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LA SENTENCIA Y SU EJECUCION

I
LA SENTENCIA Y SU EJECUCIÓN. NOCIONES PRELIMINARES. CONCEPTO DE
EJECUCIÓN DE SENTENCIA. EL TÍTULO Y LA INSTANCIA EN LA EJECUCIÓN DE
SENTENCIA. FASES Y FORMAS DE EJECUCIÓN. SENTENCIAS EJECUTABLES. EL
JUEZ DE LA EJECUCIÓN Y SUS PODERES. LA DELEGACIÓN DE LA EJECUCIÓN.
FASES DE LA EJECUCIÓN. AMPARO CONSTITUCIONAL CONTRA LA EJECUCIÓN.

LA SENTENCIA Y SU EJECUCIÓN. NOCIONES PRELIMINARES.


Sostiene Eduardo García de Enterría, aludiendo a explícita posición
reiterada del Tribunal Constitucional español con respecto al contencioso
administrativo (lo cual mutatis mutandi es perfectamente aplicable al concepto
general de la ejecución en general),
"que en el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva está el
derecho a obtener la ejecución de los fallos, que dicho derecho
fundamental no se satisface simplemente con un fallo declarativo"
(Hacia una Nueva Justicia Administrativa. Segunda edición
ampliada. Editorial Civitas, S. A. Madrid, 1992. p. 71).
Esta tesis está expresamente recogida por la Sala Político-Administrativa
de la Corte Suprema de Justicia en sentencia de 18-5-95, Plásticos El Guárico
C. A. c/ Corpoindustria. Ponente: Dr. Humberto J. La Roche. Exp. 5.274.
Pierre: A. 95. T. 5. pp. 343-348.
En el plano de la ley, la ejecución como función propia de la jurisdicción
se consagra en el artículo 4° de la Ley Orgánica del Poder Judicial, en el cual se
le atribuye a los órganos jurisdiccionales conocer de los conflictos (notio),
decidirlos definitivamente (iuditio) y ejecutar o hacer ejecutar las sentencias que
dictaren (executio). Esto se ratifica, en el plano civil, por lo establecido en el
artículo 21 del Código de Procedimiento Civil, conforme al cual los jueces
deberán cumplir y hacer cumplir, haciendo uso de la fuerza pública, si fuere
necesario, las sentencias, autos y decretos que dicten en el ejercicio de sus
atribuciones legales, que no son otras que las atribuciones derivadas de su
potestad jurisdiccional.
En fase de ejecución de sentencia, el Estado realiza el derecho en forma
coactiva, pues para ese momento ya el órgano jurisdiccional declaró la certeza
del mismo en la previa fase de cognición y dispuso la condena correspondiente
a esa declaración. Para la ejecución, la sentencia ya es firme, ejecutoriada y
está cubierta por el atributo de la cosa juzgada.
Se ejecuta a quien no cumple voluntariamente con el dar, hacer o no
hacer contenido en el mandato jurisdiccional expresado en la sentencia,
mandato que deviene de la certeza declarada para consolidar como una verdad
indiscutible la pretensión del actor que estuvo discutida hasta el momento del
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fallo definitivo y que, como consecuencia del no cumplimiento espontáneo, se


ha convertido en una pretensión insatisfecha que debe el Estado tutelar por la
vía coactiva.
Es incuestionable que, una vez declarado cierto el derecho discutido del
pretensor, sea ello por un fallo definitivo y firme, sea por virtud de un laudo
arbitral ejecutable, sea como consecuencia de un título equivalente
(convenimiento o transacción homologados1), sea por cualquier título que
apareje ejecución, debe aquél que resulte jurídicamente obligado dar
cumplimiento a esa obligación de manera espontánea. Mas, puede suceder que,
a pesar de todo, el obligado no cumpla voluntariamente, caso en el cual queda
inobservado el mandato que la norma impone al particular obligado por la
condena judicial. En ese supuesto, no puede el Estado ("órgano específico del
derecho", como lo denomina Ugo Rocco, profesor de la Univ. de Nápoles, en
Tratado de Derecho Procesal Civil, Vol. IV, Parte Especial, Proceso Ejecutivo, p.
4, Temis-Depalma, Bogotá-Buenos Aires, 1976) permitir que el ordenamiento
jurídico -cuya observancia por todos los asociados es fundamental para el
equilibrio y la paz social- se vea alterado por una resistencia injusta de parte de
quien carece del derecho para hacerlo, con lo cual también, en modo cierto, se
afecta el principio de autoridad del Estado.
Esa resistencia de adecuar la conducta a la norma y, desde luego, al
mandato jurisdiccional, fuerza a desembocar en que si no se reprime
coactivamente por el Estado mismo esa rebeldía, el derecho del justiciable
quedará sin la tutela jurídica que se le ha garantizado como miembro de la
sociedad desde el momento mismo en que se suprimió la justicia privada como
método de composición de los conflictos y asumió el Estado, en su lugar, el
deber de resolverlos (reserva estatal de la jurisdicción) a través de los jueces
(órganos especializados investidos por el mismo Estado de facultad
jurisdiccional). Con la eficacia de la tutela jurisdiccional actuando
coactivamente el derecho, se garantiza la observancia y respeto del derecho
objetivo y la tutela jurídica de los derechos subjetivos vulnerados.2

1 Como tema de interés, vale comentar una decisión de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, de fecha 28 de
noviembre de 1996, con el voto salvado del Magistrado César Bustamante Pulido (a nuestro juicio con la razón de su lado),
en la cual se consideró como un convenimiento y no como una transacción, en un juicio de resolución de contrato de
arrendamiento, esta expresión del demandado: "Convengo en la demanda en todas y cada una de sus partes..., sin
embargo a los fines de proceder a la entrega del inmueble descrito, solicito de la parte actora le conceda a mi representado
un plazo hasta el 30 de octubre de 1995, contado a partir de la presente fecha...". Convino además la parte demandada en
cancelar una suma de dinero. Ni ese plazo ni el pago indicado fueron parte de la pretensión del actor. Creemos, con el auto
del voto salvado, que en ese caso se dio una transacción, pues el demandado no convino en forma pura y simple, sino que
además de convenir, propuso una modificación a las pretensiones del actor que éste aceptó, con lo cual hizo una
concesión distinta a los pretendido en la demanda. Oscar Pierre Tapia. Jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia. A.
96, T. 11, pp. 377-381.
2 Sostiene UGO ROCCO que en caso de inobservancia por parte del obligado, "para que se respete y observe aquel todo

armónico que está constituido por el ordenamiento jurídico, sin el cual desaparecería el ordenamiento social mismo, y para
que se actúe prácticamente aquella tutela que, en el caso singular, la norma jurídica, mediante mandatos, prohibiciones o
permisos de carácter abstracto y general, concede a determinado interés, es necesario que el tal Estado, órgano específico
del derecho, intervenga con la fuerza coactiva proveniente de su soberanía, para realizar prácticamente dicho interés, aún
sin la voluntad del obligado o en contra de ella, y frente al cual resulta declarada cierta la tutela que las normas de derecho
objetivo han reconocido al interés de otro sujeto (derechohabiente)". ROCCO, Ugo. Tratado..., Vol. IV, p. 4.
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De otra parte, la ejecución de sentencia supone, en términos de instancia


primaria, el ejercicio de una acción de condena con remota pretensión a una
sentencia de la misma naturaleza y a la eventualidad, en caso de
incumplimiento por parte del condenado, de una subsiguiente actuación
jurisdiccional para la obtención coactiva de la satisfacción de la pretensión
insatisfecha del derechohabiente.
CONCEPTO:
Ejecutar una sentencia es, pues, el acto jurisdiccional por el cual el
Juez de la causa hace efectivo el mandato de condena contenido en
la sentencia ejecutoriada.
―Es el proceso de ejecución aquel en el que se pide del órgano
jurisdiccional una manifestación de voluntad, una conducta
determinada, distinta de la declaración que caracteriza los procesos
de cognición, para hacer efectiva una pretensión reconocida por
una sentencia firme‖ (Manuel Alonso Olea y César Miñambres Puig.
Derecho Procesal del Trabajo. 9ª ed revisada. Editorial Civitas, S. A.,
Madrid, 1997, p. 435).
La ejecución de una sentencia ―integra el derecho fundamental a la tutela
judicial efectiva‖ (Olea-Miñambres, p. 435-436). En nuestro ordenamiento
jurídico se integra en lo previsto en el artículo 26 CRBV.
Constituye ella un título ejecutivo a favor del ejecutante, con el cual,
generalmente a solicitud suya, se inicia el proceso de ejecución (Cfr. Olea-
Miñambres, p. 436).
Derecho comparado en lo laboral.
ESPAÑA: La ley de Procedimiento Laboral 1995 no se remite a la Ley de
Enjuiciamiento Civil como lo hacía la derogada ley rituaria laboral venezolana y
no lo hace ahora sino para lo no previsto, la Ley Orgánica Procesal del Trabajo,
Se crea así un orden propio de ejecución en la señalada área social: ―la
acumulación de títulos ejecutivos, la aplicación de los principios de la par
conditio creditorum y de proporcionalidad en el reparto de los bienes ejecutados
entre los distintos acreedores, la competencia de un único órgano para conocer
de la ejecución de las sentencias dictadas en una misma circunscripción, etc.‖
(Olea Miñambres, p. 437).
¿Es la ejecución de la sentencia una función jurisdiccional o una función
administrativa? Al respecto, en la Exposición de Motivos del Proyecto
correspondiente al vigente CPC (redactado por los doctores Arístides Rengel-
Romberg, Leopoldo Márquez Añez, José Andrés Fuenmayor y Luis Mauri C.), se
dice:
"Esta última fase del proceso, hace posible que el mandato concreto
contenido en la sentencia, pueda ser prácticamente operativo,
porque de otro modo, la finalidad del derecho y la de la jurisdicción
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misma quedarían frustradas si el Estado no dispusiese de los


medios prácticos para hacer cumplir el fallo".
"Se mantiene así en el Proyecto, la posición que desde antiguo
había tomado el legislador venezolano, de considerar la ejecución
forzada formando parte del "Officium iudicis" —del oficio del Juez—
y comprendida, por tanto, dentro de la función jurisdiccional".
"Mediante el sistema que se mantiene, la ejecución no es objeto de
una nueva acción (actio iudicati), como en otros derechos, ni da
origen a una nueva relación jurídica procesal, sino que constituye
el desenvolvimiento final de la única relación jurídica procesal que
se constituye entre las partes desde el momento mismo en que la
demanda judicial es notificada al demandado".
Lo dicho se concreta en el artículo 523 del CPC, conforme al cual
"La ejecución de la sentencia o de cualquier otro acto que tenga
fuerza de tal,3 corresponderá al Tribunal que haya conocido de la
causa en primera instancia. Si fuere un Tribunal de arbitramento el
que haya conocido en primera instancia, la ejecución
corresponderá al Tribunal natural que hubiere conocido del asunto
de no haberse efectuado el arbitramento".
El artículo 625 dispone:
"Todo Laudo Arbitral se pasará con los autos al Juez ante quien
fueron designados los árbitros, quien lo publicará al día siguiente
de su consignación por éstos, a la hora que se señale. Desde este
día comenzarán a correr los lapsos para los recursos a que haya
lugar".
En cuanto a los laudos arbitrales, los árbitros no pueden ejecutar las
decisiones que dicten porque ellos carecen de imperio.
En fecha 12 de marzo de 1996, distinguido con el N° 684, y publicado en
la Gaceta Oficial N° 35.924 de fecha 20 del mismo mes y año, el Consejo de la
Judicatura aprobó un "instructivo para la práctica de las medidas de tipo
ejecutivo y preventivo previstas en el Código de Procedimiento Civil dentro de la
Circunscripción Judicial del Area Metropolitana de Caracas". El fundamento
legal de competencia para dictar el instructivo lo ubicó el Consejo de la

3 Artículo 255 CPC: “La transacción tiene entre las partes la misma fuerza que la cosa juzgada”.
Artículo 256: “Las partes pueden terminar el proceso pendiente, mediante la transacción celebrada conforme a las
disposiciones del Código Civil. Celebrada la transacción en el juicio, el Juez la homologará si versare sobre materias en las
cuales no estén prohibidas las transacciones, sin lo cual no podrá procederse a su ejecución”.
Artículo 262: “La conciliación pone fin al proceso y tiene entre las partes los mismos efectos que la sentencia
definitivamente firme”.
Artículo 263: “En cualquier estado y grado de la causa puede el demandante desistir de la demanda y el demandado
convenir en ella. El Juez dará por consumado el acto, y se procederá como en sentencia pasada en autoridad de cosa
juzgada, sin necesidad del consentimiento de la parte contraria. El acto por el cual desiste el demandante o conviene el
demandado en la demanda, es irrevocable, aun antes de la homologación del Tribunal”.
Artículo 1.718 CC: “La transacción tiene entre las partes la misma fuerza que la cosa juzgada”.
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Judicatura en el literal a) del artículo 15 de la Ley Orgánica que lo rige y por


virtud de él ordenó al juez que
"al decretar alguna de las medidas de tipo ejecutivo o preventivo
previstas en el Código de Procedimiento Civil que deban practicarse
dentro de la Circunscripción Judicial del Area Metropolitana de
Caracas, ordenará inmediatamente, de oficio, al Alguacil del
Tribunal, que entregue en la Oficina Ejecutora de Medidas el oficio
dirigido a la Oficina Ejecutora con la providencia en la cual se
acuerda la medida y los demás recaudos pertinentes".
Así pues que, en el Area Metropolitana de Caracas la ejecución de las
sentencias las decreta el juez de la causa pero la ejecución de la medida
corresponde a un funcionario administrativo perteneciente al cuerpo de
ejecutores de la Oficina Ejecutora de Medidas. Una vez ejecutada la medida y
cancelados los Aranceles correspondientes, el funcionario ejecutor (la Oficina
Ejecutora de Medidas, señala el instructivo) deberá remitir las actuaciones al
juez de la ejecución, a quien corresponde continuar con el resto del
procedimiento hasta el remate.
AUTO QUE ORDENA LA EJECUCIÓN.
Ha dicho la Sala de Casación Civil que el auto que ordena la ejecución de
la sentencia no es un auto de mera sustanciación o de mero trámite que puede
ser reformado o revocado por el Tribunal que lo haya pronunciado, pues no
constituye un auto de ordenación del proceso cuya única finalidad es la del
impulso procesal sin significar un pronunciamiento del juez sobre un punto
sometido a su decisión. En efecto, en ese auto el juez hace pronunciamiento
expreso sobre la solicitud de la parte interesada de que se proceda a la
ejecución del fallo, para lo cual el Tribunal debe constatar si ciertamente se ha
producido la firmeza de la sentencia, hecho lo cual, de ser procedente lo
solicitado, deberá ordenar la ejecución y fijar el lapso dentro de los límites
legales para que se de cumplimiento voluntario a lo decidido. Se aprecia,
entonces, que el decreto de ejecución de la sentencia contiene decisiones sobre
cuestiones planteadas por una de las partes, siendo susceptible de causar
gravamen a la otra. Y siendo así, cabe el recurso de apelación por quien
considere que lo decidido lo agravia (v. sent. 11-8-93. A Elite c/ G. Di Giulio.
Exp. 92-458. Ramírez: T. 126. N° 858-93. pp. 461-462).
EJECUCIÓN DE SENTENCIA POR VÍA DE AMPARO.
Existiendo un procedimiento legal expedito para la ejecución de los fallos
definitivamente firmes y empero que es consecuencia natural del derecho a la
defensa el que el victorioso en un juicio pueda no solo obtener la declaración de
certeza de su derecho, sino que luego de ello pueda lograr que el Estado le
garantice la ejecución de lo decidido, no es por la vía del amparo constitucional
que se puede obtener la ejecución de un fallo. En ello están contestes la
doctrina y la jurisprudencia. En cuanto a esta última, v. sent. Casación Civil
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como Tribunal Constitucional de 12-7-95. Carlos Enrique Monsalve. Exp. 95-


008. Ponente: Dr. Aníbal Rueda. Pierre: A. 95. T. 7. pp. 68-74)
CONCEPTO DE EJECUCIÓN DE SENTENCIA.
Declarada judicialmente la certeza de un derecho y producida la condena
por medio de la sentencia u otro título equivalente, aquel contra quien obre esa
condena debe cumplir con lo ordenado y si opusiere resistencia deberá
procederse a la realización coactiva del derecho declarado cierto, ello en virtud
de que no cumpliría el Estado con su deber de tutelar los derechos subjetivos y
de velar por la estricta observancia del ordenamiento jurídico si no tuviere la
potestad de lograr que voluntaria o coactivamente se cumpliera con lo ordenado
por el órgano jurisdiccional al hacer su pronunciamiento sobre la composición
de la litis. O, como se dice en la Exposición de Motivos del Proyecto de Código
Civil (el vigente), si no se ejecutare la sentencia "la finalidad del derecho y la de
la jurisdicción misma quedarían frustradas si el Estado no dispusiese de los
medios prácticos para hacer cumplir el fallo", o como decía Couture, "en el
orden del derecho, ejecución sin conocimiento es arbitrariedad; conocimiento
sin posibilidad de ejecutar la decisión, significa hacer ilusorios los fines de la
función jurisdiccional" (Fundamentos del Derecho Procesal Civil. Tercera edición
póstuma. Ediciones Depalma. Buenos Aires, 1981, p. 444).
Podemos afirmar entonces que la ejecución de la sentencia es la
obligación jurídica pública del Estado a la cual se corresponde el
derecho subjetivo público del ciudadano para que, una vez
presumida o declarada la certeza legal del derecho, se proceda a la
realización coactiva del derecho si hubiere resistencia al
cumplimiento voluntario.
Ugo Rocco, al tratar el tema, sostiene:
"...para que se respete y observe aquel todo armónico que está
constituido por el ordenamiento jurídico, sin el cual desaparecería
el ordenamiento social mismo, y para que se actúe prácticamente
aquella tutela que, en el caso singular, la norma jurídica, mediante
mandatos, prohibiciones o permisos de carácter abstracto y
general, concede a determinado interés, es necesario que el tal
Estado, órgano específico del derecho, intervenga con la fuerza
coactiva, proveniente de su soberanía, para realizar prácticamente
dicho interés, aun sin la voluntad del obligado o en contra de ella, y
frente al cual resulta declarada cierta la tutela que las normas de
derecho objetivo han reconocido al interés de otro sujeto (derecho
habiente)" (Tratado de Derecho Procesal Civil. Vol. IV. Parte
Especial. Proceso Ejecutivo. Temis-Depalma. Bogotá-Buenos Aires,
1976. p. 4).
Hugo Alsina, sobre el mismo tema y dejando claramente establecido (con
lo cual comparte el criterio abrumadoramente dominante de la doctrina) que la
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ejecución forzada solo procede cuando la sentencia contenga un mandato de


condena, hace las siguientes reflexiones:
"Cuando el proceso de conocimiento resulta insuficiente como
instrumento para el restablecimiento del orden jurídico, el Estado
pone a disposición del vencedor un procedimiento sumario, y,
subsidiariamente, el auxilio de la fuerza pública. En el proceso de
conocimiento el juez declara el derecho mediante la sentencia en
juicio contradictorio; en el de ejecución hace efectiva la sanción
contenida en la norma; en el primero desarrolla una actividad
puramente lógica, en tanto que en el segundo ejercita una
facultada ejecutiva. Puede entonces definirse el proceso de
ejecución como la actividad desarrollada por el órgano
jurisdiccional, a instancia del acreedor, para el cumplimiento de la
obligación declarada en la sentencia de condena, en los casos en
que el vencido no la satisface voluntariamente" (Tratado Teórico
Práctico de Derecho Procesal Civil y Comercial. Segunda edición.
Ediar Soc. Anon. Editores. Buenos Aires, 1962. pp. 24-25).
Gian Antonio Michelli, de su parte, afirma:
"Por ejecución forzada se entiende aquel tipo de tutela
jurisdiccional que es necesaria al objeto de actuar efectivamente
determinados intereses, cuando la declaración de certeza de los
derechos se manifiesta como insuficiente. La declaración de certeza
es, pues, el presupuesto lógico de la ejecución forzada, aunque a
veces la ley no exija una previa declaración -autoritativa- del juez y
se contente en cambio con actos de parte que contengan una
autodeclaración de certeza, ya sea porque provengan de aquel que
resulte deudor (letras de cambio, cheques), ya sea por los
particulares poderes de supremacía reconocidos a ciertos
acreedores (actos administrativos...). Pero, en todo caso, hay una
intervención del juez -siempre a instancia de parte- que realiza, a
través de una serie de actos, una determinada forma de tutela que
no se agota en la reafirmación solemne del derecho en el caso
concreto, sino que consigue la satisfacción del derecho tutelado,
sustituyéndose a la voluntad, que falta, del deudor. El
comportamiento de este último es por eso irrelevante respecto de
este momento -eventual- de la tutela jurisdiccional; en otras
palabras, el acreedor puede obtener la tutela denominada ejecutiva
aun sin, y hasta también contra, la voluntad del deudor. En eso
está la esencia última de este remedio jurisdiccional que representa
la prosecución más avanzada de la obra de actuación concreta de la
ley por parte del juez" (Derecho Procesal Civil. Tr. Santiago Sentís
Melendo. Ediciones Jurídicas Europa-América. Buenos Aires, 1970.
T. III, p. 4).
Eduardo J. Couture sostenía:
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"La coerción permite algo que hasta el momento de la cosa juzgada


