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LOS DERECHOS FUNDAMENTALES Y SU PROTECCIÓN A TRAVÉS

DEL BLOQUE DE CONSTITUCIONALIDAD EN BOLIVIA(∗)

Por: Abog. Alan E. Vargas Lima(**)


alanvargas84@hotmail.com

PRIMERA PARTE
La Constitución de Bolivia y la protección de los derechos

Se ha cumplido el quinto aniversario de la Constitución boliviana; tiempo


suficiente para perfilar algunos de los ejes temáticos que requieren un
indispensable análisis y evaluación objetiva. Así, se pueden destacar: Estado
Plurinacional, Carta de Derechos, Organización Estatal, Constitución
Autonómica, Constitución Económica, Sistema Político, Reforma Constitucional,
etc.; sin embargo, en esta oportunidad nos ocuparemos de delinear algunas ideas
respecto a la Carta de Derechos Fundamentales reconocidos por la Constitución.

Conviene precisar que, según Riccardo Guastini, para la filosofía política, el


término “Constitución” es comúnmente utilizado, en su sentido originario, para
denotar cualquier ordenamiento estatal de tipo liberal-garantista; un ordenamiento
en el que la libertad de los ciudadanos en sus relaciones con el Estado esté
protegida mediante oportunas técnicas de división del poder político.

Es así que, el originario concepto liberal de Constitución fue puesto en claro por el
artículo 16 de la Déclaration des droits de l’homme et du citoyen (1789), que
estableció lo siguiente: “Una sociedad en la que no esté asegurada la garantía de
los derechos ni reconocida la división de poderes, no tiene Constitución”. En este
contexto, evidentemente, el término “Constitución” denota no ya una organización
política cualquiera, sino una organización política liberal y garantista. La
Constitución es concebida aquí como límite al poder político (precisamente porque
establece los derechos de las personas y las formas idóneas de garantizarlos).

                                                            
(∗)
Algunas de las ideas desarrolladas en este trabajo –escrito originalmente en ocasión del quinto aniversario
de la Constitución Boliviana–, fueron brevemente expuestas en el Seminario: “Consideraciones necesarias
para el inicio de la gestión legislativa 2015”, organizado por la Brigada Parlamentaria del Departamento de
La Paz, y que se llevó a cabo el día 8 de enero del presente año 2015, en dependencias de la Vicepresidencia
del Estado Plurinacional de Bolivia.
(**)
El autor es Abogado Maestrante en Derecho Constitucional por la Universidad Mayor de San Andrés.
Actualmente es miembro de la Academia Boliviana de Estudios Constitucionales (ABEC). Responsable del
Blog Jurídico: Tren Fugitivo Boliviano (http://alanvargas4784.blogspot.com/)

1
 
En este sentido, el ámbito de los derechos fundamentales, se perfila como uno de
gran interés, más aún si se considera el enorme catálogo que prevé la Constitución
boliviana, cuya importancia radica en que constituye un parámetro para asegurar
los límites al ejercicio del poder político para así lograr una pacífica convivencia en
sociedad, es decir, en una sociedad donde se tenga seguridad y certeza sobre los
derechos que debe respetar y proteger el Estado.

La naturaleza jurídica de los derechos fundamentales

De acuerdo a lo expuesto por el jurista peruano Victor García Toma, en su obra:


“Derechos Fundamentales”, se puede señalar que históricamente, el término
“derecho fundamental” es una invención alemana del siglo XIX (Grundrechte),
habiendo sido empleado por primera vez en la Constitución Alemana de 1849,
aprobada por la Asamblea Nacional de Frankfurt1, la cual incorporó un Título
especial denominado: “Los Derechos Fundamentales del Pueblo Alemán”. Desde
aquel tiempo, hasta la actualidad, el término ha sido acogido con gran aceptación,
habiendo pasado a formar parte del lenguaje común.

En el caso de Bolivia, la Constitución de 1967 sancionada por la autodenominada


“Asamblea Constituyente” de ese año, ya comenzó a emplear la nomenclatura de:
“Derechos y Deberes Fundamentales de la Persona”, para desarrollar la sección
dogmática de aquel texto constitucional.

En este contexto, los derechos fundamentales, pueden ser definidos como aquella
porción de los derechos humanos, que se encuentran garantizados y tutelados de
manera expresa o implícita por el ordenamiento constitucional de un Estado, y su
denominación responde al carácter básico o esencial que tienen, dentro de todo el
ordenamiento jurídico, más aún si se considera que “Una sociedad en la que no
esté asegurada la garantía de los derechos ni reconocida la división de poderes,
no tiene Constitución”.

