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Comprendiendo el pensamiento suicida

Solución permanente de un problema pasajero

Por: Dr. Ricardo Rozados y Cristina Berg | Fuente: catholic.net

“Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,26): el don de la vida eterna”

El pensamiento ante la muerte es inherente a la especie humana como la vida misma, pues
aparentemente somos los únicos que sabemos que vamos a morir. Sin embargo, en todos los
tiempos, reflexiones suicidas azotan en las mentes de las personas día a día alrededor del
mundo.

Introducción

Inestabilidad Emocional

Manifestaciones del Suicidio

¿Cuáles serían los indicadores de anomia en un grupo o sociedad?

¿Podemos considerar normal cierta tasa de suicidio?

Que cosa son ciertas sobre el suicidio?

Preguntando sobre ideas de suicidio

¿Sólo las personas con alguna psicopatología tienen ideas suicidas?

Características del suicidio

Clínica del Suicidio

Potencialidad suicida del paciente y su gravedad creciente

¿Cuáles son los principales factores de riesgo personal y demográfico para el suicidio?

Historia de intentos y amenazas

Preguntas que se realizan al paciente con ideación suicida

El suicidio entre personas de la tercera edad

Alarmante incremento en suicidios de adolescentes

Los padres deben de estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el
adolescente está contemplando el suicidio
Convencer a la familia del riesgo suicida

Del otro lado del escritorio

Prevención del Suicidio

De qué forma podemos ayudar

Estos son algunos de los factores que implican protección

Como integrantes de un equipo de salud mental dde la Iglesia Católica

Referencias

Introducción

El acontecimiento del suicidio está presente porque el ser humano piensa la muerte a
diferencia de cualquier ser vivo, hasta se expresa a través de ella, ya sea en ornamento, en
monumento, en las diversas artes, en la cultura en sí. En cuanto a los sentimientos, son
diversos los que se sienten ante el más allá, pueden ser de miedo, que sería el más común,
pero sin lugar a dudas el más extraño de todos los sentimientos y acontecimientos humanos es
el de desear la muerte propia...

Cada suicidio (del latín sui auto + cidium, matar).rinde testimonio de una trágica ruptura con la
vida. Sin tener en cuenta que la vida es un bien de Dios y un inapreciable regalo para nosotros.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 40 segundos se produce un suicidio en


algún lugar del planeta. Es decir, hay un millón de muertes anuales por esta causa, más que las
víctimas que provocan todas las guerras. A esto deben sumarse entre 10 y 20 millones de
intentos de suicidio al año. Por eso es considerado hoy un grave problema para la salud
pública. Muchas investigaciones demuestran que esta fatídica decisión puede ser prevenida
mediante programas de asistencia y contención. El suicidio es un problema mayor y representa
el 1,5% de los gastos sanitarios totales en el mundo. Este porcentaje amenaza crecer más aún
y elevarse al 2,5% de los gastos totales en salud si, como advierten los expertos, la cifra de
suicidios aumenta hasta el millón y medio de eventos anuales para el año 2020. La OMS refiere
que del l millón de personas que se suicida cada año, muchos podrían salvarse si los gobiernos
y los médicos mejorasen sus esfuerzos por educar y tratar a los enfermos mentales y remover
simplemente los instrumentos utilizados para el suicidio.

Los suicidios son fenómenos individuales, que responden esencialmente a causas sociales. Hay
corrientes suicidógenas, que recorren la sociedad. Estas corrientes se originan no en el
individuo, sino en la colectividad y son causa real o determinante de los suicidios. Si tales o
cuales individuos se suicidan, ello responde probablemente al hecho de que estaban
predispuestos por su constitución psicológica; las circunstancias sociales que crean las
corrientes suicidógenas, y que determinan estas predisposiciones psicológicas. El ejemplo más
notable o más elocuente es precisamente el de las corrientes sociales que impulsan a los
hombres a la muerte, de modo que cada uno cree obedecer sólo su propio impulso, cuando no
es más que el juguete de fuerzas colectivas. Para extraer las consecuencias prácticas del
estudio del suicidio, conviene examinar el carácter normal o patológico de este fenómeno.
Señalar el suicidio como un acto de libertad es una grave equivocación que genera serias
confusiones y propuestas pro-suicidas. Este peligroso criterio tiene sus orígenes en
planteamientos de antiguos y modernos escritores claramente pro suicidas, como es el caso de
Shopenhauer quien decía: "darse muerte a sí mismo es un acto de auto-liberación"). Otros
pensadores y escritores como Séneca, Albert Camus, etc. hacían planteamientos similares.

Queremos aclarar nuestra firme convicción de que hacia al suicida jamás debemos tener una
actitud de juzgar y en cambio sí brindarle mucha comprensión. Tampoco podría pensarse, ni
de lejos, que a quien se quiere auto eliminar deban quitársele sus derechos. Pero es
absolutamente equivocado considerar que quienes están en derredor de la persona que
piensa en auto eliminarse, no deben actuar por un falso respeto y una definición de libertad
muy lejana a la realidad. La libertad como todo derecho tiene límites y debe estar regida por la
libertad como valor. El ser humano debe tener claro que no todo lo que ha recibido por el
hecho de estar vivo, puede ser cambiado a su antojo. Decir que "quitarse la vida es un acto de
libertad" es caer en el más burdo libertinaje y en el culto a la cultura de muerte.

La inclinación al suicidio se agrava debido a un debilitamiento de las creencias tradicionales y


al estado de individualismo moral resultante de ello, este desaparece respondiendo a la
instrucción a otras necesidades.

El hombre se caracteriza por estar sometido a un freno moral y no físico, es decir, responde a
una limitación social. Recibe su "ley" de una sociedad que siente como superior a la suya. Es la
conciencia social. En el único caso en que la sociedad deja de ejercer su función de "conciencia
moral", es cuando se encuentra perturbada debido a transformaciones demasiado repentinas.
En este momento es cuando se producen bruscos ascensos en el número de suicidios.

