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Leopold von Ranke y el historicismo alemán del XIX.

Alemán nacido en el XIX, considerado como padre fundador de la historia profesionalizada. Querrá
implementar metodologías contrastadas con otras metodologías de ciencias experimentales o
naturales. Estará inmerso en el contexto de la Prusia de la primera mitad del XIX, conmocionada
por Hegel, que influyó en el pensamiento filosófico de la nación y de toda Europa central, será
comparable a la repercusión de Kant en el XVIII. El pensamiento idealista de Hegel es herencia del
poder de la razón en la ilustración. Hegel resalta la razón universal, es el motor de la historia, el
ideal es el estado burgués, ya que consigue la plena libertad de los individuos.
Hegel está inmerso en la herencia ilustrada, concibe a historia como un continuo progreso, como los
ilustrados. Solo se transmite a través de etapas en ascenso hacia una culminación. La meta de esta
progresión sería para Hegel el Estado prusiano.

Ranke ve necesario convertir la historia en una disciplina científica, como otras ciencias naturales.
Tratará de objetivar la realidad del pasado, que se haga reconocible al presente y que al mismo
tiempo sirva en el presente para aprobar científicamente lo que ocurrió en el pasado.
Ranke considera que el instrumento fundamental utilizado por el historiador para probar la realidad
del pasado, para demostrar que la historia es objetiva (evitando la subjetividad, pues es
contaminación), es la metodología científica, ya que nos mostraría la realidad tal y como fue. Lo
que hace Ranke es forzar la metodología científica clásica, que por mucho tiempo permanecería
implementada en la historia, perdurará hasta el XX.

Ranke concibe que el historiador es capaz de abstraerse de sus divulgaciones imaginativas para
hacer un análisis puramente aséptico, objetivo y científico de los archivos pasados. Presupone que
la documentación archivística es la única herramienta del historiador para comunicarse con el
pasado. El mero estudio del documento es suficiente para tener una imagen veraz del pasado. “El
historiador tiene que contar el pasado tal y como sucedió”, decía. El historiador debía de abstraerse
de la subjetividad, comportándose como alguien que no se deja influir por los documentos ni por la
ideología o cultura propia.
Por tanto, la única fuente fiable era el archivo oficial del reino. Ranke bebe de la herencia de las
monarquías absolutas, que recurrieron al archivo para justificar y legitimar la jurisprudencia, la
historia de las monarquías, etc. Los precedentes inmediatos de los historiadores profesionales están
en los juristas y especialistas en leyes.

A Ranke le interesa una historia desde arriba. La historia no la hacen los pueblos, sino los grandes
hombres. Los pueblos son masas inertes a manos de sus dirigentes. Son masas conducidas.

Ranke consideraba que toda la historia escrita anteriormente al historicismo no era tal, eran
crónicas, anales, memoriales, hechos por personas que en muchos casos no habían tenido nunca el
oficio del historiador, o bien eran literatos o personas al servicio de los Estados. Ranke también
estuvo al servicio de un Estado, pero él era profesional. La historia hasta entonces estaba
contaminada, no era académica.

Ranke considera que el historiador debe escribir la gran historia, la historia de los Estados.
Considera que las naciones únicamente pueden ser objetivables a través de sus estados. Los Estados
son el centro prioritario del historiador.

Ranke también está imbuido por la teología. Las naciones están conducidas por un espíritu, las
naciones tienen que satisfacer los designios de Dios. Las naciones caminan hacia una meta de
perfección. El historiador debe descubrir cuales son los impulsos que toman las naciones para llegar
a esta meta.

Las clases populares son menospreciadas para el historicismo alemán. La historia para Ranke es
unidimensional, pertenece a las altas esferas.

En la década de los cincuenta consigue una cátedra en Berlín, desde donde fomenta su
interpretación.