En otras palabras, los derechos fundamentales son todos aquellos reconocidos y


organizados por el Estado, por medio de los cuales la persona, en los diversos

                                                            
1
La Constitución de Fráncfort de 1849, conocida en alemán como Paulskirchenverfassung —"Constitución
de la Paulskirche"—, fue la primera constitución de un imperio alemán (nótese que el término "Imperio
Alemán" se asocia generalmente con el fundado en 1871 por Otto von Bismarck, pero que éste no fue el
primero). El título real del documento era Verfassung des Deutschen Reiches, "Constitución del Imperio
Alemán". Fue proclamada por el parlamento reunido en la Paulskirche de Fráncfort el 27 de marzo de 1849 y
entró en vigor el 28 de marzo, cuando fue publicada en el boletín del estado Reichs-Gesetz-Blatt 1849,
páginas 101 a 147. Mayor información y detalles sobre esta Constitución, pueden verse en:
http://es.wikipedia.org/wiki/Constituci%C3%B3n_de_Fr%C3%A1ncfort_de_1849

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ámbitos de su vida, se realiza y desarrolla su comportamiento, dentro de los límites
establecidos por el ordenamiento jurídico estatal.

En consecuencia, su incorporación en la normativa vigente, conlleva ciertas


consecuencias, como ser:

a) Que sean observados como derechos subjetivos o facultades que garantizan a


sus titulares el status de humanidad.

b) Que se conviertan en una responsabilidad del Estado, y su preservación sea


una de las finalidades esenciales para su subsistencia.

c) Que se constituyan en componentes básicos e indispensables del


ordenamiento jurídico, por lo que, no pueden ser inobservados en ninguna
de las relaciones jurídicas que se suscitan entre particulares o de éstos con el
Estado.

Por otro lado, es notable que las fuentes del Derecho en la actualidad, muestran
una diversidad conceptual entre las expresiones: “derechos humanos”, “derechos
fundamentales”, y “derechos constitucionales”, aunque en muchos casos, dichos
términos son utilizados con carácter equivalente.

Sin embargo, es posible precisar que los derechos humanos, aparecen como
expresión de reconocimiento y compromiso de los Estados, para su respeto,
promoción y vigencia en los tratados internacionales suscritos para ese efecto; en
tanto que los derechos fundamentales fluyen del contenido de los textos
constitucionales que rigen la vida de los Estados democráticos, y asimismo, los
derechos constitucionales se entienden como aquellos insertos y reconocidos en la
misma Constitución, como Ley Fundamental, y sujetos a distintos mecanismos de
protección interna.

Ahora bien, en la doctrina constitucional contemporánea, Robert Alexy ha


determinado algunas características de los derechos fundamentales, que pueden
ser entendidas de la siguiente manera:

a) Gozan de máximo rango, no sólo por ser producto de la jurisprudencia


constitucional de carácter vinculante, sino porque en muchos casos se
encuentran consignados ampliamente en los textos constitucionales
(Bolivia, Colombia, Ecuador), y rigen como normas generales y superiores
sobre el resto de las disposiciones normativas.

3
 
b) Poseen máxima fuerza jurídica, lo que implica descartar la lectura
simbólicamente programática de estos derechos, dado que los distintos
niveles de organización del Estado (Legislativo, Ejecutivo, Judicial y
Electoral en el caso de Bolivia), así como en los diversos actos del ámbito
privado, deben observarlos, promoverlos y tutelarlos.

c) Poseen máximo grado de importancia e indeterminación, dado que no


regulan cuestiones intrascendentes, sino que rigen para los elementos
estructurales de la sociedad y de la persona humana (vida, dignidad,
libertad, propiedad, seguridad, etc.). Asimismo, su configuración normativa
es bastante escueta, respecto a los supuestos de hecho sobre los cuales han
de aplicarse; en consecuencia, los derechos se realizan y materializan en
virtud a las técnicas de interpretación que utilice el órgano encargado de su
protección, lo que les otorga la ductibilidad necesaria para adaptarse a todo
tiempo y circunstancia.

Los derechos fundamentales en la concepción de Ferrajoli y la


jurisprudencia constitucional boliviana

Luigi Ferrajoli, en su obra sobre: “Derechos y Garantías. La ley del más débil”,
propone una definición teórica, puramente formal o estructural de “derechos
fundamentales”, y dice que son todos aquellos derechos subjetivos que
corresponden universalmente a “todos” los seres humanos en cuanto dotados del
status de personas, de ciudadanos o personas con capacidad de obrar; entendiendo
por “derecho subjetivo” cualquier expectativa positiva (de prestaciones) o negativa
(de no sufrir lesiones) adscrita a un sujeto por una norma jurídica; y por “status” la
condición de un sujeto, prevista asimismo por una norma jurídica positiva, como
presupuesto de su idoneidad para ser titular de situaciones jurídicas y/o autor de
los actos que son ejercicio de éstas.

