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Objeto, concepto y métodos: tres dimensiones constituyentes

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Objeto, concepto y método: tres dimensiones constituyetes de los fundamentos del conocimiento sociológico

Carlos Eduardo Massé Narváez*

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sociológico Carlos Eduardo Massé Narváez* 48 2000 La colección Documentos de Investigación difunde

2000

La colección Documentos de Investigación difunde los avances de trabajo realizados por investigadores de El Colegio Mexiquense, A.C., con la idea de que los autores reciban comentarios antes de la publicación definitiva de sus textos. Se agradecerá que los comentarios se hagan llegar directamente al (los) autor(es). Los editores han mantenido fielmente el texto original del presente documento, por lo que tanto el contenido como el estilo y la redacción son responsabilidad exclusiva del(de los) autor(es). D.R. © El Colegio Mexiquense, A.C., Ex hacienda Santa Cruz de los Patos, Zinacantepec, México. Teléfonos: (722) 279-99-08, 218-01-00 y 218-00-56; fax: ext. 200; E-mail: ui@cmq.edu.mx Correspondencia: Apartado postal 48-D, Toluca 50120, México.

*E-mail: cmasse@cmq.edu.mx

Carlos Eduardo Massé Narváez

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Resumen

El objetivo del trabajo es hablar sobre los fundamentos del conocimiento socioló- gico. Se argumenta que existen diversos puntos de vista sobre su fundamentación. Para ello, se describe la forma en que se fue gestando el concepto, después se esbozan las bases epistemológicas —clásicas (siglos xix y xx) para el estudio sociológico. A continuación se analiza cómo se discute acerca del contenido del concepto sin referirse a un objeto empírico específico. Finalmente se abordan los estudios teórico-empí- ricos de la disciplina, en el que se presenta cómo se hace análisis sociológico con un objeto empírico, sin entrar en el debate ontológico del concepto.

Abstrac

The object of the article is to talk about the epistemology principles the Sociology. Arging that exist many diferents conceptions and positions. Firstily to presenting some examples about it, in second place, showing the borning of the concept. Then, to describe the epistemological bases (xix & xx centurys) to the sociological study, to finally to abrd the empirical theoretical principles of the discipline.

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I. CONSIDERACIONES PRELIMINARES

Al referirnos a “los sustentos”, queremos decir — tanto por cuestiones de espacio como por cues- tiones de exposición—, que sólo nos referiremos a los que se consideraron más importantes para el logro del objetivo que se persigue. Para el estudio de la sociología se han esta- blecido múltiples criterios cuyas validaciones se pueden encontrar en los escritos que se conocen en la actualidad, especialmente consultados en la actividad académico - docente que se cobija bajo ese concepto. Por ello, referirnos a los sustentos epistemológicos del conocimiento sociológico implica, a nuestro parecer, la descripción de los sentidos que puede tener esa expresión para los estudiosos del tema que con tanta facilidad se utiliza y con tanta dificultad se comprende. Por principio, consideramos pertinente esbo- zar que hay varias proposiciones que se usan para dar a entender los sentidos diversos en el estudio de la sociología. Si revisamos la literatura sobre el tema, podemos encontrar en los planteamien- tos de algunos autores la diversidad de sentidos que se dan para estudiar la sociología. Así, para ejemplificar vemos, por un lado, la opinión de que a la sociología se le reconoce como la ciencia de lo social para el análisis del presen- te, tal y como propone Georg Simmel; o, por otro, el concebirla como una ciencia lógico - experi- mental, ausente de carga ideológica y con una rigurosidad similar a la de las ciencias de la natu- raleza, tal y como lo sugería Vilfredo Pareto.

En estos ejemplos hay la posibilidad de que la sociología puede adquirir cualquiera de esos dos sentidos, de acuerdo con la idea de los pro- ponentes, pero hay otros casos en los que el es- tudio de la realidad social, puede adquirir pecu- liaridades específicas que estructuren una diversa concepción que incluso, han servido para denun- ciar la insuficiencia de las anteriores proposicio- nes.

Lo cierto es que el trabajo sociológico no se reduce a esas proposiciones, sino que, en cam- bio, se tiene que remontar a los tiempos en las que se fue configurando la disciplina sociológi- ca.

El sustento de ello son los estudios de los considerados pensadores clásicos de la sociolo- gía, quienes hicieron en sus propuestas prelimi- nares una serie de consideraciones para estruc- turar un marco metodológico formalmente constituido para desarrollarse dentro de una acti- vidad académica. Estos clásicos del desarrollo académico de la metodología sociológica son fundamentalmente Max Weber y Emile Durkheim. Y aunque a Karl Marx también se le ha considerado como uno de los clásicos de la sociología, la forma de estruc- turar su proposición epistemológica parte de ciertas convicciones académicas de herencia hegeliana que tiende a diluirse cuando se fortalece su con- cepción de la práctica de ascendiente político. Pero antes de esbozar esas proposiciones, hagamos una revisión somera de los orígenes históricos de la disciplina sociológica.

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II. UNA BREVE CONSIDERACION HISTORICA

Como en casi todos los casos de la actividad cognoscitiva, hay ciertos rasgos que pueden resaltarse de la revisión histórica de la constitu- ción de las disciplinas académicas, en donde se puede ver el interés de cada uno de los estudio- sos, para darle un sustento al área de conocimiento que cultiva, tanto para valorarla dentro de las divisiones cognoscitivas como, en determinados casos, diferenciarla de las otras áreas para así ostentar la exclusividad de sus alcances en la ato- mización cognitiva. Estas son, a nuestro modo de ver, algunas de las razones que han hecho que las diversas proposiciones para el estudio de lo social se incluyan bajo el concepto de sociología. En el caso de la sociología, como en el de muchas otras áreas del conocimiento configura- das en la academia decimonónica y de gran par- te del siglo contemporáneo, el interés de su con- figuración, tanto en el planteo de su problemática de estudio como en la aportación en su patrimo- nio intelectual, parece surgir principalmente dentro del ámbito europeo. Ahí, dentro del intento de superar el peso de la herencia religiosa del escolasticismo para el entendimiento de lo social, se permitió a la so- ciología que en sus orígenes positivistas se iden- tificara con lo moderno, con la nueva época, con lo científico. Pero ello no era sencillo; pues no se podía soslayar superficialmente el peso del escolasticis- mo, por lo que los preceptos religiosos, antes dominantes, se intentaron acomodar con lo cien- tífico, aunque parecían ser incompatibles; no obstante, esta mezcla de misticismo y ciencia confluye en el romanticismo. En él se identifica- ba al mundo moderno con la emancipación de los sentidos, en donde el sentimiento se constituía en el núcleo de la razón; pero ello era insuficiente pues obstaculizaba la aplicabilidad de la razón a los fenómenos que requerían conocerse. Bajo esas premisas el positivismo francés, que estaba ligado con la nueva forma emergente de organización social basada en el industrialismo, pero sin ignorar el romanticismo, dio la pauta para que no se descuidara el entendimiento de las vi-