1. Reacción frente al positivismo.

En el cambio de siglo la historiografía historicista dio síntomas de agotamiento, fue un siglo en el


que predominaron los grandes esquemas histórico-filosóficos del nacionalismo romántico y el
positivismo comtiano.
El agotamiento de los modelos teoóricos surgidos en el XIX produjo una sensación de crisis en la
disciplina histórica. Puede afirmarse que la ''Edad de oro'' de los grandes teóricos y filósofos de la
historia, como Hegel, Comte o Marx (hombre del XIX, era un ilustrado, bebía del cientifismo y, a
pesar de su revolucionario método, no altera las bases del estudio histórico) había finalizado.

Durante los dos tercios del XX se han podido establecer tres grandes movimientos historiográficos.
No eran sucesivos, sino que convivían, algunos se convirtieron en hegemónicos, lo que no anulaba a
las otros minoritarios.

1. Modernismo: como consecuencia de la primera gran crisis del positivismo.


2. Escuela de los Annales: a partir de la década de los veinte.
3. Historia social: a partir de la II GM. No todos los historiadores sociales son marxistas. Pero
los planteamientos sí que están muy influenciados por éstos.
Modernismo.

En los comienzos del XX los historiadores mostraron insatisfacción con el modelo teórico
cientifista. Comienzan a resquebrajarse los planteamientos de los filósofos del XIX. Los precursores
de esta ruptura no serán historiadores, pero sí influirán en la disciplina.
Antes de la profesionalización de la historia los grandes filósofos del XIX contribuyeron a crear
modelos interpretativos que estudiaban el comportamiento de la sociedad. Construyeron grandes
modelos que permitieron comprender el final último de la historia, como si la historia fuese un
caminar constante hacia una meta. Todos tienen una raíz ilustrada, están profundamente imbuidos
por los pensamientos racionalistas: el hombre camina constantemente hacia la perfección. Este
idealismo hace ver la existencia de una concepción optimista de la historia, la historia es un
permanente caminar hacia un fin último de perfección. La historia es sometible al conocimiento de
como alcanzar el fin último de la humanidad. Ejemplos de estadios de felicidad:

• Voltaire → Felicidad, Luis XIV.

• Marx → Comunismo.

• Ranke → Estado burgués prusiano.

La fe ciega en el progreso condicionará sus planteamientos. Esta fe ciega experimenta profundos


embates a fines del XIX y comienzos del XX, sobretodo cuando se produce la crisis cultural de
finales del XIX. Las certezas basadas en el materialismo, cientifismo y positivismo se derrumban.
Entran en juego elementos novedosos que alteran profundamente el sistema social por el cual se
había regentado la sociedad durante siglos. Aparecen elementos como la sociedad de masas, la
laicización, el progreso material, el individualismo, imperialismo, masas obreras, grandes medios de
comunicación, etc. En Europa, como consecuencia de los grandes cambios experimentados por el
capitalismo, se producirán profundas crisis del pensamiento. Se producirá una desarticulación de la
sociedad. Se rompe la tradición de las comunidades rurales. Se cambia la vida a marchas forzadas,
como nunca antes se había visto.

Cada vez se confía menos en que la historia camine hacia un fin feliz, se rompen las bases del
pensamiento. Se empieza a pensar que el progreso material no trae la felicidad, sino que, incluso, el
progreso material trae la infelicidad.
Se cuestiona el cientifismo en la literatura, arte, historia, etc. Se cuestiona el principio de la
sociedad industrial, el finalismo de la historia, etc. El progreso llega a verse como dañino. Se
cuestiona el modelo de progreso que había sido impulsado por los planteamientos universalistas de
la ilustración y la fe ciega en la razón. La razón comienza a ser sustituida de la evolución de la
sociedad. Surgen críticos que argumentan que la razón debe ser sustituida de la explicación social, o
que al menos ésta no sea el único factor explicativo, pues entran en juego factores que no se pueden
estudiar por la razón: psique, espiritualidad, religión (renacimiento de la religión), fuerzas ocultas
del ser humano (pasiones, sentimientos), etc. En definitiva, la razón no puede estudia lo que no es
racional y científico, no puede estudiar lo que es psicológico, lo que mueve el mundo.

