You are on page 1of 519

Chile y Perú.

Historia de sus relaciones diplomáticas


entre 1879 y 1929

Juan José Fernandez Valdés

CAPÍTULO I
EL INICIO DE LA GUERRA DEL PACÍFICO
1. BOLIVIA VIOLA EL TRATADO DE 1874
2. CHILE DECLARA LA GUERRA A PERÚ Y BOLIVIA
3. PRIMERAS REACCIONES DE LOS NEUTRALES
4. GESTIÓN ESPONTÁNEA DEL MINISTRO NORTEAMERICANO EN LA PAZ
5. LAS CONFERENCIAS DE ARICA
6. LA OCUPACIÓN DE LIMA Y LA INSTALACIÓN DEL GOBIERNO PROVISORIO DE GARCÍA CALDERÓN
7. BOTÍN DE GUERRA. LIBROS PERUANOS A CHILE
8. EL DEPARTAMENTO DE ESTADO Y EL PRESIDENTE GARCÍA CALDERÓN
9. EL CRÉDITO INDUSTRIAL Y LA COMPAÑÍA PERUANA
10. ESTADOS UNIDOS DESIGNA NUEVOS AGENTES EN LIMA Y SANTIAGO
11. HULBURT EN ACCIÓN. ENFERMEDAD Y MUERTE DE KILPATRICK

1. BOLIVIA VIOLA EL TRATADO DE 1874


Las primeras Constituciones señalaron que el territorio nacional se extendía desde el
desierto de Atacama hasta el Cabo de Hornos. Diferentes estudiosos han sostenido que
incluiría todo el despoblado1. Por su parte, el internacionalista y diplomático peruano Víctor
Maúrtua, en su alegato por cuestiones limítrofes con Bolivia, expresó que la Audiencia de
Lima limitaba con el reino de Chile, o sea, el deslinde se encontraba en el paralelo 21º, en
la desembocadura del río Loa2. Empero, historiadores bolivianos afirman que la de Charcas,
antecesora de su patria, poseía costas en el Océano Pacífico, a partir de dicho río y hasta el
límite con Chile, en el paralelo 26º 3. Entre otros antecedentes, se apoyan en un mapa de la
provincia de Potosí, dibujado por Hilario Malaver, en 1787, que demostraba que la
Capitanía General de Chile limitaba con la Audiencia de Charcas en el río Salado, cerca del
paralelo 26º15’, a corta distancia de Copiapó. Charcas accedería, pues, al Océano Pacífico 4.
En el diferendo limítrofe chileno-argentino que se sometió al arbitraje del Gobierno
británico, en 1896, La Moneda consignó que la República de Bolivia —heredera de Charcas
— llegaba hasta el mar Pacífico en el territorio de Atacama, “al norte de los límites de

1
1 Jaime Eyzaguirre: “Breve historia de las fronteras de Chile”. Editorial. Universitaria. 20ª edición. Santiago. 1991.
2
2 Víctor Maúrtua: “Juicios de límites entre el Perú y Bolivia”. Barcelona, 1906. Tomo 3º, págs. 145 y 146. Citado por Raúl
Bazán Dávila en “El patrimonio territorial que recibimos del Reino de Chile”. Pág. 283.
3
3 Santiago Benadava: “Historia de las fronteras de Chile”. Editorial Universitaria. Santiago. 1993. Pág. 17.
4
4 William Jefferson Dennis: “Documentary history of the Tacna-Arica dispute”. Kennikat Press. Washington. 1927. Pág. 30.
Chile”5. Se apoyó en la demarcación establecida en la reputada cartografía de Cano y
Olmedilla, de 1775. Según esta, Charcas tuvo mar desde la época colonial 6.
Como consecuencia de la guerra con España, en que Santiago y La Paz fueron aliados,
juntos con Perú y Ecuador, estas controvertidas apreciaciones se zanjaron finalmente por el
pacto de 1866, que estableció la frontera en el paralelo 24º, y luego el de 1874 confirmó
aquella, así como dio término al condominio económico que se estableció en el del ‘66. A
cambio de esto, por un período de veinticinco años, Bolivia se comprometió a que “las
personas, industrias y capitales chilenos” situados en la zona que Chile renunció al norte
del paralelo 24º, no quedarían “sujetas a más contribuciones de cualquiera clase que sean,
que a las que al presente existan”. Se acordó, también, el arbitraje, en el caso de que
surgiesen cuestiones provenientes de la inteligencia y ejecución de aquel instrumento.
La historiografía peruano-boliviana ha intentado demostrar que Chile era una nación sin
destino económico. Por esta causa, habría buscado su expansión hacia Bolivia y Perú 7, y
ocupado tierras que nunca le pertenecieron.
Pero, es oportuno indicar que esta no fue una política de Estado, sino que correspondió a
la acción privada de sus hombres de empresa y de sus trabajadores.
Los hechos tampoco coinciden con esta aseveración acerca de la pobreza chilena. Por el
contrario, en 1832, fue descubierto el rico mineral de plata en Chañarcillo, cerca de
Copiapó. Poco después, José Tomás Urmeneta explotó una valiosa veta de cobre en
Tamaya, que le significó pasar a ser el primer productor de ese mineral a nivel mundial.
Más al sur, Matías Cousiño desarrolló el carbón, que mutatis mutandi podría equipararse
con lo que actualmente es el petróleo. Tampoco podemos olvidar la agricultura de la zona
central. Pero, más importante aún, fue la estabilidad institucional que reinó por varias
décadas, a la par que la existencia de una elite que supo respetarla.
Apoyados por estos factores, como ya señalamos, nuestros empresarios se establecieron
en el despoblado de Atacama, a partir de 1830, prácticamente deshabitado y en apariencia
sin valor. Descubrieron grandes riquezas que convirtieron pronto en una fuente de
considerables recursos. Junto con nuestros obreros, pasaron a constituir allí la presencia
humana más importante.
La boliviana no pasaba de unos cuantos funcionarios. Atraídos por aquéllas —plata, guano
y salitre— se crearon cuantiosas fortunas en Chile, así como se pagaron mejores salarios a
los trabajadores, por lo general, mal remunerados en las haciendas de la zona central. La
situación de la provincia peruana de Tarapacá era un tanto diferente. Recientes
investigaciones señalan que previamente a la Guerra del Pacífico, pertenecía a sus
nacionales un poco más de la mitad de las empresas salitreras y alrededor de un quinto a
chilenos.

5
5 “Exposición que por parte de Chile y en respuesta de la Exposición Argentina se somete al Tribunal que constituyó el
Gobierno de S.M. británica en su carácter de Árbitro nombrado por el Acuerdo de 17 de abril de 1896”. París. 1902.
6
6 El Mercurio, Santiago, 19-1-2004. Carta del Académico José Miguel Barros a dicho periódico.
7
7 Sergio Villalobos E.: “Chile y Perú. La historia que nos une y nos separa 1535-1883”. Editorial Universitaria. Santiago.
2002. Pág. 86 y ss. Contradice al historiador boliviano, Valentín Abecia, que en “Historia de las relaciones diplomáticas de
Bolivia”, sostiene que Chile se expandió hacia el norte a causa de la paralización de su desarrollo económico.
Los británicos poseían cerca de un 13.5% y los alemanes un 8% 8.
En 1876, el Presidente de Bolivia, Tomás Frías, fue depuesto por una asonada militar,
encabezada por su ministro de guerra, el general Hilarión Daza. Su compatriota, el
historiador Alcides Arguedas ha descrito a este último como “de temperamento ardiente,
glotón, sensual y libre de todo escrúpulo moral” 9. Estableció arbitrariamente un impuesto
de diez centavos por quintal de salitre exportado a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
Antofagasta, que vulneraba lo preceptuado en el tratado de 1874. Ella estaba constituida
por Agustín Edwards y Francisco Puelma, con 848 acciones cada uno, y el británico
Guillermo Gibbs, con 804.
Los socios se sintieron afectados por esta disposición y temieron que el gobierno chileno
se inhibiera de tomar acción. “Como Chile tiene o pretende tener, terrenos salitreros
propios —escribía Hicks, gerente general de la casa Gibbs a su matriz de Valparaíso— su
oposición, me temo, será débil”10.
¿Qué actitud adoptaría La Moneda? Desde luego, Chile atravesaba por una situación
económica difícil, mientras en el frente externo afrontaba importantes problemas limítrofes
con Argentina. Es cierto que se había aprobado en Buenos Aires el pacto Fierro-Sarratea,
mas su ratificación por el legislativo argentino estaba aún pendiente. Si los gobernantes
del palacio de Toesca hubiesen recordado el tratado secreto peruano-boliviano de 1873,
habrían comprendido que tendrían entonces dos adversarios en vez de uno, y acaso un
tercero si el Plata hubiese suscrito aquel.
Un historiador chileno, de ideología marxista, ha estimado que la aplicación de dicho
impuesto no fue causa suficiente para que después se iniciara un conflicto bélico, como
queriendo indicar que fueron los intereses de estos capitalistas el verdadero origen del
problema. Según él, más bien sirvió de pretexto, porque el gravamen era tan bajo que
después de la Guerra del Pacífico el Estado chileno fijó un arancel aduanero dieciséis veces
superior11.
Empero, el investigador británico Harold Blakemore, estimó que los diez centavos habrían
tornado antieconómica la operación de la compañía, frente a la competencia de los
nitratos de Tarapacá12. Se puede pensar, entonces, que la intención del general Daza iba
más allá que la de simplemente recaudar aquellos centavos.
El barón d’Avril, ministro francés en Santiago, afirma que Perú indujo a Bolivia a destruir la
competencia que le hacía el salitre chileno. Con este motivo convenció al general Daza de
gravarlo13. Según el historiador chileno Sergio Villalobos, el canciller peruano Irigoyen fue
uno de los que impulsó a Bolivia a crear este tributo, y para hacerlo tolerable recomendó
8
8 Carmen Cariola y Osvaldo Sunkel: “Un siglo de historia económica de Chile. 1830-1930”. Editorial Universitaria. Santiago.
1990. Pág. 85.
9
9 Francisco A. Encina: “Historia de Chile”. Editorial Nascimento. Santiago. 1950. Tomo XVI. Pág. 251.
10
10 John Mayo: “La Compañía de Salitre de Antofagasta y la Guerra del Pacífico”. “Historia”. Instituto de Historia. Pontificia
Universidad Católica. Santiago. 1979. Pág. 77.
11
11 Luis Vitale: “Interpretación marxista de la historia de Chile. Ascenso y declinación de la burguesía minera”. Vol. IV.
Frankfurt 1975. Lo reproduce Enrique Amaro en “La política británica en la guerra del Pacífico”. Editorial Horizonte. Lima.
1988. Pág.191.
12
12 Harold Blakemore: “From the Pacific to La Paz. The Antofagasta (Chili) and Bolivia Railway Company. 1888-1988”.
Antofagasta Holding PLC. London. 1990. Pág. 16.
que se fijara inicialmente en diez centavos. La idea era llegar a cincuenta, a través de
aumentos graduales14.
Gravada la empresa y embargados sus bienes, en febrero de 1878, Daza se manifestó muy
complacido y escribió al prefecto de Antofagasta:
“He fregado a los gringos y espero que Chile no intervendrá en este asunto empleando la
fuerza; su conducta con Argentina revela de una manera inequívoca su debilidad e
impotencia; pero si nos declaran la guerra, podemos contar con el apoyo del Perú, a quien
exigiremos el cumplimiento del tratado secreto”15.
El propósito que animaba al General “era preferir en la explotación de sus salitres del litoral
a su hermana y aliada, la República del Perú, con el objeto de evitar la competencia
[chilena] en la explotación”, según confidenció su Ministro de Relaciones Exteriores de
Bolivia al ministro peruano, José Luis Quiñones16.
Los acontecimientos posteriores demostraron que este militar cometió un grave error,
pues fue Bolivia la que se “fregó”, pero también Perú.
¿A qué instrumento aludió Daza?
Se refería al muy debatido tratado de alianza defensiva, suscrito en Lima por Perú y Bolivia,
el 6 de febrero de 1873, con carácter secreto17. Al parecer, si bien sería de inspiración
boliviana, el gobernante peruano Manuel Pardo le prestó sin demora favorable acogida 18.
Este pacto como informó aquel a Brasil perseguía reprimir únicamente la ambición
territorial de Chile, que buscaba apoderarse de las riquezas de Antofagasta, Tarapacá e
incluso Arica, llave del comercio alto-peruano 19.
La pretensión atribuida a Chile se fundaba, principalmente, en una expedición de exiliados
bolivianos organizada en Valparaíso, en 1872. Ella contaría —según fuentes peruano-
bolivianas— al menos con la tolerancia del Presidente Federico Errázuriz Zañartu, a fin de
instalar en La Paz un gobierno favorable a Chile. El objeto era lograr un presunto trueque
territorial: Antofagasta y Tarapacá para Chile, y desde Iquique hasta Arica para Bolivia 20.
Pardo observaba, también, con recelo la decisión de Errázuriz de ordenar la construcción
de dos poderosos blindados en Inglaterra. Veía en ellos una amenaza y el modo de
13
13 “Informes inéditos de diplomáticos extranjeros durante la Guerra del Pacífico”. Editorial Andrés Bello. Santiago. 1980.
Pág. 325. Trascribe nota del barón d’Avril, Ministro de Francia en Chile, al Ministro de Negocios Extranjeros de Francia.
14
14 Sergio Villalobos R.: op. cit. Pág.130. Reproduce un párrafo de una carta de Rafael Vial, desde Lima, a Domingo Santa
María.
15
15 Roberto Querejazu: “Guano, Salitre, Sangre”. La Paz-Cochabamba. 1979. Bolivia. Pág. 31.
16
16 Ibídem. Pág. 220. (Reproduce oficio N°11, La Paz, 5-2-1879, de José Luis Quiñones, Ministro de Perú en Bolivia, al
Ministro de RR.EE. de Perú).
17
17 Algunos historiadores, principalmente peruanos, tuvieron la idea de que Chile conoció, desde el primer momento, la
existencia del tratado secreto de alianza, de 1873, y que Godoy conocía hasta su articulado. Curiosamente, J.L. Quiñones,
Ministro de Perú en Bolivia, envió sendos oficios a su Cancillería afirmando que él no lo conocía (12 y 28-2-1879). Ver
Pascual Ahumada: “Guerra del Pacífico”. Editorial Andrés Bello. 1982. Tomo II. Págs. 8 y 9. Respecto de J. Godoy, ver Juan
José Fernández Valdés: “Chile-Perú. Historia de sus relaciones diplomáticas entre 1819 y 1879”. Editorial Cal y Canto. Pág.
489.
18
18 Juan José Fernández Valdés, op. cit. Págs. 410 y siguientes.
19
19 Archivo Histórico de Itamaraty. Libro Nº212/2/14. Correspondencia enviada por la Legación Imperial en Perú. Oficio Nº2,
Lima, 20-12-1873.
20
20 Jorge Basadre: “Historia de la República del Perú”. Editorial Universitaria. Lima. 1983. Tomo VI. Pág. 3.
fortalecer aquellos intentos expansionistas.
Detrás del tratado secreto existían los designios económicos del gobernante del Rímac,
que recibió las finanzas públicas en bancarrota y que buscaba crear el estanco del salitre,
tanto peruano como boliviano. En un principio, comulgó con ideas liberales en materia
económica, pero paulatinamente se orientó hacia una política proteccionista. Un juicio
similar formuló su adversario, el político peruano Alberto Ulloa Cisneros, en sus Escritos
históricos21. Antes de la guerra, Perú tenía el monopolio mundial del guano y con Bolivia el
del salitre. A partir de 1860, disminuyeron los depósitos del primero. Las autoridades
peruanas entonces dirigieron su mirada al salitre, que empezaba a hacer una dura
competencia al otro fertilizante. Empero, como ya anotamos, cerca del 41% del nitrato se
hallaba en manos de grupos privados, principalmente chilenos, británicos y alemanes, sin
contar con el que Chile explotaba en Bolivia. Además, Valparaíso era el centro financiero
de estos últimos productores.
El pacto de 1873 sería, pues, el instrumento que defendería esta política.
En los momentos en que se negociaba, el Canciller peruano, Manuel Irigoyen, instruyó a su
agente en el Plata, Aníbal de la Torre, para que obtuviese que Buenos Aires se adhiriera a
él. Al precio de que Tarija fuese boliviana, La Paz le concedería a Argentina “sus territorios
del grado 24 al 27”, de tal modo que el Plata accediera al Océano Pacífico 22. Sin embargo,
la diplomacia del Rímac a pesar de sus gestiones iniciales no obtuvo la adhesión de la
República Argentina.
Los historiadores peruanos han sostenido que el Pacto de 1873 carecía de un carácter
ofensivo. En cambio, Thomas A. Osborn, ministro norteamericano en Santiago, estimó que
aunque no mencionaba a una tercera república, estuvo claramente “dirigido contra Chile”23.
Una percepción análoga se advierte en la correspondencia de los representantes de
Alemania, Francia e Italia en Santiago24.
El ministro francés en Lima, Charles de Vorges, informa que sus cláusulas resultarían sin
sentido si no fuesen aplicables a la república del sur25.
En 1873, Pardo resolvió crear el estanco del salitre y optó por una política expoliadora del
capital privado extranjero26. De tal manera que el gobierno peruano pasaba a ser el único
exportador de ese fertilizante. Conforme a estos lineamientos, solicitó a Bolivia que
armonizara los suyos con Lima. El estanco fracasó, sin embargo. El mandatario optó,
21
21 Alberto Ulloa: “Escritos Históricos”. No tiene pie de imprenta. Se trata de una colección de artículos escritos en “La
Prensa” de Lima, entre el 2 de enero y el 24 de abril de 1908.
22
22 MINREL. NEGOCIACIONES CHILE-PERÚ. 1922-23. Oficio, Buenos Aires, 24-4-1872, de Aníbal V. de la Torre, Ministro
de Perú en Argentina, a Manuel Irigoyen, Ministro de RR.EE. de Perú. El original fue entregado a La Moneda por el Senador
Gonzalo Bulnes, junto con varios más.
23
23 NATIONAL ARCHIVES OF THE U.S.A. (en adelante N.A.U.S.A). 10-30. Oficio Nº 98, Santiago, 10-5-1879, de Thomas
A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a William M. Evarts, Secretario de Estado.
24
24 Ricardo Abós-Padilla: “El tratado secreto Perú-boliviano visto por diplomáticos de terceros países”. Texto mimeografiado.
Concepción. 14-7-1988.
25
25 A.H. de RR.EE. (en adelante MINREL). Informe sobre “La Guerra del Pacífico vista por un diplomático francés en Lima”
por Enrique Bernstein. No se logró ubicar el oficio con que el autor envió este trabajo, pero el texto incompleto se conserva
en la Academia Chilena de la Historia.
26
26 Pascual Ahumada: op. cit. Tomo VI. Pág. 347. Reproduce oficio circular de José Manuel Balmaceda, Ministro de RR.EE
de Chile, a los agentes diplomáticos chilenos en el exterior, Santiago, 24-12-1881.
entonces, por elevar el impuesto sobre cada quintal de salitre que se exportaba, a fin de
lograr el mismo resultado que perseguía con aquel. Tampoco tuvo éxito. En 1875,
finalmente expropió a los capitalistas, a quienes pagaría con certificados que las
autoridades peruanas rescatarían dentro de dos años y que devengarían un interés anual
del 8%. Sin embargo, Perú no consiguió en el exterior el préstamo de 7.000.000 de libras
esterlinas, que necesitaba para tal rescate. Entre los salitreros de Tarapacá el efecto fue
pésimo27.
Un autor norteamericano, al examinar estos hechos, ha considerado que el impuesto
boliviano violó incuestionablemente el pacto de 1874 28. El agente de Francia en Perú, ya
citado, coincidió con esta afirmación. Agregó también que los representantes europeos en
Lima demostraban preferencia por Chile, “país organizado, trabajador y que paga sus
deudas”. Para el corresponsal de The Daily Telegraph, en Lima, este gravamen claramente
vulneró el Tratado de 1874, “obra de la pobreza y avidez de los gobernantes de aquella
República [Bolivia]”. “Le Temps” estima que, desde 1876, la política peruana ha empujado a
La Paz en tal sentido29.
De acuerdo con órdenes impartidas desde Santiago, el encargado de negocios chileno en
La Paz, tan pronto conoció la decisión adoptada por Daza, reclamó oficialmente por nota y
expresó que su gobierno se vería obligado a declarar nulo el convenio de 1874. Bolivia
invocó el arbitraje. Chile lo aceptó, a condición de que antes se suspendiese la aplicación
de la ley del 14 de febrero de 1878. En caso contrario, el diplomático regresaría a su patria.
Al mismo tiempo, declararía, como consecuencia de la ruptura, que renacerían para Chile
todos los derechos que legítimamente hacía valer con antelación al Tratado de 1866, sobre
el territorio a que este se refería. Bolivia mantuvo su posición y no hubo arbitraje en la
forma indicada, mientras La Moneda persistió en la suya.
Ya hemos observado que el Presidente Aníbal Pinto asumió el mando en medio de una
severa crisis económica. A fin de paliarla, olvidó los informes de Guillermo Blest Gana y del
representante brasileño, e intentó vender los dos blindados al gobierno de Su Majestad
británica. Uno de ellos se encontraba temporalmente en los astilleros de esa nación, y fue
ofrecido al Reino Unido30. Inglaterra se desinteresó. Esta decisión puso al desnudo que los
gobernantes del Mapocho no se preparaban para dar zarpazos a sus vecinos.
La decisión del Presidente Daza promovió en Santiago protestas en los sectores populares,
donde existía mucho resentimiento, en particular contra los peruanos, pues la emigración a
esa república dejó malos recuerdos entre los chilenos que fueron a trabajar en los
ferrocarriles. Es por eso que el ministro del interior Antonio Varas expresó a Pinto: “Ahora
tenemos que ocupar toda Antofagasta o nos matan a ti y a mí”31.
Por otra parte, Edwards y Puelma —socios mayoritarios de la empresa mencionada—
presionaron al gobierno en defensa de sus intereses. También existían otros accionistas
27
27 Harold Blakemore, “Gobierno chileno y salitre inglés 1886-1896: Balmaceda y North”. Ed. A. Bello. 1978. Pág. 28.
28
28 Herbert Millington: “American diplomacy and the war of the Pacific”. NY. Columbia University Press. 1948. Pág. 29.
29
29 P. Ahumada, op. cit. Tomo 1. Pág. 282.
30
30 Sergio Villalobos, op. cit. Pág. 121
31
31 Mario Barros: “Historia diplomática de Chile”. Barcelona. Ediciones Ariel. 1970. Pág. 332.
que se hallaban relacionados con el establishment político, tales como los ministros de
Guerra y Marina, Manuel García de la Huerta, y Hacienda, Julio Zegers; y los diputados Luis
Pereira y Marcial Martínez, por ejemplo. El papel que jugó la firma inglesa Anthony Gibbs
& Sons fue menor32, no obstante que se le ha atribuido un rol exagerado.
Conforme las investigaciones del historiador Manuel Ravest en los archivos de esa
compañía, los intereses privados no torcieron la voluntad del Presidente, pues este se negó
“categóricamente” a impedir la subasta de los bienes de aquella empresa, como deseaban
sus propietarios. Incluso les recomendó que pagasen el impuesto bajo protesta. El
gobierno actuaría tan pronto se verificase el remate, “hecho jurídico que materializaría la
infracción boliviana al Tratado de Límites de 1874” 33. Por otra parte, la interpretación
marxista ha olvidado que el naciente capitalismo chileno se hallaba dividido.
De un lado, Edwards y Puelma, que presionaban en contra de Bolivia, y del otro, Melchor
Concha y Toro, presidente de la Cámara de Diputados, y, Jerónimo Urmeneta, con
importantes intereses en el altiplano, que aspiraban a mantener buenas relaciones con esa
república.
En consecuencia, el conflicto bélico que se desató entre Chile, por un lado, y Perú y Bolivia,
por el otro, encuentra su causa inmediata cuando esta última incumplió el pacto de 1874.
Sin embargo, no podemos olvidar que hubo causas mediatas. Acaso una de las más
gravitantes fueron las riquezas que se escondían debajo de las arenas del desierto de
Atacama, porque sin ellas no se habría vulnerado un tratado internacional. Tampoco se
puede desconocer el histórico desacuerdo que existía en Perú en contra de Chile, y
también de este último respecto del primero.
Aunque nos parece opinable, el historiador australiano John Mayo ha lucubrado que estas
infracciones al pacto de 1874 perjudicaron a una empresa chilena asentada en suelo
boliviano, pero proporcionaron a Chile un “pretexto” para intervenir, de la misma manera
que otras empresas encabezaron la expansión europea en África y el Pacífico 34.
Una vez violado el Tratado, el Presidente ordenó que las fuerzas nacionales ocupasen y
reivindicasen “los territorios que Chile poseía antes de ajustar con Bolivia los Tratados de
Límites de 1866 y 1874”. El general Daza había dispuesto que, el 14 de febrero de 1879, se
remataran o vendieran los bienes de la citada compañía. Esta decisión no se realizó porque
las fuerzas chilenas ya habían tomado posesión de Antofagasta.
El canciller, Alejandro Fierro, informó al cuerpo diplomático residente que roto el pacto de
1874, “renacen para Chile los derechos que legítimamente hacía valer antes del Tratado de
1866 sobre el territorio a que ese tratado se refiere [paralelos 23 a 25]” y “ reivindicaba
todos los derechos que poseía antes del pacto de 1866”35.
2. CHILE DECLARA LA GUERRA A PERÚ

32
32 Mariano Baptista Gumucio: “Chile-Bolivia. La agenda inconclusa”. LOM ediciones. Santiago. 1999. Págs. 160 y
siguientes. Ver “Los empresarios, la política y los orígenes de la Guerra del Pacífico” por Luis Ortega.
33
33 Manuel Ravest Mora: “La Compañía Salitrera y la ocupación de Antofagasta 1878-1879”. Editorial Andrés Bello.
Santiago. 1983. Pág. 17.
34
34 John Mayo, op. cit. Pág. 71.
35
35 Pascual Ahumada op. cit. Tomo I. Págs. 64 y siguientes.
El Presidente peruano —general Mariano Ignacio Prado— vio la lucha muy próxima. Su
actitud frente a Chile fue cordial, durante el conflicto con España en 1865. Conocida era su
amistad con Domingo Santa María. La situación económica la veía muy crítica y el Estado
no estaba en condiciones de afrontar los gastos de una guerra. Ante las exigencias de Daza
de poner en acción el instrumento de 1873, intentó resucitar la fracasada gestión de su
antecesor Manuel Pardo para lograr que la Confederación Argentina adhiriese a él, de
modo que la alianza adquiriese el peso de que carecía 36.
Las relaciones chileno-argentinas se advertían tensas por la discusión de la Patagonia. Era
posible, pues, que el Plata se tentase. Chile tendría que enfrentar, entonces, tres
adversarios en vez de dos, una opción que ha merodeado, más de alguna vez, en su
panorama internacional.
El canciller peruano Manuel Irigoyen comunicó a su agente diplomático en Buenos Aires,
Aníbal V. de la Torre, que Bolivia consideraba ofrecer a Argentina, bajo ciertas condiciones,
el territorio que se extendía desde el grado 24 hasta su “verdadera” frontera con Chile, el
grado 27. De tal forma, Buenos Aires accedería cómodamente al Océano Pacífico 37.
Su contraparte, el ministro Manuel Montes de Oca, prefirió continuar negociando con José
Manuel Balmaceda. Por medios diplomáticos pudo consolidar su posición en la
Patagonia38, sin correr el riesgo de una guerra para la cual la Confederación Argentina no
parecía preparada. Es posible que, si hubiese aceptado este ofrecimiento, otras naciones se
habrían involucrado en el conflicto. Por ejemplo, el Imperio de Brasil, que tenía
desacuerdos limítrofes con su vecino del Plata y con Perú.
De la Torre tampoco se entusiasmó con esas instrucciones, aunque las cumplió. A su juicio,
la cesión territorial propuesta dejaría a Argentina tan poderosa que rompería el equilibrio
continental. Perú necesitaría adquirir los departamentos de La Paz, Oruro y Cochabamba,
en el sur, y Guayaquil, en el norte, para mantenerlo39.
Los hechos posteriores demostrarían que una entente peruano-boliviana, sin el apoyo del
Plata, resultaría ineficaz para doblegar a Chile e implementar los planes del Presidente
Pardo40.
Ante las presiones de Daza, Perú intentó mediar entre Bolivia y Chile.
Con este motivo, suscribió un memorándum con el ministro Eulogio Doria Medina, que
estableció las bases para un arreglo, claramente favorable a Bolivia. Prado acreditó en
Santiago a José Antonio de Lavalle, en calidad de ministro plenipotenciario en misión
especial, a fin de lograr un arreglo.

36
36 Pascual Ahumada op. cit. Tomo IV. Pág. 36. Reproduce nota, del 4-7-1879, de Manuel Irigoyen, Ministro de RR.EE de
Perú, al Ministro de Perú en Argentina.
37
37 MINREL A AGENTES EN WASHINGTON. Telegrama N°20, Santiago, 7-2-1924, Roberto Sánchez, Ministro de RR.EE.
de Chile a Agentes en Washington. Se refiere a documentos oficiales peruanos que entregó a ese Ministerio el senador
Gonzalo Bulnes.
38
38 Alberto Ulloa Sotomayor: “Para la historia internacional y diplomática del Perú. Chile”. Editorial Atlántida. Lima. 1987.
Pág. 76.
39
39 MINREL. NEGOCIACIONES CHILE-PERÚ. 1922-23. Oficio, Buenos Aires, 24-4-1872, de Aníbal V. de la Torre, Ministro
de Perú en Argentina, a Manuel Irigoyen, Ministro de RR.EE. de Perú.
40
40 Alberto Ulloa Sotomayor: “Para la historia internacional y diplomática del Perú”. Editorial Atlántida. Lima. 1987. Pág. 112.
Según relata en su obra Mi misión en Chile en 1879, este agente partió al sur sin conocer la
existencia del Tratado41. Se habría impuesto de él durante la navegación, cuando leyó los
documentos que, de modo apresurado, le entregó el canciller Irigoyen antes de viajar. Sin
embargo, un autor chileno alega que lo conocía desde 1876, pues fue presidente de la
comisión diplomática del Congreso peruano hasta 1878, cuando se trató el tema 42.
La tarea de Lavalle se hallaba condenada al fracaso, desde el momento en que debió
comunicar oficialmente al gobierno chileno que el suyo se encontraba ligado a Bolivia por
el Tratado de Alianza de 1873 43. En consecuencia, Perú no sería neutral. Según un
historiador estadounidense, estos esfuerzos no prosperaron, además, porque la diplomacia
del Rímac se convenció de que necesitaba apoyar a Bolivia. De lo contrario, esta podría
rápidamente entenderse con Chile, a fin de despojar ambos a Perú de Tarapacá con sus
valiosos recursos salitreros44, obviamente a cambio de territorios más al norte, como Arica,
por ejemplo, que durante el Virreinato fue la salida natural del Alto Perú [esto es de
Charcas] al Océano Pacífico.
El ministro chileno en Lima, Joaquín Godoy, informó a Pinto de la alianza.
Prado, preocupado, se la dio a conocer en el último momento y le rogó que pidiese al
Presidente chileno que aceptase sus buenos oficios, a través de Lavalle.
En vista de la declaración del diplomático en misión especial y del tardío mensaje de
Godoy, el Primer Mandatario tomó la decisión de declarar la guerra a Perú, ya que —
conforme al derecho internacional— la presunta neutralidad peruana le permitía hacer
adquisiciones de carácter bélico en Europa, en perjuicio de Chile.
Con la autorización del Consejo de Estado y del Congreso, la guerra fue declarada el 2 de
abril de 1879 y se comunicó por bando el 5, aniversario de la batalla de Maipú. Bolivia ya lo
había hecho el 1 de marzo, a la par que confiscó los bienes de los chilenos residentes 45.
Fierro trasmitió esta decisión a las potencias amigas. Recordó que antes del pacto de 1866,
los territorios comprendidos entre los paralelos 23º y 24º, pertenecían a Chile. Pero, en
virtud del Tratado de 1874, quedó confirmado el límite en el paralelo 24º y los “derechos
de exportación que se impongan sobre los minerales explotados en la zona de terreno de
que hablan los artículos precedentes, no excederán la cuota de la que actualmente se
cobra; y las personas, industrias y capitales de chilenos no quedarán sujetos a más
contribuciones de cualquier clase que sean que a las que al presente existen”.
Esta estipulación durará por el término de veinticinco años, en beneficio de las industrias y
capitales chilenos allí establecidos. Daza violó abiertamente dicha estipulación. La Moneda
ocupó Antofagasta y aludió a la alianza secreta peruano-boliviana. Igualmente, expresó

41
41 José Antonio de Lavalle: “Mi misión en Chile en 1879” y anexos. Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú.
Lima. 1994.
42
42 Alejandro Ríos Valdivia: “La misión Lavalle”. Imprenta y Litografía Universo. Santiago. 1924. Págs. 70 y 71.
43
43 Juan José Fernández Valdés, op. cit.
44
44 Frederick B. Pike: “Modern History of Perú”. Frederick A. Praeger. New York-Washington. 1967. Pág. 142.
45
45 “Informes inéditos de diplomáticos extranjeros durante la Guerra del Pacífico”, op. cit. Pág. 146. Trascribe oficio Nº86,
Santiago, 3-4-1879, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a W.M. Evarts, Secretario de Estado.
que Chile no se proponía alterar los límites geográficos de sus adversarios 46.
Según lo expresado por Fierro, Chile deseaba restablecer el imperio del Tratado de 1874 y
lograr una indemnización pecuniaria por los gastos de guerra.
Esta última declaración le fue recordada posteriormente por los aliados y, en especial, por
Estados Unidos, desde el momento en que La Moneda exigió cesiones territoriales. Dos
años más tarde, el Canciller Balmaceda expuso la razón del cambio:
“Devolver al enemigo el dominio de la causa misma de la contienda, después de nuestros
triunfos y de la posesión de aquellos territorios, habría sido una imprevisión injustificable y
una falta absoluta del conocimiento que suponen las cuestiones de Estado” 47.
Subyacía el temor de una guerra de revancha, financiada desde el Rímac con el salitre.
Irigoyen, por su parte, expuso al poder legislativo el origen del problema.
Su verdadera causa, dijo, debe encontrarse en la ambición ilimitada de Chile, en el deseo
de lograr el control del litoral boliviano, que contiene abundantes riquezas. Mencionó
asímismo los esfuerzos de su gobierno por solucionarlo pacíficamente. Declaró que el
Tratado de Alianza Defensiva, de 1873, era un instrumento “abstracto y puramente
defensivo”, que no justificaba la decisión de Chile 48. Defensivo y tal vez ofensivo, como lo
calificó el canciller argentino Tejedor, pero estimamos que abstracto en ningún caso. Por el
contrario, muy concreto.
En el Consejo de Ministros en Santiago, se dejó constancia de que el objeto de la guerra
era conservar la posesión del territorio comprendido entre los paralelos 23º y 24º de
latitud sur, y, con respecto a Perú, la abrogación del tratado secreto de 1873 49. Sin
embargo, el Consejo juzgó también que estos propósitos quedarían sujetos a futuras
eventualidades... Un golpe a la armada peruana, el alejamiento de Bolivia de su aliado para
ponerse del lado de Chile, serían causas que podrían modificar los propósitos iniciales del
gobierno, “poniéndole, quizás, en el caso de perseguir, como resultado de la guerra,
alteraciones en las líneas que hace al Perú...”50.
Conforme este nuevo criterio, se estaría produciendo, pues, un cambio de política. Este ha
dado pie a la historiografía peruana y boliviana para sostener que el alegato sobre el
impuesto de los 10 centavos fue un pretexto para apoderarse de territorios que
pertenecían a la Alianza.
Estas expresiones que se vertieron en el citado Consejo de Gabinete, marcaron también el
principio de lo que en Chile se llamó la “política boliviana”, preconizada por Domingo
Santa María. Ella buscaba separar a los aliados en favor de un entendimiento entre
Santiago y La Paz, que daría a Bolivia una “puerta” de salida al Pacífico.
46
46 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo I. Págs. 254 al 258.
47
47 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 349.
48
48 “Memoria que el Ministro de RR.EE. [del Perú] presenta al Congreso Extraordinrio de 1879”. Lima. 1879. Imprenta del
Estado. 1879.
49
49 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo 1. Pág. 255. Trascribe “Manifiesto que el Gobierno de Chile dirige a las potencias
amigas con motivo del estado de guerra con el Gobierno del Perú”, Santiago, 12-4-1879.
50
50 MINREL. Documentos Reservados de las Actas del Consejo de Ministros Referentes a la Guerra con Perú y Bolivia.
Santiago, 19-4-1879.
Dos días más tarde, se informó que el general Daza negociaría con Chile.
Las condiciones del gobierno de Santiago eran el dominio absoluto del territorio que se
extendía hasta Tarapacá inclusive, al mismo tiempo que ayudaría a Bolivia para que
ocupase las provincias peruanas de Tacna, Arica y Moquegua 51.
En la junta de guerra, de 28 de junio, que tuvo lugar en Antofagasta, el auditor José
Francisco Vergara sostuvo, entre otras razones, que se debía ocupar Tarapacá, antes que
Lima y Callao, porque Chile tendría en su mano una prenda valiosa [el salitre] para acordar
la paz, que nadie podría obligarlo a devolver 52. Esta posición realista —desde el punto de
vista chileno— contó con la aprobación del Presidente Pinto y de todos sus ministros 53.
En materia demográfica, la situación era la siguiente: Perú y Bolivia sumaban una población
de 4.602.226 habitantes, mientras que la de Chile alcanzaba a 2.440.000 54.
Aproximadamente, los dos primeros poseían un ejército en pie de guerra de 30.000
hombres, y Chile de 16.000 55. Perú disponía de 9 buques, entre ellos los acorazados
Huáscar e Independencia, y Chile de 7, entre los cuales estaban los blindados Cochrane y
Blanco Encalada .
Financieramente, la situación peruana era muy mala, debido a las enormes deudas
contraídas en Europa. Chile también atravesaba por una crisis, que afectaba gravemente su
comercio exterior y su producción agrícola, mas tenía sus cuentas ordenadas.
3. PRIMERAS REACCIONES DE LOS NEUTRALES
¿Cómo apreciaron estos hechos algunos extranjeros?
El periódico Nation de Nueva York estimó que el origen de la guerra se debía rastrear en la
envidia y disgusto que naciones mal gobernadas experimentaban al contemplar el éxito de
Chile, que desarrollaba recursos que ellas, teniendo el mismo acceso, eran incapaces de
utilizar en provecho propio56.
Para el New York Herald, la cartografía adjudicaba sin duda el territorio en disputa a
Bolivia. Empero, la capacidad empresarial y las facilidades marítimas fueron las que
proporcionaron a Chile la posibilidad de establecerse en territorios que tradicionalmente
pertenecían al Altiplano. Agregaba que Perú quería detentar el monopolio del salitre y que
“la verdadera pelea de Chile era contra Perú, no contra Bolivia”57.
El barón Gülich, representante alemán en Santiago, se expresaba así:
“El asunto del salitre dio ciertamente el último impulso exterior a la actual guerra entre Chile
y Bolivia, pero la causa verdadera de la guerra actual es, sin embargo, mucho más profunda;
es la amarga envidia, el odio vivo que impera contra Chile desde hace muchos años en Perú

51
51 MINREL. Documento antes citado. Santiago, 21-4-1879.
52
52 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo I. Págs. 83 y 84.
53
53 Gonzalo Bulnes: “Guerra del Pacífico” Edit. del Pacífico S.A. Santiago de Chile. 1955. Vol. I. Pág. 293.
54
54 P. Ahumada, op. cit. Tomo 1º, Pág. 146.
55
55 P. Ahumada, op. cit. Tomo 1°, Pág. 146.
56
56 Herbert Millington. Págs. 28 y 29.
57
57 Herbert Millington, op. cit. Pág. 29.
y Bolivia.
Estos desgraciados países, continuamente destrozados por las revoluciones y con mala
administración, envidian a Chile la prosperidad material alcanzada hasta ahora, su
ordenada vida política, no perturbada por las revoluciones y su no interrumpido crecimiento.
El hecho de que Chile, a principios de este año, estuviera completamente desarmado en
tierra y en mar, el ejército permanente limitado al mínimo, la guardia nacional licenciada y
sus buques de guerra sin alistar y aún ofrecidos en venta demuestran, a mi juicio, que no
pensaba ni remotamente en una guerra con el Perú y Bolivia; la guerra la hizo necesaria el
proceder del gobierno boliviano con los dueños chilenos de las salitreras. Por el otro lado, el
Tratado Secreto de 1873 entre Perú y Bolivia, que solo se dio a conocer al declararse la
guerra, demuestra que existían intenciones hostiles contra Chile. Los chilenos que vivían en
el Perú y en Bolivia eran hostilizados por las autoridades y por los nacionales, mientras los
peruanos y bolivianos vivían en Chile y siguen viviendo sin que nadie los moleste”58.
El Emperador de Brasil juzgó que La Paz obró mal al imponer un impuesto a una empresa
chilena que estaba protegida por un tratado, así como Chile procedió bien al rescindirlo y
ocupar el territorio en disputa. Dado que había suscrito un pacto secreto con Bolivia, Perú
—a su juicio— debió esforzarse para que esa república evitase una guerra 59.
Los países europeos —en particular Gran Bretaña, Francia e Italia— tenían una marcada
preocupación por la situación financiera del antiguo Virreinato.
La deuda externa peruana, contraída casi exclusivamente con ellos, alcanzaba a
281.340.000 de dólares, según fuentes estadounidenses. Los tenedores de bonos o
bondholders eran súbditos o ciudadanos de naciones del Viejo Continente. Ellos acudían a
sus cancillerías, a sus parlamentos y a la prensa, en demanda de amparo. Perú, al borde de
la bancarrota, en 1876 suspendió el pago de los intereses y el del principal, en 1878 60.
Esta fue la causa de que se comenzara a hablar de intervenciones, algunas amistosas y
otras menos, a fin de poner término a la guerra.
Iniciada aquella, el Secretario de Estado Asistente, F. W. Seward, declaró que la Unión
Americana sería neutral61. Ofreció sus servicios, solo en caso de que le fuesen solicitados.
En verdad, no demostró preocupación cuando Chile ocupó Antofagasta. Al parecer, no
existían intereses económicos estadounidenses comprometidos. Empero, pronto
comenzarían sus temores por eventuales ingerencias europeas en el hemisferio occidental.
De acuerdo con las declaraciones del Presidente estadounidense Monroe, formuladas en
1823, que con el tiempo se conocieron con el nombre de la doctrina Monroe 62, sólo
competía actuar a los americanos y no a los europeos. Washington se manifestó en contra

58
58 “Informes inéditos de diplomáticos...”, op. cit. Pág. 31. Oficio Nº225, Santiago, 23-9-1879, del barón Gülich, Ministro del
Imperio Alemán en Chile, al Ministro de Estado von Bülow. Ver “Historia de Chile” por F.A. Encina. Tomo XVII.
59
59 Gonzalo Bulnes, op. cit. “Guerra del Pacífico”. Vol. II. Págs. 229 y 230. Reproduce oficio de J.A. de Lavalle a su
Gobierno, 4-XI-1879.
60
60 Herbert Millington, op. cit. Pág. 21. Cita el “American Almanac, Spofford” de 1882. Según el “Statesman’s Year Book”,
del mismo año, la deuda chilena ascendía a 63.000.000 de dólares.
61
61 “Message from the President of the United States about the war in South America, op. cit. Pág. 5.
62
62 Alejandro Alvarez: “The Monroe Doctrine”. Oxford University Press. New York. 1924. Págs. 6 y 7.
de toda intervención armada extracontinental 63.
El Reino Unido ofreció sus buenos oficios en Lima. Los representantes de Inglaterra e Italia
invitaron al de Francia para cooperar a este respecto.
Estos no prosperaron, pues Perú los rehusó 64, si bien Pinto los aceptó, según consta del
mensaje que dirigió al Congreso Nacional 65.
Gran Bretaña reforzó su presencia naval y recabó el apoyo de Alemania.
Bismarck conversó con el ministro estadounidense en Berlín, para ofrecer a los beligerantes
una mediación conjunta, a fin de proteger el comercio neutral (el de ellos por supuesto). El
Secretario de Estado, William M. Evarts, se pronunció inmediatamente en contra. Dio como
explicación que Estados Unidos no adoptaría medidas que pareciesen coercitivas y en
menosprecio de los derechos de los beligerantes 66. Obviamente, subyacía la mencionada
doctrina.
El 17 de abril, el ministro plenipotenciario estadounidense en Lima, Isaac P. Christiancy,
junto con sus colegas de Gran Bretaña, Francia e Italia, y el encargado de negocios alemán,
enviaron un memorándum al almirante chileno Juan Williams Rebolledo, en que solicitaban
el respeto de la vida y propiedad de los neutrales. Evarts lo apoyó y rechazó los métodos
no humanitarios en la guerra67.
Las primeras semanas del conflicto evidenciaron que Chile carecía de preparación para
acometer una operación de tamaña envergadura. El desempeño de Williams Rebolledo no
era comparable con el del peruano Miguel Grau. El Huáscar, temible monitor blindado
peruano, que “podría contarse entre los mejores y más útiles del mundo”, según fuentes
británicas, recorría sin oposición las costas chilenas 68. La opinión pública, desorientada e
irritada, se dedicó a su deporte favorito: la crítica de las autoridades, en este caso
merecida, por lo demás.
El 21 de mayo de 1879, un capitán de corbeta, a bordo de la Esmeralda, encendió la fibra
patriótica que dormía en el fondo del ser nacional. El talento y el sacrificio, en grado
heroico, de Arturo Prat y de sus compañeros, despertaron a Chile. Por otra parte, el genio
de Condell, al mando de la Covadonga, logró varar a la Independencia. Perú perdió, pues, a
uno de los dos buques más poderosos de su flota y Chile un añoso barco. No obstante,
ganó la admiración universal. TheTimes de Londres lo calificó así:
“Este es uno de los combates más gloriosos que jamás haya tenido lugar.
Un viejo buque de madera casi cayéndose a pedazos sostuvo la acción durante tres horas y
media contra una batería de tierra y un poderoso acorazado, y concluyó con su bandera al
63
63 N.A.U.S.A. /52-32. Oficio Nº53, Lima, 10-9-1879, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
64
64 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo I. Trascribe notas de Spencer St. John, Ministro británico en Perú, 24-4-1879, y la
respuesta de Manuel Irigoyen, Ministro de RR.EE. de Perú, de 28-4-1879.
65
65 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo I. Pág. 407.
66
66 Herbert Millington, op. cit. Pág. 55.
67
67 Herbert Millington op. cit. Pág. 39.
68
68 “Informes inéditos...”, op. cit. Oficio Nº53, Santiago, 12-7-1879, del barón von Gülich, Ministro del Imperio Alemán, al
Ministro de Estado von Bülow. Pág. 19.
tope”69.
De ahora en adelante, la consigna fue “luchar hasta la muerte sin tomar en cuenta el poder
del adversario”70.
Con posterioridad a estos hechos, el gobierno peruano ordenó la compra de torpedos Lay,
a fin de hundir a uno de los blindados enemigos e intimar la rendición de Antofagasta. La
operación fue encargada al comandante Grau, quien zarpó desde Arica el 22 de agosto de
1879. Sin embargo, mientras el Huáscar se deslizaba por la bahía, fue descubierto por una
lancha chilena de vigilancia. Desde ese momento, la operación fracasó y se salvó del
ataque uno de los blindados, cuyo hundimiento habría tenido funestas consecuencias para
Chile71.
4. GESTIÓN ESPONTÁNEA DEL REPRESENTANTE
NORTEAMERICANO EN LA PAZ
El juez Newton Pettis, antes de asumir sus funciones en Bolivia como ministro residente,
tuvo un encuentro informal con el Presidente de Estados Unidos en los primeros días de
abril de 1879, en que el gobernante, sin mayores precisiones, expresó su deseo de que
cesase el conflicto.
Pettis dio como pretexto motivos de salud y se trasladó a la costa del Pacífico, desde
Bolivia, a fin de llevar a cabo una misión sin autorización del Departamento de Estado. Este
no estaba dispuesto a dictar la paz ni a intervenir, aunque si las partes solicitaban sus
buenos oficios sobre la base de un arbitraje, el Presidente de la Unión los emplearía en
favor de ella72. Pettis, carente de instrucciones, pretendía que un arbitraje estadounidense
pusiera término a la guerra. Los árbitros podrían ser el Presidente de la Unión Americana o
el de la Corte Suprema, o un tribunal ad hoc integrado por los ministros acreditados en La
Paz, Santiago y Lima.
Osborn se desempeñaba en Chile, como plenipotenciario, y tenía mayor rango que Pettis.
No compartió este curso de acción. Desde luego, se encontraba sin instrucciones. Además,
consideraba que los aliados pretendían el statu quo ante bellum previo a iniciar
negociaciones, y Chile simplemente el statu quo, esto es, que se mantuviera la ocupación
del territorio boliviano mientras tuviese lugar el arbitraje 73.
En cambio, el candoroso y espontáneo juez creía que bastaba negociar para encontrar
fórmulas de conciliación. Hombre bien intencionado, no avizoraba los escollos con que
tropezaría. Se ilusionaba con unas insinuaciones que escuchó al ministro de Hacienda,
Eulogio Doria Medina, uno de los instigadores de la guerra 74.
En vista de ello, Pettis se trasladó a Lima, donde creyó encontrar buena acogida en el
69
69 Gonzalo Bulnes, op. cit. Tomo I. Pág. 191.
70
70 Gonzalo Bulnes, op. cit. Tomo I. Pág. 190.
71
71 Pedro Sapunar Peric, miembro correspondiente de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile: “La verdadera
historia del torpedo del ‘Huáscar’ en Antofagasta”.
72
72 William L. Krieg: “Legacy of the war of the Pacific”. Estudio para el Departamento de Estado. Pág. 1.
73
73 N.A.U.S.A. Vol. 10-30. Oficio Nº110, Santiago, 9-8-1879, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a William
M. Evarts, Secretario de Estado.
74
74 Gonzalo Bulnes, op. cit. Volumen I. Pág. 249.
canciller Irigoyen. En Arica se entrevistó con los Presidentes Prado y Daza.
Jorge Huneeus, ministro subrogante de relaciones exteriores, animado por el ánimo
pacifista del Presidente de la República, y con una buena dosis de candor también, se
interesó porque Pettis viajara a Santiago. Pensaba que el diplomático tendría el aval del
Departamento de Estado. Chile retendría la posesión del territorio comprendido entre los
paralelos 23º y 24º de latitud sur, dado que la población era casi exclusivamente chilena.
En retribución, concedería a Bolivia una compensación en dinero, a cambio de sus
“cuestionables” derechos75.
Con respecto a Perú, abrogaría el Tratado de 1873 y daría seguridades de que no firmaría
otro similar. Pagaría también una indemnización por los gastos y perjuicios causados a
Chile, por su conducta “falaz e insidiosa” al ofrecerse como mediador, en circunstancias de
que estaba secretamente aliado con Bolivia.
Para mayor seguridad, Huneeus solicitó un memorándum a Pettis76.
El juez estipuló que, a partir de una fecha predeterminada, cesarían las hostilidades; Chile
desocuparía todo el territorio al norte del paralelo 23º y
retiraría sus fuerzas, y dejaría libre a Bolivia la costa diez
minutos al sur de ese paralelo. En todo lo demás, se
mantendría el statu quo77.
Huneeus le expresó que el Gobierno convenía en someter las
cuestiones existentes con Bolivia al arbitraje estadounidense,
según las bases propuestas. Mas, en cuanto a Perú, recordó el
Tratado de 1873 y la mediación que este ofreció. Antes de
aceptar, el Presidente consultaría al Congreso Nacional y
auscultaría el sentir de la opinión pública78.
El Mercurio, de 14 de agosto, atacó con vehemencia la
Newton Pettis pretensión norteamericana de imponer un arbitraje e intimó
al Presidente Pinto a actuar con firmeza79.
Osborn observó con escepticismo la intervención de su colega, al igual que la ingenuidad
de Pinto y Huneeus. Estimaba que entre Chile y Perú existía un sentimiento arraigado de
enemistad y antagonismo por lograr la supremacía en el Pacífico 80. El Callao fue el principal
puerto hasta la Independencia, y los peruanos miraban con recelo que Valparaíso le
disputara el cetro.
75
75 Minrel. Documentos Reservados de las Actas del Consejo de Ministros Referentes a la Guerra con Perú y Bolivia.
Sesión del 9-8-1879.
76
76 Minrel. Documentos Reservados de las Actas del Consejo de Ministros Referentes a la Guerra con Perú y Bolivia.
Sesión de 9-8-1879.
77
77 Minrel. Documentos Reservados de las Actas del Consejo de Ministros Referentes a la Guerra con Perú y Bolivia.
Sesión de 9-8-1879.
78
78.A.U.S.A. Vol. 10-30. Oficio Nº112, Santiago, 16-8-1879, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
79
79 N.A.U.S.A. T 52-32. Oficio Nº49, Lima, 2-9-1879, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
80
80 N.A.U.S.A. Vol. 10-30. Oficio Nº110, Lima, 9-8-1879, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
Desde Lima, el plenipotenciario norteamericano Christiancy informaba que la intervención
diplomática solo tendría éxito cuando Chile o los aliados hubiesen sufrido un serio revés 81.
Como observaremos más adelante, la diplomacia de la Unión se caracterizó al principio por
el desinterés de Washington, así como por las posiciones contradictorias de sus
representantes en las tres capitales. Hubo la tendencia de simpatizar con el gobierno ante
el cual se estaba acreditado. Otro factor que trabó la acción estadounidense fue su lejanía
del teatro de los acontecimientos.
5. LAS CONFERENCIAS DE ARICA
El 8 de octubre de 1879, se enfrentaron cerca de las costas de Angamos los acorazados
chilenos Blanco y Cochrane y el monitor peruano Huáscar. La corbeta Unión, “infiel
consorte” de este último, según la llamó Vicuña Mackenna, se habría escurrido 82. Sin
embargo, fuentes peruanas indican que —conforme a sus instrucciones— no le
correspondía participar en la batalla83.
Después de una dura lucha, murió el almirante Miguel Grau —figura gloriosa de la marina
peruana— vencido por Latorre y Riveros 84. El Huáscar, capturado, quedó incorporado a la
Armada nacional.
“El triunfo de Chile no es más que cuestión de tiempo” comentó la publicación francesa
L’Année Militaire85. El ministro francés en Lima juzgaba que la guerra marítima había
concluido y llegado el momento de firmar la paz. Sin embargo, no se hace ilusiones
porque en Perú “la pasión es más fuerte que la razón” 86. Un juicio similar emite el barón
Gülich87. Christiancy, desde Lima, trasmite a Washington que la captura del Huáscar
destruye, por el momento, toda posibilidad de iniciar una negociación de paz.
En su opinión, esta debe lograrse por medio de compensaciones pecuniarias, perturbando
las fronteras lo menos posible88.
El autor peruano Víctor Andrés Belaúnde, estima que la guerra debió concluir después de
esta batalla. Si Chile realmente hubiese tenido propósitos pacíficos, era el momento para
proponer la paz. Pero, agrega, su verdadera intención era la “apropiación ilegal” de
Tarapacá89.

81
81 N.A.U.S.A. T 52-32. Oficio Nº47, Lima, 26-8-1879, de Isaac P. Christiancy, Ministro en Chile, a William M. Evarts.
82
82 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VII. Pág. 85. Reproduce carta de un oficial de la Unión que juzga acremente la
conducta de su comandante.
83
83 José Agustín de la Puente Candamo: “Miguel Grau”. Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú. Lima. 2003. Pág.
385.
84
84 Grau fue condecorado por Piérola, menguadamente, con la Cruz de Acero de segunda clase, mientras Elías Aguirre y
Enrique Palacios con la de primera clase. Ver obra citada de Pascual Ahumada. Tomo II. Pág. 630 y José Agustín de la
Puente Candamo, op. cit. Pág. 443.
85
85 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VI Pág. 77.
86
86 A Ch H. Ver trabajo de Enrique Bernstein antes citado.
87
87 “Informes inéditos de diplomáticos extranjeros...”, op.cit. Oficio Nº22, Santiago, 7-XI-1879, del barón Gülich, Ministro de
Alemania en Chile, al Ministro de Estado von Bülow.
88
88 N.A.U.S.A. T 52-32. Oficio Nº64, Lima, 14-10-1879, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
89
89 Víctor Andrés Belaúnde: “The Treaty of Ancon in the light of International Law”. Washington, D.C. Pág. 7.
En Santiago hubo discusiones acerca de qué rumbos tomar en adelante.
Como ya hemos anotado, Pinto quería asumir el control de aquella provincia.
Otros se inclinaban por ir a Lima. Finalmente, se impuso la primera alternativa. Si antes se
hubiese ocupado la capital, es posible que las intervenciones extranjeras hubiesen
obligado a la república a firmar la paz, sin tener en sus manos la valiosa posesión de
Tarapacá. La tesis chilena, discutible al menos, era que este rico territorio en poder de Perú
le permitiría rearmarse e iniciar una guerra de revancha. Los empresarios chilenos que
constituían un importante lobby en Santiago y Valparaíso no podrían, en consecuencia,
regresar a esa provincia y sus inversiones se verían sacrificadas.
Pinto resolvió seguir adelante y ocupar desde Moquegua hacia el sur. El 7 de junio de
1880, a las órdenes del general Baquedano, las fuerzas chilenas capturaron el Morro de
Arica, en menos de una hora. Antes, se ofreció al adversario que se rindiera, pero este
comandado por el coronel Bolognesi resistió hasta “quemar el último cartucho” y alcanzar
la gloria, junto con sus oficiales y soldados.
El conflicto del Pacífico empezó a preocupar a orillas del Potomac, desde el momento en
que se observó que potencias del Viejo Mundo podrían intentar ponerle término, a fin de
defender sus intereses económicos y comerciales.
Por este motivo, el Presidente de Estados Unidos, Rutherford B. Hayes, en su tercer
mensaje anual al Congreso, el 1º de diciembre de 1879, se decidió a ofrecer sus buenos
oficios a los beligerantes, con el objeto de restablecer la paz, conforme a bases honorables
y evitar intervenciones extracontinentales90.
En este cuadro, se gestan otras interposiciones extranjeras. El Primer Ministro inglés,
Gladstone, en enero de 1880, solicitó a los gobiernos europeos y al de la Unión Americana
que interviniesen. Bismarck se negó a participar.
El Secretario de Estado, Evarts, intranquilo, informa a sus agentes en el sur, que Europa
pretende ejercer presión sobre los aliados. Si esta tuviese un carácter coercitivo, la Unión
debía lograr antes, sin pérdida de tiempo, que los beligerantes aceptasen sus buenos
oficios91. Se imponía actuar conforme a la doctrina Monroe.
Una semana después, José Carlos Tracy, ministro peruano en Washington, conferenció con
el Secretario de Estado, con el propósito de que lograra la neutralidad del Imperio de
Brasil. Mientras tanto, los aliados invitarían a la Confederación Argentina a unirse en contra
de Chile. Evarts descalificó de inmediato esa temeraria propuesta e indicó el peligro de una
intervención europea, que convenía evitar 92. La alianza confiaba en Estados Unidos, no así
en las naciones europeas, preocupadas preferentemente de defender los crecidos intereses
de los bondholders de la deuda peruana.
Osborn comunicó a Christiancy, en Lima, y al general Adams, en La Paz, el rumor que corría
en Santiago de que si la batalla de Tacna favorecía a Chile, el Presidente Pinto iniciaría

90
90 Herbert Millington op. cit. Pág. 64
91
91 N.A.U.S.A. T 77-36. Telegrama, Washington, 29-7-1880, de William M. Evarts, Secretario de Estado, a Thomas A.
Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile.
92
92 Herbert Millington, op. cit. Pág. 67.
conversaciones con los enemigos. La base de cualquier arreglo sería la cesión incondicional
de Tarapacá y del litoral boliviano93.
Los agentes de Italia, Francia y Gran Bretaña conversaron con Nicolás de Piérola, el Jefe
Supremo de facto de Perú. Este se había apoderado del poder y remplazó al general Prado,
ausente temporalmente94, privado de los derechos de la ciudadanía y condenado a la
degradación95. Las murmuraciones limeñas le acusaban de haberse fugado a Europa con
dinero del Estado y de particulares, que emplearía en adquisiciones militares y navales. En
opinión del historiador Basadre, aquellos cargos carecían de fundamentos 96. En todo caso,
la suya fue una decisión desafortunada para su imagen.
Los diplomáticos europeos encontraron una actitud reticente en Piérola, quien expresó
“claramente que creía inoportuno hacer la paz y que prefería que el cuerpo diplomático se
abstuviera de intervenir” 97. Informaron de la reunión a sus colegas en Santiago. Estos se
entrevistaron con Pinto. Chile mantenía sus condiciones: cesión de Tarapacá, hasta el río
Camarones, y el respeto de los derechos de los particulares conforme al derecho
internacional.
Osborn comentó a Evarts: Tarapacá ha sido la “perdición” de Perú, “así como temo que
también lo será de Chile”98. Un concepto semejante expresó, más tarde, Lavalle al
Presidente Santa María y al Emperador Pedro II 99.
Enterado Piérola de que Pinto enviaría un agente a Lima para negociar la paz, respondió
ahora a los diplomáticos que designaría un plenipotenciario; mas con la condición de que
no hubiese cercenamiento territorial, sobre todo a título definitivo. Los representantes
europeos le entregaron un documento con la posición chilena. Lo recibió en silencio, lo
que les permitió anticipar el fracaso de la mediación europea 100.
Nuevas gestiones; esta vez estadounidenses. En vista de las acciones de la diplomacia del
Viejo Mundo, el 6 de agosto Evarts instruyó a Osborn, a fin de que presionase a La
Moneda para lograr la paz sobre bases honorables, las cuales no definió 101. El agente se
entrevistó con el Presidente de la República y con el canciller Valderrama. A pesar de la
notoria hostilidad de la opinión pública, le agradecieron la mediación, pero señalaron que

93
93 N.A.U.S.A. Vol.10-30. Carta, Santiago, 14-5-1880, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a Isaac P.
Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú.
94
94 Pascual Ahumada op. cit. Tomo II. Pág.265.
95
95 Pascual Ahumada, op.cit. Tomo II. Pág. 551.
96
96 Jorge Basadre , op. cit. Tomo VI. Pág. 145.
97
97 Boletín Academia Chilena de la Historia (BAChH). Informe citado de Enrique Bernstein.
98
98 N.A.U.S.A. Vol. 10-30. Oficio Nº155, Santiago, 4-8-1880, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a William
M. Evarts, Secretario de Estado. Contiene carta adjunta de I.P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú.
99
99 BACh. H Nº 6, 1935, 2º semestre. Págs. 371 y 372. Después del tratado de Ancón, Lavalle habría escrito al Presidente
Santa María: “Quedamos nosotros casi deshechos; Uds. se llevan gran extensión del territorio conquistado junto con su oro,
pero, al llevarse lo uno y lo otro, se llevan la corrupción que mató al Perú”. Al Emperador del Brasil: “El triunfo de Chile
significa su derrota. El guano y el salitre corrompieron al Perú, y nosotros no hemos hecho otra cosa que pasarle a ese país
la fuente de nuestras desdichas y vicios”.
100
100 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. II. Págs. 238 y 239.
101
101 N.A.U.S.A. T 77-36. Telegrama, Washington, 29-7-1880, de William M. Evarts, Secretario de Estado, a Thomas A.
Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile.
la entendían en forma de buenos oficios 102. Se llevaría a cabo en un buque de guerra
estadounidense, en algún punto “de la costa”, y Evarts designaría embajadores que lo
representasen. Pinto, que no quería desagradar “a la gran república del norte” aceptó, pero
agregó: “el gobierno no renunciará a Tarapacá103, el trofeo más codiciado del conflicto”.
El Departamento de Estado aprobó el desempeño de Osborn 104. Por correo trasmitió a
Lima y La Paz el resultado de su gestión, aunque omitió decirles que la cesión territorial
constituía un requisito previo. Esta inadvertencia —si es que lo fue— representó un
tremendo error, ya que Christiancy y Pettis sabían que Perú y Bolivia se oponían a que
Chile retuviese Tarapacá y Atacama105.
Sin aguardar nuevas orientaciones de su colega en Santiago, Christiancy resolvió actuar
por su cuenta. Conoció una carta del Presidente Pinto al almirante Riveros, que fue
interceptada. En ella, el mandatario se mostraba deseoso de ofrecer condiciones de paz, a
través de un Estado amigo. Con este motivo, dicho agente se trasladó a Santiago motu
proprio. Según creyeron en Lima, iba a pedir que no se realizaran conquistas territoriales,
porque alterarían el equilibrio sudamericano. Sorprendió al diplomático francés Vorges
que Estados Unidos pudiese sostener tal lenguaje, “una potencia que se ha apoderado de
los dos tercios de México”106.
La presencia de Christiancy en Santiago fue contraproducente, pues evidenció los pasos
del Secretario Evarts. Dio lugar a una discusión en la Cámara de Diputados en torno a los
buenos oficios, que el gobierno mantenía en reserva. Se presentó una moción de censura.
El Ejecutivo negó la existencia de ellos. El grito popular era “a Lima”. Osborn, molesto,
trasmitió a Evarts su esperanza de “que no tendremos más de estas visitas”, un deseo que
se suele escuchar entre los diplomáticos residentes 107.
Christiancy cometió otra equivocación. Expresó que, a las tres horas de su regreso a Lima,
Piérola admitiría la mediación, según las condiciones convenidas con Pinto. Sin embargo,
no debería imponérsele previamente la cesión de Tarapacá para no humillar al adversario.
Christiancy la conseguiría siguiendo un camino más “elástico...”108.
Una vez en su sede, informó a Manuel Barinaga, ministro interino de relaciones exteriores,
el resultado de su viaje al sur. Le entregó copia del memorándum de las conversaciones
con Pinto y Valderrama. Omitió cualquiera referencia a Tarapacá e inició así el camino
“elástico”, que tuvo tan penoso resultado para su gobierno y los aliados.
Barinaga aceptó la mediación, por deferencia a Estados Unidos. Reprochó las operaciones
chilenas iniciadas en el norte, a más de cien leguas del ejército peruano y de todo objetivo
102
102 Ver “Informes diplomáticos...”, op. cit. Pág. 176. Memorándum de las conferencias. Santiago, 10-8-1880. Ver obra
citada de Pascual Ahumada. Tomo III. Pág. 494. Trascribe nota de Melquíades Valderrama a Thomas Osborn, de 7-10-1880.
103
103 Herbert Millington, op. cit. Pág. 71. Cita oficio de Thomas Osborn a William M. Evarts.
104
104 Herbert Millington, op. cit. Pág. 70.
105
105 William F. Sater: United States-Latin American relations. 1850-1903. Editado por Thomas M. Leonard (Tuscaloosa,
Habana, 1999). Pág. 178.
106
106 A Ch H. Informe citado de Enrique Bernstein.
107
107 N.A.U.S.A. Vol. 10-30. Oficio Nº163, Santiago, 2-9-1880, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a William
M. Evarts, Secretario de Estado.
108
108 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. II. Pág. 241.
militar, después que Chile prestó su consentimiento a la interposición de Osborn 109.
Esta expedición fue propuesta por el comandante Lynch al Presidente Pinto 110. Perseguía
distraer las fuerzas concentradas en la capital e imponer contribuciones a los ricos
hacendados azucareros, muy influyentes en Lima111. El gobierno autorizó a Lynch para
fijarlas y hacerlas efectivas con todo rigor, destruyendo —si era necesario— las
propiedades para obligar a sus dueños a cubrir las cantidades exigidas. El comandante
obró en consecuencia112, y aplicó el derecho internacional de la época. Según la obra de
Andrés Bello, Principios de derecho internacional, “el derecho estricto de la guerra nos
autoriza para quitar al enemigo no solamente las armas y los demás medios que tenga de
ofendernos, sino las propiedades públicas y particulares, ya como satisfacción de lo que
nos debe, ya como indemnización de la guerra, y para obligarle a una paz equitativa, ya en
fin de escarmentarle y retraerle a él y a otros de injuriarnos” 113.
El general Adams también recibió el despacho de Osborn y se reunió con el Canciller
Carrillo. Este último le preguntó si, de no producirse acuerdo entre los beligerantes como
era de esperar, debía estimarse que ya no habría solución alguna. Y ¿si el propósito era
dejar la decisión de todas las cuestiones y las condiciones de paz, al arbitraje y fallo de los
Estados Unidos? Adams respondió afirmativamente: si los plenipotenciarios no se
entendían, “deberían tener instrucciones y plenos poderes de sus gobiernos para librar la
resolución de todas las cuestiones y las condiciones de paz al arbitraje, por decirlo así, del
Gobierno de los Estados” (cursivas nuestras). Además, Washington “no ha ofrecido su
mediación simplemente por cumplimiento, sino con el deseo de terminar la guerra; por
eso es que, en cualquier caso, la decisión debía ser final y absoluta” 114. Asimismo —agregó
— la Unión Americana no reconocería una “paz parcial”, es decir, la que Chile hiciese con
uno de los beligerantes y no con ambos115. Una alusión a lo que señalaremos enseguida.
Esto último creó un nuevo tropiezo para Chile, que ansiaba un entendimiento directo con
La Paz, al margen de Lima. El Primer Vice-Presidente de Bolivia, Aniceto Arce, había
trasmitido a Santiago un mensaje en tal sentido, por intermedio de Luis Salinas Vega. Pinto
le respondió que las condiciones serían la renuncia de Antofagasta y del litoral hasta el río
Loa. En compensación, Chile cedería a Bolivia los departamentos de Tacna y Moquegua
que ocupaba, así como la libertad de comercio desde Antofagasta hasta Camarones 116.
109
109 N.A.U.S.A. T 52-34. Oficio Nº194, Lima, 17-9-1880, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
110
110 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo IV. Pág. 141.
111
111 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo IV. Pág. 141 y siguientes.
112
112 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo IV. Pág. 219. Ver también Mariano Felipe Paz Soldán: “Narración histórica de la guerra
de Chile contra el Perú y Bolivia”. Editorial Milla Batres. Lima. 1979. Tomo II. Págs. 227 y siguientes. Relata cómo fueron
arrasadas las haciendas azucareras, entre ellas la de Palo Seco, de propiedad de Dionisio Derteano, quien figurará más
adelante en esta obra. Esta hacienda valdría más de un millón de libras esterlinas, según la obra citada de Basadre, Tomo
VI. Pág. 214. El dictador Piérola amenazó a Derteano con la confiscación de sus bienes si satisfacía las exigencias de
Lynch. ¡Pobre Derteano! No era del partido del dictador, sino que civilista.
113
113 Andrés Bello: “Principios de de derecho internacional”. 2ª Edición. París. 1864. Librería de Garnier Hnos. Pág.160.
114
114 Alberto Ulloa, op. cit. Pág. 214. Trascribe textos de una conferencia protocolizada entre Adams y Carrillo, en La Paz,
del 1-9-1880.
115
115 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo III. Pág. 488.
116
116 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. II. Pags. 246 a 248.
Pero, Carrillo y Mariano Baptista —próximos representantes en Arica— prefirieron
conservar la alianza, pues recordaban las expresiones del general Adams y consideraban
que la Unión impondría el arbitraje. No habría, pues, cercenamiento territorial.
La conducta de Adams perturbó el juicio de los aliados y preludió la inutilidad de las
conferencias, que por su naturaleza estuvieron condenadas de antemano al fracaso. La de
Christiancy, menos explícita, tampoco cooperó para su éxito.
A su vez, Piérola protestó por las operaciones de Lynch, juzgando que las exigencias
chilenas eran tan exorbitantes que no se lograría ningún acuerdo117.
Después del voto de censura de los diputados, Osborn buscó un momento de cooling off
para ofrecer formalmente a Valderrama su interposición amistosa, quien la aceptó en
forma de buenos oficios. En derecho internacional, quien presta buenos oficios no ofrece
soluciones propias y se limita únicamente a servir de intermediario para que las partes
intercambien sus puntos de vista. Empero, en la mediación, el tercero que actúa entre las
partes, interviene en la negociación y propone una solución 118.
Perú y Bolivia ya la habían aceptado e hicieron presente que preferían el arbitraje junto con
un armisticio, durante las conferencias.
Después de algunas controversias acerca del lugar donde estas se celebrarían (Perú se
oponía a Arica), el 22 de octubre de 1880 se efectuaron en la bahía de ese puerto, en la
corbeta Lackawanna, de la Armada de Estados Unidos.
La Unión estuvo representada por los ministros Osborn, Christiancy y Adams. El primero,
por ser el de mayor jerarquía, presidió las reuniones.
Chile, por Eulogio Altamirano, Eusebio Lillo y José Francisco Vergara. Perú por Antonio
Arenas y Aurelio García y García. Y Bolivia, por Juan Crisóstomo Carrillo y Mariano Baptista.
¿Cuál era la personalidad de estos negociadores?
Altamirano, quien presidió la delegación chilena, había sido ministro del Interior durante el
gobierno de Federico Errázuriz Zañartu. Concurrió a Arica sin ningún entusiasmo, pero
Pinto buscaba la paz y no quería negarse al ofrecimiento de Evarts. Lillo, célebre por haber
compuesto la letra del Himno Nacional, durante la guerra fue secretario general de la
Escuadra. En mayo de 1880, se desempeñó como plenipotenciario para acordar las bases
de una paz separada con Bolivia. Su presencia tenía por objeto alejar a ésta de su aliado.
Vergara, muy cercano al Presidente, actuó en la campaña de Tarapacá. A la muerte de
Rafael Sotomayor fue nombrado ministro de guerra en campaña. Su única intervención en
Arica fue tajante: no al arbitraje y sí a la cesión territorial.
Arenas actuó de hecho como presidente de la delegación peruana. Había ocupado el
decanato del Colegio de Abogados. En la segunda Presidencia del general Castilla, fue
Canciller durante un tiempo breve. Presidió el congreso americano de jurisconsultos que
sesionó en Lima, desde 1877. El marino Aurelio García y García desempeñó una misión

117
117 N.A.U.S.A. T 52-35. Oficio Nº197, Lima, 30-9-1880, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
118
118 Hugo Llanos Mansilla: “Teoría y práctica del Derecho Internacional Público”. Editorial Jurídica de Chile. Santiago 1980.
Tomo II. Págs. 556 y 558.
diplomática en Japón y luego fue ministro de gobierno119.
Carrillo era ministro de relaciones exteriores de Bolivia y tenía amistad con Lillo. Baptista
había firmado el Pacto de Límites de 1874.
La primera reunión se celebró el 22 de octubre. El Canciller boliviano se excusó de asistir
“por la seria indisposición que le hacía sufrir su permanencia en el mar” 120. Osborn expresó
que sus colegas y él no se inmiscuirían en la negociación, ya que su papel terminaba desde
que se reunieran los plenipotenciarios121.
Altamirano, a través de una minuta, señaló las condiciones esenciales que Chile exigía para
llegar a la paz, a saber:
1º cesión perpetua e incondicional de los territorios al sur del río Camarones, o sea, al sur de Arica;
2º pago solidario de $20 millones, de los cuales una quinta parte al contado;
3º devolución de las propiedades de que fueron despojados los ciudadanos chilenos en Perú y
Bolivia;
4º reintegro del trasporte Rímac;
5º abrogación del Tratado Secreto peruano-boliviano de 1873;
6º Chile retendría los territorios de Moquegua, Tacna y Arica hasta el cumplimiento de los
compromisos anteriores, y
7º el puerto de Arica permanecería desartillado para siempre, en caso de ser devuelto a Perú 122.
Piérola, de acuerdo con Bolivia, trasmitió a sus delegados las siguientes:
1º Desocupación inmediata del territorio boliviano y peruano, y el regreso a la situación existente
antes de la ocupación de Antofagasta;
2º Devolución del Huáscar y de la Pilcomayo a Perú. Y,
3º Chile pagaría una indemnización por los gastos de guerra efectuados por los aliados. 123

En el caso de que La Moneda no aceptase desalojar los territorios o formulase cualquiera


otra exigencia, Perú y Bolivia las declararían inaceptables y solicitarían el arbitraje 124. Perú
tomaría la iniciativa. Si Chile rehusase, “no haría sino poner de relieve nuestra respectiva
posición [la de Chile y de los aliados] en la guerra” y agregaba ingenuamente: “con
verdadero daño suyo”. El árbitro tendría que ser la “gran república del norte” 125.
El 25 tuvo lugar la segunda reunión. Altamirano dio a conocer la posición de su gobierno.
Los aliados la impugnaron. Arenas con mayor fuerza, porque Tarapacá, Arica, Tacna y
Moquegua fueron siempre peruanos.
Vinculó las exigencias chilenas con el derecho de conquista, ajeno a las tradiciones

119
119 Revista Histórica (órgano de la Academia Nacional de Historia de Perú), op. cit. Pág. 81.
120
120 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo III. Pág. 496.
121
121 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo III. Pág. 494.
122
122 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo III. Pág. 497.
123
123 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 349. Trascribe circular de José Manuel Balmaceda, Ministro de RR.EE. de
Chile, a los agentes diplomáticos de la República, Santiago, 24-XII-1881.
124
124 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. II. Pág. 249.
125
125 Alberto Ulloa, op. cit. Pág. 216.
hispano-americanas y solicitó el arbitraje de los Estados Unidos.
Altamirano, en contestación, expresó que en América los casos de rectificación de
fronteras eran numerosos y que, en la pretendida conquista chilena, “solo hay una
novedad y es la de tratarse de territorios que deben lo que son al esfuerzo y al trabajo
chilenos”126.
Osborn debió escuchar con sorpresa el categórico rechazo de Arenas.
En efecto, cuando Christiancy conferenció en Santiago con Valderrama, expresó que Perú
cedería Tarapacá127.
Vergara declaró inadmisible el arbitraje. “Chile busca una paz estable —argumentó— que
consulte sus intereses presentes y futuros”. “Y no hay motivo ninguno que lo obligara a
entregar a otras manos, por muy honorables y seguras que sean, la decisión de sus
destinos”128.
Antes de invitar para una próxima reunión que se celebraría el 27, Osborn —ante la
incomodidad de Adams y de Christiancy— dijo que tanto sus colegas como él dejaban
constancia de que su gobierno no buscaba los medios de hacerse árbitro. “El cumplimiento
estricto de los deberes inherentes a tal cargo —adujo— le ocasionaría mucho trabajo y
molestia, y aunque no duda de que su gobierno consentiría en asumir el cargo, en caso
que le fuese debidamente ofrecido, sin embargo conviene se entienda que sus
representantes no solicitan tal deferencia”129.
En la última reunión no hubo modificación alguna. La acción estadounidense contrarió a La
Moneda, que nunca confió mucho en ella, y Osborn quedó indignado, pues creyó haber
llegado a un entendimiento con Christiancy130.
Tal vez el mayor interés de Chile fue dar una oportunidad a Lillo para que conversara con
Carrillo y Baptista, empresa en la que fracasó.
Un historiador peruano, el jesuita Rubén Vargas Ugarte, vislumbró una posibilidad de paz
en Arica, si su Gobierno hubiese aceptado la cesión de Tarapacá junto con la protección de
los derechos de los regnícolas131.
En vista de que las principales condiciones presentadas por Altamirano se recogieron en el
Tratado de Ancón, de 1883, con Perú, y en el de 1904 con Bolivia, habría sido mejor para la
causa aliada haberlas aceptado en Arica. De esta forma, el conflicto hubiese concluido en
dieciocho meses y no en cuatro años. Estas conferencias representaron, además, un fracaso
para Washington. Evarts eludió transmitir instrucciones en debida forma a sus
representantes. Estos actuaron motu propio.
El New York Herald, del 31 de enero de 1881, comentó que el tibio esfuerzo de los Estados
126
126 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo III. Pág. 499.
127
127 N.A.U.S.A. Vol-30. Oficio Nº173, Arica, 28-X-1880, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
128
128 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo III. Pág. 501.
129
129 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo III. Pág. 502.
130
130 William F. Sater: op. cit. Pág. 178.
131
131 Revista Histórica, op. cit. Artículo de Percy Cayo. Pág. 95.
Unidos por lograr la paz en 1879 [la gestión del juez Pettis], convirtió a la diplomacia
norteamericana en el centro de la risa del continente sudamericano, y las recientes
conferencias de Arica estuvieron predestinadas al fracaso desde el comienzo. Ninguna
mediación que no envuelva una intervención vale lo que el valor de los pasajes de los
diplomáticos enviados, agregó132.
El Secretario de Estado quedó descontento con la última declaración de Osborn, y así se lo
expresó. Si bien Evarts no estaba decidido a imponer el arbitraje, tampoco quería rehuir
esfuerzos en pro del término del conflicto133.
El camino intermedio lo llevó al fracaso. Osborn le replicó que en Chile la cesión de
Tarapacá era una condición insoslayable. Esa sería la posición de sus delegados 134,
especialmente después de sus éxitos militares.
Como se aprecia, los empeños de Evarts resultaron inutiles. Desde luego, llegaron tarde.
Tal vez debieron acometerse antes de que empezaran las hostilidades bélicas y Perú no
hubiese perdido el Huáscar ni la Independencia.
James G. Blaine, futuro Secretario de Estado, dijo que si él hubiese desempeñado tal cargo
en ese momento, habría encontrado los medios para imponer la paz a los beligerantes 135.
¿Cómo, nos preguntamos a tanta distancia de los hechos y sin tener una marina adecuada?
Evarts manifestó al ministro peruano en Washington que el Presidente de la Unión
Americana, sin embargo, no se había desanimado. Aprovecharía cualquiera oportunidad
para promover el restablecimiento de la paz. Con este motivo, planteó al gobierno de
Buenos Aires que estimulara al Brasil para realizar una gestión conjunta ante los
beligerantes. Ella fracasó porque el Imperio no quiso perturbar a Chile.
El canciller Valderrama envió una circular al cuerpo diplomático residente.
Allí intentó demostrar que el gobierno no patrocinaba el derecho de conquista.
Solo retenía los territorios antes mencionados a título de indemnización, ya que los aliados
carecían de recursos para satisfacer una compensación pecuniaria adecuada. Esta
afirmación fue utilizada posteriormente en contra de Chile, cuando Perú —con el apoyo
del Secretario Blaine— sostuvo que podría pagar una indemnización pecuniaria y evitar el
cercenamiento territorial. Por otra parte, Valderrama erró al afirmar que la cesión
importaba para la nación vencedora el “reconocimiento de todos los gravámenes
hipotecarios constituidos sobre el Gobierno del Perú a favor de los acreedores extranjeros 136.
Esta declaración mereció censuras en el Congreso y en la prensa. No se aceptaba tal
doctrina, que significaba representar a Perú en sus elevadas deudas.

132
132 Herbert Millington , op. cit. Pág. 79.
133
133 N.A.U.S.A. T 77-36. Oficio Nº115, Washington, 27-XII-1880, de William M. Evarts, Secretrio de Estado, a Thomas A.
Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile.
134
134 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº195, Santiago, 24-2-1881, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a
William M. Evarts, Secretario de Estado.
135
135 Minrel. Correspondencia Enviada por la Legación de Chile en los Ee.uu. de Norte America, 1881. Oficio, 6-XI-1881, de
Marcial Martínez, Ministro de Chile en EE.UU., al Ministro de RR.EE. de Chile.
136
136 Minrel. Correspondencia Enviada a los Agentes Diplomaticos Extranjeros en Chile. 1880. Nota, Santiago, 10-XI-1880,
de Melquíades Valderrama, Ministro de RR.EE. de Chile a los agentes diplomáticos extranjeros en Chile.
Naturalmente, estimuló a los tenedores de títulos peruanos, que hasta ese momento
habían perdido la esperanza de recuperar su dinero. Como consecuencia de su faux pas,
Valderrama debió, pues, enviar una nueva circular explicativa. Allí manifestó que una vez
que se celebrase el tratado de paz, estos derechos serían resueltos con arreglo al derecho
internacional...137, frase un tanto vaga que no decía mucho, pero que le permitía salir del
paso.
6. OCUPACIÓN DE LIMA E INSTALACIÓN DEL GOBIERNO PROVISORIO DE GARCÍA
CALDERÓN
Ya se avecinaba la captura de Lima. El Secretario de Estado instruyó a Osborn para que
apoyase los acuerdos adoptados por los diplomáticos residentes en esa capital y
“presionase” a Chile. Estos agentes buscaban seguridades para la vida y las propiedades de
los neutrales, cuando los chilenos atacasen la ciudad 138.
Osborn se abstuvo. El tema ya había sido debatido por los europeos, y Valderrama les dio,
en su oportunidad, las garantías que solicitaban 139.
Después de una conversación informal con Valderrama, el ministro estadounidense
telegrafió a Washington que el gobierno adoptaría severas medidas para proteger a los
neutrales, pero no aceptaría más presiones europeas.
Asimismo, le comunicó que Vergara —ministro de guerra en campaña— y Altamirano irán
a aquella capital, en orden a evitar atropellos 140.
Como decíamos, el próximo paso fue la ocupación de Lima y lograr la paz. Ocurrió lo
primero, mas no lo segundo.
Después de los combates de Chorrillos, Barranco y Miraflores, el ingreso a la capital parecía
inminente. Se presentían terribles hechos de sangre, saqueos y destrucciones en la antigua
sede de los virreyes. Los representantes extranjeros recibían escalofriantes informaciones
de sus cónsules y compatriotas, que luego trasmitían a sus capitales, acerca del violento
comportamiento de los soldados chilenos, en el sur141.
Al Presidente no se le encontraba.
“Hasta aquí no se constituye gobierno ninguno —Vergara escribió a su hijo— ni ha cesado
Piérola en el suyo, aunque anda errante en la sierra, seguido solo de cincuenta soldados y
otros tantos oficiales y jefes. Este hombrecito es tan insensato en sus pretensiones como
ambicioso de poder y pequeño de cuerpo; así que no habrá medio de entenderse con él y
habrá que obligar a las personas a formar otro gobierno” 142.
137
137 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº187, Santiago, 3-Y-1881, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a William
M. Evarts, Secretario de Estado.
138
138 N.A.U.S.A. Vol. 10-30. Oficio Nº182, Santiago, 30-XI-1880, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a
William M. Evarts.
139
139 MINREL. Nota, Santiago, 5-X-1880, de Melquíades Valderrama, Ministro de RR.EE. de Chile, a Francisco Pakenham,
Ministro de Gran Bretaña.
140
140 N.A.U.S.A. Vol. 10-30. Oficio Nº182, Santiago, 30-XI-1880, de Thomas A. Osborn, Ministro de EE.UU. en Chile, a
William M. Evarts, Secretario de Estado.
141
141 A ch H. “La guerra del Pacífico vista por un diplomático francés en Lima” por Enrique Bernstein.
142
142 Municipalidad de Viña del Mar. Comodato 1881/02/ Nº60. Tomo III. Carta, Lima, 1-2-1881, de J.F. Vergara a su hijo
Salvador Vergara.
Entonces, los miembros del cuerpo diplomático se acercaron al alcalde de la ciudad,
Joaquín Torrico, para que obtuviera del general Manuel Baquedano que se posesionase de
ella cuanto antes, a fin de evitar cruentas ocurrencias 143.
El 16 de enero se presentó Torrico en el cuartel general chileno, junto con los ministros de
Inglaterra y Francia, y los almirantes Stirling y Petit Thouars y el capitán italiano Sabrano. La
historiografía peruana ha puesto mucho énfasis en la acción de Petit Thouars y del ministro
francés de Vorges. Sin embargo, nos parece más decisiva la intermediación británica, como
lo demuestran estudios recientes144. A raíz de estas conversaciones, se convino la rendición
incondicional de la ciudad en el plazo de veinticuatro horas, que solicitó el alcalde para
poder desarmar las fuerzas peruanas que quedaban aún organizadas 145.
Se temía que esta tropa, sin jefes, después de la batalla de Miraflores, se trabara en lucha
con los chilenos y la población civil, se dedicara al pillaje e incendiara la ciudad 146. Se
dispuso que las guardias urbanas, compuestas por miembros de las colonias extranjeras,
establecieran el orden, antes del ingreso del ejército enemigo 147, lo que lograron a
cabalidad.
El 17 de enero de 1881, a las 4 de la tarde, entró a Lima el general Cornelio Saavedra, al
mando de 3 mil soldados, bien disciplinados. A pesar de las terribles predicciones, “Lima se
salvó de la destrucción” anota el Ministro norteamericano 148. El resto del ejército, al día
siguiente, y por la tarde Baquedano, acompañado de su ayudante y dos oficiales. Los
peruanos que observaron a este gallardo destacamento exclamaron: “Ahora podemos
entender nuestra derrota”149. Al llegar a la plaza mayor, el general se apeó de su caballo
frente al palacio de los virreyes y lo eligió para su residencia 150.
Por desgracia, la victoria de Baquedano fue tan incompleta como la de San Martín, ya que
no consiguió rodear totalmente el campo enemigo. Efectivamente, el Presidente Piérola y
parte del ejército peruano se escaparon a la sierra 151.
Chile buscaría ansiosamente el término del conflicto. El gobierno designó con este objetivo
a los plenipotenciarios José Francisco Vergara y Eulogio Altamirano. Sus instrucciones eran
semejantes a las de Arica, si bien con algunas adiciones. La indemnización de 20.000.000
de pesos que debían pagar los aliados se aumentaba en 100.000 diarios, desde que
concluyó la conferencia a bordo de la Lackawanna. Se agregaba ahora la entrega de El
Callao; garantías que pusieran al ejército a cubierto de todo peligro, y la cesión de lo que
143
143 Gonzalo Bulnes, ob. cit. Vol. II. Pág. 350.
144
144 Celia Wu Brading: “Testimonios británicos de la ocupación chilena de Lima”. Editorial Milla Batres. Lima, 1986. Págs.
43 y 44.
145
145 F.A. Encina, op. cit. Tomo XVII. Pág. 356,
146
146 N.A.U.S.A. T 52-35. Oficio Nº237, Lima, 2-2-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
147
147 N.A.U.S.A. T 52-35. Oficio Nº237, Lima, 2-2-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
148
148 N.A.U.S.A. T 52-35. Oficio Nº237 de I.P. Christiancy antes citado.
149
149 Celia Wu Brading, op. cit. Reproduce informe del Ministro de Su Majestad Británica en Perú. Pág.147.
150
150 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. II. Pág. 350.
151
151 William F. Sater: op. cit. Pág. 178.
quedaba de la escuadra peruana. Podrían sugerir la trasferencia de Tacna y Arica a Bolivia.
Si advirtiesen ambiente para aceptarla, la formularían en calidad de indeclinable 152.
Los vecinos más prominentes y adinerados enviaron representantes para conversar con el
Jefe Supremo, Nicolás de Piérola. Después de Miraflores, este huyó a Tarma y a Jauja, en
busca de un refugio seguro en la sierra. Los emisarios intentaban negociar la paz con
Altamirano y Vergara, a fin de eludir los apremios de una ocupación militar, que se
anticipaba dura. El Jefe Supremo aceptó, a condición de que participara el cuerpo
diplomático y que las bases de arreglo fuesen tolerables153.
Mas, con anterioridad, Aurelio García, el secretario general de Piérola, remitió una nota a
los jefes de misión, en que acusaba al ejército chileno de haber incumplido el armisticio de
Miraflores, previo a la ocupación de Lima 154. En vista de ella, Vergara y Altamirano cortaron
toda relación con el Jefe Supremo, por razones de dignidad nacional 155. Según Víctor
Andrés Belaúnde, una decisión discutible frente al derecho internacional, porque el
dictador ejercía el poder ejecutivo de facto, lo reconocían las potencias extranjeras y era
con quien Chile debería negociar la paz156.
Los civilistas (el partido del ex-Presidente Manuel Pardo) resolvieron, en consecuencia,
abandonarlo y establecer un nuevo gobierno en favor de un entendimiento internacional.
¿Cuál paz? Los notables no podían ignorarla, pues el adversario la planteó a bordo de la
corbeta Lackawanna157. Empero, se desentendieron de esas bases, porque escucharon que
Washington no toleraría ninguna desmembración territorial, en cambio propiciaría una
indemnización pecuniaria. El 22 de febrero de 1881, eligieron Presidente provisorio de Perú
al Dr. Francisco García Calderón. Recibió 114 votos, en un selecto aunque muy reducido
cónclave, integrado principalmente por civilistas.
El elegido era un distinguido abogado arequipeño, con importante actuación pública y
miembro del partido del extinto Presidente Pardo158.
La equivocada resolución de Vergara y Altamirano de ignorar al Presidente de facto tuvo
graves consecuencias. Piérola contaba efectivamente con el pueblo, aunque es probable
que no aceptase el cercenamiento del territorio patrio, pues ya conocemos las
instrucciones que dio a sus representantes en las conferencias de Arica. Pero, García
Calderón, investido Presidente por los notables de Lima, con la condescendencia de Chile,
carecía de todo respaldo popular. Muy pronto buscaría el apoyo del general Stephen A.
Hurbult, designado ministro de Estados Unidos en Perú.
152
152 MINREL CONFIDENCIAL. PRELIMINARES DE PAZ CON PERÚ. 1880-82. Oficio, Santiago, 22-12-1880, de
Melquíades Valderrama, Ministro de RR.EE. de Chile, a los plenipotenciarios José Francisco Vergara y Eulogio Altamirano.
153
153 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº123 (Urgente), Washington, 10-2-1881, de William M. Evarts, Secretario de Estado, a
Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú.
154
154 Message from the President from the United States transmitting papers relating to the war in South America.
Washington, op. cit. Pág. 452 y ss. Nota Nº307, Lima, 19-2-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a
Evarts, Secretario de Estado de EE.UU. Trascribe mensaje de Aurelio García, Secretario General Gob. de Piérola.
155
155 MINREL CONFIDENCIAL. PRELIMINARES DE PAZ CON EL PERÚ. 1880-82. De los Sres. José Francisco Vergara y
Eulogio Altamirano a los Sres. Antonio Arenas y Lino Alarco.
156
156 Víctor Andrés Belaunde, op. cit. Pág. 9.
157
157 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 34.
158
158 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo V. Págs. 251 al 259.
El Presidente provisorio, sin reconocimiento formal de Chile, aunque bajo sus “auspicios”
como diría más tarde Hurlbut 159, se instaló en La Magdalena, un caserío a unos cinco
kilómetros de Lima. Las autoridades chilenas lo declararon territorio neutral y concedieron
a García Calderón ciertas atribuciones.
El 1 y 2 de marzo, el presidente del consejo de ministros, Aurelio Denegri, y el Canciller,
Manuel María Gálvez, se reunieron con los plenipotenciarios chilenos y les propusieron
previamente acordar un pacto de tregua; concertar la paz, y disponer la evacuación de la
capital por las fuerzas ocupantes.
Los chilenos respondieron que la tarea inicial de García Calderón era conseguir el apoyo de
la nación. Una vez logrado, se negociaría el tratado de paz y se retirarían las fuerzas
chilenas. Este planteamiento respondía al deseo de finalizar la guerra. Christiancy no lo
entendió así. Para el diplomático se trataba de un juego para apoderarse de todo el
territorio, incluido el que Piérola y otros caudillos controlaban 160.
Vergara y Altamirano quedaron con la impresión de que Denegri y Gálvez temían las
estipulaciones que Chile impondría, sin haber preparado antes el ánimo de sus
compatriotas161. Por otra parte, se enredaron en cuestiones previas y no se tocó la de
fondo: las condiciones que Chile planteó en Arica.
Frustrada la tarea, Altamirano regresó a Chile y Vergara renunció al cargo.
García Calderón inauguró el 12 de marzo su gobierno, si es que así se le podía calificar.
Partió de Lima al caserío de La Magdalena con la banda ceñida al pecho y sus ministros
“vestidos con traje de corte”. Juró respetar la Constitución que Piérola derogó y comunicó
su elección al general Cornelio Saavedra 162.
7. BOTÍN DE GUERRA. LIBROS PERUANOS A CHILE
Pocas semanas después de que García Calderón se instalara en La Magdalena, Christiancy
recibió quejas de funcionarios peruanos. Los ocupantes trasladaban a Chile bibliotecas,
incunables, un cuadro histórico, diversas pinturas, archivos, laboratorios, gabinetes de física
o anatómicos, etc163.
Un periódico que publicaba la autoridad chilena quiso justificar estas acciones, en virtud
del “derecho incontrovertible que todas las naciones del mundo acuerdan al vencedor
cuando este tiene que indemnizarse de los gastos de la guerra. Mañana —agregaba—
podrán hacerlo con todos los edificios públicos, etc. Este es el derecho del vencedor y
callar el deber del vencido cuando no ha buscado a tiempo el remedio que evite los males
de que se queja”164. Una clara alusión, aunque expresada con rudeza, a las conferencias de
Arica, donde se pudo terminar la conflagración si las exigencias chilenas hubiesen sido
159
159 N.A.U.S.A. T 52-35. Oficio Nº257, Lima, 16-3-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
160
160 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº319, Lima, 16-6-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
161
161 MINREL CONFIDENCIAL. PRELIMINARES DE PAZ CON EL PERÚ. 1880-82. Oficio, Lima, 2-3-1881, de los Sres.
José Francisco Vergara y Eulogio Altamirano al Ministro de RR.EE. de Chile.
162
162 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Págs. 11 y 12.
163
163 N.A.U.S.A. T 52-35. Oficio Nº263, Lima, 22-3-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
aceptadas.
Finalizado el conflicto, el Presidente Domingo Santa María devolvió al director de la
Biblioteca Nacional de Lima, Ricardo Palma, los libros que pudo encontrar, pues muchos se
extraviaron. “A Dios gracias le agregaba los tiempos bonancibles vuelven, y usted dejará de
andar con una espada al cinto, y volverá a tomar la pluma para escribir como siempre,
sabrosos y bien aliñados artículos”165.
Un par de años después, El Comercio de Lima publicó una carta de Rafael de la Cruz,
gobernador civil de esa capital, dirigida a la municipalidad de Talca. En ella le comunica
que ha despachado trece cajones, que contienen nueve “obras de arte” que pertenecieron
a una exposición que se realizó en Lima. Simbolizarán los hechos de armas que
protagonizó el regimiento Talca en Chorrillos, y deberán adornar la plaza de aquella
ciudad166.
8. EL DEPARTAMENTO DE ESTADO Y EL PRESIDENTE GARCÍA CALDERÓN
Los miembros del cuerpo diplomático residente recibieron una nota del Canciller Manuel
Gálvez, en la que les comunicaba la instalación del gobierno provisorio 167. De tal modo,
este pretendía, por caminos indirectos, lograr que se reconociera a la nueva
administración. Mas la respuesta de los representantes extranjeros fue evasiva. Todos
estaban acreditados ante el dictador Piérola, en su calidad de gobernante de facto, y no
podían reconocer dos gobiernos a la vez, administrando un mismo Estado.
Gálvez visitó posteriormente al agente estadounidense. Christiancy le recordó que la
posición del Departamento de Estado era de neutralidad estricta.
Siempre llano a ofrecer su mediación en forma de buenos oficios o a actuar como árbitro,
pero a pedido de los tres beligerantes. Sabía que Chile rechazaba la intervención extranjera
en la controversia. Por lo mismo, pues, no podía asegurarle que el Departamento se
apartaría de esa norma168.
Gálvez, entonces, le consultó acerca de la designación de un enviado peruano en
Washington. El agente, sin pronunciarse, vio en ello una objeción: su gobierno tenía
relaciones con Piérola, y el de La Magdalena no era el gobierno de Perú 169.
Christiancy, prudente, conversó con Patricio Lynch, comandante de las fuerzas chilenas de
ocupación, y con el plenipotenciario Joaquín Godoy, a cargo de los asuntos políticos y
diplomáticos. Ambos le manifestaron que demorase el reconocimiento hasta que Chile lo

