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Foucault y los arquitectos.

Del panoptismo a las redes

Jean-Louis Violeau 1

La emergencia de una generación de arquitectos sobre las cenizas de la antigua Escuela de Bellas Artes coincide con el recurso, entre otros, al pensamiento de Michel Foucault que aporta entonces su caución a una serie de trabajos fundadores de una búsqueda arquitectónica naciente. Este movimiento se anuda en el corazón de un juego complejo: con el Estado y contra el Estado, pero todo contra el Estado. Contra el Estado, contra lo que él es como suma de limitantes, contras sus “feudalidades” como se decía en el 68; pero también con el Estado por el sesgo del financiamiento de la investigación contractual, y sobre todo con el Estado en el sentido en que esta crítica preside profundas reformas de estructura que van a jalonar los decenios por venir, que acompañan un vasto movimiento de liberalización y de descentralización. Del panoptismo a las redes: ¿cómo no estar tentado por hacer este paralelo entre, por una parte el paso de un Estado centralizado y planificador a un Estado descentralizado cuyos procedimientos se han liberalizado, y por otra parte, el paso de estructuras de vigilancia organizadas, materializadas en el espacio, colocadas bajo el signo del constreñimiento físico, a estructuras de vigilancia fluidas e insidiosas, las de las redes?

El espacio entre mecanismos disciplinarios y mecanismos reguladores

La geometría y los calificativos formales y estéticos puestos en escena por Foucault indican claramente el juego móvil que tiene lugar en el texto del filósofo de la arqueología del saber, entre un proceso de metaforización espacial y la construcción de un aparataje conceptual. El deslizamiento permanente del uno en el otro acompaña el desenvolvimiento de la trama discursiva. Y simétricamente, algunos años más tarde, en las Máquinas para curar, el hospital que cuadricula el espacio y se difunde en la ciudad, el hospital que evoca Bruno Fortier, organizado como un “tablero donde cada individuo, cada enfermedad puede ser aislada y seguida” 2 remite a la noción de espacio disciplinario “que se divide en tantas parcelas cuantos cuerpos o elementos haya para repartir3 . De una manera general es pues en torno a la articulación fundamental entre los mecanismos disciplinarios sobre el cuerpo y los mecanismo reguladores sobre la población donde se anuda el pensamiento de Foucault a mediados del decenio de 1970. El espacio y no la arquitecturay el territorio están en el corazón de esta articulación. Por ejemplo, en Es necesario defender la Sociedad (su curso del Colegio de Francia en 1976) para ilustrar esta articulación Foucault escoge la ciudad, más precisamente “ese disposición espacial reflexionado, concentrado, constituido por la ciudad-modelo, la ciudad artificial, esta ciudad utópica que no sólo fue soñada sino constituida en el siglo XIX.4 . Entre utopía y distopía pues, y a través del recorte y la visibilidad de los individuos, a través de la normalización de las conductas y esta “suerte de control policial espontáneo que se ejerce por la disposición espacial misma

1 Laboratorio ACS, EA París-Malaquais, UMR CNRS 7543

2 Bruno Fortier. “el Campo y la Fortaleza invertida”, in M. Foucault y otros. Les Machines à guerir, p.

45.

3 Michel Foucault. Vigilar y Castigar.pdf p. 88.

4 Michel Foucault. Es preciso defender la sociedad.pdf p. 202.

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de la ciudad”. Foucault le asigna a la ciudad obrera del siglo XIX esta articulación “de alguna manera en la perpendicular de los mecanismos disciplinarios de control sobre el cuerpo, por su cuadrícula, por el recorte mismo de la ciudad, por la localización de las familias (cada una en una casa) y de los individuos (cada uno en una pieza)”. Y frente a estos mecanismos disciplinarios, aparecen como en contrapunto toda una serie de mecanismos reguladores: las conductas de ahorro, los sistemas de seguridad enfermedad y vejez, las reglas de higiene que aseguran la longevidad de la población, las presiones sobre la sexualidad y la procreación, la escolaridad…

Todo contra el Estado

Si Foucault esboza así a grandes rasgos este fresco de la ciudad del siglo XIX, es también porque acaba de lanzar un programa de investigaciones, que cruza sus actividades militantes y que prolonga algunas intuiciones desarrolladas en su Historia de la locura y en el Nacimiento de la clínica (la mirada clínica echada sobre la ciudad), luego aclarada con Vigilar y Castigar. La posición que ocupa en el College de France y en el seno del mundo intelectual le permite impulsar y coordinar los trabajos de muchos jóvenes investigadores. Y para retomar los términos de Pierre Bourdieu, salvo que cedamos al fetichismo, a reproducir la palabra del maestro y a caer en un “foucaultismo no muy foucaultiano” 5 , hay que también comprender este trabajo sobre el espacio, tratar de comprender su campo de producción y de recepción. En los proyectos y los contratos que firman con el Estado los equipos de jóvenes investigadores que trabajan bajo la tutela de Foucault (en el Colegio de Francia o en el CERFI 6 ) se reencuentran en efecto muy pronto los términos de una curiosa ecuación que recorre numerosos universos culturales cuyos puntos de referencia se han hundido con los cuestionamientos posteriores a mayor del 68: el Estado está simplemente varado; descompuesto de ideas y de “innovación” (la palabra clave de la época). Entonces tiene que recurrir a la “contestación” en el sentido amplio que ella da todos los signos del dinamismo intelectual del que tanto carece. No es pues un azar si, en el contrato de investigación sobre “la Historia de la aparición de la noción de hábitat en el pensamiento y la práctica arquitectónica en los siglos XVIII y XIX”, firmado en septiembre de 1975 con la Dirección de la Arquitectura y el CORDA 7 , se precisa que una de las misiones consistirá en “tratar de obtener del estudio de esas prácticas administrativas, las líneas de fuerza de una estrategia global donde la noción de hábitat social tome poco a poco su sentido y su especificidad”, y extraer de allí lecciones “para el análisis de las prácticas administrativas actuales concernientes al hábitat social en Francia”. Lo que se busca entonces cuestionar son precisamente “las modalidades de racionalización de la producción de hábitat, de su control y de su normalización” 8 tal y como ellas han sido

5 Pierre Bourdieu. “¿Qué es hacer hablar a un autor? A propósito de Michel Foucault” (1995). Sociétés & Représentations, nº 3, CREDHESS, nov. 1996, p. 13.

6 Si Foucault acompañó los comienzos de la investigación arquitectónica, y sobre todo de la investigación urbana francesa, el CERFI contó por así decirlo con él entre sus iniciadores, que participan desde sus comienzos, desde fines de los años 1960, en muchas misiones de programación. Posteriormente, François Fourquet, Lion Murard & Patrick Zylberman, pero también Anne Querrien e Isaac Joseph prolongaron este trabajo en la exacta confluencia, sobre todo para los primeros, de los aportes de Foucault y de Deleuze-Guattari.

7 Comité para la Investigación y Desarrollo en Arquitectura, representado aquí por un diplomado de la Escuela Nacional de Administración, que simbólicamente estaba “encargado de la investigación y de la innovación en arquitectura”.

8 Contrato de investigación, Centro Michel Foucault / IMEC, Archivos Foucault, FCL02.A04-02.

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progresivamente definidas a partir de la intervención creciente de la administración en la organización urbana a partir de 1830, y en el curso del siglo XIX, en primer lugar bajo la égida de la relación hábitat-salubridad, y de la elaboración progresiva de las normas de salud. Cada vez el Estado hace encargos. Así como contrata a los “vecinos” del CERFI 9 . ¿Quién recupera a quién? En el fondo esta es la gran pregunta después de mayo del 68, y ella atraviesa por supuesto el universo de la fabricación de las ciudades, en la que finalmente el CERFI sólo intervendría en tanto que oficina de estudios, ciertamente un poco más “moderno”, más “conectado”, pero … oficina de estudios al fin y al cabo 10 . Esta cuestión frecuenta claramente los números de Recherches, como ese número 13 titulado “los Equipamientos del poder” que se dedica a la historia de las ciudades, de los territorios y de los “equipamientos colectivos” 11 . Un número en el que en su presentación, interrogándose sobre sus “condiciones libidinales” de su producción colectiva, François Fourquet y Lion Murard se preguntan si ¿no habría “una inverosímil contradicción al pretender, por un lado, experimentar una nueva manera de tratar los problemas de trabajo, de dinero, de poder y de sexo en el seno de un grupo más o menos ‘militante’, y por el otro lado mantener a ese grupo por medio del dinero ganado ejecutando contratos de investigación por cuenta de un Estado cuyo poder afirmamos estar contestando”? 12 En hueco como lo escriben los dos investigadores-militantes– de esta “escandalosa hipocresía en la que se manejan ideas nuevas que se le venden al Estado”, se opera un profundo proceso de modernización del que fueron parte importante toda una generación de arquitectos.

Las ecuaciones del post-mayo

El pensamiento y las nociones desarrolladas por Michel Foucault seducen pues a toda una generación de arquitectos intelectuales que se ha constituido en torno al 68 y sus consecuencias, en torno al militantismo, a los movimientos específicos y a las luchas urbanas. De rebote, Foucault en los proyectos de investigación que dirige a mediados de los años 1970, a partir de su cátedra en el Colegio de Francia, exige explícitamente la presencia de arquitectos y en lo posible constructoresen el seno

9 Por lo demás se encuentra, en el contrato de investigación del CERFI que estaba bajo la responsabilidad científica de Michel Foucault, y que fue firmado en junio de 1973 con el Ministerio de Disposición del Territorio, del Equipamiento, del Alojamiento y del Turismo, esa preocupación del Estado que solicita a estos jóvenes investigadores que hagan el inventario de los proyectos de equipamientos colectivos “innovadores”. Cfr. Proyecto de investigación. Centro Michel Foucault / IMEC. Archivos Foucault, FCL2.A04-04. 10 Para proseguir este paralelo con el CERFI, un número de Recherches titulado “Arquitectura, programación y psiquiatría” (nº 6 junio de 1967) da cuenta de sus colaboraciones con los arquitectos. Algunos, como Americo Zublena (que acaba de comprar el hospital Georges Pompidou) o Jean-Claude Petirdemange, trabajan entonces regularmente con el CERFI. Aquí se trata de un proyecto de hospital psiquiátrico urbano de menos de 100 camas; se ha partido de la base de evitarle al Estado construir hospitales psiquiátricos inútiles dada la evolución del modo de encargarse de los enfermos; el equipo de CERFI preconiza una búsqueda colectiva sobre los programas de equipamiento y la inserción activa de arquitectos en los equipos de programación.

11 François Fourquet y Lion Murard. Les équipements du pouvoir. París: 10/18, 1976 (Recherches, nº 13, 1973). Ver igualmente el balance que establece François Fourquet sobre la experiencia del CERFI, en el momento de proceder a la titularización de los investigadores: “La acumulación del Poder, o el deseo de Estado”. Recherches, nº 46, 1982.

12 Los Equipamientos del poder, p. 18.

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de los equipos de jóvenes investigadores 13 . A contrario, en el mismo momento, el conduce con mucha soltura a los geógrafos de Herodoto que estaban seducidos por las metáforas espaciales que empleaba el filósofo. Si esos geógrafos de Vincennes buscaban renovar los marcos de pensamiento de una disciplina un tanto anticuada, Foucault critica sin embargo su oportunismo por lo menos al comienzo de la entrevista, y sobre todo les reprocha su alejamiento de las preocupaciones militantes de la época 14 . Hay que decir también que la arquitectura un poco a imagen de la Justicia que se acerca al filósofo por la misma época 15 ha sido muy sensible al basculamiento que se operó entonces en las referencias teóricas y culturales. Y muchos jóvenes arquitectos estaban completamente dispuestos a compartir esta concepción crítica de la arquitectura como normalización del espacio y del urbanismo como técnica del dominio del campo de batalla de la guerra social, y proyección de la división del trabajo sobre el territorio. Jacques Donzelot explica el éxito de Vigilar y Castigar entre los “trabajadores sociales” por la luz cruda que proyectó la obra sobre el descrédito mutuo al que había

13 Se encontrarán ahí Jean-Marie Alliaume (nacido en 1947), Blandine Barret-Kriegel (1943), Anne Thalamy (1948) y François Béguin (1949). Con Bruno Fortier, un arquitecto-investigador que trabaja entonces en el seno del Instituto del Entorno (IE), creado por Malraux al día siguiente del 68 sobre los restos del Bauhaus de Ulm, los cuatro forman el núcleo duro del equipo. Barret-Kriegel y Béguin ya habían participado en una investigación dirigida por Fortier sobre “el Espacio institucional de la arquitectura entre 1750 y 1850” que había sido financiada por el CORDA y sostenido por el IE. Los dos tenían, como Alliaume una maestría en historia de las ciencias y de las técnicas. Todos habían

asistido a Foucault en su preparación de Vigilar y Castigar, y trabajado en 1973-1074 en “la Arquitectura de vigilancia en el seno de los edificios públicos (hospitales y presiones) de 1750 a 1830” en el marco de la cátedra de Historia de los Sistemas de Pensamiento. Alliaume asistía regularmente a Foucault en sus pesquisas en el College de France, y Barret-Kriegel había colaborado en Yo, Pierre Riviére… (1973). Se asoció a esta investigación Bernard Mazerat, arquitecto DPLG. Igualmente se asociaron en torno a este “núcleo duro” en la investigación entablada en el mismo momento sobre el espacio parisino y los espacio verdes (“Influencia de las estrategias administrativas e higiénicas en la historia de los espacio verdes de París”), arquitectos DESA (Henri Bonnemazou (1938), entonces redactor de Crée) o DPLG (Alain-Olivier Demangeon (1943) que había participado, con Fortier, Gustave Massiah y C. Colin en la redacción de un Estado del alojamiento en Francia, en 1972), una socióloga (Catherine Gadjos (1944)) y un historiador de las ciencias (Philippe Riot (1949)). Fuente:

Michel Foucault / IMEC. Archivos Foucault. FCL2.A04-02 y A04-05.

14 Cfr. Michel Foucault. “Preguntas a Michel Foucault sobre la geografía” (Herodoto, nº 1, Enero- marzo de 1970). Microfísica del poder. Madrid: la Piqueta, 1979. pp. 111-125. < http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2014/12/doctrina39453.pdf >

15 Un paralelo perturbador podría en efecto ser establecido con el mundo de los arquitectos; si un Sindicato de la magistratura se crea en el seno de un universo en el que hasta entonces sólo las asociaciones o los amistodos eran tolerados, los arquitectos abandonan entonces sus antiguas estructuras de sociabilidad como el SADG (Sociedad de los Arquitectos Diplomados por el Gobierno)

y oponen a la Orden, la afiliación a un Sindicato de la arquitectura nacido en 1977 en el tropel del movimiento de “marzo 76”, y de los Talleres públicos. Si entonces nacen revistas mensuales como Justice, o revistas multi-profesionales de coloración “izquierdista y radical” como Actes (Cahier d’action juridique), así mismo entre los arquitectos, antiguas revistas como l’Architecture d’aujourd’hui o AMC, son reinventadas por herederos del 68 que modifican profundamente los centros

de interés y la tonalidad de sus periódicos. Si Maspero publica obras sobre los disfuncionamientos de

la Justicia, también publica en el surco de las luchas urbanas. Finalmente, si nuevas maneras de litigar,

especialmente por la búsqueda de una “politización”, se difunden en ese momento, se puede decir otro tnto de los contra-proyectos de los jóvenes arquitectos del decenio 1970. Sobre la Justicia y el post - mayo 68, ver Remi Lenoir, “Foucault y los medios judiciales en el momento de la redacción de Vigilar y Castigar”, in Sociétés & Représentations, nº 3, pp. 125-129. Ver igualmente, del mismo autor, Vigilar y Castigar en los medios judiciales” (Seminario “Leer las ciencias sociales” a propósito del III tomo de los Dichos y Escritos), in G. Mauger y L. Pinto (dir.), Lire les sciences sociales, vol. 3 (1994- 1996), París, 2000, pp. 147-163.

