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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CORDOBA

FACULTAD DE PSICOLOGIA
PROGRAMA

PROBLEMAS EPISTEMOLÓGICOS DE LA
PSICOLOGÍA

AÑOS DE VIGENCIA
Prof. Titular Aarón Saal 2017
ASIGNATURAS CORRELATIVAS
Cód. Nombre
Curso de Nivelación Regularizado

Contenidos mínimos
Fundamentos del conocimiento científico. Términos, proposiciones y
razonamientos. Leyes, explicación y reducción en, ciencias sociales. Modelos y
métodos científicos aplicados a la' Psicología. ,El carácter científico de la
Psicología. Concepciones acerca del hombre y su importancia para la Psicología.
Los distintos problemas epistemológicos de la Psicología. Diferentes abordajes.

N° de Resolución Resolución 602/2013


HCD de
aprobación

1. FUNDAMENTACION

El fundamento para la realización del presente programa tiene que ver con muchos años
de experiencia en los cuales se intentó brindar a los alumnos de primer año una
introducción a los problemas epistemológicos de la Psicología. La dificultad de que los

1
alumnos comprendieran las discusiones epistemológicas básicas llevó a centrarse en un
problema que se cree relevante para todas las áreas de la Psicología y de muchas
disciplinas afines de las ciencias sociales. El problema que se eligió fue el de “mente-
cuerpo” en sus vertientes “ontológicas”, “epistémicas” y “metodológicas”. Se espera que
un problema concreto, pero de amplia generalidad le permita al alumno afrontar una serie
de disquisiciones críticas respecto de las diversas teorías que se han formulado para su
solución y los presupuestos que implican, como asimismo de sus puntos débiles.
En ese sentido se ha tomado como un problema aún más específico, y con el objetivo de
ilustrar cómo las diversas posiciones de las vertientes mencionadas más arriba brindan
distintas soluciones, “el problema de la conciencia”.
Observación: dentro de la amplitud que establecen los contenidos mínimos se ha decidido
luego de muchos años en la cátedra centrarse en una serie de tópicos que se consideran de
suma importancia para la psicología y que se desarrollan a lo largo del programa de
teóricos y prácticos y que detallamos sucintamente a continuación.
Análisis de conceptos, descripciones, leyes, explicación, reducción, modelos y
experimentación aplicados a la Psicología como ciencia de la sustancia mental, material
y social. Concepciones dualistas y monistas, mecanicistas y emergentistas del ser
humano. Mentes, cuerpos, cerebros y personas. Los aspectos ontológicos,
epistemológicos y semánticos del problema mente cuerpo. Los problemas de la sensación,
percepción, representación y racionalidad. El problema de la conciencia. Sus
consecuencias en las concepciones teóricas de la Psicología y el Psicoanálisis.

2. OBJETIVOS
3. 1. Objetivos generales:
 Brindar una introducción a los Problemas Epistemológicos de la
Psicología a partir de un problema concreto y central en el dominio.
 Desarrollar la capacidad de entender cuál es el modo de análisis en
filosofía de la Psicología.
 Comprender la necesidad de conocimiento multidisciplinario en los
análisis epistemológicos.
 Distinguir entre problemas solucionables empíricamente y problemas que
requieren una elucidación filosófica.
 Desarrollar la capacidad de pensamiento crítico en general

2. 2. Objetivos específicos
 Objetivos conceptuales
• Identificar y analizar las diversas posiciones teóricas y sus
2
argumentaciones más importantes con relación al problema mente-cerebro.
• Saber determinar cuáles son las consecuencias que se derivan de las diferentes
teorías de lo mental.
• Utilizar adecuadamente la terminología básica, que el rigor filosófico requiere
para el análisis de los problemas planteados en torno al debate mente-cuerpo.
• Comprender las soluciones propuestas, desde las distintas concepciones sobre
el problema mente-cuerpo, al problema de la conciencia.
 Objetivos procedimentales
• Realizar ejercicios de análisis de vocabulario, argumentación, elaboración de
mapas conceptuales y de comentarios de textos.
• Realizar disertaciones o ejercicios de composición filosófica con el fin de que el
alumno integre y relacione los resultados de su trabajo y de su reflexión sobre el tema, a
partir de los textos y cuestiones planteados.
 Objetivos actitudinales
• Despertar la curiosidad, el deseo de conocer y profundizar en las cuestiones
relativas al tema mente-cerebro.
• Ayudar a tomar una cierta postura en torno a una teoría de lo mental de
manera fundamentada, crítica y reflexiva.
• Valorar y apreciar las aportaciones de las diferentes teorías sobre la mente como
esfuerzo de reflexión y racionalidad frente a las explicaciones míticas y pseudocientíficas.

4. CONTENIDOS (Programa analítico)

UNIDAD I:
Problemas generales de la epistemología de la psicología: conceptos, descripción, leyes,
explicación, modelos y experimentación en psicología.

Bibliografía Obligatoria:
Canguilhem, Georges ¿Qué es la Psicología?
R. Harré, Cognitive Science. A Philosophical Introduction, caps. 1, 2 y 3 (Traducción de
Prof. Nicolás Venturelli).
Kurt Danziger. La construcción del sujeto Cap. 1 (Traducción de Estela Giribaldi de
Otero).
Cummins, R. C. (2000). (Traducción de Adrian Ramírez y Nicolás Venturelli)
Freud Sigmund. Esquema de Psicoanálisis. Parte I y IV.
Lagache Daniel. Psicología experimental y psicología clínica

Bibliografía Complementaria:
Damborenea, Uso de razón. Diccionario de falacias
Gregorio Klimovsky: Las Desventuras del Conocimiento Científico, capítulo 10
3
Varela (2005) cap. 1 y 2

UNIDAD II: La psicología como ciencia de la sustancia mental:


Concepciones dualistas del ser humano. Diversos tipos de dualismo: dualismo sustancial
cartesiano y no cartesiano, dualismo de propiedades. Argumentos a favor y en contra del
las posturas dualistas. Argumentos empíricos y conceptuales. Clausura causal. La
solución del problema de la conciencia desde las concepciones dualistas. La conciencia
como epifenómeno.

Bibliografía Obligatoria:
Churchland (1992) cap. 2 (completo), pags. 24-85 y cap. 5 pags. 134-139.
Lowe (2000) cap. 2 pags. 17-41.
Edelman G. & Tononi G.(2002) cap.1

Bibliografía Complementaria:
Ryle (1967) Introducción, cap.1 pags. 13-26.

UNIDAD III: La psicología como ciencia de la sustancia material


Concepciones monistas del ser humano
1. La solución conductista. Diversos tipos de conductismo: conductismo lógico-filosófico,
conductismo psicológico-científico-metodológico. Argumentos a favor y en contra de las
posturas conductistas. El conductismo y el problema de la conciencia.
2. La solución materialista. Diversos tipos de materialismo: Teorías de la identidad como
tipo. Teorías de la identidad como instancia. Materialismo eliminativo. Materialismo
metodológico. Argumentos a favor y en contra de las posturas materialistas. El problema
de la reducción. La concepción teoricista de la psicología popular. Las soluciones al
problema de la conciencia desde las distintas versiones del materialismo.
3. La solución funcionalista. La tesis de la realizabilidad múltiple. Argumentos a favor y
en contra del funcionalismo. El problema de los “qualia”. El funcionalismo y el problema
de la conciencia.
4. La solución psicoanalítica. La tesis de la autonomía.
Concepciones mecanicistas vs. concepciones emergentistas del ser humano, su
importancia para la psicología.

Bibliografía obligatoria:
Churchland (1992) cap. 2 pags. 64-85 y cap. 5 pags. 145-147.
Flanagan (1991) cap. 3.
Searle (2004) cap. 2 pags. 61-107
Kandel (2007) cap. 3
Varela (2005) cap. 3 y 4
4
Bibliografía Complementaria:
Ryle (1967) cap. 2 pags. 26-54.
Ansermet, F., Magistretti, P., (2006) cap. 1.
Estany, Ana (1999) caps. 5, 7 y 9
Zeman Adam (2009) caps. 8 y 9

UNIDAD IV: Mentes, cuerpos, cerebros y personas. El problema mente-cuerpo: Los


aspectos semánticos y epistémicos.
1. El problema del contenido mental: perspectivas internalistas y externalistas respecto a
la determinación del contenido. El problema de la causalidad y las teorías del contenido.
Enfoque ecológico y computacional.
2. El problema de la intencionalidad. Intencionalidad e intensionalidad. Estructura de la
intencionalidad.
3. ¿Cómo adquieren significado los términos mentales? Criterio normal: definición por
ostensión. Argumento conductista contra el lenguaje privado. Teoría reticular y psicología
popular.
4. ¿Cómo conocemos a los otros?
5. La conciencia y el problema de adscribir atributos psicológicos al cerebro.

Bibliografía obligatoria:
Churchland (1992) cap. 3 pags. 86-106.
Searle (2004) cap. 6 pags. 205-241.
Lowe (2000) cap. 4.
Bennett y Hacker (2008) cap. 2 pags. 15-68 y cap. 3 pags. 121-155
Shaun Gallagher y Dan Zahavi cap. 3, 6 y 9

UNIDAD V: El problema de la representación.


Representación. Criterios y teorías. Niveles de representación: representaciones primarias,
secundarias y meta-representaciones. La evolución de la representación en la infancia.
Modelos. Teorías representacionales vs. Teorías no representacionales de la con
conciencia.

Bibliografía obligatoria:
Perner (1994) caps. 1 a 4.
Noë, Alva (2010) caps, 1 a 3
Edelman G. & Tononi G.(2002) cap. 12
Varela (2005) cap. 5

Bibliografía Complementaria:
5
Schaeffer, Jean Marie (2009) cap. 6

UNIDAD VI: El problema de la sensación y de la percepción.


Teoría de los datos sensoriales. Argumentos de la ilusión y de la alucinación. Argumento
de la ciencia. Teorías causales de la percepción. La teoría disyuntiva de la percepción. Los
enfoques ecológicos y computacionales de la percepción.
La percepción visual y el problema de la conciencia: Ceguera con visión clara y la vista
ciega.

Bibliografía obligatoria
Searle (2004) cap. 10 págs. 321-340.
Lowe (2000) caps. 6.
Luria A. R. Sensación y percepción

Bibliografía Complementaria:
Zeman Adam (2009) cap. 6

UNIDAD VII: Racionalidad


Racionalidad humana e inteligencia artificial. Racionalidad y razonamiento.
Renacionalidad y emoción. Tipos de racionalidad. El problema del marco en la
inteligencia artificial. La experimento de la habitación china. El problema de la conciencia
y la decisión racional.

Bibliografía obligatoria
Churchland (1992) cap. 6.
Lowe (2000) cap. 8.
Damasio (1999) cap. 8

Nota: La bibliografía en otros idiomas contará con traducciones de la cátedra u otras


fuentes universitarias.

5. ENFOQUE METODOLOGICO
4. 1. De la Formación Teórica (situación áulica extra – áulicas)
Se implementarán tres clases teóricas de dos horas de duración a cargo de un docente
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adjunto en forma semanal.
Se implementará una clase teórica de dos horas de duración a cargo del titular para
alumnos promocionales en forma semanal.
Como técnicas de trabajo se instrumentarán: Grupos de discusión, mediante el uso de
foros específicos en el aula virtual uno para cada una de las unidades del programa.
Estudio dirigido (en forma presencial, y también mediante guías en el aula virtual)
Debate sobre los temas expuestos en forma presencial.
Elaboración de trabajos monográficos para los alumnos promocionales.
Exposición de temas encargados por los docentes a grupos pequeños.
Exposición de los trabajos monográficos por parte de los alumnos promocionales con el
formato de una jornada.
Además mediante la instrumentación del aula virtual para la asignatura se realizarán
ejercicios de auto evaluación. Foros de consulta y discusión generales respecto de la
asignatura

4. 2. De la Formación Práctica (situaciones áulicas y extra – áulicas)


Se implementarán teórico-.prácticos de dos horas en forma semanal en los cuales se
realizarán estudios guiados, búsquedas bibliográficas, exposiciones en pequeños grupos
de temas asignados, elaboración de sinopsis breves escritas. Todo lo cual se
complementará con el trabajo en los distintos foros del aula virtual, uno por cada unidad,
uno específico para alumnos promocionales.
Los trabajos prácticos que se dictarán serán los siguientes y con los respectivos docentes.
Jueves 10 a 12 Nicolás Venturelli
Jueves 14 a 16 Magdalena Arnao
Jueves 20 a 22 Itati Branca
Viernes 8 a 10 Julio Sotelo
Viernes 10 a 12 Magdalena Arnao
Viernes 14 a 16 German Casetta
Viernes 16 a 18 Mariela Aguilera
Viernes 18 a 20 Laura Garcia
Viernes 10 a 12 Laura Danón

6. ORGANIZACIÓN DEL CURSADO


5.1. De la Formación Teórica
Dictado de clases teóricas de dos horas de duración a cargo de un docente.
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Uso de la Plataforma Educativa.
Las clases teóricas estarán a cargo de los Prof. Aarón Saal, José Ahumada y Leticia
Minhot. La clases para promocionales estarán a cargo del Prof. Aarón Saal.

5. 2. De la Formación Práctica
Se implementarán clases teórico-prácticas con evaluación áulica presencial.
Se instrumentó el uso del Aula Virtual de la Facultad para la realización de guías de
estudio, ejercicios de auto evaluación. Foros de consulta y discusión por unidades del
programa.
5.2.1 Alumno promocional
Serán considerado promocionales los alumnos que cumpla con las siguientes condiciones
mínimas: aprobar el 80% de los Trabajos Prácticos con calificaciones iguales o mayores a 6 (seis)
y un promedio mínimo de 7 (siete), aprobar el 100% de las Evaluaciones Parciales (las
evaluaciones parciales serán presenciales, escritas, con el formato de multiple choice, usando el
aula virtual. Para las evaluaciones parciales la nota mínima de aprobación corresponde al
60%, de las preguntas formuladas, contestadas adecuadamente) con calificaciones iguales o
mayores a 6 (seis) y un promedio mínimo de 7 (siete). Las calificaciones promediadas de
evaluaciones parciales y trabajos prácticos serán consideradas separadamente y no serán
promediables a los fines de la promocional. El alumno promocional deberá realizar todas las
actividades solicitadas (exposiciones, pequeños trabajos bibliográficos que deberá presentar en el
foro de promocionales en el aula virtual) Para la aprobación de la asignatura deberá realizar un
trabajo monográfico (con las características de las que se presentan la reuniones de la
especialidad) que se deberá defender en un coloquio final.

5.2.2 Alumno regular


Serán considerados alumnos regulares aquellos que cumplan con las siguientes condiciones:
Aprobar el 80% de los Trabajas Prácticos con calificaciones iguales o mayores a 4 (cuatro) y
aprobar el 80 % de las Evaluaciones Parciales (las evaluaciones parciales serán presenciales,
escritas, con el formato de multiple choice, usando el aula virtual. Para las evaluaciones
parciales la nota mínima de aprobación corresponde al 60%, de las preguntas formuladas,
contestadas adecuadamente), con calificaciones iguales o mayores a 4 (cuatro). Las
calificaciones de evaluaciones parciales y trabajo prácticos serán consideradas separadamente y
no serán promediadas a los fines de la aprobación de la condición de alumnos. Para aprobar la
materia deberá rendir un examen final oral sobre temas dictados durante el año.

5.2.3 Alumno libre - Especificar las condiciones requeridas para los alumnos
Libres
Los alumnos libres deberán rendir un examen escrito con preguntas sobre todo el
programa la modalidad del examen escrito será igual a los exámenes parciales serán
presenciales, escritas, con el formato de multiple choice, usando el aula virtual. Para las
evaluaciones la nota mínima de aprobación corresponde al 60%, de las preguntas
formuladas, contestadas adecuadamente. Aprobado el examen escrito, deberán rendir un
examen oral sobre los contenidos del programa.
El examen escrito para los alumnos libre tiene por objeto evaluar el “conocimiento
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práctico” de la asignatura que al ser, una fundamentalmente teórica, dicho conocimiento
se refiere a las capacidades de los estudiante de realizar las distinciones conceptuales
pertinentes. El exámen oral subsecuente a quiene lo aprueben asegurar el concocimiento
en profundidad de la asignatura

5.3. Sistema de Tutorías y Mecanismos de Seguimiento para Alumnos Libres


Horarios de Consulta
Los docentes de la cátedra (incluidos adscriptos) ofrecerán tutorías a los alumnos de todas
las condiciones (promocionales, regulares y libres) para lo que deberán concurrir a un
horario de atención de la cátedra para concertar un cronograma de las tutorías los días
Viernes de 9 a 12 en el Box de la Cátedra A 2

7. REGIMEN DE CURSADO
6.1. Alumno promocional
Régimen de alumnos vigente:
Art. 9°: Las diversas asignaturas deberán tratar de ofrecer posibilidades a la condición de alumno
PROMOCIONAL para los alumnos inscriptos. El HCD podrá exceptuar expresamente este
sistema en aquellos casos en que así se apruebe, a solicitud fundada del profesor Titular o
docente a cargo y los Consejos de Escuela.

Art. 10°: Será considerado PROMOCIONAL el alumnos que cumpla con las siguientes
condiciones mínimas: aprobar el 80% de los Trabajos Prácticos con calificaciones iguales o
mayores a 6 (seis) y un promedio mínimo de 7 (siete), aprobar el 100% de las Evaluaciones
Parciales, con calificaciones iguales o mayores a 6 (seis) y un promedio mínimo de 7 (siete). Las
calificaciones promediadas de evaluaciones parciales y trabajos prácticos serán considerados
separadamente y no serán promediables a los fines de la PROMOCIÓN.

Art. 11°: Los responsables de las asignaturas podrán exigir la condición de un mínimo de
asistencia a las clases prácticas y teóricas-prácticas, que no podrá superar el 80% del total.

Art. 12°: Las cátedras podrán incluir para los alumnos promocionales exigencias extras, tales
como coloquio final, monografías, prácticas especializadas, trabajos de campo, etc. En tales
casos se deberán prever y poner en vigencia instancias que permitan al alumno recuperar dichas
exigencias incluyendo opciones sustitutivas para las exigencias que no puedan recuperarse en
condiciones similares a las originalmente planteadas.

Art. 13°: Las evaluaciones Parciales serán no menos de 2 (dos) por asignatura.

Art. 14°: Las condiciones para aprobar una asignatura en la condición de alumno
PROMOCIONAL, deberán ser claramente explicitadas en el Programa de la asignatura y no
podrán ser modificadas en el transcurso del cursado.

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Art. 15°: Los docentes responsables de las asignaturas deberán permitir el real y adecuado
acceso de los alumno a las Evaluaciones Parciales corregidas y calificadas, a fin de que dicha
etapa cumpla con su función pedagógica especifica de reconstrucción del error.

Art. 16°: Los profesores encargados de cátedra deberán prever el derecho de los alumnos a
recuperar como mínimo el 25 % de las evaluaciones parciales y deberá ser promediada con las
previamente obtenidas.

Art. 17°: Los alumnos tendrán derecho a recuperara un máximo de 33 % de los Trabajos
Prácticos, las calificaciones de los mismos serán promediadas de acuerdo a la modalidad
establecida.

Art.18°: Las evaluaciones finales de los alumnos promocionales se llevarán a cabo en fechas
distintas de los exámenes finales regulares, las cátedras deberán comunicar a las Escuelas
respectivas las correspondientes fechas y la lista de alumnos en condiciones de rendir.
La promoción tendrá vigencia por el semestre subsiguiente y se elaborará un acta por cada fecha
de evaluación final fijada por la cátedra.
6. 2. Alumno regular
Régimen de alumnos vigente:
Art. 19°: Todo alumno debidamente matriculado puede acceder a la CONDICIÓN DE ALUMNO
REGULAR, que implica la posibilidad de inscripción para aprobar la asignatura accediendo a un
examen de una sola instancia, que podrá ser oral o escrita.
Art. 20°: Son alumnos REGULARES aquellos que cumplan con las siguientes condiciones:
aprobar el 80% de los Trabajas Prácticos con calificaciones iguales o mayores a 4 (cuatro) y
aprobar el 80 % de las Evaluaciones Parciales, con calificaciones iguales o mayores a 4 (cuatro).
Las calificaciones de evaluaciones parciales y trabajo prácticos serán consideradas
separadamente y no serán promediadas a los fines de la aprobación de la condición de alumnos
REGULAR.
Art. 21°: Los profesores encargados de cátedra deberán prever el derecho de los alumnos a
recuperara como mínimo el 25% de las evaluaciones. La calificación que se obtenga subsistirá a
la obtenida en la evaluación recuperada.
Art. 22°: Los alumnos tendrán derecho a recuperar un máximo de 33% de los Trabajos Prácticos.
Art. 23°: La regularidad se extiende por el término de 3 (tres) años, a partir de que se deja
constancia fehaciente de que el alumno accede a esa condición. Si la fecha de finalización de ese
período con coincidiera con una fecha de examen de la materia en cuestión, se extenderá hasta
el turno de exámenes subsiguientes.
6. 3. Alumno libre:
Régimen de alumnos vigente:
Art. 24°: Los alumnos que, estando debidamente matriculados en el año académico, decidan
inscribirse a presentar exámenes finales en la condición de LIBRES, accederán a un examen de
dos instancias: la primera de carácter escrito y la segunda oral, contemplándose en ambas las
aspectos teóricos y prácticos. Una vez aprobada la instancia escrita se procederá al examen oral.
Cuando el tribunal examinador considere que el resultado de la instancia escrita merece la
calificación de 8 o más, podrá obviar la instancia oral, previo acuerdo expreso del alumno.
Art. 25°: De acuerdo con las características de sus asignaturas los docentes encargado podrán
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establecer requisitos previos a la presentación de los exámenes de los alumnos libres. Tales
condiciones deberán ser aprobadas por el Consejo de la Escuela y serán oportuna y debidamente
publicadas y consignadas en el programa de la asignatura. Tales requisitos no pueden significar
un exceso de exigencias superiores a los fijados para los alumnos regulares.

8. MODALIDAD Y CRITERIOS DE EVALUACIÓN


7. 1. Tipo de evaluación
Evaluación parciales de tipo objetivo a través de la plataforma para la regularización de la
materia, la promoción y para los exámenes escritos de los alumnos libres. Evaluación
presencial durante los trabajos prácticos. Evaluaciones orales para finales de alumnos
regulares y libres que hayan aprobado el examen escrito. Coloquio final para
promocionales sobre un trabajo monográfico personal e individual.

7. 2. Instrumentos de evaluación
7.2.1 Alumno promocional
Aprobación de evaluaciones prácticas y parciales, aprobación de trabajos particulares
solicitados durante el cursado como promocional. Aprobación del trabajo monográfico
final y de la defensa en el coloquio final.
7.2.2 Alumno regular
Aprobación de las evaluaciones parciales y practicas
7.2.3 Alumno libre:
Examen escrito del tipo de prueba objetiva, mediante el uso de la plataforma. Examen oral
para el que haya aprobado el examen escrito.
Como se especificó en el punto 5.2.3 los alumnos libres rendirán un examen escrito con el
formato de multiple choice, usando el aula virtual. Para las evaluaciones la nota mínima
de aprobación corresponde al 60%, de las preguntas formuladas, contestadas
adecuadamente. Eso asegurará que el estudiante puede hacer las distinciones conceptuales
mínimas requeridas para la aprobación de la materia. Estos analisis conceptuales
constituyen el nucleo de las actividades “prácticas” que la materia por su carácter tiene. El
oral posterior permitira evaluar el conocimiento geberalo que el estudiante posee sobre el
programa. Ninguna exigencia para el alumno libre significa una exigencia superior, como
lo establece la reglamentación por sobre los alumnos regulares.

7.3 Cronograma de evaluaciones:

1er Parcial Junio 2/3


11
2do Parcial Agosto 25/26
3er Parcial Septiembre 27/28

Recuperatorio. Noviembre 3/4

7. 4. Publicación de Notas:
Gracias al uso de la plataforma educativa, las notas de parciales se entregan en forma
inmediata y se deja constancia de las mismas en la libreta del alumno.
Los alumnos pueden consultar su examen, en horarios establecidos para ello, y tomar
registro de las opciones que contestaron inadecuadamente.
7. 5. Evaluaciones de recuperación:
Se permite una recuperación dos evaluaciones parciales a los que hubiesen sido aplazados
en las mismas. A los alumnos promocionales se les permite recuperar igualmente dos
parciales si no hubiesen alcanzado la nota mínima exigida para lograr la promoción.

9. BIBLIOGRAFIA (Obligatoria y de consulta)

Aizawa, K., & Gillett, C. (2011). The autonomy of psychology in the age of neuroscience.
In P. McKay Illari, F. Russo, & J. Williamson (Eds.), Causality in the Sciences (pp. 202–
223). Oxford University Press. (traducción de la cátedra)
Ansermet, F., Magistretti, P., Magistretti, P., & Ansermet, F, A cada cual su cerebro:
plasticidad neuronal e inconsciente. Katz Editores, 2006
Bennett, F. Dennett, D. Hacker, P & Searle, J. La naturaleza de la conciencia. Cerebro,
mente y lenguaje.Paidos 2008
Canguilhem, Georges ¿Qué es la Psicología?
Churchland, Paul, Materia y conciencia, Gedisa, Barcelona, 1992
Cummins, R. C. (2000). “How does it work” versus “what are the laws?”: Two
conceptions of psyc hological explanation. In F. Keil & R. A. Wilson (Eds.), Explanation
and Cognition, 117-145. MIT Press. (traduccion de la cátedra)
Danziger, Kurt, Constructing the subject, Cambridge U. Press, Cambridge, 1990, cap. 4
(Traducción de Estela Giribaldi de Otero)
Damasio, A. El Error de Descartes. Andrés Bello 1999
Edelman G. & Tononi G. El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en
imaginación. Ed. Crítica Barcelona 2002.
Estany, Ana Vida, muerte y resurrección de la conciencia. Análisis filosófico de las
revoluciones científicas en psicología contemporánea. Paidos 1999
Flanagan, Owen, The Science of Mind, MIT Press, 1991, Cap. 3, (Traducción de cátedra)
Freud Sigmund. Esquema de Psicoanálisis. Amorrortu vol.23
12
Gallagher Shaun y Zahavi Dan La mente fenomenológica-Alianza 2013
García Damborenea, Ricardo, Uso de razón, Argos, Madrid, 1984.
Harré, Rom, Cognitive Science. A Philosophical Introduction, SAGE, London, 2002, caps.
1, 2 y 3 (Traducción de Prof. Nicolás Venturelli)
Kandel, Eric, Psiquiatría, psicoanálisis y la nueva biología de la mente, Ars Médica, 2007
Klimovsky, Gregorio, Las Desventuras del Conocimiento Científico, AZ, Buenos Aires,
1990
Lagache Daniel La unidad de la Psicología. Paidós 1980
Lowe, Jonathan, Filosofía de la mente, Idea Universitaria, Barcelona, 2000
Luria A. R. Sensación y percepción-Roca 1994
Noë, Alva, Fuera de la Cabeza. Por qué no somos el cerebro y otras lecciones de la
biología de la conciencia. E. Kairós, 2010
Perner, Joseph, Comprender la mente representacional, Paidós, Barcelona 1994
Ryle, Gilbert, El Concepto de lo Mental. Ed. Paidós, Madrid, 2005
Searle, John, El redescubrimiento de la mente, Crítica, Barcelona, 1996
Searle, John, La mente: una breve introducción, Norma, Bogotá,2004
Searle, John, Mentes, cerebros y ciencia. Ed. Cátedra, Madrid, 1990
Schaeffer, Jean Marie El fin de la excepción humana. Fondo de Cultura Económica. 2009
Varela Francisco Conocer. Gedisa 2005
Zeman, Adam La Conciencia. Ed. Fondo de Cultura Económica, 2009

NSTRUCTIVO PARA ELABORACIÓN DEL PROGRAMA

Fundamentación :
La idea de integrar esta sección en la propuesta de asignatura obedece a que explicitar los
fundamentos de las decisiones sobre la enseñanza hace coherente la tarea que se realiza.
En este apartado se debería presentar la estructuración general de la asignatura, en función de los
aportes científicos y exigencias sociales actuales. A su vez interesa que quede reflejada la
consistencia entre la enseñanza de la propia asignatura, la elección del modo en que se despliegan
los contenidos mínimos y el marco del Plan de Estudios.

2. Objetivos:
Los objetivos son el elemento didáctico que indica las orientaciones, los rumbos a seguir (Jer y Ríos,
2000).
La decisión acerca de los objetivos lleva a identificar las fuentes de donde surgen y cuál es el peso
relativo de cada una de ellas.
Los objetivos educativos tienen tres orígenes fundamentales (Jer y Ríos, 2000)
1. la disciplina científica. El campo disciplinario marca el contenido de los objetivos en muchos
casos.
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2. las exigencias sociales - necesidades y demandas – que van marcando permanentemente
las competencias que el alumno debe lograr para desempeñarse profesionalmente en la
sociedad.
3. las características sociales, psicológicas y afectivas del grupo de alumnos.

2. 1. El contenido de los objetivos:


“Para que el objetivo sea realmente orientador debe reunir dos componentes: uno, alude a los
procesos cognoscitivos que se producen durante el aprendizaje, componente claramente
identificado por indicarse con un verbo una acción determinada; el otro componente alude a los
aspectos temáticos o partes de una disciplina o ciencia sobre la cual deben operar los procesos
anteriormente indicados” (Jer y Ríos, 2000).

2. 2. Objetivos generales:
Son objetivos que hacen referencia a procesos de mayor nivel de abstracción y cumplen la función
de marcar las orientaciones más amplias y flexibles; permitiendo contemplar alternativas diversas en
cuanto a actividades o a logros. (Por ejemplo: “comprender”, “conocer”, “juzgar”, entre otros).

2. 3. Objetivos específicos
Se enuncian en un nivel de especificidad y concreción mayor, permiten casi identificar las acciones
o logros que el alumno debe poner de manifiesto en un momento determinado. (Por ejemplo:
“nombrar”, “reseñar”, “identificar”, entre otros).

3. Contenidos:
Los contenidos están constituidos por el conjunto de conceptos, procedimientos, actitudes, valores y
comportamientos concebidos en función de finalidades y objetivos. Se relacionan con el qué
enseñar. Es lo que se acota de una disciplina para ser trabajado en una situación determinada de
aprendizaje.
Al seleccionar y organizar el contenido es necesario que queden reflejados tanto la estructura
conceptual (el dominio propio y específico de la disciplina, su tradición, sus antecedentes teóricos,
sus conceptos) como la estructura sintáctica (modo de investigar en esa disciplina).

3.1. La organización de los contenidos debe contemplar

 El ordenamiento de las ideas más importantes de una disciplina; permitiendo descubrir no solo
las ideas básicas sino las posibilidades y limitaciones de la materia. Este ordenamiento puede
derivarse en los ejes temáticos, las ideas básicas y las ideas secundarias.
Ejes temáticos: las líneas estructurales básicas alrededor de las cuales es posible organizar
coherentemente todos los demás contenidos.
Ideas básicas: conjuntos de conceptos que poseen cierto nivel de generalidad y poder de
inclusividad para organizar conceptos más simples o hechos específicos.
Ideas secundarias: toda aquella información necesaria para poder desarrollar las ideas
básicas; pero que son factibles de ser priorizadas, reseleccionadas en función de los objetivos,
los ejes temáticos y las ideas básicas.
 Alguna apreciación sobre el modo en que la disciplina investiga, construye y valida sus
conocimientos.
 Una organización que sea capaz de despertar interés en el alumno al brindar la posibilidad de
ser relacionado con conocimientos o experiencias anteriores y por estar vinculado al uso
posterior del mismo para afrontar problemas de la realidad o para analizar situaciones.

3. 2. Criterios a tener en cuanta en la organización del contenido:


14
 Equilibrio: relación armoniosa entre los diferentes contenidos de una asignatura
 Continuidad: es la presencia de un eje organizador a lo largo de todo el programa,
manifestándose y desarrollándose en diferentes niveles de profundidad y complejidad.
 Secuencia: es el orden en que se desarrollarán los contenidos. Está relacionada con la
continuidad de los aprendizajes.
 Integración: la relación horizontal que existe entre los contenidos que se están aprendiendo
simultáneamente.
4. Enfoque metodológico:
4. 1. De la Formación Teórica (situación áulica). Al organizar las actividades y las interacciones
comunicativas se plantea la necesidad de seleccionar determinadas “técnicas” o maneras de
organizar las interacciones en el trabajo del aula.

Técnicas Definición
Pequeño grupo Estudio de un tema, unidad o realización de una tarea por parte de educandos
de discusión en pequeños grupos
Consiste en hacer que el alumno individualmente o en grupo estudie un tema o
Estudio dirigido
unidad, en base a guías elaboradas previamente
Una competencia intelectual en la que se trata de demostrar la superioridad de
Debate una tesis sobre otra. Tiene lugar cuando un tema suscita posiciones contrarias
entre los educandos.
Dos o más personas preparadas en un tema exponen bajo la dirección de un
Simposio coordinador un tema de su especialidad. El auditorio participa al final dirigiendo
preguntas orales o escritas a los expositores
Consiste en conducir al educando a proyectar algo concreto sin llegar a
Elaboración de
ejecutarlo. El proyecto es una actividad planificada para ser desarrollada ante
Proyectos
una situación problemática real que requiere soluciones prácticas.
Consiste en proponer situaciones problemáticas a los educandos para
Resolución de
solucionarlos. Para ello deberán realizar revisiones de material y estudiar
problemas
sistemáticamente el tema.
Consiste en proponer una situación real que ya ha sido solucionada para que
Estudio de casos se la encare nuevamente. Es una variante de la resolución de problemas pero
los casos ya han sido solucionados.
Consiste en hacer que el educando realice investigaciones teóricas a fin de
Seminario
presentarlas y discutirlas científicamente
Consiste en hacer que un grupo tome parte en la discusión de un tema en
Foro
general. Se desarrolla en un clima informal y prácticamente sin limitaciones.
Consiste en una reunión de especialistas (o alumnos que ha estudiado en
profundidad) que sostienen posiciones divergentes sobre una cuestión. Los
Mesa redonda
mismos exponen sus puntos de vista sin finalidades polémicas. Su finalidad no
es promover debates sino suministrar información precisa.
Reunión de varias personas especializadas (o alumnos que han profundizado
en el estudio) que exponen sus ideas sobre un determinado asunto, ante un
Panel
auditorio de manera informal y dialogada intercambiando ideas. El coordinador
interviene con preguntas adecuadas.
Consiste en la presentación oral de un tema lógicamente estructurado. El
Exposición
principal recurso de la exposición es el lenguaje oral.

15
4. 3. De la Formación Práctica (situación áulica y extra – áulica): corresponde a aquellas
actividades en las que el alumno adquiere las habilidades y destrezas para la observación de
fenómenos, hechos y dimensiones "psicológicos" y para la ejecución de diversos procedimientos,
implicando también la intervención sobre personas con una fuerte supervisión. Requiere el uso de
conocimientos, búsqueda de información, trabajo en terreno, entrevistas y abordaje a los diferentes
demandantes de servicios psicológicos, participación en procesos de toma de decisiones en las
diferentes intervenciones a las que se dieran curso; todo lo cual, a su vez, genera nuevos
conocimientos. En la carrera de Licenciatura en Psicología las actividades prácticas tienen que ver,
en parte, con la oferta de prácticas profesionales vigentes en la Red de Convenios.
Deberán estar articuladas con las teorías y complementadas con una actitud crítica y comprometida
para permitir el idóneo desempeño del futuro psicólogo al momento de su egreso.
Para el caso de prácticas que impliquen situaciones extra – áulicas las cátedras deberán
previamente realizar los trámites pertinentes para obtener autorización formal en la Secretaría de
Extensión de la Facultad de Psicología.
A continuación de detallan algunas “técnicas” o maneras de organizar las interacciones en las
actividades de formación práctica áulicas y extra –áulicas:

Técnicas Definiciones
Ateneos reuniones grupales de discusión de material bibliográfico seleccionado ad
bibliográficos hoc acerca de un determinado tema con participación activa del alumno.
Búsqueda consulta de temas en bibliotecas o centros de documentación, en diferentes
bibliográfica: formatos.
Rol Play Consiste en la dramatización – simulación de situaciones diversas en base a
consigas donde diferentes alumnos asumen – interpretan diferentes roles.
Consiste en la observación, registro y sistematización de lo observado en
Análisis de base a ciertas consignas, análisis del material y elaboración de
material audio conclusiones/interpretaciones mediante la articulación con los marcos
visual teóricos referenciales. El material de base pueden ser: video grabaciones,
fotografías, diapositivas, entre otros.
son aquellas actividades realizadas por los alumnos fuera del ámbito
Actividades de tradicional de la enseñanza, ya sea para efectuar observaciones (simple
terreno presencia del estudiante), estudios exploratorios o intervenciones diversas
(con participación activa y responsabilidad del estudiante).
Estudios de implica la participación del alumno en discusiones dirigidas por un moderador
casos e historias sobre casos e historias clínicas.
clínicas
Estudios e aquellas actividades con base poblacional en las que se requiere el alumno
investigaciones obtenga datos sobre la comunidad
en la comunidad
aquellas actividades específicamente realizadas en laboratorios donde el
Trabajos
alumno está en contacto directo con los materiales, equipos, sujetos
prácticos de
experimentales y demás recursos propios de un diseño experimental de
laboratorio:
investigación.
implica la participación activa del alumno en la elaboración y evaluación de la
Examen de
historia clínica con entrevistas a demandantes de los servicios de salud
pacientes
mental
se denomina al trabajo que realiza el alumno teniendo responsabilidades
Trabajo directos
directas supervisadas de acuerdo al nivel de complejidad de los
o prestaciones
conocimientos y habilidades adquiridas. Por ejemplo: servicios de
16
diagnósticos y asesoramiento a organizaciones; actividades de asistencia,
promoción y prevención en salud mental; asistencia, intervención e
investigación en instituciones educativas; asesoramiento técnico y procesos
de capacitación a comunidades; acompañamiento terapéutico de pacientes
ambulatorios e internados; procesos de psicodiagnósticos con diversos
propósitos (laboral, vocacional, clínico, jurídico, entre otros).
Elaboración y Consiste en conducir al educando a proyectar algo concreto y a ejecutarlo. El
ejecución de proyecto es una actividad planificada para ser desarrollada ante una
Proyectos situación problemática real que requiere soluciones prácticas.
Consiste en hacer que un grupo tome parte en la discusión de un tema en
Foro
general. Se desarrolla en un clima informal y prácticamente sin limitaciones.

5. ORGANIZACIÓN DEL CURSADO:


5. 1. De la Formación Teórica. Especificar cómo se organiza indicando frecuencia, responsables,
requisitos de asistencia (según condición del alumno) y lugar de las diferentes situaciones áulicas
previstas a tal fin.
5. 2. De la Formación Práctica: especificar cómo se organiza indicando frecuencia, responsables,
carga horaria, requisitos de asistencia (según condición de alumno), frecuencia de los encuentros y
si es de carácter individual o grupal. Esta especificación se debe realizar para cada una de las
diferentes situaciones áulicas y extra – áulicas previstas.
5. 3. Sistema de tutorías: especificar cómo se organiza indicando lugares, responsables,
frecuencia de los encuentros, requisitos de asistencia (según condición de alumno), si es de carácter
individual o grupal.

6. REGIMEN DE CURSADO
6. 1. ALUMNOS PROMOCIONALES: según Régimen de Alumnos vigente

Art. 9°: Las diversas asignaturas deberán tratar de ofrecer posibilidades a la condición de alumno
PROMOCIONAL para los alumnos inscriptos. El HCD podrá exceptuar expresamente este sistema
en aquellos casos en que así se apruebe, a solicitud fundada del profesor Titular o docente a cargo
y los Consejos de Escuela.

Art. 10°: Será considerado PROMOCIONAL el alumnos que cumpla con las siguientes condiciones
mínimas: aprobar el 80% de los Trabajos Prácticos con calificaciones iguales o mayores a 6 (seis)
y un promedio mínimo de 7 (siete), aprobar el 100% de las Evaluaciones Parciales, con
calificaciones iguales o mayores a 6 (seis) y un promedio mínimo de 7 (siete). Las calificaciones
promediadas de evaluaciones parciales y trabajos prácticos serán considerados separadamente y
no serán promediables a los fines de la PROMOCIÓN.

Art. 11°: Los responsables de las asignaturas podrán exigir la condición de un mínimo de asistencia
a las clases prácticas y teóricas-prácticas, que no podrá superar el 80% del total.

Art. 12°: Las cátedras podrán incluir para los alumnos promocionales exigencias extras, tales
como coloquio final, monografías, prácticas especializadas, trabajos de campo, etc. En tales casos
se deberán prever y poner en vigencia instancias que permitan al alumno recuperar dichas
exigencias incluyendo opciones sustitutivas para las exigencias que no puedan recuperarse en
condiciones similares a las originalmente planteadas.

17
Art. 13°: Las evaluaciones Parciales serán no menos de 2 (dos) por asignatura.

Art. 14°: Las condiciones para aprobar una asignatura en la condición de alumno PROMOCIONAL,
deberán ser claramente explicitadas en el Programa de la asignatura y no podrán ser modificadas
en el transcurso del cursado.

Art. 15°: Los docentes responsables de las asignaturas deberán permitir el real y adecuado acceso
de los alumno a las Evaluaciones Parciales corregidas y calificadas, a fin de que dicha etapa cumpla
con su función pedagógica especifica de reconstrucción del error.

Art. 16°: Los profesores encargados de cátedra deberán prever el derecho de los alumnos a
recuperar como mínimo el 25 % de las evaluaciones parciales y deberá ser promediada con las
previamente obtenidas.

Art. 17°: Los alumnos tendrán derecho a recuperara un máximo de 33 % de los Trabajos
Prácticos, las calificaciones de los mismos serán promediadas de acuerdo a la modalidad
establecida.

Art.18°: Las evaluaciones finales de los alumnos promocionales se llevarán a cabo en fechas
distintas de los exámenes finales regulares, las cátedras deberán comunicar a las Escuelas
respectivas las correspondientes fechas y la lista de alumnos en condiciones de rendir.
La promoción tendrá vigencia por el semestre subsiguiente y se elaborará un acta por cada fecha
de evaluación final fijada por la cátedra.

6. 2. ALUMNO REGULAR
Art. 19°: Todo alumno debidamente matriculado puede acceder a la CONDICIÓN DE ALUMNO
REGULAR, que implica la posibilidad de inscripción para aprobar la asignatura accediendo a un
examen de una sola instancia, que podrá ser oral o escrita.
Art. 20°: Son alumnos REGULARES aquellos que cumplan con las siguientes condiciones: aprobar
el 80% de los Trabajas Prácticos con calificaciones iguales o mayores a 4 (cuatro) y aprobar el 80 %
de las Evaluaciones Parciales, con calificaciones iguales o mayores a 4 (cuatro). Las calificaciones
de evaluaciones parciales y trabajo prácticos serán consideradas separadamente y no serán
promediadas a los fines de la aprobación de la condición de alumnos REGULAR.
Art. 21°: Los profesores encargados de cátedra deberán prever el derecho de los alumnos a
recuperara como mínimo el 25% de las evaluaciones. La calificación que se obtenga subsistirá a la
obtenida en la evaluación recuperada.
Art. 22°: Los alumnos tendrán derecho a recuperar un máximo de 33% de los Trabajos Prácticos.
Art. 23°: La regularidad se extiende por el término de 3 (tres) años, a partir de que se deja
constancia fehaciente de que el alumno accede a esa condición. Si la fecha de finalización de ese
período con coincidiera con una fecha de examen de la materia en cuestión, se extenderá hasta el
turno de exámenes subsiguientes.

6. 3. ALUMNOS LIBRES
Art. 24°: Los alumnos que, estando debidamente matriculados en el año académico, decidan
inscribirse a presentar exámenes finales en la condición de LIBRES, accederán a un examen de
dos instancias: la primera de carácter escrito y la segunda oral, contemplándose en ambas las
aspectos teóricos y prácticos. Una vez aprobada la instancia escrita se procederá al examen oral.
Cuando el tribunal examinador considere que el resultado de la instancia escrita merece la
calificación de 8 o más, podrá obviar la instancia oral, previo acuerdo expreso del alumno.

18
Art. 25°: De acuerdo con las características de sus asignaturas los docentes encargado podrán
establecer requisitos previos a la presentación de los exámenes de los alumnos libres. Tales
condiciones deberán ser aprobadas por el Consejo de la Escuela y serán oportuna y debidamente
publicadas y consignadas en el programa de la asignatura. Tales requisitos no pueden significar
un exceso de exigencias superiores a los fijados para los alumnos regulares.

7. MODALIDAD Y CRITERIOS DE EVALUACIÓN:


7.1. En este apartado deberán especificar qué tipo de evaluación realizarán:
Inicial o diagnóstica (opcional): para evaluar los esquemas de conocimiento pertinentes para el
nuevo material o situación de aprendizaje
Evaluación Formativa (opcional): para evaluar los progresos, dificultades, retrocesos, bloqueos,
que se presenten en el proceso de aprendizaje.
Evaluación Sumativa (obligatoria): para evaluar los tipos y grados de aprendizajes que estipulan
los objetivos en relación a los contenidos seleccionados. Se realiza al término de una fase del
aprendizaje.
7. 2. Instrumentos de evaluación: de respuesta a desarrollar, de respuestas orientadas, pruebas
de ensayo, pruebas de respuestas guiadas, pruebas de libros abiertos, de respuestas breves, de
completamiento, de alternativas constantes (verdadero – falso), de tres opciones, de opciones
múltiples, de ordenamiento, otras.
7. 3. Cronograma de evaluaciones: en base al Calendario Académico aprobado por el HCD y
considerando lo establecido por Comisión de Vigilancia y Reglamento: “no debe existir
superposición de parciales en una misma semana y, de haberla, que no sean más de 3 (tres)
parciales no consecutivos en una semana”.
7. 4. Publicación de Notas de exámenes parciales (Res. HCD N° 278/01): existe un plazo
máximo de 20 (veinte días) hábiles, a contar desde la fecha de recepción del parcial, para que los
docentes de esta Facultad publiquen las notas de dichos exámenes parciales de sus cátedras.
7. 5. Evaluaciones de recuperación (Res. HCD N° 278/01): las fechas para la realización de
exámenes recuperatorios sólo se podrán fijar con un mínimo de 5 (cinco) días hábiles posteriores a
la publicación de las respectivas notas.
7. 6. Criterios de Evaluación: en este apartado se deberán enumerar y explicar cada uno de los
criterios de evaluación que serán utilizados.

8. BIBLIOGRAFIA
La bibliografía deberá citarse para cada uno de los distintos modos de ordenamiento de la estructura
conceptual (Unidades, Módulos, Ejes temáticos, otros).
Se deberá incluir diferenciada la Bibliografía Obligatoria y la Bibliografía de Consulta.

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Ciencia Cognitiva: Una Introducción Filosófica

Rom Harré

Traducción: Nicolás Venturelli

Índice para la Parte 1 (capítulos 1, 2 y 3):

Naturaleza y métodos de la ciencia 1

Capítulo 1
Una ciencia para la psicología 4
¿Cuál es el dominio de la ciencia cognitiva? 4
¿Qué hace que un programa de estudio sea científico? 7
Tópico de aprendizaje: ¿Qué es la ciencia? 9

Filosofía en un contexto científico 9


Algunos otros términos para abordar los presupuestos 12
Tópico de aprendizaje: ¿Qué es la filosofía? 13

Ontología: presupuestos acerca de lo que hay 13


Tópico de aprendizaje: Ontología 16

i
Ciencia, filosofía y psicología en la historia 17
El proyecto de una psicología científica 17
Conclusión 18

Capítulo 2
Las ciencias naturales 21
El mundo de las ciencias naturales 21
Tópico de aprendizaje: El mundo de las ciencias naturales 26

Interpretaciones rivales de la ciencia 27


Tópico de aprendizaje: Positivismo y realismo 34

Experimentos indirectos: testeando hipótesis sobre lo inobservable 35


Tópico de aprendizaje: Experimentando en la Región Tres 38

Conclusión 38

Capítulo 3
Comprendiendo el método científico 40

Sección 1
Describir y clasificar 41
El rol de los conceptos en la clasificación 41
Sistemas jerárquicos de clasificación 43
Las bases de las distinciones de tipo 45
Tópico de aprendizaje: 1. Describir y clasificar 48

Sección 2
Explicar 49
Modelos 50
Usos analítico y explicativo de los modelos 52
Los fundamentos cognitivos de la construcción de modelos 57
Evaluación de los modelos 60
Dispositivos experimentales como modelos de mundo 62
Ulteriores usos del modelado 64
Tópico de aprendizaje: 2. Elaboración de modelos 66
Conclusión 66

ii
Naturaleza y métodos de la ciencia

La psicología es el estudio del pensamiento, el sentimiento (las emociones), la percepción y la


acción. Tradicionalmente el campo de la psicología cognitiva se ha ocupado sólo de uno de estos
cuatro fenómenos: el pensamiento o la cognición. ¿Qué queremos decir con cognición? En
contextos científicos es imprudente imponer definiciones rígidas y unívocas. ¡Es mejor dar algunos
ejemplos de lo que un concepto general abarca y luego agregar un etcétera! Entre los fenómenos
psicológicos en el dominio de la cognición están el recordar, el razonar, el calcular, el clasificar, el
decidir, etc.
En los últimos años, ha resultado cada vez más claro que tanto la psicología de las
emociones como la psicología de la percepción o la psicología social no pueden ser estudiadas sin
atender centralmente a los procesos especificados arriba como los tópicos de la psicología
cognitiva. En este texto nos ocuparemos sólo de los principios y métodos del estudio científico de la
cognición.
La ciencia cognitiva es el intento de estudiar los fenómenos cognitivos de un modo afín al
que las ciencias físicas adoptan para estudiar los fenómenos materiales. La física comprende la
mecánica, el estudio de las leyes del movimiento de los objetos materiales elementales. La química
comprende el estudio de la síntesis de sustancias materiales a partir de otras sustancias materiales, a
la luz del conocimiento de sus componentes atómicos y estructuras internas. En los últimos años el
estudio de los aspectos relevantes de la neuroanatomía y la neurofisiología del cerebro y el sistema
nervioso se ha visto como parte integrante del campo de la ciencia cognitiva.
La historia de los intentos para crear una ciencia cognitiva, que incluye tanto estudios
naturalistas sobre el pensamiento como estudios técnicamente sofisticados de los procesos
cerebrales relevantes, revela muchos comienzos fallidos. En su mayor parte, el fracaso de estos
programas de investigación puede ser explicado atendiendo a los presupuestos filosóficos que sus
promotores dieron por sentado. La ciencia es una práctica humana. Como el tenis, la jurisprudencia,
la política y otras prácticas humanas, la ciencia tiene sus presupuestos. Algunos presupuestos de los
viejos intentos para crear una ciencia de las actividades cognitivas de los seres humanos eran
metafísicos, tal como el presupuesto de que el dominio de lo cognitivo comprende entidades no
materiales, ideas en la mente. Algunos eran metodológicos, como el presupuesto de que el trabajo
de los psicólogos cognitivos puede ser reducido exclusivamente al estudio de los aspectos
materiales del pensamiento: la psicología como neurociencia. Al estudiar filosóficamente un

1
proyecto científico extraemos los presupuestos no cuestionados y los sometemos a un escrutinio
crítico. Para desempeñarse bien en las prácticas de algún dominio es deseable tener una clara idea
de lo que está presupuesto en lo que uno hace. Los estudios filosóficos de los presupuestos tienen
un rol práctico.
No sólo hay presupuestos filosóficos involucrados en la práctica de las ciencias, sino que
también existen teorías filosóficas muy influyentes acerca de la naturaleza de la ciencia misma.
Éstas también deben ser inspeccionadas. Armados de una visión de la ciencia como la búsqueda
sistemática de verdades incontestables, los filósofos exigieron que únicamente lo que puede ser
percibido por los sentidos debe ser admitido en el dominio de las ciencias. Esta es la posición
filosófica del positivismo. La posición opuesta es el realismo. Las ciencias físicas, desde sus
comienzos en el mundo antiguo, se han asentado en hipótesis sobre procesos que no pueden
percibirse directamente. Los astrónomos imaginaron varias arquitecturas posibles para los cielos.
Químicos y físicos imaginaron una realidad de minúsculos, invisibles átomos, cuyos movimientos y
recombinaciones daban cuenta de los fenómenos que los seres humanos podían percibir. Los
realistas argumentan que tenemos buenas razones para preferir algunas representaciones de las
regiones invisibles de la Naturaleza por sobre otras. La historia de las ciencias físicas muestra un
patrón de idas y vueltas entre reacciones positivistas en contra de débiles especulaciones sobre las
causas de los fenómenos observables y desarrollos realistas de hipótesis más rigurosas y plausibles
sobre el mundo más allá de los sentidos. A comienzos del tercer milenio, las ciencias físicas están
en una etapa fuertemente realista de este ciclo. Los físicos están satisfechos con los quarks. Los
químicos no tienen inconvenientes con las estructuras atómicas. Los biólogos están a gusto con los
genes. Los geólogos hablan libremente sobre placas tectónicas, y así sucesivamente. Nosotros
seguiremos esta tónica. El programa para la ciencia cognitiva presentado aquí será realista, armado
de técnicas como aquellas firmemente establecidas en la física, la química, la biología y las ciencias
geológicas, para ir más allá de lo que puede ser percibido con los sentidos hasta la esfera más
profunda de la realidad material.
En la medida en que nos adentramos en la filosofía de las ciencias naturales a los fines de
obtener lineamientos a seguir para desarrollar una psicología científica de la cognición,
encontramos dos aspectos principales del trabajo científico. Por un lado está la compleja tarea de
clasificar los fenómenos del campo de interés. Esto requiere no sólo que se abran lugares en un
esquema clasificatorio, sino también que un esquema tal esté bien fundado, libre de contradicciones
y conectado con las teorías sobre aquello que estemos clasificando.
Por otro lado, está la tarea de construir explicaciones de los fenómenos de interés. La mayor
parte de los procesos que producen los fenómenos observables, en caso de que de hecho sean

2
observables, no lo son del mismo modo en que estos últimos lo son. Las reacciones químicas
pueden ser vistas, oídas y a veces olidas; los procesos moleculares que las explican, no. Las
moléculas y su comportamiento son productos de la imaginación humana que representan, se
espera, procesos productivos reales. Las estrategias con las cuales se lleva a cabo esta fase del
trabajo científico están bien estudiadas. Sin embargo, los insights1 que se han obtenido a partir del
estudio en profundidad de las ciencias físicas todavía han de ser plenamente integrados a los
métodos de la ciencia cognitiva. […]
La Parte I de este libro introduce dos temas principales. Aprenderemos cómo los filósofos
ahondan en los presupuestos de las prácticas humanas. Luego miraremos en detalle a las dos fases
principales de un programa de investigación científica, la clasificación y la explicación. Aunar los
dos temas nos introducirá a la filosofía de la ciencia. […]

1
Esta palabra no tiene traducción directa al castellano, por lo cual se ha preferido dejarla en inglés. En este
contexto, refiere a una perspectiva o mirada “desde adentro” sobre algún dominio de conocimiento, que en
general aporta un nuevo modo de interpretar o abordar alguna cuestión particular (NdT).

3
Capítulo 1

Una ciencia para la psicología

Hay dos objetivos en este curso. El primero es adquirir un dominio de aquello que es necesario para
un enfoque filosófico de una práctica humana, desentrañando los presupuestos de los que depende
una manera de pensar y actuar. El otro es lograr cierto dominio de los principios básicos de una
ciencia cognitiva unificada. Daremos por sentado que ambos proyectos son valiosos. La filosofía es
un antiguo modo de asumir una actitud crítica hacia las prácticas humanas. La ciencia cognitiva, en
la versión híbrida que desarrollaremos en este curso, es, uno podría decir, el mejor intento hasta el
momento de lograr una psicología genuinamente científica. Ha habido muchos intentos de este tipo
en el pasado, pero hasta ahora todos se han descarrilado por una u otra razón. […]
Comenzamos con un pantallazo de dos aspectos de nuestro tema: en primer lugar,
esbozaremos el modo en que el conocimiento científico es producido y representado mientras que,
en segundo lugar, examinaremos qué comporta el hacer filosofía. Estaremos así en la posición de
entender qué es hacer filosofía de la ciencia, situando las dos disciplinas en fructífera unión. Será
luego un pequeño paso hasta la fase constructiva del curso – llegar a una comprensión filosófica de
lo que una ciencia de la cognición requiere – una psicología genuinamente científica.

¿Cuál es el dominio de la ciencia cognitiva?

Tradicionalmente se creyó que existe un conjunto de actividades humanas – recordar, decidir,


razonar, clasificar, planear, etcétera – pertenecientes al grupo de los procesos mentales, que caen
generalmente bajo el rótulo de ‘cognición’. Podemos pensar en las actividades cognitivas en
términos de tareas. Usamos nuestras facultades y capacidades cognitivas para desempeñar todo tipo
de proyectos, desde decidir cómo vestirse para una fiesta hasta hacer el seguimiento de una cuenta
bancaria. Podemos usar nuestras habilidades cognitivas para resolver problemas – por ejemplo,
encontrar el camino más corto hasta casa. Las tareas pueden desempeñarse bien o mal, con o sin
cuidado, correcta o incorrectamente, con muchas posibilidades intermedias. Las soluciones pueden
ser más o menos adecuadas, más o menos fáciles de alcanzar, y así sucesivamente.

4
El estudio de estas actividades, y de los estándares que se supone satisfacen, constituye la
psicología cognitiva, la fase descriptiva de una ciencia psicológica. Sin embargo, ¿qué hay de la
fase explicativa? ¿A qué se debe apelar para dar cuenta de la capacidad de una persona para tomar
decisiones, sumar o resolver problemas? La tesis principal de lo que ha dado en llamarse ‘ciencia
cognitiva’ es que existen mecanismos neuronales a través de los que las actividades cognitivas se
desempeñan.
El presente texto está basado en la convicción de que la ciencia cognitiva debería cubrir un
campo más amplio que el de la mera neuropsicología de la cognición. Está basado en el principio de
que cualquier rama de la psicología, tanto el estudio de la cognición como el de las emociones, la
acción social o cualquier otro aspecto de la vida mental humana, es necesariamente un híbrido.
Debe comprender el estudio naturalista de los fenómenos psicológicos en la medida en que éstos se
manifiesten en lo que las personas hacen. Debe también incluir una investigación empírica y teórica
de los mecanismos neuronales por los que las personas actúan y piensan como lo hacen. Ambos
tipos de investigación, más allá de las diferencias que hacen a la naturaleza de los fenómenos que
estudian, pueden llevarse a cabo en conformidad con los estándares y métodos de la investigación
científica. Desarrollaremos nuestra comprensión de la naturaleza de la investigación científica, en
cuanto se diferencia de otros tipos de investigación, atendiendo al modo en que de hecho se lleva a
cabo en el área de las ciencias naturales.
¿Por qué es necesario ocuparse de determinar lo que hace falta para que un método de
investigación sea ‘científico’, en el sentido en que la química o la física son científicas? En un
pasado no tan reciente los psicólogos cometían el error de seguir interpretaciones erróneas o
parciales de las ciencias naturales. Esto era particularmente claro en los días del predominio del
conductismo. Seguiremos el ascenso y la caída del conductismo como un estudio de caso. Ilustra
muy bien cómo posiciones filosóficas erróneas sobre la naturaleza de la ciencia pueden ejercer una
influencia perniciosa sobre el desarrollo de una nueva ciencia. Aún hoy, buena parte de la
terminología engañosa del conductismo y del empirismo simplista del que era parte sobrevive entre
los presupuestos de cierta psicología contemporánea. Afortunadamente, hoy los filósofos de la
ciencia nos ofrecen una descripción de las ciencias naturales mucho más satisfactoria y plausible
que las anteriores. Esta será nuestra guía para seguir el modo en que una verdadera ciencia
cognitiva puede ser desarrollada.
Nuestros estudios en este curso comenzarán con un análisis exhaustivo de las ciencias
naturales. Esto proveerá un trampolín metodológico desde el que construiremos nuestra
comprensión de los logros efectivos y posibles de la psicología cognitiva y su relación con la
neurociencia. También nos dará la capacidad de identificar y entender algunos de sus actuales

5
defectos y de vislumbrar modos en que podrían ser superados dentro de fértiles programas de
investigación. Algunos de los ejercicios prácticos sugeridos en el texto podrían convertirse en
contribuciones al desarrollo de la misma psicología cognitiva. […]
Cuando desempeñamos tareas cognitivas como calcular o clasificar usamos sistemas de
símbolos: formas, signos, patrones con significado, reales e imaginarios, sonidos, etcétera. Un
problema importante, al cual volveremos con frecuencia, es el de poder dar una explicación
plausible de qué hace que un signo sea un signo significativo. Este es el problema de la
intencionalidad. Ningún esfuerzo serio de crear una ciencia cognitiva puede pasarlo por alto.
Hay maneras correctas e incorrectas de usar símbolos dotados de significado para nosotros.
Una metáfora útil para discutir las pautas de sus usos correctos es pensar en manipularlos como si
estuviésemos conscientemente prestando atención a reglas e instrucciones al hacerlo. Un campo de
investigación clave en la filosofía de la ciencia cognitiva es el de cómo expresar las normas que
están evidentemente involucradas en buena parte de lo que hacemos pero que no seguimos
conscientemente. Si las normas no están expresadas como reglas y convenciones explícitas, ¿cómo
pueden ser tan efectivas? Este es el problema de la normatividad. También este problema debe ser
atacado en nuestro intento de edificar una ciencia de la cognición.
Entre los símbolos y sistemas de símbolos que usamos pueden distinguirse palabras, gestos,
signos, diagramas, modelos, dibujos, etcétera. La psicología cognitiva debe comenzar por estudios
de actividades tales como clasificar o recordar, tal como son realizadas por las personas que usan
los sistemas de símbolos disponibles en sus propias culturas. Un bailarín se figura una de sus rutinas
como un flujo de movimientos corporales. Un estudiante recuerda el tema de una clase en la forma
de palabras, proposiciones. Un químico puede pensar en una reacción química en la forma de un
modelo o imagen del flujo y reflujo de iones de una solución.
¿Cómo se desempeñan estas tareas cognitivas? Con el uso de órganos en el cerebro y el
sistema nervioso: ‘herramientas cerebrales’. La ciencia cognitiva debe incluir una esencial
dimensión neuro-anatómica y neuro-fisiológica. Tampoco debemos olvidar que la mayoría de
nosotros poseemos un kit adicional de dispositivos ‘protéticos’, tales como agendas electrónicas,
que pueden sustituir algunas funciones de las herramientas de las que estamos naturalmente
dotados. Podemos usar nuestro cerebro para recordarnos de una cita, nuestro hipocampo para
encontrar el camino a casa, etcétera. Sin embargo, también podemos usar una agenda para
mantenernos al tanto de nuestros compromisos personales a tiempo y un mapa para guiar nuestros
movimientos en el espacio. Hoy en día cada una de estas herramientas puede fácilmente obtenerse
en formato electrónico. Una de las principales preguntas que nos haremos es la de cuánto podemos
aprender sobre cómo funcionan las herramientas naturales a partir de cómo las herramientas

6
artificiales desempeñan su versión de la misma función. Esto nos llevará al campo de la inteligencia
artificial y a los modelos computacionales de la mente.
Nuestro primer contacto con actividades cognitivas llega muy temprano en la vida, mucho
antes, se cree hoy, de lo que previamente se pensaba. Bajo la influencia de los recientemente
redescubiertos estudios de L. S. Vygotsky (1978) sobre el desarrollo, ya no pensamos en nuestra
maduración cognitiva como un proceso que se da en el individuo aislado y de acuerdo con algún
esquema predeterminado, paso a paso. Nuestras habilidades cognitivas tienen su comienzo en el
flujo de la actividad simbólica de la vida cotidiana, en actividades cooperativas con otras personas,
particularmente en el seno de la familia. La importancia de Vygotsky para la psicología cognitiva
deriva de su trabajo en desenmarañar los complejos procesos por los que las herramientas
cognitivas y prácticas de los adultos son adquiridas por infantes y niños pequeños en las
interacciones sociales. Según él, las funciones cognitivas de orden superior aparecen primero en las
relaciones entre las personas y sólo en un segundo momento como parte de la dotación mental de un
individuo. Antes que nada pensamos pública y colectivamente con la ayuda de otros. Sólo en un
segundo momento contamos con la habilidad de pensar privadamente.