164
164 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº265, Lima, 23-3-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
165
165 Mariano F. Paz Soldán, op. cit: Pág. 266.
166
166 N.A.U.S.A. T 52-38. Oficio Nº79, Lima, 12-1-1883, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a F.
Frelinghuysen, Secretario de Estado. Hay referencia también a obras que se enviaron a Valparaíso, como una estatua de
fierro que representa al dios Mercurio. Se menciona el Diario Oficial del 11-1-1883.
167
167 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº310, Lima, 27-5-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
168
168 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº264, Lima, 23-3-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
169
169 N.A.U.S.A. T 52-35. Oficio Nº264, Lima, 23-3-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
hiciera primero170. Se limitó a entregar a José Francisco Vergara copia de una parte de sus
instrucciones, en las que constaba el deseo de su gobierno de que se ajustara la paz, sin
demoras innecesarias y —nuevamente— sobre bases razonables171. Si bien Christiancy
evitó entrar en mayores detalles, sabemos que “razonables” significaba no al
cercenamiento territorial y sí al pago de una indemnización pecuniaria, también razonable.
El 7 de marzo de 1881 se produciría un cambio en Estados Unidos que tendría importantes
consecuencias para las repúblicas contendientes. El Presidente Garfield designó como
Secretario de Estado, en lugar de Evarts, a James G. Blaine, a quien un historiador de la
misma nacionalidad describe como “el Empenachado Caballero de Maine” 172.
Blaine había perdido por poco, en 1876, la Presidencia de Estados Unidos.
Aunque carecía de experiencia diplomática, era un político ambicioso.
Vio en los acontecimientos del Pacífico la posibilidad de engrandecer su imagen e imponer
su visión panamericana173. Su actuación no resultó enaltecedora, y solo contribuyó a
prolongar el conflicto. Como veremos más adelante, se interesó también por obtener
concesiones salitreras en Tarapacá, en favor de capitalistas estadounidenses 174. Ocultó
estas pretensiones —dice el historiador norteamericano F. B. Pike— al proclamar que no se
podía aceptar la trasferencia de territorios fundada en el derecho de conquista y en la
fuerza, en el hemisferio occidental175.
La preocupación de Evarts habría sido impedir sobre todo la intromisión europea, mas su
actuación se demostró cautelosa, “casi desinteresada” 176.
Ante los beligerantes quiso mantener una posición más bien equidistante. En cambio, el
nuevo secretario abandonó la moderación de su predecesor y practicó una política
agresiva, que el New York Herald motejó de “pugilística” 177.
Ella volvió a confundir a los peruanos, que creyeron que Estados Unidos inclinaría la
balanza en favor suyo.
Calificaba a Chile de agresor, con el respaldo de Gran Bretaña, su bête noire. Le disgustaba
la influencia británica en el hemisferio occidental, “en un campo que legítimamente
pertenece a Estados Unidos y que podía dominar fácilmente si lo quisiera. El triunfo de
Chile entrega todos los negocios peruanos a manos de los ingleses”178.
Blaine no se hallaba solitario en su pensamiento entre sus compatriotas, cada vez más
170
170 N.A.U.S.A. T 53-36. Oficio Nº319, Lima, 16-6-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
171
171 N.A.U.S.A. T 53-35. Oficio Nº261, Lima, 21-3-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a William M.
Evarts, Secretario de Estado.
172
172 William F. Sater: “Chile. Clash of global visions II. United States-Latin American Relations, 1850-1903”. Editado por
Thomas M. Leonard (Tuscaloosa, Habana). 1999. Pág. 179.
173
173 William L. Krieg, “Legacy of the war of the Pacific”. Estudio para el Departamento de Estado de EE.UU. Pág. 5.
174
174 F.B. Pike: “The modern history of Perú”. Frederick A. Praeger, Publishers. New York-Washington. 1967. Pág. 148.
175
175 F.B. Pike, op. cit. Pág. 148.
176
176 William L. Krieg, op. cit. Pág. 6.
177
177 Herbert Millington, op. cit. Pág. 82.
178
178 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 451. Reproduce entrevista a J. G. Blaine hecha por el “New York Herald”.
deseosos de consolidar un lugar predominante en el hemisferio occidental. Después de
incorporar California, Texas y Nuevo México a su soberanía, mediante el artificioso recurso
de la compra de tales territorios, conviene recordar cuánto influyó Estados Unidos en favor
de Benito Juárez para poner término a la injerencia francesa en México, la que se oponía a
sus intereses.
El “empenachado caballero de Maine” había representado al partido republicano en el
Congreso y su vehemencia como leader de la minoría le valió acusaciones relativas a su
integridad personal. No obstante, el Presidente Garfield lo designó Secretario de Estado y
le prestó todo su apoyo179. Este gobernante fue asesinado el 2 de julio de 1881, y a su
muerte advino Chester Arthur. La influencia de Blaine disminuyó, en perjuicio de la causa
de los aliados del sur. El 9 de diciembre, el secretario renunció, después de una minuciosa
investigación en la cámara de representantes, que terminó por absolverlo. Empero, su
reputación sufrió menoscabo y sus constantes ambiciones presidenciales se vieron
frustradas.
El 9 de mayo, Blaine envía un despacho a Christiancy en que contesta uno del agente 180. En
este último, el diplomático le comunica que Chile desconoce a Piérola como representante
de la autoridad civil en Perú, y que García Calderón está al frente de un gobierno
provisional. Lo anterior le abre el camino al Secretario para ordenar al plenipotenciario
que:
“si el Gobierno de [García] Calderón es sostenido por los hombres de valer e inteligencia del
Perú y está realmente inclinado a restaurar el gobierno constitucional con intención de
negociar la paz con Chile, puede V.S. reconocerle como Gobierno provisorio y prestarle la
ayuda que pueda, ya sea por consejos o por buenos oficios para alcanzar este fin” 181.
El 14 de mayo Christiancy conoció sorpresivamente por El Orden, periódico limeño oficial
de García Calderón, que el 12 de marzo —cinco días después que asumió Blaine— el
Presidente Garfield había reconocido al Presidente provisorio 182.
Este inusual proceder se explica porque Blaine advirtió que con la colaboración de ciertos
financistas europeos y estadounidenses sería posible entenderse con García Calderón y
alcanzar la paz con Chile. Aquellos proporcionarían los recursos económicos para
indemnizar al Mapocho de sus gastos militares, mientras Perú conservaría el suelo de
Tarapacá.
El agente se encontró en una situación incómoda. Grande debió ser su sorpresa, pues nada
se le había informado oficialmente, situación que suele acontecer en la vida diplomática,
máxime en aquellos años en que las comunicaciones eran difíciles y onerosas. Sus colegas
en Lima le apremiaban para saber cuán veraz era la noticia. Por desgracia, carecía de clave
para comunicarse con Washington. En cuestión de tanta importancia —consideraba— le

179
179 Pascual Ahumada, op.cit. Tomo VII. Pág. 333.
180
180 Message from the President of the United States, op. cit. Pág. 495. Trascribe oficio Nº143, Washington, 9-5-1881, de
James G. Blaine, Secretario de Estado, a Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú.
181
181 Pascual Ahumada op. cit. Tomo VI. Pág. 326.
182
182 Message from the President of the United States..., op. cit. 1882. Págs. 495 y 496. Trascribe oficio Nº301, Lima, 17-5-
1881, del Ministro Isaac P. Christiancy a James G. Blaine, Secretario de Estado.
correspondía al Departamento de Estado informarle. Además ignoraba si García Calderón
tuviese un adecuado respaldo de la nación. Por lo mismo —comunicaba a Washington—
que se abstendría de dar paso alguno, hasta recibir instrucciones.
Blaine, al parecer presuroso y antes de escuchar a Christiancy, recibe el 4 de mayo a
Federico Elmore, el agente enviado por García Calderón. No le reconoció formalmente,
pero sí oficiosamente.
A Christiancy se le presentaba una situación compleja y, por lo mismo, siguió dudando,
más la cuestión parecía zanjada en el Departamento de Estado. Responde a Blaine que, a
juicio suyo, si se trata de la clase pudiente —los ricos propietarios azucareros de la costa y
los adinerados comerciantes— sin duda que ellos desean la paz a “cualquier precio y bajo
cualquiera condición”, y respaldan a García Calderón. En cambio, desde un ángulo político,
el gobierno provisorio carece del mismo sustento. El pueblo lo ve como una prolongación
de la ocupación chilena y apoya a Piérola. Acerca de la intención de restaurar el régimen
constitucional y acordar la paz, sin tener más antecedentes que las declaraciones de García
Calderón y sus ministros, termina por inclinarse en favor de los hombres de La Magdalena.
También conoce la opinión de Lynch y Godoy, quienes prefieren que los diplomáticos
residentes demoren su decisión hasta que Chile adopte la suya 183.
El diplomático sabía que Blaine le tenía un sucesor, que llegaría a Lima tan pronto fuese
reconocido García Calderón, y que a Elmore se le recibió en Washington, el 4 de mayo 184.
Por este motivo, se adelantó el 26 de junio a reconocer a los hombres de La Magdalena, a
fin de que no se pensase que se aferraba al cargo. Mas, si hubiese seguido su propia
convicción, solo habría dado este paso tan pronto tuviera el convencimiento de que el
gobierno de La Magdalena representaba una autoridad de facto, aceptada por la mayoría
de los peruanos185, convencimiento que no tenía.
9. EL CRÉDITO INDUSTRIAL Y LA COMPAÑÍA PERUANA
En tiempos del Secretario Evarts, aparecen unos ávidos especuladores franceses y
estadounidenses que persiguen adueñarse, en sustitución de la nación victoriosa, del
guano y del salitre. La forma de anular a Chile, en cuyo poder ya se encontraban estas
riquezas, era obtener que Estados Unidos presionase a La Moneda para que solo exigiese
del Perú una indemnización pecuniaria, en vez de la cesión de Tarapacá 186. Se trataba del
Crédito Industrial, de Francia, y de la Compañía Peruana, de Estados Unidos. Esta última
amparaba las quiméricas reclamaciones de los franceses Alejandro Cochet y Jean Téophile
Landreau.
Antes de referirnos al Crédito Industrial, nos ocuparemos del desempeño de la firma
francesa, Dreyfus Hermanos, que actuaba desde 1869 como agente financiero del
gobierno peruano, en el que a la sazón Nicolás de Piérola se desempeñaba como ministro

183
183 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº319, Lima, 16-6-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
184
184 Herbert Millingon, op. cit. Pág. 83.
185
185 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº322, Lima, 28-6-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.U. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
186
186 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 32.
de Hacienda. En agosto de ese año, suscribió con el ejecutivo uno de los contratos más
controvertidos que Perú pudo convenir hasta ese momento. En virtud de él, se entregó a
Dreyfus el monopolio de la venta del guano, en reemplazo de los consignatarios que lo
habían tenido hasta esa fecha. Aquí surge un problema político: los consignatarios estaban
vinculados con lo que después se conoció con el nombre de partido civil o civilismo.
Dreyfus, en cambio, tenía relaciones con Nicolás de Piérola y su partido democrático,
claramente antagonista del primero, que representaba a otro sector de la sociedad
peruana.
Esta firma celebró un contrato de liquidación el 7 de enero de 1881, cuando en plena
guerra Piérola asumió la jefafura suprema. Allí Perú reconoció deberle aproximadamente
4.000.000 de libras esterlinas. El contrato luego fue traspasado a una sociedad francesa, en
la que figuraba el Crédito Industrial187.
Este último operaba en París. Lo integraban europeos. El 7 de enero de 1880 firmó un
convenio con el Presidente Mariano Ignacio Prado, antecesor de Piérola 188. Su capital se
encontraba constituido por acreedores de la deuda peruana, agrupados en organizaciones
nacionales, tales como el “comité de tenedores de bonos peruanos en Francia”. El reclamo
individual más importante era el de Dreyfus. Los bondholders —como ya indicamos— se
encontraban en pésima situación aún antes de 1879, porque Perú no les cancelaba los
intereses ni el capital. Por consiguiente, los bonos perdieron gran parte de su valor.
Posteriormente, los adquirieron especuladores que pretendían efectuar una fuerte
ganancia a costa de Chile. Confiaban en que esta república los rescatase como resultado
de la presión internacional.
Los representantes del Crédito —el conde de Montferrand y el cubano Francisco de Paula
Suárez (este último asociado en otro tiempo a Henry Meiggs)— llegaron a Washington y le
presentaron al Secretario William M. Evarts, el 21 de enero de 1881, su “programa”. En
representación de los tenedores de bonos en Francia, Bélgica y Holanda, y en menor
cuantía en Gran Bretaña, la compañía asume la obligación de pagar el total de la deuda
peruana, que ascendía aproximadamente a 45.000.000 de libras esterlinas 189.
Conforme a una declaración del Crédito, se entregarían anualmente 550.000 libras a Chile,
una suma más que suficiente para levantar un préstamo de 4 o 5.000.000 de libras, y a
Perú 550.000 libras al año, que era más de lo que obtenía el fisco de esa república. Los
tenedores de bonos recibirían 1.200.000 libras190.
Lo que la contraparte requería era que Tarapacá retornase a Perú y que el salitre quedase
entregado al monopolio de este consorcio. Así se aseguraría la libre exportación, sin
cortapisas, de este producto y del guano, por un plazo que se acordaría. Cumplidas dichas
condiciones, el Crédito traspasaría 60.000 libras anuales a la Compañía Americana del
Cable, que operaba entre Lima y Panamá191.
187
187 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 38.
188
188 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 104.
189
189 Esta suma debe equivaler, más o menos, a los US$281.340.000 que señala el Almanaque Spofford, 1882, pág.121.
190
190 Herbert Millington,op. cit. Pág. 98.
191
191 Herbert Millington, op.cit. Pág. 98.
Este es “nuestro objeto y nuestra inteligencia de los intereses financieros de aquellas
repúblicas, —escribía Suárez al Secretario Evarts, el 7 de febrero— y la ejecución del
esquema propuesto, tal como lo presenta el Crédito Industrial, significará una garantía
segura para el mantenimiento de la paz, así como creará un interés común entre esas
naciones, al colocar el origen de su riqueza bajo la administración de una institución de
mucho nombre y reputación en el mundo”192.
Como observamos, lo que aquella corporación pretendía era que la Unión Americana
interviniera en el conflicto bélico. Esa entidad buscaba que Perú conservara la provincia de
Tarapacá, una acción claramente contradictoria con la política chilena. Sin ella, los bonos
no tendrían ningún valor y el crédito peruano quedaría aún más por el suelo, ya que
poseían antecedentes de que La Moneda no asumiría la deuda peruana. A pesar de sus
líricas declaraciones en favor de la doctrina Monroe y sus deseos en pro de la amistad
latinoamericana, sus propósitos eran “enteramente mercenarios”, según anota el autor
estadounidense Herbert Millington. La ayuda presuntamente benévola que prestaría a
Perú, significaría que dicha nación solo retendría el suelo de Tarapacá. La Compañía se
quedaría con el salitre y otras materias primas, y se pagaría con mucha generosidad193.
Evarts comunicó a Suárez que Estados Unidos se encontraba disponible para presionar en
favor de una paz pronta y honorable. Las facilidades financieras que esa empresa
concediera podrían ayudar al establecimiento de ella 194. Sin embargo, con mayor cautela
que el cubano Suárez, por escrito expresó a su representante en Lima que el gobierno
intervendría solo cuando los beligerantes se lo solicitaren. Le instruyó para que así lo
trasmitiese a los ministros en Santiago y La Paz195.
Christiancy estimaba que Chile, envalentonado con sus éxitos militares, consideraría
inadmisible la propuesta de Suárez. Únicamente la intervención armada de Estados Unidos,
Francia e Inglaterra lo obligaría a aceptarla 196.
Por estas razones, se abstuvo de iniciar gestión alguna, con lo cual se ganó el desagrado
de estos mercaderes que aceleró su salida del Rímac 197.
Este plenipotenciario advertía dos caminos para que la Unión controlase el comercio de
Perú, en detrimento de los intereses de Gran Bretaña: presionar en pro de la paz, conforme
a bases razonables, o controlar a esa nación a través de un protectorado o bien que fuese
anexada por Estados Unidos. Cualquiera de estas tres fórmulas sería popular en Lima,
agregaba, tanto en el mundo oficial como entre la gente adinerada, que observaban con
animadversión la influencia británica y sus vínculos con Chile. En cambio, la Iglesia se
opondría porque significaría la intromisión del protestantismo.
192
192 Ver obra citada anteriormente y N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº129 Confidencial, Washington, 17-2-1881, de William M.
Evarts, Secretario de Estado.
193
193 Herbert Milligton, op. cit. Pág. 99
194
194 Herbert Millington, op. cit. Pág. 100.
195
195 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº129, Washington, 17-2-1883, de William M. Evarts, Secretario de Estado, a Isaac P.
Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú.
196
196 N.A.U.S.A. T 52-35. Oficio Nº 262 Confidencial, Lima, 22-3-1881, de Isaac P. Christiancy, Ministro de EE.UU en Perú, a
William M. Evarts, Secretario de Estado.
197
197 Gonzalo Bulnes, op. cit., Vol. III. Pág. 41.
Aunque el ministro juzgaba que a él no le tocaba adoptar una decisión, adelantaba que se
oponía a la anexión, salvo que después de un programa de diez años, el ex-virreinato fuese
admitido como un estado más de la Unión198.
Tal vez el equivalente de Puerto Rico...
Suárez interesó a García Calderón y le ofreció sin más el apoyo de Evarts.
El Presidente provisorio firmó, pues, dos convenios con el Crédito Industrial.
A su vez, James G. Blaine manifestó un interés mayor que Evarts en el asunto. Es posible
que haya apreciado, detrás de este “programa”, la posibilidad de impedir la cesión
territorial, mientras él lograba imponerse como una figura visionaria del futuro
panamericanismo. El Secretario resolvió, además, nombrar nuevos ministros en Lima y
Santiago.
En Nueva York, surge entonces la Compañía Peruana, aún más turbia que la anterior. La
componen importantes figuras políticas, como el ex Presidente Grant y el Senador Blair,
con influencia en el gobierno y en el Congreso 199. La preside el abogado Jacob Shipherd,
un aventurero rapaz y de pésima calaña. Pretende que si Perú cede Tarapacá a Chile, en el
Tratado de Paz se estipule “que ese territorio respondía preferentemente antes que de
ninguna otra deuda, incluso de la de Chile por la guerra, de las de Cochet y Landreau” 200. La
Compañía reclamaba novecientos millones de dólares o, al menos, trescientos más
intereses acumulados del 6%, a nombre de Alejandro Cochet, representado por su hijo
natural, y por John Landreau, nacionalizado estadounidense 201.
Alejandro Cochet alegó en vida ser el descubridor de la importancia del comercio del
guano, en circunstancias de que los nativos lo conocían y empleaban desde mucho antes.
Reclamaba novecientos millones de dólares.
Aducía el premio que otorgaba la legislación peruana a los descubridores de bienes
fiscales perdidos o ignorados. Mas su pretensión fue vana. Murió en la indigencia y se le
sepultó en la fosa común. Shipherd adquirió por un dólar una parte de estos novelescos
derechos.
Jean T. Landreau, a su vez, denunció unos depósitos de guano, ya conocidos.
La justicia peruana no acogió su demanda. Por esta razón, recurrió a su hermano
nacionalizado estadounidense, a fin de invocar el amparo del gobierno de la Unión.
Shipherd le compró sus derechos y los avaluó en trescientos millones de dólares.
Blaine informa al general Hurlbut, nuevo ministro en Lima, y deja a su criterio el caso de
Cochet. Empero, con relación al de Landreau, le instruye para que lleve a la atención del
ministerio de Relaciones Exteriores del Rímac, que la Corte Suprema peruana dejó en la
indefensión a un ciudadano estadounidense. El gobierno de Washington confía en que se
198
198 Mensaje del Presidente de los Estados Unidos... op. cit. Carta confidencial, Lima, 4-5-1881, de Isaac P.
Christiancy, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G. Blaine, Secretario de Estado. Pág. 185 y ss.
199
199 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 171.
200
200 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 62.
201
201 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. 324 y 325. Contiene nota del Secretario de Estado, James Blaine, de 4-
8-1881, a Stephen. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú. Apoya la reclamación de Landreau y dice que en el tratado de
paz que suscriban Chile y Perú, Perú debe estipular el pago a Landreau.
tomarán medidas, a fin de que el afectado logre una decisión judicial que proteja sus
derechos202.
En opinión de Hurlbut, el caso Cochet no se presta para una acción judicial.
No así el de Landreau, pues existen pruebas suficientes que apoyan esa reclamación 203.
El Secretario de Estado coincide con el ministro en que no debe presentar una demanda
oficial, pero sí empeñarse en obtener una rápida y justa consideración del caso 204. Blaine
declaró al New York Herald , después de dejar su cargo, que había ordenado a Hurlbut que
emplease sus buenos oficios para que Perú designase a algún tribunal, frente al cual
pudiese comparecer Landreau y se estudiase la justicia de su reclamación 205.
Shipherd intenta que el Secretario de Estado ordene a Hurlbut que apoye sus pretensiones.
El asesinato del Presidente Garfield y su reemplazo por Arthur habría aminorado la
influencia de Blaine, lo que pudo aconsejarle prudencia206.
Aún así, casi al término de su gestión, el 16 de diciembre, escribió al general:
“Un tratado de paz que ceda territorio a Chile no debería hacerse descuidando los derechos
que puedan pertenecer al señor Landreau, después de una investigación judicial
imparcial”207.
Olvidó que los tribunales peruanos negaron jurisdicción al representante de este
ciudadano. Al propio tiempo, Landreau carecía de derechos para impetrar la protección
diplomática de otro Estado que no fuera el suyo.
Esta decisión de Blaine —cuando se la conoció— dejó una mala impresión en la opinión
pública estadounidense.
En Europa, el guano y el salitre tenían mucha importancia en su desarrollo, de tal modo
que existía una seria preocupación si estos productos llegasen a faltar. Por lo mismo, los
agricultores y los navieros empiezan a promover acciones ante las autoridades para
acelerar el término del conflicto, ya sea a través de los gobiernos del Viejo Continente o de
Estados Unidos.
Si bien sus simpatías se inclinaban en favor de Chile, como consecuencia del “descrédito
en que ha caído el Perú a causa de sus desaciertos financieros”, lo que realmente les
preocupaba era el término de la guerra 208.

202
202 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº7, Washington, 4-8-1881, de James G. Blaine, Secretario de Estado, a Stephen A.
Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú.
203
203 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº12, Lima, 14-9-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
204
204 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº7, Washington, 4-8-1881, de James G. Blaine, Secretario de Estado, a Stephen A.
Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú.
205
205 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 450.
206
206 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº17, Washington, 17-XI-1881, de James G. Blaine, Secretario de Estado, a Stephen A.
Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú.
207
207 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 325. Reproduce oficio de James G. Blaine, Secretario de Estado,
Washington, 16-12-1881, a William Henry Trescott, Ministro de EE.UU. en Misión Especial.
208
208 Celia Wu Brading: “Santiago Sierra, Diplomacia mexicana en América del Sur y la Guerra del Pacífico 1878-79”.
Trascribe oficio del ministro de México en Bélgica, Bruselas, 4-4-1880, al Ministro de RR.EE. de México. Pág. 110 y ss.
10. ESTADOS UNIDOS DESIGNA NUEVOS AGENTES EN LIMA Y SANTIAGO
Como hemos adelantado, Blaine —apenas asumió su cargo— introdujo cambios en las
legaciones en Lima y Santiago. Christiancy fue sucedido por el general Stephen A. Hurlbut;
y Osborn por el general Hugh Judson Kilpatrick.
En Bolivia continuó el general Charles Adams.
El historiador estadounidense William F. Sater sostiene que la política del Departamento de
Estado fue miope en la elección de estos plenipotenciarios.
Blaine demostró una absoluta ceguera respecto de Hurlbut, que era un adicto al alcohol,
cuyos vapores ya perturbaban su juicio antes de viajar a Santiago. Y Kilpatrick —por su
matrimonio con una chilena— parecía más chileno que estadounidense. Además estaba
enfermo209.
El primero militaba en el partido republicano y gozaba de la confianza del Secretario de
Estado. Se desempeñó como ministro en Colombia, desde 1869 hasta 1872. Tuvo una
actuación destacada durante la guerra de secesión, si bien empañada por cargos de
corrupción. En Illinois, en su calidad de leader de esa colectividad política, se le acusó
nuevamente del mismo delito y también de ebriedad210.
Kilpatrick participó destacadamente en aquel conflicto. Apenas fue nombrado teniente
segundo de artillería, recibió su bautismo de fuego en el campo de batalla 211. Al finalizar, se
le designó ministro en Chile, entre 1865 y 1868. Allí contrajo matrimonio con Luisa
Valdivieso Araoz. Derrotado en una elección política, volvió a ser acreditado en Santiago.
Ambos generales no se entendieron. Ya hemos advertido una situación similar entre
Osborn, Christiancy y Pettis.
Blaine dio instrucciones escritas a los dos plenipotenciarios. Sus textos se conocen.
Además, a Hurlbut se las dió verbales 212. Kilpatrick fue autorizado para mostrar las suya al
gobierno chileno. Hurlbut conoció igualmente las de su colega, pero a Kilpatrick se le dejó
en una situación menoscabada.
No se le impuso de las que recibió aquel. En cambio, ambas le fueron enseñadas a Marcial
Martínez, nuestro representante en Washington, por el Secretario de Estado. Blaine
sostenía, pues, que Chile estaba enterado de ellas, aunque de las verbales solo las conocía
el agente en Lima.
El Secretario expresa a Hurlbut que La Moneda parece inclinarse por reconocer al gobierno
provisional de García Calderón 213. Luego agrega: “si es así, V.S. debe hacer cuanto pueda
para animar a los peruanos a que acepten cualesquiera condiciones razonables y las
restricciones con que se acompañe esta concesión”. Este gobierno nacional es de vital

209
209 William F. Sater: op. cit. Pág. 179.
210
210 Herbert Millington, op. cit. Pág. 85.
211
211 “Informes indéditos de diplomáticos extranjeros...”, op. cit. Pág. 192.
212
212 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº2, Lima, 10-8-188, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G. Blaine,
Secretario de Estado.
213
213 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº2, Washington, 15-6-1881, de James G. Blaine, Secretario de Estado, a Stephen A.
Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú. P. Ahumada las reproduce en obra citada,Tomo V, pág. 496.
importancia —agrega— porque permitirá a Perú iniciar negociaciones de paz. Es preferible
aceptar condiciones que “pudieran ser duras e importunas”, antes que exigir demasiado y
que continúe la ocupación militar chilena.
Los Estados Unidos, comenta Blaine:
“no pueden negarse a reconocer los derechos que el gobierno de Chile ha adquirido... y
puede ser que una cesión de territorio sea el precio necesario que deba pagarse por la paz”.
Perú —dice— no debería declarar, en ningún caso, que aceptaría la pérdida de territorio,
como resultado de la negociación.
El objetivo de García Calderón sería la formación de un gobierno constitucional y luego
entablar aquella negociación, “sin la declaración de condiciones preliminares, como un
ultimatum por cada parte”. Dice Blaine, enseguida, que como Chile ha declarado que esta
no es una guerra de conquista, Perú podría buscar la oportunidad de ofrecer el pago de
una indemnización pecuniaria antes que aceptar un cercenamiento territorial. Estados
Unidos ejercería su influencia para lograr que La Moneda consintiera en que “la cuestión
de la cesión de territorio sea objeto de una negociación y no la condición previa sobre la
cual únicamente podrían principiar las negociaciones”.
Enseguida alude a un punto muy interesante, esto es, que García Calderón intentaría
conseguir ayuda externa para financiar una indemnización pecuniaria en favor de Chile,
que evitará desprenderse de Tarapacá.
“Como V. S. lo sabe —anota el Secretario de Estado— más de una proposición se ha
sometido a la consideración de este Gobierno, referente a una intervención amistosa que
pudiera permitir al Perú hacer frente a las condiciones que probablemente se impondrán...
sin sacrificar la integridad del territorio peruano. El Gobierno de los Estados Unidos —
concluye— tendría voluntad para ofrecer sus buenos oficios para la ejecución de un proyecto
semejante”.
Este oficio parece trasparente, si no fuese porque se refiere a que “más de una proposición
se ha sometido a este Gobierno” (el de Estados Unidos), la que permitiría a Perú evitar el
desmembramiento de Tarapacá. De acuerdo con el testimonio ante el Congreso de la
Unión de William Henry Trescot, secretario adjunto del Departamento de Estado, se refería
al Crédito Industrial de París. Empero, en su opinión, las instrucciones, tanto escritas como
verbales, no imponían a Perú el programa de ese consorcio ni tampoco el de la Compañía
Peruana214. Es decir, lo sugerían...
Aquella cuestión mereció una investigación del poder legislativo. Blaine negó que hubiese
apoyado la idea de establecer un protectorado norteamericano en Perú, o que tuviese algo
que ver con el Crédito Industrial. En cambio, el abogado de esa sociedad, Robert E. Randall
(curiosamente hermano del presidente de la Cámara de Representantes), expresó que el
Secretario le manifestó que la proposición del consorcio le era “enteramente satisfactoria”
y que el gobierno utilizaría su “programa”. Aún más, Blaine dio su aprobación al viaje de
Randall a Europa, en el verano de 1881, junto con Federico Elmore, ministro peruano en

214
214 Herbert Millington, op. cit. Pág. 103. La declaración de Trescot fue hecha ante el Comité del Congreso. H.R. 1790, 47
Congreso, primera sesión, pág. 350.
Washington, para promover los intereses de este grupo215.
El secretario de Estado desmintió tales alegaciones. Sin embargo, el autor estadounidense
Herbert Millington, cuyo libro sobre la materia se publicó en 1947, revisó la
documentación relativa a este caso y consideró difícil que las declaraciones juradas de
tantas personas que incriminaron a aquel funcionario fuesen todas falsas y todos hayan
cometido perjurio. A su juicio, la explicación se encuentra en que el interés inicial de Blaine
por esa entidad decayó cuando se presentó la Compañía Peruana, con un proyecto aún
más ambicioso216.
Jacob Shipherd, presidente de esta última compañía, intercambió numerosas cartas con
Hurlbut. Buscaba el apoyo del diplomático. Antes de viajar, se entrevistó con él, y luego le
escribió: “Le reservaré doscientos cincuenta mil dólares del fondo accionario sujeto a su
decisión”217. El abogado declaró después, ante la comisión de la Cámara de
Representantes, que creía que este diplomático era comprable, un lenguaje de por sí
revelador de la corrupción que prevalecía a orillas del Potomac.
El Presidente Garfield fue asesinado el 2 de julio de 1881. Su sucesor, Chester Arthur,
confirmó a Blaine, mas este perdió el poder que antes disfrutaba.
Blaine habría intentado entonces desligarse de toda responsabilidad.
Ordenó, en consecuencia, a Hurlbut que “la influencia que le da su posición no debe ser
usada en ayuda del Crédito Industrial ni de cualquier otro consorcio financiero o
especulativo”218.
El Crédito Industrial —agrega Blaine— es una corporación extranjera, responsable ante la
legislación francesa y le corresponde buscar el amparo de esa potencia 219. La Compañía
Peruana es una entidad estadounidense, integrada por ciudadanos respetables. Sin
embargo, —concluye— no se deben utilizar los buenos oficios del gobierno con el fin de
defender intereses personales220.
El agente le responde escuetamente: “No ha sido, no será”. Aclara que el contrato entre el
Crédito Industrial y el Perú fue suscrito en París, el 17 de enero de 1880, y modificado en
marzo del año siguiente, antes de que él asumiera sus funciones en Lima. Mencionó
asimismo su enérgico rechazo a las cartas de Shipherd 221. Hurlbut puso fin a esta
correspondencia, el 17 de diciembre de 1881. Si es que tuvo algún interés en tales

215
215 Herbert Millington, op. cit. Pág. 104
216
216 Herbert Millington, op. cit. Págs. 104 y 105.
217
217 Herbert Millington, op. cit. Pág. 107. La correspondencia de Hurlbut y Shipherd se encuentra publicada en la obra
citada de Pascual Ahumada y también en los informes de la Cámara de Representantes de EE.UU.
218
218 N.A.U.S.A. T 77-131. Telegrama, Washington, 27-10-1881, de James G. Blaine, Secretario de Estado, a Stephen A.
Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú.
219
219 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 39. Dreyfus Hnos. y Cía --el archipillo de Perú como lo llamó J. A. de Lavalle-- era
el alma del Crédito Industrial y gozaba de la protección de Jules Grévy, Presidente de Francia, que tomó una participación
poco enaltecedora si se considera su alta jerarquía.
220
220 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº18, Washington, 19-XI-1881, de James G. Blaine, Secretario de Estado, a Stephen A.
Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú.
221
221 N.A.U.S.A. T 52-37. Oficio Nº 25, Lima, 2-XI-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
proposiciones, finalmente aparece perdiéndolo.
Como ya indicamos, la cámara joven absolvió a Blaine y a Hurlbut. De la lectura que hemos
hecho de la correspondencia del Secretario de Estado, se desprende una conducta
oscilante. Al principio, a favor del Crédito Industrial y luego de la Compañía Peruana.
Después que Chester Arthur sucede al Presidente Garfield, se demuestra inclinado por
probar su desinterés respecto de ambas corporaciones. Finalmente, no le queda más que
renunciar y le sucede Frederick J. Frelinghuysen. Una impresión similar fluye de los
despachos de Hurlbut, quien pidió su traslado a Washington para presentar su renuncia en
esa capital. Un fulminante ataque cardíaco en Lima dio término a su existencia 222, y se
perdió la oportunidad de promover una investigación más a fondo.
Ahora examinaremos las instrucciones que recibió Kilpatrick. Estas reconocen las
dificultades que ha enfrentado la diplomacia estadounidense, después de su fracasada
iniciativa en Arica, en octubre de 1880. Allí Chile fue a dictar y no a discutir los términos de
paz223.
Blaine le recuerda que esta república, al iniciarse el conflicto, declara que esta no era de
conquista, “sino para la solución de las diferencias que la diplomacia no ha podido
arreglar”. En consecuencia, “hacer de la adquisición de territorio una condición sine qua
non de paz es calculado para sugerir sospechas sobre la declaración que se hizo cuando
principió la guerra”.
Como se sostuvo que la contienda no era de conquista, “debería ser el resultado de una
negociación y no la condición preliminar y absoluta sobre la cual solamente el vencedor
consiente en negociar”.
Según Blaine, el Presidente Garfield cree:
“que sería más honroso para el Gobierno de Chile, más conducente a la necesidad de una
paz permanente y más en consonancia con los principios que se profesan por todas las
repúblicas de América, que se eviten, en cuanto sea posible, esos cambios territoriales; que
ellos no sean nunca el mero resultado de la fuerza; pero, si es necesario, ellos deben ser
decididos y arreglados por discusiones amplias e iguales entre las potencias cuyos pueblos y
cuyos intereses nacionales están comprometidos” 224.
Si Perú y Bolivia:
“no ofrecen lo que es razonablemente una indemnización y garantía suficiente, entonces —
continúa Blaine— se hace un asunto muy digno de consideración, si ese territorio debe ser
tomado como el precio de la paz”.
Como consecuencia de la completa victoria de Chile, señala que en Perú dejó de existir un
gobierno responsable, lo que torna imposible una discusión diplomática entre los
beligerantes. Por esta razón, los Estados Unidos:

222
222 N.A.U.S.A. T 52-37. Oficio s/nº, Lima, 28-3-1882, al Departamento de Estado. Contiene certificado de defunción de
Stephen A. Hurlbut.
223
223 N.A.U.S.A. T 77-36. Oficio Nº2, Washington, 15-6-1881, de James G. Blaine, Secretario de Estado, a H. J. Kilpatrick,
Ministro de EE.UU. en Chile. Ver obra citada de Pascual Ahumada. Tomo V. Págs. 497 y 498.
224
224 Message from the President of the United States, op. cit. Págs 157 a 159. Trascribe oficio Nº2, 15-6-1881, de James G.
Blaine, Secretario de Estado, a Judson Kilpatrick, Ministro de EE.UU. en Chile.
“han sabido con placer, por su Ministro en Chile [Osborn], a quien V.S. [Kilpatrick] ha
sucedido, que las autoridades chilenas han decidido prestar su ayuda a los esfuerzos del
señor [García] Calderón para establecer sobre un pie firme un Gobierno provisional en el
Perú”.
El Departamento de Estado confía en que Kilpatrick sea el instrumento que induzca a
Santiago para que persevere en el camino de restaurar un gobierno constitucional; como
también que se entregue a las negociaciones diplomáticas, el arreglo final de las
cuestiones de la anexión territorial, sin que las partes soliciten la ayuda de una potencia
europea.
El objetivo central de estas instrucciones es lograr que Chile dé su apoyo a García Calderón
y que negocie la paz sin requisitos previos. A diferencia de las de Hurlbut, no contienen
alusiones veladas al Crédito Industrial. Mas, en el fondo lo que se pretende es que los
beligerantes negocien y que Chile no dicte un ultimátum... Al final, Perú contentará al
adversario con una indemnización pecuniaria, cuya única forma de financiar sería el
programa del Crédito Industrial. Como veremos más adelante, estos propósitos fracasaron
porque Chile se mantuvo fiel a la política que siguió en Arica, casi la misma que se
reflejaría en el Pacto de Ancón, en 1883.
11. HURLBUT EN ACCIÓN. ENFERMEDAD Y MUERTE DE KILPATRICK
A iniciarse la guerra, el Departamento de Estado dispuso que su representante en
Santiago, Thomas A. Osborn, desempeñara un rol de mayor preponderancia en el área del
conflicto, en relación con sus colegas de Lima y La Paz. Con James G. Blaine, dicha norma
se alteró y, en consecuencia, le correspondió asumir tal rol al agente en Perú, el general
Stephen A. Hurlbut, por su proximidad política con él y acaso por su identificación acerca
de la forma en que se debería resolver la guerra. En vista de su anterior misión en
Santiago, se reputaba a Kilpatrick proclive a Chile. Tal vez se pensaba que podría ablandar
a los dirigentes de esta nación, por su predisposición hacia ella, a través de su matrimonio,
que lo hacía casi un chileno.
Al presentar credenciales en Lima, el 2 de agosto de 1881, el general Hurlbut pronunció
frases alejadas de la circunspección propia de un diplomático.
Expresó, por ejemplo, que “el abuso de la victoria se convierte las más veces en anatema
para el conquistador”225. A juicio de Godoy, que en ese momento conversaba con García
Calderón respecto de las condiciones que normarían la paz, esas expresiones
comprometían la imparcialidad de Estados Unidos 226 y robustecían los anhelos del
gobierno provisorio.
El primer informe de Hurlbut traza un cuadro deprimente de la situación peruana: un país
conquistado en lo militar, cuya marina ha sido destruida; Chile ocupa la costa y explota las
riquezas de Tarapacá, imponiendo severas exacciones a sus habitantes 227.

225
225 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. 144 y 145.
226
226 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1881-82. Oficio Nº7, Lima, 4-8-1881, de Joaquín Godoy, Ministro de Chile
en Perú, a Melquíades Valderrama, Ministro de EE.UU. de Chile.
227
227 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº2, Lima, 10-8-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
Juzga que Christiancy obró bien al reconocer el gobierno de La Magdalena.
Aunque no sea constitucional, —dice— lo es bastante más que la ominosa dictadura de
Piérola. Agrega que García Calderón ha convocado a un congreso que estima
legítimamente elegido, aunque nos parece que tiene más apariencia de designado que de
elegido. Ricardo Palma, el célebre tradicionista peruano y pierolista, vaticina que “va a ser
un bodrio, un puchero, un zurcido de retazos, una especie de caballito de siete colores” y
agrega “será todo lo que se quiera menos reunión de representantes elegidos por el
pueblo”
. Desde julio de 1881, sesiona en Chorrillos, en lo que fue un hospital para heridos
228

chilenos. Allí el abogado arequipeño fue proclamado Presidente provisional. Si bien el


diplomático no lo trasmite, el Congreso encontró tropiezos para formarse. El pueblo
favorece a Piérola y grita ¡Abajo los achilenados!
¡Viva Piérola! Este último no se quedó atrás: instaló otro gobierno en Ayacucho, con
parecido origen229.
Las autoridades chilenas no tratan oficialmente con García Calderón —Hurlbut escribe a
Washington— y tampoco aceptan entrar en negociaciones formales, que equivaldrían a
reconocerlo. Chile exige como condición sine qua non la cesión territorial, desde
Moquegua hacia el sur. Ningún gobierno —expresa el diplomático— sobreviviría si acatase
tales términos. El Presidente no los aceptará. En cambio, pagará una indemnización de
hasta cuarenta millones de dólares. ¿Cómo podría financiarla si la nación está en
bancarrota?
No se explaya, pero indudablemente debió pensar en el “programa” del Crédito Industrial,
que Blaine apoyaba hasta ese momento.
Sin recordar las enormes extensiones territoriales que México se vio eufemísticamente
obligado a “vender” a Estados Unidos, Hurlbut considera que no se puede aceptar el
derecho de conquista.
“Toda Sudamérica —dice— excepto Brasil, se muestra opuesta a las pretensiones de Chile, y
toda ella, sin excepción, mira a los Estados Unidos, como la sola esperanza para el futuro del
Perú y como el poder capaz de controlar la codicia de la conquista. Hay que proceder con
celeridad, [agrega].
Ganaríamos prestigio en Sudamérica”230.
Casi un mes antes de que Hurlbut se reuniera oficialmente con García Calderón, el 6 de
julio el ministro chileno, Joaquín Godoy, conversó con el Presidente, en la residencia del
primero. García Calderón quiere que esa reunión esté precedida por su presentación de
credenciales. “El propósito de los peruanos —escribe Hurlbut a Blaine— es insistir en el
reconocimiento y prolongar la discusión todo lo posible” 231. Pero el plenipotenciario
228
228 Ricardo Palma: “Crónicas de la guerra con Chile”. Mosca azul editores. Lima. 1984. Pág. 38.
229
229 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 29.
230
230 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº2. Lima, 10-8-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
231
231 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº2, Lima, 10-8-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
chileno le manifiesta que, en cambio, el objetivo es convenir la paz 232. Godoy le manifiesta
que lo considerará como jefe de gobierno, después que suscribiese un tratado preliminar,
que incluyese la cesión territorial y el pago de una indemnización pecuniaria. García
Calderón, sin rechazar esas bases que conocía desde Arica, pidió tiempo para consultar a
los congresales. Además, solicitó que Bolivia participase, en virtud del Tratado de Alianza.
Godoy le responde que está autorizado para conversar únicamente con él. Chile no
reconoce esa alianza. Bolivia tampoco acepta a García Calderón. En definitiva, el Presidente
queda de comunicarse con los miembros del Congreso.
La nueva entrevista debía celebrarse el 17 de julio, mas no tuvo lugar.
Continuaron las dilaciones. Trascurrieron varios días sin respuesta. La explicación o la
excusa: los diputados siguen discutiendo en Chorrillos. García Calderón pide un plazo final
de siete días, que se cumplía el 24 de julio.
Desde Washington, Elmore ya le ha informado de la misión de Hurlbut en Lima y de la
posición del Secretario de Estado. También se refiere a las combinaciones con el Crédito
Industrial, en que él se involucró. El Presidente provisorio se siente en mejor pie ante las
exigencias chilenas. Esta es la causa de sus demoras.
Finalmente, o sea casi un mes después del primer encuentro, el 4 conversan García
Calderón y Godoy. El primero sostiene que el acuerdo preliminar lo firmarán sus
plenipotenciarios con Godoy. Esa fue la opinión del consejo de ministros y se abstuvo de
discutir el fondo del asunto. Godoy no aceptó y regresó a Chile. Solo trajo consigo
importantes papeles diplomáticos del archivo peruano, que al parecer algunos de sus
descendientes guardarían celosamente233. Este fracaso de Godoy fue el resultado de la
acción del ministro de Estados Unidos, quien respaldó decididamente a García Calderón en
su oposición a La Moneda. En conformidad con sus instrucciones, Hurlbut comunicó a
Washington que no se inmiscuiría en estas negociaciones, a menos que Chile persiguiera
aplastar a Perú como Estado independiente.
A fin de evitarlo, comunicaba al secretario de Estado:
“Puede Ud. estar seguro que yo no he de precipitar la materia, pero procuraré por todos los
medios prolongar las negociaciones preliminares hasta que haya tenido Ud. suficiente
tiempo para considerar y transmitir sus instrucciones, tanto a Lima como Santiago” 234.
232
232 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ.1881-82. Oficio Nº2, Lima, 8-7-1881, de Joaquín Godoy, Ministro de Chile
en Perú, al Sr. Melquíades Valderrama, Ministro de RR.EE. de Chile.
233
233 Según nuestros conocimientos, estos papeles de Godoy, como los llama Gonzalo Bulnes en la Historia de la Guerra
del Pacífico, se encontrarían dispersos o aun perdidos. Fuera de los que guarda la familia Ugarte Godoy, una parte sin
mucha trascendencia se conserva en una bóveda del Archivo Nacional de Santiago, que ignoramos como llegaron allí; otra
estuvo en la sección de historia del Estado Mayor General del Ejército de Chile, al que no conseguimos acceder, que sirvió
a Alejandro Ríos Valdivia para escribir “La Misión Lavalle”, Soc. Imp. y Litografía Universo, Santiago, 1924; y los oficios
peruanos que Gonzalo Bulnes los facilitó para la defensa de Chile en el arbitraje ante el Presidente de EE.UU. Ellos son, a
saber: los oficios reservados Nº73, 88 y 89, de 26 de abril y 24 de mayo de 1872, dirigidos por el ministro peruano en
Buenos Aires, Aníbal de la Torre, a la Cancillería de Lima. Sin embargo, parece que fueron ocho en total. (ver MINREL.
MINISTRO DE RR. EE. DE CHILE A AGENTES EN WASHINGTON telegrama N°20, Santiago 7-2-1924, de R. Sánchez
García de la Huerta, Ministro de RR.EE., a Beltrán Mathieu, Embajador de Chile en EE.UU.). Pero, el grueso del archivo de
Bulnes, que permanecía en el fundo Panquegue, cerca de San Felipe, en ese entonces de propiedad del senador Francisco
Bulnes Sanfuentes, se habría quemado cuando la hacienda fue reformada durante el gobierno del Dr. Salvador Allende
Gossens.
234
234 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº2, Lima, 10-8-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
Y tanto consiguió prolongarlas que no prosperaron, y Godoy regresó a Santiago.
Como se advierte, Hurlbut se había convertido en el mentor del gobierno provisional.
Lynch, preocupado con la actuación del diplomático, dio cuenta a Santiago de que el
general había afirmado que Estados Unidos no permitiría que Chile se apoderara de
territorio peruano. Esta declaración —decía— se comenta en Lima y pone en dificultades la
ocupación235.
Kilpatrick, sorprendido por la actuación de su colega en el Rímac, manifiesta en Santiago
que los despachos que se le entregaron no se concilian con este desempeño. Informó a su
gobierno que si tales expresiones fuesen verídicas —lo que no podía creer—
comprometerían su acción236. A su juicio, Hurlbut se apartaría de las órdenes de
Washington.
Desde París, el ministro Alberto Blest Gana sugiere que se investigue si estos agentes
obran con instrucciones diferentes. El ministro de relaciones exteriores no perdió el tiempo
para solicitar al enviado chileno en Washington, que indagase cuál era la verdad. Blaine le
asegura que el documento de Hurlbut no representa la posición de la Casa Blanca.
Empero, Martínez, que en un comienzo confió en la sinceridad del Secretario de Estado y
en la mucha consideración que le guardaba, terminó por darse cuenta de que le estaba
dorando la píldora y no le revelaba toda la verdad 237. El punto flaco de don Marcial, siendo
muy inteligente, fue siempre la vanidad. Por ahí se le podía engatusar 238, y Blaine se dio
cuenta de ello tempranamente.
Esta controversia fue por fin conocida por la opinión pública en Estados Unidos, a la que
poco interesaba el conflicto del Pacífico. Mas el conocimiento de ella marcó el comienzo
del fin de la gestión del secretario de Estado.
Lynch tomó el toro por las astas y visitó a Hurlbut, el 24 de agosto. En respuesta a este
encuentro, el ministro le envió un curioso memorándum, por decir lo menos, con la
posición de su gobierno, que acompañó con una no menos curiosa carta, en que afirmó
que “no trata, por supuesto, de asuntos diplomáticos” 239. En verdad, solo trataba de ellos...
Allí sostiene que Estados Unidos desaprueba las guerras con el propósito de
engrandecimiento territorial (conforme rezan muchos escritos estadounidenses, una
desgracia que ha convulsionado al Viejo Mundo y que se debe alejar de la América
republicana). En vista de que no ha existido un problema de fronteras entre Chile y Perú, la
anexión de territorios no se avendría con la buena fe y dignidad de este último. Sería,
además, desastroso para la tranquilidad futura de las dos naciones. Chile tiene derecho a
una indemnización completa por los gastos de guerra y a pedir seguridades para el pago;
Perú deberá pagarla cuando esta se convenga entre las partes o la determine un árbitro.
235
235 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº3, Santiago, 15-8-1881, de H. Judson Kilpatrick, Ministro de EE.UU. en Chile, a James
G.Blaine, Secretario de Estado.
236
236 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº3, Santiago, 15-8-1881, de H. Judson Kilpatrick, Ministro de EE.UU. en Chile, a James
G. Blaine, Secretario de Estado.
237
237 Frederick B. Pike: “Chile and the United States. 1880-196”. University of Notre Dame Press, Indiana. 1962. Pág. 51.
238
238 Juan José Fernández Valdés,.op. cit. Pág. 309.
239
239 Memoria del Ministerio de RR.EE. y Colonización presentada al Congreso Nacional de 1882. Imprenta Nacional. Pág.
4.
Empero, debe tener oportunidad para discutir las condiciones de paz, a fin de ofrecer la
indemnización que estime satisfactoria. Desde luego, es inaceptable exigir como una base
sine qua non la trasferencia de suelo peruano a Chile. Primero debe manifestarse la
inhabilidad o falta de voluntad para pagar una indemnización en alguna u otra forma. “Un
proceder así de Chile —según Hurlbut— hallará una desaprobación decidida de Estados
Unidos”.
El ministro considera que la anexión de territorio constituiría una prueba de que Chile ha
entrado por el camino de la agresión y de la conquista, con miras al engrandecimiento
territorial240.
Hurlbut alude a un discurso de Balmaceda, en el Congreso Nacional, en que aquel se
pregunta si Chile debe regresar a sus fronteras antiguas o extenderse sobre “la mitad del
Continente”. No conviene al interés de Estados Unidos —comenta el general— que haya
en Sudamérica una potencia demasiado preponderante. El único remedio —agrega— es la
intervención directa de la Unión Americana 241. Mas una intervención directa envolvería
presencia castrense.
El documento de Hurlbut se conoció en las postrimerías de la administración Pinto, y causó
alarma. Días después, se inició la Presidencia de Domingo Santa María (18-9-1881/18-9-
1886). José Manuel Balmaceda, designado ministro de relaciones exteriores, instruyó a
Marcial Martínez para que informara a Blaine del desempeño de su representante en Lima
y de las consecuencias de sus actos. También citó a Kilpatrick, a fin de transmitirle su
molestia por la actuación de Hurlbut. Le expresó que Chile llevaría la guerra hasta obligar
al vencido a aceptar la paz que le ofrecía. Ejercitaría el derecho que autoriza a la nación
para garantizar su existencia. “Derecho confirmado incesantemente —añadía— por la
práctica de las potencias europeas y de los mismos Estados Unidos en América” (las cursivas
son nuestras)242.
La salud de Kilpatrick se torna cada vez más delicada y su posición más difícil. Trata de
responder a Balmaceda lo mejor que puede. Reprueba el memorándum y cita párrafos
textuales de sus instrucciones, en donde se establece la interposición estadounidense en el
conflicto, siempre que sea solicitada por los beligerantes. Asimismo, comunica a
Washington que ha recibido seguridades de que Chile se esforzará por fortalecer el
gobierno de La Magdalena, otorgándole la más completa libertad de acción, habida
consideración de la ocupación243. Esto último complica aún más el panorama, porque no
refleja el pensamiento chileno.
Blaine desaprueba las explicaciones que Kilpatrick da a Balmaceda. A su juicio, esta
cuestión debe tratarse en Washington, entre Marcial Martínez y él. Tampoco advierte
240
240 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº8, Lima, 27-8-1881, de Stephen A. Hurlbut. Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
241
241 N.A.U.S.A. T 52-36. Oficio Nº14, Lima, 21-9-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
242
242 MINREL. CORRESPONDENCIA ENVIADA A LOS AGENTES DIPLOMATICOS EXTRANJEROS EN CHILE. 1880-83.
Nota, Santiago, 8-10-1881, del Sr. José Manuel Balmaceda, Ministro de RR.EE de Chile, a H.J. Kilpatrick, Ministro de
EE.UU. en Chile.
243
243 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº9, Santiago, 2-12-1881, de H.J. Kilpatrick, Ministro de EE.UU. en Chile, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
contradicción entre ambas instrucciones. Desde luego, las que recibió el agente en
Santiago, Chile, las conoció por Kilpatrick; y las de Hurlbut por Martínez 244.
El 27 de septiembre, el Secretario de Estado recibió el memorándum que Hurlbut entregó
a Lynch, así como los recortes de prensa que le enseñó Martínez. Lo que sí nos causa
extrañeza es que Blaine solo reprendiera el 22 de noviembre a su representante en Lima 245.
Por esas fechas, pasó por Santiago un ciudadano norteamericano muy calificado, George
Earl Church. Trasmitió los siguientes comentarios a Blaine:
“Si el general Hurlbut tiene razón, Perú luchará por obtener condiciones favorables; si la nota
oficial del general Kilpatrick al Gobierno de Chile es endosada por Washington, Perú
renunciará a sus esperanzas y si la de Chile es endosada por Washington, Perú renunciará a
sus esperanzas y en Atacama y Tarapacá ondeará la bandera chilena, en el futuro” 246.
El agente yanqui prosiguió su acción intervencionista. En nota encendida a Aurelio García y
García, ministro de Piérola, condenó la dictadura de este último y expresó su apoyo
entusiasta a García Calderón. Le aseguró que el gobierno provisorio no cedería territorio
para obtener la paz, cargo que le imputaba Piérola.
El general informó a Blaine que negoció privadamente un protocolo con el Canciller
Gálvez, el 20 de septiembre247. En virtud de dicho instrumento, el gobierno provisorio
otorgó al de Estados Unidos la facultad de establecer un depósito de carbón en el puerto
de Chimbote. Igualmente, todas las facilidades que necesitase para que sus naves, tanto de
guerra como mercantes, puedan aprovisionarse de ese artículo y estacionarse en dicho
puerto. Esta concesión será de duración indefinida. Perú no podrá retirarla sin previa
notificación a Estados Unidos, al menos con un año de antelación.
El plenipotenciario concluyó, también, otro arreglo con el Ministro Gálvez.
Conforme a este, se entregó a Hurlbut la línea férrea aún inconclusa, que conectaba el
yacimiento carbonífero con el puerto. El agente deberá completarla y trabajarla, y luego
podrá trasferirla a una empresa estadounidense.
Así será fácil para esta compañía limitar el precio que impondría a Estados Unidos por el
carbón. Este no podría exceder de cinco pesos por tonelada y dejaría un gran provecho.
Esta concesión incluirá la parte completa e incompleta del ferrocarril, en el que Perú ya ha
gastado nueve millones de pesos. Con diez millones más quedará la obra terminada. La
condición principal sería el pago que haría a Perú de un millón de pesos en plata y una
cantidad igual en fondos públicos, por cuyas sumas conceden a los norteamericanos el
derecho de construir y trabajar el ferrocarril durante veinticinco años, después de
finiquitado, sin gravamen alguno. Al finalizar ese período, Perú tiene derecho para
adquirirlo, pagando a la compañía su costo, o cederlo a esta por veinticinco años más
entregando un 25% sobre las ganancias líquidas248.

244
244 N.A.U.S.A. T 77-36. Oficio Nº13, Washington, 22-XI-1881, de James G. Blaine, Secretario de Estado, a H.J. Kilpatrick,
Ministro de EE.UU. en Chile. Pascual Ahumada, ob. Cit. TOMO 6º. Págs. 325 y 326.
245
245 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. 177 y 178.
246
246 Herbert Millington, op. cit. Págs. 88 y 89.
247
247 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 272.
El protocolo se podía divulgar. Era perfectamente claro. En cambio, el segundo contrato —
como razona el historiador Gonzalo Bulnes— establecía una sociedad tan importante que
destruía las dos limitaciones del instrumento público. De hecho, otorgaba a la empresa
norteamericana la exclusividad, mientras el plazo de un año pasaba a ser nominal, toda vez
que el dueño del mineral y el propietario de la línea del férrocarril gozaban de un plazo
mínimo de veinticinco años. En vista de que la concesión de esta última era personal para
Hurlbut, el general podría obtener una fuerte utilidad cuando la traspasase a la entidad
que se formase. Como se advierte, se hicieron dos contratos.
El primero trasparente, mas la sustancia estaba en el otro, que no lo era 249.
Chile y la prensa internacional conocieron estos acuerdos. Se comentó entonces que el
apoyo de Hurlbut a García Calderón aparecía también teñido por intereses monetarios.
Lynch comprendió que la acción del representante estadounidense creaba serias
dificultades a su labor. El 28 de septiembre emitió un bando que prohibió el ejercicio de
toda autoridad extraña en el territorio de su jurisdicción.
Se lo comunicó por escrito a García Calderón y le solicitó una relación de todos los
documentos, archivos y demás efectos que tuviera en su poder250.
El Presidente provisorio se consultó con el diplomático estadounidense, sin pérdida de
tiempo. Este le aconsejó que nombrase un sucesor legal, por si fuese arrestado. Algunos
miembros del Congreso de Chorrillos se encontraban en Lima. Se reunieron privadamente
y designaron al almirante Lizardo Montero, en calidad de primer vice-Presidente, quien ya
dirigía las fuerzas militares que estaban fuera del control de Chile. La sucesión quedaba así
normalizada, en apariencia.
El plenipotenciario informa a Washington que Chile al fin se quita la máscara. Agrega que
ahora entabla negociaciones secretas con Piérola, y que continúa empeñado en lograr la
cesión territorial. Acota que la verdadera causa de la guerra, desde un comienzo, es la
adquisición del guano y del salitre, ambos situados en Perú y Bolivia 251.
En realidad, no existió tal máscara, pues el fin que persiguió Pinto y después Santa María
era conocido desde las conferencias de Arica: cesión de Tarapacá y la entrega en prenda
de los territorios al norte de la quebrada de Camarones hasta Moquegua, inclusive.
También es evidente que el Departamento de Estado, desde un principio, se opone a una
paz basada en la desmembración de Perú, porque significa legitimar el derecho de
conquista.
Prefiere cubrirlo con el manto de la compra.
Chile controla la costa. El interior está en manos de diferentes caudillos.
La zona marítima permite al primero percibir los derechos de aduana de los productos que
entran y salen de la república. Esta ocupación, sin embargo, no basta para inducir al
248
248 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 319.
249
249 Gonzalo Bulnes. op. cit. Vol. III. Pág. 74.
250
250 Pascual Ahumada, op. cit. Vol. VI. Págs. 191 al 196.
251
251 N.A.U.S.A. T 52-37. Oficio Nº16, Lima, 4-10-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
adversario a suscribir un tratado de paz como el que Chile persigue. Con este motivo, el
Canciller Balmaceda instruye a los plenipotenciarios Jovino Novoa y Eulogio Altamirano
para que viajen a la antigua capital virreinal 252. Llegaron a Lima el 26 de octubre,
portadores de las siguientes bases:
1ª Anexión definitiva de todos los territorios peruanos desde la quebrada de Camarones hasta el río
Loa, exentos de los gravámenes que procedan de las deudas públicas peruanas.
2ª Perú pagará a Chile veinticinco millones de pesos de plata. En abono de esa cantidad, se
aplicarán los productos líquidos que capte Chile de los guanos de Tarapacá y de las islas de Lobos,
cuya posesión y administración conservará.
3ª Si el producto de los guanos alcanzare a cubrir la suma anterior, Tacna y Arica regresarán a poder
de Perú253.
A juicio de Balmaceda, la anexión de Tarapacá era prenda de seguridad de que las riquezas
de esa provincia no se convertirían en buques, cañones y rifles, que permitirían a Perú
emprender una guerra de revancha. Este territorio, poblado principalmente por chilenos, se
sostenía por el capital y el trabajo de estos. El salitre jugaba, pues, un papel preponderante
en el conflicto.
Los plenipotenciarios comprobaron que el ministro de Estados Unidos controlaba la
situación. Arequipa, Puno y Moquegua se pronuncian en favor del Presidente provisorio y
rechazan un tratado de paz que cercene el solar patrio. Se habían alineado tras el
documento ya conocido. Hurlbut informó a Blaine que había trabajado “mucho” para
lograr este resultado254.
Novoa y Altamirano creían que el gobierno de La Magdalena intentaría salir de Lima para
establecerse lejos del alcance de las fuerzas chilenas.
Manuel María Gálvez, que se desempeñaba como ministro de Relaciones Exteriores de
Calderón, informó por nota al cuerpo diplomático acerca de las adhesiones recibidas por
García Calderón, que lo convertían en gobernante de facto. Santa María y Balmaceda
temían que, en cualquier momento, fuese reconocido por algunas legaciones residentes en
Lima. Estos actos violaban el decreto de Lynch, que desconocía la autoridad de García
Calderón255.
Mientras tanto, Hurlbut comunica a Blaine que el norte, el sur y el centro ya han
proclamado al Presidente provisorio 256. Es decir, ha pasado a reunir las calidades para ser
un jefe de Estado de hecho, una de las condiciones que Chile le ha exigido para negociar la
paz.

252
252 Gonzalo Bulnes, op. cit. Tomo III. Pág. 86.
253
253 MINREL. CONFIDENCIAL. PRELIMINARES DE PAZ CON PERÚ. Oficio Nº4, Santiago, 12-10-1881, de José Manuel
Balmaceda, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa y Eulogio Altamirano, Ministros Plenipotenciarios de Chile,
encargados de negociar la paz con Perú.
254
254 N.A.U.S.A. T 52-37. Oficio Nº20, Lima, 13-10-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de Estados Unidos en Perú, a
James G. Blaine, Secretario de Estado.
255
255 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1881-82. Oficio Nº1, Lima, 8-XI-1881, de Eulogio Altamirano y Jovino
Novoa, Ministros Plenipotenciarios de Chile, a José Manuel Balmaceda, Ministro de RR.EE. de Chile.
256
256 N.A.U.S.A. T 52-37. Telegrama, Lima, 1-XI-1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
Novoa y Altamirano tuvieron conocimiento de que el Presidente proyectaba conferenciar
con ellos. Estaban ya impuestos de que su poder se afianzaba, pues alrededor suyo se
agrupaba un vasto sector, mientras Piérola se encontraba anulado. Conocidas sus
condiciones —no a la cesión territorial y sí a la indemnización pecuniaria— respaldado
abiertamente por Hurlbut, se abstuvieron de celebrar tal reunión 257.
Autorizados por Balmaceda, en un gesto sin duda audaz, los plenipotenciarios y Lynch
acuerdan que el coronel Samuel Valdivieso se encuentre el domingo 6 de noviembre, a la
salida de misa, con García Calderón y su esposa, y les lleven hasta su residencia. Luego el
Presidente fue acompañado hasta el palacio de Pizarro. Al ministro Gálvez se le detuvo en
su morada por el comandante de policía. Acto seguido, se les destierra a Chile. García
Calderón dijo, en sus Memorias del cautiverio, que para proceder así fue acusado de haber
practicado actos de autoridad, como la circular que su Canciller dirigió al cuerpo
diplomático258. Agrega: “Ridículo, en verdad, era este motivo”. Lynch le confirmó la razón 259
o el pretexto.
Sin demora, ambos personajes son trasladados a El Callao, con un plazo de veinticuatro
horas para arreglar sus negocios, y se les embarca en el Cochrane hasta Pisco. Luego, de
un buque bien cuidado, fueron trasladados a un “transporte sucio, en el que había
enfermos, delincuentes, oficiales destituidos, y todo lo que acompaña a esa clase de
viajeros”, relata el Presidente provisorio 260. De este modo, comenzaron su largo y azaroso
cautiverio, junto con muchos otros peruanos connotados.
Balmaceda comisionó posteriormente a Altamirano y Novoa para imponer una
contribución extraordinaria de guerra. Como los plenipotenciarios explicaran sus
dificultades para obedecer, Balmaceda les expresó: “Es una obra benéfica a mi juicio,
imponer una contribución de guerra que moleste a todo el mundo...”. Sin duda, la finalidad
era acelerar la suscripción del tratado de paz, que incluyera la cesión de Tarapacá y,
posiblemente, la de Tacna y Arica 261. Tal actuación, por dura que parezca, guardaba
conformidad con el derecho internacional vigente.
La negociación confiada a Altamirano y Novoa no se materializó. El primero regresó a
Santiago y el segundo permaneció en Lima como responsable político y diplomático por
varios años. Antes de finalizar su tarea, dejaron constancia de que Hurlbut había asumido
un rol preponderante en la política peruana262.
Después del asesinato del Presidente Garfield, Blaine desaprobó las acciones del general,
entre ellas una gestión suya para que la Confederación Argentina enviase un agente
diplomático a Lima. Se trataba de poner tropiezos a Chile, que negociaba importantes
257
257 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1881-82. Oficio Nº4, Lima, 23-XI-1881, de Eulogio Altamirano y Jovino
Novoa, Ministros Plenipotenciarios de Chile, a José Manuel Balmaceda, Ministro de RR.EE. de Chile.
258
258 Ver oficio anterior. Los plenipotenciarios dicen que este fue un arbitrio para tratar de lograr el reconocimiento de su
gobierno, aunque fuese indirectamente.
259
259 F. García Calderón: Memorias del Cautiverio. Librería Internacional del Perú. Lima. 1949. Pág. 91.
260
260 F. García Calderón, op. cit. Pág. 93.
261
261 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 308.
262
262 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1881-82. Oficio Nº6, 24-XII-1881, de Eulogio Altamirano y Jovino Novoa,
Ministros de Chile en Perú, a José Manuel, Ministro de RR.EE. de Chile.
cuestiones limítrofes con Buenos Aires, que felizmente culminaron con el conocido tratado
que se firmó en el Plata, en 1881263.
La misión de Kilpatrick se vio ensombrecida por su prolongada enfermedad.
Falleció en Santiago, el 2 de diciembre de 1881.
En su desafortunada labor, cometió la equivocación de comunicar a Washington que Chile
se proponía fortalecer el gobierno de García Calderón, así como otorgarle la más perfecta
libertad de acción. Asimismo, agregaba que no se exigirá de Perú la cesión de ningún
territorio, si se lograba una indemnización completa y justa 264.
El Gobierno de la Unión manifestó sorpresa cuando conoció el apresamiento del
gobernante provisorio. Y expresó que fueron las seguridades que dieron Osborn, primero,
y después Kilpatrick, las que inclinaron al Departamento de Estado para reconocer a García
Calderón. Por este motivo, su apresamiento fue considerado ofensivo para Estados Unidos.
Balmaceda desautorizó rotundamente las expresiones que Kilpatrick puso en boca del
exCanciller Valderrama, las que atribuyó al mal estado de salud del general 265.
Conviene recordar que Christiancy, en Lima, reconoció renuentemente al Presidente
provisorio, el 26 de junio de 1881. Sin embargo, Blaine lo hizo casi dos meses antes, sin
esperar informes del ministro, y en los momentos en que el gobierno estadounidense
escuchaba al Crédito Industrial. El secretario de Estado se apresuró a recibir a Elmore como
agente de García Calderón, antes de que Christiancy cursara la nota de estilo. Blaine tenía
resuelto —con o sin el consejo de su agente— aceptar la legitimidad de las autoridades de
La Magdalena y acreditar a Hurlbut. Todo ello formaba parte de una diplomacia en que la
política y las finanzas, como suele ocurrir, se mezclaban.

CAPÍTULO II
ELTRATADO DE ANCÓN
1. LA MISIÓN TRESCOT Y EL PROTOCOLO DE VIÑA DEL MAR
2. NUEVAS GESTIONES DE EE.UU. LOS MINISTROS PARTRIDGE Y LOGAN
3. SURGE LA PAZ. PRIMERAS REUNIONES DIPLOMÁTICAS
5. LA FIRMA DEL TRATADO DE PAZ Y AMISTAD
6. REPARACIONES A CHILENOS CON MOTIVO DE LA GUERRA DEL PACÍFICO
7. CREACIÓN DE LOS TRIBUNALES ARBITRALES O COMISIONES INTERNACIONALES
8. LUIS ALDUNATE CARRERA ES DESIGNADO PARA ATENDER LAS RECLAMACIONES DE CIUDADANOS EXTRANJEROS EN CONTRA DEL
GOBIERNO CHILENO
9. ORGANIZACIÓN DE LOS TRIBUNALES ARBITRALES
10. REACCIONES FRENTE AL REGLAMENTO DEL TRIBUNAL ANGLO-CHILENO
11. REGLAMENTO DEL TRIBUNAL ÍTALO-CHILENO
12. NÚMERO Y SIGNIFICACIÓN DE LAS RECLAMACIONES PRESENTADAS
13. LAS SENTENCIAS DURANTE LA PRESIDENCIA DE LOPES NETTO

263
263 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. 323 y 324.
264
264 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº3, Santiago, 15-8-1881, de H. Judson Kilpatrick, Ministro de EE.UU. en Chile, a James
G. Blaine, Secretario de Estado.
265
265 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº10, Viña del Mar, 3-2-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado. Trae como anexo Nota confidencial, Viña del Mar, 27-1-1882,
de J.M. Balmaceda, Ministro de RR.EE. de Chile, a William Henry Trescot.
14. LAS SENTENCIAS DURANTE LA PRESIDENCIA DE RODRIGUES PEREIRA
15. EL TÉRMINO DE LAS COMISIONES MIXTAS INTERNACIONALES

1. LA MISIÓN TRESCOT Y EL PROTOCOLO DE VIÑA DEL MAR


La inexplicable situación en que se encontraban los representantes estadounidenses en el
Pacífico sur terminó por inquietar a la opinión pública estadounidense, que poco o nada
sabía de lo que acontecía en esa región.
Con el propósito de resolverla, el Presidente Arthur designó al Secretario Asistente del
Departamento de Estado, William Henry Trescot, como ministro plenipotenciario en misión
especial, y al secretario Walker Blaine para que viajasen a Perú, Chile y Bolivia, así como
posiblemente a Buenos Aires y Río de Janeiro.
Inesperadamente, El Comercio informó en Lima que la conducta de Hurlbut fue
desaprobada por su gobierno, y anunció el viaje de Trescot. Este estudiaría la situación y
armonizaría la acción de los diplomáticos, “sin hostilidad hacia Chile” 266.
Para sorpresa de Hurlbut, la noticia era cierta. El 1 de diciembre, Trescot recibe
instrucciones de trasladarse al sur 267. Esta decisión pretende evitar la interposición europea.
El Presidente de Francia, Jules Grévy, insta a la Unión Americana para que intervenga, y
señala que ciudadanos franceses sufren por las exigencias de Chile. Este gobernante fue
abogado de Dreyfus, firma que asumió la representación de un grupo de tenedores de
bonos de la deuda peruana. Ella tenía vínculos con la Compañía del Crédito Industrial, de
París. Grévy respaldaba a Dreyfus y, al parecer, tomó un interés sospechoso por estos
negocios268.
Trescot exhibía un historial de servicios distinguidos. Se desempeñó como secretario de la
legación de Estados Unidos en Gran Bretaña. Participó en la Guerra de Secesión. En 1877,
se reincorporó al servicio diplomático.
El Presidente Hayes le envió a China, a fin de revisar el tratado de inmigración.
Evarts lo escogió para negociar un protocolo con Colombia relativo al itsmo de Panamá. A
fines de 1881, inició su misión en el Pacífico sur 269.
Las instrucciones que recibió ignoraban los triunfos de Chile 270. Fueron redactadas por
Blaine, con algunas modificaciones que le introdujo Trescot.
El Presidente Arthur las conoció e hizo sugerencias 271. El otro miembro de la misión, Walker
Blaine, era hijo de James G. Blaine272.
El 18 de noviembre, el Departamento de Estado tuvo conocimiento por Elmore de que

266
1 N.A.U.S.A. T 52-37. Oficio Nº35, Lima, 15-12- 1881, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a James G.
Blaine, Secretario de Estado.
267
2 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. 326 a 329.
268
3 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 39.
269
4 Herbert Millington, op. cit. Págs. 95 y 96.
270
5 Pascual Ahumada: op. cit. Vol. VI. Págs. 326 a 329. Ver también William L. Krieg, op. cit. Pág. 7.
271
6 Herbert Millington, op. cit. Pág. 96.
272
7 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 111. Reproduce telegrama de Marcial Martínez, desde Washington: “Motivos
fundados para creer que Blaine hijo, interesado Perúvian”.
García Calderón ya había sido relegado a Chile 273. Aquellas instrucciones antes señaladas
resumieron la historia del conflicto, desde la ocupación de Lima por el general Baquedano.
Censuraron acremente el proceder de La Moneda. El Presidente provisorio representaba la
posibilidad de un gobierno constitucional de unidad nacional con el cual negociar la paz.
Además, porque había sido reconocido formalmente por Estados Unidos.
“... Este hecho será considerado por mi gobierno —expresaba Blaine— como un acto tan
poco amistoso que requerirá la inmediata suspensión de toda relación diplomática”.
Tampoco admitía que La Moneda resolviese a su amaño el conflicto bélico o con una
autoridad que aceptase previamente sus exigencias. Recordaba que el Congreso de
Chorrillos prestó su asentimiento para que García Calderón suscribiese un tratado, pero
siempre que no envolviese cercenamiento territorial. La Constitución de 1860 lo prohibía 274.
La preocupación del secretario de Estado era recuperar la iniciativa para alcanzar la paz
entre los beligerantes, pues de lo contrario algún Estado del Viejo Continente se sentirá
obligado a hacerlo para proteger sus intereses. Y si la Unión no puede actuar —comentaba
Blaine— tendrá que cederle el paso a la acción de gobiernos extranjeros que quieran
asumir esa tarea filantrópica275.
“Dirá —rezaba el oficio del Secretario de Estado a Trescot— que este Gobierno reconoce
sin reserva el derecho de Chile para exigir una indemnización adecuada por los gastos de
la guerra y una garantía suficiente de que otra vez no será perturbado por demostraciones
hostiles de parte del Perú; y aún más, que si el Perú no pudiera o no quisiera pagar esta
indemnización, el derecho de conquista estaba en el poder de Chile para proporcionársela,
y el ejercicio de este derecho, por más lamentable que sea su necesidad, no sería motivo
de legítima queja por parte de ninguna potencia”276.
La misión pretendía:
1º Concertar medidas que permitiesen a Perú establecer un gobierno regular. Aunque no lo
explicitaba, debía ser el de García Calderón o uno parecido, e iniciar negociaciones de paz.
2º Inducir a Chile a que eliminase la cesión territorial como condición previa de esos acuerdos.
3º Conceder a Perú la oportunidad de pagar, en cambio, una indemnización razonable. 4º Si Chile
rehusase los buenos oficios de la Unión e insistiese en adquirir Tarapacá, Washington se encontraría
en libertad para solicitar el concurso de las demás repúblicas americanas, a fin de evitar tal
desmembramiento.
El 16 de diciembre, el secretario le manifestó que la reclamación de Landreau era la única
que apoyaba el Departamento de Estado. Anteriormente había instruido a Hurlbut en favor
de ella, como ya lo hemos indicado.
Ahora insta a Trescot a que se esfuerce por asegurar a Landreau un pago equitativo 277.

273
8 Message from the President of the United States relating... Pág. 563. Trascribe nota, Washington, de 18-XI-1881, de J.F.
Elmore, Ministro de Perú en E.UU., a James G. Blaine, Secretario de Estado.
274
9 Pascual Ahumada: op. cit. Vol. VI. Págs. 326 a 329.
275
10 James Wilson Pierce: Life of James G. Blaine. Baltimore. 1893. Págs. 440 y 441.
276
11 Pascual Ahumada, op. cit. Pág. 328.
277
12 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. 324 y 325.
Posteriormente, se justificó recordando que años atrás la Cámara de Representantes
resolvió, por unanimidad, solicitar que esa reclamación fuese apoyada. En consecuencia,
arguye que mal podía desentenderse de tal acuerdo 278.
El Presidente Chester Arthur, en su mensaje anual al poder legislativo, trasmitió la
inquietud que le merecía la continuación del conflicto en el Pacífico.
Mencionó los graves recelos que se han tejido en torno a la conducta de Estados Unidos.
Se refirió a los malos entendidos surgidos entre sus representantes, en esa región. Con
tales motivos, había resuelto el viaje de un enviado especial acreditado ante los tres
beligerantes, con instrucciones especiales para que se empeñe en pacificarlos 279.
Detrás de estas declaraciones, jugaban un rol las reclamaciones de ciudadanos de la Unión.
Algunas tenían seriedad, en cambio otras parecían dudosas. Es difícil determinar si Blaine
las atendió de un modo “propio de un estadista”, como anota un compatriota suyo 280.
Mientras el ministro en misión especial y el secretario se trasladaban al sur, el Presidente
Arthur solicitó a Blaine su renuncia. Como lo hemos expresado antes, una comisión de la
Cámara de Representantes enjuició su desempeño. Aunque no quedó acreditada su
venalidad ni la de Hurlbut, tampoco pudo seguir ejerciendo esa alta función frente a la
seguidilla de rumores que lo acosaban. Incluso más adelante abandonó sus aspiraciones
presidenciales.
Después de dejar su cargo, hizo intentos para limpiar su nombre. Negó toda participación
dolosa en los delitos que se le imputaban, en particular con el Crédito Industrial y la
Compañía Peruana281.
Le sucedió el abogado y ex-senador Frederick J. Frelinghuysen. Este nombramiento fue
bien acogido en Washington, por cuanto se trataba de un prestigioso servidor público.
Igual o mejor reacción produjo en Chile.
Frelinghuysen modificó las instrucciones de Blaine, en el momento en que el
plenipotenciario viajaba hacia Sudamérica 282. Se le trasmitió esta alteración por un
telegrama a Panamá, que desde ahí debía despachársele por correo a Santiago. Para mala
suerte suya no le llegó oportunamente. Trescot conoció el cambio después de haber
conferenciado con Balmaceda. En tanto, esta correspondencia fue dada a conocer al
Congreso de Washington y la publicó la prensa estadounidense. Rápidamente, nuestra
legación en Estados Unidos informó al Canciller Balmaceda. En diplomacia, la situación de
Trescot no podía ser más difícil, a la vez que probablemente inédita.
De haberse cumplido las órdenes iniciales, el resultado pudo eventualmente desembocar
en una guerra entre ambas naciones 283. O en la aplicación de una política que obtuviese
que todos los Estados del hemisferio occidental sometiesen a La Moneda a una presión

278
13 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 450.
279
14 Francisco García Calderón, op. cit. Pág. 40.
280
15 Herbert Millington, op. cit. Pág. 97.
281
16 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. al 452.
282
17 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 329.
283
18 Herbert Millington, op. cit. Pág. 121.
que tal vez no hubiese resistido.
Ahora, el Secretario declaró a través de un nuevo lenguaje que el Presidente no deseaba
imponerse ante Perú ni Chile, ya que se trataba de dos repúblicas soberanas 284.
Frelinghuysen revocó la orden de cortar relaciones diplomáticas con Chile, en el caso de
comprobarse el destierro de García Calderón. Este hecho, por lo demás, ya era conocido en
Washington. Así mismo se instruye a Trescot para que cancele su viaje a Buenos Aires y Río
de Janeiro.
Antes de conocer esta nueva realidad, Balmaceda fija la posición oficial en una célebre
circular que dirigió a los agentes de Chile en el extranjero285.
Recordó las causas del conflicto; el origen del gobierno de García Calderón y cómo tuerce
su camino impulsado por Estados Unidos, y el derecho de Chile de indemnizarse con
Tarapacá, en defensa de su seguridad futura y “como medio inevitable de pago”.
Frelinghuysen cablegrafía a Trescot, instrucción que le llega tarde. Allí le comunica el
cambio de las órdenes originales y que los buenos oficios del Presidente Arthur se ofrecen
imparcialmente, tanto a Chile como a Perú. Le agrega que la influencia estadounidense es
de carácter pacífico y que la supresión del gobierno provisorio deberá tratarse en
Washington, con el ministro de Chile286.
El 13 de enero, Trescot presentó sus credenciales al Presidente Santa María. El discurso del
primero se consideró tranquilizador en el palacio de Toesca, y la respuesta del segundo
tuvo el mismo tono 287. Por su parte, el enviado dio a conocer a Frelinghuysen que esta
ceremonia descargó los ánimos.
Agregó que más difícil será “subsanar la extravagante esperanza que existe en Lima acerca
de una intervención inmediata e incluso enérgica de Estados Unidos para asegurar la paz
evitando la cesión de territorio peruano”288.
Para el colmo de Trescot, ya Santa María y Balmaceda —como hemos visto— estaban
enterados de las nuevas instrucciones, antes que aquel las conociera.
De tal modo que el Canciller chileno trasmitió a Novoa, en Lima, que el incidente
promovido por el apresamiento de García Calderón y la mediación de Estados Unidos eran
puntos finalizados. Las primitivas órdenes de Blaine fueron modificadas. “Nuestra situación
—concluía entusiastamente Balmaceda— es favorable y firme”289.
Trescot daba la impresión de ser un hombre bien intencionado y sin malicia, que se
enfrentó a un momento inédito en el arte de negociar. Su contraparte, que se hallaba
enterada de sus instrucciones antes que él, poseía talento y defendía la causa de Chile con
284
19 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 329.
285
20 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. 347 a 351.
286
21 N.A.U.S.A. T 77-36. Telegrama, Washington, 4-1-1882, de Fred. Frelinghuysen, Secretario de Estado, a William Henry
Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión Especial.
287
22 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 351.
288
23 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº2, Santiago, 13-1-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
289
24 MINREL. CORRESPONDENCIA. 1881-82. Oficio reservado, Santiago. 2-2-1882, de José Manuel Balmaceda, Ministro
de RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
toda la habilidad y firmeza propia de su recia personalidad.
En la primera conversación con el representante especial, Balmaceda se da el gusto de
comunicarle que sus instrucciones han sido remplazadas por otras y que el gobierno de la
Unión Americana se ha desistido de convocar a un congreso interamericano, que Chile
combatía tenazmente.
Trescot, por su parte, se refiere al ya mencionado despacho de Kilpatrick.
De acuerdo con este, el Presidente Garfield reconoció al gobierno provisional y, de ese
modo, advirtió la posibilidad de alcanzar la paz. De allí su sorpresa cuando Chile destierra a
García Calderón, decisión que estimó ofensiva para su gobierno.
Balmaceda desmintió las equivocadas afirmaciones de Kilpatrick —explicables por su
avanzada enfermedad— y agregó que en la supresión de aquel gobierno, solo influyó el
interés nacional y no el deseo de agraviar a Estados Unidos.
Trescot no tuvo más que aceptar las explicaciones de Balmaceda. Empero, reiteró que
también fueron las presuntas expresiones del ex-Canciller Valderrama, previas a las de
Kilpatrick, las que empezaron a desorientar la acción del Departamento de Estado 290.
Balmaceda precisó las bases para lograr la paz, a saber:
1ª cesión absoluta de Tarapacá; 2ª el pago de una indemnización de veinte millones de pesos, en
un plazo de diez años; 3ª retención de Tacna y Arica por diez años. Si la indemnización no se
cancelaba, esos territorios quedarán definitivamente en poder de Chile, y 4ª Chile continuará
explotando el guano de las islas de Lobos ( Tarapacá a los acreedores de Perú 291 Chile, además,
facilitará a Trescot una entrevista en Huaraz con el almirante Lizardo Montero.
El Canciller deseaba que las conclusiones alcanzadas se concretasen en un protocolo.
Trescot le replicó que sería prematuro suscribirlo hasta que no fuese aceptado por el
Departamento de Estado. Ante la tenaz insistencia del Ministro y para no ahondar las
tensiones, se avino a que se redactara uno.
Una vez que se acordó el texto, no satisfecho con ello, Balmaceda exigió que se firmase y
se lo sellase. Trescot, sorprendido, lo consideraba solo un registro de las conversaciones y
sin validez, por el momento. En él se establecía que los buenos oficios de Estados Unidos
serían aceptados, siempre que fuesen ofrecidos bajo las condiciones que Chile indicaba.
Sin embargo, antes que romper el diálogo, Trescot terminó por acoger las peticiones de su
contraparte292.
El 11 de febrero, el protocolo fue rubricado en Viña del Mar. Contenía los puntos
siguientes:
1º Trescot declaró que el destierro de García Calderón se prestaba para juzgársele como un acto
ofensivo hacia Estados Unidos. Balmaceda le negó ese carácter y sostuvo que Chile procedió en uso
de sus legítimos derechos de beligerante.

