Haya, 1949; 51
Federico Chabod, Scritti sul Rinascimento, Turin, 1967, p. 617. Los
el estudio nacional más amplio es el de Roland Mousnier, La venalité des funcionarios milaneses rechazaron la demanda de su gobernador, pero
offices sous Henri IV at Louis XIII, Ruán, s. f.
sus homólogos de otros lugares quizá no fueran tan decididos.
16 30
16 Europa occidental El Estado absolutista en Occidente 18

cieron los r e c a u d a d o r e s de impuestos y a r r a m b l a r o n con todo metales preciosos y de moneda, en la creencia de que existía
lo q u e pudieron encontrar. Los señores r e c o b r a b a n en último una cantidad f i j a de comercio y de riqueza en el m u n d o . Por
t é r m i n o de sus h o m b r e s el i m p o r t e de la «ayuda» q u e ellos decirlo con la f a m o s a f r a s e de Hecksher: «el E s t a d o era a la
mismos e s t a b a n obligados a p r e s t a r a su soberano. Es indudable vez el s u j e t o y el o b j e t o de la política económica mercantilis-
q u e de todos los males que afligían a los campesinos, los q u e M
t a » . Sus creaciones m á s características f u e r o n , en Francia, las
s u f r í a n con más dolor y menos paciencia eran los que provenían m a n u f a c t u r a s reales y los gremios regulados p o r el Estado, y en
de las cargas de la guerra y de los r e m o t o s impuestos» 32. Prác- Inglaterra, las compañías privilegiadas. La genealogía medieval
ticamente en todas partes, el t r e m e n d o peso de los i m p u e s t o s y corporativista de los p r i m e r o s apenas necesita comentario;
—la taille y la gabelle en Francia, los servicios en E s p a ñ a - la reveladora fusión de los órdenes político y económico en las
cayó sobre los pobres. No existía ninguna concepción del «ciu- segundas escandalizó a Adam Smith. El m e r c a n t i l i s m o represen-
dadano» jurídico, s u j e t o al fisco p o r el m i s m o hecho de perte- taba exactamente las concepciones de u n a clase d o m i n a n t e feu-
necer a la nación. La clase señorial, en la práctica y en todas dal q u e se había a d a p t a d o a u n m e r c a d o integrado, p e r o pre-
partes, estaba r e a l m e n t e exenta del i m p u e s t o directo. Porshnev servando su visión esencial sobre la u n i d a d de lo que Francis
h a bautizado con razón a las nuevas contribuciones impuestas Bacon llamaba «consideraciones de abundancia» y «considera-
p o r el E s t a d o absolutista con el n o m b r e de «renta feudal cen- ciones de poder». La clásica doctrina b u r g u e s a del laissezfaire,
tralizada», p a r a oponerlas a los servicios señoriales q u e forma-
con su rigurosa separación f o r m a l de los sistemas políticos y
b a n la «renta feudal local» 3 3 : este doble sistema de exacción
económico, estaría en sus antípodas. El m e r c a n t i l i s m o era, pre-
c o n d u j o a u n a t o r m e n t o s a epidemia de rebeliones de los pobres
cisamente, u n a teoría de la intervención coherente del E s t a d o
en la Francia del siglo x v n , en las q u e los nobles provincianos
político en el f u n c i o n a m i e n t o de la economía, en interés a
c o n d u j e r o n m u c h a s veces a sus propios campesinos c o n t r a los
la vez de la p r o s p e r i d a d de ésta y del p o d e r de aquél. Lógica-
recaudadores de impuestos c o m o m e j o r m e d i o p a r a extraerles
