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AUTORITARISMO Y ABUSO ESPIRITUAL

Por Pablo Wright


Rector, Instituto Bíblico Evangélico Mendoza Mendoza, Argentina
De la página web de la IPUL publicado por Adonay Rojas
Adaptado por el pastor Guillermo Camino
Diciembre de 2014 para estudios personales

Colosenses 1:28
El autoritarismo que manipula y controla a los educandos los deforma. Sus causas incluyen el
orgullo, un carácter dominante, el miedo al cambio, experiencias de ser abusado y la cultura.
Algunos de sus indicadores son la concentración del poder, reglas tácitas, conocimiento (y lenguaje)
esotérico, una jerarquía apuntalada por experiencias místicas, paranoia y exigencias de
conformismo y lealtad ciega.
La educación teológica más bien debe apuntar a y ser conducida por líderes-siervos que son
humildes, enfocados en los otros y amorosos. Entre sus altos valores deben estar sumisión y
respeto mutuo, gracia, integridad, transparencia y equilibrio. Sus estructuras pueden variar, pero
no deben aislar la formación de la comunidad cristiana.
A pesar de la popularidad de la metáfora del barro y alfarero para ilustrar el desarrollo de la vida
cristiana, la vid provee un ejemplo mucho más cercano al crecimiento hacia la madurez espiritual.
Como Cristo mismo señaló, la vid es un organismo vivo cuyo crecimiento y producción de fruto
depende del cuidado del labrador (Jn. 15:1–8). Uno de los trabajos principales es la dirección inicial
dada al atar la cepa al lado del puntal a fin de guiar el crecimiento de la planta hacia arriba. Hasta
que llega a la madurez, la vid es sumamente flexible y se arrastra por el suelo si no es atada o
apuntalada para que los racimos se mantengan en el aire, protegidos del moho, tierra y animales.
Esta flexibilidad se presta a múltiples formas de conducción con la finalidad de brindar sombra o
fruto, según el caso. En una ocasión el presente autor observó una vid guiada estrechamente por
los contornos de una casa, cuyos brotes y ramas doblaban las esquinas en ángulos rectos, de modo
que la vid quedaba con una forma poco natural.
De la misma manera, la formación espiritual brindada en el discipulado o en la educación teológica
puede ayudar al creyente a crecer impulsado por la vida del Espíritu (Jn. 15:5), o puede traer una
deformación de la cual la recuperación será difícil, requiriendo una poda mayor de parte del
Labrador Celestial (Jn. 15:2). Coe correctamente arguye que todos los aspectos de la educación
teológica, sea lo realizado en el aula, las tareas asignadas o el intercambio relacional entre
profesores y alumnos, deben enfocarse hacia la meta de promover la madurez espiritual. El apóstol
Pablo expresa el mismo sentir en Colosenses 1:28: "a fin de presentar perfecto (τέλειον) en Cristo
Jesús a todo hombre". No obstante, existe para el educador el sutil peligro de usurpar el rol del
Espíritu Santo en la vida del educando de modo que la formación llega a ser un abuso espiritual
que resulta en desilusión, dependencia y la mala adaptación de cristianos mediocres, aun entre los
que poseen títulos de posgrado.
El propósito del presente artículo es delinear aspectos de la deformación del educando a través del
abuso espiritual, definir la meta de formación para el liderazgo espiritual y luego sugerir pautas
para la correcta formación espiritual de liderazgo en la educación teológica.