Desde el punto de vista religioso el suicidio es considerado como una mala acción, debido a
que el ser humano no tiene derecho a quitarse la vida que Dios le ha dado, y está condenado
por el Cristianismo, Judaísmo e Islamismo. Desde el punto de vista jurídico y de los derechos
humanos hoy el suicidio, se considera por muchos como un derecho. Concepto que como
católico disiento.regresar

Inestabilidad Emocional

La persona que intenta suicidarse en general trata de poner fin a un sufrimiento emocional
intenso. Ve la muerte como única solución. Cuando la persona siente que necesita detener
aquel sufrimiento que resulta intolerable y cuya causa parece no tener solución, se encuentra
bajo semejante presión emocional que es incapaz de percibir alguna otra opción distinta a la
muerte. Ni siquiera puede pensar en pedir ayuda. Las personas que se encuentran en esta
desesperación no logran hacer un balance adecuado de las alternativas para la salida de su
problema. Sin embargo, en situaciones de estabilidad emocional suelen funcionar
adecuadamente. Si la persona que intenta suicidarse pudiera contemplar la dimensión
temporal de su crisis, podría abandonar la idea del suicidio como solución permanente. Las
ideaciones suicidas son, en la mayoría de los casos temporales y esto es algo que es necesario
recordar cuando estas ideas invaden la mente. Los psicólogos destacan la importancia de
hablar con alguien cercano acerca de los sentimientos que causan malestar. Es importante
saber buscar ayuda. El estrés emocional y psíquico puede ser aliviado si se cuenta con la ayuda
adecuada. Lo más importante, en estos casos es sentirse comprendido y contenido. Varios
estudios han revelado que la mayoría de los suicidas son personas que se sienten
profundamente aisladas, (no sólo físicamente, sino emocionalmente).

El acto suicida tiene su "lógica" (enferma, desde ya) para el individuo y se convierte en la
"única salida” También, cuando la idea de culpa es agobiante, la expiación necesaria se traduce
en suicidio. Particular mención merece el llamado "suicidio altruista". El deprimido,
convencido de un trágico futuro, irremediable, mata a su familia para ahorrarles sufrimiento y
se mata luego él.

En el suicidio se daña irreparablemente en lo más fundamental a la dignidad del hombre.


Cuando la persona lo comete, ésta anula su derecho a la vida al mismo tiempo todos sus
demás derechos y destruye su dignidad humana. Por ello la elección por el suicidio nunca
podrá considerarse como algo sano o natural.regresar

Manifestaciones del Suicidio

Según Durkheim el problema es tener una actitud extremista en los deseos (anómico), también
de una dependencia exagerada por la sociedad (altruista), por otro lado, estar totalmente
desintegrado de la sociedad (egoísta).

Egoísta: Los hombres o las mujeres tienden más a quitarse la vida cuando piensan
esencialmente en sí mismos, cuando no están integrados en un grupo social, cuando la
autoridad del grupo y la fuerza de las obligaciones impuestas por un medio estrecho y fuerte
no reduce los deseos que los animan a la medida compatible con el destino humano. Es propio
de aquella persona que permanece sola y no quiere saber nada de la sociedad; está en la
soledad, más no le agrada, pero sigue solo (o sola), en otras palabras, le afecta y le duele estar
solo, mas no cambia su situación, por tal razón desea morir. En la actualidad, como ejemplo
están las resientes sociedades de Internet, del chateo, que alejan del acercamiento del cara a
cara, sin que individualmente se prevengan los estragos de la soledad. El suicidio egoísta se
manifestará por un estado de apatía y de ausencia de apego a la vida.

Altruista: El individuo se da muerte de acuerdo con imperativos sociales, y ni siquiera piensa en


reivindicar su derecho a la vida. Del mismo modo, el comandante que no quiere sobrevivir a la
pérdida de su embarcación es suicida por altruismo. Se sacrifica a un imperativo social
interiorizado, y obedece las órdenes del grupo hasta el extremo de ahogar en sí mismo el
instinto de conservación. Es común verlo en sectas religiosas, que culminan el acto sólo por
pertenecer y dar a su sociedad lo que les pide, incluso pueden acabar con sus vidas
masivamente, por lo tanto también son tipos perfectamente socializados. En los medios
noticiosos se puede ver a manera de ejemplo que son personas apegadas religiosamente a
sociedades extremistas, como son los “hombres bomba”, los que se prenden fuego hasta
quedar en cenizas como protesta social, así, también, son aquellos que en sus cultos sagrados
les piden morir por altruismo y en bien de su colectividad. Entonces, para que una persona
desee la muerte no necesita estar solo, por lo tanto socialización también interviene como
factor para desear la muerte. El suicidio altruista se caracteriza por la energía y la pasión que
emergen del acto.

Anómico: Es el más característico de la sociedad moderna, afecta a los individuos a causa de


las condiciones de existencia que caracterizan a las sociedades modernas. En éstas sociedades,
la existencia social ya no esta regulada por la costumbre; los individuos compiten
permanentemente unos con otros, esperan mucho de la existencia y les piden mucho, y por lo
tanto están acechados perpetuamente por el sufrimiento que se origina en la desproporción
entre sus aspiraciones y satisfacciones. Esta atmósfera de inquietud es propicia para el
desarrollo de la corriente suicidógena. Emilio Durkheim acuña el término”anomia” en su libro
"El suicidio”, originado en sus estudios sobre la depresión brusca que, en 1948 padecieron
todos los estados europeos y que aparentemente precedió a una ola de suicidios, que se dio a
continuación.

Para Durkheim, la "anomía" es una falta de normas, es un factor regular y específico en la


producción de suicidios, y a la vez, la anomia estaría engendrada por aspectos económicos, el
estado marital y el divorcio. Otros lo centraron en lo que se denomina "Conductas divergentes
o desviadas", con relación a la normalidad o a las respuestas más comunes de los individuos.
Abarcarían no solo el suicidio, sino una amplia gama de delitos y perversiones".

Mc Yver le da una connotación psicológica y "sería el estado de ánimo del individuo, cuyas
raíces morales se han roto, que ya no tiene normas sino impulsos desconectados, sin ningún
deseo de continuidad de grupo, ni de obligación. El individuo anómico, se ha hecho
espiritualmente estéril, solo responsable ante sí mismo. No le interesan los valores de otros
individuos.

Su única fe es la negación. Vive en la frontera de ningún pasado y ningún futuro".

Mc Yver define la anomia "como un estado de ánimo, en el que está roto o mortalmente
debilitado el sentido de cohesión social, que es uno de los principales resortes de la moral del
individuo".

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¿Cuáles serían los indicadores de anomia en un grupo o sociedad?


