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FILOSOFÍA: CONCEPTO Y SENTIDO

“Sócrates, el primero de todos, hizo descender del cielo a la filosofía, la introdujo, no

solamente en las ciudades sino también dentro de las casas, y la obligó a reglamentar la

vida, las costumbres, los bienes y los males”

Cicerón

¿Qué es esa cosa llamada filosofía?

Preguntar por el significado de la filosofía implica ya un ejercicio filosófico. Los

filósofos en distintas épocas históricas han reflexionado sobre esta realidad y, en sus

intentos de dar respuestas, han marcado el rumbo mismo de la filosofía cuyo itinerario

está ligado al cuestionamiento y al debate y a una permanente invitación a pensar. La

filosofía estimula el ejercicio del pensar, el hábito de reflexionar para descubrir la

realidad y poder transformarla, re-pensar esa realidad buscando las causas y los sentidos

que la explican.

A través de la historia se han propuesto diversas caracterizaciones de esa realidad

llamada “filosofía”, se la ha entendido de diversas maneras y con distintas categorías de

análisis. No existiría, por tanto, una sola definición o modo de entender la filosofía. Esta

cualidad de ser susceptible de enfoques múltiples, lejos de ser una debilidad, hace de la

filosofía una disciplina abierta, compleja y enriquecedora, nunca estancada en soluciones

definitivas sino siempre movilizada por sus continuas búsquedas, en donde cada respuesta

abre un nuevo interrogante necesitado de nuevas búsquedas movilizadoras. Las soluciones


encontradas poseen ese carácter de responder un interrogante y al mismo tiempo generar

nuevos.

Jaspers señala que la filosofía es un “ir de camino”, un andar que se realiza

movilizado en las preguntas más que en las respuestas, en el cuestionamiento más que en

las certezas. Al mismo tiempo menciona algunos sentidos que ella posee: “Hoy es dable

hablar de la filosofía quizá en las siguientes fórmulas; su sentido es: ver la realidad en su

origen; apresar la realidad conversando mentalmente conmigo mismo en la actividad

interior; abrirnos a la vastedad de lo que nos circunvala; osar la comunicación de hombre a

hombre sirviéndose de todo espíritu de verdad en una lucha amorosa; mantener despierta

con paciencia y sin cesar la razón, incluso ante lo más extraño y ante lo que se rehúsa. La

filosofía es aquella concentración mediante la cual el hombre llega a ser él mismo, al

hacerse partícipe de la realidad”.1 De este modo, el autor nos acerca un concepto que

posee varias características, la filosofía es: búsqueda del origen, trabajo reflexivo de un

sujeto sobre sí mismo, apertura a su propia circunstancia, comunicación intersubjetiva.

Amor a la sabiduría: el deseo y la búsqueda

La filosofía se caracteriza además por atender más a las preguntas que a las

respuestas, a la búsqueda que a la posesión, como podemos interpretar desde la etimología

de la palabra “filosofía”: “amor a la s

abiduría”. Amor que no implica necesariamente posesión, el amor que caracteriza a

la filosofía señala que el conocimiento filosófico no sólo es un conocimiento que se posee

sino también un ejercicio ligado a la búsqueda en donde lo importante en ella es la

pregunta y el permanente cuestionamiento. Como señala Jaspers, “Filosofía quiere decir: ir

de camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se

1
JASPERS, K., La filosofía desde el punto de vista de la existencia, Fondo de cultura económica, Madrid,
1981, pág.12
convierte en una nueva pregunta.”2 Este ir de camino es buscar y encontrar al mismo

tiempo, es no poseer y poseer a la vez, paradoja que la reviste de un peculiar dinamismo.

