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INSTITUTO SUPERIOR DE FILOSOFIA RAFAEL LARRAÑETA
DE VALLADOLID

ALETHEIA
10

LA INTERIORIDAD APASIONADA

Verdad y am or en Stfren Kierkegaard

EDITORIAL SAN ESTEBAN


UNIVERSIDAD PONTIFICIA

SALAMANCA
1990
PATRO CINADORES DE LA EDICIÓN:
AHIDA (Asociación Comercial Hispano-Danesa en Madrid).
Det danske udenrigsministerium (M inisterio de Relaciones Exteriores de Dinamarca)

A m i m ujer

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SALAMANCA, 1990
380301
A G R A D E C I M IE N T O S

Esta obra ha sido posible gracias a la beca concedida por la Dirección Ge­
neral de Asuntos Exteriores de España y po r el Ministerio de Educación de
Dinamarca.
La estancia en la «Kierkegaard B ibliotek» de la Universidad de C open­
hague durante todo el curso de 1987-1988 fu e decisiva para investigar en sus
fuentes y en su propia lengua original la obra del autor. E l Director del De­
partamento de Kierkegaard. Prof. Dr. Poul Müller, y su ayudante. Dra. Julia
Watkin, m e prestaron una colaboración confiada y plena.
He de reconocer sinceré y significativamente qué han sido la Real E m b a ­
jada de Dinamarca en M adrid y la Asociación Comercial Hispano-Danesa
(AHIDA) de la m ism a ciudad quienes se han interesado y contribuido con su
aportación económica a la publicación del libro. Espero que ello sirva para la
difusión y el mejor conocimiento de un pensam iento tan fecundo e inspirado
como el de Kierkegaard. Así podrá reinterpretarse con m ás precisión y equidad
1a historia de la filosofía 'moderna.
M i profunda gratitud al Prof. Dr. M ariano Alvarez Gómez por su insusti­
tuible dirección científica, así como por la ayuda incondicional prestada para
¡a obtención de la beca y la realización de este trabajo.
Dedico este estudio a Dolores, mi mujer, com pañera fiel del austero en­
cuentro con Soren Kierkegaard en la vieja Kobenhavn.
PROLOGO

Los filósofos también tienen su imagen. Unas veces se la crean ellos, otras
¡es sobreviene. Con frecuencia es un resultado de lo que han pensado realmente
y de lo que otros han opinado sobre ellos y su obra. Tal imagen tiende a m ante­
nerse y resiste con m ayor o menor éxito a todo intento de modificación. Entre
los sectores más o menos cultos Kierkegaard tiene una imagen m ayorm ente
negativa, que se apoya de una form a no siempre explícita en las consideracio­
nes siguientes:
1. Puesto que Kierkegaard ha instaurado la angustia como actitud f u n ­
damental, se concluye que su filosofía se cierra a toda esperanza y está abocada
al pesimismo por principio.
2. Al conferir a la existencia un significado radica!, hace poco menos que
imposible la apertura a contenidos esenciales.
3. La puesta en escena de la subjetividad como fundam ento induce a un
solipsismo extremo, incompatible con la aceptación de normas objetivas.
4. La exaltación absoluta del individuo implica el rechazo de Io un iversal,
con lo que se abre la puerta a cualquier tipo de decisionismo.
5. Al limitar radicalmente las com petencias de la razón, Kierkegaard ha
legitimado de antemano y en la misma medida los excesos del irracionalismo.
6. Debido al subjetivismo individualista que propugna, su obra no aporta
nada a la transformación de la realidad. Es por el contrario una rémora
en este orden.
Este libro de Rafael Larrañeta va a contribuir deform a decisiva a clarificar
el sentido de la obra de Kierkegaard y p o r tanto a cuestionar prejuicios como
los mencionados. De entrada, el autor cuenta con una gran madurez, puesta de
manifiesto en una serie de escritos sobre filósofos del XIX, entre otros sobre el
propio Kierkegaard. Conoce además el idiom a danés, lo que le ha posibilitado
hacer una interpretación apoyada en los textos originales y analizar con preci­
sión el significado de los términos más importantes. Los temas que aborda — la
verdad y el am or— son fundam entales, tanto que su desarrollo pudiera consi­
derarse incompatible con la obligada especialización de un trabajo de esta
índole. Sin embargo, el autor ha sabido obviar esta dificultad, presentando con
amplitud y m inuciosidad las cuestiones vinculadas a estos temas bajo un punto
de vista concreto, justam ente el de la interioridad apasionada. Lo que así
obtiene es una visión del conjunto de la. obra desde una perspectiva bien defi­
nida. A continuación voy a llam ar la atención sobre algunos aspectos d e esta
investigación que desmienten por sí solos la imagen que con frecuencia se tiene
de Kierkegaard.
Por de pronto Kierkegaard hace lo que tocio gran filósofo: buscar la raíz de
un determinado fenóm eno, ordinariamente detectado y expuesto previamente cierne a la existencia en cuanto q u e ésta se compromete a sí m ism a en la ver­
por algún otro filósofo. Según la visión de Larrañeta, Kierkegaard radicaliza la dad. No es cierto que Kierkegaard fu era ciego para el ám bito de la «verdad
objetiva». Cabe suponer ¡o contrario: a la vez que percibió que los conocim ien­
duda cartesiana desde el punto de vista tanto de su alcance como de su sentido.
tos objetivos estaban garantizados en un progreso indefinido, se dio cuenta de
Bajo este doble aspecto se advierte la originalidad de Kierkegaard. a la que sin
que el individuo naufragaba entre tanto conocimiento. A l igual que otros
embargo no es del todo ajena la influencia de Hegel. En cuanto a su alcance, la
muchos después de él, vio con una clarividencia radical que con el progreso de
duda es el pórtico de la verdad. En formulación lapidaria del autor: «La con­
ciencia incapaz de dudares impotente también para la verdad» (p. 37). O en ver­ laciencia peligraba el sentido de la vida. Y nadie que tenga sensibilidad paralo
. que hoy está ocurriendo podrá decir que no tenía razón. El buscó la solución en
sión m ás negativa aún de lo mismo: quien no es capaz de dudar cuestionando
una interioridad absoluta. Lo de m enos es la expresión. Lo que im porta es la
las cosas todas en su inmediatez, se encuentra en la no-verdad. Pero si la duda
reiterada interpelación del individuo para q u e asuma sin restricciones su pro­
es una condición para acceder a la verdad, ni es suficiente ni nos ¡leva desde sí
pia existencia desde la perspectiva de lo que para él y en él es verdade­
m ism a a la tierra prometida. Pues lo que a partir de la duda podemos llegar a
ramente esencial.
decir sobre las cosas es de orden ideal y por tanto se encuentra en una inevitable
contradicción con las cosas. «El lenguaje es la verdad», había dicho Hegel. «Lo Se entiende así por una parte la vinculación intrínseca de la existencia con
que yo digo /sobre la realidad! ('v idealidad» (cfr. p. 39), afirma Kier­ la ética. «El verdadero sujeto de ¡a realidad es lo ético» (p. 94). Es decir, la ún ica
form a de salvaguardar la realidad en su sentido prioritario, «el sujeto exis­
kegaard. tente», es que éste asuma la responsabilidad de mantenerse fie l a su propia inte­
La contradicción o discontinuidad entre lo real y lo ideal no se supera desde
rioridad. Por otra parte, y como com plem ento de esto mismo, lejos de cerrarse
ninguna de las dos vertientes o prolongando una y>otra hasta hacer que se
sobre una m ism idad vacía, la verdad se halla en el instante, entendido como
encuentren en un punto imaginario. Se supera sólo poniendo en juego una con­
«síntesis de lo temporal y lo eterno» (p. 107). L a doctrina sobre el instante es de las
sideración no bipolar o dicotómica sino «tricotómica» de la conciencia, vol­
cosas más importantes de Kierkegaard: representa además un punto de infle­
viendo los ojos al hecho de que la conciencia, lejos de ser simple espectadora,
xión en que siendo m u y afín a otros clásicos del pensamiento (por ejemplo,
actúa llevada por lo único que puede vencer la duda, el interés, en el doble sen­
Aristóteles y Hegel) se distingue nítidam ente de ellos. A sí el instante im plica que
tido de estar entre realidad e idealidad}' de interven ir activamente (cfr. p. 45. n.).
en lo temporal se hace presente lo eterno, pero a diferencia de la reminiscencia
Este planteam iento prim erizo adquiere un despliegue tan amplio como pro­
de corte platónico que supone una vuelta al pasado, el instante es una vertiente
fu n d o a partir del escrito sobre la repetición (Gjentagelsen)y sobre todo a partir
queda «alfuturo y al devenir de sí m ism o» (p. 109). El instante, que ciertamente es
de «M igajas» (Smuler) y del «Postscriptum» (Efterskñft). Repetición es la
epifanía de lo eterno, incluye de lleno la dimensión de lo tem poral lo que quiere
réplica al concepto hegel¡ano de mediación. Quiérese decir que lo que queda de
decir que a la verdad va unida la no-verdad, ¡o disonante, lo que no se corres­
mediación ha cam biado de signo. Pues no se trata y a de que una «determ ina­
ponde o ajusta a su propia medida, y p o r lo tanto que el individuo, aun estando
ción», rea! o ideal, devenga por su propio movim iento lo opuesto de sí misma,
en la verdad, está también en la no-verdad, en la caída respecto de su vocación,
sino d eq u e el individuo concreto se haga presente, medie entre realidad e ideali­
a la vez que es llam ado a una conversión permanente. La presencia de lo eterno
dad. no sim plem ente como espectador ni tampoco como principio activo que
y de lo infinito no neutraliza ni diluye lo tem poral y lo finito. Justam ente por­
introduce algún tipo de relación entre aquellos dos polos, sino como «sujeto
que no se trata de la contraposición conceptual de dimensiones abstractas, sino
existente» que se pone y se reafirma a s í mismo en cuanto relación con el conte­
de su inserción en el sujeto individua!, se m antiene la tensión y la contradicción
nido del conocimiento. entre lo finito y lo infinito, entre lo tem poral y lo eterno. Y debido igualm ente a
Sólo así hay verdad, o sólo así «la verdad... se transforma en fu en te de
esa implicación del sujeto individual en la verdad misma, ésta no se encuentra
vida», es decir, «da al hom bre inquieto la posibilidad de una relación auténtica
ahí. presta a ser recibida, sino que se produce m ediante la actuación del indivi­
con Ia realidad» (p. 54). Con otras palabras, no se trata de fornu lar algún tipo de
duo, es fruto de una «acción individual de apropiación» (p. 129).
relación con una verdad «objetiva», sino de interrogar por la verdad, de buscar
Kierkegaard es así uno de los pensadores que desarrollan una concepción
ponerse en relación con ella. La verdad es en rigor esa relación que se relaciona
antecedente a la distinción de teoría y praxis. N o se trata de conocer la verdad
consigo m ism a al afirmarse como relación a la verdad. No hay por tanto verda­
para luego actuar de una determ inada forma, n i de ver cómo lo que llam am os
des objetivas. Con lo cual Kierkegaard no niega lo que habitualm ente se llama
verdad refleja una praxis concreta. S e trata de algo previo, puesto que conocer
verdad: la correspondencia entre nuestras representaciones y el objeto. Niega
la verdüd Sólo es posible como un estar en la verdad, estaren la verdad es p ro d u ­
que eso merezca el nom bre de verdad. Hegel lo había afirmado ya, aunque el
cirla y producirla es apropiársela individualm ente. De modo que en el círculo
punto de vista fuera distinto. Ese tipo de conocimientos objetivos puede crecer
que describe la salida y vuelta de! sujeto de y hacia sí mismo, conocimiento y
hasta el infinito, sin que se logre un ápice del «conocimiento esencial», que con­
acción están m utuam ente implicados. Nada extraño aue lo verdad vnvn uníA* n
su testimonio. En realidad son una y ¡a m ism a cosa. Pues al apropiarse la ver­ carácter individual. Y por otra parte, a su doctrina sobre el amor subyace una
dad. el hombre construye su propia existencia, o la verdad se hace patente en utopía tan legítima como practicable en un proceso indefinido y que se con­
aquélla. Y a su vez. el carácter testimonial de la verdad implica su ilimitada densa en la frase de Larrañeta: « E l a m o r logrará lo que ninguna proclama
irradiación, más concretamente implica que se reconozca a sí m ism a en cada revolucionaria consiguió: la absoluta igualdad» (p. 215).
existencia individual, puesto que ésta consiste, como se ha visto, en la acción de En general, esta investigación h a puesto de manifiesto que Kierkegaard no
apropiarse la verdad. De ahí la afirmación siguiente de Kierkegaard: «Honrar es un cuerpo extraño sino un clásico de la historia del pensamiento con perfiles
a cada hombre individual considerado como hombre individual, eso es la ver­ propios. M. Heidegger compara lúcidam ente las grandes filosofías con m onta­
dad. es temer a Dios y am ar al prójimo» (cfr. p. 134). Este pasaje expresa inequí­ ñas que se yerguen en el horizonte ("Beitráge, p. 187). L a investigación de R.
vocamente — al igual que otros— la identidad de verdad y amor. Esto es así Larrañeta contribuirá en buena m edida a que la obra de Kierkegaard, que en
porque ambos tienen su raíz en Dios (cfr. pp. 118. 220 s.). En expresión de R. Larra- gran parte sigue oculta bajo la niebla, descubra sus gigantescas proporciones y
ñeta. que sintetiza textos m uy elocuentes de Kierkegaard: «Dios está anclado muestre sus contornos propios. Es en efecto una gran montaña, inconfundible
en lo profundo del sujeto haciendo transparente al individuo desde lo más con cualquier otra. Desde ella se pu ed e contem plar el paisaje inmenso del p en ­
íntimo de su subjetividad» (p. 229). samiento, la región de la verdad, desde una nueva perspectiva, tan rica
Todo esto no es m ás que un breve apunte de este libro, tan sobrio y riguroso como irreductible.
como rico en contenidos y matices. No obstante, los puntos mencionados son
suficientes para concluir que la imagen que se tiene frecuentemente de Kierke­ Salam anca, 24 de septiembre de 1989
gaard no corresponde a la realidad.
No es cierto que su obra propugne una visión pesimista del m undo y de las M a r ia n o A lvarez G Ó M EZ
cosas. Por el contrario, m ediante la angustia se desvelan las falsas seguridades
sobre las que está asentada la vida del hombre moderno, a la vez que se busca
un punto de apoyo verdaderamente consistente.
La acentuación de la prioridad absoluta déla existencia para nada implica
la negación de los contenidos esenciales, ni siquiera supone que éstos tengan
una importancia secundaria: significa m uy al contrario que tales contenidos
deben hacerse vigentes m ediante una apropiación activa y plenam ente respon­
sable de los mismos.
La subjetividad com o principio de realidad y de verdad, lejos de significar
una actitud solipsista que rechaza la validez de las norm as objetivas, postula
que éstas sean la expresión de! despliegue de las energías de los individuos que
convergen en una vocación com ún a todos ellos, de forma que esto no suponga
la nivelación o la negación de sus diferencias.
La exaltación innegable del individuo ha de verse tam bién en esta línea. No
legitima una actitud decisionista, puesto que el individuo sólo se puede reafir­
m ar a sí m ism o en cuanto que se reconoce como síntesis de lo temporal y lo
eterno, de lo fin ito y de lo infinito, y se sabe puesto a prueba por esa paradoja
fundamental. La posición de Kierkegaard es en este servida tan metafísica
como la de Hegel, por ejemplo, o la de Heidegger.
No menos inconsistente es la leyenda acerca del irracionahsmo de Kierke­
gaard. Pues no es irracional que la razón conozca sus límites y tome conciencia
por contraste de aquello que es presupuesto de su propia actividad, llámese sub­
jetividad, interioridad o existencia.
Es cierto que por principio se excluye ¡a mención de Kierkegaard en cual­
quier programa de transformación de la realidad. Pero elfilósofo danés intuyó
la inutilidad, por no decir perversidad, de toda transformación social que no se
apoye en actitudes verdaderamente éticas, que forzosam ente han de tener
M O D O D E CITAR

/. Para las referencias a los escritos de Kierkegaard:


a) Utilizamos las siglas S.V. en las O b ra s C om ple ta s (Sam lede Vasr-
kcr), seguidas del número del volumen (en rom ano)y la página. Corresponde
siempre a la segunda edición danesa, en caracteres góticos y considerada co­
mo la mejor.
b) En los Papeles (Papirer) em pleam os la edición última, q u e recoge
de manera plena todo ¡o publicado antes. E l número romano que sigue es del
volumen, y la letra (A, B, C) del tipo de escrito.
Aunque muchos autores no lo hacen, hemos añadido a la cifra del texto el
número de la página, para mayor claridad.
2. Los títulos de las obras de K ierkegaard se citan en el original y segui­
dos las primeras veces de la traducción española. Los estudios de otros autores
se enuncian de modo completo la prim era vez y después sólo su comienzo.
3. Transcribimos las frases o palabras originales tal cual aparecen en el
lugar citado, contando con las diferencias de caso y tiempo y prescindiendo de
las variaciones asum idas en el danés actual.
4. La traducción que hemos hecho es literal, para mostrar el texto en
toda su fid elid a d y aunque sufra un poco el estilo literario. Entre paréntesis ()
dejamos las partículas innecesarias del propio Kierkegaard. Entre corchetes [],
lo que añadim os para la mejor com prensión en español.
5. Las letras a?y 0, inexistentes en castellano, están presentadas com o ce y
0. Kierkegaard no usa la á m oderna sino dos aa.
IN T R O D U C C IÓ N

Soren K ierkegaard aparece e n u n a época de g ra n interés p a ra la his­


toria del p e n s a m ie n to y de la filosofía. Su ciu d a d natal, don de discurrió
toda su vida, se e n c o n tr a b a en u n m o m e n to de b a s ta n te esplendor. Muy
receptiva de las corrientes intelectuales europeas, K obenhavn se convir­
tió en el lugar idóneo p ara que c re c ie ra n en ella figuras literarias tan im ­
portantes co m o O e h lenschlager 1 y A n d e r s e n 2. C o n te m p o rá n e o estricto
de ellos. K ierkegaard se entrega a otras vertientes del p en sa r y de la ex­
presión. un p o co a caballo entre la estética, la filosofía y la teología.
Los p erson ajes que se en tre c ru z a n de m od o directo en su existencia
no son m uy co n o cido s fuera de D i n a m a r c a , pero ellos co n tribu yeron a
la creación del genio de Soren K ierkegaard.
P. M artin M oller fue su m aestro m á s ad m ira d o . A él le dedicará
Begrebet Angest (El concepto de la angustia) 3. P oeta, cultivador del hele­
nismo, influyó n o ta b lem en te en la libertad de espíritu de Kierkegaard
frente al p e n s a m ie n to oficial en estética y en filosofía. F. Ch. S ibbern
fue otro de los profesores c on los q u e trab ó a m is ta d y que ay ud ó a forjar
el estilo existencial y a n tih eg e lian o de nuestro autor. Kierkegaard asistió
a sus lecciones y lo cita algunas veces 4.
R L. Moller, m e n to r oculto de la revista Corsaren (El Corsario) en los
ataques contra Kierkegaard, y M. A. G o ld sc h m id t, director de aquella
publicación satírica, cay eron p r o n t o en el olvido dentro y fuera de
D inarm arca.
De m ás categoría son otros op ositores de Kierkegaard. Las relacio­
nes con ellos fu eron u n tanto am b ig u a s . El m ás conocido, el ob isp o de

1 C om o más adelante se verá, Kierkegaard alude a los escritos poéticos y novelescos


de O ehlenschlager (1779-1850).
2 N o sólo leyó a H. C. A ndersen (1805-1875), sin o que tam b ién pu blicó en su ju v e n ­
tud un apunte crítico. C ix.A fen endnu Leven des Papirer (De los papeles de un /hom bre/ todavía
viviente) (K jobenhavn, R eitzel 1838), S.V., XIII, pp. 45-100. En p. 55 enuncia el contenido:
«Sobre Andersen c o m o novelista, en c o n tin u a relación a su últim a obra ‘sólo un
músico'.»
3 Cfr. S.V., IV. p. 307. La dedicatoria dice: «Al fallecid o profesor Poul M artin
Moller, am ante feliz del helen ism o, adm irador de H om ero, con fid en te de Sócrates, intér­
prete de Aristóteles — alegría de D inam arca en la alegría sobre D inam arca, h erm osa­
mente “ido lejos" siem pre “pien sa en el veran o danés"— , mi adm iración, mi añoranza; se
[le] dedica este escrito.»
4 Papirer, II, A 519. p. 195; VI, A 8, p. 7; X-5 A 149, p. 166. C on él m antuvo alguna c o ­
rrespondencia. Cfr. Saren Kierkegaard, Breve og A ktstykker (K obenhavn, M unksgaard
1953). pp. 83-85 y 148-149.
patente la im p ro n ta hegeliana en m u c h a s de las elab oracione s filosófi­
C o p enh agu e, J. P. Mynster. a q uien Kierkegaard respetó d u ra n te artos
cas y estéticas de Kierkegaard 8. C o n Lessing tiene algunas afin id a d es y
p o r la am istad que le u nía a su padre, d eterm inó en parte la vida de
com parte diversos pu n to s de vista l). A Schelling 10 tuvo ocasión de escu­
Soren. Los intereses políticos y eclesiásticos le im pidiero n doblegarse a
charle en Berlín, pero p ro n to m u d ó el en tu siasm o inicial p o r u n a cierta
las exigencias de conversión religiosa q u e predic ab a el joven Kierke­
desilusión, pese a que no deja de n o m b r a r le com o apoyo a sus c o m e n ta ­
gaard. Su sucesor en la sede episcopal. H. L. M artensen, m uy proclive al rios antihegelianos.
h eg e lia n ism o , h a b ía sido tu to r de K ierkegaard. S eguidor de Schleier-
m acher. d ebió tran sm itir al discípulo m u c h a s de las en se ñ an za s sobre Leibniz ", Kant i:, H a m a n n Jacobi l4, J. G. Fichte l5. K. Daub.
religión que em ergen de sus o b ra s y papeles. Kierkegaard m a n te n d rá S ch leierm acher l6, F. C. Baur. A, T re n d e le n b u rg l7. entre otros, son a lu ­
hasta el final u n a actitud m uy crítica contra M artensen. aun c u a n d o en didos en los escritos de K ierkegaard y co nfig uran en b u e n a parte su
m u n d o mental.
los Papirer conservó algu nos a p u n te s escolares de sus lecciones y hace
no pocas referencias a él \ En el a r ra n q u e del análisis so b re la verdad observarem os cóm o
J. L. H eiberg es q uizás el filósofo d a n é s de m ás relieve con quien K ierkegaard m uestra un c o n o c im ie n to p ro fu n d o de D escartes l8. De
Kierkegaard contactó. I n tro d u c to r de Hegel en su país, su influjo en los Pascal cita pasajes significativos, de c a rác te r m á s religioso-teológico
pen sa d o res c o n te m p o rá n e o s d a n e se s fue enorm e. Para K ierkegaard que que filosófico 19
lo conocía bien 6. constituyó sin d u d a la fuente m ás seria de sus estudios
sobre Hegel. 8 En nota 54 citam os los análisis m á s interesantes sobre am bos. Cfr. adem ás. M.
En D in a m a r c a hab ía e v id en te m e n te m ás p erso nalid a d es notorias Bense, Hegel und Kierkegaard. Eine prinzipielle Untersuchung (K óln. Staufcn, 1948); V.
M elchiorre. «Kierkegaard ed Hegel. La p o lé m ic a sul 'punto di partenza'»,en StudiKierke-
en la p rim era m itad del siglo pasa d o , co m o H. N. Clausen, A. P. Adler. gaardiani ( Brescia. M orcelliana, 1957), pp. 253-266; M. C. Taylor. «Love and form s ofspirit,
N. F. S. G rundtvig. K ierkegaard asistió a las lecciones del p rim ero sobre Kierkegaard versus H egel», en Kierkegaardiana, 10 (1977), pp. 15-1 16.
teología y N uevo Testam ento. H a b la re m o s de u n libro de Kierkegaard 9 Sobre tod o respecto del «salto» y de' la verdad subjetiva. Cfr. las com paraciones de
J. Colette, «Kierkegaard et L essing», en R evue des Sciences philosophiques et théologiques,
so b re el segundo. El tercero fue u n ser singular. M uy influyente en la es­ 44 (1960), pp. 2-39; E. Lundig. «Lessing u n d Kierkegaard», en Orbis Litterarum. 2 (1944),
fera religiosa p o r h a b e r f u n d a d o u n m ovim iento que llevó su nom bre, pp. 158-187.,
inició la renovación del sistem a pedagógico escolar, lo que le p ro p o rc io ­ 10 Cfr. A. D em pf. «Kierkegaard hórt Schelling», en Philosophisches Jahrbuch. 65
(1956), pp. 147-161; A. M. K oktanek, Schellings Seinslehre und Kierkegaard (M ünchen,
nó en o rm e fam a en C o p e n h a g u e . Aun hoy se conserva un ca riñ oso re­ Ü ldenbourg, 1962); S. Spera, «L'influsso d i S ch ellin g nella form azione del giovane
cuerdo h acia él. K ierkegaard trató a G rundtvig. d edicándole elogios y Kierkegaard». en Archivio di Filosofía (1976), pp. 73-108.
tam b ién censu rán d o le, pero sin estim arle d em asia d o en el f o n d o 7. 11 Cfr. N. V iallancix. «Kierkegaard, lecteu r de L eib niz», en Critique, 25 (1969). pp.
895-914.
No cabe d u d a que el m arc o de la cultura d an e sa h u biera sido insufi­ 12 Cfr. E. Brunner, «D as G ru ndproblem der P h ilosop h ie bei Kant und
ciente para c o n f o rm a r p o r sí solo a un escritor de tanta en vergadu ra c o ­ Kierkegaard». en Zwischen den Zeiten. 2 (1924). pp. 31-46.
m o Kierkegaard. En todo caso, él escuch ó y leyó d u ra n te toda su vida a 13 Cfr. R. G. Sm ith, «H am an n and K ierkegaard», en Kierkegaardiana, 5 (1964). pp.
52-67; S. Steffensen. «Kierkegaard und H a m a n n » , en Orbis litterarum. 22 (1967), pp. 399-
filósofos y literatos extranjeros. Q u e re m o s referirnos a ellos. 417; N. Thulstrup. «Incontro di Kierkegaard e H am ann». en Studi Kicrkcgaardiani. pp.
323-357.
P or su cerca n ía y sú g ra n e m p u je, el m u n d o alem án tuvo u n a im p o r­
14 Kierkegaard cita varias veces a Jacobi en Efterskrift y con cierto respeto. Tam bién
tancia especial en su form ación. C o m o es sabido. Kierkegaard realiza en el Journal. Cfr. Papirer, V A 40. p. 18.
varios viajes a Berlín con la in te n c ió n expresa de asistir a algunos c u r­ 15 Tam bién Fichte aparece varias v e c e s nom brado. Por ejem plo, cfr. Papirer. I A
302, p. 130.
sos de la universidad y p o n erse al día de las últim as corrientes filosófi­
16 D e Schleierm acher hablarem os m á s adelante. Sobre sus relaciones cfr. D. T.
cas. O’Connor, «Schleierm acher and Kierkegaard: T he odd cou p le o f m odern th eology». en
Hegel es el filósofo m á s citado, o m n ip resen te en todas sus obras, Religión in Life, 41, (1972), pp. 8-17.
a u n q u e tam b ién el m ás criticado. Sin exagerar la d ep e n d en cia, resulta 17 Kierkegaard com enta la lectura q u e ha h ech o de una de sus obras y el interés con
que la ha estudiado. Se trata de Geschichte d e r Kategorienlehre, Z wei Abhandlungen von A
Trendelenburg (Berlín, 1846). CU. Papirer, VI11-1 A 18, pp. 13-14.
5 Papirer. II A 7. pp. 7-8: IX A 206. pp. 103-4: XI-2 A 265. pp. 267-8. 18 D escartes es frecuente y contradictoriam ente aludido. Los estudios sobre ellos no
6 E scribió una recensión literaria sobre una tic sus novelas. Cfr. nota 933 de nuestra faltan. Cfr. R. G rim sley, «Kierkegaard a n d D escartes», en Journal o f thc History of
obra. La correspondencia entre e llo s en: S. Kierkegaard. Breve og Aktstvkker. pp. 151-153 y Philosophy, 4 (1966), pp. 31-4); K. Lówith. «D escartes' vernünftiger Zweifei und Kíerke-
305-306. gaards L eidenschaft der Verzweiflung». en Congrés Descartes (París. Etudes eartesiennes.
7 H em os catalogado n u m erosos estu d ios sobre am bos. Cfr.. por ejem plo. S. H olm . 1937). pp. 74-79.
Grundtvig iiihJ Kierkegaard. Paralellen und Kontrasten (Tllbingen, K atzm ann, 1956); P. G. 19 Cfr. para un estudio com parativo, H, H offding, «Pascal et K ierkegaard», en
Lindhardt. Konfrontation: Grundtvigs pra'dikencr i kierkeúret 1845-55 pá baggrund a f Kierke­ Revue de m étaphysique et de inórale, 30 (1923), pp. 221-246; R. Jolivet, «P ascal y Kierkegaard:
gaard s angreb pá den dtinske kirke og den officielle' kristendont (K obenhavn, Akadem isk dos vidas paralelas», en Augustinus, 7 (1962), pp. 361-370; D. G. M. Patrick, Pascal and
Forlag. 1974): G . M alantschuk, «G rundtvig og Kierkegaard: Et G rundtem a i J. Bukdahl: Kierkegaard. A study in the strategy o f evangelism e (L ond on, Lutterworth, 1947).
Tordenvejret og G en tagelsen ». en Dansk Tc/uógisk Tidsskrift. 38 (1975). pp. 139-143.
D e n tro a ú n del c a m p o filosófico, el p e n sa m ie n to griego aparece co­ conocido en Europa, escribió un lib ro 25 en el que ofrecía u n a im agen
m o el g ra n hito —j u n t o con H egel— de los escritos kierkegaardianos. estético-literaria de Kierkegaard, a c e n t u a n d o los rasgos co n trarracion a-
Aristóteles 2(), Platón , los escépticos, etc,, son referencias constantes. So­ les que le as e m e ja b a n a F. Nietzsche. El estudioso danés de Kierke­
bresale p o r en c im a de todos el m aestro Sócrates. Es de sobra elocuente, gaard, H. H o ffd in g 26, insistiría t a m b i é n en la afinidad con N ietzsche 27.
más incluso q ue las in n u m e ra b le s citaciones, que su tesis doctoral ver­ Al m ism o tiem po se fueron m u ltip lic a n d o las investigaciones sobre
sara sobre la ironía socrática. Kierkegaard en su vertiente psicológica y biográfica.
D e n tro del d o m in io religioso h ay q u e destacar, ad em ás de los teólo­
gos susodichos, la leja n a influencia de S an A gustín 21 y la im p o n e n te fi­ En A lem an ia . Th. H aecker es el in ic ia d o r de u n a visión psicológica
gura de Lutero -2, a cuya con fesió n pertenecía Kierkegaard y en la que diferente, la que emerge del a h o n d a m i e n to k ierkegaardiano en la exis­
tencia 28. C o m o es de sobra notorio, este aspecto fue el que más caracte­
ejerció u n a activa y p o lém ica militancia.
C o n c lu y e n d o este breve b o sq u ejo sobre la form ación y el en to rn o de rizó a K ierkegaard después de la p r im e r a gu erra m undial. Autores obli­
gados de contraste son Jaspers y Heidegger. El prim ero confiesa explíci­
Kierkegaard, co nviene lla m a r la aten ció n sobre dos g rand es literatos
tam ente q u e K ierk egaard está en el p u n to de partid a del existencialis-
muy ap reciad o s p o r Kierkegaard: S hak esp eare y Goethe, alg u n as de c u ­
mo 29, pero él m ism o presenta una v a lo ra c ió n de la existencia desgajada
yas m á s fam osas p ro d u c cio n es (H am let y Faust) son p erm a n en tem en te
tenidas en cuenta 23. N o faltan co m e n ta rio s a C ervantes y su D o n Q u ijo ­ de todo c o n t e n i d o religioso que t a n t o a p r e c i a b a el a u to r danés. H ei­
degger cita po ca s veces a K ie r k e g a a rd en su Sein und Z eit A lgu nos
te 24 pero sería largo pre cisar el grado de conocim iento.
Si del p as a d o de K ierkegaard dirigim os la m ira d a a la posteridad. h an q u e r id o ver en K ierkegaard u n p r e c u r s o r de m u c h a s intuieio-
d escubrirem os datos valiosos.
C u a n d o la obra de K ierkegaard co m e n z ó a ser d ifundida, surgieron
en E sca n d in a v ia dos corrientes. La p rim era estaba in sp irad a en Mar- 25 G. Brandes. Soren Kierkegaard. En kritiske Fremstilling i Grundrids (K obenhavn,
tensen. el s u c e s o r del o b is p o M y n ster. y p o n ía d e relieve los asp ectos G yldendal, 1877). Traducido en seguida al alem án , sirvió para dar a conocer en Europa
criticados p o r aquél, así co m o desde esferas pró x im as la heterodoxia la figura y el p en sam ien to de Kierkegaard. U n a m u n o m ism o lo afirma: «F ue el crítico de
Ibsen, Brandes, quien m e llevó a conocer a Kierkegaard, y si em pecé a aprender el danés
teológica de los últim os escritos kierkegaardianos. G. Brandes, bastan te traduciendo antes qu e otra cosa el ■Brand ib se n ia n o , han sido las obras de Kierkegaard,
su padre espiritual, las que sobre todo me h a n h ech o felicitarm e de haberlo aprendido.»
M. U nam uno, «Ibsen y Kierkegaard», en M i religión y otros ensayos breves (M adrid. Prieto.
1907), p. 67.
20 C Ir. G. J. Stuck. «A ristóteles y las categorías existenciales de Kierkegaard». en Folia
Humanística. 9 (1971). pp. ¡029-1041: «A ristóteles y Kierkegaard: concepto de posibilidad 26 H. H offding. Seren Kierkegaardsom F ilósef (K obenhavn , Philipsen, 1892). Este li­
hum ana», en Folia H um anística, 10 (1972), pp. 15-33, 137-149. Se han h ech o trabajos bro fue p u b licad o p r o n to en E spaña (1930). Cfr. R. Larrañeta, «R ecepción y actualidad
sim ilares en torno a Tom ás de A quino. Cfr. L. C astellani, De Kierkegaard a Tomás de de Kierkegaard en E spaña», en Estudios filosóficos. 37 (1988), pp. 326-327.
Aquino (B u en os Aires, ed. G uad alu pe. 1974): G. L. Stengren, «Connatural know ledge in 27 U ltim am ente se resaltan, quizás con razón, las an alogías entre el an u n cio nietzs-
A quinas and kierkegaardian subjectivity». en Kierkegaardiana. 10 (1977), pp. 182-189. cheano de la m uerte de la m etafísica y la o p o s ic ió n radical de Kierkegaard al «pensa­
21 Cfr. B. Romeyer, «La raison et la foi au Service de la pensée. Kierkegaard devant miento objetivo». A b un dan los trabajos so b re am bos. Cfr. K. Lówith, K ierkegaard und
A ugustin», en Archivio di Philosophia, 18 (1952). pp. 7-41. Nietzsche. oder philosophische und theologische Üherwindung des Nihilismus (E'rankfurt am
22 A Lutero lo nom b ra m uy adm irativa y m uy críticam ente en m u chísim os textos. Main. K losterm ann, 1933): G. M alantschuk, «K ierkegaard et N ietzsche», en Det danske
A lgunas con cep cion es sobre la subjetividad, la fe, la cruz del cristiano, proceden de él. Magasin. 3 (1955), pp. 381-395; H. L. M iéville, «K ierkegaard et N ietzsche: peres de l'cxis-
Clr. W. R, Bragstad, «L u th ers influence on Training in Christianity», en Lutheran Quar- tentialism e co n te m p o ra in » , en Eludes de Lettres. 8 (1965), pp. 79-90; H. Urs von B altha-
terly, 28 (1976), pp. 257-271; J. Brun. «K ierkegaard et L uth er»,en Revue de m étaphvsique et de sar. «K ierkegaard et N ie tzsc h e » , en Dieu Vivant. 1 (1945), pp. 53-80; C. B on ifazi,
morale. 75 (1970). pp. 301-308. Christendom attacked. A comparison o f K ierkegaard an d Nietzsche (L ondon. Rockliffe, 1953);
23 Tendrem os ocasión de escuchar algo sobre Fausto y aisladas alusion es a H amlet. W. A. Earle, «The paradox and death of G o d : K ierkegaard and N ietzsche», en Radica!
Cfr, H. O ppel. «Shakespeare und Kierkegaard. Ein Beitrag zur G esch ichte der H am let- Theology: Phase Two (P hilad elph ia. Lippincott, 1967), pp. 27-42; A. Clair, E nigm e nietzs-
D eutung». en Shakespeare-Jahrbuch, 76 (1940), pp. 112-136; J. E. Ruoff, «K ierkegaard and
chéenne et paradoxe kierkegaardien», en R evu e de Théologie et de Philosophie. 27 (1 977),
Shakespeare», en C om parative Literature. 20 (1968), pp. 343-354; J. G. Sob osan , «O ne han pp. 196-221.
clapping...: A study of the paradoxical in Lear and Kierkegaard». en Laval Théologiqueet Philosophi-
28 Th. Haecker. Soren Kierkegaard und die Philosophie der Innerlichkeit (M ünchen,
que, 30 (1974), pp. 47-53. M ás num erosas son las publicaciones sobre G oethe y Kierkegaard. Schreiber, 1913). El otro gran introductor ha sid o E. H irsch con su Kierkegaard-Studien
Cfr. C. Roos. Kierkegaard og Goethe (K pbenhavn. G ad, 1955): H. O ppel, «K ierkegaard und (Giitersioh, Bertelsm ann. 1930-33) y la traducción de las ob ras de Kierkegaard de la que
G oeth e», en Deutsche Vierteljahrsschrift für Literaturwissenschafi und Geistesgeschichte. 16 hablaremos en la bibliografía de esta obra.
(1938). pp. 126-159; S. Steffensen. «Kierkegaard und G oeth e», en Nerthus, 3 (1972). pp. 19-
29 D ice en Kierkegaard vivant (París, G allim ard , 1966), p. 81: «L’influence de K ierke­
55; S. Spera, «11 m ito di Faust. A spirazioni letterarie, riflessioni filosofiche. preoccupa-
gaard dans Ies régions de langue allem ande n e s'est fait sentir qu'au xx e siécle. N i !a ‘p h i­
zioni religiose del giovan e K ierkegaard», en Archivio di Filosofía, (1974), pp. 309-339, A.
losophie de l'existence', ni la ‘théologie d ia lec tiq u e ’. pour em ployer des termes actuéis,
Clair. «L e m ythe de Faust et le con cep t kierkegaadien de d ém on iaq u e», en R evuephilo-
n'auraient été p ossibles sans lui.» Y concluye en p. 93: «K ierkegaard, nous ne savon s pas
sophique de Louvain. 11 (1979), pp. 24-49. ce qu'il est; m ais c'est certainem ent la voix m o d ern e qui. n o u s faisant pressentir I'exigen-
24 Sobre todo en 5. V. VII. p. 181 s. Cfr. Papirer. VII1-1 A 59. p. 31, don d e se queja de ce la plus haute, suscite en nous la vigilance la plus extrém e.»
que C ervantes haga recuperar el ju ic io a D on Q uijote. 30 Lo com en tam os en nota 616.
nes h eideggerianas 31. C o m o h e m o s insinuado, no sería tam p o co im p o ­ chas obra s suyas 37. D a d a la categoría a lc a n z a d a p o r este teólogo y el
sible h allar brotes k ierk egaard iano s en el origen del posm od ernism o . im pulso re n o v ad o r tran sm itido a s u s sucesores, p uede afirm arse que el
Ese es un a s u n to c o m p le jo y que desb orda el á m b ito de esta in tr o d u c ­ im pacto de Kierkegaard, defensor de un cristianism o radical centrad o
ción. A d e m á s de los citados, varios existencialistas m ás ac u dieron a en la cruz y en el sufrim iento sereno, ha sido considerable. El tono existen-
h o m e n a je a r a K ierkegaard en 1964. C h o c an te m e n te los m ás conocidos, cialista de su experiencia religiosa a p a re c e m ás n ítid a m e n te en B uber 3Sy
com o G abriel M arcel y Jean -P aul Sartre, destacaron su indep en d e n cia B u ltm ann 34 N o extraña que sea n los cristianos evangélicos los que
del p e n sa m ie n to k ierk e g aard ia n o 3;. m a n te n g a n tod avía hoy el respeto, la c u r io s id a d y el a la n de c o n o c i ­
Pese a su repu dio del ateísm o feuerbachiano y del c o m u n is m o mar- m iento de la o b ra kierkegaardiana. D esde el p ris m a literario las c o n e ­
xista 33. se h a n detectado no pocas similitudes entre ellos. A do rno, com o xiones de Kierkegaard son ta m b ié n num erosas. Su v ecindad a Ibse n es
verem os 34, hace u n a lectura estético-política y fu n d a m e n ta lm e n te nega­ patente, a u n q u e no m uy am p lia 4(l. L. C hestov c o m en ta el com ú n e n tr a ­
tiva de Kierkegaard. Low ith le c o m p a ra a M arx, d iciendo q u e éste des­ m ad o de alg u n as intuiciones de D o sto yev ski y K ierkegaard 4I. U n a m u ­
truyó el m u n d o b urg ués capitalista, m ientras Kierkegaard echó p o r tie­ no confiesa su « fratern a» sim patía p o r él y ciertam ente le es d e u d o r de
rra el m u n d o burgués cristiano 35. La cercanía a Feuerbach es m ás n a tu ­ algunas de sus m ás p o p u la riz a d a s e x p resio n es 42. La relación con Kafka
ral. si p rescindim o s de sus tesis antiteístas, pues a m b o s d esarrollan un o con Ortega y G asset es un poco m á s m a rg in a l 43. C am u s, en ca m b io ,
a n tih eg e lian ism o visceral y exaltan al h om bre individual 3\ refleja consciente o inconscie n te m e n te m u c h a s de las genialid ades del
U n a faceta m uy im p o rta n te de las repercusiones k ierkeg aardian as la escritor dan é s 44.
representa la teología protestante. A u nq ue Barth ha criticado a Kierke­
E n tr a n d o en los tem as q ue c o m p r e n d e n esta investigación, e x p lic a ­
gaard, no p o r ello deja de n otarse la inspiración k ierkegaard iana de inu-
remos las fuentes de Kierkegaard y la s ra zo n es q u e nos m ovieron a ele­
gir esas cuestiones.
31 Cfr. J. W ahl. «H eidcggeret Kierkegaard». en Rechcrches PhUosophiques, 2 ( 1932-33),
pp. 349-370. K. E. Lpgstrup. Kierkegaards und Heideggers Existcnzanaly.se und ihr Verháltnis 37 Cfr. S. Navarria. Soren Kierkegaard e l'lrrazionalism o di K arl Barth (Palerm o,
zur Verkiindigung (Berlín. Blaschker, 1951); M. W yschogrod. Kierkegaard a n d Heidegger. The Palum bo, 1943); C. Fabro, «Kierkegaard e K. Barth», en Studi Francescani. 55 (1958).
Ontology o f Existence (N ew York. H um anities Press. 1964). pp. 155-158, E. Brinksehm idt. S0ren Kierkegaard und K art Barth (N eukirchen-V luyn. Ncu-
32 La influencia de K ierkegaard en mi pensam iento ha sido prácticam ente nula, kirchener Verlag. 1971).
declara Marcel en Kierkegaard vivant. p. 64. Sartre ironiza sobre el título del C oloq u io de la 38 Cfr. L. Zeigler. «Personal existence: A study o f Buber and Kierkegaard», en Jour­
U n esco (París, 1964) y cree q u e debiera haberse form ulado com o «K ierkegaard mort». Ib., nal o f Religión, 40 (1960), pp. 80-94.
p. 20. Sobre Kierkegaard y Sartre, cfr. J. H ohlenberg. «Jean-Paul Sartre og has forhold til 39 Cfr. H. C. Wolf. Kierkegaard and Bultmann: The Quest o f the historical Jesús (M in -
Kierkegaard». en Sam tiden. 56 (1947). pp. 220-225; .1. G rooten. «Le soi ch ez Kierkegaard et neapolis, Augsburg. 1965); J. Colette, «Kierkegaard. B ultm ann et Heidegger», en Revue des
Sartre», en Revuephilosophique de Louvain, 50 (1952). pp. 64-89; A. Córtese, «Kierkegaard- Sciences philosophiques el théologiques, 49 (1965), pp. 597-608.
Sartre; Appunti di m etod ología», en Filosofía e Vita, 6 (1965), pp. 31-49; K. E. Logstrup, 40 Cfr. M. de U n am un o, «Ibsen y K ierkegaard», pp. 67-75; W. M óhring. Ibsen und
«Sartres og K ierkegaards ski Id ri ng a f den d;em oniskc indeslu ttethed», en Vindrosen. 13 Kierkegaard (Leipzig. M ayer & M üller, 1928); P. G. la C h esn ais, «Ibsen. disciple d e Kier­
kegaard?», en Edda. 21 (1934), pp. 355-401.
(1966). pp. 28-42. 41 Cfr. L. C hestov, «K ierkegaard y D ostoyevsk i», en Sur, 5 (1935), pp. 7-39; C. N . Pon-
33 Kierkegaard nom bra repetidas veces a Feuerbach. Cfr. Papirer, X-2 A 163, pp.
128-131. Es discutible saber d e qué m odo y hasta qué punto había pod ido tener contacto drom. «Two dem onic figures: Kierkegaard's M erm an and D ostoievsk y’s U nderground
con las obras de Marx. Cfr. G. M alan tschuk «D id Kierkegaard read KarI Marx?», en su Man», en Orbis Litterarum. 23 (1968). pp. 161-177.
The controversiaI Kierkegaard (W aterloo. W. Lauricr Univ.. 1980), pp. 76-82. Pero Kierke- 42 Lo irem os com proband o en algunos pasajes de esta obra: sería interesante hacer
eaard con oce v rechaza el com u n ism o. Cfr. Papirer. VI11-1 A 598, pp. 275-276. una reasunción com parativa. A dem ás del lib ro de C o lla d o que citam os en nota 456, cfr.
J. Mac Gregor. «D os precursores del existen cialism o: Kierkegaard y U n am u n o». en Filo­
34 Cfr. pp. 210 s. y 217 s. de nuestra obra.
35 Cfr. K. Lowith. De Hegel d Nietzsche (París. G allim ard. 1969), p. 202. Lukács denu n­ sofía y Letras, 22 (1951). pp. 43-44, 203-219; F. Meyer, «K ierkegaard et U n am un o» en
cia tam bién la incoherencia entre las exigencias éticas predicadas por Kierkegaard y su Revue de Littérature comparée, 29 (1955), pp. 478-492; A. Tornos; «Sobre U n am u n o y K ier­
kegaard». en Pensamiento. 18 (1962); pp. 131-146: D. D . Palmer. «U nam uno's D on Q u ijo­
proclividad a una vida cóm oda y burguesa. Cfr. G. Lukács, El asalto a la razón (Barcelona.
te and Kierkegaard's A braham ». en Revista d e Estudios Hispánicos. 3 (1969), pp. 295-312; J
G rijalbo. ’ 1972), pp. 225-229 v 240-248. Para la com paración entre Marx y Kierkegaard. cfr.
Uscatescu. «U n am u n o y Kierkegaard o la interiorid ad secreta» en Arbor, 103 (1979), pp.
H. Lcisegang, «H egel, Marx, Kierkegaard. Zum dialektischen M atcrialism us und zur dia- 25-40.
lektischen T h eologie». en Blick in die Wissenschaft. 1 (1948). pp. 128-138; K. Lowith.
43 Cfr. F. Billeter. Das Dichterische bei K a fk a und Kierkegaard. Ein Typologischer Ver-
«L'achévem ent de la p h ilo so p h ie ciassiq u e par Hegel et sa dissolution chez Marx et Kier­ gleich (Winterthur. Keller. 1965); R. O. Weiss. «T he levellin g process as a function o f the
kegaard». en Rechcrches PhUosophiques. 4 (1934-35), pp. 232-267; .1. Van der H oeven. «K ier­ masses in the view o f Kierkegaard and Ortega y G asset», en Kentucky Foreign Language
kegaard en Marx ais d ialectich e critici van H egel». en Philosophie Rcformata. 34 (1969), Quarterly, 7 (1960), pp. 27-36.
pp. 85-100; 35 (1970). pp. 101-118; 36 (1971), pp. 125-154. 44 Cfr. E. Skjoldager. «C am u s og K ierkegaard», en K irke og Kultur, 74 (1969), pp.
36 Cfr. G. Preti, «K ierkegaard, Feuerbach e M arx», en Studi Filosofici. 10 (1949), 360-369: J. L. Curtis. «H eroic com m itm ent, o r the d ialectics o f the leap in Kierkegaard,
pp. 187-208; J. Brun. «F euerbach et K ierkegaard». en Cahiers d eS u d. 50 (1963). pp. 34-43; L. Sartre and C am us». en Rice Univ. Studies. 59 (1973). pp. 17-26; B. R eichenbach. «C am u s
Matrai, «Threc antagonists o f Hegel: Feuerbach, Kierkegaard, M arx», en Danish Year- and Kierkegaard: A contrast in existen tial a u th en tic ity » . en Christian Scholar's Review,
hook o f Philosophy, 8 (1971), pp. 115-119. 5(1976), pp. 223-240.
C o m e n z a m o s con la verdad. A u n que no lo confiese ni lo niegue. torno a la filosofía kierk egaard iana. P a r a m a y o r claridad los p re e n u n -
Kierkegaard tiene m uy en c u e n ta el pu n to cartesiano de p artida para la ciarem os a h o r a brevemente.
indagación de la verdad. La pregunta por la verdad está íntim am ente Varios au tores h a n advertido q u e la v e rd a d es el lem a y la p re o c u p a ­
en trelazada con la de la duda. ción k ierk e g aard ia n a p o r excelencia a través de su vida y de sus obras.
Hegel es. co m o siempre, su principal interlocutor. C o n tra lo que ge­ Esto se cu m p le de m a n e r a privilegiada e n los escritos estrictam ente filo­
neralm ente se piensa, la filosofía hegeliana no es para el dan és simple sóficos y en algu nos religiosos.
antítesis. El desc u b rim ie n to k ierke g aardia no de la verdad presu p o n e el C on el a m o r sucede algo parecido. Se ha record a d o hasta la sacie­
segu im iento d e te n id o y serio del objeto y de las exigencias del pensar. dad la in q u ie tu d que em bargó al e n a m o r a d o S óren hasta el final de sus
Las agrias críticas contra Hegel no p u ed e n acallar la d e u d a de Kierke­ días. T am bién es notorio su fino s e n tid o estético, tal com o lo atestiguan
gaard hacia él. La verdad k ierkeg aardiana será fin alm ente m u y distinta sus escritos literarios. Se ha h a b l a d o m enos, en cam b io, del interés de
de la v e rd ad h egeliana, es cierto, pero sus im plicaciones m u tu as son in­ Kierkegaard p o r co nservar los valo re s estéticos del am o r en el g ra d o
contables. incluso m ás de lo q u e el propio Kierkegaard sospechó. más p u ro de la religiosidad.
C o m o ya h em o s señ alad o. Lessing está detrás de alg u n as intuiciones Ig noran tes d e ello, algu nos c o m e n ta ris ta s h a n m en osp re ciad o las
que d e lim ita n el trata m ien to kierkegaardiano de la verdad. C o m o a n ti­ obras edificantes y cristianas. H a q u e d a d o así e n el olvido el sen tid o
tipo de Hegel en la b ú s q u e d a de la verdad, K ierkegaard presenta a profundo y p leno del a m o r en K ierkegaard.
Sócrates. Este le a y u d a rá a e m p re n d e r con n a tu ra lid a d el salto de la ver­ La in tención , p o r consiguiente, d e esta investigación ha sido doble:
dad subjetiva, h ec h a de p asión interior y de realidad existencial, a la
verdad religiosa, cúspide y p a r a d o ja de la verdad filosófica. 1) A n a li z a r con el m áx im o rigor crítico y filosófico los textos p r i n ­
El a m o r tiene en K ierkegaard un tono diferente y sus fuentes son cipales de K ierkegaard e n torno a a m b o s p ro b lem a s. Es u n a tarea e sc a­
más difíciles de detallar. samente re alizad a en el m u n d o y p rá c tic a m e n te ausente de los estudios
de h a b la h is p a n a .
El co n ten id o de sus reflexiones sobre el a m o r estético proviene en
parte de los rom ánticos, pero con un sesgo original. K ierkegaard n o m ­ 2) A c e n tu a r la co h erencia del p e n s a m i e n to d e Kierkegaard en es­
bra a Schelling, a u n q u e ya h e m o s dicho que aprecia de él m ás sus c o n ­ tos dos te m a s t a n divergentes y que, sin em barg o, d em u estran la a r m o ­
nía total de su filosofía.
sideraciones críticas con tra Hegel que sus sugerencias personales.
C o n sta n te m e n te co ntrasta el Fausto de G o e th e con el m ito de D on Si m ira m o s el resultado, p e n s a m o s q u e m ereció la p e n a e m p re n d e r
Juan. C on un giro no m uy c a n ó n ic o para los entend ido s de filosofía. tan a rd u a labor. E n todo caso, el a u t o r h a d e co n fe sa r que estos análisis
Kierkegaard se apoya en las O p e ra s de M ozart com o base de sus a n á li­ ceñidos y lentos le h a n co n d u c id o a u n v e rd a d e ro redescubrim iento de
sis sobre el a m o r rom ántico. Kierkegaard y a u n a consideración seria, a b so lu ta m e n te seria, del p u e s ­
K ant tuvo que co n ta r b a s ta n te en la concep ción kierkegaardiana del to de K ierk egaard en la historia de la filosofía c o n tem p o rán ea .
deber co m o constitutivo de lo ético, a u n q u e su forma de insertar el d e ­
ber en el a m o r difiere m u c h o de la de Kant. Aun así es sostenible alguna
d e p e n d en cia k a n tia n a , po rq u e , u n a vez p asa d o el de Kónigsberg p o r la
criba hegeliana, K ierkegaard m a n tie n e el carácter absoluto e in ap elable
de ese d eb e r ta m b ié n en el sen o de la vivencia s u p re m a del amor.
K ierkegaard refiere la visión religiosa del a m o r a los datos bíblico-
cristianos. Y tiene su razón. Pero la definición del amor, incluido el
a m o r al prójim o, co m o fuerza, em puje, m ovim iento íntim o de la p asión
am o ro sa que p rescinde del objeto, posee resonancias schleierm acheria-
nas. La religión co n c e b id a p o r S chleierm a cher com o sen tim iento inte­
rior (de d ep e n d e n c ia ) no es tan desem ejante del am o r e n ten d id o com o
forma de la pura interioridad 45.
En el tran sc u rso de la-obra irán desvelándose los motivos de h a b e r
seleccionado la verd ad y el a m o r com o tem as de esta investigación en

45 Cfr. p. 203 t!e nuestra obra.


PARTE PRIMERA

LA VERDAD
I. LA P R E G U N T A P O R LA V E R D A D

Que el p ro b lem a de la verdad p r e o c u p ó h o n d a m e n te a K ierkegaard


podem os detectarlo en su escrito Johannes Climacus eller De óm nibus
dubitandum e s t 46. Para entenderlo m e j o r tenem os que h a c e r un p e q u e ñ o
prólogo introductorio a esta obra.
C on ella com ien z a Kierkegaard s u s tratados filosóficos a u tó n o m o s,
una vez finalizad a y leída su tesis docto ra l (1841) sobre la iron ía en
Sócrates. R ed ac tad o entre 1842 y 1843, este esbozo in a c a b a d o n o será
publicado sino después de su m uerte, fo rm a n d o parte de sus Papirer. Es
ahí do n d e a h o ra puede encontrarse, a u n q u e d ad a su im p o rta n c ia m u ­
chos editores lo a ñ a d e n al resto de la s obras completas.
Pese a su brevedad, ya podem os d escub rir en este corto en say o el
singular estilo de la literatura filosófica kierkegaardiana. La m a y o r p a r ­
te de esta o b ra contiene rasgos autobiográficos p re sen tad o s a m o d o de
relato novelesco en torn o a u n joven a p r e n d iz que desea sum ergirse en
el estudio p ro fu n d o y serio de la filosofía. In te n c io n a d a m e n te q u e d a
resaltado el tem p e ra m e n to in trovertid o y m elancólico del joven (Soren),
su alejam iento de las diversiones de o tro s adolescentes, su refugio en los
libros, la p e c u lia r relación con su p a d r e y la influencia de éste so bre su
vocación intelectual.
A unque po r el J o u r n a l47 sabem os q u e estos datos personales le inte­
resaban m uchísim o, en la o b ra p re d o m i n a la p re o cu p ac ió n esp ecu lati­
va del estudiante p o r llegar a los más e s c o n d id o s secretos de la filosofía.
¡Curiosa m a n e r a de g a n a r la atención de otros m uch o s que h a n sentido
en su ju v e n tu d parecid as inquietudes!
Kierkegaard m anifiesta desde el p r i m e r m o m en to la im p re sió n n e ­
gativa que la filosofía m o d e rn a causó e n su alm a, tan d is p a r de su a d m i ­
ración y atractivo p o r la filosofía griega.
Después de seguir paso a paso el rito de la iniciación filosófica m o ­
derna, el neófito sufre u n grave q u e b ra n to : «Se asustó tanto, que se des­
mayó. C u a n d o volvió en sí. a p e n as se atrevió a fijar su atención en el
pensam iento que había tenido 4S; p e n s ó incluso que se volvería loco,