En este sentido, conviene destacar que la jurisprudencia constitucional en Bolivia,


hace tiempo atrás ya se hizo eco de esta concepción, cuando a través de la Sentencia
Constitucional Nº0400/2006-R, de 25 de abril de 2006, y a tiempo de precisar la
naturaleza jurídica de los derechos fundamentales, expuso lo siguiente:

“Los derechos fundamentales son todos aquellos derechos subjetivos que


corresponden universalmente a todos los seres humanos por su status de
personas, de ciudadanos o personas con capacidad de obrar; entendiendo por
derecho subjetivo cualquier expectativa positiva (de prestaciones) o negativa (de
no sufrir lesiones) adscrita a un sujeto por una norma jurídica, en ese entendido,
una de las notas caracterizadoras de todo derecho fundamental es el de ser un

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derecho subjetivo, lo que implica que su titular tiene la facultad de exigir su
respeto y observancia, pudiendo acudir al órgano jurisdiccional competente para
reclamar, a través de los recursos que establece el respectivo orden jurídico, la
protección de tales derechos y la reparación del menoscabo sufrido.

Debe agregarse que según la doctrina contemporánea del Derecho Constitucional,


los derechos fundamentales constituyen el límite al ejercicio del poder político del
Estado, pero también un mecanismo de realización del propio Estado; por ello, se
sostiene que los derechos fundamentales no incluyen sólo derechos subjetivos y
garantías constitucionales a través de los cuales el individuo se defiende frente a
las actuaciones de las autoridades públicas, también incluyen deberes positivos
que vinculan a todas las ramas del poder público. En ese criterio, no sólo existe la
obligación negativa por parte del Estado de no lesionar la esfera individual,
también existe la obligación positiva de contribuir a la realización efectiva de
tales derechos. Respecto a esta temática el Tribunal Constitucional de España, en
su Sentencia STC 25/1981, estableció que: "en primer lugar, los derechos
fundamentales son derechos subjetivos, derechos de los individuos no sólo en
cuanto derechos de los ciudadanos en sentido estricto, sino en cuanto garantizan
un status jurídico o la libertad en un ámbito de existencia. Pero al propio tiempo,
son elementos esenciales de un ordenamiento objetivo de la comunidad, en cuanto
ésta se configura como marco de una convivencia humana justa y pacífica,
plasmada históricamente en el Estado de Derecho y, más tarde en el Estado social
de Derecho o el Estado social y democrático de Derecho, según la fórmula de
nuestra Constitución".

Por su parte, la Sentencia Constitucional Nº1127/2003-R de 12 de agosto (al igual


que en las SSCC 1181/2003-R, 1144/2003-R, entre otras), estableció que: "una de
las notas que caracteriza a todo derecho fundamental, es la de tener la calidad de
derecho subjetivo, que faculta a su titular a acudir al órgano jurisdiccional
competente, cuando funcionarios públicos o particulares restrinjan, supriman o
amenacen restringir o suprimir tales derechos. En nuestro país, el legislador
constituyente ha instituido el recurso de amparo como un medio de tutela para la
eficaz salvaguarda de estos derechos, los cuales, desde un punto de vista moral y
político se consideran básicos para la convivencia humana, creando a su fragua
las condiciones necesarias para asegurar el desarrollo de la vida del hombre en
libertad, en circunstancias compatibles con la dignidad humana, legitimando y
limitando el poder estatal, creando así un marco de convivencia propicio para el
desarrollo libre de la personalidad".

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Los derechos fundamentales en el Estado Constitucional

Entonces, un Estado puede llamarse Constitucional, o provisto de Constitución,


sólo si cumple dos condiciones (necesarias y suficientes): 1) que estén garantizados
los derechos de los ciudadanos en sus relaciones con el Estado (lo que se refleja en
las distintas Acciones de Defensa que prevé la Constitución boliviana), y; 2) que los
“poderes” del Estado (en realidad, los Órganos de Poder del Estado: Ejecutivo,
Legislativo, Judicial y, en nuestro caso, Electoral) estén divididos y separados, es
decir, que se ejerzan por órganos diversos (esto, en relación al Principio de
Separación de Funciones previsto en el artículo 12 constitucional).