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llegado la represión y la prevención en esos comienzos de los años 1970 16 , y un poco de la misma manera, Vigilar y Castigar confirmó lo que algunos arquitectos, entre los más críticos, presentían ya; los que especialmente habían retomado desde 1966 el insulto “¡Arquitecto!!” tomándolo de Beckett; la ciudad estaba ya enferma, enferma de una arquitectura de vigilancia. La empresa del cuantitativo, la presión de las oficinas de estudios y las trabas que ponía la industrialización de la construcción, iban durante mucho tiempo a hacer de los arquitectos los mal-amados de la sociedad francesa, culpables como eran de haber olvidado que ellos tenían que ver era con el habitar, y no solamente alojar, hombres y no una población. Si el “efecto Foucault”, y en primer lugar Vigilar y Castigar, ese “libro-bomba” nacido de las luchas y destinado a retornar a ellas 17 , suscitó una cristalización de “odio de sí”, odio por su “cuerpo” <de arquitectos> y de lo que representaban socialmente. Había ocurrido entre algunos juristas y los “trabajadores sociales”, y no se estaba lejos de haber suscitado más o menos el mismo efecto entre algunos arquitectos, que confirmaban así las intuiciones de los antiguos contestatarios de la Escuela de Bellas Artes. Como si finalmente, algunos arquitectos sólo hubieran amado a Foucault durante el tiempo que no se amaron. El hecho es que a partir de 1974 como en numerosos universos culturales y artísticos marcados por los temas del militantismo izquierdistauna generación de arquitectos va a aprender a amarse otra vez. Y ese retorno a una nueva actividad profesional, digna de interés y de inversión, va a coincidir simbólicamente con el concurso que se propone a fines de 1974, luego de la destrucción de la prisión de la Petite Roquette. En efecto, es allí cuando emerge esa generación que presentó sus primero proyectos. En momentos en que se cristaliza en Francia el esbozo de una consciencia patrimonial, esta destrucción es vivida por lo demás en la ambigüedad por los que abandonan entonces el militantismo; esta prisión es claramente una encrucijada de memoria, y en primer lugar de la memoria del encierro; pero ella es ya considerada desde entonces como un edificio notable para toda una corriente que milita ya activamente por el reconocimiento del patrimonio del siglo precedente que comienza a sufrir destrucciones en cadena, y que no ha adquirido aún sus cartas de “nobleza patrimonial” 18 . Entre los autores de los proyectos remarcados se encuentra Roland Castro, Marina y Christian Devillers, Yves Lion, Edith Girard, Christian de Portzamparc (cuyo proyecto trae en germen la operación¡-manifiesto de las Formas Importantes y ese juego del lleno y el vacío que él prolongará hasta su teoría de la

16 Jacques Donzelot. “las Desgracias de la teoría. A propósito de Vigilar y Castigar”. Le Débat, nº 41 (“Michel Foucault”), sept.-nov. 1986, p. 57.

17 A propósito del GIP, ver Philippe Artiére. “la Sombra de los prisioneros en el techo. Las herencias del GIP”, in L’infrequentable Michel Foucault. Renouveaux de la pensée critique (Didier Eribon, dir.) Paris: EPEL, 2001, pp. 101-111. Sobre la relación entre Vigilar y Castigar y los trabajos anteriores, y sobre la brecha teórica así introducida en la doxa izquierdista, ver Gérard Mauger, “un Mercader de instrumentos políticos”, in Seminario “Leer las ciencias sociales” a propósito del IIº t, de D. & E., pp.

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18 En momentos en que acaba de tomar la dirección de la redacción de l’Architecture d’aujourd’hui, Bernard Huet deplora en el nº 72 (abril-mayo de 1974) que nos aprestemos a destruir el primer Panóptico francés. Una destrucción que sucede a la de les Halles, de Baltard, una destrucción “sin ruido, en la indiferencia casi general, de una de las más bellas creaciones arquitectónicas del siglo XIX”. Por lo demás él sugiere una reutilización del edificio preconizando para ello la demolición de los muros externos, “rejas y otros signos carcelarios”, y una nueva distribución interior. Una asociación de salvaguardia de la Petite Roquette se crea y encontramos allí a Michel Foucault, pero también a Roland Barthes, Mona Ozouf, Henri Lefebvre, Michel Leiris & Pierre Emmanuel, y a sus lados arquitectos (Georges Candilis, Paul Chemetov), historiadores-arquitectos (Anatole Kopp, Manfredo Tafuri) e historiadores del arte (André Chastel, Jean-Pierre Babelon, Bruno Foucart).

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“Edad III de la Ciudad” y su propuesta de 1996 para el plan de disposición del sector de Tolviac-Masséna en la ZAC Sena-Ribera-Izquierda, en París). Algunos meses más tarde, la séptima sesión del PAN distingue de nuevo a cuatro de estos arquitectos (Castro, Lion, M. Cevillers y Portzamparc). Bernard Huet es miembro del jurado de esta sesión. Sin duda que hubo, en la historia reciente de la arquitectura francesa, un antes y un después de la Roquette. Y esta emergencia en la escena pública hace pasar progresivamente a un segundo plano los operativos militantes que habían acompañado los comienzos de las nuevas escuelas de arquitectura, y en primer lugar los de la UP 6, el “Vincennes” de los arquitectos. Con el editorial del primer número de AMC l’Autre Journal d’architecture (febr. de 1975), el efímero suplemento de Architecture- Mouvement-Continuité que esta generación acaba precisamente de inventarse, pronto uno se da cuenta que lo que va a contar de acá en adelante son las apuestas ligadas a la construcción y al concurso, el nuevo modo establecido por el Estado. Si se escoge en efecto consagrar ese primer suplemento a la Roquette, fue ciertamente porque ella encarna “el símbolo de una centralidad, la de la justicia, que ha despachado hacia los extramuros, y ahora hacia las ciudades nuevas, su imagen más fuerte de segregación, los muros del encarcelamiento”; pero también porque ella ha estado ligada a un “concurso-chimbo”, “con invitación de cinco arquitectos 19 llamados de urgencia a borrar ese nuevo estatus del centro”. En suma, han cambiado los tiempos, y se trata mucho más de plantear en este número el asunto del procedimiento del concurso y de los envites urbanos, que de la prisión 20 . El número 2 (sept. de 1970) de Tout! que exhibía una leyenda diciendo “¡eso no ha cambiado tanto!!” bajo una foto del salón de clase de la prisión de la Roquette… ha quedado bien atrás. Como lo subraya entonces el equipo de Actuel, su primera aventura se clausura simbólicamente en 1975 en momentos en que “los arquitectos maoistas dibujan proyectos para reemplazar la prisión de la Roquette por fin arrasada” 21 .

El combate contra el movimiento moderno

Cuando a fines del decenio 1970, Bernard Huet y Christian Devillers trabajen en la Creusot, se precisará la apuesta formal (e ideológica frente al Movimiento moderno). Si se inspiran efectivamente en los trabajos de Foucault, van a ser entonces las cuestiones más específicamente arquitectónicas las que van a imponerse sobre el análisis del pensamiento racionalista que dictó la fabricación de dicha ciudad. Si los dos arquitectos buscan en efecto verificar allí la existencia de una especialidad específica de la sociedad industrial, ese trabajo se inscribe en el seno de un programa más vasto de investigaciones sobre “los Orígenes del espacio arquitectónico moderno” que moviliza a su equipo, el IERAU 22 , desde 1973-1974. En efecto, se lo

19 Kalisz-Salem-François (laureado), Sémichon-Hennig-Pétel-Poisson (2º premio), Auger-Grands Travaux de Marsella (3r. premio), M. y P. Novarina-J. J. Ory-Sandrier (4º premio), J. Belmont (5º premio).

20 Es un poco el mismo tipo de cuestiones que emergen con el concurso lanzado, en 1976, en Rochefort (ciudad de fundación que acoge uno de los hospitales marítimos militares que tanto le interesaban a Foucault porque ellos se instalaban en el cruce de los circuitos del Poder). El concurso se lanza en el marco del contrato “ciudad media” suscrito con el Estado (DAFU-DATAR), sobre el “retorno a la ciudad”, y tiene que ver más precisamente con la juntura entre los jardines de la Cordelería real de Vauban y la forma del edificio por reparar, dos territorios que tienen que ver con el antiguo Arsenal. Ver a este respecto Patrice Noviant, “Rochefort, una escalera”, AMC, nº 39, 1976, pp. 88-94, y “Rochefort”, AMC, nº 40, 1976, pp. 97-101.

21 L. Mercader, J.-F. bizot, M.-A. Burnier, P. Rambaud, J.-P. Lentin, Actuel vu par Actuel. Chronique d’un journal et de ses lecteurs. 1970-1975. París: Dire / Stock 2, 1977, p. 235.

22 Institut d’Études et de Recherches Architecturales, UP8-París X.

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hace en Le Creusot porque allí “no hay gran arquitectura y ninguno de los arquitectos que construyeron en esa ciudad figura en la actualidad en la historia de la Arquitectura” 23 . Entonces, será la máscara del eclecticismo arquitectónico la que se convertirá en una solución de compromiso que responde a las luchas por el sentido del espacio entre los habitantes y la “racionalidad productivista de los primeros planificadores del Creuzot”. Y este terreno permite experimentar la pertinencia del eclecticismo, que mientras tanto se ha vuelto una herramienta al servicio de las luchas urbanas y la proposición formal sobre la que se apoya este retorno a la práctica. La carátula de el otro AMC consagrado a la Roquette no deja ninguna duda a este respecto: un peristilo adornado con estatuas antiguas recubre en ella la silueta icónica de la prisión que desde entonces pasa a segundo plano. Si abusivamente luego se reunieron estas nociones (pastiche, eclecticismo, historicismo…) bajo la vaga etiqueta de “post-modernismo” (en la actualidad casi unánimemente rechazada por los arquitectos franceses), no se puede negar que esta fue al comienzo forjada por los arquitectos. Y si uno de los índices de la existencia y de la fuerza de atracciónde un campo social es la dificultad para un discurso de escapar a las alternativas obligadas que se desprenden de las taxonomías, grandes repartos y oposiciones que se imponen en un momento dado en su seno, entonces se deberá decir claramente que el mundo de los arquitectos se afirma como un actor completo del mundo de las ideas, en el recodo de los decenios 70-80, luego de una quincena de años de reflexión, de debates y de construcciones experimentales. Y es innegable que entre los arquitectos que leyeron y que se refirieron más o menos explícitamente a Foucault, o que han trabajado directamente con él, existía la idea subyacente de un combate frente a un Movimiento moderno descarriado, con una relación compleja y ambigua con Le Corbusier como telón de fondo. Mientras que hubiera podido haber tantas cosas que decir sobre Le Corbusier y su Modulor, extrañamente, en la entrevista que le concede a Paul Rabinow en 1982 (una de las escasísimas en las que Foucault realmente habló de los arquitectos), se encuentra como en los arquitectos esa fascinación ambigua por una figura “a la que se describe en la actualidad con una cierta crueldad que yo encuentro perfectamente inútilcomo una especie de cripto-estalinista”; “lleno de buenas intenciones, lo que hizo estaba de hecho destinado a producir efectos liberadores”… pero si numerosas de sus proposiciones, formales y teóricas terminaron soldándose en fracasos, es también porque “nunca le corresponde a la estructura de las cosas garantizar el ejercicio de la libertad” 24 . ¿En qué medida esta inflexión en las afirmaciones de Foucault recorta las sucesivas mutaciones de su obra general y de su pensamiento? Pues finalmente, este combate contra un Movimiento moderno descarriado, se lo reencuentra innegablemente en sus escritos del decenio precedente, esencialmente a través del proceso de la racionalización. En fin, un “proceso” muy ambiguo (ni pensamiento de la declinación o de la caída, ni pensamiento del progreso propiamente hablando); más bien como si lo dicho mismo, la idea de conducir bien una historia contingente de la razón y de sus bifurcaciones, con la voluntad de insertar una pregunta inquieta en este

23 Christian Devillers & Bernard Huet. Le Creusot. Naissance et développement d’une ville industrielle, 1782-1914. París: Champ Vallon, 1981, p. 11.

24 Michel Foucault. “Espacio, saber y poder” “Space, Knowledge and Power” (“Espace, savoir et pouvoir”; entrevista con P. Rabinow; trad. F. Durand-Bogaert), Skyline, marzo, 1982. pp. 16-20 [Michel Foucault. Dits et écrits. t. IV. París: Gallimard, 1994. pp. 270-285]. tr. por Luis Alfonso Paláu C. Medellín, octubre 16 de 2008 y colocada a continuación como anexo 13, infra p. 156.

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reino 25 . Una historia contingente en un momento en que como lo explica ante las objeciones de Maurice Agulhon luego de la mesa redonda sobre la Imposible prisión en 1978– el racionalismo tiene ante todo “bastante esfuerzo le está costando reponerse de los elogios que ha recibido de parte de los marxistas ortodoxos”. Pero si “el respeto del racionalismo como ideal nunca debe llegar a constituir un chantaje para impedir el análisis de las racionalidades realmente puestas en funcionamiento”, y si “la racionalidad de lo abominable” es un hecho establecido, no por ello “lo irracional adquiere unos derechos imprescriptibles” 26 . Este combate contra las diferentes técnicas de aislamiento y de separación, y más precisamente contra un Movimiento moderno descarriado, se la reencuentra en el trabajo de doctorado de Robin Evans, entonces docente de la AA School de Londres, sobre las “arquitecturas de vigilancia” (1976) en las prisiones inglesas entre Newgate y Pentonville, y se lo reencuentra por supuesto en el trabajo realizado en común con Bruno Fortier. En las Máquinas de curar, se lee en efecto en el texto de apertura de Michel Foucault cómo entra el aire y la luz en el hospital, de repente expulsado del corazón de la ciudad a nombre de una política que se nombrará comúnmente de zoning en el siglo XX, y que es descrita acá bajo los rasgos de una “medicina del espacio urbano”. Y en el texto de Fortier se reencuentra la constatación de una ruptura con la convención pieza presentada habitualmente en la época del dossier de acusación del Movimiento moderno, iniciada con los nuevos edificios públicos de fines del siglo XVIII: “dilatación sistemática de los espacios y de los elementos de proyecto (con los dibujos de Boullée, de Combes, o de Paris), trastrueque de las convenciones tipológicas (a partir de la recopilación de Neufforgue, y por supuesto en Ledoux)” 27 . Aparece desde entonces una nueva lógica de proyecto: “en lugar de los carné de viaje, de la historia y de sus modelo, serán los cuestionarios, las tablas de población y las tasas de mortalidad las que servirán de referentes para la concepción de los nuevos hospitales” y “mucho más que su inserción en la ciudad”, será “la medida de su incidencia en la salud y la vida” la que contará. Y hay más, y muy claramente: “en una historia de la modernidad, el asunto del Hôtel Dieu podría muy bien ser uno de los momentos en los que los proyectos de arquitectura no solamente han sido concebidos en una simple relación con la historia, sino en función de un doble imperativo de racionalización técnica y de eficacia disciplinaria, de economía y de poder” 28

La perspectiva del desclasamiento

Estas constataciones de negación de la Historia y de la primacía del factor

25 Ver a este respecto la entrevista con Gérard Raulet (“Estructuralismo y postestructuralismo” in Obras esenciales III: Estética, Ética y Hermenéutica.pdf pp. 307-334) en donde Foucault reconoce la proximidad de algunos aspectos de su trabajo con el de la Escuela de Francfort, reconociendo incluso en esta ocasión que si hubiera podido leer sus teóricos mucho antes, “a tiempo” (p. 315), seguramente que se habría ahorrado mucho trabajo.

26 Michel Foucault. “Postfacio” (respuesta al post-facio de Maurice Agulhon), in Michel Foucault. la Imposible prisión. El polvo y la nube.pdf Barcelona: Anagrama, pp. 89 y 90. Ver igualmente a este respecto la entrevista, quince años después, de Maurice Agulhon con Remi Lenoir (“la Imposible comprensión”, Société et Représentations, nº 3, pp. 133-143) en la que el historiador sigue criticando un cierto maniqueísmo de Foucault, y su propensión según él a generalizar abusivamente algunos análisis que, por lo demás, “serían más percutientes para el siglo XX que para el XIX” (p. 137).

27 Bruno Fortier, “le Camp et la Forteresse inversée”, p. 48. 28 Ibid., p. 46.

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cuantitativo sobre el cualitativo (en el fondo es el gran asunto posterior al 68) coinciden con la crisis; crisis económica, pero también crisis en el sentido amplio. Entre los arquitectos, estas constataciones invitan a un “retorno a” la Ciudad y a la Historia. Y hay mucho más; a la hora en que el cuerpo de arquitectos está enfermo y es claramente por esta razón que lo cuestionan tanto, en el momento en que sus atributos vienen a ser profundamente cuestionados, tanto sus formas de existencia social como el conjunto de textos, de reglamentos y de instancias que hasta aquí regulan su vida; la emergencia en ese finales del siglo XVIII de la figura del “experto” que se vuelve entonces el médico, resuena cruelmente, bajo el prisma de un efecto-espejo, a los ojos de esta generación de arquitectos. Las propuestas de los Ledoux, Peyre, Dewailly serán sucesivamente descartadas; los arquitectos “se niegan a plegar sus proyectos a esos nuevos datos formales, e incapaces sobre todo de imaginar la unidad de un espacio de ese tipo”. Los proyectos no serán aceptados por

la Academia de Ciencias sino al precio de un empobrecimiento evidente (“ninguna

referencia a lo urbano, ninguna articulación al espacio existente; el lenguaje de los

proyectos científicos es abstracto, esquemático, anónimo” 29 ), con una cuadrícula que recuerda el del campo militar. Signo de un largo desclasamiento progresivo, comenzado a fines del siglo XVIII, ya no es sobre la Academia de bellas artes en la que se apoya el Estado para validar sus escogencias y el empleo de los fondos públicos, sino sobre la Academia de ciencias. Este reemplazamiento está incluso muy claramente descrito en el texto de apertura que escribe Michel Foucault cuando evoca

a ese médico “gran consejero” y “gran experto” que se apoya en las “diferentes

instancias de poder”, la constitución de ese “cuerpo profesional de médicos calificados y como recomendados por el Estado”. Si Ledoux, en su utopía, rechazaba también él la ciudad y las múltiples huellas con las que la historia la ha marcado, no por ello la reducía a sus componentes económicos, sino que la subordinaba a la utopía de una sociedad global cuyo regente iba a seguir siendo el arquitecto. Con la “medicalización” del hospital, pero también con esa ruptura con la tradición monumental, por la ornamentación pero también por la armonización de las partes 30 , y a través de la alianza entre higienistas y arquitectos (los segundos sometiéndose voluntariamente a los primeros), se confirma pues una pérdida de competencia (y habrá otras hasta la que se juega ne la hora actual en torno a la programación). Y tras esta figura del médico-experto que enfrenta el espacio urbano como un objeto por medicalizar, se presenta la amenaza que hace entonces pesar a comienzos del decenio 1970la experticia de los ingenieros sobre el trabajo de los arquitectos reducidos a “tirar líneas”. Pues finalmente, hay que comprender bien que si este encuentro con los pensadores de su tiempo ha tenido lugar, es claramente porque una generación de arquitectos había decidido romper con sus formación de origen y dejar caer la “máscara del poeta” que prevalecía hasta entonces. No era gratuitamente que en 1975, en la Política del Espacio parisino a fines del Antiguo régimen (CORDA), Fortier observaba que el arquitecto había sido progresivamente conducido a desinteresarse, en el plano teórico, de los problemas de la ciudad y de los grandes proyectos de disposición del territorio de los que fue excluido, para asumir la condición del artista (y llevar por dos siglos la máscara de poeta). Era cuestión pues, por medio de esta inversión entre artista e intelectual, de

29 Ibid., p. 48.

30 Esta ruptura con la convenientia (para retomar uno de los términos que emplea Michel Foucault para evocar el paso del Renacimiento <en el original se dice equivocadamente “de l’Âge classique à”> al de la representación), cfr. Michel Foucault. las Palabras y las Cosas. cap. II: “la Prosa del mundo”, pp.