El incidente del suicidio no deja de ser desconcertante, este problema trae consigo muchas
preguntas; la principal inquietud es encontrar la razón que originó ese deseo de muerte. ¿Por
qué alguien puede desear la muerte?

1) La percepción de que los líderes de la comunidad son indiferentes a las necesidades de la


población. El trabajo, en general, protege contra el suicidio; aunque si el estatus social es alto o
hay pérdida de él, el riesgo aumenta. Existen evidencias de una correlación positiva entre las
tasas de suicidio y el desempleo, aunque la naturaleza de la asociación es incierta dado que la
depresión mental se puede asociar a ambas condiciones.

Se deberán establecer nuevas políticas de salud mental junto a nuevos cuadros referenciales
de la sociedad alentando el trabajo considerado como manifestación creadora y liberadora y
causa de mayor transformación psicológica que el hombre ha experimentado desde el final de
medioevo e inicio de la revolución industrial.

2) La sensación de que no se puede lograr nada, en una sociedad imprevisible y carente de


orden. El suicidio tiene un trasfondo social e individual (colectivo y personal) que va más allá
del simple deseo de morir. Hoy en día las tecnologías, los medios masivos de comunicación,
incluso los de telecomunicación han cambiado la vida humana, las relaciones comunicativas
del ser humano en su trato con los otros son distintas, por lo tanto, el contexto y las
condiciones suicidas ya no son como en otros tiempos; cuestión que se debe de tomar en
cuenta para los nuevos estudios sobre el tema.

3) La idea de que los objetivos que se han fijado, se alejan en lugar de realizarse. Sensación de
futilidad, de que todo esfuerzo es vano. Al Considerar que la desesperanza y la desesperación
serían las causales esenciales para llegar al suicidio, tendrían ambas una explicación social en
este inicio de milenio. Por ello, las respuestas habría que encontrarlas en dos variables: la
exclusión laboral y la situación de indefensión a la que llegan los que se jubilan ante un
deficiente sistema previsional. El primero, que genera situaciones emocionales de angustia y
trastorno del estado de ánimo, especialmente en esta cultura donde los éxitos son signos de
gloria y los fracasos, de humillación y condena, y el segundo, donde se debe afrontar exiguas
remuneraciones y una marcada inequidad en el sistema de cobertura de salud.

4) Percepción de que no se cuenta con nadie y con ningún tipo de apoyo. Las políticas
económicas que nos impulsan a ser exitosos, a tener cada vez más, hacen que nos olvidemos
del ser y que pongamos el valor de nuestra juventud no en el ser más, que se logra con el amor
de una familia bien constituida, con amistades sólidas. Pensemos las ideas que nos venden los
medios de comunicación, las políticas de género y la legislación, que pretenden que el divorcio
sea una opción más para destruir a la Institución familiar, único lugar donde puede y debe
conformarse el yo sólido de un ser humano, donde recibe y se nutre de recursos reales para
crecer física y emocionalmente para vivir de verdad.
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¿Podemos considerar normal cierta tasa de suicidio?

Para Durkheim el delito es un suceso socialmente normal; lo cual no quiere decir que los
criminales a menudo no sean psíquicamente anormales, y que el delito no merezca ser
castigado o condenado; pero en toda sociedad se comete cierto número de delitos, y por
consiguiente, si consideramos lo que ocurre regularmente el delito no es un fenómeno
patológico.

Durkheim cree que el aumento de la tasa de suicidios en la sociedad moderna, es un


fenómeno patológico, o aún que la tasa actual de suicidios revela ciertos rasgos patológicos de
la sociedad moderna. Como se sabe la sociedad moderna se caracteriza por la diferenciación
social, la solidaridad orgánica, la densidad de la población, la intensidad de las comunicaciones
y de la lucha por la vida; Durkheim indica que las sociedades modernas presentan ciertos
síntomas patológicos, ante todo la integración insuficiente del individuo en la colectividad. Por
lo tanto, es muy posible, y aún inverosímil, que el aumento de los suicidios se origine en un
estado patológico que va de la mano ahora con la marcha de la civilización, pero sin ser su
condición necesaria.

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¿Que cosa son ciertas sobre el suicidio?

Las personas que se suicidan a menudo dan un indicio o una advertencia de sus intenciones.
No es cierto que si habla del suicidio, esto no sucederá. Asimismo, estas personas tienen un
sentimiento ambivalente con respecto a la muerte, no siempre la desean como única salida.

Alcohol y suicidio van de la mano muchas veces pues a menudo la persona que lo intenta está
bajo su influencia.

Un intento de suicidio no quiere decir que siempre habrá pensamiento suicida. A menudo
sucede durante un período altamente estresante. Si el resto del tiempo está bien
administrado, la persona puede superar esto.

Existe la creencia de que si se le pregunta a la persona si desea suicidarse, esto conduciría a un


intento. Contrariamente, preguntarle esto aliviaría la ansiedad alrededor del sentimiento y
actuará como un impedimento al comportamiento suicida.

El suicidio ocurre en todas las clases sociales. En esto no hay distinción.


Tampoco es cierto que el comportamiento autodestructivo sólo sea para llamar la atención.
Quienes tienen este tipo de comportamiento deberían recibir ayuda y atención profesional

Mejorar después de una crisis suicida no quiere decir que el riesgo acabó. Este puede
reaparecer debido a las responsabilidades o sucesos de su vida. Puede llevar meses sentirse
mejor y estable.

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Preguntando sobre ideas de suicidio

La conducta suicida está determinada por factores múltiples de tipo biológico, psicológico y
sociocultural. Por lo menos, la mitad de los pacientes que cometen suicidio han tenido un
contacto previo con un profesional de salud. También se sabe que de cada seis médicos que
atienden a un paciente suicida, sólo uno indaga sobre este tipo de riesgo. Frecuentemente, los
médicos señalan que tienen el temor de sugerirle al paciente la idea de suicidio al preguntarles
a ellos sobre dicho tema. En sí, el paciente suicida desea confiar en alguien su tribulación, y
suele experimentar alivio si lo puede hacer con su médico. Esta presión hace que la visión del
mundo circundante se estreche hasta tal punto que llegamos a distorsionar la realidad. Nos
fijamos únicamente en los aspectos negativos de la vida, y los positivos los pasamos de largo
como si no tuvieran importancia alguna o, sencillamente, no existieran. Rechazamos por
estúpidas todas las opciones que se nos ofrecen para resolver nuestro problema, hasta que
parece que no hay solución posible.