En el caso de Bolivia, que ahora pretende distinguirse como un Estado


Constitucional, los rasgos principales de los derechos fundamentales consagrados
por la Constitución Política del Estado, están contenidos en el artículo 109, que
expresa la esencia del reconocimiento de los derechos fundamentales, es decir:

a) Con igualdad jerárquica de todos los derechos constitucionalmente


reconocidos;
b) Con directa aplicabilidad de todos los derechos2, y,
c) Con directa justiciabilidad de todos ellos, a través de las acciones y
mecanismos defensa.

La igualdad jerárquica de los derechos, supone básicamente que ninguno está por
encima de otro, sino que todos son fundamentales, y se encuentran tan
estrechamente relacionados en un plano de igualdad, que no pueden ser

                                                            
2
El principio de aplicación directa y eficaz de derechos fundamentales en el orden constitucional
vigente.- El régimen constitucional vigente a partir del referendo constitucional de 2009, diseña un nuevo
modelo de Estado, cuyo sustento estructural, encuentra razón de ser en el respeto a los derechos
fundamentales insertos en el bloque de constitucionalidad, reconocido por el art. 410 de la CPE, en ese
contexto, este pilar esencial del Estado Plurinacional de Bolivia encuentra validez material en el
reconocimiento expreso del principio de aplicación directa de derechos fundamentales el cual se encuentra
taxativamente reconocido por el art. 109.I de la CPE, cuyo tenor señala: “Todos los derechos reconocidos en
la Constitución son directamente aplicables y gozan de iguales garantías para su protección”. El principio de
aplicación directa de la Ley Fundamental, que además por antonomasia comprende a la aplicación eficaz de
derechos, está íntimamente ligado con el valor axiomático de la Constitución, postulado a partir del cual, el
fenómeno de constitucionalización o de irradiación del contenido de la Constitución en el orden jurídico y
social, no se realizará solamente en cuanto a las normas positivas de rango constitucional, sino también en
relación a las directrices axiomáticas rectoras del orden jurídico e institucional del Estado Plurinacional de
Bolivia, como ser los valores justicia e igualdad, razón por la cual, solamente a partir de esta concepción
puede sustentarse la eficacia del valor normativo de la Constitución. En el marco de lo señalado, el valor
normativo de la Constitución axiomática, como es el caso del texto aprobado en 2009, asegura la aplicación
directa y eficaz de los derechos fundamentales a través de la labor interpretativa o hermenéutica de las
autoridades jurisdiccionales, cuyas decisiones deben enmarcarse en los valores justicia e igualdad, como
postulados esenciales del principio de razonabilidad de las decisiones, el que a su vez, irradiará el contenido
esencial de los derechos fundamentales y consolidará la vigencia plena del Estado Constitucional de Derecho.
(Cfr. Sentencia Constitucional Plurinacional Nº0121/2012, 2 de mayo de 2012).

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perjudicados en su libre ejercicio; así, en caso de conflicto, se deberá efectuar una
ponderación suficientemente justa y equilibrada, de tal forma que no se llegue a
desnaturalizar la esencia de ninguno de ellos. Actuar en sentido contrario, sería
consentir una injusticia y significaría una afrenta a la misma Constitución.

La directa aplicación de los derechos, significa que estos no requieren


necesariamente de un desarrollo legislativo para su cumplimiento, dado que por su
reconocimiento constitucional y la fuerza expansiva de las normas de la misma
Constitución, éstos se sitúan en un plano preferente de aplicación, considerando
que la Constitución es una norma jurídica cualitativamente distinta de las demás y
situada por encima de ellas, por lo que, la observancia de la carta de derechos es
ineludible para todos/as, gobernantes y gobernados, ello con el propósito de vivir
libres de arbitrariedades.

La directa justiciabilidad de los derechos, está vinculada a que estos no son


simplemente postulados líricos sin mayor resonancia, sino que poseen mecanismos
eficaces e idóneos de defensa que la misma Constitución prevé, a fin de asegurar la
protección integral e inmediata de los derechos de cualquier persona, en caso de
amenaza o vulneración directa e ilegítima, lo que también supone una forma de
defensa de la Constitución.

A este efecto, la misma Constitución establece las Acciones de Defensa, que


prácticamente constituyen las acciones procesales destinadas a tutelar en forma
efectiva, pronta y oportuna, la vulneración de los derechos, en caso de amenaza,
restricción o supresión directa e injustificada por parte de cualquier persona, se
encuentre o no en situación de autoridad. En este sentido, la Constitución
aprobada el año 2009, establece un mecanismo de control tutelar de los derechos
fundamentales, con la finalidad de resguardar y garantizar el pleno ejercicio de
todos los derechos fundamentales y garantías constitucionales de las personas,
operando como límites naturales al ejercicio del poder público del Estado.

