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Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 21 - Numero 06 - Mes-Ano: 3_2015

Criterios interpretativos del acto o negocio jurídico ¿Opera


un reemplazo del derecho constitucional en esta materia?
Roxana SOTOMARINO CÁCERES*

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TEMA RELEVANTE

Según la autora, cuando se presenten situaciones en donde a través de un acto o


negocio jurídico se atente contra derechos constitucionales o fundamentales, deberán
aplicarse los principios constitucionales. Sin embargo, no es admisible el reemplazo
absoluto de criterios del Derecho Civil por el Derecho Constitucional, salvo cuando se
trate de un conflicto de derechos fundamentales.

MARCO NORMATIVO

• Código Civil: arts. 168, 169, 170 y 1362.

I. Comentarios previos

Mediante este artículo se exploran los comentarios vertidos en doctrina en torno a los
criterios de interpretación del acto jurídico desde el Derecho Civil, sin pretender agotar
el tema de forma alguna.

Con tal fin, se precisan ideas en relación al acto jurídico o negocio jurídico,
reflexionando en la coordinación del Derecho Civil con el Constitucional en el ámbito
interpretativo.

II. Acto jurídico y negocio jurídico

Taboada (2002: 147) destacó que la propia doctrina alemana, creadora del negocio
jurídico, identificó inicialmente el “concepto de negocio jurídico con el de la declaración
de voluntad”. Sin embargo, tal idea fue abandonada paulatinamente; se entendió
entonces, “que en la gran mayoría de hechos jurídicos voluntarios lícitos existe
también una declaración de voluntad, razón por la cual, se tomó conciencia que el
negocio jurídico importaba algo más que la simple declaración (…)” (Taboada, 2002:
147).

En la distinción entre acto jurídico y negocio jurídico, como se ha reconocido en la


doctrina, es fundamental el reconocimiento especial que el ordenamiento jurídico
concede a cada acto voluntario; según Taboada (2002: 148), “el acto será negocio
jurídico cuando la ley le otorgue tal categoría, valorando para ello el propósito práctico
del declarante o de los declarantes”. Los sujetos buscan tal efecto práctico, el que se
torna jurídico por atribución valorativa del ordenamiento jurídico.
Con excepción de la doctrina francesa, para muchos, hay una marcada tendencia a
definir al negocio jurídico como regulación de intereses privados y socialmente útiles o
razonables, impulsada de manera autónoma por las partes. El legislador, en el Código
Civil peruano utilizó el nomen iuris tradicional de acto jurídico pero en el desarrollo de
la institución, se acogió la figura del negocio jurídico.

Tal reflexión es necesaria para desechar una perspectiva subjetiva o de puro


voluntarismo que busca indagar o profundizar en el significado del acto o negocio
jurídico, en caso de conflicto de interpretación, en la psiquis de quienes lo celebran.
Aunque se interprete la declaración de voluntad, este proceso versará sobre lo
declarado, lo manifestado por las partes y de su común intención conforme reza el
artículo 168 del Código Civil. La regulación del negocio como género, se conecta con
la interpretación general del legislador, aplicable a los contratos y contenida en el
artículo 1362 del mismo Código.

III. Los criterios de interpretación del acto o negocio jurídico en el Derecho Civil

Gutiérrez (en Gaceta Jurídica, 2003: 737) destaca que la interpretación es la actividad
“por excelencia” del operador jurídico, siendo ella indispensable para aplicar el
Derecho. La labor posee reglas y se realiza en el ámbito del Derecho Público o
Privado.

Menciona Gastón Fernández Cruz (2002: 148), que los criterios legales de
interpretación del acto jurídico y del contrato, aparecen en los artículos 168, 169, 170 y
1362 del Código Civil.

A su vez, Juan Espinoza Espinoza (2003: 218) subraya que en su opinión, el objeto de
la interpretación jurídica, no serían las normas jurídicas; habría que entender que el
intérprete trabaja con “dispositivos legales y documentos” hallándose entre estos
últimos a los contratos. Es a través de ellos, que se llega a las normas jurídicas. Los
argumentos interpretativos serían utilizados tanto en “los dispositivos legales como en
documentos”.

El artículo 168 del Código Civil ha recogido un supuesto de interpretación apoyada en


elementos objetivos (según Galgano citado por Gutiérrez Camacho (Gaceta Jurídica,
2003: 739). La interpretación de un acto o de una norma jurídica, puede variar en
función del contexto sistemático y funcional al que pertenecen. El artículo 169 del
Código Civil, destaca la interpretación de las cláusulas de los actos jurídicos de
manera sistemática; las unas por medio de las otras, atribuyéndose a las dudosas, el
sentido que resulte del conjunto de todas. El artículo 170 del mismo Código acoge la
interpretación finalista por la que las expresiones que tengan varios sentidos, deben
entenderse en el más adecuado a la naturaleza y al objeto del acto.

