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Al principio dela vida intrauterina, una parte del tubo intestinal suele sobresalir externamente a

través de la abertura umbilical, pero a medida que se desarrolla la pared abdominal el ombligo se
cierra y el tubo intestinal normalmente entra por completo en la cavidad abdominal.

A continuación el conducto vitelino y el conducto alantoideo se obliteran y se atrofian. Sin


embargo, los vasos umbilicales persisten y aumentan de calibre. Estos vasos agrupados en un
pedículo, forman los elementos esenciales del cordón umbilical.

Después del nacimiento, el segmento de cordón que queda adherido al feto se seca y cae. En su
punto de implantación queda una pequeña herida que cicatriza. Los vasos umbilicales se retraen y
se obliteran de forma progresiva, desde el ombligo hacia el hígado en lo que atañe a la vena
umbilical y desde el ombligo hacia su tronco de origen en lo que concierne a las arterias: se
transforman así en cordones fibrosos que se adhieren al borde inferior del anillo umbilical-

Esta es la disposición considerada hasta ahora como normal, según hemos observado en general-
Sin embargo, no es constante. E incluso podría considerarse excepcional según Gregoire. Este
autor ha comprobado en la mayor parte de sus observaciones, que los cuatro cordones fibrosos
que resultan de la obliteración de los vasos y del uraco se resuelven con mayor frecuencia en una
intrincada red de fibrillas, que se adhieren al entorno del anillo y obturan su luz completamente.
Sin embargo el examen de los cortes sagitales parece demostrar que esta adherencia solo se
produce, en general, en la parte inferior del anillo. Estos datos permiten comprender la
configuración del ombligo, su estructura y la manera en que se producen las hernias umbilicales.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Rouvière H., y Delmas A. Anatomía Humana. Descriptiva, Topográfica y Funcional. 11ª edición.
Masson S.A. Barcelona (2005)