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La fundición de Smelter

PUBLICADO POR PUEBLO MÁRTIR EN


05
HISTORIA
DomingoAGO 2012
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Cuando el 26 de febrero de 1902, los capitalistas norteamericanos fundaban en


Nueva York la CERRO DE PASCO INVESTMENT COMPANY, no hacían sino seguir
fielmente una ambiciosa planificación que se había iniciado con la compra masiva
de la casi totalidad de las minas cerreñas en producción y el denuncio de
considerables extensiones de terreno para el inicio del trabajo de otras. Sabían que
en el lapso de dos años el ramal central ferrocarrilero de la Oroya- Cerro de Pasco
estaría concluido. Para ello, el 19 de setiembre de 1902, mediante Resolución
Suprema el Gobierno aprobaba los planos y perfiles de los estudios definitivos
presentados por la Cerro de Pasco Railway Company, iniciándose de inmediato el
tendido de este importante ramal.

Los norteamericanos estaban conscientes de la necesidad de establecer una


fundición cercana al emporio minero para el tratamiento de los minerales. Con este
propósito contratan al especialista norteamericano Frank Klepetco – Gerente
General de la AMALGAMATED COPPER MINING- con el cargo de consultor y
encargado del planeamiento y construcción de la planta metalúrgica. El diligente y
brillante colaborador fue, William Kennedy “hábil constructor de instalaciones
metalúrgicas, encargado de ejecutar los planes de Franck Klepetko, con el material
que le remitieron de Estados Unidos” (“Informe Anual sobre la labor de la Comisión
del Cerro de Pasco durante el año 1907″-Tipografía Nacional Pedro Berríos,
1908:08).
Con todos los poderes y facilidades a su alcance, Frank Klepetko, busca un lugar
adecuado para su edificación. La búsqueda es incesante y meticulosa. Se barajan
nombre y dimensiones, se estudian las posibles ventajas y desventajas; por fin se
deciden por las enormes extensiones de Tinyahuarco. Ubicado al sur del Cerro de
Pasco, al N.O del viejo cerro de Puntacc-Marca, colosal fortaleza pre-incaica,
situada a 4,276 metros sobre el nivel del mar y al oeste del cerro de Unish, en la
planicie de la meseta de Bombón.

Aquellos verdes pastizales colindantes con el Alto Perú al comenzar el presente


siglo eran propiedad de doña Isabel Góngora de Durand que la había comprado a
doña Dolores Matos.

Ya dueños de estos enormes campos verdes, Klepetko precisó que la planta se


edificaría en la falda de un cerro con el fin de utilizar la fuerza de gravedad de la
caída. El mineral sería descargado en la parte superior y almacenado en enormes
depósitos de donde iría directamente a los hornos ubicados en la parte inferior.

En 1903 ya bajo la dirección de Arthur Kennedy, se inicia la edificación de los


talleres utilizando estructuras de acero, cobertura de calaminas y el sistema de
unidades independientes como los doce depósitos de mineral de 2,000 toneladas de
capacidad cada uno, la fundición de moldeo, la bodega, la carpintería, el taller de
moldeado y el laboratorio, para que llegado el momento y de acuerdo a las
necesidades, pudieran ser ampliados. Inmediatamente se procedió con gran
celeridad a la instalación de las más gigantescas y sofisticadas maquinarias
modernas para aquella época. Los hornos con cargador mecánico y la casi totalidad
de las máquinas, tendrían control automático.

La fundición de Tinyahuarco o Smelter como la llamaban los norteamericanos,


comienza a trabajar intensa y definitivamente, en enero de 1907. Después de trece
años, bajo la superintendencia sucesiva de M.Casey, Gomley, Shely y Hamilton, el
31 de diciembre de 1920, mediante una publicación a nivel nacional, se hace
conocer que la producción ha sido de 660’990,000.oo libras de cobre de alta
pureza; 45’900,000.oo onzas de plata y 193,000 onzas de oro.
Al cambiarse la fuerza del vapor por la energía eléctrica en 1908, la potencia de la
planta se duplica y la producción de carbón pasa a ser de 200 toneladas diarias
para las minas y ferrocarriles, y 500 para el lavadero del carbón en la fundición.
Aquel año, los hornos comienzan a trabajar 600 toneladas diarias de mineral. La
producción se hace abundante y continua. Hombres de todos los confines del
territorio vienen a ocupar los predios de Smelter que se ha convertido en una
gigantesca fuente de trabajo. Ya es una ciudad populosa.