Es como si estuvieran atrapados en una oscura caverna sin salida, o quizás en un túnel que
empieza en un dolor constante y llega hasta los mismísimos infiernos, sin posibles salidas ni
hacia el cielo ni hacia la felicidad.

Se ha comprobado que el hecho de saberse acompañado en el momento crítico y poder


desahogarse, reduce el sentimiento de aislamiento. Por otra parte, permite que la persona
recupere un sentimiento de eficacia: el hecho de realizar un llamado desesperado implica
poner en movimiento las capacidades de autoprotección y es un primer indicio esperanzador;
el dominio sobre sí mismo se empieza a recuperar. Así quien pide ayuda comienza a recordar
que en un pasado se ha sentido mejor o distinto de cómo se siente en este momento. El hecho
de posponer el acto suicida es el comienzo de la recuperación. La ayuda disponible facilitará el
camino.regresar

¿Sólo las personas con alguna psicopatología tienen ideas suicidas?

La mayor parte de los que tienen ideas suicidas están, además, deprimidos. Los dos principales
motivos por los que una persona se deprime son, en primer lugar, la pérdida del control sobre
su situación vital y sus emociones y, en segundo lugar, la pérdida de toda visión positiva del
futuro (desesperación). Ante la depresión y las ideas suicidas que de ella derivan sólo puede
resultar eficaz una terapia que nos ayude a recuperar el control y la esperanza.

El cuadro de “desesperanza”, debe alertar al médico tratante (ya que la planificación del
suicidio es deliberada) porque le está indicando un importante factor de riesgo. Además,
cuando se acompaña con melancolía profunda advertirá alteraciones cuantificables del bio
ritmo, disfunción límbica y encefálica”.De las formas de depresión, la paranoide, es, “la que
tiene mayor tendencia al suicidio”. Esto sería así porque la angustia, las ideas de referencia, el
sentimiento de inferioridad, la agresividad manifiesta y el sentimiento de culpa, jugarían un rol
determinante.

Normalmente, la gente enfrenta hechos estresantes, pero a veces la acumulación de los


mismos puede quebrar sus estrategias de afrontamiento y provocar pensamientos suicidas.

Poldinger dice que luego de una profunda observación del suicida se descubrió:

- El 80% de los individuos que culminaron en suicidio, ya lo habían anunciado.

- El 50% de los suicidas había consultado al médico el mes anterior.

- El 25% de los suicidas había hecho la consulta una semana antes.

Es común que el 53% de los suicidios se produzca durante el fin de semana, en el 28% de las
situaciones, durante el otoño, en el 68% de los casos, en personas viudas o separadas y en la
mayoría de las ocasiones -el 74%- el lugar elegido fue el propio hogar de quien habría de
quitarse

El riesgo es mayor en las depresiones neuróticas que en las psicóticas En aquellos cuadros
depresivos asociados a una manifiesta histeria, en pleno período de estado, hay anuncios más
o menos melodramáticos e intentos suicidas El hecho suele producirse, ante un auditorio. Por
lo general, no es serio, es decir, el recurso no es idóneo para lograr la muerte. No se arroja al
vacío, ni se dispara un tiro, ni piensa en tirarse a las vías. Se elige el corte en el antebrazo
(cortarse las venas), tomar fármacos comunes, etc. El objeto es llamar la atención, con alto
contenido histriónico, y consecutivo a situaciones conflictivas explosivas. Es un intento
"utilitario" en el sentido de conseguir algún objetivo en el entorno.

En cambio los intentos suicidas del deprimido severo, son "serios, de verdad". Suele planearse,
generalmente en cierto secreto y el cuidado que pone en su ejecución hace que casi siempre
culmine en muerte. Hemos dicho que, en su comienzo, el sujeto suele manifestar a quienes le
rodean que "es mejor terminar con todo, así no se puede vivir, esto no tiene arreglo, es mejor
desaparecer". Es decir explicita su idea autodestructiva.

Pero hasta aquí hay ambivalencia: se piensa en el suicidio, pero se resiste a la idea.
Sin embargo, el riesgo aumenta, cuando el individuo parece tranquilizarse. Como antes
dijimos, cesa la ambivalencia, desaparece la disyuntiva y la lucha interior; generalmente la
resolución ha sido tomada y ahora se elabora la ejecución del acto.

Podemos expresar que la resolución suicida es, esencialmente un elemento de la esfera


afectiva (en este caso con depresión). Por lo tanto, el nivel cultural del sujeto, las apelaciones a
su alta capacidad de razonamiento, no tienen sentido. Tampoco debe confiarse, en absoluto,
en que la psicoterapia, en esa situación, pueda brindar resultados y en todo caso, implica un
riesgo tan alto que no puede ser asumido. La idea suicida no es un razonamiento, sino un
sentimiento.

Por ello el deprimido grave con alta tendencia suicida debe ser internado con la misma
urgencia de un abdomen agudo, en estos casos, hay una grave responsabilidad médica si no se
cumpliera con la vida. regresar

Características del suicidio

El suicidio, para ser calificado como tal, exige dos requisitos, a saber:

1) que la muerte sea voluntariamente querida "in se", y

2) que se tenga el propósito de quitársela uno mismo, directamente, por acción u omisión. Si
falta uno de estos dos requisitos, no estamos en presencia de un suicida. Y no lo estamos
porque si falta la voluntad de suicidarse, como ocurre en el caso de enajenación mental, el
acto no es libre, sino mecánico, y mal puede calificarse de suicida al que no sabe y, por tanto,
no quiere lo que hace. En el segundo supuesto, cuando no hay voluntad directa de quitarse la
vida por acción u omisión, pero de la misma se sigue como consecuencia inevitable o probable
de una conducta determinada, estaremos en presencia del "sacrificium vitae" o del "vita
ponere periculo gravi". regresar

Clínica del Suicidio

El comportamiento de la actividad suicida, comprende la autodestrucción total (muerte), la


autodestrucción (no muerte), la mutilación y otras acciones dolorosas y no dolorosas, las
amenazas, indicaciones verbales de las intenciones de destruirse, depresión e infidelidad y
pensamientos de separación, partida, ausencia, consuelo y alivio.