Relacionado con este “ir de camino”, Platón desarrolla el concepto de amor en el

Banquete3. Cuenta el filósofo que Eros, el hijo de Poros (dios de la abundancia), y de Penia

(diosa de la pobreza), había recibido cualidades de ambos: por un lado estaba lleno de

riquezas y por otro se encontraba en constante búsqueda de lo que le faltaba, es decir,

jamás estaba en la total opulencia ni tampoco en la completa indigencia. Este amor implica

actitud, anhelo, estado de ánimo: deseo de búsqueda de aquello que no se posee. Tomando

las palabras de Platón en el Banquete: “La sabiduría, en efecto, es una de las cosas más

bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la

sabiduría, y por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del

ignorante.”4 Así el filósofo que busca la sabiduría, ni es ignorante ni es sabio. No es

ignorante porque busca el saber y eso ya es el primer paso hacia su conquista, hacia su

posesión. Quien no busca queda inmovilizado en su certeza y nunca conocerá aquello que

para Sócrates era el inicio del camino del pensamiento: el reconocimiento de la ignorancia,

puntapié inicial para la marcha hacia la sabiduría. Tampoco el filósofo es sabio, no cree

poseer el conocimiento porque es consciente que su tarea no se detiene, no acepta una

llegada definitiva hacia el saber que paralizaría el ejercicio del pensar filosófico.

Enseñanza del deseo de la sabiduría

Nos planteamos el siguiente interrogante: ¿puede estimularse el deseo de aprender

filosofía? Pensamos que sí, el deseo puede incitarse, provocarse, contagiarse. A pesar de

que la filosofía parece encontrarse en condiciones nuevas que muchas veces no

2
JASPERS, K., op. cit., pág. 11

3
Cfr. PLATÓN, El Banquete, Ed. ALBA, España, 1999

4
PLATÓN, op.cit, pág. 58
favorecerían el estímulo de este deseo, como puede deducirse de las palabras de Cerletti-

Kohan: “La intervención esforzada del pensamiento carece de la frescura del discurso

publicitario o de la vertiginosa imagen del videoclip. La filosofía no es seductora en estos

tiempos. Más bien parece un estorbo poco práctico…”5, sostenemos, sin embargo, que se

puede estimular igualmente el deseo de la sabiduría.

Con respecto a esta estimulación del deseo de la filosofía encontramos un ejemplo

muy significativo en la vida de Agustín de Hipona. Cuando este filósofo leyó una obra de

Cicerón, a sus 19 años, la profunda impresión que le causó el texto lo motivó a la búsqueda

constante, actitud que él mismo señala no lo abandonó nunca: “En este libro titulado

Hortensio encontré una exhortación a la filosofía. El libro cambió mis sentimientos y

enderezó mis pensamientos, y mudó del todo mis deseos y mis anhelos. De repente todas

mis vanas esperanzas se envilecieron ante mis ojos y empecé a encenderme en un increíble

ardor del corazón por una sabiduría inmortal.”6 Esta obra despertó el deseo por la

sabiduría de un modo profundo en este joven buscador de la verdad. Agustín habla de

“exhortación”, es decir, no una enseñanza del deseo como si fuera un concepto a

transmitir, sino un pedido que es a la vez invitación, que apela a que se desee ejercer el

acto del pensar. Se trata entonces de enseñar no solamente teorías filosóficas sino más

aún de enseñar dicho deseo de pensar, estimulando, invitando, exhortando, contagiando

una actitud a partir de la propia intensificación del deseo. Si queremos, como docentes,

provocar este deseo en los alumnos, lo más urgente es cultivar este deseo en uno mismo,

intensificarlo y alimentarlo con la permanente lectura, formación y estimulación de la

propia capacidad reflexiva y crítica. Sólo se contagia aquello de lo que uno vive como

propio, se estimula el deseo por la filosofía en tanto ya poseemos la intensidad suficiente

5
CERLETTI A.-KOHAN O., La Filosofía en la Escuela, caminos para pensar su sentido. La UBA y los
profesores secundarios, Oficina de publicaciones del CBC, Buenos Aires, 1996, pág. 46

6
SAN AGUSTÍN, Confesiones, Ediciones Paulinas, Buenos Aires, 1984, Libro III, pág. 78
de tal deseo para que el alumno sienta del mismo modo como propio la necesidad de

ejercer la reflexión filosófica.