46 Juan Clim aco o De óm nibus dubitandum e st lo citam os con el título com pleto o con
su abreviación. El texto se halla en Papirer. IV B 1. pp. 103-150.
47 El danés actual utiliza la palabra D agbog para el diario personal. Aquí clam os
siempre la referencia de Journal, tal com o a p arece en el original de Kierkegaard.
48 C om prender su propia significación «c o m o m om ento de la filosofía moderna, y la
filosofía moderna como momento de una filosofía precedente y esta última como m om ento del
desarrollo histórico de la filosofía eterna». Papirer, IV B 1. p. 123.
pues su resistencia psíq u ica no era gran d e» 49. Esto le lleva a to m a r un a da 5\ Kierkegaard se siente irresistiblem ente tentado p o r la m ism a idea
decisión drástica: d e c e p c io n a d o p o r tan tristes experiencias, « Jo h an n e s y plantea la discusión sobre el c o m ie n z o y el sentido de la filosofía en el
se d espidió p a ra siem pre de los filósofos» 50. punto de partida d o n d e Hegel lo situó 54.
A u n q u e u n final c o m o ese era previsible a través de la narrac ió n por E x trañ a rá q uizás el cam ino ta n tortuoso p o r el que K ierkegaard pre­
el tono irónico de sus referencias a la filosofía m oderna, el m ism o p seu­ tende acceder al p ro b le m a de la v e rd a d : t o m a r com o pretexto su propia
d ó n im o escogido lo p re su p o n ía . La explicación del n om bre titular de la biografía, tener en perspectiva tres m a n eras de filosofar y partir de la
obra basta p ara en te n d e r el «lugar» d e la verd ad en el contexto global duda. Todo irá a c la rán d o se a m e d id a que se desarrolle nuestra explica­
del p e n s a m ie n to kierkegaardiano. ción.
J u a n C lim a c o fue u n person aje q u e existió realmente. E rm ita ñ o del
Sinaí, escribió h acia el a ñ o 600 u n a obra titulada Escala del Paraíso, de
do n d e viene el so b re n o m b re «C lim aco» que significa «Escala». Este 1. La duda como comienzo
teólogo b iz a n tin o d ebió redactar su libro p en s a n d o en aquellos que
h a b í a n in te n ta d o tre p a r hasta el cielo u tilizando los diferentes grados Las proposiciones que van a c o n d u c ir la mente del joven filósofo
del saber. Johan nes se ce n tran en la duda: «1) La filosofía comienza por la duela. 2)
C o n este p s e u d ó n im o Kierkegaard expresa su postura de fond o h a ­ Hay que haber dudado para practicar la filosofía. 3) La filosofía moderna co­
cia la filosofía m o d e rn a y en b u e n a parte hacia todo el ra z o n a r filosófi­ mienza por Ia duda» 5-\ K ierkegaard c o m e n ta rá estas afirm a cion es en
co. S m u ler (Migajas) y Efterskrift (Posdata) serán publicados con la m ism a distinto orden, a r ra n c a n d o de la tercera 5<s. siguiendo po r la p rim e ra 57
firma, m ien tras Sygdom m en til Dad en (La enfermedad Mortal) e lndervelse i para t e r m i n a r e n la segunda w. ¿P o r qué esta insistencia en la duda?
Christendom (Ejercitación en el cristianismo) aparec erían suscritos por P odem os e n c o n tr a r la respuesta en el frontis de su esbozo. Tenem os
Anticlim acus. ya q u e con ellos in ten tará m o s tra r las esencias m ás puras allí una frase de S p in o z a que d ic e así: « L o q u o r de vera d u b ita tio n e in
de la fe cristiana, poco p erm eables a la inteligencia h u m a n a . mente, et non de ea. q u a m p assim vid em u s contingere, ubi seilicet ver-
¿C uáles son las tesis que subyacen a este opúsculo in aca b ad o ? Es bis. quam vis a n im u s non dubitet. dicit quis se dubitare: non est enim
im p o rta n te d ete rm in a rla s p ara c o m p re n d e r b ien el discurso posterior. M ethodi hoc em e n d a re , sed p otius pertinet a d inquisitionem pcrtNia-
K ierkegaard n o m b ra re p etid am en te a Descartes 51. El p la n tea m ien to ciae et ejus em e n d a tio n e m » 5t). Si n o q u erem o s errar en esta nueva vuel-
ca rtesiano de la d u d a co m o c o m ie n z o del v erdadero filosofar le in q u ie ­
ta y le atrae. 53 H egel interpreta a su manera este in icio cartesiano: «Er hat von vorn angelan-
Le inqu ieta p o rq u e K ierkegaard se extraña de la facilidad con que la gen. vom D enk en ais solch en : und dies ist e in absoluter Anl'ang. U nd da(3 mir vorn D en­
filosofía m o d e rn a h a olv idado el e sq u e m a griego del inicio del p e n s a ­ ken angefangen werden m usse. drückt er s o aus. dal3 m an an Allem zw eifein m üsse. Zum
ersten Erfordernis der P h ilo so p h ie macht D escaites. daf3 man an Allem zweifein. d.h.. alie
m iento reflexivo 52 y lo h a sustituido de un plum azo, por así decir, por Voraussetzungen aufgeben m usse. [...] Es h a tje d o c h nichi den Sinn des Skepticism us |...|
otro principio. K ierkegaard aprecia p ro fu n d a m e n te a Sócrates, co m o sondern es hat vielm ch r den Sinn. m an m üsse jedem Vorurteil enlsagen. -d.h. alien
te n d re m o s o casió n de c o m p r o b a r u n a y otra vez, y le m olesta q ue se Voraussetzungen. die e b e n so unm ittelbar ais wahr angenom m en. -und vom D enken
anfangen. um erst vom D enk en aus auf etw a s Festes zu kom m en. einen reinen Anl'ang
m argin en tan p ro n to sus mejores intuiciones, com o, p or ejemplo, la a d ­ zu gew innen.» G. W. F. H egel. Voríesungen über die Geschichte der Philosophie (Stuttgart.
m irac ió n en el n a c im ien to de la filosofía y la ironía en su ejercicio. La Jub. Ausg. 31959). XIX. p. 335.
vuelta a Sócrates servirá de justificante p ara m u c h a s de sus críticas. 54 C om o inm ediatam en te veremos. Kierkegaard n o olvida el p lan team ien to liege-
liano del com ien zo, aun cuand o directam ente hable de la duda cartesiana. P oolc cree
A d e m á s de Sócrates y Descartes, Hegel tam b ién está presente en es­ que Kierkegaard ha q u ed ad o im p resion ad o por la exaltación de la subjetividad fenom e-
tas te m p ra n a s m ed itacio n es filosóficas. Toda la polém ica va dirigida nológica de H egel. Cfr. R. C. Poole: «Á p r o p o s de Kierkegaard vivant'» en La Table Ron­
c o n tra él. Al h a b e r d a d o éste por b u e n o el principio cartesiano de la d u ­ de (\% 1). p. 139. Los estud ios sobre las r elacion es entre Kierkegaard y H egel son num ero­
sos. Im prescindibles los de Thulstrup. Cfr. N. Thulstrup. Kierkegaards Forhohl til Hegel og
til den spekulative Idealismo indtil 1846 (K ob en h avn . G yldendal. 1967); Kierkegaards Ver-
hahnis : u Hegel (Stuttgart. W. K ohlham m er 1970). Todavía son útiles las clarivid en tes sín ­
49 Papirer. IV B I. p. 124. tesis de J. W ahl. Lindes Kierkegaardiennes ( París. Vrin. 1949). pp. I 13-162. En esp a ñ o l el
50 Papirer, IV B 1. p. 144. artículo de Jarauta que m én cion am os en n o ta 469 ofrece sugestivas aportaciones.
51 R. D escartes aparece citad o por primera vez de manera am plia (anteriorm ente 55 Papirer. IV B I. pp. 115-116. M ientras no se diga nada en contra, los subrayados
só lo hay meras alu sion es) en el arranque de Frygt og Bceven (T em ory temblor). Cfr. S. V. son siem pre del propio Kierkegaard.
III, pp. 67 s. 56 Papirer. IV B 1. pp. 116 s.
52 En m uchos lugares se refiere a la adm iración co m o com ien zo típicam ente griego 57 Papirer. IV B 1. pp. 126 s.
de la filosofía: «Es un punto positivo de partida para la filosofía, cuand o Aristóteles 58 Papirer. IV B I. pp. 139 s.
piensa que la filosofía co m ien za con la adm iración, no com o en nuestro tiem po, con la 59 B. Sp inoza. De intellectus em endatione Tractatus. p. 511. La cita es de la ed ición de
duda Su duda es coquetería.» Papirer. III A 107, p. 50. A. Gfroerer (Stuttgart. 1830) que Kierkegaard poseía.
ta a la d u da, h em o s de a s u m ir la d u d a « b uena» , es decir, la d u d a v erd a­
hab lem o s de ella, h a b r á que re c o rd a r las categorías de existencia y de
dera, la d u d a esencial, la d u d a total, esa que hace estrem ecer de h o rro r
conciencia qu e nuestro a u to r s u p o n e, sab ien d o q u e en este p rim e r escri­
al h o m b re y p ued e costarle la vida ft0. Pese al tem b lo r qu e produce, ella
to h a b la m ás de con ciencia y m e n o s de existencia, m ien tras posterior­
es la ún ica c a p a z de guiar al espíritu p or la senda de la verdad. Sólo la m ente sucederá lo contrario.
d u d a total —parece decir— p ro p o rcio n a la posibilidad radical de llegar
Vengamos al p ro b lem a de la d u d a.
a la verdad. L a d u d a tiene m últiples causas. Su origen, según el talante de los i n ­
Kierkegaard aprecia sin ceram en te el inicio ele la filosof ía en la duda.
dividuos, p uede ser m uy diverso. In c lu so dentro de u n o m ism o las ca u ­
Lo c o m p ro b a m o s en los e s q u e m a s confeccionado s para este libro. En el
sas suelen diferenciarse bastante. E n cam bio, sea cuales fueren los m oti­
prim er capítulo p re g unta si d u d a r es un acto de co no c im iento 6i, o un
vos de la d u d a y au n c u a n d o se c o n tra d ig a n entre sí, resulta fácil consta­
acto de v o lu n tad (’2 y en a m b o s casos có m o co m ienza y term in a la refle­
tar que la conciencia perm a n ece siem p re idéntica.
xión filosófica. En el seg u n d o se d etiene en la d u d a total 63. E n el tercero
L a d u d a se revela en la conciencia, en su interior, y nos co n d u c e a
J o h a n n e s ejercita la d u d a sobre sus percepciones y sobre sí m ism o M. El
ella. H a y q u e preguntarse, por ta n to , có m o surge «la posibilidad ideal de
título De óm nibus dubitandum est c o rresp o n d ía con exactitud a los con te­
¡a duda en la conciencia» 66, esp e cialm en te si h em o s de proceder desde la
nidos p ro gram ados. duda total, la d u d a que se refiere a la posibilidad esencial de la conciencia
A ú n hay algo más. R e m e m o ra n d o el principio cartesiano de la d u ­ h u m a n a 67.
da, Kierkegaard intenta d e sc u b rir si en Descartes se da un p la n te a m ie n ­
Antes de proseguir la in terp re tació n del texto kierkegaardiano, c o n ­
to correcto de la filosofía de la subjetividad. La respuesta positiva
viene repasar brev em ente u na cu e stió n ya e n u n c ia d a: ¿P uede p la n te a r­
h u b iera servido a K ierkegaard de base a su propia con cep ció n de la
se desde la d u d a la p re g u n ta por la verdad?
subjetividad y de la verdad. D e todas m aneras, a u n q u e no lo confiese
La solución afirm ativa tiene re so n a n c ia s cartesianas. La verdad en
expresam ente, él acepta q u e la in qu isic ió n a través de la d u d a es u n a
su plenitud es lo p le n a m e n te consciente. La idea «clara y distinta», que
b u e n a forma de introd ucirse e n la estructura verdadera del sujeto. Tene­
servirá de apoyo n a d a m enos q u e para p ro b a r la existencia de Dios
m os q u e referirnos a ello co n m ás detenim iento.
siguiendo la tradición a n s e lm ia n a del lla m a d o arg u m e n to ontológico,
La preg unta e s p o n tá n e a p a r a c u a lq u ie r lector sería ésta: ¿Qué rela­
es fácilmente identificable con la certeza. Esta seguridad p len a de la
ción g u a r d a n entre sí la verd ad y la-duda? Es decir, si estam os en tra n d o
conciencia (certeza) aparece co m o lo contrario de la d u d a y se eq u ip ara
en la cuestión filosófica de la verdad, ¿por qué hem os de a r ra n c a r de la
a lo q u e D escartes c o n s id erab a sen sib lem en te co m o verdadero.
duda? ¿Qué interés «esencial» p ued e tener la du d a en o rd e n a la ver­
Puesto que la po sib ilid ad de la d u d a está fu n d a m e n ta d a ideal o esen­
dad? ¿Puede p lan tea rse desde la d u d a la pregunta por la verdad?
cialmente (d ud a total) e n la con ciencia, la resolución de la d u d a a través
La respuesta a estos interrog an tes irá ap a recien do g rad ualm ente,
de la certeza ta m b ié n h a de p o d e r hallarse p a rtie n d o de la conciencia.
a u n q u e desde el p rim e r m o m e n to Kierkegaard ofrece varias co o rd en a­
La p rim era y m ás elem ental a c e p c ió n de la v erd ad (verdad co m o certitu-
das básicas. do) nos remite a la conciencia. S uby ace todavía o tro as u n to capital.
D u d a , certeza y v e rd a d re m iten a la conciencia. La co nc ie ncia refleja
La d u d a y la verdad dicen u n a relación esencial a la realidad. Es fal­
u n a d e te r m in a d a estructura y n a tu ra le z a de la existencia 65. Estas dos
so-verdadero, dudoso-cierto, todo a q u e llo que expresa a d e c u a d a o in a­
afirm acion es tan sim p les y tan claras están, com o veremos, e n el quicio
decuadam en te la realidad. P re s c in d ien d o a h o ra del sentido concreto
de todas las reflexiones k ierk e g aard ia n as sobre la verdad. S iem pre que
que dem os a esta últim a p a la b ra c u y a d eterm in a ció n nos llevará m u cho
tiempo, es evidente que existe a q u í u n tem a de gran en vergad ura con el
60 Papirer. IV B I. p. 114. cual tocam os fondo.
61 Papirer. IV B 13. p. 175. P od ríam o s re fo rm u lar este n u e v o tem a com o K ierkegaard lo haría,
62 Papirer. IV B 13. p. 176.
olvidando por u n in stan te las re s o n a n c ia s hegelianas de los térm inos
63 Ibidem.
64 Papirer. IV B 13. pp. 176-177. utilizados: ¿D ónd e h a lla r la v erd ad: en el discurso lógico o en la exis­
65 El C apítulo I de la Pars secunda se titula «Q ué es dudar», y su primer párrafo que­ tencia real? ¿Puede el p e n s a r a l c a n z a r la verdad-realidad? O. volviendo
da en u n ciad o asi: «¿C óm o debe constituirse la existencia para que sea p osib le la duda?» al texto, ¿es la concien cia el lugar id ó n e o p ara d esc u b rir la verdad?
Papirer. IV B 1. p. 144, P oco d esp u és (IV B I. p. 145) Kierkegaard establece que la duda só ­
Si la últim a p re g u n ta tiene a l g u n a resolución positiva, h a b r á q u e ex­
lo es posib le en la conciencia. H em os subrayado los dos térm inos para m ostrar el parale­
lism o. aunque la m ism a form ulación lo muestra:
plicar p o rm e n o r iz a d a m e n te la c o n c e p c ió n k ierk e g aard ia n a de la con-
«H vorledes E xistentsen maa vaerc beskaffen. for at det at tvivle...» (p. 144).
66 Papirer. IV B 1, p. 145.
«H vorledes B evidstheden var beskaffen. naar den havde Tvivlen...» (p. 145). 67 Ibidem.
La co n c ie n c ia in c a p a z de d u d a r es im p o te n te ta m b ié n p a ra la v e r­
ciencia, a fin de no so bresaltar a quienes h a n d ic ta m in a d o q ue su filoso­
dad. La concien cia situada en la p u r a in m ed iatez se hace a b s o lu ta m e n ­
fía estaba lejos de los e s q u e m a s racionalistas. te indiferente a la cuestión de la verdad.
C o m o h a dicho W eisshaupt 6X. esta estrecha vinculación entre ver­ Esta postura no es nueva en la historia de la filosofía. Con ra zó n trae
dad y d u d a no significa u n a necesaria relación en el sentido de u n a «co­ Kierkegaard a colación varios testim onios: los sofistas griegos, para
rrelación», sino so lam ente u n a posible form a de relacionarse la v erd ad y quienes todo es verdadero y, frente a ellos. P latón esforzándose en de­
la d u da. Puesto que verdad y d u d a tienen com o base la conciencia, sus m ostrar que lo negativo está ahí (er til); la interpretación aristotélica de
m ovim ientos h a n de estar d ialécticam ente interrelacionados en algunas las tesis de H eráclito q ue con clu ía en lo m is m o (todo es verdadero); m ás
esferas. Eso es lo q u e trata K ierkegaard de explicar en las siguientes cercano al p ro p io Kierkegaard, la teoría de S ch leierm acher sobre el sen­
líneas de su exposición. timiento q u e convertía todo en v e rd a d e ro 75.
H u rg a n d o en el seno de la conciencia h u m a n a , d escu brim os dos ti­ C o n todo. Kierkegaard deja b ie n claro que «si la conciencia p u ed e
pos de conciencia: u n a q u e ad m ite la p o sib ilid ad de la d u d a y o tra que p erm a nece r en la inmediatez, la p re gu nta por la verdad es abolida
la excluye. Esta últim a la d e sc o n o cíam o s hasta el m om ento. ¿C óm o está (haevet)» 76.
constituida u n a conciencia que excluye la duda? Para explicar bien estas proposiciones, Kierkegaard vuelve sobre la
Sólo en el niñ o se da este tipo de conciencia que ignora la d u da. U na cuestión su scitad a que, com o vernos, tiene e n su p u n to de mira la in m e ­
co nciencia así, lejan a a las d u das, no está d eterm inada, carece de deter­ diatez y la verdad, sin olvidar la co n c ie n cia. ¿C óm o entender, po r c o n s i­
m in ació n alguna. D ic h o con otras palabras: está indeterminada. Pero no guiente. la inm ediatez, qué derroteros sigue la pregu nta p or la verdad,
tener d e te rm in a c ió n equivale a afirm a r que esa conciencia es inmediata'. qué sucede en el interior de la co n c ie n c ia h u m a n a ? N ó ten se los pasos.
«La inmediatez (Umiddelbarheden) es precisam ente la indeterminación A u n q u e su p reo cu p ac ió n f u n d a m e n ta l se distrae u n poco con a sp e c­
tos m arg inales 77, el p rim e r tema, o sea. q u é debe enten derse p o r in m e ­
(Ubestemmetheden)» 70.
Ya ten em o s dos térm in o s a interpretar (inm ediatez, in d e te rm in a ­ diatez, le im p o rta m ucho. En este preciso m o m e n to no da n in g u n a res­
puesta, pero sí lo hará al retom ar el p ro b le m a de la conciencia. Todavía
ción) en su difícil co n e x ió n c o n la realidad y con el p e n s a m ie n to en ge­
deja p en d ien te la eq uip aración entre in d e te rm in a c ió n e inm ediatez!’
neral. y con la d u d a, la v erdad y la conciencia en este contexto. Q ueden
Creemos q u e con ella alude al o b je to -p u n to de p a rtid a de la filosofía,
a n o ta d o s p a r a no in te rru m p ir el ra z o n a m ie n to kierkegaardiano.
que u nos sitú a n e n lo in d eterm in ad o , otros e n lo m ás abstracto, otros en
En la co n c ie n cia infantil toda relación está excluida. La in m ediatez la nada. Sobre este asunto volverem os m ás tarde. A h ora hem os de c o n ti­
es in co m p atib le c o n la re la c ió n 7I. Bajo este prism a no cabe m á s que la nuar con la b ú s q u e d a em p re n d id a.
posición sim ple sin determ in a cio n es dialécticas ni m ediació n alg u n a 72.
La relación d u d a-v erd a d es en este m arco totalm ente distinta. Así
c o m o la d u d a desap are ce y la relación se elim ina, así m ism o la verdad 2. L a contradicción en la conciencia
ad quiere otra dim ensión: «.Inmediatamente todo es verdadero» 7-\ Esto no
significa un d e s c u b rim ie n to positivo, sino m ás bien «privativo». Por P rosigam os el discurso sobre la v erdad desde esas dos conciencias,
d e n o m in a r lo de alg u n a m a n e ra : esta v erdad de la conciencia in m ediata una capaz y otra in c a p a z de s o p o rta r el peso de la d u d a.
es en el instante siguiente no-verdad (U sandhed), «pues inmediatamente Si la co ncien cia carece de relación , si p e rm a n e c e en un solo ám bito,
todo es no-verdadero (usandt)» 74. si no sale de la in m ed iatez p rim aria , ja m á s p o d rá plantearse la cuestión
de la verdad. E n la n iñ e z de la co n c ie n c ia es im posible p reg untarse en
68 K. W eisshaupt. Die Zeilliehkeil der Wahrheil. Eine Untersuchung zum Wahrheitsbe- serio por la v erd ad n . El terreno p ro p ic io p a r a la b ú sq u e d a de la verd ad
griff Saren Kierkegaards (Frciburg/M linchen. K. Alber Verlag (1973). p. 18. Sus análisis de
la verdad en Kierkegaard son profun dos y certeros, aun qu e a veces creem os que interpre­ 75 Papirer, IV B 1. p. 145 (al pie de págin a).
ta d em asiad o en detrim ento de la fidelidad al pensam iento kierkegaardiano. En nuestra 76 Papirer. IV B 1, p. 146.
op in ió n es el m ejor trabajo p u b licad o sobre el tema. 77 «¿Qué es antes, la m ediatez o la in m ed iatez?» Ibidem. Kierkegaard la resuelve
69 Papirer. IV B 1. p. 145. aludiendo a la respuesta que Tales dio a q u ien se inquietaba por el m ism o problem a res­
70 Ibidem. pecto del día y de la noche: «La noche es u n día antes.» Ibidem.
71 Ibidem. 78 La verdad adulta, conquistada c o n esfuerzo, es m ás valiosa que la ingenu id ad in ­
72 P osiblem ente Kierkegaard piensa ya en la «m ediación hegeliana». pero de m o­
fantil. K ierkegaard afirm a en otro lugar q u e la ad m irad a con fian za del am ante corres­
m ento la tom am os en sentido norm al. pondido es de m enos valor que la in ocen cia «elegida», la que cree en el otro a pesar y por
73 Papirer. IV B I. p. 145. encim a del en gañ o. Cfr. 5. V. I X pp. 267-268, 277-278.
74 Papirer. IV B 1, p. 146.
es la conciencia que posibilita la duda, la conciencia q ue ag ua n ta la
P ara n o in c u rrir en am b ig üed ades, K ierk egaard repite con énfasis y
m ediatez y adm ite la relación. con detalles m ás explícitos la a n te rio r proposición: «La inm ediatez es la
¿C óm o aparece de h e c h o la pregu nta por la verdad? P o r la no-ver­ realidad (Realiteten), el lenguaje es la id ealid ad (Idealiteten), la c o n ­
d a d , re s p o n d e K ie rk e g a a rd , ya que en el m ism o in s ta n te en que yo ciencia es la co n tradicción (M odsigelsen). E n el instante que yo expreso
in quiero por la verdad, ya estoy p re g u n ta n d o p or la no-verdad. E n el in­ la realidad (Realiteten), la co n tra d ic c ió n (M odsigelsen) está ahí, pues lo
terrogante p or la verdad la con ciencia entra en relación (F orhold) con que yo digo es la idealidad (Idealiteten)» 84. C o m o fácilmente se obser­
otra cosa. La presencia de la no-v erd ad hace posible esta relación 79. va, estam os en presen cia de dos esferas o térm in o s opuestos (Realitet-
El cu e stio n a m ien to p o r la v erdad nos lleva a detectar la existencia Idealitet) y el «tertium » que las re la c io n a recibe otro nom bre: contradic­
de un polo opuesto, la no -v e rd ad . P ara resolverlo tenem os q ue valernos ción. H e m o s de h a c e r u n a breve p a u s a p a r a clarificar el conjunto.
de u na instancia q ue posibilite la co m p aració n (relación) entre los tér­ La in m ed iatez que invadía s im p le m e n te la con ciencia (infantil) y
m inos que son verdad ero s y no-verdaderos. Esto sólo p ued e lograrlo la que im po sib ilitaba por sí sola la existencia de la d ud a, de la relación, de
cpn ciencia (adulta) que h a su p e ra d o la inm ediatez y resiste el enfrenta­ la verdad, es la re alidad (Realitet). S obre el v ocablo m ism o h a b r á o ca­
m iento con la mediatez. sión de hablar. D e m o m e n to basta con c o n s ta ta r el proceso.
Sabem os, p or consiguiente, que la ruta hacia la verdad tiene su base El térm ino co n tra rio es la m ediatez, es decir, la re p rod ucción ideal
en la estructura de la co n cien cia, esa conciencia que pu ede ir m ás allá de la realidad, ya sea en el m ero p e n s a m ie n to o en la palabra. Sin
de la inm ed iatez y establecer u n a relación determ inada. L a verdad a p e­ m ediatez-idealidad no hay con ciencia h u m a n a , n o h a y relación, no es
la tam b ién a la m ediatez y a la relación com o constitutivos de la c o n ­ posible la d u d a ni tam po co la verdad.
ciencia. La última, la relación (Forhold), es decisiva p ara c o m p re n d e r el Pero la idealidad aislada, sin contraste expreso c o n la realidad, es
ser d in ám ico de la conciencia. Kierkegaard dice inicialm ente que la incapaz de abrir el ca m in o hacia la verdad. Se h ac e necesario e n c o n tra r
conciencia es posible por la relación 80. pero pronto afirm a rá que la c o n ­ un «lugar», u n «acto», que ponga en relación a m b a s esferas. Ese lu g a re s
ciencia es una relación 81. Esta relación que es o se establece en la c o n ­ la conciencia y su ejercicio lo llam a K ierkegaard contradicción. Por ello
ciencia tiene características cuya relevancia n u nca co n ve nd rá olvidar concluye: la posibilidad de dudar, de re la c io n a r los dos términos, de
en todas las disquisiciones so b re la verdad. buscar la verdad co n garantías, p ro c e d e de la co nciencia «cuya esencia
¿Podría p e rm a n e c e r la co ncien cia p ara siempre en la inm ediatez? Es es contradicción» 85. N i la sola re a lid a d ni la p u ra idealidad sirven por
u na pregunta útil, p o rq u e sin m ediatez-relación no existe conciencia sí m ism as p ara re alizar la vuelta total a la d u d a y suscitar la pregun ta
p ro p iam e n te dicha, no h a y concien cia en sentido pleno. La conciencia radical p or la verdad.
debe saltar p o r enc im a de la in m ed iatez y esto lo logra a través de la A dem ás de las difíciles cuestiones que te n e m o s pendientes, com o el
m ediatez que asu m e (hasver) la i n m e d i a t e z / w w p o n i é n d o l a 82. verdadero retorno a la d u d a y el certero p la n te a m ie n to del interrogante
R eaparece de nuevo el b in o m io inm ed'ate z-m ed iate z c o n un os c o n ­ por la verdad, K ierkegaard nos e n fre n ta a tem as m uy arduos y cuya re­
tenidos que el au to r va a explicitar claram ente. solución hubiera evitado la in m e n s a m ay o ría de las polém icas filosófi­
La in m ediatez (U m id d e lb a rh e d e n ) es la realidad (Realiteten). La cas. N os referim os al p ro b le m a d e la re alid ad y la idealidad.
m ediatez (M id d e lb a rh e d e n ) es la p a lab ra (Ordet). ¿C óm o consigue la La conciencia es u n a relación y u n a contradicción. En ella se
m ediatez s u p erar (haever) la inm ediatez? E xpresándola, p r o n u n c iá n d o ­ encuentran y c h oc an, según la form a en que lo en ten dam os, la realidad
la, pues lo que se expresa está siem pre presupuesto 83. y la idealidad. ¿C ó m o están constitu id a s esa re alid ad e idealidad de las
Ya tenem os los tres té rm in o s que servirán de tem a capital p ara todo que h ab la Kierkegaard? ¿Cóm o ac on te ce el enc u en tro de a m b a s en la
el desarrollo que sigue acerca de la conciencia: p o r un lado, la realidad; conciencia? K ierkegaard re spon derá a q u í a esta últim a pregunta, d e ja n ­
por otro, su e n u n c ia d o o expresión; com o «tertium» entre am bos, el do para otros escritos la prim era. Pero es obvio, tam b ién para él y más
trente a Hegel. q u e ésta es la cuestión central de todas las filosofías que
«acto» que form ula o crea tal enun ciado.
pretenden s u p erar y co m p re n d er las su tu ras de la re alid ad a través de la
idealidad.
79 Papirer. IV B 1. p. 146.
80 «En la pregunta por la verdad la conciencia entra en relación c o n otra cosa, y lo D ejar en este m o m e n to sin so lució n expresa lo que entiende p o r rea­
que posibilita esta relación es la no-verdad.» Papirer IV B 1, p. 146. lidad e idealid ad n o significa elu dir la p ro b lem ática. Al contrario, juz-
81 «La con cien cia es la relación , una relación...» Papirer, IV B 1, p. 149.
82 IV B 1. p. 146. K ierkegaard subraya sólo el prefijo de esa palabra. 84 Ibidem.
83 Ibidem. Ahora subraya toda la palabra. 85 Ibidem.
g am o s que u n a rá p id a y pre co z aclaración Ml de estos dos conceptos
su función contradictoria. V endrían las co n secu encias negativas y no
desfiguraría el discurso de Kierkegaard. Merece la pena a c o m p a ñ a r sus podría ser p la n te a d a la pregunta p o r la verdad.
largas y difíciles disquisicio nes a través de sus obras, siem pre b u s c a n d o En efecto, tanto en la mera re a lid a d c o m o en la pu ra idealidad todo
ceñirse con m ás fidelidad a la realidad sin caer en las redes del p ra g m a ­
es verdadero. Incluso más, si p u e d o a f ir m a r que todo es in m e d ia ta m e n ­
tismo y h u yen do de los ca n to s de sirena del pen sa m ie n to puro. C on este
te (um iddelbart) verdadero (sandt), ta m b ié n me está perm itid o decir
austero ejercicio lograrem os c a p ta r m ejo r el sentido preciso que Kierke­
que todo es in m e d ia ta m e n te real (virkeligt) 92. El salto d ado p o r Kierke­
g aa rd confiere a la realidad, a la tarea filosófica y a la verdad. gaard con esta eq u ip aració n es tra s c e n d e n ta l, pues suscita, por u n a p a r ­
Siguiendo con el análisis textual, Kierkegaard vuelve a re co rda r que te, el p ro b le m a de la relación e n tre verdadero y reaI (que nos o cu p a rá
la p o sibilidad de d u d a r p ro c e d e de la conciencia. Al enfrentarse ésta a m ás adelante m u ch as m ás p áginas) y no s descubre, p o r otra, la existen­
la pregunta por la verdad y la no-verdad, descubre que ella es en sí m is­ cia de dos equivalencias para el té rm in o real (real y virkelig) . A m bos
m a u n a contradicción. ¿ C ó m o es esta contradicción? ¿Qué p u ed e decir­ asuntos son cruciales y están ap u n ta d o s .
se de la concien cia com o contradicción? C o n tin u a n d o con lo nuestro, v e m o s q u e en la inmediatez lo m á s falso
La d ud a surge de la co nciencia. Esta es por n aturaleza una c o n tr a ­ y lo más verdad ero son igualm ente verdad y que. tam bién, lo p u ra m e n te
dicción; a través de ella se crea y ella m ism a crea u na d u p lic id a d (D up- posible y lo m á s im posible son reales (virkelig) en idéntico g ra d o 93.
plicitet). R ealidad e idealid ad son los ejes de esta duplicidad. Su rela­ M ientras n o se p ro d u z ca un a u té n tic o c h o q u e entre realidad e id e a ­
c ión p uede expresarse de dos m aneras: re la cion and o la realidad a la lidad. no h a b r á conciencia p ro p ia m e n te tal. Sólo la relación c o n tr a ­
id ealidad o la id ealidad a la realidad. La conciencia, co m o venim os puesta entre a m b a s h a r á nacer la posibilidad 94. Sin ella no hay c o n c ie n ­
diciendo, es la relación (F orholdet) S7. cia en sentido estricto y ese en o rm e Falsum (sic) no h allará n in g ú n o b s ­
K ierkegaard insiste en su an terio r afirm ación: «E n la sola realidad táculo para au to afirm arse como alg o válido.
no hay posib ilid ad de d u d a r » Sli, ni n a d a de lo que ella conlleva. En La co nciencia no es ni la re alid ad ni la idealid ad 9-\ pero ta m p o c o
cu a n to yo expreso (jeg udtrykker) la realidad en la p alab ra, aparece la existe sin ellas y sin que entre a m b a s se p ro d u z ca u n a interrelación viva
y profunda.
co ntra d icció n
La clave d e la conciencia es la co n tra d icció n . La c o n tra d icció n d efi­
Pero surgen nuevas m atizaciones. Al form ular (udtrykker) la reali­
ne la conciencia. La conciencia es e n su esencia u n a con tradicción , pero
dad. no me q u e d o en u n a sim ple expresión, sino que creo algo distinto
no u na c o n tra d icció n cualquiera, s in o la q ue aparece e n el c h o q u e fro n ­
(noget A ndet) q°. Esta d is tin c ió n es im portante. Existen dos form as de
tal entre re alid ad e idealidad.
re la cionar realid ad e id e alid ad que se diferencian p o r la in ten sid ad de
Esta co ntrad icció n entre realid ad e idealidad es tan im portante,
la relación m ism a. Por ser «lo dicho» expresión de la realidad ya se es­
insistimos, q u e sin ella no existe c o n c ie n cia. La contradicción da lug ar a
tablece entre realidad e id e alid ad u n a cierta relación. Pero c u a n d o «lo
la génesis, al n a c im ien to de la c o n c ie n cia. E n sus borradores K ierke­
dicho» se tran sfo rm a en creación mía, yo provoco un c h o q u e m ás p ro ­
gaard a ñ a d irá : « N acim iento de la co n c ie n c ia . Este es el prim er d o lo r de
fu n d o entre re a lid a d e id ealid ad . Si los in tercam bios entre ellas se m a n ­
la vida» %, c o m o si la c o n fro n tació n contra d icto ria entre re a lid a d e
tuviesen en el p rim er grado, si n u n c a se llegara al segundo y f u n d a m e n ­
idealidad fuera, m ás que un e m p e ñ o artificioso de elucubrantes, un p a ­
tal paso, la concien cia no sald ría de su estado p o te n c ia l41 y no cum pliría
so difícil p o r el que d eben atra v esar todos los h u m an o s.
El re p la n team ien to k ierkegaardiano del p ro b le m a de la v erd ad p e r­
86 Es lo que hace W eisshaupt, que puede ser útil, pero que no resaita bien ia ind aga­
tenece al á m b ito de las relaciones en tre re alid ad e idealidad, pero e n t e n ­
ción kierkegaardiana: «D ie ¡dealitat, die sich ausspricht. setzt sich eine Realitat ‘voraus'.
die sich aussprechen will. Realitat ist die Sachheit der Sache selbst, das, was im Umkreis
didas éstas n o en el sentido clásico de « ad a eq u atio » , sino en u n a p ers­
der res begegnet. Realitat ist «W irklichkeit». 'Real' ist das Seiende ais S eien des, ungedacht. pectiva diferente.
‘Realitát' ist, was an sich ohn e R eflexión (ohn e Rückbezug) aufsich ist. was also nicht/wr
sich ist. Realitat ist in Kierkegaards V erstandnis das. was nicht logoshaft ist. das, was im dad en relación c o n la realidad es lo esp ecífico de lo ético. Cfr. F. Jarauta. Soren Kierke­
W issen und Sagen nicht begegnet. «Idcalitat» ist deingegentiber bei Kierkegaard Logos. gaard. Estructura y dialéctica de la subjetividad (R om a. 1975). p. 22.
D en k en . Sprache.» K. W eisshaupt. D ie Zeitlichkeil der Wahrheil. p. 22. 92 Papirer. IV B 1. p. 147-
87 Papirer. IV B 1. p. 146. 93 Ibidem.
88 Ibidem. 94 Ibidem. Kierkegaard subraya este im portante térm ino que reaparecerá al hablar
89 Ibidem. de la realidad, la libertad el yo. el devenir, etc.
90 Ibidem. 95 Literalm ente: «La realidad no es la co n cien cia , la idealidad tam poco, y. sin em ­
91 Papirer. IV B I, pp. 146-147. Jarauta hace otra interpretación, en virtud de la cual bargo. la c o n cien cia no puede existir sin am bas...» Papirer. IV B I. p. 147.
la realidad en relación con la id ealid ad es lo propio del conocimiento. m ientras la ideali- 96 Papirer. IV B 14. p. 180.
Siguiendo las a r g u m e n ta c io n e s expuestas m ás atrás, Kierkegaard
Entre realidad e id e a lid a d no hay posible acercam iento ni e q u ip a r a ­
pone de relieve la im portancia de d is tin g u ir bien entre reflexión y c o n ­
ción directa. F o rm u la d o al estilo kierkegaardiano (contra Hegel). ciencia.
d iríam o s q u e entre id e alid ad y realidad hay u n a d is co n tin u id a d ab s o lu ­
La reflexión (Reflexionen) e s la (pura) «posibilidad de relación
ta. Esta d isc o n tin u id a d recibe el n om bre de contradicción.
(M uligheden a f Forholdet)» 101. La co nciencia, en cam bio, es la relación
La n atu ra leza de la v e rd a d ha de ser cuestion ada y resuelta en el n ú ­
(Forholdet) y su forma prim aria e s la co ntra d icció n (M odsigelsen) ll):>.
cleo de la c o n tra d icció n en tre realidad e idealidad, concíbase aquélla
Si qu erem os a h o n d a r en estas d ife ren cias entre reflexión y conciencia,
c o m o relación h o n d a o c o m o ch o que violento. tendrem os que servirnos d e otra figura.
Para posib ilitar ese en c u e n tro contradictorio ha de existir algo dis­
Las d eterm inacio nes (B estem m elser) de la reflexión son siem pre
tinto, algo nuevo, o tra co sa (noget Andet), q ue no sea reductible ni a la
dicotómicas (dichotomiske). D e e?e m o d o son, p o r ejemplo, las siguientes
realidad ni a la idealid ad. Eso es la conciencia. Ya h em o s in sin u ad o
determ inaciones de la reflexión q u e p o n e m o s en un cuadro e s q u e m á ti­
q ue.d esde a h o ra K>1, pero m á s claram ente después, K ierkegaard identifi­
co para evitar m a le n te n d id o s en lo s últim os m iem bros:
cará esta m ism a c o n tra d ic c ió n con la existencia (Eksistentsen).
Si insistim os re ite rad am e n te en estos térm inos, es p ara que no se olvi­
den las fronteras q u e m a rc a el autor. H ay u n a clara distancia, dice en este Idealidad A lm a C o no cer Q u e re r A m ar Dios
contexto, entre la conciencia y aquello que tendería a considerarse como y y y
m ás próxim o a ella, la idealidad. En los escritos siguientes completa: entre Realidad cu erpo la verdad lo b u e n o lo bello m u n d o m\
la existencia y lo que a p rim era vista resulta más cercano a ella, la realidad,
se da u na neta separación. C ontra otras filosofías. Kierkegaard afirm a que Estas d e term in a cio n es están « e n presencia» u n a s de otras, se tocan,
la conciencia (la existencia, después) está equidistante de la idealidad y de se m iran (berore de hinan den ), p e r o sin llegar a establecer una relación
la realidad com o tales, a u n q u e se forme o surja en y con ellas. verdaderam ente «creativa». Así p u e d e interpretarse este texto sin o fe n ­
der la letra del m ismo. Es similar a lo que antes decía de la idealid ad y
de la realidad, cu a n d o a ú n no h a b í a n « ch o c ad o » entre sí.
3. El interés suprim e la duda La conciencia tiene u n a d in á m ic a diferente, m ás intensa y m á s c o m ­
Antes de c o n tin u a r c o n la inquisición sobre la d u d a. K ierkegaard se pleja que la reflexión. Sus d eterm in a cio n es (Bestemmelser) son tricotó-
detiene en otra d istin ció n cuya im p ortancia le parece fu n d a m e n tal y que micas (trichotomiske). Lo revela el le n g u a je m ism o, «pues c u a n d o digo:
en el fon do está b a s a d a en los anteriores principios. yo me hago consciente de esta impresión sensible, form ulo ya u n a triada
Cree Kierkegaard que la conciencia ha recibido habitualm ente el nom ­ (Trehed)» 104 Es decir, el yo (la id ealid ad ) tiene ante sí la im p resión s e n ­
bre de reflexión. Justifica su observación con las referencias a las am biguas sible (la realidad) y la reduplica en l a conciencia. E l tercer té rm in o es lo
term inologías m o d e rn a s q u e d e n o m in a n «sinnliches Bewusstsein, wahr- originado e n la co n c ie n cia por la a c c ió n re d u p lic ad o ra del espíritu l05.
neh m e n d e s Bewusstsein, V erstand» l)R. a nociones q u e m erecen m á s bien Es curioso lo que sucede e n el m u n d o espiritual y ta m b ié n en la c o n ­
el n o m b re de p ercepción y experiencia. Según su parecer, la conciencia ciencia que es espíritu (Aand): c o m p a r t ir u n a u n id a d hace n a c e r siem ­
pre tres, n u n c a dos l06.
contiene m u ch o m ás q u e todo eso.
Hegel es e v id en te m e n te el a u to r a lu d id o co n esa citación de voca­ Nuestras lenguas p arecen d e b ilita r el argu m en to, prosigue K ierk e­
blos alem anes. Sus c o n c ep cio n es de la conciencia n o le satisfacen. Lue­ gaard. E stan d o la p o sib ilid a d ese ncial de la d u d a an c la d a en la c o n ­
go com enta: «Sería a lta m e n te interesante ver có m o se las arregla Hegel ciencia, nos e n c o n tra m o s c o n que su etim ología evoca d irectam ente el
para p a s a r de la c o n c ie n c ia a la conciencia de sí y d e esta últim a a la ra­ significado de «dos». Kierkegaard n o lo aclara aquí, p orque sus exce­
zón» l)l>. Estos «pasos» hegelianos, p u ra m e n te n o m in ales en o p in ió n del lentes con ocim iento s etimológicos l o j u z g a n inútil, pero la observación
filósofo danés, c o r re s p o n d e n ju s ta m e n te a los títulos de las tres partes es certera. Basta to m a r co m o ejem plos el danés, cuyo prefijo rvé>-(equiva-
de la F en o m en o lo g ía del Espíritu: Bewusstsein, Selbstbewüssfsein, Ver-
nunft. c o n te n ie n d o la p rim e ra las subdivisiones de sirinlicfíe Gewifiheit. 101 Papirer. IV B 1, p. 147
102 Ibidem.
W ahrnehmung y Verstand U)0. 103 Ibidem. En don de no hay «y» el au tor p on e un guión (-).
104 Papirer, IV B 1. p. 148.
97 Papirer. IV B I. p. 144. 105 A la reduplicación acudirá m u c h a s veces Kierkegaard para explicar sus
98 En alem án. Papirer. IV B i. p. 147. a pie de página. intuiciones filosóficas, com o, por ejem plo, a l final de este esbozo.
99 Ibidem . 106 Papirer. IV B 1, p. 148.
100 Cfr. G. W. F. H egel. Phcinomcnologie des Geistes (Stuttgart. Jub. Ausg. 4 1964). II.
lente al h is p a n o bis-) está en la form ación de la p a lab ra tvivle (dudar), el ta ju s ta m e n te el m edio y el in s tru m e n to p or el que la d u d a p u e d e ser
a lem á n zweifel (zwei: dos) y el latín dubitare (dúo: dos) l07. vencida: el interés de la conciencia
A p esa r de ello y re c o rd a n d o los presupuestos anteriores, Kierke­ La p reg unta por la v erdad exige la vuelta a la d u d a esencial y total.
g aard declara esta o bjeció n com o falaz, ya que si sólo hubiera Descifrando el enigm a de la d u d a, p o d re m o s a d u e ñ a rn o s de la llave
que nos facilita el acceso al recinto d o n d e está escondida la verdad. Esa
dicotom ías, n o p o d ría existir la duda. Situar la d u d a en la reflexión
(dicotóm ica) es im posible, a no ser q ue se h able de d u d a s « pre sup ues­ llave secreta no se halla en la región de las reflexiones objetivas, sin o en
tas». La d u d a surge de la relació n en ejercicio y la expresión que tercia el m u n d o del interés. ¿C ó m o in te rp re ta r ese interés que está-en y es la
conciencia? P ara hacerlo, debem os re to r n a r a los escépticos.
entre los dos térm in o s re la c io n a d o s d eb e preceder a la d u d a y no suce­
Los escépticos griegos h a b ía n c o m p r e n d i d o perfectam ente q ue la
dería l0K.
duda está a s e n ta d a en el interés. C o m o todos los filósofos, ellos b u s c a ­
La d u d a b a s a d a en la d in á m ic a estructural de la conciencia tiene co­ ron la m a n e r a de vencer la duda y lo hiciero n con lógica y con im a g in a ­
m o ella un carác te r tricotóm ico y no puede resolverse en el estrecho ción. S a b ie n d o q ue d u d a e interés v a n d e la m ano, tra n s fo rm a ro n el in­
m arco de la reflexión «p u ra » . Es ahí d o n d e desea llegar Kierkegaard. terés en a p a tía y con ello la duda fue su p rim id a m.
O tra nota d iferen ciad ora de la co ncien cia y de la reflexión lo mostrará. Estos griegos fueron m ás co n se cu en tes que los m o d ern o s filósofos,
Q u e la reflexión constituye sólo u na «posibilidad de relación» e q u i­ quienes h a n ignorado la n aturaleza de la d u d a y h a n p reten dido su p ri­
vale a a firm a r que la reflexión es desinteresada, «carente de interés» mirla «sistem áticam ente». Pues b ie n , « a u n cu a n d o el Sistema estuviera
(interesselos) La co n c ie n cia, en cam bio , es u na relación y, p o r ello ab solu tam ente fundado, a u n c u a n d o la realidad sobrepasase to d a s las
m ismo, interés. La distan cia entre la d u alid ad de la reflexión y la de la previsiones, la duda no h a b ría sido s u p erad a (overvundet), p o rq u e c o ­
conciencia viene p re cisam en te del interés. Kierkegaard pone entre p a ­ mienza antes» "4. Se inicia en el interés, que está presente en la d u d a
réntesis la trad u c ció n latin a de este vocablo, pese a ser idéntico al danés desde su nacim iento.
(Interesse). D e ello saca co n clu siones sugerentes. El co no c im iento sistemático es d e s in te re s a d o y, p or ello, es im p o te n ­
Los saberes q u e suelen incluirse en el círculo de la p u ra reflexión, te para resolver la d u d a e n el seno d e la conciencia. Los escépticos grie­
c o m o las m atem áticas, la estética, la metafísica, están p rivados n o r m a l­ gos que h a b í a n enten d id o a las m il m ara v illas lo ab su rd o que resulta
m ente de «interés». C u a n d o se habla e n ellos de d u da, se sobreentiende h ablar de la d u d a si se abstrae del interés, h a b ría n acep tado con toda
que es una «pre su p o sic ió n en la d u d a » lm, u n a d ud a, p o d ría m o s decir, n aturalid ad q ue filosofar sobre u n a « d u d a objetiva» es un juego de p a ­
m eram ente hipotética. E n este d o m in io del saber que abstrae del inte­ labras 115 al que no merece la pena p r e s ta r atención.
rés, la d u d a en sentido p le n o n o existe, a u n q u e lógicam ente tam p o co se Lo que da consistencia a la a u té n tic a d u d a y a la verdad que p erse­
logra en este terreno ven c er ni su p rim ir la d u d a real. Lo ú n ico q u é se guimos es el interés, concibiend o éste e n su doble sentido de « estar e n ­
consigue, co m o m ucho, es neu tra liz arla m. tre» (inter-esse) la realidad y la id ealid ad , y, a la vez, c o m o u n a in terv e n ­
ción viva, «interesada», en esa d ialéc tica dual. Si la id ealid ad y la reali­
Pero la d u d a total está m á s allá del ra z o n a m ie n to objetivo, es una
forma su perior a todo p e n s a m ie n to objetivo. Si alguien cree que es posi­ dad p e rm a n e c ie ra n un a frente a o t r a e n eterno conflicto y no h u b ie r a
ningún interés, « n in g u n a co ncien cia q u e estuviera interesada en esa lu ­
ble suprim ir, resolver, s u p e r a r (overvinde) la d u d a a base de p e n s a m ie n ­
cha (ingen B evidsthed er, d e r h ar Interesse a f d e n n e Strid), la d u d a n o
to objetivo (objektiv Taenkning), está en un error absoluto, ya q u e le fal­
existiría» llh. P o r el contrario, la d u d a y el interés po d rían subsistir, a u n ­
que idealidad y realidad llegasen a co n c ilia rs e entre ellas ll7.
107 Una de las leccion es de la Dogm ática especulativa de M artensen-tenía por título:
La d u d a q u e descubre el sentido de la conciencia c o m o c o n tra d ic ­
«D u dar viene de dos (Tve) c o m o Zweifel y dubitatio.» Cfr. nota del ed. de Papirer. IV B
13. p. 174. Kierkegaard elogia en un sentido la mayor riqueza de la «du plicidad » en la ción, qu e suscita el interés irreductible de la conciencia, tiene u n a im-
vida: «La con cep ción que ve la du plicidad de la vida (d u alism o) es m ás alta y más
profunda que aquella que b u sca la un idad y 'hace estudios para la unidad' (una 112 Textualm ente: «Interessen eller B evid sth ed en .» (El interés o la con cien cia.)
expresión de H egel sobre la asp iración de toda filosofía). A quella que ve la eternidad Ibidem
com o xeX.o<;, y en general la consideración teológica es más alta que toda inm anencia...» 113 Papirer, IV B 1, pp. 148-149.
114 Papirer, IV B 1, p. 149.
Papirer. IV A 192. p. 70.
115 Ibidem.
108 Papirer. IV B I. p. 148.
116 Ibidem.
109 Ibidem.
110 Ibidem . 117 Ibidem . Kierkegaard no aclara si e s o sucedería «después del choque», q u e sería
lo lógico.
111 Ibidem.
portancia p rim o rdial. K ierkegaard se atreve a describirla com o la « in ­ mer escrito p ara definir m ejo r la d ialéc tica dentro de la triada c o n c ie n ­
troducción a la form a m ás alta de la vida (Tilvícrelse) níi. quizas porque cia-realidad-idealidad 121.
pone en presencia los polos fu n d a m e n tales de la existencia (Idealidad y Sabem os q u e la conciencia sólo p u e d e nacer c u a n d o se .efectúa el
Realidad) y suscita la única actitud (subjetiva) que puede c o m p re n d e r­ choque (S a m m e n s to d ) en tre id e a lid a d y realidad. Este c h o q u e c r e a d o r
las y asum irlas. Esta ú ltim a nota adela n ta algo q ue a ú n no ha sido d i­ aparece c u a n d o se suscita la p re gu nta p o r la repetición l22. ¿Qué es la
repetición? ¿De qué m a n e r a tiene h u e c o e n la form ación de la c o n c ie n ­
cho p o r el autor.
cia com o lugar de b ú s q u e d a de la v erd a d ?
En todo caso K ierkegaard deja m uy claro en su relato acerca de la
b ú squ eda de la verd ad filosófica que la resolución de la d u da y la c a p ta ­ En la realid ad co m o tal no hay repetición. Lo m ás que puede h a l l a r ­
ción de la verdad no pertenecen al reino de la objetividad abstracta. El se es u n a diversidad infinita. P odría suceder que todas las cosas tuvie­
«p ensa m ie n to objetivo» es im potente para so p o rtar el cu estionam iento ran u n a sem eja n za absolu ta sin que h u b ie ra repetición (Gjentagelsen).
sobre la d ud a y la verdad. Sólo podem os «volver» a la d u d a esencial Por ejemplo, si el m u n d o n o fuera t a n v aria d o en su belleza, sino q u e es­
desde un interés radical, d esde u n interrogante que se aleje de la apatía, tuviera fo rm ado p o r rocas u niform es, n o p o r eso existiría repetición. Yo
estaría vien do e tern am en te un b lo q u e de piedra, p ero me sería im p o s i­
es decir, desde el in terro g a n te pasional.
Antes de llegar a la d e te rm in a c ió n de ese interés tan opuesto a la ble p regu ntar si era o no el m ismo q u e h a b ía visto antes l2J, porque con
«apatía» y tan diferente del espíritu escéptico, Kierkegaard recuerda esa p regunta estaría fo rm u lan do y a el interrogante h u m a n o del que
emerge la repetición.
un a y otra vez q u e ta n to la d u d a com o el interés se refieren a la dualidad
que la reflexión a s u m e de m a n e ra «fría» y la conc ie ncia de m od o «vi­ En la sola idealidad tam p oco h a y repetición. Kierkegaard lo justifica
vo», es decir, la d u a lid a d d e realidad e idealidad. La d u d a es u n a posibi­ con arg um en tacion es que le a p r o x im a n a otras filosofías: la idea es
lidad que se resuelve en el ejercicio tricotóm ico entre la conciencia, la siempre idéntica a sí m is m a y como tal no p uede repetirse l24.
idealidad y la realidad. C o n c e b ir los p la n tea m ien to s filosóficos kierke­ Tenemos así ra z o n a d a s las p o s tu ra s de p rincipio que K ierkegaard
gaard ian o s lejos del b in o m io idealidad-realidad, en virtud del énfasis había a d o p ta d o frente a la realidad y la idealidad, al afirm a r que n i n g u ­
puesto en el interés, es falso. Ya hem os dicho que interés en su p rim er na de ellas p o día po r sí m ism a y en exclusiva servir de fu n d a m e n to v áli­
significado (inter-esse) a lu d e a la d u alid ad que la reflexión pone en c o n ­ do a la pregu nta p o r la d u d a y por la verdad. N i la idealid ad ni la reali­
dad ais la d a m e n te posibilitan la «vuelta atrás» im prescindible p ara in i­
tacto. ciar ese cam in o.
Todavía q u e d a p o r e x p lica r cóm o aparece o riginalm ente esta d u a li­
dad. Emerge así la categoría de repetición que nos ilustra m ás aú n acer­ La repetición surge c u a n d o se p r o d u c e el co ntacto entre idealid ad y
ca del fu n c io n a m ie n to de la conciencia. Es el ú ltim o párrafo y con el realidad, c u a n d o id e alid ad y re a lid a d se m ira n u n a a otra (b erore
que K ierkegaard c o n c lu irá su esbozo sobre J o h a n n e s Clim acus. hinanden), vuelve a decir. U n ejem plo co nc reto aclara este encuentro:
cuando en u n m o m e n to (M om entet) d a d o veo algo, la idealidad a c u d e
prestamente a m ostrarm e q u e se tra ta de u n a repetición l25. Aqui está la
4. Repetición contradicción, p u es lo que es, es al m i s m o tiem po otra cosa. «Yo veo el
dato exterior, veo que es, p ero en el m is m o instante (Qieblik) 126 lo p o n g o
Este térm ino, de un co n te n id o tan peculiar en su filosofía que le en relación con algo que ta m b ié n es, q u e es lo m ism o y q ue i n m e d ia ta ­
dedicará u n a o b ra entera 114 y lo p resentará co m o el sustituto d an é s p a ­ mente quiere a c la rar que ese otro es el m ism o » l27. En esto tenem os u n a
ra la m ediación hegeliana l2°. es utilizado p o r K ierkegaard en este pri-
118 Papirer. IV B I. p. 149. «Tilvasrelse» se traduce al alem án por «D asein ». 121 La repetición, com o inm ediatam en te se explica, no puede darse estrictam ente
Sab ién dolo, aquí darnos siem pre el significad o norm al de la lengua danesa (vida, en la naturaleza. Es una categoría del espíritu y de la co n cien cia. Papirer. IV B 117, pp.
287-289, 291-292.
existencia), pero p on ien d o entre paréntesis el térm ino original para su correcta
122 Papirer, IV B 1, p. 149.
utilización filosófica.
119 (íjentagelsen. Et Eorsog i cien eksperimentende Psyehologi. <La repetición. Un ensayo d e ) 123 Papirer, IV B 1, pp. 149-150.
124 Papirer, IV B 1, p. 150.
psicología experimental). S. V. III. pp. 189-293.
120 «Es increíble ver el ruido que se ha hech o en la filosofía hegeliana en to m o a la j
125 Ibidem.
m ediación (M ed iation en ) |...| M ed ia c io n e s una palabra extranjera; repetición (G jentagel- 126 Señalam os la diferencia entre « M o m en t» y « 0 ie b lik » , que en otros escritos
s e n )e s una buena palabra d an esa y yo me congratulo con la len gua danesa en un térm ino tendrá gran relevancia.
filosófico.» S. V. III. p. 212. En últim a instancia y p rescin dien do de otros desarrollos, 127 Texto de difícil traducción: «At det U dvortes er, det seer jeg, men i sam m e
Kierkegaard referirá la repetición a la libertad, la repetición debe entenderse en sentido Oieblik bringer jeg det i Forhold til Noget, d er ogsaa er, N oget der er det samme o g som
pleno com o tarea de la libertad y com o libertad. Cfr. Papirer. IV B 117. p. 293. tillige vil forklare, at det Andet er det sam m e.» Ibidem .
reduplicación y con la redu plicación la pregunta p o r la repetición. Se C o n esta alu sió n al recuerdo c o n c lu y e Kierkegaard este esb o z o 132.
trata de p re g u n ta rn o s p o r la id entid ad-con tradicció n entre lo que «es» El esq uem a previsto prom etía am p lia s exposiciones sobre todo lo d icho,
(en la realidad) y lo que yo veo que «está ahí» (en la idealidad). pero hem os de c o n fo rm arn o s con lo que está recogido en sus Papirer.
A ún sigue in q u irie n d o K ierkegaard p o r la natura leza de ese e n c u e n ­
tro y p o r el m edio q u e lo h a c e posible. A ntes de p a s a r al capítulo siguiente, re asu m im o s brevem ente to d o lo
expuesto.
Id e alidad y re a lid a d e n tra n en colisión. ¿En qué medio? ¿En el tiem ­
K ierkegaard despierta a través d el p e rso n aje Jo h a n n e s C lim ac u s la
po? Eso es im posible. ¿En la eternidad? Tam b ién es imposible. ¿D ónde,
inquietud p o r la filosofía, p o r su c o m ie n z o , p o r la práctica de la filoso­
entonces? E n la conciencia, que es la co ntrad icció n l28.
fía y, m ás en concreto, p o r la filosofía m o d e r n a y su c o m p re n s ió n de la
Este breve in terrog ato rio n o s p ro p o rc io n a varios elem entos clarifi­ verdad.
cadores. A nte todo la insistencia en circunscribir el en cuentro entre re a ­ D a n d o p o r b u e n o el retorno a la d u d a co m o m étodo crítico p a r a re­
lidad e idealidad a la concien cia y la identificación (del enc u en tro y de solver tantas y tan a rd u as cuestiones, K ierkegaard descubre que la d u d a
la conciencia) co m o co ntradicció n. Pero tam b ién la e q u ip aració n del total, p u n to ca rd in a l de la filosofía m o d e rn a , remite a la conciencia. La
tiem po con la re a lid a d y de la eternid ad con el reino ideal. P o r últim o, inquisición sobre la conciencia nos lleva a descubrir en su seno u n a n a ­
lo m ás sugestivo: el c h o q u e entre a m b o s no se p roduce ni en el tiem po turaleza contradictoria. Los ejes q u e se p re s e n cializa n e n la c o n c ie n cia
ni en la eternidad, lo que significa para los siguientes desarrollos que la son la id e alid ad y la realidad. La c o n c ie n c ia es posible p o r (su n a tu ra le ­
solución a la p re g unta p o r la verdad h em o s de hallarla en u n « térm in o za es) la co ntradicción entre id e a lid a d y realidad.
medio». K ierkegaard p re p a ra ac aso su respuesta última: a) en la exis­ E n lu g a r d e proseguir sim p le m e n te n u estro resum en, conviene a ñ a ­
tencia, co m o d o m in io c o m ú n p ara la idealidad y la realidad; b) en la fe, dir un texto de los Papirer que nos o frece nuevas luces sobre las re la c io ­
instancia m a y o r que g a ran tiza el e n sa m b la je pleno entre tiem po y eter­ nes entre realidad e idealidad, sie m p re a partir de la duda. Este texto
nidad. P a ra llegar allí resta a ú n m u ch o trecho. pertenece a los borrado res del escrito q ue estam os co m e n ta n d o y de a h í
La repetición de q u e h a b la m o s a h o ra es de carácter profundo. Está la convenien cia de traerlo a c o la c ió n en este instante.
inserta en la co n ciencia y posee la m ism a contradicción interesada a n ­ C o m o re iteradam ente hem os i n d ic a d o , la d u d a surge de la re lación
tes descrita y q ue tan n e ta m e n te la diferencia de la m era reflexión. profunda entre idealidad y realid ad. K ierkegaard a d ju n ta en sus n o tas
Esta repetición en la co ncien cia tiene u n paran gón : el recuerdo. El una distinción 133.
recuerdo, categoría socrática q u e servirá a Kierkegaard p ara resp o n d er La d u d a p u e d e darse en dos direcciones:
a otros interrogantes sobre la verdad, tam p oco ha de co n fund irse con 1) O(ertten) la realidad entra en re lació n con la idealidad. Si así su­
niguno de los dos polos. «El recuerdo no es la realidad, es la realidad cede, nos en c o n tra m o s co n la eficacia del conocer (Erkjendelsen s
que ha sido» l29. La idealid ad y la realidad en sí m ism as y según su p r o ­ Virks) B4. P o d ría traducirse esta e x p r e s ió n p o r la «praxis» en el se n tid o
pio concepto no p u ed e n h a b e r sido l3<). El recuerdo, por consiguiente, no filosófico actual. Es algo sugerente, a u n q u e reconocem os que discutible.
es eq u ip arab le a la repetición. Lo explicará posteriorm ente en su obra Y continú a: «En la m ed id a en q u e se h a b la de interés, lo m ás alto
sobre el tema: «R epetición y recuerdo (Gjentagelse og E rin dring) son el por lo q u e yo m e intereso es u n tercero (Tredie), como, p o r ejem plo, la
m ism o m ovim iento, pero e n sentid o opuesto; pues lo que se recuerda ha verdad» l35. Lo m ás valioso («lo p rá c tic o » ) en las relaciones que v a n de
sido, se repite h ac ia atrás; la repetición p ro p iam e n te dicha, p o r el c o n ­ realidad a idealidad es el tercer térm ino. P a ra d ig m a ajustado: la verdad.
trario, se recuerda (erindres) h ac ia ad elante» Ul. 2) 0{eller) la idealidad entra en re la ció n con la realidad. Esto es lo
ético. A quello p o r lo que yo m e in tere so soy yo mismo. P ro p ia m e n te es
128 Ibidem.
129 Ibidem.
130 Ibidem. 132 Para el con ju n to del p lan team ien to kierkegaardiano sobre la estructura de la
131 5. V, III, p. 193. P oco desp u és exp on e sim ilar diferencia a lu d ien d o al interés: conciencia-existencia y para la cuestión de la verdad, este brusco final causa notab les
«La rem iniscen cia (E rindringen) es la concep ción étnica de la vida, la repetición e s la lagunas en la com p ren sión de su proceso filo só fic o . Los com entaristas (los p o co s qu e se
moderna; la repetición es el interés de la m etafísica y a la vez el interés en q u e la han ocupad o de e llo ) llenan, cada u n o a su m a n era , este vacío. Por nuestra parte h e m o s
m etafísica fracasa; la repetición es la consigna en toda concep ción ética, la repetición es preferido dejarlo tal com o aparece, aunque la perspectiva de la solu ción final habrá
la conditiosirte qua non para todos los problem as dogm áticos» Ib., p. 212. Begrebet Angest (El influido inevitab lem ente en la interpretación de este breve y enjun dioso texto.
concepto de la angustia) com en ta esta m ism a idea. Cfr. S. V.. IV. pp. 321-323. Kierkegaard 133 Papirer, IV B 13, pp. 177-178.
superará la idea de rem iniscen cia y recuerdo (Papirer, IV B 117, p. 296) para dar p a so a 134 Ibidem.
sus propias intuiciones. 135 Papirer, IV B 13, p. 178.
el cristianism o q u ie n h a in tro d u cid o la d u d a en el m u n d o y sólo con él
se aclara su significación. La d u d a n u n ca será suprim ida (overvundet)
por el Sistema, sino p o r la fe l3h.
La d uda, por consiguiente, resucita el eterno conflicto entre realidad
e idealidad al que está ligada la filosofía y d o n d e ha de resolverse la p re:
gunta p o r la verdad. C o m o vem o s y con las respuestas ad e la n ta d a s a h o ­
ra p o r el p ropio K ierkegaard, el interés práctico del conocim iento y la fe
explícita — irreductible a los esq u e m a s de u n a sim ple filosofía de la reli­ II. Q U É ES LA V E R D A D
g ió n — son los d o s c a m p o s d o n d e serán clarificados los interrogantes
sobre la verdad.
C oncluyendo: la d u d a q u e Kierkegaard asu m e c o m o «esencial», Bajo la firma de Jo h a n n e s C lim ac u s. Kierkegaard prosigue su in q u i­
«total», es la d u d a q u e tiene de trasfondo «el interés m áx im o sobre sí sición sobre la verdad. P ara c a p ta r la c o n tin u id a d entre aquel esbozo
m ism o» |,?. S o la m e n te ella p u ed e ser p u n to válido de p artid a p ara un no p ub licad o y las dos o b ra s que a p a rtir de ahora o c u p a rá n p rin cip a l­
mente nuestra atención, conviene h a c e r algunas observaciones.
co no cer eficaz, p a r a la p ráctica acertad a de la filosofía.
La v erd ad que d eb e m o s e n c o n tr a r es la q ue afecta al sujeto, a la c o n ­ Escasam ente dos años después de h a b e r redactado su Johannes Cli­
ciencia viva. Es inútil v ag ar p o r la sola realidad o p o r la pura idealidad. macus eller De óm nibus dubitandum est, Kierkegaard da a cono cer Philo-
A hí no está la verdad. Si el sujeto consciente no se im plica personal y sophiske Sm uler (M igajas filosóficas)138. Pese a su título, los co nten id o s
arriesg ad a m e n te en la b ú s q u e d a , ja m á s h alla rá la verdad. aluden sobre todo al cristianismo, a u n q u e m u cho s p árrafo s son riguro­
Esta es la prin cip al lección de Jo h a n n e s C lim acus: la referencia a p a ­ samente filosóficos, com o el denso e im p o rtan te M ellem spil (.Interludio)
sionada al sujeto q ue practica la inquisición filosófica sobre la verdad. que se enfrenta a u n a cuestión bien ard u a : «¿Es el p a s a d o m ás necesario
No cabe d e s d e ñ a r los resultados a lc a n z a d o s con este p eq ueño esb o ­ que el futuro? O ¿lo posible, en c u a n to se ha hecho real, se ha hech o m ás
necesario de lo qu e era?» LW.
zo: La prob lem á tica suscitada en su esbozo-novela se redescubre desde
1. T enem os in te rp re ta d a la duda esencial o total co m o d u d a plena
del sujeto, esto es, aq u é lla e n q ue la conciencia se sum erge en u n a repe­ el en c ab ez am ien to de esta nueva o b ra . D ice así: «¿P uede darse u n p u n ­
to de partid a histórico p a r a u na c o n c ie n c ia eterna; cóm o p u ede tal
tición co ntradicto ria.
2. C o n o c e m o s el sen tid o de la verdad q u e in dag am o s, u n a verdad [punto de partida] in teresar más q u e históricam ente; p uede fundamen->
qu e afecta al in d iv id u o vitalm ente, co n interés suprem o. tarse u na felicidad eterna e n un s a b e r histórico?» I4<). Si p re scin d ie n d o
3. H e m o s d e ja d o establecidos los p aralelism o s entre determ ina- de otros aspectos sobre los q u e h a b r á q u e volver, n o s fijam os de e n tra d a
ció n-id e alid a d -m ed iatez e ind eterm in ac ió n -rea lid a d -in m e d iatez. en la prim era form ulación, d ed u c ire m o s que K ierkegaard sigue p re o c u ­
4. H a q u e d a d o i n s in u a d a la sim ilitud entre conciencia y existencia pado de la c o nc ie ncia qu e p e r m a n e c e siem pre idéntica a sí m ism a (eter­
en su igual « posición» frente a la id ealid ad-realidad y frente a la d u d a- na)141, que ofrece u n interés s u p re m o (m á s q u e histórico) y que intenta
verdad. Tal co m o h e m o s a p u n ta d o , en el siguiente cap ítulo y a b o r d a n ­ enfrentarse a u n p as a d o concreto d e la historia h u m a n a para a s u m ir
do los escritos de la m a d u re z intelectual de Kierkegaard, c o m p ro b a re ­ responsabilidades que so b re p asan lo s límites de la existencia material.
mos el p re d o m in io del seg u n d o (existencia) sobre el prim ero (co n cien ­ El interés del individuo, atraído d e m a n e r a irresistible p or el m e n s a ­
cia). a u n q u e sin renegar de ésta. je cristiano a n u n c ia d o r de u n a v e rd a d q u e p ro p o rc io n a felicidad eterna,
C on todo esto ya están p re fo rm u lad as de alguna m an e ra las coorde­ apela a la conciencia co m o «lugar» d o n d e p u ede en c ontrarse la verdad
n a d a s fu n d a m e n ta le s acerca de su p ensa m ie n to, a u n q u e q ued a todo y como in stancia ca p az de apro p ia rse de ella.
p o r decir sobre la verdad.
138 Philosophiske Sm uler eller En Smule P hilosophi a f Johannes C lim acus. U dgivet af
S. Kierkegaard (Kjcjenhavn 1844), S. V.. IV. pp. 195-302.
139 5. V, IV, p. 264.
140 S. V, IV, p. 197.
141 Si «eterno» tiene significad o filo só fico o religioso, si rem ite sim plem en te a la
conciencia idéntica en los variados procesos de la duda y de la verdad, n si hace
136 ibidem . El Sistem a no pu ed e pasar por en cim a de la duda y de la fe. aunque lo referencia al «poder» que fundam enta la subjetividad, es algo que no podem os discutir
haya intentado. ahora, pero cuya relevancia, para m antener las bipolaridades constitutivas d e cada
137 Ibidem. síntesis, es insoslayable. Lo explicarem os m á s adelante.
La verdad es estud iad a de form a directa en las p rim era s páginas. a b o r d a r su relación c o n esta d o c t r i n a l46. Kierkegaard ejem plifica en
I n q u irie n d o p o r la verdad. K ierkegaard ofrece dos esquemas: el so cráti­ prim era p erso n a esta actitud: «Yo, J o h a n n e s C lim acus, nac id o en esta
co y el cristiano. ¿En cuál de ellos está la verdad? Por razones m eto doló­ ciudad, de 30 años de ed a d (...), he o íd o decir que el cristianism o c o n d i ­
gicas p o sterg a m o s la respuesta a este interrogante p ara un capítulo pos­ ciona este b ien jla felicidad eterna] y yo pregunto a h o r a cóm o e n t r a r en
relación c o n esta d octrina» 147.
terior. a fin de seguir con m ás rigor el discurso filosófico de nuestro
Esta d istinció n m otiva la división d e su Efterskrift en dos p u n to s m uy
autor. desiguales e n valor y dim ensión: el p rim ero , de sólo 48 páginas, sobre el
D e Efterskrift (Posdata)'42 se h a dicho q u e es « u n a o b ra m ayor en la
historia de la filosofía de la religión»141. Eso nos d a u n a prim era idea de p ro blem a objetivo; el segu nd o ( p á g in a 49 a 615), sobre el p r o b le m a s u b ­
la im p o rta n c ia y la p ro fu n d id a d de este escrito, sin d uda el m ás difícil y \¡ jetivo. K ierkegaard insiste: «El p r o b l e m a objetivo sería la v e rd ad del
filosófico del autor, pese a q ue concluya c o n un am plio tratado acerca cristianism o. El subjetivo es la r e la c ió n de un individuo c o n el cristia­
nismo. D ic h o sim plem ente: cóm o yo, J o h a n n e s C lim acus, p u e d o to m a r
del cristianism o. parte en la b ie n a v e n tu ra n z a que p r o m e te el cristianimo. E l p ro b le m a
Al p re sen tarlo co m o u n a c o n tin u a c ió n de Smuler, Kierkegaard tiene
me co ncierne totalm ente a m í solo...»148.
bien presente su intención fu n d a m e n tal, que desarrollarem os b reve­
Para ju stificar u n p oco m ás la d esig u al distribución de la o bra, Kier­
mente. kegaard ac la ra qu e la p rim e ra p a r te es la c o n tin u a c ió n p ro m e tid a al fi­
Cita K ierkegaard el e n c a b e z a m ie n to de Sm uler que a c a b a m o s de co­
mentar. d e c la ra n d o exp lícitam ente que el cristianism o es el ú nico fenó­ nal de S m u ler m ien tras la s e g u n d a es u n ensayo original q ue q u iere
m en o histórico q ue ha p re te n d id o interesar al individuo de u n m o d o d a r u n re n o v a d o em p u je a «la c u e s tió n tratada allí» 15°. E sa cuestió n es
suprahistórico, a u n q u e sin olv idar el carácter histórico del dato cristia­ en el fondo la pregunta p o r la verdad. Veam os si p od em o s determ in a rla.
n o 144. Las pre g u n ta s con que se abre Sm uler no fueron e n u n c ia d a s con Es indiscutible que la p re o c u p a c ió n central de Efterskrift es el tem a
la in tención d e q u e fueran resueltas en aquel pequeño ensayo, sino con de la verdad, a u n q u e los c o n te n id o s v a ría n considerablem ente. Basta
el propó sito de p la n te a r en toda su c ru d eza el p rob lem a central de la con leer los títulos: « P rim era parte: el p ro b le m a objetivo de la verdad del
verdad y de la filosofía. ¿Qué p ro b lem a es éste? cristianism o». « S eg u n d a parte: el p ro b le m a subjetivo. La relación del
P u d ie ra p a re c e r a p rim era vista q u e Kierkegaard con firm a la ten­ sujeto c o n la verdad del cristian ism o o el hacerse cristiano» 1SI.
dencia de b astan te s filosófos de su época, qu eriend o construir tam b ién Es cierto que la tem ática c a m b ia , c o m o hem os a p u n tad o . E n la « c o n ­
él un trata dito «ilustrado» acerca de la religión, el cristianism o, los dog­ tinuación» de Sm uler Kierkegaard n o h ac e sino revisar p aso a p a s o los
mas. la existencia de Dios, la in m o rta lid a d , etc., y, com o u n asunto más, tradicionales arg u m e n to s apologéticos e n favor de la fe cristiana, es decir,
la verdad de la fe cristiana y. acaso, la v e rd ad de la perso n alid a d histórica la infalibilidad dé l a Escritura, la a u t o r i d a d de la Iglesia y el testim o nio
de Jesucristo. N a d a m ás lejos de su propósito: «...el p ro b lem a no es acerca de tantos h o m b re s co m o h a n a b r a z a d o durante siglos el cristianism o.
de la v erdad del cristian ism o, sino acerca de la relación del in div iduo Alérgico a las pruebas de la apolo gética clásica 152, Kierkegaard las reco­
con el c r is tia n is m o » 145. E n otras p alabras, no se trata del cu id ad o y es­ rrerá rá p id a m e n te en b usca de su te m a preferido.
m ero con q u e un individuo apático p re gun ta p o r las verdades del cris­ P ara la discusión sobre el v a l o r subjetivo de la v erdad K ierk eg aa rd
tianism o. a u n q u e sea m uy sistem ática y o rd e n a d a m e n te (en parágrafos: escoge dos autores: Lessing y Hegel. Lessing, pese a algún elogio a p a ­
«i &&»). sino q ue se trata del interés infinito con que alguien intenta 1 rente, está to m a d o com o pretexto. H e g e l seguirá siendo el b la n c o de sus
iras. El én fasis de sus a r g u m e n ta c io n e s está puesto en el deseo d e d es­
142 Afsluttende uvidenskabelig Efterskrift tiI de pliilosophiske Smuler. M im isk-pathctisk- m ontar el concepto hegeliano de v e r d a d , o sea y en versión kierk e g aar­
dialektisk Sammenskrifi. Existentielt Indlaeg, a f Johannes C lim acus. U dgiven a f S. diana, la « c o m p re n sió n objetiva» d e la verdad. H a b r á m últiples oca sio ­
Kierkegaard (Kjwhenhavn 1846). S. V, VII. pp. V-XV, 1-620. Kierkegaard dudó entre el tér­
nes p ara com entarlo. O tro s au to re s a p a re c e n en sus polém icas so b re la
m ino danés Efterskrift o el latin o Postscriptum (Papirer. VI B 89-90, p. 174). Aunque algunos
autores y traductores usan el latino, el elegido por Kierkegaard fue Efterskrift. Este título 146 5. V, VII, p. 8.
tuvo más variaciones. En lugar de «defin i ti v o y no-cien tífico». Kierkegaard había p en sad o 147 Ibidem .
poner «definitivo y sim ple» |A fsluttende (een fold elig)| y tam bién «m in u cio so y sin 148 5. V, VII, p. 9.
em bargo superfino» ( udforligt og d og overflodigt). Incluso quiso prescindir de las referen- I 149 S. V, IV, p. 301. '
cias a Sm uler y titularlo sen cillam en te Problemas lógicas (U tgiske Probtemer). Ibi- 150 S. V, VII, pp. 9-10.
dcm. 151 5. V„ VII, p. 11 y p. 49. Los su brayados so n míos.
143 N. T hulstrup. C om m entary <>n K 'C onclu ding unscientific postscripl. With a new
152 «... cu an to m ás erudita, cuanto m á s excelen te es la defensa, tanto m ás desnaturali­
introduction (P rinceton . Princeton. Univ. Press. 1984). p. IX.
zado, abolido, debilitado queda el cristianism o, c o m o un eunuco.» S. V, IX. p. 228. Cfr.
144 S. V.. VII. p. 7. S. V., IV, pp. 234-237; Papirer, V A 7, p. 6: X -2 A 446, p. 318.
145 S. V. VII. pp. 7-8.
verdad, com o Jacobi, S pin o z a, Feuerbach. etc., pero el que sobresale por cirla religión a ú n a m o d a lid a d del espíritu h u m a n o o, lo que es peor, a un
en cim a de todos es Sócrates. contenido im plícito del p e n s a r objetivo. La abolición de la historicidad
E n c o n tra m o s el estudio explicito de la verdad en dos lugares que del cristianism o elim ina la verdad d e la p arad o ja, la m ás alta cúspide
se incluyen en el capitu lo seg un do y tercero de la segunda sección d e n ­ don de p uede llegar la interioridad h u m a n a . La «concepción infinita» de
tro de la parte segun da ,5\ T ra ta el prim ero de ellos de la verdad com o la razón h u m a n a con d u c e a la n e g a c ió n de la personalidad m ism a
subjetividad. El siguiente se centra en la realidad, teniendo co m o colofón de Dios l56.
su relación a la verdad. Esto justifica la división que hem os hecho en esta La pregunta kierkegaard iana se dirige directam ente a la verdad del
ob ra y que corresp o n d e a este capitulo y al q ue sigue a continuación. cristianismo, pero ésta sólo puede re s p o n d e rs e a través de la verdad m ism a,
Los co ntenid os cristianos so n largam ente desarrollados en el capitulo o sea, a través de la v erdad que el individuo h u m a n o , terriblem ente
cu a rto de la parte seg un da IM. A hí reaparecen las explicaciones sobre la inquieto p o r las noticias sobre el c ristia n ism o y sobre la felicidad que
no-verdad (el p ecado) y se c o m en ta p ro lijam en te el trasfondo de la promete, puede llegar a co n o c ery a a c e p ta r vitalmente. El p roblem a de la
paradoja. verdad no se excluye p o rq u e ap a rez ca la fe. Sócrates logró alc a n z a r la
Volviendo a nuestro pro b lem a , observam os en este m o m en to del p e n ­ verdad en su m ás intensa in terioridad sin la ayuda de la fe l57. Pero ta m ­
sam ien to k ierk e g aard ia n o u n a evolución de la p rob lem ática filosófica poco se elim ina con ello el in terrog an te sobre el cristianism o l5S. A m b o s
h acia las cuestiones cristianas. N o conviene ocultarlo, entre otras cosas asuntos van de la m a n o y en ellos h e m o s de sum ergirnos para h a lla r la
p o rque esta d u a lid a d m a rc a la vida entera del escritor S. Kierkegaard. verdadera solución a la cuestión q u e n o s interesa.
T a m p o c o d ete n d re m o s artificialm ente la discusión al to p a r con asuntos Kierkegaard recordará u n a y o tra vez, a través de la extensa investiga­
religiosos —tal com o h a c e n no pocos co m en ta rista s—, pues con ello se ción sobre la verdad, q u e lo buscado n o es u n a verd ad objetiva, aceptable
desvirtúa y e n m a s c a ra la filosofía total del autor. M enos a ú n caeremos en para el sujeto p o r sí m ism a, p o r ser « e n sí m ism a», «en su objeto», verdad,
la tentació n de convertir las conclusiones filosóficas en p reám bulos para sino que a n d a m o s tras u na verdad q u e el sujeto a cep tará o re ch azará d es­
la c o m p re n s ió n de la fe religiosa. C ad a esfera posee en la obra kierke­ pués de que él, com o sujeto libre, d e c id a o no establecer u n a relación con
g a a rd ia n a suficiente au to n o m ía , sin olvidar q ue K ierkegaard juzga la fe esa verdad. La a c tu a lid a d de esa relació n, la subjetividad que se arriesga,
c o m o el grado su p re m o de la existencia. En todo caso Kierkegaard se eso es lo que p reo cup a a Kierkegaard, p o rqu e ciertam ente en la p u r a y
p re ocupa en estas dos ob ra s (Smuler y Efterskrift) de la verdad en sí aislada objetividad no reside la v e r d a d l59. C o n esto ya tenem os el p re lu ­
m ism a, la v erdad q ue se tran sfo rm a en fuente de vida, la verdad que da al dio para co m p re n d e r las exposiciones que siguen.
h o m b re in q u ieto la p o s i b i li d a d de u n a re la ción au téntica c o n la
realidad. 1. La definición clásica
C iñ e n d o esta in q u ie tu d p o r la verdad al m ensaje cristiano, Kierke­
El capítulo q u e m ás nos atañe de Efterskrift 160 se a b re con un an álisis
g aard responde a las exigencias de su tiempo. P o r un lado, él estaba p er­
de la definición tradicion al de v e rd a d co m o « a d a eq u atio rei et intellec-
so n alm en te interesado en las evoluciones de la fe cristiana frente a la
tus».pero to m a d a en sentido crítico y co m o pu nto d e p a rtid a para su p r o ­
filosofía y la sociedad m o d ern a . Kierkegaard juzgaba que la fe debía pia concepción de la verdad.
reservar sus esencias m ás puras, sin prostituirlas co n las interpretaciones
a n trop olo gizantes de m u c h o s filósofos y teólogos y sin e n tra r en inconfe­ 156 A veces Kierkegaard une las interpretaciones filosóficas de Flegel (en otros luga­
sables co n niv encias con los poderes establecidos, con los m ovimientos res adjunta tam bién a algún pensador m ás) co n las con clu sion es ateas de Feuerbach, c o ­
socializantes o con la literatura barata. La verdad cristiana, en este y en mo. por ejem plo, en este texto: «Q ue por e sen cia lo eterno se haga (bliver til) en el tiem po,
que haya nacido, crecido, muerto, es una ruptura con todo el pensam iento. Por el contra­
todos los siglos, ha de p ro c la m a rse sin tapujos y sin disfraces. Lo dem ás rio. si el devenir de lo eterno en el tiempo es un eterno devenir, entonces toda la religiosidad B
es desvirtuarla y p r e p a r a r el ca m in o de la increencia. es abolida, «toda teología es antropología», el cristianim o pasa de [ser] una com unicación
P o r otro lado. K ierk egaard se resiste con todas sus fuerzas a la reduc­ existencial a |ser| una ingeniosa doctrina m etafísica que se relaciona con los profeso­
ció n de la fe p or la filosofía. M u ch a s filosofías, incluso con la b u e n a res...» S. V. VII. p. 570.
157 «... En su ignorancia, en el más alto sen tid o dentro del paganism o, [Sócrates|
v o lu n tad de s a lv a g u a rd a r las esencias de la religión l55, h a n querido re d u ­ estaba en la verdad.» S. V. VIL p. 190.
158 Inm ediatam ente después del capítulo d ed icad o a la verdad, Kierkegaard escribe
153 S. V. VIL p. 174 s. p. 288 s. un apéndice sobre el sentido cristiano de todas las obras pu blicad as hasta ese instante
154 5. V. VIL pp. 349-577. por él m ism o. Cfr. S. V.. VII. pp. 237-287.
155 E s el c a s o de Schleierm acher, a quien Kierkegaard unas veces critica (cfr. Papirer, 159 S. V„ VIL pp. 114-116.
II A 91, p. 56, don de señ ala el error de la definición schleierm acherian a de la religión) y 160 N os referim os al cap. 2: «La verdad subjetiva, la interioridad: la verdad es la
otras elogia (cfr. Papirer, X-2 A 264, p. 194. alabando su con cep ción de la ascesis). subjetividad.» S. V. VIL p. 174 s.
En este análisis pueden c o m p ro b a rs e algunas s em eja nzas y diferen­ P ara q ue haya preg unta p o r la v e r d a d , d ebe producirse u n a im p lic a ­
cias entre los resultados de sus anteriores reflexiones (en J. C. eller De ción directa del «espíritu h u m an o » e n el proceso. El ser del que se h a b la
óm nibus dubitandum est) y las actuales. no q ueda redu cid o al mero ser exterior. El p e n s a r no p erm anece en su
El párrafo inicial dice: «Ya sea que se determ ine (bestem m er) la ver­ pura in determ inació n. La c o n tra d icció n de am bo s en el espíritu existente
dad (Sanhed) más em píricam ente como acuerdo del pensar (Taenkens) coh hace em erger el interrogante por la verdad.
el ser (Vaeren) o m á s idealísticam en te,co m o acuerdo del ser (Vasrens)con Esto no son interpretaciones, s in o co nclusión literal del p rop io K ier­
el p e n s a r (Taenken), im po rta en am bos casos p o n e r la m áxim a atención kegaard. La respuesta abstracta al p ro b le m a de la verdad sólo es válida
en lo que se entien de p o r ser (Vaeren), y estar atentos tam b ién a que no se para esa cosa ab stracta (A bstraktum ) en que se convierte un espíritu exis­
transfo rm e en g a ñ o s a m e n te al espíritu h u m a n o cognoscente (vidende tente que p rescin de de sí m ismo en c u a n t o (qua) existente. La pregunta
m enneskelige A a n d ) en lo in d e te rm in a d o (Ubestemte) y se le convierta por la verd ad se form ula al espíritu existente en c u a n to tal, en c u a n to
fantásticam en te en algo (noget S aad a n t) que n in g ú n h o m b re existente espíritu existente IM. F u n d a m e n ta lm e n te sólo p regunta po r la verdad un
(eksisterende M en n esk e) n u n c a ha sido ni puede ser...» I61. espíritu existente y casi seguro que lo h ac e con la intención de existir en la
T a n escueta afirm a ció n encierra varios elem entos valiosos y que verdad; pero en todo caso quien interroga p or la v erdad es siempre c o n s ­
m anifiestan p arc ia lm e n te los propósitos de Kierkegaard. ciente de ser «un ho m b re existente ú n ico (ct eksisterende enkelt M e n ­
K ierkegaard recuerda la doble interpretación que ha tenido la defini­ neske)» l6\
ción clásica de verdad, u n a de corte m ás em pírico y otra de tono m ás N o tem os que el n o m b re del «tercer térm ino» de la relación ha c a m ­
idealista. E n a m b a s están presentes los dos m iem b ros que n u n c a deben biado. Ya no se d e n o m in a con c ie n cia (Bevidsthed), sino «espíritu exis­
faltar a la cita de la verdad: la idealidad y la realidad, d e n o m in a d o s a h o ra tente» (eksisterende Aand). Es el q u e Kierkegaard m a n te n d rá con m as
p e n s a r (Taenken) y ser (Vaeren). constancia, a u n q u e pod em os observar q u e su función y sus conten id o s
En estas dos in terp retacion es debe ponerse especial esm ero en la inte­ son idénticos. Quizás la expresión «eksisterende A and» pretende a p u n ta r
ligencia acertad a de lo que se relaciona: en p rim er lugar el ser, y luego, más directam ente a la doble esfera q u e desea relacionar, la del ser(eksiste-
c o m o instancia q u e posibilita el enc u en tro c read o r de la verdad, el rende) y la del p e n s a r (Aand). pero c o m o u n a id en tidad nueva, no c o m o
pensar. algo reductible a u n a de las dos. Adviértase, sin em bargo, que en sus a n t e ­
La p re o cu p ac ió n p rim o rd ia l no está en la descripción detallada de lo riores reflexiones d e aquel esbozo in é d ito ya K ierkegaard h a b ía definido
que ha de enten derse por ser y p o r pensar, sino m ás bien en el tercer tér­ expresa y directam en te la co nciencia com o espíritu iM'.
m ino. el que es im prescin d ib le en la b ú sq u e d a de la verdad, aquel que Vemos m ás claram en te la referencia a sus análisis precedentes c u a n d o
h ac e posible la relación en tre ser y p e n s a r y q ue a q u í lo llam a «espíritu vuelve a m e n c io n a r la diferencia e n tre la pregu nta p o r la verdad co m o
h u m a n o cogno scente» y « h o m b re existente» 1W. contradicción y co m o sim ple reduplicación. Esta últim a pone en p r e s e n ­
H e m o s re en co n tra d o los tres elem entos de aquella tríada en la q u e se cia los dos factores (el ser y el pensar), pero el m odo de relación es d i s ­
p la n te a b a la preg u n ta por la verdad con la nueva form ulación de: 1) Ser tinto. La red up licación abstracta « c o n o c e» esos dos elementos, pero sólo
2) P e n s a r 3) E s p iritu -H o m b re existente cognoscente. C onviene pre ca­
verse de la tentación de falsificar la relación p ro fu n d a entre ellos. Bajo 164 «For den eksisterende A and qva eksisterende Aand bliver Spprgsm aalet igjen om
nin g u n a ra zó n debe caerse en los extrem os em piristas o idealistas, pues Sanheden.» 5. V.. VII. p. 176. Poco m ás adelante (p. 177) repite la m ism a frase.
ni en el ser-realidad ni en la id e a lid a d -p e n s a r aislados se halla la verciad. 165 5. V. VII, p. 177. Traducim os el térm ino enkelt (ún ico, singular, individual, parti­
cular) según el contexto,-aunque sabem os q u e único sería lo m ás preciso, tal com o o p i­
Lo im po rtan te es m a n te n e r c o n firmeza la im plicación del sujeto en la nan los que m ás lo han estudiado. El escrito Den Enkelte. Tvende « Noter» betrceffende m in
tríada y que no se le reduzca a la in determ inació n, pues con ello nos Forfatter-Virksomhed (El único. Dos «Notas» referentes a m i actividad de escritor). S. V.. XIII.
h a b re m o s d esviado de la send a de la verd ad para to p arn o s co n un pp. 627-655, basta para entender con claridad el sentido de esa palabra. Haecker. desd e
una interpretación m etafísico-religiosa, ha r ela cio n a d o la verdad c o n el Uno. Cfr. T. H a ec ­
fantasm a l6\
ker. Der Befriffder Wahreu bei Soren Kierkegaard. en Essavs (M ünchen, Kóscl-Vcrlag. 1958).
161 S. V.. VII. p. 174. pp. 405-413, d on d e alu d e a En L eiligheds-Tale (Un discurso de circunstancias) (S. V.. VIII.
162 «V idend e» (sapiente, con oced or) es sustituido en otros lugares por «erkjenden- pp. 131-284) dedicado al Enkelte. Lowith o p in a que esta categoría del único caracteriza la
de» (reconocedor, cosn oscen te). «M en neske» (hom bre) aparece poco, m ientras «espíri­ concepción entera de Kierkegaard sobre la ex isten cia . Cfr. K. Lowith. «Kierkegaard: Q uel
tu» (Aand) y «sujeto» (Subjekt) a com p añ an con más frecuencia a «existente» (eksisteren­ singolo». en Studi Kierkegaardiani, p. 187 s.
de). 166 «B evidstheden er Aand og dette er m eervelige. at naar i A andens Verdcn Een
163 Fan'asm a con el que se encuentra ocasion alm en te el individuo y que es un pro­ deles bliver den 3 aldrig 2» («La conciencia e s espíritu y esto es lo m aravilloso, que c u a n ­
ducto de la loca im agin ación. C on esta alusión al «espíritu abstracto» de Hegel cierra do en el m undo del espíritu uno es com partido, se h a c e 3. nu nca 2»), Papirer. IV B l.p . 148.
Kierkegaard el párrafo citado. Cfr. S. V.. VIL p. 174. Cfr. p. 43 de nuestra obra.
la existencia de quien pregunta (Eksistentsen selv i S p 0 rgeren) es capaz del d ev e n ir l72. Así en te n d id o el ser. n o p u ede p lantearse en sentido
de separarlas u na de otra (h o ld e r de tvende M o m en ter ud fra h inan- estricto la p reg unta por la verdad. R eco rd em o s: en la sola realidad, en la
den) IM y de co n trad ecirlas en el seno del propio sujeto. in d eterm in ac ió n , en la inm ediatez, n o h ay co n c ie n cia ni d u d a ni
C o m o antes di jimos, la p re g u n ta por la verdad, incluso c o n ta n d o con verdad.
idénticos elem entos (idealidad y realidad) para resolverla, p uede p l a n ­ Si al devenir del objeto em pírico le a ñ a d im o s el propio devenir del
tearse recta o falsam ente según sea el pu n to de partida. Si se abstrae del sujeto cognoscente, del «espíritu existente cognoscente». co ncluirem o s
sujeto do n d e se efectúa el en c u e n tro de am b as, la verdad q u ed a conver­ que toda verdad es en este p la n o u n a «aprox im ación ». El interrogante
tida en algo objetivo (et Objektiv). en un objeto (G je n sta n d ) l6R. Si se m a n ­ por la v erdad que pretende resolverse en la em piria está privado de la
tiene la tensión b ip olar en la subjetividad, entonces la verdad se transform a co nfrontació n c o n el pensar, n o se h a e n c o n tra d o todavía con la id eali­
en interioridad (Ind erlig hed en) ,My p o d em o s llegar a lo m ás p ro fu n d o de dad. El p ro b le m a de la v erd ad proyectado sobre un objeto in a c a b a d o es
la verdad en sentido subjetivo. irresoluble, porque ni siquiera existe la p o sib ilid ad de formularlo: si no
S obre esta distinción fu n d a m e n ta l volveremos de inm ediato, pues es hay ac a b a m ie n to del ser, tam poco p u e d e h a b e r co m ienz o (Begyndelse).
lo que diferencia la co n c ep ció n de la verdad de K ierkegaard de la de otros La resolución (Slutning) de la p reg u n ta p o r la verdad nos lleva a h a b l a r
autores. Antes h em o s de c o n o c e r otro elem ento im p ortante de su crítica del co m ie n z o de la filosofía, el a s u n to que tantas turbacion es de á n i m o
de la definición clásica de verdad. trajo al joven J o h an n e s Climacus.
K ierkegaard prosigue su exposición: «Si en las dos definiciones (Bes­ Antes de abordarlo, v eam os d ó n d e ha q u e d a d o p lan tea d a la cu e s ­
temmelser) d a d a s se entiende p o r ser el ser empírico (empiriske Vaeren). la tión.
verd ad m ism a se transform a en un d esid eratur (sic) y todo está colocado P ara so lu cio n ar la preg un ta por la verdad, debe h a b e r un c o m ie n z o
en el devenir (Vorden) l7". p o rq u e el objeto em pírico (empiriske G j e n ­ «bueno».Este co m ienzo no debe ser algo exclusivo del « p en sar i n m a ­
stand) no está a c a b a d o (fa'idig) y el espíritu existente cognoscente (eksis­ nente». tal co m o ya lo sa b ía m o s de a n tes: en la id ealidad no es posible
terende erk je n d e n d e A and ) está él m ism o en devenir (i Vorden). y tal ningún cu estionam iento sobre la v e r d a d y sobre la duda. Es lo que repi­
verd ad es un a a p ro x im a ció n , cuyo co m ie n z o no pu ede ponerse ab s o lu ta ­ te en este contexto, pero a p o rta n d o u n a n ueva propuesta: «la fuerza de
m ente (absolut). p o rq u e pre cisam en te n o hay nin g ú n fin. lo que tiene la decisión». ¿Qué significa q u e «el c o m ie n z o » ha de hacerse por la fuer­
po d er retroactivo: lo c o n tra rio [sucede| en u n co m ien zo (si no es a rb itra ­ za de u n a decisión, de u n a fe? La respuesta su pon e e n tra r con cierta a m ­
rio. porque 110 se es consciente de ello), cu a n d o se hace (gj0res) no p or plitud en u n a larga polém ica de K ierk eg aa rd con Hegel.
la fuerza del p e n sa r in m a n e n te (Kral't a f d en im m a n en teT a sn k n in g ). sino
cuando,ví' hace p o r la fuerza de u n a decisión (Beslutning). esencialm ente 2. La decisión en el punto de partida
p o r la fuerza de la fe» :71.
En este p árrafo h ay dos p arte s claras, u n a m ás atenta al ser (empírico) P ara to m a r el p ro b lem a d e la v e r d a d de form a con creta y real, h e ­
y la otra al p e n s a r (inm an e n te ). K ierkegaard reduce la p rim era a la c o m ­ mos de c o m e n z a r el discurso filosófico con rigor. Es lo que p re te n d ió
prensión del a c a b a m ie n to (te rm in a c ió n ) del ser. Y reenv íala s e g u n d a a l a Kierkegaard reto rn an d o a Descartes y a s u m ie n d o la d u d a con todos sus
difícil cuestión del c o m ien z o : c o m ie n z o del pensar, del ser, de la existen­ cuestionamientos. La d u d a revela la c o n c ie n c ia que es la co ntrad icció n
cia. del Sistema, de la filosofía. entre re alidad e idealidad. D e sde a q u í llegarem os al d escu b rim ie n to de
Si en ten d e m o s el «ser» de la defin ició n de verdad com o u n ser e m p í­ la prim acía de la «decisión» e n el in te rro g a n te p o r la verdad.
rico. resulta q ue h ac em o s d e la verd ad u n eterno «desideratur», algo que Según la interpretación de K ierkegaard, Hegel trastocó p o r com p leto
se ansia, pero que n u n c a p u ed e ser alcanzado. El objeto em p írico está el sentido de la d u d a cartesiana c o m o inicio del verdadero filosofar l73.
siem pre in aca b ad o , puesto q ue c o n tin u a m e n te sufre los c a m b io s propios Por ello es necesario d e n u n c ia r la t e o r ía hegeliana del com ienzo. K ier­
kegaard lo p ro c la m a a m en u d o , in clu so en sus Papirer l74, pero de m a n e -