después sus cargas locales. Los funcionarios del fisco tenían mente, m i e n t r a s la teoría del laissez faire sería siempre «paci-
q u e ser custodiados p o r unidades de fusileros p a r a c u m p l i r su fista», b u s c a n d o q u e los beneficios de la paz e n t r e las naciones
misión en el c a m p o : reencarnación en f o r m a modernizada de i n c r e m e n t a r a n u n comercio internacional m u t u a m e n t e venta-
la u n i d a d inmediata e n t r e coerción político-legal y explotación joso, la teoría mercantilista (Montchrétien, Bodin) e r a p r o f u n -
económica constitutiva del m o d o de producción feudal en cuan- d a m e n t e «belicista» al h a c e r hincapié en la necesidad y renta-
to tal. bilidad de la guerra 3 S . A la inversa, el objetivo de u n a economía

Las funciones económicas del a b s o l u t i s m o n o se r e d u j e r o n ,


* Hecksher afirma que el objeto del mercantilismo era aumentar el
sin embargo, a su sistema de impuestos y de cargos. El mercan- «poder del Estado» antes que «la riqueza de las naciones», y que eso
tilismo, doctrina d o m i n a n t e en esta época, p r e s e n t a la m i s m a significaba una subordinación, según las palabras de Bacon de las «con-
ambigüedad que la burocracia destinada a realizarlo, con la sideraciones de abundancia» a las «consideraciones de poder» (Bacon alabó
m i s m a regresión s u b t e r r á n e a hacia u n p r o t o t i p o anterior. Indu- a Enrique VII por haber limitado las importaciones de vino en bar-
cos ingleses basándose en esto). Viner, en una eficaz respuesta, no tiene
dablemente, el mercantilismo exigía la supresión de las b a r r e r a s ninguna dificultad en mostrar que la mayoría de los escritores mercan-
particularistas opuestas al comercio d e n t r o del á m b i t o nacional, tilistas dan a ambos igual importancia y los c o n s i d e r a n compatibles.
esforzándose p o r crear u n m e r c a d o interno unificado p a r a la «Power versus plenty as objectives of foreign policy in the 17th and lBth
centuries», World Politics, I, 1, 1948, reimpreso en D. Coleman, comp.,
producción de mercancías. Al p r e t e n d e r a u m e n t a r el p o d e r del Revisions in mercantilism, Londres, 1969, pp. 61-91. Al mismo tiempo Viner
Estado en relación con los otros estados, el m e r c a n t i l i s m o subestima claramente la diferencia entre la teoría y la práctica del mer-
alentaba la exportación de bienes a la vez que prohibía la de cantilismo y las del laissez-faire que le siguió. En realidad, tanto Hecksher
como Viner pierden de vista, por razones diferentes, el punto esencial,
que es la indistinción de economía y política en la época de transición
" D . o « ' Rural economy and
country lije in the mediaeval West, Lon- que produjo las teorías mercantilistas. La discusión en torno a si una
dres, 1968, p. 333 [Economía rural y vida campesina en el Occidente me- de ellas tenía «primacía» sobre la otra es un anacronismo porque en la
dieval, Barcelona, Península, 1973]. práctica no existió tal separación rígida de ambas hasta la llegada del
" B. F. Porshnev, Les soulévements populaires en France de 1623 á
1648, París, 1965, pp. 395-6 [ed. cast. abreviada: Los levantamientos popu- te'5» f s'^berner, ^ guerre ¿ans la pensée économique du XVI' au XVIII•
lares en Francia en el siglo XVII, Madrid, Siglo XXI, 1978]. silcle, París, 1939, pp. 7-122.
