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Las cinco leyes biológicas

Tercera revolución en la historia de la medicina.

Trataremos de explicar las cinco leyes biológicas y las implicaciones que ellas tienen, con el
siguiente ejemplo ilustrativo: “EL GATO Y EL RATÓN”

Imagina un ratón cruzándose en el camino de un gato. El gato avista un buen bocado de


comida, el ratón por el contrario se percata de estar en peligro de muerte. Por la
determinación biológica el gato huye inmediatamente. Es una experiencia familiar que en
situaciones extremas, se liberan en nosotros energías excepcionales. Precisamente esta es
uno de los aspectos que queremos desarrollar aquí. Las células alveolares del pulmón del ratón
activan el estado de simpaticotonía, dando como resultado una funcionalidad extra,
incrementando la permeabilidad al oxígeno. De este modo el ratón es capaz de inspirar aire
más eficientemente y mantenerse corriendo durante un periodo prolongado de tiempo.
Después de correr durante dos minutos exitosamente y encontrar un refugio, el ratón podrá
respirar tranquilo y recomponerse durante dos minutos. Se encuentra ahora en estado de
vagotonía o parasimpaticotonía.

Si trasladamos esta situación a nuestra vida, un diagnóstico médico de enfermedad mortal (sin
importar cuál sea) podría ser interpretado en el mismo sentido que el ratón interpretó la
presencia del gato. Desde el punto de vista biológico, el diagnóstico de enfermedad mortal
puede ser interpretado del mismo modo que el ratón asume la presencia del gato, del cual
intentará escapar. Sin embargo, nosotros no podemos salir corriendo de este diagnóstico en
un sentido literal, siendo ello contrario a nuestra determinación biológica. El miedo provocado
a la muerte se perpetua, a la sazón que el paciente ahora es incapaz de dormir, perderá el
apetito y descansará escasamente, ya que se activa en él un programa biológico para
informarle de la necesidad de escapar del mortal enemigo (estado de simpaticotonía o de
conflicto activo)

Compara esta situación con la del gato y el ratón. Hay una importante diferencia referente a la
duración. Para el ratón hay sólo dos posibilidades, escapar o ser devorado. Bajo ninguna
circunstancia se mantendrá huyendo durante semanas o meses. En un entorno natural el
miedo a la muerte no puede perdurar durante periodos prolongados de tiempo. En el caso de
nuestro paciente, ya que las células pulmonares han estado trabajando al máximo de su
capacidad durante semanas, comienzan a multiplicarse para hacerse cargo del sobreesfuerzo.
Gracias a este excedente de células, puede ser absorbida una mayor cantidad de oxígeno por
unidad de tiempo. Si en este periodo nuestro paciente visita al doctor de nuevo, este
encontraría lo que se suele denominar un tumor maligno en el pulmón, concluyendo que ello
certifica una metástasis del cáncer primario (en el caso en que la enfermedad mortal
diagnosticada haya sido de cáncer). Sin embargo, este cáncer es un programa en sí mismo,
desencadenado por el miedo a la muerte. Esta proliferación de células nunca fue “maligna” o
carente de sentido, ya que biológicamente ayuda al animal (en este caso nuestro paciente
humano) a salir corriendo. Ahora asumamos que nuestro paciente no se ve alarmado por el
doctor, que hace un pronóstico adecuado del cáncer de pulmón en base a los mecanismos
biológicos explicados. Inmediatamente el paciente sentirá un profundo alivio y finalmente
podrá retornar a su estado de reposo. “El paciente ha salvado con éxito su vida del
depredador” (en este caso la amenaza de muerte por enfermedad). Aunque durante semanas
han estado proliferando células pulmonares, ahora algo diferente empezará a ocurrir. El
excedente de células alveolares se torna ahora innecesario y comienza la degradación de las
mismas, mediante el mecanismo de la tuberculosis y la expectoración. El paciente toserá
expulsando coágulos de sangre. El ratón no necesitó este excedente de células durante los dos
minutos de miedo a morir, siendo absurda por ende la descomposición tuberculósica. El
paciente humano muestra sin embargo una cierta preocupación por su salud y vuelve al
doctor, el cual diagnosticará ahora tuberculosis pulmonar, siendo esta una sintomatología
consecuente tras la resolución del conflicto de miedo a la muerte, la cual genera un
importante malestar de duración predeterminada, aproximadamente de la misma duración
que el periodo durante el cual se sostuvo el conflicto por miedo a la muerte. No obstante, el
proceso de descomposición del excedente de células sólo será posible si el organismo puede
transportar la micobacteria tuberculosis. En ausencia de la micobacteria, debido a la
erradicación de la misma por tratamiento médico, el tumor pulmonar se encapsulará,
permaneciendo en su sitio, algo que no plantea ninguna amenaza directa. La tuberculosis, que
siempre se entendió como algo “malo”, es realmente un recolector de desechos orgánicos,
ayuda inestimable en la recuperación del paciente. Conforme a este planteamiento, se puede
observar cómo tras la Segunda Guerra Mundial, hubo un elevado índice de tuberculosis en
Alemania, ya que muchas personas resolvieron su conflicto de miedo a la muerte. Entendido
biológicamente, el ratón ha escapado con éxito del gato. El índice de infecciones por
tuberculosis en esta época fue cero.

¿El cáncer de pulmón está provocado por miedo a la muerte?

Tengamos en mente que no existe un único tipo de cáncer de pulmón, ya que el pulmón está
conformado por distintas estructuras y tejidos, reaccionando cada uno de ellos a diferentes
desencadenantes. Nuestro ejemplo se remite únicamente a los alveolos pulmonares. Para los
canales bronquiales o las células de la pleura, existen diferentes programas con sus respectivos
desencadenantes y procesos. Pero en ningún caso podemos hablar de un significado biológico
maligno. Más aún, nunca han existido las llamadas metástasis, ni el “cáncer” de pulmón
provocado por la adicción al tabaco u otros agentes tóxicos. Este es sólo provocado por la
noción del sentido biológico de miedo a la muerte, lo cual requiere de una hiperfunción de los
alveolos pulmonares. Ello no requiere por tanto de ninguna “lucha contra el cáncer”
contrariamente al punto de vista sostenido generalizado. No existen indicios de errores de la
naturaleza, que necesiten ser reparados, tal como asumen la medicina clásica y alternativa.

¿Son el cáncer y otras así llamadas “enfermedades” una salvaguarda de nuestra vida?