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HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

UNIDAD VI

PUNTO Nº 1

LA REVOLUCION DE MAYO:

fue una serie de acontecimientos revolucionarios ocurridos en la


ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, dependiente del rey de España, que se
sucedieron durante el transcurso de la llamada Semana de Mayo, entre el 18 de mayo de 1810, fecha de
la confirmación oficial de la caída de la Junta Suprema Central, y el 25 de mayo, fecha en que se
destituyó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y se lo reemplazó por la Primera Junta de gobierno.Si
bien inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino no hubo una proclamación de
la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de
España e Indias, pero aún gobernaba nominalmente en nombre del rey de España Fernando VII, quien
había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayonay su lugar ocupado por el francés José Bonaparte.
fue un proceso revolucionario que tuvo lugar en la ciudad de
Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata el 25 de mayo de 1810, y por el cual se reemplazó
al virrey de España, Baltasar Hidalgo de Cisneros, por una junta de gobierno conocida como Primera
Junta.

Los eventos de la Revolución de Mayo sucedieron durante


el transcurso de la llamada Semana de Mayo, entre el 18 de mayo, fecha de la confirmación
oficial de la caída de la Junta Suprema Central, y el 25 de mayo, fecha de asunción de la
Primera Junta.

La Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino sin proclamación
de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de
Regencia de España e Indias, pero aún gobernaba nominalmente en nombre del rey de
España Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar
ocupado por el francés José Bonaparte.

Juráis a Dios nuestro Señor y a estos Santos Evangelios reconocer la Junta Provisional
Gubernativa de las provincia del Río de La Plata a nombre del Sr. D. Fernando Séptimo, y para
guarda de sus augustos derechos, obedecer sus órdenes y decretos, y no atentar directa ni
indirectamente contra su autoridad, propendiendo pública y privadamente a sus seguridad y
respeto.

Todos juraron; y todos morirán antes que quebranten la sagrada obligación que se han
impuesto. (Gaceta de Buenos Aires (1810-1821), 1910, p. 13)

Esta manifestación de lealtad, conocida como la máscara de Fernando VII, es considerada por
algunos historiadores como una maniobra política que ocultaba las intenciones
independentistas. Otros sostienen que asumir esto sería como considerar que los
revolucionarios eran «cínicos, embusteros y traidores».

La Semana de mayo

Viernes 18
El 14 de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa Mistletoe
trayendo periódicos que confirman los rumores que circulaban intensamente por Buenos
Aires: cayó en manos de los franceses de Napoleón, la Junta Central de Sevilla, último
bastión del poder español.

El viernes 18 el virrey Cisneros hizo publicar lee por los pregoneros (porque la mayoría
de la población no sabía leer ni escribir) una proclama que comenzaba diciendo: “A los
leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires.” El virrey advertía que “en el
desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo Gobierno” él
asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y
se pondría de acuerdo con los otros virreyes de América para crear una Regencia
Americana en representación de Fernando. Cisneros aclaraba que no quería el mando
sino la gloria de luchar en defensa del monarca contra toda dominación extraña y,
finalmente prevenía al pueblo sobre “los genios inquietantes y malignos que procuran
crear divisiones”. A medida que los porteños se fueron enterando de la gravedad de la
situación, fueron subiendo de tono las charlas políticas en los cafés y en los cuarteles.
Todo el mundo hablaba de política y hacía conjeturas sobre el futuro del virreinato.

La situación de Cisneros era muy complicada. La Junta que lo había nombrado virrey
había desaparecido y la legitimidad de su mandato quedaba claramente cuestionada.
Esto aceleró las condiciones favorables para la acción de los patriotas que se venían
reuniendo desde hacía tiempo en forma secreta en la en la jabonería de Vieytes. La
misma noche del 18 los jóvenes revolucionarios se reunieron en la casa de Rodríguez
Peña y decidieron exigirle al virrey la convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la
situación en que quedaba el virreinato después de los hechos de España. El grupo
encarga a Juan José Castelli y a Martín Rodríguez que se entrevisten con Cisneros.

Sábado 19

Las reuniones continuaron hasta la madrugada del Sábado 19 y sin dormir, por la
mañana, Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano le pidieron al Alcalde Lezica la
convocatoria a un Cabildo Abierto. Por su parte, Juan José Castelli hizo lo propio ante el
síndico Leiva.