Es necesario mencionar aquí, que si bien el trabajo metalúrgico de Smelter traía


prosperidad económica, la acción letal de los humos mataba lentamente el verdor
circundante de vegetación, tornándose en muerto y oscuro costrón sin vida. Los
pastos fueron envenenándose con la consiguiente muerte de los animales que los
ingerían. Finalmente los campos quedaron eriazos e improductivos. Las
perjudicadas comunidades aledañas protestaron en vano. Jamás les hicieron caso.
El personero de la comunidad de Vicco, Filomeno Bernuy, decía en una denuncia
presentada en 1940: “Cuando funcionaba la fundición de Smelter, los humos
malograron la mayor parte de nuestros pastales, que hasta hoy se han convertido
en eriazos e improductivos sin que la Empresa nos haya indemnizado ni por los
pastales malogrados ni menos por la enorme mortandad de nuestros ganados”
(KAPSOLI, Wilfredo-LOS MOVIMIENTOS CAMPESINOS EN CERRO DE PASCO 1800-
1963 Instituto de Estudios Andinos- Huancayo 1975.)

“Como explica el ingeniero Pedro Muñiz, que estuvo por esos años recorriendo la
zona en viaje de estudios: “los humos cargados de gas sulfuroso, en contacto con
la humedad del aire se transformaba en ácido sulfúrico que depositándose sobre la
vegetación, producía una acción corrosiva que llega a destruirla totalmente.
Además los humos calientes arrasan en suspensión polvos y partículas sólidas de
acción tóxicas, como arsénico, antimonio, etc. que, posteriormente por
enfriamiento, se depositan profundamente sobre el terreno en una zona bastante
extensa” (FLORES GALINDO, Alberto LOS MINEROS DE LA CERRO DE PASCO 1900-
1930- Lima- 1974.)

En 1911, siendo Presidente de la República don Augusto Bernardino Leguía y


Superintendente de Smelter el señor Hamilton, se emite la Ley Nº 1491, que la
eleva a la categoría de Villa. El 12 de setiembre de 1917, el Presidente de la
República, don José Pardo y Barreda, firma el cúmplase de la ley Nº 2443 que crea
el distrito FUNDICION DE TINYAHUARCO.

Ya con el rango de distrito, se conformó la primera Junta Municipal integrada por


los señores: C.R.A Atkinson (Alcalde); Antenor Rizo Patrón; A. Danery; E. Paredes;
A.R. Gallo, (Concejales) instalándose el 9 de setiembre de 1917. En esta
oportunidad, el Agente Municipal, señor Spilbury, hizo entrega de los archivos
originales a la flamante Municipalidad.

Los otros Superintendentes que se sucedieron en Smelter, fueron: E.O.Jaguer,


J.Atkinson, que se suicidó en 1921, sucediéndole entonces los señores Spilbury y
Christiansen.

Durante la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, Smelter, como todos los
centros mineros del país, alcanzó un auge fabuloso. Es la época en que nuestras
exportaciones superaban a nuestras importaciones. El sol peruano costaba seis
dolares. En aquella oportunidad a los obreros se les pagaba con monedas de oro y
esas libras peruanas equivalían a las libras esterlinas. Se podía adquirir los más
suntuosos y exclusivos objetos extranjeros a precios verdaderamente bajísimos.

En aquella época había que ver a Smelter. Inclinado sobre el suave declive de la
falda de un cerro tenía en ordenada continuidad, como colocadas por una mano
previsora, uno tras otros, los campamentos mineros de paredes enjalbegadas de
cal, zócalos negros de alquitrán y techos oscuros de orín. Allí residían los cientos de
obreros con sus familiares. Muy junto al campamento, el hospital. Cercana a los
bullentes talleres, la sólida Casa de Piedra, residencia del Superintendente y altos
empleados de la Empresa. Más allá, otra colosal construcción de piedra de tres
pisos donde funcionaba la mercantil, las oficinas generales, la estación. Muy cerca
de allí, el lujoso y cómodo hotel del Club LOS ANDES, con amplios salones
alfombrados y silenciosos de rojos cortinajes de terciopelo con festones dorados;
muebles suntuosos y mullidos; amplísima biblioteca con ostentosos volúmenes en
inglés y español; sonoros relojes de argentadas campanillas horarias; vajilla
espléndida y cubiertos de plata de nueve décimos. Este era el escenario de
pomposas fiestas y reuniones sociales en las que los ciudadanos norteamericanos,
alternando con los nacionales, les regalaban con opíparas cenas y exquisitas bebida
y alegría a raudales. En un ala, un ambiente con llamativos trofeos de plata, el Club
de Regatas LOS ANDES que aglutinaba a rudo bogas yankis de semanales prácticas
en la represa de Smelter. En un ambiente contiguo a este salón, el Club de Base-
Ball con todos sus implementos completos. Los norteamericanos practicaban con
asiduidad este deporte, alternando con formidables novenas de la Oroya y el Cerro
de Pasco. En esta sala también estaban ubicadas las mesas de billar, de ajedrez,
cubiletes, naipes, mesas de impecables paños verdes donde se llegaron a jugar
muy activamente. En una sala adyacente, el Departamento de Redacción de la gran
revista denominada THE INCA CHORNICLE, que en sus páginas, a todo lujo, nos
hacían conocer las actividades smeltinas.
Y ya que de deporte hablamos, debemos mencionar a una institución que honra a
Pasco: LA SOCIEDAD DE TIRO LA FUNDICION Nº28, constituida el 19 de julio de
1907 a iniciativa del señor Pedro Augusto Benavides con el primigenio nombre de
CLUB INTERNACIONAL SMELTER, que posteriormente fue cambiado. En 1919 fue
construido el local propio del Club por el Presidente don Juan Capurro, de acuerdo a
los planos trazados por don José Angulo y el amplio apoyo del Superintendente de
la Fundición, don Matías Christiansen. Este inolvidable Club tuvo magníficas
presentaciones en los campos nacionales de tiro, ocupando siempre, primerísimos
lugares.