Deformación En La Formación Teológica: Abuso Espiritual
Autoritarismo en la Biblia
El autoritarismo en el pueblo de Dios no es una novedad, sino un problema de siempre. Los
ejemplos bíblicos abundan. A pesar de su victoria sobre los filisteos, el liderazgo de Saúl fue
abusivo, reconocido incluso por su hijo Jonatan (1 S. 14:24–35). David abusó de su autoridad para
cometer adulterio y homicidio (2 S. 11:1–27). Jeremías denunció la corrupción de los profetas y
sacerdotes (Jer. 5:26–31; 6:13–15). Cristo enfrentó a los fariseos por desviar al pueblo con su
legalismo (Mt. 23:1–33). Pablo respondió enérgicamente a los gálatas, quienes habían sido alejados
de su libertad en Cristo por falsos maestros (Gá. 1:6–9; 2:4–5). Juan advirtió a su amigo Gayo de los
abusos de Diótrefes (3 Jn. 9–11). Es una táctica predilecta de Satanás desviar al líder a través de su
propio ego (Gn. 3:1–5; Mt. 4:8–11; 1 Jn. 2:15–17), lo que lleva con facilidad al abuso de la
autoridad.
Causas del autoritarismo
Las causas del autoritarismo pueden ser varias y complejas, así como es de variado y complejo la
misma personalidad del ser humano. Veamos algunas de las causas.
Orgullo y soberbia.
Aunque el reconocimiento de las propias habilidades y dones es un paso necesario para
desempeñar con plenitud el rol que uno debe ocupar en el cuerpo de Cristo, la persona en
autoridad puede llegar a sobreestimarse y dominar a otros (Ro. 12:3–8; 1 Co. 12:12–31). Es fácil
caer en una mentalidad de "Yo sé mejor que ellos", para luego pasar al síndrome de "nosotros
contra ellos", lo cual puede conducir al abuso de "ellos".
Carácter fuerte, rígido y dominante.
La tendencia nata hacia la dominación que algunos tienen, así como todo temperamento, debe
dejarse controlar por el Espíritu Santo. El que está al frente de la obra del Señor debe recordar
siempre que está al servicio, no al mando, de la grey (Mr. 10:42–45; 1 P. 5:1–3). Pérez Millos
conjetura que esto haya sido el aguijón en la carne que sufrió el apóstol Pablo.
Emociones negativas.
El miedo al cambio puede provocar una reacción defensiva. Así el líder puede pensar que lo
diferente es peligroso. Mecanismos legalistas en los esquemas religiosos pueden ser diseñados para
proteger a las personas de la "emergencia" o peligro percibido. Por otra parte, el enojo e ira por una
injusticia sufrida puede provocar reacciones similares.
Trasfondo familiar.
Un trasfondo familiar de abuso, sea físico, sexual, emocional o espiritual, puede llevar a la persona
a controlar o dominar a otros por varios motivos, muchos de los cuales parecen legítimos a la
persona autoritaria en su forma de ver el mundo.
Trasfondo cultural.
La distancia de poder aceptada en la cultura puede facilitar una tendencia hacia la dominación. La
preferencia para la autoridad autocrática o participativa queda bien marcada en la vida de las
personas desde una temprana edad. La tendencia hacia el caudillismo en la cultura
latinoamericano es bien reconocida. Culturas institucionales pueden manifestar la misma
tendencia. Algunos grupos fundamentalistas o neopentecostales, por su énfasis en la obediencia
absoluta a la autoridad eclesiástica o al profeta o apóstol, se exponen a una disposición hacia el
autoritarismo y su consecuente abuso espiritual. Los que se crían en estas culturas repiten el
cuadro simplemente porque no saben comportarse de otra manera.
Estas causas y móviles pueden entretejerse de tal modo que los comportamientos autoritarios son
justificados, promovidos y transferidos dentro de una institución de educación teológica y técnicas
de manipulación y abuso se incorporan al sistema.
¿Qué es abuso espiritual?
Expresado escuetamente, el abuso espiritual es el uso indebido de la autoridad (el autoritarismo)
por personas que ejercen influencia espiritual. Johnson y Van Vonderen, posiblemente quienes
acuñaron la frase "abuso espiritual", lo definen de la siguiente manera:
El abuso espiritual consiste, precisamente, en maltratar a una persona que necesita ayuda, apoyo o
mayor crecimiento espiritual, lo cual debilita, sabotea o disminuye el desarrollo espiritual de esa
persona. Burdick, por su parte, también ofrece una definición breve, pero luego la amplía: El abuso
de las Escrituras para manipular, controlar o demandar sumisión. La autoridad se puede abusar
para justificar comportamiento inapropiado o para vedar a otro el derecho de ir a la iglesia o alabar
a Dios. El "legalismo", o sea, normas no bíblicas que exigen el cumplimiento de determinadas
acciones para conseguir un estatus social en la iglesia, no es bíblico y, además, imparte a la gente
un sentido falso de justicia propia.