¿Quiénes tienen voz en este proceso? Surgirán actores eminentes como Nietzsche, Freud, y otros.
Hay un regreso al individualismo.
Esta nueva historiografía no la hicieron tanto los historiadores como sí los filósofos.
Las tesis modernistas rechazan los postulados cada vez más materialistas de la vida: se está
perdiendo el espíritu del ser humano en la sociedad, cada vez se es menos humano y más material.
Los modernistas pone en tela de juicio el cientifismo y la historia ilustrada. Defenderán que no hay
ninguna verdad en la afirmación de que la historia es finalista: en la historia existen crisis
espasmódicas que pueden devolver a la sociedad a estadios ''inferiores'', o puede ser que la historia
sea cíclica, o que directamente no haya estadios históricos. Lo que no hay duda es que se rompe la
linealidad de la historia, se rompe lo propuesto por la escuela de Hume.

El testigo de los filósofos lo recogen historiadores profesionales o historiadores de la economía:


Burckhardt, Pirenne, Croce, Ortega, etc. El motor de la sociedad son las fuerzas idealistas, incluso
provenientes del mismo Estado. Muchos de estos historiadores propugnan que la historia vuelva al
estudio del individuo, habría que descender a los niveles más esenciales para comprender como se
conforman las sociedades. Son reacciones al carácter aparentemente perfecto de la historiografía
clásica, por eso hay que descender al hombre terrenal.

Los planteamientos ilustrados y positivistas fueron muy útiles para la conformación de las
disciplinas del XIX. El nacimiento de muchas disciplinas científicas tiene lugar en el XIX, con el
positivismo filosófico de Comte. Habrá Confianza extrema en el uso de la razón.
Estos métodos caen en desuso, sobretodo en las ciencias humanas, pues éstas son esencialmente
HUMANAS, no pueden ser tratadas como otras ciencias. La historia estudia a el hombre, un ser
impredecible pero inteligente y libre, puede estar sometido a una serie de infinitos y variables
factores.
Es ahora cuando se produce el cisma entre ciencias naturales y sociales. Lo que mueve las
sociedades humanas va más allá de lo que la ciencia tradicional estudia. Las sociedades humanas no
son experimentables. El ser humano es de tal naturaleza que no es un individuo sometible a reglas
científicas y experimentales.

Científicos naturales quitarán importancia a la historia, será tachada de una no-ciencia. Se dirá que
la historia no se puede componer de normas comprobables. Esto lo dirán los propios historiadores y
los sociólogos del momento (Weber, Durkheim). Se establecerá que la historia no es una ciencia
cualquiera, o a lo mejor ni tan siquiera lo es. Hay muchos más elementos que no se podrían aplicar
a reglas científicas fijas. Se puede hacer historia, pero no se puede tener las pretensiones amplias
que habían tenido hasta ahora.
Es ahora cuando surgen nuevas ciencias sociales. Hay que estudiar más cosas, no solo los Estados o
las grandes figuras. Hay que ampliar el radio de acción, hay que humanizar la historia. Porque la
historia se ocupa de los hombres, y éstos no son átomos o partículas. Es en estos momentos cuando
se produce el impulso de la sociología.

Todos los cambios del XX hacen posible que los historiadores estén en contacto con otras
disciplinas: sociología, economía, filosofía, etc.

Al mismo tiempo los historiadores ser vieron influenciados por el relativismo, el espiritualismo, el
vitalismo, etc., elementos pertenecientes al movimiento modernista. Se incluirá el concepto de
valor, lo que les permitió enfatizar lo personal y lo libre por encima del determinismo y el
cientifismo.

Los historicistas de Entreguerras.

