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acceso a la educación.

En la sociedad novohispana esto era posible solo a través de los


establecimientos eclesiásticos, pues la Iglesia era la única institución que prestaba este servicio.
Por lo tanto, este grupo estaba integrado notablemente por religiosos.

El nacionalismo criollo de Nueva España ensalzó al virreinato frente a las afirmaciones de los
peninsulares por las que se pretendía justificar el dominio español en las tierras americanas. La
pugna ideológica entre España y América no era nueva, tiene su origen en la Conquista misma. Lo
diferencia a aquellos primeros contactos de los hechos que tuvieron lugar durante el siglo XVIII es
que son los criollos los que toman la defensa de la tierra de la que son nativos. Al hacerlo,
reivindican un pasado del que se proclaman herederos por el hecho de compartir el espacio,
aunque la civilización mesoamericana no es antecedente directo de la sociedad novohispana del
XVIII ni son indígenas los que defienden con orgullo su historia y su territorio ancestral.

Varios de los representantes del nacionalismo criollo novohispano eran miembros de la Compañía
de Jesús. En el siglo XVIII esta congregación desempeñaba una importante labor en la
evangelización de los indígenas del norte del virreinato.n. 3 A la par de esta obra, produjeron un
conjunto de documentos que dan cuenta de pueblos que hoy se encuentran extintos. La
importancia de la Compañía en la vida de Nueva España radicaba en su gran actividad a favor de la
cultura, tanto a través de la educación como en la producción y difusión del conocimiento.n. 4Esta
actividad le permitió establecer una red de relaciones que involucró a la Compañía en otras
esferas, especialmente con miembros de la élite agrícola, comercial y minera.14

A la salida de los jesuitas, fueron sus pupilos los que retomaron el impulso renovador de la
Compañía. Entre ellos se puede señalar al astrólogo Antonio de León y Gama, al físico José
Mariano Mociño, al filósofo Benito Díaz de Gamarra y al enciclopedista José Antonio Alzate.15 Un
importante número de personas adheridas a la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País eran
familiares, alumnos o patrocinadores de miembros de la Compañía. Esta corporación adquiere
importancia en la historia novohispana porque ayudó a conservar el espíritu renovador de los
jesuitas y favoreció la difusión de la Ilustración en Nueva España. A través de los miembros de este
grupo, los jesuitas pudieron mantener contacto con el país del que fueron desterrados y
eventualmente pudieron volver cuando la colonia accedió a su independencia.16

El estilo de trabajo de la Compañía de Jesús puso en alerta a varios gobiernos europeos, tanto por
su apoyo al papado como por su actividad intelectual y las alianzas que habían establecido. Los
jesuitas fueron expulsados de varios territorios durante la segunda mitad del siglo XVIII,
incluyendo los dominios españoles por la Pragmática Sanción de 1767.n. 5 Esto no solo implicó la
salida de miembros extranjeros de la congregación, sino el destierro de numerosos criollos.
Algunos autores opinan que la expulsión de los jesuitas es la primera afrenta de los monarcas
españoles hacia sus súbditos americanos.17

Algunos de los jesuitas desterrados habían sido figuras centrales de ese movimiento intelectual
que reivindicó a Nueva España frente a su metrópoli y que llegó, incluso, a proponer la necesidad
de emancipar a la colonia. Uno de ellos fue Francisco Xavier Clavijero, que tuvo que publicar su
Historia antigua de México en Italia y en el idioma de ese país. En esa obra Clavijero emprende una
amplia defensa de América frente a Europa, comenzando por las cuestiones naturalesn. 6 y
concluyendo con la reafirmación de todos los americanos a través de la reivindicación del pasado
indígena.n. 7 En este movimiento, Clavijero como otros criollos novohispanos rechaza que sus
declaraciones estén influidas por otra "pasión o interés […] que el amor a la verdad y el celo por la
humanidad" y asume decididamente la defensa de los indígenas, con los que no tiene lazos
consanguíneos "ni podemos esperar de su miseria ninguna recompensa".18 La aparición de la
Historia antigua de México puso a los intelectuales de Nueva España ante un pasado tan glorioso
como el de la Antigüedad europea que favoreció el arraigo del sentimiento patriótico y también
las reivindicaciones de igualdad de derechos entre españoles peninsulares y españoles
americanos.19