¿Qué hace que un programa de estudio sea científico?

En un tratamiento científico de algún dominio, como por ejemplo la superficie de la tierra, hacemos
uso de un sistema de clasificación para identificar, describir y categorizar las principales
características de la geografía. Usamos categorías tales como ‘islas’, ‘continentes’, ‘océanos’,
‘mares’, ‘estuarios’, etcétera. En la mayoría de las ciencias, los casos híbridos y fronterizos no
tardan en aparecer, y surgen así disputas de demarcación. ¿Australia es una gran isla o un pequeño
continente? Cuestiones como esta nunca podrán resolverse por observación o por experimento. No
será una cuestión de hecho hasta que no hayamos acordado sobre cómo usaremos el concepto de
‘continente’. Los defensores de una manera de trazar un límite alrededor del dominio de un
concepto clasificatorio ofrecen sus razones y sus opositores, las propias. Cuestiones de
conveniencia, consistencia y demás son usadas para lograr acuerdo sobre el alcance de la aplicación
de una categoría.
Un tratamiento científico de la superficie de la tierra sería incompleto sin una explicación
de cómo surgieron las características observables y sus patrones de distribución. ¿Por qué
Sudamérica parece corresponder tan perfectamente con la curva de África, si las imaginamos

7
yuxtapuestas? Las explicaciones científicas típicamente postulan entidades y procesos
inobservables que originan las características geográficas que podemos observar. Para el caso de la
tierra, los geólogos hoy invocan la existencia de placas tectónicas, que se desplazan lentamente a
través del plasma semi-líquido en el interior de la tierra, y dan lugar así a las características
observables de la superficie.
¿Cómo podríamos de algún modo saber cómo son estas placas tectónicas? No podemos
observarlas tal como son. Las creencias sobre las entidades y los procesos inobservables que dan
cuenta de los estados de cosas observables son generalmente alcanzadas a través del uso de
analogías poderosas, plausibles y fructíferas. En lugar de intentar pensar en las estructuras
profundas, reales pero inobservables, de la corteza terrestre, pensamos en las placas tectónicas de
Wegener. ¿Cómo lo hacemos? Las placas son un modelo, esto es, una representación pictórica de
las estructuras reales. Imaginamos cómo son trazando una analogía con algo que ya conocemos.
Quizás Wegener, el hombre que propuso la teoría de las placas tectónicas, vio una similitud entre el
comportamiento de las banquisas [gruesas capas de hielo flotante que se forman en las regiones
oceánicas polares; NdT] cuando se trituran unas contra otras al ser llevadas por las corrientes en el
agua y las placas tectónicas cuando se trituran al ser llevadas por las corrientes de circulación del
hierro derretido que forma el núcleo de la tierra.
Una ciencia completa de la tierra deberá entonces ser un híbrido entre geografía, que
cumpliría el rol descriptivo, y geología o tectónica de placas, que cumpliría el rol explicativo.
Aquí tenemos un simple ejemplo de una de las principales estrategias para la construcción
de teorías en ciencia. Es la elaboración de modelos: usar analogías con discreción. Entender el rol
de los modelos en ciencia conduce a la comprensión de los principales métodos y técnicas de
investigación por los que los seres humanos, limitados en espacio, tiempo y recursos, han podido
ganar conocimiento de las fuerzas de la Naturaleza. Esto ha mejorado la capacidad humana para
dominarlas y manipularlas. Actualmente la mayoría de los filósofos de la ciencia cree que la base de
nuestra comprensión de la Naturaleza es nuestra capacidad de crear y manipular análogos y
modelos de aquellos aspectos del mundo material que nos interesan.
Dar un formato escrito o discursivo a los insights que de este modo adquirimos, es decir,
presentar nuestro conocimiento científico en artículos y libros, es una cuestión secundaria
comparada con la primacía de la elaboración de modelos.

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Tópico de aprendizaje: ¿Qué es la ciencia?

1 Una ciencia consiste de:


a) Un catálogo ordenado de fenómenos
b) Un sistema de modelos que representa los mecanismos inobservables por los que los
fenómenos observables se manifiestan.

2 Un científico por ende necesita tener:


a) Un sistema de conceptos para clasificar los fenómenos. Estos definirán tipos y clases, y
formarán así una taxonomía.
b) Una fuente aceptada de conceptos como un medio para elaborar modelos que
representan los procesos inobservables por los que los fenómenos observables se
manifiestan.

Idealmente el sistema clasificatorio y el repertorio de modelos explicativos debieran estar unidos en


un sistema general coherente. Hay varios modos en que esto puede lograrse.

Filosofía en un contexto científico

Los filósofos intentan esclarecer y examinar críticamente algunos de los presupuestos de los que
dependen la efectividad, la inteligibilidad y demás valores de las prácticas humanas. Esto implica
hacer una distinción preliminar entre presupuestos fácticos [factual] y presupuestos concernientes a
las relaciones entre conceptos. Los presupuestos conceptuales son evidentes en los significados que
damos a nuestros conceptos y los modos en que entendemos están interrelacionados.
Advertir la gran importancia de esta distinción básica ha sido una de las principales
contribuciones filosóficas hacia nuestra capacidad de interpretar las ciencias y hacia nuestra
sensibilidad en el detectar profundas falacias y enredos conceptuales. Wittgenstein nos ha mostrado
la facilidad con la cual nos vemos llevados a tratar un problema concerniente conceptos o los usos
de las palabras como si fuera un problema concerniente cuestiones de hecho. ¿Sólo es una cuestión
de hecho que yo no puedo sentir tu dolor, o el problema tiene que ver con cómo la palabra ‘dolor’
es usada en el lenguaje cotidiano? Si fuese una cuestión de hecho, podría haber sido de otro modo.

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Si fuese una cuestión concerniente los usos de las palabras, no podríamos siquiera darle sentido a la
alternativa.
Las cuestiones de hecho se dirimen mediante observación y experimento. Aun así, los
presupuestos conceptuales están siempre involucrados. Para confiar en la observación y el
experimento debemos presuponer que no existen paradojas, contradicciones u otras fallas en el
sistema de conceptos que usemos para describir nuestros descubrimientos fácticos. Las
investigaciones filosóficas a veces implican preguntar en qué medida un presupuesto fáctico de un
aspecto de una práctica no entra en conflicto con uno o más de los presupuestos conceptuales de
algún otro aspecto. Por ejemplo, la práctica de declarar a alguien culpable de infringir la ley
presupone que, como una cuestión de hecho, esa persona podría haber actuado de otro modo del que
lo hizo. Sin embargo, esto choca con el presupuesto de buena parte de la medicina psiquiátrica de
que el comportamiento social anómalo es de hecho plenamente explicable en términos de la
neurofisiología y la genética.
Las cuestiones concernientes a las reglas para el correcto uso de las palabras y otros
símbolos se dirimen mediante el análisis de los significados. A veces un análisis de este tipo revela
confusiones, contradicciones y otras fallas inadvertidas en un sistema conceptual aparentemente
sólido. Éstas pueden ser reveladas estudiando las interrelaciones entre los significados de las
palabras que son la expresión verbal de un sistema conceptual. Por ejemplo, si el que las personas
son agentes activos que buscan intencionadamente resolver los problemas de la vida es una cuestión
concerniente los significados de las palabras, ¿cómo puede esto reconciliarse con el uso del
concepto de ‘deseos inconscientes que llevan a una persona a comportarse de maneras contrarias a
la preservación de la vida’?
Este tipo de análisis crítico de sistemas conceptuales a gran escala implica a menudo trazar
conexiones con los presupuestos de prácticas cercanas. Por ejemplo, la filosofía legal y la ética
médica comprenden correlaciones y comparaciones entre usos médicos y legales de lo que parecen
ser los mismos conceptos. En ambas prácticas, conceptos tales como el de ‘muerte’, ‘locura’ y
demás cumplen roles importantes. Los conceptos de ‘vida’ y ‘muerte’ han cambiado en años
recientes, y esto ha tenido su efecto sobre cómo la ley interpreta prácticas controversiales como el
aborto y la eutanasia. Para ilustrar la distinción fundamental entre los dos principales tipos de
presupuestos examinemos una práctica simple y cotidiana. ¿Qué está presupuesto en las
transacciones comerciales corrientes donde usamos dinero a cambio de bienes y servicios?
Un filósofo de avanzada edad entra en la boletería de la mansión de Jefferson en Monticello
[colina donde se ubica la residencia histórica de Thomas Jefferson, tercer presidente de los EEUU;
NdT]. El empleado dice: “Las entradas cuestan $20”. El filósofo entrega $15 y su tarjeta de

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descuento para jubilados. Recibe así una entrada. ¿Qué ha sido presupuesto en esta común práctica
humana? Antes que nada, he aquí algunos de los presupuestos fácticos:

1 Hay una mansión, no a la vista al momento de la transacción.


2 Existió una persona llamada Thomas Jefferson, que ordenó la construcción de la mansión de
acuerdo a sus proyectos.
3 Existe un descuento para ciudadanos mayores.
4 El filósofo es un ciudadano mayor y la tarjeta entregada es suya.
5 La transacción tiene lugar en Monticello, Charlottesville, Virginia.
6 El dólar es la moneda local.

Abajo hay algunos de los presupuestos conceptuales o filosóficos:

1 Los dólares son fungibles, esto es, el billete de $5 que el filósofo recibió como cambio en otro
lugar todavía vale, en el presente contexto, $5. No tendría sentido que el filósofo le preguntara al
cajero: “¿Cuáles $5 quiere?”.
2 La mansión, siendo algo material, permanecerá en su sitio cuando el turista haya subido la colina.

Dado que los presupuestos filosóficos no incluyen cuestiones de hecho, sólo pueden ser puestos en
cuestionamiento mediante discusión y análisis. Por ejemplo, alguien podría ponerse a discutir sobre
el concepto de ‘dinero’. El concepto ha cambiado desde los días en que Hamilton fijó los táleros de
María Teresa [moneda de plata que fue usada a partir de mediados del siglo XVIII para comercios
internacionales; NdT], los primerísimos dólares de plata, como la moneda federal oficial. Ahora los
dólares son más comúnmente ‘objetos’ electrónicos en el ciberespacio. Nuestro turista podría haber
pagado con tarjeta de crédito. Alguien podría ponerse a discutir sobre el concepto de ‘objeto
material’. Por ejemplo, ¿la mansión que es eventualmente visitada por el filósofo es la misma
mansión que es visitada por cada persona en el grupo, si es que, como algunos filósofos han
sostenido, la mansión para cada turista existe únicamente como un conjunto de patrones de manchas
coloradas en sus campos visuales personales y privados?
La filosofía de la ciencia es el estudio de los presupuestos no fácticos de las prácticas de las
ciencias naturales y humanas. En resumen, es el estudio de los sistemas de conceptos que están
involucrados en la investigación y la teorización científica.

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Algunos otros términos para abordar los presupuestos

Thomas Reid (1788), quien escribió hacia fines del siglo XVIII, llamaba a los presupuestos del
modo de vida humano ‘los principios del sentido común’. Por ‘sentido común’ no se refería al saber
cotidiano sino más bien a un conjunto de principios que formaban un trasfondo común para todo
aquél capaz de pensamiento racional.
En el mismo período, Immanuel Kant (1787) acuñó la expresión ‘juicios sintéticos a priori’
para identificar los presupuestos que subyacen a la percepción, el pensamiento y la acción. Con
esto, quería llamar la atención sobre el hecho de que, como él creía, no arribamos a estos principios
por análisis de nuestras propias experiencias. Éstos eran, más bien, aquello que posibilitaba nuestra
regular experiencia cotidiana. Al llamarlos a priori quería enfatizar que no llegamos a ellos a partir
de la experiencia. Al llamarlos sintéticos quería enfatizar su rol en los procesos por los que nuestras
mentes sintetizan los datos crudos de los sentidos transformándolos en el mundo material que
conocemos y, al mismo tiempo, en nuestros pensamientos sobre aquel mundo. De alguna manera
cada persona llega al mundo equipada con el mismo sistema básico de estructuras. Aunque
ejecutamos individualmente nuestras síntesis de sensaciones para crear recíprocamente nuestros
mundos y nuestras mentes, los mundos que creamos son más o menos el mismo.
En tiempos más recientes, Wittgenstein (1953) expresó la misma idea general en su
analogía del marco y la pintura. Nuestros sistemas de conceptos conforman el marco en el que
nosotros bosquejamos pinturas del mundo. El marco no es parte de la pintura. Una imagen aun más
llamativa y atinada fue el modo en que Wittgenstein se refirió a las reglas para el correcto uso de las
palabras como una ‘gramática’, extendiendo la idea de corrección más allá de los límites de nuestras
gramáticas escolares de nombres, verbos, adjetivos y demás. En este libro usaremos la palabra
‘gramática’ para referirnos a los sistemas de conceptos y sus portadores simbólicos por medio de
los cuales categorizamos y damos sentido a nuestras experiencias. Una gramática, luego, puede
expresarse como un conjunto abierto de reglas maleables para usar correctamente varios sistemas
de símbolos. A veces una gramática vieja es abandonada o modificada, y nuevas gramáticas se
desarrollan. Nuestros conceptos mecanográficos han dado luz a una gramática completamente
nueva para manejar la comunicación en la computación y el ciberespacio.
Estas tres maneras de describir algunos aspectos importantes de los presupuestos de las
prácticas humanas atraen nuestra atención sobre tres aspectos del trasfondo de lo que pensamos,
sentimos, etcétera: es compartido; contribuye a dar forma a lo que experimentamos; mantiene
estándares locales de corrección.

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Tópico de aprendizaje: ¿Qué es la filosofía?

1 El proyecto de la filosofía consiste en esclarecer y discutir críticamente los presupuestos de las


prácticas humanas, como por ejemplo la jurisprudencia, la música y las ciencias, incluso los
deportes. Hay dos tipos de presupuestos:
a) Fácticos, que pueden corroborarse mediante observación y experimento.
b) Conceptuales, que pueden corroborarse solamente mediante la discusión de su
plausibilidad, utilidad y coherencia.

2 Tres modos de presentar la naturaleza de los presupuestos conceptuales:


a) Thomas Reid. Principios del sentido común: compartidos por todos y usados para dar
sentido la experiencia.
b) Immanuel Kant. Juicios sintéticos a priori: expresan las estructuras por medio de las
que sintetizamos un mundo continuo y mentes ordenadas (sintéticas). No son
aprendidos por experiencia (a priori).
c) Ludwig Wittgenstein. Gramáticas: reglas para el uso correcto de símbolos. Las
gramáticas pueden cambiar, en general a diferentes ritmos bajo circunstancias diversas.

Ontología: presupuestos acerca de lo que hay

Los realistas científicos se sienten libres de especular metódicamente sobre el estado del mundo
más allá de los límites de la percepción. Para hacer esto de modo racional deben tener en mente
ciertas ideas respecto de qué tipos de cosas, propiedades, procesos, cualidades y demás el mundo
puede poseer. Un catálogo de aquello que es tomado efectivamente como real en algún dominio de
estudio es su ontología. Esto nos retrotrae a la discusión sobre los presupuestos. Una ontología
estará entre los presupuestos de una ciencia en cada momento de su desarrollo. Por ende la filosofía
de la ciencia debe incluir discusiones sobre ontología, las asunciones generales respecto de la
naturaleza presumida de las entidades, estructuras, propiedades y procesos, tanto observables como
inobservables, característicos del dominio relevante de investigación.

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Dos versiones de una ontología materialista

Por cuatro siglos las ciencias naturales han mantenido un difícil equilibrio entre dos grandes y muy
diferentes ontologías materialistas. Su influencia indirecta sobre la psicología ha sido profunda.
Debemos detenernos para inspeccionarlas con algún nivel de detalle.
Los atomistas imaginaban el mundo como una suerte de enjambre de partículas materiales
sólidas que se movían azarosamente en el vacío y hacían ocasionalmente contacto al chocar una con
otra. Pensaban que estos cuerpos, cuando no estaban en contacto inmediato, se comportaban
independientemente uno respecto al otro. Las partículas atómicas eran pasivas excepto en caso de
estar en movimiento. La gravedad, el magnetismo y la electricidad planteaban grandes dificultades
para el atomismo mecanicista, dado que cada uno de estos tipos de interacción parecía darse sin una
conexión material entre cuerpo y cuerpo. Los intentos por parte de genios científicos como el de
Isaac Newton para acomodar la entonces llamada acción a distancia en la ontología atomista eran
ingeniosos pero en última instancia poco convincentes. La fuerza de la gravedad permanecía un
gran misterio para Newton y sus sucesores. Éstos pudieron describir cómo se manifestaba, pero su
verdadera naturaleza permanecía desconocida. Un medio universal, el éter, fue postulado para
explicar todos los fenómenos no mecánicos, incluso los procesos del pensamiento.
El dinamismo sostenía puntos de vistas opuestos en casi todos los aspectos. Todo estaba
activamente involucrado en todo lo demás. El espacio estaba colmado de campos de fuerza:
descriptos en términos de potenciales de acción en cada punto y listos para provocar efectos toda
vez que algún cuerpo sensible para testeo era puesto bajo su influencia. Los fenómenos relativos al
magnetismo, cuyo estudio había comenzado en el siglo XVI por William Gilbert, fueron retomados
por otro genio científico en el siglo XIX bajo una ontología radicalmente diferente de la de los
atomistas. En el trabajo de Michael Faraday tenemos los orígenes de las ideas modernas de fuerzas,
cargas y campos, típicos conceptos dinámicos que definían un mundo interconectado de entidades
activas.
Mientras la adopción del atomismo por los físicos del siglo XVII abrió una gran cantidad de
posibilidades de investigación, se convirtió eventualmente en una carga, ya que requería que toda
acción estuviese mediada por el contacto directo entre corpúsculos materiales. La transición hacia
ideas dinamistas, que permitió a los científicos naturales imaginarse un mundo de entidades activas
en interacción recíproca a través del tiempo y el espacio, irrumpió en la era moderna. En lugar de
átomos rondando en el vacío, ahora tenemos cargas y campos interactuando a lo largo de todo el
universo.

14
Podemos apreciar más fácilmente los contrastes entre estos puntos de vista con una tabla
comparativa que muestre sus principales características (Tabla 1.1). ¿Qué ontología deberemos
tomar como nuestro modelo para erigir nuestra psicología? El conductismo no sólo fue positivista
sino que también tendía a tratar a los seres humanos como los depositarios pasivos de respuestas a
estímulos, de un modo análogo a como los atomistas del siglo XVII habían pensado en partículas
materiales que respondían a perturbaciones únicamente por el contacto de otras partículas del
mismo tipo. Además, existía una tendencia consistente en dividir las condiciones de estímulo y las
respuestas en unidades del tipo de los átomos: las variables independientes y dependientes de la
psicología conductista. Sin embargo, en nuestros días, puede notarse la influencia creciente de ideas
dinamistas en psicología. Los psicólogos están retomando y desarrollando la idea de las personas
como agentes que activamente intentan realizar sus proyectos, planes e intenciones en lugar de
meramente responder de modo pasivo y bien adaptado a los estímulos ambientales.

Tabla 1.1 Atomismo versus dinamismo

Atomismo Dinamismo
1. Una multitud de entidades en un espacio vacío 1. Una multitud de centros, pero su influencia
(mecánica newtoniana) ocupa la totalidad del espacio (cargas y
campos)
2. Reaccionan sólo en caso de efectivo contacto 2. En interacción continua incluso a la
distancia
3. Lógicamente independientes: eliminar una no 3. Lógicamente dependientes (todos los
afecta las otras (vender una oveja de un gran miembros de un equipo de futbol se ven
rebaño no afecta el resto) afectados cuando un jugador es expulsado)
4. Los átomos son pasivos: reaccionan sólo cuando 4. Las entidades dinámicas son activas: actúan
se los perturba a menos que se las detenga
5. Generalmente determinista: futuro y pasado 5. Generalmente indeterminista: el pasado
están fijados. Las posibilidades no son reales. está fijado mientras que el futuro es abierto.
Las propiedades son ocurrentes Las posibilidades son reales. Las
propiedades son disposicionales

15
Presupuestos ontológicos en psicología

El alcance y profundidad de estas ontologías contrastantes sugiere que hay mejores y peores
concepciones generales de la naturaleza del mundo y del dominio de cada ciencia en cada etapa del
desarrollo de las ciencias. La historia de las ciencias ilustra muy claramente que las evaluaciones
del valor último de esta o aquella ontología pueden no ser acertadas hasta tanto no hayan sido
puestas en juego de muchas maneras y en muchos contextos. Podemos juzgar un conjunto de
principios fundacionales sólo a largo plazo y en retrospectiva. ‘Hacer justicia a nuestras
experiencias de vida’ de una manera que sea manifiestamente científica es lo que queremos de una
ciencia cognitiva exitosa.
¿Cómo podríamos saborear aquel digno sentimiento? No podrá obtenerse sin prestarle una
cuidadosa atención a la ontología implícita en nuestros intentos de satisfacer nuestras ambiciones
científicas. Veremos que el dominio de la psicología comprende no una sino dos ontologías,
ninguna reductible a la otra. Uno de los grandes logros de la psicología teórica en los últimos años
ha sido el de ofrecer un esbozo de cómo habrá de lograrse su unificación. Las dos ontologías que a
primera vista parecen ser rivales son el mentalismo, según el cual el dominio de la psicología
debería restringirse a pensamientos, sentimientos y acciones intencionadas, y el materialismo, según
el cual el dominio de la psicología debería restringirse a estados materiales del cuerpo y en
particular al cerebro y el sistema nervioso.

Tópico de aprendizaje: Ontología

Presupuestos acerca de lo que está en el dominio de una ciencia. Dos variantes principales:

1 Atomismo clásico. Partículas newtonianas en el vacío, pasivas y lógicamente independientes,


definidas por propiedades ocurrentes y que actúan sólo por contacto en un futuro cerrado
determinista.
2 Dinamismo moderno. Agentes lógicamente dependientes, como por ejemplo cargas y campos, en
interacción continua, en un futuro abierto y definidas por propiedades disposicionales.

En psicología muchas de las ideas centrales del atomismo clásico reaparecieron en el conductismo.
En la concepción de las personas como agentes activos vemos el comienzo de un punto de vista
dinamista en psicología.

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Ciencia, filosofía y psicología en la historia

El proyecto de crear una psicología científica ha sufrido varios comienzos fallidos. El primer
intento moderno de crear una psicología de este tipo consistió sin duda en los esfuerzos que se
hicieron durante el siglo XVII para estudiar el mundo de las ideas de la misma manera en que los
físicos de la época estaban estudiando el mundo de la materia. La mayoría de los problemas que han
debido enfrentar los esfuerzos contemporáneos para crear una psicología científica, empezando por
el laboratorio de psicofísica de Wundt en el siglo XIX, eran ya bien entendidos en el siglo XVII y
discutidos en profundidad en el siglo XVIII. […]
Los psicólogos ignoran la filosofía a su propio riesgo. La interacción entre filosofía y
psicología será una característica de la psicología del siglo XXI en la misma medida en que el
contacto con la filosofía ha sido parte de la formación de todas las ciencias desde los días de
Aristóteles. Sin embargo, esta influencia de la filosofía en la ciencia, tan evidente en física como lo
es en psicología, debe ser mirada críticamente. El efecto insidioso del positivismo es quizás el
ejemplo más impactante del tipo de psicología que luego ha demostrado ser tan decepcionante como
indicador de una futura ciencia. El error en la determinación de los presupuestos de las ciencias
naturales ha sido ciertamente un terrible legado del reinado positivista en la filosofía. Nos
concentraremos en la distinción positivismo / realismo en el Capítulo 2.

El proyecto de una psicología científica

Inevitablemente, la psicología será una ciencia híbrida. Esto fue vaticinado por Wilhelm Wundt
hace un siglo y medio. Los estudios naturalistas de los modos cotidianos del pensamiento que hacen
uso del lenguaje y otros sistemas simbólicos nos brindarán una perspectiva sobre los fenómenos
cultural e históricamente diversos del pensamiento, la acción y el sentimiento. Los estudios
neurológicos nos brindarán conocimiento de las herramientas cerebrales que usamos para realizar
las tareas cognitivas que la vida moderna nos presenta. ¿Cómo cerramos la brecha que hay entre los
estudios naturalistas de las acciones intencionadas de personas activas y los programas de
investigación neurológica que estudian procesos materiales, de modo que estos últimos sean
relevantes para los primeros? Necesitamos alguna estrategia que nos permita abstraer patrones
relevantes de la realidad concreta de los procesos y fenómenos cognitivos cotidianos. Esta estrategia
debe también permitirnos dar a los procesos abstractos ya distinguidos una interpretación concreta

17
en términos neurológicos. La respuesta deberá buscarse en los desarrollos en inteligencia artificial,
con la ayuda de los que podremos construir, en base a modelos abstractos de los procesos
cognitivos, modelos efectivos y abstractos de los mecanismos posibles de la cognición.
Trataremos el proyecto de desarrollar una psicología científica como una progresión a
través de cuatro etapas, cada una de las cuales dependerá de los emprendimientos exitosos en la
etapa precedente.

1 Reconocer, analizar y comprender los procesos y procedimientos públicos y privados por los que
personas competentes usan los métodos y los recursos simbólicos disponibles para ejecutar
tareas cognitivas. Se deberá prestar atención para identificar los estándares bajo los que estas
tareas son valoradas tanto formal como informalmente en diferentes culturas (Cole, 1996).
2 Desarrollar modelos abstractos, analíticos o descriptivos, de los modos en que las personas
ejecutan estas tareas, en base a abstracciones hechas a partir de las mismas descripciones de las
tareas. Estos ‘modelos de los procesos mentales’ no tienen implicaciones ontológicas. Son
maneras pragmáticamente útiles de presentar aquello que sabemos de los fenómenos de interés
(Baddeley, 1998).
3 Desarrollar modelos abstractos en inteligencia artificial de los procesos que podrían estar
directamente involucrados en la ejecución de las tareas cognitivas descritas en la primera etapa
de un programa de investigación (Copeland, 1998).
4 Usar los modelos desarrollados en la tercera etapa para controlar los programas de investigación
en neurociencia a la búsqueda de estructuras celulares que sirvan de análogos reales de las
estructuras abstractas presentadas en los modelos exitosos en inteligencia artificial (McLeod et
al., 1998).

Con el logro exitoso de un programa tal, para por lo menos alguna de las principales habilidades
cognitivas propias de los seres humanos, habremos finalmente superado el legado del conductismo
y roto los lazos con el mito positivista.

Conclusión

Un programa de investigación científica comprende dos proyectos principales. Debe haber una
manera de identificar y clasificar los fenómenos objeto de estudio. Debe también haber una manera

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de pensar sobre los procesos por los cuales aquellos fenómenos se originan y de este modo
explicarlos. La tarea de clasificación necesita un sistema de categorías y tipos, expresado en los
conceptos de una taxonomía. La tarea de explicación necesita una representación o un modelo de
los mecanismos involucrados. En el comienzo de un proyecto de investigación los mecanismos
reales no pueden generalmente ser observados. En la medida en que el proyecto se despliega, se
desarrollan métodos para extender los recursos a técnicas experimentales y de observación hasta
regiones del mundo previamente ocultas.
En el comienzo y desarrollo inicial de un proyecto de investigación mucho está
presupuesto. Los filósofos se especializan en esclarecer por lo menos algunos de los presupuestos
detrás de las prácticas humanas. Estos se dividen en dos grandes grupos. Existen presupuestos
fácticos, que pueden comprobarse como cualquier afirmación fáctica. También existen presupuestos
conceptuales, que expresan el modo en que los componentes de los sistemas conceptuales se
interrelacionan. Los presupuestos conceptuales pueden ser analizados por su consistencia,
plausibilidad, etcétera. Es importante entender que no puede trazarse una línea divisoria nítida y
rígida entre los presupuestos fácticos y conceptuales. Cualquier presupuesto particular puede
desplazarse desde una a otra categoría en la medida en que nuestro conocimiento y nuestros
métodos de investigación cambien y se desarrollen.
Los presupuestos ontológicos enmarcan la totalidad de un programa de investigación
científica y consisten en suposiciones acerca de qué tipo de entidades pueblan el dominio de
investigación. La historia de la ciencia revela dos grandes tipos de entidades que se ha supuesto que
hay en el mundo material. La ontología atomista está asentada en el principio de que el mundo
material consiste en un enjambre de diminutas partículas materiales. Estas interactúan sólo cuando
entran en contacto. La única fuente de actividad es el movimiento. La ontología dinamista está
asentada en el principio de que el mundo material es un campo de centros de actividad en continua
interacción. Cada uno de estos centros es un agente activo que ejerce influencia sobre el medio
circunstante. La mecánica newtoniana es la base científica de la ontología atomista. La física del
electromagnetismo de Faraday es la base científica de la ontología dinamista.
El estudio del pensamiento, el sentimiento, la percepción y la acción, el campo de las
ciencias humanas, debe tener en cuenta las vidas mentales de los seres humanos. Éstas parecen
involucrar fenómenos no materiales. Aun así los seres humanos poseen un cuerpo y están así
sumergidos en un mundo material de procesos causales. Centrarse sólo en los aspectos inmateriales
de la experiencia humana conduce al mentalismo mientras centrarse sólo en los procesos corporales
conduce al materialismo. El objetivo de este curso es mostrar cómo es posible unificar las dos
tendencias principales en la psicología contemporánea, del siglo XXI, para crear una psicología

19
científica lo suficientemente poderosa como para incluir mentes y cuerpos en un programa de
investigación común.

20
Capítulo 2

Las ciencias naturales

Las ciencias naturales nos han brindado conocimiento y dominio de buena parte del universo
material, incluyendo nuestros propios cuerpos. El verdadero valor de esta fuente de conocimiento
ha sido a menudo cuestionado al confrontárselo con aquello que da calidad a la vida humana. Sin
embargo, la magnitud del logro no puede cuestionarse. La idea de que los métodos de las ciencias
naturales podrían ser aplicados a nuestras vidas mentales y sociales no es nueva. Estaba ciertamente
en el orden del día durante el siglo XVII. Por ejemplo, John Locke (1690) bosquejó una ciencia de
las ideas análoga a la ciencia de las partículas materiales. En 1748 La Mettrie sentó algunos
principios metodológicos globales para proveer respuestas neurofisiológicas a preguntas
psicológicas. Estas y otras iniciativas no florecieron como una ciencia sistemática de la manera en
que lo hicieron la química de Boyle y la física de Newton al ser retomadas por muchos talentosos
sucesores y desarrolladas a un paso siempre creciente hasta llegar a las disciplinas bien asentadas de
las que hoy somos familiares y sobre las que nos asentamos más y más.
La psicología, como una ciencia posible, ha empezado una y otra vez. Cada comienzo se ha
desvanecido. Una nueva ola de entusiastas ha vuelto a empezar desde otro punto de vista. En el
siglo XX algunas de las razones para algunos de los comienzos fallidos eran confusiones
conceptuales profundas, filosóficas. Sin embargo, desde nuestro punto de vista la influencia que
más que cualquier otra obstruyó el camino del desarrollo científico fue una mala interpretación de
las ciencias naturales. Esto llevó a la adopción de concepciones inadecuadas sobre las que modelar
una ciencia de la mente. […] Muchos de los intentos fallidos de dar inicio a una ciencia de la
cognición tienen sus orígenes en concepciones filosóficas erróneas concernientes las ciencias
naturales.
Para resguardarnos de no caer una vez más en alguna de las viejas trampas debidas a
concepciones equivocadas de la ciencia, nuestra primera tarea será la de hacernos una idea clara de
cómo de hecho funcionan las ciencias naturales. Para hacer esto podemos comenzar por apreciar las
razones de su inmenso éxito. Al mismo tiempo, será de ayuda ganar algún dominio de un modelo
sobre el que basar una ciencia genuina del pensamiento y la acción humanos.

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El mundo de las ciencias naturales

Desde la perspectiva de los poderes perceptivos de los seres humanos, el mundo material parece
dividirse en tres regiones distintas, entre las cuales hay confines más bien borrosos e históricamente
variables. Usaré el término de los biólogos ‘umwelt’ para hacer referencia a aquellas regiones del
universo material a las que los seres humanos tienen acceso en algún momento histórico
determinado. En biología la umwelt [término, propuesto por el aún poco estudiado biólogo estonio
Jakob von Uexküll, que en alemán significa literalmente ‘mundo alrededor’ o ‘mundo circunstante’;
NdT] de una especie es la región del mundo que está a su alcance, dados los recursos perceptivos y
motores que los miembros de la especie poseen. En este sentido, no todas las especies habitan el
mismo mundo ya que algunas tienen acceso al aire, otras al agua, otras a los árboles, otras a
vegetación en descomposición, etcétera. Los gusanos no pueden ver y por ende su mundo está
limitado a lo que puede ser oído, tocado y saboreado. La mayoría de los peces no puede volar. Su
mundo termina en la superficie de mares, lagos y ríos. La umwelt de la lombriz solitaria adulta es el
vientre del organismo huésped. La umwelt del cóndor son las grandes alturas de los Andes, y así
sucesivamente. Las ciencias naturales se desarrollaron en tanto que estrategias para explorar la
umwelt humana. En la medida en que se fueron crecientemente sofisticando, nuestra misma umwelt
humana se ha extendido hacia nuevas regiones que antes difícilmente hubiésemos imaginado. Por
ejemplo, todos estamos hoy tan familiarizados con la idea de que el mundo está colmado de un flujo
de radiación electromagnética que no nos parece en absoluto extraño debatir los posibles efectos
que los campos generados por los teléfonos celulares podrían tener sobre nuestro cerebro.
Aristóteles no tenía la más remota idea de esta extensión del dominio de la existencia humana.
Las ciencias naturales nos han dado una umwelt, aquella parte del universo material que
está actualmente al alcance de los seres humanos. Incluye tres regiones distintas pero de límites
borrosos que difieren en la manera en que tenemos acceso a ellas.

Región Uno: lo que podemos percibir

Denominaré Región Uno a aquellos aspectos del mundo material que están al alcance de los
sentidos desnudos y las limitadas capacidades corporales de los seres humanos. Los límites de esta
región son indefinidos a lo largo de varias dimensiones. Por ejemplo, algunas personas tendrán una
umwelt más vasta que otras simplemente porque son más intrépidos en la exploración de su entorno.
Otras ocuparán un mundo más extenso porque poseen equipamiento con el que adentrarse en

22
nuevas regiones, como por ejemplo barcos para franquear los océanos, linternas y sogas para
explorar cavernas, naves espaciales para atravesar el vacío interplanetario, etcétera. Otros gozarán
de un mundo más rico que otras personas porque poseen sistemas conceptuales elaborados con los
que reconocer y clasificar las cosas, propiedades y relaciones al alcance de los sentidos desnudos.
¿Cuántas especies de árboles puedes distinguir? ¿Cuántos tipos de rocas puedes reconocer? Cuantos
más tipos de insectos alguien pueda distinguir, tanto más rico será entonces el mundo en el que
vive.

Región Dos: lo que podemos visualizar

Desde el siglo XVII las eternas limitaciones de la percepción, que imponían a la umwelt humana
unas fronteras aproximadamente como las de la Región Uno, han sido zanjadas por la invención de
instrumentos de todo tipo para la potenciación de los sentidos. Éstos extienden nuestra umwelt
agregando regiones nuevas, hasta entonces desconocidas o en el mejor de los casos sólo
imaginadas. Este logro ha conllevado una concepción diferente del mundo material. Desde el
tiempo de invenciones tales como el telescopio y el microscopio, filósofos y científicos han tomado
seriamente la idea de una región del universo más allá del dominio de los sentidos desnudos.
Podríamos tener acceso a este dominio en tanto y en cuanto el instrumento adecuado de
potenciación de los sentidos fuera elaborado. Por ejemplo, John Locke, quien vivió en la época del
microscopio, remarcó que si tuviésemos ojos dotados de los poderes del microscopio tendríamos
acceso a la estructura fina de las superficies de las cosas. El uso del telescopio por parte de Galileo
para observar las lunas de Júpiter constituyó un quiebre con un universo geocéntrico por lo menos
tan importante como la teoría copernicana del sistema solar. Llamaré esta región, a la que nuestros
sentidos tienen acceso sólo en caso de que las herramientas apropiadas sean disponibles, Región
Dos.
Los límites de la Región Dos dependen no sólo de los instrumentos de hecho disponibles
sino también de cuáles instrumentos pensamos puedan ser construidos. Gracias a la introducción de
nuevos instrumentos, por lo menos algunos de los elementos que pueblan la Región Dos y que
estaban previamente ocultos se volvieron accesibles a la percepción. La frontera entre las Regiones
Uno y Dos es históricamente variable. Se ve alterada por los instrumentos disponibles. Más aun,
dado que la Región Dos es revelada por instrumentos que potencian los sentidos existentes, en lo
que respecta al carácter general de sus pobladores debe pensarse como una extensión de la Región
Uno. Las clases naturales que inicialmente son imaginadas y luego reveladas por estos instrumentos

23
deben, de modo general, ajustarse a las ya aceptadas. En este sentido, clasificamos las bacterias
como microorganismos. Versiones nuevas de viejos conceptos de clases naturales deberán
seguramente ser redefinidas y pulidas. El concepto de ‘organismo’ ha cambiado en la medida en
que los atributos de las bacterias y los virus fueron conociéndose mejor. Sin embargo, la estructura
general de las clases naturales de los seres orgánicos e inorgánicos en la Región Uno se mantiene en
la Región Dos.
El concepto de objeto material debe jugar un rol central en nuestra concepción de los
pobladores de la Región Dos. Se sigue de esto que los criterios para identificarlos e individuarlos
deben ser a grandes rasgos los mismos que los de la Región Uno. Estos criterios están íntimamente
entrelazados con los conceptos de espacio y tiempo. Por ejemplo, una de las maneras para
determinar cuántas entidades hay en alguna región es tener en cuenta el principio de que nada puede
estar al mismo tiempo en dos lugares diferentes. Las Regiones Uno y Dos comparten un marco
espacio-temporal. Los modos en que describamos y teoricemos respecto de los pobladores de estas
regiones deben compartir una misma gramática de términos espaciales y temporales.
Finalmente, es importante tener en cuenta que nuestras exploraciones de la Región Dos
están guiadas por el trabajo de la imaginación disciplinada. Impulsados por la necesidad de explicar
fenómenos no explicables por referencia a procesos fácilmente observables en la Región Uno,
imaginamos mecanismos actualmente inobservables y quizás imperceptibles que puedan hacerlo.
Sumergimos un trozo de cobre y uno de plata en una solución ligeramente ácida, asegurándonos de
que el cobre esté conectado al polo negativo de una batería y la plata al polo positivo. Después de
un rato, una capa delgada de plata se deposita sobre el cobre. Los químicos, liderados por
Humphrey Davy, imaginaron que un flujo de imperceptibles átomos de plata positivamente
cargados, los iones, habían atravesado la solución desde el ánodo hasta el cátodo. Los médicos,
liderados por Louis Pasteur, imaginaron que unos microorganismos que infectan el cuerpo humano
causaban los síntomas del ántrax. En este caso los seres imaginados eran perceptibles, gracias al
desarrollo del microscopio óptico.
Se presentan algunos interesantes problemas filosóficos respecto del estatus de aquello que
es vuelto accesible a los sentidos gracias al uso de instrumentos. Por ejemplo, ¿cómo distinguimos
entre aquello que es producto de los instrumentos y las observaciones genuinas? Este
cuestionamiento surge ya que no tenemos acceso independiente a la Región Dos con el que
podamos comprobar si nuestros instrumentos nos la están revelando tal como es. Problemas como
éste han sido en buena parte aplacados con diversas soluciones prácticas. Se nos volverán a
presentar de forma relevante cuando comencemos a mirar los modos en que la ciencia cognitiva

24
puede asemejarse a las ciencias naturales al extender la cognición más allá de los límites de la
conciencia.

Región Tres: lo que podemos imaginar

Desde sus primeros momentos en el amanecer de la antigüedad, el enfoque científico para la


comprensión del mundo ha hecho uso de una extensión ulterior de la umwelt imaginada, hacia una
región más allá de cualquier posibilidad de observación. Esta llega hasta más allá de nuestras
presentes capacidades perceptivas e incluso más allá de su extensión mediante instrumentos. La
llamaré Región Tres. En ciertos períodos históricos, la Región Tres ha sido entendida como una
mera extensión de las Regiones Uno y Dos. Sin embargo, sería una extensión de la que estaremos
por siempre excluidos debido a ciertas características ubicuas de la existencia humana, tal como
nuestra limitada capacidad perceptiva. En el siglo XVII se veía el mundo como un enjambre de
partículas en movimiento, en ciertos respectos similar a cúmulos ordinarios de materia. Sin
embargo, se pensaba que las partículas fundamentales del universo material eran demasiado
diminutas como para ser percibidas por los sentidos, con o sin la ayuda de instrumentos. En su
mayor parte, los físicos del siglo XVII pensaban que las entidades materiales fundamentales
compartían sólo algunos de los atributos que sus contrapartes perceptibles poseían.
En otras épocas, los pobladores de la Región Tres sólo han sido concebibles con la ayuda de
metáforas. Al llevar nuestros poderes imaginativos más allá de los límites de lo perceptible
podemos a veces vislumbrar algo considerablemente ajeno a nuestra habitual experiencia cotidiana.
¿Cómo podemos concebir una entidad que no sea ni onda ni partícula? ¡Ciertamente no en términos
pictóricos! ¿Cómo deberíamos concebir el patrón de fuerzas que parecen ser operantes cuando los
objetos materiales van en caída libre cerca de una superficie planetaria? Nada tangible está tirando o
empujando la manzana que cae. ¿Qué es, entonces, el campo gravitatorio? Poseemos conceptos de
fuerza y energía que pueden explotarse para darnos un sentido de qué es aquello a lo que nos
referimos cuando invocamos la Región Tres en las explicaciones de los procesos más
fundamentales del mundo material. Los realistas pretenden considerar la Región Tres como una
parte de la umwelt humana, a pesar de encontrarse al borde de la inteligibilidad. Los positivistas se
complacen de verla decaer en la esfera de lo dispensable, contentándose exclusivamente con las
leyes de los fenómenos observables. La ley gravitatoria, s = ½ g r2, sirve para calcular donde se
encontrará algún objeto después de caer por un cierto tiempo. ¿Sería o no conveniente tratar de dar

25
algún sentido más sustancial a la misteriosa constante g que sólo el de 9,80 m/s/s [valor de la
aceleración gravitatoria en la tierra; NdT]?

El acceso humano al mundo material

La umwelt humana, el mundo al que tenemos algún grado de acceso, consiste de estas tres regiones
forjadas a partir de aquel trasfondo indeterminado que es el universo material como un todo. En
tanto seres corpóreos, nosotros habitamos la Región Uno. Sin embargo, en nuestra imaginación
también nos concebimos como habitantes de las Regiones Dos y Tres. Una preocupación central y
perpetua en la filosofía de la ciencia es el intento sistemático de valorar críticamente y, para algunos
filósofos, justificar nuestra creencia en la realidad de las regiones a las que tenemos acceso sólo
mediante nuestro pensamiento.
¿Podrían existir medios indirectos de acceso (obtenidos quizás a través de la manipulación
de algunas de las entidades imperceptibles de las Regiones Dos y Tres, como por ejemplo
moléculas o campos magnéticos) a través del uso de instrumentos pertenecientes a la Región Uno?
Al calentar un líquido logramos que las moléculas imperceptibles se muevan tan rápido que logran
liberarse de las fuerzas que las mantenían dentro de la superficie del líquido. Esta liberación es lo
que percibimos como hervor. Al hacer pasar una corriente a través de un espiral le damos forma a
un campo magnético, cuya estructura se vuelve visible cuando esparcimos filamentos de hierro
sobre una hoja de papel cercana. Intentaré mostrar que efectivamente hay buenas razones para
pensar que tenemos el poder de manipular por lo menos algunos de los pobladores de las Regiones
Dos y Tres de maneras que tienen consecuencias observables en la Región Uno, esto es, los estados
perceptibles de nuestras herramientas experimentales. Casi todos aceptaríamos los ejemplos recién
esbozados como casos de manipulación de entidades imperceptibles pero reales. Aun así, ¿es
racional aceptar esto? ¿Resistirá al rígido escrutinio filosófico?

Tópico de aprendizaje: El mundo de las ciencias naturales

1 La umwelt humana. El concepto biológico de Umwelt, el entorno que es accesible para una
particular especie de organismos, incluye, para los seres humanos, las regiones que las ciencias
develan.

26
a) Región Uno. El mundo tal como lo percibimos a través de nuestros órganos sensoriales
naturales.
b) Región Dos. El mundo tal como lo experimentaríamos y a veces experimentamos a través
de instrumentos que potencian nuestros sentidos.
c) Región Tres. El mundo tal como lo imaginamos, más allá del alcance de nuestra capacidad
para percibir con o sin la ayuda de instrumentos.

2 Acceso. Los científicos naturales presuponen que las tres regiones pueden ser exploradas con
métodos adecuados.
a) Los instrumentos que potencian nuestros sentidos nos dan acceso a las Regiones Uno y
Dos.
b) La exitosa manipulación, controlada por la teoría, de las entidades de la Región Tres tal
como son imaginadas o modeladas nos da acceso a objetos inobservables.

Interpretaciones rivales de la ciencia

El siglo XVII vio el desarrollo de un modo particular de investigar el mundo natural que, para
muchas personas de aquel tiempo y a partir de entonces, definía la esfera del conocimiento
confiable. En su mayor parte, los científicos de los siglos XVI y XVII dieron por sentada la postura
realista. Pocos dudaban de la posibilidad de usar el método científico – insights teóricos
combinados con métodos experimentales y de observación – para explorar las tres regiones de la
umwelt humana.
La astronomía surgió de la astrología, la dinámica y la estadística de la balística, la
ingeniería militar y la arquitectura, la química de la alquimia y la medicina, la botánica y la
zoología del interés práctico en la naturaleza y la utilización de plantas y animales. No debe
suponerse que los momentos tempranos en el desarrollo de estos campos científicos fuesen
primitivos. El siglo XVII comenzó con uno de los mayores trabajos en física experimental, el De
Magnete de William Gilbert, publicado en 1600. A su vez, concluyó con uno de los mayores
trabajos en física teórica, los Principia Mathematica de Isaac Newton, publicado en 1687. ¿Cómo
debería explicarse el poder extraordinario de este conjunto de métodos, análisis y técnicas para
producir conocimiento confiable? ¿Qué había de especial en él? ¿Cómo podrían justificarse sus
pretensiones de reemplazar todo otro método de investigación sobre la naturaleza de las cosas? La

27
pregunta no era nueva en el siglo XVII. En abundancia en el mundo antiguo y quizás más raramente
en la era medieval, pueden encontrarse alusiones al ‘método científico’ y discusiones de sus poderes
y limitaciones. De todas maneras, el predominio de este conjunto de procedimientos hacia fines del
siglo XVII no tenía precedentes. A partir de entonces, los esfuerzos para analizar la metodología de
la ciencia, para justificar los reclamos de los ‘filósofos naturales’ de estar en posesión de un
conocimiento superior a cualquier otro y para dar cuenta tanto de los éxitos como de los fracasos de
‘la ciencia’, mantuvieron siempre un lugar privilegiado en la agenda de la filosofía.
En el siglo XVII las semillas del positivismo ya habían sido sembradas en la prioridad que
filósofos como Locke le otorgaban al conocimiento obtenido a través de los sentidos. Se entendía
que es a través de ver, oír, tocar y saborear que hacemos contacto con el mundo material. Parecía
que los sentidos nos daban conocimiento indubitable. Aun así, las ciencias ya habían comenzado a
hacer afirmaciones sobre estados y condiciones del mundo material que estaban más allá de los
límites de lo que cualquier ser humano pudiera percibir. Ya en el siglo XVIII esta paradoja se había
convertido en una preocupación central de los principales filósofos.
Los debates entre positivismo y realismo no son meros ejercicios intelectuales con los que
los filósofos pueden entretenerse. La manera en que una nueva ciencia sobre algún campo relegado
de los fenómenos naturales se desarrolle dependerá en buena medida de qué concepción de la
ciencia hayan adoptado sus precursores y pioneros. Esto es especialmente así respecto de los
esfuerzos para construir la psicología como una ciencia de la mente.
Para observar más profundamente los contrastes entre positivismo y realismo podemos
comenzar reflexionando sobre dos importantes preguntas interrelacionadas a las que se dirigen los
filósofos de la ciencia.

1 La primera pregunta general puede plantarse de diferentes maneras. Consiste en algo como esto:
¿Cuál es el contenido y estatus de las afirmaciones de conocimiento de las ciencias naturales?
¿Cuán generales y profundos pueden ser?
2 La segunda pregunta concierne al significado del vocabulario desarrollado por las diversas
comunidades científicas. ¿Cómo se fijan los significados? ¿Existe un modo distintivo en que la
terminología explicativa obtiene su significado?

Estas dos preguntas generales están relacionadas. Las respuestas a la segunda afectan las respuestas
a la primera. El positivismo y el realismo pueden entenderse como maneras distintas de responder a
los dos conjuntos de preguntas formuladas arriba.

28
Positivismo

La filosofía positivista de la ciencia fue a menudo motivada por el escepticismo religioso. Al fijar
un estándar muy riguroso para las afirmaciones de conocimiento legítimo, parecía que la teología
podía descartarse como una fuente de conocimiento superior a todas las demás. Con el tiempo esta
actitud escéptica se convirtió en un ataque a toda clase de metafísica, legítima o especulativa. La
ciencia había de ser purgada de cualesquiera afirmaciones de conocimiento que fuesen más allá de
lo que podía ser verificado por el uso exclusivo de los sentidos humanos.
¿Cómo se lograría esta disciplina? En los siglos XVII y XVIII, el contenido de las
afirmaciones de conocimiento era el foco del rigor positivista. David Hume cerraba su Treatise
Concerning Human Understanding [Investigación sobre el Entendimiento Humano] de 1777 con el
siguiente drástico consejo (sección xii, Parte III):

Cuando recorremos las bibliotecas, persuadidos de estos principios [positivistas], ¡qué


devastación deberíamos hacer! Si tomamos en nuestra mano un volumen, de teología o de
metafísica escolástica, por ejemplo [y aquí debemos agregar la física teórica], preguntemos:
¿Contiene algún razonamiento abstracto acerca de la cantidad y el número? ¿No? ¿Contiene
algún razonamiento experimental acerca de los hechos y cosas existentes? ¿Tampoco? Pues
entonces arrojémoslo a la hoguera, porque no puede contener otra cosa que sofística e ilusión.
(Hume, 1777 [1945]: 240)

Las razones de Hume para esta asombrosa metáfora eran filosóficas, esto es, basadas en el análisis
de los conceptos. De suma importancia para la ciencia fue su análisis del contenido del concepto de
causalidad. Según Hume, el concepto de causalidad involucra dos ideas germinales centrales: que
hay un patrón regular de correlación entre eventos-causa y eventos-efecto, y que existe una
conexión necesaria entre pares de eventos que ejemplifiquen aquella regularidad. El patrón de
eventos es perceptible, pero Hume insistió en que:

Cuando miramos los objetos externos a nuestro alrededor, y consideramos la acción de las
causas, ni en un solo caso somos capaces de descubrir alguna fuerza o conexión necesaria,
alguna cualidad que ligue el efecto a la causa y que hace que el uno sea la infalible
consecuencia de la otra.
(Hume, 1777 [1945]: 111)

29
Esto claramente depende del principio positivista según el cual sólo aquello que es perceptible
cuenta como real. ¿Cómo podemos dar cuenta de nuestra convicción de que, en igualdad de
circunstancias, las causas requieren de sus efectos? La respuesta de Hume fue ingeniosa.
Adquirimos el hábito de esperar un evento-efecto a continuación de la ocurrencia de un evento-
causa, sólo porque hemos experimentado regularmente secuencias similares en el pasado. En
realidad, la convicción sobre la necesidad de la relación causal sólo sería una consecuencia
psicológica de la regularidad. Hume, de modo astuto, quitó el énfasis que adjudicaba poder a la
causa, desviándolo hacia la regularidad observada.
Medio siglo más tarde, Auguste Comte tenía esto para decir:

En el estadio teológico2, [una persona busca explicaciones en términos de] la acción directa y
continuada de agentes sobrenaturales […]. [En el siguiente, y más avanzado, estadio de la
mente], que en el fondo no es más que una simple modificación del primero, los agentes
sobrenaturales son reemplazados por fuerzas abstractas […] capaces de engendrar por sí
mismas todos los fenómenos observados […]. [En el tercer estadio, el estadio positivo, la mente
humana] se dedica únicamente a descubrir, con el uso bien combinado del razonamiento y la
observación, las leyes efectivas de los fenómenos, es decir, sus relaciones invariables de
sucesión y de similitud.
(Comte, 1830–42 [1980]: 26–7; subrayado de Harré)

Puede plantearse la misma tesis en términos de significados. El mismo Hume sostenía que
el ‘verdadero’ significado de una ‘idea’ era la impresión sensorial de la que aquella era derivada.
Dado que, de acuerdo con Hume, nuestra idea de causalidad provenía directa e indirectamente de
patrones regulares de correlaciones entre pares de instancias de ciertos tipos de impresiones, el
verdadero significado de ‘causalidad’ era una regularidad experimentada. Los aspectos tradicionales
de la causalidad, tales como la agencia, la eficacia y la necesidad, debían ser rastreados en los
mismos efectos psicológicos de estas regularidades sensoriales. Por ejemplo, llegamos a esperar que
un cierto tipo de evento suceda a otro tipo, que hace tiempo ha sido asociado con el primero en
nuestra experiencia. Nuestra idea de necesidad se origina en el estado psicológico de expectativa.
Al experimentar con frecuencia una sensación de calor en proximidad de un fuego,
adquirimos el hábito de esperar esa sensación cuando nos acercamos a un fuego. Esto es todo lo que

2
Comte, el padre del positivismo, sostuvo que el conocimiento humano pasa sucesivamente por tres estadios
teóricos diferentes; estos estadios pueden entenderse también como grandes métodos que, con palabras de
Comte, el ‘espíritu humano’ emplea. En las intervenciones que hace Harré (entre corchetes), el autor,
adoptando una interpretación más mentalista, habla de estadios (o incluso estados) de la mente [states of
mind] en el sentido de estados psicológicos epistémicos, esto es, estados del sujeto que busca conocimiento
(NdT).

30
hay en la relación causal entre fuegos y sensaciones de calor. Apelar a algo como radiación
infrarroja para dar cuenta de la regularidad hubiese impactado a Hume como altamente
especulativo.
En las primeras décadas del siglo XX el positivismo se vinculó con el logicismo, esto es, el
principio de que la racionalidad de la ciencia consiste estrictamente en la adherencia a las leyes de
la lógica. El logicismo y el positivismo se conjugaron en la concepción de la explicación como
‘cobertura legal’ [‘covering law’ account of explanation]. Una explicación científica parece ser un
relato que describe los procesos que generan algún fenómeno, sean éstos perceptibles o no. Pero el
positivismo descarta la referencia a inobservables. El logicismo proveía una concepción de la
explicación que estaba en consonancia con las rigurosas restricciones sobre el contenido de las
explicaciones impuestas por el positivismo.
De acuerdo con la posición del positivismo lógico, explicaciones y predicciones tienen la
misma forma lógica. La idea es la siguiente. Para explicar algo, deducimos una descripción de
aquello que queremos explicar a partir de una ley natural y las condiciones de su aplicación. Esto es
también lo que hacemos para dar una predicción. La única diferencia entre los dos procedimientos
es el momento en que se hace la deducción. Si se hace antes de observar el evento cuya descripción
ha sido deducida de la ley, se trata de una predicción. Si se hace después de que el evento ha sido
observado, se trata de una explicación. De acuerdo con el punto de vista positivista, las leyes
naturales no son nada más que enunciados sobre las correlaciones entre estados observables de
cosas, así como los percibimos.
No hay ahora ningún problema respecto de la legitimidad de referirnos en las explicaciones
a estados de cosas, tipos de objetos y procesos naturales que no podemos observar. En realidad no
lo hacemos en absoluto. Interpretar las explicaciones como descripciones del funcionamiento de
mecanismos causales imperceptibles es malentender su verdadera importancia. Expresiones como
‘radiación infrarroja’, ‘molécula de gas’, ‘campo gravitatorio’ y demás parecen referirse sólo a
procesos ‘fuera de escena’. Si aplicamos el riguroso principio humeano del significado, dichas
expresiones pueden propiamente referirse sólo a la impresión sensorial de la que fueron derivadas.
En el caso de explicaciones en términos de átomos químicos, el verdadero contenido de una teoría
de este tipo no podría ser nada más que las regularidades en los pesos relativos de los reactantes en
una reacción. La expresión ‘campo gravitatorio’ no puede significar nada más que una sumatoria de
las aceleraciones sufridas por cuerpos en caída cerca de la superficie de un planeta. En el mejor de
los casos, nociones tales como ‘átomo’ o ‘campo’ son dispositivos psicológicos que resultan útiles
en los procesos más formales de pensamiento que están en el corazón de la ciencia.

31
Muchas – de hecho, la mayoría – de las explicaciones científicas parecen hacer referencia a
entidades, propiedades y procesos que no podrían ser observados ni siquiera en principio. Por
ejemplo, explicamos muchas enfermedades por referencia a virus imperceptibles, las imágenes
televisivas por referencia a destellos de imperceptibles electrones, y así sucesivamente. Luego, de
acuerdo con la proscripción general de los objetos imperceptibles por parte del positivismo, o bien
las entidades que imaginamos deben ser eliminadas o bien debe mostrarse que los conceptos que
refieren a ellas significan algo diferente de lo que parecen significar, algo que un ser humano pueda
percibir. ¿Qué pasaría con explicaciones que mencionaran moléculas de gas, códigos genéticos,
campos magnéticos, fotones y demás? Los seres humanos no podemos percibir ninguna de estas
‘cosas’ incluso con la ayuda de microscopios, telescopios y otros instrumentos de alta tecnología.
De acuerdo con el positivismo, sólo las entidades que encontramos en la Región Uno son
epistemológicamente aceptables, es decir, como algo sobre lo cual podamos afirmar tener
conocimiento. Por ejemplo, Ernst Mach (1894), uno de los padres del positivismo moderno,
establecía una relación estricta entre las afirmaciones de conocimiento y la posibilidad de percibir
aquello que se afirma conocer. Sin embargo, el positivismo no es sólo una doctrina sobre los límites
de nuestras afirmaciones de conocimiento. Es también una doctrina sobre los límites de las
afirmaciones acerca de lo que hay: es también una doctrina ontológica. Podemos fácilmente ver que
estas doctrinas están íntimamente entrelazadas. Podemos tener conocimiento genuino únicamente
de aquello que creemos existe realmente. Las hipótesis sobre entidades y procesos en las Regiones
Dos y Tres, pobladas sólo mediante el ejercicio de la imaginación, no pueden ser usadas para hacer
afirmaciones genuinas de conocimiento. En el mejor de los casos, solamente poseen un valor
psicológico: ficciones útiles que les permiten a los científicos llevar adelante la tarea de generalizar
observaciones de regularidades obteniendo así leyes naturales y de comprobarlas prediciendo aun
más correlaciones observables.
El punto de vista positivista ha tenido una influencia enorme y en gran medida perniciosa
en la psicología. Si el dominio de los objetos legítimos de conocimiento queda restringido a aquello
que pueda ser observado públicamente, la psicología quedaría restringida a una ciencia de
respuestas conductuales públicas a estímulos impuestos desde el medio ambiental externo. Esta era
la base ontológica del conductismo clásico propugnado por Watson (1930). De allí se seguía que los
únicos resultados legítimos de la investigación psicológica serían las correlaciones entre tipos de
estímulos y tipos de respuestas. B. F. Skinner (1974) extendió la ontología de la psicología para
incluir experiencias subjetivas, privadas. Los pensamientos podían ser admitidos como correlatos de
respuesta a los estímulos. Sin embargo, su conductismo radical retuvo uno de los principales

32
principios del positivismo. Ni procesos mentales inobservables ni tampoco procesos neuronales de
cualquier tipo debían ser introducidos con un rol explicativo dentro de la psicología científica.

Realismo

Los realistas sostienen que los seres humanos tenemos acceso al mundo no sólo a través de los
sentidos, el mundo tal como es percibido, sino también a través del uso de la imaginación, el mundo
tal como es concebido. Las ciencias naturales maduras apuntan a poner la mayor parte del mundo
tal como se lo concibe o imagina al alcance de la experimentación. Sin embargo, esto no tiene por
qué verse limitado a revelar algo perceptible. Ya nos hemos topado con la idea de una umwelt,
aquella porción del mundo material que es accesible para esta o aquella especie como un espacio
habitable. Los límites que definen el alcance de una umwelt se relacionan con las capacidades
biológicas y perceptivas de la especie en cuestión. La umwelt de las lombrices es diferente de la
umwelt de los gorriones. El crecimiento de la ciencia y la tecnología ha expandido enormemente la
umwelt humana en ciertas direcciones, hacia fuera hasta las galaxias y hacia dentro hasta el reino de
las partículas subatómicas. También la ha reducido en otras direcciones, desterrando demonios,
brujas y otros seres malignos del mundo, como así lo cree la mayoría de la gente. Cuáles
presupuestos ontológicos y qué métodos experimentales asociados sean privilegiados para un
determinado campo de interés dependerá de la tarea que se le ponga al científico y a su grado de
éxito en desempeñarla. Así, si la tarea es explicar la diversidad de la vida orgánica y su aparente
adaptación a los medios ambientales, podríamos decir que los conceptos y los métodos darwinianos
son mejores que los creacionistas, lamarckianos o lysenkianos.
Resulta de esta manera que las personas hemos desarrollado nuevos modos, no proveídos
por naturaleza, de acceso al mundo material, ampliando así nuestra umwelt de diferentes formas.
La Región Dos es accesible a través del desarrollo de métodos experimentales y de
observación que desvelan aspectos previamente imperceptibles del mundo material.
La Región Tres es accesible a través del ejercicio controlado de la imaginación, asociado
con métodos de experimentación indirecta, que describiremos con algún grado de detalle más abajo.
Al pensar sobre las causas inobservadas o inobservables de lo que podemos percibir,
frecuentemente usamos analogías. En este sentido imaginamos el ‘flujo’ eléctrico en un circuito
como si fuese el flujo de líquido en una red de conductos. Construimos así un modelo
hidrodinámico de la electricidad que dé cuenta del comportamiento de los amperímetros y los
voltímetros [instrumentos de medición de diferentes parámetros de la corriente eléctrica; NdT] y las

33
resistencias en los circuitos eléctricos. Al construir el modelo, algunos de los atributos de la fuente
de origen son ignorados o deliberadamente excluidos. Este tipo de elaboración de modelos es típica
de los dispositivos que usamos para pensar en las clases de entidades y procesos que esperaríamos
encontrar en la Región Dos. Los modelos ontológicamente conservadores como los de este tipo
también pueden encontrarse en patrones de pensamiento sobre la Región Tres. Las moléculas de gas
son diminutos cuerpos materiales pero probablemente permanecerán por siempre fuera del alcance
de los más sofisticados instrumentos que potencian nuestros sentidos.
De todas maneras, existe una ontología más radical a la que los físicos han recurrido al
pensar más allá de los límites de la observación posible. Esta es la ontología de las disposiciones y
las potencialidades, encarnada en conceptos tales como ‘potencial de campo’ y ‘energía cinética’.
Estos conceptos jugarán un papel importante en nuestra construcción de una psicología científica, y
volveremos a tomarlos más en detalle.

Tópico de aprendizaje: Positivismo y Realismo

1 Preliminares filosóficos. El estudio de los presupuestos de las ciencias conduce hacia dos ramas
de la filosofía, la epistemología y la ontología.
b) Epistemología. Estudio de la naturaleza y los límites del conocimiento.
c) Ontología. El catálogo de los tipos de entidades que se cree existen en un dominio
determinado.

2 Positivismo
a) Epistemología. Sólo podemos legítimamente afirmar poseer conocimiento sobre aquello
que podemos percibir.
b) Ontología. Sólo podemos legítimamente creer que existen aquellas entidades que podemos
percibir.