o del título ejecutivo era jurídicamente imposible: la invasión de la
esfera individual ajena y su transformación material para dar
satisfacción a los intereses de quien ha sido declarado triunfador
en la sentencia. Ya no se trata de obtener algo con el concurso del
adversario, sino justamente en contra de su voluntad. Ya no se está
en presencia de un obligado, como en la relación de derecho
sustancial, sino en presencia de un subjectus, de un sometido por
la fuerza coercible de la sentencia" (Fundamentos de Derecho
Procesal Civil. Tercera edición póstuma. Ediciones Depalma.
Buenos Aires, 1981. p. 439).
Enrico Tullio Liebman nos dice:
"Para describir la ejecución forzada de un modo sumario y
provisorio puede decirse que es aquella actividad con la cual los
órganos judiciales tratan de poner en existencia coactivamente un
resultado práctico equivalente a aquél que habría debido producir
otro sujeto, en cumplimiento de una obligación jurídica. Es, pues,
el medio por el cual el orden jurídico reacciona ante una forma
particular de ilícito, consistente en la transgresión de una regla
jurídica concreta, de la cual surge la obligación de un determinado
comportamiento de un sujeto a favor de otro sujeto. En otros
términos, es la actuación de la sanción establecida por la ley para
el tipo de ilícito ahora descrito (ilícito civil), con la consecuencia de
restablecer el imperio de la ley y de reintegrar correlativamente,
mediante la satisfacción coactiva, el patrimonio del titular del
derecho subjetivo que había sufrido la lesión" (Manual de Derecho
Procesal Civil. Tr: Santiago Sentís Melendo. Ediciones Jurídicas
Europa-América. Buenos Aires, 1980. p. 150).
Por su parte y con respecto a la ejecución de la sentencia como requisito
de eficacia estatal, la Sala Político-Administrativa de la Corte Suprema de
Justicia ha dicho:
"El derecho a la ejecución de las sentencias, como forma de hacer
efectivo el derecho a la tutela judicial, está implícito en el artículo
68 de la Constitución".
"En este sentido se ha pronunciado la Sala Político-Administrativa
al señalar que:
'El derecho constitucional de acceso a la justicia, no sólo
comprende la acción como derecho subjetivo público y autónomo
de acudir a los tribunales, sino también el lograr la ejecución de los
fallos que éstos dicten...' (Sala Político-Administrativa, Sent. de
fecha 9-5-81, caso: Servicios Sanitarios Municipales C.A. vs.
Instituto Municipal de Aseo Urbano, Imau)".
"El autor Eduardo García Enterría sobre el particular expresa:
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'Un sistema de tutela judicial efectiva no es sólo un sistema que


permita abrir los procesos y en cuyo seno se produzcan sentencias
ponderadas y sabias. Estas sentencias tienen también que ser
efectivas ellas mismas y, por tanto deben necesariamente que poder
ejecutarse. El derecho a la tutela judicial efectiva incluye
necesariamente el derecho a la ejecución de las sentencias contra
la administración' (García de Enterría, Eduardo, Hacia una Nueva
Justicia Administrativa, segunda edición ampliada, Edit. Civitas,
S.A. Madrid, España, 1991).
"Es por esto que la ejecución de las sentencias es de capital
importancia para la efectividad del estado social y democrático de
derecho, por ello resulta difícil hablar de un estado de derecho
cuando no hay efectividad al momento de la ejecución de las
mismas" (Sent. 18-5-95. Plásticos El Guárico C. A. c/
Corpoindustria. Ponente: Dr. Humberto J. La Roche. Exp. 5.274.
Pierre: A. 95. T. 5. pp. 343-348).
LA REALIZACIÓN FORZOSA.
Concluida la fase de cognición ordinaria o la de cognición abreviada —
según se trate de un proceso de cognición o de uno ejecutivo—, proferido y
firme que sea el fallo definitivo o firme que quede la intimación, se procede a la
ejecución forzada, también conocida en doctrina como realización forzosa, la
cual se puede conceptuar como la forma general y ordinaria “de convertir a los
bienes embargados en objetos idóneos para que el Juez decida del modo que se
precisa en una ejecución procesal” (Jaime Guasp, Derecho Procesal Civil (2
tomos), 3ª ed. corregida, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1968, t. I, p.
446).
En el Derecho Comparado, esa realización forzosa puede presentarse
como una adjudicación forzosa (se utiliza el bien embargado en sí mismo), como
una enajenación forzosa (se utiliza el bien en su valor de cambio) y como una
administración forzosa (se utiliza el bien en su valor de uso) (Cfr. Guasp, o. c., t.
I, p. 440 et alli). La realización forzosa y sus tres manifestaciones típicas
constituyen actos procesales instructorios de ejecución, en el sentido que
doctrinariamente se les atribuye, genéricamente, a los actos de esta naturaleza
como ―aquellos que se proponen, directa o inmediatamente, utilizar, de modo
específico, los medios necesarios para que la institución procesal consiga su
verdadera finalidad‖, y específicamente en el proceso de ejecución, como el
medio específico para que éste cumpla con su fin obteniendo bienes que
permitan al Juez llevar a cabo las operaciones materiales para lograr satisfacer
la pretensión del acreedor, obtención que se logra incorporándolos al proceso y
convirtiéndolos, por realización procesal, en entes idóneos para que se pueda
verificar la decisión procesal. El acto por el que se incorporan al proceso se
llama embargo y el acto por el que se convierten se llama realización forzosa
(adjudicación, enajenación y administración) (Cfr. Guasp, o. c., t. I, p. 265).
ADJUDICACIÓN FORZOSA.
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En la adjudicación forzosa, se utiliza el bien embargado en sí mismo para


satisfacer la pretensión del acreedor ejecutante, pero no tomando en cuenta
que el bien se entrega por ser el objeto propio e inmediato de la pretensión, sino
porque se le utiliza compensatoriamente (mediata e indirectamente) al no
poderse obtener el bien que de manera principal, inmediata y directa se
perseguía por el acreedor (Cfr. Guasp, o. c., t. I, p. 440).
No debe confundirse la adjudicación forzosa (en el sentido ya señalado de
entrega sustitutiva y compensatoria) con la adjudicación judicial, la cual obra
cuando el bien es el objeto principal, directo e inmediato de la pretensión del
acreedor, siendo así que la adjudicación judicial, en lugar de ser ―un acto
instrumental, de desarrollo‖, es ―un acto final, de decisión‖ (Cfr. Guasp., o. c., t.
I, pp. 440-441). Sería ejemplo típico de la adjudicación judicial en Venezuela, la
entrega de cosa mueble o inmueble ordenada por la sentencia (artículo 528
CPC) cuando esa haya sido la pretensión principal del acreedor en etapa de
cognición del proceso. Se aprecia que en este tipo de sentencia lo perseguido
fue el bien mismo objeto de la pretensión y no otra cosa, razón por la cual se
satisface la pretensión entregando al acreedor la cosa mueble o inmueble que
se ordenó entregar por el mandato jurisdiccional.
Puede decirse que en Venezuela —por lo menos en términos ordinario y
general— no se regula positivamente la adjudicación forzosa, pues el sistema de
ejecución tiende más bien a la realización del bien embargado en pública
almoneda para obtener, con el precio de la venta, el dinero que permita
satisfacer la pretensión del acreedor.
En todo caso, la adjudicación forzosa, de carácter eminentemente
procesal, no debe confundirse con las típicas figuras civiles de la dación en
pago y de la tradición o puesta en posesión de la cosa, pues en la primera de
ellas se procede a cancelar la obligación con un bien voluntariamente entregado
por el deudor o un tercero dador de pago, mientras que la ejecución supone la
ausencia de voluntad por parte del deudor, no dándose ni el pago voluntario ni
la dación contractual, sino un acto de derecho público típico del proceso; y de
la segunda figura difiere mientras ésta es típicamente una figura jurídica
material, la adjudicación forzosa es un acto eminentemente procesal realizado
por el órgano jurisdiccional (Guasp. o. c., t. I, p. 441).
Sujetos que intervienen en la adjudicación forzosa.
1. El órgano jurisdiccional, sujeto activo y principal de la adjudicación,
pues de él emana el acto procesal que se corresponde con ella.
Obviamente que el órgano, para una eficaz y eficiente adjudicación,
deberá contar con jurisdicción, competencia y ausencia de motivos
inhibitorios.
2. Las partes, ya asumida por el acreedor la posición de ejecutante y por
el deudor la posición de ejecutado.
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En la adjudicación forzosa, el acreedor es el receptor del bien que se le


adjudica, convirtiéndose así en adjudicatario, debiendo converger en él la
aptitud de recibir, la legitimación y la postulación como requisitos esenciales.
Por lo que concierne al deudor ejecutado, ya tiene él asumida la posición de
titular del bien adjudicado, sin que esto signifique que de su voluntad dimana
la decisión de transferir el dominio del bien a favor del adjudicatario, pues tal
decisión corresponde —como ya se ha dicho— al oficio judicial. En el ejecutado
deben darse los requisitos de aptitud, legitimación y postulación procesal.

Objeto de la adjudicación forzosa.


Tratándose que en el adjudicación forzosa nos encontramos ante un
objeto que consiste en la transmisión de un derecho, el mismo —siguiendo la
clasificación propuesta por Eloy Maduro Luyando, Curso de Obligaciones -
Derecho Civil III, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1993, pp. 431-
434— debe presentar las siguientes condiciones concurrentes:
Debe existir, consistiendo en un bien físico con realidad concreta de
existencia. Sin embargo, el problema puede surgir si se trata de objetos
futuros, que bien pueden ser elemento de una obligación, pero que, en lo
procesal, podría conducir a dudas. Empero, cuando se trata p. ej., de
créditos no vencidos, o cuando se trata de cosechas o crías futuras, no
cabe duda que el objeto de la adjudicación puede perfectamente ser de
esa característica, pues, en fin de cuentas, si el acreedor ejecutante lo
adepta, ese objeto futuro podrá perfectamente satisfacer su pretensión,
quedando el deudor ejecutado liberado frente a su acreedor ejecutante.
Debe ser posible, es decir, no sólo que exista sino que pueda ser obtenido
en la realidad. De allí que cuando el objeto no sea posible (tocar el cielo
con las manos, p. ej., l objeto de la adjudicación será irrealizable por
imposibilidad material de obtenerlo.
Puede darse también la imposibilidad jurídica de obtener el bien, como es
el caso de los bienes que están fuera del comercio. De modo que no
habrá cumplimiento de la condición de posibilidad cuando el objeto de
la adjudicación esté excluido del tráfico comercial, como es el caso de los
bienes de los institutos de manos muertas.
Debe representar un interés para el acreedor. Ese interés, que deberá ser
susceptible de evaluación en dinero por lo menos para una de las
partes, lo cual permitirá en definitiva la evaluación económica tanto
para el acreedor como para el deudor, deberá estar presente en el objeto
de la adjudicación.
Debe ser lícito, en el sentido de que ―debe ser tolerado, consentido,
amparado y autorizado por el ordenamiento jurídico positivo‖,
enmarcándose así dentro de la definición doctrinaria que precisa al
14

objeto lícito ―como aquel que no viola el orden público ni las buenas
costumbres‖ (p. 434).
Debe ser idóneo, en el sentido que, para los fines satisfactorios de la
ejecución, el bien debe ser uno embargado, pues resulta contrario al
derecho y al fin mismo de la ejecución que se adjudique un bien que no
ha sido embargado previamente para afectarlo a los fines de la ejecución
forzosa.
Debe ser justificado, en el sentido que, siendo la adjudicación forzosa una
forma compensatoria de satisfacer la pretensión del acreedor (por no ser
el bien mismo el objeto de la pretensión del acreedor, sino otro bien),
deberán justificarse las causas y motivos por los cuales se procede a la
satisfacción por esa vía. Siendo la adjudicación forzosa una vía
compensatoria con respecto a la satisfacción de la pretensión del
acreedor, y por ende mediata e indirecta, ella se da usualmente cuando
se trata de realización forzosa de créditos embargados que son
entregados al acreedor (art. 1.481 de la LEC española, conforme al cual
―se hará pago inmediatamente... si lo embargado... fueren créditos‖) y
cuando han resultado infructuosos los intentos de realización por
enajenación forzosa del bien embargado (art. 1.504 de la LEC española,
que lo autoriza cuando en la subasta no se logra obtener el precio
mínimo para satisfacer al acreedor).
Lugar, tiempo y reglas de la ejecución forzosa.
1. Se verifica ella en el la circunscripción, sede y local del Tribunal que
adelanta la realización forzosa.
2. Se realiza en el tiempo correspondientes a la realización forzosa.
3. Deben cumplirse a cabalidad las reglas de forma comunes al proceso,
en el sentido que las declaraciones de voluntad deben manifestarse por
escrito y las manifestaciones de voluntad de una manera oral o escrita,
o de la forma que la práctica permite en este tipo de realización.
Procedimiento de la adjudicación forzosa.
En el procedimiento se pasará por el que tenga previsto el ordenamiento
jurídico correspondiente, debiendo recordarse que en Venezuela, por lo menos
en lo general y ordinario, la realización por adjudicación forzosa no está
positivamente regulada. Sin embargo, cabría preguntarse, como ejercicio
académico, si agotadas que sean las posibilidades de enajenación forzosa
característica del sistema venezolano, no podría el acreedor solicitar la
adjudicación directa del bien embargado. En todo caso, a nuestro juicio, el
problema debería manejarse como de lege ferenda.
Efectos de la adjudicación forzosa.
El principal efecto de la adjudicación forzosa —como en los otros dos
tipos de realización forzosa— es la transmisión del derecho de propiedad del
15

bien adjudicado en favor del adjudicatario, cambiando así, de titular, el


dominio del bien, absolutamente saneado, pues esa transferencia se hace libre
de toda posibilidad de evicción, rescisión o reducción por vicios ocultos (salvo
que la ley lo permita), así como libre de posibilidad que un tercero reclame
dominio, el cual sólo es posible antes de la adjudicación.
No obstante, sí van con el bien adjudicado los derechos reales distintos al
dominio, desapareciendo los derechos personales del deudor, aunque fueran
precedentes al del adjudicatario, ello por la misma razón por la que se niega la
tercería de dominio, pues la tercería de mejor derecho debe proponerse antes de
la adjudicación (Cfr. Guasp, o. c. t. I, p. 444-445).
ENAJENACIÓN FORZOSA.
Procedimiento en la enajenación forzosa.
En el procedimiento para la enajenación forzosa podemos distinguir XX
fases: designación y juramentación del colegio pericial, derecho de audiencia de
las partes, tasación del precio, titulación, publicidad y remate.
Designación y juramentación.
Como una aplicación de los principios dispositivo y de la bilateralidad,
una vez ejecutado el embargo ejecutivo del bien del bien que habrá de
convertirse a los fines de satisfacer la pretensión del ejecutante, como un
primer paso en el procedimiento se debe justipreciar el bien, reservando la ley
(art. 556 CPC) a las partes (acreedor-ejecutante y deudor-ejecutado) el derecho
de conformar el trío pericial que habrá de realizar el justiprecio, permitiendo a
cada una designar un perito, constituyéndose en una exigencia para cada parte
consignar, para el momento de la designación, la aceptación por escrito del
designado de aceptar el encargo. Paso siguiente, las partes, en el mismo acto,
deberán, por común acuerdo, designar el tercer perito.
Sin embargo, como la eficacia del Derecho no puede quedar sujeta al
capricho de las partes, prevé la ley que para el caso en que una de las partes no
concurra al acto de designación de los peritos o, si concurriendo ambas, no
pueden acordarse sobre el tercer perito, éste lo designará el Tribunal,
designación que también le corresponderá cuando la parte interesada no
presentare la aceptación por escrito del perito propuesto por ella.
Como requisitos subjetivos esenciales concurrentes en el perito tasador
del precio del bien embargado, debe ser residente en el lugar donde se
encuentre el bien y de debe tener conocimientos prácticos que le permitan
avaluar el bien con atención a sus características, calidad y precio, siendo
indispensable que se designen tantos peritos conocedores como bienes de
diferente especie y naturaleza que se menester avaluar, correspondiendo al
Tribunal la determinación de esos avalúos por separado.
Como auxiliares de justicia que son —la pericia de tasación de precio no
es un medio probatorio sino un auxilio para el Juez—, quedan sujetos los
peritos a recusación por la parte contraria a la que lo designó, lo cual deberá
16

plantearse por diligencia (art. 92 del CPC) ante el Juez, el mismo día del
nombramiento del perito recusado o dentro d los dos días de despacho
subsiguiente, luego de lo cual, el mismo perito o quien lo nombró, deberá,
dentro de los tres días de despacho siguientes a la proposición de la recusación,
expresar por escrito lo que tenga que invocar contra la pretensión del
recusante, quedando abierta a pruebas la incidencia, ope legis, por un lapso de
ocho días de despacho común para promover, proveer y evacuar, debiendo el
Juez decidir al noveno día. Si la decisión fuere estimatoria de la recusación,
corresponde al oficio judicial designar el perito que sustituya al recusado.
Designados los peritos, su pueden presentar la siguientes situaciones:
1. Las partes designan los tres peritos, en el entendido que cada una
designa uno y de común acuerdo designan al tercero. Como en este
supuesto la designación ocurre en el mismo acto, la ley les impone la
carga de presentar a los tres peritos nombrados en la fecha u hora de
despacho que fije el Tribunal en el acto mismo de designación, a objeto
de tomarles el juramento de cumplir su encargo con honradez y
conciencia.
2. Una de las partes comparece en la oportunidad de designar los peritos
y la otra no lo hace. En este supuesto, la parte compareciente designa
el suyo y el Tribunal designa el perito de la parte inasistente y el tercer
perito. En este supuesto el Tribunal deberá fijar una fecha y hora de
despacho contada a partir de la notificación por boleta del último de los
peritos designados por él, para que tenga lugar la juramentación de los
tres.
3. Cada parte designa su perito, pero, por desacuerdo de ellas, el Tribunal
designa el tercer perito. En este supuesto, el Tribunal deberá fijar una
fecha y hora de despacho contando desde la notificación por boleta del
perito designado por él, para que tenga lugar la prestación del
juramento.
4. Puede suceder —porque así lo autoriza la ley— que el o los peritos
designados por el Tribunal comparezcan voluntariamente a manifestar
la aceptación de su nombramiento, corriendo a partir de esa fecha el
lapso que haya fijado el Tribunal para que comparezcan los peritos a
juramentarse en la fecha y hora de despacho que previamente indique,
ello porque entendemos, conforme a la regulación del procedimiento
señalado en el art. 558 del CPC, que la juramentación de todos los
peritos debe ocurrir en un acto único, a objeto que, en el mismo, el
Juez acuerde con ellos fijar la oportunidad (fecha y hora de un
despacho posterior) en que concurrirán al Tribunal para oír, reunidos,
las observaciones que deseen hacer las partes sobre la fijación del valor
racional de la cosa a justipreciar.
No cabe duda que tratándose de un requisito esencial para poder entrar
el perito en el ejercicio de su cargo, que preste juramento ante el Juez, si no se
17

cumpliere con esta exigencia —de orden público por demás— el justiprecio
quedará fulminado de nulidad radical y ningún efecto podrá producir durante
la ejecución, pues ocurrirían los actos subsiguientes a la falta de juramentación
(sea absoluta, sea por haberse prestado ante funcionario distinto al Juez) con
violación del artículo 7º de la Ley de Juramento y del artículo 104 del código
civil ritual, conforme a los cuales:
―Artículo 7º.- Los jueces y demás funcionarios judiciales
accidentales, prestarán juramento ante el juez o tribunal que los
haya convocado‖.
―Artículo 104.- El Secretario actuará con el Juez y suscribirá con él
todos los actos, resoluciones y sentencias‖.
―El Secretario suscribirá también con el Juez los actos de
contestación, recusación, declaraciones, aceptaciones, experticias y
demás a que deban concurrir las partes o terceros llamados por la
ley‖.
En un caso en que el juramento del defensor judicial fue prestado ante el
Secretario del Tribunal, la Sala de Casación Civil consideró que la falta de
juramentación ante el Juez ―vicia de nulidad la aceptación y juramento del
referido funcionario, y es materia que afecta el orden público‖ (Sent. Nº 73 de
12-3-92, caso: Carlos Tortolero c/ Eusebio Agüero, ponencia de René Plaz
Bruzual, ratificada en sent. de 10-3-98, caso: Mireya Acuña de Vásquez c/
Corporación Vasqueza, C. A., expe. 96-043, ponencia de César Bustamante
Pulido. Oscar Pierre Tapia, Jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, A.
98, T. 3, pp. 430-433).
Y en otra sentencia, —sin dificultad calificable como emblemática— la
Sala de Casación Civil se pronunció —refiriéndose concretamente a un caso en
ejecución— de la siguiente manera:
―El artículo 584 del Código de Procedimiento Civil se refiere a la
petición de nulidad del acto de remate, el cual no puede atacarse
como un acto aislado por vicios o defectos de forma o de fondo. Se
trata de una norma específica que prohibe se ventile —por
cualquier causa— la nulidad del acto de remate como tal. Pero
observa esta Sala, que la recurrida no ordenó la nulidad del acto de
remate, sino que anuló actuaciones anteriores a dicho acto, que
conllevan como consecuencia de los vicios declarados, la nulidad
del resto de las actuaciones procesales, por no tratarse de la
nulidad de ese acto aislado de procedimiento. Se repone el proceso
al estado que renueve el acto nulo y debido a su proyección sobre
los actos subsiguientes, todos ellos también se anulan y entre ellos
se encuentra el acto de remate‖.
―Lo que prohíbe la ley es el ataque al específico acto de remate, pero
ello no significa que, porque surja un remate, las nulidades
anteriores se convalidan porque el remate es inatacable; pensar tal
18

cosa es interpretar la ley al absurdo, ya que si un tribunal sin


embargar los bienes, sin fijar cartel de remate y sin cumplir los
pasos procesales establecidos en materia de ejecución de sentencia,
rematare un bien, mal podría pretenderse que por la existencia de
dicho acto se convalidarán los vicios precedentes‖.
―La recurrida anuló los actos precedentes al remate y con ellos, por
ser su consecuencia lógica y natural, quedó el remate anulado‖
(Sent. Nº 140 del 13-8-97, caso: Ricardo Carrillo c/ Margarita
Campos, pornencia Jesús Eduardo Cabrera Romero. Oscar Pierre
Tapia, Jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, A. 97, T. 8-9,
pp. 452-453).

Derecho de audiencia de las partes y tasación del precio.


Ya constituido y juramentado el trío pericial, y oídas las partes en lo que
a bien tuvieren expresar para contribuir a la fijación del valor racional de la
cosa a justipreciar, en la misma sede el Tribunal conferenciarán los peritos en
privado y, por unanimidad o por mayoría de votos, harán la fijación del
justiprecio, el cual harán constar en un acta o escrito que presentarán al
Tribunal el día fijado para la reunión con las partes, acta o escrito que deben
contener las razones y argumentos que hayan servido de fundamento para la
fijación del justiprecio y el valor asignado al bien avaluado. Pero si ocurriere
que los peritos no pueden llegar a un acuerdo por esa mayoría, por lo menos,
entonces corresponderá al Tribunal establecer el justiprecio, previa audiencia
de las razones de cada perito para su desacuerdo. Hemos de apreciar aquí el
interés del ordenamiento en que la ejecución no se detenga por sutilezas de
mera forma o por inconvenientes de desacuerdo, siendo el interés del Estado
que el mandato jurisdiccional se realice a la mayor brevedad.
El mismo día en que los peritos fijen el precio, pueden las partes, por
error de hecho y no por error de derecho, impugnar el resultado de la pericia
avaluadora, debiendo basarse el error imputado en la identidad o calidad de la
cosa justipreciada, teniendo un lapso de cinco días de despacho para probar el
error, debiendo resolver el Juez al sexto día la pretensión del impugnante,
decisión que no tendrá apelación, y si fuere ella desestimatoria de la
impugnación, deberá imponer una multa de un mil bolívares al impugnante.
De esencial trascendencia es que el justiprecio fijado por los peritos
tasadores será vinculante para el Tribunal, el que no podrá apartarse de la
opinión pericial bajo ningún argumento.
Publicidad del remate.