167 ,v. 1 . VIL p. 177. 172 Kierkegaard da una exp licación d eta lla d a (y en discusión con H egel) sobre el
168 Ibidem . devenir en Smuler. Cfr, S. V. IV. pp. 265-267. E l devenir está en relación con la libertad,
169 Ibidem. surge de ella. Su verdad consiste en q u e el d even ir y todas sus causas rem iten últim a y d e ­
170 Vorden corresponde ¡il alem án nenien, pero su utilización en la lengua danesa finitivamente a una causa que actúa librem ente. Ib., p. 267.
os poco frecuente. Suele usarse m ás blive til,con idéntico sentido. La traducción al espa­ 173 Cfr. n. 53 de nuestra obra.
ñol es siem pre difícil, aunque la filosofía ha generalizado el em p leo de devenir, hacerse, 174 Papirer. III. A 48, pp. 22-23. «La co n c ep ció n kierkegaardiana del co m ien zo del
llegar a ser.D am os estas version es, pero con la referencia original entre paréntesis. pensamiento im plica una nueva con cep ción del pen sam ien to m ism o...» C. Am orós. Sflren
171 ,V. V.. V il. pp. 174-175. Kierkegaard o la subjetividad del caballero (M adrid , Anthropos. 1987). p. 209.
ra m ás o rd e n a d a y sistem ática lo hace a proposito de sus com entarios
En efecto. Lessing se enfrenta al h iato existente entre las realidad es
sobre Lessing. N o seguirem os tod a la discusión, p orque es innecesario. históricas contingentes y las v erdad es eternas de la razón, y establece
Bastan aquellos p asajes q u e re sum e n fielmente la po stu ra kierkegaar­ que a qu ellas n u n c a p o d rá n servir d e p ru e b a a éstas. Este tema le in te re ­
d ian a contra Hegel. sa s o b re m a n era a Kierkegaard. p re o c u p a d o co m o está p o r la fu n d a -
k ie rk e g a a rd se sirve de dos frases literales de Hegel p a r a discutir lo
m entació n de la felicidad eterna e n u n acontecim iento histórico. La
que él llama la dialéctica del c o m ien z o del Sistema, o sea, el com ienzo única solu ción ad m isib le q u e Lessin g discurre es u n salto capaz d e tr a s ­
de la filosofía en versión hegeliana. pasar el ab is m o existente entre ellas. Lessing confiesa que, pese a h a b e r
La prim era afirm a c ió n es ésta: «el Sistema com ien z a con lo in m e­ intentado ese salto m u c h a s veces, j a m á s logró fr a n q u e a r el abismo.
diato» l7\ ¿P ued e partirse de lo inm ediato (U m iddelbare). pued o co­ D espués de c o n f ro n ta r a Lessing c o n Jacobi l8\ Kierkegaard a g r a d e ­
m e n z a r inm ed iatam en te? La respuesta de K ierkegaard es u n no rotundo. ce al p rim ero h aberle co n firm ad o e n sus intuiciones acerca del «salto»,
Si se adm ite q u e el Sistema vien e después de la existencia (Tilveerelse), del que ha h ab ía h a b la d o en su o b r a Frygt og Bceven. (Tem ory temblor).
eso significa q u e el Sistem a p u e d e c o m e n z a r así, c u a n d o resulta, com o concibiéndolo co m o la decisión p o r excelencia IX4. Kierkegaard se l a ­
es obvio, que n o c o m ie n z a in m e d ia ta m e n te con la inm ediatez con la menta a la vez de que Lessing no h a y a d esarrollad o m á s esta idea, pero
que la existencia h a c o m e n z a d o , sino que re alm en te co m ie n z a p o r un discrepa de él tanto en el tono (cristian o) de su co m p re n sió n del salto,
acto de reflexión v,\ como en la im p ortan cia concedida: n o es la a n c h u r a «m aterial» del
E x plicand o d e qu é reflexión se trata. K ierkegaard a firm a que, para abism o lo que im pide el salto, sino la p a s ió n dialéctica interior q u e da
d a r lugar'al co m ie n z o , la reflexión «tiene que detenerse» en algún ins­ al abism o u n a a n c h u ra infinita 11,5.
tante. Esto sólo p u e d e lograrse co n u n a decisión (Beslutning) l77. T en e­ Volvamos a h o ra el tem a del c o m i e n z o del Sistema, de la filosofía y
mos. entonces, q u e ya no existe un co m ienz o absolu to sin presuposición del interrogante p o r la verdad.
y desde lo in m ed iato . C o m o elem en to divergente en el m o m e n to inicial ¿Cuál es la diferencia entre el c o m ie n z o que da Hegel a su sistem a y
de la filosofía ha surgido la decisión. el que da K ierkegaard a su filosofía d e la existencia? La respuesta es c la ­
La segunda frase q u e cita Kierkegaard es la siguiente: «el Sistema ra, según el último. Sistema y existencia no p u e d e n ir jun tos: «para p e n ­
com ienza con la n a d a (Intel)» ,TS. ¿Cóm o puede explicarse eso? Kierke­ sar la existencia (Tilvasrelse) el p e n s a m ie n to sistemático debe p e n s a rla
gaard no halla respuesta. U n ic a m e n te se afirm a con ello lo m ism o que como su p rim id a (ophaevet). no c o m o existente» l86, p o rqu e entre a m b o s
buscamos. « C o m e n z a r con la n ada no es ni m ás ni m enos q u e u n a cir­
hay un algo ra d ic alm en te distinto. L a existencia separa y m antiene lejos
cunlocución p ara la dialéctica m ism a del co m ien z o » l79. N o hem os a una de otra. El Sistema es lo q u e las une y coordina.
avanzado, concluye K ierkegaard. ni un paso. P ues «no hay com ienzo» Estam os de nuevo a n te las dos esferas que se presencializan en el
y «el com ienzo se inicia c o n la n ada» son proposicio nes to talm ente id én­ inicio del filosofar y en la ruta h a c ia la verdad: «La idea sistemática es
ticas lsü. «¿Qué [sucedería! si en lugar de h a b la r o s o ñ a r co n u n com ienzo el sujeto-objeto (Subjekt-Objektet), es la u n i d a d de p e n s a r y de ser
absoluto, h a b lá s e m o s de un salto? (et Spring)» m. Esta p a la b ra le trae a la
(Tamken og Vieren): la existencia (Eksistents), en cam b io, es la s e p a ­
m em oria el n o m b re de Lessing. con quien tam b ién h a b ía discutido y de
ración (Adskillelsen). D e a h í no se sig ue en a b s o lu to q ue la ex istencia
q uien se h ab ía b u rla d o p o r su im potencia para d a r ese «salto» 1X2. esté sin p e n s a m ie n to (tankel0s).sin o q u e ella h a s e p a ra d o y separa sujeto
de objeto, p e n s a r de ser» l87. N ótese la claridad de su postura: q u e la
existencia los tenga sep arad os no im p lic a supresió n d e ninguno, t a m p o ­
175 S. V. VIL p. 99. Cfr. G . W. F. Flegel. Wissenschaft d erL ogik (Stuttgart. Jub. Ausg. -1 co del pensar, sino que los m a n tie n e siem pre distintos dentro d e u n a
1958) IV. p. 69 s. M. Alvarcz explica con claridad el problem a del c o m ie n z o de la Lógica dialéctica creativa. Es lo m ism o q ue an te s se decía con la palab ra « c o n ­
y su s repercusiones en la co n c ep ció n del ser. Cfr. M. Al vane/. G óm ez. Experiencia y siste­ tradicción». La co ntradicció n entre ellos, sostenida co n tin u am en te, ha-
ma. Introducción al pensam iento d e Hegel (Salam anca. U n iversidad Pontificia. 1978). pp.
223-234. 183 5. V. VIL pp. 88-94.
176 \ I . V il. p. 100. 184 Kar'E^oxriv. dice textualmente. Cfr. S. V. VIL p. 93. En Frygt og Bit-ven es m ás e x ­
177 Ib., p. 101. presivo: «Para esto hace falta pasión. Todo m ovim iento del infinito se efectúa por la pasión y
178 Ib., p. 102. Cfr. G. W. F. H egel. Wissenschaft der Logik. p. 78 s.
ninguna reflexión puede crear un movimiento. E s el salto continuo en la vida (idelige Spring i
179 S. V. VII. p. 103. Tiharelsen) lo que explica el movimiento (...). L o q u e falta en esta época no es reflexión, es
180 Ibidem. Kierkegaard iron iza frecuentem ente sobre ello: «C on la nada' comien­ pasión.» S. V.. III. p. 105. a pie de página.
za el Sistema, con 'la nada' acaba siempre la.m ística.» Papirer. X-2 A 340. p. 246. 185 S. K. VII. p. 187.
181 S. V. VIL p. 103. 186 S. V.. V il. p. 106.
182 S. V. VII. p. 91. 187 5. K. VIL p 111.
cc nacer la conciencia y. con ella, la inquietud p o r la d u d a y la pregunta Es con este c a rá c te r reduplicador de la existencia con el que c o m i e n ­
p or la verdad. El térm in o que distingue a m b a s m a n eras de co n c eb ir la za la verdadera filosofía. Y no de u n a m a n e ra cualquiera, sino a través
filosofía es el tercero de la tríada: la existencia en cu a n to existencia del de algo que está en su m ano, en su c a p a c i d a d c o m o existente: el salto.
su jeto que vive la c o n tra d icció n entre el p en sar y ser. Saltar es h u m a n o , es p erten ecer a la tierra |t,\ El ser h u m a n o p ued e lo­
El existente que p o ne toda su atención en el h echo de que él es un grarlo.
existente, puede c o m p ro b a r el acierto de su em peño. Por el contrario, el Es eso lo que se p ide para iniciar la b ú s q u e d a de la verdad, un acto
existente que se olvida de su existir, se h ará m ás y m ás distraido y acab ará de ruptura, un salto e n el vacío, una decisión que p ued a dar origen al
cayendo en las redes del Sistem a ll!K proceso de la co n c ie n cia y de la existencia ante el p en sa r y ante el ser.
Para obviar este peligro, es preciso recordar que filosofar no es h a ­ Por ser «salto» esta decisión tiene u n cierto carác te r inm otivado, está
b la r fantásticam ente a seres fantásticos, sino dirigirse a existentes. Esta como carente de justificación racional y. por ello, es comparable a la fe.
forma de hacer filosofía sin p re s c in d ir ja m á s del existente, va de la m a n o H ablarem os de ésta m ás tarde. R egresem os al p ro b le m a de la verdad
misma.
c on el esfuerzo c o n tin u a d o , c o n la tensión perm a n en te. Es lógico que u na
filosofía de este talante exprese la concepción ética que el sujeto existente
tiene de la vida Im y ta m b ié n q u e esta filosofía m ás sencilla, transm itida
3. La verdad objetiva
p o r un existente a los existentes, ponga m ás de relieve a la ética l9ft. No
sucede así con la filosofía del Sistema que, c u a n d o term in a de co n s­
truirse, h ace d es a p a re c e r la ética |1>l. La definición clásica de verd ad a d m ite u n a d oble interpretación, pero
no tanto con el significado corriente que ha a p u n t a d o Kierkegaard
La filosofía y la v erdad sólo son posibles c u a n d o se realiza la c o n tra ­
(empírica o idealista), sino con otro m u c h o m á s original. Es lo q ue d e se a­
dicción entre sujeto y objeto, p e n s a r y ser. id ealid ad y realidad. Si se
mos m ostrar con estos dos calificativos (objetiva y subjetiva) de la ver­
«objetivan» los térm inos, la v erdad queda reducida a un acuerdo del dad.
p e n sa r consigo m ism o ,n . La subjetividad existente, im prescindible para
evitar este error, tam b ién se esfum a y pasa a ser u n a «determ in a ció n ob je­ Si to m am os el ser e n un sentido abstracto, p rescin d ie n d o de lo que
tiva». algo que n in g ú n h o m b r e existente es. La verdad era subjetividad es «in concreto» co m o ser empírico, ten d re m o s una definición de la
existente se volatiliza y sólo se alc a n z a u n a relación abstracta entre el ser «verdad abstracta», es decir, la que ha sido d e te r m in a d a abstra ctam en te
como algo ac abad o. E n efecto, el ac u e rd o ab stracto entre p en sa r y ser
y el p e n sa m ie n to |g\
está siem pre g arantizad o. Las objeciones q u e surgen por la presencia
La filosofía, la pregu nta p o r la verdad, el interrogante de la d u da, no del devenir d esa p are cen , pues éste p e rte n ece a lo concreto que justa­
p ueden iniciarse ni p o r la sola realidad ni p or la abstracta idealidad.
mente ha sido volatilizado p o r la ab stra c c ió n l%. La relación entre p e n ­
¿C óm o se iniciará el proceso, c ó m o se posibilitará el encuentro, cóm o
sar y ser deja de ser dialéctica, contradictoria, desde el m o m en to que
surgirá la co ntradicció n que sostiene la sep aración dialéctica entre
privamos a la realidad de su carácter p ro p io , el o p u esto a la idealidad.
ellas? E ntendiendo la v erdad así. o b serv arem o s que en el fondo no es m ás
P or un proceso del pensar, p or un «paso lógico».-no es posible, p o r­ que una tautología |1)7. D esig nan do el p e n s a r y el ser (abstracto) una
q ue convertirían esa reflexión en un acto de reflexión objetiva. T am p o­ misma cosa, la co n c o rd ia entre a m b o s es sólo u n a identidad abstracta
co por un ch oqu e directo con la realidad, pues faltaría la categoría redu- (abstrakte Identitet) consigo misma. C o n la fórm ula de adecuación entre
p licadora del pen sa m ie n to . T e n e m o s que ac u d ir a otra in stan cia q u e está las «res» y el «intellectus» se nos dice lo m ism o q u e co n la simple e x p re­
a m itad de ca m in o , q u e las p uede a p ro x im a r e in terrelacion ar p r o f u n d a ­ sión «la verdad es». Q u iz á s lo único q u e v aría es que con la últim a se
mente: la existencia c o m o tal l94. acentúa la cópula es. D e sd e la objetividad, p o r consiguiente, «la verd ad
es una reduplicación; la verdad es lo p rim e ro , pero lo segundo de la ver­
1X8 Ib., p. 109. dad. que es. es lo m ism o que lo prim ero, [pues] su ser es la forma
189 Ib., p. 110.
190 Ib., p. 109.
191 Ibidem .K ierkegaard se atreve a com parar la filosofía hegeliana con los sistem as 195 «Pero volar sig n ifica que' se está libre de las c o n d ic io n es terrestres. lo q u e está
panteístas. ya que am bos suprim en la diferencia entre el bien y el mal. y. con ella, la li­ reservado sólo a las criaturas con alas, quizás a los habitantes de la Luna, donde a caso el
Sistema tiene sus verdaderos lectores.» Ibidem.
bertad. Cfr. S. K. VII. p. 110.
196 S. V. VII. p. 175.
192 Ib., p. 111.
193 Ibidem. 197 Ibidem. Q ue la verdad así concebida e s tautología, lo repite Kierkeeaard varias
veces. Cfr. S. V. VII. p. 112. p. 174.
194 Ib., p. 112.
abstracta de la verdad » IW. E stam o s ante u n a reduplicación c o m p le ta ­ Y la verdad co m o ap ro x im a c ió n no es la v erd ad qu e buscam os. La s u b ­
m ente abstracta del p e n s a r y del ser. Y esto es lo que se pretende que jetividad en esta ficción de verdad ta m p o c o es la que se necesita p ara el
aceptem os co m o verdad. encuentro profun do entre realidad e idealidad. Esa subjetividad es u n a
P o r este c a m in o de abstra cció n puede c o n tin u arse indefin idam ente, forma ab stracta de la objetividad. T o d o el e rro r proviene de la carencia
a u n q u e hay q u e pagar un precio po r ello: olvidarse de sí m ismo com o de decisión eterna (evig Afgjorelse), q u e reside en la auténtica subjetivi­
existente ,<w. El individuo q ue hace tantas concesiones a esta m a n e ra de dad -05.
c o n c eb ir la v erdad ac ab a víctima de la ab stracció n y term in a p o r tras- C u rio sa m e n te la vía objetiva c r e e g o z a r d e u n a seguridad que no
form arse en esa id en tid ad p u ra , en esa tautología. El ser no se dice de sí posee la vía subjetiva, y q ue es e sc ap ar al peligro de la locura. Esta a p r e ­
m ism o p o rqu e el pen san te lo sea (un existente), sino solam ente p orque ciación resulta sorprend ente por dos razones: 1) Existencia y seguridad
este in dividuo es pensante. El acento está puesto en el cogito y no en el objetiva n o p u ed e n a n d a r juntas. La existencia co m po rta riesgo e incer-
sum 20°. El ser relegado desde el c o m ie n z o concluye a n iq u ila n d o al in d i­ tidumbre. 2) C u a n d o se determ ina l a verd ad p o r la vía subjetiva es im ­
viduo com o existente y re du ciénd olo a puro pensar. posible distinguir la locura de la verdad.
La vía de la reflexión objetiva hace del sujeto algo contingente y de La prim era ra z ó n no es m á s que u n a reiteración en la distinción e n ­
la existencia algo indiferente, algo d ifu m in a d o 2I". No se crea que ésta es tre existencia y objetividad. Ya co m e n ta re m o s las co nsecuencias p ara el
una co nse cuen c ia in volu n ta ria de las filosofías abstractas. Es algo q ue­ riesgo y la incertidum bre.
rido y deseado. C u a n to m ás se aleja del sujeto, más p ro n ta m e n te se M ás interesante es ah ora la segunda. K ierkegaard cita com o m odelo
acerca u n o a la verdad objetiva. Si se logra que el sujeto y la subjetivi­ a D o n Quijote, q ue represen ta el t i p o de «locura subjetiva en la qu e la
d ad lleguen a ser to talm ente indiferentes, la verdad se hará tam b ién in ­ pasión de la interioridad se centra en u n a idea d e te rm in a d a de orden fi­
diferente y esto le conferirá m a y o r valor objetivo 2o:. El interés y la deci­ nito que se hace fija» 2116 .¿Por qué esta fijación, p o r qué este peligro?
sión 170 pertenecen al reino de la «verdad», sino al de la subjetividad. La v erdad y la locura tienen su p u n t o de p artid a en la in terio rid ad
La reflexión objetiva nos lleva al p e n s a m ie n to abstracto, a las m ate­ como decisión a p a sio n a d a. L a v erd ad e n el sentido subjetivo con q u e
máticas. a los saberes históricos de todo tipo. Estam os redescubriendo Kierkegaard la c o m p re n d erá , podría en un m o m en to d a d o co n fu ndirse
la «reflexión» que c o n d u c e a verdades hipotéticas, com o vim os en con la dem encia. El argu m e nto es falaz, contesta Kierkegaard en u n a
Johannes Clim acus 2"'. La c o n tra d icció n vital, la p re ocupación p o r el ser y breve nota, pues la locura no tiene la in terio rid ad d é l o infinito. Su idea
el no-ser (Tilvíerelse og ikke Tilvíerelse), tan im p o rta n te p ara el sujeto fija es u n a especie d e cosa objetiva q u e quiere a b raza rse con pasión. Lo
com o decía H am let -04, d esaparece del horizonte. que h u n d e en la locura no es lo subjetivo, sino esa pequeña parte de fi­
Si. p or desgracia, el sujeto n o consigue volverse ra dicalm ente indife­ nito que h a sido fijada 207.
rente a sí m ism o p a r a acceder a la verdad objetiva, será p orq ue su aspi­ La verdad objetiva no tiene el riesgo de la locura. Está carente de p a ­
ración a ella no es a ú n b a s ta n te objetiva. C ab e m ejorar su e m p e ñ o y sión y de interioridad suficiente. A u n q u e ta m b ié n es cierto que p o r sí
realizar u n a abstracción m á s absoluta de la subjetividad. misma no d em u estra que u n o esté e n sus cabales. U n o puede estar loco,
Pese a tod o s los esfuerzos de la abstracción, por ahí ja m á s se llegará afirm ando cosas perfectam ente v erd ad eras desde el p unto de vista o b je ­
tivo 208.
a la verdad, sino sólo a u na hipótesis, a u na ap ro xim ación de la verdad.
La vía de la reflexión objetiva n o s desvela p arad ó jic a m e n te m u ch o s
elementos de la v e rd a d q u e buscam os.
198 Ib., p. 175.
199 Ib., p. 176. Si nos m a n te n e m o s en el cam po de la objetividad y de la idealidad,
200 La discusión sobre la d efin ición de existencia real es interesante y larga. Aunque llegaremos a u n a verdad sólo objetiva, abstracta. Esta n o es la verdad
n o nos deten em os en ella, volverá a aparecer. Kierkegaard repudia el pen sam ien to que que persegu íam os desde el co m ien z o , cu a n d o in te n tá b a m o s sep a rar la
abstrae de la existencia individual y califica la fórmula de D escartes com o una «tautolo
conciencia de la p u r a idealidad. T am po c o la v erd ad com o tautología s a ­
gía». Cfr. S. V. V il. p. 304.
201 Ib., p. I7S. tisface n u estras ansias. La «reflexión», la reduplicación del ser en la
202 ib., p. 17°). Según M. C. Paredes. H egel no con cib e la verdad según estos esque­ idea sin que éstos en tre n en relación dialéctica, es m era tautología, c o ­
mas. es decir, corno algo vacío, ahistórico y separado del tiem po. «La verdad se define mo h em os dicho. N i siquiera nos sirve esa cierta «apro x im a ció n d e ver-
por su con creción y por su papel activo en la vida de los hom bres.» M. C. Paredes. Géne­
sis del concepto d e verdad en el joven Hegel (1792-1801) (S alam an ca. Ed. U niv. de Sala­
205 S. y.. VII. p. 179.
m anca. 19X7). p. 158.
206 Ib., p. 181.
203 Cfr. p. 43 de nuestra obra.
204 K ierkegaard no da aquí la referencia concreta del drama de Sh akesp eare (acto 207 Ib., p. 179. a pie de página.
208 Ib., p. 180.
III. escen a 1).
d a d » q u e p o d ría surgir del interro gan te p or la verdad, a u n q u e se pre­
Si m iram o s el inicio de la frase, o b s e iv a r e m o s que se llam a la a te n ­
scindiera del sujeto, se le co n c ib ie ra c o m o abstracto o se le alejara de la ción sobre la pregunta por la verdad. E n la p re g u n ta por la verdad n o está
co ntra d icció n entre id e alid ad y realidad. Falta subjetividad, no hay rup ­ la respuesta a la verdad, pero sin u n a correcta p regunta j a m á s llegare­
tura. decisión, ni salto. Este es el principal defecto de la «verdad objeti­ mos a la verdad. El a r ra n q u e de la filosofía y del interrogante por la ver­
va» y de toda reflexión q ue pretende c o m p re n d e r objetivam ente la ver­ dad predefinen la verdad misma. Si se pregunta «objetivam ente» p or la
dad. verdad, sólo se logrará u n concepto ab stracto de verdad. Si se p reg unta
U na larga fiase, que K ierkegaard subraya enteram ente, aclara defi­
«subjetivam ente» p o r ella, ya se acie rta en la v e rd ad buscada. D e a h í la
nitivam ente la d istancia entre la verdad objetiva, que él no acepta, y la insistencia kierkegaardiana e n el co m ien z o .
verdad subjetivo, la que va a p re sen tar com o única válida. En ella reapa­ ¿Qué es lo capital p ara form ular d e b id a m e n te la pregunta p o r la ver­
recen tam b ién estre ch am en te un ido s los resultados del De óm nibus dubi­
dad? Kierkegaard no titubeará en decirlo: la presencia y el interés del
tandum est y de Efterskrift. existente, del in terro gad or co n toda su existencia individual, en la p re ­
Dice asi: «Cuando se pregunta objetivamente (objektivt) por la verdad, se
gunta-respuesta sobre la verdad. Si se p rescinde de él, si se «objetiva»
reflexiona objetivamente sobre la verdad como un objeto (Gjenstand) con el tam bién al existente, nos toparem os c o n la v erd ad objetiva y sus c o r r u p ­
que se relaciona (forholder) el cognoscente (Erkjendencle). No se reflexiona ciones. Si se le m a n tie n e en la relación q ue la p regunta suscita, p o d re ­
sobre la relación sino /sobrej que aquello con lo que él se relaciona es la ver­ mos a lc a n z a r la verdad.
dad. lo verdadero. C uando aquello con lo que él se relaciona es la verdad, lo La conclusión es clara: en el co n c e p to m ism o de «verdad objetiva»
verdadero, entonces el sujeto está en la verdad. Cuando se pregunta subjetiva­ se instala el falseam iento de la v erdad co m o verdad. Dicho de otra m a ­
mente por la verdad, se reflexiona subjetivamente (subjektivt) sobre la relación
nera, el individuo exclusivam ente c o m o pensante, com o in-existente. no
del individuo (Individets Forhold); cuando este cóm o de la relación (Forholds puede llegar a la verdad. La so b e ra n ía absoluta del pensar co n d u c e a la
hvorledes) está en la verdad, el individuo está en la verdad, incluso si se rela­
disolución de la v erd ad y del sujeto m ism o. E n cuanto el sujeto y su
ciona así con la no-verdad (Usandheden)» 209. existencia se alejan de la pregunta p o r la verdad, aparece la objetividad.
Varios son los c o n te n id o s de este párrafo. C on v ien e prestar atención
Para acceder a la verdad, h a y q u e reco rrer la ru ta de la subjetividad.
a todos ellos, p ues reflejan perfectam ente las claves del p ensam iento ¿Quedará la objetividad olvidada, disuelta, destruida? ¿Qué sucedería si
kierk eg aardian o sobre la verdad. la relación subjetiva tuviese com o « té rm in o » u n a no-verdad (objetiva)?
La reflexión objetiva c u m p le la tarea de la sim ple reflexión que ya
Son cuestiones de s u m a im p o rtan cia y que con viene m editarlas p a u s a ­
co n o c ía m o s p o r el p rim e r escrito de Kierkegaard. E n este m odo de re la­ damente.
ción sólo existe la m era d u a lid a d . La verdad es u n objeto, un reflejo de
la realidad que está an te el cognoscente com o p u ra idealidad. El térm i­
no que los vincula y los co n tra d ice (la conciencia, el sujeto existente) es­ 4. L a verdad subjetiva: definición de verdad como interioridad
tá al m argen. La verd ad tiene carácter objetivo. N o im porta la relación
del sujeto con ella, sino q ue aquel «objeto» refleje a d e c u ad a m e n te (o
Al co ncluir las reflexiones en to rn o a la locura frente a la subjetivi-
in a d e c u a d a m e n te ) la v e rd ad era (o falsa) realidad. dad-objetividad. Kierkegaard ofrece u n a v alo ración de la d im e n sió n de
En esta vía de inqu isición de la verdad no se h a d a d o un en cu entro la interioridad.
entre a m b o s polos, y el elem en to creador, el «tercero», está fuera, co m o
La locura rep resentada p o r Don Q uijo te es u n a desviación de la i n ­
a la espera. Es la relación explícita- la que establece el salto h ac ia la ver­
terioridad que se e n tu siasm a p o r un detalle de la existencia que no c o n ­
dad. El interés no recae en tonces sobre los térm inos bipolares, sino so­
cierne a n ad ie m ás que al po bre tra s to rn a d o 2I°. Su pasión in ten sísim a
bre la relación (con trad icció n ) entre ellos. La conciencia, la existencia, dirigida a un objeto m in ú scu lo p rod u c e pena.
la d u d a , la verdad, van a fijarse en cómo (hvorledes) es esa relación, m ás
El otro género de d em en cia, del q u e se h ab la m enos, siendo m ás g ra ­
que en aquello que (h vad) se p o n e en relación. S obre esta distinción e n ­
ve, adolece tam b ién de interioridad, p e ro no p o rq u e esté desviada, sino
tre el cómo y el qué (hvorledes-hvad) de la verdad volverem os de in m e ­
porque no existe en absoluto. Esta lo c u ra es m ás in h u m a n a (um eneske-
diato al h a b l a r de la v e rd a d subjetiva. A ú n q u e d a algún aspecto que
lig) que la otra. Lo có m ico (det C om isk e) es c o m p r o b a r que el objeto del
d estacar de esta descripción d a d a y que d elim ita bien el concepto de
que se pre o cu p a el d esvariad o puede ser la verdad, eso «último v e r d a d e ­
verdad objetiva en Kierkegaard. ro» por lo qu e todos los h o m b res se in q u ie ta n . La carencia de interiori-

209 Ib., pp. 184-185 210 5. V. p. 181


normal. Q u e re r dejarle a h i. p en sa r al existente com o perpetu am en te
d a d ante lo verdadero c a u sa pavor, es co m o d esc ub rir que u n o n o m ira
situado en esa síntesis instantánea sería convertirlo e n un infinito caracterís­
«con ojos auténticos, sino c o n ojos de cristal» 2n.
tico de la eternidad imaginativa. Sin em b arg o y c o n ta n d o con todo esto, la
Este ejem plo es sim ilar al del suicidio. Se reprocha siem pre al suici­
pasión correctamente entendida es el grado m ás alto de la existencia :|7.
da su cob a rd ía an te la vida, su falta de objetividad ante los valores de la
existencia. Y sin em bargo, h a y en el suicida m ás p asió n para decidir en Las diferencias entre la vía subjetiva y objetiva proceden de su for­
un m o m e n to d a d o sobre to da su existencia, que en otros m uch o s q u e j a - ma de situarse ante el binom io objeto-sujeto, realidad-idealid ad, ser-
m ás llegan a u n a decisión p ro fu n d a 2I2. Si la especulación debiera en pensar. S egún el grado de realidad q u e les d em os, no en la co n c epción
b u e n a lógica e m p u ja r a alg u n o s filósofos m o dern os al suidicio, n o es (más o m en o s em pírica) que de ellos h agam os, sin o en la existenciali-
pre cisam en te a ca u sa de u n exceso de pasión, sino todo lo co n tra rio 2B. dad. interioridad, pasión, con que los c o n fro n tem o s y relacionem os, así
El suicidio com o tal ten d ría q ue ser a d m ira d o n o p o r la acción co m eti­ será el v alor de lo intentado. Lo m is m o sucede c o n la verdad. En la m e ­
da. sino p o r la p asió n c o n q u e se hizo 2I4. Serviría así de ejem plo de inte­ dida que quien interroga sobre la v e rd a d abstraiga o no de su pro p ia
rioridad. co m o sucedía con D o n Quijote. existencia, en esa m is m a m edida lo g rará u n a v erd ad auténtica o falsa.
C o n estos ejem plos e n te n d e re m o s m ejor la diferencias entre la vía- Lo repite de nuevo K ierkegaard con u n térm in o q u e p o d ría ser s in to m á ­
reílexión-pregunta-verdad objetiva y la vía rcflexión-pregunta-verdad tico para ju z g a r el sentido total de su inquisición filosófica acerca de la
verdad: conocer (erkjcnde).
subjetiva.
«La reflexión se vuelve h a c ia el interior en bu sca de la subjetividad «Todo conocer esencial (Al v a s e n tlig E rk je n d e n ) concierne a la exis­
(m od Subjektiviteten) y q u iere en esta interiorización ser la v erdad (vil i tencia. o sólo el co n o c er cuya relación a la existencia es esencial, es
d e n n e Inderliggj0relse vasre S an d h e d e n s ); y de la m ism a m a n e r a q u e esencialm ente con ocer» 2líi. La diferencia entre el co n o c er objetivo y
anteriorm ente, c u a n d o se insistía en la objetividad, desaparecía la subjeti­ subjetivo es la relación a la existencia. P ara K ierkegaard el v erd ad ero
vidad. aquí la m ism a subjetividad perm anece lo último, y lo objetivo, lo conocer es el que siem pre explícita la existencia. Lo h a b íam o s d e s c u ­
desap arecido » 21-\ El núcleo de la reflexión subjetiva es la in terioriza­ bierto ya en la relación entre realidad e idealidad qu e ja m á s o lvidaba el
ción. Por ella p u ede llegar a ser la verdad. En esta vía n u n c a se olvida «lugar» que la establecía y lo e n c o n tra m o s de nuevo en la existencia.
que el sujeto es existente (Subjektet er eksisterende) y que existir es u n d e ­ «Que el c o n o c e r esencial se relacione es e n c ia lm e n te a la existencia no
venir p e r m a n e n te (en Vorden) 2I(\ Es el acento sobre la subjetividad significa la m e n c io n a d a identidad d e la a b s tra c c ió n entre p e n s a r y ser. ni
existente, sobre el devenir, lo q ue posibilita la interiorización y el acceso tampoco, objetivam ente, que el c o n o c e rs e re lacion e a algo d ado co m o u n
a la verdad en sentido real, no fantasm agórico. objeto (G je n sta n d )» :w. Este modo d e re la cio n ar el p e n s a r y. el ser. con
La id e n tid a d de p e n s a r y ser con qu e se definía la verdad es u n a qui­ olvido del existente, n a d a tiene que ver con el « co n o c er esencial» que
m era fruto de la abstra cció n o. com o m ucho, puro deseo de la creación. Kierkegaard m enciona. Lo que aquí d e n o m i n a « co n o c er esencial» e q u i­
N a tu ra lm e n te que esa id e n tid a d existe, pero la verdad p ara u n existente vale a esto: « Q u e el co noc im iento se re lacion e co n el cognoscente q ue es
n u n c a será eso. Para que ello fuera posible, no tendría que existir el d e­ esencialm ente un existente y que. p o r ello, todo c o n o c e r esencial se re la­
venir. la verdad debería ser algo a c a b a d o y el existente estar situ ado en cione esencialm ente a la existencia y al existir» 22().
algún lugar fuera de sí m ism o. Todo eso es im posible en la realidad. El c o nocim ien to «objetivo» es in c a p a z de llegar a este «conocer e se n ­
Lo ú n ic o q u e h ace e s c a p a r al individuo de la sim ple existencia y por cial». Al revés, el sistem a objetivo p o n e todo el interés del m un do en q u e
breves m o m e n to s es algo q u e n a d a tiene que ver c o n la objetividad: la se olvide el sujeto existente p ara h a c e r « m ás p u ro » el conocim iento. Este
pasión. conocim iento es un « co no cer contingente» (tilsasldig Erkjenden). i m p o ­
La p asió n pertenece a la interioridad, está lejos de la vía objetiva. tente para a d e n trarse en el interior y a s u m ir la existencia con la «refle­
Los filósofos m o d ern o s h a n puesto especial énfasis en olvidarla, pre­ xión de la in terioridad » 221.
o c u p á n d o se poco o n a d a de ella. La pasión es ca p az de tra n s p o rta r al Para q ue haya « conocim iento esencial», ha de existir interioridad y
sujeto existente a esa síntesis de infinito y finito que supera la existencia existcncialidad. C o m o en otros lugares explicará, esto sólo lo consigue
el conocim iento ético y él ético-religioso. Ellos sí son u n «conocer esen-

211 Ibidem. 217 S. I V I I . pp. 182-183.


212 Ib., p. 151. Cfr. Papirer, I A 330, p. 144; XI-I A 269. p. 217. 218 Ib., p. 183.
213 S. V., VII. p. 182. 219 Ibidem.
214 «N o h acem os elogio del suicidio, sin o de la pasión.» Ib., p. 295. 220 ibidem .
215 5. V. VII, p. 182. 221 Ibidem.
216 Ibidem.
cial». pues «su co no cer es esencialm en te estar relacionándose con el h e ­ concluye con sagacidad que a Dios só lo p ued e llegarse con la p a s ió n in­
cho de que el co gn oscente exista» finita de lo interior.
Estam os p r e g u n ta n d o p o r la- verdad en la filosofía. Kierkegaard R epitam os de nuevo la pregunta: ¿dónde h ay m ás verdad, del lado
ofrece u n as p a u ta s que no escap an de la vía del conocim ien to p o r el h e ­ de quien b u sca de form a p ura m e n te objetiva al verdadero Dios y la ver­
cho de que a b o rre z c a n ciertos tipos falsos de conocim iento. A ntes bien. dad que surge de la n o ción de Dios, o del lado d e quien tiene el ansia de
Kierkegaard se esfuerza por establecer un cono cim ien to de la verdad relacionarse v e rd a d eram en te con D io s desde la p asión más p ro fu n d a?
que re spon da m ejor a las exigencias de la realidad y a las p o te n cia lid a­ La respuesta es clara: «Si uno que vive en el seno del cristianism o va a
des del sujeto. Este co n o c im ien to kierkegaardiano de la verdad no q u ie­ la casa de Dios, la casa del verdad ero Dios, con la verdadera n o ción de
re sab er n a d a de abstraccio nes ab so lu tas ni de m ediaciones especulati­ Dios en su m ente (saber) y le reza, p ero le reza en la no-verdad; y, en
vas pero eso no im plica pre scindir del poder de la reflexión o de las cambio, otro que vive en tierra p a g a n a (pero) o ra c o n toda la p a s ió n de
categorías racionales. infinito, a u n q u e sus m iradas se dirigen a la estatua de un ídolo, ¿dónde
Para d elim ita r con m ás cla rid a d la línea de separación entre la vía- hay m ás verdad? U n o reza a Dios e n verdad, a u n q u e a d o re a un ídolo:
verdad objetiva y la vía-verdad subjetiva, Kierkegaard alude a dos temas el otro reza a Dios en la no-verdad y, p o r ello, en verdad adora a un
que p re o c u p a b a n a la investigación filosófica de su tiempo: la idea de ídolo» 22h.
Dios y la certeza de la in m o rta lid a d . Sim ilar c o m p a ra c ió n establece c o n la pregunta sobre la in m o rta li­
El p rim e r tem a o cu p a b astantes p ág inas de Efterskrift, de Sm uler y dad q u e siem pre pre o cu p ó m ucho a l a u to r d a n é s 221: « C u a n d o u n o se
m u c h a s alusiones de sus Papirer. D e fondo está siem pre el p rob lem a de inquieta o b jetivam ente por la in m o rta lid a d y otro la busca en la incerti-
la d em o strac ió n de Dios, ya sea a través del arg u m e n to an selm iano , las d um bre co n la p a s ió n del infinito, ¿ d ó n d e h ay m ás verdad, d ó n d e hay
vías tomistas, los postulados k a n tia n o s o las revisiones hegelianas. N o más certeza?» 22fi. La respuesta es p arecid a. El prim ero co m ien z a u na
p o d e n r s entreten ern o s en todo ello, pero sí h em o s de referirnos a las senda cuyo térm ino n o conocerá n u n c a , p u esto que la certeza de la in­
ejem p lu icac io n es de K ierkegaard p ara nuestro tema. m ortalidad está en la subjetividad; el otro es in m o rtal y lucha a favor de
su in m ortalidad co m b a tie n d o la in c e rtid u m b re 229.
«O bjetiv am en te se reflexiona sobre el h ec h o de que sea el verdadero
Con estos dos ejemplos, sobre D io s y la in m o rtalid ad , tenem os un
Dios. S ubjetivam ente, sobre el h echo de que el individuo se relacione de
ñoco m ás .de luz n ara co m prend er la diversid ad entre verdad objetiva y
tal m anera (saaledes) c o n algo, q ue su relación sea en v erdad u n a rela­
subjetiva. A d e m á s ya está resuelto el in te rro g a n te acerca de la v erd ad del
ción con Dios (G u d s-F o rh o ld )» 224. ¿De qué lado está la verdad? A cu­
d iendo a la m ed iac ió n p o d ría m o s r e s p o n d e r —c o n tin ú a K ierkegaard—
que no está de n in g u n o de a m b o s lados, o lvid an d o que un existente no 226 S. V. VIL pp. 186-187. U nam uno cita esta m ism a frase que le im presion ó m u­
p uede hallarse en dos lugares a la vez o ser a un tiem po sujeto-objeto. cho. El da su particular versión: «El viejo Padre de luengas barbas y m elenas blancas,
que aparece entre nu bes llevan d o la bola del m u n d o en la m ano, es m ás vivo y m ás ver­
Veamos si p o r otros cauces e n c o n tra m o s la solución. dadero que el cus realissimum de la teodicea.» M. de U n am un o. Del sentimiento trágico de
H ay dos m an eras, m uy diversas, de con fro n tarse con Dios. El exis­ la vida en los hombres y en los pueblos. (M adrid. E sp a sa -C a lp e,4 1985) p. 161.
tente que elige la vía objetiva inicia un ca m in o que pretende crear a 227 Más adelante com entarem os la crítica de Kierkegaard contra quienes quieren
suprimir el problem a de la inm ortalidad q u ita n d o el interrogante sobre «mi» inm ortali­
Dios 22\ resu ltad o ai q u e j a m á s llegará, pues Dios no es objeto, sino su­
dad. En otros lugares se refiere más religiosam en te al tema: cfr. S. V.. X, pp. 237-249: Papi­
jeto. sólo accesible a la subjetividad desde la interioridad. Q uien escoge rer. VI11-1 A 147, p. 73; X -4 A 440, pp. 270-271. Tam bién U n a m u n o hace del «ham b re de
la vía subjetiva ve las d ificultades de e n c o n tra r a Dios objetivam ente y inmortalidad» cuestión im portante y sustancial: «... El ansia de n o morir, el ham bre de la
inmortalidad personal, el co n a to con que ten d em os a persistir ind efinidam ente en n u es­
tro ser propio (...) es la base afectiva de todo c o n o c e r y el íntim o punto de partida perso­
222 «M en al cthisk og al ethisk-religieus Erkjenden er va’sentlig sig forholdende til,
nal de toda filosofía hu m ana, fraguada por un hom bre y para hom bres.» M. de U n a m u ­
at den Erkjendende eksistcrer.» S. V.. V il. p. 183.
no. Del sentimiento trágico.... p. 53. U nam uno n o se deja convencer con los argum entos
223 5. V. VII. pp. 183-184. racionalistas contra la inm ortalidad (Ib., pp. 6 4 s) y cree qu e la tendencia a perpetuarse
224 S. V.. VII, p. 185. Walker traduce así esta ¡dea de Kierkegaard: «Puede conocerse
en sus obras es el sustituto laico del ansia de in m ortalid ad (Ib., pp. 66-69). pero tam poco
la proposición que D io s existe' con el razon am iento, pero só lo con la existencia puede
está de acuerdo con la interpretación católica de la m ism a (Ib., pp. 70 s).
llegarse a D io s m ism o, a su existencia.» .1. Walker. «E thical beliefs: a theory without 228 S. V. VII. p. 187.
truht-valucs». en Thouglit. 55 (1980). p. 301. 229 Sócrates es el m odelo. El maestro g rieg o suscita la cuestión objetivam ente pro­
225 La existen cia de D io s jam ás podrá ser un producto de la razón. Es com o si la
blemática de la existencia d e la inmortalidad. P ero él no se lim ita a ofrecer pruebas ni so ­
historia escrita pretendiera dar realidad a N ap oleón . O N ap oleón existió y entonces d a ­
luciones teóricas, sin o que com prom ete su vid a en la respuesta. Incluso más, procura vi­
m os cuenta de ello en la historia, o no existió, y en ese caso estam os en el reino de la fic-
vir su vida con tal pasión que haga el si (si hay in m ortalid ad ) aceptable. Ibidem. Cfr. Papi­
ción . Cfr. 5. V. IV. pp. 234 s. rer. X-2 A 406. pp. 287-289.
sujeto, c u a n d o éste se co n fro n ta c o n u n a no-verdad objetiva: todo d e ­ hvorledes) y la subjetividad so n la v e rd a d » 236. C ó m o subjetivo, p asió n
pende de su «actitud» (pasión, in terio rid ad) subjetiva. de lo infinito, subjetividad, son todos ellos identificables co n la verdad.
A m b a s verdades difieren, p o r consiguiente, en esto: «Objetivamentese U n poco m ás atrás h a b ía explicad o lo m ismo, m o s tra n d o el co n tra s­
acentúa qué se dice: subjetivamente, cómo se dice» 23". T a n escueta disti- te entre el ca m in o que recorre la reflexión objetiva y el recorrido p o r la
ción e n tre v e rd ad o b jetiv a y sub jetiv a tiene tras de sí un c o n ju n to de subjetiva. Esta av a n za hacia adentro, hacia la interioridad. Esa es la
condiciones, sin las cuales es im posible la definición de verdad subjeti­ senda de la verdad. El sujeto existente n o es relegado jam ás. Si no se
va. hiciera eso, si p o r el contrario, se d e ja ra e sc ap ar al existente, el sujeto
A ntes de explicitar esas condiciones, recuérdese el contexto en el que cognoscente (e rk jen d en d e Subjekt) se co nv ertiría en u n algo fantánstico
se e n m a r c a esta afirm ació n: la tríad a en la conciencia. En ella el qué y «la verd ad e n u n objeto fantástico p a r a este cogn oscen te (og S anhe-
equivale a los térm ino s (ser-pensar) que están an te el individuo existen­ den en p h a n ta stis k G je n s ta n d for dettes E rkjend en)» 237. El olvido de la
te. m ientras el cómo se refiere a la novedad que introduce el individuo interioridad conlleva la p é rd id a de la pasión, de la subjetividad, de la
con su « actu a ció n » c o m o cogn oscen te existencial. verdad y de la parad o ja. Esta últim a a ú n n o h a b ía sido explicitada, pero
Estos principios, ya a p u n ta d o s e n su esbozo autobiográfico, re ap are­ está siempre a h í detrás co m o elem en to co nstituyente de la verdad del
cen en varias m an eras. En p rim e r lugar, a c la ra n d o el significado de ese existir. ¿C óm o aparece esta paradoja, p o r qué surge en la constitución
cómo (hvorledes) de la verdad. N o se trata, p or supuesto, de u n cóm o ex­ de la verdad? P o r la relación que el existente establece c o n la verdad
terno, sino de u n c ó m o qu e refleje «la relación del existente e n su propio misma y por su co ntraste con la objetividad. Lo verem os en seguida, pero
existir con lo afirm ad o» 1,1. La diferencia es sustancial y está presente ahora ya q u ed a b ien resaltada: «Lo m á s alto de la interioridad en un
ya en la pregunta po r la verdad: «O bjetivam ente se pregunta sólo p or sujeto existente es la p asión; a la p a s i ó n co rresp o n d e la verdad co m o
las determinaciones deI pensam iento (T ankebestem m elserne), subjetiva­ paradoja, y qu e la verdad se h aga p a r a d o ja se f u n d a m e n ta precisam ente
m ente p o r la interioridad» 112. Si no rom pem os las fronteras de la pura en su relación con el sujeto existente» 238. Por eso d ec ía m o s que la c o n ­
idealidad, del pen sa m ie n to , no saldrem os de su esfera, no po d re m o s lle­ cepción objetiva de la verdad, ab s tra íd a del sujeto, h a c e d esa p are cer la
paradoja de la verdad.
gar a la verdad. El p la n te a m ie n to objetivo carece de algo p rim o rd ial y
que ya h a b ía m o s e n c o n tr a d o ta m b ié n antes: la decisión. «O bjetivam ente Aún q ueda p o r explicar un detalle del cómo definitorio de la sub jeti­
vidad y de la verdad: su relación con el tiempo.
no hay decisión infinita» (uendelig A f g j 0 r e l s e ) E s o im posibilita esta­
blecer la cuestión sobre la verdad, pues d esaparece el elem ento esencial­ Este cóm o sub jetivam ente acen tu ad o , en c u a n to el sujeto es un exis­
m en te diferenciador: « O b jetiv am en te es exacto que la diferencia entre tente, dice una relación dialéctica al tiem po. En el instante (Oieblik) de
bu en o y m alo q u eda su p rim id a (er híevet) con el principio de c o n tra d ic ­ la decisión, de la pasión, c u a n d o el c a m i n o se aleja del s ab e r (Viden)
ción y con ella ta m b ié n la in fin ita d iferencia entre v erd ad y m e n ­ objetivo, parece co m o si la decisión in finita estuviera a c a b a d a (f$rdig).
Pero en el m ism o instan te el sujeto existente está en la tem po ra lid ad . El
tira» 2'4. cómo subjetivo, situ ad o e n el tiempo, recibe u n im p u lso c o n tin u a m e n te
Sólo hay decisión en la subjetividad, repite Kierkegaard. Q uerer h a ­
reafirmado de la p asió n decisiva de ló in fin ito 239. Este contraste p e r m a ­
cerse objetivo es la no-verdad. La pasión de lo infinito es lo decisivo y,
nente entre la situ ació n (tem poral) de la decisión y su carácter infinito
¡atención!, no com o «su c o n te n id o » que diría la m entalidad objetiva. La
volverá a salir en otros aspectos de su filosofía, pero era im portante des­
pa s ió n de lo infinito está ella m is m a co nstituida co m o y p o r la decisión. tacar su valor d en tro de la constitución de la verdad.
A p arecen así u na serie de equivalencias m uy relevantes: « E n su m áxi­
Llegamos al lu gar q u e K ierkegaard considera ap to p ara ofrecer su
m u m este có m o (h v o rle d e s ) es la p a s ió n de lo in fin ito y esta p a s ió n de
definición de la verdad, d o n d e c o n tin ú a m a n ife sta n d o el con traste con
lo i n f in ito es la v e r d a d m is m a . P e ro la p a s ió n de lo in fin ito (U ende- la objetividad.
lighedens L idenskab ) es p re cisam en te la subjetividad, y así la subjetivi­
«He aquí tal d efinición de la verdad: /a incertidumbre objetiva, m ante­
d ad es la verdad» 235. « D e esta m an era el có m o subjetivo (subjektive
nida en la apropiación de la interioridad m ás apasionada, es la verdad, la
más alta verdad que h ay p ara u n existente» 24°.
230 S. V. VIL p. 188. H vad y hvorledes están doblem ente (en negrita) subrayados. 236 Ibidem.
231 Ibidem . 237 S. V, VII, p. 184.
232 Ibidem. El subrayado es mío. 238 Ibidem.
233 S. V. VII, p. 188. 239 S. V., V il, pp. 188-189. Luego hará patente la relevancia del tiem po para contras­
234 Ibidem. tarse con Sócrates y otros filósofos griegos.
235 Ibidem. 240 «Her er en saadan D efin ition paa San hed: den objeklive Uvislied. fastholdt i den
Esta definición co n tien e m u c h o s elem entos. A lgunos ya los c o n o c e ­ del p e n s a r y del ser. a u n q u e n iegu e ro tu n d a m e n te la reducción de la
mos. Todos ellos los aclara el p rop io Kierkegaard. verdad al d o m in io del p uro pensar. La ruta para un en cu entro v erd a d e ­
La v erdad surge de la ap ro p ia c ió n tic la interioridad en el m o m en to ro entre la re a lid a d y la idealidad h a de p a s a r p o r la subjetividad, ha de
de s u p re m a pasión: «La verdad es p recisam ente esta h a z a ñ a p or la que realizarse en la interioridad más p ro f u n d a . De otro m o d o no h ab re m o s
se elige co n la p a sió n de lo infinito...» :41. Para co m p re n d e r la tensión 242 alcanzado la verdad, sino o tra cosa diferente de n ulo valor para el exis­
tente.
de esta p a s ió n de la in terio rid ad, conviene volver la m irada a la objetivi­
El contraste entre incertidu m b re objetiva y elección a p a s io n a d a re­
dad.
El existente, p o r cuya v erd ad p reg untam o s, tiene ante sí la incerti­ cuerda ev identem en te la noción de fe. Kierkegaard no lo oculta. Al re­
d u m b r e objetiva. La elección a p a s io n a d a y p erm a n en te de esa incerti- vés, alude con frecuencia al p ara le lism o entre la definición v e rd ad y la
noción de fe: «La definición dada d e la v erd ad es u n a transc rip ció n de
d u m itre expresa tres cosas:
E n p rim e r lugar, q u e la p re gu nta p or la verdad ca m bia de dirección. la fe. Sin riesgo no hay fe. L a fe es ju s t a m e n t e la c o n tra d icció n e n tre la
p a s a n d o de la o bjetiv idad a la subjetividad. El interés de la verdad h a ­ pasión infinita de la interio ridad y l a in certid u m b re objetiva. Si p u e d o
llada reside ju stam ente en m a n te n e r la elección de algo incierto. Las concebir a D io s objetivam ente, en to n ce s n o creo; pero ju stam en te p o r­
m atem ática s, p o r ejem plo, ex presan otro tipo de verdad, u n a v e rd ad o b ­ que no puedo [concebirlo así], por e s o d e b o creer; y si quiero p e r m a n e ­
jetiva y. p o r ello, indiferente 24-\ Pero la verdad q ue b u scam os es. co m o cer en la fe. d eb o estar atento c o n tin u a m e n te a m a n te n e r la in c e rtid u m ­
K ierkegaard subraya, la v erdad p ara un existente. Esta no se en cuen tra bre objetiva: ‘estar yo en la in c e rtid u m b re objetiva sobre 70.000 b ra z a s
de a g u a ’ 24(1 y. sin em bargo, creer» 247.
en el terreno de la fría objetividad, sino en el m u n d o de las decisiones
Esta co n tra p o sic ió n con stante e n tre in certid u m b re objetiva y p asió n
ap a sio n a d as.
En seg un do lugar, esta v erdad no resuelve la ignorancia objetiva ni interior es m ejor resaltada con la paradoja. El térm ino es utilizado p o r
sup rim e las turbaciones, oscu ridades, confusiones de la mente. Al c o n ­ Kierkegaard para ex p lic a rla s singulares características de la fe religiosa
trario. la verdad de la in terio rid ad consiste en o b ra z a r esa incertidum - y del escándalo que ésta provoca en la ra zó n 248. D a d a la similitud c o n ­
bre objetiva 244 qu e p ro d u c e desasosiego y a b ra z a rla con toda la pasión de fesada entre las definiciones de fe y d e verdad. Kierkegaard no tiene in ­
lo infinito. Si se su p erara o a s u m iera la in certidu m b re objetiva, ya no conveniente en traer tam b ién la p a r a d o ja a este contexto.
h a b ría verdad apasionada. «La p a r a d o ja —d ice— es la in c e rtid u m b re objetiva, q u e es la expre­
El tercer aspecto d estacable de la definición kierkegaard iana de la sión para la p asió n de la interioridad e n la q ue consiste p recisam ente la
v e rd a d es su ac titud a n te la o b jetiv id a d . E n un in stan te d a d o se ha p r o ­ verdad» 249. Si la interioridad es la v erd ad , esta verdad es, objetivam ente
d u c id o u n a b ifu rc a c ió n en la reflexión objetiva y subjetiva. Esta llega a tomada, la p arad o ja. Q u e la verdad o b je tiv a m e n te sea p arad o ja, m u e s ­
su m á x im a te n sió n . A q u é lla , la objetiva, el s a b e r objetivo (objektive tra que la subjetividad es la verdad, p u e s to que la repulsa de la objetivi­
Viden) n o es elim in ad o, sino q ue se deja en suspenso (i Bero) 24-\ La ver­ dad da la m e d id a de la tensión de la in terio rid ad 25(l.
d a d no consiste en s u p e r a r la in certid u m b re o en s u p rim ir lo objetivo. La verdad co m o p a rad o ja se m anifiesta en toda su pureza en el m e n ­
La verdad, co m o se ha d icho , es la h a z a ñ a de elegir con infinita pasión saje cristiano. K ierkegaard n o lo c o m e n t a en este p asa je 251. Ya en
la incertidumbre objetiva. K ierkegaard no p u e d e ser acusad o de irracio- Sócrates p odía h a b larse de la verdad corno parad o ja, pero c o m p r e n ­
nalism o. p o rq u e reconoce la presencia del saber objetivo y la dialéctica diéndolos (a Sócrates y a la verdad) en su significado correcto. C o m e n -

mees! UdenskabeHge Inderlighcds Tilegnelsc. er Sandheden. den hoicstc San dh ed der er for
en Eksisterende.» S. I .. VII. p. 1X9. 246 Es una expresión favorita de K ierkegaard. con la que pinta el riesgo del creyente
teniendo que «saltar» a la fe en esa situación d e infinita profundidad. Cfr. 5. V.. VI, p.
241 Ibidem . 467.
242 «In derlighedens Sp icn d stigh cd (tensión de la interioridad).» Ibidem. Kierke­
247 5. V, V il. p. 189.
gaard destaca inten cion ad am en te el contraste entre objetividad y subjetividad para dar
m ayor fuerza a la p asión existencia! de la interioridad. 248 Cfr. Sm uler. cuyo capítulo 111 se titula «La paradoja absoluta: fantasía
metafísica» (S. V.. IV, 230) v el apéndice «El e sc á n d a lo de la razón: ilu sión de acústica»
243 Ibidem . (lb„ p. 242).
244 S. V, VII, p. 189. 249 S. V, VII, p. 190.
245 Ibidem . El sign ificad o de esta incertidum bre objetiva irá aclaránd ose paulatina­
250 Ibidem.
mente. El m om en to suprem o es cu a n d o la razón no tiene m ás rem edio que aceptar su vo­
luntario silen cio. Es u n o de los asp ectos m ás discutid os de la filosofía kierkegaardiana. 251 A unque en otra redacción (no inserta e n la publicación final) sí lo hacía: «El
H offm an n h iz o un estud io, en o c a sio n e s sim plista, pero con intuicion es curiosas, donde cristianismo ha proclam ad o precisam ente ser la verdad esencial eterna y a la vez se ha
co n clu ía que la certeza es obra de la voluntad. Cfr. R. H offm ann. Kierkegaard et la certitude proclamado co m o paradoja, y ha querido con e ll o qu e tuviera significad o esencial para
el existente» Papirer. VI B 40. p. 129.
religieuse (Crenéve. .1. FI. Jeherbcr. 1907). pp. 92-140.
ta m o s a m b a s cosas b revem ente, p o rq u e luego re aparecerán al h a b la r de
radicaliza. C o n Kant. que m an ifiesta ta m b ié n la im po sibilidad del
Smuler. encuentro entre p e n s a r y ser en la esfera del p e n s a m ie n to 26°.
Sócrates ha tenido el m érito de descub rir entre los p ag a n o s el senti­
do esencial y eterno de la verdad. N o apliqu em o s a estos adjetivos c o n ­ En esta m ism a dirección h ab ría q u e investigar las fuentes del p e n s a ­
tenid os hegelianos 25:. V erdad esencial y eterna significa p rim o rd ia lm e n ­ miento kierkegaardiano y. más en con c reto , con cep tos tan esenciales
te « que dice relación a u n existente». Sócrates ja m á s lo olvidó. P odem os como interioridad y subjetividad 2<SI. q u e son d eterm in a n te s p ara su d e ­
finición de verdad.
c o m p i o b a r lo en su tesis del co n o c im ie n to co m o recuerdo, co m o an á m -
nesis 25\ y en su filosofía de la ignorancia 254. Pese a su paganism o, D e ja n d o p ara otra o ca sió n o in térp re te esas tare as que nos d e sb o r­
Sócrates estaba en la v erdad 25\ La ignorancia socrática es otra m anera dan, to m are m o s con el p ro p io K ierkegaard u n a co m p a ra c ió n entre su
de exp resar la in c e rtid u m b re objetiva, la in teriorid ad del existente, la visión de la verd ad y la de Lessing. E n ella se revela e s p lé n d id a m e n te el
verdad. talante y la ra d ic a lid a d de nuestro a u to r danés.
P ara Sócrates !a v erdad eterna, esencial, no tiene en sí m ism a n ad a de Cita K ierkegaard u n a frase larga d e Lessing en alem án: «Wenn Gott
p arad ó jico , sino en cuanto se relaciona a un existente. C o n otras p a la ­ in seiner Rechten alie Wahrheit, u n d in seiner L in ken den einzigen im m er
bras, «la verdad eterna, esencial, no es en m od o algu no la p aradoja; lo regen Trieb nach Wahrheit, obschon mit dem Zusatze m ich im m er und ewig
es p o r su relación a u n existente» 25h. Para Sócrates, insistimos, la ver­ zu irren, verschlossen hielte. u n d sp rá ch ezu mir: wate! Ich fíele ihm m it D em ut
d a d «esencial» o «eterna» es aq u e lla que se relaciona a u n existente por in seine L in k e und sagte: Vater, gib! die reine W ahrheit ist j a doch n u rfü rd ic h
el hecho descrío. En esto se disting ue bien de Platón. Este se pierde en la allein!» 262. Su in te rp re ta c ió n es s in g u la r y elocuente.
especulación; Sócrates, en c a m b io , ja m á s olvida que él es un pensador La m a n o derech a es el sím bolo de la v e rd ad objetiva del Sistema. La
existente 257. El m érito i n c o m p a r a b le del p e n s a m ie n to socrático es h a b e r izquierda representa la v e r d a d com o su b jetiv id a d . K ierkegaard, siem p re
puesto d e relieve que «el cogn oscen te es un existente y que la existencia dispuesto a p o strarse en ad o ra c ió n a n te la v e rd ad objetiva (el Sistem a) si
es lo esencial» 2W. Q uien lo olvida, interpreta mal a Sócrates. sus ojos la d esc u b ren , o p ta sin d ila c ió n p o r la izq u ierd a, d o n d e está la
K ierkegaard co ncluye sus reflexiones acerca de la v erdad co m o sub­ verdad subjetiva.
jetiv id a d con un paso h ac ia ad e la n te que conviene aclarar, p o rqu e con
Lessing h a b la de u n esfuerzo h acia la v e rd a d c o n el térm ino «den e i n ­
ello h ac em o s u n alto en este recorrido.
Este es el e n u n c ia d o d e la nueva etapa de su investigación: «Así zigen im m e r regen Trieb» 26í. «E in zig en » u n id o a im pu lso (Trieb), dice
pues, la subjetividad, la in te rio rid a d es la verdad; ¿hay (a h ora) u n a ex­ Kierkegaard, sólo p u ede traducirse y en te n d e rs e c o m o u n im p ulso in fin i­
presión más interior? Sí. si al d ecir Lla subjetividad, la interioridad es la to 2M. L a verdad es la pasión infinita h a c ia la v e rd ad objetiva y ésta es p a r a
verdad', c o m e n z a m o s así: la subjetividad es la no -verdad» 2W. Esta de­ el existente sólo in c e rtid u m b re objetiva, p o rq u e la v erdad co m o sistem a
c la ració n s o rp re n d en te n o s in trod uce en otro terreno que podem os total,com o verdad objetiva existente, ú n ic a m e n te se e n cu entra en la re a­
d e n o m in a r lo com o el estrictam en te ético o ético-religioso. De hecho lidad para Dios m ism o 265. A] existente in div idu al le basta, le c o rres­
ponde, el im pu lso a p a s io n a d o hacia ella.
d eno ta un giro sustancial en su interrogatorio. A ello nos referimos en el
c a p ítu lo cuarto d e esta o b ra .
P o d ría m o s c o m p a r a r y e m p a r e n t a r esta d efinición de la verdad como 260 Cfr. K. W eisshaupt, D ie Zeitlichkeil der Wahrheit, pp. 51-53.
in teriorid ad y subjetividad c o n otras filosofías. C o n Descartes, por ejem­ 261 Kierkegaard puede haberse inspirado en fuentes tan lejan as com o San A gustín
plo, m o s tra n d o có m o K ie rk e g a a rd remite la verdad a lo m ás consciente y o Lutero, pero verosím ilm ente fue influenciad o m á s directam ente por el R om an ticism o y
el Pietismo. Los estudios sobre el tem a son abu nd antes. Entre los m ás recientes destacan:
c ó m o con ello no sup era ac aso el p lanteam ien to cartesiano, sino que lo E Jarauta, Soren Kierkegaard. Estructura y dialéctica de la subjetividad (Rom a, 1975). pp. 80-
135. L. P. P ojm an. The Logic o f Subjectivity. Kierkegaard's Philosophie o f Religión (A labam a.
University Press, 1984), pp. 54-75.
252 Papirer. VI B 40. p. 127-128.
262 El texto pertenece a Eine Duplik (1778) y está en Sam tliche Schrijten, bd. V„ s. 100
253 5. V. VII. p. 191.
(la edición de Kierkegaard data de 1825) En e l original (5. V, VII, p. 94) Kierkegaard
254 5. V. VII. p. 190.
255 «La interioridad so crá tica en el existir es un an á lo g o (A n a lo g o n ) de la fe. sólo cambia la palabra «hielte» por «helte» y «sp rách e» por «sp rech e». Jarauta destaca la
que la interioridad de ésta, que no corresponde al rechazo de la incertidum bre. sino al relación entre L essing y Kierkegaard. Cfr. F. Jarauta, Seren Kierkegaard. Estructura y .
dialéctica d e la subjetividad, pp. 88-89, 95, 105.
del absurdo, e s infinitam en te m ás profunda.» S. V.. VII. p. 191.
263 5. Y. Vil', p. 96.
256 S. V. VII. p. 191. 264 Ibidem.
257 S. V. VII. p. 191.
265 La realidad, «la existen cia misma (Tilvaerelsen selv) es un sistem a — para
258 S. V. VII. p. 192.
Dios—, pero no puede serlo para nin gún espíritu existente», com en ta Kierkegaard p oco
259 Ib., p. 193. más adelante. S. V. VII, p. 106.
Pese a discrepar de éi, Lessing le sirve a Kierkegaard p ara expresar
m ag níficam ente su co n c ep ció n de la verdad com o interioridad ap a sio ­
nad a.
O bjetividad -sub jetivid ad, p en sa r-ser reap arecen sin c e s a r e n la in d a ­
g ación y en la definición de verdad. Q u e d a n aún m u cho s aspectos por
p recisar p ara c a p ta r en sentido m ás p ro fu n d o la co ncepción kierkegaar­
d ia n a de la verdad existencial. 111. V E R D A D Y R E A L ID A D

C on el ca pítulo que hem os co m e n ta d o de Efterskrift, Kierkegaard


parece d a r p o r co n c lu id o el tratado m ás explícito y am p lio de todas sus
obras en to rn o a la verdad, pero en él h a n sido tocados co m o de paso
m uchos tem as q ue m erecen u n punto a p a r t e p o r su im portacia. Es el c a ­
so de la realidad, q ue a b o rd a en el ca p ítu lo siguiente. Sobre ello vam os
a reflexionar, siem pre in te n ta n d o una re sp u esta m ás clara al interro ­
gante k ierk e g aardia n o de la verdad.
Todas las filosofías se preocupan s e r ia m e n te p o r la com prensión de
la realidad. E n la época c o n tem p o rán ea es esa c o m p re n sió n la que d e ­
termina la verdad o falacidad de un siste m a filosófico. Kierkegaard
ofrece, m otivad o quizás p o r idénticas ra z o n e s , u n a a m p lia exposición de
la realidad a c o n tin u a c ió n de su análisis del co n c e p to de verdad. H a b le ­
mos de su sentido y sus relaciones.
K ierkegaard ha definido la verdad c o m o subjetividad. Esta intelec­
ción de la v e rd a d n o cierra los ojos al p r o b l e m a del p e n sa m ie n to objeti­
vo. com o sabem os, ni tam p o co a la realidad . El título del cap ítulo que
queremos in terp re ta r lo enun c ia de fo r m a explícita: «La subjetividad
real (verdadera) 266, la ética; el p en sa d o r subjetivo» 2W. El p rim er p á r r a ­
fo insiste en su en c abezam ien to: «El existir: re alidad» 2í,li. Da la im p re ­
sión de que. u n a vez d e fin id a la v e r d a d c o m o su b je tiv id a d , el a u to r
quisiera d e te rm in a r a fondo las relaciones de la subjetividad con la rea­
lidad, a fin de e s c a p a r a todo intento de c o n v e rtir su co m p re n sió n de la
subjetividad en algo abstracto, algo m e r a m e n t e filosófico-pensado, o,
por el lado opuesto, algo lejano a las exigencias de p e n s a m ie n to frente a
la realidad.
Kierkegaard c o n tin ú a su investigación con u n a im p ortante a f ir m a ­
ción, que s u p o n e u n a «nueva» eq uiv alencia y que es necesario esc u ­
char: «La subjetividad es la verdad; la s u b je tiv id a d es la realidad» 2M.
¿Significa esto q ue v e rd a d y realidad son in terc am b ia b les? ¿Qué e n tie n ­
de Kierkegaard por realidad en esa e q u ip a r a c ió n con la verdad que sus-

266 «Virkelig» significa am bas-cosas: «real» y «verdadero». Los traductores se in cli­


nan generalm ente por «real», aunque alguno (trad u cción francesa de L'Orante, 1977)
escoge «veritable» (T. 1 1, p. 1).
267 « Den virkelige Subjektivitet, den ethiske; den su bjektive Tcenker» S. V., V il, p. 288.
268 Ibidem.
269 S. V. VII. p. 332.
cita la subjetividad? Esto es lo que p re tendem o s explicar a lo largo-de No p uede sim plificarse la cuestión d ic ta m in a n d o que Realitet corres­
las páginas que siguen. pon de a la e tap a ju ven il y Virkelighed a la m a d u ra , pero es cierto q u e ésa
Volviendo atrás, re c o rd a rem o s que al inicio de la b ú sq u e d a de la es la tend encia de Kierkegaard.
verdad K ierkegaard p o n ía e n presencia la d oble esfera cié toda filosofía: Se h a n d a d o varias interpretaciones a esta d ualidad . La más simple,
la idealidad y la realidad. El «tercero» que ios relacionaba, con el ap e la­ pese a ser sugerente, procede de la diferencia de significado. Realitet se
tivo de conciencia y existencia, era p ro p ia m e n te la sede de la verdad. refiere m ás a lo qu e en o tras len guas se entien de sencillam ente p o r la
K ierkeg aard re sucita a h o r a los té rm in o s en cue stión , éstos q u e sir­ realidad', el m u n d o exterior, lo q u e está fuera y ante nosotros. Virkelig-
vieron de m arc o a d e c u a d o p ara la definición de verdad, y los resucita hed. en cam bio , tiene dos co nno taciones. P roviene del verbo virke, que
p a r a g a ra n tiz a r u n c o n o c im ie n to m ás p ro fu n d o de lo que debe en ten ­ se traduce p o r hacer, actuar, funcionar, ser eficaz. Virkelighed es lo real
derse po r realidad. S a b ién d o lo , p o d rem os c o m p re n d e r tam b ién las en el sentido de eficaz, algo que se h a h e c h o real p o r la acción c o n s c ie n ­
«nuevas» tareas d e la filosofía y del p en sa d o r «subjetivo». te y trasfo rm ad o ra del hom bre. K ierkeg aard p arece aprovechar esta sig­
La sincerid ad de sus inten cio nes es m anifiesta. K ierkegaard no de­ nificación p a r a situar la realidad (Virkelighed) en el d om inio de lo élico
sea ser acusad o de falsear la realidad. Tam poco de infidelidad a las exi­ con toda e sp o n ta n e id a d y d iferenciarla de las con cepciones abstractas,
gencias de la razón. El « n o niega que el p e n sa m ie n to objetivo tenga su pasivas, im p erson ale s de la misma.
realidad (Realitet)» 27". p o rq u e prefiera ac e n tu a r otra realidad, la que
La otra c o n n o ta c ió n tiene q u e ver con el otro sentido de virkelig.
surge de la subjetividad. Pero es necesario discutir cuál de las dos «rea­ ap u n tad o m ás arriba. C o m o virkelig q uiere d ec ir real, pero ta m b ié n ver­
lidades» es m ás c o n v in c e n te y sólida. dadero, Kierkegaard h a b ría q uerido m o s tra r c o n él las im plicaciones de
Un contraste s im ila r de «realidades» p o d em o s detectar cuando la realidad en la definición de la v e rd a d c o m o subjetividad.
Kierkegaard afirm a q u e to da la filosofía griega p re su p o n ía que «el pen­
sam iento tiene re alid ad (Realitet)» 271. y que esta p resunción, co n tin u a ­ A u n q u e K ierkegaard se sirvió c o n frecuencia de los recursos d e la eti­
da d u ran te la E d ad M ed ia, fue ec h a d a abajo p o r K a n t 272. Las preguntas mología y su b ra y ó de paso la riqu ez a del dan é s, n o h a y que exagerar en
ante tal juicio son obvias: qué entiende Kierkegaard p or realidad y có­ buscar interpretacion es sutiles, p u e s él m is m o explícita suficientem ente
su pensam iento.
m o se in terrelaciona ésta con la subjetividad y con la verdad.
Antes de in te n ta r re s p o n d e r a esta a rd u a cuestión, es im prescindible M ás certero es resaltar que R ealitet está en estrecha conexión con el
una corta p ausa p a ra u n a aclaración term inológica q u e evitará posibles estado de h e c h o (Tilstedeva^relse) de los o bjetos y las situaciones c o n ­
confusiones. cretas. m ien tras Virkelighed dice u n a relación m ay o r a lo que se h a c e o
D os son los té rm in o s dan eses utilizados p o r Kierkegaard p ara la pa­ está en d evenir (blive til). Sin a b u s a r de la d istin c ió n ni radicalizarla,
labra realidad: Realitet y Virkelighed. M ás que e n s a y a r com paraciones seria correcto d e te r m in a r q ue Realitet es el m u n d o de las cosas tal co m o
con otros filósofos 271, interesa co n ocer el uso y significado d a d o p o r Kier­ son (vaere til) y Virkelighed m uestra la re a lid a d un a vez que ha e n tra d o
kegaard m ism o 2M. en dialéctica con el sujeto existente. El d ev e n ir (Tilblivelse) juega e n este
Realitet ap a rec e casi e n solitario en Johannes Clim acus eller De ómnibus último un papel p rim o rd ial 276.
dubitandum est y o p u e s to gen eralm ente a Idealitet,- tal co m o lo hemos Así es co m o v am os a descubrirlo en esta parte de Efterskrift. Y lo
visto. Tam bién es b a s ta n te frecuente en Enten-EUer y m enos en Begrebet señalaremos de m a n e r a expresa. P ero n o se olvide n u n c a la « p arciali­
Ironi. Begrebet Angest y otros. dad» de esta división de sentidos q ue. sien d o correcta, n o es absoluta, ya
Virkelighed. u s a d o c o n am plitud en Begrebet Ironi. sustituye totalmen­ que Virkelighed, co m o tendrem os o casión de co m pro barlo e n este
te a Realitet en Efterskrift. de tal m an era que sólo en los pasajes antes capítulo, p u ede in d ic a r la realidad exterior en toda su sim pleza, m ie n ­
citados 27-\ con m u y p o cos más. reaparece Realitet. tras Realitet p u ed e c o n n o t a r aspectos p ro p io s d e la esfera ética o religio­
sa 277. p or no h a b l a r de esos m o m en to s en q u e Kierkegaard m e n cio n a la
270 S. V. V il. p. SI. «realidad de la realidad» (Virkelighedens Realitet) m , refiriéndose a una
271 Ib., p. 316. forma de amor.
272 Ib., p. 315.
273 C on Kant. por ejem p lo, cu an d o habla de táleros pensados o reales en la prueba
ontológica de la existen cia de Dios. 276 G. M alantschuk. Index term inologique en (Euvres completes de Soren Kierkegaard
274 Para todo esto pu ed e consultarse con provecho A. M ckinnon. The Kierkegaard (París, ed. de L'Orante. 1986) 20, pp. 131-132.
Indices (Leiden, E. J. Brill. 1971) II, 796-797, 1114-1122. 277 El yo asu m e una realidad infinita por ser co n scien te de estar delante d e Dios.
275 Cfr. S. V. VII, 81, 316. M ck in non ha recogido só lo un as citacion es m ás de Reali- Cfr. 5. V. XI. p. 215.
278 S. V. 11. p. 40.
ter. S. V., VIL pp. 145, 151. 156, 319, 324, 549 y 590.