290
25 En el primer capítulo, nos referimos a los erróneos conceptos que el Ministro Kilpatrick atribuyó al Ministro Valderrama.
Según la interpretación de este agente de las expresiones de este Canciller, Chile intentaba fortalecer el gobierno de
García Calderón y abstenerse de exigir cesiones territoriales.
291
26 Memoria de RR.EE. y Colonización. Pág. 26.
292
27 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº13, Viña del Mar, 4-3-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, a F.T. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
2º La intervención armada de la Unión Americana, en la guerra chileno-peruana, no sería un
procedimiento diplomático, como el que ahora se ejercita, y no correspondería a la gestión
amistosa de Trescot. Estados Unidos elimina la posibilidad de una acción armada. La mediación no
es aconsejada por la conveniencia de los beligerantes ni es solicitada por Chile. La Unión la ofrecería
siempre que los beligerantes manifestasen su deseo de lograrla y cuando su aceptación condujera a
resultados satisfactorios.
3º El incidente de García Calderón y el uso de la fuerza por Estados Unidos son cuestiones
terminadas. En testimonio de confianza y amistad, Chile acogería los buenos oficios toda vez que se
aceptasen las condiciones de paz que Chile estaría dispuesto a otorgar al enemigo. Lo anterior, en
el entendido de que si Washington no obtuviese el consentimiento de Perú para las condiciones de
paz que servirían de fundamento a los buenos oficios, terminaría la acción estadounidense entre
ambos beligerantes.
4º Si estos buenos oficios fuesen ofrecidos y aceptados en la forma expresada anteriormente, Chile
daría todas las facilidades para que Trescot se comunique con cualquiera autoridad o personas
calificadas para ofrecerlos, con excepción de García Calderón, que es prisionero de guerra.
5º Las bases que permitirían a Chile celebrar la paz, reservándose su derecho y libertad de acción
para el futuro, en el caso de que no fuesen aceptadas por Perú, serían las siguientes:
1ª Cesión de todos los territorios peruanos situados al sur de la quebrada de Camarones (sur de
Arica).
2ª Ocupación de la región de Tacna y Arica por diez años, debiendo Perú pagar veinte millones de
pesos a la conclusión de este plazo. Si expirado éste, no pagase tal suma, el referido territorio
quedaría de inmediato cedido e incorporado a la soberanía chilena. Perú podrá fijar, en el tratado
de paz, un plazo mayor de diez años, conforme a la misma base anterior. Si Arica volviese al
dominio peruano, permanecerá desartillado para siempre. Y 3ª Chile ocupará las islas de Lobos
mientras hubiese guanos en ellas. Tanto el producto líquido de estos guanos como el de las
covaderas conocidas y en explotación de Tarapacá, se dividirá por mitad entre Chile y los
acreedores de Perú 293 Frelinghuysen, descontento con el giro de la negociación mas deseoso
de no romperla, comunicó a Trescot que Estados Unidos se excluirá de participar en
conversaciones que contemplen la entrega de Tarapacá e, igualmente, el pago de una
indemnización de 20.000.000 de pesos. Esas exigencias las estimó exorbitantes 294.
El Presidente Arthur, insatisfecho por la terquedad chilena, consiente en una indemnización
pecuniaria liberal. Sin embargo, se excusa de ofrecer sus buenos oficios sobre la base de la
cesión de Tarapacá, junto con una fuerte reparación en dinero. El gobernante “urge
moderación de parte de Chile”295.
Trescot solicita que se modifiquen las condiciones anteriores 296. Balmaceda le replica
secamente que se mantienen, porque son necesarias a causa de los gastos y daños de la
guerra, la seguridad de la república y su futura estabilidad.
El canciller teme que Tarapacá, de nuevo en poder del enemigo, proporcione los recursos
293
28 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Págs. 434 y 435.
294
29 N.A.U.S.A. T 77-36. Telegrama, Washington, 4-2-1882, de Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado, a William
Henry Trescot, Ministro de EE.UU en Misión Especial.
295
30 N.A.U.S.A. T 77-36. Telegrama, Washington, 21-2-1882, de Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado, a William
Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión Especial.
296
31 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Nota, Viña del Mar, 14-2-1881, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión Especial,
a José Manuel Balmaceda, Ministro de RR.EE. de Chile.
para iniciar una guerra de revancha. La paz, así negociada, se torna irrisoria. Historiadores
extranjeros ven en ello nada más que un pretexto para arrebatar el salitre al antiguo
virreinato. Aun así, los estadistas chilenos tuvieron razones para desconfiar de unos vecinos
que, en secreto, negociaron un tratado de alianza que, a juicio de observadores
extranjeros, no tenía sentido si no estaba dirigido en contra de Chile. La elite empresarial,
por su lado, aspiraba a conservar esa tonificante riqueza.
En una última conferencia, el Canciller chileno lo exhorta para que retire su nota y la
sustituya por otra. Las estipulaciones del protocolo —arguyeson más favorables que las
ofrecidas a Perú en Arica y Lima 297. En una nueva comunicación, la Unión Americana afirma
que no puede ofrecer sus buenos oficios bajo estas condiciones, y consulta si se
modificarían. Balmaceda, hábilmente, se vale para recordar al ministro que, en el protocolo
de Viña del Mar, quedaron consignadas las bases que le permitirán a Chile aceptar esos
buenos oficios. “Quedo ahora instruido —expresa el Canciller— de que el Gobierno de los
Estados Unidos no ofrece sus buenos oficios, con lo cual V.
S. da a mi gobierno la contestación que quedó pendiente en el expresado Protocolo” 298.
Según el Ministro informó a Trescot, Estados Unidos se ha desistido de llevar adelante la
iniciativa de Blaine de citar a una conferencia interamericana. La finalidad de ella era
“discutir y adoptar sistemas convencionales para prevenir las calamidades de la guerra
entre las naciones de América.
Este sería el objetivo a que habrían de encaminarse los esfuerzos del futuro congreso” 299.
Mas, en Santiago se la combatió tenazmente. Constituía una presión en contra de Chile, en
el peor momento.
Trescot, antes de abandonar Santiago, celebró nuevas conversaciones.
En ellas, Balmaceda modificó su posición anterior y le propuso lo siguiente 300:
1º Se mantendría la cesión de Tarapacá.
2º Se eliminaría la apropiación del 50% del guano de las islas de Lobos. Y 3º Chile compraría Tacna
y Arica, en vez de recibir una indemnización pecuniaria, idea que seguiría encontrando seguidores,
entre ellos el Dr. Logan, ministro estadounidense en Santiago.
Como indicamos en el capítulo precedente, la incorporación de Tacna y Arica a Chile para
luego traspasarlos a Bolivia representó una conocida aspiración de Santa María, desde el
inicio del conflicto: era la muy mentada “puerta” que remplazaría la pérdida de
Antofagasta.
Trescot se comprometió a transmitir estos planteamientos al almirante Montero. En su
correspondencia a Washington, comentó que la absorción de Tarapacá no presentaría
problemas. En cambio, Arica sí, por su valor estratégico: fortificada por Chile, sería un

297
32 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Telegrama cifrado, Santiago, 24-2-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
298
33 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 436. Trascribe nota de José Manuel Balmaceda, Ministro de RR.EE. de Chile,
Viña del Mar, 24-2-1882, a William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión Especial.
299
34 Mario Barros van Buren: “Historia diplomática de Chile”. Ediciones Ariel. Barcelona. 1970. Pág. 416.
300
35 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio confidencial Nº19, Lima, 5-4-1882, Wiulliam Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
peligro para Perú, mientras Bolivia pasaría a depender de su adversario del sur 301.
El desenlace de la misión favoreció ampliamente a Chile. En el fondo, tanto el Presidente
Arthur como Frelinghuysen, no querían inmiscuirse en las negociaciones chileno-peruanas.
Influía en ello el clima un tanto escandaloso que originaban las rivalidades entre grupos
vinculados al salitre y al guano, relativas a las reclamaciones de los bondholders de la
deuda peruana.
La acción de La Moneda —en particular durante la presidencia de Santa María— se
encaminó constantemente a impedir la intervención de terceros, en un conflicto que
pretendía que se resolviera únicamente por los beligerantes, de acuerdo con las
condiciones que esta impuso desde las conferencias de Arica 302.
Blaine, alejado ya del gobierno, estimó un fracaso el resultado de la misión encargada a
Trescot. Según declaró a The New York Herald:
“...Chile quiere y acepta la mediación de los Estados Unidos si ella puede emplearse para
inducir al Perú a someterse tranquilamente a su destrucción; pero si el enviado especial de
los Estados Unidos no hace eso, Chile no tiene nada más que ver con él, y este puede hacer
sus maletas y venirse a su país con toda la humildad propia de tal regreso” 303.
En otro párrafo comenta que, en virtud del Protocolo de Viña del Mar, Chile —además de
Tarapacá— “se apropia la provincia de Arica...” 304.
El secretario de Estado resolvió que el discutido general Hurlbut regresara a la Unión y
presentara su renuncia. Empero, el 27 de marzo se produjo el inesperado fallecimiento del
diplomático, como anotamos en el capítulo anterior 305.
Trescot llegó al día siguiente de tal deceso. Su presencia alentó a los civilistas, que vivían
de ilusiones. Volvieron a concebir que Estados Unidos intervendría en favor de ellos 306.
El enviado concertó con el almirante Lynch los detalles de su viaje a la cordillera. Le
acompañarían “cinco caballeros muy distinguidos”, consejeros de Montero (cuatro de ellos,
José Antonio García, Ramón Ribeyro, Carlos Elías y Francisco Canevaro, el quinto podría ser
Dionisio Derteano, propietario de la hacienda Palo Seco, que fue arrasada por órdenes de
Lynch)307.
En Lima, Trescot se relacionó con peruanos influyentes, generalmente vinculados al partido
civil. Al escucharlos, quedó con la impresión de que Montero representaba al verdadero
gobierno, reconocido y obedecido por todo el pueblo. Con él se podría pactar la paz,

301
36 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Confidencial Nº19, Lima, 5-4-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
302
37 Con razón medio siglo después, el Presidente Arturo Alessandri exclamaría: “la energía de Balmaceda en las
conferencias de Viña del Mar, produjo el Tratado de Ancón, que marcó el fin de la guerra”.
303
38 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 451.
304
39 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VI. Pág. 451.
305
40 N.A.U.S.A. T 52-37. Lima, 28-3-1882. Certificado de defunción del general Stephen A. Hurlbut.
306
41 A.N. Fondos Varios. Vol. 413. Carta, Lima, 1-4-1883, de Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú, al Presidente Santa
María.
307
42 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio confidencial Nº19, Lima, 5-4-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
sobre la base de ceder Tarapacá, si bien estimaba que la venta de Tacna y Arica no
prosperaría. En todo caso, la reservó para discutirla con Montero.
Zarpó en el Lackawanna rumbo a Casma. Luego siguió a lomo de mula hasta Huaraz,
situado a mucha altura, entre la cordillera negra y la cordillera nevada. Agotado por los
tropezones propios de la abrupta ruta, se dice que en algunos tramos viajó en parihuela,
con la ayuda de incansables angarilleros.
Se presentó como “Enviado Especial y Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del
Presidente de Estados Unidos cerca del Gobierno de Montero”. Al acreditarse con aquellos
títulos ante una autoridad que La Moneda desconocía, Montero, envalentonado, condenó
a Chile. Recordó que en el manifiesto de guerra a los Estados neutrales, esta república
declaró que no se modificarían los límites geográficos de las naciones aliadas. Ahora
procedía de distinto modo. “La cuestión —manifestó en síntesis— es de conquista” 308.
Este exordio parecía sobre todo dirigido a entusiasmar la lealtad de sus subordinados. No
obstante, en la reunión privada con el diplomático, reconoció que la paz era indispensable
y que debía alcanzarse a través de grandes sacrificios. Empero, carecía de poder para que
se aceptaran los términos del Protocolo de Viña del Mar. El resultado de esta visita —
informaba el enviado a Frelinghuysen— dependerá de la presión que ejerza Estados
Unidos para decir claramente a Perú “hasta qué punto está preparado para actuar
prácticamente en el camino de una intervención”309.
Montero propuso dos condiciones preliminares: que Chile lo reconociera como el titular
del gobierno provisorio, y que el tratado que se suscribiera tuviese la aprobación del
Congreso reunido en Arequipa. De lo contrario, no valdría nada. Tampoco podría
comprometerse por adelantado, en cuanto a las cláusulas de ese instrumento.
Estas proposiciones favorecían al almirante, que dejaba de ser un gobernante en la
sombra. En cambio, el Mapocho iniciaba oficialmente con él una negociación, sin duda
incierta y sometida a no pocas presiones.
Las instrucciones que La Moneda impartió a Jovino Novoa tuvieron el carácter de un
ultimátum: Chile no reconocería a ningún gobierno, hasta que aceptase previamente sus
condiciones y firmase un tratado310.
El desempeño de Trescot en Huaraz causó irritación en Santiago. Se creía que actuaría de
acuerdo con las ideas discutidas con Balmaceda. En cambio, se separaba de ellas,
oficialmente aceptaba a Montero y afirmaba que Estados Unidos veía con simpatía los
esfuerzos del almirante en favor de la paz.
En Chile, hubo un cambio en el gabinete a raíz de la renuncia de José Francisco Vergara,
ministro del interior. Le sucedió José Manuel Balmaceda.
En la cartera de Relaciones Exteriores ingresó Luis Aldunate Carrera, quien hasta ese

308
43 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1881-82. Oficio Nº55, Lima, 6-5-1882, de Jovino Novoa, Ministro de Chile
en Perú, a Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile.
309
44 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº24, Lima, 3-5-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión Especial, a
Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
310
45 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1881-82. Oficio Nº49, Lima, 3-5-1882, de Jovino Novoa, Ministro de Chile
en Perú, a Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile.
momento ocupaba la de hacienda. A Aldunate le correspondió orientar la negociación de
paz con Perú y redactar el instrumento definitivo, conocido también con el nombre de
Tratado de Ancón311, así como el Pacto de Tregua con Bolivia.
Trescot informó por escrito a Aldunate de su entrevista con Montero. Le consultó, con
carácter oficioso, si Chile convendría en un armisticio que permitiera al almirante reunirse
con el Congreso, en Arequipa312. No conocemos la contestación del Canciller, pero sí
sabemos que ya antes de esa reunión desconfiaba de ella y sus resultados.
“Sabe usted, como nosotros —escribía a Novoa— que aquel diplomático se encuentra en
la más falsa de las situaciones y que ha de querer a toda costa justificar y legitimar la
desairada intervención que hasta ahora ha tenido en los asuntos del Pacífico” 313.
Ignoramos si Aldunate replicó directamente a Trescot, pero sabemos que expresó a Novoa
que este quedaría desligado de toda futura intervención en la situación del Pacífico. En
todo caso, le reitera las instrucciones que, desde algún tiempo atrás, Novoa recibió de
Santiago. Según estas, podría encontrarse informalmente con Montero y reconocerlo en el
momento que firme el tratado de paz. Si el congreso lo desaprobase, retirará el
reconocimiento.
La tregua tampoco era necesaria, pues las operaciones militares se hallaban suspendidas 314.
Fue otro balde de agua fría para el desafortunado enviado estadounidense.
Trescot creó lazos de amistad en Lima con algunos civilistas, tales como Dionisio
Derteano315. A fin de conquistar su apoyo, le rodearon con la clásica amabilidad limeña, con
el propósito de salir de la angustiosa situación en que se encontraban.
Trescot regresó directamente a Washington, después de su fracaso 316.
Aldunate instruyó al representante chileno ante la Casa Blanca para que reclamara
secamente por la conducta del plenipotenciario. Este se había comprometido en Santiago
a instar a Montero para que aceptase los términos de paz expresados por Balmaceda. Al
mismo tiempo, causó desagrado que lo reputase como gobernante legítimo.
Martínez agravó la orden, pues la trasmitió por nota al Departamento de Estado. A su
sucesor, Joaquín Godoy, le tocó el bochorno de retirarla317.
La misión de Trescot fue acremente criticada en Estados Unidos.
El resultado del desempeño de este plenipotenciario fue conocido en Lima. El célebre
perúanista Ricardo Palma, pierolista a ultranza y adversario de García Calderón con la
311
46 Luis Aldunate: “Los tratados de 1883-84”. Centro Editorial La Prensa. Santiago. 1900. Pág. 37.
312
47 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº24, Lima, 3-5-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión Especial, a
Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado. Anexo nota de W. H. Trescot a Luis Aldunate.
313
48 Archivo de Luis Aldunate (copia a máquina que pertenece a Jaime Antúnez Aldunate): Carta, Santiago, 2-5-1892, de
Luis Aldunate a Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
314
49 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº26, Washington, 5-6-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
315
50 Rico propietario azucarero. Dueño de la hacienda Palo Seco. Ver nota 77.
316
51 Archivo de Luis Aldunate. Copia dactilográfica que pertenece a don Jaime Antúnez Aldunate Carta, Santiago, 5-5-1882,
de Luis Aldunate a Jovino Novoa.
317
52 Francisco A. Encina, op. cit. Tomo XVIII. Pág. 44.
misma pasión, lo comentó en los siguientes términos:
“Así, gracias a la tortuosa diplomacia de los Estados Unidos, al negociado Landreau, que fue
el anzuelo para ciertos políticos mercaderes, y a Mr.
Hurlbut, que supo sembrar la semilla de la deslealtad en terreno fértil para la traición,
llegamos a encontrarnos hoy desarmados y a merced de Chile.
La misión Trescot vino a rematar la crucifixión de este nuevo Cristo llamado Perú. Los
Estados Unidos deben estar orgullosos de su obra. En conclusión, la hermanita mayor nos ha
servido para partirnos por el eje”318.
De regreso en su patria, el plenipotenciario presentó un informe a Frelinghuysen.
También, testimonió ante la citada comisión de la Cámara de Representantes, que se
ocupaba de investigar aspectos aparentemente oscuros de la diplomacia yanqui en la
Guerra del Pacífico.
En dicho informe, Trescot resumió del modo siguiente su juicio acerca de cuál debería ser
la posición estadounidense:
“Si los Estados Unidos intentan intervenir efectivamente para impedir la desintegración del
Perú, ha llegado el momento de declararlo abiertamente.
Si no tiene la intención de hacerlo, es aún más urgente la necesidad de que Chile y Perú
entiendan exactamente dónde termina la acción de los Estados Unidos. Estaría
completamente fuera de mi deber discutir el carácter o las consecuencias de cualesquiera de
estas líneas de conducta, pero confío que Ud. no juzgará que me estoy sobrepasando en mi
deber, al expresar al Gobierno que la posición actual de los Estados Unidos es embarazosa
para todos los beligerantes y que debería ser resuelta lo más pronto posible.
Tengo otra convicción que es mi deber expresar claramente. Creo que cuando los Estados
Unidos renuncien formalmente a nuevas intervenciones, Perú recurrirá a las potencias
europeas, y que una intervención conjunta de dos o más es probable” 319.
2. NUEVAS GESTIONES DE ESTADOS UNIDOS. LOS MINISTROS
PARTRIDGE Y LOGAN
La legación en Perú quedó vacante después del fallecimiento de Hurlbut.
Le sucedió James R. Partridge, quien antes se desempeñó en Venezuela y Brasil.
Por otra parte, a raíz de la muerte de Kilpatrick, Frelinghuysen nombra al antes
mencionado Dr. Cornelius A. Logan. Había desempeñado el mismo cargo previamente. En
la época en que Chile y Bolivia discutían el convenio Lindsay-Corral, prestó su colaboración
para suavizar las asperezas entre ambas repúblicas. Se trataba de un diplomático muy
estimado en Santiago, como lo reconoció El Ferrocarril320. Además, hablaba con fluidez el
castellano.
El secretario de Estado decidió que asumiese la coordinación de las tres misiones. Por
318
53 Ricardo Palma: “Crónicas de la guerra con Chile (1881-1883)”. Mosca Azul Editores. Lima. 1984. Pág. 145.
319
54 N.A.U.S.A. Vol. 10-31. Oficio Nº26, Washington, 5-6-1882, de William Henry Trescot, Ministro de EE.UU. en Misión
Especial, a F.J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
320
55 El Ferrocarril , Santiago, 8-9-1882.
tercera vez, la Unión emprende la tarea de que los beligerantes logren la paz. Nuevamente,
se producirán antagonismos entre los agentes.
Es posible que la ausencia de comunicaciones expeditas con Washington ejerciera cierta
influencia perjudicial.
Sin conocer la respuesta de Novoa a Trescot, Frelinghuysen instruye a Partridge para que
deje constancia de que la Unión reconoce a Montero como cabeza de la república
peruana, después del viaje de aquel enviado a Huaraz, lo que también trasmitió a Maney,
el ministro en La Paz, y a Logan.
A este último le tocará lograr que Chile acepte a Montero, al menos con carácter
provisional321.
Partridge recibe órdenes de comunicarse personalmente con el almirante; pero, con la
excusa de que todavía carece de instrucciones más específicas, dilata el viaje, que nunca
realiza. El Vice-Presidente cuenta en Lima con dos representantes, los civilistas Manuel
Candamo y Carlos Elías, y el estadounidense prefiere entenderse con ellos y eludir el
fatigoso periplo por las montañas.
En estas conversaciones, les expresa que Estados Unidos se abstiene de impedir la cesión
de Tarapacá. Aquello les causó gran desaliento, ya que recordaban que Hurlbut era
contrario al cercenamiento territorial y proclive a la causa peruana 322.
Relata Partridge, en uno de sus informes, que el 10 de diciembre Montero retornó de un
viaje a La Paz. Allá ofreció la cesión o venta de Tacna y Arica a Bolivia, o bien facilidades de
tránsito, como una manera de impedir que Perú se viese obligado a entregárselos a Chile.
Informa también que los comisionados bolivianos, Baptista y Salinas, solo aceptan suscribir
un pacto de tregua con Chile si participan los peruanos Valcárcel y Armas. Con este
motivo, agrega, los chilenos se indignaron 323.
Sin conocer la respuesta de Novoa a Trescot, Frelinghuysen instruye a Partridge para que
deje constancia de que la Unión reconoce a Montero como cabeza de la república
peruana, después del viaje de aquel enviado a Huaraz, lo que también trasmite a Maney, el
ministro en La Paz, y a Logan.
A este último le corresponderá lograr que Chile acepte a Montero, al menos con carácter
provisional324.
Partridge recibe órdenes de comunicarse personalmente con el Almirante.
Mas, con la excusa de que todavía carecía de instrucciones más específicas, dilató el viaje,
que nunca realizó. El Vice-Presidente cuenta en Lima con dos representantes, los civilistas
Manuel Candamo y Carlos Elías. Prefiere entenderse con ellos y eludir el fatigoso periplo

321
56 N.A.U.S.A.T 77-131. Oficio N°5, Washington, 26-6-1882, de Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado, a James
R. Partridge, Minisgtro de EE.UU. En Perú.
322
57 N.A.U.S.A. T 52-37. Oficio N°4, Lima, 14-6-1882, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick J.
Frelinghuysen, Secretario de Estado.
323
58 N.A.U.S.A. T 52-38. Oficio N°74, 27-12-1882, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick J.
Frelinghuysen, Secretario de Estado.
324
59 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº5, Washington, 26-6-1882, de Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado, a James
R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú.
por las montañas.
En estas conversaciones, les expresa que Estados Unidos se abstiene de impedir la cesión
de Tarapacá. Aquello les causó gran desaliento, ya que recordaban que Hurlbut era
contrario al cercenamiento territorial y proclive a la causa peruana 325.
Relata Partridge, en uno de sus informes, que el 10 de diciembre Montero retornó de un
viaje a La Paz. Allá ofreció la cesión o venta de Tacna y Arica a Bolivia, o bien facilidades de
tránsito, como una manera de impedir que Perú se viese obligado a entregárselos a Chile.
Informa también que los comisionados bolivianos, Baptista y Salinas, solo aceptan suscribir
un pacto de tregua con Chile si participan los peruanos Valcárcel y Armas. Con este
motivo, agrega, los chilenos se indignaron 326.
Después de mucha tardanza, Partridge decide ir a Arequipa, en donde ahora Montero ha
establecido su cuartel general, a fin de lograr la paz 327.
Con anterioridad, Frelinghuysen le comunica que Estados Unidos propicia una
indemnización pecuniaria, como fundamento para un arreglo entre Chile y Perú. Sin
embargo, si La Moneda continúa rechazándola e insiste en la trasferencia de territorio,
Estados Unidos no se interpondrá entre los dos beligerantes, pues carece de los medios
para imponerse. Ahora, si Perú consiente negociar sobre esta última base, Logan queda
autorizado para tratar de conseguir en Santiago las mejores condiciones que la Unión
pueda obtener.
En otras palabras, que Perú se desprenda solo de Tarapacá y no de Tacna y Arica 328.
Partridge —delicado de salud— se desiste finalmente del viaje a Arequipa, la hermosa
ciudad del Misti, y prefiere conversar con Novoa en Lima. Acaso influido por las
proposiciones de Montero en La Paz, sugiere al ministro, a título personal, la trasferencia
de Tarapacá a Chile y la cesión, venta o traspaso de Tacna y Arica a Bolivia. De ser ello
imposible, la neutralización de este puerto, mas con la condición de que no pueda ser
fortificado.
Estas bases se negociarían entre los tres contendientes, sin participación de extraños 329.
Dado que se encontraban avanzadas las gestiones para un pacto de tregua entre Chile y
Bolivia, esas sugerencias cayeron en el vacío.
Partridge, que hasta ese momento se demostraba alejado de la posición peruana,
comenzó a sentir el influjo limeño. En un giro inesperado, reunió en su casa a los agentes
de Francia, Gran Bretaña e Italia. Alemania declinó participar. Todos los asistentes
clamaban por el término de la ocupación chilena y porque se lograra la paz. El marqués de
325
60 N.A.U.S.A. T 52-37. Oficio Nº4, Lima, 14-6-1882, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick J.
Frelinghuysen, Secretario de Estado.
326
61 N.A.U.S.A. T 52-38. Oficio Nº74, Lima, 27-12-1882, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick J.
Frelinghuysen, Secretario de Estado.
327
62 N.A.U.S.A. T 52-38. Telegrama cifrado, Lima, 1-1-1883, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick
J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
328
63 N.A.U.S.A. T 77-131. Oficio Nº5,Washington, 26-6-1882, de Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado, a James
R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú.
329
64 MINREL LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1883-84. Telegrama, Lima, 12-1-1883, de Jovino Novoa, Ministro de Chile en
Perú, a Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile.
Tallenay, ministro francés, elaboró un memorándum que fue remitido a los cuatro
gobiernos. A los diplomáticos les preocupaba la extremada dureza de la ocupación, así
como la ruina total e irremediable del comercio extranjero 330. Como siempre, detrás de los
sentimientos humanitarios, se advertían los intereses financieros y comerciales
principalmente europeos golpeados por la guerra. Empero, el error de Partridge frente al
Departamento de Estado era mayúsculo. Aparecía amparando una intervención de
naciones del Viejo Mundo en asuntos americanos, en clara oposición con la doctrina
Monroe.
Lógicamente, Frelinghuysen reprobó la conducta de su agente. Le pidió, pues, que
trasmitiera a sus colegas que la Unión Americana se desentendía de esa gestión 331. Le
concedió, de inmediato, el feriado que había solicitado. El pretexto fue una inclemente
diarrea palúdica que le aquejaba 332. Al llegar a Washington, Partridge presentó su renuncia,
viajó por su cuenta a Europa y en Alicante se suicidó 333. Un fin trágico y, por lo inesperado,
semejante al de Hurlbut y Kilpatrick, aunque las causas serían de naturaleza diferente.
Ahora nos ocuparemos del desempeño de Logan en Chile. Pero, antes aludiremos a una
conferencia de Frelinghuysen con el agente chileno en Washington, Joaquín Godoy.
En esta oportunidad, el Secretario de Estado se refiere a la preocupación que agita a las
Cancillerías europeas por la prolongación de la guerra.
A fin de evitar su intromisión, atemoriza al representante de La Moneda con una
intervención —armada ¿tal vez?— que a la Unión no le agradaría. Por lo mismo, insta a
Chile para que ajuste la paz con cualquiera de los caudillos peruanos. La base sería la
cesión del territorio que pretende como compensación y seguridad. De lo contrario, si no
puede convenir un tratado con alguno de ellos que simplemente se adjudique esos
territorios y deje el resto de Perú a su propia suerte. Según entendió Godoy, el secretario
quiso significarle que, además de Tarapacá, Chile incorporase Tacna y Arica. Aunque
Godoy observa que no fue lo bastante explícito, en conversaciones anteriores ya le había
expresado que de no suscribirse un tratado, la fijación de la frontera será la que Chile
estime conveniente334.
Sin embargo, en las instrucciones que el secretario de Estado envió a Logan, cuatro días
después de conversar con Godoy, este instruyó a su agente para que Perú logre conservar
Tacna y Arica, junto con Tarata.
Estados Unidos comienza a flexibilizar su posición y a acercarse a la chilena. Desde luego,
considera que a los aliados más les habría convenido aceptar las bases señaladas en Arica,
a bordo de la corbeta Lackawanna.
330
65 N.A.U.S.A. T 52-38. Oficio Nº83, Lima, 23-1-1883, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick
J.Frelinghuysen, Secretario de Estado.
331
66 N.A.U.S.A. T 52-38. Oficio Nº92, Lima, 22-2-1883, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick J.
Frelinghuysen, Secretario de Estado.
332
67 N.A.U.S.A. T 77-131. Telegrama, Washington, 19-2-1883, de Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado, a James
R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú.
333
68 Herbert Millington, op. cit. Pág. 134.
334
69 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1881-84. Oficio circular, Santiago, 1-5-1883, de Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa, Ministro de
Chile en Perú. Trascribe oficio de Joaquín Godoy, Ministro de Chile en EE.UU. Washington, 19-3-1883.
Habrían concertado la paz y en mejores condiciones que ahora 335.
La recepción de Logan tuvo lugar el 7 de septiembre de 1882. En el discurso que
pronunció el Presidente de la República, el ministro percibió que Santa María podría
aceptar sus servicios para negociar la paz. El mandatario, informado por Godoy, temía una
acción europea. Tal vez por esta causa, prefería a Estados Unidos y aspiraba a alcanzarla de
una vez por todas.
El diplomático considera que el escollo radica en cuáles son las condiciones para lograrla.
Chile persiste en el Protocolo de Viña del Mar. Estados Unidos no lo acepta. Además, si
Tarapacá queda en poder de Chile, existe el problema de Bolivia, que permanecerá privada
de acceso soberano al Océano Pacífico. Logan reflexiona que la salida natural del altiplano
es por Arica.
Por otra parte, Tacna y Arica, en tiempos de guerra, son puntos estratégicos para defender
Tarapacá. Por lo mismo, estima que la cuestión es compleja.
Entretanto, sabe que Santa María y Aldunate piensan en Piérola, quien reside en París y
prepara su regreso a Sudamérica. El agente chileno en Francia, Alberto Blest Gana, ha
celebrado conversaciones oficiosas con el ex-dictador. El banquero Dreyfus, que lo apoya,
alega que Perú le debe 20 millones de dólares. Piérola le reconocerá esta deuda. Sin
embargo, para Logan el único gobierno que tiene una sombra de legalidad es el de García
Calderón336.
El agente estadounidense recibe sus instrucciones con atraso, varias semanas después de
la ceremonia de presentación de sus cartas credenciales.
El primer paso fue un intercambio de notas con el Canciller, que tuvo el mérito de resolver
el punto muerto a que llegaron las conversaciones Balmaceda-Trescot, donde eludió
hábilmente pronunciarse sobre el fondo de ellas 337. Así inició una serie de reuniones con
Aldunate, al término de las cuales obtuvo las siguientes condiciones:
1º Chile reconocerá el gobierno de García Calderón.
2º Renunciará a los 20 millones de dólares, como indemnización monetaria.
3º Abandonará su reclamo del 50% del producto del guano, en las islas de Lobos, y se lo dejará
íntegramente a Perú.
4º Perú venderá a Chile el territorio al sur del río Sama (o sea Tarata, Tacna y Arica), en 9 millones de
dólares, que se pagarán en cuotas anuales, en un período de importación y exportación por Arica.
5º Tan pronto se concluya este acuerdo, se autorizará el regreso a su patria de todos los peruanos
prisioneros en Chile338.
Según Logan, estas condiciones otorgan Tarapacá al gobierno de Chile, como
indemnización de sus gastos de guerra. A Frelinghuysen y Logan no les satisfacía la
335
70 N.A.U.S.A. T 77-37. Oficio Nº41, Washington, 23-3-1882, de Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado, al Dr.
Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU. en Chile.
336
71 N.A.U.S.A. Vol.10-32. Oficio Nº6, Santiago, 8-9-1882, del Dr. Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU.en Chile, a
Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
337
72 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VII. Págs. 325 y 326.
338
73 N.A.U.S.A. T 77-32. Oficio Nº7, Santiago, 22-9-1882, del Dr. Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU. en Chile, al Sr.
Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
cláusula prendaria sobre Tacna y Arica con un rescate de 20 millones de pesos, que Chile
ofreció a bordo del Lackawanna y en Viña del Mar. Preferían que se hablara de compra y
no de conquista, o sea, la misma fórmula que adoptó Estados Unidos en el caso de México.
Así se eludía el derecho de conquista, en el hemisferio occidental, tan empleado por las
viejas monarquías europeas: un maquillaje que tranquilizaba los escrúpulos de la Casa
Blanca.
Santa María le escribió a Novoa:
“Yo le he dicho a Logan que celebro la paz con quien primero se presente a ajustarla, pues
bien mirada la cosa, tanto vale un caudillo como otro. Así se ha creado un estímulo más,
pues los civilistas piensan, antes que en la patria, en cómo exterminar a sus contrarios, cosa
que ocupa también a los pierolistas”339.
Con el asentimiento chileno, Logan se entrevistó con García Calderón, en Santiago, y le dio
a conocer las condiciones anteriores.
El Presidente provisorio solicitó una tregua de tres años para educar a los peruanos en la
idea de la paz. Aldunate alegó que sería ruinoso mantener un ejército por tan largo plazo.
Empero, el gobernante de La Magdalena replicó que solo suscribirá estas condiciones
después de consultar a sus amigos. Logan le acompaña a Angol, en donde se hallan
confinados unos veinte patricios prominentes. “¡Qué cuadro presentaban los prisioneros...
hacinados! —exclama García Calderón— en cuatro pequeñas habitaciones” 340.
Hicieron el viaje el 14 de septiembre de 1882. Chile concedió el permiso sin ninguna
esperanza, pues estimaba que el Presidente era un hombre débil.
García Calderón manifestó a sus compatriotas que la cesión de Tarapacá era inevitable, a
condición de exigir a Chile el reconocimiento de las hipotecas a que estaban afectos el
guano y el salitre. Pero rechazaba toda estipulación sobre Tacna y Arica 341.
Los desterrados coincidieron con él342. Así consta en las “Memorias del Cautiverio” del
Presidente provisorio. Sin embargo, Logan informa a Frelinghuysen que después de mucho
empeño suyo, los desterrados acuerdan aceptar la venta de Tacna y Arica, siempre que sea
indispensable para asegurar la paz. Esta información se esparce por Santiago. Al regresar a
la capital, García Calderón se habría sentido en libertad para suscribirla, pero en esos
momentos —dice el representante estadounidense— recibe cartas de Perú que le hacen
comprender que su conducta será desaprobada 343. El 17 de septiembre, el Presidente
provisorio le entregó un documento que estaba dispuesto a aceptar, y que contenía los
puntos siguientes:
1º Chile pagará todas las deudas legítimas de Tarapacá y hará arreglos conducentes al cumplimiento
de los contratos de los acreedores peruanos.
339
74 Revista Chilena de Historia y Geografía. Nº49. Santiago. 1923. Ignacio Santa María: “Antes del Tratado de Ancón”.
340
75 Francico García Calderón, op. cit. Lima. 1949. Pág.172.
341
76 Francisco García Calderón, op. cit. Pág. 22.
342
77 N.A.U.S.A. Vol. 10-32, Oficio Nº7, Santiago, 22-9-1882, del Dr. Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU. en Chile, a
Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
343
78 N.A.U.S.A. Vol. 10-32. Oficio Nº11, Santiago, 19-10-1882, del Dr. Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU. en Perú, a
Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
2º Logan y él suscribirán un protocolo en que se consignarán los fundamentos del tratado. Después
García Calderón sería puesto en libertad y viajará a Arequipa, donde asumirá la Presidencia del
gobierno y nombrará un plenipotenciario que, en Lima, firmará con el representante chileno una
tregua por seis meses.
3º Una vez suscrita esta, se efectuará la elección de los miembros del nuevo Congreso. Tendrá por
tarea deliberar sobre las condiciones propuestas. Tan pronto sancionadas, formarán parte de un
tratado formal de paz, que se firmará en Lima, por plenipotenciarios autorizados.
4º En caso de que el Congreso no apruebe este instrumento, se le comunicará a Chile que podrá
emprender de nuevo las hostilidades 344 El ministro estadounidense, en carta personal al
Secretario de Estado, sostiene que el cumplimiento de estos “contratos de los acreedores
peruanos”, tenía por único fin atender las pretensiones de la Compañía de Salitres, cuyo
presidente y accionista era García Calderón 345. Según Logan, la estipulación propuesta por
el Presidente provisorio aludía a sus intereses personales y a los de sus amigos civilistas,
antes que a los bondholders europeos que decía proteger. El mandatario hizo hincapié en
que Chile debía cumplir estos contratos.
Logan asevera a Frelinghuysen que aquella fue la verdadera causa del fracaso de la
negociación346. García Calderón se defendió después de este cargo en carta al agente
estadounidense. Sostuvo que esta deuda fue legítimamente contraída, con la garantía del
salitre de Tarapacá347.
La mezcla de intereses públicos y privados continuaba. Parecía más correcto y aconsejable
desentenderse de estos últimos, en momentos de tanta trascendencia.
El representante de la casa Grace, en Santiago, cuya oficina principal radicaba en Lima,
comentó al diplomático que García Calderón informó a sus socios “que no haría ningún
tratado que no obligara a los chilenos a comprarlos a ellos en una cantidad elevada” 348.
Aldunate declinó las proposiciones del ex-mandatario por las razones siguientes:
1ª Que no había necesidad de establecer en el tratado ninguna estipulación relativa a la deuda
peruana. La responsabilidad de Chile estaba consignada en el decreto que llevaba su firma sobre
guanos, de 9 de febrero último, mediante el cual 240 millones de esa deuda habían sido arreglados
con los tenedores de bonos.
2ª Que el señor García Calderón, en vez de dirigirse a Arequipa, debería ir a Lima, a firmar un
tratado preliminar, convocar el Congreso de La Magdalena y en el plazo de 45 días confirmar o
rechazar el tratado. Aldunate propuso desplazar temporalmente las tropas chilenas al Callao, a fin
de dejar a Lima en libertad para que los legisladores deliberaran sin coacciones de ninguna clase.
3ª Aldunate declinó la tregua de seis meses, por cuanto con ella Chile perdería las ventajas de su
actual situación y sus tropas quedarían expuestas a los ataques de los montoneros, que no la

344
79 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VIII. Pág. 423.
345
80 Enrique Amaro, op. cit. Pág. 153. Señala que su capital está constituido por 8.000 acciones. Francisco García Calderón
posee 800 y figuran varios civilistas, entre ellos Dionisio Derteano. El 60% eran accionistas peruanos y el otro 40%
pertenecía al Banco Nacional, que configuraba una alianza con el capital extranjero representado por la Casa Dreyfus.
346
81 N.A.U.S.A. Vol. 10-30. Oficio Nº70, Confidencial, Valparaíso, 8-3-1883, del Dr. Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU.
en Chile, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
347
82 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VI. Pág. 307.
348
83 N.A.U.S.A. Vol.10-30.Oficio Nº70, Confidencial, Valparaíso, 8-3-1833, del Dr. Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU. en
Chile. a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
respetarían En entrevistas posteriores, Logan sugirió como alternativa que Chile ocupe
349

militarmente Tacna y Arica durante cinco años, al término de los cuales un plebiscito
determine si estos territorios se anexarán a Chile o a Perú.
Santa María ha sostenido que esta idea la sugirió La Moneda al diplomático, pues el
plebiscito serviría para cubrir un traspaso disimulado a Chile 350. Efectivamente, en el archivo
de Aldunate, existe una carta de este a Novoa en que afirma que le ha hecho esa
propuesta al agente estadounidense, antes de su nueva entrevista con García Calderón.
Logan 351 creía que sería aceptada por Perú. Sin embargo, García Calderón la desahució. En
otra oportunidad, el agente estadounidense le ofreció que Tacna y Arica fuesen
entregados a Bolivia, pues pensaba que Chile lo aceptaría. También respondió
negativamente. 352
El diplomático le habló de someter la suerte de esos territorios al arbitraje de una
personalidad amiga. García Calderón y Aldunate lo impugnaron.
El agente, en un último esfuerzo, presentó la proposición siguiente: cesión de Tarapacá y
posesión chilena de Tacna y Arica por quince años, si un árbitro decidiese que Chile no
debe quedarse ahí a firme, mediante compra de 10.000.000 de pesos 353. Santa María la
rechazó:
“ 1º Porque hacer paz —le trasmite a Novoa— constituyendo un arbitraje, es confesar, hasta
cierto punto, impotencia de nuestra parte, puesto que, vencedores, no hemos podido dictar
las condiciones de la paz sino con la ayuda de terceros; y 2º Que si nuestra posesión hubiera
de ser solo de quince años y el tratado hubiera de cumplirse en este sentido, como se
cumpliría por nosotros, era seguro que la devolución de esos territorios sería materia de otra
contienda, porque es evidente que la población chilena, el capital chileno y la industria
chilena, desarrollada y aclimatada durante quince años, no habrían de querer ser peruanos y
vivir en colisión perpetua con el interés y la odiosidad peruana”. 354
En las conversaciones posteriores, ninguna de las partes cedió, alejándose la paz. Marcó el
postrer fracaso de la diplomacia estadounidense en el conflicto del Pacífico, en
circunstancias de que los términos logrados por Logan con Aldunate eran mejores para
Perú que los del tratado definitivo de paz.
Santa María puso término a las conversaciones. “Los notables de Angol —juzgaba el
gobernante— retratan con toda fidelidad al Perú. Unos quieren paz y otros no, unos cesión
territorial y otros indemnización en dinero, unos confían en García Calderón y otros en
Iglesias, unos acusan de ladrón, farsante y malvado a este último y otros designan en la
misma forma a García Calderón”355. “No conozco —decía Santa María— gente de mejor
A

349
84 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VIII. Pág. 423.
350
85 N.A.U.S.A. Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VIII. Pág. 423.
351
86 Archivo de Luis Aldunate Carrera. Carta, Santiago, 25-9-1882, de Aldunate a Novoa.
352
87 N.A.U.S.A. Vol. 10-32. Oficio Nº8, Santiago, 26-9-1882, del Dr. Cornelius. Logan, Ministro de EE.UU. en Chile, a
Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
353
88 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Páginas 118 y 119.
354
89 Ignacio Santa María, op. cit. Pág. 26.
355
90 Ignacio Santa María, op. cit. Pág. 27 y 28.
talla para la zamacueca política. Por eso han pasado divertidos con las revoluciones”356.
La opinión pública chilena, impaciente, reclama una nueva campaña militar. El objetivo es
someter a Montero y obligar a los peruanos a aceptar lo que Chile les ofrece, esto es, un
pacto con cesiones territoriales y sin asumir el total de la deuda peruana.
El representante estadounidense trasmitió por nota a Aldunate sus infructuosos
esfuerzos357.
Sin embargo, conservaba algunas esperanzas. Dirige ahora una carta al Vice-Presidente
Montero, radicado en Arequipa. El propósito que le anima es saber si este concuerda con
las bases que le propondrá, pues en caso afirmativo Logan se acercará a las autoridades
chilenas para que reconozcan al Almirante, como cabeza del gobierno peruano. A raíz de
su empeño, Chile ha abandonado las demandas contenidas en el Protocolo de Viña del
Mar y ha aceptado los siguientes términos para lograr la paz 358:
1º Cesión absoluta de Tarapacá, por parte de Perú, como indemnización de guerra.
Chile pagará todas las deudas de la provincia, conforme al derecho internacional, pero rechaza que
el tratado contenga disposiciones al respecto, ya que está comprometido por diversas declaraciones
anteriores359.
2º Adquisición de Tacna y Arica en 10 millones de dólares, que se pagarán en tres cuotas anuales.
Logan expresa a Montero, al referirse a estos dos departamentos:
“Los Estados Unidos estipularon pagar a México por el rico y extenso territorio que abraza
California, Texas y Nuevo México, la suma de 15 millones de pesos. El distrito de Tacna y
Arica apenas tiene un valor intrínseco; sin guano y sin nitratos, solo puede servir para la
agricultura.
Tampoco es importante para el Perú como línea estratégica para la defensa de su territorio.
Con todo, Chile ofrece pagar por él dos tercios de lo que pagó Estados Unidos por un
territorio incomparablemente más grande y más abundante en recursos que Tacna y
Arica”360.
Montero ha convocado a elecciones para un nuevo Congreso. A juicio de Chile —le refiere
Logan— García Calderón ya no tiene autoridad para negociar la paz y esa facultad recae en
el poder legislativo.
Esta carta sacudió al almirante. Ignoraba el nuevo giro de la diplomacia estadounidense. En
contestación, le responde que García Calderón continúa siendo el Presidente provisorio.

356
91 Ignacio Santa María, op. cit. Pág. 33.
357
92 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VIII. Págs. 422 a 424.
358
93 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VII. Págs. 447 al 448.
359
94 MINREL. LEGACION DE CHILE EN PERÚ. OFICIOS RECIBIDOS DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE. 1881-84.
Oficio, Santiago, 15-1-1883, de Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
Corrige la afirmación de Logan, en clara contradicción con la posición del Gobierno. Los decretos de 9 de febrero y 28 de
marzo de 1882, el primero relativo a los guanos y el segundo a los salitres de Tarapacá, “han establecido de antemano -dice
Aldunate- la línea de conducta que en nuestra doble condición de acreedores y ocupantes bélicos nos hemos trazado, de
acuerdo con la legislación universalmente consagrada, y en relación a los compromisos que puedan imponer al Estado los
gravámenes anteriores que afecten al mencionado territorio o a las riquezas naturales de su suelo”.
360
95 N.A.U.S.A. T 52-38. Oficio Nº75, Lima, 3-1-1883, de James R. Partridge, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick J.
Frelinghuysen, Secretario de Estado. Trae como anexo carta de Logan a Montero, del 13-XI-1882.
Por lo tanto, será con él con quien deberá negociarse el tratado, y el Congreso que se
reunirá, el 15 de marzo próximo, no menoscabará la autoridad de aquel 361.
Montero dirigió un mensaje al poder legislativo, que trasunta claramente su desilusión.
“Uds. pueden medir —comenta con ironía— cuánta gratitud le debemos al Gobierno
americano por sus interferencias en favor nuestro”362.
El ministro de relaciones exteriores del Almirante reprobó la conducta de Logan. Subrayó,
además, que el Vicepresidente recibió aquella carta después que la publicó el Star and
New York Herald de Panamá363. Elmore, por su lado, considera que los manejos de Logan
son injustificables, y lo responsabiliza por la divulgación de esta misiva. “Su conducta —
escribe— es la de un abogado de Chile”364.
Frelinghuysen trasmitió a su legación en Santiago que el Presidente de Estados Unidos, en
su último mensaje anual al Congreso, aborda el conflicto del Pacífico sur. Lamenta que
Chile no haya acogido la recomendación de su gobierno, en orden a aceptar una
indemnización pecuniaria en vez de una cesión territorial. Reconoce que para implementar
tal recomendación, Estados Unidos se halla impedido de recurrir a medidas que estén en
desacuerdo con el espíritu nacional y el de sus instituciones, en otras palabras, que no
podrá aplicar la fuerza. Deplora profundamente que Chile rechace someter a arbitraje las
condiciones de un arreglo amistoso. Ninguno, que no sea suficientemente equitativo y
justo, podrá lograr la aprobación de otras naciones365.
Estas expresiones terminaron por demostrar la absoluta ineficacia de la diplomacia de
Estados Unidos, en la solución del conflicto.
En este mismo despacho, el Secretario alude a sus intercambios de ideas con los
representantes de Chile y Perú en Washington. Dice que con ellos ha debatido posibles
soluciones. Estas consisten en que el Gobierno peruano —probablemente el de García
Calderón— entregue Tarapacá a Chile y someta a un arbitraje, previamente convenido, la
cesión de otros territorios (Tacna y Arica), cuántos y en qué condiciones 366. Esta base, o una
parecida, fue rechazada por Santa María y Aldunate cuando Logan la planteó.
El mensaje de Arthur terminó por convencer a los peruanos de que Estados Unidos se
mantendría en el terreno de las exhortaciones verbales y no pasaría de ellas. La verdad es
que la Unión —que no podía hacer mucho más— carecía de medios navales suficientes
para trasladar un ejército al Pacífico sur. Los desterrados en Chile calificaron duramente
estos conceptos.
Anunciaron también su propósito, hijo de la desesperación, de lograr el apoyo de cualquier
gobierno que desee intervenir.

361
96 Pascual Ahumada. op. cit. Tomo VII. Pág. 449.
362
97 Herbert Millington, op. cit. Pág. 135. Cita publicación del Herald de Nueva York, del 6-X-1883.
363
98 Jorge Basadre , op. cit. Tomo VI. Pág. 309.
364
99 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VIII. Pág. 87.
365
100 N.A.U.S.A. T 77-37. Oficio Nº41, Washington, 23-3-1883, de Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado, al Dr.
Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU. en Perú.
366
101 N.A.U.S.A. T 77-37. Oficio Nº41, Washington, 23-3-1883, de Frederick J. Frelighuysen Secretario de Estado, al Dr.
Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU. en Perú.
En sus “Memorias del Cautiverio”, García Calderón relata que La Moneda trata
simultáneamente con él y con el coronel Iglesias. Juzga que las esperanzas puestas por
Chile, en las negociaciones de Logan, se fundan en que el Gobierno provisorio se
“doblegaría ante todas sus exigencias”. Pero, no tuvo éxito en este empeño, pues según se
lee en aquellas “Memorias”, buscó otro caudillo, “en cuyo favor no dio paso alguno
ostensible para evitar un nuevo fracaso, sino después de lanzado el manifiesto de Montán,
el 31 de agosto de 1882...”367.
3. SURGE LA PAZ
A pesar de los éxitos militares, el panorama se presentaba incierto. Por un lado, la fiebre
amarilla y la tifoidea diezmaban las tropas estacionadas en territorio enemigo. Por el otro,
el temor de que Estados Unidos emprendiese una nueva acción. Como hemos visto, las
negociaciones con García Calderón no prosperaron. El único que se resistía con sus
montoneros era el general Andrés Avelino Cáceres.
Santa María se desanimó. No lograba concertar entendimientos que indujeran a los
caudillos peruanos a concertar la paz. “Por más que me duela, —escribe a Domingo Gana,
ministro en México— me he convencido de que lo que no se consiga por el chicote, no se
alcanzará por la razón”368.
En esos momentos, emerge en el escenario la figura del coronel Miguel Iglesias,
acaudalado propietario norteño, con una limpia hoja de servicios militares. Se destacó por
su valor en la lucha contra las fuerzas chilenas, en el Morro Solar. Actuó como
parlamentario en víspera de la batalla de Miraflores.
Puesto en libertad, se retiró a sus tierras de Cajamarca.
Sin embargo, se decía que no tenía ni 400 hombres alrededor suyo y que, a falta de otros
recursos, les pagaba con su propio peculio, a punto de agotarse. Su fin parecía próximo.
Tampoco le apoyaban las fuerzas políticas del pierolismo369. Aún así, el 31 de agosto de
1882, dio el Grito de Montán , en que planteó escoger entre la ocupación militar indefinida
o el reconocimiento de la derrota. Para este militar “la paz posible”, “la paz inmediata” era
el único camino370.
Sin demora, el ministro Novoa expresó a Santa María que “...está en nuestras manos hacer
o no gobierno a Iglesias, quien por supuesto no tendrá alas para volar sino cuando en
forma conveniente hubiese aceptado las bases de Chile” 371. Solicita al primer mandatario
que le confirme si estas deben ser: cesión de Tarapacá y adquisición de Tacna y Arica por 9
o 10.000.000 de pesos372.
Sin embargo, la opinión del diplomático chileno ya la conocemos, en lo que se refiere a

367
102 Francisco García Calderón, op. cit. Pág.24.
368
103 BA Ch H. Año XXI Primer semestre de 1954. Nº50. Pág. 143. Carta publicada por Jaime Eyzaguirre del Presidente
Santa María, Santiago, Valparaíso, 12-3-1883, a Domingo Gana, Ministro de Chile en México.
369
104 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 209.
370
105 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VI. Págs. 313 a 314.
371
106 Gonzalo Bulnes, op. cit. Tomo III. Pág. 210.
372
107 Ignacio Santa María, op. cit. Pág. 31.
estas últimas: Chile solo debía llegar hasta la quebrada de Camarones y olvidarse de Tacna
y Arica. Si se trataba de vincular el altiplano con el océano Pacífico, pensaba que algún día
se construiría un ferrocarril que uniría a Iquique con Oruro. Al mismo tiempo, juzgaba que
resultaría difícil administrar territorios a tanta distancia de Santiago 373. No participa de la
“política boliviana” del Presidente, que tantos engorros causaría a la diplomacia chilena.
Pero, como era un soldado disciplinado, cumplió las órdenes que se le impartieron desde
la capital.
Santa María, entusiasmado, le trasmitió las condiciones:
1º Cesión incondicional de Tarapacá; 2º venta de Tacna y Arica en 10 millones de pesos; 3º
declaración de que los territorios cedidos o vendidos no reconocen deuda exterior; y 4º arreglos
comerciales e indemnización a los chilenos de los daños sufridos por las medidas adoptadas contra
ellos por el Gobierno del Perú 374 El punto 3º motiva serias discusiones en Europa, pues los
tenedores de bonos de la deuda externa peruana sostenían que tenían el respaldo del
guano y del salitre; lo mismo alegaban sus gobiernos.
Aunque no existen cifras concordantes, sabemos que la deuda pública peruana estaba
conformada por los préstamos que el Presidente Balta obtuvo entre 1869, 1870 y 1872 375.
Tuvo por finalidad la construcción de una extensa red ferroviaria, que según un autor
culminaba en las nubes...376. Ya en 1876, o sea, antes de la guerra, Perú suspendió el pago
de los intereses y en 1878, el del capital.
Existían también otras deudas. Por ejemplo, el crédito cercano a los 4 millones de libras
esterlinas concedido a Piérola por Dreyfus, el archipillo de Perú, como lo denomina
Lavalle377. Según la liquidación hecha, el 31 de agosto de 1878, por los comisionados
fiscales que nombró el gobierno del general Prado, Dreyfus —en vez de acreedor—
resultaba deudor del fisco peruano378.
Esta deuda ascendería a 657.387.600 de soles de 45 5/8 de peniques.
Cuando Piérola se apoderó del mando supremo, al producirse la extraña ausencia de Prado
al extranjero en plena guerra, ordenó que se hiciera la liquidación. Así, aquel banquero
pasó a ser acreedor de Perú por 21 millones de soles de plata, y dio origen a una
reclamación que perduró cincuenta años.
Durante el conflicto, el 9 de febrero de 1882, Chile dictó el decreto supremo anteriormente
mencionado, en que dispuso la enajenación de 1.000.000 de toneladas de guano de los
depósitos que el gobierno designaba, y suspendió la exportación desde Tarapacá. La
utilidad se repartiría por mitades, entre el Estado chileno y los acreedores de Perú, cuyos
títulos de créditos aparecieren sustentados con la garantía de esa sustancia. Reservó para

373
108 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 119. Trascribe telegrama, Lima, 22-3-1882, de Jovino Novoa a José Manuel
Balmaceda.
374
109 Gonzalo Bulnes, op. cit. Tomo III. Pág. 213.
375
110 Bernardo Vicuña: “Solución en la Guerra del Pacífico”. Julio Real y Prado. Imprenta, Encuadernación, Librería y
Almacén de Música. Valparaíso. 1881. Págs. 4 y 5. Allí se señalan préstamos contraídos a partir de 1849.
376
111 Jorge Basadre, op. cit. Tomo V. Pág. 135.
377
112 J.A. de Lavalle, op. cit. Carta Nº27 de Lavalle a Iglesias. Pág. 218.
378
113 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo I. Págs. 588 y 589.
sí la mitad del importe de esa venta y depositó en el Banco de Inglaterra la otra mitad, que
destinó al pago de los créditos que contrajo Perú con la mencionada garantía. Los
acreedores que se acogieron a este decreto representaban 25.838.270 de libras
esterlinas379. Chile no calificaría la legitimidad de los cupones, ni el derecho preferente de
los empréstitos, ni la deuda de Dreyfus, ni cualquiera otra. A fin de tener opción a las
utilidades del guano, los interesados nombrarían un tribunal europeo de árbitros, que
resolvería toda alegación, y el 50% de la utilidad del guano se depositaría en el Banco de
Inglaterra, consignado a dicho tribunal. Los acreedores franceses no se conformaron con
este procedimiento, particularmente Dreyfus.
El ministro inglés ante La Moneda consideró este decreto como un “arreglo”, esto es, un
asunto de conveniencia para Chile, sin fundamento jurídico 380. Indudablemente, fue un
acomodo ante una situación internacional muy compleja, desde el punto de vista del
Mapocho. Dada la secuela que tuvo, pudo ser mejor desentenderse de estos acreedores y
evitar futuras complicaciones.
La Moneda reconocía, de este modo, el derecho de los tenedores de bonos al guano
existente o ya descubierto, y pagará hasta donde alcance la utilidad de la venta, desligando
su responsabilidad del posible saldo insoluto.
Estimaba que adoptaba una posición de equidad. No asumía la responsabilidad del total
de la deuda peruana, pues no tenía por qué aceptarla. Ella pesaba sobre toda la nación y
no solo sobre aquella parte del territorio que los triunfadores recibirían a título de
indemnización de guerra. Esta fue la condición impuesta a Iglesias, al decir que los
territorios cedidos no reconocían deuda. Chile radicaba su compromiso en las obligaciones
contraídas en el decreto de 9 de febrero de 1882. Devolvería las islas de Lobos al término
de la entrega del guano, y traspasaría a Perú la utilidad que le correspondiera por ese
negocio381.
En cuanto al salitre, Chile no admitía otra deuda que la proveniente del intento de compra
de los establecimientos salitreros que hizo el Presidente Pardo, en 1873. Con tal motivo,
Perú emitió obligaciones hipotecarias referentes a las mismas propiedades, que se
conocían con el nombre de certificados.
Según el decreto de 28 de marzo de 1882, Chile se allanaba a devolver las propiedades a
los dueños de esos títulos o a pagarles su valor con el producto del remate de las salitreras
hipotecadas.
La resolución de respaldar a Iglesias fue una medida que demostró coraje y visión. No
obstante, motivó una acalorada interpelación en el Senado, capitaneada por Vicuña
379
114 N.A.U.S.A. T 52-37. Oficio Nº45, Lima, 18-1-1882, de Stephen A. Hurlbut, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick J.
Frelinghuysen. Dice que ese decreto, próximo a dictarse, representa la alianza de los intereses chilenos con los ingleses, en
detrimento de los del estadounidense John C. Landreau. (Ver Enrique Amayo: “La política británica en la Guerra del
Pacífico”. Ed. Horizonte. Lima. 1988.) Pág.183. Informa que el almirante Lynch ya había cedido 40.000 toneladas de guano
a la casa británica de North y Cía., “a precio de ocasión”. North ganó 4.000.000 de francos. Con este dinero, compró
certificados salitreros en 25 libras cada uno, en circunstancias de que su valor nominal era de 183 libras, y así empezó a
construír su fortuna que le hizo acreedor al título de Rey del Salitre. (Ver obra citada de Harold Blakemore. Pág. 37. Dice
que Lynch hizo este favor a North en agradecimiento por la ayuda que el empresario británico prestó a las fuerzas chilenas
durante la guerra).
380
115 Carlos Palacios Moreyra: “La deuda anglo-peruana”. Librería Studium. Lima. 1983. Pág. 265.
381
116 Gonzalo Bulnes, op. cit. Tomo III. Págs. 213 y 214.
Mackenna y José Francisco Vergara. Se acusó al gobierno de entrometerse en la política
interna peruana “para levantar a costa de la sangre y de los tesoros de Chile a un caudillo
político... que no cuenta, ni reunirá jamás opinión y prestigio bastantes para sostenerse en
el puesto en que nosotros pretendemos violenta e inútilmente colocarlo” 382.
Aldunate defendió con calor la posición del Ejecutivo y obtuvo que ella se impusiera.
El 16 de septiembre, Iglesias convocó a una asamblea que elegirían los departamentos de
Piura, Cajamarca, Amazonas, Loreto, Lambayeque, La Libertad y Ancash. Se reuniría en
Cajamarca, a fines de noviembre. Esta asamblea nombró a Iglesias, Presidente
Regenerador, y fue autorizado para “ajustar inmediatamente la paz posible”.
Esta decisión de Iglesias inspiró el repudio de Cáceres y García Calderón.
Montero dictó un decreto que borró al primero del escalafón militar y dispuso que, tan
pronto fuese habido, sea juzgado por el delito de traición a la patria 383.
Iglesias designó, en calidad de ministros plenipotenciarios ad hoc, a Mariano Castro
Saldívar, su cuñado y rico propietario 384, y a José Antonio de Lavalle, antiguo pierolista,
desterrado en Chillán hasta ese momento. La tarea de ellos era entenderse con Jovino
Novoa, en Lima. El general quiso que se incorporara otro exiliado, el civilista José Antonio
García y García.
Como este rehusara, Lavalle recomendó al periodista Andrés Avelino Aramburú, quien
aceptó. Así, las principales tendencias políticas estarían representadas.
Lavalle formuló irónicos reparos al calificativo de regenerador del nuevo Presidente:
“...pacificará Ud. el Perú, le dice en carta de 30 de mayo de 1883: en cuanto a regenerarlo, ni
piense Ud. ni hable de ello. A los pueblos no los regenera nadie: se regenerarán ellos mismos,
y esa es la obra de años y aún de siglos, cuando tienen condiciones para regenerarse. ¿Las
tiene Perú? No a mi ver, mientras la base de su población sea la confusa mezcla de razas
híbridas que la constituyen. No hay que pensar pues en regeneración, ni hablar de ella”385.
4. PRIMERAS REUNIONES DIPLOMÁTICAS
Lavalle se reunió preliminarmente con García Calderón, en Santiago.
Existía el antecedente de un intercambio epistolar entre el Presidente Iglesias, ya
proclamado como tal, y el Presidente provisorio. El desacuerdo entre ambas
personalidades consistía en que el Regenerador Iglesias afirmaba que Chile buscaba
sinceramente la paz; en cambio, el mandatario de La Magdalena sostenía que pretendía
prolongar la ocupación386.
Lavalle conferenció con Santa María, el 26 de febrero 387. El Presidente le dio a conocer el
382
117 Archivo de Luis Aldunate. Carta de Luis Aldunate, Santiago, 13-7-1883, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
383
118 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VI. Pág. 316.
384
119 Julio C. Guerrero: “1879-1883. La guerra de las ocasiones perdidas”. Editorial Milla Batres. Lima. 1975. Págs. 33 y 37.
385
120 José Antonio de Lavalle, op. cit. Pág. 193.
386
121 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VIII. Págs. 122 a 125.
387
122 Archivo del Académico José Miguel Barros. Copia de una carta, Lima, 10-4-1883, de José Antonio de Lavalle al
Presidente Domingo Santa María. Laméntase que de regreso en Lima, hace un mes, las negociaciones de paz no avanzan.
Ha tenido conversaciones con Jovino Novoa, pero no se ha llegado a nada práctico. Mientras el tiempo trascurre, dice que
motivo del fracaso de las gestiones de Logan con García Calderón. Chile no aceptaba
entregar a un arbitraje el dominio de Tacna y Arica.
Don José Antonio agradeció a Iglesias el nombramiento y le expresó que su acción se
fundaría en la “paz posible”, como el único medio de salvar lo que quedaba de patria388.
Iglesias trasmite al ministro ad hoc las bases que presentará Novoa:
“Mucho recomiendo a Ud. que tenga en cuenta la condición en que queda Bolivia, después
de ajustadas las paces por el Perú. Es preciso prevenirse contra ella: tiempo ha que el instinto
natural la impele a salvarse sola con sacrificio nuestro. Creo indispensable que tratemos de
obtener una cláusula secreta de tratado, o tratado complementario secreto, por el cual Chile
nos garantice la integridad del territorio que nos deja, cuando menos por diez años” 389.
En una tercera carta, le expresa:
“Convencido estoy, amigo mío; íntimamente convencido, de que, nada, nada absolutamente
ventajoso podemos esperar de la resistencia: es, pues, necesario, suscribir la paz. Si,
demorando nuestra firma, algo, una esperanza siquiera, vislumbráramos de mejorar las
condiciones que la victoria decisiva impone yo vacilaría, más aún, me negaría rotundamente
a aceptarlas.
Pero, como cada día, cada hora que trascurra la estúpida resistencia da a Chile pretexto para
reduplicar sus imposiciones, creo sinceramente honrado, patriótico, valeroso y noble, aceptar
inmediatamente sus tratados.
Comprendo la mala impresión de que Ud. se siente poseído, no esperando nada razonable
de parte de Chile. Yo, a nombre del Perú, encomiendo a la diplomacia desvelarse, agotar sus
recursos, para suavizar siquiera en la forma nuestra desventura, pero créalo Ud. resuelto
estoy a no demorar un minuto, sean cuales fueren los sacrificios, la devolución de la paz a
nuestra Patria que agoniza. Queda Ud. especialmente autorizado, para firmar a mi nombre
lo que Chile imponga en ultimátum, porque la salvación del Perú así lo exige”390.
Este era pues, el espíritu con que Iglesias se proponía concertar la paz, o sea, la aceptación
de las condiciones impuestas, solo suavizando las formas.
Lavalle y Castro Saldívar se acercaron a Novoa. El ministro les declaró que no podía
aceptarlos como plenipotenciarios, pues aparecería reconociéndoles como representantes
legales de Perú. Empero, solicitaría al Presidente Regenerador que le firmara un
documento, en donde se comprometiera solemnemente a suscribir un tratado de paz con
arreglo a las condiciones que pactaran, en el caso de que llegara a formarse gobierno y
que fuese reconocido por Chile391.
corre el rumor de que el gobierno chileno no busca la paz, sino prolongar indefinidamente el estado actual de cosas. La
continuación de esta situación puede concluir con la disolución del gobierno de Iglesias, agrega. Esta carta revela -fuera del
apremio del negociador peruano- el grado de amistad que conserva con Santa María, no obstante la guerra.
388
123 Ver obra citada de José Antonio de Lavalle. Reproduce la carta Nº3 de Iglesias a Lavalle, 3-3-1883. Las cursivas de
Iglesias.
389
124 José Antonio de Lavalle, “Misión en Chile en 1879 y anexos”. Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú. Lima.
1994. Reproduce la carta Nº3 de Iglesias a Lavalle, 3-3-1883.
390
125 José Antonio de Lavalle, op. cit. Carta Nº6 de Iglesias a Lavalle, 24-3-1883. Las cursivas de Iglesias.
391
126 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1883-84. Oficio Nº134, Lima, 6-6-1883, de Jovino Novoa, Ministro de
Chile en Perú, a Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile.
El 28 de marzo de 1883, Lavalle acudió a una conferencia con Novoa, imbuido de la idea
de que recibiría un ultimátum. Abordó dos puntos: la deuda externa peruana y Tacna y
Arica. En cuanto al primero, sostuvo que prefería que su patria pereciese antes que salvarse
abandonando los derechos de quienes confiaron en su honor. Acerca del segundo, le
“horrorizaba” el sacrificio de esos territorios, pues “no podía vender ni ceder a sus
hermanos”.
Aún así, “le demostré [a Novoa] que para todo podían admitirse fórmulas, que sin alterar la
esencia de las cosas, salvasen todas las susceptibilidades” 392.
Lavalle, astutamente, propuso la del plebiscito a diez años, como una fórmula para salvar la
negociación.
“Se manifiestan persuadidos [Lavalle y Castro Saldívar —escribe Novoa a Santa María-] de
que Tacna y Arica más tarde o más temprano están perdidas para el Perú, pero no se
atreven a declarar que ceden esos territorios y mucho menos que los venden porque el
pueblo no toleraría a un gobierno que tal hiciese. Entretanto, me agregaba Lavalle, las
masas se fascinarían con la idea de que aquellos parajes, no estaban cedidos y podían
reputarse peruanos, sin advertir que el plebiscito dentro de diez años diría lo que el
gobierno de Chile quisiera que dijese. [cursivas nuestras]”393.
Así nacieron los engorros que finalmente se buscó resolverlos en 1929:
Tacna para Perú y Arica para Chile, sin plebiscito.
Una segunda entrevista tuvo lugar el 9 de abril.
Los peruanos no se desistieron de sus puntos de vista respecto de la deuda.
Al propio tiempo, declararon que Chile pagaría a Perú 10.000.000 de pesos después del
voto plebiscitario de Tacna y Arica, cualquiera que fuese su resultado. La reunión concluyó
sin acuerdo, y Novoa quedó de consultar a Santiago.
Para la tercera, Novoa recibió de Santa María el siguiente telegrama:
“Las indicaciones de Iglesias son inaceptables con respecto a la segunda parte deuda
pública”.
“La primera parte (el plebiscito) fue aquí idea nuestra sugerida a Logan cuando se entendía
con García Calderón, y rechazada por este por motivos que no recuerdo en este momento. Si
ahora se nos presenta como idea peruana la acogemos en el acto en la forma que
telegráficamente te he expresado, porque es evidente que después de una posesión de diez o
quince años apenas habría en Tacna cosa alguna que no fuera chilena. El plebiscito sería
casi innecesario; el resultado estaría escrito muy claramente en las murallas” 394.
Agregaba más adelante:
“Ellos pueden decirnos: ‘ inventamos un plebiscito en las condiciones propuestas, para salvar,
únicamente, las asperezas de la venta, y para lograr por este medio que sea aceptado’. Pues
392
127 José Antonio de Lavalle, op. cit. Carta Nº5 de Lavalle a Iglesias, Lima, 28-3-1883.
393
128 A.N. Archivo Domingo Santa María González. Pieza C 1810, Carta, Chorrrillos, 28-3-1883, de Jovino Novoa, Ministro
de Chile en Perú, al Presidente Domingo Santa María.
394
129 MINREL. VOL. 485. COMISION PLEBISCITARIA. DOCS. DE TRABAJO. 1925-26. Telegrama, Santiago, 3-4-1883, del
Presidente Domingo Santa María a Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
bien, si el plebiscito no es más que un rodeo, una invención para disimular la venta, no hay
razón para que se excuse el pago de la cantidad ofrecida, desde que es seguro que el
plebiscito efectuado en diez años, va a dar a Chile los lugares en disputa. Esta observación es
exacta, no lo neguemos. El plebiscito es arbitrio para disimular una cesión o una compra que
desnuda y franca embarazaría hoy la paz”395.
En sus instrucciones sobre este punto, Aldunate se refirió a la propuesta de Lavalle y Castro
Saldívar de sustituir la cláusula de compra por la del plebiscito a diez años 396. Este último
tuvo, pues, muchos padres: Logan, Santa María y Lavalle; pero, es evidente que a todas
luces benefició a los negociadores peruanos, que así eludieron la venta inmediata, que
horrorizaba a Lavalle, y la dejaron diferida. Con ello, se crearon grandes dificultades que,
durante casi medio siglo, impidieron el establecimiento de una auténtica paz entre los dos
contendientes.
Chile sostenía que el ganador en el plebiscito entregaba al perdedor 10.000.000 de pesos.
Sin embargo, los peruanos objetaban tal reciprocidad, ya que Perú no debía pagar por un
territorio que le pertenecía 397. Finalmente, Lavalle y Castro Saldívar aceptaron el punto de
vista chileno.
El Presidente Santa María despachó a Novoa un telegrama que contenía los términos del
tratado de paz, cuya redacción confió a Aldunate. La cuarta y última conferencia de los
plenipotenciarios se llevó a efecto el 10 de mayo.
En ella se aprobó el texto de un protocolo preliminar —conforme la comunicación de
Santiago— que fue presentado a Iglesias. Este lo aprobó y se comprometió, formal y
solemnemente, a suscribir un pacto que contuviese las siguientes bases, tan pronto su
gobierno fuese reconocido oficialmente por Chile:
“1ª Cesión a favor de Chile, perpetua e incondicional del departamento de Tarapacá, esto es,
por el norte hasta la quebrada de Camarones, pasando en consecuencia, este territorio al
dominio y soberanía absolutos de Chile.
2ª Los territorios de Tacna y Arica continuarán poseídos por Chile y sujetos en todo a la
legislación y autoridades chilenas por el término de diez años, contados desde que se
ratifique el tratado de paz. Expirado ese plazo, se convocará a un plebiscito que decida, por
votación popular, si dichos territorios quedan del dominio y soberanía de Chile o si vuelven
al Perú398.
Aquel de los dos países a cuyo favor queden anexados definitivamente los mencionados
territorios, pagará al otro diez millones de pesos moneda chilena de plata o soles peruanos
de igual ley y peso de aquella. Un protocolo especial establecerá la forma en que el plebiscito

395
130 MINREL. NEGOCIACIONES CHILE-PERÚ. 1922-23. Carta, Santiago, 13-4-1883, del Presidente D. Santa María a
Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
396
131 MINREL. Telégrafos. 1883. Telegrama, Santiago, 15-4-1883, de Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino
Novoa, Ministro de Chile en Perú.
397
132 MINREL. Telegrama, Lima, 25-4-1883, de Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú, a Luis Aldunate, Ministro de
RR.EE. de Chile.
398
133 MINREL. Sesiones secretas del Senado para discutir el Protocolo de Washington de 1922. Sesión XIII extraordinaria,
14-X-1922. Luis Claro Solar interviene para señalar el valor interpretativo de la declaración “si vuelven [Tacna y Arica] al
Perú”, que quería decir que esos territorios ya estaban incluidos en la soberanía chilena.
deba tener lugar y la forma y época en que hayan de pagarse los diez millones por el país
que quede dueño de Tacna y Arica.
3ª El Gobierno de Chile dará fiel cumplimiento al contrato celebrado sobre guano y a los
decretos que tiene dictados, sobre este abono, en 9 de febrero de 1882, y sobre salitre, en 28
de marzo del mismo año, haciéndose las siguientes declaraciones. El dicho decreto de 9 de
febrero de 1882 ordenó la venta de un millón de toneladas de guano, y en el artículo 13 se
estableció que el precio líquido de guano, deducidos los gastos de extracción, ensaye, peso,
embarque, sueldos de empleados que vigilan diversas operaciones y los demás que se causen
hasta dejar la especie al costado del buque cargador, se distribuirá por partes iguales entre el
gobierno de Chile y aquellos acreedores del Perú cuyos títulos de crédito aparecieren
sustentados con la garantía de esa sustancia. El Gobierno de Chile declara ahora, que
terminada la venta y entrega del millón de toneladas, seguirá entregando a los acreedores
del Perú el 50% del producto líquido, tal como se establece en el artículo 13 antes
mencionado, hasta que se extinga la deuda o se agoten las covaderas o yacimientos.
Es entendido que se trata de las covaderas o yacimientos en actual explotación, porque los
que se descubriesen o explotasen más tarde en los territorios cedidos, son del exclusivo
dominio de Chile, quien, como tal, tomará para sí todos los productos o dispondrá de ellos
como quiera.
Queda también entendido que los acreedores del Perú a quienes se concede este beneficio,
tendrán que someterse, para la calificación de sus títulos y demás procedimientos, a las
reglas fijadas en el decreto de 9 de febrero de 1882.
Fuera de las declaraciones consignadas en este artículo, Chile no reconoce, ni por motivo de
guano ni por ningún otro, acreencia alguna que afecte al Perú cualquiera que sea su
naturaleza.
4ª Las islas de Lobos del Norte continuarán administradas por Chile hasta que se dé término
al contrato de venta de un millón de toneladas de guano. Llegado este caso, se devolverán al
Perú.
Chile declara que el 50% que del producto líquido del guano le corresponde en las islas de
Lobos, en conformidad al decreto de 9 de febrero ya citado, lo cede al Perú y lo comenzará a
entregar a este desde que el tratado definitivo de paz se ratifique.
5ª Pactos posteriores arreglarán las relaciones comerciales y las indemnizaciones que se
deban a chilenos”399.
Aldunate informó a las misiones diplomáticas chilenas que las anteriores eran las bases
conforme a las cuales se celebraría un tratado de paz, una vez que la autoridad del general
Iglesias estuviese bien afianzada y reuniese las calidades de un gobierno de facto400.
Mariano N. Valcárcel, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del almirante

399
134 MINREL. Telegrama, Lima, 15-4-1883, de Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa, Ministro de
Chile en Perú. Dice que en telegrama de 20-2-1883, firmado por el Presidente Santa María, se le enviaron las bases
exigidas por Chile para ajustar la paz.
400
135 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE. 1881-84.
Oficio circular, Santiago, 21-8-1883, de Luis Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en
Perú.
Montero, con sede en Arequipa, sostuvo en nota dirigida al Cuerpo Diplomático, que el
artículo 2º de este instrumento preliminar:
“no conviene a la política del Perú en el continente americano. Es preciso que Bolivia tenga
libre acceso al Pacífico; y esto no puede conseguirse siempre que Chile invada el Norte de la
quebrada de Camarones. Sólo conservando el Perú las provincias de Tacna y Arica puede
tener Bolivia su comercio de ultra-mar sin comprometer su porvenir; y entregando al
enemigo esa parte del territorio peruano, se pierden las ventajas que en el otro caso
resultarían”
401
.
Esta demostración en favor del aliado de 1879 no se conciliaba con la afirmación de García
Calderón al ministro Logan, conforme a la cual rehusó entregar aquellos territorios a
Bolivia402.
Mas adelante, Valcárcel afirma que la estipulación sobre Tacna y Arica tiene el carácter de
cesión territorial. Como el Pacto de Ancón reproduce el artículo 2º del protocolo
preliminar, se puede inferir que lo que establece dicho tratado, en su artículo III, no es más
que una cesión territorial en favor de Chile 403. En ese entendido, es fácil argumentar —
junto con Santa María— que el plebiscito que resolvería la suerte de aquellos territorios no
es más que una cesión disimulada en favor del vencedor. Así lo estimó igualmente el
almirante Montero, cuando todavía ejercía gobierno en Arequipa.
En carta que dirigió a Carlos M. Elías, el 22 de agosto de 1883, al referirse al proyecto antes
mencionado, sostiene que como consecuencia de este “perdemos perpetuamente tres
provincias, porque sería una ilusión suponer que después de los diez años recuperásemos
Tacna y Arica...”404.
Estas apreciaciones se refuerzan al leer el tratado definitivo. Efectivamente, en el artículo II
del Pacto de Ancón, se estipula que Perú “cede [en singular] a la república de Chile el
territorio de la provincia litoral de Tarapacá”.
Mas, en su artículo VIII, se expresa que el gobierno de Chile “no reconoce créditos de
ninguna clase que afecten [en plural] a los nuevos territorios que adquiere por el presente
Tratado.” Es decir, se deduce que los nuevos territorios son tres: Tarapacá, Tacna y Arica,
porque el Tratado no habla de otros. Así lo entendieron, pues, dos personalidades
peruanas contemporáneas al instrumento jurídico mencionado, mas con el correr del
tiempo el Rímac se alejó de esa lectura.
En un último esfuerzo por salvar la mediación estadounidense, Logan trasmitió este
acuerdo al Presidente provisorio [García Calderón]. Le informó que Iglesias recibirá de
Chile, el 4 de junio, la totalidad del norte de Perú, incluido Lima y El Callao; los ingresos

401
136 Anselmo Blanlot Holley: CONFERENCIA INTERNACIONAL. I. Chile, Perú y Bolivia 1820-1879. II. Tratado de Ancón.
Santiago. 1919. Pág. 45.
402
137 N.A.U.S.A. Vol. 10-32. Oficio Nº9, Santiago, 5-10-1882, del Dr. Cornelius Logan, Ministro de EE.UU. en Chile, al Sr.
Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado de EE.UU.
403
138 Anselmo Blanlot Holley, op. cit. Pág. 46.
404
139 Ignacio Santa María (hijo del Presidente Domingo Santa María), op. cit. Revista Chilena de Historia y Geografía. 1923.
Nº46.
aduaneros que suman mensualmente 200.000 pesos de plata, a fin de que comience su
gobierno; además armas y municiones, y, si es necesario, un préstamo en dinero (que
recibió).
Sin embargo, el Presidente Regenerador —agrega el agente diplomáticoestá dispuesto
hidalgamente a retirarse, a fin de que García Calderón firme el tratado 405. Empero, este
último expresó a Logan que está llano a suscribirlo, siempre que sea bajo las condiciones
razonables que le ha expresado mil veces, mas no participará en la “subasta del Perú, en
concurrencia con Iglesias”.
Logan juzga que si Estados Unidos, al sostener a García Calderón, estuviese apoyando “un
principio de justicia” no aconsejaría su abandono. Pero, al hacerlo —dice— se presta para
favorecer los intereses personales de García Calderón y demorar la paz” (cursivas nuestras).
Concluye: “Iglesias ha demostrado ser el más patriota de los hombres públicos e incluso ha
estado dispuesto a hacerse a un lado si García Calderón trae la paz”.
El ministro analiza luego la legitimidad de ambas autoridades y estima que es más o
menos idéntica. Chile apoyó a García Calderón para encabezar un gobierno. Fue
seleccionado por unos notables que no tenían carácter oficial y confirmado por un
Congreso ad hoc, compuesto casi exclusivamente por miembros del partido civil. Era tan
poco legal y representativo como el que proclamó a Iglesias. Las estipulaciones que aceptó
el Presidente Regenerador dice que son severas, indudablemente, pero García Calderón
perdió la ocasión “de aceptar las condiciones que yo le conseguí”, sin duda más
favorables406.
El Presidente provisorio, en esos momentos residía en Valparaíso. Desde allí se comunicaba
con sus partidarios para frustrar estos acuerdos. Por lo mismo, se le llevó a Rancagua bajo
estricta vigilancia.
Las condiciones alcanzadas con Iglesias provocaron la indignación de García Calderón y
Montero. En un último esfuerzo, a través de Dionisio Derteano, propusieron la cesión de
Tarapacá; la trasferencia de Tacna y Arica a Bolivia; el pago a Chile de una indemnización
de 60 millones de pesos, que Perú y Bolivia cancelarían en cuotas anuales de 2 millones, y
liberaciones comerciales recíprocas entre los dos países 407.
Chile no cayó en la trampa, según Aldunate escribió a Novoa 408. Es cierto que existía el
peligro de una intervención de Estados Unidos y de países europeos, que añoraban la paz
en beneficio de sus intereses comerciales, amagados por un conflicto indefinido 409, pero La
Moneda continuó apoyando al militar cajamarquino. Y muy pronto cosecharía los frutos de
esta decisión.
5. LA FIRMA DEL TRATADO DE PAZ Y AMISTAD

405
140 N.A.U.S.A. VOL. 10-33. Oficio Nº100 Confidencial, Santiago, 29-5-1883, del Dr. Cornelius A. Logan, Ministro de
EE.UU. en Chile, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
406
141 Francisco García Calderón, op. cit. Pág. 25.
407
142 N.A.U.S.A. Vol. 10-33. Oficio Nº106, Confidencial. Santiago. 26-6-1883, del Dr. Cornelius A. Logan, Ministro de EE.UU.
en Chile, a Frederick J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
408
143 Archivo de Luis Aldunate. Carta, Santiago, 21-6-1883, de Luis Aldunate, Ministro de RR.EE., a Jovino Novoa.
409
144 Ignacio Santa María, op. cit. Pág. 40.
El Ministro Aldunate viajó a Lima el 15 de septiembre de 1883 410. Llevó por misión acelerar
la constitución del gobierno de Iglesias, disponer el traslado del general a esa ciudad, a fin
de que acordase con Lynch la caída de Montero, en Arequipa, y firmar el tratado de paz 411.
Recién llegado, Aldunate conversó con Phelps, el nuevo Ministro estadounidense.
En tono un tanto intimidatorio, el plenipotenciario le leyó las instrucciones que recibió de
Washington. Estas pretendían que Chile pagase, no el 50%, sino el total de la deuda
peruana relativa al guano y al salitre.
Enseguida, que aún cuando Iglesias entrase a la capital, no podría reconocerle “si antes no
se produce algún hecho que le hiciera presumir que su gobierno no era la obra exclusiva
de Chile, sino que contaba con algún apoyo en la opinión de sus conciudadanos”. Todo
este preámbulo, relata el Canciller, fue para expresarle que él (Phelps) estaba convertido en
árbitro, a fin de evaluar la situación.
“En una palabra, —resume Aldunate— el bribón del yanqui éste, con toda la larga cría
[subrayado en el original] de sus predecesores en Chile y en el Perú, persigue impúdicamente
un poco de dinero y vender sus servicios a quien mejor se los pague”412.
El agente estadounidense juzga con razón que la cláusula referente a los guanos y al salitre
provocará reclamaciones diplomáticas que entorpecerán el reconocimiento. A fin de
ablandar a Aldunate, arguye que la modificación de esta estimularía a los peruanos a
aceptar el tratado de paz, incluso los aspectos más duros de él. A su juicio, la deuda
convendrá someterla al arbitraje de una potencia amiga. No lo dijo, pero ¿habrá pensado
en Estados Unidos?
Aldunate argumenta que Chile prefiere renunciar a la indemnización por gastos de guerra
antes que asumir el servicio íntegro de la deuda peruana.
A su juicio, Perú no pagaba desde hace muchos años atrás los intereses ni cancelaba el
capital de esa obligación. Por lo tanto, los bondholders se encontrarán en mejor situación al
recibir el 50% que les aseguraba Chile, de los retornos del millón de toneladas de guano.
Phelps, después de dialogar con Aldunate, por fin se convence y comunica al
Departamento de Estado que el único camino que permite lograr la paz es a través de
Iglesias.
“...me parece claro —agregaba— que si a los peruanos se les dejase en libertad para elegir,
no podrían organizar un gobierno. Los antagonismos y rivalidades dentro de sus partidos son
muy enconados, al mismo tiempo que están influidos por sus intereses personales” 413.
Aparte de estas consideraciones, tanto Phelps como sus colegas europeos no tuvieron
otras observaciones al documento que acordaron Novoa, Lavalle y Castro Saldívar. La
soberanía definitiva de Tacna y Arica no les interesaba. Ya Estados Unidos, a través de
410
145 MINREL. TELÉGRAFOS. Telegrama, Santiago, 17-9-1883, de Eduardo Suárez Mujica, Oficial Mayor del Ministerio de
RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
411
146 A.N. Fondos Varios. Vol. 413, Carta, Santiago, 26-9-1883, del Presidente Domingo Santa María a Luis Aldunate.
412
147 A.N. Archivo de Domingo Santa María González. Pieza 1050. Carta, Lima, 29-9-1883, de Luis Aldunate al Presidente
Domingo Santa María González.
413
148 N.A.U.S.A. T 52-38. Oficio Nº9, Lima, 3-10-1883, de Seth Phelps, Ministro de EE.UU. en Perú, a Friederick J.
Frelinghuysen, Secretario de Estado.
Logan, había hecho distintas proposiciones que buscaban favorecer la pretensión chilena.
A pesar de estos avances, Aldunate comenta a Santa María que el retiro de nuestras
fuerzas despierta opiniones contradictorias. Hay peruanos que miran con temor que
desaparezca el orden que imponen. Mientras tanto, los chilenos no entienden por qué su
gobierno les priva de “sus prebendas”, en su calidad de ocupantes 414.
El 18 de octubre, Novoa reconoció oficialmente a Iglesias 415.
El próximo paso fue facilitar su traslado, desde el norte hasta Ancón, en donde se firmó el
Pacto. Sin embargo, se le hizo aparecer suscrito en Lima por Jovino Novoa, en
representación de Chile, y José Antonio de Lavalle y Mariano Castro Saldívar, de Perú. Este
instrumento reprodujo casi literalmente el que el Presidente de la República trasmitió a
Novoa, desde Santiago.
También se convino un acuerdo complementario, que normaría el modus vivendi del
ejército de ocupación hasta que abandone Perú.
Hubo dos divergencias. En el proyecto trasmitido desde La Moneda, se decía “los
territorios” de Tacna y Arica, sin indicar deslindes, y en el tratado que se presentó a los
negociadores peruanos, “el departamento de Tacna y Arica”. Empero, conforme al derecho
administrativo peruano, departamento equivale en Chile a provincia. Según nuestra
interpretación, quedarían incorporadas —entre los territorios sujetos al plebiscito— las
poblaciones situadas al norte del río Sama hasta el Locumba. Se consultó al Presidente,
quien respondió que lo acordado era el cauce del Sama en toda su prolongación, desde la
costa hasta el punto en que se bifurca y prolonga el límite hasta Bolivia, y no una división
administrativa. Una segunda cuestión refería a las relaciones comerciales. Estas quedaron
tal cual aparecían en el proyecto de tratado416.
El texto del Pacto de Ancón, que lleva el nombre de Tratado de Paz y Amistad, es el
siguiente:
“Artículo I. Restablécense las relaciones de paz y amistad entre las Repúblicas de Chile y del
Perú.
Artículo II. La República del Perú cede a la República de Chile, perpetua e
incondicionalmente, el territorio de la provincia litoral de Tarapacá, cuyos límites son, por el
norte la quebrada y río de Camarones; por el sur la quebrada y río del Loa; por el oriente la
República de Bolivia, y por el poniente el mar Pacífico.
Artículo III. El territorio de las provincias de Tacna y Arica, que limita por el norte con el río
Sama desde su nacimiento en las cordilleras limítrofes con Bolivia hasta su desembocadura
en el mar; por el sur, con la quebrada y río de Camarones, por el oriente con la República de
Bolivia, y por el poniente con el mar Pacífico, continuará poseído por Chile y sujeto a la
legislación y autoridades chilenas durante el término de diez años contados desde que se

414
149 A.N. Archivo Domingo Santa María González. Pieza C 1053. Carta, Lima, 12-X-1883, de Luis Aldunate al Presidente
Domingo Santa María.
415
150 MINREL. LEGACION DE CHILE EN PERÚ. 1883-84. Nota Nº149, Lima, 18-10-1883, de Jovino Novoa, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Perú.
416
151 MINREL. TELÉGRAFOS 1883. Telegrama, Santiago, 19-X-1883, del Presidente Domingo Santa María a Luis Aldunate,
Ministro de RR.EE. en misión en Perú.
ratifique el presente Tratado de Paz. Expirado este plazo, un plebiscito decidirá en votación
popular si el territorio de las provincias referidas queda definitivamente del dominio y
soberanía de Chile, o si continúa siendo parte del territorio peruano. Aquel de los dos países
a cuyo favor queden anexadas las provincias de Tacna y Arica, pagará al otro diez millones
de pesos moneda chilena de plata, o soles peruanos de igual ley y peso que aquella.
Un Protocolo especial, que se considerará como parte integrante del presente Tratado,
establecerá la forma en que el plebiscito deba tener lugar y los términos y plazos en que
hayan de pagarse los diez millones por el país que quede dueño de las provincias de Tacna y
Arica.
Artículo IV. En conformidad a lo dispuesto en el supremo decreto de 9 de febrero de 1882,
por el cual el Gobierno de Chile ordenó la venta de un millón de toneladas de guano, el
producto líquido de esta substancia deducidos los gastos y demás desembolsos a que se
refiere el artículo 13 de dicho decreto, se distribuirá por partes iguales entre el Gobierno de
Chile y los acreedores del Perú cuyos títulos de crédito aparecieren sustentados con la
garantía del guano.
Terminada la venta del millón de toneladas a que se refiere el inciso anterior, el Gobierno de
Chile continuará entregando a los acreedores peruanos el 50 por ciento del producto líquido
del guano, tal como se establece en el mencionado artículo 13, hasta que se extinga la
deuda o se agoten las covaderas en actual explotación.
Los productos de las covaderas o yacimientos que se descubran en lo futuro en los territorios
cedidos, pertenecerán exclusivamente al Gobierno de Chile.
Artículo V. Si se descubrieren en los territorios que quedan del dominio del Perú, covaderas o
yacimientos de guano, a fin de evitar que los Gobiernos de Chile y del Perú se hagan
competencia en la venta de esa substancia, se determinarán previamente por ambos
Gobiernos, de común acuerdo, la proporción y condiciones a que cada uno de ellos deba
sujetarse en la enajenación de dicho abono.
Lo estipulado en el inciso precedente regirá asimismo con las existencias de guano ya
descubiertas que pudieran quedar en las islas de Lobos cuando llegue el evento de entregar
esas islas al Gobierno del Perú en conformidad a lo establecido en la cláusula 9ª del presente
Tratado.
Artículo VI. Los acreedores peruanos a quienes se concede el beneficio a que se refiere el
artículo 4º, deberán someterse para la calificación de sus títulos y demás procedimientos, a
las reglas fijadas en el supremo decreto de 9 de febrero de 1882.
Artículo VII. La obligación que el Gobierno de Chile acepta según el artículo 4º de entregar el
50 por ciento del producto líquido del guano de las covaderas en actual explotación,
subsistirá, sea que esta explotación se hiciere en conformidad al contrato existente sobre
venta de un millón de toneladas, sea que ella se verifique en virtud de otro contrato o por
cuenta propia del Gobierno de Chile.
Artículo VIII. Fuera de las declaraciones consignadas en los artículos precedentes, y de las
obligaciones que el Gobierno de Chile tiene espontáneamente aceptadas en el supremo
decreto de 28 de marzo de 1882 que reglamentó la propiedad salitrera de Tarapacá, el
expresado Gobierno de Chile no reconoce créditos de ninguna clase que afecten a los nuevos
territorios que adquiere por el presente Tratado, cualquiera que sea su naturaleza y
procedencia.
Artículo IX. Las islas de Lobos continuarán administradas por el Gobierno de Chile hasta que
se dé término, en las covaderas existentes, a la explotación de un millón de toneladas de
guano en conformidad a lo estipulado en los artículos 4º y 7º. Llegado este caso, se
devolverán al Perú.
Artículo X. El Gobierno de Chile declara que cederá al Perú desde el día en que el presente
Tratado sea ratificado y canjeado constitucionalmente, el cincuenta por ciento que le
corresponde en el producto del guano de las islas de Lobos.
Artículo XI. Mientras no se ajuste un Tratado especial las relaciones mercantiles entre ambos
países subsistirán en el mismo estado en que se encontraban antes del 5 de abril de 1879.
Artículo XII. Las indemnizaciones que se deban por el Perú a los chilenos que hayan sufrido
perjuicios con motivo de la guerra, se juzgarán por un tribunal arbitral o comisión mixta
internacional nombrada inmediatamente después de ratificado el presente Tratado, en la
forma establecida por convenciones recientes ajustadas entre Chile y los Gobiernos de
Inglaterra, Francia e Italia.
Artículo XIII. Los Gobiernos contratantes reconocen y aceptan la validez de todos los actos
administrativos y judiciales pasados durante la ocupación del Perú, derivados de la
jurisdicción marcial ejercida por el Gobierno de Chile.
Artículo XIV. El presente Tratado será ratificado y las ratificaciones canjeadas en la ciudad de
Lima cuanto antes sea posible o dentro de un término máximo de ciento sesenta días
contados desde esta fecha.
En fe de lo cual los respectivos Plenipotenciarios lo han firmado por duplicado y sellado con
sus sellos particulares.
Hecho en Lima a veinte de octubre del año de Nuestro Señor mil ochocientos ochenta y
tres”417.
Una vez que se firmó este pacto, Lavalle escribió una carta a Santa María, a quien le unía
una antigua amistad. Deseamos recordar uno de sus párrafos, en que le expresó unas
palabras acaso producto del despecho de la derrota, pero que trascurrido algún tiempo
resultarían premonitorias:
“Quedamos nosotros casi deshechos; Uds. se llevan una gran extensión del territorio
conquistado junto con su oro, pero, al llevarse lo uno y lo otro, se llevan la corrupción que
mató al Perú”418.
Simultáneamente, se firmó un protocolo complementario en virtud del cual Chile queda
autorizado para mantener un ejército de ocupación, mientras el poder legislativo peruano
aprueba el Tratado de Paz y Amistad.

417
152 Tratados, Convenciones y arreglos internacionales de Chile. 1810-1976. Tratados bilaterales Chile-Perú. Tomo 1. Págs.
92 a 95. Santiago de Chile. 1976.
418
153 Guillermo Feliú Cruz: “Génesis de unas palabras históricas”. B.A.ch.H. N°6. 1935. Segundo Semestre. Santiago. Pág.
371.
El 4 de abril de 1884, Chile y Bolivia firmaron en Valparaíso un pacto de tregua. Durante
esa negociación, se planteó la idea de ceder Tacna y Arica a esta última nación, tal como la
patrocinaba el Presidente Santa María.
Al parecer, Perú se demostró también interesado en traspasar esas provincias a la nación
del altiplano. El 1 de noviembre de 1883, Novoa fue visitado por el Canciller Lavalle y por
Enrique Bustamante y Salazar, próximo agente peruano en La Paz. Ambos solicitaron el
consentimiento de La Moneda para que en la negociación de tregua con Bolivia, Perú le
ofreciese aquellos territorios, mediante indemnizaciones a Chile. A juicio de Novoa, el
temor de los peruanos era que si no se ofrecía alguna compensación territorial a La Paz
por la pérdida de su litoral, abrigaría futuras pretensiones sobre Arequipa y Mollendo 419.
Santa María, en cambio, vio en la proposición de Lavalle la idea de que esos territorios
quedasen en manos débiles, para luego Perú recuperarlos algún día. En verdad, lo que nos
parece que el gobernante perseguía era que fuese Chile quien los cediese, a fin de afianzar
una estrechísima relación política y comercial con el adversario de ayer, que se interpusiese
geográficamente entre Perú y Chile. El Presidente cortó el debate y exigió sin más la
ratificación del Tratado de Ancón420.
Anteriormente, Novoa había formulado al gobernante algunas preguntas respecto del
Protocolo especial contemplado en el artículo III de ese pacto. ¿Quiénes tendrán derecho
de votar en él? ¿Será universal o deberían exigirse ciertas condiciones al sufragante? ¿Las
juntas receptoras serán designadas por el jefe político y nombrarán a su voluntad quienes
hayan de componerlas, o tendrán carácter censitario? ¿De qué nacionalidades serían sus
miembros? ¿Interviene alguna autoridad peruana?421.
El mandatario replicó que convendría esperar a que el Tratado fuese ratificado por los
Congresos de ambas repúblicas. Consideraba que no se podía dar cuerpo a estos acuerdos
antes de que aquel tuviera plena existencia.
Estos protocolos —razonaba— tienen un carácter reglamentario, no son del resorte de los
poderes legislativos sino del ejecutivo, “tienden a establecer los medios de dar sincero
cumplimiento a un pacto”. Si se fijasen, ahora, las bases “bien podría acontecer que fuesen
imposibles más tarde, o causa de odiosas reclamaciones”. No se puede calcular qué pasará
dentro de diez años. “Tal vez —concluía— comprometeríamos el éxito con acuerdos
anticipados que pueden ser materia de arrepentimiento para una u otra de las partes
contratantes”422.
Aldunate, años más tarde, al referirse a este punto juzgó que los representantes de Chile al
entregar a un acuerdo posterior de las respectivas cancillerías, “la fijación de la forma del
plebiscito, robustecían y afianzaban las expectativas del poseedor”423.
En una conversación de Phelps con Eugenio Larrabure y Unánue, poco después que dejó la
419
154 MINREL. TELÉGRAFOS. 1883. Telegrama, Lima, 2-XI-1883, de Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú, a Luis
Aldunate, Ministro de RR.EE. de Chile.
420
155 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 308.
421
156 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 281.
422
157 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 281.
423
158 Luis Aldunate, op. cit. Santiago. 1900. Pág. 57.
cartera de Relaciones Exteriores, el ex-Canciller también consideró, como Novoa, que el
protocolo especial debió concertarse antes de la ratificación del Tratado 424.
El 30 de noviembre, Novoa respondió al Presidente:
“En mi carta de 27 de octubre te pedí instrucciones para el protocolo de Tacna y Arica, tanto
porque al expresarse en el artículo III del Tratado que se consideraría como parte integrante
de este me parecía que al discutirse este debería también aprobarse el protocolo, como
porque al redactarse en esos términos la estipulación 3ª, el mismo señor Aldunate me
expresó que dicho protocolo se ajustaría con oportunidad y anterioridad a la reunión de la
Asamblea [el poder legislativo peruano], a fin de que se consideraran ambas cosas a la vez.
Por lo demás el Gobierno peruano nada me ha insinuado sobre el particular, pero con
previsión de que pudiera pedírseme que nos ocupáramos de este asunto, quise estar con
anticipación prevenido de las instrucciones correspondientes. De manera que desde que
juzgas que no debe pensarse por ahora en esto, no hay más que hablar sobre el
particular”425.
Las consecuencias de postergar la negociación del Protocolo especial fueron pésimas, pues
las partes no lograron ponerse de acuerdo respecto de la celebración del plebiscito.
Durante más de cuatro décadas, aquellas pesaron negativamente en la historia de Chile y
Perú, como veremos más adelante.
Una de las razones del pensamiento de Santa María podría deberse a que creyó que la
discusión del protocolo, antes de la aprobación del tratado por la Asamblea peruana,
pondría en peligro la ratificación del Pacto por ese órgano. El gobierno de Iglesias era débil
y se sostenía gracias al apoyo chileno. Otra causa habría que buscarla en el anhelo del
gobernante de comprar esos territorios valiéndose de los problemas financieros que legó
el conflicto al antiguo virreinato, y así eludir la consulta popular. En 1885, ofreció
adquirirlos e hizo una proposición al diplomático peruano en Santiago, Carlos M. Elías, y
aumentó los 10.000.000 de pesos estipulados en Ancón.
Mas esta gestión no prosperó, igual que muchas otras posteriores 426. El gobernante debió
prever, a consecuencia de las negociaciones de Novoa con Lavalle, que no sobreviviría en
el Rímac ningún gobierno que vendiese esos territorios al enemigo de ayer. Aún así, La
Moneda insistió en él innumerables veces.
El tratado fue sometido al poder legislativo chileno, en enero de 1884.
La Cámara de Diputados lo aprobó en sesión secreta, por 34 votos a favor y uno en contra
del diputado Augusto Matte, quien objetó la indecisión en que quedaban Tacna y Arica 427.
El Senado lo discutió el 13 de enero. Francisco Puelma estimó demasiado largo el plazo
plebiscitario de diez años. “Durante ese plazo— argumentó— bien pudiera Bolivia
percibirse de que esos territorios no producían a Chile ventaja alguna, y que, por lo tanto,
424
159 N.A.U.S.A. T 52-39. Oficio s/nº, Confidencial, Lima, 2-4-1884, de S. S. Phelps, Ministro de EE.UU. en Perú, a Friederick
J. Frelinghuysen, Secretario de Estado.
425
160 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 281.
426
161 MINREL. INFORMES DEL ASESOR DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE SR. LUIS ARTEAGA. 1919-27.
Negociaciones. 1885.
427
162 Gonzalo Bulnes, op. cit. Vol. III. Pág. 322.
sería conveniente realizar un canje con esa nación cuanto antes posible”.
El Ministro Aldunate respondió.
“que no estimaba tan sin importancia los territorios de Tacna y Arica, y que por la inversa,
les atribuía cierto porvenir halagüeño. Pero en todo caso debemos contar que siendo esa
zona de territorios, la suprema necesidad y la suprema aspiración de Bolivia, obtendremos
por ella condiciones tanto más ventajosas cuanto más libre y desembarazada sea la
situación de Chile al ajustar sus pactos con Bolivia, lo que se verificaría ciertamente después
de celebrado un ajuste de tregua”428.
El Senado aprobó por unanimidad el Tratado.
De acuerdo con la doctrina que sustentó el Ministro Aldunate, el inciso 2º del artículo III
del Tratado de Paz y Amistad contemplaba que dicho Protocolo “establecerá la forma en
que el plebiscito deba tener lugar y los términos y plazos en que hayan de pagarse los
10.000.000 por el país que quede dueño de las provincias de Tacna y Arica”.
Este instrumento debe, entonces, referirse a la “forma” en que tenga lugar la consulta
electoral, así como las modalidades del pago de la suma de dinero ya referida. El
internacionalista chileno Alejandro Álvarez juzga en consecuencia que:
“el acuerdo entre Chile y el Perú no debe recaer sobre la autoridad que debe presidir esta
operación, ni sobre quienes tienen derecho a voto, ni tampoco sobre los requisitos que estos
deben poseer, pues todo esto no dice relación a la forma del plebiscito, sino a las condiciones
de su celebración. Y precisamente por querer buscar el acuerdo sobre estos puntos que no
deben ser materia del convenio, han fracasado las gestiones entre Chile y Perú para la
celebración de aquel acto. No habiendo, pues, objeto de acuerdo previo de estas condiciones
ellas han de determinarse según los principios generales del derecho internacional y los
precedentes diplomáticos que existan sobre la materia [los que anotó el Ministro Aldunate en
su libro Los tratados de 1883-84].
“Aquellos principios —agrega Álvarez— nos dicen que la operación plebiscitaria debe ser
presidida y efectuada exclusivamente por la autoridad del país que ejerce la soberanía en el
territorio donde va a tener lugar la elección, así como es ella a quien corresponde resolver
todas las cuestiones que se susciten con motivo de la emisión del voto popular” 429.
Después de que el tratado fue considerado por la Asamblea peruana y el Congreso
chileno, los representantes de Francia, Inglaterra, Italia, Bélgica, los Países Bajos y España
protestaron colectivamente ante Perú y Chile. El motivo fueron las cláusulas IV, VI, VIII y X
relativas a la deuda externa peruana.
No aceptaban la validez de esos artículos respecto de sus nacionales. La base de tal
protesta sería la precaria situación en que estos quedarían 430.
El ministro Larrabure y Unánue presentó este instrumento a la Asamblea, el 1º de marzo de
428
163 MINREL. FONDO E. BARROS JARPA. PLEBISCITO DE TACNA Y ARICA. TOMO 1°. 1925-26. Sesión extraordinaria
del Senado en 13-1-1884 (segunda hora).
429
164 MINREL. ALEJANDRO ALVAREZ. CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905. Conclusión, rumbos que se
imponen en la política de Chile para la solución del problema de Tacna y Arica y bases para esta solución.
430
165 N.A.U.S.A. T 52-39. Oficio Nº65, Lima, 27-2-1884, de Seth Phelps, Ministro de EE.UU. en Perú, a Frederick J.
Frelinghuysen, Secretario de Estado.
1884. En su mensaje, expresó que “las bases se discutieron con detención; se modificaron
las del negociador chileno hasta donde fue posible; y solo se suscribió el pacto ante el
arraigado convencimiento de no poder obtener más concesiones” 431. Fue debatido en
sesiones secretas y aprobado el 8 de marzo, por noventa votos contra seis.
Los residentes en Lima, oriundos de Tacna y Arica, elevaron un acta en la que protestaron
por el artículo III y acordaron seguir fieles a su patria432.
En la nota que el mismo Larrabure dirigió a los secretarios de la Asamblea Nacional, al
acompañar el texto del Tratado, expresó:
“El guano y el salitre están seriamente afectados a los compromisos de la República, y
constituyen la hipoteca especial dada a los tenedores de bonos, hipoteca anterior al Tratado
de 20 de octubre. Pero, los gobiernos que han tomado a su defensa aquellos intereses,
nacionalizándolos, no deben dirigirse al Perú, por la sencilla razón de que este no tiene en su
poder la cosa hipotecada, pues se ha visto obligado a despojarse de ella legalmente, cuando
también ya le habían sido arrebatados por la fuerza”433.
El 14 de marzo, Novoa protestó y mantuvo la posición de su gobierno.
Agregó, además, que Perú no fue despojado sino que se desposeyó legalmente de ese
territorio, en virtud de un tratado internacional suscrito por plenipotenciarios debidamente
autorizados por el Presidente Miguel Iglesias.
El Sun, de Nueva York, criticó la posición sostenida por los tenedores de bonos y sus
gobiernos.
“Supóngase que antes de 1870 una emisión de bonos franceses hubiese sido especialmente
garantizada con las rentas de Alsacia-Lorena, ¿puede imaginar alguna persona de sano
juicio que los tenedores británicos de esos bonos hubieran exigido de Bismarck que les
hiciese efectiva la garantía o que les entregase las provincias anexadas?” 434.
El 5 de junio de 1884, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Aniceto Vergara
Albano, respondió la nota colectiva de los Estados europeos 435.
Expresó que el reconocimiento de los acreedores de Perú era una materia de orden interno
que no podría afectar los intereses de ningún Estado, en las relaciones de amistad que
Chile y Perú se han esforzado en mantener con todas las naciones. Si esas estipulaciones
han perjudicado los derechos de algunas personas, éstas pueden acudir a los tribunales
competentes, conforme al derecho común, pero esas facultades no les dan derecho para
imponer a Chile una carga pesada que aminore el valor de la cesión de territorios que le ha
hecho Perú y convertirla en un beneficio para los acreedores.
Esta declaración tan explícita debió desanimarlos. No obstante, fue debilitada en uno de
431
166 Nota del Ministerio de RR.EE. a la Asamblea Nacional sobre el Tratado de Paz y Amistad celebrado entre el Perú y
Chile e incidentes a que dio lugar. Imprenta del Estado. Lima. 1884.
432
167 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VI. Pág. 348.
433
168 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1883-84. Nota, Chorrillos, 14-3-1884, de Jovino Novoa, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE. de Perú.
434
169 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1883-84. Oficio Nº198, Chorrillos, 2-4-1884, de Jovino Novoa, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Trascribe editorial del “Sun”, Nueva York, 2-3-1884.
435
170 Pascual Ahumada, op. cit. Tomo VIII. Págs. 483 y 484.Trascribe nota del Ministro A. Vergara Albano.
sus últimos párrafos, porque Vergara Albano expresó que Chile “no rehusará un acuerdo
equitativo con los acreedores de Perú que puedan tener derechos atendibles, nacidos de
actos o contratos legalmente establecidos”. Los gobiernos reclamantes la estimaron como
una promesa de iniciar negociaciones en favor de los acreedores, e invitaron a Chile a
presentar proposiciones precisas. Vergara Albano consideró que esta interpretación era
errada. Aún así, declaró que estaba dispuesto a escuchar las proposiciones que se le
formulasen. Así nació un problema que causó interminables dolores de cabeza a La
Moneda y que le significó crecidas sumas de dinero.
Los tenedores de bonos se reunieron en asamblea. Aunque de distintas nacionalidades, los
ingleses asumieron su representación. A través de Sir Henry W. Tyler se dirigieron, el 10 de
enero de 1884, al Secretario de Estado del Foreign Office, y le manifestaron que Chile
incumplió su decreto, del 9 de febrero de 1882, pues no aceptó la designación de árbitro
efectuada por los bondholders. El Gobierno de Su Majestad se hizo cargo de este reclamo y
alegó que defendía un principio antes que a aquellos436.
A juicio de nuestra Cancillería, el origen de esta cruzada se debía buscar en las gestiones
de Dreyfus, apoyado por el Presidente de Francia, Jules Grévy, junto con reclamaciones
belgas e italianas437.
El 28 de marzo de 1884 se efectuó, en Lima, el canje de las ratificaciones del Tratado de
Paz y Amistad, en una reunión que se celebró entre Jovino Novoa y Mariano Castro
Saldívar, ministro interino de relaciones exteriores.
Enseguida, el agente chileno visitó al Presidente de la República, general Miguel Iglesias,
quien después le ofreció un lunch en compañía de su familia438. A las 14.00 horas, el
Cochrane saludó la plaza del Callao, y se alternaron los disparos entre el blindado y el
fuerte de esta439.
El gobierno estadounidense reconoció oficialmente a Iglesias el 23 de abril de 1884. Le
siguieron las naciones europeas; ya antes lo habían hecho las ibero-americanas.
Aldunate explica en la Memoria que presentó al Congreso, en 1883, qué debe entenderse
por lo establecido en el artículo III del Pacto de Ancón, respecto de Tacna y Arica:
“Para obviar esta serie de dificultades que en más de una ocasión llegaron a parecer
insolubles, recurrióse al arbitrio de deferir la solución del problema a la propia voluntad de
los habitantes de las regiones cuestionadas, y se adoptó, al efecto, la estipulación que sobre
la materia consigna el Tratado de 20 de octubre de 1883. Chile retendrá durante diez años
la posesión de los territorios comprendidos entre la quebrada de Camarones y el río Sama,