El abuso espiritual también incluye juzgar la fe de personas heridas por el abuso, en vez de
aceptarlas con cariño y sentir su dolor. Así que, menospreciar el dolor de la persona herida,
obligándola a orar más, o leer más la Biblia, es una forma de abusar a esa persona de nuevo.
El abuso espiritual también incluye negarse a castigar a quienes tratan de destrozar ministerios
dirigidos a los que han sido heridos por el abuso. A fin de evitar malentendidos, Johnson y Van
Vonderen agregan definiciones de lo que el abuso espiritual no es:
 No es abuso que un líder espiritual responsable de tomar decisiones definitivas use su mejor
juicio, optando por ir en contra de la opinión de usted. Sin embargo, es abuso si se devalúa
la espiritualidad de una persona por sostener un punto de vista contrario.
 No es abuso si un cristiano, líder o no, confronta a otro cristiano debido al pecado, malas
obras o equivocación sincera que debe ser corregida …
 No es abuso pedir a una persona que desempeña un ministerio o una posición de liderazgo
que haga abandono del oficio o cargo debido a problemas espirituales, mentales, físicos o
emocionales.
 No es abuso espiritual, ni es inadecuado, disentir en materia de doctrinas u otros asuntos,
aunque se manifieste en público.
 No es abuso sostener ciertas normas de conducta en grupos (como estilo de vestir), pero esto
se vuelve abuso si se degrada o se avergüenza espiritualmente a las personas por no sostener
las mismas convicciones.
 No cabe la menor duda que la autoridad y el poder deben ser ejercitados con sumo cuidado,
especialmente en materia de la fe, ya que se trata de la persona en su más íntima relación: la
que tiene con Dios.
 Considerando el daño que puede producir el abuso, todo educador teológico debe estar
atento al peligro, especialmente los que están involucrados en programas de formación
espiritual.

Indicadores de abuso espiritual


A fin de evitar o corregir el abuso en la formación espiritual es necesario identificar las
características de este cuadro disfuncional. Johnson y Van Vonderen señalan siete, las cuales
comentaremos a continuación.
Concentración del poder.
Los líderes abusivos recalcan su propio poder y autoridad espiritual basada en su posición de
jerarquía o llamamiento especial de parte de Dios. Suelen recordárselo a los que les siguen, creando
una relación de dependencia. La competencia por el poder se basa en el egoísmo y suele provocar la
supresión de crítica y la eliminación de rivales. Henry y Richard Blackaby tienen razón: la dictadura
espiritual suele ser la forma más opresiva de tiranía.
Preocupación por el desempeño externo.
El sistema religioso enfatiza el desempeño o comportamiento meramente externo de parte de los
fieles. Aunque el mensaje de salvación puede inicialmente incluir la gracia, mantener la aceptación
delante de Dios suele requerir el cumplimiento de una lista larga de mandamientos extrabíblicos o
basados en una hermenéutica particular. El enfoque legalista se mantiene rígidamente. Sin
embargo, a menudo los líderes no se ven obligados a cumplir con las mismas normas que los
demás, debido a su posición privilegiada en la jerarquía (cp. Mt. 23:1–22).25
Reglas tácitas.
Como extensión de la pauta anterior, suele haber ciertas reglas no expresadas, que todos saben,
cuyo incumplimiento, aun cuando no sea intencional, trae una de dos consecuencias: una
marginación, o una disciplina legalista dura y tajante.
Desequilibrio.