Domingo 20

El domingo 20 el virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió su apoyo ante
una posible rebelión, pero todos se rehusaron a brindárselo. Por la noche Castelli y
Martín Rodríguez insistieron ante el virrey con el pedido de cabildo abierto. El virrey dijo
que era una insolencia y un atrevimiento y quiso improvisar un discurso pero Rodríguez
le advirtió que tenía cinco minutos para decidir. Cisneros le contestó “Ya que el pueblo
no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran” y convocó al
Cabildo para el día 22 de Mayo. En el “Café de los Catalanes y en “La Fonda de las
Naciones”, los criollos discutían sobre las mejores estrategias para pasar a la acción

Lunes 21

A las nueve de la mañana se reunió el Cabildo como todos los días para tratar los temas
de la ciudad. Pero a los pocos minutos los cabildantes tuvieron que interrumpir sus
labores. La Plaza de la Victoria estaba ocupada por unos 600 hombres armados de
pistolas y puñales que llevaban en sus sombreros el retrato de Fernando VII y en sus
solapas una cinta blanca, símbolo de la unidad criollo-española desde la defensa de
Buenos Aires. Este grupo de revolucionarios, encabezados por Domingo French y
Antonio Luis Beruti, se agrupaban bajo el nombre de la “Legión Infernal” y pedía a los
gritos que se concrete la convocatoria al Cabildo Abierto. Los cabildantes acceden al
pedido de la multitud. El síndico Leiva sale al balcón y anuncia formalmente el ansiado
Cabildo Abierto para el día siguiente. Pero los “infernales” no se calman, piden a gritos
que el virrey sea suspendido. Debe intervenir el Jefe del regimiento de Patricios,
Cornelio Saavedra quien logra calmarlos garantizándoles el apoyo militar a sus
reclamos.

Martes 22

Ya desde temprano fueron llegando los “cabildantes”. De los 450 invitados sólo
concurrieron 251. También estaba presente una “barra” entusiasta. En la plaza French,
Beruti y los infernales esperan las novedades. La cosa se fue calentando hasta que
empezaron los discursos, que durarán unas cuatro horas, sobre si el virrey debía seguir
en su cargo o no. Comenzó hablando el Obispo Lué diciendo que mientras hubiera un
español en América, los americanos le deberían obediencia. Le salió al cruce Juan José
Castelli contestándole que habiendo caducado el poder real, la soberanía debía volver al
pueblo que podía formar juntas de gobierno tanto en España como en América. El Fiscal
de la Audiencia, Manuel Villota señaló que para poder tomar cualquier determinación
había que consultar al resto del virreinato. Villota trataba de ganar tiempo, confiando en
que el interior sería favorable a la permanencia del virrey. Juan José Paso le dijo que no
había tiempo que perder y que había que formar inmediatamente una junta de
gobierno.

Casi todos aprobaban la destitución del virrey pero no se ponían de acuerdo en quien
debía asumir el poder y por qué medios. Castelli propuso que fuera el pueblo a través
del voto el que eligiese una junta de gobierno; mientras que el jefe de los Patricios,
Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo gobierno fuera organizado
directamente por el Cabildo. El problema radicaba en que los miembros del Cabildo,
muchos de ellos españoles, seguían apoyando al virrey.
“Modales”

El debate del 22 fue muy acalorado y despertó las pasiones de ambos bandos. El
coronel Francisco Orduña, partidario del virrey, contará horrorizado que mientras
hablaba fue tratado de loco por no participar de las ideas revolucionarias “..mientras
que a los que no votaban contra el jefe (Cisneros), se les escupía, se les mofaba, se les
insultaba y se les chiflaba.”

Miércoles 23

Por la mañana se reunió el Cabildo para contar los votos emitidos el día anterior y emite
un documento: “hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el
Excmo. Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Excmo.
Cabildo (…) hasta la erección de una Junta que ha de formar el mismo Excmo. Cabildo,
en la manera que estime conveniente. El síndico Leiva, adicto al virrey prepara una
maniobra: nombrar una Junta presidida por Cisneros.

Jueves 24

Se confirmaron las versiones: el Cabildo designó efectivamente una junta de gobierno


presidida por el virrey e integrada por cuatro vocales: los españoles Juan Nepomuceno
Solá y José de los Santos Inchaurregui y los criollos Juan José Castelli y Cornelio
Saavedra, burlando absolutamente la voluntad popular. Esto provocó la reacción de las
milicias y el pueblo. Castelli y Saavedra renunciaron a integrar esta junta Muchos como
el coronel Manuel Belgrano fueron perdiendo la paciencia. Cuenta Tomás Guido en sus
memorias “En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del regimiento
de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua,
reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias observando la indecisión de sus
amigos, púsose de pie súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido por el
fuego de sangre generosa entró al comedor de la casa del señor Rodríguez Peña y
lanzando una mirada en derredor de sí, y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su
espada dijo: “Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde
del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le
derribaré con mis armas.”