Morales (en Gaceta Jurídica, 2003: 749), define a la interpretación jurídica en general
como actividad destinada o dirigida “a reconstruir el significado” en conexión con las
fuentes de valoración jurídica. Señala Morales que: “Fuentes de valoración jurídica son
las normas jurídicas puestas en virtud de una competencia normativa. Objetos de
valoraciones jurídicas son las declaraciones, los comportamientos y los documentos
que se manifiestan en el ámbito socioeconómico cultural disciplinado por el Derecho
positivo”.
En la interpretación del negocio jurídico como acto de autonomía privada está presente
como detalla Morales (en Gaceta Jurídica, 2003: 749) “(…) la técnica para indagar el
significado o el sentido del texto” pero también debe comprenderse el “contexto del
negocio jurídico”.

El ordenamiento jurídico tutela y orienta el marco de regulación de los intereses


privados típicos o atípicos; la interpretación es operación que resalta “el sentido
jurídicamente relevante del acto de autonomía privada”; se reconstruye el significado
razonable de la declaración que ha sido emitida o del comportamiento o del
documento, según el lenguaje común, la práctica o la realidad de la vida
socioeconómica cultural y los usos del tráfico en el que está inmerso el acto o negocio.
El proceso se realiza “una vez que el significado de las declaraciones, de los
comportamientos y del documento haya sido encuadrado dentro de las circunstancias
concretas en que se produce” (Morales, en Gaceta Jurídica, 2003: 749).

La labor interpretativa en el ámbito del Derecho Civil, y específicamente, respecto del


acto o negocio jurídico, reconoce los distintos niveles o límites reconocidos por el
ordenamiento jurídico a la voluntad de los sujetos. En el Derecho de Familia por
ejemplo, siguiendo a Cornejo Chávez (1999: 19) hay relaciones u obligaciones
naturales dominadas, pues por la naturaleza y otras obligaciones. Las relaciones
familiares no pueden ser “alteradas o modificadas a voluntad”. Hay un marcado
carácter de orden público en muchas de las disposiciones que regulan esta área del
Derecho Civil.

Para Taboada (2002: 434), la interpretación del negocio jurídico, ha sido


“deficientemente regulado en el artículo 168 actual”. Por ello, propuso siete artículos
que permitieran fijar “con claridad un sistema declaracionista de interpretación de las
declaraciones de voluntad, señalando los pasos a seguir cuando exista conflicto sobre
el significado o sentido del contenido negocial”. Para dicho autor, en materia de
negocio jurídico o acto jurídico, habrían dos orientaciones conceptuales sobre el
vínculo entre la voluntad y la declaración: el voluntarismo y el declaracionismo. El
primero dispone que cualquier discrepancia entre dos o más voluntades debe ser
causal de nulidad, “pues lo fundamental en materia negocial es que los sujetos regulen
sus propios intereses entre sí sobre la base de su voluntad interna, siendo esta lo
único importante, al ser la declaración solo el vehículo a través del cual debe
expresarse la voluntad interna o voluntad real del sujeto”. La segunda no le concede
“valor a la voluntad interna de los sujetos, considerando que lo único importante y
relevante jurídicamente son sus voluntades declaradas, por cuanto el ordenamiento
jurídico solo puede proteger las autorregulaciones de intereses privados, cuando las
mismas resulten de voluntades declaradas o manifestadas”. Pero hay nociones más
modernas respecto de este tema.

Morales ha destacado cómo debe entenderse la palabra criterio. Se trata de una


máxima hermenéutica que trasciende o va más allá del caso específico “y que el
intérprete utiliza según el lenguaje común, la práctica de la vida socioeconómico
cultural y los usos del tráfico”; los criterios interpretativos de manera específica,
operarían como “normas jurídicas que al mismo tiempo constituyen normas técnicas en
cuanto son compatibles a cánones comunes de la lógica y de la experiencia” (Gaceta
Jurídica, 2003: 749 y 750).Creemos que es él quien mejor ha tratado el tema en el
Derecho Civil nacional.

Por ello, recogemos sus comentarios sobre los criterios de interpretación de los
negocios jurídicos. Los indicados criterios pueden ser individuales y típicos. Los
primeros, tendrían por objeto “la búsqueda de la finalidad en concreto de las partes y
establecen el primer momento de la actividad hermenéutica”. Se tendría que atribuir al
negocio jurídico, el significado que responde al particular entendimiento y propósito de
las partes mismas sin pretender explorar el pensamiento de las partes.