436
171 Carlos Palacios Moreyra, op. cit. Págs. 230 y sgtes.
437
172 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE
CHILE. 1881-84. Oficio circular, Valparaíso, 1-3-1884, de Aniceto Vergara Albano, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino
Novoa, Ministro de Chile en Perú.
438
173 MINREL. NOTAS RECIBIDAS POR LA LEGACIÓN DE CHILE DE PARTE DEL GOBIERNO DEL PERÚ.1883. Nota,
Lima, 27-3-1884, de Mariano Castro Saldívar, Ministro interino de RR.EE. de Perú, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en
Perú. MISION JOVINO NOVOA. CORRESPONDENCIA.1884-90. Carta, Chorrillos, 28-5-1893, de Jovino Novoa, Ministro de
Chile en Perú, al General Cornelio Saavedra. En esta ocasión, se produjo una escena por rivalidades entre Novoa y Lynch,
que se relata en dicha carta. Indujo al Ministro a presentar su renuncia del cargo, la que le fue rechazada por el Gobierno.
439
174 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1883-1884. Oficio Nº195, Chorrillos, 29-3-1884, de Jovino Novoa, Ministro
de Chile en Perú, a Aniceto Vergara Albano, Ministro de RR.EE. de Chile.
sometiéndolos, desde luego, al imperio de su régimen constitucional y legal, trascurrido ese
término, un plebiscito determinará a cuál de los dos países deban pertenecer
definitivamente. El país que resulte adquirente del dominio de la región disputada pagará al
otro diez millones de pesos.
No escapará, por cierto, a la ilustrada consideración del Congreso, ni escaparía siquiera a la
observación más superficial, que el sistema ideado para resolver la dificultad tiene el
inconveniente de mantener en suspenso durante un espacio de tiempo relativamente
considerable, la determinación de la nacionalidad o soberanía definitiva de la región
territorial mencionada.
Esto, no obstante, si se medita con algún detenimiento en la cláusula del pacto que
analizamos, se vendrá en cuenta de que la irregularidad que nos anticipamos a señalar,
tiene un carácter más bien técnico que de resultados prácticos, a lo menos, en cuanto se
relaciona con los intereses de Chile.
Y a la verdad, no podría decirse que fuera dañosa a Chile la condición indefinida en que
queda el dominio de Tacna y Arica durante diez años, toda vez que esos territorios deben ser
organizados y sometidos desde luego al imperio de nuestras autoridades nacionales y de
nuestro régimen constitucional y legal. Acaso esta misma situación transitoria creada para la
región de que nos ocupamos por el pacto de 20 de octubre, preparará, por la inversa, la
asimilación paulatina, tranquila y espontáneamente elaborada de todos los elementos
extraños que en el momento actual habrían podido perturbar nuestro pacífico dominio sobre
aquellos territorios. De esta manera, si el resultado del plebiscito nos fuera favorable, si los
intereses creados durante los diez años al amparo de nuestra legislación, de nuestra
industria y capitales, intereses desarrollados a la sombra de la paz y del trabajo garantidos
por nuestra vigorosa organización política; si todas estas causas, repito, indujeran a los
habitantes de la región de Tacna y Arica a decidirse por la nacionalidad chilena, en esta
hipótesis, que debe estimarse quizá la más probable, la asimilación de nuestros nuevos
connacionales estaría operada de antemano sin violencia ni sacudimientos y sin exigir más
que una simple rectificación en el mapa geográfico de Chile.
Todavía en la hipótesis que contemplamos, Chile habría obtenido la ventaja de recoger
anticipadamente de las rentas naturales de la región a que nos referimos, una suma análoga
sino excedente de la que habría de pagar como precio de su adquisición.
Pero, si estas previsiones, que solo apuntamos como probables, no se realizaran, si el
resultado del plebiscito volviera la región territorial de Tacna y Arica al dominio del Perú,
cumpliría a la política leal y honrada de Chile acatar el fallo de aquellos
pueblos,limitándose a recibir una compensación pecuniaria de diez millones de pesos, que
unida a las rentas que nos habría procurado anticipadamente la ocupación de esos
territorios durante diez años, excedería, sin duda alguna, a la que habíamos reclamado a
este mismo título en las bases propuestas en 1880 y 1882” 440.
El internacionalista, Ernesto Barros Jarpa, consideró el calificativo de “arbitrio para obviar
las dificultades”, señalado al comienzo de esta cita, equivalente al término “fórmula” que

440
175 Memoria del Ministerio de RR.EE. y de Colonización de Chile al Congreso Nacional. Santiago. Imprenta Nacional.
1883. Pág. LXXXIX.
empleó Lavalle, en su carta a Iglesias, de 28 de marzo de 1883. Es decir, un eufemismo
para ocultar la idea de que el plebiscito ocultaría una venta simulada de ese territorio a
Chile.
Durante la negociación del Pacto de Tregua con Bolivia, los agentes de esa república
solicitaron la cesión de Tacna y Arica. Aldunate, más prudente que en la cita anterior, les
respondió:
“Chile no puede dar lo que no es suyo y que teniendo solo una expectativa de adquirir
aquellos territorios dentro de diez años, si la voluntad de sus habitantes, consultada en
plebiscito, así lo resolviese; se comprenderá sin esfuerzo que por hoy nos hallamos
absolutamente imposibilitados para satisfacer las exigencias de Bolivia a este respecto” 441.
La institución del plebiscito se puso de actualidad durante el régimen de Napoleón III, a
quien se motejaba de “aventurero plebiscitario” 442.
En su libro Los tratados de 1883-84, Aldunate daba un nuevo matiz a lo que expresó antes,
al afirmar que no se conocía un solo caso en que los cambios de soberanía confiados al
voto popular de una zona territorial no hayan concluido por la anexión del país poseedor.
Un mes —agregaba— bastó a Francia, después del tratado de 1860, para preparar un
plebiscito que le dio el dominio de Niza y Saboya, renunciando sus habitantes a su
nacionalidad italiana.
Una situación análoga decidieron los isleños suecos de la isla de San Bartolomé, en 1877 443,
y los venecianos cuando decidieron abandonar Austria para hacerse italianos 444.
El ministro señala también que:
“es fuerza, no obstante, reconocer que así en todos los casos recordados como en todos los
que se produjeron con motivo de las distintas anexiones hechas, por medio de plebiscitos, en
favor de la unidad italiana; la opinión de los pueblos anexados se encontró de ordinario
favorablemente inclinada en favor del cambio de nacionalidad...” 445.
No obstante estos distintos esclarecimientos, el artículo III incubó un gravísimo problema
que se resolvió en 1929, por medio de una transacción.
Como consecuencia de la Guerra del Pacífico, Chile incorporó a su soberanía las valiosas
provincias de Antofagasta y Tarapacá. Ello le valió adquirir una cuantiosa riqueza,
representada principalmente por el salitre, el cobre, el azufre y el bórax. Un autor boliviano
441
176 Luis Aldunate, op. cit. Pág. 190. Según Francisco A. Encina, Aldunate no fue un partidario fervoroso de la política
boliviana de Santa María. Ver “Las relaciones entre Chile y Bolivia. 1841-1963”. Editorial Nascimento. Santiago. 1963. Pág.
165.
442
177 MINREL INFORME DEL ASESOR DEL MINISTERIO DE RR.EE. LUIS ARTEAGA. 1919-27. Memorandum sobre la
cuestión de Tacna y Arica de Agustín Edwards M.C. Santiago. Enero de 1921.
443
178 Alejandro Álvarez: Observaciones a la Nota del Excmo. Sr. Seoane (Ministro de Perú en Chile). Tacna y Arica (1905 a
1910). 2a. edición. Santiago. 1912. Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Pág.139. El artículo 1º del tratado que
celebraron Francia y Suecia, el 10 de agosto de 1877, coincide casi literalmente con el artículo III del Pacto de Ancón. En
virtud de este, “Suecia retrocedió a la Francia la isla de San Bartolomé, previa consulta de la voluntad de sus habitantes”. El
Tratado de Turín también sirvió de modelo para el citado artículo III. Luis Aldunate señala en Los tratados de 1883-84,
páginas 56 y 57: “Convínose, en efecto, en aquel tratado, después de estipular el plebiscito, que el Emperador de Francia y
el Rey de Cerdeña, se pondrían posteriormente de acuerdo para establecer los medios de comprobar la voluntad de los
habitantes de Niza y Saboya”.
444
179 Luis Aldunate, op. cit. Págs. 44 y 45.
445
180 Luis Aldunate, op. cit. Pág. 45.
estima que el cobre exportado, desde 1879 hasta nuestros días, proveniente de la región
de Antofagasta, representa aproximadamente 20 millones de toneladas 446. El salitre sumó
un total de 140 millones de toneladas, hasta 1984. Durante los cuarenta años siguientes al
conflicto, el fisco —a través de los impuestos de exportación al salitre— financió un
elevado porcentaje del presupuesto nacional. Y de este modo, emprendió un vasto plan de
obras públicas y de desarrollo educacional447.
Según Basadre, la guerra le representó a Perú sacrificar una parte valiosa de su territorio,
que incluía el salitre y el remanente del guano. Sin ellos, —agrega— debió afrontar el
servicio de una gravosa deuda externa que la paz de Ancón dejó abierta:
“una larga y penosa querella en la cual se invirtieron por largos años grandes caudales de
esfuerzo, dinero y pasión. Al amparo de ese litigio...creció, —dice— paulatinamente, la
magnitud de los problemas con Bolivia, Ecuador y Colombia...y Brasil. Así el Perú de fines del
siglo XIX y comienzos del siglo XX afrontó cinco graves cuestiones internacionales a la
vez”448.
El estadounidense, Herbert Millington, expresa que los esfuerzos de su patria por lograr
condiciones de paz satisfactorias, “terminaron en un fracaso”.
La diplomacia de Washington no solo se exhibió como ineficaz, si no se demostró tan
inconsistente y oscilante que el resultado fue un sentimiento de antagonismo hacia
Estados Unidos “en Perú, país que Blaine desatinadamente trató de amparar” 449. En cuanto
a Chile, otro historiador de la misma nacionalidad sostiene que el conflicto dejó en Chile
“una permanente desconfianza de los Estados Unidos”450.
Finalmente, en medio de tanta hostilidad y desacuerdos, nos parece digno de mencionarse
la buena relación que lograron establecer Jovino Novoa y José Antonio de Lavalle. En una
carta del negociador peruano al chileno, del 24 de mayo de 1887, Lavalle le escribe:
“No sé si el Perú me agradecerá alguna vez el servicio que le he prestado, ni se apreciará
como debe, el elevado espíritu que animó a usted, en esa tan penosa como difícil
negociación, y sin el cual vanos hubieran sido mis esfuerzos; pero me quedará la satisfacción
de haber cumplido mi deber y como testimonio de ello, la carta de usted, que quedará
agregada a mis viejas ejecutorias como el más valioso de mis pergaminos” 451.
6. REPARACIONES A CHILENOS CON MOTIVO DE LA GUERRA DEL
PACÍFICO
El artículo XII del Tratado de Paz y Amistad estableció lo siguiente:
“Las indemnizaciones que se deban por el Perú a los chilenos que hayan sufrido perjuicio con
motivo de la guerra, se juzgarán por un tribunal arbitral o comisión mixta internacional
nombrada inmediatamente después de ratificado el presente Tratado, en la forma
446
181 Jorge Gumucio Granier: “ESTADOS UNIDOS Y EL MAR BOLIVIANO. Testimonios para la Historia”. New York. 1985.
447
182 Harold Blakemore, op. cit. Pág. 24.
448
183 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VI. Pág. 369.
449
184 Herbert Millington, op. cit. Pág. 142.
450
185 Frederick B. Pike: “Chile and the United States (1880-1962”). University of Notre Dame Press. 1963. Pág. 59.
451
186 Revista Chilena. Año XIII. setiembre-octubre de 1929. Nº113-114. Pág. 1059.
establecida por convenciones recientes ajustadas entre Chile y los Gobiernos de Inglaterra,
Francia e Italia”.
Dos años después de que se ratificó el Pacto de Ancón, el 8 de octubre de 1886 nuestro
agente en Lima recibió instrucciones de invitar a Perú, en orden a formar el tribunal
previsto en él, y propuso que se radicara en Santiago.
Benicio Álamos, ministro chileno en Perú, inició sus gestiones ante el Secretario de Estado,
Cesáreo Chacaltana. Este último ordenó a su representante en Santiago, Carlos M. Elías,
que negociase el cumplimiento del artículo XII452. Dado que Elías viajó a su patria, nuestro
Canciller Francisco Freire envió un texto de convenio a Álamos. En él se establece que
además de los representantes de ambas repúblicas, el tercer miembro será designado por
el Emperador de Brasil. A petición peruana, la comisión funcionaría en Lima 453.
Álamos formula al Secretario de Estado, Miguel Luis Amunátegui, observaciones al texto
que recibe de Santiago. Posiblemente, a causa de la revolución de 1891 en Chile, las
conversaciones que con tantas dilaciones se enhebraron se interrumpieron.
Mas, en vista de los apremiantes reclamos de nuestros compatriotas, se reanudaron. El 19
de julio de 1892, el Canciller Isidoro Errázuriz encarga al plenipotenciario en Lima, Javier
Vial Solar, que reitere al Ministro Larrabure la necesidad de perfeccionar esta obligación. Al
mismo tiempo, le expresa que el tribunal ha de establecerse en Santiago, donde se
encuentran la mayoría de los interesados454.
Antes de tomar una decisión, Larrabure quiso conocer cuáles eran esas reclamaciones y su
monto. Sin demora, Vial le respondió que ello competía al tribunal arbitral y no al gobierno
peruano. Le agrega que Chile exige que se dé cumplimiento a la estipulación antes
trascrita.
En un memorándum relativo al plebiscito de Tacna y Arica, consta que el diplomático
chileno expresó al ministro peruano de relaciones exteriores, José Mariano Jiménez, que
antes del 1 de marzo de 1894 se deberá instalar en Santiago la comisión internacional.
Jiménez adujo que no se podía mezclar la cuestión de la consulta popular con esta otra,
que debía ser motivo de un acuerdo separado455.
Esta materia siguió sin resolverse. El 5 de julio de 1895, el Ministro Luis Barros Borgoño
vuelve a solicitar a nuestro agente en Lima, ahora Máximo R. Lira, que active esta
reclamación. Le informa que las reclamaciones chilenas alcanzan a 1.329.982 de soles de
plata, a 977.375 pesos y 51.500 libras esterlinas, sin contar los intereses.
Después de arduas conferencias, el 5 de abril de 1897, Lira y el Canciller Enrique de la Riva-

452
187 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE
CHILE. 1886. Oficio Nº20, Santiago, 8-10-1886, de Joaquín Godoy, Ministro de RR.EE. de Chile, a Benicio Alamos, Ministro
de Chile en Perú.
453
188 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE
CHILE. 1887. Oficio Nº11, Santiago, 31-5-1887, de Francisco Freire, Ministro de RR.EE. de Chile, a Benicio Alamos,
Ministro de Chile en Perú.
454
189 MINREL LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1892. Oficio Nº42, Lima, 5-8-1892, de Javier Vial Solar, Ministro de Chile
en Perú, a Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
455
190 MINREL. OFICIOS DIRIGIDOS POR LA LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1891-95. Memorándum, Lima, 9-3-1894.
Agüero firmaron una convención de arbitraje. Según esta, el tribunal estaría integrado por
tres miembros: uno nombrado por el Presidente de Chile, otro por el de Perú y el tercero
por la Reina de los Países Bajos. Riva-Agüero invoca razones jurídicas para que la comisión
funcione en Lima. A juicio suyo, debe desenvolverse en el domicilio del demandado y
donde ha de rendirse la prueba. El poder legislativo peruano —agregó— la rechazaría si su
sede no estuviese en Perú. Chile terminó por aceptar esta exigencia. El Congreso chileno
aprobó la convención. Pero el peruano no la sancionó456.
En 1922, según figura en el acta complementaria del Protocolo de Arbitraje, suscrito en
Washington, la delegación peruana —a instancias de la chilena— declara que su gobierno
está dispuesto a ratificar la mencionada convención y a cancelar la deuda que de ella
emane. Empero, hace presente que dicha materia está relacionada con la liquidación de la
deuda del guano de Lobos, por lo que las dos deben liquidarse simultáneamente 457.
En el Tratado de Lima, de 3 de junio de 1929, que acordó la partija de Tacna y Arica, se
resolvió que una deuda de 24.612.300 de pesos, contraída por el general Iglesias con Chile
y que le permitió afianzar su autoridad, se compensaría en gran parte con la de los guanos
de Lobos458.
Las indemnizaciones que se debían a los chilenos se calcularon en 40.000.000 de pesos 459.
Como el Tratado no se refirió a estas reclamaciones, a nuestros compatriotas solo les
quedó reclamar ante los tribunales ordinarios 460. No sabemos qué final tuvieron estas
reclamaciones.
7. CREACIÓN DE LOS TRIBUNALES ARBITRALES O COMISIONES
INTERNACIONALES 461
La Guerra del Pacífico colocó a Chile frente a dos clases de reclamaciones: las de los
acreedores extranjeros, apoyados por sus gobiernos, y las ocasionadas por presuntos
perjuicios causados por nuestro país a neutrales durante el conflicto. A las primeras ya nos
hemos referido. Ahora abordaremos las segundas.
En atención a que las demandas que se presentaron fueron innumerables, el gobierno
instituyó una comisión consultiva de abogados, a fin de dictaminar sobre cada una de
estas reclamaciones. Por su complejidad y el carácter contencioso de ellas, se establecieron
tribunales arbitrales462.
Esta institución no era nueva, por cierto. Baste recordar las comisiones mixtas anglo-

456
191 MINREL. INFORMES DEL ASESOR DEL MINISTERIO DE RR.EE. LUIS ARTEAGA. 1919-27. Indemnización a los
chilenos perjudicados con motivo de la Guerra del Pacífico.
457
192 Conrado Ríos Gallardo: “CHILE Y PERÚ. Los pactos de 1929”. Editorial Nascimento. Santiago. 1959. Pág.450.
458
193 Conrado Ríos Gallardo, op. cit. Pág. 370.
459
194 MINREL. DEBATE EN EL CONGRESO SOBRE EL TRATADO DE LIMA. Santiago, 25-6-1929. Discurso del senador
José Maza.
460
195 Ernesto Barros Jarpa: “El desastre”. El Diario Ilustrado , Santiago, 18-8-1931.
461
196 Alejandro Soto Cárdenas: “GUERRA DEL PACÍFICO. Los tribunales arbitrales (1882-1888)”. Universidad de Chile.
Santiago. 1950. Pág.14. Nos valdremos casi exclusivamente de esta interesante y completa obra para tratar de este tema,
basada principalmente en el archivo de Luis Aldunate Carrera.
462
197 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 38.
mexicana, anglo-americana y franco-americana, que tuvieron mucha trascendencia política
durante el siglo XIX. Aplicaron la equidad y la justicia, pero esta última incorporó también
principios del derecho internacional.
Los montos que se alegaban eran elevados. En la anglo-americana, por ejemplo,
alcanzaban a casi 100.000.000 de pesos, pero el tribunal los redujo a poco menos de
2.000.000, o sea, el 2% del valor total463.
8. LUIS ALDUNATE ES DESIGNADO PARA ATENDER LAS
RECLAMACIONES DE CIUDADANOS EXTRANJEROS EN CONTRA DEL
GOBIERNO CHILENO
El Presidente Santa María nombra a Aldunate ministro de Relaciones Exteriores, el 19 de
abril de 1882. El 31 de octubre del mismo año, le solicita que negocie con Francia una
convención que se ocupe de las reclamaciones deducidas por ciudadanos franceses, en
contra de Chile. El 6 de diciembre del mismo año y el 4 de enero del siguiente, le confiere
igual encargo en relación con los súbditos italianos y británicos 464.
Carlos Wiener465, secretario de la legación francesa, así como Silvio Carcano y Frank J.
Pakenham466, ministros de Italia y Gran Bretaña, respectivamente, suscribieron las
convenciones que dieron vida a estos tribunales, junto con el Canciller 467. Hubo una cuarta
convención, chileno-alemana, cuya ratificación fue canjeada el 11 de julio de 1884.
Se desempeñó como procurador general del gobierno José Eugenio Vergara Galeas 468, un
gran abogado chileno, que estuvo asesorado por Enrique Cood y Adolfo Carrasco Albano.
Los textos de las convenciones eran por lo general idénticos. La comisión examinaría todas
las reclamaciones provenientes “de actos y operaciones ejecutados por los ejércitos y
escuadras de la República desde el 14 de febrero de 1879, fecha del rompimiento de las
hostilidades, hasta el día en que se ajustaren los tratados de paz y tregua”, o en que
hubiesen cesado las hostilidades.
El objeto era alejar una cuestión compleja de la discusión políticodiplomática, y referirla a
un tribunal arbitral.
Las normas aplicables quedaron definidas así:
“La Comisión Mixta decidirá las reclamaciones en mérito de la prueba rendida, y con arreglo
a los principios del Derecho Internacional y a las prácticas y jurisprudencia establecidas por

463
198 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 38.
464
199 MINREL. LIBRO DE RECLAMACIONES (DOCUMENTOS RELATIVOS A LAS COMISIONES MIXTAS. (1883-84).
465
200 Muy ligado a la sociedad chilena. En 1884, llegó a Santiago por segunda vez, con el cargo de secretario de la legación
de Francia. Dedicó gran parte de su vida al estudio y a las exploraciones científicas. Publicó diversos libros, entre ellos
“Chile y los chilenos” (1888). En el periódico de París, El siglo XIX , defendió a Chile con ocasión de la Guerra del Pacífico.
466
201 El honorable Francis John Pakenham, 7º hijo de Lord Longford, nació en 1832, e ingresó al servicio diplomático en
1852. Fue secretario de la legación británica en Buenos Aires, Río de Janeiro, Estocolmo, Bruselas y Washington. En 1878
fue designado ministro residente en Santiago.
467
202 MINREL. LIBRO DE RECLAMACIONES (DOCUMENTOS RELATIVOS A LAS COMISIONES MIXTAS). 1883-84. Nota,
Santiago, 18-1-1884, de Aniceto Vergara Albano, Ministro de RR.EE. de Chile, al Ministro de RR.EE. de Brasil.
468
203 MINREL. LIBRO DE RECLAMACIONES (DOCUMENTOS RELATIVOS A LAS COMISIONES MIXTAS). 1883-84.
Oficio, Santiago, 7-5-1884, de Aniceto Vergara Albano, Ministro de RR.EE. de Chile, a José Eugenio Vergara.
los tribunales análogos modernos de mayor autoridad y prestigio, librando sus resoluciones
interlocutorias o definitivas por mayoría de votos. La Comisión Mixta expondrá brevemente
en cada juzgamiento definitivo los hechos y causales y los fundamentos de Derecho
Internacional que justifiquen sus resoluciones” (Artículo VI de las convenciones).
A medida que se canjearon las ratificaciones, de común acuerdo con las partes, Aldunate
solicitó al Imperio de Brasil que accediese a designar un representante suyo, en calidad de
juez dirimente.
Don Pedro II nombró al Consejero Felipe Lopes Netto en tal calidad 469.
Abogado, diputado, periodista y diplomático, este servidor público llegó a Chile con 72
años de edad. En ese momento, se desempeñaba como ministro plenipotenciario en
Washington. Se decía que su carácter se encontraba alterado, a causa de su salud y su
edad. El New York Herald afirmaba: “... ya se conoce a Lopes Netto que acostumbra a no
dar gusto a nadie”. El Consejero se autodefinía como “un hombre puesto en contacto con
muchas diferentes personas, pero que ha tenido la desgracia de no poder vivir en paz con
ninguna”
470
. Indudablemente, no era the right man in the right place.
Por su parte, Aldunate exhibía una distingida hoja de servicios públicos.
Una vez que se recibió de abogado, en 1865 acompañó a Domingo Santa María en su
misión a Perú a raíz de la guerra con España. Posteriormente, representó al partido liberal
en la Cámara de Diputados. El 18 de septiembre de 1881, el Presidente de la República lo
designó ministro de hacienda, en su primer gabinete. Resolvió importantes problemas
como la constitución de la propiedad salitrera; la liquidación de la responsabilidad de Chile
en la cuestión de los guanos de Tarapacá, y la amortización de la deuda interna. Desde el
19 de abril de 1882 hasta el 15 de enero de 1884, ocupó la cartera de relaciones exteriores.
Según señalamos anteriormente, desempeñó un rol gravitante en el Tratado de Ancón, y le
cupo redactarlo, según afirmó en su libro Los Tratados de 1883-1884.
Francisco Antonio Encina afirma que poseía “quizás el más vigoroso cerebro de su
generación”471. José Joaquín Larrain Zañartu, en Figuras contemporáneas traza una
semblanza suya, en la época en que ocupaba la cartera de Hacienda. Lo califica como el
verdadero director de la política chilena después del Presidente de la República. Lo define
como talentoso, aunque “de carácter seco, estirado, altanero y orgulloso” 472.
Santa María sintió por él una predilección entrañable y en un momento pareció que lo
postularía como su sucesor. Le correspondió a Aldunate declarar persona non grata al
delegado apostólico, Monseñor del Frate. Mas, en vista de sus acendradas convicciones
religiosas, el Secretario de Estado acompañó al gobernante sin entusiasmo en la lucha
teológica473. Buscó una salida tranquila del gabinete. Renunció, en enero de 1884, e invocó

469
204 Alejandro Soto Cárdena, op. cit. Págs. 54 y 55.
470
205 “El Honorable Sr. Lopes Netto”, Los Debates , Santiago, 1-1-1885. Reproducido en obra citada de Alejandro Soto
Cárdenas. Pág. 56.
471
206 Francisco Antonio Encina, op.cit. Tomo XVII. Pág. 571.
472
207 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 56.
como causa su labor como árbitro en las referidas comisiones internacionales 474.
Figuró como precandidato a la Presidencia de la República, en 1886. Su postulación no
prosperó, principalmente a causa de su alejamiento del Presidente de la República. José
Francisco Vergara, radical y masón, representó a la oposición frente al candidato de Santa
María, José Manuel Balmaceda.
Pocos años más tarde, Aldunate viajó al Vaticano y obtuvo una audiencia con León XIII,
para explicar su posición en el conflicto teológico. El Pontífice le devolvió la tranquilidad a
su espíritu.
9. ORGANIZACIÓN DE LOS TRIBUNALES ARBITRALES
Lo primero fue dotar a las comisiones internacionales de un reglamento, asunto
directamente vinculado con la rendición de la prueba. Para Chile el éxito de sus
alegaciones dependería de estas reglas.
Al discutirse el de la comisión anglo-chilena, Pakenham presentó un proyecto que no
satisfizo a Aldunate, quien sometió un contra-proyecto suyo. En respuesta, el ministro
inglés propuso que este fuese elaborado por los agentes de las partes y luego se
presentara al tribunal. Aldunate rechazó esa indicación, en virtud del artículo 5º de la
convención que autorizaba a la comisión para crear su propio reglamento.
A fin de resolver la dificultad, Lopes Netto les reunió en su casa. Como no hubo acuerdo
entre el juez británico y el chileno, Pakenham solicitó al dirimente que se pronunciara en
favor de uno de los dos proyectos en discusión.
Aldunate estimó exagerada tal sugerencia. En vista de que ya existía consenso acerca de
una parte del reglamento, dijo que aquella debía darse por aprobada y, en una próxima
sesión, se estudiarían los puntos en desacuerdo.
Pakenham respondió negativamente.
Reanudada la discusión en el tribunal, Aldunate captó que estaba en minoría. Conforme al
citado artículo 5º, recordó que las reglas de procedimiento de la comisión debían
aprobarse por la unanimidad de sus integrantes, no así las sentencias. Empero, su
indicación fue rechazada.
En esa misma sesión, el presidente consultó —como cuestión previa— qué forma debía
seguirse en la discusión, si debía hacerse en general o artículo por artículo. El juez chileno
expresó su parecer contrario a la primera alternativa.
Una discusión general —dijo— solo podría referirse a los caracteres abstractos del
reglamento. Un detalle concreto, en cambio, sería la forma de recibir la prueba. Pakenham
estuvo en favor del primer camino y Lopes Netto consideró impracticable el segundo, pues
se perdería mucho tiempo y se perjudicaría a los reclamantes, que corrían el riesgo de
quedar fuera de plazo. Se aprobó la proposición británica con el voto del juez brasileño.

473
208 Francisco Antonio Encina, op. cit. Tomo XVIII. Págs. 142 y 216.
474
209 Francisco Antonio Encina, op. cit. Tomo XVIII. Pág. 143. Ver “Las relaciones entre Chile y Bolivia. 1841-1963” por el
mismo autor. Editorial Nascimento. Chile. 1963. Pág. 165. Aldunate estaría en desacuerdo con Santa María respecto de la
“política boliviana” del Presidente, y su nombramiento en las Comisiones Mixtas habría sido el pretexto del gobernante para
desprenderse del Canciller.
Aldunate pidió que se insertaran sus opiniones en el acta. Después de leerlas, Lopes Netto
expresó “que consideraba la redacción del señor árbitro como un discurso escrito sobre
materia ya fallada por el tribunal y que, en tales condiciones, creía inadmisible su inserción
en el acta”475. Pakenham lo apoyó, con lo cual estas quedaron excluidas. El miembro
chileno, ostensiblemente molesto, solicitó que se consignara su protesta frente a la
declaración de Lopes Netto y a la resolución adoptada.
El Presidente Santa María le comunicó al juez chileno que, de seguirse actuando así,
debería abandonar la comisión.
En la próxima sesión, Pakenham presentó un proyecto distinto.
Aldunate observó, de inmediato, que a los reclamantes, en el anterior, se les otorgaba la
facultad de modificar o remplazar el memorial. En el nuevo, aquello se cambiaba
sustancialmente, al establecer que no podían verificarse sin el consentimiento previo de la
comisión476.
El juez chileno no profundizó sus objeciones, ya que requería de más tiempo para estudiar
la materia.
En la sexta sesión, de 17 de marzo, hizo presente que el sistema probatorio presentaba
inequidades. A su juicio, los términos para la prueba deben ser comunes y señalados por el
tribunal, en consideración a la naturaleza de cada situación. La prueba debe ser servida
ante el tribunal y, si no es posible, ante magistrados señalados por este, en cada caso.
Demostró que el texto británico no contenía ninguno de estos requisitos. Dice que se
manda rendir la prueba antes de estar trabado el juicio. Su contestación podría eliminarla.
El plazo igual y único de un mes no debe ser parejo, en todos los casos. No se establece
ante quién se rendirá la prueba, ni si será pública o secreta, ni cuándo la conocerán las
partes. Se ignora en qué condiciones ni por qué medios debe rendírsela. No se dispone
que el testigo preste juramento. No se le compele a declarar sobre su interés en la causa ni
hay tampoco pruebas de tachas. Y, por último, una vez rendida la prueba, solo puede ser
analizada y examinada por los reclamantes. El gobierno reclamado no puede defenderse,
pues hay plazos para unos y no para otros.
En conclusión, expresa: “Llegaríamos a hacer fácil el camino de las reclamaciones, pero
haríamos imposible el camino de la verdad y de la justicia” 477.
El representante chileno no se contentó con las observaciones trascritas precedentemente.
Presentó un contra-proyecto de treinta y un artículos, que fue rechazado por Pakenham y
Lopes Netto. Siguió, en gran parte, las reglas de procedimiento adoptadas por la comisión
mixta anglo-americana, de 1871, y franco-americana, de 1880, que habían sentado
jurisprudencia sobre la materia.
La prueba constituyó la preocupación predominante del juez chileno, pues iba a ser

475
210 Alejandro Soto , op. cit. Pág. 62.
476
211 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 64. Acta de la 5a. sesión.
477
212 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 67. Ha utilizado el “Resumen de las consideraciones expuestas por el infrascrito
[Aldunate], Árbitro de Chile, en apoyo de sus ideas sobre el procedimiento”. Carpeta de tribunales de don Luis Aldunate.
Una parte de la documentación utilizada en el libro de Soto pertenece al archivo del profesor Guillermo Feliú y la otra estuvo
en poder de Luis Aldunate Eguiguren (nieto de Luis Aldunate Carrera).
fundamental, tanto para el reclamante como para el reclamado.
En vista de lo que ocurrió con su contra-proyecto, presentó sus apreciaciones bajo el título
de “Enmiendas presentadas por el señor Árbitro de Chile al proyecto de Reglamento del
señor Árbitro de Gran Bretaña”. Estas indicaciones se rechazaron, sin que se dieran
razones. En consecuencia, el texto que se adoptó fue el documento íntegro de Pakenham.
En síntesis, el reglamento del tribunal anglo-chileno ofrecía dos oportunidades al
reclamante para presentar sus quejas, mientras la defensa chilena tenía una sola.
10. REACCIONES FRENTE AL REGLAMENTO DEL TRIBUNAL
ANGLO-CHILENO
El 6 de mayo de 1884, el Canciller Aniceto Vergara Albano responde a dos oficios de Luis
Aldunate, relativos al funcionamiento de las comisiones con Gran Bretaña e Italia.
Concuerda plenamente con las reclamaciones del árbitro chileno respecto de la primera.
Sin embargo, considera que gracias a los cambios introducidos en el tribunal ítalo-chileno,
“se han salvado muchas irregularidades y se ha conseguido establecer garantías efectivas
de defensa en el ejercicio de los derechos de Chile” 478.
Declaraciones más expresivas se publicaron en la memoria del Ministerio de Relaciones
Exteriores. Allí se afirma que Pakenham y Lopes Netto, con el afán de actuar con presteza,
no contemplaron en el reglamento las observaciones chilenas.
No obstante que el juez dirimente había obsequiado café brasileño al Presidente de la
República, y este le retribuyó con unos duraznos descocados y pasas de Huasco, Santa
María, en carta privada a Ambrosio Montt, le expresa sin rodeos que el reglamento en
cuestión.
“está calculado para desnudar a Chile y amparar toda temeridad e injusticia.
Inútil fue que Aldunate apurase la lógica y la razón... Lopes Netto, decidiendo, nos pegó en la
cabeza en todo, sin perjuicio de frotarse las manos vendiendo amor a Chile. Nos odia de
corazón este viejo cínico, que sí ama locamente el dinero, no sirve apasionadamente la
justicia... He pensado y pienso todavía lo que se deba hacer. Alguna vez he querido
denunciar al Emperador la conducta de su representante, pero la cosa es tan grave que bien
pudiera venirnos un conflicto más serio, puesto que la contraparte es la Inglaterra” 479.
El mandatario comunicó a su agente en Río de Janeiro que esperará la primera sentencia
negativa para escribir al Emperador, a fin de ponerle en la pista. Y le encargó que ilustrase
a las autoridades brasileñas, mientras tanto, sobre estas anormalidades de su
representante judicial. De este modo, comienza el fin de Lopes Netto en Chile 480.
A pesar de las órdenes de Santa María, Aldunate no se retiró del tribunal, en señal de
respeto a la institución que contribuyó a crear.
El juez dirimente impuso a su gobierno de esta situación. Atribuyó a Chile el propósito de
478
213 MINREL. LIBRO DE RECLAMACIONES (DOCUMENTOS RELATIVOS A LAS COMISIONES MIXTAS). 1883-84.
Oficio, Santiago, 6-5-1884, de Aniceto Vergara Albano, Ministro de RR.EE. de Chile, a Luis Aldunate, Árbitro de Chile en los
tribunales arbitrales.
479
214 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 73.
480
215 Jaime Eyzaguirre publica carta, Santiago, 31-7-1884, del Presidente Domingo Santa María a Domingo Gana, Ministro
de Chile en Brasil. BA.Ch.H. Año XXI, Primer semestre de 1954. Nº50. Pág. 146 y ss.
evitar sentencias adversas, mediante un reglamento que dilatase el proceso de las
reclamaciones e impidiese a los afectados defender sus derechos. Acusaba al Presidente de
la República y al árbitro chileno de ser los inspiradores de los artículos de prensa en que se
le atacaba.
Consideraba al gobernante como un hombre “acostumado a mandar a tudos, em tudo”. Al
ex-canciller lo tildaba de individuo “imperioso e brusco”, según escuchó a su sucesor,
Aniceto Vergara Albano481.
La campaña periodística y las instrucciones impartidas al ministro Domingo Gana, en Río
de Janeiro, surtieron su efecto. En la sesión del 14 de junio, el tribunal por unanimidad
modificó el reglamento. Al agente chileno se le otorgó un plazo de treinta días para
responder a las razones finales de los reclamantes. Aldunate recibió con satisfacción
aquella decisión. Sin embargo, consideró que la reforma era incompleta, pues dejaba el
sistema probatorio con todas las demás incorrecciones de fondo. Esperaba que la
experiencia obligase a modificarlo.
11. REGLAMENTO DEL TRIBUNAL ÍTALO-CHILENO
Este reglamento se estimó más equitativo. A la defensa se le otorgaba el derecho a la
dúplica. La recepción de la prueba y la veracidad de los testigos quedaba mejor
establecida.
La opinión pública reaccionó favorablemente.
El tribunal franco-chileno aceptó en su totalidad aquel reglamento. Otro tanto sucedió con
el germano-chileno, que acogió el contra-proyecto que Aldunate había presentado en la
primera de estas comisiones.
En suma, las comisiones mixtas fueron tribunales de derecho. La prueba quedó a la
discreción del tribunal, empero confiriéndole ciertas normas en el reglamento del tribunal
ítalo-chileno para resguardar su seriedad.
Según expresó el juez chileno, “los reglamentos de las Comisiones Mixtas han esquivado el
rigorismo de las fórmulas del enjuiciamiento ordinario y autorizado cierta latitud de acción
en orden a las pruebas, hasta donde esa libertad pueda ser compatible con los preceptos
de una crítica racional y el más seguro descubrimiento de la verdad”482.
12. NÚMERO Y SIGNIFICACIÓN DE LAS RECLAMACIONES QUE
CONOCIERON LAS COMISIONES MIXTAS
Se presentaron 759, correspondientes a los cuatro tribunales. Las más numerosas fueron
las italianas (440), las inglesas (118) y las francesas (89).
En dinero, incluyendo un interés del 6%, el total de ellas alcanzó a 46,498.810,25 de pesos
de 25 peniques. Las inglesas sumaron $23.381.121,38, las italianas $14.394.457,74 y las
francesas $7.164.276,91.
Los reclamantes presentaron generalmente certificados de un comité que se organizó en

481
216 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Págs. 74 y 75.
482
217 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Págs. 81 y 82. Trascribe Memorándum del agente chileno ante las comisiones mixtas
internacionales de Santiago.
Lima, en 1880. Esta previsión sorprendió al agente chileno José Eugenio Vergara Galeas.
Observó que aquellos se proveyeron de pruebas pre-constituidas antes de la llegada de las
tropas chilenas a la capital peruana, cuando su obligación habría sido tratar de evitar tales
perjuicios, mediante el traslado por lo menos de sus bienes muebles. Hubo otras
situaciones peculiares que advirtió Vergara.
El gobierno de La Moneda se inquietó y la indignación de Santa María se aprecia en su
correspondencia privada. Acusó a los reclamantes extranjeros de estar protegiendo
intereses peruanos con su nacionalidad.
La defensa chilena quedó a cargo de una comisión presidida por Vergara e integrada por
Adolfo Carrasco Albano, Enrique Cood y Enrique Mac Iver.
Hubo abogados chilenos que alegaron en favor de los reclamantes. Soto Cárdenas señala a
Adolfo Ibáñez, Bernardo Lira, Carlos Llausas y Juan Valdivieso Amor.
13. LAS SENTENCIAS DURANTE LA PRESIDENCIA DE LOPES
NETTO.
Se dictaron treinta y dos sentencias hasta el 2 de febrero de 1885. En esta misma fecha,
aquel comunicó al gobierno de Chile que, a partir de ese día, comenzará a hacer uso de
licencia por motivos de salud483.
Luis Aldunate, en su calidad de árbitro, cada vez que estuvo en desacuerdo con la mayoría,
expresó su disconformidad en “votos especiales”. Alejandro Soto Cárdenas afirma que ellos
estaban mucho mejor fundados que las sentencias a que se referían 484. El chileno emitió
ocho de estos votos.
Las sentencias tampoco agradaron a los reclamantes. El 26 de octubre de 1884, se verificó
en Lima una reunión de unas 300 personas extranjeras.
Se dio lectura a un memorándum de protesta enviado al Canciller británico, en que los
ingleses expresaron su indignación por las sentencias del tribunal anglo-chileno y —entre
otros cargos— su disconformidad con el árbitro brasileño :
“que tiene poco conocimiento del idioma español, y por su edad avanzada y padecimiento
paralítico bien se puede dudar que tenga el vigor mental que requiere esta misión;
igualmente es súbdito de una nación que solamente no es neutral sino el reconocido aliado
de Chile”.
Vergara Albano se dirigió a los representantes diplomáticos chilenos, a fin de informarles
minuciosamente acerca de cómo Chile apreciaba estos hechos. Considera que los autores
de tales reclamaciones deben creer que pueden repartir con Chile las riquezas que la
guerra ha procurado a esta nación. Y estima curioso que, mientras en nuestro país se
expresan aprensiones sobre el criterio y la imparcialidad con que se dictan los fallos,
fuesen los “mismos reclamantes, favorecidos por ellos, los que protestan públicamente

483
218 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE
CHILE. 1885. Oficio, Valparaíso, 7-2-1885, de José Manuel Balmaceda, Ministro encargado del despacho de RR.EE., a
Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
484
219 Alejandro Soto Cárdena, op. cit. Pág. 151.
contra tales procedimientos”485.
Santa María, en carta a Domingo Gana, advertía una farsa para confundir el juicio del
Emperador del Brasil:
“Hay ardid en todo esto. Las reclamaciones deducidas —juzgaba el Presidente— son materia
de especulación, no lo dude Ud., para mucha gente que cree hacer un buen negocio con
ellas. No se imagine Ud. que los diplomáticos andan sacudidos de todo polvo y paja. Es de
admirar la violencia que emplean en sus notas y la mancomunidad de intereses que han
formado todos ellos. Creo que no me engaño: hay una sola mano que dirige el pandero” 486.
Todos los dardos iban dirigidos en contra del juez dirimente. El gobierno alemán, que
demoraba la constitución del tribunal que vería los reclamos de sus conciudadanos,
estimaba que Lopes Netto por “su edad avanzada, casado con señora chilena, sometido en
absoluto a la influencia chilena y muy inferior en todo al árbitro chileno don Luis Aldunate,
no ofrecía garantía a sus intereses”487.
En la segunda etapa, se dictaron once sentencias que se referían a reclamos ingleses e
italianos. Solo cuatro condenaron a Chile. Aún así, hubo protestas en Santiago porque se
alegaba que aquellas no tuvieran fundamentos visibles y que el lenguaje era ofensivo.
Además, se establecían principios y acusaciones de hecho que podrían servir de
precedentes negativos respecto de otras reclamaciones.
La prensa se hizo eco de estas manifestaciones. También el Congreso.
El 3 de enero de 1885, el diputado Rafael Berazarte planteó cuatro preguntas al ministro
Correa Albano, que reflejaban el malestar general en contra de los tribunales arbitrales y
del juez brasileño. El canciller eludió entrar al fondo del asunto, y se limitó a expresar que
estos tribunales se esforzarán para actuar con justicia.
Los periódicos informaron que dentro de pocos días se iba a verificar un meeting de
protesta, en contra de Lopes Netto. Esta asamblea no tuvo lugar, pues el gobierno habría
disuadido a sus organizadores. Pero, bajo cuerda, trabajaban el Presidente Santa María y el
ministro Domingo Gana para desembarazarse de este árbitro, que agraviaba a moros y
cristianos.
El Emperador aceptó la renuncia del juez y nombró, en su lugar, a Lafayette Rodrigues
Pereira, Consejero de Estado y Senador vitalicio por el Estado de Minas Geraes. Se trataba
de un perito en jurisprudencia con excelentes antecedentes488.
Una vez en Santiago, se reunieron los tres tribunales arbitrales y eligieron a Rodrigues
Pereira como presidente de cada una de estas comisiones.
En el tribunal ítalo-chileno, en la sesión del 21 de agosto de 1885, se discutió el valor que
debía concederse a las pruebas presentadas respecto de una serie de reclamaciones. A
485
220 MINREL. LIBRO DE RECLAMACIONES (DOCUMENTOS RELATIVOS A LAS COMISIONES MIXTAS). 1883-84.
Santiago, 31-X-1884, de Aniceto Vergara Albano a los agentes diplomáticos de Chile en el exterior.
486
221 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág.160.
487
222 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 162.
488
223 MINREL. LEGACIÓN DE PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR. EE. DE CHILE. 1885.
Oficio circular, Santiago, 28-5-1885, de Aniceto Vergara Albano, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa, Ministro de
Chile en Perú.
juicio del procurador, José Eugenio Vergara, el agente italiano presentó pruebas relativas a
los saqueos en Tacna y Arica, que no se avenían con lo acordado en el reglamento. Solicitó
que en trece casos fuesen declaradas nulas y que no podían revalidarse si no se
conformaban con el reglamento. Para ello, el tribunal establecería un plazo probatorio
suficiente y Chile podría presentar prueba testimonial ante un funcionario nombrado por el
tribunal.
Rodrigues Pereira presentó una proposición que la comisión aprobó.
Según aquella, se considerarían inválidos los testimonios producidos irregularmente en
juicio. Ello no impediría que puedan tomarse o no en consideración esos documentos así
como el valor que puedan tener; que siendo la capacidad intelectual y la honorabilidad del
declarante las bases en que reposa la validez de su testimonio, podría considerarse que las
declaraciones testimoniales a que se refieren son simples declaraciones de un particular.
Éstas tendrían o no fuerza moral para influir en el ánimo del tribunal, según sean las
condiciones de capacidad, honorabilidad, etc., de la persona que la presta. Con los votos
de Rodrigues Pereira y Aldunate, se acordó proveer las solicitudes en discusión y se
declaró no ha lugar a lo solicitado en ellas.
El árbitro italiano declaró que el tribunal debía limitarse a desechar las peticiones de
Vergara489.
Dicha decisión del tribunal significó, además, que este podía apoyarse en declaraciones
que no siendo reglamentarias, produjeran convencimiento moral, conforme al artículo 4º
de la convención, “pues estos tribunales no eran de estricta ley”. Este acuerdo habría de
tener importancia en los hechos que se produjeran después.
El 26 de agosto, el tribunal ítalo-chileno modificó el artículo 11 de su reglamento; el anglo-
chileno alteró el artículo 12, e igual cambio se produjo en el franco-chileno. En
consecuencia, después de verificada la dúplica, la comisión queda facultada para
sentenciar u ordenar nuevas indagaciones.
Puede convocar a una audiencia si lo juzga necesario para que se escuchen las alegaciones
verbales de las partes, una vez recogidas estas nuevas pruebas.
Se trata de otorgar un mismo término prudencial a ellas, de modo que tengan la facultad
de alegar por escrito sobre cualquiera de los puntos de hecho o de derecho que se
diluciden en la reclamación.
14. LAS SENTENCIAS DURANTE LA PRESIDENCIA DE RODRIGUES
PEREIRA
Hubo dos grupos de sentencias.
El primero comprendía a aquellas que originaron las protestas extranjeras, que dieron
motivo a que sus representantes se retiraran de las comisiones mixtas. El resultado fue que
se produjo una prolongada suspensión de sus sesiones.
El tribunal ítalo-chileno dictó once sentencias, y en ellas se rechazaron todas las
reclamaciones. En dos casos Chile fue absuelto por unanimidad.
489
224 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 195. Acta de la 37ª sesión.
Se observó, pues, la diferencia de criterio entre Lopes Netto y Rodrigues Pereira.
El agente italiano Roberto Magliano presentó una reclamación escrita a la comisión mixta,
redactada en lenguaje un tanto intemperante. Alegó que se estaba dando un “bill de
inmunidad” a Chile por la manera en que había llevado a cabo la guerra. Sostuvo que el
origen de los desmanes que atribuía a las fuerzas chilenas se debía a que esta nación
reclutó a la ligera a sus soldados, pues carecía de servicio militar obligatorio. Así como se
había logrado la salida de Lopes Netto, ahora —dijo— se trataría de alejar a los árbitros
europeos490.
Estas sentencias se adecuaban a las convenciones suscritas con los gobiernos de Italia,
Francia y Gran Bretaña, y en ellas se aplicaron los principios del derecho internacional. Se
produjo, en ese momento, un pequeño incidente entre el secretario chileno de la citada
comisión mixta y el árbitro italiano, Silvio Carcano, que los otros dos jueces procuraron
reparar, pues carecía de importancia. Empero, Carcano pidió una suspensión por ocho días
del tribunal, ya que necesitaba instrucciones de Roma.
Los jueces europeos se valieron de esta circunstancia para provocar la suspensión de los
tribunales. Los agentes respectivos reclamaron al canciller, Aníbal Zañartu, por la
interpretación restrictiva que, bajo la presidencia de Rodrigues Pereira, dieron los
tribunales al artículo 4º de las respectivas convenciones 491. Carcano alegó que se había
producido una innovación inesperada, en contradicción con las teorías sancionadas y
aplicadas por el mismo tribunal, bajo la presidencia de Lopes Netto. A su vez, el agente
británico concluía su nota afirmando que el tribunal anglo-chileno dejaría de funcionar
hasta que estas cuestiones fuesen definidas 492. Lo que buscaban era una mayor liberalidad
en la estimación de las pruebas, a fin de proteger a sus compatriotas.
Zañartu respondió que los gobiernos carecían de competencia para corregir la
interpretación que un tribunal arbitral pueda dar a las convenciones, en la aplicación de
cualquiera de sus artículos. Proceder, así, sería una irregularidad. Agregó que Chile no está
por encima de los tribunales arbitrales, como juez superior 493.
El gobierno brasileño, por su parte, se quejó ante los de Italia, Francia e Inglaterra de estos
procedimientos y les pidió que manifestasen cuáles eran sus intenciones 494.
Los árbitros europeos, como fracasasen en sus empeños, dejaron de concurrir a las
comisiones. El tribunal germano-chileno se debía constituir el 25 de septiembre, mas el
representante alemán —el barón Schenk— se excusó de asistir, por razones de salud.
490
225 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 200.
491
226 Conforme al artículo IV se establecía que cada una de las comisiones debía dar acogida a los “medios probatorios o de
investigación que, según el criterio y recto discernimiento de sus miembros fuesen conducentes al mejor esclarecimiento de
los hechos controvertidos, y especialmente a la calificación del estado o carácter neutral del reclamante”.
492
227 A.H. de RR.EE. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE
CHILE. 1885. Oficio circular, Santiago, 16-X-1885, de Aníbal Zañartu, Ministro de RR.EE. de Chile, a Jovino Novoa, Ministro
de Chile en Perú. Trascribe notas intercambiadas con Ministros de Francia, Italia y Gran Bretaña.
493
228 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE
CHILE. 1885. Nota, Santiago, 15-X-1885, de Aníbal Zañartu, Ministro de RR.EE. de Chile, a Silvio Carcano, Ministro de
Italia en Chile.
494
229 MINREL. OFICIOS ENVIADOS POR EL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE A LOS DIPLOMATICOS DE CHILE. 1885-
86. Oficio, Santiago, 19-2-1886, de Aníbal Zañartu, Ministro de RR.EE. de Chile, a los Ministros de Chile en Francia,
Alemania e Italia.
Enseguida, expresó a Lafayette Rodrigues Pereira que antes que entrara a operar, sería
necesario hacer modificaciones relativas a la prueba. El juez brasileño y el chileno le
insistieron inútilmente que para considerar sus proposiciones era indispensable establecer
primero el tribunal.
Aldunate renunció a su cargo. Se acercaba la elección presidencial y él era uno de los
aspirantes. Fue designado, en su lugar, Belisario Prats.
La Cancillería chilena instruyó a sus representantes en el Viejo Mundo para que
representaran la conducta de los agentes europeos en la comisiones mixtas, y obtuvieran
la reanudación de las sesiones495.
Estas gestiones no encontraron buena acogida. Los gobiernos de Francia, Gran Bretaña e
Italia veían con preocupación el criterio jurídico que aplicaba Rodrigues Pereira, que
perjudicaba las pretensiones de sus compatriotas.
El pandero lo llevaba Francia. Empero, esta posición se ablandó, gracias a la del Imperio
Alemán.
Guillermo Matta informó a Zañartu que Alemania deseaba mantener su tradicional amistad
con Chile. A cambio de una equitativa benevolencia en favor de los reclamantes germanos,
el Subsecretario conde Herbert de Bismarck se comprometió a instruir enérgicamente al
baron Schenk —a quien le pondrá “los puntos sobre las íes”— a fin de que no se asocie a
ninguna acción colectiva en contra de Chile496.
Sin embargo, la instalación de la comisión mixta alemana demoró algunos meses todavía,
pues hubo que retirar al intransigente Schenk y acreditar al barón Seldeneck, el 28 de julio
de 1886. Se llegó a una fórmula de arreglo que propuso Chile. Los agentes de ambas
naciones efectuarían un estudio de los reclamos alemanes, clasificando los que
consideraban aceptables o dignos de transacción, de los que estimaban dudosos. Los
primeros debían ser fallados por el tribunal, y los segundos desecharse por carecer de
fundamento.
La política alemana abrió el camino para que los tribunales franco-ítaloanglo-chilenos
prorrogasen por seis meses sus funciones. En una reunión con los británicos, se llegó a un
acuerdo según el cual la comisión estimó que sus facultades para apreciar la prueba son
las mismas que tienen los jurados ingleses en materia criminal.
Este acuerdo constituyó un éxito para La Moneda, pues los europeos no consiguieron que
se adoptara un protocolo que aclarase el sentido de los artículos IV y VI de las
convenciones. La posición chilena era contraria a este protocolo, porque las comisiones
mixtas debían obrar con entera independencia de los gobiernos 497. El Presidente Santa
María juzga que la cuestión es grave, ya que existen precedentes de que las naciones
europeas atropellan el derecho de las repúblicas latinoamericanas cuando así conviene a
495
230 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE
CHILE. 1885. Oficio, Santiago, 16-X-1885, de Aníbal Zañartu, Ministro de RR.EE. de Chile, a los Ministros de Chile en
Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia.
496
231 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE
CHILE. 1885. Oficios Nº182 y s/n, Berlín, 30-9-1885 y 3-X-1885, respectivamente, de Guillermo Matta, Ministro de Chile en
Alemania, a Aníbal Zañartu, Ministro de RR.EE. de Chile.
497
232 Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág.14. Alejandro Soto Cárdenas, op. cit. Pág. 38.
sus intereses.
A pesar de los esfuerzos del ministro Alberto Blest Gana en París, la comisión franco-
chilena no volvió a reunirse. La ítalo-chilena comenzó a sesionar de nuevo el 5 de
septiembre 1887.
En el segundo grupo de sentencias integrado por 31 reclamaciones, el árbitro británico
solo estuvo en desacuerdo con la mayoría del tribunal en ocho casos.
Cuando las comisiones empezaron a reanudar su trabajo, Rodrigues Pereira presentó su
renuncia, el 15 de octubre de 1886. Sus motivos eran de carácter familiar y de salud. “El
clima de Chile —expresó al barón de Cotegipepor ser sumamente frío y sujeto a
variaciones rápidas, es muy perjudicial a mi organismo”.
15. EL TÉRMINO DE LAS COMISIONES MIXTAS
INTERNACIONALES.
El barón Aguiar d’Andrada sucedió a Rodrigues Pereira. Representó al Imperio en Chile,
entre 1866 y 1873, y dejó un gratísimo recuerdo de amistad.
Asumió su nuevo cargo el 8 de junio de 1887.
Durante su presidencia, se continuaron aplicando los mismos principios que en tiempos de
su predecesor inmediato. Al término de su labor, se suscribieron protocolos que pusieron
fin a las reclamaciones que no alcanzaron a ser falladas.
El resultado de estos tribunales fue ampliamente favorable para el gobierno chileno. Al
inicio de ellos, se le cobraban 46.498.810 de pesos de 25d., incluido los intereses.
Finalmente, se pagaron 1.680.562.11, o sea, el 3,6% de la suma inicial. Aquel porcentaje se
avenía con el de Estados Unidos en su diferendo con el Reino Unido.
Hay una conclusión —históricamente la más significativa— que también se puede deducir
de dicho resultado. Hubo exageración en los cargos de vandalismo que se imputaron a
Chile por la manera de conducir la guerra. La historiografía extranjera —particularmente
peruana— puso mucho énfasis en estas acusaciones, que cotejadas con lo establecido en
los tribunales arbitrales nos parecen exageradas.
CAPÍTULO III
LA DEUDA EXTERNA PERUANA
1. INSURGENCIA DE CÁCERES Y EL FIN DE IGLESIAS
2. DEMARCACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE TACNA
3. TACNA Y ARICA
4. LA REPATRIACIÓN DE LOS RESTOS DE GRAU
5. PRIMERA PIEDRA DEL MONUMENTO AL LIBERTADOR SAN MARTÍN, EN LIMA
6. REVOLUCIÓN EN CHILE
7. LA DEUDA ANGLO-PERUANA
8. MISIÓN DE AUGUSTO MATTE EN LIMA
9. RECLAMACIONES PECUNIARIAS FRANCESAS

1. INSURGENCIA DE CÁCERES Y EL FIN DE IGLESIAS


Iglesias intentó encabezar una administración de progreso y unidad.
Restauró la Biblioteca Nacional, bajo la dirección del célebre perúanista Ricardo Palma.
Recuérdese que esta fue despojada de valiosas colecciones durante la ocupación chilena,
como lo reconoció el Presidente Santa María, quien devolvió cajones con los libros que
logró encontrar498. El general se interesó también por el renacimiento de la Universidad y
del Colegio de Guadalupe, entre otras medidas de adelanto espiritual. Sin embargo, le
resultó imposible reunir a su alrededor a civilistas, piérolistas y caceristas, que unificados
entorno de sí traerían tranquilidad a la exangüe república. Como no lo logró, aplicó mano
dura. Así nació el segundo militarismo, al decir de Basadre 499.
El general Cáceres regresa a la escena política, de la que nunca estuvo ausente, por lo
demás, y se propone derribar al hombre del grito de Montán.
Le rodea la aureola de los éxitos que cosecharon sus montoneros en las luchas con el
ejército chileno. Sus seguidores forman el partido constitucional, con el fin de restablecer
la carta de 1860 y llevarle a la Presidencia de la República.
Muy a su pesar, reconoció el Tratado de Ancón, “pero se mantuvo en armas contra
Iglesias”500.
El secretario de Patricio Lynch se reúne con Cáceres, y soslaya maliciosamente a Novoa,
que representa la vía diplomática. A raíz de ello, conversa también con Ignacio de Osma,
ministro de Iglesias. Los fines que persigue el héroe de la Breña están expresados en una
carta que su canciller, Francisco Flores Chinarro, dirige a Osma. Allí solicita que el Jefe de
Estado dimita; que se llame a nuevas elecciones de Presidente y vice-Presidentes, y que se
elija una asamblea constituyente. El general está dispuesto a salvar a la nación y reclama
que las fuerzas chilenas abandonen Perú, pues encarnan un “manifiesto protectorado” 501.
498
1 INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA. Revista del Archivo General de la Nación. Tomo 1. Lima. 1972. Ricardo Palma
acusa recibo de 12 cajones con libros enviados desde Chile.
499
2 Jorge Basadre: “Historia de la República del Perú. 1822-1933” 7ª edición. Editorial Universitaria. Lima. 1983. Tomo VII.
Pág. 1.
500
3 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VII. Pág. 6.
501
4 MINREL. MISION NOVOA. CORRESPONDENCIA. Carta, Huancayo, 19-6-1884, del General Andrés A. Cáceres a
Ignacio de Osma, en Lima.
Empero, es necesario precisar que ya el Presidente Santa María había dispuesto su regreso
a Chile y, efectivamente, el 4 de agosto de 1884 el almirante Lynch se embarcó rumbo al
sur con lo que quedaba de ellas502.
Flores Chinarro, que se denomina ministro de relaciones exteriores, desde Tarma comunica
a Jovino Novoa que Cáceres ha formado en Huancayo un nuevo gobierno. Un mes
después, sus partidarios casi penetran en el palacio de Pizarro, pero son rechazados por
Iglesias. Ha estallado la guerra civil. Flores Chinarro solicita a Novoa que Chile reconozca al
gobierno de Cáceres en su carácter de beligerante, conforme al derecho internacional 503.
“Naturalmente —informa nuestro agente a Santiago— dicha circular no tendrá
contestación alguna”504.
El 29 de noviembre de 1885, Cáceres está a las puertas de Lima. El cuerpo diplomático
ofrece sus buenos oficios, en vista de la posibilidad de un combate sangriento en la capital.
Se encarga a los ministros Villegas, Braun y Gubernatis, de Argentina, Bolivia e Italia,
respectivamente, que entreguen este acuerdo a Flores Chinarro 505.
Cáceres ingresa a Lima y dialoga con los diplomáticos extranjeros. El objeto de la reunión
es alcanzar un avenimiento que finalice la contienda. En representación de sus colegas,
Novoa conversa con Iglesias. Este le comunica que se encuentra listo para hallar una
solución. Mas, sobre la base de que ambos militares renuncien el poder que ejercen y que
una tercera entidad convoque a elecciones de las nuevas autoridades. Los colegas del
ministro chileno dieron su apoyo a esta fórmula, mientras Cáceres, por su parte, la aceptó.
Según él, guardaba conformidad con los planteamientos que venía haciendo desde tiempo
atrás506.
Los comisionados de ambos militares se encontraron con el cuerpo diplomático, en casa
del agente español. Se dejó constancia de la renuncia de Iglesias y Cáceres, y se acordó
restablecer la vigencia de la Constitución de 1860. Hubo acuerdo para celebrar elecciones
al tercer día de creada la entidad previamente convenida. La presidencia del Consejo de
Ministros y el cargo de canciller recayeron en el distinguido abogado y político Antonio
Arenas, el mismo que participó en las conferencias de Arica 507. Su primera nota a Novoa
fue darle a conocer oficialmente la constitución del gobierno temporal y su empeño por
mantener las mejores relaciones con el de Chile508.
Los civilistas, que representaban a los sectores más pudientes de la sociedad limeña, se
502
5 Mario Barros: “Historia Diplomática de Chile. 1541-1938”. Editorial Ariel. Barcelona. 1970. Pág. 437.
503
6 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1885. Nota, Tarma, 15-9-1885, de Francisco Flores Chinarro, Ministro de
RR.EE del Gobierno del General Cáceres, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
504
7 MINREL LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1885. Oficio Nº544, Lima, 1-10-1885, de Jovino Novoa, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
505
8 MINREL. LEGACION DE CHILE EN PERÚ. 1885. Lima, 29-XI-1885, reunión del cuerpo diplomático residente.
506
9 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1885. Acuerdo Nº4, Lima, 2-12-1885, adoptado por el cuerpo diplomático
residente.
507
10 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1885. Acuerdo Nº5, Lima, 2-12-1885, adoptado por el cuerpo diplomático
residente.
508
11 MINREL. LEGACION DE CHILE CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR. EE. DE PERÚ. 1883-86.
Nota Nº50, Lima, 4-12-1885, de Antonio Arenas, Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de RR.EE. de Perú, a
Jovino Novoa, Ministro de Chile.
unieron a los constitucionalistas para apoyar a la nueva administración.
Cáceres, sin opositores en los comicios, triunfó con una gran mayoría de votos. Piérola y
sus seguidores se abstuvieron de participar, antes que juntarse con el partido civil 509. Desde
ese momento, se empeñan en dividir a los sectores que apoyan a Cáceres.
2. DEMARCACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE TACNA
Como consecuencia del canje de ratificaciones del Pacto de Ancón, por decreto de 21 de
mayo de 1884, el gobierno chileno organizó los servicios públicos y normalizó las
condiciones en Tacna y Arica, anteriormente sujetos a las autoridades militares. En virtud
de la ley de 31 de octubre del mismo año, se les consideró como una provincia del
territorio nacional, con el nombre de Tacna y con los límites que indica el Tratado de Paz y
Amistad. A su vez, fue dividida en dos departamentos —Tacna y Arica— y ocho
subdelegaciones, entre ellas Tarata y Sama510.
Conforme al artículo III de aquel tratado, “el territorio de las provincias de Tacna y Arica,
que limita por el norte, con el río Sama, desde su nacimiento en las cordilleras limítrofes con
Bolivia hasta su desembocadura en el mar... continuará poseído por Chile, y sujeto a la
legislación y autoridades chilenas...”.
Según se entendía en Santiago, Tarata quedaba al sur de la línea del Sama, o sea, formaba
parte de los territorios sujetos al plebiscito.
Es menester recordar que en la redacción de este artículo, el Ministro Aldunate consultó al
Presidente Santa María511, pues se presentó una confusión de carácter administrativo, entre
la legislación peruana y la chilena.
Con motivo de la división administrativa referida, el canciller García Urrutia pasó una nota a
Novoa, el 16 de febrero de 1885512. En ella reclama que se hayan incorporado distritos que
no estaban comprendidos en las provincias de Tacna y Arica, en el momento en que se
firmó la paz. Según García Urrutia, Tacna y Arica formaban una sola provincia, y Tarata otra
distinta, que el artículo III no mencionaba. Los peruanos sostenían que se incurría en un
error al tomar como origen del río Sama el de Tarata, que solo es uno de sus afluentes 513.
Asimismo protesta porque las autoridades chilenas gravan con contribuciones municipales
a los habitantes de ciertos pueblos de la provincia de Tarata.
El Comercio, al analizar esta medida, la impugna y critica a Chile 514. Aparte de razones
jurídico-geográficas, El Bien Público aduce que perjudica la exportación de los alcoholes y

509
12 Frederick B. Pike: “Modern History of Perú”. Frederick A. Praeger, Publishers. New York-Washington. 1967. Pág. 152.
510
13 MINREL. INFORMES DEL ASESOR DEL MINISTERIO DE RR.EE., LUIS ARTEAGA. 1912-27. Circular S/Nº, Santiago,
20-12-1921, del Ministro de RR.EE a las misiones de Chile en el exterior.
511
14 Gonzalo Bulnes: “Guerra del Pacífico”. Editorial del Pacífico S.A. 1955. Vol. III. Transcibe intercambio telegráfico entre el
Presidente Santa María y el Ministro Aldunate. Págs. 276 y 277.
512
15 MINREL LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA CON EL MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ. 1883-
86. Nota Nº6, Lima, 16-2-1885, de B. García Urrutia, Ministro de RR.EE. de Perú, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en
Perú.
513
16 MINREL. GOBIERNO Y AGENTES DIPLOMÁTICOS DE PERÚ EN CHILE. 1887-89. Nota, Santiago, 5-3-1887, de
Carlos M. Elías, Ministro de Perú en Chile, al Ministro de RR.EE. de Chile.
514
17 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1886. Oficio Nº677, Lima, 27-2-1886, de Jovino Novoa, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Reproduce artículo de “El Comercio”, de Lima.
azúcares que se producen en el valle de Sama, cuyo destino último es Bolivia. Cerrada la
vía de Tarata, se tendrá que recurrir a una más larga y costosa, a fin de eludir los impuestos
que cobra Chile al atravesar el territorio a que se refiere el artículo III 515.
Para entender mejor la cuestión, es preciso recordar que la ruta entre Tacna y Bolivia
pasaba por Tarata. O sea, el Estado que controlase este punto tendría un acceso expedito
en su comercio con el Altiplano. Indudablemente, lo que a Chile le interesaba era este
último punto516. Además, aquel villorrio poseía, además, un valor estratégico. El valle de
Tacna no podría ser invadido por un ejército enemigo si una división chilena ocupaba
Tarata.
En respuesta, Novoa expresó que las subdelegaciones creadas se hallaban dentro de la
jurisdicción asignada a Chile. El Pacto de Ancón consideraba al río Sama como el límite
norte de tales territorios. Como una demostración del espíritu que inspiraba a La Moneda,
propuso que una comisión binacional de peritos se abocase a resolver la cuestión 517.
El ministro de relaciones exteriores peruano descartó este ofrecimiento.
El límite consignado en el artículo III carecía de exactitud. Dio como razón para no aceptar
la comisión sugerida, que podría evacuar un informe que careciese de uniformidad.
Insistió, además, en que Perú solo cedió transitoriamente Tacna y Arica, y que Tarata
estaba excluido de la estipulación anterior 518.
El agente peruano en Santiago, Carlos M. Elías reiteró esta misma posición 519.
En 1889, el representante chileno en Lima sugirió que el problema se considerase en el
momento en que se resolviese la cuestión principal, esto es, la del plebiscito 520. Ella se
mantuvo en la agenda, hasta que el Laudo Arbitral del Presidente de Estados Unidos, en
1925, dio satisfacción a Perú e instruyó a Chile para que devolviese Tarata, antes del
plebiscito.
En la misma época que se originó este diferendo, el Diario Oficial de Perú, del 14 de
octubre de 1886, publicó el texto de una ley que facultó al poder ejecutivo para nombrar
prefecto del departamento de Tacna y subprefecto y jueces de primera instancia para las
provincias de Tacna y Tarata521.
Esta ley causó inquietud en Santiago. El canciller Joaquín Godoy, del recién instalado
515
18 MINREL. LEGACION DE CHILE EN PERÚ. 1886. Oficio Nº636, Lima, 15-1-1886, de Jovino Novoa, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Reproduce artículo de “El Bien Público”, de Lima.
516
19 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº89, Lima, 6-6-1889, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
517
20 MINREL. OFICIOS DIRIGIDOS POR LA LEGACIÓN DE CHILE AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE Y A DIVERSAS
AUTORIDADES. 1885-86. Nota Nº693, Lima, 17-3-1886, de Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE.
de Perú.
518
21 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA CON EL MINISTRO DE RR. EE. DE PERÚ. 1883-
86. Nota Nº30, Lima, 3-4-1886, de Antonio Arenas, Ministro de RR.EE. de Perú, a Jovino Novoa, Ministro de Chile en Perú.
519
22 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DE PERÚ. 1890-92. Nota, Santiago, 1-10-1890, de Carlos M. Elías, Ministro de
Perú en Chile, a José Tocornal, Ministro de RR.EE. de Chile.
520
23 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº89, Lima, 6-6-1889, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
521
24 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1886. Oficio Nº58, Lima, 29-X-1886, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, a Ramón Ribeyro, Ministro de RR.EE. de Perú.
gobierno del Presidente Balmaceda, instruyó a Benicio Álamos para que aclarase el efecto
de tal legislación, porque aparentemente podría menoscabar el Tratado de Paz y Amistad.
Mas el ministro de Relaciones Exteriores, Ramón Ribeyro, declaró que dicha ley solo busca:
“regularizar la situación administrativa y judicial de la parte del departamento de Tacna que
no está comprendido en la posesión que tiene Chile, por diez años, de cierta porción de ese
territorio que la República de Chile ocupa por el plazo y con la extensión que se determina
en el artículo III del Tratado de Paz, ya recordado, de 20 de octubre de 1883” 522.
Esta nota tranquilizó a los espíritus en Santiago y se dio por terminado el asunto.
3. TACNA Y ARICA
En 1885, el Presidente Santa María —como sabemos— planteó al ministro peruano en
Santiago, Carlos M. Elías, la cesión inmediata de esos territorios, a cambio de aumentar el
rescate de 10.000.000 de pesos contemplado en el Tratado de Paz y Amistad, de 1883 523.
Este ofrecimiento tuvo lugar en circunstancias económicas y financieras
extraordinariamente difíciles para Perú, pues aparte de los desastres de la guerra,
enfrentaba el insistente apremio de los tenedores de bonos de su deuda externa.
Aquella gestión se llevó a cabo verbalmente y no existen antecedentes escritos. Sin
embargo, Elías habría dicho, en carta a amigos suyos, que varias veces trató de esta
materia con el gobernante y luego con Balmaceda, su sucesor. El primero habría expresado
a Aniceto Arce, ministro boliviano en Santiago, que su propósito era transferir esa
provincia a su patria. Balmaceda contradijo la política de Santa María. Deseaba retener
esos territorios524, dado su valor estratégico.
En julio de 1886, nuestro agente en Lima, Benicio Álamos, se acercó al Presidente Cáceres
para lograr un arreglo directo mediante una fuerte indemnización pecuniaria, que Chile
entregaría por la cesión definitiva de aquellos 525. Cáceres prestó oídos sordos a este
avance.
El 4 de diciembre, el agente chileno comenta a La Moneda que, tanto en la tribuna como
en la prensa, Bolivia expone activamente su deseo de obtener a toda costa Tacna y Arica,
lo que inspira el repudio de la opinión pública peruana 526.
El 12 de diciembre, Benicio Álamos escucha al Ministro peruano rechazar de plano la
pretensión de aquella república, la que —agrega— no tiene precedentes ni títulos de
ninguna especie para reclamar Tacna y Arica. Enseguida le pregunta al plenipotenciario
cuál sería la opinión de su gobierno, quien responde sibilinamente que carece de
instrucciones y que lo más probable es que no exista una idea definida, “fuera del
cumplimiento religioso del Pacto de Ancón”... Olvidó, pues, sus deliberaciones con Cáceres.
522
25 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. Nota, Lima, 30-X-1886, de Ramón Ribeyro, Ministro de RR.EE. de Perú, a
Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú.
523
26 MINREL. INFORMES DEL ASESOR DEL MINISTERIO DE RR. EE. DE CHILE, 1919-27. Tratados, protocolos,
negociaciones y misiones confidenciales. Chile y Perú.
524
27 Javier Vial Solar: “Páginas diplomáticas”. Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Santiago. 1900. Pág. 116 y
ss.
525
28 MINREL. INFORMES DEL ASESOR DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE, 1919-27.
526
29 Alejandro Álvarez: “ Resumen histórico de las negociaciones diplomáticas entre Chile y el Perú sobre celebración del
plebiscito relativo a Tacna y Arica”, conocido como el Libro rojo. Mecanografiado, 1905.
El canciller argumenta entonces que es conveniente ponerse de acuerdo acerca de las
condiciones del plebiscito, con el propósito de que esta cuestión se resuelva antes de que
llegue el momento de proceder a la consulta electoral. Álamos eludió la respuesta, en vista
del “mucho tiempo que aún faltaba para que se llevara a efecto la operación plebiscitaria”.
Conforme a este secretario de Estado, la posición de Perú no responde a un sentimiento
“de odio” hacia Bolivia, sino más a un clamor de la opinión pública que reclama el
reintegro de Tacna y Arica. También señala que si pasasen al dominio de esa nación, el
efecto sería ruinoso para la vía de Mollendo, puerto desde donde se abastece el comercio
del Altiplano, así como para el sur de Perú.
4. REPATRIACIÓN DE LOS RESTOS DE GRAU
Once años después del combate naval de Angamos regresaron a su patria los restos del
almirante Miguel Grau, que reposaban en Santiago en la cripta de su cuñado, el Almirante
Oscar Viel, así como el de los de varios oficiales, soldados y marinos peruanos que
murieron durante la Guerra del Pacífico527. El 11 de julio de 1890, el trasporte Santa Rosa de
Lima y el crucero Lima, acompañados por el crucero chileno Esmeralda, atracaron en El
Callao.
Antes se trasladó al sur una comisión peruana para cumplir esta tarea.
En el momento de la entrega en Santiago, se rindieron honores a Grau y a sus
compañeros, en presencia del Presidente José Manuel Balmaceda y de sus ministros de
Estado. Al llegar el convoy a Valparaíso, la Esmeralda disparó un cañonazo y cada cinco
minutos otro, hasta que las urnas fueron depositadas en los buques peruanos. Viajó con
ellos una comisión oficial, que presidió el Obispo de la Serena, Monseñor Florencio
Fontecilla528.
La comisión designada por el gobierno peruano los recibió el día 15. El 16 hubo un servicio
fúnebre en la iglesia de La Merced, en presencia del Presidente de la República, del cuerpo
diplomático, funcionarios de gobierno, la delegación chilena y de muchas otras
personalidades. Los días 15 y 16 de julio fueron declarados días de duelo nacional.
Benicio Álamos concluye que estos actos han ayudado a “robustecer la simpatía que
comienza a nacer en uno y otro país y que están destinados a borrar odios y pasiones que
engendra la guerra”529. Una apreciación laudable, aunque más que prematura.
5. PRIMERA PIEDRA DEL MONUMENTO AL LIBERTADOR SAN
MARTÍN, EN LIMA
El 28 de julio de 1890, con motivo de conmemorarse el día nacional, se colocó en Lima la
primera piedra de un monumento en memoria del Libertador José de San Martín. Este
ilustre argentino ha sido y es una figura reverenciada en Perú por su rol inicial en la obra
de la emancipación nacional, que luego concluyeran Bolívar y Sucre.
527
30 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº89, Lima, 12-7-1890, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Álamos menciona entre los restos los del Coronel Francisco Bolognesi. Sin
embargo, Basadre los omite.
528
31 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VII. Págs. 192 a 194.
529
32 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº89, Lima, 12-7-1890, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
En esta oportunidad, el director de la Biblioteca Nacional, el famoso escritor y poeta
Ricardo Palma, leyó unos versos. En ellos, acusó a Chile de haber provocado en América la
guerra fratricida de Caín y Abel.
A la ceremonia concurrieron el Presidente de la República, los miembros del gabinete, el
cuerpo diplomático y numerosas personalidades.
Asistió por cierto Benicio Álamos. Después hubo una recepción en el palacio de Pizarro.
Allí, el Jefe del Estado y otras personalidades expresaron al diplomático el desagrado que
le causaron aquellos inesperados versos. Se empeñaron en asegurarle, también, que esta
intervención carecía de carácter oficial (no obstante la función pública que desempeñaba
el célebre perúanista) y que ya se solicitó a la prensa que no publicase aquellas estrofas 530.
Aún así, Álamos envió una nota al ministro de relaciones exteriores, Manuel Irigoyen, quien
—en su respuesta— le reiteró el carácter no oficial de este discurso y le expresó:
“Séame permitido agregar que el Perú reconoce siempre que la expedición libertadora
enviada por Chile y capitaneada por el General San Martín, inició eficazmente la
independencia peruana y contribuyó a evitar que se prolongase indefinidamente la guerra
entre las antiguas colonias y la Madre Patria”531.
6. REVOLUCIÓN EN CHILE
No nos detendremos a analizar las causas de la revolución que derrocó al Presidente
Balmaceda, pues no corresponde a la naturaleza de esta obra.
Sí recordaremos que, el 1 de enero de 1891, un grupo numeroso de senadores y diputados
suscribió la llamada Acta del Congreso Nacional. En ella se buscó demostrar que el
mandatario violó el orden constitucional y, por consiguiente, se hallaba imposibilitado para
continuar ejerciendo sus funciones.
Asimismo se designó al capitán de navío Jorge Montt para que “coadyuve a la acción del
Congreso a fin de restablecer el imperio de la Constitución”.
Desde el momento en que se observó que el ejército no se plegaría a este movimiento, la
escuadra se sublevó con Montt a la cabeza, el 6 de enero, y zarpó rumbo al norte. A partir
de ese hecho, Balmaceda asume la totalidad del poder. Así se interrumpieron más de cinco
décadas de normalidad constitucional, que distinguieron a la vida política chilena.
El ministro Álamos recibió en Lima un telegrama de La Moneda donde se le comunicaron
estos hechos. Inmediatamente se acercó al Presidente de la República, coronel Remigio
Morales Bermúdez, y a su ministro de relaciones exteriores, Alberto Elmore. Ambos le
expresaron que el gobierno guardará la más completa neutralidad, de acuerdo con la
Constitución y los principios del derecho internacional. La prensa limeña comentó
extensamente lo ocurrido y deploró la interrupción del orden constitucional 532.
Algunas semanas después, al mando del coronel Arrate, desembarcan en territorio

530
33 MINREL. LEGACION DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº101, Lima, 30-7-1890, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
531
34 MINREL. Oficio Nº101, Lima, 30-7-1890, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
532
35 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1890. Oficio Nº5, Lima, 10-1-1891, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
peruano tropas armadas chilenas con el ánimo de dirigirse a Tacna. Ello produjo en Lima
cierto revuelo en la opinión pública 533. Según comunicó el Canciller chileno Ricardo Cruzat,
dicha expedición se vio obligada a ese desembarco por una descompostura del vapor en
que viajaban las tropas. Cruzat confiaba en que quedaría establecido que no hubo ánimo
de ofender la soberanía peruana y que la neutralidad sería mantenida 534.
El agente diplomático informa a Santiago que estas fuerzas fueron trasladadas a Arequipa.
El gobierno de Morales Bermúdez sostiene que la neutralidad obliga a internarlas. Álamos
expresa, en cambio, que Lima no ha reconocido la beligerancia de los revolucionarios y
que para Perú solo existe el gobierno de Balmaceda, al que no le puede limitar el uso de
sus elementos bélicos535. La administración peruana se manifiesta descontenta porque no
se le ha dado una satisfacción por esta incursión en su suelo536.
En mayo de 1891, llegó a Lima, con el título de enviado extraordinario y ministro
plenipotenciario de la Junta de Iquique, Javier Vial Solar. Le acompañaban Lorenzo Montt,
en calidad de secretario, y el oficial de ejército Juan García Valdivieso. Después de tomar
contacto con la prensa, Vial se dirigió al Ministro Elmore, pidiendo que se le indicase el día
en que podría presentar sus credenciales al Presidente. Elmore le manifestó que
transmitiría al Jefe del Estado su petición. Empero, le agregó que según los principios del
derecho internacional y dado que la junta revolucionaria carecía de título legal, su deseo
no podía ser aceptado. Vial alegó en favor de su pretensión según relata Álamos— que los
revolucionarios contaban con las rentas de Tarapacá, superiores a las del resto de la
república, que Francia prohibió la salida de unos cruceros para Balmaceda y que los
banqueros europeos se negaban a entregarle los fondos que tenía en Hamburgo. Al
parecer, Elmore dio poco crédito a estas últimas dos afirmaciones. La alusión a las rentas
de Tarapacá no debió ser grata, tanto a él como al Presidente Morales Bermúdez.
Este último, además, nació en esa provincia537.
Derrotado el Presidente Balmaceda por las fuerzas revolucionarias, el 23 de diciembre de
1891 asumió el mando supremo el capitán Jorge Montt.
Fue designado ministro en Perú Javier Vial Solar. Su misión se prolongó hasta el 14 de
septiembre de 1894, fecha en que debió ponerle término por las razones que explicaremos
más adelante.
En 1893, el ministro de relaciones exteriores Ramón Ribeyro comunicó a Vial que el
armamento de la división Arrate fue entregado al cónsul de Chile en El Callao, a fin de que
lo devolviera a su patria de origen538.

533
36 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1890. Oficio Nº9, Lima, 21-2-1891, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
534
37 MINREL. OFICIOS DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE A LA LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1891-92. Oficio
Nº3452, Santiago, 13-3-1891, de Ricardo Cruzat, Ministro de RR.EE. de Chile, a Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú.
535
38 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1890. Oficio Nº30, Lima, 4-5-1891, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
536
39 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1890. Oficio Nº35, Lima, 25-5-1891, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
537
40 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1890. Oficio Nº30, Lima, 4-5-1891, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
7. LA DEUDA ANGLO-PERUANA
El Presidente Cáceres enfrentó el difícil problema de la deuda externa, que se arrastraba
desde antes de la Guerra del Pacífico, y a la que nos hemos referido precedentemente.
A partir de 1867, el Estado quiso independizarse de la avidez de los consignatarios del
guano, quienes proporcionaban los ingresos con que se financiaba el presupuesto fiscal.
En 1869, se modificó aquella política, mas la nación cayó en manos del banquero galo
Auguste Dreyfus, tanto o más codicioso que los anteriores, y muy relacionado con Nicolás
de Piérola, en ese momento ministro de Hacienda539.
Un decreto de 1880, mientras don Nicolás se desempeñaba como dictador durante la
conflagración bélica, dispuso que los acreedores extranjeros perdieron el derecho de
cobrar a Perú, pues el territorio que producía esta riqueza se hallaba ahora en poder del
enemigo.
Los acreedores empezaron a sostener que Chile debía responder, ya que poseía la rica
provincia de Tarapacá, que habría servido de hipoteca para tales préstamos, esto es, como
una garantía real que continuaba gravando el bien quien quiera que fuese el dueño. La
Cancillería de Santiago rechazó tal exigencia, pues en el Tratado de Ancón se estableció
que Perú entregó Tarapacá a Chile soberanamente, para compensarle de los perjuicios que
le causó el conflicto. Así lo reconoció Europa, cuando Turquía indemnizó de sus gastos al
vencedor cediéndole territorio a Rusia540. Aplicarle un derecho internacional distinto a esta
república sudamericana, querría decir que habría uno para los pueblos civilizados y otro
para los pueblos “berberiscos”541, o subdesarrollados, como diríamos hoy.
Durante la presencia de sus fuerzas armadas en Perú, Chile permitió a los consignatarios
extranjeros seguir exportando guano del territorio ocupado.
Posteriormente, a raíz de la visita del inglés John Procter, que representaba al comité de
bondholders de Londres, Chile regularizó esta situación. Por medio del decreto tantas veces
aludido del ministro de Hacienda, del 9 de febrero de 1882, se autorizó a los acreedores de
Perú que tuvieran títulos de créditos emitidos por los guanos, la venta de un millón de
toneladas de esa sustancia, cuyo producto se distribuiría por partes iguales entre el Estado
chileno y aquellos acreedores.
En el Tratado de Paz y Amistad, ambos contendientes ratificaron lo anterior.
Y en su cláusula X, Chile se impuso la obligación de ceder a Perú el 50% del guano de las
Islas de Lobos. Perseguía frenar las pretensiones europeas.
“El 1º de enero de 1876, —escribe Jonathan Levin— cuando la deuda exterior era de
31.840.220 libras esterlinas, el gobierno de Perú suspendió el pago de sus títulos de la

538
41 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio Nº2, Lima, 16-1-1893, de Javier Vial Solar, Ministro de
Chile en Perú, al Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
539
42 Frederick B. Pike: “Modern history of Perú”. Frederick A. Praeger, Publishers. New York-Washington. 1967. Pág. 124.
540
43 El tratado de San Stefano, del 3-3-1878, consignó esta doctrina, que fue reiterada en el Congreso de Berlín, del 13-6 al
13-7-1878.
541
44 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1887-1889. Oficio Nº124, Lima, 7-9-1888, de Benicio Álamos, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
deuda pública y quedó en mora. El gobierno peruano estaba en bancarrota” 542. Después
estos bonos, tan depreciados, pasaron a manos de especuladores que buscaban jugosas
ganancias a costa del triunfador en la guerra, con el apoyo de gobiernos del Viejo
Mundo543.
En 1886, Miguel P. Grace se presentó en Lima. Era hermano de William R. Grace, jefe de la
casa norteamericana del mismo nombre, firmemente establecida en esa ciudad. Este
visitante venía en representación de los bonistas del comité de Londres, cuyas acreencias
—hasta octubre de 1888— el ministro de relaciones exteriores de Chile estimaba en 32
millones de libras esterlinas, aproximadamente. Se distribuían así: en favor de los súbditos
británicos, 26 millones de libras, o sea, el 80% del total, y el 20% restante para ciudadanos
franceses y súbditos holandeses y belgas544. Las acreencias francesas registradas en
Londres alcanzaban a 1.681.940 de libras esterlinas.
Dicho grupo pretendía la reanudación del servicio de los bonos emitidos a fines de 1860 y
durante la década de 1870, que avaluaba entre 40 y 50 millones de libras esterlinas, valor
nominal como hemos indicado, pues su valor real era bastante menor, por no decir ínfimo.
Los créditos concedidos a Perú, entre 1869, 1870 y 1872, fueron obtenidos con garantía del
guano, de los ferrocarriles que se construirían y de las rentas aduaneras. “Además —
recuerda el historiador Basadre— se les acordó la garantía general de los bienes y rentas
de la nación”545.
La negociación que se entabló, en 1886, se conoció con el nombre del “contrato Grace”.
Después se denominó “contrato Tyler-Araníbar”. Muchos la calificaron como un simple
“volador de luces”, que solo intentaba valorizar los bonos existentes 546.
Según informó Benicio Álamos, Grace presentó un proyecto leonino para relevar a Perú de
toda responsabilidad de los citados empréstitos, “sin que esto perjudique las reclamaciones
de los tenedores de bonos contra quien corresponde la otra mitad de la deuda” 547. Grace
pedía, a cambio de ello, la entrega de los ferrocarriles, el privilegio de operar ciertas minas,
la explotación del petróleo, la liberación de todo impuesto de exportación para el carbón
de Chimbote, el derecho de exportar guano, etc.
El contrato mereció variadas e importantes críticas en Perú. José María Químper lo objetó y
vio, extrañamente en él, la mano oscura de Chile548.
Grace presentó el 14 de diciembre de 1886 un nuevo proyecto, que suavizó las

542
45 Enrique Amayo: “La política británica en la Guerra del Pacífico”. Editorial Horizonte. Lima. 1988. Pág. 87. Trascribe cita
de Jonathan Levin, autor de “The export economies. Their pattern of development in historical perspective”. Cambridge,
Harvard University Press, 1960.
543
46 Gonzalo Vial: “Historia de Chile (1891-1973)”. Editorial Santillana. Santiago. 1981 Pág.311.
544
47 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1889-90. Oficio circular Nº564, Santiago, 27-9-1889, de Eduardo Matte, Ministro de RR.EE. de Chile, a Benicio Álamos,
Ministro de Chile en Perú.
545
48 Jorge Basadre, op. cit. Vol. VII. Pág. 68.
546
49 Gonzalo Vial, op. cit. Tomo I. Pág. 314.
547
50 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1886. Oficio Nº80, Lima, 4-12-1886, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, a Francisco Freire, Ministro de RR.EE de Chile.
548
51 Jorge Basadre, op. cit. Vol. VII. Pág. 72.
condiciones del primero. Las autoridades del Rímac lo aceptaron.
En vista de que Grace no tenía facultades para suscribirlo en su totalidad, el fiscal de la
nación, José Araníbar, viajó a Europa. Allá firmó, el 26 de mayo de 1887, un convenio con
Sir Henry W. Tyler, presidente del comité de bondholders, y con Miguel P. Grace y Gerald
Augustus Ollard549. El Presidente Cáceres sometió este acuerdo —denominado Tyler-
Araníbar— al Congreso, el 28 de julio del mismo año.
Su primera cláusula estipula la entrega por sesenta y seis años de las líneas férreas del
Estado y de todo el guano descubierto y por descubrir, a cambio de eximirle de sus
responsabilidades por los empréstitos suscritos por el Presidente Balta. A su vez, el comité
se obliga a entregar la mitad de los bonos cancelados con sus respectivos cupones
vencidos y no pagados. La cláusula décimoquinta le concede el derecho de exportar
guano, debiendo respetar las condiciones del Pacto de Ancón, pero solo “en cuanto se
refiere a la explotación”. Y la décimonovena agrega: “El comité declara también que él
conservará la posesión de la otra mitad de bonos para cobrarla de quien corresponda...”
. Indudablemente, se refería a Chile. Además, el comité sostuvo que tenía un derecho
perfecto, no solo de los guanos peruanos, sino también un título hipotecario que afectaba
a la provincia de Tarapacá550.
El ministro Álamos observó con recelo que se entregase a especuladores extranjeros,
súbditos o ciudadanos de naciones poderosas una parte de la soberanía peruana. No le
correspondía, por cierto, ni era prudente que iniciara gestión alguna. Empero —y sin
autorización oficial— la hizo en nombre propio ante el Canciller peruano, a fin de
disuadirle de aceptar esas disposiciones. De todo ello informó a Santiago 551. Para colmo, La
Moneda la hizo suya, mezclándose equivocadamente en una ácida discusión con el
Gobierno de Su Majestad Británica, que apoyaba el proyecto y los intereses de los bonistas
de Londres552. Esta intromisión chilena también irritó a la opinión pública peruana.
Las autoridades de Santiago juzgaron que la cláusula décimoquinta de este nuevo contrato
vulneraba los derechos que se reservó para impedir que se le hiciera competencia, en la
venta de aquella sustancia. La décimonovena la estimó abiertamente contraria al artículo
VIII del Tratado de Paz y Amistad, que consignaba que Chile “no reconoce créditos de
ninguna clase que afecten a los nuevos territorios que adquiere por el presente Tratado,
cualquiera que sea su naturaleza y procedencia”. El ministro Miguel Luis Amunátegui
ordena a Álamos que “exija inmediatamente” que se dilate cualquiera resolución sobre el
particular553.
El canciller Chacaltana tranquilizó al agente diplomático. Le expuso que su gobierno ya
549
52 Jorge Basadre, op. cit. Vol. VII. Pág. 75.
550
53 Memoria del Ministro de RR.EE. presentada al Congreso Nacional en 1892. Santiago. Pág. XXXIII.
551
54 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA DIRIGIDA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1886-87. Oficio Nº92, Lima, 30-7-1887, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú, a Miguel Luis Amunátegui, Ministro de
RR.EE. de Chile.
552
55 Memoria de Ministro de RR.EE., Culto y Colonización presentada al Congreso Nacional en 1890. Pág. 209. Nota del
Ministro inglés W.H. Newman a Demetrio Lastarria, Ministro de RR.EE. de Chile.
553
56 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA DIRIGIDA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1886-87. Oficio Nº99, Lima, 5-8-1887, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú, a Miguel Luis Amunátegui, Ministro de
RR.EE. de Chile.
había suprimido del primer proyecto la parte que mencionaba la eventual responsabilidad
chilena.
Álamos le replicó que la referencia a un tercero en el pago de la deuda, contenida en el
segundo contrato, tácitamente afectaba a su patria mientras no se hiciese una declaración
explícita en contrario. En vista de que dos de los signatarios residían en Londres,
Chacaltana sostuvo, entonces, que el camino más expedito sería que su gobierno enviase
una nota aclaratoria al Congreso, en donde haría constar que se respetarían todas las
condiciones del Pacto de Ancón.
Amunátegui, insatisfecho con ese ofrecimiento que no comprometía a los británicos,
ordena al ministro que reanude sus conversaciones: aquella estipulación viola el Tratado
de 1883. Al mismo tiempo, comunica a los gobiernos americanos —innecesariamente— el
peligro que corría la soberanía peruana, recordando acaso los infelices tiempos de la
ocupación de las islas Chincha por España, en 1864 554. Expresó que estas concesiones
serían peligrosas para los Estados vecinos 555. Ellas “revestían caracteres alarmantes para la
política comercial de la costa del Pacífico” 556.
El agente conversó de nuevo con el canciller, quien para mala suerte del primero ya
conocía el texto del mensaje chileno, debido a que el empleado del telégrafo que lo
recibió estaba emparentado con el ministro Manuel Irigoyen.
Visto lo cual, el diplomático optó por imponerle de todo su contenido.
Chacaltana le contestó que no tenía inconveniente en acoger la primera parte, pero “que
las observaciones relacionadas con el fondo del contrato le parecían ofensivas a la
soberanía del Perú”. Las rechazaba y le agregó que eran contraproducentes. Impulsarían
por ese solo hecho —los resquemores antichilenos— a que el poder legislativo aprobase
un contrato que no se sabía si contaba con mayoría en las Cámaras 557.
A continuación, se produjo un intercambio de notas entre Álamos y el nuevo secretario de
Estado, Carlos M. Elías. El 7 de septiembre, el diplomático le pide una réplica escrita relativa
a sus conversaciones con Chacaltana.
Elías, dos días después, le responde:
“...en vista de las dificultades a que había dado origen las observaciones hechas por V.E., mi
Gobierno había resuelto no someter a la consideración del Congreso Nacional dicho
proyecto de contrato, habiendo desaparecido de este modo el fundamento de las
observaciones de V.E.”558.