ADMINISTRACIÓN FORZOSA.
19

EL TÍTULO Y LA INSTANCIA EN LA EJECUCIÓN DE SENTENCIA.


Título ejecutivo. En la ejecución de sentencia, el título ejecutivo es la
sentencia misma, con la particularidad que en este caso el título genera
seguridad y certeza en el derecho del ejecutante, lo que la diferencia del resto
de los títulos ejecutivos que solo generan una presunción de certeza sobre el
derecho, sin menoscabo de la posibilidad de discutir sobre ello luego de la
admisión de la demanda o de la solicitud de ejecución, inclusive, de la
posibilidad de que sea desestimada la pretensión ejecutiva del actor.
Instancia ejecutiva. En la ejecución de la sentencia no puede el juez, de
oficio, decretar su ejecución, pues ello solo procede a solicitud de parte
interesada, quien puede ser tanto el ejecutante como el ejecutado. Con esto se
consagra a partir del Código vigente el principio dispositivo de la instancia
procesal de parte que, para el proceso de cognición, se consagra en el artículo
11 del CPC. Vale decir, sin embargo, que en el Código derogado la ejecución la
ordenaba el Juez de oficio. Se establecía en el artículo 448:
―Cuando la sentencia ejecutoriada haya quedado definitivamente
firme, el Tribunal pondrá un decreto mandándola ejecutar‖.
―De la misma manera obrará cuando el laudo arbitral hubiere
quedado definitivamente ejecutoriado‖.
FASES DE LA EJECUCIÓN.
En nuestro derecho la ejecución consta de dos fases:
FASE DE EJECUCIÓN VOLUNTARIA.
Conforme al artículo 524 del CPC,
"Cuando la sentencia haya quedado definitivamente firme, el
Tribunal, a petición de la parte interesada, pondrá un decreto
ordenando su ejecución. En dicho decreto el Tribunal fijará un
lapso que no será menor de tres días ni mayor de diez, para que el
deudor efectúe el cumplimiento voluntario, y no podrá comenzarse
la ejecución forzada hasta que haya transcurrido íntegramente
dicho lapso si que se hubiere cumplido voluntariamente la
sentencia".
Ha dicho la Sala de Casación Civil que la concesión del lapso para el
cumplimiento voluntario de lo ordenado en la sentencia
"...es de orden público, pues, es el momento en que el vencido
puede cumplir pacíficamente con la sentencia y sin más
obligaciones que las impuestas por el propio dispositivo del fallo; y,
si bien, aun habiendo sido decretada la ejecución forzosa, se puede
ejecutar voluntariamente la sentencia..." (Sent. 12-12-95. Caso:
Agropecuaria C. S. C., C. A., c/ Cristóbal Santana Pérez Araujo y
otros. Ponente: Carlos Trejo Padilla. Exp. 95-158. Pierre: A. 95. T.
12. pp. 329-331).
20

FASE DE EJECUCIÓN FORZADA.


Si el condenado no cumple voluntariamente con lo ordenado en la
sentencia, se pasa a la fase de ejecución forzada, caso en el cual se procede por
el órgano jurisdiccional a sustituir la voluntad del deudor en favor del
ejecutante.
SENTENCIAS EJECUTABLES.
Como principio, no toda sentencia es ejecutable, pues lo son tan solo:
1. Las sentencias ejecutoriadas (definitivamente firmes), es decir, aquellas
con-tra las cuales, por agotamiento de los recursos o por preclusión,
no cabe ya ningún tipo de impugnación recursiva.
2. Generalmente las sentencias de condena que tengan un contenido
cierto y líquido en el quid y en el quantum.
3. Se ejecutan, además de las sentencias de fondo, de condena y
definitivamente firmes, las siguientes decisiones:
 Los decretos intimatorios de juicios ejecutivos firmes.
 Las providencias de liquidación de costas y honorarios de
abogados y auxiliares de justicia.
 Las sentencias extranjeras y los laudos arbitrales (en ambos casos
la condena está en la sentencia, pero la ejecutividad en el
pronunciamiento del Juez nacional en el primer caso y del Juez
natural que le hubiera correspondido conocer del asunto en el
segundo caso).
 Las soluciones anormales del proceso que impliquen un
cumplimiento de condena patrimonial.
Una excepción a esta regla lo constituye la ejecución de las sentencias
proferidas en juicios interdictales posesorios, pues la sentencia definitiva de
primera instancia se ejecuta a pesar de la apelación, pues así lo prevé el
artículo 701 del CPC, conforme al cual,
"Esta sentencia será apelable en un solo efecto, pero el Tribunal
remitirá al Superior el expediente completo de las actuaciones".
Es elemento común a toda sentencia el que contenga una declaración de
certeza con respecto a un derecho, declaración con la cual el juez aplica la
voluntad abstracta de la ley al caso concreto sometido a su decisión. Empero,
no hay un procedimiento común para la ejecución de todas las sentencias. Así:
1. Sentencias merodeclarativas. Ellas se bastan por si solas para
satisfacer el interés en favor de quien se hace actuar la voluntad
concreta de la ley, sean estimatorias o desestimatorias de la demanda.
21

Ejemplos: la sentencia desestimatoria de toda demanda, inclusive de


aquellas cuyo haya sido una pretensión de condena; y la sentencia
que se dicte en los juicios de rectificación del estado civil (art. 506 CC).
2. Sentencias constitutivas. Las sentencias que constituyen un estado o
derecho no requieren de ejecución pues se bastan por sí mismas y
proyectan sus efectos constitutivos hacia el futuro, siendo meramente
declarativas hacia el pasado. Ejemplos: la sentencia de divorcio, o
sobre el reconocimiento o declaración de filiación, o sobre el
desconocimiento de hijos, o sobre la nulidad o disolución del
matrimonio.
Empero, vale decir, al igual que en el caso de las sentencias mero
declarativas, que es posible con respecto a algunas sentencias constitutivas la
necesidad para extender los efectos a terceros el cumplimiento de ciertas
formalidades posteriores al fallo (p. ej. la inscripción en el Registro Público),
formalidad cuyo incumplimiento, en todo caso, no priva a la sentencia de sus
efectos.
En un caso concreto en el cual la sentencia de nulidad de un negocio
jurídico no fue registrada, la Sala de Casación Civil dijo:
"Considera la Sala, que la norma [art. 1.281 CC) sí contiene un
concepto transitorio, pues, si se trata de interrumpir la
prescripción una vez efectuada la citación del demandado, el
registro de la demanda pierde efecto, pues la citación interrumpe la
prescripción en forma definitiva. Y si se trata de poner
conocimiento al tercero de la demanda de simulación, también
tendrá carácter transitorio, pues si la demanda es declarada sin
lugar, cesan los efectos que se persigue con el registro de la
misma".
"En el caso concreto, la recurrida expresa, que el acto de
disposición efectuado es válido, pues la sentencia que declaró la
simulación no fue registrada y ello es perfectamente lógico, pues lo
que surte efecto contra los terceros es el registro de la sentencia, no
el registro de la demanda. Ya se explicó antes que con el registro de
la demanda lo que se persigue es interrumpir la prescripción de la
acción y poner en conocimiento a los terceros que existe una
demanda por simulación sobre el bien inmueble que piensan
adquirir, pero que no impide la realización de la operación de
compra-venta" (Sent. de 19-11-92. Caso: Eugenia Natividad Tineo
Molina c/ María Leticia Salinas de Mejías y otra. Ponente: Dr.
Héctor Grisanti Luciani. Exp. 90-490. Pierre: A. 92. T. 11. pp. 143-
144).
3. Sentencias de condena. Son aquellas sentencias que además de la
declaración del derecho agregan contra el vencido un mandato de
condena por un dar, un hacer o un no hacer. Para su ejecución, al
22

vencido se le da la oportunidad para el cumplimiento voluntario de lo


condenado, mas si ese cumplimiento voluntario no se diere se procede
a la ejecución forzada por el órgano jurisdiccional.
En lo concreto, el procedimiento de ejecución de sentencia sólo es
aplicable a las sentencias declarativas de un derecho que contengan un
mandato de condena, debiendo aclararse que la ejecución ni obra ni puede
obrar contra terceros que no hubieren intervenido en el proceso de cognición,
pues res iudicata tertio non nocet y solo inter alios acta.
El desistimiento en la ejecución.
Por lo que al desistimiento concierne, es principio insoslayable que en la
ejecución de sentencia no puede desistirse de la acción ejercida para instar el
proceso de cognición, pues ya para el momento de la ejecución han precluido
todas las oportunidades de alegar con respecto a los hechos que allá se
debatieron. Empero, nada impide que el ejecutante pueda desistir de la
ejecución y con ello renunciar a obtener la satisfacción de su pretensión o de lo
condenado a su favor, pero esa renuncia sólo puede recaer sobre elementos
patrimoniales y no sobre situaciones de estado y capacidad de las personas, las
cuales, por ser de orden público, no son ni renunciables ni relajables por
convenios particulares.
EL JUEZ DE LA EJECUCIÓN Y SUS PODERES.
Principio: Iudex cognitionis est iudex executionis.
Por mandato de lo establecido en el artículo 523 del CPC, el juez de la
ejecución de la sentencia ejecutoriada o de cualquier otro acto que tenga fuerza
de tal (convenimiento, transacción), lo es el juez que haya conocido la causa en
primera instancia o el juez natural a quien hubiera correspondido ese
conocimiento en el caso de las sentencias arbitrales.
Sobre el particular, Arminio Borjas expresó:
―La ejecución es el último estado del juicio; y las actuaciones que le
son correspondientes no tienen por qué incumbir a la competencia
de autoridades judiciales distintas de las que conocieron de él
hasta llevarlo a ese estado. Al contrario, para resolver las
cuestiones que pudieran surgir entre las partes, o sean suscitadas
por terceros en relación con los actos, de la ejecución, (sic) ningún
Juez o Tribunal puede hacerlo con mejor conocimiento de causa
que aquél que la sustanció, porque esas cuestiones, versen o no
sobre los puntos que fueron decididos, se relacionarán
necesariamente con ellos, y sin dividir la continencia del juicio, no
podrían ser sometidas a la decisión de otro Tribunal‖ (Comentarios
al Código de Procedimiento Civil, 3ª ed., Ediciones Sales. Caracas,
1964, t. IV, p. 253).
23

Poderes del juez de la ejecución.


Los poderes del juez de la ejecución están delimitados por los términos de
la sentencia, de tal manera que tiene que ejecutarla solo en favor del vencedor
(ejecutante), sólo contra el vencido (ejecutado) y sólo en cuanto a la obligación
objeto de la condena, sin poder modificar nada de tales extremos. El hacerlo es
recurrible inclusive hasta Casación.
Puede sí el juez, a nuestro criterio, rectificar errores materiales
contenidos en el dispositivo del fallo, siempre que la corrección se base en
elementos que consten en el propio texto de la sentencia.
LA DELEGACIÓN DE LA EJECUCIÓN.
La ejecución de la sentencia puede verificarse por intermedio de un juez
comisionado a tales efectos específicos, quien deberá cumplir la comisión en los
términos exactos que le fueren encomendados.
Pero puede verificarse también por vía de cualquier juez de la República,
a quien el juez de la ejecución le delega por vía de un mandamiento de ejecución
en términos generales todo lo concerniente a los actos de ejecución del embargo
y depósito de los bienes que habrán de ser sustraídos del patrimonio del
ejecutado para satisfacer la pretensión insatisfecha del ejecutante. Ese
mandamiento de ejecución, que está regulado en el artículo 527 del CPC,
ordenará al juez a quien se le presente:
1. Si se trata de cantidades líquidas de dinero, que se embarguen bienes
propiedad del ejecutado en una cantidad que no debe exceder del
doble de lo condenado a pagar, más las costas por las cuales se siga la
ejecución.
2. Si se trata de la entrega de un bien mueble o de un inmueble, que se
cumpla con la entrega.
3. Que se depositen los bienes embargados en los términos regulados
para el depósito por el CPC.
4. Que solo a falta de bienes embargables, se embargue cualquier sueldo,
salario o remuneración del ejecutado en las proporciones legalmente
autorizadas.
ACCIÓN DE AMPARO PARA IMPEDIR LA EJECUCIÓN.
Acción para impedir la ejecución de una sentencia ejecutoriada de primera
instancia.
En un caso en el que se pretendió impedir la ejecución de una sentencia
definitiva por vía de amparo, alegando el quejoso que la sentencia definitiva de
primera instancia fue declarada con lugar en su contra por la inacción de su
apoderado judicial, la Sala de Casación Civil declaró inadmisible la acción por
considerar que lo denunciado no es un motivo para ser tramitado por vía de
amparo constitucional, habida cuenta que el quejoso tuvo a su disposición los
recursos ordinarios para defenderse (Cfr. sent. 14-12-95. Caso: Alicia Amelia
24

Manzanilla Tejada. Ponente: Alirio Abreu Burelli. Exp. 91-94. Pierre: A. 95. T.
12. pp. 98-99).
25
27

II
MODOS DE LA EJECUCIÓN. NOCIÓN PRELIMINAR. SENTENCIAS QUE
CONDENAN A DAR. SENTENCIAS QUE CONDENAN A HACER. SENTENCIAS
QUE CONDENAN A NO HACER. SENTENCIAS QUE CONDENAN A LA
ENTREGA ALTERNATIVA DE COSAS. LAS CONDENAS POR OBLIGACIONES
DE HACER Y DE NO HACER EN EL PROYECTO DE CÓDIGO VIGENTE.
SANCIONES POR EL INCUMPLIMIENTO DE LO CONDENADO. EJECUCIÓN DE
SENTENCIAS EXTRANJERAS.

MODOS DE LA EJECUCIÓN. NOCIÓN PRELIMINAR.


Para el procedimiento cognoscitivo existe un proceso común (juicio
ordinario, breve, oral o especial), pero en cuanto a la ejecución sus modos
o formas varían según la naturaleza de la obligación declarada en la
sentencia o reconocida por el deudor en el título extrajudicial.
Puede afirmarse que cada obligación tiene un procedimiento especial
de ejecución (Cfr. Alsina) y que "cada título tiene su forma particular de
llegar hasta el fin propuesto" (Couture).
SENTENCIAS QUE CONDENAN A DAR.
A. Cantidad líquida de dinero. Cuando en la sentencia se ordena
pagar una cantidad determinada de dinero, se pueden dar los siguientes
modos de ejecución:
a1. Si la suma se encuentra visiblemente en el patrimonio del deudor
condenado (ejecutado), la ejecución se cumple tomando la suma de donde
se encuentre y entregándola al acreedor, más las costas.
Debe destacarse que cuando se embarga dinero en efectivo no es
menester embargar el doble de la cantidad condenada a pagar, sino que
será embargable solo el monto en cuestión, más las costas de ejecución,
no siendo necesario cumplir los actos de publicidad, justiprecio y remate.
a2. Si no hubiere dinero en efectivo visible en el patrimonio del
ejecutado, se procederán entonces conforme lo establecido en el artículo
527 del CPC:
"Si la condena hubiere recaído sobre cantidad líquida de
dinero, el Juez mandará embargar bienes propiedad del
deudor, que no excedan del doble de la cantidad y costas por
las cuales se siga ejecución".
En este caso, con el embargo lo que se persigue es sustraer bienes
suficientes del patrimonio del deudor para, o transformarlos en dinero
efectivo por vía de enajenación en pública subasta y con el producto de la
venta pagar al acreedor, o adjudicar esos bienes al ejecutante para
satisfacer su acreencia, supuesto este último que se desprende del
contenido del artículo 568 del CPC.
28

Sobre la cantidad líquida que se condene a pagar, es indispensable


que esa cantidad esté claramente precisada en el fallo o, por lo menos, si
no está claramente precisada, que con una simple operación aritmética se
pueda establecer el monto.
En un caso en que el Tribunal de la causa condenó a pagar la suma
debida en forma determinada y unos intereses vencidos y por vencer sin
determinarlos, la Sala Civil casó el fallo por la imposibilidad de su
ejecución. Dijo la Sala entonces:
"Esta Corte considera que la expresada condenatoria al pago
de intereses no es expresa, positiva y precisa, porque con los
elementos contenidos en dicho dispositivo es imposible
determinar el monto de los réditos que debe pagar la
demandada a la actora. En efecto, con los solos datos
suministrados en el dispositivo sobre el monto del capital, tasa
mensual de interés, y la simple alusión a la fecha, que allí no
se indica, de la introducción de la demanda, se colocaría al
juez ejecutor del fallo en la imposibilidad de conocer o calcular
la cuantía de los referidos intereses".
(Omissis)
"Para tratar de determinar el monto de dichos intereses sería
necesario que el juez ejecutor procediera a realizar, no un
simple cálculo aritmético, sino un completo estudio de los
datos pertinentes que pudieren encontrarse en el fallo, para en
esa forma poder llegar a alguna conclusión sobre la materia.
Ello revela que la sentencia del juez de la causa no contiene
decisión expresa, positiva y precisa sobre la condenatoria de
intereses, puesto que para conocer en ese punto el alcance de
su dispositivo debe ser sometida a un proceso de
interpretación y complementación por el juez de la ejecución"
(Sent. de 6-8-69. Caso: Ana Popelka c/ María J. Soto F. de
Montiel. Ramírez: T. 22, N° 390-69, pp. 281-284).
B. Cantidad ilíquida de dinero.
Cuando no esté líquida la cantidad condenada a pagar, el juez
deberá ordenar su liquidación haciendo uso del procedimiento previsto
para la experticia complementaria del fallo en el artículo 249 del CPC,
en todo cuanto sea aplicable. La liquidación del monto la harán tres
peritos que se nombrarán uno por cada parte, asociados a un tercero que
elegirán las partes de mutuo acuerdo o que designará el Tribunal si ese
acuerdo no se da. Se trata en este caso, obviamente, de la incorporación
perfectamente válida dentro del procedimiento de ejecución de sentencia
de un proceso cognoscitivo, en el cual las partes pueden reclamar sobre la
decisión de los peritos, alegando que están fuera de los límites de lo
ordenado del Tribunal, o de lo condenado a pagar, o que es inaceptable la
estimación por excesiva o exigua, caso en el cual el Tribunal debe oír a los
29

asociados que hubieren concurrido a dictar el fallo en primera instancia, si


tal hubiere sido el caso, y en su defecto, a otros dos peritos de su elección
para decidir sobre lo reclamado, con facultad para fijar definitivamente el
monto líquido de lo condenado, siendo apelable libremente lo determinado.
Una vez que lo condenado a pagar ya sea líquido, se procederá al
embargo como si se tratare de cantidad líquida de dinero.
C. Cuerpo cierto (bien mueble o inmueble).
c1. La cosa está en el patrimonio del deudor.
En este supuesto, la ejecución forzosa se puede cumplir en especie.
Así:
c1.1. Cuando la sentencia ordena entregar una cosa mueble o una
inmueble, la ejecución se verifica extrayendo la cosa de la esfera de
influencia del ejecutado, mediante actos de desapoderamiento material, y
poniéndola en manos del ejecutante, haciendo uso de la fuerza pública si
fuere necesario, tal como lo ordena el artículo 528 del CPC.
c1.2. Si se trata de joyas y alhajas, se las tomará de donde se
encuentren a esos fines, aún cuando el propio ejecutado las tenga sobre su
cuerpo, al menos así lo opina Hugo Alsina quien en su obra Tratado
Teórico Práctico de Derecho Procesal Civil y Comercial relaciona un caso
ocurrido en Argentina.
c1.3. Si se trata de un bien mueble propiedad del ejecutado poseído
por un tercero, no existe ninguna dificultad en cuanto al
desapoderamiento material para entregarlo al ejecutante, habida cuenta
que se cumple con el requisito legal de la propiedad en la esfera jurídica
del ejecutado.
c1.4. Si se trata de un bien inmueble propiedad del ejecutado
poseído por un tercero por virtud de un contrato de arrendamiento opera
la ejecución y corresponderá al tercero probar su condición de
arrendatario (o de tercero con derecho exigible sobre la cosa, en otro caso),
a fin de que al rematarse el bien aquel a quien se adjudique respeto ese
derecho (v. art. 546 CPC).
c1.5. Si el bien es un inmueble ocupado por el propio ejecutado, el
Tribunal deberá fijar, ajustado en lo posible a las disposiciones sobre
regulación de alquileres, la cantidad que dicho ejecutado debe pagar para
continuar ocupándolo durante el proceso de la ejecución y hasta el
momento del remate. Todo ello de conformidad con lo establecido en el
artículo 537 del CPC, conforme al cual, también, los pagos los deberá
efectuar el ejecutado por mensualidades anticipadas, so pena de que el
Tribunal ordene la desocupación del inmueble, llevándolo a cabo con el
uso de la fuerza pública si fuere necesario.
30

c1.6. Si la condena versa sobre cosas in genere (aquellas que son


apreciables por su número, calidad o medida y que son sustituibles por
otras), la ejecución forzosa en especie es perfectamente verificable, salvo la
imposibilidad de lograrlo, caso en el cual se procederá a darle valor al bien
a los fines de hacer líquida la obligación, en los términos del artículo 527
del CPC, cumplido lo cual se procederá como en los casos de obligaciones
líquidas de dinero, embargando bienes propiedad del deudor.
c2. La cosa no está en el patrimonio del deudor.
En este caso el cumplimiento forzoso en especie es imposible y el
mismo debe verificarse por equivalente. Así:
c2.1. Si se tratare de una cosa mueble que no puede ser habida, a
petición del solicitante (quien, a nuestro criterio, puede ser el propio
ejecutado) y por resolución del Tribunal se podrá estimar su valor para el
cumplimiento por equivalente (habida cuenta de la imposibilidad del
cumplimiento en especie). En este caso se deberá proceder así:
 Como se trataría de un caso de cantidad ilíquida, habría que
liquidarla como se prevé en el artículo 527 del CPC.
 Ya liquidada la cantidad se procederá como si se tratara de una
condena a pagar cantidad líquida de dinero, procediéndose al
embargo.
c2.2. Si se tratare de una cosa inmueble (como el caso de las
bienhechurías construidas sobre terreno municipal, por ejemplo) que ha
perecido (incendio, p. ej.), pensamos que el cumplimiento deberá
verificarse de la misma forma por equivalente, con previa liquidación,
como se ejecuta la condena de cosa mueble que no puede ser habida.
SENTENCIAS QUE CONDENAN A HACER.
Cuando la condena recaiga sobre una obligación de hacer por parte
del ejecutado, su cumplimiento en especie sólo será posible de manera
voluntaria por su parte.
En nuestro Derecho, el supuesto está regulado en el artículo 529 del
CPC. Empero, sustantivamente en el encabezamiento del artículo 1.266
del Código Civil se prevé:
"En caso de no ejecución de la obligación de hacer, el acreedor puede ser
autorizado para hacerla ejecutar él mismo a costa del deudor".
De consiguiente:
A. Si la obligación es personalísima:
En este supuesto el acreedor nunca podrá obtener el cumplimiento
en especie si el deudor se niega a cumplirla, quedándole tan solo la
alternativa del cumplimiento por equivalente, dándole valor a esa
obligación incumplida, liquidando la cantidad como se prevé en el artículo
31

527 del CPC y procediendo luego de liquidada la cantidad al embargo de


bienes propiedad del deudor.
B. Si la obligación no es personalísima:
En este supuesto se pueden dar estas dos posibilidades:
a. Si el deudor se negare al cumplimiento voluntario de la obligación
y la misma puede ejecutarse por otra persona (construir un paredón, p.
ej.), podrá el juez autorizar al acreedor, a solicitud suya, para hacer
ejecutar él mismo la obligación a costa del deudor, obteniendo así un
cumplimiento en especie.
b. El acreedor obtiene el cumplimiento por equivalente, procediendo
como si se tratara de una cantidad ilíquida de dinero, dando valor a la
obligación en los términos del artículo 527 del CPC y luego procediendo al
embargo de bienes propiedad del deudor, por darse una cualquiera de las
siguientes razones:
b1. El acreedor opta por no pedir la autorización judicial para hacer
ejecutar él mismo la obligación a costa del deudor.
b2. La naturaleza de la obligación no permite la ejecución en especie.
b3. La naturaleza de la obligación hace que la ejecución en especie
resulte demasiado onerosa.
C. Si la obligación es un hecho abstracto:
Si lo condenado a hacer es un hecho abstracto, que no sólo no
requiere de la intervención personal del deudor, sino que se puede dar por
realizado por voluntad de la ley, entonces es posible la ejecución forzosa en
especie por la misma sentencia, que de ese modo se convierte en un medio
indirecto de ejecución in natura. Es el caso concreto previsto en el artículo
531 del CPC, conforme al cual,
"Si la parte que resulte obligada, según la sentencia, a concluir
un contrato, no cumple su obligación, y siempre que sea
posible y no esté excluído por el contrato, la sentencia
producirá los efectos del contrato no cumplido. Si se trata de
contratos que tienen por objeto la transferencia de la
propiedad de una cosa determinada, o la constitución o la
transferencia de otro derecho, la sentencia sólo producirá
estos efectos si la parte que ha propuesto la demanda ha
cumplido su prestación, de lo cual debe existir constancia
auténtica en los autos".