siones cosmogónicas, propias de la tradición cul- tural, además de apoyar el avance de la ciencia para el conocimiento de lo social, mediante su modelo hegemónico, ya probado en la ciencia natural. En ese marco emerge la sociología como un área de conocimiento que, para su momento, no alcanzaba a determinar específicamente las carac- terísticos de su objeto, y, por ende impedía la precisión de los alcances del concepto. Por principio, en la proposición de la nece- sidad de crear una ciencia para que de manera rigurosa se aplique al estudio de la sociedad, se presenta la pertinencia de darle un nombre; este se deriva de la visión holística del conocimiento enciclopédico, que encontramos en la clasifica- ción comteana de la filosofía positiva y que nos va a servir de punto de partida para ubicar a la sociología. En la fundamentación de esa clasificación Comte dice que:

la filosofía positiva se haya, por tan-

to, naturalmente dividida en cinco cien- cias fundamentales, cuya sucesión es determinada por una subordinación ne- cesaria e invariable, fundada, indepen- dientemente de toda opinión hipotética, sobre la mera comparación profundizada de los fenómenos correspondientes; a saber: astronomía, física, química, fisio- logía y física social. La primera conside- ra los fenómenos más generales simples, abstractos y alejados de la humanidad; éstos influyen sobre todos los demás sin ser influidos por ellos. Los fenómenos

] [

considerados por la última son, al con- trario, los más particulares, complicados, concretos y directamente interesantes para el hombre, dependen en más o en menos de todos los precedentes, sin ejer- cer sobre ellos influencia alguna (Comte, 1986:44, 45).

Y más adelante añade que:

La física social es el estudio positivo del conjunto de las leyes fundamentales pro-

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pias de los fenómenos sociales (Comte,

1986:54).

En su idea, Comte proponía la creación de la físi- ca social como la ciencia del conocimiento de los fenómenos sociales, pero, según aseguran los tratadistas del tema, Comte cambió el nombre de física social, por el de sociología, debido a que el primero ya lo había usado un científico belga para el título de un tratado sobre estadística. Así, la ciencia sociológica se inicia con un enunciado que no es adecuado ni siquiera para su promotor. Además de que el contenido que se cobijaba bajo ese nombre también era incierto. El argumento que avala esa idea es el que esgrime Recasens, quien dice:

Cuando la sociología fue fundada como

una ciencia independiente por el pen-

recibió un

contenido que [

enciclopédicas: como ciencia de la exis-

tencia colectiva del hombre se debía fun-

quiso que la

Sociología fuese una ciencia de igual carácter que las demás ciencias, es de- cir, empírica e inductiva (Recasens Siches,

1977:1).

dar en las demás ciencias

tenía proyecciones

sador francés Augusto Comte

]

Pero entre el deseo y la factibilidad de hacer de la sociología una ciencia, se presentaban una serie de dificultades por la imprecisión de su alcance, pues los fenómenos sociales incluían una diver- sidad de aspectos. Y no obstante esa imprecisión, dentro de la gama de propuestas globalizadoras para la adquisición del conocimiento, se incorporó la sociología en condiciones no muy específicas por lo que el mismo autor añade:

Esas tendencias enciclopédicas suscita- ron, a fines del siglo xix y comienzos del xx, una multitud de estudios monográficos sobre los más variados te- mas, a título del aspecto social que cada uno de ellos pudiese presentar; pero las más de las veces sin una clara visión de cual debiera ser su entronque con la sociología. No se veía la diferencia en-

tre el método o punto de vista socioló- gico aplicable al estudio de muy varia- dos temas y la Sociología como ciencia aparte con objeto propio (Recasens Siches, 1977:2).

Con esos criterios, la sociología se inicia en Eu- ropa y se desarrolla en Europa, como una nece- sidad académica y social de poderse explicar los fenómenos sociales, particularmente los permeados por las expresiones explosivas y vio- lentas como fue el caso de la Revolución France- sa; pero todo avance para el logro de ese enten- dimiento se vio truncado por la inestabilidad social que impidió el libre desarrollo intelectual, producto de las conflagraciones del presente siglo. Ello obliga a que el centro de la sustentación discipli- naria y paradigmática de la sociología salga de ese continente, no obstante los avances logrados, y se concentre en los Estados Unidos de Norteamérica, de donde posteriormente, por el ascendiente ideológico - económico que ese país adquiere, derivado de la llamada segunda guerra mundial, se expandirá a otras partes del mundo, bajo la tónica establecida por ellos, para que así después de asumirse, criticarse y adecuarse, asu- ma sus propias características en las diversas re- giones. Después de este muy breve recorrido histó- rico, nos queda la sensación de que, por su pro- ceso a partir de sus orígenes conceptuales, la sociología no tiene un sólo sustento epistemológico, sino que éste dependerá de los fundamentos que se le den dentro de cada uno de los espacios sociales donde se cultive. Por ello, como podemos ver, la sociología se inicia con problemas ontológicos y semánticos, y en su desarrollo, va cambiando su trayectoria, por lo que, de acuerdo con cada uno de los criterios de los proponentes del estudio sociológico, se va adecuando su forma de entendimiento y así se establecen los sustentos epistemológicos. El hacer una simple revisión global de los diversos sustentos epistemológicos que cultivan y promueven el conocimiento sociológico, reba- saría en demasía los fines del presente escrito, por lo que, por el momento, sólo se describirán los

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criterios más generales en donde confluyen las coincidencias y divergencias de dichos supuestos. Para eso haremos una descripción de algu- nas de las proposiciones más trascendentes en que se hagan patente las alternativas para el estudio sociológico y las proposiciones que apoyan o refutan esos sustentos epistemológicos de mane- ra manifiesta o subyacente.