fi
Esta precisiones son suficientes para introd ucirnos de lleno en el te­ entre el p e n s a r y el existir, y la filosofía explica qu e esta relación es de
m a de la realidad y de la v e rd ad 279. identidad, [la filosofía] n o resp o n d e c o n ello a la pregunta, pues no res­
p on d e a quien pregunta «(Sporgeren)» 281. Para esta forma de re s p o n d e r
es igual q ue p reg unte un ser h u m a n o o u n a rosa. La respuesta carece de
validez.
1. Determinación de la realidad
E videntem ente la diferencia de p re g u nta-respuesta viene de la m a ­
nera en que tiene (o no) en cuenta al existente q ue la establece. Pues p o r
Las relaciones e n tre p e n s a r y ser, realidad e idealidad, que ya h a b ía ­
muy ab stra ctam en te que se formule la pregunta, no p or ello el h o m b re
m os descubierto en su p rim e r escrito, vuelven a aparecer com o p re o c u p a ­
que interroga pierde la existencia. P a ra no in cu rrir en confusiones,
ción prim ordial. debem os evitar identificar la p re g u n ta por la realid ad en relación con
A guijon ead o q u iz á s p o r las críticas y resistencias que —según un existente y la p re g u n ta p o r la r e a lid a d en relación a lo abstracto 2X2.
s u p o n ía — iba a e n c o n tr a r su co n cepción de la verdad. K ierkegaard h a ­ Esto conlleva re h u ir de otras sim plificaciones co m o im aginar que lo
ce un esfuerzo más p o r d e te r m in a r con toda claridad qué entiende por abstracto n o tiene re alidad (det A b stra k te ikke h a r Realitet) 2S1 o d e d u c ir
realidad, cóm o puede u n in d iv id u o cognoscente vivir y a s u m ir la reali­ que la re alidad es sin m ás el m u n d o exterior (U dvortesheden) :s4.
d a d y có m o debe con vertir c a d a u n o su propia existencia en u n a tarea La id ealidad existe, el p e n s a m ie n to cap ta la re alid ad y tiene su p u e s ­
de a p ro p ia c ió n de la re alid ad en sentido profundo. to en la filosofía. El m u n d o exterior ta m b ié n existe, a u n q u e no c o m o a l ­
K ierkegaard retorna a la p re g unta p o r las relaciones entre idealidad
go muerto, sin relación con el sujeto p en sa n te , p u e s entonces —sin rela­
y realidad, pero insistendo en esta últim a. La pregunta m ism a puede ser ción a la id e a lid a d — sería u n fraude, u n en g a ñ o 2tií. Lo im po rtan te es
un prim er p eld a ñ o p ara d e term in a rla con exactitud y sin falseamientos.
distinguir a m b o s d om inio s y que en la relación establecida p or el su jeto
« P reg u n tar ab stra c ta m e n te p o r la realidad (Virkelighed) (su p o n ien d o cognoscente —el que form ula el in terro g a n te p o r la re alid ad —, n o p e r­
qu e sea correcto p r e g u n ta r a b s tra c ta m e n te po r ella, pues lo individual, dam os de vista su ú n ica e irrepetible existencia.
lo co n tin g en te (det Enkelte. det TUsaddige) son parte in teg ra nte de la Este tipo de precisiones serían in necesarias, si no h u biera ap arec id o
realidad, y la ab stracción lo contra rio ) y d a r una respuesta abstracta, no
en el m u n d o la «reflexión de la reflexión» con la filosofía m o d e rn a 28ft.
es tan difícil co m o p re g u n ta r y re spon der qué quiere decirse c o n que
Grecia n o tuvo estos problem as, p u e s la realidad estaba sin más tras el
u n a cosa d e te rm in a d a (bestem te Noget) es una realidad. La abstracción
pensam iento 287 y el p e n s a r filosófico n o prescin d ía n u n ca del existente
prescinde de esta cosa d e te rm in a d a , pero la dificultad está precisam ente que lo ejercía 28X.
en p o n e r j u n t a s esta co sa d e t e r m in a d a y la id e a lid a d del p e n s a m i e n ­
¿Cuál es el quicio de la cuestión, p o r qué estos problem as? L a res­
to. c u a n d o quiere p en sa rla. De tal co n tradicción no puede p reo cup arse puesta es co n tun den te: se c o n fu n d e p e n s a r-re a lid a d con realidad (Tan-
la a b s tra c c ió n , p u e s la m is m a a b s tra c c ió n la im p id e [la c o n t r a d i c ­ ke-Realitet m ed Virkelighed) 289. H a y q u e definir y distinguir b ien este
ción]» 28().
Todos los térm in o s del p rob lem a, tal co m o los c o n o c ía m o s, están 281 5. V. VII, p. 319. El segundo subrayado es nuestro.
aquí: la realidad (u n a co sa concreta, contingente, individual), la ideali­ 282 Ibidem .
283 Ibidem .
d a d en el p e n s a m ie n to y la contradicción. La pregu nta p o r la d u d a y la
284 5. V. VII, p. 312.
v erdad estab a n en el m is m o contexto. La pregunta p or la re alidad tam ­ 285 Ibidem .
bién lo está. H a b rá que a v a n z a r con cu id ad o p ara no desviarnos de esta 286 S. K, XIII, p ”342.
tram a esencial. 287 5. V, VII. p. 316. M. A lvarez subraya c ó m o en Tom ás de A quino la verdad de las
C o m o decim os, la p re g u n ta p or la realidad ya p re d eterm in a lo que cosas es el fun dam ento de nuestro c o n o c im ien to y. de otra m anera, cóm o para H egel só lo
bu sca m o s. Según sea el to n o de la pregunta, así será la respuesta, es de­ la adecuación a la verdad total de la cosa es co n o c im ien to verdadero. Cfr. M. A lvarez.
«Sobre la verdad en Tom ás de A quino y H egel. Estudio com parativo», en Atti deI
cir, tal com o se p re s u p o n g a n los (tres) térm ino s de la pregu nta, así
Congresso internalionale Tommaso d ’A quino (N a p o li, Ed. D o m e n ic a n e ital, 1974), v. 6, pp.
h a b r á q u e c a lib ra r el sen tid o y la ca lid a d de la respuesta. C u a n d o un 86 y 102-103. La discusión entre Kierkegaard y otras filosofías no debiera descuidar el
existente p regun ta p o r la relación entre p en sa r y ser (Taenken og Vaeren), análisis detallad o de este problem a.
288 «Por e llo se aparta del su icid io tanto (eller) en el sen tid o pitagórico de m orirse,
como (eller) en el sentido socrático de estar m uerto, para pod er pensar. El [el filó so fo
279 Si no lo n otam os textu alm en te, siem pre que hab lem os de. realidad en este capítulo griego] tenía co n cien cia de ser [un| pensante, pero era con scien te a la vez de que la
se refiere al original kierkegaardiano Virkelighed. En algún caso y para m ayor claridad existencia co m o m edio (M édium ) era lo que le im pedía perm anecer continuam ente en el
tam bijn señalam os entre paréntesis el término. pensar, porque le situaba siem pre en el devenir (i Vorden).» S. V., VII, p. 296.
280 5. V. V il. pp. 288-289. 289 Ib., p. 317.
pensar-realidad de la realidad que buscam os. P ara ello hay qu e d ese ch ar La distancia entre idealidad y re a lid a d , en sentido kierkegaardiano.
nuevas preguntas sobre si ese p en sar-realidad sea real y decidir de u na es identificada co m o d istan cia entre posse y esse. La capacidad de p a s a r d e
vez p or todas que ese p en sa r-re alid ad es sólo posibilidad. una a otra e sla que posibilita el p e n s a m ie n to de la realidad. U na realidad
P en sar-realid ad o «la realidad p e n sa d a (en taenkt Virkelighed)» 290 no es c o m p re n d id a y p ensa d a más q u e c u a n d o su esse se disuelve en su
es posibilidad. Esta ac la rac ió n es esencial p ara en te n d e r a Kierkegaard: posse. Si eso no sucede —que el esse se convierta en posse— lo estético y lo
«... C u a n d o yo pienso la realid ad, yo retiro esta realidad d a d a de la rea­ intelectual p ro testarán 296.
lidad y la coloco en la p o sibilidad, pues la realidad pensada es la posibi­
T a m p o c o debe a c aec er lo inverso, p o rq u e enton ces p erderíam o s la
lidad. (y) m á s alta q u e la re alid ad desde la perspectiva del pensam iento,
realidad en su d im en sió n existencial y ética, a u n q u e v erd ad eram en te eso
pero no d esd e la perspectiva de la realidad» 291. En este sentido no es
escapa al poder de la idealidad, supuesto q ue no q u eram os dejar de existir
im propio resolver el interrogante: ¿qué es la realidad? con la respuesta:
(iy de pensar!): «Si p e n s a r pudiera d a r realidad en el sentido de realidad,
«es id e alid ad » 292, p ero sa b ie n d o que estam os en el terreno intelectual,
y no p e n sa r-re alid ad en el sentido de p osibilidad, entonces h aría falta
en «la posibilidad». Toda realidad exterior tiene esta lim itación para
queel p e n s a r p u d ie r a to m a r existencia (Tilvaer), p u d ie ra d e s p o ja r a l exis­
mi. que yo sólo puedo a p re h e n d e rla p e n s á n d o la :‘)-1 y asi la convierto en
tente de la ú n ica re alid ad con la que él se relacion a c o m o realidad, la suya
re alid ad -p en sa d a, en posibilidad. propia (...), es decir, q ue él pudiera a b s tr a e r de sí m ism o en el sentido de
Todo el d in a m is m o de la idealidad, del sujeto sólo pensante, se basa
realidad, de tal m a n e r a que dejase realm en te de existir» 297. El deseo de
en esta posibilidad. El p ro b le m a surgirá c u a n d o el individuo se tope
resaltar la fuerza del pensa m ie n to frente y ante la realidad lleva a la diso­
con algo q u e se niega a ser red ucido a posibilidad, a realidad pensada.
lución de la realidad p rim a ria del p e n s a d o r, lo que es u n contrasentido: si
¿C óm o establecer, en ton ces, u n a relación co n ese algo irreductible? P a­
yo pienso, incluso si yo abstraigo d e mí m ism o, es p orq ue existo 2,,K.
ra re sp o n d e r a ello. K ierkegaard define lo que él entien de por «otra»
realidad, re c o rd a n d o que este as u n to lo trató en u n a o b ra an terio r 294. B uscand o la diferencia entre el p e n s a r y el ser frente al que se sitúa
d o n d e s e ñ a la b a las diferen cias entre idealidad, re alidad-p ensada, posi­ el sujeto congnoscente, hallam os u n algo irreductible que se resiste al
bilidad. y lo irreductible de la realidad, la realid ad co m o realidad. poder del pensar. ¿C óm o lo d e n o m ira rem o s? K ierkegaard contesta s im ­
«Q u ien en relación co n lo m ism o no capta tan bien el paso del posse al plemente: la existencia. Esta existencia n o se convierte de nuevo en u n
esse co m o el del esse al posse. no capta la idealidad, es decir, no la c o m ­ concepto abstracto, sino que a p u n ta a la existencia del sujeto existente
prende. no la pien sa (se trata de co m p re n d e r u n a realidad extraña). Por cognoscente. « U n h o m b r e in div id u a l existente no es u n a idea; ¿es su
el contrario, c u a n d o el [sujeto] pensante con ese posse disuelto (una rea­ existencia algo distinto del pensar-existencia de la idea?» 299 P o r s u ­
lidad p e n s a d a es u n a p o sib ilid ad) se choca con un esse que no p u ede di­ puesto —se a p re s u ra a responder— sin q ue c o n ello d ebam o s a sim ila r
solver. tiene que decir: no p u e d o p e n sa r esto. El |sujeto] su spen de el p e n ­ al hom bre con los seres no-pensantes. Ni una cosa ni otra. «Existir c o ­
sam iento; si él d ebe o. m ás bien, quiere relacionarse con esta realidad mo tal no es ser en el sentido en que u n a patata es, ni tam poco en el s e n ­
com o realidad, él no se relaciona con ella p e n sa n d o , sino p ara d ó jic a ­ tido en q u e u n a idea es. La existencia h u m a n a tiene la idea en sí, sin ser
por ello existencia-idea» 1(l".
m ente» 295.
Kierkegaard se resiste a encasillarse tan to e n las categorías (hegelia-
nas) de la id entid ad del p e n s a ry del ser, co m o en las deducciones ilógicas
290 Ib., p. 309.
291 Ibidem . (cartesianas) del p e n s a r al ser. « H a y q u e d ecir al contrario: p o rq u e
292 S. V., VIL p. 313. existo (er til) y soy p e n s a n te (er t e n k e n d e ) , p or eso yo pienso que existo.
293 Ib., p. 308. Aquí la existencia disocia la id e n tid a d ideal del p en sa m ie n to y del ser;
294 Se trata de Stadier pací Livets Vei. Cfr. S. V.. VI. p. 462.
295 S. V. V il, p. 309. Este es un lema sobre el que vuelve Kierkegaard con frecuen­
hace falta que yo exista p ara p o d e r pensar, y h ac e falta que yo p u ed a
cia. c o m o en el texto qu e sigu e (de 1850): «'Realidad' ('Virkelighed ) no se deja com pren­ pensar (p o r ejem plo, el bien) para p o d e r existir en él» 301. La existencia
der. Esto lo dem ostró bien Johan nes C lim acus de una m anera muy sim ple. Comprender se resiste al p e n s a m ie n to y, sin em b arg o, el existente es un sujeto pen-
es disolver la realidad en posibilidad, —pero así es im p osib le com prenderla, porque com­
prenderla es transform arla en posib ilidad , por tanto no m antenerla com o realidad. En
relación c o n la realidad com pren der es un retroceso, un paso atrás, no un progreso. No 296 S. V, VII, p. 312.
que 'realidad' esté sin co n cep to (begreblos). en m odo alguno; el concep to que se encuen­ 297 Ib., p. 320.
tra. cuand o se com pren de al disolverla en posibilidad, está tam bién en la realidad, pero 298 Ib., p. 321.
ciertam ente hay algo m ás (et M ere)— que él es realidad. D e la posib ilidad a la realidad 299 Ib., p. 318.
hay progreso (excepto en relación al mal); de realidad a posib ilidad hay retroceso.» Papi­ 300 Ib., p. 319.
rer. X-2 A 439. p. 301 S. V, V il. p. 318.
1 312.
san te 302. K ierkegaard n o niega «la relación» del p e n sa m ie n to ni su ejer­ esa p asió n que les abra la puerta a la au téntica realidad 30lt, p o rq u e sin
cicio. sino la reducción de la re alid ad existencia! al puro pensar. pasión, sin un interés su p re m o por el p rop io existir, se corre el peligro
La «nueva realid ad» q ue surge de la relación entre idealidad y reali­ de p erd er la realidad. Es lo que a toda costa quiere él evitar y p ara ello se
d ad es la que está m a rc a d a y poseíd a por la propia existencia. La exis­ apresura a d e n u n c ia r l a s lag u n as y errores de la filosofía abstracta fren­
tencia del individuo que relacio na el p ensar y el s e r e s la realidad supre­ te a la realidad.
ma. la que Kierkegaard definirá co m o realidad. «La sola realidad para la
que u n existente es m ás que un s a b e r (vidende om ) es su propia realidad, 2. La pérdida de la realidad
q ue él existe (er til); y esta re a lid a d es su interés absoluto» m .
Sin á n im o de c o m p lic a r las cosas m ás de lo que el au to r lo hace, D efinida la realidad en sentido p le n o p o r su relación a la existencia.
po d em o s distinguir en K ierkegaard tres acepciones de realidad: 1) La Kierkegaard va a in ten tar demostrar, en eterna discusión con Hegel y
re alidad del ser «exterior», el q ue está «frente» al pensam iento. 2) La sus epígonos daneses, có m o «la abstra cció n » es in cap a z de llegar a la
realidad den tro de la id ealid ad , lo que él conoce co m o realidad -pensada existencia y c ó m o sus ra z o n a m ie n to s c o n d u c e n a la pérdid a de la reali­
o el p en sar-realidad. 3) La realidad del propio sujeto existente y cognos­ dad y, en última instancia, a la locura 309.
cente que establece la relación actual, vital, existencia! entre lo dos pri­ «¿Qué es la existencia? E s el n iño e n g e n d ra d o p o r el infinito y el fi­
nito, lo eterno y lo tem poral, y que, p o r ello, está c o n tin u a m e n te esfo r­
meros.
C o n firm a m o s , siguiendo la trayectoria de sus escritos, q u e la pri­ zándose» 3I<). «Q ue el p e n s a d o r subjetivo existente está c o n tin u a m e n te
m o rdial es la tercera. A ella le asignará tam bién algun as peculiaridades en el esfuerzo (bestandigt er straebende) no se entien de en sentido finito
que él tenga un fin (M aal) h acia el cu a l tien de (straeber) y que. c u a n d o
ya conocidas.
La prim era es el interés. «L a re alidad es un inter-esse entre la unidad haya llegado, estará listo; no, él se esfuerza (straeber) infinitam ente, está
de la hipotética a b stra cció n del p e n s a r y el ser» 3()4. La contradicción, el co ntinuam en te (bestandigt) en d ev e n ir (i Vorden) (...); la ra z ó n es q u e es
interés que estaba en la co n c ie n cia, se adscribe a h o ra a la realidad. Y lo un existente y p e n sa n d o expresa ésta [existencia]. El dev en ir (Vordelsen)
explica: «El interés s u p re m o p a ra el existente es existir y el interés que es la existencia m ism a del pensador, [existencia] de la qu e sin p e n s a ­
aporta (Interesseretheden) en el existir es la realidad. Q ué es la realidad miento bien puede abstraerse y h acerse objetivo»
no p u ed e explicarse (angives) en el lenguaje de la abstracción» 30-\ Le La diferencia entre esta definición de la existencia y las definiciones
falta ju stam en te el elem ento activo y d in ám ico de la existencia que sólo el abstractas 112 está en la m a n e ra de a s u m i r la realidad propia del sujeto
existente com unica. 308 Ib., p. 298-299. Q uizás fuera posible a p a sion arlos, m on tán d olos en un corcel y
La realidad en sentido p len o se adecúa a la existencia viva y profunda hostigándoles para que saliesen al galope y lograsen experim entar la más salvaje d e las
del existente. «La realid ad es la interioridad |que está] infinitam en te inte­ carreras. Ibidem.
resada en existir...» Los filósofos que in ten tan desprenderse de este 309 Kierkegaard se burla.de los filósofos abstractos y previene de los graves peligros
interés co m o algo b astardo, c o m o estorbo y o bstáculo para c a p ta r con de tales filosofías: del su icid io co m o « co n clu sió n lógica» (S. V, VII, p. 295). de la dob le
personalidad: el profesor y el existente diario (5. K, VII, 290 s,). de la tentación de trans­
m ás pureza la realidad, p ierd en la entra ñ a m ism a de la realidad. formarse en ser puro (S. V. VII, p. 289), de la frustración causada en los jóvenes (S. V.
Otra p ecu liarid ad de la « re a lid a d » k ierkegaardiana es la pasión. El VII, p. 297 s.), etc.
p ro b le m a para K ierkegaard no está en desinteresar o d esm o tivar a los 310 S. V., VII, p. 81. El am or (en Sócrates) tam b ién se define así: «El amor está c o n ti­
individuos, sino en c o m u n ic a rle s esa pasión que va a hacerles capaces nuamente en el esfuerzo» (Ibidem ). K ierkegaard añad e a renglón seguido: «Es decir, el
sujeto pensante es un existente» (Ibidem ). Esa perm anencia continua en la tensión entre
de p e n e tra r en los secretos de la realidad, en la interioridad. «Existir, si
finito e infinito, temporal y eterno, es lo que K ierkegaard identifica con la existen cia real:
no se to m a este [térm in o de existir] c o m o m ero existir, es im posible «Un hom bre real (et virkelig M enneske), sín tesis de infinito y finito, tiene su realidad
hacerlo sin p asión» 1"7. Q u iz á s p o r eso todo p e n s a d o r griego era funda­ (Virkelighed) en el m an ten im ien to de esa sín tesis |y| está interesado infinitam ente en ex is­
m e n talm en te u n p e n s a d o r a p a s io n a d o . Kierkegaard en su 'a fá n inquieto tir...» S. V., VII, p. 289.
p o r los otros se p lan tea c ó m o p o d ría arreglárselas para d esa ta r en ellos 311 5. V, VII, p. 79-80.
312 Kierkegaard cita la definición h egeliana de existencia: « D ie Existenz ist die
unmittelbare E inheit der R eflexion-in-sich u n d der R efiexion-in-A nderes. Sie ist daher
302 Ib., p. 317. (?) die unbestim te M enge von E xistirenden.» 5. V., VII, p. 288. Cfr. G. W. F. Hegel. System
303 Ib., p. 303. der Philosophie (Stuttgart, Jub. Ausg. 4 1964), VIII, p. 288). El interrogante es de K ierke­
304 Ib., p. 302. gaard. quien com en ta cóm o en esa definición se suprim e « lo concreto, la tem poralidad,
305 Ibidem. el devenir propio de la existencia y la miseria q u e con oce el existente por ser una sín tesis
306 S. V. VII. p. 313. de eterno y temporal, arrojado en la existen cia» S. V. VII, p. 288. La cita de Hegel está a
pie de página.
307 Ib., p. 298.
existente. La concepción de la realid ad será con form e a la presencia o produce, c o n tin u a m e n te p e n s a n d o , esta existencia suya y sitúa to d o su
ab stracción de esa existencia. pensam iento en el devenir» 3I8.
Kierkegaard distingue entre «lo negativo» y «lo positivo» dentro de / La pérdida del devenir es la c o n s e c u e n c ia de la abstracción y del ol­
la realidad. E q u ip a ra en cierta m an e ra lo positivo con lo infinito y eter­ vido del tiem po en la filosofía w . S in te m p o ra lid ad se evaporan el suje­
no de ca d a existente y lo negativo con lo tem po ral y contingenté^. Surge to y la existencia real. '
asi la fo rm idab le c o n tra d icció n q ue un os te n d rá n en cuenta y otros olvi­ Algo sim ilar co m p ro b a m o s con la supresión del m ovim iento. Toda
darán. «La negatividad q u e está en la vida (Tilvierelsen) o. mejor, la existencia es movimiento. E lim in a rlo es tan falso com o p ro c la m a r que
negatividad del sujeto existente (de la que su p ensam iento debe esencial­ todo se mueve 32°. El p e n sa m ie n to p u ro quiere sup erar el m ovim iento
m ente d a r cuenta de form a ad e cu ad a ) está fu n d a d a en la síntesis del para intro d u cirn o s en la eternidad, p e r o c o n ello sólo consigue p e r d e r la
sujeto, p o r ser él u n espíritu existente infinito. Lo infinito y eterno son lo existencia real y a d q u irir u n a e te rn id a d abstracta 321. «Pensar la exis­
único cierto, pero com o están en el sujeto, están en la vida (Tilvaerelsen)y. tencia suh specie aeterni y en ab stracto es esencialm ente su prim irla; el
por ello, su prim era expresión es su falacidad y esta gran contradicción: mérito es sim ilar a la tan org u llo sam en te p ro c la m ad a supresión del
que lo eterno devenga, que llegue a ser (at det Evige vorder. at det bliver principio de contradicción. La ex isten c ia es in con ceb ib le sin el m o v i­
til)» l|'. miento y el m ovim iento es in co ncebible sub specie aeterni» 32:.
. La elim in a ció n del m ovim iento y del devenir co n d u c en a la p érd id a
Es necesario q ue el p e n s a m ie n to dispon ga de una fórmula c a p a z de de la existencia y de la realidad. A d e m á s n o se hace justicia a la e x isten ­
ex presar esta « re alid ad» , por. la que «el sujeto existente es eterno, pero cia real, pues siem pre hay algo que se resiste al pensam iento: el p ro p io
com o existente es ten ip o ra l» /L a filosofía de Kierkegaard y su concepción existir 323. C o n c ib ie n d o ab stra c ta m e n te la existencia, se omite la d ificul­
de la realidad quiere hac er justicia a estos dos polos de la realidad exis- tad de p en sa r lo eterno en devenir 324, pero no p o r ello se logrará: «la
tencial. sin negar el p o d er de la razón y sin red ucir ni «lo positivo» ni «lo existencia restablece la conexión, p o r q u e el sujeto p en sa nte existe» 125.
negativo» de la existencia. La dificultad es grande. Por eso será propuesta La respuesta filosófica a los ob jetiv o s «opacos» con que se to p a el
com o tarca específica de p e n s a d o r subjetivo ' M y com o característica pensam iento no consiste en olvidarlos o abstraerse de ellos. Ya lo co­
típica del « en gaño» que lo infinito provoca en la vida tem poral ■ , |\ mentó K ierkegaard en el tem a de la in m o rtalid ad ; no puede re s p o n d e r­
La categoría del d ev e n ir quiere ser la proposición a d e cu ad a al m a n ­ se a la o bjeció n m ás a r d u a —la e s p e r a n z a en u n a in m o rtalid ad p e r s o ­
ten im ie n to de la te m p o ra lid a d ju n to a la eternidad del existente. El d e­ nal—, m a ta n d o la ind ivid ualidad y c o n c e d ie n d o al género h u m a n o u n a
venir perpetuo, q ue refleja tam b ién la in certidu m b re de la vida terrenal, inm ortalidad general y abstracta 326.
es la expresión correcta de lo positivo y lo negativo. El sujeto existente, Esta m ism a dialéctica reaparece en el tem a del principio de c o n t r a ­
p or el h ec h o de serlo, está siem pre en devenir, pues vida y existencia es­ dicción. ta m b ié n presente en las d ife ren cias entre sujeto p e n s a n te y
tán p o r sí m ism as a n c la d a s en el d even ir 3i6. El p e n s a d o r subjetivo, que existente, entre individuo tem poral y eterno. La solución genial, dice
es tan negativo c o m o positivo, debe esforzarse en ser fiel a las categorías Kierkegaard con ironía, ha sido s u p r i m i r el principio de c o n tra d ic c ió n y
del devenir y lograr ta m b ié n q u e su e n s e ñ a n z a sea conform e a su exis­ así se su peran todas las objeciones 327.
tencia 3I7. «El existente está c o n tin u a m e n te en devenir; el p e n s a d o r real
existente subjetivo (den virkeligen eksisterende subjektive T $ n k e r ) re­ 318 Ib., p. 74.
319 Ib., P. 301.
320 Ib., p. 299.
313 S. V. VII. pp. 69-70. 321 Ib., pp. 299-300.
314 «El pensador subjetivo existente, que tiene la infinitud en su alm a, la tiene 322 Ib., pp. 295-296.
siem pre, y por ello su forma (h an s Form ) es con tin u am en te negativa. C uando reproduce 323 Ib., p. 296.
de m od o real y existente (virkeligen eksisterende) la forma de la vida (TilvcCrelsens Form) 324 5. V. VII, p. 295.
en su existen cia, él es |en cuanto] con tin u am en te existente tan negativo co m o positivo, 325 Ib., p. 296.
pues su positividad consiste en la interiorización constante, en la cual es consciente 326 Ib., p. 289.
(vidende) de su negatividad. (...) El co n o ce (han er vidende) la negatividad de lo infinito 327 S. V, VII, pp. 292-29,4. D e fondo h a y una extensa polém ica de los hcgelianos:
en la existen cia (Tilvserelsen). él deja siem pre abierta esta herida de la negatividad...» S. «Hegel, H eiberg, M artensen et Kierkegaard étaient d'accord sur ce que le princip e de
K. VIL pp. 72 y 73. contradiction n'a de valeur que dans des sp h éres déterm inés. Les trois prem iers affir-
315 ,S. K. VII. p. 74. Ser fiel a la síntesis de eterno-tem poral equivale a «soportar» la maient q u ’il est p ossib le á l'hom m e dans la v ie et la pensée, que s’identifient, de d épasser
tensión entre am b os en la existencia. celles-ci, de s elever á une sphére plus haute, c elle de la spéculation, oú les antitliéses sont
316. S. V. VII. pp. 68-69. supprimées. D e son cóté, Kierkegaard sou ten ait, á la suite de Mynster, et en accord avee
317 5. V. VII. p. 73. Sibbern, qu'il n'est pas possib le h u m a in em en t d'atteindre un stade oü les principes logi-
Para ser fieles a la realidad en sentido pleno hay que m a n te n e r las de la existencia real, es decir, del p u n t o im prescin dib le de partida para
tensiones y los elem entos propios de la existencia, incluidos los c o n tra ­ una filosofía que asu m e a u té n tic a m e n te la v e r d a d y la realidad.
dictorios. puesto que sin ellos, en lugar de s u p erar la alternativa (enten- «¡HegelJ se ha b u rlad o de la intu ic ió n intelectual de Schelling (e x p re ­
eller). sólo se conseg uirá elim in a r la existencia. La existencia es lo fu n­ sión del co m ienz o (Begyndelsens) en Schelling), es verdad; él m ism o ha
dam ental, ta m b ié n sus con trad iccio n es y su interés-pasión, a no ser que dicho, y se ha vuelto a decir a m e n u d o , q ue su m é rito era el m étodo; pero
q u eram o s volver a los escépticos que inv entaro n la ataraxia 3:8 p ara p o ­ él [Hegel] no h a dicho n u n c a cóm o se re lacio na el m éto d o c on la in tu i­
der ab straer de la existencia. ción intelectual, [y] si no era n e c e s a rio aqu í u n salto. Respecto del
La ausencia de ese interés y esa p asió n que caracterizan a la verda­ método y el c o m ien z o del método (M e th o d e n s Begyndelse) só lo (b lo t) se
dera existencia 3>' nos p ro p o rc io n a n u n a b u e n a pista sobre la form a co­ dice c o n tin u a m e n te que debe c o m e n z a rs e p o r y c o n él. Pero [para que)
mo la ab stracción se en fren ta con la realidad del propio existir. tal com ienzo no sea u na fantasía, d eb e h a b e r p re viam en te una reflexión
Se trata de d a r ra zó n de la existencia. P ara lograrlo, la filosofía espe­ (Reflexión) y en esta reflexión (Reflexión) consiste precisam ente la pre­
culativa p o n e en m a rc h a todo un método. A parece u n a seria dificultad. gunta del co m ie n z o (In d led nin gs-S p orgsm aalet)» 334.
Resulta que el único «an sich» que se resiste al pen sa m ie n to es el existir, El m étodo k ierkegaardiano o la dialéctica de su filosofía 335 se p la n ­
con el que el p e n sa m ie n to no tiene nada que hacer. «¿Cómo podría el tea de m odo diverso. Se trata de m a n te n e r la c o n tra d icció n entre los dos
p e n sa m ie n to puro s u p e ra r esta dificultad, puesto que, siendo p en sa­ polos, sin negar sus im plicaciones iniciales, para «saltar» en un instante
m iento puro, es abstracto? ¿De qué abstrae el pen sa m ie n to puro? De la dado a u n a « realidad» nueva, in esp erad a en m u c h o s sentidos y e n todo
existencia, es decir, de aq u e llo que debía explicar» 33°. El p ensam iento caso original respecto al proceso c o n t i n u o del p e n s a r objetivo 33ft. El
puro ha p erd id o la existencia. cuestionam iento de Kierkegaard so b re el m étodo de las filosofías p rece­
K ierkegaard ha c a p ta d o perfectam ente la im po rtan cia del método dentes sigue estan d o vigente 337.
para la filosofía y. de m an e ra prim ordial, p ara la filosofía de Hegel 331.
334 5. V, VII. p. 135 en nota.
Sus alusiones son c o n tin u a s 333. Está convencido, con razón, de que la
335 El m ism o califica de abstractas las otras dialécticas. Cfr. S. V , XIII, p. 227 s.
discusión sobre el m étodo es capital p ara toda la filosofía: «El método 336 Con parecidos térm inos explica un autor la dialéctica kierkegaardiana. En su
absoluto, cuyo d e s c u b rim ie n to pertenece (er) a Hegel. es ya en lógica opinión, para que haya dialéctica han de darse estos tres supuestos: 1) Que exista o p osi­
una cosa difícil...» 333. Sin em bargo, el m étodo hegeliano no da cuenta ción radical o antinom ia entre dos polos no s ó lo contrarios, sin o incluso contradictorios.
2) Que la dialéctica ponga en relación de im p lic a c ió n recíproca esos dos polos a n tin ó m i­
cos. 3) Que un su ceso particular sitúe al espíritu ante una elección imperativa. La dialécti­
ques classiqu cs soicnl supprim és. el que ceux-ci, loin d étre supprim és, ont une valeur ca se bloquea m om en tán eam en te sobre una síntesis parcial. con todos los peligros adya­
absolute. tant form ellem ent que rccllem cnt. dans la pensée et dan s le m ode d étre qui est centes. La necesid ad de clara la dialéctica esa posib ilidad de pararse en su incesante m o­
le seul possible pour Ih o m m e dans la rea 1i te donnée. eréée. 1 existence.» N. Thulstrup. vimiento es la consecu en cia de tom ar en serio la finitud y la tem poralidad. Cfr. J. D . Krae-
«Le désaccord entre Kierkegaard et H egel» en Kierkegaard-Studiet, 1 (1964). p. 114. ge. «La dialectique kierkegaardienne» en Revue de théologie et d e philosophie. 118 (1986).
328 Alude a Pirrón. Este filósofo con cib ió la felicidad com o ataraxia, com o imper­ pp. 53-63.
turbabilidad del alma. Para llegar a ella, hay que superar la em otividad y practicar la in­ 337 P erm ítasenos citar una larga, pero su geren te con sid eración de un filósofo actual:
diferencia de juicio hacia las cosas. Pirrón decía que había aprendido esta actitud con «Las dos grandes fu n cion es del m étodo para los m odernos son : la analítica, entendida
los ascetas de la India. como crítica de las ideas, y la sintética que aspira a la organ ización sistem ática de las
329 «U n a eternidad concreta en el existente es la p asión en su más alto grado» S. V. mismas. El análisis y la síntesis. Analizar las ideas y organizar las ideas arquitectónica­
mente.
VIL p. 300.
330 Ib. p. 317. De acuerdo con esta interpretación de la m od ern id ad , se ha caracterizado la filosofía
331 «M ientras que según los dem ás sistem as el m étodo es extrínseco al contenido, de dicho m om en to, com o epistem ología, o b ie n com o teoría del conocim iento, o si se
Hegel establece co m o princip io fundam ental que la verdad, síntesis de m étodo y conteni­ quiere com o filosofía o teoría de la ciencia. T oda la m odernidad ha sid o teoría de la cien ­
do. es "el m ovim ien to de sí en sí m ism a . Con ello quiere decir que m étodo y contenido no cia, en el sentido de teoría del conocim ien to o en el sentido de epistem ología. ¿En qué ha
han de entenderse por de pronto co m o contrapuestos o en iclación extrínseca. La verdad consistido esta filosofía m oderna interpretada c o m o teoría del conocim iento?
no está ni en el m étodo ni en el co n ten id o com o tam poco en la aplicación de aquel a éste La función fundam ental de la filosofía m od ern a, interpretada desde ese punto, es ju s­
o en considerar el m étod o com o un reflejo del con ten id o m ism o. En expresión, que es ne­ tificar o legitim ar el uso correcto de los co n c ep to s de razón, el uso correcto de catego­
cesario explicitar. cabría decir que la verdad es la síntesis din ám ica de uno y otro.» M. rías (...). Esto lleva co n sig o que la razón está d isp u esta a hacerse valer com o la única ins­
Alvarez G óm ez. Experiencia y sistema, pp. 172-173. U n poco antes cita el autor la expresión tancia normativa de la verdaS. Es decir, só lo lo que tiene esa legitim ación deductiva es
de Hegel: «El m étodo no es en efecto sin o la estructura del todo (der Bau des G anzen ) pre­ verdadero, es decir, es cien tífico, objetivo en term inología kantiana. La razón es la que
sentada en su esen cialid ad pura.» Ib., p. 172. funciona com o norm ativa de la verdad. Cosa q u e aparece en la prim acía que la m oderni­
132 Cfr. 5. V. I. p. 304 s.: II. pp. 251.280 s»; III. pp. 68. 204 s.: IV, p. 270 s„ 315,419: VII, dad concede, adem ás, a la razón en todas su s acep ciones.
pp. 18,88, 93. 97, 132. 135 s„ 170, 178, 227. 264, 317, 326 s.: XIII. p. 141 s. 322 s., 567 s. El cam bio de rum bo heideggeriano, con resp ecto a la filo so fía de la m odernidad, co n ­
333 S. V.. IV, p. 270 en nota. siste en una crítica de la teoría m oderna de la objetividad, lo q u e los m odernos h an con-
Otro intento de re c u p e ra r la existencia desde el pu n to de partid a de 3. El sujeto de la realidad
la filosofía m o d ern a lo re p re se n ta la expresión cartesiana «Cogito, ergo
sum». N a d a m ás erróneo, p u e s ese salto del p e n s a r al existir n o es posi­ «La ú n ic a realidad que h ay p a r a u n existente es su propia [realidad)
ble en absoluto. Tres a r g u m e n to s b a s ta n para m ostrarlo: 1) La existen­ ética; sob re toda otra realidad no tien e él m á s q u e saber, pero el verda­
cia real individual está ya p resu pu esta, con lo que no se p ru e b a nada: dero s a b e r es u na traducción en la p osib ilid ad » 345. Con esta frase Kier­
«Yo.wv pensante, ergo yo soy; pero si yo .voy pensante, qué m aravilla que kegaard sitúa certeram ente su p o stu ra filosófica. Lo ético es algo dife­
yo sea; ya estaba dicho y el p rin cip io afirm a lo m ism o que el final» <1X. rente del saber abstracto. Lo ético e n m a r c a a la perfección la realidad
2) Si se quiere afirm a r que el yo de «yo soy» es sólo un a existencia p en ­ en el sentido existencial-individual que ha descrito antes. Lo ético res­
sante. entonces la expresión es p u ra m e n te tautológica 339. Todo esto es ponde. se adecúa, a todas aquellas exigencias de la realidad que el p e n ­
aplicable a Dios, de cuyo co n c e p to de Ser S uprem o se in te n ta b a deducir samiento no p odía «soportar» com o, por, ejem plo, la pasión y el interés.
la existencia c o m o algo real 34<’. 3) T am poco es válida la explicación de «La ab stra c ió n exige de él [del existente] que se vuelva desinteresado
la realidad desde el p e n s a m ie n to puro, a u n q u e se haga con toda n a tu ra ­ para s a b e r algo. La ética exige de él q u e esté in fin ita m en te interesado en
lidad. pues se olvida que to d o el discurso se halla «dentro de la posibili­ existir» 346. El interés de la existencia, p e r tu r b a d o r p a ra el pen sa m ie n to
dad del p e n sa m ie n to » 341. abstracto, está en arm o n ía plena c o n la ética: «... la ética confiere a su
La abstracción sitúa la re alidad en el d o m in io de la posibilidad. No existencia un interés infinito, tan in f in ito q u e el p rincipio de co n tra d ic ­
es ilegitimo hacerlo. In c lu s o h a de afirm arse que «poética e intelectual­ ción as u m e u n a validez absoluta» w .
m ente la posibilidad es m ás alta por relación a la realidad» 342. Pero es Lo m is m o sucede co n la pasión, y n o u n a p a s ió n cualquiera, sino la
que h a b la n d o así nos situ a m o s en la realidad «que tiene el p e n s a m ie n ­ pasión de ser hom bre. La ética a p e la a la re s p o n sa b ilid a d sobre si mis­
to». en «la realidad p e n s a d a » , en «la posibilidad». Esto p u e d e hacerlo mo. Se d es e n c a d e n a así la pasión m á s p ro fu n d a: la de la interioridad. A
el individuo con todas las realid ad es exteriores a él, que sólo p u ede asu­ la existencia del h o m b re com o tal p ertenece la actuació n decisiva, a q u e ­
m irlas p e n s á n d o la s 34\ El p ro b le m a es su propia realidad. D e ésta no lla en q u e se juega el destino eterno 348. Sólo c u a n d o se arriesga lo deci­
puede desprenderse n u n c a , p o r más ejercicios que haga, ya que de la sivo con pasión subjetiva total se está to c a n d o la realidad profund a del
propia realidad nadie logra ab s tra e r p or m ucho que lo intente ,44. Sólo le existir.
q ued a asum irla y vivir en c o n c o rd a n c ia con ella. La realidad no se m anifiesta en el m u n d o de la posibilidad. La s u b ­
jetividad no está en la esfera de la posib ilid ad , p ertenece a otro ám bito.
«La subjetividad real no es la que sabe, pues por el saber está él en m e­
dio de la posib ilidad; ella [la subjetiv idad real] es la subjetividad exis­
siderado co m o objetivo. Lo que lleva c o n sig o el ab an d on o de la filosofía c o m o lógica, lle­ tente» 349. M ien tras el d o m in io del p u r o p e n sa r-s a b e r n o se com p ag in a
va con sigo tam bién la crítica de la idea com o representación, y lleva con sigo la interpre­ con la subjetividad, el ético lo hace p len am e n te . L a «realidad» kierke­
tación del ser com o efectividad, co m o energía, com o vida. El ser es efectivo, e s dinámico, gaardiana tiene su m o rad a en el re in o de lo ético: «La propia realidad
es energía, com o era la physis griega, el fluir de la naturaleza. Esto es lo que significa la
fam osa metáfora heideggcriana de que: «Toda la filosofía occidental a partir de los pre-
ética del in div iduo es la ú nica (eneste)realidad» 35°. R adica lm en te ex­
soeráticos es un gran olvid o del ser.» C. Flórez. «Las polém icas sobre la racionalidad», presado — única re alid ad —, no p u e d e m ostrarse m a y o r insistencia so­
en El pensamiento alemán contemporáneo. Hermenéutica y teoría crítica (Salam anca. San bre el individuo, sobre la ética y so b re la realidad.
Esteban. 1985). pp. 195-1%. Es in d u d ab le que la insistencia radical de Kierkegaard en la Sucede en nuestros días —en o p i n i ó n de K ierk egaa rd— que la ética
recuperación del ver existente y real tuvo que influir decisiva V n otab lem ente en Heideg­
está totalm ente ignorada en su valor y, especialm ente, como m edio de
ger.' acceder a la realidad. Se asigna esta función a la poesía, lo que va en
338 S. V.. V il. p. 304.
339 Ibidem. contra de su gen u in a naturaleza. Id é n tic o p ro c ed er utiliza la especula­
340 S. V.. VIL p. 323. Cfr. 5. V. IV. pp. 234-235. ción que prete n d e a lc a n z a r la re alid ad sin d ejar de ser p u ro p e n sa m ie n ­
341 S. V„ VIL p. 323. Se refiere a la tercera sección del Libro II d é la Ciencia d é la lógica,At to. El resultado es doble: p or u n lad o , «la época y los ho m b res se vuel-
H egel titulado Die Wirklichkeit. En otro lugar explica Kierkegaard el d añ o que lógica y
realidad sufren con esta con fu sión . Cfr. S. V., IV, p. 314. 345 S. V. VII, pp. 303-304.'
342 5'. V. VIL p. 306. Kierkegaard recuerda que en su Poética A ristóteles había dicho 346 Ib., p. 303.
que «la p oesía es m ás alta que la historia: ésta se limita a exponer lo sucedido; la poesía, 347 Ibidem .
sin em bargo, lo que habría p od id o y debid o suceder, es decir, la poesía d isp on e de la po­ 348 S. V. VII, p. 291.
sibilid ad». Ibidem. 349 S. V, VII, p. 304.
343 S. V VIL pp. 308 y 309. 350 Ib., p. 315.
344 ib., p. 305.
La form a de n o perd er la re a lid a d en sentido ético es ac entuar el ca­
ven irreales», y, por otro, «se sustituye la urgencia de la existencia en el
rácter existencial del p rop io individuo. Esto tiene sus riesgos y, qu izás
p lan o ético po r mistificaciones de la realidad» 351. por ello, ha sido m enospreciado.
La ética p ro p o n e d a r un vuelco a esta situación re c u p e ra n d o el inte­ Así c o m o c o n c e d e r la s u p re m a c ia al p e n s a m ie n to es una especie de
rés auténtico po r la existencia. La ética no se detiene en la c o n te m p la ­ gnosticismo, igualm ente «hacer de I3 re a lid a d ética del sujeto la única
ción del m u n d o , de las g eneraciones, de los m illones de h om bres, de la realidad pod ría parecer a c o sm ism o » 36°, u n radicalism o traducible por
h u m a n i d a d entera. La ética se p lan ta ante el individuo, exigiéndole una olvido o desinterés del m u n d o exterior. N a d a m á s lejos de las intencio ­
actuación. «La ética tiene que ver con los hom bres individuales (enkelte nes de Kierkegaard. Lo único que se p re te n d e es resaltar la prim acía ab­
M ennesker) y. nótese bien, co n ca d a individuo (Enkelt)» 352. La ética soluta del in dividuo sobre todas las cosas. N in g u n a otra realidad, a b s o ­
destruye el desinterés característico de la abstracción y confiere al exis­ lutamente n in g u n a , es superior a él. «La p ro p ia re alidad ética debe sig­
tir un interés infinito. A h o ra será legítimo afirm ar que « para la ética la nificar p ara el individuo en el p lan o ético m ás que el cielo y la tierra con
realidad es m ás alta que la po sib ilid ad » 353. pues pone en ju eg o el desti­ todo lo que se halla en ellos, más q u e los 6.000 añ o s de la historia del
no del individuo. m undo y q u e la astrología, la ciencia veterinaria...» 361.
Esta es la e n o rm e diferencia entre especulación y ética a la ho ra de La realidad suprem a p a r a el in d iv id u o es la prop ia existencia. El
enfrentarse con la realidad, el m u n d o , las cosas, los hom bres. El desin­ «sujeto» de la re alid ad es lo ético. L a realidad c a m b ia y «se mueve» por
terés y la frialdad de la co n te m p la c ió n p u ra desaparecen. Si alg u n a vez las decisiones éticas. Kierkegaard c o n f ir m a la p rim ac ía de la subjetivi­
reaparecen, es p o rq u e otro sujeto, y no yo m ism o, es quien está ante dad: «La subjetividad es la re alid ad » 362. Este es el nuevo paso de Kier­
mí 354. P re g u n ta r éticamente si algo es real sólo es legítimo c u a n d o el su­ kegaard. Q u e d a p o r d e term in a r c ó m o se co rre s p o n d e esta realidad con
jeto in div idual se p re g u n ta a sí m ism o p o r su propia re alid ad 35-\ la verdad.
El v erd ad ero sujeto de la realidad es lo ético. Todo lo q u e cae dentro
de su á m b ito tiene que ver con la realidad. Por ello es im po rtan te com ­ 4. L a verdad de la realidad
prenderlo bien.
" H ay d o s m a n e r a s de in tro d u c ir am b ig ü ed a d es en lo ético. La prim e­ K ierkegaard h a b ía form ulado c o n c la rid a d en sus prim eros escritos
ra, c o n fu n d ie n d o lo ético c o i r l o exterior. La segunda, lim itan d o lo ético el problem a de la relación entre v e r d a d y realidad. La pregunta p o r la
a lo in terio r-p ensado, o sea. a la acción pensada. Kierkegaard ejemplifi­ verdad es in sep arab le de la relación entre id ealid ad y realidad, decía en
ca de varias m a n e ra s estas distinciones, resaltando, p o r u n lado, que la su Johannes Clim acus eller De óm nibus dubitandum est. C o n un estilo ac a ­
acción p e n s a d a p artic ip a de las cu alid a d es de la decisión interior, pero so m ás cercan o a las filosofías de s u tie m p o lo explicaba ta m b ié n en
no se c o n f u n d e con ella 35IS. y. po r otro, que «la decisión en lo exterior es Begrebet Ironi: «Estos dos m o m en tos so n in sep arables, pues si el concepto
u na b ro m a » 357. A u n q u e en todo esto no hay grandes diferencias en los no estuviera en el fe n ó m e n o o, m ejor, el fe n ó m e n o n o fuera p rim e ra ­
contenid os, la div ersidad en la form a es inm en sa, p ues está p o r m edio el mente c o m p re n sib le , p rim e ra m e n te real en y c o n el concepto y si el fe n ó ­
interés infinito de la existencia que es lo definitorio de la ética 358. meno no estuviera en el co n c e p to o, m ejo r, el concepto no fuera
Es así c o m o se hace perfectam en te co m prensible su definición de la prim eram ente co m p re n sib le , p ri m e r a m e n t e re al en y con el fen óm eno,
realidad d en tro del á m b ito ético: «La realidad no es la acción exterior, el co nocim iento sería entonces im p o s ib le , c o n lo q ue en u n caso me fal­
taría la v erd ad y e n el otro la re a lid a d » 363.
sino algo interior (en Indvorteshed), en d o n d e el individuo supera la po­
sibilidad y se identifica con lo p en sa d o para existir en él» •w . M a la n ts c h u k h a interpretado este texto d e la siguiente m a n e ra : la
verdad y la realidad (Wirklichkeit) son dos m o m e n to s de cada ser real
(Wirklichseins); el prim ero es lo n ecesario inm óvil, y el segundo, el m o ­
351 Ib., pp. 306-307. vimiento, el p aso de ser posible al s e r real 3M. C o n firm a su tesis scñalan -
.352 Ib., p. 308.
353 Ib., p. 307. 360 Ib., p. 331.
354 « E so significa que para la ética n o hay relación directa de sujetó a sujeto.» S. V,
361 Ibidem . «6.000 añ os de historia» es una a lu sió n a la duración del m undo, esti­
VIL p. 309. H em os su brayado «directa» para mostrar su contraste con la «indirecta». De
mada por algun os exégetas a'partir de las cifras de la Biblia. Lo de las ciencias veterina­
ello se hablará más adelante y referido expresam ente a la verdad. rias está relacionado con una obra de J. L. H eiberg.
355 .V. V. VII. p. 310. 362 5. V, VII, p. 332.
356 Ib., p. 328. 363 5. V, XIII, p. 342.
357 Ib., p. 330. en nota. 364 G. M alantschuk, «D as Verhaltnis zw ischen Wahrheit und W irklichkeit in
358 S. V. VIL p. 330, Seren Kierkegaards existen tiellem D enken». en O rbis Litterarum . X, (1955), p. 166.
359 5. V, VIL p. 328.
do có m o po sterio rm e n te K ierkegaard modifica esta form ulación, afir­
un o bstinad o (forhaerdet) esse, m antenida en la interioridad apasiona­
m a n d o que «la re alid ad (Virkelighed) es la u n id ad de lo posible y lo ne­ da» 372.
cesario» 36-\ P ara M a l a n t s c h u k lo p erm a n en te en ia o b ra de Kierke­
La pregunta p o r la v e rd ad ha d e re spon derse en este terreno q ue es el
g aard es la sobresaliente im p o rtan cia con ced ida al «m ovim iento», a de la realidad, y no en el de la p o sibilidad . Este es tam b ién el d o m in io
aquello que en la re alid ad posee carácter dinám ico, sin negar lo eterno e de la ética. Etica y fe tienen bastantfes se m eja n zas en cuanto expresan
infinito de ella. U n texto de 1840 es el aval p ara esta tesis. E n él se co ­ un interés infinito: la ética, en la p r o p i a realid ad, y la fe, en la re alidad
m ienza diciendo q ue la vida v erd adera del individuo (Individets sande de otro. Lo m ism o sucede con la v erd ad, cuyo có m o (hvorledes) expresa
Liv) es en su apoteosis el m an te n im ie n to de lo divino en la finitud. Y toctoelTnterés y la p asió n del ex istente p o r la propia realidad. C o n r a ­
c o n tinú a: «Esta u n i d a d de m etafísica y de a z a r se en c u en tra ya en la zón p o d rá decirse que «el cóm o d e la verdad es la verdad» m . Todo lo
autoconciencia, qu e es el p u n to de p artida de la person alidad. Yo me contrario que los idealistas, quienes prefieren parecerse a los escépticos
hago consciente de mí m ism o en mi valor eterno, por así decir, en mi en su deseo co n stan te de lograr la p l e n a indiferencia, co m o ya vim os 374.
necesidad divina, a la v ez q u e en mi casual finitud...» 366. Por ello hay que ser m u y p ru d e n te s y ca u to s para no equiv ocar los
De nuevo estam o s an te u n a trilogía, a la hora de d e te rm in a r la reali­ térm inos en que se plantea la p re g u n ta p o r la verdad. Si se igualan las
dad com o existencia y co m o verdad. Lo crucial es sostener con firmeza esferas (intelectual-estética y ético-existencial) y se olvida la c o n t r a d i c ­
esa trilogía, sin s u p rim irla, sin bu rlarse de ella 3h7, sin cerrarla falsam en­ ción, llegaremos a las peores confusiones. D e n a d a servirá entonces que
te 36S, com o hace la abtracció n. Veremos con facilidad q ue «la realidad, proclam em os «todo es verdad», p u es es lo m is m o que gritar « n a d a es
la existencia, es el m o m e n to dialéctico en una trilogía, cuyo principio y verdad» 375 y en el fondo sólo se n o s revela co n ello q u e no se ha inicia­
fin (B egynden og S lutn ing ) n o p u ed e n ser p a r a u n existente que, en do bien la preg unta p o r la realid ad y po r su verdad.
cu a n to (qua) existente, está en un m o m ento dialéctico» -w>. Que la subjetividad sea la verdad y la realidad 376 es u n a c o n firm a ció n
Ya lo o b s e rv á b a m o s al h a b l a r de la conciencia com o contradicción. y un aviso p a ra sostener la síntesis d e la existencia entre infinitud y t e m ­
Si no se da la co n tra d icció n , n u n c a ten drem o s un verd adero encuentro poralidad, p e n s a m ie n to y ser, para n o p re sc in d ir j a m á s de la c o n tra d ic ­
ción, Esa es la diferencia del p e n s a d o r subjetivo y el abstracto: «el p e n ­
entre realid ad e id ealidad , con lo que ni siquiera h a b r á conciencia.
S u p rim ie n d o la c o n tra d ic c ió n —a ñ a d e K ierkegaard a h o r a — se agota y samiento abstracto h a b la ce rtera m e n te de c o n tra d icció n y de u n im p u l­
so p erm a n en te de la contradicción, a u n q u e su p rim e la dificultad y c o n ­
term in a la re alid ad de la existencia p ara u n existente 37°.
tradicción p o r no ten er en cuenta la existencia y el existir. Pero el p e n s a ­
Lo m ism o h e m o s a p u n t a d o al explicar la existencia com o relación dor subjetivo es un existente y, sin em bargo , es pensante; él no abstra e
actual entre id e alid ad y realidad, p e n s a r y ser. La existencia en la subje­ de la existencia ni de la co n tradicción, sino q u e está en ella y en ella ha
tividad separa y disocia ra dical y p e rm a n e n te m e n te los dos elementos. de pensar. E n todo [el ejercicio de) su p e n s a r debe p e n s a r que él m ism o
Es lo q u e tipifica al p e n s a d o r subjetivo y lo que suscita la pasión p o r la es un existente. D e esta m a n e ra te n d rá siem pre y co n tin u a m e n te m u c h o
existencia: «El p e n s a d o r subjetivo co n p asió n de p e n s a m ie n to (med que pensar» 377.
T a n k e -L id en sk ab ), posee la absoluta disyunción co m o p arte integrante La tarea del p e n s a d o r subjetivo e n su b ú s q u e d a de la realidad y de la
de la existencia...» 371. verdad es siem pre la m ism a: «comprenderse a sí m ism o en la existen­
La verdad de la re alid ad se asienta en esta trilogía y contradicción, cia» 378TEsa tarea es c o m ú n a los g ra n d e s filósofos griegos, al p e n s a d o r
en las que se m a n tie n e n las irreductibilidades genuinas. Es lo que subjetivo y al creyente cristiano m . E n todos ellos la realidad existencial
c o rresp o n d e a la defin ic ió n de fe (y de verdad), que es «incertidumbre ob­ (Eksistents-Virkelighed) se resiste a ser tran sm itid a objetivam ente, p o r­
jetiva, p o rq ue efectivam ente el disolvente (oplasende) posse choca con que todo p e n s a d o r subjetivo, interior, tiene en su pro pia existencia (éti­
ca) su realidad 38°.
372 5. V. VII. pp. 309-310. Referida aqu í a la fe, es una reiteración de su d efin ició n
365 Ib., p. 167. Cfr. S. V. XI. p. 168. de verdad.
366 Papirer, III A 1, p. 6. 373 Ib., p. 311.
367 5. V. VII, pp. 332-333. 374 Ib., pp. 342-343. .
368 S. V, VII. p. 302. 375 Ib., p. 299. H ab lan d o del instante, repetirá esto m ism o.
369 Ibidem. 376 Ib., p. 332.
370 lb„ p. 336. 377 5. V. VIL p. 340.
371 Ib., p. 340. «T odos los problem as de la existencia están llenos de pasión 378 Ibidem.
(lidenskabelige). pues la existen cia, cuand o se tiene con cien cia de ella, da pasión.» 379 Ib., pp. 341-342.
Ibidem . 380 Ib., p. 347.
Si volvem os a re co rd a r el p aralelism o entre fe y verdad, po drem os C o nv en d rá antes sacar las lecciones a p re n d id a s en este desarrollo,
d edu cir m ejo r cuál es la realidad que la verdad ha de alcanzar. algo tortuoso quizás, en torno a la v e rd a d y la realidad.
«El objeto de la fe es la re alidad de otro; su relación es un interés i n ­ La verdad de la realidad no se e n c u e n tra en el m u n d o del p u ro pen­
finito» W1. C onv ien e hac er alg unas distinciones. Esa «realidad», objeto sar. a u n q u e la actividad del sujeto p e n s a n te sea necesaria. T am poc o se
de la fe. n o p u ed e ser u n a d octrina, pues en ese caso la relación sería in ­ halla en la realidad exterior, que p o d r í a ser trasform ad a p or la acción li­
telectual y no existencial. N i siquiera u n m aestro —que quisiera p re sen ­ bre de los h o m b re s pese a que la decisáón eficaz sea im p rescin d ib le para
ta r esa d o c trin a — p u ed e serlo, p ues entonces ésta sería superior a aquél llegar a la realid ad verdadera.
y ten d ría m o s idéntica relación objetiva. «El objeto de la fe es la realidad La realidad auténtica está en la relación que el sujeto cognoscente
del m aestro, que el m aestro existe realm ente» 3íi2. C o m o sería absu rd o establece — desde y a través de su existencia sin gu lar— entre los datos
que a esta cuestión (la existencia de un h om bre) se le diese u n interés in­ de la realidad y la a p reh en sió n objetiva. La verdad consiste en el m a n te ­
finito. se deduce q u e «el objeto de la fe es la realidad de D ios (G ud en s nimiento co n tin u o y existencial de esa relación. Se está en la realidad
Virkelighed) en el sentido de la existencia» w , es decir, «com o un indivi­ cuando la existencialidad de esa re la ció n entre p e n s a r y ser a lc a n z a su
d u o (en Enkelt), esto es, q u e Dios ha existido co m o ho m b re individual punto supremo.
(et.enkelt M enneske)» -w . Si el cristianism o fuese la doctrina de la sínte­ Acceder a la verdad de la realidad, estar en la existencialidad v erd a­
sis de lo divino y lo h u m a n o , de sujeto-objeto, la actitud propia hacia él dera de esta relación, no es fácil. N o b asta con sentarse en una m esa y
sería u n a actitud racion al y no u n a relación de fe w . La fe expresa un ejercitar el puro p ensam iento , libre de los estorbos cotidianos y de los
interés s u p re m o h a c ia la re alid ad del maestro. intereses p asio nales de los h u m a n o s . Al contrario, la única m a n e r a de
Este m ism o e sq u e m a se repite en el p ro blem a de la verdad frente a la cap ta rla realid ad en su m ás in tensa verdad es con interioridad plena, o
realidad. Si la v e rd a d fuera algo abtraeto, si la realidad estuviera en el sea, con p asión e interés infinito h a c ia esa relación.
d o m in io del p e n s a m ie n to puro, si «la verdad objetiva equivaliera para Hemos descubierto, p o r consiguiente, que el sentido de la b ú s q u e d a
u n existente a la e te rn id a d de la abstracción » la reacción sería buscar de la verdad ha de orientarse h a c ia la pro pia realidad subjetiva, hacia
u n a certeza objetiva, u na ap re h e n s ió n desap asio nad a. su forma de establecer la relación e n tre p e n s a r y ser, h acia su cóm o inte­
La presencia de la p asió n nos devuelve al m u n d o en que «la subjeti­ rior ante la realidad. Ese «cóm o» n o s co n d u c irá a las p ro f u n d id a d e s de
la verdad y de la realidad.
v idad es la verdad » 3S7. Algo le distancia de la fe y es «la realidad» que
capta ca d a una. Sim ilares en el interés infinito,;el individuo aislado tie­
ne po r objeto de su interés a p a s io n a d o su propia realidad. Este es el
ejercicio p ro pio de la v e rd ad ética y h u m a n a .
En esta form a de e n te n d e r la verdad se da ya u na p aradoja, u n a sus­
pe n s ió n del p e n s a m ie n to objetivo. Pero la fe hab la de u n a doble p arad o­
ja: la de su pro pia relación (interesada, llena de pasión, incierta) y la de
la realidad a la q u e se dirige (que lo eterno se haga tem po ral, que Dios
existe co m o h o m b re particular). « P reg un tar infinitam ente interesado
p o r u n a realidad que no es la prop ia es qu erer creer, y expresa la rela­
ción p aradó jica a la p a ra d o ja » ,ss.
E stam os e n tra n d o en otra esfera, la de la fe. A ella va a acudir Kier­
kegaard para re s p o n d e r a esa pregunta aú n pendiente: d ó n d e está la
verdad.

3X1 Ib., p. 314.


382 Ibidem.
383 Ib., pp. 314-315.
384 Ib., p. 315.
385 Ibidem.
386 S. V. VII. p. 300.
387 Ibidem.
388 S. V. pp. 311-312.
IV. D Ó N D E ESTÁ LA V E R D A D

El paso siguiente de la investigación k ierkegaardiana sobre la ver­


dad va a consistir en responder al interrog an te que determ ina no sólo
cómo y qué es la verdad, sino ta m b ié n d ó n d e p odem os enco ntrarla. A n ­
tes de in tro ducirno s en el tema, es preciso explicar lo que intentam o s.
A u n que K ierkegaard alude c o n sta n te m e n te a ello, los lugares donde
expresam ente a b o rd a esta cuestión son Sm uler y Efterskrift. El to n o filo­
sófico. a la vez que existencial e in terio rizante, de a m b a s obras sirve de
marco ad e cuado p a r a e n fren tarn o s a este problem a.
No olvida Kierkegaard las c o o r d e n a d a s de su p lantea m iento general
acerca de la verdad. De a h í que adv ierta al lector sobre dos p rem isas
sustanciales para e n ten d e r su análisis: 1) N o es una resolución doctrinal
para pensadores y eruditos. 2) Es u n a respuesta de im po rtan cia vital.
A m bas cosas son resaltadas de m últiples m a n e ra s y con m a c h a c o n a
insistencia. «El lector de un poco de filosofía de Sm uler' recordará que
el ensayo no se p r o p o n ía enseñar, sino experimentar» -189. De otro m odo
—cree K ierkegaard— se hubiera co rrid o el peligro de convertir su in d a ­
gación en un nuevo tratad o m era m e n te abstracto y filosófico. Este es
también el motivo p o r el que no se indicó desd e el principio la m eta de
la búsqueda (el cristianism o ) ■ Wü, p a r a no desvirtuar el sentido original,
vivo, existencial, de la pregunta.
No se trata, por consiguiente, d e resolver u n a cuestión intelectual, en
la que el in dividuo tenga p e r s o n a lm e n te poco que contar. Es u n asunto
en el que se pone en juego la felicidad eterna de cada uno. Lo señalaba,
como sabem os, en el e n c a b e z a m ie n to de Sm uler. «¿Puede fu n d a rs e una
felicidad eterna sobre un saber histórico» -191. La pregunta cobra una
im portancia p rim o rd ial, p o rq ue « e s a felicidad eterna se decide en el
tiempo, con relación a algo histórico...» -192. La b ie n a v e n tu ra n z a eterna
es. ¡nada menos!, el co n ten ido de la experiencia.
El p roblem a d e b a tid o afecta de lleno a la verdad. Sm uler co m ien z a
con un interrogante acerca de la verdad: «¿Hasta qué p u n to puede

389 S. V. VII. p. 349. El subrayado es nuestro.


390 Ib., p. 350.
391 S, V. IV. p. 197.
392 S. V. VII. p. 357.
ap ren d erse (laeres) la verdad?» -w . El proyecto (Tanke-Projekt) que sigue Si la verdad debe ap renderse será p orque a ú n no se posee y. p o r lo
es un desarrollo cuyo núcleo preferencial está ocupado por la verdad. mismo, hay que alcanzarla. Es a p a rtir de esta reflexión tan sim p le co­
N otarem o s, co m o diferencia acusada, que en un m o m en to d a d o Kier­ mo se desata u na im p ortante controversia que unifica las posiciones de
k egaard deja sus recelos y revela p len am e n te el motivo y fin de todas Sócrates y de Platón -w.
sus discusiones acerca de la verdad. La meta de su in dagación es el cris­ Podem os en u n c ia r esta d iscu sió n de la siguiente forma: «...Para un
tian ism o . la verdad de la fe cristiana. h o m b re es im posible b u s c a r lo q u e sabe y es igualm ente im p osible b u s ­
K ierkegaard no tiene inco nv eniente en reconocer que desea a b o rd a r car lo que no sabe, p o rq u e lo q u e sabe no p u e d e buscarlo, pues ya lo sa ­
p rin c ip a lm e n te el p ro b le m a de la verdad del cristianism o, pero, ¡aten­ be. y lo que no sabe tam p o co p u e d e buscarlo, p orque ni siquiera sabe
ción!, n o de tal m a n e ra que con ello se reniegue de la v erdad subjetiva y qué debe b u scar» m . ¿Estam os a n te u n sofism a o ante un calle jó n sin
se recupere la objetiva. «La pregu nta sobre qué es el cristianism o no de­ salida en la ruta h acia la verdad?
be c o n fu n d irse con la p re gu nta objetiva acerca de la verdad del cristianis­
La objeción fo rm u lad a será resuelta p o r P la tó n y Sócrates 400 de este
mo...» 31,14. Q uien quiera p lan te a rs e esto últim o está en su derecho. Se des­ modo: «... Todo a p r e n d e r y todo b u s c a r es sólo recordar (Erindren), de
p ertará segu ram ente el celo del teólogo para p ro b a r la verdad del tal m anera que el ignorante ú n ic a m e n te necesita re m e m o ra r (m indes)
cristianism o o el fervor del filósofo para ir m u ch o m ás allá de la fe cristia­ para hacerse consciente e n sí m is m o de lo qu e sabe» 4HI. La re m inisce n ­
n a -w . K ierkegaard se a p a rta de estos propósitos. cia es la forma del co n o c im ien to , p u es un o m ism o es la fuente de las
La pregunta sobre la v erdad del cristianism o no debe confundirse ideas. Esta m an era de co nc eb ir el con o c im ien to h u m a n o tiene conse­
jam ás con u n a in tro d u cc ió n apologética al mismo, ni con una inquisi­ cuencias im portantes.
ción sobre sus raíces religiosas, antropológicas, metafísicas. El interro­
gante sobre la verdad de la fe cristiana nos sitúa ante un asun to de c o n ­ La prim era, y en la q ue K ierkegaard se ex tenderá más. se refiere a la
ciencia (conciencia eterna) y de existencia (de un existente trente a un verdad. «La verdad, por tanto, n o es incu lca d a (ind-bringes). pues esta­
hecho histórico), es decir, c ó m o «hacerse cristiano» m . ba en él» 4n-, No es necesario ir m uy lejos p a ra hallar la verdad. No es
¿Qué relación g u ard a esta in ten ción últim a de Sm uler y de Efterskrift preciso recorrer desc o n o cid as s e n d a s para d ilu c id a r el en igm a de la ver­
con la pregunta sobre d ó n d e está la verdad? Es lo que ahora pretende­ dad, para re spo nder con sagacidad al interrógam e sobre la verdad. La
mos ex po n e r a través de los cuatro a p a rtad o s que siguen. verdad está dentro de uno m ism o , a u n q u e n o lo sepa ni lo sospeche.
Ya sugiere b astan te q u e K ierkegaard haya tom ado co m o referencias Basta con ad entrarse en el p ro p io interior p a r a a lc a n z a r p ro nto laVer-
vivas para su b ú s q u e d a de la v erdad los «personajes» a su juicio m ás in­ dad.
teriores, m ás existenciales y m á s veraces: Sócrates y Jesucristo. La otra conclusión es más b ien un presupuesto. Kierkegaard indica
que esta forma de in d a g a r acerca de la v erd ad —c om o si fuera la vir­
tu d— su pon e que ésta es un objeto de conocim iento. La verdad es algo
que pertenece a la esfera del pensar. Las co n secuen cias derivantes son
1. L a verdad como reminiscencia tan claras, que los griegos y los m o d ern o s in te n ta ro n convertir esta tesis
en una prueba de la in m o rta lid a d y de la preexistencia del a lm a 4(B. Así
La pregunta p en d ie n te es si la verd ad puede enseñarse y aprenderse. entendida la verdad, no d ese n to n a m ucho de la rem iniscen cia com o
Es u n cuestionam iento típ ic am en te socrático. Sócrates p lan tea b a idén­ prim er y sim ple recuerdo, pero está m uy lejos, en cam bio, de la rem inis­
tico interrogante respecto de la virtud que. previam ente, hab ía definido cencia concebida co m o co ntra d icció n 4*14. En el sentido p rim e ro se
c o m o objeto de c o n o c im ie n to 197. Esta forma de c o m e n z a r incluye ya un corresponde con la idealidad s in más. En el segundo «con la idealidad
a n s ia de b ú s q u e d a de la v erdad . El objetivo final es sab er có m o y dónde
se en c u e n tra la verdad. 398 Kierkegaard cita el & 80 (c o n c lu sió n ) del M en ón de Platón, que refiere este
diálogo. Ibidem.
399 S. V. IV. p. 203.
393 S. V.. IV. p. 203. «Lacre» adm ite en danés la traducción de aprender y enseñar. En
este texto p od em os leer, por tanto, «aprenderse» o «enseñarse». 400 En es le párralo m encion a Kierkegaard só lo a Sócrates. Luego verem os las
diferencias respecto de Platón.
394 S. V. VIL p. 359. M ás atrás explica por qué no nom bró a Cristo en Smuler. Cfr. S.
401 S. V.. IV. p. 203.
V.. VIL p. 270. 402 5. L. IV. p. 203.
395 S. V.. VII, pp. 358-359. 403 Ib., p. 204 y en nota.
396 Ib., pp. 369-370.
404 Papirer. IV B I. p. 150. Son las palabras finales del De óm nibus tli/biraniJum est.
397 5. K. IV, p. 203.
que ha sido» 405, con la conciencia, con el espíritu existente, con la reali­ la verdad com o p arad o ja, la «experiencia» a que eran invitados los lec­
d ad del p ropio sujeto. tores de Sm uler no co n d u c e a este fin. Es preciso señalar, ju n to a los lo­
K ierkegaard m uestra un ac u erd o bastante am plio con Sócrates en gros. los aspectos insatisfactorios de Sócrates.
este s e g u n d o m odo de e n te n d e r la verdad, d e s tac an d o algun os elem e n ­ Sócrates an im a a b u scar la v e rd ad d en tro de uno mismo. Eso e q u i­
tos sugerentes. vale a a firm a r que los otros son in n ece sario s en la conquista de la ver­
L a tesis de la verdad y del co n o c im ien to co m o rem iniscen cia tiene dad. «En la consideració n socrática cada h o m b re es para sí m ism o el
en Sócrates u n significado m u y determ in ad o: «El cognoscente está centro, y el m u n d o entero se cen traliza sólo en él. pues el co no c im iento
es e n cialm en te íntegro, y c o n relación al co nocim iento de la verdad eter­ de sí m ism o es u n co no cim ien to de Dios» 4I\ Esta exaltación de la s in ­
na n o hay m á s co n tra ried ad (M islighed) que su existir; esta c o n tra rie­ gularidad d e c a d a indiv id u o le a g r a d a m u c h o a Kierkegaard. Es así
d a d de lo que significa existir es para él tan esencial y decisiva, que el es­ como Sócrates se c o m p re n d ió y c o m o d e b ie ra c o m p re n d e rs e to d o h o m ­
fuerzo de interiorización en y p o r el existir es la v erdad» 4flA. Sócrates bre; con esta m ism a fuerza tendría q u e e n te n d e r tam b ién sus relaciones
captó perfectam ente el peso y el valor de la existencia propia en la ver­ con el individuo (Enkelte). siempre con esa h u m ild a d y con ese o rg u ­
dad. La insistencia m ism a en el existir del cognoscente le c o n d u jo a la llo 4I4. La propia sing ularidad es lo m á s estim able, a u n q u e sin olvidar que
v e rd ad m . todos los dem ás son igualm ente «únicos». El h om bre y su existir si pueden
La verdad para Sócrates n o se halla en el reino de los conocim ientos ser. en esta autoestim ación. sujetos de la verdad.
objetivos. La verdad está en el sujeto com o existente. Sócrates lo m a n i­ Esta tesis, que tiene la ventaja de h a c e r innecesarios o superfinos a todos
festaba en su referencia a la ignorancia. «La ignorancia socrática es la los dem ás, excluye a sim ism o a c u a lq u ie r m aestro, incluso al m ejor q ue
exp resión de la in certid u m b re objetiva; la interioridad del existente es la pudiéramos hallar p a ra conducirnos a l encuentro de la verdad. Si el a p re n ­
verd ad » 408. P ara Sócrates la v erdad eterna y esencial no tiene en sí m is­ dizaje de la verdad parte de uno m is m o y n o s lleva al propio interior, da
ma n a d a de paradójico, si n o solam en te en cu a n to está en relación con igual ir a la escuela de Sócrates que a c u a lq u ie r otra 4I\ Mi relación con
el existente m . La verdad c o m o rem iniscen cia expresa ya la p asión p ro­ los m aestros es contingente y sólo p u ede servirme de «ocasión» p ara
fu n d a de la interio ridad, a u n q u e no lo haga de m a n e ra tan radical com o iniciar m i bú sq u ed a , ya que el fin de toda cuestió n es que yo me p r e g u n ­
la fe. te a mí m ism o p o r la verdad 4I,\ La relación con Sócrates o con Prodikos
La d istancia q u e sep ara a Sócrates de P la tó n procede de la relevan­ no me preocup a p ara n a d a respecto de la felicidad eterna, p orque yo ya
cia d a d a al sujeto c o m o existente. A m bos defienden que « co n ocer es re­ poseo desde antes la verdad, a u n sin sab erlo 4I7. Este despego del m a e s ­
co rd a r» 4I°. P lató n, sin em b arg o , convierte la rem iniscencia e n p u ra es­ tro y de to d a in stan cia exterior frente a la v e r d a d y la felicidad es lo q ue
peculació n, en eternidad abstracta, lejana al existir. Sócrates tuvo el Kierkegaard no p o d rá finalm ente c o m p a r t ir con Sócrates al h a b l a r de
acierto de no decir adiós a la existencia ni olvidar que lo esencial es Dios y del m aestro del cristianism o. Su relación con ellos, incluso s ie n ­
existir 4n. D e ahí el gran v alo r y mérito de su enseñanza: «... que la sub­ do exterior. afecta sustancialm ente a mi felicidad eterna.
jetividad. que la interioridad es la verdad implica la sab idu ría socrática, El otro p u n to de discrepancia e n tre Sócrates y Kierkegaard p ro ced e
cuyo m érito inm ortal es pre cisam en te h a b e r puesto tan gra n atención de la con cep ción del tiempo. «La existencia en la tem po ra lid ad no tiene
en el significado esencial del existir, en que el cognoscente es un exis­ ningún significado decisivo, porque existe c o n tin u a m e n te la p o siblid ad
tente...» 4'2. de volver u n o m ism o a la etern id ad re cord a ndo , a u n q u e esta po sib ili­
E n s a lz a n d o la g ran d eza de Sócrates y el interés de su do ctrin a sobre dad está s u p rim id a co n tin u am en te, p o rq u e la interiorización en el exis­
la verdad com o rem in iscencia den tro del existente, Kierkegaard quiere tir llena el tiem p o» 4IX. Kierkegaard d a u n a im p o rtan cia fu n d a m e n ta l a
p o n e r ta m b ié n de m anifiesto sus diferencias respecto de él. A u n q u e el la tem poralidad, a la existencia en el tiem po, resistiéndose u n a y otra
c a m in o socrático ofrece ciertos parecidos y analogías con su tesis sobre vez a s u p rim ir la contradicción del tie m p o con la eternidad. M a n te n e r
la tensión de la síntesis entre tiem po y etern id ad es u no de sus afan es
primordiales, co m o vimos.
405 Ibidem,
406 5. V. VII, p. 191.
407 Ib., p. 190. 413 S. V.. IV. p. 205.
408 Ibidem . 414 Ibidem.
409 Ib., p. 191. 415 Ib., p. 206.
410 lb„ p. 192. 416 Ib., p. 206-207.
41 I Ibidem. 417 Ib., p. 206.
412 Ib., p. 190. 418 5. V. VII. p. 191.
La abstracción de la te m p o ra lid a d en la respuesta socrática al p ro­ encuentra con la dificultad d é la n o -v e rd ad » 42\ La no-verdad h a surgi­
blem a de la verdad no le satisface: «En el instante m ism o de descubrir do. no al e s c a p a r hacia la objetividad, sino al in te n ta r p rofund izar más
que desde la etern id ad he poseído la verdad sin saberlo, en ese mismo en la subjetividad. Esta no-verdad tiene que p ro venir de otro á m b ito
a h o ra (nu) q ueda cada m o m e n to escond ido en la eternidad, recogido en que no es el de la objetividad.
ella, de tal m an era que. p o r así decir, no puedo encontrarlo , a u n q u e lo R etornem os a Sócrates. Tan to él c o m o P la tó n n o ta ro n la dificultad
busque...» 4|1). La te m p o ra lid a d se d ifu m in a en la eternidad. Se pierde la que e n tra ñ a b a la pregu nta por la v e rd a d y cóm o, p ara resolverla, d a b a
intensid ad de la co n tra d ic c ió n que es la existencia y. c o n ella, la verdad igual que se poseyera o n o la verdad. Sócrates n o indicó que de h ec h o
co m o interioridad p aradó jica. esto im plica la supresión de la d ob le p o sib ilidad, puesto que la teoría de
Es la ocasión p ara rc in ic ia r la pregunta p o r la v erdad s u p e ra n d o a la rem iniscencia s u pon e en el fondo que todo h o m b re guarda en su inte­
Sócrates. rior la verdad 424
Este ra z o n a m ie n to cam bia con el d e s c u b rim ie n to de la no-verdad
en el seno de la interioridad. La v e rd a d c o m o rem iniscencia ya n o es vá­
2. Aparición de la no-verdad: el instante lida. pues a d e n trá n d o s e en sí m ism o el sujeto detecta la existencia de la
no-verdad. ¿ C ó m o p u e d e h a b e r s u c e d id o esto? ¿C uál es el d e s e n c a d e ­
l i e m o s de pro gresar en la indagación de la verdad y para ello pode­ nante de la no-verdad que im pide el ejercicio de la an ám nesis griega co­
mos p reg u n ta rn o s si existe alg ún cauce para p en e trar m ás al fondo de la mo vía-m étodo hacia la verdad?
La respuesta al interrogante del h o m b re p o r la aparición de la no-
interioridad.
Kierkegaard acepta el reto, diciendo que h ay u na form a m ás honda verdad dentro de sí m ism o es neta: «El sujeto no p u e d e ser e tern am en te
de co ncebir la verdad c o m o subjetividad: «Si la frase ‘la subjetividad, la la no-verdad, o su pon erse que lo h a y a sido ete rn a m e n te ; debe h a b e rs e
interioridad es la v erdad' c o m ien z a así: la subjetividad es la no-ver- hecho [la no-verdad] o se hace fia n o -v e rd a d | en el tiempo» 42S. La no-
d a d » 42". A firm a n d o esto q u e parece a prim era vista co ntradictorio con verdad está u n id a al tiem po. Sócrates p o d ía in v ita r a la bú squ eda de la
todo lo descubierto h asta ah o ra, logram os «u n a expresión más interior verdad a través del recuerdo —que rem itía a lo m ás interior de u n o mis­
mo—. p orq ue hab ía a b stra íd o del factor de la tem po ralidad . Si p re te n ­
de la verdad» 4:1.
Estas novedosas p ro p u e s ta s no son llam ad as de atención o circunlo­ demos s u p e ra r el d iscurso socrático sobre la n o -v erd ad den tro d e la
quios para insistir en lo m is m o , ya que. entre otras cosas, contienen una interioridad, hem o s de devolveral tie m p o su v alor co m o d e term in a n te de
cierta crítica co n tra su a d m i r a d o Sócrates. la subjetividad. C o m p ro b are m o s, entonces, c ó m o la pregunta por la ver­
El factor que provoca el giro brusco del discurso k ierkegaardiano en dad tiene otro sesgo y có m o es im po sible re s p o n d e r ú ltim am e n te sobre
la ruta hacia la in te rio rid a d es el tiempo, sobre todo si lo contrastam os la n o-verdad p re s c in d ie n d o del tie m p o d e n tro de la existencia h u ­
mana.
con la eternidad. Antes de explicar esto que constituye en definitiva otra
versión de aquella co n tra d ic c ió n que era la concien cia y el espíritu exis­ La dialéctica entre te m p o ra lid ad y e te rn id a d es paralela a las otras
tente. veam os c u á n d o y de q u é modo aparece la te m p o ra lid a d en la pre­ dialécticas k ierk eg aard ian as, en las cuales lo im p o rta n te es m a n te n e r
siempre «el tercer térm ino » sin s u p rim ir n i n g u n o de los otros; m á s to­
gunta p or la verdad.
La especulación h a b l a de la subjetividad com o no-verdad. Eso no davía, so sten iend o co n fuerza la c o n tra d ic c ió n entre ellos. Kierkegaard
sirve p ara n ad a , pues c o n ello sólo se indica (negativam ente) que la ob­ ensaya varios p aralelism os entre el m o v im ie n to co m o p aso de la p o s ib i­
jetividad es la verdad. S ó crates a p u n ta b a m ás allá. P ara él la subjetivi­ lidad a la realidad, que pertenece a la esfera de la libertad histórica 42\
d a d es la no-verdad, c u a n d o la subjetividad se resiste a com prenderse a la síntesis de a lm a y c u e rp o en el espíritu 427 y la n u ev a síntesis d e tem ­
sí m ism a com o verdad y prefiere transform arse en objetividad 422. poral y eterno en el instante 42t<. En to d a s ellas c o b ra prim ordial v a lo r ía
Al h a b la r a h o ra de la subjetividad com o no-verdad, nos em plaza­ contradicción q u e se da en «el tercero». «Si no h ay tercero (Treclie). no
m os en u n a situación to talm e n te diversa, pues resulta que « cua nd o la 423 Ibidem.
subjetividad quiere c o m e n z a r a hacerse verdad, h ac ién dose subjetiva, se 424 5. V, IV, p. 207.
425 S. V. VII. p. 193.
426 S. V.. IV, p. 388. Este «paso» de la libertad histórica es algo real (virkelig) y. por
419 S. V,, IV. p. 207.
ello, no puede darse en el p ian o de la lógica o de la pura m etafísica. Ibidem. D e nuevo
420 .V, K VII p. I9.\ habrá que recurrir al salto. Cfr. S. V.. IV, p. 391.
421 Ibicicni. 427 Ib., pp. 391-395.
422 Ibidem. 428 Ib., p. 391.
hay pro p iam e n te n in g u n a síntesis, pues u n a síntesis, co m o es u n a c o n ­ había d estac ad o co n justeza la im p o rta n c ia de la existencia, se ñ a la n d o
tradicción. no p uede c o n s u m a r s e co m o síntesis sin un tercero; que la la p a rad o ja de un a verdad eterna r e la c io n á n d o s e con u n existente. A h o ­
síntesis sea u na c o n tra d icció n expresa con ello que no lo es» 429. ra descubrim os qu e la existencia m a r c a al existente p o r segunda vez. Es
El instante (0ieb lík k et) 4-w, en su concepción m ás pro fun da, com o lo que sucede en y a través del in stan te. D e esta sigular relevancia del
síntesis y con tra d icció n entre el tiem po y la eternidad, no debe co n fu n ­ tiempo p a ra el existente surgirá un n u e v o m o d o de co m p re n d er la ver­
dirse ni con ésta ni con aquél. El instante se asimila a la eternidad, pues­ dad y la interioridad.
to que. com o ella, designa el p resente tal cual, «sin p a s a d o ni futuro» 4ÍI. Sócrates h a b ía ad iv in a d o esta o b je c ió n c u a n d o advertía el peligro de
Al tiem po se le identifica ta m b ié n con el instante, especialm ente c u a n ­ desprenderse de la existencia para «volver» por la rem iniscencia a la
do se habla de la vida sensible, diciendo que está en el instante y sólo en eternidad 437. ¿Qué sucede c u a n d o se n o s cierra el c a m in o hacia el p a s a ­
el instante 4:I2. Los griegos tuvieron m uch ísim a dificultad en c a p ta r la do? ¿Qué acontece c u a n d o el sujeto co gn oscente, que es un existente, s u ­
categoría del instante. P la tó n lo concibió de m an era p u ra m e n te ab strac­ fre una m u tació n radical y con ella u n a nueva intensificación en su
ta 4". La razón de estos equívocos procede de que ellos s itu ab an el ins­ existencia? Esta es la respuesta de K ierkegaard: «Si la existencia se ha
tante en la eternidad, pero u n a etern id ad concebida c o m o p as a d o y ca­ apoderado d e esta m a n e r a de él [el in dividu o], en ton ces le es im posible
rente de p ro v e n ir 4:u. A c e rta n d o en su visión del instante com o átom o de por el recuerdo llegar hasta él m ism o e n la eternidad. Si ya era p a r a d ó ji­
eternidad, la falta de co ntra ste con el tiem po Ies im pelía a identificarlo co que la verd ad eterna se relacionase c o n u n existente, ahora es a b s o l u ­
con la eternidad. tamente p arad ó jico que [la verdad eterna] se relacione con un exis­
El instante, en efecto, es un átom o de eternidad y no, com o algunos tente así» 4W.
h a n creído, un á to m o del tiem po , a u n q u e el instante —co m o áto m o de La rem iniscencia tuvo su valor y su papel cu a n d o la verdad y la eter­
e te rn id a d — no ren uncie a su relación actual con el tiempo. «El instante nidad e s ta b a n en el p asa d o 439. D esde el m o m e n to en que el in stante ha
es esta a m b ig ü e d a d (Tvetydighed) en do n d e el tiem po y la eternidad se ocupado su puesto real en la existencia, m anife stá n d o se com o c o n t r a ­
e n c u e n tra n u n a co n otra, (y) estableciéndose así el concepto de tempora­ dicción p e r m a n e n te entre el tiempo y la eternidad, ape la nd o al futuro y
lidad. en el que el tiem po c o n tin u a m e n te interrum pe la eternidad y en el al devenir de sí m ismo, el sentido de la p re g unta po r la verdad ha sido
que la eternid ad p enetra sin cesar en el tiem po» 4i\ Así enten d id o el trastocado.
instante, no es p ro p ia m e n te un á to m o de tiempo, sino un á to m o de eter­ Se trata d e d esc u brir có m o ha e v o lu c io n a d o esta existencia situada
nidad. Es el p rim e r reflejo de la eternidad en el tiem po, es el p rim e r in­ en el instan te y có m o p o d e m o s desde ella ac ced e r a la verdad.
tento de d e ten e r el tiem p o 456.
Volvamos al p ro b le m a de la verdad. Si el instante tiene un valor de­
cisivo. si no pod em os a b s tra e r de él, la verdad co m o rem iniscencia ya 3. La verdad como paradoja
no es concebible, puesto q ue no po dem os hallarla en la etern idad corno
pasado. M u c h o m enos a ú n p o d re m o s d a r razón de la no-verdad, ya que El valor c o n c ed id o al tiem po i m p r i m e u n ritm o totalm ente n uev o a
en esa eternid ad a la q u e n o s rem ite la rem iniscencia se h a b ría produci­ la pregunta p o r la verdad. K ierkegaard es tan consciente de ello q u e lo
do un ca m b io sustancial, lo q ue repugna al concepto m ism o de eterni­ señala com o un factor prim ordial de su obra literaria 44<) y com o lo que
justifica el «salto» de la filosofía a las categorías religiosas, «La c o n c e p ­
dad.
En el sujeto que se e n c u e n tra con la no-verdad se ha pro d u c id o un ción del tiem po es en general decisiva p a ra ca da p u n to de vista, hasta
giro tan radical que ya es im p o sib le p ara él volverse a sí m ism o a través para la p a ra d o ja q u e acen túa p a r a d ó jic a m e n te el tiempo. En el m ism o
del recuerdo socrático. ¿ C ó m o explicar este giro tan drástico? Sócrates grado en que se acentú a el tiempo, en ese m ism o g ra d o se p a s a de lo cs-
tctico. de lo m etafísico a lo ético, a lo religioso y a lo cristiano-religio­
so» 441.
429 Ibidem.
430 Ya hem os alud id o a este térm ino. Kierkegaard hace algunas anotaciones sobre
437 S. V. VIL p. 194.
él en fícgrckct Angesl. Cfr. S. V. IV. p. 394,
438 Ibidem.
431 ' .V. V. IV. p. 393.
439 5. V. IV. p. 396.
432 Ibidem.
433 S. V. IV. p, 388-390. d on de Kierkegaard explica los pasos d ad os por Platón para 440 Esto es lo que intenta mostrar c o n el apénd ice-com entario a las obras
llegar a definir el instante. aparecidas antes de la pu blicación de Efterskrift. Cfr. S. V.. VII, pp. 237-287.
'434 Ib., pp. 395-396. 441 S. V. VII. p. 286. «Esta es en su gen eralid ad la tesis esencial estética: el instante
435 Ib., p. 395. es todo y. pese a ello, es de nuevo |y] e sen cia lm en te nada, co m o la tesis de los sofistas
436 Ibidem. [griegos] ‘todo es verdad' sign ifica (er) 'nada es verd ad ’.» Ibidem . El instante, el tiem po.
Este ca m b io posibilita lla m a r «pec ad o a la no-verdad del indivi­ Es en este contexto e n el que K ie rk e g a a rd sitúa los co nten id o s fu n ­
duo» C o m o ha de su p o n erse que el pecado no existe en la eternidad, dam entales del cristian ism o y. por lo m ism o, la v erd ad cristiana.
concluim os que el p e c a d o ap a rec e con la e n tra d a en la existencia 44\ ¿Sig­
La verdad p a ra d ó jic a en cuanto tal, la verdad que es esencial m ente
nifica esto que la te m p o ra lid a d es pecado? No, a u n q u e ahora vayan
paradoja, la v erd ad c o m o parad o ja q u e re ú n e a u n tiem po en su sen o la
de la m ano. «N osotros no decim os que la te m p o ra lid ad es culp abilidad
eternidad de la v erdad y la te m p o ra lid a d del existir, sólo se ha p ro d u c i­
(Syndighed). c o m o ta m p o c o que la sensibilidad sea cu lpabilidad, pero
do una vez en la historia del m u nd o. K ierkegaard em plea dos expresio­
una vez puesto el pecado , la te m p o ra lid ad significa culp ab ilid ad » 444.
nes: 1) «La v e rd ad eterna ha ap a rec id o (er bleven til) en el tiem po» 451.
Esas referencias al p e c a d o tienen p ro fu n d o interés p ara el tema de la
descubriendo la presencia s im u ltán e a y co ntradicto ria de lo eterno y lo
verdad, según veremos. temporal en la v erd ad co m o signo d e la p a ra d o ja y lo que la identifica
A fin de no in c u rrir en los errores típicos de las filosofías antiguas y
con la verdad. 2) «La tesis que Dios ha existido (liar vasret til) en form a h u ­
m odernas. K ierkegaard insistirá en dos aspectos. En cu a n to a los grie­
mana, que nació, creció, etc,, es c ie rta m e n te la p a r a d o ja sen su strictissi-
gos: u n a vez a p a re c id o el pecado, resulta im po sib le abstraer de la tem ­
m o» 452. e n te n d ie n d o p o r paradoja el h e c h o de q ue Dios se haya trasfor-
p o ralid ad 445. R especto d e las tentaciones reduccionistas de la filosofía
mado en un ser in d ividuo existente, q u e el eterno e infinito se haya h e ­
m od erna: el p e c a d o carece de explicación lógica, es algo que.se presu­ cho lim itado y contingente.
pone a sí m ism o 44<\ «el pec ad o ha en tra d o en el m u n d o po r m edio de
La b ú s q u e d a de la v erdad c a m b ia ra d ic a lm e n te de signo c o n esta
un salto cualitativo» 44T.
C on esta co n c ep ció n del tiem po y con la cualificación de la no-ver­ concepción de la v e rd ad com o p arad o ja. Si antes le estaba p ro h ib id a al
dad com o pecado, ten em o s ya el juicio de valor para la ruta socrática sujeto la rem iniscencia, el «retorno» h a c ia la v erd ad «eterna», a h o ra ya
hacia la verdad. «Si el in stan te debe tener u n a significación decisiva (...), no tiene p or q ué p re o cu p arse de ello: «... la verd ad eterna esencial no es­
entonces la ru p tu ra se h a c o n s u m a d o , y el h o m b re no p uede volver tá atrás, sino q ue viene delante de él e n c u a n to existe o ha existido, de tal
atrás, ni puede c o m p la c e rs e en recordar qué p uede traerle al recuerdo la modo que si el in d iv id u o no es un existente, [no está] en la existencia,
memoria...»,44!;. La rem iniscencia carece de p o d er para c o n d u c ir al indi­ no conseguirá la verdad, n u n ca la a l c a n z a r á » 45’. La verdad eterna, c o n ­
vertida en p a r a d o ja p o r el existir te m p o ra l, exige la in m ersión p ro fu n d a
viduo a la verdad esencial.
H a b ía m o s llegado con Sócrates al co n v encim iento de que la subjeti­ en la propia existencia, a fin de p o d e r llegar a ella.
vidad es la v erd ad y q u e la p a ra d o ja aparece p o r el hecho de relacionar­ Esta intelección de la verdad tien e u n a e n o rm e ventaja: «la existen­
se la verdad eterna con u n existente 444. Si h em o s de olvidar a Sócrates. cia nunca p u ed e ser a c e n tu a d a con m á s a g u d e za que lo ha sido a h o ­
¿cómo p o drem os ir m ás allá? ra» 454, p o rq u e la existencia está en la e n tra ñ a m is m a de la verdad y,
S u p o n g a m o s q ue la v erdad esencial y eterna sea ella m ism a parado­ además, sólo existiendo c o n plenitud p u e d e llegar u n o a la verdad. Bajo
ja. ¿C óm o se produ c irá esta paradoja? P o n ie n d o ju n to s la verdad eterna ningún concepto ni perspectiva, en n i n g u n a situación p o r diferente que
y el existir, ya que. u n ié n d o lo s en la verdad m ism a, ésta se convierte en sea. podrá el indiv id u o a b stra er o p r e s c in d ir de la existencia para a d u e ­
ñarse de la verdad.
parad o ja 45°.
Todavía e n c o n tr a m o s otra ventaja, dice Kierkegaard. R esaltan d o
sin ser algo d ecisivo en sí m ism o, determ ina esencialm en te las categorías de la filosofía y
de la realidad- La teología, desde K. Barth. ha recogido esta lección kierkegaardiana,
con tanta in ten sid ad la p a ra d o ja de la verdad, se revela y se m uestra m e­
dan d o un valor totalm en te d istin to a la vida cotid ian a d esd e la categoría (escatológica) jor su interioridad. Ya lo conocíam os: c u a n ta m á s incertidum bre, m ás
del tiem po. N o ha su ce d id o otro tanto con q u ien es d esp recian la valoración que Kierke­ interioridad y m ás verdad. C o m p ro b a m o s , po r consiguiente, q u e se
gaard hace aquí m ism o de la m ujer, al afirm ar que «la m ujer es sólo el Instame». acentúan de m a n e r a intensísim a los d o s po lo s de la verdad subjetiva: la
Ibidem . existencia del p ro pio sujeto y la in c e rtid u m b re objetiva. El prim ero, p o r ­
442 S. K. p. 194. que se hace im po sib le ap a rtarse o a b s t r a e r de la existencia y « n o hay
443 Ibidem.
444 ,V. V. IV. pp. 399-400.
más fuerte expresión p a r a la in te rio rid a d » que esta im p o sib ilid ad de
.4 4 5 S. V. IV. p. 400. retrotraerse de la existencia p ara re fugiarse p o r la reminiscencia en la
446 Ib., p. 420. Kierkegaard muestra aquí su discrepancia con la tesis de Leibniz
acerca de la libertad, que tam bién aparece por un salto. Ib., pp, 420-421.
447 5. V. IV. p. 419, 451 S, V. Vil, p. 195.
448 Ib., p, 213. 452 Ib., p. 203.
449 S, K, V il. p. 194. 453 Ib., p. 195.
450 Ibidem. 454 Ibidem.
eternidad 45\ El segundo, porque la incertidum bre es tan g rande que la (gestalte sig). p o rqu e el existente es existente, entonces la explicación
verdad se convierte en « p a rad o ja contra sí m ism a» 45<’. sería: es inefable, no p uede ser o tra cosa» 463.
Este m odo de situarse en la subjetividad de la verdad lleva a su cul­ La p arad oja pide ju stam en te lo co n tra rio de lo que algun os desean.
m en la interioridad. C on ello se corren graves riesgos: uno de ellos, muy La c o m p re n sió n que espera es « c o m p r e n d e r que no p ued e ser c o m p r e n ­
im portante, es «el riesgo de la objetividad» A'1. Si antes veíam os que só­ dida» 4M. A ceptada así. puede a p a ie c e r co m o la in teriorid ad de la verdad
en la pasión de lo infinito 465.
lo m a n te n ie n d o la co ntradicció n entre la pasión de la interioridad y la
in certidu m b re objetiva p o d íam o s poseer la verdad, ahora, con la íe. Esta verdad co m o p arad o ja p a r a un existente tiene e n o rm e s dificul­
c o m p ro b a m o s algo todavía más difícil y peligroso: «en lugar de la mera tades, Kierkegaard indica varias veces que lleva la existencia a su punto
in certidu m b re objetiva, hay aquí la certeza de que lo visto objetivam en­ más intenso (Yderste) y arriesgado. Hace falta toda la pasión del infini­
te es el a b s u rd o y este absurd o, m a n te n id o en la pasión de la interiori­ to para p e rm a n e c e r en él. Así es c o m o se co rresp ond e fielm ente con las
dad. es la fe» 45H. La l'c es p aralela a la verdad, com o recordarem os, pero exigencias de la fe, p o rqu e « creer co n tra la razón es u n m artirio» 4W\
su distancia de la ob jetividad es mayor, es abism al y logra, por eso. una Quien quiere vivir la fe en su seried ad, debe a fro n tar este riesgo y este
pasión interior in fin ita m en te m ás profunda. sufrimiento, pero nadie, y m enos el especulante, está o b lig ad o a sem e­
jante martirio.
La p a r a d o ja a b s o lu ta que se veritica en la in terio rid ad s u p re m a de «M as si la subjetividad es la v e rd a d y la subjetividad es la subjetivi­
la fe se niega a todo tipo de explicación. «Explicar» la p aradoja equival­ dad existente, entonces el cristianism o, si así pu edo decirlo, a p ro v ech a
dría a c o n v e rtir ésta en un térm in o retórico 4"\ Es lo que ha intentado la ocasión. La subjetividad c u lm in a en la pasión, el c ristian ism o es la
la especulación m o d e rn a , pero en vano. En el m o m en to en que cree ha­ paradoja, p a rad o ja y pasión se a d e c ú a n perfectam ente u na c o n otra, y
ber logrado a c la ra r la parad o ja, sólo se consigue suprim irla 4h0. y supri­ la p aradoja es p le n a m e n te c o n fo rm e a lo que está situado en lo m ás ex­
m irla no co m o «aufiie b en » 461, sino en cuanto se elim in a la relación tremo (Yderste) de la existencia» 467. La verdad -p a rad o ja expresa a la
esencial a un existente que está «en lo m ás extremo (Yderste) de la exis­ perfección el m ensaje cristiano. Q u e el cristianism o contenga la verdad
tencia» 4(,:. no se dem uestra p o r ra z o n a m ie n to s apologéticos ni objetivos, sino por
C o m o su p rop ia etimología lo exige, la parad o ja no p uede ser expli­ la pasión interior que su v e rd a d p ara d ó jic a pide al in d iv id u o exis­
cada. Lo m ism o sucedería si h ab lásem os de una alegría inefable, referi­ tente.
da a nuestro tem a. «Supuesto que la alegría inelable tuviese su lunda- C uriosam ente la especu lació n no sostiene que el cristian ism o sea la
m ento en la co n tra d ic c ió n de que un h o m b re existente fuera la síntesis no-verdad. A ntes bien, la especulación m o d e rn a afirm a que ella c o m ­
(er sa m m e n s a t) de lo infinito y finito, situada en el tiem po, de tal mane­ prende perfectam ente la verdad del cristianism o. Es u n e n g a ñ o y un
ra que la alegría de lo eterno fuera en él inefable p orque es un existente, fraude, porque sitúan su c o m p re n s ió n del cristianism o en la objetivi­
y que él se convirtiera en un hálito tan alto que no p uede describirse dad. «El cristianism o, p o r el c o n tra rio , es subjetivo; la in te rio rid a d de la
fe en el creyente es la decisión e tern a de la verdad, Y o b jetivam en te no
hay verdad, pues el s a b e r acerca d e la o las verdades del cristian ism o es
455 Ibidem. precisamente la no-verdad...» 46S.
456 Ibidem . C erteram ente C ollado señala que U n am u n o carece de dos aspectos que
están muy presentes en Kierkegaard: 1) la fundamentación dialéctica del concep to de ver­ En su afán de re ducir la p a r a d o ja de la verdad, la esp e culación se ha
dad y 2) la com p ren sión de la verdad com o paradoja. Cfr. .1. A. C ollado; Kierkegaard y atrevido incluso a aseverar que «el cristianism o es verdadero h a s ta cier­
Unamuno (M adrid. G redos, 1962), p. 458. Sin em bargo, algunas consideraciones unamu- to punto» 4M. Se h a n o ído cosas sorprendentes, penosas y sublevantes
nian as de la verdad n o dejan do revestir un talante muy paradójico: «La razón por sí sola
mata y la im agin ación es la que da la vida.» M. U n am un o, Del sentimiento trágico déla vi­ 463 Ib., p. 207.
da. p. 161. 464 Ib., p. 200.
457 S. I ., VIL p. 195. 465 Ib., pp. 199-200.
458 S. V. VII. p. 196. Kierkegaard reitera su definición de la paradoja y del absurdo 466 S. V.. VIL p. 219. Fabro interpreta el absurdo kierkegaardiano en relación direc­
de la fe por la con tradicción con el tiempo: «¿qué es el absurdo? El absurdo consiste en ta con la fe, de tal m anera q u e para el creyente el absurdo de la fe no seria absurdo, Cfr.
que la verdad eterna se ha h ech o en el tiem po, que D ios se ha hecho (er blevet til), ha na­ C. Fabro. «Foi et raison dans l'oeuvre de Kierkegaard». en Revue des Sciences philosophi-
cido. ha crecido (...). porque la fe. sensu strictissimo. com o quedó explicado en Smuler.se ques et théologiques, 38 (1948), pp. 192-193. P en sam os que Kierkegaard m an tien e el absur­
refiere al devenir (TiIb 1ivelsc).» Ibidem. do y la paradoja en todo el proceso de c o m p ren sió n de la fe.
459 Ib., p. 205. 467 S. V. VII, pp, 215-216.
460 Ib,, pp. 204-212. 468 Ib., p. 209.
461 Ib., pp. 207-208. Kierkegaard ironiza sobre el térm ino alem án. 469 5. V, VII. pp. 214. 219. Sería interesan te estudiar en profundidad la diferente
462 Ib., p. 212.. comprensión que H egel y Kierkegaard tien en de la religión. A lgun os hitos está n señala-
acerca del cristianism o, pero ésta es una de las m ás estúpidas, protesta Kierkegaard p ro p o n e la su p e ra c ió n de la vía socrática y la e n t r a d a
Kierkegaard con enojo. Claro, q u e lo m ism o d iríam os si alguien afirm a ­ en la verdad cristiana con varios ra z o n a m ie n to s . En todos ellos prev ale­
se que el e n tu siasm o y el a m o r lo son «en cierto grado» 47(). ce la conciencia de la no-verdad e n el in d iv id u o (que le diferencia de
A fin de a c e n tu a r con m a y o r plasticidad su com p ren sión de la ver­ Sócrates), la im p o rtan cia del in stante (que le distancia de los griegos), la
dad co m o p a ra d o ja y su visión de la fe cristian a com o pasión pro fun da acción de «un dios» 472 y la p e r m a n e n c ia de la paradoja.
de la existencia. Kierkegaard relata, con excelente gusto literario y con Vamos a h a c e r un escueto re corrido p o r ellos, insistiendo en esos
m u ch a em oción, la escena de la que p re su n ta m e n te fue testigo en u n ce­ aspectos.
m enterio de C o p e n h a g u e 471. M ás allá de los detalles anecdóticos entre a) Sócrates concebía el papel d el m aestro co m o un a condición p ara
el n iñ o y el an c ia n o , K ierkegaard desea p o n e r de relieve la im portancia la verdad. El discípulo llega a la v e r d a d a d e n trá n d o se en sí m ismo, d o n ­
tran sc en d en tal de la pasión in te rio re n la transm isión de la verdad vital, de desde siem pre posee la verdad. E l m aestro lo aleja de sí. de su e n s e ­
re c h a z a n d o la supuesta y falsa g ran d eza del ideal de sabiduría vigente en ñanza. y le em p u ja hacia su propio interior 473.
su época. Las cosas c a m b ia n ra d ic a lm e n te c u a n d o el b u sca d o r de la v erdad
descubre que él es la no-verdad. El m aestro ya no puede entregarse a su
antiguo em peño. Este m aestro que tien e ante sí un discípulo co n sciente
4. La superación de la no-verdad de su no-verdad ha de a p o rta r a h o ra la verdad de la que carece el discí­
pulo. M ás aún. debe p rop orcio narle la condición para recibirla, «pues con
K ierkegaard no se co n fo rm a con e n u n c ia d o s de carácter general la condición para en te n d e r la verdad sucede lo que con la facultad de p re ­
acerca de la «nueva» con cep ció n de la verdad que aporta la p a rad o ja de guntar p o r ella: la c o n d ició n y la p re g u n ta incluyen lo c o n d ic io n a d o
la fe cristiana. C o m o él m ism o señala, todo su Sm uler estaba destinado y la respuesta» 474.
a h acerla p atente y precisarla. A hora bien, u n m aestro que da la verdad y la condición para e n t e n ­
derla. no es u n ho m b re. Tiene que se r un dios 475.
dos en F. Jarauta. «Kierkegaard frente a Hegel». en Pensamiento. 31 (1975). p. 398 s. Lotn- El p roblem a es po r q u é y có m o el discíp u lo fue desprovisto de la
bardi resum e el contraste d icien d o que para H egel lo h u m an o «se hace» divino, m ientras condición necesaria para entender la verdad. Eso no p u d o ser o b ra de
para Kierkegaard existe siem pre una distancia infinita entre hu m ano y divino. Cfr. F un dios ni del azar. N o p u ede h a b e r m á s c a u sa que él m ism o. El h o m ­
L om bardi, Kierkegaard (Firenze. La N u ova Italia. 1936). pp. 136-138.
bre cayó en ese estado de no-verdad, po r lo que ju s ta m e n te se llam a
470 S. V. VII. p, 214.
471 Ib., pp. 220-226. D e forma im prevista y en m edio de sus reflexiones filosóficas «pecado» 476 a esa situación.
acerca de la verdad y la paradoja. Kierkegaard inserta el relato que a con tin u ación resu­ Si esta situación de no-verdad n o existe desde la eternidad (p o rq u e
m im os: «Era un d om in go por la tarde, Paseaba yo por uno de los que llam an jardín de en ese caso sería o b ra de u n dios, lo q u e rep u g n a al concepto), eso sign i­
los m uertos (D o d es H ave). Los visitan tes habían m archado. C on la bruma del atardecer
la calm a y el silen cio se habían ap od erad o del lugar. C on tem p lan d o ese perpetuo sím bo­
fica que h a c o m e n z a d o algu na vez en el tiem po. El instante a d q u ie re
lo de la eternidad que es el horizonte infinito, u n o se veía invitado espon táneam en te a la valor decisivo 477. com o intervención s u p e r a d o ra de la no-verdad en el
paz. U na voz im pregnada de sen tim ien to surgió repentina de las inm ed iacion es, cuando tiempo, precisam en te p o rq u e la p é r d id a de la verdad ha acaecido t a m ­
el sol se d isp on ía a partir. Contra mi costum bre, perm anecí clavado en el sitio escuchan­ bién en el tiem po. Este es el misterio del cristianism o y la fuerza de su
do. A través de los árboles vislum bré d os figuras: un a n cia n o de b lan cos cab ellos y un niño paradoja. Si no, volverem os a Sócrates, d o n d e la no-verdad no existe y
ile unos diez años. I.a estatura venerable del an cian o daba a sus palabras un tono más
serio y solem ne. El viejo explicaba al n iñ o que ya no tenía sobre la tierra padre ni madre
basta la rem iniscencia eterna para lle g a r a la verdad.
ni nadie que pudiera ayudarle, só lo un an cian o que ansiab a partir de este m undo. En b) La no-verdad, de la que a q u í h a b la m o s , es algo q ue n o está s im ­
m edio de sus lam en tos decía: «¡D esgraciado hijo m ío, por qué te dejaste engañar por las plemente / « m j de la verdad, sino en polém ica, en hostilidad con la ver-
cien cia s m undanas, a b a n d on an d o la fe de tus m ayores!» D e pronto tom ó al niñ o, lo con­
dujo delante de la tum ba de su padre y con un im perio que jam ás podré olvidar, excla­
472 En este texto (Smuler) Kierkegaard se sirve del estilo un tanto helénico para ha­
mó: «iPobre m uch ach o, no eres m ás que un n iñ o y pronto vas a quedar s o lo en el mun­
blar de «el D io s» (G u d en ) y no de «D ios» (G u d ). co m o norm alm ente su ele hacerlo en
do! Por la m em oria de tu difunto padre que, si pudiera, te hablaría com o yo, ante los ca­
otros escritos, especialm en te los piadosos.
bellos grises de mi vejez, en la solem n id ad de este sacro lugar, en nom bre de D io s y de
473 5. V. IV. p. 208.
Jesucristo, ¿prom etes conservar con fidelidad la fe recibida, por m uchos cam bios que
474 Ibidem.
acontezcan en el porvenir?» V encido por la em oción , el pequeño se ech ó a sus rodillas,
475 S. V.. IV, pp. 208, 250, 256.
pero el an cian o lo levan tó y lo abrazó contra su pecho». Cfr. S. V. VII, pp. 220-224. Kier­
476 Ib., pp. 209. 221.
kegaard volvió a su casa im presion ado, interpretando esta escena com o un llam am iento
477 Para m ostrar este valor decisivo (afgjoren d e Betydning), Kierkegaard ofrece
para su existencia. D e sd e ese instante decid ió convertirse en com unicador de la verdad
varios ejem plos con referencias im plícitas a T en n em an n , Hegel y D iógen es Laercio. Cfr.
cristiana. Ib., p. 237. S. V., IV. pp. 210-211. en nota.
d a d 47x. Esto nos da u n a idea más exacta de la d im en sió n tan ho n d a que h om bre p erm a n ecie ra en sim ilar estado. En este paso de la no-verdad a
adq u iere ¡a pérd ida de la verdad en el sujeto. la verd ad h ay un ca m b io cualitativo, u n a c o n d ició n nueva. Por ser de
Kierkegaard advierte q u e algu no s h a n interp re tad o esta p e r m a n e n ­ otra c u a lid a d (an den Qualitet) p o d e m o s legítim am ente h a b la r de h o m ­
cia en la no-verdad p or p ro p ia volun tad com o lo equivalente a ser libre, bre nuevo y de nuevo nacim ien to 487.
«pues estar en sí m ism o (viere hos sig selv) es la lib ertad » 47‘\ Es un a
La m ira d a del h o m b re hacia a t r á s está llena de tristeza, a u n q u e
apreciación errónea, p o rq u e «estar libre de la verdad es estar excluido, y
p aradójicam en te le im pu lsa hacia adelante, Es lo propio del a rrep e n ti­
estar excluido de sí m ism o es estar co n d e n a d o » 48n. La verdad no discre­
m iento 488. Se hace p osible la re m isió n de los p ecad o s y el re-nacim ien­
pa de la libertad auténtica. N o p u ed e existir lib ertad lejos o contra la
to. A m bos remiten al instante.
verdad.
En el instante el h o m b re tom a efectivam ente conciencia de h a b e r
El discípulo que está en la no-verdad p or causa propia carece de li­
nacido. Si antes h u b iera tenido conc ie ncia de su ser, el instante h ab ría
bertad . está tan a ta d o y p risio n ero que n u n c a j a m á s p odrá liberarse a sí
carecido de v alor decisivo. El in s ta n te señala el p u n to de inflexión d e la
m ism o, por m u cho q ue lo desee. Surge la necesidad de u n a actuación
no-verdad a la verdad. «Así como el p ath o s griego se con cen tra sob re la
exterior que le devuelva la c o n d ició n p ara la verdad y p ara la libertad.
reminiscencia, el p a th o s de nuestro proyecto se co ncen tra sobre el ins­
Esto lo hace «el dios m is m o » 4SI. que podrá ser llam ad o salvador, por­
tante y, ¡qué milagro!, porque ¿no es u n a cosa m ás patética pasar de no
que salva al discípulo de la esclavitud, liberador, porque le libera de sí
ser a devenir (blive til)?» 489.
m is m o (la p eo r esclavitud), y redentor, porque apa rta de él la cólera acu­
m u la d a con su falta 482. K ierkegaard emplea, co m o vemos, apelativos to­ Algo sem ejante d ebe decirse de la su p eració n de la no-verdad y de la
talm en te religiosos p ara d e n o m i n a r la actuación s u p e ra d o ra de la no- remisión del pecado. El existente es u n pecador. Esto se g raba en la exis­
verdad. N o olvida, p o r ello, lo q ue acontece en la razó n — com o en se­ tencia por segunda vez. El perdón a p a re c e a h o r a com o la decisión eter­
guida d irem o s— . puesto q u e su experiencia (en Sm uler) estaba destinada na en el tiem po p o r d oble razón: p o rq u e tiene p o d e r p ara abolir el p a s a ­
a m ostrarlo contra todos los intentos reduccionistas de uno u otro signo.. do y p orque está en relación con la existencia de Dios en el tiem po 4(><'.
R eaparece el instante. Si tiene valor decisivo y el discípulo quiere li­ el) Este proyecto, con el que se in te n ta s u p e ra r a Sócrates y solucio­
b erarse con él 48', en to n ce s ei instante adq uirirá u n a gran relevancia. nar la p re gu nta p o r la verdad, coloca al indiv id u o en las fronteras de la
«Tal instante es de u n a n a tu ra le z a propia. Es corto y tem poral com o el razón, le hace enfrentarse a algo d esc o n o cid o y despierta la más a r d ie n ­
instante, pero, co m o in stante q ue es, queda so b re p asad o com o [todo] te pasión. ¿Es u n m étod o certero p a r a salir de la no-verdad y sum ergirse
instante en el instante siguiente, pero es decisivo y está lleno de eterni­ en la verdad m ás interior de u n existente? P ara responder, Kierkegaard
dad» 4S4. Este instante con fuerza suficiente para liberar de la no-verdad retorna a la cuestión central de to d a la filosofía: el interrogante p o r el
hombre.
recibe un n o m b re especial: « 1a p len itu d del tiem po» 4ti\
¿Qué es el h om b re? S u p o n g a m o s que lo sabem os. A d m itam o s que
c) C u a n d o el d iscíp u lo era la no-verdad, se alejaba constantem ente
éste fue el criterio de verdad buscado, puesto en duda, postulado, fe cu n­
de la verdad. Al re c u p e ra r la co nd ició n de la verdad, ha d a d o a su mar­
dado p or la filosofía griega 491. U n a v e z su p u e s to todo esto, co n ta n d o in­
cha el sentido contrario , h a girado en redondo. Esta m utació n profunda
cluso con q ue puede llegar a ser la verdad, h a g a m o s que la razón calle,
sucede tam b ién en la co n c ie n cia que es do nd e descubrió su no-verdad.
que la razón se detenga, tal co m o lo h iz o Sócrates, y q u e se despierte p a ­
N o es incorrecto d e n o m i n a r a este c a m b io con la p a la b ra «conver­
ra la razón la pasión de la p arad o ja 492.
sión» 486. «¿Qué es esto d esco nocido co n tra lo que c h o c a la r a z ó n en su p asió n
N o debe h ab larse en ella de un paso del no-ser al ser, pero tampoco
paradójica y que turba incluso el a u to c o n o c im ie n to del h om bre? Es lo
es legítimo calificar esta tra sfo rm ació n de m a n e r a superficial, co m o si el
487 S. V.. IV. pp. 212-213.
47X Ib., p. 209. 488 S. V. IV. p. 213.
479 Ibidem . H ablarem os más tarde de la relación entre verdad y libertad. 489 Ib., p. 215.
4X0 Ibidem. 490 S. V. VII, p. 210.
4X1 S. V. IV. p. 209. 491 £ V. IV, p. 231.
4X2 Ib., p. 211. 492 N o es un fen óm en o tan extraño, si ob servam os lo que acontece con el despertar
4X3 Ib., pp. 210-211. del am or en una persona. Así com o el amor transform a al am ante hasta el punto de no
4X4 Ib., p. 212. reconocerse, igualm ente esta paradoja de la razón actúa sobre el hom bre y sob re el
4X5 Ibidem . Es una alu sión a la epístola de San Pablo a los G álatas 4.4..
conocim iento que tiene de sí. El que pensaba au tocon ocerse, no sabe ahora quien es. Cfr.
4X6 S. V.. IV, p. 212. Ih„p. 232.
d esconocido (det U bekjendte)» 4"!. C o m o sus rasgos no coinciden con La superación de la no-verdad exige a la razón detenerse anle lo des­
los de n in g ú n h om bre, te n d re m o s que llam arle «el dios» 4'*4. Por m ucho conocido y lo paradójico, a u n q u e le re co m p en sa con un gran prem io
que la razón se obstine, siem pre vuelve a tropezar con esto desconocido. para ta m a ñ o sacrificio: recuperar la p asió n interior del existente com o
Este límite de lo desconocido es el torm ento de la pasión y. a la vez, su condición p ara llegar al encuentro d e la verdad. La ra zó n no es abolida.
estím ulo 49\ Ja m á s p o d rá el h o m b re por su razón llegar a él, pues Se suspende su ejercicio y se abre la p u erta a lo que está en la diáspora.
tendría que c a p ta r su a b so lu ta diferencia, lo que es imposible, ya que lo La razón ha sido s o b re p asad a p o r la fuerza pasional de la fe. p ero he­
desconoce. «Lo d esco nocido está en la Siaonopa ...» 4%. mos re cup erado la verdad.
¿Qué le sucede a la razón, cu a n d o en lugar de tener al hom bre por El p ro b lem a pendiente después de K ierkegaard es cóm o enjuiciar el
verdad se e n c u en tra con lo desconocido? Q ue resucita con toda su viru­ papel de la ra zó n y los logros de la objetividad frente a la verdad. ¿Hay
lencia la p a ra d o ja y su pasión. Esto no conlleva la pérd ida ni la derrota que confesar y ad m itir el fracaso definitivo de la « ra z ó n objetiva»? ¿Es
de la razón, p ues de nuevo hay que «sostener» la tensión dialéctica. La ése el precio q u e debe pagarse para que el sujeto existente p u eda poseer
razón entra en «feliz colisión» con la p a rad o ja en el instante. La razón la verdad? Estas son pregu ntas esen ciales p ara la filosofía y para un j u i­
se a b a n d o n a , la p a ra d o ja se rinde. El tercero (Tredie) d o n d e se produce cio crítico sobre el pen sa m ie n to k ierkeg aardiano.
este c h o q u e no es la razón ni la parado ja, ya superadas; es esa p asión íe-
liz que co no c em o s con el n o m b r e de fe 4‘)7. «Esta pasión debe ser la c o n ­
dición de la q u e se h a b ló y que la parad o ja trae consigo»448. Si no
h ubiera p a r a d o ja ni pasión, el discípulo no podría e n tra r en posesión
de la verdad y el instante ten d ría sólo v alor ocasional y no decisivo.
Si la p a rad o ja y la razón se encu entran, pero con u n a inteligencia
c o m ú n acerca de su diferencia, este encuentro es feliz, feliz en la pasión
q ue se despierta (la fe) w . Si el c h o q u e se produce sin esta inteligencia.
>a situación resultante es infeliz. A este « a m o r desgraciado» h ab ría que
darle el n o m b re de escándalo 5Q0.
El esc á n d a lo de la ra zó n y el sufrim iento que conlleva 110 van contra
la paradoja. Si n o nos parece ilógico que la verdad sea índex sui el falsi.
tam p o co es im posible ac e p ta r que el escánd alo no se co m p re n d e a sí
m ismo, pese a ser c o m p re n d id o por la p arado ja 5I". Dicho de otra m an e­
ra y en sentido com plem en tario : el escánd alo de la razó n puede ser
to m ad o com o u n a p ru e b a indirecta de lo acertado (Rigtighed) de la p a ­
radoja 5n:. El e s c án d alo q u ed a fuera de la paradoja, p o rqu e ésta se fun­
da m e n ta en el «quia a b s u r d u m » . La p a rad o ja ha resistido la embestida
de la razón y h a p ro vocado el escándalo.