16 33
16 Europa occidental El Estado absolutista en Occidente

f u e r t e era la victoriosa prosecución de u n a política exterior de r o n i u n t o c l a r a m e n t e delimitado de u n i d a d e s políticas homoge-


conquista. Colbert d i j o a Luis XIV que las m a n u f a c t u r a s reales es decir, p o r u n sistema internacional de estados. Su
m a p a político era inextricablemente c o n f u s o y e n r e d a d o : en el
eran sus regimientos económicos y los gremios sus reservas El pstaban geográficamente entremezcladas y estratificadas dife-
m á s grande de los mercantilistas, que restableció las finanzas rentes instancias jurídicas, y a b u n d a b a n las alianzas plurales,
del Estado francés en diez milagrosos años de administración, las soberanías asimétricas y los enclaves anomalos 38- D e n t r o de
este intrincado laberinto n o había ninguna posibilidad de que
lanzó a su soberano a la desgraciada invasión de Holanda en sureiera u n sistema diplomático formal, p o r q u e no había uni-
1672 con este expresivo consejo: «Si el rey lograra p o n e r a formidad ni p a r i d a d de concurrentes. El concepto de cristiandad
todas las Provincias Unidas b a j o su autoridad, su comercio pasa- latina de la que eran m i e m b r o s todos los h o m b r e s , proporcio-
ría a ser el comercio de los súbditos de su m a j e s t a d , y entonces naba a los conflictos y las decisiones u n a matriz ideológica
universalista que constituía el reverso necesario de la e x t r e m a d a
n o habría nada más que pedir» * Cuatro décadas de conflicto heterogeneidad particularista de las unidades políticas. Asi, las
europeo iban a seguir a esta m u e s t r a de r a z o n a m i e n t o econó- «embajadas» eran simples viajes de salutación, esporádicos y n o
mico que capta p e r f e c t a m e n t e la lógica social de la agresión retribuidos, que podían ser enviadas t a n t o p o r u n vasallo o sub-
vasallo d e n t r o de d e t e r m i n a d o territorio, como e n t r e principes
absolutista y del mercantilismo d e p r e d a d o r : el comercio de los de diversos territorios, o e n t r e u n príncipe y su soberano. La
holandeses era t r a t a d o c o m o la tierra de los anglosajones o las contracción de la p i r á m i d e feudal en las nuevas m o n a r q u í a s
propiedades de los moros, como u n o b j e t o físico que podía centralizadas de la E u r o p a renacentista p r o d u j o , p o r vez pri-
mera, u n sistema f o r m a l i z a d o de presión e i n t e r c a m b i o ínter-
tomarse y gozarse p o r la f u e r z a militar como m o d o n a t u r a l de estatal, con el establecimiento de la nueva institución de las
apropiación, y poseerse después de f o r m a p e r m a n e n t e . El e r r o r e m b a i a d a s recíprocamente asentadas en el e x t r a n j e r o , cancille-
óptico de este juicio p a r t i c u l a r n o lo hace menos representativo- rías p e r m a n e n t e s p a r a las relaciones exteriores y comunicacio-
os estados absolutistas se m i r a b a n e n t r e sí con los m i s m o s ojos. nes e i n f o r m e s diplomáticos secretos, protegidos p o r el nuevo
concepto de «extraterritorialidad» 3 9 . El espíritu r e s u e l t a m e n t e
Las teorías mercantilistas de la riqueza y de la guerra estaban, secular del egoísmo político que inspiraría en adelante la prác-
p o r supuesto, c o n c e p t u á b a n t e interconectadas: el modelo de tica de la diplomacia f u e expresado con toda nitidez p o r b r -
suma nula de comercio mundial que inspiraba su proteccionis- molao B a r b a r o , el e m b a j a d o r veneciano que f u e su p r i m e r teó-
rico. «La p r i m e r a obligación de u n e m b a j a d o r es exactamente
m o económico se derivaba del m o d e l o de s u m a nula de política
internacional, inherente a su belicismo.
Naturalmente, el comercio y la guerra n o f u e r o n las únicas
actividades externas del E s t a d o absolutista en Occidente Su
o t r o gran esfuerzo se dirigió a la diplomacia, que f u e u n o de
os grandes inventos institucionales de la época, i n a u g u r a d o en
la reducida área de Italia en el siglo xv, institucionalizado en
el m i s m o país con la paz de Lodi, y a d o p t a d o en España, Fran-
cia, Inglaterra, Alemania y toda E u r o p a en el siglo Xvi. La diplo- lo que han dicho sus colegas occidentales, su fallo niás ™ t a n t e no
macia fue, de hecho, la indeleble m a r c a de nacimiento del es un rígido «dogmatismo», sino un «ingenio» superfertil no siempre
E s t a d o renacentista. Con sus comienzos nació en E u r o p a u n sis- limkado adecuadamente por la disciplina de las pruebas; claro está que
tema internacional de estados, en el que había u n a p e r p e t u a ese mismo rasgo es el que le convierte, en otro aspecto en un histo-
riador original e imaginativo. Las sugerencias al final de su ensayo sobre
«explorador, de los puntos débiles en el e n t o r n o de u n E s t a d o el concepto de «un sistema internacional de estados._son i n f a n t e s .