3 Realismo
a) Epistemología. Tenemos conocimiento confiable sobre objetos, estructuras, procesos y
demás que no podemos percibir.
b) Ontología. Podemos legítimamente asumir la existencia no sólo de aquello que podemos
percibir sino también de aquello que podemos concebir, dentro de los límites que imponen
los métodos de la ciencia teórica.

34
Experimentos indirectos: testeando hipótesis sobre lo inobservable

En las ciencias físicas se han desarrollado dos modos principales de testear hipótesis sobre la
Región Tres. El primero es ejemplificado por el enorme número de programas experimentales en
física y química en el que usamos nuestra imaginación a los fines de fijar instrucciones para
manipular indirectamente estados inobservables del mundo. Experimentos de este tipo fueron bien
comprendidos y descritos por Robert Boyle (1688). El segundo es ejemplificado en los
experimentos mentales [thought experiments]. Galileo y Einstein fueron ambos grandes practicantes
de este sutil arte. Podemos usar experimentos imaginarios para justificar la eliminación o bien la
adición de algo relevante para nuestras explicaciones a lo que ya creemos que existe en la Región
Tres del mundo natural.

Experimentos de manipulación à la Boyle

Para Boyle y el canon científico de los siglos XVII y XVIII, las explicaciones más fundamentales
de los fenómenos observables eran formuladas en términos de la teoría atómica (o corpuscular) y
las leyes de la mecánica, al fin exitosamente formulada por Newton. Robert Boyle desarrolló un
programa de investigación para estudiar empíricamente la hipótesis corpuscular. Si reconstruimos
su razonamiento en nuestros términos, podríamos decir que Boyle comienza con el presupuesto
general de que causas mecánicas tienen efectos mecánicos. Una manipulación que involucra
operaciones mecánicas, tales como cambios en el movimiento y la descomposición en partes y
posterior recombinación, debería tener efectos del mismo tipo, nuevos estados de movimiento y
nuevas combinaciones de corpúsculos. Cuando realizamos un experimento en el que todas las
manipulaciones son mecánicas y el efecto observado no lo es, como por ejemplo un cambio en el
color o el gusto de aquello que hayamos manipulado, debemos concluir que este cambio es un
efecto observado de un cambio mecánico no observado. En la terminología de Boyle, el verdadero
cambio está en el volumen, la forma, el movimiento o la textura (esto es, la configuración) de las
partes que son imperceptibles. Boyle pensaba que de este modo estaríamos comprobando una
ontología, hasta tanto, por un lado, hayamos logrado resultados confiables y comprobables con
nuestras manipulaciones y, por otro lado, no nos hayamos topado con una contradicción o
incompatibilidad en la formulación de un programa de manipulaciones. En su The Origin of Forms
and Qualities [El Origen de las Formas y Cualidades] (1688), Boyle ofreció docenas de
experimentos para respaldar la tesis ontológica general que inspiraba el trabajo de casi todos los

35
físicos y químicos de su tiempo. Éstos pensaban que la Región Tres consistía de conjuntos
estructurados de corpúsculos. Cada tipo de estructura era el sustrato de un poder específico para
actuar sobre otras estructuras similares y sobre los seres humanos, y en particular sus órganos
sensoriales, provocándoles la experiencia de las correspondientes cualidades – color, calor, sabor y
demás.
Muchísimos ejemplos del uso de esta misma estrategia pueden extraerse de la física y la
química experimentales contemporáneas. Ciertamente, el repertorio de conceptos disponibles para
crear un relato en la Región Tres ha sido transformado con la aparición del electromagnetismo y la
mecánica cuántica. En el experimento Stern-Gerlach, por ejemplo, las observaciones de las formas
cambiantes de ciertas imágenes en una pantalla, producidas al activar un campo magnético, se
vinculan con los estados cuánticos inobservables de las partículas proyectadas por el aparato
emisor. La vinculación es sugerida por la teoría electromagnética de que las manipulaciones
electromagnéticas tienen efectos electromagnéticos.
La fuerza de este tipo de maniobra es que el principio vinculante, que extiende la aplicación
de lo que sabemos a partir de estudios de fenómenos perceptibles hacia estados imperceptibles de
cosas – por ejemplo, las propiedades mecánicas de objetos materiales demasiado pequeños, veloces
o remotos para ser estudiados directamente – puede ser tratado como una generalización empírica
comprobable. Podemos experimentar para ver si causas mecánicas tienen efectos mecánicos en la
Región Uno, y podemos hacer (y hemos hecho) lo mismo para operaciones electromagnéticas con
imanes, bobinas y baterías.

Experimentos mentales à la Galileo

Existe otro modo en que podemos disciplinar el papel de la imaginación en la tarea de construir
concepciones de lo que hay en la Región Tres: el método de los experimentos mentales.
Imaginamos una situación que ejemplifica el modelo básico que subyace a alguna teoría relevante e
imaginamos como ocurrirían las cosas en las circunstancias imaginadas. Un ejemplo muy
impactante e históricamente influyente de esto se encuentra en la discusión de Galileo sobre el
movimiento relativo en su gran libro Dialogo sopra i Due Massimi Sistemi del Mondo [Diálogo
sobre los Dos Principales Sistemas del Mundo] de 1632. Galileo imagina que un número de
experimentos es llevado a cabo en la cabina de un barco.

36
Encerraos con algún amigo en la mayor estancia que esté bajo cubierta del algún gran navío, y
meted en ella moscas, mariposas y animalillos voladores parecidos. Haya también un recipiente
grande de agua con pececillos dentro. Además manténgase en alto un cubo que gota vaya
dejando caer agua en otro recipiente de boca estrecha, situado debajo. Cuando la nave esté
quieta, observad atentamente que los animalillos volantes se mueven en todas las direcciones de
la estancia con igual velocidad. Veréis que los peces nadan indistintamente hacia todos los
lados. Las gotas que caen entrarán todas en la vasija situada debajo. Y vos al tirar algo a un
amigo, si las distancias son iguales no tendréis que lanzarla con más fuerza hacia una parte que
hacia la otra, si las distancias son iguales. Y si saltáis, como suele decirse, con los pies juntos,
os desplazaréis igual espacio con independencia de la dirección. Una vez que hayas observado
diligentemente todas estas cosas aunque no haya ninguna duda de que mientras el bajel está
parado tiene que suceder así, haced mover la nave con la velocidad que sea. Veréis que (con tal
que el movimiento sea uniforme y no fluctuante hacia aquí y hacia allá) no observaréis el más
mínimo cambio en ninguno de los efectos mencionados y que a partir de ellos, no podréis
determinar si la nave avanza o está quieta.
(Galilei, 1632 [1994: 162-3])

Este fue el comienzo de la teoría de la relatividad. Galileo muestra, mediante un ejercicio de la sola
imaginación, que no hay posibilidad de determinar si estamos en movimiento absoluto. Sólo
podemos comparar el movimiento de un objeto con el movimiento de otro. La noción de
movimiento absoluto no tiene lugar en el mundo tal como se da en la ciencia de la mecánica.
Einstein era inigualable en el arte de invocar imágenes sugerentes para transmitir
intuiciones profundas sobre la naturaleza del mundo material, especialmente en lo que refería a
aquellos aspectos que estamos denominando Región Tres. Uno de sus experimentos mentales más
poderosos apuntaba a descartar un viejo concepto de la Región Tres: el concepto de éter. Se suponía
que era una suerte de material misterioso, pero que ocupaba lugar, que transportaba los torrentes de
radiación electromagnética de modo aproximadamente análogo a cómo el aire transporta los
torrentes de ondas sonoras. Einstein pidió a sus lectores que comparen dos experimentos familiares.
En el primero, una espiral de alambre es acercada a un imán, lo cual genera una corriente en el
alambre. En el segundo, un imán es introducido dentro de una espiral inmóvil. Nuevamente, se
genera una corriente en el alambre. Uno de estos efectos se explica por referencia al éter, mientras
el otro no. Ciertamente, dice Einstein, los experimentos son perfectamente simétricos. Si no es
necesario apelar a la hipótesis del éter en uno de ellos, tampoco lo es en el otro. El concepto de éter
puede ser desterrado de la ontología de nuestra Región Tres.

37
Tópico de aprendizaje: Experimentando en la Región Tres

1 Experimento de manipulación à la Boyle:


a) Comprobar hipótesis sobre estados imperceptibles del mundo manipulándolos
indirectamente para producir un efecto perceptible.
b) Esto requiere una hipótesis fuerte que conecte manipulaciones mecánicas (o eléctricas) a
efectos mecánicos (o eléctricos).

2 Experimento mental à la Galileo:


a) Imaginar que se lleva a cabo un experimento para comprobar hipótesis sobre entidades y
procesos de la Región Tres.
b) En casos relevantes el ‘experimento’ muestra que algunos conceptos aparentemente
importantes son dispensables y que no debe presuponerse que aquello a lo que refieren
exista.

Conclusión

El argumento de este capítulo apunta a justificar la tesis del realismo científico de que
efectivamente tenemos acceso a aquellas regiones del mundo que son imperceptibles. Sólo insertos
en esta filosofía de la ciencia podemos dar sentido al proyecto de la psicología cognitiva consistente
en explicar los fenómenos psicológicos mediante hipótesis sobre procesos cognitivos de los que en
su gran mayoría no somos concientes. Hemos distinguido entre aquellos que son imperceptibles de
hecho (Región Dos) y aquellos que son imperceptibles por principio (Región Tres). La física, en
particular, parece extender la umwelt humana a través de la Región Dos hasta la Región Tres. Sin
embargo, si esta extensión ha de ser más que ‘sólo otro cuento’, debe haber un conjunto de
procedimientos para evaluar y distinguir entre relatos mejores y peores con respecto a la tarea
científica de adquirir conocimiento y de desarrollar técnicas eficaces de manipulación. Hay por lo
menos dos posibilidades para justificar la extensión de la umwelt humana más allá de los límites de
lo perceptible. Una fue instaurada por Boyle, y dependía de la manipulación experimental de
estados inobservables de cosas. La otra fue explotada con gran destreza por Galileo y Einstein, y
dependía del uso de experimentos mentales, combinados con intuiciones tendientes a la simetría y

38
la simplicidad, para eliminar o agregar conceptos a nuestras más profundas concepciones sobre el
mundo material.
¿Qué tipos de fenómenos abarca el dominio que queremos explorar y comprender? ¿Cómo
podemos pensar de modo disciplinado sobre regiones del mundo que no podemos percibir?
Responder estas preguntas nos lleva al corazón del método científico. Éste involucra el desarrollo
de sistemas de conceptos para clasificar fenómenos y poder así manejar un cuerpo creciente de
conocimiento. Involucra también la elaboración y manipulación de modelos, representaciones
simplificadas de los fenómenos y representaciones imaginarias de lo que hay en las regiones del
mundo que no podemos percibir. El estudio del método científico nos ocupará en el siguiente
capítulo.

39
Capítulo 3

Comprendiendo el método científico

En el Capítulo 2 aprendimos que una ciencia se construye sobre dos pilares principales, sus
presupuestos de base. La ontología es el catálogo de entidades cuya existencia está presupuesta en
todos los aspectos del desarrollo de una ciencia. Si éstos son los tipos de entidades que estamos
estudiando, ésta es la clase de cosas que podemos llegar a conocer sobre ellas. Los medios por los
que vamos a obtener este conocimiento constituyen la metodología de la ciencia en cuestión. Por
ejemplo, la meteorología se ocupa de los movimientos de las masas de aire, identificadas por su
temperatura, presión, humedad y por sus patrones de circulación. El conocimiento meteorológico se
obtiene a través de termómetros, barómetros e higrómetros cuidadosamente ubicados, y a través de
observaciones con satélites y demás. Los filósofos reflexionan sobre el valor y el estatus de las
afirmaciones de conocimiento hechas por aquellos que hacen uso de esta o aquella tecnología. Lo
obtenido a partir de estas reflexiones es la epistemología de la ciencia.
En este capítulo emprenderemos una investigación más exhaustiva y detallada del modo en
que los presupuestos ontológicos, metodológicos y epistemológicos efectivamente se manifiestan en
las prácticas de una comunidad científica. La ontología de una ciencia se ve reflejada en los
sistemas de conceptos que son usados para clasificar las entidades de las que se ocupa. Esta
clasificación se basa en una taxonomía, un sistema ordenado de conceptos por el que clases, tipos,
grupos y géneros son definidos. La ontología de una ciencia también se ve reflejada en los modos
en que las teorías son creadas y puestas a prueba. La construcción de teorías y la comprobación de
hipótesis se asientan sobre un sistema de modelos y metáforas, patrones de analogía a través de los
cuales los conceptos son modificados y extendidos a otros dominios. La elección de modelos y
metáforas involucra presupuestos respecto de qué tipos de entidades existen en el dominio de la
ciencia.
Haremos un estudio en profundidad de la lógica subyacente al modo en que las clases y los
tipos son usados para clasificar. Seguido a esto, haremos un estudio igualmente detallado de los
principios que subyacen a los usos de los modelos para construir y probar teorías. Ambos estudios
nos darán una idea del método científico. Al mismo tiempo, tendremos que lidiar con el problema
del estatus del conocimiento obtenido. ¿Cuán general es? ¿En qué medida es revisable? Y así a
continuación.

40
Al conocer cómo las prestigiosas y exitosas ciencias naturales fueron desarrollándose
estaremos en condición de sugerir cómo el nuevo campo de la ciencia cognitiva podría ser
ulteriormente desarrollado desde sus primeros pasos hacia mediados del siglo veinte. Estaremos en
condiciones de usar nuestro conocimiento del método científico para identificar aquello que sea un
‘punto muerto’ en la investigación así como fértiles caminos inexplorados.

Sección 1
Describir y clasificar

Todo pensamiento y acción hace uso de conceptos generales, expresados en las palabras que
usamos al asignar objetos y eventos particulares a clases y tipos. El clasificar es fundamental en
todo lo que hacemos. A duras penas podríamos desenvolvernos en el mundo cotidiano sin la
capacidad para considerar todo aquello con lo que nos topemos como un algo, esto es, como una
instancia de un cierto tipo, género o clase. El percibir un organismo negro y peludo como un gato
dirigirá nuestras acciones y nuestros pensamientos sobre él de maneras bastante diferentes de las
que adoptaríamos si lo percibiéramos como una chinchilla [pequeño roedor sudamericano de piel
gris, muy apreciada y cara; NdT]. Pensar en Joe como un amigo, y no como un enemigo, nos
permite sostener maneras muy diferentes de interactuar con él; y así sucesivamente. Lo mismo vale
para el caso de los eventos. Conceptos como ‘relámpago’, ‘amanecer’, ‘sorpresa’, ‘resultado’,
etcétera, son conceptos generales que abarcan muchos eventos individuales. El uso de conceptos
generales establece un marco para guiar la experiencia. Los lógicos también se ocupan de clases
que, aun cuando estén bien definidas, no contienen miembros. Una palabra general como
‘unicornio’ no contiene nada en un dominio donde encontramos entidades tales como vacas y
burros. En esta breve introducción a los procedimientos clasificatorios no nos ocuparemos de las
clases vacías.

El rol de los conceptos en la clasificación

El gran filósofo del siglo XVIII Immanuel Kant dijo una vez: “Los conceptos sin sensaciones son
vacíos; las sensaciones sin conceptos son ciegas”. Para percibir cualquier cosa como algo con

41
características determinadas, nuestras sensaciones deben ser interpretadas mediante la aplicación de
sistemas de conceptos. Un concepto que no encuentre aplicación alguna en la experiencia humana
no tendrá ningún valor. Para la investigación científica de primera línea, el proceso de ‘percibir
como’ puede de hecho ser absolutamente consciente. Por ejemplo, el científico debe aprender cómo
interpretar lo que ve con la ayuda del microscopio. Se requiere de entrenamiento para lograr ver
manchas coloreadas como microorganismos. Las sensaciones corporales por sí mismas, sean éstas
visuales, auditivas, táctiles o pertenecientes a otras modalidades sensoriales, no son suficientes para
brindarnos un mundo de fenómenos naturales. Una vez que un dominio perceptivo ha sido fijado
por la adopción general de un sistema operante de conceptos – por ejemplo, el mundo vivo de
plantas y animales, de vertebrados e invertebrados y demás –, la comunidad científica propia de la
disciplina generalmente da por sentada esa particular manera de clasificar su objeto de estudio. Es
preciso tener en cuenta que aquello que normalmente percibimos es también un producto del poder
organizador de los conceptos.
En los comienzos de los programas de investigación científica en psicología, este punto es
de gran importancia. Por ejemplo, se supone que cuando somos apenas infantes, debemos haber
aprendido cómo aplicar los conceptos ‘recordar’ e ‘imaginar’ a nuestros propios pensamientos para
que se consolide el fenómenos psicológico de la memoria en tanto que representación verdadera del
pasado. Como adultos simplemente damos la distinción por sentada, quizás incluso cayendo en la
asunción de que es de algún modo ‘natural’ distinguir lo que imaginamos de lo que recordamos que
sucedió en el pasado. La psiquiatría hoy despliega un sistema de conceptos para clasificar las
enfermedades mentales que es diferente en aspectos centrales respecto de aquel que era moneda
corriente durante el siglo XVII. Más aun, todos nosotros, insertos en la cultura occidental, hemos
recatado algo de este vocabulario, y concebimos maneras inusuales de pensar y actuar en términos
de interpretaciones no del todo acertadas de conceptos psiquiátricos técnicos tales como ‘maníaco’,
‘esquizofrénico’, ‘síndrome de fatiga crónica’, ‘enfermedad de Alzheimer’, etcétera. Al mismo
tiempo, estas interpretaciones coexisten con expresiones tales como ‘estar desgastado’, ‘la nona está
perdiendo la chaveta’, etcétera. Este fenómeno lingüístico tiene una gran importancia, y volveremos
a él en otros capítulos.
Como mínimo, podemos decir que las taxonomías científicas evolucionan a partir de, e
interactúan con, taxonomías populares, esto es, modos tradicionales y propios del sentido común de
poner orden en la multitud de objetos, eventos y procesos con los que nos topamos en la vida
cotidiana.

42
Sistemas jerárquicos de clasificación

Cada una de las ciencias naturales ha desarrollado una taxonomía, un sistema de conceptos para
clasificar, de manera bien ordenada, los ítems correspondientes a su particular dominio. Las
clasificaciones botánicas y zoológicas se basan en el esquema binario de Linneo. Los animales, por
ejemplo, son agrupados en clases por género y especie. Así el conejo común es clasificado como
Lepus cuniculus. Los géneros están jerárquicamente ordenados en grupos mayores llamados
‘órdenes’, los que, a su vez, están agrupados en ‘clases’. El mismo Linneo propuso seis clases de
animales: mamíferos, aves, reptiles, peces, insectos y helmintos [organismos del tipo de los
gusanos]. La clasificación química se asienta en la distinción más general entre elementos y
compuestos, y los elementos a su vez son clasificados por sus propiedades físicas y químicas en la
famosa tabla periódica, con grupos como ‘halógeno’ que incluye ‘fluorina’, ‘cloro’ y ‘yodo’. En
física, las partículas fundamentales son clasificadas de acuerdo a diversas propiedades tales como la
carga, la masa, el espín y demás. Todos, sin excepción y de diversas maneras, estos sistemas de
clasificación fijan el ámbito de fenómenos que definen el dominio de investigación de cada una de
las ciencias. Expresan ontologías. Debiéramos tener en cuenta que estos sistemas son jerárquicos.
Expresados diagramáticamente, figuran como ‘árboles’ (Figura 3.1). Llamaremos ‘nodos’ a los
puntos de ramificación. Este es un mero fragmento tosco y obsoleto del vasto edificio de las
categorías zoológicas y botánicas actualmente en uso. Sin embargo, ilustra la estructura jerárquica
de los sistemas clasificatorios.

Figura 3.1
Representación arbórea
de un sistema clasificatorio

Organismos

Plantas Animales

Vertebrados Invertebrados

Mamíferos Pájaros Reptiles Peces Insectos Helmintos

Una vez establecidas, las taxonomías de los dominios de las ciencias naturales parecen
enteramente naturales e inevitables. Pero esta es una ilusión. Se requirió de mucho debate y se

43
produjeron controversias persistentes antes de que las clases y las categorías de las entidades que
damos por sentadas quedaran establecidas.
¿Cómo viene organizado el conocimiento que está condensado en una jerarquía de clases?
Una forma de presentar esto es en términos de la ‘relación de herencia’. Si tomamos alguna
subclase y recorremos hacia arriba la jerarquía, pasamos desde la categoría más específica en el
punto donde comenzamos hacia la superclase más general en el ápice. La subclase más baja en este
ejercicio hereda todas las características de aquellas arriba de ella en la jerarquía. De este modo un
mamífero es un vertebrado, un animal y un organismo, mientras un gusano es un invertebrado, un
animal y un organismo.
Si leemos verticalmente una tabla como esta obtenemos las superclases y sus subclases
mutuamente dependientes. Si leemos la tabla horizontalmente, vemos que cada hilera en la jerarquía
comprende ‘todas las criaturas desde las más grandes hasta las más pequeñas’. Los conceptos en
cada hilera representan una demarcación en subclases más y más específica de la población total.
En ninguna parte de este esquema encontramos organismos individuales. Se trata de una
jerarquía de clases. El estudio de los individuos es también parte de la ciencia. Un estudio
idiográfico es una investigación de individuos particulares tomados uno por uno. Por ejemplo, el
estudio de los planetas del sistema solar es mayormente idiográfico, dado que cada uno posee
características propias y una composición y estructura individual. No obstante cada individuo, en
cualquier dominio, posee características que son, en alguna medida, similares a aquellas de otros
individuos. Es un individuo y a la vez ejemplifica una clase.
En cada dominio, debemos dar con un equilibrio entre la atención puesta en el carácter
único de los individuos y en las características generales de las clases. En la microbiología los
atributos únicos de las bacterias individuales juegan un rol casi nulo. ¿Cómo debiera lograrse este
equilibrio en psicología? Ante esto no existe una respuesta general. Depende de la cuestión de
interés. En la psicología cognitiva asumimos que la mayoría de las personas recuerdan eventos de la
misma manera, mientras aceptamos que aquello que cada persona recuerda será ciertamente
diferente, aun cuando se trate del mismo evento histórico.

44
Las bases de las distinciones de clases

Cuando usamos distinciones de clases3 podemos atender a diversos aspectos de aquello que va a ser
un ejemplar de una clase. En nuestros usos cotidianos de tipologías hay implícitas dos distinciones
fundamentales: por un lado, la distinción entre la intensión y la extensión de una clase o grupo, y,
por otro, la distinción entre las esencias reales y nominales de los tipos o clases.

La distinción intensión/extensión

La intensión de una clase comprende los atributos que cada uno de sus miembros comparte con
todos los demás. Entre estos atributos encontramos las características que definen la pertenencia a la
clase, esto es, las condiciones necesarias y suficientes que deben ser satisfechas por algún individuo
para contar como miembro de una clase o como una instancia de un tipo. Así, todas las ovejas
tienen lana, pezuñas hendidas, etcétera. La extensión de una clase consiste en la totalidad de los
miembros de alguna clase: las ovejas del rebaño de Polifemo, el cíclope con el que Ulises y sus
hombres se toparon, etcétera.
Para fines metodológicos, es importante entender que la intensión y la extensión de una
clase se encuentran en una relación recíproca una respecto de la otra. A grandes rasgos, la intensión
varía inversamente respecto de la extensión. Cuanto más detallemos la intensión de una clase tanto
menor será la cantidad de individuos que encontremos en ella. Hay menos merinas negras de lo que
hay merinas [raza ovina muy extendida; NdT].
La intensión de una clase, tipo o grupo consiste de los atributos que un candidato debe
poseer para ser considerado miembro. Se sigue de esto que todos los miembros exhibirán esas
características. No obstante, en casos reales puede haber otras características que todos los
miembros exhiban pero que no fueron tomadas en cuenta para establecer una taxonomía. Las
características que son comunes a todos los miembros pero que no forman parte del criterio de
pertenencia a la clase se denominan ‘propria’. Toda oveja merina hace ‘Bee’, pero no identificamos
una merina por su balido.
Sin embargo, las circunstancias pueden cambiar. Puede aprenderse más sobre la naturaleza
de las entidades en cuestión. Puede suceder que una característica que forme parte del criterio de

3
Se prefirió traducir la palabra ‘type’ (‘type distinction’, ‘type hierarchy’, etc.) por ‘clase’, aunque téngase en
cuenta que es perfectamente reemplazable por ‘tipo’, de acuerdo a la distinción genérica entre tipos o clases,
por un lado, y casos, instancias o ejemplares, por otro (NdT).

45
pertenencia pierda este rol, mientras una que no lo haya tenido migre desde los propria hacia la
esencia. El color y las cualidades metálicas fueron alguna vez suficientes para identificar ‘oro’. Sin
embargo, el Rey de Siracusa comenzó a sospechar del joyero de la corte, y Arquímedes fue
interpelado para comprobar si el rey había sido engañado y si el oro de su corona estaba mezclado
con plata. El gran científico cambió los criterios. Adoptó una prueba para el oro basada en el peso
específico. Resultó ser que el rey había sido víctima de un fraude.

Esencias nominales y reales

Al hacer uso de cualquier tipo de descripción, sea ésta ‘oro’ en tanto que clase de metal, ‘caballo’
en tanto que clase de animal o ‘quásar’ en tanto que clase de objeto celeste, asumimos ciertos
criterios por los que determinamos si un objeto específico pertenece o no pertenece a aquella clase.
Para ser aceptada como oro una muestra de metal debe ser amarilla, maleable, dúctil, con un peso
específico de 19,6 g/cc, etcétera. La muestra no será debidamente llamada ‘oro’ o clasificada como
una instancia de la clase oro sin estas propiedades esenciales.
Ya desde el siglo XVII, este modo aparentemente simple y poco controvertido de
determinar la pertenencia de un elemento a una clase fue cuestionado, o por lo menos los elementos
presupuestos para su determinación fueron explicitados. La distinción clave era aquella entre la
esencia nominal y la esencia real de una sustancia, especie, clase, etcétera. La esencia nominal
comprende las propiedades que se requerirían para que un animal bajo consideración pueda ser
apropiadamente llamado ‘Equus’ y asignado a la especie caballo. La esencia real comprende la
naturaleza intrínseca de los miembros de la clase, especie o tipo que da cuenta del alcance y la
estabilidad de las propiedades que fueron seleccionadas para determinar la esencia nominal. Se
comprendió que, mientras todas las propiedades que conforman las esencias nominales debían ser
observables, las propiedades que conforman las esencias reales serían generalmente teóricas e
imperceptibles. Por ende, es correcto llamar ‘oro’ a un trozo de metal cualquiera si posee todas las
propiedades observables de la lista mencionada. La química y la física nos informan que la razón
por la cual éstas son las propiedades características de este material es que posee una determinada
estructura atómica de protones, neutrones y electrones. Sin embargo, este aspecto del metal oro no
es perceptible. Es una hipótesis basada en una serie de inferencias, ninguna de las cuales está
garantizada.
Mientras la esencia nominal – esto es, el conjunto de propiedades usadas en la práctica por
las personas para escoger ejemplos de clases y tipos – puede cambiar, se mantiene por lo general

46
una clara continuidad entre los criterios viejos y los nuevos. No obstante, puede haber grandes
cambios en aquello que la gente considere ser las esencias reales de las clases. Esto es
particularmente notable en la medida en que la ciencia extiende y profundiza nuestro conocimiento
sobre los aspectos imperceptibles de la Naturaleza, aquellos que sólo conocemos a través de
nuestras teorías. Alguna vez se supuso que las esencias reales de los metales eran las proporciones
específicas entre las cuatro propiedades básicas: el Calor, el Frío, la Humedad y la Sequedad [el
autor hace referencia a una antigua teoría propuesta por el alquimista árabe Jabir ibn Hayyan; NdT].
Ahora usamos la estructura atómica con el mismo propósito.
Ya estamos familiarizados con la distinción general entre las recetas positivista y realista
para la ciencia. Es fácil ver que los positivistas tenderían a admitir sólo las esencias nominales
como la base de los sistemas clasificatorios, mientras que los realistas no dudarían en admitir tanto
las esencias reales como las nominales, dándoles prioridad a las primeras. Más aun, debido a que
existe una innumerable cantidad de maneras en que las cosas son similares y diferentes unas de
otras, todos los criterios clasificatorios son en última instancia arbitrarios para aquellos que
sostienen una convicción positivista.
Los realistas se encuentran bastante cómodos con hipótesis bien fundadas sobre las esencias
reales de entidades, si es que se las puede adscribir legítimamente. De este modo, las clasificaciones
de elementos químicos, de especies animales y vegetales, las clasificaciones geológicas de las rocas,
las taxonomías de las partículas subatómicas y demás, obtenidas por referencia a algunas de sus
propiedades observables, son justificadas y fundadas mediante hipótesis teóricamente validadas
concernientes a las esencias reales de estas clases naturales. De hecho, esto es lo que las hace clases
naturales. Todas las cosas rojas, al igual que todo aquello que tiene un volumen mayor de 2 litros y
demás clasificaciones de este tipo no son clases naturales, simplemente por que nuestra ciencia
actual no tiene modo de encontrar las esencias reales que les corresponden. Sin embargo, tales
clasificaciones científicamente arbitrarias podrían ser usadas en sistemas clasificatorios para
propósitos específicos. La categoría de cosas rojas con un volumen mayor de 2 litros podría ser útil
para el empleado en una pinturería.
¿Cómo sabemos cuáles podrían ser las esencias reales que poseen las clases naturales,
esencias que les atribuimos al postularlas? Para entender cómo es que atravesamos los límites de lo
perceptible de un modo científicamente disciplinado, debemos emprender el estudio del principal
instrumento del pensamiento científico: los modelos. Aquí comenzaremos a desarrollar nuestra
comprensión de la metodología científica de acuerdo con el punto de vista realista. Los modelos
juegan un rol central en la construcción de teorías y en la experimentación, los dos procedimientos
principales del método científico.

47
Tópico de aprendizaje: 1 Describir y clasificar

Debemos extraer los presupuestos involucrados en estas actividades examinando el sistema


clasificatorio o taxonomía en uso para tal o cual dominio.

1 Sistemas clasificatorios:
a) Una taxonomía es un sistema jerárquico de clases, tipos y géneros (Figura 3.2). Cada nivel
comprende todos los seres vivientes y los divide en clases con un creciente nivel de
especificidad.
b) Una jerarquía de clases acumula el conocimiento verticalmente, explicitando relaciones de
herencia. Para descubrir lo que está presupuesto en una clase de un nivel inferior se recorre
la jerarquía hacia arriba a través de los nodos hasta el ápice. Así, la especie ‘gato’ es
vertebrada, animal y viviente.

2 Características de las clases:


a) La pertenencia a una clase requiere que se cumplan ciertas condiciones necesarias y
suficientes. Las propiedades pueden aparecer a veces como definiciones y otras como
atributos accidentales.
b) Intensión/Extensión:
i) Grupos de propiedades comunes de los miembros constituyen la intensión de la clase.
ii) La pertenencia es la extensión de la clase.
iii) La intensión varía inversamente a la extensión.
c) Esencia nominal y real:
i) Los criterios utilizados para asignar una instancia particular a una clase de acuerdo
con sus características observables constituyen la esencia nominal.
ii) La naturaleza real de la instancia que da cuenta de que ésta posea los atributos de la
esencia nominal es la esencia real (sólo conocida a partir de la teoría).

Figura 3.2
Jerarquía taxonómica

Superclase (ser viviente)

Subclase 1 (planta) Subclase 1 (animal)

Sub. 2 (vertebrado) Sub. 2 (invertebrado) Sub. 2 (con floración) Sub. 2 (sin floración)

48
Sección 2
Explicar

Los positivistas defendían un patrón muy simple de explicación, un patrón que entregara el menor
número de ‘rehenes al azar’. El esquema básico de la explicación como ‘cobertura legal’ era más o
menos el siguiente:

1 Establezca una correlación sin excepciones entre la ocurrencia de un fenómeno y la subsiguiente


ocurrencia de otro. Este es el fundamento más simple que hay para una ley científica. Su fuerza
proviene de la ausencia de contraejemplos. Así, podríamos tener ‘Beber vino tinto se correlaciona
con tener un corazón saludable’.
2 Identifique una instancia del fenómeno concomitante; tomemos por caso los saludables corazones
de los franceses.
3 Aplique la ley al siguiente patrón:

Todos aquellos que tomen vino tinto tienen corazones saludables



Los franceses beben vino tinto

entonces

Los franceses tienen corazones saludables

La conclusión de este simple patrón de razonamiento deductivo es el mismo fenómeno que


queríamos explicar. Únicamente estados de cosas observables llegaron a formar parte de las
proposiciones explicativas.
No obstante, para la mayoría de los científicos, este formato mínimo de explicación deja
todo por resolver. Para dar una explicación adecuada querríamos saber cómo es que el vino tinto
produce su efecto. Esto involucraría un estudio indirecto de inobservables, tales como estructuras
moleculares, procesos de eliminación de radicales, etcétera. ¿Mediante qué procesos cognitivos
podría alguien, sea un científico o una persona cualquiera, arribar a conjeturas bien fundadas sobre
lo que no puede verse? Este es el arte de construir modelos.

49
Modelos

Un modelo es una herramienta para pensar, uno de los modos en los que formamos
representaciones sobre algún tema para pensar mejor acerca de él. En general, algún objeto, ‘R’,
puede representar algún otro objeto, ‘T’, principalmente de dos formas. Por convención, a un
símbolo arbitrario puede darse un uso establecido para representar algo. Casi todas las palabras son
de este tipo. ‘Sonrisa’ representa ☺. Luego hay representaciones icónicas: modelos. Un modelo de
algo es un análogo, que representa su objeto a causa del equilibrio de semejanzas y diferencias entre
el modelo y su objeto. La muñeca de una niña es un modelo de un ser humano. Posee las
características superficiales necesarias de un cuerpo humano.
En matemática y lógica se desarrollan sistemas abstractos de signos con diversos
propósitos. Estos signos pueden ser asociados a sistemas de objetos para otorgarles un significado.
Tales sistemas de objetos también son denominados ‘modelos’. La palabra ‘modelo’, tal como es
actualmente usada, abarca sistemas de objetos usados tanto para generar significado, esto es, para
interpretar, así como para representar. Afortunadamente, las principales categorías de la relación
entre el modelo y su objeto se expresan con diferentes preposiciones. Así, un autito de juguete es un
modelo de un auto real. El átomo de Niels Bohr es modelado sobre el sistema solar [el físico danés
Niels Bohr, Premio Nóbel de Física en 1922, propuso un modelo muy influyente de la estructura del
átomo en el cual los electrones forman órbitas alrededor del núcleo atómico de modo análogo a
como los planetas giran alrededor del sol; NdT]. Además, los números naturales funcionan como un
modelo para el cálculo lógico básico. Parte de nuestra tarea en esta sección de nuestros estudios es
adquirir una idea clara de los diferentes tipos y usos de los modelos en ciencia, como para que no
nos despistemos cuando nos enfoquemos en el tipo de construcción de modelos necesario para
construir una ciencia cognitiva.

Modelos en ciencia: una historia cuadriculada

Antes de poder comprender cómo se construyen las teorías, que refieren a estados inobservables de
cosas, y cómo se planifican los proyectos experimentales para investigarlas, necesitamos
adentrarnos más en la naturaleza, los usos y las fuentes de los modelos. El uso de los modelos fue
un foco de estudio central en la filosofía de la ciencia de fines de los años ’50 y comienzos de los
’60. Con la llegada del logicismo, esta práctica había sido relegada a la periferia por parte de una
nueva generación de filósofos de la ciencia, influenciados por el predominio del logicismo en

50
filosofía general. Por ejemplo, Hempel (1953) explícitamente asignó a los modelos un rol
secundario y meramente heurístico, mientras Popper (1961), aunque no discutía explícitamente los
modelos en sus principales trabajos sobre filosofía de la ciencia, los relegaba implícitamente a
aspectos meramente psicológicos del pensamiento científico. Sin embargo, en los últimos años la
cuestión de los modelos en ciencia ha nuevamente cobrado protagonismo.

La variedad de usos de la palabra ‘modelo’

El concepto de ‘modelo’ es ampliamente usado en la vida cotidiana en una gran variedad de


contextos. Por ejemplo, tenemos autitos a escala y otros juguetes realistas. Un autito comparte
ciertas características con un auto real, por ejemplo que generalmente tiene cuatro ruedas, mientras
hay diferencias obvias, tales como el tamaño y los equipamientos internos. Tanto el autito de
juguete como el auto real son objetos materiales. Luego, tenemos procedimientos modelo o ideales
que copiamos para aprender cómo hacer mejor algo. Por ejemplo, un profesor podría proveer a su
clase de respuestas modelo a preguntas de examen. Hay hombres y mujeres que se ganan la vida
como modelos, jugando el rol de figuras humanas idealizadas. Tenemos así modelos como
representaciones y modelos como idealizaciones.
Las ideas centrales en el uso corriente del término parecen ser las de modelo como
representación y modelo como ideal. Ambos usos de la palabra ‘modelo’ para objetos, reales o
imaginados, que pueden ser o bien análogos de otro objeto o bien formas idealizadas de alguna
clase de objeto, pueden encontrarse en las ciencias. Una vez que hayamos aprendido a ver el
pensamiento y la experimentación científicos como elaboración de modelos y utilización de
modelos, estaremos encaminados para resolver el problema aparentemente intratable de cómo
justificar que poseemos conocimiento confiable, aunque en principio revisable, sobre regiones del
mundo que no podemos observar.

51
Usos analítico y explicativo de los modelos

Objetos y fuentes

Otra distinción nos va a ayudar a comprender cómo los modelos vienen siendo usados en las
ciencias naturales. En los ejemplos discutidos hasta ahora tanto el modelo como su objeto han
estado disponibles para su inspección. De hecho, el objeto del modelo no era sino su fuente. El
verdadero Bugatti Tipo 33 sirve como la fuente de los atributos de un modelo a escala 1/72 de aquel
mismo auto. El grado de abstracción e idealización en la elaboración del modelo basada en su
objeto puede ser fácilmente constatado. En ciencia, los modelos basados en la identidad entre objeto
y fuente son extremadamente comunes, en tanto sirven para poner de manifiesto características
particulares de algún sistema bajo estudio. Por ejemplo, un modelo anatómico del cerebro se asienta
en los atributos discernibles del cerebro. Un planetario, esto es, un modelo a escala del sistema
solar, se asienta en las dimensiones, órbitas y velocidades conocidas de los planetas. Me referiré a
este tipo de construcción como un modelo analítico. Representa el resultado de un análisis y de un
ordenamiento de los atributos de algún sistema natural que es tanto la fuente como el objeto del
modelo.
Sin embargo, de una importancia incluso mayor para la ciencia, y en particular para el
programa realista en ciencia, son los modelos que tienen como objetos sistemas y estructuras
todavía no observados. ¿Cómo sabemos qué atributos otorgarle a un modelo de aquello que no
podemos percibir? La técnica consiste en abstraer a partir de, e idealizar, una fuente plausible. Por
ejemplo, nadie ha podido jamás observar directamente los componentes reales de un gas. El modelo
molecular representa aquellos componentes desconocidos. Arribamos al concepto de una molécula
por abstracción a partir de, y mediante un proceso de idealización de, las propiedades de objetos
materiales perceptibles. Las moléculas tienen masa, tienen peso y volumen, se desplazan a una
cierta velocidad a lo largo de trayectorias bien definidas, etcétera. Los modelos de este tipo juegan
un papel predominante en la elaboración de explicaciones científicas. Son la clave para el realismo,
en tanto que constituyen el principal dispositivo por el cual la imaginación disciplinada de los
científicos se aventura más allá de las fronteras de lo perceptible. Me referiré a este tipo de
construcción como un modelo explicativo.
En términos de la distinción entre objeto y fuente, la diferencia entre los dos tipos básicos
de modelos puede expresarse fácilmente: en los modelos analíticos la fuente y el objeto son los
mismos, mientras que en los modelos explicativos son generalmente diferentes.

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Modelos como idealizaciones de sus objetos: el papel analítico

Miremos con un poco más de detalle el modo en que arribamos a los modelos analíticos a partir de
sus fuentes, esto es, a la elaboración del tipo de modelo que es más común en biología, en geología
y en ingeniería. Un modelo en tanto que una versión de alguna entidad natural compleja es creado
por abstracción, esto es, ignorando algunos de sus aspectos, y por idealización, esto es, atenuando y
simplificando otros. Los museos de historia natural a veces exponen modelos que muestran un corte
transversal del entorno local, que revela los estratos geológicos debajo de la superficie, separados
por delgados y nítidos bordes, y con cada estrato uniformemente coloreado. Tomadas en conjunto,
la abstracción (no hace falta reproducir cada detalle de un estrato en el modelo geológico) y la
idealización (no hace falta reproducir cada curvatura y cada grieta de los bordes de los estratos en el
modelo) llevan a una simplificación del estado natural de cosas en el modelo que lo representa. Esto
puede tener un gran valor práctico, tanto para la enseñanza de la geología como para desarrollar
programas experimentales, explicaciones teóricas y demás en la ciencia geológica. Cuando los
detalles que oscurecen son purgados entonces emergen patrones.
En la terminología del último apartado, podemos caracterizar estos modelos por el hecho de
que sus fuentes son las mismas que sus objetos. En el caso anterior, los estratos geológicos debajo
de un terreno son la fuente y el objeto del modelo. Estos modelos son representaciones útiles de
aquello que es conocido, a pesar de que son, de algún modo, conservadores al no ir más allá del
límite de lo observable. Así y todo, logran arrojar nuevos insights. Pueden incluso jugar un papel en
las explicaciones de la naturaleza del terreno tal como lo observamos.
Algunos modelos analíticos son tales que su fuente y objeto son el mismo; hemos discutido
algunos ejemplos más arriba. Sin embargo, a veces también se da el caso de que un modelo
analítico poderoso puede ser ideado bajo la inspiración de una fuente diferente de su objeto. Por
ejemplo, uno de los modelos analíticos más poderosos en uso en la psicología social es el modelo
teatral retomado por Erving Goffman (1969) [sociólogo canadiense considerado el padre de la
microsociología, esto es, el estudio de las relaciones sociales humanas en escala reducida; NdT]. Al
usar ese modelo, la fuente, una puesta en escena, no es la misma situación social que el objeto del
análisis de Goffman: un restaurante, el consultorio de un médico o el vestíbulo de un banco. En este
caso, los conceptos propios del teatro se recuperan para iluminar aspectos de estas escenas
familiares.

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Modelos como representaciones de lo desconocido: el papel explicativo

El positivista pregunta: ¿cómo podríamos crear una representación de aspectos de regiones del
mundo a las que no tenemos acceso por medio de observaciones ni experimentación directa de las
mismas entidades que las pueblan? Podemos sentir calor pero no podemos observar, aun armados
de los microscopios más poderosos, los movimientos moleculares que causan esa sensación. En el
mejor de los casos, podemos observar el movimiento browniano aleatorio de las partículas visibles
suspendidas en un líquido [movimiento aleatorio que se observa en algunas partículas
microscópicas que se hallan en un medio fluido; NdT]. Este fenómeno es explicado más claramente
como el efecto del choque de las partículas visibles por parte de partículas invisibles en
movimiento. ¿De dónde proviene la idea de estas partículas? El realista responde a la tesis de que
las moléculas son inadmisibles en tanto que inobservables señalando que, aunque no podamos
percibir estos estados del mundo, podemos imaginarlos. Sin embargo, no cualquier fantasía sobre lo
imperceptiblemente pequeño será admitida. La imaginación tiene que ser constreñida por lo que, en
las comunidades científicas, sean consideradas entidades plausibles para aquel dominio. ¿Qué mejor
manera de constreñir la imaginación que la de construir modelos para representar aquello que aún
no podemos percibir?
¿Cómo podría un científico construir un modelo de algo hasta el momento desconocido? La
posibilidad de lograrlo se sigue del hecho de que un modelo de un objeto desconocido puede
construirse a partir de alguna fuente diferente de ese objeto. Supongamos que me imagino a mí
mismo en el lugar de Benjamin Franklin [además de ser un personaje clave en el proceso que
condujo a la independencia de las colonias británicas de América, Franklin formuló en el año 1752
una teoría de la electricidad que la consideraba un fluido invisible cuyo exceso o defecto
determinaba respectivamente la carga positiva o bien negativa de un cuerpo cualquiera; NdT]. No
sé cómo la electricidad se propaga por un conductor, aunque sé a partir de las lecturas de mis
instrumentos que de hecho lo hace. Sé que el agua fluye a través de conductos, y tengo medidores
que registran el caudal y la presión. Invento un modelo de la propagación de la electricidad
imaginada como un fluido. Ideo mi concepción del fluido eléctrico, no abstrayendo a partir de los
fenómenos eléctricos sino basándome en el flujo de agua a través de un conducto en tanto que
proceso análogo al flujo de electricidad a través de un conductor. Este salto de la imaginación fue
expresado con el uso de la metáfora: ‘La electricidad es un fluido’. Aquí encontramos el corazón
mismo de la creatividad científica, la caldera en la que las teorías son forjadas.

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El esquema que subyace sería algo como lo siguiente:

1 Observado. Un proceso desconocido, P, produce un cierto tipo de fenómeno observable, O.


2 Imaginado. Un modelo icónico, M, de P ‘produce’ un cierto tipo de ‘fenómeno observable’, ‘O’.
3 Si ‘O’ es una buena imitación de O, y M es plausible ontológicamente, como un existente posible
que se diese en el lugar de P, podemos decir que M representa P más o menos fielmente.

Los modelos evolucionan y se desarrollan en la medida en que los programas de


investigación continúan. A veces, consideraciones teóricas conducen a cambios en los modelos
operantes en el corazón de una secuencia de teorías; a veces, un modelo se modifica para
acomodarse a nuevos resultados experimentales. A éstos, a su vez, se los interpreta dentro del
modelo recientemente evolucionado. Un ejemplo espléndido de una evolución tal se encuentra en la
secuencia de formulaciones progresivamente más refinadas de la ley general de los gases, que
‘rastrea’, por así decir, el desarrollo de la concepción de la molécula de gas como un modelo de los
constituyentes desconocidos de los gases. Comienza con la simple fórmula que aprendemos en la
escuela: PV = RT [ley de Boyle, según la cual la presión, P, es inversamente proporcional al
volumen, V, si la temperatura, T, y la masa del gas, R, permanecen constantes; NdT]. Esta simple
ley es representada por un simple modelo de la molécula como un mero punto. Con el
enriquecimiento del modelo que le otorga volumen a las ‘moléculas’ (‘b’ en la fórmula revisada),
obtenemos P(V-b) = RT. Se sucedieron ulteriores enriquecimientos que condujeron a formulaciones
de la ley más complejas pero más precisas observacionalmente.
Sin embargo, cuando nos ponemos a examinar el pensamiento científico tal como se da de
hecho encontramos que los modelos en ciencia son constreñidos no sólo por la referencia a los
fenómenos que ayudan a explicar sino también por la referencia a la fuente de la que se derivan.
Así, el modelo molecular da significado a fórmulas tales como PV = RT en tanto que ley del
comportamiento de los gases, debido a que puede ser equiparada con una ‘ley’ que describa el
comportamiento imaginado de las moléculas de gas, concebidas como diminutos objetos materiales.
La ley de las moléculas es pv = 1/3 nmc2. El modelo cobra su plausibilidad como buena
representación de los constituyentes desconocidos de los gases no sólo a partir de la precisión de su
representación de los resultados experimentales sino también del hecho de que las moléculas son
modeladas sobre la base de las propiedades conocidas de las ‘partículas newtonianas’ en
movimiento. Ya sabemos que existen instancias de esta clase general de cosa.
Un modelo científico provee un recurso para una cierta prescripción a la que un objeto,
atributo, estado, sustancia o estructura deben aproximadamente ajustarse. Si hemos desarrollado un

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modelo microbiológico para entender enfermedades no microbianas tales como la gripe, entonces
ese modelo servirá como recurso para prescribir los criterios para afirmar haber exitosamente
descubierto la causa material de la gripe, a saber, este virus.

Teorías y modelos

Comencemos con algunos ejemplos para ilustrar cómo los modelos han sido usados como el núcleo
de las teorías. La exposición de Darwin de su teoría de la selección natural puede verse tanto como
una prescripción provista por un modelo para entender la historia de los seres vivientes así como
también como una hipótesis sobre el proceso principal por el cual esa historia se produjo.
Darwin (1859) presenta su razonamiento en los primeros capítulos de On the Origin of
Species [Sobre el Origen de las Especies]. Comienza con una discusión de los conceptos de
‘especie’ y ‘variaciones’. La misma está dirigida a cuestionar las diferencias tradicionales en el
modo en que estos conceptos han sido usados. Se suponía que las especies eran inmutables, por lo
que todos los cambios en las formas orgánicas eran minimizados en cuanto que meras variaciones.
Luego, Darwin describe cómo los granjeros y jardineros producen nuevas especies de animales y
plantas. Usan el método de la reproducción selectiva por el que se les permite reproducirse sólo a
aquellos especimenes que exhiben el atributo deseado por el ganadero. De esa manera, se generan
nuevas formas animales y vegetales. Quizás sólo haya variaciones dentro de cada especie. Sin
embargo, si la distinción entre especies y variaciones no es absoluta es posible que una cantidad
suficiente de pequeños cambios pueda conducir, después de muchas generaciones, a una población
que constituya una nueva especie.
Ésa es la selección doméstica. ¿Qué pasa en la naturaleza? Del mismo modo en que existen
variaciones en cada generación en la granja y en el jardín que son explotadas por el ganadero, así
también existen variaciones en la naturaleza. Si éstas terminarán conduciendo a cambios en los
atributos de generaciones subsiguientes, debe haber diferencias en las tasas de reproducción de los
individuos con características favorecidas, por un lado, y menos favorecidas, por el otro. Debe
haber selección natural. El modelo para la naturaleza es la granja. Los animales y las plantas mejor
adaptados se reproducen más rápidamente, y un número mayor de sus descendientes sobrevive. Este
mecanismo coincide con el modo en que un granjero o un jardinero producen nuevas especies
controlando la reproducción de los organismos. Mediante la construcción de un modelo, hemos
logrado crear una imagen de un proceso que, a causa de su largo alcance en el tiempo y el espacio,
no habríamos podido observar ni en lo que duran cien vidas humanas. Para completar la teoría,

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Darwin mostró cómo las fuerzas naturales podían jugar el papel del ganadero que controla las tasas
de reproducción, aunque sin ninguna intención de hacerlo.
Cuando Niels Bohr intentaba imaginarse la estructura interna de los átomos, una estructura
que le permitiría dar cuenta del modo en que elementos diferentes emitían patrones diferentes de
líneas espectrales, comenzó a pensar en el patrón de núcleo pesado y electrones ligeros como si los
electrones orbitaran el núcleo atómico del mismo modo en que los planetas orbitan el sol. Incluso
los denominó electrones ‘planetarios’. Así como Darwin tuvo que inventar libremente algunos
aspectos de su mecanismo que no estaban disponibles en el modelo principal, Bohr también lo hizo.
Pensó en los electrones como si saltasen de órbita en órbita en la medida en que absorbían y emitían
energía en cantidades determinadas, los quanta. Estos saltos eran discontinuos por lo que el espectro
de la luz emitida también era discontinuo, de acuerdo con las características conocidas de los
espectros de los elementos. El modelo principal tenía aun más características útiles. Por ejemplo, se
podía imaginar que los electrones giraban sobre sus ejes, algunos en un sentido y otros en otro.
El discurso teórico no es, en una primera instancia, un intento (aventurado y
subdeterminado4) de describir aspectos del mundo natural que no podemos percibir, como el baile
de las moléculas o el interior de los agujeros negros, sino como instrucciones para elaborar modelos
de esos aspectos. La teoría cinética de los gases, interpretada de este modo, se presenta como un
conjunto de instrucciones para elaborar una secuencia progresiva de modelos de los gases de
manera que el comportamiento de unas muestras de gas sea simulado por el comportamiento del
modelo.

Los fundamentos cognitivos de la construcción de modelos

¿Cuál es el proceso cognitivo subyacente del que dependen estos ejemplos de la construcción de
modelos en tanto que razonamiento concreto? ¿Tienen un formato general común? Durante los años
’50 la respuesta preferida estaba basada en la relación de analogía entre un modelo y su fuente y
entre un modelo y su objeto. Los modelos eran evaluados mediante una comparación equilibrada

4
El autor usa aquí el término técnico ‘subdeterminado’ propuesto por el filósofo de la ciencia W. V. O.
Quine: se dice que dos hipótesis rivales están subdeterminadas para explicar un mismo hecho cuando son
igualmente consistentes con la evidencia disponible. En este caso, el autor pretende aludir meramente a lo que
el discurso teórico no es (o no debería ser): una incursión especulativa poco informada por los datos
observacionales y experimentales disponibles o pasibles de ser recabados (NdT).

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entre similitudes y diferencias respecto del ámbito de las propiedades asignadas al modelo y
aquellas atribuidas a la fuente y al objeto.
Hay dos grandes problemas con esta propuesta. Debido a que dos entidades cualesquiera
difieren y se asemejan entre ellas de una innumerable cantidad de maneras distintas, ¿cómo
elegimos cuáles de estas maneras son relevantes para la evaluación de un modelo en tanto que
representación de su objeto? Aun habiendo resuelto esto, permanece el problema de determinar
cómo debieran ordenarse los modelos por grado de verosimilitud. Dos modelos podrían representar
niveles o grados muy similares de relación con un objeto común. ¿Cómo ha de elegirse entre ellos?
Se ha sugerido que adoptemos una concepción más profunda de los procesos cognitivos
subyacentes a la construcción y el uso de modelos. Esta es la idea de la jerarquía de clases. Veremos
que esta propuesta evita las dificultades en las que cae la explicación centrada en la simple analogía.
Al mismo tiempo da cuenta del hecho de que los modelos, una vez construidos, son análogos de las
fuentes y los objetos.

Procesos cognitivos de la elaboración de modelos

Como aprendimos en la Sección 1 de este capítulo, una taxonomía, o sistema clasificatorio, consiste
de una jerarquía de clases, relacionadas ‘verticalmente’ como subclases y superclases. Así, ‘felino’
es una superclase relativa a ‘gato’, ‘león’ y ‘tigre’, que son algunas de sus subclases.
Aronson (1991), Way (1992) y otros han retomado la idea de que la construcción de
modelos se base en encontrar subclases, dentro de una jerarquía de clases existente, una de las
cuales es la fuente del modelo y la otra su objeto. La creación del modelo por abstracción e
idealización de atributos a partir de la fuente crea a su vez otra subclase en el mismo nivel de la
jerarquía de clases. De modo similar, el objeto del modelo se ubica en un lugar como otra subclase
en la misma zona en la jerarquía de clases.
Es a causa de que el modelo molecular de los constituyentes de los gases es concebido
como ejemplo de una subclase de la superclase <partícula newtoniana> que hay una relación de
similitud entre la clase molécula y la clase bola de billar, ya que esta última es también una subclase
de la misma superclase. El que las moléculas y las bolas de billar sean análogas en ciertos aspectos
es una consecuencia de su ubicación en la jerarquía de clases en uso para esta rama de la física. En
relación con otra jerarquía de clases, por caso la del equipamiento para deportes, podría pensarse
que no son análogas en absoluto. En el mundo de Darwin,’naturaleza’ es una subclase de la misma
superclase que ‘granja’. Las similitudes relevantes incluyen ‘ser un espacio para la reproducción’.

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Este insight tiene una profunda consecuencia en el modo de entender las analogías en
general. No se ve una clase de entidad como análoga a otra y luego se las ve a ambas como
ejemplos de la misma superclase. Es más bien porque ellas ejemplifican la misma superclase que
son análogas. ¿Por qué esto es así? Porque es la estructura de la jerarquía de clases que fija la
relevancia o irrelevancia de los atributos de las entidades reales o imaginadas que debieran
mantener relaciones de analogía. No hay un problema con respecto a la relevancia.

Los orígenes de las jerarquías de clases

El segundo punto importante concierne los orígenes de las jerarquías de clases. Creo que, si
tuviésemos que rastrear el desarrollo de cualquiera de las jerarquías relevantes para el trabajo de
construcción de modelos, encontraríamos un sistema clasificatorio inicialmente tosco y tentativo.
Éste se consolidaría gradualmente en la medida en que fuese puesto en uso, sufriendo todo tipo de
transformación al tiempo que nuevos ítems fuesen descubiertos y amalgamados a la estructura.
Siempre y cuando no nos viéramos tentados a cristalizar muy tempranamente las relaciones de la
jerarquía operante dentro de una lógica rígida de condiciones necesarias y suficientes, aquella
conservaría su fluidez y su carácter dinámico.5
En lo que hace al razonamiento analógico, el problema de cuáles de las similitudes y
diferencias son preeminentes o relevantes se resuelve atendiendo a las relaciones ‘verticales’ en la
jerarquía relevante de clases y con las relaciones de comparación ‘horizontales’ determinadas por su
pertenencia a superclases. Esto no significa que las comparaciones en base a similitud y diferencia
no jueguen rol alguno en el desarrollo cognitivo de las ciencias. De hecho, en las etapas tempranas
de la formación de una jerarquía de clases, las relaciones entre ellas se construyen justamente
porque se advierten las similitudes y las diferencias en relación con algún proyecto al momento
emprendido. En efecto, aun en los usos más sofisticados de tales jerarquías, el propósito de la
relación superclase–subclase es fijar cuales similitudes y diferencias debieran ser atendidas para
construir y evaluar los modelos.

5
Ambos puntos son tomados de Way (1992).

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Jerarquías de clases y modelos

Para que un modelo pueda estar en una relación representacional con aquello de lo cual es un
modelo, tanto el modelo como el objeto deben ser miembros de la misma jerarquía de clases. Su
relación – por ejemplo, que el modelo sea un análogo de su objeto – estará determinada por lo que
cada uno herede de la superclase común más baja de la que sean parte en la jerarquía de clases. Por
ejemplo, la Figura 3.3 es una jerarquía de clases de objetos materiales. Si queremos construir un
modelo para una nueva clase de entidad material, deberemos encontrar un lugar para ella en esta
jerarquía. Una vez que ese lugar ha sido establecido, todo lo demás se sigue, ya que el modelo
heredará todas las propiedades de la superclase a la que pertenece, y lo mismo para todas las demás
clases de entidades que también pertenecen a ella.

Figura 3.3
Jerarquía de clases de
los objetos materiales

Objeto material

Rígido: Newtoniano Blando: Cartesiano

Bola de billar Modelo molecular Constituyente real del gas, etc. Gotitas de agua, etc.

Evaluación de los modelos

Podemos ahora decir algo sobre el fundamento de los juicios sobre el valor científico de este y
aquel modelo.

Para analizar estados y procesos observables

Cuando usamos modelos analíticos para revelar las estructuras y los procesos de los fenómenos
observables que de otro modo serían demasiado oscuros, demasiado complejos o demasiado
fugaces para que se los pueda trabajar científicamente, hacemos uso de ciertos estándares para
evaluar el modelo que está siendo utilizado. Los dos más importantes son la claridad y la fertilidad.

60
Ambos son tan propios del sentido común que sólo necesitamos considerar algunos ejemplos para
entenderlos. La claridad no debe confundirse con la simplicidad. El uso de la puesta en escena y de
la actuación de una obra es un conocido modelo analítico en psicología social. No es simple, pero
permite identificar claramente aspectos de episodios sociales, tales como roles, vestimentas,
escenarios y escenas. La fertilidad es simplemente el poder del modelo analítico de permitir al
usuario ver relaciones que podrían haber sido oscurecidas por un exceso de detalle en el fenómeno
original. Por ejemplo, un modelo del hipocampo como una red neuronal de tres capas le permite al
neuropsicólogo ver relaciones entre las capas que no son claramente visibles incluso en los estudios
anatómicos más detallados, reconstruido con la ayuda de modelos conexionistas o de redes
neuronales [los modelos conexionistas o redes neuronales artificiales surgieron inicialmente como
un programa de investigación en el seno de la inteligencia artificial y son hoy muy difundidos como
un conjunto de técnicas de modelado en las neurociencias y las ciencias del comportamiento; NdT].
Los modelos analíticos no tienen pretensiones de poderes independientes de representación. Son un
tipo de modelo heurístico, útil pero no científicamente creativo.

Para proveer representaciones plausibles de realidades posibles

Esta cualidad de un modelo puede ser evaluada estudiando su relación con ejemplificaciones de
otras subclases que son instanciadas en el mundo accesible a los seres humanos. Las moléculas son
como mínimo ontológicamente plausibles como representación de los constituyentes reales de los
gases debido a que las bolas de billar son ejemplificaciones de una subclase de la misma superclase
común en el mundo común de la experiencia ordinaria. Además, no sólo las bolas de billar sino
también las partículas de polvo, las balas de cañón, los granos de arena y otros objetos similares
pertenecen a la superclase newtoniana en la jerarquía general de las clases de objetos materiales.
Así ubicados, ejemplifican una variedad de relaciones de similitud uno respecto de otro y respecto
de la molécula. Ya que sabemos que las bolas de billar y las partículas de polvo existen, las
moléculas que se les asemejan de varias maneras son candidatas plausibles para constituir buenas
representaciones de los constituyentes reales de los gases.
Esto abre la posibilidad para un concepto diferente de verdad aplicado a las teorías
científicas, un concepto basado en la plausibilidad de los modelos relevantes. Podríamos
denominarla ‘verdad icónica’, la verdad de las imágenes en tanto que opuesta a la verdad de los
enunciados, las presentaciones verbales de los hechos.

61
La verdad icónica obviamente admite grados. Desde dentro del marco de algún estándar
consensuado de semejanza o similitud, se le puede dar sentido a la pregunta por una mejor o peor
representación. La pregunta tiene muchos niveles. ¿Es la pintura P un buen retrato de A? Es decir,
dada la persona, ¿en qué medida la pintura logra captar alguna semejanza? En el caso de imágenes
de una persona creadas por medio de técnicas de identikit o fotofit [técnicas de dibujo,
respectivamente a mano y computarizado, esta última realizada a partir de fotos de partes del rostro
humano, generalmente usadas por la policía para reconstruir el rostro de un sospechoso a partir de
las descripciones brindadas por los testigos de un crimen; NdT], debemos encontrar un sujeto que
esté en la misma relación con respecto a ellas de la que tiene un retrato con respecto a su modelo 6.
Es decir, dada la imagen, ¿podemos encontrar una persona que se ajuste a ella? En ambos casos,
estamos familiarizados con la idea de ‘ser fiel al objeto’ [‘being true to the subject’]. La verdad
icónica en ciencia es algo así.
La verdad icónica es sensible al contexto. La pregunta por los grados de semejanza surge
únicamente en relación con aplicaciones determinadas. Un retratista que trabaje para la policía
puede verse tan cautivado por las cualidades estéticas de un identikit hasta el punto de llevarlo a su
casa y enmarcarlo en la pared de la sala de estar. El grado de semejanza con el criminal que el
dibujo originalmente debía representar es ahora irrelevante.
Si el comportamiento de un modelo simula el del proceso o mecanismo que intenta
representar pero, con todo, es ontológicamente improbable, esto es, la clase equivocada de entidad
si la imagináramos inserta en el lugar del proceso real, entonces decimos que tenemos un modelo
meramente heurístico.

Dispositivos experimentales como modelos de mundo

La segunda aplicación principal de la recientemente recuperada noción de modelo tiene que ver con
el rol y la naturaleza de los experimentos como fuente de conocimiento. En la discusión hasta el
momento hemos estado pensando en los modelos principalmente como el producto de la
imaginación disciplinada. Sin embargo, si volvemos a considerar el modo en que el concepto de
modelo fue introducido, muchos de los ejemplos trataban sobre modelos en tanto que objetos reales

6
Aquí el sentido de ‘modelo’ es el de alguien que posa para un pintor, no el que se estuvo usando hasta el
momento (NdT).