Las consecuencias de la expulsión de la Compañía de Jesús no se circunscribieron únicamente a


cuestiones ideológicas. En varios puntos de Nueva España hubo manifestaciones de rechazo a esta
medida tomada por la Corona. El virrey Carlos Francisco de Croix envió a José Gálvez con
quinientos soldados a contener la oposición en ciudades como Guanajuato, San Luis de la Paz,
Pátzcuaro, Uruapan, Valladolid y San Luis Potosí. En Guanajuato fueron decapitados los
promotores de la oposición.20

Revoluciones liberales: Francia y Estados Unidos

Sin duda, dos movimientos marcaron la historia del final del siglo XVIII. Uno fue la Revolución
francesa, y el otro, la independencia de Estados Unidos. Tanto una como la otra tenían su sustento
en las ideas de la Ilustración. A su triunfo, las revoluciones en Francia y Estados Unidos
proclamaron la igualdad de los hombres ante la ley y dieron amplias libertades a los ciudadanos;
una categoría que nacía precisamente con el iluminismo francés. Desde luego, estas ideas no eran
del todo desconocidas en las colonias españolas. Se sabe, por ejemplo, que el cura Miguel Hidalgo
era simpatizante de la Ilustración, y que muchos de aquellos que participaron en la Guerra de
Independencia de México conocían con mayor o menor profundidad las ideas del liberalismo.

España durante la ocupación francesa


Fernando VII, rey de España. Cuando los franceses obligaron a la familia real española a ceder sus
derechos al trono de la península en favor de los Bonaparte, en varias ciudades de América se
establecieron Juntas provisionales que gobernaban en nombre del soberano español. En Nueva
España, la Junta de México fue suprimida por los españoles el 15 de septiembre de 1808.

Véase también: España durante la ocupación francesa

Este factor fue determinante, pues el clero español sabía que si Napoleón tomaba el poder en
España, al tener una ideología diferente al catolicismo, perdería el poder sobre el pueblo; por esta
razón, el cura Miguel Hidalgo y Costilla junto con el padre José María Morelos y Pavón se
convencieron de iniciar la lucha armada. De ese modo, el poder de Napoleón no afectaría
directamente al clero de la Nueva España.n. 8

La invasión de Portugal por parte de las tropas de Napoleón en 1807 obligó la huida de la Casa de
Braganza a Brasil. En España, este suceso había provocado la división de la familia real española.
Instigado por Manuel Godoy, el príncipe de Asturias había planeado un complot para destituir a
sus padres de la corona. Finalmente, logró que Carlos IV abdicara en su favor el 19 de marzo de
1808. Tal suceso no complació en nada a Bonaparte, que intentó forzar a Carlos IV a declarar nula
su abdicación. Aunque Fernando VII intentó formar un gobierno propio y organizar España,
Napoleón le condujo con engaños a Bayona, donde el 5 de mayo de 1808 lo forzó a ceder la
corona a su padre, para que luego este la entregara al francés.