En este momento de crisis espistemológica (crisis de modelos que nos ayudan a conocer la realidad)
emergen algunos filósofos que también influyen en la historia y que ponen en entredicho el
esquema rankeano de la historia.
Surigirán muchos filósofos en este periodo o durante la Gran Guerra. Croce, Collinwood, Ortega y
Gasset, etc.

La escuela rankeana estaba casi enterrada. El objeto son los hombres y los hombres son muy
complejos. El hombre no es susceptible de ser colocado en un laboratorio, en una situación
artificialmente construida para ver como se comporta. El ser humano es irrepetible. La ciencia
histórica no es una ciencia probatoria, lo que no quita que la historia no tenga sentido.

El historicismo de entreguerras se opone al cientifismo del historicismo positivista. No trata de


superarlo, sino que muestra una nueva interpretación. Es una reacción para llenar un vacío que
provoca la desafección creciente sobre el método rankeano, pues quedó sin credibilidad.
Los historiadores tratan de crear unas ciencias sociales diferentes de las naturales (donde se originó
el positivismo), y lo harán acentuando el carácter específicamente histórico del hombre, el hombre
como individuo en sociedad.
Lo que comienza a variar para los historiadores es el sujeto de la historia, que para Spengler es la
cultura, para Toynbee las civilizaciones (grandes estructuras con personalidad interna con unos
valores singulares), para Weber la dimensión sociológica del ser humano y para Ortega la
dimensión circunstancial del hombre.
Croce.

Benedetto Croce (1866-1952) es bien conocido como filósofo, aunque también fue muy activo
como historiador. Parte de la idea de que “toda historia es contemporánea”. Pretende disminuir las
escalas de análisis de la historia, se colocan al servicio del presente. La reconstrucción histórica ha
de realizarse desde el presente. El historiador está profundamente influenciado por su contexto.
En tal sentido, Croce pone de manifiesto de un modo explícito el peso del presente (''presentismo'')
en toda obra histórica. Croce parte de la idea de que existe una identidad entre filosofía e historia
que está basada en la unidad de espíritu.
La historia tiene que cumplir una función que satisfaga a el presente, la historia justificaría el
presente y al mismo tiempo el presente alteraría la condición del estudio del pasado. La historia no
debe ser inocua, no debe estar carente de intencionalidad. La historia no solo debe juzgarse desde
las inquietudes del presente y sus expectativas, sino que al mismo tiempo la historia tiene que
conducir a el presente. La historia no puede ser una mera narración.
Defiende, pues, que la historia sea practicada por filósofos. Considerará lo particular a la luz de lo
universal, que es lo que legitima el conocimiento histórico.
Croce desarrollará la idea del ''historicismo absoluto''. La historia debe tener un fondo ético-político.
La base del juicio histórico es la exigencia práctica: el presentismo. La historia debe construirse
desde las necesidades y los problemas actuales.
Hay tantas historia como puntos de vista. Lo fundamental de la historia no es su proyección en el
pasado, sino la contemporaneidad desde la que se fabrica ese pasado. El historiador tiene, pues, un
compromiso no solamente con el conocimiento objetivo del pasado sino asimismo con la correcta
orientación del presente.

Aviso: hay que diferenciar el presentismo de la manipulación. Hay que estudiar la historia desde el
presente para conformar una historia mejor a partir de este presente. Si se enfoca la historia desde el
presente se podrán superar las carencias de este presente.
Este futuro no tiene por qué ser progreso, es sencillamente impulsar el movimiento constante de la
nación. Dotar de vitalidad a la nación. La historia ha de estar al servicio de las naciones. La historia
que hagamos nos ayudará a conocer el presente y nos dará una visión proyectiva de la nación. Tiene
una concepción vitalista de la historia, una visión emocional.

Renuncia a que sea posible el conocimiento objetivo de la historia, como muchos historicistas de
entreguerras. No es posible comprender en su complejidad lo que ocurrió en el pasado. El ser
humano es pluridimensional, es una categoría ontológica muy compleja. Hay muchos factores de la
vida de éste que nunca se podrán atisbar.
Además, rechaza la historia escatológica (no es finalista), es vitalista.
Muchos de estos historicistas argumentarán que para el mejor conocimiento del pasado es necesario
el apoyo en otras disciplinas sociales y naturales.