El carácter inevitable de la filosofía

Una de las características de la filosofía destacadas por Ortega y Gasset es su

carácter inevitable. La filosofía aparece siempre por el simple hecho de que la realidad

nos interpela y nuestro ejercicio del pensar no puede no ocuparse de la búsqueda de

respuestas. Esta imposibilidad de escapar a los interrogantes filosóficos lo resume este

filósofo del siguiente modo: “¿Cómo se puede vivir sordo a las postreras, dramáticas

preguntas? ¿De dónde viene el mundo? ¿A dónde va? ¿Cuál es la potencia definitiva del

cosmos? ¿Cuál es el sentido esencial de la vida? No podemos alentar confinados en una

zona de temas intermedios, secundarios. Necesitamos una perspectiva íntegra, con

primero y último plano, no un paisaje mutilado, no un horizonte al que se ha amputado la

palpitación incitadora de las postreras lontananzas. Sin puntos cardinales, nuestros pasos

carecerían de orientación. Y no es pretexto bastante para esa insensibilidad hacia las

últimas cuestiones declarar que no se ha hallado manera de resolverlas. ¡Razón de más

para sentir en la raíz de nuestro ser su presión y su herida! ¿A quién le ha quitado nunca el

hambre saber que no podrá comer? Aun insolubles, seguirán esas interrogaciones

alzándose patéticas en la comba faz nocturna y haciéndonos sus guiños de estrellas…” 7 Las

postreras preguntas son las que nos movilizan a buscar las respuestas más que a cualquier

otra pregunta, y están siempre presentes, son inevitables, cada uno de nosotros ha

sentido alguna vez la inquietud que ellas generan y, al mismo tiempo, ha intentado

encontrar respuestas.

Sin embargo, estas preguntas no exigen necesariamente respuestas inmediatas,

concisas, cerradas, sólo presionan e inquietan, dejándonos una insatisfacción que, lejos de

7
ORTEGA Y GASSET, J. ¿Qué es la Filosofía? Espasa Calpe, Madrid, 2007, Lección III, pág. 78
instalarnos en la decepción como podría pensarse con respecto a cualquier insatisfacción,

nos estimula más aún a la búsqueda, nos invita a la reflexión. El filósofo se interroga para

seguir reflexionando porque lo experimenta como una necesidad, no sólo para encontrar

respuestas. La misma pregunta de Ortega “¿cómo se puede vivir sordo a las postreras,

dramáticas preguntas?” ya es una pregunta filosófica, propia de quien se sorprende que

haya hombres con semejante sordera, como el caballo que no repara en las molestias que

le ocasiona el tábano8 incitador que constantemente nos inquieta removiendo las perezas

de nuestro conformismo intelectual.

El hombre está inmerso en un mundo que le muestra su superficie y le invita a

descubrir su esencia. La filosofía está siempre presente, siempre latente, todo hombre se

ha hecho alguna vez estas dramáticas preguntas, pero también las preguntas cotidianas

desde una perspectiva más profunda, y si de algún modo intenta responderlas comienza a

filosofar. Aún quien piense que tales preguntas son obsoletas y quiera aportar razones

para demostrar la falta de sentido de la filosofía tiene que hacerlo desde un tipo de

reflexión que no escapa a la tarea filosófica. Conscientes o no, poseemos una actitud ante

la vida y sus misterios, actitud filosófica que nos impele a la búsqueda de la sabiduría.

Filosofía y contexto

A lo largo de la historia cada pensador ha construido su discurso desde una

situación histórica, sus preguntas y respuestas no son, por tanto, las mismas. Según

Casalla9 toda reflexión está situada, es decir, todo pensamiento o discurso emerge desde

un contexto socio-histórico y está alimentado por dicho contexto. El pensamiento surge de

una “situación”, está atravesado y configurado por un conjunto de factores que lo hacen

8
Cfr. PLATÓN, Apología de Sócrates

9
Cfr. CASALLA, M., Crisis de Europa y reconstrucción del hombre. Ed. Castaneda, Bs As., 1977.
posible, pero a la vez, para que sea un pensamiento fecundo, ha de superar esa misma

situación y trascenderla. El punto de partida de todo pensamiento es lo histórico cultural.