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redefinir la profesión reevaluándola, de permanecer en la carrera pero recuperando el retraso sufrido durante el sueño de la Escuela de Bellas Artes, y de reafirmar las propiedades distintivas del arquitecto. Y fue claramente en torno a esta idea que se anudó el encuentro con Foucault. Por lo demás, en la entrevista con Rabinow (1982), aquel le reconoce fácilmente que son “los tratados consagrados a las técnicas de gobierno” 31 y no los tratados de arquitecturalos que le han permitido comprender la mutación urbana que se jugó en el siglo XVIII. El arquitecto ya no tiene ningún poder. Es más, cuando el Estado comience a pensar su territorio sobre el modelo de la ciudad, lo marginalizará aún más; con la creación de la Escuela de puentes y calzadas, los que pensaban el espacio ya no eran los arquitectos sino los ingenieros. En resumen, ellos no son ni los técnicos, ni los ingenieros de las tras grandes variables territorio, comunicación y velocidadde esta mutación espacial y si algunos han tomado consciencia de esta larga sucesión de pérdidas de competencia desde fines del decenio de 1960, es Foucault el que, en medio de otros, se las voltea ante su rostro algunos años más tarde echando así un luz cruda sobre su pasado.

El “postmodernismo” y el giro del decenio 1980

Y sin embargo, si los arquitectos se han inspirado entre otros de sus escritos y de su pensamiento para forjar las categorías formales y teóricas de un movimiento arquitectónico, Foucault como muchos otros, como tantos otrosnunca se reconoció explícitamente en las interpretaciones que le devolvían de retorno los arquitectos 32 . Si el ahora famosísimo texto de su conferencia “Sobre los otros espacios” acompañaba la presentación de la gran exposición-balance del IBA a Berlín en 1984 33 , no deja de ser cierto que el filósofo parecía haberse ya alejado. A este respecto, la entrevista con Paul Rabinow es muy clara. Se publicó en 1982 cuando se preparaban en Francia dos exposiciones-manifiesto, la de Paul Chemetov, la Modernidad un proyecto inacabado que se apoyaba especialmente en los escritos de Habermasy la de Jean Nouvel, la Modernidad o el espíritu del tiempo, que se apoyaba esta vez sobre Baudrillard y Virilio, y más marginalmente sobre Lyotard 34 . Y si estas dos exposiciones se mantienen simultáneamente es también porque se oponen, cada una a su manera, a Presencia de la historia, el post-modernismo que había abierto en 1980 la Bienal de Venecia, que por primera vez estuvo consagrada a la arquitectura. La línea de reparto entre estas tres exposiciones pasaba tanto por la pregunta sobre la Modernidad (¿aún inacabada? ¿o fracaso ya de la emancipación?) como por la relación con la Historia; la postmodernidad arquitectónica tal y como la presentaba Venecia subrayaba un regreso al eclecticismo y al historicismo, mientras que las otras dos exposiciones tenían en común el rechazo del historicismo y la voluntad de criticar el proyecto moderno, la una queriendo preparar su reconstrucción, mientras que la otra buscaba renovar su gesto.

31 Entrevista citada, infra apéndice 13, p. 155.

32 Ver a este respecto la contribución de Serge Toubiana que evoca la búsqueda de recursos teóricos que había emprendido les Cahiers du cinéma en 1974, luego de su “periodo-mao”, y la relativa decepción que resultó del “encuentro” con Foucault. Encuentro que fue finalmente mucho más fructífero (un poco por lo demás como con los arquitectos) con Deleuze.

33 La International Bauhausstellung fue una de las referencias más importantes, y finalmente el gran asunto internacional de dicha generación, haciendo que trabajaran en ella todas sus estrellas nacientes, de Aldo Rossi a Rob Krier, sobre la cuestión de la forma urbana, de la reconstrucción de una hipotética “ciudad europea”, permitiéndole a muchos poner en acción las reflexiones de una escuela que se llamó un tiempo en Francia arquitectura urbana.

34 La primera en el marco del Salón de Otoño (catálogo publicado en las ed. del Moniteur), la otra en el de la Bienal de París (catálogo publicado en ed. la Equerre).

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¿Se ha de ver entonces en la dificultad de hablar de otra cosa que de sí mismo la principal razón de la suma marginalización bastante rápida del “postmodernismo” en arquitectura, luego de sus bodas fastuosas de 1980? Como si Venecia hubiera anunciado el fracaso programado de esta corriente condenada a permanecer como un juego formal y una filología para iniciados, en resumen para arquitectos. No es anodino que las exposiciones de Chemetov y Nouvel se hayan inscrito en el corazón de una controversia intelectual más amplia, mientras que la Bienal de 1980 tuvo dificultades en encontrar sus referencias por fuera de los límites del mundo de los solos arquitectos. Y Foucault no sería uno de esos aliados con los que esa corriente hubiera podido contar 35 , puesto que él se inscribe resueltamente, desde el año siguiente, desde 1982, contra la idea del “retorno” y contra esa “peligrosa tendencia a invocar un pasado completamente mítico” 36 . Incluso si él se reconoce “mucho más historicista y nietzscheano” que Habermas, Foucault busca más bien protegerse del tema del retorno y del historicismo (o al menos el que se limita e invocar el pasado para resolver los problemas del presente), precisamente por la historia, subrayando que al hacer una historia de la locura y un estudio de la prisión, “sabía muy bien y

de hecho esto es lo que ha exasperado a mucha genteque conducía un análisis histórico que hacía posible una crítica del presente, pero que no permitía decir:

“Regresemos a esa maravillosa época del siglo XVIII, cuando los locos…” 37 . Y

cuando Foucault remarca para terminar que “un buen estudio de la arquitectura

campesina en Europa, por ejemplo, mostraría hasta qué punto es absurdo querer volver a las pequeñas casas individuales con sus techos de paja38 , rompe

definitivamente con toda una corriente que había pretendido “reconstruir la ciudad europea”, reencontrar las habilidades perdidas y la utilización del ladrillo (incluso allí donde nunca había existido), que llevan a algunos incluso, como Maurice Culot & León Krier a magnificar las corporaciones de la Edad Media. Después de todo, y a la vista de lo que Foucault dice de la razón, de la modernidad y del hisoricismo en 1982- 1983 39 , se estaría tentado a decir que es de Nouvel ¡del que está finalmente más cercano! Un Jean Nouvel que, dos años más tarde, en una larga entrevista que abre un número especial de la Arquitectura hoy que le estaba consagrado, se reclamaba de Michel Foucault, a veces al precio de préstamos “salvajes”. “Lo esencial que hay que decir, que hay que probar, se sitúa en las zonas de discontinuidad. Nuestro saber está a menudo mal conectado o inconectable. Las palabras ocultan las cosas. En arquitectura como en otras partes. Me esfuerzo por ser, en el sentido de Foucault, un arqueólogo de la arquitectura” (J. Nouvel. “Fragmentos en diferido”, entr. con Patrice Goulet, l’Architecture d’aujourd’hui, nº 231, febr. De 1984, p. 11).

35 Bernard Huet estaba expuesto en Venecia. Pero igualmente Christian de Portzamparc, Fernando Montes o Antoine Grumbach.

36 Michel Foucault, “Espacio, saber y poder”, infra p. 161. Con este rechazo, Foucault se resiste en esta entrevista a los esfuerzos de su interlocutor que busca sumarlo a esta tendencia.

37 Ibid., infra, p. 162.

38 Ibid., infra, p. 163. 39 Cuando Gérard Raulet lo interroga sobre la post-modernidad (“Estructuralismo y postestructuralismo” in Obras esenciales III: Estética, Ética y Hermenéutica.pdf pp. 307-334), luego de haber confesado irónicamente “no estar al tanto”, Foucault reconoce descubrir múltiples transformaciones de las formas de racionalidad, pero no ve por qué hacer coincidir esas transformaciones con un hundimiento de la razón: “se crean otras formas de racionalidad, se crean constantemente; por tanto, no encierra ningún sentido la proposición según la cual la razón es un largo relato que acaba ahora con otro relato que comienza” (p. 324). Ver igualmente a este respecto Michel Foucault, “Un curso inédito: ¿Qué es la Ilustración? de Kant", tr. Naranjo & Paláu, Rev. Sociología 8-

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Lo que hace que los acercamientos sean siempre inestables, las fronteras de los campos móviles, nunca ahí por donde se las espera, y las incomprensiones a veces definitivas.

Las heterotopías o las incomprensiones mutuas

Este recurso a Foucault, fundado o no, elaborado o no, en efecto no deja de sufrir incomprensiones mutuas, a veces bastante fuertes (como por lo demás fue a menudo el caso con otros medios). Por ejemplo aquella otra antología Il dispositivo Foucault (Massimo Cacciari, Franco Rella, Manfredo Tafuri, Georges Teyssot), producto de un seminario del Departamento de Historia de la Arquitectura de Venecia, y que apareció en 1977 (CLUVA Librería Editrice, Venecia), que pretendía fundar una nueva comprensión del espacio a partir de la crítica foucaultiana de los mecanismos de poder y de su especialización, y que le hizo decir al filósofo una vez leída la obra, que él se sentía en la piel de Althusser disecado por trotskistas 40 . Georges Teyssot –que recuerda actualmente haber sido el único realmente “favorable” a Foucault 41 ha regresado recientemente sobre las razones de ese conflicto de interpretación. Tafuri había transformado las heterotopías en contra-utopías, atrayéndolas como lector de Adorno hacia la utopía negativa que él aplicaba entonces a los trabajos de Piranèse, tipo ideal de la obra imposible y del destino trágico. Y luego, en hueco, se implantaba allí una divergencia política más profunda ligada a la relación con el Partido Comunista:

The title (Il dispositivo Foucault) was shrewd since Foucault had wanted to expose silent, non-discursive devices in modern society, such as the hospital, the prison, the asylum, the school, etc. My essay, “Heterotopias and the History of Spaces”, inscribed Foucault’s invention of the heterotopias within a problematics of space. The others traed to open Foucault’s device like a can, but I felt that they didn’t succeed. Being from the PCI, they feared Foucault and Deleuze for political reasons. There was something in the work of Foucault, and in his followers, including Bruno Fortier, Jacques Donzelot, Lion Murard, and Patrick Zylberman, that was totally foreign to what they were looping for, especially this undoing of the notion of ideology. Foucault was pushing the analysis toward a new comprehension of spaces, the exploration of the notion of tresholds, of the boundaries between gender, race, age, etc., that weren’t taken into considerations by Tafuri’s Group, of course. This became the doxa of the 1980s, but in the 1970s it was new (Georges Teyssot & Paul Henninger, “One Portrait of Tafuri”, in “Being Manfredo Tafuri”, Any, nº 25-26, New York, 2000, p. 13) 42 .

40 Cfr. D. Defert, “Foucault, l’espace et les architectes”, in Catherine David & Jean-François Chevrier, eds. Documenta X The Book: Politics, Poetics. Cantz Verlag, 1997, p. 280. Para un trabajo reciente de reinterpretación y de reapropiación que podría ser igualmente tema de controversia, ver la obra colectiva Roland Ritter & Bernd Knaller-Vay. Other Spaces, The Affair of the Heterotopia. HDA Dokumente sur Architektur 10, Graz, abril de 1998.

41 Ver la reedición inglesa de su texto que se había vuelto raro, in K. Michael Hays (ed.) Architecture / Theory since 1968, Cambridge Mass.: MIT Press, 1998, pp. 298-305. 42 El título (Il dispositivo Foucault) fue astuto desde que Foucault quiso exponer dispositivos silenciosos y no discursivos de la sociedad moderna, como el hospital, la prisión, el asilo, la escuela, etc. Mi ensayo, "Heterotopias e historia de los espacios" , inscribió la invención de las heterotopías de Foucault dentro de una problemática del espacio. Los otros trataron de abrir el dispositivo de Foucault como una lata, pero sentí que no tuvieron éxito. Siendo del PCI, temían a Foucault y Deleuze por razones políticas. Hubo algo en la obra de Foucault, y en sus seguidores, incluidos Bruno Fortier, Jacques Donzelot, Lion Murard y Patrick Zylberman, que era totalmente ajeno a lo que buscaban, especialmente esta anulación de la noción de ideología. Foucault empujaba el análisis hasta una nueva comprensión de los espacios, la exploración de la noción de umbrales, de los límites entre género, raza,

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Más allá de esta incomprensión mutua, uno de los grandes malentendidos consistió en general para los arquitectos, en querer hacer de una genealogía un instrumento operativo en el trabajo de proyecto. Mientras que Foucault parte del sujetamiento y del control de los cuerpos ejercido por la mecánica –la “maquínica”– del poder, la de las limitaciones ejercidas, por ejemplo, por los aparatos reglamentarios y los códigos judiciales, los arquitectos parecen, a contrapelo, persistir en trabajar sobre los constreñimientos espaciales y buscar inscribirlos físicamente, fieles en esto a su vocación. Es por ejemplo lo que se puede ver muy claramente a través de algunos proyectos (los de Antoine Grumbach, con su colinita romántica y su kiosco de música inspirado en los de Buttes-Chaumont; o los de Roland Castro) presentados en 1975 en L’Architecture d’aujoud’hui y en AMC para el concurso de reorganización de la Plaza de armas de la Roche-sur-Yon, la antigua Napoléon- Vendée, otro momento importante (con la Roquette o Rochefort) en la eclosión de esta generación. Y esto, a pesar de las múltiples advertencias de Foucault que repetía que no existía arquitectura “liberadora” por sí misma, que el poder no era una sustancia aislable y que sólo puede ser pensado relacionalmente. De hecho, tenemos que terminar confesando que Foucault muy rara vez habló de arquitectura en sentido propio. Por ejemplo nunca escribió sobre un arquitecto en particular, como ha podido trabajar o escribir sobre Manet, Magritte o Velázquez, o sobre Rymond Roussel, Robbe-Grillet o los escritores de Tel Quel. En la relación que mantuvo Foucault con la arquitectura, no hubo “política del corpus”, como si pudo haber una a propósito de la literatura con Sade, Artaud, Blanchot, Bataille, Roussel. Por lo demás, como lo ha dicho él mismo, no eran los muros los que le interesaban, sino sus condiciones de emergencia en tanto que formas. Y los arquitectos frecuentemente le han hecho decir a Foucault muchas más cosas de las que él nunca dijo sobre la arquitectura. En primer lugar, algunos teóricos del mundo de la arquitectura que, como muchos otros campos del saber y de las artes, marcados por el estructuralismo, pero decepcionados y huérfanos luego del abandono de un proyecto epistemológico, han buscado en las Palabras y las Cosas y la Arqueología del saber lo que él hubiera dicho si hubiera verdaderamente hablado de arquitectura. Es por ejemplo el proyecto de Françoise Choay que busca, en la Regla y el Modelo, aislar y comprender a través de el De re aedificatoria y la Utopia, tomadas las dos como paradigmas inaugurales, el uno del tratado de arquitectura, el otro de la utopía, y reunidos los dos bajo una “arqueología de la teoría de la edificación”, “figuras discursivas cuyo valor semántico reside precisamente en su resistencia a la acción del tiempo43 . Es también el proyecto de arquitecturología de Philippe Boudon que se inspira mucho en una lectura de las Palabras y las Cosas. Una lectura que valoriza excesivamente la idea del “sistema”, por su “rigor” y su completitud. Una lectura en la que muy rápido todo ocurre como si arquitectura y estructura fueran idénticas, izquierdizando la epistemología de Foucault para privilegiar la “forma” de la teoría como criterio de teoría en detrimento de su contenido. En resumen, un bello objeto

edad, etc., que por supuesto no fueron tomados en consideración por el Grupo de Tafuri. Esto se convirtió en la doxa de la década de 1980, pero en la década de 1970 era algo nuevo (Georges Teyssot & Paul Henninger, "One Portrait of Tafuri", en "Being Manfredo Tafuri", Any, nº 25-26, Nueva York, 2000, p. 13). 43 Cfr. Françoise Choay. La Régle et le modèle. Sur la théorie de l’architecture et de l’urbanisme. París: Seuil, 1980, pp. 21-22. Su proyecto se inscribe por lo demás muy claramente en una perspectiva foucaultiana: “cavando bajo los estratos de las palabras y de los tiempos, he querido sacar a flote las grandes formas discursivas que defienden los unos y los otros y que (…) aportan materia a una reflexión sobre la identidad cultural de Occidente, y pueden contribuir a la constitución de una antropología general” (p. 22).