Estamos ante un periodo de transición, se abandonan las experiencias clásicas y se vislumbran las
futuras: Annales, historia social, etc. Es un periodo plural, coral, son muchos los autores
protagonistas y no hay una escuela que uniformice los planteamientos.

El organicismo histórico.

Nace como consecuencia a la crítica del positivismo. Dicha tendencia se manifestaría, al menos
aparentemente, con continuidad con el resto de las grandes tendencias desarrolladas a lo lago del
XX. Sin embargo, estaría muy influida por las corrientes filosóficas que cuestionaban el
racionalismo positivista, el idealismo filosófico o la interpretación universalista, ascendente y
progresiva de la historia, forjada por la escuela profundamente enraizada en el espíritu ilustrado.

El cuestionamiento de las grandes interpretaciones de la historia universal, forjadas por los grandes
filósofos del XIX que más poderosamente influyeron sobre el modo predominante de concebir la
historia, se produjo a través de nuevos planteamientos organicistas, entre los que destacaron los
manejados por Oswald Spengler y Arnold Toynbee. Entendían el concepto de ''civilización'' como
un órgano vivo, con mecanismo vitales, tales como el de un organismo natural.
Lo que se proponían plantear éstos era la cuestión de la historia universal, en unos momentos de
dolorosas y traumáticas experiencias colectivas como las vividas por Occidente entre 1914 y 1945.
Tales experiencias habrían contribuido a que se diese al traste con el optimismo filosófico y
científico edificados tanto por la ilustración del XVIII como por el idealismo alemán y el
positivismo comtiano.

Ambos partieron de la idea de que lo que la historia podía alcanzarse mediante la formulación de
leyes. A través de la ampliación global de los objetos analizados, los morfologistas deducían unas
regularidades cíclicas. De esta manera pretendían acceder a la comprensión de las reglas del pasado
y aspiraban a predecir el futuro.
Además, a diferencia de Comte, Marx y otros muchos pensadores del XIX, ni Spengler ni Toynbee
creían en el progreso o en la evolución social. Los ritmos que observaban en el pasado eran cíclicos,
concretados en el auge, decadencia y muerte de las civilizaciones.

El fin de una civilización dará lugar a otra, no tiene por qué superar a la primera, sino que puede
retrotraer la ''evolución'' histórica, es decir, no existe una linealidad histórica.
Spengler.

Oswald Spengler (1880-1936) publicó su obra más célebre, La decadencia de Occidente, al final de
la Gran Guerra. Su ambiciosa obra pretendió dar una visión global de la historia que influyó
notablemente en su tiempo.
A través de su estudio de ocho grandes civilizaciones se propuso descubrir los mecanismo de su
apogeo y decadencia. Una vez establecidos sus presupuestos teóricos aplicó sus tesis a la
civilización occidental.
Cada civilización es para Spengler un fenómeno cerrado en sí mismo, específico e irrepetible, pero
que experimenta una evolución que es posible comparar morfológicamente con otras civilizaciones.
Tendrá un planteamiento catastrofista, éste encontrará un hueco en la sociedad alemana de Weimar,
que no sabía lo que quería, pero que no quería lo que existía.

Sociología e historia.

La historia revisó durante los dos primeros decenios del XX sus relaciones con la sociología, que
había recibido a su vez el influjo del positivismo comtiano.
El año 1903 se considera un importante punto de inflexión, pues aparece publicado en aquella fecha
un importante artículo del economista francés François Simiand (1873-1935) sobre el método
histórico en las ciencias sociales.
A partir de entonces la sociología se consolida como el campo privilegiado de la integración de las
ciencias sociales. El desarrollo de la sociología histórica durkheimiana en Francia y de la sociología
comprensiva de Max Weber en Alemania, durante las dos primeras décadas del XX, se unirá
después a la eclosión de los primeros Annales durante los años treinta. Estas serán las propuestas
proporcionadas a la búsqueda de una mayor unidad e integración de la historia como las restantes
ciencias sociales.