No reconocer este contexto configurador es caer en el error del pensamiento “bastardo”,

según palabras del mismo autor, en una reflexión que niega cualquier influencia del medio

social e histórico del cual surge, una reflexión sin ligazón con el contexto. En el otro

extremo encontramos un tipo de pensamiento que intenta explicar un hecho sólo con los

datos que lo rodean, es el pensamiento “historizante” y constituye otra deformación de la

relación que existe entre pensamiento y situación. Ni el pensamiento bastardo ni el

pensamiento historizante se acercan al verdadero acto de pensar filosóficamente.

Acordamos con Casalla en afirmar que querer acercarse a una ciencia pura, a la

objetividad, a la consideración desinteresada, como también tratar de explicar los hechos

a través del contexto es una ilusión que hay que desechar como algo inalcanzable y superar

por medio de una tarea crítica.

La filosofía, en tanto pensamiento que surge de un contexto histórico, está

configurada por una “situación”. Al respecto, nos dice Casalla que “el compromiso entre el

pensamiento y su realidad no puede ser escamoteado ni minimizado”10, por esta razón es

que nos hemos propuesto pensar la realidad, relacionar y articular la reflexión filosófica y

la realidad circundante, tratando de enfatizar que el ejercicio filosófico es un proceso

que se construye a partir del contexto y está destinado a transformarlo. De allí la enorme

importancia de la enseñanza de la filosofía, práctica que ha de tener en cuenta el

pensamiento como discurso situado y comprometido a su vez con la transformación de esa

situación.

La filosofía como reflexión crítica transformadora

10
CASALLA, M., op.cit., pág. 103
Según Casalla11 el pensamiento crítico-filosófico posee esta cualidad de ser

“crítico” pero no como un agregado al pensar sino que forma parte de su propio desarrollo.

Dice este autor que el pensamiento crítico, en tanto pensamiento “situado”, como hemos

dicho, emerge de una situación histórica y, a la vez, la supera, afirma y niega a la vez el

espacio histórico-vital en el cual se halla comprendido. Está condicionado por el contexto

histórico concreto pero no se adapta a él sino que lo “trasciende”, es decir, lo comprende

en su particularidad y, a la vez, lo referencia a la universalidad del proyecto cultural en

que se halla inmerso. El pensamiento crítico-filosófico piensa a partir de lo real histórico

dado y, a su vez, tiende a transformarlo. Ejercicio que se despliega en el acto de revisar y

examinar los supuestos, las afirmaciones y el estado de la realidad. En una palabra:

cuestionar. De este modo nació la filosofía, la inquietud problematizadora y cuestionadora

es uno de sus móviles.

También el pensamiento crítico se caracteriza por desconfiar, sospechar de lo

dado, de las certezas. La filosofía extiende la desconfianza y la sospecha a lo habitual y lo

obvio, de este modo se genera un pensamiento con alternativas diferentes a las que

aparecen al sentido común. Al respecto, Deleuze y Guattari, citan a Nietzcshe cuando

determina la tarea de la filosofía: “los filósofos ya no deben darse por satisfechos con

aceptar los conceptos que se les dan para limitarse a limpiarlos y darles lustre, sino que

tienen que empezar por fabricarlos, crearlos, plantearlos y convencer a los hombres de

que recurran a ellos. Hasta ahora, en resumidas cuentas, cada cual confiaba en sus

conceptos como en una dote milagrosa procedente de algún mundo igual de milagroso..”,

pero hay que sustituir la confianza por la desconfianza, y de lo que más tiene que

desconfiar el filósofo es de los conceptos mientras no los haya creado él mismo” 12. Esta

cita nos sugiere pensar que la enseñanza de la filosofía debe apuntar a hacer circular los

11
Cfr. CASALLA, M., op.cit.

12
DELEUZE-GUATTARI., ¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Madrid, 1993, pág.11
conceptos con una actitud que oscila entre la confianza y la sospecha, no ha de ser una

aceptación ciega ni tampoco un rechazo hostil, sino una especie de alerta propia del que

está expectante ante una realidad que muestra y oculta al mismo tiempo. Por otro lado, la

filosofía también busca crear conceptos, resignificar los viejos problemas, plantear

nuevos interrogantes a la luz de las condiciones actuales.