Los dominios españoles en América ante la ocupación de la metrópoli

Véase también: Antecedentes de la independencia de la América Hispana

Aunque aparentemente no hubo ningún cambio en la organización y los vínculos entre España y
sus dominios ultramarinos en América, en realidad en cada una de las colonias había una discusión
sobre quién era el verdadero soberano de las tierras americanas. El problema era que,
nominalmente, la soberanía de los dominios españoles radicaba en el titular de la Corona de
España. No había una claridad sobre la posición que se debía guardar ante la ocupación extranjera
de la metrópoli. Para algunos, la opción era reconocer al gobierno francés de ocupación. Para
otros, la soberanía radicaba en Fernando VII, y por lo tanto, no estaban dispuestos a reconocer a
Bonaparte como soberano. Y había un tercer grupo, influido por las ideas de la Ilustración y la
reciente independencia de Estados Unidos, para quienes la opción era la separación de las
colonias de su metrópoli. Estas facciones estaban formadas sobre todo por los miembros de las
clases altas y medias, es decir, por españoles peninsulares, criollos y algunos mestizos —muy
pocos— que habían llegado a ocupar algún cargo en la estructura de poder colonial.
En varias ciudades americanas se formaron Juntas de Gobierno, cuyo propósito fue conservar la
soberanía en sustitución del legítimo rey de España y hasta que Fernando VII fuera reinstalado en
el trono, entre ellas la Junta de Montevideo en 1808, la Junta Tuitiva de La Paz en 1809, o la Junta
de Quito en 1809.21 Casi todas ellas tenían su origen en la estructura municipal, una de las
instituciones de gobierno más arraigadas en el mundo hispánico, y casi todas fueron dominadas
por criollos ilustrados pues en su gran mayoría los españoles peninsulares se oponían a la
formación de gobiernos soberanos.22

Crisis política de Nueva España en 1808-1810

Crisis política de 1808

Francisco Primo de Verdad fue uno de los personajes del Ayuntamiento de México que solicitó en
1808 al virrey José de Iturrigaray la instalación de una Junta Provisional que gobernara en nombre
de Fernando VII. Iturrigaray simpatizaba con estas ideas. Finalmente, la Junta fue reprimida por un
golpe de Estado contra el virrey.

Artículo principal: Crisis política de 1808 en México

La noticia del Motín de Aranjuez (18 y 19 de marzo) llegó a la Ciudad de México el 8 de junio de
1808.2324 El virrey José de Iturrigaray, elegido por intervención del primer ministro Manuel
Godoy, se mostró consternado por los sucesosn. 9 y por el apoyo de los españoles peninsulares
residentes en Nueva España al partido fernandista.n. 10 No obstante, ordenó los preparativos para
realizar la jura y proclamación de Fernando VII como soberano de España e Indias. El 23 de junio
los novohispanos tuvieron conocimiento del levantamiento del 2 de mayo en la metrópoli y, vía la
Gaceta de Madrid, el 14 de julio estuvieron al tanto de las abdicaciones de Bayona y el
nombramiento de Joachim Murat como lugarteniente general del reino.25 26 El virrey se reunió
con los miembros de la Real Audiencia y acordaron guardar secreto de sus preocupaciones y
cabildeos, en cambio dieron a conocer la abdicación de Fernando VII a través de La Gaceta de
México el 16 de julio.27

La situación en la metrópoli supuso una situación inédita que puso a discusión en quién radicaba la
soberanía de los territorios bajo el dominio español. El estado de excepción originado por la
abdicación de Fernando VII y la ocupación francesa dividió en dos partidos a la élite de Nueva
España. Para algunos —en su mayoría españoles peninsulares cuyo portavoz era la Real Audiencia
de México— el poder en Nueva España seguía radicando en el rey Fernando VII, aunque
momentáneamente se encontrara ausente. De aquí que la estructura social y política del
virreinato debía seguir inmutable y subordinada a la Corona española. Algunas de las figuras más
representativas de esta postura fueron el inquisidor Bernardo Prado y Obejero y Ciriaco González
Carvajal.n. 11 Para los otros —en su mayoría criollos representados por el Ayuntamiento de
México— la situación era más compleja porque para ellos la naturaleza del vínculo entre España y
Nueva España estaba encarnada en el rey, pero en su ausencia eran los pueblos a través de sus
autoridades quienes debían ejercerla. En medio de la crisis política, los simpatizantes de esta
última postura encontraron una oportunidad para reformar el régimen virreinal. Son
representantes de este grupo el síndico Francisco Primo de Verdad y Ramos, el auditor de guerra
José Antonio de Cristo y el regidor Francisco Azcárate y Lezama. Todos ellos fueron apoyados por
el fraile mercedario Melchor de Talamantes.28