493 Ib., pp. 233-234.


494 Ib., p. 234.
495 lb„ pp. 237-238.
496 Ib. p. 238. Esta situación se presta a las m ayores veleidades de la razón y de la
im agin ación, que construyen im ágen es falsas de lo descon ocid o o crean dioses a medida
del hom bre. Ib., pp. 238-239.
497 Ib., p. 251.
498 5. V. IV. p. 251.
499 Es paralelo a los am antes, qu ien es se am an aceptando sus intereses contrapues­
tos y con una com pren sión com partida ele su diferencia. Ib., p. 242.
500 Ibidem.
501 Ib., p. 243.
502 Ib., p. 244.
V. EL E J E R C IC IO D E LA V E R D A D

La indagación kierkegaardiana sobre la verd ad n o term ina en el te­


rreno estricto de la relación enlre p e n s a r y ser, idealidad y realidad, tal
como lo han con c eb id o h a b itu a lm e n te los sistem as filosóficos. A u n q u e
Kierkegaard sitúa lo m ás extenso d e sus reflexiones acerca de la verdad
en ese dom inio, am p lía y extrapola m u ch o sus consecuencias. Debe
afirmarse incluso, sin exagerar en n a d a el talante de su pensam ien to,
que la meta de sus análisis está fuera del c a m p o «teórico». La c o m p re n ­
sión kierkegaardiana de la verdad tien d e a p resentar un modelo de vida
acorde con ella, y no p o rq u e él se considere u n ejemplo, sino p o rq u e
está abso lu tam en te decidido a d e n u n c ia r los «antitipos».
La ética, y den tro de ella la libertad, es el d o m in io al que m ás direc­
tamente atañe la filosofía de la verdad . Ciertos m od os de concebir la li­
bertad son incom patibles con la v erd ad; por eso im p orta redescubrir la
relación positiva entre verdad y libertad.
La c o m u n ica ció n de la verdad es otro de los tem as al que Kierke­
gaard dedicó bastan te s p áginas y n o pocas p re o cupacio nes •so\ A p a rtá n ­
dose de la falsa tran sm isió n de la v e rd a d en las filosofías de la objetivi­
dad y añ o ra n d o siem pre el método socrático, K ierkegaard distingue una
doble co m u n ica ció n de verdad: directa e indirecta. Sólo la segunda es
conforme a su «proyecto» y sin ella el sujeto se vuelve im potente p a ra la
verdad existencial.
En este contexto, pero cristianizado, suscita Kierkegaard una cues­
tión paralela, que le conduciría a las m á s agrias polém icas de toda su vida:
el testimonio de la verdad. Aun c o n t a n d o con el con ten id o eclesiástico
de algunos p ro b lem a s en litigio, se trasluce c la ra m e n te una c o m p re n ­
sión distinta de la verdad.
Kierkegaard in co rp o ra la p ro b lem á tica de la v erd ad a la p regunta
sobre el yo individual. Las m ism as c o o r d e n a d a s descubiertas p ara la
conciencia y la existencia reaparecen en su definición de la subjetivi­
dad. La presencia tic «lo desconocido», q ue a p u n t a b a en la superación
de la no-verdad, esta a h o ra más m anifiesta.
Estos son los cuatro aspectos q u e v am os a a b o r d a r en este capítulo.
Insistimos en que no son « co m p lem en to s» a su defin ició n filosófica de
verdad, sino que revelan en gran p arte lo que está detrás de sus p r e g u n ­
tas. críticas y aspiraciones.

503 Las diferencias en la com u n icación de la verdad son el justificante de sus


pseudónim os.
¿Qué significa decir q u e la v e rd a d es el c o n ten id o de la libertad? P a­
1. La verdad contenido y obra de la libertad ra entenderlo, conviene recordar q u e la pregunta por la verdad sólo era
posible y legítima en el seno de la co n c ie n cia co m o co ntradicción en tre
El esq uem a k ierkegaard iano de la verdad remitía de varias m aneras a realidad e idealidad y que la verd ad era realidad — del espíritu existente,
la libertad, p rin cip a lm en te en dos vertientes: cu a n d o establecía la deci­ del sujeto co gnoscente— aparecía e n el m arco de u n a síntesis te n s a e n ­
sión com o único p un to válido de partida y cu a n d o convertía la realidad tre finito e infinito, tem poral y eterno. La tarea del p e n s a d o r subjetivo, el
ótica en la sola c a p a z de «so p o rtar» la verdad. que está en la verdad, era c o m p re n d e rs e a sí m ism o en la existencia.
A u n q u e de m odo muy escueto. Kierkegaard presenta algunas deter­ Kierkegaard en juicia la libertad e n un sen tid o m uy similar. «La c o n ­
m in acio n es m ás concretas de la relación entre verdad y libertad. Para ciencia es así lo decisivo. E n general, la conciencia, es decir, la a u to c o n -
no a b u s a r de interpretación, nos lim itarem os a lo expuesto explícita­ ciencia es lo decisivo en la relación a sí m ismo. C u an ta m ás conciencia,
m ente p o r Kierkegaard. P o d ría n descubrirse ab u n d a n te s paralelism os más yo (Selv). c u a n ta m ás conciencia, m á s v o lu n ta d (Villie), c u a n ta m á s
q ue llevarían nuestros aná lisis p o r otros derroteros, pero serían d e m a ­ voluntad, más yo (Selv). U n h o m b re que no tiene n in g u n a voluntad, no
siado ajenos a. esta investigación 540. es yo (er intet Selv); pero cu a nta m á s v o lun tad tiene, m á s concien cia d e
C o m e n z a re m o s con el co m e n ta rio a un pasaje ya citado '"', d o n d e sí m ism o tiene tam b ién » •sn. La v e r d a d — se decía an te s — (está en) es la
Kierkegaard a b o rd a las v aloracion es h ec has trad ic io na lm e n te sobre la relación c o n tra d icto ria en la concien cia. Esta relación activa d e te r m in a
verdad y la libertad: « C u rio s a m e n te lo v erdadero ha tenido hasta ahora tam bién la p ro fu n d id a d de la v o lu n tad , d on d e surge la libertad, u n a li­
la preferencia, en cu a n to q u e se ha c o m p re n d id o y expuesto la trilogía: bertad q u e se presenta c o m o síntesis dialéctica: «El yo (Selvet) está c o m ­
lo bello, lo bueno, lo verdadero, en lo verdadero (en el conocim iento). El puesto de infinito y finito. Pero esta síntesis es una relación y esta rela­
bien se resiste a ser definido. El bien es la libertad. La distinción entre el ción que. a u n q u e derivada, se rela cio n a consigo m ism a (forholder sig til
bien y m al es p e rm a n e n te para la libertad y en la libertad, y esta distin­ sig selv). es la libertad. El yo es la lib ertad . Pero la libertad es la d ialécti­
ción n u n c a es in abstracto, sino sólo in concreto» :'"í'. El sentido del bien y ca en las d eterm in a cio n es [dej p o s ib ilid a d y n ecesidad » 5|:. Esta a lu s ió n
de la lib ertad no debe d efo rm arse ni con fun dirse con las versiones a la dualid ad de posibilidad y n ecesid ad indica que estamos en la esfera
abstractas de la verdad. Toda posible eq u ip aració n entre ellas ha de rea­ dialéctica de la realidad, co m o a h o r a veremos. Pero de m o m en to ya te­
lizarse en el d o m in io de lo concreto. Ya co no c em o s algo de ello, pero es nemos ac la rad o que la libertad tien e por con ten id o la verdad en c u a n to
im po rtan te d e te rm in a r m e jo r esas relaciones. expresa idéntica relación dialéctica d en tro del yo existente.
K ierkegaard expone las diversas m a n e ra s de perder la libertad. Dis­
tingue fu n d a m e n ta lm e n te dos: la som ático-psíquica y la pneu m ática 5"7. La presencia de la. posibilidad y la necesidad nos llevan al devenir,
a u n q u e p odía hablarse de otras co m o la pérdid a «anim al, intelectual, para el que «aq uéllas son esenciales» 5l-\ «D e la m ism a m anera q ue el
religiosa» 5HX. E n todas ellas se dilucida siem pre lo m ismo: el olvido o la infinito y el finito (arteipov-Ttepa^) forman parte del yo, así posibilidad y
presencia de los dos té rm in o s de la síntesis en la que estam os situados. necesidad» ■l4. E lim inad o uno u o t r o polo, perdem os la realidad y el ser
La verdad se relaciona con la libertad desde el prism a intelectual y mismo del h o m b re com o agente lib re 515.
pn e u m á tic o 5°(). Esta relación q ued a expresada en dos frases m uy cortas: La significación de la verdad c o m o «obra de la libertad» se c o m ­
«El co n te n id o de la libertad, intelectualm ente tom ado, es la verdad, y la prende p le n a m e n te en el devenir. « E l yo es la síntesis consciente de infi­
verd ad h a c e al h o m b re libre. Pero ju s ta m e n te p o r ello la verdad es tam­ nito y finito qu e se relaciona a sí m is m a , cuya tarea es hacerse el m is m o
bién la obra de la libertad, en cu a n to ésta crea co n tin u a m e n te la ver­ (at vorde sig selv). lo que sólo p u ed e hacerse en la relación con D ios. Pe­
d a d » 5in. E xp liq u em o s u n p oco esta d o ble afirmación. ro hacerse a si m ism o (at vorde sig selv) es hacerse concreto. Pero h a c e r­
se concreto (at vorde concret) no e s ni hacerse (blive) finito ni h acerse
504 Entre otros estudios. Clr. ( i. M alantschuk. Frihcd og Eksistem (Kobenhavn, infinito, puesto que lo que debe h a c e rs e concreto es justam ente u n a sín­
R eitzels B ogh an d el. 1980), princip alm ente el artículo «F rihedens D ialektik hos Soren tesis. El desarrollo debe consistir, p o r tanto, en alejarse in fin ita m en te de
K ierkegaard». pp. 19-31. (pu blicad o originalm ente en 1949).
505 Cfr.. p. 110 de nuestra obra.
506 S. V.. IV. p. 419, en nota. 511 s. V. XI. p. 160.
507 Ib., pp. 445-464. 512 Ibidem.
508 En el borrador de este texto lo indicaba. Cfr. Papirer. V B 72. p. 145. 513 S. V.. XI. p. 167. D even ir (T ilb livelse) es el título de un importante párrafo del
509 A u nq ue se incluye en lo «p n eu m ático», en los borradores se insertaba en «la «M ellem spil» en Smuler. Cfr. S: V.. IV. pp. 265-267 y n. 172 de nuestra obra
libertad perdida intelectualm cnte». Cfr. Papirer. V B 60. pp, 134-137. 514 .V. V. XI. p. 167.
510 S. V. IV, p, 447. 515 Ib., pp. 167-174.
sí m ism o en la infinitización del yo. y volverse infinitamente a sí m ismo en tad no puede darse aquella a u to rrelació n abso lu ta que estaba en el
la finitizaeión [del y o |» .5lh. De nuevo se trata de m a n te n e rla hipolaridad. a rran que de la verdad, c u a n d o el existente elegía serlo. Sin interioridad
su tensión, su c o n tra d icció n , su dialéctica, sin p e r d e r l a s in g u larid ad del tam poco se presencializa la verdad e n sentido subjetivo y pasional.
existente. Así se c o m p re n d e m e jo r tam b ién el rechazo kierkegaardiano La libertad y la verd ad están s itu a d a s en el núcleo de la existencia,
en la subjetividad, en la interioridad m á s profunda.
de las filosofías m o d e rn a s d e libertad.
La acción de libertad c o rre s p o n d e a un ser q ue está en la tensión
La p érd id a de la libertad es evidente c u a n d o se concibe a ésta en el perm a n en te del devenir, en la dialéctica entre necesidad y posibilidad,
contexto abstracto de la n e c esid ad del p ensam iento . C on ello «no se h a ­ en la síntesis de finito e infinito. La libertad y su ejercicio no se ciñ e n a
ce m ás que h a b la r sobre el m o v im ien to in m a n e n te del pen sa m ie n to lo exterior y m u ch o m enos a lo ab stra cto , sino q u e pertenecen al m u n d o
eterno» Sl7. Si querem os llegar a una dialéctica acorde con la verdad, interior de la decisión existencial.
sólo lo con se g u irem o s d e já n d o n o s im p re g n a r por la verdad m ism a. E n ­ La verdad co m o c o n te n id o y o b r a de la libertad es la acentuación de
tonces c o m p ro b a re m o s que « n o hay verdad para el individuo sino en la vida interior, la confirm a ció n en el d evenir existencial. el a b ra z o de la
c u a n to él m ism o la p ro d u c e a c tu a n d o (frcm bringer i H and ling )» MK. síntesis recreadora del propio yo.
Esta síntesis no es algo original, auto establecid o: es «derivada». Esta
La libertad crea verd ad c u a n d o u n o tom a com o tarea «hacerse con­
p equ eña advertencia de K ierkegaard a n u n c ia u n a seria crítica a la a u t o ­
creto» 5I9. Es lo m ás opu esto al c a m in o de lo abstracto. Es la vía interior.
nomía k an tian a 52-\ a la vez que a p u n t a a algo exterior que asom a p o r el
Esta in teriorid ad se obtiene ú n ic a m e n te p or la acción 52°, p o r la deci­ horizonte c u a n d o la síntesis del yo se constituye. ¿Es «lo d e s c o n o c i d o »
sión h acia sí m ism o en libertad. La m edida de la conciencia determ ina
a que antes nos referimos? R e s p o n d e re m o s al estu d iar la verdad en la
la in terio rid ad , la libertad y, p o r consiguiente, la verdad: « C o m p re n d e r relación constitutiva del yo.
u n discurso es u n a cosa, c o m p re n d e r lo que te atañe (Deitikose), otra;
c o m p r e n d e r lo q ue u n o se dice a sí m ism o es una cosa, c o m p re n d erse a
sí m is m o en lo dicho es otra. C u a n to m á s concreto es el con ten id o de la 2. Comunicación de Ia verdad
co nciencia, m á s co ncreta se h a c e la inteligencia, y tan p ro n to c o m o falta
esto en la relación a la co nciencia, tenem os un fenó m en o de no-liber-
C o n m o v id o p o r la escena del cem e n terio , K ierkegaard se apresta a
tad, q u e q uiere a p a rtarse de la libertad. (...) Esta conciencia de sí m ismo
transmitir la verdad esencial y eterna, pero tropieza con el gran in c o n ­
no es la c o n tem p lac ió n , pues q uien lo cree no se c o m p re n d e a sí mismo,
veniente de las tradiciones existentes p a ra c o m u n ica rla (la docencia y la
pu es ve q u e está al m ism o tie m p o en dev en ir (i V orden) y, p o r tanto, no
predicación oficial) y con el d esa rro llo de los m edios de c o m u n i c a ­
está te rm in a d o (afsluttet) p a ra la co ntem plación . Esta conciencia de síes,
ción 5:4. Kierkegaard piensa que con esos m étodos se deform a la verdad.
pues, acción, y esta acción es de nuevo interioridad; y ca d a vez q u e la
La definición de verd ad subjetiva a l c a n z a al m ed io y m a n e ra de c o m u ­
interio rid ad no re spo nde a esta conciencia, hay u n a form a de lo d e m o ­ nicarla.
niaco...» 521. Lo d e m o n ia c o equivale a la pérdida de la libertad. Sin liber­
En un breve b o sq uejo -''25 acerca d e la c o m u n ica ció n . Kierkegaard
establece varias distinciones que s o n im prescind ib les p ara acertar en la
transm isión de la verdad. Interesa cono cerlas.
516 Ib., p. 161.
517 5. V. IV, p. 448.
518 Ibidem . En sen tid o sim ilar Bousquet dice que la verdad no es la reduplicación 522 Este sería el m ayor deber del hom bre y la más alta función de la ética. S. V.. VIL
pp. 114 y 119.
del ser por el p en sam ien to, sin o la recuperación (reprise) de la existen cia por la libertad.
523 Cfr. Papirer. X-2 A 396. pp. 280-282.
Cfr. F. B ousquet, «La vérité est de devenir su jet. La vérité com m e question éthique chez
524 Cfr. Papirer. V I11-2 B 86, pp. 172-175. Kierkegaard guarda m uchas reservas
K ierkegaard», en La Vérité (París, I. C. P„ 1985). p. 158.
contra la prensa y las revistas científicas m od ern as, que. en su o p in ión , insisten sobre la
519 S. V. XI. p. 161. cantidad de difusión sin respetar la calidad de lo difun dido ni al destinatario. Tal co m o
520 S. V. IV, p. 448. Según Fay, Kierkegaard insiste en la incertidum bre objetiva
funciona y se ha desarrollado, la prensa se ha convertidlo en portavoz de la m asa, en el
para dar m ás sentido a la d ecisión , puesto que. si ha de realizarse subjetivam ente, el acto
instrumento ad ecu ad o para' perder la sin gu larid ad del «ú n ico» y en en cu b rid or y
de libertad d eb e ser absolu tam en te puro. Cfr. T, A. Fay, « C om m u n ication o f truth and
deformador de la verdad. Entre otros m u ch os pasajes, cfr. Papirer. VIII-I A 134-137. pp.
the existen cial d ialectic in the th ou gth of Kierkegaard». en The Personalist. 53 (1972), p.
66-68; X-2 A 599. pp. 429-430: Xl-1 A 25. p. 22; XI-2 A 23. pp. 25-27; Ib.. 58-59. pp.
163. Convertir la cuestión de la verdad en cuestión ética im plica con clu ir previamente 70-71.
que no está resuelta en el saber objetivo. Cfr. F. Bousquet. «La vérité est de devenir sujet»,
525 N os referim os al escrito Den ethiske og den ethisk-religieu.se Meddelelses D ialektik
p. 158. (Dialéctica de Ui comunicación ética y ético-religiosa), inédito en vida de Kierkegaard y proba-
521 5. V. IV, pp. 452-453.
O bserv em o s an te todo, advierte Kierkegaard, có m o el p ensa m ie n to nir que estructura la existencia Esta observación es certera, p o rq u e
m o derno se ap resura a m ostrar una p re o cup ació n ardie nte por el obje­ la co m u n ic a c ió n en su sentido m á s existencial se sitúa en el d o m in io d e
to. p o r el qué (hvad) de la co m u n ica ció n , en lugar de preguntarse qué es lo ético, es lo m ás opuesto al s a b e r por su carencia absoluta de objeto y
c o m u n ic a r (h vad det er at m eddele) -2<\ N o existe ni un libro publicado es ésta la que K ierkegaard define c o m o deber p o d e r -,í4. T am b ién es v er­
en torno a este tema, m ien tras que hay miles sobre los objetos de las dad que la referencia al d eber p ro c ed e de la insistencia que el m aestro
ciencias. Se s u p rim e la p erson alid ad, se reduce todo a los contenidos pone en el «tú debes» (« D u skal») tan lejano a todo saber.
objetivos y se elim ina esta cuestión esencial. H ay que rem ontarse a la De todas m a n eras el simple K unnen queda un poco en la a m b i g ü e ­
an tig üedad p ara h a lla r alg u n a alusión a este p roblem a 527. Es u na clara dad. a u n q u e K ierkegaard ensaya u n a cierta c o m p a r a c ió n con el a p r e n ­
m uestra de «la falta de h o n r a d e z de los tiem pos m od erno s», que n unca dizaje de la virtud en sentido griego. N o se trata de asim ilar m e m o ra ti­
revisan las «cuestiones prim itivas» ' 2I<. Si querem os evitar las falsedades vam ente u na ciencia, sino de lograr que el p o der ético tran sfo rm e al in d i­
y los equívocos, h em os de volver a p lan tea r la p regunta fundam ental. viduo en lo que debe ser. com o un jefe que dijera q ue él va a «sacar» de
C on vien e c o m e n z a r re cono ciendo en la co m u n ica ció n u n cuádruple este inexperto p a is a n o u n b uen so ld a d o
contenido: 1) El objeto. 2) El eom u nicad or. 3) El receptor. 4) La c o m u n i­ La c o m u n ica ció n ele saber es directa. La c o m u n ica ció n ele p o d er es
cación 52l). C o n esta d istin c ió n se entien den m ejor los diferentes aspec­ indirecta 5'7. En seguida, y volviendo a la verdad, verem os p o r qué. El
tos, grados y cu a lid a d e s de la co m unicació n. p ensam iento m o d ern o se em p eña en preterir la segu nda y privilegiar
C u a n d o se reflexiona sobre el objeto (G jenstan d). tenem os la c o m u ­ la primera.
nicación del saber ( Viciens M eddelelse). C u a n d o no existe o bjeto alguno La co m u n ica ció n indirecta ad m ite m ás diferenciaciones según sea
(ingen G jenstan d). ap a rec e la co m u n ic a c ió n del poder (Kunnens M e d d e ­ la atención puesta en el receptor o en el eom unicador. Si se les iguala,
lelse) 53°. Esta es la p rim e ra distinción. será una co m u n ica ció n de p oder estético. C u a n d o se privilegia al recep­
Si nos lijam os en la co m u n ic a c ió n , d escubrim os u n a diferencia a n á ­ tor. es u na c o m u n ic a c ió n de p o d er ético, pues el e o m u n ic a d o r está co­
loga: c o m u n ic a c ió n del saber, c u a n d o el m edio es la fantasía, la posibi­ mo elim inado o m arginado. Si se p rim a al e o m u n ica d o r. es p o r estar
lidad (M ulighed); c o m u n ic a c ió n de poder, c u a n d o el m edio es la reali­ provisto de alg u n a au toridad ; ten em os entonces u n a co m u n ic a c ió n d e
dad (V irk elig h e d )5". poder religioso
N o es difícil a d iv in a r qué d eb e m os e n te n d e r po r «saber». Kierke­ ¿C ó m o ha de ser la c o m u n ic a c ió n de la verdad p ara q u e no se defor­
gaard excluye toda tra n s m is ió n que tenga por con ten id o el saber objeti­ me o disuelva su propia esencia? Este tema es el que realmente interesa
vo. U n poco m ás ard u o resulta explicar el significado de «poder» (Kun- a nuestro autor.
nen). a u n q u e lo a c la ra b a s ta n te al se ñ a la r los diversos grados: el estético «Para reconocer (crkjende) la v erdad , sobre todo ética y ético-reli­
es siem pre p o d e r (K u n n e n ), el ético tiene algo de deber (Skullen-Kunne) giosa. hace falta u n a situación» w . E sta es la p rim e ra condición. Kierke-
y lo m ism o el religioso (Religieus K u n n e n eller S kullen-K unne). El ga a reí niega que «la cáted ra» (elel profesor) sea u n a situación adecu ada.
« K u n n e n » estético es c o n d ic io n a d o , m ientras el ético es incondiciona- ¿Cómo definir la situación q ue posibilite la a u tén tica co m u n ic a c ió n ele
do. p o rq u e en él todo objeto está in co n d icio n alm en te ausente. Lo reli­ la verelael? Por la presencia ele la reduplicación en su sentido m ás fuerte.
gioso im plica un cierto co n d icio n a m ien to , po r ser in icialm ente una co­ «Conocer (crkjende) 'en v e rd ad ' la v e r d a d ética y ético-religiosa es redu­
m u nicac ión de sab e r (revelación de Dios) - 1. plicar existencialmente lo conocido (det Erkjendte)» M0. Kierkegaard ex­
Jarau ta ha in terp re tad o este Skullen-K unne com o la categoría fu n d a­ plica más ad elante p or q u é la cá te d ra del profesor o del p re d ic a d o r no
m ental del h o m b re k ie rk e g a a rd ia n o y lo explica en el contexto del deve- es una situación propicia para la re d up licació n existencial: « P o rq u e es
una co m u n ica ció n simple, yo no reduplico, yo no ejecuto lo que expon-
blem en te redactado en 1847. H oy se encuentra en Papirer. VI11-2 B 86-89. pp. 168-190,
533 E, Jarauta. Soren Kierkegaard. Estructura v dialéctica de la subjetividad, p. 35.
correspondiente al texto m ás com pleto. Las correcciones y añad idos le preceden: Ib., 534 Papirer. VIII-2 B 89. p, 189.
pp. 79-85. pp. 143-168, 535 Papirer. VI11-2 B 85. p. 162.
526 Papirer. V II1-2 B 89, pp. 185 y 189. 536 Ib., p. 163.
527 Ib., pp. 186-187. 537 Papirer. VI11-2 B 89.p . 190.
528 Papirer. VIII-2 B 89, p. 189. Cfr. VIII-2 B 86. p. 168 s. 538 Papirer. VI11-2 B 83. p. 160.
529 Papirer. VIII-2 B 89. p. 188. Cfr. VIII-2 B 83, p. 158.
539 Papirer. VIII-2 B 88. p. I 77. El subrayado es nuestro. Cfr. S. V.. VII. pp. 227-22K. La
530 Papirer. VI11-2 B 89, pp. 188-189, Lo m ism o está expuesto en forma de esquema
verdad en Kierkegaard es m ás que veracidad, pues es verdad por su relación con la
en VIII-2 B 83. pp. 158-159. interioridad. Cfr. J. A. C ollado. Kierkegaard y Unamuno. p. 471.
531 Papirer. VIII-2 B 83. p. 159.
540 Papirer. VI11-2 B 88. p. 177.
532 Papirer. VIII-2 B 83, pp. 158-159.
go. no soy lo q u e digo, no doy a lo v erd ad ero aquí expuesto su forma más La alusión a los equívocos de la filosofía p o r causa del con o c im ien to
veraz, siendo yo existencialmente lo dicho: [solamente] hablo de ello» 541. de la verdad 54g le recuerda otro yerro característico de la época m o d e r­
La c o m u n ic a c ió n de la verdad exige u n a situación, que es el pathos na: hacer de los hom bres la instancia de la com unicación de verdad 55°.
de la verdad subjetiva, y una forma de reduplicación que reenvía a lo Esta p ro p e n sió n no indica nada m á s q ue el desprecio hacia la verdad,
m ás p ro fu n d o de la interio ridad existencial. Ya lo h a b ía m o s escuchado sobre todo la verdad ética y religiosa, e incluso el tem or hacia los d em ás
con otras p a la b r a s en Efterskrift. S iendo la verdad algo que está en rela­ hom bres 551. Se intenta q ue los h o m b re s entren en m asa 552 en la verdad,
ción esencial con el espíritu, ésta se constituye co m o la actividad de pero eso es imposible. Tan im portante co m o la verdad misma, es el m o ­
a p ro p ia c ió n de su p ro p io interior 542. La ún ica situación posible p ara la ¡ do de aceptarla, que consiste en la acción individual de apropiació n inte­
verdad es el p a th o s de la interioridad y la ú n ic a acción que puede expre­ rior.
sarla es la acción perso n al (S e lw irk s o m h e d ) La reduplicación inte­ Si q uerem o s a c a b a r de e n te n d e r p o r qué la com u nicación de la ver­
rior no consiste en algo recibido de fuera, sino en el valor intrínseco dad debe ser indirecta, podem os t o m a r el ejem plo de la fe en D ios a p a r­
(valore intrínseco) de la interioridad m ism a. C u a n ta m ás actividad des- j
tir de la creación. N o es difícil d e s c u b rir u n a situación análoga y unos
de o hacia fuera exista, m enos interioridad tendrem os. C u a n ta m ás o po­ resultados similares. Parecería q u e siendo D ios espíritu más q u e n i n ­
sición en c u entres en el exterior —y m ejor si es total—. m ás interioridad gún otro espíritu, tendría el poder de tra n s m itir la verdad directam ente,
conseguirem o s y m ás plen a será la verdad. «En cu a n to p ued a suponerse i
tratándose a d e m á s de u n a relación con un espíritu «esencialm ente»
que la verdad, la v e rd ad esencial, es con ocid a p or cada uno. aquello por igual y derivado de él. N o es así. Al contrario, toda pretensión de v in c u ­
lo que h a b r á que t r a b a j a r será la aprop ia ció n y la interioridad, y sólo lar directam ente a Dios c o n el h o m b r e es puro paganism o: Dios se rela­
p uede trabajarse |cn el 1o| de forma indirecta» yt4. ciona con el h o m b re co m o un o b je to ante el cual el individuo se a s o m ­
El m ejo r m a e s tro q u e pudiera h a b e r no conseguirá trasp a sar la fron­ bra. si se h ace u n a relación directa. Falta el misterio, la co m u n ica ció n
tera de esta c o m u n ic a c ió n indirecta. La relación de espíritu a espíritu no directa degenera en sim p le idolatría y Dios p asa a ser un artículo en
es directa y, si se p ro d u c e , será p orque u n o de los dos ha d ejado de ser desuso 55-\
espíritu o p o rq u e n o está c o m u n ic a n d o la verdad «esencial» 54s. La reía- ¡
Dios no entra en contacto directo con el espíritu hum ano . Es cierto
ción directa entre p rofeso r y discípulo sólo es posible c u a n d o no se trata
que la n atu ra leza es la o b ra de D ios, pero sólo la obra está d irectam en te
de la v erd ad interior. En cam bio, cu a n d o lo que está entre m a n o s es la j
presentada, no Dios. ¿N os e n g a ñ a Dios, p o n ié n d o n o s un ce b o tan
v erdad c o m o re d u p lic a c ió n existencial. la relación entre a m b o s es simi- j
atractivo? No. al contrario; Dios q u e es la verdad quiere p recavernos de
lar a la socrática. « M ira Sócrates, era un m aestro en lo ético, pero estuvo
la no-verdad. El nos invita a d escu b rirle p o r nosotros mismos, desde
a ten to a q u e no h u b ie r a n in g u n a relación directa (ligefremt Forhold)
nuestra intim idad, rompiendo la relación directa. «Esta ruptura es j u s t a ­
entre m aestro y d iscípulo, p o rq u e la interioridad es la verdad y la inte­
mente la eclosión de la interio ridad (Inderlig hedens G je n n e m b ru d ), el
rioridad es en a m b o s la vía que separa a u n o de otro» 54(\
acto de autoactividad (Selvvirksom hedens Akt). la prim era d eterm ina-
Kierkegaard co ncluye: «...toda co m u n ic a c ió n directa (ligefrem Med-
delelse) en relació n a la verdad co m o interioridad es un error» 347. Si
nuestro tiem po in c u rre tanto en este equívoco, es porque h a n olvidado 549 Jarauta ha hecho una observación muy justa al respecto y sobre la que sería
qué es existir y, c o n ello, el sentido de la interioridad. El auge de la co­ interesante seguir reflexionando: «aun c u a n d o el problem a de la verdad im p liq u e la
m u n ic a c ió n vacía, objetiva, directa, tiene su origen y explicación en este . cuestión fundam ental del ser y de la relación entre el sujeto y la realidad, Kierkegaard no
se preocupa tanto tic exponer un a ontología. una teoría del conocim ien to, cuanto de ir al
grave olvido, olvido qu e ha provocado, p o r otro lado, un peligrosísimo núcleo del problem a que le interesa, es decir, c ó m o un existente se relaciona in concreto
m a le n te n d id o en tre la especulación y el cristianism o 548. con la verdad. I Jarauta. Soren Kierkegaard. Estructura v dialéctica de la subjetividad.
p. 116.
550 Papirer. V I11-2 B 88. p. 179. La esp ecu la ció n m oderna tiende a convertir el cóm o
541 Ib., p. 178. En otro lugar dice: «U n a cosa es ser agud o con los libros y otra redu­ (come) en un qué (ció) y rebajar la exigencia de vida a un problem a de doctrina, com enta
plicar (ford ob le) d ia léctica m en te lo p en sad o en la e x isten cia .^Papirer. VIII-I A 91. p. 44. C'. Fabro. «La c o m u n ic a zio n e della veritá' nel pensiero di Kierkegaard». en Studi
542 S. I V I I . pp. 227-228. Kierkegaardiani. p. 137.
543 Ibidem . 551 Papirer. VII1-2 B 88. pp. 179-180.
544 S. V. VIL pp. 228-220. 552 En francés (en m asse) en el original. Cfr. S. V.. VIL p. 233.
545 Ib., p. 233. 553 Ib., pp. 230-232. Pese a lo sugerente de estas reflexiones sobre la com u n icación ,
546 Ibidem . Brechtken ha d en u n ciad o en ésta el n egativism o del autor y un toque de in d ivid u alism o
547 Ib., p. 235. romántico. Cfr. J. Brechtken. Kierkegaard-Newman. Wahrheit und Existenzmitteilung (M ei-
548 Ibidem . senheim am G lan . H ain. 1970). pp. 38-88.
ción de la verd ad c o m o interioridad» >M. La creación entera es o b ra de Kierkegaard la co m en ta así: « C u a n d o yo he dejado a c ab ar Enten-Eller
Dios y, sin em bargo. D ios no está en ella. Es en el h o m b re individual, en con la frase: 'sólo la verdad q u e edifica (opbygger) es verdad para
su interioridad, en el sentim ien to de lo infinito propio de lo ético, d on d e uno' ' 5ii, pocos son por desgracia los que h a n visto la intención q u e hay
puede surgir la revelación de Dios ?v\ Dios no h a b la d irectam en te al en ello. Se ha discutido m ucho e n la filosofía griega acerca del criterio
ho m b re, sino a través de su interioridad. de verdad (cfr. p o r ejem plo. E. T e n n e m a n n , Geseh. D. Philos., 5 B, p,
La verdad, por estar constituida com o interioridad ap a s io n a d a , no 301). y sería m uy interesante proseguir m ás a m p liam en te esta cuestión.
adm ite n in g ú n objeto ni n in g u n a transm isión directa. Incu rrir en tal Dudo b astan te que pueda enco n trarse u n a expresión más concreta |de
equivoco es desvirtuarla, perderla o. lo que es lo m ism o, convertirla en la verdad]» s59. A ho ra que con o c em o s un p o co su filosofía de la verdad,
objeto de utilidad c o m ú n , en algo abstracto, en algo lejano a la verdad nos interesa saber qué p uede significar esta «verdad que edifica».
subjetiva. Kierkegaard viene en nuestra ayuda, rem itién d o n o s otra vez a la
Sin em bargo, y c o n t a n d o con todos estos condicion am ietos. Sócrates misma frase: «La ú ltim a palabra de toda la obra dice: sólo la verd ad
ejerció la función de m aestro con sus discípulos y otro tanto sucedió con que edifica (den S a n d h e d . d er opbygger) es verdad partí ti. Este es u n p re d i­
Jesucristo. ¿No será posible u n a com u n ica ció n de la verdad siguiendo cado esencial con relación a la verdad como interioridad, en la cual su deter­
su ejemplo? ¿No existirá, ahora m ás que n u n ca (por las desviaciones' minación esencial com o edificante 'para ti' es decir, p ara el sujeto, es su
existentes), el d e b e r de c o m u n ic a r la verdad? Esta pregunta inquietó diferencia esencial de todo saber objetivo; con ello la subjetividad m ism a
sob re m a n era a K ierkegaard. tal co m o lo reflejan sus Papirer. Es adem ás se hace el signo de la verdad» m . M á s adela n te Kierkegaard aclara que
la resolución que c o n c lu y e sus reflexiones sobre la verdad: «Asi pues, yo este calificativo de edificante se aplica a la verdad cristiana, pero n o soto
decidí comenzar...» í5(\ C ó m o ejecutó esta decisión será el conten id o del a ella: «Lo edificante es u n a determ in a ció n más am plía» 561.
siguiente apartado. De todas m a n e ra s el cristianism o expresa la verdad de form a a p r o ­
piada y pro fu nda. C o m o ya sabem os, la fe es la vivencia de la v e rd ad en
el grado su prem o del a p a s io n a m ie n to interior. Si se desea a u m e n t a r la
3. La polémica en torno a la verdad verdad y la fe. hay que h u ir de la certeza, del s ab e r 562 y volver a la incer­
tidumbre y la duda, p o rq u e la íe está h ech a de tem o r y temblor. C u a n to
C o m o h em os d ich o . Kierkegaard no se resignaba a ser un p ensador más fuerte sea el tem o r y tem b lor ante Dios, m as crecerá la in teriori­
más de los que e n u n c ia n una crítica de la filosofía m o d ern a de la ver­ dad
dad y ex p o n e n un n u e v o concepto de ella. Su c o m p re n sió n de la verdad En lugar de hac er apologética extern a de la fe cristiana, Kierkegaard
com o interioridad a p a s io n a d a para el individuo existente se lo impedía. pretende reintroducir ésta en sus m á s p ro fu n d a s esencias existcnciales.
F ue sin du d a esa m a n e r a de concebir la v erd ad lo que m ás le estim u ­ Sus principios sobre la verdad sirven a las mil m aravillas para ello: «Mi
ló. Sin d e te n e rn o s en d etalles an ecd óticos q u e d esv irtu a ría n el talante lesis era que la subjetividad, la interio rid ad es la verdad. Esta [tesis] fue
de esta investigación, vam os a repasar so m era m e n te los principales para mí lo decisivo en orden al p ro b le m a del cristianismo...» 5M. Así
hitos de su biografía interior, do n d e aparece m ejor su preo cup ació n vi­
tal p o r la verdad. En ellos se confirm a la definición kierkegaardiana de
la verdad. 558 En el texto citad o de Entert-EHen dice «para ti», en lugar de «para un o».
a) ¿De qué v e rd a d se trata, cuál es la v erd ad que b u scam os y que 559 Papirer. IV A 42. p. 17. La cita de T ennem ann está así en el texto original
inquietó a nuestro autor? 560 S. V. VIL p. 238.
T en e m o s una b u e n a pista en u n a afirm ación — un tan to sorprendente 561 Ib., p, 242.
562 Papirer. X-5 B 107. p. 301.
p a ra el c o n te x to — q u e c e rra b a la p rim e ra de sus g ra n d e s o b r a s " .
563 Ib., pp. 296 s, U n a m u n o tam bién valora positivam ente la duda: «E sta duda
■cartesiana, m etódica o teórica, esta duda filosófica de estufa, n o es la duda, no es el
escepticismo, no es la incertidum bre de q u e aquí os hablo, ¡no! Esta otra duda es una
554 S. V. VII, p. 229. El subrayado es nuestro.
duda de pasión, es el eterno c on flicto entre la razón y el sen tim ien to, la ciencia y la vida, la
555 Ib., p. 232.
lógica y la biótica.» M. de U n am un o, Del sentim iento trágico de la vida. p. 109.
556 Ib., p. 237. A certadam ente C arignan piensa que Kierkegaard está em peñado en
564 S V.. VII. p, 287. A bordam os la pregunta sobre las relacion es entre la filosofía y
com unicar una verdad que sea inquietante para el ind ividu o y que. a la vez, le aporte una
la le cristiana al hablar del am or al prójim o y en discusión con las críticas que A dorno
bendición. Kierkegaard es con scien te de que debe vivir tal verdad para poder transmitirla.
hace a Kierkegaard. León C h estov radicaliza m ucho el sen tid o de la fe cristiana en
Cfr. M. C arignan. «Les in coh éren ces du pasteur Adler». en Sciences pastorales. 4 (1985), p.
Kierkegaard. aunque con ello recuerda asp ectos olvid ad os del m ism o: «Et en effet, si
126.
Dieu n est pas la sourcc de la vérité ét des possibilités et im possibilitcs qu'elle
557 Se trata de Enten-F.ller. Cfr. S. I .. II, p. 381.
conditionne. si la vérité d om in e D ieu, c o m m e elle d om in e l'hom m e, aussi indifférente á
pues, el c ris tia n is m o le a y u d a a esclarecer el p ro b le m a de la v erd ad y los ¿Qué tiene que ver todo esto c o n A dler y con el testim onio de la ver­
h allazgos so b re la v e rd a d le d a n u n a visión m ás aju stad a de la fe dad? A. P. Adler fue un hegeliano conv e n cid o que, de pronto, reniega de
cristiana. esta filosofía y se convierte en testigo de u n a revelación «particular». La
b) H a b ie n d o descubierto que es la verdad esencial, no p odem os Iglesia oficial d e n u n c ia al hereje, le d ep o n e y le c o n d e n a al ostracism o.
q u e d a r indiferentes a su tran sm isió n que. co m o sabem os, puede defor­ Kierkegaard se pregunta p o r su co n d ic ió n de testigo de la verdad, sim ­
m a r la verdad. La c o m u n ic a c ió n de la verd ad que edifica, tanto referida p atiza n d o inicialm ente con él a c a u s a de su rebelión contra la jera rq u ía.
a la interioridad ab so lu ta c o m o a la fe cristiana, preo cup aría m u ch o a No obstante, su respuesta será negativa: A dler no cu m p le la c o n d ició n
Kierkegaard y la m e d itaría re petidam en te b ajo el n o m b re de 'testim o­ de testigo de la verdad, pues con su p re te n d id a revelación «se ha situado
nio' de la verdad. en la corriente m o d e rn a que no c o m p re n d e el cristianism o» -W). «El cris­
F u n d a m e n ta lm e n te el testigo de la verdad debe reu nir las m ism as tianismo es la verdad paradójica, es la p arado ja: lo eterno se h a hecho
características que el e o m u n ic a d o r veraz: ha de realizar en su vida la (er bleven til) u n a vez en el tiempo. Este hecho p ara d ó jic o (e scán d a lo de
verdad que p ro c la m a 565. K ierkegaard construye incluso un escalafón de la razón, objeto de la fe) n o se hace m ás verdad que lo que era el día que
estos testigos 566, m o s tra n d o siem pre sus cualidades esenciales, que p u e ­ apareció, p o rq u e hag a mil ochocien tos añ o s [que apareció]. L o eterno
d e n reducirse a dos: viven en su existencia la doctrina e n se ñ a d a y sufren que se ha hecho en el tiem po no es u n a verdad que deb a tener su prueba
en el tiempo, no es algo para ser probado por ¡os hombres, sino que la p a r a ­
p o r la verdad.
Esta co n c ep ció n del «testim onio» de la verdad le acarreó varias doja es aquello por ¡o que los hombres van a ser probados»... ' n\
disputas. U n a , subyacente, contra Hegel. Otras, un tanto agrias y enc en ­ Este texto nos p ro p o rc io n a suficientes luces para c o m p re n d e r por qué
didas, tuvieron n o ta b le eco en la sociedad de C openhague. Kierkegaard rechazó con u na violencia propia de Nietzsche o F e u e r­
Bogen om Adler (El libro sobre Adler). que Kierkegaard decidió no p u ­ bach 571 la declaración de «testigo de la verdad» para el o b isp o de
blicar. contiene p a rte de las críticas a la c o m p re n sió n hegeliana de la C openhague, am igo p erso nal de su padre. M ynster n o reunía las c o n d i­
verdad, tan lejana al talan te de Kierkegaard. Para no reiterar en lo ya ciones de testigo de la verdad ni p o r su predicación doctrinal ni por su
expuesto, basta con citar u n texto que expresa el rech azo ro tun do a los ejemplo vital -12. M ynster no llegó a la ru p tu ra en la que consiste el ver­
f u n d a m e n to s de la c o m p re n s ió n que Hegel tiene de la verdad, en opinión dadero cristianism o 57\ U n a n u n c io de la v erd ad q u e produce placer, y
de Kierkegaard. «La filosofía de Hegel es p ro p iam e n te la filosofía de la no sufrimiento, es algo raro Si M y n ster era b uen e o m u n ic a d o r de la
identidad h isto rizan te (historiserende Identitets-P hilosophie) que sigue verdad —concluye K ierkegaard—. toda la Iglesia oficial lo es ' 7\ M ayor
u n proceso universal, de tal m an era que el individuo aislado (enkelte mentira es imposible.
Individ) no es el q u e d e sa rro lla todo desde sí m ismo, sino que la h u m a ­ La verd ad está reñida co n las d eclaracion es aprobativas de las m u l­
nidad co m o subjetividad contiene en sí todos los m o m en to s del desa­ titudes. El signo de la verdad es es ta r en m inoría y q u e se sufra p o r ella.
rrollo en la sim ple id en tid ad de sujeto-objeto» 507. C o n esta reducción « C o m u nic ar la verd ad es sufrir, de otra m an e ra no c o m u n ic a m o s la ver­
de la subjetividad d esa p are ce la dialéctica en la conciencia, se diluye la dad» >1(\ P o rc u r io s o contraste, hoy sucede lo contrario, de tal m o d o q ue
p aradoja y se hace inviable toda ap ertu ra a lo infinito desde la indivi­
d ualidad. La v e rd ad co m o interioridad es imposible. Algo p arecid o su­ 569 Ib., p. 74 s. Kierkegaard está en la etapa en que no se atreve a m anifestar sus
cede con la religiosidad, «que en su m ás alto grado es estar perfecta­ tesis más radicales contra la Iglesia oficial. Esa es una de las razon es de no editar este
m ente presente a sí m ism o en la inq u ietu d sobre sí» 5wi. libro que hoy com prende, junto con los borradores, todo el volum en VII-2 de Papirer. (p.
3-311).
570 Papirer. VI1-2 B 235. pp. 75-76.
l'égard de D ieu qu'elle l'est á Eégard des hom m es, alors D ieu est aussi im puissant que
l'hom m e.» L. C hestov. Kierkegaard el la philosophie e.xislentielle. Vox clam antis in deserto 5 7 1 «... v el cristianism o que vino al m u n d o c o m o la verdad por la que se m uere, se ha
(París. Vrin. 1936). pp. 352-353. Así resalta más la diferencia con H egel que niega la hecho ahora la verdad de la que se vive.» S. K, XIV. p. 61. Frases co m o ésta fueron publica­
salvación (aun qu e n o el m al) e identifica la divinidad con la razón, según entiende M. C. das en la últim a época de su vida. Los Papirer dan fe de có m o algunas de sus posturas más
virulentas corresponden a etapas bien tem pranas de sil existencia.
Paredes. Génesis del concepto de verdad en el joven Hegel. pp. 59-61. 572 5. V.. XIV. p. 12.
565 Esta es la característica básica de la verdad. En Indervelse i Christendoni dedica
varias páginas (cfr. ,V. V. XII. pp. 223-232) a mostrarlo. Cristo la cum ple por excelencia: 573 Ib., p. 27. M esnard opina que d o s tercios de Indevelse i Christendom eran contra
«Cristo es la verdad en cu an to ser la verdad es el ú n ico sentido verdadero de qué es la Mynster. Cfr. P. M esnard. Le vrai visage de Kierkegaard (París. B eauchesne, 1948). p. III.
574 S. y . XIV. p. 18.
verdad.» Ib., p. 227. 575 Ib., p. 29.
566 Prim ero vendrían los apóstoles, luego los testigos verdaderos y después los
576 Papirer. X-l A 345. p. 225. Este su frim ien to en m inoría no excluye egoístam en te
'maestros de religión'. Cfr. Papirer. X-3 A 570. pp. 374-375.
a los dem ás. En otro lugar dice algo m uy llam ativo al respecto: «... poder com p ad ecer las
567 Papirer. V I1-2 B 235. p. 207.
miserias de los hom bres es el principio verdadero del conocim ien to...» (... at kunne
568 Ib., p. 193.