Por otro lado, Cerletti y Kohan13 explican que la filosofía es una reflexión radical, un

pensamiento que no se queda en la mera contemplación sino que tiende a generar una

actitud crítica transformadora. Tal actitud implica que la filosofía intenta mostrar el

carácter más profundo de la realidad, sobre todo cuando ésta se nos presenta como

natural y común, mostrar lo complejo que significa la cuestión más simple, ir más allá de lo

visible y hacer de lo evidente algo que necesita ser revisado. Lo dado y el status quo es

siempre objeto de cuestionamiento por parte del pensar filosófico, con el objetivo de

cambiar lo que necesite ser cambiado, transformar los modos de relacionarse con lo

circundante, cambiando al mismo tiempo el contexto en mejora de nuestro modo de ser en

el mundo.

La crítica que caracteriza la filosofía implica revisar, distinguir, examinar los

valores, creencias, opiniones dominantes que subyacen a las prácticas y saberes sociales

para posibilitar el cambio y la irrupción de lo nuevo. La inquietud problematizadora y

cuestionadora es uno de los móviles del pensar filosófico y puede orientarse a todos los

campos del saber o a todos los ámbitos de la realidad. Lo contrario es la aceptación pasiva

de lo dado que manifiesta un pensamiento indiferente y acrítico y, por tanto,

improductivo.

Comienzo y origen de la filosofía

13
Cfr. CERLETTI-KOHAN, op.cit.
¿Cuáles son los motivos que impulsan al hombre a desplegar el acto de pensar

filosóficamente? ¿Qué lo lleva a hacerse preguntas filosóficas? ¿Cuáles son las causas

que impulsan al ser humano a filosofar? Estas preguntas buscan indagar sobre el “origen”

de la filosofía, entendido éste como la fuente de la cual se deriva el impulso que lleva al

hombre a filosofar. Según Jaspers, hay que hacer una diferencia entre lo que es

“comienzo” y lo que es “origen” de la filosofía ya que estos dos conceptos remiten a

cuestiones bien diferentes: “…comienzo no es lo mismo que origen. El comienzo es

histórico y acarrea para los que vienen después un conjunto creciente de supuestos

sentados por el trabajo mental ya efectuado. Origen es, en cambio, la fuente de la que

mana en todo tiempo el impulso que mueve a filosofar.” 14 De esta manera podemos decir

que el “comienzo” de la filosofía, emerge de un contexto histórico determinado, en un

tiempo y lugar concretos: Siglo VI a.C. en las colonias griegas del Asia Menor. El comienzo

de la filosofía está relacionado con condiciones históricas que posibilitaron su nacimiento.

En los Siglos precedentes, el hombre daba respuestas a sus interrogantes a través del

mito u otro tipo de explicaciones. Paulatinamente, esas respuestas no satisfacían la

necesidad de saber y conocer del hombre, por lo que se comenzó a buscar otras

explicaciones de carácter racional. El paso del mito al logos se dio de modo gradual y

posibilitó en los Siglos anteriores a Cristo el nacimiento de la filosofía cuyo carácter

racional argumentativo la diferenció de las explicaciones de ese entonces.

El “origen” de la filosofía, entonces, está asociado a las causas o motivos que llevan

al hombre a plantearse los interrogantes filosóficos. Existe en el ser humano un impulso

por saber las causas más profundas de la realidad, mientras que el “comienzo” está

acotado a un tiempo y a un espacio determinado, el “origen” de la filosofía está presente

en el hombre desde siempre.