El 19 de julio de 1808 los miembros del Ayuntamiento propusieron al virrey Iturrigaray la creación
de una Junta de Gobierno que ejercería la soberanía en Nueva España. De acuerdo con la
propuesta, la junta sería autónoma respecto a aquellas que estaban formándose en España y
estaría en vigencia mientras no se restituyera en el trono a Fernando VII o uno de sus herederos
de la Casa de Borbón. El Ayuntamiento planteó la posibilidad de nombrar gobernador y capitán
general a Iturrigaray, como medida para defender la integridad del territorio ante una eventual
invasión de los franceses.2930 El virrey acogió con beneplácito la propuesta, pues creía
amenazada su posición tras la caída de su benefactor, sin embargo la Real Audiencia ratificó su
postura con la excepción del oidor dominicano Jacobo de Villaurrutia —único miembro criollo de
la Audiencia—, quien secundó inicialmente las propuestas e incluso propuso un congreso menos
numeroso, representado por corporaciones civiles, eclesiásticas y militares.31 De esta forma, para
el Acuerdo, se invitó a participar a los ayuntamientos de Xalapa, Puebla, y Querétaro, debatiendo
de esta forma la manera en que debía proceder la colonia. El 28 de julio llegaron nuevas noticias
de España: se conoció el levantamiento general de los habitantes de la península y de los
establecimientos de juntas de gobierno en nombre de Fernando VII.32

El virrey José de Iturrigaray convocó a una junta para el 9 de agosto, a la que asistieron los
representantes civiles, militares y eclesiásticos, hasta sumar ochenta y dos participantes. El fin de
la junta fue debatir la situación.33 A excepción de Villaurrutia, los miembros de la Audiencia
asistieron bajo protesta pues consideraban que había que seguir las indicaciones de la Junta de
Sevilla. Por lo tanto, calificaron de innecesaria la reunión convocada por el virrey.34 El
Ayuntamiento de México recibió el apoyo de los ayuntamientos de Xalapa y Veracruz, de
hacendados de esas regiones, así como de algunos gobernadores de las parcialidades de indios.
Primo de Verdad y Azcárate propusieron que, en ausencia del monarca, la soberanía de la colonia
debería quedar en manos del pueblo.n. 12 el cual estaría representado por los diversos
ayuntamientos, así como con los diputados de cabildos seculares y eclesiásticos. De esta forma la
soberanía estaría delegada en un congreso.n. 13
El Ayuntamiento de México apelaba a las Leyes de Partida para justificar la existencia de una junta
que ejerciera la soberanía en ausencia del rey.n. 14 Con algunas excepciones, como Primo de
Verdad o Talamantes, los integrantes del Ayuntamiento y sus simpatizantes eran más bien
conservadores. Al apoyar el establecimiento de la junta no pensaban en la representación popular,
sino en la instalación de un gobierno formado por autoridades reconocidas y representantes de los
cabildos municipales.35 La opción del Ayuntamiento no contemplaba la separación de España, sin
embargo, el bando opuesto entendió lo contrario. Para ellos, el establecimiento de la Junta de
México era una amenaza contra la permanencia del sistema colonial del que eran beneficiarios. El
reconocimiento de la Junta soberana implicaba la renuncia a la hegemonía económica y política de
los españoles peninsulares durante tres siglos. Los peninsulares fundaron sus ideas en las Leyes de
Indias aduciendo que era el virrey quien debía conservar la autoridad y sus acciones deberían ser
consultadas con el Acuerdo.34

