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VIVIENDO BAJO EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

HECHOS 2

Uno de los aspectos más importantes en la historia del libro de Los Hechos es la
preeminencia que el Espíritu Santo tiene a lo largo de todo este libro que cuenta
la historia de los primeros cristianos. Antes de subir al cielo, Cristo les había
dicho a sus discípulos que se quedaran en Jerusalén hasta que el Espíritu Santo
viniera sobre ellos. Cuando el Espíritu Santo descendió sobre ellos, fueron llenos
de poder para dar testimonio del Cristo resucitado y para vivir una vida bajo la
dirección de Dios. Desde entonces vivimos en la era del Espíritu Santo, una de
las tres Personas de la Trinidad. Hoy quiero destacar algunos aspectos de lo que
sucedió el día de Pentecostés y cómo la llenura del Espíritu es la clave para vivir
una vida de plenitud en el plan de Dios para nosotros.

Produce unidad en la iglesia. Ver. 1. La historia de lo que ocurrió ese día de


Pentecostés empieza con una declaración clave: los discípulos tenían unanimidad
entre ellos, es decir, tenían un mismo sentir, un mismo propósito, un mismo
anhelo, una misma esperanza, una misma expectativa. Este principio de la
unidad en el cuerpo de Cristo, tanto en la iglesia local como en la iglesia
universal, es fundamental para el continuado derramamiento del Espíritu Santo
en la vida de los creyentes. Dios no puede llenar con su Espíritu a una iglesia

dividida, o donde hay No sólo


rencores o resentimientos.

necesitamos estar juntos, sino, sobre


todo, unánimes, si hemos de ver la
manifestación de la gloria y el poder de
Dios en nuestra vida y en la de la
iglesia.

. En
Produce la manifestación del poder de Dios. vers. 2-4

medio de aquella unanimidad espiritual,


Jesucristo cumplió la promesa a sus
discípulos de enviarles el Otro
Consolador, el Espíritu Santo, que
estaría con la iglesia a través de los
siglos futuros de la fe cristiana. Ese día,
el Espíritu Santo descendió sobre los
discípulos para llenarlos de poder
espiritual, a fin de que pudieran ser
testigos del evangelio en todas las
naciones. Los discípulos hablaron ese día sobrenaturalmente en los
idiomas de los judíos de la Diáspora, quienes habían venido de distintas regiones
del imperio romano a celebrar el Pentecostés. Las lenguas fueron un símbolo de
la universalidad del mensaje de Jesucristo, y una evidencia poderosa de la
presencia de Dios en la vida de los discípulos. Esa misma pormesa y ese mismo
poder están disponibles para nosotros el día de hoy, conforme lo expresó Pedro
(v 39).

Produce deseo de evangelizar. vers. 6-13. Dondequiera que el Espíritu de


Dios está presente en la vida de la iglesia de esta manera tan singular, las
multitudes son impactadas y atraídas hacia Cristo. El poder, las señales y las
maravillas de Dios siguen asombrando a las muchedumbres alrededor del
mundo. Nadie puede quedarse indiferente cuando ve la manifestación de Dios
de una manera tan evidente como aquel día. Oír a aquellos “galileos”, a aquella
gente “del vulgo y sin letras” hablar en idiomas que no conocían, llamó la
atención de aquella multitud religiosa. El terreno estaba preparado ahora para el
anuncio del evangelio.

Produce conversión de nuevas vidas. vers. 37-47. La predicación de Pedro


fue directa, clara, contextualizada para su audiencia. Ellos sabían de qué les
estaba hablando, y el Espíritu Santo hizo la obra de tocar sus corazones. Una
multitud como de tres mil personas respondió al llamado de Pedro, fue
bautizada y se añadió a la comunidad de los discípulos de Cristo. Ese día se
considera oficialmente el inicio de la iglesia cristiana. Desde entonces el
evangelio ha seguido extendiéndose por todos los lugares de la tierra.

El derramamiento del Espíritu tanto tuvo un poderoso efecto en la vida de los


primeros discípulos. Hoy día también debemos abrir nuestros corazones y
nuestras mentes, nuestra vida entera, para permitir que el Espíritu Santo llene
nuestras vidas de su poder y ser capacitados sobrenaturalmente para la tarea de
proclamar el evangelio al mundo. Pida a Dios esta llenura. Pidamos a Dios el
fuego de su Espíritu que nos cambia, nos transforma y nos capacita para vivir en
su voluntad y en su poder. Salgamos a proclamar este evangelio a quienes viven
a nuestro alrededor y hasta lo último de la tierra.