De ahí que, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), según lo dispuesto por


el artículo 202 numeral 6 constitucional, debe ejercer este control a través de la
revisión de las resoluciones emitidas a la conclusión de los procesos
constitucionales emergentes de las siguientes Acciones de Defensa: Acción de
Libertad (artículos 125 al 127), Acción de Amparo Constitucional (artículos 128 al
129), Acción de Protección de Privacidad (artículos 130 al 131), Acción de
Cumplimiento (artículo 134 constitucional) y Acción Popular (artículos 135 al 136
constitucionales).

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El análisis, revisión y resolución de los conflictos tutelares, supone una evaluación
integral del estado de situación del derecho vulnerado, para analizar el grado de su
afectación y las posibilidades de su restitución inmediata, que también debe ser
oportuna en caso de que el derecho hubiese sido dañado por una acción de hecho
ejecutada en forma ilegal, a cuyo efecto deberá analizarse también la conveniencia
de aplicación de una medida cautelar en el caso concreto, para salvaguardar a la
persona.

En todo caso, la protección de los derechos no se agota con la utilización de las vías
procesales que se encuentren previstas en nuestro sistema constitucional, sino que
además, las puertas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se
encuentran abiertas y accesibles para denunciar la vulneración de nuestros
derechos. Este, no es un dato menor, sino más bien uno de mucha importancia, en
tiempos en que algunos países deciden privar a sus ciudadanos de este medio de
defensa, cuando renuncian a la jurisdicción de esta Corte que, con sus bemoles y
tropiezos, es una garantía de no impunidad frente al eventual ataque de los
detentadores del poder.

SEGUNDA PARTE
La Constitución y los Tratados Internacionales como fuentes de
protección de los derechos

Recientemente, se ha dado a conocer una sentencia de la Suprema Corte de Justicia


de la Nación mexicana, que pretende cambiar la forma de entender e interpretar el
derecho mexicano; es la Sentencia que resuelve la contradicción de tesis 293/2011
resuelta por el Pleno de esa Corte en diciembre del año pasado.

De acuerdo a la opinión del reconocido constitucionalista Miguel Carbonell, en esa


Sentencia se señalan dos cosas de enorme relevancia: que en México las personas
tienen los derechos que les reconoce la Constitución y los que están previstos por
los tratados internacionales, pero además se establece que entre esas dos “fuentes”
de los derechos no hay una relación de jerarquía, sino que entre ambas constituyen
una especie de “bloque de regularidad constitucional” dentro del cual los jueces
podrán tomar la norma que resulte más protectora al momento de resolver un caso
concreto.

En otras palabras –dice Carbonell–, la Corte deja atrás un viejo concepto con el que
nos formamos la mayor parte de los abogados mexicanos: el de jerarquía
normativa. A partir de la citada Sentencia de la Corte, esa jerarquía no existe entre
la Constitución y los tratados internacionales.

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Finalmente, Carbonell agrega que la segunda cuestión relevante que resuelve la
Sentencia 293/2011, es el valor de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos; y es que hace algunos años, la Corte mexicana había dicho que
solamente eran obligatorias las sentencias interamericanas que se hubieran dictado
en casos en los que México hubiera sido la parte demandada. Ahora, ese criterio
cambia, y se señala que todas las sentencias interamericanas son obligatorias para
los jueces mexicanos, de modo que deben aplicar los criterios en ellas contenidos a
menos que encuentren un criterio jurisprudencial de carácter nacional que resulte
más protector.

Indudablemente, ello permitirá contar en México, con una protección de derechos


humanos basada en estándares internacionales, dado que la sentencia del Caso
293/2011 se encuentra entre las más importantes que ha dictado la Corte en las
últimas décadas.

La situación jurídica de los Tratados sobre Derechos Humanos y el


Bloque de Constitucionalidad en Bolivia

En el caso de Bolivia, el tema ha sido resuelto por vía constitucional, y fue la


voluntad del constituyente, la que primó a la hora de señalar la posición jerárquica
de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos respecto a la Constitución.

Es así que la Constitución boliviana (en su artículo 410, parágrafo II), además de
proclamarse como la norma suprema del ordenamiento jurídico boliviano –
gozando de primacía frente a cualquier otra disposición normativa–, establece el
Principio de Jerarquía Normativa, por el cual, la Constitución ocupa el primer
lugar dentro de la estructura jurídica del Estado Plurinacional de Bolivia; es decir,
se sitúa en la cúspide de nuestra pirámide jurídica, como principio y fundamento
de todas las demás normas; y en segundo lugar se encuentran los Tratados
Internacionales, que pueden ser suscritos en cualquier materia por las autoridades
legitimadas al efecto, respondiendo a los fines del Estado “en función de la
soberanía y de los intereses del pueblo” (artículo 255 parágrafo I constitucional),
dado que una vez ratificados, también llegan a formar parte del ordenamiento
jurídico con rango de Leyes (artículo 257 parágrafo I constitucional).