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flotante que Christian Girard, en su trabajo sobre la Arquitectura y los conceptos nómadas, resume en un quiasma: “la arquitectura del saber” del lado de Foucault, y “el saber de la arquitectura” del otro lado, al precio de una fascinación que parece ejercer el espacio (como proceso de escritura y de pensamiento, y al mismo tiempo objeto de análisis) sobre el filósofo y que tendría por pareja la ejercida por el pensamiento del sistema en el arquitecto 44 . Dicho esto, “la obsesión espacial” que le confesaba a los geógrafos de Herodoto es cuando menos engañosa; a fuerza de metáforas espaciales Foucault logrará con ello casi efectivamente abrazar las motivaciones del arquitecto. En todo caso lo sugiere, y sus escritos sobre el panóptico podrían ilustrar la intensidad de ese deseo de espacialización. Y lo mismo, si él no busca producir una teoría general del espacio (la fortuna del término dispositivo es engañosa a este respecto), al estar las metáforas simplemente ligadas según él, al contenido de los escritos que había estudiado. En la entrevista con Paul Rabinow, Foucault concede que apenas si ha propuesto muy vagos análisis de la arquitectura, rehusándose a concederle un rol que vaya más allá del soporte de la localización de los individuos en el espacio y de la canalización de sus flujos 45 . Si introduce un cierto número de efectos específicos, ella se inscribe ante todo en un campo de relaciones sociales. Sin duda no es un azar si Vigilar y Castigar nunca llevó el título que le estaba inicialmente destinado (“la Arquitectura de vigilancia”), y es verdad que la obra se dedica a las prácticas de aprisionamiento mucho más que a los espacios propiamente dichos. El panóptico de Bentham no le interesa verdaderamente por su arquitectura sino más bien como una figura que daría cuenta de una técnica de poder. Y de alguna manera la figura ideal de encierro de los individuos en instituciones, el huevo de Colón en el orden de la política; sabiendo que el sueño de Bentham, el “Fourier de una sociedad policial” para Foucault, “es el sueño paranoico de nuestra sociedad, la verdad paranoica de nuestra sociedad” 46 , el sueño de un Poder que ya no se identificaría con un individuo sino que se volvería una maquinaria de la que ya nadie es titular. No hay que olvidar tampoco que antes de ser el padre del panóptico, Bentham es el del utilitarismo; lo que él busca no es una “arquitectura” propiamente hablando, sino más bien un instrumento espacial, “una simple idea de arquitectura” 47 como lo dice él mismo, sin contenido ni destinación particular. Y el panóptico se vuelve esa forma vacía, pero dotada de una potencia excepcional; una forma espacial que designa una ausencia y un proyecto abstracto caracterizado por su capacidad para obtener el poder, un poder del espíritu sobre el espíritu. Las metáforas espaciales –por ejemplo la “geo-política” imaginaria de la ciudad carcelariano le interesan a Foucault sino en la medida en que permiten captar precisamente los puntos por los cuales los discursos se transforman en, a través y a partir de las relaciones de poder. La descripción espacializadora de los hechos de discurso se abre ante todo al análisis de los efectos de poder que le están ligados. Si la arquitectura le interesa simplemente como una malla de las tecnologías y estrategias de disciplina, así mismo el espacio le interesa esencialmente en su relación con la disciplina, a través de la individualización, a imagen de los espacios de vida

44 Christian Girard. Architecture et Concepts nomades. Traité d’indiscipline. BruselasLieja:

Mardaga, 1986, pp. 71-72.

45 Especialmente cuando describe la arquitectura bajo los rasgos de una technê (entrevista con P. Rabinow). 46 Michel Foucault. “Diálogo sobre el poder” (Los Ángeles, 1978) <anexo 14, aquí infra. Paláu>

47 Cfr. Jeremie Bentham. Panóptico. Memoria sobre un nuevo principio para construir casas de inspecciones, y nominalmente casas de fuerza. París: Rey & Gravier, 1791.

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creados para las piezas de enfermos donde la distribución solo se encara bajo la perspectiva de sus consecuencias terapéuticas. La arquitectura hospitalaria sólo le interesa porque ella se “medicaliza” a fines del siglo XVIII y se vuelve entonces un instrumentos de cura y un medio de intervención sobre el enfermo (y de hecho, el hospital sólo le interesa a fin de cuentas porque el arquitecto se borra de su concepción). O también: por supuesto que el espacio le interesa, pero con respecto a las cuestiones de localización, con un interés marcado por el mapa, el doblamiento y el territorio. A través por ejemplo de lo que se volverá para él la cuestión de la “gubernamentalidad”, descubierta en el siglo XVIII, en momentos en que el territorio (de tipo fronterizo y ya no feudal) no hace sino volverse una componente de un Estado que se define ante todo por una masa… de población; reencuentra acá Foucault su cuestionamiento sobre el hospital a través del nacimiento de una “biopolítica” 48 (aquella, finalmente, de los primeros “barrios vulnerables”). Finalmente, con el espacio de los “campos” y de las fortalezas, y con el espacio de las ciudades, Foucault ha hablado mucho de la policía, de los militares y de los médicos como administradores del espacio colectivo, pero bien poquito de los arquitectos (precisamente porque ellos se borraban en ese momento).

Actualidad de Foucault

Hoy, el “giro urbano” se ha dado; un modo de composición urbano (la calle, las manzanas, el respeto de las continuidades) fue sustituido por otro (el espacio abierto, el estallidos de la armazón urbana, en suma: las torres y las barras), y el aporte de Foucault se modificó. Si se trata siempre de analizar un proceso de fabricación de la ciudad, si es aún de la ciudad sin arquitecto ni urbanista de lo que se trata hoy, no por ello podemos decir que sean los corazones históricos de las ciudades, ni las huellas de una sedimentación, lo que esté en el centro de los cuestionamientos actuales; sino más bien la ciudad ultra-contemporánea, la de los márgenes y la de los barbechos, la de las zonas comerciales y en pabellones, en suma: la ciudad que se difunde y se expone, la ciudad centrífuga. Esta por ejemplo que recorren a grandes zancadas los jóvenes italianos del grupo Stalker, buscando en esos “desvanes de la ciudad”, lugares de la memoria y del desperdicio, de los espacios que se han quedado al margen de los “programas” convencionales (todos los esquemas de dominación del territorio y de su devenir, del POT al “proyecto urbano”). Una ciudad “que nuestra civilización se habría construido espontáneamente para auto-representarse, independientemente de las teorías de los arquitectos y de los urbanistas, con espacios nacidos y desarrollados por fuera y quizás contra el proyecto moderno que se muestra

emplazamiento.

Difusión

dispersión

y

localización

extensión

48 Cfr. Michel Foucault, “la Gubernamentalidad” (Aut-Aut, 1978), Curso en el Colegio de Francia en 1978, Seguridad, territorio y población, 4ª lección. Entre los arquitectos, luego de las Máquinas de curar, Bruno Fortier trabajará, en la filiación de Foucault, sobre el mapa y el territorio, y sobre las ciudades de fundación como Chaux, Cherbourg Versoix o Le Creusot. Ver por ejemplo su artículo (con Bruno Vayssière), “la Arquitectura de las ciudades. Espacio, mapas y territorios”, publicado en URBI (nº III, marzo de 1980, pp. LIII-LXII), la efímera revista fundada en 1979 por Murard & Zylberman, en continuidad con las investigaciones que habían llevado a cabo en el CERFI. Ver igualmente la obra escrita con Alain Demangeon sobre esos “laboratorios” del urbanismo moderno que fueron, mucho antes de las transformaciones de mediados del siglo XIX, mucho antes de Haussmann y Cerdá, los puertos, las fundaciones industriales, y las ciudades administrativas, y los arsenales imaginados entre la Revolución y el Imperio sobre todo el litoral europeo, a la vez puertos y lugares de producción, ciudades militares y ciudades de Estado. Cfr. les Vaisseaux et les Villes. Bruselas-Lieja:

Mardaga, 1978.

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en efecto incapaz de reconocerle sus valores y por consiguiente de acceder a ellos” 49 . Y en Stalker como en otroses siempre Foucault el que por una parte ayuda a pensar esta disolución de la ciudad. Pero es más, siempre es aquella conferencia, Sobre otros espacios, pronunciada ante algunos arquitectos en 1967, la que alimenta la reflexión. Un poco como de la misma manera que “¿qué es un autor?” para la literatura (y el comienzo de las Palabras y las Cosas) focalizó la atención de la crítica literaria, olvidando la andadura de pensamiento de Michel Foucault 50 , y reduciendo para ello a este último a la idea de muerte del autor… así mismo los arquitectos se han focalizado frecuentemente en torno a “Sobre otros espacios” (y en el comienzo de las Palabras y las Cosas) olvidando el resto de la obra de Foucault y reduciéndola a las “heterotopías” 51 (a menudo confundidas con las distopías). De los “otros” espacios donde la diferencia está en función de la localización y de la distribución del poder, se tiene del todo al vano de una tensión terminológica entre difusión y dispersión, según que se los califique positiva o negativamente. Y efectivamente acá se trata con toda claridad de la propiedad de centralidad de un lugar que asigna un rango jerárquico a todos los otros; de un lugar que de hecho extiende su poder. Es este sistema relacional y esta primacía del lugar central la que pone en aprietos la dispersión espacial de la ciudad, reforzada aún en los espíritus por las metáforas contemporáneas de la tela y del sistema interconectado. Y es Foucault el que, reflexionando en esta evolución entre localización-extensión-emplazamiento, hace remontar esta transformación al Renacimiento, con la constitución de un espacio infinito e infinitamente abierto, donde se disuelve el lugar cerrado medieval:

el verdadero escándalo de la obra de Galileo no es tanto el haber descubierto, o más bien haber redescubierto que la Tierra giraba alrededor del Sol, sino el haber constituido un espacio infinito, e infinitamente abierto; de tal forma que el lugar de una cosa no era más que un punto en su movimiento, así como el reposo de una cosa no era más que su movimiento indefinidamente desacelerado. Dicho de otra manera, a partir de Galileo, a partir del siglo XVII, la extensión sustituye a la localización. En nuestros días, el emplazamiento sustituye a la extensión que por su cuenta ya había reemplazado a la localización. El emplazamiento se define por las relaciones de proximidad entre puntos o elementos; formalmente, se las puede describir como series, árboles, enrejados (…) Estamos en una época en que el espacio se nos da bajo la forma de relaciones de emplazamientos 52 .

49 Cfr. Stalker. A través de los territorios actuales, Roma 5, 6, 7 y 8 de octubre de 1995. Jean-Michel Place (ed.). París: s. e., 2000.

50 Ver a este respecto la comunicación de Nathalie Pigeay-Gros <aquí mismo supra, pp. 64 ss.> 51 Dicho esto, es necesario también reconocer que es quizás su carácter vago y móvil (ver las diferencias en la explicitación de la noción de “heterotopía” entre el “Prefacio” de las Palabras y las Cosas… y la conferencia de 1967, y las variaciones en las listas de ejemplos de esas heterotopías) que, por una parte, han confortado la posteridad contradictoria de ese texto entre los arquitectos, puesto que cada uno ha encontrado un poco lo que él mismo ha venido a buscar. Para una crítica de esta noción de “heterotopía”, y especialmente por su “olvido” de los espacios de la vida cotidiana explorados por Henri Lefebvre & Michel de Certeau, ver Mary Mc Leod, “ ‘Other’ Spaces and ‘Others’ ” in Diana Agrest, Patricia Conway, Leslie Kanes Weisman (eds.). The Sex of Architecture. New York: Harry N. Abrams, 1996, pp. 15-28.

52 Michel Foucault. “Des espaces autres” (conferencia en el Círculo de estudios arquitectónicos, 14/03/1967. Architecture-Mouvement-Continuité, nº 5, octubre de 1984, pp. 46-47) < http://yoochel.org/wp-content/uploads/2011/03/foucalt_de-los-espacios-otros.pdf pp. 1 & 2>. Extractos de esta conferencia fueron inicialmente publicados en la revista italiana L’Architettura (nº 150, 1968). A propósito del contexto de esta conferencia, y para un examen minucioso del destino de este texto en particular, ver Daniel Defert, op. cit., pp. 274 a 277. Cfr. también los comentarios de Vittorio Gregotti a propósito de esta conferencia: “Posizione, Relazione”, Questioni di architettura, Turín: Einaudi, 1986, pp. 141-142. La conferencia fue por lo demás nuevamente traducida al italiano

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Redes y flujos son los términos de la hermenéutica de un nuevo espacio, espacial y social, cuya apuesta ya no es el equilibrio sino la dinámica y la inestabilidad de la posición del hombre en el espacio. La red multi -nodal sustituye lo radio-concéntrico, como figura organizadora. Volviendo a colocar la disposición del espacio en el seno de una historia más vasta de las ideas, y de una cadena de evolución secular, Foucault recuerda en el momento en que introduce el pensamiento relacional y la interdependencia en el análisis de las obrasque el uso de estos términos no comienza con la cuestión urbana. Subrayando la relevancia del giro intelectual del siglo XVII, Koyré había remarcado ya por lo demás que el pensamiento científico moderno “implica –o presuponeno solamente la ruptura del marco finito del universo aristotélico, sino también la destrucción del cosmos, la infinitización del universo, la geometrización del espacio” 53 . Con el “pensamiento científico moderno”, con dispositivos como la red y nociones analíticas como el flujo, se rompe con las certidumbres escolásticas, con la unicidad de un mundo cuyas propiedades físicas eran como réplicas de las propiedades de un “poder celeste”. Un mundo donde todo se sostenía y por así decirlo caía junto, obligando a toda construcción y a toda configuración humana a seguir los mismos principios. Un mundo donde la similitud estructural de la obra arquitectónica y del territorio dispuesto con la construcción del cosmos, garantizaba la validez de la obra humana. Con la constitución de este espacio infinito, la difusión tradicional del poder divino, ese poder cuyo centro estaba por todas partes y cuya circunferencia en ninguna, se transforma en dispersión. Y es con esta mutación espacial por donde se converge hacia la cuestión contemporánea de las redes. Por supuesto, redes de la información y de la comunicación, pero también “redes” gráficas como otras tantas modelizaciones de fenómenos sociales, hasta la organización del espacio social y su articulación con el poder; el “fenómeno red” es a la vez un fenómeno morfológico profundo, y el rasgo distintivo de un sistema más vasto 54 . Por supuesto que se piensa desde entonces en los diagramas y en la reflexión sobre la densidad que es actualmente conducida en los Países Bajos por toda una generación de arquitectos que caminan tras las huellas de su hermano mayor Rem Koolhaas. Por lo demás se espera la publicación de Seguridad, territorio y población puesto que ese año de curso en el Colegio de Francia 55 permitiría probablemente aclarar con una luz diferente la atracción de esos jóvenes arquitectos por las

el mismo año abriendo un número especial de la revista milanesa Lotus International… con un editorial de Pîerluigi Nicolin sobre los “monumentos anónimos” que constituyen la ciudad. En 1984, la conferencia fue traducida al alemán con ocasión de la exposición “Idea, Process, Result” organizada por el IBA en Berlín. Finalmente, en 1986, la conferencia es traducida esta vez en los EE. UU. y publicada en la revista de la Universidad de Cornell, Diacritics (enero 16 de 1986).

53 Alexandre Koyré. “el Vacío y el Espacio Infinito en el siglo XIV”. Études d’histoire de la pensée philosophique. París: Gallimard, 1971 (1949), p. 38. 54 Sin duda es lo que querían confusamente significar los investigadores del CERFI cuando respondieron en 1971 a una convocatoria, con un texto sobre “la Ciudad-ordenador” que constituye el primer capítulo de los Equipamientos del poder, evocado al comienzo de este texto.

55 Un curso que, si nos atenemos al resumen publicado en el Anuario del College de France para el año 1977-1978, traza la génesis de un saber político que coloca en el centro de sus preocupaciones la noción de población y los mecanismos susceptibles de asegurar su regulación. Acompañando el tránsito de un Estado territorial y un Estado de población, la noción de gobierno de los hombres (con lo que ella sobreentiende en términos de policía Poliseiwissenschafty de tecnología diplomático- militar) y la posición central de la pareja población-riqueza, permitirían sin duda trazar de mejor manera la génesis de los diagramas que produce hoy toda una generación de arquitectos que ha hecho del shopping uno de los pivotes de su reflexión sobre los nuevos modos de fabricación y de gestión de lo urbano.