III. AGUNAS BASES EPISTEMOLOGICAS CLASICAS Y CONTEMPORANEAS PARA EL ESTUDIO SOCIOLOGICO O EL CONCEPTO SIN OBJETO

La expresión de nuestro enunciado que encabe- za este apartado parece demasiado rígido si se le toma de manera literal, es decir, hablar de un pensamiento clásico para el estudio de la socio- logía no parece aceptable, en particular cuando se habla de una ciencia que intenta llevarnos al conocimiento complejo de la sociedad, o dicho de otra manera, si se habla de la sociología, no puede haber una forma clásica de entender los fenómenos sociales, puesto que todas las propo- siciones dependerán de la particular visión de cada uno de los estudiosos. Pero lo que se quiere decir con ese enuncia- do, es que hay estudios sobre la sociología, que siguiendo algunas vertientes, se han constituido en una firme base para las posteriores proposi- ciones. Y es en ese sentido que a esas vertientes básicas las hemos calificado como clásicas, por lo que es necesario que nos refiramos a los sus- tentos epistemológicos que las circundan. Es indiscutible que todo estudio de la socio- logía, es un momento, una reflexión, del proceso de investigación sociológica, que en algunas oca- siones está apoyado en un sustento epistemológico que guíe la forma de ordenar el pensamiento para abstraer la realidad. Y aunque se haga referencia a objetos concretos de la realidad social, para remitir al lector a posibles sustentos empíricos, el estudio sociológico, se centra más en posiciones metateóricas que en el objeto concreto —de ahí la disyuntiva del enunciado de este apartado—

aunque este, de manera referencial, no tenga que estar ajeno, ya que se supone que esa es la razón de ser de la ciencia sociológica. De esto hay varios ejemplos, entre los que se puede encontrar el ya referido de Augusto Comte sobre la Filosofía positiva o el de Herbert Spencer en su texto Sociología. En estos escritos se pretende establecer el alcance del conocimiento

de la ciencia sociológica, con el fin de interpretar la evolución histórica de las sociedades. Pero uno de los más significativos y que se ha constituido como un clásico, es el ya tradicional estudio de Emile Durkheim titulado Las reglas del método sociológico”. En este escrito, una de las principa- les preocupaciones del autor es, además de de- terminar los alcances de la sociología, establecer con precisión la delimitación de la misma, frente

a otras áreas del conocimiento, en particular con

la psicología, ya que considera que con esa dis- ciplina se pierden los límites. Partiendo de la premisa de que el conocimien- to científico tiene la finalidad de descubrir, cono- cer, explicar y verificar el objeto seleccionado; lo que en síntesis propone es la pertinencia de que se tenga presente, de manera muy clara, cuál es el objeto de estudio sociológico. Como sabemos el objeto de estudio para Durkheim es el “hecho social”, al cual describe de la siguiente manera:

Hecho social es toda manera de hacer, fijada o no, susceptible de ejercer una coacción exterior sobre el individuo, o bien, que es general en la extensión de una sociedad general dada conservan- do una existencia propia, independien- te de sus manifestaciones individuales (Durkheim, 1981: 28).

Y más adelante resalta cómo se puede reconocer

un hecho social cuando afirma que:

Un hecho social se reconoce por el po- der de coerción externa que ejerce o es susceptible de ejercer sobre los indivi- duos; y la presencia de ese poder se re- conoce, a su vez, ya sea en la existencia de alguna sanción determinada, o en la

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resistencia que ese hecho opone a toda empresa individual que tienda a violar- lo (Durkheim, 1981: 29).

Con estas referencias, encontramos que el obje- to, que según el autor caracteriza al conocimien- to sociológico, es el hecho social, pero un hecho social no es algo tangible, pues la única forma de identificarlo es a partir del comportamiento de los individuos que responden socialmente a una for- ma coercitiva de expresarse, y esto sólo se iden- tifica porque hay coincidencias en los comporta- mientos individuales que crean una conducta social. No obstante la intangibilidad, el autor pro- pone algunas reglas que permitan la observación de los “hechos sociales”. La primera proposición es que estos sean considerados como “cosas”, pero debido a que las “cosas” o “hechos sociales”, son intangibles se tiene que considerar que:

los fenómenos sociales son cosas y

deben ser tratados como cosas. Para demostrar esta proposición no es preci- so filosofar acerca de su naturaleza ni discutir las analogías que presentan con los fenómenos de reinos inferiores. Es suficiente comprobar que son el único datum que se le ofrece al sociólogo. Efectivamente, es cosa todo lo que esta dado, todo lo que se ofrece o, más bien, se impone a la observación. Tratar los fenómenos sociales como cosas, es tra- tarlos en calidad de data, que constitu- yen el punto de partida de la ciencia.

] [

Los fenómenos sociales presentan indis- cutiblemente este carácter (Durkheim, 1981: 31).

Como una segunda proposición, Durkheim señala que el investigador debe enfrentarse a los “hechos sociales” sin prenociones. Ello se debe a que al estar imbuidos de estas, el investigador se pierde en la identificación del sentido y contenido de los datos. Por ello señala que:

En el estado actual de nuestros conoci- mientos, no sabemos con certeza lo que

es el Estado, la soberanía, la libertad política, la democracia, el socialismo, el comunismo, etcétera; por razones de método debería, pues, prohibirse todo uso de estos conceptos, en tanto no es- tén científicamente constituidos. Y sin embargo, las palabras que los expresan aparecen sin cesar en las discusiones de los sociólogos (Durkheim, 1981: 35).

De tal manera que para evitar el uso de concep- tos que carezcan de sentido es pertinente no es- timular las prenociones conceptuales sino marginarlas hasta que estas hayan adquirido un contenido. No es aquí el espacio para citar todas las reglas del autor, sin embargo, como tercer elemen- to, se sugiere que se consideren los aspectos más generales del conjunto social para diferenciar la conciencia colectiva (base del hecho social) de la individual. Estas tres primeras reglas son las que carac- terizan la actitud que debe asumir el investigador frente al objeto de estudio. Pero ello no es sufi- ciente, también se tienen que hacer algunas con- sideraciones en torno al objeto, puesto que éste dispone de su propia dinámica. En ese sentido sugiere, como primer regla que se haga una dis- tinción entre lo normal y lo patológico de una sociedad; el contenido de esos conceptos los describe de la siguiente manera:

Llamaremos normales a los hechos que presentan las formas más generales y daremos a los otros el nombre de mor- bosos o patológicos. Si acordamos nom- brar como tipo medio al ser esquemáti- co que se constituiría reuniendo en la misma totalidad, en una especie de in- dividualidad abstracta los caracteres más frecuentes en la especie con sus formas mas frecuentes, podrá decirse que el tipo normal se confunde con el tipo medio y que toda desviación de este modelo de la salud es un fenómeno morboso.” Y añade que: “un hecho social sólo puede llamarse normal para una especie social determinada en relación con una fase, igualmente determinada de su desarro- llo; en consecuencia, para saber si tiene

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derecho a ésta denominación no basta observar bajo qué forma se presenta en la generalidad de las sociedades que pertenecen a esta especie, también hay que tener el cuidado de considerarlas en la fase correspondiente de su evolu- ción (Durkheim, 1981: 56, 57).