62
en sí mismos. Los modelos pueden ser también obra de ingenieros, técnicos de laboratorio o
fabricantes de instrumentos. Manipular estos aparatos es experimentar con un modelo de mundo.
Distintos dispositivos7 pueden verse como modelos de mecanismos, procesos o entornos
naturales: la Naturaleza domesticada. En el contexto del laboratorio, creamos una versión
simplificada de una determinada situación natural. Los dispositivos son un modelo de esa situación
porque tanto el dispositivo como el sitio natural del proceso bajo estudio son subclases de la misma
superclase. Nos aseguramos de esto siguiendo las instrucciones para construir los dispositivos en
tanto que análogos del escenario natural. En consecuencia, dispositivo y escenario natural
comparten todo lo que hayan heredado de la superclase común. Llevar a cabo el experimento es
crear un modelo del proceso natural.
Tomemos dos simples casos para ilustrar esta tesis de la ‘domesticación’. Se mezclan dos
partes de hidrógeno y una de oxígeno en un tubo de vidrio resistente, con electrodos fijados al
vidrio [el autor describe aquí el eudiómetro, un aparato formado por un tubo de vidrio en el que se
hacen reaccionar los gases por acción de una chispa eléctrica; NdT]. Cuando se produce una chispa,
hay una pequeña explosión y aparecen unas gotitas de agua en el interior del tubo. Podríamos decir
que aquí tenemos una versión domesticada de la mezcla de primigenias nubes de gas en la
atmósfera de un planeta en las etapas tempranas de su desarrollo, así como también el efecto del
destello de un relámpago. Por otro lado, podríamos tomar un simple experimento en calorimetría
[rama de las ciencias físico-químicas que se ocupa de medir las propiedades térmicas específicas en
las reacciones químicas y los cambios físicos, a través del uso de un calorímetro, instrumento que
generalmente consiste de un recipiente aislado lleno de agua, un mecanismo para remover el agua y
un termómetro; NdT]. Enfriamos un calorímetro lleno de agua hasta 0º C. El agua comienza a
congelarse. Enfriamos otro calorímetro que contenga una solución de agua y sal, la cual a los –4º C
aún no se ha congelado. En este caso podríamos decir que hemos domesticado una porción de mar.
Ahora podemos entender cómo se forman las banquisas. El eudiómetro es un modelo de algún
aspecto del estado primigenio del universo, mientras que el calorímetro es un modelo del mar. En
tanto que subclases de las superclases relevantes, el modelo y su objeto heredan las mismas
propiedades. Lo que aprendamos al manipular el modelo, podemos luego reconducirlo hacia nuestro
conocimiento de su objeto. […]

7
Harré usa la palabra ‘apparatus’ (traducida aquí con el plural ‘dispositivos’ o ‘dispositivos experimentales’)
que refiere a todo el conjunto de instrumentos usados para hacer experimentos en ciencia (NdT).

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Ulteriores usos del modelado

Pruebas de existencia: los modelos como guías para explorar el mundo

La ciencia puede ampliar o reducir los límites de la umwelt humana. Dado que los modelos son a
menudo confeccionados para representar aquello que no podemos percibir, ¿cómo podemos evaluar
si una representación de este tipo está a la altura de los estándares de la verdad icónica, esto es, una
gran semejanza? ¿Qué hace falta para justificar una representación o modelo científico construido
de acuerdo a las prescripciones de la teoría tomada como manual de instrucciones?
Obviamente, la exhibición pública de aquello que el modelo pretende representar, en caso
de que esto sea posible, le permitirá ver a todo aquel que se interese cuan fuerte o débil es la
semejanza. Las exhibiciones de este tipo son pruebas de existencia. Pueden ser introducidas por un
gesto que llame la atención sobre algo a ser tenido en cuenta con exclamaciones como ‘¡Miren
esto!’ o ‘¡Voilà!’. Veamos algunos ejemplos de pruebas de existencia.

1 Cuando la entidad bajo estudio sea, en caso de existir, perceptible sin ayuda de equipamientos
especiales. Actualmente, nuestra confianza en la existencia de planetas alrededor de otras estrellas
se asienta en métodos bastante abstrusos para la elaboración de modelos mediante inferencias a
partir del efecto de los supuestos planetas sobre el movimiento de las estrellas. Envíen al
Enterprise con Jim y Spock y ahí lo tendrán: el planeta similar a la Tierra Alpha Centaurus [el
autor hace irónicamente referencia a la popular serie televisiva de ciencia ficción Star Trek; NdT].
2 En nuestros libros de texto de la escuela aprendemos a pensar con el modelo de la electricidad
como electrones. El modelo se torna mucho más plausible, por lo menos para mí, con
experimentos tales como el de la cámara de niebla de Wilson.. En ese aparato, los electrones en
movimiento dejan rastros visibles en la medida en que ionizan el vapor en la cámara. Se sostiene
que los electrones son responsables de los anillos concéntricos que aparecen en las placas
fotográficas expuestas a haces de electrones. De este y otros modos, los electrones fueron puestos
de manifiesto. ¿Cómo sabía Wilson que lo que había puesto de manifiesto eran electrones? El
modelo de Thomson proveía los criterios para reconocerlos. En aquel momento, el modelo para lo
que sea que fuese un electrón era el de una partícula material con carga. Éste era justamente el
tipo apropiado de objeto que podía ionizar el vapor en una cámara de niebla y dejar así un rastro.

64
Eficacia manipulativa: los modelos como guías para la práctica

Las técnicas experimentales descriptas arriba dependen de los modelos prescriptos por la teoría. Si
las teorías son tomadas como instrucciones para construir modelos, luego el estatus de las teorías es
sencillamente el estatus de los modelos que podamos crear a partir de ellas. Hemos visto el rol clave
de las jerarquías de clases en las evaluaciones de la plausibilidad de los modelos en tanto que
simulacros de objetos reales. La jerarquía de clases dentro de la que el modelo central de una teoría
encuentra un lugar es el mecanismo más poderoso mediante el cual podemos evaluar la
plausibilidad ontológica y confirmar el valor de la teoría (o modelo) para la regulación de la
investigación. Por ejemplo, constatar que la hipótesis que postula un proceso natural de especiación
[en biología, conjunto de mecanismos por el que se originan nuevas especies; NdT] por selección
podía encontrar un lugar en una jerarquía de clases de los modos de reproducción selectiva le otorgó
una plausibilidad inmediata, suficiente para garantizar su rol como el fundamento de las más
recientes teorías sobre el origen de las especies.
Estrechamente relacionada con la plausibilidad ontológica, encontramos la eficacia
manipulativa. Si un modelo es suficientemente similar a su objeto como para que las
manipulaciones efectuadas sobre el análogo del mundo real por referencia al modelo sean exitosas,
entonces en la misma medida el modelo se perfila como una representación de algo real. En el
Capítulo 2, resaltamos la importancia de los experimentos á la Boyle. Recordemos que Boyle ponía
en práctica el principio de que las causas mecánicas sólo pueden tener efectos mecánicos. Si la
manipulación mecánica provoca un cambio en una propiedad observable y no mecánica de algo,
digamos, su color, entonces de hecho una propiedad mecánica inobservable ha sido alterada. Un
efecto mecánico inobservable nos lleva a experimentar una propiedad observable diferente de la que
habíamos observado anteriormente. Sin embargo, ¿por qué es éste el menor grado posible? Lo es
porque la manipulación fue diseñada y su ejecución planeada de acuerdo con un modelo
corpuscular de la constitución interna de la materia. El hecho de que la manipulación tiene una
probabilidad de éxito mayor que el azar constituye ciertamente un respaldo para la técnica de
imaginar la estructura de la materia de acuerdo con el modelo corpuscularista.

65
Tópico de aprendizaje: 2. Elaboración de modelos

Principio general: el pensamiento científico consiste en elaborar y usar modelos

1 Un modelo es una representación real o imaginaria de un sistema real, para algún propósito
determinado.
2 Distinciones básicas:
a) El objeto de un modelo es aquello de lo que M es un modelo.
b) La fuente de un modelo es aquello sobre lo que M es modelado.
i) En el caso de modelos analíticos o descriptivos, la fuente R coincide con el objeto O.
ii) En el caso de modelos explicativos, la fuente R difiere del objeto O.
N.B. De este modo, un modelo explicativo puede llegar más allá de los que ya es observable
para representar aquello que aún no puede ser observado.
3 Funciones básicas:
a) Los modelos descriptivos permiten estudiar procesos y estructuras complejos o remotos de
una forma accesible.
b) Los modelos explicativos permiten construir hipótesis sobre procesos y estructuras
inobservables que pueden ser usadas para explicar fenómenos observables.
Por ejemplo, Darwin usó la agricultura, y la selección doméstica para crear nuevas especies,
como una fuente para desarrollar su concepto teórico de selección natural a los fines de
explicar el surgimiento de nuevas especies.
4 La lógica subyacente al uso de modelos es la analogía: patrones de semejanzas y diferencias
entre modelo y fuente/objeto.
5 El uso de la analogía presupone que modelo, fuente y objeto son subclases de la misma
superclase dentro de una jerarquía de clases. Están vinculadas entre ellas por medio de la
relación de herencia. Así, la selección doméstica y la selección natural son subclases de la
superclase reproducción selectiva.

Conclusión

Sólo en la relación modelo-a-mundo tenemos una confrontación entre dos entidades que comparten
el mismo modo de ser, a saber, objetos o representaciones de objetos. Esta es la razón de por qué las

66
pruebas de existencia son tan importantes en ciencia. Éstas confrontan un modelo con aquello que
representa. Son como ese momento en el que la policía reconoce un sospechoso cuya apariencia
coincide con la del identikit. La construcción de un modelo permite desarrollar un conjunto de
procedimientos para ‘poner de manifiesto’ algún aspecto hasta el momento no observado de la
Naturaleza.
Parece que en el corazón del quehacer científico hay un repertorio cambiante de prácticas,
modos de hacer las cosas, a través de las cuales el mundo se hace manifiesto para los seres
humanos. Hemos denominado aquella región del mundo que está a nuestro alcance nuestra
‘umwelt’, tomando prestada una útil expresión de la biología. Hay en efecto una umwelt humana,
pero está continuamente modificando sus confines en la medida en que se inventan nuevos modos
de actuar en el mundo y se desarrollan nuevos modos de pensar sobre él.
Podemos vernos tentados a pensar que esas regiones del mundo que están actualmente fuera
de la umwelt son concretas y determinadas, y que están ahí, simplemente esperando ser encontradas,
así como los fenómenos que encontremos dentro de ellas. La vieja idea de experimento concebía los
dispositivos como si fuesen transparentes, revelando la Naturaleza tal como es. En efecto, el
microscopio es una clase de dispositivo más o menos de este tipo, aunque debemos aprender a
interpretar lo que vemos. Sin embargo, cuando penetramos más profundamente en la Naturaleza, los
experimentos toman un cariz diferente.
A la luz de este análisis, ¿qué puede decirse sobre el mundo más allá de los confines de la
umwelt? Solamente podemos pensar en él como si fuese un campo de posibilidades indeterminadas.
Digo indeterminadas porque, sin una especificación de los dispositivos o el tipo de técnica
experimental con los que nosotros los seres humanos forzamos al mundo para que se manifieste,
desplegando sus fenómenos, no podemos darle ningún carácter determinado. Adentrarnos en el
mundo expandiendo nuestra umwelt no es como buscar oro que ya está ahí en la tierra, esperando
ser encontrado. Es más bien como drenar un pantano. Antes del drenaje, no puede decirse que ya
había un prado allí debajo. Tampoco puede decirse que existía la posibilidad de uno. Más bien, sólo
cuando se lo liga a un sistema de drenaje, un pantano hace posible un prado.
Las ciencias naturales se asientan sobre dos principios fundamentales. Los fenómenos
dentro de un dominio de interés integran grupos de clases y tipos naturales. Esta afirmación está
justificada por el modo en que podemos usar postulaciones teóricamente sustentadas de esencias
reales, para apoyar los intentos de representar distinciones reales en la Naturaleza mediante esencias
nominales. Los modelos analíticos, algunos de los cuales pueden incluso ser construidos en la mesa
de laboratorio a la manera de dispositivos, logran extraer patrones a partir de un dominio confuso de
fenómenos. La construcción de modelos que permitan operar sobre ciertos aspectos de regiones

67
inobservables del mundo no sólo brinda conjeturas bien fundadas sobre las esencias reales sino que
también ofrece insights hacia las clases de mecanismos causales inobservables que producen los
fenómenos de algún dominio que haya llamado la atención de los científicos. La estructura
cognitiva subyacente, que sostiene tanto las afirmaciones sobre las esencias como los
procedimientos para la construcción de modelos, es una red de jerarquías de clases en continua
renovación.
La filosofía es el estudio de los presupuestos. Al reflexionar sobre los usos de los modelos y
los modelos en uso, ponemos de manifiesto las fuentes que están presupuestas en la teorización
científica.
¿Podemos desarrollar la psicología cognitiva de modo tal de que pueda enfrentar el reto de
cumplir con los requisitos de una ciencia, como los que llegaron a establecerse para las ciencias
naturales?
¿Qué ha sucedido con las leyes de la Naturaleza? Se pensó alguna vez que estaban en el
corazón mismo del éxito científico. Podemos ver ahora cuan superficial es el rol que cumplen. Las
leyes de la Naturaleza son a veces no más que registros de relaciones conceptuales involucradas en
un sistema clasificatorio. A veces son descripciones de cómo funcionan los modelos, tanto
analíticos como explicativos.
He aquí dos ejemplos del primer tipo, uno perteneciente a las ciencias naturales y otro a la
psicología:

Todos los átomos de halógeno poseen siete electrones en la capa electrónica externa.
Todas las acciones humanas deliberadas son acompañadas por una intención.

He aquí dos ejemplos del segundo tipo, uno perteneciente a las ciencias naturales y otro a la
psicología:

La distribución de las velocidades moleculares en una muestra aislada de gas concuerda con una ley
de la raíz cuadrada del valor medio del cuadrado.
La información en un primer momento es guardada en la memoria de corto plazo.

¡Debería ser fácil ver que cada ejemplo es acompañado en el pensamiento por la presencia
fantasmal de un modelo que lo dota de sentido!

68
La construcción del sujeto
Orígenes históricos de la investigación psicológica

Kurt Danziger
Universidad de York

Prólogo

Los estudios históricos de las ciencias tienden a adoptar uno de dos puntos de vista bastante
divergentes. Uno de ellos, típicamente mira los desarrollos históricos en una disciplina desde el interior.
Esto es apto para dar por sabidas muchas de las presuposiciones que son populares corrientemente entre
miembros de la disciplina, y en consecuencia tiende a ver el pasado en términos de progreso gradual
hacia un presente mejor. El segundo punto de vista no adopta su estructura de trabajo de los temas y
presuposiciones del campo que es su objeto de estudio, mas bien tiende hoy en día a contar con
interrogantes y conceptos derivados de estudios en la historia, filosofía, y sociología de la ciencia. Una
historia escrita desde el punto de vista de quienes están en el interior siempre transmite un marcado
sentido de ser “nuestra” Historia. Ese no es el caso del segundo tipo de Historia, cuyo tono es apto para
ser menos celebratorio y mas crítico.
En el caso de las ciencias mas antiguas, historias del segundo tipo han sido por muchos años la
incumbencia de especialistas en la historia, filosofia o sociología de la ciencia. Este no es, o quizás no es
aún, el caso para la Psicología, cuya búsqueda de la historia ha sido en gran parte encomendada a los
psicólogos. Por consiguiente, las historias desde el interior han continuado teniendo una prominencia que
han perdido hace mucho tiempo en las ciencias mas antiguas. Sin embargo, buena parte del trabajo
reciente en la historia de la psicología ha roto con esta tradición. Aunque mi propia instrucción formal
fué en psicología, he intentado, en el siguiente volumen, adoptar una perspectiva mas amplia y analizar la
historia de esta disciplina dentro de un esquema que debe mucho al campo de los estudios de la ciencia.
Inevitablemente, el resultado no es el que hubiera obtenido si mi propia filición disciplinaria hubiese
estado fuera de la psicología. Quizás he producido un tipo diferente de “historia desde el interior”.Que sea
el lector quien juzgue eso.
Este libro no es, de todos modos, una historia de la psicología moderna. En primer lugar
me he limitado a ciertos aspectos de esa historia, si bien aspectos que considero son fundamentales. En el
primer capítulo explico mis razones para la elección de temas. El esquema de trabajo general que he
adoptado es, por supuesto, aplicable a otros temas además de los aquí analizados.
El período de tiempo cubierto por el presente estudio es también limitado. Debido a que el punto
central se encuentra en los orígenes históricos de la investigación psicológica, los desarrollos realizados
mas allá de las primeras cuatro décadas del siglo veinte no han sido considerados. Este trabajo es acerca
del período formativo de la psicología moderna, y el comienzo de la segunda guerra mundial es tomado
como un marcador aproximativo del final de ese período. Esto no excluye breves referencias hacia
desarrollos mas tardíos, aunque tampoco incluye desarrollos realizados hacia el fin de este período cuyo
mayor impacto no ocurrió hasta transcurrido un cierto tiempo.
Finalmente, las consideraciones prácticas hicieron imposible extender el análisis aquí presentado
hacia muchos campos importantes cuyos desarrollos tempranos fueron periféricos a los mas importantes
de la disciplina. Por ejemplo, cuando planeé este libro por primera vez, me había propuesto incluir alguna
discusión acerca del psicoanálisis.No obstante, pronto me dí cuenta de que ello hubiese requerido un
estudio diferente y mas extenso para hacer justicia a ese tema. Consideraciones similares se aplican hacia
otras áreas potencialmente interesantes como la psicología del desarrollo y la psicología social.

Estoy en deuda con mis estudiantes graduados, Adrian Brock, John Dunbar, Cindi
Goodfield, James Parker, Nancy Schmidt, Peter Shermer, y Richard Walsh, algunos de los cuales
realizaron mucho del análisis de contenido de publicaciones periódicas que he utilizado en varias partes
de este libro, y todos ellos me ayudaron a clarificar mis ideas en incontables discusiones. James Parker y
Peter Sharmer hicieron contribuciones específicas de su parte, que influenciaron fuertemente mi
tratamiento de algunos de los tópicos en los capítulos 5, 9 y 10.
También me gustaría expresar mi agradecimiento a Mitchell Ash, Gerald Cupchick, Ger
Gigerenzer, Rolf Kroger, Ian Lubek, Jill Morawski, David Rennie, Irmingard Staeuble, Piet van Strien,
Malcolm Westcott, y Linda Wood por muchas sugerencias y comentarios valiosos. Por los consejos y
ejemplos ellos han mejorado este libro, aunque no son de ninguna manera responsables por sus
contenidos y deficiencias.
El soporte financiero del Canadian Social Sciences and Humanities Research Council
hizo posible la investigación sobre la cual está basada este libro. Aprecio esta asistencia tanto como la
recibida de la York University, Toronto, la cual apoyó generosamente este proyecto en la forma de fondos
de investigación y una beca de la Facultad de Artes, la cual me brindó tiempo suficiente para completar el
manuscrito.
En algunas partes de este libro me he servido de material previamente publicado. En
particular, me gustaría reconocer el permiso otorgado por Yale University Press para utilizar una versión
modificada de mi contribución a un volumen editado por Jill Morawski, titulado The Rise of
Experimentation in American Psychology. Esto apareció como capítulo 6 del presente volumen. La tabla
5.2 es también extraída de esa fuente. También es debido un reconocimiento a la American Psychological
Association y la Clinical Psychology Publishing Company por el permiso para usar extractos mas cortos
de artículos previamente publicados en el American Psychologist y el Journal of the History of the
Behavioural Sciences. La última sección del capítulo 8 es una versión levemente revisada de parte de un
capítulo que aperece en M. G. Ash y W. R. Woodward, eds., Psychology in Twentieth Century Thought
and Society (Cambridge: Cambridge University Press, 1987 )
Ultimo en orden, pero no en importancia, quiero expresar mi apreciación a Judy
Manners por la extraordinaria habilidad y paciencia desplegadas en mecanografiar el manuscrito del libro.

Kurt Danziger
Toronto

2
1

Introducción

Acerca de qué es este libro

¿Qué es exactamente lo que constituye un campo como la psicología científica ?¿Está


constituído por sus contribuyentes mas innovadores e influyentes; por los hallazgos científicos que ha
producido; por las teorías que ha elaborado; por sus conceptos, técnicas, o asociaciones profesionales ?.
Obviamente, todo esto y más cabe en la formación de un campo, pero muchos de nosotros probablemente
veríamos algunos de estos componentes como jugando un rol mas esencial que otros. Aún si nos negamos
a comprometernos explícitamente, es probable que demos a entender que ciertos componentes definen el
campo mas efectivamente que otros por la manera en que organizamos nuestro conocimiento. Por
ejemplo, en la presentación sistemática de la información derivada del campo de la psicología o de una de
sus partes, el material es la mayor parte de las veces organizado en términos de sus contribuyentes
prominentes, descubrimientos importantes, o teorías influyentes. Un mensaje quizás no intencional de
tales comunicaciones es que la psicología es sus teorías, es sus hallazgos, o es sus contribuyentes
individuales.
La manera en que organizamos un campo determinará la manera en que organizamos su
historia. Si vemos el campo de la psicología esencialmente como un agregado de contribuyentes
individuales, es probable que tratemos la historia del tema en términos de una sucesión de figuras
prominentes. Si la psicología es sus teorías o sus descubrimientos, entonces su historia se tornará una
historia de teorías psicológicas o descubrimientos psicológicos. Nuestra organización de la historia del
campo servirá también como una sutil justificación de la manera en que hemos caracterizado el campo en
el presente.
La mayor parte de los psicólogos han sido enseñados a caracterizar su propia actividad
científica en términos de una estructura de trabajo derivada de la ciencia Física del siglo diecinueve. Se
ven a ellos mismos como investigadores que de manera individual, procuran acumular hechos acerca de
algún aspecto de la naturaleza través del uso de hipótesis y técnicas apropiadas. Cuando ellos describen
el desarrollo histórico de su campo, son propensos a hacerlo en esos mismos términos, representándolo
como la sucesión de contribuyentes individuales que acumularon “hallazgos” sobre la base de hipótesis
progresivamente refinadas y de instrumentación cada vez más sofisticada. Por supuesto, la triste verdad a
veces fuerza a un desvío de este esquema de trabajo, pero el esquema continúa operando igual.
Para decirlo muy simplemente, este libro es acerca de algunos elementos cruciales que
están perdidos en este esquema de trabajo. Lo que está perdido es el reconocimiento de la naturaleza
socialmente construída del conocimiento psicológico. La visión heredada está basada en un modelo de
ciencia que evoca al cuento de la Bella Durmiente: los objetos con los cuales trata la ciencia psicológica
están todos presentes en la naturaleza, completamente formados, y todo lo que el príncipe-investigador
tiene que hacer es encontrarlos y despertarlos con el beso mágico de su investigación. Pero en realidad la
psicología científica no trata con objetos naturales. Trata con resultados de tests, escalas de clasificación,
distribuciones de frecuencia de respuestas, listas seriadas (I), y otros innumerables items que el
investigador no precisamente halla sino que construye con gran cuidado. Todas las conjeturas que son
hechas acerca del mundo natural están totalmente constreñidas por este mundo de artefactos. (1) La
misma verdad se mantiene para las fuentes inmediatas de información de los psicólogos. La interacción

3
de los psicólogos con tales fuentes tiene lugar dentro de un sistema de roles sociales bien regulado, y tales
roles como aquellos del sujeto experimental o del cliente en terapia son el resultado directo de la
intervención del psicólogo.
Al hablar de un campo como la psicología científica, estamos hablando acerca de un
dominio de construcciones. Las oraciones en sus libros de texto, las tablas y figuras en sus reportes de
investigaciones, las actividades pautadas en sus laboratorios, son ante todo productos de la construcción
humana, además de cualquier otra cosa que pudieran ser a la vez. Aunque esto parece bastante obvio,
ciertas implicaciones son evadidas usualmente. Si el mundo de la psicología científica es un mundo
construído, entonces la llave para entender su desarrollo histórico parecería yacer en aquellas actividades
constructivas que lo produjeron. Pero este discernimiento no ha guiado a numerosos estudios históricos.
En el pasado, los efectos de un empirismo ingenuo pueden haber asignado un rol esencialmente pasivo a
los investigadores, como si ellos tuvieran que meramente observar o registrar lo que ocurría fuera de
ellos. Pero esta ya no es una posición popular.
En tiempos mas recientes, el conocido contraste entre “contexto de descubrimiento”y
“contexto de justificación” dió expresión a una difundida tendencia a relegar el componente subjetivo
necesario en la actividad científica a un mundo misterioso que no era susceptible de un análisis lógico.
Por consiguiente, creció con esto una extraña dualidad en la historiografía de campos como la
psicología, donde el primer tipo de revisión histórica se restringía a la sucesión lógica de hipótesis,
mientras que el segundo tipo describía las vidas personales de aquellos individuos que fueron los autores
de las hipótesis y los productores de la evidencia. En tanto que el primer tipo de revisión implica que el
progreso científico era un asunto gobernado por consideraciones puramente racionales, el segundo tipo
recogió el componente irracional y lo localizó en las peculiaridades personales y en los eventos
accidentales que caracterizaron la vida de los contribuyentes históricamente importantes. Las dos
aproximaciones fueron el producto de un consenso tácito acerca de la disociación fundamental entre dos
componentes de la actividad científica: un componente racional transindividual, de importancia primaria
en el contexto de justificación: y un componente irracional individual, importante en el contexto de
descubrimiento.
Lo que falta en esta descripción es alguna apreciación acerca de la naturaleza
fundamentalmente social de la actividad científica.(3) Lo que une a los colaboradores individuales no es
simplemente la posesión común de las mismas facultades lógicas y la común confrontación de la misma
naturaleza externa. Sus vínculos sociales son mucho mas complicados que eso. Ellos están conectados por
lazos de lealtad, poder, y conflicto. Ellos comparten intereses así como también facultades lógicas, y
ocupan posiciones en estructuras sociales mas amplias. En este mundo social de la ciencia la distinción
neta entre componentes racionales e irracionales se desmorona. La cuestión fundamental en la
investigación no es si el investigador solitario puede verificar sus hipótesis en la privacidad de su
laboratorio, sino si él puede establecer su contribución como parte del canon de conocimiento científico
en su campo.(4) En otras palabras, la cuestión es una cuestión de consenso, y el consenso no es,
enteramente, un problema de lógica. Envuelve acuerdos previos acerca de qué se cuenta como una
evidencia admisible, y compromisos compartidos hacia ciertos objetivos. Ello incluye intereses
establecidos y sesgos que no son examinados.
Una vez que reconocemos la naturaleza esencialmente social de la actividad científica
estamos forzados a ver ambos, el “contexto de descubrimiento”y el “contexto de justificación”,con otros
ojos. El contexto de descubrimiento es de hecho un contexto de construcción de teorías, de instrumentos y
también de evidencia. Por los datos que aparecen en las páginas de las publicaciones periódicas de
psicología no son menos un producto de la ingenuidad constructiva de sus autores de lo que lo son los
instrumentos y las hipótesis teóricas; no son hechos crudos de la naturaleza sino artefactos
4
elaboradamente construídos.(5) No obstante, estos artefactos son construídos de acuerdo con esquemas
explícitos y racionales aceptados dentro de una cierta comunidad de investigadores.(6) Es por esto que
existe una historia real de la práctica de la investigación psicológica que no es ni una serie de narrativas
acerca de psicólogos famosos, ni una enumeración de sus sucesivos “hallazgos”. Esta historia incluye los
cambios que han tenido lugar en los esquemas de construcción que los psicólogos han usado en la
producción de aquellos objetos que conforman el contenido aceptado de su disciplina.
Pero¿qué se quiere decir con estos “esquemas de construcción”? En primer lugar tales
esquemas no son sólo estructuras de trabajo cognitivas para las interpretaciones de datos empíricos, sino
que incluyen reglas prácticas para la producción de dichos datos. Es verdad que los conceptos generales y
las teorías también funcionan como esquemas de construcción que dan un significado particular a los
objetos con los cuales trata la disciplina. Pero tales esquemas interpretativos se encuentran en las
psicologías puramente especulativas tanto como en la Psicología empírica. La Psicología fué sometida a
un cambio fundamental hacia el fin del siglo diecinueve, cuando sus profesionales se encomendaron
decisivamente a métodos prácticos específicos de producción de datos. La aplicación de estos métodos se
convirtió en la característica especial del campo, y la diferenció tanto de la psicología corriente como de
sus propios predecesores intelectuales.(7) Por el uso de esos métodos prácticos, la Psicología moderna
creó un nuevo mundo de objetos psicológicos que definieron cada vez más el campo y los desarrollos
puramente teóricos a losque estaban forzados a acomodarse.
Este énfasis en esquemas constructivos prácticos no llevaría, sin embargo, simplemente a
una historia de los métodos psicológicos en el sentido convencional. La diferencia yace en la manera en
que uno concibe al método. Convencionalmente, los métodos empíricos en Psicología son concebidos
simplemente como herramientas para la realización de ciertos fines teóricos. De esta manera, solo
requerían ser evaluados en términos de una lógica de medios y fines, donde los fines eran tomados como
existiendo independientemente de y previos a los medios. Por ejemplo, podríamos elegir la medición de
una cualidad psicológica particular, tal como la inteligencia, como un fin, y entonces trazar la efectividad
de varios instrumentos para alcanzar dicho fin. O podemos considerarlo el fin que se nos ocurra, para
evaluar la contribución simultánea de un conjunto de factores en efectos psicológicos y con ello atribuir
el crecimiento de la popularidad de ciertas técnicas estadísticas a su efectividad superior en la realización
de esta meta preexistente. Es posible trazar la historia de la metodología psicológica en términos de una
tal esquema de trabajo puramente instrumentalista, pero eso no es lo que está siendo ensayado aquí.
El concepto de práctica investigativa es más amplio que el concepto de metodología.
Convencionalmente entendido, este último implica una abstracción de ciertos aspectos racionales y
técnicos de la práctica investigativa de todos los otros aspectos. La práctica de los investigadores es
tratada como si consistiera sólo en operaciones lógicas y técnicas llevadas a cabo por investigadores
individuales independientes sobre pedacitos del mundo natural. Es omitido el hecho de que la práctica
investigativa es en mucho una práctica social, en el sentido de que el investigador individual actúa dentro
de una estructura de trabajo determinada por los potenciales consumidores de los productos de su
investigación y por las tradiciones de una práctica aceptable prevalecientes en el campo.(8) Además, las
metas y los intereses de conocimiento que guían esta práctica dependen del contexto social dentro del
cual trabajan los investigadores. Finalmente, en la investigación psicológica existe la importante
consideración adicional de que el investigador no es el único humano participante cuyas acciones son
necesarias para que la práctica investigativa prosiga. A menos que el psicólogo trabaje con animales, el o
ella también requerirán de la colaboración de fuentes de datos humanas sin cuya contribución no habría
nada que reportar.
La noción de práctica investigativa entonces implica las dimensiones sociales de la
práctica investigativa tanto como las lógicas. Estas últimas son reconocidas como estando incrustadas en
5
una matriz social que incluye factores tales como el patrón de relación social entre los investigadores y
sus sujetos, y las normas acerca de una práctica apropiada en la comunidad investigativa relevante,el tipo
de intereses de conocimientos que prevalece en diferentes tiempos y lugares,y las relaciones con el
contexto social mas amplio que lo sustenta.
Mientras limitemos nuestra concepción de la práctica de la investigación psicológica a
sus aspectos puramente racionales, estaremos inclinados a pensar acerca de la historia de esa práctica
solamente en términos de progreso técnico. Las normas de la buena práctica científica serán vistas como
perteneciendo a un reino transhistórico e inmutable donde rigen eternos principios racionales. Todo lo que
le queda a la historia mundana es la narración acerca de cómo investigadores inteligentes vinieron para
aplicar esos principios eternos con una efectividad cada vez mayor, hacia cuerpos de conocimientos más
y más extensos. Sin embargo, si nos rehusamos a realizar esta reducción racionalista, encontraremos que
en la historia de las prácticas investigativas psicológicas los cambios mas significantes fueron cambios en
los fines más que mejoras en los medios.
Aunque el racionalismo metodológico tiene adherentes fuera de la psicología, tal doctrina
ha jugado un rol particularmente importante para esta disciplina. En los campos más establecidos de las
ciencias naturales, donde elaborar procedimientos deductivos es una parte esencial de un discurso
teórico, tanto la teoría como el método fueron considerados como depositarios de la razón científica. Pero
en psicología las construcciones teóricas han sido raramente maravillas de la sofisticación lógica, y el
pesimismo acerca de la probabilidad de llegar a un consenso racional sobre las bases de la teoría han sido
extensamente difundidas. Es generalmente aceptado el hecho de que habrá controversias acerca de los
fundamentos teóricos y que factores personales, culturales e históricos juegan roles importantes en la
elaboración y aceptación de la teoría psicológica. Pero este estado de las cosas es difícilmente compatible
con las demandas de la disciplina por la objetividad de sus discernimientos en el comportamiento
humano. Por lo tanto, tales demandas en psicología han dependido casi completamente de las virtudes
racionales de su metodología. Fué solo por las características lógico-técnicas de sus prácticas
investigativas que la psicología pudo dar alguna plausibilidad a sus demandas de status científico.
La práctica investigativa constituye en consecuencia un área de considerable ansiedad
dentro de la disciplina de la psicología.(9) Cuestiones relacionadas con la ortodoxia metodológica a
menudo toman el lugar de las relacionadas con la ortodoxia teórica cuando la investigación o sus
resultados son discutidos y evaluados. Estas preocupaciones por la pureza del método frecuentemente se
degeneran hacia una especie de fetichismo metodológico o “metodolatría”.(10) Desde este punto de vista
podría haber algo claramente subversivo en la sugerencia de que la esfera de la metodología no es un
reino de la razón pura sino un área de la actividad social humana gobernada por circunstancias mundanas
como cualquier otra actividad social .A pesar de eso, las consecuencias de esta sugerencia deberían ser
exploradas,ya que el no hacerlo lo expone a uno a todos los riesgos acarreados por un ingenuo y auto-
engañoso estilo de práctica científica.
Una vez que restauremos la abstracción de una metodología puramente racional hacia el
contexto mas amplio de la práctica investigativa, se vuelve posible verla como el medio primario a través
del cual las fuerzas sociales han configurado la produccíon de los objetos de la psicología científica. Pero
este modelo general solo puede ser completamente apreciado cuando es estudiado en su desarrollo
histórico. Antes de que podamos emprender esta tarea, necesitamos de cualquier manera alguna
clarificación de los aspectos sociológicos e historiográficos del tema.

La generación social del conocimiento científico

6
En años recientes, las referencias a la ciencia como una actividad social se han vuelto
comunes, y existe un campo que crece rápidamente dedicado al estudio social de la ciencia. En tanto que
la mas temprana sociología de la ciencia era más una sociología de científicos,que exeptuaba el contenido
de la ciencia en su perspectiva, desarrollos mas recientes en este campo han apuntado en la dirección de
una genuina sociología del conocimiento científico.(11) En otras palabras, el conocimiento científico ha
sido visto cada vez más como un producto de ciertos progresos sociales específicos, y muchos de sus
aspectos han sido estudiados en términos de su dependencia en estos procesos. Con algunas notables
excepciones,(12) el conocimiento psicológico ha sido largamente exento de este proceso. Esto puede
deberse a la existencia de dos grandes cuerpos de opinión: para uno la dependencia social del
conocimiento psicológico es demasiado obvia para merecer ser estudiada, en tanto que para el otro el
tema es demasiado amenazador para el status científico de la psicología, ganado con tanto esfuerzo,
como para ser tomado seriamente. El hecho es, sin embargo, que las prácticas sociales de investigación
de la psicología están demasiado restringidas por sus demandas de status científico como para ser
ignoradas en ese contexto. Todavía, nuestro entendimiento de la determinación social del conocimiento
psicológico debe seguir siendo bastante abstracta hasta que entendamos el crucial rol mediador jugado
por la práctica investigativa.
Podría ser útil pensar en el contexto social de la práctica investigativa en términos de tres
círculos concéntricos de radios variables.(Figura 1) El círculo mas interno representa la situación social
inmediata en la cual la información que será mas tarde transformada en datos de investigación y en
conocimiento científico psicológico, son generados. El siguiente círculo representa la comunidad
investigadora a través de la cual el producto de la investigación debe ser aceptado para ser tomado en
cuenta como conocimiento científico psicológico. El círculo externo representa el contexto social mas
amplio dentro del cual la comunidad investigadora está inmersa. Las fuentes de financiamiento a la
investigación, las instituciones profesionales, los potenciales consumidores externos de los productos e
instrumentos del conocimiento representantes de disciplinas prestigiosas, y así sucesivamente.

7
FIGURA 1

Situación
Experimental

Comunidad
científica

medio
profesional

Informe de investigación

La imagen de círculos concéntricos es por supuesto un medio para representar la idea de


que ambas, la situación investigativa inmediata y la comunidad investigadora son tenidas en cuenta como
insertas en relaciones sociales que se extienden mas allá de sí mismas. Similarmente, una descripción
verdaderamente comprensiva tendría que adicionar círculos mas allá de los tres aquí discutidos para
representar contextos culturales, políticos y económicos aún mas amplios. Pero debido a que nuestro
interés está específicamente en la práctica investigativa, nos limitaremos a los tres círculos mas internos,
considerando a su vez algunas de las cuestiones mas importantes que se presentan dentro de cada uno.
En el nivel mas interno tenemos que tratar con lo que esencialmente son situaciones cara-
a-cara. Antes de que el proceso completo de producir material que cuente como conocimiento científico
psicológico pueda comenzar, algunos individuos tienen que reunirse para generar la información que
constituye el punto de partida para este proceso. En el reunirse para este propósito ellos establecen ciertas
situaciones sociales con un carácter distintivo-las situaciones de los tests mentales, de la experimentación
psicológica, o de la entrevista, para mencionar las mas obvias. En el caso de las primeras dos, las cuales
son por mucho las mas importantes en psicología, la interacción social de los participantes está en parte
mediada por varios tipos de hardware y software, el material de los tests mentales, y los aparatos de
8
laboratorio en particular. Esto ha permitido a los investigadores pasar por alto el carácter social de todas
estas situaciones investigativas y simular que sus sujetos sólo reaccionaban a los materiales inertes
presentados a ellos, y no a aquellas personas que realizaban la presentación. No obstante, es una verdad
elemental que la reunión de información psicológica relevante requiere de la participación social activa de
individuos que actuarán como la fuente de esta información. Lo que sea que pudiera ser, el experimento
psicológico o el test, es por ello una situación social y como tal debe compartir las características que se
encuentran en todas las situaciones sociales.
Por supuesto, existen casos marginales donde el status social de la situación investigativa
es menos directo, tales como el uso de fuentes documentales, o el caso en el que los individuos
experimentan sobre ellos mismos. Pero ninguno de estos contaba más que como una pequeña fracción
de la investigación psicológica a lo largo del siglo pasado. Su rareza solo sirve para enfatizar la naturaleza
inherentemente social de la mayoría de las investigaciones psicológicas.
Hasta hace relativamente poco la total ceguera de los investigadores psicológicos hacia
las fuentes sociales de sus situaciones investigativas constituyó uno de los rasgos mas característicos de
su práctica investigativa.(13) Sin embargo, el reconocimiento de los así llamados efectos de la expectativa
del experimentador y las características de la demanda se han vuelto ahora comunes, y existe una gran
cantidad de literatura empíricamente orientada acerca de “la psicología social del experimento
psicológico”.(14) Aunque ello representa indudablemente un avance en la ingenuidad tradicional de los
psicólogos en tener en cuenta tales cuestiones, las limitaciones de su literatura son mas remarcables que
sus realizaciones desde el punto de vista de la promoción de un entendimiento del proceso social de
generación del conocimiento psicológico.
En primer lugar, mucha de la literatura acerca de los efectos sociales en experimentos
psicológicos está simplemente dedicada a demostrar la mera existencia de dichos efectos, no estando
dirigidas a promover un entendimiento de los procesos sociales implicados en la investigación
psicológica.(15) Tal conceptualización de proceso social como ocurre en este trabajo, está usualmente
confinado a categorías socio-psicológicas más que sociológicas y por ende no se consigna el hecho de
que las respuestas de los individuos a las situaciones experimentales tienen su lugar en el contexto de un
sistema social en miniatura en el cual ambos, los experimentadores y sus sujetos participan.Mas aún,
existe una invasiva tendencia a relegar los aspectos sociales de la investigación psicológica al status de
“artefactos” o, en otras palabras, alteraciones del proceso de investigación que no pertenecen a su esencia
natural.(16) De esta manera la abstracción racional de un proceso de investigación puramente lógico,
asocial, y ahistórico queda inquebrantado y aparentemente más allá del alcance de la corrección empírica.
De acuerdo con esto, en tal programa de investigación el método preferido para estudiar los aspectos
sociales de la experimentación es el mismo método experimental, una empresa cuyos resultados son
difíciles de interpretar sin empantanarse en un retroceso infinito.(17)
Tales problemas derivan mayormente de una sola fuente, a saber, la pretensión de que los
experimentos psicológicos no son en principio diferentes de los experimentos en las ciencias
naturales.(18) Debido a que en el último caso los experimentadores pueden tratar a lo que sea que estén
investigando como un objeto puramente natural, se cree que las fuentes de datos humanas deben ser
tratadas de la misma manera si la psicología funciona como una ciencia experimental propiamente
dicha.(19) Pero los sujetos humanos en los experimentos psicológicos son de hecho incapaces de
comportarse simplemente como objetos naturales. Aún si ellos tratan de hacerlo, lo cual depende
enteramente de su apreciación de la situación en la que están inmersos, ellos niegan este propósito
ficcional en cada acto en que tratan de alcanzarlo, por que tales esfuerzos representan un ejercicio de su
acción social.(20) Los experimentos psicológicos son por consiguiente diferentes en principio de los
experimentos en física, por que el experimentador y la fuente de datos humana deben necesariamente
9
estar comprometidos en una relación social. Esto no es un “artefacto”, sino una de las precondiciones
esenciales para tener una situación experimental viable. Consecuentemente, los resultados experimentales
en Psicología estarán siempre co-determinados por las relaciones sociales entre experimentadores y
sujetos. El significado preciso de este factor puede ser variable, pero está siempre presente, no es un tema
abierto a dudas.
Por supuesto, la vieja noción de que el conocimiento producido por experimentos
depende sólo de la interacción de experimentadores individuales con los materiales de la naturaleza es
falsa aún en el caso de las verdaderas ciencias naturales. Ahora entendemos mucho más acerca de cómo
el tipo de obtención de conocimiento que resulta de un experimento depende crucialmente de la
interacción de los científicos unos con otros.(21) Pero este es un nivel de influencia social que la
investigación psicológica comparte con la investigación en otras ciencias experimentales. Además de esto
existe sin embargo un nivel de interacción social esencial, peculiar de los experimentos en psicología-la
interacción de experimentadores con las fuentes humanas de sus datos. Es de esperar que después de un
siglo de lozana vida, la psicología experimental ahora se sienta lo suficientemente segura para enfrentar el
hecho de que puede haber diferencias esenciales entre ella misma y las ciencias experimentales mas
antiguas. La doctrina tosca que relegaba todo lo que no entrara en la imagen de la física experimental a la
categoría de “místico”está siendo tratada cada vez más como una curiosidad histórica.
Averiguar más acerca de las relaciones sociales que existen entre los experimentadores y
sus sujetos humanos es seguramente mejor que simular que no están allí o que no son de importancia.
Ahora existen diferentes formas de perseguir tal meta. La forma experimental a la cual se ha aludido,
tiende a ser limitada a ciertos factores socio-psicológicos que operan en los experimentos
psicológicos.(22) Pero los factores psicológicos como las expectativas del experimentador o la
“evaluación apreciativa”del sujeto operan dentro de un marco social que debe darse por sabido en dichos
estudios. Este marco debe estar provisto por las tradiciones y convenciones de la experimentación
psicológica que se han desarrollado a través de los años y son ahora bien entendidas por todos los
experimentadores y por la mayoría de sus sujetos. En aquellas sociedades en las cuales es practicada en
alguna escala, la experimentación psicológica se ha transformado en una institución social reconocida por
la mayoría de la gente con un cierto nivel de educación. Como en todas las instituciones sociales, la
interacción de los participantes está constreñida por modelos institucionales que prescriben qué se espera
y qué está permitido para cada participante. La conducción exitosa de los experimentos psicológicos
depende de la buena voluntad de todos los participantes para guiarse por estas reglas, y eso por supuesto
sólo puede ocurrir si tienen el nivel apropiado de conocimiento previo para entenderlas. Sabemos que en
la investigación trans-cultural esto no puede darse siempre por sabido.
Pero antes de que discutamos esto como un problema del tercer mundo debemos recordar
que poco más de un siglo atrás la institución del experimento psicológico era tan desconocida en todas
partes como debe ser ahora en parte del tercer mundo. Es legítimo preguntar cómo surgió esta
construcción social en primer lugar y cómo terminó tomando la forma que hoy estamos dispuestos a dar
por sabida. Como todas las instituciones sociales, el experimento psicológico no sólo tiene una cierta
estructura social que puede ser analizada sino una Historia que puede ser trazada. En última instancia,
esta institución es parte de la Historia de aquellas sociedades que la produjeron, y puede esperarse la
admisión de las marcas de sus orígenes. De esta manera, si deseamos mejorar nuestro entendimiento
acerca del marco social aceptado dentro del cual los individuos participantes en experimentos
psicológicos deben desempeñarse, deberemos adoptar una aproximación histórica más que experimental.
Ni los experimentadores ni sus sujetos ingresan a la situación de investigación como un vacío social, que
requiere ser programado de manera arbitraria. Ambos son producto de un desarrollo histórico distintivo

10
que ha dejado un pesado sedimento de fe ciega y tradición incuestionada. Es precisamente este desarrollo
histórico el que intentamos trazar en el presente volumen.
Aunque los estudios acerca del marco social para la interacción de los investigadores y
sus sujetos es virtualmente inexistente, nos movemos en un terreno relativamente más familiar cuando
consideramos los dos círculos mas externos que determinan la práctica de la investigación. En su
interacción con otros investigadores y con un contexto social mas amplio, los investigadores psicológicos
enfrentan problemas que no son en principio diferentes de los problemas sociales enfrentados por otros
grupos de científicos. Desde esta perspectiva, reconocemos la práctica social de la investigación
psicológica científica como incluyendo una cierta organización de trabajo para el propósito de generar un
cierto tipo de producto que se identifica como conocimiento psicológico. Esta identificación del
producto es consumada por lo que significa para un sistema de certificación, a cargo de autoridades
reconocidas trabajando dentro de un marco institucional establecido.(23) El tipo de conocimiento detrás
del cual está el trabajador científico no es conocimiento privado sino público.(24) Eso significa que no
puede ser llevado a cabo sin la aceptación de alguna clase de público. Si el conocimiento está para
ostentar el sello de la ciencia, el público por el cual es aceptado debe ser un público científico.
La investigación psicológica no es algo llevado a cabo por investigadores individuales
trabajando por su propia cuenta. Sus aspectos sociales no están limitados a la interacción entre los
investigadores y las fuentes humanas de sus datos. En diseñar sus experimentos y preparar el producto
cognitivo de sus investigaciones para publicarlos, los investigadores deben estar constantemente atentos a
la aceptabilidad de su producto por parte de un público particular. Esa aceptabilidad depende de si el
producto se pone a la altura de los niveles corrientemente prevalecientes en lo que constituye
conocimiento científico psicológico. El hecho de que esos niveles hayan sido internalizados
completamente por la mayoría de los investigadores en el curso de su socialización profesional no afecta
en manera alguna el status público de ellos. Lo que esto significa es que la comunidad científica
está íntimamente implicada en la práctica social de la investigación científica.
Como en el caso de las interacciones investigador-sujeto, existen dos niveles diferentes en
los cuales el análisis de este aspecto de la práctica social puede ser buscado. Existe el nivel psicológico
social donde uno preguntaría acerca de cómo los investigadores individuales se adaptan a las normas
prevalecientes del conocimiento científico y cómo negocian diferentes interpretaciones de esas normas.
Pero en este nivel la existencia de pautas en sí mismas debería darse por sentado. El nivel sistemático o
histórico del análisis trataría precisamente esta existencia de pautas actuales como problemáticas e
intentaría trazar su origen y desarrollo histórico. Este nivel de análisis será llevado a cabo aquí.

Algunas consideraciones historiográficas

El hecho de que corrientemente las pautas actualmente dominantes acerca de qué es lo que cuenta
como conocimiento psicológico científico no han existido siempre y de que no han sido siempre
dominantes, es un hecho universalmente reconocido. Todo investigador bien entrenado en el campo sabe
que la misma idea de una Psicología científica surgió en tiempos relativamente recientes y que su
promulgación práctica proviene de un período aún mas reciente. Es asimismo bien conocido que
subsecuente a la fundación de la psicología experimental existía una mayor controversia acerca de las
pautas sobre qué era lo que iba a constituir el conocimiento psicológico científico. Esta controversia es
usualmente representada como una entre introspeccionistas y conductistas, a pesar de que, como veremos
mas tarde, la historia es mas compleja que eso. Lo que es notable, sin embargo, es que un
introspeccionista de primer orden como E. B. Titchener siempre justificó su práctica investigativa en el
11
nombre de la ciencia y denigró la práctica de sus oponentes como no siendo ciencia sino tecnología.(25)
Los tratados mas ingenuos de libros de texto describen esta controversia simplemente como un conflicto
entre verdad y error, siendo el presupuesto que puede haber sólo una versión verdadera concebible acerca
de lo que constituye conocimiento científico psicológico. Pero si nos libramos de las presunciones
irracionales de que la verdad necesariamente subyugará al error, y que por ello todo lo que lleve a cabo la
autoridad histórica debe ser más verdadero,(26) esta controversia se transforma en una entre concepciones
rivales acerca de qué contaría como conocimiento psicológico científico.
En el estudio de los cambios históricos de las concepciones prevalecientes del
conocimiento psicológico, la pregunta acerca de la relativa veracidad de estas concepciones no es
relevante. En primer lugar estamos tratando con pautas, criterios e ideales más que con cuestiones de
hecho, y entonces el atributo de veracidad es simplemente inapropiado. La elección de los
introspeccionistas de un tipo de conocimiento diferente era una cuestión de preferencia, no de error. Si lo
que ellos hacían era científico depende de la definición que se tenga de ciencia. Si su definición resulta
ser diferente de aquella de los conductistas, esta es otra vez una cuestión de preferencia, la cual solo
puede ser vista como algo que es correcto o erróneo si una definición particular de ciencia es aceptada
como la única verdadera en algún sentido absoluto, ahistórico.(27)
Pero tales pautas ahistóricas usualmente vienen a ser determinadas pautas particulares que
se tornaron corrientemente populares. Al elevarlas al nivel de criterio final, se presupone la ilusión
patente de que el desarrollo histórico ha alcanzado una especie de culminación en el presente y ahora se
detendrá. Las implicaciones conservadoras de esta posición no necesitan elaboración. Cuando procuramos
trazar los cambios históricos en la práctica social de la investigación, tenemos que poner a un lado las
cuestiones referentes a la verdad. Aquí no estamos tratando meramente con medios cuya adecuación
lógica y práctica puede ser fijada en términos de algún fin o meta aceptados, sino con los fines o metas
en sí mismos. Las comunidades científicas particulares se caracterizan por su compromiso con ciertas
metas científicas, y este compromiso determina la naturaleza de la práctica investigativa de sus miembros.
Lo que indudablemente es relevante en este contexto son las razones que determinan la
existencia del compromiso hacia ciertos ideales de práctica científica, y las razones de los cambios en
estos compromisos. Estas razones deben ser halladas en la situación histórica común afrontada por
miembros de una comunidad científica particular. Dichas comunidades nunca existen en un vacío social,
por supuesto, pero ellas mismas se encuentran en la necesidad de adoptar posiciones en relación a otros
grupos de investigadores, hacia aquellos que controlan los recursos materiales para investigación, y hacia
el público en general. Pueden existir otros grupos de investigadores que están particularmente bien
establecidos, e influyentes, y que sirven como modelos de una práctica exitosa. Aquellos que, finalmente,
controlan los recursos sociales, deben ser persuadidos a desviar una parte de los mismos hacia
determinados grupos de investigadores, más que hacia otros propósitos. Una disciplina recién emergente
como la psicología científica debe en todo momento ser cuidadosa en distinguir sus productos cognitivos,
del conocimiento cotidiano del público lego, y de los reclamos de otras disciplinas. Los requerimientos de
potenciales consumidores de los productos cognitivos de una disciplina también harán su parte. Todos
estos y otros factores similares ayudan a configurar los tipos de metas de conocimiento que prevalecen en
un campo dado, en un tiempo dado, y por lo tanto determina los modelos dominantes de práctica
investigativa.
Este nivel de determinación social puede ser pensado como constituyendo el más
externo de los tres círculos concéntricos que fueron usados previamente para representar los múltiples
estratos de la práctica social de la investigación. El círculo central representa la interacción social directa
de los participantes en la situación investigativa, y el círculo del medio representa la interacción de los
miembros de la comunidad científica entre ellos. Aunque cada círculo hace su propia contribución
12
específica al modelo general de práctica investigativa, estas contribuciones no son autónomas sino que
derivan su significancia de su inmersión en un contexto social mas amplio.
Cualquier intento de estudiar el desarrollo histórico de la práctica investigativa se
enfrenta con ciertos problemas prácticos. El más significativo de estos problemas procede del hecho de
que el reino de la práctica implica una gran cantidad de aquel “conocimiento tácito” que ha sido
largamente reconocido como jugando un rol crucial en la investigación científica.(28) De hecho, el
componente tácito tiende a ser mucho mayor en el nivel de la práctica que en el nivel de la teoría. Los
aspirantes a investigadores son típicamente socializados en ese arte por medio de ejemplos próximos, y
nunca podrán ser exigidos de justificar, ante ellos mismos o ante otros, por elegir procedimientos que
tienen el peso de la tradición detrás de sí. Mas aún, el balance que se les exige, está comúnmente limitado
a consideraciones puramente técnicas. Son precisamente los aspectos sociales de la práctica científica los
que son sistemáticamente excluidos de las discusiones de los profesionales acerca de metodología. En
psicología, donde algunos de estos aspectos no pueden ya ser pasados por alto completamente, son
discutidos como “artefactos” que pueden perturbar el curso normal racional de la práctica investigativa.
En otras palabras, los investigadores tienden a ser pobres fuentes directas de información
cuando ésta llega hasta ciertos aspectos de su práctica. Esto no importaría demasiado si nosotros
quisiéramos estudiar la práctica contemporánea, porque podríamos observar investigadores trabajando
actualmente, o preguntarles detalladamente acerca de sus acciones.(29) Pero si procuramos entender las
prácticas actuales en términos de su desarrollo histórico, estamos imposibilitados de proceder de esta
manera. Los datos documentales, en los que se trata explícitamente con los problemas de la práctica
investigativa, están comúnmente limitados a los aspectos puramente técnicos. En particular, las
dicusiones de textos acerca de cuestiones metodológicas tienden a sufrir esta limitación. Estas se vuelven
históricamente interesantes, cuando los cambios en el tratamiento de ciertas cuestiones son comparados a
través del tiempo, un acercamiento que permite la emergencia de algunas preguntas fundamentales cuyas
respuestas son dadas por sentadas en cualquier presentación de libro de texto en particular. Pero sólo
ciertos aspectos de la práctica investigativa reciben alguna vez el tratamiento extenso de un libro, y para
el resto debemos buscar otras fuentes de evidencia.
Las prescripciones metodológicas de representantes prominentes del campo pueden a
veces ser de valor. No obstante, tales informes tienden a pertenecer a la ideología más que a la práctica de
la investigación. Ellos nos dicen lo que sus autores piensan que estuvieron haciendo, o lo que ellos
quieren que los demás piensen que estuvieron haciendo, pero no necesariamente nos relatan lo que
realmente hicieron. La significación de tales afirmaciones necesita siempre ser confrontada con evidencia
independiente acerca de la práctica efectiva. En cualquier caso, las afirmaciones de individuos, no
importa cuán prominentes, pueden tener poca relación con la práctica en general, que es nuestro interés
final. Mantener una clara distinción entre la práctica real y el discurso acerca de la práctica es necesario
porque este último implica las formas en que los profesionales justifican su práctica ante ellos mismos y
ante otros.(30) Una modalidad de relato social, provee sólo un reflejo muy parcial y a menudo
distorsionado de la práctica, que como podría aparecérsele a un observador menos parcial con una
perspectiva mas amplia.
Con respecto al discurso acerca de la práctica, es difícil escapar a la impresión de que su
significación en los diferentes momentos de la historia de la psicología moderna ha variado ampliamente.
Dicho discurso fue obviamente crucial en los años tempranos de la psicología experimental, cuando el
campo estaba tratando de definirse a sí mismo y de diferenciarse de campos afines.En relación con esta
etapa, un entendimiento del discurso prevaleciente acerca de la práctica es tan importante como un
análisis de la práctica real. Pero después de la primera guerra mundial, al menos en los Estados Unidos, la
psicología parece haber entrado en un período mas estable durante el cual las respuestas a la mayoría de
13
las cuestiones metodológicas fundamentales fueron cada vez más dadas por sentadas y la discusión se
limitó a cuestiones técnicas.(Mas cercano a nuestros días hubo un renacimiento del interés en los temas
mas fundamentales pero esto nos lleva mas allá del alcance histórico del presente volumen.) En
consecuencia, prestaremos menos atención al discurso acerca del método que a un análisis de la práctica
real. Por, como veremos, la práctica efectiva sufrió un cambio considerable aún cuando esto no fue
siempre adecuadamente reflejado en el discurso corriente acerca de la práctica.
Afortunadamente, las convenciones de la práctica científica nos proveen de una verdadera
e importante fuente de información acerca de aquellos aspectos que son ignorados o distorsionados en
discusiones acerca de la técnica. Los productos de la práctica investigativa consisten en informes
publicados en medios especializados que tienen un cierto establecimiento en alguna comunidad
investigativa relevante. Tales productos constituyen una gran parte del crucial dominio público de la
ciencia. Como tales, son preservados para la posteridad y consecuentemente están disponibles para su
inspección como documentos históricos mucho después de haber servido a su propósito original.(31)
Estos reportes de investigación aparecidos en reconocidas publicaciones periódicas científicas nos
proveen del registro histórico que nos posibilita trazar los cambios significativos en la práctica
investigativa a lo largo de los años.
Dado su potencial y enorme valor informativo y su relativamente fácil acceso, es
sorprendente que los reportes de investigación hayan sido tan excepcionalmente sometidos al estudio
histórico sistemático.(32) Parte de la razón para esto puede yacer en la tendencia a tratar tales reportes en
el valor nominal aunque hayan transcurrido muchos años desde su publicación original. Pero un artículo
de investigación puede informarnos acerca de mucho mas que los datos específicos que sus autores
quisieron comunicar a sus contemporáneos. En el tiempo en que esa psicología experimental emergió, las
convenciones que gobernaban las publicaciones de investigaciones científicas habían llegado al punto en
que prescribían que, en principio, suficiente información acerca de los procedimientos debía ser
reemplazada para permitir a otros investigadores replicar el estudio publicado. Por supuesto, las prácticas
de publicación fueron a menudo insuficientes para este ideal, y en psicología en todo caso, no fue
realista, porque la naturaleza históricamente única de cada estudio estuvo acentuada por el uso de fuentes
de información humanas. Sin embargo, las convenciones de las publicaciones científicas ejercieron
suficiente influencia como para asegurar la inclusión de una considerable cantidad de información que se
relaciona con el desarrollo de prácticas investigativas. Por ejemplo, los reportes de investigación
psicológica siempre contienen alguna información directa acerca de la identidad de los participantes en el
estudio investigativo, y suficiente información indirecta como para permitirle a uno delinear algunas
conclusiones acerca del tipo de relación que debe haber existido entre los investigadores y sus sujetos
humanos.
El análisis sistemático de artículos de investigación aparecidos en las principales
publicaciones periódicas del campo formarán, en consecuencia, una importante fuente de información
para nuestro estudio histórico del desarrollo de la práctica investigativa. Mucha de esta información es
obtenida analizando aspectos de los reportes de investigaciones a los cuales sus autores habían atribuido
poca significancia en su momento. En lo que estos autores estaban interesados era en la comunicación de
sus hallazgos en una manera aceptable; en lo que nosotros estamos interesados son, en primer lugar, los
aspectos tácitos, dados-por-sabidos de su práctica social que les permitió producir algo que ellos
reconocían como “datos”, y segundo, los medios que usaron para hacer esos datos presentables.(33) De
este modo, nuestro análisis intentará sondear detrás de la fachada convencional del artículo de
investigación hacia los tipos de prácticas de las cuales era el producto.(34)
Para volver una vez más a la representación de la práctica social de la investigación de los
tres anillos concéntricos, como fue desarrollado en la sección anterior, el informe de investigación
14
publicado puede ser pensado como existiendo en el límite entre el anillo central y el del medio. En una
dirección, el artículo de investigación publicado refleja algo de la interacción social entre los participantes
en la situación de investigación, pero está también dirigido a una audiencia científica particular por la cual
espera ser aceptado. Para ser aceptado, debe presentar su información de tal manera que se ajuste a
ciertas pautas acerca de qué constituye conocimiento aceptable en el campo. Un análisis apropiado de los
artículos de investigación puede, por ende, proveernos de algún discernimiento dentro de los dos niveles
de construcción social que se han dedicado a su producción: primero, la estructuración social de la
situación de investigación de manera tal de producir un cierto tipo de información, y segundo, la
reestructuración de esta infomación para hacerla adecuada a un cierto modelo prescripto acerca de a qué
debe parecerse el conocimiento científico en el campo.
Pero aún si este tipo de análisis fuese exitoso, lo mejor que produciría sería una visión
instantánea y estática de las prácticas investigativas en un tiempo particular y en una determinada
localidad. En realidad, las prácticas en las que estamos interesados constituyen un blanco móvil en el
sentido de que están sujetas al cambio histórico, en parte por conflictos en la comunidad científica, y en
parte por que están inmersas en un contexto mas amplio de cambio histórico (el más externo de nuestros
tres círculos). En estos términos tendremos que extender nuestro análisis durante muchas décadas para
tener un sentido de la dirección del desarrollo histórico de las prácticas investigativas. Debido al gran
volumen de producción investigativa se hace prácticamente imposible analizar cada artículo relevante
publicado, será necesario tomar una muestra de publicaciones a intervalos de varios años.
También tendremos que limitar el alcance de nuestra indagación a una parte de la historia
de la psicología moderna. No puede dudarse de que esa tendrá que ser mas bien el período temprano que
el más tardío en el desarrollo de la disciplina. No sólo sería difícil alcanzar un entendimiento de los
desarrollos históricos mas tardíos sin el conocimiento del período precedente, sino que sería un
verdadero peligro de perder algunas de las cuestiones más significantes. Hacia la mitad del siglo veinte
las prácticas investigativas psicológicas se habían asentado en un molde bastante rígido que relativamente
permitía alguna pequeña variación.(35) Pero durante el primer medio siglo de su existencia, las prácticas
investigativas de la nueva disciplina seguían fluctuando, y divergían ampliamente unas de otras. Las
raíces de la rigidización mas tardía yace en este período más temprano, así que el análisis de lo que
ocurrió en este período puede contribuir a un entendimiento de los modelos más familiares que siguieron.
Estas limitaciones temporales permiten un alcance mas abarcativo de la literatura de
investigación en el campo de lo que hubiese sido posible de otra manera. Dicho alcance es importante por
el nivel sistemático del análisis proyectado. Los tipos de procesos con los que estaremos tratando son
esencialmente procesos colectivos que caracterizan las prácticas comunes de muchos individuos. Las
contribuciones individuales son de interés sólo en tanto representen una dirección general significativa.
Por ello, el rol de los individuos específicos se vuelve relevante a nuestro análisis, principalmente al
comienzo de nuestro período, cuando la psicología empírica moderna emergió, al principio como un
campo de actividad identificado para un grupo diferenciado de profesionales. Muy pronto, sin embargo,
ciertas tradiciones de práctica investigativa se formaron dentro del nuevo campo, y los desarrollos
subsecuentes son debidos a respuestas colectivas a los conflictos entre tradiciones rivales y las presiones
provenientes desde afuera. Aunque necesitamos entender las contribuciones de unos pocos pioneros
particularmente influyentes en el punto de emergencia de la nueva disciplina, la formación de nuevas
comunidades investigativas enseguida vuelve mas apropiado adoptar un nivel de análisis diferente. (36)
Centralmente, nos interesará la identificación del patrón de variación, tanto sincrónico como
diacrónico, que caracterizara las prácticas de investigación de la disciplina en su conjunto, más que la
evaluacióndel papel desempeñado por determinados individuos .