Clínicamente una vez que se han roto las defensas psicológicas, es mayor la posibilidad de que
la persona se deje vencer por la tensión emocional cuando esta aparece. El comportamiento es
más grave debido a sentimientos de culpa o porque es necesario poder comunicar algo con
impacto equivalente.
Normalmente una persona suicida se descubre a si misma comunicando su tendencia a través
del comportamiento, o verbalmente antes de que se produzca un acto específico.

El suicida típico presenta un deseo de morir y vivir a la vez; desesperación, impotencia e


imposibilidad de hacer frente a los problemas, agotamiento físico o psicológico, ansiedad,
tensión, depresión, rabia, culpa, caos y desorganización, estados de ánimo cambiantes,
reducción de la esfera cognitiva, pérdida del interés por actividades normales, malestar físico,
etc.

En los sentimientos de culpabilidad existe una imagen negativa de si mismo, actitudes y


expectativas negativas frente al medio ambiente, al futuro y así mismo, desamparo y
desesperanza. Existe también una pasividad, una falta de iniciativa o pérdida de interés de
objetos y planes de acción. Hay una paralización de la voluntad. En el comportamiento suicida,
se observa una pérdida de la libido, trastornos de sueño, pérdida del apetito y molestias
psicosomáticas. Se desconocen cuáles son los síntomas fundamentales. Esta determinación
depende en cada caso de la teoría y de las experiencias correspondientes de los investigados y
prácticos clínicos, pero al parecer son básicos el abatimiento y la incapacidad de alegrarse o de
anticipar alegría. regresar

Potencialidad suicida del paciente y su gravedad creciente

1. Antecedentes familiares de suicidio.

2. Intentos anteriores.

3. Insomnio.

4. Ideas de reproche de corte deliroide.

5. "Amputación" de futuro.

6. Soledad - aislamiento.

7. Imposibilidad real de reponer el objeto perdido: muerte de un familiar, jubilación, desastre


económico.

8. Enfermedades orgánicas que el paciente vive como terminales (verdaderas o no): cáncer,
secuelas de accidentes vasculares cerebrales, percepción de la declinación general del
organismo (rechazo a la vejez).

9."mientras más silenciosos, más peligrosos".regresar

¿Cuáles son los principales factores de riesgo personal y demográfico para el suicidio?
Adolescentes tratando de entender el divorcio de sus padres, un adulto que repentinamente
queda desempleado, un adulto en edad de jubilarse que se ve forzado a retirarse antes de lo
deseado, cambios indeseados o cosas por el estilo dejan a las personas sintiéndose que sus
vidas giran sin control; como que van cabalgando sobre un caballo desbocado a través de un
campo. Siendo un jinete inexperto, uno trataría de zafarse por el miedo que se siente, dando
como resultado una lesión grave. La vida se nos presenta algunas veces de esa forma como si
estuviéramos cabalgando un caballo sin control y el jinete trata de zafarse por la vía del
suicidio.

Trastornos psiquiátricos:

En más del 90 % de los casos de suicidio existe enfermedad psiquiátrica concomitante. Por
orden de frecuencia tenemos:

Trastornos del estado anímico:

Cuando estamos deprimidos tenemos la tendencia de enfocar las cosas bajo un punto de vista
muy estrecho. Con el paso de una semana o un mes, las cosas podrían cambiar
completamente de aspecto. El riesgo de por vida es de un 15-20 %, siendo mayor en la
depresión mayor y los cuadros de psicosis maniaco-depresiva (alternancia de periodos de
depresión con otros de gran vitalidad, hiperactividad psíquica y motora, y ánimo exaltado). Es
menos frecuente en la primera etapa de quejas afectivas.

Abuso de sustancias psicoactivas:

Se denominan así porque producen engañosamente una sensación psíquica muy agradable.
Concretamente en el alcoholismo, el segundo diagnóstico psiquiátrico más frecuente, la tasa
de suicidios es del 15 %. La incidencia es algo menor en otras toxicomanías (10 %), como el
consumo de opiáceos y cocaína.

Esquizofrenia: Enfermedad mental caracterizada por una alteración profunda del


pensamiento, la afectividad y una percepción desorganizada y alterada de la realidad. Existe un
riesgo de un 15 %. Se asocia a la actividad alucinatoria (oyen voces que no son reales y que les
impulsan al suicidio) y a la depresión Se da más en jóvenes, en los primeros cuatro años de
evolución de la enfermedad y asociado a las repetidas agudizaciones de la misma.

Trastornos de la personalidad: Como la personalidad borderline, que se caracteriza por


disminución del coeficiente intelectual, depresión y abuso de drogas o alcohol.

Síndromes mentales orgánicos (10 % del número total): Donde se incluyen la demencia y la
enfermedad de Parkinson, fundamentalmente.

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Historia de intentos y amenazas:


Entre el 25 y el 50 % de los actos consumados tienen historia conocida de intentos previos.
Existe una tendencia a repetir los mismos gestos suicidas.

Edad:

Son grupos de alto riesgo los adolescentes y ancianos.

Sexo:

En el varón la frecuencia aumenta con la edad, con una incidencia máxima a los 75 años.
Consuman el suicidio 2-3 veces más que las mujeres.

En las mujeres la edad de mayor incidencia está entre los 55 y 65 años. Intentan suicidarse 2-3
veces más que los hombres.

Factores sociales:

Estado civil: Solteros, viudos, separados y divorciados

Soledad: Vivir solo, pérdida o fracaso de una relación amorosa en el último año.

Lugar de residencia: Más en el medio urbano

Pérdida del rol o status social, marginalidad reciente

Desempleo o trabajo no cualificado

Problemática social, familiar o laboral grave

Ateos

Factores sanitarios:

Aproximadamente en el 50 % de los intentos se aprecia enfermedad física, destacando el dolor


crónico, las enfermedades crónicas o terminales (cáncer, SIDA: 4% del total), y las
intervenciones quirúrgicas o diagnóstico reciente de lesiones invalidantes y deformantes.

Un trauma Previo

Algunas personas que se suicidan tienen un profundo trauma del pasado en forma de incesto,
violación o abuso sexual, que les provoca un sentimiento de estar desvalidos. También es
común entre individuos que han sido abusados sexualmente de pequeños, que se culpen a
ellos mismos, (sintiendo una gran culpa) como que no son dignos y que merecen ser castigados
porque en su fantasía ronda la idea de que ellos pudieron ser los que “incitaron” dichos actos.
De ahí surgiría la culpa y necesidad de auto castigo.regresar

Preguntas que se realizan al paciente con ideación suicida

Comenzar por las fantasías que el paciente puede formular en relación al suicidio, para llegar a
interrogantes más concretos.