SENTENCIAS QUE CONDENAN A NO HACER.


Al igual que en el caso de las obligaciones de hacer, cuando la
condena recaiga sobre una obligación de no hacer por parte del ejecutado,
32

su cumplimiento en especie sólo será posible de manera voluntaria por su


parte.
En nuestro Derecho el supuesto está regulado en el artículo 529 del
CPC. Empero, al igual que en el caso de las obligaciones de hacer, en las
de no hacer el único aparte del artículo 1.266 del Código Civil estatuye,
para el caso de incumplimiento, lo siguiente:
"Si la obligación es de no hacer, el deudor que contraviniere a
ella quedará obligado a los daños y perjuicios por el solo hecho
de la contravención".
De su parte, el artículo 1.268 eiusdem, dispone:
"El acreedor puede pedir que se destruya lo que se haya hecho
en contravención a la obligación de no hacer, y puede ser
autorizado para destruirlo a costa del deudor, salvo el pago de
los daños y perjuicios".
De consiguiente:
A. El incumplimiento puede ser borrado:
a1. Si el incumplimiento del deudor puede ser borrado, la ejecución
forzosa en especie se puede obtener por medio indirecto, autorizando el
Tribunal al acreedor, a solicitud suya, para que haga destruir lo que se
haya hecho en contravención de la obligación de no hacer.
a2. En otro supuesto, el acreedor obtiene el cumplimiento por
equivalente, procediendo como si se tratara de una cantidad ilíquida de
dinero, dando valor a la obligación en los términos del artículo 527 del
CPC y luego procediendo al embargo de bienes propiedad del deudor, por
darse una cualquiera de las siguientes razones:
b1. El acreedor opta por no pedir la autorización judicial para hacer
ejecutar él mismo la obligación a costa del deudor.
b2. La naturaleza de la obligación no permite la ejecución en especie.
b3. La naturaleza de la obligación hace que la ejecución en especie
resulte demasiado onerosa.

B. El incumplimiento no puede ser borrado:


Si se da el caso de que el incumplimiento del deudor no puede ser
borrado (el caso Montaner, p. ej., quien por contrato con un canal de
televisión no podía cantar en otro canal y sin embargo lo hizo), la ejecución
nunca podrá permitir la ejecución en especie, sino por equivalente como
resarcimiento de daños y perjuicios.
SENTENCIAS QUE CONDENAN A LA ENTREGA ALTERNATIVA DE COSAS.
33

El artículo 530 del CPC, dispone:


"Si en la sentencia se hubiere condenado alternativamente a la
entrega de una de varias cosas y el deudor a quien
corresponda la elección no diere cumplimiento a la sentencia
en el lapso indicado en el artículo 524, el acreedor puede pedir
la entrega de una cualquiera de ellas, a su elección, y se
procederá como indica el artículo 528 de este Código; todo sin
perjuicio de lo previsto en la Sección Tercera, Capítulo II,
Título Tercero, Libro Tercero, del Código Civil para los casos en
que ha perecido una o todas las cosas prometidas
alternativamente".
Cabe decir que conforme a las reglas de las obligaciones alternativas
contenidas en el Código Civil:
1. El deudor de una obligación alternativa se libera con la entrega
de una cualquiera de las cosas comprendidas en la obligación.
2. La elección de esa cosa liberatoria corresponde al deudor, salvo
que se le haya concedido expresamente al acreedor.
3. Cuando el deudor no cumpla naturalmente con su obligación y
sea demandado para ello y fuere condenado alternativamente a la
entrega de una de varias cosas, el acreedor puede solicitar que se
le entregue una cualquiera de ellas, a su elección, salvo el
derecho del deudor de liberarse entregando en ese momento al
acreedor una cualquiera de las otras.
4. Si la elección correspondía al acreedor y éste no lo hace después
del vencimiento de la obligación, el deudor puede pedir al juez
que le acuerde un plazo al acreedor para que haga la elección y si
este plazo vence sin la elección, entonces el deudor ejercerá la
opción.
5. En el caso de perecimiento, se pueden dar los siguientes
supuestos:
 Si para el momento de la exigibilidad sólo una cosa subsiste
o cuando solo una de las cosas prometidas puede ser objeto de
obligación, entonces la obligación se tendrá por pura y simple.
No podrá el deudor en estos supuestos ofrecer el precio de la
cosa en lugar de ésta.
 Si todas las cosas han perecido y una de ellas ha perecido
por culpa del deudor, deberá él pagar al acreedor el precio de
la última en perecer.
 Si la elección corresponde al acreedor:
 Todas las cosas han perecido, menos una, sin culpa
del deudor, el acreedor debe recibir la que subsista.
34

 Todas las cosas han perecido, menos una, por culpa


del deudor, quedará a elección del acreedor aceptar
recibir la que subsista o el precio de cualquiera de las
otras.
 Todas las cosas han perecido, sea que todas lo
hayan sido por culpa del deudor, sea que unas lo
hayan sido por su culpa y otras no, el acreedor podrá
exigir el precio de cualquiera de ellas.
 Sin antes de la mora del deudor todas las cosas han
perecido sin su culpa, la obligación se extingue de
conformidad con lo establecido en el artículo 1.344 del
CC (pérdida de la cosa debida).
LAS CONDENAS POR OBLIGACIONES DE HACER Y DE NO HACER EN EL
PROYECTO DE CÓDIGO VIGENTE.
El artículo 529 proyectado era del tenor siguiente:
"Si en la sentencia se hubiere condenado al cumplimiento de
una obligación de hacer o de no hacer, se determinará el
crédito en una cantidad de dinero, y luego se procederá como
se establece en el artículo 527".
"Sin embargo, a solicitud del acreedor éste puede ser
autorizado por el Juez para ejecutar él mismo la obligación de
hacer o para destruir lo que se haya hecho en contravención a
la obligación de no hacer, a costa del deudor".
"En estos casos, el Tribunal indicará la forma de la ejecución y
ordenará que se determine mediante peritos los gastos de la
misma, procediéndose luego como si se tratara del pago de
cantidad de dinero".
Leopoldo Márquez Añez, para justificar la radical transformación del
texto de la norma proyectada a la norma sancionada, expresa lo siguiente:
"Con respecto a la ejecución de las sentencias que condenaren
al cumplimiento de obligaciones de hacer o de no hacer, ya el
artículo 529 del Proyecto original contemplaba explícitamente
esta modalidad de ejecución, para cubrir la ostensible laguna
que en la materia presentaba el código de 1.916 (sic), y con él
toda la legislación procesal anterior que rigió en Venezuela. En
este sentido, el artículo 529 del Proyecto original, si bien
contemplaba esta especie de cumplimiento de obligaciones de
hacer o de no hacer, ciertamente estipulaba como regla
general la de que se debía determinar el crédito en una
cantidad de dinero y procederse como se establecía en el
artículo 527, es decir, como en los casos de condena recaída
sobre cantidad líquida de dinero. Excepcionalmente, por
solicitud del acreedor, el juez podía autorizar a éste para que
35

ejecutara la obligación de hacer o para destruir lo hecho en


contravención a la obligación de no hacer, a costa del deudor.
Se preveía también que en estos casos el tribunal indicaría la
forma de la ejecución y ordenaría que se determinase mediante
peritos los gastos de la misma, procediéndose luego como si se
tratara del pago de cantidad de dinero. Observaciones
recibidas por la Comisión Redactora y por la Comisión
Legislativa de estudiosos en la materia, aconsejaron una
detenida revisión de este artículo, a objeto de lograr una
formulación más completa, y más acorde con la orientación
general de la doctrina, y del derecho procesal comparado
habida cuenta del contenido y finalidad de los artículo 1.266 y
1.268 de nuestro Código Civil. Ha expresado José Melich
Orsini (La ejecución forzosa en especie de las obligaciones de
hacer y de no hacer, en Estudios de Derecho Civil, páginas
128 y siguientes), que una opinión extendida entre
procesalistas observa que no toda satisfacción del acreedor a
través de un sustituto de la conducta no puesta por el deudor
constituye propiamente ejecución forzosa en forma específica,
y que de esta observación se suele sacar la consecuencia de
que no bastan los textos de los artículos 1.266 y 1.268 del
Código Civil Venezolano para apoyar la afirmación de existir
entre nosotros verdadera y propia ejecución forzosa en especie
de las obligaciones de hacer y de no hacer, y que, por el
contrario, la ausencia en nuestro ordenamiento procesal de
normas dirigidas a autorizar y regular expresamente la invasión
de la esfera jurídica del deudor en los casos en que la actividad
sustitutiva deba cumplirse en el ámbito posesorio del deudor,
debe conducir a la conclusión de que los citados textos del
Código Civil configuran apenas un medio indirecto de
liquidación de los daños, o, si se prefiere, un procedimiento para
hacer viable el resarcimiento del daño en forma específica.
Agrega Melich Orsini que se ha afirmado que para que los
artículos 1.266 y 1.268 del Código Civil pudieran constituir
verdaderas formas de ejecución forzosa en forma específica,
sería necesario que, como complemento de ellas, existieran
normas procesales que autorizaran todavía la penetración por la
fuerza en la esfera posesoria del deudor para realizar la
conducta sustitutiva contra la voluntad del mismo; y que
mientras no se haga una reforma de nuestro Código de
Procedimiento Civil que incluya en él normas análogas a las de
los artículos 612 a 614 del vigente Código de Procedimiento Civil
italiano, debe excluirse que en nuestro ordenamiento positivo
exista verdadera y propia ejecución forzosa en forma específica
de las obligaciones de hacer y de no hacer, con la única
excepción del caso de la obligación de entregar una cosa mueble
36

o inmueble que ya regula el artículo 449 del Código de


Procedimiento Civil, en donde, ciertamente, sí se obtendría
contra la voluntad del deudor, y por el empleo de la fuerza
pública, el mismo resultado práctico que debió obtenerse con el
espontáneo acto de entrega de la cosa por parte del deudor
(Obra citada, página 130)".
"El artículo 612 del Código de Procedimiento Civil italiano,
establece que quien pretende obtener la ejecución forzada de
una sentencia de condena por violación de una obligación de
hacer o de no hacer debe pedir al pretor que se determinen las
modalidades de la ejecución; el artículo 613 autoriza al oficial
judicial para hacer uso de la fuerza pública; y el artículo 614
dispone que al término de la ejecución, o en el curso de ella, la
parte ejecutora debe presentar la estimación de las costas y el
pretor provee sobre ellas por decreto. En resumen pues, las
citadas disposiciones del Código de Procedimiento Civil italiano
consagran expresamente la posibilidad de ejecución forzada de
las obligaciones de hacer y de no hacer. Es útil tomar en
consideración que de acuerdo al artículo 2.931 del Código Civil
italiano, "Si no se cumple una obligación de hacer, el derecho
habiente puede obtener que la misma se ejecute a costa del
obligado en las formas establecidas por el Código de
Procedimiento Civil"; y el artículo 2.933 dispone: "Si no se ha
cumplido una obligación de no hacer, el derecho habiente
puede obtener que se destruya, a costa del obligado, lo que se
ha hecho en violación de la obligación. No se puede ordenar la
destrucción de la cosa y el derecho habiente puede conseguir
sólo el resarcimiento de los daños, si la destrucción de la cosa
es perjudicial para la economía nacional".
"En esta línea se ubicó la modificación del artículo 529 del
Proyecto original, es decir, en la línea de asegurar como regla
general, y como principio procesal destacado, la de la
ejecución forzosa de las obligaciones de hacer y de no hacer,
regla y principio que quedan excluidos únicamente, cuando el
acreedor no formule la solicitud, o cuando la naturaleza de la
obligación no permita la ejecución en especie, o la hiciere
demasiado onerosa" (El Nuevo Código de Procedimiento Civil.
Fondo de Publicaciones UCAB-Fundación Polar. Caracas,
1988. pp. 222-224).

SANCIONES POR EL INCUMPLIMIENTO DE LO CONDENADO.


En algunas legislaciones, el incumplimiento por parte del deudor de
lo condenado en la sentencia le apareja sanciones. Es el caso por ejemplo
37

del astreintes del Derecho francés y del specific perfomance del Derecho
angloamericano.
El astreintes consiste en una coacción económica contra el
condenado, representado en el pago diario de una suma de dinero hasta el
cumplimiento definitivo. La doctrina ha considerado que este mecanismo
se presta a la arbitrariedad del juez y a la desproporción en la fijación del
monto a cancelar.
De su parte, el specific perfomance sujeta al deudor al poder
disciplinario del juez, sin derecho a la defensa. A este mecanismo se le
denomina también contempt of Court.
En el Código Arandino (1836), si no se cumplía en tres días la
sentencia ejecutoriada, se apremiaba al deudor con multas diarias que se
iban duplicando en proporción a la resistencia del vencido, y si él no tenía
con que pagar, a solicitud de la contraparte se le podía reducir a prisión.
EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EXTRANJERAS.
Se regula la eficacia en Venezuela de los actos de autoridades
extranjeras en los artículos 850 al 858 del Código de Procedimiento Civil
(Libro Cuarto, Parte Primera, Título X).
En una sentencia emblemática de la Sala Político-Administrativa, se
precisaron importantes aspectos del exequátur, tales como la naturaleza de
la sentencia que lo concede, sus efectos y los requisitos de forma y de
fondo para la procedencia del pase a la sentencia extranjera (V. sent. del
12-12-96. Ponente: Hildegard Rondón de Sansó. Exp. 9.145. Sent. 841.
Pierre: A. 96, T. 12, pp. 321-332). Son los siguientes los detalles de la
decisión bajo comentario:
Naturaleza de la sentencia de exequátur.
"...el rol de la sentencia de exequátur consiste en certificar,
resolver o aplicar en el Estado receptor lo que certificó, resolvió
o aplicó el juez sentenciador. En consecuencia, se trata de dos
sentencias independientes, con el mismo contenido. La
sentencia de exequátur es de naturaleza constitutiva en el
sentido puramente procesal. Como afirma Luis Loreto '...Su
momento constitutivo está en abrirle la frontera a los efectos
jurisdiccionales, ya producidos en el exterior, que ahora se
reciben en el ordenamiento doméstico como si fuesen
propios...".

Efectos de la sentencia de exequátur.


"La naturaleza procesalmente constitutiva de la sentencia de
exequátur determina sus efectos jurídicos que son de carácter
formal y que consisten en otorgar, a la sentencia extranjera, la
38

fuerza ejecutoria en el Estado receptor. Los efectos materiales


ya preexistían, en la sentencia extranjera, por ello deben
considerarse como producidos desde la fecha en que quedó
ejecutoriado y firme el fallo extranjero...Por ende, los efectos de
la sentencia extranjera deben considerarse recibidos en el
ordenamiento jurídico del Estado receptor ex tunc. Esta
consecuencia reviste una particular importancia: ella permite
considerar legalmente válidos y eficaces actos y situaciones
jurídicos producidos anteriormente por la sentencia
extranjera".
Requisitos de forma y de fondo que deberán cumplirse para el
exequátur de una sentencia extranjera.
1. Reciprocidad (art. 850).
"Por cuanto el Código de Procedimiento Civil exige que se
pruebe la reciprocidad con instrumento fehaciente, esta Corte
aplica, analógicamente, los medios de prueba señalados en el
Código Bustamante, que consisten en: una copia certificada y
legalizada de las normas extranjeras respectivas; o una
declaración de dos abogados en ejercicio en el país de donde
proviene la sentencia. Este documento debe encontrarse
debidamente certificado y legalizado y ser de fecha
'prudencialmente reciente', es decir, de fecha cercana".
En la Integración y Comentario de la Exposición de Motivos del Código
de Procedimiento Civil de Leopoldo Márquez Añez, se lee sobre el punto de
la reciprocidad:
"El requisito de la reciprocidad, que ciertamente no aparecía
en el texto original del Proyecto, fue incorporado por la
Comisión Legislativa a sugerencia del Ministerio de Relaciones
Exteriores, que en oficio de 19 de junio de 1985 expresó al
respecto lo siguiente: 'Luego de revisados los textos propuestos
por la comisión que usted dignamente coordina, consideramos
procedente hacerle ciertas observaciones en aras de contribuir,
en la medida de lo posible, con la labor legislativa que sobre el
particular adelanta el Congreso Nacional. Así pues, el artículo
850 del Proyecto debiera conservar en su redacción la
exigencia de la prueba documental de la reciprocidad, en
idéntica forma a la establecida en el artículo 747 del Código de
Procedimiento Civil actual. Efectivamente, como quiera que el
sistema de la reciprocidad legal ha sido el adoptado en nuestro
ordenamiento jurídico procesal desde 1897, creemos que éste
deba mantenerse ya que es el que informa todas nuestras
relaciones de derecho internacional salvo, claro está, en
aquellos casos en que el Pase o Exequatur se conceda a los
fallos extranjeros por reciprocidad convenida en tratados
39

públicos suscritos a este fin. En consecuencia merece todo


respeto la observación que los proyectistas formularon al
citado artículo 850" (El Nuevo Código de Procedimiento Civil.
Fondo de Publicaciones UCAB-Fundación Polar. Caracas,
1988, p. 281).
2. Competencia del juez sentenciador (art. 851, ord. 1°).
"La jurisdicción debe entenderse aquí como la facultad que
tienen los tribunales de impartir justicia. La competencia es la
medida de la facultad jurisdiccional. Desde el punto de vista
internacional, las expresiones jurisdicción y competencia
procesal internacional son equivalentes, por cuanto ambas se
refieren a la competencia general que corresponde al Estado
sentenciador y no a su competencia interna. En consecuencia,
el Estado venezolano ejerce control respecto a las sentencias
extranjeras únicamente en lo que concierne a la competencia
internacional del Estado sentenciador en su conjunto,
competencia esta que, a falta de normas expresas, se
determina mediante la aplicación analógica de las normas que
regulan la competencia procesal internacional de los propios
tribunales venezolanos (competencia directa). Dichas normas
son las contenidas en los artículos 53, 54 y 57 del Código de
Procedimiento Civil, con las restricciones previstas en el
artículo 2 eiusdem que establece, de manera expresa, un límite
convencional a la derogatoria de la jurisdicción venezolana en
favor de una jurisdicción extranjera, cuando se trate de bienes
inmuebles o situados en Venezuela o sobre otras materias que
interesen al orden público o las buenas costumbres. Por
consiguiente, en aquellos casos en que la sentencia extranjera,
cuyo pase se solicita, verse sobre una controversia en materia
de bienes inmuebles situados en Venezuela o sobre otras
materias que interesen al orden público, se estará arrebatando
la jurisdicción a los tribunales venezolanos y no podría tener
dicha sentencia eficacia en Venezuela".
3. Cosa juzgada de la sentencia de acuerdo a la ley del Estado
sentenciador (art. 851, ord. 2°).
4. La sentencia debe ser dictada en materia civil o mercantil, o, en
general, en materia de relaciones jurídicas privadas (art. 851, ord. 3°).
5. La parte demandada en el juicio debió ser debidamente citada
(art. 851, ord. 4°).
6. La sentencia no debe chocar contra una sentencia firme dictada
por un Tribunal venezolano (art. 851, ord. 5°).
7. La sentencia no debe ser contraria al orden público ni debe violar
en forma alguna el orden jurídico venezolano (art. 851, ord. 6°).
40