En cambio, es muy diferente la situación de los Tratados Internacionales sobre


Derechos Humanos, porque una vez ratificados, éstos prevalecen en el orden
interno, dado que los derechos y deberes constitucionales, deben interpretarse
conforme a ellos (artículo 13, parágrafo IV constitucional), y cuando dichos
tratados “declaren derechos más favorables a los contenidos en la Constitución, se

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aplicarán de manera preferente sobre ésta”, vale decir, que los derechos
reconocidos en la Constitución “serán interpretados de acuerdo a los tratados
internacionales de derechos humanos cuando éstos prevean normas más
favorables” (artículo 256 constitucional, que consagra el Principio pro homine).

Entonces, es por demás evidente el tratamiento diferenciado que la misma


Constitución otorga a los Tratados Internacionales, de acuerdo a la materia que
pretenden regular, más aún si se considera que el Estado Plurinacional de Bolivia, a
través de la Constitución ha decidido seguir la tendencia de otorgar una jerarquía
constitucional con aplicación preferencial a los tratados y/o convenciones
internacionales que consagran derechos humanos en términos más favorables a
los(as) ciudadanos(as), lo que se halla respaldado por la misma Ley Fundamental,
cuando dispone que: “el bloque de constitucionalidad está integrado por los
Tratados y Convenios internacionales en materia de Derechos Humanos y las
normas de Derecho Comunitario, ratificados por el país. (…)” (Artículo 410,
parágrafo II constitucional)3.

Sin embargo, esta disposición tiene una indudable fuente jurisprudencial, dado que
constituye una reivindicación de los criterios jurisprudenciales sobre el “Bloque de
Constitucionalidad” (un conjunto de normas, no sólo constitucionales, que
complementan y desarrollan los derechos, principios y valores de la Constitución),
expresados con bastante anticipación por el ahora extinto Tribunal Constitucional
de Bolivia (me refiero al que fue creado por la reforma constitucional de 1994),
cuya labor jurisprudencial ha sido determinante para entender cuál la posición
jerárquica que debieran tener los Tratados Internacionales en materia de Derechos
Humanos, y su tratamiento especializado en nuestro país.

Es así que, desde el año 2001, el Tribunal Constitucional, asumiendo una posición
de activismo judicial respecto a la protección de los derechos humanos, ha definido
que los tratados, convenciones o pactos internacionales sobre derechos humanos
forman parte del bloque de constitucionalidad, por lo que, los derechos humanos
                                                            
3
Respecto al tenor del art. 410.II, que dispone: “El bloque de constitucionalidad está integrado por los
Tratados y Convenios internacionales en materia de Derechos Humanos…”, la jurisprudencia constitucional
reciente, ha entendido que: “la Constitución se integra por normas de carácter formal insertas expresamente
en el texto de la Constitución -normas que están en el texto constitucional- y otras normas de carácter
material que si bien no aparecen en el texto constitucional pueden utilizarse como parámetro de
constitucionalidad por su contenido -normas que por su valor axiológico o principista como los Derechos
Humanos deben considerarse como constitucionales-, en este sentido, cuando la segunda parte del art. 410.II
de la CPE, establece que: “La aplicación de las normas jurídicas se regirá por la siguiente jerarquía, de
acuerdo a las competencias de las entidades territoriales: 1. Constitución Política del Estado. 2. Los tratados
internacionales…”, debe entenderse bajo una interpretación pro homine, sistemática e histórica que el
concepto de Constitución Política del Estado implica y conglomera a los Tratados de Derechos Humanos que
tienen un trato preferencial en el contexto constitucional en referencia al resto de Tratados Internacionales”
(Cfr. Sentencia Constitucional Plurinacional Nº1250/2012, de fecha 20 de septiembre de 2012).

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consagrados en dichos instrumentos forman parte del catálogo de derechos
fundamentales previsto por la Constitución; de manera que en ese contexto pueden
ser invocados por las personas y tutelados por las autoridades. (Cfr. Sentencias
Constitucionales: SC 95/01, SC 1662/2003-R17 y SC 0102/2003).