Por la noche una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se presentó en la casa
de Cisneros con cara de pocos amigos y logró su renuncia. La junta quedó disuelta y se
convocó nuevamente al Cabildo para la mañana siguiente.

Así recuerda Cisneros sus últimas horas en el poder:


“En aquella misma noche, al celebrarse la primera sesión o acta del Gobierno,
se me informó por alguno de los vocales que alguna parte del pueblo no estaba
satisfecho con que yo obtuviese el mando de las armas, que pedía mi absoluta
separación y que todavía permanecía en el peligro de conmoción, como que en
el cuartel de Patricios gritaban descaradamente algunos oficiales y paisanos, y
esto era lo que llamaban pueblo, (..). Yo no consentí que el gobierno de las
armas se entregase como se solicitaba al teniente coronel de Milicias Urbanas
Don Cornelio de Saavedra, arrebatándose de las manos de un general que en
todo tiempo las habría conservado y defendido con honor y quien V.M las había
confiado como a su virrey y capitán general de estas provincias, y antes de
condescender con semejante pretensión, convine con todos los vocales en
renunciar los empleos y que el cabildo proveyese de gobierno.”

El 25 de mayo de 1810

Todo parece indicar que el 25 de mayo de 1810 amaneció lluvioso y frío. Pero la
“sensación térmica” de la gente era otra . Grupos de vecinos y milicianos encabezados
por Domingo French y Antonio Beruti se fueron juntando frente al cabildo a la espera de
definiciones. Algunos llevaban en sus pechos cintitas azules y blancas, que eran los
colores que los patricios habían usado durante las invasiones inglesas.

Pasaban las horas, hacía frío, llovía y continuaban las discusiones. El cabildo había
convocado a los jefes militares y estos le hicieron saber al cuerpo a través de Saavedra
que no podían mantener en el poder a la Junta del 24 porque corrían riesgos personales
porque sus tropas no les responderían. La mayoría de la gente se fue yendo a sus casas
y el síndico del Cabildo salió al balcón y preguntó “¿Dónde está el pueblo?”. En esos
momentos Antonio Luis Beruti irrumpió en la sala capitular seguido de algunos
infernales y dijo “Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en
circunstancias de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces, Si hasta ahora
hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El
pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del
vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque
la campana y si es que no tiene badajo nosotros tocaremos generala y verán ustedes la
cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores decirlo
ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si
volvemos con las armas en la mano, no responderemos de nada.” Poco después se
anunció finalmente que se había formado una nueva junta de gobierno .El presidente
era Cornelio Saavedra; los doctores Mariano Moreno y Juan José Paso, eran sus
secretarios; fueron designados seis vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli, el
militar Miguel de Azcuénaga, el sacerdote Manuel Alberti y los comerciantes Juan Larrea
y Domingo Matheu. Comenzaba una nueva etapa de nuestra historia.
La Junta declaró que gobernaba en nombre de Fernando VII. Así lo recuerda Saavedra
en sus memorias “Con las más repetidas instancias, solicité al tiempo del recibimiento
se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para
desempeñarlo, sino también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la
revolución de aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en
adquirir empleos y honores por aquel medio. Por política fue preciso cubrir a la junta
con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía
sus providencias y mandatos.”

Para algunos era sólo una estrategia a la que llamaron la “máscara de Fernando”, es
decir, decían que gobernaban en nombre de Fernando pero en realidad querían declarar
la independencia. Pensaban que todavía no había llegado el momento y no se sentían
con la fuerza suficiente para dar ese paso tan importante. La máscara de Fernando se
mantendrá hasta el 9 de julio de 1816.

Pero los españoles no se creyeron lo de la máscara o el manto de Fernando y se


resistieron a aceptar la nueva situación.

En Buenos Aires el ex virrey Cisneros y los miembros de la Audiencia trataron de huir a


Montevideo y unirse a Elío (que no acataba la autoridad de Buenos Aires y logrará ser
nombrado virrey), pero fueron arrestados y enviados a España en un buque inglés.

ACONTECIMIENTOS OCURRIDOS EN EL ORDEN EXTERNO E INTERNO:

EXTERNO: La declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 de Gran Bretaña sirvió
como un ejemplo para los criollos de que una revolución e independencia en Hispanoamérica eran
posibles. La Constitución estadounidense proclamaba que todos los hombres eran iguales ante la
ley (aunque, por entonces, dicha proclamación no alcanzaba a los esclavos), defendía los derechos
de propiedad y libertad y establecía un sistema de gobierno republicano.
A su vez, desde finales del siglo XVIII se habían comenzado a difundir los ideales de la Revolución
francesa de 1789, en la cual una asamblea popular finalizó con siglos de monarquía con la destitución y
ejecuciones del rey de Francia Luis XVI y su esposa María Antonieta y la supresión de los privilegios de
los nobles. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuyos principios eran Liberté,
égalité, fraternité («libertad, igualdad, fraternidad»), tuvo una gran repercusión entre los jóvenes de
la burguesía criolla. La Revolución francesa motivó también la expansión en Europa de las ideas liberales,
que impulsaban las libertades políticas y económicas. Algunos liberales políticos influyentes de dicha
época, opuestos a las monarquías y al absolutismo, eran Voltaire, Jean-Jacques
Rousseau, Montesquieu, Denis Diderot y Jean Le Rond d'Alembert, mientras que el principal
representante de la economía liberal era Adam Smith, autor del libro La riqueza de las naciones que
proponía el libre comercio.
Aunque la difusión de dichas ideas estaba muy restringida en los territorios españoles, pues no se
permitía el ingreso de tales libros a través de las aduanas o la posesión no autorizada, igualmente se
difundían en forma clandestina.
Las ideas liberales alcanzaron incluso al ámbito eclesiástico, Francisco Suárez (1548-1617) sostenía que
el poder político no pasa de Dios al gobernante en forma directa sino por intermedio del pueblo. Éste sería
entonces, de acuerdo con Suárez, el que posee el poder y lo delega en hombres que manejan al estado y
si dichos gobernantes no ejercieran apropiadamente su función de gerentes del bien común se
transformarían en tiranos y el pueblo tendría el derecho de derrocarlos o enfrentarlos, y establecer nuevos
gobernantes.2
En Gran Bretaña, mientras tanto, se inicia la revolución industrial, y para satisfacer ampliamente las
necesidades de su propia población necesitaba nuevos mercados a los cuales vender su creciente
producción de carbón, acero, telas y ropa. Gran Bretaña ambicionaba que el comercio de
las colonias españolas en América dejara de estar monopolizado por su metrópoli. Para lograr este fin
intentó conquistarlas –intentona fallida en el Río de la Plata mediante las dos Invasiones Inglesas,
de 1806y 1807– o bien promovió su emancipación.
En Europa se desarrollaban las Guerras Napoleónicas, que enfrentaron al Imperio Napoleónico francés
contra Gran Bretaña y España, entre otros países. Francia tuvo una gran ventaja inicial y, mediante
las abdicaciones de Bayona, forzó la renuncia de Carlos IV de España y su hijo Fernando VII. Estos
fueron reemplazados en el trono español por José Bonaparte, hermano del emperador francés Napoleón
Bonaparte. La monarquía española intentó resistir formando la Junta Suprema de España e Indias o Junta
Suprema Central y, tras la derrota de ésta, el Consejo de Regencia de España e Indias o Consejo de
Regencia.