554
57 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1887. Nota, Santiago, 4-8-1887, de Miguel Luis Amunátegui, Ministro de RR.EE. de Chile, a los miembros del Cuerpo
Diplomático americano residente en Santiago.
555
58 MINFREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA DIRIGIDA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1886-87. Oficio Nº100, Lima, 13-8-1887, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú, a Miguel Luis Amunátegui, Ministro
de RR.EE. de Chile.
556
59 Memoria del Ministro de RR.EE., Culto y Colonización al Congreso Nacional en 1890. Contiene oficio circular a los
diplomáticos chilenos, de 28-3-1889.
557
60 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA DIRIGIDA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1886-87. Oficio Nº100, Lima, 13-8-1887, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú, a Miguel Luis Amunátegui, Ministro
de RR.EE. de Chile.
El 22 de septiembre de 1887, el agente de La Moneda le escribe una segunda
comunicación que, en sus partes más sustanciales, reza así:
“Mi Gobierno tomando nota de esta resolución de V.E. de no llevar a efecto aquel proyecto
de contrato, me encarga dejar constancia permanente, en resguardo de sus derechos, de las
observaciones que, apoyado en el Tratado de Paz de 1883, hice, en su nombre, sobre las
cláusulas 15 y 19, observaciones que el Gobierno de V.E., como me ha sido grato
comunicarlo al mío, me manifestó siempre dispuesto a satisfacer.
En consecuencia, tengo la honra de consignarlas en la presente nota”.
Más adelante agrega:
“La cláusula 15 del referido proyecto era contraria al Tratado de Paz, por cuanto en ella solo
se reservaban los derechos del Gobierno de Chile a la explotación del guano y no igualmente
a la venta de dicha sustancia, conforme a lo estipulado en los artículos IV, V y IX de aquel
Tratado.
Respecto de esta cláusula era indispensable que se hablase en ellos no solo de explotación
sino también de venta del guano, en conformidad estricta con aquellos artículos.
La cláusula 19 era contraria al mismo referido Tratado de Paz, por cuanto en ella se
pretendía atribuir a Chile en la deuda del Perú una responsabilidad en oposición a su
artículo VIII.
Manifesté, en consecuencia, con relación a esta cláusula, al de V.E., que mi Gobierno exigía
que en cualquier convenio entre el Gobierno del Perú y los tenedores de bonos de su deuda
externa quedase claramente establecido que Chile no tiene más responsabilidad por la
deuda del Perú que las expresamente mencionadas en los artículos IV, VII y VIII del Tratado
de Paz; y que, por lo tanto, era inadmisible que se declarase respecto del Perú, cancelada
sólo una parte de la deuda, dando a entender de esa manera que el resto de ella pretendía
exigirse a Chile.
Tales fueron, fielmente extractadas, las observaciones que sobre las cláusulas 15 y 19 del
contrato Araníbar, tuve el honor de hacer verbalmente al Gobierno del Perú, en
representación del Gobierno de Chile, y que, en cumplimiento de mis instrucciones, dejo
confirmadas en la presente comunicación”
559
.
Elías prestó su conformidad a estos planteamientos. Sin embargo, no desperdició la
oportunidad para recordarle que rechazaba cualquiera observación que “pudiese envolver
el desconocimiento de los derechos inalienables de la República como nación soberana e
independiente”560. Un reproche por la inoportuna intromisión chilena.
La Cámara censuró al gabinete y circuló el rumor de que la “exigencia” chilena fue la causa
de este voto, pues tornaba irrealizable el contrato. Se presentaba al vecino del sur como el

558
61 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1887. Nota Nº4, Lima, 9-9-1887, de Carlos M. Elías, Ministro de RR.EE. de
Perú, a Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú. Ver Oficio Nº129 citado más abajo.
559
62 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1887. Oficio Nº129, Lima, 1-X-1887, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, a Miguel Luis Amunátegui, Ministro de RR.EE. de Chile.
560
63 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1887. Oficio Nº129 antes citado.
obstáculo para la recuperación financiera y económica de la nación. Elías se defendió y se
limitó a reiterar las estipulaciones del Tratado de Ancón: Chile no podía más que atenerse
a sus artículos IV, VII y VIII561.
El 28 de septiembre, Cáceres dispuso el retiro del convenio Tyler-Araníbar. Comenzó una
nueva gestión con el conde de Donoughmore, que también representaba al comité de
Londres y que llegó a Lima por esa fecha562.
Este hábil negociador deseaba lograr un arreglo según las bases del firmado el 26 de mayo
de 1887 por Araníbar y Tyler, “con o sin las modificaciones, alteraciones, cambios,
agregados y artículos suplementarios que las exigencias del tiempo, lugar y circunstancias
lo requieran”. Cáceres envía al Congreso el nuevo contrato, en que se establezca la
irresponsabilidad chilena.
El 12 de octubre de 1888, Álamos recibió instrucciones para obtener una declaración en
que se explicitase que la responsabilidad peruana era por el total de la deuda. En otras
palabras, que no existía un saldo insoluto imputable a Chile. La Moneda ya tenía
conocimiento de que el gobierno británico aconsejaba a los bondholders que aceptaran
una redacción de la cláusula diecinueve que consignara la extinción de la responsabilidad
peruana, mas comprometiéndose eso sí el gabinete de Su Majestad para sostener
diplomáticamente las pretensiones de los tenedores en Santiago.
Mientras tanto, la Cámara de Diputados rechazó el contrato. Propuesto por una segunda
vez, las comisiones de hacienda y obras públicas le agregaron una cláusula que esta vez
salvaba a Chile de nuevas responsabilidades, y que decía así:
“Este contrato no se opone al derecho que los tenedores de bonos tienen contra el Gobierno
de Chile, cuya responsabilidad, respecto de la deuda del Perú, está limitada a lo
expresamente mencionado en las cláusulas primera, séptima y octava del tratado de
Ancón”563.
Donoughmore la rechazó porque exime a Chile de asumir nuevos compromisos.
Sus activos cabildeos fructifican. El convenio definitivo no incorpora dicha cláusula
adicional, aunque el poder ejecutivo estaría facultado para reponerla siempre que quedase
eliminada toda responsabilidad peruana. Ello significaba que la cláusula podría sobrevivir si
los bondholders la aceptasen y liberasen de obligaciones a los peruanos. Donoughmore
puso su precio: cuatro millones de libras esterlinas más para los tenedores, que pagaría
Chile, que solo estaba pensando en 300.000 libras 564. Y, peor aún para La Moneda,
quedaban excluidos los restantes bonistas que no formaban parte del comité de Londres,
especialmente la poderosa casa Dreyfus.
La Cámara de Diputados desautorizó tanto el convenio como el protocolo adicional. El

561
64 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA DIRIGIDA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1886-87. Oficio Nº135, Lima, 8-X-1887, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
562
65 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. I887-89. Oficio Nº117, Lima, 28-8-1888, de Benicio Álamos, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
563
66 Memoria del Ministro de Relaciones Exteriores, Culto y Colonización presentada al Congreso Nacional en 1890. Pág.
239.
564
67 Gonzalo Vial, op. cit. Vol. 1 Tomo 1. Pág. 315.
ministro de hacienda los retiró 565. Días más tarde, Cáceres clausuró el Congreso. Convocó a
elecciones y se deshizo de los opositores más virulentos, que remplazó por representantes
dóciles566. El procedimiento empleado evidentemente violó la Constitución. Sin embargo,
permitió al Presidente la aprobación de la negociación Donoughmore-Aspíllaga, el 25 de
octubre de 1889. En respuesta a las solicitudes chilenas, ese mismo día, el ejecutivo hizo
aprobar una ley, según la cual se le autorizó para incorporar en la escritura del contrato
con los tenedores de bonos, una cláusula que establecía que la responsabilidad de Chile se
limitaba a lo expresamente mencionado en los artículos tantas veces aludidos del Tratado
de Ancón. Con todo, quedó pendiente la reclamación francesa y la presión sobre Chile.
Frente a las exigencias del incesante Donoughmore y de Lima, Chile equivocadamente se
doblega y suscribe, el 8 de enero de 1890, con el ministro peruano en Santiago, el llamado
protocolo Castellón-Elías, cuyo beneficiado es el comité de Londres. A fin de allanar las
dificultades que le generaron a Perú los empréstitos de 1869, 1870 y 72, La Moneda cedió
a aquella nación, en virtud del artículo 1º de ese instrumento, gratuita y espontáneamente,
aun aquella parte que anteriormente le había correspondido a Chile, en la venta y
explotación de las guaneras:
“A. El cincuenta por ciento del producto líquido de los guanos vendidos desde el 9 de febrero
de 1882, hasta la fecha en que se liquide la explotación de este abono por cuenta del
Gobierno de Chile y sea transferida, así como las covaderas de que más adelante se hablará,
al comité que representa a los tenedores de bonos de aquellos empréstitos. El producto de
esta explotación, o sea el cincuenta por ciento, se ha depositado por Chile y seguirá
depositándose hasta la indicada liquidación en el Banco de Inglaterra; y deberá ser
distribuido en conformidad a los artículos IV, VII y VIII del Tratado de Paz de 1883.
B. Todos los depósitos de guano que existan o puedan existir en las covaderas de Guanillos,
Pabellón de Pica, Punta de Lobos e Islas de Lobos, o sean únicamente aquellos que por el
Tratado de Paz tienen participación los acreedores del Perú, debiendo hacerse la explotación,
por lo que respecta a Tarapacá, dentro de un plazo máximo de ocho años, después del cual
Chile recobrará dichas covaderas en el estado en que se encuentren, si es que nos las hubiere
recobrado antes por agotamiento de los guanos.
Trascurrido cuatro años desde esta fecha, Chile podrá explotar libremente las covaderas de
su pertenencia no comprendidas en el presente Convenio, sin perjuicio de que en todo
tiempo y sin limitación alguna, pueda hacerlo para satisfacer las necesidades de su consumo
interno.
C. El ochenta por ciento de todo el producto líquido que Chile ha percibido desde el 9 de
febrero de 1882, hasta la fecha y el que le corresponda percibir por los guanos exportados
que están en vía de realización y por los que se exporten y vendan hasta el día en que el
Perú transfiera al Comité que representa a los tenedores de sus bonos la posesión de las
covaderas mencionadas en el inciso anterior. Esta suma la pagará Chile con bonos del cuatro
y medio por ciento y medio por ciento de amortización acumulativa y a la par; o con el valor
equivalente en bonos del cuatro por ciento y uno por ciento de amortización acumulativa”.

565
68 Jorge Basadre, op. cit. Vol. VII. Pág. 79.
566
69 Frederick B. Pike, op. cit. Pág. 154.
Más adelante, Perú se compromete a obtener de Donoughmore la completa cancelación
de los bonos que corresponden a los préstamos de 1869, 1870 y 1872, así como “el
reconocimiento de la absoluta irresponsabilidad de Chile” 567.
Promulgado en Santiago el protocolo Castellón-Elías como ley de la república, Perú dio
curso al convenio Aspíllaga-Donoughmore, y suscribió un contrato de trasferencia de las
concesiones chilenas al grupo que dirigía el infatigable Lord. Inmediatamente, el
encargado de negocios de Francia cursó una nota a Irigoyen, con el fin de reiterarle las
más terminantes reservas en favor de los acreedores hipotecarios franceses 568. Irigoyen le
responde que los únicos acreedores que tenían créditos fundados con la garantía del
guano eran los bonistas que representaba Lord Donoughmore 569, entre los que había
también franceses (pero no Dreyfus).
El protocolo Castellón-Elías suscitó interpretaciones contrapuestas. Perú juzgaba que no
solo los valores detallados en las cláusula B y C debían ser entregados al comité de
Londres, sino que también el 50% del producto neto del guano depositado en el Banco de
Inglaterra. Según los términos de la cláusula A, esta suma correspondía distribuirla
conforme a los artículos IV, VII y VIII del Pacto de Ancón. Lamentablemente, el olvidadizo
Castellón no citó el VI, que estableció el arbitraje. Esta omisión —entendía Perú—
derogaba el Tratado de Paz y Amistad y le cedía el depósito del Banco de Inglaterra, sin las
formalidades de un juicio arbitral.
Chile considera, en cambio, que el depósito de Londres —conforme el artículo 13 del
decreto de 1882 y el artículo IV del Pacto de Ancón— pertenece a todos los acreedores
que tengan créditos garantidos con el guano (así participarán los franceses vinculados a
Dreyfus). Después de varias conferencias entre el Canciller chileno y el plenipotenciario
peruano, se suscribió el protocolo Tocornal-Elías, del 7 de octubre de 1890, que no resolvió
enteramente las complejas cuestiones que se suscitaban en torno a las acreencias del
comité de Londres y de Francia.
8. MISIÓN DE AUGUSTO MATTE EN LIMA
El 11 de febrero de 1888, Álamos recibe instrucciones de proponer la solución inmediata
de la cuestión de Tacna y Arica. Para este efecto, se le señalan cuatro bases, que permiten
igualmente deshacerse de las reclamaciones de los bonistas ingleses 570.
En virtud de la primera, Chile pagaría a Perú los 10.000.000 por el rescate de esos
territorios: 6.000.000 al contado y el saldo en anualidades de 1.000.000 de pesos en plata.
Conforme a la segunda, Chile entregaría los actuales depósitos de guano de Tarapacá y los

567
70 Ver “Tratados, Convenciones y Arreglos Internacionales de Chile. 1810-1976”. Ley que aprueba un protocolo celebrado
entre Chile y Perú, destinado a fijar las cantidades y efectos que se ceden a Perú para el arreglo de su deuda externa. Ley
promulgada el 20-3-1890. Págs. 97 y 98.
568
71 MINREL. LEGACION DE CHILE EN PERÚ. 1890 Bis. Oficio Nº12, Lima, 23-1-1890, de Benicio Álamos, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Trascribe nota de Enrique Bailly, Encargado de Negocios de Francia en Perú,
de 20-1-1890, al Ministro Irigoyen.
569
72 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1890 Bis. Oficio Nº116, Lima, 30-1-1890, de Benicio Álamos, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Trascribe Nota del Encargado de Negocios de Francia en Perú, Lima, 25-1-
1890, del Ministro Irigoyen.
570
73 MINREL. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE, 1888. Oficio Nº3, 11-2-1888,
Valparaíso, de Augusto Matte, Ministro de RR.EE. de Chile, a Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú.
que se descubrieren. De acuerdo con la tercera, Chile cubriría los 10.000.000 en la forma
siguiente: entregaría 1.000.000 de libras esterlinas en bonos de su deuda de 4,5%
estimados a la par, bajo la condición de que fuesen entregados a los acreedores de Perú,
cuyos títulos aparecieren sustentados con la garantía de esa sustancia.
El resto, hasta completar los 10.000.000, se cancelaría al contado por el gobierno de La
Moneda. Y según la cuarta, Chile cedería los depósitos de guano en actual explotación, con
la obligación de que Lima cumpliera con las obligaciones contraídas con los acreedores de
Perú, conforme lo estipulado en el Pacto de Ancón.
El 12 de marzo, el agente comunica que se acercó a él Emilio Althaus, conocida
personalidad política y activo promotor del contrato con los bondholders.
Althaus le plantea la posibilidad de que Tacna y Arica pasen definitivamente a Chile, sin
plebiscito y antes de los diez años. Detrás de aquella sugerencia, obviamente convivía el
deseo de acelerar la entrega de los 10.000.000 del rescate, y de esta manera resolver la
acuciante cuestión de la deuda externa, que a este personaje le interesaba solucionar.
Entre tanto, como telón de fondo, las relaciones entre Lima y La Paz pasaban por uno de
sus frecuentes vaivenes571.
Álamos, impuesto de que a Althaus le fue ofrecida la legación en Santiago, juzgó que esa
podría ser la razón de su interés. Sin embargo, al saber que tal arreglo era inviable, este
presunto candidato renunció a ella.
El Canciller Augusto Matte recuerda al plenipotenciario una sugerencia que le hizo su
predecesor al ministro peruano en Santiago, Carlos M. Elías.
Es obvio suponer —decía— que ambas se encuentran “conexionadas”. Por cierto, acogió
las palabras de Althaus con el mayor interés, así como la posibilidad de evitar que se siga
señalando a Chile como deudor frente a los bonistas572.
Mas, como el asunto reviste gravedad, sin aparentar interés, el agente debe tratarlo
confidencialmente con el Presidente Cáceres, en primer lugar, y después con la Cancillería.
Observamos aquí una nueva equivocación de La Moneda. La elite chilena olvidaba que, a
consecuencia de la Guerra del Pacífico, se había robustecido el vínculo patriótico que
ligaba a Perú con Tacna y Arica. Este error originó innumerables empeños fallidos, así
como alimentó la irritación que causaba en el Rímac que esta provincia pudiese ser
trasferida a su aliado boliviano del 79. Cortésmente, Perú respondía que no era el
momento todavía, al paso que mencionaba la existencia de un tratado vigente que se
debía cumplir.
Álamos, en audiencia con el gobernante, le escuchó decir que Perú en caso de resultar
victorioso en el plebiscito, carecía de recursos para pagar el rescate de Tacna y Arica.
Aquellos medios que se le ofrecían lo ayudarían a resolver sus problemas económicos 573.

571
74 Jorge Basadre, op. cit. Vol. VII. 1983. Pág. 209.
572
75 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR. EE. DE CHILE. 1888.
Oficio Nº 3, Valparaíso, 11-2-1888, de Augusto Matte, Ministro de RR.RR. de Chile, a Benicio Álamos, Ministro de Chile en
Perú.
573
76 MINREL. LEGACIONES DE CHILE EN PERÚ. 1887-89. Oficio Nº32, Lima, 12-3-1888, de Benicio Álamos, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
Mientras él miraba con simpatía el proyecto, insistía en que la opinión pública lo
rechazaría. Además, ningún gabinete se atrevería a suscribirlo y, probablemente, no
contaría con mayoría en el Congreso. Esto último tenía aires de pretexto, ya que el General
poseía medios para fabricársela, como ya hemos visto...
Cáceres le enseñó un documento suscrito por los candidatos a la presidencia boliviana —
Arce y Camacho— donde se comprometían a trabajar para adquirir Tacna y Arica, tanto
por medios diplomáticos como por la fuerza574.
El Presidente aparentó alarmarse. El diplomático le sugirió que entregase a los periódicos
dicha acta e hiciese ver a sus amigos que más convenía entenderse con Chile.
Por desgracia, acaso alertada desde Perú, la prensa de Santiago tocó el tema con pésimo
efecto en Lima575.
Entonces, el Presidente Balmaceda estimó que Augusto Matte, que había cesado en el
cargo de ministro de Estado y que viajaba al extranjero, sería la personalidad para
encomendarle que resolviese lo que no solucionaba Álamos, y se detuviese en esa
capital576.
El 6 de mayo de 1889, Matte se entrevista con Cáceres 577, cuando aún no se ha
perfeccionado el contrato Aspíllaga-Donoughmore. La misión del ex-Canciller contempla
tres puntos. El primero, lograr de inmediato la incorporación de Tacna y Arica a la
soberanía chilena. El segundo, que el indicado contrato consagre la irresponsabilidad de
Chile respecto de la deuda peruana, conforme a lo estatuido en Ancón. Y, tercero, que
abarque a todos los acreedores peruanos en los arreglos pendientes, inclusive a Dreyfus.
Cáceres le comenta que Tacna y Arica están “definitiva e irrevocablemente” perdidos para
su patria y que la incorporación a Chile vendrá tarde o temprano. Repite, pues, las mismas
expresiones que Lavalle y Castro Saldívar formularon a Novoa, en 1883. Mas, dada la
situación interna, el gobernante reflexiona que nadie se atreverá a dar ese paso. Chile, por
lo tanto, debe dejar “al tiempo su acción”, un tiempo que parcialmente llegaría... en 1929.
Don Augusto se refirió enseguida a los sucesivos contratos suscritos por Perú con los
bonistas de Londres. A pesar de que en Ancón ambas partes pactaron que Chile se hallaba
exento de obligación alguna respecto de la deuda externa peruana, salvo las que se
autoimpuso, en estos nuevos acuerdos se pretendía comprometerlo aún más. Recordemos
la circular de Valderrama de 1880, rápida y vagamente rectificada, y después el faux pas de
Vergara Albano que entreabrió el camino a la codicia de los bondholders, en 1884. A juicio
de este agente oficioso, el único arreglo que cabía sería uno general con todos los
acreedores, en que se estipulase expresamente la irresponsabilidad chilena.

574
77 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1887-89. Oficio Nº32, Lima, 12-3-1888, de Benicio Álamos, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
575
78 MINREL. LEGACIONES DE CHILE EN PERÚ. 1887-89. Oficio Nº58, Lima, 15-5-1888, de Benicio Álamos, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
576
79 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE. 1888.
Oficio Nº522, Santiago, Lima, 18-4-1888, de Demetrio Lastarria, Ministro de RR.EE. de Chile, a Benicio Álamos, Ministo de
Chile en Perú.
577
80 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio s/nº, Lima, 8.5.1889, de Augusto Matte al Ministro de RR.EE.
de Chile.
El Presidente sostiene que su propósito es también llegar a uno con todos, pero estos le
han dificultado el camino, al igual que los partidos de oposición. Añade que la deuda de
Dreyfus es ilegítima, pues los actos del dictador Piérola fueron desautorizados por el poder
legislativo. Por esta razón, el banquero galo debe discutir sus cuentas ante el poder judicial
peruano, recomendación que este rehuye, pues prefiere presionar a través del gobierno de
Francia, y este al de Chile, y por medio de personalidades tan influyentes como el
Presidente Grévy...
Matte le ofrece un préstamo para que pueda resolver estos problemas.
El gobernante queda de meditarlo. Mas teme que la prensa y la opinión pública lo
considere un adelanto del rescate de Tacna y Arica.
Así concluye la primera conversación.
El ministro de relaciones exteriores, Mariano Sánchez Fontecilla, informado de la entrevista,
comunica a Matte que ofrezca a Perú y al conjunto de sus acreedores el 50% del producto
del guano que corresponde a Chile, según los artículos IV y IX del Tratado de Ancón. Así se
saldarían definitivamente todas las acreencias europeas. La situación que se ha creado
empieza a afectar a Chile, en los mercados financieros del Viejo Mundo, donde comienza a
encontrar dificultades para la emisión de nuevos bonos de su deuda externa 578. Sánchez
también quiere saber si Matte estima útil insistir en la gestión sobre Tacna y Arica.
En vista de las seguridades que le dio Cáceres de que no se aprobaría el contrato
Aspíllaga-Donoughmore “sin que expresamente se introdujera una cláusula en que se
dijese, con absoluta claridad, que Chile no tendría sobre sí más responsabilidades que las
determinadas en el Tratado de Ancón”, se acercó al ministro de relaciones exteriores,
Manuel Irigoyen579.
Matte repitió al secretario de Estado íntegramente los conceptos que expresó al
Presidente, relativos a Tacna y Arica y a la totalidad de la deuda peruana.
Irigoyen ratificó las afirmaciones del General y le manifestó asimismo que se procedería en
“todo a satisfacción del gobierno de Chile” y que consultaría a Álamos, llegado el
momento, sobre la redacción de la cláusula pertinente. Además, “lo que no fuera
entenderse amistosamente con Chile —sostuvo— era un yerro seriamente dañoso para el
Perú”.
Sin embargo, su gobierno —le expresó— se ha comprometido con Donoughmore, y al
desandar el camino ya hecho se entraría en un campo de incertidumbres. En suma,
después de las palabras de cortesía, el canciller respondía negativamente a dos de los tres
puntos planteados por Matte.
En cuanto a Tacna y Arica, reiteró los dichos del Presidente. Acaso, después de aprobado el
contrato Donoughmore se podría abordar...
Los intercambios verbales del agente oficioso llegaron rápidamente a los oídos de los

578
81 Memoria del Ministro de RR.EE., Culto y Colonización presentada al Congreso Nacional. 1890. Santiago de Chile.
579
82 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº2, Lima, 11-5-1889, de Augusto Matte al Ministro de RR.EE.
de Chile.
diplomáticos ingleses y franceses en Lima580.
Álamos se entera de que el ministro de Francia celebra por esos días una reunión con
Irigoyen. El conde de Piná de Saint-Didier carece de instrucciones y no conoce las
gestiones que pueda haber hecho su colega, M. de Bacourt, en Santiago. En conversación
con el agente chileno, le expresa que sabe que Perú ha trasmitido al Secretario de Estado,
James G. Blaine, las démarches de Bacourt. Álamos juzga que Piná no quiere entrometerse
en esta cuestión litigiosa, porque desataría una ola de impopularidad en contra de Francia.
Prefiere que Matte le resuelva el problema, sin comprometer al Quai d’Orsay 581.
El Reino Unido ya se hallaba enterado de la misión del enviado chileno, portador de
nuevas concesiones de La Moneda. El Secretario de Negocios Extranjeros, el marqués de
Salisbury, opta por abstenerse de intervenir, sobre todo tratándose de cesiones
territoriales. No le importa que los bonistas se entiendan con Perú o Chile, aunque prefiere
a este último, que le da mayor seguridad jurídica. En efecto, el plenipotenciario británico,
Charles Mansfield, interpretó tal preferencia a causa de la dudosa constitucionalidad del
decreto de Cáceres que canceló los poderes de la minoría, en la Cámara de Diputados, y
que dispuso nuevas elecciones para remplazar a los parlamentarios indóciles. Tampoco
quiere tropiezos con otras naciones —alusión sin duda a Francia— con las cuales Gran
Bretaña aspira a marchar de acuerdo582.
Sánchez Fontecilla continúa inquieto. A pesar de las seguridades ofrecidas, busca saber si
tendrá la facultad de pronunciarse y aprobar previamente el texto del acuerdo que firmen
Aspíllaga y Donoughmore583. En una última reunión con Cáceres e Irigoyen, el agente
oficioso chileno vuelve a tocar el punto. Ambos le responden que omitirán firmar un
acuerdo en que ambas partes no dejen claramente establecida la situación de Chile. De lo
contrario, “no habría contrato alguno”. De este modo, concluyó la misión de Augusto
Matte. Al precio de ceder los guanos, quedar pendiente la deuda francesa y la nacionalidad
definitiva de Tacna y Arica, Matte dejó como saldo de su gestión que se reconociera la
llamada “irresponsabilidad” chilena en la cuestión de la deuda, ya consagrada en Ancón.
Constantemente, Perú ha afirmado que Chile tenía una política sistemática de postergar o
eludir el plebiscito, a que se refería la cláusula 3ª de dicho Pacto. En una carta a su
gobierno, Carlos M. Elías, agente peruano en Santiago, menciona peticiones chilenas para
resolver este litigio, pero al margen de la consulta popular, a cambio de la entrega de un
rescate mayor del acordado en 1883. Después de referirse a la misión de Augusto Matte,
Elías dice:
“Insistí en manifestar a S.E. [el Presidente Balmaceda] que lo relativo a Tacna y Arica hería
profundamente y con razón el sentimiento patriótico de nuestro país, que no se resignaría a

580
83 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº3, Lima, 15-5-1889, de Augusto Matte al Ministro de RR.EE.
de Chile.
581
84 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº79, Lima, 20-5-1889, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE de Chile.
582
85 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº7, Lima, 15-5-1889, de Benicio Álamos, Ministro de Chile en
Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
583
86 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficio Nº4, Lima, 20-5-1889, de Augusto Matte al Ministro de RR.EE.
de Chile.
la pérdida de esas provincias; que así, mi Gobierno deseaba mantener estrictamente las
estipulaciones del tratado de paz, y reservar para la época en él fijada la solución de
problema tan grave como trascendental...”584.
Esta era y sería la posición permanente del Rímac, en lo relativo a dicha provincia, mientras
la chilena fue la inversa hasta 1921.
9. RECLAMACIONES PECUNIARIAS FRANCESAS
Francia protestó, formuló reservas y se opuso a la ejecución de las estipulaciones pactadas
en el protocolo suscrito por el ministro de relaciones exteriores de Chile, Juan Castellón, y
el plenipotenciario peruano, Carlos M.
Elías. Solicitó a La Moneda que retuviese las sumas que entregará, a través de Perú, a la
Perúvian Corporation Ltd., sucesora del comité Donoughmore 585.
En Lima, Álamos conversó con Bailly, el encargado de negocios francés.
Según este último, el Quai d’Orsay argumenta que Dreyfus tiene una hipoteca
internacional sobre los guanos586. A juicio del Quai, los gobiernos no necesitan llenar los
requisitos de escritura pública y de inscripción en registro, que son indispensables a los
particulares para constituir su derecho.
Nuestro agente, adelantándose a los acontecimientos, le expresa que el ministro en misión
especial, François Jules Harmand, que irá a Santiago, no conseguirá nada si formula tales
argumentos. Las hipotecas del banquero galo no son internacionales, pues aquéllas solo se
constituyen de Estado a Estado. Al propio tiempo, le agrega que el pacto de 1883 se
inspiró, a este respecto, en el Tratado de San Stefano, sancionado posteriormente en el
Congreso de Berlín.
El gobierno chileno, deseoso de facilitar sus operaciones crediticias en la Bolsa de París,
que estaban trabadas a causa de los manejos de Dreyfus, consideró aumentar en 4.000.000
de pesos el rescate de Tacna y Arica. El Rímac traspasaría esa cantidad adicional al Estado
francés, toda vez que Tacna y Arica quedasen definitivamente en poder de Chile 587.
Álamos puso esta sugerencia en conocimiento de las autoridades del Rímac. La respuesta
del ministro Irigoyen fue negativa, una vez más 588. Pero, la Cancillería chilena continuó
dándole vueltas a la idea de despejar la situación de sus bonos en Europa y, de paso,
adquirir los departamentos tantas veces mencionados, que después se conocerían, en
Perú, con el nombre de “las cautivas”589.
584
87 Circular [Osma] sobre la cuestión Tacna y Arica. Imprenta Torres Aguirre. Lima. 1901. Pág. 72.
585
88 Memoria del Ministro de RR.EE. y Colonización presentada al Congreso Nacional en 1890. Trascribe nota del Ministro
Henri de Bacourt a Juan Mackenna, Ministro de RR.EE. de Chile. Págs. VII y VIII.
586
89 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1890. Oficio Nº147, Lima, 24-10-1890, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
587
90 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1889-90. Oficio reservado Nº1302, Santiago, 12-4-1890, de Juan E. Mackenna, Ministro de RR.EE. de Chile, a Benicio
Álamos, Ministro de Chile en Perú.
588
91 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1889. Oficios Nº54 y 59, Lima, 7-3- 1890, y 7-3-1890, respectivamente, de
Benicio Álamos, Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
589
92 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE. Oficio
Nº1752, Santiago, 15-7-1890, de Juan E. Mackenna, Ministro de RR.EE. de Chile, a Benicio Álamos, Ministro de Chile en
El Comercio, de Lima, recoge este tema en un artículo. “La aspiración universal en este país
—comenta— es que Tacna y Arica vuelvan a ser peruanos; nadie duda de que si el pacto
de 1883 se cumple honradamente, volverán a serlo... Las negociaciones diplomáticas nada
valdrían a este respecto... No se encontraría en el Perú a ningún gobierno dispuesto a
escucharlas”590.
Como se observa, yacen en el olvido las declaraciones verbales de Lavalle y Castro Saldívar
de que esos territorios serán inexorablemente chilenos, según el artículo III del Tratado de
1883. Igualmente, las del almirante Montero que comentó, en la misma época, en carta a
Carlos M. Elías que su patria en Ancón perdió tres provincias (Tarapacá, Tacna-Arica y
Tarata)591.
La fórmula de La Moneda fue trasmitida también a Hugh Fraser, el agente inglés en
Santiago, quien la acogió. Empero, el marqués de Salisbury la desechó por incorrecta e
irregular, y desaprobó la conducta de Fraser 592.
Repitió, una vez más, que estas cuestiones territoriales son ajenas a los bonistas y solo
conciernen a Chile y Perú.
Como hemos anotado más arriba, el gobierno de París buscó presionar a La Moneda
mediante el envío de un “plenipotenciario en misión especial y temporal”, en la persona
del ya referido François Jules Harmand, hombre de negocios que gozaba de mucho crédito
en su patria, por la facilidad con que arregló los asuntos de Cochinchina 593.
José Miguel Valdés Carrera, ministro de Hacienda durante el gobierno de Balmaceda,
cuenta que hubo chilenos “traidores” que viajaron expresamente a Francia para estimular
las reclamaciones pecuniarias francesas, y que la misión Harmand fue la consecuencia de
esos empeños594. Parecía que el perfume del guano, que enrareció el aire de varios salones
peruanos, ahora inundaba el de ciertas mansiones chilenas, como predijo Lavalle...
El Nacional, de Lima, condena esta acción que solo buscaba el lucro de algunos personajes
de Santiago por intermedio de Dreyfus, y que comprometía las relaciones chileno-
peruanas. De paso aludía a Balmaceda, quien buscaba, a toda costa, la incorporación de
Tacna y Arica, porque sostenía que aseguraba militarmente a Tarapacá 595.
A fines de 1890, Harmand plantea por nota al Canciller Joaquín Godoy que Chile pague
“directamente” a Francia los 56.000.000 de francos que La Moneda ha negociado con Lima.
Se funda —recordemos la conversación de Bailly con Álamos— en que Chile ahora posee
Tarapacá, que Perú dio en hipoteca por esa deuda. Por lo tanto, es el principal deudor.

Perú.
590
93 “El Comercio”, Lima, 28-4-1890.
591
94 Ignacio Santa María: “Antes del Tratado de Ancón”. Revista Chilena de Historia y Geografía. Nº49. Santiago. 1923.
Pág.46.
592
95 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1888. Oficio Nº106, Lima, 7-8-1888, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Trascribe comunicación del Foreign Office, de 26-6-1888, apareció en “El
Comercio”, de Lima, de 4-8-1888.
593
96 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1890. Oficio Nº147, Lima, 24-10-1890, de Benicio Álamos, Ministro de Chile
en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
594
97 José Miguel Valdés Carrera. “La condenación del Ministerio Vicuña”, París, 1893. Pág. 79.
595
98 “El Nacional”, Lima, 8-XI-1890.
Godoy le responde que se entienda con Perú, con quien se ha comprometido la república
a entregarle la suma indicada 596. Por cierto, ello produjo un “cortocircuito” instantáneo con
el Presidente Balmaceda. No acompañó a Harmand la misma suerte que tuvo en
Cochinchina. Sin demora, fue llamado de regreso a París por telégrafo 597.
Chile enfrenta una disyuntiva, aparentemente sin salida: Perú y el Reino Unido reclaman el
pago convenido por Castellón y Elías, y Francia su incumplimiento en beneficio suyo.
La Moneda, un tanto desmemoriada, finalmente se recuerda del arbitraje que contempla el
decreto del Ministro Aldunate de 1882 y también el Tratado de Ancón. El árbitro sería el
presidente de la Corte Federal de la Confederación Suiza. Empero, Gran Bretaña y Perú
rechazan el arbitraje. En el Protocolo Castellón-Elías no hubo referencia a él, ni tampoco al
artículo VI del Tratado de 1883, que vinculaba este recurso judicial con las disposiciones de
aquel decreto. Francia, en cambio, sí lo apoya.
En 1891 se produjo en Chile la revolución contra Balmaceda. Hasta ese momento, los
sacrificios pecuniarios chilenos no le sirvieron a la república, ni a Perú ni a nadie 598.
Una vez instalado en el poder ejecutivo el almirante Jorge Montt, regresa Bacourt a
Santiago, nuevamente como plenipotenciario francés. Celebra conversaciones con Isidoro
Errázuriz, ministro de relaciones exteriores, que culminan con la firma de un protocolo el
23 de julio de 1892. Este instrumento cayó en Lima como una bomba, según relató el
nuevo ministro de Chile, Javier Vial Solar, pero luego la opinión pública se convenció de
que no le quedaba más recurso que conformarse 599.
Allí se acordó la constitución del tribunal arbitral previsto por Aldunate en el decreto de
1882, que presidiría el juez suizo antes nombrado. Se ocuparía de distribuir los fondos
depositados en el Banco de Inglaterra, referidos en la cláusula A del convenio de 1890. Se
estipulaba que Chile cedería en favor de los acreedores franceses, conforme la sentencia
del árbitro, el 20% del producto líquido de la venta del guano que Chile ha percibido
desde 1882 hasta 1890. Reitera las ofertas hechas a Francia, en diversas ocasiones, de
elevar el rescate de Tacna y Arica en 4.000.000 de pesos plata que habrá de recibir Perú,
“dado caso que queden definitivamente incorporados al dominio y soberanía de Chile”,
sumas que pasarían a poder de Francia (digamos de Dreyfus). Queda establecido, también,
que el gobierno chileno “solo responderá del pago de las acreencias reconocidas hasta la
concurrencia de las cantidades que espontáneamente ha cedido u ofrecido en este
Protocolo”
600
.
El 4 de agosto de 1892, Errázuriz y Bacourt firman un segundo protocolo, esta vez secreto.
Chile se compromete a que los 10.000.000 de pesos plata para el rescate de Tacna y Arica,
más los 4.000.000 adicionales, los entregará directamente al gobierno francés o al árbitro,
596
99 MINREL. Antecedentes del Protocolo Errázuriz-Bacourt y los créditos franceses. Memorándum de Luis Arteaga García.
597
100 Gonzalo Vial, op. cit. Tomo 1. Pág. 317.
598
101 Gonzalo Vial, op. cit. Tomo 1. Pág. 318.
599
102 MINREL. CORRESPONDENCIA EPISTOLAR A DIVERSAS LEGACIONES DE CHILE. 1892-93. Carta, Lima, 27-8-
1892, de Javier Vial Solar, Ministro de Chile en Perú, a Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
600
103 Memoria del Ministro de RR.EE. presentada al Congreso Nacional. Santiago. 1892.
de acuerdo con el gobierno peruano, sea por la entrega a esa república de títulos, valores
y documentos que representen esas sumas, que pertenecen a los acreedores franceses,
sea, finalmente, en caso de desacuerdo entre Francia y Perú, aceptando, desde luego, toda
opción al pago que le dirija el gobierno francés 601.
El Quai d’Orsay, acicateado por Dreyfus, pretende la entrega inmediata de esos 14.000.000
de pesos plata en manos del tribunal suizo. El plenipotenciario chileno en Francia, nuestro
conocido Augusto Matte, rechazó este y otros planteamientos similares. El documento
secreto antes mencionado —según expresó a Waldeck-Rousseau, Presidente del Consejo
de Ministros— lo ignoraba el Presidente de la República y menos todavía fue aprobado
por el Congreso. No puede ser invocado como fuente de derecho ni de obligaciones.
Además, el propio Matte se impuso de él casi al término de su misión en París 602.
Durante varios años, impulsada por Dreyfus y sus banqueros, Francia acusó a Chile de
incumplir el protocolo secreto. Desde luego, la cuestión de Tacna y Arica continuaba
pendiente. Por lo mismo, no correspondía desembolsar el rescate de 10.000.000 de pesos
ni los 4.000.000 que Isidoro Errázuriz agregó espontáneamente, a modo de sobreprecio.
No existía, pues, tal incumplimiento. A causa de la interpretación que se dio, en el trascurso
de décadas, los valores chilenos no pudieron cotizarse en la Bolsa de París, con evidente
perjuicio para el buen nombre de Chile, ante la comunidad financiera internacional 603.
Una publicación de La Unión de Valparaíso complicó la situación. Afirmaba que en el
acuerdo Errázuriz-Bacourt (se refiere al primero), La Moneda trasfirió a los acreedores
franceses “el 50% del valor del guano vendido por Chile, que constituye el depósito de
Londres”604.
El encargado de Negocios ad interim de Perú, Manuel A. San Juan, por nota de 7 de agosto
de ese año, sin conocer el texto del documento, protesta porque Chile ha contraído un
compromiso que afecta los intereses de su patria, sin habérselo comunicado. Los franceses
—alega— no tienen por qué recurrir a la vía diplomática en circunstancias de que Perú
tampoco les niega el derecho de pleitear ante los tribunales nacionales 605.
Errázuriz, sin desmentir la existencia del documento, descarta el fondo de la información
de prensa. Le resta jerarquía a San Juan para tratar asuntos de esta clase, pues era un
encargado de negocios interino. En vista de ello, el ministerio de relaciones exteriores de
Perú le envía cartas de gabinete.
San Juan vuelve a la carga y sostiene que Chile está traspasando ahora a los acreedores
franceses lo que ya fue objeto de una cesión gratuita y espontánea a favor del gobierno
peruano. Y advierte que el protocolo que Errázuriz ha firmado con Bacourt se contradice

601
104 MINREL. Memorándum reservado de Luis Arteaga.
602
105 MINREL. Memorándum reservado de Luis Arteaga.
603
106 MINREL. Vol. N º257. Oficio confidencial Nº2, Santiago, 14-2-1914. de Federico Puga, Ministro de RR.EE. de Chile, al
Ministro de Chile en Francia.
604
107 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DEL PERÚ. 1890-92. Nota, Santiago, 7-8-1892, de Manuel A. San Juan,
Encargado de Negocios interino del Perú en Chile, al Sr. Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
605
108 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DEL PERÚ. 1890-92. Nota N°9, Santiago, 10-8-1892, de Manuel A. San Juan,
Encargado de Negocios interino del Perú en Chile, al Sr. Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
con el de Castellón-Elías. Le recuerda la nota de Godoy a Harmand, en que el primero le
expresa que siendo este un negocio que afecta a intereses peruanos, Chile está impedido
de entrar en negociaciones directas con Francia, ni responder por deudas que no le fueron
impuestas en Ancón606.
Según San Juan, la controversia queda planteada en torno al 20% de los guanos. En
conformidad con el artículo 5º del protocolo Errázuriz-Bacourt, Chile cede el 20% a Francia
de todo el producto líquido de la venta de esa sustancia que ha percibido desde 1882
hasta 1890. En cambio, al suscribirse el Protocolo Castellón-Elías, ese 20% sería entregado
gratuitamente a Perú para que lo aplique al pago de acreedores no comprendidos en el
arreglo con Donoughmore, o sea, Dreyfus607.
Por otra parte, impugna la oferta sobre Tacna y Arica, que estimula la codicia de los
“titulados acreedores franceses”, con la consiguiente violación del Tratado de Paz.
Asimismo, recuerda que su Cancillería manifestó al Quai d’Orsay, el 17 de mayo de 1889,
cuán irregular consideraba el procedimiento francés de dirigirse a Chile para que le
entregara directamente el rescate de esas provincias, y contrastaba esa conducta con la del
marqués de Salisbury.
Subraya que la actitud de Chile:
“sienta un precedente funesto en la historia de las repúblicas hispanoamericanas, que con
harta frecuencia han tenido que protestar contra las arbitrariedades y desvaríos de las
fuerzas ostentadas por naciones mucho más poderosas” 608.
Premunido ya de sus cartas de gabinete, San Juan dirige una nueva nota al Canciller 609. En
ella solicita que le precise cuáles son las razones que justifican el arreglo que ha negociado
con Bacourt acerca de las tituladas deudas francesas, sin la anuencia peruana. Parecería
que el fin que perseguiría Bacourt fuera alcanzar el reconocimiento de saldos de Dreyfus
rechazados por Lima. Solo Perú —dice— tiene el derecho de reconocer y liquidar sus
deudas, sobre todo las que proceden de contratos celebrados con particulares,
enteramente ajenos a la acción diplomática y máxime si no hay denegación de justicia.
Acerca de la estipulación del protocolo Castellón-Elías, relativa al depósito en el Banco de
Inglaterra del guano vendido desde 1882, sostiene que no debió procederse sin el parecer
previo de Perú. En lo que se refiere al 20% del producto de esta sustancia trasferida a los
franceses, agrega que fue objeto mucho antes de una cesión que Chile hizo
espontáneamente a Perú.
Y, por último, la cláusula del artículo 5º relativa a Tacna y Arica, su gobierno no la entiende,
es equívoca y contiene graves errores que espera que el Secretario de Estado rectifique.
Por nota del 6 de septiembre, Errázuriz le asevera que la conducta chilena es muy clara,
pues entrega esta cuestión a la decisión de un fallo arbitral (el que Chile olvidó al firmar el
606
109 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DEL PERÚ. 1890-92. Nota Nº9 antes citada.
607
110 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DEL PERÚ. 1890-92. Nota Nº10, Santiago, 17-8-1892, de Manuel A. San Juan,
Encargado de Negocios del Perú en Chile, al Sr. Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
608
111 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DEL PERÚ. 1890-92. Nota Nº10 antes citada.
609
112 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DEL PERÚ. 1890-92. Nota Nº11, Santiago, 24-8-1892, de Manuel A. San Juan,
Encargado de Negocios de Perú en Chile, a Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
protocolo Castellón-Elías)610. Además, le recuerda que La Moneda, en numerosas
oportunidades, expresó a Lima que las concesiones que otorgaría deberían servir para un
arreglo general de la deuda, mas Perú siempre se opuso. Respecto al pago adelantado del
rescate de Tacna y Arica, al que se agregaría una cantidad adicional, esta oferta fue hecha
al Rímac en varias oportunidades, y sometida a su aceptación o rechazo.
La decisión chilena de suspender la ejecución del protocolo Castellón-Elías mientras no se
resuelva la oposición francesa a sus estipulaciones, indujo a Gran Bretaña a terciar en el
debate, pues estaba de por medio el interés de la Perúvian Corporation Limited, sucesora
del comité Donoughmore.
El encargado de negocios británico —conforme instrucciones del Foreign Office— solicitó
a Errázuriz la pronta entrega de los depósitos de guano aludidos en el protocolo Castellón-
Elías, y, en caso de no tener éxito en el arbitraje, el derecho de explotar los de Chipana y
los que se descubrieren en Tarapacá e islas adyacentes, además de otras exigencias que
fueron rechazadas por el Ministro. El plenipotenciario del Reino Unido en Lima comunicó a
Perú que su agente en Santiago se había limitado a informar a Errázuriz qué condiciones
aceptaría la Perúvian Corporation Limited, en caso de modificarse el protocolo de 1890.
Había llegado, pues, el momento de que Lima solicitara a Chile la ejecución de ese
instrumento611.
Dos semanas más tarde, el Ministro Larrabure comunicó a Santiago que viajará a esa
ciudad, como agente confidencial, el secretario general del ministerio de relaciones
exteriores, Carlos Wiesse, en calidad de plenipotenciario ad hoc. Tiene plenos poderes para
realizar los arreglos que requiere la ejecución de los protocolos Castellón-Elías y Tocornal-
Elías, de 1890612, así como la desaprobación o el retiro del acuerdo Errázuriz-Bacourt 613.
Larrabure aspiraba ir él a Santiago como plenipotenciario ante La Moneda. Según el
agente de Chile en Lima, puso toda clase de entorpecimientos a la gestión de Wiesse 614.
Después de prolongadas negociaciones, Errázuriz y Wiesse suscribieron un protocolo, el 4
de octubre de 1892. En él se estipulaba que tendrían opción al depósito del millón de
toneladas de guano, a que se refiere el decreto de Aldunate, del 9 de febrero de 1882,
todos los acreedores de Perú, cualquiera que fuere su nacionalidad, cuyos créditos se
encuentren sustentados con la garantía del guano; debería procederse a la constitución del
tribunal de árbitros, que distribuiría los fondos depositados en el Banco de Inglaterra; y
respecto de los créditos franceses, su legitimidad o validez, sería resuelta conforme al
protocolo Errázuriz-Bacourt y a los convenios que se celebren entre Francia y Perú.
Además, el 20% del producto líquido del guano que Chile percibió desde 1882 hasta 1890
y que cedió a Perú, se aplicaría al pago de los créditos franceses, cuyos títulos obtuviesen

610
113 Memoria del Ministro de RR.EE. de Chile al Congreso Nacional. Santiago. 1892.
611
114 Memoria del Ministro de RR.EE. de Chile al Congreso Nacional. Santiago. 1892.
612
115 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DE PERÚ. 1890-92. NOTA, LIMA, 5-9-1892, DE EUGENIO LARRABURE Y
UNÁNUE, MINISTRO DE RR.EE. de Perú, a Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
613
116 Memoria del Ministro de RR.EE. de Chile al Congreso Nacional. Santiago. 1892.
614
117 MINREL. CORRESPONDENCIA EPISTOLAR DE DIVERSAS LEGACIONES. 1892-93. Carta, Lima, 29-XI-1892, de
Javier Vial Solar, Ministro de Chile en Perú, a Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
un fallo favorable del tribunal de árbitros615.
Este triunfo chileno fue mal recibido por la opinión pública limeña. Una seguidilla de
artículos de prensa censuró la política “agresiva” del gobierno del Mapocho y lo amenazó
con que quedaría solo en el concierto sudamericano 616.
El epílogo fue la renuncia de Larrabure, el traslado de San Juan y el retiro del Protocolo
Errázuriz-Wiesse617. Se nombró un nuevo ministro de relaciones exteriores. La comisión
pertinente de la Cámara desaprobó la actuación de Larrabure; lamentó que este hubiese
torpedeado la de Wiesse, y resolvió reanudar gestiones con Chile, aunque para ello se
tuviera que reconocer al tribunal de Berna618. En 1894, aceptó el arbitraje conforme lo
propuso el Consejo Federal suizo619.
Quedó en pie el instrumento que el canciller chileno suscribió con Bacourt.
Errázuriz pudo llevar a buen término una negociación que, desde el comienzo, tuvo un giro
desafortunado para Chile. Su primer éxito fue someter los reclamos franceses al tribunal
suizo, a cambio de entregarles en compensación el 10% del guano, todavía en poder de
Chile. El Congreso ratificó el protocolo suscrito con Bacourt 620.
Con relación a las acreencias del comité Donoughmore, ahora remplazado por la Perúvian
Corporation Limited, se sucedieron numerosas gestiones con el encargado de negocios
británico en Santiago, hasta que se firmó una convención el 18 de diciembre de 1892. En
ella la Corporación reconoció que las cláusulas del pacto de Ancón debían ser cumplidas y
logró que concurriera ante el árbitro por el 40% de los fondos. El convenio quedaría
incorporado en una ley, a contar de 1893. Esta entidad recibió:
— el pago inmediato, con bonos chilenos, del 50% no discutido, esto es, 630 mil libras
esterlinas, y— la garantía chilena de que, en el restante 50%, cualquiera que fuese el fallo
arbitral, no le correspondería una cuota inferior a 300 mil libras esterlinas.
El arbitraje se formalizó ese año y el fallo se dictó el 5 de julio de 1901.
La demora se debió a las constantes presiones peruanas en contra de él.
El guano fue vendido por dos sociedades: la Compañía Financiera y Comercial del Pacífico
y la Compañía Comercial Francesa. Esta última, según la cuenta elaborada por el gobierno
de Chile, debía al fisco 100 mil libras esterlinas.
El guano produjo 1.245.384 de libras esterlinas, 11 chelines y 9 peniques.
Los acreedores franceses quedaron íntegramente pagados, y la Perúvian recibió 70 mil
libras esterlinas en exceso.
615
118 “Tratados, Convenciones y Arreglos Internacionales de Chile. 1810-1976. Tratados bilaterales Chile-Perú. Tomo 1”.
Santiago de Chile. 1976. Págs. 102 y 103.
616
119 MINREL. CORRESPONDENCIA EPISTOLAR DE DIVERSAS LEGACIONES.1892-93 Carta, Lima, 23-12-1892, de
Javier Vial Solar, Ministro de Chile en Perú, a Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
617
120 MINREL. CORRESPONDENCIA EPISTOLAR DE DIVERSAS LEGACIONES 1892-93. Carta, Lima, 9-1-1893, de Javier
Vial Solar, Ministro de Chile en Perú, a Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
618
121 MINREL. CORRESPONDENCIA EPISTOLAR DE DIVERSAS LEGACIONES. 1892-93. Carta, Lima, 25-1-1893, de
Javier Vial Solar , Ministro de Chile en Perú, a Isidoro Errázuriz, Ministro de RR.EE. de Chile.
619
122 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VII. Pág. 199.
620
123 Gonzalo Vial, op. cit. Vol. II. Pág. 195 y 196.
El único que quedó descontento fue Perú, “por el prestigio de cuyo crédito externo
habíamos desembolsado montos tan respetables”. No perdonaba que hubiésemos llevado
ante el árbitro las deudas contraídas por Piérola con Dreyfus, cuya legitimidad
desconocía621.

CAPÍTULO IV
PRIMERAS NEGOCIACIONES SOBRE TACNA Y ARICA
1. TACNA Y ARICA. NEGOCIACIONES VIAL SOLAR-JIMÉNEZ
2. NEGOCIACIONES LIRA-CANDAMO
3. NEGOCIACIONES LIRA-PORRAS
4. NEGOCIACIONES LIRA-ORTÍZ DE ZEVALLOS
5 MELITÓN PORRAS EN SANTIAGO. TÉRMINO DE LA MISIÓN DE MÁXIMO R. LIRA
6. VICENTE SANTA CRUZ, MINISTRO DE CHILE EN PERÚ
7. EL VICE-PRESIDENTE DE PERÚ EN CHILE
8. EL PROTOCOLO BILLINGHURST-LATORRE
9. EVENTUAL POSICIÓN DEL ÁRBITRO
10. LA ENTREVISTA DEL ESTRECHO

1. TACNA Y ARICA. NEGOCIACIONES VIAL SOLAR-JIMÉNEZ


El almirante Jorge Montt designó en calidad de ministro plenipotenciario en Perú a Javier
Vial Solar. Abogado, militante del partido conservador y revolucionario el ‘91, este fue su
primer desempeño diplomático. Se hallaba unido por lazos de matrimonio con una
distinguida señora de la sociedad limeña, lo que pudo influir en su nombramiento y tal vez
inspiró el giro que dio a su labor.
Después de su misión escribió Páginas Diplomáticas622, acaso con el fin de explicarla. Allí
relata que mantuvo prolongadas conversaciones con Juan Federico Elmore, ministro de
relaciones exteriores del gobierno del coronel Remigio Morales Bermúdez. En ellas
exteriorizó que la nacionalización definitiva de Tacna y Arica se podría abordar conforme a
“una interpretación de la cláusula tercera del tratado [de Ancón], menos restringida o más
liberal”. Estas ideas buscaban una transacción, a cambio de concesiones recíprocas en
otros campos, particularmente en el comercial. Chile era un mercado natural para los
azúcares peruanos y estos podrían ser —en el pensamiento del plenipotenciario— el arma
de negociación para resolver la cuestión, una estrategia que inspiraría algunas décadas
más tarde a los Cancilleres Eliodoro Yáñez y Ríos Gallardo. Veremos enseguida que el
gobierno del Rímac la compartió, pero le dio un sentido distinto. El acuerdo comercial
pasaba a ser un elemento que jugaba en favor de Perú.
Tales disquisiciones adquirieron el siguiente rumbo cuando pasó a ocupar nuevamente esa
Secretaría de Estado Eugenio Larrabure y Unánue.
El 10 de agosto de 1892, se dirige por nota al agente chileno para expresarle que:
“con arreglo al artículo III del Tratado de Paz firmado entre el Perú y Chile el año de 1883, el
territorio de las provincias de Tacna y Arica debería continuar poseído por Chile y sujeto a la
legislación y autoridades chilenas durante el término de diez años, contados desde que se
ratificara el referido tratado. Expirado este plazo, un plebiscito decidiría en votación popular
621
124 Gonzalo Vial, op. cit. Vol. III. Pág. 197.
622
1 Javier Vial Solar: “Páginas diplomáticas”. Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Santiago. 1900. Pág. 143 y
ss.
si dicho territorio quedaría definitivamente del dominio de Chile, o si continúa siendo parte
del territorio peruano. Un protocolo especial establecería la forma en que el plebiscito debe
tener lugar y los términos y plazos en que hayan de pagarse los diez millones estipulados
por el rescate de ambas provincias.
Los negociadores de dicho tratado no ajustaron el protocolo; encontrándose próxima la fecha
en que expirará el plazo de los diez años, contados desde la ratificación realizada el 28 de
marzo de 1884, el Gobierno peruano considera indispensable proceder a la negociación del
expresado protocolo, con cuyo objeto invito a V.E. esperando que me indique el día en que
nuestras conferencias podrían comenzar”623.
No obstante el propósito tan claro de esta invitación, por carta del 5 de septiembre,
Larrabure propuso —en un memorándum— bases de arreglo extrañas al Tratado de
1883624.
La tercera de ellas dice así:
“El Gobierno de Chile desocupa el territorio de las provincias de Tacna y Arica, las cuales
continuarán bajo la soberanía y el dominio del Perú”625.
El resto del documento es ajeno al pacto de Ancón, pues aborda la posibilidad de
concertar acuerdos comerciales. Esta última idea también la compartía el agente.
Según Larrabure, a cambio de esos territorios, Perú otorgaría a su vecino del sur
concesiones comerciales626. Además, daría a Bolivia una aduana en el puerto de Arica
donde se aplicarían los aranceles peruanos, que se repartirían así: 1º un tercio para Bolivia;
un tercio para reducir la deuda chilenoboliviana, y un tercio lo utilizaría Perú para extinguir
los créditos originados por su deuda externa, según lo estipulado en el Tratado de Paz y
Amistad, y 2º el otorgamiento de facilidades para la construcción de una o más líneas
férreas y de telégrafos para unir Tacna y Arica con Tarapacá o hasta la frontera con Bolivia.
En Santiago se tenía una visión diferente.
Previas instrucciones de La Moneda, Vial Solar responde a Larrabure el 8 de abril de
1893627:
“...la misma importancia y naturaleza de esta materia [arreglos comerciales] aconsejan, a
juicio de mi Gobierno, el que ella no sea tratada fuera de su terreno natural ni se le
complique con un negocio de tan distinto carácter, cual es el que se relaciona con la
nacionalidad definitiva de Tacna y Arica”.
Agrega más adelante:
“Obedeciendo a un sentimiento de lealtad, debo manifestar a V.E. que no entra en los
623
2 MINREL. CORRESPONDENCIA ENVIADA POR EL MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ A LA LEGACIÓN DE CHILE.
1889-92. Nota, Lima, 3-8-1892, de Eugenio Larrabure y Unánue, Ministro de RR.EE. de Perú, a Javier Vial, Ministro de Chile
en Perú.
624
3 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. Memorándum, Lima, 5-9-1892, de Eugenio Larrabure y Unánue, Ministro de
RR.EE. de Perú, a Javier Vial, Ministro de Chile en Perú.
625
4 Apuntes del Prof. Ernesto Barros Jarpa. Refiérese al memorándum del Ministro Larrabure, memorándum del 5-9-1892.
626
5 Jorge Basadre: “Historia de la República del Perú. 1822-1933”. Editorial Universitaria. Lima. 1983. Tomo VII. Página 190.
627
6 MINREL. NOTAS DIRIGIDAS POR LA LEGACIÓN DE CHILE AL MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ. 1891-94. Nota
Nº11, Lima, 8-4-1893, de Javier Vial, Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Perú.
propósitos de la política de mi Gobierno el renunciar a las expectativas que aseguró a Chile
el Tratado de Ancón en cuanto a la adquisición de los departamentos mencionados” .
Vial escribió a Santiago que el Presidente peruano y los círculos gobernantes se inclinaban
por retrasar el plebiscito. A juicio del plenipotenciario, a Chile le convenía conservar Tacna
y Arica porque era la vía natural del comercio del norte de Bolivia, así como Antofagasta la
del sur. Pensaba, también, que un buen acuerdo comercial con Perú dejaría a Chile en
condiciones de ejercer una influencia preponderante, en toda la costa del Pacífico.
Juzgaba, además, que la cuestión del plebiscito era una “brasa de fuego” que afectaría la
estabilidad del gobierno limeño, ya que —a juicio de los peruanos— La Moneda no
abandonaría fácilmente su presa. Convendría, pues, diferirlo hasta 1903 628.
Las conjeturas de Vial resultaron equivocadas. El ministro de relaciones exteriores, ahora
Cesáreo Chacaltana, le invitó a abordar de inmediato este tema 629.
Hubo seis conferencias, desde el 18 de abril de 1893 hasta el 19 de enero de 1894. La
primera tuvo lugar entre Vial y Chacaltana, y las cinco siguientes entre el primero y el
nuevo Secretario de Estado, el ariqueño y vocal de la Corte Suprema de Justicia, José
Mariano Jiménez. Para mayor claridad, nos atendremos casi textualmente a cada uno de
los documentos que suscribieron ambos funcionarios.
Vial expresó —en la primera— que Chile no renunciaría a las expectativas que le ofrecía el
Tratado de Paz y Amistad, en orden a la adquisición definitiva de estos territorios. Por lo
mismo, señala que ahora se tendría que elaborar un documento que reglamentase el
plebiscito. Pero, como lo indica el artículo III, el protocolo a que éste se refiere debe versar
sobre las condiciones del acto electoral y no debe recaer sobre la autoridad que lo dirigirá,
ni sobre quienes tienen derecho a voto. En cuanto al convenio de comercio, formaría parte
de una negociación separada630.
La segunda se verificó el 19 de junio. Jiménez expresó que el primer artículo del protocolo
determinaría bajo qué autoridad habría de realizarse la consulta popular. Como estaba
pactado que la ocupación chilena duraría diez años, propuso que, a la expiración de ese
plazo, se devolviese a Perú la posesión de las provincias temporalmente ocupadas, en
virtud de su condición de soberano directo. Vial desconoció este concepto, pues no se
desprendía así del Tratado. Como ambos negociadores no se pusieron de acuerdo, la
reunión fue suspendida.
El 30 de junio tuvo lugar la tercera conferencia. Dado que Chile no devolvería los territorios
al cumplirse el plazo de diez años estipulado en Ancón, Jiménez propuso —a modo de
transacción— que estos fuesen entregados en esa fecha a una tercera potencia, bajo cuyos
auspicios se realizaría el plebiscito.
Conforme el resultado, quedarían definitivamente en poder de Chile o de Perú. Vial lo
628
7 MINREL. CORRESPONDENCIA EPISTOLAR DE LAS LEGACIONES DE CHILE EN PERÚ ETC. 1892-93. Carta, Lima,
10-3-1892, de Javier Vial Solar, Ministro de Chile en Perú, a Gaspar Toro, Santiago.
629
8 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ.
1893-97. Nota Nº70, Lima, 12-4-1893, de Cesáreo Chacaltana, Ministro de RR.EE. de Perú, a Javier Vial Solar, Ministro de
Chile en Perú.
630
9 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ.
1893-97.
refutó, pues su país tenía derecho a ocupar Tacna y Arica antes y después de la consulta, y
hasta que Perú cumpliera con todas las obligaciones contenidas en él, esto es, el pago de
los 10.000.000 de pesos o soles631.
El 19 de agosto de 1893, Jiménez trasmitió a Vial un memorándum, en virtud del cual Perú
poseería durante dicha consulta la zona comprendida entre el río Sama y la quebrada de
Vítor, y Chile continuaría “en la tenencia” de la zona comprendida entre esta última y la de
Camarones.
Por nota de 26 de septiembre, Vial le comunicó que:
“algunas de sus disposiciones concretas, sin consultar esa justa reciprocidad, serían de difícil
aplicación en la práctica y origen tal vez de dificultades que deben preverse en una
negociación como esta”.
El 28 de marzo de 1894, Perú recibiría la parte que le correspondería y dentro de treinta
días cada país dictaría el reglamento de procedimientos para la votación en sus respectivas
zonas, y ambos quedarían en libertad de señalar los requisitos de los votantes. La consulta
se verificaría antes del 1 de octubre de 1894.
Si Perú resultase ganador en ambas secciones, entregaría a Chile la indemnización pactada
en 1883, en la siguiente forma: los productos chilenos se introducirían libres de derechos
de importación en Perú, durante veinticinco años. Y si solo en la zona del Sama a Vítor, se
compensaría del mismo modo la indemnización proporcional, mas reduciendo el término
de la liberación a veinte años632.
Vial se opuso porque no quedaban claramente establecidos los derechos de Chile en los
territorios litigiosos, a que nos hemos referido antes, mientras tuviese lugar la consulta
popular.
La cuarta reunión se efectuó el 16 de septiembre. Jiménez recordó que había procurado
convencer a su contraparte de que solo tenían derecho a sufragio los peruanos nacidos y
domiciliados en Tacna y Arica, mayores de 21 años. Por otra parte, el secretario de Estado
prefería no continuar las negociaciones si no se llegaba a acuerdo respecto de la autoridad
que regiría durante el plebiscito en dichos territorios.
Una vez más, se discutió quiénes podían considerarse ciudadanos con derecho a voto. Vial
planteó que todos los habitantes tenían derecho a expresar su voluntad. No había razón
para excluir a los extranjeros, menos a los chilenos que no podían estimarse como tales en
Tacna y Arica, conforme a los antecedentes de derecho y a la praxis internacional. También
debían ser las autoridades chilenas las que rigieran durante la consulta.
De acuerdo con el Tratado de Paz y Amistad, Jiménez apreció que en la votación popular
solo podían participar los ciudadanos peruanos, calidad de que carecían los demás
habitantes.
En cambio, el agente chileno replicó que en el Pacto de Ancón se hablaba de votación
631
10 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ.
1893-97.
632
11 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ.
1893-97. Nota Nº19, Lima, 19-8-1893, de José Mariano Jiménez, Ministro de RR.EE. de PERÚ, a Javier Vial Solar, Ministro
de Chile en Perú.
popular plebiscitaria, o sea, le eran aplicables los antecedentes internacionales relativos a
esta clase de elecciones.
Una nueva conferencia se celebró el 10 de noviembre. Al recapitular las declaraciones
anteriores, Vial declaró que las proposiciones de Jiménez “no consultaban en todas sus
partes, la reciprocidad de los derechos de ambos países sobre la base del Tratado de
Ancón”. Asimismo, apartándose de la letra de aquel, exigían la desocupación de casi la
totalidad del departamento de Arica y del de Tacna, desocupación que Chile no podía
aceptar porque equivaldría a perder anticipadamente el plebiscito. El derecho de Perú de
dictar —sin intervención de Chile— los reglamentos que establecerían los requisitos para
sufragar, en la zona comprendida entre Sama y Vítor, le aseguraría de antemano la
reincorporación de los territorios disputados. Vial no podía negociar sobre estas bases.
El 7 de diciembre tuvo lugar la última conferencia. No se llegó a acuerdo.
Jiménez sugirió que se sometiese a un gobierno amigo la resolución inmediata de las dos
cuestiones siguientes: 1ª ¿A cuál de las dos partes corresponde la posesión de los
territorios después del 28 de marzo de 1894? y 2ª ¿El derecho de votar corresponde
solamente a los individuos cuya nacionalidad resulte afectada por la definitiva
incorporación a Chile o también a otros habitantes? Según el resultado del fallo arbitral, se
discutiría el reglamento para la inscripción de los votantes.
Vial no aceptó el arbitraje. Esta fórmula significaba que la posesión de Tacna y Arica de
que su patria gozaba en virtud de un convenio internacional, parecía materia discutible o
de dudoso derecho. Eso no se podía admitir. Agregó que el gobierno peruano debía tener
fe en la honradez y lealtad de los procedimientos del de Chile. Como prueba de ello,
pactaría aquellas garantías que se estimaran oportunas para la libre y espontánea emisión
del voto.
El ministro de relaciones exteriores le preguntó si estaba facultado para incorporar, entre
esas garantías, la intervención de funcionarios peruanos en el acto del plebiscito, y la
determinación de los requisitos que los votantes deberán reunir.
Vial replicó que si el ministro llevaba la discusión a ese terreno y formulaba proposiciones
concretas, se podría alcanzar un acuerdo aceptable para ambos países.
Conforme la historia del artículo III y los precedentes internacionales 633, nuestro
representante debió rechazar de plano las proposiciones del Canciller Jiménez y dar por
terminada la conferencia. Aceptar la intervención de funcionarios peruanos en la operación
plebiscitaria —a juicio del internacionalista y asesor letrado de nuestro ministerio de
relaciones exteriores, Alejandro Álvarez— tenía el grave inconveniente de entregarla a la
apreciación de estos634. Ellas se alejaban del sentido que dio a dicha estipulación el
Canciller Aldunate, gestor del Tratado de Paz y Amistad de 1883 y que no habrían
objetado los negociadores Lavalle y Castro Saldívar.
Después de estas conferencias, el secretario de Estado peruano dirigió una nota a Vial, que

633
12 Luis Aldunate: Los tratados de 1883-84. Centro Editorial La Prensa. Santiago. 1900.
634
13 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTION DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.
el segundo respondió en la misma fecha635.
Jiménez expresó que no habiendo acuerdo respecto a la interpretación del artículo III del
Tratado de Paz, el 26 de enero de 1894 propuso las siguientes bases para redactar el
protocolo:
1. El plebiscito se verificará en las condiciones de reciprocidad (recoge el mismo vocablo empleado
antes por el agente chileno) que ambos gobiernos estimen necesarias para tener una votación
honrada y que sea la expresión fiel de la voluntad popular en las dos provincias.
2. El país que gane el plebiscito pagará al otro los 10.000.000 de soles consignados en el artículo III,
en bonos de la deuda pública del 4,5% de interés y 1% de amortización.
3. Los cupones por intereses vencidos y bonos amortizados serán recibidos en pago de los derechos
de aduana del país que los emita.
4. Si Chile triunfa en el plebiscito, Perú podrá rectificar su frontera del Sama avanzando hacia la
ribera sur de la Quebrada de Chero. Si Perú fuese favorecido, Chile podrá modificar la suya en
Camarones, avanzando hacia la quebrada de Vítor o Chaca. El que haga uso de este derecho pagará
al otro la suma de 3.000.000 de soles que se descontará del monto total de la indemnización.
En este documento, no se habla de la nación que ocupará el territorio durante la consulta
popular. La razón de esta omisión la dio Jiménez en un pro-memoria que el secretario
general del ministerio de Relaciones Exteriores (Carlos Wiesse) entregó confidencialmente
a Vial, el 9 de marzo de 1894, y que dice así:
“El señor Vial Solar pretendió que se incluyese en las bases una que contuviera la idea de
que los territorios permanecerían, durante el plebiscito, en el mismo estado en que hoy se
encuentran. Le manifesté que no era necesario decirlo, pues solo cambiar la persona del
ocupante sería necesario una declaración expresa. El señor Vial Solar encontró justa mi
manera de apreciar”636.
El Canciller chileno, Ventura Blanco Viel, rechazó el concepto de reciprocidad que
estableció la base primera. Reflexionó así: esta no tiene otro significado que el de igualdad
en la correspondencia, lo que no se aviene con la situación de Tacna y Arica, ocupada por
Chile antes de suscribir el tratado de 1883. Propone, en cambio, la redacción siguiente:
“El plebiscito deberá verificarse en la situación en que se encuentran hoy las provincias
[departamentos] de Tacna y Arica.
En las bases del plebiscito se consultarán cuantas garantías se estimen necesarias para
obtener una votación honrada y que sea la expresión fiel y exacta de la voluntad de todos los
habitantes de dichas provincias”.
Blanco argumenta: ¿podría Perú estar hoy en posesión de Tacna y Arica al mismo tiempo
que Chile, en conformidad con el Pacto de Ancón? ¿Cabe reciprocidad en esa condición
que contiene la base primera? 637
635
14 MINREL. Nota, Lima, 26-1-1894, de José Mariano Jiménez, Ministro de RR.EE. de Perú, a Javier Vial, Ministro de Chile
en Perú, y nota de la misma fecha de Javier Vial a José Mariano Jiménez.
636
15 MINREL. OFICIOS DIRIGIDOS POR LA LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1891-95. Memorándum entregado por Carlos Wiesse, Secretario General del Ministerio de RR.EE. de Perú, Lima, 9-3-
1894.
637
16 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
Oficio Nº361, Santiago, 20-2-1894, de Ventura Blanco, Ministro de RR.EE. de Chile, a Javier Vial, Ministro de Chile en
Por nota de 26 de enero de 1894, sin consultar a Santiago, Vial Solar prestó su
conformidad a las proposiciones de Jiménez, a fin de dar una nueva prueba del espíritu de
cordialidad que inspiraba a su gobierno. En carta a Ventura Blanco, en que procura explicar
su conducta, afirma que Jiménez pretendió que se estampasen condiciones de igualdad
que él rechazó, y aceptó reciprocidad. “Me parece —concluye— que no he extralimitado
mis instruc-ciones...”
638
.
En Páginas diplomáticas, el plenipotenciario explica que el acuerdo que logró con Jiménez
era muy ventajoso para Chile. Según él, su patria confirmaba su dominio definitivo de las
quebradas y terrenos de cultivo al norte del curso principal del río Camarones, que el Pacto
de Ancón.
“olvidó incorporar al territorio chileno, sin embargo de ser la única zona de regadío apta
para sostener una guarnición fronteriza, y ya que también así Chile extendía su dominación
sobre un desierto de muchas leguas de extensión, que lo aislaba de Perú” 639.
Menciona que solo hubo una disidencia pasajera con La Moneda, pero no una
desautorización y menos un rechazo Sin embargo, aquella no lo consideró así 640, y unos
meses después Blanco Viel retiró discretamente de Lima a su correligionario (los dos eran
conservadores).
En vista de lo anterior, se optó por trasladar la negociación a Santiago.
El 23 de febrero de 1894 el representante peruano en esta capital, Ramón Ribeyro, celebra
una conferencia con el Ministro Blanco. Por medio de un detallado memorándum, renueva
las propuestas anteriores de Jiménez, que La Moneda mayormente rechaza. Sin embargo,
el 18 de octubre manifiesta que en vista de que Perú ha propuesto que cada una de estas
naciones se reserve el derecho de alterar sus fronteras —que Chile avance hasta Vítor y
Perú retroceda a Chero— propone que lo hagan de inmediato. Así el plebiscito queda
circunscrito a la faja comprendida entre Chero, al norte, y Vítor, al sur.
Un día antes de que se cumplan diez años de la ratificación del Tratado de Paz y Amistad,
el 27 de marzo de 1894, Ribeyro dirige una nota a Ventura Blanco. En ella trasmite la
disconformidad de su gobierno porque no se ha llegado a la conclusión del protocolo Vial-
Jiménez, y señala que:
“el hecho de prolongarse la ocupación de las provincias mencionadas más allá del término
estipulado, sin haberse llegado a acordar las condiciones del plebiscito, no puede entenderse
para el Perú sino con la reserva de su derecho tal como lo ha sostenido, sin perjuicio de
buscar, con el espíritu más leal y sincero un medio honorable y práctico de arribar a la
solución de asunto tan interesante para consolidar la amistosa inteligencia que felizmente
existe entre ambos gobiernos”641.

Perú.
638
17 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Carta, Lima, 20-1-1894, de Javier Vial, Ministro de Chile en Perú,
a Ventura Blanco Viel, Ministro de RR.EE. de Chile.
639
18 Javier Vial Solar, Pág. 210 y ss.
640
19 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTIÓN DE ARICA Y TACNA. TOMO 1º. 1905.
Blanco sostiene que Chile ocupa legítimamente Tacna y Arica desde antes de firmarse el
Tratado de Paz y Amistad. Mientras no se cumplan las condiciones previstas en aquel
instrumento, la ocupación debe continuar invariablemente mantenida por Chile. Aún más,
alude al pro-memoria ya citado de Carlos Wiesse, secretario general del ministerio de
relaciones exteriores, que confirma la tesis chilena en lo tocante a la ocupación de esos
territorios. En cuanto al documento que suscribió Vial Solar con Jiménez, el 26 de enero
último, Blanco trata de justificarse en el sentido de que la crisis ministerial le ha impedido
concentrarse en él, pero no duda que lo hará su sucesor 642. Sin embargo, como explicación
—o excusa— nos parece pobre, pues el Estado permanece aunque exista una crisis de
gabinete.
En el hecho, este Secretario de Estado —sucesor de Sánchez Fontecilla— se apartó de la
línea de su antecesor643, lo que pasaría a ser frecuente. Chile había empezado a buscar
afanosamente un entendimiento secreto con Bolivia, a causa de que las discusiones
limítrofes con la República Argentina —así como la cuestión de la Puna de Atacama— se
presentaban muy inciertas para La Moneda. Sin embargo, el 10 de mayo de 1889, Bolivia y
Argentina firmaron el Tratado Vaca Guzmán-Quirno Costa, por el cual la primera república
cedió al Plata sus derechos respecto de la Puna de Atacama, tratado que se mantuvo
secreto644. Se pensó que Sucre —unido a Buenos Aires por este acuerdo— intentaría
recuperar el litoral de Antofagasta con la ayuda de Argentina.
Hilando más fino, eventualmente se llegaría a resucitar el virreinato río platense con
Bolivia, y así Buenos Aires tendría salida al Pacífico.
Mientras tanto, la situación interna peruana se vio ensombrecida por acontecimientos que
anotaremos enseguida.
El 28 de marzo de 1894, falleció el Presidente, coronel Remigio Morales Bermúdez. Su
inesperado deceso, en pleno año electoral, causó un serio trastorno institucional. Accedió
de hecho al poder el segundo Vicepresidente, coronel Justiniano Borgoño, y luego Andrés
Avelino Cáceres, en calidad de Presidente Constitucional. El gobierno de este último se
desenvolvió en medio de una guerra civil. Su administración expiró más rápido de lo que el
gobernante habría deseado y dio paso a Nicolás de Piérola, elegido el 8 de septiembre de
1895. Así comenzó el período denominado la “república aristocrática”.
Algunos de los protagonistas principales de aquellas turbulencias se refugiaron en Chile y
desde allí organizaron el regreso a su patria. Tales hechos crearon situaciones difíciles al
gobierno de Santiago, que intentó mantenerse neutral. Piérola regresó a Lima en 1895,
desde Iquique645.
2. NEGOCIACIONES LIRA-CANDAMO
641
20 MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ. Circular sobre la cuestión Tacna y Arica. Lima -Imprenta
Torres Aguirre, Unión 150- 1901. Págs. 192 y 193.
642
21 MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ. Circular sobre la cuestión Tacna y Arica. op. cit. Págs. 193 a
la 198.
643
22 El Ferrocarril , Santiago, 21-X-1900, “Una circular diplomática” firmada por XX. Trascribe juicios del historiador Gonzalo
Bulnes.
644
23 Sergio Carrasco D.: Historia de las relaciones chileno-bolivianas. Editorial Universitaria. Santiago. 1990. Pág. 105.
645
24 Jorge Basadre, op.cit. Tomo VII. Pág. 303.
En Chile también hubo cambios. Como ya indicamos, Vial Solar cesó en su cargo en el
Rímac, el 14 de setiembre de 1894. En el hecho, se le retiró discretamente, aunque
posteriormente se le designó en Brasil con igual carácter.
Lo reemplazó Máximo R. Lira Donoso. En Santiago, Ventura Blanco Viel fue sucedido por
su antecesor Mariano Sánchez Fontecilla. En el telón de fondo, se jugaban los preliminares
de la sucesión del Presidente Jorge Montt.
El 21 de agosto de 1894, Sánchez Fontecilla imparte a Lira, recién designado ministro en
Perú646, instrucciones que serían objeto de severas críticas del internacionalista Alejandro
Álvarez, porque no respetaban el sentido y el tenor del artículo 3° del Tratado de Paz y
Amistad647.
En lo que se refiere al protocolo que reglamentará el plebiscito, Sánchez Fontecilla comete
el error de sugerir a Lira que se negocie una prolongación del plazo señalado en Ancón.
Esta equivocación significaba modificar el artículo 3°, en detrimento de los derechos de
Chile. Esa postergación no sería menor de cuatro años o tal vez algo mayor. Sin perjuicio
de ello, si se presentase una ocasión propicia, inducirá al gobierno del Rímac a ceder
aquellos territorios, eludiendo las formalidades electorales.
Lira Donoso, poseía un variado currículum vitae. Participó en la Guerra del Pacífico. Dejó
una interesante y amena correspondencia privada desde el sitio de los acontecimientos, en
donde puso de relieve la influencia del “general pililo” en nuestros éxitos militares 648.
Integró la Cámara joven por varios lustros y se caracterizó por su combativa oratoria; fue
secretario del intendente del ejército y, además de su misión en Perú, posteriormente se
desempeñó en Brasil, Uruguay y Paraguay. Colaboró en la defensa chilena en el arbitraje
británico de 1898-1903 y finalizó su distinguida carrera como intendente de Tacna, en
donde falleció cuando ejercía ese cargo 649. Lira pertenecía al grupo de individuos que se
inspiraban en la llamada política boliviana de Domingo Santa María650.
Por esa época, la diplomacia oficial de Santiago se empeñaba porque Bolivia cediera a
Perú un territorio en la región amazónica, entre los ríos Inanbari y Madre de Dios, con una
superficie equivalente a Tacna y Arica, amén de ser esta una región rica en caucho, quinas
y yacimientos auríferos651.
Aquella región estuvo por largo tiempo en disputa, así es que la propuesta chilena pareció
prematura. Formaba parte de la llamada cuestión del Acre, que provocó una álgida

646
25 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE. 1894-95.
Oficio Nº1680, Santiago, 21-8-1894, de Mariano Sánchez Fontecilla, Ministro de RR.EE. de Chile, a Máximo R. Lira, Ministro
de Chile en Perú.
647
26 Alejandro Álvarez: “Resumen histórico de las negociaciones diplomáticas entre Chile y el Perú sobre celebración del
plebiscito relativo a Tacna y Arica”. (Documento mecanografiado, Santiago, 1905. Biblioteca San Joaquín de la Universidad
Católica Nº 327.83085).
648
27 Regina Claro Tocornal: “Cartas de don Máximo R. Lira a doña Isabel Errázuriz desde los campamentos chilenos durante
la Guerra del Pacífico (1879-1881)”. Revista “Historia” N°36. Año 2003.
649
28 Virgilio Figueroa: “Diccionario Histórico y Biográfico de Chile”. Impr. La Ilustración. Santiago. 1925. Tomo IV. Pág. 73.
650
29 MINREL. Carta confidencial, Valparaíso, 29-2-1896, de Adolfo Guerrero, Ministro de RR.EE. de Chile, a Máximo R. Lira,
Ministro de Chile en Perú.
651
30 MINREL. Carta confidencial, Valparaíso, 29-2-1896, de Adolfo Guerrero, Ministro de RR.EE. de Chile, a Máximo R. Lira,
Ministro de Chile en Perú.
controversia entre Brasil, Bolivia y Perú, y el Bolivian Sindicate.
Algún tiempo después de presentar Lira sus credenciales, se produjeron en Lima actos de
violencia para desalojar al Presidente Cáceres del poder.
En esa oportunidad, actuó una comisión del Cuerpo Diplomático, integrada por el Nuncio
Apostólico y los ministros de Chile y Francia, a la que se agregaron los de Inglaterra e Italia.
La misión de estos diplomáticos tuvo por objeto evitar la continuación de los hechos de
sangre, al mismo tiempo que lograr sepultar los cadáveres que obstruían las calles de Lima.
Pero la tarea principal fue ayudar el traspaso del gobierno de Cáceres a Piérola. Tuvieron
pleno éxito en aquellos cometidos652.
Dado los problemas internos que sacudieron la vida política peruana, La Moneda resolvió
que la negociación continuase en Santiago. Hubo varias notas y conferencias entre
Sánchez Fontecilla y el ministro peruano, Ribeyro, en el curso de 1894 653. En el archivo del
ministerio de relaciones exteriores de Chile, no existen más antecedentes que una del 4 de
octubre de ese año. Alejandro Álvarez escuchó decir que entre Sánchez Fontecilla y dicho
agente se trató de la prórroga del plazo de diez años, y que los documentos respectivos se
extraviaron o “se hicieron desaparecer”654.
Para la diplomacia del Rímac la posesión chilena —como lo expresábamos— expiró el 28
de marzo de 1894. En la Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú, se
reproducen algunas comunicaciones de Ribeyro655.
Por ejemplo, en el oficio Nº53 que este dirigió a Lima, de 6 de julio, da cuenta de que
manifestó al Canciller chileno que ahora se debían:
“discutir y acordar las condiciones del plebiscito sobre las bases fijadas de común acuerdo
por el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú y el plenipotenciario de Chile, señor Javier
Vial Solar, en 26 de enero del año corriente”.
Según esta, Sánchez Fontecilla le habría replicado verbalmente que procedía:
“discutir los términos de un protocolo que determinase la condición de las provincias de
Tacna y Arica, que habían quedado en situación irregular después del 28 de marzo de este
año, en que terminaron los diez años de ocupación estipulados en el tratado de Ancón;
agregando que él entendía que ese protocolo debía contener la prórroga de la ocupación
durante algunos años a fin de preparar durante ellos los medios de llegar al acuerdo sobre
el plebiscito, aprovechando la ocasión más propicia en ambos países para llevarlo a cabo; y
que esto me lo proponía, como idea personal suya (cursiva nuestras).
El Secretario de Estado chileno afirmaba, también, que las bases acordadas entre Jiménez y
Vial fueron desaprobadas, “en razón de que [Vial] se había separado de las instrucciones
que se le dieron para negociarlas,” causa de su alejamiento del Rímac.
652
31 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA DIRIGIDA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1895-97. Oficio Nº78, Lima, 22-3-1895, de Máximo R. Lira, Ministro de Chile en Perú, a Luis Barros Borgoño, Ministro de
RR.EE. de Chile.
653
32 MINREL. DIPLOMÁTICOS EXTRANJEROS. 1893-95. Nota Nº2057, Santiago, 4-X-1894, de Mariano Sánchez
Fontecilla, Ministro de RR.EE. de Chile, a Ramón Ribeyro, Ministro de Perú en Chile.
654
33 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.Quinto período.
655
34 Memoria del Ministerio de RR.EE. 1896. Op. cit. Págs. 104 a 109.
Ribeyro manifestó extrañeza. Le hizo presente la plenipotencia con que Vial estaba
investido, aparte de que pudo comunicarse instantáneamente por telégrafo con Santiago.
Dijo que cuando él empezó a discutir este tema con el Ministro Blanco —antecesor de
Sánchez Fontecilla— el Canciller no repudió las bases, ni hizo observación alguna en ese
sentido. Simplemente le expresó que la negociación se interrumpió solo por la renuncia
del gabinete chileno.
Se desconoce que Chile haya protestado cuando se publicaron estos asertos, como debió
hacerlo, en el caso de que no correspondiesen a la verdad656.
La Cancillería del Rímac tampoco aceptó la prórroga, ya que de este modo pretendió
colocar a Chile como detentador ilegal de Tacna y Arica, después de los diez años. Perú,
por cierto, periódicamente se encargó de recordar el error de Mariano Sánchez Fontecilla.
Cesáreo Chacaltana, ministro peruano en Santiago, en nota enviada seis años después al
Canciller Emilio Bello, sostuvo que el Ministro Sánchez lo que intentó fue legitimar la
autoridad de Chile en esos territorios, después de 1894, al reconocer que habría caído en
la ilegalidad657. Empero, en 1903, el ministro de relaciones exteriores de Chile, Luis A.
Vergara, esclareció por escrito al canciller Prado Ugarteche que:
“el plazo de diez años que establece el Tratado de Ancón no tuvo otro objeto que asegurar a
Chile un mínimum de tiempo en el ejercicio de la soberanía; pero en manera alguna,
significa que dentro de él haya debido hacerse necesariamente la consulta popular” 658.
Esta materia la resolvió, finalmente, el fallo del Presidente de los Estados Unidos, Calvin
Coolidge, el 4 de marzo de 1925. El Árbitro dio la razón a la tesis de Vergara y dictaminó
que, conforme al artículo III acordado en Ancón, se estableció un plebiscito y que este
debía realizarse. Esa parte del Pacto de Ancón continuaba vigente, aunque ese acto no se
hubiese celebrado antes de expirar el término señalado en 1884.
Después de que Lira conoció las instrucciones de Sánchez Fontecilla, recibió otras de Luis
Barros Borgoño, ministro subrogante de relaciones exteriores, fechadas el 3 de julio de
1895659. Le fueron trasmitidas con posterioridad a un Tratado Especial de Transferencia de
Territorio que La Moneda suscribiría secretamente con Bolivia ese año. Conforme a este
acuerdo, Chile se comprometía sub conditionae a traspasar Tacna y Arica a la nación del
altiplano, siempre que adquiriese el dominio y soberanía sobre ellos. A pesar de que el
ofrecimiento quedaba subordinado al éxito del plebiscito, Chile se obligaba a “empeñar
todos sus esfuerzos, ya sea separado o conjuntamente con Bolivia, para obtener en
propiedad definitiva los territorios de Tacna y Arica”. Y si no lo lograba, se obligaba “a
ceder a Bolivia la caleta Vítor hasta la quebrada de Camarones u otra análoga” 660, aunque
esa caleta se encuentra dentro del territorio litigioso que contempla el artículo III del pacto
656
35 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DE PERÚ. 1898-1900. Nota Nº25, Santiago, 14-XI-1900, de Cesáreo Chacaltana,
Ministro de Perú en Chile, a Emilio Bello Codesido, Ministro de RR.EE. de Chile.
657
36 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DE PERÚ. 1898-1900. Nota Nº25, Santiago, 14-XI-1900, de Cesáreo Chacaltana,
Ministro de Perú en Chile, a Emilio Bello, Ministro de RR.EE. de Chile.
658
37 Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores. Santiago 1907. Imprenta Cervantes. Pág. 59. Trascribe nota de Luis A.
Vergara, Ministro de RR.EE. de Chile, Santiago, 15-3-1905, a Javier Prado Ugarteche, Ministro de RR.EE. de Perú.
659
38 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.
660
39 Sergio Carrasco D., “Historia de las relaciones chileno-bolivianas”. Editorial Universitaria. Santiago. 1991. Pág. 444.
de Ancón. En consecuencia, a fin de perfeccionar tal entrega, se necesitaría la conformidad
del Rímac, posibilidad que solo quedó esbozada en los diálogos entre Blanco y Ribeyro.
Barros Borgoño estimababa que el éxito de la negociación con Bolivia dependía de tal
adquisición. En caso de no lograr un acuerdo directo con Perú, sería menester lograr bases
favorables en el protocolo que normare el acto electoral.
Tal acuerdo consistiría en que Lima cediera a Bolivia las dos provincias, y Chile pagara a
Perú los 10.000.000 de soles acordados en Ancón, o, aún, una indemnización mayor.
Fracasada esa negociación, habría de acordarse el plebiscito, pero en condiciones que
aseguraren el triunfo a Chile.
Lira celebró cuatro reuniones con Candamo: el 5, 9, 20 y 23 de agosto de 1895.
En la primera, este último se desempeña como Presidente Provisional y ministro de
relaciones exteriores. El representante chileno le invita a dar cumplimiento al artículo III.
Aquel se excusa dado el carácter transitorio de la Junta, mas Lira le recuerda que ya se ha
designado un ministro en Bolivia mientras se intenta acreditar uno en Chile, hechos que
demuestran que la Junta se ha trazado una línea de conducta en materia de política
exterior661.
En la segunda, el diplomático propone la cesión directa de Tacna y Arica a Chile. Mas, a fin
de no menoscabar la dignidad peruana, le plantea un plebiscito “arreglado” que arroje un
resultado en favor de Chile. En compensación, se concederían ventajas superiores a las
establecidas en Ancón.
“Eso sí que podría hacerse” replicó el Presidente, pero “omitiéndose toda referencia a
cesión territorial”, y quedó de conversarlo con sus colegas 662. Sin embargo, en el
documento oficial que suscribieron, consta que Candamo fue contrario —seguramente
después de consultarse con la Junta— a toda solución que frustrara el derecho peruano, y
que las proposiciones que busquen entendimientos directos se eliminen de la discusión 663.
En la tercera, Candamo informa que aquella rechaza una consulta popular ad hoc.
Enseguida le expresa que toca definir a quién corresponderá ejercer la presidencia del
plebiscito, a sabiendas de que La Moneda entiende que es a Chile, según la historia del
artículo III, el derecho internacional vigente y los precedentes.
El agente, sagazmente, le hace presente las dificultades que enfrentará Perú si tiene que
cumplir con todas las condiciones del Tratado: la entrega de los 10.000.000 y además
garantizar dicho pago. Un autor limeño ha acusado a Lira de escribir una de las páginas
más bochornosas de la diplomacia chilena 664, no obstante que el agente lo que hizo fue
mantenerse fiel a lo estipulado en el texto de la cláusula 3ª.
Lira ofrece al Presidente que un mes después de promulgado el fallo plebiscitario, Chile
devolverá Tacna y Arica si este le es adverso, y Perú cancelará al primero la suma indicada.
661
40 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio Nº114, Lima, 7-8-1895, de Máximo R. Lira, Ministro de
Chile en Perú, a Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile.
662
41 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio confidencial Nº117, Lima, 10-8-1895, de Máximo R. Lira,
Ministro de Chile en Perú, a Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile.
663
42 MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ. Circular sobre la cuestión de Tacna y Arica. Op. cit. Pág. 237.
664
43 Alfonso Benavides Correa: “Una difícil vecindad”. Editorial Universidad de San Marcos de Lima. 1988. Pág. 31.
A su vez, Chile contraerá una obligación idéntica en caso de ganar.
Candamo quedó de conversar con sus colegas665.
En la cuarta reunión, la discusión giró alrededor de los 10.000.000 y la dificultad que tiene
Perú para sufragarla dentro del mes indicado. No se llegó a ningún resultado y se
suspendió666.
En un encuentro informal, Candamo propuso a Lira que en el caso de que Perú no pudiera
pagar la indemnización, Tacna y Arica podrían quedar anexadas definitivamente a Chile. El
diplomático le replicó que valdría la pena discutirlo. Pero, de inmediato, Candamo agregó
con viveza: “Pero yo no se la hago oficialmente... porque eso sería muy peligroso” 667.
El agente fue autorizado para que exigiese la anexión absoluta, si el pago no se hiciese en
un plazo de hasta cuatro meses. Pero, según le expresa el Canciller Matte, el punto
principal y que no se debe perder de vista, es “que hay suma conveniencia para nosotros
en que no salgamos de un terreno de mutua conciliación, tanto con Bolivia como con el
Perú”668. En este consejo, subyacía el temor de un entendimiento Lima-Buenos Aires o, peor
aún, Lima-La Paz-Buenos Aires, ya que estaba en discusión la aplicación en el terreno del
Tratado de Límites con el Plata.
Chile y Bolivia suscribieron diversos tratados y dos protocolos complementarios, el 18 de
mayo de 1895. Una vez que se conocieron por la prensa de Argentina y Bolivia, Perú
protestó enérgicamente en Santiago y La Paz669.
Mereció especial reprobación la cláusula según la cual Chile asumía el compromiso de
transferir a Bolivia la caleta de Vítor, u otra análoga, en caso de no poder traspasarle Tacna
y Arica in totum. No obstante que en gestiones anteriores, Lima estuvo conforme en
recíprocas modificaciones de frontera, ahora al saber de un pacto chileno-boliviano que se
mantenía en reserva, su posición fue rotunda, y alegó que el Tratado de Ancón no
establecía tales distingos respecto de los territorios litigiosos.
Baste decir que la situación se tornaba inquietante para Chile. Por esta razón, la Cancillería
reiteró a Lira —una vez más— que “al continuar gestiones Tacna y Arica, evite producir
situación difícil o molesta respecto de ese gobierno [peruano] con el cual no debemos
alterar nuestras relaciones amistosas”
. La tenacidad y el celo del plenipotenciario irritaba a la Junta e inquietaba también en
670

Santiago.
Mientras estos instrumentos se discutían reservadamente con los doctores de Chuquisaca,

665
44 MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ. Ver Circular sobre la cuestión de Tacna y Arica. Págs. 238 y 239.
666
45 MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ. Ver Circular sobre la cuestión de Tacna y Arica. Págs. 20 y 21.
667
46 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio confidencial Nº127, Lima, 24-8-1895, de Máximo R. Lira,
Ministro de Chile en Perú, a Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile.
668
47 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1894-95. Oficio reservado s/nº, Santiago, 27-9-1895, de Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile, a Máximo R. Lira,
Ministro de Chile en Perú.
669
48 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.
670
49 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio confidencial Nº127, Lima, 24-8-1895, de Máximo R. Lira,
Ministro de Chile en Perú, a Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile.
Bolivia firmó, el 12 de diciembre de 1895, un tratado con el Plata que confirmaba la
entrega incondicional a la República Argentina de la Puna de Atacama, que Chile
reclamaba como propia.
Gonzalo Bulnes intenta explicar cómo y por qué varió la política chilena al respecto: el
cómo lo atribuye a las debilidades del sistema parlamentario imperante desde 1891, en
que cada ministro de relaciones exteriores era “dueño de empujar el carro, con la misma
soltura de cuerpo y la misma impunidad, hacia un camino real o hacia un pantano”.
El por qué dice, requiere una explicación más lata:
Porque Bolivia, a fuerza de amenazas y conspiraciones, consiguió inspirar miedo a nuestro
Gobierno; porque a impulsos de este miedo el señor Barros Borgoño no tuvo otro anhelo ni
otra preocupación que segregarla de la Argentina, sin fijarse que por huir de un peligro caía
en otro mayor, pues por evitar que Bolivia le proporcionase algunas llamas y algunos
arrieros al ejército argentino, le ofrecía de hecho a este la alianza del Perú, un pedazo de
mar, que es nuestra espalda, el secreto de nuestra unidad y nuestro poder.
Se vio la posibilidad de una alianza argentino-boliviana, y bajo la inspiración del miedo, que
siempre fue mal consejero, se varió el rumbo, sin fijarse que el peligro que desaparecía por
aquí aparecía por allá, porque colocábamos al Perú en el caso de pedir consejos a la
desesperación.
Bajo la impresión del miedo se empezó a hablar de la necesidad de tranquilizar a Bolivia; se
vino a notar por primera vez que los pulmones de la niña necesitaban oxígeno de mar;
médicos hubo que salieron a la calle gritando: ‘¡Bolivia se asfixia!’ y para que no se asfixiara,
se encontró lo más natural que hacer que Chile le ofreciera un puerto fortificado en el
Pacífico, sin acordarse que la niña tiene un galán a quien no le disgustaría respirar las brisas
del mar desde los balcones de granito del Morro de Arica...” 671.
Bulnes cultivaba la “política peruana”, cuyo discípulo más notorio sería Conrado Ríos
Gallardo, en 1929.
Nos parece que habría sido mejor que la elite se hubiese unificado en torno a una sola
política, una “política chilena”, que habría dado mayor solidez y coherencia a nuestra
acción internacional. Mas la génesis de estas distintas combinaciones tendría que buscarse
en la dificultad de dar aplicación al artículo 3º del Tratado de Ancón.
Otros historiadores, como Francisco Antonio Encina, juzgaron que fue un grave traspié de
Santiago reconocer a Bolivia el derecho de tener un puerto en el Pacífico. Y los bolivianos
vieron en ello una simple maniobra de Chile, que afrontaba una situación extremadamente
tensa con Argentina672.
3. NEGOCIACIONES CON EL DR. MELITÓN PORRAS
El 8 de septiembre de 1895, Piérola asumió el mando constitucional.
Designó a Melitón Porras como ministro de Relaciones Exteriores, quien celebró cuatro
reuniones con el plenipotenciario chileno, el 4, 8, 24 y 28 de octubre.
671
50 José María Barreto: El problema peruano-chileno (1883-1911). Escuela Nacional de Artes y Oficios. Lima. 1912. Págs.
96 y 97. Trascribe artículo de G. Bulnes publicado en El Ferrocarril de Santiago, a fines de 1897.
672
51 Sergio Carrasco D., op. cit. Pág. 116.
Lira volvió a orientar estas conferencias en torno al pago del rescate.
Nada nuevo se adelantó, ya que el gobierno de Piérola carecía de los fondos para entregar
los 10.000.000 de pesos o soles en caso de ganar el plebiscito.
Porras argumentó que el artículo III mencionaba “términos y plazos”.
A su juicio, ello conllevó la idea de amplitud en la ejecución del pago, incompatible con el
de un mes. El agente le expuso que los plazos pueden ser breves o largos, puesto que
nada se estableció en Ancón. Sin embargo, Chile tiene razones para que la cuestión se
resuelva inmediatamente una vez que se conozca el resultado de la consulta electoral. Si
favorece a Perú, Chile desea desocupar sin demora los territorios para retirar a sus
empleados.
Pero, no puede movilizarlos antes de recibir la indemnización, porque quiere regir su
conducta por el Tratado y evitar encontrarse en una situación irregular.
Porras cortó el debate con una idea nueva: que el plebiscito tuviera lugar después que las
partes renunciaran a los 10.000.000. Sin pronunciarse sobre el fondo, Lira astutamente le
expresó que se tendría que suscribir un nuevo tratado, con todas las demoras
consiguientes. Aún así, el Secretario de Estado le solicitó que consultara a Santiago 673.
El agente comentó a Claudio Matte que tal propuesta causaría buen efecto en América y
muy mala si Chile la rechazase perentoriamente. “Perú no tiene esperanzas de reunir el
dinero”, agrega674. A su juicio, el gobierno del Rímac prefiriría evitar el plebiscito. Si lo
perdiese, la opinión pública condenaría a Piérola y le recordaría responsabilidades
anteriores. Y si lo ganase, se encontraría impedido de cancelar el rescate. Entonces, se le
culparía de no recuperar las cautivas.
Matte le responde que la proposición antes referida de Porras es absolutamente
“inadmisible”675.
Lira estima que Chile debe demostrar que está interesado en que se cumpla el artículo III, y
que es Perú el que pone pretextos 676. Juzga que por ese medio Lima pretende también
hacer fracasar las negociaciones chileno-bolivianas relativas al tratado de 1895 677.
En la última conversación, el plenipotenciario trasmitió a Porras la contestación negativa de
Matte. El Secretario de Estado le manifestó que aceptaba el plazo de un mes, aunque lo
juzgaba muy duro. Lira le replicó que no se trataba de una imposición. Por lo mismo, se
podía extender hasta tres. Hubo acuerdo al respecto.
En cuanto a la garantía, el canciller estima que Chile debe confiar en la palabra de Perú. El
673
52 MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ. Circular sobre la cuestión de Tacna y Arica. Lima. Imprenta Torres Aguirre, Unión
150. 1901. Págs. 241 a 243.
674
53 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio confidencial Nº149, Lima, 5-X-1895, de Máximo R. Lira,
Ministro de Chile en Perú, a Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile.
675
54 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA RECIBIDA DEL MINISTERIO DE RR. EE. DE
CHILE. 1894-95. Oficio confidencial s/nº, Santiago, 31-X-1895, de Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile, a Máximo R.
Lira, Ministro de Chile en Perú.
676
55 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio Nº162, Lima, 19-X-1895, de Máximo R. Lira, Ministro de
Chile en Perú, a Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile en Perú.
677
56 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio confidencial Nº154, Lima, 12-X-1895, de Máximo R. Lira,
Ministro de Chile en Perú, a Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile.
plenipotenciario considera que si no puede establecer una garantía, por lo menos se
acuerde una sanción en caso de incumplimiento.
Porras podrá proponer que la pena por incumplimiento sería que Tacna y Arica queden
definitivamente anexados a Chile. Por cierto, el ministro no lo aceptó, sería preferible una
sanción pecuniaria. Finalmente, tuvo que declarar que “Perú no tiene dinero en depósito y
le era preciso obtener un empréstito y señalar los medios de servirlo, para todo lo cual se
necesita tiempo”678.
Después de estos últimos intercambios de ideas, pasaron veinte días.
Lira se dirigió por nota a fin de conocer si la discusión habrá de continuar, o el gobierno
peruano adoptará otra resolución679.
El Presidente Piérola ha enviado al Congreso un proyecto de ley para obtener recursos, a
fin de pagar el rescate. Se crea el estanco de la sal y el nuevo impuesto se aplicará al
consumo de ese producto680.
4. NEGOCIACIONES LIRA-ORTÍZ DE ZEVALLOS
La comunicación despachada por el agente chileno al ministro de relaciones exteriores
quedó sin respuesta. En esos momentos, se produjo en Perú una crisis de gabinete. El
sucesor de Porras, Ricardo Ortíz de Zevallos, envió a Lira el 15 de diciembre una nota
verbal, en que lo invitó a tratar la cuestión.
Dos días después, el Secretario de Estado celebró su primera reunión con el agente y quiso
conocer su opinión sobre el punto pendiente de la garantía 681. Este le replicó que
correspondía a las autoridades peruanas pronunciarse.
Ortíz de Zevallos propuso concentrarse en las bases del plebiscito, que se verificaría una
vez constituida la garantía, en forma satisfactoria para La Moneda. Lira le respondió que
Santiago ya había encontrado inaceptable lo expresado al respecto. En consecuencia, si
Perú no tenía ninguna nueva sugerencia que hacer, entonces que lo expresara por escrito.
Ortíz de Zevallos pidió un plazo de tres días682.
La segunda reunión se realizó el 27 de diciembre 683. El Secretario de Estado insistió en que
Chile concretase las condiciones que debía reunir la garantía. Lira, a su vez, mantuvo su
punto de vista: correspondía a Perú indicarlas.
En vista de ello, se aplazó la conferencia hasta el 31 del mismo mes.
En esa oportunidad, el canciller habría de designar las que su gobierno estuviese dispuesto
a otorgar.