Tales criterios individuales se determinan según Morales (Gaceta Jurídica, 2003) a


través de reglas. La primera está referida a la interpretación literal que se realiza
buscando el significado usual de las palabras usadas por quienes han celebrado el
acto o negocio jurídico. Según el tipo y lugar del negocio, deberá tenerse en
consideración el significado técnico y convencional de las palabras o términos usados.
La interpretación global supondría “la valoración del comportamiento completo de las
partes, aun posterior a la conclusión del contrato”. La interpretación sistemática asume
que “las cláusulas deben interpretarse según una unidad (totalidad) y una
funcionalidad sistemática de vinculación entre los elementos del negocio concreto”.

Morales (2003: 750) recoge como criterio también individual “la interpretación
causalista”; aquí “el intérprete debe tener en cuenta la razón práctica del negocio, es
decir, la causa concreta”. Ella puede ser asimilada a la atribución patrimonial, pues así
quedaría en evidencia “el diseño unitario del negocio” por parte de quienes han
celebrado el acto. La interpretación “se traduce en una operación circular en la cual las
declaraciones, el comportamiento y los documentos de las partes concurren a indicar
la causa del negocio y ella, a su vez, concurre a clarificar su significado”.

Los criterios típicos en cambio (Morales en Gaceta Jurídica, 2003) se apoyarían en


normas que abordarían el fracaso de la primera investigación sobre el significado de la
declaración o del comportamiento o documento; al no lograrse un resultado
satisfactorio, y subsistiendo la duda, se buscará “la significación objetiva que le
corresponde al ambiente socioeconómico cultural, conforme al modo general de
entendimiento”.

Dichos criterios típicos también posee según Morales (Gaceta Jurídica, 2003: 750 y
751) reglas como la interpretación según la buena fe expresada como deber de lealtad;
la llamada interpretación útil “que se concreta en el principio de conservación del
negocio”; y los usos interpretativos que serían prácticas generales de los negocios o
“los usos negociables en determinado ambiente socioeconómico y cultural”.

Todo lo expresado, da cuenta de un valioso desarrollo exegético, dogmático y


jurisprudencial en el Derecho nacional y el comparado acorde con las características
de los actos o negocios en sede civil; ellos merecen tomarse en consideración cuando
se interpreta un negocio jurídico, salvo situaciones excepcionales.

IV. Los cuestionamientos desde el Derecho Constitucional

Por otro lado, César Landa (Castillo Freyre. Tomo I, 2008), ha mencionado que el
Derecho Civil no podría desarrollarse al “margen de la Constitución” sino desde un
Derecho Constitucional no positivista sino institucionalista. El comentario indicado
constituye una reflexión general en torno al desenvolvimiento de la citada rama del
Derecho Privado. Coincidimos con Landa cuando destaca que la Constitución en la
actualidad, ha dejado de ser “mera norma política carente de contenido jurídico
vinculante” conformada solo por normas que orientan el accionar de los poderes
públicos (Landa, en Castillo, 2008).
La Constitución es fuente de Derecho de carácter legislativo emanando de ella, todo el
ordenamiento jurídico, sus instituciones y técnicas. En términos generales, los
principios del Derecho Civil merecerían una reinterpretación “a la luz de los principios
constitucionales” (Landa en Castillo, 2008: 238). Se ha afirmado incluso, que los
métodos de interpretación normativa del Derecho Civil (el literal, teleológico,
sistemático e histórico) son necesarios pero serían insuficientes; habría que identificar
los derechos fundamentales involucrados en el Derecho Civil, estableciendo “principios
jurídicos ad hoc” capaces de cumplir la misión integradora del proceso de
interpretación y argumentación constitucional.

Habría que considerar principios como el de unidad y función integradora de la


Constitución, el principio de fuerza normativa de la Constitución por el que la
interpretación debe realzar o relevar y respetar la naturaleza de ella como norma
jurídica (comentado en la Sentencia del Tribunal Constitucional peruano recaída en el
Expediente Nº 5854-2005-PA). Por el principio de concordancia práctica, la aparente
tensión entre las propias normas constitucionales, debe ser resuelta “optimizando” sus
interpretación y sin sacrificar ninguno de los valores, derechos o principios
reconduciendo el análisis hacia la protección de los derechos fundamentales
(consagrado en la STC Exp. Nº 5854-2005-PA).