INTERNO: A lo largo del siglo XVIII, las reformas en el Imperio Español llevadas adelante por la Casa
de Borbón —que reemplazó a la Casa de Austria a partir del 16 de noviembre de 1700— transformaron
la Hispanoamérica de aquel entonces de "reinos" relativamente autónomos, en colonias enteramente
dependientes de decisiones tomadas en España en beneficio de ella. 3 Entre las principales reformas
borbónicas en América se destacó la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, que reunió
territorios dependientes hasta entonces del muy extenso Virreinato del Perú, y dio una importancia
principal a su capital, la ciudad de Buenos Aires, que había tenido una significación secundaria hasta ese
momento.4
En el Virreinato del Río de la Plata el comercio exterior era un monopolio de España y legalmente no se
permitía el comercio con otras potencias. Esta situación era altamente desventajosa para Buenos Aires ya
que la corona española minimizaba el envío de barcos rumbo a dicha ciudad. Esta decisión de la
metrópoli se debía a que la piratería obligaba a enviar a los barcos de comercio con una fuerte escolta
militar, y ya que Buenos Aires no contaba con recursos de oro ni de plata ni disponía de
poblaciones indígenas establecidas de las cuales obtener recursos o someter al sistema de encomienda,
enviar los convoyes de barcos a la ciudad era mucho menos rentable que si eran enviados
a México o Lima. Dado que los productos que llegaban de la metrópoli eran escasos, caros e insuficientes
para mantener a la población, tuvo lugar un gran desarrollo del contrabando, que era tolerado por la
mayoría de los gobernantes locales. El comercio ilícito alcanzaba montos similares al del comercio
autorizado con España.5 En este contexto se formaron dos grupos de poder diferenciados:
1- Los que reclamaban el comercio libre para importar directamente con cualquier país sin tener que
necesariamente comprar todas las mercaderías trianguladas por España.
Dentro de este grupo del comercio libre pueden distinguirse a su vez a un grupo de poderosos
contrabandistas criollos o españoles asociados a los mercaderes ingleses que fomentaban la nula
protección de la manufactura local y por el otro lado a un grupo que si bien quería romper el monopolio
español, no deseaba una desprotección de la manufactura y producción locales (Mariano Moreno).
2- Los comerciantes monopolistas, autorizados por la Corona española, quienes rechazaban el libre
comercio y propugnaban por la continuidad del monopolio ya que si los productos entraban legalmente
disminuirían sus ganancias.
En la organización política, especialmente desde la fundación del Virreinato del Río de la Plata, el
ejercicio de las instituciones residentes recaía en funcionarios designados por la corona, casi
exclusivamente españoles provenientes de la metrópoli, sin vinculación con los problemas e
intereses americanos. Legalmente no había diferenciación de clases sociales entre españoles
peninsulares y del virreinato, pero en la práctica los cargos más importantes recaían en los primeros.
La burguesía criolla, fortalecida por la revitalización del comercio e influida por las nuevas ideas, esperaba
la oportunidad para acceder a la conducción política.
La rivalidad entre los habitantes nacidos en la colonia y los de la España europea dio lugar a una pugna
entre los partidarios de la autonomía y quienes deseaban conservar la situación establecida. Aquellos a
favor de la autonomía se llamaban a sí mismos patriotas, americanos, sudamericanos o criollos, mientras
que los partidarios de la realeza española se llamaban a sí mismos realistas. Los patriotas eran señalados
despectivamente por los realistas como insurgentes, facciosos, rebeldes, sediciosos, revolucionarios,
descreídos, herejes, libertinos o caudillos; mientras que los realistas eran a su vez tratados en forma
despectiva como sarracenos, godos, gallegos, chapetones, matuchos o maturrangos por los patriotas.
Buenos Aires, la capital del Virreinato, logró un gran reconocimiento ante las demás ciudades del mismo
luego de expulsar a las tropas inglesas en dos oportunidades durante las Invasiones Inglesas.6 La victoria
contra las tropas inglesas alentó los ánimos independentistas ya que el virreinato había logrado
defenderse solo de un ataque externo, sin ayuda de España. Durante dicho conflicto se constituyeron
milicias criollas que luego tendrían un importante peso político, la principal de ellas era el Regimiento de
Patricios liderado por Cornelio Saavedra.
Una alternativa considerada antes de la revolución fue el Carlotismo, que consistía en apoyar a
la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana del rey Fernando VII de España y esposa y
princesa consorte del príncipe regente Juan de Portugal, para que se pusiera al frente de todas las
colonias españolas como regente. Estaba capacitada para hacerlo por la derogación de la Ley
Sálica en 1789, y su intención sería prevenir un posible avance francés sobre las mismas. El intento no
fue apoyado por los españoles peninsulares, pero sí por algunos núcleos revolucionarios que veían en
ello la posibilidad de independizarse en los hechos de España. Entre ellos se encontraban Juan José
Castelli, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Hipólito Vieytes y Manuel Belgrano; otros revolucionarios
como Mariano Moreno y Cornelio Saavedra estaban en desacuerdo. Sin embargo, la propia infanta
renegó de tales apoyos, y denunció al virrey las motivaciones revolucionarias contenidas en las cartas de
apoyo que le enviaron. Sin ningún otro respaldo importante, las pretensiones de Carlota fueron olvidadas.
Incluso después de la revolución hubo algunas aisladas propuestas de coronación de la Infanta como
estrategia dilatoria, pero ésta estaba completamente en contra de los sucesos ocurridos

Acontecimientos externos e internos que influyeron sobre los revolucionarios de Mayo


Internos:
 Invasiones Inglesas
-Descrédito de las autoridades virreinales (Huida de Sobremonte) (1806)
-Conciencia del poder de defensa por parte del pueblo (Reconquista)
-Formación de las milicias integradas fundamentalmente por criollos.
-Introducción de ideas liberales, como la libertad religiosa y la libertad de comercio
2. Rebelión Túpac Amaru. Levantamientos en Chuquisaca y La Paz que fueron cruelmente
sofocados
3. Invasión de Napoleón a España lo que provocó:
El pueblo obliga la abdicación de Carlos IV a favor de su hijo Fernando. Pero luego, aconsejado
por Napoleón, dejó sin efecto la abdicación y se hizo cargo del gobierno. Dos reyes gobernaban
España, la presión hace renunciar a Fernando VII y Carlos IV abdicó a favor de Napoleón, quien
corona a su hermano José Bonaparte.
4. Disolución de la Junta de Sevilla
Externos:
1. La Independencia Norteamericana.
2. La Revolución Francesa.
3. Crisis del régimen Español.