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megaestructuras, y una reflexión dominada por la racionalización de la ocupación del territorio. Una arquitectura en la que se encuentra en efecto mezclada la seducción de los suelos artificiales, el apilamiento, los ensamblajes “Lego” y la acumulación de contenedores, los volúmenes en vano, el añadido de diversas terrazas en fachada, la multiplicación de las “cabañitas”, los rascacielos inclinados… A propósito de esta tendencia general al apilamiento (el de las cajas o el de los espesores de las tabletas de piedra o de mármol para recubrimientos), si se quiere comprender estos proyectos como focos de su época, quizás habría además que pensar en cuestionar la relación de esta joven generación de arquitectos con las ciencias sociales. Decir especialmente cómo, tras los pasos de su maestro-de-pensamiento que es Rem Koolhaas 56 , ellos han podido ser marcados como una generación lo había sido antes de ellospor las ciencias sociales, pero esta vez por las de lo cuantitativo y de los grandes números, como la economía o la demografía (o también la geografía y el mapa, pero en sus declinaciones cuantitativas y no cualitativas). Un interés al respecto por las cuestiones relativas a las masas (entre otras de población) y a su gestión (teniendo por corolario la reflexión sobre la densidad), que hará que esos jóvenes arquitectos traduzcan luego formalmente este aporte por medio del apilamiento, por una arquitectura de flujo y por un trabajo en el espesor 57 .

56 La “ciudad genérica” de Koolhaas, el conceptuador de la exposición Mutations (Arc-en-Rêve, Burdeos, otoño de 2000), la ciudad encarada como un “terraplén habitado de la manera más eficaz por gentes y procesos”, es ciertamente un tema “foucaultiano”. Ocurre lo mismo con la reflexión sobre la densidad que conduce, a partir de FAR MAX, el grupo MVRDV formado por discípulos de Koolhaas. Fruto de reflexiones teóricas y de una enseñanza desarrollada por el grupo en Delft (University of Technology) entre 1994 y 1996, y publicada en 1998 en la ed. 010 Publishers, con el apoyo del NAI, el proceder de “Far Max” [F(loor) A(rea) R(atio) MAX(imum)] equivale, según sus autores, a comprimir vertical y horizontalmente una población dada para concederle más espacio y penetrar “the world of the extreme Floor Area Ratio”. 57 Retomaríamos gustosos aquí la idea de Deleuze que recurría “a las luchas de cada época, al estilo de ellas” para “comprender la sucesión de los diagramas, o su re-encadenamiento por encima de las continuidades”. Cfr. Gilles Deleuze. Foucault. p. 51.

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Anexo 13

Espacio, saber y poder

Space, Knowledge and Power” (“Espace, savoir et pouvoir”; entrevista con P. Rabinow; trad. F. Durand-Bogaert), Skyline, marzo, 1982. pp. 16-20 [Michel Foucault. Dits et écrits. t. IV. París: Gallimard, 1994. pp. 270-285].

En una entrevista que Ud. le concedió a los geógrafos para Herodoto 58 , Ud. dijo que la arquitectura se vuelve política a fines del siglo XVIII. No hay ninguna duda que política lo había sido antes de eso, por ejemplo bajo el Imperio romano. ¿Qué es lo que hace la particularidad del siglo XVIII?

Mi formulación era torpe. Por supuesto que no quise decir que la arquitectura no era política antes del siglo XVIII y que sólo lo llegó a ser a partir de esa época. Solamente quise decir que se ve, en el siglo XVIII, desarrollarse una reflexión sobre la arquitectura en tanto que función de los objetivos y de las técnicas de gobierno de las sociedades. Se ve aparecer una forma de literatura política que se interroga sobre lo que debe ser el orden de una sociedad, lo que debe ser una ciudad, dadas las exigencias del mantenimiento del orden; estando dado también que es necesario evitar las epidemias, evitar las revueltas, promover una vida familiar conveniente y conforme a la moral. En función de estos objetivos ¿cómo se debe concebir a la vez la organización de una ciudad y la construcción de una infraestructura colectiva? ¿Y cómo se debe construir las casas? No pretendo que este tipo de reflexión sólo aparece en el siglo XVIII; digo solamente que es en ese siglo cuando nace una reflexión profunda y general sobre estas preguntas. Si se consulta un reporte de policía de la época los tratados que están consagrados a las técnicas de gobiernose constata que la arquitectura y el urbanismo ocupan ahí un sitio muy importante. Esto fue lo que quise decir.

Entre los antiguos, en Roma o en Grecia, ¿cuál era la diferencia?

En lo que concierne a Roma, se ve que el problema gira en torno a Vitruvio 59 . A partir del siglo XVI, Vitruvio fue el objeto de una reinterpretación, pero se encuentra en ese siglo y seguramente también en la Edad Mediabuen número de consideraciones que se emparentan con las suyas, por mucho que se las considere como “reflexiones sobre”. Los tratados consagrados a la política, al arte de gobernar, a lo que es un buen gobierno, no comportaban en general capítulos o análisis que tuvieran que ver con la organización de las ciudades o sobre la arquitectura. La República de Jean Bodin 60 no contiene comentarios detallados del papel de la arquitectura; en desquite, se encuentra cantidad de esos comentarios en los tratados de policía del siglo XVIII.

¿Quiere Ud. decir que existían técnicas y prácticas, pero no discursos?

No he dicho que los discursos sobre la arquitectura no existieran antes del

siglo XVIII. Ni que los debates que tuvieron que ver con la arquitectura antes del siglo XVIII estuvieran desprovistos de dimensión o de significación política. Lo que quiero subrayar es que a partir del siglo XVIII todo tratado que enfrente la política como arte de gobernar los hombres comporta necesariamente uno o muchos capítulos sobre el urbanismo, los equipamientos colectivos, la higiene y la

arquitectura privada. Esos capítulos, se los encuentra en las obras consagradas al arte de gobernar que produce el siglo XVI. Ese cambio quizás no está en las

58 Michel Foucault. Estrategias de poder. Obras esenciales, Volumen II. Barcelona: Paidos,

1999. “Preguntas a Michel Foucault sobre la geografía”. pp. 313-326.

59

Polion Marco Lucio Vitruvio. Los diez libros de arquitectura. Madrid: Alianza, 1995.

60 Bodino. Los seis libros de la república. Barcelona: Orbis, 1985.

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reflexiones de los arquitectos sobre la arquitectura, pero es muy perceptible en las reflexiones de los hombres políticos.

¿Esto no corresponde pues necesariamente a un cambio en la teoría de la arquitectura misma?

No. No era obligatoriamente un cambio en el espíritu de los arquitectos, o

en sus técnicas aunque esto queda por probar, sino un cambio en el espíritu de los hombres políticos, en la escogencia y la forma de atención que le prestaban a

objetos que comienzan a concernirles. En el curso del siglo XVII y del XVIII, la arquitectura se vuelve uno de esos objetos.

¿Puede decirnos por qué?

Pienso que está ligado a un cierto número de fenómenos; por ejemplo, el

problema de la ciudad y de la idea, claramente formulada a comienzos del siglo XVII, de que el gobierno de un gran Estado como Francia debe, en último lugar, pensar su territorio sobre el modelo de la ciudad. Se deja de percibir la ciudad como un lugar privilegiado, como una excepción en un territorio constituido de campos, de florestas y de rutas. Las ciudades ya no son de ahí en adelante islas que escapan al derecho común. De ahora en adelante, las ciudades con los problemas que traen y las configuraciones particulares que tomansirven de modelos a una racionalidad gubernamental que va a aplicarse al conjunto del territorio. Hay toda una serie de utopías o de proyectos de gobierno del territorio que toman forma a partir de la idea de que el Estado es parecido a una gran ciudad; la capital está representada por la gran plaza, y los caminos son las calles. Un estado estará bien organizado a partir del momento en que un sistema de policía tan estricto y eficaz como el que se aplica a las ciudades se extienda a todo el territorio. En el origen, la noción de policía designaba únicamente un conjunto de reglamentaciones destinadas a asegurar la tranquilidad de una ciudad, pero en aquel momento, la policía se vuelve el tipo mismo de racionalidad para el gobierno de todo el territorio. El modelo de la ciudad se vuelve la matriz a partir de la que se producen los reglamentos que se aplican al conjunto del Estado. La noción de policía, incluso en la Francia actual, a menudo se la comprende mal. Cuando se le habla a un francés de la policía, sólo le evoca gente con uniforme o los servicios secretos. En los siglos XVII y XVIII, la “policía” designaba un programa de racionalidad gubernamental. Se lo puede definir como el proyecto de crear un sistema de la reglamentación de la conducta general de los individuos donde todo estaría controlado, al punto que las cosas se mantendrían por sí mismas, sin que sea necesaria ninguna otra intervención. Es la manera bastante típicamente francesa de concebir el ejercicio de la “policía”. En cuanto a los ingleses, no elaboran sistema comparable, y ello por ciertas razones: a causa, por una parte, de la tradición parlamentaria y, por otra, a causa de una tradición de autonomía local, comunal, para no mencionar el sistema religioso. Se puede situar a Napoleón casi exactamente en el punto de ruptura entre la vieja organización del Estado de policía del siglo XVIII (comprendido, naturalmente en el sentido que acá evocamos, y no en el sentido de Estado policivo tal como lo conocemos hoy) y las formas del Estado moderno, del que fue el inventor. Sea lo que sea, parece que en el curso de los siglos XVIII y XIX, la idea se abrió paso bastante rápidamente en lo que concierne al comercio y más lentamente en todos los otros dominiosde una policía que lograra penetrar, estimular, reglamentar y volver casi automáticos todos los mecanismos de la sociedad. Es una idea que desde entonces se abandonó. Se le dio vuelta a la cuestión. Ya no se pregunta cuál es la forma de racionalidad gubernamental que logrará penetrar el cuerpo político hasta en sus elementos más fundamentales. Sino más bien: ¿cómo es posible el gobierno? Es decir ¿qué principio de limitación se debe aplicar a las acciones gubernamentales para que las cosas tomen el carácter más

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favorable, para que sean conformes a la racionalidad del gobierno y no necesiten intervención? Es aquí donde interviene la cuestión del liberalismo. Me parece que se ha vuelto evidente, en este momento, que gobernar en demasía era no gobernar del todo, era inducir resultados contrarios a los deseados. Lo que se descubrió en la época y este fue uno de los grandes descubrimientos del pensamiento político de fines del siglo XVIIIfue la idea de sociedad. A saber: la idea que el gobierno debe no solamente administrar un territorio, un dominio y ocuparse de sus sujetos, sino también tratar con una realidad compleja e independiente, que posee sus propias leyes y mecanismos de reacción, sus reglamentaciones así como sus posibilidades de desorden. Esta realidad nueva es la sociedad. Desde el instante que se debe manipular una sociedad, no se la puede considerar como completamente penetrable por la policía. Se vuelve necesario reflexionar sobre ella, sobre sus características propias, sus constantes y sus variables.

Se opera pues un cambio en la importancia del espacio. En el siglo XVIII

hay un territorio, y el problema que se plantea es el de gobernar a los habitantes de ese territorio; se puede citar el ejemplo de La Metropolidad (1682) de Alexandre Le Maître tratado utópico sobre la manera de construir una capital, o bien se puede comprender la ciudad como una metáfora, o un símbolo, del territorio y de la manera de administrarlo. Todo esto es del orden del espacio, mientras que después de Napoleón la sociedad ya no está necesariamente tan espacializada…

Es verdad. Por un lado, no está tan espacializada, y por el otro, sin

embargo, se ve aparecer un cierto número de problemas que son propiamente del orden del espacio. Es espacio urbano posee sus propios peligros: la enfermedad (por ejemplo la epidemia de cólera que hizo estragos en Europa a partir de 1830 y hasta los alrededores de 1880); también la revolución (bajo la forma de las revueltas urbanas que agitan a toda Europa en la misma época). Estos problemas de espacio, que quizás no eran nuevos, toman de ahora en adelante una nueva importancia. Segundo, los ferrocarriles definen un nuevo aspecto de las relaciones del espacio y el poder. Les tocará establecer una red de comunicación que ya no corresponde necesariamente a la red tradicional de los caminos, sino que deben también tener en cuenta la naturaleza de la sociedad y de su historia. Además tenemos todos los fenómenos sociales que engendran los ferrocarriles, ya se trate de las resistencias que producen, de las transformaciones en la población o de los cambios en las actitudes de las gentes. Europa ha sido inmediatamente sensible a los cambios de actitud que los ferrocarriles arrastraban. ¿Qué iba a ocurrir, por ejemplo, si se volvía posible casarse entre Burdeos y Nantes? Qué cosa impensable anteriormente. ¿Qué ocurriría si los habitantes de Francia y de Alemania podían encontrarse y aprender a conocerse? ¿Sería posible todavía la guerra desde que hubiera ferrocarril? En Francia, una teoría toma forma, según la cual los ferrocarriles iban a favorecer la familiaridad entre los pueblos, y las nuevas formas de universalidad humana así producidas harían imposible la guerra. Pero lo que la gente no preveía aunque el comando militar alemán, mucho más sagaz que su homólogo francés, fue completamente consciente de elloera que, por el contrario, la invención del ferrocarril hacía mucho más fácil la guerra. La tercera innovación, que vino más tarde, fue la electricidad. Había pues problemas en las relaciones entre el ejercicio del poder político y

el espacio del territorio, o el espacio de las ciudades; relaciones enteramente nuevas.

Era mucho menos que antes una cuestión de arquitectura. describe son, de alguna suerte, técnicas de espacio…

Lo que Ud.

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De hecho, a partir del siglo XIX, los grandes problemas de espacio son de

una naturaleza diferente. Lo que no quiere decir que se olvide los problemas de orden arquitectónico. Y lo que concierne a los primeros problemas a los que he hecho referencia la enfermedad y los problemas políticos, la arquitectura tiene un papel muy importante que jugar. Las reflexiones sobre el urbanismo y sobre la concepción de los alojamientos obreros, todas esas cuestiones hacen parte de la reflexión sobre la arquitectura.

Pero la arquitectura ella misma, la Escuela de bellas artes, trata de problemas de espacio completamente diferentes.

Es verdad. Con el nacimiento de esas nuevas técnicas y de esos nuevos

procesos económicos, se ve aparecer una concepción del espacio que ya no se modela sobre la urbanización del territorio tal como lo encaraba el Estado de policía, sino que va mucho más allá de los límites del urbanismo y de la arquitectura.

Y por ello, la Escuela de puentes y calzadas…

Sí, la Escuela de puentes y calzadas, y el papel capital que jugó en la

racionalidad política de Francia hacen parte de esto. Los que pensaban el espacio no eran los arquitectos sino los ingenieros, los constructores de puentes, de caminos, de viaductos, de ferrocarriles, así como los politécnicos que los controlaban prácticamente en Francia.

Esta situación ¿es aún la misma en la actualidad, o bien se asiste a una transformación de las relaciones entre los técnicos del espacio?

Podemos seguramente constatar algunos cambios, pero pienso que

actualmente aún los principales técnicos del espacio son los encargados del

desarrollo del territorio, las gentes de Puentes y calzadas…

¿Los arquitectos no son pues ya necesariamente los dueños del espacio que eran antaño, o que creían ser?

No. No son ni los técnicos ni los ingenieros de las tres grandes variables:

territorio, comunicación y velocidad. Estas son cosas que escapan a su dominio.

Ciertos proyectos arquitectónicos, pasados o presentes, ¿le parecen representar fuerzas de liberación, o de resistencia?

— No creo que sea posible decir que una cosa es del orden de la “liberación”

y otra del orden de la “opresión”. Hay un cierto número de cosas que se pueden decir con certidumbre a propósito de un campo de concentración, en el sentido en que eso no es un instrumento de liberación, pero es necesario tener en cuenta el hecho en general ignoradode que, si se exceptúa la tortura y la ejecución que convierten a toda resistencia en imposible, cualquiera sea el terror que pueda inspirar un sistema dado, siempre existen posibilidades de resistencia, de desobediencia y de constitución de grupos de oposición. Por el contrario, no creo en la existencia de algo que sería funcionalmente por su verdadera naturalezaradicalmente liberador. La libertad es una práctica. De hecho, siempre puede pues existir un cierto número de proyectos que buscan modificar algunos constreñimientos, volverlos más flexibles, o incluso romperlos, pero ninguno de esos proyectos puede, simplemente por su naturaleza, garantizar que las gentes serán automáticamente libres; la libertad de los hombres nunca está asegurada por las instituciones y por las leyes que tienen por función garantizarla. Es la razón por la cual se puede, de hecho, voltear la mayor parte de esas leyes y de esas instituciones. No porque sean ambiguas, sino porque la “libertad” es lo que debe ejercerse.

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¿Hay aquí ejemplos urbanos de esto? ¿O ejemplos que muestren el éxito de los arquitectos?

Pues bien, hasta un cierto punto está Le Corbusier, que se lo describe hoy

con una cierta crueldad, que encuentro perfectamente inútilcomo una especie de cripto-estalinista. Estoy completamente seguro de que Le Corbusier estaba lleno de buenas intenciones, y lo que hizo estaba de hecho destinado a producir efectos liberadores. Es posible que los medios que proponía fuesen, a fin de cuentas, menos liberadores de lo que pensaba, pero, una vez más, pienso que no pertenece a la estructura de las cosas garantizar el ejercicio de la libertad. La garantía de la libertad es la libertad.

Ud. no considera pues a Le Corbusier como un ejemplo de éxito.

Ud.

solamente dice que su intención era liberadora. éxito?