15
NOTAS

1. En una extensión considerable esto también es verdad de la ciencia Física; ver P. Janich, “Physics-
natural science or technology?” en W. Krohn, E. T. Layton, Jr., y P. Weingart, eds., The Dinamics of
Science and Technology (Dordrecht: Reidel, 1978), pp 3-27.

2. Para una crítica general de la distinción entre los dos contextos, ver P. Feyerabend, Against Method
(London: NLB, 1975) pp.165-169; y T. Nickles de.,” Scientific discoverie and the future of
phylosophy of science,” en T. Nickle ed.Scientific Discovery, Logic and Rationallity, Boston Studies
in the Phylosophy of Science, vol 56 (Dordrecht and Boston: Reidel, 1980 ), pp. 1-59.

3. Ver S. Bem,”Context of discovery and conceptual history of psychology”, en S. Bem, H. Rappard, y


W. van Hoorn, eds., Proceedings of the First European Meeting of Cheiron (Leiden:
Ryksuniversiteit, 1983), pp. 207-231.

4. “Los descubrimientos no simplemente ‘ocurren’ o ‘suceden’ naturalísticamente, sino que son


producciones socialmente definidas y reconocidas. En otras palabras, la cuestión no es qué es lo que
hace que ellos sucedan, sino mas bien, qué es lo que hace que se descubran.” Ver A. Brannigan, The
Social Basis of Scientific Discoveries (Cambridge: Cambridge University Press, 1981), p. 77.

5. cf.(comparar) K. J. Gergen, Toward Transformation in Social Knowledge (New YorkÑ Springer,


1982 ), p. 101: “La audiencia de reportes de investigaciones no está nunca expuesta a eventos en
marcha ; uno nunca adquiere experiencia de primera mano con el proceso de investigación en sí
mismo. Más bien, el principal producto de la investigación es el lenguaje. Los reportes de la
investigación esencialmente suministran relatos lingüísticos o interpretaciones.”

6. Un análisis útil de tales esquemas constructivos, con ilustraciones de la Historia de la Psicología


experimental, ha sido presentado por Gernot Böhme, “The social function of cognitive structures: A
concept of the scientific community within a theory of action” en K. D. Knorr, H. Strasser, y H.G.
Zillian, eds, Determinants and control of Scientific Development (Dordrecht: Reidel, 1975), pp.205-
225; y G. Böheme, “Cognitive norms, knowledge interests and the constitution of the scientific
object: A case study in the functioning of rules for experimentation,” en E. Mendelsohn, P. Weingart,
y R. Whitley, eds., The Social Production of Scientific Knowledge (Dordrecht: Reidel, 1977 ), pp.
129-141.

7. La investigación psicológica ahora adquirió las características generales de la investigación científica


en cuanto a que esta ultima puede ser caracterizada como “un tipo de oficio especial que opera sobre
objetos intelectualmente construídos” ver T. R. Ravetz, Scientific Knowledge and (New York: Oxford
University Press, 1971), p. 116.

8. Puede argumentarse que la misma situación existe respecto a cualquier sistema de procedimientos
puramente lógicos:”Como un cuerpo de convenciones y tradiciones esotéricas, el carácter obligatorio
de lógico, tal como es, deriva de ciertos propósitos estrechamentre definidos y de un uso
acostumbrado e institucionalizado.” Ver B. Barnes y D. Bloor,”Relativism, rationalism and the
16
sociology of knowledge,”en M. Hollis y S. Lukes, eds., Rationallity and Relativism (Oxford:
Blackwell, 1982), pp.21-47 (p. 45).

9. G. Devereux, From Anxiety to Method in the Behavioural Sciences (The Hague: Mouton, 1967).
Devereux fué el primero en reconocer la profundidad de la ansiedad alrededor del área de la
metodología como una indicación de problemas fundamentales en las ciencias del comportamiento.
De cualquier modo el vió las fuentes de esta ansiedad sólo en términos de problemas que surgían al
investigador individual en relación con el sujeto humano de su investigación. Los problemas de la
práctica investigativa aparecían análogos a los problemas de la práctica psicoanalítica. Esta estructura
de trabajo radicalmente individualista produjo una ceguera completa sobre las ansiedades colectivas
de grupos de investigadores, que surgían de amenazas reales o imaginadas a su posición en la
estructura del status científico.

10. Algunas consecuencias importantes son discutidas en R. D. Romanyshyn, “Method and meaning in
psychology: the method has been the message,” Journal of Phenomenological Psychology 2 (1971) :
93-113 ; y C. Argyris, Inner Contradictions of Rigorous Research (New York : Academic Press,
1980).

11. El alcance de los profundos cambios que han ocurrido en este campo es mas facilmente apreciado
por quien se encuentra fuera de el,a traves de la comparación de un texto representante del viejo
acercamiento, como J. Ben David, The Scientist´s role in Society (Englewood Cliffs, N.J. : Prentice
Hall, 1971), y uno informado por desarrollos más recientes, como J. Law y P. Lodge, Science for
Social Scientists (London : Macmillan, 1984). Para una sucinta introducción a temas en este campo
ver la introducción a K. D. Knorr-Cetina y M. Mulkay, eds., Science Observed: Perspectives on
Social Study of Science (London andd Beverly Hills, Calif.: Sage, 1983), pp.1-17.

12. E.g., A. R. Buss, ed., Psychology in Social Context (New York : Irvington, 1979).

13. La existencia de una excepción que hace mucho que no se tiene en cuenta hace aparecer su completo
aislamiento en la literatura ; ver S.Rosenzweig, “The experimental situation as a psychological
problem,” Psychological Review 40 (1933): 337-354. Por su exposición a problemas del mundo real,
los psicólogos industriales fueron forzados a reconocer rasgos sociales en las situaciones
investigativas en una etapa temprana ; ver W.Schulte, “Untersuchungen über den Einfluss des
Versuchsleiters auf das Prüfergebnis,” Industrielle Psychotechnik 1 (1924): 289-291; y Elton Mayo,
The Human Problems of an Industrial Civilization (New York: Macmillan, 1933). De cualquier
modo, la extensión de ciertos discernimientos provenientes del área “profana” de de los escenarios
industriales hacia los “sagrados”precintos de los laboratorios universitarios parecen haber encontrado
formidales barreras cognitivas y afectivas. Un caso paralelo ocurrió en el campo de la
experimentación con animales ; ver D. Fernald, The Hans Legacy: A Story of Science (Hillsdale,
N.J., and London: Erlbaum, 1984).

14. Se encuentran discusiones respecto de esta literatura en T. X. Barber, Pitfalls in Human Research:
Ten Pivotal Points (New York: Pergamon Press, 1976); R. Rosenthal, Expenmenter Effects in
Behavioral Research, rev. ed. (New York: Irvington, 1976); Rosenthal and R. L. Rosnow, eds.,
Artifact in Behavioral Research (New York: Academic Press, 1969); R. Rosenthal and R. L. Rosnow,
The Volunteer Subject (New York: Wiley, 1975); R. Rosenthal and D. B. Rubin, "Interpersonal ex-
17
pectancy effects: The first 345 studies," The Behavioral and Brain Sciences 3 (1978):377-415; J. M.
Suls and R. L. Rosnow, "Concerns about artifacts in psychological experiments," in J. G. Morawski,
ed., The Rise of Experimentation in American Psychology (New Raven: Yale University Press, 1988),
PP. 163-187.

15. J. G. Adair, "Commentary," The Behavioral and Brain Sciences 3 (1978):386.

16. R. M. Farr, "On the social significance of artifacts in experimenting," British Journal of Social and
Cllnical Psychology 17 (1978):299-306.

17. L. W. Brandt, "Experimenter-effect research," Psychologische Beiträge 17 (1975)133-140.

18. Véase, J. G. Adair, The Human Subject The Social Psychology of the Psychological Experiment
(Boston: Little, Brown, 1973); and N. Friedman, The Social Nature of Psychological Research: The
Psycho!ogical Experinient as a Social Interaction (New York: Basic Books, 1967).

19. D. P. Schultz, "The nature of the human data source in psychology," ; in D. P. Schultz, ed., The
Science of Psychology: Critical Reftections (New York: Appleton Century-Crofts, 1970), Pp. 77-86.

20. K. Holzkamp, Kritische Psychologie (Frankfurt: Fischer, 1972); W. Mertens, Sozialpsychologie des
Experiment (Hamburg: Hoffman & Campe, 1975); W. Bungard, ed., Die gute Versuchsperson denkt
nicht Artefakte in der Sozialpsychologie (Munich and Baltimore: Urban & Schwarzenberg, 1980).

21. H. M. Collins, Changing Order: Replication and Induction in Scientific Practice (London and Beverly
Hills, Calif.: Sage, 1985). See also K. Knorr, R. Krohn, and R. Whitley, eds., The Social Process of
Scientific investigation, Sociology of the Sciences Yearbook, vol. 4 (Boston and Dordrecht: Reidel,
1980); and K. D. Knorr Cetina, The Manufacture of Knowledge: An Essay on the Constructivist and
Contextual Nature of Science (Oxford: Pergamon Press, 1981).

22. Además, existen limitaciones inherentes al uso de métodos experimentales para investigar el método
experimental; ver H. Gadlin and G. Ingle, "Through the one-way mirror: The limits of experimental
self-reflection," American Psychologist 30 (1975):1003-1()09.

23. R. Whitley, The Intellectual and Social Organization of the Sciences (Oxford: Clarendon Press,
1984).

24. T. M. Ziman, Public Knowledge: An Essay concerning the Social Dimension of Scíence (Cambridge:
Cambridge University Press, 1968).

25. E. B. Titchener, "Psychology: Science or technology?" Popular Science Monthly 84 (1914):39-51.

26. Por su misión pedagógica, la historia en libros de texto frecuentemente sugiere alguna de tales
posiciones; ver M. G. Ash, "The self-presentation of a discipline: History of psychology in the
United States between a pedagogy aad scholarship," in L. Graham, W. Lepenies, and P. Weingart,
eds., Functions and Uses of Disciplinarv Histories, Sociology of the Sciences Yearbook, vol. 7
(Dordrecht: Reidel, 1983), PP. 143-189.
18
27. Sobre las implicaciones justificacionistas de esta posición, ver W. B. Weimer, "The history of
psychology and its retrieval from historiography: I. Tile problematic nature of history," Science
Studies 4 (1974):235-258.

28. Este reconocimiento dependió de un énfasis puesto en la hábil caracterización de la ciencia realizada
por M. Polyani, Personal Knowledge (London: Routledge and Kegan Paul, 1958). The implicatioas
of such an analysis were exteasively developed by Ravetz, Scientific Knowledge.

29. Estudios de este tipo han proliferado mucho en los años recientes. Un ejemplo temprano y bien
conocido del estudio observacional del trabajo científico fue B. Latour and S. Woolgar, Laboratory
Life: The Social Construction of Scientific Facts (London and Beverly Hills, Calif.: Sage, 1979). The
use of interview material is exemplified by G. N. Gilbert and M. Mulkay, Opening Pandora's Box: A
Sociological Analysis of Scientists' Discourse (Cambridge: Cambridge University Press, 1984).

30. Para algunos sociólogos de la ciencia la existencia de esta distinción parece haber provisto de la
ocasión para clamar un estatus privilegiado para ambos: la observación directa de la práctica o el
análisis del discurso acerca de la práctica. Esta última posición ha sido discutida fuertemente en G. N.
Gilbert and M. Mulkay, "Experirnents are the key: Participants' histories and historiaris' histories of
science," Isis 75 (1984)105-125 (but see 5. Shapin, "Talking history: Reflections on discourse
analysis," Isis 75 [1984]: 125-130). De cualquier modo, la producción de un cierto tipo de discurso en
la forma de publicaciones científicas yace en el núcleo de la misma práctica científica. Si deseamos
seguir el desarrollo histórico de la ciencia, deberíamos estar mirando en dirección a este discurso.
Pero porque este discurso es parte de la práctica ordinaria de la ciencia, la distinción útil para hacer
aquí es la existente entre la práctica no- reflejada y las reflexiones sobre esa práctica, no entre
“discurso” por un lado y acciones y creencias por el otro.

31. Un buen ejemplo del uso de artículos científicos como documentos históricos es provisto por: C.
Bazerman, "Modern evolution of the experimental report in physics:Spectroscopic articles in Physical
Review, 1893-1980," Social Studies of Science 14 (1984):163-196.Ver C. Bazerman, Shaping Written
Knowledge: The Genre and Activity of the Written Article in Science (Madison: University of
Wisconsin Press, 1988).

32. Dos excepciones mayores J. S. Bruner and G. W. Allport, "Fifty years of change in American
psychology," Psychological Bulletin 37 (1940):757-776; and R. W. Lissitz, "A longitudinal study of
the research methodology in the Journal of Abnormal and Social Psychology, the Journal of Nervous
and Mental Disease and the American Journal of Psychiatry," Journal of ihe Histoiy of ihe Behavioral
Sciences 5 (1969):248-255.

33. Una revisión coomprensiva del uso del segundo tipo de análisis es provisto por C. Bazerman,
"Scientific writing as a social act: Review of the literature of the sociology of science," in P. V.
Anderson, R. J. Brockmann, and C. R. Miller, eds., New Essays in Technical and Scíeníific-
Communication: Research, Theory, Practice (Farmingdale, N.Y.: Baywood, 1983), PP. 15-184.Una
vez que se formalizan las reglas informales que gobiernan la presentación del producto de
conocimiento, ellas también pueden ser directamente analizadas;ver C. Bazerman, "Codifying the
social scientific style: Tile APA Publication Manual as a Behaviorist Rhetoric," in J. S. Nelson, A.

19
Megill, D. N. McCloskey, eds., The Rhetoric of the Human Sciences (Madison: University of
Wisconsin Press, 1987), PP. 125-144.

34. En la relación de publicaciones de investigación y prácticas, ver F. L. Holmes, "Scientific writing and
scientific discovery," Isis 78 (1987):22-235.

35. Ver S. Toulmin and D. E. Leary, "The cult of empiricism in psychology and beyond," !n 5. Koch and
D. E. Leary, eds., A Century of Psychology as Science: Retrospectives and Assessments (New York:
McGraw-HilI, 1985), PP. 594~617.

36. Este tema se puede explorar con mayor profundidad en K. Danziger, "Towards a conceptual
framework for a critical history of psychoIogy,” in H. Carpintero and J. M. Peiro, eds.

© Traducción: Marcela Monte Risso. Universidad Nacional de San Luis, diciembre de 2001.

© Fuente original: Danziger, Kurt (1990). Constructing the subject. Hisotrical origins of psychological
research. New York: Cambridge University Press (prólogo e Introducción).

© Fuente de la traducción y versión digital: Equipo docente de Historia de la Psicología. Universidad


Nacional de San Luis, 2002.

20
"¿Cómo funciona?" vs. "¿Cuáles son las leyes?"
Dos concepciones de la explicación psicológica

Robert Cummins
Universidad de California-Davis1

Traducción de Adrian Ramírez y Nicolás Venturelli


Facultad de Psicología, UNC

1. En el principio

En el principio, érase el modelo nomológico deductivo de la explicación (ND), articulado por


Hempel y Oppenheim (1948). De acuerdo al ND, la explicación científica es subsunción bajo leyes
naturales. Los eventos individuales son explicados mediante su deducción a partir de leyes, en
conjunto con condiciones iniciales (o condiciones de contorno), y las leyes son explicadas al ser
derivadas de otras leyes más fundamentales, como, por ejemplo, la ley del péndulo simple es
derivada de las leyes newtonianas del movimiento.

Es bien sabido que el ND es vulnerable a una amplia variedad de contraejemplos (ej., Kim, 1962;
Salmon, 1998). Por consiguiente, el ND no es ampliamente defendido. Pero es, pienso, aún
ampliamente creído que la explicación científica es subsunción bajo leyes. Esto es algo
escandaloso: dado el historial lamentable del ND, y a pesar de la enérgica defensa llevada a cabo
por muchos de sus ingeniosos partidarios, uno es llevado a preguntarse ¿por qué tantos se apegan
con tal fidelidad a una doctrina que ha demostrado ser tan indefendible?

Hay dos factores que operan para mantener al ND en su lugar. En primer lugar, está el hecho de que
cada artículo experimental que uno lea conlleva la explicación de datos apelando a alguna u otra
hipótesis. Es tentador concluir que el continuo fracaso de los filósofos para articular esta práctica de
algún modo aceptable es un punto en contra de los filósofos, no en contra del ND. Y en segundo
lugar, está el hecho de que no hay en el mercado una alternativa al ND que sea ampliamente
comprendida y convincente. Si la psicología cognitiva nos ha enseñado algo, es que nadie abandona
de buena gana una idea muy elaborada, sin tener algo con que reemplazarla. Me propongo a
continuación examinar estos dos factores.

2. Dos escollos

En psicología, el ND adquiere una plausibilidad espuria a partir de que, habitualmente, se dice que
los datos van a ser “explicados”, o se va a “dar cuenta de” ellos, mediante alguna u otra hipótesis.
Pero es probable que esto sea engañoso en al menos dos sentidos.

En primer lugar, cuando los psicólogos hablan de explicar o dar cuenta de algún porcentaje de la
varianza, la "hipótesis" en cuestión es que el tratamiento experimental tendrá algún efecto real. Se
está intentando rechazar la hipótesis nula en favor de su complemento, es decir, la hipótesis de que
cualquier diferencia que haya entre el grupo experimental y el grupo control no se debe al azar
(variación aleatoria).
Pero este tipo de hipótesis no es una ley ni nada parecido a una ley. La palabra "hipótesis" tal como
es utilizada en el análisis estadístico y la palabra "hipótesis" que es usada para referirse a una teoría
1Cummins, R. (2000). How does it work?" versus" what are the laws?": Two conceptions of psychological explanation. En Keil &
Wilson (eds.), Explanation and Cognition (pp. 117-145). MIT Press.

1
o ley conjeturada son poco más que homónimos: comparten el aspecto conjetural, y poco más.
Aunque no hay nada malo con ambos usos de la palabra, es adecuado distinguir los dos conceptos.
Con esto en mente, voy a utilizar "ley propuesta" para referirme a las hipótesis en el segundo
sentido.

La segunda manera en la que hablar de explicación en el contexto del análisis estadístico de los
datos es probablemente engañosa, es que, a pesar de que los experimentadores a veces tratan de
probar una teoría o una hipótesis en el segundo sentido (es decir, una ley o regularidad propuesta),
se trata de un ejercicio de confirmación, no de explicación. Decimos que una ley o teoría explica o
da cuenta de los datos, pero esto simplemente significa que los datos confirman la ley o teoría.
Cuando una ley es confirmada por algún conjunto de datos, esto es una evidencia de que la ley
describe los datos (de modo más o menos aproximado). Una ilustración ya clásica de esto es la
fórmula de Balmer (Hempel, 1966).

Esta fórmula especifica las longitudes de onda del espectro de emisión del hidrógeno. Encontrar las
líneas espectrales en los lugares predichos por la fórmula confirma la ley, pero nadie piensa que la
ley explica por qué las líneas están donde están.
Los defensores del ND admiten que la fórmula de Balmer y otros casos similares son casos en los
que la subsunción bajo una ley no es explicativa. Asumen entonces que su tarea es la formulación
de un criterio que pueda distinguir casos como la fórmula de Balmer, de las leyes genuinamente
explicativas. Existe un amplio consenso, sin embargo, acerca de que esto no se ha sido logrado, y
crece la sospecha de que en efecto no pueda lograrse. Creo que hay que tomar en serio la
posibilidad de que no se puede hacer porque allí no hay ninguna diferencia: no existen leyes que
sean explicativas en el sentido requerido por el ND. Las leyes simplemente nos dicen lo que pasa,
pero no por qué o cómo. Molière, mofándose de las apelaciones escolares a propiedades ocultas y
"virtudes", increpa a los doctores de su tiempo por explicar que el opio duerme a las personas
porque tiene una virtud dormitiva. ¿Pero no es justamente esto lo que hace la subsunción bajo
leyes? ¿Explica la Ley del Efecto por qué darle alimento de palomas a una paloma cada vez que
picotea una tecla aumenta la tasa de picoteo? ¿O simplemente reafirma el fenómeno en términos
más generales? Sin duda, la moraleja correcta para extraer aquí es que la Ley del Efecto es un
explanandum, no un explanans2.

En ciencia, cuando una ley se considera como explanandum, es llamada "efecto". Einstein recibió el
premio Nobel, no por su trabajo sobre la relatividad, sino por su explicación del efecto fotoeléctrico.
En psicología, este tipo de leyes son casi siempre concebidas, y hasta llamadas, efectos.
Tenemos el efecto García (García and Koelling, 1966), el efecto de espaciamiento (Madigan, 1969),
el efecto McGurk (MacDonald y McGurk, 1978), y muchísimos más. Cada uno de ellos es una
regularidad o ley (o un conjunto de ellas) bastante bien confirmada. Pero nadie piensa que el efecto
McGurk explica los datos que subsume. Nadie que no esté bajo el influjo del modelo ND supondría
que se podría explicar, apelando al efecto McGurk, por qué alguien escucha una consonante
basándose en la apariencia de la boca hablando. Eso simplemente es el efecto McGurk.

La idea equivocada de que explicar es subsumir datos bajo una ley también se ve favorecida por una
confusión entre explicación y predicción3.
2N. T.: explananum (plural explananda): fenómeno a explicar; explanans: lo que se brinda como explicación del fenómeno.
3No pretendo sugerir que los teóricos del ND estaban confundidos acerca de esto. Por el contrario, sostuvieron que la explicación y l a
predicción son sólo dos caras de una misma moneda. El punto es más bien que el ND fusiona la explicación y la predicción, las
cuales, sostengo, son ortogonales.

2
De una ley que prevéa undato específico o conjunto de datos se dice que lo explica. Pero la
predicción y la explicación son distinguibles en un sentido del que el ND no puede dar cuenta. Es
posible entender cómo funciona un mecanismo, y por lo tanto estar en condiciones de explicar su
comportamiento y capacidades –los efectos que exhibe– sin ser capaz de predecir o controlar su
comportamiento. Esto en general vale para sistemas estocásticos o caóticos. También vale para los
sistemas cuyos estados iniciales relevantes son incognoscibles o simplemente desconocidos. Si
cuento con una máquina de tabla para una máquina de Turing, puedo explicar todas sus
capacidades, pero, si no conozco su estado inicial, puedo ser incapaz de predecir su comportamiento
(Moore, 1956). De modo menos interesante, pero igual de importante, algunos sistemas son
simplemente intratables. Podemos explicar la trayectoria del remolino de una hoja que cae, pero no
hay esperanza alguna de predecirla4.
Por último, muchos sistemas son bien entendidos de modo idealizado, pero su comportamiento real
no se puede predecir, porque rara vez o nunca se dan las condiciones de contorno relevantes.

Los sistemas pueden entonces ser todavía bien entendidos pero aun así impredecibles. ¿Y a la
inversa? ¿Puede un sistema ser predecible sin que se lo entienda? Ciertamente.

Durante siglos, las mareas han sido predichas a partir de tablas de mareas. Su previsibilidad no
mejoró en absoluto con su explicación exitosa por parte de Newton 5. Considere también la difícil
situación de los científicos del siglo XVII, confrontados con el hecho de que golpear un clavo hace
que se caliente. La teoría calórica, la teoría calórica, la teoría vigente en aquel entonces, trataba a
los cambios en el calor como fenómenos de difusión. Su café se enfría porque el calórico en él se
difunde en la taza y el aire que lo rodean hasta que se alcanza un equilibrio. El fuego lo calienta
porque el calórico en él se difunde en la olla y el aire circundante, y de allí al café, y así
sucesivamente. Pero al golpear un clavo, éste se calienta sin importar la temperatura del martillo6.
Este fenómeno –llamémoslo el “efecto Galileo”, por el hombre que lo hizo famoso– es
relativamente fácil de cuantificar. Usted puede estar en condiciones de predecir lo que va a ocurrir,
e incluso ser capaz de cuantificar esas predicciones, pero aun así no tener idea de por qué sucede.
Por el contrario, una vez armados de la teoría mecánica del calor, resulta evidente que golpear un
clavo es como sacudir un poco de gelatina: más vibración equivale a más calor. Pero comprender
esto no mejora la previsibilidad en absoluto; explica el efecto Galileo, pero es la enunciación del
mismo efecto la que genera las predicciones.

3. Las leyes de la psicología son explananda

Desde la perspectiva que he estado sosteniendo, se observa que una proporción importante de los
esfuerzos de investigación en psicología experimental no se aplica directamente a la explicación,
sino que se aplica al descubrimiento y confirmación de efectos. Un efecto, he estado argumentando,
es un explanandum, no un explanans. En psicología, estamos abrumados con cosas que explicar, y
algo carentes de cosas que las expliquen. ¿Por qué?

Quiero empezar por mencionar un factor sociológico sólo para poder dejarlo a un lado. El hecho es
4Cartwright (1983) niega que podemos explicar la trayectoria de una hoja que cae. Pero todo lo que defiende es que no podemos
predecirla. Ella parece pensar que se sigue de esto que no tenemos ninguna razón para creer que las leyes de la mecánica subsumen la
trayectoria con precisión. Una visión más conservadora es que comprendemos muy bien las hojas que caen. Nadie piensa seriamente
que éste es un gran misterio de la naturaleza comparable con la naturaleza de la consciencia, por ejemplo. El problema es que la
predicción es intratable.
5Este es un caso interesante, en muchos sentidos. La explicación exitosa de Newton en términos de la influencia gravitatoria de la

luna no permite la predicción, que se hace hoy en día, así como antes de Newton, a través de tablas. Así que aquí tenemos en una sola
instancia, un caso en el que la predicción no es ni necesaria ni suficiente para la explicación. Por otra parte, tenemos un caso en el
que la explicación parece estar separada de la verdad. La mecánica newtoniana en que se basa la explicación ha sido reemplazada,
mientras que la explicación es todavía aceptada.
6Se pensaba que la fricción liberaba calórico, pero esta idea no ayudaba para el caso del martillo y clavos fríos.

3
que es muy difícil publicar un artículo científico que simplemente ofrezca una explicación de un
efecto. La mayoría de las revistas quieren reportes de experimentos.

La explicación como tal es relegada a la sección de "discusión", que es en general vaga y


francamente especulativa en comparación con el resto del artículo. Las secciones de discusión
muchas veces no son leídas, y sus contenidos casi nunca son presentados en otros artículos. La
“porción del león” va para los experimentos y el análisis de datos, no para la explicación de los
efectos que ellos revelan.
Cualquier otro curso de acción puede sepultar rápidamente la carrera del investigador en cuestión.

Esto no es mera tradición o perversidad. Es resultado de una profunda incertidumbre acerca de qué
se requeriría para realmente explicar un efecto psicológico. ¿Después de todo, cómo debería ser una
teoría explicativa exitosa de la mente?

Podemos estar muy seguros de lo que no sería. No sería algo parecido unos Principia Psicológica.
La mecánica newtoniana fue presentada como un sistema axiomático, a imagen de la geometría
euclidiana, un paradigma muy influyente en el siglo XVII, y desde entonces ha sido el paradigma
dominante de lo que debe ser una teoría explicativa en ciencia. Es discutible si este es un paradigma
verdaderamente útil en cualquier ciencia. Ciertamente, la mecánica, incluso la mecánica
newtoniana, nunca es presentada de esa manera hoy día. Sin embargo, si el objetivo es establecer
los principios fundamentales del movimiento, el enfoque axiomático tiene algún sentido. Hay, uno
podría suponer, un pequeño número de principios fundamentales que rigen el movimiento, y éstos,
junto con algunas definiciones adecuadas, pueden dar lugar a las derivaciones de las ecuaciones que
especifican el comportamiento (tal vez idealizado) de cualquier sistema mecánico específico: un
péndulo, un resorte, un sistema solar, y así sucesivamente. Lo que hace que esto parezca un enfoque
viable es la idea de que el movimiento es el mismo en todas partes, independientemente del objeto
que se mueva, de dónde y cuándo se mueva. Es también este tipo de ideas que sostiene la
convicción generalizada de que la física es la ciencia más fundamental.

En cambio, aquello que motiva la idea de que la psicología y la geología no son ciencias
fundamentales es la idea de que los sistemas psicológicos y geológicos son especiales. Los
principios de la psicología, la geología y las demás llamadas ciencias especiales no gobiernan la
naturaleza en general, sino sólo ciertas clases especiales de sistemas. Los principios de la psicología
y la geología son leyes in situ, es decir, leyes que rigen para un tipo especial de sistema debido a su
peculiar constitución y organización. Las ciencias particulares no brindan leyes generales de la
naturaleza, sino más bien leyes que rigen para esas clases especiales de sistemas que son sus objetos
de estudio. Las leyes in situ especifican efectos –patrones regulares de comportamiento
característicos de una clase específica de mecanismo.

Una vez que vemos que las leyes de una ciencia especial son especificaciones de efectos, podemos
ver por qué las teorías en tales ciencias no podrían ser nada parecido a los Principia de Newton.
¿Quién estaría interesado en un desarrollo axiomático de los efectos exhibidos por el hígado o el
motor de combustión interna? Lo que queremos es una explicación de esos efectos en términos de la
constitución y organización del hígado o del motor. En el ámbito de la física fundamental, se
obtienen leyes debido a que, en un nivel fundamental, lo único que se puede hacer es especificar
cómo son las cosas. No pensamos en las leyes fundamentales del movimiento como efectos, porque
no pensamos en ellas como especificando el comportamiento de alguna clase especial de sistema
que se comporta como lo hace debido a su constitución y organización. Las cosas que obedecen a
las leyes fundamentales del movimiento (todo) no tienen algún tipo especial de constitución u
organización que explica el hecho de que obedezcan a esas las leyes. Las leyes del movimiento

4
simplemente especifican qué movimientos son posibles en este mundo. Las clases especiales de
sistemas, por otra parte, presentan efectos característicos distintivos. En general, pues, parece que
las ciencias especiales como la psicología deben tratar de descubrir y especificar los efectos
característicos de los sistemas que constituyen sus dominios propios, y explicar esos efectos en
términos de la estructura de esos sistemas, es decir, en términos de sus partes constituyentes (ya
sean físicas o funcionales) y su modo de organización7.

4. Efectos y capacidades

Lo que he estado llamando “efectos psicológicos” no son los únicos, o siquiera los principales,
explananda de la psicología. Me he concentrado en los efectos porque he estado criticando la idea
de que la explicación psicológica es subsunción bajo leyes, y sosteniendo que las leyes psicológicas
especifican efectos. Los principales explananda de la psicología, sin embargo, no son los efectos
(leyes psicológicas), sino las capacidades: la capacidad de ver en profundidad, de aprender y hablar
un idioma, de planificar, predecir el futuro, empatizar, comprender los estados mentales de los
demás, engañarse a sí mismo, ser consciente de sí mismo, y así sucesivamente. Comprender estos
tipos de capacidades es lo que en primera instancia motiva la investigación psicológica.

Las capacidades se entienden mejor como un tipo de propiedad disposicional compleja. Los
tratamientos estándares normalmente asumen que las disposiciones son especificadas por
condicionales subjuntivos en los siguientes términos:

La sal es soluble en agua = Si la sal se pone en agua, entonces, ceteris paribus8, se


disolverá.

Este tipo de análisis es valioso porque deja claro que tener una propiedad disposicional es satisfacer
una ley in situ, una ley que caracteriza el comportamiento de una determinada clase de cosas. Las
capacidades y los efectos son, pues, parientes cercanos.

Para que este tipo de análisis funcione, tenemos que saber qué condiciones precipitantes (poner x en
agua) generan qué manifestaciones (x se disuelve). Para muchas capacidades psicológicas,
especificar exactamente lo que son no es una cuestión menor. La especificación de una capacidad es
lo que Marr (1982) llama el "problema computacional". Esto puede ser extremadamente no trivial.
Después de todo, ¿cómo deberíamos especificar la capacidad de entender chino? O puede ser
relativamente simple, como en el caso de las capacidades de cálculo (la capacidad para sumar o
multiplicar, por ejemplo). Así que una razón por la que no pensamos en la capacidad para aprender
un lenguaje natural como un efecto, es simplemente que la capacidad sigue estando especificada de
modo más bien pobre. Como consecuencia, los explananda principales de la psicología –las
capacidades– no se especifican típicamente como leyes, y tampoco queda claro que puedan serlo9.

Pero hay una razón más interesante para esto. Muchas de las cosas que llamamos efectos en
psicología son de hecho contingentes respecto del ejercicio de alguna capacidad de interés.
Una analogía nos ayudará a aclarar la distinción que tengo en mente. Consideremos dos
multiplicadores, M1 y M2. M1 utiliza el algoritmo estándar de productos parciales que todos
aprendimos en la escuela. M2 utiliza adición sucesiva. Ambos sistemas tienen la capacidad de
multiplicar: dados dos números, generan un número que representa el producto de los números
representados por los inputs. Pero M2 también exhibe el "efecto de linealidad": el cómputo es, en
términos generales, una función lineal de la magnitud del multiplicador. Se tarda el doble de tiempo
7VerCummins, 1983, capítulos 1 y 2, para una descripción detallada de este tipo de explicación aplicada a la psicología.
8N.T.: voz latina, "mientras todo lo demás permanezca igual o constante".
9Véase el análisis de la capacidad de jugar al ajedrez en la sección 6.2 a continuación.

5
para calcular 24 x N que para calcular 12 x N. M1 no exhibe el efecto de linealidad. Su perfil de
complejidad es, por decirlo así, una función escalonada del número de dígitos en el multiplicador.

El "efecto de linealidad" es contingente respecto de la capacidad de multiplicar en M1. Es, por


decirlo así, un efecto secundario de la manera en que M1 ejerce su capacidad de multiplicar, y es
por eso que llamamos a este hecho acerca del tiempo de computación un “efecto”, y a la
multiplicación una “capacidad”. Por supuesto, el "efecto de linealidad" podría ser computado.
Podríamos diseñar un sistema M3 que no sólo compute los productos, sino que también compute los
tiempos de reacción, sincronizando sus outputs para simular una máquina de adición sucesiva. M3
podría ser muy difícil de distinguir de M1 sobre la base de su comportamiento, aunque no
necesariamente sería imposible. La función de sincronización podría ser de alguna manera
desactivada sin desactivar el multiplicador. Más sutilmente, el cómputo de los tiempos de los
outputs relevantes podría como tal ser no lineal, en cuyo caso M3 no será capaz de engañarnos para
grandes inputs (suponiendo que los pueda procesar). O podría ser que el "efecto de linealidad" en
M3 sea cognitivamente penetrable (Pylyshyn, 1982), en cuyo caso no puede ser contingente. Por lo
tanto, puede ser una cuestión de controversia sustantiva definir si estamos ante el ejercicio de una
capacidad o ante un efecto incidental. Esto es precisamente lo que está en juego entre los defensores
de la imaginería y sus opositores: ¿los efectos de rotación y de exploración (por ejemplo) son los
efectos contingentes de rotar o escanear una representación-tipo-imagen, o son el ejercicio de una
capacidad para estimar la rotación o los tiempos de escaneo que involucra objetos físicos reales?
(Véase, por ejemplo, Pylyshyn, 1979.)

En tanto que explananda primarios de la teoría psicológica, las capacidades generalmente no


precisan ser descubiertas: todo el mundo sabe que la gente tiene visión de profundidad y aprende
lenguajes. Pero las capacidades tienen que ser especificadas, y eso, reitero, puede ser no-trivial. En
tanto que explananda secundarios, los efectos por lo general tienen que ser descubiertos. Mucho
más importante, sin embargo, es el tipo de repercusión sobre la confirmación de teorías que tiene
explicar efectos en contraste con explicar capacidades.
Dadas dos teorías o modelos de la misma capacidad, los efectos contingentes asociados pueden ser
utilizados para distinguir entre ellas. Esto es importante por dos razones. Primero, siempre es
posible en principio, y a menudo de hecho, construir modelos débilmente equivalentes de la misma
capacidad. Para tomar un caso extremo, Smolensky, Legendre y Miyata (1992) han demostrado que,
para cualquier analizador sintáctico escrito en un lenguaje de tipo LISP llamado tensor product
programming language, es posible construir una red conexionista distribuida que ejecuta los
mismos análisis sintácticos.
Con respecto al análisis sintáctico en sí, entonces, no hay nada que elegir entre los dos modelos. Sin
embargo, predicen efectos contingentes muy diferentes. En segundo lugar, incluso cuando dos
modelos no son débilmente equivalentes, pueden estar a la par empíricamente: lo suficiente como
para que las diferencias entre ellos sean plausiblemente atribuidas a factores tales como error
experimental, idealización y similares. Una vez más, los efectos contingentes, que pueden no tener
por sí mismos gran interés como explananda, pueden servir para distinguir estos casos.
Podemos entonces esperar ver una buena cantidad de esfuerzo dedicado a la explicación de los
efectos contingentes que tienen poco interés en sí mismos: nadie elaboraría una teoría sólo para
explicarlos. Pero su explicación exitosa a menudo puede ser crucial para la evaluación de las teorías
o modelos diseñados para explicar las capacidades básicas, que son los objetivos principales de la
investigación psicológica.

5. Análisis funcional

Una teoría puede explicar una propiedad disposicional mediante análisis sistemático –es decir,

6
analizar el sistema que posee esa disposición–, o puede proceder en cambio analizando la propia
disposición. Denomino a la aplicación del análisis de propiedades a las disposiciones o capacidades
como “análisis funcional”.
El análisis funcional consiste en descomponer una disposición en un número de disposiciones
menos problemáticas de modo que la manifestación programada de estas últimas equivale a una
manifestación de la disposición analizada.

Por "programada" simplemente quiero decir organizada de manera tal que pueda ser especificada en
un programa o diagrama de flujo. La producción en serie, mediante líneas de montaje, proporciona
una clara ilustración de esto. La producción se divide en una serie de tareas distintas y relativamente
sencillas (no especializadas). La línea de montaje tiene la capacidad de producir el producto en
virtud de que las unidades en ella tienen la capacidad para llevar a cabo una o más de estas tareas, y
en virtud de que cuando estas tareas se llevan a cabo de manera –organizada –de acuerdo con un
programa determinado– da como resultado el producto terminado. Los diagramas esquemáticos en
electrónica ofrecen otro ejemplo familiar. Puesto que cada símbolo representa cada objeto físico con
una cierta capacidad, un diagrama esquemático de un dispositivo complejo constituye un análisis o
descomposición de las capacidades electrónicas del dispositivo como un todo en las capacidades de
sus componentes. Este análisis nos permite explicar cómo el dispositivo en su conjunto ejecuta la
capacidad analizada, ya que nos permite ver su ejecución en términos de la ejecución programada
(es decir, organizada) de las capacidades descompuestas.

En estos ejemplos, el análisis de la disposición va de la mano de una manera bastante obvia con el
análisis componencial del sistema dispuesto: las disposiciones resultantes del análisis son las
capacidades de los componentes del sistema. Este tipo de correlación directa entre forma y función
es comúnmente utilizada para el caso de artefactos, ya que facilita el diagnóstico y la reparación de
averías. La correlación forma-función está sin duda ausente en muchos casos, por lo tanto es
importante mantener el análisis funcional y el análisis componencial como conceptualmente
distintos. Típicamente, el análisis componencial de las computadoras, y probablemente del cerebro,
genera componentes con capacidades que no figuran en el análisis de las capacidades del sistema
como un todo. La capacidad de un cocinero para hacer un pastel se analiza/descompone en otras
capacidades de "todo el cocinero".
Del mismo modo, las capacidades de la máquina de Turing se analizan en otras capacidades de la
máquina de Turing. Dado que efectuamos este tipo de análisis sin referencia al sistema que
instancia la capacidad, el análisis evidentemente es un análisis de la capacidad en sí misma, y no del
sistema que la instancia. Por lo tanto, el análisis funcional pone restricciones muy indirectas sobre
el análisis componencial. Mi capacidad para multiplicar 27 por 32 se descompone en la capacidad
para multiplicar 2 por 7, sumar 5 y 1, etc., pero estas capacidades no son (hasta donde se sabe)
capacidades de mis componentes.

El interés explicativo del análisis funcional es aproximadamente proporcional a (1) el grado en que
las capacidades resultantes del análisis son menos sofisticadas que las capacidades analizadas, (2) el
grado en que aquellas son de naturaleza diferente a las capacidades analizadas y (3) la relativa
sofisticación del programa al que se recurrió –es decir, la complejidad relativa de la organización de
las partes componentes o procesos que se atribuye al sistema. El punto (3) es correlativo con (1) y
(2): cuanto mayor sea la brecha en sofisticación y clase entre las capacidades resultantes del análisis
y la capacidad analizada, más sofisticado debe ser el programa para zanjar la brecha.

En última instancia, por supuesto, una teoría completa de una capacidad debe mostrar los detalles
de la instanciación10 de esa capacidad en el sistema (o sistema tipo) que la posee. El análisis
10 N. T.: El autor utiliza los términos "realización" e "instanciación" de manera indistinta a lo largo del texto.

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funcional de una capacidad debe eventualmente finalizar con disposiciones cuyas instanciaciones
sean explicables a través del análisis del sistema de interés.
En caso contrario, no tenemos ninguna razón para suponer que hemos analizado la capacidad tal
como se instancia en ese sistema.

6. Paradigmas explicativos existentes en psicología

Así está el terreno abarcado hasta el momento:

1. La explicación psicológica no es subsunción bajo leyes.


2. Las leyes psicológicas no son leyes generales de la naturaleza, sino leyes in situ, es decir,
especificaciones de efectos, no principios explicativos.
3. Los explananda primarios de la psicología son las capacidades.
4. Los efectos y capacidades en clases especiales de sistemas generalmente han de ser explicados
apelando a la estructura de esos sistemas.
5. Gran parte del esfuerzo en psicología, y casi toda la metodología, se dedica al descubrimiento y
la confirmación de efectos.

Llama la atención que, si bien existe un amplio cuerpo de doctrina en psicología acerca de la
metodología apropiada para el descubrimiento y confirmación de efectos, no existe casi nada sobre
cómo formular y poner a prueba una explicación11.

Esto no es sorprendente. Si usted piensa que explicar es subsumir bajo leyes, entonces verá al
descubrimiento y comprobación de leyes como la misma cosa que la formulación y comprobación
de explicaciones. Puede ser tomado como una medida de la ubicuidad del ND el hecho de que la
metodología de comprobación de hipótesis no esté en absoluto complementada con una
metodología comparablemente sofisticada para la puesta a prueba de explicaciones. Por otro lado,
puede ser que la puesta a prueba de las explicaciones simplemente no admita la formulación de una
metodología explícita porque una explicación exitosa depende tanto del conocimiento y las
capacidades cognoscitivas de quienes explican como de las propiedades lógicas de la explicación,
una posibilidad a la que volveré más abajo.

Cualquiera sea la causa, los psicólogos que se enfrentan con la tarea de explicar un efecto
generalmente intentan imitar uno u otro de los paradigmas explicativos establecidos en la disciplina.
Estos paradigmas son bastante familiares, pero una breve revisión en el contexto actual se revelará
esclarecedora.

Hay cinco paradigmas explicativos generales que influyen en la psicología contemporánea:

1. Las explicaciones de tipo Creencia-Deseo-Intención (CDI);


2. Las explicaciones computacionales de procesamiento de símbolos;
3. Las explicaciones conexionistas;
4. Las explicaciones neurocientíficas;
5. Las explicaciones evolutivas.

6.1. Creencia-Deseo-Intención (CDI)

Este es por lejos el modelo explicativo más familiar. Es el modelo de explicación psicológica del

11Existe un hipotético-deductivismo (HD): las explicaciones son “teorías”, que se ponen a prueba al deducir a partir de ellas qué
efectos deben ser constatarse. Las explicaciones se corroboran entonces al determinar si los efectos que predicen son reales.

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sentido común, de la psicodinámica freudiana y de una gran cantidad de trabajos actuales en
psicología del desarrollo, social y cognitiva. Es lo que Dennett alaba como “explicación a partir de
la actitud intencional”, y lo que Churchland deplora como “psicología del sentido común” (Dennett,
1987; Churchland, 1981). Al CDI le subyace un conjunto de asunciones centrales acerca de cómo
creencias, deseos e intenciones interactúan entre sí. Estos supuestos no son explicitados casi nunca,
así como no se hacen explícitos los supuestos mecánicos acerca de resortes, palancas y engranajes
que sustentan las explicaciones estructurales de una máquina mecánica. Todo el mundo sabe que las
creencias están disponibles como premisas en inferencias, que los deseos especifican metas y que
las intenciones son planes adoptados para alcanzar metas, por lo cual no hay razón para decir todo
esto de manera explícita (excepto para los filósofos).

Es realmente increíble cuán poderoso es este esquema de cosas, sobre todo si se admiten en él las
creencias, deseos e intenciones inconscientes. Pero hay problemas.

El más fundamental de ellos es algo que yo llamo la “Brecha de Leibniz”. Leibniz formuló la
Brecha de este modo:

"Por otra parte, debemos confesar que la percepción, y lo que depende


de ella, es inexplicable en términos de razones mecánicas, es decir,
mediante formas y movimientos. Si imaginamos que hay una máquina
cuya estructura la hace pensar, sentir y tener percepciones, podríamos
concebirla ampliada, manteniendo las mismas proporciones, para que
pudiéramos entrar en ella, como se entra en un molino. Asumiendo
esto, al inspeccionar su interior, sólo vamos a encontrar piezas que se
empujan unas a otras, nunca vamos a encontrar nada que explique una
percepción. Y por eso, debemos buscar la percepción en la sustancia
simple y no en lo compuesto o en la máquina". (Leibniz, 1714, sec.
17)

Hay, como Leibniz señala en este famoso pasaje, una brecha entre los conceptos de la psicología
CDI, y aquellos que utilizamos para describir el cerebro. Así que, aunque estemos convencidos de
que la mente es el cerebro, o un proceso que acontece en el cerebro, la observación física del
cerebro parece darnos los datos en el vocabulario equivocado: sinapsis en lugar de pensamientos.
Cuando miramos a un cerebro, por más que sea un cerebro vivo, no vemos pensamientos. O bien,
para no cometer una petición de principio, no vemos nada que reconozcamos directamente como
pensamientos. Si usted tuviera una cámara de Newton y tomara una instantánea de un juego de
billar mientras este progresa, lo que vería serían vectores con centros de gravedad en sus extremos.
Si usted tuviera una cámara psicológica y tomara una instantánea de un cerebro vivo, vería, según la
psicología CDI, creencias, deseos, intenciones y sus relaciones canónicas. Pero para construir una
cámara psicológica, tendría que salvar de alguna manera la Brecha de Leibniz mediante la
correlación de las propiedades, eventos y procesos cerebrales observados con creencias, deseos e
intenciones, y esto, al menos por ahora, está más allá de nuestras posibilidades. Por lo tanto, la gran
brecha leibniziana existente entre la psicología CDI y el cerebro, echa por tierra la búsqueda de una
explicación psicológica.

Al carecer de sugerencias precisas sobre cómo creencias, deseos e intenciones son instanciados en
el cerebro, queda la duda de si incluso los más poderosos análisis CDI de algún efecto psicológico
pueden especificar algún modo de lograr ese efecto, pero no el modo, esto es, el modo en que el
cerebro lo hace. Esta objeción es una objeción "filosófica", ya que es independiente de cuán
predictivamente exitosos los análisis CDI resulten ser. Si supiéramos que sólo existe una manera de

9
lograr los efectos psicológicos que encontramos en el laboratorio y en el campo, entonces el hecho
de que un efecto psicológico haya tenido un análisis CDI satisfactorio constituiría evidencia de que
el cerebro tiene que instanciar de alguna manera la estructura que el análisis especificó. Pero, por
supuesto, no sabemos si sólo hay una manera de diseñar una mente como la nuestra, y, a falta de
este conocimiento, no sabemos si la falta de precisión predictiva que acompaña a cualquier teoría
científica se debe a que la mente humana no es un dispositivo CDI o a que nuestra teoría es
idealizada, que las mediciones no son perfectas, y así sucesivamente.

Otro problema conceptual serio del CDI tiene que ver con la naturaleza de las actitudes
proposicionales –creencia, deseo, intención y similares– que son los caballos de batalla de la CDI.
La psicología CDI requiere una concepción de las actitudes que no sólo admita creencias, deseos e
intenciones que no sean conscientes, sino también que no puedan serlo. Aunque la mayoría de los
filósofos y psicólogos encuentran esto aceptable, esta afirmación ha sido cuestionada (Searle,
1992).
Un punto más grave es que el CDI requiere que las actitudes sean "atomistas", es decir, que puedan
existir en un aislamiento relativo. En un marco CDI, los modelos estándares de procesamiento
lingüístico o visual, por ejemplo, requieren creencias acerca de las estructuras de frases y cruces por
cero en subsistemas que están relativamente aislados informativamente de otros aspectos de la
cognición. Ningún psicólogo que trabaja en los conceptos y su adquisición podría pensar que
simplemente ser capaz de ver, o entender un lenguaje, es suficiente para tener el concepto de una
estructura de frase o de un cruce por cero. Sin embargo, tener creencias sobre estructuras de frases y
cruces por cero parece requerir tener estos conceptos. Por lo tanto, el atomismo respecto de las
actitudes, aunque tiene sus defensores (Fodor y Lepore, 1992), sigue siendo muy controvertido
(Stich, 1983; Block, 1986)12.

Finalmente, no está claro que los fenómenos psicológicos se puedan generalmente reducir a la
interacción entre actitudes proposicionales, incluso si éstas son concebidas en un sentido amplio
como para incluir cosas tales como un procesador de lenguaje que genere una representación de la
estructura de frase de una entrada lingüística. El CDI parece más adecuado para la llamada
cognición superior, y, en particular, para el razonamiento de alto nivel y la planificación. Incluso en
este caso, existen fuertes críticas. Los eliminativistas han argumentado que el CDI, ya se trate de la
"teoría tradicional" o esté basado en una teoría innata de la mente, es, de hecho, una teoría
desacreditada (por ejemplo, Churchland, 1981).

6.2. Computacionalismo

El computacionalismo (el cerebro es una computadora y la mente es lo que está haciendo) es sólo
CDI con algo menos de equipaje.
El computacionalismo es una estrategia "de arriba hacia abajo". En manos de un computacionalista,
la estrategia comienza con la identificación de una tarea o capacidad a explicar: la capacidad para
aprender un idioma, o conversar, o resolver un problema, etc.. A continuación se intenta especificar
esa capacidad como una función o relación: ¿Qué inputs producen qué outputs en qué
circunstancias? Por último, esa función o relación característica se analiza en componentes que
tienen instanciaciones computacionales conocidas. (En la práctica, esto significa su análisis en
componentes que puedan ser programados en LISP o algún otro lenguaje de programación
estándar.)

12Es interesante ver que, cuando los fenómenos se vuelven más "especializados", los estudios sobre intenciones y deseos tienden a
abandonarse. Seguramente hay algo de verdad en la idea de que el juego de la vida pasa por formar intenciones (planes) que harán
que las cosas se muevan desde el cuadro de deseo (desear [ser rico]) a la caja de creencias (creer [ser rico]). Pero es descabellado
pensar que este sea el lazo fundamental en el procesamiento del lenguaje o de la vista.

10
Esta estrategia conlleva tres supuestos y un prerrequisito que son dignos de mención:

1. Una suposición subyacente a este enfoque es que las funciones psicológicas son computables.
Esto es en realidad una suposición bastante fuerte y atrevida. La mayoría de los sistemas dinámicos
que se encuentran en la naturaleza no pueden ser caracterizados por ecuaciones que especifican una
función computable. Ni siquiera tres cuerpos que se mueven en un espacio newtoniano satisfacen
este supuesto. El que los procesos en el cerebro que sirven de sustento a la cognición pueden
caracterizarse como el cálculo de una función computable es en gran medida una cuestión abierta.

2. Otra suposición subyacente al computacionalismo arriba-abajo, tal como es usualmente


caracterizado (tal como acabo de caracterizarlo), es que las capacidades psicológicas se pueden
especificar de forma independiente de su análisis. Pero esto es evidentemente falso en muchos
casos: no existe, por ejemplo, ninguna función de input-output, cuya computación constituiría jugar
bien al ajedrez. O mejor dicho, hay muchísimas. Piense en un sistema de ajedrez como un
generador de movimiento, es decir, como una función que va de posiciones del tablero (actuales) a
posiciones del tablero (movimiento). En una situación dada, los buenos jugadores de ajedrez
podrían hacer una gran cantidad de movimientos diferentes. De hecho, el mismo jugador podría
hacer movimientos diferentes, en diferentes ocasiones. En la práctica, entonces, la única manera de
especificar una función de ajedrez es de hecho escribir un algoritmo para computarla. En general,
no podemos especificar una función cognitiva antes de analizarla y ponerla en práctica, y esto
introduce una dificultad metodológica: si no podemos especificar el explanandum
independientemente del explanans, ¿cómo vamos a poder comparar explicaciones que compiten
entre sí? Podemos, por supuesto, determinar qué teoría predice mejor los datos observacionales –es
decir, podemos determinar cuál funciona mejor en la predicción de los efectos conocidos– pero esto
sólo nos indica cuál teoría tiene más posibilidades de ser cierta, no cuál genera la mejor explicación.
La distinción es importante. Es bien sabido que aunque sea posible hacer encajar todos los datos,
también es posible hacerlo dentro de una teoría que no dice nada acerca de los mecanismos
subyacentes o de su análisis, es decir, de un modo que no tiene ninguna fuerza explicativa (Craig,
1953; Putnam, 1965). Este problema es subestimado debido a una tendencia a centrarse
exclusivamente en los efectos, dejando de lado las cuestiones explicativas desde un principio.

3. Un tercer supuesto básico de la estrategia arriba-abajo, muy relacionado con el segundo supuesto,
es que vamos a ser capaces de reconocer y caracterizar los inputs y las conductas relevantes
previamente a poder explicar cómo éstas se computan a partir de los inputs. Aquí la dificultad es
que las concepciones pre-analíticas que se tengan de la conducta y sus causas pueden falsear o
distorsionar seriamente lo que realmente está pasando. Los conexionistas a veces se quejan de que
no hay ninguna razón para pensar que la cognición en el cerebro sea la manipulación de
representaciones que se corresponden con nuestros conceptos ordinarios. En este sentido, quienes
siguen estrategias arriba-abajo corren el riesgo de caracterizar los explananda en términos
transversales o distorsionados respecto de las categorías causalmente relevantes. Esto es análogo a
la tentación casi irresistible en biología de creer que los rasgos morfológicos de importancia e
interés para nosotros deben corresponderse con nuestros genes de alguna manera ordenada.
Los computacionalistas acostumbran a responder que lo que Dennett (1987) llama la “actitud
intencional” –predecir y explicar el comportamiento en términos de creencias, deseos e
intenciones– es muy exitosa, y que por lo tanto caracterizar la cognición aproximadamente en esos
términos de sentido común no puede ser un error fundamental. Sin embargo, lo mismo puede
decirse de la astronomía de Ptolomeo o la mecánica de Newton. Una teoría fundamentalmente
equivocada o incluso incoherente puede tener un éxito explicativo y predictivo considerable.

Esto en cuanto a los supuestos. Ahora, en cuanto al prerrequisito: una aplicación exitosa de la

11
estrategia arriba-abajo requiere que el explanandum sea analizable. Todo el mundo que haya
intentado programar está familiarizado con esta restricción. No se puede escribir un programa que
calcula jugadas en bridge o raíces cuadradas si usted no sabe cómo calcular jugadas en el bridge o
calcular raíces cuadradas. Pero muchas capacidades psicológicas son explananda interesantes
precisamente porque no tenemos idea de cómo se realiza esa tarea. Esta es la razón por la que la
inteligencia artificial juega un papel tan central en el computacionalismo. Se requiere un ingenio
muy considerable para descubrir una manera –cualquier manera– de construir las especificaciones
tridimensionales del espacio visual a partir de imágenes retinianas, o para lograr que, en resolución
de problemas, dos sesiones cortas sean más efectivas que una larga.

Pero incluso teniendo éxito, hay un problema: después de haber descubierto una manera de
computar una función cognitiva, ¿qué razón hay para pensar que esa es la forma en que nuestros
cerebros lo hacen? No pretendo sugerir que no hay manera de hacer frente a este problema, sólo que
es un problema que con seguridad va a surgir en un abordaje arriba-abajo. Los computacionalistas
inevitablemente se quedan de este modo con una Brecha de Leibniz reducida, pero aún
considerable: la brecha entre una descripción computacional de los procesos psicológicos y una
descripción bio-neural de los procesos cerebrales13.

6.3. Conexionismo

La estrategia arriba-abajo es impulsada por el explanandum: se empieza con una capacidad a


explicar, y se trata de encontrar una arquitectura computacional que exhiba esa capacidad. La
estrategia abajo-arriba es impulsada por el explanans: se comienza con una especificación de la
arquitectura, y se trata de encontrar una manera de lograr que haga la tarea14.

Lo que los conexionistas tienen en común es la suposición de que las capacidades cognitivas se
construyen a partir de un conjunto de procesos primitivos diseñados explícitamente para ser
parecidos al cerebro. Comienzan con los componentes básicos de un cerebro simplificado e
idealizado, y tratan de crear sistemas que se comporten como lo haría un sistema cognitivo. Así
pues, el conexionista busca reducir la Brecha de Leibniz aun más, llegando hasta la brecha que hay
entre una descripción genuinamente bio-neural del cerebro y las "redes neuronales" simplificadas e
idealizadas que son lo que tiene para ofrecer.

Sin embargo, una Brecha mucho más reducida no es la única recompensa. También se vuelve
posible programar las redes conexionistas para hacer tareas que el programador no sabe cómo hacer.
Todo lo que se requiere es un "conjunto de entrenamiento" lo suficientemente representativo: un
conjunto de inputs vinculados con sus respuestas correctas. Así, el prerrequisito del
computacionalismo arriba-abajo, mencionado anteriormente, se puede evitar.
Usted puede programar una red para hacer una tarea de la cual no tiene la menor idea cómo se hace.
Hay una desventaja en esto, sin embargo: una vez que usted ha entrenado una red, es posible que

13La brecha se reduce en relación con el CDI porque un análisis computacional al menos habrá demostrado la realizabilidad física –
de hecho computacional– de los procesos que postulan. Las explicaciones CDI están siempre sujetas a la preocupación eliminativista
de que los procesos fundamentales postulados en realidad no puedan ser instanciadas físicamente en lo absoluto. Sin embargo, se
puede argumentar que muchas explicaciones computacionalistas sólo tienen sentido bajo el supuesto controversial de que las
creencias, deseos e intenciones tienen instanciaciones computacionales relativamente sencillas. Volveré sobre este punto más
adelante.
14En la práctica, la mayoría de los computacionalistas de hecho utilizan una estrategia abajo-arriba, hasta cierto punto. Esto se debe a
que, como estudiante de grado, uno aprende en el seno de un grupo de investigación que está más o menos comprometido con una
determinada arquitectura, y el trabajo consiste en extender este enfoque a nuevas capacidades. Esto está bien así: un abordaje arriba-
abajo puro, tal como lo describió Marr (1982), es probablemente imposible. Las arquitecturas computacionalistas, sin embargo, no
están bien basadas en el cerebro, por lo que el problema persiste.

12
aún tenga poca o ninguna idea de cómo hace la tarea. El estudio de una red artificial es, por
supuesto, mucho más fácil que el estudio de un cerebro vivo, por lo que usted sigue teniendo esa
ventaja. Pero no está exento de riesgos..

Aun más, rara vez se hace notar que uno de los supuestos requeridos por el enfoque arriba-abajo
también es requerido por los defensores del enfoque abajo-arriba. Los conjuntos de entrenamiento
se deben especificar de alguna manera, y el problema de cómo conceptualizar los inputs y las
conductas no es más fácil para los conexionistas que para los computacionalistas del enfoque arriba-
abajo. Mientras los conexionistas no necesitan asumir que las redes operan mediante
representaciones internas que se corresponden a los conceptos ordinarios de sentido común, no se
encuentran en mejor posición que los computacionalistas a la hora de conceptualizar los
explananda.

Antes de dejar el tema de los supuestos subyacentes y las condiciones habilitantes, vale la pena
notar que algunos de los supuestos habilitantes centrales del computacionalismo son compartidos
por el conexionismo. Ambos asumen que la mente es básicamente un motor cognitivo y sólo
secundariamente subsidiariamente sede de la emoción, el sentimiento y la sensación. Ambos
asumen que la conciencia no es esencial para la comprensión de la cognición. Y ambos asumen que
la cognición no requiere un cerebro biológico, por no hablar de un alma inmaterial. Ambos son
decididamente funcionalistas y materialistas. Y ambos son representacionalistas en tanto que
asumen que la cognición debe ser entendida como la transformación ordenada de estados cuya
función principal es la representación de la información relevante para la capacidad cognitiva que se
ejerce. Las diferencias que dividen a un computacionalista y a un conexionista son prácticamente
invisibles frente a la escala que mide la distancia entre ellos y el conductismo de Watson o Skinner,
o el estructuralismo de Titchner.

6.4. Neurociencia

Todo aquel que no es un dualista cree que los procesos mentales son procesos que ocurren en el
cerebro. Si su meta es una ciencia de la mente, sin embargo, el estudio del cerebro parece brindar
resultados en el lado equivocado de la Brecha de Leibniz. La respuesta computacionalista a este
problema es tratar de entender los procesos cognitivos abstrayéndose del cerebro o de cualquier otro
"hardware"15 en el que se puedan producir. La estrategia computacionalista es articular primero una
teoría computacional de la cognición, y después investigar cómo los procesos computacionales
implicados podrían llevarse a cabo en el cerebro. Esta estrategia tiene algunos méritos evidentes. Ya
que nadie pone en duda que los procesos computacionales pueden realizarse físicamente, el
computacionalismo está libre de todo residuo dualista. Sin embargo, el problema de zanjar la
Brecha de Leibniz queda pospuesto para cuando sepamos más acerca de los procesos cognitivos y
neuronales. Ahora, un inconveniente evidente es que no hay garantía de que los procesos cognitivos
sean de hecho procesos computacionales, y menos aún de que la cognición en los cerebros
biológicos termine consistiendo en el tipo de procesos que estudiamos bajo un enfoque
estrictamente arriba-abajo.

Aunque este enfoque ha tenido algunos éxitos notables, también ha tenido algunos fracasos
notables. Sería razonable concluir que las dificultades que enfrenta el computacionalismo podrían
ser debidas a la insuficiente atención que ha prestado a los únicos procesos que con seguridad
sabemos son suficientes para la mentalidad en general, y la cognición en particular, es decir, los
procesos cerebrales. Tal vez simplemente debamos aceptar que, en la situación actual, el estudio del
cerebro nos pone en el lado equivocado de la Brecha de Leibniz, pero esperar que, en la medida en
15 N. T.: referencia a la metáfora de la computadora, o "del ordenador": la mente es un software, el cerebro (u otras instanciaciones
físicas posibles de la mente) un hardware.

13
que nuestro conocimiento aumente, nos hagamos de los rudimentos del puente para cruzar la
Brecha.

Los conexionistas intentan tomar un término medio, partiendo desde la mitad de la Brecha, por así
decirlo, y tratando de tender un puente a ambos lados al mismo tiempo. La mayoría de los
neurocientíficos, al parecer, son por lo menos tolerantes con la estrategia conexionista. Pero tienden
a sostener que los modelos conexionistas son modelos tan extremadamente simplificados del
cerebro, que en el mejor de los casos sean engañosos.
Si vamos a zanjar la Brecha de Leibniz, vamos a tener que saber mucho más sobre el cerebro de lo
que sabemos ahora. Sobre esto todos están de acuerdo. Así que ¿por qué no seguir en esta
dirección? Y, ya que el cerebro es el único órgano conocido de la mente, ya sea natural o artificial,
parece sensato comenzar por tratar de entender cómo funciona. Cualquier otra estrategia corre sin
duda el riesgo de ser una búsqueda inútil, un intento de entender la mente a partir de cosas que
simplemente no están a la altura del problema.