REVOLUCIONES LIBERALES COMO ACONTECIMIENTO EXTERNO DE LA REVOLUCION DE


MAYO:

La Independencia de los EEUU (04/07/1776)

Gran Bretaña venía aplicando muchas restricciones al comercio con sus colonias de
América del Norte en beneficio de los mercaderes ingleses. Sus productos podían ser
exportados sólo a la Metrópoli. Pese a esto y gracias al desarrollo de la pesca, la
agricultura, la industria y el contrabando, los colonos subsistían y su economía
progresaba. Pero hacia 1770 la corona quiso obligar a los colonias a que pagasen parte
de los gastos de las guerras europeas. El parlamento inglés votó la Ley del azúcar, que
autorizaba a cobrar un impuesto por este producto y luego la Ley del Timbre, que
obligaba a pagar a todos los documentos públicos un derecho a través de una
estampilla. La mayoría de los norteamericanos se opusieron a estas leyes. Decían que el
Parlamento de Gran Bretaña no podía fijarles nuevos impuestos porque ellos no estaban
representados en ese organismo. La Asamblea de la Colonia de Virgina declaró que los
colonos sólo debían pagar los impuestos fijados por esa asamblea. Las demás colonias
imitaron a Virginia, hasta que se decidió reunir un congreso en Filadelfia en 1774. Fue
en ese congreso que el 4 de julio de 1776 las trece colonias norteamericanas acordaron
poner fin a la dominación británica. Comenzaba una larga guerra de independencia en la
que los rebeldes contarían con el apoyo de Francia y España. En 1783 Inglaterra debió
aceptar su derrota y reconocer la Independencia de los Estados Unidos de América La
constitución norteamericana, promulgada en 1787, fue muy innovadora. Declaraba que
todos los hombres eran iguales ante la ley. Esto no incluía a una importante cantidad de
habitantes de la nueva nación: los esclavos, que continuaron padeciendo una durísima
situación. En cuanto al derecho de voto, sólo podían ejercerlo los hombres propietarios.

La defensa de los derechos de propiedad y libertad, quedaba garantizada por la nueva


Constitución. Se proclamó el sistema republicano en el que quedaba muy clara la
división de los poderes : un ejecutivo, ejercido por un presidente; un legislativo,
compuesto por una Cámara de Representantes con diputados proporcionales a la
población de cada Estado y un Senado integrado por dos senadores por Estado, y un
Poder Judicial, ejercido por un Tribunal Supremo.

La revolución francesa

El siglo XVIII europeo fue el de la Ilustración, la Enciclopedia y el encumbramiento de


Inglaterra como gran potencia colonial, comercial y mundial. Este mundo nuevo produjo
la caída del viejo. Por ello, el siglo XVIII fue también el del hundimiento del “Antiguo
Régimen”, de la sociedad estamental, de los gremios, y de una economía basada en la
producción agrícola.

En 1789 una revolución puso fin a siglos de monarquía en Francia. El Rey Luis XVI y su
esposa, María Antonieta fueron ejecutados con el invento del Dr. Guillotín, la guillotina,
una máquina de cortar cabezas que se puso muy de moda en Francia por esos años.

La revolución francesa significó el principio del fin del Absolutismo monárquico y el


triunfo de los principios de soberanía popular y división de los poderes.

El pueblo de París formó una asamblea que asumió el poder y suprimió todos los
privilegios de los nobles, entre ellos el de no pagar impuestos. La Asamblea redactó la
“Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”. Sus tres principios eran
“Liberté, Egalité y Fraternité”(libertad, igualdad y fraternidad). La declaración decía en
uno de sus párrafos “Los hombres nacen y viven libres e iguales en derechos. Las
distinciones sociales (el hecho de ser ricos o pobres) sólo pueden estar fundadas en la
utilidad común.” También decía que “la soberanía reside en la nación “. Esto quería
decir que el verdadero poder lo tenía ahora el pueblo de la nación y no ya el rey. Este
es el principio de soberanía popular según el cual el pueblo le da el poder a los
gobernantes y si estos no cumplen o se muestran incapaces, el poder debe volver al
pueblo.

Muchos son los que vieron en la revolución el triunfo de las ideas de la burguesía,
identificada con las ideas liberales, ideas basadas en la defensa de las libertades
individuales; en el derecho de cada hombre a ejercer sus derechos esenciales: la
libertad de expresión, de comercio, el derecho a la propiedad y a la seguridad. Por
primera vez se proclamó la existencia de los derechos que todo hombre posee como
hombre y como ciudadano, a partir de un principio hasta ese momento desconocido: la
igualdad ante la ley.

