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Importancia del Análisis Transaccional:

En conclusión el análisis transaccional es una teoría de la conducta e interacción humana,


con técnicas para el crecimiento personal y social.

El análisis transaccional es de suma importancia porque nos proporciona una imagen de la


estructura psicológica de las personas utilizando el modelo ya antes explicado del Padre,
Adulto y Niño. Este modelo nos ayuda a comprender cómo funcionan las personas y cómo
expresan su personalidad en términos de conducta. También proporciona un método de
análisis de sistemas y organizaciones. Este tiene un sistema propio para describir y
comunicar las alteraciones psíquicas en conexión con su teoría de la personalidad y
explicar la génesis de las alteraciones mentales y del comportamiento. Dispone de un
cuerpo teórico propio sobre las etapas y técnicas que se deben aplicar en el tratamiento de
las enfermedades mentales. El análisis transaccional aplica en el funcionamiento de los
grupos y las organizaciones aplicables a grupos grandes y pequeños sean estos
terapéuticas, laborales o familiares. En la actualidad hay analistas transaccionales
especializados en aplicar estos conocimientos en organizaciones de distinto aspectos
como en empresas, hospitales, escuelas, colegios, etc. La aplicación del análisis
transaccional a la comprensión de las dinámicas grupales facilita el desarrollo de técnicas
de negociación y de consenso para resolver conflictos.

Casos prácticos:

Siguiendo los principios teóricos del análisis transaccional y centrándonos en los juegos
psicológicos, voy a analizar una conversacion con diferentes transacciones:

En esta conversación, están una esposa y su marido sentados en la sala:

Esposa: Roberto, se estropeo la lavadora…

Marido: Pues llama al técnico.

Esposa: ¿No quieres ver que tiene por si de curiosidad la puedes arreglar tú?

Marido: No, no tengo. Ya tiene muchos años, mejor compramos otra mejor.

Esposa: ¡Que lastima de hombre! Eres un inútil. Y deja de morderte las uñas.

Marido: ¿Por qué si son mias?

Esposa: Y ponte recto que pareces un viejo. Y mañana me montas la estantería del pasillo,
que tengo que colocar los jarrones que me regalo mama.

Marido: Vaaaale… ¿Tu mama no nos podía haber regalado un kilo de jamón?, no jarrones,
para no tener otra estantería llena de mierda.

Esposa: ¿Qué acabas de decir?

Marido: Nada, cariño, que si te la monto.

Esposa: Mañana vas y te me cortas ese pelo, que lo tienes horrible.


Marido: Ok…

Esposa: Y no leas desde tan cerca, que te vas a quedar bizco.

Marido: ¡Joder, María!

Esposa: ¡A mí no me hables así!

Marido: ¡Pero bueno, ya está bien! ¡Qué fastidiosa eres, pareces mandamás!

Esposa: ¡Que no me grites!

Marido: ¡Yo grito cuando me da la gana! ¡Y a partir de hoy voy a hacer lo que me salga!

-Esposa: ¿¡Quéééé!?

-Marido: Mejor dicho: de los huevos.

(Fin de la escena)

Al principio del segmento, Maria (la mujer) acude en busca de ayuda de Roberto (su
marido), abarcando las primeras transacciones. Éstas son de tipo ulterior, ya que en un
nivel explícito resultan ser transacciones adulto-adulto (por ejemplo, “Roberto, que se
estropeado la lavadora.”), pero a un nivel implícito el mensaje va dirigido desde el yo Niño
de la esposa al yo Padre del marido (sería “Soluciona por mí el problema de la lavadora”),
el cual responde con el Yo Adulto (“llama al técnico”), aunque a veces implícitamente con el
yo Padre Nutritivo (“Ya tiene muchos años, mejor compramos otra mejor.”). Analizando
estos primeros intercambios desde el triángulo dramático, la mujer acude como víctima en
busca de un salvador, su marido, cumpliendo este papel proponiendo soluciones que
Marina va rechazando sistemáticamente, a la vez que Roberto no acepta ayudarla de la
forma que ella quiere.

Tras varios intercambios siguiendo esta tónica, se produce un cambio de rol: Marina
empieza a lanzar reproches a su marido y a cuestionar el cumplimiento de varias tareas,
pasando así a representar el rol de perseguidora. Roberto ante esta nueva posición
reacciona cambiando al rol de víctima. Entre los mensajes de la esposa vemos una
dinámica que según el análisis transaccional se vería como mensajes enviados del Yo
Padre Crítico al Yo Niño Adaptado (por ejemplo, “no leas desde tan cerca, que te vas a
quedar bizco”). Las respuestas de Roberto son en su mayoría enviadas del Yo Niño
Adaptado Sumiso (“Que sí, que te monto la estantería”), aunque se da alguna que está
dirigida desde el Niño Rebelde (“Tu mama no nos podía haber regalado un jamón”).

La conversación finaliza con un rebusque de Roberto en forma de resentimiento que


sustituye a una emoción auténtica como podría ser tristeza o rabia. En este rebusque usa
el Estado del Yo Niño Adaptado Rebelde (“¡Yo grito cuando me de la gana!”). En este
momento, María sigue hablando desde el Yo Padre Crítico (“¡A mí no me hables así!”).
Este resultado final es, tal y como define la teoría, previsible, ya que el juego en sí mismo
consiste en que uno de los jugadores (Roberto en este caso) acumule emociones
negativas.

Además, estos sucesos no son procesados por el Yo Adulto, y si lo hace es estando


contaminado por otro de los dos Estados del Yo. Esto viene propiciado por la presencia de
transacciones ulteriores que “enganchan” a alguno de los otros dos estados del Yo. Un
efecto directo de la ausencia de dicho estado es la falta de toma de conciencia por parte de
los participantes en la interacción, que a su vez provoca que se perpetúe el juego
psicológico hasta llegar al resultado final.

Un resumen de este fragmento sería: María va a Roberto como víctima en busca de un


salvador. Al no ayudarla como ella quiere, ésta pasa a perseguidora y Roberto a víctima.
Este último, tras cumplir este rol por un rato termina sintiendo un rebusque de
resentimiento.

http://informatizarte.com.ar/blog/?p=1874

http://www.cepiat.com/index.php/enfoques/analisis-transaccional

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