Esta línea de argumentación ha existido por lo menos desde el siglo XVII, pero tuvo pocas
consecuencias prácticas hasta hace relativamente poco, simplemente porque no existía una manera
muy adecuada de estudiar el cerebro. El firme progreso tecnológico, sin embargo, está empezando a
hacer del experimento mental de Leibniz, una realidad. De este modo, el problema que articuló de
manera tan elocuente se nos impone de nuevo, ya que, por más maravillosas que sean las nuevas
tecnologías a nuestra disposición, todavía no nos ofrecen, ni pueden ofrecernos, "gafas
psicológicas", lentes a través de las cuales la anatomía y la actividad cerebral observadas se nos
aparezcan bajo la forma de facultades psicológicas y procesos de pensamiento.

La tecnología nos puede llevar al borde de la Brecha de Leibniz, pero sólo la teoría puede tender un
puente. Hay dos concepciones de cómo la neurociencia podría contribuir con el puente. Según uno
de los enfoques, los conceptos generados por la neurociencia, adecuados para articular sus datos y
su teoría, deben ser utilizados para reconcebir lo mental desde abajo hacia arriba, desechando
aquellos conceptos mentalistas que no tengan una reconstrucción neurocientífica clara, y
reemplazando, simplemente, aquellos que sí (Churchland, 1987). La psicología del lado mental de
la Brecha de Leibniz o bien se asimila o bien perece. En este enfoque, los efectos bien confirmados
permanecen como explananda, bajo la advertencia de que los conceptos utilizados en su
articulación no deben ser contaminados por conceptos que no tienen una reconstrucción
neurocientífica aceptable16. Las capacidades psicológicas como las que constituyen los explananda
primarios de los enfoques más de tipo arriba-abajo son vistos con sospecha; culpables (hasta tanto
no se demuestre su inocencia) de no cortar la naturaleza siguiendo sus propias articulaciones 17.
Denomino este enfoque el “programa fuerte en neurociencia”18.

Tal como están las cosas, el programa fuerte en neurociencia es casi imposible de poner en práctica.
Las descripciones estándares de disociaciones, de tareas realizadas durante IRMf19, etc., están
repletas de terminología del lado "equivocado" de la Brecha de Leibniz. Una concepción más
16La historia de la ciencia está llena de efectos que no eran reales, en el sentido que la ciencia posterior rediagnosticó los inevitables
fracasos para ajustar los datos con precisión como errores conceptuales en lugar de experimentales.
17N. T.: expresión atribuida a Platón (en su obra "Fedro", es Sócrates quien expresa esta idea), retomada en el contexto actual por

autores como Cummins y Daniel Dennett para hacer referencia a la medida en que el éxito de las explicaciones científicas se debe a
su capacidad para dar cuenta de la naturaleza, siguiendo las propias características de la misma.
18Utilizo los términos "fuerte" y "débil" para distinguir dos concepciones del papel de la neurociencia en la explicación psicológica y
para distinguir dos concepciones análogas de la función de la teoría de la evolución en la explicación psicológica; en este sentido no
deben tomarse como expresiones de aprobación o abuso. Tal denominación toma como modelo la conocida distinción de Searle entre
la IA fuerte y débil (Searle, 1980). Tal vez debería hacer hincapié en que no estoy tratando aquí de caracterizar la neurociencia, sino
sólo su rol abstracto en la explicación psicológica. Lo mismo ocurre con mis observaciones acerca de la evolución en la siguiente
sección.
19N. T.: acrónimo de “Imagen por Resonancia Magnética funcional”, una técnica de neuroimágenes.

14
común y más ecuménica del rol de la neurociencia la trata como una fuente de pruebas diseñada
principalmente para arbitrar entre los análisis funcionales formulados en otros términos, los
términos de la psicología no reducida pertenecientes al otro lado de la Brecha respecto de la
neurociencia "pura".
Hay problemas metodológicos serios aquí que son materia de controversia en psicología,
neurociencia y filosofía, pero en general es evidente cuán pobre es el rol de la neurociencia en el
problema de la explicación psicológica: pasa la pelota. Desde esta concepción, los efectos y
capacidades psicológicos se explican como efectos o capacidades de sistemas CDI,
computacionalistas oconexionistas, y se supone que éstos están instanciados de alguna manera en el
cerebro. La neurociencia entra en juego como fuente de evidencia, para arbitrar entre los
competidores, y en última instancia, como fuente para un modelo de la realización biológica de los
sistemas psicológicos descriptos funcionalmente.

6.5. Explicaciones evolutivas

Al igual que la neurociencia, la evolución puede ser considerada tanto una fuente de explicaciones
psicológicas como una fuente de evidencia que impacta sobre cualquier teoría no evolutiva que
genere sus propias explicaciones psicológicas, y esto genera una distinción entre un programa
evolutivo fuerte y uno débil, análoga a la distinción entre el programa fuerte y débil en
neurociencia. El papel de la evolución como fuente de evidencia es relativamente fácil de precisar.
Los análisis funcionales atribuyen funciones a los sistemas analizados. Una fuente de evidencia de
que un sistema realmente tiene una función dada, o tiene un componente con una función dada, es
que una función de este tipo habría constituido una adaptación, o el corolario probable de una
adaptación, para los antepasados del sistema estudiado20. Por el contrario, un análisis funcional que
propone funciones que no tienen ningún fundamento evolutivo plausible en un sistema biológico es
sospechoso sobre la base de que la naturaleza no está siendo cortada siguiendo sus articulaciones.
Una vez más, hay cuestiones metodológicas importantes aquí, pero no atañen tanto a la naturaleza
de la explicación psicológica, sino sólo a la confirmación de las teorías que la generan.

El programa evolutivo fuerte se basa en la idea de que la evolución podría de hecho explicar una
capacidad o efecto psicológicos. Esta idea es difícil de articular y evaluar. En el mejor de los casos,
parece que la evolución puede explicar por qué una cierta capacidad o efecto es ubicuoen una
población dada. Podría, por decirlo crudamente, explicar por qué tenemos visión de profundidad,
pero no cómo.
Por lo tanto, una explicación evolutiva y una explicación generada por uno de los otros paradigmas
no serían competidores directos en el mismo juego. Esto es oscurecido por el hecho de que razonar
en clave evolutiva podría favorecer algunos análisis funcionales por sobre los demás, lo cual
implica que las explicaciones evolutivas podrían ser incompatibles con las explicaciones generadas
por uno de los otros marcos (CDI, computacionalismo, conexionismo, neurociencia). Pero las
explicaciones evolutivas no tratan de responder a las mismas preguntas que aquellas generadas por
los otros marcos. Por lo tanto, siempre y cuando no haya incompatibilidad entre los análisis
funcionales que cada uno postule, no hay ninguna razón por la que deberíamos tener que elegir
entre una explicación evolutiva y, por ejemplo, una explicación conexionista o una explicación CDI.

7. Dos problemas de la explicación psicológica

Los primeros tres marcos conocidos aquí expuestos –BDI, computacionalismo y conexionismo–
20Corolario: X era una adaptación, e Y es un prerrequisito probable o consecuencia de tener X, por lo que cualquier argumento
evolutivo para la existencia de X confiere cierta plausibilidad a que Y también exista. No pretendo sugerir que la adaptación y la
selección lo son todo en la evolución. Pero los escenarios no-seleccionistas para la evolución de una función psicológica están
destinados a ser relativamente difíciles de interpretar o confirmar.

15
son, como debería ser, marcos analíticos. Es decir, son marcos para el análisis (descomposición) de
capacidades complejas en componentes más primitivos. El programa fuerte en neurociencia aspira a
ser un marco analítico, y está, quizás, encaminado a convertirse en uno. El programa débil en
neurociencia y el programa evolutivo débil no pretenden como tales ser marcos explicativos, y por
lo tanto no ofrecen alternativa alguna al enfoque analítico. Por último, lo que he llamado el
“programa evolutivo fuerte” es, creo, mejor concebido como un intento de explicar la prevalencia
de un efecto o de una capacidad en una población, por lo que deja intacta la cuestión de qué es la
mente y cómo funciona.

Nuestro estudio de los marcos explicativos actualmente viables revela que, aunque todavía es
mucho lo que se habla del ND, la actual edificación teórica y construcción de explicaciones, se
llevan a cabo dentro de marcos que no están diseñados para la elaboración de leyes, sino más bien
para la elaboración de análisis funcionales. Los problemas fundamentales para la explicación
psicológica, entonces, son versiones especiales de los problemas que se presentan para el análisis
funcional en general. Si dejamos a un lado los problemas estrictamente epistemológicos, los
problemas acerca de cómo los análisis funcionales han de ser "descubiertos" o confirmados, y nos
enfocamos exclusivamente en la forma en cómo funcionan en tanto explicaciones, emergen dos
aspectos centrales21.

El primero podría ser denominado “problema de la realización”. El análisis funcional nos deja
siempre con una brecha entre la caracterización funcional de un sistema y las diversas
caracterizaciones no-funcionales las cuales, según se asume, se aplican al sistema cuyo análisis
funcional está en cuestión22

En psicología, esto es lo que he llamado la Brecha de Leibniz. El segundo problema puede ser
denominado “problema de la unificación”. Lo que tengo en mente aquí es el hecho de que los
análisis funcionales suelen ser generados para explicar una cierta capacidad o efecto determinado, o
un conjunto estrechamente relacionado de ellos. Los investigadores que se ocupan de algún aspecto
de la visión pueden ser sensibles a la cuestión de la unificación de su modelo con aquellos que están
dirigidos a algún otro aspecto de la visión. Sin embargo, son menos propensos a preocuparse por
ajustar sus modelos a los que están siendo generados por aquellos que investigan sobre el lenguaje,
o la emoción, o el razonamiento.

7.1 Brecha de Leibniz: intencionalidad y conciencia

El problema de la realización, en la forma de la Brecha de Leibniz, se presenta para cada marco


explicativo comentado anteriormente con la excepción del programa fuerte en neurociencia que
sostiene que los conceptos que no son propios de la neurociencia como tal no deben ser tomados en
serio. Aunque atractivo filosóficamente, ya que elimina la Brecha, el programa fuerte en
neurociencia es, como se observó más arriba, casi imposible de llevar a la práctica como estrategia
explicativa simplemente porque la gran mayoría de los explananda están formulados en términos
que explícita o implícitamente refieren a conceptos que no tienen homólogos conocidos en
21 No pretendo sugerir que estos problemas son triviales o sin importancia. De hecho, creo que son numerosos y profundos. Pero
estos son problemas acerca de la confirmación, no acerca de la explicación. Una de las muchas consecuencias desafortunadas del ND
es que (¡intencionalmente!) borra la distinción entre confirmación y explicación.
22 Como muchos han señalado (véase, por ejemplo, Lycan, 1987), la distinción entre los niveles funcionales y no-funcionales de
organización es relativo. Al dar cuenta de los sistemas raramente se caracterizan en términos no- funcionales. Más bien se
caracterizan en términos de funciones que difieren de aquellas cuya realización está en cuestión. Un circuito lógico, por ejemplo,
podría ser analizado en términos de puertas lógicas Y, puertas O, e INVERSORES. La realización de este circuito podría entonces ser
especificada en términos de resistencias, transistores y conductores. Estos son en sí mismos, por supuesto, términos funcionales, pero
su realización no está en cuestión, así que cuentan como no-funcionales con respecto a las puertas e inversores cuya realización está
siendo especificada.

16
neurociencia. De hecho, la neurociencia que hace honor a las restricciones eliminativistas no parece,
al menos actualmente, tener mucho que ver con la psicología. Propongo, por tanto, poner el
programa fuerte en neurociencia a un lado y que nos concentremos en aquellos marcos que deben,
de un modo u otro, enfrentar la Brecha de Leibniz.

No hay ningún misterio especial acerca de lo que se considera una solución satisfactoria a los
problemas de realización en general. Cada vez que diseñamos un artefacto para satisfacer una
caracterización funcional y luego lo construimos, resolvemos un problema de realización. Esto
demuestra que no hay ningún misterio filosófico especial acerca de lo que es instanciar un sistema
funcionalmente especificado. Las dificultades surgen, sin embargo, en casos especiales en los que
hay una falta de claridad fundamental en uno o más de los elementos primitivos del marco analítico.
Hay una profunda incertidumbre sobre si las creencias, deseos e intenciones pueden ser instanciadas
computacionalmente, no porque no entendamos lo que requiere la realización, sino porque no
tenemos claridad acerca de las creencias, los deseos y las intenciones. No existe una preocupación
comparable acerca de si un determinado sistema especificado computacionalmente se instancia en
el cerebro. Hay incertidumbre, por supuesto, pero es un tipo diferente de incertidumbre. Sabemos lo
que se necesita para instanciar un sistema especificado computacionalmente, sólo que no sabemos si
lo que se necesita está en el cerebro. Pero no sabemos lo que se necesita para instanciar una
creencia o deseo23. ¿Alguno de los muchos y sofisticados planificadores que pueden hallarse
actualmente en la literatura tienen en realidad creencias, deseos e intenciones? Y si no las tienen,
¿deberíamos concluir que la planificación no requiere creencia, deseo e intención, o debemos
concluir que los planificadores computacionalistas son meros imitadores de la actividad mental?
Todo el mundo reconoce que estas son Preguntas Filosóficas, lo cual, en este contexto, significa
esencialmente que todo el mundo reconoce que son preguntas que por el momento no se pueden
abordar de forma experimental. Y, por supuesto, existe un conjunto de problemas exactamente
paralelo, y tal vez relacionado (Searle, 1992), acerca de la consciencia.

Es importante notar que la Brecha de Leibniz entre estados intencionales como la creencia, el deseo
y la intención, por un lado, y conceptos computacionalistas, conexionistas y neurocientíficos por
otro lado, no es sólo un problema para el CDI. Es un problema para cualquier marco que caracterice
su explananda en términos intencionales, o asuma (tácita o explícitamente) una realización de
estados intencionales en los mecanismos y procesos que propone, ya se trate de la manipulación
computacional de estructuras de datos, la propagación de la activación controlada por los pesos de
conexión o las conexiones sinápticas y frecuencias de disparo. Creo que es bastante obvio que los
dos tipos de residuos intencionalistas son ubicuos, aunque no sean universales, en psicología e
inteligencia artificial. Considero que esta es la razón de por qué buena parte de la explicación
psicológica, aunque a menudo convincente e informativa, es casi siempre en última instancia
insatisfactoria. Más aún, no sabemos si el problema es sólo que no entendemos realmente los
estados intencionales, o que, como afirman los eliminativistas, allí no hay nada que entender.
Tampoco hemos resuelto nunca el problema de la realización de las entelequias, pero eso fue un
golpe al vitalismo, no un fracaso del análisis filosófico.

Nada de esto es una novedad, por supuesto. Pero es bueno recordar que no hay nada tan malo en la
explicación psicológica que una solución (o disolución) del problema de la intencionalidad y la
conciencia no pueda curar.

7.2. El problema de la unificación

Hay sin embargo un problema de hecho que afecta a la explicación psicológica, y es su evidente
23 Excepto, trivialmente: que se precisa un cerebro normal. Lo único que hace esto es excluir al dualismo.

17
falta de unificación.

El primer y más evidente problema es que hay cuatro marcos explicativos muy diferentes operando
en la psicología contemporánea: CDI, computacionalismo, conexionismo y neurociencia (fuerte).
Mientras que los dos primeros y los dos siguientes son bastante próximos entre sí, sigue siendo
cierto que las explicaciones construidas en un marco pocas veces son traducibles a explicaciones en
otro; la brecha entre CDI y computacionalismo por una parte, y conexionismo y neurociencia
(fuerte) por otra parte, es particularmente amplia y típicamente competitiva.

Es un lugar común en ciencia atacar diferentes problemas desde la perspectiva de diferentes


modelos explicativos. Para explicar el flujo del agua y la propagación de ondas, uno típicamente
modela el agua como un medio incompresible continuo. Para explicar la difusión y la evaporación,
uno modela el agua como una colección de partículas discretas24. Pero es importante ver cómo esta
situación difiere de la situación que prevalece en psicología. Los diferentes modelos de agua buscan
explicar diferentes efectos. Si bien el agua no puede ser a la vez un fluido continuo incompresible y
un cúmulo de moléculas libres, cada modelo está dirigido a un conjunto diferente de problemas. No
hay competencia entre los modelos en lo que respecta a la solución del mismo problema25.
Por el contrario, es sabido que los modelos conexionistas y computacionalistas compiten
precisamente de esta manera: un ejemplo clásico es la explicación de la adquisición del pretérito en
inglés (Rumelhart y McClelland, 1986; Pinker y Prince, 1989). A este respecto, la psicología
contemporánea se parece a la mecánica del siglo XVII en la que cartesianos y newtonianos
competían para explicar los mismos fenómenos desde diferentes marcos. No hay, por supuesto, una
manera de resolver este tipo de competencia que no sea dejar que la ciencia siga su curso. En el
ínterin, sin embargo, toda explicación en psicología ese encuentra, hasta cierto punto, socavada por
la profunda desunión que afecta al campo en su estado actual de desarrollo. Hasta que el campo esté
unificado de alguna manera –por la victoria de uno de los presentes competidores, por la aparición
de un nuevo marco, o por una jerarquía exitosa de instanciaciones(el CDI instanciado
computacionalmente, a su vez instanciado como una red conexionista, instanciada en el cerebro) –
la sospecha sigue siendo que algunas o todas las explicaciones que se ofrecen en la actualidad
resultan ser profundamente defectuosas debido a que se articulan en un marco profundamente
defectuoso.

Además de la falta de unidad entre los marcos, existe una considerable desunión dentro de cada
marco, en particular dentro del computacionalismo y el conexionismo26.
Ambos marcos permiten una enorme variedad de modelos basados en principios muy diferentes.27
Los intentos de unificación son conocidos: en el frente computacionalista, vienen a la mente el
ACT* de Anderson y el SOAR de Newell, al igual que el ART de Grossberg en el campo

24El ejemplo es de Paul Teller, en una conversación.


25No pretendo sugerir que esta situación está totalmente libre de problemas. Sin duda, es tentador suponer que hay una desunión
profunda aquí –a menos que ambos modelos de agua puedan ser tratados como idealizaciones o simplificaciones basadas en un
modelo único más profundo.
26Los análisis funcionales tienden a proliferar cuando no hay fuertes restricciones sobre los primitivos. El computacionalismo, en
principio, permite que cualquier función computable sea un primitivo psicológico. El conexionismo es algo menos permisivo, pero
aún deja lugar a una desconcertante variedad de arquitecturas de red. La neurociencia fuerte, en la medida en que existe como mar co
explicativo, obliga a cumplir muy pocas restricciones arquitectónicas más allá de las dictadas por la anatomía macroscópica y efectos
de disociación (a menudo controvertidos; un ejemplo clásico es Ungerleider y Mishkin, 1982). El CDI es probablemente el más
unificado de los marcos explicativos actualmente viables, ya que se define por una selección de primitivos. A un así, ha habido pocos
intentos sistemáticos para explicitar los principios de interacción entre estos principios. Una excepción es la psicodinámica freudiana:
pero si bien esto es CDI (extendido), la mayoría de sus principios fundamentales –la represión, por ejemplo– sería considerada como
dudosa por muchos investigadores CDI.
27Como Smolensky, Legendre y Miyata (1992) han señalado, la explicación en estos marcos tiende a estar basadas en modelos, en
lugar de estar basadas en principios.

18
conexionista (Grossberg, 1982; Newell, 1990; Anderson, 1996)28. Pero sería un eufemismo decir
que no son ampliamente aceptados; la desconcertante diversidad de modelos que predomina tiende
a socavar la confianza en cualquiera de ellos.

Habiendo dicho todo esto, no creo que debamos preocuparnos mucho acerca de la falta de unidad.
La práctica habitual de la buena ciencia eventualmente se hará cargo de la desunión. Hay un peligro
mucho mayor al forzar una mayor unidad de la que los datos garantizan. La buena experimentación,
así como la buena toma de decisiones en general, nos puede decir cuál es mejor entre dos modelos,
pero no nos puede decir cuán bueno es cualquier modelo en particular. La mejor estrategia,
entonces, es tener una gran cantidad de modelos en oferta, sobre la base de que, en igualdad de
condiciones, el mejor de un gran conjunto de modelos es probablemente mejor que el mejor de un
conjunto pequeño.

8. Conclusiones

He argumentado que la explicación en psicología, como la explicación científica en general, no


consiste en la subsunción bajo leyes. Las leyes en psicología son especificaciones de efectos. Como
tales, no explican nada, sino que requieren ellas mismas de explicación. Además, aunque sean
importantes, los fenómenos que normalmente llamamos “efectos” son contingentes respecto de los
explananda principales de la psicología, a saber, las capacidades.
Las capacidades, a diferencia de sus efectos contingentes asociados, rara vez requieren
descubrimiento, aunque su especificación precisa puede no ser trivial. La búsqueda de leyes en
psicología es por ende la búsqueda de explananda, porque es o bien la búsqueda de una
especificación adecuada de la capacidad o de los efectos contingentes asociados a alguna capacidad.
Las leyes nos dicen lo que hace la mente, no cómo lo hace. Queremos saber cómo funciona la
mente, y no sólo lo que hace.

Las capacidades y sus efectos contingentes asociados se explican apelando a una combinación de
análisis funcional y realización, y los marcos explicativos actualmente influyentes en psicología son
todos marcos para la generación de este tipo de explicación. Por lo tanto, a pesar de que se defendió
mucho la idea de que la explicación es subsunción bajo leyes, la psicología, aunque fuertemente
dividida, se encuentra firme en el camino correcto. Sus esfuerzos para brindar explicaciones siguen
estando afectados por los viejos problemas de la intencionalidad y la conciencia. Y aquí es donde la
psicología y la filosofía se encuentran. La psicología, sin embargo, no necesita esperar a la filosofía.
Las ciencias de la vida hicieron mucho progreso antes de que nadie supiera cómo se instancia la
vida.

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Paul Churchland
Materia y Conciencia
Introducción contemporánea a la Filosofía de la mente

Índice General

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El universo de la conciencia
Cómo la materia se convierte en imaginación

Gerald M. Edelman y Giulio Tononi

Título original: A UNIVERSE OF CONSCIOUSNESS, How matter becomes imagination (2000)


Traducción castellana: 2002

Gerald M. Edelman dirige en la actualidad el Instituto de Neurociencias del Instituto de


Investigación Scripps, situado en San Diego, California, uno de los centros privados de investigación
biomédica más importantes del mundo, al que se incorporó en 1992 tras una larga y distinguida
vinculación a la Rockefeller University. En 1972 recibió el Premio Nobel de Medicina, compartido con
Rodney Porter, por sus contribuciones a la estructura química de los anticuerpos. Es autor de Neural
Darwinism (1987), Topobiology (1988), The Remembered Present (1989) y Bright Air, Brilliant Fire
(1992).
Giulio Tononi ha colaborado con G. Edelman en importantes investigaciones sobre la conciencia. Es
miembro del grupo teórico y experimental del Instituto de Neurociencias y catedrático del Departamento
de Psiquiatría de la Universidad de Wisconsin.

***

¿Qué pasa en nuestras cabezas cuando pensamos? ¿Cómo es que los fenómenos físicos que se
producen en el interior de un tejido gelatinoso dan lugar al fantasmagórico mundo de las experiencias
conscientes, un mundo que contiene todo lo que sentimos y conocemos, todo, en definitiva, lo que
somos? Científicos y filósofos se han enfrentado a preguntas como éstas a lo largo de siglos y siglos,
ofreciendo respuestas con nula o escasa base experimental. Sólo recientemente el tan oscuro como
fascinante universo de la conciencia y el pensamiento humano está comenzando a convertirse en una
auténtica ciencia, aunque en ningún caso lo ha hecho de una forma tan evidente y atrevida como mediante
las ideas propuestas por el premio Nobel de Medicina de 1972, Gerald M. Edelman, ideas que él mismo
presenta y desarrolla en este libro, escrito en colaboración con otro distinguido neurobiólogo, Giulio
Tononi. Al igual que Galileo revolucionó nuestra comprensión del cosmos explotando las posibilidades
de un entonces nuevo instrumento, el telescopio, Edelman se está enfrentando a ese Santo Grial de las
neurociencias que es explicar qué es la conciencia, beneficiándose de las posibilidades que abre una
ingeniosa tecnología que permite detectar minúsculas corrientes y ondas cerebrales asociadas a
experiencias conscientes específicas. Construyendo sobre tales cimientos, Edelman y Tononi nos
muestran en este maravilloso libro que los resultados de esas observaciones cuestionan una gran parte de
las creencias convencionales acerca de la conciencia, y argumentan, reivindicando así a Freud, que el
denominado inconsciente ocupa una parte de la actividad cerebral más grande de lo que se pensaba
anteriormente. Y no sólo eso: apartándose radicalmente del concepto de conciencia como una entidad
unificada, proponen que cada persona posee algo así como una «estructura consciente» única, una «huella
de conciencia» personal. Somos únicos también desde este punto de vista.

Agradecimientos

Deseamos agradecer especialmente a nuestros colegas Ralph Greenspan, Olaf Sporns y Chiara Cirelli
sus útiles sugerencias y provocadoras discusiones durante la redacción de este libro. Nuestro
agradecimiento también para David Sington por sus acertadas sugerencias editoriales y sus lúcidos
análisis críticos. Jo Ann Miller, la directora ejecutiva de Basic Books, nos ha ayudado considerablemente
a clarificar algunas partes del texto. Por supuesto, la responsabilidad de cualesquiera errores inadvertidos
y deficiencias que hayan podido quedar es enteramente nuestra. Muchas de las ideas y la mayor parte del
trabajo descrito aquí se realizó en el Instituto de Neurociencias, cuyos miembros están totalmente
entregados a la compresión de cómo surge la mente del cerebro.

Detalle de La creación de Adán, de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina. Dios aparece pintado sobre un fondo que presenta un
parecido más que cercano a la sección de un cerebro humano. Una comparación detallada puede hallarse en F.L. Meshberger, «An
Interpretation of Michelangelo's Creation of Adam Based on Neuroanatomy», Journal of the American Medical Association. 264
(1990). pp. 1.837-1841.

Prefacio

La conciencia ha sido a un tiempo misterio y fuente de misterio. Pese a ser uno de los principales
objetos de estudio de la filosofía, hasta hace poco tiempo no había sido admitida en la familia de los
objetos científicos susceptibles de investigación experimental. Las razones de esta tardía aceptación son
obvias: Aunque todas las teorías científicas presuponen la conciencia, y aunque la sensación consciente y
la percepción son necesarias para su aplicación, los medios para la investigación científica de la propia
conciencia no han estado a nuestro alcance hasta hace poco tiempo.

La conciencia tiene algo especial: La experiencia consciente surge como resultado del
funcionamiento de cada cerebro individual. No es posible compartirla para su observación directa de la
misma manera que es posible compartir los objetos de la física. Por consiguiente, el estudio de la
conciencia plantea un curioso dilema: La introspección, por sí sola, no es científicamente satisfactoria, y
por bien que los relatos de diferentes personas sobre sus propias conciencias son útiles, no nos pueden
revelar el funcionamiento subyacente del cerebro. De otro lado, los estudios del cerebro no pueden, por
sí mismos, transmitirnos qué es ser consciente. Estas limitaciones nos hacen ver la necesidad de
acercamientos especiales para poder traer la conciencia a la casa de la ciencia.

Precisamente esto es lo que pretendemos conseguir en este libro, al tiempo que buscamos respuesta a
las siguientes preguntas:

1. ¿Cómo surge la conciencia como resultado de procesos neuronales particulares y de las


interacciones entre el cerebro, el cuerpo y el mundo?

2. ¿Cómo pueden explicar estos procesos neuronales las propiedades esenciales de la experiencia
consciente? Cada uno de los estados conscientes es unitario e indivisible, pero al mismo tiempo cada
persona puede elegir entre un número ingente de estados conscientes distintos.

3. ¿Cómo podemos entenderlos distintos estados subjetivos -los llamados qualia- en términos
neuronales?
4. ¿De qué manera puede ayudarnos nuestra comprensión de la conciencia a enlazar las
descripciones estrictamente científicas con el dominio más amplio del conocimiento y la experiencia
humanos?
Describir los mecanismos neuronales que dan origen a la conciencia, mostrar de qué modo las
propiedades generales de la conciencia emergen como resultado de las propiedades del cerebro en tanto
que sistema complejo, analizar los orígenes de los estados subjetivos o qualia, y mostrar de qué modo
estas indagaciones pueden cambiar nuestra visión sobre el observador científico y sobre posturas
filosóficas muy arraigadas es, no cabe duda, muy difícil; además, en el limitado espacio de este libro
será necesario omitir muchas cuestiones de interés. No obstante, si prestamos la debida atención a las
cuatro preguntas básicas que hemos formulado, podremos esbozar las soluciones al problema de la
conciencia. Nuestras respuestas se basan en la suposición de que la conciencia surge dentro del orden
material de ciertos organismos. Pero queremos dejar bien claro que no consideramos que la conciencia
en toda su plenitud surja únicamente del cerebro; creemos que las funciones superiores del cerebro
precisan interactuar con el mundo y con otras personas.
Una vez establecida esta nueva comprensión de la manera en que nace la conciencia, podremos
tratar algunas cuestiones interesantes que se derivan de esta perspectiva. Para empezar, proponemos
una nueva visión del observador científico e indagamos sobre cómo podemos saber lo que sabemos -el
dominio de la epistemología-, para, finalmente, discutir qué sujetos son apropiados para el estudio
científico. Es importante someter estas cuestiones a un examen profundo porque nuestra proposición -
que la conciencia surge como resultado de un tipo particular de proceso cerebral que es a un tiempo
altamente unificado (o integrado) y altamente complejo (o diferenciado)- tiene implicaciones de gran
alcance.
A fin de esclarecer los fundamentos de la conciencia y de explicar algunas de sus propiedades es
necesario contemplar primero varias cuestiones polémicas. Antes de acometer el tema central, el sustrato
neuronal de la conciencia, hemos de pasar revista a los rasgos estructurales y funcionales de la
organización del cerebro, así como a ciertos aspectos esenciales de la teoría sobre el cerebro. Para
facilitar la comprensión de la materia, hemos prologado cada sección del libro con un prefacio y cada
capítulo con una breve introducción; de este modo, el lector puede hacerse una idea sinóptica del libro
leyendo por orden los seis prefacios y las introducciones a cada uno de los capítulos, y adquirir así una
visión global especialmente útil para seguir los capítulos que son necesarios para analizar la conciencia,
pero que no tratan directamente de ella. En cuanto a los últimos capítulos, sólo dos (los capítulos 10 y
11) tienen contenido matemático explícito; el lector que no se sienta inclinado a seguir los detalles podrá
adquirir una comprensión razonable de su significado examinando las figuras para «seguir el hilo» del razonamiento. Para los
que deseen profundizar sobre cuestiones o referencias específicas, hemos puesto abundantes notas; sin embargo, éstas no
son necesarias para comprender nuestro argumento. Confiamos
en que al final del recorrido por el texto el lector haya asimilado una nueva visión sobre cómo la materia
se convierte en imaginación.

Parte 1: El nudo del mundo

Cuando dirijo la mirada hacia el cielo, veo la cúpula celeste aplanada y el brillante disco del sol y centenares de cosas vis ibles
bajo él. ¿Cuáles son los pasos que hacen que esto sea posible? Un rayo de luz procedente del sol penetra en el ojo y enfoca una imagen en la
retina, con lo que provoca un cambio, que a su vez viaja hasta la capa de nervios del cerebro. La cadena entera de eventos, desde el sol hasta el
cerebro, es física: cada uno de los pasos es una reacción eléctrica. Pero entonces se produce un cambio completamente distinto a los que le
precedieron y completamente inexplicable e inesperado: ante la mente se presenta una escena visual. Veo la cúpula celeste, y el sol en ella, y
centenares de otras cosas visuales. Percibo, en fin, una imagen del mundo que me rodea.1

1. C. Sherrington, Man and His Nature, Cambridge University Press, Cambridge, 1951 (2ª edición).

Con este sencillo examen ilustraba en 1940 el gran neurofisiólogo Charles Sherrington el problema de
la conciencia y su convencimiento de que era científicamente inexplicable. Unos pocos años antes, Bertrand Russell usaba un
ejemplo parecido para expresar su escepticismo sobre la capacidad de los filósofos para alcanzar una respuesta:

Suponemos que un proceso físico da comienzo en un objeto visible, viaja hasta el ojo, donde se convierte en otro proceso físico que
provoca aun otro proceso físico en el nervio óptico y, finalmente, produce algún efecto en el cerebro al mismo tiempo que vemos el objeto donde
se inició el proceso: pero este proceso de ver es algo «mental», de naturaleza totalmente distinta a la de los procesos físicos que lo preceden y
acompañan. Esta concepción es tan extraña que los metafísicos han inventado toda suerte de teorías con el fin de sustituirla con algo menos
increíble.2

2. B. Russell, citado en Sir J. Jeans, Physics and Philosophy, Cambridge University Press, Cambridge, 1943.
Por muy detallada que sea la descripción de los procesos físicos subyacentes, es difícil concebir de
qué manera el mundo de la experiencia subjetiva -ver el color azul, sentir la sensación de calor- puede
surgir de eventos puramente físicos. Y, sin embargo, en una era en la que la obtención de imágenes del
cerebro, la anestesia general y la neurocirugía son comunes, sabemos que el mundo de la experiencia
consciente depende fuertemente del delicado funcionamiento del cerebro. Nos percatamos de que la
conciencia, en todo su esplendor, puede quedar anihilada por una minúscula lesión o un leve desequilibrio
químico en ciertas partes del cerebro. De hecho, nuestra vida consciente resulta anihilada cada vez que
nuestro cerebro cambia y dormimos sin soñar. Sabemos también que nuestra conciencia propia es, en un
sentido profundo, todo lo que hay. La cúpula celeste y los centenares de cosas visibles que se encuentran
bajo ella, incluido el propio cerebro -el mundo, en definitiva existen, para cada uno de nosotros, sólo
como parte de nuestra conciencia, y desaparecen con ella. El enigma por antonomasia, de qué modo se
relaciona la experiencia subjetiva con ciertos eventos descriptibles objetivamente, es lo que Arthur
Schopenhauer genialmente denominó «el nudo del mundo».3 Pese a su apariencia de misterio, nuestra
mayor esperanza de deshacer este nudo está en un enfoque científico que combine teorías contrastables
con experimentos bien diseñados. A este propósito se dedica este libro.

3. A Schopenhauer, On the fourfold Root of the Principie of Sufficient Reason (traducción de E. F. Payne, La Salle, I11.,
Open Court, 1974), capítulo 7, §42. (Edición española: De la cuádruple raíz del principio de razón suficiente, traducción
Leopoldo-Eulogio Palacios, Gredos, Madrid, 1981.)

-1-

La conciencia: ¿paradoja filosófica u objeto científico?

Al asunto de la conciencia no le ha faltado atención. En el pasado fue dominio exclusivo de filósofos,


pero recientemente tanto psicólogos como neurocientíficos han empezado a abordar el llamado problema
cuerpo-mente o, en la sugerente expresión de Schopenhauer, «el nudo del mundo». En este capítulo
hacemos una revisión sucinta de las concepciones clásicas y modernas sobre la conciencia, y señalamos
varias de las posturas tomadas por filósofos, psicólogos y neurocientíficos, al tiempo que rechazamos la
más desmedidas, como el dualismo o el reduccionismo extremo. Finalizamos el capítulo sugiriendo que
la conciencia puede considerarse un objeto de investigación científica y no es potestad exclusiva de los
filósofos.
Todo el mundo sabe lo que es la conciencia; es lo que nos abandona cada noche cuando nos dormimos
y reaparece a la mañana siguiente cuando nos despertarnos. Esta engañosa simplicidad recuerda lo que
William James decía a finales del siglo XIX sobre la atención: «Todo el mundo sabe lo que es la atención;
es la toma de posesión por la mente, de una forma clara e intensa, de un hilo de pensamiento de entre
varios simultáneamente posibles».1 Más de cien años más tarde, son muchos los que creen que seguimos
sin tener una compresión de fondo ni de la atención, ni de la conciencia.

1. W. James, The Principies of Psychology, Henry Holt, Nueva York, 1890.

Esta falta de comprensión ciertamente no se debe a una falta de atención en los círculos filosóficos o
científicos. Desde que René Descartes se ocupara del problema, pocos han sido los temas que hayan
preocupado a los filósofos tan persistentemente como el enigma de la conciencia. Para Descartes, como
para James más de dos siglos después, ser consciente era sinónimo de «pensar»: el hilo de pensamiento de
James no era otra cosa que una corriente de pensamiento. El cogito ergo sum, «pienso, luego existo», que
formuló Descartes como fundamento de su filosofía en Meditationes de prima philosophia,2 era un
reconocimiento explícito del papel central que representaba la conciencia con respecto a la ontología (qué
es) y la epistemología (qué conocemos y cómo lo conocemos).

2. R. Descartes, Meditationes de prima philosophia, in quibus Dei existentia, & animae humanae á corpore distinctio,
demonstrantur, Apud Danielem Elsevirium, Amstelodami, 1642.

FIGURA 1.1 Uno de los diagramas de Descartes que ilustra sus ideas sobre cómo el cerebro forma imágenes mentales de un
objeto. Presuntamente, la transacción entre sustancia mental y sustancia física tenía lugar en la glándula pineal (H).

Tomado a pie juntillas, «soy consciente, luego existo» conduce al solipsismo, a la creencia en que
nada existe fuera de la propia conciencia, una proposición que naturalmente no puede seducir a dos
autores que comparten la tarea de escribir un libro. Tomado de forma más realista -si se nos permite el
juego de palabras-, este punto de partida conduce a la adopción de posturas idealistas que hacen hincapié
más en la mente que en la materia; es decir, las ideas, la percepción, el pensamiento; en una palabra, la
conciencia. Pero al tomar la mente como punto de partida, las filosofías idealistas se las ven y se las
desean para explicar la materia, lo que no es necesariamente menos peliagudo que partir de la materia
para explicar la mente.

Descartes sostenía que existe una distinción absoluta entre la sustancia mental y la sustancia material.
La característica que define la materia, reflexionaba, es su extensión, su ocupación del espacio, lo que
consecuentemente la hace susceptible de explicaciones físicas, en tanto que la característica definitoria de la mente es estar
consciente o, en un sentido amplio del término, pensar. Desde esta perspectiva, la
sustancia mental existe en forma de mentes individuales. De este modo inauguraba Descartes el dualismo,
una postura filosófica que científicamente no es satisfactoria, pero que es intuitivamente sencilla y
atractiva, al menos hasta que se intenta explicar la conexión entre cuerpo y mente (véase la figura 1.1).
Desde la época de Descartes no han faltado filósofos que propusieran otras versiones del dualismo o
alternativas parecidas. Por ejemplo, una de las teorías relacionadas es el epifenomenalismo, que
concuerda con otras teorías en su afirmación de que los eventos mentales y los eventos físicos son
diferentes, pero sostiene que las únicas causas verdaderas de las experiencias mentales son eventos
físicos, en tanto que la mente es un subproducto incapaz de actuar como causa. En palabras de Thomas
Huxley, «la conciencia no parece estar relacionada con el mecanismo del cuerpo más que como producto
secundario de su funcionamiento, y no parece que tenga más poder de modificar su funcionamiento que el
que tiene el pitido del vapor de influenciar la maquinaria de una locomotora». 3

3. T. H. Huxley, Methods and Results: Essays, D. Apple ton. Nueva York, 1901, p. 241.
En tiempos más recientes los filósofos han adoptado posturas más materialistas que les han llevado a
afirmar que mente y conciencia son lo mismo que el funcionamiento del cerebro o, al menos, que ciertas
operaciones del funcionamiento del cerebro. Algunas posiciones materialistas van incluso más allá y
niegan a la conciencia cualquier valor ontológico o epistémico, hasta el punto de insistir en que no hay
absolutamente nada más allá del funcionamiento de los circuitos del cerebro o, cuando menos, que no hay
nada que necesite ser explicado. Varios filósofos han propuesto que cuando comprendamos
suficientemente bien el funcionamiento del cerebro, el concepto de conciencia se disipará del mismo
modo que se disipó el concepto del flogisto (un hipotético constituyente volátil de todas las sustancias
combustibles que, según se creía, se liberaba en forma de llama durante la combustión) una vez se
comprendió el proceso de la oxidación. Se consigue así eliminar el problema cuerpo-mente negando o
desestimando el problema de la conciencia. Otras posiciones materialistas insisten en que, si bien la conciencia tiene su
origen en eventos físicos del cerebro, no se reduce a éstos, sino que emerge de ellos de
modo análogo a como las propiedades del agua emergen de la combinación química de dos átomos de
hidrógeno y un átomo de oxígeno, pero no pueden reducirse a la suma de las propiedades individuales del
hidrógeno y el oxígeno. Hay variaciones de la misma tesis, pero, en general, atribuyen a la conciencia un
valor marginal, al menos desde el punto de vista de la explicación. En cualquier caso, insisten en que no
existe una sustancia de la «conciencia» distinta de la sustancia del «cerebro».

El debate filosófico sobre el problema cuerpo-mente es hoy extraordinariamente sofisticado y, dentro


de su gran diversidad, algunas de las disputas actuales rivalizan con las que prosperaron entre los
filósofos post-cartesianos. Del mismo modo que tuvimos la teoría del doble aspecto de Spinoza, el
ocasionalismo de Malebranche, el paralelismo de Leibniz y su doctrina de la armonía preestablecida,
tenemos hoy la teoría de la identidad, la teoría del estado central, el monismo neutral, el conductismo
lógico, el fisicalismo de tipos y el fisicalismo de casos, el epifenomenalismo de tipos y el
epifenomenalismo de casos, el monismo anómalo, el materialismo emergente, varias formas de
funcionalismo y tantas otras teorías.4

4. Véase, por ejemplo. N. J. Block, O. J. Flanagan y G. Güzeldere, The Nature of Consciousness: Philosophical Debates,
MIT Press. Cambridge, Mass., 1997; J. Shear, Explaining Consciousness: The «Hard Problem, MIT Press, Cambridge, Mass.,
1997; R. Warner y T. Szubka, The MindBody Problem: A Guide to the Current Debate, Blackwell, Cambridge, Mass., 1994; N.
Humphrey, A History of the Mind, HarperPerennial, Nueva York, 1993; O. Flanagan, Consciousness Reconsidered, MIT Press,
Cambridge, Mass., 1992; D. J. Chalmers, «The Puzzle of Conscious Expcrience», Scientific American 273 (1995), pp. 80-86: D.
C. Dennett, Consciousness Explanned, Little, Brown. Boston, 1991: y J. R. Searle, The Redi.scovery of the Mind, MIT Press,
Cambridge. Mass., 1992.

Pese a la profusión de posturas filosóficas, no parece probable que los argumentos filosóficos vayan a
poder proporcionarnos, por sí solos, una solución satisfactoria al problema cuerpo-mente. En palabras de
Colin McGinn,5 un filósofo que adopta una postura extrema: «Llevamos mucho tiempo intentado resolver
el problema cuerpo-mente, pero se nos ha resistido obstinadamente y el misterio persiste. Creo que ha
llegado el momento de admitir con franqueza que no seremos capaces de resolver el misterio. [Seguimos
sin tener idea de cómo] el agua del cerebro se convierte en el vino de la conciencia».

5. C. McGinn, «Can We Solve the Mind-Body Problem?», Mind, 98 (1989). p. 349.

En efecto, nuestros esfuerzos por discernir los orígenes de la conciencia topan con una limitación
fundamental que surge, en parte, de la suposición de que basta con pensar para revelar las fuentes del
pensamiento consciente. Esta suposición es tan claramente inadecuada como lo fueron, en su tiempo, los
esfuerzos por comprender la cosmogonía, la base de la vida y la estructura fina de la materia sin la ayuda de observaciones y
experimentos científicos. De hecho, los filósofos no han destacado tanto por su
capacidad para proponer soluciones al problema como por su habilidad para señalar hasta qué punto el
problema es intratable. Lo que muchos filósofos reiteran viene a ser esto: Hagan lo que hagan los
científicos, será imposible reconciliar las perspectivas de primera persona y tercera persona de individuos
conscientes, imposible tender un puente entre las explicaciones enfrentadas, e imposible resolver el
problema fundamental: la generación de sensaciones, de estados fenomenales o experienciales, a partir
del zumbido de las neuronas.6

6. Véase, por ejemplo. D. J. Chalmers, « The Puzzle of Conscious Experience». Scientific American 273 (1995), pp. 80-86.

Y a los científicos, ¿qué tal les ha ido en sus intentos por explicar el misterio? Si dirigimos nuestra
mirada a la psicología veremos que la «ciencia de la mente» siempre tuvo problemas para situar lo que
debería ser su tema central -la conciencia- dentro de un marco teórico aceptable. La tradición
introspeccionista de Titchener y Külpe7 representa la contrapartida en el campo de la psicología de las
posiciones idealistas o fenomenológicas en el ámbito de la filosofía; esta tradición pretendía describir la
conciencia vista por el individuo exclusivamente desde su interior, de ahí el término introspección.
Muchos introspeccionistas fueron psicólogos atomistas que de forma no muy diferente a algunos de los
neurofisiólogos actuales postulaban que la conciencia estaba formada por partes elementales que podían
ser catalogadas (no importa que la escuela americana describiera más de 40.000 sensaciones y la escuela
alemana tan solo 12.000). Lo notorio de los behavioristas, en cambio, es su intento de desterrar la
conciencia completamente del discurso científico, una posición no muy alejada de la de algunos filósofos
contemporáneos.

7. Véase, por ejemplo, E. B. Titchener, An Outline of Psychology, Macmillan. Nueva York, 1901; y O. Külpe y E. B.
Titchener, Outlines o f Psychology, Based upon the Results of Experimental In vestigation, Macmillan. Nueva York. 1909.

Los actuales psicólogos cognitivos han vuelto a legitimar los conceptos de conciencia y mente. La
conciencia la conciben como un módulo especial o un estadio en el diagrama de flujo que describe la
jerarquía del procesado de la información. De hecho, los psicólogos cognitivos suelen interpretar la
conciencia como un cuello de botella de limitada capacidad en nuestro funcionamiento mental causado
posiblemente por una limitación no especificada de nuestro cerebro. Se han formulado varios modelos de
esta guisa de las funciones asociadas a la conciencia, inspirados en la psicología cognitiva o la
inteligencia artificial, o que utilizan metáforas tomadas de la informática, como la de un sistema de
procesamiento central o un sistema operativo. Los psicólogos han utilizado asimismo la metáfora de la
conciencia como un escenario unificado, un teatro en el que la información procedente de fuentes
diversas es integrada para el control de la conducta. 8 Algunas de estas intuiciones pudieran apuntar en la
dirección correcta, pero otras son tan engañosas como atractivas.

8. B. J. Baars, A Cognitive Theory of Consciousness, Cambridge University Press, Nueva York, 1988; y B. J. Baars, Inside
the Theater of Consciousness: The Workspace of the Mind, Oxford University Press, Nueva York, 1997.

Lo que en cualquier caso sí es cierto es que estas metáforas no deben suplantar a una auténtica
comprensión científica de la conciencia. Los modelos cognitivos suelen tener poco que ofrecer con
relación al lado experiencial o fenoménico de la experiencia consciente. Desde la perspectiva de estos
modelos, sería perfectamente posible prescindir de la conciencia como experiencia fenoménica (y a
menudo emocional) en tanto que hubiera manera de realizar sus presuntas funciones, como el control, la
coordinación o la planificación. Las interpretaciones cognitivas normales no nos ofrecen ninguna
explicación convincente de por qué la multiplicación, realizada por una persona, es un lento y dubitativo
proceso consciente, mientras que la misma operación, realizada con gran rapidez por una calculadora de
bolsillo, supuestamente no es en absoluto un proceso consciente. Como tampoco consiguen explicar por
qué los complicados procesos necesarios para equilibrar nuestro peso al caminar o para articular las
palabras al hablar no son conscientes, pero el simple proceso de apretar el dedo contra un objeto produce
una experiencia consciente. Por último, como muchos críticos han señalado, los enfoques estrictamente
funcionalistas de la conciencia, centrados en el procesamiento de la información, tienen poco que decir
acerca del hecho de que la conciencia precisa de la actividad de sustratos neuronales específicos. Estos
sustratos son precisamente el centro de atención de los neurocientíficos.

Con la excepción de observaciones fundamentales sobre el coma, la anestesia y estados parecidos, los
neurocientíficos solían mostrarse extremadamente cuidadosos en sus acercamientos al problema de la
conciencia. La mayoría profesan un conveniente agnosticismo acerca de esta cuestión y justifican su
cautela con nuestra actual ignorancia. Aunque la mayoría de ellos probablemente suscribirían una
explicación sistémica -si supieran cuál de ellas-, por el momento consideran que es más fructífero
dedicarse a la minuciosa recopilación de nuevos datos y observaciones y dejar la teoría para el futuro. Sin embargo, durante
la última década, más o menos, algo ha cambiado definitivamente en la relación entre
los estudios de la conciencia y las neurociencias. Los científicos cada vez temen menos acometer
abiertamente el estudio de este asunto, han aparecido varios libros sobre el tema escritos por
neurocientíficos, se han puesto en circulación varias revistas especializadas y se han realizado estudios en
los cuales se trataba la conciencia como un parámetro experimental. 9

9. Ibid.

Si bien ciertas hipótesis «científicas» recientes no abarcan un abanico tan amplio como el que ofrecen
los filósofos, en cierto sentido son todavía más exóticas o extremas. Por ejemplo, algunos neurocientíficos
se han adherido a posiciones dualistas según las cuales la mente consciente interactúa con el cerebro
gracias a «psicones» que se comunican con los «dendrones» o dendritas en determinadas regiones del
hemisferio cerebral izquierdo (Descartes había postulado que el lugar de interacción era la glándula pineal
porque se encontraba en el centro de la cabeza). 10 Algunos científicos (a los que podemos calificar o no
de neurocientíficos) han llegado a la conclusión de que la física convencional no es fundamento suficiente
para las teorías sobre la conciencia; que es necesario invocar conceptos físicos esotéricos, como la
gravedad cuántica, para explicar la conciencia. 11

10. J. Eccles, «A Unitary Hypothesis of Mind-Brain Interaction in the Cerebral Cortex», Proceedings of the Royal Society
of London, Series B-Biological Sciences, 240 (1990), pp. 433-451.

11. R. Penrose, The Emperor New Mind: Concerning Computers, Minds, and the Laws of Physics, Oxford University
Press, Nueva York, 1989.

Otros han adoptado una estrategia que se está revelando más provechosa: la búsqueda de correlatos
neuronales específicos de la conciencia. De hecho, en este campo se han realizado progresos
indiscutibles. Por ejemplo, a causa de la parquedad del conocimiento neurológico de su época. James
hubo de concluir que la base neurológica de la conciencia era el cerebro entero. 12 Hoy los científicos son
más sofisticados y específicos. Distintos autores proponen diferentes estructuras del cerebro para el
asiento de la conciencia, estructuras con nombres imponentes, como los núcleos talámicos intralaminares,
el núcleo reticular, la formación reticular mesencefálica la red intracortical tangencial de capas I-II y los
bucles talamocorticales. Se desatan polémicas sobre cuestiones impensables en los tiempos de James:
¿Contribuye la corteza visual primaria a la experiencia consciente? ¿Son las áreas del cerebro que se
proyectan directamente sobre la corteza prefrontal más relevantes que las que no lo hacen? ¿Existe algún
grupo particular de neuronas corticales que desempeñe un papel en la conciencia? Si es así, ¿se
caracterizan esas neuronas por una propiedad o una localización especiales? ¿Necesitan las neuronas
corticales oscilar a 40 Hz o disparar ráfagas de impulsos para contribuir a la experiencia consciente?
¿Generan distintas partes del cerebro o grupos de neuronas fragmentos conscientes distintos -una suerte
de microconciencias?13

12. W. James, The Principies of Psychologr. Henry Holt Nueva York, 1890.
13. S. Zeki y A. Bartels, «The Asynchrony of conciousness». Proceedings of the Royal Society of London Series B
Biological Sciences, 265 (1995), pp. 1583-1.585.

Estas cuestiones se discuten cada vez con mayor frecuencia al tiempo que nuevos datos
experimentales alimentan el debate. Sin embargo, como indica la profusión de preguntas e hipótesis,
decididamente falta algo en los intentos por identificar la base neuronal de la conciencia en este o aquel
grupo de neuronas. Nos encontramos de nuevo enfrentados al nudo del mundo. ¿En virtud de qué
misteriosa transformación el disparo de las neuronas de un lugar particular del cerebro o de las dotadas de
una propiedad bioquímica particular se convierte en experiencia subjetiva, pero no así el disparo de otras
neuronas? No es de extrañar que algunos filósofos vean en estos intentos un excelente ejemplo de un error
categórico: el error de atribuir a las cosas propiedades que no pueden tener. 14

14. G. Ryle, The Concept of Mind, Hutchinson. Nueva York. 1949.

Tampoco es de extrañar que se cometan estos errores dado el carácter tan especial de la conciencia
como objeto científico. En el siguiente capítulo tratamos de qué manera puede afrontarse el problema
fundamental planteado por el carácter especial de la conciencia. La posición que adoptamos es que la
conciencia no es un objeto, sino un proceso y que, desde este punto de vista, es un objeto científico perfectamente legítimo.
FLANAGAN O. J.

THE SCIENCE OF THE MIND (1991)

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Noë, Alva: Fuera de la cabeza. Por qué no somos el cerebro
y otras lecciones de la biología de la consciencia, Barcelona, Kairós, 2010,
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Dónde se ata el nudo: la hipótesis del núcleo dinámico


En este capítulo pasamos revista primero alas observaciones que indican que, a pesar de su amplia
distribución, sólo un subconjunto de los grupos neuronales de nuestro cerebro contribuyen directamente
a la experiencia consciente en cada momento dado. ¿Qué tienen de especial estos grupos neuronales, y
cómo podemos identificarlos teórica y experimentalmente? La hipótesis del núcleo dinámico es nuestra
respuesta a esta pregunta. Esta hipótesis sostiene que la actividad de un grupo de neuronas puede
contribuir directamente a la experiencia consciente si forma parte de una agrupación funcional, que se
caracteriza por la presencia de fuertes interacciones mutuas durante periodos de centenares de
milisegundos. Para sustentar la experiencia consciente, es esencial que esta agrupación funcional esté
altamente diferenciada, es decir, que presente valores elevados de complejidad. Esta agrupación, a la
que denominamos «núcleo dinámico» debido a que tiene una composición siempre cambiante pero
mantiene siempre la integración, se genera sobre todo, pero no de forma exclusiva, en el sistema
talamocortical. La hipótesis del núcleo dinámico conduce a predicciones específicas acerca de la base
neuronal de la experiencia consciente. A diferencia de las hipótesis que simplemente invocan una
correlación entre la experiencia consciente y tal o cual estructura neuronal o grupo de neuronas, la
hipótesis del núcleo dinámico explica las propiedades generales de la experiencia consciente
enlazándolas con los procesos neurona les específicos que pueden generarlas.

La evidencia examinada hasta el momento sugiere que para sustentar la experiencia consciente es
necesario que la actividad de poblaciones distribuidas de neuronas esté integrada por medio de
interacciones neuronales fuertes y rápidas. Hemos demostrado también que los procesos neuronales que
subyacen a la experiencia consciente tienen que estar suficientemente diferenciados, tal como indica la
pérdida de conciencia cuando la actividad neuronal es globalmente homogénea o hipersincrónica, como
ocurre en el caso del sueño de onda lenta o la epilepsia generalizada. Por último, hemos señalado también
que toda tarea consciente parece requerir la activación o desactivación de muchas regiones del cerebro.
Estas regiones generalmente incluyen porciones del sistema talamocortical, aunque no están
necesariamente limitadas a ellas. Dedicamos ahora nuestra atención a dilucidar si los procesos neuronales
que subyacen a la experiencia consciente se extienden a la mayor parte del cerebro de alguna forma no
específica o si, en cambio, están restringidos a un subconjunto particular de neuronas, lo que nos llevaría
a preguntarnos qué tiene de particular este subconjunto.

¿Cuánto cerebro necesita un pensamiento?


Tras revisar la escasa bibliografía fisiológica de su época, William James concluyó que no existían
pruebas suficientes para limitar los correlatos neuronales de la conciencia a menos del cerebro completo.1
Desde los tiempos de James, sin embargo, los científicos han descubierto que sólo una porción
determinada de la actividad neuronal del cerebro contribuye de forma directa a la conciencia -a juzgar por
los resultados de experimentos con estimulación y lesiones- o está correlacionada de forma directa con
aspectos de la experiencia consciente tal como indican los estudios de registro de la actividad neuronal.

1. W. James. The Principles of Psychologv. Henry Holt, Nueva York, 1890, p. 78.

Sobre la base de estudios de lesiones y estimulación, podemos afirmar con confianza que, por
ejemplo, la actividad de ciertas regiones del cerebro, como la corteza cerebral y el tálamo, es más
importante que la actividad de otras regiones. Además, hay razones para pensar que una proporción
sustancial de la actividad neuronal, incluso en la corteza cerebral, no se encuentra correlacionada con la
experiencia consciente de una persona. Esta falta de correlación viene refrendada por estudios recientes
de rivalidad binocular, por ejemplo. Tal como hemos comentado anteriormente, si dos imágenes
incongruentes, por ejemplo una rejilla horizontal y una vertical, se presentan simultáneamente a cada uno
de los ojos, una persona percibe únicamente una de las imágenes en cada momento, y cada pocos
segundos se produce una alternancia en la dominancia perceptual la imagen de la que la persona es
consciente. Los estudios de registro de la actividad neuronal en monos han revelado que una gran
proporción de las neuronas de la corteza visual primaria y otros estadios tempranos del sistema visual
siguen disparando en respuesta a su estímulo de preferencia aun cuando en ese momento el estímulo no se
perciba conscientemente. En cambio, en las áreas visuales superiores la mayoría de las neuronas disparan

95
en respuesta al percepto.2 En el estudio de la rivalidad binocular con ayuda de MEG descrito en el
capítulo 5, hallamos que incluso cuando el sujeto no era consciente de un estímulo, en muchas regiones
del cerebro, entre ellas la corteza frontal, se podían registrar respuestas estacionarias a la misma
frecuencia a la que se hacía parpadear el estímulo.3 Sin embargo, sólo las respuestas de un subconjunto de
las regiones del cerebro se encontraban realmente correlacionadas con la percepción consciente del
estímulo.4

2. Véase D.A. Leopold y N. K. Logothetis, «Activity Changes in Early Visual Cortex Reflect Monkeys' Pcrccpts During
Binocular Rivalry». Nature, 379 (1996), pp. 549-553; y D. L. Shenberg y N. K. Logothetis, «The Role of Temporal Cortical
Arcas in Perceptual Organization», Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 94
(1997), pp. 3.408-3.413.
3. G. Tononi, R. Srinivasan, D. P. Russell y G. M. Edelman, «lnvestigating Neural Correlates of Conscious Perception by
Frequency-Tagged Neuromagnetic Responses», Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of
America, 95 (1998), pp. 3.198-3.203; y R. Srinivasan, D. E Russell, G. M. Edelman y G. Tononi, «Increased Synchronization of
Magnetic Responses During Conscious Perception», Journal of Neuroscience, 19 (1999), pp. 5.435-5.448.
4. La aparente discrepancia entre el limitado número de unidades individuales en las áreas visuales primarias cuyo nivel de
descarga se correlacionaba con el percepto y la observación de una modulación significativa de las señales del MEG en la
corteza occipital se explica en parte por el hecho de que las señales de MEG son sensibles a la descarga correlacionada de
grandes poblaciones de neuronas. En concordancia con esto, un estudio reciente de gatos estrábicos mostró que la dominancia
perceptual en condiciones de rivalidad binocular está asociada a un aumento de la sincronización de las áreas visuales
primarias, mientras que la supresión perceptual está asociada a una reducción de la sincronización; véase G. Rager y W. Singer,
«The Response of Cat Visual Cortex to Flicker Stimuli of Variable Frequency», European Jonrnal of Neuroscience. 10 (1998),
pp. 1.856-1.877. Por consiguiente, puede que los cambios en los niveles de descarga de las unidades individuales no sean más
que la punta del iceberg.

Los estudios de registro de actividad han servido también para demostrar que la actividad de muchas
neuronas de las vías sensoriales y motoras puede correlacionarse con detalles rápidamente cambiantes de
una impresión sensorial o una respuesta motora, pero en cambio no parece corresponder a los mapas de la
experiencia consciente. Por ejemplo, los patrones de actividad neuronal en la retina y otras estructuras
visuales primarias se encuentran en flujo constante y se corresponden más o menos fielmente a detalles
espaciales o temporales de la rápidamente cambiante impresión visual. Una escena visual consciente, en
cambio, es considerablemente más estable y se ocupa de las propiedades de los objetos que son
invariantes con relación a cambios en la posición o la iluminación, propiedades que son fácilmente
reconocidas y manipuladas.5 Por ejemplo, cuando vemos un ave que cierne sus alas, podemos reconocerlo
y aprehenderlo tanto si lo vemos a contraluz del cielo como contra un fondo de árboles, tanto si está lejos
como cerca, y tanto si nos mira como si nos da la espalda. Además, numerosas observaciones indican que
durante una fijación visual, extraemos el significado esencial de una escena, y no la retahíla de detalles
locales cambiantes e innumerables. Nos resulta imposible, por ejemplo, describir con detalle la posición
de las alas mientras el ave se cierne; de hecho, somos sorprendentemente inconscientes o ciegos a muchos
cambios de la escena visual siempre que no afecte a su significado esencial.6 Cuando leemos un texto, por
ejemplo, generalmente no nos fijamos en el tipo de letra usado en la impresión a no ser que sea inusual o
que nuestro propósito sea precisamente reconocer el tipo de letra. Son estos aspectos invariantes de una
escena los realmente importantes e informativos, y los que pueden controlar provechosamente la conducta
o la planificación. Así pues, los patrones de actividad rápidamente cambiantes de la retina y otras
estructuras visuales primarias contribuyen a la percepción visual consciente influyendo indirectamente, y
no directamente, sobre las respuestas de las áreas superiores. La evidencia neurológica concuerda con
estas observaciones. En los adultos, las lesiones de la retina producen ceguera, pero no eliminan la
posibilidad de la experiencia visual consciente, como demuestra la persistencia de la imaginación visual,
de los recuerdos visuales y de los sueños con imágenes. Por otro lado, las lesiones de ciertas áreas
corticales de la visión eliminan todos los aspectos visuales de la percepción, la imaginación y los sueños
con imágenes.7

5. Del mismo modo que el «grano» espacial de la experiencia consciente es al parecer más grueso que el de las neuronas
individuales, el «grano» temporal es más grueso que el de los picos de descarga individuales: mientras que las neuronas
señalizan en milisegundos, nuestra vida consciente se desenvuelve en fracciones de segundo: véase A. L. Blumenthal, The
Process of Cognition, Prentice-Hall, Englewood Cliffs, N.J., 1977. Esta observación sugiere que la búsqueda de correlatos
neuronales de la experiencia consciente debería centrarse en aquellos aspectos de la dinámica neuronal que se desarrollan a una
escala temporal parecida.
6. D. J. Simons y D. T. Levin, « Change Blindness», Trends in Cognitive Sciences, 1 (1997), pp. 261-267.
7. M. Solms, The Neuropsychology of Dreams: A Clinico-Anatomical Study, Lawrence Erlbaum Associates, Mahwah, NJ.,
1997.

Otra indicación de que una proporción significativa de la actividad neuronal se produce sin contribuir
directamente a la experiencia consciente proviene del análisis de tareas cognitivas muy ensayadas, que ya
discutimos en el capítulo 5. La mayor parte de nuestra vida cognitiva de adultos es el producto de rutinas
altamente automatizadas que nos permiten hablar, escuchar, leer, escribir... con rapidez y sin esfuerzo.