14
JASPERS, K., La filosofía desde el punto de vista de la existencia, Fondo de cultura económica, Madrid,
1981
Orígenes del filosofar

Debemos decir que no es uno solo el origen de la filosofía ya que son varias las

razones que impulsan al hombre a la búsqueda de respuestas de carácter filosófico. A

diferencia del “comienzo” de la filosofía, hay algunos aspectos que llevan al hombre a

filosofar, que lo impulsan a la reflexión filosófica, dado el carácter existencial que lo

compromete consigo mismo y con los semejantes. Estos “orígenes” de la filosofía son: el

asombro, la duda y las situaciones límites.

a) El asombro

Para Jaspers, la admiración nos impele a conocer y en ella cobramos conciencia de

no saber. De esta admiración se origina la búsqueda del saber, pero no para el servicio de

alguna utilidad sino que es una indagación que nos lleva a mirar desinteresadamente el

mundo: es un saber satisfactorio por sí solo.

El hombre filosofa porque se asombra, y se asombra porque muchas veces la

realidad que lo rodea le impele a buscar las causas de aquello que se le presenta como

fuera de lo común, el hombre lleva en su interior el deseo de saber. Este deseo es el que

impulsa a querer salir de la ignorancia. Ante nuestros ojos se presentan realidades que nos

producen admiración porque no vemos en primera instancia la explicación de eso que

tenemos a la vista. “Los hombres comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante

algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza, y

después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor

importancia.. (..) Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no

sabe..”15 En efecto, si hay algo que sorprende surge la pregunta por conocer la causa de la

sorpresa, y la pregunta nos lleva a buscar el conocimiento. Pero esa búsqueda del filósofo

15
ARISTÓTELES, Metafísica, L.I, cap.2, 982b
hace que permanezca en este estado de asombro. Las respuestas filosóficas siempre se

convierten en nuevas preguntas. La admiración se instala, entonces, en la mente del

filósofo mientras éste ejerza el acto de pensar. El asombro está entre la ignorancia y el

conocimiento, en la medida en que no sabemos la causa de lo que sucede y al mismo tiempo

nos percatamos de esa ignorancia. Este mismo asombro nos invita a conocer e indagar.

No se trata de cualquier asombro, como cuando nos asombramos ante un edificio de

grandes dimensiones o cuando las ciencias particulares se asombran e investigan las causas

particulares. Se trata del asombro ante la totalidad del mundo que nos rodea, ante la

causa de la unidad de lo que existe. No otra cosa era lo que buscaban los primeros

filósofos griegos cuando creían encontrar esta causa en el agua o en el aire o en algún

elemento de la naturaleza. El sentido del asombro es experimentar que el mundo es más

profundo, más rico en misterio de como aparece a la razón común, a la explicación

cotidiana. Cuando observamos lo que nos rodea, intuimos que es parte de algo más grande,

oculto. Esta intuición nos inquieta, nos provoca y nos moviliza a buscar aquello que

sospechamos, aquello que se esconde detrás de lo ordinario y cotidiano.

Para el filósofo todo puede ser motivo de asombro, aún lo que pasa desapercibido

todos los días a los ojos de los sujetos que no se sienten provocados a ejercer una

reflexión filosófica: “La persona común va perdiendo esa cualidad primigenia que tiene el

niño, porque es embotado por los lugares comunes, hasta que llega a no advertir que un

hombre con dos cabezas no es más fantástico que un hombre con una sola. Volver a

admirarse de la monocefalia, o sorprenderse de que los hombres no tengan cuatro patas,

exige una suerte de reaprendizaje del asombro. Vivimos rodeados por el misterio; vivimos

suspendidos entre aquel doble infinito que aterraba a Pascal, todo es fantástico y hasta
inverosímil y sin embargo el hombre de la calle raramente se sorprende, mediocrizado por

la enseñanza repetitiva, por el sentido común, y ahora, finalmente por la televisión.” 16

b) La duda

La duda es la actitud que surge frente al examen crítico de nuestros conocimientos.