También el autor propone se haga la diferencia de la especie social la cual corresponde a las particularidades de cada una de las sociedades y en la sociedad estudiada se pueda identificar el “medio social interno” el cual está compuesto por la densidad dinámica y la densidad material, las cuales corresponden a las actividades de las per- sonas y los productos de comunicación que ge- neran. Finalmente en la identificación de las cau- sas de un “hecho social”, Durkheim se orienta por el “método de las variaciones concomitantes”, el cual opera tomando una muestra reducida de un hecho social y a partir de ello pueden hacerse comparaciones con hechos sociales de la misma especie, y en caso de encontrarse regularidades, se puede formular una ley. Ello se hará al com- parar:

] [

constituidas, cuyos términos se relacio- nan unos con los otros a través de una graduación lo más continua posible, y que además sean de una extensión sufi- ciente. Ya que las variaciones de un fe- nómeno sólo permiten inducir su ley si expresan claramente la forma en que se desarrollan en circunstancias dadas. Pero para eso es necesario que entre ellas haya la misma continuidad que entre los mo- mentos de una misma evolución natural y, además, que esta evolución que con- figura resulte bastante prolongada como

series de variaciones regularmente

para que su sentido no sea dudoso (Durkheim, 1981: 105).

En esos elementos podemos resumir la propues- ta epistemológica de Durkheim para aproximar- se al estudio sociológico. Otro de los casos clásicos que nos indica un momento del estudio sociológico es el tratado

titulado “Economía y Sociedad”, en el que se conjuntan muchos de los escritos de Max Weber. Casi al inicio de la primera parte, se describe la proposición del autor sobre su entendimiento del concepto que nos ocupa. Ahí nos dice:

Debe entenderse por sociología (en el sentido aquí aceptado de esta palabra,

empleada con tan diversos significados):

una ciencia que pretende entender, in- terpretándola, la acción social para de esa manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos. Por “acción” debe entenderse una conducta humana (bien consista en un hacer externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que

el sujeto o los sujetos de la acción enla-

cen a ella un sentido subjetivo. La “ac-

ción social”, por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por su sujeto

o sujetos está referido a la conducta de

otros, orientándose por ésta en su desa- rrollo (Weber, 1974: 5).

En la acción social el sentido está referido a la conducta de otros, la conducta que se desprende de la actividad de los sujetos estudiados, la con- ducta de los sujetos de la acción; y ésta existe:

a) en un caso históricamente dado, b)como promedio y de un modo aproxi- mado en una determinada masa de ca- sos: bien, c ) como construido en un tipo ideal con actores de este carácter. En modo alguno se trata de un sentido “ob- jetivamente justo” o de un sentido “ver- dadero” metafísicamente fundado. Aquí radica precisamente la diferencia entre las ciencias empíricas de la acción, la sociología y la historia, frente a toda cien- cia dogmática, jurisprudencia, lógica, éti- ca, estética, las cuales pretenden inves- tigar en sus objetos, el sentido “justo” y “válido” (Weber, 1974: 6).

Por ello, además el sentido se constituye en un “tipo ideal”, como veremos más adelante. Así la sociología tiene como finalidad la com- prensión e interpretación de la acción social, y por ese medio se descifra el sentido, lo cual lleva a

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explicar la causalidad de la acción social en su desarrollo. Esa comprensión e interpretación que se encuentra en Weber reconoce que:

Cualquier conocimiento conceptual de la realidad infinita por la mente humana finita descansa en el supuesto tácito de que sólo una parte finita de esta reali- dad constituye el objeto de la investiga- ción científica, parte que debe ser la única ‘esencial’ en el sentido de que ‘merece ser conocida’ (Weber, 1978: 62).

La compleja realidad que impide a nuestra limi- tada capacidad cognoscitiva abordarla en toda su dimensión, tiene que reducirse esencialmente a abstraer las características más generales de los fenómenos sociales que se consideren dignos de conocerse, lo que implica una selección subjeti- va de la realidad cognoscible y esto es lo que Weber llama la “referencia a valores”. Esta es el principio básico para toda investi- gación científica, pues, como dice Weber:

] [

dor no existiría ningún principio de se- lección del material ni conocimiento pro- visto de sentido de lo real en cuanto a individual; además así como sin la fe del investigador en la significación de cual- quier contenido cultural toda labor de conocimiento de la realidad individual carecería directamente de sentido, del mismo modo su labor estará orientada por la dirección de su fe personal, por la refracción de los valores en el prisma de su alma (Weber, 1978: 71).

sin las ideas de valor del investiga-

Así el criterio para una selección científica de un objeto de estudio de la realidad, se sustenta en la “relación de valores”, pero a partir de ella se puede construir un objeto conceptual que no es otra cosa que lo que el autor califica como “tipo ideal”. Este es un concepto o una serie de ellos que pretende guardar el reflejo fiel de la percepción de un fe- nómeno de la acción social.

El “Tipo ideal” es un concepto histórico o cuadro conceptual donde se representen los pro- cesos históricos, por ello:

Su relación con los hechos empíricamen- te dados de la vida, consiste exclusiva-

mente en esto: allí en donde en la reali- dad se comprueba o se supone que en algún grado operan de hecho, conexio- nes del tipo abstractamente representa-

podemos

da en aquella construcción

ilustrar y volver comprensible pragmáti- camente la especificación de tal conexión en un tipo ideal (Weber, 1978: 79).

Por ello toda acción causal ha sido identificada por Weber como un “Tipo ideal”, el cual es un medio para el conocimiento de los fenómenos sociales y no un fin en sí mismo. De tal manera el “Tipo ideal” es:

]un [

realidad histórica, al menos no la ‘ver- dadera’, y que mucho menos está desti- nado a servir como esquema bajo el cual debiera subsumirse la realidad como espécimen, sino que, en cambio, tiene el significado de un concepto límite pu- ramente ideal, respecto del cual la reali- dad es medida y comparada a fin de esclarecer determinados elementos sig- nificativos de su contenido empírico. Tales conceptos son formaciones en las cuales, por la aplicación de la categoría de posibilidad objetiva, construimos co- nexiones a las que nuestra fantasía, dis- ciplinada y orientada en vista de la rea- lidad, juzga adecuadas (Weber, 1978: 82).

cuadro conceptual que no es la

El autor identifica como sociología, al concepto que indica la forma en que podemos aproximar- nos al conocimiento de la sociedad, a la discipli- na que estudia la acción social, o se aboca al entendimiento de una actividad social concreta. Es aquí donde podemos encontrar otra de las perspectivas del sustento epistemológico del co- nocimiento sociológico. Finalmente según Torres Rivas (1974), otro de los pensadores considerados como clásicos, tomando en cuenta las reservas que se hicieron