Durkheim y Weber surgían de la necesidad de analizar globalmente la sociedad, considerada como


un sistema dentro del que habría que examinar la función que ejercía cada uno de los objetos
estudiados. Émile Durkheim (1858-1917) es el fundador de la escuela francesa de sociología.
Junto a él destacan los nombres influyentes como Maurice Halbwachs o Siminad. Esta generación
de intelectuales pretende crear una especie de imperialismo sociológico, que legitima a la disciplina
para ocupar todos los ámbitos fronterizos de las diferentes ciencias sociales. Ninguna ciencia social
adquiere el estatus de cientifista si no acepta los postulados de la sociología, pues ésta comprende
todos los aspectos de la vida.
El influjo de la sociología en la disciplina histórica se basó en la siguiente idea: la historia sólo es
científica cuando es capaz de trascender lo individual y se adentra en la dimensión colectiva de la
realidad. La sociología se convierte en una ciencia omnicomprensiva, de tal fuerza que de alguna
manera casi ningún otro científico social puede sustraerse de las premisas epistemológicas e
intelectuales de la sociología.
Únicamente entonces se convierte en susceptible de ser tratada estadísticamente utilizando el
método propios de las ciencias sociales frente al de las humanidades.
Defienden que el historiador debe abandonar sus pretensiones del conocimiento totalizador del
pasado, pues es inalcanzable. Además, defienden que hay que tener en cuenta aspectos emocionales
en la historia, algo que no se planteaba en el modelo metodológico anterior. Para llevar acabo esta
empresa es necesario acudir a la sociología.
La sociología no somete al resto de disciplinas sociales por la fuerza, sino que el resto se subordinan
ante los postulados que propugnan los sociólogos, pues son el referente de la época. Con el
transcurso de los años la sociología pasará a ser considerada como una igual, como una
herramienta más para el estudio del ser humano. Muchos historiadores concluyen que el paso que
necesita la historia para convertirse en una ciencia creíble es la asunción de la sociología y sus
postulados. Ahora alcanzaría la categoría adecuada para ser tratada como ciencia social.

Durkheim.

Según el pensamiento de Durkheim:

1. Los hechos sociales deben estudiarse al margen de sus manifestaciones individuales.


Realidad holística. El todo da sentido a cada parte.
2. La sociología es una ciencia que busca la analogía entre organismo biológico y estructural
social.
3. Lo individual sólo puede ser entendido en el contexto de una sociedad.
4. El corazón de una sociedad es la conciencia colectiva.

Durkheim consideraba que el corazón de la sociedad era su conciencia colectiva. Concedía una gran
preponderancia a las normas y a los códigos sociales, concebidos como los mejores indicadores
verificables de esa conciencia.

La divulgación de la obra de Durkheim suscitó un intenso debate en el seno de la historiografía, que


empezó a deslizarse hacia teorías de amplio alcance preconizadas por los nuevos sociólogos,
abandonando progresivamente los postulados radicales de los últimos positivistas.
En esta fase, los historiadores de mayor prestigio, como Henri Berr, Lucien Febvre o March Bloch,
se decantaron por el diálogo de la historia con las ciencias sociales, aislando casi definitivamente a
los apologistas del método histórico-documental.
La sociología de Durkheim se impone en las nuevas corrientes historiográficas francesas. Estas
últimas acabarían derrotando el vejo dominio de la historia narrativa y el ocaso de la filosofía de la
historia.
Se abría así una nueva era, presidida por la implantación de una nueva forma de hacer historia
donde se priorizan los fenómenos sociales por encima de los políticos y biográficos. Una nueva
historia que es capaz de articular eficazmente el discurso teórico junto al empírico.