678
57 MINISTERIO DE RR. EE. DE PERÚ. Circular sobre la cuestión de Tacna y Arica. Op. cit. Pág. 247.
679
58 MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ. Circular sobre la cuestión de Tacna y Arica. Op. cit. Págs. 249 a 250.
680
59 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio Nº178, Lima, 23-XI-1895, de Máximo R. Lira, Ministro de
Chile en Perú, a Claudio Matte, Ministro de RR.EE. de Chile.
681
60 MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ. Circular sobre la cuestión Tacna y Arica. Op. cit. Págs. 250
y 251.
682
61 MINREL LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1893-95. Oficio Nº193, Lima, 18-XII-1893-95, de Máximo R. Lira, Ministro de
Chile en Perú, a Luis Barros Borgoño, Ministro de RR.EE. de Chile.
683
62 MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ. Circular sobre la cuestión Tacna y Arica. Op. cit. Pág. 251.
La tercera y última conversación se celebró aquel mismo día 684. El Secretario de Estado le
repitió que las Cámaras habrían autorizado al poder ejecutivo para levantar un empréstito
de 10.000.000 de soles. Se financiaría con el impuesto al consumo de la sal y “afectando a
ese servicio si era necesario los productos de la aduana del Callao”. Es lo que Perú puede
ofrecer, mientras se coloca el préstamo, y “esto sin perjuicio de que Chile retenga los
territorios ocupados y perciba las rentas de esas aduanas”. De esta manera, dijo el ministro
se podría abordar la discusión acerca de las bases del plebiscito.
Lira estimó que los procedimientos escogidos no daban seguridades de que Perú
obtendría los recursos necesarios. Si los capitalistas a quienes se acudiese considerasen
insuficiente la garantía del estanco de la sal y el Rímac se viese en la imposibilidad de
efectuar el pago, el fallo plebiscitario quedaría sin efecto. Esto es precisamente lo que Chile
quisiera evitar. Insistió en que era tiempo que se efectuase el cambio de notas convenido
con su antecesor para resumir el resultado de las conferencias.
El diplomático comunicó a Santiago que la entrevista concluyó con el compromiso de Ortíz
de Zevallos de consultar a su gobierno la fórmula siguiente: si Perú no paga la
indemnización dentro de tres meses después de la consulta, se prorrogaría por diez años
la vigencia del Tratado de 1883685.
El Secretario de Estado peruano respondió finalmente, el 3 de febrero de 1896 686. A su
juicio, la nacionalidad de Tacna y Arica estaba sujeta “única y exclusivamente” al resultado
de la consulta popular, y en “nada subordinada al pago del rescate”:
“Mas lo que no acepta ni puede aceptar es que se subordine la nacionalidad futura de las
provincias de Tacna y Arica, y hasta el protocolo en que deban fijarse las bases del plebiscito,
parte principal y necesaria del tratado, al pago del rescate, condición accesoria que
constituye obligación distinta y en nada subordinada a aquella”.
El gobierno chileno —afirmaba Ortíz de Zevallos— no tiene por qué considerar que
quedaría privado de este pago una vez efectuado el plebiscito, “porque, además de
conservar... la prenda, tendría la garantía moral mayor que un pueblo puede dar a otro, o
sea el sentimiento nacional, ejerciéndose en toda su plenitud para reincorporar las provincias
que por voto popular hayan manifestado su deseo de volver al regazo de la patria común”.
El canciller se batió con inteligencia, mas su contraparte también. Lira refutó que el artículo
III hubiera subordinado la nacionalidad futura de Tacna y Arica, única y exclusivamente al
voto popular y excluyese el pago de los 10.000.000 de soles 687.
El agente recordaba la doctrina sustentada por distinguidos tratadistas, tales como Grotius,
Calvo, Blunschli y Wheaton, conforme a la cual:
“todos los artículos de un solo y mismo tratado están comprendidos los unos en los otros en
684
63 MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ. Circular sobre la cuestión Tacna y Arica. Op. cit. Págs. 252 a
la 253.
685
64 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1895-97. Oficio Nº200, Lima, 1-1-1896, de Máximo R. Lira, Ministro de
Chile en Perú, a Luis Barros Borgoño, Ministro de RR.EE. de Chile.
686
65 MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ. Circular sobre la cuestión Tacna y Arica. Op. cit. Págs. 253 a
la 260.
687
66 MINREL. NOTAS DIRIGIDAS AL MINISTERIO DE RR.EE. DE PERÚ. 1894-97. Nota Nº203, Lima, 10-2-1896, de
Máximo R. Lira, Ministro de Chile en Perú, a Ricardo Ortíz de Zevallos, Ministro de RR.EE. de Perú.
forma de condición. [El artículo III ha dicho a Chile y a Perú, en consecuencia], será dueño
del territorio de Tacna y Arica aquel de vosotros a quien lo adjudique un plebiscito con tal
que pague al no favorecido con el voto popular diez millones de pesos”.
Según la tesis de Ortíz de Zevallos, si el plebiscito favoreciese a su patria, Chile devolvería
los territorios y Perú se limitaría a recibirlos. El primero habría cumplido con la obligación
que contrajo y el segundo dejaría aplazada la suya ¿hasta cuándo?
La conclusión —dice Lira— es que Perú, en los doce años que van desde la firma del
Tratado de Paz y Amistad, nada ha hecho para que el vencimiento del plazo lo sorprenda
desprovisto de medios para cumplirlo. La responsabilidad —concluye— no será de Chile.
Algún tiempo después, se publicaron en Lima los documentos relativos a esta negociación
y causaron dolorosa impresión en la opinión pública. La prensa acusó a Chile de frustrar el
plebiscito, pero asimismo de humillar a Perú, a raíz de su insolvencia, la que atribuyó a que
el vecino del sur le despojó de sus riquezas. Mayores críticas recibió el gobierno limeño,
que se dejó burlar por el ministro de Chile. Dicen que este invirtió “el orden natural de la
discusión”, al plantearla en torno al pago de los 10.000.000 de soles, a sabiendas de la
carencia de recursos del fisco peruano688. Por cierto, la tenacidad de Lira se armonizaba con
el espíritu de los negociadores chilenos de 1883. En efecto, lo que buscaba —al igual que
aquellos— era que Tacna y Arica quedasen definitivamente en poder de Chile, y así
cumplir sus compromisos con Bolivia. No obstante, en Santiago hubo críticos del camino
seguido por Lira. Por ejemplo, Gonzalo Bulnes sostuvo que Chile apareció como un feroz
Shylock, que apremiaba a una nación vencida y exangüe, exigiéndole garantías sin que
ninguna le bastara y “con la repugnante satisfacción del que oprime diciendo: ‘¡yo soy rico,
tú eres pobre!’`”689.
Era probable que el tema fuese debatido en el Congreso. Con este motivo, Ortíz de
Zevallos invitó a Lira a conversar el 25 de julio. Le interrogó acerca de qué proposiciones
habría traído de su reciente viaje a Santiago, a fin de continuar la negociación que —según
él— quedó interrumpida el 31 de diciembre. El diplomático le replicó que asistía a la
reunión para escuchar proposiciones y no a formularlas, puesto que la iniciativa de la
reunión fue del Secretario de Estado. Dada la situación difícil que el canciller enfrentaba,
Lira consintió por fin en que respondiera a los congresales que el tema se encontraba
reabierto.
Estas gestiones no llegaron a ningún resultado. Melitón Porras pasó a desempeñarse como
ministro en Santiago y allí le planteó al canciller Guerrero reanudar la conversaciones. No
tenía esperanza de que en Lima se llegase a algún resultado, conocidas las comunicaciones
cambiadas entre Ortíz de Zevallos y Lira, y en especial por la inflexibilidad de este último;
mas no pudo adelantarlas, pues La Moneda estaba dedicada a la cuestión limítrofe con
Argentina.

688
67 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA ENVIADA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1895-97. Oficio Nº264, Lima, 30-7-1896, de Máximo R. Lira, Ministro de Chile en Perú, a Adolfo Guerrero, Ministro de
RR.EE. de Chile.
689
68 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA ENVIADA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1895-97. Oficio N°264, Lima, 30-7-1896, de Máximo R. Lira, Ministro de Chile en Perú, a Adolfo Guerrero, Ministro de
RR.EE. de Chile.
Chile vivía momentos de aguda tensión con el Plata, los que amainaron desde el momento
en que se acordó en Buenos Aires designar al gobierno británico como árbitro para dirimir
la contienda limítrofe, el 17 de abril de 1896.
El Secretario de Estado, Adolfo Guerrero, escribió el 20 de julio de 1896 a Carlos Morla
Vicuña, ministro de Chile en Buenos Aires 690. Le comunicó que instruyó a Máximo Lira para
que procure llegar a acuerdo con Perú. El propósito era convenir las bases para organizar
un plebiscito que favoreciera las aspiraciones de La Moneda. A cambio de ello, se
empeñaría porque Bolivia cediese a Lima un territorio que le resultase de interés. Además,
“estaríamos dispuestos —agrega Guerrero— a devolverle el monitor Huáscar y la cañonera
Pilcomayo”, así como asegurarle la indemnización pecuniaria. Si Perú continúa empeñado
en “retardar indefinidamente” la solución —expresa Guerrero— habrá llegado el momento
de que Chile opte por otros caminos, como sería ceder sus derechos sobre Tacna y Arica:
¿a Bolivia? No lo dice, aunque así parece entenderse.
Semanas más tarde, el agente chileno solicitó una entrevista con el Presidente Piérola, el
14 de agosto de 1896 691. Había regresado de Santiago, de donde trajo instrucciones para
acordar las condiciones del plebiscito que diesen seguridades a La Moneda de ganarlo,
suavizando así el forcejeo del pago de la indemnización y de la garantía. Le expresó que
Perú nada perdería con tal resultado; en cambio eliminaría un factor de conflicto
internacional que le dificultaba su acceso al crédito externo. Además, Chile se empeñaría
por obtener de parte de Bolivia una compensación territorial; alusión al territorio
presuntamente valioso de Madre de Dios.
El gobierno pretendía regularizar la posesión precaria que detentaba respecto del litoral
boliviano, a través de un tratado de paz que la tornase definitiva, consolidando lo que
aseguró en la tregua ajustada en 1884. El atractivo era conceder a esta nación una salida al
Pacífico. Piérola obviamente sugirió Pisagua, porque a Chile no le resultaba indispensable.
“Esa solución era inadmisible” replicó Lira. La opinión pública consideraba chilenas las
cautivas. Si ahora se le planteaba además la entrega de Pisagua, la rechazaría
vigorosamente. Piérola no insistió. Aparentó poco o ningún interés por Madre de Dios.
Perú —dijo— se siente ahogado por el desierto.
Luego discutieron las modalidades de la consulta popular. El Presidente hizo hincapié en
que debían ser “razonables y decorosas”, y solicitó al plenipotenciario que se las diese a
conocer, ya que la iniciativa fue suya. Este sostuvo que bastaba con que se constituyera en
Tacna un jurado ad-hoc que presidiese y reglamentase el plebiscito, según las reglas que
fijase el protocolo que lo estableciera, esto es, quiénes votarían, cómo se acreditaría el
derecho del elector y la fecha de la elección. El jurado se compondría de tres o cinco
miembros, uno o dos chilenos, uno o dos peruanos y un extranjero.
Piérola estuvo conforme con estas ideas. Luego Lira añadió que tendrían derecho a voto
todos los habitantes de esos territorios, que supiesen leer y escribir y que tuvieran un
cierto tiempo de residencia en ellos.
690
69 MINREL. Carta a Carlos Morla Vicuña, Ministro de Chile en Argentina.
691
70 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ CORRESPONDENCIA DIRIGIDA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1895-97. Oficio Nº273, Lima, 15-8-1896, de Máximo R. Lira, Ministro de Chile en Perú, a Adolfo Guerrero, Ministro de
RR.EE. de Chile.
El gobernante replicó que no existía motivo para dar a los extranjeros tal posibilidad, así
como era inaceptable que la tuviesen los bolivianos que estaban comprometidos por las
promesas chilenas de trasferencia de territorio.
Lira lo rebatió porque el tratado de 1883 se refería a “votación popular”.
En consecuencia, todos los hombres domiciliados tendrían ese derecho.
Acerca de la residencia, Piérola alegó que se aplicase la legislación civil.
Como se trataba de un acto político, Lira manifestó que se debía ajustar a lo dispuesto en
las constituciones, leyes electorales, etc. Esta interpretación se fundaba en que los
extranjeros favorecerían la causa chilena, al dar Chile más garantías de orden y tranquilidad
que si Perú fuera el soberano definitivo.
El mandatario no insistió demasiado. Lo que le interesaba saber era sí Chile someterá este
protocolo al poder legislativo. La contestación de Lira fue negativa, pues se trataba de
reglamentar la ejecución de un tratado ya aprobado por los Congresos. “Nosotros, sí —
replicó Piérola— y de ahí surge una dificultad que debemos allanar”.
El Presidente juzgaba que lo mejor sería acudir previamente al legislativo a fin de que le
diese instrucciones para negociar, y obtener “las que correspondan mejor a nuestros
propósitos”.
El diplomático cree más conveniente desistirse de la negociación. Los congresistas
apoyarían proposiciones tan desmedidas para demostrar su fervor patriótico, que
inducirían a La Moneda a resolver por sí sola la cuestión.
Según Piérola, sería peor aún llevar un texto que el legislativo rechazase.
Para salvar tamaño escollo convendría acudir al arbitraje respecto del punto o los puntos
en que no hubiese acuerdo. En realidad, este fue siempre el fin que persiguió: en caso de
un fracaso, él no tendría que asumirlo tan crudamente.
Lira comunica a Santiago que el arbitraje —que cuenta con muchos adeptos en Perú—
podría ser un camino, una vez que Chile tuviese la facultad de elegir el árbitro y en el
entendido de que confirmaría lo ya establecido en el protocolo. Aquello se pactaría
tácitamente entre las partes junto con el dirimente.
A juicio del plenipotenciario, Piérola aspiraba sinceramente a solucionar el problema. De
este modo, despejaría el camino para obtener créditos e inversiones extranjeras, que le
permitirían llevar adelante su programa de desarrollo.
El gobierno del almirante Montt llegaba a su término, así es que las conversaciones se
suspendieron. Con posterioridad, solo hubo una entre Lira y el canciller peruano, Enrique
de la Riva-Agüero, el 14 de septiembre. En ella, se limitó el Secretario de Estado a reiterar
primero la intención de conservar las cautivas y luego conceder a Bolivia facilidades de
libre tránsito y arancelarias por Arica 692. En consecuencia, ¿estos intercambios de ideas con
Piérola habrían sido solo divagaciones fruto de la versatilidad del gobernante? ¿O meras
lucubraciones de Lira que intuía ya el próximo fin de su misión, que tenía entusiastas
692
71 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. CORRESPONDENCIA ENVIADA AL MINISTERIO DE RR.EE. DE CHILE.
1895-97. Oficio Nº283 bis, Lima, 13-9-1896, de Máximo R. Lira, Ministro de Chile en Perú, a Adolfo Guerrero, Ministro de
RR.EE. de Chile.
partidarios en Santiago y también adversarios? No encontramos una respuesta.
El plenipotenciario contó en Santiago con el completo apoyo del Canciller Guerrero; pero
su situación cambiaría con la llegada de Enrique de Putrón, quien al parecer trabó
intimidad con Porras y pareció muy bien dispuesto hacia la república del norte. “No le he
conocido iguales sentimientos por Bolivia” escribe Guerrero.
Lira abandonó Perú a mediados de 1897. Fue destinado con igual cargo al Uruguay. Su
gestión fue altamente impopular en Lima. Al decir de un futuro canciller, Javier Prado
Ugarteche, la sociedad peruana es asequible cuando la tratan personalidades como Carlos
Concha Subercaseaux, Agustín Edwards Mac Clure o Federico Puga Borne, “pero no
cuando se la quiere manejar con hombres de bota gruesa y voz bronca, como don Máximo
Lira”693.
En la clase política chilena, sin embargo, Lira contó con importantes partidarios. Según el
subsecretario de relaciones exteriores, era el hombre que se necesitaba, al que “en mala
hora sacaron de Lima”694. Este mismo funcionario dudaba de que Vicente Santa Cruz, su
sucesor, “tomara al toro por las astas”, pues su temperamento le llevaría a no aislarse
socialmente. Mas, en ciertos círculos de Santiago había preocupación por la inflexibilidad
de Lira, que agravaba la situación. Lo que en el fondo estaba en juego era la “política
boliviana” del ex-Presidente Santa María y las relaciones con el Plata. Balmaceda descartó
esa política, en tanto que el Presidente Montt se hallaba sometido al laisser faire de las
mayorías parlamentarias. La embarcación diplomática parecía navegar, pues, sin timón y
sin brújula.
La permanencia de Putrón en la Cancillería fue breve. Porras tocó el tema de las cautivas
con su sucesor Carlos Morla Vicuña, el 5 de febrero de 1897 695.
Morla coincidió con Lira y Guerrero, y expresó que “no firmaría ningún protocolo en que
no se hiciese constar la garantía que Perú debía ofrecer”.
Agregó, también, que la forma de obviar dificultades era entrar en arreglos directos. Indicó
primero la división del territorio en tres zonas limitadas por la quebrada de Chero al norte,
y al sur por la de Vítor, moviendo Chile y Perú sus fronteras hasta esos límites y
sometiendo a plebiscito la zona central, por cuya posesión se pagaría 4.000.000 de soles,
un planteamiento similar al formulado por José Mariano Jiménez a Vial Solar, en 1894. Su
segunda proposición consistía en una segregación territorial: la provincia de Tacna se
adjudicaría de inmediato a Perú y la de Arica, a Chile; quedaría anulada la indemnización.
Porras rechazó estas propuestas, “porque el Perú estaba decidido a no aceptar bajo forma
alguna la partición del territorio cuya recuperación anhelaba y que, por lo tanto, era inútil
la consulta”. Así finalizaron las gestiones del agente peruano.
6. VICENTE SANTA CRUZ, MINISTRO DE CHILE EN PERÚ

693
72 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1902-1905. Oficio Confidencial Nº2/2, Lima, 7-1-1905, de Víctor Vidaurre-
Leal, Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
694
73 MINREL. CORRESPONDENCIA DE MÁXIMO R. LIRA. 1892-98. Carta, Santiago, 30-7-1897, de Eduardo Phillips,
Subsecretario de RR.EE., a Máximo R. Lira, Ministro de Chile en Uruguay.
695
74 MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ. Circular sobre la cuestión Tacna y Arica. Lima-Imp. Torres
Aguirre, Unión 150-1901. Pág. 279.
Vicente Santa Cruz fue diputado liberal por Chillán, Valdivia y Quillota.
Después se desempeñó como Ministro en Brasil, Alemania, Italia, Paraguay y Uruguay 696. En
julio de 1897, presentó credenciales ante el Presidente Piérola.
“En cuarenta días de residencia que llevo en este país —comentaba a Errázuriz Echaurren—
no he podido ver sino lo que salta al ojo, lo que resalta, y esta es la profunda y mal
encubierta antipatía que se nos tiene como nación y como individuos” 697. A los tres meses,
relata que ha encontrado como herencia “recelos, desconfianza, mala voluntad y hasta
marcada irritación contra la legación de Chile” 698. Era una alusión muy directa a su
predecesor, Máximo R. Lira.
El canciller Carlos Morla Vicuña le remite instrucciones, en donde le señala que el objeto
principal de su misión es procurar el cumplimiento definitivo del Tratado de Ancón, en el
plazo de dos años y cuanto antes mejor699.
Para entender tales instrucciones es menester tener presente que ya eran conocidos los
convenios en virtud de los cuales Bolivia entregó a Argentina la Puna de Atacama.
Morla le expresó que era menester completar la demarcación de nuestros límites, desde la
quebrada de Camarones, por el norte, hasta el Cabo de Hornos, por el sur. Y era
indispensable adquirir también el dominio y soberanía del territorio denominado litoral
boliviano, desde el referido paralelo 23º, territorio que Chile poseía actualmente en calidad
de ocupante provisorio.
Bolivia, después de aprobar con La Moneda el Pacto de Tregua, del 4 de abril de 1884,
expresó sin embargo que la jurisdicción chilena se extendía solo hasta el paralelo 24º y no
hasta el 23º.
“Esta circunstancia —afirma el Secretario de Estado— puede llegar a complicar gravemente
nuestra demarcación de límites con la República Argentina entre los paralelos 24º y 23º,
pues el tratado boliviano-argentino de 1893, establece que la Argentina delimita al
occidente con Bolivia por las más elevadas cumbres de los Andes, donde termina al norte el
límite de Chile con la República Argentina hasta el paralelo 23º, lo que equivale a establecer
expresamente que la República Argentina reconoce que Bolivia es dueño y soberano de una
parte del litoral al sur del paralelo 23º. Este reconocimiento puede dar lugar a un conflicto,
sobre todo si se tiene en cuenta que Bolivia ha sido invitada por Chile y Argentina, en virtud
del artículo 1º del acuerdo de 7 de abril de 1896, entre estos dos países, a concurrir a la
demarcación de sus límites en estas latitudes”.
Santa Cruz debía esmerarse en concertar el protocolo especial del artículo III del Pacto de
Ancón: negociar las modalidades de la consulta popular, así como fijar los términos y
plazos de la indemnización que deberá pagar el ganador. Asimismo, expresar la
conveniencia “de asegurar de antemano” la constitución de garantías previas. Podría
696
75 Virgilio Figueroa, Op. cit: Tomos IV y V. Pág. 776.
697
76 A.Ch.H. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Lima, 25-8-1897, de Vicente Santa Cruz, Ministro
de Chile en Perú, al Sr. Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
698
77 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1897-98. Oficio reservado Nº18, Lima, 8-XI-1897, de Vicente Santa Cruz,
Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
699
78 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTION DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.
ofrecer a Lima 4.000.000 de pesos —que es el monto de su crédito actual sobre Perú— y el
depósito de una suma equivalente del saldo, en un banco de Londres, y dejaría al palacio
de Pizarro que propusiera la garantía que estuviera dispuesto a constituir. En el caso de
que Chile continuase en la posesión provisoria de estas provincias hasta el pago de la
indemnización, el ministro la aceptaría, pero con la condición de que se designase un plazo
fijo dentro del que se efectuaría dicho pago, que no podría exceder de un año, a contar del
fallo. De no llenarse estos requisitos, quedarían de hecho reconocidos la soberanía y el
dominio definitivo de Chile sobre Tacna y Arica. La urgencia está relacionada —aclaró
Morla— con el Tratado Especial de Transferencia de Territorio suscrito con Bolivia, que de
perfeccionarse entregaría aquellos al gobierno de La Paz.
Resueltos estos puntos, el agente negociaría las condiciones de un plebiscito que
permitiesen anticipar el éxito de Chile, como consecuencia de lo que se supone habrían
conversado Piérola y Lira. Se podrían someter a los Congresos de ambas repúblicas —
según la fórmula que planteó el mandatario a ese plenipotenciario chileno— y obtener la
autorización de aquellos para someter a arbitraje las que fuesen objetadas por los
respectivos poderes legislativos.
Durante el plebiscito los territorios continuarían poseídos por Chile y sujetos a la
legislación y autoridades nacionales.
Reiteraría el ofrecimiento de los buenos oficios de La Moneda para que La Paz cediese a
Perú una extensión de territorio entre los ríos Irambay y Madre de Dios, actualmente en
litigio con Bolivia y Brasil. Consideraba Morla que había sido una estratagema de Piérola,
en su conversación con Lira, demostrar desinterés por aquel. Reanudaría el ofrecimiento de
devolver el Huáscar y la cañonera Pilcomayo, “porciones del territorio del Perú que
segregaron de él los azares de la guerra”.
En la eventualidad de que Chile tuviera éxito, entregaría a Perú directamente los
10.000.000 de pesos o soles pactados en Ancón. Dado el curso que sigue la causa a la que
está abocado el tribunal de Berna, Morla estimaba —ilusiones a nuestro juicio— que
Francia no recabaría el pago de las sumas reservadas para Dreyfus. Chile —señalaba— no
traspasaría suma alguna a gobiernos y acreedores extranjeros, sin la anuencia peruana. En
el peor de los casos, La Moneda indemnizaría directamente a Lima si Chile perdiera el
plebiscito. Le niega toda legitimidad al protocolo secreto Errázuriz-Bacourt, firmado sin el
conocimiento del Presidente de la República ni del Congreso Nacional.
Propondría a Perú el avance de su frontera del río Sama a la ribera sur de la quebrada de
Chero y trataría de obtener una estipulación equivalente que asegurase a Chile, de
producírsele un fallo adverso, el avance de la suya hasta la ribera norte de la quebrada de
Vítor.
De no avenirse a celebrar la consulta popular, en los términos indicados anteriormente,
Santa Cruz le expresaría que su gobierno cedería a Bolivia sus derechos sobre Tacna y
Arica.
Los convenios que se firmaron con esta última república, en 1895, fracasaron.
Historiadores chilenos afirman que Bolivia nunca estuvo tan cerca del mar, como en esa
oportunidad; pero que los doctores de Chuquisaca habrían estirado la cuerda en demasía,
tratando de ganarse “a Chile sin que lo supiera Perú”, y en el tema Puna, “ganándose a
Argentina sin que Chile lo supiera” 700. Es claro que estos raciocinios se basaban en que La
Moneda ganase en el plebiscito —suposición improbable— o que, en todo caso, Perú
conviniese en los cambios de frontera señalados. Sin embargo, cabe tener presente que en
Vítor la costa es brava, al parecer casi inabordable. En consecuencia, la aspiración portuaria
de los doctores se habría frustrado, pues entre la quebrada de Sama y la de Camarones —o
sea en todo Tacna y Aricasólo existe un puerto útil: la bahía de Arica, como quedaría en
evidencia en la negociación de 1929.
Santa Cruz, antes de posesionarse de su cargo, recibió una carta de su colega chileno en
Sucre, Manuel Salinas, quien le comunicó que ha hallado buena disposición para ceder a
Perú, en Madre de Dios, una porción de tierra con la misma extensión de Tacna y Arica o,
en su defecto, otra compensación, caso de perder el arbitraje a que ese territorio estaba
sometido701.
El agente inició el 14 de agosto conversaciones con el secretario de Estado, Enrique de la
Riva-Agüero. De inmediato, este planteó la devolución de las cautivas, como en Perú
pasaron a llamarse estos territorios, después de 1894. El agente le replicó que no estaba
contemplada en sus instrucciones.
Le recordó que en las conversaciones entre Lira y Candamo, el primer acuerdo fue
renunciar a los entendimientos directos. No obstante, inquirió si aceptaría que él hiciera la
misma proposición aunque en sentido inverso. En tal caso, solicitaría instrucciones a
Santiago. Agregó igualmente que Chile tenía el propósito de cumplir sus acuerdos con
Bolivia702. El canciller prefirió que en el acta solo se dejase constancia de los dichos suyos y
no de la sugerencia de Santa Cruz.
Durante la conversación, el diplomático le manifestó que podrían estudiar la división del
territorio en disputa. Riva-Agüero, confrontado ante la alternativa de entregar una parte a
Bolivia, respondió que su patria se oponía a que ni siquiera un “jirón” pudiese quedar en
manos de aquella república, “del país que fue su aliado en la guerra que hoy se liquida”.
Chile —agregó— podría entregarle Pisagua o Mejillones.
En carta al Presidente Errázuriz, Santa Cruz sostiene que la prisa del canciller descansa en la
idea de que ganarán el plebiscito, a pesar de los trabajos de chilenización de última hora.
Ni Piérola ni Riva-Aguero se han referido a los planes a que hizo mención Lira en su
correspondencia oficial con Santiago. Por el contrario, el Presidente Piérola no le ha
ofrecido ninguna oportunidad para que Santa Cruz toque el punto, a pesar de ser viejos
amigos703.
En la segunda conferencia, el canciller solicitó que se eliminasen de la consulta popular los
distritos de Tarata, Estique y Taracoche. El agente estimó que esta concesión no
700
79 Gonzalo Vial, op. cit. Vol. II. Págs. 190 y 191.
701
80 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1881-1895. Carta, Sucre, 23-6-1897, de Manuel Salinas, Ministro de Chile
en Bolivia, a Vicente Santa Cruz.
702
81 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1897-98. Oficio Nº7, Lima, 17-8-1897, de Vicente Santa Cruz, Ministro de
Chile, al Ministro de RR.EE. de Chile.
703
82 A.Ch.H. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Lima, 20-8-1897, de Vicente Santa Cruz, Ministro
de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
perjudicaría a Chile, porque los habitantes de esas localidades, todos peruanos, apoyarían
en la votación a la madre patria. En cambio, se podría pedir una compensación. Santa Cruz
le planteó que Perú avanzara su frontera hasta la quebrada de Chero y Chile hasta la de
Vítor, empero aquel la rechazó por segunda vez. Ni siquiera un pedazo de suelo, por
insignificante que fuese, debería pasar a manos del aliado del ’79.
Finalmente, el diplomático chileno conversó con Piérola. Aludió a artículos periodísticos,
probablemente de origen peruano, publicados en La Paz, que señalaban a Pisagua como la
solución del problema. Por lo mismo, se esforzó por convencer al gobernante del peligro
de que en el Rímac se alentase a Bolivia en sus pretensiones sobre Pisagua, como una
manera de enfriar sus aspiraciones respecto de Tacna y Arica. El resultado sería convertir el
plebiscito en una lucha entre Arica y Pisagua. Esta última Chile la defendería con mayor
ahínco, como si se tratase de Coquimbo o Valparaíso.
Mejor inducir a La Paz —agregó— a que acepte Vítor. Le sugiere que Lima y Santiago
trabajen en esa dirección, pues, de prosperar Chile perdería interés en ganar el
plebiscito704.
Según una sexta misiva al Presidente Errázuriz, le asusta la calma que advierte en el
gobierno, así como el gran número de sesiones secretas que celebran las Cámaras
legislativas. En la del 28 de septiembre, se refiere a que el Secretario de Estado dio cuenta
verbal de entendimientos con Argentina.
En la Memoria del ministerio de relaciones exteriores de Perú, se afirma que la solución de
las cautivas ha tardado, “pero como lo explicará reservadamente, no se ha perdido el
tiempo” (subrayado en el original). Después se habla de memoria reservada. Se pregunta
Santa Cruz “¿será tal vez alguna inteligencia con los argentinos?” Está absolutamente solo
en la legación y da a entender que requiere un informante. Pregunta al Presidente:
“¿Serviría aquel amigo de Isidoro que estuvo en Buenos Aires?” 705.
Varias semanas más tarde, el 6 de diciembre, trasmite a Santiago la copia de lo que dice
ser un acuerdo secreto entre Lima y el Plata, de 21 de julio de 1897, con carácter ofensivo y
defensivo, así como de la discusión de que fue objeto en el Congreso. Su objetivo es exigir
a Chile el cumplimiento estricto del Pacto de Ancón. En los anexos respectivos, se insertó el
texto de tal instrumento y el acta del Congreso peruano, en donde se trató si se aplazaba
la consideración parlamentaria de dicho acuerdo 706. Conforme a esta documentación,
Argentina se comprometía a entregar a Lima cincuenta mil rifles Mauser, mientras este
pondría ochenta mil hombres en pie de guerra para invadir los territorios conquistados por
Chile. Argentina enviaría una escuadrilla a las costas peruanas.
El primer mandatario chileno, inquieto y desconfiado, encargó al Presidente de la Corte
Suprema, Máximo Flórez Zamudio, quien al parecer viajaría a Lima por asuntos personales,

704
83 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Lima, 8-9-1897, de Vicente Santa Cruz, Ministro de
Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
705
84 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Lima, 24-9-1897, de Vicente Santa Cruz, Ministro
de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
706
85 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905. Copiador B. Págs. 283-292. Ver
también del mismo autor el “Resumen histórico de las relaciones diplomáticas entre Chile y el Perú sobre celebración del
plebiscito relativo a Tacna y Arica”. Biblioteca San Joaquín y Biblioteca de Humanidades de la Universidad Católica de Chile.
que obtuviera mayores antecedentes al respecto. Los que recogió descartaron toda
verosimilitud acerca del presunto tratado. Pero, por lo demás, ¿cuánto podría valer lo que
obtuviese un magistrado que aparentemente andaba de paso, en una ciudad y en un
ambiente que desconocía?
El historiador peruano Basadre disiente de Santa Cruz. Afirma que en el archivo de Piérola
se conserva una carta del Vicepresidente de la República, Billinghurst, al jefe de Estado,
según la cual ese acuerdo secreto fue una intriga de Pinilla, ministro boliviano en Lima: ella
confundió a Santa Cruz quien desinformó a Santiago, con perjuicio de su prestigio 707.
Empero, copias de esos documentos, presuntamente falsos o inexistentes, se guardan
junto con los anexos del Libro rojo que escribió Alejandro Álvarez. Éste hizo la reflexión
siguiente al estudiarlos: “...es muy útil tener siempre presente los vínculos políticos que han
existido y pueden existir entre el Perú y la República Argentina” 708.
Así concluyó el año ’97. Las conferencias de Santa Cruz con Riva-Agüero quedaron en
suspenso; el agente esperaba nuevas instrucciones para proseguirlas.
Las recibió a fines de noviembre. Mas el Secretario de Estado no demostró interés en
continuarlas, hasta conocer la resolución del Congreso chileno respecto de los Protocolos
pendientes con Bolivia. De su aprobación o rechazo dependería el rumbo de las nuevas
conversaciones709. Por su lado, Santa Cruz escucha que agentes oficiosos se empeñan por
resolver la cuestión pendiente, y entre ellos nombra a Guillermo Billinghurst,
Vicepresidente de Perú. El canciller Silva Cruz procura tranquilizarlo, asegurándole que el
Gobierno sigue favoreciéndole con su confianza 710. Sin embargo, Santa Cruz no andaba tan
perdido en sus sospechas. Ya queda escamado con la misión asignada al Presidente de la
Corte Suprema.
La política exterior de Santiago empieza a alejarse de La Paz. El Congreso boliviano
aprueba los tratados de 1895, pero con una reserva. Aquella consistía en que no pudiendo
Chile obtener Tacna y Arica, tocaba a ese poder legislativo “pronunciarse sobre si el puerto
y zona que ofrezca Chile en sustitución del puerto y territorio de Tacna y Arica, reúne o no
las condiciones establecidas en las estipulaciones celebradas entre las dos Repúblicas”.
Esta reserva concedía a Bolivia un amplio derecho de elección. Aparentemente, no le
satisfacía la caleta Vítor, cuyas malas condiciones portuarias indicamos anteriormente. El
Presidente Errázuriz la objetó de inmediato711.
El desenlace de los tratados de 1895 y sus protocolos fortaleció en Santiago al sector
perúanista. La preocupación predominante eran las tensiones con el Plata y la alternativa
de una guerra. Santa Cruz comunicó a Silva Cruz que en Lima se entendía que la política
internacional chilena era la consecuencia de la presión que ejercían las relaciones con

707
86 Jorge Basadre, op. cit. Pág. 471.
708
87 Alejandro Álvarez: Resumen histórico..., op. cit.
709
88 Jaime Eyzaguirre: op. cit. “Historia de las relaciones chileno-bolivianas”. Editorial Universitaria. Santiago. 1991. Págs.
144 y 145.
710
89 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Lima, 15-12-1897, de Vícente Santa Cruz, Ministro
de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
711
90 Sergio Carrasco D.: op. cit. Pág. 114.
Argentina, “cuya pacífica solución era mirada aquí como un verdadero fracaso para Perú,
que se vería obligado a esperar la solución del problema de Tacna y Arica tan solo de la
equidad o de la benevolencia de Chile”712.
7. EL VICE-PRESIDENTE DE PERÚ EN CHILE
En conocimiento de la nueva realidad, Perú resolvió entonces dar otro giro al asunto.
Piérola solicitó al vice-Presidente, Guillermo E. Billinghurst, que se trasladase a Santiago
para conversar con el Gobierno713. Según Silva Cruz, la iniciativa no habría partido del
Presidente Errázuriz ni de él714, mas en Lima se aseguró lo contrario. Por su lado, el ex-
canciller Adolfo Guerrero indica que fue una carta del primer mandatario la que lo indujo a
venir715.
Lo más posible es que la idea naciera de acciones espontáneas de chilenos y peruanos
prominentes, en vista de los momentos tan apremiantes que se vivían.
Dado que la negociación se radicaría a orillas del Mapocho, Santa Cruz renunció y solicitó
que se le autorizara para regresar a fines de febrero de 1898. Aún así su retorno tardó
algunos meses.
Billinghurst acostumbraba a pasar largos períodos en Iquique. Desde allí manejaba sus
intereses. Había escrito libros sobre el salitre y poseía valiosas relaciones en Chile. Se sirvió
de estas para procurar el fracaso de los convenios chileno-bolivianos de 1895. Se escribía
con Antonio Valdés Cuevas, ministro del Interior, y con Gonzalo Bulnes, entre otras
personalidades.
También cultivaba la amistad del Presidente de la República. Mas quien le ayudaba en el
sur, con gran habilidad, era un compatriota, el industrial salitrero Wenceslao Graña.
El vice-Presidente sedujo a Gonzalo Bulnes, quien ya era el peor cuchillo de la “política
boliviana”. A este respecto, comentaba el historiador y político:
“Es difícil que nos entendamos con Bolivia, más por culpa de ellos que de nosotros”, y
aseguraba que dicha nación había sido funesta para Chile 716.
Se produjo, pues, una confluencia de intereses entre La Moneda y el palacio de Pizarro,
alimentada por cuestiones tanto antiguas como nuevas, que enturbiaban las relaciones
entre los aliados de 1879. A su vez, Chile aspiraba a lograr la neutralidad peruana en caso
de un conflicto que parecía inminente con el Plata; y por el otro lado, Perú pretendía
desempeñarse frente a Bolivia con las manos libres. Cobraba bríos lo que desde antiguo se
dio en llamar la polonización de la antigua Audiencia de Charcas717, a la que nos
referiremos más adelante.
712
91 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1897-98. Oficio Nº5, Lima, 16-2-1898, de Vicente Santa Cruz, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
713
92 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1897-98. Telegrama Nº5, Lima, 5-1-1898, de Vicente Santa Cruz, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
714
93 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1897-98. Oficio Nº5, Lima, 16-2-1898, de Vicente Santa Cruz, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Trascribe telegrama desde Santiago.
715
94 MINREL. CORRESPONDENCIA DE MAXIMO R. LIRA. 1892-98. Carta, Santiago, 24-3-1898, de Adolfo Guerrero al Sr.
Máximo R. Lira, Ministro de Chile en Uruguay.
716
95 Gonzalo Vial: “Historia de Chile (1891-1973)”. Editorial Santillana del Pacífico S.A. de Ediciones. Santiago. 1983. Págs.
268 y 269.
Antes de partir al sur, Billinghurst escribió al Presidente:
“La cuestión con Argentina arrecia. Llegando a Santiago se me va a presentar la siguiente
cuestión: Chile devolverá al Perú Tacna y Arica íntegramente (debo suponerlo, dadas mis
exigencias); pero ¿cuál será la actitud del Perú si Bolivia, despechada por esto, se une a la
Argentina? Los chilenos eminentes están de acuerdo conmigo en que nosotros no podemos
ni tenemos por qué enemistarnos con la Argentina; pero ¿y si Bolivia tercia en la cuestión
viéndose desairada por Chile a causa de habernos devuelto Tacna y Arica?
Espero que usted, estudiando la cuestión, me dará sus instrucciones al respecto.
En la partida vamos jugando no solo Tacna y Arica, sino la suerte del Perú...” 718

El vice-Presidente conversó oficiosamente con el Primer Mandatario chileno y con el


Secretario de Estado, Raimundo Silva Cruz, en las primera semanas de 1898. Como hemos
manifestado, La Moneda estaba movida por el temor de un eje Lima-Buenos Aires; empero
se sentía obligada a atender las peticiones portuarias de Bolivia, según el Tratado Especial
de Trasferencia de Territorio, de 1895. Poco después de aquellas entrevistas, Silva Cruz
supo oficialmente por el plenipotenciario boliviano que el Congreso de su patria había
aprobado los pactos de 1895, pero con la reserva a que aludimos precedentemente. El
cuadro se modificaba así radicalmente.
8. EL PROTOCOLO BILLINGHURST-LATORRE
Silva Cruz solicitó al vice-Presidente que exhibiera credenciales, a fin de iniciar
negociaciones. El palacio de Pizarro se las concedió y fue acreditado como ministro
plenipotenciario, en misión especial y con plenos poderes.
Desde Lima, nuestro agente comunicó al gobierno que la prensa y la opinión pública en
Lima estimaban inevitable una confrontación bélica chileno-argentina. El pésimo efecto
que produjo en Santiago un libro del perito río platense Francisco P. Moreno, en contra de
nuestra tesis relativa al divortium acquarum, al igual que las noticias vinculadas al
armamentismo creciente entre ambas naciones, robustecían esa convicción 719.
Piérola y Billinghurst miraban lejos. Al estar el Presidente Errázuriz en situación difícil por la
proximidad de un conflicto con el vecino oriental, el momento no podía ser más oportuno
para lograr una solución satisfactoria sobre las cautivas, en orden a dejar las manos libres
para ajustar después cuentas con Sucre720.
Las conferencias entre Silva Cruz y Billinghurst fueron protocolizadas el 9 de abril de
1898721.
El primero planteó la adquisición total, sin plebiscito, de los territorios de Tacna y Arica,
con una indemnización en favor de Perú superior a la indicada en Ancón. En segundo
717
96 Anexos del alegato de la República de Chile presentado al Presidente de los EE.UU. como árbitro. Santiago. 1924. Pág.
471.
718
97 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 175.
719
98 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1897-98. Oficio Nº8, Lima, 12-3-1898, de Vicente Santa Cruz, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
720
99 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 177.
721
100 Memoria del Ministro de Relaciones Exteriores, Culto y Colonización de Chile. Imprenta Nacional. Santiago, 1898. Pág.
XLVIII.
lugar, en subsidio de lo anterior, Chile le entregaría la provincia de Tacna y retendría la de
Arica, dándose por compensada la indemnización 722. Y por último, la división en tres zonas,
como ya lo propuso el Secretario de Estado peruano, José Mariano Jiménez, en 1894,
desde la quebrada de Sama hasta Chero para Perú, y desde Vítor hasta Camarones para
Chile. Y la parte central se sometería a plebiscito, reduciéndose la indemnización
proporcionalmente. La Moneda pretendía cumplir así los compromisos contraídos en
Sucre.
Billinghurst rechazó la primera alternativa y afirmó que si bien Perú:
“pudo pactar, como consecuencia del desenlace de la guerra de 1879 y para desprenderse de
la ocupación extranjera que amagaba hasta su soberanía, la cesión perpetua e incondicional
de Tarapacá, hoy que se halla en pleno ejercicio de sus derechos soberanos, con un Gobierno
que ha sabido captarse el respeto de propios y extraños y con los elementos necesarios para
afrontar las obligaciones que el rescate de esas provincias impone, lejos de poder consentir
en la desmembración del territorio nacional, hollando los principios más sagrados de su
Carta Fundamental, la reincorporación de esos territorios, aspiración que toca al alma del
pueblo peruano, ha llegado a constituirse en objetivo nacional, al cual se halla vinculada la
existencia misma del Perú como nación soberana”723.
Con relación a la construcción de un ferrocarril desde Arica u otro punto cercano —
previsto en los acuerdos chileno-bolivianos de 1895— dijo que afectarían el desarrollo
económico de Puno y Arequipa, así como el rendimiento de la aduana de Mollendo 724.
Tampoco acogió la división de los territorios, Tacna para Perú y Arica para Chile. Adujo que
los pueblos al norte de aquel puerto languidecerían y morirían. Asimismo declaró “que no
habría en el Perú gobernante alguno que se atreviera a ceder, fuera del caso contemplado
en el Tratado de Paz de 1883, ni una pulgada de los territorios de Tacna y Arica” 725.
El enviado respondió al canciller que era imposible llegar a acuerdo acerca de la tercera
base. El vice-Presidente negociaba a sabiendas de la debilidad internacional chilena.
Silva Cruz, después de escuchar las objeciones de su contraparte, le rogó que meditase
algunos días. Billinghurst accedió por educación.
En una próxima conferencia, el plenipotenciario se negó redondamente a aceptar aquellos
planteamientos. Comenzó la discusión de las bases del plebiscito, a saber:
1º Quiénes tienen derecho a votar;
2º si el voto debe ser público o secreto;
3º quién debe presidir las operaciones del acto y resolver las dificultades que en él pudieren ocurrir;
4º los términos y plazos en que haya de pagarse la indemnización que el país que quede dueño del
territorio debe pagar al otro, y
5º qué garantía se establece respecto del pago.

722
101 Esta fórmula anticipa la que se convino en 1929, pero que habría dejado hipotéticamente a Chile con las manos libres
para dar a Bolivia una salida al mar con soberanía.
723
102 Memoria, op. cit. Pág. LI y LII.
724
103 Memoria, op. cit. Págs. LI y LII.
725
104 Memoria, op. cit. Pág. LIV.
Silva Cruz sustentó las posiciones de Máximo R. Lira ante el Presidente Piérola. Se
considerarían aptos para votar todos los habitantes de los territorios que reuniesen ciertos
requisitos de edad, residencia, estado civil, etc. O sea, participarían los bolivianos, con
quienes Chile creía contar.
Billinghurst sostuvo que solo sufragarían los peruanos naturales de Tacna y Arica o
avecindados en esos departamentos, con tal que reunieran determinadas condiciones
personales. Aunque se señalaron algunos de estos requisitos, se discutió si podrían
participar los habitantes con ciertas condiciones de tiempo de residencia y otras, o solo los
naturales del territorio y los peruanos, aunque no nacidos, pero avecindados en él,
dejándose para más adelante la determinación de las demás exigencias.
No se logró acuerdo y se resolvió someter la cuestión al fallo arbitral del soberano de una
nación amiga. Se decidió recurrir al gobierno de S.M. la Reina Regente de España.
El 16 de abril de 1898 se suscribió el llamado Protocolo Billinghurst-Latorre. En
representación de Chile lo firmó el almirante en retiro Juan José Latorre, que sucedió a
Silva Cruz, a raíz de una crisis de gabinete.
Quedaron sujetos a este fallo los dos puntos siguientes: 1º quiénes tienen derecho a votar,
determinando los requisitos de nacionalidad, sexo, edad, estado civil, residencia o
cualesquiera otros; y 2º si el voto debe ser público o secreto.
Se estableció una junta directiva integrada por representantes de los tres gobiernos, que
sería presidida por el español.
La indemnización de 10.000.000 de pesos y la garantía del pago quedan abordados en el
artículo XV de dicho protocolo. La nación que resultase dueña de estas dos provincias
pagaría la indemnización en la forma siguiente:
1.000.000 dentro de diez días desde que se proclame el resultado del plebiscito; otro
1.000.000 un año después, y 2.000.000 al fin de cada uno de los cuatro años siguientes. El
pago del rescate quedará garantizado con los productos totales de la aduana de Arica.
Se observa la debilidad de nuestras autoridades. Indudablemente, obraban afectadas por
la tensa situación que caracterizaba, hasta ese momento, nuestras relaciones con Buenos
Aires.
Este mismo espíritu se advierte, por ejemplo, en la elección del árbitro, que era el menos
conveniente para Chile. España acababa de sostener una guerra con Estados Unidos, en la
que sufrió desmembraciones territoriales.
Por lo tanto, miraría estas con desagrado y podría serle más afín la causa de Perú. Por otra
parte, Chile siempre alegó que según el derecho internacional vigente y los precedentes, la
operación plebiscitaria se haría bajo su exclusiva dirección. Conforme al Protocolo, estaba
representado nada más que por un miembro. En el tema relativo a los 10.000.000 de pesos
—que mereció todo el interés del ministro Lira— se resolvió de acuerdo con la
conveniencia de Lima. Respecto de la garantía, el ofrecimiento de la aduana de Arica era
poco significativo726.
Aunque las partes acordaron mantener en reserva el texto del Protocolo hasta que lo
726
105 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTION DE ARICA Y TACNA. TOMO 1º. 1905.
conociera el legislativo en el Rímac, en Perú hubo inmensa satisfacción con sus
lineamientos generales. Se descontó que las cautivas regresarían muy pronto a poder suyo.
El 13 de julio dicho protocolo recibió la sanción del Congreso, antes de que se pronunciara
el de Chile. Sin embargo, el civilista Manuel Candamo, Presidente del Senado, con un dejo
sibilino, dejó constancia de que fue suscrito “a mérito de transitorias circunstancias” 727.
Desagradado con su gobierno por los hechos señalados previamente, Santa Cruz observó
con espíritu crítico las exigencias de Billinghurst. A juicio suyo, el arreglo que propuso no
significó ventaja alguna para Chile. Era preferible demorarlo hasta solucionar la cuestión
con Argentina. “...éste litigio —comunicaba a Errázuriz— es el imán oculto que perturba las
corrientes naturales tanto en Chile como en el Perú y Bolivia” 728. No le faltaba razón. El 21
de septiembre, Chile y Argentina firmaron cuatro actas que descomprimieron la situación,
y luego sendos pactos sobre la Puna de Atacama. Trajeron momentánea tranquilidad y
enfriaron el apasionamiento bélico. De este modo, La Moneda tendría mejores
posibilidades para enfrentar sus problemas con Perú y Bolivia, y el acuerdo perdería
urgencia.
Nuestro representante en el Rímac trasmitió a algunos de sus compatriotas las críticas que
le mereció el Protocolo Billinghurst-Latorre. Los adversarios de la política de Errázuriz las
utilizaron para escribir artículos en la prensa. Todo ello produjo un enfriamiento entre el
diplomático y el gobernante, e hizo difícil además su situación en Perú:
“Yo no vine aquí —le dijo en carta a Domingo de Toro— por la novedad de los honores, ni
por darme aires, ni por guardar dinero, sino por algo que los acontecimientos me han
arrebatado, como era la satisfacción de cooperar en los arreglos. La intromisión de
Billinghurst me ha dejado mirando la luna. No tengo para qué quedarme aquí...” 729.
Regresó en agosto a Chile y se alejó para siempre del servicio público.
El sucesor de Santa Cruz en Perú fue Domingo Amunátegui Rivera. Se había desempeñado
como oficial de la aduana de El Callao durante la Guerra del Pacífico; en 1889 inició su
carrera diplomática como secretario de la legación en Madrid y después ante la Santa
Sede; fue ministro plenipotenciario en Uruguay; en el transcurso de la administración
Errázuriz Echaurren ocupó dos veces la cartera de Justicia y después la de Interior 730.
Presentó credenciales en Lima el 1º de septiembre de 1898. Piérola, en su discurso de
respuesta, se refirió al pacto recientemente suscrito, ya aprobado por el poder legislativo
peruano y por el Senado chileno, en los siguientes términos:
“La reincorporación de nuestras provincias, Tacna y Arica, al territorio nacional, satisfaciendo
nuestros legítimos anhelos, despeja con viva luz el horizonte sudamericano, trayendo bienes
inestimables a los pueblos del Continente”731.
El mandatario dio por sentado que Perú ganaría el plebiscito. Una apreciación hasta cierto
727
106 Jorge Basadre, op. cit. Vo. VII. Pág. 471.
728
107 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 181.
729
108 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Págs. 182 a 183.
730
109 Virgilio Figueroa, op. cit. Tomo 1º. Págs. 489-490.
731
110 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1898-1899. Oficio Nº27, Lima, 3-9-1898, de Domingo Amunátegui Rivera,
Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
punto correcta, pero que la prudencia habría recomendado reservar para más adelante.
Ella fue conocida en Chile con los resultados que luego veremos.
En Santiago, el Senado había iniciado el estudio del Protocolo, el 19 de julio de 1898. La
defensa gubernativa estuvo a cargo de Carlos Walker Martínez, ministro del Interior.
Expresó este que de producirse una ruptura con el Plata, dicho acuerdo impediría que Lima
se alineara con Argentina en contra de Chile. A su juicio, estos antecedentes permitían
aprobar un pacto que “por lo demás, siendo como era el fiel cumplimiento del Tratado de
Ancón, revestía un fundamento justiciero”732.
El Protocolo fue aprobado por dieciséis votos contra seis.
En la Cámara joven el acuerdo tuvo un estreno difícil, por lo que el almirante Latorre
solicitó que se debatiese en sesión secreta. Esta petición fue aceptada, pero antes hubo
diputados, tales como Abraham König y Maximiliano Ibáñez, que acusaron al gobierno de
defender los intereses peruanos, agregando que el Canciller carecía de experiencia
diplomática. Ibáñez dijo que debíamos satisfacer las aspiraciones portuarias de Bolivia, que
quedaban diferidas con este instrumento, ya que perderíamos el plebiscito 733.
Enrique Mac Iver e Ibáñez también afirmaron además que en los territorios en disputa
existía salitre, que de pasar a manos peruanas pondría en peligro nuestro monopolio de
esa sustancia. Sin embargo, el tiempo se encargaría de demostrar la inexistencia de aquel,
así como evidenciaría que se trataba de una maniobra para que naufragara el Protocolo.
El Presidente Errázuriz, preocupado, telegrafió a Amunátegui a fin de que Perú no fijase
impuestos inferiores a los chilenos, y que comunicase a Piérola que en Santiago ganaba
terreno la oposición a dicho instrumento.
“Ese temor infundado —le dice— lo explotan aquí políticamente”734.
A raíz de estas declaraciones, el almirante Latorre celebró una conferencia con Manuel F.
Benavides, encargado de negocios peruano. Autorizado por el canciller Porras, el agente le
expresó que su gobierno tenía la convicción de que no existían tales depósitos,
susceptibles de explotación industrial. En el caso hipotético de haberlos, Perú se abstendría
de gravarlos con impuestos menores de los que rijan en Chile. Además, estaba dispuesto a
celebrar un pacto especial a este respecto, si fuese necesario 735.
El 14 de septiembre, Amunátegui suscribió con Porras una declaración en el sentido
anterior, donde ambos Gobiernos resolverían, en adelante, proceder de acuerdo en esta
materia736.
En cumplimiento de instrucciones, el 1 de octubre nuestro representante vuelve a dirigirse
al Canciller peruano, para solicitarle una declaración protocolizada al respecto 737. Porras le
732
111 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 183.
733
112 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 184.
734
113 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Telegrama, Santiago, 29-8-1898, del Presidente Federico
Errázuriz Echaurren a Domingo Amunátegui, Ministro de Chile en Perú.
735
114 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DE PERÚ. 1898-99. Nota Nº12, Santiago, 30-8-1898, de Manuel J. Benavides,
Encargado de Negocios de Perú en Chile, al Almte. Juan José Latorre.
736
115 Ministerio de RR.EE. del Perú. “Circular sobre...” op. cit. Pág. 311.
737
116 Ministerio de RR.EE. del Perú. “Circular sobre...” op. cit. Págs. 312 y 313.
responde por nota, secamente, que tenía derecho a esperar de Chile que aprobase el
convenio Billinghurst-Latorre sin exigencias extrañas a ese pacto, que limitasen la
soberanía nacional738. La opinión pública en Lima —informa Amunátegui— teme que en
Santiago exista un juego para aplazar definitivamente la aprobación del Protocolo 739.
Por lo mismo, Benavides recibe instrucciones de pasar una nueva comunicación.
Reclama en ella que se dé término al estado de expectativa que existe sin motivo
justificado. Dice que tales aplazamientos hieren los sentimientos de una de las partes
interesadas740. A su vez, Porras —urgido por Amunátegui— le envía una nota cuyos
términos envolverían una verdadera amenaza para Chile 741.
El 24 de diciembre, el ministro de relaciones exteriores, Ventura Blanco Viel, justifica la
demora por el hecho de que la Cámara estima que el Protocolo pueda comprometer la
“situación fiscal” de la nación, en relación con la eventual explotación de yacimientos
salitrales en Tacna y Arica. Aludió también al recargo de trabajo, especialmente en materias
constitucionales, que sufría dicha corporación 742. Pero el Presidente de la República —
agregórecomendará su despacho en el discurso que pronunciará, en el mes de junio
próximo, al inaugurar el período ordinario de sesiones. Benavides se limitó a manifestar
que había trasmitido a su gobierno estas informaciones 743, que auguraban nuevas
dilaciones.
También circulaba en Chile una presunta carta de Piérola al Presidente electo de la
República Argentina, el general Julio Argentino Roca, que publicó el diario Los Andes de
Mendoza. Allí el gobernante desmentía que estuviera haciendo política pro chilena y, en
cambio, reiteraba su gran amistad por la nación trasandina: las negociaciones confiadas al
vice-Presidente buscaban únicamente recuperar las cautivas:
“Todo, en mi corazón, me aleja de Chile —habría escrito el mandatario-.
Para conservar mi Gobierno, para resguardar al Perú, que está indefenso; para robustecer el
porvenir, es preciso seguir con Chile una política de cautela y de disimulo. Si mañana la
República Argentina y Chile fueran a la guerra, mi Gobierno no permanecerá estático y su
rumbo... es inútil que se lo marque”.
Benavides restó veracidad a esta carta, mas el gobernador civil de Mendoza declaró que
existía y que se encontraba en sus manos. Todo ello acrecentó la oposición al Protocolo 744.
Piérola confidenció al nuevo ministro de Chile en Lima, Ángel Custodio Vicuña, que a su
patria le convenía la neutralidad, en el caso de una guerra chileno-argentina. La república

738
117 Ministerio de RR.EE. del Perú. “Circular sobre...” op. cit. Págs. 313 a 316.
739
118 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1898-1900. Oficio, Lima, 4-10-1898, de Domingo Amunátegui, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
740
119 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DE PERÚ. 1898-99. Nota Nº16, Santiago, 24-XI-1898, de Manuel F. Benavides,
Encargado de Negocios de Perú, al almirante Juan José Latorre, Ministro de RR.EE. de Chile.
741
120 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.
742
121 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.
743
122 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DE PERÚ. 1898-99. Nota Nº1, Santiago, 5-1-1899, de Manuel F. Benavides,
Encargado de Negocios interino de Perú, a Ventura Blanco Viel, Ministro de RR.EE. de Chile.
744
123 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 190.
del sur podía destrozar todo el litoral, inclusive Lima, y estas pérdidas no las compensaría
el triunfo ni la alianza ríoplatense745.
Aunque aceptásemos que esta apreciación fuese sincera, era difícil que el gobierno
peruano pudiera sustraerse del peso de la opinión pública nacional. Ella estaba siempre
bien dispuesta en favor de la República Argentina. Atribuía a esta nación su emancipación
de España, olvidando, acaso deliberadamente que el Libertador llegó al virreinato en naves
chilenas, dotadas de un importante contingente de marinos y soldados de esa misma
nacionalidad.
9. EVENTUAL POSICIÓN DEL ÁRBITRO
Matías Errázuriz, encargado de negocios de Chile en Madrid, visitó a la Reina Regente —al
unísono con su colega peruano— para ofrecerle el cargo de arbitro. Su Majestad lo aceptó
complacida.
Errázuriz después se acercó al ministro de Estado, marqués de Vega de Armijo, y le informó
de los distintos aspectos de la cuestión. Aprovechó la ocasión para sondear cuál sería su
opinión acerca de quiénes tendrían derecho a sufragar en el plebiscito 746.
Vega pidió a ambos diplomáticos las leyes electorales de Chile y Perú.
A juicio del marqués la solución emergía muy clara de estos textos, que eran coincidentes:
tenían ese derecho los nacidos en Tacna y Arica. Si así sucedía, Chile perdería el plebiscito.
Este criterio se conoció en Santiago, pero ya la Cámara de Diputados había clausurado el
período ordinario de sesiones, quedando postergada la aprobación del Protocolo. Matías
Errázuriz expresaría posteriormente que los diputados alcanzaron a conocer la opinión del
Secretario de Estado español; pero, su intercambio epistolar con el Presidente de la
República deja en evidencia que esta información fue conocida después de aquella
clausura. En todo caso, debió ejercer algún influjo posteriormente para que el Protocolo
durmiera en la Cámara 747 y “quedase remitido a las calendas griegas”, según un autor
peruano748.
10. LA ENTREVISTA DEL ESTRECHO
A fines de noviembre de 1898, el Presidente de la nación transandina, general Julio
Argentino Roca, transmitió a Federico Errázuriz Echaurren el deseo de entrevistarse con él
en el verano próximo749. El general estimaba que un encuentro con su colega acercaría a
ambas repúblicas, después de los momentos tan inciertos que acababan de vivir. Tenía el
pensamiento de que, como resultado de estas conversaciones, se lograse un arreglo
directo en la cuestión limítrofe, y así se eludiese el arbitraje británico, al que se allanaba
como una imposición del momento.
El representante brasileño en el Plata, Henrique de Barros Cavalcanti, comunicó a su

745
124 Jorge Basadre, op. cit. Pág. 472.
746
125 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 191.
747
126 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 191.
748
127 Félix C. Calderón: El Tratado de 1929. La otra historia. Fondo Editorial del Congreso del Perú. Lima. 2000. Pág.62.
749
128 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 268. Nos atendremos, en el curso de este relato, a la descripción muy completa que
debemos agradecer a la pluma de Eyzaguirre.
Cancillería que consideraba que el proyecto de Roca se relacionaba “con el plan de una
liga de tres naciones, a fin de defenderse de posibles agresiones”. Planteaba una
concertación en el cono sur americano, entre Argentina, Brasil y Chile, que tras muchas
dilaciones habría de culminar en el Pacto del A. B. C.
En prosecución de este anhelo, el 3 de agosto de 1899, el mandatario argentino se dirige a
Río de Janeiro para celebrar análoga conversación con el Presidente Campos Salles 750. No
es aventurado sostener que la paz armada a que estaban abocadas estas tres repúblicas,
por diferentes causas, las tenía agobiadas, al propio tiempo que las alejaba de las urgentes
necesidades del desarrollo económico y social. Un entendimiento entre los tres Estados
calmaría estas tensiones.
Errázuriz aceptó aquella sugerencia con agrado. Mas instruyó a su ministro en Buenos
Aires que comunicara a Roca que en este encuentro, “no convendría tratar de arreglar
directamente los negocios que hoy están entregados al fallo arbitral de S. M. Británica”.
Roca prestó su beneplácito a dicha indicación, aunque es posible que sin mucho
entusiasmo. De este modo, se acordó una reunión de carácter simbólica, en la bahía de
Punta Arenas. El 12 de febrero de 1899 llegó el acorazado O’Higgins, escoltado por el
Zenteno y el Angamos, con el Presidente Errázuriz a bordo. La escuadra argentina lo hizo
tres días después.
La opinión pública, tanto en Chile como en Argentina, miró con satisfacción esta cita y la
consideró como un paso importante en el camino de la reconciliación, después de tantos
años de costoso armamentismo. Por medio del acercamiento al Plata, que luego se
consolidó gracias a los Pactos de Mayo, de 1902, emergería un nuevo equilibrio
sudamericano que permitiría a La Moneda enfrentar con más tranquilidad la cuestión del
Pacífico751.
En Perú y Bolivia observaron que el cerco diplomático que sus tres vecinos habían tendido
a Chile desaparecía o, al menos, se atenuaba. No es necesario un espíritu zahorí para
entender que este nuevo equilibrio perjudicaba los intereses peruanos, en su propósito de
concretar el plebiscito contemplado en el Protocolo Billinghurst-Latorre, y de tener sus
manos libres para tratar con Bolivia. Ni, además, interferir en los planes de esta última que
luchaba por un acceso soberano al Pacífico, que comenzaba a alejarse.
El ministro chileno en Perú comunicó a su gobierno que, según despachos telegráficos
procedentes de Santiago y Buenos Aires, Errázuriz pretendió lograr en Punta Arenas la
abstención de la República Argentina en los asuntos políticos del Pacífico. Estos telegramas
fueron reproducidos por El Comercio y El Tiempo de Lima y dieron pábulo a comentarios
desfavorables en contra de Chile, tanto en la prensa como en la opinión pública. La Nueva
República y El Porvenir, ambos de Santiago, alimentaron los recelos limeños con artículos
semejantes.
Un autor peruano, probablemente bajo la influencia de estas crónicas, atribuye a Roca
haber expresado a Errázuriz, al oído, que “se encogería de hombros ante todo lo que
750
129 La Nación, Buenos Aires, 7-8-1999, “A un siglo de la visita de Roca a Brasil” por Rosendo Fraga, director del Centro
de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.
751
130 Robert N. Burr: “By reason or force”. University of California Press. Berkeley and Los Angeles. 1965. Pág.226-227.
hiciera Chile para liquidar sus cuestiones derivadas de la guerra del 79” 752.
Con el propósito de contrarrestar tales opiniones de la prensa limeña, Amunátegui solicitó
autorización para desmentirlas. Escribió, pues, una carta a José Antonio Miró Quesada,
director del primero de esos periódicos, que la publicó en El Comercio. El Tiempo, aunque
reputado como órgano semioficial, hizo comentarios tendenciosos 753.
Según Jaime Eyzaguirre, de acuerdo con la documentación conocida, la prensa limeña hizo
deducciones erradas respecto del encuentro de los dos gobernantes. Pero, “para muchos
fue signo confirmatorio de la misma actitud resuelta que adoptó Chile al año siguiente
para urgir a sus vecinos del norte a llegar con él a un entendimiento definitivo” 754.

CAPÍTULO V
PERÚ ROMPE SUS RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON CHILE
1. LA POLONIZACIÓN DE BOLIVIA
2. ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA ES DESIGNADO MINISTRO DE CHILE EN PERÚ
3. INTRIGAS EN CONTRA DE VICUÑA 4. LA POLICÍA ESPÍA AL MINISTRO CHILENO
5. CONVERSACIONES CON EL PRESIDENTE EDUARDO LÓPEZ DE ROMAÑA
6. CONDUCTA DEL SECRETARIO HÜBNER
7. RIVA-AGÜERO RECIBE UN VOTO DE DESCONFIANZA EN EL SENADO
8. EL EPÍLOGO DE LA MISIÓN VICUÑA
9. EL RESQUIESCAT IN PACE DEL PROTOCOLO BILLINGHURST-LATORRE
10. LA MISIÓN CHACALTANA. PERÚ CORTA SUS RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON CHILE
11. RENUNCIA DE VICUÑA
12. LAS CIRCULARES DE LOS MINISTROS RAFAEL ERRÁZURIZ URMENETA Y FELIPE DE OSMA Y PARDO
13. LA CONFERENCIA INTERNACIONAL AMERICANA DE MÉXICO

1. LA POLONIZACIÓN DE BOLIVIA.
El reparto de esta república se planteó en el pasado, acaso por su origen un tanto artificial.
La audiencia de Charcas —su antecesora histórica— formó parte del Virreinato de Perú, y
se la conocía como el Alto Perú. Desde que se creó el del Plata, en 1776, pasó a integrar
este nuevo núcleo. En 1810, al producirse el proceso de la emancipación americana, una
asamblea constituyente que se celebró en Chuquisaca y que convocó el mariscal Sucre,
acordó proclamar su independencia y autonomía. Pero esta determinación por sí sola no
resolvió uno de los principales problemas de la nueva nación, en lo que se refiere al
altiplano (un tercio de ella), esto es, un acceso directo al Océano Pacífico, del que en el
hecho estaba aislado geográficamente.
Durante el período virreinal, este se efectuaba por Arica, que constituía la salida y entrada
natural del comercio del Alto Perú, y durante la subordinación de Charcas a Buenos Aires,
este mismo puerto continuó atendiendo las necesidades comerciales de las regiones
andinas del virreinato del Plata.
Sin embargo, la idea del reparto o polonización —por analogía con los que sufrió Polonia
752
131 José María Barreto: op. cit. Pág. 115.
753
132 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1898-1900. Oficio Nº11, Lima, 22-2-1899, de Domingo Amunátegui Rivera,
Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. 133 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 274.
754
133 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 274.
— se presentó en otras regiones de nuestro sub-continente, como consecuencia del
complejo legado que nos dejó España en materia de límites.
El Presidente de Ecuador, general Juan José Flores, que accedió al poder por segunda vez
en 1839, intentó acrecentar el territorio de esta pequeña república. Con este motivo,
trasmitió al gobierno de Chile la idea de incorporar un pedazo del suelo peruano a la
soberanía de su patria y que el resto formase dos Estados independientes. El fracaso de tal
proyecto —a juicio del caudillo— significaría el cercenamiento del territorio ecuatoriano.
Tras ella estaba su idea de que una distribución territorial más equitativa propendería a un
clima de estabilidad. Ventura Lavalle, que en ese momento se desempeñaba como agente
diplomático chileno en Quito, miró con interés la sugerencia y la trasmitió a Santiago.
Pudo pesar en su mente el temor de que reviviese la Confederación Perú-boliviana, ya sea
alentada por Santa Cruz o por Gamarra.
Sin embargo, el ministro de relaciones exteriores, Ramón Cavareda, le contestó que el
principio fundamental de la política exterior de La Moneda era la conservación del statu
quo de 1835. Una vez aceptado el principio de la desmembración —agregó— se abriría la
puerta para otros planes igualmente ambiciosos que debilitarían el sistema político del
continente755.
Posteriormente, el general neo-granadino, Tomás Cipriano de Mosquera, pretendió aplicar
el mismo procedimiento a Ecuador. Empero, el general Castilla, Presidente de Perú,
rechazó esta propuesta756.
Nuestro gobernante, Domingo Santa María, expuso el reparto de Bolivia al ministro
peruano, Carlos Elías, en 1886. Pero quedó apenas como una sugerencia. No se discutió y
menos se concretó, aunque “era el único —comentó Elías a Ángel Custodio Vicuña— que
podría dar una solución cumplida y duradera a los conflictos del Pacífico” 757.
El representante chileno en Lima, Benicio Álamos, significó en un despacho a Santiago, del
11 de marzo de 1888, que en muchos dirigentes peruanos prevalecía la idea de repartir
Bolivia entre Chile, Perú y Argentina.
Cesáreo Chacaltana, que fue designado ministro en Buenos Aires, tenía por una de sus
tareas promover tal idea. Mas no sabemos cuál pudo ser su desenlace 758.
En 1894, se verificó en Valparaíso una manifestación pública de los amigos del Califa —
como sus partidarios apodaban a Piérola— en que proclamaron su intención de derrocar al
Presidente Cáceres. En ésta y en otras reuniones, se habría ideado una extraña entente
chileno-peruana, en caso de triunfar Piérola, para lanzarse sobre Bolivia. La Estrella de
Panamá informó al respecto y también El Comercio de Lima, el 11 de junio. Piérola

755
1 Robert N. Burr: “By reason or force. Chile and the Balancing of Power in South America, 1830-1905”. University of
California Press. Berkeley and Los Ángeles. 1965. Págs. 64 y 65.
756
2 Félix Denegri Luna: Perú y Ecuador. Apuntes para la historia de una frontera. Instituto Riva-Agüero, Pontificia
Universidad Católica del Perú. Lima. 1996. Pág. 178.
757
3 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº72, Lima, 1-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
758
4 Alejandro Álvarez: “Resumen histórico de las negociaciones diplomáticas entre Chile y el Perú sobre celebración del
plebiscito relativo a Tacna y Arica. Resumen histórico”. (Mecanografiado, Santiago, 1905). Biblioteca San Joaquín,
Universidad Católica de Chile.
suscribiría una alianza en contra de Ecuador y Argentina, “a condición de que Chile —
manifiesta Jorge Dulanto Pinillos— evacue Tacna y Arica y ayude al Perú a dividirse
Bolivia”759.
En el momento que este caudillo accedió al poder, Perú tenía incontables diferencias con
esta última república, derivadas de deudas insolutas, de la demarcación fronteriza y sobre
todo a consecuencia del temor del Presidente de que allí se apoyaran las tentativas
revoltosas de su enemigo, el general Andrés Avelino Cáceres. Fue una de las razones
porque prestó atención al esquema de Billinghurst respecto de las cautivas, para irse sobre
aquella nación, una vez asegurada la neutralidad chilena 760.
El 23 de diciembre de 1898, Piérola conversó con el plenipotenciario chileno en Perú,
Domingo Amunátegui:
“Usted no ignora lo que ocurre en Bolivia: la revolución, iniciada con el pretexto de haberse
declarado a Sucre la capital definitiva de Bolivia, lleva fines más lejanos y seguramente los
revolucionarios los lograrán, porque la idea federal, que han alzado como bandera, tiene en
aquel país, que yo conozco mucho, profundas raíces. Y con razón: los departamentos
actuales no tienen casi relación alguna entre sí y prefieren mantenerse con lo que cada cual
puede producir, a estar dando su dinero al gobierno central. Ahora bien, la revolución es
simpática, va progresando y su triunfo es casi seguro.
En esta lucha interna boliviana, temo mucho que sufran los intereses del Perú, precisamente
por el estrecho contacto en que nos encontramos con la ciudad de La Paz, foco del
movimiento. Por el momento, podemos nosotros prescindir; pero si se nos lastima en algo,
habremos de tomar actitud enérgica.
Hemos tenido ya bastantes guerras y soportado sufrimientos por causa de Bolivia y no
queremos tener más. Es un país que se encuentra en condiciones apropiadas para molestia
de sus vecinos. Yo no quiero proceder en nada de lo que a estos asuntos se refiere sino de
acuerdo con Chile. Si Chile permanece indiferente, nosotros seguiremos esa conducta hasta
donde el movimiento boliviano no hiera nuestros intereses. Pero, ante todo, no deseo seguir
distinto rumbo del que siga Chile, y por ese motivo le ruego obtenga la opinión del señor
Errázuriz y de su Gobierno a este respecto.
Y ojalá esto sea por telégrafo, porque el miércoles (28 de diciembre) llega un agente
confidencial de la revolución y yo no quiero adoptar medida alguna sin conocer la opinión
de Chile sobre el particular, pues pudiera llegar a encontrarse el Perú en diversa condición de
la que en que desee encontrarse Chile en frente de la actual situación de Bolivia.
Señor —le replicó Amunátegui— las noticias que publican los diarios de Lima y las que
circulan por todas partes dejan ver que es poderoso el movimiento favorable a la revolución
en Bolivia. Yo no tengo antecedente alguno para manifestar a V. E. la opinión de mi
gobierno acerca del actual estado de cosas de ese país, pero con mucho gusto dirigiré el
telegrama que V. E. me pide para el señor Errázuriz” (cursivas nuestras).
En respuesta a una pregunta del plenipotenciario, Piérola le contestó:
759
5 Jaime Eyzaguirre: “Chile durante el Gobierno de Errázuriz Echaurren. 1896-1901”. Empresa Editora Zig-Zag. Santiago.
1957. Pág. 174. Cita: “Nicolás de Piérola” por Jorge Dulanto Pinillos. Lima. 1947.
760
6 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 173. Transcribe carta de Guillermo Billinghurst a Nicolás de Piérola, 21-5-1897.
“La federación se establecerá; pero con este resultado: los departamentos del sur, se lo
aseguro a V., declararán inmediatamente que, como estados federales, pertenecen a la
Confederación Argentina, porque no les liga ningún vínculo, ni de política interna ni
comercial, con el Gobierno central de Bolivia. En cuanto a los otros departamentos, V. sabe lo
que pasa: son elementos chilenos los que imperan en los de Potosí y Oruro, salvo en el de
Potosí, la sección de Tupiza, que tiene relaciones argentinas; el de La Paz y aun el de Beni
tienen todas las relaciones de comercio con el Perú. No necesito sino estampar la anterior
declaración para que V. comprenda su alcance...
Y ¿que piensa usted —le preguntó Amunátegui— del viaje del general Cáceres?
Como lo dicen por ahí —respondió— obedece a planes argentinos; pero no dirigidos contra
el Perú. Y a propósito ¿tiene Ud. algún antecedente sobre la actitud de la Argentina con
relación a la actual situación de Bolivia?
Ninguna, señor”761, replicó Amunátegui.
En otra misiva de “confiancé”, anterior a los diálogos precedentes, el plenipotenciario
informa al Presidente Errázuriz que los periódicos de Lima publicaron la noticia —que
tomaron de un diario de Santiago— que Chile y Argentina habían acordado repartirse
Bolivia, dando a Perú un “buen pedazo”.
De seguro que estos comentarios despertaron el interés del gobernante peruano. “En tres
guerras nos ha metido Bolivia —exclamó ante el ministro-. Y si no hacemos algo nos
meterá en una cuarta y una quinta”762.
El 26 de diciembre, Amunátegui se trasladó al palacio de Pizarro, a fin de confiar al
Presidente el resultado de su indagación, en los precisos momentos que este conversaba
con el ministro argentino:
“Señor —le comunicó a Piérola— tengo respuesta del señor Errázuriz, quien me manifiesta
que la actitud del gobierno de Chile respecto de la revolución boliviana será completamente
indiferente mientras no sean lesionados intereses de Chile o de súbditos chilenos. Para evitar
que sufran estos intereses, mi gobierno ha tomado medidas que los resguarden, y, en cuanto
a la posible violación del territorio, se han dado también las órdenes del caso para evitarla.
Por lo demás, será en todo caso muy grato para el señor Errázuriz y para mi gobierno
proceder en completa inteligencia con el gobierno del Perú en esta emergencia” 763.
Agradezco mucho la respuesta —replicó el señor Piérola-; pero existen puntos de especial
contemplación para nosotros que quizás nos obliguen a observar una actitud particular, y en
esto quisiera proceder sin molestia para Chile. Tengo noticias de que el Presidente Alonso ha
permitido que Cáceres, quien se encuentra siempre en Uyuni, reciba armas ahí. Este
procedimiento, y las consecuencias que pueda acarrear el triunfo de la revolución, que se
desarrolla en nuestra propia frontera, nos pueda arrastrar a prestar a esta algún auxilio. Es

761
7 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz. Carta confidencial, Lima, 23-12-1898, de Domingo Amunátegui,
Ministro de Chile en Perú, a Federico Errázuriz, Presidente de Chile.
762
8 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Lima, 24-12-1898, de Domingo Amunátegui, Ministro
de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
763
9 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Lima, 28-12-1898, de Domingo Amunátegui, Ministro
de Chile en Perú, a Federico Errázuriz, Presidente de Chile.
de importancia para mí saber si Chile no miraría mal este auxilio que pudiéramos prestar
nosotros al movimiento de La Paz.
Estos son puntos de mucha gravedad —le manifestó Amunátegui— y requieren delicada
atención. Por eso he escrito al señor Errázuriz con detalles que no pueden contenerse en un
telegrama. En mi carta le doy cuenta de nuestra entrevista anterior y creo haber interpretado
bien las ideas de V. al decir al señor Errázuriz que V. teme que el fin de la revolución
boliviana sea la desmembración de Bolivia.
Exactamente —expresó el mandatario peruano-.
Y a este propósito, le agregué —informa Amunátegui a Errázuriz— que ayer estuvo a verme
Pinilla, creyéndolo o no, me expresó una idea análoga.
Por nuestra parte —prosiguió Piérola— estamos hartos de Bolivia, país que nos molesta
hasta con su moneda feble. Es inmenso el comercio menudo que hacen nuestros indios
fronterizos con el departamento de La Paz, y resulta, en su ignorancia, que nos invaden de
mala moneda los departamentos peruanos vecinos a aquel. Ya le he dicho a Ud. que los
intereses del sur de Bolivia son argentinos y los de Oruro, Potosí, etc. chilenos. La situación es
clara y los acontecimientos empujan a una nueva situación”.
Indudablemente, la respuesta de Errázuriz no fue la que Piérola buscaba.
Con todo, reiteró sus ideas y el peligro que representaba para Perú el apoyo que el
gobierno boliviano prestaba a su rival Cáceres, una de las preocupaciones dominantes del
primer mandatario.
Finalizada esta conferencia, Amunátegui se dirigió a Errázuriz Echaurren y le acompañó un
recorte de El Tiempo, periódico que dirigían funcionarios superiores del ministerio de
relaciones exteriores. Ahí también se trataba de la desmembración de Bolivia.
La revolución triunfó y Chile mantuvo su política de no intervención.
Tras esta cuestión existía, entre Santiago y Lima, asimismo un trasfondo comercial. El
consumo de azúcar peruano en Chile iba en aumento: 9.179.780 kilógramos en 1875,
14.753.865 en 1885 y 21.954.263 en 1895. Estas importaciones se deseaban compensar con
la venta de productos chilenos764.
2. ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA ES DESIGNADO MINISTRO DE CHILE EN PERÚ
El 12 de enero de 1900 se reúne el Consejo de Ministros bajo la presidencia de Federico
Errázuriz Echaurren765. En esa oportunidad, antes de partir a sus respectivas misiones, el
canciller Rafael Errázuriz Urmeneta les entrega instrucciones escritas a los nuevos
plenipotenciarios en Lima y La Paz, Ángel Custodio Vicuña y Abraham König,
respectivamente.
Al primero se le expresa que si bien en otras épocas se aceptaron proyectos dilatorios:
“hoy han cambiado completamente las circunstancias,— dice el Secretario de Estado— y no
es aceptable, a juicio de este Departamento, ninguna solución que pueda importar directa o
764
10 Valentín Abecia Valdivieso: Las relaciones internacionales en la historia de Bolivia. Editorial Los amigos del libro. La Paz
- Cochabamba. Academia Nacional de Ciencias de Bolivia. 1979. Tomo 2º. Pág. 281.
765
11 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Enero-Julio 1900. Santiago. 12-1-1900. Contiene
instrucciones impartidas a A.C. Vicuña y A. König.
indirectamente la devolución al Perú de las provincias de Tacna y Arica” .
A la luz de lo anterior, el agente estudiará la posibilidad de celebrar acuerdos directos,
mediante los cuales dichos departamentos queden incorporados definitivamente a Chile,
gracias a una indemnización en dinero como estipula el Pacto de Ancón.
Eliminada esa posibilidad, verá la manera de concertar un plebiscito que establezca bases
reglamentarias que aseguren a Chile el dominio de tales territorios.
Una vez que se persuada de la imposibilidad de concretar algunas de las dos alternativas
ya señaladas:
“habrá llegado el momento —expresa el Ministro— de hacer uso de las instrucciones
verbales que V.S. recibió del infrascrito”.
Y agrega: “Desea el infrascrito que estas gestiones revistan al principio carácter oficioso y
reservado, y que en ningún caso, sin previa autorización de este Departamento, se avance
V.S. a suscribir documentos de cualquiera naturaleza que dejen constancia de nuestros
propósitos y comprometan la palabra de mi Gobierno” .
Se le proporciona también una copia de las que llevará König, que no son definitivas, pues
revisten un carácter condicional. El gobierno se reserva ponerlas en ejecución o
suspenderlas, de acuerdo con las informaciones que reciba de Vicuña.
El despacho entregado a nuestro representante en Bolivia establece que La Moneda
rechazará cualquier pacto en que se estipule la cesión de un puerto a esa república, en el
litoral chileno. A cambio de ello ofrece diversas compensaciones, que más tarde
encontraremos en el Tratado de Paz y Amistad de 1904.
El 27 de enero de 1900 766, Vicuña llega a orillas del Rímac y se establece en el Hotel de
Francia e Inglaterra. El período constitucional de Piérola había cesado y ocupaba la
Presidencia de la República, el ingeniero Eduardo López de Romaña. La prensa ya había
reproducido telegramas recibidos desde Santiago y Buenos Aires. Según esta, el objeto de
su misión era incorporar definitivamente las cautivas a la soberanía de Chile767.
Al segundo día, pasó a saludarle Melitón Porras, en nombre del ex-Presidente.
Pero, no habían trascurrido algunos minutos cuando se presentó el Califa, como llamaban
sus partidarios a Piérola, ahora presidente del partido demócrata. Tocaron puntos
generales y ambos acordaron volver a reunirse el 2 de febrero. Sin embargo, el Califa pudo
comprender, según refiere Vicuña, que Chile estaba animado por planes de trascendencia
que trataba de llevar a cabo con firmeza. Sin duda, los debió conocer a causa de la
locuacidad del agente chileno.
El 2 de febrero, el diplomático celebró una segunda reunión en el escritorio de trabajo de
Piérola. Impongámonos de la versión que da de ella:
“No me fue difícil abordar el asunto, —escribe Vicuña al Presidente— pues el señor Piérola,
tal vez calculadamente, usó de inusitada franqueza desde el comienzo de nuestra
conversación. Se adelantó a tocar la cuestión internacional con una espontaneidad aparente,
766
12 Jaime Eyzaguirre: op. cit. Pág. 230.
767
13 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Documentos Reservados. Carta, Lima, 7-2-1900, de Ángel
Custodio Vicuña, Ministro de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
y calculada también para disipar toda desconfianza en mi espíritu para obtener las
revelaciones que deseaba.
‘Yo creo, me dijo, que el gobierno de Chile no consentirá en cedernos Tacna y Arica, pues no
está dentro de las conveniencias de su país, y vendría a contrariar con ello el sentimiento
público de los chilenos’.
Llegó mi turno —dice Vicuña— y pude con estudiada tranquilidad y llaneza, sin
pronunciarme sobre el asunto de Tacna y Arica, explicarle mis propósitos y significarle que
era posible encaminar los acontecimientos a la solución enunciada”.
“Esa es una solución radical —le contestó el ex gobernante— que se acomoda con mi
temperamento; ella lo concilia todo y la cuestión de Tacna y Arica pasa a segundo término.
Bolivia ha sido, es y será una perturbación eterna para Uds. y nosotros”.
Según el plenipotenciario, el Califa se preguntó a sí mismo:
“¿Y nos dejarán hacer la Argentina y el Brasil? No temo —agregó— por el lado argentino,
ese país tiene miedo a Chile, y lo tendrá mayor si lo ve unido al Perú y Bolivia. Digo Bolivia,
ocupado ese país por Uds. y nosotros, podemos determinar y usar sus fuerzas vivas en
nuestro común provecho.
Propiamente este plan viene a reunir las fuerzas de los tres países para el caso de una
intromisión extraña”.
A Vicuña le fue fácil, dado su conocimiento de Brasil —nación ante la cual se desempeñó
como ministro— convencerle “del ningún temor que podíamos abrigar por ese lado”. Ya
comulgaba, pues, con las ideas de Piérola. En este momento, el agente quiso conocer qué
influencia conservaba este frente al Presidente de la República, Eduardo López de Romaña,
y ante el Congreso:
“Ese es el aspecto difícil de la cuestión —le replicó Piérola-. La empresa necesitaría aquí un
hombre de estado, un caudillo, y tenemos solo una especie de reina Victoria como
Presidente. El Ministerio sería absolutamente incapaz de comprender siquiera la
trascendencia del problema. Por otra parte no tiene representación alguna en la opinión;
vive de prestado, merced a la tolerancia de los partidos demócrata y civilista, que esta vez
han dejado hacer al Presidente. Riva-Aguero me es personalmente hostil, y últimamente me
he visto obligado a ponerle atajo a nombramientos de caceristas que estaba haciendo; pero
es posible que esto pueda arreglarse.
Déme un poco de tiempo, déjeme reflexionar y tirar mis líneas: el asunto me toma de
sorpresa. Lo tendré al corriente de todo lo que ocurra”.
El ministro encontró al ex-gobernante irritable y despechado. Se le salieron expresiones
como “ingrato y semi imbécil” relativas a su sucesor. El plenipotenciario cree que el plan
propuesto le ha halagado, “más que por lo que sí importa y significa como solución
internacional, como un medio de recuperar su preponderancia interna”. Advierte
igualmente sus decepciones o bien que los 62 años de edad le tienen decaído, y a menudo
se extravía en la conversación.
Vicuña trasmite a Errázuriz también el juicio que él se ha formado de Romaña:
“Es un hombre bueno a carta cabal, —dice— con una fisonomía mística...
sin mayor inteligencia y un desconocimiento absoluto de la política internacional... No
quedará al señor Piérola para moverlo y dirigirlo en otro sentido más que moverlo de la
Presidencia y dirigirlo a su casa, lo que es posible un tanto más tarde, pero que hoy no sería
hacedero”.
Concluye su carta al Presidente Errázuriz diciéndole que espera los resultados de la obra de
Piérola. Lo está siguiendo en sus movimientos, pues cree contar con la confianza de su
antiguo colega en Bolivia, Enrique Bustamante y Salazar, “naturaleza espontánea e
indiscreta”, diríamos que tal vez tanto como el agente chileno.
Impuesto el Presidente Errázuriz por Vicuña, de sus primeros pasos en Lima, según los
trasunta en su carta de 7 de febrero, le escribe el 21 del mismo mes, después de expresarle
que aguardaba con interés sus noticias:
“Si Piérola nada intenta o nada puede mover en el Gobierno, o la opinión, habrá llegado el
caso de que abandones la idea de que él coopera a tu acción y tendrás que pensar en otra
cosa.
Nos felicitamos, pues, de que hayas resuelto mantenerte en la más absoluta reserva hasta
ver lo que ocurra y no necesito recomendarte que, utilizándolos en lo posible, desconfíes
mucho de Bustamante y Salazar y de todos los otros que te den informes” 768.
El agente se entrevistó igualmente con el Presidente del Consejo de Ministros y ministro
de relaciones exteriores, Enrique de la Riva-Agüero, con quien fijó la fecha para la entrega
de sus cartas credenciales. Aunque trató de sondearlo acerca del alcance de su misión,
Vicuña se limitó a generalidades.
“Era menester —le escribe a Errázuriz Echaurren— dar tiempo al tiempo, y esperar el
resultado de mi conferencia con el señor Piérola”. En todo caso, Riva-Agüero se demostró
inclaudicable en la defensa del retorno de los territorios litigiosos 769.
Vicuña celebró una nueva conferencia con el caudillo 770. Empieza por comunicar al
Presidente Errázuriz que después del “extenso memorial” que le dirigió por el correo
anterior, ahora le dará cuenta de las dos últimas entrevistas que ha tenido con Piérola.
Agrega que está citado para una tercera, a la que no atribuye mayor importancia, pues
cree “contar ya con todos los antecedentes que me habilitan para formarme un juicio cabal
sobre el resultado de las primeras negociaciones que se me han encomendado”.
En esta segunda epístola describe que el Califa ha encontrado “obstáculos, por de pronto
insubsanables, para la realización de nuestros planes”. Se declara sin poder suficiente para
emprenderlos. “Es verdad —acota— que la empresa que V. [Vicuña] me propone es de alta
trascendencia y magnitud, pero no es una bandera que yo pudiera exhibir en público para

768
14 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Valparaíso, 21-2-1900, de Federico Errázuriz
Echaurren, Presidente de Chile, a Ángel Custodio Vicuña, Ministro de Chile en Perú.
769
15 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Documentos Reservados. Carta, Lima, 23-3-1900, de Ángel
Custodio Vicuña, Ministro de Chile, a Rafael Errázuriz Urmeneta, Ministro de RR.EE. de Chile.
770
16 MINREL. MISION ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Documentos Reservados. Carta, Lima, 14-2-1900, de Ángel
Custodio Vicuña, Ministro de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de la República de Chile.
cohonestar mi actitud...”771.
El agente analiza enseguida la posición del Presidente peruano frente a estos planes:
“Como lo temíamos en Santiago, el señor Romaña, emancipado de toda tutela, no es un
político que se atreva a embarcarse en empresa que requiera carácter, preparación y todas
las condiciones del hombre de Estado. Al frente de un gobierno débil que vive a merced de
las complacencias de los partidos, no podrá el actual Presidente, sin efectuar un cambio
radical en el personal de su ministerio y en los rumbos de su política, pretender dirigir una
empresa que ha menester de una vigorosa acción y de hombres que tengan la
representación de todos los partidos y de la opinión. En cambio no lo desea, pues ve que no
podría ser otro que el de entregarse incondicionalmente al señor Piérola”.
Sin embargo, Vicuña no abandona la idea, y quiere arriesgarse a tantear a Riva-Agüero,
que ya una vez puso su mirada en la jefatura del Estado. Fue ministro en Bolivia, país que
desprecia. El agente cree que no le será difícil tentarlo, “tomando las más exquisitas
precauciones”. Mas estará presente el escollo de Piérola, que no aceptaría que otro
realizase sus proyectos.
Con todo, se propone conversar con el canciller. Así verá más claro, y “la proposición que
voy a hacerle importa en el fondo una notificación indirecta al Ministro de que ya no debe
pensar en seguir gestionando la recuperación de Tacna y Arica”.
El Presidente Errázuriz, al recibir esta carta, le ordena:
“Sírvase suspender toda gestión, mientras le llega respuesta mía que consultaré con
Ministerio”772.
El Canciller, por su parte, le instruye por telégrafo:
“De sus tres comunicaciones al Presidente US. suspenderá toda negociación hasta nuevo
aviso. Ministro Sr. König dice por telegrama que ha encontrado la mejor disposición y que
conviene darle autorización para proceder desde luego porque noticias inciertas del Perú
pueden cerrarle las puertas. Mandaré nota”773.
Vicuña envía un tercer despacho a don Federico. En éste último, observa que el Califa —
ante la negativa de Romaña— está impotente e irritado para emprender el plan. Sin
embargo, en subsiguientes conferencias, Piérola vuelve atrás y lo describe en detalle:
“Oruro, Potosí para Chile, también Cochabamba, que como región agrícola es su
complemento. La Paz, el Beni, el Acre para el Perú quedando el resto como hijuela pagadora
de las resultas [luego agrega] La empresa solo ha sido difícil en su concepción y lo será en su
organización; pero para realizarla no habrá mayores dificultades: será un paseo militar que
no costará sangre”.
Enseguida se explaya en proyectos más grandiosos y, por cierto, quiméricos.

771
17 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VIUÑA. 1900. Carta, Lima, 14-2-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro de
Chile en Perú, a Federico Errázuriz, Presidente de Chile.
772
18 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Telegrama, 24-2-1900, de Federico Errázuriz Echaurren,
Presidente de Chile, a Ángel Custodio Vicuña, Ministro de Chile en Perú.
773
19 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Telegrama, Valparaíso, 11-3-1900, de Rafael Errázuriz
Urmeneta, Ministro de RR.EE., a Ángel Custodio Vicuña, Ministro de Chile en Perú.
Se trataría de crear una federación entre Perú y Chile, a la que se agregaría Ecuador, a fin
de equilibrar el crecimiento de Argentina y Brasil.
A estas alturas, el diplomático resume el resultado de sus conversaciones:
1º Toda gestión dirigida a adquirir Tacna y Arica mediante compensaciones en dinero, “tendrá un
inmediato y absoluto rechazo”. Lo mismo un plebiscito que anticipe un resultado favorable a Chile;
y 2º Romaña desestimará cualquiera combinación que no sea cumplir el Pacto de Ancón con un
reglamento plebiscitario que le sea favorable, y el “plan de nuestro gobierno —agrega Vicuña—
solo sería viable si Piérola asume la dirección de los negocios públicos”, lo que estima “del todo
improbable”.
Vicuña concluye: “He observado la más exquisita reserva, sin dejar huella de nada”.
Desgraciadamente, esta “exquisita reserva” no impidió que el establishment del Rímac se
impusiera de los proyectos que acariciaba el ministro de Chile. Felizmente, añade que
resolvió abstenerse de abordar a Riva-Agüero, aunque más tarde conoceremos una
apreciación distinta hecha por el gobierno peruano.
Desde La Paz, Abraham König se dirige al Presidente de la República 774.
Se siente inhibido en su acción porque Vicuña le telegrafió que sospecha que “nuestro
plan ha sido comunicado al gobierno de Bolivia”. König teme una indiscreción de alguien
de la legación en Lima. “Yo creo —le expresa al gobernante— que aquí estoy en terreno
firme y que sería una desgracia, a la vez que una chambonada, abandonar el campo”.
Luego agrega:
“El Presidente Romaña es casi un puritano, nunca, en ningún caso, firmará arreglos para la
entrega de Tacna y Arica sin plebiscito previo, porque la opinión repugna esta solución y
nunca entrará en arreglos que signifiquen permuta, guerra, etc., porque esto repugna a su
conciencia”.
En vista de que König ha encontrado en La Paz “la mejor disposición”, el Secretario de
Estado opta por instruir a este agente para que proceda sin demora 775.
El 23 de marzo, el plenipotenciario se dirige al canciller, por carta. Atribuye la insistencia
del Gobierno peruano en perfeccionar la negociación del ex-vice-Presidente Billinghurst a
un clamor unánime de la opinión pública, alimentado por la prensa bonaerense, aunque
no por las autoridades del Plata. Argumenta que el Presidente Romaña y Riva-Agüero,
políticamente débiles, se apoyan en este problema para fortalecerse. Frente a estas
circunstancias, Vicuña ha estimado contraproducente tratar de plantear la primera parte de
sus instrucciones. En cuanto a la segunda, esto es, las verbales, el canciller podrá enterarse
de su cumplimiento en los despachos confidenciales que ha enviado al Presidente de la
República776.
El 15 de mayo de 1900, escribe nuevamente al jefe de Estado 777. Le informa que las últimas
medidas del gobierno chileno en Tacna y Arica han terminado por abatir los espíritus. La
774
20 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, La Paz, 8-3-1900, de Abraham König, Ministro de
Chile en Bolivia, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
775
21 A.cH.h. Rafael Errázuriz Urmeneta, Ministro de RR.EE. de Chile, a Abraham König, Ministro de Chile en Bolivia.
Telegrama, Valparaíso, 11-3-1900.
776
22 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Carta. Lima, 23-3-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro de
Chile en Perú, a Rafael Errázuriz Urmeneta, Ministro de RR.EE. de Chile.
opinión pública da por perdidos aquellos territorios. El Comercio lo sintetiza así: “Chile nos
vuelve locos”, y advierte, además, que Perú no contará esta vez con el apoyo de la “gran
república del norte”, como sucedió en los tiempos del secretario de Estado Blaine.
El agente inicia, en esta última misiva, una divagación de cómo ve el futuro sudamericano:
Argentina en constante crecimiento y las influencias chilenas relegadas a segundo plano.
Dentro de veinte años —vaticina— el salitre se habrá agotado o se encontrará en vías de
extinción (no se extinguió, mas apareció el sintético a menor precio). Por esta razón
agrega:
“la solución primitiva, el plan cuya ejecución se me confió en la misma o en otra forma, se
impondrá siempre como una necesidad de existencia para Chile. Hoy la situación aquí es
más favorable para hacer una nueva exploración”
778
.
El diplomático terminó seducido por la fórmula del Califa, que ya el propio autor carecía
de poder para concretarla. Pero no abandona sus desbocadas lucubraciones, porque el 24
de junio, en un despacho al ministro de relaciones exteriores, afirma que la sola presencia
de la escuadra nacional en El Callao determinaría en Perú un cambio radical que llevaría a
Piérola al poder. Una inteligencia previa con el caudillo, permitiría “realizar el plan primitivo
de dividir a Bolivia, plan que iniciado en esta forma encontraría aquí general aceptación” 779.
3. INTRIGAS EN CONTRA DE VICUÑA
El ministro fue visitado algún tiempo después por el diputado peruano Amézaga, joven
independiente y muy bien calificado 780. Venía a exponerle una idea para reconciliar a Perú y
Chile. Se trataba de acordar un plebiscito “calculado”, en virtud del cual el primero le cedía
Tacna y Arica al segundo a cambio de la desmembración de Bolivia, que compensaba al
antiguo virreinato de la pérdida de las cautivas. Si el agente participase de tal proyecto,
Amézaga conversaría con Riva-Agüero. El plenipotenciario informó a Santiago que se
abstuvo de pronunciarse acerca de un proyecto tan grave. Aún así, se ofreció para
transmitirlo a su gobierno. Amézaga no habría quedado del todo satisfecho con esta
contestación, “pero —afirma Vicuña— pude comprender que ella no le desalentaba y que
seguiría adelante en su empeño”.
Dos días después, el ministro se enteró de que el objeto de la visita de Amézaga era enviar
una comunicación telegráfica al The New York Herald.
En ella se daría cuenta de un plan secreto de Chile para repartir Bolivia.
Como considerase muy peligroso el asunto, conversó con el corresponsal de ese periódico,
Gepp. Este le confirmó que había estado a verle con ese propósito el diputado Jerónimo

777
23 MINREL. MISION ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Carta, Lima, Chorrillos y Lima, 15-5-1900, de Ángel Custodio
Vicuña, Ministro de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
778
24 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Carta, Lima, 15-5-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro de
Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
779
25 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº42, Lima, 24-6-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
780
26 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900 Oficio s/nº, Lima, 30-5-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
Lama y Ossa, secretario de la Cámara de Diputados, e íntimo amigo de Riva-Agüero. Este
último afirmaba que descubrió las instrucciones reservadas de que era portador el ministro
de Chile.
Ellas consistían en hacer desaparecer del mapa a Bolivia y dividirla en tres zonas, una para
Brasil y las otras dos para Chile y Perú, respectivamente, con exclusión de Argentina.
Vicuña obtuvo que el periodista se desistiera de transmitir esta noticia, pues se trataba de
una superchería, que lo convertiría en una víctima inocente.
Otra maniobra parecida de Riva-Agüero consistió en apoyar y repartir un folleto del
civilista Alejandro Garland, del que se imprimieron cien ejemplares.
Vicuña se consiguió uno y lo remitió a Santiago. Allí se expone una política de hostilidad
hacia Chile y se preconiza una alianza peruano-estadounidense, en vista de que Argentina
estaría en entendimientos con La Moneda. El Comercio llega a sostener que Lima debe
solicitar el protectorado de Estados Unidos 781. El Ferrocarril publicó en Santiago el texto
íntegro del folleto, lo que provocó una violenta reacción a orillas del Mapocho 782.
Consultado por su colega chileno, el ministro estadounidense en Perú, Irving B. Dudley, le
expresó: “Este no es nuestro negocio y toda injerencia de los Estados Unidos en
Sudamérica no haría sino aumentar hoy los recelos infundados que, tanto aquí como en
Europa, despierta nuestra política exterior” 783. El Secretario de Estado, Hay, dio la misma
respuesta al plenipotenciario chileno en Washington, Carlos Morla Vicuña. La Casa Blanca
solo prestaría sus buenos oficios a petición de las partes 784.
Este folleto indujo a Perú a promover inútilmente la mediación amistosa de Argentina,
Brasil y Estados Unidos en el litigio de Tacna y Arica.
4. LA POLICÍA ESPÍA AL MINISTRO CHILENO
Muy pronto advirtió nuestro representante que se le seguía. Al parecer, los promotores de
esta vigilancia eran Riva-Agüero y el propio Presidente Romaña. El Canciller —a la vez
Presidente del Consejo de Ministros— se manifestaba molesto por el desenlace adverso de
su intento de buscar el apoyo estadounidense. Igualmente le irritaba la diligencia que
gastó el plenipotenciario en descubrir el folleto reservado de Garland. La frustrada intriga
relativa al The New York Herald también le contrarió. Conocía además sus movimientos
cerca de Piérola y de otros políticos que buscaban su caída 785. Resolvió someter a un
seguimiento policial a la legación y a todos sus miembros.
Vicuña protestó por nota786. El secretario de Estado se excusó pobremente.