El paciente se alivia al ser preguntado al poder expresar sus sentimientos íntimos:

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En algunas ocasiones, ¿piensa que la vida así, carece de sentido?

Algunas veces, pensó que la vida no vale la pena ser vivida, que sería mejor no vivir?

Realmente, ¿ha deseado desaparecer, para evitar el sufrimiento?

¿Se animaría quizás a atentar contra su vida, es decir, no esperar a la muerte, sino buscarla?

¿Ha elaborado, realmente, algún medio de hacerlo?

¿Le parece que su situación, que Ud. Ve sin salida, justifica el suicidio?

¿Se siente ya con su resolución tomada y sólo la dilata por algún motivo?

¿No cree que hay frenos para esto, como su religión, el abandono de sus seres queridos, el
dolor que les causará?

¿Cómo se ha sentido con los tratamientos que le hicieron? ¿Le parece que está un poco mejor
que antes o que no hay tratamiento capaz de mejorarlo?

Lo que antecede es sólo un lineamiento. Las preguntas cambiarán según el caso concreto.

Recordemos, según dijimos, que el suicida potencial, que se tranquiliza, aumenta su riesgo.

Recordemos, por fin, como en general, en todas las formas de la depresión, la inútil y aún
peligrosa de las invocaciones a "que debe tener voluntad", primero el enfermo, no la puede
tener porque está enfermo, entre otras cosas, por falta de voluntad. Y, en el caso del suicida
potencial se lo pone frente a la sensación de fracaso e impotencia, que, justamente, le hace
pensar que él es quien debe solucionar su problema y que, al no poder hacerlo, todo está
perdido. Por fin, hablemos del entorno del suicida potencial, de su familia, básicamente, de
fundamental importancia en el tema

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El suicidio entre personas de la tercera edad

Las tasas de suicidio aumentan con la edad y alcanzan sus niveles más altos entre los
estadounidenses a partir de los 65 años de edad. Por primera vez desde la década de 1940, la
tasa de suicidio aumentó en la década de 1980 entre residentes de la tercera edad en lugar de
disminuir.

En 2000, los hombres representaron el 84% de los suicidios ocurridos entre personas de 65
años de edad o mayores (2002)

En el período 1980-1998, se registraron los mayores aumentos relativos de las tasas de suicidio
entre personas de 80-84 años de edad. La tasa correspondiente a los hombres en este grupo
de edades aumentó en un 17% (de 43.5 por 100,000 a 52.0).

Las armas de fuego fueron el método más común de suicidio entre hombres y mujeres a partir
de los 65 años de edad en 2000, con una tasa de 79.5% entre los hombres y de 37% entre las
mujeres en ese grupo de edades.

Las tasas de suicidio entre las personas de la tercera edad alcanzan el nivel más alto entre los
divorciados y los viudos. En 1992, la tasa correspondiente a los hombres divorciados o viudos
en este grupo de edades fue 2.7 veces la tasa correspondiente a los hombres casados, 1.4
veces la de los hombres que nunca se casaron, y más de 17 veces la tasa correspondiente a las
mujeres casadas. La tasa correspondiente a las mujeres divorciadas o viudas fue 1.8 veces la de
las mujeres casadas y 1.4 veces la de las mujeres que nunca se casaron.

Los factores de riesgo de suicidio entre las personas mayores son diferentes de los factores de
riesgo entre los jóvenes. Entre las personas de más edad se registra una mayor prevalencia de
la depresión, un mayor uso de métodos altamente letales y el aislamiento social. Además,
llegan al suicidio con menos intentos, la proporción hombre-mujer es más alta que en otros
grupos, a menudo se han visto con un proveedor de atención médica antes del suicidio y
padecen de más enfermedades físicas.

Los factores de riesgo que deberían llamar la atención a los médicos que tratan a los mayores
son "que vivan solos, que estén deprimidos, inactivos, aburridos, que sufran una enfermedad
física de largo tratamiento, los antecedentes familiares suicidas, que tenga actitud hostil hacia
la sociedad, precariedad económica o pérdida de seres queridos. La situación de "ping-pong
entre los familiares" y el ingreso en un hogar para ancianos son también factores de riesgo.

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Alarmante incremento en suicidios de adolescentes

Si la etapa juvenil fuera todo lo dulce que nos cuentan los poetas, la cifra estadística de
suicidios sería cero en esa edad y no incrementaría a pasos agigantados como está pasando
ahora.

El suicidio es la reacción de algunas personas ante problemas que les parecen insalvables.
Ejemplos hay muchos, como el aislamiento social, la muerte de un ser querido, un hogar
desecho en la niñez, una enfermedad física grave, la vejez, el desempleo, desilusiones
amorosas, etc., sin embargo, estas personas no se dan cuenta que todo tiene solución menos
la muerte.

Los adolescentes y jóvenes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas


sobre sí mismos, presión para lograr el éxito, inquietudes financieras y otros miedos que van
creciendo. Para algunos, el divorcio, la formación de nuevas familias con padrastros y
hermanastros, las mudanzas a otras comunidades, pueden perturbarlos e intensificarles las
dudas acerca de sí mismos; en donde en algunos casos el suicidio aparenta ser una “solución”
a todos los problemas.

En el 2002, solamente en Alemania se suicidaron 8 mil hombres y 3 mil mujeres. Según los
datos aportados por el Programa de Prevención de Suicidios alemán, en el 2002 el 37% de los
hombres que se suicidaron tenían más de 60 años. Pero también se registra un alarmante
incremento de jóvenes que deciden quitarse la vida. El 16% de los suicidios registrados en
Alemania se comete por jóvenes de entre 15 y 24 años, por lo que el suicidio es la segunda
causa de muerte entre los adolescentes.

El suicidio entre los adolescentes ha tenido un aumento dramático recientemente. Cada año se
suicidan miles de adolescentes. El suicidio es la tercera causa de muerte más frecuente para
los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, y la sexta causa de muerte para los de entre 5 y 14
años.

Entre los individuos de 15 a 19 años de edad, los suicidios con armas de fuego representaron
más del 60% del aumento de la tasa general de suicidios entre 1980 y 1997.