8. Requisitos de forma (art. 852).


En resumen:
1. Sólo la Corte Suprema de Justicia, en Sala Político-Administrativa,
puede ordenar la ejecución de una sentencia extranjera.
2. Sin ese pronunciamiento del máximo Tribunal, la sentencia
extranjera no produce efecto alguno en el país, por tanto no goza
del atributo de la cosa juzgada ni puede ejecutarse.
3. Producirán efecto en Venezuela, por aplicación de la reciprocidad,
las sentencias de países que acepten la eficacia de la sentencias
nacionales, sin revisión de fondo, lo cual debe ser probado por
instrumento fehaciente.
4. Requisitos de validez:
 Que no se haya arrebatado la jurisdicción a Venezuela (arts. 53
y ss del CPC).
 Que la sentencia que aspira el exequátur haya causado
ejecutoria en el país de origen.
 Que el objeto del dispositivo del fallo verse sobre relaciones
privadas.
 Que en el proceso originario se haya dado y respetado la
garantía del derecho a la defensa del demandado.
 Que la sentencia extranjera no colida con una sentencia
venezolana.
 Que la sentencia no viole el orden público interno ni el orden
público internacional.
 Que la pretensión de exequátur conste en una solicitud escrita
de ejecución, acompañada con las pruebas auténticas
requeridas.
 Que la persona contra quien obrará la sentencia sea citada para
comparecer y alegar en un lapso de 10 días hábiles más el
término de distancia.
 Que si no comparece, se le designe un defensor judicial de
conformidad con lo establecido en el artículo 39 de la Ley
Orgánica de la Corte Suprema de Justicia.
 En los casos no contenciosos, será el Juez Superior quien de el
pase.
La sentencia extranjera como medio de prueba.
Dispone el artículo 850 del Código de Procedimiento Civil que sin la
declaratoria por la Corte Suprema de Justicia de la ejecutoria de la
41

sentencia extranjera, ésta no tendrá ningún efecto, ni siquiera como medio


de prueba.
Leopoldo Márquez Añez, en la Integración y Comentario de la
Exposición de Motivos del Código de Procedimiento Civil, expresa lo
siguiente:
"En cuanto a la negativa de reconocimiento a la sentencia
dictada por tribunales extranjeros como medio de prueba, se
trata ciertamente de un asunto delicado, que ha sido objeto de
críticas, pero que se justifica como una necesaria declaración
de principios, a objeto de evitar que por vía de la consideración
de la sentencia extranjera como medio de prueba, pueda
abrirse paso a una peligrosa situación, pues el concepto
mismo de la sentencia extranjera como medio de prueba no se
encuentra definitivamente esclarecido ni en la doctrina
procesal, ni en la doctrina del derecho internacional privado.
Se trata pues, de haberse adoptado una posición conservadora
cuyas atenuaciones y correctivos corresponderá establecer a la
propia Corte Suprema de Justicia, ya que desde el punto de
vista conceptual la línea de demarcación entre la sentencia
como documento, indicativa e ilustrativa de hechos, y la
sentencia como acto jurisdiccional de decisión propiamente
dicho, es en extremo tenue, y de consiguiente expuesta a muy
peligrosas confusiones" (El Nuevo Código de Procedimiento
Civil. Fondo de Publicaciones UCAB-Fundación Polar. Caracas,
1988, pp. 281-282).
En la sentencia antes comentada se lee sobre el particular:
"Este criterio (se refiere la sentencia a la necesidad del pase
para que pueda surtir efectos en Venezuela la sentencia
extranjera) fue acogido por nuestra doctrina y aplicado por
nuestro máximo Tribunal en forma reiterada y constante, lo
cual reafirma la improcedencia de la discusión sobre la
necesidad o no de cumplir con el requisito de exequátur para
que toda sentencia extranjera tenga efecto en Venezuela, salvo
la lógica excepción, establecida ya en la citada sentencia
dictada en el año 1946 y que se refiere a '...efectos de
naturaleza probatoria que surjan de la sentencia, extranjera,
no como acto jurisdiccional, como decisión, sino como
documento público, o sea, en función puramente
instrumental...'.
"Esta excepción se ve seriamente comprometida con la
redacción actual del encabezamiento del artículo 850 del
Código de Procedimiento Civil que reproduce el artículo 746
del Código derogado, al atribuir competencia a la Corte
Suprema de Justicia para declarar la ejecutoria de las
42

sentencias de autoridades extranjeras, sin lo cual no tendría


ningún efecto, ni para producir cosa juzgada, para ser
ejecutada y, además, agrega la exigencia del juicio previo de
exequátur para que estas sentencias puedan desplegar eficacia
'como medio de prueba'. En efecto, resultará difícil condicionar
al juicio previo de exequátur la utilización de una sentencia
extranjera como simple prueba de que fue dictada en el país
sentenciador o de cualquier otro hecho, que ello contenga".
(Omissis)
"Así ratifica esta Sala el criterio expresado en la sentencia del
8 de febrero de 1946, en el caso Blanco Peñalver vs. Ortiz
Cordero, con el cual ha coincidido la jurisprudencia y doctrina
venezolanas. Por ello la correcta interpretación debería
relacionar el término 'ni como medio de prueba' solamente con
la prueba de efectos jurisdiccionales, quedando exceptuados
los efectos probatorios derivados de la sentencia considerada
como documento público, es decir, en su función puramente
instrumental".
43

III

CONTINUIDAD DE LA EJECUCIÓN. DEFENSAS CONTRA LA EJECUCIÓN. LA


TERCERÍA EN LA EJECUCIÓN DE SENTENCIA. RECURSO DE CASACIÓN EN
LA EJECUCIÓN DE SENTENCIA. DESISTIMIENTO EN LA EJECUCIÓN.

CONTINUIDAD DE LA EJECUCIÓN.
Es de principio (y principium est primus según las escolásticos) que
una vez iniciada la ejecución continúa de derecho y no se interrumpe. Así
está recogido en el artículo 532 del CPC.
Además, el procedimiento de ejecución de sentencia debe ser
sumario, en atención a la finalidad de efectuar el mandato legal.
Causales de interrupción de la ejecución.
1. El mutuo acuerdo de las partes, el cual debe constar en los autos,
puede suspender el curso de la ejecución por un tiempo determinado con
exactitud y no por tiempo indefinido. Así se establece en el artículo 525 del
CPC.
2. El alegato por parte del ejecutado de la prescripción de la
ejecutoria consumada, lo cual debe evidenciarse de las actas del proceso.
Así se dispone en el ordinal 1° del artículo 532 del CPC, pero si el
ejecutante alegare haber interrumpido la prescripción, deberá abrirse una
articulación probatoria por 8 días para promover y evacuar, debiendo el
juez decidir el noveno día, decisión contra la cual cabrá apelación
libremente si fuere ordenando la suspensión y en un solo efecto si fuere lo
contrario.
Conforme al único aparte del artículo 1.977 del CC, la acción que
nace de una ejecutoria prescribe a los veinte años.
3. El pago íntegro de todo lo ordenado por la sentencia, siempre que
sea alegado por el ejecutado en su oposición, acompañando en el mismo
acto prueba auténtica que demuestre el pago. De la decisión del juez
suspendiendo la ejecución se oirá apelación libremente y si fuere
ordenando la continuación, la apelación será oída en un solo efecto. Así se
establece en el ordinal 2° del artículo 532 del CPC.
4. Cuando un tercero se opusiere a la ejecución antes de haberse
ejecutado la sentencia y fundare su tercería en instrumento público
("instrumento público fehaciente" según la norma, lo que me parece una
reiteración innecesaria, pues el documento público "hace fe") o, cuando sin
presentar el requerido instrumento público, diere caución bastante, a
juicio del Tribunal, para suspender la ejecución. En todo caso, el tercero
será responsable por los daños que causare el retardo si su tercería
resultare desestimada. Así está establecido en el artículo 376 del CPC.
44

5. En el caso del juicio de invalidación, cuando el recurrente diere


garantía de las previstas en el artículo 590 del CPC, a fin de responder del
monto de la ejecución y del perjuicio por el retardo en caso de no
invalidarse el juicio. Así se prevé en el artículo 333 del CPC.
En la ejecución de la sentencia sólo pueden oponerse defensas que no
menoscaben la incontrovertibilidad de la cosa juzgada.
La Sala Civil ha sido reiterativa al sostener que en la ejecución de la
sentencia sólo pueden ejercerse defensas que no menoscaben la
inctrovertibilidad de la cosa juzgada.
Así, por ejemplo, en la sentencia dictada en fecha 14 de diciembre de
1994, con ponencia del Magistrado Aníbal Rueda, caso Construcciones y
Mantenimiento Sertec, S. R. L. C/ E. Llovera y otro, en la que, por
Casación de oficio, se dijo:
"En fase de ejecución sólo pueden oponerse hechos o
circunstancias que dejen incólume la verdad ya
incontrovertible de la res iudicata y así se infiere del mandato
del legislador, contenido en el artículo 532 del Código de
Procedimiento Civil, al establecer que, salvo acuerdo en
contrario de las partes, una vez comenzada la ejecución, ésta
continuará sin interrupción, excepto en dos (2) casos: 1°)
cuando el ejecutado alegue haberse consumado la prescripción
de la ejecutoria y así se evidencie de las actas del proceso, y 2°)
cuando el ejecutado alegue haber cumplido íntegramente la
sentencia mediante el pago, consignando en el mismo acto de
la oposición documento auténtico que así lo demuestre".
"Nuestra Ley Procesal no consagra ningún otro recurso en la
ejecución, que el que pudiera resultar de las alteraciones del
dispositivo pronunciado por el Juez ejecutor y dentro de estas
características no encaja una solicitud de reposición de la
causa al estado de notificación de la cónyuge del ejecutado,
por cuanto, no se está rematando la totalidad del bien
perteneciente a la comunidad conyugal sino los derechos pro
indivisos del ejecutado en ese bien, por efecto de la ejecución
de la sentencia adversa a sus intereses".
"La ejecución no es un estado del juicio sino una consecuencia
de la terminación del mismo".
"La incorporación del contenido del artículo 532 del Código de
Procedimiento Civil, en la normativa adjetiva pretende evitar la
paralización injustificada de la ejecución, mediante solicitudes
de reposición por vicios en la intimación o en el trámite de la
ejecución".
"Comoquiera que en el asunto examinado no era procedente la
reposición de la causa, ni mucho menos la nulidad del acto de
remate ni la de las actuaciones relacionadas con él, el
45

sentenciador de la recurrida infringió los artículos 15 del


Código de Procedimiento Civil al romper el equilibrio procesal y
el principio de igualdad de las partes y el 208 eiusdem por
ordenar indebidamente la reposición de la causa en una etapa
del juicio en la cual era improcedente decretarla y el artículo
532 del mismo Código Procesal, el cual señala los casos
taxativos que harían procedente la interrupción de la ejecución
de la sentencia; violaciones que la Sala declara de oficio en uso
de la facultad que le acuerda el artículo 320 del Código de
Procedimiento Civil" (Exp. N° 94-614. Ramírez: T. 132, N°
1169-94, pp. 547-548).
Como comentario a la sentencia que precede:
No nos parece cierto que "nuestra Ley Procesal no consagra ningún
otro recurso en la ejecución, que la que pudiera resultar de las
alteraciones del dispositivo pronunciado por el Juez ejecutor", porque no
cabe duda que en etapa de ejecución se pueden ejercer defensas de otra
naturaleza, tanto porque ello se desprende así del contenido del artículo
533 del CPC, ubicado en el Capítulo que se ocupa "de la continuidad de la
ejecución", como porque existen razones fundadas en los presupuestos
generales que permitirían esas otras defensas (sentencia no firme, o no
firmada por el Juez en los Tribunales unipersonales, o por alguno de los
Jueces en los colegiados; ausencia de instancia ejecutiva; no otorgamiento
de la oportunidad para el cumplimiento voluntario, considerado de orden
público por la misma Sala; embargo de cosas inembargables; etc.).
La falta de notificación del Procurador General de la República no es
causal de suspensión de la ejecución.
Así lo estableció la Sala Civil en fallo de fecha 30 de noviembre de
1994, con ponencia del Magistrado Héctor Grisanti Luciani:
"Ahora bien, en el caso bajo análisis, la decisión dictada en esta fase,
ordenó la continuación de la ejecución de la sentencia, en virtud de
que el artículo 532 del Código de Procedimiento Civil es claro al
señalar cuáles son los únicos casos en que podrá suspenderse la
ejecución y, entre ellos, no se encuentra establecido lo planteado por
el recurrente, es decir, a falta de notificación del Procurador General
de la República, a quien, en todo caso, lo que le quedaría sería
intentar el recurso de invalidación contra dicha sentencia, si lo cree
necesario para la defensa de los intereses que resguarda..." (Caso:
Auto Reconstrucciones Erika, C. A. C/ Ingenieros y Técnicos
Venezolanos, C. A. Ramírez: T. 132, N° 1126-94, pp. 473-474).
Paralización de la ejecución por inactividad del ejecutante.
Sala Civil:
46

"...en la etapa de ejecución de sentencia, no existe curso de la causa


que pueda ser paralizado por la inactividad del ejecutante, pues éste,
se repite, puede en cualquier momento, solicitar la continuación del
proceso de ejecución. (Sentencia del 23-7-63)".
"Adviértese que la ratio legis de la necesidad de citación a la
contraparte en el caso de que el juicio esté paralizado, es la de que
mientras tanto no debe transcurrir ningún término procesal dentro
del cual dicha parte puede ejercer algún derecho o facultad
relacionada con su defensa. Pero tal eventualidad no ocurre en la
etapa de ejecución, ya que, en esta fase, el proceso de conocimiento,
dentro del cual existe la posibilidad de defensa, está completamente
terminado y sólo resta hacer efectiva la declaración o la condena
contenida en el dispositivo del fallo, mediante los actos que permite
el Código de Procedimiento Civil, en el Título que trata "De la
ejecución de la sentencia", al cual la ley se remite, como se dijo, para
la ejecución de la hipoteca" (Sent. de 2-7-80. Caso: Alejandro
Augusto Betancourt González y otros c/ Modesta Campos de
Rodríguez Acosta. Ponente: Carlos Trejo Padilla. Pierre: A. 80, T. 7,
pp. 101-103).
DEFENSAS CONTRA LA EJECUCIÓN.
Como regla general, durante la ejecución solo pueden promoverse
defensas con respecto a los hechos y actos de la ejecución, sin que puedan
promoverse defensas correspondientes a los hechos y actos de la etapa
cognoscitiva del proceso. Sin embargo, durante la ejecución, si bien quien
hace los señalamientos a los fines del embargo es el ejecutante, se deben
proteger los derechos e intereses patrimoniales del ejecutado, para evitar
excesos que le produzcan perjuicios, habida cuenta que la ejecución
produce serios efectos sobre el patrimonio del ejecutado.
Entre las defensas que podrían ejercerse en la etapa de ejecución
estarían, por ejemplo, la incompetencia del juez de la ejecución, la falta de
capacidad del ejecutado, la no ejecutoriedad de la sentencia ejecutada, la
falta de firma del juez en la sentencia, la falta de firma de uno o más
jueces en el caso de tribunales colegiados, la falsedad material de la
sentencia, la inexistencia de la sentencia como título y no como verdad
declarada, la adulteración de la misma o la falsedad de la copia que la
prueba, la existencia de plazo pendiente para el cumplimiento de lo
ordenado en la sentencia, la falta de otorgamiento del lapso para el
cumplimiento voluntario, la falta de representación de quien actuando
como presunto apoderado ha solicitado la ejecución del fallo, que el juez de
oficio ordenó la ejecución voluntaria, que la ejecución se está verificando
contra quien no fue parte en el juicio, etc.
Una defensa muy particular que puede promoverse en ejecución lo
es la falta de jurisdicción.
47

Dispone el artículo 59 del Código de Procedimiento Civil, lo


siguiente:
"Artículo 59.- La falta de jurisdicción del Juez respecto de la
administración pública, se declarará aun de oficio, en
cualquier estado e instancia del proceso".
"La falta de jurisdicción del Juez venezolano respecto del Juez
extranjero, se declarará de oficio, en cualquier estado e
instancia del proceso cuando se trate de causas que tienen por
objeto bienes inmuebles situados en el extranjero".
"En cualquier otro caso, mientras no se haya dictado sentencia
sobre el fondo de la causa en primera instancia, la falta de
jurisdicción sólo podrá declararse a solicitud de parte".
"En todo caso, el pronunciamiento del Juez sobre la
jurisdicción se consultará en la Corte Suprema de Justicia en
Sala Político-Administrativa, conforme a lo dispuesto en el
artículo 62".
De modo que, si la falta de jurisdicción con respecto a la
Administración Pública se puede plantear por la parte interesada en
cualquier estado y grado del proceso (no misma cosa con respecto a la falta
de jurisdicción del juez venezolano con respecto al tercero que sólo se
declarará de oficio), y siendo la ejecución de la sentencia la última parte
del proceso, no cabe duda que esta etapa se puede plantear la falta de
jurisdicción del juez.
Sin embargo, la Sala Político-Administrativa tiene asumida una
posición contraria, la cual consignó en sentencia de fecha 8 de febrero de
1988. Dijo la Sala entonces:
"...la etapa de ejecución de la sentencia definitivamente firme recaída
no es un 'estado del proceso', porque éste ha concluido en su fase de
cognición, de manera que es la consecuencia de la terminación de la
contención o litis, por lo que es extemporáneo, en tal situación,
plantear una falta de jurisdicción" (Ponente: Pedro Alid Zoppi. Caso:
Administradora Faisa, C. A. c/ Mercedes González Falagan. Gaceta
Forense. Tercera Etapa. Año 1988 (Enero-Marzo). Vol. I. N° 139, pp.
153-156).
Integraban la Sala para aquel entonces los Magistrados René De
Sola (Presidente), Domingo A. Coronil (Vicepresidente), Pedro Alid Zoppi,
Josefina Calcaño de Temeltas y Luis H. Farías Mata.
En decisión más reciente, de fecha 7 de noviembre de 1996, la Sala
(con otra integración) ratificó el criterio, pero esta vez salvó su voto la
Magistrada Hildegard Rondón de Sansó, voto salvado con el que coincido
plenamente. Este es el texto del voto salvado:
48

"...considera la disidente que la interpretación que se dé del


artículo 59 del Código de Procedimiento Civil, debe atenerse
estrictamente a su sentido, por lo cual, si el mismo establece
que la falta de jurisdicción puede oponerse 'en cualquier
estado e instancia del proceso', no puede excluirse como lo
hace el fallo, la fase de ejecución. Se plantea la disidente la
hipótesis de que la indicada ejecución hubiese sido remitida a
un Tribunal arbitral, y se discutiese el cumplimiento de la
misma, sí podría plantearse una regulación de jurisdicción.
Existen múltiples hipótesis en las cuales puede valederamente
plantearse la duda sobre la potestad de un órgano
jurisdiccional para poner fin en definitiva a una controversia y
satisfacer la pretensión de alguna de las partes, casos en los
cuales debe admitirse que por la vía del recurso de regulación
de jurisdicción se determine la autoridad que ha de satisfacer,
mediante la ejecución los derechos vencedor en la litis"
(Ponente: Humberto J. La Roche. Caso: Amercoat de
Venezuela, S. A. y otra. Exp. 12.640. Sent. 711. Pierre: A. 96,
T. 11, pp. 339-341).
Para ejercer las defensas en la etapa de ejecución no hay plazo
alguno, solo que deben ser promovidas antes de concluirse.
Toda defensa que se plantee en la etapa de ejecución de la sentencia
debe tramitarse y resolverse por el procedimiento sumario previsto en el
artículo 607 del CPC, conforme al cual
"Si por resistencia de una parte a alguna medida legal del
Juez, por abuso de algún funcionario, o por alguna necesidad
del procedimiento, una de las partes reclamare alguna
providencia, el Juez ordenará en el mismo día que la otra parte
conteste en el siguiente, y hágalo ésta o no, resolverá a más
tardar dentro del tercer día, lo que considere justo; a menos
que haya necesidad de esclarecer algún hecho, caso en el cual
abrirá una articulación por ocho días sin término de distancia.
Si la resolución de la incidencia debiere influir en la decisión
de la causa, el Juez resolverá la articulación en la sentencia
definitiva; en caso contrario decidirá al noveno día".
LA TERCERÍA EN LA EJECUCIÓN DE SENTENCIA.
Con respecto al particular, la Sala Civil ha tenido una posición
inestable. Veamos:
Una vez dictado el auto acordando la ejecución no cabe la intervención
de tercero.
Bajo la ponencia del fallecido e ilustrísimo Magistrado Carlos Trejo
Padilla y voto salvado del Magistrado René Plaz Bruzual, en fecha 22 de
noviembre de 1990 se produjo un fallo de la Sala de Casación Civil (caso:
49

Promotora Dimay, C. A., c/ Karoly Menartovics Mihaly. Exp: 89-665.