781
27 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Telegrama, Lima, 3-5-1900, de Ángel Custodio Vicña, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
782
28 Jorge Basadre: op. cit. Tomo VIII. Pág. 240.
783
29 AChH Carta, Lima, 15-5-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren,
Presidente de la República de Chile.
784
30 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Telegrama, Lima, 18-5-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile
785
31 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 338.
786
32 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Nota Nº33, Lima, 6-6-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile a Enrique de la Riva-Agüero, Ministro de RR.EE. de Perú.
Solo perseguía evitar un “descomedimiento” de los transeúntes o de los que no conocen al
ministro ni a los miembros de la misión, que diera motivo a incidentes penosos. Ha sido
posible —agrega— que estas instrucciones hayan sido mal interpretadas o desvirtuadas. La
Cancillería lo deplora787.
En sesiones secretas del Senado, se leyeron las notas intercambiadas entre Vicuña y Riva-
Agüero. El canciller fue atacado. Sin embargo, como este hecho trascendió a la opinión
pública, la prensa retrucó que Chile mantenía un activo espionaje en Lima 788. Esta
presunción poseería algún fundamento, pues Vicuña después de comunicar a Santiago el
contenido de una reunión confidencial de notables, estimaba que se le deberían enviar
unas veinticinco libras esterlinas mensuales para pagar servicios... 789.
El secretario de Estado trató de suavizar este episodio. Visitó al plenipotenciario en dos
ocasiones. Vicuña adoptó deliberadamente una actitud de frialdad frente a él 790. Así
concluyó el incidente, pero luego se producirán otros, aunque de diferente naturaleza.
Vicuña —en carta a Errázuriz Echaurren— afirma que el espionaje fue ejecutado por
“orden” de Romaña791.
5. CONVERSACIONES CON EL PRESIDENTE EDUARDO LÓPEZ DE ROMAÑA
Este mandatario fue elegido en 1899. Pertenecía a una prominente familia arequipeña. Se
educó en Inglaterra en Stonyhurst, prestigioso colegio jesuita, y luego en el King’s College
de Londres. Recibió el título de ingeniero.
Accedió al poder apoyado por la alianza civilista-democrática. Se ha dicho que obtuvo la
presidencia gracias al influjo de su predecesor, Piérola; pero si así fuera pronto se
independizó de él792.
El primer contacto de Vicuña con el gobernante se produjo con motivo de la ceremonia de
presentación de sus credenciales, donde el gobernante insistió en la recuperación de las
cautivas.
En vista de los hechos anteriores, el plenipotenciario visitó al Presidente de la República,
quien encontrándose mal de salud lo recibió en sus aposentos privados 793.
Romaña empezó por quejarse de la fronda política que dificultaba su tarea.
“Estoy aquí —le expresó— como Dreyfus en la isla del Diablo. Yo no estaba preparado para
este puesto; he sido solo un hombre modesto de trabajo, un regular ingeniero que ha hecho
787
33 MINREL MISION ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Telegrama, Lima, 6-6-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
788
34 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Telegrama, 21-8-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
789
35 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Telegrama, Lima, 21-4-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
790
36 MINREL MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº24, Lima, 24-6-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
791
37 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Santiago, 22-1-1901, de Ángel Custodio Vicuña,
Ministro de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
792
38 Jorge Basadre: op. cit. Pág. 15.
793
39 MINREL MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio s/nº, Lima, 30-5-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
algunas buenas obras en su ciudad natal y ahora me tiene V. en la Presidencia”.
El agente le relató las revelaciones que le hizo Gepp. Sorprendido y contrariado, el
gobernante le respondió:
“Esas son intrigas de Billinghurst que es mi enemigo. Gepp está a sueldo de él y tratará de
poner toda clase de dificultades a mi gobierno. No crea V.
que Riva-Agüero tenga participación en ese acto indigno; es todo un caballero y me lo
habría consultado”.
Vicuña se abstuvo de insistir y enseguida aludió a un préstamo belga de 14.000.000 de
soles que se emplearía para cancelar el rescate de Tacna y Arica, en caso de que Perú
ganase el plebiscito. Romaña creía que aquella operación se realizaría, más llegaría tarde
por la actitud adoptada por Chile.
“No tendremos que dar —le expresó sonriente— sino recibir dinero; yo ya he rayado del
mapa del Perú las provincias de Tacna y Arica; y esto que se lo digo a V. es el resultado de
un convencimiento profundo. Si lo repitiera fuera de esta pieza me fusilarían; ya ve que sí le
hablo con el corazón en la mano. Chile es hoy muy fuerte y el Perú está desarmado e
indefenso. Nuestra fuerza consiste en esta misma debilidad. La costa del Perú está a merced
de ustedes y si algún aparato de defensa existiera en El Callao o en algún puerto le haría
retirar. Nuestro ejército efectivo no alcanza hoy a 2.600 plazas, repartidas en todo el país, y
es el que estrictamente necesitamos para el servicio interno. No tenemos recursos para
más...”.
Después de esta conferencia, en que Romaña habría exhibido una increíble sinceridad, más
bien propia de su profesión que de un político o un diplomático, Vicuña fue invitado por el
canciller para celebrar una entrevista.
El propósito aparente era referirse a una nota de protesta que le dirigiría por la clausura de
escuelas peruanas en Tacna. El suspicaz agente creyó que la verdadera finalidad sería
aludir a la proposición de Amézaga, mas ninguno de los dos tocó el tema. Empero, según
una nota de Chacaltana, Vicuña habría aludido al reparto de Bolivia.
El epílogo de este asunto fue una visita del diputado Lama y Ossa a Gepp. El primero
increpó al segundo por su conducta infidente. En todo caso, Vicuña logró que el canciller
se enterase de que estaba impuesto de la intriga y de su origen.
Meses después, el plenipotenciario tuvo una segunda reunión con el Presidente Romaña 794.
El motivo fue agradecer sus saludos con motivo del día nacional de Chile, así como
acceder a los deseos del gobernante de conversar con el diplomático.
El mandatario comenzó por criticar la nota de König en La Paz, cuyo tenor le causó una
penosa impresión. Luego manifestó:
“Desearía con toda el alma que una precipitada solución los dejara a ustedes, cuanto antes,
en posesión de Tacna y Arica. Creo esto inevitable y toda demora no hace sino que perturbar
mi administración y estorbarla y seguir tranquilamente en esta era de saludable reacción en
sus finanzas, para el desarrollo de sus industrias y para la organización de su política
794
40 MINREL MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº79, Lima, 25-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
interna, que con tanto ahínco persigo”795.
En ese momento, el plenipotenciario le interrumpe para decirle que si ese es su objetivo,
nada mejor que buscar compensaciones monetarias en vez de seguir adelante con
discusiones estériles.
“Esa es mi manera de pensar —contestó— y lo que todo buen administrador haría en el
presente caso; pero vaya V. hacerlo consentir a la opinión. Esta es una idea que ni siquiera
puede proponerse, porque el que la iniciara, correría, de seguro, mala suerte. Ningún
gobierno del Perú tendrá bastante fuerza para adoptar este temperamento, pues sería en
pocas horas barrido del poder. Hay, pues, que dejar a un lado toda posibilidad de solución en
este sentido, y es, sin embargo, la que mejor consulta, si no la justicia, nuestras
conveniencias como nación débil y pobre que necesita solo consagrarse al trabajo” 796.
El diplomático le consultó si no pensaba en otro medio que proporcionara una solución.
“Ninguno —replicó-. Entrar en nuevos protocolos después de rechazar el de Billinghurst-
Latorre, lo estimo inútil y ocasionado a crear más irritaciones entre los dos países. Aceptar
los planes de su secretario, señor Hübner, de dividir a Bolivia, para quedarnos con el
departamento de La Paz y el Beni, me parece un absurdo. Sería esta el colmo de las
inconsecuencias y de la injusticia. Convertir al Perú, nación conquistada, en conquistadora es
algo que no cabe en la imaginación. Yo sé que existe una corriente que acaricia estos
propósitos y que no faltan hombres de importancia que los patrocinen [alusión a Piérola];
pero mientras yo esté en el gobierno, no consentiré jamás esta iniquidad. Si me la llegaran a
imponer, tomaría el teodolito [referencia a su profesión de ingeniero] y me marcharía a
Arequipa”
797
.
Esta alusión a Hübner debió estremecer a Vicuña, quien calificó de infundadas las
opiniones que achacaban al primer secretario de la legación.
“Nó— le respondió el Presidente-. Cuatro o cinco personas y una de ellas no hace muchos
días, han venido a referirme las conversaciones de su Secretario y a manifestarme que los
planes de que en ella ha hecho mérito, son de arriba. Aún ha llegado el señor Hübner a
significar que usted estaba encargado de proponérmelos y que para el efecto debía pedirme
una conferencia.
Su silencio hasta hoy me ha significado o que no ha habido tales propósitos, o que de ellos
se ha desistido. Pero yo quiero adelantarle mis opiniones a este respecto. La idea de
repartirse a Bolivia, a más de injusta, no consulta la conveniencia del Perú. La adquisición
del departamento de La Paz, sería para nosotros un semillero de revoluciones, y
probablemente en el porvenir, la posibilidad de una nueva segregación del Perú. De antiguo
hubo el propósito de constituir con parte de Bolivia, Puno, Cuzco, Arequipa, Moquegua y

795
41 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio N°79, Lima, 25-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE de Chile.
796
42 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio N°79, Lima, 25-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
797
43 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTIO VICUÑA. 1900. Oficio N°79, Lima, 25-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
Mollendo, una nueva nacionalidad con el nombre de República del Sur. Esta intentona que
tuvo características de seriedad, podría nuevamente renovarse. Por otra parte, el Perú no
tiene armas, recursos, ni siquiera aliento para una empresa que ofrecería grandes
dificultades”
798
.
Su gobierno —según estas declaraciones— marchará solo, apoyado en el derecho, pues
toda combinación con Bolivia y con Argentina le parece impracticable.
Tampoco permitirá que se gaste dinero en compras de armas.
Desea que Chile lo sepa.
No obstante lo que Romaña habría manifestado a Vicuña, en la intimidad de la entrevista,
en el tradicional Mensaje que presentó al Congreso Nacional, el 28 de julio, reiteró la
necesidad de resolver el problema pendiente de Tacna y Arica. Solicitó a Chile la definitiva
ratificación del Protocolo Billinghurst-Latorre 799.
6. CONDUCTA DEL PRIMER SECRETARIO CARLOS LUIS HÜBNER
Antes de ingresar a la diplomacia, fue periodista y escritor. En las charlas de club era
“eximio e inimitable”800. En la diplomacia conservó esa personalidad y ciertos hábitos
propios de la bohemia. Ello movió al ministro Domingo Amunátegui a comunicar a
Santiago que este funcionario no cumplía con los horarios de trabajo de la legación, dado
su modo de vivir, que no se presentaba en la oficina antes de la 5 de la tarde. “Que se lo
saque” escribía a su compadre el Presidente Errázuriz, y le agregaba “¡Qué bien me vendría
Víctor Vidaurre!”801. El sucesor de Amunátegui observó, además, que la locuacidad de
Hübner le impedía guardar la discreción debida, pues participaba a personas ajenas
asuntos de carácter reservado. Le amonestó verbalmente en más de una ocasión, sin
resultado. Por ese motivo, Vicuña escribió al Canciller Blanco Viel. Este procedimiento
tampoco surtió efecto, ya que luego “una nueva y más seria indiscreción” colocó al
plenipotenciario en una situación embarazosa, que pudo tener graves consecuencias para
la legación802. A raíz de un viaje a Chile, el ministro dejó a cargo del archivo al segundo
secretario, Francisco Donoso Carballo y no al primer secretario.
Hübner leyó en la prensa que había sido destituido. Solicitó regresar a Santiago para
desvanecer los cargos que se le imputaban 803. Sin demora, el 11 de octubre dirigió también
una carta al Presidente Romaña, en que consignó por escrito lo que le manifestó

798
44 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio N°79, Lima, 25-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
799
45 MINREL MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Telegrama, Lima, 28-7-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
800
46 Virgilio Figueroa: “Diccionario Histórico y Biográfico de Chile”. Imprenta y Litografía “La Ilustración”. Santiago. 1925. Vol.
III. Pág. 473.
801
47 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Lima, 11-8-1899, de Domingo Amunátegui, Ministro
de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
802
48 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº79, Lima, 25-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
803
49 MINREL MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Telegrama, Lima, 12-10-1900, de Carlos L. Hübner al Ministro de
RR.EE.
verbalmente, esto es, que el gobernante “jamás había dicho ni oído decir a nadie que yo
[Hübner] diese noticias de las instrucciones del señor Vicuña” acerca del reparto de Bolivia,
y que era este último quien aludió a tal proyecto. Además, le recuerda que el gobernante
lo tenía por “un cumplido caballero”.
El 17 de octubre Hübner regresó a su patria, en el vapor Mapocho.
7. RIVA-AGÜERO RECIBE UN VOTO DE DESCONFIANZA EN EL SENADO
El canciller expuso su política exterior en la cámara alta, en sesión secreta. Planteó la
aproximación con Argentina y Bolivia, sin duda para cercar a Chile, dice Vicuña. Fue
escuchado con frialdad. Las sesiones se prolongaron y el resultado final fue la caída del
ministro. Por treinta y tres votos contra cuatro se aprobó la siguiente moción:
“El Senado, hecha abstracción de todo asunto internacional, declara: que el Presidente del
Consejo de Ministros, Dr. Enrique de la Riva-Agüero, no goza de la confianza de la
Cámara”804.
El Primer Ministro efectuó gestiones para revertir la situación, sin éxito.
Calificó el voto de una aberración jurídica, porque el cargo de Presidente era más que todo
honorífico. La no confianza decía relación con su desempeño como canciller, mas su suerte
estaba echada. Solo contaba con el apoyo de Romaña.
La curiosa redacción de este texto —argumenta Vicuña— se originó porque Riva-Agüero
logró que las agencias de noticias transmitiesen numerosos cables, desde Buenos Aires y
otras capitales, en que aplaudían su gestión internacional 805.
Además, como defensor de las cautivas, no contribuiría a la popularidad de los treinta y
tres senadores que lo depusieron, si la razón de dicha votación se debiese a que no
comulgaban con sus ideas en cuanto a Tacna y Arica.
Basadre da otras causas de esta curiosa moción, menos plausibles a nuestro juicio.
Sostiene que “se enrostraba a Riva-Agüero una supuesta desidia ante la conferencia
panamericana de México y por haber radicado en Chile las negociaciones sobre Tacna y
Arica”806.
El Presidente organizó un nuevo gabinete. Designó en la cartera de relaciones exteriores a
Felipe de Osma y Pardo. Aunque carecía de actuación política previa, era sobrino del
fundador del civilismo, el Presidente Manuel Pardo. Por estirpe pertenecía a la aristocracia
limeña807.
La caída de Riva-Agüero fue interpretada por algunos como una aproximación a Chile.
Empero, Vicuña no lo veía así. Esta creencia se inspiraba en un discurso del senador
demócrata Manuel Rodulfo, en el que combatió al canciller y proclamó la necesidad de
alcanzar una inteligencia con Santiago.

804
50 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Telegrama, Lima, 22-8-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chil en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
805
51 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº67, Lima, 24-8-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
806
52 Jorge Basadre, op. cit. Tomo VIII. Pág. 19.
807
53 No había ejercido hasta ese momento ningún cargo público.
En un acápite de su intervención, preguntó al Ministro:
“¿El Gobierno abriga el propósito de llevarnos a la guerra con Chile? En ningún caso —le
replicó Riva-Agüero— jamás hemos pensado en tan desatinado propósito. Pues entonces —
contestó Rodulfo— persigue una política dementada. Todos los planes expuestos por el
señor Ministro llevan claramente envuelto el principio de una provocación a Chile. Aceptados
por la República Argentina ellos importan el rompimiento de hostilidades.
Imaginarse que Chile pueda aceptar una mediación simplemente amistosa de la Cancillería
de Buenos Aires es imaginarse un absurdo. Esa mediación tiene que ser impuesta, y su
imposición es la guerra, de la cual el Perú sería la primera víctima”808.
8. EL EPÍLOGO DE LA MISIÓN VICUÑA
Como hemos indicado, las instrucciones impartidas al agente en Perú tenían dos
componentes, uno escrito, perfectamente claro, y otro verbal del que no quedó huella
precisa. Aunque si observamos las expresiones de Vicuña, en sus cartas y oficios al
gobierno, así como la ya citada misiva de König al Presidente Errázuriz, se ve que
efectivamente hubo un plan reservado que no se describió por escrito. Sin embargo, a los
agentes se les expuso verbalmente.
Nos parece que, en vista de que no se conseguía “chilenizar” Tacna y Arica, Errázuriz
Echaurren se interesó en que el gobierno chileno prestase oídos al programa de
polonización de Bolivia, que Piérola había esbozado a Amunátegui. En consecuencia,
acordó ordenar al nuevo ministro en Lima que explorase oficiosamente su viabilidad. La
suya era una misión “de estudio”, como la calificaría Bello Codesido. El agente fue más que
imprudente en sus conversaciones. Con antelación al segundo diálogo con el Califa, pudo
apreciar cuán poco poder conservaba este. Correspondía, pues, que el silencio hubiese
sellado sus labios y que se hubiese abstenido de participar en parlamentos indiscretos,
máxime cuando todavía el horizonte trasandino se apreciaba algo nublado y la paz con
Bolivia se presentaba incierta.
El 9 de octubre de 1900, Vicuña viajó a Santiago por razones personales.
Su ausencia debía ser momentánea, pero se transformó en permanente.
El gobierno aceptó su renuncia el 22 de febrero de 1901, último día del desempeño del
canciller Bello Codesido. Una vez en su patria, se alejó para siempre del servicio público y
“pasó silenciosamente sus últimos años en su residencia de Viña del Mar” 809, tal vez
acompañado por el inquietante recuerdo de sus peripecias diplomáticas a orillas del
Rímac.
Según relata el historiador Jaime Eyzaguirre, existe copia de una nota del 12 de octubre en
el archivo de nuestra Cancillería, que no hemos encontrado, según la cual el
plenipotenciario peruano, Cesáreo Chacaltana, se entrevistó con el Presidente Errázuriz y el
Ministro Bello Codesido, a quienes solo les leyó la referida comunicación 810. Allí alude a la

808
54 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº72, Lima, 1-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
809
55 Virgilio Figueroa, op. cit. Vol. IV y V. Pág. 1055.
810
56 Jaime Eyzaguirre, op. Cit. Págs. 333 a 346.
visita de Hübner en que solicita a Romaña que sostenga por escrito que es inocente de los
cargos de infidencia que se le atribuyen. El Presidente —dice— se abstuvo de inmiscuirse
en un asunto personal, pero tampoco tenía quejas contra la conducta del primer
secretario. En cambio, se deducía que sí las tenía contra Vicuña por su proposición de
repartir Bolivia; por el incidente que provocó acerca de la vigilancia policial de la legación;
su jactancia de poseer un servicio de espionaje que le permitía conocer las discusiones y
acuerdos confidenciales del gobierno y del senado, y el estímulo que con sus informes
hostiles a Perú “había dado a las medidas de violenta chilenización de Tacna y Arica”
¿Cómo conocía esos informes Romaña? ¿Tendría también un servicio de espionaje? La
verdad es que Vicuña no escribió tales informes y las medidas se tomaron en Santiago.
Hemos leído, en fotocopia, el oficio que el canciller peruano, Felipe de Osma, dirigió a
Chacaltana, el 1 de diciembre 811. Allí —junto con transcribir un telegrama del Secretario de
Estado del 30 relativo a una presunta insistencia chilena de ordenar a Vicuña que regrese a
Lima— le insta para que, sin provocar un conflicto, obtenga que no vuelva a Perú.
El Ministro se consultó con Errázuriz. Advirtió que Chacaltana tenía prisa por recibir una
respuesta e impedir el retorno del agente. El Canciller estima urgente replicarle “para dejar
terminado el incidente en forma satisfactoria para el Gobierno, para Vicuña y aun para
Hübner”812.
Bello escribe a Chacaltana, el 30 de noviembre, a fin de transmitirle su pesar porque:
“una idea equivocada por parte del señor Hübner de los cargos que sobre su conducta
funcionaria había formulado ante este Departamento el Ministro señor Vicuña, lo hubiera
arrastrado, en un momento de exaltación, a buscar en una declaración del Excmo. Señor
Presidente del Perú el medio de vindicarse de una inculpación que hería sus sentimientos de
caballero y su rectitud como primer empleado de la Legación. El Departamento ha podido
comprobar que no existe en las comunicaciones del señor Vicuña el cargo de infidencia en
contra del señor Hübner, ni que este cargo haya podido referirse a un plan internacional que
el Gobierno de Chile no ha propuesto al de V.E.”813.
Y después de otras consideraciones, Bello concluye así:
“Espera confiadamente el infrascrito que la explicación a que ha dado lugar el incidente
referido borrará la mala impresión que él ha podido causar en el Gobierno de V.E. y alejará
toda duda respecto del buen espíritu que ha guiado en todo momento al representante de
Chile en sus relaciones con ese Gobierno”814.
Mas Chacaltana se obstinó en decir a Bello la última palabra. Creemos que recibió una
segunda instrucción de Osma, más acentuada que la del 1 de diciembre. En nota del 26 de
811
57 Archivo del Ministerio de RR.EE. de Perú. Oficio reservado Nº260, Lima, 1-XII-1900, del Sr. Felipe de Osma, Ministro de
RR.EE. de Perú, al Sr. Cesáreo Chacaltana, Ministro de Perú en Chile (gentileza del Embajador Miguel Bákula).
812
58 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta reservada, Valparaíso, 29-XI-1900, de Emilio Bello,
Ministro de RR.EE., a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
813
59 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº79, Lima, 25-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile, al Ministro de RR.EE. de Chile. En este oficio Vicuña se refiere a su entrevista con el Presidente Romaña y la
urgencia que existe de “adoptar la medida a que he hecho referencia en la presente nota”, esto es, removerlo de su función.
814
60 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN BOLIVIA. CORRESPONDENCIA RECIBIDA. 1900-1901. Nota reservada,
Santiago, 30-XI-1900, de Emilio Bello Codesido, Ministro de RR.EE. de Chile, al Sr. Cesáreo Chacaltana, Ministro de Perú
en Chile.
enero de 1901, alude a la conferencia del agente chileno con Romaña, del 21 de
septiembre. Allí Vicuña le habló al Presidente de la necesidad de suprimir “el obstáculo
generador de las dificultades”, o sea, Bolivia, “la cual estorbaba a Chile, Brasil, Argentina,
Paraguay y Perú, los mismos que podían participar de su desmembramiento” 815.
Chacaltana recordó que Romaña le manifestó al diplomático que esa idea repugnaba al
sentimiento nacional peruano, que él se sublevaba en contra de ella y prefería dejar la
Presidencia y retornar a su hogar, antes que contribuir en tal injusticia.
A pesar de esta respuesta —continúa Chacaltana— Vicuña se presentó después ante el
Canciller Osma para hablarle en el mismo sentido. Por los interlocutores escogidos,
“pareció empeñado en dar a sus gestiones un carácter oficial”.
La nota de Bello permite deducir —acota Chacaltana— que el agente procedió “por su
propia cuenta y responsabilidad y sin las debidas instrucciones”.
Mas, aún así, no aminora la gravedad de los hechos y no duda “que ellos serán tomados
en cuenta al reorganizarse el personal de la Legación de Chile en el Perú”. Estos despachos
llevan explícito el mensaje de que Vicuña se ausente de Lima para siempre, lo que —como
ya expresamos— sucedió.
El Canciller Bello se esforzó en ilustrar al cuerpo diplomático chileno del accionar de su
ministro en Lima, en lo que se refiere al reparto de Bolivia 816.
A principios de 1900, —dice— se confió a Vicuña la tarea de estudiar en Lima alguna
solución que resolviese la cuestión de Tacna y Arica. En virtud de instrucciones verbales,
“que daban cierta amplitud a su acción” (cursivas nuestras), Vicuña se empeñaría en
alcanzar un nuevo arreglo directo, fundado en bases diversas de las que inspiraron el
Protocolo Billinghurst-Latorre.
Antes de que diese forma concreta a su acción —agrega el secretario de Estado— tuvo
lugar “un incidente deplorable, de carácter personal”, con el secretario Hübner, a que se
refiere la nota de Chacaltana, del 12 de octubre.
“La misión del señor Vicuña —según Bello Codesido— era simplemente de estudio y
obedecía a los propósitos de paz y de armonía que guían al Gobierno de Chile en sus
relaciones con los demás países. Sobre sus resultados debía nuestro representante informar
al Departamento a fin de recibir las instrucciones que le permitieran proponer una solución a
la Cancillería peruana.
Ese momento no había llegado aún y, por consiguiente, no puede aceptarse la suposición de
que Chile estaba empeñado en realizar el plan del reparto de Bolivia”.
Perú, no obstante lo dicho en la circular de 26 de mayo de 1901 del Ministro Osma, a que
nos referiremos posteriormente, reiteró por nota a la Cancillería boliviana, de 18 de agosto
de 1901, la existencia de gestiones chilenas orientadas a desmembrar Bolivia. La Moneda,
en conocimiento de esta, dirigió el siguiente telegrama al encargado de negocios en La

815
61 MINREL. LEGACIÓN DEL PERÚ EN CHILE. 1900-1909. Nota s/nº, Santiago, 26-1-1901, de Cesáreo Chacaltana,
Ministro de Perú en Chile, a Emilio Bello Codesido, Ministro de RR.EE. de Chile.
816
62 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN BOLIVIA. 1900-1901. Oficio nº14, Santiago, 27-8-1901, de Luis Rodríguez,
ministro de Relaciones Exteriores de Chile a Manuel Vega, encargado de Negocios de Chile en Bolivia.
Paz, Manuel Vega:
“Desmienta categóricamente especie de que gobierno haya propuesto al Perú repartición de
Bolivia. Ni este gobierno ni ninguno de sus representantes ha podido pensar jamás en
semejante felonía. Esta Cancillería cuidará de dejar los hechos en claro, impidiendo que esta
superchería se propague”817.
Dicho telegrama fue dado a conocer al Presidente Pando y al Ministro Díez de Medina.
Vega les expresó que se hallaba dispuesto a emitir una declaración pública al respecto.
Empero, estos personeros no la estimaron necesaria y les bastó con darla a conocer al
Congreso Pleno, aunque en sesión secreta818.
Posteriormente, el 27 de agosto, el canciller Luis Martiniano Rodríguez ordena nuevamente
a Vega que desvanezca por completo la mala impresión que debió causar en el gobierno
boliviano la “fementida” circular Osma, del 26 de mayo de ese mismo año. Sin duda, el
propósito de esta —agrega Rodríguez— “es predisponer el ánimo de Bolivia en contra
nuestra, ya que quizás haya comprendido que nuestras actuales relaciones con este país
llevan seguramente al camino de un pronto arreglo”819.
No obstante las explicaciones anteriores, ellas no logran disuadirnos de que Vicuña fue
indiscreto, por lo menos, en sus conversaciones con Piérola.
Dado que la suya era una misión “de estudio” como la calificó Bello Codesido, debió —
según le expresó el 21 de enero de 1900 el Presidente Errázuriz— abandonar el plan, en
vista de que el ex-gobernante había perdido la influencia que antes detentaba. Mas siguió
reuniéndose con el Califa... 820
Un conocido humorista chileno, Vicente Grez, en su libro Viaje de destierro, se refiere a
Ángel Custodio mientras se desempeñó como ministro en La Paz, durante los días de la
revolución en contra del Presidente Balmaceda.
“El señor Vicuña— dice— inventa una intriga por minuto”821.
9. EL RESQUIESCAT IN PACE DEL PROTOCOLO BILLINGHURSTLATORRE
A fines de 1899 la subsistencia de este convenio, que vulneraba los derechos que concedió
el Pacto de Ancón al triunfador en la Guerra del Pacífico, a juicio de los negociadores
817
63 MINREL. Legación de Chile en Bolivia. Circular confidencial Nº4, Valparaíso, 22-2-1901, de Emilio Bello Codesido,
Ministro de RR.EE. de Chile, a los agentes diplomáticos de Chile en el exterior.
818
64 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 351.
819
65 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN BOLIVIA. CORRESPONDENCIA RECIBIDA. 1900-1901. Oficio Nº14, Santiago,
27-8-1901, de Luis Rodríguez, Ministro de RR.EE. de Chile, a Manuel Vega, Encargado de Negocios de Chile en Bolivia.
820
66 Intentaremos hacer un alcance acerca a ciertas afirmaciones del historiador Jaime Eyzaguirre, que aparecen en la obra
citada. En ella se desmiente la existencia de un plan oficial de Chile de desmembrar Bolivia y se sostiene que Piérola fue
quien patrocinó la polonización, lo que es efectivo. Cuando Eyzaguirre cita las instrucciones impartidas a Ángel Custodio
Vicuña por Errázuriz Urmeneta, en presencia del Presidente de la República, omite que también las hubo de carácter verbal.
Es igualmente útil tener presente la reacción de Errázuriz Echaurren después de la primera entrevista de Vicuña con
Piérola. Todavía más, las órdenes a König son de marchar de acuerdo con su colega con las de naturaleza verbal. Estas
instrucciones verbales no nos fue posible conocerlas. Sin embargo, si recordamos los diálogos de nuestro agente en Perú
con Piérola y los consejos de cautela del Presidente Errázuriz, es difícil sostener que las proposiciones que Piérola había
formulado en 189, a Amunátegui, La Moneda las hubiese descartado del todo. Es obvio que tan pronto como se apreció su
inviabilidad, se desestimaron con la mayor firmeza. Así lo reflejarían sendos telegramas del Primer Mandatario y del Ministro
de Relaciones Exteriores, en que se le conminó a Vicuña a suspender “toda negociación”. Pero, el daño ya estaba hecho
por el exceso de celo e imprudencia del plenipotenciario.
821
67 Jorge Basadre, op. cit. Vol. VIII. Pág. 238.
chilenos, se presentó más que dudosa en la Cámara de Diputados chilena. Diversos hechos
lo vendrían a confirmar.
Desde luego, el ministro de relaciones exteriores, Federico Puga Borne, que ejerció esas
funciones entre junio y septiembre de aquel año, dirigió una comunicación reservada a la
comisión de relaciones exteriores del Senado, del tenor siguiente:
“El Ministro... desea manifestar a los honorables miembros de la comisión de relaciones
exteriores del Senado las ideas generales en que el Gobierno se propone basar el arreglo de
las cuestiones que tiene aún pendientes la República de Chile con las de Bolivia y el Perú.
El Ministro desea conocer la opinión que ellas merezcan a los señores miembros de la
Comisión con el propósito de que el plan internacional cuya ejecución adopte, cuente de
antemano con el valioso concurso de sus miembros.
Ante todo el Gobierno opina que la solución de estas cuestiones debe ser lo más rápida
posible, pues el estado de incertidumbre actual no ofrece para Chile sino inconvenientes y
peligros.
Enseguida, cree el Gobierno que la solución buscada debe ofrecer el carácter de definitiva.
Los fines que deben perseguirse son esencialmente dos, el de asegurar para Chile el dominio
perpetuo e incondicional de los territorios que por consecuencia de la Guerra del Pacífico
ocupa hoy a título precario, a saber, el litoral de Antofagasta, la provincia de Tacna; y
segundo, el de satisfacer todas las reclamaciones por daños causados a particulares por
aquella guerra, a saber: indemnizaciones de los damnificados en la guerra con Bolivia cuyos
créditos en parte están liquidados y servidos con las rentas de la aduana de Arica, en virtud
del Pacto de Tregua, y en parte, aquellos que se refieren a obligaciones que pesaban sobre el
litoral, no están liquidados sino solamente reconocidos por el Protocolo de 28 de mayo de
1895, protocolo aún no aprobado por el Congreso.
Para realizar este plan convendría proceder para con cada una de las repúblicas de Bolivia y
del Perú en la forma siguiente:
Bolivia.
En lo que se refiere a Bolivia solamente cito el punto 3c: nada de concesión de puerto en el
Pacífico para Bolivia.
Perú.
1º Adopción de todas las medidas tendentes a desarrollar en el territorio de Tacna y Arica
interés por la nacionalización chilena, y como uno de los medios más adecuados para el
objeto, conceder representación parlamentaria a sus habitantes en el Senado y en la Cámara
de Diputados.
2º Negociación de convenios que modifiquen el Protocolo Billinghurst-Latorre en
condiciones que aseguren el éxito de Chile en el plebiscito, y en caso de no obtenerse estas
modificaciones, rechazo del Protocolo por la Cámara de Diputados.
3º Constitución del Tribunal Arbitral que debe fallar las reclamaciones de los chilenos
damnificados por la guerra del Perú en conformidad con el artículo XII del Tratado de
Ancón”822.
Es útil anotar que ya en 1898, tanto Chile como Argentina obtuvieron la constitución del
arbitraje británico en el diferendo limítrofe que mantenían ambas naciones. Como
sabemos, un año después, se verificó la entrevista en el Estrecho de Magallanes, entre
Errázuriz y Roca, que significó para La Moneda un principio de arreglo con su importante
vecino trasandino. Chile podría, pues, resolver ahora sus problemas con Perú y Bolivia sin
la interferencias del Plata. El trascrito oficio de Puga Borne se vincula con esta realidad.
Algunos meses más tarde, las autoridades chilenas empiezan a aplicar en los territorios del
norte medidas que guardan consonancia con los planes precedentes y que preparan el
terreno para ganar el plebiscito. Se reanuda así una política de chilenización que llevó a
cabo el Presidente Balmaceda, pero que mayormente cayó en el olvido durante la
Administración del almirante Jorge Montt y en los primeros años de la de Errázuriz
Echaurren.
Según datos del intendente de Tacna, conviene subrayar que la población en la provincia,
en 1901, ascendía a 24.125 personas, en 1901. De estas 1.676 eran chilenos y 21.750
peruanos. Los extranjeros sumaban 719823. La población que sabía leer y escribir con
derecho a voto, siempre que se exigiese un mínimo de 18 años, era de 4.169 varones: 748
eran chilenos, 2.702 peruanos, 326 bolivianos y 393 extranjeros. Si se estableciese como
requisito un mínimo de 21 a 24 años, las expectativas de La Moneda mejoraban, pero no
hasta el punto de ganar.
El 27 de septiembre de 1899 el ministerio de Industria y Obras Públicas recibió
instrucciones de la Cancillería para estudiar un plan de colonización en Tacna y Arica,
conjuntamente con uno de irrigación que apoyase el primero; el 9 de febrero la
Intendencia de la provincia de Tacna resuelve que los directores de los establecimientos
particulares de instrucción primaria comprueben haber cumplido con las exigencias
legales, sin cuyo requisito no se permitirá hacer matrículas, ni menos que funcionen
aquellos establecimientos; el 24 del mismo mes la Gobernación de Arica solo renovará los
permisos de los establecimientos particulares de instrucción primaria que comprueben
cumplir con las leyes existentes. Conforme a la legislación vigente, ninguna persona podrá
ejercer como preceptor de instrucción primaria sin acreditar buena vida y costumbres. Si se
comprueba que no se cumple con dicha norma, la escuela será cerrada inmediatamente; el
24 de febrero de 1900, la gobernación de Arica queda facultada para cerrar los
establecimientos particulares de instrucción primaria que no hayan solicitado el permiso
correspondiente ni hayan acreditado poseer las condiciones requeridas; el 27 de marzo la
plana mayor de la primera zona militar tendrá su residencia en la capital de la provincia de
Tacna; el 23 de abril se traslada la corte de apelaciones desde Iquique a Tacna; y el 26 de
abril la dirección general de la Armada ordena que el blindado Almirante Cochrane pase el
invierno en Arica, acompañado de la torpedera Ingeniero Mutila.
El poder ejecutivo, como consecuencia de las constantes solicitudes de la legación
peruana, requirió a la Cámara de Diputados a que se abocase al Protocolo Billinghurst-

822
68 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. CUESTION DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.
823
69 A.N. Archivo del Presidente Germán Riesco.
Latorre824. El 14 de enero de 1901, ella adoptó la siguiente resolución:
“Teniendo presente las diversas observaciones formuladas en el debate y en especial la
conveniencia de que sean resueltos directamente por los gobiernos de Chile y del Perú los
puntos que el Protocolo de 16 de abril de 1898 entrega a la resolución de un árbitro, la
Cámara acuerda que se envíen los antecedentes al Ejecutivo a fin de que inicie nuevas
gestiones diplomáticas para dar cumplimiento a la cláusula III del Tratado de Ancón” 825.
Como se aprecia, tanto la comunicación de Puga Borne como la política adoptada en la
zona litigiosa, sepultaron el Protocolo que negoció con tanto ahínco el vice-Presidente de
Perú, en momentos tan complejos y de tanta tensión en el escenario internacional chileno.
Empero, tampoco reinaba uniformidad de criterio en Lima en esta materia, según se
conoció en Santiago.
El propio Billinghurst lo reveló en una carta publicada en Iquique, que envió el 1 de mayo
de 1900 al ex-gobernante Piérola, cuyo mandato había cesado en 1899, que trascribimos
parcialmente a continuación:
“En contestación al telegrama que le dirigí de Santiago el 3 de febrero [de 1898] pidiéndole
la remisión de mis credenciales, me dijo usted en la misma fecha:
El tratado firmado por usted será combatido por todos los que teman su candidatura, antes
que pueda ser apreciado por el país.
Prosigue después:
En el orden exterior: hemos proporcionado a Chile un espectáculo que nos daña
enormemente. Los políticos de ese país han visto al Presidente de la República [Piérola], al
jefe del partido demócrata, al caudillo de las libertades públicas, desatentado y furioso
atropellar la ley, olvidar las conveniencias del propio respeto y combatir la candidatura de
uno de sus amigos de un cuarto de siglo, de un partidario desinteresado, entusiasta y leal,
del defensor perseverante de los intereses de Tacna y Arica, del negociador del Protocolo de
16 de abril de 1898; de un amigo para quien no fueron indiferentes sus penurias y
necesidades.
¿Qué deducción podía sacar el Gobierno de Chile de esta actitud del Presidente Piérola, que
no tiene causa ostensible que la justifique?
Agregue usted a esto las interpretaciones que se han dado en Santiago a la confidencia que
imprudentemente hizo usted al Ministro Amunátegui Rivera de que se alegraba que la
Cámara de Diputados [de Chile] no hubiese aprobado el protocolo porque ello prestigiaría a
Billinghurst, confidencia que hoy es del dominio de todos los hombres públicos de Chile, y se
explicará usted por qué ha cambiado tan bruscamente el rumbo de la diplomacia de La
Moneda, colocando nuestras relaciones con Chile en el pie en que se hallaban antes.
...
Hay en Chile en el día, el convencimiento de que es fácil, dada la situación del Perú,
824
70 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN BOLIVIA. CORRESPONDENCIA RECIBIDA. Oficio circular confidencial Nº4,
Valparaíso, 22-2-1901, de Emilio Bello Codesido, Ministro de RR.EE. de Chile, a los agentes diplomáticos chilenos en el
exterior.
825
71 MINREL. ALEJANDRO ÁLVAREZ. LA CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905.
solucionar la cuestión de Tacna y Arica mediante el desembolso de unos cuantos millones, y
entendiéndose directamente con usted.
El Ministro Vicuña llevaba instrucciones para investigar si es efectivo el dominio de usted
sobre el Presidente Romaña, y caso de serlo, ‘discutir y acordar con usted la venta de esas
dos provincias que Chile quiere a todo trance retener’.
¡Verá usted cuánto han decaído el Perú, y usted mismo en el concepto de esta gente en
pocos meses!
...
En todo caso, usted no puede ignorar el sesgo que Riva-Agüero ha principiado a dar a
nuestra diplomacia, utópicas y peligrosas aproximaciones a la Argentina, provocando
alarmas y resistencias en Chile.
Esa política es insensata y ocasionada a causarnos daños irreparables” 826.
Esta carta nos demuestra las contradicciones reinantes, en el medio político peruano, para
apreciar el Protocolo Billinghurst-Latorre. Las intrigas políticas en contra del ex-
Vicepresidente, en parte alimentadas por el amigo de ayer, así como el interés por
consolidar una trasnochada coalición peruano-argentina que permitiera recuperar
Tarapacá inclusive, indujeron al grupo dirigente chileno a suponer que allá tampoco había
demasiado interés en perfeccionar aquel instrumento.
10. LA MISIÓN CHACALTANA. PERÚ CORTA SUS RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON
CHILE
En abril de 1900, llega a Santiago Cesáreo Chacaltana, diplomático peruano de vasta
actuación, de quien hemos hablado anteriormente.
El 17 de ese mes comunica al ministro de relaciones exteriores, Rafael Errázuriz Urmeneta,
su designación como ministro de Perú en Chile. Al presentar sus credenciales, destaca que
conforme con un “alto espíritu de cordialidad, de armonía y de justicia”, se ocupará de
lograr un acuerdo para la solución del problema relativo a la nacionalidad definitiva de
Tacna y Arica. El Presidente Errázuriz, a su vez, le replica que tan elevados conceptos son
“segura prenda de que puede llegarse a la tranquila solución del único problema que
existe pendiente entre nuestras Cancillerías”827.
No obstante estas aparentemente conciliadoras manifestaciones, el nuevo enviado situó la
discusión en un terreno áspero. Resulta evidente que sus objetivos, según sus
instrucciones, fueron el perfeccionamiento a todo trance del Protocolo Billinghurst-Latorre,
ya pendiente en la Cámara de Diputados, y protestar reiteradamente por los actos de
chilenización en Tacna y Arica, desplegados por las autoridades nacionales. Se le previno
que por ese camino no alcanzaría una solución. Empero, el plenipotenciario persistió en él,
que culminó con una virtual ruptura de relaciones diplomáticas con Chile.
Algunos peruanos la atribuyen al empecinamiento del ministro, que la bautizaron como el

826
72 MINREL. Comisión Arbitral Tacna y Arica. Antecedentes para la defensa de Chile. 1923. Carta política de Guillermo
Billinghurst a Piérola. ¡Lo que va de tiempo a tiempo!
827
73 MINREL. GOBIERNO Y LEGACIÓN DEL PERÚ. 1898-99. Oficio Nº 1, Santiago, 17-4-1900, de Cesáreo Chacaltana,
Ministro de Perú en Chile, a Rafael Errázuriz Urmeneta, Ministro de RR.EE. de Chile.
“entuerto Chacaltana”828. Lo más posible es que lo que intentó, por encima de todo, fue
situar a La Moneda en un terreno difícil, frente a la próxima Conferencia Internacional
Americana que patrocinaba Estados Unidos, en donde se buscaría aprobar el arbitraje
retroactivo.
Tal como indicamos antes, a comienzos del año 1900 la situación vecinal chilena es de
entendimiento con la República Argentina. La cuestión de la Puna de Atacama ha
encontrado una solución y las divergencias sobre la demarcación fronteriza, se encuentran
en manos del árbitro británico. Pero, a comienzos de mayo, soldados argentinos
incursionan en el valle Lacar, que Chile considera propio. Este hecho origina un agitado
debate que convulsiona al Congreso Nacional por más de un mes. Ello inspiró la siguiente
observación de Jaime Eyzaguirre: “Los efectos de la entrevista del Estrecho comenzaban a
perderse”829.
En cuanto a Bolivia, el 7 de marzo presentó sus credenciales en La Paz el ministro Abraham
König, que traía una nueva fórmula de arreglo. La Moneda concedía compensaciones
importantes a Bolivia, a cambio del abandono de sus aspiraciones a un acceso soberano al
Pacífico.
El Presidente Pando y el canciller Villazón acogieron con gran cordialidad a König, como se
trasluce del telegrama que dirigió al Presidente Errázuriz, ya citado. Ellos concordaron con
varias de las proposiciones chilenas, menos con esta última, e hicieron una
contraproposición: Chile cedería a Bolivia el dominio perpetuo de “una zona de territorio
que comprenda uno de los puertos actualmente conocidos, la cual zona, situada al norte
de aquellas posesiones se extenderá hasta la frontera boliviana” 830.
Esto alteraba los planteamientos expresados por el agente chileno. El general Pando, en su
Mensaje Presidencial, del 10 de agosto, declaró que había rechazado categóricamente los
planes de paz presentados por Chile831.
Al parecer, sorprendido y disgustado por estas expresiones, sin consultar a Santiago, König
envía a Villazón una nota el 13 de agosto que comprende las cuestiones no resueltas 832. De
ella, se destacan los párrafos del tenor siguiente que dieron la vuelta de las Cancillerías y
de los periódicos del continente americano:
“Es un error muy esparcido y que se repite diariamente en la prensa y en la calle, el opinar
que Bolivia tiene derecho de exigir un puerto en compensación de su litoral.
No hay tal cosa. Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con
que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena, con el mismo título con que los
Estados Unidos de la América del Norte han tomado a Puerto Rico. Nuestros derechos nacen
de la victoria, la ley suprema de las naciones833.

828
74 A.N. Archivo del Presidente Germán Riesco. Carta, a bordo del Palena, 6-3-1904, de Agustín Edwards a Germán
Riesco, Presidente de Chile.
829
75 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 361.
830
76 Sergio Carrasco D.: op. cit. Pág. 120.
831
77 Sergio Carrasco D.: op. cit. Pág. 120.
832
78 Abraham König: “Memorias íntimas, políticas y diplomáticas”. Imprenta Cervantes. Santiago. 1924. Págs. 75 a 84.
Que el litoral es rico y que vale muchos millones, eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque
vale; que si nada valiera, no habría interés en su conservación.
Terminada la guerra, la nación vencedora impone sus condiciones y exige el pago de los
gastos ocasionados. Bolivia fue vencida, no tenía con qué pagar y entregó el litoral.
Esta entrega es indefinida, por tiempo indefinido, así lo dice el Pacto de Tregua: fue una
entrega absoluta, incondicional, perpetua.
En consecuencia, Chile no debe nada, no está obligado a nada, mucho menos a la cesión de
una zona de terreno y de un puerto.
En consecuencia, también, las bases de paz propuestas y aceptadas por mi país y que
importan grandes concesiones a Bolivia, deben ser consideradas no solo como equitativas,
sino como generosas”.
En Santiago, este brulote provocó un fuerte impacto, porque el lenguaje empleado se
alejaba de la terminología oficial, así como olvidaba que Bolivia al violar el tratado de 1874,
renacieron los derechos que Chile alegaba sobre los territorios desde el paralelo 23º al sur.
El ministro Errázuriz Urmeneta se declaró sorprendido. Si bien la nota se ajustaba a la
política del gobierno, “contenía declaraciones imprudentes y frases poco ajustadas al
lenguaje diplomático”834. Varios políticos —Joaquín Walker entre ellos— y la prensa la
criticaron. La Unión de Santiago —vocero conservador— trató al agente (radical y masón)
de “vulgar payaso de la diplomacia” 835. Empero, König —sin saberlo— se podría decir que
enterró por más de medio siglo la “política boliviana” de Santa María 836.
En La Paz se consideró que la comunicación de König constituyó un ultimátum. Pero,
Villazón demoró tranquilamente dos meses en contestarla.
Lo hizo con franqueza, pero sin hostilidad. Recurrió a la interposición de la “gran república
del norte”, sin ningún resultado. Poco a poco, Bolivia terminó por aceptar las
compensaciones chilenas y, finalmente, firmó con La Moneda el Tratado de Paz y Amistad
de 1904, anhelado por Chile desde el fin de la Guerra del Pacífico. Lo suscribió conforme a
los planteamientos hechos por König. Entre otras obligaciones, Chile se comprometió a
unir Arica con el Alto de La Paz por medio de un ferrocarril. Cabe subrayar que todavía se
desconocía quién sería el soberano definitivo de este puerto. Un nudo gordiano que el
Presidente Ibáñez y su ministro Ríos Gallardo cortarían en 1929, en la medida de lo posible.
El iniciador de las gestiones de paz, por el lado boliviano, Félix Avelino Aramayo, comentó
años después: “Don Abraham König nos dijo con mucha crudeza ciertas verdades que
chocaron a la América sentimental, y las simpatías estuvieron con nosotros. Pero las
833
79 Conforme la nota de Pedro Nolasco Videla, Encargado de Negocios de Chile en Bolivia, del 12-2-1879, al romper Bolivia
el Tratado de 1874, renacieron para Chile “los derechos que legítimamente hacía valer antes del Tratado de 1866 sobre el
territorio a que ese Tratado se refiere [paralelos 23º a 25º]. Por lo tanto, la República no habría ocupado el litoral boliviano a
título bélico, como afirma König. Según títulos históricos, se habría limitado a reivindicar la zona que poseía desde la época
colonial.
834
80 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Santiago, 26-9-1900, de Rafael Errázuriz Urmeneta,
Ministro de RR.EE., a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
835
81 Gonzalo Vial: op. cit. Vol. II. Pág. 290.
836
82 Decimos hasta cierto punto, pues la “ofensiva diplomática” del Presidente Arturo Alessandri y del Canciller Ernesto
Barros Jarpa, en 1921, intentó revivirla, al buscar un acceso soberano en el Océano Pacífico para Bolivia a través de Tacna
y Arica, si estos territorios fuesen definitivamente chilenos, después del plebiscito.
verdades quedaron”837.
König abandonó La Paz el 1 de diciembre de 1900, después de una despedida en casa de
Lucía.., un amor otoñal con el que pensó finalizar su celibato, sentimiento que en algún
momento le disputó un... peruano838. Ya de regreso, recibió un escueto telegrama:
“Compromiso Lucía con Elguera acabó”, mas era tarde para él 839. En Santiago, tampoco
encontró un ambiente receptivo, pues el Presidente Errázuriz le prometió una nueva
legación que nunca se le concedió840.
El ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Errázuriz Urmeneta, en una circular al cuerpo
diplomático chileno, a la que aludiremos más adelante, quiso suavizar las expresiones de
su agente, aunque mantuvo el fondo.
Este era el inquietante cuadro internacional con que Chacaltana se encontró al llegar a
Santiago. En lo que atañe al campo bilateral, un regreso a la chilenización de las cautivas y
el entierro del Protocolo Billinghurst-Latorre.
Es de suponer que pudo conocer la comunicación de Puga Borne al Senado, del año
anterior, y quien sabe si las instrucciones a Ángel Custodio Vicuña (el medio político
chileno era tan locuaz como el peruano). Durante su desempeño no mejoró las relaciones,
por el contrario, las enconó. Acaso creyó que las cuestiones limítrofes chileno-argentinas
se agravarían y que La Paz, después de la nota de König, sería un aliado útil y confiable. Si
así reflexionó, se equivocó. Dos años más tarde, La Moneda suscribió con la Casa Rosada
los pactos de mayo, que mejoraron las relaciones por más de medio siglo, y por otro lado
el tratado ya señalado con Bolivia.
El ministro peruano cursó siete notas a la Cancillería chilena, entre el 14 de noviembre de
1900 y el 7 de marzo de 1901. Recibió tres respuestas escritas del ministro Emilio Bello
Codesido y una del ministro Raimundo Silva Cruz, entre el 18 de diciembre de 1900 y el 13
de marzo de 1901841.
En la primera, Chacaltana recuerda las negociaciones iniciadas el 28 de marzo de 1894,
entre Perú y Chile, al cumplirse los diez años estipulados en el artículo III del Tratado de
Ancón. A juicio de su gobierno, después de esa fecha Chile perdió los derechos que
aseguraba tener.
Censura las diversas medidas adoptadas recientemente por las autoridades porque
vulneran los derechos de su patria e incluso la legislación chilena.
Alude explícitamente a la clausura de establecimientos educacionales peruanos en Tacna y
Arica; a la fijación unilateral de una línea divisoria entre Arica y Pisagua, en circunstancias
de que ella tiene carácter internacional y, por lo mismo, se debe consultar a Perú; a ciertos

837
83 Gonzalo Vial, op. cit. Vol. II. Pág. 291.
838
84 Abraham König, op. cit. Pág. 147.
839
85 Abraham König, op. cit. Pág. 179.
840
86 Gonzalo Vial, op. cit. Vol. II. Pág. 291.
841
87 Varias de esta notas se encuentran en el MINREL. y en la Memoria del Ministerio de RR.EE. de Chile, de 1901,
presentada al Congreso Nacional. También se encuentran reunidas en el libro Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.
Circular sobre la cuestión Tacna y Arica. Lima. Imprenta Torres Aguirre, Unión 150. 1901 (Biblioteca de José Miguel Barros
F.).
proyectos de colonización e irrigación, que por tratarse de una acción a largo plazo solo
debe efectuarse por el soberano del territorio, “mas no por Chile simple ocupante de
ellos”; menciona la concentración de tropas en Tacna y el desplazamiento a Arica del
blindado Almirante Cochrane y de la torpedera Ingeniero Mutila; el proyecto de
independizar el servicio eclesiástico de Tacna y Arica de la diócesis de Arequipa; el traslado
de la corte de apelaciones desde Iquique a Tacna, y la indebida ocupación de la provincia
de Tarata. El modo de subsanar estas divergencias —dice— es “ir resueltamente al
plebiscito, en la forma pactada en el Protocolo Billinghurst-Latorre”.
El 3 de diciembre dirige una segunda nota a Bello, relativa a la comisión designada para
establecer los límites entre Pisagua y Arica. Insiste en el carácter internacional de estos.
Bello le contesta el 14. Atribuye su retardo en responder a causas internas en el gabinete.
Tan pronto se normalice la situación, le enviará una información detallada. El ejecutivo
soporta las consecuencias del parlamentarismo.
El 15 del mismo mes, en una tercera comunicación, el plenipotenciario reclama por la falta
de una contestación adecuada y menciona nuevas disposiciones que evidencian el
propósito de prolongar por tiempo indefinido “una ocupación que legalmente terminó en
1894”.
La cuarta nota de Chacaltana es del 24 de diciembre. Expresa que sus reclamaciones “datan
de fechas muy anteladas”. Ahora agrega otras, así como recaba que la Cámara de
Diputados, que celebra sesiones en esos momentos, se ocupe del Protocolo.
El 19 de enero Bello le escribe detalladamente:
A) Las veinte y tres escuelas peruanas se clausuraron porque no se enseñaba historia ni geografía de
Chile, materias que son obligatorias, en cambio se inculcaba a los alumnos sentimientos de
hostilidad hacia esta república. Se han creado nuevos establecimientos, se han enviado preceptores
bien preparados y se ha abierto un liceo de niñas.
B) La línea divisoria entre los departamentos de Arica y Pisagua busca resolver dificultades de orden
interno. Se aviene al Tratado de Ancón, que es ley de la República, pues allí se fijaron los límites de
las provincias de Tarapacá, Tacna y Arica.
C) El traslado del asiento de la primera zona militar y de la corte de apelaciones responde a medidas
de buen servicio, según las facultades constitucionales que posee el poder ejecutivo. La presencia
de tropas no involucra ningún peligro para el ejercicio de la libertad del sufragio, pues será como
siempre una garantía del orden y tranquilidad públicas. Lo que está prohibido es el reclutamiento o
acuartelamiento de la guardia nacional o de los conscriptos en período electoral.
D) Según el Pacto de Ancón, que colocó dichos territorios bajo el imperio de las leyes chilenas, el
Presidente de la República tiene derecho a ejercer las atribuciones del patronato. Por lo tanto, no
constituye una pretensión excesiva el proyecto de separar el servicio religioso de Tacna y Arica de la
diócesis de Arequipa. Afirma que los funcionarios eclesiásticos peruanos se han convertido en
activos propagandistas en contra de la presencia chilena.
E) Por último, el acuerdo de la Cámara de Diputados, del 14 de enero, ha puesto fin a “una situación
incierta que entorpecía y retardaba las gestiones que ambos gobiernos deben llevar adelante para
resolver el problema relacionado con los territorios de Tacna y Arica”.
Posteriormente, Chacaltana le envió sendas notas del 19 y 30 de enero, respectivamente,
en que repite la argumentación precedente.
Bello le contesta el 18 de febrero. Reitera su argumentación previa y refuta las
apreciaciones del agente peruano.
El 7 de marzo Chacaltana envía su última comunicación, esta vez al Canciller Silva Cruz:
“Antes de concluir, —dice— debo declarar que no he abrigado, como el antecesor de V.E. lo
supone, el propósito de colocar esta discusión en un terreno áspero y odioso. Me he limitado
a impugnar con verdad y firmeza, pero en forma conveniente, las medidas ilegales
adoptadas en Tacna y Arica y el propósito ostensible de ellas, así como pedir su derogatoria.
Si en esto puede haber algo de aspereza u odiosidad, se debe indudablemente, no a los
justos pedidos formulados a nombre de mi gobierno sino al carácter de los hechos que los
han motivado.
Subsistiendo estos, mantengo, a nombre de mi gobierno, las declaraciones consignadas en
mis notas anteriores”.
El 13 de marzo Silva Cruz expresa a Chacaltana que lamenta que haya resuelto poner
término al intercambio de notas, así como su próximo alejamiento de Chile 842.
El Presidente Romaña comunica esta decisión al Presidente Errázuriz 843, pero sin indicar que
el fin de aquella misión responde al propósito de interrumpir sus relaciones diplomáticas
con Chile. Así ocurre, sin embargo. Con el agente partió todo el personal de la legación. La
virtual ruptura del palacio de Pizarro con La Moneda incrementó las dificultades que esta
enfrentó al iniciarse el siglo veinte, empero por corto tiempo.
La legación chilena en Lima quedó a cargo por varios años del secretario Víctor Vidaurre-
Leal, el mismo que el plenipotenciario Domingo Amunátegui instaba a su compadre, el
Presidente de la República, que fuese adscrito a la legación en vez de Hübner.
11. RENUNCIA DE VICUÑA
Es interesante traer a luz la dimisión que este agente presentó al Presidente de la
República, el 22 de enero de 1901, que se encuentra en el archivo del mandatario que
conoció también el historiador Jaime Eyzaguirre, como muchos de los demás documentos
ya mencionados844.
En ella alude a las instrucciones que debía llevar el ministro de Chile en el Perú, y que
“eran las de mayor responsabilidad que se han confiado hoy a un diplomático chileno...
Conoces tú [Federico] el modo y forma como inicié mis difíciles gestiones, la prudencia y
discreción con que se llevaron a cabo, sin comprometer un asunto, de suyo tan complicado y
escabroso, la responsabilidad de nuestra Cancillería. Sabes que pudo llegarse al completo
convencimiento de la suerte que aguardaba a los planes del Gobierno de Chile sin que de
ello quedara constancia ni huella alguna... El secreto de estas negociaciones ha sido
absoluto, hasta mi partida de Lima y estimo que esta reserva sobre asuntos de esta
naturaleza es un caso excepcional y tal vez único de nuestra historia diplomática” (cursivas
nuestras).

842
88 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, op. cit. Págs. 498 y 499.
843
89 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, op. cit. Pág. 501.
844
90 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Santiago, 22-1-1901, de Ángel Custodio Vicuña,
Ministro de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
Relata enseguida el “disentimiento” de Hübner con él.
El ministro, antes de viajar temporalmente a Santiago, le comunicó “que no consideraba
discreto” dejarlo como encargado de negocios. Este hecho coincidió, además, porque —al
revisar los libros del consulado— descubrió que Hübner estuvo cobrando dos sueldos, el
de cónsul y el de primer secretario.
Le reprochó este procedimiento incorrecto e ilegal, que estaba en el deber de transmitir a
Santiago. Aquellas serían las únicas causas —según el ministro— que llevaron al primer
secretario a cometer actos punibles, “no ya solo en contra de su jefe, sino en daño del
Gobierno, del país y hasta de su propio honor”.
Una vez en Chile, el agente recibió una carta del segundo secretario. En ella le informa que
Hübner se presentó en la misión, después de que el plenipotenciario zarpó en el
Guatemala. Le expresó que si él perdía su puesto, el ministro tampoco regresaría a Lima.
“Le declaraba [a Vicuña] la guerra con bandera negra”.
“Conocedor de los secretos de la legación —expresa el ministro— no le fue difícil al
secretario, escogitar los medios para su proyectada venganza”. Habría aprovechado “un
secreto resentimiento” del Presidente Romaña en contra del plenipotenciario, a causa de
haber debelado el espionaje a que fue sometida la representación diplomática chilena, que
traería como consecuencia el voto de desconfianza que recibió el Canciller Riva-Agüero. En
la opinión de Vicuña, lo que pretendió el gobernante fue vigilar las relaciones del agente
chileno con el Califa y otras personalidades peruanas del partido demócrata.
Hübner, conocedor de esta animadversión de Romaña en contra del agente, se valió de
ella para pedirle una audiencia y delatar a su jefe “y traicionar el secreto de comunicaciones
que la ley y el honor habían confiado a su guarda”.
El ministro juzga hasta inverosímil que Romaña no haya apreciado:
“que se encontraba frente a un hombre enfermo, desequilibrado, trabajado por el insomnio,
despechado por la acusación que pesaba sobre su conducta; que diera entero crédito a sus
declaraciones y que basara sobre ellas una extraña cuanto desgraciada comunicación que
debía dirigir poco después, por conducto de la Cancillería de Lima, al señor don Cesáreo
Chacaltana, su Ministro en Chile, para que este pusiera, verbalmente su contenido en
conocimiento de nuestro Gobierno”.
Esta comunicación estaba calculada —sostiene Vicuña— para transmitir a la Moneda que
él no era persona grata ante el gobierno peruano.
Se interroga: ¿cómo pudo Romaña imponerse del secreto de una comunicación reservada?
La nota que leyó Chacaltana al Presidente Errázuriz y al Ministro Bello —juzga Vicuña—
nos descubren al autor de la infidencia.
Agrega que interrogado por el Canciller chileno, Hübner reconoció su culpabilidad.
Observa el asombro que le causan las aseveraciones contenidas en la comunicación que el
agente envió el 25 de septiembre al secretario de Estado, Errázuriz Urmeneta, pues
resultan idénticas con las que Chacaltana leyó en el texto del 12 de octubre 845. Existe en
845
91 MINREL. MISIÓN ÁNGEL CUSTODIO VICUÑA. 1900. Oficio Nº79, Lima, 25-9-1900, de Ángel Custodio Vicuña, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
esta nota una grave afirmación —expresa el plenipotenciario— que el gobierno del Rímac
le imputa. En efecto, Vicuña no formuló al mandatario peruano ningún plan de reparto de
Bolivia.
Este —dice el diplomático— solo existió en la mente del secretario.
Sabe por el secretario de Estado que el Consejo de Ministros acordó unánimemente, como
medida de decoro, que el plenipotenciario regresara a Lima a reasumir su cargo, lo antes
posible. Ha leído las declaraciones de Bello en la Cámara de Diputados, en que manifiesta
que Vicuña explicó satisfactoriamente su conducta.
Aun así, ha resuelto presentar al Presidente su renuncia indeclinable. La nota de Bello la
estima muy lejos “de consultar la conveniencia del cargo que invisto y el decoro de la
legación de Chile en Perú”. A pesar de que en ella se ha acentuado la verdad, “esta pieza
—dice— estaba muy distante de consultar la tradicional firmeza y dignidad de nuestra
Cancillería”. Como se observa, Bello no es santo de la devoción de Ángel Custodio y,
recíprocamente, el agente del Canciller.
Pero, antes de concluir su epístola, lanza un mandoble al mandatario:
“Así se explica, mi querido Federico, que se haya sustraído a tu conocimiento documentos de
nuestra Cancillería que como la circular dirigida al cuerpo diplomático, con motivo de
nuestros últimos incidentes con Bolivia, solo la has conocido por la lectura de los diarios”.
El primer mandatario le contesta con toda serenidad que durante su administración ha
atendido con especial interés las relaciones exteriores de la nación, salvo durante los
cuatro meses que tomó un descanso por motivo de salud. Ahora restablecido, las atiende
con la dedicación de siempre846.
“Tú has desempeñado tu cargo —le expresa el Presidente— en la forma que tus
antecedentes y tus condiciones hacían esperar y créeme que me preocupo mucho de la
situación que se crea con tu renuncia”.
Antes del transcurso de una semana, Vicuña se dirige nuevamente al gobernante para
comunicarle que ha recibido una misiva de un alto personaje político peruano. Este último
le asegura que no regresará a Lima porque el canciller Bello Codesido es enemigo suyo y
aun de la chilenización de Tacna y Arica, que en gran parte la atribuye a Vicuña 847.
El decreto en que se acepta la renuncia del ministro lleva fecha 22 de febrero de 1901.
Junto con la firma del Presidente, está la del canciller Bello Codesido, este último también
cesó en su alto cargo ese mismo día para ser sucedido por Raimundo Silva Cruz.
Vicuña concedió una extensa entrevista a El Mercurio, de Santiago, en la que procuró
demostrar los errores en que incurrió el Ministro Osma en la circular que dirigió a los
gobiernos extranjeros, acerca de su gestión en Lima. Se esforzó por dar a conocer que no
había hecho proposiciones relativas al reparto de Bolivia, ni al Presidente Romaña ni al
Canciller. Con este objeto reprodujo fragmentos de sus comunicaciones al ministerio de

846
92 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Valparaíso, 25-1-1901, de Federico Errázuriz,
Presidente de Chile, a Ángel Custodio Vicuña, Ministro de Chile en Perú.
847
93 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Santiago, Carta, Santiago, 30-1-1901, de Ángel
Custodio Vicuña, Ministro de Chile en Perú, a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
Relaciones Exteriores848.
Nos cabe comentar que Romaña no compartió el cargo que se hizo a Hübner de revelarle
las instrucciones impartidas desde Santiago a Vicuña.
En este punto, el plenipotenciario se aleja de la verdad en su afán de censurar a su
colaborador.
12. LAS CIRCULARES DE LOS MINISTROS RAFAEL ERRÁZURIZ URMENETA Y FELIPE DE
OSMA Y PARDO
El 30 de septiembre de 1900, el primero dirigió un oficio circular a los agentes
diplomáticos chilenos en el extranjero. Quiso aminorar el áspero lenguaje de la nota de
Abraham König, del 13 de agosto de 1900, aunque sin apartarse del fondo de ella 849.
Errázuriz Urmeneta no consultó al Presidente de la República antes de cursar aquella
circular, ya que el jefe del Estado se encontraba fuera de la capital por motivos de salud;
tampoco la enseñó a sus colegas de gabinete.
Tanto el mandatario como los ministros lamentaron no haberla conocido previamente,
pues se perdió la oportunidad de hacerle “ciertas modificaciones de importancia” 850.
Errázuriz Urmeneta aludió a la cuestión pendiente de las cautivas y a las reiteradas
propuestas peruanas de ceder Vítor a Chile, o sea la faja austral de la provincia de Arica, y
conservar para sí la faja norte, mientras en el sector intermedio se celebraría la consulta
popular. Entonces, en ese momento —agrega— Bolivia renueva su pretensión marítima,
que parecía eliminada del debate. Chile negoció secretamente con ella el Tratado Especial
de Transferencia de Territorio, según el cual le cedía Tacna y Arica o la parte que obtuviese
en el plebiscito o bien mediante arreglos directos. Al tener conocimiento de este convenio,
argumenta que Perú suspendió la discusión del Protocolo plebiscitario hasta saber si el
poder legislativo chileno sancionaba dicho tratado. Bolivia postergó el arreglo definitivo
con La Moneda, en espera de conocer el resultado del plebiscito, que le permitiría saber si
contaba o no con la adquisición de aquellos territorios.
Si bien Chile —afirma Errázuriz Urmeneta— habría podido conservar indefinidamente
Tacna y Arica y el litoral boliviano, optó por alcanzar una solución permanente. Con ese
objeto instruyó a sus agentes en Lima y La Paz. Al primero:
“que Chile haría uso de la amplitud del derecho que le otorgaba el Pacto de Ancón, y que
entendía reservarse para sí el dominio de Tacna y Arica, en caso de serle favorable el
plebiscito, [y al segundo] que estaba dispuesto a compensarle generosamente el litoral
ocupado a título de indemnización, en cambio de acordar cuanto antes las bases de una paz
definitiva; pero eliminando de esas bases sus exigencias sobre Tacna y Arica, por cuanto ese
territorio no pertenecía a Chile, y por cuanto no podía este subordinar su tranquilidad a una
condición eventual y de plazo indefinido”.

848
94 Se reprodujo en un folleto de la Imprenta Centro Editorial La Prensa. Bandera esq. Moneda. Santiago. 1901.
849
95 MINREL. MINISTERIO DE RR.EE. OFICIOS DIRIGIDOS. Oficio circular N°16, Santiago, 30-8-1900, de Rafael Errázuriz
Urmeneta, Ministro de RR.EE. de Chile, a los agentes diplomáticos chilenos en el exterior.
850
96 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Santiago, 23-10-1900, de Manuel Salinas, Ministro
de RR.EE., a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
La nota de König —declara el Ministro— propone condiciones de paz y no es un
ultimátum. Dice que no hay tal en el acto de discutir unas proposiciones, aceptar unas y
rechazar otras con fundados argumentos, y dejar abierta la discusión.
Hay personas —continúa— que alegan que Chile está obligado por equidad a entregar
Tacna y Arica a Bolivia, en caso de favorecerle el plebiscito o por negociación directa con
Perú, una parte de él u otro territorio análogo.
El propósito sería dotarla de una zona litoral, que Chile posee en abundancia y que Bolivia
carece, desde que esta república la desposeyó “por hecho de conquista”.
El secretario de Estado rechaza que su patria haya adquirido el litoral a título de conquista
o como consecuencia de la victoria. Recuerda que el límite norte, según “antiguos y
autorizados historiadores”, fue el paralelo 23º y que nunca fue controvertido antes de
1842. Al descubrirse en esa zona riquezas minerales y orgánicas, gracias a la iniciativa de
empresarios y obreros chilenos, Bolivia se presentó a disputarle a Chile su soberanía y
dominio.
Deseoso este último de no alterar las buenas relaciones con Bolivia, suscribió el Tratado de
Límites, de 10 de agosto de 1866. En virtud de este instrumento, “le cedió una parte del
territorio disputado, hasta el paralelo 24º de latitud sur, en cambio de compensaciones
políticas y comerciales otorgadas por aquél [Bolivia] a nuestros numerosos con
nacionales...” Esta nación —acota— “no respetó jamás ninguna de las estipulaciones que a
ello le obligaban, después de ver cumplidas por Chile todas las que le favorecían”.
El 6 de agosto de 1874, ambos Estados negociaron un nuevo pacto. Se volvió a estipular
que el paralelo 24º seguirá siendo el límite entre ambas repúblicas. Eso sí que con nuevas
modalidades respecto de la explotación, administración y venta del guano existente en esa
zona. Empero, La Paz incrementó unilateralmente los impuestos a una empresa chilena —
la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta— a la que este instrumento protegía
por veinticinco años. La situación se tornó todavía más grave cuando Perú y Bolivia
firmaron un tratado secreto de alianza ofensiva que parecía dirigido contra Chile, según lo
apreciaron varios diplomáticos extranjeros.
Como consecuencia de la Guerra del Pacífico, expresa Errázuriz Urmeneta, Perú cedió a
Chile —a título de indemnización bélica— el departamento de Tarapacá.
El canciller expresa que suele reprocharse a nuestro país que la indemnización de guerra
que ha exigido “excede varias veces al valor efectivo de los sacrificios que ella le impuso”.
Aquella —concluye— “no alcanzó a cubrir a la república de los gastos y sacrificios que sus
adversarios la obligaron”. El estado en que recibió el departamento de Tarapacá, “no
alcanzaba a importar el dinero efectivo gastado en la guerra. Lo que ese territorio ha
producido después y lo que puede valer hoy, no ha sido dado por el Perú, sino que es el
producto natural y remunerador del trabajo y del capital chilenos allí invertidos”.
“Y, en cuanto al escaso litoral boliviano, —añade el Secretario de Estadopudiendo Chile
conservarlo como una módica y aún deficiente indemnización de guerra, ha ofrecido siempre
y sigue ofreciendo todavía a Bolivia, en cambio de él, compensaciones pecuniarias y ventajas
materiales que importan muchísimo más para ella que el valor de su territorio. Los estadistas
mismos de Bolivia lo reconocen así; y si no fuera por la aspiración de amor propio de tener
puertos en el Pacífico, aceptarían sin vacilar lo que Chile ofrece, como un generoso precio del
litoral ocupado. Las más subidas avaluaciones pecuniarias que pudieran hacerse de ese
territorio, no llegarían a la cifra que importan las ofertas de Chile”.
El oficio circular del Ministro Errázuriz Urmeneta buscará suavizar el lenguaje brutal de
König, mas reafirma que Chile no entregará puerto ni litoral conexo a Bolivia. La única
diferencia apreciable es que el litoral es muy valioso, según König, y, por esta razón, Chile
lo retiene. En cambio, para el canciller dista de serlo, pues entiende como tal el sector que
se extiende —según el Pacto de Tregua— desde el paralelo 23º hasta el paralelo 21º 851, en
la desembocadura del río Loa, una zona pequeña y pobre que pasaron a ocupar las armas
chilenas. El territorio que corre del paralelo 23º al sur, el gobierno de Chile lo ha
reivindicado como suyo, desde el momento en que Bolivia violó el Tratado de 1874.
No obstante las expresiones del Ministro, es un hecho —según Luis Aldunate Carrera—
que después de la Guerra del Pacífico, se duplicaron exactamente las rentas del Estado 852.
La base de ellas fueron las exportaciones de salitre, que contribuyeron contundentemente
al desarrollo nacional. Además, las riquezas reales y potenciales del litoral boliviano
reivindicado, colaboraron también para que Chile llegase a ser el primer productor mundial
de cobre, desde la Guerra del Pacífico hasta nuestros días, esto es, una exportación que se
calcula en 20.000.000 de toneladas de dicho mineral 853. Tarapacá le dio el monopolio del
salitre, mientras no se descubriese el sintético, con una producción de 141.000.000 de
toneladas (1880-1984)854. Las ventas de este producto significaron, anualmente, no menos
del 50% del total de las exportaciones chilenas, lo que explica una balanza comercial
siempre positiva855.
En las referencias a las negociaciones Jiménez-Vial Solar y Ribeyro-Sánchez Fontecilla, este
último ministro modificó la política exterior que La Moneda había seguido hasta ese
momento. Ella se entendió secretamente con Bolivia, nación a la que le ofreció el territorio
litigioso, en caso de ganar el plebiscito, y le pidió su apoyo en el plebiscito. Perú protestó,
si bien esta oferta era subconditionae.
Felipe de Osma se hizo cargo del despacho del Canciller chileno y envió una circular al
cuerpo diplomático peruano, de fecha 3 de noviembre de 1900, que se hizo pública 856.
Allí hace un recuento y contradice las afirmaciones de Errázuriz Urmeneta.
Al referirse a las proposiciones de división del territorio de Tacna y Arica en tres zonas, de
modo que La Moneda pudiese conservar la faja austral para entregársela a Bolivia, expresa

851
97 El río Loa desemboca en el paralelo 21°28’ y no en el 21º como afirma Errázuriz Urmeneta.
852
98 Aníbal Pinto Santa Cruz: Chile, un caso de desarrollo frustrado. Editorial Universitaria, S.A. Santiago. 1962. Pág. 52. Se
refiere artículo de Luis Aldunate en “Estudios de actualidad”.
853
99 Jorge Gumucio Granier: United States and the Bolivian Seacoast. La Paz. Ministerio de RR.EE. de Bolivia.
854
100 Datos de Ronald D. Crozier, desde 1930, desde 1880 a 1909 de Yunge Pág. 48; de 1910 a 1914 AERCH 1914 Vol. 2;
de 1915 y 1919 AERCH; de 1916 y 20-22, de Mamalakis. Chilean Nitrate Sector; y de 1927 a 1929 Cuevas. La industria
salitrera, Pág. 81.
855
101 Juan Miguel Bákula: Perú: Entre la Realidad y la Utopía. 180 años de Política Exterior. Fondo de Cultura Económica.
PERÚ. 2002. Pág. 409.
856
102 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú. “Circular sobre la cuestión Tacna y Arica”. Lima Imprenta Torres Aguirre.
Unión 150. Lima. 1901. Págs. 385 a 408.
que Chile —cuando suscribió con Bolivia el Tratado Especial de Trasferencia de Territorio
de 1895— ya había rechazado aquellas proposiciones peruanas “por entero”, como vimos
en el Capítulo VI.
A este respecto, recuerda las tres oportunidades en que se debatieron.
En la primera, el ministro Vial Solar la desautorizó por nota de 26 de septiembre de 1893;
en la segunda, la rechazó el ministro de Relaciones Exteriores, Mariano Sánchez Fontecilla,
en conferencia celebrada con el plenipotenciario peruano, Ramón Ribeyro, el 5 de julio del
mismo año, y en la tercera, no se llegó a ningún resultado. “¿De qué base partía, pues, ese
gobierno —comenta Osma— al pactar en 1895 con la cancillería de Bolivia la entrega del
territorio o la caleta de Vítor, si él mismo había rehusado ultimar un arreglo con el Perú?”.
Después de evocar diversos antecedentes, el ministro niega que La Paz carezca de acceso
soberano al Océano Pacífico por culpa de Perú, y lo atribuye a la “resolución persistente de
Chile de negar a Bolivia el puerto o costa que reclama como condición esencial de
existencia, y al Perú la inmediata y correcta ejecución del plebiscito que pondrá término a
la situación irregular de Tacna y Arica”.
El secretario estima que esta cuestión tiene una solución fácil, que Chile entregue a Bolivia
un pedazo de costa al norte de Iquique, donde no se perturbará la “invocada solución de
continuidad del territorio chileno”.
“Toca a Bolivia —dice Osma— levantar los cargos y las afirmaciones que la circular del
señor Errázuriz Urmeneta contiene sobre las razones que asisten a Chile para rechazar las
exigencias bolivianas de puerto y territorio adyacente. El Perú se limita hoy, como siempre, a
declarar que no formó nunca parte de su programa internacional con los otros pueblos el
título de la reivindicación, que sin la sanción del derecho, es la conquista”.
El Canciller Osma aborda el tema del tratado de alianza de 1873 y niega que “fue un plan
concebido aquí [en Perú] en daño de Chile, y... que establecía una liga ofensiva tendente a
destruir el poder militar de Chile”. Y señala de paso —a su juicio— el origen “real y
verdadero” de este instrumento: una ley dictada por el Congreso boliviano el 11 de
noviembre de 1872. Según el Secretario de Estado, su patria “fue allí el mero garante de la
integridad boliviana”.
Afirma que Perú, en aquella época, no tenía controversia alguna con Chile “y, por
consiguiente, su conducta era la que le dictaban únicamente los principios que han
informado siempre su política internacional”. El ministro olvidaba, sin embargo, —es difícil
que no la conociera— la conversación del Presidente Pardo con el representante brasileño.
En ella le explicó que el objeto de dicho convenio era reprimir la ambición territorial de
Chile, que pretendía apoderarse del litoral boliviano y de parte del peruano857. También
parecía ignorar que hubo en Bolivia estadistas que sostuvieron que fue Perú quien empujó
a aquella república al conflicto con Chile. El Rímac estaba guiado por el propósito de
armonizar la industria salitrera de Antofagasta y Taltal, de modo que no compitiese con el
monopolio fiscal salitrero que el Rímac constituía en Tarapacá. A este plan nos parece que
obedeció el tratado secreto de 1873858.

857
103 Juan José Fernández: La república de Chile y el imperio del Brasil. Editorial Andrés Bello. Santiago. 1959. Pág. 72.
Alude Osma al artículo III del Tratado de Paz y Amistad, de 1883 y, en particular, al derecho
que había adquirido Chile de ocupar “solo hasta el 28 de marzo de 1894” los territorios de
Tacna y Arica. “Ambos Estados —continúa— quedaron obligados a celebrar aquel
protocolo [parte integrante de dicho artículo] antes de 1894, para que el plebiscito se
llevara a efecto en aquella época”. Menciona nuevamente las negociaciones entre el
plenipotenciario chileno, Vial Solar, y los ministros de Relaciones Exteriores de Perú,
Chacaltana y Jiménez. Expresa que allí constan las diversas proposiciones formuladas por
estos últimos, que Chile no aceptó, negativa que esta república mantuvo.
Dedica un largo párrafo a la gestión de Máximo R. Lira, quien empezó proponiendo un
arreglo directo para que Chile recibiera los territorios litigiosos sin plebiscito, y concluyó
exigiendo garantías “innecesarias e insólitas” respecto de la entrega de la suma pactada en
Ancón. Afirma que dicha gestión finalizó en una nueva paralización, sin que “Santiago se
esforzara en ninguna forma por impedir ese resultado”. Sin embargo, omite las
conversaciones entre este agente y el Presidente Piérola, en que se esbozó un principio de
solución, de las que se desentendió el canciller Riva-Agüero.
Evoca el Protocolo Billinghurst-Latorre, de 1898, así como su aplazamiento indefinido en la
Cámara de Diputados.
A juicio de Osma, resulta difícil entender cómo el gobierno de Chile puede mantener la
cuestión de Tacna y Arica y la general del Pacífico en el estado en que se encuentra. Y
luego expresa que Perú y Bolivia son exclusivamente responsables de la actitud de Chile,
“hasta haber hecho necesaria la línea de conducta expuesta en la nota del plenipotenciario
señor König, que la cancillería de Santiago tiene el propósito de mantener con indeclinable
firmeza hasta llegar al desenlace final de este litigio”.
Dicho secretario dirigió una nueva circular, esta vez a los gobiernos extranjeros, el 26 de
mayo de 1901859. En ella explica las razones que movieron a su gobierno a cortar sus
relaciones diplomáticas con Chile.
Comienza por revelar los propósitos de La Moneda, durante la negociación del Tratado de
Ancón, para obtener la cesión de Tacna y Arica como condición sine qua non de la paz.
Aborda también los esfuerzos desplegados por Lima para que se realizase un plebiscito en
condiciones de reciprocidad.
Exige “que cese la autoridad de Chile en las provincias de Tacna y Arica” y “que voten en el
plebiscito solo los peruanos naturales de esas provincias que tengan allí su domicilio”. Y
agrega que la consulta deberá realizarse bajo la autoridad de una potencia amiga.
Pero, el propósito principal de esta circular es denunciar un plan chileno de polonizar a
Bolivia. A este respecto, alude a la presunta conversación del ministro Vicuña con el
Presidente Romaña, en que le habría insinuado “la idea de un concierto internacional para
operar la conquista de Bolivia”.
A nuestro juicio, el propósito de esta segunda circular fue crearle a Chile un ambiente
adverso poco antes de la celebración de la Conferencia Internacional Americana de
858
104 A.N. FONDO EMILIO BELLO CODESIDO. Vol. 6. Instrucciones de Carlos Morla Vicuña, Ministro de RR.EE. de Chile, a
Vicente Santa Cruz, Ministro de Chile en Perú.
859
105 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, op. cit. Págs. V a XXIX.
México, y lograr que allí se aprobase el arbitraje aún para las cuestiones pendientes.
Este documento agitó la atmósfera en el Senado peruano. Osma fue interpelado por el
representante demócrata Hernández. El Ministro se defendió exhibiendo una carta del
secretario de la legación chilena, Carlos L.
Hübner, al Presidente Romaña. En ella, dicho funcionario se habría referido a los planes de
La Moneda de repartir Bolivia. Aunque la circular fue aprobada en el Senado por un voto,
Osma dimitió860. Ulteriormente, Romaña le nombró ministro en Bolivia y le sucedió
Chacaltana, en la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Conforme a antecedentes recogidos por el secretario de nuestra misión en Lima, Víctor
Vidaurre-Leal, posteriormente se impugnó una moción que presentó Chacaltana, en sesión
secreta, según la cual las futuras negociaciones con Chile se ceñirían a las bases
contempladas en el Protocolo Billinghurst-Latorre. El Secretario de Estado fue tan
duramente atacado “que me aseguran —comenta aquel funcionario— que el señor
Chacaltana no pudo contestar... prorrumpiendo en abierto llanto” 861.
La posición que prevaleció en el Senado peruano es la que refleja la Memoria que
Chacaltana dirigió en 1902 al Congreso Nacional. Allí se afirma:
“Es de esperarse que la Cancillería de Santiago, de acuerdo con esta resolución [la del 14 de
enero de 1901 que adoptó la Cámara de Diputados] presente nuevas bases de arreglo, en
sustitución de las que han sido desechadas.
...
El Gobierno peruano ha estado y está resuelto a concurrir al plebiscito que se concierte con
arreglo al tratado de paz, con garantías eficaces en favor de la libre acción de los votantes.
Pero no está dispuesto a autorizar ni tomar parte en un plebiscito contrario a dicho pacto y
en condiciones no convenidas por ambas naciones”862.
13. LA CONFERENCIA INTERNACIONAL AMERICANA DE MÉXICO
El gobierno estadounidense propició una segunda reunión americana.
Correspondía que su sede quedase radicada en México. La primera, de carácter consultivo,
se había verificado en Washington en 1889. Su promotor, el Secretario de Estado, James G.
Blaine, de ingrata memoria en Chile, fue un precoz entusiasta del panamericanismo. El
propósito de este nuevo encuentro era tratar “las numerosas cuestiones de interés general
y beneficio común para todas las repúblicas de América” 863.
Con este motivo, el 18 de marzo de 1900, el ministro estadounidense en Santiago, Henry L.
Wilson, invitó al Gobierno a participar en ella.
Esta iniciativa causó preocupación en el ministerio de relaciones exteriores.
Era sabido el esfuerzo que desplegaban Perú y Bolivia para lograr por ese camino que
860
106 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1901-1902. Oficio confidencial Nº28, Lima, 16-X-1901, de Víctor Vidaurre-
Leal, Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
861
107 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1901-1902. Oficio Nº39, Lima, 29-XII-1901, de Víctor Vidaurre-Leal,
Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
862
108 Memoria del Ministro de RR.EE. del Perú dirigida al Congreso Nacional el año 1902. Págs. XXVII, XXVIII y XXIX.
863
109 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 371. En esta materia, nos apoyaremos en el capítulo que le dedica este autor.
Chile perdiera los frutos alcanzados durante la Guerra del Pacífico. Algunas naciones
hermanas les acompañaban, desde el comienzo del conflicto. En la conferencia de 1889 se
aprobaron resoluciones relativas al arbitraje obligatorio, no solo para las cuestiones futuras
sino que incluso para las que estaban pendientes. Léase las del artículo III del Tratado de
Ancón con Perú y del Pacto de Tregua con Bolivia.
El 21 de mayo, el secretario de Estado, Rafael Errázuriz Urmeneta, agradeció la invitación
de Wilson. Asimismo evocó que Chile asistió con mucho interés a la de 1889, pero allí se
adoptaron algunos acuerdos de trascendencia que no estaban incluidos en la orden del
día de la reunión. Por lo mismo, su Gobierno requería conocer con mayor precisión el
programa.
“Si satisficiere los anhelos de los Estados americanos, no se prestare a suscitar entre ellos
cuestiones enojosas y no pretendiere tomar resoluciones de carácter retroactivo, avocándose
al conocimiento de asuntos actuales o pasados en que tengan interés cualesquiera de estos
Estados, mi Gobierno aceptará gustoso la invitación que se le hace y se apresurará a solicitar
del Congreso Nacional la autorización necesaria para enviar al lugar que se acuerde como
asiento de la Conferencia la delegación que lo represente” 864.
El 14 de abril, en la sala de reuniones del comité ejecutivo de la Unión de las Repúblicas
Americanas, convocados por el Departamento de Estado, sesionaron los representantes de
los gobiernos americanos acreditados ante la Casa Blanca. Ese comité estaba integrado por
diplomáticos de Argentina, Costa Rica, Colombia y Guatemala. El objeto era preparar los
trabajos del Congreso. Se le encargó que redactase un proyecto de programa, con el
encargo de someterlo a los Estados miembros, a fin de que hiciesen sus observaciones 865.
Tan pronto se conoció la noticia, Chile solicitó mayores precisiones acerca de tres asuntos
que le parecían vagos, a saber: 1º Puntos estudiados por la conferencia anterior, que la
nueva decida reconsiderar; 2º Arbitramento, y 3º Corte Internacional de Reclamaciones. El
4º, referente a medios de protección a la industria, agricultura y comercio, y el 5º,
reorganización de la Oficina Internacional de las Repúblicas Americanas, no ofrecían
problemas.
El ministro río-platense Eduardo Wilde logró incorporar el arbitraje en la forma más
amplia, con el propósito de apoyar los puntos de vista de Perú y Bolivia. Además promovió
a Buenos Aires como sede de la reunión, en circunstancias de que antes se había hablado
de que fuera México866.
El ministro chileno en Washington, Carlos Morla Vicuña, escribió al Presidente Errázuriz:
“Temo que el Congreso americano convocado por el tranquilo Presidente MacKinley, que no
está animado sino de buenos y fraternales propósitos para las tres Américas, se vuelva el
Congreso que propone y con que sueña Alejandro Garland, arma ofensiva en manos de los
que complotan contra Chile”867.
864
110 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 371.
865
111 Emilio Bello C., op. cit. Pág. 52.
866
112 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 372.
867
113 A.cH.h. Archivo del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Carta, Washington, 28-5-1900, de Carlos Morla Vicuña,
Ministro de Chile en EE.UU., a Federico Errázuriz Echaurren, Presidente de Chile.
El agente estadounidense reclamó a Errázuriz Urmeneta una respuesta cablegráfica de su
nota del 18 de marzo. Este apremio parecía extraño cuando aún no se había aclarado el
alcance de la orden del día, ni siquiera la sede definitiva. El Canciller le expresó su sorpresa,
y pronto tuvo conocimiento de que la urgencia provenía de una petición formulada por
Wilde, en el comité ejecutivo868.
Morla Vicuña —conforme a las instrucciones que recibió de Santiagoconversó con el
Secretario de Estado, Hay, a fin de ratificarle lo dicho por su gobierno al ministro
estadounidense en Chile. Este concordó con las observaciones chilenas e invitó a una
reunión general de plenipotenciarios, en orden a discutir el lugar y la fecha del Congreso.
Nuestro representante solicitó que se prorrogase la segunda hasta que todas las repúblicas
conocieran el programa y hubiesen dado respuesta a la invitación. En cuanto a la sede,
expresó que habiéndose propuesto México, “le parecería una falta de atención no
designarla ahora”. Wilde —como ya hemos señalado— postulaba a Buenos Aires. Obtuvo
dos votos, el suyo y el de su colega peruano. Al establecerse que sesionarían en México, se
solicitó al gobierno de esa nación y al de Estados Unidos que acordasen la fecha de su
celebración.
Errázuriz Urmeneta, sorprendido por la amplitud y vaguedad del temario en los asuntos
que le preocupaban, escribió a Morla Vicuña, el 1 de octubre. Le expresó que las naciones
americanas, casi sin excepción, tenían entre sí “cuestiones de límites o de otra naturaleza,
cuyos medios de arreglo no podrían ser discutidos ni directa ni indirectamente en una
asamblea como la de que se trata, sin menoscabo de la integridad perfecta de su soberanía”.
El arbitraje internacional es una bella aspiración —dice el Ministro— pero :
“dado el estado actual de las relaciones internacionales en el mundo entero, la idea de llegar
al arbitraje universal, absoluto, sin restricciones, parece una simple utopía, destinada a
discutirse en las academias, pero prematura aún y a veces inoportuna en los Congresos
internacionales, mucho más si llegara a pretenderse, como sucedió en la Conferencia de
Washington, adoptar resoluciones de carácter retroactivo, lo que llega a ser de todo punto
inadmisible y hasta irritante”869.
A estas alturas, México —como país sede— invitó oficialmente a Chile para que
concurriese a la reunión, que tendría lugar en la capital azteca, en el mes de octubre de
1901. En abril del mismo año, Morla Vicuña comunicó las observaciones de Chile al
programa, tanto a la Secretaría de Estado de Washington como al Comité Ejecutivo de la
Unión.
“El Gobierno de Chile declara expresamente —según la nota de Morla al Director de la
Unión— que después de ver cómo se hayan recibido sus indicaciones sobre el proyecto de
programa, podrá dar una respuesta definitiva a la invitación a la segunda Conferencia
americana que se le ha dirigido”870.
El 6 de mayo de 1901 el comité ejecutivo prestó su aprobación unánime a la solicitud

868
114 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Págs. 373.
869
115 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Págs. 374 a 375.
870
116 Jaime Eyzaguirre, op. cit. Pág. 374.
chilena871. En lo que atañe al primer punto, se acordó que no hubo ninguno que suscitase
discusiones enojosas en la conferencia anterior, a excepción del arbitraje internacional, que
pertenece al segundo tema; con relación a este, se dejó constancia de que el arbitraje era
prospectivo, o sea, para el futuro y “para las diferencias que surjan entre las Repúblicas
americanas en una fecha posterior al canje de las ratificaciones del tratado de arbitraje que
la Conferencia adopte”. Acerca de la Corte Internacional de Reclamaciones, se esclareció
que era de la misma naturaleza de las comisiones internacionales creadas por
convenciones, con jurisdicción para considerar y decidir las reclamaciones presentadas por
ciudadanos de una República en contra del gobierno de otra república por injurias a las
personas o perjuicios a su propiedad, debidos a la acción de las autoridades civiles o
militares del gobierno demandado.
El sucesor de Errázuriz Urmeneta, Luis Martiniano Rodríguez, comunicó a Morla Vicuña que
aceptaba el programa. En cambio, los ministros de Perú y Bolivia protestaron y
amenazaron con retirarse del Congreso, junto con el de Argentina.
Empero, los problemas continuaban. El embajador de Estados Unidos en México transmitió
el texto de este acuerdo al gobierno de ese país, a fin de que lo enviase a las demás
naciones americanas. México expresó que no podía circularlo, porque ya les había remitido
el programa junto con la invitación, y como invitante no le estaba permitido mezclarse en
problemas surgidos a raíz de la interpretación de él. Es evidente que aquella Cancillería
estaba en conocimiento de que Argentina solo concurriría si ella se inhibiera de comunicar
la declaración citada.
El recién acreditado ministro de Chile en México, Emilio Bello Codesido, debió emplearse
para subsanar esta nueva dificultad. En efecto, logró que el ministro de Relaciones
Exteriores mexicano comunicara al embajador de Estados Unidos que no se oponía a que
este último lo hiciera, como nacido de un acuerdo del comité ejecutivo. Cumplido este
requisito, Bello Codesido se dirigió por nota del 27 de septiembre a la Cancillería mexicana,
a fin de hacerle saber que su gobierno asistiría al Congreso y que lo representarían
Augusto Matte, Alberto Blest Gana, Joaquín Walker y el propio Bello.
La delegación peruana estuvo compuesta por Isaac Alzamora, vice-Presidente de la
República; Federico Elmore, ministro de la Corte Suprema y ex ministro de relaciones
exteriores, y Manuel Álvarez Calderón.
La conferencia, no obstante los logros anteriores, fue escenario de numerosas discusiones
en torno al arbitraje. Por un lado estaban Argentina, Bolivia y Perú, en favor del arbitraje
obligatorio retroactivo y lo más amplio posible. Les acompañaban Paraguay y Uruguay, así
como Guatemala y Santo Domingo, que tenían conflictos con México y Haití. Por el otro,
Chile y Ecuador instaban a que la conferencia se adhiriese a la Convención sobre Arbitraje
[facultativo] de La Haya (1899). México y Estados Unidos compartían una posición parecida
a la chilena, pero estaban presionados por hallar una fórmula intermedia que salvase el
Congreso. Los demás miembros giraban alrededor de estas dos posiciones 872.