o de los peligros que podían e m a n a r contra él desde otros es- » A Engels le gustaba citar el ejemplo de Borgona: «Carlos el Calvo,
tados» . La E u r o p a medieval n u n c a estuvo c o m p u e s t a p o r u n por ejemplo era subdito feudal del emperador por una parte de sus tie-
rras v del rev de Francia por otra; pero, por otra parte, el rey de
Francia s u s e ñ o r feudal era al mismo tiempo subdito de Carlos el Calvo,
G ubert Louis XTV et s u p r o p i o vasallo, en algunas regiones.» Véase su importante manuscrito,
págtaa^T ° ' ™g' millions de frangais, París, 1966, « t u S postumamente Uber den Verfall des Feudalismus und das Auf-
" B . F. Porshnev, «Les rapports politiques de l'Europe occidentale et kommen der Bourgeoisie, en Werke, vol. 21 p. 396.
t t ^ Z Z ^ t - á r é p ° q u e d e I a S u e r r e d e s T r e n t e Ans», XI- Congrés » Sobre todo este desarrollo de la nueva diplomacia en los albores de
? Z T ° ? l d e S SCTCeS H i s t o r i
^ s , Upsala, 1960, p. 161: incursión ex' la E u r o p a moderna, véase la gran obra de Garrett Mattingly, ^atssance
w T ^ n . n H SP ? CU a t ¡ V a e n l a g u e r r a d e l o s Treinta Años, que es un diplomacy, Londres, 1955, passim. La frase de Barbaro se cita en la
buen ejemplo de la fuerza y la debilidad de Porshnev. Al contrario de página 109.
16 34
16 Europa occidental El Estado absolutista en Occidente 20
la m i s m a que la de cualquier o t r o servidor del gobierno, esto las había ocasionado. París p u d o ser d e r r o t a d a en Ja ruinosa
es, hacer, decir, a c o n s e j a r y p e n s a r todo lo que sirva m e j o r lucha militar p a r a la sucesión española; p e r o la casa de B o r b ó n
a la conservación y engrandecimiento de su p r o p i o Estado.» heredó Madrid. El índice del p r e d o m i n i o feudal en el E s t a d o
Con todo, estos i n s t r u m e n t o s de la diplomacia —embaja- absolutista es evidente t a m b i é n en la diplomacia.
dores o secretarios de Estado— no eran todavía a r m a s de un I n m e n s a m e n t e engrandecido y reorganizado, el E s t a d o feudal
m o d e r n o E s t a d o nacional. Las concepciones ideológicas del
del absolutismo estuvo, a pesar de todo, constante y p r o f u n -
«nacionalismo» f u e r o n a j e n a s , como tales, a la naturaleza íntima
d a m e n t e s o b r e d e t e r m i n a d o p o r el crecimiento del capitalismo
del absolutismo. Los estados m o n á r q u i c o s de la nueva época
en el seno de las formaciones sociales mixtas del p r i m e r p e r í o d o
n o desdeñaron la movilización de los sentimientos patrióticos
moderno. E s t a s formaciones eran, desde luego, u n a combina-
de sus súbditos en los conflictos militares y políticos que opo-
ción de diferentes modos de producción b a j o el dominio —deca-
nían m u t u a y c o n s t a n t e m e n t e a las diversas m o n a r q u í a s de
E u r o p a occidental. Pero la existencia difusa de u n protonacio- dente— de u n o de ellos: el feudalismo. Todas las e s t r u c t u r a s
nalismo p o p u l a r en la I n g l a t e r r a de los Tudor, la Francia bor- del E s t a d o absolutista revelan la acción a distancia de la nueva
bónica o la E s p a ñ a de los H a b s b u r g o fue, básicamente, u n signo economía que se a b r í a p a s o en el m a r c o de u n sistema m á s
de la presencia burguesa en la p o l í t i c a m á s q u e d e j a r s e go- antiguo: a b u n d a b a n las «capitalizaciones» híbridas de las for-
b e r n a r p o r ellos, los g r a n d e s y los soberanos siempre manipu- mas feudales, cuya m i s m a perversión de instituciones f u t u r a s
laron esos sentimientos. La aureola nacional del a b s o l u t i s m o (ejército, burocracia, diplomacia, comercio) era u n a reconver-
en Occidente —a m e n u d o m u y a p a r e n t e m e n t e p r o n u n c i a d a sión de o b j e t o s sociales anteriores p a r a repetirlos.