De todas las revoluciones contemporáneas, la francesa fue el único gran movimiento de


ideas que produjo un efecto real sobre todo el mundo. Junto con la revolución
norteamericana, la revolución francesa impuso el constitucionalismo.

Al imponer los principios de soberanía popular y abolir la monarquía Francia quedo


enfrentada a toda la Europa monárquica.

Así comenzó una prolongada guerra que se extendería por 23 años. Para hacer frente a
tan formidable enemigo fueron movilizados los sectores populares urbanos que, con los
jacobinos, llegaron a tener presencia en el gobierno revolucionario. En 1794
desaparecido el peligro de una derrota, la alta burguesía, integrada por grandes
comerciantes, financistas, banqueros y propietarios de industrias, se hizo cargo del
Poder.

REVOLUCIONES LIBERALES COMO ACONTECIMIENTO INTERNO DE LA REVOLUCION DE


MAYO:

La Rebelión de Túpac Amarú

Las reformas borbónicas, implementadas por Carlos III a fines del S XVIII, con su afán
centralizador y recaudador, significaron un aumento del trabajo y la opresión de los
indígenas.
En el Perú en 1780, un descendiente de los incas, José Gabriel Condorcanqui, tomó el
nombre del último emperador de los Incas, Túpac Amaru, que había sido asesinado por
el virrey Francisco de Toledo, y encabezó una rebelión de indígenas y mestizos contra el
poder español. Querían poner fin a la brutal explotación a la que eran sometidos, desde
hacía siglos, en minas, haciendas y obrajes, por los españoles. El movimiento tuvo una
enorme adhesión y se extendió por una amplia zona que iba de Colombia a nuestro
territorio. Miles de indígenas se integraron al ejército libertador de Túpac Amaru que
pretendía el fin del dominio español y la devolución de la tierra americana a sus
legítimos dueños

La rebelión obtiene sus primeros triunfos y Túpac comienza a aplicar un programa


revolucionario: devolución a los campesinos de sus tierras usurpadas, anulación de la
esclavitud y los servicios personales, como la Mita y el Yanaconazgo.

Asustados por la magnitud y el alcance de la rebelión de Túpac Amaru y su ejército


libertador, la Iglesia, el estado, los criollos y los europeos cierran filas para enfrentar el
peligro.

Decía la copla de un español

Si triunfaran los indios

nos hicieran trabajar

del modo que ellos trabajan

y cuanto ahora los rebajan

nos hicieran rebajar.

Nadie pudiera esperar

Casa, hacienda ni esplendores,

Ninguno alcanzará honores

Y todos fueran plebeyos:

Fuéramos los indios de ellos

Y ellos fueran los señores.”


Tras heroicos combates en los que mueren unos 100.000 indígenas, el primer grito de
libertad americano es acallado y su líder detenido. Ante la pregunta por los
responsables Tupac le responde al Visitador español: “Nosotros dos somos los
únicos conspiradores; Vuestra merced por haber agobiado al país con
exacciones insoportables y yo por haber querido libertar al pueblo de
semejante tiranía.” (…) “Aquí estoy para que me castiguen solo, al fin de que
otros queden con vida y yo solo en el castigo.”

El 18 de mayo de 1781, tras asesinar a casi toda su familia, las autoridades españolas
someten a Túpac Amaru al suplicio del descuartizamiento. Cuatro caballos tiraron de sus
extremidades pero no pudieron con su fuerza. Indignados ordenaron suspender la
“ceremonia” y que un verdugo completara la feroz tarea a hachazos.

Las partes de su cuerpo fueron colocadas en picas en las ciudades en las que había
triunfado el intento revolucionario.

Túpac Amaru pensó que era factible una alianza con los criollos. Pero los propietarios
nacidos en América no se diferenciaban demasiado de sus colegas europeos. Formaban
parte de la estructura social vigente que basaba su riqueza en la explotación del trabajo
indígena en las minas, haciendas y obrajes.

La independencia propuesta por Túpac no era sólo un cambio político, implicaba


modificar el esquema social vigente en la América española.

La Rebelión de Chuquisaca (25 de Mayo de 1809)

PRIMEROS INTENTOS DE LIBERTAD. Los movimientos independistas promovidos por americanos durante el siglo
XVIII fueron, en realidad, conatos invariablemente aplastados por las autoridades españoles. También lo fue el
movimiento que en 1809 estalló en Chuquisaca (hoy Sucre), que depuso a RAMÓN GARCÍA PIZARRO, presidente de
la Real Audiencia, que curiosamente fue en un 25 de mayo y que fue, según parece, la primera manifestación efectiva
y social del espíritu de libertad en la América española.