No. Eso no puede lograrse. Si se encontrara un lugar y quizás exista

donde la libertad se ejerza efectivamente, se descubriría que ello no ocurre gracias a

la naturaleza de los objetos sino (lo digo una vez más) gracias a la práctica de la libertad. Lo que no quiere decir que después de todo se puede dejar también a la gente en cuchitriles, pensando que ellos allí no tienen mas que ejercer sus derechos.

¿Puede darnos un ejemplo de

¿Es decir que la arquitectura no puede, por si misma, resolver los problemas sociales?

Pienso que la arquitectura puede producir, y produce, efectos positivos

cuando las intenciones liberadoras del arquitecto coinciden con la práctica real de la

gente en el ejercicio de su libertad.

Pero ¿la misma arquitectura puede servir para objetivos diferentes?

Absolutamente. Permítame tomar otro ejemplo: el familisterio de Jean-

Baptiste Godin, en Guise (1859). La arquitectura de Godin estaba dirigida explícitamente hacia la libertad. Tenemos ahí algo que manifestaba la capacidad de trabajadores ordinarios para participar en el ejercicio de su profesión. Era a la vez un signo y un instrumento bastante importantes de autonomía para un grupo de trabajadores. Y, sin embargo, nadie podía entrar en el familisterio ni salir de él s in ser visto por todos los otros; es este un aspecto de la arquitectura que podía ser

absolutamente opresivo. Pero esto no podía ser opresivo mas que si la gente estaba presta a utilizar su presencia para vigilar la de los otros. Imaginemos que se instale allí una comunidad que se entregara a prácticas sexuales ilimitadas; se volvería un lugar de libertad. Pienso que es un poco arbitrario tratar de disociar la práctica efectiva de la libertad, la práctica de las relaciones sociales y las distribuciones espaciales. Desde el instante que se separa estas cosas, ellas se vuelven incomprensibles. Cada una sólo se puede comprender a través de la otra.

Pero no falta gente, sin embargo, que han querido inventar proyectos utópicos con el fin de liberar, o de oprimir, a los hombres.

Los hombres han soñado con máquinas liberadoras. Pero no existen por

definición máquinas de libertad. Lo que no quiere decir que el ejercicio de la libertad sea totalmente insensible a la distribución del espacio, pero eso no puede funcionar

sino allá donde hay una cierta convergencia; cuando hay divergencia o distorsión, el efecto producido es inmediatamente contrario al efecto buscado. Con sus propiedades panópticas, Guise bien hubiera podido ser utilizado como prisión. Nada era más simple. Es evidente que, de hecho, el familisterio ha podido bien servir de instrumento de disciplina y de grupo de presión bastante intolerable.

De nuevo pues, la intención del arquitecto no es el factor determinante más fundamental.

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Nada es fundamental. Lo que es interesante en el análisis de la sociedad.

Es la razón por la cual nada me irrita más que esas preguntas por definición metafísicassobre los fundamentos del poder en una sociedad, o sobre la auto-

institución de la sociedad. No hay fenómenos fundamentales. Sólo existen relaciones recíprocas, y desfases perpetuos entre ellas.

Ud. ha hecho de los médicos, de los guardianes de prisión, de los sacerdotes, de los jueces y de los psiquiatras, las figuras claves de las configuraciones políticas que implicaban la dominación. ¿Añadiría a los arquitectos a la lista?

Ud. sabe, no buscaba verdaderamente describir figuras de dominación cuando hablé de médicos y otros personajes del mismo tipo, sino más bien describir gente a través de las que el poder pasaba o que son importantes en el campo de las relaciones de poder. El paciente de un hospital psiquiátrico se encuentra colocado en un campo de relaciones de poder bastante complejas, que Erving Goffman ha analizado muy bien 61 . El sacerdote de una iglesia cristiana o católica (en las iglesias protestantes, las cosas son un poco diferentes) es un eslabón importante en un conjunto de relaciones de poder. El arquitecto no es un individuo de este tipo. Después de todo, el arquitecto no tiene poder sobre mí. Si quiero demoler o transformar la casa que me construyó, instalar nuevos cierres o añadir una chimenea, el arquitecto no tiene ningún control. Es preciso pues colocar al arquitecto en otra categoría, lo que no quiere decir que no tenga nada que ver con la organización, la efectuación del poder, y todas las técnicas a través de las cuales el poder ser ejerce en una sociedad. Diría que es menester tener cuenta de él de su mentalidad, de su actitudtanto como de sus proyectos, si se quiere comprender un cierto número de técnicas de poder que funcionan en la arquitectura, pero no es comparable a un médico, a un sacerdote, a un psiquiatra o a un guardián de prisión.

En los medios de arquitectura se han interesado mucho recientemente en

el “postmodernismo”. Así mismo, también ha sido muy importante esta cuestión en filosofía (pienso especialmente en Jean-François Lyotard y en Jürgen Habermas). Evidentemente, la referencia histórica y el lenguaje juegan un papel importante en la episteme moderna. ¿Cómo encara Ud. el postmodernismo, tanto desde el punto de vista de la arquitectura que en lo que concierne a las cuestiones históricas y filosóficas que él plantea?

Pienso que hay una tendencia bastante general y fácil, contra la cual sería

necesario luchar, de hacer de lo que se acaba de producir el enemigo número uno, como si fuese siempre la principal forma de opresión de la que tenemos que liberarnos. Esta actitud simplista entraña muchas consecuencias peligrosas; ante todo, una inclinación a buscar formas baratas, arcaicas o poco imaginarias de felicidad, de las que de hecho la gente no gozan para nada. Por ejemplo, en el dominio que me interesa, es muy divertido ver cómo la sexualidad contemporánea es descrita como algo absolutamente aterrador. ¡Piense que no es posible actualmente hacer el amor sino después de apagar la televisión! ¡y en camas producidas en serie! “No es como en la época maravillosa cuando…” ¿Qué decir entonces de esa época fantástica en la que las gentes trabajaban dieciocho horas por día y en donde seis compartían la cama, a condición, por supuesto, de tener la suerte de disponer de una? Hay, en este odio por el presente y por el pasado inmediato una tendencia peligrosa a invocar un pasado completamente mítico. Luego, tenemos el problema planteado por Habermas: si se abandona la obra de Kant o de Weber, por ejemplo, corremos el riesgo de caer en la irracionalidad.

61 Goffman (E.). Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Buenos Aires, Amorrortu, 1994.

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Estoy completamente de acuerdo con esto, pero, al mismo tiempo, el problema al cual nos encontramos confrontados en la actualidad es muy diferente. Pienso que, desde el siglo XVIII, el gran problema de la filosofía y del pensamiento crítico ha sido siempre lo es aún y yo espero que lo seguirá siendoresponder a esta pregunta: ¿cuál es esta razón que utilizamos? ¿Cuáles son sus efectos históricos? ¿Cuáles son sus límites y cuáles son sus peligros? ¿Cómo podemos existir en tanto que seres racionales, felizmente consagrados a practicar una racionalidad que está desafortunadamente atravesada por peligros intrínsecos? Debemos permanecer tan cercanos como sea posible de esta cuestión, al mismo tiempo que no podemos olvidar que es a la vez central y extremadamente difícil de resolver. Por otra parte, si es extremadamente peligroso decir que la razón es el enemigo que debemos eliminar, es igualmente peligroso afirmar que todo cuestionamiento crítico de esta racionalidad corre el riesgo de hacernos caer en la irracionalidad. Es preciso no olvidar y no digo esto con el fin de criticar la racionalidad, sino con el fin de mostrar hasta qué punto las cosas son ambiguasque el racismo fue formulado sobre la base de la racionalidad esplendente del darwinismo social, que se vuelve así uno de los ingredientes más durables y más persistentes del nazismo. Es una irracionalidad, por supuesto, pero una irracionalidad que, al mismo tiempo, constituye una cierta forma de racionalidad… Tal es la situación en la cual nos encontramos y que debemos combatir. Si los intelectuales en general tienen una función, si el pensamiento crítico mismo tiene una función y, más precisamente aún, si la filosofía tiene una función en el pensamiento crítico, es precisamente aceptar esta especie de espiral, esta suerte de puerta giratoria de la racionalidad que nos remite a su necesidad, a lo que tiene de indispensable, y al mismo tiempo a los peligros que contiene.

Dicho todo esto, sería justo precisar que Ud. le teme menos al historicismo

y al juego de las referencias históricas de lo que lo hace alguien como Habermas; y también que, en el dominio de la arquitectura, los defensores del modernismo han planteado este problema casi en términos de crisis de la civilización, afirmando que si abandonamos la arquitectura moderna para realizar un retorno frívolo a la decoración y a los motivos, abandonaríamos de alguna manera la civilización. Algunos sostenedores del postmodernismo han pretendido que las referencias históricas estaban, por sí mismas, dotadas de significación y habrían de protegernos de los peligros de un mundo sobre racionalizado.

Quizás esto no va a responder a su pregunta, pero diría esto: es necesario

tener una desconfianza absoluta y total con respecto a todo lo que se presente como un regreso. Una de las razones de esta desconfianza es lógica: de hecho nunca hay retorno. La historia y el interés meticuloso que se consagra a la historia son sin duda una de las mejores defensas contra este tema del regreso. Por mi parte, traté la historia de la locura o el estudio de la prisión como lo hice porque sabía muy bien y de hecho esto es lo que ha exasperado a mucha genteque conducía un análisis histórico que hacía posible una crítica del presente, pero que no permitía decir: “Regresemos a esa maravillosa época del siglo XVIII, cuando los locos…”, o bien: “Volvamos a los tiempos en que la prisión no era uno de los principales instrumentos…”. No. Pienso que la historia nos preserva de esta especie de ideología del regreso.

Así pues, la simple oposición entre razón e historia es bastante ridícula… tomar partido por la una o por la otra…

Sí. De hecho, el problema de Habermas es después de todo encontrar un

modo trascendental de pensamiento que se oponga a toda forma de historicismo. En realidad yo soy mucho más historicista y nietzscheano. No pienso que exista un uso adecuado de la historia, o un uso adecuado del análisis intrahistórico el cual

es, por lo demás, bastante clarividenteque pueda precisamente funcionar contra

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esta ideología del regreso. Un buen estudio de la arquitectura campesina en Europa, por ejemplo, mostraría hasta qué punto es absurdo querer volver a las pequeñas casas individuales con sus techos de paja. La historia nos protege del historicismo, de un historicismo que invoca el pasado para resolver los problemas del presente.

Nos recuerda también que siempre hay una historia; que los modernistas que querían suprimir toda referencia al pasado cometían un error.

Por supuesto.

Sus próximos dos libros tratan de la sexualidad en los griegos y los primeros cristianos. Los problemas que Ud. aborda ¿tienen una dimensión arquitectónica particular?

Absolutamente no. Pero lo que es interesante es que, en la Roma imperial existían de hecho burdeles, barrios de placer, zonas criminales, etc., así como una especie de lugar de placer casi público: los baños, las termas. Las termas eran un lugar de placer y de encuentro muy importante, que progresivamente fue desapareciendo en Europa. En la Edad Media las termas eran aún un lugar de encuentro entre los hombres y las mujeres, así como un lugar de encuentro de los hombres entre ellos, y de las mujeres entre ellas, aunque de ello se hable muy rara vez. De lo que se ha hablado y que se condenó, pero también experimentó, fue de los encuentros entre hombres y mujeres, que desaparecieron en el curso de los siglos XVI y XVII.

Pero existen aún en el mundo árabe

Sí, pero en Francia, es una práctica que ha desaparecido en gran medida.

Existía aún en el siglo XIX, como lo testimonia los Niños del paraíso 62 , cuyas referencias históricas son exactas. Uno de los personajes, Lacenaire, es y nadie lo dice nuncaun pervertido y un proxeneta que utiliza a los muchachos para atraer hombres mayores y luego hacerlos cantar; hay una escena que hace referencia a eso. Se requirió claramente toda la ingenuidad y la antihomosexualidad de los surrealistas para que ese hecho hubiera pasado en silencio. Los baños continuaron existiendo como lugar de encuentros sexuales. Eran una especie de catedral del placer en el corazón de la ciudad, a donde se podía ir tan frecuentemente como se

lo quisiera, donde se mataba el tiempo, donde se escogía, donde se encontraba, se tenía el placer, se comía, se bebía, se discutía…

El sexo no estaba pues separado de los otros placeres. Estaba inscrito en el corazón de las ciudades. Era público; servía a un fin…

Exactamente. Evidentemente, la sexualidad era un placer social para los

griegos y para los romanos. Lo que es interesante a propósito de la homosexualidad masculina hoy y que parecería ser también el caso de la homosexualidad femenina desde hace un cierto tiempoes que las relaciones sexuales se traducen inmediatamente en relaciones sociales, y que las relaciones sociales se comprenden como relaciones sexuales. Para los griegos y los romanos, de una manera diferente, las relaciones sexuales se inscribían dentro de relaciones sociales, en el sentido más amplio. Las termas eran un lugar de sociabilidad que incluía relaciones sexuales. Se puede comparar directamente las termas y el burdel. El prostíbulo es de hecho un lugar, y una arquitectura, de placer. Se desarrolla allí una forma de sociabilidad muy interesante que Alain Corbin estudió en Les filles de noce 63 . Los hombres de la ciudad se encontraban en la casa de lenocinio; estaban ligados los

62 Película de M. Carné, 1945. 63 Carbin (A.). Les filles de noce. París: Aubier, 1978.

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unos a los otros por el hecho de que las mismas mujeres habían pasado por sus manos, y porque las mismas enfermedades y las mismas infecciones les habían sido comunicadas. Había una sociabilidad de la casa de citas, pero la socialidad de los baños tal como existían en la antigüedad cuya nueva versión quizás podría existir hoyera enteramente diferente de la sociabilidad del lupanar.

Actualmente sabemos muchas cosas de la arquitectura disciplinaria. ¿Qué podemos decir de la arquitectura concebida para la confesión, una arquitectura que estuviera asociada a esa tecnología?

¿Quiere decir la arquitectura religiosa? Creo que ha sido estudiada.

Existe todo el problema del carácter xenófobo del monasterio. Es un lugar donde se encuentra reglamentos muy precisos concernientes a la vida en común; referido al sueño, la alimentación, la oración, el lugar de cada individuo en la institución, las células. Todo eso se programó desde muy temprano.

En una tecnología de poder, de confesión, por oposición a una tecnología disciplinaria, el espacio parece también jugar un papel muy importante.

Sí. El espacio es fundamental en toda forma de vida comunitaria; el

espacio es fundamental en todo ejercicio del poder. Digamos entre paréntesis que recuerdo haber sido invitado por un grupo de arquitectos, en 1966, a hacer un estudio del espacio 64 ; se trataba de lo que en la época llamé las “heterotopías”, esos

espacios singulares que se encuentran en ciertos espacios sociales cuyas funciones son diferentes de las de los otros, por no decir claramente opuestas. Los arquitectos trabajan sobre este proyecto y, al final del estudio, alguien tomó la palabra un psicólogo sartreanoque me bombardeó que el espacio era reaccionario y capitalista, pero que la historia y el devenir eran revolucionarios. En la época, ese discurso absurdo no era del todo inhabitual. Hoy cualquiera se totearía de la risa, pero en ese entonces no.

Los arquitectos, en particular, si escogen analizar un edificio institucional

un hospital o una escuela, por ejemplodesde el punto de vista de su función disciplinaria, tienen tendencia a interesarse ante todo en sus muros. Después de todo, son los muros los que ellos conciben. En lo que os concierne, es el espacio más bien que la arquitectura lo que le interesa, en la medida en que los muros

mismos no son mas que un aspecto de la institución. ¿Cómo definiría Ud. la diferencia entre estas dos aproximaciones, entre el edificio mismo y el espacio?

Pienso que hay una diferencia en el método y en la aproximación. Es

verdad que para mí la arquitectura, en los análisis muy vagos que de ella he hecho,

constituye únicamente un elemento de sostén, que asegura una cierta distribución de la gente en el espacio, una canalización de su circulación, así como la codificación de las relaciones que mantienen entre ellos. La arquitectura no constituye pues solamente un elemento del espacio; ella está precisamente pensada como inscrita en un campo de relaciones sociales, en el seno del cual introduce un cierto número de efectos específicos. Yo sé, por ejemplo, que hay un historiador que hace un estudio interesante de la arqueología medieval, que aborda la cuestión de la arquitectura, de la construcción de casas en la Edad Media, a partir del problema de la chimenea. Creo que está en camino de mostrar que a partir de un cierto momento se volvió posible construir una chimenea dentro de una casa una chimenea con un hogar, y no una simple pieza a cielo abierto o una chimenea exterior; y que en ese momento, todo tipo de cosas han cambiado y que algunas relaciones entre los individuos se volvieron posibles. Todo esto me parece muy interesante, pero la conclusión que él

64 Se trata de la conferencia pronunciada en el Círculo de estudios arquitectónicos, el 14 de marzo de 1967, y publicada en la revista Architecture, Mouvement, Continuité.

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ha sacado de ello (y que presentó en un artículo) es que la historia de las ideas y del pensamiento es inútil. Lo que es interesante de hecho es que las dos cosas son rigurosamente inseparables. ¿Por qué las gentes se las han ingeniado para encontrar el medio de construir una chimenea en una casa? O ¿por qué han puesto sus técnicas al servicio de este fin? La historia de las técnicas muestra que se necesitan años, y a veces incluso siglos, para hacerlas efectivas. Es seguro, y de una importancia capital, que esta técnica influyó la formación de nuevas relaciones humanas, pero es imposible pensar que ella se habría desarrollado y conformado con esta finalidad sino hubiera habido, en el juego y la estrategia de las relaciones humanas, algo que iba en ese sentido. Es esto lo importante, y no la primacía de esto o aquello, que nunca quiere decir nada.