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anteriormente, en el conocimiento de la sociolo- gía es el caso de Karl Marx quien, en múltiples momentos, a sus trabajos los consideró como his- tóricos; pero no obstante por la forma de estructuración y sentido de sus escritos le ha sido adjudicado, sin más, el concepto subyacente de sociólogo, por el simple hecho de que estudió la sociedad. Prueba de ello lo encontramos en el escrito de Henry Lefebvre titulado Pensamiento marxista y sociología, donde sin mayor empacho dice que:

Marx no es un sociólogo, pero en el

El pensa-

miento marxista mantiene la unidad de la realidad y del conocimiento, de la

naturaleza y del hombre, de las ciencias de la materia y de las ciencias

sociales

no es historia, sociología, psicología, etc., pero comprende en sí, estos puntos de vista, esos aspectos, esos niveles (Henry Lefebvre citado en Torres, 1974: 103).

consiguiente, en sí mismo

marxismo hay una sociología

Por

Independientemente de la dificultad que tiene tam- bién el entendimiento del concepto de marxismo, sobre el cual Lefebvre no hace ninguna acotación, la afirmación de que el marxismo es una sociolo- gía, implica incorporar al pensamiento del autor dentro de ese enunciado disciplinario. Por su parte Colleti, en una frase de su es- crito titulado: Crítica del marxismo como sociolo- gía, al referirse al objeto de El Capital, dice que:

La superestructura es un aspecto y una articulación de la estructura; la concien- cia es en sí misma un modo de ser, el conocimiento de la vida es un modo y una manifestación de la vida. Arte, filo- sofía, ciencia son, desde este punto de vista, realidad e instituciones sociales, esto es, expresiones, articulaciones de la sociedad. Su crítica, la reflexión sobre ellas mismas y que por ello es investiga- ción sobre la sociedad, es sociología (Colleti, 1977: 16).

No obstante que Marx en sus escritos individua- les y los que escribió junto con Engels, se refería

al estudio de la historia, sin considerar el concep-

to de “sociología”, éste le ha sido impuesto y en muchas ocasiones, sin mediar ninguna explicación se utiliza el concepto de “sociología marxista”,

derivando de las proposiciones teóricas del primero, implicándole una estructura propositiva de la dis- ciplina sociológica que parece no corresponderle. Es más, si somos consecuentes con los es- critos del autor, desde los Manuscritos económi- co-filosóficos de 1844, hasta las Tesis sobre Feuerbach y El Capital, en ellos se puede encon- trar que su actitud frente al conocimiento no co- rresponde a ese interés particular de construir conceptos explicativos, sino que pretende que los conceptos reflejen una actitud social hacia el en- tendimiento y la transformación de la realidad, pues en cualquier otro caso, todo conocimiento sería estéril. Es aquí en donde adquiere sentido la idea de las tesis sobre Feuerbach, y particular- mente la décimo primera que señala que los filó- sofos no habían hecho hasta entonces más que interpretar el mundo de diversos modos, cuando de lo que se trataba era de cambiarlo. En tal sentido la historia se convierte en una fuente de enseñanza para comprender el pasado

y actuar hacia el futuro, que implica, obviamen-

te, la comprensión de la sociedad en su múltiple

y compleja dimensión. Pero ello no indica que

necesariamente tengan que entenderse los escri- tos de Marx como sociológicos en el sentido comteano de la expresión. Derivado de estas consideraciones se pue- de establecer que Marx no es propiamente un sociólogo, en el sentido académico de la expre- sión, sino que su proposición cognoscitiva persi- gue articular una praxis política que persiga la transformación de las relaciones sociales de pro- ducción mediante el establecimiento de una or- ganización social comunista. Estas referencias podrían aparecer como insulsas o, insustanciales frente al cambio acon- tecido especialmente en los países de Europa del Este, otrora reconocidos como “socialistas”, don- de se dice que fracasó la doctrina de Marx, por lo cual ésta tendría que reducirse eminentemente a una fallida teoría social. Pero recordemos que desde el alejamiento de Lenin de los asuntos de

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Estado en la naciente Unión Soviética, éste ya advertía del proceso de burocratización y aleja- miento de los fundamentos de los principios teó- ricos del socialismo. Estas consideraciones limitan el que se pue- dan considerar los escritos de Marx como una sociología, en el sentido disciplinario de la expre- sión, pero no por ello dejan de ser una forma teórico - política de entender la sociedad y pro- mover su práctica transformadora. En estos ejemplos, vemos que lo social, puede o no constituirse en el elemento de estudio directo de la sociología, puesto que este sólo concepto, con la connotación disciplinaria que ha adquiri- do, no puede dar cuenta de todo el complejo social. Y aunque en los autores referidos también encontramos estudios concretos sobre aspectos sociales, como son, por citar algunos ejemplos, el estudio de Durkheim sobre El suicidio o el de Weber titulado Ética protestante y el espíritu del capitalismo, que han sido considerados como ejemplos típicos de sustentación empírica de sus propuestas teóricas para el estudio sociológico. Con ellos se permite que varíe la perspectiva de sus sustentos epistemológicos. Y si bien, por lo descrito hasta aquí, vemos que entre algunos de los pensadores decimonónicos o de principios de éste siglo se hacía alguna necesaria referencia al estudio de la sociedad, sustentado en el concepto de “sociolo- gía”, ello no ha dejado de exponerse en estudios posteriores. Un ejemplo de ello son los debates sobre los supuestos de la sociología entre Popper y Ador- no, quienes en un congreso organizado en 1961 por la Sociedad Alemana de Sociología (Adorno et al.:1969), en el que sus integrantes considera- ron importante discutir la validez que presentaba la disyuntiva del estudio de la sociología empíri- ca y la teórica. El encuentro es promovido para determinar la validez de las propuestas metodológicas de los disertantes, objetivo que fue trascendido para insertarse en el de la posición de las racionalidades. Las discusiones no obstante, giraron en tor- no a un gran número de problemas sobre la lógi- ca de las ciencias sociales, aquí sólo nos referire-

mos a los expuestos concretamente al quehacer de la sociología en las concepciones de los auto- res mencionados. En la ponencia de Popper (pu- blicada en el libro: La disputa del positivismo en la sociología alemana (Adorno, T. y Otros:1969) y expuesta secuencialmente en tesis sobre la pro- blemática—, en la número 8 sostiene que la so- ciología ha pasado (en Europa por supuesto) de ser una ciencia social teorética a la que pertene- cía la antropología social, a una ciencia social especializada dentro de la antropología social que se ha hecho una ciencia básica. Sobre ésta opina que no obstante que se le debe a la antropología social el descubrimiento de cosas interesantes e importantes y que es una de las ciencias sociales a las que mayor éxito ha acompañado.