Los hechos comenzaron con el enfrentamiento que se produjo entre el Senado del Clero (formado por los canónigos) y
el arzobispo de esa Diócesis. El gobernador presidente de Chuquisaca (llamada también Charcas o La Plata), brigadier
RAMÓN GARCÍA PIZARRO, tomó partido por este último, mientras los canónigos eran respaldados por la Audiencia
Real, que acusó a Pizarro de querer entregar el territorio a la Corte portuguesa -Y fuera o no exacto el cargo, lo cierto
es que el pueblo, enfervorizado, tomó partido por la Audiencia, destituyó al gobernador y lo encerró en prisión. En su
reemplazo se constituyó un gobierno local autónomo dirigido por la Audiencia que, sin embargo, se declaró
subordinado al de Buenos Aires y ratificó su adhesión a Fernando VII. Los rebeldes de Chuquisaca fueron en su
mayoría americanos nativos – como BERNARDO DE MONTEAGUDO– , sin que faltara, no obstante, algún español,
como el comandante de armas JUAN ANTONIO ÁLVAREZ DE ARENALES, un castellano que años más tarde se
destacaría como oficial de SAN MARTÍN. Poco tiempo después de los acontecimientos de Chuquisaca, el 16 de julio
de 1809, estallaban en La Paz extraños gritos: “ ¡Viva Fernando VII!” , ¡Mueran los chapetones!” .

Esta vez, los rebeldes paceños formaron un gobierno autónomo integrado sólo por americanos y después de designar
como autoridad máxima una Junta de Gobierno, redactaron una nueva Constitución, reformaron el régimen
administrativo y comenzaron a organizar un precario ejército. Una de las proclamas del movimiento fechada el 27 de
julio de 1809, resume, a través de sus párrafos principales, los sentimientos y aspiraciones que lo inspiraban: “ Hasta
aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria. Hemos visto con indiferencia por
más de tres siglos, sometida nuestra primitiva libertad, al despotismo y tiranía de un usurpador injusto, que
degradándonos de la especie humana, nos ha reputado por salvajes y mirado como esclavos… Ya es tiempo de
sacudir tan funesto yugo… Ya es tiempo de organizar un sistema nuevo de gobierno, fundado en los intereses de
nuestra patria… Ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias,
adquiridas sin el menor título, y conservadas con la mayor injusticia y tiranía” . Represión del levantamiento.
La reacción del gobierno metropolitano ante los brotes “ juntistas” no se hizo esperar y en setiembre de 1809, desde
Buenos Aires, el virrey BALTASAR HIDALGO DE CISNEROS despachó a las órdenes del mariscal VICENTE NIETO, a
quien nombró Gobernador Presidente en reemplazo del Gobernador rebelde PIZARRO, una expedición contra la
rebelada ciudad de Chuquisaca. Simultáneamente, en el Perú, el virrey FERNANDO DE ABASCAL dispuso que un
ejército marchase contra los insurrectos de La Paz, al mando del brigadier JOSÉ MANUEL GOYENECHE, hasta ese
momento Gobernador presidente de Cuzco. Goyeneche atravesó con rapidez el Desaguadero y tras derrotar el 10 de
octubre de ese año a una escasa fuerza revolucionaria que se le opuso – menos de mil hombres mal armados y
desalentados por las divisiones entre sus líderes– reprimió violentamente el movimiento.

Sus jefes fueron degollados o condenados a la horca. Los ajusticiados, nueve en total, fueron PEDRO DOMINGO
MURILLO, Presidente de la Junta Consultiva, quien alcanzó a gritar antes de caer muerto “La tea que yo he encendido,
nadie podrá apagarla”. Luego lo siguieron BASILIO CATACERA, BUENAVENTURA BUENO, MELCHOR XIMÉNEZ,
MARIANO GRANEROS, JUAN ANTONIO FIGUEROA, APOLINARIO JAÉN, EUGENIO GARCÍA LANZA y JUAN
BAUTISTA SAGÁRNAGA. .

Mientras tanto, el Mariscal Nieto había llegado a Chuquisaca, poco después de las noticias sobre la cruenta represión
de La Paz. Vacilantes y divididos, la mayoría de los jefes rebeldes optó por someterse al jefe español, pero ÁLVAREZ
DE ARENALES, de quien Bernardo de Monteagudo dijo que “ dio el primer ejemplo de rebelión” , se resistió hasta el
fin a doblegarse, pero fue encarcelado y por su condición de oriundo no se lo ajustició. La Paz fue tomada por el
general español GOYENECHE, al servicio del Virrey del Perú. Poco más tarde llegaron el Mariscal de campo VICENTE
NIETO y el Capitán de navío JOSÉ DE CÓRDOBA Y ROJAS y formaron una corte marcial, cometiéndose en contra de
los patriotas sublevados las más sangrientas represalias.