Por los demás, el deporte siempre anduvo de la mano de la juventud smeltina.


Hubo grandes equipos de fútbol, como aquel que alternó con éxito con el
combinado de Lima en 1911. Tiradores extraordinarios que flamearon la bandera
del triunfo en lo más alto del mástil nacional. Otro de los más grandes
representantes del deporte de Smelter fue Santiago Luchini, invicto campeón
panamericano de box (peso mosca), héroe de mil jornadas en los brillantes
cuadriláteros americanos. Mister Shelby, extraordinario corredor de autos, piloto
audaz que halló la muerte en la pista Lima-Ancón en pleno ejercicio de su maestría.
En homenaje a este deportista, cuyos restos mortales fueron llevados a su patria,
bautizaron la estación cercana a Smelter con su nombre: Shelby. A esto hay que
agregar los sonoros nombres de conjuntos musicales carnavalescos, compositores e
intérpretes como Víctor Calderón Picón (Conde Calpi), Machín Porras, Juan
Cortalezzi Martel, Carlos Tábory, Silverio Laurente, Leonardo Herrera etc. Es decir,
todo un valiosísimo aporte a la cultura musical y deportiva de nuestra tierra.

Pasadas dos décadas de su instauración y como el trabajo metalúrgico de la


compañía norteamericana iba en aumento, su directorio decide ampliar su radio de
acción trabajando las minas más boyantes de la zona central; para el caso aumenta
la explotación de Morococha y tientan la compra de las de Casapalca. Es en este
momento que deciden cambiar la ubicación de la fundición de la empresa.
Necesariamente tenía que estar en una zona equidistante de sus minas y muy
cercana al Callao, lugar de embarque de los minerales. El sitio que eligen es la
Oroya, que además de cumplir con este requisito, se encuentra a 2,000 pies de
altura más bajo que Tinyahuarco. El Superintendente Donahue, recibe la orden del
directorio norteamericano de cerrar la fundición de Tianyahuarco y trasladar toda la
maquinaria a la Oroya. Ante la consternación de trabajadores, comerciantes,
profesionales y pueblo en general, se cumple la nefasta orden. Corría el año de
1923.
La fundición de Smelter vista desde otro ángulo. La densa humareda que despedía
cada una de las gigantescas chimeneas, convertía en umbroso el más claro día de
verano estepario. Los humos envenenaron los pastizales y los animales que pacían
en los contornos fueron acabándose. De nada valió la protesta de los campesinos.
Nadie les hacía caso. Las autoridades-como siempre- estuvieron coludidas con los
explotadores.

Cuando se cerraron los talleres, familias enteras emigraron. Desde entonces,


Smelter adquirió ese sombrío aspecto de aldea abandonada, de ciudad aniquilada
por un inmisericorde bombardeo, de luctuoso escenario de una negra historia de
aparecidos. Al pasar los años, todo se convirtió en escombros. Sólo
fantasmagóricas piedras sosteniendo despojos de antiguas paredes, tambaleantes
como extrañas quillas de muertos barcos náufragos. Viejos cimientos, emergiendo
a flor de tierra, como óseos despojos de cadáveres centenarios. Algunas paredes de
piedra, en pie, estoicas, gritando su abandono con sus fauces oscuras y
misteriosas: recuerdos de pasadas vivencias en sus mil y un resquicios. Dicen que
estas ruinas eran los talleres de sólidas paredes de acero, calaminas, calicanto y
piedras que ahora lucen seccionadas por el mandoble de un gigante.

Del otrora extraordinario Smelter, sólo quedan estas ruinas y las calles cubiertas
por una costra reciente. Caserones ateridos, abandonados, donde pocas y heroicas
familias a las que les expresamos nuestra admiración por su fidelidad asombrosa,
viven de la incipiente ganadería y el denuncio de los restos metalúrgicos,
manteniendo con vida a un pueblo valeroso que se resiste a morir.
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