Posteriormente, el mismo Tribunal Constitucional, en los Fundamentos Jurídicos


contenidos en la Sentencia Constitucional Nº 0045/2006 de 2 de junio, ha
desarrollado la teoría del bloque de constitucionalidad, precisando que la misma
surgió en Francia, extendiéndose luego a los países europeos, siendo asimilada en
Latinoamérica; debiendo entenderse que dicha teoría, expone que aquellas normas
que no forman parte del texto de la Constitución, pueden formar parte de un
conjunto de preceptos que por sus cualidades intrínsecas se deben utilizar para
develar la constitucionalidad de una norma legal; así, las jurisdicciones
constitucionales agregan, para efectuar el análisis valorativo o comparativo, a su
Constitución, normas a las que concede ese valor supralegal que las convierte en
parámetro de constitucionalidad.

De ahí que, la jurisdicción constitucional boliviana ha concedido al bloque de


constitucionalidad un alcance perceptible en la Sentencia Constitucional Nº
1420/2004-R, de 6 de septiembre, estableciendo lo siguiente: “(...) conforme ha
establecido este Tribunal Constitucional, a través de su jurisprudencia, los
tratados, convenciones o declaraciones internacionales sobre derechos humanos a
los que se hubiese adherido o suscrito y ratificado el Estado boliviano forman
parte del bloque de constitucionalidad y los derechos consagrados forman parte
del catálogo de los derechos fundamentales previstos por la Constitución.”;
entendimiento ratificado en la Sentencia Constitucional Nº 1662/2003-R, de 17 de
noviembre, en la que expresó: “(...) este Tribunal Constitucional, realizando la
interpretación constitucional integradora, en el marco de la cláusula abierta
prevista por el art. 35 de la Constitución (de 1994), ha establecido que los
tratados, las declaraciones y convenciones internacionales en materia de
derechos humanos, forman parte del orden jurídico del sistema constitucional
boliviano como parte del bloque de constitucionalidad, de manera que dichos
instrumentos internacionales tienen carácter normativo y son de aplicación
directa, por lo mismo los derechos en ellos consagrados son invocables por las
personas y tutelables a través de los recursos de hábeas corpus y amparo
constitucional conforme corresponda”.

De la jurisprudencia glosada, se deduce claramente que el bloque de


constitucionalidad en Bolivia lo conforman, además del texto de la Constitución,
los tratados, las declaraciones y convenciones internacionales en materia de
derechos humanos ratificados; entonces, queda claro que no todo tratado,

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declaración, convención o instrumento internacional es parte del bloque de
constitucionalidad, sino sólo aquellos que estén destinados a la promoción,
protección y vigencia efectiva de los derechos humanos.

Asimismo, hace más de diez años atrás, el mismo Tribunal Constitucional, en la


Sentencia Constitucional Nº0491/2003-R, de 15 de abril, a tiempo de resolver una
problemática referida a la vulneración del derecho al juez natural, dejó establecido
que la jurisprudencia emanada de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
tiene fuerza vinculante para el Estado boliviano y sus autoridades. Dicho
entendimiento jurisprudencial, ha sido reforzado por el Tribunal Constitucional
Plurinacional, al establecer que las Sentencias pronunciadas por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, también forman parte del Bloque de
Constitucionalidad.

Es así que, actualmente, el Tribunal Constitucional Plurinacional, ampliando los


criterios jurisprudenciales precedentes, y en referencia a los elementos del Sistema
Interamericano de Derechos Humanos que también conforman el Bloque de
Constitucionalidad en Bolivia, ha señalado que: “los elementos normativos y las
decisiones jurisdiccionales que emanen de este sistema no son aislados e
independientes del sistema legal interno, de hecho, la efectividad en cuanto a la
protección de los derechos fundamentales, solamente está garantizada en tanto y
cuanto el orden interno asuma en lo referente a su contenido los alcances y efectos
de estas normas y decisiones emergentes del Sistema Interamericano de
Protección de Derechos Humanos.

En efecto, la doctrina del bloque de constitucionalidad reconocida por el art. 410


de la CPE, contempla como parte del mismo a los Tratados Internacionales
referentes a Derechos Humanos, entre los cuales inequívocamente se encuentra el
Pacto de San José de Costa Rica, denominado también Convención
Interamericana de Derechos Humanos, ratificado por Bolivia mediante Ley 1599
de 18 de octubre de 1994, norma que por su esencia y temática se encuentra
amparada por el principio de supremacía constitucional, postulado a partir del
cual, se sustenta el eje estructural de la jerarquía normativa imperante en el
Estado Plurinacional de Bolivia.

En efecto, el Pacto de San José de Costa Rica, como norma componente del bloque
de constitucionalidad, está constituido por tres partes esenciales, estrictamente
vinculadas entre sí: la primera, conformada por el preámbulo, la segunda
denominada dogmática y la tercera referente a la parte orgánica. Precisamente,
el Capítulo VIII de este instrumento regula a la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, en consecuencia, siguiendo un criterio de interpretación constitucional

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“sistémico”, debe establecerse que este órgano y por ende las decisiones que de él
emanan, forman parte también de este bloque de constitucionalidad (…)”.