La falta de equilibrio en la vida cristiana en el cuadro abusivo se ve de dos maneras: en un
objetivismo extremo que enfatiza conocimiento esotérico y lenguaje especial, así creando una élite
de los que "saben" en virtud de su superior capacitación académica, o en un subjetivismo extremo
que basa la vida cristiana sobre experiencias místicas en menosprecio de claras enseñanzas
bíblicas. De alguna manera, hay una pretensión a un rasgo distintivo como base de una supuesta
relación más íntima con Dios.
Paranoia.
La pretensión a la exclusividad trae consigo una paranoia para con los de afuera y una
desconfianza hacia los que están adentro del grupo, provocando una mentalidad "de trinchera". La
resistencia se tilda de persecución, y abandonar las filas se considera como una traición personal al
líder. Como los líderes se preocupan especialmente por la imagen (y no la esencia), es permitido
revelar solamente lo que los dirigentes quieren. Los que no acatan esta norma son duramente
disciplinados.
Lealtad ciega.
Con la tendencia de depender en el legalismo para asegurar conductas que fortalecen su autoridad,
el líder proyecta la idea de que "solo nosotros tenemos la razón". Las preguntas no se hacen; las
explicaciones no se dan. Se utilizan las amenazas, la manipulación o la humillación pública para
mantener orden dentro de las filas. Hay un esfuerzo para crear una dependencia total de la
voluntad del líder, tanto en lo personal y privado como en lo público.
Secretos.
Implícito es el compromiso de no hablar sobre lo que ocurre dentro del sistema. Se mantiene a la
gente en estado de inmadurez a fin de controlarla mejor.
Al describir el problema de la tiranía en la iglesia, Ward señala cinco características que coinciden
notablemente con las que ya hemos mencionado: pasividad de los laicos, sistema jerárquico,
meritocracia intelectual, orgullo y estatus, y tácticas manipuladoras. Observe que estas tendencias
se alimentan mutuamente, creando un sistema social que es difícil de romper. Además, resalta este
autor que estas tendencias reflejan lo que se ve en nuestra sociedad occidental en general.
De manera que la iglesia disfuncional procede de la sociedad en el mismo estado de descomposición
y queda con la imperante necesidad de una redención por completo. Seguramente, hay otro camino
para quienes deseen dar o recibir una formación espiritual sana y equilibrada.

El Propósito De La Formación Teológica: Capacitar Siervos De Dios


Como ya hemos señalado, el apóstol Pablo expresó claramente el propósito de la educación teológica
en Colosenses 1:28: "a quien [Cristo] anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo
hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre …". La palabra
traducida "perfecto" aquí no habla de una perfección absoluta, sino de la madurez de un
adulto.37 Más tarde Pablo enumera las características de esta madurez en 1 Timoteo 3:1–13 y Tito
1:5–9. Mientras que todo ministerio evangélico debe apuntar a la madurez cristiana, la educación
teológica suele restringir su objetivo a la preparación de aquellas personas que lideran el ministerio.
No sin razón algunos objetan al uso de la palabra "líder" en este contexto, dado los matices de
dominación que se le suele atribuir. Cristo mismo marcó la pauta: “Sabéis que los que son tenidos
por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad.
Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro
servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre
no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. (Mr. 10:42–
45) Es aparente que el liderazgo que Jesús plantea no incluye coerción, manipulación o
dominación. Estas prácticas pueden producir resultados a corto plazo, pero dañan la relación
interpersonal y resultan a la larga contraproducentes en cuanto al bien común.
Aunque el término "líder-siervo" encierra cierta paradoja, Malphurs define el concepto con claridad:
"Los líderes cristianos son siervos con credibilidad y capacidad, quienes pueden influenciar a las
personas en un contexto determinado para perseguir su rumbo dado por Dios". A la hora de
transferir este concepto a la educación teológica valen las palabras de Lawrence: Nuestra visión al
cumplir la responsabilidad del desarrollo personal y el desarrollo de liderazgo es tirar hacia el
blanco de producir líderes con dos manos y el corazón. Tales líderes poseen el conocimiento de la
Palabra de Dios, en una mano, y la pericia, en la otra, mientras en su corazón ellos crecen en la
integridad de la voluntad de Cristo. Los pastores y maestros son llamados a desarrollar líderes para
el cuerpo de Cristo, líderes que se definen por su impacto en las vidas de otros.