Reconozco asimismo de buen grado — dice Popper— que para los europeos no

deja de ser altamente interesante y atrac- tiva la posibilidad de observarnos y exa- minarnos a nosotros mismos a través del prisma del antropólogo social. Ahora bien, aunque este prisma es quizá más coloreado que los otros, no por ello es

Es de todo punto erró-

más objetivo [

neo conjeturar que la objetividad de la ciencia depende de la objetividad del científico y es de todo punto erróneo creer que el científico de la naturaleza

es más objetivo que el científico social.

Lo que puede ser calificado de obje-

] [

tividad científica radica única y exclusi- vamente en la tradición crítica, esa tradi- ción que a pesar de todas las resisten-

cias permite a menudo criticar un dog- ma dominante (Adorno et al., 1972:106, 107, 109 y 110).

]

Con esas bases Popper puntualiza, frente a una corriente de pensamiento sociológico, el alcance de la objetividad.

La llamada sociología del saber, que ci- fra la objetividad en la conducta de los diversos científicos aisladamente consi- derados y explica la no objetividad en función de la posición social del cientí- fico, se ha equivocado totalmente en este punto decisivo - me refiero al hecho de

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la

única y exclusiva fundamentación de

la

objetividad en la crítica-. Lo que la

sociología del conocimiento ha pasado por alto no es otra cosa que la propia sociología del conocimiento; es decir, la teoría de la objetividad científica. Esta solo puede ser explicada a partir de ca- tegorías sociales como, por ejemplo, la competencia (tanto entre los diversos científicos como entre las diversas es- cuelas), las de las instituciones sociales (como, por ejemplo, publicaciones en periódicos opuestos o en editoriales en- tre las que hay establecida una auténti- ca competencia, discusiones en congre-

sos, etc.), la del poder estatal (me refie-

ro a la tolerancia política de la libre dis- cusión) (Adorno et al.,1972: 110).

Continuando por este derrotero, el “exterminador” del Circulo de Viena en la vigésimo segunda te- sis de su ponencia describe su punto de vista sobre la psicología para posteriormente contrastarla con la sociología, según el autor,

La psicología es una de las ciencias so- ciales, ya que nuestro pensamiento y nuestra conducta dependen en buena medida de relaciones sociales. Catego- rías como: a) imitación, b) lenguaje, c) familia son evidentemente categorías sociales; y está claro que la psicología del aprendizaje y del pensamiento pero también, por ejemplo, el psicoanálisis, no resultan posibles sin una u otra de

estas categorías sociales. Lo cual indica que la psicología presupone conceptos sociológicos; de donde podemos inferir que es imposible explicar la sociedad exclusivamente en términos psicológicos

o reducirla a psicología. La psicología no puede ser considerada, pues, como

la ciencia básica de las ciencias socia-

les” (Adorno et al.,1972: 116).

Para Popper la sociología debe ser autónoma ya que puede y debe independizarse de la psicolo- gía. Lo cual se debe también al hecho de que la sociología se ve una y otra vez ante la tarea de

explicar consecuencias sociales no deseadas y a menudo indeseables de la conducta humana. Para el estudio metódico de la sociología el autor se inclina por la investigación lógica de los métodos de la economía política, considerando que ésta conlleva a un resultado aplicable a to- das las ciencias de la sociedad.

Este resultado evidencia que hay un método puramente objetivo en las cien- cias sociales al que cabe muy bien cali- ficar de método objetivamente compren- sivo o de lógica de la situación. Seme- jante ciencia social objetivamente com- prensiva puede ser desarrollada indepen- dientemente de todas las ideas subjeti- vas o psicológicas. Consiste en analizar la situación de los hombres que actúan lo suficiente como para explicar su con-

ducta a partir de la situación misma, sin más ayudas psicológicas. La “compren- sión” objetiva radica en nuestra concien- cia de que la conducta era objetivamen-

] El método

te adecuada a la situación [

del análisis situacional es, pues, un mé- todo individualista, desde luego, pero no

un método psicológico, ya que excluye programáticamente los elementos psico- lógicos sustituyéndolos por elementos situacionales objetivos. Suelo darle el nombre de lógica de la situación (Ador- no et al.,1972: 117).

Por otra parte, sobre los mismos aspectos pero bajo otra <<cosmovisión>>, Adorno reafirma algunas tesis popperianas y refuta otras. Según el teórico de la Escuela de Frankfurt, desde la perspectiva positivista de la ciencia, la sociología debe limi- tarse dado su atraso frente a las ciencias exactas, a recopilar hechos y a clasificar métodos antes de pretender constituirse en un saber vinculante y relevante a un tiempo ya que es considerada como una anticipación inadmisible. Las reflexiones teó- ricas acerca de la sociedad y su estructura acos- tumbran a ser eliminadas

Lo que en ella tiene el aspecto de una ignorancia provisional no puede ser sim- plemente redimido en el curso de una

Objeto, concepto y métodos: tres dimensiones constituyentes

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investigación y de una metodología pro- gresiva mediante aquello a lo que un término fatal y desmesurado califica de síntesis. La cosa se opone, por el contra- rio, a la brillante unidad sistemática de las proposiciones interrelacionadas [ ] No obstante parece innegable que el ideal epistemológico de la elegante ex- plicación matemática unánime y máximamente sencilla fracasa allí don- de el objeto mismo, la sociedad, no es unánime ni sencillo, ni viene entregado de manera natural al deseo o a la con- veniencia de la formalización categorial, sino que es, por el contrario, bien dife- rente a lo que el sistema categorial de la lógica discursiva espera de sus objetos (Adorno et al.,1972: 122).

Esta problemática de la sociología, que la susten- ta más por su ascendiente lógico que verificativo, en donde la teoría tiene un mayor valor que la misma realidad, es lo que le impide a este autor afirmar su rigurosidad (hasta donde es posible) científica: para superar ese obstáculo, es necesa- rio que ontológicamente se cuente con una pre- misa que invierta el proceso, ello lo sugiere Adorno en esta idea

La sociedad es contradictoria y, sin em- bargo, determinable; racional e irracional a un tiempo, es sistema y es ruptura, na- turaleza ciega y mediación por la con- ciencia. A ello debe inclinarse el proce- der todo de la sociología. De lo contrario incurre, llevada de un celo purista contra la contradicción, en la más funesta de todas: en la contradicción entre su estruc- tura y la del objeto. Tan escasamente como la sociedad se sustrae al conoci- miento racional y tan evidentes como sus contradicciones y las condiciones de las mismas, resultan estas imposibles de es- camotear por postulados mentales extraí- dos de un material indiferente al conoci- miento y que no opone resistencia algu- na a los usos cientificistas que por regla general, se acomodan a la conciencia cognoscente. El tráfico científico social se ve permanentemente amenazado de errar, por amor a la claridad y a la exactitud,

en aquello que se propone conocer (Adorno et al.,1972: 126).

