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La Masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra es un diálogo entre contextos, procesos y

subjetividades, y un esfuerzo por la individualización de los sujetos golpeados por la violencia; es la


memoria de un escenario sociopolítico y de guerra específico que integra los relatos y trayectorias
personales, sociales y políticas de un corregimiento enclavado en la región de Montes de María y
convertido en escenario de disputa territorial de todos los actores armados, con las dolorosas
consecuencias sobre la población civil que se narran en este texto.

Montes de maría quedan en Sucre, lugar de movilizaciones sociales e insurgentes

Alrededor de 42 masacres con más de 300 víctimas fatales 1999 y el 2001.

OImportante despliegue paramilitar alrededor de 450 hombres armados.

Estigmas
Manuel Alberto Torres Núñez.

Ética.

Docente: Beira Aguilar.

Universidad del Rosario.

Abatidos

Esta imagen ya la había visto quizás en alguna revista o libro que tengo en mi mueble.
Desde que la vi dejó una marca en mí, porque tiene una consecuencia, más que material,
simbólica. Colombia ha sido una nación azotada y abatida por la guerra, una guerra que muchos
encontramos sin sentido alguno. No obstante, en un país donde se privilegia a la injusticia, uno
comienza a ver las nociones del porqué de la insurgencia con la lucha armada. No quiero justificar
hechos atroces, solo quiero resaltar que la clase política colombiana ha sido una sembradora de
cizaña y horror entre hermanos y pensamientos.

Al retomar esta foto solo pienso en lo erosionado del suelo. Así, precisamente, es como
se encuentran nuestras almas. Cuando Jesús Abad Colorado dice: ‘’Este país no ha llorado lo
suficiente’’, es exactamente mi punto. Colombia, una nación centralista, no ha llorado por su
gente caída en esta nefasta guerra. Igualmente, es importante el tema de la centralización, a raíz
de que esta foto fue tomada en Juradó, Choco, un departamento ignorado y violentado, siendo
unos de los lugares más ricos en recursos, puede ser que, por este motivo, siempre esté en
constante conflicto.

En mi pensar creo que lo único que ha dejado este conflicto es la tierra erosionada, en
la cual están sembrados distintos pensamientos de reconciliación, abonados con la sangre que se
ha derramado, sin embargo, todavía no crecen porque las balas no las dejan. Poco a poco la tierra
agrietada va a dejar salir estos destellos de memorias, con la finalidad de por fin lograr conseguir
una verosimilitud que integre a las sociedades que habitan en esta tierra. Si bien estamos abatidos,
hay rastros de esperanza.