Varios rasgos de esta clase de liderazgo se han señalado.
Ante todo, se destaca la humildad. Es sabio el consejo: "Deshágase de su ego en la puerta". Solo así
se va a poder ver las necesidades de la gente matizadas por la visión de la voluntad de Dios. Kouzes
y Posner indican que esta humildad incluye la disposición a aprender, particularmente de
subalternos. (aquí quiero agregar una nota personal ya que durante años se nos inculcó que era
bíblico que el que corrige de parte de Dios siempre está en autoridad sobre los otros, y nunca en
condiciones de igualdad o de menor jerarquía y se nos desafiaba a encontrar ejemplos bíblicos en
los que Dios haya corregido o enseñado a alguien a través de sus subalternos o compañeros,
desalentando estas ideas con ejemplos intimidatorios como el caso de la murmuración de Aarón y
María. Creo que esta interpretación fue autoritaria y surgida de colocar los escritos de Watchman
Nee como infalibles, algo que cuestioné en su momento. Al apóstol Pedro el Señor lo corrigió por su
“subalterno” Pablo que dice que le reconocía autoridad sobre la iglesia). Collins, aunque señala la
importancia de humildad, indica que los líderes empresariales de "Nivel Cinco", los que gozan de
mayor éxito, combinan la humildad con una firme voluntad para lograr su objetivo. Aunque él
distingue entre esta clase de liderazgo y el liderazgo de servicio (Nivel Cuatro), el presente autor no
ve la necesidad de hacerlo. Tanto Cristo (Jn. 5:30) como el apóstol Pablo (Fil. 3:13–14) dan ejemplos
claros de humildad combinado con la voluntad férrea de cumplir con la misión encomendada por
Dios.
El servicio también marca este tipo de liderazgo. Malphurs observa que Cristo utilizó dos palabras
para ilustrar el concepto, διάκονος y δοῦλος. Combinadas, indican una obligación voluntaria a
servir. No se trata de hacer el ministerio por otros, ni tampoco dejar que otros dominen, sino
facilitar el servicio de otros que comparten la misma visión. El líder-siervo, entonces, faculta a
otros, inspirándoles a cumplir el rol a que Dios les ha llamado.
En tercer lugar, el enfoque no está en el líder mismo (lo que sería orgullo), sino en otros. Esto es lo
que Cristo señaló al decir: "El de vosotros que quiera ser el primero será siervo de todos" (Mr.
10:44). No se trata de ser pasivo ni ignorar necesidades propias, sino de utilizar la fuerza y talentos
que uno posee para el bien común. El liderazgo es el uso de poder. Pero el poder, para ser ético, no
debe ser abusado. Para asegurar eso, una regla jamás debe ser quebrantada: el poder ha de ser
usado sólo para el beneficio de otros, nunca para uno mismo. Eso es la generosidad esencial y
autosacrificio del líder.
El cuarto rasgo es el amor. Hunter destaca el concepto bíblico de agape al describir la motivación de
liderazgo a través del servicio. Malphurs observa esta motivación en Cristo cuando lavó los pies de
los discípulos. Este amor, proveniente de Dios (1 Jn. 4:7–10), fluyendo hacia otros, es el móvil
adecuado para el líder que sirve.
Formación De Siervos De Dios: Pautas Para Desarrollar El Carácter Cristiano
El liderazgo a través de servicio no solamente constituye una meta para el programa de formación
espiritual, sino también debe marcar el medio para llevarlo a cabo, saturando a las personas, los
contenidos y los métodos en todo momento. Veamos algunas pautas para la preparación y ejecución
de una formación teológica de este tipo.