Esta visión del objeto de la sociología nos permi- te ver que el debate sobre los postulados de la sociología condujeron en ambas tradiciones críti- cas a una toma de posición de sus respectivas concepciones sobre racionalidad y ciencia. Pero para terminar con Adorno, menciona- remos la relevancia que el autor otorga a la se-

lección de los objetos de la sociología a investi- gar. El autor apunta que no hay que exagerar el

asunto:

la elección de los objetos se legitima

en buena medida a la luz de lo que esta disciplina puede obtener del objeto esco- gido sin que esto deba interpretarse como justificación de esa serie innumerable de proyectos realizados en interés exclusivo de la carrera académica y en los que se combinan felizmente la irrelevancia del objeto y la miopía del técnico en research (Adorno et al.,1972: 183).

] [

En la ocasión en que discutieron los ponentes en cuestión, los enunciados propuestos por cada uno de ellos fueron objeto de un amplio debate, pero la única versión ampliamente publicitada fue la de Ralf Darendorf bajo el título de “Anotaciones

a la discusión de las ponencias de Karl R. Popper

y Theodor W. Adorno”. Con el anuncio de las diferencias que exis- ten entre los profesores de sociología para estu- diar sus objetos de investigación, se partió del supuesto de que aclarando los sustentos lógico- científicos de la disciplina se podrían encontrar las coincidencias entre las posiciones. Al no lograrse dicha expectativa por las cla- ras y terminantes posiciones de los expositores, Darendorf resume que:

El resultado de la discusión puede si- tuarse, en consecuencia, preferentemen- te, en una cierta clarificación de las con- cepciones de ambos ponentes, o, al menos, en un aumento de la precisión de sus contornos. De ahí que ésta haya

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de figurar en el centro mismo de cual- quier posible informe sobre la discu-

sión(

cer a veces que el señor Popper y el señor Adorno estaban de acuerdo hasta límites sorprendentes. Y, sin embargo, la ironía de semejantes coincidencias apenas pudo pasarles desapercibida a cuantos supieron escuchar con mediana atención. En la discusión salieron a la luz unas cuantas divertidas ilustraciones acerca de cuánto en común tenían am- bos ponentes en unas formulaciones por detrás de las que latían profundas dife- rencias de la cosa (Adorno et al.,1972:

139, 140).

De hecho podría incluso pare-

)

Estas diferencias de concepción sobre diversos aspectos de la sociología, son los que precisamente avalan nuestro punto de vista sobre el hecho de que, la sociología tendrá tantas diferentes conceptualizaciones, como proponentes de las mismas las sustenten. Otro ejemplo, en el caso de Jürgen Habermas (quien también asistió al debate uniéndose al pensamiento de Adorno), un pensador contem- poráneo, también se puede encontrar esa diser- tación. En su libro Teoría de la acción comunicativa dice sobre la disciplina que:

La Sociología [

plina que se hace cargo de los proble- mas que la Política y la Economía iban dejando de lado a medida que se con- vertían en ciencias especializadas. Su tema son las transformaciones de la in- tegración social provocadas en el arma- zón de las sociedades viejo-europeas por el nacimiento del sistema de los Estados modernos y por la diferenciación de un sistema económico que se autorregula por medio del mercado. La Sociología se convierte par excellence en una cien- cia de la crisis, que se ocupa ante todo

surge como una disci-

]

de los aspectos anómicos de la disolu- ción de los sistemas sociales tradiciona- les y de la formación de los modernos

] [

La sociología ha sido la única cien-

cia social que ha mantenido su relación con los problemas de la sociedad glo-

bal. Ha sido siempre también teoría de la sociedad, y a diferencia de las otras ciencias sociales, no ha podido desha- cerse de los problemas de la racionalización, redefinirlos o reducirlos a un formato más pequeño (Habermas, 1988: 19, 20).

Con estos escasos ejemplos, creemos haber ilus- trado de manera breve algunas reflexiones epistemológicas del estudio de la sociología en algunos pensadores que han discutido y escrito sobre el particular.

IV. LOS ESTUDIOS TEORICO-EMPIRICOS DE LA SOCIOLOGIA (EL OBJETO SIN CONCEPTO)

En el interés de tratar de identificar el fundamen- to de los alcances de los estudios sociológicos, encontramos diversas proposiciones donde éste adquiere su connotación tanto a nivel teórico como empírico, ya que se le puede dar un status de análisis eminentemente teórico (como es la con- junción de proposiciones que articula Timasheff), en donde las percepciones de los fenómenos sociales tienen que trascender el mero dato para estatuirse en una visión explicativa y significati- va, o donde los fundamentos teórico - empíricos sustentan el criterio epistemológico de la disciplina tal y como se puede desprender de un documen- to compilado por Abdel-Malek. Ante estas consideraciones preliminares, podemos inferir que no hay un solo sentido que dé vigencia, de manera unívoca, al concepto de sociología; por lo que, para hacer una exposición sobre los sustentos epistemológicos del conoci- miento sociológico, se tiene que tomar en cuenta que cada supuesto epistemológico, esté o no avalado por los pontificadores de la sociología, corresponde a la posición que se asume para el conocimiento sociológico. En los escritos compilados por Abdel-Malek, el objeto de interés lo es la sociedad misma en sus diferentes manifestaciones, dando por senta- do u omitiendo la preocupación de si es o no, y con que características, objeto de la sociología.

Objeto, concepto y métodos: tres dimensiones constituyentes

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Ese es un trabajo colectivo, producto del VII Congreso Mundial de Sociología, donde se reúnen una serie de colaboraciones bajo el rubro gene- ral de “Sociología del imperialismo”. En este encabezamiento, el concepto de sociología no se discute o se aclara, simplemente se utiliza para describir una serie de estudios referentes a las diversas facetas bajo las cuales se puede enten- der el fenómeno del imperialismo. Abdel-Malek (1977) quien suscribe el prólo- go del libro, dice que los trabajos que lo compo- nen son:

] [

tamente por un grupo de sociólogos que

decidieron participar en las sesiones del Congreso de Varna en la medida en que deseaban confrontar sus investigaciones

y sus hipótesis [

bía limitarse a la jornada destinada a la

que

pesaba objetivamente en nosotros, for- mando el centro profundo de nuestras preocupaciones comunes (Abdel-Malek, 1977: 6).