í
to d o s p retend en p r o c la m a r la verdad. Este debiera ser ya u n signo del de su vida co m o su actividad de escritor. La respuesta final, desp u é s de
equívoco, porque la m ultitud es la m entira -11. m uchos titubeos, es sugerente.
Esta antítesis entre m u ltitu d y verdad es total. «H ay u n a visión (Ans- Kierkegaard cree c u m p lir en su existencia las dos características que
kuclsc) de la vida para la cual allí d o n d e está la m u ltitu d (Mamgde). allí definen al « b u e n » testigo: ser c o n s e c u e n te - c o n y sufrir-por la verd ad.
está tam b ién la verdad: es necesario para la verdad m ism a te n e r l a m u l­ Sin em bargo, se resiste a a p ro p ia rs e del n o m b re de testigo y, en su c o n ­
titud de su lado (lbr sig). H ay otra visión de la vida; p ara ella d o n d eq u ie­ texto, del apelativo de cristiano ejem plar. Algo parecido descubre res­
ra que está la m ultitud, allí está la mentira...» 57S. K ierkegaard se apun ta pecto de su trab ajo prim o rd ial (escritor): con él no c u a d ra el calificativo
sin titubeos a esta últim a. J a m á s la m ayoría será p ru e b a de la verdad de esteta frívolo, pero tam po co el d e p re d ic a d o r de la verdad.
D ecidir la verdad p o r m ayoría es com o som eter a votación si existe- Kierkegaard confiesa h a b e r e n fo c a d o su vida en el sentido de la ver­
Dios; a u n q u e saliera a p r o b a d o por m ayoría, la sim ple propuesta ya dad, la verd ad en su m ed id a m ás p ro fu n d a, «la verdad que edifica»:
sería u n a blasfem ia c o n tra El 5KI). «hay un espacio que es mío: lo edificante» 583. C ree tam bién q u e el s u ­
La práctica de la v erdad exige la vuelta a la interioridad y al indivi­ frimiento ha m a rc a d o su vida desde la infancia 5M. Ello le e m p u ja a
duo. La verdad no p ued e ser tran sm itida ni recibida m ás que por el in­ convertirse en tran sm iso r de la verd ad, pero p o n ie n d o m últiples c o n d i ­
dividuo. La verdad se d e te r m in a por oposición a lo abstracto, a lo fan­ ciones p ara que no se desvirtúe su c o n ten id o . Ese es el significado de los
tástico. a lo im perso n al, a la m u ch ed u m b re (M amgde). al público pseud ón im o s 58-\ com o hem os dicho. C o n todo, el interrogante p o r su
(P u b lik u m ) 5li|. «Y h o n r a r a ca d a hom bre individual (enkelt M enneske) condición de «testigo de la verdad » sigue ahí. Kierkegaard lo afronta.
c o n sid erad o com o h o m b re individual, eso es la verdad, es temer a Dios R epasando su actividad, Kierkegaard detecta bastantes am bigüedades.
y a m a r al 'prójim o'; en c a m b io , reconocer ético-religiosam ente la 'm ulti­ D ispensado de tra b a ja r p a r a g an a rs e la vida (p o r la cuantiosa fo rtun a
tu d ' co m o instancia en relación con la 'verdad eso es n egar a Dios y po­ heredada). K ierkegaard pien sa e s ta r s itu a d o en un gra d o in ferio r d esd e
nerse en la im p o sib ilid ad de a m a r al 'prójimo'. El prójim o' es la expre­ el prism a ético 'S6. A d e m á s ha d e r ro c h a d o excesiva im agin ació n y ha si­
sión a b s o lu tam en te v e rd a d e ra para la igualdad h u m a n a ; si ca d a uno
do d em asia d o poeta para p o d er ser lla m a d o testigo de la v erdad en se n ­
a m ase al prójim o co m o a sí m ism o, entonces se h a b ría llegado incondi- tido estricto», a u n q u e «ha tenido m u c h o que ver co n la ética p a r a ser un
c io n alm cn tc a la ig u ald ad h u m a n a ; quien en verdad am a al prójimo,
poeta» 5IÍ7. Por su vida y actividad K ierkegaard se niega a a u to d e n o m i-
expresa in c o n d ic io n a lm e n te la igualdad hum ana...» 5X2.
narse testigo de la v erdad y prefiere ser llam ad o sólo poeta: «Yo soy
La verd ad devuelta al quicio de la in terioridad está en consonancia
esencialm ente un poeta» 5SÍ!.
con el amor. Esta es u n a im p o rtan te afirm ación q ue a n u n c ia el tema del
a m o r com o interioridad, al que d edicarem os la segu nda parte de esta
583 Papirer. X-l A 593, p. 371.
obra.
584 Tanto por la pérdida tem prana d e sus herm anos (excepto el mayor) com o pol­
c) La últim a p re g u n ta q ue suscita Kierkegaard en torno a la verdad las burlas y sarcasm os de la socied ad d e C op en hagu e, sin contar con el en ig m á tico
se refiere a su pro pia p ers o n a , teniendo en cuenta tan to la eslera íntima «aguijón de la carne.» Cfr. R. Larrañeta, L a existencia com o encrucijada dialéctica entre la
filosofía y la fe. Un estudio sobre Soren K ierkegaard (V alladolid. 1976), p, 6.
585 Lo explica varias veces, pero de m anera expresa en Om m in Forfatter-
o'UV7tct&r|0 oa "tcac, aaOeveioac; xcov avOpcoTtíov er det sande Erkjendelsens Princip... S. V., V. Virksomhed (S. V.. XIII, pp. 521-543) y en Synspunktet for min Farfatter-Virksomhed. En
p. 49. En total antagon ism o con F euerbach. Kierkegaard juzga el su f rim iento com o el dis­ llgefrem Meddelelse. R apport til Historien (Punto de vista para m i actividad de escritor. Una
tintivo auténtico del cristianism o. Cfr. J. C ollins. El pensam iento de Kierkegaard (M éxico. F. comunicación directa. Informe p ara la H istoria) (S. V., XII, pp. 545-655).
C. E„ 1958). pp. 240 s .; .(. H ohlen bcrg. /. leuvre de Kierkegaard. Le chemin du solitaire (París. 586 5. V. XIII, p. 640. A dorno reprocha a Kierkegaard su s in con secu en cias en el
A lbir M ichcl. I%0). pp. 99 s.
terreno e co n ó m ic o . T, W. A dorno. Kierkegaard. L a construcción de lo estético (C aracas,
577 Lo repite m ach acon am en tc. Cfr. S. V.. XIII. pp. 634-636. 640. 655. Monte Avila Ed., 1969) p. 85 s. L. G old m an n com en ta las críticas de Lukács sobre ei
578 S. V.. XIII. p. 634. mismo tema, en Kierkegaard vivant (París G allim ard, 1966), p. 158 s., aun qu e discrepa
579 Papirer. IX A 4. p. 6. «M e gustaría preguntar si no será un asunto de conciencia parcialmente de él.
para el verdadero cristiano |no] som eter la verdad a votación. ¿No es ésta (votación 587 5. V. XIII, pp. 649-650. Elaecker refleja en otra dirección la am bigüedad de
(B allotation) en relación a 'verdad') la antigua idolatría, la adoración del género humano Kierkegaard. cuand o dice que para un p en sad or existen cialista la mayor calam id ad es no
o del núm ero, basada en la idea de que la verdad' no tiene un origen más alto, una estar en la verdad, elogian d o al autor d a n és por ello (Cfr. T. Haecker. Der Begriff der
autoridad m ás alta?» Papirer. X-3 A 664. p. 429. C uriosam ente, para Elegel la verdad y la Wahrheit. p. 381) y dudando, por otra parte, de su sinceridad (Cfr. T. Haecker. La joroba
fe tam poco pueden ser objeto de contrato ni decidirse por m ayoría de votos. Clr. M. C. de Kierkegaard (M adrid. Rialp, 1956), pp. 213-218).
Paredes, Génesis del concepto d e verdad en el joven Hegel. p. 71. 588 Papirer, X-l A 250, p. 164. En Papirer, X -l A 78, p. 62-66, no só lo d ice que
580 Papirer. X-4 A 35. p. 25. esencialm en te es poeta (jeg d og vcesentligen er Digter), sin o que adem ás q u iere firmar
581 S. V. XIII. p. 639. la exp licación sob re su obra c o n el n om b re de « p o e ta J o h a n n e s de S ilen tio». Este p s e u ­
582 Ib., pp. 639-640. dónimo lo u tilizó para Frvgt og Bceven sin el apelativo de poeta. Y es qu e tenia sus
K ierkegaard re ch az a definirse co m o p re d ic ad o r de la verdad cristia­ garse a la m uerte p o r ella. Y si se viera tentado a ello, el a m o r al otro se
na. Eso equivaldría a creerse investido de alguna au to rid ad o en pose­ lo im pediría 597. R eaparece el a m o r com o resp uesta a las exigencias de
sión de revelaciones especiales, incurrie n do en los errores de A d ler 5IW. la verdad.
El carece de to d o género de au toridad 590. Ni siquiera le agrada que le C o m o a u to r y co m o h o m b re K ierkegaard sitúa su concepción de la
tom en p o r cristian o ejem plar. A u n q u e ha p adecido b astante al servicio verdad en el ap a sio n a m ie n to in terio r sobre si m ism o, devolviéndola
de la verdad re c o rd a n d o el auténtico significado del cristianism o 591, él una y otra vez a sus raíces más ín tim as. Q ue da p o r sab e r cóm o ha de es­
m ism o no es u n b u e n cristiano. Si le a p u ra n , declarará q ue no es cristia­ tar constituido el h o m b re en c u a n to tal p a ra q ue el ejercicio de la ver­
no. tal com o lo hace al final de su vida: «Yo no me digo cristiano, no dad sea posible.
p re ten do serlo» 592.
Kierkegaard no reniega, con todo esto, de la verdad com o interiori­
dad ni de su expresió n su p re m a : la fe co m o verdad ante Dios. N o teme 4. La verdadera constitución de la subjetividad
la verdad tan to co m o suelen temerla los hom bres w . Al contrario, pre­
ten de m a n te n e rla en el n úcleo de la subjetividad, n egá n d o se a ser tran s­
form ado p o r la p o s terid ad en un instru m en to m ás de la d efo rm ación de Sygdom m en til Doden se abre c o n un análisis detallado y d e n s o del
la verdad y o c u ltá n d o se en el a n o n im a to c read o r de su singu lar indivi­ sujeto, del yo. Es u n o de los textos m ás c o m e n ta d o s de Kierkegaard.
Nuestra aten c ió n h acia él n o d eriva sólo de su co n te n id o filosófico glo­
dualidad.
E n algún m o m e n to y atosigado q u izás p o r las criticas 51M. Kierke­ bal, sino de sus co nn o tac io n es p a r a la definición de verdad.
gaard debió p e n s a r en el fin que podía tocarle co m o testigo de la verdad. En rasgos esenciales el texto refleja la m ism a estructura q u e desc u ­
Se p lan teó en ton ces si alguien «tendría derecho» a dejarse m a ta r p o r la bríamos ya en el esbozo De óm nibus dubitandum est. La « re lacionalidad»
verdad. D esde la m od estia «única» de sus resoluciones acerca del indi­ como elem en to clave de la conciencia, de la verdad, de la existencia, de
viduo h u m a n o y acerca de sí m ism o, K ierkegaard resp ond e q u e ello está la realidad, reaparece en su plenitud. Incluso se da u n a intensidad « a b ­
en d e p e n d e n c ia de la relación que po d em o s tener con la verdad 51)5: co­ soluta» a la relación c o m o categoría constitutiva de la v erdadera su bjeti­
mo n ad ie está en posesió n absoluta de la verdad 5%. nadie p u ed e entre- vidad.
Que K ierkegaard recuerde e n estas pág in as las «relaciones» que
reticencias a la d e n o m in a c ió n , co m o vem os en Enten-EUer. A ntes que ser considerado ahora v am o s a citar, es b u e n a p r u e b a de lo ac ertad o de nuestra o b serv a­
poeta, «es mejor cuidar cerdos en Am agerbro.» S. V.. I. p. 3. Cfr. S. V, VIL p 227 para ción; no debe atribuirse, p o r tanto, a ingeniosas exégesis del intérprete,
otras im presion es negativas sob re los poetas. En cam bio, en Papirer. XI-2 A 98. p. 106, sino a la intención del autor.
llam a poeta a D ios: « D io s es com o un poeta (G u J er som en Digter).».
589 Kierkegaard diferencia al genio del apóstol. Este sí tiene autoridad. Cfr. Papirer.
Las b ip o la rid a d e s de c u e rp o -a lm a s u b y a c e n te s en la síntesis del
VI1-2 B 235, pp 138 s.: S. V.. XI. pp. 11-127. El se autoatrihuve la categoría de genio. Cfr. espíritu 5W. p o s ib ilid a d - n e c e s id a d que fo rm a n la libertad 5Wy la re ali­
Papirer. X-l A 266. pp. 175-177: Ib.. X-l A 342. p. 224. dad W l". finitud e infinitud constitutivas del devenir concreto''"1, p resen­
590 Papirer. V í 1-2 B 235. p. I 44. Cfr. los p rólogos de los Discursos edificantes donde tes todas en este contexto, rem iten a la trilogía de pensar-ser, idealidad -
repite siem pre la m ism a fórm ula: «este pequ eñ o libro, llam ad o discurso' y no 'sermón'
porque el autor no tiene autoridad para predicar...» S. V.. 111. p. 15. 302: IV, p. 8. 137: V. p.
realidad en el interesse de la conciencia y de la existencia, y a la de eterni-
85, 199,
dad-tem poralidad en el instante 6Q2. C o m o in m e d ia ta m e n te c o m p r o b a ­
591 Cfr. Papirer, X-5 B 107, p. 298. remos, lo esencial, lo im portante, es m a n te n e r siem pre la b ip olaridad.
592 Ib., p. 295. Cfr. S. V.. XIV. pp. 365. 367. A dorno opina que esta declaración ha de acentuando la relación e n ejercicio. Será la ún ica m a n e ra de establecer
interpretarse literalm ente. Cfr. T. W. Adorno. Kierkegaard. p. 194. Pero n o se com pagina la subjetividad verdadera, es decir, u n a subjetividad conform e a la interio­
bien con el resto de sus afirm acion es finales: «Tú. hom bre corriente, yo no te oculto que
en m i op in ión ser cristiano es de una altura tan infinita que (...) só lo pocos individuos ridad que exige la verdad, o ta m b ié n —con p a la b r a s cuya h erm e n éu tica
(Enkelte) pu ed en serlo constantem ente...» S. V.. XIV, p. 372.
593 «Los hom bres tien en más m iedo de la verdad que de la muerte.» Papirer. XI-I A
597 Ibidem.
352, p. 271.
594 E sp ecialm ente las críticas de «el Corsario» que habían com en zad o (1846) poco 598 5. V. XI, pp. 143-144.
antes de que Kierkegaard preparase el pequ eñ o trata dito titulado: H aret M enneske Lov til at 599 Ib., p. 160.
600 Ib., p. 168.
lade sig ihjelslaae for Sandheden? El eenligt Menneskes Efterladenskah. Digterisk Forsag. S. V..
XI. pp. 67-107. Cfr. los com en tarios que hace sobre él: Papirer. VIII 1 A 271. pp. 129- 601 Ib., p. 161.
131. 602 «El hom bre es una síntesis (S yn th ese) de infinitud y finitud, de lo tem poral y lo
595 5. V. XI. p. 100. eterno, de libertad y necesid ad, en una palabra: una sín tesis» S. V.. XI, p. 143. Es una
parte del pasaje que co m en ta m o s enseguida.
596 Ib., p. 105.
no debe exagerarse ni m en o sp re ciarse— un a subjetividad que se co n sti­ «U na relación así derivada, pu esta, es el yo del hom bre, un a síntesis
tuye co m o tal en u n a relación transparente consigo m ism a W)3. que se relaciona consigo misma y que. al relacionarse consigo m ism a, se
El ca m b io de p s e u d ó n im o denota ya un giro en la explicación de su relaciona c o n otro» NIS.
pensamiento. Conviene tenerlo en cuenta, especialmente cuando com en­ Es tan claro el co n ten id o que necesita po ca s explicaciones.
tem os un aspecto de su definición del yo. K ierkegaard escribe esta obra Kierkegaard parte de la d efinició n de h o m b re co m o espíritu. Es una
co m o A n ti-C lim acusm . D a d o que tres textos suyos (los m ás utilizados m anera de record ar q ue estamos to d a v ía en el ám b ito del «espíritu exis­
en esta parte de la obra) pertenecían a .lohannes Climacus. su intención tente». aquel cuya existencia n u n c a debe olvidarse al establecer la re la ­
parece patente: resaltar su oposición a los libros a n te rio re s 605. Esta ción consciente con la realidad.
«o posición» proviene de los co n tenidos cristianos. Kierkegaard se Este hom bre-espíritu está situ a d o en una relación dialéctica entre
m uestra así p artid a rio ac é rrim o de la su peració n de la filosofía p o r p a r­ dos esferas. C om o hem os dicho, éstas se explicitan com o alm a-cu erp o,
te de la fe. Sygdom m en til Doden, pese al propósito inicial de Kierke­ infinitud-finitud. ete rn id a d -te m p o ra lid a d , necesidad-libertad. El yo no
g aard 60í\ es excesivam ente filosóllco-psicológico c o m o p ara incluirla podrá constituirse sin esa b ipo larid ad , p o rq u e no podría tam p o co e m e r ­
ger la síntesis creadora.
entre las reflexiones «cristianas». La siguiente obra del m ism o pseu dó­
Para que haya yo. tiene que h a b e r relación. Pero com o vim os al c o ­
nim o sí será e x p lícitam en te c r i s t i a n a 607.
C e n tr á n d o n o s en nu estro tema, escu chem os el p asaje a que hemos mienzo, existen dos m odo s de relación: una q u e no provoca el e n c u e n ­
aludido. Lo tra n sc rib im o s literalmente, pese a su am plitud: tro auténtico entre los d o s polos, y otra que suscita el c h oq ue y la c o n t r a ­
dicción entre ellos. La síntesis o re la ció n sim ple (la prim era) se llam a
«El h o m b re es espíritu. Pero ¿qué es el espíritu? El espíritu es el yo ahora « u n id a d negativa». Con ella no llegam os al yo. Este sólo va a
(Selvet). Pero ¿qué es el yo? El yo es u na relación que se relaciona consi­ aparecer en la « u n id a d positiva».
go m ism a o es aqu ello en la relación p o r lo que (at) la relación se rela­ La relación d o n d e prevalece lo tercero (positivo) es la que p o d e m o s
ciona consigo m ism a: el yo no es la relación, sinó el que (at) la relación considerar realm ente co m o espíritu, co m o yo. Esta relación no s o la ­
se relacione conigo m ism a. El h o m b re es una síntesis de infinitud, de lo mente pone en contacto los extrem os de la síntesis, sino q u e a d e m á s
tem poral y lo eterno, en u n a palabra: u n a síntesis. U n a síntesis es una vuelve sobre sí m ism a (red up licación con tra d ictoria) h a c ie n d o posible
relación entre dos. Así co n sid erad o , el h o m b re 110 es todavía (intet) ye. la autorrelación constitutiva del yo. Esta relación consigo m ism a es lo
«En la relación entre dos. la relación es lo tercero (Tredie) com o uni­ determ inante para el yo. Está bien p la s m a d o al h a b la r de la libertad,
«una relación entre infinitud y finitud que. a u n q u e derivada, se relacio­
dad negativa, y los dos se relacionan con la relación y en relación a la
na consigo m ism a » 604 y cuya « ta re a (tarea del yo) es hacerse él m is ­
relación: así bajo la definición [de| alm a, la relación entre alm a y cuer­ mo» wo.
po es u n a relación. P or el contrario, (cuando] la relación se relaciona
consigo m ism a, en to n c e s esta relación es lo tercero positivo y éste es el Un elem ento «nuevo » —el que su geríam o s al interp retar el significa­
do de Anti-C lim acus— hem os n o ta d o en el m o m e n to de p re g u n ta r p o r la
yo. fundam entación de la relación co nstitutiva del yo. Existen dos form as
«U na relación así, q u e se relaciona consigo m ism a, un yo. debe (o) de c o m p re n d e r o a s u m ir la relación consigo m ism a: co m o au to c re a d a o
haberse p uesto a sí misma- (enten have sat sig selv) o ser puesta p o r otro como puesta p o r otro. N o puede s e r la p rim era, tal y com o q u e d a p a t e n ­
(eller viere sat ved et Andet). te en el hecho evidente de la desesp erac ió n wl. P o r consiguiente, sólo
« [C u an d o ] la relación, que se relaciona consigo m isma, ha sido puede existir u na relación constitutiva del yo de c a rác te r derivado. Esta
puesta p o r otro, en to n c e s la relación es ciertam ente lo tercero, pero esta segunda relación es el yo, pero im p lic a algo distinto: la relación a otro
relación, lo tercero (Tredie) es precisam ente otra vez una relación, [que] en el acto m ism o de la a u to rrelació n del yo.
se relaciona con aquello q ue ha puesto toda la relación.
608 S. V.. XI. pp. 143-144.
609 S. I'. XI. p. 160.
610 Ib., p, IM
603 .V. V. XI. p. 145.
604 Ib., p. 131. 611 Ib., p. 144. Es imp'osible comentar los análisis kierkegaardianos de la desespera-
605 Cfr. S. V.. XIII, p. 52S. en nota, donde Kierkegaard mismo lo indica. eión. entendida como privilegio (del hombre respecto del animal) y como tentación
606 Kierkegaard iba a escribir un libro más grande y de carácter más cristiano, pero al (suprema: enfermedad mortal). Nos apartaríamos mucho de nuestro recorrido. Jolivet
final se decidió por entregar al editor este original. Cfr. Papirer. VilI-1 A 558. pp. 258- refleja el paralelismo entre la duda y la desesperación. La duda es inseparable de la fe. La
259. desesperación acompaña siempre a la esperanza: Cfr. R. Jolivet.Auxsources de I existentía-
607 Nos referimos a Indiivelsc i Clirisiendom af Anti-Climacus (S. V.. XII. pp. 9-286). lisme ehrétien: S Kierkegaard (París. Fayard. 1958). p. 80.
¿Quién es esc «otro» que sostiene la autorrelación del yo? Para Kier- reniemente en el p o d e r que lo ha puesto.» La relación consigo m ism o d i­
kegáard no hay d u d a, a u n q u e no siem pre lo nom bre. Es Dios, reconoci­ ce una relación al Tercero que lo fu n d a . Esta relación fundante llegará a
do com o el que p o n e la relación, co m o el p od er que la fu n d a m e n ta o su plenitud tanto cu a n to m ás tra n sp a re n te sea. La tran sp a ren c ia en la
sim plem en te c o m o « D io s q u e hizo del h o m b re u n a relación» hl2. autorrelación del yo es el grado s u p re m o y la c ú s p id e de la verdad.
El a h o n d a m ie n to de la interioridad com o verdad nos cond u jo a las A u n q u e pud iera parecer que estas reflexiones finales olvidan el ta­
p uertas de «lo d esco n o cid o » , a la existencia actuante de «un dios». lante filosófico de lo expuesto h a s ta ahora, no es así. Estam os siem pre
A ho ra la co n stitu ció n v e rd a d e ra del yo nos coloca de nuevo y m ás explí­ en la relación inicial d o n d e se p re g u n ta b a , se discutía y se b u s c a b a la
citam ente d elan te de Dios. verdad: la relación de ser-pensar e n la au toco ncien cia. «No se e n se ñ a
¿Qué relación tiene todo esto con la verdad? Es interesante intentar allí —dice Kierkegaard a propósito de E nten-E ller— que no exista co nte­
descubrirlo, pues K ierkegaard no lo hace de m an era expresa. nido de p e n s a m ie n to (T an ke-In d h o ld ), a u n q u e sí que pensar es u n a
K ierkegaard repite c u a tro veces u n a afirm ación m u y elocuente: «Al cosa y existir en el pen sa m ie n to otra. Existir está en relación con p e n s a r
relacionarse consigo m is m o y al q uerer ser él m ismo, el yo se fu n d a ­ algo que sigue de sí m ism o, com o a q u e llo que es algo sin p ensam iento
m enta tra n s p a re n te m e n te e n el p o d er que lo ha puesto» w-\ Es aquí (...). La transparencia del pensar en la existencia es p recisam ente la in terio­
d o n d e d eseam o s deten e rn o s. ridad» hl-\ La b ip o larid ad m en os a lu d id a en la d efin ición del yo (la de
En esta frase d e s c u b rim o s los elem entos constitutivos de la relación pensar-ser) estaba ya en u n c ia d a en la definición de interioridad com o
fu n d a n te del yo y c o n s ta ta m o s tam bién que el yo es u n a relación deriva­ transparencia d entro de la relación entre p e n s a r y existir. La verdad
da. K ierkegaard insiste incluso en q u e ésta es la defin ició n de la fe. p ara­ como interioridad a p a s io n a d a del sujeto co g no scente se hace plena
lela — co m o s a b e m o s p o r lodo nuestro d iscurso— a la verdad. cuando éste llega a « tra n s p a re n ta r» su propio existir.
C on lo cual tenernos q u e la fe. y de m o d o an álog o la verdad como i La verdad está en la relación constitutiva del yo. D e este ser-relación
in terio rid ad a p a s io n a d a , es lo que en la relación se relaciona consigo l el hom bre no p uede desprenderse n u n c a , co m o ta m p o c o puede p re s c in ­
m ism a; es la relación en su dialéctica m ás viva y p ro fu n d a, co n n o tando dir de su p ropio yo. Lo único que h a de c o n se g u ir en sentido positivo es
a d e m á s u n fondo a ú n m á s íntimo, cuyo « n o m b re » desco nocem o s si al- I acrecentar m ás y m ás la tra n s p a re n c ia 61,1 de su relación fundante. C on
guien «con a u to rid a d » no nos lo com u nica. La verdad está —co m o la ; ello crecerá su yo. su interioridad y su verdad.
fe— en el q uicio de la subjetividad, en la constitución original del yo.
Esta co n c e p c ió n de la v erdad com o algo constitutivo de la subjetivi- ¡
d a d no nos ex tra ñ a, h a b ie n d o escuchado antes que «la subjetividad es <
la v e rd ad » f’14. P ero im p re s io n a c o n s ta ta r hasta d ó n d e lleva Kierke­
g a a rd el co n c e p to d e verdad: hasta el m ism o corazón del sujeto, hasta el
yo. Es cierto que. e n te n d id a la verdad com o relación prim ordial, su pre­
sencia resulta lógica en la au toco m p ren sió n del sujeto que se relaciona
consigo m ism o. La v e rd a d está en la subjetividad y consiste en su ser-
sujeto.
Esta forma de c o m p r e n d e r la verdad se vuelve a ú n más viva si cabe,
agotando los térm in o s de la citada frase: «El yo se fu n d a m e n ta transpa-
612 «Gud, der gjorde Mennesket lil Forholdet» S. V.. XI. 146. Weisshaupt da una
versión sólo filosófica de ello, fijándose en la expresión «1111 otro», pero reconoce la
legitimidad de una interpretación teológica. Cfr. K. Weisshaupt. Die Zeitlichkeit der
Wahrheit. pp. 109-110.
613 «i at forholdc sig lil sig selv og i at ville viere sig selv grunder Selvel 615 S. I .. VIL pp. 240-241. El subrayado es nuestro.
gjennemsigtigt i den Magt. sotn satte det.» S. V. XI. pp. 145. 182. 272. 616 F.l término (Gjenncmsigtighed) puede estar inspirando algunas de las refle­
En otro lugar cambia el final de esta expresión nombrando a Dios: «at Selvet i al xiones de Heidegger en torno a «die Lichtung». Cfr. M. Heidegger. «La fin de la philo-
viere sig selv og i at ville va:re sig selv gjennemsigtigt grunder i Gud» S. V.. XI. p. 219.
sophie et la tache de la pensée». en Kierkegaard vivant. p. 190 s. En el coloquio de la Unesco
Con esta frase finaliza el libro (p. 272). señalando que la ha repetido a sabiendas)
que estamos citando, varios participantes reflejaron sti asombro por la ausencia de Hei­
que es la definición de fe. degger y por el hecho de que en la comunicación enviada por él no nombre ni una sola vez
614 S. V.. Vil. p. 332. Una versión teológica sería: cuanta más «idea» de Dios, más ser. La
a Kierkegaard. Por su parte. J. Wahl alude a.dos textos del mismo Heidegger. uno de los
verdad consiste en estar delante de Dios. Cfr. N. Zanovello «La soggettivitá della veritá in
cuales invita a dirigirse a los escritos edificantes antes y por encima de los estudios teóricos
Kierkegaard» en Rivista rosmirtiana della filosofía e di cultura. 73 (1979), p. 55. del autor danés. C'tr. Kierkegaard vivant. pp. 205-206.
PARTE SEG UNDA

EL AMOR
El tema del am or, c o m o el de la v e rd a d , está presente en toda la p ro ­
ducción literaria de Kierkegaard. Los Papirer Corrobora-n que era una
preocupación p rim o rd ial de su vida. Y no sólo, a u n q u e tam bién, p o r el
resultado negativo de su noviazgo c o n Regina Olsen fi, sino p o r su p o s ­
tura de principio ante la existencia.
H em os de a ñ a d ir de inm ediato q u e el a m o r ha sido «tratado» por
Kierkegaard única o p rim o rd ia lm e n te en tres obras. No adela n tare m o s
el sentido de cada una. pero si p recisare m o s alg u n as características que
nos orienten en esta a r d u a y sugestiva materia.
Enten-Ellcr hl!< es la prim era obra, con la que Kierkegaard se dio a co ­
nocer com o escritor. Su contenido y su estilo literario le acreditaron el
aplauso y la fama, pese a que su p e r s o n a lid a d estaba oculta tras el a n o ­
nimato de los pseudó nim os. Com o luego veremos, es un libro com plejo
y el m ás largo (861 páginas, distrib u id a s en dos partes) de los que Kier­
kegaard publicó. Sólo le h abían p re c e d id o en redacción la tesis doctoral
y el esbozo Johannes Climacus eller De óm nibus dubitandum est q ue ya
conocemos.
Stadier púa Livets Vei tiene ciertas s e m e ja n z a s con el anterior, pero
no alcanzó el m ism o éxito, p o rq u e carecía, en op inión de Kierke­
gaard de un diario com o el de J u a n el Seductor. Su publicación data
de 1845. es decir, entre la aparición de Sm uler (1844) y Efterskrift (1846).
Es la época m ás prolífica del autor.

617 Es cierto que Regina influyó en la obra de Kierkegaard. Más discutible es el


grado de con d icion am ien to. Bastantes autores han señ alad o con razón la presencia
anónima de su madre, a quien Soren am ó m u ch o, pero jam ás m encionó [cfr. C. F.
Bonifaci, Kierkegaard y el am or (Barcelona, 1963), p. 42|. C. Am orós hace una crítica
virulenta del am or de Soren hacia Regina. En él, com o en el cuento de H. C. A ndersen,
Historia de una madre, «hay alguna con n otación neerófila: la flor muere en cierto m odo
para que el recuerdo florezca...» C. Amorós, S<Jr<$t K ierkegaard o la subjetividad del caballero,
p. 50: Antígona y su mitos rem em orado por Kierkegaard, ocultaría la Culpabilidad del
padre, transmitida a su hijo. Ib.. 173.
618 El titulo ha sido traducido al castellan o y a otras lenguas por «Esto o aquello»,
también por «La Alternativa». Literalm ente significa «O.... O». No existe ninguna
versión com pleta de la obra al español, au n q u e de algunos capítulos (Diario del Seductor
se han hecho varias ediciones. Cfr. R. Larrañeta. «R ecepción y actualidad de
Kierkegaard en España», pp. 31N-19.
619 S. V. VIL p. 273 s Papirer. VI A 79. pp. 31-32. La parte final de este libro es otro
diario y una reflexión estético-filosófica sob re él. Kierkegaard se refiere al ton o y
contenido del primero, que produjo un fuerte im pacto por su originalidad y belleza.
KjerUghedcns Gjerninger (Las obras del amor), de 1847. es. com o las giosos, revelará la ca ra oculta de n u estro pensador. Y servirán cié m a n e ­
otras dos, u n a ob ra extensa. El talante cristiano, cercano en intención a ra suficiente para m ostrar el sentido kierk eg aard ian o del amor. El tra ­
sus discursos religiosos, no d ism inuye el rigor intelectual de sus refle­ yecto es algo intrincado y austero, a u n q u e en ocasiones am en o y hasta
xiones. De hecho ha sido esta obra la m ás estudiada y co m en ta d a en o r­ hechizante.
den a d e s e n tr a ñ a r la co n cepción kierkegaardiana del amor. La relación con el problem a de la verdad será tocada p e rió d ic a m e n ­
El a m o r se en cu en tra ¿iludido, ensalzado, criticado, m editado, des­ te. pero en la parte final se hará m á s explícita. Proseguim os C 911 el m éto­
m e n u z a d o en los tres libros. No se piense en textos filosóficos, tales co­ do y las pautas utilizadas en el estu d io sobre la verdad, es decir, conti­
m o los estud iad o s a propósito de la verdad. No es posible en c o n trar en nuamos ex p o n iendo y a n a liz a n d o en p ro fu n d id a d los puntos p rin c ip a ­
ellos n in gún ca p ítu lo expreso d edicado a p ro fu n d iz a r racionalm ente en les de su obras y Papirer.
el a m o r y en sus c o n te n id o s filosóficos. Ello no obsta para que hallemos
c o n frecuencia pasajes analíticos m uy profund os — a la vez que muy
bellos— . d o n d e se d eb a te con todo rigor «la esencia» 620 del amor.
El a m o r apa rec e en todo caso com o motivo d o m in a n te de estas
obras. C o n b a sta n te fu n d a m e n to se ha q uerido establecer un paralelis­
m o entre los «estadios» k ierdeg aardianos y estos tres escritos. Los dos
prim ero s c o n te n d r ía n el estadio estético-ético del amor, y el tercero, el
religioso. Ya verem o s h asta qué punjo es certera esta o p in ió n (>:i. Lo
m á s novedoso, después de h aber escuch ado sus com entario s sobre la
verdad, procede de la esfera de lo estético. Las concepciones estéticas de
Kierkegaard. y p re c is a m e n te en estas páginas, son m uy im portantes. La
filosofía tendría que haberles prestado m ayor atención.
T am bién co nv ien e observar, para ca pta r m ejor la co n tin u id ad del
p e n s a m ie n to k ierk e g aard ia n o y de nuestra obra, que en estas páginas
acerca del a m o r re ap arece n conceptos ya conocidos, com o inmediatez,
pasió n, interioridad, conciencia, instante, «tercero» (Tredie. Tredie-
m an d ). y surgen otros nuevos co m o sensualidad, deseo, prójim o, deber.
« M e llem b estcm m elscn » etc., que com pletan la co m p re n sió n kierke­
g a a rd ia n a de la filosofía. T end rem os ocasión de estudiarlos.
Sin este recorrido p ro fu n d o y lento po r la ruta del amor, principal­
m ente a través de estas o b ra s citadas, la visión de Kierkegaard sería par­
cial y lim itada. P odría p en sarse en Kierkegaard com o en un filósofo
abstracto, pese a sus protestas contra las filosofías especulativas. El esti­
lo m u ch o m ás vital, tanto de los textos estéticos y éticos com o de los reli­

620 Kierkegaard se resiste a hacer «filosofía» del amor. El amor no es una concep­
ción, ni siquiera un sentimiento. Esa sería la definición estética. Propia y cristianamenteel
amor es un acto de amor. Papirer, X-1 A 489. p. 3 14. En su harord a las dos partes de Kjer■
Ughedens Gjerninger Kierkegaard dice: «Lo que en su total riqueza es esencialmente inagota­
ble es también en la menor de sus obras esencialmente inexpresable...» S. K, IX. p. 11. Nos
apoyarnos en esta frase para hablar de la esencia del amor en el capítulo cuarto de esta
segunda parte.
621 Este esquema le sirve a Fricmond para estructurar su estudio sobre el amor en
Kierkegaard. Cfr. H. Fricmond. E xista n in Liebe nach Soren Kierkegaard (Salzburg und
Miinchcn. Verlag Antón Pustet. 1965). pp. 43-140.
622 Término poco o casi nada corriente en danés, cuyo significado literal es
«interdefinición» o «interdeterminación». Comentaremos en su momento los posibles
sentidos del mismo.
I. EL A M O R C O M O D E S E O

Enten-Eller 623 desarrolla en su p r im e r a parte u n a «form a» de a m o r


que pronto K ierkegaard ju zg ará insuficiente. Es im prescindible c o n o c e r
su sentido para pod er llegar a un ju ic io a p ro p ia d o de las p osturas a s u ­
midas definitivam ente p o r él.
En sí m ism a la obra es m uy com pleja. Para la m en talid ad a c tu a l re­
sulta chocante el estilo rebuscado c o n el que se justifican los p s e u d ó n i ­
mos: un hallazg o fortuito del m an u scrito p o r p arte de Víctor E rem ita, el
editor, en el arcón de u n anticuario A24. S orp re n d e a ú n m ás el interés p o r
descifrar y explicar al lector las distin tas p erso n alid a d es ocultas tras los
pseudónim os.
Kierkegaard atribuye el original a dos autores, llam ad o s s im p le m e n ­
te «A» y «B» y que c o rresp o n d en a ca d a u n a de las partes de la obra.
«B» es identificado desde el p rin c ip io con «W ilhelm , asesor de j u s t i ­
cia». «A» es m á s difícil, pues a él le p ertenecen escritos m uy diferentes
entre sí. La narrac ió n del «D iario d e l Seductor», en prim era p erso n a,
viene firm ada con el n o m b re de J u a n . Las otras secciones son estudios
de carácter estético, literario y m usical, excepción hecha de Diapsálm a-
ta 62-\ u n a especie de recopilación e n tre ingeniosa y p ro fu n d a de re fra ­
nes y soliloquios. C o m o decimos, to d o s se asignan a «A».
Pese a las protestas de K ierkegaard sobre la u n id a d in tern a de
Enten- Eller 626, h a h a b id o co m e n ta ris ta s que h a n m ostrado su p a re c e r
negativo sobre ella precisam ente a c a u s a de la co m plejidad 627. Esto no
roba interés a los contenid os p articu lares de ca d a sección.
Antes de iniciar el estudio de los textos que nos conciernen, es n e c e ­
sario h ac er u n a observación term inológica. Kierkegaard emplea en to­
das sus obras y Papirer dos p alabras p a r a lo q ue en castellano d e n o m i ­
namos amor: Elskov y Kjerlighed. E lskov designa casi siem pre —y m á s en

623 Enten-Eller. Et Livs-Fragment. udgivet af Víctor Eremita (Kj0 benhavn. 1843).


624 5. V. I, pp. VII-XI1. Los pseudónimos de otras obras son razonados de manera
similar. Cfr., por ejemplo, S. V, VI, p. 97.
625 El título aparece en griego Aia\t/aX|aaxa y está dedicado «ad se ipsum» S. V. 1. p.
1.
626 Cfr. Papirer. IV A 214, p. 85. En Papirer, IV A 215. p. 85, añade: «algunos creen
que Enten-Eller es una colección de papeles dispersos acumulados en mi escritorio.
¡Bravo!»
627 «... No creemos que éste sea el mejor libro de Kierkegaard.» J. Hohlenberg,
Seren Kierkegaard (Kobenhavn, H. Hagerup, 1940), p. 27.
el actual d a n é s — el a m o r en sentido sexual, erótico. Kjerlighed <i:s indica « T o m ad o com o m edio, el lengu aje es el ú n ic o medio d e te rm in a d o de
m ás bien el aspecto sub lim e y espiritual del amor. Kierkegaard se a d a p ­ un m odo a b s o lu ta m e n te espiritual; por eso es el medio p rop io de la
ta a este uso. pero p odrá com p ro b a rse con reiterada frecuencia que no idea (...)/E n el lenguaje lo sensible c o m o m edio queda reducido a puro
se circunscribe a él. ya que m u ch as veces intercam bia el uso y sentido. instrum ento (blot R edskab) y está c o n tin u a m e n te negado» (1,\ En este
Sin a b u s a r de la citación literal, intentarem os señalarlo en los pasajes sentido la m úsica en cu a n to m edio se en c u en tra en un rango inferior.
im p ortantes p o n ie n d o el térm ino d anés entre paréntesis. Nótese adem ás N o o bstante esa superioridad del lenguaje y reconociendo los rasgos
que la forma verbal de am ar es solam ente elske. com unes de la música y del lenguaje — am b a s tienen por sentido el oído
En este prim er p u n to sobre el amor, nos ceñim os al estudio de Kier­ y no abstraen del tie m p o — hay algo en que la m úsica supera al len g u a­
kegaard sobre lo musical-erótico que. aparte de otros aspectos im p o r­ je. especialm ente a la hora de p l a s m a r la sen su a lid ad erótica: «La m úsi­
tantes. co ntiene un ju icio entusiasta de W. A. M ozart y de su Don ca expresa siem pre lo inm ediato e n su in m e d ia te z » 63'1. El lenguaje, no.
Juan h:i). El lenguaje necesita reflexión y «la reflexión m ata la in m ed iatez» w?.
Concluim os, por tanto, que el m e d io más a p ro p ia d o para ex presar la
sensualidad in m ed iata es la música.
1. La sensualidad y su determinación por el espíritu
«Si, por consiguiente, lo in m e d ia to d e te rm in a d o espiritualm ente está
p ro p ia m e n te ex p re s a d o en lo m u s ic a l, se p u e d e en ton ces p r e g u n ta r
A fin de h a lla r el carácter propio del a m o r sensual, oculto en las
co m posiciones de M ozart. Kierkegaard com ien z a haciendo u na c o m p a ­ de nuevo con m ás ¡listeza qué g é n e ro de in m e d ia to (U m id d elb a re) es
ración difícil entre las distintas artes c o ncebidas com o medios de expre­ esencialm ente objeto (G jen stan d) de la m úsica. Lo inm ediato, espiri­
tualmente d eterm in a do, puede serlo de m an era q ue entre bajo el espíritu
sión. Todas tienen algo en com ún: son medios abstractos 6-w. a u n q u e ca­
o que quede fuera. C u a n d o lo inm ediato, espiritualm ente determ inado, es
da una posee objetos diferentes, com o la belleza h u m a n a , «objeto abso ­
determinado de tal m odo que cae bajo el poder del espíritu (salder ind u nder
luto» de la escultura, o la belleza celeste transfigurada, «objeto absoluto
Aand), entonces fio inm ediato] p u e d e hallar su expresión en la m úsica,
de la p intura» h’1. ¿Qué m edio es el ap ro p ia d o para expresar lo erótico-
pero este in m ed iato no puede ser el objeto ab soluto de la m úsica, pues
sensible. la g e n ialid ad sensual? Este interrogante resulta fundam ental
p ara nuestro tema, pues con su solución pod em os c o m p re n d e r el am or está determ inado de tal m anera que deb e caer bajo el dom inio del espíritu,
lo que significa que la m ú sica está e n u n a región extraña y constituye un
en las diversas m an ifestacion es in m ed iatas del deseo sensual.
La respuesta de Kierkegaard a la cuestión form ulada es clara, pero preludio que c o n tin u a m e n te es s u p rim id o (opha;ves). P o r el co n tra rio , si
lo inm ediato, esp iritu alm en te d e te rm in a d o , [está] determ in a d o de tal
exige un e s m erad o discernim iento.
modo que cae fuera del espíritu, e n to n c e s la m ú sica tiene en ello su objeto
S iendo la g e n ialid ad sensual la idea m ás abstracta que p u ed a conce­
birse. el m edio a p r o p ia d o tendrá que ser tam b ién el m ás abstracto. La absoluto. P ara el p rim e r inm ediato n o es lo esencial (er der et Uvaesent-
escultura no cu m p le ese requisito por su carácter externo, m ientras la ligt) expresarse en la m úsica, m ie n tra s le es esencial que p erm a n ezc a
s e n s u a lid ad es « u n a especie de d eterm in a ció n de la interioridad» 632. La espíritu y que se exprese en la p alabra; para éste [el segundo], en cam bio,
p in tura ta m p o c o refleja la sucesión de m o m en to s propia de la sensuali­ es esencial expresarse en la música, pues sólo p u ed e expresarse allí, no
d ad m . Y. por a ñ a d id u r a , en estos dos m edios citados lo sensible no es puede expresarse en el lenguaje, p ues está d e te rm in a d o espiritualm ente
m ero instrum ento, sino parte integrante: la idea está ligada al medio de tal m an e ra que cae fuera dei espíritu y por ello fuera del lenguaje. Pero
que la expresa lo inm ediato que es excluido así p o r el espíritu es la inm ediatez sensual
(sandselige U m id d e lb a rh e d ). Esta pertenece al cristianism o. Esta tiene
628 Kjirlixhcd tiene en Kierkegaard una doble escritura. En la primeras obras usa en la m úsica su m edio absoluto; así se explica q u e la música p ro p ia m e n te
más KjceríigM y en las últimas Kjerlighed. En el danés moderno se escribe Ktvrlighed. no fuera desarrollada en el m und o antiguo, sino que pertenezca al cris­
629 «... por su Don Juan entra |Mozart| en la categoría de los inmortales.» S. V., I. p. 40. tiano. Ella [la música] es el medio p a r a lo in m e d ia to que, espiritualm ente
Cfr. Ib., p. 47 Kierkegaard nombra a Don Juan siempre subrayado y en castellano. En el
artículo sobre Kierkegaard en España ya hicimos notar que es penoso encontrar tan determinado, lo está de tal modo q u e q ueda fuera del espíritu» W8.
pocos estudios hispanos sobre Don Juan en las obras de Soren Kierkegaard. Clr. R.
Larrañeta. «Recepción y actualidad de Kierkegaard en España», p. 343. mismo acontece con la naturaleza. De a h í que sea exacto decir que la naturaleza es
630 S. V. I. pp. 45-46. muda, y tam bién lo es la arquitectura, la escultura y la pintura. Ib., p. 57.
631 Ib., p. 55. 635 5. V. I. p. 57.
632 Ib., p. 45. 636 Ib., p. 60.
633 Ib., p. 46. 637 Ibidem.
634 Kierkegaard resalta los paralelismos de estas artes con la naturaleza: «Y lo 638 S. V.. I. p. 61.
Este largo párrafo merece una doble explicación. La p rim era, refe­ ¡Todo lo contrario!, exclam a K ierkegaard con entusiasm o, d e já n d o ­
rente al cristianism o co m o ca usa y origen de la sen sualidad inm ediata. se llevar y seducir p o r lo estético, «la genialid ad sensual es ab s o lu ta ­
La segunda, respecto de la s e n s u a lid a d com o objeto absoluto de la m ú ­ mente lírica y es en la música d o n d e hace estallar toda su im paciencia
sica 6W. lírica, pues está d e term in a d a p o r el espíritu y, p o r ello, es fuerza, vida,
La sen su a lid ad co m o p rin cip io ha ap arecido con el cristianism o. m ovim iento, agitación constante, sucesión p erm a nen te; pero esta agita­
P ara e n te n d e r esta atrevida 640 afirm ación es necesario acep tar q ue esta­ ción y sucesión no la enriquece; ella p e rm a n e c e siem pre idéntica; no se
m os h a b l a n d o de la s e n s u a lid a d com o d eterm in ación del espíritu.. Se expande, pero em p u ja hacia a d e la n te sin interrupció n, com o uú soplo.
arg ü irá q u e la sen su a lid a d ya existía m u ch o antes en el p a g a n ism o , en Si tuviera yo que d a r un predicado a este lirismo, diría: suena, con lo que
G recia, pero esta s e n s u a lid a d estaba d eterm inad a sólo aním icam en te de nuevo vuelvo a la gen ialidad sen sual que se m anifiesta in m e d ia ta ­
(sjaelelig), no conocía la posición (Modsastnig) y la exclusión (Udeluk- mente musical» ("'7.;
kelse) del cristianism o c o m o espíritu. Así en tendida, no era antítesis ni El estudio de lá música nos lleva a desc ub rir u n a forma b ásica de
principio, sino m ás bien a r m o n ía y acu erdo 641. sentim iento am oroso que se mueve a sus a n c h a s en el m u n d o de la sen­
Estas clarificaciones —c o m e n ta el propio K ierkegaard— son esen­ sualidad pura. Es lo que sucedía en el paganism o.
ciales p a ra c o m p re n d e r el sentido p ag an o del amor. Entre los griegos la Al ap a rec er el cristianism o surge u n a m a n e r a nueva de vivir la se n ­
s e n s u a lid a d no era un e n e m ig o a subyugar, sino q ue estaba a r m o n io s a ­ sualidad. Esta no q u ed a d e te rm in a d a ab s o lu ta m e n te po r el espíritu que
m en te d esarrollada en la bella individualidad. El a m o r (Elskoven) co­ aporta la fe cristiana, sino que, « p u esta» p o r el espíritu, escapa sim u ltá ­
neam ente a su poder.
m o m o m e n to era algo positivo del individuo. Sin em b arg o, este am or
n u n c a ap arecía ni en los h o m b re s ni en los dioses com o princip io M2. Esta últim a s en su alidad in m e d ia ta que conoce el espíritu, o sea esa
interioridad en q ue consiste en definitiva la fe cristiana, pero que. c o n o ­
L a s e n su a lid ad fue pu esta co m o principio p o r el cristianism o y lo
ciéndola, no se somete a ella, es lo q u e K ierkegaard caracteriza co m o el
m is m o h a de decirse de lo erótico-sensible com o principio. «Si yo p ien ­
modo pec u lia r de vivir el am o r en los «estadios eróticos in m ediatos» Mfi.
so a h o r a en lo erótico-sensual (det Sandselig-Erotiske) co m o principio,
En ellos, com o a h o ra veremos, p rim a el a m o r co m o deseo sensual. N o
c o m o fuerza, com o p o d e r d e te rm in a d o p o r el espíritu, es decir, de tal
se olvida n u n c a la referencia al espíritu, a u n q u e tam p o co se e lu d e n las
m a n e r a d e te rm in a d o q u e el espíritu lo excluya, si im agino este principio exigencias de la sensualidad.
c o n c e n tra d o en u n solo in div idu o, entonces tengo el conc ep to de geniali­
d a d erótico-sensual» 643.
Volviendo a la pregunta p o r el m edio que puede expresar lo erótico-
2. La dialéctica del deseo
sensual, vem os que sólo p u ed e lograrlo en toda su inm ediatez la música. Y
la m úsica se muestra con todo su valor en el cristianismo, m as no como
algo positivo, sino com o el arte que el cristianismo establece excluyéndolo En este desarrollo «voy a o c u p a rm e siem pre de la inm ediatez en su
de sí (som KunsL C hristendom m en saetter, idet den u d e lu k k e r ira s ig )644. completa inm ediatez» 649 y a u n q u e m e referiré a tres etapas del deseo
Lo erótico-sensual es el objeto absoluto de la música. La m úsica es, sensual, p ro p ia m e n te sólo estaré h a b l a n d o de u n estadio 65°, el re p re ­
sentado p o r Don Juan. C o n esta d oble advertencia inicia K ierkegaard el
p o r ello, lo d em o n ia c o M5. Esta p u ed e ser la razón p or la que algunas
planteam iento del deseo sensual.
sectas prefirieron el len g u aje y re c h a z a ro n la música. Ja m á s d eb e co n ­
cluirse con todo esto que la m ú sica sea obra del diablo 64f\ a) La figura m ítica del paje C h e r u b i n o en Las bodas de Fígaro s im ­
boliza el deseo en su estado puro. L a descripción, aparte de p ro fu n d a,
639 «La genialidad sen su al es el objeto absoluto de la m úsica» dice Kierkegaard está llena de belleza. La sen su a lid ad se despierta, p e ro no con la alegría
repetidas veces. Cfr. 5. V. 62. 65. desbordante, sino en una atmósfera d e q uietu d y de melancolía.
640 Ib., p. 50.
641 Ib., p. 52.
642 Ibidem . «P odría objetársem e que sien d o Eros el dios del am or, éste |el amor] 647 S. V. I. p. 62. El subrayado es mió.
estaría presente com o princip io al m enos en aquél (...). Eros era el dios del amor, pero no 648 C on el térm ino um iddelbar-erotiskeStadier (S. V. I, p. 64) designa Kierkegaard el
estaba enam orado.» Ibidem . amor en su nivel primario. La palabra «estad io» no le satisaface. A veces preferiría
643 5. V , I., p. 54. hablar de «m etam orfosis» (M etam orphose). Cfr. Ib., p. 65.
644 Ibidem. 649 5. V. I. p. 65.
645 Ibidem. 650 Ibidem . Y añade: «Estas ex p lica cio n es só lo tienen sentido para quien ha
646 S. V, I. pp. 63-64. escuchado [a Mozart] y sigue escuchánd ole.» Ib., p. 66.
El deseo (A ttraaen) no está en su plenitud, sólo se le presiente vaga­ objeto, s in o q u e es idén tica a su s u s p iro y éste es in fin ita m e n te
mente. En el deseo está sie m p re lo deseado, pero éste se sep a ra u n a y pro fu n d o » f,5-\
otra vez de aquél, in s in u á n d o s e a él en una entreverada obscuridad. «El Kierkegaard fu n d a m e n ta en esta descripción del deseo la asig nación
deseo quiere a d u e ñ a rs e del objeto del deseo, pero ser dueñ o sin h aber de una voz fem enina al papel de paje. «Lo d e se ad o se apoya a n d r ó g in a ­
deseado es en v erd ad no serlo» 65'. Esto es lo doloroso, «la co n tra d ic ­ m ente en el deseo (...). El deseo y lo d e s e a d o se funden en u n a u n id ad [tal]
ción e n c a n ta d o ra y fascin an te» 652 de este estadio. que a m b o s son neutrius generis» h%.
La relación en tre el deseo y !o deseado, el deseo y su objeto, es lo que Esto explica el p o rq u é del estilo m u sical de M o za rt en este pasaje. La
interesa desc ub rir para c o m p r e n d e r este p rim er p aso tan determinante, música de C h e ru b in o está ebria d e a m o r (elskovsdrukken). «P ero la
de la sen su a lid ad en su estado idílico, en su total ensoñación. «Lo borrachera de am or, com o todas las b orrach e ras, puede p ro d u c ir dos
dese ad o está c o m o flotando sobre el deseo, se sum erge en él, sin q u e este efectos: o eleva tra n s p a re n te m e n te la alegría de vivir o h u n d e en la o b s ­
m o v im ien to se haga p o r la p ro p ia fuerza atrayente del deseo, o p o rq u e él cura m elan c o lía» 657. Este es el caso del deseo. De a h í la presencia c o n s ­
es atraído. Lo dese ad o no desaparece, no se sep ara del ab razo del deseo, tante de la m elancolía.
pues enton ces el deseo salvaje se despertaría, sino que (m en) [lo deseado] El deseo sin objeto poseído está com o a la espera, inm erso en la
está sin ser dese ad o p o r el deseo, co m o si p erm a n ecie ra som brío, porque m elancolía y. sin em bargo, lleno de pasión am orosa, la que luego será
no p u e d e lle g a ra desear. T a n p ro n to co m o el deseo se despierta o, mejor, descrita c o m o carente de realid ad y de in te rio rid a d plena.
en y con su despertar, el deseo y el objeto del deseo se sep aran; en ton ces el
deseo respira libre y s a n a m e n te , m ientras que antes no podía respirar a /;) El P a p a g e n o mítico 658 de La fla u ta mágica nos lleva al desc u b ri­
miento del deseo c u a n d o ha d e s p e rta d o de su sueño. Al com ienzo e s tá b a ­
causa de lo deseado»'*-’.
Esto es lo p ro p io del p rim e r m o vim iento del deseo, su relación con el mos a n c la d o s en el deseo «su b stan cial» 6M; ahora nos situam os en el
objeto qu e no posee. Lo d e se ad o no ejerce aún su atractivo, pero estando m om ento en que este deseo se p one en m archa.
el deseo d o rm ido , el objeto m a n tie n e un especia! e n c an to y suscita una N u n c a h ay q u e olvidar esta d e te r m in a c ió n dialéctica: desde el ins­
in m e n s a m elan c o lía h asta llegar quizás a la angustia. Ei deseo necesita tante q ue h a y objeto (Gjenstand), h a y deseo, y desde el instante q ue hay
aire, es preciso qu e estalle, q u e ro m p a con su objeto. C u a n d o esto sucede, deseo, hay objeto. Son com o dos g em elo s n aturales. P ero este n a c im ien to
lo dese ad o se e sfu m a «et apparet .subí¿mis» 6M. com ún no c o n d u c e a su unión, sino a su radical disyunción. «La sac u ­
En el p aje de Las bodas de Fígaro el deseo se m uestra co m o u n a aproxi­ dida que h ac e desp e rtar el deseo, disocia al objeto del deseo y p r o p o r ­
m ación de lo que él es en sí m ism o. Su calm a es engañosa, pues bulle en él ciona al m ism o tiem po un objeto al deseo» 6611.
u n a in te n s a pasión. C arece d e objeto, pero si lo tuviera, de in m e d ia to se Esta sepa rac ión entre ellos tiene u n a d o b le consecuencia. P o r un
p o n d ría en m o vim iento . P o r e s ta r privado del objeto, el deseo está tam ­ lado, hace salir al deseo de su a n te rio r q u ie tu d substancial. N o p o d em o s
b ién in d e te rm in a d o . Algo, sin em bargo, le distingue: es infinitam ente pensar ya en el deseo con su infinita p ro f u n d id a d , com o sucedía antes.
p rofundo. C o m o el dios T h o r, q ue a sp ira b a p o r un cue rn o cuyo extremo Por otro, se p ro d u c e en el objeto u n f e n ó m e n o singular: el objeto n o per­
estaba h u n d i d o en el océano, así es el deseo, sólo que éste no logra absor­ manece b ajo «la d eterm in a ció n de la su b s ta n c ia lid a d » , sino que se dis­
b e r su objeto h ac ia sí y n o p o r q u e sea infinito, sino p o rq u e esta infinitud persa en la m u ltip lic id a d 661. H a c o m e n z a d o la nu eva vida del deseo.
n o p u ed e ser objeto suyo. «Su asp ira ció n n o im plica u n a relación con el A rra n c a d o de su ensueño, el deseo inicia su trayectoria. C o n m o v id o
interiormente por la presencia del objeto, el co razó n vibra de alegría,
lleno d e vitalidad. Es verd ad que los o b je to s desap arecen tan rá p id a ­
mente co m o aparecen, pero cada d e s a p a r ic ió n está precedida de u n pla-
651 Ib., pp. 66-67.
652 Ib., p. 67. El texto mismo del libreto de L. da Ponte (Le nnzze di Fígaro) hace
hablar a Cherubino de esa manera:
«Non so piú cosa son. cosa faccio, 655 S. V.. 1. p. 6N.
or di foco, ora sono di ghiaccio 656 Ibidem.
(....) 657 S. V.. I. p. 6C).
Solo ai nomi d'amor di diletto, 658 Kierkegaard advierte que él tiene en cuenta el simbolismo representado en cada
mi si turba, mi s’altera il petto personaje descrito y no los protagonistas «reales» de las óperas analizadas. Cfr. S. V. 1,
e a parlare mi sforza d'amore; pp. 66. 70. 80 s.
un desio ch'io non posso spiegar.» 659 .9. V. I. p. 72.
660 Ib., p. 71.
653 S. V. 1,67. 661 Ibidem.
654 «Es una referencia a Virgilio. Georgia. I. 404.
cer fugaz, de u n instante de goce. En algunos m o m en to s se presiente un P ap ageno n o son m ás q ue p resen tim ien to s (A hnelser) de D on J u a n 67°.
deseo más profundo, pero este presentimiento es olvidado enseguida 662. Por ello y m ien tras a h o n d a m o s e n el significado inicial de D on Juan,
«El |deseo| n o e n c u e n tra su propio objeto (G je n s ta n d ) de búsqueda, establecerem os u n b a la n c e c o m p a r a t i v o c o n las otras dos figuras
sino que halla la m u ltip licidad y. por ello, busca allí el objeto que quiere míticas.
encontrar. El deseo se ha despertado, pero no está d eterm in a d o com o En C h e ru b in o la co n tra d icció n consistía en que el deseo no podía
deseo» 66\ En esta situación el deseo indaga o. si se prefiere, el deseo des­ tener n ing ún objeto, es decir, en q u e sin h a b e r deseado se e n c o n tra b a
cubre, a u n q u e a ú n no actúa c o m o deseo «real». como en presencia del objeto y, a la vez. sin p o d er llegar a desear.
H a cien d o u n a c o m p a r a c ió n entre los tres niveles (incluyendo el que. E n P a p a g e n o el objeto se m u estra en su m u ltip licid ad y el deseo busca
nos q u ed a por explicar) del deseo, Kierkegaard dice: «En el primero, está su objeto en m edio de esa m u ltiplicid ad. N o es erróneo deducir q u e en el
d eterm in a d o co m o soñando (dr0m m ende), en el segundo com o buscando fondo el deseo carece de objeto y n o está d e te rm in a d o como deseo.
(stfgeride), en el tercero (D o n J u a n ) com o deseando (attraaende)» 664. «El En D o n J u a n c a m b ia n las cosas. Es en sentido extensivo e intensivo la
deseo que bu sca no está todavía deseando, sólo busca: p u ede desear, pero u n idad inm ediata de las etapas anteriores. «...El deseo está a b s o lu ta ­
no desea» 665. m ente d e te rm in a d o com o deseo» 67'.« E l deseo tiene su objeto en lo i n d i­
M ozart ha re p re sen ta d o esta b ú sq u e d a del deseo a través de la m últi­ vidual (det Enkelte). el deseo d esea a b s o lu ta m e n te lo individual. Ahí
ple v ariedad del objeto en el so n id o campestre, vivo y rom ántico, de una reside la seducción de la q u e ah ora h a b la re m o s . El deseo está en este esta­
flauta 666. Q uien quiera q u e la escuche, sentirá la sen sación de P apageno dio a b s o l u t a m e n t e s an o , victorioso, triu n fa n te , irresistible y d e m o ­
y querría im aginarle a c o m p a ñ a d o de su p equeña P a p a g e n a y po blan d o níaco» 67-.
de P apag e n ito s la selva virgen 667. En la exposición que sigue K ierkegaard insistirá en que no se trata del
El único fallo q ue p u ed e repro charse a La flauta mágica es la ten den ­ deseo ni de la seducción en un in d iv id u o concreto, ni siquiera en D on
cia a escap ar de la inm ediatez, in ten tan d o c o nd ucirla a «la conciencia». Juan. D o n J u a n es sólo su represen tación , su mito. Estrictam ente no
Acaso M ozart p reten dió hac er co ncluir su co m posición m usical en «el h ablam o s m ás que del «deseo c o m o principio , espiritualm ente d e te rm i­
a m o r d e te rm in a d o éticam ente» (den ethisk bestemtc Kjaerlighed), pero nado com o aquello que el espíritu excluye» 67\ Es otra vez la idea de la
así se pierde el sentido de la in m ed iatez del deseo (sensual) y ad e m á s se genialidad sensual, de la in m ed iatez p ura, aquella que sólo la música
an u la la m úsica, ya que el a m o r ético conyugal p uede ser cua lq uie r cosa puede expresar. «Don Juan es la ex p resió n p a r a esta id ea y la expresión
m enos m usical: es a b s o lu ta m e n te am usical (um usikalsk) m . para Don Juan es única y exclusivam en te la m úsica» 674.
O lv id an d o la atm ósfera e n s o ñ a d o ra del deseo sin objeto, hem os dado El e n c u en tro con D o n Juan, q u e es la figura del deseo ya d e te rm i­
con el deseo en el in stante m ism o de su nacim iento. In m erso todavía en nado. nos reintroduce en el m u n d o de la s e n s u a lid ad y en su significado
las b ru m a s de su m ítica q u ietud, el deseo vaga po r los objetos buscando para el amor.
su verdadera meta, g o z a n d o del efímero contacto con c a d a uno. pero sin
entregarse de lleno a n in gu no. 3. El am or sensual
In c ap az el lenguaje de ex presar esta s en su alidad tan i n m e d i a t a 669,
sólo la m úsica consigue hac erlo con propiedad. Ya estaba an u n c ia d o al «No se sabe cu á n d o apareció la id ea de Don J u a n . sólo se sabe q ue ésta
c o m ienz o de estas reflexiones estéticas. pertenece al cristianism o y dentro d el c ristian ism o a la E d ad M ed ia» 675.
c) L legam os asi a Don Juan, que representa el sentido p leno de la Kierkegaard define con esta afirm ación dos rasgos im portantes de D o n
s en su alidad in m ediata. P ued e afirm arse con exactitud q u e C h eru b in o y Juan: que es u n a idea y q u e co rresp o n d e al cristianism o.
D e ja n d o el c o n ten id o de la idea (el a m o r sensual) p a r a luego, exp li­
662 .S'. I'.l.p . 72. quemos p or q ué K ierkegaard cree, e n estrecho paralelism o con su c o n ­
663 Ibidem. El texto de E. Schikaneder. Die 7,auherflote expresa esa multiplicidad cepción de la se n s u a lid ad co m o « p rin cipio », q u e el m ito de D o n Ju an
con el símbolo del pajarero que puede estar «froh und lustig». «denn alie Vógel sind ja surge con el cristiam ism o.
mein.»
664 Ib., p. 72. 670 Ib., p. 76.
665 Ibidem. Attraa conjugado como verbo recibe en Kierkegaard el significado de
671 .Ib., p. 77.
ejercicio del deseo. La traducción al castellano ha de entenderse en este sentido. 672 S. V. I. p. 77.
666 S. V.. I. pp. 73-74. 673 Ibidem.
667 Ib., p. 76. 674 Ibidem.
668 Ib., p. 75. 675 5. V, I. p. 79.
669 S. V. 1. p. 73.
La E d ad M edia p la s m a sus ideas a través de u n individuo o, con dos 68!. Eso no significa que am bas id eas c a rez can de relación. P ero esto
es otro tema. A hora nos importa D o n Juan.
m ayor exactitud, «lo total se representa en un individuo aislado» 676.
C o m o esta re p resen ta ció n de la idea p o r un in div iduo en c u e n tra b a s ta n ­ La sen su a lid ad n u n ca había sido con c eb id a antes de D on J u a n co m o
tes limitaciones, n o rm a lm e n te suele a c o m p a ñ a rs e esta idea-individuo de principio. Lo erótico se determ ina e n él de un m odo original. Sólo una
su an tago nista. P or eso ten em o s al bufón al lado del rey. a S anch o P anza palabra p uede calificarlo con precisión: seducción (ForfOrelse) "M. P ara
junto a D o n Q uijote y a Lcporello con D on Ju an 677. co m p re n d e r q ué se entien de por este a m o r de seducción, este a m o r sólo
P ara d a r a en ten d e r m ejor el proceso. Kierkegaard ensaya u n a com ­ sensual, es im prescindible ensayar o tr a vez algu ñas co m p a ra c io n e s entre
p a ració n en tre el c a b allero m edieval y D on Ju an. Este s e n a u n a «antici­ D on Ju an , los griegos y la caballería.
pación» ap ro x im a d a de lo erótico tal com o se da en el caballero. El C uriosam en te, la idea del se d u c to r está ausente del helenism o. C o m o
caballero expresa una co n tra d ic c ió n relativa con el espíritu (relativ Mod- ya sabem os, el a m o r e staba entre los griegos d e te rm in a d o an ím ic a y no
saetning til A an den ). m ien tras D on Ju an significa la oposición radical, a espiritualm ente. Es v erd ad que los griegos se e n a m o r a b a n de m u c h a s
vida y m uerte, con el espíritu 67s. mujeres y q ue rem ovían cielo y tierra p a r a lleg ara poseerlas. Es el caso de
T a m p o c o es difícil d e sc u b rir analogías entre lo erótico en la caballe­ Hércules. Pero h ay u n a diferencia b ásica con D o n Juan. Hércules no es
ría y lo erótico en el helenism o. En am b o s lo erótico está anímicamente un seductor. El griego es es e ncialm en te fiel a su am or, porque éste p ro ­
d e te rm in a d o , pero la diferencia es q u e esta d eterm in ación del alm a se cede del alm a. Q ue se e n a m o re de m u c h a s es accidental, porque c u a n d o
halla en el caballero d en tro de una total d eterm in ación espiritualm .~ ama a una. no piensa en las dem ás 6*5. « D o n Juan, p or el co ntrario, es
T an to si p e n s a m o s en un c h o q u e inicial entre el espíritu y la carne o seductor desde la raíz. Su a m o r (E lskov) n o es aním ico, sino sensual, y
en un progresivo ag u d iz a m ie n to de la relación conflictiva hasta llegara según su concepto el a m o r sensual (sanciselig Elskov) no es fiel, sino
la c o n fro n tació n radical, en am b o s casos D on Juan es su expresión. absolutam ente infiel, no a m a a u n a (Een). sino a todas (Alie), es decir,
«D esde que el espíritu, sola y exclusivam ente d e te rm in a d o com o espíritu, seduce a todas» 6K\
se aparta de este m u n d o , siente no sólo que |el m undo] no es su hogar,
El a m o r caballeresco, semejante a l de los griegos co m o vimos, a rra n c a
sino que ni siquiera es su lug ar d e actuación; [por ello] se retira a regiones también del a lm a y es p o r definición es e ncialm ente fiel. Sus ca racterísti­
superiores, d e ja n d o de nu ev o al m u n d o com o c a m p o de acción p ara el cas son singulares. Im plica d uda e in q u ie tu d . Su pregunta co n stan te es si
p o d er con el que siem pre ha estado en lucha y al cual cede el puesto. El
será feliz, si su deseo (Qnske) será satisfecho, si será am ado. El a m o r de sti
espíritu se apa rta del m u n d o y la sen sualidad se manifiesta en todo su
alma es diferente con cada ind iv id u o objeto de su cariño.
poder...» La s e n su a lid ad , libre del espíritu y m ás fuerte que nunca, se
despliega con toda la p len itu d tic su alegría. La E dad M edia h a b la b a de N ada de esto acontece en el a m o r sensual. Este am or, siendo e s e n c ia l­
u na m o n ta ñ a llam ad a « m o n t a ñ a de Venus». Allí liene la sensualidad su mente infiel, se convierte en últim a instancia en una mera repetición.
reino. D o n J u a n es el p rim o g én ito de este r e i n o 681. Ninguna d u d a ni tu rb ac ió n le persigue. N o po d em o s im a g in a r a D o n
Que no haya equívocos. Esta s en su alidad no está estigm atizada ni Juan sino ab so lu tam en te victorioso y despreocupado. T a m p o c o tiene
c o n d e n a d a c o m o pecado. P ara ello haría falta reflexión, pero con ésta tiempo el a m o r sensual p a ra d is c e r n ir entre sus objetivos: «Verla y
D on Ju an y la m úsica p erecerían. « E n cu a n to la s ensualid ad aparece amarla (elske hende) es todo uno. en u n m om ento, y en el mismo m o m e n to
todo está ac abad o, y lo m ism o se repite hasta el infinito» 687.
com o lo que va a ser excluido, com o aquello con lo que el espíritu no quiere
saber nada, sin que todavía la haya ju z g a d o ni c o n d e n a d o , la sensuali­
d ad toma esta forma: es lo d e m o n ia c o en la indiferencia e s tética » 682. 683 5. V., I, p. 83. Fausto es una idea, pero una idea que es a la vez un individuo.
F austo sim b o liza otro, tipo de experiencia. Es lo d em o n ia c o determi­ Don Juan está siempre flotando entre la idea, la fuerza, la vida y el individuo. Fausto se
n ad o com o lo espiritual. D o n Ju an, en cam bio, es lo dem o n iac o determi­ adapta bien al lenguaje. Don Juan a la música. Fausto enamora a una sola mujer, Don
n a d o co m o lo sensua\. De a h í la distancia de sus leyendas y conteni­ Juan a centenares. Fausto empleará la palabra, la mentira, para sus seducciones. Si Don
Juan lo hiciera, desaparecería todo el poder de su seducción. Cfr, S. V, I, pp. 83-85, 93,
684 5. V. p. 86 .
676 Ib., p. 80. 685 Ib., pp. 86-87.
677 Ibidem. Es también una manera de mostrar el dualismo entre la carne y el
686 I b p . 87.
espíritu, que el cristianismo lia introducido en el mundo. Ibidem.
67X 5. K. I.p. 81. 687 S. V. pp. 87-88. «No se oye aquí a Don Juan como un individuo aislado (et enkelt
Individ), ni su discurso, pero se oye su voz (Stemmen), la voz de la sensualidad
679 S. L. I. p. 81.
681) Ib., pp. 81-X2. (Sandselighedens Rost), y se la oye entre nostalgias de feminidad. Don Juan sólo puede
permanecer épico en la medida en que continuamente está listo y continuamente puede
681 Ib., p. 82. comenzar de nuevo, pues su vida es la suma de momentos que se repelen, que no tienen
682 Ib., pp. 82-83.
Por todo esto no es un ab su rd o a trib u ir a D on J u a n 1.003 conquistas, Esto no equivale a negar la sed u c ció n , q ue la seducción del a m o r
pues tal elenco de sedu cid as cuadra bien con la lógica de la idea de Don sensual sea inactiva y muerta. El reflejo de esa pasión gigantesca c o m u ­
Juan q ue p rescinde de la atención a los individuos. «El am o r del alma nica su fulgor a lo deseado. Don J u a n transfigura a toda m u c h a c h a que
(den sjaelelige Elskov) se mueve en la rica variedad de la vida indivi­ se acerca a él en un sentido pleno y total, pues su «relación con ella es lo
dual. d o n d e los detalles (N ua n cern c) están llenos de sentido. El am or esencial (et viesentligt)» h9S.
sensual (den sandselige Elskov) p u ede c o n fu n d irlo todo (...). El am or Así se explica la sin gular relación q u e D on J u a n establece con la que
del alm a es p e r m a n e n c ia en el tiempo; el a m o r sensual es fugacidad en seduce. D o n J u a n ejercita el genio p r o p io d e la sensualidad, cu y a e n c a r ­
el tiempo...» nación es. D is p o n e siem pre de la fu erza de su deseo y sólo de ella. ¿C ó­
D on Ju an es sed u cto r y su eroticidad es seducción (ha n s F.rotik mo definir este p o d e r de seducción? N o existen palabras, « n o lo sé»,
Foríorelse) 689 ¿Qué quiere decir esto respecto del deseo y del amor? diría Zerlina. pero ellas se a r re m o lin a n en to rn o a él, y es que D o n J u a n
P ara que la s e n s u a lid a d de D o n J u a n sea tan inm end iata que pueda «desea s en su a lm en te (attraaer sandseligt). seduce con el p o d er d e m o n i a ­
representarse m u sicalm ente, el objeto del deseo debe ser lo sensual y sólo co de la sensu alid ad, seduce a to d as» 6%. N o im po rta cuál sea el aspecto
lo s e n s u a l 69<l. P ero e n t o n c e s n o ta re m o s , p o r co n tra ste , q u e el a p e la ti­ de D o n J u a n 697. ta m p o c o interesa la figura de la seducida. Lo ú n ic o que
vo de seductor no se adecúa perfectam ente a él. P ara ser seductor hace resalta es la fuerza del deseo hacia todo lo que sea m ujer y sedueible
falta un p oco de c o n c ie n cia y de reflexión: m aq u in ar, urdir, engañar. Don Ju an n o desea en la m u je r ío e x tra o rd in a rio , sino aquello q u e tiene
No es que D o n Ju an sea bueno . D on Juan escapa a las categorías pro­ en co m ú n con c u a lq u ie r otra m u jer (1" . Si no fuera así, D on J u a n dejaría
pias de lo ético, las qu e se detectan en la conciencia y la reflexión de un de ser musical y pasa ría al d o m in io del lenguaje 7(KI. Por ello D o ñ a Elvi­
seductor. D a d o que D o n Ju an carece de conciencia, hem os de concluir ra, a u n q u e sea m ujer, co m o es u n a m u c h a c h a p o c o e o rrie n te .e s un peli­
que no es u n seductor. «El desea y su deseo actúa seduciendo; por eso gro para D o n J uan en cuanto tal, e n c u a n to sedu cto r desde el p o d er del
seduce. El goza en el ejercicio del deseo; tan p ro n to co m o h a g ozado de puro y sim ple deseo.
él busca un nuevo objeto y asi hasta el infinito. Engaña, pero no de tal Existen otras versiones de D on J u a n , dice Kierkegaard en u n as p ági­
m odo que tram e antes sus engaños; es la fuerza propia de la sensuali­ nas que c o m p le m e n ta n su análisis del «gran seductor», pero e n n in g u ­
dad la que en gaña a las seducidas, y esto es p ron to una especie de na de ellas h a lla r e m o s el sentido y la fuerza de la seducción en un esta­
N ém esis» Wl. do tan puro, sin n in g ú n medio q u e la sostenga o apoye. Sólo el D on
El p o d e r gracias al cual seduce D on Ju an es el deseo, «la energía del Juan de M o zart es la representación ju sta de lo que «hem os lla m a d o la
deseo sen sual» M:. Ejerce su deseo c o n tin u a m e n te y lo satisface, pero seducción intensiva» 701.
para ser un sedu ctor le falta el tiempo p re lim in a r en el que entable un El a m o r sensual e n su desn u d e z es el im p erio del deseo y de la s e n ­
plan y un tiem p o p osterior en el que tom e conciencia de su acto. Un se­ sualidad en la in m ed iatez total.
du cto r d ebe tener u n p o d e r del que D on Ju an carece: la p a la b ra m . Por Veremos después si tal situación es sostenible en la realidad. H a b la ­
eso h em os d icho que la m úsica lo plasm a a la perfección y por lo mismo remos ta m b ié n de los peligros y ten ta c io n e s de esta tendencia, así com o
sólo el cristianism o, qu e superó la plasticidad m u d a de la Antigüedad, de sus antítesis. D o n J u a n h a h e c h o p aten te el reino del a m o r sensual,
pu do a lu m b r a r la leyenda de este a m o r sensual con todo el im pulso de una vez q u e se ha su p e ra d o el m a r c o del ideal griego de a m o r volcado
su p asión (,‘M. en la belleza y c u a n d o ya se ha e n tr a d o en co ntacto o c o n fro n tació n con
el espíritu cristiano, c o n el am o r q u e se en raíza en el espíritu.
Antes de proseguir, hagam os u n p e q u e ñ o alto para re su m ir todo lo
ninguna relación; su vida es como momento la suma de momentos; como suma de expuesto y establecer a lgu nas con c lu sio n e s sobre el a m o r en este in sta n ­
momentos, un momento.» Ib., p. 89. Un poco antes explica Kierkegaard cómo Mozart ha
te. La p ausa es m ás necesaria, si p e n s a m o s que Kierkegaard m uestra en
sido capaz de expresar este constante recomienzo. Sólo la música posee la propiedad
épica de mostrar así la inmediatez.. Ibidem. Lo mismo destaca un buen conocedor de
Kierkegaard. diciendo que la vida del esteta está hecha de una infinitud de finitudes. Cfr.
I Nguycn Van Tuyén hoiet cxistc/u csclan Kierkegaard (París. Aubier-Montaigne. 1971). p. 29.
695 Ib., p. 93.
. 688 S. V. I, p. 88.
696 S. K. I. p. 95.
689 5. V. I,p. 91.
697 Ib., p. 96.
690 Ibidem.
691 Ib., p. 92. 698 Ib., p. 90.
692 Ib., p. 93. 699 «Pur che porti la gonella, voi sapete queI chéfá.» Ib., pp. 90, 93.
700 Ib., p. 90.
693 Ib., p. 92.
694 ' Ib., p. 91. 701 Ib., p. 103.
este discurso u n a serie de características del a m o r que n u n ca volverán a potencialidades de la pasión a m o ro s a en su ab soluta inm ed iatez y con
ser descritas con tanto a p a s io n a m ie n to y encanto. su inm en sa energía w .
El a m o r se identifica co n el im p u lso del p uro deseo. D o n J uan no Su alergia a fo rm u lar u n juicio pesim ista sobre el a m o r sensual no
atrae por sus recursos, p o r su retórica, p o r sus excelentes dotes p ara el puede eludir u n a cierta crítica h a c ia él po r su apego a la tem po ralid ad.
ca n to seductor del jug lar m en d az . En D on Juan resalta por excelencia El a m o r sensual es fugacidad en el tiem po. Esa es su gran limitación.
la potencia irresistible del deseo am oroso. Su sola presencia fascina. Es- Kierkegaard prefiere la fidelidad del cab allero a la m ultiplicidad sin fin
lam o s ante el a m o r en su absolu ta inmediatez. de la seducción d o n ju anesca.
El deseo sensual p la s m a este m ovim ien to potente del amor. Las tres Q u e d a n alu d id a s y sin c o m en ta rio s las sugerencias sobre las artes
m itificaciones del deseo (C h e ru b in o , P apageno y Don Juan), pese a su como m edios de expresión y sus fin o s análisis del lenguaje co m o v ehí­
diversa intensidad, co n se rv an en todo m o m en to la energía incontenible culo de la idea. A d m ira la c a p a c id a d de K ierkegaard p ara e n te n d e r e in­
del deseo sensual y e n a m o ran te, terpretar la m úsica com o forma, a c a s o inédita, de d a r cue rp o a las m ás
Este vigor pasio nal del deseo no priva al a m o r de su fundam ento. El delicadas sutilezas del p e n s a m ie n to filosófico. Q u e no lo co m en te m o s
a m o r sensual pertenece en sus m ás p ro fu nd as raíces a la interioridad. no debe significar q u e lo dejam os e n el olvido.
K ierkegaard no se entretiene a h o ra en explicarlo y especificarlo. Pero
señala con claridad que el a m o r sensual está espiritualmente. (aandelig)
determinado. ¿Por ser s im p le m e n te amor'! Es m uy probable. Y no es erró­
neo con cluir que, por ser a m o r sensual, el espíritu, que inicialm ente lo
determ ina, lo a p a rta luego lejos de sí. En todo caso, la referencia a lo
m á s íntim o de la interioridad, al espíritu, está ahí. M ás tarde añadirá
q u e el amor, en su nivel prim ario, el estético, posee tam b ién un reflejo
de la eternidad. En estas p ág inas la eternidad está sólo a p u n ta d a como
« asp ira ció n infinita» del deseo.
Junto a esta fu n d a m c n ta c ió n del a m o r sensual en la interioridad,
K ierkegaard recuerda la dialética en que está inm erso el amor. N o es
u n a dialéctica dual, sino de nuevo triádica.
La tríada que co n fo rm a el a m o r sensual es diferente a las que ya
co nocem os. La síntesis entre cuerpo y alm a en el espíritu es el lugar
d o n d e se sitúa el a m o r sensual. Pero el cuerpo (Lcgemet) 702 es llamado
a q u í carne (Kjolet) e in clu so lo erótico (Erotiske). lo sensual (Sandseli-
ge). Lo aním ico (Sjadelig) q ue entre los griegos vivía en arm o n ía con lo
sensual, entra en antítesis con la sen su a lid ad por la irrupción del espíri­
tu (Aanden). Ello suscita u n a dialéctica diferente a cuyo térm ino la sen­
su alid ad q u e d a rá excluida.
Este a m o r sensual es a je n o a las categorías éticas, al ju icio moral. El
a m o r sensual p e rm a n e c e en la indiferencia estética, p orque todavía no
ha llegado a la reflexión ni a la conciencia. Esta relación entre am o r y
reflexión será a m p lia m e n te tratada en otro capítu lo de esta obra.
Es m uy im portante, sin em bargo, resaltar la insistencia kierkegaar­
d ia n a sobre la no-especificidad ética del a m o r sensual. Kierkegaard se 703 En este sentido no es desacertado separar lo estético del criterio ético y no
resiste a c o n d e n a r el a m o r en la esfera de la sen sualidad, lo estético del siempre para dejarlo en la amoralidad, sino para darle una dimensión profunda. Es lo
que comenta Macéiras, al afirmar que la culpabilidad no es una categoría moral, sino
amor. P osteriorm ente con c luirá en u n a m ayor ac en tu ación de esta ne­ ontológica. Cfr. M. Maceiras, Schopenhauer y Kierkegaard: sentimiento y pasión (Madrid,
gativa a c u lp ab ilizar tal am or, en orden quizás a p re s e rv a rla s riquezas y Ed. Cincel, 1985). p. 152. En Hegel hallaríamos algo similar en forma de unidad: «Hegel
extrae del Fedro esta idea de la unidad de ética y estética, donde la verdad y el espíritu
existen de un modo más vivo para nosotros que la verdad intelectual de la historia y la
verdad imaginativa de la profecía.» M. C. Paredes, Génesis del concepto de verdad en eljoven
702 .9. V. XI. pp. 144 s Hegel, p. 149.
II. LA T R A N S F IG U R A C IÓ N 7,14 D E L A M O R EST É T IC O

Kierkegaard inicia a c o n tin u a c ió n la exposición de otras perspecti­


vas del amor. H asta qué punto ést.as inv alid an la p rim era forma de
am o r representada p or D o n Juan es algo que irem os viendo a través de
este capítulo. De todas m aneras, es i n d u d a b le que el atractivo del «pri­
mer am o r» se m antuvo constante d e n tro de él.
C e n tra m o s nuestra atención en dos textos im portantes. C o m e n t a ­
mos a h o ra el prim ero y en su m o m e n to nos referiremos al segundo.
Tal co m o indicam os al co m ie n z o de la exposición sobre el amor, la
segunda parte de Enten-Eller es a trib u id a a «W ilhelm , asesor de ju sti­
cia». a u n q u e en el encabez am ien to reitera q ue se trata de «los papeles
de B: cartas a A» 70\ Esta contiene d o s am p lio s capítu los de d im e n sio ­
nes y estilos similares, y u n a especie de corto epílogo. Ultimátum ’<K\ de
talante religioso, que hace abo car el a m o r en «la v erd ad que edifica» 707.
El p rim e ro de los dos largo c a p ítu lo s se titula /Egteskabets cesthetiske
Gyldighed ( Validez estética del m atrim onio) 708 y el segundo Ligevcégten
m ellan det / Esthetiske og Ethiske i Personlighedens Udarbeidelse (El equili­
brio entre lo estético y lo ético en la form ación de ¡a personalidad)1,n. P rin c i­
palmente nos fijaremos en el referente al m atrim o nio, que es d o n d e ex­
pone las reflexiones m ás interesantes acerca del amor, a u n q u e no ha de
perderse de vista que es la relación e n tre lo estético y lo ético del a m o r lo
que v e rd a d eram en te quiere discutir K ierkegaard en toda esta Segunda
Parte 7mf