(Isabel I, Luis X I V ) - era, en realidad, contingente y p r e s t a d a . A p e s a r de eso, las premoniciones de u n nuevo o r d e n político
Las n o r m a s directrices de aquella época radicaban en o t r o lu- contenidas d e n t r o de ellas no f u e r o n u n a falsa p r o m e s a . La
gar: la última instancia cte legitimidad era la dinastía y n o el burguesía de Occidente poseía ya suficiente fuerza p a r a d e j a r
territorio. El E s t a d o se concebía como p a t r i m o n i o del monar- su b o r r o s a huella sobre el E s t a d o del absolutismo. La a p a r e n t e
ca y, p o r tanto, el título de su propiedad podía a d q u i r i r s e p o r p a r a d o j a del a b s o l u t i s m o en Occidente f u e que r e p r e s e n t a b a
u n a unión de personas: felix Austria. El m e c a n i s m o s u p r e m o f u n d a m e n t a l m e n t e u n a p a r a t o p a r a la protección de la propie-
de la diplomacia era, pues, el m a t r i m o n i o , e s p e j o pacífico de dad y los privilegios aristocráticos, p e r o que, al m i s m o tiempo,
la guerra, que t a n t a s veces provocó. Las m a n i o b r a s matrimo- los medios p o r los que se realizaba esta protección podían
niales, menos costosas como vía de expansión territorial q u e a s e g u r a r simultáneamente los intereses básicos de las nacientes
la agresión a r m a d a , p r o p o r c i o n a b a n resultados menos inmedia- clases mercantil y m a n u f a c t u r e r a . El E s t a d o absolutista centra-
tos (con frecuencia sólo a la distancia de u n a generación) y lizó cada vez m á s el p o d e r político y se movió hacia sistemas
estaban s u j e t a s p o r ello a impredecibles azares de m o r t a l i d a d legales m á s u n i f o r m e s : las c a m p a ñ a s de Richelieu c o n t r a los
en eí intervalo a n t e r i o r a la consumación de u n pacto nupcial reductos de los hugonotes en Francia f u e r o n características. El
y su goce político. De ahí que el largo r o d e o del m a t r i m o n i o E s t a d o absolutista s u p r i m i ó u n gran n ú m e r o de b a r r e r a s co-
c o n d u j e r a d i r e c t a m e n t e y tan a m e n u d o al corto c a m i n o de merciales internas y p a t r o c i n ó aranceles exteriores c o n t r a los
la guerra. La historia del absolutismo está plagada de esos con- competidores e x t r a n j e r o s : las medidas de Pombal en el Portu-
flictos, cuyos n o m b r e s dan fe de ello: guerras de sucesión de gal de la Ilustración f u e r o n u n drástico ejemplo. Proporcionó
España, Austria o Baviera. N a t u r a l m e n t e , su r e s u l t a d o final po- al capital u s u r a r i o inversiones lucrativas, a u n q u e arriesgadas,
día a c e n t u a r la «flotación» de la dinastía sobre el t e r r i t o r i o que en la hacienda pública: los b a n q u e r o s de Augsburgo en el si-
glo xvi y los oligarcas genoveses del siglo XVII hicieron f o r t u n a s
con sus p r é s t a m o s al E s t a d o español. Movilizó la propiedad
™ r ? l e s y urbanas mostraron, por supuesto, formas espon- r u r a l p o r medio de la incautación de las tierras eclesiásticas:
táneas de xenofobia; pero esta tradicional reacción negativa hacia las disolución de los monasterios en Inglaterra. Proporcionó sine-
n ? , r " ™ ? i e s a j e n a s e s m u y d i s t i n t a d e l a identificación nacional positiva curas rentables en la burocracia: la paulette en Francia regla-
A* 1. a aparecer en los medios literarios burgueses a principios
m e n t a r í a su posesión estable. Patrocinó e m p r e s a s coloniales y
Z , T , e r n a - L a / U S 1 Ó n d e a m b a s P ° d í a Producir1, en situaciones
de: crisis, estallidos patrióticos populares de un carácter incontrolado y compañías comerciales: al m a r Blanco, a las Antillas, a la bahía