La tesis de la soberanía de los pueblos anatematizada por el inquisidor Prado y Obejero con el
apoyo del oidor Guillermo Aguirre.n. 13 La discusión entre los bandos fue acalorada y no logró
conciliar posturas. Iturrigaray ironizó sobre la posibilidad de reconocer al duque de Berg, con la
negativa unánime de los presentes. Al apoyar la postura del Ayuntamiento, el virrey se distanció
de los partidarios de la Audiencia. Como conclusión de la reunión del 9 de agosto se acordó que las
autoridades establecidas en Nueva España seguirían vigentes, en tanto que el virreinato no
reconocería otras que no fueran las instituidas por Fernando VII o por "quienes tuviesen sus
poderes legítimos".36

El 13 de agosto de 1808 se realizó la jura a Fernando VII en un acto público. Para atraerse la
simpatía de los habitantes, Iturrigaray envió cartas a las juntas de Sevilla, Valencia y Zaragoza para
informar sobre las resoluciones acordadas en México.37 Los dictámenes de la junta del 9 de
agosto fueron rechazados por los intendentes Juan Antonio Riaño (Guanajuato) y Manuel de Flon
(Puebla), así como por la Audiencia de Guadalajara. Estos declararon nulas las decisiones tomadas
en México y se declararon adherentes a las juntas de España. Asimismo, el Ayuntamiento de
Querétaro —conformado en su mayoría por europeos— decidió retractarse del apoyo inicial
ofrecido.38 El día 27 de agosto, la Inquisición de México publicó un edicto, declarando "heréticas y
sediciosas" las proposiciones que atacaban a la autoridad divina de los reyes y que proponían la
"herejía de la soberanía del pueblo".39

Bando del 16 de septiembre de 1808, en el cual se anuncia a la población de Nueva España la


deposición del virrey Iturrigaray y el nombramiento de Pedro Garibay como sustituto.
El 31 de agosto se celebró una nueva reunión. Los miembros de la Audiencia aprovecharon para
secundar a los comisionados de la Junta de Sevilla que habían llegado a la capital novohispana. De
esta manera manifestaron su rechazo a la resolución del 9 de agosto y tacharon de inepto a
Iturrigaray. Respaldado por una carta de la Junta de Asturias, el virrey convocó una nueva reunión
para el 1° de septiembre, donde expuso que ninguna de las juntas formadas en España reconocía
la soberanía de las otras. Después de una votación, la Junta de México volvió a desconocer a la de
Sevilla.40 Iturrigaray notificó por carta a las juntas españolas la postura de los novohispanos, y
procedió a solicitar a los ayuntamientos del virreinato el envío de representantes a la capital. Para
apoyar a la metrópoli, el virrey ordenó embarcar catorce y medio millones de pesos del Tesoro, y
cien mil pesos adicionales para ayudar a la Junta de Sevilla.41

El 9 de septiembre se celebró una última junta general que solo sirvió para irritar los ánimos y
aumentar el antagonismo entre criollos y europeos. Durante los días siguientes corrieron la Nueva
España unos rumores difamatarios hacia la persona del virrey.n. 15 Los peninsulares, respaldados
por los comisionados de la Junta de Sevilla, decidieron deponer al virrey.

Encabezados por Gabriel de Yermo, los enemigos de Iturrigaray se sublevaron el 15 de septiembre


de 1808. El palacio virreinal fue asaltado por un contingente de trescientos hombres y al mismo
tiempo fueron aprehendidos Primo de Verdad, Cristo, Azcárate y el fraile Talamantes.42 El virrey y
su familia fueron conducidos a Cádiz para enfrentar un proceso judicial. Villaurrutia fue excluido
en su calidad de oidor. Pedro de Garibay fue nombrado virrey sustituto de Nueva España, cargo
que ocupó hasta mayo de 1809 siguiendo siempre la línea dictada por la Audiencia de México. El 4
de octubre de 1808, Primo de Verdad murió de forma extraña en la cárcel del Arzobispado.42 El 9
de mayo de 1809, Talamantes murió de fiebre amarilla en la cárcel de San Juan de Ulúa.43
Después de un breve tiempo en prisión, Antonio de Cristo fue destituido de la Auditoría de Guerra.
Azcárate fue encarcelado en el convento de Betlemitas, lugar en donde permaneció preso hasta
diciembre de 1811.44

