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Quiero hablarles de esa sensación, de esa que llega de repente, cuando estas en medio de unas risa,

esa sensación de vacío que hace que sientas que el estómago se te estruja.

De la necesidad de que te abracen pero la incapacidad de permitir hacerlo. De aquellas sensaciones


que van matando día con día, que cavan en el alma hasta que finalmente no existe nada más que
extirpar.

De aquellos conocidos que te hacen sentir un extraño, en la que día a día compruebas que no eres
parte de esa cohesión, porque la sangre no siempre llama, más aún para aquellos que no tienen
hermanos, de eso y más quiero hablarte, porque estar sola en un mundo rodeado de gente es la
cosa más dolorosa del mundo.

Porque cuando quieres hablar por las noches y te das cuenta que no existe nadie en tu alrededor
para hacerlo, es cuando te das comprendes lo poco que interesa lo demás. A pesar de que existan
algunas personas que crean en ti, para el corazón jamás es suficiente.

Y quizá jamás lo comprendas, porque quizá tengas un hermano o hermana que siempre haya sido
un cómplice leal, alguien que te abrace al llorar o que te motive a realizar locuras, o quizá ya seas
padre y tengas a alguien con quien compartir cada parte de tu vida, o tengas a una pareja que este
junto a ti para compartir batallas.

Pero para aquellos que se sienten solos, aún entre todo el ruido que hay en este planeta, para esas
personas todo es diferente. Así que te pido que por favor no los juzgues, porque con suficientes
inseguridades y miedos tratan ya, porque un “estás loca”, “eres tan rara”, “no te integras”, daña
demasiado, y a veces basta solo una palabra para tomar una decisión definitiva, una que no tiene
vuelta atrás.

Así que la próxima vez que conozcas a alguien que pasa por algo similar, ya sea porque te cuente lo
que vive o te enteres por terceras personas, se amable. Nunca sabes si podrías ser esa ancla o en
caso contrario un aliciente para él fin.