“sociología del imperialismo” [

En realidad, todo de-

una obra teórica, elaborada conjun-

]

]

En su conjunto el trabajo bordaba sobre los as- pectos teórico- sociológicos del imperialismo, el mismo autor enuncia los criterios que confluye- ron en su elaboración:

] [

preocupados por unir el estudio concre- to a la elaboración teórica en un ir y venir, diferente, como es natural, según los casos y las personas, pero que daba precisamente el tono del espíritu cientí- fico que reina en el campo del estudio sociológico del imperialismo y de los movimientos nacionales. Al consultar los trabajos, juzgaremos la aportación que proporcionan al conocimiento científico de la gran dialéctica del poder en nues- tro siglo. Para ello hay que tener muy presente que se trata de alimentar el cam-

todos los participantes se mostraban

po teórico, no de proporcionar claves a los enigmas ni de estructurar un nuevo dogma (Abdel-Malek, 1977: 6).

El contenido del texto se inicia, bajo el enuncia- do de posiciones, con un trabajo del autor refe- rido que se titula “Para una sociología del impe- rialismo”, además de hacer un recorrido por las obras relativas a esa temática, expone las distin- tas perspectivas teóricas sobre las que puede enfocarse el estudio del imperialismo. El resto del contenido, está dividido en tres partes: en la primera, “Del colonialismo al impe- rialismo hegemónico”, se conjuntan una serie de

estudios sobre el desarrollo histórico de la confi- guración del imperialismo en las diversas partes del mundo; en la segunda que se identifica como “Movimientos nacionales y revoluciones sociales” hay estudios de casos concretos en varios países

o

regiones sometidas a la égida del imperialismo;

y

en la tercera parte, bajo el encabezamiento de

“Planteamientos teóricos” se exponen nuevas in- terpretaciones para el entendimiento de las pe- culiaridades del imperialismo en casos concretos. Así podemos ver que el título general de la obra, no sirve para hacer toda una serie de reflexiones sobre el concepto de sociología e identificar el contenido, sino simplemente ese concepto se utiliza para que se expongan toda una serie de ideas sobre el tema del imperialismo, sin que se requiera necesariamente del concepto sociológi- co para describir el objeto sociológico. Otro de los ejemplos que nos sirven para entender el sustento epistemológico de la socio- logía teórico-empírica, es el estudio de C. Wright Mills sobre La elite del poder. No hay ningún pro- blema en identificar la personalidad de Mills dentro del campo de estudio sociológico, y si existe al- guna duda, basta consultar su celebrado escrito sobre La imaginación sociológica; pero si nos referimos al texto antes enunciado, que ha sido considerado como uno de los clásicos sobre so- ciología política, vemos que lo único que refiere el autor son las particularidades del objeto de estudio, sin exponer bajo que criterios disciplina- rios se abordan. Sobre el contenido y sentido del escrito nos dice Mills:

Nuestro deseo de pruebas incontrover- tibles y nuestra verdadera necesidad de

Carlos Eduardo Massé Narváez

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datos, no significan que el razonar jun- tos no sea también parte muy eficaz del buen camino para llegar a la verdad. Un

libro de ésta índole consta de tres clases de conversaciones: la del escritor consi- go mismo y con personas imaginarias, que transcribimos aquí. Por debajo de todo esto hay, sépalo o no, el escritor, una conversación entre ciertos pensado- res y observadores influyentes cuyos puntos de vista se han infiltrado en su entendimiento y en el de sus lectores. Y también, en la mente de éstos hay una conversación muda entre ellos mismos

y él -una conversación en la que cada

uno compara lo que aquí se ha escrito con lo que se ha descubierto o experi- mentado. En consecuencia una de las

tareas del escritor es incluir en su obra

la mayor parte posible de estas dos con-

versaciones mudas. Al razonar con sus lectores hace algo más que exponer sus

puntos de vista. También los aclara y al hacerlo, se da cuenta de ideas que ni

siquiera sabía que tenía

Hechos y ci-

fras son únicamente el comienzo del auténtico estudio. Lo que más nos inte- resa es, dar sentido a los hechos que conocemos o que podemos fácilmente encontrar. No deseamos solamente ha- cer un inventario, queremos hallar sig- nificados pues la mayoría de las pregun- tas importantes que formulamos son pre- guntas referentes a los significados (Mills, 1973: 8, 9).

Lo único importante para el autor, tal y como se puede desprender de la cita expuesta es, también, el objeto de estudio sin importar la posición dis- ciplinaria en que se enmarca. Son los interesados en explicar cuáles son los productos que han surgido del pensamiento sociológico los que ha- cen ese tipo de apreciaciones. Con estos dos ejemplos podemos entender que los estudios teórico-empíricos de la sociolo- gía tienen también otra perspectiva para el sus- tento epistemológico del estudio sociológico en donde el objeto se explicíta sin necesidad de es- tar avalado por el concepto disciplinario de la sociología.

V. CONSIDERACIONES FINALES

Son múltiples las aportaciones que se han hecho para entender el concepto de “sociología”, pero la magnitud de las mismas en vez de aclararlo lo oscurecen. Esto, en vez de limitarnos puede ha- cernos conciencia de que para la utilización de los conceptos es necesario expresar los sentidos otorgados a estos. No obstante que el uso de un solo concepto en diversos sentidos restringe la posibilidad de enriquecimiento del lenguaje, el referir el conte- nido que se le imprime a la expresión permite un mejor entendimiento entre quien lo dice y quien lo escucha. Pero independientemente de la magnitud del lenguaje usado en las áreas del conocimiento, lo que si se hace evidente, es que ningún concepto puede tener un sentido unívoco, de lo que se puede seguir que si se hace una fundamentación cognoscitiva del concepto que expresa al objeto estudiado, los supuestos epistemológicos variarán de conformidad con la perspectiva y posición que adopte el proponente. Lo anterior nos indica que los supuestos epistemológicos del conocimiento serán tan disímiles como proponentes haya para el enten- dimiento del concepto. Y nos atrevemos a soste- ner que un fenómeno similar ocurre en algunas otras disciplinas de las ciencias sociales. La iden- tificación del mismo no obstante, se localiza en el nivel de la reflexión sobre la propia reflexión, es decir, en el terreno de la teoría del conocimiento propiamente dicha, aunque localizada eventual- mente, más allá del ámbito de la filosofía, cuan- do específicamente se le reflexiona desde la dis- ciplina de formación; sin que ello excluya a la reflexión filosófica.

BIBLIOGRAFÍA

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