Pierre: A. 90. T. 11. pp. 256-262) en el cual se fijó la siguiente doctrina:
1. "...la tercería debe proponerse antes que la sentencia quede firme,
ya que al ejecutarse el fallo, se da fin a la causa principal, y no
sería dable que el tercerista pueda afectar una controversia
judicial ya resuelta", con lo cual ratificó la doctrina establecida en
sentencia de fecha 21 de marzo de 1985, cuando aún no estaba
en vigencia al actual Código de Procedimiento Civil.
2. Si la demanda de tercería se propone con posterioridad a la fecha
en que se dicte el auto decretando la ejecución de la sentencia
(puede ser al día siguiente, p. ej.), esa tercería es extemporánea,
pues ya la sentencia está en trámites de ejecución.
3. El tercerista puede introducirse en la controversia solo hasta un
momento antes del decreto de ejecución, pues después de ese
momento "sólo podrá defenderse contra los efectos que le causa
ese fallo, intentando la acción ordinaria común, la cual no
producirá efectos suspensivos sobre la ejecución de la sentencia".
Este fallo, que se ha reiterado, cuenta con el voto salvado del
Magistrado René Plaz Bruzual (cuya posición adherimos plenamente),
quien precisó:
"Respecto a las razones aducidas a favor de la inadmisión de la
tercería -que no del recurso- considero que son erradas, y se
aplica una doctrina que si bien se reiteró en varias
oportunidades, no fue pacífica, y la cual quedó desvirtuada por
la reforma del Código de Procedimiento Civil".
"La disposición derogada -art. 392 C.P.C.- encabezada
estableciendo como requisito: «Siempre que la tercería
apareciere propuesta antes de la sentencia ejecutoriada en lo
principal...»; de lo cual se deriva el requisito de que no
existiese sentencia definitivamente firme y mandada a
ejecutar. La disposición del 376 vigente, es diferente, pues
exige que la tercería fuese intentada «antes de haberse
ejecutado la sentencia»; o sea, que puede tratarse de una
sentencia definitivamente firme, pero no ejecutada. Ahora
bien, cabe preguntarse si la Ley se refiere a que la situación
fuese irremediable, porque se hubiese consumado la ejecución;
o por el contrario debe entenderse -como lo hace la ponencia-
que debe intentarse antes de que se inicie la ejecución,
mediante la orden del juez. Creo que la solución adecuada es
la primera, pues el tercero generalmente sólo tiene noticias del
asunto cuando se trata, por ejemplo, de ejecutar en sus
bienes".
50

La tercería sí se puede proponer después del auto que ordene la


ejecución.
Pronunciándose en forma distinta al fallo de fecha 22 de noviembre
de 1990 y esta vez con ponencia del Magistrado René Plaz Bruzual, la Sala
(si manifestar que cambiaba de doctrina) dijo lo contrario con respecto a la
intervención del tercero después del auto que ordene la ejecución del fallo
en sentencia de fecha 16 de diciembre de 1991:
"La doctrina ha establecido como requisito, además de la presentación por
el tercerista de un instrumento que tenga fuerza ejecutiva, entendido éste,
en el caso, como documento público o auténtico, o documento privado
reconocido judicialmente, que compruebe clara y ciertamente el derecho
que se reclama; que la tercería sea propuesta antes de que la sentencia
que se ejecutoriare o estuviere ya ejecutoriada sea ejecutada, o sea, antes
de que se haya cumplido lo ordenado en la misma".
"Este requisito doctrinario fue, incluso, acogido en el vigente Código de
Procedimiento Civil, el cual establece, en su artículo 376 que, si la tercería
fuere propuesta antes de haberse ejecutado la sentencia, el tercero podrá
oponerse a que la sentencia sea ejecutada cuando la tercería apareciere
fundada en instrumento público fehaciente".
"Ello es así porque la intervención del tercero interrumpiría las
actuaciones, pero no dejaría sin efecto lo ya consumado; por ello debe
entenderse que la doctrina se refiere, cuando señala como requisito que la
sentencia no estuviese ejecutada, no a que no se hubiesen iniciado los
actos de ejecución, como interpreta la Alzada, sino a que no debe haberse
consumado la ejecución, dando cumplimiento a lo decidido".
"En el caso de autos, el remate no se había verificado, por tanto no se
había dado cumplimiento a lo decidido en la sentencia definitivamente
firme; por tanto la Alzada, antes de revocar la decisión de Primera
Instancia y ordenar la continuación del remate, debió aplicar el artículo
392 del Código de Procedimiento Civil derogado, aplicable al caso, y
mantener la suspensión del mismo" (Caso: San Isidro Land Development
Corporation, C. A. C/ Hospital La Paz, S. A. y otra, Exp. N° 87-388,
Ramírez: T. 119, N° 1170-91 b), pp. 510-513).
Nuevamente la Sala estableció la doctrina que no se puede.
El criterio de la mayoría de la Sala en la sentencia de 1990 fue
retomada en la sentencia de 18-5-92. Caso: Rosina Clemente de Adamo y
otro c/ María Felicidade Dos Santos de Moniz y otros. Ponente: Dr. Aníbal
Rueda. Exp. 92-052. Pierre: A. 92. T. 5. pp. 264-268.
4. Se abandona nuevamente la doctrina y se dice que si se puede.
En fallo de fecha 7 de diciembre de 1994, con ponencia del
Magistrado Rafael Alfonzo Guzmán, dijo lo siguiente la Sala:
"Dictada la sentencia definitiva, su publicación no extingue el
proceso, por el contrario, éste continúa existiendo, sólo que en
51

otra etapa procesal, como lo es la ejecutoria. No es un proceso


nuevo, o distinto, sino el mismo, que se inicia con la
introducción de la demanda y finaliza con la total ejecución del
dispositivo del fallo definitivo".
"La fase de ejecución comienza en el momento en que se
decreta la ejecución de la sentencia, y finaliza una vez que el
dispositivo de la sentencia es satisfecho en su totalidad. Esto
indica que la ejecución de la sentencia se puede verificar en un
solo acto o unidad de tiempo, así como en diversos actos y
distintos tiempos, pero todos dentro de un mismo y único
proceso...".
"Es errado pretender que la sentencia se entiende ejecutoriada
una vez que se ha decretado su ejecución. La acción de
tercería tendría como efecto que la decisión judicial se
suspenda en su ejecución, evitando de este modo que la
sentencia alcance el status de ejecutoriada. En este estado,
ciertamente, no se podría interponer la acción de tercería, ya
que carecería de objeto en razón de haberse extinguido el
proceso principal respecto al cual la tercería se explica" (Caso:
A. Nunes c/ J. De Sousa y otros. Exp. N° 92-425. Ramírez: T.
132, N° 1149-94, pp. 513-514).
Una vez más se regresa al primitivo criterio de no poder intervenir el
tercero.
En sentencia de fecha 22 de marzo de 1995, con ponencia
nuevamente del Magistrado Trejo Padilla, se dijo:
"El legislador, en los artículos 370 y 382 del Código de
Procedimiento Civil, admite la intervención voluntaria y
forzada del tercero. La tercería, tal como lo asentó la Sala en
sentencia del 09 de noviembre de 1967, reiterada
posteriormente:
"...es una acción especial que, con más eficacia y mayor
prontitud que la acción ordinaria, les permita defender sus
derechos mediante demanda acumulable, de ser posible, a la
del juicio principal, y con la virtualidad de lograr la suspensión
de los efectos de la cosa juzgada o de condicionar la ejecución
a la constitución de una caución a favor del tercero".
(...)
"Ahora bien; con base en la preinserta disposición legal los
jueces de la recurrida declararon extemporánea la tercería
propuesta en el caso concreto, en atención a que la acción se
promovió con posterioridad a la existencia de sentencia pasada
en autoridad de cosa juzgada, originada en el convenimiento
del demandado en lo que hubiese sido el juicio principal;
convenimiento homologado y ejecutado para la fecha de la
52

introducción de la tercería, como lo expresan los


sentenciadores en su decisión".(...)
"(...) Así las cosas, resulta obvio que la demanda de tercería fue
propuesta en etapa d ejecución, y la doctrina de la Sala enseña
que:
"...la tercería debe proponerse antes que la sentencia quede
firme, ya que al ejecutarse el fallo, se da fin a la causa
principal, y no sería dable que el tercerista pueda afectar una
controversia judicial ya resuelta". (Sent. 21 de marzo de 1985.
G.F. N° 127, V. III, 3a etapa, pág. 1.786). (...)
"(...) Cabe agregar, que el artículo 532 del Código de
Procedimiento Civil preceptúa que una vez comenzada la
ejecución del fallo, la misma continuará sin interrupción, salvo
en los supuestos excepcionales que esa norma consagra".
"Como se destaca en la Exposición de Motivos, con las
reformas introducidas en el artículo 532 se trató, en lo posible,
de evitar la paralización del proceso de ejecución de la
sentencia, lo cual sucedía no pocas veces con anterioridad,
con los perjuicios que ello acarreaba a la parte que resultaba
vencedora".
"Una de las excepciones a lo anteriormente expuesto, es la que
establece el artículo 376 del Código de Procedimiento Civil, el
cual contempla que si la tercería es propuesta antes de
haberse ejecutado la sentencia, el tercero podrá oponerse a
que la misma se ejecute cuando la tercería apareciere fundada
en instrumento público fehaciente. De lo contrario, el tercero
estará obligado a ofrecer caución suficiente, a juicio del Juez,
para suspender la ejecución de la sentencia definitiva. Pero –se
reitera– que por cuanto en el juicio principal la sentencia ya
estaba en trámite de ejecución, la sucesión de José Alejandro
Sardi Sardi, a través de una demanda de tercería no podía
suspender ese proceso" (Caso: Frío King, C. A. C/ Finca
Giocondo, C. A., Exp. N° 94-730, sent. N° 108. Pierre: A. 95, T.
3, pp. 381-383).
Y en una de fecha 24 de mayo de 1995, casó de oficio porque el
Tribunal de la ejecución admitió una tercería de dominio propuesta por un
tercero cuando ya el asunto se encontraba en la fase de entrega material
de un juicio de reivindicación en el que se ordenó la entrega de un
inmueble al actor reivindicante (Exp. N° 94-911. Ponente: Aníbal Rueda.
Caso: M. Aramburu y otros c/ J. Maldonado. Ramírez: T. 134, N° 597-95,
pp. 409-411).
Análisis del punto en el derecho italiano
En la legislación italiana existe el artículo 404 del CPC, conforme al
cual:
53

"Un tercero puede hacer oposición contra la sentencia pasada


en autoridad de cosa juzgada o, en general, ejecutiva,
pronunciada entre otras personas, cuando perjudique a sus
derechos".
Texto del artículo 392 del CPC derogado:
"Siempre que la tercería apareciere propuesta antes de
sentencia ejecutoriada en lo principal, el tercero podrá
oponerse a que la sentencia que se ejecutoriare sea ejecutada,
mientras no dé caución bastante aquel a quien corresponda,
para responder de las resultas del juicio de tercería; pero si el
tercero presentare instrumento que tenga fuerza ejecutiva en
apoyo del derecho que reclame, no podrá ejecutarse la
sentencia definitiva en lo principal que se ejecutoriare o que
estuviere ya ejecutoriada, sino después que, sentenciado el
juicio de tercería, haya quedado desechada, definitivamente y
por sentencia firme, la pretensión del tercero".
"Suspendida la ejecutoria por no haberse dado la caución
exigida por el tercero en el caso previsto en la primera parte de
este artículo, se condenará al tercero a indemnizar el perjuicio
ocasionado por el retardo, si la tercería resultare temeraria".
Ejecutoria: Es ejecutoria una sentencia firme que ha adquirido la
autoridad de cosa juzgada. Por consiguiente, a tenor de lo establecido en el
artículo 524 del CPC, son ejecutables las sentencias ejecutoriadas, o dicho
en otras palabras, sólo se pueden ejecutar las sentencias contra las cuales
no quepa recurso alguno, pues han pasado en autoridad de cosa juzgada.
Pues bien, la doctrina de la Sala de Casación Civil que se ha
reiterado a lo largo de todos estos años y que nace en aquella sentencia de
1992, trasladó a la vigencia del Código de 1987 la interpretación que se le
dio al art. 392 del Código derogado, la tercería tenía que proponerse antes
que la sentencia adquiriera firmeza, es decir, antes de que se ejecutoriara.
Si así se hacía, podía el tercerista lograr que la sentencia, luego de
ejecutoriada, se ejecutara. Por argumento a contrario, si la demanda de
tercería se proponía después de que la sentencia adquiría firmeza, era
inadmisible.
En la terminología del Código vigente, ya aquel requisito de demanda
antes de la ejecutoria quedó suprimido, y en el artículo 376 se prevé la
posibilidad de demandar antes de haberse ejecutado la sentencia. Y una
sentencia no se ejecuta sino cuando ha concluido todo el procedimiento de
ejecución, el cual se inicia con el auto ordenando el cumplimiento
voluntario. Nótese incluso que aún después de ordenada la ejecución
puede un tercero hacer oposición al embargo por los motivos indicados en
el artículo 546 del CPC.
54

Requisitos de la tercería: El tercero puede oponerse a la ejecución de


la sentencia (art. 376 CPC):
1. Fundando la tercería en un instrumento público fehaciente, el
cual ha sido definido por la Sala de Casación Civil como "el documento
público o auténtico, reconocido judicialmente o documento privado
también reconocido judicialmente, que comprueba clara y ciertamente el
derecho que reclama el tercerista, no siendo necesario, por tanto, que
tenga las condiciones que lo hagan idóneo para la vía ejecutiva" (Sents. de
24-9-69 y 22-11-90. Apud esta última sentencia. Pierre: A. 90. T. 5. p.
260).
2. Caucionando suficientemente a juicio del Tribunal, cuando no se
tiene el instrumento público fehaciente.
En todo caso, como también ocurría en el pasado, el tercerista
siempre responderá por los daños que causare el retardo en la ejecución la
tercería resultare desestimada.
En apoyo a nuestra tesis, Enrico Tullio Liebman:
"No les faltan a los terceros los medios para defender sus
derechos de las repercusiones eventualmente dañosas de las
sentencias pronunciadas en procesos en los cuales no han
participado. Mientras el proceso está en curso, pueden, en
determinadas condiciones, intervenir y hacer valer sus razones
(arts, 105, 344). En cambio si el proceso está terminado y la
sentencia ha sido pronunciada, la primera y fundamental
defensa de que disponen está dada por la facultad de rechazar
cualquier efecto de la sentencia en daño suyo por la razón de
que no fue pronunciada respecto de ellos. Res inter alios
iudicata tertio non nocet. Hay terceros, es cierto, a los que la ley
no considera verdaderamente tales, extendiendo a ellos una
eficacia de la sentencia idéntica a aquella a la que están
sujetas las partes (cfr. art. 2009 del Cód. civil). Pero,
prescindiendo de estos casos, siempre excepcionales, sin
embargo, los terceros pueden hacer lo que no pueden hacer
las partes: discutir y rechazar la eficacia de la sentencia en
daño suyo" (Manual de Derecho Procesal Civil. Tr. de Santiago
Sentís Melendo. EJEA. Buenos Aires, 1980. pp. 557-558).
Al analizar los terceros que estarían legitimados para oponerse a la
ejecución en su perjuicio de la sentencia, Liebman los clasifica en dos
grupos: los que son "titulares de un derecho incompatible autónomo" y los
que son "titulares de un derecho incompatible conexo por prejudicialidad".
Con respecto a los primeros, sostiene:
"Pero, se entiende, no basta ser tercer: hace falta, además, que
la sentencia ajena pueda originarle perjuicio y esto ocurre en
55

el caso en que un derecho suyo o, en general, una posición


jurídica suya, sea incompatible con el pronunciamiento de la
sentencia, por que éste implícita o indirectamente lo niega o
excluye. Ciertamente, la sentencia pronunciada inter alios no
puede haber juzgado sobre el derecho o sobre la relación
jurídica del tercero y, si lo hubiese hecho sin que él haya sido
llamado a defenderse, sería, más que nula, inexistente. Pero
puede ocurrir que, al juzgar la controversia surgida entre las
partes, la sentencia tenga un contenido tal que no pueda
coexistir con el derecho, o con la posición jurídica, del tercero:
o es errada la sentencia, o bien el derecho afirmado por el
tercero no existe".
(Omissis)
"Una primera hipótesis en que se verifica una situación como
la ahora descrita (y es ésta la opinión de la corriente más
autorizada de la doctrina) se tiene cuando el derecho
incompatible del tercero es autónomo respecto de la relación
sobre la cual ha pronunciado la sentencia. El ejemplo clásico
es aquel que puede presentarse en materia de propiedad: si
una sentencia, en la causa entre A y B, ha declarado a A, o
bien a B, propietario del bien X, C, que se considera el
verdadero propietario del bien X, podrá oponerse como tercero
contra la sentencia. No ocurre de otra manera si la sentencia
ha condenado a B a pagar una cierta suma o a consignar una
cosa a A; C podrá oponerse si afirma ser a título autónomo el
verdadero titular de aquel crédito".
"Así también si la sentencia declara a A padre de B, el tercero
podrá oponerse afirmando ser el verdadero padre de B".
"En estos y en otro casos similares, si bien el tercero conserva
intactos los medios que le corresponden en vía ordinaria para
la defensa de su derecho, es sin embargo innegable que la
sentencia representa un obstáculo y una amenaza al pacífico
goce de su derecho: por el solo hecho de existir, la sentencia
hace legítimamente pensar que él se jacte de un derecho que
no le pertenece, creando así -y es poco decir- la mayor falta de
certeza sobre el mismo".
"La eventual ejecución de la sentencia entre las partes,
espontánea o forzada, desplazando de uno a otro la posesión
del bien (o, en los otros casos, haciendo entrar la suma o la
cosa debida del uno al otro patrimonio, o modificando los
registros del estado civil, etc.), puede hacer más difícil al
tercero el ejercicio victorioso de la acción o de la ejecución de
que dispone para hacer valer sus razones. "El tercero tiene el
derecho de prevenir la ejecución incompatible con su derecho""
(O.c. pp. 560-561).
56

Por lo que se refiere a los terceros "titulares de un derecho


incompatible conexo por prejudicialidad", Liebman sostiene:
"Pero en la opinión profesada por mí, a la categoría de terceros
ahora individualizada, sea agrega otra: la de los terceros, cuyo
derecho incompatible con la sentencia ajena está ligado a la
relación jurídica que fue objeto de la sentencia por una
relación de conexión por prejudicialidad. En este caso, la
sentencia despliega una eficacia refleja sobre la relación
jurídica del tercero, que podrá ser favorable o desfavorable,
según el resultado del juicio. El caso más frecuente es aquel
en que al vencido le corresponde una acción de garantía o de
regreso hacia el tercero: el vendedor, obligado a la garantía
frente al comprador por evicción; el deudor solidario, obligado
al regreso frente al codeudor, condenado a pagar la deuda
entera; el asegurador de la responsabilidad civil, obligado a
reembolsar al responsable del incidente caminero
eventualmente condenado al resarcimiento del daño frente a la
víctima, etcétera" (O.c., p. 561).
Este sería el caso de los terceros que podrían haber intervenido como
adhesivos o llamados forzosamente como garantes, p. ej.
Concluye el autor y sostiene:
"La oposición ordinaria es, pues, un arma ofrecida además por
la ley al tercero para su defensa. La misma es en sustancia
una acción de declaración de certeza, pero el hecho de su
inserción en el proceso como impugnación tiene una
importante consecuencia porque le permite alcanzar un
resultado que ningún otro medio habría podido obtener: el de
anular la sentencia, al menos en lo que se refiere al tercero"
(O. c. p. 563).
Caso: ¿Podrá un tercerista oponerse a la ejecución de un fallo sobre
un inmueble fundado en un acta de remate no registrada?.
El Juzgado Superior Cuarto en lo Civil, Mercantil y del Tránsito del
Area Metropolitana de Caracas (Sent. 14-3-94. Caso: Inmobiliaria
Diecinueve Cero, C. A.. Ramírez: T. 129, N° 4-94, pp. 23-26) resolvió el
problema en los siguientes términos:
1. El a quo suspendió la ejecución basado en que el tercerista se
opuso con un acta de remate no registrada por virtud de la cual
antes, en juicio contra el hoy ejecutado, se le adjudicó la
propiedad del inmueble que se remataba como de la propiedad de
éste.
2. Para justificar su decisión, el a quo consideró que si bien el acta
de remate no estaba registrada, en ella concurrían los elementos
57

del artículo 1.357 del Código Civil, convirtiéndose por ello en un


instrumento público sui generis.
3. La Alzada estimó, en su motivación, que el artículo 376 del CPC
hace referencia a un instrumento público y fehaciente,
entendiéndose por tal el que reúna los requisitos de los artículos
1.357, 1.359 y 1.360 del Código Civil. Consecuentemente, el Juez
que presenció el acto de remate y firmó el acta respectiva, "solo
dió fe pública de los hechos contenidos en ese instrumento sin
que pueda atribuírsele por sí mismo, otras consecuencias
jurídicas que las en él establecidas".
4. Que la prueba fehaciente legalmente exigida al tercerista no es
otra "que una "prueba" fehaciente de propiedad de la cosa por un
acto jurídico válido es decir, por un instrumento registrado que es
el acto por el cual se transmite la propiedad de los inmuebles (?),
naturalmente el documento registrado donde se hace oposición
debe consistir en un título que tenga por objeto el mismo
inmueble que se está ejecutando".
La tercería cuando los bienes embargados sean muebles.
Sala Civil:
"En materia de pruebas, cuando lo embargado son bienes
muebles, la doctrina suele distinguir dos supuestos. Si el
tercerista se encontraba en posesión de las cosas en el
momento del embargo, probada dicha posesión, la tercería
tiene éxito, porque el poseedor invoca a su favor la presunción
de que en materia de bienes muebles por su naturaleza la
posesión vale título (Artículo 794 del Código Civil). Pero si al
practicarse el embargo, los bienes se encontraban en posesión
de otra persona, al tercerista le corresponde probar su derecho
de propiedad sobre los mismos, pues el acreedor le bastará
invocar la falta de posesión del tercerista para destruir aquella
presunción" (Sent. de 27-6-85. Caso Jorge Gadler Facin c/
Oscar Antonio Moreno Lobo. Ponente: Adán Febres Cordero.
Pierre: A. 85, T, 6, pp. 102-103).
RECURSO DE CASACIÓN EN LA EJECUCIÓN DE SENTENCIA.
A. Dispone el artículo 312 del Código de Procedimiento Civil, que
"El recurso de casación puede proponerse:
(Omissis)
3° Contra los autos dictados en ejecución de sentencia que
resuelvan puntos esenciales no controvertidos en el juicio, ni
decididos en él; o los que provean contra lo ejecutoriado o lo
modifiquen de manera sustancial, después que contra ellos se
hayan agotado todos los recursos ordinarios".
58

El artículo 423 del Código de Procedimiento Civil de 1916 traía un


dispositivo de inadmisibilidad del recurso de casación,
"4° Contra los autos que dictaren los Tribunales sobre
ejecución de sentencia, a no ser que versen sobre puntos
esenciales no controvertidos en el juicio, ni decididos en él, o
que se provea contra lo ejecutoriado, o modificándolo de
manera sustancial".
Siguiendo a Arminio Borjas (Comentarios al Código de Procedimiento
Civil Venezolano. 3ª ed. Ediciones Sales. Caracas, 1964. T. IV, p. 155-156)
sobre este punto, tenemos:
1. Partiendo de que la ejecución de la sentencia no es en sí un juicio
por haber cesado ya toda posibilidad de contención sobre el
punto objeto de la sentencia firme y ejecutoriada, lo que se da en
esta parte del proceso son "meros decretos de ejecución", a partir
de lo cual construye su tesis de que la etapa de ejecución de la
sentencia se asemeja a un procedimiento de ejecución voluntaria.
2. Si se permitiese a los jueces "adicionar, cercenar, contrariar o
modificar las sentencias que estuviesen encargados de ejecutar",
se harían nugatorios los efectos de la casación y particularmente
de la cosa juzgada.
3. Corresponde a los Jueces de la casación "apreciar los hechos y
las circunstancias todas, para resolver si los puntos sobre que
versa el auto recurrido son o no esenciales, fueron o no
controvertidos, o contrarían o modifican sustancialmente lo
ejecutoriado". Ej.: La sentencia solo declara la nuda propiedad del
demandante y el ejecutor procede a ponerlo en posesión del
inmueble, o lo reconoce solo como simple poseedor o como
usufructuario.
B. La Sala de Casación Civil ha sostenido en forma reiterada:
1. Por autos de ejecución de sentencia deben entenderse "aquellos
necesarios para el cabal cumplimiento de lo ordenado en la
sentencia definitiva y para hacer efectivas las providencias y
medidas que aseguren la ejecución de los decidido" (V. sent. 27-3-
96. Pierre. A. 96, T. 3, pp. 340-341).
2. Que las disposiciones concernientes a la ejecución de sentencia
son de interpretación estricta, lo que obliga a los jueces a ser
cuidadosos en el estudio de cada caso para los fines de la
admisión racional del recurso de casación contra un auto de
ejecución de sentencia (Vid misma sent. 27-3-96).
3. Que en ejecución de sentencia, el principio rector es la
inadmisibilidad del recurso de casación contra los autos dictados
en esta etapa (v. misma sent. 27-3-96. Pierre. A. 96, T. 3, pp.
59