sedicioso: los comuneros en España o la Liga en Francia. de Hudson, a Luisiana. E n o t r a s palabras, el E s t a d o absolutista
37
36 Europa occidental El Estado absolutista en Occidente

realizó algunas funciones parciales en la acumulación originaria


necesaria p a r a el t r i u n f o final del m o d o de producción capita-

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lista. Las razones p o r las que p u d o llevar a cabo esa función aneció E r a uii E s t a d o b a s a d o en la supremacía s o c a de la
«dual» residen en la naturaleza específica de los capitales mer-
cantil y m a n u f a c t u r e r o : como ninguno de ellos se b a s a b a en
la producción en m a s a característica de la industria maquini-
zada p r o p i a m e n t e dicha, t a m p o c o exigían u n a r u p t u r a radical
con el orden agrario feudal que todavía e n c e r r a b a a la vasta
mayoría de la población (el f u t u r o t r a b a j o asalariado y mer-
cado de c o n s u m o del capitalismo industrial). Dicho de o t r a for-
ma, esos capitales podían desarrollarse d e n t r o de los límites
establecidos p o r el m a r c o feudal reorganizado. E s t o n o quiere
decir que siempre ocurriera así: los conflictos políticos, reli-

SiiSSpSrSl
giosos o económicos podían f u n d i r s e en explosiones revolucio-
narias contra el absolutismo, en coyunturas específicas, t r a s u n
después de l a « de Pombal; los especuladores parisinos
d e t e r m i n a d o p e r í o d o de maduración. En este estadio, sin em-
bargo, había siempre u n potencial terreno de compatibilidad
e n t r e la naturaleza y el p r o g r a m a del E s t a d o absolutista y las
operaciones del capital mercantil y m a n u f a c t u r e r o . En la com-
petencia internacional e n t r e clases nobles que p r o d u j o el endé- del E s t a d o absolutista f u e la dominación de la nobleza f e u ü *
mico estado de guerra de esa época, la amplitud del sector en la éooca de la transición al capitalismo. Su final señalaría
mercantil d e n t r o de cada p a t r i m o n i o «nacional» tuvo siempre L crisis del p o d e r de esa clase: la llegada de las revoluciones
u n a i m p o r t a n c i a decisiva p a r a su relativa fuerza militar y po- burguesas y la aparición del E s t a d o capitalista.
lítica. E n la lucha c o n t r a sus rivales, todas las m o n a r q u í a s te-
nían, pues, u n gran interés en a c u m u l a r metales preciosos y
p r o m o v e r el comercio b a j o sus propias b a n d e r a s . De ahí el
c a r á c t e r «progresista» que los historiadores posteriores h a n
a t r i b u i d o tan f r e c u e n t e m e n t e a las políticas oficiales del abso-
lutismo. La centralización económica, el proteccionismo y la
expansión u l t r a m a r i n a engrandecieron al ú l t i m o E s t a d o feudal
a la vez que beneficiaban a la p r i m e r a burguesía. Incrementa-
ron los ingresos fiscales del p r i m e r o al p r o p o r c i o n a r oportuni-
dades de negocio a la segunda. Las máximas circulares del mer-
cantilismo, p r o c l a m a d a s p o r el E s t a d o absolutista, dieron elo-
cuente expresión a esa coincidencia provisional de intereses.
E r a m u y lógico q u e el d u q u e de Choiseul declarase, en las
últimas décadas del ancien régime aristocrático en Occidente:
«De la a r m a d a dependen las colonias; de las colonias el co-
mercio; del comercio la capacidad de u n E s t a d o p a r a m a n t e n e r
n u m e r o s o s ejércitos, p a r a a u m e n t a r su población y p a r a h a c e r
posibles las e m p r e s a s m á s gloriosas y m á s útiles» 4 1 .

" Citado por Gerald Graham, The politics of naval supremacy, Cam-
bridge, 1965, p. 17.