704 A lu d im o s a un term ino que ap a rece con relativa frecuencia: Forklaring y


también Forkhinj.se. que adm iten la d o b le traducción de «explicar» (en sentido
filosófico) o transfigurar.
705 S. V. 11. p. I.
706 Ib., pp. 361-3X1.
707 Ib., p. 3X1.
708 Ib., p. 5
709 Ib., p. 169.
710 El capítulo dedicado a ello, el segu n d o de esta Parte, aborda el tema desde una
consideración global. Poco a poco irá d e sv e lá n d o se la crítica dirigida a lo estético.
Haecker ha resaltado su proxim idad a los rec h a z o s de lo m etafísico, porque de alguna
manera el esteta y el m etafísico son herm anos: am bos carecen de decisión. Cfr. Th.
Haecker. Der Begrijf der Wahrheit hei Sgren Kierkegaard. p. 409. C. Am orós señala la
identificación kierkegaardiana de la vida m atrim on ial con el estadio ético, n otan d o que
también para H egel la eticidad pertenecía al ám bito de las relaciones fam iliares, pero
como deber específicam ente fem enino. S egú n la autora, lo ético en Kierkegaard es
responsabilidad del varón y con ello con tin ú a el papel freudiano del padre. Cfr. C.
Amorós. Soren Kierkegaard. .. pp. 54-55 y 80.
El au to r p se u d ó n im o se presenta com o esposo, protagonista de una in stántanea (oieblikkelige Tilfredsstillelse), pero cu a n to más refinado
vivencia gratificante del a m o r m atrim o nial y con u na m u jer óptima. es. m ás hace del instante de placer u n a p e q u e ñ a eternidad (en lille Evig-
N a d a de ello es significativo. El propósito del escritor consiste en m os­ hed) 7I<\
trar cóm o lo estético p ued e ser m a n te n id o en la vida de casados. Kierke­ Estas notas inicial m ente positivas del a m o r ro m án tico no equivalen a
gaard parece p o n e r un énfasis especial en que la presentación de un su co nsag ració n ni tam poco a la a p r o b a c ió n y el ap lau so de las agrias
m odelo «superior» de a m o r no c o n d u z c a a la negación de los valores críticas que se levantan contra él. A u n q u e la etern idad del am o r r o m á n ­
estéticos. tico está b a s a d a en el tiem po y la p ro m e s a del cab allero carece de certe­
za. no por ello ha de m enospreciarse su singular belleza 717 y m enos aún
dar e n tra d a a las nuevas form as de a m o r b a s a d a s en lo p u ra m e n te sen­
sible. Si hiciéram os eso, ten dríam os la eternidad del a m o r convertida en
1. El am or romántico
«eternidad sensible» y reducida al in stan te eterno del abrazo 7,s. De
m an era subrepticia se h a b r ía n in tro d u cid o la reflexión y la conciencia
Para p o d er c o n f ro n ta r lo estético y lo ético del a m o r es necesario de­ en el a m o r rom án tico y. con ello, se llegaría a justific ar la in m o ra lid a d
lim itar con m ay o r ju steza lo estético. Kierkegaard usa aquí el calificati­ más absoluta 7N.
vo de « rom ántico» 711 y de « p rim e r am or» 7,2 para lo que antes d en o m i­ R eto rn an d o a los aspectos valiosos del a m o r ro m á n tic o que co n v ie­
n a b a a m o r sensual. En seguida se reconocen idénticos rasgos, según ne c o n s e r v a r e n la vivencia plena del am or, K ierkegaard señala otra n o ­
explicam os a c o n tin u ac ió n . ta distintiva: «El p rim e r a m o r tiene e n sí toda esa seguridad inm ediata y
El a m o r ro m án tico es in m e d ia to (um iddelbar). El significado lo genial que no tem e n ing ún peligro (...). En el p rim e r a m o r el individuo
sabemos: para él. verla y a m a r la es todo; para ella, basta con vislum ­ dispone de un e n o rm e po der (...). El p rim e r a m o r está suficientem ente
bra rlo p o r la rendija de u n a v e n ta n a para que ya no exista en el m undo seguro, no necesita apoyo alguno; si lo necesitara, el caballero diría que
nad ie com o él 7U. Esta in m e d ia te z co nfirm a que este a m o r se apoya en ya no es el p rim er am o r» 72n. B u s c a n d o alg ún símil de esta seguridad ca­
la belleza sensual, la que se tra d u c e en un m edio sensible 7I4. balleresca. K ierkegaard se vuelve a la fe: «Si en la vida personal la fe se
La fu n d a m e n ta c ió n en la s e n s u a lid ad no im plica un desvalor: presentara de m o d o tan inm ediato, al p rim er a m o r le correspon dería
« A u n q u e este a m o r (Kjasrlighed) está basa d o esencialm ente en lo sen­ una fe que en virtud de la prom esa se creería c a p a z de tras la d a r m o n t a ­
sual. es noble a causa de la conc ie ncia de eternidad que con tien e en sí. ñas y de c o m e n z a r a h a c e r milagros» 721.
pues esto es lo que sep a ra todo a m o r (Kjaerlighed) del placer (Vellyst): El p u n to flaco de esta seguridad es su tem or y angustia, que p u e d e n
que tiene en sí una h u ella de la eternidad. Los que se a m a n (De Elsken- sum ir al caballero victorioso en la m á s am arg a m e la n c o lía y desespera­
de) están p ro f u n d a m e n te conv en cid o s de que su relación es totalmente ción. lo que sería m uy acorde con cierto a m o r (el a m o r infeliz), del que
plena en sí m ism a y que n u n c a va a p o d er ser c a m b ia d a » 7I5. Es cierto, luego se hablará.
sin embargo, que este valo r eterno del a m o r rom ántico, al ceñirse a una La últim a nota que Kierkegaard resalta com o específica del a m o r ro­
d eterm inació n natural, al tiem po, se suprim e (hsever) a sí m ism o en m ántico es su relación a lo histórico.
cu a n to tal. revelándose en seguida com o ilusión. El a m o r rom ántico tiene una re la ción a m b ig u a c o n la historia. Por
Por otra parte, este c a rác te r positivo del a m o r ro m án tico en razón de un lado, necesita de acción, de vida, de hechos d in ám ico s, pero, p or
la eternidad que le en n o b le c e y le libera de la pura sen su alidad , guarda otro, p rescin de de ellos y de su v a rie d ad 122. La vida ro m á n tic a se m ueve
u n a cierta analogía con la m o ra lid a d (Saedelighed). Es verdad que lo entre gestos y m anifestaciones; si éstos carecen de esp ectacu la rid ad o
sensual es lo m o m e n tá n e o (det M o m e n ta n e ) y que busca la satisfacción
716 N o obstante, la verdadera eternidad del amor, la de la m oralidad auténtica, lo
711 «R om antiske K jíerlighed». Cfr. S. V, II. pp. 23, 24, 25. 35, etc. libera inm ediatam en te de la sensualidad, a u n q u e para ello será preciso contar con una
712 «Fprste K jsrligh cd . Cfr. S. V., II, pp. 103. 114, 122. 138, etc. Kierkegaard decisión de la voluntad, de la que «luego se hablará», anuncia el propio Kierkegaard. S.
escribe varias páginas para exponer por qué llam a «prim ero» al amor, y su s diferentes I II. p. 25.
acep ciones. Ib., pp. 41-47. Tam bién alude com o sin ón im os de éste a «lo estético» (det 717 ,V. V . II. p. 37.
/E sthetiske) y «lo inm ediato» (det U m iddelbare). Obsérvese que en la Segunda Parte de 718 Ib., p. 26.
ese libro y h ab lan d o del am or rom ántico-sensual-estético Kierkegaard em plea práctica­ 719 Ib., pp. 26-27. En este contexto critica Kierkegaard la e m an cip ación de la mujer y
m ente siem pre el térm ino Kjcerlighed. la conversión del m atrim onio en institución civil.
713 S. V, II, p. 23. 720 Ib., p. 52.
714 5. V. II. p. 24. 721 .V. I.. II, pp. 106-107.
715 Ib., pp. 24-25. 722 Ib., pp. 146-147.
sentim iento incurren en lo cóm ico 7:\ Los am an te s rom ánticos a n h e la n como lo ético y lo religioso, pero sin m u d a r ni a lte r a rla naturaleza propia
vivir su cariño en una isla desierta, pero se desilu sio nan si h a n de ence­ de ese a m o r estético 73
rrar su a m o r en la estrecha soledad de una habitación 7:4. En el fondo, el K ierkegaard recalca que esta « acció n de gracias» no es una e sc ap ato ­
a m o r ro m án tico huye de la historia real y huye de ella p orque teme la ria. u na alienación —en térm inos a c tu a le s — .u n a salida de urgencia para
rutina, es decir, la lucha en y con el tiempo 7:5. una «duda angustiosa». No, y p recisam ente no lo es p o rq u e se realiza en
La a la b a n z a y la crítica del a m o r rom ántico.prosigue p o r estos cau­ lo inm ediato, en lo in m ed iato co m o tal.
ces. e n s a lz a n d o unos aspectos — que describe poética y en tu s ia s ta m e n ­ P odría pensarse q ue en algún in sta n te K ierkegaard ha pretendido d ar
te— y d e n u n c ia n d o otros. La e s p o n ta n e id a d e inm ediatez de este am or por bueno, ¡por cristianizado!, el a m o r ro m á n tic o de m an e ra directa, sin
provoca la caren cia de reflexión: «ése es su defecto» 7-6. Si, p o r el contra­ nigún tipo de m ediació n ética y a c aso «religiosa».
rio. se in trodu ce en él la co nciencia, surgirán las m ayores inm oralidades, 1 La in q u ietu d sobre el tem a estaba m u y presente en él desde el inicio
tal com o h em o s oído antes 121. El a m o r rom ántico se basa en la belleza de Enten-Eller, cuyo frontis dice así: «¿Sólo está b au tiz a d a la razón? ¿Son
sensible; de ahí su atractivo. T o d o al revés del cristianism o, do n d e la paganas las pasiones?» 732. U n a respuesta curiosa e im portante, a u n q u e
belleza y lo sensible son negados: «Bien sé yo que al cristiano no le és no definitiva ni representativa de la actitud p e rm a n e n te de K ierkegaard
necesario que Cristo haya sido u n a beldad terrestre» w . ante este p ro b lem a , estaría recogida e n las lín eas que siguen: «Ya indiqu é
Esto no resta p o te n cia lid ad al a m o r estético. El am o r estético va a ser antes que, pese a la ilusoria e tern id ad del p rim e r am or, ésta lo convertía
transfigurado, co m o a h o ra oirem os, po r el am o r m atrim o nial y la deci­ en moral (gjorde den saedelig). C u a n d o a h o r a los a m an te s refieren a
sión que co m p o rta , sin o lvidar que la fuerza de lo estético es tal que Dios su am o r, su acción de gracias le da u n a i m p ro n ta absoluta de eter­
podría llegar a trasp a sar las fronteras de la propia esfera y e n tra r directa­ nidad, igual que la in ten ció n y la o b lig a c ió n (Forsaettet og Forpligtel-
m ente en la superior. sen), y esta ete rn id a d no tendría p o r q ué estar fu n d a d a en poderes
E n efecto, volviendo a d escribir las peculiaridades del p rim e r am or oscuros, sino en lo eterno m ism o (det Evige selv)» 7B.
dice Kierkegaard: «Es la u n id a d do libertad y necesidad. El individuo se D e ja m o s a q u í tan interesante tem a, m a s co n la p rom esa de volver
siente atraído p o r un po der irresistible hacia otro individuo, pero con ello sobre él.
siente su libertad. |Este am or] es la u n id a d de lo general y lo particular,
pues tiene tan to de general co m o de particular, hasta el límite de lo con ­ 2. La perm anencia de lo estético
tingente Y esto no lo posee en virtud de la reflexión; lo posee in m e­
d iatam en te» 729. K ierkegaard se d ebatirá d u ra n te to d a su vida en esta postura d ia lé c ­
Im ag in e m os ahora, a ñ a d e Kierkegaard, que unos a m an te s acostum ­ tica, positiva y negativa, h acia el a m o r sensu a l y rom ántico. En este
bra d o s a lo religioso, en el m o m e n to m ás p lató nico de su a m o r ro m á n ­ mom ento y a través del asesor W ilh e lm va a in te n ta r defender el m a n t e ­
tico, se vuelven a Dios p ara d arle gracias. ¿Qué sucedería? T an to la nimiento de los valores estéticos en la ú n ic a form a que. para él. debe
pregunta co m o el p la n te a m ie n to re p entino de la cuestión sorp re n d en al asum ir la re la ció n a m o ro s a d e s d e la lleg ad a del cris tia n ism o : el
lector. K ierkegaard responde: «Esta acción de gracias no ha c a m b ia d o el matrimonio.
p rim e r am or, no ha intervenido n in g u n a reflexión tu rbad ora; [este amor] La actitud frente al m a trim o n io e n re la ció n co n lo estético será así
ha p as a d o a u n a co n c e n trid a d (Concentricitet) superior (...). La n atu ra­ p erm a n en tem en te am big ua, lo cual e s fiel reflejo de su visión del m a t r i ­
leza del p rim e r a m o r no ha sido»'cambiada, [pues] no ha intervenido monio. U n a s veces cree en las excelencias del m a trim o n io ; lo v em o s en
reflexión alguna; su u n id a d intern a no está disuelta, tiene todavía toda la este escrito que estam os c o m e n ta n d o , d o n d e, según confesión de K ier­
gozosa seguridad, ha p a s a d o a u n a con centricidad superior de modo kegaard m ism o , se halla « u n a de las m á s inteligentes apologías del
p u ro (blot)» 7,n. K ierkegaard define la nueva situación del p rim e r amor m atrim onio» 734. Otras, en cam bio, a lab a el celibato 735, re c o rd a n d o
incluso qu e el m a trim o n io era ju z g a d o en tre a lg u n o s de los p rim eros
723 Ib., p. 108.
724 Ib., pp. 114-116. 731 Ib„ pp. 53-54. Eslc aspecto lo estu d iam os deten id am en te en el últim o cap ítu lo
725 Ib., p. 149. de esta segunda parte. En el lond o la polém ica pro- o anti-kierkcgaardiana resucita sie m ­
726 Ib., p. 34. pre el com plejo tema de la relación entre filosofía y religión.
727 Cfr. n. 719. 732 V I I. p I
728 S. V, II. p. 55. 733 S V.. II. pp. 64-65.
729 5. V, II. p. 51. 734 Papirer. X-6 R 115. p. 148.
730 Ib., p. 53. 735 Papirer. XI-I A 295. p. 235. XI-2 A 154, pp. 166-169.
cristiano s c o m o u n a « p ro s titu c ió n tolera da» 7' \ y q ue «el m a trim o n io es cu a n d o oye gritar a los jóvenes, com o a n t a ñ o a los terroristas de la R ev o­
u n ió n b ajo form a de s e n s u a lid a d , no u n ió n en espíritu y en ver­ lución francesa: De óm nibus dubitandum 741. S u p e ra n d o sus temores,
dad...» 7-17. K ierkegaard som ete el m a trim o n io a u n a especie de d u d a radical, inte­
C o m o decim os, las p á g in a s que siguen retlejan fu n d a m e n ta lm e n te rrogándose p a u s a d a m e n te p o r todas la s justificaciones que se h an h echo
u n juicio m uy positivo del a m o r den tro del m a trim o n io , especificándolo de él.
de dos modos: 1) R e s a lta n d o c ó m o todas las facetas que ha descubierto y ¿Cuál es la n a tu ra le z a del m a trim o n io ? «Lo p ro p ia m e n te co n s titu ­
a l a b a d o en lo estético, e n el a m o r ro m án tico, en el p rim e r am or, se dan yente, lo sustan cial es e v id en te m e n te el a m o r (Kjíerligheden) o, si tú
d e m a n e ra a ú n m á s ex celente en el m atrim o nio. 2) P r o b a n d o que el quieres delim itarlo c o n m ás precisión, el a m o r (Elskoven)» 742. T an
m a trim o n io está h o n d a y re a lm e n te arraig ad o en aquellos valores que p ron to co m o éste desaparece, la vida en c o m ú n o es u n a mera satisfac­
co nv ierten el a m o r e n algo su b lim e y eterno. ción del apetito sensual o es u n a aso c ia ció n , u n a c o m p a ñ ía (C o m p ag-
Este p ro c e d e r k ie rk e g a a r d ia n o logra vin cu lar en algún sentido los niskab) p a r a tal o cual fin; pero « tan to si se tra ta del a m o r (Kjaerlighed)
aspectos estéticos y los de categ oría diferente, en especial los del orden supersticioso, av e ntu rero, caballeresco, c o m o del a m o r (Kjaerlighed)
ético. Detrás está siem pre algo que tratarem os en el punto siguiente: la deci­ religioso total, m á s p ro fu n d a m e n te é tico y c on u n a fuerte y vital s eg u ri­
sión. Ella conseguirá tr a n s f o r m a r el a m o r estético en un a m o r tan diná­ dad, el a m o r (Kjaerlighed) posee en sí la d e te r m in a c ió n de eternidad
m ico y esencial co m o lo d e m a n d a el dom in io ético. «Tú ves que esta es la (Evighedens B estem m else)» 74-\ Si d e s a p a re c e el a m o r (Elskov), adiós al
tarea que me he propuesto: d em o strar que el am o r rom ántico (romantiske m atrim o n io y adió s ta m b ié n a la estética del a m o r 744.
K je r lig h e d ) p u ed e ser c o m p a tib le y subsiste en el m a trim o n io , que el
«El a m o r — repite K ierkeg aard — es la su s ta n c ia del m a trim o n io
m atrim onio es la verdadera transfiguración (Forklarelse) de aquél» 7,K.
(Det S ubstantielle i /C g teskabet er E lskoven)» 74\ El a m o r (Elskoven)
K ierkegaard n o o cu lta lo a r d u o de su em p eñ o : la p e r m a n e n c ia de lo
ha de estar siem pre p re sente en el m a trim o n io , pero su m á n d o le ese ele­
erótico-sensual en el m a trim o n io , dad a s las descalificaciones sufridas
m ento ético y religioso del que ese a m o r (Elskov), c o m o tal, está d e s p r o ­
p o r la institu ción , e s p e c ia lm e n te la cristiana
visto, elem en to lla m a d o p o r K ierkegaard, c o m o h e m o s a p u n ta d o antes,
El prin cipio, el p u n to d e partid a, es bien claro. «El cristianism o
resignación o d e c is ió n 7'"'1.
a poy a in q u e b r a n t a b l e m e n t e el m atrim onio. Si el a m o r conyugal no
p ued e c o n ten e r todo lo erótico del prim er a m o r en sí (al den Í0rste Kjsr- La insistencia es m a c h a c o n a . K ie rk e g a a rd no desea que se tilde al
ligheds Erotik i sig). e n to n c e s el cristianism o no es el su p re m o desarrollo am or m a trim o n ia l de h a b e r perdido o d estru id o los rasgos propios del
de la hum anidad...» 7"‘. Esta afirm ación puede resultar so rprendente por a m o r estético. C h o c a b a s ta n te este in teré s ta n a c u s a d o , a u n q u e q u izás
su ro tu n d id ad , a u n q u e no ta n to si ten em o s en c u e n ta la m entalidad está p r e p a r a n d o el c a m in o p ara privilegiar los valores de ese a m o r que
co m p leta de K ierkeg aard. F u n d a m e n t a r la vivencia del a m o r en el últim am e n te p r o p o n d r á c o m o ejem plar: el a m o r cristiano.
aspecto ético o religioso, p re tirie n d o o d e s c u id a n d o lo erótico, es un P artiendo de la in finitud y e tern id ad descu bierta en el am o r estético y
engaño. Esa es la ra z ó n p o r la q u e Frater Tacitum us no llega al amor: co n tin u an d o p o r los rasgos espirituales e históricos del m atrim onio.
« N o am a, p o rq u e carece de inm ediatez, prim era base de lo erótico (Han
elsker ikke. th i ha n m a n g lc r U m id d e lb a r h e d e n . livor det Erotiske í'orste 741 S. y . II. p. 105. D a la im presión d e que los jó v e n e s in ten tan reem plazar la
G r u n d er)» 7J". inm ediatez poi la desesperación, lo que sería terrible. Ibidem . C onjugando la e tim o ­
El m éto do k ie rk e g a a r d ia n o p ara m ostrarlo parte ta m b ié n de la duda, logía de duda (tvivle) y d e se sp er a ció n (fortvivle), con clu ye: «La du da es la d e sesp era ­
ción del p en sa m ien to . La d esesp eración es la duda de la personalidad ...» S. V.. II,
pese a que ésta siga c a u s á n d o le un cierto estrem ecim iento, en especial p. 228.
742 5. V. II, p. 37. La diferencia de sentido de am b os térm inos (Elskov y Kja’rlighed)
736 Papirer XI-2 A 238, p. 249. es aquí patente, aunque vem os có m o a renglón seguido ya no la m antiene.
7.37 «/E gteskabet er E enhcd under Sandselighedsíorm , ikke Eenheden i Aand og 743 S. V. II. p. 37.
Sandhed...» Papirer. II A 469. p. 181. M ás tarde dirá: «El m atrim on io no es propiamente 744 Ib., pp. 38-39.
amor...» (/Egteskabet ikke er cgen tlig Kjerlighed...) Papirer. VIII-1 A 231, p. 110. 745 Ib., p. 39.
738 S. V. II. p. 35. 746 Ib., p. 41. C on cordam os con varias facetas de la herm enéutica de C. A m orós
7.39 Ibidem . sobre el m undo sim b ólico kierkegaardiano y s o n adm irables las interrelaciones que hace
740 S. V.. VI, p. 458. E lla, por el contrario, carece de la resignación (Resignationen), entre las diversas m itologías (A dán-E va. Abraham , D o n Juan, Fausto, Tritón, A ntígon a.
propia de lo ético y lo religioso, con lo que queda aban don ada a su suerte en la pura etc.). Es patente, sin em bargo, que discrepam os de algu n as interpretaciones del
inm ediatez sin poder pasar a lo eterno del amor. Ib., pp. 458-459. T ranscribim os el original pensam iento de Kierkegaard, cuand o, por ejem p lo, razona su «h olocau sto de lo erótícj.»
d an és en estos lugares, pues en él se detectan mejor los contrastes entre las denom inacio­ Cfr.C. A m orós,S 0ren Kierkegaard. pp. 124-163. N u estra postura qu ed aexp u esta pau latin a­
nes dadas al amor, lo estético, lo sen su al, etc. mente en esta segunda parte.
K ierkegaard añade: el m a t r i m o n i o co m porta la infin itud en sí m ás to d a­ bien el sentido p r o f u n d o de lo estético y sus posteriores t r a n s f o rm a ­
vía que e! p rim e r am o r, p o rq u e la infinitud del m a trim o n io es u n a vida ciones.
eterna. Lo espiritual del m a trim o n io es sup erio r al del p rim e r a m o r y lo C on in tención expresa 755 K ierk egaard ofrece u n a larga y densa refle­
sensual q u ed a m ejor re s a lta d o en su valo r estético por el co ntraste cer­ xión que sirva de ay ud a a la clarificació n de su p e n s a m ie n to sob re lo
c a n o co n lo espiritual. El m a trim o n io pertenece al m o m en to , posee un estético y la vida real y etern a del a m o r . «Si se sigue el desarrollo tan to
carác te r m ás real que el p r i m e r am or. «Así de bello es el m a trim o n io , y lo histórico co m o dialéctico de lo bello-estético, se h alla rá que el sen tid o de
sensual no está n eg a d o en m a n e r a algun a, sino en n o b le c id o (loraed- este m ov im e n to va de las d e te r m in a c io n e s del espacio a las del tiem p o y
let)» 747. que la perfección del arte dep e n d e d e la p o sib ilid a d progresiva de a p a r ­
La bellez a del a m o r no se esfum a en el m a trim o n io . N u n c a debiera tarse m ás y m ás del espacio y re la c io n a rs e (be ste m m e sig) con el tiem po.
decirse que el m odelo de c ó n y u g e es u n a p ersona m uy respetable pero En ello reside el paso y la significación del paso (O vergangen) de la escul­
tre m e n d a m e n te a b u r r id a en su m oral y. p o r co n tra p o sic ió n , que el pri­ tura a la pintura, com o ya Schelling lo hab ía indicado. La música tiene el
m er a m o r (Elskov) es poético. «N o. el m a trim o n io es m uy pro p iam e n te tiem po p o r elem ento suyo, pero carece de d u ra c ió n en c u a n to su sen tid o
lo poético (det Poetiske)» 748 y co ntien e u n a belleza tan g ra n d e co m o el es d es a p a ric ió n co n sta n te en el tiem po; suena en el tiempo, pero se d e s ­
a m o r rom ántico. vanece de in m e d ia to y n o tiene d u ra c ió n . La poesía es, finalm ente, la
El m a trim o n io posee la a r m o n í a interior, tiene en sí su teleología 74l). más perfecta de todas las artes y la m e j o r tam b ién p ara validar el signifi­
No hay que buscarle fin a lid a d e s extrañas, com o convertirlo en una cado del tiempo. N o resalta el tiem p o en el sentido de limitarse a un
escuela de fo rm a ció n del c a rác te r, en la g aran tía de u n h o g a r estable o m om ento, com o hace la p in tu ra, ni ta m p o c o desaparece sin d ejar rastro,
en el v ehículo p ara la p r o p a g a c ió n de la especie h u m a n a 75l). M ás que el como la m úsica (...). ¿C óm o representar, p o r tanto, lo estético que es
detalle de los a rg u m e n to s, lo im p o rta n te es co n stata r «la igualdad de in co n m en su ra b le incluso p ara la rep resen ta ció n de la poesía? Respuesta:
nivel» 751 entre el a m o r estético y el a m o r m atrim on ial. en cu a n to es vivido. Así tiene se m eja n za con la m úsica, que sólo está ah í
O tra grave o bjeción q ue se h ac e al a m o r en el m a trim o n io es su rela­ porque c o n tin u a m e n te se repite, sólo en el instan te de la ejecución. Por
ción con lo histórico. D e e n t r a d a nos a s o m b ra el cab allero rom ántico eso llam é la aten ción sobre la peligrosa confusió n de lo estético y de lo
sin n in g ú n tem or y d isp u e s to a d e s a fiar al m u n d o entero. P ero se olvida que co m o estético se presta a la repro d u cc ió n poética. T o do esto que estoy
que el m a rid o ta m b ié n es c a p a z de ello y que su victoria tiene mayor h ab lan d o pu ede representarse estéticam ente, pero no en u n a re p ro d u c ­
belleza estética que la del triu n fo caballeresco 1-2. A dem ás, el a m o r en el ción poética sino en cu a n to se vive, e n cu a n to se realiza en la vida de la
m a trim o n io logra in te rio riz a r las dificultades exteriores, y c u a n d o se realidad (i Virkelighedens Liv). Así lo estético se suprim e (hcEver) en sí
interioriza u n a ad v e rsid ad , ya se la supera 75\ Q ue la ru tin a y la co stu m ­ m ismo y se reconcilia con la vida. P u es si en este sentido la poesía y el arte
bre de la vida d iaria sea n p o c o aptas p ara la represen ta ció n estética no están en a rm o n ía con la vida, en otro e s tá n en h ostilidad con ella, p o rq u e
ha de servir de excusa p a ra el m en o sp re cio del a m o r m atrim on ial. no reconcilian m ás que u n aspecto del alm a. H e m e aquí en la cúspide de
El a m o r (Kjaerlighed) p u e d e ser m a n te n id o en el m a trim o n io , va a lo estético. Y en verdad q uien tenga h u m i ld a d y coraje p ara dejarse tr a n s ­
c o n c lu ir K ierkegaard. y si el a m o r es s alvag ua rdado, ta m b ié n lo será su figurar estéticam ente (...), él y sólo (íórst) él ha re alizad o lo su p re m o en lo
estética validez, «pu es el a m o r m ism o es lo estético (thi Kjasrligheden estético. Pero esta historia que es i n c o n m e n s u ra b le con la poesía es una
selv er d e t/E sth etisk )» 7M. El roce con el tiempo, con lo real, con el espa­ historia interior. Tiene la idea en sí y p o r eso es estética (...). Es la e te r n i­
cio. no abó le lo estético. H a y q u e establecer con m u c h o c u id a d o las rela­ dad. en la cual lo tem poral no ha d e s a p a re c id o co m o m o m e n to ideal,
ciones entre lo estético, su re p re s e n ta c ió n y la vida real p a ra entender sino que está c o n tin u a m e n te presente co m o m o m e n to real» 7V\
La fuerza de este texto k ie rk e g a a rd ia n o es la co m p re n sió n de las artes
y de lo estético, pero, sobre todo y p a r a nuestro tem a, su dialéctica con la
747 5. V, II. p. 69. realidad y la historia. La gran d eza d e lo estético consigue tran sfig u rar
748 Ib., p. 106. (lade sig aesthetisk f o r k la r e ) 7S7 al h o m b r e y llevarlo a u n a c u m b re que
749 Ib., p. 69. toca lo eterno.
750 Ib., pp. 61-97. K ierkegaard escribe un largo discurso para discutir estos argu­
Si el tiem po y la vida real no son c o n tra rio s a lo estético, ta m p o c o
mentos.
751 «... og saaledes staaer her atter /Egteskabet au niveau med den forste Kjaerlighed pueden tener c a p a c id a d suficiente p a r a destru ir el a m o r en el m a trim o -
(y así está de nuevo aquí el m atrim onio al m ism o nivel que el primer amor).» Ib., p. 97.
755 Ib., p. 148.
752 S. V. II. p. 130.
756 S. V. II, pp. 148-150.
753 Ib., p. 136.
757 Ib., p. 149.
754 Ib., p. 137.
nio. m áx im e s a b ie n d o la estrecha relación que g u ard a con ellos. «El La respuesta es negativa. La e t e r n i d a d del p rim e r a m o r es frágil, es
a m o r conyugal tiene su en e m ig o en el tiem po, su victoria en el tiem po, su una etern id ad ilusoria e ingenua (n aiv e) que en últim a instancia liene
eternidad en el tiempo...» 7' \ Eso le confiere un especial carácter, pues el que su p rim irse (m a a haevc) a sí m is m a ,h\ Es preciso e n c o n tr a r u n a
a m o r conyugal es a la vez el a m o r co tidiano y divino (en sentido griego), salida p a r a q ue este a m o r pueda in s e rta rse e n la vida real. Esto sólo lo
de tal m o do que es divino p o rqu e es c o t i d i a n o '- 4. La dificultad del consiguen el d eb e r (Pligten) y la d e c is ió n (Beslutningen).
a m o r m a trim o n ia l p a ra el arte y la represen ta ció n poética procede de P ero tú tienes h o rr o r al deber y tem es las funestas m etam orfosis q u e
este ta la n te ta n c e rc a n o a la vida diaria. Eso no constituye u n a objeción puede p ro v o c a re n tu a m o r s o ñ a d o 7M.T ú ves en el d e b e r a l enem igo, p or
insuperable. O b serv em o s có m o el orgullo se presta de maravilla..al que crees que p erd erías la estética del a m o r con toda su e s p o n ta n e i­
espectáculo p o r su tono vivo e intenso, m ien tras la h u m ild a d es casi dad y alegría.
im p o sib le d e re p re s e n ta r p o r su co n d ic ió n inv aria ble y callada. Algo N a d a m ás erróneo, com enta K ie rk e g a a rd . Si fuese así, «si el a m o r
p a re c id o s u ce d e con el coraje y la paciencia. Y otro tanto con el a m o r tuviera al d eber p o r enem ig o y no p u d i e r a vencerlo, entonces el a m o r no
estético y el a m o r conyug al 7WI. No p o r ello se q u ie b ra lo estético ni se sería el verd adero triunfado r» 765. El d eb e r es el co m p a ñ e ro del am o r,
c o n fu n d e n sus respectivos valores. está siem pre j u n t o a él. Lo ú nico q u e a b o rrec e m o rta lm e n te el d e b e r e s el
C o n c lu y e n d o su defen sa del a m o r en el m a trim o n io . K ierkegaard am or falso (falske K jaerlighed)7Í*.
llega a la ú ltim a objeción: la presencia del deber. K ierkegaard busca el m a n t e n i m i e n t o del a m o r estético en este nuevo
A rr ib a n d o a este p u n to el a m o r estético su cum be, piensa el objetor orden q u e establece el d e b e r y que n o s integra de lleno en el d o m i n io de
del m a trim o n io . En c u a n to h a b la m o s del deber, se a c a b ó el a m o r 761. lo ético. P ara él. «lo estético, lo ético y lo religioso son tres g ra n d es a lia ­
K ierk egaard refutará ta m b ié n este a rg u m e n to q ue saldrá a m p liam en te dos» y h ay que s a b e r co nservar la u n i d a d de las diferentes ex presion es
en la exposición del a m o r religioso, del a m o r a l prójim o. Alli lo estu dia­ que a s u m e todo en estos estadios diversos 767.
remos. El d e b e r evoca o tra categoría de la p e r m a n e n c ia de lo estético y Esto hace explicable p o r qué el d eber, presente desde el inicio en el
su tra n s fig u ra c ió n en el a m o r m a trim o n ial: la decisión. Veam os su am or conyugal, no destruye ni a h u y e n ta lo estético, sino que lo tra n s fi­
puesto d e n tro del e s q u e m a k ierk e g aard ia n o del amor. gura. El d e b e r sitúa el a m o r en u n c lim a ad e cu ad o . El a m o r hace o tro
tanto con el deber. «La u n id a d es c o m p le ta » 76li. «El d eb er es sólo uno:
3. La m etam orfosis del am or en la decisión am ar (at elske) en v e rd a d y con el m o v im ie n to interior del co ra z ó n ; el
deber es tan pro teifo rm e (proteusagtig) c o m o el a m o r y declara s a n t o y
D e sp ué s de c a n t a r l a d u lzu ra , la es p o n ta n e id a d , la ternu ra, la belleza bueno to d o lo que p ro ced e del a m o r, y m a n d a todo al infierno, p or bello
y la ino cen c ia del a m o r ro m án tico 76\ K ierkegaard se p re g unta si eso y en g a ñ o s o qu e sea. c u a n d o no v ie n e del a m o r (Kjaerlighed)» 761).
será suficiente p ara d a rle p e r d u ra b ilid a d y firmeza. Aquí co nclu y e n las reflexiones s o b re el a m o r m a trim o n ia l y su v a lo r
estético den tro de Lnten-Eller.
El asesor W ilh elm vuelve a t o m a r l a p a l a b r a en Stadierpaa Livets Vei
758 Ib., p. 151, lisia relación de la realidad y del tiem po con lo estético y ético
(Estadios en el cam ino de la vida) y lo h a c e c o n u n discurso 770 q u e p ro ­
(m atrim onial) estaba presente en Hegel. «La cuestión del deber ser, que se plantea con
referencia al con cep to de verdad, tiene, por una parte, un lugar m uy destacado en la longa el tem a del a m o r en este p re c is o contexto del d e b e r y de la
«C iencia de la L ógica», hasta el punto de que im plica un análisis detallado de la relación decisión.
entre finitud e infinitud .» M, Alvarez G óm ez. F und am en tación lógica del deber ser en
Hegel'. en Estudios sobre Kant y Hegel (Salam anca. I. O. F... 1982). p. 178. M ás adelante
señala que. para 1legel. la eticidad hace entrar en el ám bito de lo que es «real en sentido
intenso.» Ib., p. 180. 763 .V. V.. II. p. 158.
759 S. V. II. p. 152. 764 Ibidem.
760 Ib., pp. 147-148. 765 Ib., p. 160.
761 «... en lugar de la batuta del director de orquesta, cuyos m ovim ientos van al 766 Ib., pp. 162-163.
com pás de las graciosas posturas del primer amor. |ahora se nos habla de] la desagrada­ 767 S. V.. II. p. 160.
ble fusta del ca b o , que es el deber» S L. II. p. 158. 768 Ibidem.
762 Transcribe Kierkegaard un poem a de O ehlenschlager. Freiers Sang ved Kilden 769 Ib., p. 161
(C anto del galán junto a la fuente) de su dram a épico Nordens Guder (dioses del Norte) 770 N os referim os al segundo capítulo de esa obra titulado Adskilligt om fcgteskabet
(Cfr. A. C!. O e h le n sch la g e r . S an dedc Vwrker (K obenhavn . 1844). XXVI. p. 48: Kierke­ mod Indsigelser (Digresión sobre el m atrim onio contra los objetares) y firm ado por en
gaard cita una edición anterior). Al linaI del m en cion ad o poem a. Kierkegaard brinda su /Egtemand (IJn casado). S. V.. VI. pp. 99 s. S egú n cuenta Kierkegaard un p o c o antes (Ib.,
c o n ten id o al interlocutor, reservándose para si ún icam ente la últim a palabra: Uskyldig- p. 97). éste es tam bién un m anuscrito del asesor. Por su estilo y contenido ciertam ente es
hed (Inocencia). .V. I \ II. p. 157. una continuación del qu e hem os com en tad o en la Segunda Parte de Enten-Eller.
P o r boca del asesor. K ierkegaard c o m ie n z a re p la n te a n d o el p ro ­ si es un xetax;, no es algo inm ediato, sino la obra de la libertad, y en
blem a de las re lacio nes entre el a m o r (Elskov) y el m atrim onio. Su cu a n to pertenece a la libertad, su tarea se realiza sólo a través de la deci­
m éto d o es d iferente y n o está p riv ad o de sin gu larid ad , ya q u e a rran c a de s i ó n » ' . Este es el p u n to contra el q ue van a estrellarse todas las
u na cu rio sa in d a g a c ió n sobre el dios de cada uno. es decir, el dios del dificultades.
a m o r y el dios del m a trim o n io . La p rim era dificultad, y la que m ás nos interesa, es saber c ó m o se
«El a m o r (Elskov) tiene su dios. ¿Quién no conoce su nombre, relaciona esta decisión constitutiva del m a trim o n io con el a m o r estético.
c u a n d o tan to s creen g a n a r m u c h o d a n d o este n o m b r e a su relación: la T odo s sus esfuerzos van en esa dirección.
relación erótica? Eros. lo erótico y todo lo que le pertenece reivindica lo «El am o r o el e n a m o ra m ie n to (Elskov eller Forelskelsen) es total­
poético para sí. El m atrim o n io no tiene esta suerte, no es de tan alta m ente inm ediato; el m atrim on io |p o r el contrario| es u n a decisión...» 77li.
extracción» 771. El a m o r (Elskov) y el m a trim o n io s e d is tin g u e n n ítid a m e n te. «El m a tri­
El m a trim o n io p o see ta m b ié n un Dios, pero diferente al del amor. Si m o n io consiste en una decisión, p e ro la decisión no deriva directam ente
el m a trim o n io ca rec ie ra de dios, se correría el peligro de h a c e r m orir lo de la inm ediatez del a m o r » 77''.
divino del am or. P ero de to das m a n e r a s el Dios del espíritu, ser supremo K ierkegaard em plea varias p á g in a s p ara describir las prop ied a d es
al que se rem ite el a m o r co n yug al, no está d o ta d o de esa lum in o sid ad , de ele la decisión: que asu m a lo te m p o ra l y lo eterno, que sea «sim pática y
esa tra n s p a re n c ia (G je n n e m s ig tig h e d ) o, si se quiere, de esa atractiva au top ática». concreta y ab stracta, d ialéctica frente a la libertad y la fata­
sem io sc u rid a d q u e distin g u e la relación de Eros con los a m a n t e s 772. lidad ’x". Y concluye: «Toda la id e a lid a d del ser h u m a n o reside en pri­
«Q ue [Dios-espíritu] esté allí es en algún sentido dem asia d o , y po r esa mera y últim a in stan cia en la d e c is ió n » 71il.
razón su c e rca n ía significa m e n o s que la de Eros. que es un Dios sola y Esto lo cu m p le el m atrim o n io . L a decisión no interviene co m o ele­
exclusiv am ente p a r a los q u e se a m a n » TO. m en to p e r tu r b a d o r de lo estético d e l am or, sino c o m o aquello q ue le
El p a g a n is m o tenía u n D ios p a r a el a m o r y n in g u n o para el m atrim o­ confiere su forma definitiva. K ierk egaard en to n a un c a n to e m o c io n a d o
nio El c ristian ism o , p o r el co n tra rio , tiene un D io s p a ra el m atrim o n io y a las excelencias de la decisión y del m atrim on io, como portadores de vita­
n in g u n o p ara el am o r. A u n q u e el m atrim o n io es la forma su p re m a del lidad e infinitud s:: «Así es el m a trim o n io : es divino, p o rq u e el e n a m o r a ­
a m o r y c o n ello el c ristia n is m o está en b u e n a sen d a , el riesgo es doble: 1) m iento es un milagro: es de e s te 'm u n d o , pues el e n a m o r a m ie n to es el
que la relación del in d iv id u o con D ios-espíritu se espiritualice tanto que mito m á s p r o f u n d o de la n atu ra le z a . El e n a m o r a m i e n t o es el f u n d a ­
d esa p a re z c a la síntesis de lo sen sual y lo a n ím ic o , d o n d e E ros es pode­ m ento inso n d ab le, el que se oculta en la o scu rid a d , pero la decisión es el
roso, y 2) q u e se co n vierta el m a trim o n io en un deber, obligatorio sola­ vencedor que co m o Orfeo lleva el e n a m o r a m i e n t o a la luz. puesto q u e la
m ente p o r la relación espiritual con D ios y se p ierda lo erótico 774. No decisión es la form a v erdadera del e n a m o r a m ie n to , la v e rd ad era tran sfi­
hay q u e ca e r ni en el extre m ism o de los p ag a n o s ni en el de los guración (thi B eslutningen er F o relsk elsen s san de F o rm , d e n sande For-
espirituales 775. klaring). p or la q u e el m a trim o n io es s an to y q u erid o p o r D ios (...). Es
U na vez fo rm u la d o s estos prin cip io s que ya nos eran conocidos, poético, inefable com o e n a m o r a m i e n t o q u e es, pero la decisión es el
a u n q u e con len g u aje b ie n diverso. K ierkegaard .se centra en el asunto co n c ie n zu d o tra d u c to r q u e le trae d el éxtasis a la realidad...» m .
q u e le p re o c u p a : la d ecisión con stitutiv a del m atrim on io . La decisión, c o m o ya h a b ía m o s visto en el deber, no es enem iga d é l o
El m a t r i m o n i o tiene u n telos. N o hay in c o n v e n ie n te en a f ir m a r que estético ni de la poesía del am or. La d e c isió n posibilita el c h o q u e d e ese
el matrimonio «es el supremo T£Á,o<; de la existencia individual» 776. «Pero am or in g en u o y s o ñ a d o con la re a lid a d , a fin de a n c la rlo m á s a r ra ig a d a ­
771 5 V. VI. p. 110. K ierkegaard so lam enta de que ni la teoiogia ni el clero hablen
mente en la existencia y la verdad.
de D ios con el lenguaje de los poetas: y añade: «... todo el encanto, toda la fragancia tic 777 Ib., p. 113. A unque hem os visto y verem os térm inos paralelos, al español
Eros se esfum a (...); la idea de D ios, en cam bio, está im pregnada de tal seriedad que todo decisión corresponde habitualm ente Beslutningen.
el placer del am or parece desvanecerse, cu an d o D ios padre de los espíritus tiene que ser 778 Ib., p. 113.
el que una [a los que se a m a n |.» Ibidem. 779 Ib., pp. 113-114.
772 Ibidem . 780 Ib., p. 122-128. Estos rasgos c o n ciern en a toda decisión que pon e en ju ego lo
773 Ibidem . Eros no exige la fe. que se crea en él. Pero el D ios del espíritu, sí. Quizás eterno, dice Kierkegaard. entre ellas el m atrim onio.
por ello le cueste tanto llegar a la con creción del enam oram iento. Ib., p. 111. 781 Ib., p. 119.
774 S. V, VI, p. 111. 782 M. Alvarez reitera la presencia de parecidas afirm aciones en H egel y referidas
775 Ib., pp. 111-112. al «deber ser»: «... el deber ser. rectamente' entendido, im plica la presencia de la
776 «/'Egteskabet betragter jeg da som den ind ividu elle Tilvasrelses hoieste xeÁxx; ... verdadera infinitud.» M. Alvarez. « F u n d am en tación lógica del deber ser en H egel», p. 1 87
(Al m atrim onio yo lo co n tem p lo co m o el telos m ás alto de la existencia individual).» S. 783 S. V.. VI. pp. 128-129. A lgun os traducen Forelskelsen por amor, cu an d o sign ifica
V, VI, p. 112. Telos está siem pre en griego. estrictamente enamoramiento.
La d ecisión q u ie re ante todo y sobre todo c o n se rv ar el a m o r y el e n a ­ eiones a u n a de las m á s altas cotas d e la existencia. El am o r te introduce
m o ra m ie n to 7íi4. C o n ello conseguirá que a b r a n los ojos a u na nueva de lleno en ella.
in m ed iatez 7X\ p e ro sin q ue se p ierd a n a d a de la belleza del amor. El p ro b lem a surge cu a n d o se q u ie r e m a n te n e r lo estético del a m o r
K ierk egaard pre lu d ia co n estas p a la b ra s el ad v en im ien to de lo reli­ p erm a n en tem en te, som etido como está a las co n tradiccio nes de la reali­
gioso. «El m ilag ro del e n a m o r a m ie n to se convierte en milagro de la fe. el dad y de la tem p o ra lid ad . Se d e s c u b re n entonces sus límites y sus
m ilagro del e n a m o r a m i e n t o está en relación directa con el m ilagro reli­ im potencias.
gioso y el a b s u r d o del e n a m o r a m ie n to en divino e n te n d im ie n to con el El a s u n to reviste sum o interés. D e algu na m anera K ierkegaard
a bsu rd o de la religiosidad (Religieusitetens Absurditet)» 786. P or si misma intenta un p a ralelism o entre el h o r i z o n t e al que llega la ra z ó n en el
la decisión p o n e al e n a m o r a d o en relación con lo divino. Es el b a ñ o en plano objetivo sin p o d e r trasp a sarlo y las b arrera s con que topa lo esté­
que se p u rifica la decisión, co m o aquel b a ñ o que to m a b a n los griegos tico al inten tar d a r vida y re alidad a la belleza del amor. ¿D ebem os
antes del b a n q u e te o el que a n s ia b a A la d in o antes de las b o d a s 7S7. Por la re n u n ciar a ir m ás allá en esa dirección ? ¿C óm o salir de ese m ara sm o ?
d e c isió n el c a s a d o se h a c e d ig n o del d o n d ivino del e n a m o r a ­ Son cuestiones q ue siguen e s p o le a n d o h a s ta hoy w la m en te de los
m iento 7S8. filósofos.
Estas referen cias de signo religioso no ro b a n a la decisión su carácter La respuesta k ierk eg aardian a es clara. La im p o te n cia de la ra z ó n es
propio ni su fuerza p a s io n a l. La decisión se fu n d a m e n ta en el impulso un acicate p ara sum ergirse con p a s i ó n infinita en la m ás p r o f u n d a inte­
d é la p asió n. Eso le h ace estar en a r m o n ía con la pasión am orosa: «...sin rioridad y desde ahí. desde la s u b jetiv id a d existencial, h o r a d a r el m u ro
p asión 110 se llega j a m á s a n in g u n a decisión (...); el h o m b re sin pasión de la re alid ad y ap ro p iá rsela de m o d o veraz. Esto sólo es p osib le por un
no ve n u n c a la tierra prom etid a, sino que perece en el desierto» 7OT. salto, h acia dentro, que realiza la decisión.
C o m o an te s n o tá b a m o s , c u a n d o se h a b la poética y sim bólicam ente Lo acon te cid o en la esfera de la ra z ó n -v e rd a d se repite en el d o m in io
del ideal del a m o r n u n c a se p ro p o n e co m o m o delo a dos casados, pero de lo estético y del am or. El am o r estético se tran sfig ura p or el p o d e r de
tam b ién es cierto q u e a esa im agen eterna del a m o r representada por la decisión en un a m o r de belleza in c o rru p tib le . La decisión y el deber,
R om eo y Ju lieta le faltará siem p re «el equilib rio de la decisión y la inm e­ como hem os dicho varias veces, n o p rov ocan la m uerte de lo estético,
diatez s u p e r io r de lo religioso» 7,0 p ara que p u e d a n ser to m a d o s po r el sino que crean y h acen crecer el e n a m o ra m ie n to .
p rototipo de un a m o r eterno vivido en el tiem po real. No oculta K ierkegaard la perspectiv a final de su m étodo que. com o
K ierk eg aa rd insiste en la necesidad de vivir lo estético y lo ético en la sucedía en el p ro b le m a de la v erd ad , c o n d u c e secretam ente a lo reli­
historia y en el tiem po. La decisión es el m edio p or excelencia, pues gioso. La decisión q u e transform a el a m o r presen cializa lo divino. El
transfigura el a m o r en un «p u n to su p re m o » 791 de la existencia in­ amor no sólo se transfigura, sino q u e se diviniza. N u n c a el am or, t a m ­
dividual 79:. poco el a m o r m atrim o n ial, ha p o d i d o vivir lejos de u n dios, pese a que
V olviendo b re v em en te la m irad a hacia atrás, c o n stata m o s que Kier­ antes y d esp ués de la llegada del c ristian ism o se les h ay a n puesto
kegaard sigue v a lo ra n d o m uy p o sitiv am ente lo estético y, en concreto, la muchos obstáculos, tanto a Eros c o m o al D ios-espíritu, p ara su e n c u e n ­
belleza ra dical del am or. Lo estético p u ede c o n d u c ir bajo ciertas condi- tro con los am an tes. T odo esto re a p a r e c e rá m ás ad elante en nuestra
obra.
No d eb e m o s silenciar, para ser fieles a la letra de los textos kierke­
784 Ib., p. 176.
785 Ib., p. 175.
gaardianos. que su com p ren sión del a m o r en el m a trim o n io co ntien e dos
786 Ib., p. 176. estilos m uy diferentes: uno, muy v o lc a d o en lo estético y lo poético del
787 Es u n a alusión al Aladin de O ehlenschlager. Cfr. A. G. O ehlenschlager, Samlede amor, y otro, m uy ceñido a u n a co n c e p c ió n con servad ora tanto del m atri­
V tzrker, XV, pp. 117 s. monio en cu a n to institución religiosa c o m o de los roles de los cónyuges,
788 S. V. VI. p. 176.
donde se privilegia el papel del m a rid o . A quí h em os resaltado la u nid ad
789 Ib., pp. 175-176.
790 Ib., pp. 180-181.
791 C on el térm ino m enos fuerte de resolución repite Kierkegaard esta m ism a idea: 793 Los lím ites de lo objetívable so n destacados ahora en la herm enéutica J e
«M en R esolution, Begjerlighedens Resolution er Pointen i Tilvaerelsen (pero la resolución, Gadamcr. Cfr. M. Alvarez "Gómez, «L enguaje y ontología de H. G. G adam er», en El
la resolución del d eseo es la cúsp id e en la existencia.» S. V. VI, p. 84. pensamiento alem án contemporáneo, p. ñl. D e m od o an álogo se dice que «la fun dam enta-
792 Las págin as finales de este primer capítulo de Stadier están dedicadas a uófi racional de una etica universal parece im posib le » y que. en especial, el pluralism o actual
bosquejar los trazos de «una forma de vida m ás alta que el m atrim onio.» S. V., VI, p. 182. esta carente de ju stificación suficiente en el orden de la razón. Cfr. J, C onill. A. Cortina.
En ellas (Ib., pp. 182-196) Kierkegaard retrata buena parte de sus experiencias como «Razón dialógiea y ética com unicativa en K. O. Apel». Ib., pp. 178-179. La filosofía reciente es
amante. heredera de muchas intuiciones kierkegaardianas a través de Heidegger. com oya hem os dicho.
estrecha de a m b a s perspectivas, pero los críticos 794 se detienen en la
segunda. No es extraño, p o r tanto, que Kierkegaard haya recibido severos
reproches, a u n q u e p e n s a m o s q ue ha de partirse del c o n j un t o de su ob ra y
de su sentido g lobal p ar a e n t e n d e r e interpretar rect ament e cada u n a de
sus afirmaciones.

111. LAS C O N T R A D I C C I O N E S D E L A M O R

Inc lui mos en este capítulo a lgunos aspectos q u e Kierkegaard m e n ­


ciona c o mo antitéticos con su val ora ci ón general del amor.
La «re nunci a al a m or » c o r re sp o nd e a un cliché filosófico en el que
Kierkegaard po ne bas tan te énfasis. L a des cri pci ón se halla en Stadier
paa Livets Vei (Estadios en el camino de la vida.). Su pri mera parte escenifi­
ca u n a ce na m e m o r a b l e entre varios amigos, cuyos n om b re s no no s son
desconocidos. Se trata de Víctor Eremi ta, J u a n el Seductor. C o n st an t in o
Cons ta nt ius (autor de Gjentagelsen: L a Repetición)1^ , un personaj e lla­
ma do «el Modi sta» y otro que recibe el n o m b r e de «el h o m b r e joven».
El c o nt en i do de los discursos del b a n q u e t e 74h es el a m o r (Elskov ) 797 en
el h o m b r e y en la mujer, pero a la h o r a de la v er d ad sólo «el h o m b r e j o­
ven» h abl a de amor, po rq ue los d e m á s di sert an acerca de la mujer.
El « a m o r reflexionado» (rellekterende) está en c on s ona nci a c o n el
probl ema por el que Kierkegaard c o n s u m i ó t ant as h o ra s y páginas, o
sea. el puesto de la reflexión en la existencia individual. Ki erkegaard
concibe la reflexión c o mo el em en to di st ors io nant e del amor, a u n q u e
señala la existencia de otra reflexión («la reflexión i n fi n it a » ) 798 que p u e ­
de c o n d u c i r el a m o r a u n a plenitud i ne sp er a da .
Al « a m o r d e s g r a c i a d o » (ulykkel ig) se refiere K i e r k e ga a rd re it er a­
d a m e n t e 7W. En sus inicios es c omo el r ecuer do de su historia a m or os a ,
pero c om o en todo lo que él escribe p r o n t o se desvi ncul a la anécdota bi o­
gráfica de las conclus iones filosóficas. La p re g un ta que susci tamos es
qué ent iende el au to r p o r este a m o r que i m p r e g n a de m el anc ol ía y a
veces de sufri mi ent o la historia de a l g u n o s in di viduos y que p ar a d ó j i c a ­
mente abre las puertas a la s u p re ma experi enci a del amor.

795 S. V.. III. pp. 189-293.


796 Con este tituló El banquete (Gjestebudet) y el de La hora nocturna (Nattetimen)
pensó publicar esta parte del libro. Cfr. Papirer. IV A 170. p. 63. El título definitivo, In vino
writas. se explica por una c ondició n que el anfitrión pone a los amigos para iniciar su
perorata. «H aber bebido lo suficiente com o para notar el efecto del vino.» 5. V. VI, p. 41.
797 Kierkegaard utiliza so lam ente el término Elskov en la primera mitad de Stadier,
con una excepción para K ja’riighed. A partir de la página 283 com ie nz a a usar los dos
vocablos.
798 .S'. V.. VI. pp. 435 s.
799 Ib., pp. 426 s. También estudiaremos otros textos muy sugerentes y que n o s da­
794 El universo de Kierkegaard es calificado de «m isoginia romántica». C. Amorós
rán mayor luz sobre él.
S0ren Kierkegaard. pp. 40 s.
Estas tres facetas, que const it uyen los tres ap a rt ad o s de este capítulo mico del amor. «Yo digo que el a m o r es cómi co p a r a un tercero (Tredie-
sobre el amor, no están t an n í t i da me n te di b uj ad as en Kierkegaard c o­ tnand); no digo más —afirma el h o m b r e j o v e n — . Si por esto los a m a n ­
m o a qu í las present amos. Pero era necesario es que ma tiz arl as par a p r o ­ tes aborrecen si empre al tercero, no lo sé; pero sí sé que la reflexión es lo
f u n d i z a r más en su c o m p r e n s i ó n del a m o r dent ro de la filosofía. tercero y que yo no p u e d o a m a r sin s e r a la vez en mi reflexión el tercero
para mí m i s mo » 8"7.
Lo cómi co está uni do es tre ch ament e a lo trágico. Sin saber qué es el
1. L a renuncia filosófica al am or amor, todos es tamos a m e n a z a d o s p o r él, todos p o d e m o s ser sus vícti­
mas. Eso es lo p u r a m e n t e trágico, q u e exista algo cuyo poder se ejerce
El t ema sobre el que diserta el joven tiene difícil calificativo. Su lec­ en todos los á mb i to s y que. sin e mbar go, sea i n co nce bi bl e (og dog ikke
tura nos deja u n a doble i mpres ión: que el a m o r es i n ab ar c ab l e para lader sig t amke) *"*.
c u a l q u i e r filosofía y que la filosofía especulativa es i ncapa z de « da r ra­ Un último rasgo p ar ad ój i co del a m o r proviene de su doble carácter
zón» del amor. sensible y espiritual. Un p a r de ejemplos bast an para mostrarlo.
El j oven for mul a u n i nt errogant e radical sobre el amor. Es lo más
«El h o m b r e está hecho de alma y cuerpo, todos lo sabemos, y los
p ro p io de u n a época que d u d a de todo: somet er lo concerni ent e al a mo r
mejores h o m b r e s están de acuerdo e n ello. Si se p o n e la potencia del
a esa m i s m a d u da ™. Para lograr su propósito, recorre todas las vertientes
a m o r (Elskovens Potens) en la relación entre lo f e me ni no y lo m as cu li ­
cont radi ct ori as del amor.
no. aparece otra vez lo cómi co en este contraste (Oms lag) que se da en.
La p r i m er a de ellas es la i nde fi ni bi lida d del amor. Si nos fijamos en
que lo más excelso del al ma (det h 0 ieste Sjelelige) se exprese en lo m ás
el t é rm i no « a m a r » (at elske), n o t a r e m o s que no nos dice na da 801. Eso no
sensual (det mest Sandselige)» 8n9. E s curioso: dos al mas e n a m o r a d a s
obst a p ar a que todos den p o r supuest o que a m a r pertenece a la esencia
entre sí se p romet en eterna fidelidad y sellan su pacto de eternidad con
del h o m b r e 8()2. C o n ello no resuelven qué es el amor, sino s i mplement e
un beso carnal. «Y así c a m b i a lo c o n t i n u o en el amor. Lo mej or (det
lo a c e pt an c omo hipótesis.
hoieste) del a l m a se expresa por su radical cont radi cci ón: lo sensual
U n aspecto es tr e ch am en t e u n i d o al an ter io r es di luci dar en qué c o n ­
pretende represent ar (vil betegne) lo m á s excelso del a l m a » Hll). El amor,
siste lo a m a b l e (det Elskelige), cuál es el ver dader o objeto del amor. Sólo
i n eo n me su ra b le por definición, q u e d a l imi tado a algo d e t e r m i n a d o y
existe u n a respuesta: «se a m a lo a m a b l e » 8'’3. Porque si se defiende que
concreto.
h ay q u e a m a r lo b ue no , en t on ce s se deja fuera, de un pl umazo , todo el
d o m i n i o de lo erótico. Y si d e c i m o s que el objeto del a m o r es lo bello, El s egundo e jempl o lo tenemos en el c a m b i o de n o m b r e y c o n di ci ó n
c o r r e mo s el peligro de i m p e r s o n a l i z a r el amor, por no m e n c i o n a r la p o ­ de los e na mo r a d o s . M u y pr o n t o c o m i e n z a n a ser l l a m a d o s padre y m a ­
sibi li dad d e q u e al gui en a m e lo q u e no es bello 8H4, c o mo frecuentemente dre. Y estas p a l ab r as son para ellos l a s m á s hermosas. L a cont radi cci ón
sucede en la realidad. es patente «si el hijo es un ser [tan] et erno como el padr e.qué significa ser p a ­
D e s de c u a lq u ie r áng ul o q u e a b o r d e m o s el prob lema del amor, llega­ dre no p ue de darse a luz un ser e t e r n o » 8". El rango espiritual del
mos si empre a lo inexplicable 805. El a m o r y el objeto a ma bl e carecen de hijo choca con la relación sensible q u e le une a su padre. «La p at er ni ­
explicación y d o n d e mej or se detecta es en el simple hec ho de amar. Ese dad es. por consiguiente, u na ficción» 8I2.
será u n o de los motivos f u n d a m e n t a l e s p ar a r e nu nc ia r al amor. C o n f u n d i d o por tantos eni gmas y antítesis, el j oven r e nun ci a al
O tr o género de c on t ra d ic ci ó n procede del encuent ro con la ideali­ a mo r par a refugiarse en el p en s ami e nt o. Prefiere s a l va gu a rd ar su p en -
dad. « N i n g u n a relación entre p e r s o n a y p er s ona (mellem Me nn e sk e og
M en n e s k e ) exige t anta i d e al i da d (Idealitet) c om o el amor, a u n q u e se
c o m p r u e b a que n u n c a la cons igue» 806. Este es el origen del aspecto có­ 807 Ib., p. 44. Sobre «el tercero» en el a m o r hablaremos m ás adelante.
808 Ib., p. 49,
809 Ib., p. 50.
800 S. V, VI, pp. 44-45. 810 S. L. VI. p. 50. Sigue Kierkegaard: « E s cóm ico ver c ó m o el su blime vuelo del
801 Ib., p. 45. amor (esta voluntad de pertenecer uno al otro por la eternidad) acaba una y otra vez en la
802 Ib., p. 44. Cfr. S. V, IX, p. 177. En Papirer, V B 175. p. 298. repite la m ism a idea y despensa c o m o Saft. pero aún es más cóm ico q u e este fin de la cuestión quiera ser la o p i­
añade: «Y lo mejor es estar dispuesto a convertirse en amado.» nión suprema |del amor].» Ib., p. 53. Saft es un personaje de otra obra de Oehlenschlager,
803 S. V. VI. p. 45. quien por muchas vueltas que dé termina siempre en la despensa. La alusión está repetida en
804 Ibidem. S. V.. IV. p. 297. Cfr. A. G. Oehlenschlager. Sovedrinken (K obenhavn. 1808), p. 27.
805 S. V, VI. p. 46. 811 5. V. VI. p. 56.
806 Ib., p. 43. 812 Ibidem.
sami ent o, ser libre e n él, c o n s e rv ar la et er ni dad de la idea, antes que su­ «El a m o r ( K j e r l i g h e d ) es l ib er a do m á s y m á s de la c on cr ec ió n c o n ­
frir las co nt radi cci ones del a m o r * 1'. tingente. tal c omo se mostró en los precedentes discursos, y lo devuelve a su
Este final no es i nes per ado. Y a u n q u e sin d u da Kierkegaard preten­ más abstracta determ inación, en la q u e a p a re c e n o c o mo amor e n éste o
de con él ridiculizar la filosofía especulativa, no debe ent ende rs e sola­ aquél, a éste o aquél, s i n o como el a m o r a u n a cos a que n o tiene, es decir,
mente c o mo u na p ar odia, sino c o mo un serio interrogante sobre la o p a ­ como deseo, nostalgia» 8II!. El a m o r es p r i m o r d i a l m e n t e deseo, atracción,
ci dad o t r an spa ren ci a del a m o r y de todo lo existencial lrente al p e n s a ­ búsqueda: ya lo h a b í a m o s visto al h a b l a r de D o n Juan.
miento. Este es el c o n v e n c i m i e n t o m ás claro de todo el discurso del P er o d e ja r así el p l a n t e a m i e n t o del a m o r no le satisface. Y a q u í Ki er­
« h o m b r e j oven»: el a m o r es difícilmente compre ns ibl e para la razón. kegaard es capa u n p o co a la lógica i n t e r n a de su r a z o na mi e nt o . Q u e el
Por eso Kierkegaard l l a m a r á milagro al a m o r y por lo mi s mo pro p on dr á a m o r sea deseo, nostalgia, es v e r d a d e r o e n u n sentido. «El a m o r , sin
otra «explicación» (Forklarelse) a través de la decisión. embargo, es t a m b i é n el a m o r infinito; c u a n d o dec im os que Di os es a m o r
Está claro que la c o n c l u s i ó n del joven no la c om p a r t e Kierkegaard (Gu d er K j e r l i g h e d ) , decimos q u e el a m o r es i nfi ni tament e c o m u n i ­
sino críticamente. E n ot ro escrito des cub ri mo s su o p i n i ó n diferente, pese cante (meddelende); c u a n d o h a b l a m o s de p e r m a n e c e r en el amor, h a b l a ­
a que las bases del r a z o n a m i e n t o coincidan. Nos referimos a Begrebet mos de pa r ti c ip a r en su plenitud. Esto es lo sustancial del a m o r » 819.
Ironi (El concepto de Ironía). H a y en esta obra u n pasaje titulado Sympo- ¿Dón de col ocamos, entonces, el deseo q u e h e m o s descubierto en el
s ie t8I4. E n él e n c o n t r a m o s t am bi én a varios personaj es que di alogan bajo núcleo del amor? ¿ Có m o se a r m o n i z a c on esta co nc e pc ió n del a m o r en
los efectos del vino, p e r o el tema no está expuesto c o m o un discurso Dios, que es en el fondo u n a convi cc ión p u r a m e n t e religiosa?
sol emne acerca de la esenci a del amor. M ás bien se trata de u n a discusión La respuesta de Kierkegaard n o s hac e r e t o r n a r en cierta m a n e r a a
sobre la n at u ra l ez a de Eros, el dios del amor. Hegel, a u n q u e él lo cite en sentido amplio. «Lo deseoso (det Attraaende),
F ed ro destaca lo et er no de Eros, pues no tiene padres y está victorioso lo nostálgico (det L e ng s e ls f u l de ) es lo negativo en el amor, es decir, la
sobre el tiempo; los di oses se e m o c i o n a n al ver que retira su objeto amad o negatividad i n m a n e n t e . Deseo, n e c es i da d, no st al gi a (Attraa, Trang,
(elskede G j e n s t a n d ) de los infiernos. P a u s a n i a s se fija en su doble nat u­ Lengsel), etc., todo eso es la subjetivización infinita del a m o r (Kj e rl ig he -
raleza. u n a celeste y otra m á s at ada a lo sexual. Eri xi maco a ña d e que ese dens uendelige Subjectivering), p o r e mp l ea r u n expresión de Eíegel» 82°.
dobl e carácter de Eros está en c on s o n a n c i a con todo lo existente. Aristó­ Ki er kegaa rd insiste en lo a bs t r a c t o d e esa det er mi na ci ón del a m o r
fanes muest ra c ó m o la re la ci ón de oposición del a m o r c or res ponde a la para resaltar, p o r u n lado, la p u r e z a y, p o r otro, la co nt ra di cci ón del
diferencia de sexos. Ag a tó n se recrea en c a n t a r la h e r m o s u r a y las exce­ deseo amoroso. «El resultado al q u e se llega es p r op iam en te la p ur a [e]
lencias de Eros sl\ i ndet ermi nabl e det er mi na ci ón del ser: el a m o r es, pues el calificativo
Q u e d a Sócrates. C o m o siempre, el maestro c o m i en z a interrogando. (Tilleg) en v irt ud del cual [el a mo r] es nostalgia, deseo, no es u n a deter­
Pregunta «si Eros, co nf o rm e a su naturaleza, es a m o r (Kjaerlighed) de algo minación. es sólo u n a relación a algo que no está d a d o » 821.
o de nada; pues si el a m o r (Kj er li ge d) desea (attraaer) su objeto (Gj en ­ Ki er keg aa rd n o c o m p a r t e su p ar ece r, pe r o e n algún sentido se acerca
stand). es que no lo tiene, sino que lo necesita (...). El a m o r es así necesidad, al joven. E n el c a m i n o h a dej ado descri ta su c o n c e p c i ó n del a m o r como
deseo (Attraa) de lo q u e no se tiene; y si el a m o r ( K j e r l i g h e d ) es ahora deseo puro e i nt enso y p or otra vertiente t ot al me n te heterogénea (la reli­
a m o r ( K j e rl i g he d ) de lo bel lo.es qu e Eros necesita la belleza. Si lo buen o giosa) el a m o r c o m o plenitud.
es al mi s mo t i em p o lo bello, es que Eros necesita lo b u e n o » 8I6.
E n Enten-Eller Ki er kegaard r e a f i r m a c o n m a y o r fuerza q u e la filoso­
Así pues, Sócrates i ni ci a su investigación con ironí a 8I7. Los anterio­
fía, en especial la especulativa, n o p u e d e e n t e n d e r n a d a del amor. El
res o r a do re s h a b í a n d i c h o m u c h a s cosas del amo r, pero faltaba lo esen­
amor exige i nt eri ori dad. La filosofía n o se p r e o c u p a de la vi da i nt e­
cial: d es c u b r i r qué es el amor. ¿ Có mo lo r a z o n a Sócrates? Este es el r io r822. El a m o r no s inserta en el re in o de lo ético, p o r cuyo medi o el
p u n t o central y que sirve de excusa a Kierkegaard p ar a e xpone r su co m­
p r e n si ón del amor.
818 Ib., p. 151.
819 Ibidem.
813 Ib., pp. 57-58.
814 5. K, XIII, p. 146. El título evoca la idea griega y platónica de Banquete. La 820 Ibidem.
821 Ib , p. 152.
interrelación con la cena de Stadier creemos que no es desafortunada.
815 S. K, XIII. pp. 147-149. 822 «La filosofía no ha tenido nada que ver con lo que podría llamarse la acción
816 S. V. XIII, p. 150. interior (indvortes Gjerning); pero la acción interior es la verdadera vida d e la libertad.
817 Más adelante y con otro sentido dirá Kierkegaard: «El am or aquí descrito es el La filosofía trata de la acción exterior (udvortes Gjerning), y a ésta no la ve aislada, sin o
de la ironía, pero la ironía es lo negativo en el am or, su estimulante...» Ib., p. 157. incorporada y desarrollada en el proceso histórico del mundo.» 5. V, I), p. 189.
h o m b r e deviene lo q u e devi ene 82' con su decisión creadora. La filosofía, distinguir en Ki erkegaard dos m a n e r a s de e nt e n d e r la reflexión frente al
en cambi o, mira al p a s a d o y n o al futuro 82J. a s um e la historia ba jo la cate­ amor, una positiva y otra negativa:.
goría de n e c es i da d y no d e l ibertad. «Yo qui si era s ab er q u é vida es El uso positivo de la reflexión es m uy variado, a u n q u e en el g r a d o
superior, la del filósofo o la del h o m b r e libre. Si el filósofo es solamente s u p r e m o la identifica c on «la reflexión infinita» (de c o n n o t a c i o n e s reli­
filósofo, p e r d i d o en ello, sin c o n o c e r la vida feliz de la libertad, le taita un giosas). El uso negativo lo c o n s t a t a m o s de dobl e man er a: la pri mera , al
p u n t o de g ran i mpo rt an ci a: gana el m u n d o entero, pero (og) se pierde estilo de Hegel c u a n d o h a b l a b a d e ella c o m o «la m al a i n f i n i t u d » 8:' 1
a sí mismo...» 825. y de la que el a u t o r a l e m á n r e c o m e n d a b a al ej arse c on p re s te z a si se
quería llegar a la i n f i ni t u d de la i d e a W2. La s e g u n d a , referida a las p r e ­
2. A m or y reflexión tensiones de la reflexión, c u a n d o q u i e r e a l c a n z a r lo que sólo logra la
decisión.
Sobre la reflexión se ha h a b l a d o en esta o b ra p ar a mo st rar c ómo en
Ofr ecemos dos ej emp lo s de este v a l o r a m b i g u o de la reflexión p ar a
Ki er kegaa rd su ejercicio subjetivo abr ía el c a m i n o a la ver dad existen­
co nf ron tar la mej or con el amor.
cial. a la ver dad i m p r e g n a d a de pas ió n 82í'. C o m p r o b a m o s entonces
El ca pí tul o t itulado Skyggerids (Siluetas) *•" de la p ri mera p a r te de
c ó m o la vía de la r a z ó n reflexiva en la i n dag ac ión de la ver dad conduc ía
Enten-Eller intenta reflejar los trazos esenciales de los personajes elegidos
a u n t ér m i n o en el q ue la r a z ó n c al la ba 1,27 y emergía u n m u n d o nuevo, el
(Ma ri e- Be a uma r cha is , D o ñ a Elvira y Margarita). Elaciendo un análi si s
de la fe.
c om pa r at i vo entre la alegría y la t ri st eza c o m o medi o de re pres en ta ci ón
El reto l a n z a d o p or «el j ov en » es un desafío p er s on al par a Kierke­
artística, Ki erkegaard concluye q u e ¡a tristeza reflexionada es la que no se
gaard. ¿ Có mo c o n c u e r d a la reflexión que caracteri za este t iempo 828 con
presta a la re pres ent aci ón artística a c a u sa de su ca rác te r interior 834. El
su visión del a m or ? ¿ P o d r á n llegar a enc ont ra rs e pol os tan opuestos
origen de esta tristeza es un e ng a ñ o ; de ahí d i m a n a su c o nd i ci ó n de
c o m o el a m o r y la reflexión ( R e f l e x i o n e n ), de tal m a n e r a q ue el a m o r no
dolor refl exi onado w\ Y es que b a j o c u a l q u i e r pri sma que se presente'el
q u e d e expuesto a las i r oní as y b u rl a s de la conc ie nci a de esta época refle­
amor, «u n e ng a ñ o es u n a p a r a d o j a a b s ol u ta p ar a el a m o r y en ello
xiva (reflekcerende Ti ds Bevi dst hed)? S2‘\
Kierkegaard lleva hasta el extremo su plant eami ent o. «¿O es la refle­ estriba la necesidad de u n a pena r e fl exi on ada » KM\ La reflexión indica en
este cont ext o un salto h a c i a el i n t e r i o r en el amor. Su carácter positivo
xión en sí mi sma el mal? i En m a n e r a alguna!», contesta él mi s mo 8'°. a no
está r e a fi r m ad o p or la presencia del d o l o r que es el signo par a r econ oce r
ser que sea u n reflexión egoísta (selvisk). A parti r de este texto n o es ditícil
el a m o r prof undo, c o m o luego ver emo s.
823 «D e t Ethiskc er det, hvorved han bliver det, han bliver» Ib., p. 193. Esta El otro ej empl o de este uso positivo de la reflexión lo e n c o n t r a m o s en
definición la repite después, Ib., p. 273. el i m p o r t a n t e preludi o a Stadier. q u e Ki er ke ga a rd tituló con un t é r m i n o
824 5. K, II, p. 185.
825 Ib., pp. 190-191. Estos textos pertenecen al capítulo se gun do de la Segunda Parte
novedoso (Forerindring) 837.
de Enten-Eller.C o m o ya indicam os, allí desarrolla en extensión sus conceptos éticos. Ki erkegaard recurre a la d i st inc ión entre m e m o r i z a r y recordar, que
826 S. V. Vil. p. 184. ya c o n o c e m o s p ar c i a l m e n t e 838: « R e c o r d a r n o es en m a n e r a a lg u n a i d é n ­
827 Cfr. pp. 117 s. de nuestra obra. tico a ac ord ar se (At e r ind re er i n g e n l u n d e identisk m e d at huske)» s-1í>.
828 «... La generación p a sad a y en cierto grado la actual fue una generación refle­
Alguien puede a cor dar se (huske) d e u n ac o nt ec im ie n to c on p u n t o s y
xiva (reflekterende Tidsalder)...» S. V.. II. p. 33. Las apreciaciones de Kierkegaard sobre la
reflexión son siempre radicales en uno y otro sentido. Ya c o n o c em o s las diatribas comas, sin que po r ello lo recuerde ( er ind re) 84<). Ki erkegaard insiste en la
contra Hegel y su filosofía. Sin ser tan duro y aun contando con las peripecias de su e no r m e di ferencia de a m b o s aspectos, m o s t r a n d o la m a y o r h o n d u r a del
biografía personal, los juicios sobre la mujer respecto de la reflexión pecan de lo mismo.
« U n alma femenina no tiene ni debe tener la reflexión com o el varón.» El motivo es su
profunda pertenencia a lo estético. S. V.. VI. p, 179. Cfr. Ib , pp. 285 s. Acerca de la mujer 831 S. Vil. pp. 100-101. Estamos en el contexto del «salto» en la decisión.
tiene .comentarios de parecida índole. Fin varios lugares dice: « D o y gracias a los dioses 832 C Ir. (¡. W . E, Hegel. Wissenschaft der Logik. pp. 273 s.
de haber nacido varón y no mujer» .V. I .. I. p. 125: VI. p. 70. que alude a los clásicos griegos, 833 S. V.. I. p. 165.
aunque también añade: «La música de Mozart me ha enseñado q u e e s bello, reeonfortablc 834 .V 1.1. p, 173.
y precioso amar c o m o una mujer.» .V. K. I. p. 125. 835 I b . p. 172.
829 5. V.. II. p. 32. 836 Ib., p. 180.
830 Papirer. IX. A 223, p. 119, El pasaje com pleto (pp. 118-120) ha sido poco 837 S. I : VI. p. 21. Erintlring es una palab ra normal en danés, pero no, si la hacem os
comentado, pese a ser muy significativo para comprender la actitud kierkegaardiana preceder de Lar.
ante la reflexión. En otro m o m e n to indica: «Ha de recordarse continuam ente que la 838 Cfr. pp. 103 s. de nuestra obra.
reflexión (Reflexionen) no es en sí mism a y com o tal algo peligroso: por el contraria. el 839 5. K. VI. p. 21.
trabajo a través de ella es hoy la con d ic ión para actuar con más intensidad.» S V. VIII. p. 840 Ib., p. 22. Nótese la dificultad de ciar una versión apropiada de la diferencia
119. terminológica en español.
recuerdo: « p o r el re c ue r do a l c a n za un h o m b r e la et er n id ad » 841. «Lo reflexión (mal a) y a s u m i e n d o lo pos it iv o de la reflexión (infinita). Es un
re co rda do (det E r i nd re d e) n o pu ed e olvidarse. Lo re cord ad o no es indi ­ proceso complejo. Va yamos por partes.
ferente al recuerdo, m i en t ra s lo m e m o r i z a d o (det Huskt e) es indiferente El propósi to final es d e m o s t r a r q u e el m at ri mo n io , b a s a d o en una
a la m e m o r i a » 84:. decisión re fl exi va85", es la ver dader a t ransfiguración (Forklarelse) del
La reflexión es p r e c i s a m e n t e q ui en suscita t an esencial diferencia­ a m o r estético, tal como hemos e x p li ca d o antes.
ción. «La m e m o r i a es i n m e d i a t a y p er tenece a lo i nmedi at o; sólo el Si i m a g i n a m o s a un i nd ivi duo s u m i d o t ot al me nt e en la reflexión,
recuerdo es refl exi on ad o (reflekteret). P o r ello es un arte recordar» 843 y c o m p r o b a r e m o s que está s o me t i d o a las mayores ar bi tra ri eda des 851 y
po r lo m i s m o u n a relaci ón erótica se presta bi en al recuer do 844. -El que h a preterido la inmedi at ez d e m a n e r a absoluta. En esa s ituación
r ecuer do está tan i m p r e g n a d o de i nt er ior id ad qu e llega a transf ormarse «todo e n a m o r a m i e n t o es i mpos ibl e» 85:. La vía de la pura reflexión es un
en s e c r e t o 845. c a mi n o cerrado para el amor.
Vol vamos a n ues tro as unt o. ¿ C ó m o so n las relaciones entre el a m o r y C o m e n c e m o s p or el l ado cont rari o, el a m o r estético, o l vi dand o esa
la reflexión? reflexión que es «el ángel e x t e r m i n a d o r de la i nmedi at ez» 85!. Pe ne tr a r
En u n r á p i d o cliché de estas relaciones di ji mos q ue el a m o r sensual en el estadio s up er ior s u po ne c o n t a r c on la decisión que i mpl ica una
carece de reflexión. Si c on ve r ti mo s a D o n J u a n en u n «i ndi viduo refle­ reflexión 854. «Se trata a h o r a de ver c ó m o la decisión puede actuar, c óm o
x i o n an t e» 846. p e r d e m o s el a m o r r ománt ico. Esta p ér d i d a i n d i c a d a el la reflexión que está presupuest a e n la decisión puede ll egar a u n p u n t o
a dv e n i m i e n t o del « m u n d o r e fl exi onado» M7. Es i mpres ci ndi bl e delimi­ en q u e c o i nc id a con la i n m e d i a t e z del e n a m o r a m i e n t o » 855. Pese a su
tar lo q u e a c on te c e entre la reflexión y el a m o r o, d ich o de otro modo, dificultad debe intentarse este difícil paso.
c ó mo p u e d e p a s a r el a m o r i n m e d i a t o al a m o r ético-religioso sin ser des­ C u a n d o la reflexión se proyecta sobre la inmediatez, deja subsistir
poseí do de sus val ores estéticos. una i nmedi at ez que es j u s t a m e n t e la del amor. Esto es un m i l a g r o 856.
El a m o r r ománt ico, p o r no ser reflexionado ( roma nti sk K j er li g he d at S i m u l t á n e a m e n t e la reflexión se i n t e r r o g a p o r la relación entre el ideal
den var ikke reflekteret) tenía u n a grave ca ren ci a 848. Se nos está sugi­ de la i n m e d i a t e z y la realidad 857. L a respuest a viene d a d a p or la decisión
riendo otra vez q u e el a m o r r o má nt i co y el a m o r reflexionado represen­ misma. «En u n a reflexión p u r a m e n t e ideal la decisión ha a go t a d o i deal ­
tan dos fases del a m o r 8411 y que c a d a u n o posee sus ventajas y sus límites. mente la re al idad (Virkeligheden) y la c on c lu s ió n de esta reflexión ideal
Al a m o r i n me d i a t o le lalta la i nfinitud (buena) de la reflexión. El amoi (...) es p r eci s am en te la decisión: la dec is ió n es la ideal idad (Idealiteten)
reflexionado está pri vad o de i n med iat ez y en úl tima instancia de rea­ obt eni da a través de u n a reflexión ideal; esta idealidad es el capital
lidad. , , , , . , adq ui ri do de la o p er aci ón .. . »858.
El p r o b l e m a , i nsistimos, es c o m o saltar del a m o r r om án t i c o al amor Acontece así una t r a n s f o r m a c i ó n esencial: la reflexión se hace ideal,
religioso sin p e r d e r n a d a del pri mero, sin h u n d i r s e en el piélago de la inagotable, infinita, y la decisión n o s sitúa en un á m b i t o diferente. «La
decisión es u n a nueva i n med iat ez a d q u i r i d a gracias a la p ur a reflexión
841 Ib., p. 23. Alude al sentido griego de reminiscencia y sus reinterpretaciones
idealmente agotada; esta [inmediatez] se c or res ponde exact ament e con
modernas.
842 Ib., p. 24. la i nmedi at ez del e n a m o r a m i e n t o » 859.
843 S. I'.. VI. p. 25. La reflexión ha sufrido un p r o c e s o singular, cuyo sentido se adivina
844 Ibidem. En S. V., I. p. 166. cita Kierdegaard este canto de Lessing que da pleno en la forma en que finalmente se s i t ú a ant e el amor. El a m o r e s un m i la ­
sentido a lo dicho: gro y todo lo q u e le pertenece tiene ca rác te r milagroso. La reflexión no
«Gcstern liebt" ich.
líe n te leid' ich. tiene na da que ha c er ante este m i l a g r o 8h". Si el a m o r es así. si es mila-
Morgen sterb' ich:
D e n n o ch denk' ich; 85» Ib., p. 35.
Heut' und Morgen. 851 .SC . VI. p. 132.
Gern an Gestern.» 852 Ib., p. 170.
(Lied aus dem Spanischen). 853 Ibidem.
G. F. Lessing, Sam lliche Schnftcn (Berlín 1925-28). v. XVII. p. 281. 854 Ib., p. 168. :
845 5. V. VI. p. 27. 855 Ibidem.
846 S. K. I. pp. 78, 95. 856 Ib., p. 170.
847 Ib., pp. 151. 156. Es lo que hem os visto en la tristeza y que en estas páginas atri­ 857 Ib., p. 172.
buye a Antígona. 858 ib., p. 173.
'848 S. V , II. p. 33. 859 Ib,, p. 174.
849 Ib., p. 34. 860 Ib., p. 174.
groso. no resulta e x t ra ñ o que «la r a zón esté c a ll a da ( F o rs t a n de n staaer tran sc end en cia . El escueto recorrido q u e a q uí h a c e m o s a través de los
stille) c u a n d o los e n a m o r a d o s caen e n a d o r a c i ó n ant e los signos sagra­ textos m ás i m p o r ta nt es i nt ent an d e l i m i t a r lo esencial del p ro b le ma .
dos del milagro» 861. El a m o r llega al m is mo hori zont e que descubrimos Ya n o t am o s en Enter-Eller c ó m o Ki er k eg aa r d s e ñ a l a b a q ue la tris­
en la verdad, el de la fe p ar adój ica. Este a m o r es c a p az de transpor tar teza p r of und a, a qu el la que interesa al a m o r , es la tristeza r e f l e x i o n a d a .
m o n t añ as . Su p a r a d o j a sólo pu ed e vencerse p or la tuerza de la deci­ «El a m o r infeliz» surge en el seno d e esa dialéctica: c u a n d o la tristeza se
sión 8h-. ve o bl i gada a la reflexión y se t opa c o n la p a r a d o j a m\ Esto nos cía una
L a c o m p a r a c i ó n h ec h a p o r el m i s m o Ki er kegaard entre el papel ae la p r i m er a pista sobre la cuesti ón 8Í’7.
r a z ó n frente a la ver dad y el a m o r de sí (Selvkjíeriighed) ant e el a mo r Más i m p o r t an t e es el texto t i tu lad o Den U lykkeligste m . que liemos de
pleno, clarifica bas t an t e este m o m e n t o final de a mb os . El a m o r de sí fun­ c o me n t a r , ya q u e nos sitúa co n c l a r i d a d e n el t er r eno filosófico y vital en
d a m e n t a t odo amor, pero en el i nstante de s u p r e m a pa si ó n desea su pro­ el qu e Ki er kegaard se mu ev e d u r a n t e t o da esta m ed it aci ón sobre el a m o r
pia p é r d i d a ( U n d e r g a n g ) m . O t r o t ant o a ñ o r a la r a zón en s emej ante infeliz.
situación: «... a h o r a se des pi er ta la pas ió n par a dó j ic a de la razón; ésta En algún l ugar de Inglaterra h a y u n a t u m b a q u e n o se distingue ni
b u s ca un o bs tácul o y qui ere, sin ent end er lo bien, su propi a ruina p o r la m el an c ol ía del espaci o ni p o r la s u n t u o s i d a d del m o n u m e n t o ,
(Un de rgang ). Así es la p a r a d o j a del a m o r » 8M. si no p o r esta ins cri pci ón lacónica: «El m á s infeliz» 8W). Parece ser que
C o m o la fe hiciera c on la r azón , el a m o r exige el silencio de la refle­ al gui en la ab ri ó y n o hal ló e n ella h u e l l a a l g u n a d e restos h u m a n o s . Eso
xión, q u e la reflexión calle, p a r a q u e p ue da n a c e r la reflexión infinita del es un acicate p a r a la curiosi dad, p u e s tocios los qu e la visitan se ven
a m o r religioso 86\ La di al écti ca entre el a m o r y la reflexión nos c o n d u ­ e m p u j a d o s a i n d a g a r q u i é n pueda ser «el m á s infeliz». Así co mi en z a
cen al m u n d o de la i n te r i o r i d a d religiosa, tal c o m o sucediera co n la Ki er kegaa rd su p r op i a b ús qu ed a.
verdad. Hegel m e n ci o n a frecuentement e la «con ci enci a infeliz». Más allá del
escalofrío que p ro d uc e esa expresi ón, es preciso s a b e r su significado:
«El infeliz es aquel q u e de u n a u o t r a m a n e r a tiene su ideal (Ideal), el
3. Que es el a m o r in feliz con te ni d o de su vida, su pl ena co nc ie nc ia , su p r op i a esencia, fuera de sí
( u de nf or sig). El infeliz está si empre fuera de sí m i s m o (sig selv fravap­
T a n t o en el Journal c o m o en bas tant es pasajes de sus libros Kierke­ rende). n u n c a está presente (nasrvEerende) a sí m i s mo . Pero e vi de nt e­
g aa rd m e n c i o n a con m u c h a fr ecuencia el t é r m i n o a m o r infeliz (ulikke- mente se pu ed e estar fuera (fravaerende) en el t i e m p o p a sa d o o en el
lig K j í E r l i g h e d ) . C o n u n a cierta precipitación y c o n o c i e n d o la biografía tiempo futuro. C o n eso está s ufi ci ent emente ci rcunscri to el territorio de la
de Sóren Kierkegaard. se ha a s i g na d o el significado de este a m o r a sus conciencia infeliz» 870. H a s t a aquí la do ct ri na hegeli ana. Veamos c ó mo
experi enci as p er s o n a l e s y con ello se ha d a d o p o r resuelto el asunto. El cont inúa Kierkegaard este análisis.
t ema es m u c h o m á s c o m p l e j o , p ue s toca des de la d e t er m i n ac i ón de lo Infeliz es el q u e está lejos de sí. P u e d e es t ar lejos en el p as ad o o en el
estético c o m o tal, e s p e c i al m en t e en su versión poética, hast a la defini­ futuro. A h or a bien, «la gra má tic a n o s e n s e ñ a qu e h a y u n tempus. q u e es
ción del a m o r religioso en el creyente y en Dios mi smo: Estos aspectos, plus quam perfectum. p o r q u e no existe n a d a pre sent e e n él y un fu tu ru m
sin preterir el salto qu e m e di a entre lo estético y lo religioso, son de gran

866 5. V. 1. pp. 180-182.