96
Los procesos neuronales dedicados a la realización de estas rutinas no contribuyen directamente a la
experiencia consciente, aunque son esenciales para determinar su contenido. Por ejemplo, cuando
queremos expresar una determinada idea, estas rutinas garantizan que, en general, nos vengan a la mente
las palabras apropiadas sin necesidad de realizar un esfuerzo consciente explícito. Como ya hemos
comentado, algunas observaciones indican que los circuitos neuronales que llevan a cabo estas rutinas
neuronales muy ensayadas pueden quedar funcionalmente aisladas. Como discutimos en el capítulo 14,
estos circuitos no están integrados con procesos neuronales más distribuidos salvo en los estadios de
entrada y salida.
De modo parecido, es poco probable que los eventos neuronales que son demasiado fugaces o
demasiado débiles para participar en interacciones sostenidas y distribuidas puedan contribuir a la
experiencia consciente. La actividad neuronal que es suficiente para desencadenar una respuesta
conductual pero insuficiente en fuerza o duración para afectar a los procesos neuronales distribuidos
probablemente sea responsable de muchos ejemplos de percepción inconsciente (el ejemplo de «BEBA
COCA-COLA» que explicamos en el capítulo 6).8 Los experimentos que implican la estimulación directa
o indirecta de las áreas corticales sugieren también la existencia de límites significativos para la
expansión de interacciones rápidas y distribuidas en el cerebro. Muchas regiones del cerebro pueden
estimularse o lesionarse brevemente sin producir efectos funcionales directos o inmediatos en otras
regiones, pese a la presencia de vías anatómicas entre ellas. De igual modo, la lesión o estimulación de
estas regiones no tiene consecuencias directas sobre la experiencia consciente.9 Estas observaciones
sugieren que los cambios transitorios en la actividad de estas regiones están funcionalmente aislados de
los de otras partes del cerebro, al menos durante cortos periodos de tiempo.10

8. Como hemos mencionado anteriormente, en algunos casos la percepción inconsciente puede producirse con estímulos
que ni son de corta duración ni son débiles. Véase F. C. Kolb y J. Braun, «Blindsight in Normal Observers», Nature, 377
(1995), pp. 336-338; S. He, H. S. Smallman y D. 1. A. MacLeod, «Neural and Cortical Limits on Visual Resolution»,
Investigative Ophthalmology & Visual Science, 36 (1995), p. S438; y S. He, P. Cavanagh y J. Intriligator, «Attentional
Resolution and the Locus of Visual Awareness», Nature, 383 (1996), pp. 334-337.
9. W. Penfield, The Excitable Cortex in Conscious Man, Charles C. Thomas. Springfield, 111.:,1958; W. Penfield, The
Mystery of the Mind: A Critical Study of Consciousness and the Human Brain, Princeton University Press, Princeton, N J.,
1975; y E. Halgren y P. Chauvel, «Experimental Phenomena Evoked by Human Brain Electrical Stimulation», Advances in
Neurology, 63 (1993), pp.123-140; véase W. T. D. Newsome y C. D. Salzman, «The Neuronal Basis of Motion Perception»,
Ciba Foundation Symposium, 174 (1993), pp. 217-230.
10. Se están obteniendo resultados similares con las nuevas técnicas de estimulación magnética intracraneal. Véase V. E.
Amassian, R. Q. Cracco, P.J. Maccabee, J. B. Cracco, A. P. Rudell y L. Eberle, «Transcranial Magnetic Stimulation in Study of
the Visual Pathway», Journal Of Clinical Neurophysiology, 15 (1998), pp. 288-304; U. Ziemann, B. J. Steinhoff, E Tergau y
W. Paulus, «Transcranial Magnetic Stimulation: Its Current Role in Epilepsy Research», Epilepsy Research, 30 (1998), pp. 11-
30; y R. Q. Cracco, J. B. Cracco, y J. Maccabee y V. E. Amassian, Journal Of Neuroscience Methods, 86 (1999), pp. 209-219.

Por último, los estudios con modelos indican que aunque la elevadísima conectividad del cerebro
parezca indicar que todo puede interactuar con todo, varios factores aseguran que la emergencia de
interacciones rápidas y efectivas no sea un fenómeno global. La organización de la conectividad
anatómica de ciertos sistemas cerebrales, como el sistema talamocortical, es mucho más efectiva en la
generación de estados dinámicos coherentes que la de otras regiones, como el cerebelo.11 Estos estudios
sugieren también que a pesar de la continuidad de la conectividad anatómica de la corteza, las
interacciones no-lineales entre grupos neuronales, debidas por ejemplo a la activación de las llamadas
conexiones dependientes de voltaje, pueden aumentar de forma transitoria la fuerza de las interacciones
entre un subconjunto de grupos y conducir de este modo a la constitución de fronteras funcionales.12 Los
mismos estudios con modelos sugieren que aunque todos los elementos del cerebro tienen la posibilidad
de interactuar funcionalmente a una escala de tiempo suficientemente dilatada, sólo ciertas interacciones
son lo bastante rápidas y fuertes como para conducir a la formación de una agrupación funcional en un
periodo de unos pocos centenares de milisegundos (véase el capítulo 10).

11. G. Tononi, observaciones no publicadas.


12. E. D. Luiner, G. M. Edelman y G. Tononi, «Neural Dynamics in a Model of the Thalamorcortical System. 1: Layers,
Loops, and the Emergente of Fast Synchronous Rhythms», Cerebral Cortex, 7 (1997), pp. 207-227: E. D. Lumer. G. M.
Edelman y G. Tononi, «Neural Dynamics in a Model of the Thalamocortical System.2: The Role of Neural
SynchronyTestedlhrough Perturbations of Spike Timing», Cerebral Cortex, 7 (1997), pp. 228-236; y G. Tononi. O. Sporns y G.
M. Edelman, «Reentry and the Problem of Integrating Multiple Cortical Arcas: Simulation of Dynamic Integration in the Visual
System», Cerebral Cortex, 2 (1992), pp. 310-335.

La hipótesis del núcleo dinámico


En conjunto, estas observaciones refrendan la conclusión de que en un momento dado, sólo un
subconjunto de los grupos neuronales del cerebro humano por bien que no un subconjunto pequeño-

97
contribuye directamente a la experiencia consciente. Esta conclusión plantea a su vez una pregunta que
glosa el problema entero de la base neuronal de la conciencia; una pregunta que es tan fácil de formular
como difícil de responder: ¿qué tienen de especial, si es que tienen algo de especial, estos grupos
neuronales, y cómo podemos identificarlos?
Poner los cimientos para poder dar respuesta a esta pregunta ha sido nuestro objetivo durante buena
parte de este libro. Como ya hemos argumentado, suponer que ciertas propiedades locales de las neuronas
puedan revelarse tarde o temprano como la clave del misterio de la conciencia13 es completamente
insatisfactorio. ¿De qué manera podría una localización específica del cerebro, con un modo particular de
descarga o a una frecuencia específica, conectada a ciertas otras neuronas, o que exprese un compuesto
bioquímico específico o un gen particular, dotar a una neurona de la notable propiedad de dar origen a
una experiencia consciente? Los problemas lógicos y filosóficos de la hipostatización asociada a estas
suposiciones son evidentes, como filósofos y científicos han hecho notar repetidas veces. La conciencia
no es ni una cosa ni una simple propiedad.

13. Véase, por ejemplo, F. Crick y C. Koch, «Some Reflections on Visual Awareness», Cold Spring Harbor Symposia on
Quantitative Biology, 55 (1990), pp. 953-962: F. Crick y C. Koch, «The Problem of Consciousness», Scientific American, 267
(1992), pp. 152-159; F. Crick y C. Koch, «Are We Aware of Neural Activity in Primary Visual Cortex?» Nature, 375 (1995),
pp. 121-123; y S. Zeki y A. Bartels. «The Asynchrony of Consciousness». Proceedings of the Royal Society of London, Series
B-Biological Sciences, 265 (1998), pp. 1.583-1.585.

Nuestra aproximación a este problema, en cambio, ha consistido en centrarnos en las propiedades


fundamentales de la experiencia consciente -propiedades como la integración y la diferenciación- e
intentar explicarlas en términos de procesos neuronales. Las discusiones previas indican ampliamente que
si la integración y la diferenciación son efectivamente características fundamentales de la conciencia, sólo
pueden explicarse por medio de procesos neuronales distribuidos, y no por propiedades locales
específicas de algunas neuronas. ¿Podemos formular entonces una hipótesis que establezca
explícitamente qué tienen de especial, si es que tienen algo de especial, los grupos neuronales que
sustentan la experiencia consciente y cómo podemos identificarlos? Creemos que nos encontramos por fin
en condiciones de hacerlo, e incluso de hacerlo con concisión. La hipótesis sostiene lo siguiente:

1. Un grupo de neuronas puede contribuir directamente a la experiencia consciente sólo si forma


parte de una agrupación funcional distribuida que, a través de interacciones de reentrada en el sistema
talamocortical, alcanza un alto grado de integración en unos centenares de milisegundos.
2. Para sustentar la experiencia consciente, es esencial que esta agrupación funcional esté altamente
diferenciada, es decir, que presente valores altos de complejidad.

A esta agrupación de grupos neuronales que interactúan fuertemente entre sí y que posee fronteras
funcionales bien delimitadas con el resto del cerebro a la escala de tiempo de fracciones de segundo la
denominamos «núcleo dinámico», con el fin de resaltar tanto su integración como su composición
continuamente cambiante. Un núcleo dinámico es, por tanto, un proceso, no una cosa o un lugar, y se
define en términos de interacciones neuronales, en lugar de definirse en función de una actividad,
conectividad o localización neuronal específica. Aunque un núcleo dinámico tiene una extensión espacial,
en general se encontrará espacialmente distribuido, además de cambiar constantemente su composición, y
por tanto no puede localizarse en un lugar concreto del cerebro. Además, incluso si se identificara una
agrupación funcional con estas propiedades, predecimos que sólo estará asociada a la experiencia
consciente si sus interacciones de reentrada se encuentran suficientemente diferenciadas, según indique su
complejidad.
Aunque pensamos que una agrupación funcional de complejidad suficientemente alta puede generarse
por medio de interacciones de reentrada entre grupos neuronales distribuidos particularmente en el
sistema talamocortical y posiblemente en otras regiones del cerebro, esta agrupación no será en ningún
caso coextensiva con el cerebro entero ni estará restringida a un subconjunto especial de neuronas. Así
pues, el término núcleo dinámico deliberadamente no se refiere a un conjunto único e invariable de áreas
del cerebro (ya se trate de la corteza frontal, extraestriada o estriada), y el núcleo puede cambiar su
composición con el tiempo. Puesto que nuestra hipótesis hace hincapié en el papel desempeñado por las
interacciones funcionales entre grupos distribuidos de neuronas, más que en sus propiedades particulares,
contempla que el mismo grupo de neuronas pueda en ocasiones formar parte del núcleo dinámico y
subyacer a la experiencia consciente, pero en otras ocasiones pueda no formar parte del núcleo dinámico
y, por tanto, contribuir sólo a los procesos inconscientes.14 Además, puesto que la participación en el
núcleo dinámico depende de la conectividad funcional rápidamente cambiante entre grupos de neuronas,
y no en su proximidad anatómica, la composición del núcleo puede trascender los límites anatómicos
tradicionales.15 Por último, como sugieren los estudios con imágenes, cabe esperar que la composición

98
exacta del núcleo con relación a estados conscientes particulares cambie significativamente de una
persona a otra.

14. Los resultados de un estudio reciente de TEP concuerdan totalmente con esta predicción; véase A. R. McIntosh, M. N.
Rajah y N. J. Lobaugh, «Interactions of Prefrontal Cortex in Relation to Awareness in Sensory Learning», Science, 284 (1999),
1.531-1.533. En este estudio se dividió a los sujetos humanos en función de si se daban cuenta de que un tono anunciaba un
evento visual y otro tono no. Se observó que las correlaciones entre la actividad de distintas regiones cerebrales funcionalmente
conectadas a la corteza prefrontal izquierda (por ejemplo, las regiones occipital y temporal) mostraban un fuerte incremento en
el momento en que probablemente emergía la conciencia. Los autores llegaron a la conclusión de que la conciencia se produce
por medio de la integración de regiones distribuidas. Los autores notaron, además, que dependiendo de cómo interactúa la
corteza prefrontal con otras áreas del cerebro, las operaciones que realiza (en este caso, un seguimiento) pueden contribuir o no
a la conciencia.
15. No obstante, en conformidad con la disposición de la conectividad cortical, el núcleo dinámico probablemente se
organice de forma «radial» y jerárquica, por ejemplo, las áreas corticales que se ocupan de aspectos altamente invariantes de los
objetos percibidos en distintas modalidades (vista, oído, tacto, etc.) están interconectadas más directamente que las áreas que se
ocupan de los aspectos de bajo nivel de los mismos objetos, por consiguiente, los grupos neuronales que responden a las caras y
los grupos neuronales que responden a las voces pueden comunicarse directamente, mientras que los grupos neuronales que
responden a las barras orientadas y otros que respondan a los tonos no deberían poder comunicarse directamente. No obstante,
dentro de una misma modalidad, los grupos neuronales de «alto nivel» y de «bajo nivel» están estrechamente vinculados. Las
interacciones funcionales dentro del núcleo dinámico, aunque constituyen una única agrupación funcional, deberían reflejar esta
organización (véase también la nota 32 del capítulo 6).

FIGURA 12.1 M83, UNA GALAXIA ESPIRAL DE HIDRA. Ninguna metáfora visual puede capturar las propiedades del
núcleo dinámico, y una galaxia con fronteras complicadas, difusas, puede ser una metáfora tan buena o tan mala como cualquier
otra. Como se explica en el texto, la integración de una gran cantidad de información en una fracción de segundo requiere una
organización altamente integrada pero al mismo tiempo diferenciada que, a lo que sabemos, sólo se encuentra en ciertos cerebros.

El núcleo dinámico y las propiedades generales de la experiencia consciente


La mejor manera de desarrollar la hipótesis del núcleo dinámico es inquiriendo si realmente sirve para
explicar algunas de las propiedades generales de la experiencia consciente que hemos venido discutiendo
a lo largo de este libro.

La conciencia como proceso integrado. Como ya discutimos en el capítulo 2, uno de los logros más
brillantes de William James fue el darse cuenta de que la conciencia no es una cosa sino un proceso.
Aunque pocos se mostrarían en principio en desacuerdo con esta conclusión, a menudo se olvida en la
práctica, como indican los continuos intentos de identificar algún marcador intrínseco especial de aquellas
neuronas que generan la experiencia consciente. La hipótesis del núcleo dinámico toma en serio la idea de
James: En tanto que proceso, un núcleo dinámico se define en términos de interacciones neuronales. En
otras palabras, la definición de un núcleo dinámico es funcional, en el sentido de que se basa en la fuerza
de una serie de interacciones y no simplemente en una estructura, una propiedad de algunas neuronas, o
su localización.

Integración o unidad. Como ya hemos comentado, una propiedad fundamental de la experiencia


consciente es que es integrada -una escena consciente no puede dividirse en componentes independientes.
La integración, como Corneille podría haber dicho acerca de la unidad del tiempo, el espacio y la acción

99
en el teatro clásico, es una condición sine qua non de la experiencia consciente. Es sencillamente
imposible concebir un estado consciente que no esté unificado. En el capítulo 10, definimos una
agrupación funcional como un conjunto de elementos neuronales caracterizados por fuertes interacciones
mutuas que no puede ser subdividido en componentes independientes. Un núcleo dinámico constituye una
agrupación funcional y es, por definición, unificado y altamente integrado. Otra manera de decir lo
mismo es que un núcleo dinámico tiene unidad porque la perturbación de una parte del núcleo conllevaría
consecuencias que se extenderían a todo el núcleo.

Privacidad. Toda escena consciente no sólo es unificada, sino que es experimentada desde un único
punto de vista y no puede ser compartida completamente por otras personas; en otras palabras, es privada.
Tanto la unidad como la subjetividad inherente, o privacidad, son coherentes con la definición de una
agrupación funcional. Una agrupación funcional se define como un conjunto de elementos neuronales que
interaccionan entre sí en un solo cerebro mucho más que con las neuronas circundantes. Como el núcleo
dinámico constituye una agrupación funcional, los cambios que se producen dentro del núcleo afectan
fuertemente y rápidamente al resto del núcleo, mientras que los cambios que se producen fuera del núcleo
los afectan mucho menos fuertemente, mucho menos rápidamente, o no los afectan en absoluto. Así pues,
existe una frontera funcional entre el entorno y los estados de información dentro de un núcleo dinámico
que hace que estos estados nucleares sean en efecto «privados». Además, en la definición de un núcleo
dinámico aparece de forma explícita que. en cualquier momento, ciertas áreas del cerebro o grupos de
neuronas forman parte de él, pero no así otras áreas o grupos neuronales, aunque sean igualmente activos
y aunque hayan formado parte del núcleo en algún instante previo. En ello radica la esencia de la
naturaleza selectiva de la conciencia que James también había discutido.

Coherencia de los estados conscientes. Ya hemos comentado que una persona no puede ser consciente
de dos escenas u objetos mutuamente incoherentes al mismo tiempo, como demuestran las figuras
ambiguas, las palabras ambiguas, las impresiones visuales ambiguas en cada ojo en los casos de rivalidad
binocular, y tantos otros ejemplos (véase la figura 3.2). La coherencia, en el sentido de que la ocurrencia
de cierto estado perceptual impide la ocurrencia de otro, es otra consecuencia de la unidad de la
conciencia. Puesto que un núcleo dinámico es un todo unificado, las interacciones mutuas entre sus
elementos neuronales constituyentes producirán ciertos estados globales en el núcleo que
automáticamente impidan la ocurrencia simultánea de ciertos otros estados globales del núcleo a un
mismo tiempo. Lo importante es darse cuenta de que como el núcleo es integrado, la competencia no se
produce entre estados diferentes de unos pocos elementos neuronales, sino entre estados integrados del
conjunto completo de elementos que constituyen el núcleo. Ya hemos presentado ejemplos de esta
competencia en el modelo del sistema visual que hemos expuesto anteriormente, en el que sólo aquellas
interacciones que son mutuamente coherentes y estables están favorecidas por la dinámica del sistema.
Este comportamiento refleja el hecho de que la característica de coherencia de una escena consciente se
sigue inevitablemente de los requisitos de un proceso integrado.

La conciencia como proceso diferenciado. Cada uno de nosotros puede experimentar una cantidad
enorme de estados conscientes distintos. Estos estados están lejos de ser arbitrarios: Una persona ciega de
nacimiento no puede experimentar el color, un recién nacido no puede experimentar los placeres estéticos
del arte y alguien que sólo beba vino ocasionalmente no puede experimentar las distinciones que puede
realizar un sommelier. Por extrapolación, debemos suponer que, confinados como estamos a nuestros
cinco sentidos, nos está para siempre vedada la experiencia directa de muchísimas otras discriminaciones
en innumerables dominios. No obstante, como hemos remarcado, el número de estados conscientes que
podemos discriminar en una fracción de segundo es extremadamente grande, y en cualquier caso mucho
mayor que lo que puede conseguir hoy en día cualquier artefacto humano. Es, de hecho, tan grande como
queramos imaginar. La extraordinaria diferenciación de la experiencia consciente está relacionada con
algunas de sus propiedades más importantes, como la informatividad, el acceso global y la flexibilidad.

La informatividad de la experiencia consciente. Como ya hemos comentado, la ocurrencia de un


estado consciente dado de entre miles de millones de otros estados posibles representa información en el
sentido fundamental de reducción de la incertidumbre entre un gran número de elecciones posibles. De
cuánta información se trata es precisamente lo que intentábamos abordar al introducir nuestra medida de
la complejidad. Nos hemos centrado en las relaciones entre los elementos de un proceso integrado aislado
del entorno -entre los elementos de una agrupación funcional- evitando así las ambigüedades que se
derivan de introducir observadores externos, símbolos y códigos. Dentro de una agrupación funcional, la
única información disponible es la diferencia que los cambios en el estado de un subconjunto producen en
el resto del sistema. Esta línea de argumentación implica que cada subconjunto puede actuar como

100
candidato a «observador» parcial, una maniobra que nos permite eludir las ambigüedades relacionadas
con la idea de que la información tenga que estar integrada en un único lugar -por ejemplo, en un
observador externo.
La hipótesis del núcleo dinámico afirma que el conjunto de grupos de neuronas que interactúan en la
agrupación funcional que sustenta la experiencia consciente debe presentar una elevada complejidad -
correspondiente a valores elevados de información mutua media entre estos grupos. Si la complejidad es
elevada, los cambios en el estado de cualquier subconjunto de elementos del núcleo marcan una gran
diferencia en los estados del resto del núcleo. Dicho de otro modo, por término medio, cada uno de los
subconjuntos del núcleo puede potencialmente discriminar entre un gran número de estados del resto del
núcleo. Como ya hemos explicado, esta discriminación sólo puede lograrse si el núcleo dinámico es a un
tiempo funcionalmente integrado y funcionalmente especializado. La idea de complejidad neuronal ayuda
también a conceptualizar las condiciones neuronales caracterizadas por una actividad global
hipersincrónica, como el sueño de onda lenta y la epilepsia generalizada, que están asociadas a una
pérdida de conciencia. Aunque claramente integradas, estas condiciones están asociadas a una pérdida
drástica de la información integrada, dado que la especialización funcional tiende a desvanecerse. En
estas condiciones de alta integración pero poca información, el repertorio de estados neuronales entre los
que elegir queda drásticamente reducido, por lo que cabe esperar que la complejidad neuronal sea baja.

Distribución de la información, dependencia del contexto y acceso global. Cuando nos damos cuenta
de algo, tanto si se trata de una dificultad para equilibrar el cuerpo al caminar, de una indisposición del
estómago, de un error en nuestro razonamiento o de la lenta emergencia del patrón de un objeto de entre
los puntos al azar de un estereograma, podemos utilizar esta información en un gran número de maneras
posibles que pueden desencadenar todo tipo de respuestas conductuales. Es como si, de repente, muchas
partes distintas de nuestro cerebro tuvieran conocimiento de información que previamente estaba
confinada a algunos subsistemas especializados.

Estas observaciones son plenamente coherentes con la idea de que la conciencia se encuentra asociada
a una alta complejidad. Por definición, una complejidad alta implica la distribución eficiente de
información entre los elementos de un sistema neuronal. Un sistema es complejo si la información mutua
entre un subconjunto cualquiera y el resto es alta, es decir, si las consecuencias de un cambio en la
actividad de un subconjunto de elementos se distribuyen eficazmente al resto del sistema. La sensibilidad
al contexto es la otra cara de la moneda. En un sistema en el que la información mutua entre un
subconjunto y el resto es elevada, la actividad de cada pequeño subconjunto es sensible a cualesquiera
estados distintos en que se encuentre el resto del sistema.16

16. Cabe notar que muchos efectos atencionales pueden conceptualizarse también como efectos contextuales en la
evolución del núcleo dinámico, por bien que la emergencia de los estados conscientes en sí no debe confundirse con su
modulación atencional.

El hecho de que la conciencia pueda acceder a muchas respuestas conductuales distintas o, más
generalmente, a muchos procesos cerebrales distintos, se ajusta igualmente bien a la idea de que las
interacciones cooperativas entre un gran número de regiones cerebrales que conducen al surgimiento de
un núcleo dinámico, puede aumentar enormemente la capacidad de acceder globalmente a cualquier otro
grupo de neuronas del cerebro, tanto si forma parte del núcleo dinámico como si no. Por ejemplo, sólo
cuando estamos conscientes tenemos acceso a la memoria episódica, es decir, la memoria consciente de
acontecimientos particulares de nuestra vida. Este hecho puede indicar que los circuitos del hipocampo
que, según sabemos, son esenciales para la memoria episódica, pueden ser activados de preferencia por la
descarga coherente de poblaciones distribuidas de neuronas en el sistema talamocortical (un núcleo
dinámico). No debe sorprender que el entrenamiento de biorealimentación, que demuestra nuestra
capacidad de controlar (a menudo en menos de una hora) la actividad de cualquier neurona elegida de
nuestro cerebro, requiera un estado de conciencia.17 Ya se trate de neuronas individuales como no, la
amplia distribución de la información viene garantizada mecanísticamente por la reentrada talamocortical
y corticocortical, que facilita las interacciones entre regiones distantes del cerebro. La distribución de la
información, la dependencia del contexto y el acceso global son todas propiedades que contribuyen al
valor adaptativo de la conciencia durante la evolución.

17. M. H. Chase, «The Matriculating Brain», Psychology Today, 7 (1973), pp. 82-87.

Flexibilidad y capacidad de responder a asociaciones inesperadas y aprender de ellas. Uno de los


argumentos a favor del valor adaptativo de la conciencia tiene que ver con el hecho de que podamos
darnos cuenta de asociaciones nuevas e inesperadas a las que podemos aprender a responder. El ejemplo

101
que hemos ofrecido anteriormente de un animal en medio de una selva que es capaz de asociar los
cambios en el viento y los ruidos de la selva como indicación de la presencia de un jaguar es un caso
pertinente. La capacidad de ser flexible a la hora de asociar señales de distintas modalidades y
submodalidades o del presente y del pasado es una consecuencia importante de la naturaleza dinámica de
la integración, así como de los mecanismos no lineales que median en ella. Una vez maximizada la
oportunidad de interacción a través de la generación del núcleo dinámico, cualquier cambio sutil en la
actividad de las distintas regiones del cerebro puede provocar nuevas asociaciones dinámicas, como
ilustra el modelo del sistema visual que hemos discutido con relación al problema del enlace (véase la
figura 10.2).18 La capacidad de aprender asociaciones inesperadas de entre una gran variedad de señales
aparentemente inconexas tiene una significación adaptativa evidente para los animales que se enfrentan a
un mundo abierto lleno de novedades.

17. M. H. Chase, «The Matriculating Brain», Psychology Today, 7 (1973), pp. 82-87.

La limitada capacidad de la conciencia. Vimos en el capítulo 3 que, por mucho que lo intentemos, no
podemos mantener en la mente más que unas pocas cosas al mismo tiempo. Por ejemplo, si se nos
presentan doce dígitos dispuestos en cuatro filas de tres durante menos de 150 mseg, sólo seremos
capaces de retener conscientemente cuatro de cada vez. Esta notablemente estricta «limitación de
capacidad» ha llevado a muchos a concluir que la conciencia contiene una cantidad baja de información,
apenas unos pocos bits que corresponderían, con el tiempo, a una capacidad de información de tan sólo 1
a 16 bits por segundo,19 una capacidad pobrísima bajo cualquier estándar de ingeniería. No obstante, a lo
largo de todo el libro hemos argumentado que la informatividad de la conciencia no debe basarse en
cuántos «pedazos» independientes de información puede contener un estado consciente, sino en cuántos
estados conscientes distintos son descartados cuando se produce el estado particular que experimentamos
en un momento dado. Puesto que podemos diferenciar fácilmente entre miles de millones de estados
conscientes en una fracción de segundo, debemos concluir que la informatividad de la experiencia
consciente es extraordinariamente alta, superior, en realidad, a la que el más ambicioso ingeniero pudiera
soñar en la actualidad.20 ¿Cómo podemos explicar entonces esta limitación de capacidad de la conciencia?

19. Para referencias y una discusión de estas estimas, véase T. Norretranders, The User lllusion: Cutting Consciousness
Down to Size (Nueva York: Viking, 1998). En comparación, la televisión tiene una capacidad de millones de bits por segundo.
Una estima de la capacidad de los canales sensoriales humanos, calculada de la misma manera, también se situaría en el orden
de millones de bits por segundo, mientras que la capacidad de las respuestas motoras, en el estadio final, sería de unos 40 bits
por segundo. Véase, por ejemplo, K. Küpfrnüller, «Grundlage der Informationstheorie und Kybernetick», en Physiologie des
Menschen, vol. 10, cds. O. H. Grauer. K. Kramer y R. Jung., Urban & Schwarzenberg, Munich, 1971.
20. Esta diferencia crucial en la naturaleza de la información en la conciencia señala también una dificultad con la metáfora
en el «espacio global de trabajo» concebido por B. J. Baars, A Cognitive Theory of Conscionsness, (Cambridge University
Press, Nueva York, 1988). En lo que de otro modo sería un excelente análisis de los aspectos cognitivos de la conciencia. Baars
sugiere que la conciencia es como el escenario de un teatro o el plató de una emisora de televisión. Esta visión gira alrededor de
la idea de la limitación de capacidad. En cada momento, los actores que aparecen en escena son pocos (el equivalente de unos
pocos «pedazos» de información), pero su mensaje se distribuye ampliamente a todo el público. Además, las personas del
público pueden, en determinadas circunstancias, subir al escenario o al plató y expresar sus mensajes públicamente. La idea es
que la información está en el mensaje -que el contenido de la información de cualquier estado consciente es pequeño (sólo se
producen uno o dos mensajes al mismo tiempo, pero se distribuye ampliamente). No obstante, como hemos visto, la
información no está en el mensaje, sino en el número de estados del sistema que pueden generarse por medio de las
interacciones globales dentro del propio sistema, por tanto, una metáfora mejor que la de un pequeño escenario con un gran
público sería la de un parlamento inmerso en el frenesí de tomar una decisión y en el que sus miembros señalizan alzando la
mano. Antes de hacer el recuento, cada miembro del parlamento interactúa con tantos de los otros miembros como le sea
posible, y no con la persuasión de su retórica (no hay significados intrínsecos), sino a empujones y empellones. Cada 300
milisegundos, aproximadamente, se toma una nueva decisión. El grado de información de la decisión no dependerá del número
de diversas interacciones dentro del parlamento. En un país totalitario, cada miembro votará lo mismo: el contenido de
información de la unanimidad es cero. Si hay dos grupos monolíticos, la derecha y la izquierda, de tal manera que el voto es el
mismo dentro de cada grupo, el contenido de información será ligeramente superior. Si nadie interactúa con nadie, el voto será
puramente aleatorio, y en el sistema no se integrará ninguna información, por último, si hay diversidad de interacciones en el
parlamento, el voto final tendrá un alto contenido de información. La cantidad de información integrada por medio de estas
interacciones puede estimarse con las medidas de complejidad introducidas en el capítulo 11.

Como hemos discutido en el capítulo 3, según parece la limitación de capacidad observada se


encuentra estrechamente vinculada a la naturaleza integrada de los estados conscientes. En términos del
núcleo dinámico, esta limitación de capacidad refleja un límite superior sobre cuántos subprocesos
parcialmente independientes pueden sustentarse en el núcleo sin interferir en su integridad y coherencia.
En realidad, es posible que los mismos mecanismos neuronales que son responsables de la rápida
integración del núcleo dinámico sean también responsables de esta limitación de la capacidad. Hemos
visto en el capítulo 10, por ejemplo, que cuando nuestro modelo a gran escala del sistema visual era
confrontado a una escena visual que contuviera más de tres objetos, grupos especializados de neuronas
distribuidos por muchas de las áreas modeladas incrementaban sus tasas de descarga durante varios

102
centenares de milisegundos de forma integrada. Sin embargo, también observamos que, a una escala de
tiempo más fina (de decenas de milisegundos), los grupos de neuronas que respondían a características
distintas del mismo objeto estaban altamente correlacionados entre ellos y menos correlacionados con los
grupos de neuronas que respondían a las características de los objetos diferentes. Así pues, el modelo era
capaz de sustentar tanto un proceso neuronal sencillo a la escala de centenares de milisegundos y hasta
tres o cuatro subprocesos independientes a la escala de decenas de milisegundos.
No obstante, también observamos que cuando la escena visual presentada ante el modelo contenía
cuatro o más objetos distintos, las unidades que respondían a dos objetos distintos a menudo presentaban
una sincronización espuria a escalas temporales más finas. Este fenómeno recuerda las llamadas falsas
conjunciones que mencionamos en el capítulo 10; éstas se producen en la percepción humana en
circunstancias similares, y son una clara manifestación de una capacidad limitada. Así pues, la necesidad
de generar un proceso neuronal único e integrado en centenares de milisegundos requiere interacciones
rápidas y efectivas entre grupos distribuidos de neuronas. Esta necesidad impone límites estrictos sobre el
número de procesos parcialmente independientes que pueden desarrollarse al mismo tiempo. De hecho,
nuestras simulaciones nos llevan a pensar que la limitación de capacidad de cuatro a siete «pedazos»
independientes por estado consciente pudiera deberse a las propiedades específicas de los mecanismos de
suma temporal y a la precisión y velocidad de sincronización entre neuronas necesarias para constituir el
núcleo dinámico.

La naturaleza serial de la experiencia consciente. La naturaleza aparentemente serial de la


experiencia consciente -el hecho de que los estados conscientes o los pensamientos sean consecutivos-
puede estar también relacionada con la evolución dinámica del núcleo. Puesto que un núcleo dinámico es
un proceso unificado y altamente integrado, debe moverse de un estado global a otro. En otras palabras,
su evolución temporal debe seguir una única trayectoria, y lo que pueden parecer «decisiones» o
«elecciones» sólo pueden producirse de una en una. Esta conclusión es coherente con la bien conocida
dificultad de los paradigmas de las tareas duales que implican a la conciencia, así como con el fenómeno
del periodo refractario psicológico21 que mencionamos en el capítulo 3, de acuerdo con el cual las
elecciones o discriminaciones conscientes ocurren de una en una. Un examen de este último fenómeno
prueba también que el tiempo necesario para que se produzcan estas decisiones es de unos 150
milisegundos, una cifra notoriamente cercana al límite inferior del tiempo que típicamente requiere la
integración consciente. Aunque es concebible que, en ciertas condiciones, nos pueda resultar conveniente
dividir la conciencia en dos o más partes y dejar que cada parte realice funciones distintas -por ejemplo,
que una parte cierre un balance de cuentas mientras la otra entabla un diálogo romántico-, el inevitable
precio a pagar sería la falta de integración entre los procesos paralelos. Bien mirado, quizá fuera una
solución con menor valor adaptativo. De hecho, el enorme número de vías recíprocas que median la
reentrada en el sistema talamocortical esencialmente fuerza al sistema a comportarse de forma integrada.
Cualquier división funcional importante en este sistema requeriría o bien una gran sección anatómica
(como ocurre en el cerebro dividido y en varios síndromes neurológicos de desconexión) o bien un grave
trauma psicológico (como en los síndromes de disociación psiquiátricos). Una pregunta experimental de
interés a este respecto sería si es posible encontrar en estos síndromes pruebas empíricas de la división del
único núcleo dinámico dominante en dos o más subnúcleos.

21. H. Pashler, «Dual-Task Interferente in Simple Tasks: Data and Theory», Psychological Bulletin, 116 (1994), pp, 220-244.

La conciencia como proceso continuo pero en continuo cambio. Siendo un proceso, y no un objeto, la
conciencia es a un tiempo continua y continuamente cambiante. Los estados conscientes generalmente
fluyen sin soluciones de continuidad, manteniendo un alto grado de coherencia en el tiempo. Ni siquiera
los cortes de escena de una película logran romper la proyección y el fluir de la historia conscientemente
experimentada. Por otro lado, la experiencia consciente puede moverse a una gran velocidad; el presente
especioso de James, un valor aproximado de la duración de un estado consciente, es del orden de 100
mseg.,22 lo que significa que los estados conscientes pueden cambiar muy rápidamente, como en las
escenas vertiginosas de persecuciones de las películas de acción.

22. Blumenthal. The Process of Cognition.

Un aspecto implícito en la definición del núcleo dinámico es que puede mantener su unidad en el
tiempo aunque su composición cambie de forma continua, lo que una vez más es el marchamo de un
proceso, no de una cosa. No obstante, tanto si cambia la composición del núcleo dinámico como si no, el
proceso de integración neuronal que da origen al núcleo debe ocurrir a la escala de tiempo de la
experiencia consciente -en una fracción de segundo. Además, a esta rápida escala de tiempo el núcleo
debe tener a su disposición un gran repertorio de estados globales distintos. Por tanto, cuando a partir de

103
este gran repertorio emerge un núcleo particular a través de interacciones de reentrada, se genera una gran
cantidad de información en muy poco tiempo. Esta información corresponde a la rápida reducción de la
incertidumbre acerca de cuál de los muchos estados globales posibles va a ocurrir. Los diversos modelos
que hemos comentado anteriormente indican que las interacciones de reentrada continuas, «espontáneas»,
a lo largo de las conexiones corticocorticales y talamocorticales son esenciales para que la integración y
la diferenciación puedan producirse en apenas unos centenares de milisegundos. Hemos advertido
asimismo que todavía carecemos de un importante instrumento teórico a añadir a los que hemos descrito
hasta ahora: una manera de estimar la integración y diferenciación (complejidad) en tan cortos periodos
de tiempo (centenares de milisegundos). Las medidas de información mutua son relativamente fáciles de
obtener en sistemas estacionarios, pero a escalas de tiempo más cortas probablemente sean necesarias
otras medidas, derivadas posiblemente de la teoría de sistemas dinámicos y de la teoría de perturbaciones.

Algunas cuestiones de importancia


La hipótesis del núcleo dinámico genera toda una serie de predicciones y preguntas experimentales.
Una predicción central es que en el curso de las actividades cognitivas que implican la conciencia, debería
ser posible encontrar pruebas empíricas en el cerebro consciente de un conjunto grande pero bien definido
de grupos neuronales distribuidos que, en el plazo de una fracción de segundo, interaccionan mucho más
fuertemente entre sí que con el resto del cerebro. Esta predicción podría contrastarse, en principio, con la
ayuda de experimentos neurofisiológicos diseñados con el fin de registrar los potenciales eléctricos de
múltiples neuronas cuya actividad se halle correlacionada con la experiencia consciente. Los registros con
multielectrodos han servido para indicar que se pueden producir cambios rápidos en la conectividad
funcional entre poblaciones distribuidas de neuronas con independencia de su tasa de disparo.23 Estudios
recientes de un pequeño número de neuronas de la corteza frontal de monos han demostrado también la
presencia de cambios simultáneos en los estados de actividad que implican a algunas, pero no a todas las
neuronas registradas.24

23. E. Vaadia, I. Haalman, M. Abeles. H. Bergman, Y. Prut, H. Slovin y A. Aertsen, "Dynamics of Neuronal Interactions in
Monkey Cortex in Relation to Behavioural Fvents”. Nature, 373 (1995 ), pp. 515-518.
24. E. Seidemann, I. Meilijson, M. Abeles, H. Bergman y E. Vaadia, “Simultaneously Recorded Single Units in the Frontal
Cortex Go Through Sequences of Discrete and Stable States in Monkeys Performing a Delaved Localization Task", Journal of
Neuroscience, 16 (1996), pp. 752-768.

Una demostración convincente de la rápida agrupación funcional entre grupos neuronales distribuidos
requiere, sin embargo, que estos estudios se hagan extensivos a mayores poblaciones de neuronas
localizadas en distintas áreas del cerebro. Otra posibilidad consiste en examinar si los efectos de la
microestimulación cortical directa se extienden más ampliamente en el cerebro cuando están asociados a
una experiencia consciente. En los humanos, la extensión y fronteras de las poblaciones neuronales que
intercambian señales coherentes pueden evaluarse con la ayuda de técnicas de marcaje de frecuencias. Por
ejemplo, ya hemos comentado la posibilidad de diseñar métodos relativamente directos para evaluar los
sustratos neuronales de la conciencia con la ayuda del etiquetado de frecuencias en estudios de rivalidad
binocular con MEG. Tanto si todos los aspectos de la hipótesis del núcleo dinámico son correctos como si
no, los criterios esbozados aquí pueden facilitar el diseño de experimentos similares que utilicen métodos
de neuroimagen que ofrezcan a un tiempo una amplia cobertura espacial y una alta resolución temporal;
son ejemplos la IRMf, el EEG topográfico y el MEG.
Estos experimentos podrían ayudar a dar respuesta a numerosas preguntas relacionadas con la
dinámica del cerebro: Cuando una persona es consciente, ¿existe un conjunto de regiones cerebrales que
interaccionen mucho más fuertemente entre sí que con el resto del cerebro en el plazo de una fracción de
segundo? ¿Cambia la composición del núcleo dinámico dependiendo de la actividad consciente que
desarrolla la persona? ¿Hay regiones del cerebro que siempre se incluyan en el núcleo, o que siempre se
excluyan? ¿Puede partirse el núcleo, o pueden coexistir múltiples núcleos dinámicos en una persona
normal? ¿Existen condiciones patológicas que reflejen la presencia de múltiples núcleos, o anormalidades
en un núcleo único? Una predicción razonable sería que múltiples trastornos de la conciencia, en
particular los trastornos disociativos y la esquizofrenia, reflejan anormalidades del núcleo dinámico y
pueden dar lugar a la formación de núcleos múltiples.
Podemos plantear otra serie de preguntas experimentales alrededor de la predicción de que el núcleo
dinámico que subyace a la conciencia debe ser altamente diferenciado o complejo en cortos periodos de
tiempo. ¿Cuál es la complejidad del propio núcleo dinámico? ¿Es posible correlacionar esta complejidad
con la capacidad de diferenciar, que es una de las propiedades fundamentales de la experiencia
consciente? Una predicción fuerte basada en esta hipótesis es que la complejidad del núcleo dinámico

104
debería estar correlacionada con el estado consciente de una persona. Por ejemplo, predecimos que la
complejidad neuronal debe ser mucho mayor durante la vigilia y el sueño REM, cuando somos
conscientes, que durante los estadios profundos del sueño de onda lenta, en los que no somos conscientes.
Debería tomar valores extremadamente bajos durante cortos periodos de conciencia que acompañan a los
ataques epilépticos, pese al aumento global de la actividad cerebral. Predecimos también que los procesos
neuronales que subyacen a las conductas automáticas, por sofisticadas que éstas sean, deben tener una
complejidad menor que los procesos neuronales que subyacen a las conductas conscientes controladas.
Por último, cabe esperar que el desarrollo cognitivo venga acompañado de un aumento sistemático de la
complejidad de los procesos neuronales coherentes, en paralelo con un drástico aumento de la capacidad
de discriminación.
Sobre la base de estas consideraciones, sugerimos que la hipótesis del núcleo dinámico, juntamente
con los mecanismos talamocorticales descritos en el capítulo 9, puede en efecto explicar algunas de las
propiedades generales de la experiencia consciente. La capacidad de definir la agrupación funcional y de
estimar la complejidad -el repertorio de estados globales disponibles durante cortos periodos de tiempo,
será particularmente útil en el diseño de experimentos para el contraste directo de esta hipótesis. Estas
preguntas y las predicciones asociadas inspiradas por nuestra hipótesis sugieren un plan de investigación
susceptible de contraste experimental directo. Entretanto, quedan varias cuestiones importantes por
considerar, independientemente del resultado de estas investigaciones. Estas cuestiones tienen que ver
con la relación entre las discriminaciones subjetivas o qualia y los estados del núcleo, y con la relación
entre la actividad consciente y la actividad inconsciente. Discutimos estas cuestiones en la siguiente parte
del libro, siguiendo con nuestros esfuerzos por desatar el nudo del mundo.

105
Parte V

Desatar el nudo
La hipótesis del núcleo dinámico nos ha permitido formular un enunciado operativo conciso de lo que
la actividad de los grupos de neuronas que subyace a la experiencia consciente tiene de especial. Además,
basándonos en la hipótesis del núcleo dinámico, hemos podido pasar revista a algunas de las propiedades
fundamentales de la conciencia que habíamos descrito anteriormente y hemos evaluado de qué modo se
pueden explicar en términos neuronales. También hemos argumentado que la reentrada es el mecanismo
básico que permite urdir la categorización perceptual con la memoria de valores/categorías para generar
rápidamente una escena unificada como resultado de interacciones en el núcleo.
Una vez sentadas estas hipótesis, podemos volver a examinar la cuestión crítica de los qualia-la
experiencia, por ejemplo, del rojo, el ruido, el calor o el olor- desde una nueva perspectiva. Veremos que
los qualia son discriminaciones de orden superior entre un gran número de estados del núcleo dinámico y
que, como tales, son altamente integrados y extraordinariamente informativos. Nos ocuparemos también
brevemente de cómo la organización del núcleo dinámico puede determinar las propiedades
fenomenológicas de los distintos qualia. Finalmente, desarrollaremos una nueva perspectiva acerca de la
relación entre lo consciente y lo inconsciente mediante un examen de las transacciones entre el núcleo y
la multitud de rutinas funcionalmente aisladas que están relacionadas con los procesos automáticos e
inconscientes. Este examen clarifica el papel de la conciencia en el aprendizaje y la memoria. En
conjunto, todo este esfuerzo sugiere que, después de todo, será posible desatar el nudo del mundo.

106
ocho

i A HIPOTESIS
DEL MARCADOR SOMATICO

RAZONAMIENTO Y TOMA DE DECISIONES

No pensamos casi nunca en el pasado y, cuando lo hacem os, es


s í >Io para ver qué luz nos proyecta en los planes futuros.1 Son
palabras de Pascal, y es fácil apreciar su perspicacia acerca de la
inexistencia virtual del presente, consum idos com o estamos en el
uso del pasado para planear el futuro inm ediato o distante. Ese
t onlinuo y desgastante proceso de creación da consistencia al
razonam iento y la tom a de decisiones. En este capítulo exam ina-
remos una fracción de sus posibles sustratos neurobiológicos.
Quizás sea exacto decir que el propósito de razonar es deci-
dir y que la esencia de la decisión es seleccionar una opción de
respuesta, esto es, escoger una acción no verbal, una palabra,
una frase o una com binación de todo ello entre las m uchas posi-
bles en un m om ento en relación con una situación determ inada.
Razonar y decidir están tan entretejidos que con frecuencia se
los usa indistintam ente. Phillip Johnson-Laird sintetizó esa apre-
lada urdim bre en un dicho: “Para decidir, juzga; para juzgar,
razona; para razonar, decide (sobre qué razonar)”.2
R azonar y decidir suponen habitualm ente que el que tom a
una decisión conoce (a) la situación que la exige, (b) las dis-
tintas opciones (respuestas) de acción y (c) las consecuencias
inm ediatas o futuras de cada una de esas opciones. El conoci-
m iento -q u e está en la m em oria bajo form a de representacio-
nes disposicionales- se puede to rn ar accesible en la consciencia
tanto en versión no verbal com o verbal y virtualm ente al mis-
mo tiem po.

191
Fl, FUROR DF DF.HOARTFS

Los términos razonar y decidir también implican que (|uien


decide posea alguna estrategia lógica para generar inferencias váli-
das en las que basar su selección de opción de respuesta; y que
posea, además, los mecanismos necesarios para el proceso de razo-
namiento. Entre estos últimos, se suele m encionar la atención y la
memoria operativa; pero nada se dice de la emoción y el sentimien-
to, y prácticamente nada sobre los mecanismos que generan un
variado repertorio de opciones para ser seleccionadas.
De la exposición del razonar y decidir que acabo de hacer,
parece deducirse que no todos los procesos biológicos que cul-
m inan en u na selección de respuesta pertenecen al ám bito racio-
nal-decisorio descrito. Los ejem plos siguientes ilustran el punto.
Como prim er ejemplo, considera lo que sucede cuando te
baja el nivel de azúcar en la sangre y las neuronas hipotalám icas
detectan la dism inución. Se presenta u n a situación que exige
acción. Hay un “know-how” fisiológico inscrito en las representa-
ciones disposicionales del hipotálam o; y hay u na “estrategia”, ins-
crita en el circuito neural, para seleccionar una respuesta, que
consiste en prom over un estado de ham bre que finalm ente te
conducirá a alim entarte. El proceso que culm ina cuando advier-
tes que tienes ham bre no supone, sin em bargo, conocim ientos
evidentes ni el despliegue explícito de opciones y consecuencias
ni un m ecanism o consciente de inferencia.
Como segundo ejemplo, considera lo que ocurre cuando te
apartas bruscam ente de la trayectoria de un objeto que cae. Hay
una situación (la caída de un objeto) que requiere acción inm e-
diata; hay opciones (esquivar o no esquivar) con consecuencias
distintas. Sin em bargo, para seleccionar la respuesta no usamos
conocim iento consciente (explícito) ni un a estrategia racional
consciente. El conocim iento fue antaño consciente, cuando apren-
dimos por vez prim era que los objetos que caen pueden herir y
que detenerlos o evitarlos es m ejor que ser golpeados. Pero la
experiencia vivida en esos escenarios m ientras crecimos, hizo
que el cerebro vinculara sólidam ente el estím ulo con la respues-
ta más ventajosa. La “estrategia” de selección de respuesta ahora
consiste en activar el nexo entre estím ulo y respuesta, de m odo
que la im plem entación de la reacción es rápida y automática, no

192
I .A I lll'< Vl l-SIS !)l l . MARI ADOR S( )MA1I( ()

lequierc clr esfuerzo ni de deliberación, si bien puede ser volun-


lat ¡¡miente detenida.
Kl tercer ejem plo reúne diversas situaciones, agrupadas en
dos grupos. Un grupo incluye elegir una carrera, decidir con
quién amigarse o contraer m atrim onio, volar en avión cuando
amenaza una torm enta, decidir por quién votar o cóm o invertir
los ahorros, decidir si p erd on ar a alguien que te ha perjudicado,
o, en caso que seas gobernador de un estado, si conm utar una
<undena a m uerte. Para la mayoría de las personas, el segundo
grupo incluiría los razonam ientos necesarios para diseñar un
edificio o construir un nuevo m otor o resolver un problem a
matemático, com poner una obra musical o escribir un libro o
evaluar si una nueva ley está de acuerdo o en desacuerdo con el
espíritu o la letra de una enm ienda constitucional.
Todos los casos del tercer ejem plo se apoyan en el proceso
(supuestam ente claro) de derivar consecuencias lógicas a partir
de premisas anteriores, de hacer inferencias confiables, no per-
turbadas por pasiones, que nos perm itan elegir la m ejor opción
posible que desem boque en el m ejor resultado incluso en el
peor problem a posible. Por eso no es difícil separar el tercer
ejemplo de los dos anteriores. En todos los casos del tercer ejem-
plo, las situaciones estim ulantes son más complejas, las respues-
tas posibles más numerosas, sus respectivas consecuencias poseen
más ramificaciones y esas consecuencias suelen ser diferentes
tanto de m odo inm ediato com o en el futuro y plantean entonces
conflictos entre posibles ventajas y desventajas en diversos m ar-
cos tem porales. En este caso, la com plejidad y la incertidum bre
son tan amplias que no facilitan hacer predicciones confiables.
O tro pu nto im portante: gran cantidad de esos miles de resulta-
dos y opciones deben presentarse en la consciencia para que se
pueda escoger y aplicar una estrategia. Para seleccionar una res-
puesta final, debes aplicar el razonam iento, y ello im plica la pre-
sencia de múltiples datos en tu m ente, la contabilidad de los
resultados de acciones hipotéticas y su com paración con los obje-
livos inm ediatos y m ediatos; todo ello necesita m étodo, algún
tipo de plan de los varios que hayas ensayado incontables veces
en el pasado.

193
Kl. KRROR nKDKXCARTOi

Fundado en las notorias diferencias entre el lercer ejem plo y


los dos anteriores, no es sorprendente descubrir que general-
m ente se considera que uno y otros poseen mecanismos m enta-
les y neurales com pletam ente desvinculados, tan separados, de
hecho, que Descartes situó uno fuera del cuerpo, com o hito del
espíritu hum ano, en tanto que a los otros, característicos de espí-
ritus animales, los dejó en el cuerpo; tan separados que unos
representan la claridad de pensam iento, la capacidad deductiva,
la algoritm icidad, y los otros connotan confusión y la vida m enos
disciplinada de las pasiones.
Pero, si bien los casos del tercer ejem plo difieren notoria-
m ente de los otros dos, no todos son del mismo tipo. Todos, por
cierto, exigen razón en el sentido más com ún del térm ino, pero
algunos son más atingentes que otros al en to rn o personal y so-
cial del sujeto que decide. Decidir a quién am ar o perdonar,
elegir un a carrera u optar por una inversión p erten ecen al terre-
no personal y social inm ediato; resolver el últim o teorem a de
Ferm at o sentar jurisprud encia sobre la legitim idad de una legis-
lación son más distantes del núcleo personal (aunque podem os
im aginar excepciones). Los prim eros se asocian fácilm ente con
la noción de racionalidad y razón práctica; los segundos caen
más bien en el sentido general de la razón, razón teórica e inclu-
so razón pura.
Lo fascinante es que a pesar de las diferencias evidentes en-
tre los ejemplos y su aparente agrupam iento por cam po y nivel
de com plejidad, muy bien puede existir un núcleo neurobiológi-
co com partido, una h ebra fundam ental com ún que los urde a
todos.

RAZONAMIENTO Y TOMA DE DECISIONES


EN UN AMBITO PERSONAL Y SOCIAL

Razonar y decidir puede ser tarea ardua, pero lo es especialm ente


cuando están en ju eg o nuestra vida personal y su contexto social
inm ediato. Hay buenos motivos para tratar el tem a separadam ente.
En prim er lugar, un profund o deterioro en la habilidad para deci-

194
\a n in ) i i:srs is k i . m a r c a d o r s o m á t ic o

dii en lo personal no se iKompana, necesariam ente, de un délieil


análogo cu el dom inio im personal, com o lo confirm an los casos de
Phineas (¡age, Elliol y oíros. En este m om ento estamos investigan-
de i la com petencia rac ional de esos pacientes cuando las premisas
no les conciernen directam ente, y cuán bien pueden ad optar las
decisiones consiguientes. Es posible conjeturar que se desem peña-
ran m ejor m ientras más alejados de su vida personal y social est(?n
los problem as. En segundo lugar: u na simple observación de la
conducta hum ana m uestra una disociación similar de las habilida-
des racionales en ambas direcciones. Todos conocem os personas
extraordinariam ente diestras en la navegación social, infalibles para
conseguir ventajas para sí mismos o sus amigos y parientes, pero
cuya ineptitud es notable cuando se les confía un problem a ni
social ni personal. La condición inversa es igualm ente dramática:
lodos sabemos de científicos y artistas creativos cuyo sentido social
es una verdadera desgracia, y que regularm ente se dañan a sí mis-
mos o a terceros con su com portam iento. El profesor distraído es
una variedad benigna de este últim o tipo. En estos diferentes esti-
los personales funciona la presencia o ausencia de lo que Howard
C ardner ha llam ado “inteligencia social”, la presencia o carencia
de una u otra de las m últiples inteligencias que ha discernido,
c omo, por ejem plo, la “inteligencia m atem ática”.3
El terreno personal y el social inm ediato son los más cercanos a
nuestro destino y los qqe incluyen la mayor incertidum bre y com-
plejidad. En térm inos generales, decidir bien en este dom inio es
elegir una respuesta que a la postre sea ventajosa para el organism o
en térm inos de supervivencia, y, directa o indirectam ente, de la
calidad de esta supervivencia. Decidir bien tam bién es hacerlo en
form a expedita, especialm ente cuando el tiem po aprem ia o, por lo
menos, decidir en un m arco tem poral apropiado para el problem a
del caso.
Estoy consciente de las dificultades que plantea definir lo que
es ventajoso y com prendo que algunos resultados pu eden ser bene-
ficiosos para algunos individuos y nefastos para otros. P or ejem plo,
ser m ultim illonario no es necesariam ente bueno, y lo m ismo puede
decirse de ganar premios. Mucho dep en de del m arco de referencia
y de los objetivos que nos planteam os. C uando digo que una deci-
sión es ventajosa, m e refiero a resultados personales y sociales bási-
cos como la supervivencia individual y familiar, la seguridad de un
domicilio, el m antenim iento de la salud física y m ental, la solvencia

195
económica y laboral y el prestigio en el grupo social. Li nueva
mente de Oage o de Elliot les impedía obtener ninguna de esa»
ventajas.

LA RACIONALIDAD EN FUNCIONES

Para em pezar, considerem os u na situación que exige una elec-


ción. Im agínate dueño de una gran em presa, encarando la posi-
bilidad de hacer o no negocios con un cliente que es, al mismo
tiem po, el peor enem igo de tu m ejor amigo. El cerebro de un
adulto norm al, inteligente y educado reacciona ante la situación
y rápidam ente crea escenarios de opciones probables de respues-
ta y de sus consecuencias. Los escenarios se presentan en tu
consciencia com o múltiples escenas imaginarias; no es u n a pelí-
cula continua, sino más bien instantáneas de im ágenes clave en
esos tablados, secuencias entrecortadas en rápida yuxtaposición.
Los ejemplos de lo que las escenas podrían reflejar incluyen la
reunión con el posible cliente; el ser visto con él por tu m ejor
amigo, lo que pone la am istad en peligro; no encontrarse con el
cliente; p erd er un buen negocio pero salvar la amistad, y así
sucesivamente. Q uiero destacar que la m ente no es un espacio
en blanco cuando em pieza el proceso de razonam iento. Está
llena, más bien, de un variado repertorio de im ágenes, genera-
das para sintonizar con la circunstancia que estás enfrentando,
que entran y salen de tu conciencia y configuran un espectáculo
que te resulta difícil abarcar totalm ente. Incluso en esta caricatu-
ra puedes reconocer el tipo de acertijo que solemos enfrentar
cada día. ¿Cómo resuelves el problem a? ¿Cómo escoges las p re-
guntas implícitas en las im ágenes que se presentan en tu con-
ciencia?
Hay dos posibilidades precisas por lo menos: la primera corres-
ponde a una concepción “racional” tradicional de la toma de deci-
siones; la segunda deriva de la “hipótesis del marcador somático”.
El pu nto de vista “racional tradicional”, que no es otro que el
sentido com ún, supone que cuando estamos en pleno dom inio
de nuestra capacidad decisoria honram os a Platón, Descartes y

196
\A llll'O li’.SIS DKI, MARCADOR SOMATICO

kttnl. I<a lógica formal, por sí misma, nos ofrece la m ejor solu-
• Iñn para cualquier problem a. Un aspecto im portante de la con-
cepción racionalista es que, para ob tener los m ejores resultados,
fichemos dejar fuera las em ociones. El proceso racional no debe
»ei obstaculizado por la pasión.
básicam ente, conform e a la versión “racional”, la diligencia
m usiste en separar los escenarios posibles y -p a ra usar la je rg a
administrativa en bo g a- analizar la relación costo/benefício de
<»tda uno. Sin p erd er de vista la “probable utilidad subjetiva”,
que es lo que deseas maximizar, infieres lógicam ente lo bueno y
lo malo. Por ejem plo, consideras las consecuencias de cada op-
<Ion en distintas etapas de un proyectado futuro posible y sope-
sas las ganancias y pérdidas consecuentes. Como, a diferencia del
ejemplo, la mayoría de los problem as tiene más de dos alternati-
vas, el análisis se te hará más difícil a m edida que avances en la
deducción. Pero nota que incluso un problem a de dos alternati-
vas puede ser harto com plicado. G anar un cliente puede traer
beneficios inm ediatos y futuras gratificaciones. Como es difícil
saber cuántas, tienes que evaluar su m agnitud y cadencia tem po-
ral, para po d er contrastarla con las posibles desventajas, entre las
cuales está la de p erd er un amigo. Y com o esta pérdida variará
con el tiempo, ¡hasta debes calcular una tasa de “depreciación”!
Kstás, de hecho, enfrentado a un cálculo difícil, planteado en
distintas épocas imaginarias, com plicado por la necesidad de com-
parar resultados de naturaleza distinta que de alguna m anera
tienen que traducirse a m oneda corriente para que tengan algún
sentido. U ña parte sustancial de este cálculo va a dep en de r de la
generación continua de más escenarios imaginarios construidos
sobre patrones visuales y auditivos, en tre otros, y tam bién de la
continua generación de narraciones verbales que los acom pañen
y que son esenciales para llevar adelante el proceso de inferencia
lógica.
A hora bien, perm ítasem e decir con claridad que si esta estra-
tegia es la única disponible, la racionalidad, com o dije antes, no
va a funcionar. En el m ejor de los casos, la decisión tom aría
largo tiem po, m ucho más del aceptable si quieres resolver el
asunto en el día. En el peor, es probable que no llegues a ningu-

197
El, ERROR HE DESCARTES

na, que te extravíes en una m araña de cálculos. ¿Por qué? Por-


que no es fácil conservar en la m em oria las múltiples planillas de»
ganancias y pérdidas que necesitas consultar para la com para-
ción. Te perderás en el camino. La representación de los pasos
interm edios, que debes tener a m ano y en reserva para traducir-
los a cualquier term inología simbólica y usarlos para llevar ade-
lante la inferencia lógica, se bo rrarán de tu pizarra m ental. La
atención y la m em oria operativa tienen u n a capacidad limitada.
Y al final, es probable que te equivoques y vivas para lam entarlo,
si de sólito tu m ente opera únicam ente con cálculo racional. O
acaso, frustrado, abandones el intento.
La experiencia con pacientes com o Elliot sugiere que la fría
estrategia que sostienen Kant y otros se adapta m ucho m ejor a la
m anera de razonar y decidir de los pacientes con lesiones lobulo-
frontales que al estilo de razonam iento y decisión normales. Por
supuesto, hasta los m eros razonadores pu ed en lograr mejores
resultados con algo de ayuda de papel y lápiz: basta anotar todas
las opciones, y la m iríada de escenarios posibles, sus efectos, y así
sucesivamente. (A parentem ente, es lo que Darwin sugería si un o
quería decidir bien con quién casarse.) Pero prim ero árm ate de
toneladas de papel, m uchos sacapuntas, y pon un signo de No
M olestar en la puerta, para que nadie te interrum pa hasta que
hayas term inado.
De paso, im porta advertir que los errores de la concepción
de “sentido com ún” no se lim itan al problem a de capacidad de
memoria. Como han mostrado Amos Tversky y Daniel Kahneman,
las estrategias razonadoras están llenas de agujeros, incluso cuan-
do anotam os en un papel todos los datos necesarios para ord e-
nar las ideas.4 U na de las debilidades im portantes podría ser
nuestra form idable ignorancia y el uso deficiente que los hum a-
nos hacemos de la teoría de las probabilidades y de las estadísti-
cas, com o ha sugerido Stuart S utherland .5 A pesar de todo,
nuestros cerebros pued en decidir bien, a veces en segundos, o
m inutos, según el m arco tem poral adecuado para el objetivo que
querem os conseguir; y si pueden hacer eso, y lograr resultados
estupendos, es porque trabajan con algo más que la pura razón.
Se necesita un a concepción alternativa.