Cualquier conocimiento alcanzado pronto da lugar a la duda cada vez que nos percatamos

de la multiplicidad de respuestas a un mismo problema, de las múltiples posturas

filosóficas y de la falibilidad del conocimiento en general. Esta desconfianza ante los

saberes, que llamamos “duda”, constituye otro origen de la filosofía: “Se dijo que es el

asombro lo que lleva al hombre a formular preguntas, y primordialmente la pregunta por el

fundamento. Por su parte, la pregunta conduce al conocimiento; pero a su vez, cuando se

tiene cierta experiencia con el conocimiento, se descubre la existencia del error, y el

error nos hace dudar”17 Sólo quien admite la propia ignorancia siente la duda como origen

del filosofar. Esta actitud, lejos de ser una debilidad, como tal vez lo afirme el mundo

mercantilizado en donde no hay lugar para las vacilaciones, la duda en filosofía se

convierte en impulso fecundo del pensar.

c) Las situaciones límites

16
SÁBATO, E., Apologías y rechazos, La Nación, Buenos Aires, 2006, pág.99

17
CARPIO, A., Principios de filosofía, una introducción a su problemática, Glauco, Buenos Aires, 2004, pág.
14
Siguiendo a Jaspers18 el tercer origen de la filosofía sería las “situaciones límites”.

El hombre siempre se encuentra en situaciones variadas, en estados diversos y diferentes

de relaciones con el mundo que lo rodea. Algunas de estas situaciones pueden ser

dominadas y no representan mayores conflictos, pero hay otras en las que el ser humano

no decide libremente y afectan a su ser mismo, le producen sentimientos de necesidad, de

indigencia. La vida, la muerte, el sufrimiento, la culpa, son algunos ejemplos de estas

situaciones y Jaspers las llama “situaciones límites”. En la conciencia de estas situaciones

límites, que le hacen ver al hombre su propia finitud e indigencia, se encuentra el tercer

origen de la filosofía y, como en el asombro y en la duda, aquí también hay inquietud y

pulsión para la búsqueda de respuestas.

En definitiva, cualquiera sea el origen que se quiera señalar para la filosofía,

siempre se desemboca en el movimiento de la indagación, propio del amor por saber, que es

lo que hemos mencionado acerca de la etimología de la palabra “filosofía”: amor y búsqueda

de la filosofía.

Sentido de la filosofía: ¿para qué filosofar?

Cuando queremos indagar acerca del sentido de la filosofía, es decir, para qué

filosofar o para qué hacer filosofía, nos encontramos con una cuestión que nos remite al

tema de la utilidad. En los tiempos que corren, la palabra utilidad está asociada a un valor

de mercado. Útil es, en este contexto, todo aquello que me sirve para conseguir un

beneficio material, que me proporcione lo necesario para obtener valores financieros.

Visto así, todo lo que no sirva para dicho objetivo carece de sentido y hay que desecharlo

como “inútil”. Al parecer, en nuestra sociedad mercantilizada, todo lo que no tenga un

rédito económico inmediato está condenado a ser una pérdida de tiempo. Lyotard ha

señalado que “el mundo habla bajo la regla del intercambio económico, generalizado a

18
Cfr. JASPERS, K., op.cit.
todos los aspectos de la vida, incluyendo a los placeres y los afectos. Este idioma es

completamente diferente del idioma del curso filosófico, uno y otro son

inconmensurables.”19 Para Lyotard la filosofía no está relacionada con esta clase de

utilidad.

En pleno Siglo XXI la ciencia y la tecnología han instaurado en la sociedad una razón

instrumental: “Ha invadido la escena una razón instrumental, que ha cosificado la realidad,

que ha matado el espíritu, ha instalado en la cúspide de nuestra pirámide de valores lo útil,

ha secado la gratuidad del gratificante encuentro personal, ha multiplicado el poder de los

especialistas, ha olvidado el sentido de las cosas.”20 Dicha razón instrumental responde al

progreso de la ciencia y la tecnología, que con sus logros antes insospechados va

separándose cada vez más de cualquier análisis filosófico para convertirse en un fin en sí

mismo. Lo que era un instrumento y medio (razón instrumental) deviene en fin y aspiración

última del estilo de vida postmoderno.