871
117 Argentina cesó de pertenecer al Comité Ejecutivo desde el 1º de enero de 1901. Por turno le correspondió a Ecuador
sucederlo.
872
118 Gonzalo Vial, op. cit. Pág. Vol. II. Pág. 348.
En definitiva, en esta reunión no se aprobó ni se recomendó el sistema de arbitraje
obligatorio, y sí —unánimemente— el voluntario sugerido en La Haya.
Mas este resultado demostró lo difícil de la posición internacional de La Moneda, a causa
de las cuestiones que la agitaban. Dos por lo menos se resolverían próximamente: con
Argentina, en 1902, y con Bolivia, en 1904.
Las cautivas deberían esperar casi treinta años más para que se les encontrase una
solución.
Al comentar el resultado del Congreso de México, la diplomacia chilena —asevera el
historiador peruano Jorge Basadre— se debió considerar victoriosa: habría impedido la
aprobación del arbitraje obligatorio. Además, Estados Unidos solo mediaría, en la cuestión
de Tacna y Arica, a petición de las dos partes, lo que en buen castellano significaba que no
intervendría873.
El secretario de la legación chilena en Lima apreció el desencanto que produjo tal
resultado en esa capital. Después de tanto esfuerzo y dinero gastado, se consideró que no
se obtuvo ningún beneficio. Piérola, en conversación con Javier Vial Solar, le expresó que la
política del gobierno fue “absurda y hasta ridícula”. El Presidente Romaña le había
solicitado que asistiera a la reunión, pero se negó porque creía que a Perú no le convenía
sostener el principio del arbitraje obligatorio 874.

CAPÍTULO VI
PERÚ RESTABLECE SU LEGACIÓN EN CHILE
1. CHILE Y PERÚ EN EL CAMBIO DE SIGLO
2. LA MISIÓN DIPLOMÁTICA CHILENA EN LIMA
3. EL MENSAJE PRESIDENCIAL ALUDE EXPLÍCITAMENTE A LA CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA
4. EL TRATADO DE PAZ Y AMISTAD DE 1904
5. PERÚ RESTABLECE SU LEGACIÓN EN CHILE
6. MEMORÁNDUM DE LAS CONVERSACIONES HUNEEUS-ÁLVAREZ CALDERÓN
7. MEMORÁNDUM DE LAS CONVERSACIONES OFICIOSAS ENTRE MARCIAL MARTÍNEZ Y MANUEL ÁLVAREZ CALDERÓN
8. LA MISIÓN DE J. RAFAEL BALMACEDA
9. GUILLERMO A. SEOANE ES DESIGNADO MINISTRO EN CHILE
10. CHILE INFORMA A LOS GOBIERNOS EXTRANJEROS ACERCA DE SU VOLUNTAD DE CUMPLIR EL TRATADO DE PAZ Y AMISTAD DE 1883
11. JOSÉ MIGUEL ECHENIQUE ASUME COMO MINISTRO CHILENO EN LIMA
12. EL ASUNTO “DE LA CORONA”
13. EL ASUNTO DEL “ESCUDO” Y EL INCIDENTE DE LA BANDERA

1. CHILE Y PERÚ EN EL CAMBIO DE SIGLO


La Guerra del Pacífico modificó radicalmente la situación de Chile, a consecuencia de la
total incorporación del salitre al solar patrio y el incremento de la producción de cobre.
Asimismo, el ejemplo de valor y organización que la república demostró al derrotar a dos
adversarios más extensos y poblados, aumentó la confianza de los chilenos en sus propias
capacidades, a la par que sorprendió al mundo internacional. Tras haber sido una apartada
873
119 Jorge Basadre, op. cit. Vol. VIII. Pág. 245.
874
120 MINREL LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1900-1903. Oficio Nº10, Lima, 28-2-1902, de Víctor Vidaurre-Leal,
Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
capitanía del imperio español y luego una república frugal, Chile había pasado a consolidar
una posición relevante en el Pacífico sur.
La marina mercante chilena absorbió una porción considerable del comercio regional.
Detrás de ella, existía una escuadra que demostró su eficacia durante el conflicto del ’79.
En 1885, a nivel latinoamericano, la marina de guerra brasileña ocupaba el primer lugar y la
chilena el segundo. Por otra parte, el ejército en 1884 ascendía a 12.410 hombres. Y la
población se estimaba en 2.527.320 personas, más o menos equivalente a la peruana,
mientras la de Argentina alcanzaba solo a 2.880.111. En el Plata, el aluvión inmigratorio
recién comenzaba 875 .
El comercio exterior aventajaba al de cualquiera de sus vecinos, y su balanza comercial se
presentaba muy favorable. Chile vendía a Alemania por valor de 25.428.170 pesos, en tanto
que Argentina por 16.891.175. A continuación de Estados Unidos y las Indias Orientales,
Chile comerciaba por el puerto de Hamburgo más que ninguna otra potencia 876 .
En 1891, La Moneda ampliaba sus misiones diplomáticas. Pasó a tener 23 funcionarios y
cinco adictos militares, más 184 consulados honorarios y 24 rentados. Estas cifras se
incrementarían en 1900: 69 funcionarios diplomáticos, 14 adictos militares y una misión de
adquisiciones; 38 cónsules rentados y 206 honorarios. Un autor peruano comenta
irónicamente: “las exportaciones de salitre habían financiado toda esta realidad” 877, si bien
ignoraba que antes de la guerra Chile poseía también otras riquezas, como señalamos en
el primer capítulo.
Este cuadro debió permitir a la república resolver sus problemas vecinales a corto plazo,
esto es, la liquidación de la Guerra del Pacífico y la delimitación fronteriza con la República
Argentina.
Pero, en el primer caso, el artículo 3° del Tratado de Ancón dejó sujeta la nacionalidad
definitiva de Tacna y Arica a una consulta popular. El Presidente Santa María —como
sabemos— postergó la negociación del protocolo que normaría el plebiscito contemplado
en dicha estipulación. Acaso convenido en 1883, al unísono con el Tratado, tal vez nos
hubiese asegurado el dominio definitivo de esos territorios. Pero, ante una consulta que
solo favoreciese abiertamente a una de las partes, Perú no la habría tolerado y sus
resultados no habrían creado un clima de paz. La postergación de este instrumento y de
aquella consulta engendró un pleito que se prolongó por cerca de cuatro décadas. La
“política boliviana” de Santa María, que marcó el inicio de estos problemas, finalmente no
prosperó.
Así se entregó a la República Argentina la capacidad de influir en nuestra cuestión
limítrofe, alentando a Perú y Bolivia en sus aspiraciones, y con ello se nos produjo la
sensación de acorralamiento, después de alcanzar la victoria. Sin duda, hoy parece más
sabio el consejo de Jovino Novoa de establecer el límite norte en la quebrada de
Camarones y dejar Tacna y Arica en poder de Perú 878 . Bolivia habría podido acceder al
875
1 Robert N. Burr: “By reason or force”. University of California Press. Berkeley and Los Angeles. 1965. Pág. 286.
876
2 Mario Barros: “Historia diplomática de Chile. 1541-1938”. Ediciones Ariel. Barcelona. 1970. Pág. 515.
877
3 Juan Miguel Bákula: “La política internacional entre el Perú y Colombia”. Editorial Temis S.A. Bogotá. 1988. Pág. 175.
878
4 Gonzalo Bulnes: “Guerra del Pacífico”. Editorial del Pacífico. Santiago. 1955. Vol. III. Pág.118.
Océano Pacífico por un corredor que desembocase en el puerto de Pisagua.
En los últimos años del siglo XIX, Santiago y Buenos Aires vivieron, en consecuencia, una
dispendiosa y a la postre innecesaria paz armada. Varias veces estuvieron al borde de la
guerra. La constitución del arbitraje británico, en 1898, permitió resolver casi en su
integridad el problema de la frontera entre las dos naciones. Luego, los intereses
económicos y comerciales del Reino Unido, tanto en Chile como en el Plata, contribuyeron
decisivamente a que se firmaran los llamados pactos de mayo, suscritos el 28 del mismo
mes en 1902, que suministraron a las partes más de medio siglo de tranquilidad y
diluyeron paulatinamente el aislamiento chileno, antes aludido.
Como resultado de este clima de distensión, La Moneda logró finalmente suscribir el
Tratado de Paz y Amistad con Bolivia, en 1904. Conforme a este instrumento, quedaron
reconocidos “del dominio absoluto y perpetuo de Chile los territorios ocupados por este
en virtud del artículo 2º del Pacto de Tregua, de 4 de abril de 1884”. Así fue sepultada por
algunos lustros, por lo menos, la aspiración boliviana de un puerto propio en el Pacífico, a
cambio de valiosas concesiones que otorgó Chile al país del altiplano.
El litigio relativo a las cautivas siguió pendiente, sin embargo. Nunca antes y después, se
encontró Perú tan cerca de lograr su objetivo como al suscribir el antes mencionado
Protocolo Billinghurst-Latorre. Estimamos que el plebiscito podría haberlo ganado,
especialmente por la forma en que quedó consignado en este documento. Mas nos parece
que al buscar la República Argentina una inteligencia con Chile —como lo demuestra la
reunión de los Presidentes Roca y Errázuriz, en el estrecho de Magallanesese
entendimiento alentó su rechazo en la Cámara de Diputados.
Un vínculo impregnado de desconfianzas fue el de las relaciones con Washington. La
conducta del secretario de Estado Blaine e incluso de su predecesor, durante el conflicto
del Pacífico, dejó una huella de recelos en Chile. Aunque Frelinghuysen, su sucesor,
observó una mayor equidistancia respecto de los contendientes, las conferencias
interamericanas que se celebraron en Washington, en 1889 y 1890, también a instancias de
Blaine, revivieron tales sospechas. Subyacía el tema del arbitraje que ponía en jaque
nuestra política acerca de Tacna y Arica. Afortunadamente, no se adoptaron acuerdos que
nos perjudicaran.
Una disputa en suburbios de Valparaíso, el 16 de octubre de 1891, entre chilenos y
marineros del Baltimore, nave de guerra estadounidense, afectó de nuevo las relaciones
con la nación del norte 879 . Más allá de una riña que es frecuente en los puertos, existía una
atmósfera de desconfianza de parte del gobierno surgido en Chile después de la
revolución de 1891, en contra del ministro de los Estados Unidos, Patrick Egan, a quien se
consideraba balmacedista y contrario a la administración del almirante Montt 880 . La prensa
chilena, irritada, dio al asunto un carácter mayor del que merecía, y la estadounidense
presentó a Chile como una república poco seria. Estos hechos acrecentaron el sentimiento
anti yanqui existente, y permitió que personalidades como Gonzalo Bulnes expresaran:

879
5 José Miguel Barros: Apuntes para la historia diplomática de Chile. El caso del Baltimore. Imprenta Escuela de Derecho de
la Universidad de Chile. Santiago. 1910.
880
6 Frederick B. Pike: “Chile and the United States. 1880-1962”. University of Notre Dame Press. Indiana. 1963. Pág. 67.
“Ahora que Chile ha escapado de la intervención de los Estados Unidos gracias a la política
de conciliación, debe edificar su futuro vigor fortaleciendo sus lazos con Europa” 881.
Felizmente, la posición de Washington en la reunión interamericana de México, de 1901,
en cuanto al arbitraje obligatorio, fue más comprensiva del punto de vista de Chile. En la
cuestión del norte, el Departamento de Estado declaró asimismo que la mediación
estadounidense se ofrecería solo a solicitud de las dos partes, esto es, de Chile y Perú, lo
que en el hecho concedía a Santiago un derecho de veto.
No obstante que despejábamos nuestros quebrantos internacionales, en 1900 empezó a
penetrar en Chile la idea de que la nación perdía el rumbo.
¿De quien es la culpa? se preguntaba el diputado Julio Zegers. Sin embargo, la más
importante voz de alerta la dio el líder radical Enrique Mac Iver, en su histórico Discurso
sobre la crisis moral de la república. “Estamos más ricos que en el pasado —exclamaba—
¿pero estamos progresando?” Su respuesta era un rotundo no. El origen lo descubría en la
pérdida de la iniciativa y en la decadencia moral que cruzaba todos los estamentos de la
sociedad. Una elite trabajadora y austera empezaba a ser remplazada por una clase
glotona y sin visión del porvenir, a juicio de Luis Orrego Luco, el autor de Casa Grande 882 .
En el trasfondo, la riqueza abundante que produjo el salitre enervaba el espíritu de
empresa y alentaba el de disipación. Tal vez se cumplía el vaticinio del negociador
peruano, José Antonio de Lavalle, al anunciar que esta nueva afluencia de riqueza nos
traería los mismos problemas que el guano a Perú.
La apreciación anterior estaría incompleta si no mencionásemos la permanente
inestabilidad que creaba en Chile el mal llamado régimen parlamentario, que privaba de
solidez al poder ejecutivo, sometido a las veleidades de los partidos y de los caciques
políticos.
Después de la guerra, por una parte, la situación peruana no podía ser peor. A todas luces,
la derrota postró hasta lo indecible al antiguo virreinato.
Basadre habló de un Perú yacente. En el campo político, surge el segundo militarismo
acompañado de un caos institucional y económico. La miseria pública y privada fue
notoria. Hasta las familias más encumbradas solían pasar hambre. Solo quedaron cuatro
millonarios: Sevilla, Candamo, Oyagüe y Barreda 883 .
Con la llegada de Piérola, en 1895, se inicia el período denominado “la república
aristocrática”. La nación consigue ordenarse. Gracias a sus grandes riquezas naturales, las
finanzas del Estado y de los particulares empiezan a florecer. Cuantiosas inversiones
yanquis en Cerro de Pasco inducen a pensar a nuestro ex-ministro en Buenos Aires, Carlos
Concha Subercaseaux, de paso en Lima, que Perú prospera velozmente y con ello se
acrecienta el interés de Estados Unidos por esta república 884 . En cambio, Agustín Edwards
881
7 Frederick B. Pike, op. cit. Pág. 85.
882
8 Frederick B. Pike, op. cit. Pág. 97. Cita a Luis Orrego Luco y a Julio Valdés Cange,
883
9 Jorge Basadre: “Historia de la República del Perú. 1822-1933”. Séptima Edición. Editorial Universitaria. Lima. 1983. Vol.
VII. Pág. 20.
884
10 A.N. Archivo del Presidente Germán Riesco. Carta, a bordo del Palena, antes de llegar a Panamá, 16-1-1904, de Carlos
Concha Subercaseaux a Germán Riesco, Presidente de la República.
sostiene que la riqueza nacional procede de su rica agricultura y que la única inversión
estadounidense es la ya citada 885 .
Mas, en el escenario internacional, a la llegada del cambio de siglo, Perú enfrenta
importantes controversias con sus vecinos —Bolivia, Brasil, Colombia y Ecuador— que se
entremezclan con el tema candente de las cautivas, que entraban su diplomacia.
Durante una parte considerable del siglo XIX, entre Lima y La Paz hubo encuentros y
desencuentros. Gracias al instrumento firmado el 30 de diciembre de 1902, Perú y Bolivia
sometieron sus litigios territoriales al arbitraje del Presidente argentino. Esta controversia
motivó un enjundioso alegato histórico. El Presidente José Figueroa Alcorta dictó su
sentencia en 1909.
Bolivia protestó por el fallo, pero tras diversas y enconadas gestiones, la cuestión quedó
resuelta y normalizada la relación con el Alto Perú.
El conflicto peruano-brasileño radicó sobre los afluentes septentrionales y meridionales del
río Amazonas, en su parte territorial. Empero, en cuanto al río, la discusión versó sobre su
libre navegación, que fue establecida a fines del siglo XIX. La materia quedó finalmente
normada por el tratado de Petrópolis, que en 1909 solucionó igualmente las cuestiones
territoriales en los afluentes 886 .
Un factor preponderante en las relaciones peruano-colombianas dimana de la obra del
Libertador Bolívar, quien quiso organizar bajo su cetro las llamadas repúblicas
“bolivarianas” y —según Ulloa Cisneros— “gobernar indefinidamente al Perú en la forma
monárquica de la Constitución Vitalicia” 887.
Podríamos también agregar a Charcas, que fue liberada por el mariscal Sucre,
lugarteniente del gran venezolano. Este y otros autores del mismo origen le atribuyen al
Libertador intenciones de desmembrar el antiguo virreinato, en beneficio de la Gran
Colombia.
Después del paso de Bolívar, la pugna entre Lima y Bogotá se concentró en la hoya
amazónica. En virtud del tratado de 1922, esta última obtuvo una ribera en el inmenso río,
conocida con el nombre del Trapecio Amazónico, lo que constituyó un triunfo para la
diplomacia colombiana 888 .
El pleito limítrofe entre Perú y Colombia —enseguida que Ecuador se constituyó en Estado
soberano en 1830— derivó en un conflicto militar con esta última nación en 1941. Sin
duda, fue el problema más grave que enfrentó el palacio de Pizarro, después de la
contienda de 1879 y sus secuelas.
En todo caso, a comienzos del siglo XX, en su propósito de resolver favorablemente el
destino último de Tacna y Arica, Chile asignó un lugar de preeminencia a sus misiones en

885
11 A.N. Archivo del Presidente Germán Riesco. Carta a bordo del Palena, 6-3-1904, de Agustín Edwards a Germán Riesco,
Presidente de la República.
886
12 Alberto Ulloa Sotomayor: “Para la historia internacional y diplomática del Perú. Chile”. Editorial Atlántida. Lima. 1987.
Págs. 29 y 30.
887
13 Alberto Ulloa Sotomayor, op. cit. Pág. 24.
888
14 Alberto Ulloa Sotomayor, op. cit. Pág. 25.
Bogotá y Quito 889 , y por cierto en Río de Janeiro. A juicio de Vicente Santa Cruz, ex-
ministro en Lima, al que se consideraba como un “florentino de buena escuela”, la cuestión
peruana solo se arreglará por medio de “cuñas”. Llamó así a las disidencias de Lima con
sus otros vecinos, en donde La Moneda podría encontrar apoyo 890 . En cambio, Buenos
Aires fue la “cuña” de que se valieron las diplomacias de Lima y Sucre. Las diferencias
peruano-ecuatorianas y el aprovechamiento del Amazonas, pasaban por Bogotá 891 .
Con motivo de la importancia que en el Mapocho se dio a esta capital, se designó a
Francisco J. Herboso, en calidad de plenipotenciario en Colombia.
El ministro de relaciones exteriores, Emilio Bello Codesido, le envió las correspondientes
instrucciones, el 14 de febrero de 1901 892 .
En esos momentos, la preocupación de la Cancillería estaba centrada en la antes aludida
segunda Conferencia Interamericana. Existía el temor-como anotábamos— de que se
aprobase el arbitraje con carácter retroactivo y amplio, con la intención de incluir las
materias pendientes con Perú y aun con Bolivia. La ausencia de un agente diplomático en
Colombia dejaba el camino libre a nuestro vecino del norte para defender su posición, sin
el contrapeso chileno.
El nuevo ministro presentó sus credenciales a fines de 1901. Al poco tiempo de llegar, el 29
de septiembre suscribió un acta con el canciller de esa república, Miguel Abadía Méndez.
Según la historiografía peruana, su importancia radicaba en que tornaba todavía más
difíciles las relaciones del palacio de Pizarro con Quito. La firma de este documento —
según la lectura que se hacía de él en Lima— correspondía a una acción chilena para poner
tropiezos a Perú y enfriar las buenas relaciones que tenía con Colombia, en ese momento.
Herboso debería conseguir el voto colombiano en México, así como negociaría diversos
acuerdos. Igualmente, recibió instrucciones verbales del Presidente de la República para
ofrecer en venta a esa nación un crucero chileno de segunda clase, como el Presidente
Pinto o el Presidente Errázuriz 893 .
Al llegar a Bogotá, el plenipotenciario observó que se discutía una proposición de alianza
colombo-peruana, que se empeñó exitosamente en frustrar. Firmó con el secretario de
Estado, Abadía Méndez, en la fecha ya señalada, la referida acta con carácter secreto. Los
dos Estados concertarían tratados de amistad, comercio y navegación, extradición, ejercicio
de profesiones liberales y canje de publicaciones. El primero, que es el importante,
estipularía la íntima y perpetua unión de las dos repúblicas, así como la neutralidad
colombiana en los conflictos internos de Ecuador, a fin de que este último pudiese dar
concreción práctica a la simpatía que siempre había manifestado a Chile. Para ello deberían

889
15 MINREL. Oficio confidencial (circular) N°3, Santiago, 25-4-1902, de Eliodoro Yáñez, Ministro de RR.EE. de Chile a las
Legaciones de Chile en el exterior.
890
16 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Memorándum sobre la intervención
que debe pedirse a Bolivia y a Ecuador para llegar a solución con Perú. Abril de 1908.
891
17 Juan Miguel Bákula, op. cit. Pág. 192.
892
18 Archivo del Académico José Miguel Barros. Oficio, Valparaíso, 14-2-1901, de Emilio Bello Codesido, Ministro de
RR.EE., a Francisco J. Herboso, designado Ministro de Chile en Colombia.
893
19 Archivo del Académico José Miguel Barros. Oficio Nº61, Bogotá, 2-10-1901, de Francisco J. Herboso, Ministro de Chile
en Colombia, al Ministro de RR.EE. de Chile.
permanecer —Colombia y Ecuadorrecíprocamente neutrales en sus propias dificultades
con terceros Estados o en sus querellas internas. En su calidad de amigo común, Chile
prestaría su apoyo a fin de que superasen tales diferencias 894 . Se dispuso de que fuese
aprobado primero por Ecuador y luego sometido a la ratificación chilena 895 .
Posteriormente, Herboso y Abadía Méndez firmaron el 17 y 18 de enero de 1902, los
protocolos y acuerdos a que se refería el acta de 29 de septiembre.
El 22 de octubre de 1901 abrió sus sesiones la Conferencia de México, antes estudiada.
Como resultado de las gestiones de Herboso, Chile contó, efectivamente, con el voto
colombiano en la capital azteca.
Alberto Ulloa Cisneros, colega peruano de Herboso, habría descubierto estos protocolos.
Conforme a historiadores de esa nacionalidad, Lima restó importancia al asunto y censuró
a su agente. Ulloa renunció y se marchó a Europa. En el periódico inglés The Sun consiguió
que viesen la luz. “Al producirse esta publicidad, —dice el historiador Basadre— la
negociación quedó frustrada”. Según Herboso, en cambio, Ulloa presentó su carta de retiro
al conocer que Colombia favorecería con su voto a Chile en México. Su posición —expresó
Ulloa al Canciller de aquella nación— se tornaba “ridícula”, puesto que había comunicado a
Lima que podría contar con el apoyo de Colombia 896 .
El embajador Juan Miguel Bákula, acucioso historiador, reproduce textualmente dichos
instrumentos 897 .
2. LA MISIÓN DIPLOMÁTICA CHILENA EN LIMA
Al regreso de Ángel Custodio Vicuña a Santiago, que resultó ser definitivo, como hemos
dicho, la legación quedó confiada al joven diplomático Víctor Vidaurre-Leal. A través de
Vial Solar, recibió órdenes de sondear qué ambiente existiría para acreditar como ministro
plenipotenciario a Beltrán Mathieu. Se encontró con Vial en Iquique, quien le manifestó
que la situación era muy mala para los chilenos y que Perú quería que las relaciones
continuasen interrumpidas. Lo mejor sería que Vidaurre permaneciese en Iquique, sobre
todo si no iba premunido de una adecuada acreditación 898 .
Vidaurre resolvió, en cambio, que su deber le imponía seguir a El Callao, en el próximo
barco. En Lima se encontró con el segundo secretario, Francisco Donoso Carvallo. Recién
instalado en la ciudad de los reyes, los periódicos dieron la noticia de que pasaría Beltrán
Mathieu, en viaje al sur. La cortesía peruana dispuso que un edecán del ministerio de
relaciones exteriores le recibiese a bordo, y el Canciller devolvió personalmente la visita
que este agente le hizo en el Ministerio. Mathieu se confundió con ese gesto de
894
20 Archivo del Académico José Miguel Barros. Oficio N°61, Bogotá, 2-10-1901, de Francisco J. Herboso, Ministro de Chile
en Colombia.
895
21 A.N. Cablegrama Nº2, Bogotá, 25-2-1902, de Francisco J. Herboso, Ministro de Chile en Colombia, al Ministro de
RR.EE. de Chile.
896
22 Archivo del Académico José Miguel Barros. Oficio Nº86, Bogotá, 3-XI-1901, de Francisco J. Herboso, Ministro de Chile
en Colombia, al Ministro de RR.EE. de Chile.
897
23 Juan Miguel Bákula, op. cit. Págs. 203 a 298. Sin embargo, en la Cancillería chilena no se registran antecedentes al
respecto ni que tales instrumentos hayan sido firmados. El Académico José Miguel Barros conoció sus originales gracias a
la familia del funcionario diplomático chileno, Álvaro Droguett del Fierro.
898
24 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1900-1903. Oficio Nº10, Lima, 23-7-1901, de Víctor Vidaurre-Leal, Primer
Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
amabilidad y pensó que existiría ambiente para que presentara sus credenciales.
Podría entonces dejar a su familia en Lima mientras él viajaba a su patria.
Mas desde Santiago le instruyeron que todo el grupo continuase a Valparaíso.
En vista de que este plenipotenciario figuró después como candidato a ministro en
Uruguay, Vidaurre consultó a Santiago si él se podría presentar oficialmente, aunque el
Rímac no tenía representación en Santiago.
Premunido de la autorización pertinente, el 7 de abril de 1902 el primer secretario visitó al
ministro de relaciones exteriores 899 . La entrevista fue cordial, pero no se tocó ningún
punto de carácter político. Vidaurre —que ya demostraba habilidad— le manifestó al
Ministro Chacaltana que le agradaría saludar al Presidente Romaña.
Pocos días más tarde, Romaña recibió al diplomático chileno. Tampoco hablaron de temas
contingentes. Al saber que el secretario estaba acompañado de su esposa, el Presidente le
invitó a que estableciera relaciones de amistad con su familia, compuesta de “personas
ajenas al boato y estiramiento de la etiqueta oficial” 900. Vidaurre —juzgando por la
fisonomía e inflexión de la voz de Romaña— se formó la opinión de que el gobernante era
un individuo apacible, inseguro de sí mismo y tal vez, por consiguiente, manejable.
Basadre lo describe también como un hombre “tranquilo, sin pretensiones” y “dueño de
una cultura exenta de alardes públicos” 901aunque, en otros capítulos de su inmensa obra
relativos al affaire Vicuña, lo define como “cazurro”.
3. EL MENSAJE PRESIDENCIAL PERUANO ALUDE EXPLÍCITAMENTE A LA CUESTIÓN
DE TACNA Y ARICA
El 28 de julio de 1902 —en el mensaje que tradicionalmente dirige el jefe del Estado al
Congreso Nacional— Romaña solicita a Chile que exprese las bases —no formuladas hasta
entonces— sobre las cuales piensa que se debe resolver dicha cuestión. “El Perú —agrega
— solo ha rehusado y rehusará siempre suscribir voluntariamente su propia
desmembración”. No tomará nuevas iniciativas —dice— si no adquiere la convicción de
que se puede lograr una solución satisfactoria y equitativa para ambos Estados, “sin
detrimento de la dignidad de ninguno de ellos” 902.
Poco perspicaz, el Presidente del Congreso peruano, en su respuesta al Presidente, alude a
los recientes pactos de mayo, entre Chile y Argentina, y espera con optimismo que
ayudarán a estimular a La Moneda para que alcance también una solución justa “para las
cuestiones pendientes sobre nuestra provincias de Tacna y Arica”, de acuerdo con el
Tratado de Paz y Amistad de 1883.
4. EL TRATADO DE PAZ Y AMISTAD DE 1904

899
25 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1900-1903. Oficio Nº14, Lima, 7-4-1902, de Víctor Vidaurre-Leal, Primer
Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
900
26 MINREL. LEGACION DE CHILE EN PERÚ. 1900-1903. Oficio Nº16, Lima, 12-4-1902, de Víctor Vidaurre-Leal, primer
secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
901
27 Jorge Basadre: op. cit. Séptima edición. Vol. VIII. Pág. 15.
902
28 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1900-1903. Telegrama Nº19, Lima, 29-7-1902, de Víctor Vidaurre-Leal,
primer secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
En enero de ese año, Carlos Concha Subercaseaux, ex-ministro de Chile en Buenos Aires, se
detuvo en El Callao en viaje a Estados Unidos 903 .
Aunque no llevaba misión oficial, el Presidente de la República, Manuel Candamo, y el
ministro de relaciones exteriores, José Pardo y Barreda (hijo de Manuel Pardo), le enviaron
saludos con un edecán al barco.
Al bajar a tierra, Concha les visitó. Candamo le expresó que el gobierno anhelaba “con
vehemencia” resolver la cuestión de Tacna y Arica. Propuso la formación, en cada nación,
de un núcleo reducido de “hombres representativos” que afrontaran la cuestión 904 .
Concha aplaudió la idea, mas sobre la base de que no se mantuviesen en su integridad las
aspiraciones de las partes, pues en ese caso no se llegaría a acuerdo. El mandatario creía
que un tratado de Chile con Bolivia entorpecería el arreglo chileno-peruano, y antes de
firmarse sería menester solucionar la dificultad con Perú.
Concha —en carta al Presidente Germán Riesco— expresó que una transacción sería “la
salida de este barullo, ya que en veintidós años no hemos logrado echar raíces en los
territorios del norte”. Observó que Perú se reponía aceleradamente de los desastres del ’79
y que pronto alcanzaría un gran desarrollo económico.
Dos meses después, también pasó por Perú rumbo al norte el ex-ministro de relaciones
exteriores Agustín Edwards, propietario de El Mercurio.
Procedió a informar a Riesco que las autoridades peruanas estaban “deseosísimas” de
reanudar relaciones diplomáticas con Chile y deshacer el “entuerto Chacaltana”, como se
denominaba el retiro precipitado de aquel plenipotenciario y el cierre de la legación. A
cada chileno que se detenía en Lima le creían portador de una misión confidencial.
Edwards responsabilizó a Javier Vial. En sus frecuentes idas a Perú —a causa de su
matrimonio con una señora peruana—, este último habla con frecuencia de gestiones
privadas “que él no juzga oportuno iniciar”... 905.
En una entrevista de Edwards con José Pardo, en presencia de Vidaurre-Leal, el Ministro
demostró complacencia por la forma en que Chile y Argentina terminaron felizmente su
controversia, y agregó ¿por qué no aplicar este mismo criterio al tema pendiente con Perú?
El visitante —relata Vidaurre-Leal— le replicó con una frase corta, pero muy sutil: “no
puede hacerse porque el criterio a que se refiere el Canciller lo formaron antecedentes
distintos a los que obran en este caso...” 906. No obstante, Pardo propuso el arbitraje, pero
con un resultado convenido previamente (análogo a la fórmula que el Presidente Piérola
discutió con el ministro Máximo R. Lira, pero que el mandatario eludió tocar con su
sucesor, Vicente Santa Cruz). Enseguida, el Secretario de Estado consultó a Edwards si la
actual situación política en su patria sería propicia para enviar un agente confidencial. El

903
29 A.N. Archivo del Presidente Germán Riesco. Carta, a bordo del Palena, 16-1-1904, de Carlos Concha S. al Presidente
Germán Riesco.
904
30 Esta misma idea la plantearía algún tiempo después Marcial Martínez Cuadros, distinguido jurisconsulto y ex-
diplomático chileno.
905
31 A.N. Archivo del Presidente Germán Riesco. Carta, a bordo del Palena, 6-3-1904, de Agustín Edwards Mac Clure al
Presidente Germán Riesco.
906
32 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1902-1905. Oficio Nº8, Lima, 7-3-1904, de Víctor Vidaurre-Leal, Primer
Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
viajero le pidió paciencia hasta que hubiese mayor estabilidad ministerial.
Javier Prado Ugarteche, presente durante el diálogo anterior, conversó después con
Edwards y le manifestó que Pardo entendía que para llegar a un resultado Perú tenía que
“hacer algún sacrificio”, así como también Chile.
Edwards comprobó, al igual que Carlos Concha, el rápido progreso de esa república, que
contrastaba con la “triste decadencia” de Chile.
Después de estas conversaciones, Javier Prado, recién designado ministro en Argentina,
pasó por Santiago, en agosto de 1904. Llevaba la misión de impedir los arreglos chileno-
bolivianos, en proceso de negociación, a fin de que se finiquitasen después que el palacio
de Pizarro acreditase un agente diplomático ante La Moneda, que consiguiese plantear sus
puntos de vista respecto de ellos. El Canciller Emilio Bello Codesido, en conocimiento de
tales propósitos, resolvió concederle solo una entrevista privada, en su domicilio particular,
pues si lo recibía oficialmente se convertiría en el nuevo plenipotenciario del Rímac en
Chile 907 .
En esa conversación, el agente abordó el anhelo de su gobierno de resolver prontamente
el problema de Tacna y Arica, a través de una fórmula pragmática que eludiera las
“prevenciones del sentimiento nacional del Perú”.
Bello no escuchó el “canto de sirena” y le replicó con tacto, pero con firmeza, que el
momento era inapropiado, pues se finalizaban los acuerdos con Bolivia y no se quería
perturbarlos. Sin embargo, cuando estos se materializaran, su gobierno tendría el mayor
interés en aceptar su invitación.
Enseguida Prado se refirió a la construcción del ferrocarril de Arica a La Paz, contemplada
en el futuro pacto. Esta vía férrea —a juicio del plenipotenciario— no debía partir de Arica,
“sino de un punto indeterminado de la costa”... 908¿Estaría pensando en los arenales que
circundan a la caleta Vítor?
El secretario de Estado replicó que no estaba en su mano acceder, porque esa era una
“exigencia primordial de Bolivia, desde que la construcción del ferrocarril reemplazaba su
antigua exigencia de un puerto en el Pacífico”
909
, que debía ser Arica, el mismo que utilizó por siglos la audiencia de Charcas.
El diplomático declaró a Bello que si el gobierno le daba la oportunidad de expresar
oficialmente la posición peruana, presentaría de inmediato sus credenciales como ministro
en Chile. Bello le retrucó que tan pronto se suscribiera el Tratado, le recibirá en tal calidad.
Visto lo cual, el visitante prestamente se dirigió a la república trasandina.
En una carta de Bello al plenipotenciario chileno en Buenos Aires, el Secretario de Estado le
expresa la preocupación de que Perú pretenda radicar allí esta cuestión, a fin de buscar el
amparo rioplatense. Instruye a J. Francisco Vergara Donoso para que transmita, según el
espíritu de los pactos de mayo y las declaraciones que los complementan, su confianza de

907
33 Emilio Bello Codesido: “Anotaciones para la historia de las negociaciones diplomáticas con el Perú y Bolivia. 1900-
1904”. Imprenta La Ilustración. Santiago. 1919. Págs. 197 y siguientes.
908
34 Emilio Bello Codesido: op. cit. Pág. 199.
909
35 Emilio Bello Codesido: op. cit. Pág. 199.
que Argentina se abstendrá “en absoluto” de toda intervención, directa o indirecta, en esta
materia 910 .
Desde algún tiempo atrás, nuestra Cancillería tenía conocimiento de que los
representantes argentinos en Lima captaban la frialdad con que los peruanos acogían los
entendimientos del 28 de mayo. Mientras el año anterior, la prensa —con evidente
exageración— calculó en diez mil las personas que pasaron a presentar sus homenajes al
ministro Arroyo, con ocasión del día nacional, esta vez concurrieron poquísimas. Para
calmar los ánimos, un secretario de la legación explicó que su patria quiso afianzar con La
Moneda la institución del arbitraje y obligar a Chile a entregar el asunto pendiente a una
fórmula similar 911 . Un arbitrio poco convincente, mas los diplomáticos tienen a veces que
echar mano a estos recursos.
Por encargo de su gobierno, el agente peruano en Argentina solicitó a la Cancillería
bonaerense que aclarara el sentido de unas declaraciones que el ministro de relaciones
exteriores hizo ante la comisión diplomática del Senado.
Al parecer, este alto funcionario le confirmó en su respuesta que su gobierno conservaba
su libertad de acción en los asuntos del Pacífico, conforme sus propios intereses, las
conveniencias del continente sudamericano y las manifestaciones de la opinión pública en
su patria. Estas palabras debieron tranquilizar a sus destinatarios, pues el Ministro
Chacaltana asistió al banquete que Arroyo ofreció para celebrar los pactos de mayo 912 . Aun
así, el interés argentino respecto de las cautivas se atenuaría con el tiempo.
En Chile, ya existían antecedentes de que Tacna y Arica decaían comercialmente porque
Perú daba a Bolivia toda clase de facilidades a través de Mollendo, no obstante las
dificultades de carácter geográfico que planteaba esa ruta. Al establecerse una
comunicación ferroviaria a través de Arica, mucho más expedita, todo el comercio del
norte y del centro de dicha república se efectuaría por este puerto, mientras el del sur ya
utilizaba Antofagasta, o sea, Chile pasaba a ser la principal vía —si no la única— del
comercio del altiplano.
El 20 de octubre de 1904, finalmente se suscribió en Santiago el Tratado chileno-boliviano
de Paz y Amistad, que puso término jurídicamente al conflicto armado de 1879. Junto con
él se firmaron sendos protocolos, uno aclaratorio y el otro confidencial. En el segundo, se
acordó que Bolivia apoyara a Chile en su propósito de lograr el dominio definitivo de las
cautivas.
Uno de los efectos prácticos sería que los nacionales de aquella república residentes en
estos departamentos votasen en favor de su incorporación a Chile, en el plebiscito previsto
en 1883.
Este instrumento confidencial se guardó celosamente en el archivo de nuestra Cancillería.
No obstante que circuló el rumor de que aquél se extravió, en 1922 Barros Borgoño
910
36 MINREL. ALEJANDRO ALVAREZ. CUESTIÓN DE TACNA Y ARICA. TOMO 1º. 1905. Decimotercer período. Estado
actual de la cuestión.
911
37 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1900-1903. Oficio Nº26, Lima, 16-6-1902, de Víctor Vidaurre-Leal, Primer
Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
912
38 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1900-1903. Oficio Nº33, 3-7-1902, de Víctor Vidaurre-Leal, Primer
Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
sostuvo que no fue robado y que se conservaba en el Ministerio. Aún así, varios
documentos reservados habrían sido sustraídos en un momento de gran tensión en las
relaciones chileno-peruanas, cuando se avecinaba una nueva ruptura diplomática 913 . El
Comercio de Lima los publicó a comienzos de 1910, con el atrayente título “Secretos de la
Cancillería chilena”, causando el impacto que era previsible en Lima y Santiago 914 .
En los anexos del contra-alegato que presentó Chile al Presidente de Estados Unidos,
como Árbitro en la cuestión de Tacna y Arica, en 1924, se insertan comunicaciones que
desmentirían la veracidad de algunas de esas publicaciones de El Comercio 915 .
En el Mapocho, hubo una investigación. Las sospechas se orientaron a Gumecindo
Navarrete, secretario particular del entonces ministro de relaciones exteriores, Federico
Puga Borne. Después de un proceso, se declaró a Navarrete y a su cónyuge, Blanca Isolina
Cifuentes, inocentes del delito de traición a la patria 916 .
Según Carlos Morla Lynch, este Cacaseno le sustrajo a él el “diario” donde anotaba sus
impresiones sobre los funcionarios de la Cancillería, una costumbre que nunca abandonó.
Morla lo buscó afanosamente hasta que Navarrete se lo devolvió: “Mi retrato está igual”, le
confidenció cínicamente 917 .
Gumecindo o Gumercindo efectivamente llevaba documentos oficiales a su casa para
seguir trabajando en ellos. A su muerte, Blanca Isolina los vendió —según declaró— sin
conocer su contenido. Otra fuente explica que fueron encontrados en la habitación del
finado y que unas amigas temucanas los comerciaron 918 .
En el curso del proceso, se descubrió que existía en Chile una red de espionaje peruano
siempre lista para encontrar y adquirir esta clase de papeles. Entre los espías, figuraban el
tacneño Enrique G. Hurtado y Arias, antiguo director de El Heraldo de Valparaíso y
corresponsal de El Comercio en Santiago, y Enrique Castro Oyanguren, ex-cónsul general
peruano en Chile.
Como consecuencia de este escándalo, una vez más, se planteó la urgencia de reorganizar
la Cancillería. Agustín Edwards, ministro del ramo, introdujo todos los cambios que pudo,
de acuerdo con sus facultades, pero además envió un proyecto de ley al Congreso que era
la esencia de la reforma, pero que quedó sepultado allí.
Una vez suscrito el Tratado con Bolivia, el 20 de octubre de 1904, Prado Ugarteche —ahora
canciller del nuevo Presidente, José Pardo y Barreda— protestó mediante dos notas. Hizo
reserva, en primer lugar, de la demarcación de fronteras que en él se señalaba; y en
segundo lugar, por la construcción del ferrocarril ya mencionado. Reiteró que Chile era un

913
39 Emilio Bello Codesido: op. cit. Págs. 202 y 203. Ver Gonzalo Vial: “Historia de Chile (1891-1973)”. Editorial Santillana.
Santiago. 1983. Vol. II. Pág. 489. Ver.
914
40 Andrés Irarrázaval Gomién: “La gestión diplomática del doctor Federico Puga Borne”. Memoria de Prueba para optar al
grado de Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de Concepción. 1999. Inédita. Pág. 76.
915
41 Anexos del Contra-Alegato de la República de Chile. Imprenta Cervantes. Santiago. 1924. Págs. 801 a 815 inclusive.
916
42 Andrés Irarrázaval Gomién: op. cit. Pág. 76.
917
43 Gonzalo Vial: op. cit. Vol. II. Pág. 489.
918
44 Gonzalo Vial: op. cit. Vol. II. Pág. 490.
mero ocupante y tenedor en Tacna y Arica; y Perú, señor y dueño 919
.
Al entregar la primera a Vidaurre-Leal, le expresó que estaba escrita en términos
mesurados y su propósito continuaba siendo el de arreglar con Chile las diferencias
subsistentes 920 .
El ministro Luis Antonio Vergara recordó en su respuesta a Prado, el 15 de marzo de 1905,
los precedentes internacionales que, en su oportunidad, inspiraron a los negociadores
chilenos respecto del sentido de la consulta popular establecida en el Tratado de 1883.
Conforme el artículo III, Vergara sostuvo que “Perú cedió a Chile la plena y absoluta
soberanía sobre esas provincias, sin limitación alguna en cuanto a su ejercicio y solo
limitada en cuanto a su duración por el evento de que un plebiscito, que debe convocarse
después de trascurridos diez años, a contar desde la ratificación de aquel Tratado, así lo
declare”.
En una nueva nota, del 5 de junio, en que contestó la última de Prado, le dice:
“Por lo demás, mi Gobierno se felicita de que el de V.E. haya aceptado la invitación que me
permití hacerle en mi indicada nota, con el fin de procurar un acuerdo basado en los
intereses y conveniencias de ambas repúblicas, e inspirado en los mismos propósitos con que
Chile ha puesto término a todas las cuestiones con los demás Estados limítrofes” 921.
De la lectura de estos conceptos nacieron dos interpretaciones: una en Chile y otra en
Perú. La primera la veremos reflejada en la nota que Puga pasó al agente peruano el 25 de
marzo de 1908. Allí propone cinco convenios que se podrían ajustar entre ambas
repúblicas. El cuarto se refiere a la cuestión de Tacna y Arica. Perú entendió, en cambio,
que la invitación era para resolver, antes que ninguna otra materia, esa cuestión. Este
desacuerdo presidirá toda la negociación. “El Perú —dice El Comercio de Lima— se halla
perfectamente dispuesto a abordar todos esos temas y cualesquiera otros en provecho
común; pero no ahora, sino cuando se cumpla el Tratado de Ancón” 922.
No obstante el equívoco, Prado Ugarteche aceptó la invitación de Vergara, por nota de 25
de abril. Ambas comunicaciones permitieron que Chile y Perú acreditaran a J. Rafael
Balmaceda en Lima y a Manuel Álvarez Calderón en Santiago.
5. PERÚ RESTABLECE SU LEGACIÓN EN CHILE
Eduardo Lembcke, encargado de negocios peruano en el Reino Unido, visitó dos veces
Santiago, al ir y regresar de Londres 923 . Dialogó con el Presidente de la República, Germán
Riesco y, en Lima, informó que el gobernante le presentó las siguientes proposiciones: 1°
que no se lleve a efecto el plebiscito; 2° que la ciudad de Tacna volverá a Perú, y el puerto
de Arica quedará definitivamente en poder de Chile; 3° que ambas naciones se
compensarán recíprocamente la suma de 10.000.000 de pesos; 4° que Chile condonará en
919
45 Memoria del Ministerio de RR.EE. de Chile. Imprenta Cervantes. Santiago. 1907. Pág. 52.
920
46 MINREL. Vidaurre Leal, Primer Secretario de la Legación de Chile, al Ministro de RR.EE. de Chile.
921
47 Memoria del Ministerio de RR.EE. de Chile. 1903-1905, Santiago, Imprenta Cervantes, 1907. Pág. 58.
922
48 MINREL. Oficio Nº58, Lima, 17-6-1908, de Julio Pérez Canto, Encargado de Negocios de Chile, al Ministro de RR.EE.
de Chile. Reproduce artículo de El Comercio , que responde a uno de El Mercurio.
923
49 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1902-1905. Oficio Nº7, Lima, 24-2-1904, de Víctor Vidaurre-Leal, Primer
Secretario de la Legación de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
favor de su vecino del norte la deuda contraída por el general Iglesias, y 5° que Chile
pagará las reclamaciones francesas en contra de Perú, en virtud de la sentencia arbitral de
Lausanne.
Según consta de una declaración del senador Luis Claro Solar, el mandatario —en tono
campechano— preguntó a Lembcke qué le parecería una solución salomónica. El peruano
le replicó: “acepto”. “¿Entonces —le expresó el Presidente— dividamos el territorio dejando
Tacna para el Perú y Arica para Chile?” “¡Ah! No —exclamó Lembcke— El niño entero para
mi país” 924. Esta fórmula trascendió en Santiago y mereció una protesta ardorosa de la
opinión pública chilena 925 .
Este presunto planteamiento fue debatido en Lima, en una reunión a la que asistieron los
miembros de la comisión de relaciones exteriores de ambas cámaras del Congreso y
algunos notables. El canciller expuso el estado de las relaciones políticas con Chile, con
motivo del rechazo del Protocolo Billinghurst-Latorre y luego del retiro de la legación en
Santiago. Enseguida, aludió al paso por Lima de personalidades del país sureño. Por
último, dio a conocer las indicaciones de Riesco a Lembcke. Todos los asistentes, incluido
el Secretario de Estado, las encontraron inaceptables.
Empero, la reapertura de las respectivas representaciones diplomáticas ya flotaba en el
ambiente, sobre todo después de la nota del Canciller Luis A.
Vergara. Conviene precisar que Chile nunca cerró oficialmente su misión en Lima, pues
Ángel Custodio Vicuña partió a Santiago por un período indeterminado, y no presentó su
carta de retiro.
El Presidente de la República, Serapio Calderón (Candamo había fallecido), en su mensaje
tradicional al Congreso, anunció que se habían dado los pasos para restablecer
simultáneamente las legaciones en Santiago y Lima.
Como hemos indicado, la persona escogida fue el ministro de primera clase en Estados
Unidos, México y Cuba, Manuel Álvarez Calderón, quien era cuñado del difunto Presidente
Candamo. Pertenecía a una aristocrática familia limeña. Viajó a Chile a fines de septiembre
de 1905, sin aguardar que La Moneda acreditase simultáneamente a su nuevo
plenipotenciario. Este último —José Rafael Balmaceda Fernández— llegó un año después,
principalmente a causa de sus obligaciones particulares.
El primer secretario Vidaurre-Leal escuchó decir que al nuevo representante no le
entusiasmaba ir a Chile, que prefería una legación en Europa.
Álvarez Calderón, antes de embarcarse, lo visitó. Riéndose le dijo: “estoy
encomendándome a Dios para que me vaya bien en su tierra...”. Los hechos posteriores
demostrarían que el Todopoderoso desoyó estas rogativas.
El nuevo plenipotenciario era el candidato seleccionado por el Ministro Javier Prado
Ugarteche, ese amigo de Agustín Edwards a quien ya hemos mencionado. El 3 de enero de
1905, Prado expresó en sesión pública del Congreso la idea de que Perú, en último
924
50 MINREL. Sesiones secretas del senado para discutir el Protocolo de Washington. 1922. Sesión XIII extraordinaria. 14-X-
1922. Parte Secreta.
925
51 MINREL. DOCUMENTOS VARIOS 1902-1911 (tomo 1). Memorándum de las conversaciones celebradas ante el
Ministro de RR.EE. de Chile y el Ministro de Perú. 14 de julio de 1906.
término, podría llegar hasta a ceder territorio despoblado al sur de Arica ¿pensaría en
Vítor? “Si así fuere preciso”
926
, con tal de conservar Tacna y el puerto de Arica 927. La Voz del Sur, de Tacna, comentó
elogiosamente los conceptos del Ministro y dijo “del mal, el menos” 928. Empero, durante el
desempeño de Álvarez Calderón, Prado dimitió el 13 de diciembre de 1906.
6. MEMORÁNDUM DE LAS CONVERSACIONES HUNEEUS-ÁLVAREZ CALDERÓN
El nuevo plenipotenciario peruano fue recibido con grandes manifestaciones de simpatía y
muy pronto su casa se convirtió en el centro de la vida social santiaguina.
Entre mayo y julio de 1906, siendo todavía Canciller Javier Prado, Álvarez Calderón celebró
conversaciones oficiales primeramente con Federico Puga Borne, a la sazón ministro de
relaciones exteriores, y luego con su sucesor Antonio Huneeus Gana 929 .
El Presidente Riesco estimaba inoportuno el momento para emprender negociaciones de
tanto aliento, como las del artículo III, dado que su administración expiraba el 18 de
septiembre. Prefería que solo se escuchara al enviado, sin perjuicio de iniciar el estudio de
un tratado de comercio y navegación.
El agente concordó con el proyecto de convenio comercial sugerido por Riesco, pero
insinuó incidentalmente, también, que la negociación relativa al plebiscito se inspirase en
el instrumento que Billinghurst firmó con el almirante Latorre. Sin vacilar, Huneeus le
respondió que no podría servir como referencia. Este instrumento —le manifestó sin
ambages— fue el resultado de una de las crisis internacionales más agudas que vivió Chile
con Argentina y con Bolivia, simultáneamente. Hoy que la situación está despejada —
agregó— esa fórmula no sacaría ni un voto en el Congreso. El arbitraje es inadmisible —
añadió— porque pondría en duda los derechos que el Tratado reconoció a Chile. En suma,
expresó deberán votar los chilenos, los peruanos y los extranjeros residentes, e integrarán
las mesas electorales “autoridades exclusivamente chilenas”. Como advertimos, se
regresaba al espíritu primigenio de 1883. El enviado comentó que estas materias eran
propias de la negociación del plebiscito, pero que haría “todo cuanto pueda para que se
acepte la fórmula que ustedes desean”. Nos parece que lo afirmaba con sinceridad, pues
su superior —Prado Ugarteche— alentaba una transacción, si bien de otra naturaleza.
El ministro solicitó igualmente que se estudiasen otros dos protocolos: uno que eximiese a
los hijos de peruanos nacidos en Chile del servicio militar obligatorio, y recíprocamente a
los chilenos en Perú; y el segundo, en que constara la voluntad de Chile de cumplir el
Pacto de 1883. ¿Es cierto —preguntó— que se piensa fortificar el puerto de Arica? Esta
información la dio la prensa chilena —dijo— y ha causado gran agitación en Lima.
El Presidente aceptó solamente el primer protocolo, o sea, el del servicio militar. Empero,
antes de negociar el cumplimiento del artículo III, se tenía que consultar a los miembros
926
52 Referíase a Vítor incluido Camarones, una idea que Chile prohijó en otra época para facilitar a Bolivia una salida al mar.
927
53 Jorge Basadre: op. cit. Séptima edición. Vol. VIII. Pág. 247.
928
54 José María Barreto: “El problema peruano-chileno (1883-1911)”. Imprenta Nacional de Artes Gráficos. Lima. 1912.
Pág.138.
929
55 MINREL. DOCUMENTOS VARIOS 1902-1911 (tomo 1). Memorándum de las conversaciones celebradas entre el
Ministro de RR.EE. y el Ministro de Perú. 14 de julio de 1906.
del Gabinete y a los candidatos presidenciales.
En cuanto al fuerte, su construcción se avenía con los derechos que concedía a Chile el
Tratado de Paz y Amistad.
Riesco y Huneeus acordaron el siguiente plan: 1º negociación directa sobre la base de la
anexión inmediata de Tacna y Arica a Chile, sin plebiscito y con compensaciones acordadas
con Perú; y 2º una consulta popular que asegurara el éxito de Chile.
Se aprobó ajustar, desde luego, un tratado de comercio y navegación.
Consultados Fernando Lazcano y Pedro Montt, los dos candidatos que postulaban a la
Presidencia de la República, prestaron su asentimiento a estas ideas.
El 13 de junio, Huneeus y Álvarez Calderón se reunieron para conferenciar.
El agente reiteró que poseía instrucciones para celebrar el “tratado” sobre el plebiscito, así
como debatir las bases de él. Huneeus expuso que previamente convendría analizar la
anexión definitiva de esos territorios a Chile, mediante un acuerdo directo y con
compensaciones que Perú propondría, respecto de las cuales su gobierno sería “liberal”.
Ese fue —señaló— el espíritu del Pacto de 1883: la cesión definitiva a Chile de aquellos dos
departamentos.
Agregó que era el mismo que aparecía consignado en la nota de Vergara a Prado, y que
inspiró el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.
Según Álvarez Calderón, esa solución se salía del marco de Ancón; Perú no la aceptaría.
Para su gobierno lo principal era que se realizara un plebiscito; el resultado no le
preocuparía tanto...
El plenipotenciario volvió a tocar la cuestión del fuerte en Arica y pidió una respuesta.
Huneeus le reiteró la argumentación anterior. Álvarez Calderón resolvió que se abstendría
de presentar una nota por ahora, hasta que se iniciaran los trabajos. Deseaba saberlo
cuando viajara Balmaceda a Lima.
Lo antes posible —le manifestó Huneeus— porque de esa manera “van a trabajar entre el
señor Balmaceda y usted, por ambos flancos”.
La segunda conferencia se verificó el 5 de julio. Fue breve. Tuvo lugar después de un
banquete que Álvarez Calderón ofreció al Secretario de Estado.
Allí le ratificó la negativa peruana de la cesión de las cautivas sin consulta popular. Insistió
en que Balmaceda llegara antes de la fiesta nacional, el 28 de julio, porque algo calmaría
los ataques virulentos de la prensa de oposición en contra suyo.
Huneeus se percató de que el ministro ahora procedía con menos apremio que antes. Le
manifestó que deseaba regresar en diciembre a su patria y retirarse del servicio
diplomático.
La tercera conversación tuvo lugar el 5 de julio.
Álvarez Calderón solicitó antecedentes acerca de un conflicto entre el intendente de Tacna,
Máximo R. Lira, y “un cura párroco”, de nacionalidad peruana. El intendente había
condicionado el desempeño de los párrocos peruanos al logro de un pase emitido por la
autoridad política. Fueron estos los primeros atisbos de un problema que llegó hasta el
Vaticano, con graves consecuencias en el plano trilateral, al que nos referiremos más
adelante.
El agente solicitó al Ministro que se anunciase en la tercera Conferencia Interamericana de
Río de Janeiro que Perú y Chile se encontraban negociando.
Esta solicitud fue aceptada. Se debía a las complicaciones de la situación internacional
peruana, en ese momento. Como indicáramos anteriormente, Lima tenía contenciosos
limítrofes con todos sus vecinos.
El agente volvió sobre la idea de que un árbitro designara la presidencia de las mesas
electorales plebiscitarias.
El 7 de julio se reanudaron las conversaciones.
El problema de los conscriptos decidieron abordarlo por medio de un cambio de notas.
En cuanto al plebiscito, Huneeus le propuso que trataran las materias en el siguiente
orden: 1º el plazo; 2º las indemnizaciones; 3º los votantes; 4º la forma del voto, y 5º la
autoridad electoral. Así quedó convenido.
El Secretario indicó que la consulta no podría tener lugar antes de cinco años. Chile estaba
resuelto a entregar el ferrocarril de Arica a La Paz, mientras se encontrase el territorio bajo
la jurisdicción chilena. A este respecto, mencionó el incremento de la indemnización más
allá de los 10.000.000 pactados en Ancón. Álvarez Calderón se abstuvo de objetar el plazo,
salvo que su extensión fuese utilizada para “aglomerar” población chilena con fines
electorales. Respecto del aumento del rescate, le parecía irrelevante, pues su gobierno
carecía de interés en ello.
El diplomático planteó la cuestión de quiénes votarían, y propuso que se sometiese a
arbitraje. La respuesta de Huneeus fue negativa: debían votar todos los estantes y
habitantes chilenos, peruanos y extranjeros, sin más condición que un corto domicilio de
algunos meses, de acuerdo con el derecho internacional. Conforme el plenipotenciario,
Chile aceptaba el arbitraje con todos los Estados, menos con Perú. Según Huneeus, era
porque no existía materia arbitral, y recordó la intención de los negociadores chilenos, que
no fueron refutadas por Lavalle ni Castro Saldívar.
En resumen, anotó el Canciller, en el registro de estas conversaciones, existe contradicción
por parte de Álvarez Calderón respecto de sus declaraciones del 13 de junio. Luego
agrega:
“Me deja la impresión de que no nos entendemos porque el gobierno del Perú no se siente
con autoridad para acordar un plebiscito que le signifique la incorporación definitiva de
Tacna y Arica al territorio de Chile”.
El 11 de julio se verificó la última conversación.
Se volvieron a barajar las mismas alternativas precedentes. Por parte de Huneeus, un
plebiscito después que estuviera construido el ferrocarril y que asegurare claramente el
triunfo de Chile; y por parte de Álvarez Calderón, su postergación hasta que se concluyera
el ferrocarril, bajo el compromiso de que si en ese plazo no se efectuaba el plebiscito,
aquellos puntos en que subsistiesen desacuerdos se someterían a arbitraje. El Canciller no
aceptó porque importaba la adopción del arbitraje a plazo.
El resultado de estas entrevistas —creyó alegremente el Ministro Huneeusrobusteció
nuestra posición jurídica y contribuyó a que no se acusase a Chile como infractor del Pacto
de Ancón, en la venidera conferencia de Río de Janeiro.
La Cámara de Diputados, en sus sesiones secretas del 25, 26 y 27 de julio, aprobó por
unanimidad la conducta del gobierno.
Nos parece que estos diálogos nacieron condenados al fracaso. Por una parte, la
administración Riesco se encontraba en sus postrimerías y no tenía la intención ni el
tiempo para atreverse a discurrir fórmulas más flexibles. Y por la otra, Álvarez Calderón
parecía temeroso de desatar una tormenta en su patria, la que de todos modos se desató
meses después cuando renunció el Ministro Prado Ugarteche.
Con posterioridad a las conversaciones anteriores, Thomas Cleland Dawson, ministro de
Estados Unidos en Chile, se reunió con Huneeus 930 . Le expresó que, a su juicio, Perú no
intentaba hostilizar bélicamente a Chile, aunque estuviera concentrando tropas en el sur. A
su paso por Lima, vio caricaturas en que aparecía Chile y a sus espaldas el uncle Sam
amenazándole.
En esa república —agregó— se cuenta con una intervención diplomática estadounidense;
pero, lo único que el Departamento de Estado acepta es la mediación, en los dos casos
siguientes: 1º cuando le fuere solicitada por ambas partes, y 2º cuando estime que al
ofrecer sus buenos oficios puede evitar una guerra.
Esta declaración, que se había escuchado antes, siempre daba tranquilidad oírla.
7. MEMORÁNDUM DE LAS CONVERSACIONES OFICIOSAS ENTRE
MARCIAL MARTÍNEZ Y MANUEL ÁLVAREZ CALDERÓN
Las reuniones del agente del Rímac con Huneeus finalizaron casi al mismo tiempo que
expiraba el mandato presidencial de Riesco.
A título personal, Martínez Cuadros —nuestro antiguo ministro en Washington, un
serenense de amplia trayectoria diplomática y forense— intentó alcanzar un arreglo del
problema del norte, en febrero de 1907, al parecer con la anuencia del nuevo Presidente,
Pedro Montt.
Como primera medida, buscó el apoyo del plenipotenciario argentino, Lorenzo Anadón,
con quien Álvarez Calderón mantenía estrecho contacto, en especial durante las
infructuosas reuniones que sostuvo con Huneeus. Se trataba de transmitir al agente
peruano, a través de su colega rioplatense, la idea de una reunión privada y confidencial de
“tres caballeros altamente colocados”, quienes plantearían la proposición de la partija de
Tacna y Arica. Algo semejante a lo que expuso el Presidente Candamo a Carlos Concha.
Don Marcial dio, por ejemplo, los nombres de Luis Pereira, Luis Aldunate y Francisco
Valdés Vergara. Anadón agregó el del propio Martínez.
El palacio de Pizarro designaría, a su vez, otros “tres caballeros altamente colocados” con

930
56 MINREL. DOCUMENTOS VARIOS. 1902-1911. (Tomo 1).
análogo fin 931 .
Martínez debatió esta idea con el representante del Rímac, quien la escuchó sin rechazarla.
No se alejaba del todo de la idea de una transacción expresada en el Congreso por Prado
Ugarteche. Empero, posteriormente, le comunicó que, consultado su gobierno e
importantes personalidades políticas, fue rechazada. Interrogado por el chileno, le
manifestó que solo había un camino: el plebiscito, conforme a las bases peruanas
conocidas, bases que tanto La Moneda como el Parlamento y la opinión pública estimaban
inaceptables, desde que la posición internacional chilena se había aclarado y robustecido.
Asimismo la fortaleza política de Prado empezaba a declinar y, por consiguiente, la de
Álvarez Calderón.
Martínez se declaró convencido de que sin partija no habría solución por muchísimos años,
y no le faltó razón.
En un segundo memorándum, vuelve sobre su proyecto e indica que se invite a los
gobiernos de Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil y Bolivia para que armen colectivamente
“la iniciativa de una transacción que consistiría en la partición del territorio”. Una solución
así, ofrecida por estos interlocutores, le sería a Perú muy difícil descartarla.
De tal modo, concluyeron sin resultado las gestiones oficiosas de este amigable
componedor, que indudablemente contó con el apoyo del Presidente Montt. Empero,
nuevamente, quedó sembrada la idea de la partición.
8. LA MISIÓN DE J. RAFAEL BALMACEDA
El 24 de noviembre de 1906, Balmaceda presentó sus credenciales ante el Presidente José
Pardo y Barreda, como ministro plenipotenciario de Chile.
Pocos días después, a fin de tranquilizar a La Moneda sobre presuntos aprestos bélicos en
Perú, el agente conversa con el Canciller. Aquellas noticias son del todo inexactas, le
asegura este. Poco después, anclaron en el Callao los cruceros Almirante Grau y Coronel
Bolognesi, procedentes de los astilleros británicos de Vickers Hermanos, con instrucciones
de evitar recalar en puerto chileno. Mas, por un mal cálculo en el aprovisionamiento del
carbón y del agua, no llegaron para la conmemoración del aniversario patrio, como estaba
previsto, y debieron asimismo detenerse en Corral. En Perú hubo tanto entusiasmo popular
que se organizaron comisiones para recaudar fondos, a fin de adquirir un buque escuela 932
.
Uno de los logros de este agente —aunque poco significativos— fue la concertación de un
protocolo relativo a la vigencia de la convención consular de 1870; un tratado sobre el
ejercicio de profesiones liberales, y un convenio sobre canje de publicaciones, convenios
“menudos” como los bautizó La Prensa de Lima 933 .

931
57 MINREL. MEMORANDA SOBRE ASUNTOS DE PERÚ. 1907. Elaborados por Marcial Martínez Cuadros.
932
58 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1906 Oficio Nº89, Lima, 20-8-1907, de J. Rafael Balmaceda, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
933
59 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Carta reservada de Eduardo
Cisternas, Secretario de la Intendencia de Tacna, a Elías Fernández Albano. Comenta que la convención sobre libertad de
profesiones ha alarmado a los profesionales chilenos de Tacna y Arica, que temen perder clientela por la competencia de
sus colegas peruanos, a quienes beneficiaría directamente esta convención. Uno de los beneficiados por dicha convención,
el recientemente titulado médico en Santiago, Santos Parodi, desarrolla una activa campaña anti-chilena.
Antes de que Balmaceda se radicase en Lima, el intendente de Tacna, Máximo R. Lira había
comunicado al gobierno que la conducta de los párrocos peruanos en esa provincia era
notoriamente anti-chilena, a más de que exhibían una vida privada “reprensible”. Lira
recibió instrucciones de Puga Borne de impedirles que ejercieran su ministerio si no
contaban con el pase gubernativo, conforme el derecho de patronato. Sin embargo, había
un problema no menor: esos sacerdotes dependían jurídicamente del Obispo de Arequipa,
quien no estaba dispuesto a renunciar a la facultad de designarlos, a su leal saber y
entender. Además, era furiosamente adverso a Chile. El problema tendría que llevarse a
Roma 934 .
Balmaceda —durante su desempeño— recibió la visita del célebre orador sagrado chileno,
Monseñor Ramón Angel Jara, Obispo de Ancud 935 .
El gobierno chileno ideó, junto con Lira, que este conocido prelado viajase a Tacna para
bendecir la primera piedra de la capilla del hospital que Chile construyó allí. Una vez
cumplida esta misión, el Obispo hizo lo mismo en la capilla del cementerio de esa ciudad,
en un gesto de cordialidad hacia los peruanos. Desde ella, Monseñor envió con toda
intención un telegrama al superior de la congregación de los Sagrados Corazones en Lima,
a fin de que le invitara a esa capital, y le informó acerca de su amistoso desempeño en
Tacna. Ello bastó para que fuese convidado a pasar unos días junto con sus antiguos
maestros 936 .
Sin embargo, la misión principal de Jara —como se programó desde La Moneda— iba más
allá de estas demostraciones de fervor. Debía imponer al Delegado Apostólico, Monseñor
Dolci, recientemente llegado a Lima, del punto de vista nacional en el asunto de la
jurisdicción eclesiástica de Tacna y Arica, así como lograr que influyera en el Vaticano y
ante las autoridades del Rímac, en la misma dirección.
Como sabemos, el Tratado de Ancón había dejado bajo soberanía chilena las antiguas
provincias peruanas de Tacna y Arica. No había habido mayores problemas en el aspecto
civil y administrativo, pero quedó sin aclararse la situación eclesiástica. El Gobierno
reclamaba el derecho de aplicar en esa provincia el régimen de patronato, que comprendía
el conjunto de atribuciones que el Estado ejercía sobre las iglesias. Si bien nuestras
relaciones con la Santa Sede se interrumpieron desde la expulsión de monseñor del Frate,
en tiempos del Presidente Santa María, el Estado conservaba tales derechos; pero la
ruptura de relaciones hacía difícil plantear la cuestión en Roma. Las cautivas siguieron
sujetas, pues, a la autoridad del referido Padre franciscano Mariano Holguín, Obispo de
Arequipa 937 . Los problemas se tornaron agudos cuando se avecinó el plebiscito, a raíz del
Protocolo Billinghurst-Latorre, y la acelerada política de chilenización emprendida por
Errázuriz Echaurren.
934
60 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. CUESTIÓN ECLESIÁSTICA. 1907-1908. Oficio
Nº694, Santiago, 12-4-1907, del Dr. Federico Puga Borne, Ministro de RR.EE. de Chile, a Máximo R. Lira, intentendente de
Tacna.
935
61 MINREL. F. PUGA BORNE. CUESTIÓN ECLESIÁSTICA. 1907-1908. Carta confidencial, Santiago, 15-X-1907, del Dr.
Federico Puga Borne, Ministro de RR.EE. de Chile, al Sr. José. Rafael Balmaceda, Ministro de Chile en Perú.
936
62 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1906. Oficio Nº115, Lima, 1-XI-1907, de José Rafael Balmaceda, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
937
63 Memoria del Ministro de RR.EE., Culto y Colonización. Santiago. 1910. Primera parte, II, págs. 145 a 183.
Antes que Monseñor Jara arribase a su punto de destino, El Comercio publicó un telegrama
desde Tacna. Decía que el chileno Juan José Julio Elizalde, apodado el pope Julio, activo
promotor de la devolución de aquellos territorios a Perú, había revelado el verdadero
carácter de la misión del Obispo: la anexión de estos, en lo eclesiástico, a Tarapacá. Y
agregaba que el Vaticano había recibido una fuerte suma de dinero del gobierno de
Santiago para convenir en esta fórmula, al propio tiempo que el Congreso aprobaba la
anexión de la autoridad religiosa a la de Tarapacá 938 . Los hechos demostraron que esas
afirmaciones no pasaban de ser una invención de Julio.
No obstante las expresiones del pope, el prelado llegó al Callao el 7 de noviembre y fue
recibido por representantes del ministro de relaciones exteriores, del delegado apostólico
y decano del cuerpo diplomático, y del vicario capitular. El Obispo saludó al Presidente de
la República y al Canciller.
Celebró además una entrevista con Augusto B. Leguía, futuro jefe del Estado.
El domingo 10 ofició una misa en el templo de San Francisco, ocasión en que su brillante
oratoria conmovió hasta las lágrimas a las señoras de la sociedad que le escucharon.
El Ministro Solón Polo le ofreció un banquete en el Club Nacional, en que pronunciaron
discursos el Secretario de Estado, el decano del cuerpo diplomático, monseñor Dolci, y el
ministro Balmaceda. Lo que más impresionó a este último fue que se escuchó, de pie y en
gran silencio, el himno nacional chileno, que no resonaba en Lima desde hacía varios
lustros 939 .
Nuestro representante tuvo oportunidad de dejar una semblanza del próximo gobernante
civilista, Augusto B. Leguía. Advirtió que en la cuestión religioso querría complacer a la
Santa Sede y evitarle problemas a Dolci 940 .
Lo describió como un político con un concepto práctico, que en materia internacional
trataría de buscar soluciones posibles, en cuanto se lo permitiese el estado de la opinión
pública, antes que dar satisfacción al amor propio o al sentimentalismo. En la cuestión del
sur, prefería el arbitraje, pero dejaba la puerta abierta para otras fórmulas 941 .
Después que Monseñor Jara regresa a Chile, Balmaceda conversa con Dolci. La última
proposición del delegado apostólico a Solón Polo consistió en que el Obispo de Arequipa
nombrase como gobernador eclesiástico a un sacerdote extranjero; mas encontró la
resistencia del Presidente Pardo.
La visita del prelado chileno fue favorablemente advertida en Washington por el Secretario
de Estado, Elihu Root: a su juicio, creaba un clima propicio para resolver el tema del norte
942
.

938
64 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1906. Oficio Nº115, Lima, 1-XI-1907, de José Rafael Balmaceda, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
939
65 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1904-1907. Oficio Nº118, Lima, 13-XI-1907, de José Rafael Balmaceda,
Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
940
66 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1906. Oficio confidencial Nº133, Lima, 12-XII-1907, de José Rafael
Balmaceda, Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
941
67 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1906. Oficio Nº104, Lima, 26-9-1907, de José Rafael Balmaceda, Ministro
de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
El 27 de diciembre de 1907, Balmaceda hizo uso de licencia y se embarcó con destino a
Valparaíso. Una vez en Santiago, por razones de carácter personal, el 19 de mayo de 1908
presentó su renuncia al cargo que ejerció por poco más de un año. La legación quedó en
manos del secretario Julio Pérez Canto, con el carácter de encargado de negocios. Este
funcionario se había desempeñado como cónsul general de Chile a orillas del Támesis,
hasta el momento de su traslado al Rímac 943 .
9. GUILLERMO A. SEOANE ES DESIGNADO MINISTRO EN CHILE
Álvarez Calderón viajó con licencia a Lima, en marzo de 1907, y renunció en septiembre. Su
estada en Chile no habría pasado de los dos años. A pesar de las innumerables atenciones
que recibió de la sociedad de Santiago, el escaso progreso en su labor —en lo tocante a
Tacna y Arica— le impulsó a renunciar. Ya en Lima, ante reiterados ruegos de su gobierno,
habría justificado su resolución en los siguientes términos:
“He hecho cuanto me ha sido posible para llegar a una solución de las cuestiones pendientes
entre el Perú y Chile, sin lograr alcanzarlo. Al volver hoy a Santiago, volvería sin prestigio
para continuar mis gestiones. No diviso la posibilidad inmediata de un arreglo. Solo por
llenar mis deberes patrióticos acepté esa misión y deseo ocuparme ahora de mis propios
negocios”
944
.
Su determinación mereció críticas en su patria. En circunstancias de que Álvarez Calderón
había pasado de Washington a Santiago —decía el editor de La Prensa de Lima, el
pierolista Alberto Ulloa Cisneros— se esperaba que su nueva misión tendría un carácter de
mayor permanencia. Si bien el Canciller Prado Ugarteche dimitió el 13 de diciembre de
1906, entre otras causas por su posición relativamente transaccional acerca de las cautivas,
el Presidente de la República seguía siendo el mismo que lo honró con su confianza y, por
ende, se suponía que continuaba la misma política. Empero, el tema de Tacna y Arica
engendraba múltiples polémicas. Hacía falta mucho poder y mucho coraje para siquiera
ceder desde la caleta Vítor hasta la quebrada de Camarones.
“El Perú —comentaba ese diario— había ya padecido bastante con esa torpe suspensión
de relaciones durante cinco años, para que existieran personas que cerrasen los ojos”.
Agregaba que las autoridades peruanas al castigar al gobierno y al poder legislativo
chilenos por la desaprobación del Protocolo Billinghurst-Latorre, con el retiro de su
legación en Santiago, se habían castigado a sí mismas y “a las desventuradas provincias
cuya liberación parecía asegurar aquel pacto”. Señala enseguida una serie de hechos que
marcaban claramente la política de La Moneda de los últimos años, tales como la
chilenización de Tacna y Arica y los convenios de 1904 con Bolivia.
Añadía además los efectos de los pactos de mayo. “Era, pues, necesario estar loco —
afirmaba— para suponer que en presencia de aquellos antecedentes, se podría ir a Chile, a
942
68 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. CUESTIÓN ECLESIÁSTICA. Telegrama,
Washington, 14-12-1907, de Elihu Root, Secretario de Estado de EE.UU.
943
69 Julio Pérez Canto: El conflicto después de la victoria. Edición de la Empresa Zig-Zag. Santiago. 1918. Pág. 7.
944
70 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1904-1907. Oficio N°95, Lima, 13-9-1907, de José Rafael Balmaceda,
Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile. Cita trascribe artículo de La Prensa de Lima, “Que no vaya a lo
mismo”, del 13-9-1907.
llegar, a ver y a vencer” 945, parodiando a Julio César.
Mientras ocupaba la cartera de relaciones exteriores Solón Polo, se nombró como sucesor
de Álvarez Calderón, al fiscal de la Corte Suprema, Guillermo A. Seoane. Militaba en el
partido constitucional, cuyo jefe era el general Andrés A. Cáceres, el héroe de la Breña
durante la Guerra del Pacífico.
Anteriormente, había ocupado el cargo de ministro en Brasil y, según la legación chilena,
su nueva designación fue recibida con frialdad en Lima. Algunos lo describieron como un
“Chacaltana chico” 946.
El 16 de noviembre, Seoane presentó sus credenciales al Presidente Pedro Montt 947 . En el
discurso de estilo, se refirió directamente al cumplimiento del artículo III y a la realización
del plebiscito. Esa era la misión que se le encomendó, la única, y para ella se había
escogido a un abogado y fiscal de prestigio, antes que a un diplomático o a un político.
El Presidente contestó:
“La dificultad que aún nos divide, un problema territorial, nació y subsiste por no haberse
establecido en el pacto de paz fecha determinada para la celebración del plebiscito y
procedimiento para su ejecución [un cargo directo al extinto Presidente Santa María y al
Ministro Aldunate, aún vivo].
Para solucionarla es menester buscar una fórmula que, basándose en los tratados, consulte
las legítimas expectativas de ambos pueblos.
En la obra de allanar la vía que conduce a ese fin, el intercambio de sentimientos benévolos
es el primer agente”.
En la conversación inicial que celebró el ministro de relaciones exteriores, Federico Puga
Borne, con el nuevo enviado, le hizo presente que el amable discurso del jefe del Estado no
se avenía con la aspereza de la Memoria que presentó el Canciller Polo al Congreso de su
patria. Tenía, pues, instrucciones de representárselo. Las palabras de Montt habrían tenido
un tono diferente si se hubiese conocido con antelación ese documento 948 .
Puga se refirió enseguida a la cordial atmósfera reinante en Chile a raíz del buen
recibimiento que Perú otorgaba al Obispo Monseñor Ángel Jara, que en esos momentos
visitaba dicha república. Este buen ambiente —expresó— se podría aprovechar para
acometer la negociación de un conjunto de convenios que englobaran la definición de la
nacionalidad definitiva de los departamentos de Tacna y Arica 949 .
Al parecer casi sin escuchar, Seoane expresó su propósito de abordar solo la cuestión
pendiente, valiéndose de que el Congreso sesionaba. Tal vez creía que ello permitiría
aprobar sin tardanza el protocolo que se firmaría.

945
71 La Prensa, “Que no vaya a lo mismo”, Lima, 13-9-1907.
946
72 MINREL. LEGACIÓN DE CHILE EN PERÚ. 1906. Oficio Nº101, Lima, 20-9-1907, de Rafael Balmaceda, Ministro de
Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
947
73 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA (Cuestión política). 1907-1908.
948
74 MEMORIA DEL MINISTERIO DE RR. EE. DEL PERÚ. Ediciones Gráficas de “La Opinión Nacional”. Lima. 1908. Pág.
25.
949
75 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA (Cuestión política). 1907-1908. 7-XII-1907.
Es decir, lo que llevaba años pendiente, creía resolverlo en semanas...
El Secretario de Estado le propuso comenzar “por convenios menudos”, como indicaría un
diario limeño, dado que el gobierno peruano ya había firmado algunos con Balmaceda.
Seoane descartaba que La Prensa representara a la opinión pública y deseaba entrar en
materia, sosteniendo que el arbitraje era el medio idóneo para resolver la dificultad.
Puga le replicó que esta era una cuestión de seguridad nacional para Chile. Su dilatada
costa de Coquimbo al norte —afirmó— desprovista de recursos naturales para la vida,
“exige la posesión en la extremidad norte de un puerto seguro para su escuadra y de un
suelo adecuado para un cantón militar, por estar provisto de los recursos necesarios para
la vida” 950. Apuntaba una razón más: la construcción del ferrocarril de Arica a La Paz debía
concluirse mientras Arica estuviera en poder de Chile, como consecuencia de la obligación
contraída con Bolivia en 1904.
A fin de que Seoane transmitiera al Rímac un planteamiento único e indivisible, el
Secretario de Estado le propuso por nota de 25 de mayo de 1908 que la cuestión se
abordara en el marco de una negociación amplia, que contemplare:
1º un tratado comercial que concediera franquicias aduaneras a ciertos productos; 2º un convenio
para el fomento de la marina mercante y el establecimiento de una línea costeada o subvencionada
por los dos gobiernos; 3º asociación de ambas naciones para la construcción de un ferrocarril que
uniera Santiago con Lima; 4º ajuste de un protocolo que estableciera la determinación de la
nacionalidad definitiva de Tacna y Arica, y 5º un convenio que fijare de 2 a 3.000.000 de libras
esterlinas el monto de la indemnización a que se refiere el artículo III del Tratado de Ancón 951
Enseguida sostuvo que los negociadores del Pacto de 1883 entendieron que el plebiscito
“no podía ser otro que el de los incorporados en la historia del derecho internacional”. Ello
significaba que podrían votar los nacionales de ambos Estados, así como los extranjeros
que hubiesen constituido domicilio en los dos departamentos. Igualmente, Chile dirigiría
las distintas etapas del acto electoral, por ejercer soberanía en el momento de la votación.
Con el ánimo de acercarse a la posición peruana, expresaba que las mesas electorales
podrían además dar “representación a ciudadanos de nacionalidad peruana y a ciudadanos
de otras nacionalidades”.
Las bases que escogió el Canciller para negociar diluían la cuestión principal, en medio de
una serie de otros convenios. Debilitaban, pues, la fuente principal del derecho que asistía
a Chile: el Tratado de 1883 952 .
Puga Borne solicitó a un amigo común —José Miguel Echenique— que explicara al
diplomático peruano que estas proposiciones constituían bases de deliberación y no un
“ultimátum”, como este pensaba.
Seoane replicó por escrito el 8 de mayo 953 .
950
76 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA (Cuestión política). 1907-1908.
951
77 “Comunicaciones cambiadas entre las Cancillerías de Chile y el Perú sobre la cuestión de Tacna y Arica (1905 a 1908)”.
Litografía Barcelona. Santiago. 1912. Págs. 48 a 66. Nota confidencial Nº3, Santiago, 25-3-1908, del Dr. Federico Puga
Borne, Ministro de RR.EE de Chile, al Sr. Guillermo A. Seoane, Ministro de Perú en Chile.
952
78 Ernesto Barros Jarpa: “Hacia una solución”. Imprenta Universitaria. Chile. 1922. Pág. 45 y ss.
953
79 Comunicaciones cambiadas op. cit. Págs. 67 a 117.
Expresó que su gobierno deseaba resolver, antes que nada, la cuestión de Tacna y Arica. En
cuanto al precio del rescate de esos territorios, debían mantenerse inalterables los
10.000.000 de pesos o soles. Los otros tres puntos, “inconexos e independientes”, podrían
negociarse después. Recordaba al respecto que el ministro Vial Solar había recibido
proposiciones peruanas similares a las que ahora formulaba Puga Borne, las mismas que
Chile había desestimado, a fin de no mezclar temas tan disímiles. Señalaba que la
invitación del Secretario de Estado, Luis A. Vergara, para reanudar las relaciones
diplomáticas, no había impuesto a Perú un arreglo directo ni liberado a Chile de la
obligación plebiscitaria.
Enfatizó asimismo que el objeto de estas consultas, de acuerdo con el principio de libertad
que proclamó la Revolución Francesa, era asegurar la autodeterminación de los pueblos,
negando que el artículo III envolviera una cesión simulada de las cautivas. Afirmó además
que en los plebiscitos del Viejo Mundo —se refería a los mismos citados por Luis Aldunate
en su libro Los Tratados de 1883-84— sus propietarios habían cedido la soberanía.
No era el caso de Perú, que no la había cedido. Sostuvo, también, que:
“en la práctica no pocas veces se produjo el escarnio, ni dejó de sufrir el voto emitido el
efecto de la coacción brutal y manejos fraudulentos. De ahí el reiterado triunfo del anexante.
Pero la extorsión no es factor legal sino causa anulativa... Sólo los naturales de Tacna y Arica
tienen derecho al voto plebiscitario. Los ciudadanos chilenos residentes en ellas son en
ambas tan extranjeros como los demás”.
Como se aprecia, el desacuerdo fue total en puntos fundamentales.
El consultor letrado del ministerio de relaciones exteriores, Alejandro Álvarez, elaboró
después un informe titulado “Observaciones a la nota del Excmo. Sr. Seoane” 954. Allí
examina cada una de las afirmaciones que contiene aquella.
Expresa cuál fue el verdadero alcance de la comunicación de Luis A.
Vergara a Javier Prado, respecto de la reanudación de relaciones diplomáticas.
Efectivamente, Chile reiteró su posición en lo referente al artículo III, mas buscó con Perú
“un acuerdo basado en los intereses y conveniencias de ambas Repúblicas e inspirado en
los mismos propósitos con que Chile ha puesto término a todas las cuestiones con los
demás Estados limítrofes” 955, es decir, tenía un espectro más amplio que la simple cuestión
de las cautivas.
En cuanto al plebiscito, reitera la tesis del Ministro Aldunate, inspirada en el derecho de
gentes y en casos similares en Europa. Aldunate escribió, sobre el particular, que “el
precedente de mayor notoriedad y relieve en esta materia, o sea, el tratado de Turín de
1860, contiene una disposición idéntica a la consignada en la cláusula III del pacto de
Ancón” 956. Como es sabido, este instrumento sirvió para que los habitantes de Niza y
Saboya, después de la ocupación por las tropas francesas, optaran por esta última

954
80 Comunicaciones cambiadas..., op. cit Págs. 121 a 222,
955
81 Tacna y Arica: “Observaciones a la Nota del Excmo. Sr. Seoane de 8 de mayo de 1908”. Imprenta, Litografía y
Encuadernación Barcelona. Santiago. 1908. Págs. 31 y 32.
956
82 Luis Aldunate: “Los tratados de 1883-84”. Centro Editorial La Prensa. Santiago. 1900. Pág. 56.
nacionalidad.
En la Memoria de la Cancillería peruana quedó consignada la contestación a Puga. En ella
se desestima la discusión conjunta de estos acuerdos, al mismo tiempo que se negocia el
cumplimiento del artículo III 957 . “...Es obvio —agrega— que complicado el plebiscito con
convenios de naturaleza tan compleja como los propuestos, y con los cuales debía formar
un todo indivisible, no podría llegarse a solución alguna”.
La misión de Seoane fracasó, pues él patrocinó el arbitraje para resolver las divergencias,
mientras su contraparte afirmaba que no se podía recurrir a este método, ya que
modificaba el Tratado 958 .
El diplomático peruano consideró que este juicio lo confirmaba en su opinión de que se
iba a un aplazamiento indefinido de la cuestión, un juicio más que acertado, ya que eso
nos parece que envolvía la proposición de Puga. El plenipotenciario juzga que es
irreprochable la forma de la nota de 25 de marzo, “pero el fondo de ella quiere decir: Chile
da tantos millones por Tacna y Arica” 959.
Algunas semanas más tarde, Seoane pasó a despedirse del Presidente Montt 960
. Le dice
que sin cambios de importancia es probable que no regrese.
En forma confidencial, el gobernante le insinúa que considere la posibilidad de una
partición, Tacna para Perú y Arica para Chile. Seoane ya se la había escuchado a Puga, en
una de sus primeras conversaciones, y no le prestó acogida.
Empero, en Chile hubo otros criterios para apreciar la nota del Canciller.
El original Marcial Martínez declaró que Puga Borne había ofrecido al plenipotenciario un
pastel de tutti frutti “que implicaba una verdadera novación de contrato”. Y “el otro
[Seoane], en una nota muy larga y de redacción poco correcta, le dio las gracias y se fue”
961
.
Otro tema que abordó este diplomático con el Secretario de Estado fue la cuestión
religiosa. Perú desestimó la designación de un gobernador eclesiástico en Tacna así como
el nombramiento de curas alternados, un peruano y un chileno, que sugirió el Secretario
de Estado.
El 15 de junio de 1908, Seoane viajó a Lima por razones de salud. El mes entrante llegaría a
Santiago un funcionario que se desempeñaría como encargado de negocios. El ministro no
regresó y su sucesor tardó en arribar: efectivamente, solo el 5 de octubre de 1928, César A.
Elguera asumirá como jefe de misión en Chile, con el rango de embajador. Durante cerca
de veinte años, no había habido legación peruana en Santiago, ni chilena en Lima.
10. CHILE INFORMA A LOS GOBIERNOS EXTRANJEROS ACERCA DE SU VOLUNTAD DE
CUMPLIR EL TRATADO DE PAZ Y AMISTAD DE 1883
957
83 MEMORIA DEL MINISTERIO DE RR. EE. DEL PERÚ. Lima. 1908. Ediciones Gráficas “La Opinión Nacional”. Pág. 25.
958
84 MINREL F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Conferencia con Seoane en el
Ministerio, Santiago, 13-5-1908.
959
85 Julio Pérez Canto: op. cit. Pág. 148.
960
86 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Santiago, 9-6-1908
961
87 El Diario Ilustrado, Santiago, 25-3-1910, entrevista a Marcial Martínez Cuadros.
En el mensaje presidencial que el Presidente Montt presentó al Congreso el 1 de junio de
1908, se refirió al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Chile y Perú, como
un signo del espíritu amistoso que inspiraba a su gobierno, y aludió explícitamente a las
negociaciones dirigidas a solucionar la cuestión del norte 962 . Por otra parte, La Moneda se
dirige con idéntico propósito a las Cancillerías de Estados Unidos, Argentina y Brasil, e
incluso Alemania, para contrarrestar la intensa actividad diplomática del Rímac, que
perseguía colocar a Chile en posición de permanente incumplimiento del Pacto de Ancón.
Puga Borne telegrafía al ministro chileno en Washington para que dé a conocer al
Departamento de Estado las cinco bases de arreglo que propuso a Seoane, que juzga que
se avienen con el espíritu que anima al Secretario Elihu Root. Le encarga que “trate de
ganar delantera [de la] legación peruana”
963
. Nuestro agente procuró cumplir su cometido y, al parecer, Root halló satisfactorias
esas bases y reiteró que su gobierno no pretendía intervenir en este asunto. Más adelante
veremos que se inclinaba, más bien, en pro de la posición de Lima; pero en ese momento
expresa que si estas conversaciones no prosperaran, se podría considerar la partija, la
misma que Montt insinuó al ministro peruano 964 .
Puga Borne ordena repetir los mismo pasos en Buenos Aires. Instruye al ministro Miguel
Cruchaga para que dé cuenta de las negociaciones en que Chile está empeñado. Se refiere,
además, a los intentos de Zeballos para promover una acción de países amigos (Argentina
desde luego, Estados Unidos y Brasil). Estos tratarán de inducir a Chile —más bien
comprometerlo— a que acepte una gestión de buenos oficios, al gusto de don Estanislao,
que puede incluir el arbitraje 965 .
Cruchaga debe conseguir que Zeballos se desista de su mediación y, aún más, que influya
en favor de las propuestas de Puga Borne ante Perú, Brasil y Estados Unidos. Estima
nuestro canciller que al crearse un ambiente internacional propicio a estas, se puede lograr
que los peruanos las acepten.
El plenipotenciario estadounidense en Santiago, Hicks, tiene noticias de que esta
mediación argentina ya estaría pactada. Perú habría aceptado el arbitraje 966 .
Cruchaga responde el 5 de junio 967. Zeballos está interesado en una coalición con Chile,
que ve como un apoyo en su política ante Brasil. Por lo mismo, tendría una posición de
mayor apertura en favor de la nota chilena, en la que cree percibir una señal de llegar al
plebiscito. Recomienda a Portela, su ministro en el Rímac, que aconseje prudencia a Perú.

962
88 MINREL F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908.
963
89 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Telegrama, Santiago, 31-3-1908, de
F. Puga Borne, Ministro de RR.EE de Chile, a Aníbal Cruz, Ministro de Chile en EE.UU.
964
90 MINREL. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Telegrama Nº9, Washington, 7-5-1908, de Aníbal Cruz,
Ministro de Chile en EE.UU., a Federico Puga Borne, Ministro de RR.EE. de Chile.
965
91 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Oficio Nº16, Santiago, 7-4-1908, de
Federico Puga Borne, Ministro de RR.EE. de Chile, al Ministro de Chile en la República Argentina.
966
92 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Conferencia con Hicks, Ministro de
EE.UU. en Chile. Santiago, 7-4-1908.
967
93 MINREL. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Telegrama Nº43, Buenos Aires, 5-6-1908, de Miguel
Cruchaga, Ministro de Chile en Argentina, al Ministro de RR.EE. de Chile.
El secretario de Estado chileno impone también al agente brasileño de su nota del 25 de
marzo. El ministro Lisboa sabe que Seoane rechaza la exigencia de que Chile presida la
consulta popular. Sugiere a Puga que adopte una postura flexible, aunque sea más de
forma que de fondo, pues le favorecerá internacionalmente. Sostiene que las naciones
extranjeras miran el problema con disgusto. “Aun en mi propia tierra —argumenta Lisboa
— se suelen oír cargos contra Chile por esta causa; y hay brasileros que dicen: todo lo de
Chile está muy bien, pero en lo de Tacna y Arica no” 968. A petición del Secretario de Estado,
Lisboa se acerca a Seoane a fin de indicarle que no debe dar por fracasada la negociación,
porque es posible seguir discutiendo 969 .
Estas expresiones de Lisboa demuestran que la causa chilena es generalmente impopular
en el hemisferio occidental y en ciertos Estados europeos.
Lo más grave es que Brasil, el amigo tradicional, se demuestre reticente.
El ministro chileno en Río de Janeiro, Francisco J. Herboso, instruido desde Santiago,
aborda esta materia detenidamente con el Canciller. Se trata nada menos que de José
María da Silva Paranhos, el célebre barón de Río Branco, quien desde 1902 hasta su muerte
en 1912, se desempeñó como ministro de relaciones exteriores, bajo cuatro Presidentes
sucesivos. Siguió así las huellas de su ilustre padre —el Vizconde— que lo fue durante el
Imperio 970 .
Como resultado de esta entrevista, Río Branco estimó que la solución propuesta en la nota
del 25 de marzo era “satisfactoria”, si bien todavía no conocía la contestación negativa de
Perú, que Seoane transmitirá el 8 de mayo. En cuanto a que los “regionales” serían los
únicos con derecho a votar en la consulta, según le comunicó la Cancillería del Rímac, el
barón advierte después la equivocación cuando lee el Tratado. Perú —exclama— debe
pensar que se halla frente a una situación similar a la de Alsacia y Lorena, y se compromete
a telegrafiar al Embajador Joaquín Nabuco para que convenza a Washington de que Lima
acepte la proposición chilena.
Herboso, tras de recibir sendos telegramas de Puga Borne, vuelve a conferenciar con Río
Branco 971 . Ya el encargado de negocios peruano había comunicado a Paranhos que su
gobierno rechazaba toda fórmula que no fuese “el estricto cumplimiento del Tratado de
Ancón”. El Secretario de Estado juzga, pues, que Perú está convencido de ganar el
plebiscito y por esta causa no acepta la indemnización de tres millones de libras esterlinas
propuesta en la nota del 25 de marzo.
El agente chileno empieza a entrever una actitud menos firme del Ministro y le solicita cuál
será la actitud de Brasil, en el caso de que Perú responda negativamente a aquella nota. El
barón le asegura que trataría de ayudar a Chile en lo que pudiera... Herboso, yendo al

968
94 Este párrafo fue reproducido por El Comercio de Lima conforme los documentos sustraídos al Ministro Puga Borne, a
que nos referimos anteriormente, al mencionar el affaire Gumercindo.
969
95 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Conferencia con el Ministro Lisboa.
Santiago, 13-4-1908.
970
96 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Oficio confidencial Nº3, Petrópolis,
25-4-1908, de Francisco J. Herboso, Ministro de Chile en Brasil, al Ministro de RR.EE. de Chile.
971
97 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Oficio confidencial Nº5, Petrópolis,
6-5-1908, de Francisco J. Herboso, Ministro de Chile en Brasil, al Ministro de RR.EE. de Chile.
fondo de la cuestión, le consulta qué actitud tomarían los estadounidenses. Río Branco
sospecha que Zeballos continúa en campaña en pro de Perú. Por otra parte, sabe que
hasta el año anterior Root simpatizaba con esta república. Siempre recordaba la
hospitalidad que recibió de la madre del Presidente José Pardo, cuando estuvo en Lima 972 .
Por esta razón, Lima acreditó como ministro en Washington al hijo de esa señora, a su vez
hermano del gobernante.
Herboso considera que “nuestro éxito [el de Chile] en la solución propuesta dependerá de
la actitud de Estados Unidos... Ningún país —ni siquiera el Brasil— nos ayudará de modo
directo y eficaz si la Cancillería de Washington nos fuese adversa”.
La inquietud de nuestro agente crece al saber que llega a Río, a comienzos de julio, Víctor
Maúrtua, como plenipotenciario peruano, y su perspicacia no le ha abandonado 973 . Al
tratar de nuevo el tema de las cautivas, advierte que el “astuto y oportunista” barón no
solo coincide con este diplomático, sino que pretende obtener ciertas concesiones y
ventajas en la solución de la cuestión del Acre, todavía pendiente entre las dos repúblicas.
Río Branco consulta si habría inconveniente en que, a título personal, sugiriese algunas
modificaciones a los planteamientos de Puga Borne.
El Presidente Montt, que ya sabía de las continuas diligencias peruanas en Buenos Aires y
de la posición de Root, resuelve acoger el ofrecimiento disimulado de buenos oficios de
Brasil, y tentar así un arreglo con Perú bajo el paraguas de un gobierno al que todavía se
continúa considerando amigo.
En un oficio de 4 de agosto, Puga trasmite a Herboso la respuesta que debe dar a
Paranhos 974 :
“El Gobierno de Chile agradece al Barón de Río Branco el interés que le ha manifestado para
ayudarle a buscar una solución definitiva al problema de Tacna y Arica.
Después de las recientes tentativas, sobre todo después de la respuesta dada por el Ministro
señor Seoane a la nota que le dirigió este Departamento, los gobernantes del Perú han
revelado una disposición de espíritu que nos hace presumir que un acuerdo directo entre los
dos Gobiernos es difícil de alcanzar.
Deseando poner término a esta situación por medio de un procedimiento que permita al
Gobierno del Perú salir sin desmedro de la actitud que ha mantenido hasta el presente, sin
que Chile sufra menoscabo en sus derechos y expectativas, cree este Ministerio que el mejor
medio de conseguirlo es provocar la reunión de una conferencia de delegados constituida
por las personas más caracterizadas de ambos países. Esta idea insinuada al señor Seoane
antes de su partida a Lima ha sido acogida por él con interés.
La circunstancia de que pronto se iniciará en el Perú una nueva administración es favorable
para dar éxito a este proyecto.

972
98 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Oficio confidencial Nº5, Petrópolis,
6-5-1908, de Francisco J. Herboso, Ministro de Chile en Perú, al Ministro de RR.EE. de Chile.
973
99 MINREL. Oficio confidencial Nº7, Petrópolis, 20-7-1908, de Francisco J. Herboso, Ministro de Chile en Brasil, al Ministro
de RR.EE. de Chile.
974
100 MINREL. F. PUGA BORNE. LA NEGOCIACIÓN CHILENO-PERUANA. 1907-1908. Oficio Nº15, Santiago, 4-8-1908, de
F. Puga Borne, Ministro de RR.EE. de Chile, a Francisco J. Herboso, Ministro de Chile en Brasil.
El Gobierno de Chile estima que el del Brasil es el más naturalmente indicado para insinuar
al Gobierno del Perú la idea de que se procure resolver el problema de Tacna y Arica en una
conferencia de delegados chilenos y peruanos, los cuales propondrían una solución ad
referendum a los gobiernos.
Estima a su vez que el mismo Gobierno del Brasil debe ser, a petición de esos delegados, el
mediador amistoso, si ellos no pudieran ponerse de acuerdo en una fórmula de arreglo”.
Junto con el texto de la nota anterior, Puga Borne instruye al plenipotenciario para que
exprese que el carácter de ad referendum es un requisito indispensable; que descarte
además el arbitraje; que la conferencia llegue a resultados prácticos, tales como
condiciones para el plebiscito que fuesen aceptables para el gobierno, que permita
cumplirlos sin necesidad de aprobación del Congreso. Los detalles los deja al arbitrio del
barón, quien podría desempeñar un papel similar al de Estados Unidos entre Rusia y Japón.
En espera de que asuma el Presidente Augusto B. Leguía en Lima, Río Branco acepta. Mas
la intervención de Brasil demoró porque Chile tardó en responder dos consultas: una,
acerca de la conveniencia de establecer una junta de notables, y la otra respecto de la
presidencia del plebiscito por una tercera potencia. Luego la cuestión se dilató a
consecuencia del llamado incidente “de la corona”, en 1909, a que nos referiremos más
adelante, el cual anticipó la ruptura de relaciones diplomáticas chileno-peruanas, al año
siguiente.
Preocupado Herboso por las informaciones que trasmite la prensa, quiso asegurarse de
que el Secretario de Estado mantenía sus expresiones favorables.
Río Branco fue más directo esta vez. A su juicio, la forma insolente que empleó Lima en el
asunto “de la corona” lo hacía acreedor a un castigo.
Brasil —dice— vería con agrado que Santiago anexase definitivamente las cautivas, y
expresará a Lima que se olvide de la mediación amistosa. Sin perjui