La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar. Hay que
reconocer y diagnosticar la presencia de esas condiciones tanto en niños como en
adolescentes y se debe desarrollar un plan de tratamiento. Cuando hay duda en los padres de
que el niño o el joven puedan tener un problema serio, un examen psiquiátrico puede ser de
gran ayuda.
Los adolescentes se caracterizan por su impulsividad, actúan sin pensar en las consecuencias
de sus actos. En consecuencia, sin mayor aviso pueden verse envueltos en una reacción suicida
por un pensamiento o sentimiento que se les ocurrió.

Algunos de los ritmos de hoy como speed metal, thrash, rap, black metal y otras formas de
música rock, están cargados con mensajes suicidas, en sus canciones enseñan que la vida no
tiene sentido, que las drogas son buenas y que Dios no existe y que el suicidio es bueno.

Juegos relacionados con el ocultismo, en especial el de "Dungeons and Dragons" crean


fantasías suicidas que impulsan a la autodestrucción y convierten al suicidio en algo noble y
bueno. Estos juegos atraen tanto la atención de los participantes que se ven fuertemente
influenciados a creer en la filosofía enseñada.

¿Qué estamos haciendo con la juventud? ¿Qué estamos logrando con un ritmo de vida tan
egoísta en el que no da tiempo de atender al ser humano en su yo más profundo?

Muchos de los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión.

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Los padres deben de estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el
adolescente está contemplando el suicidio:

cambios en los hábitos de dormir y de comer,

retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales,

pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones,

actuaciones violentas, comportamiento rebelde o el escaparse de la casa,

uso de drogas o de bebidas alcohólicas,

abandono poco usual en su apariencia personal,

cambios pronunciados en su personalidad,

aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo


escolar,

quejas frecuentes de síntomas físicos, tales como: los dolores de cabeza, de estómago y fatiga,
que están por lo general asociados con el estado emocional del joven,

poca tolerancia de los elogios o los premios.

El adolescente que está contemplando el suicidio también puede:

quejarse de ser una persona mala o de sentirse "abominable",


lanzar indirectas como: "no les seguiré siendo un problema", "nada me importa", "para qué
molestarse" o "no te veré otra vez",

poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto,
botar papeles o cosas importantes, etc.,

ponerse muy contento después de un período de depresión, y

tener síntomas de psicosis (alucinaciones o pensamientos extraños).

Si el niño o adolescente dice, "yo me quiero matar" o "yo me voy a suicidar", tómelo muy en
serio y llévelo a un psiquiatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la
situación. La gente se siente incómoda y no le gusta hablar sobre la muerte. Sin embargo,
puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no
ha de "ponerle ideas en la cabeza"; por el contrario, esto le indicará que hay alguien que se
preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus problemas.

Si una o más de estas señales ocurren, los padres necesitan hablar con su niño acerca de su
preocupación y deben de buscar ayuda profesional. Con el apoyo moral de la familia y con
tratamiento profesional, los niños y adolescentes con tendencias suicidas se pueden recuperar
y regresar a un camino más saludable de desarrollo

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Convencer a la familia del riesgo suicida

Es lo primero que hay que hacer pues, frecuentemente, no es percibido en su real importancia.

Inclusive, a veces, la familia reacciona con frases como "El suicidarse, no, él no haría eso... No,
son palabras, lo que pasa es que está un poco triste, nada más... Ya lo dijo otras veces y nunca
hizo nada... No, no tendría valor... No lo creo, es muy religioso y quiere mucho a su familia...
etc.".

Y, después, las consabidas invocaciones a su voluntad, "le decimos que ponga voluntad, que se
ayude, que debe pensar en otra cosa, que salga, que se distraiga..." "yo le digo que no puede
estar así..." Esto, revela, por parte de los allegados, una resistencia inconsciente a aceptar la
idea de suicidio.

Y también, a veces, en aceptar alguna responsabilidad propia frente al tema. En ocasiones,


algún familiar, o la familia toda, hace su oculto y sutil mensaje incitante al suicidio: la
desvalorización, la crítica despiadada, las quejas en cuanto a que "así no se puede vivir .Debe
prestarse muy especial atención a los antecedentes de antiguos suicidios en la familia.

Siempre hay, en la familia, un personaje omnipotente que insiste en "déjenmelo a mí, yo sé


cómo tratarlo". Hipervaloran el vínculo, que mientras más cercano debe ser más efectivo, o la
actitud alegre y euforizante de alguien que cree que contagiará al enfermo de ese estado de
ánimo.

Todas estas son fantasías, basadas por fin en una sobre valoración de las posibilidades
personales de los integrantes del entorno. En algún caso, se inicia una especie de competencia,
para ver quién anima más al enfermo, empresa en general, condenada al fracaso.

Al conversar con la familia (lo cual es ineludible, ya que el enfermo no es una entelequia
aislada) se tratará, de detectar a la, o a las personas más responsables y confiables para el
apoyo del enfermo.

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Del otro lado del escritorio

Es interesante hacer una observación inversa de la habitual, estudiando cómo repercuten los
hechos más negativos de la clínica, en los psiquiatras. La muerte por suicidio de un paciente es
probablemente uno de los hechos más indeseables en práctica de un Médico Psiquiatra. ¿El
potencial estresante del suicidio, será muy diferente de otros eventos muy negativos e
indeseables que le pueden pasar a los pacientes de otros especialistas? Como por ejemplo, un
cirujano o anestesista cuando pasa por la muerte de un paciente durante un acto quirúrgico.