Finalmente concluyó estableciendo que al ser la Corte Interamericana de Derechos


Humanos el último y máximo garante en el plano supranacional del respeto a los
Derechos Humanos, “el objeto de su competencia y las decisiones que en ejercicio
de ella emanan, constituyen piedras angulares para garantizar efectivamente la
vigencia del “Estado Constitucional”, que contemporáneamente se traduce en el
Estado Social y Democrático de Derecho, cuyos ejes principales entre otros, son
precisamente la vigencia de los Derechos Humanos y la existencia de mecanismos
eficaces que los hagan valer, por eso es que las Sentencias emanadas de este
órgano forman parte del bloque de constitucionalidad y fundamentan no
solamente la actuación de los agentes públicos, sino también subordinan en
cuanto a su contenido a toda la normativa infra-constitucional vigente.” (Cfr.
Sentencia Constitucional Nº110/2010-R de fecha 10 de mayo de 2010).

En resumen, y conforme se ha detallado en la Declaración Constitucional


Plurinacional Nº 0003/2013 de fecha 25 de abril de 2013, el bloque de
constitucionalidad imperante en el Estado Plurinacional de Bolivia, está compuesto
por los siguientes compartimentos: 1) La Constitución como norma positiva; 2)
Los tratados internacionales referentes a Derechos Humanos; y 3) Las Normas
Comunitarias; sin embargo, en el marco de una interpretación progresiva, acorde
al principio de unidad constitucional y enmarcada en las directrices principistas del
Estado Plurinacional de Bolivia, debe establecerse además que los valores plurales
supremos del Estado Plurinacional de Bolivia, como ser el vivir bien, la
solidaridad, la justicia, la igualdad material, entre otros, forman parte del bloque
de constitucionalidad en un componente adicional, el cual se encuentra amparado
también por el Principio de Supremacía Constitucional.

En este sentido se pronunció la Sentencia Constitucional Plurinacional


Nº1227/2012, de fecha 7 de septiembre de 2012, en la cual se precisó lo siguiente:
“(…) En el orden de ideas expresado, es menester resaltar que a la luz de la
Constitución Axiomática y en el marco de los principios de pluralismo e
interculturalidad, como elementos de construcción estructural del Estado, es
imperante realizar un redimensionamiento y una interpretación extensiva del
bloque de constitucionalidad disciplinado por el art. 410.II de la Constitución; por
tanto, para una real materialización de la Constitución Axiomática, se tiene que
este bloque, amparado por el principio de supremacía constitucional, estará
conformado por los siguientes compartimentos: i) Por la Constitución como texto
escrito; ii) Los tratados internacionales vinculados a Derechos Humanos; iii) las
normas de derecho comunitario ratificadas por el país; y, iv) En una

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interpretación sistémica, extensiva y acorde con el valor axiomático de la
Constitución, se establece además que el Bloque de Constitucionalidad, debe estar
conformado por un compartimento adicional: los principios y valores plurales
supremos inferidos del carácter intercultural y del pluralismo axiomático
contemplado en el orden constitucional imperante. Ahora bien, en este estado de
cosas, de acuerdo a los compartimentos antes referidos, corresponde precisar que
este bloque de constitucionalidad es directamente aplicable en cuanto a la parte
dogmática de la Constitución, los derechos humanos insertos en Tratados
Internacionales y los principios plurales supremos; empero, la parte orgánica de
la Constitución, comprendida como elemento del bloque de constitucionalidad, no
es directamente aplicable, sino que para su materialización, se necesitan leyes
orgánicas de desarrollo” (el subrayado me corresponde).

En conclusión, y en una interpretación a la luz del principio de “unidad


constitucional”, considerando que la Constitución Política del Estado se caracteriza
por ser axiomática y dogmático-garantista, para que se materialice el fenómeno de
constitucionalización e irradiación del orden constitucional en todos los actos
públicos y privados de la vida social, se debe precisar que el bloque de
constitucionalidad -que plasmará el orden constitucional imperante y que se
encontrará amparado por el principio de supremacía constitucional-, está
compuesto por los siguientes compartimentos: 1) La Constitución Política del
Estado como texto positivizado; 2) Los Tratados Internacionales referentes a
Derechos Humanos; 3) Las normas de Derecho Comunitario; y, 4) Los Principios y
Valores Supremos. Compartimentos que deberán irradiar de contenido a todos los
actos, tanto públicos como privados, de la vida social (Cfr. Sentencia Constitucional
Plurinacional Nº0085/2012, de fecha 16 de abril de 2012).

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