Bases preliminares
Ciertas presuposiciones subyacen en la formación espiritual evangélica. Partiendo de la autoridad e
inerrancia de las Escrituras, el educador evangélico puede reconocer la importancia de una
integración de la verdad que une aportes provenientes de la revelación natural con los de la
revelación especial. Eso le dará una amplia base epistemológica para realizar su labor.
Tomando en cuenta que Dios tiene como propósito transformar por completo al creyente (Ro. 8:28–
30; 1 Ts. 5:23; 1 Jn. 3:1–3), ningún programa de formación espiritual puede aspirar a lograr más
que un segmento en el proceso de crecimiento hacia la madurez, un proceso que Dios el Espíritu
Santo está dirigiendo (Gá. 5:16–25). Según Banks, a lo largo de la historia de la Iglesia hasta la
Edad Media la educación teológica fue "holística", es decir, aplicada a todos los aspectos de la vida a
través de un discipulado en que el maestro no solo instruía, sino encarnaba la enseñanza. En este
sentido era una educación como la que Cristo impartió a los apóstoles, un modelo a que debemos
regresar, ya que la verdad se aprende mejor en relación con otros.
Valores clave
Dada la trascendencia de la tarea de formación espiritual y el peligro del abuso espiritual, es
preciso afirmar algunos valores clave que deben guiar el proceso, protegiendo a todos los
involucrados de las sutiles trampas de la deformación. Estos valores más caros pueden ser
definidos como "aquellas creencias constantes, apasionantes y sagradas, que empujan el proceso y
programa de formación espiritual".
Sumisión mutua.
Si el objetivo es formar siervos de Dios, entonces la sumisión tiene que ser un alto valor. Sin
embargo, no se trata de una sumisión a la autoridad exclusivamente, sino también de una
rendición de cuentas mutua entre educadores, y entre estos y los educandos. Así, debe reflejar el
espíritu de Cristo. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando
cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino
cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en
Cristo Jesús… (Fil. 2:4–5) Someteos unos a otros en el temor de Dios. (Ef. 5:21) El ejercicio de este
valor disminuirá, sin duda, la distancia de poder, y promoverá, en cambio, otros valores cristianos
como la integridad, la sinceridad y el aliento mutuo (Heb. 10:24; 1 P. 5:1–5).
Gracia.
En vez de una preocupación por el desempeño en un sistema religioso legalista a través de controles
férreos, un énfasis en extender la gracia debe saturar la teología y trato interpersonal en la
formación espiritual. La gracia se comprende no solo como el medio para recibir la salvación, sino
también como eficaz y vital para la santificación. Las disciplinas espirituales, tales como la oración,
la lectura bíblica y el ayuno, no se conciben como mecanismos de superación personal, sino como
medios de aplicar la gracia a la vida interior (Gá. 5:1–16; Col. 2:20–23).
Integridad.
Este valor no es solo la base sino también la meta de la formación espiritual (Fil. 3:4–15). La
integridad tiene que ver con "ser completo y coherente… rectitud, un sentido de salud moral". Es
una cualidad vital para la credibilidad en el liderazgo. Kouzes y Posner destacan las tres cualidades
de ser honesto, ser inspirador y ser competente como ingredientes indispensables para la
credibilidad. La capacidad de motivar a otros fluye de lo que uno es, una persona íntegra (1 Ts. 2:1–
12).
Transparencia.
La integridad y la sumisión mutua resultarán en un trato transparente en las relaciones
interpersonales (2 Co. 5:6–11). La sinceridad brindará aliento mutuo para el ejercicio de las
disciplinas espirituales, sin manipulación o control. La vida del educador debe ser un "libro abierto"
a fin de mostrar una verdadera imitación de Cristo (1 Co. 11:1). La rendición de cuentas no debe
invadir la privacidad del educando, sino limitarse a pedir aquello con que él se siente cómodo. Los
grupos pequeños también pueden ser medios eficaces para fomentar la transparencia, permitiendo
a la vez una notable diversidad en vez de una uniformidad regimentada.