El suicidio de los pacientes tiene un efecto sustancial en la vida emocional y profesional de los
psiquiatras. El apoyo de los colegas es útil y las supervisiones profesionales proveen una
oportunidad para aprender y mejorar el manejo del suicidio y sus consecuencias. Los
psiquiatras tienen que sostener un difícil balance en sus actitudes hacia el suicidio. Si la muerte
es aceptada simplemente como una condición lamentable, pero inevitable, del fin que se
tiene, como si expresamente fuese querida y buscada por si misma, lo cierto es que en uno u
otro caso el sujeto renuncia a la existencia, y las diferentes maneras de renunciar no pueden
ser sino variedades dentro de una misma clase En todas las sociedades y en la mayoría de las
culturas, la muerte por suicidio resulta particularmente deplorable e inútil, pues causa un
impacto psico social de gran intensidad en la pareja, la familia y en el profesional que atiende
el caso. El médico, a pesar de su formación profesional y competencia, no es inmune al estrés
que ocurre cuando, habiendo sido consultado por el paciente en días previos al acto suicida,
no pudo reconocer el riesgo del mismo. El paciente suicida suele solicitar ayuda médica
durante el último periodo de su conducta autodestructiva. Algunos pacientes expresan con
claridad su intención; otros comunican sólo señales sobre tal posibilidad y aún otros,
particularmente si son adolescentes, no sólo disimulan su propósito ante el médico sino que
pueden negar enfáticamente que tengan tales determinaciones. Si ven al suicidio como
fundamentalmente inevitable, pueden proteger a la profesión de la culpa; pero ese tipo de
creencia puede promover un nihilismo terapéutico. Por otro lado, si el suicidio es percibido
como muy prevenible y predecible, esto puede promover el cultivo de la culpa.
Algunos consultores hicieron hincapié en la necesidad de reconocer la inevitabilidad (en vez
del riesgo) de suicidio durante la etapa de entrenamiento, de modo que el plantel pueda estar
mejor preparado para un evento de ese tipo.

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Prevención del Suicidio

No hay respuestas certeras a este fenómeno social, psíquico e individual, se pueden conocer
los tipos de suicidio para prevenir, aunque por lo regular se termina por interpretar, siempre,
después de que se cometió el acto suicida... La razón del suicida difícilmente se sabrá, pues es
complicado comprender el dolor emocional, coexistencial y, hasta físico, que puede sentir un
ser humano para querer morir.

Ciertas actitudes sociales obstaculizan la prevención de suicidios. Algunas de ellas forman un


conjunto de creencias erróneas que establecen que no se puede hacer nada al respecto: "Si
tiene que suceder, pues ha de suceder." "No vale la pena tratar de ayudar, porque estas
personas tienen problemas tan enormes que no se puede hacer nada." "El suicidio ha estado
entre nosotros desde siempre; no vamos a cambiar este hecho." "Déjenlos tranquilos. Si los
suicidas desean quitarse la vida, pues es su problema."

Estas actitudes parecen ansiosas de castigar el comportamiento suicida y a menudo culpan a


los que viven por las muertes por suicidio. Crean un ambiente de ocultamiento del
comportamiento suicida en el que las personas con pensamientos suicidas permanecen
reacios a hablar. Estas actitudes punitivas se vienen acarreando desde los tiempos en los que
el suicidio era considerado un crimen y un pecado imperdonable, y cuando a quienes se
suicidaban se les negaba una cristiana sepultura.

Al paciente Católico le decimos: No atentes contra tu vida porque eres infinitamente amado y
precioso. Si has sufrido una crisis, mira a Jesús en la cruz. El también sintió el abandono y el
rechazo. Confía en EL y volverás a tener paz. La tempestad se calmará y volverá a salir el sol en
tu vida.

li>Finalmente, les recomendamos tanto a los médicos de medicina familiar como a los
especialistas que hospitalicen a aquellos pacientes que tengan un gran riesgo suicida y que
consulten al psiquiatra en estos casos.

El suicidio está siendo percibido cada vez más como un serio problema de salud pública que se
puede evitar. El suicidio y su prevención son complejos y multidimensionales y necesitan ser
abordados de manera abierta e integral. La prevención del suicidio requiere de esfuerzos
coordinados y de la colaboración de todos los sectores de la sociedad. Con este mensaje,
desde nuestra posición como católicos es exhortar a los miembros de nuestra comunidad,
congregaciones e instituciones afiliadas a que aprendan más acerca del suicidio y cómo
prevenirlo. y los invitamos, asimismo, a que pregunten lo que pueden hacer y a que trabajen
con los demás en la prevención del suicidio.
Aunque no existe una sola causa para el suicidio, los investigadores nos dicen que el
comportamiento suicida está asociado con un cierto número de factores de riesgo que
frecuentemente se combinan

"Todas las personas que expresan ideas de suicidio y que simultáneamente muestran síntomas
de depresión, esquizofrenia, abuso del alcohol o abuso de substancias enervantes, deben ser
evaluadas cuanto antes por un profesional capacitado de la salud."

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De qué forma podemos ayudar

Primero reconozcamos que la evangelización , la enseñanza y el vivir diariamente la fe católica


contribuyen de manera indirecta, pero significativa, a la prevención del suicidio

Permanezca calmado y escuche con atención

Tome en serio las amenazas de suicidio

Deje que el suicida potencial hable acerca de sus sentimientos

Acéptelo; no lo juzgue

Pregúntele si ha tenido pensamientos de suicidio

Pregúntele con cuánta intensidad y frecuencia ha pensado en ello

Pregúntele si tiene algún plan para llevar a cabo el suicidio

Averigüe si esa persona cuenta con los medios para llevar a cabo su plan

No le jure guardar el secreto; más bien comuníqueselo a alguien

Asegure a esa persona que está bien y que es necesario que reciba ayuda...

Obtenga ayuda: usted no puede hacerlo solo

Acompañe a esa persona a buscar ayuda en:

La sala de urgencias de un hospital

Algún servicio de salud mental

La policía

La familia, algún amigo o amiga, algún familiar

Algún pastor, maestro o consejero


El médico de la familia

O llame por teléfono a alguna línea de servicios de emergencia

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Estos son algunos de los factores que implican protección:

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Como integrantes de un Equipo de Salud Mental de la Iglesia Católica

La incidencia del factor religioso es, por consiguiente, fundamental en el tema del suicidio, y
ello tanto en la esfera de la persona como en la esfera de la sociedad. Una sociedad
secularizada, en la que las vivencias y prácticas religiosas se olvidan o combaten, hace decr

Cuidado clínico efectivo y adecuado para el tratamiento de desórdenes mentales, físicos y de


abuso de substancias

Apoyo para la búsqueda de ayuda y acceso irrestricto a una variedad de instancias clínicas

Poner restricciones y limitar o impedir el acceso a los métodos altamente letales de suicidio

Apoyo familiar y comunitario

Apoyo a los vínculos con profesionales de la salud física y mental, con los que actualmente
cuente la persona en crisis

Habilidades adquiridas en materias como resolución de problemas, manejo de conflictos y


manejo no violento de disputas

Creencias culturales y religiosas que desalientan el suicidio y apoyan el instinto de


conservación de la vida."

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