340-341), salvo los dos únicos casos de excepción previstos en el


numeral 3° del artículo 312 del CPC (V. sent. 9-5-96. Pierre. A.
96, T. 5, p. 322).
4. Que, por lo que concierne a puntos esenciales no controvertidos
en el juicio, ni decididos en él (reiterando la doctrina establecida
desde el 15 de noviembre de 1984, caso Rafael Vicente Carrillo c/
Desarrollos Rurales El Naranjal, S. A.), ha de entenderse aquellos
que "deben estar íntimamente relacionados con los que se
decidieron en el litigio en ejecución, no de simples incidencias que
pueden surgir en todos los pleitos; pues de lo contrario, sería fácil
detener la ejecución con sólo suscitar ante el Juez respectivo
problemas no sólo sin vinculación con lo que fue controvertido en
el proceso, sino absolutamente extraños a él" (V. misma sent. 9-
5-96). Por vía de ejemplo, un caso es: El juez de la ejecución
declara inejecutable la sentencia definitivamente firme. Apelada
esa decisión, el juez de la alzada la revoca y ordena una experticia
complementaria del fallo, orden esta que modifica lo ejecutoriado
en forma sustancial (v. sent. Casación Civil 12-7-95. Elio Enrique
Gutiérrez García y otra c/ Simone Zuber. Ponente: Dr. Alirio
Abreu Burelli. Exp. 93-742. Pierre: A. 95. T. 7. pp. 429-430).
5. Que no es un argumento para negar el acceso a la casación decir,
por ejemplo, que "la sentencia dictada en el presente proceso se
encuentra definitivamente firme", pues ello no implica la
imposibilidad de acceder a la casación si se da alguno de los
motivos previstos en el articulo 312, ord. 3° del CPC (Auto 28-6-
95. Caso: Olga Gerig Misle y otros c/ Kek Duna, S. R. L. Ponente:
Magaly Perretti de Parada. Exp. 95-110. Pierre: A. 95. T. 6. pp.
335-337).
C. Ha resuelto también la Sala de Casación Civil que contra la
entrega material de un bien adjudicado en remate no cabe ninguna
oposición, ni tampoco el recurso de casación, pues se trataría de un juicio
concluido (Cfr. sent. 13-12-95. Caso: Consorcio Indian Creek, C. A. c/
Inversiones Canayvén, C. A. Ponente: Héctor Grisanti Luciani. Exp. 94-
420. Pierre: A. 95. T. 12. pp. 402-404).
D. También ha dicho que en el caso del procedimiento por
intimación, si el decreto de intimación adquiere firmeza y pasa en
autoridad de cosa juzgada, el paso inmediato es la ejecución de la
sentencia (el decreto hace el papel de ésta) y en esta etapa no cabe el
recurso de casación, salvo por los motivos legales contemplados en el
artículo 312, ordinal 3°, del CPC (Cfr. sent. 21-6-95. Caso: Carlos
Alejandro Rodríguez Cirimele c/ Técnica Manrique, C. A. Ponente: Aníbal
Rueda. Exp. 95-71. Pierre: A. 95. T. 6. pp. 256-258).
E. En auto del 9 de noviembre de 1989, estableció:
60

"Ahora bien, la sentencia recurrida es un auto dictado en fase


de ejecución de sentencia, en el cual están dados los
supuestos necesarios para que sea procedente el recurso de
casación anunciado, pues la decisión acerca de si fue o no
formulada oposición al procedimiento de ejecución de
hipoteca, es un punto esencial que no fue controvertido en el
juicio ni decidido en él; al contrario, si prospera la reposición
en la forma como fue ordenada, el intimado no tendría
oportunidad procesal alguna de que se le revise en el futuro la
cuestión relacionada con los términos de su oposición, sobre
todo si efectivamente ella contaba con fundamentos suficientes
para sostenerla".
"Como se trata de un procedimiento de ejecución de hipoteca,
se llegare a hacerse firme la decisión de la Alzada que estimó
que todo el incidente relacionado con la oposición no tiene
razón de ser y es inexistente, de acuerdo con la doctrina de la
Sala precedentemente transcrita, la pretensión del ejecutante
quedaría jurídicamente consolidada al continuar sin oposición
el procedimiento de ejecución de hipoteca, llevándose a cabo el
remate del inmueble hipotecado".
"Por consiguiente, el recurso de casación anunciado contra la
sentencia recurrida era procedente y debió ser oído de
inmediato" (Caso: C. Duarte c/ Inversiones La Rochela, C. A.
Ramírez: T. 110, N° 853-89, pp. 433-435).
EL DESISTIMIENTO EN LA EJECUCIÓN DE SENTENCIA.
Cuando se trate de condenas patrimoniales puede perfectamente el
vencedor renunciar por vía de desistimiento a la que la sentencia le ha
concedido. Mas, cuando se trata de sentencias que resuelven asuntos no
patrimoniales, como es el caso del divorcio, p. ej., no podría el actor
ganancioso desistir luego de la sentencia ejecutoriada, pues por esa vía
consensual se estaría restableciendo la vigencia del matrimonio que solo el
Estado autoriza y disuelve (V. auto. Sala de Casación Civil de 10-2-93.
Caso: María Caridad Páez de Alfonzo c/ Francisco Ignacio Alfonzo
Miranda. Ponente: Dr. Carlos Trejo Padilla. Exp. 92-233. Pierre: A. 93. T.
2. pp. 192-194).
61

IV
EL EMBARGO. CONCEPTO. EMBARGO PREVENTIVO Y EMBARGO
EJECUTIVO. NATURALEZA JURÍDICA DEL EMBARGO. OBJETO DEL
EMBARGO. SUJETOS DEL EMBARGO. EJECUCIÓN DEL EMBARGO.
EMBARGOS SUCESIVOS. MULTIPLICIDAD DE EMBARGOS. TRASLADO Y
SUSTITUCIÓN. PROPORCIONALIDAD DEL EMBARGO. BIENES
SUSCEPTIBLES DE EMBARGO. COSAS INEMBARGABLES. EFECTOS.
OPOSICIÓN AL EMBARGO Y SU TRÁMITE.

EL EMBARGO.
―El proceso de ejecución tiene por finalidad, como su concepto
enseña, obtener, no una declaración de voluntad, sino una
manifestación de voluntad del Juez, es decir, una operación
material que provoque un cambio real en las situaciones a que
el proceso se refiere. Para llevar a cabo tal mutación de hecho
el Juez necesita, como instrumento específico, bienes de
carácter físico sobre los que o con los que operar del modo que le
exija una decisión auténticamente ejecutiva. Las actividades de
instrucción en el proceso de ejecución tienden, pues, en
primer término, a proporcionar al Juez tales bienes, ya que
sólo contando con ellos es posible terminar normalmente el
proceso de tal clase‖ (Itálicas de mi autoría. Jaime Guasp,
Derecho Procesal Civil, 3ª Ed. corregida (Dos tomos), Instituto
de Estudios Políticos, Madrid, 1968. Tomo I, p. 418).
CONCEPTO.
La necesidad instrumental que tiene el Juez para obtener bienes que
permitan —bien por adjudicación forzada directa, bien por realización de
los mismos— la satisfacción de la pretensión del acreedor ejecutante se
concreta en la ejecución a través del acto procesal instructorio conocido
como embargo.
Con el embargo se afectan bienes propiedad del deudor a las
resultas finales de la ejecución, de modo que quedan ellos estrechamente
ligados —sin posibilidad de desvinculación por vía distinta a una
composición por las partes o a una desafectación por pertenencia a
tercero— a las resultas de la misma.
―Embargo es, pues, toda afectación de bienes a un proceso con
la finalidad de proporcionar al Juez medios necesarios para
llevar a normal término una ejecución procesal‖ (Guasp, o. c.,
t. I, p. 419).
El concepto que precede ajusta perfectamente para su aplicación
tanto al embargo preventivo como al embargo ejecutivo, si tenemos en
62

cuenta que ambos embargos tienden a garantizar que, en definitiva, el


acreedor sea satisfecho en su pretensión.
Por el embargo se permite la individualización y disponibilidad de un
bien para realizarlo judicialmenete y satisfacer con su producto el interés
del acreedor ejecutante.
Empero, como ya veremos, el solo embargo no desapropia al
ejecutado sino que inmoviliza el bien de su pertenencia, sustrayéndolo de
toda posibilidad de negocio jurídico mientras esté afectado por la medida
ejecutiva.
Consiguientemente, el embargo ejecutivo no es en sí un derecho real
(en contra, Jaime Guasp, como ya veremos), ni es una hipoteca judicial, ni
concede al ejecutante derecho alguno sobre la cosa embargada. De allí
que, como principalísimo efecto, el embargo deja la cosa sólo a disposición
del Juez.
Ahora, como el embargo es una restricción al libre derecho de
propiedad al establecer una excepción a la libre disponibilidad del bien, la
acción que obra sobre el mismo debe ser restrictivamente interpretada y
aplicada.
En resumen, pues, el embargo consiste en la afectación de de un
bien por parte del órgano judicial para satisfacer la pretensión del
ejecutante, derivada el mandato de condena (crédito de ejecución)
contenido en la sentencia ejecutoriada.
EMBARGO PREVENTIVO Y EMBARGO EJECUTIVO.
Partiendo del omnicomprensivo concepto que hemos tomado
prestado del tratadista Guasp, podemos conceptuar en forma específica
ambos tipos de embargo así:
Embargo preventivo:
El ―que sirve como medio precautorio o cautelar para asegurar las resultas
de una ejecución que aún no ha sobrevenido ni se sabe siquiera con
certeza si acaecerá‖ (Guasp, o. c., t. I, p. 419).
De cara al Derecho Positivo venezolano se puede conceptuar el
embargo preventivo así:
Es la afectación de un bien, con desposesión jurídica y material (embargo y
secuestro de cosa), anotación registral (prohibición de enajenar y gravar) o
afectación simplemente por notificación (embargo de créditos y derechos),
para garantizar que no quede ilusoria la ejecución del fallo al cual sirve
como instrumento la medida.
Embargo ejecutivo:
63

El ―que funciona como medio instrumental de una ejecución no ya


potencial, sino actual, pendiente y en curso de desarrollo‖ (Guasp, o. c., t.
I, p. 419).
Conforme la normativa ritual patria (arts. 536 y 587 CPC), puede
conceptuarse el embargo ejecutivo así:
Es la desposesión jurídica y material de un bien perteneciente al
deudor ejecutado para afectarlo a la realización efectiva de la pretensión
del acreedor ejecutante.
Puede decirse también y por último, que el embargo ejecutivo es la
afectación de un bien por parte del órgano judicial para satisfacer la
pretensión del ejecutante derivada del mandato de condena (crédito en
ejecución) contenido en la sentencia ejecutoriada.
NATURALEZA JURÍDICA DEL EMBARGO.
―... el embargo es un acto procesal y, más precisamente, un
acto de instrucción que se refiere a un proceso de ejecución,
dentro del que integra, e unión de la realización forzosa, la
categoría de tales actos instructorios. Constituye así el reflejo
exacto de los actos de alegación del proceso de cognición, pues
mientras que éstos tienen por finalidad proporcionar al Juez
datos de carácter lógico que le sirvan para su fallo, aquéllos
tratan de proporcionar al Juez bienes de carácter físico que le
permitan igualmente realizar su decisión‖
(...)
―Innegablemente, el embargo origina un cuadro peculiar de
poderes y deberes para los distintos sujetos procesales que en
él intervienen. Fijándose en que por esencia la figura es en sí
la afectación de un cierto bien físico a un proceso, cabría
preguntarse cómo quedan alteradas, en virtud de tal
afectación, la diversas titularidades jurídicas que sobre tal
bien recaen. Importa, sobre todo, determinar la índole de los
derechos que aparecen de este modo entre las diversas
personas que guardan relación con el bien embargado‖.
―Podría pensarse, en primer término, que estos derechos son
de naturaleza estrictamente personal y que, por lo tanto, se
limitan a conceder nuevos poderes de carácter simplemente
intersubjetivo entre las distintas personas que en el embargo
actúan. Así, cabría hablar de una nueva potestad personal del
Juez frente al titular del bien embargado o de un nuevo
derecho subjetivo personal del acreedor embargante frente al
mismo. Pero lo primero sería innecesario y lo segundo
insuficiente para explicar la verdadera consistencia del
embargo. El hecho de que tanto el Juez como el acreedor
embargante puedan actuar directamente sobre el bien
embargado, excluyendo a terceros, obliga a considerar a estos
64

efectos procesales como una situación jurídica que excede del


ámbito puramente personal‖.
―En consecuencia, no es erróneo hablar, en este sentido, del
embargo como de un verdadero derecho real. Las dos
características fundamentales de los derechos reales: recaer
inmediatamente sobre una cosa y poderse hacer valer frente a
todos, se dan, indiscutiblemente, en el embargo. El bien
embargado responde de las resultas del proceso de modo
directo, cualquier que sea su poseedor. Esto explica cómo se
conceden por el embargo las dos facultades esenciales del
derecho real: el ius persequendi, que autoriza a hacerse con el
bien aunque su titularidad haya variado con posterioridad del
embargo mismo, y el ius prioritatis, que garantiza al primer
embargante en el tiempo la preferencia jurídica en la
satisfacción de su derecho‖.
―Lo que no sería aceptable, en cambio, sería la constitución del
embargo como un derecho real de naturaleza civil, o mejor,
privada. La norma del art. 1.911 del CC, según la cual «del
cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos
sus bienes presentes y futuros» no fundamenta
específicamente un embargo, el cual tiene su base en
imperativos de orden público y no en responsabilidades de
orden estrictamente privadas; de aquí que sea artificioso hablar
de un derecho de prenda general, que tiene el acreedor sobre
los bienes del deudor, y del que el embargo sería la realización
en cada caso particular. Y lo mismo puede decirse de las
categorías más concretas que dentro del derecho privado se
han ideado para explicar la función indudablemente procesal
de los institutos de esta clase, especialmente los llamados
derechos reales de garantía, caracterizados a veces como
derechos de efectuación o realización para disimular con estas
palabras su palmario significado procesal. Las mismas
prendas e hipoteca no son en sustancia más que figuras de
naturaleza procesal, modalidades del embargo, que cabe
llamar, como luego se verá, embargo anticipado, pues en
sustancia lo que prenda e hipoteca proporcionan a sus titulares
no es más que una afección predeterminada del bien pignorado
o hipotecado a la futura y eventual ejecución que pueda
seguirse para la satisfacción del crédito, habiendo resultado
infructuosos todos los intentos de la doctrina civil para destruir
esta fundada reivindicación procesal‖.
(...)
―El embargo, por lo tanto, en todas sus variedades, es un
derecho real de carácter procesal, una potestad real que el Juez
adquiere sobre ciertos bienes, un derecho real del embargante
que no puede exceder, no obstante, ni hacerse valer fuera del
65

ámbito del proceso en que se obtiene‖ (Itálicas, con exclusión de


los vocablos latinos, agregadas por mí. Guasp. o. c., t. I, pp.
420-422).

OBJETO DEL EMBARGO.


Cualquier bien puede ser objeto del embargo, siempre que esté en el
comercio, que no sea inherente a la persona humana y no esté
expresamente excluido por la ley de la embargabilidad.
SUJETOS DEL EMBARGO.
El ejecutante, el ejecutado, el juez y los terceros (analizar que el
tercero es una parte potencial).
De esos sujetos, cuando se trata de embargo ejecutivo es el
ejecutante quien lo dirige, bajo el control y protección de los derechos del
ejecutado por parte del juez (art. 534 CPC).
En cambio, cuando se trata del embargo preventivo el mismo lo
dirige el embargado (art. 597 CPC), siempre que no se cause perjuicio al
embargante.
La razón de tal distinción en cuanto a la conducción del embargo
radica en que el embargo ejecutivo el derecho actúa coactivamente sobre el
patrimonio del ejecutado ante un incumplimiento que se le imputa a él. En
el otro, el derecho se encuentra discutido y es por ello solo una
expectativa.
Sin embargo, existe una excepción que deja al ejecutado con el
derecho de indicar el bien sobre el cual debe ejecutarse el embargo. Así, el
artículo 537 del Código de Procedimiento Civil autoriza el ejecutado, por
razones humanitarias y de protección para ofrecer un bien distinto al de
su morada cuando la pretensión el ejecutante se insinúe sobre ella.
EJECUCIÓN DEL EMBARGO.
Embargo de bienes inmuebles
Art. 535 CPC:
"Cuando la cosa embargada fuere un inmueble o un derecho
que tenga sobre él el ejecutado, el Juez participará de oficio el
embargo al Registrador del Distrito donde esté situado el
inmueble, indicando sus linderos y demás circunstancias que
lo determinen distintamente, a fin de que se abstenga de
registrar toda escritura que verse sobre gravamen o
enajenación del inmueble embargado. El Registrador será
responsable de los daños y perjuicios que cause por el
incumplimiento de la orden del Juez".
66

A pesar de la claridad de la norma, conforme a la cual debe el Juez


indicar al Registrador los linderos del inmueble embargado, la Sala de
Casación Civil no lo consideró así necesario y dijo:
"De tal manera, pues, que la citada disposición no obliga al
Tribunal a indicar los linderos del inmueble. Es el solicitante
quien en el escrito donde solicita la medida, debe
individualizar el inmueble con su situación y linderos y demás
determinaciones. Esto es con la finalidad de que el Juez pueda
practicar la medida sin riesgo de equivocarse" (Sent. 5-5-92.
Caso: Carlos Enrique Galarraga y otros c/ Horacio Alvarez
Vidal. Ponente: Dr. Luis Darío Velandia. Exp. 91-426. Pierre:
A. 92. T. 11. pp. 257-259).
A pesar de ello, en la misma sentencia, precisa (y ello si es
incuestionable), que en el acta de embargo no es necesaria la
determinación de los linderos, pues basta que el Juez constate los
indicados en la solicitud y genere una certeza de que el inmueble
embargado se corresponde con aquél.
EMBARGOS SUCESIVOS.
Se permiten los embargos sucesivos cuando el bien embargado sea
insuficiente para cubrir la pretensión del ejecutante.
MULTIPLICIDAD DE EMBARGOS.
Sobre un mismo bien es posible que se ejecuten varios embargos
(arts. 534 y 632 CPC).
TRASLADO Y SUSTITUCIÓN.
Traslado: CPC artículos 548 y 632.
Sustitución: CPC art. 582.
PROPORCIONALIDAD DEL EMBARGO.

BIENES SUSCEPTIBLES DE EMBARGO.


Embargo de acciones de una sociedad mercantil.
Código de Comercio:
"Artículo 213.- El documento constitutivo y los estatutos de
las sociedades anónimas y de las sociedades en comandita por
acciones, deberán expresar:
(Omissis)
"4° El nombre, apellido y domicilio de los socios, o el número o
valor nominal de las acciones, expresando si éstas son
nominativas, o al portador, si las nominativas pueden
convertirse en acciones al portador, y viceversa, y el
67

vencimiento e importe de la entregas que los socios deben


realizar".
(Omissis)
"Artículo 214.- El documento constitutivo de las sociedades
de responsabilidad limitada deberá expresar:
"1° El nombre, domicilio y nacionalidad de los socios
fundadores".
(Omissis)
"4° El monto de la cuota de cada socio, si se ha aportado en
dinero o en especie; y en este último caso, con indicación del
valor que se atribuye a los créditos y demás bienes aportados y
los antecedentes y razones que justifiquen esa estimación".
(Omissis)
"Artículo 217.- Todos los convenios o resoluciones que tengan
por objeto la continuación de la compañía después de expirado
su término; la reforma del contrato en las cláusulas que deban
registrarse y publicarse, que reduzcan o amplíen el término de
su duración, que excluyan algunos de sus miembros, que
admitan otros o cambien la razón social, la fusión de una
compañía con otra, y la disolución de la compañía, aunque sea
con arreglo al contrato, estarán sujetos al registro y
publicación establecidos en los artículos precedentes".
"Artículo 221.- Las modificaciones en la escritura constitutiva
y en los estatutos sociales de las compañías, cualquiera que
sea su especie, no producirán efectos mientras no se hayan
registrado y publicado, conforme a las disposiciones de la
presente Sección".
"Artículo 296.- La propiedad de las acciones nominativas se
prueba con su inscripción en los libros de la compañía, y la
cesión de ellas se hace por declaración en los mismos libros,
firmada por el cedente y por el cesionario o por sus
apoderados".
(Omissis)
"Artículo 19.- Los documentos que deben anotarse en el
Registro de Comercio, según el artículo 17, son los siguientes:
(Omissis)
"9° Un extracto de las escrituras en que se forma, se prorroga,
se hace alteración que interese a tercero o se disuelve una
sociedad, y las en que nombren liquidadores".
Código de Procedimiento Civil:
"Artículo 593.- El embargo de créditos se efectuará mediante
notificación que hará el Juez al deudor del crédito embargado,
en la morada, oficina o negocio de éste. Si no se encontrare al
68

deudor, la notificación se hará a cualquiera de las personas


indicadas en el artículo 220, si se tratare de personas
jurídicas. Si se tratare de personas naturales, la notificación se
hará en persona que esté a su servicio, o sea pariente del
deudor, que se encuentre en su morada, oficina o negocio,
dejándose constancia en el acta del nombre, apellido y cédula
de identidad de la persona notificada".
"Si se tratare de créditos o derechos litigiosos, bastará con
dejar constancia del embargo en el expediente del juicio
respectivo, mediante acta que suscribirán el Juez, el Secretario
y los comparecientes".
"Artículo 594.- Al momento del embargo del crédito, o dentro
de los dos días siguientes, el deudor manifestará al Tribunal el
monto exacto del crédito, la fecha en que debe hacerse el pago,
la existencia de cesiones o de otros embargos, indicando
también el nombre de los cesionarios y de los otros
embargantes, y las fechas de notificación de las cesiones y
embargos".
"Si el deudor no hace la manifestación a que se refiere este
artículo, quedará responsable por los daños y perjuicios que
su omisión cause al embargante".
Sentencia del Juzgado Superior Primero en lo Civil, Mercantil y del
Tránsito de la Circunscripción Judicial del Distrito Federal y Estado
Miranda:
"Considera este Tribunal que el simple traslado del juzgado
comisionado al Registro Mercantil para declarar embargadas
las acciones de los demandados en la Compañía "...", no
constituye medio eficaz de practicar el embargo pues bien
pudiera pasar que las acciones hubiesen sido cedidas a otras
personas en el Libro de Accionistas, que es el medio idóneo
para demostrar la propiedad accionaria, según el artículo 296
del Código de Comercio" (Sent. de 28-5-92. Caso: Banco
Unión, C. A. c/ J. Freites y otro. Ramírez: T. 121, N° 305-92,
pp. 12-14).
COSAS INEMBARGABLES.