Equilibrio.
Este valor debe figurar varios planos. Lawrence menciona el equilibrio entre el conocimiento y las
habilidades ministeriales. La concentración excesiva en cuestiones menores de doctrina o práctica
debe evitarse a todo costo (Mt. 23:13–24); se buscarán en cambio, las prioridades divinas (Lc.
10:25–34).
Respeto a las personas.
El respeto debe manifestarse a todas las personas, no solo a las que pertenecen a la línea teológica
"aceptada". La solicitud en guardar la unidad del Espíritu (Ef. 4:3) es, a menudo, ignorada para
levantar los fantasmas de "ecumenismo" y separación de "yugos desiguales". Mientras estos peligros
son reales, el énfasis desmedido, en desmedro de la unidad verdadera del cuerpo de Cristo, produce
la paranoia de actitudes sectarias. En cambio, es necesario reconocer cómo Dios está obrando en
otros (Lc. 9:49–50) y aprender a amarlos, brindándoles gracia aun en medio del desacuerdo. A su
vez, esos otros hermanos en la fe nos darán aliento conforme nos apoyamos en la búsqueda de la
unidad y el crecimiento en el cuerpo de Cristo (Ef. 4:13–16).
Estructura facilitadora
La estructura que incorpora estos valores puede tomar varias formas. Sin duda otros criterios
teológicos y contextuales ejercerán su influencia. Con todo, un par de sugerencias al respecto
podrían ser útiles.
Primero, la formación teológica cabal no puede realizarse en aislamiento del resto del cuerpo de
Cristo—debe ocurrir en comunidad. Coe observa que la evaluación y la retroalimentación son
elementos cruciales para tallar el carácter, y eso requiere roce con otros. Si bien las experiencias de
la "torre de marfil" son provechosas, el educando debe tener contacto también con la comunidad en
general a fin de no divorciar su fe de la vida real.
Hay motivos para ser optimista en cuanto a la formación formal en el aula. Banks la ve como un
mecanismo de integración social. Para Deininger y Herring, el aula puede ser un ambiente propicio
para el modeling. Coe ofrece sugerencias específicas que pueden ser aplicadas a toda materia. De
todos modos, el modelo formal heredado del escolasticismo medieval no tiene que ser descartado del
todo a pesar de sus manifiestas limitaciones. Hasta que surja otro mejor, el presente modelo va a
tener que ser modificado, ajustado y refinado para lograr el objetivo de la formación espiritual
cabal.
Conclusiones
Hemos señalado los peligros de la deformación espiritual que resultan de mecanismos y actitudes
de abuso de autoridad en la tarea pastoral y docente. Para los que estamos involucrados en el
ministerio educativo sería recomendable un auto-análisis a fin de diagnosticar aquellos aspectos
que podrían perjudicar a los que están bajo nuestro cuidado. La seriedad de nuestra
responsabilidad ministerial nos debe impulsar a un examen de conciencia delante del Señor para
que no salgamos descalificados en el día de presentarnos ante él (1 Co. 3:12–15; 2 Co. 5:6–10).
Por otra parte, es necesario cobrar una nueva perspectiva del rumbo que el ministerio de formación
debe tomar. Hace unos años un viejo experto de la viña indicó al presente autor que al podar la vid
es necesario tener en cuenta hacia dónde se quiere que crezca. La formación espiritual es un
proceso análogo. Hemos de tener en vista constantemente hacia dónde se dirige la formación de
siervos de Dios, manteniendo en alto los valores clave ya señalados, los cuales fomentan el
crecimiento sano, tanto el nuestro, como el de los que están bajo nuestro cuidado.

PUBLICADO POR ADONAY ROJAS ORTIZ


Pastor
Iglesia Pentecostal Unida de Colombia
Calle 30 # 22 61 Cañaveral, Floridablanca
Reuniones Martes, Jueves y Sábado 7 PM. Domingos 8 AM, 10 AM y 5 PM
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