861 5. V, VI. p. 132. 867 Las meditaciones sobre Antígona van en la m ism a dirección: «Nuestra Antígona
862 5. V. 1. p. 181. guarda así su secreto en el corazón como una Hecha que la vida hunde cada vez más pro-
863 S. V. IV. p. 241. En otros lugares expresa ideas análogas: «En este contexto la fundam entalmente sin arrebatársela, porque en tanto tenga |la Hecha| en su corazón,
razón tiene muchas objeciones contra la paradoja, pero por otro lado la razón en su pasión puede vivir, pero en el instante en que ia saque, m orirá.» S. V. 1. pp. 162-163. Se relien : al
paradójica quiere su propia pérdida.» Ib., p. 241. «Sabemos, por tanto, qué es el hombre, y amor infeliz, como ahora explicaremos.
este saber (Viisdom ), cuyo va lo r yo menos que nadie rebajaré, puede hacerse más rico y 868 5. V.. 1. p. 221. El subtítulo es curioso: «Arenga entusiasta a |los| Zu(inapaveicp<i)-
lleno de sentido (y) ¡llegando a seij así también la verdad; pero la razón calla...» Ib., pevoi.» Ibidem. En esa palabra in cluye el autor «a los que van a m o rir conmigo», según el
p. 232. dicho de Luciano (Cfr. Papirer. II A 690. p. 245). aunque el escritor griego hablaba lite ra l­
864 5. V, IV. p. 232. mente de flapaveKpoi.
865 En Papirer, IX A 248. pp. 139-140. comenta el sentido de esas dos reflexiones: «Se 869 En el claustro de la catedral de W orcester hay efectivamente una inscripción
ha pensado siempre que la reflexión ( Reflexionen) podría h u n d ir al cristianism o y que era funeraria que dice: Miserrimus. Kierkegaard la m enciona en Papirer. II! A 40. p. 2 1. com en­
su enemigo natural.» Nada de eso. «Hasta ahora 11a lucha] era entre la reflexión y el cris­ tando: «Me agrada pensar que alguien la haya leído y piense ahora que la tum ba está vacía
tianism o simple, inm ediato: ahora la lucha va a ser entre la reflexión y la sim plicidad y destinada a él.»
armada de la refle xió n.» 870 S. V, 1. pp. 226-227.
exactum de la m i s m a catcgoria. Estas son las i n di v id ua li d ad es que espe­ P ar a m a y o r c l ar i da d presenta K i er k e g a a r d d o s ej empl os vivientes.
r an ( h a a b e n d e ) y las q ue r e c ue r da n ( e ri nd rend e) »* 71. Esta distinción El pr im er o es Job. s u m i d o en una d e s g a r r a d o r a infelicidad, al per ci bi r
c o r r es p on de , según K i er keg aa rd. a varios tipos de personas, dent ro de que aquell o q ue el S eñ o r dio (el S e ñ o r dio, el S eño r dio — repite
las cuales está «el m ás infeliz». Ki er kegaa rd— ) el m i s m o Señor lo q ui tó (el S e ñ o r quitó, el S e ño r q u i ­
Si. c o n f o r m e a la d ef ini ción, el que está present e a sí m i s m o es feliz, tó) s7li. El otro mod el o es la m u c h a c h a que sólo ha a m a d o a un h o m b r e
los i ndi viduos que e s p e r a n o re cu er d an de suyo no son infelices, pues en su vida y n o p u e d e entristecerse, p o r q u e él ni fue infiel ni p u d o e n g a ­
p u e d e n estar present es en la /esperanza o en el recuerdo. Q u i z á s crea ñarle. a u n q u e t a m p o c o puede e s p e r a r n a da , pu es él es u n e n i g m a 879.
a lg u i e n que q u i e n espe ra, c o m o n o está presente a sí mi smo, es infeliz.
La j oven i n g e n u a y a r d ie n t e m e n t e e n a m o r a d a c omo p a r a d i g m a del
P o r ejemplo, u no que espera en la vida eterna y qu e re nun ci a (giver
más infeliz n o s devuelve al t ema del am or infeliz li8n.
Af ka ld) al presente. Es u n a i mpr es i ón e ng a ño s a, p o r q u e éste se hace
pr e se nt e a sí m i s m o en la e sp er anz a. No sucede igual con qui en no ¿Qué es el a m o r infeliz? Así t i tu l a K ie r ke ga a rd un pár rafo de Sta-
p u e d e estar present e en la e sp e r a n z a e incluso la pierde, pues se queda dier **'. Y prosigue: «desde tiempo i n m e m o r i a l la poesía ha t eni do e n el
lejos de sí m i s m o en el p r e s en t e y en el futuro. He a qu í u n p r i m e r modelo a m o r infeliz el objeto p ar a su a m o r feliz» 88:. La poesía y el a m o r salen
de infeliz ” -'. re it er adame nt e en esas páginas, a u n q u e en el f o n d o se d ebate u n p r o ­
Algo si mil ar t e n e m o s en el recuerdo. Si u n o p u e d e h acers e presente a bl ema distinto, c o m o se verá en segui da.
si m i s m o e n el t i empo p a s a d o , no es infeliz, mi ent ras que sí lo será si per­ C o m o todo lo estético, la poesía est á en relación con la inmediatez. El
m a n e c e c o n s t a n t e m e n t e a l e j a d o de sí Y a ún debe sumárs ele otro a mo r infeliz le at añ e en la medida en que pertenece a lo estético, pero
matiz: que el re cuer do es el t i e m p o p o r excelencia del infeliz, pues-en pronto escapará de sus manos. P a r a e nt e n d e r t odo esto, es preciso
m u ch os sentidos el futuro está m ás cerca del presente que el p a s a d o 874. c o m e n z a r p o r las interacciones e n t r e la poesía y ese a m o r que llam-ti-
El el eme nt o d i f e r c n c i a d o r e n tr e feliz e infeliz es el pres ent e o. como mos infeliz.
a ñ a d e Kierkegaard. la realidad. « P a ra que un indi viduo que espera
Pese a que la poesía podría a s u m i r c o m o función pr imordi al la
p u e d a hacerse pre sen te en el ti empo futuro, éste |el t i e mp o futuro| debe
reconciliación co n la vida, es obvio q u e n o lo hace. La poesía representa
t e n er r eal idad (Realitet) o. mejor, d ebe hacerse r eal idad par a él; para
siempre a los p er son aj es m ás selectos de la existencia. La e nf e r m e d a d
q u e el indi viduo q u e re cu er da pu ed a hacerse p res ent e en el tiempo
no tiene c a b i d a en ella m . Ni s i qu i er a la p o b r e z a Ks4. Se argüirá qu e la
p as a do , éste |el t i e m p o p a s a d o | d eb e h a b e r t eni do re a li d ad (Realitet)
poesía se o c u p a a m e n u d o de la i nfel ici dad, s o b re t o d o en lo referente al
par a é l » " ' \ La re a li d ad r e ap a r e c e c om o el emento d e t e r m i n a n t e de la
amor. Es el caso de Petrarca y L a u r a . A b e l a r d o y Eloísa, R o m e o y
conciencia, de la i nt er io ri d ad y del amor, a u n q u e en este caso sea
Julieta. Axel y Valbor g Wl5. Pero el m o t i v o es diverso, ya q u e el a m o r está
infeliz.
Todavía existe otro prototipo, más grave y agudo, de infeliz. «Cuando
878! Ib., p. 232.
una i ndi vidua li da d e s p e r a n z a d a ( h a a b en de ) quiere e s p e r a r e n u n tiempo
S7L) |b.. pp. 233-234.
futuro que no pu ed e convert irse (faae) en realidad (Realitet) para él. o
880 En la despedida del Ulykkeligsre revela Kierkegaard el talante con tra dicto rio de
c u a n d o el que recuer da (Er in dr e nd e) quiere re co rd a r un tiempo que su descripción: «¡Que vivas bien. tú .e l más in fe liz ! ¿Qué digo yo? ¿El más infeliz? El más
n u n c a fue (havt) re al idad (Realitet) par a él. e nt once s t enemos las indivi­ leliz tendría que decir, pues es un regalo de la fortuna que nadie puede darse a sí mismo,
d u al i dade s infelices p r o p i a m e n t e tales» K7,\ Pero. m ira, el lenguaje se turba y el pensam iento yerra, porque quién es el más feliz sino el
La definición del « m á s infeliz» no será ya m ás que u n a combi nación más infeliz y quién es el más in fe liz sino el m á s feliz, y qué es la vida sino insensatez, y la ie
sino necedad, y la esperanza sino aliento de gracia, y el am or sino vinagre en la herida.» S.
de estos dos m ode los descritos, es decir, qu e «lo que i m p id a [a alguien] V. 1. p. 235.1Jnamuno expresa este final así: « N o hay que darse opio, sino poner vinagre y
hacers e presente en su e s p e r a n z a sea el recuerdo y lo que le impida sal en la herida del alma, porque cuando te duerm as y no sientas ya dolor, es que no eres.»
h ac ers e p res ent e en el r e c u er d o sea la e s p e r a n z a » S77. M. de Unam uno. Del sentimiento trágico de la vida. p. 238.
881 S. ! VI. p. 426.
X71 ,V V.. I. p. 227. 882 Ibidem.
872 lh„ pp. 227-228. 883 ¡Sólo faltaba!, responde el esteta. « iN o va a ser la poesía un hospital!» Ib
873 . |h„ p. 228. Lo repite luego. Ib., p. 229. I )c todas maneras el recuerdo y su melanco­ p. 481.
lía atraen instintivamente a Kierkegaard más que la esperanza. 884 Ibidem. El espíritu religioso (den Religieuse) no es así. Su compasión (M edliden-
874 Ib., p. 228. heci) alcanza a la pobreza y a la enfermedad. Lo.estético, en cam bio, no tiene ninguna sim ­
875 Ibidem. patía po r ellas. Ib., p. 484.
876 Ibidem. 885 Ib., pp. 428-429. Estos últim os son los protagonistas de una vieja balada danesa,
877 Ib., p. 229. cuyo parentesco les prohibía el m atrim onio.
l len o de pa si ó n y la p a s i ó n per te nece p o r excelencia al d o m i n i o poético. de u n a b i s m o de 70.000 b r a za s d e agua, a m u c h a s , m u c h a s l eguas de
«Sin p as i ón no hay poeta, y sin pas ió n no hay poesí a» m\ toda a y u d a h u m a n a . ¡Eso es lo g r a n de ! 894.
¿ P u ed e llegar la poesí a al a m o r infeliz? Esto es lo q ue nos interesa Así pues, el a m o r infeliz nos h a c e s u p e r a r lo estético y pasar a lo reli­
gioso, d e j a n d o atrás t oda la sofística estética, ética o metafísica, q u e
saber.
d e f or ma lo religioso 895. C o n c l u y a m o s esta reflexión si guiendo este p r o ­
«Al a m o r infeliz le c o r r e s p o n d e q u e el a m o r esté d a d o y q u e u n a ceso y vi en d o c ó mo se realiza el a m o r infeliz en lo est ri ct amente
pot enci a le i m p i d a expr es ars e felizmente en el e nc u e n t r o de los a m a n ­ religioso.
tes» S87. Esta es la defini ción q ue aparece en otros contextos. C o n u n a s al ­ C o n o c a s ió n de u n m a t r i m o n i o 896 obs er va Ki er kegaard que la vida
vedad. Para que haya a m o r infeliz en sentido estricto, es necesario que el no ofrece m á s q u e u n m o d e l o de a m o r infeliz. El que acontece c u a n d o la
ob s tá cu l o a la real ización del a m o r sea interior a él. Y no p o r qu e los muerte s e p a r a a los esposos 897. P e r o e n Frygt ogBceven (Tem ory Temblor)
a m a n t e s h a y a n per di do su a m o r , sino p o r q u e por sí m i s mo no p uede lle­ a p u n t a a o t r a f o r m a de a m o r infeliz, el de Sara , q u i e n sufre el t o r m e n t o
gar ese a m o r a la p l eni t ud d é l a un ió n. Si el i m p e d i m e n t o fuera sóloexte- de s a b e r q u e u n d e m o n i o e n a m o r a d o d e ella qui ere m a t a r a su n ov i o e n
rior, t e n d r í a m o s u n a m o r c o m o el de los per sonaj es al udi dos , q u e no la n o c h e de b o d a s 8g>i. N i n g u n o de l os d o s llega a la categoría pr op ia de
sólo son apt os p a r a la poesí a, si no que const it uyen su tema preferido. El a m o r infeliz. H e m o s d,e a d e n t r a r n o s e n el núcleo de lo religioso par a
a m o r infeliz, c o m o h e m o s a p u n t a d o , huye de lo estético ¿Por qué? P o r ­ c o m p r e n d e r el sentido absoluto de ese amor.
qu e es un a m o r qu e se h a h e c h o dialéctico m . Y e s t an do r eñidas la i n m e ­ El a m o r d e Di os dirigido al h o m b r e e n c a r n a el prot ot ipo s u p r e m o de
diatez y la dialéctica, es i nútil e m p e ñ a r s e en q ue la poesía se fije en a m o r infeliz. Di os pre te nde a m a r y ser a m a d o p o r el hombre, per o al
ese amor. m i smo t i e m p o y si endo así ha de m a n t e n e r la diferencia entre a m b o s ,
Sin e mb ar g o, la poesí a del a m o r p e r ma n ec e ; ¿qué sucede p ar a q u e la s a b i en d o a d e m á s que Dios pu ed e ser r e c h a z a d o p o r el h o m br e. Este
poesí a no p u e d a o c u pa r s e de él? La p as ión de la poesía h a sido susti­ a m o r es s e m ej a nt e al de u n rey y u n a m u c h a c h a hu mi lde . De sp ué s de
t ui da po r u n a « p a si ó n s u p e r i o r » m . Es t am os e n t r a n d o en otra esfera que h a b e r a c a l l a d o las críticas c o r t e sa na s, el rey cae en la cuenta d e algo
Ki er keg aa rd identifica c o n lo religioso. El a m o r infeliz en caj a y tiene i m pe ns ad o: la m u c h a c h a p u e d e n o s e r feliz a su l ado y q u i zá s ni s i q ui er a
significación p le na d e nt ro de lo religioso Wl. desea su amor. ¡Qué i n m en s a pena la d e este rey, que est aba al c om i e n z o
Ant es de d es c ri b ir esta v er sión del a m o r infeliz, con v ie ne recordar de su e n a m o r a m i e n t o tan alegre y f e l i z ! 8".
que Ki er ke ga a rd c o n s i d e r a la experi enci a del a m o r infeliz c o mo algo Así es el a m o r infeliz de Dios, a u n q u e sin a n a l o g í a n i n g u n a c o n
raro y extremo. Qu iz á s p o r ello se resiste t ant o a p ro p o n e r l o como cua lq ui er s i tuaci ón terrestre. La t ri s te za c a u s a d a es m á s p r o f un d a, p r o ­
mo d el o o a q ue alguien lo p i d a p ar a sí. pia de sólo u n dios, pues «esta i n f e l i c i d a d toca el c or a z ó n del a m o r y
hiere p o r t o da la eternidad...» 90°.
Cree Ki er keg aa rd q u e el a m o r infeliz está sellado p o r el sufrimiento. Esta referencia al a m o r de Di os c o m o m á x i m a expr esi ón del a m o r
Es su nota distintiva m á s d es t a c a d a 81,1 y a cas o la q ue logra situar al h o m ­ infeliz tiene su versión c o m p l e m e n t a r i a en u n ca pít ul o de Opbyggelige
bre en relación con la e t e r n i d a d *‘K. P a r a llegar allí h a b r á que atravesar
Taler iforskjellig A a n d 901. El c o n t e n i d o d e c a r ác t e r medi tat ivo-espi ri tual
temi bles fr onte ras y s ort ea r g r a n d e s peligros, c o mo aquell os que estable­
cí an los a nt i gu o s dioses p a r a los elegidos 89-’. Lo ú ni co que cabe s o ñ a r de
positivo p a r a el espíritu sufri ente de q u i e n a m a así, es i m ag i na rl o feliz 894 Esta conclusión no es imprevista. Desde el in ic io señala Kierkegaard que no le
en el riesgo, en el vórtice, en el m á x i m o peligro, «estar c ont ent o encima interesa lo erótico, sino,lo religioso (cfr. S. V., V I, pp. 420,424) y que «desea proponer una
historia de am o r in fe liz, a través de la cual se llegue a ser fe liz en el más alto sentido...». Ib.,
p. 309. Cam us a sim ila este pensamiento, v ie n d o a Sísifo fe liz m ientras arrastra hacia la
886 Ib., p. 427. cumbre su pesada carga. Así puede convertir en «regla de vida (el absurdo) lo que era in v i­
887 Ib., p. 426. tación a la muerte». A. Camus, Le Mythe de Sisyphe. Essais sur Vabsurde (Saint A m and,
888 Ib., pp. 427-428. 437. 1971), p. 89.
889 Ib., p. 427. 895 S. V, V I, p. 513. La inm ediatez de esas relaciones enumeradas es lo que
890 Ib., p. 435. determina su falso carácter. Cfr. Ib., pp. 508-509.
891 Ib., pp. 478. 483. 896 « Ved Anledningen a f en Bruaevielse», es el títu lo de este escrito. Cfr. S. V, V, p. 234.
892 A este propósito com enta: «La más noble idealidad que una m ujer puede suscitar 897 5. K, V, p. 241 s.
898 S. K, I I I , p. 166.
en el hom bre consiste propiam ente en despertar en él la conciencia de la inm ortalidad.»
899 5. K, IV. pp. 219-221.
Ib., p 71. 900 5. V, IV, p. 219.
893 «Quem deus perdere vult, prim u m dementat», dice Kierkegaard haciendo una 901 Discursos edificantes en diferente sentido (1847). C fr. S. V., V III. pp. 123-488. E l que
trascripción la tina de la sentencia griega. Ib., p. 282. citamos está en pp. 407-432.
no oculta la p r o f u n d i d a d filosófica y teológica de su núcleo. Llega ndo a este ext remo que se i ni ci a en la duda, desaparece la culpa
Ki erkegaard vuelve al a m o r infeliz, pero con otro tono. « H a b l a m o s en el h o m br e, es cierto, pero con ella surge la desesperanza, t ermi na el
h u m a n a m e n t e del a m o r infeliz c o m o el sufri mi ent o m á s grave, pero lo a m o r y ya no hay q u e h a c e r n i n g u n o par a el ser h u m a n o 9IW.«Si es verdad
m á s grave y d ol or os o del a m o r infeliz es c u a n d o el objeto del a m o r que la cr eac ión debe mo ri r c u a n d o Dios le retira su espíritu, t a m b i é n es
(Kjaerlighedens G j e n s t a n d ) es tal que no p u e d e ser es enci al ment e verdad que si Dios ha renegado d e su a m o r siquiera un solo instante,
a m a d o , a u n q u e el a m a n t e lo desea en lo m ás p r o f u n d o de su cor azó n todas las t areas están muertas, y n o h a y n a d a que hacer. La d e se s pe ­
c o m o lo único. Pues si el o bj e t o del a m o r pued e ser objeto de su esencia, ra nza es lo ú n i co que q u e d a (det Eneste, s om er til)» ¿'¡J
p er o sólo se ni ega la p os es ió n, este a m o r infeliz es m e n o s infeliz, menos El a m o r infeliz remite a la p r o p i a c ul pa, pero delante de D io sq".
doloroso; la posesi ón está neg ada, ci ertamente, pero el objeto no está T od a s las t areas p e r m a n e c e n sos ten idas p o r la e t e r na seguridad de que
p er dido, p o r q u e pos ee la pl en it ud esencial que sacia felizmente el Dios es a m o r 9I2. No olvida Ki er kegaard e n n i ng ún c a s o que el amo r, el
encuent ro del amor. P u e s h a y una exigencia esc ondida en todo amor, a m o r de t odo h o m br e , está en relación p r o f u n d a con el poder q ue f u n d a ­
u n a exigencia que le f u n d a m e n t a no egoísta, sino p r o f u n d a y et er na­ ment a el yo. q u e lo hace t r an s p a r e n t e 1,11 y q u e le da la posibilidad radical
mente, que es el ser m i s m o del a m o r » 902. de amar. Esta estrecha u n i d ad ent re la adqu is ici ón de la transparencia y
El recurso a la d u d a n o c o n d u c e a n a d a positivo, p o r q u e no puede el a m o r est aba ya presente en un texto m u y i m p o r t a n t e de Enten-Eller:
someterse el a m o r de Di os a la duda. Dios estará p er di do m u c h o antes «En ca da h o m b r e hay algo que en algún g ra do le i mpi de hacerse total­
dé llegar al final de ese e x a m e n que pretende co n insolente atrevimiento mente transparente a sí mismo (blive sig selv fuldelig gjcnnemsigtig) (...) Pero
instalarse en la esenci a de Di os y p r o b a r q u e él es a m o r 903. quien no puede revelarse, no puede a m a r (der ikke kan aa ben bar e sig, k a n ikke
P a ra eso n o h u b i es e h e c h o falta ir t an lejos. P o d í a m o s h ab er no s elskej y qu ien no p ue de a ma r , es el m á s infeliz (Ulykkeligste) de todos» 9I4.
det eni do d o n d e aquel s a b i o p a g a n o (Sócrates) que, des de su opaca La falta de t r a n s p a r e n c i a conduce al d e s a m o r y a la infelicidad. La ver­
situación, p e n s ó que la culpít y la desesperaci ón p r oc e dí an de Di os y no dad en la existencia individual q u e posibilita la t r a n s p a r e n c i a en el
del h ombre. P e r o él tení a la excusa de «la o b s cu r id a d de su dios», m i e n ­ a r r a n q u e constitutivo de la s u b j e t i v i d a d 91- es el f u n d a m e n t o del amor.
tras nosotros p o s e e m o s la c l a r i d ad del Dios cristiano 904. Verdad y a m o r están u n i d os en la raíz m á s íntima de la interioridad.
El int erro ga nt e so bre el a m o r de Dios sólo le estuvo per mi ti do a C o m o en el capít ul o siguiente veremos, Ki er kegaa rd no soslaya la
Cristo, quien en su s o b r e h u m a n o sufrimiento pre g un tó si Dios era a mo r visión religiosa del amor, pese al a tra ct ivo de lo estético y su serio apr e­
( om G u d ogs aa var Kjaerlighed);?5. El p u d o hacerl o, y no p o r ser cio p o r lo ético. Cree i ncluso que l a real i zac ión s u p r e m a del amor, sin
sufriente, si no p o r q u e c a rec ía de culpa. qui t ar n a d a a los otros estadios, se c u m p l e en el a m o r religoso-cristiano.
El h o m b r e sufre, p er o esto n o le da p o d e r par a d u d a r del a m o r de Esto le valió n o pocas ironías y u n a c o n s i d e r a b l e m a r g i n a c i ó n como
Dios. El h o m b r e d ebe s a b e r que sufre, p or qu e es cul pabl e. Y no de esta o filósofo.
a que ll a falta, sino c u l p a b l e esenci al ment e, c o m o lo refleja la historia
de Job **
Al h o m b r e q ue p a d e c e este a m o r infeliz de no t en er a Dios como
objeto, sólo le resta c reer en el a m o r de Dios, p o r q u e si Di os es amor, lo
es todo. M u c h o s se l l a m a n cr ist ianos sin tener la certeza de que Dios es
re al ment e a m o r 907. «Si h u b i e r a la m e n o r cosa c a p a z de demost rar , a u n ­
q u e sólo fuera en a p a r i en ci a , que Dios no es a mo r, ent once s t odo es tada
909 S. V.. V III. p. 420.
perdido. Dios estaría per d id o , pues si Dios no es a m o r y si no puede ser 910 Ib., p. 421.
a m o r en todo, s i m p l e m e n t e Dios no existe» 90í!. 911 Kierkegaard resalta el paso de la conciencia judía a la cristiana, de s u frir como
inocente ante Dios —tal como argüía a sus amigos el bueno de Job— a que todo hombre
902 S. K, V IH , pp. 409-410. sufre como culpable delante de Dios {S. K, V III. pp. 431-432). Pero a la vez insiste en este
903 Ib., p. 422-423. «delante de Dios» como categoría cristiano-teológica para el d o lo r y la culpa. Sólo así
904 Ib., p. 423. tiene sentido profundo y positivo. No hay que e x c lu ir la fuerte im pronta de la teología
905 Ib., p. 414. luterana \ del pietism o danés en las convicciones de Kierkeaaard. como se comprueba
cuando concibe el pecado com o la diferencia esencial entre D ios y hombre (cIV. J. O ollins.
906 S. V. V III, p. 428.
907 Ib., pp. 411-412. El pensamiento de Kierkegaard. pp. 165-166) y la con dición '*sine qua non» del cristia n ism o
908 Ib., p. 411. U n am u no debía albergar parecidos sentimientos cuando citaba a R. (cfr R Jolivet. su urces del lexistentialisme chrétien: S. Kierkegaard. p. 1X6).
Browning: «Me atreveré a decir que el gusano que ama en su terrón seria más d ivin o que 912 5. V:. V III. p. 421.
un dios sin am or entre sus m undos» M. de U nam uno. Del sentimiento trágico de la vida. p. 913 .V I , XI. p. 272.
164. 914 S. V. II. pp. 174-175. Los subrayados son nuestros.
915 C IV. pp. 140-141 de nuestra obra.
IV. LA E S E N C I A D E L A M O R

Kjerlighedens Gjerninger (Las obras del amor) l,|í' quiere ser en varios
sent idos un libro m o d é l i c o " 17.
Su estructura y dist ri buci ón es a r mó ni ca. No existen las d e s p r o p o r ­
ci ones o d es i gu al da des que h e m o s h e c h o n o t a r en las pr imer as p u b l i c a ­
ci ones de Kierkegaard. El aut or h i lv an a con sol tura y n at u ra l i d a d los
ca pít ul os y, pese a tocar aspectos diferentes, se des cubre una m e n t a l i d a d
ú ni c a en todo el desarrollo.
Sobresale el t ono del escrito. K i e r k eg aa r d se previene de q u e el lector
j uz g u e esta o b ra c o m o u n a reflexión estético-filosófica sobre el a m o r y
advierte des de el c om i e n z o q u e se trata de meditaciones cristianas
T i ene t an to interés en ello que m a n d a i m p r i m i r u n aviso introduct ori o
ant es de c a d a p a r t e 919, s e ñ a l a n d o ese t al ant e meditativo y cristiano
del libro.
En el prólogo a n u n c i a t a m b i é n que no habl ar á del a m o r . si no ele las
obras del amor. Ki erkegaard p r e t e n d e que la lectura de estas pági nas
m uev a a la práctica, y no q u e sirvan de s imple recreo literario o
filosófico.
Estas clarificaciones exp li ca rí an p o r qué Ki erkegaard a b a n d o n a el
uso de los p s e ud ó ni m os . Al f i r m a r con su pr op i o nombre, él cree que
está c u m p l i e n d o ¡por fin! con su func ió n edificante. No sería imposible,
sin e mb ar go , h a l l a r motivos m e n o s s ubl ime s, c o mo p o r ej empl o la satis-
fación de fondo p o r el result ado a l c a n z a d o . C o m p r e n d e r í a m o s mejor,
entonces, su insistencia en que estas « medi t aci ones , fruto de largas
m edi t ac ion es » 92°. s ean leídas l e n t a m e n t e , sin prisa curiosa.
Pese a las advertencias, el a u t o r n o consiguió sus objetivos, según
se h a r á p at ent e en este úl timo c a p í t u l o de nuestra o b r a y por los motivos
que a c o n t i n u a c i ó n a p u n t a m o s .
Tal c o m o se resalta desde el inicio, los c o n t e n i d o s poseen un carácter
to ta lme n te cristiano. Mas quien lo est udi a con atención, o bs er va en

916 El títu lo com pleto es Kjerlighedens Gjerninger. Nogle christelige Oveneielser i Talers
Form a f S. Kierkegaard (Kjobenhavn. 1847). A unque ya había empleado antes Kjerlighed.
ahora lo hace en exclusividad. En los Discursos edificantes de 1843 (S V. I II ) aún
hallam os las dos escrituras (Kjcerlighed y Kjerlighed).
917 Fabro dice que es una «obra maestra» (capolavoro). Cfr. C. Fabro, Introduzione
(S. Kierkegaard. Diario) (Brescia. M orce llian a, 1962). vol. I, p. 19. Lo repite en el mismo
volum en, p. 793. nota 2.
918 Cfr. 5. V, IX. pp. 11 y 237.
919 Nos referimos al F'orord. rub ricad o po r S. K. Ibidem.
920 5. V. IX. pp. 11 y 237.
seguida su estricto rigor lógico 1,21 y la coh eren ci a con t odas sus obras fuerte q u e el ' m u n d o entero, qué es lo que le hace débil, más débil que
p s eu d ón i ma s. No est amos, ni m u c h o menos, ant e un florilegio piadoso un niño? ¿Qué es lo que hace al h o m b r e i nqu eb ra nt ab le, más firme que
p ar a es t im ul ar el ejercicio de la ca ri dad , sino ant e u n a elevada reflexión la roca, qué es lo que le h ace suave, m á s suave que u n soplo? ¡Es el
sobre el a m o r y sus c o n e x i o n e s con el a m o r cristiano. amor! ¿Qué es más antiguo que t o d o ? Es el amor. ¿Qué es lo que s obre­
T a m p o c o es justa ni ex act a la otra not a acerca del tema. Las obras vive a todo? Es el amor. ¿Qué es lo q u e no pu ed e ser prendido, mientras él
están presentes, esp eci al ment e al final del libro, pero Kierkegaard nos prende todo? Es el amor. ¿Qué es lo que no puede darse, mientras él lo da
e nfrent a en realidad a lo q u e a quí l l a m a m o s «la esencia del a m or », pese todo? Es el amor. ¿Qué es lo que queda , c u a n d o todo traiciona? Es el amor.
a que el apelativo —según advert imos a n t e s ” ' — no sea de su agrado. ¿Qué es lo que consuela, c ua n d o t o d o consuelo falla? Es el amor. ¿Qué es lo
Es interesante des t ac a r t am b i é n la diferente dedi cat ori a q ue llevan que permanece, cu a nd o todo varía (omskiftes)? Es el amor. ¿Qué es lo que
esta obra y los otros di scurs os religiosos. En éstos aparecía la ligura del resta (bliver). c ua n d o lo imperfecto s e anula ( Uf ul dkomme afskaffes)? Es el
p a d r e de Ki erkegaard. con el t r a n s f o n d o de la seriedad vital y cristiana amor. ¿Qué es lo que da testimonio, c uando la profecía enmudece? Es el
q u e desde n i ñ o le h a b í a t r a n s m i t i d o 92-'. La que vemos en el p r ól o go,Hiin amor. ¿Qué es lo que no cesa, c u a n d o la visión acaba? Es el amor. ¿Qué es lo
E nkelte''24. a d e m á s del s ignificado q ue h em o s c o m e n t a d o 92\ parece que transfigura (forklarer), c u a n d o el discurso obscuro termina? Es el
estar d ici én do no s que S oren ha a s u m i d o en plenitud el p ro t ag on i sm o de amor. ¿Qué es lo que queda bendeci do en la so bre abu nd an ci a del don? Es
su existencia y de su mensaje. No sería ajeno a ello que Regina, la princi­ el amor. ¿Qué es lo que da vigor al lenguaje del ángel? Es el amor. ¿Qué es lo
pal «testigo» y objeto de su a m o r personal, estaba a p un t o de convertirse que hace sobreabundante el don de la viuda? Es el amor. ¿Qué es lo qu e llena
en muj er de otro h o m b r e ')26 m ient ras redactaba este texto. Kierkegaard lo de sabiduría el discurso del sencillo? Es el amor. ¿Qué es lo que n u n c a se
sabía, por.supuesto. Las t ur b a c i o n e s i mpet uos as y a p a s i o n a d a s del e n a ­ muda, a u n q u e todo cambie? Es el a mo r, y sólo es el a m o r lo que n u n c a se
m o r a d o q u e sufre h a n sido sust it ui das po r el suave sosiego de u n a visión hace otra cosa (den der aldrig bl iver noget Andet)»"-".
de la vida f u n d a m e n t a d a en el respeto y el a m o r al otro. Este texto tan vibrant e es la i n tr od u c c i ó n a un discurso edificante de
1843 928 y es m á s que suficiente p a r a servir de pórtico al estudio kierke­
1. La interioridad del am or g aa rd i an o del núcleo del amor.
«¿Qué profundam ente está f u n d a m e n t a d a la necesidad del a m o r
La forma en que Ki er kegaa rd a b o r d a el tema del a m o r no es siste­ (Kjerlighedens Tra ng ) en la e se nci a del h omb re? » 92l). « T a n t o — a ñ a d e
mática ni ri gu ros ame nt e filosófica, al m eno s tal c o mo en general sole­ poco después - q u e pertenece esencialmente a! hombre» 930. El r a z o n a ­
mos interpretar estos térmi nos. Del co nj u nt o de sus reflexiones se d edu ­ miento q u e apoya estas a f i r m a ci o n es no tiene el rigor especulativo que le
cen. no obstante, p a ut as m u y serias para una c o m p r e n s i ó n coherente daría la filosofía tradicional, pero K i e r k eg aa r d medita y vuelve reit erada­
del a m o r en la existencia. mente sobre sus propias reflexiones a fin de m o s t r a r el e n r a i z a m i e n t o y la
«¿Qué es lo que hac e al h o m b r e grande, a d m i r a d o p o r la creación, p ro f un d id a d del a m o r e n la vida h u m a n a .
agr adabl e a los ojos de Di os? ¿Qué es lo que hace al h o m b r e fuerte, más El a m o r c o mo fundam ento es el p u n t o de pa r ti da insoslayable y que,
921 C Ir. ( i M asi. «II sig n ifíca lo cristia no dcll'am o rc» . en Studi Kierkcgaardiani.
curiosamente, lo sitúa en la esfera de «lo edificante». «El a m o r edifica
p. 2 0 \ (...). Edificar es c ons trui r sobre u n a base. H a b l a n d o de u n a casa, d e u n a
422 C lr.. n. 620. construcción. cada u n o sabe qué se en ti ende p o r f und ame nt o ( G u i n d e n ) y
923 No es im posible que la dedicatoria de los diversos Opbyggelige Taler (Discursos
cdi/icciiues) este redactada y compuesta tipográficam ente con la intención expresa de
cimientos (Grundvolden). Pero ¿cuál es, espiritual mente entendido, el fun­
im presionar al lector: . . .... damento y cimiento de la vida del espíritu sobre el que debe estar el edificio?
' «A l d ifu n to '
Michael Pedersen Kierkegaard. Es j u s t a m en t e el amor; el a m o r e s e l principio (Ophav) de todo y. espiri­
en otro tiem po com erciante (de telas) en esta ciudad. tualmente ent endi do, el a m o r es el f un d a me n t o más p ro f u n d o (dybeste
m i padre, Grund) de la vida del espíritu. En c a d a h o m b r e que tiene a m o r [ya] han
son dedicados estos discursos.»
Cfr. S. V.. III. pp. 13 y 299: IV. pp. 5 v 135: etc. sido echados, espiritualmente ent endi do, los cimientos (Grundvolden). Y
M. P. Kierkegaard fue Hosekrcemmer. que algunos traducen por bonetero y mediero. el edificio que. espi ri tual ment e en tend ido , va a construirse, es t am bi én el
La ciudad es Copenhague, donde M ichael Pedersen llegó a los doce años de edad.
924 Hiin Enkelte significa literalm ente .4 aquel único y Kierkegaard la inserta en el 927 5'. V. III, pp. 303-304. En este exord io nombra siempre al amor con el vocablo
texto del prólogo. Cfr. S. V. IX . p. 11. Kjerlighed.
925 C fr. n, 165. 928 Tre opbyggelige Taler a f S. Kierkegaard (Kjobenhavn, 1843). S. V., III pp 29S-3S0
926 La que fuera prom etida de Kierkegaard contrajo m a trim o n io con Fritz Schlegel 929 S. V, IX, p. 177. n -- •
el 3 de noviembre de 1847. KjerUghedens Gjerninger había llegado a las librerías el 20 de 930 Ib., p. 180. Kierkegaard subraya esta parte de la frase que reproduce literalmente
septiembre del m ismo año. las de pp. 177 y 178. Cfr. también S. V„ VI. p. 44.
amor: y este es el a m o r que edifica, (y ) esto es: ¡el a m o r | edifica a m o r (den Esta referencia del a m o r a la i nt eri ori dad habí a a pa rec ido a nt es en
bygger Kjerlighed op)» Este proceso del a i n o r q u e está en la base de la Efterskrift. Di scut iend o acerca del ca rác te r subjetivo u objetivo del cristia­
existencia y que suscita s i m u l t á n e a m e n t e más amor, está recalcado en nismo. señ ala ba Ki erkegaard la i m p o r t a n c i a que tiene, para todo c o n o c i ­
varios mo men tos : «Asi es el amor. Lo que el a m o r hace, eso es; lo que es. miento cuyo objeto es la i nt eri ori dad de la m i s m a subjetividad, que el
eso hace. —Y esto en un ú n i co y misino instante: en el mi smo instante en sujeto cognoscente esté en ese es tado de interioridad. Algo si mil ar a c o n ­
que sale de si mi s mo (en di rec ci ón hacia f ue r a) está en sí mi smo (en direc­ tece —a p u n t a Ki er kegaa rd— c u a n d o h a b l a m o s del a m o r terrestre (jor-
ción hacia dentro); y en el m i s m o instante en que está en sí mi smo, sale disk Elskov): «el o bs e r v a d o r debe estar en la i nterioridad del a m o r
con ello fuera de sí. de tal m a n e r a q u e esta salida ( U d a d g a a e n ) y este (Elskovens Inderlighed)» m .
retorno (Tilhagevenden). este retorno (Tilhagevenden) y esta salida El tema vuelve a tocarlo expresa y más radical en Bogen om Adler.
( U d a d g a a e n ) son al m i s m o t i emp o u n o y lo mi smo» Estamos en el d o m i n i o de lo p u r a m e n t e h u m a n o (Menneskelige), lo si m­
El a m o r qu ed a r e c o n d u ci d o al interior de sí de m a n e r a múltiple, a u n ­ plement e h u m a n o ( H u m a n e ) l)W,.es decir, en la esfera de la i nt eri ori dad
que la final idad última será e n r a i z a d o en algo más fuerte e i n q u eb ra n ta ­ que pertenece a la i nmanencia. ¿Cómo hemos de c omp re nder el amor? «El
ble. hasta tal pun to que se h a g a indeleble e inamovible. e na mor am ient o es u n a det er mi na ci ón de la p u r a . d e la directa interioridad,
En u n a p e q u e ñ a o b r a de ca rác te r crítico-social, pese a su estilo no tiene n i ng u n a otra dialéctica que la propi a dialéctica de la i nt eri ori za­
est ét ico-li terari o1’'1. Ki er kegaa rd resaltaba bien la f u n da me n ta ci ó n del ción. no tiene n i n g u n a d e t er m i n ac i ón dialéctica fuera de sí, es s imple
a m o r en la interioridad. «Es ver dad q u e la interioridad es la vida del ena­ i dent idad de lo subjetivo y lo objetivo. El a m o r (Elskov) es e n a m o r a ­
m o r a m i e n t o (Forelskelsens) y q u e la interioridad es p o r sí m i s m a lo que miento. la pri mi ti vi dad (Primitivitet) del e n a m o r a m i e n t o es el nac i­
es: p or ej empl o, la i nt er ior id ad pu ed e p er ma n ec e r idéntica t a nt o si uno miento mi smo del a m o r (Elskovens). 1:1 amor(Elskov) no existe(er lil) como
sale al bal cón y co n te mp l a la no ch e estrellada, c o mo si. preso p o r la vida, algo objetivo, pero sólo se h ace objetivo c a d a vez qu e u n o se e n a m o r a , y
se ap re su ra a ec har un a t í mi d a m i r ad a a una estrella solitaria (...). El en a­ sólo existe en el e n a m o r a d o ; |el a mo r] no existe s i mp le me nt e (er ikke
m o r a m i e n t o es la c u l m i n a c i ó n en la existencia p ur a m e n t e h um ana blot). es decir, sólo para el e n a m o r a d o , sino qu e sólo existe en el e n a m o r a ­
( h u m a n e ) de un hombre, q u e es una existencia doble (Dobbelt-Eksistens) d o » ’Mfl. Esta separación, i n de pe nd e nc ia , al ej ami ent o del obj et o 1,41 a
y de aquí q ue el e n a m o r a m i e n t o signifique, por un lado, m u c h a interiori­ causa de la interioridad que d e t e r m i n a el a mo r, se a h o n d a m u c h o m á s y
d ad (meget Inderlighcd). a u n q u e | po ro t ro | sea una relación hacia fuera en con otro t al ant e en la forma t r a n s c en de nt e y/o cristiana del amor.
bus ca de la realidad (Virkelighed). La igualdad de la relación es u n amor El a m o r habí a sido descrito en s u pr imer nivel ( a m o r sensual) c o m o
feliz (Ivkkelige Elskov). M e n o s interioridad y u na p re p o n d e r a n t e (over- un mo vi mi en to de deseo (Attraa). A h or a Ki erkegaard p r o f u nd i za y
veiende) relación a la re al i dad es un a m o r (Elskov) m en os bello: u na pre­ amplía esa idea d ef i ni en do el a m o r como u n a d e te r mi na c ió n de p ur a
p on der ant e interioridad y m e n o s relación a la realidad está en la dirección interioridad. To d o está en a r m o n í a c o n su visión del a m o r dent ro de la
del a m o r infeliz (ulvkkelig Elskov)» Kierkegaard resalta el val or de la inmedi at ez y de lo estético. Por ello n o resulta ext raño que el a m o r r e a p a ­
i nt eri ori dad del amor, sin o l v i d a r que ha de h a b e r u n a conf ron taci ón con rezca en estas pági nas c o m o algo p r o p i o del poet a, el ún ico c a p a z de
la realidad, porqu e par a el e n a m o r a d o «la realidad es el m u n d o d o n de el ca pt ar la existencia con toda su p a s i ó n M2.
a m o r tiene su h o g a r » ' 115. P e r o la interioridad es i ndi spens abl e para el El cristianismo s eña la las l a g u n a s del p ri me r a m o r y muestra una
a mo r, «la perla auténtica» w . q u e u n os gu ar d an en la e s p e ra nz a y otros «interioridad m ás e n t r a ñ a b l e (I nderl ighed 0 mmere)» El a m o r ético-
en el recuer do w . cristiano posee u n a s p rop ied ad es , c o m o la decisi ón y la eter ni dad, de las
que carece el a m o r poético-pasional. En esta dialéctica ent re los valores
931 S. I'., IX. p. 246: cfr. Ib., p. 256.
932 S. V.. IX. pp. 318-319. En esle sentido el amor sí tiene esa reduplicación
(Fordoblclse n) que no poseían el profesor ni el predicador respecto de la verdad. Ib., p. 938 S. V. VII. p. 44.
320. 939 Cfr. Papirer. VII-2 B 235. p. 200.
933 Se traía de En literair Anmeldelse. To Tidsaldre. N ow lle aj borjatieren lil «en llver- 940 Ib., p. 204.
¡¡agshistorw» udgiven af J. L. Heiberg (K jobenhavn . Reitzel. 1845). anmeldt af S. Kierke­ 941 La relación entre el am or y su objeto se estudia más adelante.
gaard (K jobcnhavn. 1846) (Una crítica literaria. «Dos épocas». novela por el autor de «una 942 La interioridad del am or le pone er> a rm onía con lo estético, con lo ético y con
historia <le lodos los días», pu blicad a por.). L. Heiberg. reseñada porS. K.).Cfr.S. V, VIII. lo cristiano. Esto último lo c o m en ta m o s más tarde. Lo ético ya lo vim os ante sal relacionar
pp. 7-121. la definición de existencia con lo de amor: « E l amor está continuam ente en el esfuerzo
934 S. V.. VIII. p. 54. (derforer Kjerligheden bestandigt strabende). >> S V.. VIL p. 81. Cfr.. n. 310 de nuestra
935 Ib., pp. 54-55. obra. Kierkegaard comenta: «es decir, el sujeto pensante es existente.» S. V.. VIL p. 81. La
936 Ib., p. 55. correspondencia entre am or y subjetividad es obvia.
937 Ibidem. 943 S. V. IX. pp. 57-58.
estéticos y los crist ianos se d e b a t e el a u t o r a través de to d as las m ed i t a ­ está puesto i n c o nd i ci o na lm en t e en lo más excelso de la pasión: ser o no
ciones. d a n d o po r d e s c o n t a d a la super ior idad del a m o r cristiano. ser» Pese a que el cristianismo, tal c o m o h em os a pu n t a d o , se di stancia
Si q u e r e m o s e x a m i n a r este a su nt o con detalle, t e n d r e m o s que de esa pas ión poética profiriendo q uej as en su cont ra y elevando graves
c o m e n z a r con el p u n t o de litigio: «¿pu ed en ser el a m o r y la a mi s tad la acusaciones, na da de eso le robará s u mérito y su valor.
cús p id e del a m o r o éstos e s t ar ía n i mposibi li tados p ar a él? (Skal Elskov T a n t o e n el mov i mi en t o de la p a s i ó n c o m o en la actitud h a c i a su
og Vc n sk a b viere Kj er li g he d cn s hoieste eller de nn e Kjerlighed va;rc objeto, el a m o r es un as u nt o de i n ter ior id ad y de conc ie nci a 95\ P o r eso
al'sat)» ,>4d. La res pues ta total la c o n o c e r e m o s luego, per o p a r a p o d e r lle­ exige lo m e j o r del h o m b r e . Efe ct ivament e a lgu no s d on es h u m a n o s los
gar a ella h ay que c o n t a r c on algo en lo q ue todos o casi todos concuer- posee el h o m b r e para sí. pero el a m o r no. «El a m o r no es u n a p r op i e d a d
dan: «El a m o r y la a m i s t a d p er t enece n a la pas ió n (Elskov og Venskab (Egenskab) para-sí (forsigvasrende), s i n o u n a c ua li d ad por la cual y e n la
for ho lde r sig til L i d e n s k a b ) » 94\ cual tú eres para los otros» 954. El amor h a de a pr e nd er a confiar y esperar, a
La per te nenci a del a m o r a la pas ión es evidente. «Am or y am istad son creer en los demás. Es lo propi o de él l|'". La des co nfi an za suscita el m o v i ­
predilección y pasión de predilección (Elskov og Venskab er Forkjerlighed og miento contrario, es el inicio del atractivo p or el mal. «No creer en na da es
Forkjeligheds L id en skab )» 946. El t al ant e selectivo de la pa si ó n amorosa el just o límite en que se c o m i e n z a a c r e e r e n el mal (Ondt); lo b u e n o (det
hacia su obj et o es lo que le diferencia del a m o r crist iano y el que simul­ Gode) es el objeto de la fe y. po r ello, qui en no cree en nada co mi en z a a
t á n e a m e n t e le define c o m o a m o r en s ent ido estético-poético. «El amor creer en el mal. No creer en n ada es el c omi enz o de ser malo, pues esto
(Elskov) se apoya (er begr undet ) en un instinto, que transfigurado e n incli­ muestra que no tiene n ad a de bueno en sí, p or qu e la fe es j ust ament e lo
nación. tiene su expresión s uprema, incondicional, su única —en sentido bueno en el hombre...» Í,M\
poético i n cond ic io na l— expresi ón en que sólo existe u n único ser amado El a m o r se f u n d a m e n t a en lo h u m a n o . Pero a d e m á s el a m o r está
(en cueste Elsket) en todo el m u n d o , y que esta única vez del a m o r (Elsko- enr a iz ad o en lo más original del yo. dice u n a referencia c on s ta nt e a sí
vens) es a mo r (Elskov). es todo, mientras una segunda vez es nada...»'147. m i s m o 1’''. Este es otro de los a sp ect os s ob re los que Ki er kegaard m ás
El a m o r c o m o p as i ón es asi. N o c a b e n medi as tintas ni arreglos. Esla insistirá, a fin de dej ar bien clara su c on cep ci ón del amor.
total i nmedi at ez. Sólo c o n o c e un objeto. No quiere sa be r n a d a de otros. El cr is t ian is mo h a establecido c o m o p u n t o ob li gad o de referencia el
El a m o r afirma t a j a n t e m e n t e q u e sólo hay un ser a m a d o 94(1. «La pasión a mo r de sí mi smo, ya que a él se r emi t e el m a n d a m i e n t o s u p re m o , el
tiene si empre esta i n c o n d i c i o n a l p r op ieda d de excluir el tercero (den amor al prój imo. El pres upues to del a m o r crist iano es evidente: « q u e
udel ukker det Tredie). lo qu e quiere decir qu e el tercero (Tredie) es confu­ todo h o m b r e se a m e a sí m i s mo » 95B. A u n q u e n o h a n de d e s c u id a rs e las
sión (Forvirringcn)» ,|4". La i mp o rt an ci a de la pasi ón no puede ser nunca posibles desviaciones, es claro que en pri nci pi o se nos insta a a m a r n o s a
preterida. « A m a r sin p as ió n es i mposible» ‘'-'V Ello har á más delicada y nosotros m i s m o s 1,59.
espinosa la pol émi ca con el cristianismo. Esta convi cci ón ki erk egaar di an a es t an firmé que, en su o pi n i ó n , «el
Este a m o r hec h o de p a s i ó n es el a m o r s it uado en el d o m i n i o estético amo r (Elskov) y la ami st ad , como tales (som saaclan), no son m ás q u e el
y pertenece p r i m o r d i a l m e n t e al poeta "5I. «Esto es la poesía y su énfasis
952 Ib., p. 63.
953 Ib., pp. 62-63.
>)44 Ib., p. 58. Resalta ahora la diferencia entre F.lskov y Kjerlighed. En el arranque de 954 Ib., p. 255. Esta característica se c u m p le m e jo r e n el amor cristiano: «El cristia­
este capitulo lo vemos mejor, a un qu e sin excluir el intercambio de significado. «Se ha nismo transforma la relación entre hombre y hombre en una relación de conciencia
objetado a m enud o (...) al cristianism o que rechaza el amor y la amistad (Elskov og Vens­ (Samvittigheds-Forhold) y lo m ism o hace con el amor» S. V.. IX. p. 159. Samvirrighet/ tiene
kab).» Ib., p. 57. Kierkegaard responde: «... el cristianismo ha destronado el amor (Elskov) un sentido similar al alemán Gcwissen. Bevidsthed está más próxim o a Bewnptsein. Este
y la amistad, el amor (Kjerlighed) del instinto y de la inclinación, la predilección (Forkjer- capítulo, titulado FJ am or es un asnino de conciencia, lo leyó Kierkegaard al rey Christian
ligheden) para poner en su lugar el am or del espíritu (Aandens Kjerlighed). el amor al pró­ VIII de Dinamarca en su tercer encuentro con e l : según cuenta él mismo, «el rey se em ocionó
jimo. un amor (en Kjerlighed) que en serio y en verdad es una interioridad más entiañable mucho». Papirer. X-l A 42. pp. 31-32.
que el amor (Elskov)...» .S'. V.. IX. pp. 57-58. 955 S. V. IX. p. 255. «El a mor sólo está en u n hombre individual cuando lo está a través
945 Ib., p. 58. de otro hombre.» Es la interpretación que da a este texto K. Nordentoft. Kierkegaards Psv-
946 Ib., p. 66. Nótese la proxim id ad etimológica de Kjerlighed (amor) y Forkjerlighed kologi ( Kobenhavn. (I. E. C'. Ciad. 1972). p. 175.
(predilección). Kierkegaard utiliza los dos términos en sentido normal, sin aludir a su 956 5. V. IX. pp. 266-267.,
cercanía. 957 P. Müller hace notar también la fun d am e n tac ión kierkegaardiana del a m o r en
947 S. V. IX. p. 63. el amor a sí mismo. C Ir. P. Müller. Kristendom. elik og majeutik i Sctren Kierkegaards
948 Ibidem. «Kjerlighedcns Gjerninger» (K obenhavn. C. A. Reitzel. 1983), pp. 23. 27-31.
949 Ib., p. 64. 958 5. I . IX. p. 27.
950 Ibidem. 9 .'■9 IK. p. 28.1 nniediaiamente veremos lo s d iteren tes modos de va lora r el amor a sí. el
951 Ib., p. 58, amor propio \ el egoísmo.
a m o r de si m i s m o (Selvkjerlighed) e nn o b l e c i d o y a u m e n t a d o : p o r ello, La otra tara del a m o r predilectivo está en el m a n t e n i m i e n t o de la d i s­
¡el a m o r (Elskov) es i n n e g a b l e m e n t e la m á s h er mos a felicidad de la vida t inción ent re tuyo y mío. El p u n t o de r efere nci a sigue s i en d o el yo. « E n el
y la ami st ad el m ay or bien temporal!» %0. Pero este a m o r de sí tiene t a m ­ a m o r (Elskov) y la a mi s t a d el vuelco del a m o r (Kj erl ighedens O m v a d t -
ning) no es t an p r o f u n d o que llegue a los f u n d a m e n t o s ( G r u n d c n ) ; po r
bién sus límites.
El primero, su estrecha u n i ó n c on el a m o r c o m o predilección a p a si o­ eso p e r m a n e c e c o m o u n a p os i bi li d ad la di st inción del a m o r de sí ent re
n a d a (lidenskabelig Forkjerlighed), ya que ésta no es si no u n a for ma del tuyo y mío» %4. C u a n d o se sup er e esa frontera, se h a b r á llegado al a m o r
a m o r de sí %l. Ambos, el a m o r de sí y la predilección a p a s io na d a, no salen verdadero. «Sólo el a m o r del espíritu ( A a n d e n s Kjerlighed) t iene el
de un estrecho círculo. « D e la m i sma m an er a egoísta (selvisk) que el- coraje de no q uer er n a d a c o m o mío. el coraje de s u p r i m i r la di st in ci ón
a m o r de sí (Selvkjerlighed) se cierra en este único «sí» («Selv»), de do nd e entre tuyo y mío...» %\
vi ene el a m o r de sí (Selvkjerlighed). así de egoí st ament e (selvisk) se cie­ Ki er kegaard no niega la b o n d a d d e l a m o r a sí m i s m o ni la del a m o r
rra la predil ecci ón a p a s i o n a d a del a m o r (Elskovens) en este único en su re al izac ión estético-pasional. P r e g u n t á n d o s e e n el Journal p o r la
a m a d o (eneste Elskede) y la p re di le cc ió n a p a s i o n a d a de la a mi s tad en el fórmula m á s pl ena del a m o r (den m ee st fu ld en dt e F o rm el for at els-
ú n i co ami g o» %2. Este a m o r se p r o p o n e c o m o meta el obj et o a m a d o y lo k c ) %6. establece este orden: 1) a m a r a u no porque me hace feliz, es
l l a m a su otro yo. su ot ro «sí m i s m o » . Ese es su límite y e n ello revela que egoísmo; 2 ) a m a r sin más aña di du ras , q ue es s uperior al primero; 3 ) a m a r
está c e n t r a d o e n el yo, en sí m i s m o , que n o es sino a m o r de s í 96-'. F al ta un porque me ha hec ho infeliz, eso es u n plus. «el único, el a b s ol u t a me nt e
tercero, con c lu y e Ki er kegaard, un tercero que sea v e r d a d e r a m e n t e tú y íntimo y c o n m o v e d o r plus en relación al a m o r » 11'’7.
q u e p u e d a d a r origen al a m o r del prójimo. Esta alusión a la infelicidad, al sufrimiento que exige el amor, r e a p a r e ­
cerá con m á s frecuencia c o m o nota distintiva del a m o r cristiano.
¿Qué t ienen el a m o r r om án t i c o y el a m o r de sí. que les hace i ns at i s­
960 Ib„ p. 303. factorios y l imitados? Es su relación c o n lo t empora l, con lo caduco, con
%1 Ib., p. 67.
962 S. V. IX. pp. 67-68. La distinción terminológica es delicada y hay que el instante. «El a m o r en el s ent ido del instante, de lo ins tant án eo , n o es
interpretarla en conson a ncia con la mentalidad de Kierkegaard (n o co m o han hecho ni m á s ni m e n o s que el a m o r de sí. H a b l a r así del a m o r (Kjerlighed) es
algunos traductores). egocéntrico (selvkjerligt) y egocéntrico (selvkjerligt) |es t ambi én| g a n a r
C in c o términos parecen similares en danés, sin que evidentemente lo sean: Sehsyge. ese a pl aus o» %íi.
Egoisme. Selviskhed, Egenkjerlighed y Selvkjerlighed. Los tres primeros son equivalentes.
Sehsyge (literalmente, enferm edad del y o ) es radical y aquí la utiliza Kierkegaard en dos El a m o r q u e c a n t a n los p oet as c on t an s ub li me bel leza es el a m o r de
ocasiones (S. V. IX, pp. 16 y 300). Egoism e no está nom brado ni una .sola vez en este sí. Pero ni los poetas ni ese a m o r poseen lo eterno. «El a m o r (Elskov) no
volumen. Selviskhed (que también significa egoísmo) sí está citado (Ib., pp. 116 y 408). Su es todavía lo eterno, es el h e r m o s o vért igo de la infinitud...» 'm. En el é x ta ­
adjetivo y adverbio (selvisk) es más frecuente, c o m o lo vem os en el texto que
sis de su ent rega los e n a m o r a d o s se j u r a n fidelidad eterna, m a s este
com entam os.
Egen kjerlighed es am or propio en el sentido castellano habitual y sólo aparece una vez a m o r i n m e d i a t o ( u m i d d e l b a r Kj er li ghe d) j a m á s a l c a n z a r á la e ter ni dad ;
en esta obra, la que citaremos de inmediato. a no ser c o m o ilusión ,>7n.
Selvkjerlighed (am or de sí) tiene norm alm ente significado general y/o positivo. Así es P ar a llegar a la e t er ni dad ha de seguirse u n a ruta m á s p r of und a. Esta
c o m o ha de entenderse casi siempre — c re em o s— en el contexto de estas páginas
es la que Ki er kegaard prop on e: « C o m p r e n d e r á s lo eterno, c u a n d o 1c
estudiadas.
En m uchos m om entos el autor coloca juntos dos de estos términos para precisar su rodees de silencio y concentres toda t u atención en la interioridad» 1,7
idea. Por ejemplo, en S. V. IX, p. 300: «... buscar lo suyo es amor de sí (Selvkjerlighed),
am or propio (Egcnkjerlighed), e g o ís m o (Selvsyge).» En cambio, en otro pasaje el
e g o ís m o es un grado inferior al am or de sí: «El hombre se equivoca c uand o llama amor 964 I b . , p. 303.
(Kjerlighed) a lo que propiamente es a m o r de sí (Selvkjerlighed), c uand o asegura bien 965 «Con lo que gana a Dios, mientras pierde su alma», termina Kierkegaard. S. V..
alto que no pu ede vivir sin el a m ad o y no quiere oír nada de que la tarea y exigencia del IX. p. 305.
am or (Kjerlighed) es negarse a sí m is m o y despojarse de este amor de sí del amor 966 Papirer. VIII-I A 680. p. 325.
(Elskovens Selvkjerlighed). El hom bre se equivoca cuando llama con el nombre de amor 967 I b ., p. 326.
(Kjerlighedens N a v n ) a lo que son débiles indulgencias, lamen taciones corruptas, acuer­ 968 S. V.. I X . pp. 416-417.' Ohsérvese la dificultad de traducir selvkjerligt.
dos funestos, naturaleza orgullosa. u n io n e s del egoísmo (Selvsygens Forbindelser)...» Ib., 969 I b . , p. 29.
p. 16. EnS. V. II.p. 293diferencia netam ente el cgo ísm o(E g oism c)d el amor desí(Selvkjer- 970 Ib., p. 43. El amor está en permanente dialéctica entre lo estético-pasional y la
¡ighed), que dice una referencia legítima al propio yo. Al margen de esta discutida termino­ interioridad. Wahl advierte que. para Kierkegaard, no hay pasión sin decisión y q u e la
logía, au nque sin menospreciarla, por supuesto, traducimos siempre Selvkjerlighed por decisión es una elección hacia dentro. J. Wahl. Eludes kierkegaardienncs. p. 264.
am or de si. 971 5. V. I X . p. 374.
963 S. V. IX, p. 68.
2. El am or como deber necesita c a m b i a r de acento. Su cóm o (hvorledes) ha de ser p r o n u n c i a d o
de u n a m a n e r a m á s i nt ens a y p e r d u r a b l e par a qu e a d q u i e r a la categoría
En la S e gu n da Part e de Enten-Eller describía Kierkegaard las ca rac­ de a m o r aut ént ico 982. El deber es q u i e n propi ci a y consi gue la t r an s fo r­
terísticas singul ares del d e b e r en c o n f ro n t ac i ón con lo estético. m ac ió n del a m o r romántico. El a m o r poético cons erva las a pa r i e n ci a s
El d ebe r ha sido p r e s e n t a d o c o m o algo que está en r up t ur a con lo de e ter ni dad p o r la energía, el c o r aj e y la pas ión con q u e es a b r a z a d o . Es
bello, lo esp ecí fi came nt e estético, Es cierto que lo ético, la esfera del u n a i mp res i ón falaz. Sólo el d e b e r p u e d e p o n e r el sello de la e ter ni dad.
deber, está más allá de la simple, directa y exterior i mp res ión de la El poeta j a m á s lo entenderá, p u e s ni siquiera soport a la p al a b r a debes
belleza estética. Pero eso no legitima a q ui en pretende convert ir el deber (skal) 98-\
en algo antiestético o a b u r r i d o 97:. El a m o r i nm edi at o está sujeto a mutaciones, puede cambiarse (Joran-
El d e b e r indica u n a relación m ás interior (iiídvortes F o r ho l d ) 97\ Es dres) 984. Pero c u a n d o el a m o r s e v uel ve deber, acontece en él la transf igu­
el distintivo de lo ético. «El individuo ético no tiene el deber fuera de sí. sino ración de la et erni dad y queda al a br igo de toda p r u e ba 98-\ La d es e sp er a­
en sí».'*7'1. Lo ético surge de la profundidad 97> y con tanta fuerza que hace ción no hace mella en él m\ El a m o r - d e b e r adqui ere la eterna seguridad
al i nd i vi du o t r a n s p a r e n t e a sí m i s mo (sig selv g j en n e m s i g t i g t ) 976. que le libera de la a n g u s t i a 987.
El d e b e r ético a s u m e el propi o yo de u n a m a n e r a m ás seria que Pod rí a acontecer, y acontece, q u e el a m o r i n m e d i a t o variase t anto
nadie, pues se t o ma c o m o tarca (Opgave) a s^i m i s m o 977. «Aquí cobr a la que se convirtiera en su antítesis, el odio, «pues el o di o es un a m o r (Kjer­
p e r s o n a l i d a d ( P er so n l i g h e d e n ) su m á s alto v a l o r » 9™. lighed) que se ha hec h o su con t ra r io , u n a m o r que se h a h u n d i d o (er
Ki er kegaa rd inserta el d e be r en el núcleo de su reflexión sobre el gaaet til G r und e) » 98S. En ese e s pe ji s mo qui zás al gui en p ud i er a creer que
a m o r c o m o un p as o f u n d a m e n t a l hac ia el mi smo, hac ia su m á s íntima el p r i m e r a m o r es m á s fuerte, ya q u e es c a p az de a m b a s cosas: a m a r y
esencia. «Tu debes a m a r » (du «skal» elske). es el título de su segunda odiar. Es u n a fantasía. N a d a hay m ás vigoroso q u e lo i n mu ta bl e: «el
m ed it aci ón en Kjerlighedens Gjerninger. insistiendo hasta m a t e r i a l m e n ­ a m o r v er d a d e r o (s and e Kjerlighed), q u e ha sufrido la t r a n s f o r m a c i ó n de
t e 979 en la nueva fuerza y c on t e n i d o que adqui er e el a m o r con el la e t er ni dad h a c ié n do s e deber, no c a m b i a nun ca , es t o ta l m e n t e simple,
deber. a m a —y no odia j am ás , no odia j a m á s — al a m a d o » 989 El a m o r - d e b e r se
D e c í a m o s ant es que el a m o r poético carecía de ver dader a eternidad. a r m o n i z a p er fec ta me nt e co n la e te r n i d a d , pues tiene la r e du pl ic a ci ó n
Es u n a flor t em po ra l que. n a d a más nacer, ya está l a n g ui d ec ie n do y m a r ­ hacia el interior y hac ia el exterior p r o p i a de ella 99°.
c hi t án d o s e 9K". El a m o r real ha de pos eer la et er ni dad dent ro de sí. ha de N a d i e ha de t e me r que el a m o r convert ido en d e b e r p i er da belleza.
ser d u e ñ o de u n a vida q u e no se aja. q ue es eterna 9X1. El a m o r r ománt ico C u a n d o se a s u m e el deber, brota u n vigor renovado, surge el coraj e nec e­
sario p a r a d es c ub ri r lo eterno y lo b el l o a un t iempo, es decir, la belleza
972 .V. V. II. pp. 274-275.
973 Ib., p. 275.
que no tiene fin La et er ni dad const it uye, entonces, la v e r da de r a esta­
974 Ib., p. 277. ción (Aarstid) del a m o r 992, aun sin n e ga r que el a m o r estético es el m á s
915 Ibidem. bello, a u n q u e frágil, i nvent o de la t e m p o r a l i d a d 993.
976 .S'. V. II. p. 274. Algo s i m il ar se co ns tat a si c o n f r o n t a m o s el a m o r - d e b e r c on la liber­
977 Ib., p. 278.
tad. Esa necesidad esencial en q u e co n si s te el a m o r es s i m u l t á n e a m e n t e
978 Ib., p. 285. M. Alvarez ofrece unas interesantes precisiones sobre el sentido
hegeliano de la referencia a sí m ism o en su critica a la autonom ía kantiana. «La posición libertad. En el a m o r estético la r e l a ci ó n al obj et o a c ab a s iendo frecuen­
de Hegel es peculiar, puesto que va a intentar reconstruir la idea de un orden racional t ement e u n a relación de d e p e n d e n c i a , pues el sujeto no p u ed e vivir sin el
objetivo y universal, pero sobre la base de la autonomía del sujeto, que es preciso
reconocer sin restricción alguna.» M. Alvarez G óm ez. «F undam entación lógica del
982 Ib., pp. 22-23.
deber ser en Hegel». p. 198: cfr. pp. 197-201. Sería necesario discutir en detalle las
983 Ib., pp. 42-43.
protestas de Kierkegaard contra Hegel por hab er desvirtuado lo ético. Cfr. S. V. VIL p.
984 5. V. IX. p. 43,
llS s.
979 El autor entrecomilla en el título el verbo skal que. además del tuturo, indica en 985 Ib., p. 44.
danés la noción de deber o de lo que ha de hacerse. Luego subrayará (en las siguientes 986 Ib., p. 53.
m editaciones) «el prójimo» y «tú», explicand o cada uno. 987 Ib., p. 45.
Este capítulo está orientado a demostrar qué sentido tiene hablar del deber en el do­ 988 Ib., p. 46.
minio del amor. Kierkegaard es perfectamente consciente de la facilidad con que se les 989 Ib., pp. 46-47.
ha separado en la historia de la ética y de las religiones. Cfr. R. Larrañeta, Una moraI de 990 Ib., p. 318.
felicidad (Salam anca. San Esteban. 1979). p. 273 s. 991 S. K, II, p. 297.
980 S. V. IX. p. 16. 992 5. V. IX. p. 35:
981 Ib., p. 19. 993 Ibidem.
a m a d o . Esto n o s ucede c u a n d o el d e b e r está presente. «El a m o r que ha entre a m o r y deber. «El h egeli ano que h a b í a en Ki erkegaard se las inge­
sufrido el c a m b i o de e t e r n i d a d h a c i é n d o s e d e b e r — Ki er keg aa rd repite nia par a s u p e r a r l a c on t r a d i c c i ó n ent re el «tú debes» del m a n d a m i e n t o y
esa exp res ión varias veces— y q u e a m a p o r qu e debe a m a r , este a m o r es el a m o r q ue es el c o n t e n i d o de ese deber: el a m o r no pu ed e s e r o b i e t o de
i n d e p e n d i e n t e y tiene la ley de su existencia en la relación m i s m a del u n a orden. Pero j u s t a m e n t e esta i mp os ibi l id ad , y no sus cons ecuenc ia s,
a m o r a lo et erno» se le convi er ten en el núcleo de! m a n d a m i e n t o . Puesto que el a m o r no
Este a m o r p r e ñ a d o de e t e r n i d a d da libertad. «Sólo c u a n d o a m a r e s pu ed e ser debido, j u s t a me nt e p o r e s o debes a m a r : allí radica el a bs ur do,
u n deber, sólo e nt on ce s el a m o r se hac e e t er n a m e n t e libre en u n a feliz «el nauf ragi o de lo f i ni t oe n lo i nfi ni to » q u e Ki er keg aa rd t a m b i é n hipos-
independencia» Lo q ue l ibera a! a m o r es el tú debes, que lo des vi n­ tasia en la filosofía moral. Pero al s e r c o n d e n a d o en r azón de su i mpo si ­
cul a i ncl us o de su o bj et o "1"'. bilidad. el m a n d a m i e n t o del a m o r conc luye en la anu lac ión del a m o r y
El a m o r c onve rt ido en d e b e r c om p o r t a difíciles consecuencias. en la p r o m u l g a c i ó n de un d i c t a m e n ciego...» ""i:.
La m á s i m po rt an te, c u a n d o el d e b e r se ac ent úa, c u a n d o se s u b ra y a el E vi dent emen te estos juicios s o n muy serios y no p ueden ser t o m a d o s
debes del amo r. De i n m e d i a t o ap ar ec e el queha cer , la tarea m o ra l (sasde- a la ligera, a u n q u e está claro q u e no es así c o m o h em o s des cub ie rt o a
lige Opgave). aquell a q u e es «el pr inci pi o de todas las t a r e a s » 9"7. Kierkegaard en esta obra. No le falta un poco de r azón a F r i cm o n d .
C o n ella se desvela la faz m á s a r d u a del a m o r con sello de eternidad: c u a n d o seña la que A d o r n o no h a e n t e n d i d o a Ki er kegaard y ha desvir­
el a m o r de la n egaci ón de si m i s m o (Selvfornegtelsens K j e r l i g h e d ) 99,i. t uado el c on t e n i d o k i e r ke g aa r di an o de las categorías de interioridad IIH'.
Esta n e g a ci ó n de sí es la fo rma esencial del a m o r crist iano w e implica M a s no sólo eso.
u n a acti tud de p r o f u n d a t r a n s m u t a c i ó n de aquel a m o r de sí (Selvkjerlig­ C o m e n c e m o s p o r lo que m á s le duel e a Adorno, o sea. la relación
hed) q ue f u n d a m e n t a b a todo amor. entre razón y fe. Según él. Ki er kegaa rd tenía que h a b e r s it uado t odas sus
El m e n s a j e c ris ti an o h a b l a ele esta r e nu n ci a a sí en el a m o r al pr ó­ categorías pr imor di al es , co mo el salto y la p ar a d o j a , en el á m b i t o de la
jimo. Ant es de ver su signi fi cado y su relación con el a m o r h u m a n o y teología y no h a b e r l a s p r e s e n t a d o c o m o d ed u c c i o n e s filosóficas, a fin de
estético, h a g a m o s un b reve parént esi s p a r a c o n tr a st ar el s ent i do del c onc lui r que son lo m á s propi o del cr is t ian is mo "°4. Si hu bi es e o b r a d o
a m o r c o m o deber. así. se c o m p r e n d e r í a muy bien q u e su tesis de la subjetividad c o m o ver­
A d o r n o escribió un artículo l0"°, d o n d e criticaba con b as t an t e radica- dad «se c on s ub s t a n c i a con el p roc es o vivo de la /¿>» l0l’\
l idad esta c onc epci ón del a m o r - d e b e r e n S 0 ren Kierkegaard. N a d a de esto p u e d e negarse r o t u n d a m e n t e e n Ki erkegaard. ni t a m ­
P ara A d or no , K i er keg aa rd ha s it uad o el a m o r en el m i s m o nivel de poco sería b u e n o o c u l t a r las p a r a d o j a s a q u e c o n d u c e su dialéctica. Pero
r up tu ra co n lo natural q u e la fe exige a la razón. El credo quia absurdum , h e mo s de ser h on es to s con su post ura.
q u e K ie r ke ga a rd a s u m e c o m o algo posible y ac ept abl e d en tr o de su p e n ­ Ki er kegaard no presenta la acti tud de la r a zón c o m o u n a entrega
sami ent o. deriva dent ro del c a m p o afectivo en am o quia absurdum. El fanática al a b s u r d o , al estilo de a l g u n o s creyentes de a n t a ñ o y de la
a m a n t e «d eb e m a n t e n e r c on tr a toda r a z ón —o m ás pre ci sament e contra a c tu a li da d |ll0\ Ki er kegaa rd d ej a llegar a la r a z ó n hasta s u « p un to
toda experiencia psicológica, cont ra t odo conoc imi ent o h u m a n o que en extremo». Es en este m o m e n t o c u a n d o se topa co n algo desconoci do,
c u a n t o c o n oc i mi e nt o o experi enci a m u n d a n a s están relegados— su fe en que no c o r r e s p o n d e a n i ngún c o n c e p t o objetivo. La vía objetiva q ue da
la p e r so na a m a d a , a u n q u e esa cr eencia ca rezca de todo f un d a me n t o como de te ni da y s u s p en d i d a en la i n c e r t i d u m b r e (Uvished). Viéndose
objetivo» "K". en esta sit uaci ón i na ba r ca bl e p a r a ella, la r azó n calla. En esta frontera
Este cont raste entre las d e m a n d a s de la d i n á m i c a p ro pi a del a m o r y del c o n o c i m i e n t o sólo se le pide « c o m p r e n d e r q u e no pu ed e c o m p r e n ­
el c u m p l i m i e n t o qu e le da Ki erkegaard, se hace más ag ud o c u a n d o se der» "m . Esto no es u na entrega al ab s ur d o, sino un gesto de pro fu n da
define el a m o r c o m o deber. A d o r n o d e n u n c i a esa falsa conciliación
1002 Ib., p. 240.
994 S. K. IX. p. 51. 1003 H. Fricmond. Existenz in Liebe nach Soren Kierkegaard. p. 135.
995 Ibidem. 1004 T. W. Adorno. La construcción d e lo estético, p. 236.
996 Ib., pp. 51-52. 1005 Ib., p. 235.
997 Ib., p. 65. 1006 Kierkegaard cita-la expresión tic Tertuliano «credo quia absurdum» diciendo
998 Ib., p. 66. que expresa el desp recio por cada m o m e n t o del c o n o c im ien to en cuanto e s puramente
999 Ib., p. 70. humano. Papirer. II A 467. p. 180. En otros lugares elogia al m ism o autor. Cfr. Papirer. X-4
1000 Cfr. T. W. Adorno. «Kierkegaards Lehre von der Liebe», publicado originalmente A 137. pp. 79-80: X-5 A 98. p. 114. Ya c o n o c e m o s el sentido (difícil) del absurdo en Kier­
en Zeitschrift fiir Retigions und Geistesgeschichte. 3 (195 i ). pp. 23-38. Luego apareció com o apéndice kegaard. Salto, paradoja y absurdo no quieren indicar una ruptura simple del proceso ra­
del libro Kierkegaard. La construcción d é lo estético. Nuestras citas remiten a este último. cional-objetivo. sino un ahon da m ien to e n la interioridad.
1001 T. W. Adorno. La construcción d e la estético, p. 238. 1007 S. V.. VIL p. 200.
a d mi r a c i ó n ante lo t r eme ndo, lo misterioso, lo fascinante, lo inefable
niega el amor. Pero en su s u p r e m a r eal i zac ió n el d e b e r del a m o r es algo
—categorías pertenecientes todas ellas al m u n d o de la f e nome nol ogía—
más. « D u skal» (tú debes) se dice del a m o r pl eno. Y ese «skal» (debes) es
q u e está e n t r a ñ a b l e m e n t e v i n c u l a d o a lo afectivo, tal c o m o indica el
s iempre p er sonal , exige u n sujeto qu e lo p ro n un c ie . N i n gú n h o m b r e es
m i s m o Ki er keg aa rd "lll\ .
c a p a z de ello. Sólo Dios tiene p o d e r y categoría suficientes para i n t e rp e­
Es en este i ns tant e c u a n d o emer ge la fe. La fe n o está en el do mi n io
lar con ese « D u » del «skal».
de la razón, si no en el de la decisión. La decisión es q ui en realiza la
T o d o esto nos i n tr od uc e de l l e n o en la esfera religiosa. C h o c a r e m o s
a p r o p i a c i ó n a p a s i o n a d a de la i n ter io ri dad Esla decisión es un sallo.
otra vez con la dificultad de e n t e n d e r ese «s al t o» desde la filosofía. Ya lo
carece de f u n d a m e n t o ra ci on al suficiente. Claro, q u e t a m p o c o las d emás
h ab ía previsto Kierkegaard.
decisi ones cualitativas lo tienen. T o d a decisión es una ruptura con la
esfera inferior. Lo q u e distingue, sin e mb ar g o, a la fe de c ua lq u ie r otra
decisi ón es su c a rá c t e r p ar a dó ji co , la p a ra do j a absol ut a p rov oc ada en la 3. El am or separado de su objeto
ra zón, el e sc á n d a l o sus ci t ado en ella.
Estas reflexiones son fr onte ri zas entre la filosofía y la teología, la «Si am ar no fuera deber, tam poco existiría el concepto tí,' prójimo; sólo
r a z ón y la religión, per o es a hí d o n d e Ki erkegaard sitúa su pens ami ento. cuando se am a al prójimo, sólo entonces se anula lo egoísta (det Selviske) de la
F u e r a de ese d o m i n i o la d is cu s ió n será si empre compl ej a. El a m o r está predilección y se conserva la igualdad de lo eterno» 101Con esta af ir maci ón
en u n proceso a n á l o g o y en u n a sit uaci ón fronteriza similar. Lejos de pasa Kierkegaard del concepto d e d eber al de p r ój i mo en el t r a t a d o del
ella ni A d o r n o ni n ad i e p o d r á n e n t e n d e r n u n c a los e s q u e m a s kierke­ amor. El p r ój i mo significa la s u p er a c i ón del egoísmo y el advenimi ent o
g a a r d i a n o s y el a l c a n c e de sus propuestas. de la igualdad; estos son los p r i m e r o s rasgos de ese a m o r que ha i ns tau­
P r os i ga mo s con el d i s cu rs o de Kierkegaard. rado el cristianismo.
El a m o r estético está en la p u r a i nmediatez. ¿Qué le falta a esta esté­ P r e gu n t an d o qui én es el p r ó j i m o u n a s p á g i n a s más atrás. Kierke­
tica vital, cuyos valores son i mpr es ci n di b le s para q u e exista el am or ? Le gaard responde: «La p al abr a vi ene e v id en t eme n te de lo más cercano
falta i nterioridad. (naermeste); el p rój imo es así q u i e n está m á s cerca de ti que todos los de­
El salto a la i n te ri o ri d ad se efectúa de nuevo en el vacío. Pese a los más, pero no en el s ent ido de u n a predil ecci ón; pues a m a r a q u i e n en
riesgos, hay que o l v id ar los t em or e s de Lessing """ e i n t e nt ar ese salto, este s ent ido de p r edi le cci ón está m á s cerca de ti q u e de todos los d e má s
c o n s e r v a n d o las r i q ue z as del a m o r románt ico. Esto lo logra, c o mo t a n ­ es a m o r de sí (Selvkjerlighed) (...). El co nc e pt o de ‘prójimo' es p r o p i a ­
tas veces h e m o s di cho, la decisión. La decisión transfigura el a m o r t em­ ment e la redupli caci ón d e tu p r o p i o yo; ‘el p r ó j i m o ’ es lo que los p e n s a ­
p ora l e i n me d i a t o y lo hac e eterno. Este a f i a n z a m i e n t o en la eternidad dores q ue r rí an l l a m a r l o otro (det Andet), a qu e l l o en lo que el egoí smo del
a m o r de sí (det Selviske i Serlvkjerlighed) será prob ado »
no se consigue en virtud de las excelentes c u a li d ad es del objeto hallado,
El a m o r al p ró ji mo está en r el ac ió n co n el a m o r de sí, pero s u p e r a n ­
si no —al igual que la fe— en virtud de u na decisión que nos inserta
do las li mitaciones e i mpotenci as de este úl timo. «El ‘p rój imo’ está en la
en lo eterno.
vida tan cerca del a m o r de sí (Serlvkjerlighed) c om o es posible; si hay
La decisión a b s o l u t a q u e t r a n s f o r m a el a m o r des de la i n ter io ri dade s
dos hombres, el otro es el prójimo; si hay millones, ca da uno de éstos es
lo q ue Ki erkegaard l l ama deber. Este a m o r - d e b e r no es u n a recaída en el
el prójimo...» Iftl4. Por otro lado, el a m o r al p r ó j i m o sup on e algo f u n d a ­
a bs ur do, ni siquiera la nega ci ón de los valores estéticos o el olvido de «si
ment al respecto del a m o r de sí m i s m o : que c a d a u n o h aya a pr e n d i d o a
m is mo ». Lo ve r em os m ej o r al h a b l a r del a m o r al prój imo. Este deber,
a m ar s e de m o d o correcto. Esto lo l ogra c u a n d o s uper a el apego al propi o
l ej an o y o pues to al k a n t i a n o , es u n a r eafi rmaci ón del a m o r "m.
yo y se vincula al otro de m a n e r a p r o f un da . L a n o r m a sería ésta: «tú
La i m p r on t a del d e be r q ue Ki er kegaa rd i m p r i m e al a mo r, volvién­
debes am ar t e a ti m i s m o tal como t ú a m a s al pr ój imo, c u a n d o le a m a s a él
d ol o infinito, no t iene s ent ido i m pe r s o n a l o abstracto. El d eb er ético no
como a ti mismo» l015. En u n solo t é rm i no están estrechamente unidos a m ­
bos amores, a u n q u e an tes ya los h a b í a m o s visto a b r az a do s en el «tú
1008 S. V. IV. pp. 232. 241 debes» del a m o r l0l<1. En el Journal a ú n se expresa c on más radicalidad:
1009 .S. I.’. Vil. p. 189. «Explicar Id decisivo — dice mas adelanie— es hacer de él un
término retórico, negarlo.» « C u an d o el cristianismo quiere ser para el sujeto existente la
decisión eterna y la especulación explica la decisión c o m o si fuera relativa, entonces no 1012 5. V. IX. p. 57.
explica el cristianismo, s in o que lo rectifica.» Ib., p. 207, 1013 Ib., p. 31. Alude a Hegel. Cfr. G. W. F. Hegel, Wissenschaft der L ogik. pp.
1010 Cfr. pp. 60 s. ele nuestra obra. 132-139.
1011 El amor se sitúa también en el d om in io de la paradójico, tal com o lo ha seña­ 1014 S. V. IX. p. 32.
lado G. Masi. «II significato cristiano dcll'amore in Kierkegaard». p. 23.1 1015 Ib., p. 33.
1016 Ib., p. 34.
«En general no existe pr ój imo, p o r qu e yo (Jeget) es a la vez u n o mismo am able (elskelig) por m ucho que éste cam bie» 1025. Esto convierte el a m o r en
(sig selv) y su prójimo...» I("7. algo i nmuta ble , p or qu e n a d a p uede m ud ar lo , y en algo ilimitado, p o r ­
La relación al otro no d i s m i n u y e el valor del propi o yo: al contrario, que su objeto está m ás allá de lo visible l026.
lo lleva a su plenitud. La infi ni tud i ns on dabl e que es c a d a yo se hace El a m o r logrará lo que n in g un a p r o c l a m a revolucionaria consiguió:
mayo r, «se vuelve infinita p o r s e g u nd a vez ( a n d e n G a n g uendeli g- la a bs ol ut a igualdad. El crist iani smo deja subsistir todas las diferencias
gj 0 rt)» c u a n d o ama. A m a r es d a r infinitamente y al m is mo tiempo del p ró j i m o y puede hacerlo, p r eci s am ent e p o r q u e el m a n d a m i e n t o del
co nt ra e r u n a d e u d a infinita 10w. a m o r impli ca la i gualdad l027. « A m a r al p r ój i mo es querer estar e s e n ci a l ­
El t ér mi no revelar ( a a b e n b a r e ) expresa la p r o f u n d i d a d de esta m u t a ­ ment e i n c o n d i c i o n a d o en igual m e d i d a p a r a todo hombre, p e r m a n e ­
ción del amor. Entre el sujeto y el objeto de a m o r hay c o mo u n a mutua c ie n d o en su di fer enci a terrestre, la q u e está a s i g n a d a a cada u n o » l028.
revelación. A m a n t e y a m a d o se revelan recíprocamente. « C o m o a m a r El e sq u ema del a m o r al prój imo trastoca po r comp let o las categorías
quiere decir que el otro se revela (bliver aabenbar ), así t a m b i é n [y] n a t u ­ corrientes del amor. En la a n t i g ü e d a d se p r o p o n í a c o m o objeto propi o
ral me nt e significa que u n o se revela a sí mi smo ( ma n selv bliver a a b e n ­ del a m o r la belleza, lo bello. El cr is t ian is mo invirtió los t érminos y r a di ­
bar)» ,,)2°. calizó has ta el extremo los ideales socráticos, p r o p o n i e n d o corno ideal
Esto nos lleva al pun to central de la reflexión k ierke gaar dia na sobre a m a r lo feo. Ante un objeto poco o n a d a atractivo se desvelaría m e j o r la
el a m o r al prójimo: la relación al objeto amado. nat ura leza del a m o r E s t e es el s ent ido de su medi taci ón s obre el
N o r m a l m e n t e se define el a m o r p or las cuali dades del objeto a mado . a m o r a los muertos. Ellos no p u e d e n c o r r e sp on d er l0M. El mo vi mi en t o
Ya lo h a b í a m o s visto al h a b l a r de la renunci a al a m o r po r parte del jo­ de a m o r se muest ra en su total p ur e z a . «El silogismo es éste: el a m o r
ven in21. Este j uicio lo equivoca todo. El verdadero esfuerzo ha de consi s­ (Kjerlighed) (es decir, el verdadero a m o r (sand Kjerlighed). no el a m o r de
tir en b u s c a r a q u e l l o qu e c on vi er t e el a m o r en a m o r l022. Es el distintivo sí (Selvkjerlighed) que a m a sólo lo d is tingui do, lo excelente, ele., y que
del a m o r al prójimo. «Res pec to del a m o r al p rój imo no hay m á s que est ri ct amente es a m o r a sí mismo) se r elaci ona inversament e con la g r a n ­
una sola pregunta, la del a m o r (om Kjerlighed), y una sola respuesta de deza y excelencia del objeto» i0-11.
eternidad: ésta es el amor: pues este a m o r al prój imo se relaciona [con Ki erkegaard construye un nuevo b a r e m o de a m o r p a r a reflejar bien
otros amores) como una especie de a m o r a otras especies. El a m o r (Elskov) la i nvers ión provo cad a po r el