En Las palabras y las cosas Ud. utilizó ciertas metáforas espaciales muy sorprendentes para describir las estructuras de pensamiento. ¿Por qué piensa Ud. que las imágenes espaciales son aptas para evocar esas referencias? ¿Qué relación hay entre esas metáforas espaciales que describen las disciplinas y ciertas descripciones más concretas de espacios institucionales?

Es muy posible que, al interesarme en el problema del espacio, haya

utilizado un cierto número de metáforas espaciales en Las palabras y las cosas, pero, en general, mi objetivo no era defenderlas sino estudiarlas en tanto que objetos. Lo que es sorprendente en las mutaciones y las transformaciones epistemológicas que se han operado en el siglo XVII, es ver cómo la espacialización del saber constituyó uno de los factores de la elaboración de ese saber en ciencia. Si la historia natural y las clasificaciones de Linneo han sido posibles, es por un cierto número de razones: por un lado, ha habido literalmente una espacialización del objeto mismo de los análisis, por tanto la regla ha sido y clasificar las plantas únicamente sobre la base de lo que estaba visible. Incluso no se recurría al microscopio. Todos los elementos tradicionales del saber, como por ejemplo, las funciones médicas de las plantas fueron abandonadas. El objeto fue espacializado. Posteriormente, el objeto fue espacializado en la medida en que los principios de clasificación debían ser encontrados en la estructura misma de las plantas: el número de sus elementos, su disposición, su tamaño, y algunos otros elementos como la altura de la planta. Después vino la espacialización por medio de las ilustraciones contenidas en los libros, que sólo fue posible gracias a ciertas técnicas de impresión. Más tarde aún, la espacialización de la reproducción de las plantas mismas, que se pusieron a representar en los libros. Estas son técnicas de espacio, y no metáforas.

El plano de construcción de un edificio el diseño preciso a partir del cual serán realizados muros y ventanas¿constituye una forma de discurso idéntico, por ejemplo, a una pirámide jerarquizada que describe, de forma bastante precisa, relaciones entre los individuos, no solamente en el espacio sino también en la vida social?

Pienso que existen algunos ejemplos simples, y bastante excepcionales,

en los cuales las técnicas arquitectónicas reproducen (con más o menos insistencia) las jerarquías sociales. Tenemos el modelo del campo militar, donde la jerarquía militar se lee en el terreno mismo por el lugar que ocupan las tiendas y los edificios reservados a cada uno de los rangos. El campo militar reproduce precisamente, a través de la arquitectura, una pirámide de poder; pero es un ejemplo excepcional,

como todo lo que es militar, privilegiado en la sociedad y de una extrema simplicidad.

Pero el plano mismo no describe siempre relaciones de poder.

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No. Afortunadamente para la imaginación humana, las cosas son un poco más complicadas que eso.

La arquitectura, por supuesto, no es una constante; ella posee una larga

tradición a través de la cual se puede leer la diversidad de sus preocupaciones, la transformación de sus sistemas y de sus reglas. El saber de la arquitectura es en parte la historia de la profesión, en parte la evolución de una ciencia de la construcción, y en parte una reescritura de las teorías estéticas. A su manera de ver

¿qué es lo propio de esta forma de saber? ¿Se emparienta más con una ciencia natural o con lo que Ud. llamó una “ciencia dudosa”?

No puedo exactamente decir que esta distinción entre ciencias ciertas y

ciencias dudosas no tenga ningún interés lo que sería eludir la pregunta, pero debo decir que lo que más me interesa es estudiar lo que los griegos llamaban la techné, es decir una racionalidad práctica gobernada por un objetivo consciente. Incluso no estoy seguro de que valga la pena interrogarse sin cesar para saber si el gobierno puede ser objeto de una ciencia exacta. En desquite, si se considera que la arquitectura así como también la práctica del gobierno y la práctica de otras formas de organización sociales una techné, que es susceptible de utilizar algunos elementos que provienen de ciencias como la física, por ejemplo, o la estadística, esto es lo interesante. Pero si se quisiera hacer una historia de la arquitectura, pienso que sería preferible encararla en el contexto de la historia general de la techné, más bien que en el de la historia de las ciencias exactas o inexactas. Me doy cuenta que el inconveniente de la palabra techné es su relación con la palabra “tecnología”, que tiene un sentido bien específico. Se le da un sentido demasiado estrecho a la palabra “tecnología”: se piensa en las tecnologías duras, en la tecnología de la madera, del fuego, de la electricidad. Pero el gobierno también está en función de tecnologías: el gobierno de los individuos, el gobierno de las almas, el gobierno de sí por uno mismo, el gobierno de las familias, el gobierno de los niños. Creo que si se vuelve a colocar la historia de la arquitectura en el contexto de la historia general de la techné, en el sentido amplio de la palabra, se tendría un concepto director más interesante que la oposición entre ciencias exactas y ciencias inexactas.

Traducido por Luis Alfonso Paláu C. Medellín, octubre 16 de 2008.

Anexo 14

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DIÁLOGO SOBRE EL PODER

«Dialogue on Power» («Dialogue sur le pouvoir»); conversación y debate informal con estudiantes de Los Angeles, transcripción hecha por Grant Kim a partir de una grabación efectuada en mayo de 1975 en la Founders Room del Pomone College, en Claremont, y publicada en una revista destinada al campus. Wade (S.) (comp.), Chez Foucault, Los Ángeles, Circabook, 1978, págs. 4-22.

Un estudiante: Me gustaría preguntarle por la relación que establece usted entre discurso y poder. Si el discurso es el centro de una especie de poder autónomo, la fuente del poder admitiendo que «fuente» sea la palabra adecuada, ¿cómo se supone que podemos reconocer esta fuente? ¿Qué diferencia hay entre el análisis del discurso que usted hace y el método fenomenológico tradicional?

M. Foucault: No intento encontrar tras el discurso lo que constituiría su fuente, y que

sería el poder, como haría una descripción de tipo fenomenológico o cualquier otro método interpretativo. ¡Parto del discurso tal como es! En una descripción fenomenológica, se intenta deducir del discurso aquello que afecta al sujeto hablante, se intenta encontrar a partir del discurso cuáles son las intencionalidades del sujeto hablanteun pensamiento que se está haciendo. El tipo de análisis que llevo a cabo no trata del problema del sujeto hablante, sino

que examina las diferentes maneras en las que el discurso desempeña un papel dentro de un sistema estratégico en el que el poder está implicado y gracias al cual funciona. El poder no está, por tanto, al margen del discurso. El poder no es ni fuente ni origen del discurso. El poder es algo que opera a través del discurso, puesto que el discurso mismo es un elemento en un dispositivo estratégico de relaciones de poder ¿Está claro? Un estudiante: Suponga que se dedica usted a describir en un texto un sistema de discurso de este tipo. ¿Su texto capta ese poder? ¿Es una duplicación o una repetición del poder? ¿Se puede decir así? ¿O diría usted que su texto pretende poner de manifiesto que el poder o el sentido tienen siempre como razón de ser el poder?

M. Foucault: No, el poder no es el sentido del discurso. El discurso es una serie de

elementos que operan dentro del mecanismo general del poder. En consecuencia, hay que considerar el discurso como una serie de acontecimientos, acontecimientos políticos, a través

de los cuales el poder se transmite y se orienta. Un estudiante: Pienso en el texto de un historiador. ¿Qué dice, de hecho, el historiador sobre el discurso del pasado? ¿Cuál es la relación entre el poder y el texto del historiador?

M. Foucault: No comprendo por qué habla usted precisamente del discurso de los

historiadores. ¿Me permite poner otro ejemplo que me resulta más familiar? El problema de la locura, del discurso sobre la locura y todo lo que ha sido dicho en ciertas épocas sobre ella. No creo que el problema sea saber quién ha relatado ese discurso, qué forma de pensar o incluso de percibir la locura ha penetrado la conciencia de la gente de una época determinada, sino, más bien, examinar el discurso sobre la locura, las instituciones que se han encargado de él, la ley y el sistema jurídico que lo ha regulado y la forma en que los individuos se han encontrado excluidos] por el hecho de que no tenían empleo o de que eran homosexuales. Todos estos elementos pertenecen a un sistema de poder del que el discurso no es más que un componente ligado a otros componentes. Son elementos de un conjunto. El análisis consiste en describir las correspondencias y relaciones recíprocas entre todos estos elementos. ¿Está más claro así? El estudiante: Sí, gracias. Un estudiante: Ayer por la tarde, dijo usted que acababa de terminar un libro dedicado a la reforma penal y a los sistemas jurídicos, a la exclusión que se ha operado en este campo. Me gustaría saber si está en condiciones de elaborar un modelo de poder con

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respecto al sistema penitenciario. ¿Cómo percibe la forma en que se ha tratado a los detenidos? ¿Se trata de castigo o de rehabilitación?

M. Foucault: Realmente creo haber encontrado la figura que da cuenta de este tipo de

poder, de este sistema de poder. El panóptico de Bentham me ha suministrado una descripción precisa de él. De manera general, podemos describir el sistema mediante el cual ha sido excluida la locura en el siglo XVII y XVIII. Al final del siglo XVIII, la sociedad instauró un modo de

poder que no se fundaba en la exclusión todavía se sigue utilizando este términosino en la inclusión en un sistema en el que cada uno debía ser localizado, vigilado, observado noche y día en el que cada uno debía ser encadenado a su propia identidad. Usted sabe que Bentham concibió la prisión ideal, es decir, un tipo de edificio que podría ser tanto una prisión como un hospital, un asilo, una escuela o una oficina: en el centro, una torre rodeada de ventanas, después un espacio vacío y otro edificio circular que tenía celdas, horadadas por ventanas. En cada una de estas celdas se podía alojar, según el caso, un obrero, un loco, un escolar o un prisionero. Un único hombre apostado en la torre central es suficiente para observar exactamente lo que hace la gente en cada momento dentro de su pequeña celda. Esto, para Bentham, representa la fórmula ideal de encierro de todos estos individuos en las instituciones. He encontrado en Bentham el Cristóbal Colón de la política. Considero que representa una especie de figura mitológica de un nuevo tipo de sistema de poder aquel al que nuestra sociedad ha recurrido hoy. Un estudiante: ¿Se considera usted un filósofo o un historiador?

M. Foucault: Ni lo uno, ni lo otro.

El estudiante: ¿No es la historia el objeto principal de su estudio? ¿En qué se funda

su concepción de la historia?

M. Foucault: Me he propuesto como objeto un análisis del discurso, al margen de

cualquier formulación que se reduce a ofrecer un punto de vista. Mi programa no se funda tampoco en los métodos de la lingüística. La noción de estructura no tiene ningún sentido para mí. Lo que me interesa en el problema del discurso es el hecho de que alguien ha dicho algo en un momento determinado. No es el sentido lo que pretendo poner en evidencia, sino la función que se puede asignar al hecho de que eso haya sido dicho en este momento. Para mí, se trata de considerar el discurso como una serie de acontecimientos, de establecer y describir las relaciones que estos acontecimientos, que podemos llamar acontecimientos discursivos, mantienen con otros acontecimientos, que pertenecen al sistema económico, al campo político o a las instituciones. Considerado bajo este ángulo, el discurso no es más que un acontecimiento como los otros, incluso si los acontecimientos discursivos tienen, con relación a otros acontecimientos, su función específica. Un problema distinto es el de identificar cuáles son las funciones específicas del discurso y aislar ciertos tipos de discurso respecto de otros. Estudio también las funciones estratégicas de determinadas clases particulares de acontecimientos discursivos dentro de un sistema político o de un sistema de

poder. ¿Me he explicado suficientemente? El profesor: ¿Cómo describiría usted su visión de la historia? ¿Cómo se integra en el discurso la dimensión de la historia?

M. Foucault: El hecho de que considere el discurso como una serie de

acontecimientos nos coloca automáticamente en la dimensión de la historia. El problema es que durante cincuenta años la mayor parte de los historiadores han optado por estudiar y describir estructuras y no acontecimientos. Asistimos hoy a un retorno a los acontecimientos en el campo de la historia. Entiendo por esto que lo que los historiadores llamaban un acontecimiento en el siglo XIX, era una batalla, una victoria, la muerte de un rey, o cosas de este tipo. Contra esta clase de historia, los historiadores de las colonias, de las sociedades han mostrado que la historia estaba constituida por un gran número de estructuras permanentes. La tarea del historiador era sacar a la luz estas estructuras. Es un objetivo que encontramos en Francia en los trabajos de Lucien Febvre, de Marc Bloch y en otros. Hoy los historiadores vuelven a los acontecimientos e intentan ver de qué manera la evolución económica o la evolución demográfica pueden ser tratadas como tales.

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Tomaré como ejemplo un aspecto que se estudia ahora, desde hace bastantes años. La forma en que se ha llevado a cabo el control de la natalidad en la vida sexual de los occidentales es todavía muy enigmática. Este fenómeno es un acontecimiento muy importante, tanto desde el punto de vista económico como biológico. Usted sabe que en Gran Bretaña y en Francia, el control de nacimientos se ha practicado desde hace siglos. Si bien está claro que éste es un fenómeno que ha interesado a círculos restringidos, la aristocracia, sin embargo se observa también en gente muy pobre. Sabemos ahora que en el sur de Francia

y en el campo se practicaba sistemáticamente el control de nacimientos desde la segunda

mitad del siglo XVIII. Esto es, por ejemplo, un acontecimiento. Consideremos otro ejemplo. En el siglo XIX hay un momento preciso a partir del cual la tasa de proteínas en la alimentación ha aumentado y la de cereales ha disminuido. Éste es un acontecimiento histórico, económico y biológico. El historiador actual se dedica a estudiar tanto estos fenómenos como otros muchos nuevos tipos de acontecimientos. Creo que es algo que la gente como yo tenemos en común con los historiadores. No soy historiador en el sentido estricto del término, pero los historiadores y yo tenemos en común el interés por el

acontecimiento. Un estudiante: En esta nueva forma de aproximación histórica, ¿qué lugar ocupa lo que llama arqueología del saber? ¿Cuando utiliza la expresión «arqueología del saber», hace referencia a un tipo nuevo de metodología, o bien se trata simplemente de una analogía entre las técnicas de la arqueología y las de la historia?

M. Foucault: Permítame volver atrás un momento y añadir algo a lo que he dicho

sobre el acontecimiento como objeto principal de investigación. Ni la lógica del sentido ni la lógica de la estructura son adecuadas para este tipo de trabajo. No necesitamos ni de la teoría

y la lógica del sentido, ni de la lógica y el método de la estructura; necesitamos algo diferente. Un estudiante: Comprendo. ¿Quiere decirnos ahora si la arqueología es un nuevo método o simplemente una metáfora?

M. Foucault: Y bien

El estudiante: ¿Es un elemento central en su concepción de la historia?

M. Foucault: Utilizo la palabra «arqueología» por dos o tres razones importantes. La

primera es que es una palabra con la que puedo jugar. Arché, en griego, significa «principio». En nuestro idioma tenemos la palabra «archivo», que designa la forma en que los

acontecimientos discursivos han sido registrados y pueden ser extraídos. El término «arqueología» remite al tipo de investigación que se dedica a extraer los acontecimientos discursivos como si estuvieran registrados en un archivo. Otra razón por la que utilizo esta palabra está relacionada con un objetivo que me he propuesto. Busco reconstruir un campo histórico en su totalidad, en todas sus dimensiones políticas, económicas y sexuales. Mi problema es encontrar la forma adecuada de analizar lo que ha constituido el hecho mismo del discurso. Mi propósito no es, por tanto, hacer un trabajo de historiador, sino descubrir por qué y cómo se establecen relaciones entre acontecimientos discursivos. Si hago esto es con el fin de saber lo que somos hoy. Quiero centrar mi estudio en lo que nos sucede hoy en día, lo que somos, lo que es nuestra sociedad. Pienso que en nuestra sociedad y en lo que somos hay una dimensión histórica profunda y, en este espacio histórico, los acontecimientos discursivos que se han producido desde hace años

o siglos son muy importantes. Estamos inextricablemente ligados a los acontecimientos

discursivos. En cierto sentido, sólo somos aquello que ha sido dicho hace siglos, meses o semanas Un estudiante: Me parece que una teoría del poder que se funda sobre estructuras o funciones implica siempre un rasgo cualitativo. Alguien que quisiera estudiar la estructura y la función de las manifestaciones del poder en una sociedad dada la España de Franco o la República popular de Mao, por ejemplotendría que atender a estructuras y usos del poder cualitativamente diferentes. En este sentido, pienso que toda teoría del poder debe preguntarse por sus fundamentos ideológicos. Además, es muy difícil establecer el tipo de acontecimientos o de explicaciones que permiten identificar las estructuras o funciones del poder, sin tener en cuenta sus connotaciones políticas. Ya ve usted, por tanto, que el poder no

está libre de ideología.

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M. Foucault: No tengo nada que añadir; estoy totalmente de acuerdo.