Por el principio de corrección constitucional o corrección funcional por el juez


constitucional al interpretar los derechos, no se debe desvirtuar las funciones y
competencias asignadas a los órganos constitucionales, de modo tal que el equilibrio
inherente al Estado Constitucional y Democrático como presupuesto para el respeto de
los derechos fundamentales, se encuentre plenamente garantizado (en las SSTC
Exps. Nºs 0020-2005-PI/TC y 0021-2005-PI, acumulados). El principio de
interpretación conforme a la Constitución, prescribe que la ley no debe ser declarada
inconstitucional, cuando al menos una de sus acepciones puede ser interpretada
conforme a la Constitución. Por el principio de fuerza normativa de la Constitución se
orienta a relevar y respetar la naturaleza de la Constitución como norma jurídica
vinculante para todos los poderes públicos y privados in toto y no solo parcialmente
(STC Exp. Nº 4596-2006-PA/TC).

La cuestión central es considerar si tales principios reemplazan a los organizados a


través del tiempo y de una profunda reflexión por el legislador civil, por la dogmática, la
jurisprudencia y la costumbre en sede civil.

Somos de la opinión que cuando de por medio se presenten situaciones en donde a


través de un acto o negocio jurídico se atente contra derechos constitucionales o
derechos fundamentales, deberán aplicarse indudablemente los principios
constitucionales. Una cláusula estatutaria en la que se limita por ejemplo, el debido
procedimiento o el derecho a la defensa para excluir de derechos al asociado de una
persona jurídica de Derecho Civil, podrá ser limitada. Esto ya ha merecido, incluso, un
pronunciamiento de nuestro Tribunal Constitucional. Aunque nociones como el orden
público y las buenas costumbres en sede civil, ya habían desarrollado los límites a la
autonomía de la voluntad, desde el Derecho Constitucional resulta posible hallar una
nueva fuente para procurar la protección ponderada y razonable de los derechos
individuales.

Sin embargo, no podemos asumir, que ello representa un reemplazo absoluto de los
criterios de interpretación de los actos o negocios jurídicos. Aunque sea válida e
incluso necesaria una revisión de los principios aplicables, ellos actuarán ante
situaciones de conflicto, ante un quiebre de esta paridad esencial o del atentado a la
esfera de derechos subjetivos y fundamentales. La celebración de un contrato con
cláusulas que involucran actos que en la práctica suponen discriminación, o el agravio
al honor, a la imagen por ejemplo, pueden conducir a una respuesta por la vía de la
responsabilidad civil entre otras como generar consecuencias desde y con la
argumentación y remedios del Derecho Constitucional.

Pero, sin duda, no podríamos admitir el reemplazo absoluto de criterios del Derecho
Civil con todo lo que ello supone, por el constitucional salvo cuando se trate de un
conflicto de derechos fundamentales. Por lo general, la evidencia de transgresión es
notoria o al menos, puede ser presentada por la parte o partes agraviadas sin
necesidad de mayor revisión. Empero, es esencial no partir de una desnaturalización
de los criterios de interpretación del acto o negocio jurídico, generando incertidumbre.

Bibliografía

• CASTILLO FREYRE, Mario. Coordinador (2008). Libro Homenaje a Felipe Osterling


Parodi. 1ª edición, Tomo I, Palestra Editores, Lima.

• CORNEJO CHÁVEZ, Héctor. Derecho familiar peruano. 10ª edición actualizada,


Gaceta jurídica, Lima, 1999.

• Gaceta Jurídica. Código Civil Comentado Por los 100 mejores especialistas. 1ª
edición, Tomo I, Gaceta Jurídica, Lima, 2003.

• ESPINOZA ESPINOZA, Juan. Los principios contenidos en el Título Preliminar del


Código civil peruano de 1984. Análisis doctrinario, legislativo y jurisprudencial. Fondo
Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2003.

• FERNÁNDEZ CRUZ, Gastón. “Introducción al estudio de la interpretación en el


Código Civil peruano”. En: Derecho & Sociedad. 2002, 19,
<works.bepress.com/gaston_fernandez_cruz/9>. Información recabada el 10 de marzo
de 2015.

• TABOADA CÓRDOVA, Lizardo. Acto jurídico, negocio jurídico y contrato. 1ª edición,


Grijley, Lima, 2002.

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* Doctora en Derecho. Magíster en Derecho Civil y abogada por la Pontificia


Universidad Católica del Perú. Catedrática universitaria. Representante en Perú de AC
Ayuda Internacional a la Niñez de Dinamarca. Presidenta de la asociación civil de
apoyo social “Humanismo y Derecho”.

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