198
IA llll'OII'SIS OKI.MARCADOR HOMATIOO

l,A llll'O IT.SIS DKl. MARCADOR SOMATICO

Re visemos nuevam ente los escenarios que he bosquejado. Sus


principales com ponentes se nos despliegan de m anera instantá-
nea en la m ente, como esbozos, casi simultáneos, dem asiado rá-
pido para definir con claridad sus detalles. Ahora, im agina que
pasa algo muy im portante antes de hacer un análisis de costo/
beneficio y de razonar hacia la solución al problem a: cada vez
que se te ocurre la posibilidad de u na mala decisión, aunque sea
lugazm ente, tienes un sentim iento visceral displacentero. Como
el sentim iento es sobre el cuerpo, doy al fenóm eno el apelativo
leen ico de estado somático (“som a”, en griego, es cuerpo); y, como
“m arca” un a im agen, lo he llam ado marcador. Adviértase, otra
vez, que uso somático en sentido lato (lo que concierne al cuer-
po) e incluyo las sensaciones viscerales y no viscerales cuando me
refiero a m arcadores somáticos.
¿Cuál es la utilidad de un marcador somático? Obliga a enfocar
la atención en el resultado negativo de una acción determ inada,
y funciona com o un a señal de alarm a autom ática que dice: ¡cui-
dado con el peligro que acecha si eliges la opción que tiene esas
consecuencias! La señal puede hacerte rechazar inmediatamente la
vía negativa de acción e im pulsarte a buscar otras alternativas. Te
protege contra pérdidas futuras, sin más, y te perm ite así elegir
entre menos alternativas. Todavía es posible hacer un análisis de
costo/beneficio y deducir adecuadam ente su validez, pero sólo
después que este paso autom ático reduce drásticam ente el núm e-
ro de opciones. Puede que los m arcadores somáticos no basten
para la norm al tom a de decisiones, porque es necesario un sub-
secuente ^proceso de razonam iento y una selección final en la
mayoría de los casos (aunque no en todos). Los m arcadores
somáticos probablem ente aum entan la precisión y la eficiencia
del proceso de tom a de decisión. La ausencia de un m arcador
som ático las disminuye. Esta distinción es im portante y se la pue-
de p asar fácilm ente p or alto. La hipótesis no concierne a los
pasos de razonam iento que siguen a la acción del m arcador. En
pocas palabras: los marcadores somáticos son un caso especial de senti-
mientos generados a partir de emociones secundarias. Estas em ociones

199
, ,
y sentim ientos se han conectado mediante el aprendizaje a fuimos
,
resultados previsibles en ciertos escenarios. C uando un m arcador so-
mático negativo se yuxtapone a un resultado futuro posible, la
com binación funciona com o un cam panazo de alarma. A la in-
versa, cuando la yuxtaposición se refiere a un m arcador som ático
positivo, la señal se transform a en elem ento incentivador.
Esa es la esencia de la hipótesis del m arcador somático. Pero
para co m prender todo el alcance de la hipótesis tienes que se-
guir leyendo, y vas a descubrir que en ocasiones los m arcadores
pueden operar encubiertam ente (sin llegar a la conciencia) y
utilizar un rizo de simulación “com o si”.
Los m arcadores somáticos no deliberan por nosotros. Ayu-
dan a la deliberación destacando algunas opciones (peligrosas o
favorables) y descartando rápidam ente toda consideración ulte-
rior. Te los puedes im aginar como u n sistema autom ático de
predicciones que actúa, lo quieras o no, para evaluar la multipli-
cidád de escenarios futuros posibles. Imagínalos, por ejem plo,
com o “dispositivos de sesgo”. Supongam os que te propo nen una
inversión extrem adam ente riesgosa, pero que devengaría un altí-
simo interés. Im aginem os que tienes que contestar rápidam ente
la propuesta, en m edio de otros asuntos que te distraen. Si la
idea de ir adelante con el proyecto es acom pañada por un estado
som ático negativo, éste te ayudará a rechazar la opción y a hacer
un análisis más detallado de sus posibles consecuencias. El esta-
do negativo conectado con el futuro contrarresta la tentación de
un pingüe beneficio inm ediato.
El inform e del m arcador somático es así com patible con la
noción de que una adecuada conducta social y personal requiere
que los individuos form en “teorías” correctas sobre su propia
m ente y las de los demás. Basados en esas teorías podem os pre-
decir las teorías que otros construyen de nuestra propia m ente.
El detalle y la precisión de esas predicciones es, por supuesto,
esencial cuando nos enfrentam os a una decisión crítica en una
situación social. N uevam ente, es inm enso el núm ero de escena-
rios y creo que los m arcadores somáticos (o algo similar) ayudan
en el proceso de barajar el caudal de detalles; que de hecho
reducen la necesidad de barajar porque detectan automática-

200
I ,A 1lll'<>11,SIS Mi l. MAR< 1A11C>K S< )MATI< A >

n im le los (k'lalles ni;is relevamos en el conjunto. Ya debería ser


evidente la asociación entro los llamados procesos cognitivos y
los procesos que se suele llamar “em ocionales”.
Kste sum ario general tam bién se aplica a la elección de accio-
nes cuyas consecuencias inm ediatas son negativas, pero que ge-
neran resultados positivos en el largo plazo; p o r ejem plo,
«ii<\jilearse hoy, para ten er beneficios más adelante. Im agina que
pata revertir la fortuna de tus negocios, tú y tus colaboradores
tienen que aceptar sueldos más bajos a partir de ahora, y aum en-
tar significativamente las horas de trabajo. El panoram a inm edia-
to no es placentero, pero la idea de un a ventaja futura crea un
m arcador somático positivo y eso supera la tendencia a decidir
contra una opción inm ediatam ente penosa. Este m arcador somá-
tico positivo, gatillado p o r la im agen de un buen resultado futu-
ro, debe ser la base que perm ite resistir el displacer como prefacio
potencial a m ejores cosas. Si no fuera así, ¿cómo podría uno
ac eptar la cirugía, trotar, graduarse en el colegio y la escuela de
medicina? Por pu ra fuerza de voluntad, puede decir alguno; de
acuerdo, pero, ¿cómo explicamos la fuerza de voluntad? O btiene
su energía de la evaluación prospectiva, que ésta no puede exis-
tir si la atención no se dirige adecuadam ente tanto a las moles-
tias presentes com o a los beneficios próximos, tanto al sufrimiento
ahora como a la gratificación futura. Si se suprim e esta última, se
le cortan las alas a la voluntad. Fuerza dé voluntad es otro nom -
bre que se da a la idea de escoger según resultados en el largo
plazo más que conform e a logros inm ediatos.

UN APARTADO SOBRE EL ALTRUISMO

Llegados a este punto, nos podem os p reguntar si la exposición


anterior se aplica a todas o gran parte de las decisiones que se
suelen conocer com o altruistas, tales los sacrificios que los padres
hacen po r sus hijos o los que individuos buenos hacen por otros o
lo que los ciudadanos hacen por el rey y el Estado o todo lo que
aún hacen los héroes que quedan en nuestro tiempo. La p regunta
es válida, pues, ju n to a todo el bien que los altruistas hacen por los
dem ás, tam bién cosechan buenos frutos para sí mismos, bajo form a

201
Kl. P.RROR DF. nF/U'ARTF¿

de autoestima, reconocim iento social, honores públicos, alecto, pres-


tigio e incluso dinero. La consideración prospectiva de cualquiera
de esas gratificaciones puede verse acom pañada de exaltación (cuya
base neural considero m arcador somático positivo) e indudable-
m ente puede generar un éxtasis aun mayor cuando lo previsto se
realiza. Además, la conducta altruista beneficia a los que la practi-
can de otra m anera, aquí relevante: les evita el dolor y sufrim iento
futuros que provendrían de la pérdida y vergüenza po r no com por-
tarse con altruism o. No es sólo que la idea de arriesgar la vida p or
tu hija te haga sentir bien, sino que la idea de no salvar a tu hija, y
perderla, te hace sentir m ucho peor que el riesgo inm inente. En
otras palabras, la evaluación se hace entre d olor inm ediato y gratifi-
cación futura, y entre dolor inm ediato y d olor futuro aun peor.
(U n ejem plo más o m enos parecido es la aceptación del riesgo de
com bate en u n a guerra. En el pasado, el m arco social en que se
libraban guerras “m orales” incluía un beneficio para los sobrevi-
vientes y vergüenza pública para los que se negaban a com batir.)
¿Quiere decir esto que no existe un verdadero altruismo? ¿Acaso
es ésta una concepción dem asiado cínica del espíritu hum ano? No
lo creo. En prim er lugar, la verdad del altruism o - o de cualquier
conducta equivalente- se vincula con la relación en tre lo que cree-
mos, sentimos o intentam os internamente., y lo que externamente deci-
mos sentir, creer o intentar. La verdad no concierne a las causas
fisiológicas que nos hacen creer, sentir o in ten tar en alguna form a
especial. Por cierto que creencias, sentim ientos e intenciones resul-
tan de una cantidad de factores afincados en nuestro organism o y
en la cultura en que hem os estado inm ersos, incluso si esos factores
son rem otos y no estam os conscientes de ellos. Si resulta que hay
razones educacionales y neurofisiológicas que posibilitan que algu-
nos sean honestos y generosos, sea. Pero de ello no se sigue que su
honestidad y generosidad sean m enos meritorias. Por otra parte, el
en ten d e r los mecanismos neurobiológicos que hay tras algunos as-
pectos de la cognición y el com portam iento no disminuye el valor,
belleza o dignidad de ese conocim iento y conducta.
En segundo lugar, au nq ue biología y cultura determ inen a m e-
nu d o nuestros razonam ientos, directa o indirectam ente, y parezcan
lim itar el ejercicio de la libertad individual, debem os reconocer
que los hum anos sí tenem os algún espacio para esa libertad, para
desear y realizar acciones que pu eden ir contra la textura aparente
de la biología y la cultura. Los logros de ese tipo constituyen la

202
IA 11ll'() I I.SIS I>11. MARí AlK>R Sí>M ATK¿>

¿ilirmacinn de un nuevo nivel de “ser” en el m al uno puede inven-


ía! ailelados nuevos y Idrjai una existencia más justa. En ciertas
<ircimslancias, sin embargo, liberarse de las obligaciones biológicas
y culturales puede ser el sello de la locura y alimentar las ideas y
actos de los dementes.

¿DE DONDE VIENEN LOS MARCADORES SOMATICOS?

¿Cuál es, en térm inos neurales, el origen de los m arcadores so-


máticos? ¿Cómo hem os llegado a te n er estos dispositivos de auxi-
lio? ¿Nacimos con ellos? Y si no es así, ¿cómo surgieron?
Como vimos en el capítulo anterior, vinimos al m undo con la
m aquinaria neural requerida para generar estados somáticos en
respuesta a cierto tipo de estímulos: se trata de la m aquinaria de
las em ociones primarias. Es un equipam iento intrínsecam ente
predispuesto a procesar señales concernientes a la conducta so-
cial y personal, y al principio incorpora disposiciones para enca-
rar un gran n ú m ero de situaciones sociales con respuestas
somáticas adaptativas. Esta descripción calza con algunos descu-
brim ientos en seres hum anos norm ales, y tam bién con indicios
de patrones com plejos de cognición social encontrados en otros
mamíferos y pájaros.6 Sin em bargo, es probable que la mayoría
de los m arcadores somáticos que utilizamos en la tom a racional
de decisiones se haya creado en nuestro cerebro d urante el pro-
ceso de educación y socialización, m ediante la asociación de
tipos específicos de estím ulo con tipos específicos de estado so-
mático. En otras palabras, se basan en el proceso de em ociones
secundarias. ^
La elaboración de marcadores somáticos adaptativos requiere
de un cerebro y un entorno cultural normales. Si cualquiera de los
dos elementos, cerebro o cultura, es defectuoso en un comienzo, la
adaptabilidad de los marcadores es poco probable. En algunos pa-
cientes -afectados por la condición llamada sociopatía o psicopatía
del desarrollo- hay un ejemplo de la prim era situación.
Los sociópatas o psicópatas hacen noticia todos los días: ro-
ban, violan, m atan, m ienten; suelen ser astutos, y el um bral más

20S
Rt, ERROR DE DRRCARTP.fi

allá del cual sus em ociones se manifiestan -c u a n d o lo h ace n - es


muy alto, así que parecen im perturbables. Se describen a sí mis-
mos com o insensibles e indiferentes. Son la im agen misma de la
sangre fría que nos enseñaron a conservar para hacer lo correcto*
precisam ente esa sangre fría con que -p a ra desgracia de todos,
incluso de ellos m ism os- frecuentem ente repiten sus crím enes.
Son de hecho otro ejem plo de un estado patológico en que un
deterioro de la racionalidad se acom paña de m engua o ausen-
cia de sentim iento. Es muy posible que la sociopatía surja de
alguna disfunción en el mismo sistema dañado en Gage, en el
nivel cortical o subcortical. Pero, más que consecuencia de u na
lesión grosera y m acroscópica du rante la vida adulta, el deterioro
de los sociópatas se originaría en un a circuitería y señalización
quím ica anorm ales que com enzó tem prano en el desarrollo. En-
ten d er la neurobiología de la sociopatía puede ayudar a su pre-
vención o tratam iento. Tam bién puede servir para com prender
la m edida en que factores sociales interactúan con los biológicos
para agravar la condición o increm entar su frecuencia; podría
arrojar luz, incluso, sobre condiciones superficialm ente similares
que sin em bargo están determ inadas sobre todo por factores
socioculturales.
C uando la m aquinaria neural que es el basam ento específico
de la elaboración y despliegue de los m arcadores somáticos se
daña durante la vida adulta -co m o en el caso de G age-, el dispo-
sitivo, aun cuando hasta ese m om ento haya sido norm al, se des-
ajusta y deja de funcionar adecuadam ente. Utilizo el térm ino
sociopatía “adquirida” para describir parte de las conductas de
ese tipo de pacientes, si bien los míos y los sociópatas “habitua-
les” difieren en m uchos sentidos, el más im portante de los cuales
quizás sea que rara vez mis pacientes son violentos.
Los efectos de un a “cultura enferm a” en un sistema de razo-
nam iento adulto y norm al parecen ser m enos dramáticos que los
de u na lesión cerebral focalizada en el mismo adulto. Sin em bar-
go, hay ejemplos que probarían lo contrario. En Alem ania y la
U nión Soviética durante los años treinta y cuarenta, en China
durante la Revolución C ultural y en C am bodia durante el régi-
m en de Pol Pot - p o r m encionar sólo los casos más o bríos- p re-

204
I.A IIIIU >TKMS \ m . MAK< iAW >R SOMATJI K)

ilum inó un;i cultura enferm a sobre una m aquinaria racional prc-
Mimihlcmente normal; las consecuencias fueron desastrosas. Tem o
que grandes sectores de la sociedad occidental se estén convir-
tiendo gradualm ente en otros ejemplos trágicos.
Los marcadores somáticos se adquieren, entonces, por la expe-
riencia, bajo el control de un sistema interno de preferencias y bajo
el influjo de un conjunto de circunstancias externas que no sólo
incluye las entidades y sucesos con que el organismo tiene que
lidia)’, sino también las convenciones sociales y las normas éticas.
La base neural del sistema interno de preferencias consiste
sobre* todo en disposiciones reguladoras innatas, situadas para
asegurar la supervivencia del organism o. La supervivencia coinci-
de con la reducción de los estados corporales displacenteros y el
logro de estados homeostáticos, esto es, de estados biológicos
íuncionalm ente equilibrados. El sistema interno de preferencias
eslá inh erentem en te predispuesto a evitar el dolor, buscar el
placer potencial, y probablem ente esté afinado para conseguir
esos objetivos en situaciones sociales-
El conjunto externo de circunstancias abarca las entidades,
entorno físico y sucesos en relación con los cuales el individuo
debe actuar; las opciones posibles de acción; los resultados futu-
ros posibles de las mismas, y el prem io o castigo que acom paña a
determ inada elección -inm ed iata o u lteriorm en te- a m edida que
se despliegan las consecuencias de la opción elegida. Desde tem-
prano en el desarrollo, prem io y castigo son aplicados no sólo
p or las entidades mismas, sino p o r los padres, otros adultos y
pares que habitualm ente represeñtan las convenciones sociales
y las norm as éticas a las cuales pertenece el organism o. La inte-
racción en tre un sistema interno preferencial y conjuntos de
circunstancias externas am plía el repertorio de estím ulos que
serán autom áticam ente marcados.
El repertorio crítico y formativo de estímulos acoplados con
estados somáticos se adquiere, sin duda, durante la infancia y la
adolescencia. Pero la acum ulación progresiva de los estímulos
m arcados som áticam ente sólo cesa cuando term ina la vida y po r
eso podem os describir esa acum ulación com o un proceso de
aprendizaje continuo.

20ff
Fl. ERROR DF DFSfARTF.fi

En el nivel neural, los m arcadores somáticos depend en del


aprendizaje d en tro de un sistema que p uede conectar ciertas
categorías de entidades o sucesos con la puesta en m archa de un
estado corporal placentero o desagradable. De paso, es im por-
tante no desdeñar el valor del castigo y la recom pensa en las
interacciones sociales. La falta de prem io p uede constituir casti-
go y ser desagradable, tanto como la falta de castigo puede cons-
tituir una recom pensa y ser muy placentera. El elem ento decisivo
es el tipo de estado somático y sentim iento producidos en un
individuo determ inado, en un m om ento preciso de su historia y
en un a situación específica.
C uando a la elección de la opción X, que desem boca en el
pésim o resultado Y, sigue castigo y por ende un estado corporal
penoso, el sistema de m arcadores somáticos incorpora la oculta
representación disposicional de esa conexión de experiencia, no
heredad a y arbitraria. La reiteración de la exposición del orga-
nismo a la opción X - o pensam ientos sobre el resultado Y- ten-
drá de ahí en más el po d er de reactuar el estado corporal penoso
y así servirá de autom ático recordatorio de las malas consecuen-
cias po r venir. Esta es, necesariam ente, u n a simplificación burda,
pero describe el proceso básico tal com o lo veo. Más adelante
volveré sobre el tem a para aclarar que los m arcadores somáticos
pued en actuar de m anera encubierta (no necesitan que se los
perciba conscientem ente) y desem peñar otros roles adem ás de
indicar “¡Peligro!” o bien “¡Adelante!”

UNA RED NEURAL PARA MARCADORES SOMATICOS

El sistema neural decisivo para adquirir m arcadores somáticos se


en cuen tra en las capas corticales prefrontales, donde es - e n bue-
na p a rte - coextensivo con el sistema crucial para las em ociones
secundarias. Por las razones que indico más adelante, la posición
neuroanatóm ica de las capas corticales prefrontales es ideal para
su propósito.
En prim er lugar, las capas corticales prefrontales reciben se-
ñales desde todas las regiones sensoriales en que se form an las

206
I A llll'O i m s OKI. MARCADOR .SOMATICO

imágenes ronsúuuivus cid pensam iento, incluyendo las capas so-


malosensorialcs donde se representan continuam ente los esta-
dos corporales pretéritos y actuales. Esta recepción de señales no
se circunscribe a percepciones del m undo externo; tam bién cap-
tan pensam ientos acerca del en torno o sucesos del cuerpo pro-
piam ente tal. Eso se confirm a en todos los sectores, porque los
diversos sectores frontales están m utuam ente interconectados den-
lio de la misma región frontal. Las capas corticales prefrontales
i ontienen así algunas de las pocas regiones cerebrales confiden-
tes de señales relativas a prácticam ente cualquier actividad m en-
tal o corporal que ocurre en el cerebro en un m om ento dado.7
(Las capas prefrontales no son los únicos puestos de escucha; la
c ¡i <ainvolución del parahipocam po cum ple la misma función.)
En segundo térm ino, las capas prefrontales reciben señales
de distintos sectores biorregulatorios del cerebro hum ano. Estos
incluyen los núcleos de neurotransm isores del tallo cerebral (por
ejemplo, los que distribuyen dopam ina, norepinefrina y serotoni-
na) y del prosencéfalo basal (que distribuyen acetilcolina), así
como la amígdala, la corteza cingular anterior y el hipotálam o.
Por hacer una com paración, podem os decir que las capas corti-
cales prefrontales reciben mensajes de todo el personal de la
( )licina de Pesos y Medidas. Las preferencias innatas del organis-
mo que conciernen a su supervivencia -su sistema valórico bioló-
gico, por decirlo así- son transm itidas por m edio de estas señales
a las capas corticales prefrontales, y son así parte esencial del
aparato de razonam iento y tom a de decisiones.
De hecho, los sectores prefrontales ocupan una posición de
privilegio entre otros sistemas cerebrales. Sus capas corticales
reciben señales, continuam en te actualizadas, relativas al conoci-
m iento de los fenóm enos que se desarrollan en el m undo exter-
no, a las preferencias regulatorias biológicas innatas, y a los
estados del cuerpo presentes y pretéritos, modificados en todo
m om ento por las inform aciones provenientes del ento rn o y p or
esas preferencias. No es extraño, entonces, que estén tan involu-
cradas en el tópico que encaro en seguida: la categorización de
nuestra experiencia vital conform e a múltiples dim ensiones con-
(ingentes.

207
F.1.KRROR T)F. DVRCARTRH

En tercer lugar, las mismas capas prefrontales representan


categorizaciones de las situaciones en que el organism o se ha
visto com prom etido, clasificaciones de las contingencias de nues-
tra experiencia vital concreta. Esto quiere decir que redes pre-
fro n ta les estab lecen re p re se n ta c io n e s dispo sicio nales p ara
determ inadas com binaciones de cosas y sucesos de la experien-
cia individual según su relevancia para la persona. Me explico:
quizá alguna vez has conocido a u na persona agradable pero
autoritaria, a cuyo encuentro quizá siguió una situación en la
que te sentiste dism inuido o, por el contrario, fortalecido; o se te
confió un rol de liderazgo que m ostró lo m ejor o lo peor de tu
persona; o una estadía en el cam po te tornó melancólico, en
tanto que el m ar te transform a en un rom ántico incurable. A ho-
ra bien, tu vecino puede h aber tenido en cada caso la experien-
cia inversa o po r lo m enos u na distinta. La noción de contingencia
se aplica en estos casos: la contingencia es tu cosa propia, relacio-
nada con tu experiencia personal, con sucesos que varían según
el individuo. La experiencia que tú, tu vecino y yo hayamos teni-
do con cerraduras y palos de escoba puede ser m enos contingen-
te, ya que en general la estructura y operación de esa categoría
de entidades es pareja y predecible.
Así, las zonas de convergencia situadas en las capas p refro n-
tales son el lugar donde se alm acenan las representaciones dis-
posicionales para las adecuadam ente categorizadas contingencias
únicas de la experiencia de la vida de cada uno. Si te pido que
pienses en m atrim onios, las representaciones disposicionales pre-
frontales guardan la llave de esa categoría y p ueden reconstruir,
en tu espacio imaginístico m ental, varias escenas de bodas. (Hay
que recordar que, hablando neuralm ente, las reconstrucciones
no ocurren en las capas prefrontales, sino más bien en diversas
capas corticales sensoriales prim arias en las que se pueden for-
m ar representaciones topográficam ente organizadas.) Si te p re-
g u n to ace rca de bodas ju d ía s o católicas, serás capaz de
reconstituir los conjuntos apropiados de im ágenes categorizadas
y de conceptualizar un tipo u otro de boda. Es más, me puedes
decir qué tipo de boda te gusta, cuál te gusta más, y así sucesiva-
m ente.

208
i .a i iir< >i i :s is DKi, m a r c :a i k >r s o m a t k :<>

Toda la región p rrlm n ta l parece estar dedicada a calegorizar


m niingencias en la perspectiva de su im portancia personal. Esto
lúe establecido por prim era vez en los trabajos de B renda Mil-
n ri\ Michael Petrides y Joaquín Fuster en lo que se refiere al
sector dorsolateral.8Las investigaciones en mi laboratorio no sólo
respaldan esa observación, sino que sugieren que otras estructu-
ras frontales, en el polo anterior y los sectores ventrom ediales,
no son menos decisivas para el proceso de categorización.
Las contingencias categorizadas son la base para la produc-
ción de ricos escenarios de resultados futuros necesarios para
predicciones y planificaciones. N uestro razonam iento com puta
objetivos y cronogram as para lograr estos objetivos, y necesita-
mos un caudal im portante de conocim iento personalizado si que-
remos prever el despliegue y resultado de escenarios pertinentes
;t metas específicas en un m arco de tiem po adecuado.
Es probable que distintos cam pos de conocim iento estén ca-
legorizados en sectores prefrontales diferentes. Así, el cam po
biorregulatorio y social parece ser afín con los sistemas del sector
ventrom edial, en tanto que sistemas en la región dorsolateral
parecen preferir los campos que incluyen conocim ientos acerca
del entorn o (entidades com o objetos y personas, sus acciones y
movimientos en el espacio-tiempo; el lenguaje; las matemáticas,
la música).
U na cuarta razón p o r la que las capas corticales prefrontales
se ajustan idealm ente para participar en el razonam iento y tom a
ele decisiones es que están directam ente conectadas con todas las
avenidas de respuesta m otriz y quím ica disponibles para el cere-
bro. Los sectores dorsolateral y medial superior pueden activar
las capas corticales prem otoras y, desde allí, p o n er en línea la
llam ada corteza m otora prim aria (M 1), el área m otriz suple-
m entaria (M 2) y la tercera área m otora (M 3).9 Las capas corti-
cales prefrontales tam bién tienen acceso a la m aquinaria m otora
subcortical de los ganglios básales. Por último, y no m enos im-
portante, como lo dem ostró el neuroanatom ista Walle Nauta, las
capas corticales prefrontales ventrom ediales envían señales a efec-
tores del sistema nervioso autónom o y pueden prom over res-
puestas químicas relacionadas con la em oción en el hipotálam o
El. ERROR DE DESCARTES

o en el tallo cerebral. La dem ostración de Nauta no fue una


coincidencia; este investigador es el único neurocientista cjue ha
dado gran im portancia a la inform ación visceral en el proceso
cognitivo. En conclusión: las capas corticales prefrontales, espe-
cialm ente su sector ventrom edial, se ajustan de m anera ideal al
establecim iento de un nexo tripartito entre señales relativas a
cierto tipo preciso de situaciones; los diferentes tipos y m agnitu-
des de estado corporal que se han asociado con ciertas situacio-
nes propias de la experiencia única del individuo, y los efecto res
de esos estados corporales. Altos y bajos se com binan arm oniosa-
m ente en las capas corticales prefrontales ventrom ediales.

MARCADORES SOMATICOS:
¿TEATRO EN EL CUERPO O TEATRO EN EL CEREBRO?

A la vista de mi exposición an terior sobre la fisiología de las


em ociones, deberías esperar que los m ecanismos de los m arca-
dores somáticos fueran dos y no uno solo. Gracias al m ecanism o
básico, las capas corticales prefrontales y la am ígdala com prom e-
ten al cuerpo a asum ir un preciso perfil de estado, cuyo resulta-
do se señala posteriorm ente a la corteza somatosensorial, ingresa
en el cam po de la atención y se torna consciente. En el mecanis-
mo alternativo, se elude al cuerpo y las capas corticales p refro n-
tales y la am ígdala solo sugieren a la corteza somatosensorial que
se organice conform e al patrón explícito de actividad que habría
asum ido si el cuerpo hubiera sido puesto en el estado deseado y
enviado señales en consecuencia. La corteza som atosensorial se
com porta tal como si estuviera recibiendo señales sobre un de-
term inado estado corporal, y aun puede influir la tom a de deci-
siones, a u n q u e el p a tró n de activ ida d “com o si” n o sea
exactam ente igual al patrón de actividad generado por un verda-
dero estado corporal.
Los mecanismos “com o si” son un resultado del desarrollo.
Es probable que m ientras se nos “sintonizaba” socialm ente en la
infancia y niñez los estados somáticos vinculados a recom pensa y
castigo hayan configurado la mayor parte de nuestra capacidad

210
I .A I lll'C) JKSIS 011. MAK< 1A1H >K Si >MATI<'.()

i\i iisuria. Pero, a incalida que m aduram os y categorizam os las


titilaciones cjm* se repiten, decrece la necesidad de apoyarnos en
enfados somáticos en cada caso y se desarrolla otro nivel de auto-
matización. Las estrategias decisorias em piezan d ep en d ien d o
parcialm ente de “símbolos” de estados somáticos. Aclarar en qué
medida dependem os de esos símbolos “com o si” y no tanto de
la cosa real es una im portante cuestión em pírica. Creo que esa
'dependencia es muy variable de persona a persona y de tópico a
tópico. K1 procesam iento simbólico puede ser ventajoso o perni-
\ ioso según el tópico y las circunstancias.

MARCADORES S O M A T IC O S M A N IFIE ST O S
Y E N C U B IE R TO S

El m arcador somático mismo dispone de más de una avenida


para la acción: una a través de la consciencia y otra fuera de ella.
El patrón neural correspondiente a estados corporales -reales o
vicarios (“com o si”) - puede ser consciente y constituir un senti-
miento. Sin em bargo, aunque m uchas elecciones im portantes
involucran sentim ientos, un buen núm ero de nuestras decisiones
cotidianas ocurre aparentem ente al m argen de los sentim ientos.
Eso no quiere decir que no se haya producido la evaluación que
N orm alm ente conduce a un estado corporal; o qu e éste - o
su correspondiente vicario- no se haya com prom etido; o que la
m aquinaria regulatoria disposicional subyacente al proceso no se
haya activado. Sucede, sencillam ente, que se puede haber activa-
do u na señal de estado corporal, o su reem plazante, sin conver-
tirse en foco de atención. Sin atención, ninguna de ellas será
parte de la consciencia, aunque cada un a puede ser parte de una
acción encubierta en los mecanismos que gobiernan -a l m argen
de todo control voluntario- nuestras actitudes apetitivas (de acer-
cam iento) o aversivas (de alejam iento) hacia el m undo. No llega-
mos a saber conscientem ente que la m aquinaria escondida ha
sido activada. Por otra parte, el gatillam iento de actividad prove-
niente de núcleos neurotransm isores -q u e he descrito com o una
parte de la respuesta em ocional- puede inclinar de m anera en-

211
cubierta el proceso cognitivo y así inlluir el m odo de razona-
m iento y tom a de decisiones.
Con el debido respeto por los hum anos, y con toda la pru-
dencia que debe adoptarse en las com paraciones entre especies
distintas, es evidente que en los organism os cuyo cerebro no
provee razonam iento y consciencia, los m ecanism os encubiertos
son el núcleo del aparato decisorio. Son el m edio para elaborar
“predicciones” de resultados e inclinan los dispositivos de acción
del organism o hacia un com portam iento determ inado -lo que
puede parecer una elección a un observador externo-. De este
modo, probablem ente, las abejas obreras “deciden ” qué flores
tienen el m ejor néctar para llevar a la colm ena. No estoy dicien-
do que muy dentro de nosotros haya un cerebro de abeja obrera
que decide en lugar nuestro. La evolución no es una Gran Cade-
na del Ser, y obviam ente ha tom ado distintos caminos, uno de
los cuales condujo hasta nosotros. Pero se puede ganar m ucho si
estudiamos cómo organism os más simples desem peñan tareas
aparentem ente complicadas con medios neurales modestos. Al-
gunos mecanismos de ese tipo tam bién pu ed en operar en noso-
tros. Eso es todo.

MADRESELVAS EN FLOR

“Eres dulce, Dios lo sabe, flor de madreselva”, dicen las traviesas pala-
bras de la canción de Fats Waller, y tal es el destino de la laboriosa
abeja. El éxito reproductivo y en último térm ino la supervivencia de la
colmena depende de la eficiencia recolectora de las obreras. Si no son
lo bastante laboriosas no habrá miel y, a m edida que los recursos
energéticos disminuyen, la colonia va a desaparecer.
Las abejas obreras están equipadas con un aparato visual que
les perm ite distinguir los colores de las flores; tam bién tienen un
equipo locom otor gracias al cual vuelan y se posan. Como dem ues-
tran investigaciones recientes, después de algunas visitas a flores de
distintos colores, las obreras ap rend en a distinguir las que con m a-
yor probabilidad contienen el néctar que deben obtener. A parente-
m ente, cuando están en el campo, no se posan en todas las flores
posibles para investigar si hay o no néctar disponible en cada una;

212
t A Mire m .SIS OKI. MARCADOR SOMATICO

se com portan ro m o si lucran rapaces de predecir cuáles tienen


más abundancia y se dedican a ellas con mayor frecuencia. Como
dice I .eslíe Real» que se ha dedicado a investigar experim entalm en-
le la conducía de las abejas obreras (Bombus pen?isylvanicas) , “las
obreras parecen establecer probabilidades sobre la base de en cuen -
tros de diversos tipos de estados gratificantes, y com ienzan sin una
estimación previa de las posibilidades”.10 ¿Cómo, con su modestísi-
mo sistema neural, pueden las abejas producir una conducta tan
sugestiva de racionalidad, aparentem en te tan indicativa del uso de
conocim ientos, teoría de las probabilidades y una estrategia de ra-
zonam iento por objetivos?
La respuesta es que logran esos resultados m ediante un sistema
sencillo pero poderoso, capaz de lo siguiente: prim ero, detectar
estím ulos innatam ente im plantados com o valiosos y que por lo tan-
to constituyen una recom pensa, y segundo, responder a la presen-
cia de una recom pensa (o a su ausencia) con un sesgo que puede
influir el sistema m otor hacia una conducta determ inada (por ejem-
plo, posarse o no), cuando la situación que entrega (o no) la re-
com pensa (por ejem plo, una flor de un color específico) aparece
en el cam po visual. R ecientem ente, M ontague, Dayan y Sejnowski
han propuesto un m odelo para un sistema de ese tipo, utilizando
datos neurobiológicos y conductuales.11
La abeja tiene un sistema de neurotransm isores inespecíficos,
que probablem ente utiliza octopam ina, parecido al de dopam ina
de los mam íferos. Cuando se detecta la recom pensa (néctar), ese
sistema inespecífico puede señalar a los sistemas visual y m otor y
alterar así su com portam iento básico. En consecuencia, la próxim a
vez que aparece en el cam po visual el color asociado con la gratifi-
cación (digamos, el am arillo), el sistema m otor p ro p en de a posar
en la flor de ese color y la abeja tiene más probabilidades de encon-
trar néctar. La abeja efectúa así una elección no consciente, no
deliberada, sino más bien inducida por un dispositivo autom ático
que incorpora valores naturales específicos, una preferencia. Según
Real, deben estar presentes dos aspectos fundam entales de la prefe-
rencia: “La mayor expectativa de ganancia se prefiere a la m enor, y
el riesgo m enor se prefiere al m ayor”. Dicho sea de paso, en la
pequeña capacidad m ném ica de la abeja (tiene m em oria de corto
alcance y no muy am plia), el m uestreo sobre cuya base opera el
sistema de preferencias debe ser muy reducido. Basta, al parecer,
con tres visitas. O tra vez: no insinúo que todas nuestras decisiones

213
F.I. FUROR l)K. I)KS(IARTFS

provienen de un oculto cerebro de abeja, pero creo <|iie im porta


saber que un dispositivo tan sencillo com o el descrito puede reali-
zar tareas tan com plejas com o las que he anotado.

INTUICION

Los estados somáticos (o sus simulacros “com o si”), al actuar a


nivel consciente, m arcarían resultados de respuestas com o posi-
tivas o negativas y conducirían así a la búsqueda o elusión de
un a determ inada opción de respuesta. Pero tam bién p ueden
operar encubiertam ente, es decir, fuera de la consciencia. Se
generaría la im aginería explícita vinculada a u n resultado nega-
tivo, pero, en vez de producir un cam bio perceptible de estado
corporal, inhibiría los circuitos neurales regulatorios situados en
las profundidades del cerebro que m edian las conductas apetiti-
vas o de acercam iento. Con la inhibición de la tenden cia a
actuar, o la potenciación de la de retirarse, se reducen las posibi-
lidades de adoptar u na decisión potencialm ente negativa. Por lo
m enos se ganaría tiem po du ran te el cual la deliberación cons-
ciente podría increm entar las posibilidades de tom ar u n a deci-
sión apropiada (si no la más apropiada). Por otra parte, se podría
evitar totalm ente u na opción negativa, o quizá resultara un a
muy positiva por la potenciación del im pulso a actuar. Este m e-
canism o encubierto sería la fuente de lo que llamamos intui-
ción, dispositivo misterioso que nos perm ite resolver un problem a
sin razonarlo.
El papel que jueg a la intuición en el proceso general de
tom a de decisiones queda muy claro en un pasaje del m atem áti-
co H enri Poincaré, cuya m anera de pensar concuerda con el
cuadro que tengo en m ente:

¿Qué es, de hecho, u na creación matemática? No consiste en


com binar novedosam ente entidades m atemáticas conocidas.
C ualquiera puede hacer eso, pero las com binaciones así lo-
gradas serían infinitas y la mayoría sin ningún interés. C rear
consiste precisam ente en no h acer com binaciones inútiles,

214
I.A I IIW VI KS1S DI I . MARI ADOR S ()MATI( :<)

sino aquellas que son útiles y que constituyen una pequeña


minoría. Inventar es discernir, elegir.
Ya he explicado más arriba cóm o hacer esa elección; los
hechos matemáticos dignos de ser estudiados son los que,
por su analogía con otros, son capaces de conducirnos al
conocim iento de una ley m atem ática, tal com o los hechos
experim entales nos llevan a la inteligencia de una ley física.
Son aquellos que nos revelan insospechadas afinidades entre
otros hechos, bien conocidos, pero a los que, equivocada-
m ente se consideraba extraños en tre sí.
Entre las com binaciones elegidas, las más fructíferas sue-
len estar formadas po r elem entos tom ados de dom inios dis-
tantes. Esto no significa que baste ju n ta r los elem entos más
disparatados para desem bocar en un invento; la mayoría de
esas com binaciones sería estéril. Pero algunas, poco habitua-
les, son las más fértiles.
Como he dicho, inventar es elegir; pero acaso el térm ino
no sea bastante exacto. Pensemos en un com prador ante el
cual se expone gran cantidad de muestras a las que exam ina
u na tras otra para hacer una elección. En este caso las mues-
tras son tan num erosas que no bastaría una vida entera para
revisarlas todas. Ese no es el estado de las cosas. Las com bina-
ciones estériles ni siquiera se presentan a la m ente del inven-
tor. N unca aparecen en su cam po consciente com binaciones
que no sean verdaderam ente útiles, excepto algunas que re-
chaza pero que tienen determ inadas características de las
com binaciones útiles. Todo ocurre com o si el inventor fuera
un exam inador de postgrado que sólo tuviera que interrogar
a candidatos que ya han sido previam ente exam inados.12

La concepción que propongo es sem ejante a la de Poincaré. Es


innecesario aplicar el razonam iento a todo el cam po de opciones
posibles. Se efectúa una preselección para nosotros, a veces en-
cubiertam ente, a veces no. U n m ecanism o biológico hace la pre-
selección, exam ina candidatos, y sólo perm ite que algunos se
presenten al exam en final. Hay que n otar que esta propuesta

215
Kl. KRROR l)K DKSCARTKS

se dirige pru den tem en te al terreno social y personal en el cual


tengo pruebas que la respaldan, aunque el insight de Pom caie
sugiere que se la puede aplicar a otros campos.
Leo Szilard, físico y biólogo, marcó un p unto similar: “El
científico creativo com parte m uchos rasgos del artista y el poeta.
En el trabajo creativo no bastan el pensam iento lógico y la habili-
dad analítica, aunque sean atributos necesarios. Las observacio-
nes científicas que han producido los mayores adelantos no se
dedu jeron lógicam ente del conocim iento preexistente: los pro-
cesos creativos que sirven de cim iento al progreso científico ope-
ran en el nivel su b c o n sc ie n te ”.13 Jo ñ as Salk ha d efen d id o
enfáticam ente la misma percepción y ha propuesto que la creati-
vidad se apoya en “la acción com binada de intuición y razón”.u
Por lo tanto, conviene que digamos algo sobre el proceso de
razonam iento fuera del cam po social y personal.

EL RAZONAMIENTO FUERA DEL CAMPO


PERSONAL Y SOCIAL

La ardilla que trepa a un árbol en el patio trasero de mi casa


para protegerse del aventurero gato negro de mi vecino, no ha
razonado m ucho p ara decidir su acción. No pensó en las distin-
tas opciones ni calculó los costos y beneficios de cada una. Vio al
gato, fue sacudida po r un estado corporal, y corrió. La estoy
viendo ahora, trepada en la fuerte ram a del roble, con el cora-
zón latiendo tan fuerte que advierto la agitación de sus costillas y
cóm o su cola azota la ram a con el ritm o nervioso del pánico.
Acaba de sufrir una em oción fuerte, y está trastornada.
La evolución es económ ica y adicta al bricolaje. H a tenido a
su disposición, en el cerebro de muchas especies, mecanismos de
decisión basados en el cuerpo y orientados a la supervivencia,
que han probado su eficacia en una variedad de nichos ecológi-
cos. A m edida que cam biaban las circunstancias am bientales y
evolucionaban nuevas estrategias de decisión, tenía sentido eco-
nóm ico conservar que las estructuras cerebrales necesarias para
sostener las nuevas estrategias m antuvieran un nexo funcional

216
IA llll'OTKNIS |)K|, MARCADOR.SOMATI(X)

mi) las d r los antepasados. Su propósito es el mismo, la supervi-


vían ¡a, y tam bién los parám etros que controlan su operación:
bienestar, ausencia de dolor. A bundan los ejemplos que dem ues-
lian que la selección natural tiende a trabajar precisam ente de
e*le modo, conservando algo que funciona, seleccionando otros
dispositivos que pueden enfrentar una com plejidad mayor, desa-
n u d an d o rara vez mecanismos totalm ente nuevos.
Es plausible que a un sistema destinado a p ro d u cir m arca-
dores y señalizadores para guiar respuestas “personales” y “so-
i ¡ales” se lo haya cooptado para ayudar en “otras” tom as de
decisiones. La m aquinaria que nos ayuda a decidir de quién
ser amigos es la misma que nos ayuda a diseñar una casa cuyo
solano no se inu nde. N aturalm ente, los m arcadores somáticos
no tienen po r qué ser percibidos com o “sentim ientos”. Pero
iinn p ueden actuar en cu biertam ente p ara destacar, bajo form a
de mecanism o “de aten ció n”, ciertos com ponentes sobre otros,
V para controlar de hecho las señales de “ad elante”, “d eten e r-
se" y “virar”, necesarias para algunos aspectos de la decisión y
planificación en un cam po no personal y no social. Ese parece
sei el tipo de dispositivo m arcador general que Tim Shallice
lia propuesto para la tom a de decisiones, si bien no ha especi-
ficado un m ecanism o neurofisiológico para sus m arcadores; en
un artículo reciente, Shallice com enta una posible sem ejanza.15
I .a fisiología subyacente puede ser la misma: señalización de
base corporal, consciente o no, sobre la base de la cual se pue-
de* enfocar la atención.
Desde una perspectiva evolucionista, el dispositivo más anti-
guo de tom a de decisiones concierne a la regulación biológica
básica; el siguiente, al cam po personal y social, y el más reciente,
a un a colección de operaciones abstractas y simbólicas según las
diales podem os hallar razonam iento científico y artístico, razo-
nam iento utilitario y técnico, y el desarrollo del lenguaje y las
matemáticas. Pero, aunq ue edades y edades de evolución y dedi-
cados sistemas neurales pu eden otorgar alguna independencia a
cada uno de esos “m ódulos” de tom a de decisiones y razona-
m iento, sospecho que todos son interdependientes. C uando ve-
mos signos de creatividad en los hum anos de hoy, probablem ente

217
RL RR RO R n r DRSC ARTKS

somos testigos de la operación integrada de diversas com binacio-


nes de esos dispositivos.

LA AYUDA DE LA EMOCION, PARA MEJOR O PEOR

Los trabajos de Amos Tversky y Daniel K ahnem an dem uestran


que el razonam iento objetivo que usamos en nuestras decisiones
cotidianas es m ucho m enos eficaz de lo que parece y d eb ería.1’1
En térm inos sencillos, nuestras estrategias racionales son defec-
tuosas, y Stuart Sutherland da en la tecla cuando habla de la
irracionalidad com o de un “enem igo in terio r”.17 Pero aunque
nuestras estrategias racionales estén perfectam ente afinadas, pa-
rece que no pueden habérselas bien con la incertidum bre y com -
plejidad de los problem as sociales y personales. Los frágiles
instrum entos de la racionalidad necesitan asistencia especial.
El cuadro es sin em bargo más com plicado de lo que he suge-
rido hasta ahora. A unque creo que hace falta un m ecanism o
corporal que ayude a la “fría” razón, tam bién es cierto que algu-
nas de estas señales de base corporal pu ed en perjudicar la cali-
dad del razonam iento. R eflexionando en las investigaciones de
K ahnem an y Tversky, advierto que algunas falencias de la racio-
nalidad no sólo provienen de una debilidad de cálculo prim ario,
sino tam bién del influjo de impulsos biológicos, como la obe-
diencia, el conformism o, el deseo de preservar la autoestim a,
que se suelen m anifestar com o em ociones y sentim ientos. Por
ejem plo, la mayoría de la gente tiene más m iedo de volar que de
m anejar automóviles, aunque un a estimación racional de los ries-
gos dem uestra que es m ucho más probable sobrevivir un vuelo
entre dos ciudades que un viaje en coche entre las mismas. La
diferencia favorece al viaje en avión po r varios órdenes de mag-
nitud. Y aun así, la mayoría se siente más segura en automóvil. El
razonam iento defectuoso deriva del llam ado “erro r de disponibi-
lidad” que, según lo veo, consiste en perm itir que la im agen de
una catástrofe aérea -c o n todo su contenido dram ático- dom ine
el paisaje de nuestro razonam iento y engen dre un sesgo negativo
contra la opción correcta. Este ejem plo parece desafiar mi argu-

218
I A 1111*< >11 SIS Dl l. MAKCAIXM SOMATICO

111 (*111<>|>riiK'i|>;il. pero no es así. Muestra que las pulsiones bioló-


gicas y las em ociones (rueden influir en la tom a de decisiones, y
sugiere que el indujo ‘‘negativo” de base corporal, si bien distan-
le de las estadísticas concretas, se orienta no obstante a la super-
vivencia: los aviones se caen de vez en cuando, y m enos personas
sobreviven los accidentes aéreos que los automovilísticos.
Pero, si bien las pulsiones biológicas y las emociones puedan
provocar irracionalidad en algunas circunstancias, son indispensa-
bles en otras. Las pulsiones biológicas y el mecanismo de marcado-
íes somáticos que en ellas se apoya son esenciales para algunas
conductas racionales, especialmente en el terreno personal y social,
aunque pueden ser perniciosas para la toma racional de decisiones
en determinadas circunstancias al crear un sesgo casi irresistible
contra hechos objetivos o al interferir con mecanismos de apoyo de
loma de decisiones como la memoria operativa.

l)n ejem plo, tom ado de mi propia experiencia, ayudará a aclarar


las ideas anteriores. No hace m ucho, uno de nuestros pacientes
con daño prefrontal ventrom edial visitó el laboratorio en un frío
día de invierno. H abía caído una lluvia helada, los cam inos esta-
ban congelados y el viaje en automóvil fue peligroso. Preocupa-
do po r el asunto, pregunté al paciente -q u e había conducido
personalm ente su c o ch e- sobre su viaje, si había sido difícil. Su
respuesta fue pron ta y flemática: Todo anduvo bien, no fue dis-
tinto a lo habitual, salvo la necesidad de p on er atención a los
procedim ientos adecuados para conducir con hielo. En seguida
me describió algunos y me inform ó que había visto automóviles y
cam iones salirse de la ruta por no considerar esos procedim ien-
tos racionales y convenientes. R ecordaba incluso a u na m ujer
que iba delante de él, pasó por una placa de hielo, patinó, inten-
tó sacar el coche del rem olino, se asustó, frenó bruscam ente y
term inó cayendo fuera del camino. U n instante después, aparen-
tem ente im perturbable a pesar de esa escena capaz de enervar a
cualquiera, mi paciente pasó con calma y seguridad por el hielo.
Me contó todo esto con la misma tranquilidad con que sin duda
había presenciado el accidente.

219
K.l. K.KKOK DK l)KS< lAK’IT’.S

Es indudable que en este caso fue muy ventajoso carecer de


un mecanism o m arcador somático n o rm a l La mayoría de noso-
tros habría debido recu rrir a un esfuerzo verdaderam ente extre-
mo para no frenar asustado e im presionado p o r lo que estaba
viendo. Esto es buen ejem plo de cómo, en algunas circunstan-
cias, los m arcadores somáticos p ueden perjudicar nuestra con-
ducta, al punto que a veces nos iría m ejor sin ellos.
Cambio de escena: el día siguiente. Estaba discutiendo con el
mismo paciente la fecha de su próxim a visita al laboratorio. Pro-
puse dos días posibles del mes siguiente, a cierta distancia uno
de otro. El paciente sacó su agenda y consultó el calendario. La
notable conducta que siguió fue presenciada p o r varios investiga-
dores. D urante casi m edia hora, este hom bre detalló motivos en
pro y en contra de cada un a de las dos fechas: com prom isos
previos, cercanía con citas anteriores, condiciones m eteorológi-
cas probables, es decir, prácticam ente todo lo que se puede p en -
sar para cada oportunidad. Con la misma calma con que había
m anejado en el hielo y narrado el episodio, desgranaba ahora u n
m inucioso análisis de costo-beneficio, u na interm inable e inútil
com paración de opciones y consecuencias posibles. Escucharlo
sin dar puñetazos en la mesa dem andó una disciplina form ida-
ble, pero al fin le dijimos, tranquilam ente, que debía venir en la
segunda fecha propuesta. Su respuesta fue pron ta y tranquila:
“Está b ien ”. G uardó su agenda y se despidió.
Este es un buen ejemplo de los límites de la pura razón. Tam-
bién es una buena muestra de las calamitosas consecuencias de no
tener mecanismos automáticos de tom a de decisiones: tenerlos, ha-
bría ayudado al paciente en más de un modo. Para empezar,
habrían delimitado el marco general del problema. Ninguno de
nosotros habría perdido tiempo en una decisión como ésa, porque
un dispositivo automático de marcadores somáticos nos habría mos-
trado la futilidad del ejercicio. Por lo menos, habríamos advertido la
estupidez del esfuerzo. En otro nivel, la potencial pérdida de tiempo
nos habría hecho optar mediante el equivalente de tirar una m one-
da al aire o dejamos llevar por m ero instinto visceral. También
podríam os haber dicho que el asunto no importaba y que nos fija-
ran cualquiera de las dos fechas.

220
IA HimTKSIS OKI. MAHCADOH SOMATICO

En poc as palabras: habríamos visualizado la pérdida de tiem-


po y marc adola com o negativa; y tam bién visualizado la m ente
de- quienes nos estaban m irando y a eso dado un a m arca em-
barazosa. Hay razones que perm iten pensar que el paciente
lurm ó esos “cuad ros” internos en su m ente, pero que la caren-
1 1.) de un m arcador le im pidió fijar la atención en ellos com o
c 01 respondía.
Si te maravilla la ambivalencia de las pulsiones biológicas y
la* (‘mociones, que pueden ser a la vez benéficas y perniciosas,
perm ítem e decirte que éste no es el único caso, en biología, en
que un mecanism o puede ser negativo o positivo según las cir-
c unsiancias. Todos sabemos que el óxido nítrico es tóxico; pue-
de* contam inar el aire y envenenar la sangre. Pero tam bién
limciona com o neurotransm isor, enviando señales entre las célu-
la* nerviosas. Un ejem plo más sutil es el glutam ato, otro neuro-
hansmisor. El glutam ato es ubicuo en el cerebro, donde una
c cdula nerviosa lo utiliza para excitar a otra. Sin em bargo, cuan-
do se dañan las células nerviosas, com o en u na apoplejía, liberan
cantidades excesivas de glutam ato, sobreexcitando y eventual-
m ente causando la m uerte de las inocentes y saludables células
vecinas.

Kn último térm ino, la interrogante que aquí se plantea tiene que


ver con el tipo y abundancia de la m arcación somática aplicada a
diferentes marcos del problem a po r solucionar. El piloto encar-
gado de aterrizar un avión en un día de mal tiem po y en un
aeropuerto con intenso tráfico no puede dejar que sus senti-
mientos interfieran con su atención a los detalles de que d epen-
de su decisión. Y no obstante debe ten er sentim ientos para
m antener en su lugar los objetivos finales de su conducta en esa
situación particular, sentim ientos relacionados con su responsa-
bilidad por la vida de los pasajeros y de la tripulación y por su
propia vida y la seguridad de su familia. Demasiado sentim iento
rn las minucias o escaso en el m arco global pu eden te n er conse-
cuencias desastrosas. Los corredores de Bolsa, cuando operan,
están en la misma situación.

221
Kl< KKROK l)K DKSdARTKS

Para ilustrar aun más el punto, resulta fascinante un estudio


acerca de H erbert von K arajan.18 Los psicólogos austríacos (i. y
H. H arrer pudieron observar los patrones de respuestas aulomiL
ticas de Von Karajan en varias circunstancias: cuando aterrizaba
su je t privado en el aeropu erto de Salzburgo, cuando dirigía en
el estudio de grabación y cuando escuchaba la pieza grabada (la
obertura Leonora NQ3 de Beethoven).
El desem peño musical de Von Karajan se acom pañaba de
amplios cambios de respuesta. La frecuencia de su pulso aum en-
taba m ucho más en los pasajes de gran im pacto em ocional que
en aquellos que obligaban a mayor ejercicio físico. El perfil de su
pulso cuando escuchaba la grabación era el mismo que cuando
dirigía. La buena noticia es que aterrizaba su avión como si fuera
una plum a, y, cuando se le instruía para despegar de em ergencia
en un agudo ángulo de ascenso, el pulso se le aceleraba un poco,
pero nunca como d urante sus ejercicios musicales. Su corazón
estaba en la música, com o debía ser, y pude com probarlo una
vez en un concierto: justo antes que bajara la batuta para em pe-
zar la Sexta Sinfonía de Beethoven, susurré algo a mi mujer. Von
Karajan se interrum pió con brusquedad, se volvió, y me fulm inó
con la mirada. Lástima que nadie midió nuestras respectivas pul-
saciones.

ADEMAS Y MAS ALLA DE LOS MARCADORES SOMATICOS

Por muy necesario que sea algo com o el m ecanism o de m arcado-


res somáticos para construir una neurobiología de la racionali-
dad, es evidente que necesidad y suficiencia no son sinónimos.
Como ya he indicado, la com petencia lógica ju eg a más allá de
los m arcadores somáticos. Por otra parte, para perm itir la opera-
ción de los marcadores, deben darse distintos procesos previos,
paralelos o inm ediatam ente subsecuentes. ¿Cuáles son y se pue-
de aventurar algo acerca de su sustrato neural?
¿Qué más sucede cuando los m arcadores somáticos ejercen
abierta o encubiertam ente su trabajo de sesgo? ¿Qué sucede en
el cerebro para que las im ágenes sobre las que razonam os se

222
I A I !!!*< >l i SIS 1)1,1. MAK( AIX>K S( )MATI( :<>

m antengan un lapso determ inado? Para encarar estas preguntas,


volvamos a un problem a esbozado al com ienzo de este capítulo.
( litando enfrentas una decisión, lo que dom ina el paisaje m ental
v* <‘l abundante y am plio despliegue de conocim iento que se
genera sobre la situación. Se activan m iríadas de im ágenes que
corresponden a otras tantas opciones de acción y consecuencias,
V se m antienen enfocadas. Sus contrapartidas verbales, palabras y
escenas que relatan lo que tu m ente ve y escucha, tam bién están
allí, com pitiendo por llam ar la atención. Este proceso se basa en
una creación continua de com binaciones de entidades y sucesos,
que provoca un a rica diversidad de yuxtaposiciones imaginarias
que concuerdan con conocim ientos categorizados previam ente.
|ean-Pierre C hangeux ha propuesto la expresión “g enerador de
diversidad” para las estructuras prefrontales que presum iblem en-
le realizan esta función y perm iten la form ación de un am plio
lepertorio de im ágenes en el cerebro. La descripción es muy
adecuada, porque conjura su antecedente inm unológico y gene-
ra por sí misma un curioso acrónim o.* 19
Este generador de diversidad exige u n a vasta acum ulación de
conocim iento fáctico acerca de las situaciones que podem os en-
den tar, de los actores en las mismas, de lo que pu ed en hacer y
de cómo sus acciones generan diversos resultados. El conoci-
miento fáctico se categoriza (los hechos que lo constituyen se
clasifican po r tipos conform e a criterios constitutivos), y la cate-
gorización contribuye a la tom a de decisiones m ediante la clasifi-
cación de tipos de opciones, tipos de resultados y conexión de
opciones con resultados. La categorización tam bién ord en a op-
ciones y resultados con criterio valórico. Cuando enfrentam os
una situación, la categorización previa nos perm ite descubrir rá-
pidam ente si una opción o resultado son potencialm ente venta-
josos o de qué m anera distintas contingencias pueden alterar su
grado de beneficio.
Ei proceso de despliegue de conocim iento sólo es posible si
se cum plen dos requisitos. En prim er lugar, tenem os que poder

* “Generador de diversidad”, en inglés es “generator of diversity”, lo que


da el acrónimo “G. O. D”, “Dios”. (N. del T.)

223
Kl. KRROR DK DKSCARTKS

apoyarnos en m ecanism os de atención básica que perm iten la m an-


tención de un a im agen m ental en la consciencia con relativa
exclusión de otras. Esto probablem ente depen de -e n térm inos
neurales- de la potenciación del patrón de actividad neural que
respalda un a im agen dada, m ientras se deprim e otra actividad
neural próxim a.20 En segundo térm ino, es necesario un m ecanis-
mo de memoria operativa básica que conserva im ágenes distintas
por períodos relativam ente “extensos”, de cientos a miles de mi-
lisegundos (de décimos de segundo a un núm ero de segundos
consecutivos).21 Esto quiere decir que el cerebro reitera en el
tiem po las representaciones topográficam ente organizadas que
soportan a esas im ágenes distintas. Aquí se plantea, p or supues-
to, u n a pregunta im portante: ¿qué im pulsa la atención básica y la
m em oria de trabajo? La respuesta sólo puede ser el valor básico,
la colección de preferencias fundam entales e inherentes a la
regulación biológica.
Sin atención básica ni memoria de trabeyo no hay posibilidad de
actividad mental coherente ni, por cierto, pueden operar los marca-
dores somáticos, porque no hay un campo estable donde puedan
hacer su trabajo. Sin embargo, atención y memoria de trabajo pro-
bablem ente siguen siendo necesarias después que actúa el mecanis-
mo de marcadores somáticos. Son necesarias para el proceso de
razonar, durante el cual se comparan resultados posibles, se los
ordena por rango y se hacen inferencias. En la hipótesis completa
del marcador somático, propongo que un estado somático -negati-
vo o positivo- causado por la aparición de una representación dada,
no sólo opera como marcador valórico de lo representado, sino también
como vigorizador del funcionamiento continuo de la aten ción y la memoria
de trabajo. Los procedimientos son “energizados” por signos que
indican que el proceso está siendo evaluado -positiva o negativa-
m en te- conforme a las preferencias y objetivos del individuo. La
asignación y m antención de atención y memoria de trabajo no suce-
den por milagro. Están motivadas ante todo por preferencias inhe-
rentes al organism o, y seguidam ente por prioridades y metas
adquiridas sobre la base de aquellas inherentes.
En relación a las capas corticales prefrontales, estoy sugirien-
do que los m arcadores somáticos, que operan en los campos

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\Á MI1>OTKSI.N IWI. MARCADOR SOMATICO

hlorrcgulatorio y norial alineados con el sector ventrom edial, in-


llnyrn el funcionam iento de atención y m em oria de trabajo den-
tro del sector dorsolateral, sector del cual dep en den operaciones
en otros cam pos del conocim iento. Esto deja abierta la posibili-
dad de que los m arcadores somáticos tam bién influyan atención
v m em oria operativa dentro de los mismos cam pos biorregulato-
iío y social. En otras palabras, en individuos norm ales, los m arca-
dores somáticos que surgen de la activación de u na contingencia
paríicular vigorizan la atención y la m em oria operativa en todo
el sistema cognitivo. En pacientes con daños en la región ventro-
medial, todas esas acciones estarían afectadas en mayor o m enor
grado.

si :s( ;os y l a c r e a c i ó n d e o r d e n

I lay, entonces, tres participantes en el proceso de razonar sobre


el vasto paisaje de escenarios que g enera el conocim iento fácti-
io: los estados somáticos automatizados, con sus m ecanism os de
sesgo; la memoria operativa y la atención. Los tres interactúan y
parecen ocuparse del decisivo problem a de crear o rden a p artir
de despliegues espacialm ente paralelos, problem a que recono-
<ió por prim era vez Karl Lashley y que surge porque el diseño
i n ebral sólo perm ite una cantidad lim itada de output m ental
<onsciente y de output m otor en cualquier m om ento dado.22 Las
imágenes que constituyen nuestro pensam iento deben estructu-
rarse en “frases” que a su vez deben ordenarse en el tiem po
conform e a un orden “se n te n c iar, así com o los marcos de movi-
miento que constituyen nuestras respuestas externas deben “fra-
searse” de un m odo preciso y a su vez estas frases disponerse de
mi modo particular para que un movim iento tenga el efecto
deseado. La selección de los marcos que finalm ente com ponen
las ‘‘frases” y “sentencias” de nuestra m ente y m ovim iento se
hace a partir de un despliegue paralelo de posibilidades. Y como
pensam iento y m ovim iento requieren un procesam iento conjun-
to, la organización de varias secuencias ordenadas debe realizar-
se en form a continua.

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Kl. KRROR l)K l)KS< iARTKS

Consideremos que la razón se basa en una selección automati-


zada o bien en una deducción lógica m ediada por un sistema
simbólico o -m e jo r- en ambas, no podemos ignorar el problema
del orden. Propongo la solución siguiente: 1) Si el orden debe creante
entre las posibilidades disponibles, debe entonces estar jerarquiza-
do. 2) Si hay que establecer jerarquías, hacen falta entonces criterios
(valores o preferencias son términos equivalentes en este caso).
3) Esos criterios son suministrados por los marcadores somáticos,
que expresan, en cualquier mom ento dado, las preferencias acumu-
lativas que hemos recibido o adquirido.
¿Pero de qué m odo funcionan los m arcadores somáticos com o
“criterios”? U na posibilidad: cuando se yuxtaponen diferentes
m arcadores somáticos a distintas com binaciones de imágenes,
modifican la form a com o el cerebro las m aneja y operan así
com o un sesgo. Dicho sesgo puede asignar potenciación atencio-
nal de m anera distinta a cada com ponente, y la consecuencia es
la asignación autom ática de diversos grados de atención a diversos
contenidos, lo que se traduce en un paisaje desigual. El foco del
procesam iento consciente puede entonces pasar de com ponente
en com ponente, por ejem plo, en una progresión según su je ra r-
quía. Para que todo esto suceda, los com ponentes deben perm a-
necer expuestos por intervalos de cientos a miles de milisegundos,
de m anera relativamente estable, y eso logra la memoria operativa.
(He hallado algún respaldo para esta idea general en recientes
estudios sobre la neurofisiología de la decisión perceptual, de
William T. Newsome y sus colegas. Un cam bio en el equilibrio
de las señales, aplicado a una determ inada población neuronal
que representaba un contenido particular, provocó una “deci-
sión” favorable a dicho contenido m ediante la operación aparen-
te de un m ecanismo del tipo “el que gana se queda con to do ”.)23
La cognición y movimiento normales requieren la organización
de secuencias interacüvas y concurrentes. Donde hace falta orden
hay necesidad de decisión, y donde se requiere decisión tiene que
haber un criterio para adoptarla. Como muchas decisiones impac-
tan el futuro de un organismo, es posible que algunos criterios
arraiguen directa o indirectam ente en las pulsiones biológicas del
organismo (en sus razones, por decirlo así). Estas se pueden expre-

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IA IIIl'O lIS IS DKI. MARCADOR SOMATICO

h;ii ;i I>ícm la o encubiertam ente y utilizarse como un sesgo de marca,


.»<cionado por la atenc ión en un campo de representaciones que la
memoria operativa mantiene en actividad.
El dispositivo autom atizado de m arcación somática de la ma-
yoría de los que tuvimos la suerte de que nos criaran en una
t ultuia relativam ente saludable, se ha acom odado, p or la educa-
<ión, al estándar de racionalidad de esa cultura. A pesar de sus
raíces en la regulación biológica, se ha afinado según las pres-
cripciones culturales diseñadas para asegurar la supervivencia en
una sociedad determ inada. Si suponem os que el cerebro es nor-
mal, y saludable la cultura en que se desarrolla, el dispositivo se
lia rac ionalizado según las norm as sociales y éticas vigentes.
I ,a acción de las pulsiones biológicas, los estados corporales y
las em ociones pued en ser el basam ento indispensable de la ra-
cionalidad. Los niveles más bajos del edificio neural de la razón
son los mismos que regulan el procesam iento de em ociones y
sentimientos ju n to con las funciones globales del cuerpo propia-
m ente tal, las que perm iten la supervivencia del organism o. Esos
niveles inferiores m antienen una relación m utua y directa con el
cuerpo propiam ente tal, y sitúan así al cuerpo dentro de la cade-
na de operaciones que perm ite los mayores niveles de razón y
creatividad. Es probable que la racionalidad, incluso m ientras
realiza las distinciones más sublimes y actúa según ellas, esté
m odulada y m oldeada p o r señales corporales.

Pascal, que dijo que “el corazón tiene razones que la razón des-
conoce”, quizás habría estado de acuerdo con el relato ante-
rior.24 Si se m e perm ite m odificar su aserto: El organismo tiene
algunas razones que la razón debe absolutamente utilizar. Es indudable
que el proceso va más allá que las razones del corazón. En pri-
m er lugar, m ediante los instrum entos de la lógica podem os revi-
sar la validez de las selecciones que nuestras preferencias nos
ayudarán a hacer. Y podem os sobrepasarlas usando estrategias
deductivas e inductivas que están disponibles en proposiciones
de lenguaje. (Después de term inar este m anuscrito, me topé con
varias voces com patibles con la mía. Recientem ente, J. St. B. T.

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Kl. KRROR DK l)KS< ARTKS

Evans propuso dos tipos de racionalidad, relacionados en gran


m edida con los dos cam pos que he esbozado aquí [p erson al/
social y no]; el filósofo R onald de Sousa arguye que las em ocio-
nes son in h eren tem en te racionales; y P. N. Johnson-L aird y Keith
Oatley sugieren que las em ociones básicas ayudan a m anejar las
acciones de m anera racional.)25
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