El estudiante: Pero, si está de acuerdo, ¿no piensa que esto limita seriamente

cualquier intento de construir un paradigma del poder que se funde sobre las condiciones políticas a las que nos adherimos?

M. Foucault: Por eso no pretendo describir un paradigma del poder. Me gustaría

señalar la forma en que distintos mecanismos de poder funcionan en la sociedad, entre nosotros, dentro y fuera de nosotros. Quisiera saber de qué manera nuestros cuerpos, nuestras conductas cotidianas, nuestros comportamientos sexuales, nuestro deseo, nuestros discursos científicos y teóricos se vinculan a numerosos sistemas de poder, que a su vez están ligados entre sí.

Un estudiante: ¿En qué difiere su posición de la de alguien que adoptase una interpretación materialista de la historia?

M. Foucault: Pienso que la diferencia consiste en el hecho de que en el materialismo

histórico se trata de colocar en la base del sistema las fuerzas productivas, a continuación las relaciones de producción, para llegar a la superestructura jurídica e ideológica y, finalmente, a aquello que da su profundidad, tanto a nuestro pensamiento como a la conciencia de los proletarios. Desde mi punto de vista, las relaciones de poder son, a la vez, más simples y más complicadas. Simples, en la medida en que no necesitan estas construcciones piramidales, y mucho más complicadas, puesto que existen múltiples relaciones entre, por ejemplo, la tecnología del poder y el desarrollo de las fuerzas productivas. No podemos comprender dicho desarrollo a menos que descubramos en la industria y en la sociedad un tipo particular o varios tipos de poder actuantes y actuantes dentro de las

fuerzas productivas. El cuerpo humano es, como sabemos, una fuerza de producción, pero el cuerpo no existe tal cual, como un artículo biológico o como un material. El cuerpo humano existe en y a través de un sistema político. Él poder político proporciona cierto espacio al individuo: un espacio donde comportarse, donde adoptar una postura particular, sentarse de una determinada forma o trabajar continuamente. Marx pensaba así lo escribióque el trabajo constituye la esencia concreta del hombre. Creo que ésa es una idea típicamente hegeliana. El trabajo no es la esencia concreta del hombre. Si el hombre trabaja, si el cuerpo humano es una fuerza productiva, es porque está obligado a trabajar. Y está obligado porque se halla rodeado por fuerzas políticas, atrapado por los mecanismos de poder. Un estudiante: Lo que me molesta es el modo en que este punto de vista falsifica el gran principio marxista de base. Marx pensaba que si estamos obligados a trabajar, estamos obligados a aceptar una forma de socialización, con el fin de realizar el proceso de producción. Lo que nosotros llamamos relaciones de estructura es el resultado de tal obligación. Si queremos comprender qué tipos de relaciones sociales existen en una sociedad dada, debemos buscar qué estructuras de poder están ligadas a los procesos de producción. Y no creo que se trate de una relación determinada; pienso que, en realidad, se trata de una relación recíproca, de una relación dialéctica.

M. Foucault: No acepto la palabra dialéctica. ¡Rotundamente no! Hay que dejar las

cosas muy claras. En el momento en que se pronuncia la palabra «dialéctica» se comienza a

aceptar, incluso si no se dice expresamente, el esquema hegeliano de la tesis y la antítesis y, con él, un tipo de lógica que me parece inadecuada si se quiere dar una descripción verdaderamente concreta de estos problemas. Una relación recíproca no es una relación dialéctica. Un estudiante: Pero si usted sólo acepta la palabra «recíproca» para describir estas relaciones hace imposible cualquier forma de contradicción. Por esta razón, considero que la utilización de la palabra dialéctica es importante.

M. Foucault: Examinemos, entonces, la palabra «contradicción». Déjeme decir, en

primer lugar, hasta qué punto me satisface que haya planteado esta cuestión; creo que es muy importante. Mire usted, la palabra «contradicción» tiene en lógica un sentido particular. Conocemos bien lo que es una contradicción en la lógica de proposiciones. Pero cuando se considera la realidad y se intentan describir y analizar un número importante de procesos, se

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descubre que estas parcelas de realidad están exentas de contradicciones. Vayamos al campo de la biología. En él encontramos un número importante de procesos recíprocos antagónicos, pero esto no quiere decir que se trate de contradicciones. No significa que en un lado de dicho proceso haya un aspecto positivo y, en el otro, uno negativo. Creo que es muy importante comprender que las luchas, los procesos antagónicos no constituyen, como presupone el punto de vista dialéctico, una contradicción en sentido lógico del término. No hay dialéctica en la naturaleza. Reivindico el derecho a estar en desacuerdo con Engels, sin embargo en la naturaleza y Darwin lo ha mostrado muy biense encuentran numerosos procesos antagónicos que no son dialécticos. En mi opinión, ese tipo de formulación hegeliana no se tiene en pie. Si repito constantemente que existen procesos como la lucha, el combate, los mecanismos antagónicos, es porque estos procesos se encuentran en la realidad y no son procesos dialécticos. Nietzsche ha hablado mucho de estos problemas; incluso diría que ha hablado más a menudo que Hegel. Pero ha descrito estos antagonismos sin referencia alguna a relaciones dialécticas.

Un estudiante: ¿Podemos aplicar lo que usted dice a una situación concreta, precisa? Si consideramos la cuestión del trabajo en la sociedad industrial, en relación, por ejemplo, con un problema particular de un trabajador, ¿tenemos entonces una relación recíproca, una relación antagónica o qué tipo de relación?- Si analizo mis propios problemas en esta sociedad, ¿debo ver en ello relaciones recíprocas o relaciones antagónicas?

M. Foucault: Ni lo uno, ni lo otro. Usted alude aquí al problema de la alienación.

Pero, mire usted, se pueden decir muchas cosas sobre la alienación. Cuando habla usted de «mis problemas», ¿no está introduciendo las grandes cuestiones filosóficas, teóricas, como por ejemplo: qué es la propiedad, qué es el sujeto humano? Ha dicho «mis problemas», pero esto sería objeto de una discusión distinta. Que usted tiene un trabajo y que el producto de este trabajo, de su trabajo, pertenece a otro, es un hecho. Sin embargo, eso no es una contradicción, ni una combinación recíproca; es el objeto de una lucha, de un enfrentamiento.

Sea lo que fuere, el hecho de que el producto de su trabajo pertenezca a otro no es del orden de la dialéctica. No constituye una contradicción. Puede usted pensar que esto es moralmente indefendible, que no puede soportarlo, que tiene que luchar contra ello, sí, claro que sí. Pero no es una contradicción, una contradicción lógica. Y me parece que la lógica dialéctica es muy pobre de uso fácil, pero realmente muy pobrepara quien desee formular en términos precisos significaciones, descripciones y análisis de los procesos de poder. Un estudiante: ¿Cuáles son, si los hay, los intereses normativos que sostienen su investigación?

M. Foucault: ¿No es esto algo sobre lo que ya debatimos ayer por la tarde cuando me

preguntó a qué proyecto debemos vincularnos hoy día? El estudiante: No. No lo creo. Pongo un ejemplo: la manera en que usted elige los temas. ¿Qué es lo que le hace elegir unos en vez de otros?

M. Foucault: Es una pregunta difícil de responder. Podría hacerlo en un plano

personal, coyuntural o, incluso, en un plano teórico. Elegiré el segundo, el plano coyuntural.

Ayer por la tarde mantuve una discusión con una persona que me dijo: «Usted centra su estudio en temas como la locura, los sistemas penales, etc., pero todo esto no tiene nada que

ver con la política». Pienso que, desde un punto de vista marxista tradicional, tenía razón. Es verdad que, durante los años sesenta, problemas como la psiquiatría o la sexualidad eran considerados marginales en comparación con los grandes problemas políticos, como la explotación de los trabajadores. En esa época, entre la gente de izquierda en Francia y Europa nadie se interesaba por los problemas de la psiquiatría ni de la sexualidad, que se juzgaban como marginales y menores. Pero, a partir de la desestalinización, a partir de los años sesenta, creo que hemos descubierto que gran número de asuntos que considerábamos menores ocupan una posición absolutamente central en el terreno político, dado que el poder político no consiste únicamente en las grandes formas institucionales del Estado, en lo que llamamos aparato de Estado. El poder no opera en un solo lugar, sino en lugares múltiples: la familia, la vida sexual, la forma en que se trata a los locos, la exclusión de los homosexuales, las

relaciones entre hombres y mujeres

relaciones todas ellas políticas. No podemos cambiar la

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sociedad, a no ser que cambiemos estas relaciones. El ejemplo de la Unión Soviética es, desde este punto de vista, decisivo. Podemos decir que la Unión Soviética es un país en el que las relaciones de producción han cambiado a partir de la Revolución. El sistema legal con

respecto a la propiedad ha cambiado también. Igualmente, las instituciones políticas se han transformado a partir de la Revolución. Pero las pequeñas relaciones de poder en la familia, la sexualidad, la oficina, entre los trabajadores, etc., siguen siendo iguales en la Unión Soviética

a las de los demás países occidentales. Nada ha cambiado realmente. Un estudiante: En su reciente trabajo sobre el código y el sistema penal alude usted a la importancia del panóptico de Bentham. En El orden del discurso anuncia su propósito de estudiar los efectos del discurso psiquiátrico en el Código penal. Me pregunto si, para usted, el modelo de prisión de Bentham se integra en el campo del discurso psiquiátrico o si ve en ello solamente un indicio de la forma en que el discurso psiquiátrico ha influido en el Código penal

M. Foucault: Me inclino más por la segunda solución. Pienso, en efecto, que

Bentham ha respondido a este tipo de problema no solamente con una figura, sino también

con un texto. El panóptico representa realmente para él una nueva técnica de poder que se puede aplicar a muchos campos, además de a la enfermedad mental. Un estudiante: ¿La obra de Bentham ha tenido, en su opinión, una influencia propia

o bien no ha hecho más que representar las influencias generales que se ejercían sobre el discurso científico?

M. Foucault: Bentham ha tenido una influencia considerable y los efectos de esta

influencia se hacen sentir de manera directa. Por ejemplo, la forma en la que se han podido construir y administrar las prisiones en Europa y Estados Unidos está directamente inspirada

en Bentham. Al comienzo del siglo XX, en Estados Unidos no sabría decirle dóndese pudo considerar a una determinada prisión como modelo ideal de un hospital psiquiátrico, con pequeñas modificaciones. Si, de hecho, un sueño como el de Bentham, un proyecto tan paranoico ha ejercido una influencia tan considerable es porque en ese mismo momento se asistía en toda la sociedad a la irrupción de una nueva tecnología del poder. Ésta se manifestaba, por ejemplo, en el nuevo sistema de vigilancia implantado en el ejército, en la manera en que en los escolares estaban expuestos día a día a la mirada de su profesor. Todo esto aparecía en ese mismo momento y el conjunto del proceso se encuentra en el sueño paranoico de Bentham. Es el sueño paranoico de nuestra sociedad, la verdad paranoica de nuestra sociedad. Un estudiante: Si volvemos al problema de las influencias recíprocas y a su desencantamiento respecto al interés concedido al sujeto hablante, ¿es un error aislar a Bentham del contexto? ¿Bentham no se vio influido por lo que sucedía en su época, es decir, por las prácticas en las escuelas, la vigilancia en el ejército, etc.? ¿No podríamos decir que no es correcto limitarse exclusivamente a Bentham y que deberíamos prestar atención a todas las influencias que emanan de la sociedad?

M. Foucault: Sí.

Un estudiante: Ha dicho usted que estamos obligados a trabajar. Pero, ¿queremos

trabajar? ¿Elegimos trabajar?

M. Foucault: Sí, deseamos trabajar, queremos y nos gusta trabajar, pero el trabajo no

constituye nuestra esencia. Decir que queremos trabajar y fundar nuestra esencia en nuestro deseo de trabajar son dos cosas muy diferentes. Marx afirmaba que el trabajo es la esencia del hombre. Ésa es, en el fondo, una concepción hegeliana. Es muy difícil integrar esta concepción en el conflicto que enfrenta a las clases en el siglo XIX. Quizá sepa usted que Lafargue, el yerno de Marx, escribió un libro del que nadie habla en los círculos marxistas 65 . Este silencio me divierte. La indiferencia de la que este libro es objeto es irónica, y sin embargo, es algo más que irónica: es sintomática. Lafargue escribió, en el siglo XIX, un libro sobre el amor al ocio. Le era verdaderamente imposible imaginar que el trabajo pudiera constituir la esencia del hombre. Entre el hombre y el trabajo no existe ninguna relación

65 Lafargue (P.), La organización del trabajo: el derecho a la pereza y la religión del capital, 6a ed., Madrid, Fundamentos, 1998.

esencial. Un estudiante: Es algo que hacemos.

M. Foucault: ¿Qué?

El estudiante: ¡Trabajar!

M. Foucault: A veces.

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Un estudiante: ¿Podría aclarar la relación entre la locura y el artista? Quizá, con respecto a Artaud. ¿Cómo cabe relacionar si esto es posible y deseableel Artaud loco

con el Artaud artista?

M. Foucault: Verdaderamente no puedo responder a esta pregunta. Le diría que la

única cuestión que me interesa es cómo, desde el final del siglo XVIII hasta nuestros días, ha sido y es posible ligar la locura al genio, a la belleza, o al arte. ¿Por qué tenemos la singular

idea de que si alguien es un gran artista hay en él necesariamente algún signo de locura? Otro tanto podríamos decir del crimen. Cuando alguien comete algo así como lo que llamaríamos un bello crimen, nadie piensa que ello pueda ser el resultado de una especie de genio sino que es obra de la locura. La relación entre la locura y el crimen, la belleza y el arte es muy enigmática. Nuestra tarea, en mi opinión, es intentar comprender por qué consideramos que esta relación es incuestionable. Pero no me gusta tratar estas cuestiones directamente cuestiones como ¿los artistas están locos?, ¿qué hay de común locura en artistas y criminales?. La idea de que estas relaciones son evidentes persiste en nuestra sociedad. El hecho de relacionarlas es absolutamente típico en nuestra cultura. Un estudiante: Ayer por la tarde, dijo usted refiriéndose a Sartre que era el último profeta. Dejó ver que hoy la tarea del intelectual era elaborar herramientas o técnicas de análisis, comprender los diferentes modos en que el poder se manifiesta. ¿No es usted mismo un profeta? ¿No predice los acontecimientos o el uso que se hará de sus ideas?

M. Foucault: Soy un periodista.

El estudiante: ¿Debo entender que, en su opinión, la forma en que se utilizan las

herramientas y los descubrimientos de los intelectuales no pertenece a su campo, y que corresponde a los trabajadores y al pueblo el problema de saber qué uso hacer del trabajo de los intelectuales? ¿No puede usted prever el uso que se hará de sus herramientas y de sus análisis? ¿Imagina modos de utilización que no podría aprobar?

M. Foucault: No, no puedo anticipar nada. Lo que puedo decir es que creo que

debemos ser muy modestos con relación al posible uso político de lo que decimos y hacemos. No creo que exista una filosofía conservadora y una filosofía revolucionaria. La revolución es un proceso político; también es un proceso económico. Pero no constituye una ideología filosófica. Y esto es importante. Es la razón por la que una filosofía como la de Hegel ha podido ser, a la vez, una ideología, un método y un instrumento revolucionarios, pero también, algo conservador. Tomen el ejemplo de Nietzsche. Nietzsche ha desarrollado ideas e instrumentos fantásticos. Ha sido adoptado por el partido nazi y ahora son los pensadores de izquierda los que, en gran número, lo utilizan. No podemos saber a ciencia cierta si lo que decimos es revolucionario o no. Esto es lo primero que tenemos que reconocer. Lo que no significa que nuestra tarea sea simplemente fabricar herramientas que sean bellas, útiles o divertidas y, a continuación, elegir cuáles deseamos lanzar al mercado, en el caso de que se presentase alguien que quisiera comprarlas o utilizarlas. Todo esto es muy bonito, pero hay algo más. Quienquiera que intente hacer algo elaborar un análisis, por ejemplo, o formular una teoríadebe tener una idea clara de la manera en que quiere que su análisis o su teoría sean utilizados. Debe saber a qué fin desea que se aplique la herramienta que fabrica que él mismo fabricay de qué forma quiere que sus útiles se relacionen con los que otros fabrican en ese momento. De modo que considero muy importantes las relaciones entre la coyuntura presente y lo que se hace dentro de un campo teórico. Hay que tener muy claras relaciones. No se pueden fabricar herramientas para cualquier fin, hay que fabricarlas para un fin concreto, pero hay que saber que serán, quizás, utilizadas para otros fines. Lo ideal no es fabricar herramientas sino construir bombas porque, una vez que se han utilizado las bombas construidas, ya nadie las puede usar. Y debo añadir que mi sueño

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personal no es construir bombas, pues no me gusta matar gente. Sin embargo, me gustaría escribir libros-bomba, es decir, libros que sean útiles precisamente en el momento en que uno los escribe o los lee. Acto seguido, desaparecerían. Serían unos libros tales que desaparecerían poco tiempo después de que se hubieran leído o utilizado. Deberían ser una especie de bombas y nada más. Tras la explosión, se podría recordar a la gente que estos libros produjeron un bello fuego de artificio. Más tarde, los historiadores y otros especialistas podrían decir que tal o cual libro fue tan útil como una bomba y tan bello como un fuego de artificios.