La Real Audiencia de México informó a la Junta de Sevilla acerca de los acontecimientos,


argumentando que el "pueblo enardecido" había sido el responsable del derrocamiento del virrey.
El nuevo gobierno virreinal envió cartas a la Suprema Junta de Sevilla reconociendo su
soberanía.45 A diferencia de lo que sucedió en otros virreinatos, el golpe de Estado en Nueva
España impidió que se estableciera una junta local.46

La cuestión de la soberanía durante 1809

Véanse también: Junta Suprema Central y Conjura de Valladolid.


José Bonaparte fue designado monarca de España por su hermano, y en julio de 1808 llamó a los
virreinatos de América y a las capitanías generales de Cuba y Guatemala a enviar seis
representantes para trabajar en el Estatuto de Bayona. Los americanos declinaron la invitación.47
Luego de ser derrotados en Bailén los franceses se retiraron temporalmente de Madrid. Su
ausencia permitió que las múltiples juntas soberanas en la península acordaran formar la Junta
Suprema Central el 25 de septiembre en Aranjuez. Por cuestiones de seguridad, la Junta se
trasladó luego a Sevilla, Cádiz y a la isla de León. El apoyo económico brindado por Nueva España
fue empleado para reorganizar al ejército español en su lucha contra el Imperio napoleónico.48

La Junta Suprema Central emitió un decreto el 22 de enero de 1809 por el que reconoció a los
dominios americanos como parte integrante de la monarquía con derecho a representación en el
órgano. Para ello se pidió elegir un representante de cada virreinato y capitanía general.n. 16 La
elección se realizó por sorteo e involucraba a los ayuntamientos y al Real Acuerdo. En contraste,
cada provincia de la península tenía derecho a un diputado, de modo que hubo treinta y seis o
más vocales por España y solo nueve para toda América.49 Los americanos protestaron por la
representación desproporcionada. Los criollos novohispanos con ideas autonomistas perdieron la
esperanza de obtener resultados favorables para su causa en la metrópoli.50

En enero de 1809 apareció en varias ciudades importantes del virreinato una proclama que pedía
la instalación de un gobierno autónomo en Nueva España que defendiera a Fernando VII y la
religión. El autor del documento fue Julián de Castillejos, participante de las tertulias literarias con
el marqués de San Juan de Rayas. Cuando se les interrogó, negaron toda responsabilidad. Los
oficiales reales los dejaron ir, pero los mantuvieron bajo estrecha vigilancia.51

Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII, envió una carta a los novohispanos en
marzo de 1809. En ella proponía a su hijo Pedro I de Brasil como regente de Nueva España. El
virrey Garibay y los oidores de la Audiencia pensaron que se trataba de una argucia de Napoleón, y
evadieron la solicitud. En una comunicación posterior, Carlota de Borbón solo exhortaba a la
defensa de los dominios españoles y agradecía las acciones realizadas en septiembre de 1808 en la
capital virreinal. En los días sucesivos, Garibay ordenó aprehender a cualquier sospechoso de
sedición. Entre ellos se encontraron el fraile Sugasti, el platero José Luis Rodríguez Alconedo —
supuesto labrador de la corona de Iturrigaray— el escribano Peimbert, Antonio Calleja y el cura
Palacios. El 19 de julio de 1809 Francisco Javier de Lizana y Beaumont asumió el cargo de virrey
por nombramiento de la Junta de Sevilla, que sustituyó al anciano Pedro de Garibay.5253

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