EFECTOS DEL EMBARGO.

OPOSICIÓN AL EMBARGO Y SU TRÁMITE.


Sobre la inutilidad de abrir la articulación probatoria.
69

Sala Civil. Sent. De 22-7-87. Caso: A. Burgos c/ Servicios Técnicos


Marítimos, C. A. Y otro. Ramírez: T. 100, N° 753-87, pp. 450-452.
Esta sentencia se pronunció comentando el artículo 469 del CPC
derogado, equivalente al 546 del vigente, solo que entonces bastaba la
posesión de la cosa por parte del tercero y no la propiedad como hoy
ocurre.
"...No basta con que el ejecutante o el ejecutado contradigan la
prueba o pretensiones del tercero opositor para que se abra la
articulación probatoria, sino que es necesario que,
previamente, el juzgador haya considerado procedente la
oposición por llenar los extremos que la ley señala, es decir,
por encontrarse realmente el opositor en posesión de la cosa y
tener derecho a ella de acuerdo con una prueba fehaciente. Si
el sentenciador desecha la oposición del tercero, por faltar
alguno de los indicados requisitos, ningún sentido tiene
proceder luego a la articulación probatoria, que sólo se
justifica cuando habiéndose dado aquéllos, el ejecutante o el
ejecutado insisten en contradecir los planteamientos del
opositor con una contraprueba también fehaciente".
70

V
EL DEPÓSITO. EL DEPOSITARIO. DERECHOS, OBLIGACIONES Y
RESPONSABILIDAD DEL DEPOSITARIO. EL DEPÓSITO PROVISIONAL. EL
DEPÓSITO DE CANTIDADES DE DINERO.

EL DEPÓSITO.
Código Civil: Depósito consensual
Código de Procedimiento Civil: Depósito judicial.
Ley Orgánica del Poder Judicial. Art. 41.
EL DEPOSITARIO.
Depositario Judicial es ―el funcionario público que recibe una cosa
para su guarda y conservación por orden judicial (Duque Sánchez,
Procedimientos..., p. 93).
Características del depósito judicial.
1. Es una función pública, de modo que la función del depositario
no es convencional, no deriva de un contrato, nada se asemeja al
contrato de depósito regulado por el Código Civil.
2. Como funcionario público, el depositario responde de acuerdo a lo
establecido en el artículo 121 de la Constitución Nacional,
conforme al cual ―el ejercicio del Poder Público acarrea
responsabilidad individual por abuso de poder o por violación de
la ley‖. Además, responde por daños y perjuicios conforme lo
establecido en el artículo 17 de la Ley de Depósito Judicial.
3. La función pública del depositario judicial no es permanente, sino
que nace al ser designado por el Juez. Es, por consiguiente, una
función accidental, pues no dura más allá de la duración del
depósito.
4. Es el depositario judicial un auxiliar de justicia y, como tal,
colabora en su administración.
5. Por ley (arts. 13 de la LDJ y 542, ord. 3º, del CPC), el depósito
judicial es oneroso, estando sujeta la función al arancel que
corresponde.
¿Quiénes pueden ser depositarios judiciales?
Quienes hayan sido autorizados por el Ministerio de Justicia en
Resolución mtivada (art. 3 LDJ),
No pueden serlo:
1. Quienes no estén autorizados, con la excepción prevista en el
artículo 35 de la Ley de Depósito Judicial.
71

2. El ejecutante, salvo disposición expresa de la ley, como es el caso


del Fisco Nacional en el juicio de cobro de créditos fiscales
regulado en el Código Orgánico Tributario (art. 201), o cuando lo
tolere el ejecutado.
3. Los funcionarios y empleados del Tribunal.
4. Los parientes del ejecutante y de esos funcionarios y empleados
cuando estén comprendido con ellos dentro del cuarto grado de
consanguinidad.
5. Los dependientes y sirvientes domésticos del ejecutante y los de
los funcionarios del Tribunal, preguntándonos por qué el
legislador no incluyó a los sirivientes y dependientes de los
parientes del ejecutante y de los empleados del Tribunal.
6. El ejecutado, sus parientes y sirvientes, salvo que lo tolere el
ejecutante.
7. Como dato histórico, en el ordinal 1º del artículo 462 del Código
de Procedimiento Civil derogado se incluían los parientes por
afinidad hasta el segundo grado.
Ius persequendi del depositario judicial.
El depositario judicial, como está obligado a cuidar el bien que se le
ha confiado en depósito por el oficio judicial con la diligencia de un buen
padre de familia, está legitimado para perseguirlo y recuperarlo de manos
de quien lo tomare sin autorización del Juez, teniendo cualidad para
ejercer las acciones que fueren menester para esos fines, sean judiciales,
sean extrajudiciales, pudiendo reclamar los frutos civiles o naturales que
produzca la cosa en manos de ese tercero.
DERECHOS, OBLIGACIONES Y RESPONSABILIDAD DEL DEPOSITARIO.
Rendición de cuentas.
Es una de las obligaciones del depositario, conforme lo establecido
en el ordinal 6° del artículo 541 del Código de Procedimiento Civil,
"Presentar la cuenta de su gestión dentro de los cinco días
siguientes al remate judicial, o dentro del plazo que le fije el
Juez. Si la cuenta no fuere presentada dentro de dicho lapso el
Depositario sufrirá la pérdida de su derecho a cobrar
emolumentos. Deberá también presentar estados de cuenta
mensuales".
De su parte, el artículo 544 establece:
"Presentada la cuenta por el Depositario se seguirá para la
aprobación y objeciones de la cuenta el procedimiento
establecido en la Ley sobre Depósitos Judiciales".
72

Sobre la obligación del depositario de rendir cuentas, la Sala


Político-Administrativa de la CSJ fijó los siguientes criterios:
"Leopoldo (rectius: Arminio) Borjas señala que si bien el juicio
de cuentas se presenta de ordinario como un proceso
autónomo, puede excepcionalmente proponerse un juicio de
cuentas por vía incidental, en aquellos casos en que la
rendición de cuentas deba efectuarse dentro del propio juicio".
(Omissis)
"La presentación de cuentas, en definitiva, constituye un deber
de ineludible cumplimiento para los depositarios de bienes
embargados. Dicha obligación encuentra su fundamento en la
necesidad de que el afectado por la medida de embargo pueda
ejercer un control sobre la gestión del depositario, a modo de
asegurar un correcto ejercicio de las actividades de ese
funcionario y exigir su responsabilidad si hubiere lugar a ello".
"Como resulta lógico de suponer, firme la decisión que se dicte
en la incidencia de rendición de cuentas, ella adquiere fuerza
ejecutiva. Por ello, si el depositario incumple la sentencia
firme, mediante la cual se le ordena restituir los bienes que le
fueron confiados en depósito y que no fueron rematados -como
en efecto ocurrió en el caso de autos- el solicitante de las
cuentas puede -y debe- obtener un mandamiento de ejecución
forzosa que haga posible el reintegro -por equivalente- de los
bienes que le debían ser devueltos".
"Es evidente entonces, que el Juez de la causa sí tiene
competencia para conocer y decidir la solicitud de cuentas
propuesta en vía incidental contra el depositario de los bienes
embargados, facultad ésta que se extiende a todas las fases o
etapas de la incidencia de rendición de cuentas, la cual
comprende desde la determinación sobre si existe o no la
obligación de rendir la cuenta, hasta la completa ejecución (en
especie o por equivalente) de la orden de restitución de los
bienes que debían ser devueltos por el depositario".
(Omissis)
"Por virtud del principio anteriormente enunciado (el principio
de la perpetuatio iurisdictionis, paréntesis de la cita), los jueces
competentes para conocer del juicio principal, lo son también
para decidir cualquiera de las incidencias, salvo disposición en
contrario de la Ley" (Sent. de 21-11-96. Ponente: Cecilia Sosa
Gómez. Caso: Corporación Venezolana de Fomento c/ Carlos
González Ortiz y otro. Exp. 8.042, sent. 752. Pierre: A. 96, T.
11, pp. 353-358).
EL DEPÓSITO PROVISIONAL.
Artículo 539 CPC. Ver Ley de Depósito Judicial.
73

EL DEPÓSITO DE CANTIDADES DE DINERO.


Artículo 540 CPC. Ver Ley de Depósito Judicial.
74

VI
JUSTIPRECIO. PROCEDIMIENTO. EFECTOS. JUSTIPRECIO POR LAS
PARTES.

JUSTIPRECIO.
Se justifica el justiprecio por las siguientes razones:
1. Con la enajenación forzosa del bien embargado se va a
desapropiar totalmente al ejecutado, por ello la justeza del valor
de la cosa debe establecerse de la manera más precisa psosible.
2. El justiprecio permite evitar mayores daños de los que ya va a
sufrir en su patrimonio el ejecutado con la expropiación.
3. Permite concluir el asunto, satisfaciendo plenamente la
pretensión del ejecutante.
4. Permite fijar la base de la puja.
5. Proscribe el precio vil.
PROCEDIMIENTO.

EFECTOS.

JUSTIPRECIO POR LAS PARTES.


75
77

VII
LA VENTA DE LO EMBARGADO. PUBLICIDAD. SUBASTA. PROCEDIMIENTO.
POSTORES. LA CAUCIÓN. CONTINUIDAD DEL REMATE. LA CANCELACIÓN
DEL PRECIO. EFECTOS DEL REMATE. PURGA DE LA HIPOTECA. LA COSA
HIPOTECADA Y LA NO HIPOTECADA. VENTA ANTICIPADA.

LA VENTA DE LO EMBARGADO.
Para explicar la venta de lo embargado ejecutivamente se han
ensayado varias teoría por la doctrina:
1. Una de ellas sostiene que el órgano jurisdiccional sustituye la
voluntad del acreedor (Rocco), partiendo de la idea que suprimida
la justicia privada, el acreedor ya no actúa directamente sobre los
bienes del deudor, sino que lo hace a través del oficio judicial,
quien lo sustituye en su voluntad. De manera que, por esta
teoría, el acreedor hace vender el bien por el Juez.
2. Otra sostiene (la más universal y generalizada) que el órgano
jurisdiccional sustituye la voluntad del deudor, pues realiza la
transformación del bien para obtener el medio físico de
satisfaccion del interés del acreedor sin la concurrencia de la
voluntad del ejecutado quien debió cumplir voluntariamente con
el mandato.
3. Una tercera teoría afirma que la venta la realiza el ejecutado.
4. Y una última sostiene que el Estado expropia al ejecutado y vende
el bien para hacer efectiva la realización del derecho. En ese
orden, actúa un interés público para realizar un interés privado.
PUBLICIDAD.
Es de interés, por los derechos, posiciones e intereses involucrados
en la enajenación forzosa, que la venta del bien se publicite
suficientemente, tanto para permitir a cualquier interesado con derecho
sobre la cosa ejercer la defensa de su derecho, como para traer al acto de
la pública almoneda al mayor número de postores posible.
En la ejecución ordinaria (lo cual deja a salvo, claro está, lo previsto
en leyes especiales), los carteles deberán indicar:
 Los nombres y apellidos, tanto del ejecutante como del ejecutado.
 La naturaleza de la cosa, y una breve descripción de ella, y si
fuere inmueble, su situación y linderos, expresándose si el remate
versará sobre la propiedad o sobre cualquier otro derecho. El
requisito de la expresión de si el remate versará sobre la
propiedad abona a favor de la necesidad de titulación del bien a
rematar cuando fuere inmueble, que en otras legislación es una
78

carga impuesta al ejecutado, pero que en la nuestra parece ser


una carga impuesta al ejecutante, como lo podemos deducir del
último aparte del artículo 555 del código ritual civil que pone a
cargo del ejecutante las diligencias para obtener los gravámenes
que pesen sobre la cosa en una gestión anticipada a la publicidad
que debe desarrollar el Juez por oficio ante el Registrador del
lugar donde se encuentre ubicado el inmueble.
 En el último o en el único cartel cuando hubiere supresión de
carteles por convenio de las partes, se indicará el justiprecio, los
gravámenes que pesen sobre la cosa y el lugar día y hora en que
se efectuará el remate.
De esas enunciaciones de los carteles, hay acuerdo en la doctrina en
considerar como substanciales, y por consiguiente de ineludible inclusión
a riesgo de la nulidad del remate, las siguientes.
 El valor de la cosa a rematar, tomando del justiprecio realizado
por los peritos avaluadores.
 La naturaleza de la cosa que será objeto del remate.
 Los gravámenes que pesen sobre ella, si fuere inmueble.
 El lugar, día y hora del remate.
 La falta de publicación de uno o de todos los carteles.
Carteles y su publicación. Lapsos.
Corte Suprema de Justicia. Sala de Casación Civil, Mercantil y del
Trabajo.
Sentencia de fecha 22 de marzo de 1961:
2Cuando la ley indica que los carteles deben publicarse
de diez en diez días, esos intervalos son mínimos, razón
por la cual pueden publicarse con intervalos de más
duración, lo cual permitiría a las partes y los terceros
interesados beneficiarse y no perjudicarse, pues tienen
más tiempo disponible para ver y examinar el inmueble
subastable y prepararse para su adquisición, si es de su
interés2 (Itálicas agregadas. Ramírez & Garay,
Jurisprudencia Venezolana,: T. 3, Nº 105-61 b), pp. 358-
360).
SUBASTA.
Con la sentencia ejecutada concluye el proceso.
En sentencia (amparo constitucional) de 27 de junio de 1996, dijo la
Sala de Casación Civil:
79

El Juzgado Segundo de Primera Instancia en lo Civil y Mercantil de


la Circunscripción Judicial del Estado Zulia había decretado la nulidad de
los actos cumplidos en el proceso a partir de la ejecución de la medida de
embargo el 27-10-94 y repuso la causa al estado de ejecutar nuevamente
la medida. El bien había sido adjudicado en remate y el adjudicatario
planteó el amparo constitucional. Dijo entonces la Sala:
―Este auto de fecha 7 de abril de 1995 es a todas luces
violatorio del derecho de defensa (declaratoria ésta que hace la
Sala de oficio) y del derecho de propiedad de la hoy quejosa, en
razón de que una vez finalizada la ejecución el Tribunal pierde
su jurisdicción para conocer‖.
―Concluida la fase de conocimiento con la sentencia ejecutada
concluye el proceso como tal. Una vez rematado el inmueble y
materializado el pago correspondiente, el Tribunal de la
ejecución carece totalmente de jurisdicción para dictar
reposiciones que atenten gravemente contra el principio de la
seguridad jurídica‖.
(Caso R & R Proyectos C. A. en amparo. Exp. 96-056. Ponente:
Aníbal Rueda. RAMÍREZ: T. 138, Nº 606-96, pp. 536-537).
PROCEDIMIENTO.

POSTORES.

LA CAUCIÓN.

CONTINUIDAD DEL REMATE.

LA CANCELACIÓN DEL PRECIO.

EFECTOS DEL REMATE.


Conforme el artículo 572 del CPC, el adjudicatario tiene derecho a
que, después de pagado el precio, se le ponga en posesión de la cosa que
se le adjudicó, mas ello solo es posible si el ejecutado estaba en posesión
del bien antes de la ejecución, pues si no lo estaba no se puede poner en
posesión al adjudicatario porque, de acuerdo al encabezamiento del mismo
artículo 572 la adjudicación en remate transmite al adjudicatario, una vez
pagado el precio, los mismos e iguales derechos que sobre ella tenía la
persona a quien se le remató. Es esta la doctrina sostenida por la Sala de
Casación Civil, la cual está expresada en los siguientes términos:
80

"De acuerdo con el encabezamiento de la disposición transcrita


[se refiere la Sala al artículo 572 del CPC], la adjudicación
transmite los mismos derechos que sobre ella tenía la persona
a quien se le remató, y transmite no sólo la propiedad sino la
posesión que tenía el ejecutado".
"Es en relación con ello que debe entenderse el único aparte,
señalado como infringido, por el cual, después de pagado el
precio, el adjudicatario tiene derecho a ser puesto en posesión
de la cosa que se le adjudicó".
"La propiedad otorga el derecho a poseer, pero no constituye ni
demuestra la posesión misma. Si el ejecutado, además de
propietario, era poseedor del bien, tendrá derecho el
adjudicatario a ser puesto en posesión del mismo, pero si no lo
era, tal actuación no es posible, pues la adjudicación en
remate transmite los mismos derechos y la misma situación de
hecho en que se encontraba el ejecutado" (v. sent. 7-7-93. J.
Rojas y otro c/ Consorcio Inmobiliario Intercal, C. A. Exp. 91-
576. Ramírez: T. 126. N° 781-93. pp. 322-323).
Ha dicho también la Sala Civil, con respecto a los efectos del acta de
remate, lo siguiente:
"El acta del remate en que se hubiere acordado la buena pro
constituye la prueba plena de los derechos adquiridos por el
adjudicatario; en otro términos, esa acta es en la venta judicial
lo que la escritura otorgada por el vendedor en la venta
voluntaria: el título de propiedad, según las palabras del
artículo 501 del Código de Procedimiento Civil, expresa el
autor patrio Borjas, debiendo registrarse si se trata de
inmuebles o de otros bienes o derechos susceptibles de
hipoteca, para que surta efectos contra terceros. La buena pro
y adjudicación que se acuerda en el remate judicial al postor,
expropia o vende por ministerio de la ley al deudor ejecutado y
transfiere la propiedad de la cosa rematada al adjudicatario".
"Es de advertir que la cosa rematada pasa al licitador sometida
a las mismas cargas que la afectaban en poder del ejecutado, y
queda expuesta a las contingencias de las acciones de nulidad,
rescisión o resolución y otras semejantes que podían ser
intentadas respecto de ella contra el referido expropiado, salvo
cuando se trate de una cosa hipotecada que se vende en
remate judicial con citación de los acreedores hipotecarios, en
cuyo caso, por virtud de lo que se llama «purga de la hipoteca»,
la cosa rematada pasa al licitador, después de pagado el precio
libre de todo gravamen de hipoteca, reputándose que dicho
gravamen se ha trasladado al precio del remate, como lo
disponen los artículos 1.899 y 1.911 del Código Civil" (Sent. de
81

6-8-69. Caso: César A. Pineda P. c/ Ernestina Perié de


González R. y otras. Ramírez: T. 22, N° 393-69, pp. 290-297).
AMPARO CONSTITUCIONAL CONTRA REMATE JUDICIAL.
Contra el remate judicial no cabe el amparo constitucional (sería
inadmisible conforme el numeral 5° del artículo 6 de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales), pues, como tiene
dicho la Sala de Casación Civil actuando como Tribunal Constitucional,
"cualquier acto del Tribunal derivado de error, exceso o indebida
interpretación de la referida norma [art. 572 del CPC] sólo se puede atacar
mediante la acción reivindicatoria, en conformidad con lo dispuesto en el
artículo 584 del Código de Procedimiento Civil, razón por la cual de
conformidad con lo establecido en el numeral 5 del artículo 6° de la Ley
Orgánica de Amparo, al existir un medio ordinario idóneo para enervar los
efectos jurídicos del remate, considera la Sala que la acción de amparo
presentada es inadmisible" (Sent. 5-4-95. Comunidad de Propietarios del
Edificio Residencias Mapara. Ponente: Dr. Alirio Abreu Burelli. Exp. 93-
117. Pierre: A. 95. T. 4. pp. 64-67).
PURGA DE LA HIPOTECA.
Sentencia de la Sala Civil casando de oficio un fallo violación del
debido proceso al no aplicar el artículo 1.911 del CC:
"Expresa el artículo 1.911 del Código Civil:
«La cosa hipotecada que se vende en remate judicial, con
citación de los acreedores hipotecarios, pasa al comprador,
después que se pague el precio, libre de todo gravamen de
hipoteca sobre ella, reputándose que dicho gravamen se ha
trasladado al precio del remate».
"La citación de los acreedores hipotecarios al remate judicial
está dirigida a dejar sin efecto el derecho de persecución que
tiene el titular del derecho real de hipoteca sobre la cosa
hipotecada, el cual permitiría ejecutar la hipoteca, aun cuando
el bien se encuentre en manos de un tercero, garantizando a la
vez el derecho del acreedor hipotecario, porque al ser citado,
éste podrá pujar en el remate evitando que la cosa se venda a
un precio vil, que afectaría sus intereses, pues de acuerdo a la
regla bajo análisis, el gravamen se traslada al precio del
remate".
"El extremo a verificar por el Juez de la ejecución es la
existencia de la hipoteca, constatación que es previa a la
citación del tercero, quien podrá incluso no acudir, sin que por
ello deje de producirse el efecto de purga de la hipoteca y
traslado del gravamen al precio".
"En nuestro proceso real con frecuencia las partes interesadas
acuerdan en la ejecución el pago de las cantidades adeudadas
al acreedor hipotecario, pero el presupuesto de tal uso judicial
82

es el acuerdo, puesto que de oponerse a ello, por cualquier


razón el ejecutante o el ejecutado, o no solicitarlo el acreedor
hipotecario, el cual, se reitera, podría no asistir al remate,
puesto que nada tiene que demostrar, el juez, sin más aplicará
la regla legal y declarará que la garantía se traslada al precio.
Todas las controversias sobre la existencia o monto del crédito
garantizado por la hipoteca se dirimirán durante el juicio que
deberá iniciar el acreedor que había llamado a la ejecución,
pues resolver la cuestión de la existencia de la deuda en una
breve incidencia viola el derecho del tercero al debido proceso
legal" (Sent. de 21-6-95. Exp. N° 92-153. Ponente: Alirio Abreu
Burelli. Caso: Inversora Royese, C. A. c/ Desarrollos Algarven,
C. A. Ramírez: T. 134, N° 658-95, pp. 527-528).
LA COSA HIPOTECADA Y LA NO HIPOTECADA.
Subasta con bienes hipotecados: Arts. 582 y 548 CPC.
En la vía ejecutiva: Art. 632 CPC.
VENTA ANTICIPADA.
COSAS CORUPTIBLES.
Artículo 538 CPC.
COSAS UTILIZABLES.
Artículo 543 CPC.