El concepto de razón instrumental habla de utilidad en sentido económico. Sin

embargo, si ampliamos el significado del término, la filosofía no está exenta de cierta

utilidad. Si pensamos que la actividad filosófica nos sirve para un gratificante encuentro

personal, consigo mismo o con el conocimiento que circula en la relación docente-alumno, o

para encontrar el sentido de las cosas o para emancipar al ciudadano de ciertas ataduras,

por nombrar algunos de sus objetivos, entonces la filosofía es tan o más útil que cualquier

otra ciencia.

Que en el aspecto económico la filosofía no tenga la utilidad que poseen otros

conocimientos, no significa que carezca de toda utilidad. Aún cuando sostengamos que ella

19
LYOTARD, J. La postmodernidad (explicada a los niños), Gedisa, Barcelona, 1994

20
CIFUENTES, L.-GUTIERREZ, J.M. (coords.), Enseñar y aprender filosofía en la educación secundaria,
Horsori Editorial, Barcelona, 2001, pág. 68
sea un fin en sí misma y no sea sierva de nadie, no podemos dejar de encontrarle la

utilidad que el mercado no puede encontrarle: la de ser el pensar filosófico una actividad

que al menos produce placer en quien lo lleva a cabo, la de proporcionar herramientas para

razonar y argumentar a fin de resolver problemas variados, la de hacer tomar conciencia

acerca de la situación de alienación en la que vive el sujeto y, por tanto, motivarlo a actuar

para escapar de esa esclavitud, la de proporcionar también herramientas para

transformar la realidad. Cuando Carpio expone el pensamiento de Marx hace una

observación acerca de la Tesis XI. Este autor reflexiona acerca de la misión que le asigna

Marx a la filosofía, misión que no ha de limitarse a contemplar la realidad sino a

transformarla. Así, dice Carpio: “Por cierto que ya Platón se planteó la exigencia de

reformar la sociedad, y por ello ideó en La República un sistema político (..) Y hablando en

términos más generales, puede decirse que la filosofía siempre ha transformado el mundo,

aunque no se lo haya propuesto. Sin Descartes, por ejemplo, no hubiese habido Revolución

Francesa (..) Sus ideas conformaron el pensamiento moderno, sin el cual no hubiese habido

Iluminismo, que fue el encargado de difundir las ideas de igualdad, fraternidad, libertad,

etc.”21 Según está idea, la filosofía siempre ha incidido en la transformación del mundo,

ella ha sido la inspiradora de las ideas que han dominado en cada momento histórico de la

sociedad. Desde Platón, como afirma Carpio, hasta los actuales pensadores que reflexionan

acerca del contexto postmoderno, la filosofía piensa la realidad porque es su tarea

específica, y al mismo tiempo la transforma porque es la consecuencia natural de la

reflexión crítica, propia del pensar filosófico auténtico.

Sostenemos, entonces, que la filosofía es útil, que es también una de sus

características la transformación de la realidad, pero también la toma de conciencia de las

propia situación, la búsqueda de la felicidad, el dominio de habilidades argumentativas, el

análisis de la realidad, el placer de la posesión de conocimientos, el saber actuar a partir

21
CARPIO, A. op.cit., pág. 375
de la reflexión ética. Junto a la especulación abstracta y las teorías de los diferentes

sistemas filosóficos se encuentra la idea de cambiar la sociedad. No vemos por qué haya

que separar estas dos dimensiones y pensar la filosofía como un saber abstracto separado

de la transformación de la realidad, ni señalarle la sola misión de cambiar esa misma

realidad sin una reflexión crítica previa.

IFDC - SAN LUIS


PROFESORADO DE EDUCACIÓN PRIMARIA

FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN

TEXTO:

FILOSOFÍA: CONCEPTO Y SENTIDO

(documento de cátedra)

PROFESOR: CLAUDIO BAIGORRIA

PROFESORA: MARÍA DE LOS ÁNGELES MIRANDA

2014

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